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Astrid, tesoro mío: En un abrir y cerrar de ojos llegaste a este mundo, en casa no sabíamos que ibas a ser una

niña, la reina de la familia, y me admira que tengas doce años, ya estas grandecita. ¿Recuerdas cuando te cargaba? Eras mi palomita amada y mi estufita. Siempre tuviste inclinación por las mascotitas, compartías tu leche con la gatita de tres colores, en complicidad con la tía Elena, no creas que no te vi flaquita linda. La tía es la mujer más buena que existe en la tierra, no olvides de ser afectuosa con ella, ¿sí? Cuando eras bebita ella te cargaba, preparaba tu leche, tus papillas, te cantaba la canción “Hay mi gatito” y no permitió que te pasara algo malo. De ese tiempo recuerdo que los cólicos te afectaban y para que te calme salíamos disparados a buscar tus gotas. Cuando nos mudamos a La Merced debías cursar el nivel inicial, te matriculé en el Jardín “Estelita” (Capelín) y recuerdo tus pataletas en las mañanas, siempre tenías el sueño de estudiar en el Kindergarten “Jauja”, retornamos a fines de abril y al saber que ibas a estudiar en el Kínder de tus sueños, te quedaste saltando de felicidad. ¡Qué alegría para mí! Y hoy cuando veo a las pequeñas con el guardapolvo a cuadros me acuerdo de ti y te veo sonriendo con tus dos trencitas, cortando con la tijera lo que está a tu alcance, ante el menor descuido. Otra historia fue la primaria, tu formación del primer grado en el Túpac Amaru con la mirada paciente de la Prof. Lourdes, el segundo y tercer grado con el Prof. Retamozo en el 500, de ese momento recuerdo tu participación en la gimnasia “sapito”, del cuarto al sexto en el San Agustín, de ese período recuerdo tu participación en la feria de ciencias y el básquetbol; actualmente la secundaria compartes con las hermanas de San Vicente de Paul. Sheilita, recordando todos los momentos, me siento feliz de ser tu papá, y orgulloso de tener una hija lista, avispada, hábil y quiero decirte algunos secretitos de la vida, hay tantas cosas que debes aprender, las cosas buenas de la vida, depende mucho de tu comportamiento. Aprende a escuchar y comprender a los demás; sé humilde y justa contigo misma; no te comprometas lo que no puedes hacer; no busques el camino fácil, sino el correcto; solo así podrás disfrutar de tus logros y aciertos. Ante las dificultades recurre a los seres que te estiman y aprovecha todo los espacios para compartir con Aldrin. Astrid de mi corazón, eres el mejor regalo que recibí, no olvides que estoy y estaré siempre a tu lado y recuerda que te quiero mucho. Te adora, Tu papi. Edwin M. Barzola Carhuancho.