Pensamientos Los pensamientos de Federico eran circulares. Empezaban y acababan en el día que no se atrevió a declarar su amor a Regina.

Recordaba siempre, como si fuera hoy, cuando conoció a la que sería desde entonces la diosa de sus sueños. Los sueños que nunca se cumplieron porque no fué capaz de dar un paso al frente para hacer saber a su diosa que él bebía los vientos por ella. Asi empezaba un día si y otro también, desde ya ni se acordaba cuanto tiempo, el hilo de sus recuerdos de lo que podía haber sido y no fué, el haber tenido la posibilidad de ser un hombre completamente feliz y haber renunciado a ello, sin tampoco saber si aquello que se había forjado como ideal de vida hubiera podido llevarlo a cabo más teniendo en cuenta que nunca supo si era amado por la que él si amaba pero a quien no le comunicó jamás el sentir de su corazón. A partir de aquí elucubraba en lo que hubiera podido ser en paralelo a lo que fué, tan distinto a lo que había idealizado en sus pensamientos, pues él unió su vida a Maribel, una chica que conocía desde siempre y con la que tuvo una convivencia apacible, sosegada y agradable, nada que ver con lo que imaginaba hubiera ocurrido de haber declarado su amor a aquella que seguía siempre presente en su pensamiento, ocupando la mayor parte del mismo, lamentándose para sus adentros de no haber actuado en una dirección diferente de como lo hizo en aquel pasado que se le antojaba ya tan lejano y que huía un poco cada día, sin por ello perder el perfil del recuerdo que ocupaba donde se sitúan los recuerdos aprehendidos que uno no quiere dejar fuera aunque haya pasado mucho tiempo desde el momento que se originaron. Por otra parte había sido un buen marido para Maribel, así como también un padre amantísimo de sus dos hijos, Pedro y José, que ya habían abandonado el hogar familiar. Todo la estabilidad familiar que siempre había mantenido no le impedía centrar sus pensamientos en aquella que le había ganado el corazón y nunca había hecho el mínimo comentario con nadie, ni con el mejor de sus amigos pues era su secreto, secreto que le acompañaba y guiaba como un faro en su devenir diario, que le hacía vivir esa vida paralela interior sin mezclarla en ningún momento con el exterior. Nunca había pensado que hiciera mal a nadie por tener y llevar en su interior un sueño mantenido a lo largo de todo aquel tiempo que ya había vivido y su intención era seguir con él en lo que le quedara por vivir, tanto si era corto como si era largo el camino que todavía tenía pendiente de recorrer, cosa que no le preocupaba en demasía ya que era consciente de lo efímero de la vida, a pesar, se decía, que si pudiera volver atrás hubiera actuado de otra manera aunque no se lamentara por ello ya que aunque no lo hizo en su momento conservó para sí y para siempre el recuerdo que ya formaba una parte indisoluble de su ser.

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