la comisaría me la pasé fumando, igual me trataron rebien. Hasta en el patrullero fumé”. ¿Marihuana? “Sí, sí. Me quedaba una tuca”.

La mitad más Pity

PITY NO SE RINDE

Alguien tiene que ir a hablar con los dinosaurios
Por Celeste Orozco
Fotos Pepe Cáceres

“Yo soy el dueño de la duda, si vos alguna vez querés dudar yo te la presto”. El ofrecimiento de Pity parece una lección para la prensa, que acusó recibo con una errónea cifra, compasiva selección de archivo y mucho apriete de tía hinchapelotas: que detuvieron al intoxicado en flagrancia con 18, no, perdón, 8 gramos; y cuando lo soltaron, que qué tenía para decir al respecto. De lo que ningún medio se avivó es de la reciente orden del ministro del Interior, Aníbal Fernández, de suspender la persecución a los consumidores. Tampoco revisaron la causa que desestimó la fiscal a cargo, en donde consta que Pity tenía una piedrita que apenas superaba los 6 gramos. Y él todavía se excusa: “Dijeron 8 porque lo pesaron con la bolsa. Capaz que como se había juntado gente pensaron que andaba en alguna transa. Pero yo ni siquiera la tenía separada, como para que puedan pensar que era para vender”.

“En la comisaría me la pasé fumando. Fumé hasta en el patrullero porque me quedaba una tuca”.
En resumen, lo demoraron por tan poco que equivaldría decir que fue por nada. Ahora tiene una nueva causa y obvio, se queja: “Yo por eso no puedo tocar en el exterior. Yo entiendo que a un político le puede resultar complicado apoyar esto, pero que se apiaden… no que se apiaden porque no somos ningunos pobrecitos, que se den cuenta de que somos más de la mitad de la población los que fumamos marihuana. A mí me perjudica en mi trabajo. Porque yo soy un piquetero de la música”.
Perdido en la traducción

El lídEr dE IntoxIcados hIzo su dEscargo antE El órgano ofIcIal dE los fumonEs. Nos coNtó el mal trago que sufrió eN la Plata y dijo que los polIcías lE tErmInaron pIdIEndo pErdón. que No se rePita
o no me siento un perejil, me siento alguien en un tiempo que no me corresponde. No estoy seguro si sería hacia adelante o hacia atrás, me parece que hacia atrás. Del tiempo de Nostradamus, o de Platón; de cuando la gente pensaba… Y se podía fumar cualquier pasto”. Así suena el descargo de Pity, recién levantado de la siesta y a minutos de subirse a un escenario en Plaza Huincul, la ciudad neuquina donde Intoxicados comienza su gira sur. Aunque se podría haber especulado lo contrario (en vista de los informes de tv que lo verduguearon), no le incomoda hablar del tema. Si es por causas de tenencia de marihuana, él ya tiene 19. El día que lo detuvieron yiraba por

Y

las calles porque, según dice, no se puede quedar quieto. “Me acababa de comprar un libro de Da Vinci, un artista que me gusta mucho”, recuerda Cristián Alvarez. Salía del negocio cuando lo detuvieron. El policía que se lo llevó por tener una cantidad insignificante de faso era un hombre obstinado. Fue el único que no quiso otorgarle el beneficio de la duda: hasta sus compañeros de la Comisaría 4ta. de la Plata intentaron disuadirlo pero fallaron. “Me terminaron pidiendo disculpas”, agrega el cantante. Alrededor del desorden se habían juntado varios fans, y solo por eso el oficial a cargo se desayunó de a quién se estaba llevando. Al librero lo agarraron de testigo y vaciló. Pese a lo ridículo de la situación, tenía que cumplir con su obligación civil. No contaba con la astucia de Pity, que también es obstinado. “En

“Estoy por hacer una versión del Himno Nacional pero con lo que dice realmente. Por ejemplo: Escuchen todos / lo que voy a decirles / ahora somos libres / ahora somos libres. ¡Qué Oíd mortales, andá a la puta que te parió!”. Que se entienda. Eso desvela a Pity, la literalidad. El hombre no se anda con eufemismos: que se venda en la verdulería. “¿Te das cuenta que dos atados de acelga te salen 4 pesos y 25 gramos de alguna cosa rica te sale… cuánto sale, 50?”. O mejor, ¿acaso existe, existió o existirá un pedido más directo que “Legalícenla”?

Cabezones
Modestamente, quiero saber qué opina Pity de la primera revista cannábica argentina. Dice que la compró. “Pero la verdad, yo no la leo porque no me puedo quedar quieto, a mí me gusta caminar”, confiesa. Su entretenimiento también justifica que no haya hojeado nuestra vetusta ley de estupefacientes: “Ni sé cuántos son los gramos que podés tener para que digan que es para vos. No tengo idea porque ni me interesa. Para mí es algo cotidiano, yo entro al hotel fumando. Si son dos o tres secas nada más, con eso te alcanza”. Aun sin marco teórico, Pity califica mejor que más de un militante por la liberación del cannabis: me explica por qué está prohibida la marihuana como si hubiera estudiado a Jack Herer. Y, por si alguien todavía no lo notó, cuenta en su haber muchas más de esas declamaciones a favor de las libertades individuales, y de las mejores de las que la industria cultural argentina pueda jactarse. Pero aunque sabe de lo que habla (si se da vuelta la oración igual funciona) se podría decir que su activismo terminó en aquellos vínculos con ARDA (Intoxicados tocó en la Marcha del Millón de Porros, en 2003 y 2005): “Lo que pasa con la militancia es que siempre se convierte en política y alguien tiene que ir a hablar con los dinosaurios, a explicarles. Y yo no, ya está”.
El azúcar no endulza

años circulaba un spam con un listado de direcciones de correo electrónico de senadores y diputados. “No, a mí no me lo mandan porque no les debo interesar, pero conseguímelo. Fijate si son .gov, tienen que decir gov. Esa gente tiene secretarios, pero igual conseguímelo. Dejámelo en el local donde compré la revista”. La conversación termina después de una hora. El tiempo no se devuelve, se intercambia. Pity: “¿Sabés qué más quisiera decir? A la gente que sufre de hipertensión o diabetes, que esa es la consecuencia de haberse drogado en algún momento, con azúcar o con sal… Vos no vas al supermercado a comprar lavandina y te viene con

“¿Qué pasa si sacan la marihuana? La gente consume cocaína. Y ese es un negocio un poquito más grande. Hay un cabezón, alguien que fue parte del gobierno ¿te acordás?, que tiene bastante que ver con ese negocio. Que nadie se de por aludido, porque un cabezón no se puede medir. Que nadie se de por aludido, o que todos se den por aludidos, no sé”.

Intoxicados está tocando a estadio repleto, no logramos conversar con él. Alguien que anda por ahí nos cuenta la letra de una de las canciones del próximo disco de la banda (anunciado para el año que viene), una que escribió Cristian. Dice que un día Pity encontró en su heladera un frasco que pare-

“Habría que poner todo arriba de la mesa y que cada uno coma lo que quiera”.
Speed, porque te hace mal. Bueno, yo tomé lavandina con Speed y es horrible, pero habría que poner todo arriba de la mesa y que cada uno coma lo que quiera”.
Gente que anda por ahí

Antes de cortar, Pity avisa que estará mezclando unas baterías, “voy a improvisar algo sobre todo esto que charlamos. Se la podríamos mandar a los políticos”. Pregunto al pasar si se acuerda que hace

El día que Pity cayó detenido, el 26 de julio pasado, varios de los que formamos esta redacción empezamos a rastrearlo. Dice Marcela (esa persona que puede localizarlo), según avanza la semana, que los medios no paran de llamarla y que el Pity no quiere hablar del tema. Retrucamos. “Capaz el viernes en La Plata”. Ahí lo fuimos a buscar. La noche del 3 de agosto, al aire libre cerca de los camarines, al costado del escenario del legendario Club Atenas donde

cía de mayonesa, lo examinó con ojo crítico durante una hora para determinar qué era. Ahora él quiere pedirte prestada esa hora a vos, y entonces te pregunta cuanto pensás que vale, porque le gustaría devolvértela. Sabe que es imposible, el tiempo no se devuelve, pero insiste, en una de esas puede. El que habla confiesa que el planteo le pareció una pelotudez hasta que lo pensó mejor: “El perdió una hora y quiere pedirte una tuya. No te la puede devolver, pero te hace pensar en cuánto vale”. que fue parte del gobierno ¿te acordás?, que tiene bastante que ver con ese negocio. Que nadie se de por aludido, porque un cabezón no se puede medir. Que nadie se de por aludido, o que todos se den por aludidos, no sé”.

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