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Elogio de La Incompetencia

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ELOGIO DE LA INCOMPETENCIA

Fº. Javier González-Velandia Gómez

1 En su aparente simplicidad aséptica la idea de “competencia” aplicada a la educación refleja a la perfección un modelo socioeconómico vs. ideológico, que no es otro naturalmente que el Modelo Neoliberal (= el Modelo del Capitalismo en su fase actual.) Pese a la novedad del “modelo competencial” puede establecerse, no obstante, una continuidad con el modelo logsiano, en el que ocultos en la retórica progresista ya se encontraban los gérmenes de lo que estaba por venir. Asistimos, pues, a un giro dialéctico, en virtud del cual un sistema de inspiración y aspiración de Izquierdas deviene su opuesto, sin que naturalmente dicho giro quede declarado. Una confesión tal debe quedar velada por mor de la political correctness, para lo cual la maquinaría retórica de pseudoconceptos pedagógicos posee en su infinita ambigüedad recursos más que suficientes. Las estrategias de la propaganda con su ya larga historia han demostrado con creces su eficiencia en la sociedad de masas y aquí no podía ser de otro modo. ¿Qué son, pues, las “competencias”? • La Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) define competencias como: “el conjunto de conocimientos, habilidades y destrezas, tanto específicas como transversales, que debe reunir un titulado para satisfacer plenamente las necesidades sociales” • La OCDE sostiene que :

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“una competencia es más que un conocimiento y habilidades, implica la capacidad de responder a demandas complejas, utilizando y movilizando recursos psicosociales (incluyendo habilidades y actitudes) en un contexto particular” • Definición operativa de competencia. Para entenderse y manejarse mejor, debe definirse una competencia como: “El grado de dominio de las habilidades, procesos (actitudes y conductas medibles) y conocimientos requeridos en un área clave de éxito” [Definiciones extraídas del Blog del grupo Lexium, Desarrollo de competencias (DC), http://www.desarrollodecompetencias.com/] • “Competencias son capacidades y destrezas cognitivas de las que los individuos disponen o que éstos están en condiciones de aprender y que poseen la finalidad de resolver determinados problemas, así como las disposiciones y capacidades de tipo motivacional, volitivo y social que permiten hacer uso de las soluciones a problemas en situaciones variables con éxito y de manera responsable.” (Weinert, F. (ed.): Leistungsmessung in Schulen, Weinheim y Basilea 2001, p. 276). [Citado en Deseducativos, Manuel Méndez Burgillos: Enseñanza modernista y tradicional.]

Tres son al menos las reflexiones que a mi juicio suscita la noción de competencia tal como aparece delimitada en las definiciones oficiales y oficiosas: 1. La base epistemológica del concepto de “competencia” radica en la distinción entre los contenidos cognoscitivos como tales y las destrezas por parte de un sujeto de hacer uso de los mismos en contextos pragmáticos vs. performativos. Esta distinción es cuanto menos oscura. En una conferencia (disponible en el canal youtube) en torno al tópico “¿qué podemos entender por competencia?” (http://www.youtube.com/watch?v=oH-B-m7jCQ0), el profesor de la Universidad de Las Palmas, José Moya - especialista en educación en competencias-, exponía con el habitual tono desenfadado y didáctico que caracteriza a los lumbreras de la pedagogía más puntera -ante un auditorio no se sabe, a juzgar por el tono, si compuesto por niños o adultos-, el ejemplo siguiente: en un viaje por Francia, el conferenciante, sintió hambre y se dirigió a una panadería para adquirir pan. Al intentar verbalizar su deseo, cuál no fue su sorpresa al comprobar su incapacidad para comunicar un mensaje tan simple como: “¡Por favor!, pan.” ¡Real como la vida misma! Todos sus conocimientos de francés (gramática, vocabulario, fonética, etc.) aprendidos durante el Bachillerato no le habían servido para enfrentarse a una situación tan simple como la descrita. En resumen: si bien el señor en cuestión poseía conocimientos de francés, era no obstante un absoluto incompetente en el manejo de la lengua (incompetencia lingüística.) Del ejemplo narrado se deriva una distinción evidente: una cosa es conocer una lengua y otra actualizar lo aprendido, para lo cual el único método válido es la experiencia y la

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práctica continuada (escuchar, hablar, leer, escribir), preferentemente en un contexto real adecuado, es decir: en el país de origen de la lengua en cuestión. Siendo esto obvio, el problema surge cuando pasamos del caso particular a establecer un principio de validez general –algo a lo que es sumamente proclive el metadiscurso pedagógico y que genera múltiples y perniciosas confusiones. Si bien es cierto, que el nivel de conocimientos idiomáticos no transcurre de modo paralelo a la capacidad de comunicación (al grado de competencia lingüística), es igualmente cierto que, sin un estudio serio de la gramática, del vocabulario, de la correcta pronunciación y entonación, etc., nuestro nivel de idioma será muy limitado, un mero chapurrear, útil para la supervivencia, pero nada más (es el caso de la inmensa mayoría de emigrantes españoles, que pasaron décadas en Suiza o Alemania sin aprender la lengua.) Pero, ¿qué sucede con otras materias? ¿Se puede ser un matemático competente sin poseer grandes conocimientos de matemáticas? ¿Qué quiere decir ser competente en ciencias sociales, sin poseer serios conocimientos de historia, economía, sociología,…? La lista de interrogantes es inabarcable. La noción de “competencia”, en definitiva, entraña la paradoja de que “no es posible aprender algo sin aprender nada, es decir, de que, evidentemente, los contenidos tienen que aparecer por alguna parte.” (Deseducativos. Manuel Méndez Burgillos: Enseñanza modernista y tradicional.) 2. La educación en competencias sólo es posible a través de una ingerencia de la política en el ámbito de la educación. La tentación siempre presente en la dinámica del poder de instrumentalizar la educación posee aquí un nombre: “competencias.” A través de la educación el Biopoder modela un espécimen de individuo operativo, conforme a las macro- y microestructuras omnicomprensivas del Mercado. Los análisis de Foucault sobre el concepto de disciplina y su énfasis en el núcleo sensible, esto es: en el sometimiento de la vida -del cuerpo- al poder, son totalmente pertinentes y esclarecedores. De lo que se trata es de producir individuos competentes: competitivos, capaces de engrasar la Maquinaria y sobrevivir sin fenecer en el intento –para lo cual, como veremos, la “competencia emocional”, por llamarla de algún modo, es vital. 3. A una tal concepción, la idea del “conocimiento por el conocimiento” le es extraña. La θεωρία en sentido griego - como contemplación de la verdad y punto álgido de la existencia humana, en oposición al trabajo meramente manual, más propio de bestias o de esclavos- se hace sospechosa, se torna estéril, por lo que procede llevar a cabo una verdadera inversión. La preeminencia de la vida intelectual, como estado propio del hombre noble y espiritual, cuya vigencia se ha mantenido durante siglos, debe ser ya definitiva e institucionalmente superada. ¿Qué implica esto para la educación? La filtración o incluso la desaparición de un sinnúmero de contenidos del Saber, inoperantes desde la óptica del Marco Competencial. Existen infinidad de conocimientos, cuya traducción al lenguaje de las competencias es inconmensurable, por la sencilla razón de que carecen de toda utilidad en un contexto particular (laboral), no se integran en ninguna “área clave de éxito”, no satisfacen ninguna “necesidad social”, etc. Para todos estos conocimientos inoperantes la única solución coherente es que desaparezcan o, en el mejor de los casos, que se conviertan en un ornamento destinado a una minoría selecta y cuyo mantenimiento dependerá de los índices de Superávit, Así, en

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tiempos de crisis la inversión estatal en investigación, o en todos aquellos ámbitos del conocimiento o de la creación, en los que no esté clara su rentabilidad a corto plazo, la inversión estatal se verá reducida a mínimos –como está sucediendo ahora; en tiempos de bonanza económica, por el contrario, será factible una inversión mayor. Por otra parte, es ésta una de las razones básicas de la hostilidad de la pedagogía mediática ante las Humanidades y la Ciencia en su dimensión más especulativa y puramente teórica. A partir de estos tres puntos, voy a proponer otra definición del concepto en cuestión: • Entiéndese por “competencias” el conjunto de conductas que permiten a un individuo integrarse de forma eficaz en el contexto real del Mercado laboral, entendiendo por “eficaz”: competitiva, flexible, rentable, no conflictiva y psíquicamente “sana”.

2 En la definición que acabo de proponer hay un elemento que requiere que nos detengamos un poco. El rigor que se desprende de ella, hace que una definición en estos términos tenga nulas probabilidades de éxito. La política a partir de la Segunda Guerra Mundial (con toda claridad a partir de los 80) ha comprendido perfectamente que no es posible someter a la población a un estado de terror sostenido, sin que ello provoque convulsiones traumáticas indeseables. De ahí que sean necesarios complejos mecanismos de control, que mantengan a las masas en un estado de satisfacción lo suficientemente eficaz para que éstas no tiendan a la anarquía (Post-política.). Al transformar la educación ya sin ambages en una antesala de la esclavitud que es el trabajo, son necesarios mecanismos que silencien un futuro incierto en el que la frustración por no disponer de un lugar en el mundo laboral y no tener, por tanto, acceso al Hipermercado del Consumo - principal fuente de sentido para la existencia contemporánea-, podría tener efectos catastróficos. Dado además, que para una inmensa mayoría de empleos los niveles de competencia requeridos son mínimos, disponemos de todos los elementos que dan razón del porqué nuestras instituciones asilares educativas semejan parques temáticos, instituciones de asistencia social, centros de ocio, guarderías, estabularios del “ejército de reserva”, etc.; ello explica igualmente los niveles de conocimiento ínfimos y la estupidez generalizada de las masas. Lo que importa, en definitiva, es mantener a la población recluida y entretenida, dotándola de unos mínimos recursos, que permitan su ingreso en el mercado, ya sea como trabajadores activos o como trabajadores stand by. La insistencia en los aspectos lúdicos en la educación es, por lo tanto, perfectamente razonable desde este punto de vista. Y aquí retorno al elemento de la definición al que me he referido: no conflictiva y psíquicamente sana. ¿Por qué son tan importantes las disposiciones y capacidades de tipo motivacional, volitivo y social?; ¿por qué tanto énfasis en la emocionalidad, en la capacidad (competencia) de “gestionar emociones”, en el equilibrio interior, en todos los pseudoconceptos propugnados por la New Age? Porque un individuo plenamente consciente de la realidad y sin las estructuras narcotizadoras de los asilos educativos –y de la sociedad en su conjunto- podría poner en serio peligro la “armonía” existente al transformarse en un terrorista, un criminal potencial o un suicida. En conclusión: la educación emocional y ciudadana –para ser exactos: lo que el sistema entiende por

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“educación emocional, ciudadana”, etc.- es muy importante, tal vez la única importante de verdad. Sometido a la enorme tensión de un futuro incierto, de la competencia agresiva por acceder a un puesto de trabajo, de acceder a un mínimo bienestar, de vivir en la perpetua ansiedad derivada de la inestabilidad laboral, de tener que someterse a unas dinámicas en perpetuo cambio (reciclaje sostenido), de percibir unos salarios indignos,… todo ello unido a un estado de frustración general (social, familiar, sexual, vital), son necesarios mecanismos complejos y sutiles que impidan la hecatombe. 3 El modelo funcional de educación que con toda crudeza subyace al discurso de las “competencias” entraña el doble peligro de, por un lado, denigrar el saber a su dimensión puramente instrumental –lo que se traduce en una depauperación trágica del mismo, en una pérdida de su auténtico valor espiritual-, y por otro, de fracasar en sus objetivos declarados, dado que el énfasis unilateral en la competitividad muy bien podría tener el efecto opuesto, produciendo justamente individuos incompetentes, con una base “curricular” débil y carentes de recursos cognoscitivos lo suficientemente profundos como para afrontar determinadas tareas con mayor grado de exigencia. Ante esta tesitura, considero que la posición más seria que el docente ha de tomar es la de no tomarse muy en serio todo este discurso, por la sencilla razón de que en verdad es muy poco serio. Una actitud de cautela, de escéptico distanciamiento y de sentido común, es la indicada. No se trata de rechazar el “saber hacer”, ni de limitarnos a la teoría, sino de encontrar un equilibrio razonable de acuerdo a la materia, el nivel, la etapa educativa, la especificación profesional, etc. No cabe hablar de competencias en el mismo sentido en Primaria, que en una Formación Profesional o la Universidad (en la que unas especialidades difieren mucho de otras en sus funciones y metodologías.). Por otra parte, el docente guiado de su sentido común siempre ha empleado métodos en los que de lo que se trataba era de poner en juego competencias -algo que en realidad de nuevo tiene muy poco. Es el caso, por poner un ejemplo, del comentario de texto. En éste de lo que se trata es justamente de poner en ejercicio habilidades y conocimientos ante un reto concreto: comprender un texto, analizarlo, expresar pensamientos, desarrollar la creatividad…., o sea: competencias. Como prueba de lo que digo, basta con mirar a los nuevos textos aparecidos a la luz de las “competencias”, para comprobar que una vez más lo único que ha variado es el colorido – ya tan profuso, que más que aclarar lo que produce es aturdimiento- y su presentación digital (bastante cuestionable en su calidad, por lo que he podido apreciar); por lo demás, se observa, una vez más, que estamos ante un nuevo cut and copy (un trabajo de maquetación) de materiales que provienen de la LOGSE. Para el Mercado el Mundo -como el Infierno- es “el lugar sin límites”, y si pudiese acceder al Más Allá no dudaría un segundo en intentar vender sus mercancías a los mismísimos ángeles. La educación, tradicionalmente considerada un espacio de libertad y saber a resguardo de las furias de la historia, no podía salir indemne. Es así como recientemente hemos podido escuchar -¡con horror!-, que las empresas han descubierto en la educación un prometedor negocio. No se trata sólo del negocio editorial, de la venta y mantenimiento de todo tipo de recursos digitales, de las redes telemáticas, de la enseñanza privada, de los cursos de idiomas, o de los grandes beneficios que se derivan de los “máster”…, hay algo más. En calidad de “agente social” el mundo empresarial ha decidido irrumpir en las aulas, en las que ya se habla su jerga. No deja de ser grotesco, que las empresas, cuyo lugar no es la escuela, tengan un mayor poder en la toma de

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decisiones sobre el futuro de la educación que los propios docentes. Igual o más aún grotesco resulta que esta intromisión encuentre el beneplácito de responsables de la política educativa, especialistas en el tema (pedagogos) y ¡de los sindicatos! (que ya definitivamente parecen haber perdido el último rescoldo de conciencia que les debía quedar.) A partir de ahora la empresa quiere tener voz y voto en el modelo de formación que deberán poseer sus futuros esclavos, violentando de este modo lo que constituye la esencia y última razón de ser de la educación. En alemán existe la expresión “Fachidioten” (idiotas especializados), que designa bastante bien el modelo de individuo deseado en el Mercado: buen trabajador, preprogramado, unidimensional, contento, satisfecho de sí mismo y del Sistema, vamos: ¡un idiota! Pero la idea que debe guiar la educación no es la de formar especialistas agradecidos, sino la de fomentar la libertad y el pensamiento. El mayor triunfo que puede lograr la educación es el de suscitar la pasión por el saber, que el joven descubra el saber, que sienta sed de saber, aunque este saber le vaya a ser de poca utilidad en la vida –en el sentido de utilidad inmediata, de rentabilidad económica, de competitividad. Dejar de cultivar todos esos saberes inútiles, que desaparezcan las pasiones inútiles, sería algo dramático para la Cultura. Algo que no debemos permitir que suceda en ningún caso. La jerga empresarial invade el discurso educativo, lo cual es un signo evidente de victoria. El lenguaje es el lugar de la verdad, por lo que también lo es de la mentira, de la manipulación, del mal. No ser conscientes del lenguaje que empleamos equivale a no ser concientes de lo que somos. El discurso deviene magia -en el peor sentido- cuando se apodera de nosotros y nos convierte en meros portavoces-marionetas de algo que no dominamos, que nos posee. Resistir al discurso, al ser dichos por lo Otro, es pensar. De ahí que una primera forma de resistencia, más importante y efectiva de lo que pudiera parecer, es negarse a hablar la jerga tecnocrática, borrar toda evidencia implícita; no tomársela en serio, boicotearla, seguir a lo nuestro, no colaborar, negarse, practicar el discurso intempestivo, practicar la ironía, reírse si es necesario.... Es poco quizás, pero es un primer paso. A menudo, las grandes transformaciones se gestan silenciosamente.

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