UNA HISTORIA PARA REFLEXIONAR Del diario de un egresado universitario Prof. Lic.

Julia Irene Segovia Silva
Luego de muchos años de haber culminado mi carrera universitaria he tenido la oportunidad de revisar mi viejo armario cargado de recuerdos. En el primer estante, mis libros de la infancia y la adolescencia, más abajo, trabajos y más trabajos de aquel tiempo inolvidable de la vida universitaria. Impresionado por el hallazgo, aquellos tesoros me remontaron a mis días de estudio. Entonces, me puse a pensar, y a recordar a todos mis maestros, muchos de ellos marcaron mi vida y otros pasaron sin dejar huellas. Sé que enseñar con pasión es un auténtico desafío de la misión docente. Tantos momentos, tanto aprendizaje, tanta vivencia. He tenido un sinnúmero de docentes y con ellos, las más increíbles experiencias. Haciendo un recuento de mis maestros quiero recordar a quienes fueron muy buenos y a aquellos que fueron muy malos. Sólo hay dos formas de recordar a un docente, porque ha sido excelente o porque no ha reunido las cualidades de un maestro ideal. Aquellos que no marcaron nuestras vidas, pasaron y se fueron y nada ha quedado de ellos en nosotros. Recuerdo a mi maestra PERSEVERANCIA, la llamaba así cariñosamente. Era una mujer dedicada a su docencia. Insistía incansablemente con las tareas, las revisaba y permanecía en el aula mucho tiempo después de finalizada la clase, porque quería evacuar todas las preguntas y aclarar todas las dudas. Su dicho cotidiano era: el que quiere, puede. Me enseñó que no hay barreras en el aprendizaje cuando le ponemos entusiasmo y trabajo a las cosas. Era dura y exigente en sus clases, pero cuando llegaban los exámenes, sentía absoluta seguridad porque me obligaba a estudiar y a aprender en las clases. Otro digno maestro era el TRIUNFADOR, mis compañeros y yo lo conocíamos así, porque nos hablaba en todas las clases de que todos podíamos llegar a la meta. En todas sus clases insistía en los éxitos profesionales. Nos incentivaba a abrazar la profesión con entusiasmo y visión triunfalista. Siempre decía: Los que ocupan un lugar en esta sala han sido, son y serán por siempre verdaderos triunfadores. Ustedes son una clase privilegiada porque pueden seguir estudiando. El estudio es un premio, aunque para muchos sea un castigo. Aprovechen al máximo este momento que los llenará de gloria en un futuro no muy lejano. Estudien y construyan sus perfiles profesionales con responsabilidad. Imposible olvidar a este vendedor de sueños. No venía a todas a las clases, pero cuando lo hacía, llenaba todas las mentes con la genialidad de sus conocimientos. Ese era mi maestro ESTRELLA. No era un conocedor de su ciencia, era un sabio, capaz de transformar mis pensamientos y llevarme a crear mis propias ideas. Tanto era su entusiasmo por su ciencia, que pareciera que todos podíamos ser expertos y opinar con criterio sobre sus propuestas. Era un estudioso, un investigador, un creador, un referente dentro de la facultad. Todos lo respetaban porque dominaba en profundidad su asignatura. Quería ser como él, sinceramente, muchísimas veces, deseé profundamente ser tan hábil y genial como este maestro. Su presencia era imponente. Elegante, cordial, ameno, agradable y buen maestro. Reunía todas las características de un auténtico maestro LÍDER. Lo respetábamos porque siempre nos trató con absoluto respeto, y nos brindó su apoyo como un excelente mediador en los procesos de clase. Su tarea esencial era facilitar nuestro aprendizaje, pero con la racional exigencia de quien comprende, que enseñar a otros es mostrarles el camino, es enseñarles a superar los desafíos del trayecto, es aclararles dudas, y sobre todo, proponerles situaciones concretas que les exijan tomar decisiones acertadas. Vivía vendiendo sueños, era tal el entusiasmo con que lo hacía, que todos, absolutamente todos sus alumnos, estábamos pendientes de comprarlos. Grande mi maestro líder. Me enseñó no solamente a ser un líder profesional, sino además, a liderar mi propia vida. Todos los días de mi vida tengo presente las enseñanzas de mi maestro PATRIOTA. Salud a la patria, estoy aquí para servirla. Ejerzo mi profesión docente con dedicación, porque me debo a la patria. Esta patria que tanto nos ama, y que por ello, nos regala todo. En reiteradas ocasiones llenó de profundas emociones mi corazón, y engrandeció mi fe y mi esperanza por amor a mi país. De él aprendí que el ejercicio de mi profesión debía ser un servicio a mi patria. Que ejercer la profesión como mera 1

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mercancía es una actividad egoísta y lucrativa, que cuando doy un valor agregado de calidad y de servicio, extiendo mis manos al bien común, y construyo con mi trabajo honesto una patria nueva, cada día. Las clases habíamos comenzado con entusiasmo, era el último semestre de la carrera. El docente había ingresado a la sala puntualmente, y sin desperdiciar ningún segundo, comenzó analizando las propuestas del programa de estudios y sus relaciones con los perfiles profesionales. Una hora después, una tormenta sorpresiva sacudió la noche. Estábamos aterrorizamos con la furia de la naturaleza. Un rayo impresionante nos dejó a oscuras, y con la habitual gana de correr a casa por cualquier motivo, mis compañeros y yo, tomamos nuestras cosas para salir del aula. El maestro comenzó a gritar diciendo: “un momento, un momento, tranquilos, adentro, adentro, seguiremos con la clase, adentro” Todos volvimos haciendo comentarios sobre el docente, ya pueden deducir lo que decíamos, no teníamos la menor idea de lo que se traía entre manos. Cuando la mayoría regresó al aula oscura, y se ubico a duras penas bajo la luz de los relámpagos, nuestro nuevo maestro dijo: _Gracias por volver a la sala. Es propicio, aunque estemos a oscuras, aprovechar el tiempo. No tiene sentido salir a correr bajo la tormenta, sería un tiempo mal invertido. Es sabido que los constructores detienen sus trabajos cuando llueve, ellos trabajan con cemento y arena, elementos que necesitan del aire y del sol para segmentarse, pero nosotros que trabajamos nuestras mentes y nuestros corazones, sólo necesitamos de un tiempo que nos permita encontrarnos a nosotros mismos para construirnos. Ninguno de nosotros puede construir al otro, cada quien es constructor de su propia torre. Según tus intenciones y tus ganas de crecer te construirás como una torre muy alta, tan alta como tus aspiraciones, no desperdicies ningún momento en la vida para aprender a ser mejor, constrúyete, eres el constructor de tu propia torre, ponle luz, color y todos los detalles que tú quieras, será tan linda y tan inmensa como tus deseos, no sueñes con esa torre, constrúyela, está en tus manos. Todos quedamos impresionado con aquel maestro CONSTRUCTOR DE TORRES. Muchos de nosotros proveníamos de familias humildes, éramos los primeros en recibir una formación universitaria. Guardábamos muy dentro de nosotros el temor de ser menos que los demás. Era un sentimiento que mucha gente sembró en nosotros, insistiendo en que no íbamos a poder llegar a la meta, porque la pobreza económica era un obstáculo invencible. Ella era una docente igual a nosotros, había salido de una cuna humilde. De padres agricultores, cuando niña tuvo que superar miles de desafíos para llegar a la universidad, y como estudiante universitaria, vencer la añoranza y la soledad en una residencia universitaria. Desde el día en que nos comentara todo lo que tuvo que esforzarse para llegar a su meta, sentimos una motivación especial por escucharla y aprender de ella cómo hacer para ir adelante. Decía: _ Con la vista siempre al frente, para adelante, ni siquiera un paso atrás para tomar impulso, solo para adelante. Era un ejemplo de esfuerzo. Era un PUENTE entre la realidad y los sueños. Recalcaba siempre:_ Si yo he podido llegar ninguno de ustedes puede excusarse, todos podemos alcanzar nuestras metas, basta con trabajar por nuestros sueños. Nunca pude olvidar a mi maestra PUENTE. Más allá de la simple tarea de transmitir conocimientos, recuerdo con admiración a aquel maestro que demostró dedicación y fortaleza para llevar adelante su tarea educadora, a pesar de todos los límites que planteaba la realidad. Éramos 140 estudiantes en una pequeña sala. No siempre disponíamos de todos los recursos didácticos para desarrollar las clases, muchos de mis compañeros no seguían respetuosamente las indicaciones del profesor, la mayoría llegaba tarde después de una ardua jornada de trabajo con el cansancio a cuesta, sin materiales de lectura o simplemente sin ganas de participar de las clases. Pero a pesar de todo esto, el maestro ROBLE, a quien lo llamaba así con todo respeto, permanecía entusiasta entre nosotros. Desarrollaba sus clases como si todo fuese ideal, como si no tuviera limitaciones, o simplemente, como si todos lo acompañáramos al pie de la letra en sus intenciones. Tanta era su insistencia, que todos terminábamos atrapados por sus propuestas. Era un hombre de fuertes convicciones, capaz de persuadir y convencer, era un verdadero roble. Con su voz tranquila y sus movimientos controlados, saludaba respetuosamente al inicio de la clase. Su sola presencia generaba respeto. Tenía un poder increíble sobre nosotros. Cualquier maestro quisiera poder alcanzar esta gracia especial. Era ella, la maestra más bella, elogiada y pretendida de la carrera. Era joven y muy hermosa, más de uno soñaba desposarla. Era dulce y tierna como una flor, tranquila y segura. Desarrollaba sus clases con dominio de su ciencia y con un don especial que cautivaba a todos. Su trato agradable y respetuoso trazaba un límite significativo entre ella y nosotros. La ubicábamos en un lugar muy especial de nuestro corazón. Mi maestra APACIBLE me ha enseñado que con equilibrio, don de gente y conocimientos podría llegar muy lejos. 2

Emprender es de grandes, cada día es propicio para crecer. Han venido al nivel universitario a aprender a ser profesionales proactivos. De su iniciativa propia dependerá su éxito en la vida. No los preparo solamente para que vivan la profesión bajo el dominio de otros, no quiero empleados ni gerentes, deseo que sean emprendedores, que construyan su propio imperio y que salgan adelante con ideas creativas. Deben soñar y trabajar por sus sueños. Todas las empresas, aún las más encumbradas han nacido como pequeños sueños. Sueños que para muchos en su momento, han sido locuras, pero que finalmente se constituyeron en ejemplos para todos. Aprendí a emprender y a ser proactivo gracias a mi Maestro EMPRESARIO. Más allá de los límites de la ciencia está la conciencia. No todos mis maestros me enseñaron que la ciencia sin conciencia es letra muerta, y que la educación no sólo debe instruir, sino sobre todo debe educar. Preocupado por todos mis movimientos, mis pensamientos, mis acciones y actitudes, el maestro HUMANO orientó sus clases educándome, haciendo de mí una mejor persona. Sostenía: No basta sólo con formar recursos humanos, sino sobre todo, seres más humanos. El maestro ARTESANO se esmeró siempre en brindarnos todo lo mejor de su enseñanza. Sostenía que en cada clase debíamos experimentar cambios significativos, que cada momento de aprendizaje era esencial para moldearnos. Decía: _Déjense llevar por las enseñanzas de sus maestros. No basta con la intención de ser mejores, deben actuar y seguir las direcciones de quienes tienen la honorable tarea de guiarlos. El maestro es como un artesano que amasa la arcilla y crea obras buenas. Sé que serán exitoso profesionales, que tendrán inmensas responsabilidades que afrontar en el ejercicio de la profesión, que saldrán adelante con dignidad y que llevarán en alto el nombre de nuestra querida institución. Tendrán días de pruebas y las superarán con honestidad, laboriosidad e ingenio. Atesoren sus libros porque mañana serán sus mejores amigos. La competencia comenzará cuando ejerzan la profesión y de la calidad con la que trabajen dependerá su éxito en la vida profesional. Hay trabajo para los buenos, los malos siempre están desocupados y para peor, lamentando su desgracia. Para ser exitosos, basta con la idoneidad profesional que implica: vocación, dominio de la ciencia y altura moral. Sabias palabras de aquel maestro PROFETA. Intachable, digno y lleno de espiritualidad. Mi maestro MODELO me inspiró a ser alguien diferente. Con pocas palabras, trabajó mi integridad con su ejemplo. No olviden que las palabras persuaden, pero el ejemplo convence y transforma. Su coherencia y su absoluta convicción de que un maestro es un verdadero ejemplo a seguir, se entregó pleno a la tarea de educar y no sólo a informar, sino sobre todo, a formar personas. Narrando historias sobre el ejercicio de la profesión, mi maestro HISTORIADOR se ganó siempre la atención de todo el curso. Increíblemente narraba historias que ilustraban la vida profesional. Las dudas no tenían cabida en sus clases porque para cada pregunta tenía una historia con la cual ilustrar mejor los nuevos conocimientos. Más que una habilidad para la narración creativa, era la inmensa capacidad adquirida a lo largo de sus años de experiencia profesional. Después de muchos años llego a la conclusión, de que quienes enseñen en las universidades deben ser, necesariamente, exitosos profesionales en el ámbito laboral. Un maestro CULTO es aquel que no solamente sabe de su ciencia sino además tiene un amplio bagaje cultural, conoce de la cultura universal y no pierde una sola oportunidad para hablar de la cultura nacional. Era un antiguo profesor de la facultad, le faltaba muy poco para alcanzar los beneficios de la jubilación. Él sentía nostalgia por todo lo que fue su vida docente, y nosotros al escucharlo, un gran orgullo de ser sus alumnos. Sentíamos al mismo tiempo una inmensa pena porque un maestro culto no se improvisa y estoy seguro que pasarán años para que la facultad vuelva a contar con alguno de ellos. La familia es el principio y el fin. Mi maestro FAMILIERO gastaba mucho tiempo de sus horas de clase hablando de su amada familia. Muchos compañeros ya lo conocían, y a modo de trampita, lo inducían a hablar de su familia para detener el desarrollo de las clases. En esa época la actuación de este maestro me parecía una pérdida de tiempo. Hablar a los alumnos universitarios de la importancia de ser buenos profesionales pero sin descuidar la familia que es el centro y equilibrio de nuestras emociones, no me parecía oportuno. Educar a los hijos con respeto y honrar a los padres con devoción era la lección que este maestro pregonaba con todo el corazón. Ahora que me siento adulto y pleno, valoro profundamente las enseñanzas de este maestro, porque los conocimientos de la ciencia están en los libros, pero las enseñanzas para alcanzar la plenitud están inmersas en la vida misma. 3

Del diario de un egresado universitario.

Prof. Lic. Julia Irene Segovia Silva

Del diario de un egresado universitario.

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Eternamente jovial y llena de entusiasmo, a pesar de los años y las dificultades de la vida, mi maestra JOVEN me enseñó que la actitud hace la diferencia. Que es propicio cumplir con el dicho “Al mal tiempo, buena cara” Que la vida está hecha de desafíos y que depende de la actitud con que le hagamos frente, triunfamos o fracasamos. Me enseñó que la juventud no es cuestión de edades, que la alegría, el júbilo y las ganas de vivir marcan la diferencia. Que hay jóvenes viejos y viejos jóvenes. Que la juventud es cuestión de compromiso con la vida, y que es maravilloso poder sentir el ardor de una eterna juventud en el corazón. Aunque pareciera poca cosa su enseñanza, estoy seguro de que muchos intelectuales aún no han descubierto el secreto para sentirse eternamente jóvenes, porque la juventud no es cuestión de ciencia, es cuestión de actitud. Todos conocíamos su gran corazón. En las primeras clases, muchos de mis compañeros se burlaron de su buena fe. Todos creyeron, que la bondad del maestro, era una inocencia crédula que trascendía los límites de la razón. Cuando cualquiera de nosotros no presentaba las tareas, el Maestro COMPASIVO siempre daba una nueva oportunidad, pero con el tiempo entendimos que su intención era que todos aprendiéramos, y que si bien la vida no da muchas veces una segunda oportunidad, él nos enseñó que con paciencia se puede llegar mucho más lejos. Se tomaba un tiempo para dialogar con nosotros, y en la mayoría de los casos, descubría nuestras mentiras. Entonces decía: No has hecho la tarea, debes asumir con responsabilidad tus actos. Es importante que digas la verdad. Las excusas son justificaciones vanas, si te excusas puedes mentir a los demás pero nunca podrás mentirte a ti mismo, porque en el fondo sabes que pudiste haberlo hecho con un poquito más de esfuerzo. Tienes una nueva oportunidad, espero la aproveches. Con él comprendimos que las excusas son justificaciones vanas y que mintiéndonos a nosotros mismos no crecemos ni aprendemos a vivir. Cuando ya sentíamos el cansancio de los años de estudio, y muchos de nosotros nos preguntábamos porqué tanto esfuerzo, para cuándo es la vida, los mejores años de nuestra juventud invertidos en esta etapa de renuncias, apareció en nuestro proceso de formación un maestro, que desde el primer día buscó conseguir en nosotros más de lo que podíamos dar. Planteaba sus clases con profundas reflexiones acerca del bien común, de la verdad, de la justicia y de la ciencia al servicio de la humanidad. Sus preguntas despertaban una increíble búsqueda interior, y nos incentivaba a descubrirnos y a conocernos mejor cada día. Su asignatura era eminentemente profesional, pero el maestro siempre encontró un momento para desarrollar nuestra fe y nuestra esperanza por un mundo mejor. Enfatizaba la trascendencia como un camino para alcanzar la realización plena, como una fuente de motivación permanente, como un puente que nos permitiera pasar de un estado de debilidad a un estado de fortaleza. ¡Ten fe! Era una expresión cotidiana de este maestro. Si quieres llegar lejos, ¡ten fe! Si tienes un Dios, ¡ten fe! y si no lo tienes, ¡ten fe! fe en ti, en los demás, en tus seres amados, en tu profesión, en tu patria. Todo lo conseguirás trabajando por el bien y la verdad. Era incorruptible mi maestro APÓSTOL. Preparémonos para ser dignos ciudadanos. Más allá del ejercicio de la profesión, está la dignidad del ser humano. Seamos ciudadanos comprometidos con la sociedad que confía en nosotros, y trabajemos con absoluta responsabilidad por el mejoramiento de la calidad de vida de todos los ciudadanos. Si cada uno de nosotros trabajara con ahínco, para servir con respeto a los demás y cumplir con sus obligaciones ciudadanas, nuestras sociedades serían una verdadera escuela para la vida. Insistía con pasión que sólo podremos exigir nuestros derechos si cumplimos con nuestras obligaciones. En su pregón recalcaba: si eres buen ciudadano, todo lo demás vendrá por añadidura. Si eres buen ciudadano serás excelente profesional. Ese era mi maestro CIUDADANO un fanático convencido del gran valor del sentido de ciudadanía. Todos mis maestros han dejado huellas en mí, pero de manera especial mi MAESTRO POR VOCACIÓN. Él reunía todas las cualidades de mis maestros recordados anteriormente, pero podría sintetizarlas en una sola palabra, él era una muestra de la ENTREGA que ponen las personas que AMAN lo que hacen. Movido por su vocación se entregó plenamente a la tarea de educar con pasión, con esmero y delicada dedicación. Ningún detalle del proceso escapó a su compromiso docente. Hay una gran diferencia entre los que ejercen la docencia por ocasión y los que la hacen por vocación. Muchos profesores han convertido su tarea educativa en una PROFESIÓN, pero mi maestro por VOCACIÓN, sin dudas, la ha convertido en una verdadera MISIÓN.
Al final de este recuento sólo me resta recordar a William Ward, maestro, escritor y teólogo inglés, 1812-1882, que afirmaba: “El profesor

instructor, dice. El buen profesor, explica. El profesor superior, demuestra. El gran profesor, inspira”. 4

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