Consejo Nacional para la Enseñanza y la Investigación de las Ciencias de la Comunicación

Comité Coordinador
Presidente: Jorge Alberto Hidalgo Toledo (Universidad Anáhuac México Norte) | Vicepresidenta: Blanca Chong López (Universidad Autónoma de Coahuila, Torreón) | Secretario de Actas y Acuerdos: Manuel Yarto Wong (Universidad Autónoma de Coahuila, Torreón) | Tesorero: Clemente Sánchez Uribe (Universidad Anáhuac del Norte) | Coordinadora de Asuntos Académicos: Vanesa del Carmen Muriel Amezcua (Universidad Autónoma de Querétaro) | Coordinador de Investigación: Carlos Gutiérrez Vidal (Universidad del Claustro de Sor Juana) | Coordinador de Difusión: Carlos Camacho Echegaray (Universidad La Salle, Ciudad de México) | Coordinadora de Documentación: Alma Gloria Reyes Perales (Iteso) | Vocalía Noroeste: Elsa del Carmen Villegas M. (Universidad Autónoma de Baja California, Mexicali) | Vocalía Noreste: Eunice Peña Martínez (Universidad México Americana del Norte) | Vocalía Centro Occidente: Rafael Subías Gordillo (Universidad del Valle de México, Querétaro) | Vocalía Valle de México: Cristina Vega Machuca (Universidad Justo Sierra) | Vocalía Golfo Sureste: Victoria Isabel Mejía Ortega (Instituto Campechano)

Consejo Editorial
Juana Alanís (Universidad Autónoma de Coahuila) | Jesús Becerra (Universidad Autónoma de Zacatecas) |Fernando Cámara Puerto (Universidad Iberoamericana, campus Ciudad de México) | María de la Luz Casas (Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, campus Cuernavaca) | María Martha Collignon (Iteso) | Gabriel Alfonso Corral Velázquez (Universidad de Guadalajara) | Olivia Fragoso Susunaga (Universidad La Salle, Ciudad de México) | Raúl Fuentes Navarro (Iteso) | José Ángel Garfias (Universidad Nacional Autónoma de México) | Jorge Alberto Hidalgo Toledo (Universidad Anáhuac México Norte) | Gustavo Adolfo León Duarte (Universidad

de Sonora) | Lenin Martell (Universidad Autónoma del Estado de México) | Vanessa Muriel Amezcua (Universidad Autónoma de Querétaro) | Luz María Ortega Villa (Universidad Autónoma de Baja California, Mexicali) | Manuel Ortiz Marín (Universidad Autónoma de Baja California, Mexicali) | Karla Paniagua (Universidad del Claustro de Sor Juana) | Tania Ramírez (Universidad del Claustro de Sor Juana) | Martha Ramírez López (Universidad del Valle de México, campus Querétaro) | María Antonieta Rebeil (Universidad Anáhuac México Norte) | Yadira Robles (Universidad del Valle de Atemajac) | Clemente Sánchez (Universidad Anáhuac México Norte) | Jorge Sánchez Badillo (Universidad del Claustro de Sor Juana) | Miguel Ángel Sánchez de Armas (UPAEP) | Adolfo Soto Curiel (Universidad Autónoma de Baja California) |

D. R. © 2012 Consejo Nacional para la Enseñanza y la Investigación de las Ciencias de la Comunicación Las características de esta publicación son propiedad del Consejo Nacional para la Enseñanza y la Investigación de las Ciencias de la Comunicación (CONEICC) www.coneicc.org.mx ISBN 978-607-95703-3-0

CONEICC
Consejo Nacional para la Enseñanza y la Investigación de las Ciencias de la Comunicación

Índice

Carlos Adolfo Gutiérrez Vidal Introducción

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Marta Rizo García Claves para una lectura ontoética de la comunicación. Apuntes desde el encuentro entre la filosofía y las ciencias de la comunicación Carlos Vidales Gonzáles De la información y la cognición a la comunicación y el sentido: la naturaleza de la integración cibersemiótica

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Yadira Robles Irazoqui La pluralidad epistemológica y el lenguaje como bases para la generación de conocimiento en los estudios con comunidades infantiles Vivian Romeu Hacia un modelo de análisis de la recepción estética. Revisión y reflexión en torno al legado de Wolfgang Iser Javier Esteinou Madrid y Tanius Karam Cárdenas La televisión como migración cultural en el pensamiento de Carlos Monsiváis

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Gloria Rosique Cedillo Líneas de investigación emergentes y nuevas categorías conceptuales en el estudio de la recepción televisiva en España

Beatriz Elena Inzunza Acedo Recepción de series de televisión norteamericanas en México: Lecturas de aceptación y de rechazo del programa Lost entre jóvenes que habitan en Monterrey, México Patricia Andrade del Cid y Ángel Martínez Armengol Representaciones de lo público: la comunicación política a través del “Twitter” de Javier Duarte de Ochoa, Gobernador de Veracruz

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Miriam Herrera-Aguilar, Arely García-Luna y Rita María Becerril-Álvarez Educación, diversidad cultural y alfabetización electrónica: de las políticas a los usos José de Jesús González Almaguer Reputación corporativa y responsabilidad social, nuevas formas de gestión

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María de Jesús Moo Canul Escaparate histórico, elemento de valor del marketing experiencial en destinos de cruceros Resúmenes de tesis de ganadores del Premio Nacional coneicc 2011

Primer lugar Licenciatura Orianna Aketzalli Calderón Sandoval Feminidad y masculinidad en el cine de Carlos Reygadas. Las implicaciones de las estrategias formales del lenguaje cinematográfico en la construcción de la subjetividad de género Primer lugar Maestría Joel Pedraza Mandujano “¿Cómo están?” Formas de comunicación interpersonal en una localidad con migración internacional

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Segundo lugar Licenciatura Hernán García Santiago y María de Lourdes Chavira Montoya La repartición de los ingresos en la taquilla cinematográfica. Una perspectiva de la industria del cine en méxico (2010) Tercer lugar Licenciatura Luis Daniel López García y Iván Pedro Aldama El lenguaje de los mensajes de texto vía teléfono celular que usan los jóvenes de bachillerato. el estudio de dos escuelas preparatorias en la ciudad de Querétaro

Introducción

carlos adolfo gutiérrez vidal

Universidad del Claustro de Sor Juana

Desde hace diecinueve años, el Anuario de Investigación del Consejo Nacional para la Enseñanza y la Investigación de las Ciencias de la Comunicación se ha convertido en un referente imprescindible para la comprensión del conocimiento que se genera desde nuestras escuelas. El hecho de que esta publicación tenga la edad promedio de un estudiante de nuevo ingreso en cualquiera de nuestras universidades ciertamente no es gratuito, y da cuenta de la diversidad de puntos de vista sobre la comunicación en México, pero también sobre las limitaciones de producir conocimiento nuevo a la par de la enseñanza. Ya desde 1992, Raúl Fuentes Navarro señalaba que
La triple tendencia hacia la especialización, la institucionalización académica y la profesionalización ha estado presente, sin duda, como preocupación, como proyecto y en algún sentido también como obstáculo, en el estudio de la comunicación en América Latina. [...] los modelos de ciencia, de academia y de profesión universitaria importados a nuestros países se ubican, de entrada, en posiciones estructurales más contradictorias e inconsistentes que en sus lugares de origen. Además, en el campo del estudio de la comunicación, esta tensión incluye también la heterogeneidad de sus fuentes fundadoras: proviene tanto de aportes de especialistas en comunicación como de otros científicos sociales, de adscripciones disciplinarias muy diversas y ha surgido de proyectos tanto académicos (institucionalizados de distintas maneras) como políticos (inscritos en aparatos gubernamentales y en organizaciones opositoras) (Fuentes Navarro, 1992: 112-113).

Mucho ha pasado en nuestro campo desde entonces, aunque no por ello algunas de las preocupaciones que dieron origen a la primera edición del Anuario dejan de seguir vigentes. Perviven en nuestro contexto esas tres dimensiones: tanto la profesionalización de la actividad investigadora como el discurso científico que le da sustento a nuestro campo de estudio; la especialización (o sobrespecialización) de los distintos programas de licenciatura y posgrado, y la institucionalización (o cuasi institucionalización) posterior al boom de los programas académicos sobre la disciplina a lo largo y ancho del país. Ciertamente no resulta necesario en nuestros días pretender ubicar el campo de estudio de la comunicación dentro del contexto del desarrollo de las ciencias; muchos han sido los esfuerzos que se han consolidado para darle forma a lo que en algún momento parecía un conglomerado informe de profesiones y ámbitos desde los cuales abordar las condiciones sociales del intercambio simbólico. Hoy contamos con líneas de investigación bien definidas, diversos grupos colegiados, proyectos interinstitucionales e incentivos económicos, y una mayor presencia en la esfera pública. ¿Cuáles son las tareas pendientes para el desarrollo de la investigación sobre la comunicación en México? Dos años antes de la publicación del primer Anuario del coneicc, Raúl Fuentes anotaba que
La comunicación, como concepto global para nombrar la interrelación entre sujetos sociales y el intercambio, creación e imposición de sentidos por diversos medios y en todos los órdenes de la existencia, va cobrando una mayor importancia en la conciencia social. Modernidad o posmodernidad aparte, la comunicación se nos impone como efecto y como causa, como instrumento y como ingrediente indispensable de cualquier práctica sociocultural. Entender la comunicación es cada vez más necesario para entender el mundo (Fuentes Navarro, 1992: 191).

Se me ocurre entonces que la primera tarea pendiente es cuestionar ese entendimiento del mundo a través de la comunicación. Dado que construir conocimiento implica necesariamente darle forma y nombre a esa porción del mundo con la que lidiamos tanto desde la reflexión como desde la técnica, la principal función del investigador dentro de un campo ya consolidado debería suponer el planteamiento de respuestas a problemas concretos y
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la formulación de nuevas preguntas para enriquecerlo. Me parece que en gran medida ésa ha sido una de las principales contribuciones del Anuario desde 1994, a la vez que un reto vigente desde la dinámica propia de cada una de nuestras instituciones. De acuerdo con Héctor Gómez Vargas, en su comentario a la décima edición del Anuario de Investigación de la Comunicación
Las preguntas sobre el campo académico de la comunicación en México, a través de lo que se vislumbra en el Anuario, pueden ser muchas, y sería conveniente responder algunas para su continuidad. Una de ellas es sobre los mapas para entender la comunicación que se han ido construyendo para así percibir lo que se abre o se cierra, la comunidad académica que se ha estado constituyendo, no sólo de productores de conocimiento, sino de lectores y de relevos generacionales; las realidades que han construido y difundido a través de sus productos de conocimiento al socializarlos, así como el proyecto intelectual que se ha ido formando y del cual dependen muchas cosas (Gómez Vargas, 2003: 15).

De esos mapas da justamente cuenta la presente edición del Anuario: este año se recibieron 26 trabajos, de los cuales se seleccionaron sólo 11; a ello se suman los resúmenes de los textos ganadores de la convocatoria para trabajos recepcionales, a partir de la cual se destacaron tres trabajos a nivel licenciatura y otro a nivel maestría. La calidad de los artículos está garantizada no sólo por el proceso de dictamen al que fueron sometidos, sino principalmente por el nivel de consolidación académica de nuestra disciplina. Durante años, el coneicc ha sido un espacio de convergencia de ideas y planteamientos, de discusión y acuerdos, y en este sentido, es importante resaltar el pulso que llega a identificarse a través de este compendio. De los once trabajos, cuatro son artículos teóricos que van de lo ético a lo estético, de lo semiológico a lo cognitivo para dar fe de que la reflexión en nuestro entorno goza de buena salud y puede seguir contribuyendo a la formulación de preguntas trascendentales para el desarrollo de la disciplina. Tres textos abordan el fenómeno televisivo desde lo sociocultural y los estudios de recepción; dos más tratan sobre las nuevas mediaciones tecnológicas, y otro par es una muestra de las tendencias más recientes en términos de investigación aplicada.
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El artículo de Marta Rizo García, titulado Claves para una lec� tura ontoética de la comunicación. Apuntes desde el encuentro entre la filosofía y las ciencias de la comunicación, apunta hacia una reflexión que no ha sido agotada dentro del campo académico. La perspectiva filosófica sobre lo comunicativo, así como los vasos comunicantes entre lo ontológico y lo ético, son abordados por Rizo para plantear nuevas preguntas acerca de la posibilidad de construir conocimiento desde la comunicación. Se trata de un diálogo siempre pendiente desde nuestras escuelas, pero también desde el ejercicio cotidiano. Por su parte, Carlos Vidales propone en De la información y la cognición a la comunicación y el sentido: la naturaleza de la integración cibersemiótica, las materias pendientes desde la teoría matemática de la comunicación como construcciones teóricas que, al cruzarse con las perspectivas cibernética y semiológica, pueden dar cabida a nuevas formas de interpretación sobre los procesos comunicativos. En tanto, Yadira Robles Irazoqui hace una apología de la pluralidad epistemológica como estrategia cognitiva óptima para el desarrollo de estudios sobre la comunicación en las comunidades infantiles. La primera parte del Anuario se completa con un artículo de Vivian Romeu, titulado Hacia un modelo de análisis de la recepción estética. Revisión y reflexión en torno al legado de �olf� gang Iser, en el que se propone un modelo concreto para analizar los procesos de recepción y lectura de obras artísticas, que bien pudiera extenderse hacia otros ámbitos de lo comunicativo que impliquen alguna forma de mediación estética. Un ejemplo de dichas mediaciones es abordado por Javier Esteinou y Tanius Karam en La televisión como migración cultural en el pensamiento de Carlos Monsiváis, un texto imprescindible para comprender la historia cultural del México contemporáneo a través de una serie de elementos de juicio concretos sobre el fenómeno televisivo. En contraste, Gloria Rosique Cedillo hace una revisión exhaustiva de las pocas líneas de investigación sobre recepción televisiva que existen en España, apuntando hacia la necesidad de ponderar la relevancia de las audiencias en el desarrollo de este medio. Son justamente las audiencias, en diálogo constante con los contenidos como mediación cultural, quienes ponen de manifiesto su aproximación al consumo de series de televisión en un estudio sobre la serie Lost realizado por Beatriz Elena Inzunza Acedo a partir de grupos de discusión realizados con jóvenes de la ciudad de Monterrey.
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Las nuevas mediaciones de lo tecnológico son cuestionadas a partir de los artículos Representaciones de lo público: la comunicación política a través del Twitter de Javier Duarte de Ochoa, gobernador de Veracruz, de Patricia Andrade del Cid y Ángel Martínez Armengol, y Educación, diversidad cultural y alfabetización electrónica: de las políticas a los usos, de Miriam Herrera Aguilar, Arely García Luna y Rita María Becerril Álvarez. Ambos textos apuntan en sentidos diferentes hacia la necesidad de una mayor reflexión sobre el vínculo entre los usos de la tecnología y diversos aspectos de lo público. En el trabajo de Andrade del Cid y Martínez Armengol, se apela al análisis del discurso para entrever los contenidos supuestos y los contenidos expuestos en la cuenta de Twitter de Javier Duarte Ochoa, haciendo hincapié en que la representación social de la vida pública no necesariamente corresponde en términos explícitos con el contexto sociopolítico en que se construye. El artículo de Herrera Aguilar, García Luna y Becerril Álvarez contrasta el discurso de las políticas públicas en materia de comunicación y educación con los usos reales de la tecnología y sus implicaciones en el desarrollo de las prácticas de aprendizaje y socialización en nuestro país. Finalmente, esta edición del Anuario cierra con dos aproximaciones a la comunicación organizacional y al marketing. José de Jesús González Almaguer anota modelos de gestión en uso desde diversos contextos de organización y empresa para ponderarlos en función de los conceptos de responsabilidad social y reputación corporativa, manifestando la importancia de asumir dichos procesos como modelos en sí mismos. Por su parte, María de Jesús Moo Canul analiza la imagen de producto de Cozumel como principal destino de cruceros, apuntando hacia la necesidad de generar valor agregado en función del marketing experiencial y la figura del escaparate histórico. Hace nueve años, Héctor Gómez Vargas afirmaba que la primera publicación del Anuario en 1994
coincide con una serie de procesos políticos, económicos, sociales, culturales y tecnológicos que vendrían a señalar una serie de transiciones en el sistema mundo, en el mismo país. Son momentos de crisis, de transiciones hacia un nuevo modelo económico y político a nivel mundial, pero también en México y América Latina, que propiciarán una serie de renovaciones en las maneras de encarar el estudio de la comu13

nicación y de las culturas a los medios de comunicación y las tecnologías de información, a los procesos mundiales y nacionales, a la inquietud por el presente en un nuevo diálogo con el pasado y con nuevas perspectivas del futuro (Gómez Vargas, 2003: 9).

Un contexto similar permea la presente edición, un nuevo corte de caja que arroja nuevas expectativas y permite reflexionar sobre lo andado. Un muestrario y diagnóstico sobre los procesos de construcción de conocimiento desde las escuelas de comunicación del país, que sólo adquiere sentido al momento de leerse; en ello radica su importancia, en la posibilidad de constituirse como un marco referencial para el presente, a la vez que en una apuesta decidida hacia el futuro. referencias bibliográficas Fuentes, R. (1992). Un campo cargado de futuro. El estudio de la comunicación en América Latina. México: Felafacs. Gómez, H. (2003). “Comentario a diez números del Anuario de Investigación de la Comunicación del coneicc. Producción de conocimiento en un mundo desbordante”, en Russi, A. (ed.), Anuario de Investigación de la Comunicación coneicc x. México: coneicc / Universidad Intercontinental.

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Claves para una lectura ontoética de la comunicación. Apuntes desde el encuentro entre la filosofía y las ciencias de la comunicación
Universidad Autónoma de la Ciudad de México

marta rizo garcía*

resumen ¿Es la comunicación un objeto de conocimiento filosófico? ¿Ofrece la filosofía una mirada específica sobre los fenómenos comunicativos? El predominio de abordajes fenomenológicos y existencialistas sobre la comunicación da lugar a una lectura ontológica del fenómeno comunicativo que, en este caso, se presenta en diálogo con la ética. Esta lectura ontoética de la comunicación es sólo una de las muestras posibles de la relación entre la filosofía y las ciencias de la comunicación. La metodología seguida es de corte documental y los resultados son exploratorios, pues no se ofrecen verdades absolutas, sino más bien algunas claves teóricas para la reflexión filosófica sobre la comunicación. Palabras clave: Comunicación, Filosofía, Ontología, Ética, Existencialismo. abstract Is communication an object of philosophical knowledge? Offers Philosophy a specific glance on the communicative phenomena? The predominance of phenomenological and existentialist approach on communication gives rise to a ontological reading of communicative phenomenon, that in this case, appears in dialogue with ethics. This onto-ethical reading of the communication is only one of the possible samples of relation between Philosophy and Communication Sciences. The followed methodology is documentary and the results are exploratory, because absolute truths are not offered, but rather some theoretical keys for the philosophical reflection on the communication. Key words: Communication, Philosophy, Ontology, Ethics, Existentialism.
* Doctora en comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona. Profesora-investigadora de la Academia de Comunicación y Cultura de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México desde el año 2003. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores de conacyt desde el año 2005. Co-coordinadora del Grupo de Investigación Comunicación Intersubjetiva de la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Correo electrónico: mrizog@yahoo.com

el diálogo entre la filosofía y la comunicación. un apunte general La relación entre filosofía y comunicación ha sido bastante explorada desde el pensamiento filosófico contemporáneo, y no tanto así desde las llamadas ciencias de la comunicación, que en el mejor de los casos han reflexionado teóricamente sobre su propia especificidad como campo de conocimiento y han debatido asuntos teóricos y epistemológicos relacionados con la construcción del saber comunicativo. No son muchos, por tanto, los trabajos que han atendido la conceptualización de la comunicación desde una perspectiva filosófica, y ello se explica, entre otros factores, por el escaso interés de la reflexión teórica en torno a la comunicación como objeto de estudio, en comparación con otros temas de interés del campo académico de la comunicación. ¿Es la comunicación un objeto de conocimiento filosófico? ¿Ofrece la filosofía una mirada específica sobre los fenómenos comunicativos? ¿Cómo dialogan las miradas filosófica y comunicativa? ¿Tienen algo en común? ¿Qué las hace distantes? Con base en estas interrogantes, las siguientes páginas presentan un mapa general en torno a las relaciones entre la filosofía y la comunicación, para posteriormente establecer algunas claves teóricas que permitan conceptualizar la comunicación desde una perspectiva onto-ética. Someter a diálogo dos campos de conocimiento con historias tan dispares es algo riesgoso. La filosofía tiene más de dos mil años de historia; la comunicación, escasamente un centenar. La filosofía traspasa las fronteras de su propio campo y se sitúa como un ámbito que va más allá de lo académico y lo científico; su racionalidad es distinta a la de las ciencias sociales, puesto que su conocimiento es ontológico. La comunicación apenas se está institucionalizando como campo académico. La filosofía es reconocida y legitimada como “el arte de pensar”. La comunicación, en el mejor de los casos, es reconocida como un campo de conocimiento cuyo objeto de estudio —la comunicación— es compartido por otras disciplinas o campos de conocimiento, sobre todo vinculados a las ciencias sociales. La filosofía se asocia comúnmente con las humanidades, aunque trasciende cualquier intento de ubicación en áreas específicas del saber humano. La comunicación se asocia con un saber-hacer empírico, mientras que “la filosofía se presenta
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como un conocimiento trascendental de la realidad, ya que permite trascender el plano objetivo del ente y, así, comprender el ser y su proyección” (Ure, 2010: 32). Esta disparidad obliga a realizar, antes que cualquier otra cosa, una breve presentación de ambos campos de conocimiento. Plantear la historia de la filosofía1 es una empresa inabarcable. Son muchas y muy diversas las versiones y las propuestas de organización del pensamiento filosófico en etapas, genealogías, mapas, autores, propuestas, etc. Sin tomar en cuenta el pensamiento prefilosófico (situado en China, India y Roma, entre otros lugares), se considera que son los griegos los que por primera vez empezaron a formularse de manera profunda preguntas sobre su entorno. La filosofía, desde entonces, se hace preguntas últimas sobre el hombre y el mundo; preguntas que no tienen fines pragmáticos y que, por lo tanto, se convierten en un fin en sí mismas. La filosofía es una ciencia inconclusa que no puede llegar a verdades absolutas. Como ciencia que aspira a la totalidad, se pregunta por la existencia, el conocimiento, la verdad, la moral, la belleza, la mente, el lenguaje. Se distingue de la religión y del misticismo por poner al centro los argumentos provenientes de la razón, y se distancia también de las ciencias experimentales porque no investiga de manera empírica ni con fines prácticos, sino con base en métodos a priori como la especulación, la interpretación y el análisis conceptual. Aunque son muchas las clasificaciones que se han planteado sobre las distintas ramas de la filosofía, una de las que goza de mayor legitimidad es la que divide a la filosofía en la metafísica (la primera filosofía, aquella que busca investigar la naturaleza, estructura y principios fundamentales de la realidad en general), la gnoseología (que se preocupa por el estudio del origen, la naturaleza y los límites del conocimiento humano), la lógica (que estudia los principios de la inferencia válida), la ética (cuyo centro de interés radica en estudiar la moral, la virtud, el deber y la felicidad, entre otros temas) y la estética (el estudio de la belleza). Un apunte aparte merece la ontología, que es un área particularmente interesante para abordar la relación entre filosofía y comunicación, o más exactamente, para comprender los aportes de la filosofía a la comunicación.
El término filosofía viene del griego, de la unión de “filos” (amor) y “sofía” (sabiduría). De ahí que, en términos muy genéricos, la filosofía pueda definirse como el amor a la sabiduría.
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Y es que plantear el estudio de la comunicación en el nivel filosófico lleva a enfrentarse a cuestiones clásicas y centrales para la ontología, tales como la relación esencia-existencia y sustanciaaccidente. Más adelante se retomará este asunto. Aunque es prácticamente imposible abarcar la historia de la filosofía, asirla de una manera sistemática y lineal, suele considerarse que el pensamiento filosófico ha transitado por, al menos, las siguientes etapas: la filosofía antigua (con Grecia al centro), la filosofía medieval (desde la caída del Imperio Romano y hasta el Renacimiento), la filosofía renacentista (que se desarrolló entre los siglos xv y xvi), la filosofía moderna (que abarca los siglos xvii y xviii), la filosofía del siglo xix (cuyas corrientes principales fueron el idealismo, el existencialismo, la filosofía analítica y la fenomenología, entre otras) y la filosofía contemporánea o del siglo xx (con la continuación de la fenomenología, el estructuralismo y el postestructuralismo al centro). Como se verá, es en las filosofías del siglo xix y xx donde se desarrollan propuestas en torno a la comunicación y temas afines, con reflexiones sobre el ser y el lenguaje al centro. Con respecto al campo de la comunicación, aunque tiene apenas cien años como espacio académico institucionalizado, no es fácil tampoco plantear su historia, por lo que a continuación se presentan de forma sintética algunas propuestas de organización del pensamiento comunicacional. Una revisión de la historia del pensamiento en comunicación pone de manifiesto el carácter fundamentalmente sociocéntrico de esta disciplina, puesto que desde sus inicios ha sido la sociología la que ha jugado un papel primordial en el abordaje de los fenómenos comunicativos. Ya la Escuela de Chicago, durante la primera mitad del siglo xx, desarrollaba una teoría social en la que subrayaba el papel de la comunicación en la vida social. Sin embargo, ninguno de los considerados padres fundadores del pensamiento sobre comunicación forma parte de esta escuela.2
Paul Lazarsfeld (1944), matemático-sociólogo, creador del The Bureau of Applied Research de la Universidad de Columbia, y principal exponente de la investigación sobre audiencias y efectos de los medios; Kurt Lewin (1958), psicólogo social, estudioso de los problemas de la comunicación de grupo; Carl Hovland (1958), psicólogo experimental, especialista en la formación de actitudes; y, por último, Harold Lasswell (1948), politólogo, dedicado al estudio de la propaganda y su relación con la creación de actitudes colectivas.
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Según Judith Lazar (1996), fueron la cibernética, la antropología, la psicología, la semiología y el estructuralismo los campos de conocimiento que contribuyeron a la formación del pensamiento comunicacional. Otra propuesta es la de Bernard Miège (1996), quien considera la cibernética, el funcionalismo, el estructuralismo lingüístico, la sociología de la cultura y la psicología como corrientes fundadoras del campo. Por su parte, Armand Mattelart (1997) considera que es la sociología funcionalista la que originó la teoría de la comunicación, sobre todo a partir de los trabajos de la Mass Communication Research; también destaca la importancia de la teoría matemática de la información de Shannon y Weaver (1948); la economía política, la teoría crítica, el estructuralismo lingüístico, los estudios culturales y la sociologías interpretativas e intersubjetivas. Por su parte, Robert T. Craig (1999) señala que la comunicación ha sido construida con base en, al menos, siete tradiciones teóricas, a saber: la retórica, la semiótica, la fenomenológica, la cibernética, la sociopsicológica, la sociocultural y la crítica.3 En las propuestas de organización del pensamiento sobre la comunicación planteadas en el párrafo anterior aparece una primera hipótesis: el pensamiento filosófico en el campo de la comunicación se reduce casi exclusivamente a la presencia de abordajes cercanos a la fenomenología y la hermenéutica. Posteriormente se retomará este asunto. ¿qué dicen los diccionarios de filosofía sobre la comunicación? Aunque la comunicación suele ser ubicada más del lado de la ciencia (ciencias sociales) que de las humanidades, también retoma los aportes de los estudios humanísticos en su más extenso sentido. En esta tensión entre ciencias y humanidades, la comunicación parece encontrarse en la encrucijada. En un artículo de 2008, Jesús Galindo revisa la presencia de la voz comunicación en varios diccionarios especializados de filosofía, y apunta que la mayoría de libros sobre historia de la filosofía
De estas tradiciones, vale la pena recuperar aquí la retórica y la fenomenológica. Para la retórica, la comunicación es el arte práctico del discurso, mientras que para la fenomenología, la comunicación es la experiencia del uno y del otro, o de los otros, por medio del diálogo.
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no le dan un lugar relevante a la reflexión sobre la comunicación hasta bien entrado el siglo xx. Y aún en el siglo xxi hay obras sobre historia del pensamiento filosófico en donde la comunicación no aparece como asunto central sobre el que valga la pena hablar (Galindo, 2008). El primer diccionario referido es el de Ferrater Mora (1984), en el que la comunicación aparece en el apartado dedicado a la filosofía del lenguaje, la lingüística y la semiótica. Ferrater Mora aborda lo que considera los principales aspectos de la comunicación: el lingüístico y el existencial.
El sentido lingüístico de la comunicación no puede reducirse al sentido existencial y viceversa […] los lingüistas sostienen que toda comunicación es, en el fondo, transmisión de información y, por consiguiente, transferencia de símbolos, de modo que la llamada comunicación existencial tiene que ser asimismo simbólica. Los existencialistas, por otra parte, mantienen que toda comunicación lingüística y simbólica se da dentro de un contexto existencial, dentro de una actitud, de una situación, de un horizonte, etcétera (Ferrater Mora, 1984).4

Sobre el aspecto lingüístico de la comunicación, el filósofo profundiza en torno a la comunicación como sinónimo de la transmisión de información, que tiene, cuando menos, dos formas fundamentales: la semántica y la pragmática. Afirma que la mayoría de filósofos que se preocuparon por la comunicación desde este punto de vista lingüístico se interesaron especialmente en nociones como signo, denotatum de un signo e intérprete del signo. Otros filósofos se interesaron por la naturaleza del discurso y por sus posibles tipos. En lo que se refiere a la visión existencialista de la comunicación, Ferrater Mora toma en cuenta las aportaciones de Karl Jaspers. Según Jaspers, la comunicación existencial se halla en el límite de la comunicación empírica, que se manifiesta en diferentes grados: a modo de conciencia individual que concurre con la conciencia de pertenencia a una comunidad; como oposición de un yo a otro (con diversas formas de aprehensión del ser otro: objeto o sujeto), y como aspiración a una trascendencia objetiva. Así, la comunicación existencial única e irrepetible tiene
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Citado en Galindo (2008: 7)

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lugar entre seres que son sí mismos y no representan a otros. Sólo en tal comunicación, el sí mismo existe para el otro sí mismo en el mundo. Ser sí mismo, por lo tanto, no es ser aisladamente, sino serlo con otros sí mismos en libertad. Otros autores importantes para dar cuenta de las aproximaciones existenciales a la comunicación son Jean-Paul Sartre y Martin Buber. El primero se ocupó de la comunicación en sus análisis del lenguaje, al que concibió como el ser para otro, es decir, como el fenómeno que permite que una subjetividad se experimente a sí misma como objeto para otros. Por su parte, Buber distinguió entre comunicación, comunión y participación: la primera es simbólica, y por lo tanto es propia de la vida social; en la segunda, la comunión es intrapersonal e implica la reciprocidad en la relación yo-tú, y la tercera es una penetración en la realidad primaria. El segundo diccionario que retoma Jesús Galindo es el de Nicola Abbagnano (1966). En esta obra se incluye un apartado sobre la comunicación, que aparece como fenómeno indisociable de las relaciones humanas. Para el autor, los filósofos y los sociólogos usan el concepto de comunicación para referirse a las relaciones humanas como relaciones de participación recíproca o de comprensión. Por lo tanto, el término viene a resultar sinónimo de coexistencia o de vida con los otros, e indica el conjunto de modos específicos que puede adoptar la coexistencia humana, es decir, modos en los que queda a salvo una cierta posibilidad de participación o de comprensión. Para Abbagnano, la importancia de la comunicación en la filosofía contemporánea se debe a tres factores: en primer lugar, al abandono de la noción romántica de conciencia infinita de sí, en la cual el uso de nociones como espíritu absoluto o super alma, que implican la identidad de todos los hombres, inutiliza el concepto mismo de comunicación interhumana; en segundo lugar, al reconocimiento de que las relaciones interhumanas implican la alteridad entre los hombres mismos y sus relaciones posibles, y por último, al reconocimiento de que tales relaciones constituyen la realidad como tal. Por lo anterior, el concepto de comunicación, afirma Abbagnano, tiene presencia en diversas filosofías, de las cuales se recuperan las de Heidegger, Jaspers y Dewey, tres propuestas cercanas al existencialismo y que, por tanto, se centran en la comunicación como capacidad de relación inherentemente humana.
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Para Heidegger, el concepto de comunicación debe ser entendido en un amplio sentido ontológico, esto es, como una comunicación existencial. En esta comunicación, los sujetos se construyen unos con otros, y por tanto, la comunicación es, en esencia, el coencontrarse y el co-comprender (Heidegger, 1962). Por su lado, Jaspers (1958) parte de una crítica de las visiones que sobre la comunicación han propuesto ciencias empíricas como la psicología, la sociología o la antropología. Según Jaspers, éstas se limitan a considerar las relaciones humanas y no las posibles. Y para Jaspers la comunicación alude, precisamente, a la posibilidad de las relaciones. Por último, Dewey (1948) comparte con Heidegger y Jaspers que la comunicación constituye la realidad humana; la considera como una forma especial de la acción recíproca de la naturaleza y estima, por lo tanto, que puede o debe ser estudiada a través de la investigación empírica. El último diccionario revisado por Galindo (2008) es el de Miguel A. Quintanilla (1985), que dedica varias páginas a la voz comunicación. En ellas se parte de una primera y fundamental diferencia entre la teoría de la información, en la que la comunicación queda reducida a la funcionalidad cuantificable, y la teoría filosófica de la comunicación, en donde aparece como algo irreductible en cuanto condicionante de la interacción humana. Afirma el autor que en la filosofía se sustituye el término general comunicación por su equivalente filosófico: el discurso. Si el hombre se halla siempre ya en intercomunicación, es en el discurso donde la comunicación del hombre se convierte en comunicación humana propiamente como tal. Quintanilla considera que el proceso de comunicación se constituye en la relación entre un emisor y un receptor sobre la base de una transmisión de información. Comunicar es comunicar información, lo que convierte a todo proceso comunicacional en un proceso selectivo. El emisor ha de elegir unas señales o signos para transmitir su información, y a su vez el receptor ha de seleccionar la información en una respuesta efectiva correspondiente. Este proceso comunicativo se verifica o logra su mediación sobre el baremo de un vehículo o médium lingüístico. La mediación lingüística se convierte entonces en la condición de la comunicación, la cual reaparece ahora como un procedimiento correlacional de codificación lingüística (encoding) por parte del emisor y de decodificación lingüística (decoding) por parte del receptor.
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Pero, a decir de Quintanilla, más importante para la filosofía es afirmar que toda comunicación logra su verificación en el descifrado. Descifrar es interpretar, y por lo tanto el proceso de comunicación es un proceso intersubjetivo de interpretación. El código es la mediación objetiva-subjetiva de la comunicación, y ello permite formular una teoría crítica del sentido: éste no emerge en cuanto sentido humano (antropológico) en la mera inmediatez irrelata de estímulo-respuesta, sino en su mediación interpretativa y por la referencia al código en cuanto regla o norma convencional basada en un consenso y convenio intersubjetivo que define a la comunicación como comunicación específicamente humana. A partir de la revisión del tratamiento de la comunicación en los tres diccionarios especializados en filosofía, Jesús Galindo (2008) plantea interesantes consideraciones para poner en diálogo los dos campos de conocimiento. El punto de partida básico es que existe una distancia notable entre el sentido de la comunicación en la filosofía del siglo xx y el pensamiento filosófico antecedente. Otro elemento básico que permea las reflexiones de Galindo es la relación entre las lecturas filosóficas de la comunicación y las principales fuentes científicas históricas del pensamiento comunicacional. Así, en el diccionario de Ferrater Mora aparecen la lingüística, la semiótica y la cibernética. También tienen presencia de alguna forma la psicología social y la sociología fenomenológica. Todo ello lleva a considerar que la lectura filosófica de la comunicación planteada en este diccionario pone más énfasis en la acción y en el proceso de intercambio de información entre seres humanos. Por su parte, en el diccionario de Abbagnano aparece la filosofía fenomenológica como tema central, aunque también tiene presencia el pragmatismo, la semiótica y la sociología fenomenológica. Se propone, entonces, una aproximación a la comunicación que pondera la comprensión, la participación recíproca, la coexistencia y la vida con los otros. Por último, en el diccionario de Quintanilla las fuentes con mayor presencia son la semiótica, la cibernética, la lingüística, la sociología crítica, la sociología cultural y sociología fenomenológica. La comunicación, aquí, aparece en sus dos vertientes: como interacción y como transmisión de información. Jesús Galindo concluye afirmando que “el espacio conceptual de la comunicación parece ser una consecuencia de la centrali23

dad del interés del pensamiento filosófico y científico del siglo xx en el lenguaje” (Galindo, 2008: 37). Aunque sería, por tanto, la reflexión sobre el lenguaje un eje importante sobre el cual plantear una lectura filosófica de la comunicación, la ontología (y su visión existencialista de la comunicación) parece abrir el espacio de reflexión y posibilita plantear una aproximación a la comunicación que dista mucho de su asimilación con la transmisión de información, concepción completamente arraigada al sentido común que sobre la comunicación existe en el campo académico que le da nombre. A ello se dedica el siguiente apartado. propuestas ontológicas y éticas sobre la comunicación La mirada filosófica de la comunicación debe poner el acento en lo ontológico, en el ser, en la esencia dialógica de lo humano. Y fueron, según Ure (2010: 17), el existencialismo y la hermenéutica las dos corrientes que más destacaron el aspecto ontológico de la comunicación. Mariano Ure plantea que existen dos formas de ver filosóficamente la comunicación: la sociolingüística, también denominada derivada o expresiva, y la ontológica, también conocida como originaria o existencial. En ambos casos, pero de forma mucho más clara desde la perspectiva ontológica, la concepción filosófica de la comunicación trasciende el mero intercambio de significados para instalarse en una dimensión en la que las personas comprometen su propia existencia. En este sentido, y de modo muy general, puede decirse que la dimensión ontológica de la comunicación concibe a ésta como el medio para vencer el solipsismo y orientarse en el mundo. El horizonte de la comunicación, desde este punto de vista, debe ser lo que Ure (2010) denomina la comunicación buena, esto es, el ser-con-otros en el mundo, propio y constitutivo del hombre. La ontología se ocupa del ser. Y la comunicación sin duda alguna está sujeta al modo de ser, a la existencia misma de lo humano. Como ontología aplicada (o regional, a decir de Ure), esta ontología de la comunicación se interesa
por revertir el olvido del ser en la práctica comunicativa […] cuestionarse por el ser en la comunicación es intentar dilucidar qué papel juega el intercambio lingüístico en la dona24

ción del ser y cómo se da o se sustrae el ser en él […] esto implica indagar si la comunicación cumple el sentido del ser, que quiere entregarse, y si la comunicación, en su realización pragmático-lingüística, cumple su sentido en la orientación hacia el ser (Ure, 2010: 39).

Junto a los aportes de la ontología, a los que se regresará posteriormente, la filosofía se interesó por la comunicación a partir de lo que se conoce como filosofía del lenguaje, corriente que puso el lenguaje en el centro de las investigaciones filosóficas para determinar cómo es posible el pensamiento y de qué manera es expresable la experiencia. Las preguntas centrales de la filosofía del lenguaje son las siguientes: ¿Qué es un significado? ¿De qué manera el lenguaje significa el mundo externo? En esta corriente filosófica existen al menos dos tradiciones, que a menudo presentan reflexiones encontradas. Por un lado, está la tradición analítica, que se interesa por las reglas de juego para el uso del lenguaje y los mecanismos de fijación de los significados; por otro lado, está la tradición de corte existencialista, que por su interés en la exploración de las distintas posibilidades de ser-en-el-mundo tiene sin duda relación con las aproximaciones ontológicas que se trataron párrafos arriba. Interesa, entonces, poner énfasis en esta filosofía del lenguaje de corte ontológico, que concibe al lenguaje como mediador entre el hombre, el intérprete y la realidad. Para Paul Ricœur (1978), por ejemplo, el lenguaje está abierto al ser en tanto es capaz de indicarlo y comunicarlo a otros. El milagro de la comunicación es factible gracias a que lo comunicado es justamente lo noético, o sea, el ser intencional, que descarta así lo psíquico en cuanto tal, es decir, el acto mismo por el cual un sujeto particular hace experiencia. En el marco de ciencias de la comunicación (donde el fenómeno comunicativo suele verse mayoritariamente ligado a los procesos de transmisión de información) y la filosofía del lenguaje, la investigación sobre la comunicación generalmente se reduce al plano lógico-gramatical y, en última instancia, al pragmático:
Hay comunicación, por ende, en la medida en que un contenido conceptual explícito es transmitido de un emisor a un receptor y esto produce un efecto en su conducta […] sólo es comunicable lo que es codificable, es decir, pensable a través del lenguaje (Ure, 2010: 35). 25

Pero hay que ir más allá, afirma el autor, y concebir como verdadera comunicación únicamente “aquella en la que los interlocutores se apropian del sentido del ser y de la coexistencia, y no meramente de un contenido inteligible” (Ure, 2010: 36). El abordaje ontológico de la comunicación debe distinguirse, por tanto, de las aportaciones de los modelos matemático,5 semiótico, pragmático, sociológico y psicológico,6 de gran tradición en el pensamiento comunicacional. Sin embargo, la necesidad de establecer esta distinción no debe impedir el diálogo entre los diversos abordajes que sobre la comunicación han trazado los distintos campos de conocimiento que se han aproximado al fenómeno:
Una visión completa del fenómeno comunicativo depende de la integración de las distintas dimensiones que lo constituyen. Ni suprimir el plano ontológico ni desechar los avances de las ciencias de la comunicación acrecientan el horizonte de comprensión de lo que ocurre cuando el hablante decide dirigirle la palabra a su interlocutor (Ure, 2010: 37-38).

La perspectiva ontológica define al diálogo o comunicación existencial como la dimensión de intercambio (entre humanos) que supera lo sígnico, el interés pragmático y la mera transmisión de experiencias de mundo para culminar en la maduración ontológica de la persona. En esta definición la relación es central: mi ser yo mismo depende del vínculo con el otro.
También denominado modelo lingüístico-informacional, se circunscribe a la teoría matemática de la información de Shannon y Weaver, quienes señalaron los elementos básicos de todo proceso comunicativo: fuente, transmisor, canal, receptor y destinatario. Posteriormente, Jakobson adaptó el modelo a la comunicación lingüística, añadiendo los elementos de código y contexto y las funciones del lenguaje asociadas a cada elemento del proceso comunicativo.
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Las tradiciones pragmáticas y sociorrelacionales, con aportes de la sociología, semiótica, pragmática y psicología al centro, beben de las propuestas de Morris (teoría de los signos, según la cual hay comunicación cuando se verifica una respuesta mediada por el signo) y se complementan con la teoría de los actos de habla de Austin, posteriormente ampliada por Searle, ambos interesados en las acciones implicadas en el uso del lenguaje. Desde la perspectiva sociorrelacional, el lenguaje modifica la conducta del hablante e influye en las interacciones intersubjetivas y en la vida de las instituciones que componen la sociedad. La comunicación no está orientada al entendimiento, y su función es coordinar las acciones individuales o institucionales para atenuar el conflicto y fomentar la cooperación.
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Como afirma Pareyson (2002: 177), “esencial a la persona y constitutiva de ella es la sociabilidad, es decir la apertura a los otros, no la socialidad, es decir la efectiva relación con los otros”. Siguiendo a Ure:
el hombre se realiza por y en la comunicación. Una vez establecido el diálogo originario, posibilitado por el derivado —la conversación—, los hablantes ya no son los mismos. Allí adquieren un plus ontológico. A partir de ese encuentro son más, lo cual, expresado desde la perspectiva ontoética, implica ser mejores (Ure, 2010: 85).

Pero, ¿cómo se da la comunicación?, ¿qué condiciones la hacen posible? Al respecto, la respuesta de la ontología es muy clara: la realidad verifica la posibilidad. “Si se produce un intercambio lingüístico y esto repercute en el comportamiento social del individuo, es porque el acercamiento entre los interlocutores era posible. Y, ¿por qué era posible? Porque ambos comparten un espacio común” (Ure, 2010: 43). Por tanto, la comunicación es posible por la similar colocación ontológica de las personas. El mismo autor señala que
comunicar implica un tránsito, un fluir de uno hacia otro —o de uno hacia muchos e inversamente de muchos hacia uno—, por lo que su entidad consiste en el acto de unir. La comunicación, de hecho, es una circulación: de significados, por un lado, y del ser bajo ciertas condiciones con esos significados, por otro (Ure, 2010: 43).

La principal condición subjetiva que hace posible la existencia de la comunicación es el ejercicio de la alteridad, lo cual implica superar el solo reconocimiento cognoscitivo del otro e implica ir mucho más allá: implica abrirse al otro, transgredir el propio yo que sale del sí mismo en su involucramiento con el otro. Por lo tanto, para que exista comunicación debe haber apertura ontodialógica de la persona y ejercicio de la alteridad. Ello tiene que ver con la aproximación existencialista y ontológica propuesta por Martin Buber, para quien la comunicación no es sólo el proceso de emisión y recepción de significados, sino que también, y más importante, es “el proceso de intercambio de dones personales en el que los interlocutores desnudan su interioridad, lo que excede el plano de la significación” (Buber, 1998: 34).
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Queda claro, entonces, que la concepción existencial u ontológica de la comunicación se centra en su dimensión originaria. En toda relación de comunicación se produce un encuentro intersubjetivo en el que la interioridad de los participantes es entregada al resto. Allí hay verdadera transmisión, pero a diferencia de lo que proponen las aproximaciones informacionaleslingüísticas y pragmáticas-relacionales, lo transmitido es el ser, por más que para ello sea necesario el soporte del hacer y del decir. Así, la comunicación existencial es la circulación del ser, pues “el ser no puede ser más que siendo-los-unos-con-los-otros, circulando en el con y como con de esta coexistencia singularmente plural” (Nancy, 1996: 19). El otro aspecto básico de este modelo es la interdonación, tal y como la entiende Buber: el encuentro intersubjetivo en el que hablante y oyente (yo y tú) desnudan su interioridad y entregan los tesoros más profundos de su ser. Buber habla de la “presentificación personal” para indicar el ejercicio de la alteridad por el cual se reconoce al otro en calidad de tú, en cuanto persona digna e irrepetible que goza del derecho básico a ser sí misma y a expresarse libremente. Así, lo intercambiado es el ser con el don de uno mismo. O dicho de otra forma, la comunicación se desarrolla entre el yo y el tú, pero lo que circula es el ser. Por lo tanto, mientras que “el éxito del nivel lingüístico se mide de acuerdo con el entendimiento, y el del pragmático según la eficacia, en el ontorrelacional cuenta la adquisición de un plus ontológico” (Ure, 2010: 57). En otras palabras,
una vez terminado el diálogo los hablantes ya no son los mismos; salen de él transfigurados, reconvertidos ontológicamente. El plus ontológico implica en primer lugar el descubrimiento de aquella posibilidad de existencia propia, la única que consiente que cada individuo realice su “sí mismo” y, en segundo lugar, un paso hacia adelante en la concreción de esa posibilidad (Ure, 2010: 57).7
Esta aseveración ya fue realizada por Gadamer, entre otros autores protagonistas del denominado giro hermenéutico en la filosofía. Para Gadamer “allí donde se logra realmente una conversación, los interlocutores ya no son exactamente los mismos cuando se separan. Están más cerca el uno del otro. Hablar es un hablar-conjunto, y esto crea algo común” (1995: 230 y ss).
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Siguiendo a Nancy, el plus ontológico adviene cuando el yo descubre y realiza el sentido de la existencia, que no es otro que cumplir el sentido del ser en el nosotros. Dialogar es, así, promocionar al otro. “Para que haya circulación del ser, el otro tiene que ser un tú para mí y yo un tú para el otro. La interdonación no se cumple allí donde hay asimetría” (Ure, 2010: 58). Las aproximaciones ontológicas a la comunicación tienen antecedentes, en cierta medida, en las aproximaciones sociofenomenológicas de autores como Alfred Schütz. El autor, en su célebre artículo “Making Music Together” (1996) ya afirmaba que la comunicación excede lo lingüístico: comunicar es el acto por el cual el yo transfiere una vivencia, que da lugar a la apropiación de esa experiencia por el tú en su tiempo interno. Sin embargo, Schütz no daba cuenta de que el puro intercambio puede darse de forma fría e interpersonal, y en la interdonación, desde la óptica de la ontología, ese intercambio debe ir acompañado del interés en el otro. La interdonación, por tanto, no puede realizarse sin la decisión de reconocer al otro, o dicho de otra forma, la condición subjetiva fundamental de la interdonación es el reconocimiento del otro, mismo que se concreta gracias a la atención, el respeto y el interés. En los párrafos anteriores se anticipan algunas ideas que dan cuenta de la relación entre la ontología y la ética. Para la ética, como para la ontología, la comunicación buena es la comunicación verdadera. Puesto que el hombre se realiza por y en la comunicación, ésta cumple su sentido en la promoción del otro. Su tarea consiste en emancipar: la emancipación a la que aspira la comunicación buena es la que corresponde a la libertad positiva, a la libertad para y no a la libertad de (Ure, 2010). La pregunta ética adquiere peso porque “comunicar es siempre un riesgo” (Fabris, 2004: 13). Este riesgo viene dado por el desconocimiento que tenemos sobre el rumbo que tomará cualquier situación comunicativa. Es decir, podemos saber con claridad cuándo inicia el acto comunicativo, cuándo dos sujetos entran en contacto, pero no podemos tener total previsión de cuándo terminará el acto o qué dirección tomará éste. En este entorno de desconocimiento o de falta de claridad,
lo dicho puede ser malinterpretado y, entonces, generar una distancia aun mayor entre los hablantes. Pero también puede 29

esconder una voluntad manipuladora. Con una u otra intención, los resultados de la conversación son impredecibles y, por ende, también su cualidad moral (Ure, 2010: 125).

Por lo tanto, la pregunta ética sobre la comunicación “se interesa por la comunicación acontecida, para apreciar si fue buena o mala, y a partir de allí proyectar las futuras situaciones de habla” (Ure, 2010: 126). El autor continúa con la siguiente afirmación:
buena será la comunicación siempre y cuando cumpla su sentido, la función de instrumento para el encuentro en el que tanto el yo como el tú adquieren un plus ontológico […] buena será la comunicación si corresponde a su naturaleza —forjadora de vínculos y no desmanteladora—, a su necesidad —orientada a la intensificación de la relación con el ser— y a sus condiciones —reconocimiento del otro en cuanto otro— (Ure, 2010: 127-128).

Para analizar si un acto comunicativo específico es bueno o malo, y si alcanza el grado de lo moral o se circunscribe a lo conveniente, hay que tener en cuenta el contenido, la forma y la intención, es decir, lo que se dice, cómo se dice y con qué propósito se dice. Por tanto, las reglas éticas de la comunicación son herramientas útiles para la obtención de consensos. En la propuesta de una ética de la comunicación de Jürgen Habermas, la práctica discusiva tiene que seguir cuatro principios: 1) nadie que pueda hacer una contribución relevante puede ser excluido de la participación, 2) a todos se les dan las mismas oportunidades de hacer sus aportaciones, 3) los participantes tienen que decir lo que opinan, y 4) la comunicación tiene que estar libre de coacciones tanto internas como externas, de modo que las tomas de posición con un sí o con un no ante las pretensiones de validez susceptibles de crítica únicamente sean motivadas por la fuerza de convicción de los mejores argumentos (Habermas, 1999: 76). Sólo así, desde las condiciones subjetivas enunciadas anteriormente y sobre la base de la libertad, “la comunicación deja de ser una herramienta de poder para transformarse en una herramienta de servicio cuando responde a un genuino interés por el otro” (Ure, 2010: 265). Para la perspectiva ontológica, y siguiendo a Buber (1998), la humanización del mundo no está sujeta a cualquier acto de comunicación, sino al
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diálogo que conduce al involucramiento, en el cual los interlocutores asumen la respuesta como responsabilidad por el otro. La ontoética, en este tenor, apunta a que el sentido de la comunicación trasciende los bienes sociales obtenibles gracias a los intercambios informacionales con fines pragmáticos para instalarse en la verdad. Desde la ética, entonces, la comunicación es la herramienta clave en la búsqueda de la verdad. En conclusión, la coexistencia, el ser-con-otros, es un encuentro ontológicamente enriquecedor que ayuda a la persona a vencer su soledad y a satisfacer sus deseos de relación, algo que ya fue enunciado por Buber (1998) y Jaspers (1958), entre otros autores. En la comunicación se intercambian tanto bienes sociales como bienes ontológicos: los primeros pueden ir orientados al entendimiento, tal y como apuntaría el nivel lingüístico-informacional de la comunicación; y los segundos tendrían que ver con la personalización, atendiendo a la propuesta ampliamente comentada de la comunicación existencial u ontológica, que pone el acento en la presencia del ser en la comunicación. cierre sintético Como se desprende de las páginas anteriores, la comunicación ha sido un asunto poco tratado por la filosofía, y las principales corrientes que la han abordado (el existencialismo, la filosofía del lenguaje y la ontología) se instalan en el siglo xx. Pese a ello, se ha puesto de manifiesto que es posible conceptualizar la comunicación desde un punto de vista filosófico, y fundamentalmente ontológico (en su relación, además, con la ética), de ahí que considere que la filosofía, sin duda alguna, debe ser retomada para seguir complejizando la definición de la comunicación. A continuación se presenta un mapa conceptual (Figura 1) que sintetiza los principales abordajes filosóficos sobre la comunicación. Como se puede ver, se recuperan los tres principales enfoques planteados en los apartados anteriores, esto es, la visión pragmática-lingüística (hasta hoy dominante en el campo académico de la comunicación) y las visiones ontológica-existencial y ética, menos tomadas en cuenta a lo largo de la trayectoria del campo de la comunicación pero que sin duda abren el espectro de posibilidades para concebir a la comunicación como un fenómeno inherente a la existencia humana.
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Figura 1 Mapa de abordajes filosóficos sobre la comunicación

Fuente: elaboración propia

El tránsito del plano de la significación, es decir, del ver a la comunicación únicamente como transmisión e intercambio de información, al plano de la existencia, que concebiría a la comunicación como el fenómeno inherente a lo humano que permite la circulación del ser, permite ampliar las lecturas sobre la comunicación y no eludir, además, el compromiso ético que el fenómeno lleva intrínseco. Sin embargo, como se ha comentado anteriormente, el campo académico de la comunicación ha tomado poco en cuenta los aportes de la filosofía para teorizar sobre el fenómeno comunicativo. Son pocas las aproximaciones que, sobre todo desde la sociología fenomenológica (Rizo, 2008: 43-107), ponen el acento en la comunicación como encuentro intersubjetivo. Al respecto, merece la pena mencionar brevemente los trabajos del Grupo hacia una Comunicología Posible, que trabajó de 2003 a 2009 con la intención de fundamentar teórica y epistemológicamente la ciencia de la comunicación. Las estrategias fueron varias: en un primer momento se realizó una revisión bibliográfica de las obras consideradas fundamentales para el pensamiento en comunicación a lo largo de la historia; en un segundo momento se trabajó bajo una lógica de historiografía de la ciencia de la comunicación, de la
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cual surgió la propuesta de las nueve fuentes científicas históricas de la comunicología, cada una de ellas con sus propias genealogías de autores, temas, conceptos e ideas (Galindo, 2008b; Galindo y Rizo, 2008; Galindo, 2010); la tercera y última fase de los trabajos del grupo se centró en la construcción epistemológica de la comunicología, derivada de las nueve fuentes detectadas en la fase inmediatamente anterior (Galindo, 2011). El trabajo realizado da cuenta de la poca presencia de la perspectiva filosófica en el campo de la comunicación. Afirmación que también se hace evidente en otros trabajos realizados por algunos miembros del grupo, como la revisión de manuales de teorías de la comunicación (Rizo, 2005: 185-223) o la propuesta de abordaje de las teorías de la comunicación desde una perspectiva semiótica que trasciende lo realizado desde el campo de la comunicación (Vidales, 2010), por citar sólo algunos. Por lo anterior, se puede concluir esta reflexión afirmando que la relación entre la filosofía y la comunicación es un campo fértil que puede dar lugar a muchas ideas de interés para sendas disciplinas. La centralidad de la comunicación en las sociedades cotidianas, los cambios en el espacio y en el tiempo derivados de nuevas formas de comunicación, la comunicación como base de las sociedades democráticas, entre otros temas, dejan entrever que la comunicación debe seguirse pensando, y ello debe hacerse cada vez con formas de aproximación más complejas que permitan abordajes distintos a los sociocéntricos y a los asociados con el saber-hacer empírico que ha caracterizado al campo durante gran parte de su historia. La filosofía, con la aproximación ontológica al centro, parece ser una matriz de pensamiento que ofrece esta posibilidad. referencias bibliográficas Abbagnano, N. (1966). Diccionario de filosofía. México: Fondo de Cultura Económica. Buber, M. (1998). Yo y tú. Madrid: Caparrós. Craig, Robert T. (1999). “Communication Theory as a Field”, Communication Theory, 9 (2), mayo, pp. 119-161. Recuperado el 2 de octubre de 2011 de http://www.stes-apes.med.ulg.ac.be/ Documents_electroniques/MET/MET-COM/ELE%20 MET-COM%20A-8191.pdf
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De la información y la cognición a la comunicación y el sentido: la naturaleza de la integración cibersemiótica
carlos vidales gonzáles*
Universidad de Guadalajara

resumen El trabajo centra su atención en las implicaciones teóricas que tiene la propuesta cibersemiótica para el estudio del sentido, la comunicación y la cognición tomando como base el trabajo desarrollado por el danés Søren Brier. Se presenta el desarrollo histórico y epistemológico de la teoría de la comunicación desde el punto de vista de la teoría matemática de la comunicación, la cibernética y la semiótica en un intento por mostrar cómo estas perspectivas se integran para pensar y conceptualizar a la comunicación y la producción de sentido desde un punto de vista semiótico y cibernético. Palabras clave: Cibersemiótica, Semiótica, Teoría de la Comunicación, Cibernética, Sentido. abstract The present work is focused on the theoretical implications Cybersemiotics has for the study of communication, sense and cognition base on Søren Brier’s proposal. In this sense, it is centered in the historical and epistemological development of communication theory base on the mathematical theory of communication, cybernetics and semiotics in an attempt to show how these perspectives can be integrated in order to think and conceptualize communication and meaning production from a semiotic and cybernetics point of view. Key words: Cybersemiotics, Semiotics, Communication Theory, Cybernetics, Sense.

*Maestro Carlos Vidales Gonzáles. Departamento de Estudios de la Comunicación Social. Universidad de Guadalajara. Correo electrónico: morocoi@yahoo.com

introducción A lo largo de la historia de los estudios de la comunicación se han desarrollado diferentes perspectivas que toman posición frente a los procesos de comunicación y de producción de sentido, e incluso se acepta con cierta naturalidad que la comunicación es precisamente un fenómeno centrado en los procesos sociales de producción de sentido (Fuentes y Vidales, 2011); sin embargo, este supuesto no ha sido objeto de reflexión suficiente. ¿Qué implica que la comunicación sea un fenómeno de producción de sentido? ¿Qué entendemos por sentido y comunicación? ¿Cuáles son las relaciones que se establecen entre comunicación y sentido, y qué es lo que permiten observar y pensar? ¿Son el sentido y la comunicación procesos exclusivamente humanos? Es sobre la base de estas preguntas que resulta pertinente recuperar la reflexión sobre la dimensión ontológica y epistemológica de la comunicación y el sentido, dos conceptualizaciones que se encuentran al centro de los procesos de investigación en los estudios de la comunicación. Sin embargo, ésta no es en absoluto una tarea nueva, dado que es posible reconocer diferentes perspectivas que toman posición frente a los procesos de comunicación y de producción de sentido a lo largo de la historia. Dentro de estas perspectivas se pueden ubicar por lo menos dos grandes tradiciones: una propiamente interpretativa con fuertes raíces semióticas, hermenéuticas y fenomenológicas que pueden ser rastreadas en el pensamiento filosófico siglos atrás, y una segunda posición con fuertes raíces matemáticas, cibernéticas y sistémicas, todas ellas propias del siglo xx y alejadas de las posiciones interpretativas precedentes. Sin embargo, a finales del siglo xx y principios del siglo xxi se ha venido desarrollando un proyecto intelectual cuya finalidad no sólo es la integración de las perspectivas antes mencionadas, sino la expansión de la comprensión y observación de los procesos de comunicación, cognición e información a la luz de los recientes desarrollos de la semiótica, la biosemiótica, la cibernética, la teoría de sistemas y la matemática. Todas estas fuentes de pensamiento, que no suponen de entrada un entorno epistemológico común, aparecen como elementos necesarios para la elaboración de un marco lógico que se propone a sí mismo como una ciencia integral de la información. Ese marco es la cibersemiótica y la exploración sobre sus consecuencias para toda reflexión sobre el sentido, la comunicación, la información y la cognición es el objetivo central del presente trabajo.
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Sin embargo, si bien el centro analítico es la exploración de los intentos recientes por unificar las posiciones precedentes de la reflexión sobre el sentido desde una mirada cibernética y semiótica, es importante hacer notar que todo trabajo integrativo debe partir de un punto de vista particular desde el cual pueda ser planteado un espacio de convergencia conceptual como el que aquí será desarrollado, dado que toda propuesta tiene consecuencias diferenciadas para cada campo de estudio en donde sea desarrollada. Por lo tanto, si bien la cibersemiótica atraviesa varios campos disciplinares, aquí se tomará como base lo que ha sucedido en el campo de estudio de la comunicación para generar una base conceptual desde la cual poner la propuesta misma en una perspectiva histórica y conceptual. Lo anterior supone situar esta propuesta en el marco de la reflexión general sobre la comunicación a nivel epistemológico. Por otro lado, plantear el campo de estudio de la comunicación como el contexto académico desde el cual estudiar los alcances de la propuesta cibersemiótica permite comprender al mismo tiempo la naturaleza teórica de su configuración formal, dado que toda empresa que propone un movimiento de integración epistemológica supone un fuerte trabajo de reconstrucción conceptual y genealógico que posibilita la generación de vínculos entre teorías, matrices conceptuales y fundamentos epistemológicos. Este trabajo ha sido ampliamente desarrollado por el danés Søren Brier, y es la base para la elaboración de las líneas que aquí se presentan. La presente investigación se organiza en tres secciones: la primera de ellas centra su atención en la ausencia de la dimensión significativa de la comunicación en las teorías fundacionales, mientras que la segunda centra su atención en las características fundamentales de la integración epistemológica que plantea la cibersemiótica; finalmente, en la tercera sección se exploran los alcances y posibilidades que presenta el marco de la cibersemiótica para el estudio y conceptualización de la comunicación y el sentido. entre la teoría y la epistemología de la comunicación: la ausencia de la reflexión sobre el significado y el sentido en las teorías fundacionales A finales de los años cincuenta se desarrolló, en el naciente campo estadounidense de la comunicación, la famosa discusión entre
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Bernard Berelson (1959), para quien este campo ya moría, y Wilbur Schramm y sus colegas (1959), para quienes apenas estaba naciendo. Esta discusión parece no haber sido resuelta desde entonces principalmente por dos factores: uno propiamente epistemológico y el otro de organización académica. En el primer caso se trata de un debate mal posicionado, pues como argumenta Manuel Martín Algarra (2003): “mientras Berelson apuntaba la debilidad conceptual de la comunicación y su estudio, Schramm y sus colegas desplazaron la discusión de la fecundidad teórica a la vitalidad institucional”. Por otra parte, en el segundo caso de lo que se habla es de la dimensión institucional de una práctica de investigación, la cual deriva posteriormente en la institucionalización de un campo científico particular y su consecuente organización académica. Esta confusión en el origen mismo de la reflexión sobre la comunicación provocó que la comunicación fuese definida administrativamente pero no conceptualmente, por lo que la teoría fracasó como principio de definición, lo mismo que todo intento por determinar a la comunicación como un objeto distinto y propio de un campo particular de reflexión científica (Peters, 1989); en síntesis, la visión administrativa se sobrepuso a la construcción y fundamentación conceptual. Más que centrar la reflexión en la dimensión institucional de la comunicación, lo que interesa aquí es reflexionar sobre la historia de su construcción epistemológica y conceptual para poder ubicar dentro de este mapa la necesidad de una visión integrativa que ponga al sentido, la información, la cognición y la comunicación dentro de un mismo marco explicativo. Lo anterior implica reflexionar sobre la dimensión teórica y epistemológica de la construcción conceptual en los estudios de la comunicación, la cual tiene como contexto sociohistórico el campo científico estadounidense de finales de los años cuarenta, y como fundamento epistemológico la teoría matemática de la comunicación de Claude Shannon (1948) y la cibernética de Norbert Wiener (1982 y 1954). Lo anterior no quiere decir que la comunicación como concepto, palabra u objeto de estudio no existiese en otras ciencias y disciplinas, sino que faltaba un hilo conductor que lograra integrar esas muchas propuestas, pues existía la necesidad de un conocimiento unificado de los fenómenos físicos, cognitivos, biológicos, tecnológicos, sociológicos y psicológicos. Ésta es la propuesta que más tarde sería el primer antecedente de
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una integración conceptual de estos campos, y que ubicaría a la información como un concepto de frontera capaz de atravesar los campos disciplinares particulares. Este nuevo saber no implicaba una suma de elementos ni la integración de saberes precedentes, sino que planteaba un nuevo punto de vista cuya naturaleza era la siguiente: “organismos y organizaciones tan diversas tenían en común que se transformaban y transformaban su entorno sin perder la organización que los diferenciaba de otros. Aquello que en cada uno de ellos aseguraba la permanencia, en el cambio, era precisamente la información. Los desarrollos de este paradigma serían las ciencias de la comunicación” (Martín Serrano, 1990: 66). La formulación de la teoría matemática de la comunicación, el primer antecedente de una propuesta integrativa y fundacional del estudio de la comunicación, definía la información como una propiedad estadística de un mensaje, pero era muy explícita en argumentar que su dimensión significativa era irrelevante para la propia teoría. De acuerdo con Shannon (1948),
el problema fundamental de la comunicación es la reproducción en un punto ya sea exacta o aproximadamente de un mensaje seleccionado en otro punto. Frecuentemente el mensaje tiene un significado; es decir, se refiere a o está correlacionado de acuerdo con algún sistema de determinadas entidades físicas o conceptuales. Estos aspectos semánticos de la comunicación son irrelevantes para el problema en ingeniería (Shannon, 1948: 379).

Como se puede apreciar, en la teoría matemática la parte sig� nificativa de la comunicación es un tema irrelevante, por lo que puede considerarse como una primera dificultad del legado conceptual de la propia teoría. Por otro lado, paralelamente al desarrollo de la teoría matemática de la comunicación, Norbert Wiener propondría en 1948 la cibernética, un segundo antecedente inmediato de la reflexión sobre la comunicación pero que implicaría algo diferente. En su propuesta, Wiener (1954) argumentó que lo que a la cibernética le interesaría serían las relaciones que los fenómenos mantienen entre ellos, más que lo que contendrían, por lo tanto, la cibernética no tomaría en cuenta las relaciones entre los elementos que integran un fenómeno como un elemento más del mismo, sino que las vería como constitutivas de su modo de
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existencia. Es precisamente este movimiento de intercambio de información que se sucede en un fenómeno determinado lo que en realidad lo constituye integralmente, ya sea como un fenómeno natural o artificial. En este sentido, la cibernética combinó, bajo un mismo nombre, el estudio de lo que en un contexto humano es descrito vagamente como pensamiento y que en ingeniería se conoce como control y comunicación (Wiener, 1954). En su primera formulación, Wiener argumentaba que el propósito de la cibernética sería intentar hallar los elementos comunes al funcionamiento de las máquinas automáticas y al sistema nervioso del hombre para desarrollar una teoría capaz de abarcar todo el campo del control y de la comunicación en las máquinas y en los organismos vivientes. Desde su punto de vista, cuando le damos una orden a una máquina, la situación no es esencialmente diferente de aquella en la que se la damos a una persona, dado que se puede ser consciente de la orden que ha sido emitida y de la señal de conformidad que ha regresado. De esta forma, el hecho de que la señal, en sus etapas intermedias, se haya dado en una máquina en vez de en una persona es irrelevante y en ninguna forma altera nuestra relación con la señal. Por lo tanto, para Wiener (1954) la teoría del control en ingeniería, ya sea en humanos, máquinas o animales, es un capítulo en la teoría de los mensajes; de esta manera, el proceso de recibir y usar información es nuestro ajuste sobre las contingencias del entorno exterior, y nuestra posibilidad de vivir efectivamente en dicho entorno. De esta primera conceptualización del pensamiento cibernético vendría un segundo momento que implicará un movimiento y extensión conceptual hacia ámbitos mucho más generales y, sobre todo, sobre ámbitos que implicarán lo que Heinz von Foerster llamó “la cibernética de la cibernética” (Foerster, 2003). La transformación fundamental del pensamiento cibernético generó un cambio de visión que implicó el paso del estudio de los sistemas en general hacia el estudio del propio sistema que observa a los otros sistemas, es decir, la inclusión del observador en el proceso reflexivo, lo que le daría nacimiento a la cibernética de segundo orden. En palabras de Heinz von Foerster,
se puede considerar a la cibernética de los sistemas observados como una cibernética de primer orden; mientras que la cibernética de segundo orden es la cibernética de los sistemas observantes. Esto está de acuerdo con otras observacio42

nes hechas por Gordon Pask, quien distingue también dos órdenes de análisis. Uno en el cual el observador entra en el sistema estipulando el propósito del sistema. Podemos llamar a esto una “estipulación de primer orden”. En una “estipulación de segundo orden” el observador entra en el sistema estipulando su propio propósito (Foerster, 2006: 92).

El punto fundamental de la transformación que generó en el mundo académico la aparición de la información como concepto constructor, y la cibernética como epistemología, implicó repensar y evaluar no sólo el mundo de lo observado, sino el papel del observador en el proceso de observación. Éste ha sido un paso que ha permitido entrar de lleno en el campo de la epistemología, pues, como lo afirma Gordon Pask, primero se cuestiona el principio de objetividad para asumir que todas nuestras nociones no son independientes de los observadores de los fenómenos y, segundo, se considera que las nociones propuestas no se aplican únicamente a los sistemas observados, sino a los sistemas que observan y a la relación misma entre los observadores y los fenómenos observados (Pask en Foerster, 2006). En síntesis, la cibernética se presenta hoy en día como una ciencia con dos virtudes fundamentales: la de ofrecer un solo vocabulario y un solo sistema conceptual apropiado para representar los más diversos tipos de sistemas, y la de ofrecer un método para el estudio científico de los sistemas que son sumamente comunes en el mundo biológico, en los que la complejidad es notable y demasiado importante como para ser ignorada (Ashby, 1957). Finalmente, un tercer momento en el desarrollo teórico en los estudios de la comunicación, que tienen su base en la propuesta matemática y cibernética, se da a finales del siglo xx y principios del siglo xxi a través de los trabajos y la propuesta de Søren Brier, un autor que puso énfasis en los problemas que tanto la teoría matemática de la comunicación como la cibernética estaban dejando fuera, fundamentalmente el tema del significado. Se trata entonces de proveer una teoría de la significación a la teoría cibernética, pues, según Brier (2008), la debilidad de los estudios comunicativos e informacionales tradicionales basados en teorías sobre los flujos de información, o los datos en sí, ha hecho emerger problemas en lo que respecta a la forma en que los sistemas de conocimiento son construidos y organizados. Sin embargo, es a raíz de la propuesta de la cibernética y la semiótica que es posible desarrollar nuevos concep43

tos que ayuden a entender y desarrollar sistemas sociales como redes autoorganizadas y autoreproducidas. Por lo tanto, en vez de hablar en términos de comunicación de información la propuesta es hablar en términos de significados conjuntamente actualizados. Para Brier (2008), las ciencias de la información —en lo que respecta a los sistemas vivos y a los sistemas humanos— no son capaces de explicar aspectos vitales del fenómeno de la comunicación y la cognición como la emergencia del significado en los ámbitos limitados de los contextos sociales, y los ámbitos generales de la reproducción y supervivencia de los seres vivos. Aparece entonces el problema del significado en el marco del punto de vista mecanicista que brinda la teoría de la información y la cibernética en el marco general de las ciencias de la información. En consecuencia, para Brier (2008), el paradigma del procesamiento de información nunca tendrá éxito en describir los problemas fundamentales en la mediación semántica del contenido de un mensaje de un productor a un usuario, dado que es incapaz de tomar en consideración los aspectos fenomenológicos y sociales de la cognición. Así, la idea de unir a la semiótica peirceana con la cibernética de segundo orden no sólo responde a un problema epistemológico, sino a una oportunidad de expandir los horizontes de observación, tanto de lo que se observa como del sistema que lo hace. Para Brier (2008), aunque la teoría de la información de Shannon es la más conocida, las bases para una ciencia objetiva de la información se encuentran en la propuesta estadística de la neguentropía de la información de Wiener en conexión con el concepto de entropía de Boltzman en su interpretación estadística de la termodinámica. Aquí la información se percibe como un poder organizativo, por lo que el marco teórico propuesto pretende mezclar la visión evolutiva-sistémica de la termodinámica que combina la energía, la materia y la información como componentes ontológicos objetivos en una dinámica evolutiva emergente. Dicho programa ha hecho progresos como método para conceptualizar y lidiar con la realidad interna, externa y social de los sistemas vivos, de tal manera que la representación del conocimiento se vuelve compatible y manipulable computacionalmente. El punto central de esta perspectiva es explicar las cualidades, la vida y la conciencia como fenómenos emergentes que resultan de la evolución de sistemas materiales, informacionales y energéticos. Si bien el desarrollo de estas perspectivas ha ayudado a la ciencia mecanicista y funcionalista a crear mejores modelos de cognición y
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comunicación en los sistemas vivos, enfrentan problemas inesperados y grandes dificultades cuando intentan modelar la dimensión semántica del lenguaje. Esto evidencia la necesidad de un enfoque diferenciado capaz de incluir los aspectos fenomenológicos y sociales de la cognición, el lenguaje y la comunicación, así como la naturaleza biológica y el comportamiento de los sistemas vivos, pero fundamentalmente es una teoría de la significación y el significado ausente en las propuestas precedentes (Brier, 2008). Como se puede observar, el problema del sentido y la significación en los sistemas vivos hizo evidente algunos límites en la cibernética (Sharov, 1998; Hoffmeyer, 1996 y 2008), pero también apuntó algunas posibilidades de relacionarse con otras ciencias y otras epistemologías, como es el caso de la semiótica, relación de la cual deviene un cuarto marco de integración, el de la cibersemiótica. Ésta puede ser sintetizada como la búsqueda de las rutas biológicas, psíquicas y sociales de la necesidad humana y biológica del significado, y la auto organización en sus procesos de conocer-observar el mundo, y en la formulación de las explicaciones que sobre él se hagan. De esta forma, la propuesta que aquí se realiza se fundamenta en la semiótica y la cibernética como fuentes históricas y científicas separadas, pero también toma principios constructivos de la cibersemiótica en su intento por integrar ambas dentro de un marco constructivo general. Así, la ruta que ha seguido la reflexión sobre la comunicación, la información y, recientemente, la cognición, ha puesto en evidencia la necesidad de integrar una teoría de la significación a la propuesta propiamente cibernética y sistémica del mundo biológico y social, tema fundamental para la reflexión que aquí se desarrolla. Por lo tanto, antes de explorar las consecuencias que la cibersemiótica tiene para el estudio de los procesos de producción de sentido y para la conceptualización de la comunicación, es necesario detenerse a explicar su naturaleza constructiva, tomando como base el largo trabajo ya desarrollado por Søren Brier.1
Si bien aquí se toma como base el trabajo de Søren Brier titulado Cybersemiotics. �hy Information is not Enough!, del año 2008, en este texto Brier da cuenta de todos aquellos trabajos que han precedido esta obra, los cuales datan de principios de los años noventa y llegan hasta la mitad de la primera década del siglo xxi. Si bien se recuperan trabajos más recientes, ésta será la obra central sobre la que se centre el trabajo de reconstrucción conceptual (para una referencia más detallada de los trabajos de Brier consultados para este trabajo, véase la bibliografía).
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del paradigma del procesamiento de información al paradigma semiótico, cibernético y cibersemiótico De acuerdo con la propuesta cibersemótica de Søren Brier (2008), existe un primer conflicto entre el paradigma informacional y el semiótico, dado que ambos tratan el tema de la cognición, la información, el significado y la comunicación desde diferentes ángulos, por lo tanto, la discusión se centra sobre la cognición y la comunicación. La primera perspectiva ha sido generalmente llamada el paradigma del procesamiento de información, y se ha construido sobre una concepción objetivista de la información con un acercamiento al campo de la computación, que es generalmente algorítmico. El paradigma informativo prevaleciente en las ciencias cognitivas es mecanicista y racionalista. Es por esta razón que Brier (2008) intenta demostrar que el acercamiento lógico y mecanicista no puede ofrecer por sí mismo una comprensión de la significación humana o sus relaciones biológicas, psicológicas o sociales. Por lo tanto, la propuesta central de una ciencia universal de la información debe incluir implícitamente una ciencia universal de la cognición y la comunicación. Pero ¿son compatibles ambos paradigmas? El paradigma del procesamiento de información se encuentra fundamentado en el trabajo de Claude Shannon, quien concebía la información como entropía, es decir, la información incrementa mientras que la probabilidad de que un evento ocurra se vuelve menor. La información es una opción que reduce la incertidumbre, de ahí que la teoría matemática de la información defina a la información como la propiedad estadística de un mensaje sin importar su significado, es decir, la información puede ser vista como una selección entre señales. Por otro lado, desde el acercamiento de Norbert Wiener, la información no es vista como entropía, sino como neguentropía. La información no sólo es considerada como desorden, sino también como orden u organización. Wiener (1954) ya había comentado que la información es información y no materia o energía. En el desarrollo posterior que hace Tom Stonier (1997) de la propuesta de Wiener, la neguentropía se convierte en el poder organizacional de la creación de las estructuras y los sistemas en la naturaleza. Por su parte, para Brier (2008) gran parte de la teoría en la investigación de sistemas, cibernética y ciencias de la información descansa en nociones metafísicas obscuras, por lo
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que ofrece resultados que en algunas ocasiones son tipos vagos de funcionalismo que no tienen una posición clara frente a la experiencia de la persona, las cualidades, las emociones y el problema de la voluntad propia. Un segundo paradigma pertinente para el trabajo que aquí se desarrolla es el semiótico, el cual se encuentra basado en la semiótica peirceana o la doctrina de la naturaleza esencial de las variedades fundamentales de la semiosis (Peirce, 1955). Esta perspectiva epistemológica estudia la posibilidad de la comunicación significativa en sistemas vivos y sociales al tiempo que busca respuestas sobre la dinámica de la comunicación y la significación en las dinámicas culturales e históricas, así como en la ecología evolutiva. En este sentido, Peirce fundó la semiótica como un estudio lógico y científico de la dinámica sígnica de la acción humana, principio que se extendería más tarde a la naturaleza no humana en la forma de la biosemiótica (Hoffmeyer, 2008 y 2006). En la filosofía triádica de Peirce, los sentimientos, las cualidades, la formación de hábitos y la significación son constituyentes ontológicos básicos de la realidad, lo que sugiere que el paradigma semiótico debe de ser capaz de penetrar más allá de la química y la física hacia otras propiedades de la naturaleza. En palabras de Brier:
Parece que tenemos dos puntos de partida muy distintos para estas teorías y ambas argumentando ser universales. La diferencia entre ambos paradigmas es fundamental. El paradigma de la información está basado en concepciones objetivas y cuantitativas de la información y trabaja con modelos algorítmicos de la cognición, la percepción y la comunicación. La semiótica, en contraste, está basada en la comunicación significativa del lenguaje humano, en la fenomenología y depende de una teoría de la significación [...] Uno puede después combinar esto con una explicación epistemológica que sugiere que ninguna explicación científica reductiva final puede ser dada a ninguna cosa en este mundo, incluyendo el comportamiento de los animales. Lo que tenemos son diferentes explicaciones que funcionan bien en diferentes situaciones” (Brier, 2008: 42).

Lo anterior puede llevar a argumentar que los tres elementos básicos de la realidad son la materia, la energía y la información; por lo tanto, la información natural y objetiva debe de haber esta47

do presente antes que las mentes humanas emergieran del universo. La información es mucho más fundamental que el observador o el intérprete. En este punto, Brier (2008) argumenta que la información es vista como una cosa objetiva y universalmente determinada por leyes que los humanos y las máquinas incorporan de la naturaleza, la transforman mediante el pensamiento y la traen a la sociedad mediante el lenguaje, por lo que debe de ser posible plantear una ciencia integral de la información. Sin embargo, para hacer eso es necesario explicar la mente humana, la inteligencia y la comunicación significativa en términos de información o de la conciencia y el sentido como algo real o como la realidad de la conciencia misma de una persona. Las ciencias de la información deben entonces incluir también las ciencias cognitivas, y así todos los problemas epistemológicos pueden ser resueltos empíricamente. El paradigma del procesamiento de información nunca ha sido capaz de describir el problema central de la mediación semántica del contenido de los mensajes, y fracasa porque no aborda el aspecto fenomenológico y social de la cognición. Lo anterior lleva a Brier (2008) a sostener que la diferencia entre el conocimiento y la información es que la información es vista como una parte menor de los sistemas de conocimiento, sin embargo, los dos requieren interpretación semiótica para convertirse en significativos, es decir, uno no puede considerar el significado de la información sin la significación. Para Wiener, la información es información, no materia o energía, a lo que Brier (2008) agrega que la información tampoco cobra significado hasta que ha sido interpretada por un sistema vivo. Sin embargo, el significado depende de las estructuras de conocimiento construido en un contexto individual y de entendimiento del mundo. Hasta este punto Brier (2008) ha señalado algunas de las principales deficiencias del paradigma del procesamiento de información, por lo que es importante ahora hacer el enlace con la cibernética a través de sus principales postulados. En este sentido, es Heinz von Foerster quien demuestra que si un organismo es modelado como una máquina no puede ser una máquina trivial, puesto que no puede haber una descripción matemática determinista de su comportamiento; de ahí su propuesta de referirse a los sistemas vivos como máquinas no triviales: el sistema se organiza a sí mismo y produce sus propias partes. La habilidad para la auto-organización en
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la dimensión histórica de los sistemas vivos es razón importante de por qué los organismos no son máquinas triviales. De esta manera, la cibernética busca describir y explicar cómo la función de la limitación estructural influencia el desarrollo de los sistemas autorganizados que son llamados ahora, con el trabajo de Maturana y Varela, autopoiéticos. Un sistema autopoiético es aquel que produce sus propios límites y su propia organización al producir los elementos que lo componen como sistema.2 Para Brier (2008) éste es un punto clave para la emergencia del significado-sentido, puesto que cuando observamos el lenguaje en términos de información, es claro que el significado del mundo depende de la organización del sistema vivo (su cuerpo) y su contexto de vida, en contraste con el lenguaje de la computadora que está libre de todo contexto.
Los significados son el resultado de un proceso de acoplamiento basado en experiencias mutuas. Éste es un fundamento importante para todos los lenguajes y todas las semiosis. Las palabras no cargan significados; al contrario, los significados son percibidos sobre la base de la experiencia previa del perceptor. Los preceptos y las palabras no son señales; al contrario, son perturbaciones cuyos efectos dependen de la cohesión del sistema. Después de un periodo largo de interacción, un concepto adquiere un significado convencional (eigencomportamiento) dentro de un dominio determinado. La percepción e interpretación de las palabras fuerza opciones que abren oportunidades para la acción y el significado (Brier, 2008: 87).

Es por lo anterior que Brier reconoce la necesidad de una teoría más sofisticada que no recurra a los principios mecanicistas o
En palabras de Maturana: […] “el ser vivo no es un conjunto de moléculas sino una dinámica molecular, un proceso que ocurre como unidad discreta y singular como el resultado del operar, y en el operar de las distintas clases de moléculas que lo componen, entran en juego interacciones y relaciones de vecindad que lo especifican y realizan como una red cerrada de cambios y síntesis moleculares que producen las mismas clases moleculares que la constituyen, configurando una dinámica que al mismo tiempo especifica en cada instante sus bordes y extensión. Es a esta red de producciones de componentes, que resulta cerrada sobre sí misma porque los componentes que produce la constituyen al generar las mismas dinámicas de producciones que los produjo, y al determinar su extensión como un ente circunscrito a través del cual hay un continuo flujo de elementos que se hacen y dejan de ser componentes según participan o dejan de participar en esa red, a lo que llamamos autopoiesis” (Maturana y Varela, 2003:15).
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funcionalistas de la mente que niegan cualquier fuente de realidad independiente de la experiencia humana; sin embargo, también reconoce que esa teoría debe ser apoyada por una teoría de los signos y la significación, así como por teorías sobre los sistemas biológicos y sociales desde los cuales una diferencia hace una diferencia. Por lo tanto, lo que sigue a continuación es una breve exploración de esa propuesta integrativa y de sus consecuencias para pensar la comunicación y los procesos de producción de sentido. una conceptualización preliminar del sentido y la comunicación desde la cibersemiótica Una vez realizada una breve descripción del marco cibersemiótico es necesario generar el vínculo entre la semiosis, el sentido y la comunicación, tres elementos constitutivos pero diferenciables dentro de la propuesta y, sobre todo, tres elementos que justifican la exposición que aquí se ha venido realizando y que ponen al centro la justificación misma del marco cibersemiótico. Éste se presenta a sí mismo como un intento de producir una teoría transdisciplinaria de la información, la cognición y la comunicación en su absoluta naturaleza, lo que nos fuerza necesariamente a ver la vida, la conciencia y el significado cultural como partes de la naturaleza y la evolución. Para este movimiento final es necesario tomar como base un trabajo reciente de Søren Brier donde plantea una visión global evolucionista que va más allá de la entropía y la información hacia la pregunta sobre el significado y el sentido. En este trabajo, Brier (2010) reconoce los límites de una visión puramente neguentrópica sobre la información y los límites de una visión puramente computacional, dado que supone que una visión común, entre los teóricos de la información, es que la información integrada con la entropía es de alguna manera una estructura básica del mundo, y por lo tanto, la computación es el proceso del cambio dinámico de la información. Así, para que algo exista para un individuo, éste debe de obtener información por medio de la percepción o reorganización de la información que ya posee dentro de nuevos patrones. Es posible entonces afirmar que la visión cibernética-informacional y computacional se encuentra fundamentada en una percerpición universal y despersonalizada (o descorporeizada —un�embodied—) de la informa50

ción y la computación, las cuales son el fundamento más profundo del paradigma del procesamiento de información. Un paradigma transdisciplinario de la información, la cognición y la comunicación necesita, por tanto, integrar el rol de la conciencia de la primera persona corporeizada en la conciencia social dentro de los procesos de producción de significados de los preceptos, y en el sentido de toda comunicación en su intento por construir un marco teórico para la información, la cognición, el sentido y la comunicación significativa. De ahí la necesidad de una teoría de la significación y para entender cómo el sentido es producido a través de los signos para conectar la conciencia humana con una teoría de la naturaleza y la información. Esto trae nuevamente a discusión la propuesta de la biosemiótica, un marco que ya integra dentro de sí tanto a la semiótica peirceana como a la teoría biológica de la vida y la evolución y plantea que es posible comprender a la ciencia misma como una manifestación particular de los procesos sociales de producción de sentido. Sin embargo, como afirma Brier (2010), la ciencia no tiene una teoría de cómo esa producción cognitiva de conocimiento significativo de los seres humanos conscientes emerge de la evolución, es decir, todavía no es claro cómo una teoría fisicalista de la evolución basada en conceptos como materia, energía, fuerza e información objetiva —definida en la forma de neguentropía según Wiener o una teoría computacional—, pueden explicar cómo es que la experiencia de la conciencia de la primera persona y su habilidad para producir comunicación y cognición significativas ha evolucionado en el tiempo. Como ya se ha mostrado, la cibernética y sus conceptos de información y evolución emergente no han podido lidiar teóricamente con la integración del mundo fenomenológico de la primera persona ni con el acercamiento intersubjetivo de la conciencia dentro de su teoría. Lo anterior convierte a las ciencias naturales, así como a las humanidades y a las ciencias sociales, en sistemas de conocimiento incapaces de explicar sus propias bases al ignorar los orígenes evolucionistas de las habilidades cognitivas y comunicativas del ser humano.
Como tal, su teoría no puede ser tan abarcadora, a menos que posicione al observador y su cognición significativa en un mundo especial fuera del universo como lo hiciera Descartes, pero es generalmente aceptado en la ciencia y en la filosofía contemporánea que el dualismo de Descartes no es 51

una ontología satisfactoria para resolver nuestros actuales intentos por entender el rol y función de la información, la cognición, la conciencia y la comunicación en nuestro universo (Brier, 2010: 1905).

De hecho, la ciencia constantemente excluye al observador, lo que paradójicamente genera que la teoría fundamental de las ciencias exactas sea sobre un mundo sin el sujeto cognoscente. Se debe entonces llamar la atención sobre el hecho de que la conciencia, el sentido y la comunicación son también fenómenos naturales y se encuentran íntimamente conectados dentro de un continuum, es decir, un tipo de conexión entre la mente y la materia y, por lo tanto, también entre la naturaleza y la cultura. Se trata entonces de reconocer que no estamos fuera del mundo cuando investigamos algunos de sus aspectos, por lo que necesitamos un tipo de cien� cia intencional, como la llama Cantwell-Smith, para poder lidiar con el mundo, pues tenemos tanto un mundo material como un mundo en materialización que no podemos ignorar. La propuesta de la cibersemiótica se basa entonces en una visión naturalista en la que se identifican cuatro acercamientos distintos para entender la cognición, la comunicación, el sentido y la conciencia: a) las ciencias exactas, b) las ciencias de la vida, c) la fenomenología, hermenéutica y las humanidades, y d) la sociología y el punto de vista lingüístico y discursivo. Sin embargo, debe de entenderse que ninguna de ellas es más importante que la otra, sino que todos los acercamientos tienen la misma importancia y deben ser unidos en una teoría transdisciplinaria de la información, la semiótica, la conciencia de la primera persona y el acercamiento intersubjetivo y sociocomunicativo (Brier, 2010). Es desde esta visión que Brier propone que hay cuatro formas de explicación histórica: la cosmológica, la biológica, la histórica y la historia de la vida personal. Si bien las ciencias naturales trabajan sobre la base de la construcción de una gran explicación histórica, no han sido capaces de explicar la emergencia de la vida y la conciencia en la evolución, por lo que se puede inferir que una visión general e integradora del proceso comunicativo de la conciencia significativa humana tiene que intentar incorporar cuatro grandes objetos de conocimiento: a) la vida (sistemas vivos), b) la vida interna (conciencia), c) la materia y energía, y d) el sentido y el significado. De ahí que Brier (2010) sostenga
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que en la teoría evolucionista de las ciencias cognitivas y la semiótica se tengan que proponer modelos de cómo la experiencia de la conciencia de la primera persona y el sentido intersubjetivo a través de la comunicación emergen en los sistemas vivos.
al movernos de la sociedad de la información hacia la sociedad del conocimiento, estamos forzados a suprimir la versión antigua de las ciencias cognitivas basadas en el uso del modelo de la información de las ciencias físicas para desarrollar teorías que puedan llevarnos a un nivel más allá, hacia los sistemas que sienten, desean y viven con cognición espontánea. La meta es desarrollar un marco más amplio, transdisciplinario y más evolucionista para estudiar el desarrollo de la cognición, la comunicación y el conocimiento en el mundo de la vida humana. Esto es necesario para integrar el conocimiento de las ciencias con el conocimiento producido en las humanidades y las ciencias sociales sobre la comunicación, el sentido y el lenguaje para lograr un entendimiento más profundo de la producción social de conocimiento y la racionalidad (Brier, 2010: 1912).

Esto es lo que nos lleva al argumento final, hacia la importancia y el papel de la reflexión sobre el sentido en el marco de la cibersemiótica, la cual comienza por reconocer las omisiones de la teoría de la información y la cibernética sobre los aspectos signifi� cativos del mundo y, con ellos, sobre los aspectos significativos de la comunicación humana, puesto que “el sentido de la información no es información y la información del sentido no es el sentido” cuando sólo usamos el concepto de información en términos fisicalistas (Brier, 2010: 1914). Por el contrario, es posible entonces comenzar a pensar que el sentido de algún tipo de información está definido por la diferencia que alguien experimenta a partir de ella, es decir, el sentido puede ser pensado como un término que implica la percepción de signos y el entendimiento de la comunicación. En síntesis, el sentido es una diferencia que realiza un signo en el mundo de alguien al estar en lugar de algo en algún aspecto u otro. De ahí que una pregunta fundamental sea saber hasta qué punto es posible tener información sin sentido o si por el contario, la información es siempre un aspecto del sentido. De acuerdo con lo anterior, la noción de información en la teoría de Shannon es útil para la comunicación en el ámbito de la inge53

niería, pero no para formular una base científica de una teoría general de la información del mundo como tal. De esta manera, una suposición que ha conducido a una confusión en las modernas ciencias de la información consiste en partir de una definición de la información como un aspecto técnico significativo de la comunicación para convertirla en un aspecto fundacional, pero no significativo, de la realidad desde la que uno puede hacer el intento por construir una visión general del mundo (Brier, 2010). Esto es lo que lleva a Brier (2010) a concluir que existe un campo de la información en el mundo cibernético, pero no uno del sentido, puesto que la teoría cibernética y la autopoiesis no tienen una definición teórica de la conciencia de la primera persona como parte de su paradigma. Aquí aparece entonces la importancia de la semiótica como paradigma lógico e interpretativo al estar relacionada con el sentido y los significados, y cómo éstos se encuentran relacionados con los seres vivos, primordialmente, y con los sistemas vivos conscientes, en segundo lugar; esta condición la ha llevado al campo de la biología y a preguntarse desde este espacio disciplinario cómo es que algo que no es significativo adquiere ese calidad o cómo es que el sentido o lo significativo emerge en el mundo (Hoffmeyer, 1996). Así, la pregunta por el sentido implica un cambio en la visión de las condiciones físicas de su producción hacia las nociones prácticas de su emergencia en todo proceso comunicativo, cognitivo y social. Los signos emergen entonces como procesos parciales de producción de significados, pero son el resultado de su mutua operación de la cual deviene el sentido. Por eso para Brier (2010) el sentido es una diferencia que realiza un signo en el mundo de alguien al estar en lugar de algo, en algún aspecto u otro; esta definición se acerca fuertemente a la noción de signo que Peirce planteó un siglo atrás. Finalmente, es posible argumentar que pese a que la cibersemiótica se presenta a sí misma como un marco integrativo general, desde donde es posible pensar una reflexión particular sobre los procesos comunicativos y de producción de sentido en el marco general de los estudios de la comunicación, su principal reto para el futuro es explorar empíricamente su viabilidad teórica, así que podemos decir que la pertinencia académica de esta propuesta teórica recién está por ser explorada.
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La pluralidad epistemológica y el lenguaje como bases para la generación de conocimiento en los estudios con comunidades infantiles
yadira robles irazoqui*
Universidad de Guadalajara

resumen Dar una respuesta explicativa al aquí y al ahora de los momentos históricos de la humanidad y sus conflictos es y seguirá siendo uno de los mayores retos asumidos por el científico social al momento de abordar sus objetos de estudio. Desde su nacimiento y hasta el día de hoy, la evolución de la ciencia y las producciones generadas en ésta dependen en gran medida de la apertura que se muestre en las comunidades científicas para el acceso al conocimiento bajo estrategias que no son las tradicionales en su disciplina de estudio. En este sentido, el presente trabajo defiende la pluralidad epistemológica y el uso del lenguaje como vías para el estudio de comunidades infantiles desde la perspectiva de la comunicación. Palabras clave: Pluralidad epistemológica, Infancia, Lenguaje, Desontologización de la ciencia, Democratización del conocimiento. abstract Giving an explanatory answer to the here and now of the historical moments of humanity and its conflicts is and will remain as one of the biggest challenges undertaken by social scientists when addressing their objects of study. Since its origins until today, the science evolution and its productions are highly dependent on the broadmindedness of the scientific community for knowledge access under non-traditional strategies in their discipline of study. In this sense, this paper defends the epistemological plurality and the use of language as means to study communities of children from communication perspective. Keywords: Epistemological Pluralism, Childhood, Language, Science Deontologization, Democratization of Knowledge.

*Maestra en comunicación y profesora-investigadora de la Universidad de Guadalajara. Correo electrónico: yadirairazoqui@gmail.com

introducción En el horizonte de su formación, las ciencias sociales contienen diversas hipótesis ontológicas y gnoseológicas que influyen en la generación de concepciones del mundo y en la construcción de paradigmas explicativos acerca de éste. Tales hipótesis forman parte de diversas escuelas filosóficas que se han dado a la tarea de fundamentar la construcción, operación y existencia de las ciencias sociales, así como de sus objetos de estudio. Una óptica ontológica puede identificar la generación de conocimiento bajo los rubros de idealismo, materialismo o racionalismo, según la apuesta realizada ante la forma de convivencia entre el sujeto que conoce y el objeto que es estudiado, aunque este último sea otro sujeto. Otra perspectiva de índole gnoseológica se concentra en buscar explicaciones al origen del conocimiento, y en ella se ubica a diferentes escuelas de pensamiento: el empirismo, el racionalismo y algunas otras que han derivado de las posturas iniciales de éstas. Desde ambas visiones, el intelectual de las ciencias sociales, incluido aquel interesado en el análisis de los procesos comunicativos, se ha visto en la necesidad de tomar una postura innovadora y pertinente que defienda su relación con los objetos o sujetos de estudio, así como la construcción que dichos sujetos, si es el caso, realizan de su mundo circundante. La renovación en la producción científica ha dependido, en todo caso, de las condiciones sociales y políticas del momento de estudio, ya que una de las características determinantes de la calidad de la producción de conocimiento en las ciencias sociales es y seguirá siendo la capacidad de dar respuesta a las condiciones históricas de un momento determinado; es decir, la aptitud de dar explicaciones del aquí y el ahora de la realidad social cuestionada. En este contexto, este escrito tiene como objetivo defender la pluralidad epistemológica y el lenguaje como bases para la generación de conocimiento en los estudios de comunicación; en especial los que son desarrollados en comunidades infantiles. El trabajo se ha dividido en dos apartados: el primero busca aclarar qué consideración es viable respecto a la forma de construcción del conocimiento en el campo de la comunicación; está respaldado desde la antropología con la pluralidad epistemológica, paradigma defendido por autores como León Olivé (2009), Jorge Alonso (2007), Boaventura Santos (2009) y Mauricio Gil (2009), entre otros.
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El segundo apartado relacionado con la manera en que los propios sujetos construyen una explicación útil para la solución de sus problemas en la vida diaria, se sustentará con las propuestas realizadas por Berger y Luckmann (1985), quienes conciben al ser humano como un sujeto que construye y reconstruye su realidad a partir de un entorno simbólico en el transcurrir de su cotidianeidad. la pluralidad epistemológica como base para el estudio de los sujetos sociales Entre las variadas y nutridas explicaciones con respecto a la construcción tradicional del conocimiento formal sobresale en la actualidad el trabajo realizado por un grupo de antropólogos (Olivé, 2009; Alonso, 2007; Santos, 2009; y Gil, 2009) que busca regresar la dignidad gnoseológica al sujeto como un ente generador de conocimiento válido para la vida diaria y, por tanto, para el contexto científico. Se trata de una postura que busca la convivencia entre personas que investigan y personas investigadas, con el fin último de generar explicaciones corresponsables que ayuden no sólo a entender la realidad que los rodea, sino a intervenir en ella para mejorar las condiciones de existencia de uno y otro según sus búsquedas o necesidades particulares. La pretensión de este modelo consiste en minimizar la producción de un conocimiento excluyente y elitista que privilegia las capacidades del académico y del científico social por encima de otros sujetos —cuando se explican ciertos fenómenos y condiciones sociales— bajo el argumento de que la objetividad y verificación de los conocimientos es asequible a través de un proceso intersubjetivo entre los actores principales del conocimiento, analista y analizado. Desde la pluralidad epistemológica, la consideración hacia los sujetos de estudio está sustancialmente modificada. Para que el investigador otorgue validez a sus hallazgos es necesario compartirlos: “los conocimientos deben ser evaluados en términos de las prácticas epistémicas que los generan, transmiten y aplican, y del medio cultural en el cual se desarrollan y cobran sentido tales prácticas epistémicas” (Olivé, 2009: 28); así, los descubrimientos son aprobados por el propio sujeto analizado. Esta postura deja atrás el pensamiento abismal que consiste en conceder a la ciencia moderna el monopolio de la distinción universal entre lo verdadero
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y lo falso, en detrimento de cuerpos alternativos de conocimiento como la filosofía, la teología (Santos, 2009) y hasta el conocimiento de la vida cotidiana (Olivé, 2009). El modelo de la epistemología plural concede el papel de colaborador al sujeto de estudio: la mejor alianza para construir una explicación acerca de lo que adolece el ser humano es aquella establecida con el propio ser humano que padece. Así, bajo el rubro de la epistemología plural se busca:
construir una visión desde dentro en la producción de conocimiento y contribuir a la desontologización y pluralización de la investigación para desafiar los regímenes de verdad; y hacer un aporte práctico-teórico en la búsqueda de nuevas formas de vida, en la producción de subjetividades críticas y en la conciencia de las históricas relaciones de hegemonía y subalternización. (Alonso et al., 2007: 4).

La tarea principal radica en desafiar los regímenes de verdad a través de dos procesos promovidos por el propio hombre de ciencia: la desontologización y la pluralización del conocimiento científico. La finalidad de ello es contribuir con la generación conjunta de saberes teórico-prácticos que establezcan nuevas formas de vida y originen una conciencia más crítica en el hombre común, y más plural y comprometida en el hombre de ciencia. Contribuir a la desontologización de la ciencia clásica es renovar los aspectos que ésta requiere para los tiempos modernos; significa desmitificar el papel del investigador como generador único de pensamiento válido ante los conflictos de la vida social, y admitir la llegada de un sujeto común que, desde su cotidianeidad, contribuye con el relato de sus experiencias y con la rectificación de las interpretaciones realizadas por el investigador desde sus propias vivencias. Desontologizar las ciencias sociales es aceptar la colaboración del sujeto para solucionar problemas que le afectan directamente. No sólo se trata de que el científico genere conocimiento válido y de colección, sino de que cree uno realmente aplicable para que contribuya al bienestar de su colaborador y al propio; de esta forma es posible crear una conciencia crítica ante sus problemas y contexto próximo. Aunque este proceso se ha experimentado con mayor profundidad al estudiar los movimientos sociales en el campo de la antropología (Alonso et al., 2007; Olivé, 2009), la propuesta es aplicable a otros tipos de comunidades que requieren ser vistas
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como entes con autonomía gnoseológica, así como al análisis de organizaciones humanas y tradiciones marcadas por relaciones de hegemonía y subalternización. Bajo este paradigma cabe considerar todo tipo de grupos sociales con el objeto de conocer el amplio tema de la distribución y aplicación del poder, incluso si se trata de comunidades infantiles, pues éstas han recibido críticas respecto a sus capacidades cognoscitivas aplicables al mundo de los adultos, lo que automáticamente las margina del ámbito científico. Al desontologizar la ciencia, el sujeto analizado toma el papel de un ser humano que es estudiado por otro, pero que guarda una autonomía valiosa en cuanto a su forma de vida y a las experiencias adquiridas en ella. La diferencia entre él y quien lo analiza es ambivalente, pues radica, por una parte, en su condición de desconocimiento sobre la explicación legítima que se tiene de su situación,1 y por otra, en la supremacía derivada de ser actor principal de ese conocimiento que ha sido formalizado. El sujeto común conserva los privilegios propios del objeto que se conoce, mientras que el investigador se conforma con la validez de su propia versión, prueba de su habilidad para generar reflexiones y explicaciones ante los fenómenos sociales, y no representa necesariamente una verdad social. La concientización de una pluralidad epistemológica implica la participación del sujeto de estudio como colaborador, lo que lo convierte en un miembro activo de la sociedad del conocimiento, pues participa en ella de tal forma que es capaz de a) apropiarse de sus conocimientos, b) aprovecharlos de mejor manera, y c) generar, por sí mismo, y en colaboración con el analista, los conocimientos faltantes en su grupo social (Olivé, 2009). Al aplicar lo anterior al estudio de comunidades infantiles, y al manejo del poder que éstas hacen en su cotidianeidad, es necesario admitir que los propios niños se constituyen como colaboradores del científico social al apoyarlo no sólo en la emisión de un discurso o una actuación respecto a su comportamiento político, sino al ayudarlo en la interpretación de dichas acciones. El niño se convierte en colaborador del intelectual de la ciencia al hacer evidente los problemas que para él son importantes de resolver, a fin de lograr una vida mejor en su propio esquema; así,
Olivé (2009) aboga por la posibilidad de admitir la existencia de diferentes conjuntos de criterios de validez del conocimiento y, por tanto, por la legitimidad de los conocimientos tradicionales.
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brinda la posibilidad de diseñar y establecer mecanismos en conjunto para apropiarse de sus conocimientos, aprovecharlos en su vida diaria y generar los faltantes en su respectivo grupo social, constituyéndose como un agente activo de la sociedad del conocimiento. La pluralidad epistemológica concibe a la sociedad como gestora de saberes, como un espacio físico y temporal constituido por redes de solución de problemas, lo cual garantiza que el conocimiento será aprovechado dada la participación y sensibilización del sujeto social, quien experimenta los problemas sociales de manera directa. La tesis anterior se defiende con la idea de que las prácticas cognoscitivas2 únicamente se pueden desarrollar de manera grupal si se desea lograr con ella una producción de saberes capaz de promover el diseño de políticas y estrategias para una vida mejor en la cotidianeidad del ser humano. Una vía para la realización de prácticas cognoscitivas grupales en el caso de los niños es la conformación de alianzas entre éstos y el intelectual de la ciencia, pues de manera conjunta generarán saberes útiles para entender a los propios infantes en su cotidianeidad y mejorar sus condiciones de convivencia en caso de ser necesario. Dicha alianza permitirá al hombre de ciencia proponer estrategias de intervención a nivel de políticas públicas que correspondan a las condiciones reales de los pequeños y no a la postura de los adultos, considerada como ideal. El propósito es contribuir a una sociedad justa, plural y democrática.La propuesta es justa porque se busca que la sociedad “contenga los mecanismos necesarios para que todos sus miembros satisfagan al menos sus necesidades básicas y desarrollen sus capacidades y planes de vida de maneras aceptables de acuerdo con su cultura específica” (Olivé, 2009: 19). Es además plural debido al reconocimiento y valoración de la diversidad cultural y la necesidad de respetar a cada una de las culturas coexistentes.
León Olivé (2009) argumenta que en todas las sociedades han existido prácticas epistémicas en las que se genera conocimiento. Éstas pueden ser económicas, técnicas, educativas, políticas, recreativas y religiosas. Los conocimientos tradicionales son, según este autor, parte medular de las culturas de los pueblos; por tanto, tienen un gran potencial para el desarrollo económico y social. Por su parte, Santos defiende que al otro lado de la línea de lo científico no hay un conocimiento admitido como real: “hay creencias, opiniones, magia, idolatría, comprensiones intuitivas o subjetivas, las cuales, en la mayoría de los casos, podrían convertirse en objetos o materias primas para las investigaciones científicas” (2009: 33-34).
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Finalmente, es caracterizada por la participación democrática, pues la intención es que la “toma de decisiones y las acciones se realicen mediante una participación efectiva de representantes legítimos de todos los grupos sociales involucrados” (Olivé, 2009: 20). Al asumir lo anterior surge el compromiso de considerar al sujeto, sea en la infancia, la vida adulta o la senectud, como un ente capaz de generar sus propias prácticas epistémicas, y también aparece la responsabilidad por parte del científico social de generar conocimiento no sólo en el discurso, sino en las prácticas cotidianas de los seres humanos. El científico social posicionado en este paradigma no puede conformarse con explicar teóricamente las prácticas humanas; debe buscar la forma de inferir en ellas de tal manera que los resultados contribuyan a un mejor estado de vida, sea por la vía de la educación, la propuesta de políticas públicas o la generación de protestas sociales; cada uno de ellos indagará los medios más adecuados. Quienes asuman la postura dada por la desontologización y la pluralidad deberán entender la realidad con el fin último de intervenir en ella, no como un agente supremo, sino como intermediario entre el mundo que se vive cotidianamente y el administrador de las formas de vida en los espacios públicos. En la actualidad, hacer ciencia sólo para contribuir con valiosas reflexiones teóricas no tiene el mismo sentido social que hacerlo, además, para mejorar las condiciones de los grupos sociales específicos. La elección es un acto individual de cada científico social, pues también ante su condición se debe asumir la pluralidad cognoscitiva. Una vez que se le ha adjudicado el reto de la doble búsqueda en la ciencia, el analista se convierte en colaborador del hombre común, quien intenta acercarse a la realidad para sistematizar una versión lógica de ella. El investigador considerará una propuesta válida para la intervención social que deberá ser expuesta en primera instancia al sujeto o comunidad en cuestión para luego aplicarla en la modificación de la realidad social estudiada; sólo si así lo avalan los propios sujetos de estudio. El científico social tiene el compromiso de buscar la forma de acercarse a los niños para conocer, entender y explicar la naturaleza de sus prácticas cotidianas; además, debe generar estrategias de intervención para mejorar el desarrollo social y contribuir desde la población infantil a la construcción de comunidades más justas, plurales y democráticas.
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El niño se convierte en el colaborador del intelectual de las ciencias sociales para apoyarle con la información y las interpretaciones que sean necesarias; los papeles se invierten en la búsqueda por mejorar ciertas condiciones desde la propia visión de los pequeños; a su vez, el científico contribuye con lo que clásicamente se ha asumido como parte de su responsabilidad: la generación de conocimiento útil para entender al propio ser humano. El científico social es un candidato ideal para consolidarse como un intelectual mixto según la clasificación realizada por Gramsci (1980)3 y defendida por Gil (2009), la cual se resume en la idea de que un intelectual de más alto nivel está constituido por la capacidad de mantener relaciones en dos campos de la producción científica: el político y el del análisis reflexivo clásicamente teórico. Desde la condición orgánica, el intelectual analiza problemáticas provenientes de las necesidades de cada grupo social, del cual él mismo puede o no formar parte, mientras que el investigador tradicional se percibe a sí mismo como espectador de la realidad cotidiana, autónomo e independiente de la comunidad dominante. Según Gil:
En general, los intelectuales orgánicos provienen de la necesidad de cada grupo social “esencial” de crearse, al mismo tiempo y orgánicamente, una o más capas de intelectuales que le dan homogeneidad y conciencia de su propia función no sólo en el campo económico, sino también en el social y el político [...] los intelectuales tradicionales, cuya más típica expresión han sido los eclesiásticos, tienen una larga historia de luchas y transformaciones que en el caso europeo dieron lugar al nacimiento de otras categorías impulsadas por la complejización social (Gil, 2009: 244).

La condición gnoseológica de la producción científica debería ser experimentada desde una tríada compuesta por un sujeto común que experimenta fenómenos y conflictos sociales (susceptible de
Para Gramsci (1980) todos los hombres son intelectuales; si se considera que no hay actividad humana que se pueda excluir de toda intervención intelectual, no se puede separar al homo faber del homo sapiens, dado que, independientemente de su profesión específ ica, cada quien es a su modo un filósofo, un artista, un hombre de gusto, participa de una concepción del mundo, y tiene una consciente línea moral. Lo cierto es que no todos los hombres tienen en la sociedad la función de intelectuales.
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ser considerado también como intelectual orgánico), un sujeto que reflexiona respecto a esos problemas sociales desde la vivencia directa o indirecta con la finalidad de generar condiciones para la mejora de éstas (intelectual orgánico con miras a la intervención social) y por un sujeto capaz de acceder al conocimiento formal y legítimo que se ha hecho de dicha situación (intelectual tradicional). Así, el conocimiento estaría respaldado por una epistemología plural y contribuiría a la descolonización de la ciencia, pues el científico social no solamente realiza las reflexiones pertinentes al problema, sino que se ubica en el papel de colaborador, a la par de su colega, el sujeto común. Para efectos prácticos de cualquier investigación realizada bajo estos ideales científicos hay que observar algunas consideraciones epistemológicas, ético-políticas y metodológicas sugeridas por intelectuales sociales y relacionadas con los sujetos de estudio. El propósito es evitar incongruencias entre la forma de planear el trabajo de investigación y su aplicación, así como en la búsqueda de respuestas y acciones ante la compleja realidad social. Existe un conjunto de dimensiones epistemológicas (Alonso, 2007) en el que se encuentra la necesidad de realizar la exploración de un diálogo entre los saberes del investigador y los investigados; implica que, al tener contacto con el campo de estudio, el analista social deberá respetar los diferentes conocimientos y formas de comunicación que constituyen los marcos de referencia de los sujetos de estudio; así mismo deberá buscar la forma de que sus sujetos de estudio asuman sus propias formas, pues sólo de esa manera se logrará una comunicación real. También se encuentra en este listado de características la necesidad de partir del análisis de la vida coti� diana y la consideración de las emociones como posibilidad cognoscitiva de los seres humanos, pues es precisamente en el contexto habitual donde acontecen los principales conflictos y necesidades sociales de los sujetos, quienes hacen uso de su conformación emotiva para dar sentido a su vida en los ámbitos de la expresión e interpretación. La propuesta consiste en que la investigación realizada “no sea sólo socialmente útil, sino que contribuya a dinámicas emancipadoras, a prácticas liberadoras” (Alonso et al., 2007: 6). En este sentido se debe contribuir a que los sujetos se hagan conscientes del potencial de cambio que radica en ellos mismos y de la posibilidad de ser aplicado de manera general tras la organización social. Lo anterior implica, epistemológicamente y para efectos del análisis de las
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comunidades infantiles, que el investigador social aborde en su diálogo aspectos de la vida cotidiana de los niños, pues es un espacio relevante para entender las prácticas humanas; también implica que, en ese mismo proceso, tome en consideración las expresiones emotivas de los pequeños, pues éstas sirven también de parámetro en el entendimiento y la conducción de sí mismos en el mundo social. Es necesario considerar que a un tópico social en apariencia racional le podrían corresponder explicaciones meramente emotivas construidas por el niño en la convivencia diaria con los agentes e instituciones involucrados en su vida. Estas consideraciones epistemológicas exigen que el mismo investigador social adquiera el compromiso de generar prácticas liberadoras en las comunidades infantiles y promueva en los niños una actuación social que los lleve a ser participantes de una comunidad justa, plural y democrática; de esta manera se obtendrá la dignidad cognoscitiva de los infantes. Algunas consideraciones ético-políticas implican la descolonización académica, el acercamiento a otros modos de conocer-serhacer, así como el compromiso de construir un mundo mejor. Esta implica un arduo trabajo de conciencia social en el propio investigador al referirse al desarrollo de prácticas de investigación que, más allá de comprometerse con el campo de la ciencia, se vinculen con la realidad conflictiva y conflictuada de los seres humanos. Es necesario deshacerse de los esquemas clásicos de la producción científica que consideran al hombre de ciencia como experto de la raza humana para ubicarlo en el papel de sujeto humilde, para que así intente entender una realidad en la que el máximo experto es el hombre común y no el de ciencia. En el tema de las comunidades infantiles existe un reto ético para el estudioso social, pues implica la lucha por el bienestar de un mundo cuyos integrantes no han terminado de entender las dinámicas sociales y de poder generadas por los adultos. Significa también un “des-hacer-se”, dejar aquello que lo ha constituido como individuo para transformarse en colaborador de una comunidad que ostenta una menor valoración en cuanto a construcción gnoseológica se refiere. Un punto importante de este enfoque se refiere a las consideraciones metodológicas, las cuales conllevan un proceso de desaprendizaje, dado que “se pretende realizar una investigación no extractiva sino interactiva, activista, coparticipativa, dialógica, crítica y libertaria” (Alonso et al., 2007: 6).
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Para el campo de estudio de la infancia, esta situación implica la búsqueda de sistemas híbridos y multidisciplinarios que permitan llegar a las experiencias reales de los sujetos, en este caso lo niños. Se requiere entonces de vías capaces de acercar el lenguaje del investigador adulto al lenguaje del niño en su papel de actor social, quien aún no experimenta etapas generadoras de un discurso compatible con los códigos propios de la adultez. La psicología, la antropología, la sociología, las ciencias políticas y las ciencias de la comunicación tendrán mucho que aportar al diseño metodológico para el estudio de un tipo de sujeto que ha sido tradicionalmente abordado por la primera y la última de las disciplinas de esta lista. Con respecto al tipo de sujetos que se estudia desde este paradigma, Alonso defiende que se debe analizar bajo esta postura a todos los sujetos que “viven el olvido como un acto fallido que causa la vivencia de lo reprimido y que se manifiesta en un silencio estratégico” (Alonso et al., 2007: 8). Las comunidades infantiles deben ser abordadas desde este paradigma pues han sufrido una triple marginación: 1) la otorgada por ellos mismos ante su incapacidad de hacer uso del poder para procesos sociales tan básicos como la movilidad social, 2) la generada por los adultos al conferir poca importancia al ejercicio político de los niños, y 3) la promovida por la ciencia, al considerarlos una minoría ignorada el desarrollo de estudios que den cuenta de los actores sociales como constructores de la vida política, cultural e incluso hasta económica. Estudiar a las comunidades infantiles desde la pluralidad epistemológica requiere de una serie de compromisos ético-políticos, metodológicos epistemológicos y de consideración humana que deberán ser asumidos por el científico social. Esto le ayudará a consolidarse como un intelectual mixto, preocupado por la construcción científica a través de explicaciones históricas, las cuales ayudan a entender la conformación social y humana de la vida diaria, y lo comprometen con la generación de sociedades justas, plurales y democráticas bajo la visión de un mundo compartido. berger y luckmann: punto de partida entre el lenguaje y la generación de conocimientos Tomar como punto de partida una epistemología plural al momento de establecer una ruta viable para el estudio de la conformación
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social de los sujetos exige establecer la forma en que se considerará la construcción gnoseológica de los mismos, pues si han de ser visualizados como colaboradores de investigación es importante dejar en claro cómo se concibe la producción de su propio conocimiento. En el diálogo sobre la generación de conocimiento social por parte de los sujetos en su vida cotidiana se deja claro que es viable entender la conformación social desde la perspectiva del sentido, los significados, los códigos, el acervo cultural y la interpretación (Geertz, 1995), puesto que son elementos primordiales para generar conocimiento conjunto entre la comunidad infantil y el investigador social. También es conveniente trabajar el análisis de las prácticas y conocimientos sociales desde la intersubjetividad como base de la acción social (Shutz, 1995); estas situaciones pueden abordarse desde las propuestas de la construcción social de la realidad de Berger y Luckmann (1985). El estudio de la vida cotidiana es introducido por los científicos mencionados a los estudios sociológicos en la década de los sesenta como punto de partida para entender el funcionamiento de la vida en sociedad, su estructuración y el conocimiento que de ésta se adquiere, todo enmarcado bajo el rubro de construcción social de la realidad. Según estos sociólogos, los actos que los sujetos realizan a diario, en convivencia con otros, pueden originar una realidad interpretada que adquiere el significado de un mundo coherente: “la vida cotidiana es un mundo que se origina en los pensamientos y acciones de los miembros de la sociedad y que está sustentado como real por éstos” (Berger y Luckmann, 1985: 37). Existe la posibilidad de pensar en un juego dialéctico entre la construcción de esa vida y el conocimiento que de ella se tiene: en el pensamiento nace la vida cotidiana o de ésta se alimenta la noción de lo social. Sin embargo, lo que sucede en uno y otro lugar no guarda una relación lineal, aunque la tarea básica de quienes proponen esta perspectiva no es entender directamente la construcción y el entendimiento de lo social, sino la configuración de una realidad por medio de relaciones sociales que aportan elementos al estudio del entendimiento y las vivencias que, en este caso, los niños tienen de ciertos aspectos originados en la vida cotidiana. Éstos son realimentados por diversas acciones e instancias sociales al tener lugar en un mundo intersubjetivo que los individuos comparten con otros.
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El lenguaje en la cotidianeidad permite que el sujeto se mueva en una red de relaciones ordenadas mediante un vocabulario, el cual llena la vida social de objetos significativos y proporciona las objetivaciones indispensables para que esa realidad inmediata adquiera sentido.
En la medida en que hay una correspondencia continua entre mis significados y sus significados, en este mundo que compartimos, existe un sentido común de la realidad de éste. La realidad de la vida cotidiana se da por establecida como realidad. No requiere verificaciones adicionales sobre su sola presencia y más allá de ella. Sé que es real, y aún cuando pueda abrigar dudas acerca de su realidad, estoy obligado a suspender esas dudas puesto que existo rutinariamente en la vida cotidiana (Berger y Luckmann, 1999: 41).

Esta afirmación es interesante en el sentido que permite establecer cómo el compartir ciertos significados puede facilitar la construcción de ideas y prácticas similares entre los sujetos, gracias al uso común del lenguaje; con la participación de éste se da vida a la interacción entre los sujetos. En esta interacción se comparten y negocian significados que de alguna manera pasarán a formar parte de las experiencias del sujeto: el lenguaje es capaz de transformarse en “depósito objetivo de bastas acumulaciones de significado y experiencia que se pueden preservar a través del tiempo y transmitir a las generaciones futuras” (Berger y Luckmann, 1999: 56). El entendimiento del conocimiento social como una construcción consecuente de las relaciones establecidas entre individuos permite el estudio de los significados y prácticas que los sujetos desarrollan en el ámbito social a través de los diversos ejercicios de la comunicación. Además, ofrece un camino viable para hacer del lenguaje el vínculo adecuado entre investigador e investigado en un intento por desontologizar la ciencia y pluralizar la generación de conocimiento. a manera de cierre: desontologización, pluralización y lenguaje en las comunidades infantiles Cerca de que se cumpla medio siglo de hablar de la denominada sociedad del conocimiento, y a más de dos décadas de la popularización del término en el área de las ciencias sociales, la generación de conocimiento en el campo de estudio de la comunicación en71

frenta retos de índole ontológica y epistemológica que dan la pauta para el establecimiento de nuevos paradigmas de trabajo, una condición indispensable para la evolución de toda ciencia. El intento por desontologizar y pluralizar la generación de conocimiento no es más que un camino en el que se argumenta la visión de una productividad científica más cercana a la propia realidad analizada y más fructífera para la transformación social de pequeñas comunidades. Reflexionar sobre esta posibilidad para la investigación de comunidades infantiles significa asumir el reto de identificar los canales de comunicación más propicios para el entendimiento entre sujetos desiguales, por lo menos en términos de edad, intereses de convivencia con la ciencia y compromisos ante la realidad social y su posible transformación. La desontologización y la pluralización de la ciencia en el contexto de este trabajo se convierte en una propuesta que busca responder a las exigencias del aquí y el ahora de la realidad social relacionada con las comunidades infantiles, y se piensa como una aproximación cuya existencia radica en la posibilidad de acercamiento real que el investigador logre con sus sujetos de estudio. Parte importante del logro de una epistemología plural en comunidades infantiles tiene relación con otorgar de una dignidad gnoseológica a los niños en el momento de ser estudiada su realidad, postura contraria al establecimiento de esquemas inquisitivos, y en ocasiones posicionados de manera inconsciente, sobre la habilidad de los infantes para entender y explicar el mundo que les rodea, así como para proponer soluciones viables a los problemas que como sector social les aqueja. Al postular el lenguaje como conector entre investigador y sujeto investigado, es decir, entre analista social y comunidades infantiles, se construye un puente entre la intelectualidad de uno y otro, y se convierte en el instrumento contenedor de información y de elementos técnicos que les permite hablar del mismo hecho o situación, pero también se convierte en el espacio subjetivo para el entendimiento de sus mundos. El lenguaje es el punto de encuentro entre cultura, desarrollo individual y cotidianeidad de los sujetos; es aprehensible sobre todo en el espacio simbólico del hombre, es decir, en las zonas en las que el lenguaje vivifica, a través de distintos recursos, el ser y el hacer de lo humano. Los sujetos son, hacen y se comunican a partir de lo que piensan y sienten. Ser, hacer, sentir y pensar son capacidades que de
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manera planeada —o no— se manifiestan en el lenguaje, y que al estar presentes en los actos del habla abren la rendija del entendimiento de las posturas de unos y otros, y planean —o no— la generación de conocimiento científico. La importancia del lenguaje en el conocimiento que se construye sobre la realidad social, así como en la manifestación del entendimiento sobre el mundo es significativa, porque es el lenguaje y sus múltiples manifestaciones lo que permite que los sujetos se muevan en una red de relaciones humanas, llenando la vida social de objetos que adquieren significado y sentido (Fericgla, 2005). Es precisamente el lenguaje el que puede posibilitar la convivencia entre las subjetividades del investigador y del sujeto investigado. Ante las exigencias planteadas por los componentes y la dinámica de la actual sociedad del conocimiento, el investigador requiere desafiar los regímenes de verdad con los que se asume el entendimiento de la sociedad, y mostrar disposición ante la generación conjunta de saberes entre el investigador y el investigado, principios primordiales para la desontologización y la pluralidad científica. Las ciencias sociales requieren hoy, y quizá siempre ha sido así, de investigadores que asuman el proceso de generación de conocimiento como un evento en el que dos individuos en circunstancias distintas buscan entender lo humano desde su propia subjetividad, lo cual exige un esfuerzo por ensamblar sus perspectivas de sentido, sus significados circundantes, los códigos que los constituyen y los hacen conformar su realidad, sus acervos culturales y hasta las interpretaciones surgidas de todo ello. referencias bibliográficas Alonso, J. et al. (2007). Reflexiones para seguir el debate. México: ciesas. Berger, P. y Luckmann, T. (1985). La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amorrurtu. Gil, M. (2009). “Sociología de los intelectuales y teoría de la ideología”, Pluralismo epistemológico. Bolivia: clacso, cidesumsa, Comuna y Muela del Diablo Editores. Gramsci, A. (1980). “Algunos temas de la cuestión meridional”, en M. A. Macchiochi, Gramsci y la revolución de Occidente. Madrid: Siglo xxi.
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Olivé, L. (2009). “Por una auténtica interculturalidad basada en el reconocimiento de la pluralidad epistemológica”, Pluralismo epistemológico. Bolivia: clacso, cides-umsa, Comuna y Muela del Diablo Editores. Santos, Boaventura de Sousa. (2009). “Más allá del pensamiento abismal: de las líneas globales a una ecología de saberes”, Pluralismo epistemológico. Bolivia: clacso, cides-umsa, Comuna y Muela del Diablo Editores. Shutz, A. (1995). El problema de la realidad social. Buenos Aires: Amorrortu.

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Hacia un modelo de análisis de la recepción estética. Revisión y reflexión en torno al legado de Wolfgang Iser
vivian romeu*

Universidad Autónoma de la Ciudad de México

resumen El presente artículo propone un modelo de análisis para la recepción de los textos artísticos a partir de una reflexión en torno a la revisión metodológica que hiciera en su momento el crítico alemán Wolfgang Iser, añadiéndole matices de análisis semióticos y estéticos que el autor no consideró. En ese sentido, el modelo que aquí se propone pretende dar cuenta de cómo opera la percepción sensible en lo general, y qué consecuencias acarrea en lo particular a los procesos de recepción y lectura de las obras de arte. Palabras clave: Recepción estética, Metodología, Fascinación, Iser, Arte. abstract The present article proposes a model of analysis for the reception of artistic texts, from a reflection around the methodologic revision that the German critic Wolfgang Iser did at his moment. We add to these reflections shades of semiotics and aesthetic analyses that the author did not consider in his works. In that sense, the model that sets out here tries to give account of how operates in general the sensible perception and what consequences bring it to the reception processes and reading of art works in the particular way. Key words: Aesthetics Reception, Methodology, Fascination, Iser, Art.
*Doctora en comunicación por la Universidad de La Habana, Cuba. Actualmente es profesora-investigadora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (sni) nivel 1; miembro de la Red de Investigadores en Comunicación (redecom); de la Asociación Mexicana de Investigadores en Comunicación (amic); de la Red Internacional de Investigadores sobre la Frontera; de la Asociación Latinoamericana de Estudios sobre el Discurso (aled); del Programa de Estudios Semióticos (pesuacm); de la Academia Mexicana de Ciencias (amc); del Consejo Editorial de Global Media Journal en español; de la revista Mediaciones Sociales y Comunicación y Sociedad. Áreas de investigación: arte, teorías de la comunicación, interculturalidad, estética de la recepción, semiótica y análisis del discurso.

introducción La Escuela de Constanza, conocida también como la escuela de la estética de la recepción, constituye una alternativa epistémica a la comprensión de los fenómenos de la recepción del arte como instancia de contemplación ya que posiciona su postura desde un enfoque totalmente opuesto que privilegia la actividad lectora del público al tiempo que rechaza el análisis literario desde una perspectiva estructuralista, es decir, fuera de toda relación con la historia y el contexto situacional de la producción y la recepción. Por ello, mediante los postulados de la estética de la recepción no sólo se insiste en el papel de la historia en los procesos de creación y recepción de la literatura, sino en el papel del lector como sujeto consumidor de las obras literarias. Se pasa así de una estética de la producción basada en la actividad creadora del artista a una estética de la recepción soportada y visibilizada en la interpretación imaginativa del lector. Este giro en los estudios literarios —que podríamos llamar sin lugar a dudas pragmático— ofrece, amén de otros acercamientos anteriores, una vía para pensar los procesos de creación-producción y recepción de las obras de arte como procesos comunicativos; en ese sentido, el entendimiento y análisis de una dimensión comunicativa del arte permite a su vez concebirlo desde el punto de vista de la producción como una práctica discursiva intencional, y desde el punto de vista de la recepción como discurso y expresión que dice, o sea, que refiere a algo, habla sobre algo y lo hace para alguien. Dado lo anterior, se considera el hecho de que mediante la obra de arte se pone en relación comunicativa al ámbito de la producciónexpresión y al de la recepción-lectura-apropiación-consumo, de manera que podemos afirmar que, desde una primera instancia, la obra de arte funciona como enlace conversacional entre el autor y el lector, lo que implica al menos dos aspectos insoslayables: 1) que la dimensión comunicativa de la obra de arte se realiza mediante la participación del lector, y 2) que más allá del sentido pragmático de la conclusión anterior, los procesos de lectura y consumo por parte del lector deben estar vinculados a la obra en tanto es ella quien articula la conexión comunicativa entre autor y lector. Como se puede notar, el primero de los axiomas anteriormente mencionados desestima la idea de que los procesos de creación del arte comunican per se, esto es: que los fenómenos propios de la
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expresión que desembocan en lo que denominamos obras de arte no tienen valor comunicativo por sí mismos, sino en tanto un lector las interprete, es decir, en la medida en que éstas adquieran sentido para alguien en alguna circunstancia;1 el segundo axioma, en cambio, postula el sentido mismo de la lógica estética, que es una lógica de la percepción sensible, lo que de suyo incorpora, en tanto percepción, al objeto percibido en la actividad perceptiva e interpretativa del lector. Ambos axiomas han sido trabajados por Wolfgang Iser desde una perspectiva que el propio autor ha denominado antropología literaria, y nosotros, desde un punto de vista más metodológico, hemos llamado en otras ocasiones enfoque inmanentista o esencialista, en oposición al enfoque historicista de Robert Jauss, otro de los autores representativos de este giro pragmático en la comprensión de los fenómenos artísticos. Iser es uno de los representantes más reconocidos de la Escuela de Constanza (cofundador junto a Jauss), y ha resultado ser uno de los teóricos literarios más influyentes del siglo xx. A decir de David Anderson (2000), su teoría de la respuesta estética difiere sustancialmente de las teorías sobre la respuesta del lector porque se enfoca en describir la peculiar manera en que se lee un texto de ficción, considerando que en el proceso mismo de lectura el lector se enfrenta a la presencia de ciertos vacíos de información provocados por el texto que le demandan el despliegue de su capacidad imaginativa. A partir de lo anterior, queda claro que la teoría de la respuesta estética de Iser tiene dos puntos de partida: el primero se refiere a la capacidad humana de ficcionalizar, y hunde raíces en la antropología, la psicología y la hermenéutica; y la segunda, más a la mano con el tema que nos interesa tratar en este artículo, se refiere a la condición estética del arte para provocar o estimular dicha respuesta. Este último aspecto es el que se propone aquí como punto de partida para ser pensado desde la comunicación, lo que nos lleva directamente a intentar comprender qué atributos o propiedades posee el arte, incluso en correspondencia con otros eventos del mundo social, para volverlo capaz de provocar y estimular la competencia de crear ficciones o imaginar mundos posibles (Bruner, 2001), y bajo qué condiciones estos atributos pueden activar su dimensión comunicativa en aras de ofrecer una respuesta a la puesta en relación entre autor y lector mediante la obra.
Este punto de vista es deudor de los enfoques sistémicos en comunicación liderados por Palo Alto a mediados del siglo pasado.
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breve semblanza de la teoría de la respuesta estética de wolfgang iser Según Angélica Tornero (2007), el legado de Wolfgang Iser exploró el espacio entre texto y lector, dotando así de una naturaleza intrínsecamente comunicativa a su fenomenología de la lectura. A partir del concepto de recursividad, comenta la autora, Iser centró su trabajo en la problemática de la interpretación mediante el concepto de interfaz, lo que colocó el énfasis en la relación lector-texto, y no en los extremos del proceso, tal y como lo hizo la teoría de la recepción (lector) y la teoría estructuralista (texto) cada una por separado. Si bien para el crítico alemán el texto de ficción 2 no proporciona información al lector —sino más bien que es éste quien a través de su actividad interpretativa convierte al texto en algo que dice—, su concepción del texto como espacio de mediación del sujeto consigo mismo, es decir, como un vehículo de acceso a la condición humana del ser —posicionamiento que justamente le gana un espacio dentro de la antropología literaria 3— hace del texto el punto de partida de la interpretación del sujeto. Ello se debe a que para Iser (1987) la recepción e interpretación de un texto literario no se da a partir del texto mismo, sino de una representación mental que hace el sujeto de él; de tal manera que el lector, para poder representarse esta especie de texto virtual, debe entrar en una relación comunicativa con el texto real. En ese sentido, la representación del texto —que, como ya vimos, convierte al texto real en un texto virtual, es decir, recreado (o construido) por la mente del lector a partir de sus expectatiEs preciso señalar que cuando Iser habla de un texto de ficción se refiere a la ficción que construye la literatura. Por eso, para este autor, un texto de ficción es en esencia un texto literario; para nosotros esto resulta relevante toda vez que nos permite ampliar dicha nomenclatura a la de texto artístico u obra de arte, que es la forma genérica a través de la cual nos interesa abordar la temática de la recepción estética.
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Dentro de lo que podemos llamar literatura antropológica, el trabajo de Iser se vincula estrechamente con cuestiones sobre la alteridad y la interculturalidad. Las fuentes de inspiración del crítico alemán se hallan en la fenomenología trascendental de Husserl y la teoría narrativa de Paul Ricœur; en ese sentido, el carácter hermenéutico y fenomenológico de su trabajo se vincula también, quizá sin quererlo, con las aportaciones de Iuri Lotman sobre la semiótica de la cultura. El concepto iseriano de traducibilidad intercultural da muestra suficiente de ello.
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vas y competencias— exige del lector una participación racional y medianamente intencional. No obstante, para el crítico alemán el texto de ficción es siempre un objeto inadecuado, pues además de su participación racional e intencionada, también exige del lector una participación interpretativa de carácter imaginativo. Explicamos: el texto inadecuado es, según Iser, un texto que no se adecua a las expectativas del lector, es decir, que puede ser muy polisémico o multirreferencial, o simplemente que no ofrece toda la información al lector, lo que no sólo demanda su participación a la manera de los medios fríos de McLuhan, sino que también obliga al lector a imaginar lo que no dice, a elucubrar y especular sobre su significado. Lo anterior precisa que el lector abandone de alguna manera sus expectativas y referencias en aras de comprender ese texto que se le presenta difícil a la comprensión, difícil de aprehender; así, siguiendo las indicaciones que el texto le ofrece en un momento o tramo de su lectura, el lector debe actualizar cada vez el sentido del mismo, verificando, en cada tramo, si el sentido construido para el tramo 1, por ejemplo, es coherente con el sentido construido para el tramo 2, y así sucesivamente. Como se podrá comprender, si un sentido no es coherente con el siguiente, el lector tiene que participar de manera más esforzada para hacer encajar un sentido y otro, y otro, o de plano abandonar la empresa. Mediante este proceso, el lector verá decepcionada su expectativa de lectura cada tanto, teniendo que modificar la siguiente por otra y así subsecuentemente en aras de adecuar o cerrar un sentido al texto. Así entendido, el proceso de lectura resulta un proceso arduo que demanda tanto una participación racional del lector como una imaginativa; este proceso además no necesariamente tendrá que terminar —más bien la conclusión la dará el lector cuando finalice su lectura4 —; de hecho podríamos decir que para Iser (1987) no concluye nunca, pues el hecho de que el texto no ofrezca toda la información, ya sea porque le falte o porque la oculte, hace que el lector no pueda agotar nunca todo su significado.
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Aquí debemos considerar que el proceso de lectura no necesariamente culmina cuando se cierra el libro, sino que luego de leerlo, incluso de manera ajena a todo contexto de lectura en el sentido tradicional del término, la lectura está latente cada vez que el lector hace emerger la posibilidad de cerrar el significado del texto. Podríamos entender esto a partir del paradigma de Jensen, divulgado por Orozco, sobre el hecho de que los procesos de recepción tienen lugar antes, durante y después de la exposición al medio.

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De lo dicho se desprende que el proceso de lectura, según Iser (1987), opera mediante la selección y síntesis de las interpretaciones que privilegia el lector, desechando otras latentes y posibles; de esa manera sesgada y circunstancial el lector elige como pertinentes o significantes algunos de los signos del texto, mientras que otros no los toma en cuenta, y construye con los primeros una o varias representaciones de la obra que le sirven como punto de partida a cada interpretación o cada acto de cierre del sentido. Este proceso es lo que Iser denomina implicación del lector en el mundo de la obra que, como puede verse, es un mundo construido por el lector mismo en su acto de lectura. Como se puede apreciar, si bien esta teoría nos sirve de base para la construcción del modelo de análisis de la recepción estética que nos proponemos elaborar en este trabajo, falta en nuestra opinión una reflexión en torno a la condición estética de la obra de arte en el entendido de que, tal y como lo señala Iser (1987), la recepción de los textos artísticos difiere de la recepción de otros no artísticos por su convocatoria a la imaginación del lector. Aunque el autor no argumenta ni desarrolla una ontología de los textos de ficción, toma como premisa la idea de que el texto de ficción se conforma a partir de estrategias de intencionalidad —o lo que llama el correlato de la conciencia del texto (Iser, 1987: 1989)— basadas en la presencia de vacíos de información que tornan al texto inadecuado, y es justo esta inadecuación la que exige del lector el despliegue de una lectura no habitual, o lo que es lo mismo, una lectura inadecuada. Sin embargo, a pesar de que no lo dice de manera explícita, es claro que para Iser la participación imaginativa del lector durante el proceso de lectura de una obra de arte resulta imposible sin la presencia de ese conjunto de signos que configuran al texto como inadecuado, ya que son ellos los que estimulan los órganos de los sentidos (o los irritan, para decirlo con sus términos)5 para que el sujeto lector los seleccione como pertinentes dada su condición de significantes latentes.
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El concepto de irritación lo toma Iser de Maturana y Varela, quienes plantean la dinámica de la vida natural y social desde una lógica recursiva que permite su constitución como sistema, como red. En ese sentido, la información de la que se alimenta un sistema no se describe en términos de entrada-salida, sino en función de sistemas que irritan a otros que son irritados a su vez en aras de su modificación. Para mayor información se recomienda el texto de los autores El árbol del conocimiento, Santiago de Chile, Edición Universitaria, 1986.

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El proceso de construcción de sentido resultante de dicha selección es lo que Iser define como el carácter estético del sentido, refiriéndose con ello a un efecto de sentido no legitimable referencialmente, pero existente, al fin y al cabo, debido a la presencia de esos vacíos o indeterminaciones que considera como condición para la comunicación (Iser, 1987: 281). De esta manera, a decir de Tornero, los espacios vacíos en los textos de ficción son condición de posibilidad para que el lector los ocupe con sus representaciones (Tornero, 2007: 137),6 haciendo que la dialéctica entre lo dicho y lo no dicho posibilite la comunicación, toda vez que lo no dicho promueve su constitución a partir de los límites de lo dicho mediante la participación o implicación del lector en la construcción del sentido. Para esclarecer la forma en que estos procesos se dan, en los siguientes apartados nos enfocaremos a reflexionar justamente en torno a los vacíos de información de los textos de ficción (obras de arte para los fines de este trabajo) con el objetivo de ofrecer una visión más amplia del funcionamiento de esta lógica comunicativa implícita en la participación del lector a partir de lo no dicho. Para ello nos apoyaremos en los planteamientos de Paul Ricœur sobre la metáfora, y de Iuri Lotman sobre la estructura de los textos artísticos. aproximaciones a la condición estética de la obra de arte En La metáfora viva (2001), Paul Ricœur señaló que todo texto literario está construido sobre la relación tensional que establecen algunos de sus términos (o todos) entre sí debido a la presencia de elementos contradictorios que provocan lo que él denomina impertinencia semántica, es decir, inconsistencia del sentido. De este modo quedaba asentado el papel de la metáfora como modo de estructurar el sentido en los textos poéticos a través del aniquilamiento de los sentidos literales del discurso. La metáfora así entendida abría la significación a una realidad no dicha en tanto no referenciada, y obligaba al lector a intentar cerrar o quitar tensión a los términos impertinentes. En ese sentido, la metáfora se instauraba como estrategia, es decir, como acción para un fin.
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El concepto de indeterminación lo toma Iser de Roman Ingarden, pero lo modifica ya que para Ingarden (La obra de arte literaria, México: Taurus/uia, 1998) la indeterminación es sólo lo que no está determinado por ausencia, y para Iser lo indeterminado siempre es posibilidad de ser.

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Dice Ricœur al respecto: “La metáfora es, al servicio de la función poética, esa estrategia del discurso por la que el lenguaje se despoja de su función de descripción directa para llegar al nivel mítico en el que se libera su función de descubrimiento” (Ricœur, 2001: 326). Este planteamiento concuerda con lo dicho por Prada Oropezan Literatura y realidad (1999) para quien el discurso literario es simbólico debido a que su anclaje en la realidad no tiene sentido, de lo que se desprende que el proceso de lectura resulta un proceso de interpretación dinámico, imprevisible y necesariamente inconcluso que, soportado en una lógica antireferencial, permea de actos de imaginación la actividad interpretativa del lector. Como afirma Ricœur (2001), la metáfora, en tanto principio de organización de la promoción del sentido, implica la construcción de un sentido nuevo (imaginar, le llamarían Iser o Bruner), de lo que se deriva que los enunciados metafóricos promueven el sentido gracias a la tensión generada por las inconsistencias o impertinencias semánticas que presentan al interior de su propio enunciado. Ello lo entendemos como fenómeno característico del lenguaje poético ya que, a tenor con lo que señala Lotman en Estructura del texto artístico (1988), el lenguaje poético se estructura en los textos equívocos, es decir, aquellos que presentan un alto índice de complicación para el entendimiento (texto inadecuado según Iser), que es lo que posibilita su reinterpretación (Lotman, 1988; 1999).7 Desde el punto de vista semiótico, lo anterior permite pensar al texto poético o metafórico8 como proposición significante que
Como se puede observar, existe una concordancia entre el legado de Lotman y el de Ricœur, pues para ambos el lenguaje poético es justamente lo que permite producir sentidos nuevos; para Ricœur, a través de la metáfora y el método hermenéutico (Ricœur, 2001); para Lotman, a través del mecanismo del arte que logra “traducir lo intraducible” (Lotman, 1999: 46-47). En cualquier caso, ambos afirman que el conf licto o tensión gestado por la impertinencia del sentido (ya sea por inconsistente y contradictorio (Ricœur ), o por intraducible (Lotman) es lo que produce nuevos sentidos.
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Nótese que llamamos indistintamente texto poético o de ficción a los textos literarios o artísticos en general, y al lenguaje poético, metafórico o de ficción al característico de estos textos. La razón de esta equivalencia no es gratuita; nos proponemos unificar los diferentes nombres que a lo largo del tiempo le han asignado a las obras de arte, partiendo de una puesta en común: el hecho de que sean textos; es decir, que sean sistemas de signos con un significado tejido al interior de su estructuralidad lo que lo hace no sólo inteligible, sino esencialmente comunicativo.

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orienta, mas no determina, la dirección de la lectura y la construcción de las imágenes que figuran como nuevo marco referencialcontextual en el que el lector se parapeta para la interpretación del texto en cuestión, aunque no agota su lectura debido a la posibilidad siempre latente de otras interpretaciones. Es esto lo que hace de la metáfora un vehículo de lo dialógico inscrito al interior de lo no formulado, o quizá sólo de lo formulado de forma diferente, estrechando así lazos con lo secreto, lo opaco y lo ilegible, todos ellos aspectos que por su naturaleza conceptual niegan o cancelan el acceso a lo semejante o conocido. Como se habrá podido notar hasta el momento, la naturaleza de la obra de arte se define en función de la presencia de un enunciado metafórico, que es lo que le otorga justamente su condición estética en tanto que posibilita la puesta en relación comunicativa del lector con ella. No se trata, pues, de aportar argumentos para una ontología de la obra, sino más bien de hacer visible esta condición contingente estrechamente vinculada a la configuración de una tensión del sentido al interior del texto, pero que al mismo tiempo debe ser necesariamente reconocida como tal por el lector. En ese sentido, y en consonancia con lo señalado por Iser en torno al carácter estético del sentido, consideramos crucial la presencia del lector en la apreciación de la condición estética de la obra de arte, toda vez que, como indicaremos a continuación, ésta se hace palpable gracias a él. Acerca de la estesis como sensibilidad y su papel al interior de los procesos cognitivos en la recepción del arte El origen etimológico de la palabra estética proviene de los vocablos griegos αἰσθητική (aisthetikê) —que significa sensación o percepción— y de αἴσθησις (aisthesis) —sensación o sensibilidad—; así, desde su origen, lo estésico se vincula tanto con el conocimiento como con lo afectivo-emotivo. De lo anterior se deduce que al hablar de sensación (sensorialidad-sensibilidad) nos estamos refiriendo a un modo de percepción a través del cual el sujeto aprehende cognitiva y sensorialmente el mundo que le rodea. Wolfgang Welsh, filósofo que se ha ocupado de la superación teórica de la separación entre sensibilidad y percepción, plantea que toda percepción se compone de un régimen de racionalidad que tiene por función intentar establecer y garantizar el orden
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de la percepción misma; se trata de un abanico de racionalidades inmerso en una totalidad desorganizada y confusa por medio de la cual se intenta proveer a la percepción de reglas o criterios para completarla (Welsh, 1998). Para Welsh, lo que sucede con la provisión de este orden perceptual obedece a la integración de ciertas racionalidades y no de unas únicas racionalidades, y su resultado es absolutamente contingente ya que todo proviene de la singular percepción del sujeto en un momento concreto y frente a un objeto o grupo de objetos dado, de manera que, según este autor, razón y racionalidad resultan formas de percepción en un mismo nivel, sólo que la racionalidad capta lo singular y la razón lo general. De esta manera, ambas, razón y racionalidad, ofrecen al sujeto información sobre el objeto a diferentes niveles que tienden a complementarse entre sí en aras de dotar al objeto de sentidos y referencias, e incluso también para organizar la habilidad y disposición del sujeto para percibir sensiblemente al objeto en cuestión. Algo parecido plantea Maurizio Ferraris en su libro La imagi� nación (1999), cuando afirma que entre percepción, imagen, logos y concepto no hay alternativa o contraposición, sino continuidad (Ferraris, 1999: 32), lo que implica que el más mínimo nivel de percepción lleva inscripción, anotación memorística, huella, y, en tanto tal, conocimiento. Lo anterior resulta altamente valioso en la comprensión de los procesos de recepción estética, ya que permite pensar lo captado a través de los sentidos como respuesta emocional, entendiendo por emoción no sólo la respuesta orgánica o química del sistema que intenta recuperar el equilibrio fisiológico roto a partir de la experiencia sensorial de disfrute-aversión, sino también la respuesta semiósica que permite percibir el efecto del sentido en términos de aceptación-rechazo. En consecuencia, podemos afirmar que en la conjunción de ambas respuestas se construye el conocimiento, pues la sola actividad sensible, aunque sin duda presente como condición fisiológica del ser, no puede proveer a la sensibilidad de un régimen escópico o marco referencial para la cognición (esto es lo que Welsh llama régimen de racionalidad e Iser denomina interfaz texto/contexto)9 ni para la emoción propiamente dicha. Es así que, insistimos, ninguna experiencia sensible puede ser pensada fuera de los límites de la cognición, ya que es por medio de
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(Tornero, 2007).

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la percepción que el sujeto acopla o vehicula el sentido que emerge a partir de lo percibido, por lo que se puede afirmar que el sentido siempre está relacionado a ese algo percibido que se torna significante, es decir, susceptible de ser significado precisamente al interior de un régimen escópico preexistente. En concordancia con lo anterior, la percepción, concluimos, siempre es percepción de algo. Otra manera de comprender la relación entre sensación y percepción como gestora de conocimiento tiene que ver con el hecho de que lo que puede resultar significante en un objeto para un sujeto emerge de éste como parte de su proceso sensoperceptivo, que es un proceso natural y humano en tanto constituye su condición misma de existencia vital (todos percibimos de manera natural porque justo es la sensopercepción —la estesis como condición para la vida, diría Mandoki (2008)— lo que nos permite sentirpercibir al mundo exterior y a nosotros mismos. En ese sentido queda claro que lo que emerge como significante en un objeto en la mente del sujeto es justo lo que ata su significación, es decir, el hecho de percibir el color rojo en la manzana implica al rojo como atributo del significado de la manzana, al menos circunstancialmente. Sólo en el caso de que la percepción del rojo en la manzana no varíe como rasgo significante anclamos sentido referencial al color con respecto al sentido de la fruta ya que, por lo general, el significante, en tanto vehículo material que objetiva al signo, al anclarse como propiedad de lo percibido, hace que las formas significantes percibidas se realicen o concre� ten potencialmente gracias precisamente a su valor de cambio, es decir, a la posibilidad de interconexión dinámica, infinita e impredeciblemente dialógica que puede gestar con el sujeto. Como se puede notar, el proceso que hemos descrito con anterioridad aporta información valiosa para comprender la forma en que ocurre la recepción estética ya que como ésta se da a partir de textos inadecuados, los procesos semiósicos y cognitivos que tienen lugar no son despreciables en absoluto; de ahí la importancia de comprender que dichos procesos suceden en una oscilación perceptiva que va del evento estésico (sensación) al evento semiósico (sensopercepción) y viceversa, a partir de lo cual el sujeto transforma al objeto, o a algunos de sus rasgos, en significantes, y con ello construye una representación sobre el mundo más o menos fidedigna a su sentir. Justo eso es lo que Welsh denomina pensamiento estético (Welsh, 1998).
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Sin embargo, como se podrá notar, la conceptualización del pensamiento estético dada por Welsh y descrita por nosotros con anterioridad sirve también para comprender que los procesos de recepción estética no sólo deben ser atribuidos al arte en tanto no son esencialmente distintos a otros procesos sensoperceptivos. Lo que en nuestra opinión los diferencia es precisamente una intensificación de la experiencia sensoperceptiva que se debe tanto a la condición estética de las obras de arte que les impone una dinámica de recepción diferente inscrita en la percepción del arte como objeto inadecuado o metafórico, como a condiciones extraestéticas que guardan relación con los procesos históricos de consumo del arte y otros aspectos del mundo social, a través de los que el arte crea sentido de distinción. Esto último, aunque no forma parte de lo que nos interesa trabajar en este artículo, lo hemos comentado y reflexionado con anterioridad (Romeu, 2011) y se halla estrechamente relacionado con la producción de estrategias discursivas metafóricas, lo que tiene un impacto insoslayable a la hora de comprender el funcionamiento de los procesos de recepción estética del arte en lo particular. En consecuencia, como se habrá podido apreciar, nuestro interés fundamental se halla centrado en la actividad interpretativa del lector durante los procesos de recepción estética que, como ya hemos apuntado con anterioridad, tiende a oscilar entre la búsqueda de referencias al desamparo cognitivo que provoca la ausencia de las mismas, pues es ahí donde se hace necesario el despliegue de la capacidad del sujeto para ficcionalizar o imaginar que es, según Iser (1987; 1989) la actividad desplegada por excelencia en los procesos de recepción estética, y según Bruner (2001) la actividad que realiza el ser humano para explicarse lo que no conoce. En ese sentido, aclaramos, aunque el acto de imaginar o hacer ficción se instituye en ambos autores como capacidad del ser humano, lo cierto es que no en todo momento el ser humano imagina. Imaginar, como afirma Ferraris (1999) es retener lo ausente a través de la reelaboración que de dicha ausencia hace el sujeto por medio de la fantasía. Este esteta italiano parte de las consideraciones de Strawson sobre la imaginación (imaginación mental, imaginación como invención e imaginación como ilusión)10 para
Para mayor referencia consultar la bibliografía referida a Ferraris al final de este trabajo.
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desestimar el carácter de aparición y visión de la imaginación (y por ende la naturaleza pasiva o contemplativa de la misma), recuperando el sentido aristotélico de la imaginación como facultad para retener las formas que recoge del sentido común a través de la percepción y la memoria (Ferraris, 1999: 14) en función de la evocación de imágenes. De esta manera, como se puede suponer, a través de dicha evocación el sujeto reconstruye por medio de la memoria otras imágenes para descubrirlas con otro sentido (Malrien, 1971). Como afirma Rosa Krauze acerca de la imaginación creadora del artista: “cruzando unas imágenes con otras, aproximando realidades diferentes, descubre en cada una de ellas caracteres que antes no había percibido y funda un nuevo modo de aprehender las cosas” (Krauze, 2003: 36). En resumen, lo anterior permite afirmar que la capacidad humana de imaginar o ficcionalizar se activa en el sujeto cuando visualiza o se representa algo de manera intencional, debido a la necesidad que impone a su interpretación la suspensión de lo real o la inaprehensibilidad del objeto desde los marcos mentales y referenciales con los que cuenta el lector; ello, deduciblemente, es justo lo que sucede cuando un lector se enfrenta receptivamente a una obra de arte. Por esa razón, en el apartado siguiente nos encargaremos de reflexionar en torno al tipo de percepción que tiene lugar cuando el sujeto percibe una obra de arte y así mismo percibe la necesidad de aprehenderla cognitivamente. Para ello nos enfocaremos en hacer comprender la relación entre imaginación y fascinación toda vez que entendemos a esta última como causa de la primera y condición para la recepción de las obras de arte.

la fascinación como condición de la recepción de las obras de arte
Etimológicamente, fascinación significa encantamiento, magia, hechizo; no obstante este encantamiento no debe ser atribuido a una propiedad de los objetos, por lo que no hay ni puede haber ningún tipo de objeto o evento fascinante más allá de aquello que el sujeto perciba como tal. En el entendido de que sólo el sujeto siente o percibe, sólo el sujeto puede aprehender fascinantemente. Ahora bien, ¿cómo se da esta experiencia de fascinación? ¿Bajo qué condiciones un objeto puede ser percibido como fascinante?
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¿Qué relación comporta este tipo de percepción con la imaginación? Todas estas preguntas intentarán ser respondidas en este apartado con el objetivo de hacer explícita no sólo la fascinación como experiencia sensoperceptiva del arte, sino también como experiencia diferencial de recepción de las obras de arte. La fascinación guarda una estrecha relación con la seducción en tanto provee a la experiencia de un modo de captación sensorial subyugante e impostergable. La presión que ejerce este tipo de experiencia sensoperceptiva, que hemos llamado seducción, debilita la voluntad e inmoviliza la razón, conminando necesariamente al sujeto a transgredirla, es decir, a liberarse de la razón al tiempo que liberarse de él mismo. Para decirlo en términos de Bataille (2007), la transgresión es un estremecimiento de la sensibilidad. A tenor con lo anterior y en el entendido de que la razón conmina al orden, hemos de asumir que la transgresión lleva al sujeto a las puertas de lo caótico, lo multiforme, la totalidad. Sin embargo, esta pretendida fusión con la continuidad natural que toda transgresión supone no puede darse del todo, ya que el sujeto fascinado o seducido siempre es un sujeto que sabe, que conoce el mundo y ha experimentado los límites de su sí mismo en función de ese mismo conocimiento; de ahí que la fascinación, aún siendo lugar de la transgresión, no logre arrancarlo del todo de su individualidad, por más que capture sus sentidos, por más que inmovilice su razón. En ese sentido, creemos que la aprehensión fascinante sólo puede simular la conexión con lo total-natural a través del juego, o sea, a través de una puesta en escena imaginada y gozosa que emerge de la disposición volitiva y la habilidad del sujeto para retener el carácter mágico, extraño y asombroso de la percepción, lo que en nuestra opinión sólo puede ser posible gracias a la invalidación (ya sea natural —desconocimiento real—, o provocada —desconocimiento lúdico y circunstancial—) de los sistemas cognitivos preexistentes por parte del sujeto que perpetúa la irritación de los sentidos con fines lúdicos. La atracción que ejerce la aprehensión fascinante del sujeto hacia el objeto, o hacia algunos de sus rasgos, obedece a ello: el objeto percibido como fascinante se percibe inalcanzable porque sólo así el sujeto es capaz de fascinarse. De lo anterior derivamos dos conclusiones primeras: 1) que la aprehensión fascinante resulta de la relación semiósica que el sujeto mantiene con el objeto en tanto lo percibe extraño, mágico
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e inalcanzable, y 2) que dicha percepción se arraiga en el modo peculiar en que percibe el sujeto el valor significante del objeto o ciertos aspectos del mismo. En ese sentido, como se podrá apreciar, el objeto es dotado por el sujeto de cierto potencial dialógico11 en tanto lo percibe fascinante como portador de un secreto.12 La búsqueda del secreto no sólo intenta reconectar al ser con la totalidad, sino también que lo hace imaginar para poder hacerlo en una acción de lectura que sumerge al sujeto en el objeto y lo compromete emotiva e intelectivamente a involucrarse con él para conocerlo. El sujeto lector, en su intento por descubrir el secreto, o como dijera Ingarden (en Iser, 1997: 222), por completar los vacíos que a partir de las articulaciones inteligibles en la configuración material del objeto logra entrever el sujeto, entra en relación dialógica con el objeto, involucrándose con él. Así, involucramiento y relación dialógica forman parte de una misma actividad indagatoria, hermenéutica, en la que el sujeto pregunta al objeto sobre su secreto, y éste le responde desde la inteligibilidad que provee su configuración material. Como se podrá notar, esta actividad del sujeto que hemos descrito como diálogo le permite ir construyendo patrones de percepción sobre el objeto en la medida en que su actividad indagatoria e interpretativa le posibilita construir, por medio del despliegue de su imaginación, representaciones sobre el secreto del objeto. Ello, a su vez, le posibilita al sujeto, simultáneamente, la construcción de conocimiento nuevo sobre el objeto en cuestión que es justo la acción que lo conduce a aprehenderlo a través del proceso de recepción.
Debemos insistir en que este concepto de secreto no indica en ningún caso la existencia de un secreto per se en los objetos y fenómenos que se perciben como fascinantes, sino sólo el hecho de que la configuración material del objeto donde se asienta el significado del mismo resulta nueva para el sujeto. Esto lo hemos expresado en trabajos anteriores sobre la dialogicidad del arte. Para mayor información consultar: Romeu, Vivian (2009). “Indeterminación y construcción identitaria. Reflexiones sobre lo estético como dimensión dialógica de lo sensible”, Análisi, quaderns de comunicación i cultura, núm. 39, Universitat Autonoma de Barcelona, pp. 163-178. Artículo también disponible en línea en: http//:www.raco.cat/index.php/Analisi/Article/view/184494
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Nos hemos basado en el concepto de forma significante de Clive Bell, a pesar de que nos distanciamos de él. Para mayor información, recomendamos consultar “Art as Significant Form: The Aesthetics Hypothesis”, George Dickie et al. (eds). (1977). Aesthetics, a Critical Antologhy. Nueva York: San Martins.
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De acuerdo con lo anterior, y en el entendido de que lo que conocemos como realidad proviene de lo que construimos a través de los patrones cognitivos que vamos incorporando a la red neuronal a través de lo sensorial (Varela, 2005: 71-75), lo cognoscible se convierte así en lo que el sujeto puede conocer, en tanto se adecua a los patrones de percepción que la interconectividad neuronal de los sujetos permite registrar como una especie de codeterminación entre lo que se puede conocer y lo que se conoce (Varela, 2005: 102). Por ello, cuando el sujeto se fascina ante un objeto o fenómeno cualquiera, lo que sucede es que percibe otro sentido en su configuración material a través de un acto natural que le evidencia la configuración de un nuevo patrón perceptivo, mismo que, aclaremos, desde el plano sígnico (que no simbólico)13 el sujeto no puede reprimir, es decir, no puede evitar percibir en tanto forma parte de su condición vital como ser sensible en el mundo. La aprehensión fascinante así entendida constituye sólo un momento de la percepción; se trata de un momento primero, decisor, que hace que el sujeto se enfrente a la posibilidad de desplegar una recepción estética ante la obra de arte, consistente en el despliegue de su imaginación para poder dar un sentido otro a lo que lee.

la construcción de un modelo de análisis para la recepción estética
Como hemos podido observar, de lo dicho con anterioridad se desprenden tres grandes ejes de trabajo analítico. Éstos pueden conceptualizar como tres grandes criterios de los que depende la recepción estética y que pretendemos configuren el modelo de análisis en la materia que aquí se presenta:
Primer criterio: la transformación del sujeto de un ser pasivo a un ser activo implicado en una experiencia sensoperceptiva de tipo fascinante. Segundo criterio: el despliegue de la capacidad del sujeto para percibir en el objeto que percibe como fascinante (obra de
Desde el plano simbólico la emergencia de un patrón perceptivo nunca es nuevo del todo, ya que la razón vinculada a lo simbólico mediante la desestimación de lo puramente sígnico procuraría la emergencia de patrones perceptivos habituales, más afianzados, más reconocibles y cómodos que le informarían al sujeto cómo conocer-significar al objeto que desconoce.
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arte) un secreto a través de su ignorancia o su habilidad y disposición para desestimar los hábitos cognitivos que impiden la emergencia de conocimiento nuevo. Tercer criterio: la competencia del sujeto para sostener un diálogo con la obra, desde una aprehensión fascinante que articule, más allá de su significado, un diálogo consigo mismo.

Los criterios anteriormente descritos se muestran como factores pertinentes para el abordaje metodológico de la recepción estética, partiendo de la posibilidad de que el sujeto tenga una aprehensión fascinante que, como ya hemos indicado, es la condición de existencia de la recepción estética. En ese sentido, nosotros hemos incorporado este criterio como punto de partida de lo señalado por Iser, ya que sin aprehensión fascinante, o lo que es lo mismo, sin percepción de secreto, es imposible a nuestro juicio que pueda haber recepción estética en tanto no podrían percibirse los vacíos de información que hacen posible la relación comunicativa lector-obra de arte. Teniendo en cuenta lo anterior, y el carácter fenomenológico y sistémico que anima la reflexión en torno a la recepción estética, es necesario acotar que el paradigma metodológico del cual abreva el modelo que proponemos es el constructivista, ya que al procurar dar cuenta de los fenómenos de relación entre texto y lector, a partir de la actividad perceptiva-interpretativa-imaginativa del lector, no sólo hace que el papel del lector resulte imprescindible en el proceso de lectura que emana de la recepción estética, sino que el texto como objeto que promueve el conocimiento y la significación a través de la actividad lectora del sujeto también constituye un elemento insoslayable. Desde el paradigma constructivista nos varamos en dos aspectos básicos: en el primero tiene que ver la dependencia del sujeto con respecto del ambiente en que se inserta (Morin, 1994; 1995) que en nuestro caso se reconduce en función de la dependencia del sujeto de la percepción fascinante del objeto que causa su fascinación, y el segundo en torno al conocimiento como actividad adaptativa (Piaget, 1973), lo que en términos de recepción estética implica la búsqueda de la normalización o equilibrio al que conduce la atribución de sentido a lo desconocido o, para decirlo en términos de Iser y Ricœur, la tendencia a la determinación y pertinentización de los vacíos de información de un texto.
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En ese sentido, consideramos que estos dos aspectos que hemos mencionado hacen posible el acercamiento metodológico que proponemos para analizar el funcionamiento de la recepción estética y dar cuenta de los efectos de sentido que resultan de ella, ya que se trata de procesos estrechamente vinculados a la producción de conocimiento in situ que intentan vehicular dicho conocimiento a un fin concreto que, en nuestro caso, es la aprehensión del significado de la obra de arte. Con estas acotaciones, como se verá a continuación (Cuadro 1), el modelo que hemos construido busca evidenciar precisamente lo que sucede en el espacio entre lector y texto, al tiempo que ofrece herramientas de análisis para explicar la forma en que se construye el sentido de la obra.
Modelo de análisis para la recepción estética de las obras de arte

Cuadro 1

criterios
Transformación del sujeto en sujeto activo y no contemplativo.

Aprehensión fa sc inante por par te del sujeto con respecto a un objeto o algunos aspectos de éste.

categorías conceptuales

observables
- Percepción de un secreto o signif icado oculto en la obra o en algunas partes de ésta. - Necesidad emotiva y cognitiva de descubrir el secreto de la obra.

Habilidad y disposición para posibilitar la emergencia de conocimiento nuevo.

Hábitos y esquemas cognitivos desplegados en el proceso de lectura.

- Inva lidación de esquemas mentales y referenciales propios. - C on s t r uc c ión d e nuevos esquemas mentales y referenciales para otorgar sentido a la obra. - Sig nif icado de la obra (temas y subtemas, género). - Imágenes o representaciones construidas a partir de lo anterior.

Competencia del sujeto para el diálogo consigo mismo.

Constr ucción del mundo de la obra a través de la lectura que hace de la misma.

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Cuestionamiento de los marcos interpretativos y esquemas mentales y referenciales propios.

- Cuestionamiento y transformación de las interpretaciones y representaciones construidas sobre la obra. - Inter pelación y transformación de los modos de percepción y cognición del sujeto.

Fuente: elaboración propia

conclusiones La recepción estética del arte es un proceso que reúne aspectos de los procesos de percepción sensibles (que para nosotros también se revisten de conocimiento) y aspectos que, ad hoc con lo anterior, se relacionan con un modo específico, diferenciado de leer las obras de arte. Entendiendo que el arte se legitima como práctica y producto en función de la perpetuación de su distinción como bien simbólico en el campo de lo social (Bourdieu, 1995), sus estrategias de reproducción simbólica se hallan supeditadas al quehacer artístico que se nutre, en tanto práctica campal, de ciertas creencias como lo son el elitismo, la genialidad, la libertad y la innovación; de ahí que la práctica artística intente construir productos (las obras de arte) con secretos y fantasías, pues ello además de que posibilita, desde una lógica productiva, la reproducción de la illusio y el aseguramiento y legitimación de la distinción social, hace que el lector se tope con el arte desde una lógica de la recepción y el consumo que precisa el despliegue de actos interpretativos que deben estar atravesados por la imaginación. En consecuencia, concluimos que el lector o público percibe primero un objeto como fascinante, es decir, como algo raro o extraño ya sea por desconocido o por inaprehensible; luego se dispone, si le place la acción, a desplegar su imaginación para conocerlo a través de los procesos de producción y atribución de sentido, y por último se construye un mundo posible sobre el significado de la obra, que es lo que lo conecta, comunicativamente
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hablando, a ella en aras de comprenderla para saber qué podría decir y cómo accede el sujeto a la construcción de ese significado. Así, como se habrá podido apreciar, la descripción que hemos realizado supone el modo en que funciona la percepción estética y los procesos de lectura que de ella se derivan, por lo que un modelo de análisis que se plantee dar cuenta de dicho funcionamiento tiene que atender tanto al sentido mismo que se construye o representa como a la manera en la que un lector llega a él. Eso es lo que hemos intentado desarrollar en este trabajo a partir del diseño de este modelo metodológico. referencias bibliográficas Bataille, G. (2007). El erotismo. Barcelona: Tusquets. Bourdieu, P. (1995). Las reglas del arte: génesis y estructura del campo literario. Barcelona: Anagrama. Bruner, J. (2001). Realidad mental y mundos posibles. Los actos de la imaginación que dan sentido a la experiencia. Barcelona: Gedisa. Ferraris, M. (1999). La imaginación. Madrid: Visor. Iser, W. (1987). El acto de leer. Teoría del efecto estético. Madrid: Taurus. ———— (1989). “La estructura apelativa de los textos”, en Rainer W. (ed.). Estética de la recepción. Madrid: Visor. ———— (1997). “El proceso de la lectura”, en Mayoral, J. A. Estética de la recepción. Madrid: Arcos, pp. 215-243. ———— (2005). Rutas de la interpretación. México: Fondo de Cultura Económica. Krauze de Kolteniuk, R. (2003). Los seres imaginarios. Ficción y verdad en literatura. México: uacm, Colección al Margen. Lotman, I. (1988). Estructura del texto artístico. Madrid: Istmo. ———— (1999). Cultura y explosión. Barcelona: Gedisa. Malrien, P. (1971). La construcción de lo imaginario. Madrid: Guadarrama. Mandoki, K. (2008). Estética cotidiana y juegos de la cultura. México: Siglo xxi. Morin, Edgar. (1994). Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gedisa. ———— (1995). “La noción de sujeto”, en Fried, D. (comp.). Nuevos paradigmas, cultura y subjetividad. Buenos Aires: Paidós.
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Piaget, J. (1973). Estudios de psicología genética. Buenos Aires: Emecé. Prada Oropeza, R. (1999). Literatura y realidad. México: fce-uvbuap. Ricœur , P. (2001). La metáfora viva. Madrid: Trotta. Romeu, V. (2011). “Arte y reproducción cultural”, Estudio de las Culturas Contemporáneas, vol. xvii, núm. 33, pp. 113-139. México: Universidad de Colima. También disponible en http:// redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/316/31618563007.pdf Tornero, A. (2007). “Las nociones de interfaz entre texto/contexto y texto/lector de Wolfgang Iser”, Revista de Humanidades. Tecnológico de Monterrey, núm. 22, pp. 123-149. Monterrey, México: itesm. Varela, F. (2005). Conocer. Las ciencias cognitivas: tendencias y perspectivas. Cartografía de las ideas actuales. Barcelona: Gedisa. Welsh, W. (1998). “Rationality and Reason Today”, en Gordon D. R. y Niznik, J. (eds.). Criticism and Defense of Rationality in Contemporary Philosophy. Amsterdam: Rodopi, pp. 17-31.

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La televisión como migración cultural en el pensamiento de Carlos Monsiváis

Universidad Autónoma Metropolitana�Xochimilco Universidad Autónoma de la Ciudad de México resumen El objetivo de este trabajo es recuperar dentro de la ensayística del escritor y periodista Carlos Monsiváis algunas de las principales ideas sobre la televisión como fenómeno cultural. Para ello se contextualiza la relación entre modernidad, sociedad de masas y televisión dentro de la historia cultural mexicana del siglo xx. En cuanto la metodología, hemos seguido el sistema de un trabajo documental al identificar en primer lugar los textos centrales de su biblio-hemerografía sobre la televisión para reconocer los juicios culturales en torno a ésta como concepto y categoría. Rescatamos las principales lexías o unidades de sentido en sus trabajos que rearticulamos en este ensayo académico como una manera de obtener una reflexividad distinta de lo dicho por Monsiváis sobre la televisión. Mediante ello, reconstruimos parte del fenómeno socio-histórico de la televisión en la segunda mitad del siglo xx en México. Y, finalmente, llegamos a la conclusión de cómo en sus diversas intuiciones y ensayos se cifran elementos para pensar los rasgos y características de la modernidad cultural en México como un conjunto de procesos desiguales, con distinto nivel de efecto, consistencia y visibilidad. Palabras clave: Historia cultural, Televisión, Modernidad, Tradición, México, Cultura como migración, Monsiváis.

javier esteinou madrid*

tanius karam cárdenas**

* Correo electrónico: Javier Esteinou Madrid: jesteinou@gmail.com ** Tanius Karam Cárdenas: tanius@yahoo.com

presentación
La presencia de la televisión es uno de los fenómenos tecnológicoculturales que más contribuyeron a cambiar la historia mental y emocional del siglo xx y principios del nuevo tercer milenio en México. Dicho hecho favoreció sustancialmente la creación del suceso de la “videovida” en nuestro país que transformó la existencia cotidiana de los mexicanos y del funcionamiento de muchas de las instituciones centrales de la sociedad en las últimas 6 décadas en la república. Es por ello que resulta central examinar esta realidad desde múltiples ópticas conceptuales para poder comprender con mayor claridad los alcances de esta moderna mutación cultural que ha atravesado con mucha profundidad la estructura de la nación contemporánea. Dentro del conjunto de estudiosos coetáneos sobre el fenómeno de la televisión mexicana destacan por su agudeza, originalidad y lucidez las aportaciones expuestas por el escritor Carlos Monsiváis a través de sus diversos ensayos, artículos y textos que elaboró sobre tal temática. La obra analítica de Monsiváis y sus contribuciones para el examen del impacto de la televisión en México no partieron de un trabajo con un respaldo cuantitativo de datos o con el empleo de referencias estadísticas sobre esta temática, sino que sus apreciaciones surgieron fundamentalmente de la exposición concatenada de múltiples sentencias lúcidas, oportunas y penetrantes sobre el funcionamiento de la televisión en la sociedad mexicana. En este sentido, sus pensamientos y juicios sobre el peso de la televisión en la cultura y la vida nacional se elaboraron a partir de sus percepciones individuales más que de sustentos numéricos, y mediante grandes síntesis intelectuales tejió sus discursos conceptuales específicos que desnudaron críticamente la realidad de la televisión en el país. En cuanto a los enfoques de los que ha sido objeto la obra de Monsiváis, a ésta se le ha examinado principalmente desde los estudios literarios y latinoamericanos. La relación culturacomunicación ha sido parcialmente considerada, particularmente en el caso de la televisión; esto se refuerza por el hecho de que los estudios de la obra de Monsiváis se han centrado en análisis retóricos. En el caso de la comunicación, existen tesis y trabajos orientados sobre todo a su labor como cronista, periodista y a sus textos culturales sobre cine; y pese a la emergencia de los estudios
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culturales, creemos que su acercamiento sigue siendo marginal y disperso, particularmente en lo que se refiere a la trascendencia de las industrias culturales (Karam, 2008: 141-166). Es por ello que resulta relevante examinar la concepción de Monsiváis sobre el papel que desempeñó la televisión en la construcción de la historia cultural, la urbano-popular y la nacional durante el siglo xx y principios del siglo xxi en México. Su visión analítica contribuyó a entender de forma original algunos rasgos de la relación que se teje entre cultura y televisión desde parámetros menos abordados, y ayuda a descubrir otras alternativas que permiten recanalizar el proyecto cultural de la república por otros senderos que posibilitan contar con un universo cultural más rico para el futuro de las comunidades mexicanas. De aquí la importancia de rescatar con mayor sistematización en la obra intelectual de Monsiváis la incidencia histórica de la televisión sobre la formación de la cultura nacional en el país. Estamos conscientes de que el rescate organizado del pensamiento intelectual de Carlos Monsiváis en el ámbito de la vinculación cultura-comunicación, particularmente en la esfera audiovisual, es una tarea muy relevante que contribuirá a enriquecer sustantivamente con otro horizonte imaginario el proceso de reconstrucción del futuro modelo de desarrollo cultural y comunicativo de la sociedad mexicana en el siglo xxi. tensiones entre la cultura, la modernidad y la tradición Una de las contribuciones del pensamiento de Monsiváis, de sus aplicaciones a cierta preocupación cultural por los medios en México se desarrolla en los comentarios, definiciones y descripciones que utiliza para detallar las tensiones de la modernidad mexicana. Si bien dentro de su trabajo como cronista Monsiváis anuncia los avances y concede los beneficios de cierta modernidad, ésta, acota, es incompleta y presenta altibajos; por ello, en muy pocas ocasiones se atreve a conceder enfáticamente el argumento de una modernidad política y cultural en México, al menos en cuanto a declaraciones y textos se refiere. Dentro de su obra, es quizá la escrita durante los años noventa donde podemos observar este debate en desarrollo. Por ese moti99

vo, y debido a la limitación de espacio, centramos nuestra exposición en las contribuciones que Monsiváis hizo a principios de esos años en lo que fue su difundida presentación en el Coloquio de Invierno, (Monsiváis, 1992) y en la que ensaya, dentro de los recursos característicos de su estilo, los conceptos clave de ese diccionario involuntario en el que define su contribución a los estudios de la comunicación, y que enmarca sus infinitas observaciones —más que sólidas tesis—, sobre la tensión entre industria cultural y modernización en México. Tan sólo leer los subtítulos del texto nos da una idea del tratamiento; por ejemplo Cultura: todo lo que usted quiso saber sin necesidad de apagar la tele (1992: 140), o bien La tradición: el espejo diario como museo de la persona (1992: 141). En ambos se revela su actitud irreverente para definir conceptos de fuerte pompa en el discurso académico y cultural mexicano. En la primera definición de cultura, Monsiváis advierte que:
es alternativa o simultáneamente la suma de conocimientos, el modo de vida según la antropología, el repertorio de saberes de cada tema o especialidad (la cultura médica, la cultura de la violencia), lo peculiar a grupos, comportamientos individuales y tendencias artísticas, el acervo nacional a disposición de las grandes exhibiciones, la erudición, lo que fue múltiple y hoy es indivisible, la tarea estatal menor pero irrenunciable (1992: 140).

En cuanto a la modernidad (1992: 144) ofrece varias perspectivas, la referencia histórica de cómo el concepto cambió de vincularse a prestigio, metrópoli, a ser también sucedáneo de utopía. La “modernidad” —comillas obligadas— se vincula con la utopía que revela el mundo tal como lo concibe la clase dominante durante gran parte del siglo xx. Definir “modernidad” como “estilo de vida” sugiere distancia, pero, en el lenguaje de Monsiváis caracterizado por la construcción de esos personajes discursivos a los que simuladamente el sujeto de enunciación cede voz, se genera al mismo tiempo un efecto de cercanía y alejamiento. En su ponencia, Monsiváis explora también “las visiones de la izquierda” sobre la modernidad, que para el autor nunca pudo comprender las transformaciones que implicaba este movimiento y que con frecuencia asocia a lo “peor del capitalismo”, entendiendo, sin muchos matices, términos como progreso, tecnología y desarrollo.
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Dentro de la crítica que Monsiváis hace al pensamiento de cierta izquierda señala que su principal contradicción es la ausencia de autocrítica, los silencios cómplices hacia las distintas formas de autoritarismo que estas fuerzas progresistas desarrollaron en distintos contextos, y que, en una de sus formas más acabadas, se representan en el estalinismo y los campos de concentración en el Gulag. Para Monsiváis, la izquierda no pudo desarrollar un proyecto alterno y siempre mantuvo una actitud más defensiva que reactiva o propositiva. El resultado fue la inmovilidad, la lentitud o el paso de sus reacciones frente a la oleada neoliberal. Quizá por primera vez llame al régimen de Fidel Castro dictadura (1992: 151), pero como evita juicios totales, matiza: “Por un lado tal actitud tiene una base incontrovertible: el bloqueo criminal de los gobiernos norteamericanos; por otra parte, la posición es lamentable: se pospone la crítica urgente en homenaje al extinto mito de la revolución” (1992: 151). Al final de su ponencia, Monsiváis explora el tema de la norteamericanización de la cultura y reflexiona sobre las consecuencias culturales a partir del famoso Tratado de Libre Comercio entre los gobiernos de Canadá, Estados Unidos y México y que entraría en vigor meses después del coloquio. El autor critica la idea de modernizar como sinónimo de imitar a los Estados Unidos. Parodia el discurso seudotécnico del salinismo —presidente al momento del Coloquio de Invierno—y de los nuevos tecnócratas, porque para el ensayista ser moderno es sobre todo parecerlo: “soy moderno porque me he modernizado de una manera moderna, de acuerdo con las instrucciones del Señor Presidente” (1992: 154). Para Monsiváis, la modernidad por decreto es tan nefasta como la mera idolatría de lo tecnológico y financiero, y enumera sus efectos: “promueve la desmovilización política, afirma la desnacionalización económica, implanta hábitos de consumo en clases sin posibilidades adquisitivas, agudiza irracional y grotescamente las distancias entre realidades y deseos” (1992: 154). Monsiváis concluye su presentación con una visión reveladora que remite a una fotografía de Graciela Iturbide que sintetiza el proceso modernizador:
la indígena seri, de espaldas, va subiendo la sierra y en la mano lleva el apartado que neutralizará o vencerá a la soledad: el radio gigantesco. Los defensores de la identidad indígena la censurarán por su predilección, pero ellos no están allí en la sierra, para aliviarle la inmensa monotonía. Por ra101

zones similares a las de la mujer tarahumara, en las etnias las jóvenes abandonan los trajes típicos, y los jóvenes adoptan indumentarias punk o de chavos alivianados. Las comunidades prosiguen, afectadas o beneficiadas (según se juzgue) por la necesidad de acercarse a los núcleos de la modernidad, y todo sigue igual salvo que es muy distinto (1992: 162-163).

Más que un bloque, hemos visto cómo el concepto central (la modernidad) es ese conjunto de aproximaciones, de fenómenos “iguales pero distintos” donde el sinsentido explica los desplazamientos y anticipaciones que los críticos (aludidos indirectamente) no quieren o quizá no les interesa ver. Estamos en los últimos renglones del texto, una enumeración más que define la modernidad, el neoliberalismo, los deseos del tlc: “En la era de las importaciones, de las privatizaciones a ultranza, del mundo unipolar, una predicción es posible: en su gran mayoría, ante el impulso de la americanización, los mexicanos, cada uno a su manera, harán caso del consejo de Sédar-Senghor: asimilar sin asimilarse”. ¿Qué significa esta última paradoja? Enuncia y oscurece en el sentido de que todo examen es inconcluso o saberes cerrados en sí mismos. Pesará en la exposición la imaginación estilística que acumula con una manera de resistencia, de lo que es un distanciamiento ante cualquier actitud triunfadora si por ello se entiende lo que en esta última enumeración Monsiváis ha señalado. modernización cultural y sociedad de masas en méxico Después de que funcionara durante varias décadas el modelo de sociedad mexicana organizado por la ideología nacionalista que conducía el Estado rector posrevolucionario, para Monsiváis, el país entró en una etapa de modernización que fue ampliamente impulsada a partir los años cincuenta. Explica el autor que en este contexto surgió el fenómeno de la sociedad de masas con su apetito consumista, su anti-imperialismo frenado o amortiguado por la colonización, sus incertidumbres, mediaciones y devociones:
Somos muchos, estamos siendo más en este preciso minuto, son inútiles las antiguas fórmulas de apaciguamiento y control, nadie hay que nos retenga en la provincia, el país es una 102

perpetua mudanza y urge que trascendamos cualquier localismo, no tanto para ser universales como para entender por qué no podemos dejar de ser nacionales. Lo que esta sociedad de masas vuelve nítido es la desazón, el odio o el desprecio del México-de-dentro (el privilegio repartido en ondas concéntricas) ante el México-de-afuera (la miseria concentrada con brutalidad, los 30 millones que “sobran”) (1980: 35-36).

Ese proceso de modernización cultural supone mayor reivindicación y participación, aunque también es al mismo tiempo la modernidad de las masas nutridas con Rigo Tovar, la fotonovela Chicas¸ la telenovela Los ricos también lloran. Esta modernidad sobrelleva información contraria: el incremento de universitarios, y el descenso de libros leídos per cápita. Como pocas veces, Monsiváis reconoce la paradoja sin ironía adyacente. A finales de los ochenta hay gente que lee, que aprovecha las ofertas culturales, pero también hay una desproporción entre la explosión del conoci� miento y la intensificación de la ignorancia. Hay más información, pero en la sociedad de masas se agrupa a partir de cierto ordenamiento. Por ejemplo, tras las visitas del papa Juan Pablo ii se reconoce que México es todavía un país tradicionalista.
México es, sin duda, un país donde los proyectos culturales saben su lugar en la lucha de clases. Tales realidades pueden ser (y son) muy evidentes, pero el espejismo de una minoría, numéricamente en expansión, que viaja y lee y se sofistica tiende a mantener en las penumbras de la desidia un hecho clave: […] el feroz desbordamiento demográfico ha solidificado el régimen de explotación volviendo lo que llamamos incultura en una garantía de identidad entre las masas que a las clases dominantes se le presenta como cálida señal de resignación (1980: 35-36).

Con la sociedad de masas se quebrantan los métodos de control, los paliativos, los dispositivos de la ilusión de cambio. “La censura cede bajo presión y el tradicionalismo se congela en vitrinas. Ante el caos urbano, la solución administrativa es la anarquía vigilada. Ante la crisis de valores (apreciable eufemismo si lo hay), lo mejor es renunciar, sin ostentación, a las normas de decencia, a las barreras del comportamiento”. El paternalismo persiste, pero cada vez es menos efectivo. Así se observa una especie
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de “modernidad forzada” que afecta los conceptos de sociedad y nación. Se filtran procesos que advienen un tipo de modernidad: por ejemplo, una conciencia de derechos (frente al nacionalismo anterior, compuesto casi exclusivamente de deberes). En las escuelas y la vida pública esta modernidad (a la mexicana) es sinónimo de negar algunos fatalismos de clase, y se convierte en un país que cuestiona el supuesto genio e inteligencia de las élites gobernantes, en donde se disuelven los estereotipos de femineidad y masculinidad, y se abaten las nociones grandilocuentes de la tradición: la honra, la dignidad, la caballerosidad, el respeto inmanente. Bajo la perspectiva de Monsiváis (1980: 38) la sociedad de masas generó una especie de nueva identidad moderna: un conjunto de eventos no reductibles a las imágenes típicas de la masividad (multitudes en el metro y en la calle, embotellamientos y congestiones de tránsito, diluvio poblacional y hacinamientos). Los efectos de esta modernidad tienen que interpretarse como la red de nuevas realidades y la pulverización de las soluciones y los paliativos clásicos que históricamente dieron las élites criollas, católicas, liberales-mestizas. Al perderse las vías tradicionales de identidad en las grandes ciudades y desaparecer en el campo (como realidad y como noción) con las emigraciones sistemáticas, las antiguas soluciones de continuidad se fracturan casi por completo, y los medios adquieren un nuevo protagonismo impensable para las clases dominantes (y en parte para los propios grupos propietarios). Sin partidos vigorosos que desde abajo difundiesen la idea de nacionalidad como respuesta compartida a la opresión de arriba, las mayorías quedaron libradas a las propuestas de los medios. En una sociedad de masas no se eligen opciones sino respuestas (de sumisión, doblegamiento, parodia y resistencia cultural) ante la única gran alternativa: las formas de diversión que implican la obligatoriedad de un sistema económico, y que buscan fortalecerlo con un método de resignaciones a domicilio. Monsiváis encuentra un ejemplo de estos procesos en lo que considera el mayor happening político-culturalreligioso-social de los años setenta: la visita del papa.
Ya existían poderosamente las reservas de la fe, pero no estuvo de más la conducción de los mass�media. La prensa, la radio y —sobre todo— la televisión no inventaron el guadalupanismo mexicano pero sí le reordenaron las expresiones verbales, le hicieron sentir que sus creencias estaban a 104

la altura tecnológica de la época y le mostraron —tranquilizadoramente— que la llegada del Vicario de Cristo era a la vez un sacudimiento de la conciencia. (“No hizo igual con ninguna otra nación”) y un show susceptible de comerciales (“Bancomer se complace...”) (1980: 37).

de la televisión como migración cultural Monsiváis fue un ensayista que dedicó textos muy sugerentes para la caracterización de los medios y las industrias culturales cercanas al influjo de corrientes culturales. Creemos que no pretendió modificar formalmente los códigos para nombrar los medios, pero durante algún tiempo —sobre todo en los sesenta y setenta—, donde predominaba una visión lineal o total para describir la manipulación o procesos ideológicos, sus notas, artículos y ensayos fueron una voz original para difundir los complejos procesos culturales e históricos de los medios en nuestro país. Parte de la crítica que Monsiváis elaboró contra el campo académico quizá se deba a las visiones estereotipadas e hipercríticas de un tipo de saber académico que en lo conceptual no incluía los matices necesarios, no ya para moverse en la vieja dicotomía apocalípticos e integrados, sino una visión que permitiera ver a la comunicación de masas como un tipo de práctica socio-cultural compleja que es simultáneamente industria, poder e ideología, pero que también es fuente de placer, aprendizaje, sociabilidad y entretenimiento. Es ya un saber compartido y aceptado desde hace más de veinte años que los medios masivos (prensa, cine, radio y televisión) son instancias que posibilitan ciertos procesos, pero no los determinan. Ahí radica la célebre tesis de Martín Barbero, en el sentido de que la comunicación es una cuestión de mediaciones y no de medios, en donde este término implica complejizar los procesos colectivos, vincular la comunicación social con la vida cotidiana, reconocer los estatutos para redefinir los procesos populares y, en suma, entender de otra manera las relaciones entre conocimiento e información, medios y vida cotidiana. Hay que señalar que desde la crónica, la reseña televisiva, la no ficción y el ensayo literario, ya se describía el lenguaje de los medios, y los vínculos entre la cultura popular y los medios que Williams llamó “componentes residuales”, o las intertextualidades entre los mensajes y las tradiciones culturales.
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Una de las ideas más fácilmente reconocibles —sobre todo a partir de los noventa en el ensayo de Monsiváis sobre los medios— es la de migración cultural, en la que insiste en el último apartado de Del rancho al Internet (1999: 131-154), y que reaparece en Aires de familia (2000) y en algunos otros textos. Las migraciones han sido radicales en América Latina, al punto que en distintos periodos inventan o legitiman apariencias, jerarquías, comportamientos, estilos del consumo, escuelas del sentimiento y el sentimentalismo, e idolatrías que poco se recuerdan un lustro después. Estas migraciones no son solamente las grandes transformadoras del gran alcance de las civilizaciones; también se encuentran las dadas por los cambios y relaciones entre las industrias culturales, sus públicos y la vida cotidiana; se trata, pues, de cambios o desplazamientos de hábitos, costumbres y creencias. Los migrantes culturales, señala Monsiváis, son vanguardias, ya que al adoptar modas y actitudes de ruptura abandonan lecturas, devociones, gustos, usos del tiempo libre, convicciones o apetencias. La idea de migración permite estudiar las tensiones en ese otro gran tema que tanto le ha interesado: las oscilaciones entre lo fugaz y lo perenne. Por ejemplo, cómo se fue modificando el gusto y las creencias en un país vertical y sentidamente homogéneo como el que describe en Del rancho al Internet (1999: 131-132); de familias como el segundo recinto eclesiástico, del catolicismo como el archivo de axiomas, del analfabetismo generalizado, de la superstición que identifica el título profesional con un rango espiritual superior. Una de las principales migraciones culturales abarcaba los procesos de migración del campo a las ciudades, que incluía lo mismo las razones conocidas (salarios de hambre, desempleo, caciquismo, desastres agrarios, latifundios) que el desplazamiento por el acoso (pueblo chico, infierno grande), la cerrazón del fanatismo o la carencia de toda privacidad. Este movimiento conlleva algo que Monsiváis ha señalado: se trata del viaje de las costumbres que en México, al amparo de la Revolución y del anticlericalismo de los revolucionarios, permite pregonar el amor libre y el desenfado sexual. A estos procesos, Monsiváis añadió otras migraciones culturales, para nosotros centrales, como: las transmitidas por la tecnología; la migración del deseo de cambio, que es básicamente el proceso de apertura temática; la historia de las luchas contra los modos de censura, principalmente en el terreno
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de la moral, pero también —abordado en otros textos— la censura contra la prensa; las migraciones de la nación sentimental, en donde explora el tema de la música y particularmente del rock; las formas del sentimiento; las migraciones del género vinculadas a las transformaciones del reconocimiento de las diferencias y minorías sexuales, así como el conjunto de expresiones vinculadas a la reivindicación de los derechos sexuales; la migración y explosión de credos, que incluye las visiones de lo religioso, pues los vínculos con la trascendencia son motivo de reflexión y análisis, y por último la migración del Internet, al que le dedica algunos párrafos en Del rancho al Internet, y que en otros trabajos no desarrolla, sólo menciona tangencialmente en ensayos y sobre todo en algunas entrevistas. La apertura semántica del concepto migración presenta la desventaja de su amplitud, pero su virtud nos permite agrupar diversos fenómenos que a la manera de un collage obtiene una descripción densa y abierta. De todas las migraciones, en este texto nos centramos en las televisivas. La presencia de la televisión en México generó un profundo cambio cultural en el país, pues gradualmente se convirtió en el epicentro de la formación y movilización de la cultura cotidiana que superó rápidamente la herencia cultural formada en la nación. En poco tiempo, la televisión afina y amplía lo ya conseguido por el cine, la radio, la industria disquera y las historietas, e impone un criterio único de vida contemporánea en todo el país. Entre los efectos de la televisión se genera en el espectador —sin siquiera verbalizarlo— qué es lo actual y qué es lo anacrónico. Para Monsiváis, entre la década de los cincuenta y ochenta la televisión consigue unificar, mucho más de lo que se reconoce, el habla nacional, modificando o suprimiendo entonaciones locales y regionales o imponiendo un vocabulario mínimo derivado de la telecomedia, los cómicos y los locutores; banalizar los espectáculos de acuerdo con el dictamen paternalista: el sentido de la televisión no es hacer pensar sino divertir; constituir el refugio probado contra la alienación del trabajo, del transporte y la política, de la evaporación psicológica y cultural de la realidad económica y política que se consigue con sólo prender un aparato; definir, como en todas partes, la noción de deporte, y la relación del espectador con el deporte profesional y de éste con el sentimiento nacional; negarle a la actividad política su potencial democrático y presentarla como autoadulación
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estatal o como la corrupción o ineptitud gubernamentales —algo ajeno y opuesto al ámbito familiar que exige una condición apolítica—; y ajustar por los buenos oficios del melodrama (la telecomedia) el impulso de la familia (en su versión de clase media) a los requerimientos del individualismo de consumo (1987: 15-16). En su artículo “De la televisión entre nosotros” (2004), Monsiváis propone algunos rasgos de las generaciones de televidentes, dentro de esa tendencia a recuperar centralmente al medio por sus audiencias y receptores en sus dinámicas de interacción y uso. Para el autor, la primera generación de televidentes en México nace, se consolida y se desvanece en el periodo 1952 y 1960. A los espectadores los vuelve con prontitud feligreses ante lo ya experimentado ampliamente en Estados Unidos; el universo de imágenes sorprendentes o reiterativas, de chistes y lágrimas, de gestos que nacen para ser reproducidos fielmente, de implantación (avasalladora) de lugares comunes, de políticos que se desplazan ante las cámaras de los noticiarios como en procesión. En esta primera generación, lo que sobresale es el aprendizaje del fervor, ya que estamos ante la generación del asombro que acepta prácticamente lo que se le da y no pone reparos ante las escenografías de mala muerte, los chistes que debieron ahogarse en la garganta, la ausencia de ritmo televisivo, la solemnidad, los actores y las actrices nonatos y la incompetencia desmedida, aquello que por desdicha —para usar la frase emblemática de la censura— “sí puede entrar a su hogar”. La estupefacción se acrecienta con las transmisiones de futbol, que reinventan el deporte al convertirlo en un hecho casero y al reducir el estadio a las proporciones de la miniatura; también con los noticiarios que mundializan la información (la guerra de Corea o el conflicto de Suez son ya exotismo cotidiano), y téngase en cuenta las telenovelas, como Corona de lágrimas, que trastocan el sentido del melodrama fílmico, al devolverlo a las técnicas del folletín, y su legión de enigmas y episodios climáticos que se suceden unos a otros con tal rapidez que disuelven la memoria. A la generación del asombro le sigue la generación de la rutina entusiasta (1960-1968). Asimilado el shock de la tecnología, el televidente todavía no se considera titular de derechos ante el monopolio televisivo. Ni siquiera se tiene el recurso que el cine posee: ausentarse de las salas, elegir por criterio o intuición. La televisión, un hecho centralizador, es la única diversión a salvo de la violencia urbana, el “contagio moral” y la voluntad de los espectadores.
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La censura de la época es implacable, pero se acepta con algo más que resignación. Mientras se desarrolla el placer por la telenovela, se acentúa la definición implícita de televidente como aquel que acepta lo que le dan. Persisten las series estadounidenses (unas cuantas excelentes, como The Twilight Zone), el humor aún certifica el infantilismo del público, se determina el primer criterio canónico de las telenovelas (las “clásicas”, como Gutierritos, Sim� plemente María, Ave sin nido), y se matiza el pasmo religioso ante la televisión. Ya no se venera lo asombroso, sino lo inevitable. La empresa televisiva más importante en lo político, lo infraestructural y lo social, Televisa, responde a los designios de la era del pri que se extingue el 2 de julio de 2000. Por lo general se agrede a la oposición y se magnifica todo acto oficial. Durante el movimiento estudiantil de 1968 el discurso noticioso vuelve invisibles a los estudiantes y defiende los actos represivos del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, y esto, más que ningún otro hecho, determina el fin de una etapa que surge luego del 2 de octubre como la primera alternativa en forma de duda o reclamo iracundo: “Mienten, las cosas no son así, calumnian, ocultan la verdad, tergiversan”. Eso no deriva en fugas masivas de los televidentes, sino en la pérdida de la confianza absoluta, en el desencanto que se extiende hasta volverse, casi institucionalmente, recelo de los vencidos, no por arrinconado menos existente. La feligresía se vuelve, ya con zonas de excepción, la fanaticada. De 1960 a 1990, el ritmo de la televisión mexicana es constante, poco imaginativo, sujeto a la censura, imitativo a grados de disciplina férrea. Ya no milagro, sino hecho tecnológico, la televisión es lo inevitable: todos poseen un aparato y a éste le dedican el tiempo que, por lo general, antes tampoco se le dedicaba a la lectura. Van surgiendo opciones, canales que compiten con Televisa sin mayor fortuna, y de cualquier manera al incrementarse las opciones se da el salto del monoteísmo televisivo al politeísmo: el monitoreo o zapping resulta muy pronto un ejercicio compulsivo: “A ver qué más hay”. Una constante se asoma en la historia del gusto y la televisión: la intensidad que por periodos alcanzan algunos programas, frases, o dichos, como con los Polivoces (“¡Ahí, madre!”), Héctor Suárez (“No hay, no hay”), Pompín Iglesias (“¡Qué bonita familia!”), Cla� villazo (“De pura uva, nomaaás”), el programa Siempre en domin� go, conducido por Raúl Velasco (“Aún hay más”), el noticiario de
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Jacobo Zabludovsky, el humor “para la chiquillada” de Chabelo y Ricardo González, Cepillín. Para Monsiváis (2004: 63-64) en este periodo, antes de que el proceso selectivo del dvd comience a recoger telenovelas y programas cómicos, no se concibe la revisión metódica de logros y etapas de la televisión mexicana; la crítica sistemática todavía no existe y —en materia de recapitulación— si la suerte de las estrellas se estaciona en el limbo del recuerdo, ya nada les toca a las segundas figuras que luchan por dejarse ver en los programas y en los pasillos de las televisoras: “se me hace conocida tu cara” o “¿qué se habrá hecho aquella muchacha tan guapa que salía en la serie que te gustaba tanto?” Todavía en el año 2000, concluye el autor en este texto, la gran tradición televisiva es el olvido. Imagen eres y en sombra del control remoto te convertirás. Durante décadas, la televisión consolida el cambio en los parámetros simbólicos de la sociedad mexicana. Legitima el culto a Norteamérica como la clave de lo contemporáneo, y que por otra parte hace también de América Latina un mercado cultural apetecible. Lo que habían conseguido los propagandistas de la ideología empresarial lo obtienen las series producidas en Estados Unidos dobladas al castellano: la intransigencia conservadora se quiebra o se arrincona. Entre los sesenta y ochenta al crítico y apologista de la cultura nacional le preocupaba la supuesta norteamericanización de la sociedad mexicana, o, peor aún, lo que por entonces se nombra la “desnacionalización”. Con respecto a ello, señala el autor en los ochenta (1983: 165-166), que la televisión no auspicia la desnacionalización, sino difunde visiones de un México irreal, nación casi norteamericana y casi mexicana, cuyo internacionalismo deriva de su fascinada adopción de las series estadounidenses, y cuyo nacionalismo se nutre de los peores excesos del cine mexicano de los cuarenta. La televisión promueve modelos de vida, los gestos del comportamiento iluso. Pero la desnacionalización es, antes que nada, un fenómeno económico, el resultado de una política de construcción inescrupulosa del capitalismo que pospuso y evitó la formación de una mentalidad estatal y nacional. Contra tendencia apocalíptica, Monsiváis reconoce que a la televisión también se le debe la aceptación de la modernidad sin ninguno de sus verdaderos riesgos y privilegios, la difusión de noticias neutralizadas, la degradación de la comicidad, la entronización de la telecomedia como la última expresión del melodrama.
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Persiste claramente hasta los noventa una cierta tendencia de los sectores populares a la autodepreciación del estilo de vida y del habla. Acepta que solamente hay respuestas generales: al ser casi inexistente la participación de las clases explotadas en los procesos educativos, los sistemas de comunicación sirven a un propósito directo: popularizar las explicaciones de la clase dominante. No hay en absoluto una apología de la pobreza, de los consumidores o televidentes. Refiriéndose a antropólogos urbanos señala cómo los pobres no disponen de una visión crítica de la identidad nacional, y aspiran no a la identificación proletaria, sino a un futuro de consumidor. La conciencia de clase se evapora por la avidez consumista donde lo adquisitivo hace las veces de lo competitivo. En lo básico, esta red de instituciones moviliza el apoyo y la credulidad popular, no tanto para ratificar prejuicios sino para refrendar la estructura misma del clasismo. En varios textos, Monsiváis suele incluir distintas enumeraciones para señalar lo multifacético de los cambios culturales generados por la televisión. Una de ellas la leemos en Del rancho al Internet, escrito en el contexto de la última década del siglo xx, un momento de transformaciones en la relación medio-sociedad-gobierno, donde si bien algunas reglas del juego mediático cambian, otras se intensifican. Aparece en el escenario el fantasma de la globalización y hacen su aparición las nuevas tecnologías con esa estela de procesos que Monsiváis solamente menciona sin profundizar mucho en ellos, aun desde la crónica. En este texto elabora un listado de procesos generado por la televisión. Como en otras enumeraciones, enlista aspectos muy diversos pero complementarios entre sí.
1. Genera una nueva especie, el televidente, progresivamente incapaz de altos grados de concentración, provisto de la vía de escape del monitoreo con atención segmentada y en relación vivísima con los anuncios comerciales. El televidente huye de las responsabilidades del cinéfilo […] y acrecienta visualmente los goces del radioescucha. Pone al día hasta donde es posible a colectividades aisladas cultural o —cada vez menos— geográficamente, lo que a mediano plazo tiene consecuencias extraordinarias al banalizarse los grandes prejuicios y equipararse casi todas las tradiciones con series televisivas […] 111

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Disemina (sencillísimas) fantasías del consumo y reelabora las jerarquías del gusto. Esto implica versiones sarcásticas o desdeñosas de los modos de vida populares, calificados en el mejor de los casos de “pintoresquismo” […] Deja fluir el ritmo de lo contemporáneo, tal y como lo expresan los ecos de la vida en las metrópolis, la industrialización, la publicidad, los delirios comerciales y la desinformación. Se alisan hasta donde es posible las diferencias entre su auditorio (de clase social, de género, de edad, de nivel cultural, de perspectivas políticas), se generan rasgos comunes pese a todo y se impone el ensueño del Público Ideal. Despoja al uso del tiempo libre de todo sentido de finalidad social, familiar, individual. Aproxima a los sectores rezagados a manifestaciones culturales y sociales en un movimiento que, así sea muy superficial, no es menospreciable de modo alguno. Contribuye eficazmente el control demográfico al reducir las horas de ocio fecundante. “Globaliza” al televidente al insistir en la correspondencia de su país con lo internacional, y al familiarizarlo con la diversidad del paisaje. Más que el cine, por el número de horas invertidas la televisión destruye los bastiones del aislacionismo cultural (1999: 146-148).

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Como el caso de los discursos religiosos que fascina parodiar al autor, esa totalidad de la televisión en la vida cultural contemporánea le permite formular exageraciones. En su estilo lleno de paráfrasis indirectas en las que reproduce —siempre con sus palabras— la supuesta intención de los actores sociales que “ensaya” o analiza, resume la que considera el dilema del televidente latinoamericano: “¿Pero qué le vamos a hacer?, vivimos en el tercer mundo porque no tuvimos de otra y la televisión es todopoderosa porque el tercer mundo nada más a eso llega, a las copias y los carnavales pobres” (2000: 213). Así, la televisión libera porque en apariencia nos ofrece posibilidades, pero tiraniza el uso del tiempo libre porque lo que termina ofreciendo es siempre poco.
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Así también, como de hecho en el caso de todas las migraciones culturales, a cierto nivel moderniza, pero en otro, limita o es resultado de ella. La televisión, sin duda aliada de la sociedad de consumo, se arraiga con más vigor en las estructuras o sociedades tradicionales. La televisión también genera un punto de disociación entre lo público y lo privado: ofrece puntos de contacto con el exterior, nos da información diversa sobre ese afuera del que ciertamente se obtienen datos quizá no accesibles por otro medio, pero al hacerlo, radicaliza las dinámicas del dentro, donde está la seguridad, el espectáculo de la familia unida en torno al televisor”. La migración televisiva se describe sobre todo por sus contradicciones, ya que mientras genera la ilusión de acceso a la sociedad de consumo, nada menciona de las posibilidades reales de acceder a ella. La televisión ha acelerado el culto por la sociedad de consumo que de espejismo se transforma en mito. No obstante, por más televisión y canales que el televidente tenga, eso no revierte las regresiones de la migración: vivimos en el tercer mundo, reconoce Monsiváis, y a fin de cuentas el goce único de la televisión se convierte en la consigna del tiempo libre. De alguna manera ella tiraniza también el entretenimiento porque sólo mediante este medio de comunicación las mayorías se asoman irregularmente al mundo desarrollado. Para Monsiváis la necesidad cultural parece imponerse a cualquier determinado emanado de la reflexión sobre la televisión: quien se abstiene de ella no sólo se niega a lo contemporáneo, sino se vuelve anacrónico ambulante (1999: 149-150). A pesar de los matices culturales, para Monsiváis la televisión no renuncia a su papel conservador que exige reacciones preordenadas, bienestares compartidos o el moderado hastío que un cambio de canal soluciona; por eso, le es fácil monopolizar los nuevos ídolos (naturalmente efímeros) y sin esforzarse. La televisión, al masificar cualquier idea o costumbre, las hace cambiar: unas desaparecen, otras permanecen al amparo de la divinidad o del glamour, y las culturas dominadas son golpeadas en sus poderes de convicción y de preservación. Uno de los temas más característicos de la crítica cultural sobre la televisión en México pasa por los comentarios que Monsiváis ha dedicado a las telenovelas. De hecho, dentro de los estudios culturales de la comunicación en México es quizá el gran objeto que entra primero a la investigación académica y luego se hace una línea de trabajo en sí misma.
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En el año 2000, la celebración del cincuentenario de este género y de la televisión misma sirve de marco para que Monsiváis escriba y publique algunos trabajos donde recupera ideas previas y añade otras intuiciones. En varios diarios se reproducen algunos textos de Monsiváis disertando sobre este polémico género que por un tiempo fue el centro mismo de los embates más críticos o paródicos de la televisión como fin de la civilización, y que para el caso de América Latina ha revestido una particular importancia. En el Cinturón de castidad, se pregunta sobre el significado cultural de este género televisivo:
Si fijamos el término cultura de modo antropológico y nos detenemos en las zonas de la vida cotidiana de América Latina, la telenovela ha cumplido funciones primordiales vinculadas al entretenimiento (cómo utilizar el tiempo para hacerse de vidas paralelas), el sentido de unidad familiar, la relación moderna con el melodrama, el intercambio de experiencias presentadas como debate sobre las fábulas, el placer de observar a los vecinos, la adjudicación a seres ficticios de juicios generales sobre la condición humana, el aprendizaje del lugar común (¡sí, también los clichés comenzaron siendo observaciones originales!), la actualización del idioma del melodrama (con todo y gesto, que son las acciones del verbo), el estudio a punto de ser científico de los vestuarios, el apasionamiento o el fastidio disfrazado de cinismo por el más antiguo arte de narrar (2000: 33).

La telenovela ha sido el principal medio por el cual las mayorías retienen una idea del “perímetro de la vida” o el “como Dios manda” de forma no necesariamente religiosa. La telenovela ha sido para Monsiváis ese cinturón de castidad que la moral dominante le impone; es también en un periodo del país (años sesenta y setenta principalmente) la garantía de la buena conducta o la vida familiar. Monsiváis reconoce que sólo de manera reciente, con ciertos cambios históricos del género, se ha ido removiendo esa función de cinturón de castidad. Para comprender los usos de este género hay que tomar en cuenta las encomiendas que asumen o le asumen a la televisión, como son consolidar o modificar los criterios de lo presente y lo pasado; acompañar a los solidarios; evidenciar el retroceso de la sociedad tradicional; convertir los anuncios comerciales en utopías domésticas. Como ha señalado, parte
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del problema en la historia cultural de la televisión es la restricción durante mucho tiempo a su función eminentemente de entretenimiento, sobre todo entre los años cincuenta y setenta, porque el control del Estado sobre la información es total; de la lealtad política depende renovar la concesión a un medio, así el monopolio televisivo se hace aliado fiel del régimen. Una de las principales estrategias de la televisión mexicana ha sido imitar el modelo norteamericano mientras que lo nacional ha sido básicamente la estricta vigilancia de los valores familiares y los compromisos cívicos. Es cierto que Monsiváis describe esa televisión que en la segunda década del siglo xx sólo puede recordar quien la padeció, principalmente las personas mayores de cuarenta años. El antecedente de la telenovela es por obviedad la radionovela. Antes del cine y la radionovela Monsiváis recuerda antepasados distinguidos de este género: la literatura de cordel, la novela de folletín, el melodrama teatral, una parte de la poesía popular, los géneros en donde la aventura sin fin de los perseguidos y la pasión de sufrir resulta parte de la vida doméstica. La radionovela se inicia en los treinta con el gran éxito de Anita de Monte� mar (que luego inevitablemente se convertirá en telenovela). En 1948, Felix Viagnet, músico cubano, transita al melodrama con su radionovela El derecho de nacer, que dará origen a una película y tres telenovelas. El impacto de este género es total: a la hora de su transmisión se suspende la vida laboral y hogareña en varias ciudades de América Latina. Ésta es, por cierto, una historia repetida durante décadas por otras telenovelas en otros países. El tema de El derecho de nacer es ampliamente conocido: se trata de la bastardía, la condición de “hijo natural”. En la radionovela, el juego y la modulación de las voces se convierte en un importante contenido material para establecer la jerarquía de las emociones. La radionovela realiza una especie de adiestramiento que le adjudica rostros y cuerpos, y escenarios a voces y recursos. En la misma época, el melodrama fílmico prosigue la tradición del infortunio, la escuela del comportamiento en situaciones límite. También de los años treinta a los cincuenta, el cine no ceja en su tarea de afirmar a su público dentro de esa nueva religión de la desdicha, donde si algo ocurre “es porque Dios lo quiso”. En la cultura popular todo tiende al melodrama, al horizonte del infortunio. En el cine, el melodrama es la única hazaña al alcance
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de los pobres y los de la clase media; es la puerta de ingreso al protagonismo. Para Monsiváis, en el supuesto de que la vida sea un valle de lágrimas, el melodrama es la oportunidad del turismo lacrimógeno, una especie que ni siquiera el agudizamiento de la modernidad le puede poner fin (2000: 36). Con la televisión dentro de su pretensión comercial, la tentación de trasladar las “virtudes” del melodrama radial al nuevo lenguaje es inevitable. La telenovela aparece en un momento importante. A finales de los cincuenta, la época de oro del cine declina, y con ello se extingue el conductor de los destinos sentimentales y relajientos de un auditorio enorme, dentro y fuera del país. La decadencia de la industria cinematográfica afecta en primer lugar al melodrama, frenado por la censura en su desarrollo. La telenovela llega a ofrecer algunas ventajas con relación a sus predecesores: la posibilidad de que la audiencia coteje, por un periodo de entre tres y seis meses, las agonías y alegrías de un repertorio inicialmente teatral. Monsiváis reafirma que la aportación de la telenovela es innovadora porque la telenovela no es un fragmento de la realidad, sino la inmersión posible en la comedia humana, en atmósferas y personajes a modo de los grandes frescos narrativos del siglo xix. El cine, por diversas limitaciones, solamente ofrecía de vez en cuando esos paisajes sociales que permiten acostumbrarse a los protagonistas. Los personajes de las películas ya no se incor� poran a la familia, son heraldos de las grandes tendencias sociales; pero con la telenovela es distinto. A las masas de no lectores, ajenos por entero a los ofrecimientos de Balzac, Dickens o Payno, la telenovela aporta el caudal de seres reconocibles, temibles o deseables: la novia o novio perfecto, los amigos, los traidores, la familia comprensiva, la malvada o malvado que congrega los defectos y malevolencias del medio social. Aunque sea de manera elemental, para Monsiváis la telenovela facilita a sus frecuentadores considerarse testigos y actores de una fantasía realista, algo agradecible en un horizonte urbano y social que margina sin cesar. En su perspectiva de las últimas décadas, Monsiváis llega a hacer algunas anotaciones complementarias, aunque, como en el caso del cine, pensamos que sus principales contribuciones se dan en los comentarios sociales y culturales a esa historia del medio, o al recuento de sus épocas pasadas. Para el autor, entre 1960 y 1990:
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el ritmo de la televisión mexicana es constante, no muy imaginativo, sujeto a la censura, imitativo a grados de disciplina férrea. Ya no milagro, sino hecho tecnológico, la televisión es lo inevitable: todos poseen un aparato y a éste le dedican el tiempo que, por lo general, antes tampoco se le dedicaba a la lectura. Van surgiendo opciones, canales que compiten con Televisa sin mayor fortuna, y de cualquier manera, y al incrementarse las opciones se da el salto del “monoteísmo” televisivo al “politeísmo”: el monitoreo o el zapping resulta muy pronto el ejercicio compulsivo: “A ver qué más hay” (2004).

En los textos escritos a partir de Aires de familia sobre la televisión, Monsiváis aborda otros asuntos de una televisión, un público y una industria que empieza a migrar del modo previo de concebirla. Con éstos parece cerrar los ensayos escritos a propósito de los cincuenta años del medio. También hay algunos textos sobre el tema de la violencia a nivel internacional y nacional a propósito del incremento de este fenómeno. Monsiváis reflexiona sobre la violencia, las nuevas formas, la banalización de los hechos de sangre y la relativa defensa psicológica contra hechos que suceden de manera lejana, en referencia a la guerra de George Bush contra Irak (2003). idea final La perspectiva intelectual de Carlos Monsiváis para adentrarse en el examen del fenómeno televisivo en México es una visión crítico cultural amplia que permite descubrir de manera original desde sus observaciones e intuiciones las estructuras, relaciones, sistemas, dinámicas, intereses, tendencias, etc., que han compuesto dicha realidad cultural durante las últimas décadas en México. Aunque sus aportaciones no provienen de la ejecución del análisis científico sobre tal fenómeno, sus aportaciones esencialistas abren perspectivas para comprender esta realidad moderna en el país como una serie de altibajos y procesos de distinto grado de consistencia, duración y efecto. Es por ello que en el ámbito de la comunicación social resulta muy enriquecedor rescatar con suficiente sistematización el pensamiento disperso de Carlos Monsiváis sobre la realidad comunicativa de la nación. De lo contrario, se desaprovechará una gran inteligencia que de forma anticipada penetró las entrañas comunicativas del México moderno y se de117

rrocharán sus agudas percepciones para entender de manera más adecuada la cultura de masas y formar otro orden cultural más abierto, rico y plural en México. referencias bibliograficas Karam, T., (2008). “Carlos Monsiváis y el campo académico de la comunicación: interacción y sentidos”, en Rebeil Corella, M. A. (ed.). Anuario de Investigación de la Comunicación XV. México: coneicc. Monsiváis, C. (1980). “Los de atrás se quedarán. (Notas sobre cultura y sociedad de masas en los setentas) (1)”, Nexos, núm. 26, febrero. ———— (1983). “A lgunos mitos en torno a la televisión mexicana”, Comunicación Social, núm. 11. ———— (1987). “El difícil matrimonio entre cultura y medios masivos”. Chasqui, núm. 22. Quito: Centro Internacional de Estudios Superiores de Periodismo Para América Latina (ciespal). ———— (1992). “Cultura, tradición y modernidad”, en El Día, México, 21 de febrero de 1992, Testimonios y Documentos, pág. 20 y 21. (Conferencia magistral presentada en el Coloquio de Invierno el 20 de febrero de 1992, en el auditorio Alfonso Caso de la unam.) ———— (1999). Del rancho al Internet. México: Biblioteca del issste. ———— (2000). Aires de familia. Barcelona: Anagrama. ———— (2000). “Cinturón de castidad”, Equis, núm. 24, abril. ———— (2003). “Que se lleve su matanza a otra parte que no me dejan la telenovela”, Etcétera, junio. ———— (2004). “De la televisión entre nosotros”, Proceso, núm. 1447, 14 de julio.

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Líneas de investigación emergentes y nuevas categorías conceptuales en el estudio de la recepción televisiva en España
gloria rosique cedillo*
Universidad Carlos III de Madrid

resumen La revisión bibliográfica en bases de datos de revistas especializadas en España hace constatar que, pese a la prolífica investigación que se ha llevado a cabo en relación a los diversos objetos de estudio en el campo televisivo, el estudio de la influencia de los telespectadores sobre la televisión sigue siendo incipiente. No obstante, y considerando el nuevo contexto audiovisual, el determinar en qué medida los telespectadores de manera organizada afectan o pueden llegar a influir en el desarrollo de la televisión, comienza a convertirse en una necesidad inherente en el campo de la investigación de audiencias en la relación sociedad-medios. Palabras clave: Ciudadanos, Telespectadores, Televisión, Usuarios de los medios, Capital social. abstract The bibliographical revision in Spanish data bases of specialized magazines shows that, in spite of the prolific investigation in the television field, the study of the influence of the TV viewers on the television continues being incipient. However, considering the present audiovisual context, it is important to determine to what extent the organized TV viewers affect or can get to influence in the development of the television. This question begins to become in an inherent necessity in the field of the media investigation in the relation: society-mass media. Key words: Citizens, TV Viewers, Television, Users of Mass Media, Social Capital.

*Doctora en ciencias de la información por la Universidad Complutense de Madrid. Profesora (pdi) en la Universidad Carlos iii de Madrid en el departamento de periodismo y comunicación audiovisual. Correo electrónico: grosique@hum.uc3m.es/ gloriarosiquec@hotmail.com

introducción Si bien los planteamientos clásicos que predominaron como principales líneas de investigación sobre la recepción televisiva se centraron durante muchos años en el análisis de contenido y la teoría de los efectos de la comunicación de masas, las nuevas demandas sociales de la investigación apuntan al rompimiento con la huella marcada por la historia del poder comunicativo, que a su vez se vincula con la historia de la investigación de la comunicación de masas y las líneas de estudio hasta hoy desarrolladas (De Moragas: 1981). El cambio en la concepción de receptores y audiencias protagonistas en el proceso comunicativo comienza a fraguarse en el momento en que el mercado audiovisual y los gestores de la televisión constatan la importancia de conocer a todos aquellos que están detrás de la pantalla y quienes día a día mueven el negocio televisivo.1 Más tarde llegaría internet con su nuevo modelo interactivo-participativo para transformar los procesos de comunicación de forma profunda, propiciando un cambio en el paradigma del sistema de comunicación unidireccional, imperante en los medios de comunicación. No cabe duda que la red se ha convertido en una plataforma de despegue para el surgimiento de un telespectador y un usuario de los medios cada vez más activo y más crítico. Ese telespectador que se limitaba a enviar mensajes por telefonía móvil y a participar en las encuestas de los programas de televisión, al día de hoy no ha ejercido verdaderamente un papel activo como agente social en la cadena de valor del sector audiovisual. Por tanto, las demandas actuales en el ámbito de la investigación de las audiencias apuntan a poner el foco de atención en los telespectadores desde su perspectiva como ciudadanos pero también, por la influencia del internet y las nuevas tecnologías, en su sentido más amplio, es decir, como usuarios de los medios de comunicación. Asimismo cabe hacer énfasis en la importancia de acercarse al fenómeno de los grupos civiles organizados en su interés por influir y ejercer sus derechos sobre los medios como agentes sociales partícipes del proceso comunicativo.
En la historia de la investigación comunicativa es y ha sido una constante la preocupación por delimitar las audiencias, saber quiénes son y, sobre todo, qué más son además de telespectadores, de datos estadísticos que sustentan tendencias de preferencias programáticas, horarios de exposición a los medios y perfiles (Orozco, 1996).
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marco teórico Se ha visto que una buena parte de las investigaciones relacionadas con el problema de la influencia social y el impacto de los medios de comunicación durante la última década ha vuelto a girar en torno a las teorías del canadiense Marshall McLuhan (Horrocks, 2004: 12-13), sintetizadas en frases muy influyentes en la mente de los estudiosos de la comunicación y que a lo largo de las últimas cuatro décadas han tenido ocupado al mundo: “la aldea global”, “el medio es el mensaje” y “los medios como extensiones de nuestros sentidos y de nuestras funciones” (McLuhan y Bruce, 1991). Tal vez sin una intención explícita esas ideas apuntalaron la tesis precedente de la omnipresencia de los medios de comunicación de masas, en lugar de considerarlos simples instrumentos tecnológicos de la comunicación que se agregaron a otros ya existentes, por lo que sus efectos sobre los diversos públicos se tendrían que analizar más de acuerdo con los contextos sociopolíticos concretos en que se desarrollan y las inercias que imponen a todas las sociedades los procesos de globalización presentes. Es posible que la base de sus ideas se encuentre más centrada en una preocupación que inició su discusión de manera más temprana en Estados Unidos, en los años cuarenta, y que se refería a una inquietud más sociológica que psicológica y planteada desde el estructural-funcionalismo más que desde el conductismo. Entonces la pregunta central era: ¿cómo se dan los procesos de comunicación en cada situación concreta y qué efectos e influencias tienen en los involucrados en el fenómeno? Berelson (1948) sintetizaba muy bien los descubrimientos que se lograron a partir de aquellas interrogantes afirmando que: “ciertos tipos de comunicación acerca de cierto tipo de asuntos, presentados a cierto tipo de personas, en ciertas condiciones, originan cierto tipo de efectos” (Berelson, 1948: 172).2
Por aquellos años con el paradigma de Lasswell se transplantó a la comunicación masiva un esquema que correspondía, propiamente, al modelo de comunicación interpersonal, es decir, como si el medio fuera una persona y el público otra; bajo ese principio se iniciaron estudios muy influyentes en por lo menos tres áreas del conocimiento: efectos, contenidos y audiencia. No obstante aquella postura psicológica inicial, las primeras investigaciones ponían de manifiesto las influencias mutuas de los contactos personales y grupales en los procesos de comunicación, de tal manera que pronto se desecharon las tesis conductistas de la omnipresencia de los medios (De Moragas, 1981: 40-45).
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Con esto se dejaba de interpretar al público como una entidad amorfa, homogénea, pasiva y desorganizada, para iniciar la investigación de las relaciones entre comunicación, organización e influencia personal (Moragas, 1981: 47). En la medida en que la investigación empírica se realiza, los resultados van poniendo a prueba hipótesis que obligan a reformular las teorías que venían sosteniendo “verdades” científicas, pero que paso a paso van siendo refutadas. De esta manera, se pasa de la idea de la omnipresencia de los medios a la idea de la interacción de los medios con el resto de las estructuras sociales. Este enfoque abre el panorama de las corrientes y enriquece el conocimiento de los fenómenos de comunicación de masas en la medida en que diversas ciencias que se habían desarrollado suficientemente de manera autónoma, se ven atraídas por estos fenómenos que resultan de interés mayúsculo para ampliar su visión sobre la naturaleza de sus objetos de estudio originales.3 Se demuestra que en las sociedades “democráticas” el público selecciona su exposición a los medios de acuerdo con su línea, gustos e intereses, tal y como lo hace hoy el telespectador frente al televisor a través de un mando a distancia que lo transporta, desde la comodidad de su sillón, hasta cientos de lugares y situaciones según la programación que tenga a su disposición, muchas veces contratada como servicio de pago, o a través de la oferta de la televisión generalista cuya señal es abierta. La teoría que se construye a partir de estos descubrimientos invierte los intereses heurísticos de la ciencia de la comunicación. A partir de ese momento se quiso saber cuáles eran las condicionantes que el receptor impone al medio, y lo que el público hace con los medios y sus mensajes, en lugar de estudiar lo que los medios hacen en las audiencias, invirtiendo la tendencia sobre las influencias entre ambos.
Immanuel Wallerstein advierte que en la posguerra las ciencias sociales empezaron a romper la camisa de fuerza del formalismo academicista que las obligaba a mantener una existencia separada unas de otras, y adaptándose a los problemas epistemológicos que ofrecía la realidad compleja se abrieron a la práctica interdisciplinaria, de donde surgieron nuevos campos de investigación como el de las ciencias administrativas, las ciencias del comportamiento y el campo de estudios de la comunicación que se apoyó en la psicología, la sociología, la semiología, la ciencia política, la economía, la lingüística, etcétera (Wallerstein, 2003: 52).
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Entre las posturas teóricas de la comunicación, aparentemente opuestas, pero cada vez más cercanas entre sí, a fines de los años sesenta se destaca un pensador alemán refugiado en Estados Unidos durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, muy agudo e influyente en los movimientos estudiantiles del 68: Herbert Marcuse,4 quien decía que los derechos y libertades que fueron factores vitales en los orígenes y etapas tempranas de la sociedad industrial, se debilitan en una etapa más alta de esta sociedad “perdiendo su racionalidad y contenido tradicionales” (Marcuse, 1973). Marcuse (1973) ya había dejado ver en sus reflexiones el poder que se le confería a la televisión, preguntándose si realmente se podía diferenciar entre los medios de comunicación de masas como instrumentos de información y diversión, o como medios de manipulación y adoctrinamiento que diseñaban la vida del hombre en relación a su trabajo en la sociedad industrial como una forma predominante de control social. En esta misma línea, tal y como afirma Giovanni Sartori (1997), la televisión ha ido convirtiendo al homo sapiens, animal racional, en un homo videns, animal eminentemente simbólico, donde el telespectador está inmerso en una cultura predominantemente visual. Este hecho repercute en las nuevas generaciones donde el “video niño” aprende y se informa a través de la televisión, quedando reducido a un ser reblandecido que no lee, sólo ve, y que al llegar a la escuela por primera vez ya trae consigo varias miles de horas frente al televisor. A partir del cambio de régimen político sufrido en España se vive un periodo de transición en donde los asuntos centralizados y controlados a nivel estatal comienzan a ser tratados desde los espacios de la sociedad civil, lo que Gramsci definía como “la sede donde se forma y transforma la cultura” (Habermas, 1998). Desde esa perspectiva se desprende la importancia de promover una sociedad civil comprometida con su rol e informada sobre las cuestiones que le atañen; una sociedad crítica y participativa, ya que es en ella donde se pueden engendrar los grandes cambios sociales.
Marcuse forma parte de la famosa Escuela de Frankfurt al lado de Adorno, Benjamin, Fromm, Horkheimer entre otros, considerados de una corriente crítica sobre la dominación cultural por la estructura económica (De Moragas, 1981: 71).
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Habermas (1998: 8), por su parte, sostenía que las instituciones, cuando funcionan correctamente, se convierten en un factor de primer orden en bien de la emancipación; de ahí la importancia del asociacionismo como una forma de implicación y compromiso social hacia la propia comunidad, que puede llegar a ser el cimiento de un movimiento que transforme las energías y cambie el rumbo de los acontecimientos en la mejora de alguna problemática común. La esfera pública, según este autor, ya no se plantea como participación directa en el poder, sino como vigilancia y crítica desde la sociedad frente al poder, siendo ésta el lugar en el que se forma la opinión pública, o sea, la voz de la sociedad civil. En esa esfera se moldean las ideas y los ideales, los valores y las expresiones culturales de la sociedad (1998: 9); es el espacio en el que los ciudadanos deliberan acerca de los asuntos comunes, cual ágora griega. Por otra parte, es también en la sociedad civil donde se generan los procesos de legitimación que sostienen la validez del poder político y brindan estabilidad a la actividad económica (Fernández Santillán, 2005: 15). Bourdieu (1974) ofrece una visión sociológica de la estructura social en la que distingue los niveles superestructurales como campos de lucha ideológica que se entremezclan entre sí, en lo particular en el ámbito televisivo, en el que se consolidan y difunden las formas más dominantes de los grupos de poder; él lo define así:
llamo campo a un espacio de juego, a un campo de relaciones objetivas entre los individuos o las instituciones que compiten por un juego idéntico [...] En un campo los que poseen la posición dominante, los que tienen más capital específico, se oponen en numerosos aspectos a los recién llegados, a los que llegaron tarde —en este caso a los telespectadores organizados—, los advenedizos que no poseen mucho capital específico (Bourdieu, 1974: 216).

Cabe hacer referencia que entre los factores que explican el declive de las sociedades participativas se encuentra, en palabras de Putnam (2000), precisamente la televisión, pues afirma que: “más tiempo frente al televisor significa la disminución prácticamente de toda forma de participación cívica y de compromiso social”. Esto remarca la importancia de este estudio y de la trilogía: televisión, participación ciudadana y asociacionismo.
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el desarrollo del capital social de la televisión en España Dentro de su lógica evolutiva, la televisión tuvo como prioridad, en su primera etapa, la construcción del capital físico en un contexto en donde la instalación del equipo, el envío de la señal y la fabricación y distribución de los aparatos receptores sentaron las primeras bases del sistema comunicacional emisor-receptor. Casi simultáneamente, el capital humano se fue desarrollando bajo la dinámica de un medio audiovisual que demandó la innovación y los avances tecnológicos. Todo esto se forjó a través de los profesionales de la radio, el cine y el teatro que comenzaron a experimentar las capacidades del nuevo medio, y que se vieron en la tarea de crear y elegir los contenidos que se debían emitir. Así, de un tejido sociocultural y territorialmente diverso, poco a poco se va creando un capital social mediático, compuesto en su base por asociaciones de padres de familia, grupos religiosos, asociaciones de profesionales de los medios de comunicación y del ámbito académico, grupos de protección a la infancia y a la juventud, entre otros, que emergen frente al dirigismo unilateral de la televisión y de sus contenidos plagados de “telebasura”, para defender sus derechos como ciudadanos�telespectadores5 y tratar de impulsar una televisión alternativa que responda a los intereses reales de la sociedad. En el libro clásico de Almond y Verba Civic Culture (2005), Alexis de Toqueville destaca que la afirmación anterior se respalda con evidencias empíricas extraídas de cinco naciones, llegando a la afirmación de que los miembros de las asociaciones despliegan una mayor sofisticación política, confianza social, participación política y competencia cívica subjetiva. La participación en las organizaciones cívicas despierta destrezas cooperativas, así como el sentido de responsabilidad compartida para llevar a cabo esfuerzos colectivos. Lo que el capital social aporta es la posibilidad de convertir los problemas individuales en colectivos, teniendo como base a los grupos organizados, desde el seno de lo civil, que unen sus intereses para mejorar algún aspecto que repercute a toda la comunidad. Es precisamente aquí donde radica la importancia de estudiar los grupos civiles organizados como nuevos agentes sociales partícipes en el sector audiovisual.
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Para ampliar este concepto consultar el artículo de Rosique Cedillo (2007).

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el estudio de las audiencias en el ámbito televisivo Desde los comienzos de la televisión algunos autores vaticinaron los efectos pasivos que ésta provocaba, pues la contemplaban como un medio que cumplía los sueños y las fantasías de un telespectador al que no había nada que exigirle, y el cual se relajaba frente a una infinidad de imágenes dejándose distraer (Wagner, 1972). Por ello no es de extrañarse que los primeros acercamientos al estudio de la audiencia partieran del hecho de que ésta era el resultado de los efectos que el medio y sus mensajes ejercían sobre ella.6 Así lo constatan las investigaciones realizadas por Lazarsfeld, Berelson y Gaudet (1968), y posteriormente desde la óptica del estructural-funcionalismo con Merton (1949) y Wrigth (1956), quienes centraron sus investigaciones en la concepción de una audiencia fundamentalmente pasiva. En este sentido, los estudios culturales nacerían en contraposición a la idea de dominación de los medios sobre los receptores, apostando por un análisis de la televisión más abierto a la participación activa de la audiencia, en contracorriente con el enfoque que hasta ese momento predominaba en las investigaciones de este campo. En 1959, Katz (1973) fue uno de los primeros en proponer un enfoque distinto en esta materia, considerando que se debía prestar menos atención a lo que los medios hacen con la gente y más a lo que la gente hace con los medios. Bajo esta premisa se fraguó la teoría de usos y gratificaciones (Katz y Gurevich, 1973), la cual se centró en los usos que hacen los telespectadores del contenido de los medios para satisfacer sus necesidades u obtener gratificaciones.7 No sería hasta la década de los sesenta, cuando el telespectador, concebido como masa, se convertiría en el primer punto de análisis en las investigaciones en esta materia.
En sus inicios el telespectador fue considerado simplemente un receptor, un individuo que se posaba frente a un televisor que recibía mensajes unidireccionales e imágenes para consumir en libre albedrío; tal y como lo define Debord (1990): el telespectador es “quien siempre mira para saber la continuación; no actuará jamás” (Debord, 1990: 34).
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En 1973 estos autores identif icaron cuatro tipo de necesidades que los telespectadores buscan satisfacer al momento de consumir los mensajes: integración a nivel social y personal, de evasión o de escape (diversión y entretenimiento), cognitivas (el deseo de estar informado) y afectivas-estéticas, relacionadas con el refuerzo de experiencias emocionales y de placer (Katz, 1973).
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A partir de entonces, el enfoque de la investigación sobre la recepción televisiva comenzaría a flexibilizarse pasando de una comprensión cuantitativa hacia una cualitativa del fenómeno, considerando que los receptores de los medios no eran ni tan homogéneos, ni tan pasivos, ni tan sumisos, y aceptando como relevo el concepto de audiencia para referirse a ellos (Castañares, 2008). En 1979 Umberto Eco se cuestionó el papel activo del telespectador y su posible inf luencia sobre el medio en su libro ¿El público perjudica a la televisión? (De Moragas, 1981: 182). En él se planteaba la necesidad de contemplar al telespectador como un ente activo, formulando así una nueva dimensión dentro de la concepción tradicional del telespectador concebido como receptor. Con esta idea se abriría una brecha para el estudio de las audiencias desde el punto de vista cualitativo, y de sus posibles efectos sobre los medios, un punto de vista que, sin lugar a duda, rompía con los paradigmas de su tiempo. En los años ochenta la corriente de los estudios culturales británicos (Cultural Studies) vuelve a poner el acento en el uso que la sociedad hace de los medios, destacando que más que hablar de audiencia hay que hablar de la convivencia de distintas audiencias, las cuales se conforman de acuerdo con su posición en la estructura social. Por otra parte, Morley y Lull (1996) con sus prácticas cualitativas de investigación social, llegarían a la conclusión de que la televisión tiene distinta significación para distintas culturas. Más adelante, las investigaciones sobre televisión parecerían iniciar un proceso de modernización que terminaría por romper el paradigma de la televisión como institución de dominio a través de la comunicación unidireccional de sus mensajes para asumir la capacidad de acción y retroalimentación por parte de los telespectadores. nuevas categorías conceptuales: masas, audiencias y ciudadanos-telespectadores Primeramente cabe destacar que el término audiencia remite a la concepción de un público que atiende (espera o aguarda) los programas de televisión, por lo tanto cabe destacar la connotación receptiva del término. Esta concepción pone en evidencia el desequilibrio existente entre los vínculos de los medios de comunicación y el hombre, dejando al descubierto la inexistencia
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de una relación de reciprocidad entre ellos, donde prevalece, sólo por una de las partes, la función del emisor imperante (Baudrillard en Mattelard, 1981: 85-86). Otra concepción hace referencia al público como elemento esencial de la democracia; en este sentido, lo público, entendido como opuesto a lo privado, remite a lo notorio, a lo manifiesto, a lo visible. Su raíz latina (publicus) hace referencia al pueblo, como conjunto de personas que participan de unas mismas aficiones, que concurren en un determinado lugar y que se reúnen con algún fin en común (drae). Sin lugar a duda esta nueva concepción de público remite a la idea de participación, la cual va más en concordancia con las más recientes transformaciones que se vienen acaeciendo en la relación entre la televisión y el nuevo rol del telespectador, como usuario polivalente de los medios. Por otra parte, la entrada de la televisión digital y la multiplicación de canales ha dado como resultado audiencias cada vez más diferenciadas y segmentadas. Ello, sumado a las transformaciones en los procesos de comunicación que ha generado Internet, está cambiando el escenario televisivo y el rol que hasta hace poco jugaba cada uno de los agentes involucrados. La cadena de valor del sector audiovisual se ha ido complejizando ante la entrada de nuevos agentes sociales. Por una parte cabe destacar el protagonismo que en los últimos años han cobrado las empresas de telecomunicaciones, así como la función de telespectadores que ejercen un papel más activo como prosumers8 (productores y consumidores de contenidos audiovisuales y de información), pero que también se han vuelto cada vez más exigentes en lo que respecta a su consumo audiovisual, y reivindicativos en la defensa de sus derechos como ciudadanos. Esto los ha llevado a involucrarse más activamente en los temas públicos y a conformar agrupaciones (asociaciones de telespectadores y observatorios de los medios), lo que da muestra de una tendencia al crecimiento del capital social de la televisión. “Un capital social entendido como el conjunto de redes sociales y normas asociativas de reciprocidad, que crean valor en términos individuales y colectivos” (Fernández, Santillán, 2005: 60). Estas transformaciones que se están produciendo en la relación entre los medios de comunicación y la inmersión de nuevos agentes sociales, sin lugar a duda constituyen una línea de estudio emergente en el campo de la comunicación, digna de ser analizada.
Concepto desarrollado por Alvin Toffler en 1980 en su libro: La tercera ola (Toffler, 1980).
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Tal como lo afirma Orozco (1996): las audiencias, además de cifras, son también un conjunto de sujetos sociales que pertenecen a varias instituciones, de las que adquieren sus identidades y sentidos, y que son capaces de organizarse, disentir, cuestionar, manifestarse y constituirse en movimientos y organizaciones colectivas populares para lograr sus metas, como es el caso de las asociaciones de telespectadores españolas9 y quienes buscan definir su propia representación en los medios. Hoy en día se ha impuesto una nueva forma de analizar a la audiencia más allá de la cuantificación del consumo global; es lo que se denomina audiencia acti� va o consumismo activo (Kaplún, 1994; Jaquinot, 1997). Bajo esta perspectiva, el telespectador deja de ser sólo un receptor e interviene de forma activa ante el televisor. Por una parte se reconoce su capacidad para interpretar los mensajes que se le presentan según sus esquemas mentales, pero también se demuestra que esta decodificación depende de la cultura, el nivel educativo, la edad y la clase social del individuo, entre otros muchos factores. Asimismo, es evidente que ante la transformación de la cadena de valor de la televisión el rol del telespectador, también usuario de los nuevos medios, sufre una metamorfosis similar, consecuente con la evolución del medio. Hoy en día, el poder de los sujetos receptores como sujetos sociales forma parte de lo televisivo, por tanto su estudio, desde el punto de vista como ciudadanos usuarios de los medios, cobra mayor importancia. análisis de las publicaciones en revistas científicas Tras la revisión de las bases de datos españolas Dialnet que compila 7 922 revistas; Dice (Difusión y Calidad Editorial de las Revistas Españolas de Humanidades y Ciencias Sociales y Jurídicas), y con base en el índice de impacto de las revistas españolas del área de ciencias sociales en la sub-área de comunicación, In-Recs, el cual engloba a las revistas mejor posicionadas en esta área, y que a su vez son las mejor valoradas por la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (aneca), se ha podido
Tal es el caso de las dos asociaciones españolas más representativas: la Agrupación de Telespectadores y Radioyentes (atr) y la Asociación de Usuarios de la Comunicación (auc).
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constatar que existen muy pocos artículos publicados en revistas científicas que versen sobre la influencia de los telespectadores organizados sobre la televisión, como puede verse en el cuadro 1:
Artículos publicados en revistas españolas sobre el estudio de la influencia de los telespectadores sobre la televisión
Autor Artículo Revista

Cuadro 1

Carmen Fuente Cobo

María Jesús Fernández Torres

“El papel del asociacionismo audiovisual tras la lgca. Las asociaciones de usuarios de los medios como agentes de la alfabetización mediática”. “Ciudadanía activa y alfabetización mediática. El papel de las asociaciones de telespectadores y usuarios de los medios en el nuevo escenario audiovisual”. “La inf luencia de la tele v isión en los hábitos de consumo d e l t e l e s p e c t ador. Dictamen de las asociaciones de telespectadores”.

Icono, núm. 14

C omu nica r. R e v i sta Científica Iberoameri� cana de Comunicación y Educación, núm. 25, 2, 2005. Comunicar, núm. 25. Contrastes. Revista Cultural.

Luis Boza Osuna

Alejandro Perales Albert

“Las asociaciones de telespectadores en la construcción de una televisión de calidad”. “ L a defens a de los derechos de la ciudadanía en su relación con los medios de comunicación. Un movimiento emergente”.

Fuente: Elaboración propia a partir de la información de las bases de datos anteriormente mencionadas.

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A esta lista, y pese a que no se trata de un artículo sino de un libro, cabría destacar un libro brasileño que lleva por título: Suje� to, o lado oculto do receptor 10 (Wilton de Sousa, 1995), en el cual se enfatiza la falta de una comprensión adecuada e integral del telespectador dentro del proceso comunicativo. Lo anterior da muestra de la escasa producción científica en torno a esta línea de investigación, en comparación con la cantidad de artículos publicados en relación a la visión tradicional de la recepción televisiva, al análisis de contenido y a los efectos de la comunicación de masas. conclusiones Ante la fragmentación de las audiencias, el desarrollo de nuevas formas interactivas de comunicación multidireccional convergentes con Internet y la diversidad de soportes de imágenes e información, no es posible seguir hablando de audiencias, sino de usuarios de los medios cada vez más proclives a su concepción jurídica como ciudadanos-telespectadores. A lo largo de la historia de la televisión en España, tal como apunta Orozco (2002): “No sólo los medios cambian, los sujetos receptores también. Ambos se transforman y su apreciación dinámica se mantiene en continuo movimiento, lo que siempre constituye un desafío para la investigación en comunicación” (Orozco, 2001: 23). En el ámbito concreto de la televisión, desde la década de los ochenta vienen desarrollándose diversos grupos que han formado colectivos con una cierta organización, programas de acción, actividades y objetivos con un interés común: el de mejorar la calidad de la televisión en pro de la calidad de la ciudadanía y de hacer valer sus derechos. El paso del telespectador como consumidor al de ciudadano, si bien es una línea de investigación poco desarrollada, en los últimos años comienza a cobrar más fuerza. Un ciudadanotelespectador cada vez más consciente del papel que juega como agente social en la estructura de poder de los medios, que no sólo se conforma con el poder de elegir productos culturales para su consumo, sino de exigir calidad en la búsqueda de su derecho a recibir información veraz y plural, así como contenidos éticos que cumplan con las normativas vigentes referentes a su regulación.
10

“El sujeto, el lado oculto de la recepción”, traducción propia.

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Asimismo, las nuevas demandas sociales, la opulencia informacional y de imágenes están encauzando la investigación de la comunicación a analizar los fenómenos sociales transdisciplinariamente, especialmente en el campo de la sociología y del derecho. Los más recientes conflictos sociales que tienen que ver con la estructura y el funcionamiento de la sociedad han dado lugar a lo que Dahrendorf (1979) denomina grupos de interés. Debido al auge y al desarrollo de Internet estos grupos han cobrado protagonismo como agentes de cambio dentro de la estructura social. El Movimiento del 15m o el Movimiento anti-Bolonia son ejemplos de cómo las redes sociales que se fraguan en el ciberespacio, han coadyuvado a la organización de grupos de interés que actualmente se conforman como sujetos de cambio de las estructuras sociales.11 Gracias al desarrollo de Internet, hoy en día la construcción de la ciudadanía audiovisual es una realidad digna de ser analizada desde las distintas disciplinas del campo de las ciencias sociales. Tal como señala Martín-Barbero (1998): “el tejido de la democracia se hace comunicativamente y ese tejido cada vez más se realiza frente, no detrás de los medios”. Por tanto, es necesario revisar y redimensionar la investigación de las llamadas audiencias desde el punto de vista sociológico-jurídico, como grupos organizados y a su vez como defensores de sus derechos como ciudadanos inmersos en una cultura audiovisual. Unos ciudadanos polivalentes de los medios que no han dejado de ser telespectadores para formar parte del mundo de internet y que, como usuarios, de manera aislada o a través de sus manifestaciones colectivas, merecen la atención de los estudios en este campo. Finalmente, la importancia del estudio de esta línea de investigación radica en el acercamiento al complejo panorama televisivo, en relación a la participación ciudadana de los grupos organizados principalmente en asociaciones de telespectadores que promueven una cultura ciudadana, donde el punto central radica en conocer los canales o las vías reales que tiene el ciudaSi bien Baudrillard (1979) partía de la idea de que “el poder es lo que no puede devolverse, o más exactamente, el poder es de aquel que puede dar y a quien no puede ser devuelto”, hoy internet ha hecho posible que la voz de los ciudadanos pueda ser escuchada en los dos sentidos de la comunicación, pese a los anteriores intentos de la televisión por dar la palabra a los telespectadores en los programas de televisión.
11

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dano para participar y hacer llegar su voz, y por ende, incidir en el medio. Estos grupos civiles empujan al fortalecimiento de un debilitado capital social y a su construcción; este capital social es el que precisamente resulta más importante desarrollar, toda vez que el capital humano y el capital físico son factores ya existentes en el campo de la televisión como parte del proceso lógico para integrar los elementos técnicos, materiales y humanos que hicieron posible la prehistoria de este medio.

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Recepción de ser ies de telev isión norteamericanas en México: Lecturas de aceptación y de rechazo del programa Lost entre jóvenes que habitan en Monterrey, México
beatriz elena inzunza acedo*

resumen Mediante la realización de cinco grupos de discusión entre jóvenes de Monterrey, México, se obtuvieron resultados para comprender las lecturas hechas por las audiencias hacia la serie norteamericana Lost con respecto a tópicos clásicos de los estudios culturales tales como cultura de género, diversidad cultural, estereotipos y referencias intertextuales. Los resultados indican la importancia que tienen las mediaciones individuales de los espectadores en la interpretación de los mensajes y en otorgarle sentido al contenido de la serie. Este trabajo representa una aportación a los estudios de recepción latinoamericanos de series norteamericanas. Palabras clave: Recepción, Televisión, Series, México, Lost abstract Through the conduction of five discussion groups amongst young adults in Monterrey, Mexico, it was possible to explore the audience readings of the American television series Lost, on the classical topics of the Cultural Studies theory such as gender culture, cultural diversity, stereotypes and intertextual references. The results indicate that individual mediations are an important factor within the interpretation process of the viewers, as well in giving meaning to the content of the programmes. This work represents a contribution to the Latinamerican reception studies of American contents. Key words: Reception, Television, Series, Mexico, Lost

* Maestra en ciencias con especialidad en comunicación y estudiante del doctorado en estudios Humanísticos del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey. Correo electrónico: beinzunza@gmail.com

introducción Lost es una serie de origen norteamericano producida por American Broadcasting Company (abc), que a su vez pertenece al conglomerado Disney. Fue transmitida en México a través de los canales de paga Sony Entertainment Television y, posteriormente en axn; en televisión abierta por tv Azteca sólo por un par de temporadas debido a su bajo rating. Sin embargo, su éxito no se debe a los ratings que obtuvo en los diversos canales de televisión por donde fue transmitido, ya que nunca alcanzó los primeros lugares de acuerdo con las estadísticas de Nielsen -ni siquiera en Estados Unidos-, pero sí fue de los programas con mayor número de descargas en internet. La historia inicia cuando un avión proveniente de Sidney, Australia, con destino a Los Ángeles, Estados Unidos, sufre un accidente en una isla desconocida, y así el amplio grupo de personajes interactúan e intentan resolver misterios y disputas. Fue clasificada en el género de culto por sus audiencias, y de aventura, drama y misterio por la base de datos en línea de películas y series de televisión imdb (2012). De acuerdo con sus seguidores en Monterrey, México, que participaron en el presente trabajo, es una serie que requiere ser vista episodio tras episodio con atención exclusiva, ya que cada capítulo revela nuevas pistas para comprender el desarrollo de la historia. Dada esta condición, se eligió como caso de estudio de recepción la serie Lost con audiencias jóvenes entre 20 y 28 años de edad, nivel socioeconómico medio alto o alto (partiendo de la premisa en que requerían televisión de paga o acceso a internet) y que hubiesen visto al menos la primera temporada de la serie. Los objetivos del estudio fueron los siguientes: 1) identificar mensajes hegemónicos y alternativos desde los aspectos de cultura de género (roles y superioridad masculina); diversidad cultural (superioridad norteamericana sobre europeos, latinos, medio orientales, africanos y orientales) y creencias (propagación de religiones específicas); 2) realizar un análisis de personajes (utilizando como base un estudio hecho anteriormente por Pearson (2009)); 3) identificar referencias intertextuales y evaluar su importancia en la propuesta ideológica de la trama; y 4) identificar cómo las observaciones hechas en los primeros tres objetivos han permeado en las opiniones y percepciones de las audiencias de Lost en Monterrey.
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Para la interpretación de resultados, se utilizó la teoría de estudios culturales, tomando como base conceptos tales como audiencia activa (puesto que se utiliza el supuesto en el que, dado que los seguidores prestaban mucha atención al desarrollo de la historia, existe la oportunidad de que haya un pensamiento crítico de por medio); polisemia del mensaje (especialmente en lo referente a intertextualidad, puesto que la serie tiene una gran carga de referencias externas al programa que requieren de un bagaje cultural amplio y a veces especializado, lo cual apelaría a los intereses y conocimientos previos del televidente); y el modelo de Palmer y Hafen (1999) en cuanto a lecturas de aceptación y de rechazo (que se explicará con mayor detenimiento en el siguiente apartado). Las principales limitaciones radicaron en la falta de homogeneidad entre los participantes, puesto que a pesar de que se procuró tener ciertas condiciones para asistir a los grupos de discusión, hubo ocasiones donde algún participante había hecho mucha investigación sobre la serie en otros medios tales como páginas de internet, blogs, wikis, libros, revistas, etcétera; y otros participantes que, al no haber continuado el programa después de la primera temporada, estuvieran en desventaja con respecto a la discusión de ciertos personajes o situaciones. También, el tiempo dedicado a los tópicos propuestos varió de sesión a sesión, de acuerdo con los intereses generales de cada grupo en particular, aunque sí se cubrieron las temáticas mínimas del instrumento que se especificarán en el apartado de método. recepción desde estudios culturales A diferencia de las teorías que precedieron a los Estudios culturales que se caracterizan ahora por ser simplistas o radicales, estos ven con más optimismo a las audiencias, puesto que les adhieren el carácter activo y al mensaje la posibilidad de ser polisémico. Para fines de esta investigación, se partió de la premisa que indica que el mensaje tiene un carácter polisémico. De acuerdo con Fiske (1999), esta noción se define como las contradicciones no resueltas en los textos televisivos, de manera que el espectador pueda explotarlas al darles un significado propio. Específicamente el concepto de intertextualidad cobra relevancia en el estudio de Lost, puesto que el programa cuenta con una carga de referencias externas muy amplia que apela al bagaje cultural de sus audiencias.
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Para la cuestión de recepción, Corner (Livingstone, 1998: 175) propone un modelo de tres pasos en el proceso de lectura del televidente. El primero está en la comprensión, que en el contenido del programa se encuentra de manera denotativa. El segundo, es la decodificación de lo connotativo, que a su vez requiere de procesos de asociación y un determinado bagaje cultural. Y el tercero, se trata de la respuesta y reacción del televidente dependiendo de sus propios contextos o circunstancias personales. Este último paso está ampliamente relacionado con el concepto de mediaciones de Martín-Barbero (1989), retomado por Orozco (1991), que no son más desde dónde se otorga el sentido al mensaje que se está decodificando: instituciones que lo rodean, educación, contexto social, económico, étnico, edad, etcétera. Tomando estos conceptos en consideración, posteriormente se buscó un modelo de categorías para la interpretación de resultados. estirar la teoría: el modelo de palmer y hafen Palmer y Hafen (1999) llevaron a cabo un estudio de recepción de series norteamericanas entre jóvenes de Alemania. Para la interpretación de resultados, propusieron cuatro categorías en las que se pudieron depositar los tipos de lecturas que tuvieron los participantes con respecto a esos programas, los cuales son:
1. Aceptación ingenua. Consiste en aquellas lecturas que no diferencian entre el texto y la realidad. Se refieren a los personajes y a las situaciones del programa como parte de su propia vida. Aceptación sofisticada. El espectador acepta las posturas del texto, pero está consciente de argumentos alternativos. Si bien compara las situaciones con experiencias propias, diferencia la ficción de la realidad. Rechazo sofisticado. El espectador está en desacuerdo con las posturas del programa. De igual manera compara las situaciones con experiencias propias, diferenciando la ficción de la realidad. Deconstrucción. Los argumentos del espectador evidencian su consciencia de que la serie es un producto 140

2.

3.

4.

manufacturado con intereses ideológicos, económicos y políticos inmersos.

Durante la realización de la presente investigación, se obtuvieron resultados que, si bien la mayoría eran compatibles con las cuatro categorías propuestas por Palmer y Hafen en 1999, se agregaron dos más que se consideraron necesarias para establecer un matiz previo al rechazo sofisticado y al de deconstrucción, las cuales se definen de la siguiente manera (Inzunza-Acedo, 2011):
1. Rechazo ingenuo. El espectador está en desacuerdo con las posturas del programa, pero no distingue entre la ficción y la realidad en su discurso. Distanciamiento. El espectador está consciente de la producción que hay en el programa, identificando fórmulas, estereotipos o equipo productor, sin alcanzar a percibir los intereses económicos, ideológicos o políticos.

2.

Además, se agregaron a la modalidad “ingenua” aquellos discursos que no elaboran un argumento para justificar su aceptación o rechazo del contenido. método Inicialmente, se hizo una revisión de temáticas, tendencias ideológicas de la serie, referencias intertextuales y estereotipos (donde se utilizó un modelo de estudio de personajes propuesto por Pearson en el 2009). Para esta parte del análisis, se eligió a los diecisiete personajes principales a lo largo de la serie de acuerdo con su constancia en aparición: Jack Shepard, Charlie Pace, John Locke, Claire Littleton, Boone Carlisle, Shannon Rutherford, Hugo Reyes “Hurley”, Kate Austen, James Ford “Sawyer”, Sayid Jarrah, Michael y Walter Lloyd, Jin Soo Kwon, Sun Paik, Benjamin Linus, Juliet Burke y Desmond Hume. Para la realización del estudio de recepción de Lost en Monterrey, se llevaron a cabo cinco grupos de discusión entre noviembre 2010 y febrero 2011. Se tuvo un total de 28 participantes en las cinco sesiones, y los grupos variaron de 5 a 8 participantes por ocasión. Todas las sesiones fueron grabadas en audio y video, para luego ser transcritas.
141

Como se mencionó en la sección introductoria, las condiciones de participación fueron una edad de 20 a 28 años de edad, que residieran en el momento en Monterrey, México; que fueran estudiantes o graduados de una carrera universitaria; pertenecieran a un nivel socioeconómico medio alto o alto; y que hubiesen visto al menos la primera temporada. La mayoría habían visto el total de los episodios (puesto que la serie tuvo su capítulo final en mayo 2010) para el momento de la sesión, a excepción de dos participantes en dos ocasiones distintas. El instrumento constó de los siguientes tópicos de discusión: rutinas respecto a Lost (canales por los cuales se veía, medios en caso de ser internet, renta o compra de dvd, con quién la veían, si la discutían con algún grupo de amigos específico, si revisaban material de apoyo tal como wikis, blogs, páginas oficiales, revistas, libros, etcétera); opiniones generales (si les gustó la serie y capítulo final, etcétera); contenido que a su vez se divide en 1) percepciones con respecto a la cultura de género, multiculturalidad y creencias, 2) personajes y propagación de estereotipos, y 3) referencias detectadas e intertextualidad; y finalmente un sondeo general de otras series de televisión que seguían en el momento para detectar tendencias, gustos e intereses. Para detonar discusiones sobre algunos de los tópicos del contenido en cualquiera de las tres categorías, se mostraron videos de materiales extras de los dvd y algunas escenas de la serie. resultados. tópicos generales de discusión cultura de género En lo que respecta al contenido de la serie y cultura de género, el programa confirma las denuncias de los Estudios culturales puesto que: 1) de los diecisiete personajes principales que aparecieron a lo largo de la historia, sólo cinco eran mujeres; 2) en general, la mujer es sometida a las decisiones y liderazgo de los hombres; 3) si bien entre los hombres existe una serie de matices físicos en cuanto a complexión, estatura y bien parecer, en las mujeres la estética está universalizada: delgadas, estatura mediana, cabello mediano o largo, entre otros elementos. Sí es necesario reconocer que frecuentemente los personajes de Kate y Juliet (principalmente) participaban en las escenas de acción y eran consideradas líderes
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de opinión, pero ambas finalmente eran sumisas a la autoridad de Jack, Sawyer, John o Benjamin. En cuanto a la recepción, no se discutió mucho la desproporción de personajes femeninos y masculinos, pero sí se habló de los roles que interpretaban:
A: “De hecho las mujeres siempre fueron como que más sumisas… o sea a excepción de Kate, siempre fueron como que asumieron el rol luego luego en una sociedad de…” B: “…de cocina…” A: “…de ay nosotros organizamos esto, o sea de quedarse, y los demás los hombres salir a buscar la comida… o sea, desde el principio asumen ese rol, o sea el rol que se ve en la sociedad normal y todo o sea, a excepción de Kate que su caso era completamente distinto al de todas las demás mujeres, o sea, todas eran las sufridas las que ay…” B: “Kate era un vato”.1 A: “Era un hombre…”

(A: psicología, M, 20; B: periodismo, M, 21)

Este tipo de discusiones usualmente brotó entre las participantes femeninas, sin embargo, el rol alternativo de una mujer activa fue ampliamente criticado por ellas mismas, ya que consideraban que eran actitudes muy masculinas. Los hombres ocasionalmente defendieron al personaje de Kate, puesto que disfrutaban de verla en las escenas de acción. En definitiva, el tipo de lectura fue de rechazo o aceptación, pero ingenua.

diversidad cultural
Lost muestra un grupo protagónico de 17 personajes, donde once son de origen norteamericano. De esos once hay tres que pertenecen a otra subcultura: un chicano y dos afroamericanos (padre e hijo). El liderazgo de las situaciones es peleada entre los mismos norteamericanos: Jack, John y Ben. Los seis restantes son: dos coreanos (un matrimonio), un iraquí, una australiana, un escocés y un británico.
1

Vato es “hombre”, coloquialmente dicho.

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La percepción de los grupos de discusión era favorable hacia esta “diversidad”, puesto que comentaron que daba una sensación de realismo:
“Hugo Reyes, y Ana Lucía, estaban bien, no sé, demostraron mucho lo que era la sociedad gringa ¿no? […] Sí, demostraban mucho la sociedad gringa 2 en el contexto con coreanos, y con negros, y con latinos”. (Economía, H, 28)

Lo cierto es que, en lo que respecta a superioridad ideológica, la norteamericana es aceptada como tal, puesto que los participantes identifican la evolución de los personajes en su proceso de occidentalización. Esto es más evidente con el personaje coreano Jin, quien al iniciar la historia no habla inglés, pero conforme se desenvuelve la narrativa aprende el idioma y se adapta a costumbres contrarias a las orientales, tales como una reducción de machismo (que no permite a su esposa Sun usar escotes o bikinis); la colaboración en equipo (de estar al inicio pescando sólo para él y Sun); y la sumisión incondicional al liderazgo de Jack. Otro ejemplo es la crisis de conciencia que vive Sayid, el personaje iraquí, por haber torturado gente mientras trabajaba en el ejército durante la guerra del Golfo. En general, hubo una lectura de aceptación ingenua hacia este tópico. creencias El tema de espiritualidad es una constante en el relato de Lost, puesto que hace referencias a conceptos del budismo (karma, namasté, dharma); catolicismo (cruces al enterrar muertos, persignación); islamismo (en una versión fanática donde hay suicidas-terroristas); esoterismo (psíquicos, respuestas místicas y horóscopos); o bien, al destino y a la dicotomía del bien y el mal (representado en los colores blanco y negro). Estos elementos apelan, en definitiva, al bagaje cultural con el que contaban los participantes, puesto que les pareció más fácil detectar símbolos del catolicismo (dado que la sociedad mexicana y regiomontana son en su mayoría católicos) y las más evidentes del budismo.
2

“Gringa” o “gringo” es como se les llama coloquialmente a los norteamericanos.

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Si bien todos recordaron que en la escena final hay un vitral en una capilla (con amplia similitud a una católica), con los símbolos de las seis religiones más populares del mundo (catolicismo, budismo, islamismo, judaísmo, hinduismo y taoísmo), no hubo participantes que discutieran el hecho de que el personaje que resuelve el desenlace de la historia se llama Christian Shepard, que traducido literalmente al español significa “pastor cristiano”. De nuevo, en el contenido de Lost la superioridad occidental es, si bien sutil, frecuentemente denotativa. personajes y promoción de estereotipos “Live together, die alone” —Jack Shepard. El protagonista de la serie por excelencia, y por lo tanto se trata de un joven norteamericano bien parecido, médico cirujano exitoso, alto, fornido, de cabello oscuro y de corte conservador; ojos cafés y tez blanca. Su personalidad es muy racional, puesto que busca explicaciones a todo lo que sucede, es líder autoritario (obstinado), y poco expresivo (en lo que se refiere a emociones). Es de los personajes más estables puesto que no varía significativamente en el desarrollo de la historia. Mantiene una relación directa con todos los personajes en algún momento de la narrativa. Tiene luchas de poder con John (razón contra fe), y con Ben (el grupo del avión contra los Otros). La recepción de este personaje es polarizada puesto que hay quienes lo “aman” y hay quienes lo “odian”.
A: “A mí me fastidia mucho Jack, sobre todo con Kate porque se me hacía así como, bien americano, bien soy ‘gringo saver wey’” [asienten]. B: “El wey es un vato americano, se pone a arreglar todo, todo wey…siempre”. C: “Y sabía hacer todo, me cagaba, me caía bien mal”.

A: “Como que es un tipo de liderazgo era bien de… de acción y sin pensar y como que yo lo quisiera más de ‘va ver’…”

D: “Yo creo que Kate y Jack están hechos para que los odies, yo creo…” (A: sistemas computacionales, H, 26; B: derecho, H, 25; C: comunicación, H, 25; D: biomédica, M, 25) 145

“Me gustaba mucho, mucho el personaje de Jack… creo que reunía las características de un líder y pues al final igual y a lo mejor no se queda con Kate y así, a lo mejor por cosas personales pero siempre buscaba el bien para los demás como buen líder… y antes que lo personal…” (Psicología, M, 20)

El estereotipo que representa Jack es el del héroe empedernido, que sí fue detectado por algunos de los participantes y expresado en términos de hartazgo del “norteamericano perfecto salvamundos”, o bien en admiración por personajes que luchan por el bien de una comunidad. En cualquiera de los términos, el tipo de lectura que se tiene con respecto a Jack es definitivamente ingenua, puesto que se traduce en emociones tales como odio o atracción. “You all everybody!” —Charlie Pace. Es un joven británico, guitarrista de rock, delgado, de estatura baja, rubio y con corte juvenil, ojos claros y tez blanca. Al inicio es coqueto, megalómano y representa el estereotipo de estrella de rock puesto que es promiscuo y adicto a la heroína, hasta que se enamora de Claire y se vuelve responsable con ella y con su bebé Aaron. Muere en la tercera temporada como mártir al establecer una conexión en una estación submarina. Su relación con otros personajes es amistosa y de sangre ligera, aunque casi nunca se le ve participando en escenas de acción. La recepción de este personaje es usualmente de aceptación ingenua tanto en hombres como mujeres, puesto que demuestran ternura o afecto a su papel, sin embargo, no trasciende como uno de los personajes favoritos. “Don’t tell me what I can’t do!” —John Locke. Este es un personaje adulto, calvo, fornido, de tez blanca, estatura alta, ojos claros y de origen norteamericano. Tiene una personalidad visceral, puesto que confía mucho en el destino y sus experiencias, más que en argumentos racionales. Es muy persuasivo con el resto del grupo, a pesar de que es considerado como oscuro y misterioso, y es quien provee más conocimientos acerca de caza y supervivencia en la isla. Tiene una fe especial en la isla, puesto que a partir del accidente dejó de ser paralítico.
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En general, es aceptado por los receptores, hasta que muere en el transcurso de la historia y su cuerpo es poseído por “el mal”.
“A mí me empezó gustando mucho Locke, muchísimo, pero creo que luego se desvirtuó un poco, se les fue un poco de las manos el personaje. […] empezó muy bien, empezó como con actitudes muy normales, y de repente se fue como a un lado oscuro, como que demasiado oscuro… […] Los primeros capítulos a mí, por ejemplo, me encanta cómo Locke empieza a crear vínculos como con cada persona. Como cuando le hace a Claire una cuna. O sea con cada uno busca como que un vínculo muy bonito, ¿no? De repente cambia radicalmente, y a mí me sorprendió, y luego me gustaba mucho también pues la lucha de poderes que tenía con Jack…” (Periodismo, M, 27)

El disfrute de este personaje recayó en la competencia hacia Jack, y el disgusto general consistió en cuando dejó de serlo. Los argumentos de los grupos de discusión tendieron hacia una lectura de aceptación sofisticada. “Please don’t give up on us!” —Claire Littleton. Claire es una joven australiana rubia, de cabello largo y rizado, delgada, ojos claros y tez blanca. Es un personaje dulce, que representa a “la damisela en apuros” dado su estado de embarazo avanzado y posteriormente de madre de un bebé. En el transcurso de la historia pierde a su bebé, lo que provoca que se desquicie y se haga un personaje sucio y trastornado. La discusión de este personaje fue poca, y más bien recordada por su relación con Charlie. Esto indica una clara indiferencia de los receptores hacia el personaje, lo cual cobra relevancia cuando se recuerda que ella es una de las cinco mujeres protagónicas de la serie, que no está aportando nada (ni positivo ni negativo) a la representación femenina. “Hate to break it to ya, but the ocean is not going to take your Gold Card…” —Boone Carlisle y Shannon Rutherford. Boone es un joven bien parecido, de ojos claros, tez blanca, cabello castaño y corto, muy proactivo, pero frustrado ante el protagonismo de Jack. Shannon es una joven delgada, blanca, rubia y estatura mediana, muy caprichosa, egocéntrica y coqueta. Ambos
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son hijos de magnates norteamericanos y hermanastros. Representan el estereotipo del “junior” en dos versiones: Boone que es el responsable, trabajador y que disfruta ser visto como un salvador, mientras Shannon es la consentida que consigue siempre lo que quiere. Ambos mueren en las primeras temporadas de la serie. A Boone lo recuerdan como “el guapo” que muere en la primera temporada y Shannon es recordada gracias a su relación con Sayid. De nuevo, se percibe una clara indiferencia hacia estos personajes, ya que hubo sesiones donde ni siquiera fueron mencionados. De nuevo, esto cobra importancia cuando se toma en consideración que Shannon sería otra de las cinco mujeres que no aporta nada a la representación femenina en la historia. “Dude…” —Hugo Reyes “Hurley”. Es un joven chicano3 obeso, cabello largo y rizado, de tez blanca con pecas, ojos cafés y estatura alta. Su personalidad es insegura, nerviosa y miedosa, pero también es el más optimista de los personajes, así como el que sostiene una relación amistosa con todos los del grupo y quien tiene una amplísima carga de cultura popular de cine y televisión. Representa el estereotipo del latino en su modalidad de “nuevo rico” puesto que previo al accidente ganó la lotería, y su madre es quien se encarga de decorar una mansión con objetos de oro de mal gusto y religiosos. De hecho, en un grupo de discusión lo relacionan con otro personaje popular mexicano llamado “Huicho Domínguez”, quien también representa al “nuevo rico” en las telenovelas mexicanas Salud, dinero y amor y El premio mayor. En el caso de este personaje, no sorprende que se le haya dedicado más tiempo de discusión en las sesiones, puesto que es con quien, culturalmente hablando, más se pudieran haber identificado los participantes. Por un lado, hay una crítica al estereotipo que representa:
A: “Sí, pero toda la serie lo trajeron básicamente de mandadero, o sea cuando encontraban comida él era el que cocinaba”. B: “Y era noble… o sea no era el cabrón… no, era el noble”. C: “Ay, como los mexicanos”.
3

“Chicano” es un término para las personas de origen norteamericano con ascendencia latina, en el caso de este personaje, específicamente mexicana.

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(A: derecho, M, 25; B: comunicación, M, 25; C: ingeniería industrial, M, 28)

Pero por otro, hay una aceptación completamente emocional (y por lo tanto ingenua):
A: “Y él era el desahogue… Hugo, porque estaba bien tenso viendo toda la historia, pasaba algo con Hugo y te soltabas, te reías… era como una válvula de escape”. B: “Y lloras con él cuando se enamora [asienten]”. (A: comunicación, H, 26; B: economía, H, 28)

Ambas lecturas se pueden generalizar entre los participantes, y resulta interesante observar que, si bien hay un rechazo sofisticado al rol del personaje, hay al mismo tiempo una aceptación ingenua del personaje en sí mismo. “It belonged to the man I loved… it belonged to the man I killed” —Kate Austen. Es una joven de cabello café, rizado y largo, blanca con pecas, delgada, de estatura mediana y de origen norteamericano. Es la mujer más protagonista de la historia, es audaz, violenta, pero también sensible a su comunidad. Fuera de la isla, era una fugitiva de la justicia por haber asesinado a su padrastro (que, de forma legitimada, lo había hecho por proteger a su madre que era agredida por éste). En cuanto a recepción, sucede algo similar como con el personaje de Jack:
A: “Yo a la que no soportaba la primera temporada era, bueno ninguna, era Kate”. B: “Kate… yo tampoco, Kate era una zorra la verdad [risas] la verdad…”

A: “No hacía más que complicar la vida, y… indecisa, zorra, todo lo que te puedas así de que gghhhh… te lo juro”. C: “¡Pero estaba bien guapa! [risas]”. (A: contaduría, M, 23; B: comunicación, H, 25; C: sistemas computacionales, H, 26)

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Como se mencionó en el apartado de Cultura de género, la crítica femenina giraba en torno a su alternatividad: la acusaban de promiscua por haber tenido un historial amoroso con Sawyer y con Jack (pero no criticaron a Sawyer y Jack por haber tenido más amoríos), por ser agresiva o por estar presente en escenas de acción. El tipo de lectura fue ingenua, ya sea desde aceptación o rechazo. “There’s a new sheriff in town, boys”—James Ford “Sawyer”. Es un joven rubio, de tez blanca, barba sucia, complexión robusta y estatura alta, de origen norteamericano sureño. Representa el estereotipo del macho, es agresivo, sarcástico, astuto y muy culto. Coquetea con mujeres y es conflictivo con los hombres. Este personaje se retomará en el apartado de Intertextualidad puesto que es quien asigna pseudónimos con referencias externas a cada uno de los personajes. La recepción de este personaje era de rechazo, hasta que inicia una relación amorosa con Juliet y es cuando se suaviza y se hace un personaje tierno y atento, pero en ambos casos la lectura es de tipo ingenua. “My name is Sayid Jarrah, and I am a torturer” -Sayid Jarrah. Es un joven de cabello largo, negro y rizado, complexión robusta, estatura mediana, tez morena, barba, y de origen iraquí. Es de los personajes más redondos porque actúa de acuerdo a las circunstancias: a veces del lado de “los buenos” y a veces de “los malos”. Es conocido por sus conocimientos de armas y tecnología de información gracias a su experiencia en el ejército iraquí. Es muy proactivo, pero en definitiva representa el estereotipo de Medio Oriente puesto que en su pasado se le relaciona con grupos terroristas y con torturas.
A: “Sayid te lo pintan y te lo ponen así como que, a huevo, terrorista.. Es el malo.. […] o sea porque cuando va en el aeropuerto la gente se le queda viendo bien feo, pensando que es terrorista y ¡oh, sorpresa! resulta que en algún momento de su vida, pues sí fue terrorista…”. B: “No fue terrorista, fue soldado, ¿no?”. C: “Fue soldado…” B: “Pero malito”.

D: “Fue soldado del ejército… mataba gente, era terrorista”. 150

(A: administración, M, 26; B: ingeniero civil, H, 22; C: comunicación, H, 26; D: economía, H, 28)

Aunque el estereotipo fue identificado por los participantes, la crítica fue moderada. Esto se puede deber a la poca proximidad cultural que tienen con habitantes de esta región, pues no se sienten ofendidos con la representación como en el caso de Hurley. En sólo uno de los casos, una participante confesó haber tenido sueños románticos con él, lo que implicaría ver a este personaje como atractivo. “�hy would I help the son of a bitch who kidnapped my son?” —Michael Dawson y Walter Lloyd. Michael y Walter son padre e hijo afroamericanos, de cabello corto y negro, ambos delgados, adulto joven y niño. Ambos son obstinados, y actúan de acuerdo con las circunstancias, puesto que en el transcurso de la historia traicionan a su grupo original para su propio beneficio. Michael era carpintero y pintor, lo que significa que sus aportaciones al grupo consisten en la adaptación de la isla en viviendas, y en la construcción de una balsa. Michael refuerza el estereotipo del afroamericano con complejo de inferioridad, puesto que es paranoico, empleado de cuello azul sin estudios profesionales y desconfiado. En cuanto a recepción, son personajes muy prescindibles puesto que no los discuten con mucha profundidad. En el caso de un par de sesiones, se demostró un rechazo ingenuo por la escena donde Michael asesina a dos personajes para rescatar a su hijo de Otros. Similar a la situación de Shannon y Claire, esto cobra importancia cuando se toma en consideración que Michael y Walter son la única representación de raza negra entre los protagonistas. “Those pants don’t make you look fat” —Jin Soo Kwon y Sun Paik. Sun y Jin son un matrimonio de coreanos, ambos de cabello negro, estatura mediana y delgados. Representan el estereotipo oriental: honor sobre todas las cosas, adicción al trabajo, machismo y sumisión femenina. En su pasado, Sun es hija de un mafioso coreano quien le da trabajo a Jin a cambio de la mano de su hija. Como se mencionó en el apartado de Diversidad cultural, la evolución de ambos consistió en su proceso de occidentalización, puesto que se adaptaron a costumbres de la mayoría del grupo, superando así el machismo y orgullo excesivo.
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En lo que respecta a su recepción, pocos recuerdan su origen, puesto que se refieren a ellos como “los chinitos” o “los japonesitos”. Se reconoce que en este caso Sun es un personaje más fuerte que Jin, pero tampoco perdonan que Sun fuese infiel a Jin en el pasado.
A: “El Jin evolucionó mucho también, o sea como empieza…”. B: “Sí porque el Jin habló inglés. […] aparte era todo así de que, o sea, ermitaño”. C: “Pero así son los japoneses, está acostumbrado a…”. B: “Pues sí… claro… a no tener relaciones, eso sí. Y la Sun también porque entró toda recatada”. C: “Pues de hecho no, eh…”. D: “Entró sometida…”. A: “Y no era porque le había sido infiel al Jin”. B: “Pero hay una escena donde se libera en la primera temporada, cuando está en bikini así en la playa…”. A: “Pero ya le había dado vuelo a la hilacha antes, ya le había sido infiel al [Jin]”: C: “¡[Y] hablaba inglés!”. (A: comunicación, M, 27; B: comunicación, M, 25; C: derecho, M, 25; D: comunicación, M, 25)

No hay mucha crítica al estereotipo, que de igual manera se puede justificar por la poca proximidad cultural que existe con los habitantes de esta región. Las lecturas se alternan entre la aceptación y rechazo, pero de tipo ingenua. “He has a thing for mind games” —Benjamin Linus. Es un adulto norteamericano, de tez blanca, con poco cabello y corto, ojos claros, y estatura baja. Su personalidad es conservadora, misteriosa, inexpresiva, manipulador y astuto. Es el líder de los Otros y se considera el villano de la historia. La recepción de este personaje es un disfrute de su villanía, pero una vez que en la sexta temporada se convierte a “los buenos”, pierden su interés:
“De hecho me gusta mucho cuando lo tienen encerrado y empieza, o sea como manipula todo el pedo, está con ma152

dre, digo este vato es un che maquiavélico bien cañón, y me gustaba un chorro con ese personaje. […] cómo les metía cizaña por ejemplo a Jack y al Locke para que se pusieran en contra, desde que lo tienen ahí encerrado y les empieza a decir y quién es el líder y no se qué y hacer… me encantó eso o sea, toda la línea de ese personaje, [pero] también al final también chafea…” (Comunicación, H, 25).

La aceptación en este caso es de tipo sofisticado, puesto que no involucra emociones, sino interés por el desenvolvimiento del personaje en la historia. “It’s stressful being an Other” —Juliet Burke. Es médica investigadora norteamericana, rubia, de tez blanca, estatura alta, y complexión delgada. Es sensible y compasiva, ecuánime, inteligente y proactiva. Es la versión de Kate en el grupo de los Otros. Es gracias a quien Sawyer tiene una evolución de agresivo y macho a tierno y amable, tras iniciar una relación amorosa. La recepción de este personaje gira en torno a su relación con otros personajes, tales como Jack y Sawyer. Su rol es opacado por Kate puesto que ella es quien protagoniza (como mujer) las escenas de acción. Su personaje no detonó mucha discusión, lo que significa que ronda entre la indiferencia y la aceptación ingenua (porque les gustaba como pareja de Sawyer). “I’ll see you in another life, brother!” —Desmond David Hume. Es un adulto joven de origen escocés, estatura alta, complexión delgada, cabello largo y castaño, barba sucia y tez blanca. Es un personaje excepcional puesto que puede ver cómo y cuándo mueren los personajes, y es considerado omnisciente porque ya había estado en la isla anteriormente. Cuatro del total de participantes afirmaron que éste era su personaje favorito, lo cual es poco común porque en general nadie declaró tener preferencia por uno en particular. En general, Desmond tuvo una aceptación de tipo ingenua, sobre todo por su relación amorosa con Penny, que es la fórmula clásica del “chick flick” donde chico y chica se enamoran, se separan, luchan por volver y luego viven “felices para siempre”.

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contenido intertextual Lost es una serie rica en referencias de la cultura popular e intelectual que se depositan en dos conceptos acuñados al programa mismo: “huevos de Pascua” y “sawyerismos”. Los primeros son todas las referencias que se pueden ver, desde los nombres de los personajes hasta los libros que leen o nombres de programas y películas, así como personajes de estos, a los que se hace alusión en la narrativa de la historia. Se pudieron identificar entre los tipos de referencias: culturales-sociales (como la cultura gótica, comunismo o el pleito entre franceses e ingleses), marcas, y cultura popular y clásica (momentos bíblicos como el Apocalipsis, series de televisión y películas como Star Trek, Star �ars, Harry Potter, personajes populares como John Locke, Hume, Martha Stewart, Miguel Ángel, Bob Marley, etcétera). Los segundos son todos los pseudónimos que utiliza el personaje de Sawyer para referirse a los personajes, los cuales siempre refuerzan su estereotipo de manera cómica. Abarca las mismas categorías de referencias que los “huevos de Pascua”, pero en este caso evidencia alguna característica física o cultural del personaje a quien le dirige el pseudónimo. Algunos ejemplos: “Playboy” o “Dr. Quinn” a Jack; “VH1 Has Beens” o “Jiminy Cricket” a Charlie; “Mr. Clean” a John, “Pillsbury”o “Pork Pie” a Hurley; “Sheena” a Kate; “Al Jazeera” o “Captain Falafel” a Sayid; “Mr. Miyagi” o “Bruce” a Jin; entre otros. La recepción de estas referencias consiste en un disfrute al identificarlas, pero para aquellos con un bagaje cultural no tan amplio, preferían concentrarse en localizar las referencias internas de la serie (que también son bastantes).
A: “Ándale esa [escena en la que están Desmond y Eloise y ven que cae un pedazo de techo sobre una persona, de manera que solo se ven sus zapatos color rojo]… y de repente que voltea, y que recuerda eso directamente al Mago de Oz, las zapatillas y que la imagen es así, me recuerda mucho ese capítulo y me llamó mucho la atención…”.

B: “Sí, este, como dice Lalo todos los libros que leía Sawyer era por algo que estaba pasando en la isla”. C: “Eran pistas que te daban a entender a Lost… no leían un libro nomás así porque… tenían que ver con la serie”. 154

A: “Y libros como de cuento, ¿no?”.

C: “Novelas de todo… eran novelas. A mí me gustó mucho como siempre mantenían una realidad, no se si venga siendo Easter Egg o no, pero por decir cuando estaban en la tercera temporada en el final, que, veías a Jack en el futuro, cuando crees que están en el pasado, cuando tenía la barba y todo, y yo me acuerdo que él traía un celular, y yo veía mucho ese celular y decía esa cosa no existía en el 2004, o sea ya estamos en el 2007, y se me quedó mucho esa idea de que, o sea realmente estoy viendo el pasado, o estoy viendo el futuro. (A: arquitectura, H, 26; B: mecatrónica, H, 24; C: mecatrónica, H, 25)

conclusiones Los objetivos del trabajo se lograron gracias al carácter cualitativo de la metodología donde se permitió explorar las razones e intereses de las audiencias regiomontanas con respecto a la serie Lost. El modelo de Palmer y Hafen (1999) con la extensión de Inzunza-Acedo (2011), permitió clasificar las lecturas de los 28 participantes con respecto a los tópicos propuestos. Después de revisar los resultados, la primera conclusión consiste en el hecho de que la mayoría de las lecturas son de tipo ingenuas, ya sean de aceptación o de rechazo. Las lecturas distanciadas o deconstructivas se presentaron en pocas ocasiones, y una vez que un participante hacía una lectura de éstas no garantizaba que se mantuviera en esa postura durante toda la discusión, puesto que dependía del tópico para saber si involucraba emociones o razones. Las lecturas distanciadas se presentaron principalmente en ocasiones tales como la identificación de personajes por la actriz que la interpretaba, como el caso de Ana Lucía, actuada por Michelle Rodríguez, quien constantemente obtiene papeles en películas y series con el mismo carácter. Por ello, los participantes hablaban del encasillamiento de esta actriz en el mismo papel. Las lecturas deconstructivas recayeron más al momento de hablar de sus opiniones generales de la serie, que si bien pareciera una justificación y defensa de la producción, alcanzaron a identificar valores norteamericanos específicos e intereses económicos por parte de abc-Disney.
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Con respecto a si la intertextualidad fomenta mayor actividad entre las audiencias, sí, en cuanto a que pone a prueba su bagaje cultural desde todos los aspectos que abarcó la historia. Sin embargo, es importante resaltar que si bien la serie contaba con una carga amplia de referencias externas, la mayoría eran desde la cultura popular y clásica norteamericana, a excepción de religiones y algunos personajes clásicos extranjeros. El carácter activo del seguidor de Lost tuvo como base la construcción de “teorías” sobre el misterio de la historia que se pseudo-resolvió hasta su episodio final, y que aún así, hubo diferencias de interpretación entre los participantes. Por otra parte, las referencias detectadas por los seguidores evidenció al mismo tiempo sus áreas de profesión e intereses, puesto que no hubo un solo caso en que se hubiesen identificado desde todas las categorías que tiene Lost. Es decir, si localizaban nombres de filósofos o personajes históricos, difícilmente ahondaban en las referencias religiosas o de leyes de física, y así sucesivamente. El estudio sobre programas particulares permite ahondar en las lecturas que tienen las audiencias de manera atenta a la forma en que se abordan los tópicos clásicos de los Estudios culturales —tales como Cultura de género, Diversidad cultural, Representación de minorías— desde casos de estudio tales como películas y series de televisión. Por otro lado, al hacer la pregunta de a qué otros programas están expuestos cotidianamente, resultó haber una gama amplia más que una tendencia, lo que significaría que los contenidos mediáticos con los que se ven influidos normalmente tienen diversas formas y discursos que pudieran estudiarse de manera específica. referencias bibliográficas Fiske, J. (1999). Television Culture. Londres: Methuen & Co. Ltd. Hall, S. (1980). “Encoding/Decoding”, en S. Hall, A. Lowe y P. Willis, Culture, Media, Language. Londres: Hutchinson. Inzunza-Acedo, B. (2011). “Recepción de series norteamericanas de televisión en México: lecturas de aceptación y de rechazo de la serie Lost entre jóvenes que habitan en Monterrey”. Tesis de Maestría. México: Tecnológico de Monterrey. Livingstone, S. (1998). “Audiences and Interpretation” [versión electrónica]. Revista da Associaçao Nacional dos Programas de Pós�Graduaçao em Comunicaçao.
156

Orozco, G. (1991) “La mediación en juego”. Comunicación y Socie� dad. [versión electrónica]. Palmer, A., y Hafen, T. (1999). “American TV Through the Eyes of German Teenagers”, en Y. Kamalipour, Images of the US Around the �orld. A Multicultural Perspective. Nueva York: State University of New York. pp. 135-146. Pearson, R. (2009). “Chain of Events”, en R. Pearson, Reading Lost. Londres: I. B.Tauris. pp. 139-158 Porter, L., y Lavery, D. (2010). Lost’s Buried Treasures. Naperville: Sourcebooks.

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Representaciones de lo público: la comunicación política a través del Twitter de Javier Duarte de Ochoa, Gobernador de Veracruz
patricia andrade del cid* ángel martínez armengol**
resumen El espacio público que se ha abierto con las redes sociales informáticas está provocando cambios en el Sistema de Comunicación Política por la acción de la ciberpolítica, que implica una nueva forma de relación entre los gobernantes y los ciudadanos usuarios de la Internet. El artículo analiza los textos emitidos en la cuenta de Twitter del Gobernador de Veracruz (un total de 118 mensajes), durante 2011, en un entorno en el que las representaciones sociales sobre la violencia e inseguridad estaban altamente crispadas y capturadas por versiones contradictorias. Palabras clave: Internet, Twitter, Sistema de Comunicación Política, representaciones sociales, violencia, inseguridad. abstract The public space that has been opened with social networking computing is causing changes in the Political Communication System for cyberpolitics action, which involves a new relationship between government and citizens using the Internet. The article analyzes the texts issued in the Twitter account of the Governor of Veracruz (a total of 118 posts), in 2011, in an environment in which social representations of violence and insecurity were clenched and captured by highly conflicting. Key words: Internet, Twitter, Political Communication System, Social Representations, Violence, Insecurity.

* Doctora en ciencias de la información por la Universidad Complutense de Madrid. Correo electrónico: patiandrade59@hotmail.com ** Maestro en administración pública, por el Instituto de Administración Pública de Veracruz. Ambos realizan sus labores de investigación en la Universidad Veracruzana. Correo electrónico: angelmartinezarmengol@gmail. com

@delegado13 lamento q este odio en lugar de dirigirlo en contra de los #hijoputas maleantes lo dirijas hacia mí q estoy combatiéndolos Tuit de Javier Duarte de Ochoa, Gobernador de Veracruz 27 de julio del 2011

comunidades virtuales y representaciones sociales Internet y sus múltiples dispositivos tecnológicos son un singular espacio de interacción a escala global, que posee características de todos los medios, con cualidades excepcionales, como la interactividad, la hipertextualidad, la multimedia y la asincronía de los límites espacio temporales, lo que lo hace un poderoso medio de comunicación de masas. La llamada red de redes trasciende cualquier análisis instrumental que obvie su impacto social y cultural; sus innovaciones tecnológicas llevan necesariamente a nuevos modelos de producción y de transformación social. Por eso estas nuevas tecnologías están promoviendo otras formas de representar la vida pública al intervenir en el modo en que el ciudadano se relaciona con el Estado y sus instituciones. Los individuos que se manifiestan y congregan en la Red conforman comunidades virtuales y representan prácticas compartidas de numerosas visiones dentro de una cultura mediada electrónicamente. Es decir, es la Red el lugar en el que se comparte un conjunto de ideas, conocimientos, usos y costumbres. Esto aunado a los recursos tecnológicos que ofrece la cibercultura, expresan por sí mismos un ámbito de pensamiento y de producción narrativa disponible para proporcionar un sentido simbólico a distintas formas de pensar y hacer (Prieto, 2002). Sociológicamente, la vida social está compuesta de acciones o de un conjunto de éstas que son el producto de un proceso selectivo que “se fundamenta en relaciones de sentido que el actor aprehende, descubre o crea y lleva a cabo en su vida cotidiana” (Fernback, 1999). La construcción de sentido se traduce en una representación social; esto significa que la realidad tal y como se presenta, podría considerarse de tipo virtual, porque opera mediante símbolos que dan pauta a prácticas con una gran carga significativa, o bien, por el ejercicio comunicativo que propone una gran variedad de interpretaciones simultáneas. J. Martín-Barbero en sus consideraciones sobre el fenómeno de la virtualidad utiliza un comentario de Serres sobre La Odisea de Homero:
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El primer relato sobre un navegante virtual que cuenta el “deambular y los naufragios de un marino osado y astuto con el que su mujer se reunía en sueños, día y noche, tejiendo y destejiendo en su telar el mapa de los viajes de su marido”. ¡El amante y la amante habían dejado de estar presentes! Mientras el primero navegaba por el mar real, la segunda soñaba en el espacio virtual de la red que iba urdiendo (Serres, 1995:14, en Martín-Barbero, 1997: 31).

La comunidad virtual, expresada en la actualidad como redes sociales, es un símbolo socialmente construido Y genera un mundo que -en lo absoluto- no es real; es un imaginario que genera una cultura propia y un metalenguaje, reduciéndonos sólo al ahora, sin la dimensión corpórea, geográfica del “aquí” (Strimska, 1999). Por las características que facilitan la cercanía y el intercambio de ideas entre dos o varios usuarios (interactividad múltiple), imprimiendo una sensación de proximidad física, que aprovecha además, todas las ventajas del medio escrito (hipertextualidad), es que se explica que las emisiones de productos simbólicos -o representaciones- sean más intensas. Además, junto a la hipertextualidad, la movilidad que aportan los dispositivos es determinante para que el usuario establezca una relación de estrecha identidad y de vida cotidiana con la información que ofrecen (Aguado y Martínez, 2008). el espacio público mediático en méxico Desde la aparición de la prensa en el siglo xix, los medios de comunicación establecieron otras formas de hacer y representar la vida pública, al promover nuevas relaciones del ciudadano con el Estado y sus instituciones. El advenimiento de las democracias masivas marca el gran cambio del espacio público político, diluyendo el ámbito público y el privado mediante “lo social” (Ferry, 1995). Así pues, el denominado espacio público mediático orienta la extensión de la vida pública a los medios -prensa, radio, televisión y ahora a las redes sociales informáticas o simplemente redes sociales-, imponiendo un cambio normativo al ejercicio de la vida pública, “mediatizándola” por medio de dispositivos tecnológicos, lo que genera un público que no está limitado al cuerpo de una región o nación y al extenderse en redes sociales, tampoco está regido por el tiempo y el espacio.
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Y mientras que los ciudadanos nos incorporamos acuciosamente a la vida pública a través de las redes sociales -caracterizando con ello otro espacio público que además de no tener territorio o nación, relativiza el tiempo y el espacio-, la vida política mexicana de los últimos tiempos se desenvuelve en escenarios de desazón e incertidumbre. En México, los partidos políticos atraviesan una gran crisis de representación del electorado, y éste parece abandonar cualquier forma de participación y articulación social. La exigencia ciudadana para que sus representantes políticos les rindan cuentas ha crecido consistentemente, y una de las entidades que hicieron eco y propiciaron este proceso fueron los medios electrónicos y la prensa escrita. Sin embargo, a pesar de la confianza que los grupos sociales habían depositado en los impresos y electrónicos, éstos han dedicado parte importante de su espacio a emitir juicios sumarios sobre fenómenos políticos, que lejos de representar los intereses de la opinión pública, se enarbolaron en defensa de sus propios intereses. Como consecuencia, la ciudadanía parece ya no respetar a los políticos ni a los medios, desconfía de todo y de todos, volviéndose una “masa” sumamente crítica. A esta desazón, se suma una severa crisis de seguridad y violencia; ante lo cual, la propia ciudadanía ha iniciado una intensa búsqueda de mecanismos alternos de información no sólo para dejar sentir sus opiniones, sino también para protegerse. Las comunidades virtuales se han sumado al escenario público virtual, representando a una masa sin bandera, con expresiones “punzantes” y modificando, de alguna manera, la construcción de la vida pública. los ciudadanos en línea Por la acción de una multitud de dispositivos interactivos y móviles, el ciudadano mexicano participa y se vincula directamente a la vida pública en su vida cotidiana. En el caso del acceso a internet, tanto el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (inegi), como la Comisión Federal de Telecomunicaciones y la Asociación Mexicana de Internet (amipci) reportan que en México existen 34.9 millones de usuarios de internet. El concepto de “usuario de internet” es definido por el inegi de la siguiente manera:
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Individuo de seis o más años que en forma eventual o cotidiana, y de manera autónoma, ha accedido y realizado alguna actividad en Internet en los últimos seis meses. Las actividades pueden ser, entre otras, para realizar tareas escolares; las relacionadas con el trabajo; de comunicación, incluyendo correos electrónicos o conversaciones escritas (chat); de capacitación, adiestramiento o formación a distancia mediante videoconferencias; de entretenimiento, como son las de bajar o jugar videojuegos o programas de computadora en la Red, como son los de música.1

De acuerdo con el estudio Redes sociales en México y Latinoa� mérica 2011, dado a conocer en septiembre de 2011 por la Asociación Mexicana de Internet, de esos 34.9 millones de usuarios de internet en nuestro país, el 61% hace uso de las llamadas redes sociales e ingresan a éstas al menos una vez al día. Por entidad federativa, el Estado de México, el Distrito Federal, Jalisco, Veracruz y Nuevo León ocupan los primeros cinco lugares tanto en los porcentajes de usuarios de internet en el país, como por el nivel de penetración en el uso de las nuevas tecnologías. Dice el estudio:
Entre los usos más recurrentes que el internauta mexicano le da a las Redes Sociales están los de comunicarse con amigos y/o familiares, dar seguimiento y opinión de contenidos sobre cultura, deportes y entretenimiento. En una siguiente secuencia está la de mantener el seguimiento y dar opinión a noticias nacionales e internacionales.2

Bajo el concepto redes sociales identificamos al conjunto de aplicaciones o herramientas digitales que permiten a los usuarios de internet ser capaces de generar y publicar contenidos propios, compartir esos contenidos (y también de terceros), interactuar con otros usuarios y sociabilizar temas de interés común y/o compartido.
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (inegi) http://www.inegi.org. mx/sistemas/sisept/glosario/default.aspx?t=tinf239&e=00&i= Consultado el 16 de septiembre de 2012.
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Consultado en http://www.amipci.org.mx/temp/AMIPCI-ComunicadoEstudioRedesSociales-09202011-VF%282%29-0443207001316544678OB.pdf
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Las redes sociales más utilizadas en México son: Facebook, Youtube y Twitter;3 seguidas por otras menores como Hi5, Badoo, Sonico, Linkedin y MySpace. Facebook mantiene un 74% de atención con conexión al menos una vez al día, y el 36% ocupa entre una y tres horas a la semana; Twitter, con el 53% de los usuarios que se conectan al menos una vez al día, y el 48% le dedica menos de una hora; y Youtube, que 51% se conectan diariamente, o varias veces al día; y el 42% le dedica entre una y tres horas.4 Los habitantes de las novedosas urbes digitales y de los sitios de participación son ciberciudadanos que reciben información múltiple acerca de temas variados, responden a una multiplicidad de soportes técnicos, visuales, orales e interactivos y se movilizan en distintos ámbitos. La combinación entre un sujeto político que evoluciona a la condición de ciberciudadano y “aquel que se manifiesta como incrédulo de la política, desconfiado de los políticos, y necesitado de expresión y libertades, está dando por resultado un nuevo arquetipo de participante de la política del siglo xxi” (Casas, 2011: 34). Este arquetipo del ciudadano que se une a la Red presenta algunas características comunes:
Anonimato: el “sujeto de la Red ” (Lozada, 2000) se identifica con nombres que no se sabe si son ciertos o no, y con seudónimos a manera de quedar en el anonimato durante el encuentro y liberar más fácilmente su yo interno.

Enriquecimiento de la interpretación: Las conversaciones textuales (Noblia, 2000) al ser escritas y, de algún modo anónimas, incrementan los rasgos interpretativos de quien lee el mensaje, multiplicando y saturando los sentidos en tanto lectores haya; pero, al unirse este carácter con la condición del anonimato puede entenderse, de alguna manera, los peculiares y, a veces intensos, encuentros textuales observados.
Red social de tipo microblogging, que permite el envío de mensajes de texto de hasta 140 caracteres llamados tweets (o tuits) que pueden incluir enlaces a sitios web, fotografías, videos y demás material multimedia. Por norma general todos los tweets son públicos (es decir, pueden ser vistos desde la web se tenga cuenta o no en la red social), salvo que el usuario decida publicarlos privadamente para que sólo sean vistos por “seguidores” que él acepte.
3

www.amipci.org.mx/temp/AMIPCI-ComunicadoEstudioRedesSociales09202011-VF%282%29-0443207001316544678OB.pdf
4

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Cultura de la “peste”: En cuanto a la naturaleza casi apasionada de los textos en línea, la lectura de alguno de ellos revela cómo la “cultura de la peste” se hace presente y predominante, porque ella es: “una cultura del desencuentro, agresiva, casi una guerra urbana de la sociedad”, (anónimo en la Red).

Ahora bien, ya sea creando grupos de apoyo, “clubes de pelea” o “satisfaciendo una necesidad de actuar” (Wolton, 1999: 97), los ciudadanos logran a través del medio tecnológico, —tanto como lo pudieran hacer en cualquier acto comunicativo— una tentativa para informar, provocar o inducir a otros a responder de una manera particular (Giddens, 1976: 111), lo que simula una experimentación como clase. La utilización que la ciudadanía ha hecho de la información política ha provocado que los gobernantes, los medios y sus extensiones en distintos dispositivos mediante las redes sociales, superen el ámbito “mediático” para convertirse en agentes participantes de negociación, ajustes y balances con sus distintos públicos. En esta investigación se busca observar las transformaciones que ha podido sufrir el sistema de comunicación política por la acción de la ciberpolítica. cómo opera el sistema de comunicación política El análisis sistémico de la comunicación política analiza cómo se imponen condiciones nuevas en los comportamientos políticos o entre las instituciones y los ciudadanos y viceversa; entre ciudadanos e instituciones; y los trasciende. Este análisis invalida los supuestos que le atribuyen a la comunicación política un valor puramente instrumental (Andrade, 1998). La comunicación política se caracteriza por ser una clase o género de la comunicación social, en la medida que es intervenida por (E) procesos económicos; (C) comunicativos y (R) cognitivos. Estos procesos se interafectan entre sí, derivando en nuevos subsistemas que contienen los mismos componentes (E-C-R). En un sistema de comunicación política se observan dos series de instituciones:
E: organizaciones políticas (interafectada por procesos eco� nómicos). 165

M: medios de comunicación (y nuevas tecnologías) implicadas en el curso de la preparación de mensajes con mucha interacción “horizontal” de unas con otras (interafectada por procesos políticos).

Mientras en un eje “vertical” están encargadas por separado y conjuntamente de difundir ideas y representaciones del mundo, (cogniciones) a los R (receptores, ciudadanos, votantes), mediante actividades de consenso e integración (Andrade, 1998). La operación del sistema advierte que para que esas representaciones se conviertan en un recurso para la “estabilidad” (control o consenso), depende en gran medida, que el sistema político reconozca esas representaciones (mediaciones) y se las arregle lo mejor posible para no defraudarlas. La base estructural del sistema opera bajo las interacciones de esas dos instituciones: la política y los medios, condicionadas por relaciones mutuas de poder (Andrade, 1998). Esto presupone que las dos tienen una base de poder independiente en la sociedad, poder que nace de sus relaciones respectivas con las audiencias. El poder de las instituciones políticas es inherente a sus funciones articuladoras de intereses y movilizadoras en lo social para fines de acción política. La base de poder independiente de las instituciones de medios de comunicación es, quizá menos obvia, pero son identificables al menos, las de origen estructural y cognitivo. La raíz estructural del poder de los medios surge de su capacidad de entregar al político un público que tanto por magnitud como por composición le es inasequible por otros medios. La raíz psicológica (o cognitiva) proviene de las relaciones de credibilidad y confianza que las distintas organizaciones de medios han conseguido establecer con sus auditorios (Piñuel y Gaytán, 1995). En este renglón se ubican las nuevas tecnologías: garantizando una gran audiencia para los gobernantes, y así obtener poder independiente del poder político. Hasta ahora, los medios de comunicación tradicionales -prensa, radio, televisión- han estado legitimados para reestructurar la oportunidad y el carácter de los acontecimientos, es decir para definir situaciones ante las cuales los políticos están obligados a reaccionar. Pero, ante el creciente uso de las redes sociales en internet, los políticos, para estar “cerca” de sus votantes o ciudadanos, han decidido también hacer166

se presentes mediante aquellas y brindan información, interactúan, participan y se hacen visibles; esta intervención es atravesada por todos los componentes del sistema de comunicación política. El presente análisis pretende indagar en los posibles cambios -o reproducción- del sistema, centrándose en la actuación del gobernante como emisor en el sistema. el gobierno de javier duarte en veracruz Desde los primeros meses del año 2011, los habitantes del estado de Veracruz hemos vivido el recrudecimiento de la llamada “guerra contra el narcotráfico”. El espacio público de las redes sociales ha sido el escenario virtual de dos luchas: la del gobierno contra los delincuentes, y la de la ciudadanía que se incorporó apresuradamente a ese espacio para protegerse de sus consecuencias, abrir un nuevo canal de información y enviar alertas o avisos de situaciones de riesgo. Durante el primer año de gobierno de Javier Duarte de Ochoa, fueron asesinados dos periodistas locales y más de cuatro han desaparecido. Los medios locales (prensa, radio y televisoras) han sido víctimas de esa crisis de violencia e inseguridad, sufriendo la presión tanto de las autoridades por “ocultar” o minimizar la información, como la de los delincuentes en su lucha por el territorio. Las autoridades de Veracruz, pero también las del ámbito federal -fundamentalmente el Ejército y la Marina-, omiten dar a conocer datos específicos y continuos sobre los operativos de seguridad que realizan en los municipios del estado. Entre mayo y agosto de 2011, por medio de redes sociales como Twitter, Facebook y Youtube, sus usuarios dieron a conocer una serie de hechos delictivos y de violencia callejera. Mucha de esa información era desmentida o desestimada por las autoridades estatales. Justo antes del regreso a clases del ciclo escolar 2011-2012, una ola de rumores sobre supuestos actos contra las escuelas inundaron esos mismos espacios. Se hablaba de acciones delictivas contra centros escolares y se advertía que los niños no fueran enviados o bien que se les sacara de las aulas. El jueves 25 de agosto de 2011, en la zona conurbada Veracruz-Boca del Río, el pánico se apoderó de decenas de padres de familia que, advertidos boca a boca de que “algo” iba a ocurrir en las escuelas, acudieron entre las 10 y las 12 horas por sus hijos a los planteles.
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En las redes sociales esto se reportaba puntualmente así como supuestos enfrentamientos entre grupos delictivos, la policía y el Ejército. El gobierno estatal intentó tranquilizar los ánimos enviando avisos mediante los diferentes medios de comunicación tradicionales (televisión y estaciones de radio) pero fue inútil. De estos hechos, las autoridades culparon directamente a dos usuarios de Twitter: Gilberto Martínez Vera y María de Jesús Bravo Pagola, encarcelándolos por el delito de terrorismo. A finales de septiembre, luego de una serie de protestas y de la intervención de diversas organizaciones civiles defensoras de derechos humanos (tanto nacionales como internacionales), el gobierno estatal liberó a ambos tuiteros pero creó un nuevo delito en el Código Penal de Veracruz: perturbación del orden público, que sanciona de uno a cuatro años de prisión a quien afirme falsamente hechos que puedan alterar el orden público. A raíz de estos acontecimientos, el gobierno de Veracruz incrementó su participación en las redes sociales (particularmente en Facebook y Twitter) abriendo esos canales de comunicación y socialización de la información gubernamental. No está definido, ni documentado, por qué el gobierno estatal decidió incursionar en esas redes, ni tampoco se encuentra fijado por algún acuerdo o norma reglamentaria el uso de las mismas. No obstante, el gobierno de Veracruz ha abierto varias cuentas “institucionales” en esa red social como son @gobiernover, @CGCS_VERACRUZ, @SSPublica, @SP_Veracruz, @secomver, @C4Xalapa, entre otras, además de cuentas de funcionarios estatales que difunden mensajes en dicha red -y se entiende que lo hacen a título institucional también, es decir, como funcionarios públicos- como son: @erikporres (secretario de Desarrollo Económico), @PerlascaLety (secretaria de Turismo y Cultura) o @ginadomc (directora de Comunicación Social y vocera del Gobierno Estatal), entre otras. El gobernador Javier Duarte de Ochoa abrió su cuenta de Twitter, @Javier_Duarte, el 4 de mayo de 2009,5cuando era candidato del pri a la diputación federal por el distrito de Córdoba.
Al 10 de diciembre de 2011, la cuenta @Javier_Duarte había enviado 1 072 tweets, seguía a 3 731 usuarios y es seguido por 61 116 usuarios de Twitter, además de figurar en 763 listas. La cuenta oficial de Twitter del gobernador Duarte es pública y sus tuits pueden ser vistos por cualquier usuario de la web, con o sin cuenta en dicha red social.
5

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Ya como gobernador de Veracruz, a partir de diciembre de 2010 y particularmente desde los primeros meses de 2011, se mostró “muy activo” escribiendo mensajes o tuits sobre sus actividades, comentando hechos diversos y respondiendo cuestionamientos de otros usuarios del Twitter que lo replicaban o mencionaban. Esta actuación representó un nuevo escenario de lo público en Veracruz, lo que motivó la realización de esta investigación. Todo mensaje de un gobernante adquiere, por esa misma naturaleza, un carácter público y trascendente para la sociedad. El funcionario público cuando habla, escribe o comunica un mensaje, lo hace en relación directa con su responsabilidad pública. A todo gobernante le interesa que su mensaje se conozca y se difunda. Para orientar el desarrollo de la investigación se elaboraron las siguientes preguntas:
• En tanto la vida pública se construye también mediante las redes sociales, ¿qué visiones de la realidad veracruzana se expresaron en el Twitter del mandatario veracruzano durante el 2011?

• • •

Si el ejercicio de los mensajes que emite un gobernante corresponden al ámbito de lo público; ese ejercicio ¿se traducirá en una representación distinta de lo social?

¿El uso de las redes sociales por parte de los gobernantes provoca cambios en el sistema de comunicación política? ¿Qué papel jugaron los medios de comunicación locales en circunstancias de violencia e inseguridad, ya que son ellos los únicos legitimados socialmente para reclamar el acontecimiento?

Dar respuesta a estas preguntas sitúa el objetivo general: descubrir y analizar las representaciones sociales de la vida pública en los mensajes que emitió por medio de su Twitter el gobernador Javier Duarte de Ochoa, en su primer año de gobierno e indagar en este ejercicio las afectaciones al sistema de comunicación política. metodología Los textos emitidos en el twitter del gobernador Javier Duarte de Ochoa, y los de la ciudadanía que acudió a su cuenta, ya sea para pedir información o para responder a sus comentarios, fueron tratados bajo el análisis del discurso, con técnicas del análisis proposicional.
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El análisis del discurso Después de una larga trayectoria metodológica que inicia en la lingüística y que termina en la representación de un nuevo campo interdisciplinario de indagación y aplicación científica (Gutiérrez, 2000), el análisis del discurso es producto de aportes esenciales de dos áreas: el estudio del lenguaje -que incluye a lingüística, la filosofía del lenguaje, la semiótica, la retórica y la semiología-; y el estudio de los fenómenos políticos y sociales desde la filosofía, la ciencia política y la sociología (Gutiérrez, 2000). Desde esta perspectiva, el análisis del discurso vincula lo ideológico a lo discursivo, lo cual permite analizar mediante éste, no sólo lo que dice el emisor, sino también el contexto y la situación coyuntural en que son emitidos. Las técnicas de análisis del discurso son abordadas por Van Dijk desde 1978 en sus “Modelos de procesamiento discursivo”. En aquel texto explica que todo discurso posee una estructura que debe respetar las condiciones de coherencia global. El investigador puede conocer esta coherencia mediante un estudio de representación abstracta de la estructura global y local del significado de un texto. Una de las formas para aprehender el sentido global del texto consiste en identificar los temas o tópicos que aparecen en el discurso, mismo que se hace explícito a partir de determinada estructura semántica. Los temas o macroestructuras son una propiedad del sig� nificado o del contenido de un texto, que son definidas como propo� siciones. En la dimensión referencial -la que se ocupa del “objeto de referencia”, o de lo que se habla en el discurso-, las proposiciones son también unidades semánticas. Se necesitan al menos dos conceptos, es decir un predicado y uno o más argumentos que puedan denotar cosas, personas o sucesos. Estos conceptos definen la semántica del discurso en general y la naturaleza de las macroestructuras en particular. Para llegar a captar lo esencial de las macroestructuras o temas del discurso se utilizan reglas mentales que se fundamentan en la capacidad lingüística con la que enlazamos significados y lo reducimos a lo esencial (Gutiérrez: 2000: 58). Una de ellas es la categori� zación6 de contenidos. Basado en lo anterior, la construcción de los temas de los textos revisados, siguió el siguiente procedimiento:

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Categoría: unidad lingüística que “le pone nombre” a un contenido.

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Tabla I
texto o discurso emitido en el twitter “Lamento profundamente los momentos de angustia q pueden propiciar estos operativos pero esta es la única manera de garantizar el orden” subtema Proposición Operativos de seguridad para garantizar el orden asunto del texto Macroestructura de significado Seguridad Pública (para garantizar el orden)

La primera columna es el texto íntegro emitido en Twitter, la segunda columna resume la proposición, es decir de lo que se habla en el texto, con un “sujeto”: Operativos; y “predicado”: garantizar el orden; la tercera sintetiza la macroestructura o tema del texto: Segu� ridad Pública (para garantizar el orden). El análisis proposicional no sólo se ocupa del análisis de las expresiones del sujeto que designa referentes, sino también de las expresiones de predicado que designan propiedades o relaciones entre ellos. Los atributos pueden significar una propiedad, como la cualidad que la cosa tiene, por ejemplo la cualidad de “ser blanco”, de modo que hay cosas que tiene esta cualidad, entre cualidades. El análisis que se presenta en esta investigación consta de dos fases: la primera muestra el análisis de los temas que el gobernador emitió en su Twitter, los cuáles significarán el referente de la vida pública en Veracruz, porque cuando un funcionario público habla, escribe o comunica un mensaje, lo hace en relación directa con su responsabilidad pública. En la segunda parte de los resultados, se realizó el análisis del discurso a las respuestas que el gobernante realizó ante las preocupaciones o asuntos de la ciudadanía (replies). Lo que se intenta analizar en esos discursos -mediante la ayuda del análisis proposicional-, son las actitudes o rasgos del gobernante en tanto personaje público. Las actitudes de los gobernantes fueron clasificadas por Porter y Rogers (Serrano, 1986: 377) en su intento de influencia a la
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ciudadanía como: autocrática (exigencia de obediencia); paternalista (exigencia de obediencia y amor), maniobrera (juego de intimidación y seducción). Este análisis dará por resultado el referente en la comunicación política en ese medio, durante ese período de análisis. El análisis de esos resultados nos ofrecerán información para descubrir comportamientos políticos, porque los referentes son la expresión de las “ideas y representaciones del mundo” (cogniciones) tanto de emisores como receptores. Y, como se anotaba páginas arriba, para que esas representaciones se conviertan en un recurso de estabilidad o consenso, el sistema político debe reconocerlas y hacer lo posible para no defraudarlas. Descripción de la estrategia metodológica a) Se “grabaron” los tuits o mensajes emitidos por el gobernador Javier Duarte desde el 7 de marzo del 2011, fecha en que emite dos comentarios por día, hasta el 5 de octubre del mismo año, fecha en que suspende su utilización, para retomarla nuevamente en diciembre del 2011. Este universo está representado por 118 tuits o mensajes. b) Se grabaron también 50 respuestas (replies o mentions) que el gobernador hizo ante preguntas o comentarios de otros usuarios de Twitter, a veces en respuesta a los suyos, a veces por iniciativa propia. Integrado a las respuestas aparecen también las preguntas o comentarios de la ciudadanía. c) Se aplicó el análisis proposicional a 112 discursos emitidos por el gobernador, construyendo proposiciones (de lo que se habla) para después generar los temas que trató como figura pública. Los resultados de este análisis —en temas—, expresarán el referente de la comunicación pública. d) En tanto las respuestas que emitía el gobernador, y algunos de sus “seguidores”, fueron expresiones con cargas valorativas, se utilizó un libro de códigos para clasificarlas: Libro de códigos:
Punzante: cuando la ciudadanía (C) o el gobernador (G) pregunta o comenta algún tema con groserías, palabras altisonantes o altanería.

Positiva: cuando la ciudadanía o el gobernador le pide (u otorga) razones, explicaciones o toma de decisiones, para beneficio de la ciudadanía. 172

Negativa: cuando o el gobernador o la ciudadanía, no (se) dan la razón.

e) Para determinar la referencia es decir, las formas de expresión y representación relativas a un acontecer, se utilizaron estrategias del análisis proposicional para conocer los temas la vida pública en el twitter del gobernador. Para analizar los atributos del discurso del gobernante (propiedades y relaciones), se analizaron los discursos de los replies, es decir de las respuestas que el gobernador transmitió a la ciudadanía; este análisis permitirá obtener acciones, es decir, actitudes y comportamientos de la vida pública en Veracruz. resultados Los eventos ante los cuales el gobernador emitió mensajes a la ciudadanía por medio de Twitter se enlistan a continuación, en tanto número de apariciones, de mayor a menor:
1. 2. 3. 4. 5. 6. Operativos de seguridad y combate a la delincuencia. Rumores por “tuiteros”. Tuiteros liberados. 35 cadáveres en el Puerto de Veracruz. Huracán Harvey Huracán Arlene Huracán Nate Cumbre Tajín Sismo en Actopan

En menor cantidad, se refirió a acontecimientos como el Congreso del Agua, el Plan Veracruzano de Desarrollo, recortes presupuestales, Programa Adelante, los equipos de beisbol y futbol de Veracruz (El Águila y Tiburones, respectivamente). De tal manera que los temas que trató en ese período fueron tratados bajo el análisis del discurso sumando los 13 que se enlistan a continuación: Temas de la vida pública El análisis aplicado a los textos resultó en el siguiente cuadro, donde se analizan 106 mensajes, porque de los 118 mensajes analizados, 12 no fueron clasificados por tema.
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Tabla 2 Temas de la vida pública
temas veces forma de expresión del reply que a b c aparece punzannega positiva te tiva 53 1 2 2 29 5 1 4 6 19 18 total

Seguridad pública Servicios públicos Economía Salud Protección civil Desarrollo social (familia/ Adelante) Laguna Verde Turismo Conmemoraciones Migración Educación ‘Frases de personajes ilustres’ Deporte Totales

96 1 6 2 29 6

2 4 2 1 2

2 4 2 1 2 1

1 2 106 6 19 2 25

4 15

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Referentes y acciones de la vida pública Las respuestas que el gobernante emitió a la ciudadanía son atributos o acciones (del personaje) en (su) la vida pública. La tabla de análisis describe en su primera columna el aconte� cimiento, es decir lo que la ciudadanía supo o supuso de los acontecimientos, -se registra el link o liga de la prensa, en el caso de haber existido-; la segunda columna muestra los mensajes que la ciudadanía emitió al gobernante y las respuestas de éste (en negritas y cursivas); la tercera columna expone los atributos del discurso, es decir el objeto de la referencia, y la cuarta son los rasgos o actitudes del gobernante, lo cual implica las acciones y comportamientos políticos.
Tabla 3 Ejemplo de los 50 textos analizados
Aconteci Ciudadanía en miento el Twitter ( y su “link” en Respuesta (reply) el caso de haber de Javier Duarte existido) de Ochoa 21-may-11 Twitter privado SEGURIDAD PÚBLICA @samuelfg Cual es tu propuesta? Dejar q estos hijo putas estén en la calle secuestrando, extorcionando o vendiendo drogas? criticar es fácil Referente Atributo Rasgos (actitudes)

Delin cuencia

Punzante

Punzante: Ámbito privado del personaje público

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21-may-11 SEGURIDAD PÚBLICA

Narcobloqueos ahorita cerca d la avenida Diaz Miron,asi como balacera x elestadioPirataFuente @ Javier_Duarte x q no mejor soluciona eso? @jorgeahp ni hay narcobloqueos ni hay ningún disturbio en algún punto de la zona Ver-BR en estos momentos, en nada ayuda alarmar a la gente

Balacera

Niega disturbios o narcobloqueos

Autocrática, exigencia de obediencia

21-may-11 SEGURIDAD PÚBLICA Balacera en el Puerto tras el Festival de la Salsa http:// www.jornadaveracruz.com. mx/Noticia.

@Javier_Duarte sr. Gobernador, es verdad que hubo otro tiroteo en el puerto posterior al de esta madrugada? @k_montenegro44 No

Tiroteos en el Puerto

Niega los tiroteos

Autocrática, exigencia de obediencia

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Hallazgos De los 118 mensajes que el gobernador Javier Duarte de Ochoa emitió en el período de análisis, el mayor número fueron sobre seguridad pública (53) y protección civil (29).
• • La ciudadanía participa o pregunta casi exclusivamente en el tema de seguridad, en 43 de los 50 replies. Aunque el gobernador ofrece respuestas e información a los que se la solicitan, (50) la mitad de las ocasiones (25), niega los acontecimientos, que en algunos casos, fueron registrados por los medios de comunicación. Como personaje público, Javier Duarte de Ochoa asume distintos roles: valiente, protector y cooperante, pero niega constantemente los hechos, lo que resulta en una actitud autocrática. De los 50 replies analizados, 28 son expresiones de actitud autocrática, es decir exige obediencia porque es un guerrero, que actúa con valentía y firmeza. De los 50 replies analizados 19 son con actitud maniobrera es decir, emite discursos que promueven la confian� za, en un juego de la intimidación y seducción (Serrano, 1986). Cuatro de esos replies son punzantes, que según el libro de códigos son expresiones altisonantes o contienen groserías, lo cual, al menos, significaría que el gobernante deja de ser un ente público para convertirse en persona, es decir abandona el ámbito de lo público para incursionar en el privado.

• •

discusión
El año 2011 fue un año difícil para la ciudadanía y para las instituciones públicas en el estado de Veracruz. Ante la censura de la información por efecto del Programa “Veracruz Seguro”, y también por las amenazas a periodistas y sus empresas, los medios locales disminuyeron su capacidad de informar por lo que la ciberciuda� danía se hizo presente en el espacio público y acudió a informarse directamente con el mandatario mediante su cuenta de Twitter.
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La seguridad pública fue el tema que cubrió el Twitter del gobernador del estado: 53 de 106 mensajes emitidos por él tocaron ese tema. Esa medición cuantitativa tiene que incluir la reflexión siguiente: de los 106 mensajes emitidos, 26 fueron en torno a desastres naturales en los que el mandatario podía y tenía que ejercer el papel de protector de la población ante circunstancias “naturales”. En los mensajes de respuesta o replies, el gobernante negó hechos, en más de la mitad de los mensajes emitidos, lo que deviene en acciones y comportamiento autocráticos, mismos que representan al comportamiento político en el estado de Veracruz, gobernado desde hace más 80 años, por el pri. Las expresiones del mandatario veracruzano emitidas en Twitter no modificaron el sistema de comunicación política, ya que éste expresa el comportamiento político. Los más de 80 años de gobierno de un solo partido han sostenido una cultura política en Veracruz, en la que operan relaciones clientelares que emanan de esa raíz autoritaria, misma que reclama obediencia y respeto hacia los mandatarios (Andrade, 2010). La población quiere y demanda un Estado benefactor, un gobernante protector, un personaje que “resuelva sus problemas”. En la comunicación política, los valores emergen como enunciados que alientan o desalientan determinados comportamientos por “los que vale la pena luchar”. El mandatario veracruzano expresó en Twitter su “lucha contra los delincuentes”, con lo cual estuvo en pertinencia con el arquetipo de gobernante que el grupo social demanda. Los argumentos que emitió de los 50 replies grabados del gobernador Duarte en Twitter son de suma importancia para la ciencia política, ya que los valores morales (luchar, actuar, “los delincuentes muertos son malos”), son de importancia estratégica para los procesos de institucionalización y control social, porque cuando el sistema político ve su estabilidad en peligro impone restricciones cada vez mayores a los valores -y opiniones- personales (Andrade, 1998). Es probable que negar el acontecimiento obedeció a una estrategia planeada de control social. Además, el análisis del discurso ha reconocido que un texto no es nada si se le desvincula de las representaciones cognitivas, mismas que no solamente han contribuido a producirlo sino que le proporcionan la posibilidad misma de ser reconocido como texto.
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Las actitudes del mandatario, aunadas a la represión de la que fueron víctimas los tuiteros comprueba el estatus autoritario con que opera el sistema político en Veracruz. Si bien los medios de comunicación locales están legitimados para reclamar el acontecimiento ante lo social, en los momentos de mayor incertidumbre se mantuvieron al margen, bien por objeto de la represión o por estar “de acuerdo” con los discursos o actitudes del gobierno. Ante esta situación, el mandatario veracruzano intentó reclamar la oportunidad de los acontecimientos en Twitter pero suspendió su intensidad el 5 de noviembre del 2011, para retomarlo hasta mediados de diciembre de una manera eventual y sin contenidos altisonantes. Este cambio pudo obedecer a que las respuestas “punzantes” de la población y la utilización del dispositivo móvil lo orillaba a perder su rol de personaje público para convertirse en “persona”, o más específicamente en un usuario más de Twitter, en relación horizontal con otros usuarios como él; o incluso, —es posible suponerlo—“salió del aire” ante una exigencia de la seguridad nacional. Las representaciones sociales como el miedo, el odio, la inseguridad, el gobernante protector y valiente; así como las cosas y las personas, forman parte de la realidad social. De que esas representaciones se conviertan en un recurso para la “estabilidad” mediante el control o del consenso, depende en gran medida que el sistema político las reconozca (mediaciones) y se las arregle lo mejor posible para no defraudarlas (Andrade, 1998). El uso de Twitter por el mandatario veracruzano operó en ese sentido, porque es sabido que cuando el sistema no es capaz de actuar sobre los recursos  y sobre su distribución, -es decir falla la economía o la seguridad pública-, la política puede idear recursos de otra naturaleza: la emisión de productos simbólicos (o representaciones). Los discursos de Javier Duarte de Ochoa obedecieron a una estrategia de comunicación política, que deja de manifiesto en este análisis las prácticas de control social que prevalecen en el estado de Veracruz. Xalapa, Veracruz, febrero de 2012.

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Educación, diversidad cultural y alfabetización electrónica: de las políticas a los usos

miriam herrera aguilar*

Universidad Autónoma de Querétaro

arely garcía luna**

rita maría becerril álvarez***

Universidad de Guadalajara

Universidad Autónoma de Querétaro

resumen En México se han implementado políticas y programas nacionales de educación y comunicación cuyos objetivos concuerdan con los de las Naciones Unidas. La presente investigación tiene como objetivo analizar tales políticas y confrontarlas con las prácticas escolares de diferentes contextos; con especial énfasis en la educación de calidad, la valoración de la diversidad cultural y el acceso a las tecnologías de la información y de la comunicación. Mediante una perspectiva cualitativa, este trabajo deja ver que las políticas públicas no siempre coinciden con las prácticas en la educación pública de nivel básico en el estado de Querétaro. Palabras clave: Comunicación, Educación, Diversidad cultural, Alfabetización electrónica, Políticas públicas. abstract In Mexico, the government promotes the implementation of education and communication programs, their objectives are in accordance with the action plan of the United Nations. In this context, the aim of this study is to analyze these policies and face them with the practices at schools in different contexts; emphasizing on quality of education, cultural diversity and the access to information and communication technologies. By qualitative perspective, this research shows that the public policies do not always coincide with practices at public basic education in the state of Querétaro. Key words: Communication, Education, Cultural Diversity, Digital Literacy, Public Policies.
* Doctora en ciencias de la información y de la comunicación por la Université Paris iii, Sorbonne Nouvelle. Profesora-investigadora de la Universidad Autónoma de Querétaro. Correo electrónico: miriam_herrera@yahoo.com ** Licenciada en comunicación y periodismo por la Universidad Autónoma de Querétaro. Actualmente cursa la maestría en comunicación en la Universidad de Guadalajara. Correo electrónico: arespi21@hotmail.com *** Estudios de licenciatura en comunicación y periodismo en la Universidad Autónoma de Querétaro. Correo electrónico: rbafuli@hotmail.com

introducción La relación derechos humanos y comunicación puede ser abordada desde diferentes ángulos. En este trabajo interesa discutir acerca de los artículos 1º, 2º y 26º de la Declaración Universal de Derechos Hu� manos y cómo estos se reflejan en las prácticas sociales, principalmente en el contexto educativo. Los artículos mencionados plantean la igualdad de los seres humanos sin distinción de raza, sexo, origen nacional o social y su derecho a una educación que favorezca “la comprensión […] entre todas las naciones y todos los grupos étnicos”, Naciones Unidas (un, por sus siglas en inglés, 1948). En este sentido, se revela necesario retomar también la Decla� ración Universal de la unesco sobre la Diversidad Cultural que en su artículo 1º concibe ésta última como patrimonio común de la humanidad, indispensable para garantizar una interacción armoniosa de personas y grupos con identidades culturales variadas y dinámicas. Aquí el enfoque se centra en la propuesta del artículo 5º, que concibe los derechos culturales como parte integrante de los derechos humanos y estipula que “toda persona tiene derecho a una educación y una formación de calidad que respete plenamente su identidad cultural” (unesco, 2002). Lo anterior se encuentra reflejado en los objetivos de su plan de acción que pretenden, entre otros aspectos, favorecer la inclusión de personas que provienen de horizontes culturales variados, salvaguardar el patrimonio lingüístico de la humanidad y luchar contra las desigualdades en materia electrónica a través de la educación (unesco, 2002). La puesta en práctica de los artículos mencionados, tanto los de la Declaración Universal de Derechos Humanos como los de la Declaración Universal de la unesco sobre la Diversidad Cultural, implicaría entonces una educación para la comunicación y la comprensión a nivel internacional. En lo que respecta a México, se han implementado políticas nacionales de educación, así como diferentes programas, cuyos objetivos concuerdan con los de las Naciones Unidas. Éstas sirven también de referencia para desarrollar las reflexiones aquí expuestas. Así, el análisis se concentra en la relación que existe entre estas políticas establecidas a nivel nacional e internacional y las prácticas educativas de diferentes planteles de educación pública de nivel básico en el estado de Querétaro, México.
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En este marco, se considera pertinente plantear el siguiente cuestionamiento: ¿Se otorga una educación de calidad a la población en los diferentes contextos socio-económicos, geográficos y culturales? ¿Se observa una difusión del valor positivo de la diversidad geográfica y cultural a través de la educación? ¿Es posible rescatar las lenguas indígenas en el contexto educativo actual? ¿Los actores de la educación básica (primaria y secundaria) de diferentes contextos tienen acceso a las tecnologías de la información y de la comunicación? ¿Los maestros y alumnos son capacitados para ejercer un quehacer educativo actualizado y explotar las herramientas que tienen a su disposición? ¿Las prácticas educativas observadas contribuyen a la conformación de una comunicación que se encamine a la comprensión entre grupos culturales diversos? Los primeros resultados de una investigación que se realiza sobre las prácticas escolares acompañadas de las tecnologías de la información y de la comunicación en escuelas primarias y secundarias en diferentes espacios socio-geográficos del estado de Querétaro, permiten acercarse a estas preguntas en dicho contexto. Para tal tarea se establecen los siguientes objetivos de investigación:
Analizar las políticas educativas en México y observar su relación con la Declaración Universal de Derechos Humanos y la Declaración Universal de la unesco sobre la Diversidad Cultu� ral, enfatizando la educación de calidad, la valoración de la diversidad cultural y el acceso a las tecnologías de la información y de la comunicación. Observar qué elementos de estas políticas se ven reflejados en los programas de educación básica, sobre todo en lo referente a la conformación de una educación de calidad, a la valoración de la diversidad cultural y al acceso a las tecnologías de la información y de la comunicación. Observar si se realizan acciones en el contexto escolar que se concreticen en la calidad de la educación, en el respeto y la valoración de la diversidad cultural y en el acceso a las tecnologías de la información y de la comunicación en el estado de Querétaro. Esto, mediante el estudio de las interacciones sociales y de los usos de las tecnologías. Observar diferentes contextos socio-económicos (favorecido/desfavorecido), geográficos (urbano/rural) y culturales 185

(indígena/no indígena) que nos permitan apreciar si la diversidad cultural es un valor que se concretiza en el contexto escolar y si los usos que los actores de la educación hacen de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación van encaminados a satisfacer sus necesidades y a mejorar la calidad de la educación.

del relativismo cultural al humanismo crítico Este trabajo se inscribe dentro de la perspectiva teórica que ubica en el centro de los procesos estudiados al individuo, como ser autónomo al mismo tiempo que forma parte de un espacio sociocultural y de la humanidad. Puesto que no existe comunicación fuera de lo social, esta investigación se apoya sobre la concepción del hombre, su relación con el otro, con las instituciones y las ideologías, pero también con su contexto físico. Lo anterior encamina a estudiar los derechos humanos y la diversidad cultural –en el contexto escolar queretano- por medio de la confrontación de diversas perspectivas teóricas; a saber, el relativismo cultural, el universalismo y, por último, lo que Tzvetan Todorov (1991) propone como el humanismo crítico o temperado, por hablar como Louis Dumont (citado por Todorov, 1991). Para empezar, es necesario tomar una postura con respecto de lo que entendemos como cultura. Según Marvin Harris, los antecedentes del concepto cultura los podemos encontrar en el siglo xvii. En este tiempo, John Locke se esfuerza por probar que, al instante de su nacimiento, la mente humana es un “gabinete vacío” (Harris, 1988: 9). Si estamos de acuerdo con la propuesta de Locke, es a lo largo de la vida del individuo que este “gabinete” se irá “llenando” de nociones, costumbres, creencias, entre otros, compartidas con los demás miembros de su grupo; lo que conforma su cultura. Sin embargo, remarca Harris (1988), la antropología no ha querido reconocer las aportaciones que Locke y, más tarde, los antropólogos del siglo xviii (que ya hablan del concepto como tal) hacen a la noción de cultura y, dadas sus características, al relativismo cultural. Esto se debe a que observan en ellos “la idea que existían creencias morales universalmente válidas, así como normas y modos de conducta correctos y otros erróneos” (Harris, 1988: 11). Es decir, este joven relativismo cultural no se presenta con una indiferencia moral.
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Los estudios basados en un relativismo cultural maduro, por así decirlo, intentarán según Melville Herskovits “conocer cómo una cierta manera de conseguir un fin determinado (organizar relaciones familiares, hacer una red para pescar o narrar la creación del mundo) puede variar ampliamente de un pueblo a otro y, sin embargo, servir a cada uno para lograr su adaptación frente a la vida” (1987: 15). En este sentido, el mismo autor propone que “El principio del relativismo cultural…es como sigue: Los juicios están basados en la experiencia, y la experiencia es interpretada por cada individuo a base de su propia endoculturación” (Herskovits, 1987: 77). Para Marvin Harris, durante la Ilustración, estas concepciones se verán reflejadas en las ideas de Descartes, Vico, Voltaire, Diderot, Montesquieu y Turgot, entre otros, como una “tolerancia de las costumbres ajenas” (1988: 11).
Mas es una tolerancia que no debe tomarse por indiferencia moral ni por un auténtico relativismo cultural. Del mismo modo, tampoco su compromiso moral debe tomarse como prueba de que no hubieran desarrollado el concepto cultura (Harris, 1988: 11).

Lo que resulta del pensamiento del siglo xviii, según Harris (1988), es una versión del proceso evolucionista superorgánico que influirá en las doctrinas del evolucionismo cultural. El evolucionismo sociocultural de la Ilustración, según este autor, se oponía a la perspectiva ortodoxa europea en dos aspectos. “En primer término, contradecía sistemáticamente la sustancia de la versión bíblica del origen de las instituciones y del orden en que éstas se habían sucedido. Y en segundo lugar…consideraba a los mecanismos responsables de la transformación cultural como manifestaciones totalmente naturales de relaciones de causa efecto” (Harris, 1988: 23). Es decir, se percibe la concepción de un evolucionismo que a final de cuentas, a pesar de la existencia de “costumbres ajenas”, llevará a las diferentes culturas a un mismo estadio. El evolucionismo respaldará la conformación del universalismo como un proyecto de unificación del género humano que, a pesar de fundamentarse en el humanismo, partirá desde un punto de vista occidental. En este sentido, nos alerta Todorov:
el proyecto universal corre el riesgo de sufrir dos tipos de desviación, la una ‘subjetiva’, y la otra ‘objetiva’. Dentro del 187

etnocentrismo [como perversión del universalismo], el sujeto identifica, ingenua o pérfidamente, sus valores propios con los valores; proyecta las características propias de su grupo, sobre un instrumento destinado a la universalidad. Dentro de cientificismo, por el contrario, encontramos los valores fuera de nosotros, en el mundo objetivo o, más bien, confiamos a la ciencia la tarea de encontrarlos (1991: 436).

El problema del relativismo cultural es que en nombre de las particularidades de cada cultura “todo se vale” o se llega al extremo de negar toda creencia y rechazar todo valor porque son “relativos”. Para Tzvetan Todorov, el relativismo, renuncia a la unidad de la especie humana y permite la exclusión que puede llevar al exterminio. El relativista, escribe este autor, no puede denunciar ninguna injusticia ni violencia por temor a que éstas formen parte de una tradición distinta a la suya: ni la escisión, ni los sacrificios humanos merecen ser reprobados; se podría decir que los campos de concentración pertenecen, en un momento dado de la historia rusa o alemana, a la tradición nacional (Todorov, 1991: 437). En este contexto, se revela necesario buscar una alternativa. Tzvetan Todorov (1991) propone defender un nuevo humanismo. Considera que sería útil hablar de un humanismo crítico que no se presente como una nueva hipótesis sobre la “naturaleza humana”, y aun menos como un proyecto de unificación del género humano en el interior de un solo Estado. La universalidad de este humanismo,
es un instrumento de análisis, un principio regulador que permite la confrontación fecunda de las diferencias, y su contenido no se puede fijar: siempre está sujeto a revisión… Lo propiamente humano, no es, evidentemente, tal o cual rasgo de la cultura. Los seres humanos se ven influidos por el contexto dentro del cual vienen al mundo, y este contexto varía en el tiempo y en espacio. Lo que todo ser humano tiene en común con todos los demás es la capacidad de re chazar estas determinaciones… se dirá que la libertad es el rasgo distintivo de la especie humana (Todorov, 1991: 437).

Según este pensador europeo, el humanismo temperado tendría que evitar caer en los errores del pasado y romper las asociaciones fáciles: “reivindicar la igualdad de derecho de todos los seres humanos no implica, en forma alguna, renunciar a la jerar188

quía de los valores; amar la autonomía y la libertad de los individuos no nos obliga a repudiar toda solidaridad; el reconocimiento de una moral pública no significa, inevitablemente, la regresión a una época de intolerancia religiosa” (Todorov, 1991: 447). Encontramos pues aquí, la reconciliación del individuo sociocultural con la humanidad. Lo que ahora se revela como indispensable, para tratar de concretar este humanismo crítico, es hacer prevalecer el espíritu ético del ser humano. Todorov nos recuerda que, en este sentido, Montesquieu y Rousseau consideraban que: “aun cuando la equidad, el sentido moral, la capacidad para elevarse por encima de uno mismo, son lo propio del hombre (contrariamente a lo que afirman otros pensadores pesimistas o cínicos), también lo son el egoísmo, el deseo de poder, el gusto por la soluciones monolíticas” (1991: 447). Así pues, afirma, es responsabilidad de todos tratar de hacer prevalecer en nosotros mismos lo mejor, por encima de lo peor. La propuesta de Tzvetan Todorov se resume en que “aquello que resulta en provecho de la humanidad debe ser preferido a lo que es bueno para la patria… Aprender a vivir con los otros forma parte de esa sabiduría” (1991: 445-447). La revisión de estas propuestas teóricas, confrontadas con la Declaración Universal de Derechos Humanos y la Declaración Univer� sal de la unesco sobre la Diversidad Cultural, nos permiten avanzar la hipótesis de que los artículos en éstas contenidos, sobre todo los que aquí tratamos, cabalgan entre los postulados del universalismo, del relativismo cultural y del humanismo crítico. La pregunta que de aquí se desprende es la siguiente: ¿Cómo se ven reflejados estos artículos, como propuesta de una educación de calidad, incluido el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, en un marco de comunicación y diversidad cultural, en las prácticas escolares del estado de Querétaro? En cuanto a los conceptos que trabajamos en este estudio, nos interesa definir en primer lugar interacción social y usos para, en segundo lugar, hablar de la educación de calidad, de la diversidad cultural y de la identidad. la interacción social Puesto que la noción de interacción social es polisémica, se propone la definición de Michèle Grossen y Bernard Py, quienes ven a la interacción como “múltiples movimientos dialécticos que vinculan
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al individuo a su medio social” (1997: 4), es decir, con otros individuos. Pero esto “suscita una segunda reflexión, la cual se refiere a las relaciones que el sujeto mantiene con los contextos y sus actividades” (Grossen y Py, 1997: 4). En este marco, las interacciones sociales que los actores establecen en el contexto educativo son observables y permiten acercarse a la comprensión del objeto de estudio identificado. los usos Según Geneviève Jacquinot, los estudiosos de los usos de los medios intentan articular en un mismo cuadro de análisis las determinaciones de la oferta y la libertad del usuario (2001: 399). En este contexto, el enfoque que interesa para este análisis es el de las lógi� cas de uso, es decir, la libertad de lectura del actor. En este sentido Fernand Braudel afirma que “Una innovación no vale más que en función del impulso social que la sostiene e impone” (citado por Perriault, 1989: 14-15). Por su parte Jacques Perriault define el uso de las máquinas de comunicar como “la utilización efectiva constatada” (1989: 16). educación de calidad Con base en la pedagogía freiriana, se define la educación de calidad como aquella que, además de los contenidos asimilados, se mide por la solidaridad construida en clase y por “la posibilidad que todos los usuarios de la escuela -incluidos padres y comunidad- tuvieron de utilizarla como un espacio para la elaboración de su cultura” (Gadotti y Torres, en Freire, 1997: 19). diversidad cultural La diversidad cultural se percibe como una disparidad, una variación, una pluralidad, es decir, lo contrario de uniformidad y homogeneidad. Ésta se refiere a la multiplicidad de culturas o de identidades culturales, es sinónimo de diálogo y de valores compartidos donde cada cultura se desarrolla y evoluciona en interacción con otras culturas (Ambrosi et al, 2005).

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identidade (s) Según Bruno Ollivier (2009),las identidades se construyen, son objeto de permanentes interpretaciones y reinterpretaciones por parte de quienes las asumen, las adoptan y las rechazan. En lo que respecta a las identidades individuales, éstas son sistemas de representación “de sí mismo y del otro”, mientras que para las colectivas son “de nosotros y de los otros” (Ollivier, 2009: 8). la antropología de la comunicación como metodología La presente investigación se sirve de una perspectiva metodológica cualitativa inspirada en la Antropología de la comunicación propuesta por Yves Winkin (1996). Para recopilar la información en los planteles educativos objeto de estudio se diseñan dos instrumentos de observación directa: una ficha espacial y una ficha de observación. Al final de la observación se aplica un cuestionario a los alumnos y se hace una entrevista a los maestros con el fin de corroborar algunos datos y complementar la información obtenida con las fichas mencionadas. definición de las unidades de observación A partir de la hipótesis de que las interacciones sociales que se ejercen en el espacio escolar y los usos que los individuos hacen de las tecnologías de la información y de la comunicación, frente a las políticas educativas nacionales e internacionales, dependen, en parte, de su inmersión dentro de un medio determinado, se revela pertinente observar cuatro tipos de planteles en un espacio geográfico definido: rural de población no indígena, rural de población indígena, urbano de población favorecida y urbano de población desfavorecida. discusión, de las políticas a los usos Los documentos revisados, las propuestas teóricas y el análisis de los primeros resultados obtenidos en esta investigación permiten, en un primer momento, ver que el gobierno mexicano ha implementado diversas políticas educativas que concuerdan con las planteadas tanto en la Declaración Universal de los Derechos Humanos como en la Decla� ración Universal de la unesco sobre la Diversidad Cultural.
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En un segundo momento, se confronta lo que estas diferentes políticas plantean con las prácticas de los actores de la educación de los planteles escolares observados. Lo anterior permite avanzar algunas hipótesis sobre lo concerniente a la educación de calidad, a la diversidad cultural y a la alfabetización electrónica en el estado de Querétaro. educación de calidad Se tiene pues que la Declaración Universal de Derechos Humanos, proclama en su primer artículo que “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos” y, en el segundo artículo, que estos se harán valer “sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”. El artículo 26º, que se refiere de forma directa al contexto que ocupa este trabajo, dice que “Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria” (un, 1948). Este último se ve reforzado en el artículo 5º de la Declaración Universal de la unesco sobre la Diversidad Cultural que estipula que “toda persona tiene derecho a una educación y una formación de calidad que respete plenamente su identidad cultural” (unesco, 2002). Tanto el artículo 26º como el 5º encuentran eco en las políticas mexicanas. En primer lugar, el artículo tercero de la constitución mexicana promueve el derecho y obligación de la educación básica. En segundo lugar, las políticas públicas de educación actuales también toman en cuenta tales iniciativas. En cuanto a la obligatoriedad de la educación y la calidad de ésta, las autoridades educativas federales admiten que si bien se ha avanzado en el quehacer de satisfacer la demanda de educación básica, en el aspecto de la educación de calidad todavía existen rezagos que no han podido subsanarse. La Secretaría de Educación Pública informa al inicio del actual sexenio que “aun hay niños y jóvenes de los grupos marginados que no asisten a la escuela o la tienen que abandonar. [Y que] particularmente en las zonas indígenas y rurales, las carencias de muchas escuelas vulneran el derecho a una educación de buena calidad” (2007).
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En este contexto, cabe aclarar que la definición de educación de calidad se entiende desde diferentes perspectivas. Aquí, como ya se mencionó, tal noción se apega a la pedagogía freiriana; a partir de la cual la construcción de los conocimientos rebasan el límite de las aulas para también formar parte en la elaboración de la cultura de la comunidad (Freire, 1997). Paulo Freire sirve de base para plantear la educación de calidad como un quehacer en el que tendrían que mirar hacia una educación integral, que los prepare en todos los ámbitos de la vida, no sólo el escolar. En México, el Programa Sectorial de Educación del actual Plan Nacional de Desarrollo (2007), propone que:
En la escuela, los alumnos han de encontrar las condiciones adecuadas para el desarrollo pleno de sus capacidades y potencialidades; de su razón y de su sensibilidad artística, de su cuerpo y de su mente; de su formación social [y en valores]; de su conciencia ciudadana y ecológica. Ahí deben aprender a ejercer tanto su libertad como su responsabilidad; a ejercer con libertad y responsabilidad su sexualidad; a convivir y a relacionarse con los demás; a sentirse parte esencial de su comunidad y de su país; a cuidar y enriquecer nuestro patrimonio natural, histórico y cultural; a sentirse contemporáneos y continuadores de quienes han contribuido a crear al México libre y democrático en que vivimos (Gobierno Federal, 2007).

Lo que el Plan Nacional de Desarrollo plantea coincide con las propuestas teóricas que se han hecho a lo largo de la historia para concebir una educación de calidad. Sin embargo, las observaciones de las interacciones sociales y los usos, que se llevan a cabo en los planteles escolares, permiten avanzar la hipótesis que los objetivos, encaminados a otorgar una educación de calidad que forme seres íntegros, sólo se cumplen en cierta medida. Directores de escuelas y maestros coinciden en señalar que los niños reciben clases que complementan las materias del currículum con contenidos de educación artística, educación física, educación para la salud y educación cívica. Pero no en todos los planteles éstas se llevan a cabo de manera “integral”. En México, en el nivel de educación primaria, los alumnos de cada grado escolar tienen un solo profesor. Éste, durante su formación, recibe algunos elementos en cada una de las disciplinas.
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En las escuelas primarias observadas, las clases de educación artística, para la salud y cívica son impartidas por el mismo maestro titular, pero los contenidos son tratados de la forma en que los maestros deciden, con los muchos o pocos elementos que cuentan. En la educación integral se identifica una deficiencia, ya que los diferentes componentes que deberían conformarla no están presentes en el quehacer que se lleva a cabo en los planteles observados. Además, cuando lo están, no tienen el mismo nivel de calidad. Por ejemplo, la educación artística en algunas escuelas primarias consiste en destinar un espacio de tiempo en la semana para que los alumnos practiquen una danza regional u organicen un coro cuyos resultados serán presentados en algún festival escolar. La calidad artística con que estas actividades se realicen depende de la capacitación y motivación del profesor. Por un lado, podemos observar manifestaciones artísticas que permiten mostrar la sensibilidad tanto del maestro como de los alumnos y, por otro, demostraciones que dejan ver un descuido de los contenidos; en el último caso la práctica artística queda como una mera prueba de cumplimiento burocrático de los contenidos educativos. En el nivel de educación secundaria, los alumnos llevan una materia específica en artes. Los contenidos varían entre la pintura, la danza, y la música. Sin embargo, mientras que en algunas escuelas se tienen orquestas escolares dirigidas por profesores con una formación musical que logran llevar a sus pequeños artistas a concursos nacionales, en otras secundarias los alumnos desarrollan actividades que no logran proporcionar al alumno los elementos mínimos para una comprensión de la actividad artística y les permitan saber si es o no interesante para ellos. Otro ejemplo lo constituye la educación física. Esta formación se da a través de actividades deportivas en ambos niveles de la educación básica y son ofrecidas por un maestro especializado en la materia. Los trabajos realizados en dichas clases tienen objetivos y contenidos claros, sin embargo, estos no siempre son de interés para cada uno de los integrantes de una clase que, en ocasiones, son numerosas. Para el caso de los grupos numerosos, esta educación se concretiza en sesiones masivas de una actividad física que no es posible supervisar adecuadamente y de la cual los alumnos no conocen los objetivos y la pertinencia en su formación.
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Para completar la hipótesis correspondiente, se puede decir que el cumplimiento de los objetivos de cada asignatura propuesta como parte de una educación integral de calidad dependen de varios aspectos: de la infraestructura material con que cuentan los planteles, de la política del director de la escuela -puesto que en muchos casos él define las prioridades en la conformación del perfil de los estudiantes-, una vez más, de la formación y motivación de los profesores, de la disposición y motivación de los mismos alumnos y, también, del interés de los padres de familia. Es decir, además de la infraestructura, las interacciones sociales y los usos constatados también juegan un rol determinante en el cumplimiento de las políticas establecidas. Debido a lo complejo de esta tarea, se observan muchas diferencias y desigualdades en las diferentes escuelas observadas. Las escuelas urbanas son las que cuentan con más elementos para lograr esta educación de calidad y las escuelas rurales las que tienen menos posibilidades de hacerlo. Sin embargo, también hay experiencias rurales que se acercan, por supuesto con mucho mayor trabajo, a lo que puede ser una formación de calidad. Esto gracias al quehacer casi estoico que, incluso en condiciones adversas, llevan a cabo algunos profesores, gracias a su vocación. Pero estos ejemplos son raros. diversidad cultural En lo que concierne a la Declaración Universal de la unesco sobre la Diversidad Cultural, que concibe esta última en su artículo 1º como patrimonio común de la humanidad, también existe una propuesta para reflexionar. Por un lado, el artículo 5º estipula que “toda persona tiene derecho a una educación y una formación de calidad que respete plenamente su identidad cultural” (unesco, 2002). Por otro lado, dentro de los objetivos del plan de acción correspondiente, se pretende, entre otros aspectos, favorecer la inclusión de personas que provienen de horizontes culturales variados, salvaguardar el patrimonio lingüístico de la humanidad y luchar contra las desigualdades en materia electrónica mediante la educación. En este apartado se hace un acercamiento a la manera en que las interacciones sociales y las prácticas o usos, en el contexto educativo, buscan concretar las políticas nacionales e internacionales en materia de diversidad cultural. En el siguiente, se expone qué pasa con la, así llamada, alfabetización electrónica.
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Con respecto de la diversidad cultural, en México, el artículo 2º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos expone que “La nación mexicana es única e indivisible […] y tiene una composición pluricultural sustentada originalmente en sus pueblos indígenas” (2001). También reconoce y garantiza el derecho de los pueblos indígenas a “preservar y enriquecer sus lenguas, conocimientos y todos los elementos que constituyan su cultura e identidad” (2001). La federación, los estados y los municipios deben, entre otros aspectos, “garantizar e incrementar los niveles de escolaridad favoreciendo la educación bilingüe e intercultural” (2001). Como se puede observar, las políticas mexicanas tratan, desde varios ángulos, el tema de la educación en el respeto a la diversidad cultural. En lo que concierne de manera específica al terreno de observación de este estudio, el estado de Querétaro, las autoridades educativas han realizado algunos esfuerzos para preservar y revalorizar la lengua y la cultura de los otomíes, uno de los pueblos autóctonos vivos en la región. Incluso la Unidad de Servicios para le Educación Básica del Estado de Querétaro (usebeq) tiene un departamento especial para gestionar los asuntos relacionados a la Educación Indígena. Entre las disposiciones educativas estatales, encontramos que para asignar un docente en una escuela primaria indígena, éste debe pasar un examen de bilingüismo. Por ejemplo, en la escuela primaria indígena observada se contrata solamente a maestros bilingües que hablen otomí y español. Para reforzar esta práctica, las autoridades educativas a cargo de la educación indígena imparten cursos de lengua otomí a los maestros que laboran en escuelas bilingües, así lo afirman algunos docentes de la primaria observada. Los cursos son continuos y se programan para llevarse a cabo durante el ciclo escolar. En la misma línea, se ha dispuesto que los alumnos de las escuelas indígenas cursen una asignatura obligatoria de lengua indígena con el fin de reforzarla. En el caso de las escuelas primarias, la asignatura denominada Otomí se trabaja una hora por semana, es impartida por el mismo maestro a cargo del grupo y este último es quien decide qué temas tratar. Una de las actividades interescolares, que se lleva a cabo anualmente en la región para preservar la lengua materna, es un concurso coral del himno nacional cantado en lengua otomí. En este evento compiten algunas de las escuelas con población indígena, en su mayoría localizadas en la comunidad de Santiago Mexquititlán.
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Cada plantel participante prepara un grupo de alumnos para el acto mencionado, en los ensayos se forma a los niños sobre la pronunciación correcta de las palabras, un poco de métrica musical y de entonación; los encargados de esta práctica son los mismos maestros de la primaria. Cabe mencionar que varios de los grupos corales están formados tanto por estudiantes indígenas como no indígenas y que estos últimos muestran interés por aprender la lengua otomí. En cuanto a las escuelas secundarias, los temas relativos a la lengua indígena se tratan en la llamada Asignatura estatal. Esta materia no es exclusiva de Educación indígena, todos los alumnos de secundaria a nivel nacional la cursan pero tratan diferentes temas dependiendo de las necesidades socio-culturales de la región donde se encuentran, como por ejemplo Historia de Querétaro o Ecología. No obstante, se ha estipulado que en todas las escuelas donde haya más de 30% de población indígena se deberá implantar obligatoriamente la lengua materna como Asignatura estatal, para tal efecto, se designa un maestro especializado en el tema. Las clases impartidas a los alumnos para el rescate de la lengua indígena incluyen actividades como la escritura y la pronunciación, entre otras. En cada nivel escolar se imparten contenidos diferentes. En primer y segundo grado de primaria se enseñan a los niños conocimientos elementales de la lengua, como por ejemplo la traducción de palabras aisladas. En los grados posteriores, de tercero a sexto año, los alumnos aprenden el alfabeto otomí, después enunciados compuestos y más tarde cuentos o canciones en la lengua indígena. En secundaria se tratan los mismos contenidos pero con un mayor grado de dificultad. Como se puede observar, en lo que concierne la preservación e impulso de una educación bilingüe en las zonas indígenas del estado de Querétaro, las políticas nacionales y locales se están concretando. La promoción del uso de la lengua otomí, en este caso, se da no sólo entre la población indígena, sino también entre los alumnos no indígenas que acuden al mismo plantel, quienes además muestran interés por aprenderla. Esta práctica, además de hacer valer el otomí entre los hablantes y los no hablantes, permite la convivencia en un mismo espacio de los alumnos indígenas y no indígenas. Sin embargo, la hipótesis que se puede avanzar sobre este aspecto, es que el objetivo de incluir a personas que provienen de
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horizontes culturales variados en un contexto educativo, donde se respete plenamente su identidad cultural, se cumple sólo en parte. Si bien el interés y la oportunidad de los alumnos no indígenas por participar en los programas que promuevan la práctica de las costumbres y el aprendizaje de la lengua de los pueblos autóctonos en la escuela, les da elementos para interactuar con sus compañeros indígenas en un ambiente de igualdad y de respeto, esto sólo se ve en los planteles rurales con población mixta indígena-no indígena. Los alumnos de escuelas rurales que no cuentan con población autóctona, así como los de escuelas urbanas, carecen de este acercamiento a la cultura indígena, no la conocen y no la valoran. Por ende, son poco capaces de integrar nuevos compañeros provenientes de un pueblo autóctono e incluso, en algunos casos, los discriminan. Esto último hace, además, que los individuos pertenecientes a un pueblo autóctono cuestionen su propia identidad. alfabetización electrónica Para terminar, se aborda la cuestión del acceso y formación para el uso de las tecnologías de la información y de la comunicación como un derecho. Como en el resto de los puntos tratados, esta política internacional también tiene eco en la política nacional de México. Desde hace ya varias décadas, se han creado diversos programas para integrar tales tecnologías en los diferentes niveles de educación. Sin embargo, en lo que concierne al acceso, no todos los planteles del país cuentan con un aula de medios o sala de informática y, aun cuando se tenga este espacio, algunas veces el equipo es insuficiente para que los alumnos trabajen en condiciones óptimas. Esta misma situación se refleja en el estado de Querétaro, sobre todo en las escuelas rurales. En el caso de las escuelas objeto de estudio, todas cuentan con equipo de cómputo; es decir, no hay desigualdad en la posibilidad de acceso a las tecnologías. No obstante, el equipamiento parece ser insuficiente para cubrir las demandas de maestros y alumnos, sobre todo, una vez más, en las zonas rurales. En cuanto a la formación que reciben los principales actores de la educación para el uso de las tecnologías, a pesar de que las instituciones poseen los mismos planes de estudios, se percibe una marcada diferencia en cuanto a los conocimientos que poseen los maestros y, por ende, los alumnos sobre su uso.
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En lo que concierne a los docentes específicamente, esta distinción es el resultado tanto de la capacitación que cada maestro ha recibido, como del interés que muestra con respecto de estas herramientas. Los resultados de esta investigación revelan que los maestros que han tomado mayor número de cursos de capacitación, utilizan y explotan más estas tecnologías, pedagógicamente hablando. En este sentido, la observación permite avanzar la hipótesis de que hay una apatía significativa por parte de los docentes en Querétaro para asistir a los cursos de capacitación sobre el uso de las tecnologías de la información y la comunicación. Puede decirse que los maestros muestran una resistencia al cambio, parece que no quieren modificar las dinámicas a las que están apegados varios profesores, y en general, el sistema educativo del Estado. En cuanto a los estudiantes, observamos que todos, tanto en el contexto urbano como en el rural, están interesados en utilizar tales herramientas, sin embargo, en la capacitación de los alumnos se percibe una amplia diversidad. Hay alumnos que no saben utilizar las computadoras, por ejemplo, y sólo pueden acceder a estos medios en la escuela; sus habilidades dependerán entonces de lo que el maestro pueda ofrecerles. Después están los alumnos que, además de la práctica escolar, invierten tiempo en el cibercafé y, aunque no tengan una formación ordenada del uso de la computadora e internet, se muestran confiados ante el uso este medio. Por último, hay niños que tienen un ordenador en casa y en ocasiones superan en mucho las habilidades que se desarrollan en el aula, puesto que estas últimas se enfocan a un público numeroso y a un contenido específico. Los conocimientos desordenados ya mencionados, los observamos sobre todo en las escuelas urbanas de población favorecida. Hay alumnos que muestran un buen desempeño en la ejecución de programas de diseño o en la creación de páginas web pero tienen dificultades en el uso de operaciones básicas como utilizar un antivirus o retirar un dispositivo usb de forma segura, entre otras. De esta manera, se avanza la hipótesis de que la “lucha contra las desigualdades” en materia electrónica se da de manera desequilibrada en la educación básica del estado de Querétaro. Esto debido a que el acceso, el interés sobre su utilización, la formación para el uso y la utilización misma de las tecnologías de la información y de la comunicación, que tienen los actores de la educación, toma diferentes modalidades.
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Asimismo, no todas estas prácticas están encaminadas a una alfabetización electrónica equitativa y a la satisfacción de necesidades propias de los actores. Por otro lado, los diferentes programas, que contemplan la implementación de las tecnologías en la educación de México, hablan de explotar estos medios para la promoción de las culturas y el aprendizaje de las lenguas indígenas según la región de que se trate en el país. Sin embargo, por lo menos en el estado de Querétaro, estos contenidos están ausentes en programas como Red Escolar en escuelas secundarias y Enciclomedia en escuelas primarias. Los contenidos en lengua indígena sólo son una promesa. una primera conclusión En el contexto educativo, las políticas nacionales en México responden a las políticas implementadas a nivel internacional, tanto en la Declaración Universal de Derechos Humanos como en la De� claración Universal de la unesco sobre la Diversidad Cultural, en lo concerniente a la implementación de una educación de calidad en un marco de diversidad cultural que, además, contemple la alfabetización electrónica. Sin embargo, no ha sido posible concretar tales políticas en la práctica. En ocasiones no se cuenta con la infraestructura necesaria para ello, pero muchas veces son los actores quienes no se interesan en partcicipar activamente en los proyectos. Valdría la pena preguntarse si esto de debe a que no están lo suficientemente informados sobre los beneficios que estas tareas traerán para el grupo social de que se trate o que, simplemente, estas políticas no concuerdan con sus proyectos individuales y socioculturales porque, una vez más, éstas se formulan desde fuera.Tal marco permite afirmar que las políticas públicas desarrolladas, a nivel nacional e internacional, para establecer interacciones sociales y usos en el contexto educativo, que se encaminan a una educación para la comunicación y la comprensión a nivel local, regional, nacional e internacional, distan de concretarse en la práctica. La tarea es hacer una revisión, tanto de las políticas como de los insumos que se ponen a disposición para su concreción. No obstante, valdría la pena voltear la mirada a los actores mismos para conocer su parecer con respecto de estas disposiciones nacionales e internacionales, pues se parte del supuesto de que los objetivos de tales políticas son también los suyos y no necesariamente pudiera ser así.
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Reputación corporativa y responsabilidad social, nuevas formas de gestión

josé de jesús gonzález almaguer*

resumen En el presente ensayo se revisan algunos modelos de gestión modernos y sus componentes. Posteriormente, se comparan con modelos de responsabilidad social y reputación corporativa y los factores que los componen. Al establecer las diferencias que existen, se ofrece una conclusión en el sentido de que tanto responsabilidad social como reputación corporativa son nuevos modelos de gestión y no sólo procesos que se han incorporado a la administración moderna, para reforzar esta idea se presentan algunos de los errores más comunes y los mitos más recurrentes respecto a la instauración de programas de responsabilidad social en México. Palabras clave: Modelos de gestión moderna, Responsabilidad social, Reputación corporativa abstract This essay reviews some modern management models and their components. Later models are compared with Social Responsibility and Corporate Reputation models and the factors that compose them. In establishing the differences, we offer a conclusion in the sense that both Social Responsibility as Corporate Reputation are new models of management, not only processes that have been incorporated into modern management, to reinforce this idea we present some of the most common mistakes and recurring myths about the creation of social responsibility programs in Mexico. Key words: Modern Management Models, Social Responsibility, Corporate Reputation

*Profesor Facultad de Responsabililidad social. Universidad Anáhuac Norte. Miembro del Consejo Consultivo de la Asociación Mexicana de Comunicadores A. C. (amco). Correo electrónico: jjesusalmaguergmail.com

introducción La gestión de las organizaciones ha sido una historia de mejora continua, de incorporar la innovación en las soluciones, de aprendizajes logrados mediante honrosos triunfos de la sociedad y de vergonzosas lecciones aprendidas desde las mayores bajezas de que ha sido capaz la humanidad -esclavitud, saqueos, corrupción-, que sólo se detuvieron tras años de impunidad. Con la llegada de la modernización, las organizaciones establecieron condiciones de producción aplicables a bienes o servicios y lograron estandarizarlas mediante procesos y herramientas de gestión que se convirtieron en normas de negocio o de gobierno. Sin embargo, muy pronto, las organizaciones se vieron obligadas a obtener reconocimientos o certificaciones por su reputación corporativa y por su actuar responsable socialmente. Hubo varias razones para ello (bien sea por el deseo de mejorar que existe en la condición humana, o por la necesidad empresarial de mantenerse en un mercado competitivo, o por la importancia social que adquirió la conciencia de garantizar, urgentemente, la sustentabilidad del planeta), así que actualmente toda organización ha buscado implementar una nueva forma de gestión que posibilite esos reconocimientos. El objetivo del presente artículo es establecer que la reputación corporativa y la responsabilidad social son nuevos modelos cuya gestión afectan a la organización completa y no son sólo procesos agregados a la administración moderna. Para ello, se ha revisado la documentación reciente sobre el tema, a fin de establecer la conformación de esos modelos y cuáles son sus dimensiones e ítems con la intención de destacar que no formaban parte de previos sistemas de administración. Por último, se presentan las conclusiones para identificar que la gestión moderna de las organizaciones no incluía los componentes de la responsabilidad social, ni de la reputación corporativa, los cuales conllevan a nuevas formas de gestión. A lo largo del documento, se presentan modelos de gestión establecidos por autores identificados como parte de la modernidad en la administración y se contrastan con los modelos que han surgido respecto a responsabilidad social y los de reputación corporativa que provienen de instituciones como Transparencia Mexicana (que ha desarrollado el Índice Mexicano de Reputación Empresarial con estudios en 2004 y 2006), así como los resultados que entrega el Reputation Institute con un estudio, realizado en 2011 bajo el nombre de RepTrak Pulse.
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Por último, se ofrece un par de listados sobre los mitos y errores más comunes respecto a la responsabilidad social. modelos de gestión moderna En los años ochenta, el paradigma dominante fue el de las fuerzas competitivas desarrollado por Porter, aunque luego habría de modificarse hacia la creación de ventajas competitivas (Teece, 1997). Posteriormente, habría de generarse el modelo de capacidades dinámicas (dynamic capabilities) por autores como Prahalad y Hamel (Teece, 1997). Bajo este enfoque se destacaron los siguientes factores de producción: recursos, competencias y rutinas organizacionales, competencias básicas, productos y capacidades dinámicas. Más tarde, desde la publicación Harvard Business Review se habrían de establecer grandes retos para la gestión de las organizaciones por un grupo de académicos y de directores ejecutivos. El trabajo arrojó un listado de veinticinco desafíos (Hamel, 2009). De ellos, al menos diez se refieren al liderazgo, deshacer la estructura jerárquica de las organizaciones que afecta la diseminación de información, empoderar a los empleados al crear confianza, favorecer la diversidad, la pasión por el trabajo y la gestión de talento. Lo más importante, sin embargo, es que propone que el trabajo sirva a un propósito mayor y crear una nueva gestión para un mundo abierto. Este listado, de grandes retos para las organizaciones y quienes las dirigen, permite revisar la orientación de la práctica moderna de la gestión y de quienes desean contribuir a su desarrollo. Sin embargo, como podremos ver más adelante, no se acercan a los modelos que se desprenden de la responsabilidad social ni de la reputación corporativa, aunque ya señala la necesidad de una nueva gestión que busque un propósito mayor. A eso se orientan tanto la responsabilidad social como la reputación corporativa. Por su parte, Baden-Fuller y Morgan realizaron una revisión de diferentes modelos de negocios y el enfoque de su análisis. De su trabajo, se desprende que algunos casos a) relacionan la innovación del modelo con la innovación tecnológica; b) enfatizan la interdependencia más allá de los límites de la corporación; c) estudian cómo funcionan los modelos de negocio de bajo costo de China e India; d) revisan un modelo social de negocio que está entre el lucro y la caridad; e) ponen el aprendizaje en el centro del escenario; y f) detallan interfaces entre el modelo de negocio,
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estrategias y tácticas, así como las dinámicas del negocio que cambian con el tiempo (Baden-Fuller, 2010). Finalmente, hay quienes han tratado de demostrar la importancia de la cultura organizacional para mejorar el desempeño organizacional a través de un proceso de cambio en el negocio (Sewkerlavaj, 2007). responsabilidad social A partir de la revisión de la literatura, para este artículo, entendemos que existen dos grandes enfoques sobre el tema de la responsabilidad social (rs). El primero se refiere a la importancia de adoptar ciertos comportamientos aceptados como socialmente responsables, mientras el segundo busca dimensionar el constructo de la rs con la adopción de marcos normativos, bajo este enfoque quizás el más reconocido sea el Modelo de Carroll (Carroll, 1979). Para este trabajo, se considera a éste como el que habrá de estudiarse y al que se hará referencia. La diferencia es muy importante. El primer enfoque se refiere a modificar comportamientos de las organizaciones y adoptarlos por la importancia que la sociedad y sus actores le brindan. Es decir, en tanto que la sociedad observa esas conductas se valora a la organización como socialmente responsable. No parece provenir de un convencimiento propio e interno, sino de la necesidad (y obligación) de una manera de actuar que no ponga en riesgo la convivencia social. El segundo enfoque, con mayor profundidad, insiste en adoptar normas que guíen esos comportamientos para impedir que se vean amenazados por las acciones organizacionales y de sus colaboradores, en aras de alcanzar los objetivos estratégicos, marcados desde la dirección. Esto significa una normatividad que anticipa los principios de acción para casos de conflictos de intereses y que procura alcanzar armonía para el comportamiento ético y moral, con la actividad productiva de bienes y servicios. El mismo Carroll habría de señalar los componentes legales y económicos de la responsabilidad social corporativa. En lo económico, señaló un desempeño que maximice ganancias por acción, el compromiso de ser tan rentable como sea posible, mantener una fuerte posición competitiva, sostener un alto nivel de eficacia operativa y definir a una firma exitosa como consistentemente rentable. En lo legal, distinguió un desempeño consistente con las expectativas del gobierno y la ley, cumplimiento de regulaciones de todo nivel, ser un ciudadano corporativo
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respetuoso de la ley, una empresa exitosa es definida como una que cumple sus obligaciones legales, y entregar bienes y servicios que cumplan, al menos, los requisitos legales (Carroll, 1991). Asimismo, Carroll agregó elementos que no suelen estar presentes en los modelos de gestión que hemos revisado con anterioridad: componentes éticos y filantrópicos. En lo ético precisó un desempeño consistente con las costumbres sociales y normas éticas; reconocer y respetar nuevas (o aquellas que se encuentren en evolución), normas adoptadas por la sociedad; prevenir que las normas éticas no se vean comprometidas con el fin de lograr los objetivos organizacionales. Una buena ciudadanía corporativa es definida por hacer lo que se espera ética o moralmente, se debe reconocer que la integridad corporativa y la conducta ética va más allá de observar las leyes y regulaciones (Carroll, 1991). Entre los componentes filantrópicos, definió un desempeño consistente con las expectativas filántrópicas y caritativas de la sociedad: ayudar a las bellas artes; la participación voluntaria tanto de gerentes como de empleados en actividades de caridad en sus comunidades; proveer ayuda a las instituciones de educación públicas y privadas; apoyar proyectos que mejoren la calidad de vida de la comunidad (Carroll, 1991). Por otro lado, la responsabilidad social “comprende las expectativas económicas, ético-legales y discrecionales que la sociedad tiene de las organizaciones en un punto dado del tiempo” (Alvarado, 2008). Este punto permite establecer que la rs está enraizada en el tiempo y que su evolución está anclada por la velocidad a la que la misma sociedad modifique sus valores y la expresión de los mismos. De acuerdo con Bowen (1953), desde 1946, la revista Fortune encuestó a hombres de negocios sobre sus responsabilidades sociales, (citado en Carroll, 1999). reputación corporativa Diferentes autores han bordado sobre el concepto de reputación. Ésta es concebida como “un esquema mental que sintetiza, orgasta niza y simplifica las pistas ofrecidas por las múltiples imágenes proyectadas por la empresa y que provee un filtro interpretativo contextual y perceptual al consumidor, es decir, como una consecuencia de la imagen” (Alvarado, 2008). En ello coinciden autores como Groenland al conceptualizarlo como algo difícil de racionalizar ya que es básicamente racional (Martínez, 2009).
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En México, contamos con un estudio llamado Índice Mexicano de Reputación Empresarial, elaborado por Transparencia Mexicana junto con Consulta Mitofsky. El estudio se realizó en 2004 y, nuevamente, en 2006. De acuerdo con el sitio web de esta última, mide la percepción que tiene sobre las empresas un grupo de informantes calificados en ocho rubros (Transparencia Mexicana, 2006):
• • • • • • • • Preocupación por los intereses de los accionistas, inversionistas y socios Respeto a las leyes y normas vigentes Atención a clientes y proveedores Respeto al medio ambiente Respeto al derecho de los trabajadores Relación con la comunidad Relación con la competencia Compromiso con el desarrollo de México

Más allá de los resultados obtenidos y la lista de empresas que se desprende del estudio, es relevante para este artículo señalar que se incluyen elementos que no están presentes en los sistemas de gestión moderna, tales como respeto a las leyes y normas vigentes, respeto al medio ambiente, respeto al derecho de los trabajadores, relación con la comunidad y compromiso con el desarrollo del país. De igual manera, el Reputation Institute (en conjunto con Inmark México) realiza un estudio independiente y reporta, bajo el nombre de RepTrak Pulse México 2011, un documento sobre el tema y afirma que es parte del mayor estudio de reputación corporativa en el mundo, al realizarlo en 41 países del mundo (Reputation Institute, 2011). De acuerdo con este reporte, los dos factores claves de la reputación entre consumidores son:
• • Oferta de productos y servicios (21.6 %) Innovación (16.3%)

En orden descendente de importancia, tenemos:
• Trabajo 13% 208

• • • •

Finanzas 12.7%

Ciudadanía 12.6% Liderazgo 12.1% Integridad 11.7%

Nuevamente, lo que es importante para este trabajo es destacar que aparecen factores que no solían ser altamente valorados por la administración moderna, tales como innovación, ciudadanía e integridad. Una propuesta más académica (Martínez, 2009) que busca integrar los diferentes elementos mencionados ha marcado los siguientes factores: localización, capacidad directiva, calidad de gestión, estrategia empresarial, estructura organizativa, cultura organizativa, conocimientos, habilidades y talento de los empleados, posición financiera y responsabilidad social corporativa. Como puede verse, en este caso existen muchos componentes de gestión, pero hay una que se agrega: responsabilidad social corporativa. Asimismo, aparece la necesidad de establecer programas que permitan dar a conocer lo que la rs significa “Entre los más apremiantes retos del Tercer Sector, en México y el mundo, está el de comunicar: su rentabilidad social, lo productividad de su acción social y construir su reputación. Para lograrlo, debe coordinar tres programas que son los que ayudarán a alcanzar esos objetivos: comunicación, difusión e imagen” (González-Almaguer, 2011). Como se muestra en la Figura 1, cada uno de estos programas contribuye de manera específica a esos propósitos.
Figura I

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De manera preliminar, es posible apuntar que la comunicación en el Tercer Sector requiere orientarse al liderazgo, a la acción social, a la rentabilidad social y a la construcción de re� putación. De manera más sencilla: al proceso y sus resultados, a la solución creativa de problemas y a mejorar la capacidad estratégica de todo el Sector (González-Almaguer, 2011).

Al insistir en mejorar la capacidad estratégica de las organizaciones, se pone énfasis en que la reputación exige un sistema de gestión que abarca todo el sistema y que modifica la manera moderna de dirigir y liderar. Nuevos objetivos requieren de nuevos planteamientos para ser alcanzados. conclusiones La responsabilidad social y la reputación corporativa en México implican nuevos sistemas de gestión, programas y planes de toda organización para su desarrollo y asegurar su permanencia en el largo plazo, generando un ambiente armónico que garantice una sociedad más humana. El éxito se define de diferentes maneras, de acuerdo con cada sector: para las empresas, éxito y bienestar económico; para los gobiernos, conservar el poder para seguir con sus proyectos, bienestar social; para las organizaciones no gubernamentales (ong), bien común a partir de actuar correctamente, no sólo bienestar, sino bien�ser. En todos los casos es indispensable que se ponga énfasis en dos aspectos: generar armonía social y ambiental, así como favorecer una sociedad donde florezca lo mejor de la capacidad humana. La relación que tiene con los resultados esperados de una empresa, hace necesario documentar las estrategias de rs para elaborar planes y objetivos. Estas estrategias, contribuyen al desarrollo de la imagen del producto y la empresa, así como a integrarse rápidamente y con gran impacto a la cadena de valor y producción de los grandes mercados. Hacerlo agrega valor a la empresa, a los gobiernos y a las organizaciones del Tercer Sector, y por ende, les permite obtener ventaja competitiva en su nicho de mercado. Si logran comunicar a sus públicos, adecuadamente, esa ventaja competitiva obtendrán beneficios en su imagen, en su reputación y ante sus usuarios. De esa manera, rs y reputación corporativa resultan muy cercanas y, en ocasiones, se encuentran engarza210

das entre sí.Aunque la gestión moderna hizo grandes avances en la dirección de las organizaciones, nunca alcanzó los estándares que ahora son requeridos por los modelos de rs y de reputación corporativa. Para moverse hacia el cumplimiento de esa normatividad, las organizaciones requieren emplear nuevos modelos de administración que incluyan en sus fundamentos componentes que les orienten (y alienten) a nuevos éxitos. A pesar de los avances que hemos visto, prevalecen algunas ideas falsas o equívocas sobre la rs. A continuación, se presenta un listado de ellas que se desprenden precisamente de creer que basta adoptar algunas conductas sin modificar todo el sistema de gestión.
Diez mitos sobre la rs en México 1. 2. 3. 4. 5. “La rs es la solución a la pobreza e inequidad en nuestro país”. “La rs es un mecanismo de evasión o deducción fiscal para las grandes empresas”.

“Es lavado de dinero por parte de grandes delincuentes de todo tipo”. “Es una moda”. “La rs no existe, sólo hay remordimientos por parte de los empresarios, quienes buscan acallar la voz de su conciencia”.

6. 7.

“La rs es para empresas muy grandes y muy fuertes económicamente”. “La rs es buena voluntad y nada más”. “La rs es paternalista y no fomenta la madurez de la sociedad civil, la hace dependiente”. “La rs sólo es usada para establecer diferencia en el mercado, ante usuarios y consumidores, como estrategia de ventaja competitiva”.

8. 9.

10. “La rs es mercadotecnia social”.

Por otra parte, también es posible enlistar algunos de los errores más frecuentes a la hora de establecer programas de rs.
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Diez errores comunes en los programas de rs 1. 2. 3. 4. Es definida sin la participación de la alta dirección y modifica sus programas cada año.

Sólo es difundida entre los públicos externos de la organización. Se realiza sin contar con programas de evaluación y medición y sin programas de mejora continua. La gestión de los programas de rs se encarga a familiares cercanos de los dueños o socios que no son aptos para el negocio central y son colocados “donde no hagan daño”. Está desvinculada de los objetivos estratégicos y de rentabilidad (económica y social) de la organización. Sólo es para ayudar a comunidades marginadas. Ofrece soluciones de corto plazo y de corto alcance. Carece de visión estratégica y de ambición.

5. 6. 7. 8. 9.

No genera éxito económico, ni impacto social, sólo produce gratificación personal. Es generador de dependencia y de “clientelismo”. Busca como objetivo estratégico estar bien fondeada financieramente y por ello pierde agresividad, profundidad y eficiencia. No resuelve los problemas, sólo los reduce a un punto administrable socialmente.

10. Paga bien a sus directivos, pero no así a mandos medios. A los cuales tampoco destina recursos para su formación.

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referencias bibliográficas Alvarado, A, (2008). “Dimensionalidad de la Responsabilidad Social empresarial percibida y sus efectos sobre la imagen y la reputación: una aproximación desde el modelo de Carroll”, Estudios Gerenciales. Vol. 24, núm. 108 (julio-septiembre 2008), 37-59. Baden-Fuller, C. (2010). “Business Models as Models”, Long Range Planning, 156-171. Carroll, A. (1999). “Corporate Social Responsibility: Evolution of a Definitional Construct”, Business Society 38, 268-295. ———— (1991). “The Pyramid of Corporate Social Responsability: Toward the Moral Management of Organizational Stakeholders”, Business Horizons. ———— (1979). “A Three-Dimensional Conceptual Model of Corporate Performance”, The Academy of Management Review. Vol. 4, núm. 4, 497-505. González-Almaguer, J. (2011). Centro Latinoamericano de Respon� sabilidad Social. Boletín. Recuperado el 15 de abril de 2011, de Comunicar, reto del tercer sector: http://www.anahuac.mx/ boletin/2011/04/20110414.boletin.clares.html Hamel, G. (2009). “Moon Shots for Management”, Harvard Busi� ness Review, 1-10. Martínez, I. O. (2009). “La medición de la reputación empreLa sarial: problemática y propuesta”, Investigaciones Europeas de Dirección y Economía de la Empresa. Vol. 15, núm. 2 , 127-142. Reputation Institute. (2011). Reputation Institute. Recuperado el 09 de marzo de 2012, de http://www.reputationinstitute.com/ advisory-services/pulse Sewkerlavaj, M. I. (2007). “Organizational Learning Culture-The Missing Link Between Business Process Change and Organizational Performance”, International Journal of Production Eco� nomics, 346-367. Teece, D. P. (1997). “Dynamic Capabilities and Strategic Management”, Strategic Management Journal, Vol. 18, núm. 7, pp. 509-533. Transparencia Mexicana. (2006). Transparencia Mexicana. Recuperado el 10 de marzo de 2012, de http://consulta.mx/web/ index.php/estudios/otros-estudios/205-indice-mexicano-dereputacion-empresarial-2006
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Escaparate histórico, elemento de valor del marketing experiencial en destinos de cruceros
maría de jesús moo canul*

resumen Desde una perspectiva teórica se pretende dar soporte a la importancia de la imagen comercial exterior, como elemento para dar valor al marketing experiencial, aplicado a Cozumel como principal destino de cruceros en México. La promoción que tiene el destino en los medios de comunicación masivos queda contrastada con lo que se puede encontrar en éste, y no permite agregar valor diferenciado de otros destinos de cruceros. Desde esta perspectiva se presenta al escaparate histórico (disposición exterior del establecimiento), como un elemento de valor diferenciador a ser comunicado mediante la promoción del destino. Palabras clave: Escaparate, Marketing experiencial, Cozumel, Arquitectura de madera abstract From a theoretical perspective is intended to support the importance of foreign trade as an image to give value to experiential marketing as applied to Cozumel main cruise destination in Mexico. The promotion that has the destination in the mass media is contrasted with what can be found in this, and to add value not differentiated from other cruise destinations. From this perspective, presents the historical storefront (external disposition of the establishment) as an element differentiating value to be communicated through the promotion of the destination. Key words: Storefront, Experiential Marketing, Cozumel, Wooden Architecture

* Maestra en Comunicación Corporativa. Profesor de Tiempo Completo en la Universidad de Quintana Roo. Correo electrónico: mariajmc@uqroo.mx

introducción Debido al escaso tiempo con el que cuentan los excursionistas de cruceros al bajar a los destinos, en pocas ocasiones conocen a detalle lo que estos ofrecen. Aunado a los impactos de publicidad y técnicas de promoción en los puntos de venta, pocas veces se pueden recibir los estímulos persuasivos adecuados al giro del negocio situado en las entradas de desembarco de los cruceros. El crucerista, antes del desembarco recibe un mensaje persuasivo del destino transmitido mediante los medios masivos de comunicación, dirigidos a un público o segmento de interés. Los contenidos no suelen ser deliberados y es así como se encuentran elementos que acompañan al mensaje, que generan significados que el futuro turista recibe o decodifica de acuerdo con su contexto. Finalmente, el turista que visita los lugares de desembarque, buscando tener la experiencia y evidencia fotográfica de lo vivido a lo largo del trayecto, da entrada a la inclusión del escaparate como segundo elemento persuasivo que recibe el turista y que genera valor experiencial del destino turístico. Es oportuno mencionar que no se pretende dar una fórmula definitiva para la promoción de los destinos turísticos, pero sí se pretende señalar la importancia identificada a los escaparates históricos que se conservan en Cozumel, como elemento que le permita diferenciarse de otros destinos turísticos que ofrecen los mismos atractivos heredados por la naturaleza, es decir: sol y playa. metodología En este artículo se pretendió abordar la propuesta de valor identificado de estudios previos, realizados sobre Cozumel, como el destino de cruceros más importante de México, por el número de pasajeros que llegan anualmente por esta vía, entre otras cuestiones; concretamente la arquitectura de madera en Cozumel. En un principio se realiza una revisión teórica que soporta la valorización de los elementos de comunicación que contienen los escaparates de los puntos de venta y que finalmente se concluyen como propuesta para implementar el marketing experiencial en estos con el fin de adicionar valor agregado y diferenciador de otros destinos turísticos de cruceros. De esta manera se presenta la revisión teórica de la comunicación de masas y la construcción del conocimiento, así como la perspectiva del marketing experiencial, recayendo fi216

nalmente en la aplicación de esta teoría en la propuesta de valor diferenciador para el destino en mención, sustentando ésta con información actual disponible de fuentes secundarias sobre estudios de comunicación y actividad turística, aplicados a Cozumel. dimensión teórica de la comunicación de masas y construcción del conocimiento El interés causado por el estudio de la influencia de los medios de comunicación hacia sus públicos, se remonta hacia décadas pasadas apoyándose en teorías sociales y otras disciplinas como la psicología, y es así como la teoría de la bala mágica, acuñada después de la Segunda Guerra Mundial, comenzó a retomar la fuerza del estudio de los medios masivos de comunicación, sugiriendo el poder de la comunicación de masas, ay atribuyó a los medios “la capacidad de moldear la opinión pública y de volcar a las masas hacia casi todo punto de vista que deseara la persona comunicante” (De Fleur y Ball-Rokeach, 1997). De Fleur y Ball-Rokeach (1997) concluyen que la teoría básica de la comunicación de masas, es una teoría relativamente directa del modelo S-R (estímulo y respuesta), es decir, vincula los estudios realizados alrededor de la corriente del conductismo, y que “comienza con los estudios sobre condicionamiento de Iván Petrovich Pavlov (1849-1936), a partir de 1901, que culminan con su teoría del reflejo condicionado” (Arnoletto, 2007: 107). Estos autores vislumbran la existencia de supuestos no dichos sobre la teoría básica de comunicación de masas, “que se refieren no solo a la organización de la sociedad, sino a la estructura psicológica de los seres humanos que son estimulados y que están reaccionando ante el mensaje comunicado a las masas” (De Fleur y Ball-Rokeach, 1997), las cuales considera como variables intermedias entre el estímulo y la respuesta. el marketing experiencial Consolación y Sabaté (2008) definen el marketing experiencial como:
El proceso que incide específicamente en aportar un valor a los clientes, vinculado a las experiencias de estos con los pro217

ductos y servicios que se les ofrecen, proporcionándoles una información-comunicación suficiente para ayudarles a tomar la decisión de compra actual y fidelizarlos en un futuro.

Teóricamente han sobresalido las aportaciones de Betnd Schmitt y Pine y Gilmore, economía de la experiencia, en el primer caso. el autor sobresale con su aportación publicada en 1999 (traducido al español en 2006) con dicho concepto y posteriormente lo replantea en 2003, incorporando el concepto de customer experien� ce management (cem), en donde señala que éste no es un concepto mercadológico sino más administrativo por encima del customer relationship management (crm). Schmitt (2003) la define como un concepto de gestión realmente enfocado al consumidor. Sin embargo, se hace una aproximación a la propuesta planteada por Schmitt desde la perspectiva mercadológica de la experiencia de compra. Pine y Gilmore (citados por Consolación y Sabaté, 2008) tratan el concepto de economía de la experiencia partiendo de la premisa de que la competencia en precios bajos es difícil y hay que encontrar nuevas maneras de aportar valor a las empresas centrándose en el cliente y afirmando que generar experiencias en él genera valor económico, una aportación interesante de la cual también contribuye al marketing experiencial pero no se pretende abordar desde el ámbito económico. Para generar la estimulación del cliente y su respectiva experiencia de compra, es necesaria la creatividad e innovación, señalando Schmitt (2006) que es importante prestar atención a los entornos físicos, “esto puede incluir la arquitectura y el diseño de edificios y oficinas, así como espacios de trabajo o de reunión que se aparten de lo usual”. La idea central del marketing experiencial es identificar la experiencia que busca el cliente, “las experiencias se producen como resultado de encontrar, pasar por o vivir determinadas situaciones. Son estímulos que se provocan en los sentidos, el corazón y la mente” (Schmitt, 2006). En ese sentido, los elementos exteriores de un punto de venta proporcionan la información suficiente para la toma de decisiones del cliente, creando una predisposición de la experiencia que puede llevarse antes de adquirir el producto o servicio. Consolación y Sabaté concluyen señalando la importancia de planificar las acciones que deriven en una experiencia satisfactoria para el cliente, incluso en medios virtuales, y más allá de la simple transacción de bienes y servicios.
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la industria de cruceros El mercado de cruceros es uno de los más utilizados por los norteamericanos, en el reporte general del mercado se señala que “la industria de cruceros es la categoría más emocionante de opción de vacaciones en los Estados Unidos y Canadá. Su tasa media de crecimiento ha sido mucho mayor que cualquier otra categoría” (clia, 2011a).
Crecimiento de América del Norte del mercado de cruceros

Fuente: Imagen capturada del 2011 clia, Cruise Market Overview.

En el estudio del perfil del mercado de cruceros 2011 realizado por Cruise Lines International Association (clia), señala que los viajeros tienen cuatro principales factores que influyen en las opciones de vacaciones y tres de los cuatro están fuera del control directo de los vendedores: las páginas web del destino (39%, al igual que en 2008) siguen siendo elemento de la principal fuente de influencia; seguido por la compañía para el viaje (cónyuge, por ejemplo) (36%); recomendación de boca a boca (35%), y el turista que siempre quiso viajar en crucero (31%) (clia, 2011).
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Las mismas cuatro fuentes de influencia coinciden entre los cruceristas y viajeros, con algunas observaciones, de las cuales destaca que los viajeros de cruceros añaden los sitios web en la parte superior de su lista de influencias (clia, 2011). De igual manera, en un estudio realizado por Nielsen Company, para el Consejo de Promoción Turística en 2007, se estudió el mercado nacional, europeo (España, Francia, Italia, Reino Unido y Alemania) y norteamericano (Estados Unidos y Canadá) como demanda con dirección a México, y se vuelve a reafirmar que utilizan las fuentes de las páginas web para consultar y programar sus vacaciones (Nielsen, 2007). Al realizar el análisis por nacionalidad, en este estudio se observó que los estadounidenses depositan más confianza al Internet, con un 89%, por medio de páginas donde pueden encontrar precios accesibles para su bolsillo, así como explicaciones y experiencias compartidas de otras personas y hoteles en sitios específicos, al igual que los canadienses, la diferencia radica en que los últimos realizan las reservaciones preferentemente con agencias de viajes. Por otro lado, los españoles investigan todo lo referente al destino antes de salir de viaje vía internet, por esta misma fuente reservan los viajes, además de recurrir a las agencias. Aunque para este estudio se consideró a todo tipo de visitantes potenciales que se dirigen a México, no se excluye la importancia que predomina la promoción de los destinos turísticos mediante los medios masivos vía internet. Cozumel, Quintana Roo, es el principal destino de cruceros en México, la actividad económica ha ido en incremento en los indicadores en donde se reporta, tales como la cuenta satélite y el producto interno bruto (pib) del estado. De los 26 destinos de cruceros mexicanos, es el que mayor número de pasajeros recibe al año de acuerdo con el ranking de llegada de pasajeros en cruceros, por destino en el 2011 (ver Gráfica 1). Por desglose es notorio el incremento en las actividades terciarias (ver Gráfica 2), pero en el total del pib de Quintana Roo, pasa de 157 364 201 miles de pesos en el 2007 a 176 812 630 en 2010, teniendo un incremento de 12.36%.

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Gráfica 2 Ranking de llegada de pasajeros en cruceros por destino 2011

*Nota: Datos parciales a noviembre de 2011. Fuente: Elaboración propia con datos de la Dirección General de Puertos. Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

Gráfica 2 Producto Interno Bruto (pib) de Quintana Roo 2007-2010

Fuente: Elaboración propia con datos del inegi. Dirección General de Contabilidad Nacional y Estadísticas Económicas. Dirección General Adjunta de Cuentas Nacionales. Dirección de Cuentas de Corto Plazo y Regionales.

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Los signos ocultos en la promoción de cozumel en páginas web como destino turístico Estudios realizados sobre el contenido de los mensajes proyectados en las páginas web, para promocionar a Cozumel como destino turístico, señalan que los principales contenidos están vinculados al sol y a la playa, y en muy pocas ocasiones sobre los aspectos históricos o culturales de éste, asimismo mantienen limitada información incluso acerca de los atractivos turísticos de la isla. En un estudio realizado por Virginia Hermosillo (2006), desprendido de una investigación realizada por Alfredo Tapia, se analizaron las cinco páginas más populares que publicitan a Cozumel como destino turístico. Se concluyó que “las páginas manejan imágenes carentes de impacto visual, de carácter simple y a veces hasta aburridas a excepción del collage de imágenes de la página oficial del gobierno de Cozumel” (2006: 40). De las cinco páginas analizadas, cuatro presentan imágenes alusivas al mar, es decir al sol y la playa, y nuevamente en cuatro menciona que los blow�out son muy pobres o no cumplen su cometido de tener un poder de atracción mayor que, de acuerdo con Romeo Figueroa (1999), son signos recurrentes empleados para resaltar detalles o características sobresalientes, de última hora o de mayor importancia, de un anuncio. La información proporcionada en las páginas web como medios masivos, proporcionan una preconcepción de lo que el turista puede encontrar en este destino y de acuerdo con estrategias teóricas de la persuasión, “la relación entre el conocimiento y la conducta permanece como principio básico del comportamiento humano. Los significados modelan nuestras acciones.” (De Fleur y Ball-Rokeach, 1997), y al no haber información de lo que se puede encontrar en el destino, limita la oportunidad de compra de los posibles visitantes. el legado histórico de las casas de madera en cozumel “Al fundarse el poblado de San Miguel de Cozumel, éste experimentó el crecimiento de viviendas a su alrededor y se transformó en el centro urbano con mayor actividad social de la isla” (Pérez, 2009: 135). Labrada (citado por Pérez, 2009) menciona que Cozumel e Isla Mujeres son las dos únicas poblaciones mexicanas que recibieron la influencia arquitectónica de Chetumal, en la primera mitad del siglo xx.
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Sin embargo, la arquitectura anglo-caribeña no fue abundante en Cozumel. De las construcciones de madera representativas de ese pasado erigidas en las primeras décadas del siglo xx, la mayoría sucumbió ante los embates de los huracanes (Pérez, 2009:135).

Pérez León presenta en un artículo once fotografías de viviendas que persisten en Cozumel, como muestra de las pocas pero representativas construcciones, de las cuales cinco datan entre 1910 y 1950, y ocho son utilizadas actualmente para actividades del sector y servicios vinculados al turismo, pero que “quizá no cubren los requisitos arquitectónicos para ser considerados Patrimonio Cultural de la Humanidad […] pero sí constituyen elementos de la memoria del imaginario colectivo nativo, que debería ser proyectada hacia propios y extraños” (Pérez, 2009: 147). La misma actividad turística, sobre la cual se aboca el desarrollo económico de la región, ha modificado el paisaje de Cozumel, buscando favorecer la creación de fuentes de empleo. A manera de conclusión, Palafox (2011) señala que: Al basarse el turismo en los recursos naturales y culturales, requiere transformar el paisaje para establecer un proceso de apropiación, homogeneización y funcionalización del entorno, con el fin de reproducirse el capital por medio de la actividad turística (2011: 66). En este sentido, presenta las modificaciones del paisaje de Cozumel a lo largo de poco más de 40 años, en las que se encuentra inmerso en la actividad turística, sin embargo, esta misma adaptación a la actividad económica terciaria permite que sobresalgan las estructuras arquitectónicas con valor histórico prevalecientes en el destino en mención. discusión El análisis del valor ha tomado mayor auge en la actualidad, aunado al gran crecimiento en la sobreoferta de los mercados turísticos, los destinos buscan diferenciarse pero tal parece que sólo es en intención. Algunos autores como Valencia, Díez y Landa (2000) categorizan la disposición exterior de los establecimientos, coincidiendo
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que estos cuentan con rótulos, entrada, escaparate y fachada, en este caso, la misma arquitectura histórica de un establecimiento funge como escaparate del mismo, puesto que si bien el escaparatismo es más recomendable para bienes de consumo, Rebollo (citado por Díez y Landa, 2000) creen que “no debiera hablarse tanto de tipos de productos como de tipos de compra que se hace en ellos”. Díez y Landa (2000) apuntan que la efectividad de los escaparates será mayor en la medida en que la orientación a las compras sea como placer, recordando que el escaparate debe ser “la promesa de la tienda”. Valencia (2000), tratando de ajustar el concepto dinámico del proceso comunicativo del escaparate global, lo define como un “sistema activo de comunicación comercial, que mediante la utilización de diferentes estímulos sensoriales, pretende influir sobre las decisiones de compra de los clientes desde el exterior de los establecimientos” (Valencia, 2000:15), de manera tal que sea posible la adecuación del punto de venta exterior para que el valor histórico del lugar funja como elemento persuasivo al cliente. En ese sentido, es necesario identificar el elemento diferenciador para tomarlo en consideración como influenciador en la toma de decisión del cliente. Para Pérez León (2009: 147), las casas de madera en Cozumel “simbolizan memoria e historia, testimonio y transformación, naturaleza y vida de un pueblo”. De Fleur y Ball-Rokeach (1997), cuando hablan de la modificación de los significados para influir en el comportamiento, mencionan que “si las comunicaciones de masas pueden modificar los significados e influir inintencionalmente en el comportamiento, estamos en el terreno adecuado para contemplar la posibilidad de una estrategia de la construcción del significado, que tenga el propósito deliberado de cambiar la conducta”, es decir, es posible modificar la percepción del destino desde su orientación actual. Valencia (2000) menciona que en el escaparatismo, “el mensaje que el emisor envía es básicamente de carácter visual, constituyendo un todo junto con el espacio y la decoración”, considerando que estos elementos son los que “condicionan la decisión de compra tanto o más que el propio producto expuesto”. Estos elementos permiten vincular la experiencia que puede obtener el visitante a un destino, y si esa experiencia es transmitida en los medios masivos como las páginas web, permiten incrementar las posibilidades de impacto económico en el destino.
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comentario final Los medios masivos de comunicación toman cada vez un importante papel en la comunicación de los productos y servicios que se ofertan, la globalización y su eliminación de las barreras físicas lo permiten. Ahora los destinos turísticos tienden a competir en abaratar sus ofertas, sin incluir elementos de valor que les permitan a los potenciales visitantes diferenciar la experiencia de realizar vacaciones en cruceros y desembarcar en los puertos de destino. Actualmente, Cozumel es proyectado como destino de sol y playa, pero eso no agrega valor diferenciador de otros destinos que cuentan con los mismos beneficios que la naturaleza les heredó. Siendo las páginas web una de las principales fuentes de consulta de los potenciales visitantes, resulta importante agregar elementos diferenciadores de los demás destinos turísticos del Caribe, puesto que actualmente se enfocan a ofrecer los mismos aspectos que otros destinos, y es ahí donde los escaparates históricos toman importancia, permitiendo a Cozumel entregar un valor diferenciador y sobresaliente del destino, además de su importancia arqueológica como principal centro ceremonial destinado a la diosa maya Ixchél. Esa experiencia que percibe el visitante que desembarca del crucero, por unas cuantas horas, le permite crear al establecimiento y al destino en general, una mayor proyección del mismo, diferenciándose de los demás destinos, puesto que crea en el visitante la promesa de una experiencia diferenciadora y valorativa de su natural actividad turística, siendo las casas de madera las que crean esa magia histórica del lugar y su legado en la isla. Si se parte del supuesto manejado por la teoría de comunicación de masas y la construcción del conocimiento, es posible incluir los escaparates históricos como elementos de valor diferenciador, permitiendo al visitante que cuenta con pocas horas de desembarco, agregar a su agenda la visita a esos lugares, independientemente del producto o servicio ofrecido ahí, simplemente por la promesa de experiencia a vivir en dicho sitio, sin perder de vista que es lo que los turistas realizan al trasladarse de su entorno habitual, entendiéndose como la actividad de hacer turismo.

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Resúmenes de tesis de ganadores del Premio Nacional coneicc 2011

Primer lugar licenciatura

Feminidad y masculinidad en el cine de Carlos Reygadas. Las implicaciones de las estrategias formales del lenguaje cinematográf ico en la construcción de la subjetividad de género orianna aketzalli calderón sandoval

Universidad Nacional Autónoma de México. Ciencias de la comunicación. Especialidad en producción audiovisual

Para el sujeto social sexuado femenino que interpreta la realidad desde una posición feminista, el género no es una propiedad inherente al ser humano, sino una construcción sociocultural que puede resultar opresiva para ambos sexos. Así, uno de sus objetivos es analizar cómo las categorías complementarias pero mutuamente excluyentes de la identidad de género (feminidad/masculinidad), son construidas y representadas mediante prácticas sociales y procesos simbólicos, como los discursos mediáticos. En este contexto, el cine del mexicano Carlos Reygadas se ha distinguido por su capacidad para combinar forma y contenido alejados de lo verosímil cinematográfico —en sentido clásico—, dando como resultado películas que, no obstante, mantienen el placer narrativo y escopofílico. A nivel del contenido ha retratado una masculinidad en crisis (masoquista, marginada, incapaz de actuar), una mujer de
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edad avanzada como objeto de deseo o el erotismo de cuerpos alejados de los cánones de belleza del Star System. En lo que concierne al lenguaje cinematográfico, se aparta del estilo clásico para explorar el plano secuencia, el rodaje en locación, y la iluminación natural; posee un ritmo de edición con tiempos muertos que suspenden el flujo narrativo y trabaja con gente sin estudios de actuación. Al considerar una posible muestra del vínculo entre significantes cinematográficos y significados narrativos transgresores, en el marco de los estudios de género, su trabajo fue tomado como objeto de estudio de la presente investigación. Así, la hipótesis general que funge como eje rector del trabajo asevera que las estrategias formales del lenguaje cinematográfico empleadas por Carlos Reygadas en los filmes Japón (2002), Batalla en el cielo (2005) y Luz silenciosa (2007), privilegian una lectura de las representaciones de feminidad y masculinidad que transgrede los estereotipos de género del cine mexicano. *** Primer lugar maestría

“¿C ómo e stá n? ” For ma s de comu n ic ac ión interpersonal en una localidad con migración internacional joel pedraza mandujano

Colegio de la Frontera Norte. Maestría en estudios socioculturales

La migración ha cambiado las formas de comunicación al interior de las familias y de la sociedad al introducir la distancia geográfica como un elemento de la vida cotidiana. Esta investigación busca comprender la diferenciación generacional en la comunicación interpersonal al interior de las familias y de la comunidad en una localidad con migración internacional. Ubicado dentro de los estudios socioculturales, este trabajo estudia los medios, el uso, los contenidos y los significados de la comunicación interpersonal en las generaciones al interior de las familias y a nivel comunitario;
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para ello se apoya en la teoría de la vida cotidiana y del transnacionalismo, y propone el concepto de “cotidianeidad transnacional” para comprender mejor este fenómeno. El trabajo de campo se realizó en una localidad de la región histórica de expulsión de México a Estados Unidos. Por medio de entrevistas, observación y registro escrito se recopiló información diferenciada por generaciones adultas y jóvenes a nivel familiar y comunitario. Se concluye que los contenidos de la comunicación entre los familiares van más allá del intercambio de información y se negocia la presencia de los familiares en el lugar de origen. La tecnología en los medios de comunicación determina la intensidad y frecuencia de la comunicación entre los miembros de las familias, dando como resultado que las generaciones jóvenes sean quienes tienen una actividad transnacional más intensa, y que el sentido de pertenencia a la comunidad transnacional ocupe más espacios en medios de comunicación ofrecidos en internet. *** Segundo lugar licenciatura

La repartición de los ingresos en la taquilla cinematográfica. Una perspectiva de la industria del cine en México (2010) hernán garcía santiago maría de lourdes chavira montoya

Universidad Autónoma Metropolitana�Xochimilco. Comunicación social

La investigación expone la pertinencia de estudiar la industria cinematográfica mexicana dando cuenta de la realidad de este campo en los momentos actuales. En México la industria del cine se desarrolló en sus inicios a la par que la estadounidense o la francesa, pero por la situación económica, política y social de nuestro país, el cine se ha enfrentado a crisis económicas, estatización o a legislaciones que han impedido el desarrollo y crecimiento de la industria cinematográfica.
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Otros problemas del cine en México son los intereses comerciales y la competencia con la industria de Hollywood, que es la que acapara las salas de exhibición en nuestro país. Uno de los mayores problemas es la falta de regulación en la repartición de los ingresos obtenidos en taquilla, pues repercuteen la consolidación de una verdadera industria cinematográfica. *** Tercer lugar licenciatura

El lenguaje de los mensajes de texto vía teléfono celular que usan los jóvenes de bachillerato. El estudio de dos escuelas preparatorias en la ciudad de Querétaro luis daniel lópez garcía iván pedro aldama
Universidad Autónoma de Querétaro. Comunicación y periodismo

El objetivo de la investigación es conocer cómo estructuran sus mensajes de texto vía teléfono celular los jóvenes preparatorianos del municipio de Querétaro. Se estudiaron dos casos: Escuela de Bachilleres “Salvador Allende” plantel norte y Preparatoria de la Universidad univer. Para obtener la información de los mensajes de texto vía teléfono celular se diseñó un cuestionario que se aplicó a estudiantes que contaran con el equipo tecnológico y que participaran de manera voluntaria. Por otro lado, se aplicaron entrevistas a los profesores de las escuelas de nuestros casos de estudio para conocer su percepción acerca del uso que le dan a la lengua escrita los estudiantes en el teléfono celular, para así saber si afecta su forma de escribir en el ámbito escolar. El trabajo se realizó basándose, en primer lugar, en la perspectiva lingüística. Con el apoyo de un cuadro de análisis de contenido se identificaron los signos (de puntuación y guiones, representaciones gráficas, emoticones, etc.) existentes en el mensaje realizado por los estudiantes.
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En segundo lugar, desde la perspectiva sociolingüística, y tomando en cuenta factores no lingüísticos como sexo, edad y nivel sociocultural, se identificaron grupos a partir de las variedades existentes para representar una palabra, una imagen o una emoción. De acuerdo con esta perspectiva podemos mencionar que los estudiantes con mayor participación en el uso de signos diferentes a los de la lengua estándar (que sustituyen algunas palabras, usan imágenes o emociones) en el teléfono son las mujeres de dieciséis años cuyo nivel sociocultural se define porque la madre tiene estudios de preparatoria y es ama de casa. Finalmente se mostró una diversidad de signos para sustituir la escritura convencional, y se observó que algunas veces la forma de escribir los sms de los estudiantes está relacionada con la carga fonética del español y la pertenencia de los jóvenes a un grupo identitario.

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