Carta para nadie

Si bien tengo más que claro que tú, destinatario, jamás leerás esto, me es menester redactarla, puesto que callar estas palabras es algo fuera de mi naturaleza y recaigo en el vicio de dejarme llevar por letras superfluas y divagantes que no llevan a nada pero si rescatan a esa calma ansiedad que quiere a gritos aclamar su tonta e irrelevante libertad allá en el campo de los no correspondidos. ‘’Maldigo a toda la gente que puede verte a diario’’ dice una persona por ahí en estos momentos y no puedo encontrar palabras más ciertas bajo esta sarta inverosimilitud en la que me veo envuelto, y quien sabe, también tú lo estés, pero entre fútiles mentiras que dejas caer desde lo recóndito de tu hipócrita discurso no soy capaz de tener remota idea de ello. ‘’Maldigo a toda la gente que puede verte a diario’’ resuena una vez más entre cristalinas paredes de mi consciente, realmente es algo a lo que durante mucho tiempo, hasta este preciso momento y más inclusive, me relaciono (el término inglés relate sería más apropiado a decir verdad), puesto que esa llama casi extinta en este momento, naciente del deseo de la no alimentada necesidad de verte, sigue ardiendo entre cenizas que ya se llevó el viento, y aquí se abre paso una pregunta, ¿y qué tal si esa llama no se hubiese consumido? ¿Qué tal si por Dios sabe que motivos, la mecha de ésta hubiese sido alimentada por ti? ¿Sería todo este ya dado por acabado juego de tira y afloja un éxito entre ambos? ¿Una mísera respuesta correcta? ¿Una palabra dicha en ese momento en que tanto anhelé, o quizá hasta anhelamos? Ciertamente no lo sé, y nunca lo haré, pero el leve aire de ese Sábado por la tarde, ese juego tan inútil y nervioso de miradas, ese divago mutuo entre miedos y timidez no caerán al olvido, o no por mi parte al menos. Me es recurrente el pensar si en todo el transcurso de esta farsa, condenada a morir desde un principio ahora que me coloco detrás y veo las siluetas de aquella obra, alguna vez, en algún momento realmente hubo interés de tu parte, condenado al fracaso o no. Quiero decir, si es que alguna vez me quisiste, y no ese quizá involuntario, espontaneo y volátil ‘’te quiero’’ que alguna vez escuché de ti. Hablo de si realmente me quisiste del mismo modo que yo a ti. No lo sé, y nunca lo haré pero en momentos donde la guardia es débil y los desaires abundan, me gustaría pensar que sí, mas no es claro puesto que con este abrupto desenlace se me es proclive a pensarte como una sentencia deshonesta de palabras, como si alguna vez tus palabras fueron tan ciertas como ese amor místico que sientes. …Tengo una idea dando vueltas en la cabeza, una pregunta, una corriente de suposiciones sin base ni propósito, pero que nacen una y otra vez ante tu fallecida honestidad. ¿Quizá fue el momento equivocado? Me es recurrente esa pregunta, como si a cada minuto intentara descubrir su sentido, como si fuera a cambiar las cosas ¿Quizá fue el momento equivocado? Tal vez, y sólo tal vez, no estábamos listos para encontrarnos, no estábamos listos para al fin encontrar ese pedacito tan profundo dentro del otro. Ciertamente puede haber sido así. Nada me

lo aseguro mas quien soy yo para cuestionar a la recóndita pulsión que me sigue convenciendo de que puede haber sido así. Tal vez y sólo tal vez, puede haber sido así, y con algo de suerte entre ambos, nos cruzaremos de nuevo en las Alamedas en una tarde de abril, en una caminata por allá por Carmen en los ya calurosos fines de diciembre. Nada me asegura esto, pero esa pequeña esperanza sepulta la pena inmediata que fuera a sentir. Sin más que añadir me despido, espero entiendas que esto es para mejor, necesito la paz de no verte, saberte, de ya no más quererte, y probablemente nunca más sepamos de la burda y mundana existencia del otro, por lo menos así lo procuraré en el corto y mediano plazo. Así como que puede que llegue el momento correcto, seamos ya esa persona correcta y estemos en ese lugar correcto. ¿Quién sabe?, ciertamente yo no.

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