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JUEVES 8 DE NOVIEMBRE DEL 2012

HASTA EL DOMINGO 18 DE NOVIEMBRE

TENDENCIAS PARA LA PRÓXIMA TEMPORADA

Teatro, música y danza
— El Festival de Artes Escénicas de Lima reunirá por primera vez a distintas compañías teatrales de nuestro continente. Obtenga el 20% de descuento en las localidades, de venta en Teleticket de Wong y Metro.

Siempre a la moda
—El glamoroso evento Lima Fashion Week (LIF Week) en su versión Verano 12.13 se llevará a cabo hasta hoy en la Casa Prado (Av. 28 de Julio 878, Miraflores). Ofrecemos el 10% de descuento en las localidades. Solo tiene que presentar su DNI en Teleticket.

POSDATA

Carlos Tubino Arias Schreiber
Congresista de la República por Fuerza 2011.

CHRISTIAN UGARTE

Nací en Lima. Tengo 63 años. Estudié en el colegio Inmaculada y entré a los 15 años a la Escuela Naval. Soy casado. Tengo tres hijos: dos gemelas que le llevan 17 años al último. También tengo cuatro nietas. Fui jefe político militar en la región Ucayali y por eso soy hincha de La Loretana. Me apasiona el deporte. Admiro a quienes han sabido sortear diferentes desafíos y sobreponerse a la adversidad. ¿Una virtud? La perseverancia. ¿Un defecto? Ser un poco vehemente.

“De chico era enfermizo, tanto así que daba examen oral de Educación Física”
CLAUDIA FERNÁNDEZ BARRETO

Dice que es medio cachaco pero cuando le pregunto si le gusta jugar Monopolio, se ríe: “No, pero sí sé la comparación que me quieren hacer con el parecido y lo tomo de buen humor”. Le encanta el deporte y representa al pueblo ucayalino en el Congreso.

D

isfruta manejar. Tanto así que para su luna de miel fue de Lima hasta Puerto Montt en auto – ida y vuelta, 10 mil km, en 25 días–, pues una de sus canciones favoritas –y de su esposa– es ese tema de Los Iracundos. Pero si hay algo que le gusta más, es el deporte. — Usted ha practicado frontón... Sí. Fuimos subcampeones nacionales durante dos años en categoría Senior, en parejas. — ¿Alguna anécdota? En una final íbamos perdiendo. Mi compañero era muy diferente a mí: yo soy medio cachaco; él no. Al final nos complementamos y de 2-0

volteamos el partido a 3-2. También practiqué atletismo. — ¿De muy joven? Desde la Escuela Naval: siempre he hecho carreras. Cuando estuve como infante de Marina implementé un programa que gustó mucho llamado Corra y Prolongue su Vida. Se trata de registrar lo que uno va corriendo cada día: si llegas a 100 km, 500 km, lo presentas –hay que creerlo– y se te da un distintivo y eso incentiva bastante. — ¿Alguna otra disciplina? Sí, las barras. Me han permitido asumir posiciones de liderazgo en la Infantería de Marina. He podido desafiar a superiores y subalternos. Por ejemplo, en la escuela pusimos barras portátiles al ingreso del comedor: para almorzar tenías que hacer la ración, digamos 5, 7, 10 barras. Todo el personal lo hacía, y yo también, hasta con corbata. — ¿Hay deportistas en su familia? Cuando mis hijas, las gemelas, tenían 7 años, yo quise que ellas vistieran la casaquilla nacional y escogí el básquet. Ellas llegaron a la selección

Era un alfeñique, así que seguí el consejo de Charles Atlas: ‘Tome leche, leche y mucha leche’. En 7 meses yo era otro: ya se notaba la musculatura”.

En la Escuela Naval nadie almorzaba si antes no hacía barras. Yo daba el ejemplo, hasta las hacía con corbata y, la verdad, nunca nadie me ganó”.

y participaron en un Sudamericano. — ¿Cómo lo ayuda el deporte? En el tema del estrés. En el Congreso uno vive con mucho estrés si estás dedicado al tema. Yo veo a otros parlamentarios que la pasan muy tranquilos, pero hay un grupo que sí le dedica toda su vida al Congreso. — ¿Y se da tiempo para el deporte? Me las ingenio. No puedo hacer la misma rutina, entonces un día corro en la noche, otro día en la mañana, pero trato de mantenerme activo. — ¿Cómo fue su etapa deportiva en el colegio? Era asmático y no podía practicar deportes, por eso mis compañeros se sorprendieron cuando fui infante de Marina. De chiquillo, daba examen oral de Educación Física. En la Escuela Naval no me exponía mucho, tenía temor de enfermarme. — ¿Cómo fue el cambio? En el tercer año de Escuela Naval, era un alfeñique. Y dije: “Yo tengo que cambiar, tengo que ser una persona diferente”. Así que con mis propinas le mandé mis recortes a Charles Atlas y compré su programa: se basaba en hacer tensión dinámica, pero también decía: “Tome leche, leche y mucha leche”. Así que me levantaba casi de madrugada y al lechero le compraba 2 litros de leche. A los siete meses yo había cambiado. — ¿Qué le dijeron sus amigos? Me preguntaron qué había hecho, porque ya se notaba la musculatura, y yo no hacía tensión dinámica sino barras. En cuarto año, a los 19, ya era del equipo de atletismo y corríamos 1.500 m, 3.000 m con obstáculos. — ¿Siguió algunos otros cursos? Seguí el curso básico de Infantería de Marina con los marines en EE.UU., el de Rangers de Comando con el Ejército y el curso del Comando del Estado Mayor. También fui instructor en el extranjero. He sido agregado naval dos años en Argentina y uno en Israel. — ¿Por qué representa a Ucayali en el Congreso? Yo fui jefe político militar en Ucayali: esa fue tal vez la mejor posición que tuve en mi carrera militar. En esa época se vivía el período de pacificación. Ese capítulo de mi vida lo cerré en 1996 y no volví más a la región Ucayali hasta el 2005, ahí comenzó ya una vinculación. — ¿Algún recuerdo de esa época? En ese tiempo justo campeonó en la Copa Perú La Loretana y la gente pedía fútbol, pero el estadio que tenían en Pucallpa no estaba habilitado. Yo dije: “Si el pueblo pide fútbol, fútbol tendrá, es el compromiso del jefe político militar”. Lo hicimos en menos de dos meses y pusimos una tela que decía: “La Marina y el pueblo ucayalino juntos en la victoria”. — Hubo mucho fútbol entonces... Faltaban 3 fechas y el equipo era candidato a la baja, así que pidieron mi ayuda. Asumí los riesgos y decidí que concentraran en la base naval. Ganaron los 3 partidos y la gente salió del estadio rumbo a la base. Dije: “Abran la puerta al pueblo, hoy estamos consolidando la paz en Ucayali”. Fue el proceso más armonioso entre la población, las FF.AA. y la policía.

PEDRO CANELO

O QUIZÁ SIMPLEMENTE TE REGALE UNA ROSA
“Leonardo Favio fue uno de esos baladistas que al encender la radio A.M. desfilaba con su descansada voz sobre una pasarela color sepia”.

adie quería cantar en esa fría noche del 2001. Éramos casi diez veinteañeros desorejados que tuvimos un aterrizaje forzoso en un karaoke de Miraflores. No teníamos en el grupo a ningún Nino Bravo ni tampoco a alguna Rocío Dúrcal; pero una mujer, que vestía escotes tan traviesos como los de Jessica Rabbit, nos avisó que “ya nos tocaba”. Todos mis amigos me miraron con cara de sentencia. Yo los llevé por error a ese centro improvisado de nuevos talentos musicales y tenía que hacerme cargo del embarazoso momento . Decidí que la canción sea “O quizá simplemente te regale una rosa”, la composición bandera de Leonardo Favio. Ese micrófono que estaba en la mesa fue como una granada que inevitablemente terminó explotándome en las manos. Comencé casi apabullado por el miedo escénico pero al final salió el Camilo Sesto que habitaba en mí. Aquella presentación estuvo entre digna y sorpresiva. Digamos que terminé como una inesperada revelación. Fui una burbujita sin Yola Polastri, un cantante de Trampolín sin un Augusto Ferrando que me descubra. Escogí lo que para los karaokeros más trajinados sería “una canción fácil”. Leonardo Favio fue uno de esos baladistas que al encender la radio A.M. desfilaba con su descansada voz sobre una pasarela color sepia. Si José José, Camilo y Julio Iglesias forman parte del Olimpo de “La Hora del Lonchecito”, cantores como Leonardo Favio, como Salvatore Adamo o como Nicola Di Bari hacen un honorífico papel de reparto. Desde ese día me convertí en una rocola itinerante que ha paseado un repertorio que reúne desde el “Vamos a darnos un tiempo” de José José hasta “Piel de Ángel” de Camilo Sesto. Sin los recursos inalcanzables de un Dyango ni la limpieza de José Luis Perales, recorro sin sentimiento de culpa los Karaokes y por sus generosos escenarios donde hasta la desafinada Chimoltrufia se robaría algunos aplausos. Apenas agarré confianza y pude dominar mi diafragma, no repetí ninguno de los hits de Leonardo Favio. Me arriesgué con “El Triste” o quise seducir con “Hey”. Siempre con canciones en blanco y negro, como si mis cuerdas vocales fueran ondas transmisoras de radio “Felicidad” o “La Inolvidable”. Fui ingrato con ese primer cantante que quise reproducir con alevosía y ventaja. Olvidé muy rápido a ese argentino entrañable que el lunes cantó su último “Ding Dong” para tocar las puertas del cielo.

N

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