UN VISTAZO GENERAL A "L'ANCIEN REGIME" Por: Carlos Mauricio Iriarte

En realidad la expresión "l'ancien regime" fue acuñada por el liberalismo para tratar de contener en ella los tres siglos de historia francesa que van desde 1453 hasta 1789, utilizando como referencia las realidades que se vivían en los años inmediatamente anteriores a la revolución. El año escogido de 1453 no es fortuito. En el plano internacional él marca ante todo el fin tradicional de la Edad Media, con la desaparición del Imperio Romano de Oriente, cuyo acontecimiento máximo fue la invasión de Constantinopla por los Turcos. En el plano nacional francés, ese es el año de la victoria de Castillon (cerca de Libourne), por la cual Charles VII gana la Gascogne, no quedándole a los ingleses si no la ciudad de Calais, la cual conservaron hasta 1558. Sobre el año de 1789 no es posible decir otra cosa diferente a que ese es el año con el que todos identificamos el inicio de la Revolución. Pero sobre el contenido, los alcances y "las articulaciones incontestables" que podrían definir el antiguo régimen ha habido muchas discusiones y pocas conclusiones. Lo único cierto es que dentro del período de tiempo que la expresión quiere abarcar encontramos, en Francia,

rasgos del capitalismo y del feudalismo así como también de la monarquía y del absolutismo, cuya única constante sería la figura del Rey con sus funciones de coordinación y dirección sobre las jerarquías que se encuentran por debajo de su posición. Esto hace que la sola definición citable sea la de Pierre-Clément Timbal y André Castaldo: "El antiguo régimen, visto desde este ángulo, es, pues, una sociedad que reposa sobre la actividad de grupos de diferentes naturalezas y de la cual la cohesión es asegurada por un monarca absoluto". Y es que dentro del Ancien-Régime podemos descubrir un sinnúmero de acontecimientos y de hechos históricos que marcaron profundamente la evolución de los procesos monárquicos, como también de la propia conciencia colectiva de Francia y el rumbo del universo conocido, como son, por ejemplo, el reinado intelectual del humanismo, la profunda transformación de la "Reforma", los violentos problemas religiosos, el cambio de las estructuras económicas, el "replanteamiento" de las clases sociales etc. Ahora bien, dentro de este orden de ideas, para tener un esquema general de la realidad en ese período tan confuso de la historia del mundo es necesario echar un vistazo, a vuelo de pájaro, sobre importantes aspectos no sólo de las ejecutorias de las dos grandes "dinastías" francesas que conforman el lapso de tiempo, a saber, los Valois y los Bourbon, sino de las realidades históricas que moldearon la época en otros lugares del mundo.

En efecto Los Valois constituyen la primera dinastía del Ancien Régime en la nación francesa, reinando desde el año 1453 al año 1589. Durante el curso de este período, que corresponde al final del reinado de Charles VII y a los reinados de Louis XI (1461-1483), Charles VIII (1483-1498), Louis XII (1498-1515), François I (1515-1547), Henri II (1547-1559), François II (1559-1560), Charles IX (1560-1574) y Henri III (1574-1589); se presenta una gran actividad intelectual materializada en la presencia del Humanismo, el Renacimiento y la Reforma, que a su vez, mezcladas con la enorme y rápida restauración interior, necesaria después de la guerra de los cien años, dio, también, como resultado una activa y eficaz política exterior. Prueba de lo dicho fue por ejemplo la campaña de reconquista de los territorios ocupados por los ingleses como eran los grandes feudos de la Bourgogne, Anjou y la Bretagne, ésta última recuperada gracias a los famosos matrimonios de Charles VIII y Louis XII con la Duquesa Anne. Atrás iban quedando, pues, las grandes crisis estructurales que salieron al descubierto con las derrotas de Crécy (1346), Poitiers (1356), Azincourt (1415), en la llamada guerra de los cien años. Los tiempos modernos abrían sus ojos inmensos y curiosos para tratar de observar el glorioso futuro de Francia que empezaba a ser una verdadera "Nación". Mientras tanto en el mundo conocido acontecían hechos de inmensa relevancia que transformarían los

esquemas de la propia civilización. En Inglaterra la guerra de los cien años que ese país acababa de perder desencadenó a la postre un conflicto interno que trajo la ruina de todos los jefes de la nobleza y de todos los aristócratas respetables. La numerosa horda de soldados y militares que regresó a su patria después de la derrota y que no conocía otro oficio diferente al de la guerra, contribuyó, en buena parte, a agudizar la crisis interna al ponerse, una vez desembarcados del continente, al servicio de los barones ingleses. La guerra civil se hizo inevitable e inaplazable. Todo empezó cuando el Rey Enrique VI decidió confiarle la regencia al Duque de Somerset (descendiente de los Lancaster como el mismo soberano), debido a dolencias de salud, pues el Duque Ricardo de York vio en ese hecho, y ante la notoria incapacidad del Regente, la oportunidad expedita de hacerse a la Corona inglesa. "La guerra de las dos rosas" comenzó a sembrar de "espinas" todos los caminos de la historia de la "Rubia Albión". El conflicto duraría más o menos treinta años y se le denominó de esa manera debido a la "rosa encarnada" que adornaba el escudo de los York y a la "rosa blanca" que adornaba aquel de los Lancaster. En 1460 muere Ricardo de York y le sucede en la lucha su hijo Eduardo quien logra acceder al trono en el año siguiente bajo el nombre de Eduardo IV, encerrando en la Torre de Londres a su contendiente Enrique VI. Posteriormente este último, ayudado por el Conde de

Warwick, antiguo aliado de su enemigo, reconquista el poder. Eduardo IV se refugia en la Bourgogne francesa para después regresar a su país, derrotar a los Lancaster, asesinar a Enrique VI en la Torre de Londres y hacerse al poder hasta su prematura muerte. En ese momento la guerra recomienza con más barbaridad. El segundo hermano de Eduardo, coincidencialmente llamado Ricardo, asesina a los dos únicos hijos de aquel y usurpa la corona por algún tiempo hasta que otro de los Lancaster, coincidencialmente llamado Enrique, Duque de Richmond, lo derrota y le da muerte en la batalla de Bosworth, terminando definitivamente el conflicto al casarse posteriormente con Isabel de York, hija de Eduardo IV. En el sur del continente, en Milán - Italia, Francesco Sforza tumba a los Visconti, lo que produce un enfrentamiento entre esta ciudad y Florencia contra Venecia, Nápoles, Saboya, Mantúa, Ferrara y el propio Papa, que al final concluyó en la famosa Paz de Lodi (1454), a partir de la cual se formó la Liga Itálica, especie de compromiso solemne de los Estados de la Península en colaborarse mutuamente y formar un solo ejército para la defensa de todos. Florencia, por la época (1434-1464), era gobernada por el gran Cosme de Médicis quien dio inicio a la gloria dorada del renacimiento florentino: en 1452, el pintor italiano Pietro della Francesca, pinta "la leyenda de la Cruz"; en 1485 Boticelli pinta "el nacimiento de Venus"; en 1494

Leonardo da Vinci comienza a pintar "La Santa Cena" que terminará tres años después; en 1498 el predicador Dominico Savonarola es quemado en la plaza principal; en 1501 Miguel Angel Buonarroti comienza a esculpir su David; en 1503 Leonardo da Vinci empieza a pintar la Gioconda; en 1506 se empieza la construcción de la Basílica de San Pedro; en 1508 Miguel Angel inicia los trabajos de decoración de la Capilla Sixtina etc, etc. En definitiva, el período que va de 1454 a 1494 "se caracteriza por una cierta estabilidad, aunque las crisis se suceden: amenaza turca, rebeliones en Florencia (Pazzi), levantamientos angevinos en Nápoles, guerra de Ferrara. Todo ello llevará a buscar la ayuda extranjera y a convertir a Italia en un objetivo primordial de la política de España y Francia (Reyes Católicos y Charles VIII...)". Mientras tanto en los terrenos del humanismo y los avances científicos no escampaba: en 1456, once años después de haber inventado la imprenta de letras metálicas móviles, Johann Gensfleish, más conocido como Gutenberg, imprime, en Maguncia, la Biblia conocida con su nombre. En 1499, se publica "La Celestina o Tragicomedia de Calisto y Melibea"; En 1508, el Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros funda la Universidad de Alcalá de Henares; En 1511, Erasmo de Rotterdam publica su "Elogio de la Locura". En 1513, el humanista florentino Nicolás Maquiavelo publica su "Príncipe"; en 1516, el pensador inglés Tomás Moro escribe "La Utopía"; en 1516, Ludovico

Ariosto publica la máxima obra del renacimiento italiano, "Orlando el Furioso"; en 1554, la novela picaresca castellana ve la luz de su obra más destacada, "El Lazarillo de Tormes"; Alonso de Ercilla publica "La Araucana" en el año 1569 y Luis de Camoens publica al año siguiente el poema nacional portugués "Os Lusiadas"; en 1590, el holandés Zacharias inventa el microscopio; etc, etc. En la España de la época, por supuesto, también se cruzaba por momentos estelares, que aquí, modestamente, no podemos dejar de mencionar especialmente. Tras el matrimonio de Fernando de Aragón e isabel de Castilla en 1469 se abrió el panorama grandioso de la unificación políticaadministrativa, religiosa y territorial de lo que hoy representa España. En efecto, en 1479, con la muerte de Juan II de Cataluña-Aragón (padre de Fernando) y la "Paz de Trujillo" (acto que se consolidó a Isabel en el trono de Castilla, después de sus luchas contra Juana la Beltraneja), los reinos de Cataluña-Aragón y Castilla quedaron fundidos en uno solo, aunque conservando su, ahora mal llamada, "automía interna". En los años siguientes vino la consolidación geográfica de la península al anexarse Granada (capitulación de Abu-Abdallah "Boabdil", hijo de Muley Hacén, del 2 de enero de 1492), las Islas Canarias (la Gran Canaria es conquistada por Pedro de Vera en 1493, mientras que Palma y Tenerife son conquistadas por Alonso Fernandez de Lugo en 1496), Navarra (conquista

emprendida por el Duque de Alba y terminada en 1512), Rosellón y Cerdeña (mediante el tratado de Barcelona entre Charles VIII y Fernando de Aragón en 1493) y, finalmente, Portugal (fruto de la bien planeada política matrimonial de los reyes católicos que los llevó a casar a dos de sus hijas, Isabel y Maria, con el Rey Manuel el Afortunado). En 1494, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla obtuvieron del Papa Alejandro VI el título de "Reyes Católicos" debido a su pertinaz y obstinada campaña contra los musulmanes que empezó con la expulsión de los mismos de Granada y fue proseguida por sus sucesores, sin olvidar su popular resolución o "pragmática" que expulsa en el mismo año a los 150,000 judios no convertidos al catolicismo. También, durante su reinado se implantó en España la "Santa Inquisición" o "Santo Oficio" con el fin de salvaguardar la adoradísima fé católica y juzgar a los conversos y a los herejes, nombrando en 1482, recordémoslo tristemente, a Fray Tomás de Torquemada como Inquisidor General. A todo lo anterior debemos agregar el más significativo recordatorio de la época de los Reyes Católicos que fue, por supuesto, el descubrimiento y la conquista de América. Resumiéndolo todo en una frase, con Fernando e Isabel comenzó en realidad el período de más resplendor de la península ibérica. A su nieto Carlos I, el mismo emperador Carlos V de Alemania, le correspodió elevar hasta la cúspide la gloria de esa España planeada y soñada por los Reyes Católicos,

hasta el punto de que aquella ha sido la época en que más cerca ha estado el continente europeo de su unión total desde los tiempos remotos del imperio romano, pues, a grandes rasgos, sólo Francia y algunos pequeños territorios ¡permanecen fuera de su hegemonía! Carlos I asume el trono a la muerte de su abuelo en 1516 y se convierte en emperador de Alemania en 1519, ¡a los 19 años de edad! Entre sus posesiones se encuentran los Paises Bajos (actuales Bélgica, Holanda y Luxemburgo), El Archiducado de Austria (con sus dependencias: Estiria, Carintia, Carniola, El Tirol y varios otros territorios germánicos regados por ahí en el resto de Europa), Bohemia, Moravia y Silesia; el Franco Condado, El Charolais, Cataluña-Aragón (con sus dependencias: Baleares, Cerdeña, Sicilia, Nápoles etc); y Castilla, con todo y su imperio naciente de ultramar. ¡Como si fuera poco, se debe añadir a todo lo anterior la Corona, ganada por elección el 15 de julio de 1519, del Sacro Imperio Romano Germánico! Por otro lado, fue precisamente a Carlos V a quien le tocó enfrentar esa aguda crisis religiosa Europea que se conoce como "La Reforma", empezada por el mismo Martín Lutero con la fijación, en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg, de sus noventa y cinco tesis contra los abusos cometidos con respecto a las indulgencias. Los episodios que siguieron son más o menos conocidos: La excomunión de Lutero, la ruptura

de la bula papal de excomunión en la Universidad de Wittenberg y el severo Edicto de Worms, pedido por el Papa León X, discutido en la dieta de Worms y finalmente publicado por el mismo emperador. Las doctrinas de Lutero cundían con alta velocidad los predios del mundo conocido. Muchos e importantes príncipes adherían a esas tesis con un interés marcado, bien sea político o económico, para oponerse al emperador o enriquecerse con las tierras secularizadas, pues el Luteranismo preconizaba la total austeridad de la Iglesia. Esta guerra de intereses económicos, políticos y religiosos une a los príncipes protestantes con Francia, en la liga de Esmalcalda, derrotada posteriormente (1547), en Muhlberg, por el emperador. Cansado de guerras y malquerencias, después de que se logró la redefinición de la doctrina católica y la jerarquía eclesíastica en el Concilio de Trento (1545-63), con unas finanzas bastante dañadas y habiendo negociado la famosa Paz de Ausburgo en 1555, abdica en favor de su hijo Felipe II (1556), pero entregando el imperio alemán a su hermano Fernando. Felipe II, como se sabe, reinó hasta 1598, sorteando con éxito el peligro turco (Victoria de la Batalla de Lepanto), venciendo a Francia en sus pretensiones en Italia, obteniendo la unidad peninsular a la muerte de Sebastian de Portugal (1581) y siendo derrotado por Inglaterra. Pero, ahora sí, de nuevo, volvamos a la Francia de Los Valois. Después del Tratado de Troyes (1420), que

desheredó al delfín galo y que trajo, por decir lo menos, una de la épocas más oscuras de la historia francesa, el futuro Rey de Francia, Charles VII, hijo de Charles VI El Loco, comienza su tortuoso camino hacia la reconquista de la corona. El famoso tratado había sido firmado, en presencia de Isabel de Baviera (esposa de Charles VI), por Henry V de Inglaterra y el duque de Bourgogne, Philippe Le Bon, como un acto por el cual este último quería vengar la muerte de su padre, Jean Sans Peur (Juan Sin Miedo), quien había sido abatido por el mismo delfín de Francia. En 1522, con la muerte de Henry V de Inglaterra y Charles VI de Francia, Henry VI de Inglaterra es proclamado Rey de ambos paises. Por su carácter bastante débil, dubitativo y acobardado, Charles VII se encuentra en incapacidad de dirigir un poderoso movimiento de reconquista. No obstante el desheredado Rey de Francia tuvo la fortuna de cruzar su destino con el de la valiente, virgen, temeraria, piadosa y analfabeta Jeanne D'Arc (Juana de Arco). Ella había nacido en Domrémy, hacia el año 1512, de padres campesinos y supremamente católicos. A los doce años ella dice haber tenido revelaciones en voces que le ordenan sacar a los ingleses de Francia. En 1429, después de haberla hecho exorcisar por el cura del pueblo, el señor feudal de la villa le regala una espada, unos vestidos de hombre y sus paisanos le compran un caballo para que cumpla con los designios divinos. Ella reconoce al Rey Charles VII en Chinon, escondido

entre los cortesanos del pueblo y quien, después de convencerlo, la hace dotar de una armadura y le confía su misión sagrada. Juana sale inmediantamente para Orleans, la libra de la dominación inglesa y vuelve llevándose a Charles rumbo a Reims donde lo hizo coronar y proclamar Rey de Francia. Con este suceso empezó la gran popularidad de la "Pucelle" y empezó a ser famoso el dicho de que "¡La Francia perdida por una mujer era liberada por una Virgen!" Jeanne D'Arc fue hecha prisionera por los Bourguignons y vendida a los ingleses por 10.000 libras, quienes, después de tratar por todos los medios de probar que era enviada por el infierno para deslegitimar la coronación de Charles VII, la quemaron viva en la plaza del viejo mercado de Rouen, el 30 de mayo de 1431. En los años siguientes, Charles VII, "habiendo recobrado confianza en su destino, recomienza una obra de restauración del poder real que prosigue Louis XI y Charles VIII. Por su armada permanente el Rey es temido. Por la percepción de impuestos regulares (Taille, Aide y Gabelle) el Rey dispone de muchos más recursos que cualquiera de los soberanos vecinos..." A la muerte de Charles VII, en 1461, le sucede en el trono Louis XI, quien pasa a la historia por sus agudas controversias con los grandes feudales, coaligados en la "Liga del bien público" y especialmente por su lucha a muerte contra el Duque de Bourgogne, Charles "Le Téméraire", terminada con el deceso de este último en

enero de 1477. Protector del comercio y de las ferias de Rouen, Caen y Lyon, Louis XI, quien ha, además, reunido por herencia en 1481 el Anjou, La Provence y el Maine, deja ya delineados a, groso modo, los contornos de la nueva Francia. Cuando él muere, en 1483, deja en el trono a su hijo de trece años de edad, Charles VIII. Mientras éste último alcanza la mayoría de edad, su hermana mayor Anne de Beaujeu, asume la regencia y lucha victoriasamente contra los grandes feudales conducidos por Louis D'Orleans, futuro Louis XII. En 1491, a raíz de su matrimonio con la duquesa Anne de Bretagne, anexa a Francia el último feudo independiente y comienza a gobernar por sí mismo. Posteriormente, en 1494, entra en Florencia con la complicidad comprada del Emperador Maximiliano, el Rey de Inglaterra y el Rey de Aragón. Allí es recibido por el monje Savonarole quien lo anuncia como el elegido de Dios para venir a castigar la inmoralidad de Pedro de Medecis, tumbado del poder por la voluntad popular. Charles VIII muere sin dejar heredero en 1498, razón por la cual el duque Louis D'Orleans, bisnieto de Charles V, se queda con la corona francesa y asume el nombre de Louis XII. Pero la corona no es con lo único de Charles VIII que se queda pues ¡también se casa con su viuda Anne de Bretagne! En pleno inicio del gran siglo XVI, Louis XII invade el ducado de Milán y recaptura Nápoles, ciudad, esta última que volverá a perder con España en 1506. Viene

posteriormente, en 1511, la conformación de la Santa Liga, cuyo auspiciador sobresaliente es el Papa Jules II y que reune a los ingleses, los españoles, los suizos y los venecianos contra Francia. Obviamente la reacción de Louis XII no se hizo esperar y trata de deponer el Papa en el Concilio reunido en Pisa. Jules II, sagaz como pocos, reune enseguida otro Concilio en Letrán y hace declarar que los franceses están auspiciando otro gran Cisma. Invadido por todos los frentes, Louis XII acepta la Paz propuesta por el nuevo Papa León X en 1514, cediendo el ducado de Milán a Maximiliano de Austria, Navarra al Rey de Aragón y teniendo que pagar importantes tributos a Inglaterra y Suiza. Louis XII también muere sin dejar heredero al trono francés. Desde 1515, su yerno y primo François d'Angouleme reina desde entonces con el nombre de François I. El prosigue bien pronto la guerra en Italia obteniendo una significativa y recordada victoria en Marignan. A los seis años del inicio de su reinado, François I y el Emperador Carlos V de Alemania desencadenan la primera guerra de Italia que termina con el desastre militar de Pavie, en 1525, y el tratado de París por el cual se pierde por parte de Francia el ducado de Bourgogne y la heredad de Italia. Dos años más tarde los mismos reyes se vuelven a enfrentar en la segunda guerra de Italia que, a su vez, concluye con el tratado de Damas o Paz de Cambrai, por la cual Francia recupera la Bourgogne. Las tercera guerra de Italia empieza en 1536 y concluye con la tregua de Nice, dos

años más tarde. La Cuarta guerra de Italia también dura dos años y es terminada con la Paz de Crépy, favorable al emperador. En Francia, en fin, es común decir que las multiples intervenciones de François I y Henri II en Italia, y la lucha empecinada por el ducado de Milán ¡no son más que pretextos para poder enfrentarse con el bisnieto de Charles Le Téméraire, Carlos V! Francia, en fin, termina acrecentada con este largo conflicto en el que se jugó principalmente la primacía en Europa y el dominio de las rutas comerciales. La Francia de François I es la del renacimiento artístico y la del inicio del estado moderno. Un ejemplo de lo anterior lo constituye el hecho mismo de la promulgación, en 1539, del edicto de Villers-Cotterets ordenando que en adelante los actos judiciales, los registros de bautismos y de sepulturas sean redactados en Francés y ya nunca más en latín. El hijo de François I, Henri II reina desde 1547 hasta 1559. De su reinado se recuerdan las "Cámaras Ardientes" implantadas en todos los parlamentos del reino para castigar la herejía; su alianza con los principes protestantes alemanes y el tratado del Cateau-Cambrésis, firmado con Felipe II en 1559, por el cual Francia renuncia a Italia, recobra Saint Quentin, conserva Calais (que había sido recobrado en 1558) y "los tres obispados de 1552" no mencionados en el texto del tratado. Además de todo esto es imposible dejar de mencionar que por aquellas circunstancias peculiares y gloriosamente

curiosas existentes en la época, ¡todos sus tres hijos serán reyes de Francia! Y su esposa, la controvertida Catherine de Medicis, jugará el papel de regente y de reina madre ¡de que manera! En 1559, fecha en la cual muere Henri II y le sucede su hijo, menor de edad, François II, Francia contaba con cerca de dos mil "círculos de reformados" o hugonotes. Una fracción importante de la nobleza había adherido a la nueva doctrina: Antonio de Bourbon, rey de Navarra, Louis de Condé y los dos Chatillon (Francisco d'Andelot y Gaspar Coligny). La situación tendía, bruscamente, a empeorarse, si se tiene en cuenta que para ese entonces estaba bastante caldeada debido los sucesos acaecidos en 1534 (fijación de avisos hasta en el mismo cuarto del rey, en Amboise, contra las prácticas católicas) y en 1545 (masacre ordenada por el Parlamento de Aix, consentida por el rey), pero sobre todo por la rigurosa legislación antiprotestante adoptada a lo largo de su reinado por Henri II (edicto de Ecouen -1559- que ordena "abatir sin juicio todo protestante en revuelta o huyendo"). François II tenía tan sólo quince años cuando se convierte en rey y se encontraba casado con Marie Stuart, sobrina de los Guise que se instalan, en parte, en el poder, con todas su fabulosas influencias y glorias. La pugna por las riendas del mando volvía a ser protagonizada por los grandes señores. Al morir François II, en diciembre de 1560, y heredarlo su hermano Charles IX, aun más joven que él (tenía tan sólo once años !), la tensión

llegó a su paroxismo. Catherine de Medicis, aprovecha entonces la muerte de su hijo para apartar a los Guise y lograr la regencia que ejerció optando por una política vacilante y, dado su poco apoyo, buscando respaldo en los hugonotes. Con la redacción de Michel de l'Hospital, la regente promulga el Edicto de SaintGermain en enero de 1562, destinado a distensionar el ambiente permitiendo por primera vez el culto protestante. La reacción de François de Lorraine, quien se creía con fuerte apoyo popular, se cristalizó en la famosa masacre de Vassy que prende el primer fogonazo de las guerras religiosas. Enseguida en Sens, en Tours, en el Maine y en Anjou se ahorcan protestantes. El odio cundió y la sangre empezó a correr a torrentes por la campiña gala. De las ocho guerras religiosas que se conocen comunmente (156262, 1567-68, 1569-70, 1572-73, 1574-76, 1576-77, 1579-80, 1585-98), la última se convierte, a partir de 1595 en guerra internacional contra Felipe II. El episodio sin duda más recordado es la tristemente célebre jornada de Saint-Barthélemy (que en el sentir del historiador Michelet, no es un día si no ¡toda una estación!), ocurrida el 24 de agosto de 1572 en París. La masacre de los doscientos nobles protestantes que se encontraban en la ciudad desde el 18 del mismo mes, día en que asistieron al matrimonio del rey de Navarra con la hermana de Charles IX, Marguerite de Valois, y de cerca de tres mil incógnitos más en el

mismo día, desencadena la temporada más brutal del conflicto: ¡27.000 victimas en todo el país! Posteriormente, a la muerte de Charles IX, en 1574, su otro hermano Henri III, accede al trono francés. Su reinado va acentuar aun más la división civil. Su política real que hace alternar los períodos de prohibición y permisión del culto protestante exacerba las pasiones. Y, como si fuera poco, para completar el cuadro, en 1584, Henry de Navarra, Jefe de los Protestantes, se convierte en el sucesor legítimo del trono. "El reino, economicamente exsangüe desciende hasta el caos político. La monarquía se estrella contra la Liga católica de los Guise y conoce, con la denominada Jornada de las Barricadas, en mayo de 1588, su crisis más grave anterior a la revolución de 1789". En esta ocasión es Henri de Guise, que obnubilado por sus victorias, sueña derrocar al rey quien debe en efecto huir camuflado del Louvre. La venganza del rey no se hace esperar: el 23 de diciembre, con ocasión de la convocatoria de los Estados Generales en Blois, el monarca invita al Duque de Guise y lo hace asesinar por su propia guardia personal. Al día siguiente asesina a su hermano el cardenal de Guise. Inmediatamente en París el Cosejo de los diez y seis pronuncia la caida del rey y nombra el duque de Mayenne (¡otro Guise!) Lugarteniente General del reino. En el año siguiente, instado por el propio Papa de ir a Roma a disculparse por el crimen, Henri III decide aliarse nada menos y nada más que

con su antiguo enemigo Henry de Navarra y juntos emprenden el sitio de París. Es precisamente allí, en Saint-Cloud, el 2 de agosto de 1589, que un monje dominicano, llamado Jacques Clément, asesina a puñaladas al rey de Francia. Lo primero que debe hacer Henri IV, durante sus primeros cinco años de reinado, es conquistar su reino. Y no lo hubiera logrado de no ser por su obstinación y por su muy famosa y controvertida abjuración de la religión protestante hecha mediante ceremonia religiosa en Saint-Denis. Su grandeza histórica se basa primordialmente en haber logrado la paz y haber restaurado el poder monárquico con medidas tales como el Edicto de Nantes, por medio del cual se establece un compromiso sagrado entre católicos y protestantes, y la recuperación económica del reino a través de las medidas tomadas por su Superintendente de Finanzas Sully. Con Henri IV se inauguran los dos siglos de los Bourbon, descendientes de Robert de Clermont (hermano de Philippe "Le Hardi" e hijo de Saint-Louis). En los reinados longevos de Henri IV (1589-1610), Louis XIII (1610-1643), Louis XIV (1643-1715), Louis XV (1715-1774) y Louis XVI (1774-1792), la monarquía francesa se afianza tomando definitivamente el camino del absolutismo para, posteriormente, tener una decadencia nefasta. El siglo XVII, con sus grandes descubrimientos y el portentoso advenimiento de la riqueza, con los últimos estertores del renacimiento, de la reforma y del

humanismo será un siglo definitivo para el universo conocido. Con todo para Francia la segunda mitad del siglo XVI, a consecuencia de las guerras religiosas, fue una época de dolor y sangre, de donde surgió finalmente, gracias a la hidalguía y a las grandes dotes de estadista de Henri IV, el gran consenso coyuntural de la tolerancia que contenía, no obstante, los gérmenes de futuros conflictos. Henri IV es también asesinado a puñaladas, esta vez por un maestro de escuela de nombre François Ravaillac, el 14 de mayo de 1610, dejando un sucesor, de nuevo, muy niño (9 años) para tomar las riendas del poder. En el siglo XVII tuvo Francia practicamente dos únicos reyes, descontando a Henri IV que no gobernó si no diez años en el período: Louis XIII y Louis XIV. De 1610 a 1617 la regencia es ejercida por la madre reina Marie de Medicis, quien se había casado con el rey en 1600 (después de que este último hiciera anular su matrimonio con Marguerite), para "tener la administración de los asuntos del reino durante la baja edad del dicho señor su hijo. Ella no poseía ningún talento político, y la influencia que había concedido a algunos miembros de su entorno íntimo, en particular a Leonora Galigai y su marido Concini, desacreditó su gobierno. Todo parecía propicio para una fulgurante revancha de los Grands, de los Condé, de los Guise, de los Nevers, de los Bouil-lon..."4 Pero en 1617, el joven

rey de 16 años, celoso del poder de Concini y empujado por Charles D'Albert de Luynes, decide consentir su asesinato (el de Concini) el 24 de abril de 1617, fecha a partir de la cual asume sus funciones reales. Siete años más tarde, otro grande de la historia francesa hace su aparición en las más importantes cúspides del poder. El 13 de agosto, Armand, Jean de Vignerot du Plessis, Cardenal de Richelieu, quien había sido ya ministro de Relaciones exteriores, gracias a la reina madre, autora intelectual de su entrada al gabinete, se convierte en el Jefe del Consejo del Rey. A Richelieu se le tiene como el fundador de la monarquía absoluta y se le reconoce desde su inicio en la jefatura del consejo un programa así resumido: eliminar el protestantismo francés, poner en su lugar a la nobleza francesa y luchar contra los Habsburgo de españa y de Austria." Su gran influencia en el reinado del "débil e impotente Louis XIII", ha dado base para afirmar que en la época lo que reinó fue una ¡verdadera monarquía...bicéfala! Richelieu sortea con éxito el sitio a la Rochelle (1627-28), la jornada "des Dupes" en 1630 (de la cual el cardenal sale airoso, ganándole la partida a la reina madre quien había pedido su desgracia) y la guerra declarada a España en 1635. Con frialdad de buen estadista quita de su camino todas las personas que le representan algún peligro (Conde de Chalais, Montmorency-Bouteville, Des Chapelles, el marqués de Cinq-Mars etc). Su vida

se apaga cinco meses y diez días antes que la del Rey: el 4 de diciembre de 1642. El período siguiente, que pasará a la historia como el reinado más largo, fue el del Gran Louis XIV, quien se convierte en rey de Francia ¡a sus cinco años! Es a su madre, Anne d'Autriche, a quien le toca iniciar el turno de la regencia en medio de los chismes sobre la supuesta ilegitimidad del rey, de quien se afirmaba no podía ser hijo del homosexual Louis XIII. La vinculación del Cardenal Mazarin, recomendado por el propio Richelieu, se produce inmediatamente. En 1648 se produce la revuelta conocida como "La Fronde", que en realidad fueron dos levantamientos, auspiciado el primero por el parlamento de París que obliga a la reina y su hijo a huir de la capital y la segunda por los principes que habían ayudado a reprimir la fronde parlamentaria. En pleno problema el rey es proclamado mayor el 7 de septiembre de 1651 y el año siguiente Louis XIV, aclamado por su amado pueblo, entra en París en donde se reune de nuevo con Mazarin, quien lo acompañará en el gobierno hasta el 9 de marzo de 1661, día en que el cardenal descansa en la paz del señor. Al día siguiente del deceso de Mazarin el rey reune a todos sus ministros y les comunica su deseo de gobernar solo. Empieza entonces el fulgurante esplendor de la monarquía absoluta del Rey Sol. En el mismo año emprende la continuación de la construcción del palacio de Versailles en donde irán a trabajar hasta 36.000 hombres y 6.000 caballos, y el

cual será desde su instalación definitiva en 1682, la sede del gobierno, de las intrigas y de los exquisitos placeres mundanos del rey más poderoso de toda la historia francesa. Los asuntos mismos de la administración, la corte y todo lo demás gira en Versailles en torno a las dependencias del rey. El despertar, el baño, el almuerzo, la cena, la audiencia y en fin todas las ocasiones se tornan propicias para tratar de granjear la amistad del soberano y recibir pequeños honores que colman de felicidad y orgullo a sus aduladores. Todo ese gran cortejo llega a límites insospechados como los bordeados por su prima, la Grande Madmoiselle, cuando expresa su frase célebre: "¡el es Dios!" Pero todo esto no significa que la historia del universo se detenga en la entrada de Versailles. En realidad el gran rey sol se ocupa con propiedad de los asuntos de estado tanto internos como externos. En lo que atañe a los asuntos internos él crea una monarquía administrativa bien asistida por los Intendentes o Agentes revocables dedicados a desarrollar las políticas del poder central, Colbert desarrolla las manufacturas, el comercio y la marina, etc etc. El orden reina en la Francia de "Louis Le Grand", no obstante las revueltas en el Boulonnais, en el Bearn, en el Vivarais, en Guyanne y en Bretagne contra los impuestos creados para cubrir el déficit creciente del presupuesto. En lo que respecta a los asuntos internacionales, el rey agranda, a base de

guerras, conflictos e invasiones, el territorio de Francia y coloca a su país en los primeros lugares de hegemonía en europa. Al términar ese periodo glorioso que colma el honor de los franceses entre 1660 y 1680 dos circunstancias lo rebasan y lo convierten en un rey impopular: su extravagante ambición lo hacen plantear e intervenir en largas y vanas guerras financiadas por otros nuevos impuestos muy odiosos como lo fueron "la Capitation", en 1695, y "el Dixieme" en 1710. Por otro lado, su obsesión por pasar a la historia como un rey muy cristiano, lo lleva a revocar el Edicto de Nantes, mediante el Edicto de Fontainebleau que prohibe de nuevo el culto protestante y ordena a los exreformados quedarse en el país. El gran fracaso de las manufacturas y de las grandes empresa de comercio junto a las depresiones de los años 1693-94 y 1709-10, y al enorme éxodo clandestino de reformados a causa del Edicto de Fontainebleau han llevado a la ruina no sólo la imagen de Louis XIV si no también a la economía y las finanzas francesas. El gran rey sol, el rey de más esplendor en la historia francesa, termina sus días en las tinieblas del desprestigio y en la oscuridad del odio ciudadano. ¡Por esas cosas paradójicas del destino su sucesor, o sea su bisnieto, también es, como él en su época, un menor de cinco años de edad! Pero dejemos la reseña histórica de su periodo de gobierno junto con la de Louis XVI para unos ensayos posteriores en donde se analizarán, con más

detenimiento, esos años "introducción a la revolución".
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