EL USO PÚBLICO DE LA RAZON KANTIANA Y SU RELACIÓN CON LA LITERATURA Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

No se es escritor por haber elegido decir ciertas cosas, sino por la forma en que se digan. Jean Paul Sartre (1905-1980)

En la lectura clásica de Kant “Respuesta a la pregunta: ¿qué es la Ilustración?”, se plantea un concepto que ha sido retomado constantemente en los debates y proyectos de construcción de autonomía. Este concepto es el de «uso público de la razón», que según Kant: “Entiendo por uso público de la propia razón aquél que alguien hace de ella en cuanto docto (Gelehrter) ante el gran público del mundo de los lectores.”1, es decir para el filósofo alemán, existe una forma de ejercer la libertad de opinión y esta se da al interactuar con el público. Ahora bien, un escritor se mueve en el mundo de las interacciones comunicativas y su sensibilidad le permite «ver» esas formas de las construcciones sociales que para los demás son elementos cotidianos, y tomando como herramienta las expresiones estéticas, pone en evidencia un nuevo orden, tamizado por su mirada de artista. Parto de una hipótesis, el artista no hace su arte para sí mismo, busca unos lectores, tiene una intencionalidad (dimensión pragmática) al elaborar su obra y por solitario que parezca un autor, al menos tendrá un lector, él mismo. Algunos artista dicen que su obra se construye como «catarsis individual», como forma de escape del yo interiorizado, lo cual es cierto en alguna medida, pero ese yo forma parte de una comunidad, de un entorno y de un momento histórico y por lo tanto ha

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KANT, Emmanuel. Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la ilustración?

sido «afectado», no es un yo propiamente individual, es un yo también colectivo, que al expresarse, se expresa así mismo y a los demás. En ese sentido, ninguna obra es purista de lo individual, pero si puede tener tendencia al epicentro individual o al epicentro colectivo. Por ejemplo, el movimiento romántico puede ser visto como una re-interiorización del mundo, en donde la subjetividad prima sobre lo demás, pero esa subjetividad goza de un constructo dual con el mundo del artista y propugna por un «estado ideal» del todo. William Ospina en su ensayo “Los románticos del futuro”, plantea que el mundo necesita de esos nuevos soñadores que re-interpreten el mundo y construyan desde sus sueños una barrera contra la razón, esa nueva diosa del planeta tierra. Ospina dice: “Ahora necesitamos sueños y propósitos. Los males que imperan sobre la civilización y que crecen sin tregua día a día, exigen soluciones audaces, originales destinos”.2 Entonces, ¿Cómo opera el uso de la razón pública en la literatura? Pues el artista, si lo es y no lo aparenta, debe haber alcanzado un estadio de «mayoría de edad» entendida como un racionamiento intelectual que hace uso de la autonomía como concepto guía de su pensamiento, como ejercicio de su libertad para decidir por sí mismo y para los demás (no por los demás). Contrario a la «minoría de edad» ya que: “La minoría de edad significa la incapacidad de servirse de su propio entendimiento, sin la guía de otro”3, y el artista nunca ajeno a las cadenas editoriales, a las estrategias de la mercadotecnia que hacen fluir sus ingresos, debe repensar su arte y su acción comunicativa. El dilema no es fácil de resolver ya que el público lector se mueve dentro de una comodidad, como lo deja evidente Kant: “¡Es tan cómodo ser menor de edad! Si tengo un libro que piensa por mí, un director espiritual que reemplaza mi conciencia moral, un médico que me prescribe la dieta, etc,
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OSPINA, William. Es tarde para el hombre. Grupo editorial Norma. Bogotá. 1994 KANT, Emmanuel. Op.Cit.

entonces no necesito esforzarme. Si puedo pagar, no tengo necesidad de pensar: otro asumirá por mi tan fastidiosa tarea”.4 Por lo tanto, el arte como representación social del mundo habitado y de los mundos imaginados, deja entrever las tensiones e ideales del autor, por lo tanto en el arte se pueden rastrear los grandes dramas universales, pero también los conflictos locales, comunitarios y hasta de entorno inmediato. ¿Cómo negar que Kafka hace un ejercicio de crítica a su familia teniendo como eje a su padre, pero de igual manera pone en evidencia los grandes males del capitalismo que luego inundarían el planeta y que hoy se masifican con la globalización? No se trata tampoco de volver a la idea de la «literatura social» o comprometida, porque en realidad toda literatura son las dos cosas, no existe arte sin compromiso y sin entorno social. Se trata sí, de hacer uso público de la razón cuando se construye la obra, dejando en evidencia «eso» que incomoda al autor y que denuncia de alguna manera polisémica o intra-textualmente. Ser consciente de esas elaboraciones permite que la literatura, por ejemplo, se convierta en un lenguaje de reconstrucción social, dotado de significados que llegan a los lectores y les permiten construir preguntas fundamentales sobre su razón de ser y estar en el mundo, y para ello el autor no necesita militar en ningún movimiento o partido. Hacer uso público de la razón le permite al escritor tensionar su verdadera autonomía y su responsabilidad como actor activo de un constructo social.

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Idem.