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EL OJO CRÍTICO
José Manuel Casado
Presidente de 2C Consulting

Vuelta la burra al trigo
ra una sola empresa a lo largo de toda su vida, que trabaja de nueve a seis todos los días de la semana, excepto los sábados y domingos, que tiene 30 días de vacaciones al año y lo hace con compañeros que conoce muy bien en el mismo lugar al que acude todo los días… Todo eso tiene los días contados. Dilbert no volverá a protagonizar más viñetas de trabajadores alienados y sin personalidad, y eso de ver oficinas llenas de pasillos y repletas de “cubículos” y despachos con puertas cerradas y en las que los galones se ponen en las esquinas y en los pisos más alto, como muestra externa de poder, tiende a desaparecer, no solo porque sean demasiado caras y lentas, sino porque ya no se necesitan. La tecnología hace que el trabajo en equipos sincronizados con un objetivo común sea más fácil y más productivo que nunca. (La única razón para ir a trabajar es hacer el trabajo, no luchar contra el tráfico). Los directivos tendrán que acostumbrarse a gestionar equipos sincronizados y virtualmente en los que cada persona del grupo sabrá cuándo te conectas, lo que escribes y aportas, a lo que accedes, cuáles son tus fuentes de conocimiento o tus relaciones. Como dice Seth Godin, uno de los expertos en márketing más importantes del siglo XXI, el trabajo significa “gestionar una comunidad, crear un movimiento y funcionar en equipo para cambiar el mundo... Cualquier otra cosa no es trabajo, y será externalizada a otra organización más barata”. Al igual que en el dicho que titula nuestra tribuna, en el que una burra volvía a meterse en un sembrado por mucho que la echasen de él, en este asunto, querido lector, y aunque me sigan echando de ese importante sembrado que es el del trabajo, no dejaré de continuar metiéndome; porque la forma de organizar el trabajo será sin duda el cambio más importante que tendremos que afrontar en los próximos años.

E

sta expresión es muy apropiada, no sólo para esa vuelta al trabajo que después del periodo estival nos hace darnos de bruces con la realidad, sino también para lo que hoy quiero comentar, puesto que también es una repetición que incluso a mí ya se me antoja cansina y pesada: hace mucho tiempo que vengo insistiendo en que el trabajo y la forma como se ha organizado este tradicionalmente, tiene los días contados. La globalización, la demografía, la tecnología y los comportamientos de unos trabajadores distintos a los de épocas pasadas ponen en jaque la manera en la que las empresas organizan todas sus tareas y las gestionan. Los baby boomer, como consecuencia de la crisis pegados como lapas a las sillas de sus puestos de trabajo y acostumbrados al presentimo no son capaces de aceptarlo; pero los nuevos profesionales leales a ellos mismo, como única “sociedad anónima” válida para su porvenir, desprecian el modelo de trabajo de la época industrial. Es posible definir el perfil tipo de trabajador de la revolución industrial: varón, de 16 a 65 años, trabajador por cuenta ajena que lo hace pa-

El trabajo y la forma en la que se organiza tradicionalmente tienen los días contados

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