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Prado Flores,J._Cómo Evangelizar a los Bautizados

Prado Flores,J._Cómo Evangelizar a los Bautizados

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Los evangelizadores eran portadores de la Buena Noticia de
la salvación realizada por Cristo Jesús. Sin embargo, a medida
que se extendía la predicación y pasaban los años, se agudizaba
más un problema: ¿Cómo lograr que la obra salvífica realizada en
el Calvario fuera efectiva en diferentes lugares? ¿Cómo cruzar el
túnel del tiempo para hacer presentes los efectos de la muerte y
la resurrección de Jesucristo y que su sangre preciosa perdonara
a personas de diferentes latitudes?

Cuando los apóstoles predicaban, tenían un objetivo invaria-
ble: que el Espíritu Santo hiciera presente y eficaz en todo
tiempo y lugar la salvación realizada por Cristo Jesús, formando la
comunidad de redimidos.

Α.- Don del Espíritu

Desde la primera predicación apostólica el día de Pente-
costés, la gente se preguntaba qué debía hacer para participar
de la salvación. Pedro responde claramente, explicando el
proceso de la evangelización:

Arrepiéntanse y que cada uno se haga bautizar
en el nombre de Jesucristo para remisión de los pecados,
y recibirán el don del Espíritu:

Hech 2,38.

Pablo, por su parte, expone el mismo proceso:

En él también, ustedes, tras haber oído
la Palabra de la verdad, la Buena Nueva de la salvación,
y haber creído en él, fueron sellados
con el Espíritu Santo de la Promesa:

Ef 1,13.

El culmen del proceso evangelizador es la recepción del
Espíritu, para hacer presente y eficaz la salvación de Jesucristo.

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El Espíritu Santo otorga las primicias de la salvación definitiva
que culmina en la otra vida. Por eso, el derramamiento del
Espíritu era una de las principales características de los tiempos
mesiánicos. Tan abundante sería, que tanto Juan Bautista como
Jesús la nombraron como "bautismo en el Espíritu" (Le 3,16).

El Espíritu es quien revela la verdad completa sobre el plan de
salvación y da testimonio de Jesús como el único Salvador. No
solamente está con nosotros, sino en nosotros para hacer pre
sente a Jesús y su salvación en todos los tiempos y lugares.

Es el Espíritu Santo quien abre los corazones para que se
crea en la Palabra de salvación, y él mismo es quien capacita para
confesar a Jesús como el único Salvador y Señor. El hombre
puede tener todas las buenas intenciones para transformar su
vida, pero sin el poder del Espíritu Santo es imposible. El ser
humano puede comprometer todo su esfuerzo y buena voluntad
para mejorar, pero ningún sistema, terapia, programa o institución
es capaz de transformar su corazón. Podría cambiar exterior-
mente la conducta, pero no los apetitos, deseos y motivaciones.
Necesita el poder del Espíritu Santo que le otorga nueva vida y lo
hace nacer de nuevo para capacitarlo para lo que él no puede por
sí solo. En una palabra, su presencia y su actividad no son optati
vas sino absolutamente necesarias.

Con el don del Espíritu se sella la obra de la salvación. Es de
cir, se garantiza la eficacia de la obra salvífica. Es el sello que ga
rantiza que Jesús está realizando su obra de perdón y liberación
en este mundo.

EL ESPÍRITU SANTO

hace presente y efectiva

LA SALVACIÓN

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Dinámica

Una lámpara, una computadora y un radio, tienen la capacidad de
funcionar. En potencia, son capaces. Pero únicamente lo logran
cuando están conectados a una fuente de energía eléctrica.

Se presentan estos objetos desconectado y conectados a la
energía eléctrica.

Enseñanza: Aunque por nuestro bautismo estamos injertados
en la muerte y resurrección de Cristo Jesús, sólo gracias al
Espíritu Santo podemos vivir como hijos y herederos.

B.- Formar comunidad cristiana

Obviamente no basta un encuentro ocasional con Jesús, ya
que el Reino pertenece precisamente a quienes perseveren
hasta el fin (Mt 10,22), unidos tanto a Jesús, como a sus palabras
y su mensaje. Se trata de una comunión tan profunda como la de
los sarmientos a la vid. Por eso el Maestro ordena a todos los su-

yos:

Permanezcan en mí como yo en ustedes...
El que permanece en mí como yo en él, ese da mucho fruto,
porque separados de mino pueden hacer nada:

Jn 15,4-5.

Jesús está presente en la comunidad de redimidos:
Sepan que yo estoy con ustedes hasta el fin de los tiempos:

Mt 28,20.

Separarse de la comunidad, es privarse de la presencia glo-
riosa de Jesús resucitado, como le sucedió al apóstol Tomás
cuando abandonó la comunidad de discípulos de Jesús (Jn

pn ΟΛ\

Para permanecer con Jesús es necesario formar la comunidad
cristiana. Por eso, quienes recibieron el don del Espíritu en
Pentecostés, perseveraban en la comunidad. Por tanto, es im-
perativo permanecer con Jesús en su comunidad, viviendo el
amor de Dios que ha sido derramado por el Espíritu Santo que

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nos ha sido dado, creciendo en la nueva vida a través de cuatro
medios de crecimiento señalados en Hech 2,42-44:
- La enseñanza de los apóstoles que comunican la doctrina
de Jesús.
- La comunión y participación de la vida divina, junto con los
bienes espirituales y materiales.
- Las oraciones donde se comparte la vida con Dios y con los
hermanos.
- La fracción del pan que es el culmen de la iniciación cris

tiana.

El encuentro con Jesús lleva necesariamente al encuentro
con el hermano. El primer mandamiento, amara Dios, va indiso
lublemente unido al segundo: amar al prójimo. La salvación,
como la luz, es expansiva por naturaleza. No se puede esconder
debajo de la mesa, y se comparte con el hermano, especial
mente con el más necesitado. Jesús está tan presente en cada
persona, que cualquier asistencia o indiferencia frente a las ne
cesidades del hermano, se consideran hechos al mismo Jesús
(Mt 25,31-46).

PERSEVERAR CON

JESÚS

EN LA

COMUNIDAD,

AL SERVICIO DEL

REINO

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Un astronauta puede explorar los espacios infinitos en una
cápsula. Un valiente marinero se atreve a cruzar los siete mares
en una balsa. Un solitario alpinista conquista las cumbres neva
das. Todos ellos pueden lograr sus hazañas en tierra, mar y aire,
ellos solos. Pero, nadie, absolutamente nadie, ha intentado atra
vesar el desierto él solo. No podemos llegar solos. Necesitamos
marchar en caravana. Es la única forma de perseverar los cua
renta años que se precisan para llegar a la tierra prometida.

Los apóstoles jamás perdieron de vista la visión de Jesús de
instaurar el Reino de los cielos en esta tierra. Por lo tanto, la sal
vación no es un asunto privado o personal, sino que tiene alcan
ces sociales. Jesús es Señor porque posibilita el comienzo de
los cielos nuevos y la tierra nueva en todos los ámbitos de la vida
humana.

La maldad institucionalizada y la injusticia generalizada sólo
serán vencidas por comunidades de fe que muestren que el
Reino ha llegado y que el amor, la justicia y la paz, son posibles
en este mundo, gracias a la victoria de Cristo Jesús sobre todo lo
que es muerte.

El culmen de la evangelización se da cuando los creyentes se
unen entre sí, participando del mismo pan de la Palabra y de la
Eucaristía en la Cena del Señor, que es el memorial del anuncio
de la muerte y la proclamación de la resurrección del Señor
Jesús.

LA INICIACIÓN CRISTIANA
CULMINA EN EL MEMORIAL
DE LA MUERTE Y
LA RESURRECCIÓN DE JESÚS,
EN LA CELEBRACIÓN
DE LA CENA DEL SEÑOR

79

Evaluación

1.- ¿Qué recibieron los convertidos el día de Pentecostés?

Hech 2,1-39.

2.- ¿Qué recibió Cornelio y su familia para participar de la sal

vación? Hech 10.

3.- ¿Qué les faltaba a los discípulos de Efeso para culminar su
evangelización? Hech 19,1-7.

4.- Escribir los cuatro aspectos más importantes para los cua
les se nos da el Espíritu Santo.

5.- ¿Cómo y dónde podemos perseverar con Jesús?

6.- ¿Dónde se encuentra Jesús hoy?

7.- ¿A qué se unían los salvados?: Hech 2,47.

8.- Escribe cómo se hace la travesía por el desierto rumbo a

la tierra prometida.

80

9.-¿Cuáles son los cuatro medios de crecimiento de la comu
nidad cristiana? Hech 2,42.

10.- Escribir lo que dice Hech 16,5:

EL OBJETIVO

DE LA PROCLAMACIÓN
KERYGMATICA ES

RECIBIR EL DON DEL
ESPÍRITU SANTO,

QUE HACE PRESENTE A

JESÚS
Y EFICAZ SU ACCIÓN
SALVÍFICA

81

4.- PUENTE DEL KERYGMA APOSTÓLICO:

FE Y CONVERSIÓN

Cuando los primeros evangelizadores presentaban la Buena
Nueva de la salvación, la gente siempre les preguntaba cómo te
ner acceso a dicha salvación:

- ¿Qué debo hacer para ser salvo?: Hech 16,30.
- ¿Qué debemos hacer?: Hech 2,37.

Las respuestas de Pedro y Pablo tienden este puente de dos
carriles por medio del cual se hace presente y eficaz la salvación
de Jesús: la fe y la conversión:

- Pablo:

Cree y te salvarás tú y tu casa: Hech 16,31.

- Pedro:

Conviértanse y háganse bautizar:

Hech 2,38.

LA SALVACIÓN

necesita un puente de dos carriles:

FE Y CONVERSIÓN

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La fe y la conversión son los medios necesarios e insustitui-
bles a través de los cuales se actualiza en cada persona o am-
biente la salvación y la liberación.

Por eso, los evangelizadores siempre buscaban:

- que los oyentes creyeran en Jesús: Hech 13,39.

- que se convirtieran a Dios: Hech 20,21.

Α.- Fe

La salvación ya está realizada plenamente por el sacrificio de
una vez para siempre de Cristo en la cruz. Jesús ya nos salvó,
pero ¿cómo entrar en comunión con él para hacer nuestra la obra
salvífica? Primeramente por la fe, a través de la cual nos apropia-
mos lo que nos corresponde por don de Dios: los méritos de la
muerte y la resurrección de Cristo Jesús. En él somos herederos
de todas las bendiciones celestiales y salimos más que vencedo-
res en toda prueba y tribulación. La fe, pues, nos conecta direc-
tamente con la fuente de gracia y nos permite tener acceso a la
presencia divina, libres de todo temor al castigo, porque ya nues-
tros pecados fueron perdonados y estamos en paz con Dios.

La fe es, pues, la respuesta que el hombre da a Dios. No es
un sentimiento o ideología, sino un modo de relacionarse con
Dios, viviendo de acuerdo a su plan salvífico. No es sólo un
asentimiento intelectual, sino sobretodo una entrega sin condi-
ciones, aceptando la salvación a través de Cristo Jesús, lo cual
implica necesariamente renunciar a cualquier otro medio de
salvación.

No nos salvamos por nuestra propia capacidad, sino mediante
la fe. San Pablo es tan enfático como intransigente en este
campo, afirmando que no és el cumplimiento de la ley ni las obras
buenas lo que nos salva, sino la fe.

Han sido salvados por la gracia mediante la fe,
y esto no proviene de ustedes, sino que es un don de Dios;
tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe:

Ef 2,8-9.

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El hombre no se justifica por las obras de la ley,
sino por la fe en Jesucristo: Gal 2,16.

Quien intente salvarse por el cumplimiento de la ley o reali
zando buenas obras, no necesita de Jesús como Salvador, ya
que él pretende ser su propio salvador. De esta forma, la fe no es
optativa. Es absolutamente necesaria y de ella depende la salva
ción:

El que crea y sea bautizado se salvará.
El que no crea se condenará: Me 16,16.

Por eso, Pedro y Pablo terminan con una invitación a creer
para apropiarse todos los frutos de la redención:

Todo el que crea en él, alcanza por su nombre
el perdón de los pecados: Hech 10,43.
La total justificación
que no pudieron obtener por la Ley de Moisés,
la obtiene por él todo el que cree: Hech 13,38-39.

En concreto, la fe nos lleva a creer que ya fuimos perdonados
y a vivir como tales, sin ninguna condenación, porque ya nuestra
cuenta fue saldada y estamos en paz con Dios. Ya no somos es
clavos del pecado ni siervos de Satanás, sino plenamente libres
de toda prisión y atadura. Experimentamos las primicias del Reino
en nuestras relaciones con Dios, con los demás, con la creación
y con nosotros mismos, instaurando el cielo nuevo y la tierra
nueva.

La fe tiene tres facetas:

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