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La Voz de La Experiencia - Ronald Laing - 1982

La Voz de La Experiencia - Ronald Laing - 1982

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UNIDAD DUAL

I

Las pautas prenatales se repiten en la vida postnatal
con numerosas variaciones y surgen a la vista desde dis-
tintas perspectivas.
En los años cincuenta, tuve la ocasión de ver a alguien
en una celda acolchada, enroscado en el suelo, desnudo,
atemorizado por los estímulos, indiferente a la comida,
alimentado a través de un tubo, e incontinente. La com-
paración con un feto en el útero, provisto de cordón um-
bilical (tubo) y placenta (embudo), es tan irresistible que
la regresión intrauterina se utiliza virtualmente como un
término descriptivo que caracteriza dicha pauta. Pero,
¿qué significa? Ésta es una cuestión que todavía no ha
sido respondida, o por lo menos no satisfactoriamente.
Ahora examinaremos algunas de estas formas uterinas
fetales umbilicales-placentales tal como aparecen en los
antiguos mitos y en la experiencia moderna, a menudo sin
una regresión dramática en la conducta cotidiana.

UNIDAD DUAL

159

Los dioses embriones constituían un motivo corriente
en los mitos de la antigüedad.1
Al revisar el mitologema del Embrión de Oro y otros
temas relacionados con el mismo, Huxley escribe: «Indu-
dablemente estamos ante una visión de vida embriónica».2
Lo biológico y lo mitológico concuerdan tan íntima-
mente que casi se funden. La ecología uterina se sumerge
en el país de la generación, donde crece un Árbol placen-
tal-umbilical, poseído por Humbaba, el embrión Señor
del Bosque del Cedro.

Gilgamesh y su camarada Enkidu acaban con él ta-
lando su árbol más grande, en el que tenía que haber
vivido. Sin embargo, lo más curioso es que también se
le conoce por el nombre de Fortaleza de los Intestinos
—título que pudo habérsele dado a Varuna— y cuyo
rostro estaba hecho a base de los mismos. Por otro
lado, Humbaba se identifica, para muchos, con el Perro
de Agua de la estrella Proción de la constelación del
Can Menor. Podemos dotar de cierto sentido a todo
ello examinando los mitos de América Central y del
Sur, que hacen referencia a un Árbol de Agua aborigen
cuyas ramas están cargadas de semillas de vida, pero
que si se derriba esparce su Flujo por la tierra. Ello
sugiere que el Árbol de Agua que crece en la Fortaleza
de los Intestinos posee la forma de un cordón umbili-
cal con un Embrión de Oro en un extremo y la hoja
de loto de una placenta en el otro (p. 22).

Esta embriología mitológica o mitología embriológica
no tenía, hasta ahora, nada que ofrecer a la embriología

1. Véase Needham, A history of embryology, Amo Press, Nue-

va York, 1975.

2. F. Huxley, The dragón, Thames & Hudson, Londres, 1979,

páginas 28, 29.

160

LA VOZ DE LA EXPERIENCIA

científica. Según Needham ninguna visión mitológica de
vida embriónica ha servido de ayuda al embriólogo cien
tífico.3

La embriología científica no se beneficia en absoluto de
la mitología, ni de las visiones embriónicas, ni del dogma
teológico ni de la especulación gnóstica, así como tampoco
estos campos parecen haber aprendido nada de la embrio
logía científica.

La frecuencia de las imágenes embriológicas en el con
tenido de los mitos y fantasía no representa indicio algu
no de la posibilidad de un conocimiento interno de exis
tencia intrauterina.
La bolsa amniótica y sus aguas, el cordón umbilical, la
placenta, el feto, el útero y la vagina son todos ellos ob
jetos postnatales macroscópicos.
Pueden ser reclamados para prestar servicio a los mi
tos, como parte del bricolaje, al igual que cualquier otro
de los objetos postnatales.
En realidad, las pautas embriológicas en la vida post
natal no suelen expresarse a través del contenido embrió-
nico. Normalmente se hallan revestidas en imágenes post
natales, como cuando la luna placental está conectada a
un chamán fetal mediante un cordón umbilical de plata.

II

Consideremos ahora la pauta de la unidad dual tal
como aparece en calidad de estructura biológica de nues
tros yos intrauterinos (embrión-trofoblasto, feto-umbili
cal y cordón-placenta) en mitos, y en la experiencia co
rriente.

3. Needham, op. cit.

UNIDAD DUAL

161

James George Frazer, en el primer volumen de La
rama dorada, nos ofrece una larga lista de creencias y
costumbres relacionadas con el cordón umbilical y la pla-
centa,4

en especial en la medida en que «generalmente se
cree que permanecen en una unión simpática con el cuer-
po, después de haber separado la conexión física».

Las creencias y usos relativos al cordón umbilical
presentan un notable paralelo con la extendida práctica
del alma transferible o externa y la costumbre fundada
en la misma. De ahí que resulte apenas imprudente con-
jeturar que la semejanza no es una mera y fortuita
coincidencia, sino que en la placenta tenemos una base
física (no necesariamente la única) para la teoría y
práctica del alma externa.5

Freud recogió la sugerencia de Frazer en una carta

4. Los antropólogos nos han hablado de cuan importante es
la placenta para muchas personas. Efectivamente, Sheila Kitzin-
ger (Women as mothers, Fontana, Glasgow, 1978) se lamenta so-
bremanera de que «los antropólogos no escriben mucho acerca
del nacimiento, quizá debido a que normalmente son hombres
y no se les permite tomar parte en los rituales relativos al parto.
No obstante, han escrito tan extensamente acerca de la disposi-
ción de la placenta que uno podría incluso ser disculpado por
creer que éste ha de ser uno de los ritos más importantes en el
nacimiento aldeano y primitivo. Uno tiene la sospecha de que el
hombre antropólogo, al no permitírsele presenciar el parto, aguar-
da fuera de la choza en que se lleva a cabo esperando a que al-
guien salga con la placenta y pueda por fin añadir algo intere-
sante a sus notas» (p. 105). En cambio, los psicólogos, hombres o
mujeres, con muy pocas excepciones, tienen muy poco que decir
acerca de la placenta. En las prácticas institucionalizadas de na-
cimiento, el antropólogo, tanto de un sexo como de otro, única-
mente podría informar que la placenta es arrojada sin más ce-
remonia al cubo de los desperdicios.
5. James George Frazer, The golden bough, Macmillan, Lon-
dres, 1971, pp. 51-53; hay trad. cast.: La rama dorada, FCE, México.

11. — LAING

162

LA VOZ DE LA EXPERIENCIA

dirigida a Jung en 1911.* Aunque, afirma, no discute la in-
terpretación que hace Jung de Gilgamesh y Enkidu como
hombre y cruda sensualidad,

me viene sin embargo a la memoria que estas parejas
consistentes en una parte noble y otra ruin (general-
mente hermanos) son tema corriente a lo largo de toda
la literatura y leyendas. El último gran descendiente
de este tipo es don Quijote y su Sancho Panza (alusión
literal a esta parte del cuerpo). De las figuras míticas,
las primeras que se me ocurren son los Dioscuros (una
mortal y la otra inmortal) y varios pares de hermanos
o gemelos del tipo de Rómulo y Remo. Uno es siempre
más débil que el otro y muere antes. En Gilgamesh este
viejo y gastado tema de la pareja desigual de hermanos
sirvió para representar la relación entre un hombre y
su libido.

Estos antiguos motivos siguen siempre reinterpre-
tándose (incluso en términos de astronomía): pero,
¿cuál es su fuente original?
Respecto al tema que estamos debatiendo no re-
sulta difícil averiguarla. El gemelo más débil, que pe-
rece primero, es la placenta, simplemente porque nor-
malmente nace junto con el niño y de la misma madre.
Hallamos estas interpretaciones unos meses atrás en
los trabajos de un moderno mitólogo ... quien por una
vez prescindió de su ciencia y en consecuencia tuvo
una brillante idea. Pero en el primer volumen de La
rama dorada de Frazer, uno puede leer que entre los
pueblos primitivos la placenta es denominada hermano
(hermana) o gemelo, y tratado consecuentemente, es
decir, alimentado y cuidado, aunque, por supuesto, no
puede durar mucho. Si existiera algo así como una me-
moria filogenética en el individuo, cosa que pronto

6. W. McGuire, The Freud/Jung letters, Hogarth Press y Rout-
ledge & Kegan Paul, Londres, 1974.

UNIDAD DUAL

163

será innegable, sería también el origen del misterioso
aspecto del Doppelgánger ['doble' u 'otro yo'].
Sólo quería sorprenderte con la noticia de que bá-
sicamente Enkidu es la «placenta» de Gilgamesh. Toda
clase de ideas y conexiones han de ser todavía revelados
en este campo. Es una verdadera lástima que sólo po-
damos trabajar juntos en estos temas técnicos.7

Frazer es quizá más cauto que Freud. Aquél no consi-
dera a la placenta como «la fuente original» de la teoría y
práctica del alma, sino solamente como una base física, y
no necesariamente la única.
Sin embargo, y sin olvidar los distintos matices, sus
opiniones parecen armonizar lo suficientemente como para
darnos derecho a condensar las observaciones de Frazer
y Freud en una teoría Frazer-Freud de correspondencia
entre la pauta fetal-umbilical-placental y la de numerosos
mitologemas y psicologemas. Cómo se consigue esta se-
mejanza formal es otra cosa.
En el primer nivel (el nivel que estoy señalando aquí)
nos encontramos con las topologías dinámicas, fenómeno-
lógicas y comparativas. Cada una de ellas constituye una
excelente metáfora de la otra. En cada una se halla refle-
jada la misma pauta.
Jung, en su respuesta a la carta de Freud, afirma que:

los llamados «recuerdos tempranos de la infancia» no
son recuerdos individuales en absoluto sino más bien
recuerdos filogenéticos. Me refiero, evidentemente, a los
recuerdos más tempranos, como el nacimiento, el acto
de mamar, etc. Hay cosas cuya única explicación es
intrauterina: el simbolismo del agua, las envolturas y
pliegues que parecen ir acompañados de extrañas sen-
saciones cutáneas (cordón umbilical y amnios). Precisa-

7. Ibid., 247 F, pp. 448-449.

164

LA VOZ BE LA EXPERIENCIA

mente ahora mi Agathli realiza sueños como éste: se
hallan íntimamente relacionados con ciertos mitos de
los negros acerca del nacimiento, en los que también
se producen estos envolvimientos en un material vis-
coso. Estoy convencido de que encontraremos que mu-
chas más cosas de las que ahora suponemos son recuer-
dos filogenéticos.8

Por aquel entonces, para Jung, al igual que para Freud,
había cosas cuya única explicación era intrauterina, pero
intrauterina sólo en sentido filogenético. Tanto para Jung
como para Freud, no podía haber recuerdos ontogénicos
porque óvulo y esperma, zigotos, blástulas, embriones, fe-
tos y bebés recién nacidos eran demasiado jóvenes para
recordar lo que les estaba sucediendo. Así, una vez adul-
tos cuando están convencidos de que reviven esta fase
esencialmente no evocable de su ciclo de vida, en realidad,
están proyectando en la vida prenatal pautas filogenéticas
en cuyos términos se configuran algunos dramas existen-
ciales de la vida postnatal.
Estos dramas existenciales y «muchas más cosas de
las que ahora suponemos» permiten una semejanza for-
mal con las pautas prenatales, pero dicha semejanza pa-
rece precisar ella misma de una explicación más que ser
una explicación en sí.
McGuire nos cuenta que en la primera edición de
Wandlungen und Symbole der Libido, publicada en 1912,
Jung escribió:

El profesor Freud ha expresado, en una discusión
personal, la idea de que una nueva determinante que
explica el tema de los hermanos diferentes ha de ser
hallada en el elemental respeto por el nacimiento y el

8. Ibid., 247 F, p. 450.

UNIDAD DUAL

165

postnacimiento. ¡Resulta ser una exótica costumbre el
tratar a la placenta como si fuera un niño.9

Su última palabra al respecto la encontramos en su
revisión final del libro publicado en 1952:

Es totalmente imposible que el tema de los herma-
nos desiguales (por ejemplo, el apuesto Horus y el de-
forme, tullido y extravagante Harpócrates) tenga algo
que ver con la primitiva concepción de que la placenta
es el hermano gemelo del niño recién nacido (p. 450).

Aquí Jung parece retroceder a una explicación recta y
llena de sentido común. Nosotros la observamos desde
fuera, feto-placenta. Recuerdan a uno de los gemelos o
amantes. Eso es así de sencillo.
Hillman ha suscitado recientemente el tema:

La división del yo, o el yo dividido, de la psiquiatría
moderna es la condición primaria, no un resultado,
error o accidente. La división del yo no ha de ser re-
compuesta o reconciliada, sino reflejada a través de un
arquetipo que introduce la conciencia en el significado
de la patología. La pareja desigual y asimétrica de So-
mathraki establece que ningún individuo es todo co-
razón y sinceridad, en armonía consigo mismo y ar-
moniosamente con los dioses. Esta iniciación no nos
hace completos; sino que más bien nos hace conscien-
tes de que estamos siempre en una sicigia con otra
figura ...10

No obstante, no se aventura a lanzar reflexiones rela-
tivas a la comparación entre la sicigia de la unidad dual

9. Ibidem.
10. J. Hillman, Loóse ends, Spring Publications, Zurich, 1975,

páginas 60-61.

166

LA VOZ DE LA EXPERIENCIA

del yo, y la sicigia de la unidad dual de nuestro organis-
mo intrauterino.

Por lo menos la comparación es posible. No presenta
ningún enigma ni ningún desafío inquietante para nuestro
sentido de lo que es factible en relación con la sugerencia
de Frazer-Freud acerca de que el biologema embriónico
proporciona una «base» física para mitologemas formal-
mente similares.

Numerosas estructuras embriónicas y metamorfosis se
asemejan a las pautas en alquimia, mitología, en los sue-
ños de los adultos, en los pensamientos, sensaciones, fan-
tasía, acción, ritual y dramas. ¿Estamos entonces llama-
dos a elegir un campo como «base» de los otros? ¿Por
qué habríamos de encontrar mayor sentido al hablar de
una base somática para un mito que de una base mítica
de una estructura somática?
¿Tiene la «base» un cierto sentido de instigador, como
el sonido lo es del eco que provoca? ¿Existe un recuerdo
real de nuestra ontogénesis real prenatal o natal, que sir-
va de «base» para tales mitologemas y psicologemas? ¿De
qué manera puede una forma somática ser una fuente
«original» para una forma psicológica? ¿Qué es lo que
proporciona el patrón para ambas?
¿Puede cualquier estímulo prenatal determinar, condi-
cionar u ocasionar mitologemas o psicologemas? ¿Qué
significa la capacidad metafórica de biologemas prenata-
les y perinatales para la experiencia adulta? ¿Qué conexio-
nes encontramos entre las formas somáticas por las que
atravesamos en el curso de nuestras propias metamorfo-
sis y formas tardías no sólo somáticas sino también orgá-
nicas y dinámicas en cuyos términos puede formarse toda
la imaginería emocional, mental y espiritual, experiencia
y pautas de acción?
Hay varios tipos de conexión que uno puede imaginar

UNIDAD DUAL

167

entre estas pautas embriológicas, míticas y experiencia-
Íes. Uno puede ser de la opinión de que nosotros, criatu
ras postnatales, observando desde el exterior al organis
mo intrauterino en el útero, vemos en él analogías con
algunas situaciones experimentadas en la vida postnatal.
No existe conexión más intrínseca que ésta. Pero ello no
explica la existencia de la analogía, ni de las correspon
dencias microscópicas-cosmogónicas.
No parece que la pauta afectiva umbilical cadúceo-pla-
cental en la experiencia adulta sea especialmente provoca
da, ocasionada o generada por las impresiones postnatales
de los sucesos perinatales o embriológicos prenatales. Si
así fuera, podríamos esperar que tales pautas afectivas
constituyesen la perrogativa especial de los ginecólogos,
comadronas y embriólogos, que están en contacto con es
tas formas biológicas todo el día. Pero éstos no se hallan
demasiado predispuestos, por lo que he oído, a hurgar en
los ojos de los otros, ni a viajar a lo largo de los arco
iris o cordones de plata.

Las situaciones míticas ya correspondían a las pautas
microscópicas mucho antes de que el microscopio reve
lase tal correspondencia. Es más, no se imaginó que estas
pautas míticas pudieran corresponder a nuestras hormas
en el comienzo ultravisual de nuestro propio ciclo de
vida.

Comencemos a observar de más cerca algunas de las
experiencias reales de los hombres y mujeres modernos
sin las cuales la presente discusión no tendría objeto.
Miles de historias de intensos recuerdos, reviviendo y re
presentando el nacimiento biológico real circulan desde
Brasil a Nueva Zelanda, de Los Angeles a Roma, entre
personas que han pasado por alguna versión de las mu
chas versiones de lo que en términos amplios y generales

168

LA VOZ DE LA EXPERIENCIA

podría llamarse terapia experiencial. Entre dichas perso-
nas se cuentan tanto profesionales como pacientes.
Por ejemplo, Lake relata la historia de

una pediatra que se había convertido en psiquiatra in-
fantil. Ella nunca pudo permanecer en la sala de partos
mientras nacía un niño, tenía que salir fuera. Al revivir
su propio nacimiento, instantes después de haber na-
cido, evidentemente la placenta se desprendió y salió
detrás de ella. Allí estaba ella, yaciendo en su propia
sangre «con esa cosa enorme muerta a mi lado». Este
compañero (que como señala Freud en una carta diri-
gida a Jung ha sido a menudo «confundido con» un
gemelo) al que ella había asociado con la vida, el mo-
vimiento y la pulsación, yacía allí muerto junto a ella
indeleblemente asociado con «el olor de sangre y muer-
te». Había reprimido aquel horrible momento en que
no podía liberarse de la placenta ni del olor de sangre
y muerte. Otra grave dificultad se había hecho patente
en la intimidad. Cuando trataba de mantener relaciones
se sentía vencida por un inenarrable terror a despren-
der mal olor.11

La hipótesis ontogenética que adopta Lake es que todo
ello sucedió tal como ahora lo recuerda. Cuando ella na-
ció, su placenta, compañera, salió detrás de ella. Él o ella
murió, y una cosa muerta y sangrante, de la que no podía
liberarse yacía a su lado. Olvidó aquel momento, pero
quedó para siempre obsesionada por él.

Una vez se ha revivido y reintegrado la experiencia ca-
tastrófica original el olor se evapora.
Algunas de estas teorías ha sido y son corroboradas
por Rank, Fodor, Mott, Peerbolte, Janov, Grof, Lake y

11. F. Lake, «Birth trauma, claustrophobia, and LSD therapy»,
The undivided self, Churchill Centre, Londres, 1978, p. 224.

UNIDAD DUAL

169

otros que han adoptado esta posición, abarcando con
ella todas las fases de las vicisitudes ontogenéticas y filo-
genéticas del genoma y sus transitorias proliferaciones
celulares que somos nosotros, en tanto que cuerpos.
Yo encuentro particularmente notable la especificidad
de las detalladas correspondencias entre las estructuras
biológicas y las estructuras psicológicas.
Por ejemplo, a continuación tenemos un relato publi-
cado en 1961 de cuatro sueños que tuvo una mujer al res-
tablecerse de un estado en el que había permanecido du-
rante meses, y al que ella misma había calificado de frial-
dad de la muerte y entramado de la irrealidad.

En uno de los sueños se veía acosada por un hom-
bre que pretendía asaltarla. Ya no sabía qué hacer
cuando, todavía en el sueño, intentó escapar refugián-
dose en un estado de conciencia semejante al de la
vigilia, pero seguía viéndose acosada. De hecho, ahora
era mucho peor que antes porque era real, de modo que
huyó de nuevo al sueño y se sintió aliviada porque
«aquello no era más que un simple sueño». En otro de
los sueños, se encontraba en el interior de una casa
oscura mirando hacia fuera a través de la puerta de
entrada, en cuyo umbral había un paraguas negro. En
el sueño tuvo la impresión de que en el interior se en-
contraba la irrealidad mientras que fuera estaba la
realidad, pero no podía salir al exterior porque el pa-
raguas le impedía el paso.
En un tercer sueño, estaba descendiendo de un
avión en paracaídas.
En el cuarto, la mujer se encontraba fuera de un
enorme avión; en la puerta de acceso al mismo había
un doctor que personificaba elementos de varias per-
sonas incluyéndome a mí. Esta vez tuvo la certeza de
que fuera se hallaba la realidad y dentro la irrealidad.

170

LA VOZ DE LA EXPERIENCIA

Ella deseaba introducirse en la irrealidad, pero el doc-
tor le obstruía el camino.12

A través de la disparidad en el contenido de los dis-
tintos elementos del sueño, ella, casa oscura, puerta de
entrada, paraguas negro, por un lado, y la matriz bioló-
gica, feto, útero, cerviz, y placenta, por el otro, existe una
forma orgánica dinámica similar,

ella

casa oscura puerta de entrada paraguas negro

feto útero

cerviz

placenta

La semejanza entre el psicologema y el biologema es
dinámica así como estática.
El extraño estado mental en que había estado sumida
durante varios meses después del nacimiento de un niño
había estado presidido por un intenso sentimiento de con-
vicción de que un gusano invisible, o un germen, se había
introducido en su útero una noche de tormenta mientras
soñaba. Desde entonces quedó sumida
en un estado es-
cindido de la vida cotidiana y de la realidad.
Así como el comienzo de su estado estaba dominado
por imágenes que sugieren el tema de la concepción o fe-
cundación, también, a medida que empezaba a liberarse
de todo aquello, las imágenes sugerían el nacimiento.

1. Ella y un hombre en una habitación. Hay una sa-
lida. El hombre le impide salir.
2. Ella se halla en una habitación con una salida. Un
paraguas abierto, con el mango hacia ella, le obstaculiza
la salida.

12. R. D. Laing, Self and others, Penguin, Harmondsworth,

1961, p. 72.

UNIDAD DUAL

171

3. Acaba de saltar de un avión. El paracaídas le evita
una caída catastrófica.
4. Ella y el avión han aterrizado. Siente deseos de
retroceder. Un doctor se lo impide.

En cada uno de los sueños hay versiones de una lucha
en un umbral, ya sea hacia dentro como hacia fuera, para
salir de o entrar en una habitación o en un avión.
En los dos primeros sueños la lucha es para salir, mien-
tras que en los otros dos ya ha logrado salir. En el cuarto
se manifiesta una necesidad de regresar. En los dos pri-
meros se le impide salir. En los dos últimos se le impide
retroceder o volver atrás.
Habitación - avión, dentro - fuera, paraguas - paracaí-
das, hombre - doctor; y ella - él; ella - mango - paraguas
abierto; ella - paracaídas abierto; ella - doctor, parecen
todos ellos elementos de la misma trama.
En el cuarto sueño, ella ha conseguido salir, y está
sola. Se ha separado de la compañía del hombre - para-
guas - paracaídas - doctor placentales.
El paracaídas que la salva es el paraguas que la re-

tiene.

El doctor que le cierra el paso hacia atrás para impe-
dirle el regreso al avión es el descendiente del hombre-en-
la-habitación que no la dejaba salir.
Las transformaciones en sus sueños son como fases de
un rito de tránsito: efectivamente, tanto en el sueño como
en los términos existenciales, constituyen las penosas
pruebas de semejante rito. La pregunta es: ¿pautas diná-
micas similares de nacimiento biológico, sueños y ritos
de tránsito muestran y reflejan a su vez formas dinámicas,
activas y en movimiento, cuyo origen es común a las tres?
El contenido, secuencia y estructura del nacimiento
físico puede ser puesto en servicio para simbolizar lo que

172

LA VOZ DE LA EXPERIENCIA

el sueño-drama trata de simbolizar. Un paraguas y una
puerta, un paracaídas y un avión, pueden ser mucho más
apropiados, precisos y ricos en ambigüedad que la pla-
centa, el cordón umbilical y el útero. No hay nada en esta
teoría que pueda sugerirnos que el sueño-drama simboli-
za el nacimiento físico.
Así pues: muchos sueños y dramas exhiben pautas pre-
natales y perinatales de fetos-cordón umbilical-placenta-
útero. ¿Forman las experiencias reales de cuando éramos
fetos, con cordones umbilicales y placentas en nuestras
madres, la base, o fuente original, para estos psicologe-
mas, que constituyen su eco y reflejo, y que en cierto
sentido puede decirse que los simbolizan? ¡No! mal fun-
damentado, sumamente improbable, imposible, exclaman
Freud, Jung, Bettelheim y la mayoría de psicoanalistas y
psicólogos profundos. ¡Sí! una teoría virtualmente cierta,
plausible y bien fundamentada, afirman Rank, Janov, Fo-
dor, Mott, Peerbolte, Winnicott, Grof, Leboyer, Lake y
otros. Deseamos mantener nuestra atención en esta diver-
gencia, junto con los resultados sobre los que dicha diver-
gencia se eleva.

Aquellos que discuten los resultados parecen haberse
decidido de un modo u otro. Parece que no queda nadie
que no haya adoptado un punto de visto u otro.

III

El componente umbilical de la pauta fetal-umbilical
está claramente presente en las experiencias contemporá-
neas de proyección astral, junto con el sentido de unión
simpática.

Muchas personas afirman haber visto o sentido una
cuerda, una cadena, una hebra, una cinta, una venda, un

UNIDAD DUAL

173

cabo, un hilo, una cuerda, una tubería, un largo cuello,
una viga, una flecha, una flor, una espiral de luz, un rayo
de sol, latiendo y conectándoles a sus dobles o a sus
otros yos.13

Los viajes de las proyecciones astrales actuales a lo
largo de su cordón de plata son comparables a las ascen
siones y descensos de escaleras, árboles y parras que con
ducen y al mismo tiempo proceden del Paraíso en la mi
tología, y a los viajes de los chamanes subiendo y bajan
do cuerdas, sogas y arco iris.
Encontramos incluso relatos de personas que ven los
sutiles cordones de las otras. En algunas ceremonias, la
gente ve serpientes como cuerdas saliendo de la boca, es
palda y ombligo de los iniciados. Un distinguido químico
asegura que vio, al igual que los demás presentes, brotar
un loto del ombligo de un adepto al profundo samadhi.
La conexión con el otro yo de uno mismo suele expe
rimentarse como una unión física y simpática.
Crookall cree, como aparentemente hacen todos aque
llos que lo han experimentado de modo directo, que el
cordón de plata es un órgano real objetivo y físico, aun
que sutil. Para él un cordón de plata o el propio doble
no es una alucinación o el fantasma de un cordón perdi
do, sino que es algo que puede verse objetivamente.
Desde el punto de vista objetivo, tenemos aquí a otro
hombre apto (se trata de un distinguido geólogo) que
escala colinas o desciende a los vertederos, otra víctima
de las seducciones de la experiencia transgresiva, que en
este caso traspasa los límites de la posibilidad científica
confundiendo una experiencia de algo que, sea lo que

13. R. Crookall, Out-of-the-body-experiences,

Citadel Press,

New Jersey, 1977.

174

LA VOZ DE LA EXPERIENCIA

fuere, no está allí con la percepción de un objeto físico
real que sí está.

Pese a ello, Crookall cree que existen «buenas» eviden-
cias de que cordones de plata sutiles y reales unen el
cuerpo astral al cuerpo físico.
Hagamos el balance que hagamos entre los diferentes
tipos de validez de tales experiencias, todas ellas resultan
estar marcadas por la misma pauta.

rv

En esta sección, trataré de describir diez tipos de expe-
riencias adultas que parecen compartir un mismo patrón
en común con el biologema de la unidad dual de nuestro
organismo intrauterino.

1. Ella no debería tener que decirme por qué está
sentada frente a mí, puesto que sé perfectamente que todo
es obra mía. Nunca he puesto los ojos en la dama de mi
vida.

Ha permanecido en su habitación durante semanas.
Está aterrorizada ante la idea de salir y mostrarse. Pocas
semanas antes un hombre entró en la habitación y la
golpeó despiadadamente. La forzó y abusó de ella. Desde
entonces ha vuelto repetidas veces. Ha actuado siempre
del mismo modo. Tengo que poner término a esto. ¡Mira!
Una parte de su rostro está destrozado, su cerebro está
colgando, el gobo del ojo está machacado.
La habitación está oscura como boca de lobo. Ella
nunca le ha visto. Oye su respiración y los rápidos latidos
de su corazón. Comienza a ser golpeada en la cabeza. Su
cabeza es aplastada. Su cuello retorcido. Él intenta asfi-
xiarla y estrangularla. Ahora ella no puede salir de la

UNIDAD DUAL

175

habitación, sin embargo sale, compra comida y viene a
verme aunque para regresar de nuevo, sentarse en la habi-
tación oscura y mantener la vigilancia, porque ahora ya
no hace más que sentarse y aguardar el retorno del sonido
de la respiración y de los latidos del corazón.

2. De repente ella es dos personas. Allí hay otro. Ella
es ambos. Hay algo que ella, el otro, quiere decirle a ella.
Ella está escuchando. Está ansiosa por escuchar algo de
ella misma que está ansiosa por decir. O ella está sorda, o
el otro es mudo, o ambas cosas. Ella sabe que está allí
junto a ella.

3. En el sueño se encuentra en el interior de un coche.
Sale. El coche arranca. Ella siente que ha quedado una
parte de sí misma en el coche. Se ha ido con el coche. No
puede recuperarla. Está furiosa. Su otro yo en el coche
es psicótico. Ella es simplemente neurótica. Si encuentra
su otro yo, o si ambos se convierten en uno, ella podría
quedar totalmente destrozada. No obstante siente miedo
de que después de todo ninguno de los dos exista. Quizá
su loco yo en el coche no pueda recordar que dejó atrás
el ella que ella es y que salió del coche. Y si este yo del
coche que no sabe que ella existe no existe, entonces
quizá tampoco ella exista.

4. Su novio la abandonó hace dos años. Desde que la
dejó, ella se ha sentido fuera de su yo, desconectada de
su yo, contemplándose a sí misma desde fuera, separada
de sí misma, de todo el mundo y de todas las cosas. Se
halla en medio de la niebla: confundida.

Yo soy mi propio doble mirándome, y es como si
mi doble fuera él. Yo estoy en su lugar. Es la niebla.

176

LA VOZ DE LA EXPERIENCIA

Estoy en la niebla. Hay una espesa niebla entre el mun
do y yo. No puedo salir de esta niebla. La niebla, mi
doble. El es esta niebla. Yo soy esta niebla.

5. Él intenta captar su atención en todo momento.
Ella siente que él está tratando de extraerle toda la sangre.
Ella no puede resistir. Intenta en vano separarse de él.
Él no sólo quiere desangrarla por completo, sino que ade
más vierte su mala sangre y sus excrementos en ella, para
luego absorberla totalmente. Se pasa todo el rato hacien
do lo mismo. Ella lo mantiene vivo. Es natural, dice él.
Afirma que eso es estar enamorado.

6. «Todo el sistema opera como una pesadilla.»
Cuando él se fue, ella perdió su cable de salvamento
(cordón umbilical), el sistema de soporte de su vida (pla
centa y organismo materno), su envoltura y su mundo.
Ahora está separada, arrojada fuera, maldecida, es decir,
como ella misma lo define, finalmente ha nacido. Le está
agradecida a él.

Cuando él la comprendió, ella se sintió perdida dentro
de él. Ahora él se ha ido. Ella ya no puede volver a unir
se. Ni siquiera puede pensar. Se siente vacía y hueca a
no ser por la escoria de voces confusas y alucinadas, frag
mentos de gestos, tics, contracciones y otros restos del
naufragio. Sin su cable de salvamento, y su sistema de
soporte de vida, está continuamente expirando.

7. Está siendo envenenado por las mentiras. Las men
tiras venenosas son como serpientes en un agujero negro,
que se lo van tragando a medida que lo envenenan. Él se
encuentra en un perpetuo momento en que es arrastrado
hacia su propia destrucción.

UNIDAD DUAL

177

8. Ella se sienta silenciosa, desamparada y desespe-
rada, unos pasos más allá. Al empezar a hablar, se inclina
hacia adelante, curvándose sobre sus rodillas y presionán-
dolas fuertemente la una contra la otra, con los pies hacia
dentro. Movimientos lentos, amplios y atormentados pro-
cedentes de su espalda atraviesan involuntariamente todo
su cuerpo desde la cabeza hasta los pies. Haciendo contra-
punto a través de estas ondas globales, sus muñecas y
sus dedos se retuercen y crujen rápidamente en torbelli-
nos que repentinamente van y vienen y duran sólo unos
instantes.

9. Está en plena década de los veinte. Está en íntima
relación emocional, pero no física, con una mujer mayor.
Está de alguna manera realmente dentro de su amiga y
no puede salir. Este sentimiento demente la está volvien-
do loca. No puede recibir ayuda de ningún lado. La mujer
en cuestión no puede ayudar. Ella morirá si se aparta de
esta relación. De todas formas está muriendo. Su única
esperanza es permanecer en ella, aguardar. Está siendo
envenenada, desangrada, asfixiada y enajenada. Se sor-
prende de haber sobrevivido a un intento o amenaza de
aborto o malparto. Piensa que lo tendrá, porque, dice,
imagina que debe estar sintiendo lo que el feto debe sentir
al verse amenazado de aborto. Está convencida de que
ha vivido la misma experiencia antes de nacer y en el mo-
mento de nacer. Contempla sus dedos, crispados, agitados.
Me recuerdan un pájaro moribundo. Es peor que una pe-
sadilla. No puede escudriñar ni averiguar por qué se
siente como un pájaro moribundo o un feto dentro del
cuerpo de su amiga, por más que su cuerpo sea el cuerpo
de su amiga.

10. El siguiente relato es todavía una síntesis mucho

12. — LUDO

178

LA VOZ DE LA EXPERIENCIA

más densamente condensada de contenido, dinámica, te-
mas y formas biológicas, mitológicas y psicológicas.
Tiene veinticuatro años. Vive con su mujer y su hijo
de un año. Hace dos años que están casados. Durante los
últimos dos meses él no ha hecho más que sentarse en una
silla, día y noche, o agacharse por el suelo. Raramente
pronuncia una palabra. Ni él mismo se lo explica. Nunca
antes ha actuado de este modo.
Cuando le insto a que diga lo que está pasando, rompe
su silencio para relatar una historia con fluidez y cohe-
rencia, de la que a continuación doy una versión abre-
viada.

Poco antes de su matrimonio, tuvo un breve encuen-
tro homosexual, el único en toda su vida. Después de ello,
durante varios meses recibía «ondas» de que él era Cristo,
el Salvador, y a veces perduraban durante horas. Entonces
todo quedaba tranquilo por unos meses, hasta que otras
ondas hacían aparición asegurándole esta vez que era
Judas, el que traicionó al Salvador. Estas ondas también
se desvanecían, y durante meses no ocurría nada, hasta
que unos meses atrás los dos tipos de ondas, las que le
hacían sentirse Judas y las que le hacían creerse Cristo,
volvieron, unas veces juntas y otras alternativamente. En
ciertos momentos se sentía inclinado a creer en unas,
otras veces en las otras, en ambas, o en ninguna. Las ondas
comenzaron a consumirle. A medida que se acercaba a un
agotamiento sin límites, aquéllas empezaron a apoderar-
se de él.

Se encontraba a su completa merced. Todo lo que sen-
tía que podía hacer era tratar de mantener un equilibrio,
en todos los sentidos, balanceándose simétricamente en
una silla, desprovista de movimiento. Cualquier movi-
miento asimétrico requería la habilidad de un equilibris-
ta de la cuerda floja.

UNIDAD DUAL

179

Un inexplicable impulso le indujo a inclinarse y acu
rrucarse en el suelo, con los ojos cerrados. A medida que
se agachaba, comenzó a convertirse en Cristo, y, repen
tinamente, sin previo aviso, él, Cristo, desaparecía a través
del suelo. Durante breves segundos él y Cristo permane
cían conectados, después eran separados. Se perdía a sí
mismo y, a la vez, perdía a Cristo. Y así se encontraba,
abandonado, acurrucado en el suelo, con su propio doble,
su propio fantasma. Judas, diablo, corrompido, putrefac
to y mal oliente, pereciendo en todo momento, a punto
de ser arrojado por un oscuro agujero en el suelo, Dios
sabe dónde.

Todo cuanto él podía hacer era agacharse y esperar.
Al agacharse, sentía, aunque le pareciera un sentimiento
carente de sentido, que tenía que agarrarse y clavarse al
mundo para permanecer en él, y al mismo tiempo todo
ello resultaba inútil porque dicho mundo se esforzaba in
cesantemente e implacablemente por deshacerse de él y
expulsarlo.

Cuando no se arrastraba por el suelo, permanecía sen
tado balanceándose en su silla. Entonces comienza a re
torcerse y recibe la sensación de estar en algún sitio del
que tiene que salir urgentemente. Podía tener la sensa
ción de estar saliendo ligeramente, si ponía su brazo de
recho tras él, presionando fuerte contra el mismo, y atra
vesando enormes dramas a medida que iba liberando su
brazo, lentamente, con dolor y tribulación, de la presión
ejercida con su espalda y la silla, hasta que como una
serpiente deslizándose a través de un resquicio en una
roca, él, su brazo, se liberaba.
Contempla con estupor su transformación en la Ser
piente maligna, Adán y Eva, el Árbol de la Vida, Cristo y
Judas, el yo que ha perdido, su propio doble, su propio

180

LA VOZ DE LA EXPERIENCIA

fantasma, una placenta sin su feto, las conexiones rotas
entre todo eso, todo en uno.
No obstante, es consciente de que no podrá liberarse
de nada hasta que logre convertirse por completo en una
serpiente mordiéndose la cola, en un organismo intraute
rino completo, antes de que la serpiente umbilical se
vuelva maligna, cuando Judas y Cristo eran hermanos de
sangre.

De esta experiencia sumamente condensada podemos
extraer las siguientes correspondencias.

Él está acurrucado en

como si fuera un organismo

el suelo

intrauterino
compuesto de
feto-cordón-placenta.

El suelo

es como el suelo pélvico.

Cristo atraviesa
el suelo

como

el feto atravesó
en su día el conducto
del nacimiento.

Él está al mismo tiempo
arrojado y abandonado, y
estos dos yos
siguen conectados.

Su yo total ha
nacido, su cordón
umbilical todavía no
ha sido cortado, como
placenta
él es abandonado.

Es amputado.

El cordón ha sido
cortado.

El mundo se está
desprendiendo
de él, pero él
se sujeta, se agarra,
a punto de ser arrojado,
se vuelve corrupto, a
punto de perecer.

El útero se está
desprendiendo
de la placenta, que
sigue sujeta, a punto
de ser
expulsada.

UNIDAD DUAL

181

Creo que una de las razones por las que estos notables
paralelismos no sean advertidos y observados más a me-
nudo es que no hay ninguna teoría aceptable capaz de ex-
plicarlos. ¿Dentro de qué orden encuentran acomodación
en el discurso estas sensaciones, con sus inexplicables e
imposibles contorsiones (¿cómo puede uno convertirse en
la propia placenta?)?
Él tiene la sensación de que tiene que ir todavía más
lejos para poder escapar de esta posición alienante, impo-
sible, insostenible, insoportable y absurda en que ve trans-
formado en su propia placenta abandonada y escindida, a
punto de ser arrojada y perecer, su doble, su fantasma,
Judas, el otro Malvado. El momento de la regresión lo
hace retroceder. Intuye que logrará salir cuando haya re-
trocedido lo suficiente como para revertir a la posición
urobórica de la serpiente que se muerde la cola, anterior
a la propia conversión en esa trágica dualidad.
Tal como él asegura, la posición fetal, alcanzada me-
diante el retroceso (regresión), se convierte en la misma
que la de una serpiente mordiéndose la cola, el uroboro
mítico, alcanzada mediante la inversión (reversión).
Ésta parece ser una descripción general factible de al-
gunos aspectos de la estructura y dinámica de su expe-
riencia, tal como se ha descrito, tanto si estimamos posi-
ble o imposible que de manera inexplicable pueda él «re-
cordar» cómo se sintió su propia placenta durante su na-
cimiento real.

Podemos conceder una cierta validez y respeto a su
experiencia sin vernos forzados a creer que existe una co-
nexión telepática entre el feto y la placenta, a través de
la cual el bebé puede sentir lo que su placenta siente,
incluso después de haber sido separado de ella, tal como
suelen creer a veces los locos y los salvajes primitivos.
Si damos rienda suelta a tal especulación, pronto la

182

LA VOZ DE LA EXPERIENCIA

veremos traspasar los límites del sentido común actual,
sin mencionar los de la probabilidad, posibilidad y plausi-
bilidad científica. Su experiencia es tan extraña en sí
que a mucha gente le resulta difícil considerarla de otro
modo que no sea un completo absurdo.
No obstante, no se desafía a la plausibilidad, probabi-
lidad y posibilidad preservando la experiencia en su pro-
pia realidad, antes de que el fardo de nuestras explica-
ciones descienda y la separe de ella.
Situando las cosas de modo más abstracto, parecen
incluso más reales:
Se halla preso en una situación que está a punto de
arrojarlo fuera en pos de su mitad buena, que ya ha sido
expulsada, y de la que él está irremediablemente separado.
En la posición en que se encuentra tan sólo hay perdi-
ción. No puede seguir «adelante». Únicamente volviendo
«atrás» o «dentro» podría hallar de nuevo una unidad
original con su mitad más buena antes de que se perdiera
a sí mismo. Su mujer sonrió.

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