 Narraciones y cantos vestidos de ruana. Tejidos por niños y niñas boyacenses.

Presentamos la introducción de la publicación y el enlace para consultar y descargar de forma gratuita el libro completo. Autor: David Cortés Zamora - Fundación Promigas.

Introducción
Fue así como el pacto se cerró: tan sólo bastó la expresión “Contigo, pan y cebolla” —que se utiliza en Boyacá cuando se quiere ratificar el compromiso y el cariño que se profesa por alguien sin importar las adversidades— para que el proyecto de Escritura Creativa se iniciara.

Contigo, pan y cebolla
En el antiguo Claustro de San Agustín, ubicado en la ciudad de Tunja, donde se dice reside el alma en pena del Monje sin cabeza y que hoy en día es utilizado como sede de la Biblioteca Alfonso Patiño Rosselli, comenzó esta historia… Allí, hace dos años, representantes de diversos centros educativos de la zona rural de Boyacá se dieron cita para escuchar la propuesta del proyecto Escritura Creativa que les abría la oportunidad a sus estudiantes de convertirse en escritores de su propia historia. El objetivo despertó gran interés en los presentes, y lo hizo aún más cuando se comunicó que los futuros escritores serían los alumnos de básica primaria y que para lograrlo los docentes participarían en un proceso formativo de un año y medio de duración. Cuando la presentación llegó a su fin, se preguntó si querían participar del proyecto, a lo que respondieron: “Contigo, pan y cebolla”. A partir de ese momento se implementaron reuniones periódicas cada tres meses en la capital boyacense, las cuales buscaban relacionar a los docentes con diversas técnicas de creación literaria y algunos postulados básicos de investigación enmarcados dentro de la historia oral.

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Los encuentros tenían una duración de cuatro días, después de los cuales los maestros se dirigían a sus instituciones educativas para transmitir a sus estudiantes las técnicas aprehendidas. En un principio los esfuerzos se centraron en propiciar la confianza de los niños en el oficio de escribir. Era necesario convencerlos a ellos, y a sus maestros, de que la expresión por medio de la palabra escrita no es un privilegio reservado para pocos sino un derecho disponible para todos. El medio que se utilizó para conseguir dicho objetivo fueron los diarios de vida: durante tres meses los estudiantes llenaron hojas y hojas de papel consignando su cotidianidad, sin darse cuenta que se estaban entrenando y familiarizando con el oficio de la escritura. Al término de este proceso y cuando la mano de los estudiantes ya se había soltado, la creación se convirtió en un juego y las palabras en un juguete, naciendo el primer capítulo de nuestro libro:

Los niños se ponen las palabras de ruana
Para qué pregunta una pregunta si la respuesta se encuentra en la pregunta; mejor pregunte una pregunta que la respuesta sea incierta a la pregunta. Por ejemplo: ¿Qué fue primero la música o la palabra? Este cuestionamiento, a manera de juego, fue el detonante que permitió a los estudiantes recorrer un camino enmarcado en la creación literaria en el que descubrieron la música que proviene de las palabras, el ritmo que se esconde detrás del silencio y la alegría de convertir al lenguaje escrito en un juguete. Juguete que tomó forma de copla: la expresión literaria característica de esta región del país —conformada por versos que riman gracias a sus terminaciones silábicas. Con el tiempo, el juguete fue enriqueciéndose y se llegó a una variante: las “coplas cojas” donde la última estrofa no rima con las anteriores. Después, aparecieron los relatos contados mediante una conjugación de coplas que no sólo rimaban sino que también guardaban una coherencia semántica; y lo mejor ocurrió cuando los niños y niñas de Boyacá se pusieron las palabras de ruana y escribieron acrósticos, himnos, canciones, chistes y adivinanzas. Al final, el esfuerzo cobró factura: ¡la imaginación se agotó!, los papeles quedaron en blanco y los lápices con ganas de seguir escribiendo.

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Fue entonces cuando la vida cotidiana llegó como una fuente inagotable de inspiración, pero ya no la propia —como en los diarios de vida— sino la de sus antepasados. Y fue así que el segundo capítulo de esta historia se gestó:

Mi abuelo dijo: “De boca en boca, de ruana en ruana”
“Cuenta mi abuelito que…”, con el anterior estribillo comienzan muchos de los textos de este capítulo que recopilan una parte de la tradición oral de la zona rural boyacense. Con libreta en mano, los niños y niñas emprendieron uno de los viajes más emocionantes que se pueda realizar: un recorrido a través de los recuerdos de sus abuelos quienes sentados alrededor del calor de la estufa o en la terraza de la casa desde donde se observan los primeros brotes del cultivo, propiciaron el encuentro de dos generaciones a través de la palabra. Los primeros acercamientos dieron cuenta de la tradición oral de su región, entendida esta como el compendio de relatos que preservan los mitos y leyendas de Boyacá. Después, los niños y niñas detectaron que las experiencias de vida de sus abuelos también eran interesantes, que el preguntarles por la forma en que trascurría su niñez en el siglo pasado era fascinante, que el indagar por la manera en que se ganaban la vida era una fuente inagotable de tradición oral que ahora era entendida como una particularidad (la vida de un ser humano) que representa una generalidad (la cultura boyacense). Por último, el proceso llegó a su máxima expresión cuando las historias de vida de sus abuelos sirvieron como argumento, como punto de partida para la posterior creación de los cuentos de los estudiantes.1 Cuentos que les despertaron, de nuevo, el instinto creativo. Ahora tenían ganas de retomar el papel en blanco y decorarlo con sus palabras en forma de cuentos o de poesías, ya fueran basados en la realidad o en su propia imaginación. Y fue así que el tercer y último capítulo de nuestra historia se concibió:

Puntada a puntada, palabra a palabra, los niños y niñas tejieron la ruana
Paso a paso, el final de esta historia se va acercando: ya se percibe la alegría de un cierre que recopila en sus instancias todo el proceso de formación y creatividad por parte de los profesores y estudiantes. Es como si por arte de magia, al final del
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Es preciso anotar que los textos de este apartado, lejos de pretender convertirse en un documento histórico que se caracteriza por su objetividad y veracidad de la información transmitida— presenta un compendio de textos subjetivos que tomaron el método investigativo de la historia oral para recopilar las tradiciones de los abuelos y como pretexto para darle voz a los que, generalmente, no tienen voz.

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camino, surgiera una metáfora perfecta que toma dos objetos del mundo real y los une a través de la palabra creando una nueva forma de nombrar el mundo. Así, como el efecto de una metáfora, los estudiantes se valieron de las dos herramientas que habían manipulado a lo largo de un año: la recopilación de la cultura oral y el vínculo de la palabra con la música, para crear sus propias historias que descansan en el papel con la forma de cuentos y poesías. Aquí, el oficio de la escritura se vivió, tal vez, con mayor intensidad, debido a que la corrección y la posibilidad de poner el escrito a consideración de sus compañeros hizo parte de la convivencia académica en la escuela. Fueron días difíciles en los que había que volver sobre el papel y reescribir la historia; otras veces se debía tomar la difícil decisión de votar a la basura la producción realizada para comenzar de ceros y, sólo después de mucho trabajo, lograr que el texto se aprobara y estuviera listo para la publicación. De hecho, fue tan intenso este proceso, que muchos de los docentes participantes se animaron a producir sus propios textos —que se encontrarán a lo largo de este libro— cerrando el ciclo de Escritura Creativa donde el que enseñaba resultó ser el aprendiz y el discípulo resultó convertido en maestro. Por último —y recordando lo que me decían mis padres cuando me iban a leer un cuento: “Y colorín colorado, esta historia… hasta ahora está comenzando”— tan sólo me resta invitarlos para que entren al mundo de narraciones y cantos vestidos de ruana con la disposición de encontrar entre sus páginas una cara de la cultura boyacense presentada a través de los ojos de los niños y niñas de este departamento.

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