Núcleo Universitario “Rafael Rangel” Coordinación de Investigación y Postgrado Maestría en Literatura Latinoamericana Trujillo-Edo Trujillo

MINUTA DE LECTURA DEL LIBRO “SEIS SEMIÓLOGOS EN BUSCA DEL LECTOR” (Resumen del capítulo III referente a Roland Barthes)

TRUJILLO-VENEZUELA Octubre, 2012

MINUTA N° 1 Texto Autor Seis Semiólogos en Busca del Lector. Tomo 1 Zecchetto, Vicente y Marro Capítulo La Teoría Semiológica de Roland Barthes (Por: Mabel Marro) Presentado por: María Alejandra Álvarez Verde Facilitador: Luis Javier Hernández

Puntos Resaltantes de la Lectura 1. Generalidades sobre la obra de Barthes. 2. Primer momento: El del deslumbramiento por el lenguaje y la desnaturalización del significante. 3. Segundo momento: El de la ciencia o el de la cientificidad. 4. Tercer momento: el del texto como práctica significante, como estructuración, como volumen de huellas en trance de desplazamiento.

1. Generalidades sobre la obra de Barthes 1.1. En el apartado del libro “Seis semiólogos en busca del lector”, correspondiente a Roland Barthes (Págs. 72-118), la autora ofrece una pequeña biografía del semiólogo y ensayista francés. 1.2. El texto procura hacer un resumen de su obra con énfasis en sus aportes a la semiología. Explica que a Barthes lo movió inicialmente una gran inquietud: cómo empezar, es decir, el comienzo es la forma en que se instaura el sentido. 1.3. Desde allí aborda el tema de la semiología reflexionando sobre los imaginarios de la sociedad y de la cultura. 1.4. Dividen su producción en tres momentos bien diferenciados: a) el del deslumbramiento por el lenguaje o el discurso; b) el de la ciencia o el de la cientificidad; y c) el del texto. 2. El deslumbramiento por el lenguaje y la desnaturalización del significante

2.1. Cultura como historia. En su obra “El grado cero de la escritura” indaga sobre el lenguaje que oculta detrás de una aparente universalidad a la cultura como historia. 2.2. Los signos se presentan como si fueran naturales y no lo son. Las convenciones, los usos de la una época aparecen en el discurso como si provinieran de una cultura universal. 2.3. Barthes señala que este lenguaje al contrario de lo que se supone la crítica literaria debe ser considerado opaco y no natural. La era burguesa intentó naturalizar la bondad literaria, al dictaminar o certificar que la mejor obra es aquella que habla con naturalidad y por lo tanto representa “lo natural”. 2.4. Esta naturalización del estilo es una forma de naturalismo no natural, por tanto concluyó que: el naturalismo es una ideología. 2.5. Surge la oposición historia/naturaleza. 2.6. Lo “no natural” es una forma de habla: el mito. A partir de los textos de mitologías, escritos a partir de 1956, maneja una noción de mito como habla, no es un objeto ni un concepto ni una idea, sino que como habla no es otra cosa que el modo de significación de una forma. 2.7. Entiende como habla a toda unidad significativa individual que sea verbal o visual. Aclara que no debe tratarse el habla mítica como lengua, pues el mito pertenece a una ciencia más general que incluye a la lingüística: la semiología. Luego invertirá esta postura y mantendrá hasta el final que semiología se incluye dentro de la lingüística. 2.8. Habla de un sistema tridimensional conformado por el significado, significante y signo, los cuales deben reconocerse como diferentes en cualquier sistema semiológico. Esta distinción resultará crucial en el estudio del mito como esquema semiológico. 2.9. Formas retóricas del mito. Los lenguajes objetos del mito son la lengua y el metalenguaje; este último se refiere a la lengua del analista que puede hablar sobre las formas retóricas del mito. 2.9.1. El mito tiene una doble función: designa y notifica, es decir hace comprender e informa. En los mitos es crucial cómo se dice y por eso distorsiona. La distorsión se produce por una intención de elevar o atenuar algún hecho. 2.9.2. La identificación es otra de las constantes retóricas en casi todas las mitologías barthesianas. Lo otro, el otro se reduce y por lo tanto se

excluye. Los medios no representan de modo equitativo y con justicia a grandes sectores marginados de la población, a las subculturas que se presentan siempre de modo estereotipado, insólito, y poco representativo de lo que constituyen sus prácticas, sus creencias y sus intereses en la vida cotidiana y social. 2.9.3. Otra figura retórica, también semántica y relacionada con la anterior, es la “vacuna” que consiste en confesar un mal menor para ocultar su mal principal. 2.9.4. Un recurso también repetido en estas retóricas es el uso de la tautología, que consiste en definir lo mismo por lo mismo, siempre con argumentos de autoridad “es así porque es así” o “porque sí”. 2.9.5. Una forma de inmovilidad que es además otra figura retórica del mito es el nihilismo, es decir “ni esto ni aquello”. 2.9.6. La verificación que se relaciona con la simplificación es otro artilugio retórico. El mito tiende al proverbio, universaliza para mostrar una jerarquía inalterable del mundo. 3. Segundo momento: El del la ciencia o de la “cientificidad” 3.1. Comprende el período en el que trabajó el análisis de la moda y un intento de concebir la enseñanza de la semiología. 3.2. Barthes lo denominó como el momento para tratar la sistematización, es decir, encontrar el sistema que se esconde detrás de los conjuntos significantes, de las formas o los conjuntos de formas. 3.3. Presentó como objeto de estudio de la semiología todo sistema de signos cualquiera fuera su substancia: las imágenes, los gestos, los sonidos melódicos, los objetos y los complejos de sustancias que se encuentran en los ritos, los protocolos o los espectáculos que constituyen sino verdaderos ‘lenguajes’ por lo menos sistemas de significación. 3.4. Invierte el presupuesto saussureano referente a la primacía de la semiología sobre la lingüística y establece que la semiología es una parte de la lingüística que se encargará de las grandes unidades significantes del discurso. 3.5. El sistema de la moda. En el libro El sistema de la moda muestra una serie de aspectos del método estructural en el análisis semiológico de los fenómenos sociales.

3.5.1. Explica que la semiología deberá examinar las representaciones colectivas no a la realidad a las que éstas hacen referencia; de la realidad se encarga la sociología. 3.5.2. El método permite describir no sólo una moda en particular sino un inventario formal que ignora los contenidos de la moda y por ello permitirá explicar cómo funciona el sistema de cualquier moda. 3.5.3. La semiología indagará la faceta significante de las cosas. Metodológicamente habrá que examinar la estructura del código del vestido, compuesto por las siguientes relaciones: significante moda+significado moda+connotación moda. 3.5.4. El significante moda incluye objetos, soporte y variación. 3.5.5. El significado moda es el contexto externo. 3.5.6. El signo de la moda no es la relación entre las dos anteriores sino la escritura sobre la moda que es donde se encuentra la connotación. 3.6. El aporte de los Elementos. En su obra los Elementos de la Semiología extrapoló los conceptos de lengua/habla, pero a diferencia del maestro ginebrino sostiene que el origen del sistema está en la masa de usuarios que instituyen dicho sistema. 3.6.1. Con relación a las relaciones sintagmáticas y asociativas, Barthes considera que pueden extrapolarse a la semiología. A las primeras las denominará sintagmas en el habla y a las segundas sistema del paradigma. 3.6.2. Según esta propuesta el semiólogo tiene a su cargo la segmentación de unidades paradigmáticas, pero además deberá determinar las reglas que la gobiernan. 3.6.3. Es esta obra comienza a utilizar el término código como equivalente de lengua y la palabra mensaje como equivalente de habla, ambos acuñados por Román Jakobson con base en la teoría matemática de la comunicación. 3.6.4. También toma prestado otros conceptos como las funciones de los mensajes: referencial, emotiva, conativa, poética, metalingüística y fática. 3.6.5. Barthes considera también que el signo semiológico, como para Saussure, tiene dos caras (significado y significante), pero se distingue

de él en el plano de la sustancia de la expresión (en los términos de Hjelmslev). 3.6.6. Barthes observa la existencia de sistemas semiológicos que tiene una sustancia de la expresión que por su naturaleza no está destinada a significar. Se trata de objetos de uso a los que denominará funciones – uso, en los que la función del objeto es la que lo carga de sentido. 3.6.7. También observa que hay signos cuyo soporte es una única materia de la expresión, y en este caso propone la denominación de signo típico. El signo verbal, gestual o irónico (las imágenes) son signos típicos. 3.6.8. El signo semiológico pone a prueba el concepto saussureano de arbitrarierdad/motivación. Lo arbitrario corresponderá a un sistema cuyos signos se fundan en una decisión unilateral y no en un contrato motivado, como es el caso de la fotografía. 3.6.9. Tales distinciones lo llevaron a constatar la existencia de sistemas arbitrarios y motivados, y arbitrarios e inmotivados. 3.6.10. Barthes augura un lugar de privilegio a la connotación que constituía en lingüística de su tiempo un problema no estudiado sistemáticamente. 3.6.11. Un sistema connotado es aquel cuyo plano de la expresión está constituido por un sistema de significación. Los significantes de connotación o connotadores están constituidos por signos del sistema denotado. 3.7. Retórica de la imagen. Para Barthes las imágenes son polisémicas, es decir, pueden despertarnos muchos significados. Tienen una cadena significante pero sus significados son flotantes y el lector puede elegir algunos o ignorar otros. 3.7.1. El mensaje lingüístico tiene dos funciones en relación con el mensaje icónico: la de anclaje y la de relevo. 3.7.2. La función de anclaje del mensaje lingüístico nos ofrece un control, es una función denominativa (de nomenclatura) que asigna nombres y nos ofrece todos los sentidos posibles de los objetos. 3.7.3. El relevo, en cambio, ayuda a leer las imágines móviles. Es una función de complementación, más frecuente en el cine o en las historietas. 3.7.4. El campo común de los significados de connotación es para Barthes el de la ideología. Los significantes de connotación de la ideología son los

connotadores que se especifican según la sustancia elegida y retórica al conjunto de los connotadores. La retórica aparece así como la parte significante de la ideología. 3.7.5. Barthes constata que el sentido se construyen pero aparece como dado. 3.7.6. En la retórica de la imagen, la denotación cumple una función naturalizante respecto de la connotación en donde el sistema es la cultura y el sintagma la naturaleza. 4. Tercer momento. El texto como práctica significante, como estructuración, como volumen de huellas en trance de desplazamiento 4.1. En esta etapa Barthes emprende una etapa diferente: la del texto. 4.2. Análisis estructural del relato. Se pregunta ¿Qué tienen en común los relatos? De plano reconoce que la metodología inductiva no sirve para dar respuesta a esta pregunta. 4.2.1. Propone entonces un modelo semiológico de análisis de relatos, el cual debe postular niveles, y postular una jerarquía integradora de todos los niveles. No se conforma con un análisis horizontal de un relato, sino que habrá que analizarlo verticalmente porque el sentido atraviesa y no se encontrará si sólo se analiza un extremo. 4.2.2. La noción de intersubjetividad entre el lector y el texto es sustituida por la de intertextualidad, entendida anteriormente como los dialogismos dentro de los textos o las marcas de otros discursos en las líneas de los textos, aunque no se citen a los autores y aunque el mismo autor no lo sepa. 4.2.3. En 1968 publica el artículo titulado “La muerte del autor”, en el que sostenía que la palabra autor, con todo lo que implica en el sentido de una personalidad distintiva que se expresa mediante una obra, debía ser reemplazada por la palabra escritor, simplemente alguien que escribe. 4.2.4. En esta propuesta expone que el novelista copia o imita la realidad preeexistente. Con la muerte del autor del autor, aparece paradójicamente el nacimiento del lector y la declaración de su derecho a la libertad. 4.3. El texto y el lector. En Barthes se reconoce una insistente necesidad de demoler la figura del autor como el único depositario del sentido de un texto porque los sentidos que el texto pone en circulación superan lo que el autor quiso decir.

4.3.1. Muestra que la lectura, en tanto práctica “perversa”, acrecienta el placer cuando distorsiona y altera el texto. La lectura que proporciona mayor felicidad es la que revierte el sentido. 4.3.2. En esta etapa, el texto es para Barthes una “practica significante… un volumen de huellas en trance de desplazamiento”. 4.3.3. A partir de obras como “Sade, Fourier, Loyola” y “Fragmentos de un discurso”, se aleja de la búsqueda de la estructura, de lo invariable, lo común a todos los discursos, y se preocupa en cambio por lo diferente, el estilo, lo único y distinto. 4.3.4. Barthes utiliza la palabra autor pero en otro sentido, no como consagración sino como intercambio amoroso con la primera persona del relato. 4.3.5. Propone una distinción entre los textos “escriptibles”, los que el lector puede volver a escribir o desea escribir) y los textos “legibles”, aquellos que sólo pueden leerse. 4.3.6. La practica del significante. Para cualquier intento de expresión, establece tres niveles: el de la comunicación, del significado (que permanece en el plano simbólico el de los signos) y de la significancia. 4.3.7. En el plano de los signos hay dos facetas: la intencional, lo que ha querido decir el emisor, lo obvio; y el sentido obtuso, que el intelecto no llega a asimilar. Fin de la Minuta

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