ADIOS A COPO !!!

Adiós, Camarada Copo!

Un viejo colega ha decidido dejarnos. Un perro. Un gran perro. Un amigo. Le conocí ya de viejo. Dicen que los años perrunos cuentan por siete humanos, y el tenía noventa y tantos en nuestra escala de medir el tiempo; pero muy bien llevados, con muchísima dignidad, no como ciertos humanos que todos podemos conocer. Apenas te dabas cuenta que estaba casi sordo y no veía demasiado bien, pues su carácter desde cachorro me dicen que fue casi igual, muy “a su aire” y siempre destilando cariño. Al lado de un gran perro siempre están uno buenos cuidadores. Siempre. Y a pesar de que era un perro de todos, eligió como dueños a Teté y a Berto que fueron los mejores compañeros que pudo tener en la vida. En su larga y feliz vida. Me consta que era un perro muy sociable, pues su dueña se sorprendía de que gente desconocida pare ella le saludase por su nombre y casi apellidos por cualquier calle, lo que dice mucho de su carácter. Berto y Teté son muy activos, demasiado para mi, y con ellos recorrió todo el Pirineo, llegando a tener en su palmarés de montañero varios “tresmiles” y un sin número de rutas de montaña por cualquier sitio que estuviese o no en el mapa. También –y por eso estas letras están aquí- era un notable marino. Alguno de vosotros supongo que haya visto mas de una vez a una canoa (o como se llamen las “cosas” que tripuláis) de tres plazas: A proa y popa Berto y Teté, en el centro, en el puente de mando, él; el camarada Copo; que figura en un montón de colecciones fotográficas de propios y extraños que se sorprendían de ver semejante tripulación cruzando la Bahía y muchos sitios más. Si. Fue un gran perro y ahora ha decidido irse a descansar. Nos deja tristes un montón de gente que tendremos que acostumbrarnos a no verle acercarse con sus curiosos andares, a sus diplomáticos saludos y a sus siempre curiosas miradas; y yo tendré que convencerme de que el “Tovarish Kopo” no me volverá a babear la mano cuando le acariciaba el hocico mientras le hablaba en ruso –parte real y parte inventado, a los dos nos daba igualmientras me contestaba con sus gruñidos apenas audibles.

Podría citar mil y una anécdotas de las que ví o me contaron sobre sus andanzas, pero no quiero aburriros y solo me atrevo a contaros que he perdido un amigo. Supongo que sepáis de qué hablo. Adiós, Camarada. Adiós, amigo.

Nacho (a) “el coronel”.

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