PSICOTERAPIA ERICKSONIANA El legado de Milton H.

Erickson a la Psicoterapia Actual

Ps. Mario Pacheco León
Instituto Milton H. Erickson de Santiago

© Reg. Propiedad Intelectual N° 126.435

2002

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A Francisca… gracias por la vida que construimos día a día…

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Agradecimientos

Este volumen es la concreción de una idea que surgió en una conversación con el colega Dr. Omar Chogriz, Co-Director del Instituto Milton H. Erickson de San Luis, Argentina, durante el 2° Encuentro de Psicoterapeutas Ericksonianos del Cono Sur, realizado en Santiago, en Mayo de 2001. Juntos pensamos los objetivos de algunos de los capítulos de este libro y acordamos escribirlo en coautoría. Sin embargo, otras labores ocuparon el tiempo de Omar, de modo que asumí yo solo la tarea de redactarlo. Muchas de las ideas tratadas en los diversos capítulos pueden rastrearse hasta las reuniones del “Grupo del Sábado”, un grupo de estudios que sesionó en los años 1998 y 1999 en mi anterior casa en Santiago. Agradezco a los psicólogos Patricio Elgueta, Italo García, José Miguel Cortés, Mauricio Cuevas, Marcos Fuentes y Juan Pablo Díaz, las fructíferas discusiones, el intercambio de ideas y la búsqueda de una integración en los enfoques de terapia breve, que ocuparon nuestro tiempo en ese memorable Grupo. Agradezco también el constante apoyo, estímulo y amistad desinteresada de esos amigos. También han contribuido a este volumen, las conversaciones y el intercambio intelectual con mis colegas del Instituto Milton H. Erickson de Santiago, psicólogo Sebastián Castro y María Elena Viveros. Agradezco a mi amiga, la Licenciada Sandra Ostropolsky, de Mendoza, su constante apoyo, acicate intelectual y su amistad incondicional que me ha acompañado por más de una década, y que nos ha unido en la búsqueda de conocimiento operativo para fortalecer a quienes solicitan nuestra ayuda terapéutica. Agradezco al Doctores Ernest L. Rossi, Michael D. Yapko, Jeffrey K. Zeig y Scott D. Miller, sus semillas en los distintos Seminarios que han dictado en Santiago, y que me han motivado a profundizar en sus ideas y trabajar en la sistematización del “enfoque ericksoniano” y en su integración con los distintos enfoques de terapia breve. Agradezco a todos los alumnos con los que he trabajado en Santiago, Concepción, Talca, San Luis y Mendoza, sus interesantes interrogantes que han mantenido vivo en mí el interés por desentrañar y hacer accesibles a los psicólogos latinoamericanos las ideas de Erickson y sus seguidores. Y especialmente agradezco a los pacientes que han acudido a mi consulta, y que sin saberlo me han permitido entregarles distintas estrategias y crear junto a ellos terapias que les han posibilitado un mejor pasar por esta vida. Sin la práctica de la psicoterapia con esas innumerables personas jamás hubiese podido descubrir mi capacidad para empatizar con ellos y la gracia de mi creatividad…

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Introducción

Como muchos de mis colegas, supe de Milton H. Erickson a través de la lectura de Terapia No Convencional de Haley. Realmente quedé impactado con ese volumen, pero ¿dónde o con quién podía aprender esa terapia tan inusual y la “hipnosis” a la cual hacía referencia el autor? Además, mi dominio del inglés era más que pésimo y veía como algo imposible conseguir traer a Chile el texto anterior de Haley, Advanced Techniques of Hypnosis and Therapy: Selected Papers of Milton H. Erickson, publicado en 1967. Mientras escribo esta Introducción en un Notebook en el año 2002 –muy distante del año 1984 en que Erickson vía Haley cayó a mis manos– escuchando el CD Dreams de Kitaro a través de la misma computadora portátil a la cual está conectado a un ya no tan actual, pero muy usado, Subwoofer, vine a mi mente la verdadera odisea y acecimiento de hechos fortuitos (“¡sincrónicos, Mario, sincrónicos!”, me diría Carl Jung), que me llevaron a escribir este volumen. Al igual que el aprendiz de “brujo”, entendiendo poco o casi nada del “arte” del “maestro”, intenté osadamente emular a Erickson en un caso clínico, y ¡suerte de principiante! las cosas funcionaron. Y digo “suerte de principiante”, porque nada menos que usé un acercamiento de “shock psicológico” con esa cliente, y la terapia fue maravillosamente breve y exitosa. Sin embargo, ya que en mi trabajo profesional he intentado ser “serio” y actuar informadamente, y no “consumo” modas, decidí abstenerme de imitar a Erickson de ahí en adelante. Cuando poco meses después tuve la fortuna de leer y estudiar la fotocopia del libro Cambio de Watzlawick y sus colaboradores, aunque Erickson “prefaceaba” ese libro, no logré encontrar ninguna similitud entre lo que allí estaba escrito y el fabuloso texto de Haley. En el año 1988 tuve la oportunidad de integrarme a un Grupo de Estudios de “Hipnosis Ericksoniana” dirigido por Dorothy Bowie, norteamericana avecindada en Chile desde hacía casi 40 años. A través de la delicadeza y ternura de Dorothy, pude comenzar poco a poco a adentrame en la vasta obra de Erickson. No cabe duda que comenzamos a estudiar a Erickson como comenzaron todos sus discípulos… atraídos por la palabra mágica “hipnosis”. Claro que en lugar de tener que peregrinar a Phoenix, bastaba con fotocopiar y comenzar a estudiar los innumerables volúmenes que Dorothy traía de Estados Unidos… ¡los Collected Papers!... ¡Hypnotherapy!, y muchos más. Ahí comencé a percatarme que hacer hipnoterapia no era nada de fácil, a la vez que toda la literatura estaba en inglés… Así fue como comencé a enseñarme a traducir
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para poder leer esos textos y compartir mis descubrimientos con mis colegas en el grupo de estudios. La lectura de los artículos en el idioma original de Erickson, además de mostrarme que había sido pésimamente traducido al castellano, me permitió percatarme de la extraordinaria agudeza y sensibilidad de ese terapeuta. Incluso recuerdo una noche en que soñé que iba a atenderme con Erickson en su casa… yo estaba en la sala de espera, muy ansioso por esa visita… creyendo que Erickson con sólo mirarme sabría todo lo importante de mi caso… desperté antes que me atendiera… sin embargo, me pregunto, ¿qué procesos curativos habré colocado en marcha yo mismo sin percatarme en esa espera interminable…? Podría afirmarse que el camino que recorrimos los miembros del Instituto Milton H. Erickson de Santiago ha sido una verdadera senda histórica: aprendimos los primeros “pases” lingüísticos hipnóticos de la mano de Grinder y Bandler (Trance-Formation); luego nos apoyamos en Ernest Rossi (Hypnotic Realities e Hypnotherapy), para continuar el estudio de los fenómenos hipnóticos con Michael Yapko en su, ya clásico, Trancework. Y de ahí saltamos a The Answer Within de los Lankton y sus Tales of Enchanment. También me “devoré” Mi voz irá contigo de Rosen y Un seminario didáctico con Erickson de Zeig. Sin embargo, ¿qué relación tenia todo eso con los artículos en los cuales Watzlawick hablaba de la “hipnoterapia sin trance”? Ni Rossi, ni Zeig, Yapko o los Lankton –para que mencionar a Grinder y Bandler, y a Rosen–, ¡ni el mismo Watzlawick! lograban mostrarme de modo didáctico la relación entre la terapia de Erickson y el modelo desarrollado en el MRI. Cuando logramos formar nuestro Instituto en 1991, comenzamos, como era obvio, a enseñar la “hipnosis ericksoniana”, y muy lentamente comenzamos a vislumbrar que Erickson era un estratégico del MRI en lugar de un hipnotista inusual. Tuve la comprensión que andábamos por el camino errado cuando trajimos a Yapko a Chile en 1996 a dictar un curso que titulamos “Hipnosis y depresión” (¡que nombre más absurdo!)… Cuando peregrinamos a Phoenix al 5° Congreso Ericksoniano en 1992, en ese viaje, además de ser una experiencia inolvidable para mi, el contacto con todos los grandes de la “hipnoterapia ericksoniana” y de la terapia estratégica no me permitió hacer el “click” que necesitaba para comenzar a colocar en orden las piezas que no me encajaban. Cuando en 1996 ví trabajar a Yapko algo ocurrió en mi, aunque no fui consciente de ello. La forma que venía enseñando a Erickson en el Instituto, seminarios y en la universidad, comenzó a cambiar paulatinamente, y un colega me hizo notar que mi discurso en las clases en Mendoza y en San Luis estaba cambiando desde que había estado en lo de Yapko. Y como ocurre con esos procesos internos que se incuban lentamente, mi nueva mirada del enfoque Ericksoniano hizo su irrupción y me fue posible comenzar a integrar su hipnoterapia con los enfoques de terapia breve. Este volumen ha sido para mi la oportunidad de colocar por escrito en una forma “académica” las distintas ideas que he venido desarrollando desde 1997, y que escribí junto a mis “alter ego” en Hipnópolis (el Organo No Oficial de la Asociación de Institutos Milton H.
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Erickson del Cono Sur), una Revista que envié por e-mail durante más de un año a mis amigos, en donde muchos de los tópicos que analizo en este libro ya fueron esbozados en esa publicación. Espero que este volumen permita una nueva lectura de Erickson y su legado a la Psicoterapia, lectura que me ha permitido revitalizarme en el estudio y práctica de este “enfoque”… Actualmente no tiene sentido denominarme “ericksoniano”… me basta con hacer una terapia que logre resultados, entregar luces y abrir puertas a los distintos alumnos que estudian conmigo… Requegua, San Vicente de Tagua Tagua Mayo de 2002

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Capítulo 1: Milton H. Erickson: Un pragmático inusual
La vida de Milton Hyland Erickson puede fascinar al lector que conoce sus antecedentes biográficos1; especialmente en cómo fue capaz de transformar sus déficit en fortalezas, recuperarse de la invalidez producto de la poliomielitis y sobrellevar los dolores crónicos como secuela de la misma. Esos hechos nos hablan de Erickson como una persona especial, con un empuje a toda prueba; cuyo singular estilo personal le permitió desarrollar una visión de la psicoterapia cuya novedad y frescura continúa cautivando al mundo profesional hasta la actualidad. Así como Erickson se ayudó en la recuperación de su poliomielitis bogando solitario en canoa por un río, primero a favor de la corriente y después regresando a su punto de origen en contra de la corriente (Rossi, Ryan y Sharp, 1983), pareciera que en el desarrollo de su enfoque de la psicoterapia hubiera estado bogando en contra de la corriente principal del pensamiento psicológico de su época. Algunos lectores pudieran pensar que ese ir contra la corriente de Erickson tiene relación, principalmente, con su uso de la hipnosis en el tratamiento psicoterapéutico. Quienes pensaran así tendrían razón en parte; pero eso, a mi juicio, no es lo más importante. Cuando Erickson entró a la Escuela de Medicina en 1921 (Erickson, 2001) y obtuvo su título de médico y su maestría en psicología en 1928 (Erickson, 2001), la psicología de esa época se debatía entre la lucha de la psicología experimental representada por el conductismo de Watson (Rosch, 1997; Wolman, 1965) y desde la clínica con los postulados del psicoanálisis freudiano. Aunque Erickson comenzó sus estudios de hipnosis con Clark Hull (1923-1924) (Erickson, 2001) –quien desarrolló posteriormente una escuela dentro del conductismo (“conductismo deductivo”; Wolman, 1965)– no se convirtió en un conductista 2. El énfasis de Erickson en la observación y descripción de los comportamientos de sus sujetos de investigación no se relaciona con los postulados del conductismo, puesto que Erickson no fue un reduccionista. Aunque Erickson comenzó sus primeros aprendizajes en torno a la “mente” desde la hipnosis, “la madre de la psicoterapia” (Rossi, 1986/1993), Erickson no compartía los puntos de vista del psicoanálisis, tanto en lo que respecta a la naturaleza de la mente inconsciente y al valor del insight en el cambio psicológico. El conductismo y el psicoanálisis, posturas irreconciliables en su concepción del comportamiento humano, no son tan disímiles cuando las observamos desde el punto de vista de la epistemología a la base de sus teorías. Ambas corrientes son reduccionistas: el conductismo reduce el comportamiento humano a la fórmula E R, y el psicoanálisis reduce todo el comportamiento a variables intrapsíquicas; a la vez que comparten dos postulados centrales de la ciencia moderna: la existencia de una realidad (“verdad”) independiente de los observadores y la causalidad lineal (Ceberio y Watzlawick, 1998; Hayward, 1997). Erickson se apartó tempranamente de la psicología imperante en su época, causalista y reduccionista, y podríamos afirmar que más bien razonaba como un fenomenólogo (Wolman, 1965), puesto que prestó atención a la experiencia subjetiva de sus sujetos experimentales y sus pacientes. Más que buscar las causas de los comportamientos sintomáticos o disfuncionales en todos sus pacientes, centró su interés en cómo esos comportamientos se manifiestan o se mantienen a lo largo del tiempo. Asimismo, se apartó de los métodos usuales de la investigación experimental en psicología; porque en lugar de diseñar experimentos “duros”3, inspirados en la física (Hayward, 1997), más bien operaba como un antropólogo que usaba métodos cualitativos en sus investigaciones. En este aspecto, Erickson fue un adelantado a su época. El pragmatismo de Erickson –que a mi juicio se relaciona con su crianza en el campo, en una familia no religiosa, en Estados Unidos– se manifiesta en su distancia con el mundo de los teóricos (académicos) de la psicoterapia, para interesarse en el hacer4; lo cual lo llevó a desarrollar sus innovadoras estrategias terapéuticas que hoy denominamos “terapia estratégica.” Sin embargo, aunque Erickson no aportó explícitamente a la teoría de la psicoterapia, sus investigaciones y sus tratamientos reportados en la literatura permiten establecer que bajo su actuar subyacen principios básicos que lo guían.
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En ciencia, los nuevos puntos de vista de los pensadores o de los investigadores son comprendidos primero según el espíritu de su época. Como era de suponer, Erickson fue famoso primero por sus estudios del hipnotismo; metodología de trabajo –aunque mal comprendida– que se avenía muy bien con el conductismo y la psiquiatría de esa época. Es decir, el terapeuta actúa sobre el paciente para la reducción de los síntomas o para reeducarlo. La lectura de los artículos de Erickson nos permite observar a un psiquiatra genial que asume el control de la terapia y sabe perfectamente qué decirles a los pacientes para ayudarlos; al tiempo que sus métodos inusuales para el uso del trance hipnótico lo retratan como un bondadoso experto en “manipulación”, en una relación muy asimétrica con sus pacientes. No fue hasta fines de la década de los años ’50 y gracias al proyecto pionero de Gregory Bateson acerca de la comunicación humana el cual estaba sentando las bases para un nuevo paradigma en psicología, que Erickson puede salir del encuadre antes mencionado y ser reconocido como el psicoterapeuta genial que conocemos hoy, que más que aportar “técnicas” a la psicoterapia, aportó una mirada revolucionaria para el desarrollo de una terapia eficaz, y la comprensión y resolución de los problemas humanos. Este volumen explorará en sus diversos capítulos esa mirada de Erickson, colocándose el énfasis en los principios unificadores en su obra más que en sus aportes desde el punto de vista técnico.

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Notas:

Jay Haley (1985) Conversations with Milton H. Erickson, M.D., Vol. 3: Changing Children and Families, (Apendix, A Biographical Conversation), p: 141-168. Rossi, E.; Ryan, M. and Sharp, F. (Eds.) (1983) (Introduction, Milton H. Erickson: A Biographical Sketch), p.: 1-60 Zeig, J. (1985b) Zeig, J. and Munion, W. (1999) (Chapter 1, The Life of Milton H. Erickson), p.: 1-23
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Recuérdese que el conductismo representado por Watson es un modelo experimental “sin consciencia” (Wolman, 1965), un modelo de “caja negra”, en donde sólo interesan para el estudio “científico” las relaciones entre los estímulos y las respuestas (observables) 3 Cuantitativos.
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Podría confundirse este “hacer” de Erickson con el actuar de alguien iletrado que básicamente actúa en base a su experiencia y “sentido común.” «Aunque Erickson no era un intelectual en la forma en que usted pensaría de un académico, era ampliamente instruido. En particular, tenía una memoria excepcional, era especialmente versado en literatura, agricultura y antropología. Al tratar a sus pacientes, a menudo usaba su conocimiento en esos campos.» (Zeig, 1985b, p. 17-18)

Capítulo 2. Erickson y su estudio de la hipnosis
Erickson se encontró por primera vez con la hipnosis a la edad de 12 años cuando un amigo quiso hipnotizarlo. Durante su segundo año en la universidad vio a Clark Hull hacer una demostración de hipnosis. Convenció a uno de sus compañeros para que lo dejara “inducirle” hipnosis. Luego siguió experimentando y desarrollando diversas técnicas para conseguir la cooperación de sus sujetos. Dio cuenta de esas

investigaciones en un seminario que siguió con Hull posteriormente (1923-1924). (Erickson, 1964/1980a; Zeig y Munion, 1999) Erickson (1964/1980a) relata que en esos tempranos estudios con Hull, los temas de discusión se referían a la naturaleza de la hipnosis como estado psicológico, el rol del “operador” y el sujeto, los significados de los procesos empleados en la inducción de trance, las respuestas de los sujetos al experimentar trance, la naturaleza de la regresión de edad, la evocación de pautas de aprendizajes previos, los procesos implicados en la mantención del estado de trance, etc. Afirma que en esas discusiones no se llegó a ningún consenso, razón por la cual Erickson decidió llevar a cabo sus propias investigaciones. Erickson no publicó hasta muchos años después sus hallazgos, porque entraban en conflicto con las ideas de Hull respecto al hipnotista: para Hull era mucho más importante lo que hacía o decía el hipnotista que los procesos internos de los sujetos (Erickson, 1964/1980a; Erickson, 1983). «Esta fue la visión que Hull colocó en práctica en su trabajo en Yale, y un ejemplo de ella fue su esfuerzo por establecer una “técnica estandarizada” para la inducción [de trance]. Por este término quiero significar el uso de las mismas palabras, la misma duración, el mismo tono de voz, etc., lo cual finalizó en un intento de provocar estados de trance comparables al hacer escuchar “inducciones en grabaciones fonográficas”, sin considerar las diferencias individuales entre los sujetos y sus grados de interés variables, motivaciones diferentes y variaciones en la capacidad de aprendizaje. Hull parecía desconocer que los sujetos eran personas, colocándolas a la par con los aparatos inanimados del laboratorio, a pesar que se percataba de las diferencias entre los sujetos que podían ser demostradas en los experimentos con el taquitoscopio. Pero, aun así, Hull demostró que los rígidos procedimientos de laboratorio podían ser aplicados en el estudio de algunos fenómenos hipnóticos.» (Erickson, 1964/1980a, p. 3-4) Rossi (Erickson, 1983) afirma que «Una de las características más originales y distintivas de esas tempranas investigaciones fue la observación cuidadosa del sutil interjuego entre los mecanismos mentales del estado de vigilia y los del estado de trance. Erickson demostró cómo los estados alterados de trance y los fenómenos del trance también eran una parte normal de la vida cotidiana. Esta comprensión subyace en sus estudios posteriores de la psicopatología, así como también en su desarrollo de los acercamientos naturalista y de utilización en la hipnoterapia. Erickson transformó, de este modo, la concepción autoritaria de la hipnosis en un enfoque permisivo y facilitador. Ya no eran más sugestiones que se imprimían en forma automática en la mente “en blanco” de una persona en trance; por el contrario, Erickson reconoció al estado de trance hipnótico como un estado de complejidad dinámica donde las propias capacidades de la persona podían ser utilizadas para facilitar el proceso curativo.» (p. 21-22) (Enfasis añadido) Una vez recibido de médico y trabajando ya como psiquiatra, las primeras publicaciones de Erickson estuvieron dedicadas al estudio de la inteligencia, matrimonio, abandono y conducta criminal (1929-1931) (Erickson, 1983). Desde el año 1930 comenzó a publicar artículos relativos a sus investigaciones en hipnosis. A diferencia de Hull y su método de investigación “duro”, Erickson realizó más bien estudios de campo, colocando énfasis en la descripción de los métodos utilizados para trabajar con sus sujetos. Su secretaría tomaba notas taquigráficas de esas sesiones experimentales, las cuales eran luego transcritas y analizadas (Rossi, 1990). Ese modo de proceder, más antropológico que psicológico “científico”, es una indicación del entendimiento de Erickson que cada sujeto experimental es una persona única, idea que trasladó posteriormente al tratamiento de los problemas psicológicos. Las investigaciones de Erickson pueden clasificarse en las siguientes áreas: (1) Acercamientos a la inducción de trance y naturaleza de la sugestión hipnótica (Erickson, 1980a); (2) Alteración de las experiencias sensoriales, perceptuales y procesos psicofisiológicos (Erickson, 1980b); y (3) Investigación de procesos psicodinámicos

(Erickson, 1980c). Trataremos cada área por separado, resaltando los aportes y características distintivas del trabajo de Erickson en cada una de ellas. Acercamientos a la inducción de trance y la naturaleza de la sugestión hipnótica Desde los inicios de sus estudios de la inducción de trance hipnótico, Erickson comenzó a aplicar su idea que cada persona era única, por lo cual el hipnotista debía individualizar sus acercamientos, colocando énfasis en la incorporación del estilo particular de respuesta del sujeto en el procedimiento usado/co-construido: utilización. A diferencia de las primeras teorías acerca de la hipnosis en el siglo XX, donde se la consideraba una forma de sueño (“inhibición cortical”, desde el punto de vista pavloviano), Erickson consideraba al estado hipnótico como un estado alterado de consciencia, experimentado como una intensa estrechez del foco de atención del sujeto. (Erickson, 1983) En el contexto de la inducción de trance, la utilización se refiere a los distintos métodos individualizados para fijar la atención de los sujetos. Erickson y Rossi (1976/1980) teorizan que una vez que la atención está focalizada, el proceso es continuado por una debilitación espontánea de los esquemas mentales que permiten la orientación de realidad y que el hipnotista debilita aun más. Los aportes más originales de Erickson a la inducción de trance son la descripción de diversos métodos individualizados para la inducción de trance que utilizan el estilo peculiar de respuesta, entendimientos y motivaciones de los sujetos (Erickson, 1958/1980a, 1959/1980); y que Erickson define del siguiente modo: «Acercamiento naturalista significa la aceptación y utilización de la situación de encuentro, sin esforzarse en reestructurarlo» (1958/1980, p. 168) (Énfasis añadido) En 1959, Erickson escribió:
«En las técnicas más comunes de inducción de trance, el procedimiento está basado primariamente en alterar la actividad del sujeto en ese momento y darle instrucciones para diferentes formas de comportamiento. Así, puede decírseles a los sujetos que se sienten en una silla, en forma quieta y cómoda, que fijen su mirada, relajen progresivamente sus cuerpos y desarrollen un estado de trance. O puede pedírseles que cierren sus ojos y desarrollen una imaginería hasta que se desarrolle el estado de trance. En forma similar, en la técnica de levitación de la mano, como una forma de inducir un trance se sugiere un interés en los aspectos experienciales de la situación y el desarrollo de actividad ideomotora. Dichas técnicas requieren de la aceptación y cooperación con las formas de comportamiento sugeridas o impuestas externamente, las cuales pueden ser activas o pasivas. La resistencia o el rechazo de este comportamiento impuesto pueden requerir que el operador disponga de otra técnica que sea más fácilmente aceptable o placentera para los sujetos. […] Sin embargo, hay otro tipo de paciente que realmente necesita hipnosis, pero no responde y es resistente a las técnicas de inducción usuales. Aunque esto se encuentra con mayor frecuencia en la práctica de la psicoterapia, no es infrecuente en la práctica médica general y la odontología, y se juzga que [esos sujetos] no son adecuados para el uso de hipnosis. Esos pacientes no desean aceptar ningún comportamiento sugerido, hasta que su propia resistencia o comportamiento contradictorio u oposicionista haya sido tomado en cuenta por el hipnotista. Debido a su condición física, estados de tensión o ansiedad, interés intenso, preocupación o absorción en sus propios comportamientos, ellos son incapaces de cooperar en forma activa o pasiva para permitir una alteración en su comportamiento. Para esos pacientes las Técnicas de Utilización sirven para tomar en cuenta en forma adecuada sus necesidades especiales. Pero esas mismas técnicas son fácilmente aplicables a los pacientes comunes y con frecuencia sirven para facilitar el proceso de inducción de trance en el paciente promedio. Esas técnicas son en esencia no más que una simple inversión de los procedimientos usuales para inducir hipnosis.» (Erickson, 1959/1980, p. 177-178)

Erickson desarrolló, además de esas estrategias “invertidas”, numerosos acercamientos que tomaban en consideración las creencias y expectativas de los sujetos

hacia la hipnosis. El análisis de los “métodos” de inducción naturalista de Erickson, muestra que consisten básicamente en el desarrollo de una tendencia a aceptar lo que el hipnotista dice; y esto se consigue con la descripción del comportamiento del momento del sujeto, el cual es innegable; una vez que el hipnotista se percata a través del comportamiento observable del sujeto (señales mínimas) que éste está siguiéndolo, comienza entonces a estructurar frases que tienden a confundirlo y a evocar una mayor disposición a responder a esas sugerencias. Por lo tanto, estos métodos naturalistas requieren de una aguda capacidad de observación del hipnotista y su adaptación a los cambios que puedan ocurrir en el ambiente del momento o en el comportamiento visible del sujeto. Las técnicas de utilización de Erickson, también requieren de una aguda capacidad de observación y comprensión del estilo peculiar de respuesta del sujeto, para estructurar sugerencias que acojan ese modo de interactuar de la persona. Esta metodología desarrollada por Erickson se aparta dramáticamente de los enfoques tradicional y estandarizado de la hipnosis (Gilligan, 1987; Yapko, 1990), en donde el sujeto participa cooperando pasivamente con el hipnotista haciendo realidad los comportamientos sugeridos. En el enfoque de Erickson, el proceso de inducción de trance es un proceso interaccional (Haley, 1966) en donde el hipnotista y su sujeto son activos en el procedimiento. El hipnotista adapta su comportamiento al del sujeto, el cual responde modificándolo e influenciando al hipnotista, el cual responde modificando su comportamiento… Es decir, un circuito de interacciones, en donde un observador neutral no podría afirmar con seguridad quién está induciéndole trance a quien. Este es un aporte distintivo de los hallazgos de Erickson, puesto que saca a la inducción de trance de los métodos rituales que solamente sirven para un porcentaje de sujetos/pacientes: aquellos complacientes ante la autoridad, y/o realmente dispuestos a cooperar con el hipnotista. Otro aporte es su concepción de la resistencia al trance hipnótico (y posteriormente como veremos, por extensión a la resistencia a la terapia); ésta ya no es vista como un impedimento del sujeto para experimentar hipnosis, sino que como un estilo peculiar de respuesta, que debe ser acogido por el hipnotista y puede ser utilizado en forma efectiva para el logro de la experiencia hipnótica. (Erickson, 1964/1980b) Para Erickson, el trance hipnótico es un estado especial de consciencia que intensifica la relación entre el hipnotista y el sujeto, y focaliza la atención del sujeto en unas pocas realidades internas (Erickson y Rossi, 1976/1980), y cuyo objetivo es la extracción de comportamientos que el sujeto pueda definir como involuntarios. Esas respuestas involuntarias son según Erickson y Rossi (1976/1980) el resultado del proceso de: (1) fijación de la atención, (2) debilitación de los esquemas conscientes, (3) búsqueda inconsciente y (4) procesos inconscientes. Sin embargo, no es necesario seguir ese orden para obtenerlas, puesto que el hipnotista hábil puede desarrollar métodos para debilitar los esquemas conscientes o promover una búsqueda inconsciente de significados. Erickson desarrolló recursos para ambos propósitos: inventó los métodos de confusión para la inducción de trance y el lenguaje hipnótico indirecto. Erickson era psiquiatra y psicólogo, de modo que en sus estudios acerca de la inducción de trance se comportaba como un psicólogo inquisitivo de los diversos procesos a la base de los comportamientos naturales. Los métodos de inducción de trance por confusión responden a su observación y utilización de situaciones de la vida cotidiana. Observó que cuando a las personas se les entregaba un mensaje que no era congruente con la situación, éstas respondían interrumpiendo su comportamiento, quedando paralizadas, con su mirada dirigida al vacío; podríamos decir que reacomodando sus esquemas mentales para acoger y responder a ese mensaje incongruente. Erickson se percató que en esos momentos las personas estaban prontas a cooperar con cualquier cosa que se les dijera. (Erickson, 1964/1980c) Esta estrategia se

denomina “técnica de interrupción.” El otro método que desarrolló se conoce como “sobrecarga cognitiva” (Yapko, 1990), y consiste en comunicarse con el sujeto en una forma adecuada a la situación, usando irrelevancias y non sequiturs; es decir, frases que tomadas fuera de contexto tienen un significado, pero que en contexto de esa conversación confunden, distraen e inhiben el comportamiento del sujeto, llevándolo al deseo de recibir alguna comunicación que tenga sentido, que pueda ser comprendida y a la cual responder (Erickson, 1964/1980c). Ambos métodos requieren de la capacidad de observación y la pronta disposición del hipnotista para usar la situación presente; y como afirma Erickson, son una forma de humor. Erickson desarrolló, además, dos métodos de confusión no verbal (técnicas de pantomima) (Erickson, 1964/1980d; Erickson y Rossi, 1981): “tomando la muñeca” y la técnica del “apretón de manos”. Ambas estrategias son un acercamiento por confusión, debido a que el hipnotista confunde al sujeto al darle suaves toquecitos en la muñeca o en los dedos de la mano que atraen la atención de éste hacia esas sensaciones, mientras Erickson suavemente llevaba la mano a estar suspendida en el aire, cataléptica. La persona no se ha percatado de ese movimiento y se encuentra con su mano y su brazo en el aire, siendo incapaz de bajarla por si misma; fenómeno que no es usual, lo cual lo predispone a seguir cualquier indicación que le permita retomar el control de la mano. Hull y otros investigadores entregaban indicaciones directas a sus sujetos para la experiencia de trance u otros fenómenos de la hipnosis. Sin embargo, existe una tendencia en los sujetos a mediar sus propias respuestas hipnóticas (Erickson y Rossi, 1980). Erickson se percató de ese fenómeno y desarrolló “ambientes semánticos que facilitan la experiencia de nuevas posibilidades de respuesta.” (Erickson y Rossi, 1979, p. 19): las sugestiones indirectas. Las sugestiones indirectas poseen las siguientes características: (a) Posibilitan que la individualidad, experiencias vitales previas y potenciales singulares de respuesta del sujeto se manifiesten; (b) Los dinamismos del aprendizaje están implicados en un nivel más inconsciente, y (3) Tienden a burlar la crítica consciente. (Erickson y Rossi, 1980). «Las formas indirectas de sugestión son más útiles para la exploración de las potencialidades y facilitan las tendencias de respuesta naturales del paciente en lugar de imponer el control sobre su comportamiento.» (Erickson y Rossi, 1979, p. 19) Algunos tipos de sugestiones indirectas utilizadas en la inducción de trance en el enfoque de utilización son las siguientes: verdades obvias (perogrulladas) que utilizan procesos ideodinámicos y temporales; preguntas; implicación; coacción y doble coacción terapéutica; sugerencias compuestas;; sugerencias de final abierto; directiva implicada; shock psicológico disociación; sobrecarga cognitiva; historias y metáforas; chistes y juegos de palabras. Otro aporte de Erickson al estudio de la inducción de trance y su mantención, es su concepto de “profundidad del trance” (Erickson, 1952/1980). En el enfoque clásico de la hipnosis se supone que el estado hipnótico es más “profundo” según el tipo de fenómenos que el sujeto sea capaz producir. Erickson afirma que las dificultades metodológicas para determinar si el sujeto ha obtenido un estado de trance satisfactorio se deriva del hecho que la experiencia de la hipnosis depende de relaciones inter e intrapersonales; las cuales muestran variaciones de acuerdo a la situación y reacciones de la personalidad, incluso en el mismo sujeto a través del tiempo. Por esta razón, en lugar de asociar la “profundidad” del trance con determinados fenómenos hipnóticos, propone que se considere como “hipnosis profunda” «al nivel de hipnosis que permite a los sujetos funcionar adecuada y directamente en un nivel inconsciente de percatarse sin interferencia de la mente consciente» (Erickson, 1952/1980, p. 146). Este concepto tiene profundas implicaciones en su modo de hacer psicoterapia, como veremos más adelante. Investigación de la alteración hipnótica de las experiencias sensoriales,

perceptuales y procesos psicofisiológicos Rossi ha reunido en el Volumen 2 de los Collected Papers de Erickson los artículos respecto a sus investigaciones en la alteración hipnótica de las experiencias sensoriales, perceptuales y procesos psicofisiológicos. Dichas investigaciones las ha ordenado Rossi en las siguientes categorías: Procesos visuales, Procesos auditivos, Procesos psicofisiológicos y Distorsión de tiempo. Muchas de esas investigaciones no son de utilidad al clínico en la actualidad, sin embargo asombra el detallismo con la cual están descritos sus experimentos de campo. En la época que estaban siendo realizadas, y que corresponde al estudio científico de la hipnosis durante la primera mitad del siglo XX, esos estudios eran pertinentes para la determinación de los alcances de la sugestión hipnótica. En esas investigaciones Erickson estaba intentando alterar las funciones normales de sus sujetos experimentales (esto se observa particularmente en sus estudios de los procesos visuales y auditivos); suponemos que su intención era fabricar a través de sugerencias hipnóticas estados inusuales en los sujetos, similares a los que suelen verse en los trastornos histéricos de la personalidad. De modo que si se aprende a construirlos, entonces podrá averiguarse acerca de los métodos para tratarlos. Sin embargo, aunque Erickson estaba estudiando temas de investigación básica, no podía desprenderse de su interés por el uso clínico de su objeto de estudio. En 1952 (Erickson 1977/1980) escribió que en el uso de la hipnosis para la modificación de la fisiología de los sujetos, no puede separarse la clínica psicológica de la fisiología. Apuntaba en ese artículo que aunque las técnicas eran importantes, también lo era la situación donde estaban empleándose éstas, la condición psicológica del sujeto y del hipnotista (es decir, las condiciones del laboratorio y de la clínica son distintas y deben ser tomadas en consideración al efectuar la investigación o el trabajo con el paciente). Entre esos artículos atraen la atención un estudio experimental para el tratamiento de la infertilidad psicógena (Erickson, 1958/1980b); el desarrollo de las mamas posiblemente influenciado por la hipnosis en dos mujeres (Erickson, 1960/1980a), y tres ejemplos de alteración psicogénica de la menstruación (Erickson, 1960/1980b). En esos tres artículos, especialmente en el relativo al crecimiento de las mamas, Erickson hace uso de un sofisticado tratamiento que implica el uso de sugestiones hipnóticas indirectas e individualizadas a cada paciente. Ese volumen de los Collected Papers también incluye artículos de Erickson, y de Erickson y Cooper acerca de la investigación del fenómeno hipnótico de la distorsión de tiempo, y describe una sofisticada metodología para el entrenamiento en expansión y contracción del tiempo. Erickson usó este fenómeno en hipnoterapia, de modo que algunos de sus pacientes pudieran vivenciar un largo período de tiempo de sus vidas en pocos minutos de sesión. Investigación de procesos psicodinámicos Estas investigaciones han sido reunidas por Rossi en el Volumen 3 de los Collected Papers. Estos artículos están clasificados en las siguientes temáticas: Amnesia, Literalidad del sujeto hipnótico, Regresión de Edad, Escritura y dibujo automático, Mecanismos mentales, Personalidad doble y Neurosis experimental. Para el estudio de la amnesia hipnótica, Erickson aplica nuevamente su observación como psicólogo y desarrolla métodos para la construcción de amnesia basados en los mecanismos usuales del olvido en la vida cotidiana. Nuevamente se aparta aquí de los métodos tradicionales y directos que le sugieren/imponen al sujeto el olvido de lo vivenciado en la experiencia hipnótica. Sus estudios acerca de la literalidad del sujeto hipnótico reportan sus investigaciones (no controladas) con más de 1800 sujetos hipnotizados y 3000 no

hipnotizados. Según Erickson los sujetos en trance hipnótico tienden a ser más literales que los sujetos en estado de vigilia. Esta afirmación de Erickson, sin embargo, no ha sido comprobada en estudios controlados (Matthews, Conti y Starr, 1998). En sus artículos sobre regresión de edad, Erickson describe su peculiar modo de obtener un fenómeno hipnótico (regresión de edad, en este caso) a través de la evocación cuidadosa de procesos psicológicos de asociaciones relevantes en el sujeto (Rossi, “Introduction”, Collected Papers, Vol. 3, p. 102). En publicaciones posteriores (Gilligan, 1987) se describe un método para la regresión de edad, el cual es un método de confusión, donde se confunden los “marcadores temporales” (día, mes, año) y los tiempos verbales. Un método muy distinto de aquellos directos para la regresión de edad que hacen uso de órdenes directas para regresar al pasado o métodos de imaginería (“la máquina del tiempo”, por ejemplo [Yapko, 1990]). ¿Cómo puede saber el hipnotista que el material obtenido en esa inducción hipnótica directa corresponde a vivencias de experiencias vividas por el sujeto o son una fabricación para responder a las expectativas del investigador/terapeuta? (Orne, 1986; Relinger, 1986; Yapko, 1994). En la sección “Mecanismos Mentales” se describen las investigaciones de Erickson para la producción experimental de los mecanismos de defensa descritos por el psicoanálisis. Aunque Erickson nunca compartió el punto de vista psicoanalítico, en esas investigaciones demostró que podían implantarse “complejos” en los sujetos (Rossi, “Introduction”, Collected Papers, Vol. 3, p. 188); y por extensión, entonces, ¿estaba buscando los modos de modificarlos? En el artículo “Unconscious mental activity in hypnosis” [“Actividad mental inconsciente en hipnosis”] (1944), Erickson demuestra cómo el hipnoteraputa puede facilitar que el propio inconsciente del paciente resuelva por si mismo el problema presentado. Según Rossi, ésta es una de las innovaciones terapéuticas más importantes de Erickson. En la sección “Neurosis experimental” se destaca por su acercamiento terapéutico innovador el artículo “A study of an experimental neurosis hypnotically induced in a case of ejaculatio praecox” [“Un estudio de una neurosis inducida a través de hipnosis en un caso de eyaculación precoz”] (1935). En dicho artículo Erickson describe un método de tratamiento que utiliza los propios impulsos neuróticos del sujeto para construir comportamientos compulsivos que lo llevan a la resolución del problema.

Capítulo 3. De la hipnosis a la hipnoterapia: El salto epistémico

En la época en que Erickson comenzó a trabajar como psiquiatra residente en 1930 (Erickson, 1983), el único método psicoterapéutico aceptado era el psicoanálisis. En ese tiempo el uso clínico de la hipnosis estaba asociado con los mandatos directos del hipnotista para el abandono de los síntomas de los pacientes. Ese fue el tipo de tratamiento con hipnosis que estudió Freud en Nancy con Liebault y Bernheim. Bernheim había demostrado que el sujeto al salir del trance hipnótico podía recordar muchos eventos que aseguraba ignorar (Miotto, 1962) y Breuer había observado que la catarsis obtenida a través de hipnosis con una paciente histérica la había aliviado de sus síntomas. Sin embargo, dichos tratamientos con hipnosis no daban los resultados esperados, y Freud abandonó el uso y estudio de la hipnosis para desarrollar su propio método psicoterapéutico. Simultáneamente con sus estudios experimentales en hipnosis, Erickson comenzó a explorar la psicoterapia en un contexto hipnótico; trabajos que realizaba en una forma casi clandestina, debido a que el establishment desaprobaba ese tipo de prácticas. La naturaleza del cambio psicológico en la terapia hipnótica según Erickson Erickson no estaba de acuerdo en que una psicoterapia efectiva es aquella que sólo busca la remisión de los síntomas y en donde la curación provenga desde afuera. Según Erickson,
«La inducción y mantención de un trance sirve para proveer un estado psicológico especial en el cual los pacientes pueden reasociar y reorganizar sus complejidades psicológicas internas y utilizar sus propias capacidades en una forma acorde con su propia vida experiencial. La hipnosis no cambia a las personas ni altera su vida experiencial pasada. Sirve para permitir que aprendan más de si mismos y expresarse más adecuadamente. Las sugestiones directas están basadas primariamente, quizá en forma involuntaria, en el supuesto que cualquier cosa que se desarrolle en hipnosis deriva de la sugestión entregada. Esto implica que el terapeuta tiene el poder milagroso de efectuar cambios terapéuticos en el paciente, y pasa por alto el hecho que esa terapia es el resultado de la resíntesis del comportamiento del paciente, logrado por el mismo paciente. Es cierto que las sugestiones directas pueden efectuar una alteración del comportamiento del paciente y dar como resultado una cura sintomática, al menos en forma temporal. Sin embargo, dicha “cura” es simplemente una respuesta a la sugestión y no trae consigo esa reasociación y reorganización de ideas, comprensiones y recuerdos que son tan esenciales para una curación real. Es esta experiencia de reasociación y reorganización de su propia vida experiencial la que eventualmente termina en una curación, no la manifestación de comportamiento dispuesto a responder que puede, en el mejor de los casos, satisfacer solamente al observador.» (Erickson, 1948/1980, p. 38) (Énfasis añadido)

A diferencia de los hipnólogos tradicionales que a través de su fraseo ritual buscan implantar ciertas ideas en el sujeto hipnotizado, Erickson buscaba la evocación de lo que denominó aprendizajes experienciales. Con este concepto se refería a la «riqueza de conocimiento que existe en su cuerpo, del cual usted está totalmente inconsciente, y que se manifiesta por si mismo cuando se da la estimulación psicológica o fisiológica adecuada.» (Erickson, en Rossi y Ryan, 1985, p. 121) (Énfasis en el original) «En hipnosis uno hace uso de todos los aprendizajes experienciales para dirigir y organizar el comportamiento del paciente.» (Erickson, en Rossi, Ryan y Sharp, 1983, p. 162) Erickson ejemplifica este concepto a través de la siguiente disertación de la naturaleza de la inducción de trance hipnótico:
«¿Qué hace uno en hipnosis para producir un trance? Por cierto que no es tener un ojo de águila o tener una altura de seis pies, o algo por el estilo. La hipnosis que se desarrolla en cualquier situación es la hipnosis que se desarrolla dentro del paciente. El paciente realiza su propio desarrollo del trance hipnótico. Lo realiza al escucharlo a usted, y si usted es lo suficientemente interesante, si usted puede asegurar la

atención de él y asegurar sus cooperación, el paciente limitará y restringirá su comportamiento a usted y lo que usted le está diciendo; el paciente comprenderá lo que usted le está diciendo; el paciente estará deseoso de recibir en forma no crítica lo que usted está diciendo –y cuando digo no críticamente estoy hablando en el sentido científico de la palabra. La mayoría de nosotros no acepta las cosas en forma no crítica. Si yo le pidiera a uno de ustedes que se sacara su chaqueta, ustedes inmediatamente replicarían “¿Por qué?” Esa sería una respuesta crítica. Pero si le pidiera a usted como sujeto hipnótica que se sacara su chaqueta, su pensamiento podría ser: “Ahora hay algo que puedo hacer. Es perfectamente posible. Es adecuado en esta situación. Pero, ¿es necesario?” Por cierto que el doctor no le pediría al paciente que hiciera algo si eso no fuera necesario, y por consiguiente el paciente tomaría la decisión después de haber examinado la idea y haberla examinado en base a sus valores intrínsecos. Entonces decidiría si ejecuta o no lo solicitado. Al inducir un trance usted le pide al paciente que le dé toda su atención. Usted no quiere que él cuente los objetos que cuelgan de la pared; usted no quiere que juegue con su mirada y la mueva de un lado a otro para ver si aun es cambiante. Usted quiere que él le dé toda su atención y que no está advirtiendo ninguna otra cosa. Y a medida que él le presta atención, está disminuyendo el campo de la consciencia visual; está disminuyendo el campo de su consciencia auditiva; y está dirigiendo sus pensamientos y sus sensaciones hacia dentro de él. En este punto usted puede sugerirle al paciente que a medida que mira hacia el lugar que desee, o mire hacia la distancia, puede relajarse. Usted no está relajando realmente al paciente. Usted le está solicitando que reviva sus memorias y su comprensión de lo que es la relajación física. Y a medida que comienza a revivir esas memorias y comprensiones, su cuerpo comienza a relajarse y a experimentar la relajación, y encuentra los mismos aprendizajes experienciales de cuando se ha relajado en el pasado. A medida que se relaja más y más, usted puede sugerir sus piernas y sus brazos pueden sentirse más pesados, cansados y cómodos. ¿Qué está haciendo usted? Simplemente pidiéndole al paciente que revise sus memorias y sus comprensiones de pesadez, de cansancio, de comodidad; y a medida que él dirige su atención más y más hacia su interior, usted está disponiendo la base para que él extraiga cualquier aprendizaje experiencial que ha tenido en su vida.» (Erickson, en Rossi, Ryan y Sharp, 1983, p.163-164)

Con este modo de trabajo Erickson está consiguiendo a lo menos tres objetivos: (1) promover la cooperación del sujeto, al pedirle algo que éste sabe hacer; (2) facilitar la evocación de comportamientos involuntarios, puesto que el individuo estará produciendo respuestas que están más allá de su control volitivo; (3) dependiendo del objetivo terapéutico del uso de la experiencia de trance, puede preparar (sembrar) (Zeig, 1992b) el terreno para el trabajo terapéutico. En los últimos años de trabajo de Erickson, acostumbraba a “inducir” el trance hipnótico a través de “aprendizajes tempranos” (Erickson, Rossi y Rossi, 1976) y luego relatar metáforas terapéuticas (Zeig, 1985). Típicamente ese método de inducción de trance era el siguiente:
Mira hacia la esquina superior de ese cuadro. La esquina superior de ese cuadro. Ahora te hablaré. (Pausa) Cuando fuiste por primera vez al kindergarten, a la escuela primaria, ese asunto de aprender letras y números parecía ser una tarea insuperable. Reconocer la letra A distinguir una Q de una O era muy difícil. Y también después la manuscrita de la imprenta eran muy distintas. Pero aprendiste a formar una imagen mental de algún tipo. No lo sabías en esa época, pero fue una imagen mental permanente. Y después en la gramática escolar formaste otras imágenes mentales de palabras o dibujos de frases. Desarrollaste más y más imágenes mentales, sin saber que estabas desarrollando imágenes mentales. Y puedes recordar todas aquellas imágenes. (Pausa) Ahora puedes ir donde desees, y transportarte a Cualquier situación. Puedes sentir el agua, puedes querer nadar en ella. (Pausa)

Puedes hacer lo que quieras. Incluso no tienes que escuchar mi voz Porque tu inconsciente la escuchará. Tu inconsciente puede intentar todo lo que desee. Pues tu mente consciente no estará haciendo nada de importancia. Advertirás que tu mente consciente está interesada en algo, ya que mantiene agitándose tus párpados. Pues alteraste tu frecuencia respiratoria. Has alterado el pulso. Has alterado tu presión sanguínea. Y sin saberlo, estás demostrando la inmovilidad que puede demostrar un sujeto hipnótico. No hay nada realmente importante, excepto la actividad de tu mente inconsciente. Y eso puede ser todo lo que tu mente inconsciente desea. Ahora existe la comodidad física, pues incluso no necesitas prestar atención a tu relajación y comodidad. Y puedes decirle a tu mente inconsciente que eres una sujeto hipnótica excelente, y cualquier cosa que necesites o desee tu mente inconsciente te permitirá usarla. Y puedes tomar tiempo tu propio tiempo dejándote entrar en trance ayudándote a comprender algo razonable. [...] (Erickson, Rossi y Rossi, 1976, p. 5-14)

Analicemos la racionalidad es este método (Pacheco, 1998a): 1) Induce un trance en una forma muy casual, inocua. 2) Evoca indirectamente la regresión de edad al hacer mención de aprendizajes tempranos –innegables– en la vida de las personas. 3) Crea una disposición a responder en el oyente hacia el aprendizaje; es en la época escolar temprana donde las personas estamos más dispuestas a escuchar y aprender de un maestro (el terapeuta en este caso; aprender a resolver o enfrentar los problemas). Las metáforas terapéuticas son un recurso terapéutico en el cual se entrega un mensaje en forma indirecta, que se supone puede activar la búsqueda interna de significado en el oyente. Ya sea que las metáforas se relaten o no en un estado de trance terapéutico, «[...] la propia actividad mental del cliente crea una comprensión singular del material entregado, y al hacerlo inicia un proceso de cambio al alterar las percepciones. Ninguno de los pensamientos y comprensiones originales es abatido. Por el contrario, se obtienen nuevas asociaciones, nuevos significados y comprensiones, enriqueciendo al cliente en lugar de empobrecerlo.» (Lankton y Lankton, 1983, p. 80) Es decir, puede facilitarse ese proceso de reorganización interna que está a la base del cambio terapéutico. ¿Para qué usar hipnosis en psicoterapia? Erickson era reconocido a fines de la década de los años 1940 como el “maestro” de la hipnosis. Sin embargo, si la hipnosis no es terapéutica en si misma, ¿para que gastar tiempo valioso de la entrevista con el paciente para enseñarle a entrar en trance hipnótico? Erickson entendía que «el trance terapéutico es un período durante el cual las limitaciones del marco de referencia habitual y las creencias de uno están temporalmente alteradas, de modo que se puede ser receptivo a otras pautas de asociación y modos de

funcionamiento mental que conduzcan a la resolución de problemas.» (Erickson y Rossi, 1979, p. 3) Según Erickson (Erickson y Rossi, 1979), las personas presentan problemas psicológicos debido a que están rígidamente pautados en una visión de mundo y de soluciones limitante, de modo que no pueden hacer uso de sus recursos para resolver esos problemas. «Si el ego de un paciente fuera capaz de resolver el problema, el paciente no requeriría un terapeuta.» (Rossi, en Erickson, 1980d, p. 97) «Los problemas psicológicos se desarrollan cuando las personas no permiten que las circunstancias naturalmente cambiantes de la vida interrumpan sus antiguas pautas de asociación y experiencia, de modo que puedan surgir nuevas actitudes.» (Erickson y Rossi, 1979, p. 7) Por lo tanto, el uso de la hipnosis en terapia tendría como objetivo la debilitación de esos esquemas mentales rígidos. «[En la resolución de síntomas, Erickson] rara vez daba sugestiones directas, porque muy a menudo ellas tientan al ego del paciente (el consciente del paciente, las habilidades voluntarias) a hacer algo: el ego usualmente hace un esfuerzo consciente para llevar a cabo las sugestiones. En hipnosis, sin embargo, Erickson prefiere los sistemas de respuesta autónoma para llevar a cabo las sugestiones, los cuales burlan al consciente del paciente, a la intencionalidad voluntaria. […] El terapeuta es necesario para facilitar la emergencia de los potenciales y sistemas de respuestas sin explotar que el propio ego del paciente no ha sido capaz de utilizar en una forma voluntaria e intencional.» (Rossi, en Erickson, 1980d, p. 97) Otro objetivo del uso de la experiencia hipnótica en terapia, es que una persona que está en trance hipnótico, con sus esquemas mentales habituales momentáneamente suspendidos, está más dispuesta a colaborar con las ideas o sugerencias que el terapeuta le provea. Esto, debido a una tendencia natural a recuperar el equilibrio perdido (Yapko, 1990). Individualización de la psicoterapia La experiencia obtenida por Erickson en sus numerosos experimentos acerca de la inducción de trance hipnótico y la aplicación del principio de utilización en esos acercamientos, lo llevó a concebir la psicoterapia como un proceso individualizado (ya sea que haga uso o no de hipnosis). La individualización de la terapia permite alcanzar dos objetivos: (1) Permite el desarrollo de una alianza terapéutica que promueve la cooperación del cliente. Erickson y Carl Rogers, han sido reconocidos como los maestros de la empatía terapéutica en la historia de la psicoterapia moderna (Gunnison, 1987). Erickson disponía de muchos medios para favorecer la alianza terapéutica (algunos de ellos aprendidos en sus experimentos de inducción de trance): se interesaba por los problemas actuales que llevaban al paciente a consultar; validaba el motivo de consulta de los clientes; usaba el lenguaje de ellos; intentaba mirar la realidad desde la propia visión de mundo de los pacientes. Además, desde la primera sesión creía realmente en que podría ayudar al paciente y creaba expectativas para el cambio terapéutico. (2) Una terapia individualizada, en la cual los procedimientos terapéuticos se construyan de acuerdo a las necesidades del cliente y el terapeuta use un lenguaje que tenga sentido para aquel, necesariamente conseguirá involucrar experiencialmente al cliente en el proceso terapéutico. Es decir, la terapia estará construida desde y para ese cliente y no en base a las ideas del terapeuta acerca de cómo deben ser y comportarse las personas. Sin embargo, para realizar ese tipo de terapia se necesita de un terapeuta flexible, que adapte su propio comportamiento al del cliente, y no a la inversa como ocurre en muchas corrientes psicoterapéuticas. A diferencia de Freud y muchos otros destacados terapeutas que crearon “escuelas” de psicoterapia, Erickson se negó hasta el final de sus días a considerar a sus

métodos inusuales de psicoterapia como una corriente terapéutica. Escribió respecto a “Las preconcepciones limitantes de la mayoría de las ‘escuelas’ de psicoterapia” en los siguientes términos:
«En el desarrollo de la psicoterapia como un campo de los esfuerzos médicos ha habido una extensa elaboración de la teoría y una asombrosa rigidez de procedimientos. Esto es particularmente el caso de muchas escuelas divergentes de orientación psicoanalítica. Este indebido énfasis en una extensa superestructura teórica como requisito para toda psicoterapia, junto a una rigidez del acercamiento terapéutico hacia todos los pacientes, surge de tres supuestos generales. El primero es que la psicoterapia basada en el comportamiento observable y relacionada primariamente con las exigencias de las situaciones vitales inmediatas y futuras del paciente debe ser necesariamente inadecuada, superficial y sin validez –al ser comparada con una terapia que reestructura las comprensiones del paciente hacia su pasado remoto. El segundo supuesto es que el mismo acercamiento rígido y estereotipado a la terapia (las rutinas del “análisis clásico”, la terapia “no directiva”, etc.) es aplicable a todos los pacientes, todas las veces y en todas las situaciones. Este supuesto descuida la significación inmediata de (a) la individualidad de las experiencias vitales, reacciones y aprendizajes; (b) el contexto del problema en relación con la situación vital real; y (c) el carácter de la sintomatología manifiesta, ya sea básicamente psicológica, fisiológica, somática, o una variada combinación de ellas tres. El tercer supuesto es que la psicoterapia efectiva ocurre a través de la interpretación y la explicación al paciente, ya sea en forma directa o indirecta, respecto al significado interno de su vida experiencial formulada en términos de especulaciones postuladas por una escuela particular de psicoterapia. Para ilustrar este supuesto, considérese lo siguiente: Un infante hambriento que succiona ávidamente el pecho de su madre, no es considerado simplemente como un infante que satisface un hambre fisiológica. Por el contrario, la succión es interpretada como una reacción agresiva en un estado de resentimiento a la experiencia de hambre fisiológica y en un esfuerzo por incorporar a su madre como una defensa contra un mundo amenazante. De este modo, a un proceso de la vida física, universal en todos los mamíferos, se le da una interpretación muy específica, que implica un complicado proceso mental en un infante recién nacido. Que muchas escuelas de psicoterapia estén basadas en formulaciones del comportamiento humano divergentes, a menudo opuestas y contradictorias –y, sin embargo, alcancen esencialmente los mismos resultados terapéuticos– no disminuye la dependencia de esos supuestos generales. Ni ha llevado a los proponentes de esas diversas escuelas a re-examinar los principios de sus enseñanzas. La excesiva elaboración de esas interpretaciones teóricas del comportamiento humano, junto al carácter rutinario de los procedimientos terapéuticos, ha hecho a la terapia una empresa prolongada y cara que no está al alcance de una vasta mayoría de pacientes. Así, el ideal de una psicoterapia alcanzable y fácilmente aplicable ha sido derrotada. En su lugar, las diversas escuelas de psicoterapia, particularmente aquellas de orientación analítica, han elaborado sus propias filosofías separadas y diferentes a las cuales los clientes deben adaptarse incluso cuando no estén interesados en ellas.» (Erickson, 1980d, p. xv-xvi)

Este énfasis en el diseño de tratamientos individualizados y la posición ateórica de Erickson ha dificultado el estudio de su enfoque. Fue un investigador clínico que publicaba los resultados de sus investigaciones, pero que no se interesó en sistematizar sus hallazgos y sus ideas. Dejó a otros esa tarea. Por lo tanto, cuando se habla de un “enfoque ericksoniano”, en realidad habría que decir más correctamente, “la visión de Haley de la terapia de Erickson”, “la visión de Rossi de la hipnoterapia de Erickson”, “la visión de Bandler y Grinder de la hipnosis de Erickson”, “la visión de Zeig de la hipnoterapia de Erickson”, “la visión de Watzlawick de la terapia de Erickson”, “la visión de los esposos Lankton de la hipnoterapia de Erickson”, “la visión de O’Hanlon de la terapia de Erickson”, etc. Cada uno de esos autores (en su mayoría discípulos de Erickson) ha colocado el énfasis en aquellos aspectos del legado de Erickson que más se aviene con su entendimiento de la psicoterapia. La resistencia al trance y a la psicoterapia Los experimentos de Erickson acerca de la inducción del trance hipnótico lo convencieron que la denominada “resistencia a la hipnosis” descrita en la literatura clásica del hipnotismo, era una respuesta lógica de los sujetos a la concepción de dominancia-sumisión en esa tradición. «Podemos ver que la resistencia no es realmente una resistencia, sino que es una reacción perfectamente razonable contra [esa

concepción]. Creemos que la resistencia tiene algunas bases razonables dentro del propio marco de referencia del cliente. ¡La resistencia es usualmente una expresión de la individualidad del paciente!» (Erickson y Rossi, 1979, p. 67-68) (Énfasis en el original) Erickson afirmaba que «la tarea del terapeuta es comprender, aceptar y utilizar esa individualidad para ayudar a los pacientes a burlar sus limitaciones aprendidas para alcanzar sus propias metas […] Cualquiera sea el comportamiento ofrecido por el sujeto, debiera ser aceptado y utilizado para desarrollar más comportamiento dispuesto a responder. Cualquier intento por “corregir” o alterar el comportamiento del sujeto, o forzarlo a hacer cosas en las cuales no está interesado, milita contra la inducción de trance y ciertamente contra la experiencia de trance profundo […] El reconocimiento y concesión a las necesidades del sujeto y la utilización de su comportamiento no constituye, como lo han declarado algunos autores, una “técnica no ortodoxa” basada en la “intuición clínica”; por el contrario, un acercamiento de ese tipo constituye un simple reconocimiento de las condiciones existentes, basado en el total respeto por el sujeto como una personalidad única» (Erickson y Rossi, 1979, p. 68-69). Cuando se utiliza la “resistencia” del paciente, aceptándola e incluso alentándola, ésta deja de ser “resistencia” y se convierte en cooperación; y se puede construir sobre ella (Yapko, 1990). En el volumen de Haley (1980a), Terapia no convencional, se describen numerosos casos clínicos en los cuales se muestra la utilización que hacía Erickson de la “resistencia.” Hipnoterapia breve En el año 1954, Erickson publicó un artículo, “Técnicas especiales de hipnoterapia breve”, que marca un hito y una nueva dirección en el entendimiento del uso clínico de la hipnosis. Erickson introduce el artículo del siguiente modo:
«El desarrollo de los síntomas neuróticos constituye un comportamiento de carácter defensivo, protector. Debido a que es un proceso inconsciente, y excluido de este modo de los entendimientos conscientes, es ciego en su naturaleza y no sirve a los propósitos útiles de la personalidad. Tiende a ser un impedimento e incapacitar en sus efectos. La terapia de ese comportamiento retorcido presupone ordinariamente que debe haber una corrección de las causas subyacentes. Si embargo, esa corrección, a su vez, presupone no solamente una voluntad fundamental de parte del paciente para adecuar la terapia, sino que también una oportunidad real y una situación que conduzca al tratamiento. En ausencia de uno o ambos requisitos, las metas terapéuticas y los métodos deben ser re-ordenados para acoger tan adecuadamente como sea posible la realidad de la situación total. En el intento de esa terapia modificada, el problema surge de lo que realmente puede hacerse con la sintomatología neurótica donde la realidad del paciente y su situación vital constituyen una barrera para un tratamiento global. Los esfuerzos para la remoción de los síntomas a través de hipnosis, persuasión, recondicionamiento, etc., usualmente son inútiles. Casi invariablemente hay un retorno a la sintomatología, ya sea la misma u otra, con una resistencia aumentada a la terapia. Igualmente inútil, bajo esas circunstancias limitantes, es cualquier esfuerzo por centrar el tratamiento alrededor de conceptos idealistas de la comprensión, o, como ocurre infortunadamente muy a menudo en estos casos, alrededor de la concepción de lo que es necesario, apropiado y deseable. En lugar de esto, es imperativo que se dé reconocimiento al hecho que la terapia global es inaceptable para algunos pacientes. Su pauta total de ajuste está basada en la continuación de ciertas inadaptaciones, las cuales derivan de debilidades reales. Por lo tanto, cualquier corrección de esas inadaptaciones sería no deseable si es que no imposible. En forma similar, la realidad del tiempo y la restricciones de la situación pueden hacer imposible una terapia global y, por lo tanto, frustrante, inaceptable y realmente intolerable para el paciente. Por consiguiente, una meta terapéutica apropiada es aquella de ayudar a los pacientes a funcionar tan adecuada y constructivamente como sea posible bajo esos impedimentos, internos y externos, que constituyen parte de su situación vital y necesidades. Consecuentemente, la tarea terapéutica se convierte en el problema de utilizar la sintomatología neurótica para acoger las necesidades singulares de cada paciente. Dicha utilización debe satisfacer el deseo compulsivo para los impedimentos neuróticos, las limitaciones impuestas a la terapia por las fuerzas externas, y, por sobre todo, suministrar adecuadamente ajustes constructivos, ayudados, más que

incapacitados, por la continuación del neuroticismo.» (Erickson, 1954a/1980d, p. 149-150) (Énfasis añadido)

En ese artículo describe cuatro innovadores acercamientos terapéuticos para tratar síntomas neuróticos, todos bajo el sello de la utilización terapéutica: sustitución de síntomas, transformación de síntomas, disminución de síntomas, y respuesta emocional correctiva. Uno de esos casos está descrito en Haley (1980a, p. 78-81), el cual analizaremos brevemente, y el lector podrá percatarse de la agudeza de la intervención de Erickson (las intervenciones terapéuticas se destacan con itálicas y negritas):
«Descripción: Un joven seleccionado para ingresar al Ejército presentaba enuresis desde la pubertad. Nunca había pasado la noche fuera de casa, ni siquiera en casa de parientes. Todos los tratamientos intentados habían fracasado Intervención: Inducción de trance profundo, sugestión respecto a que los orígenes de su enuresis eran psicológicos, y que podría superarla si seguía las instrucciones al pie de la letra. Sugerencias posthipnóticas: Instrucción de alojarse en un hotel, encerrándose en la habitación durante tres noches y sus días. Al entrar a la habitación le asaltaría el temor que la mucama viera la cama mojada. Pero le asaltaría una idea, sorprendente y amarga, que después de toda esa meditación angustiosa, la mucama encontraría la cama seca y no mojada como él lo planeara. Que su vergüenza por la mañana sería enorme; que trataría de huir de la habitación pero no podría; que en la tarde lo asaltarían las mismas preocupaciones, para encontrar el mismo resultado en la mañana; y lo mismo sucedería la tercera noche. Al abandonar al hotel le dominaría un pensamiento obsesivo respecto a qué parientes visitar primero, que se quedaría varios días en la casa de esos parientes, para preocuparse a cuáles visitar después. (Creación de un pseudo problema neurótico [las preocupaciones le impedirían pensara en sus angustias respecto a la enuresis]; inversión de la pauta). Luego le dio una sugestión posthipnótica de una amnesia total del contenido de la sesión.» (Pacheco, 2000a, p. 4)

Otro de los casos descritos en ese artículo está resumido en O’Hanlon (1989, p. 48):
«En uno de los casos de Erickson, un muchacho retardado de 17 años, poco tiempo antes internado en un escuela, desarrollo un síntoma que consistía en agitar rápidamente el brazo derecho delante de si, a una velocidad de 135 veces por minuto. (Erickson había tomado el tiempo.) Erickson consiguió que el muchacho aumentara esa velocidad a 145 veces por minuto. Durante cierto lapso, y bajo la supervisión de Erickson, de nuevo se redujo la velocidad a 135; después se aumentó a 145, y a continuación fue reducida e incrementada, alternando un aumento de 5 veces por minuto y una reducción de 10 veces por minuto, hasta que el movimiento quedó eliminado.»

Hipnosis naturalista: Trance “común de cada día” o hipnosis no formal Cuando Ernest Rossi (editor de la obra de Erickson y coautor de libros y artículos) estudió con Erickson, encontró una marcada diferencia entre la duración de la sesión terapéutica de Erickson y la que él y, en general, realizaban todos los psicoterapeutas. Las sesiones de Erickson duraban 90 o más minutos, en lugar de la típica sesión de 50 minutos. Rossi observó, además, que Erickson facilitaba el trance en sus pacientes a través del relato de anécdotas e historias que parecían ociosas, irrelevantes o aburridas. Aunque Rossi conocía los artículos en donde aparecía un Erickson ingenioso en la manipulación de las personas, casi nunca lo vio inducir trance formalmente. (Rossi, 1990) Además, Rossi no sabía cómo era que los pacientes entraban en trance, pues Erickson no usaba rituales para obtener el trance; a veces los pacientes entraban en trance al principio de la sesión, otras veces en la mitad o antes que finalizara ésta. Con Erickson, «decidir el momento exacto para la inducción hipnótica era siempre un asunto de “observación” y “juicio clínico”» (Rossi, 1990, p.11). Rossi comenzó a percatarse que Erickson esperaba que los pacientes presentaran ciertas características conductuales (las "señales mínimas") que indicaban que estaban experimentando un «período natural de quietud y expectación en donde la receptividad de los pacientes era óptima para experimentar trance» (Rossi, 1990, p.11).

A esos períodos de quietud comenzaron a denominarlos el "trance común de cada día", ya que parecían ser una característica de la vida diaria (Erickson, Rossi y Rossi, 1976), y esas señales mínimas eran muy similares a las que mostraban los sujetos en trance. Algunos de esos patrones conductuales o señales mínimas de trance común de cada día incluyen (Rossi y Nimmons, 1991, p. 5):
      Rasgos faciales relajados, calma. Mirada hacia el vacío, no focalizada. Bostezo o inspiración profunda. Reflejos disminuidos. Necesidad de estirarse. Necesidad de usar el baño, etc.

En la sesión terapéutica, Erickson estaba observando al paciente con una atención cuidadosa y muy enfocada: controlaba la frecuencia cardiaca del paciente (a través de la observación de las pulsaciones en el rostro, cuello, piernas o manos). La velocidad de los reflejos (pestañeo, deglución, respiración) y el grado de movimientos de todo el cuerpo (Rossi, 1982). Erickson esperaba que el paciente presentara señales de trance común de cada día y lo profundizaba en un trance hipnoterapéutico a través de sugestiones indirectas. Rossi (1982) manifiesta que Erickson daba las sugestiones importantes cuando intuía que el paciente había alcanzado un estado de respuesta de disposición a atender, un estado de extrema atención en respuesta a los matices de la comunicación presentada por el terapeuta. Esta respuesta de disposición a atender es una forma de comportamiento social, en el cual el oyente manifiesta una atención muy estrecha hacia su interlocutor, y que se caracteriza por (Rossi, 1982):
     Contacto visual focalizado. Lenguaje corporal abierto y receptivo. Actitud de interés y expectación. Quietud del cuerpo, excepto para las respuestas de aprobación estereotipadas ocasionales (por ejemplo, asentimiento con la cabeza), y Un consentimiento en la aceptación de sugestiones.

Rossi (1990a) relata que comenzó a formarse una impresión muy diferente de Erickson a medida que trabajaban juntos. Mientras que la mayoría de los psiquiatras lo consideraban como un "genio de la manipulación y la sugestión", Rossi comenzó a considerarlo como un "genio de la observación". Se percató que la efectividad de los acercamientos innovadores de Erickson no dependía del "poder de sugestión", sino que de su habilidad para reconocer y utilizar las experiencias vitales de sus pacientes con esos momentos cuando estaban más dispuestos a responder, en el trance común de cada día. Sin embargo, Erickson no siempre esperaba que los pacientes mostraran el “trance común de cada día” para sus intervenciones; sino que lo facilitaba usando los mismos métodos que había experimentado en la inducción de trance formal; ¡sólo que ahora no buscaba que sus pacientes cerraran los ojos y parecieran dormir como cuando están en trance hipnótico! Este es aun aspecto mal entendido de los procedimientos terapéuticos de Erickson que trataremos de explicar en detalle. Como dijimos más arriba, la inducción de trance busca fijar la atención del cliente, para conseguir una debilitación de los esquemas conscientes y mayor disposición a responder. Cualquier método que logre fijar la atención del sujeto, ya sea en una realidad externa (un objeto, una conversación interesante) o en una realidad interna (relajación a través de imaginería, enfocarse en sensaciones corporales), lo predispone a mostrar esa respuesta de atención (y tendencia a la cooperación). Erickson conseguía el mismo

efecto atrayendo la atención de sus clientes hacia una conversación interesante; pero esa no era cualquier conversación, sino una que tuviera sentido para ellos y que generara una tendencia a aceptar lo que él relataba (yes set). Esos relatos de Erickson podían deslizar ideas interesantes a un nivel consciente, o bien iniciar búsquedas inconscientes, o consistir en una “inducción de trance” en la cual entremedio del relato se van urdiendo las sugerencias terapéuticas (técnica de entremezclado). También se auxiliaba de lo que se ha denominado biorraport (O’Hanlon, 1989), es decir, el terapeuta va “espejando” (imitando sutilmente) comportamientos no verbales del cliente (pestañeo, ritmo respiratorio). «La sincronización de los ritmos biológicos parece indicar y realzar el rapport entre personas. Erickson utilizaba deliberadamente esta asimilación rítmica para facilitar el desarrollo de rapport y para influir en los pacientes.» (O’Hanlon, 1989, p. 43) (Énfasis añadido) Sin embargo, Erickson buscaba influenciar la experiencia de sus clientes no sólo para realizar intervenciones en el consultorio, sino que buscaba que ellos llevaran a cabo actividades (tareas) entre sesiones. Para ese fin buscaba(/construía) conseguir una respuesta de atención y de cooperación del cliente, para asegurarse que llevarían (o no llevarían) a cabo esa tarea. Esta noción de “hipnosis naturalista” coloca al hipnotismo dentro del marco de la comunicación interpersonal, y libera al terapeuta de los comportamientos estereotipados que acompañan al hipnotismo tradicional. Ya no son necesarios sillones especiales donde “inducir” el trance terapéutico; y cualquier terapeuta que conciba a la terapia como un proceso de influencia interpersonal para ayudar a sus clientes para romper las pautas limitantes que los mantienen atrapados en sus problemas, tiene a su alcance diversas estrategias de comunicación que facilitarán su labor.
Notas: William Kroger, M.D., destacado hipnoterapeuta que tenía una concepción distinta a la que sostenía Erickson en cuanto a la naturaleza de la hipnosis y los métodos para usarla en forma clínica, le cuenta a Yapko en 1988 (Yapko, 1990) acerca de sus vicisitudes debido a los prejuicios hacia la hipnosis: «Yo era el único doctor que estaba usando hipnosis en el área de Chicago. Se reían de mi, fui ridiculizado, vilipendiado y abusado, y hecho caminar siete pasos detrás de todos, como si yo fuera un leproso. Fui perseguido por la Sociedad Médica del Estado de Illinois debido a una exhibición. Ellos estaban solamente en contra de la hipnosis, [incluso] en contra de la palabra hipnosis…»
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Erickson ejemplifica sus afirmaciones a través de la obtención de anestesia hipnótica. «Por ejemplo, la anestesia de la mano puede ser sugerida directamente, y puede obtenerse una respuesta aparentemente adecuada. Sin embargo, si el paciente no ha interpretado espontáneamente la orden para incluir un darse cuenta de la necesidad de la reorganización interna, esa anestesia fallará en los tests clínicos y será una pseudo anestesia.»
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Aquí Erickson está ejemplificando sus ideas a través de la descripción del método de inducción de trance por fijación de ojos.
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Qué diferente es ese acercamiento de Erickson para trabajar con la regresión de edad, al compararlo con este acercamiento directo ejemplificado por Yapko: «... y ahora que puede sentirse tan cómodamente relajado... puede permitirse tener la experiencia en su mente... de llegar a una estación de trenes especial... una estación de trenes distinta a cualquier otra que jamás usted ha conocido... donde el tren que corre es muy inusual en su habilidad para hacer que usted retroceda en el tiempo... y usted puede retroceder en el tiempo... para experimentar aquello que no ha pensado en mucho, mucho tiempo... y puede verse subiendo al tren más interesante... y puede encontrar un asiento que sea cómodo para sentarse... tan suave, que usted descansa allí... profundamente descansado... y después puede sentir que el tren comienza a moverse en forma delicada y placentera... puede experimentar el movimiento de retroceder en el tiempo... lentamente al principio... después rápido... un momento poderoso... y mientras mira a través de la ventanilla... y ve los sucesos de su vida moviéndose hacia el pasado, ve pasar como postes de teléfono en la vía, los recuerdos de ayer... después los del día anterior... y del día antes... y del día antes... y todos los días antes... puede ir sin rumbo a través de su mente mientras viaja más y más en el pasado... cuando después se convierte en ahora... y después el tren comienza a disminuir la velocidad... y después llega a una parada... y ahora usted puede salir del tren para encontrarse en aquella situación ahora, puede ver las escenas, escuchar los sonidos, y sentir los sentimientos de aquel tiempo y lugar... este tiempo y lugar...» (Yapko, 1990, p. 258-259)
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Los estudios realizados en la década de los años 1990 indican que la alianza terapéutica es un factor esencial en los resultados de la psicoterapia (Duncan, Miller y Hubble, 1998).
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Esos autores indican que las siguientes características del proceso terapéutico favorecen la alianza terapéutica: intervenciones terapéuticas que respondan a las metas de los clientes, y un tratamiento que se adecúe a la forma en que el cliente ve la relación terapéutica. Las características de los terapeutas que son reportadas por los clientes como factores que promueven una adecuada alianza terapéutica son aquellas antiguas pautas descritas por Rogers como factores esenciales de una terapia: Empatía, Respeto, Autenticidad del terapeuta y Validación del cliente. Sin embargo, los objetivos de la construcción de un clima empático en el trabajo de Erickson y Rogers cumplen fines distintos. Erickson era un terapeuta directivo, que buscaba todos los medios posibles para conseguir que el cliente llevara a cabo sus directivas; mientras que Rogers buscaba un clima de aceptación y comprensión en el cual el cliente pudiera revisar su vida experiencial en un ambiente exento de juicios y críticas de terceros.
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Scott D. Miller (2001) refiriéndose al concepto de la “resistencia” afirmaba que la psicoterapia ha tomado prestado a la Física ese concepto, y lo ha usado en forma errónea. Tradicionalmente se ha visto a la resistencia como un impedimento intrapsíquico (individual) para cooperar en la terapia; sin embargo la “resistencia” en Física hace alusión a la relación entre dos fuerzas, o algo que se opone a la acción de una fuerza. Al aplicar correctamente ese concepto en psicoterapia, la resistencia ya no tendría que estar dentro del cliente, sino que en la interacción de éste con el terapeuta.
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de Shazer ha escrito lo siguiente respecto a la “resistencia” a la terapia: «Por cierto, algunos clientes consideran que las ideas sobre cómo cambiar no son adecuadas, pero me resulta difícil rotular ese modo de pensar como "resistencia"; me parece antes bien un mensaje que el cliente está enviando, en un esfuerzo por ayudar al terapeuta a que lo ayude. Reiteradamente he hallado gente con deseos desesperados de cambiar y sumamente cooperativa, que me había sido derivada por otros terapeutas con el rótulo de "cliente resistente". En realidad, la clave que mis colegas y yo creamos para promover la cooperación es absolutamente simple. En primer término vinculamos el presente con el futuro (ignorando el pasado), luego felicitamos al cliente por lo que ya ha hecho de útil o bueno (o ambas cosas) para él, y a continuación (una vez que él sabe que estamos de su parte), podemos sugerir algo nuevo que él podría hacer y que es, o por lo menos podría ser, bueno para él. [...] Es claro que la gente que visita a un terapeuta desea cambiar su situación. Pero sea lo que fuere que hayan hecho para lograr el cambio, no obtuvieron resultados. Han ido encerrándose en su propio camino, tal vez accidentalmente empeoraron, y han desarrollado pautas de conducta habitual poco afortunadas. En vista de esto, la idea que van a resistirse al cambio está por lo menos desorientada. De hecho, con este tipo de idea en su mente, el terapeuta puede realmente generar "resistencia" o no cooperación, cuando no directamente un conflicto. Es decir que las concepciones del terapeuta son capaces de producir profecías de autocumplimiento, con un desenlace infortunado.» (de Shazer, 1991, p. 3234)
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Y que luego trasladaría al tratamiento sin el uso de hipnosis formal. Otra de las formas de sugestión indirecta de Erickson. Véase Haley (1980a), p. 272-277

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Capítulo 4. Rasgos distintivos de la psicoterapia de Erickson

En el capítulo anterior hemos revisado brevemente cómo Erickson se apartó de los conceptos del hipnotismo clásico y de su aplicación en clínica, para crear un nuevo modo de entender a la hipnoterapia, y crear una nueva psicoterapia. En este capítulo analizaremos algunas de las características relevantes de su concepción de la psicoterapia que se reflejan ampliamente en su trabajo. A diferencia de otros textos que han colocado el énfasis en la descripción de técnicas, trataremos de entregar una visión amplia e integradora de las pautas terapéuticas principales de Erickson. El énfasis en las técnicas por sobre los principios unificadores en el trabajo de un terapeuta tan versátil, sólo puede llevar a lo que escribieron Wittezaele y García (1994): «Los métodos de Erickson dejan perplejo. A menudo uno se pregunta adónde quiere llegar; la intervención parece pertinente, pero podemos preguntarnos cómo se las ha arreglado para que los pacientes acepten seguir al pie de la letra unas instrucciones tan raras. Tendemos a ver en ello una cierta magia, mezcla de genio loco y de los poderes embrujadores de la hipnosis.» (p. 215)

Los trabajos acerca de Erickson llevados a cabo entre los años 1970 y 1980 colocaron el énfasis en la “hipnosis ericksoniana”, y pasaron por alto al hecho que Erickson fue abandonando progresivamente el uso de la hipnosis formal para realizar una terapia “conversacional” a la base de la cual estaban las mismas pautas que había utilizado para sus inducciones de trance y trabajo clínico en hipnoterapia. Además, no analizaron dichas pautas “hipnóticas” desde una perspectiva estratégica, marco que permite una mayor comprensión e integración del trabajo de Erickson. Al respecto, de Shazer (1991) escribió:
«[...] La terapia breve puede verse como un refinamiento y desarrollo de los principios de Erickson para la resolución de problemas clínicos. Estos métodos naturalistas, indirectos, son útiles con o sin la mediación de trances formales. Pues con frecuencia el observador ingenuo no tiene modo alguno de precisar sus observaciones al punto de poder decir "aquí se inicia la inducción de trance" o "ahora empieza el trance". Muchísimas veces las ideas sobre el "trance" y la "hipnosis" fascinan al observador y lo llevan a equivocarse. Gran parte de las descripciones del trabajo de Erickson examina con excesivo detallismo estas herramientas, de modo que la consideración atenta de la corteza del árbol le hace perder de vista los principios implícitos en la totalidad del bosque. El interés por las técnicas hipnóticas de Erickson oscurece su empleo de la hipnosis. La hipnosis se parece más a la novocaína que a la extracción de una muela. La novocaína sola no desprende la muela, y por otra parte la muela podría extraerse sin utilizar novocaína.» (p. 31)

El pragmatismo de Erickson En su estilo siempre humorístico, Epston (1994) distingue dos tipos de terapia:
«(1) las terapias de degradación, o terapias “misioneras” y (2) las terapias de revalorización o terapias “antropológicas”. Las terapias de degradación se centran en la llamada patología. Practicarlas exige tener alguna idea sobre la perfección humana o familiar o poseer alguna “verdad” filosófica o racionalmente derivada que indicará cuál es la conducta correcta. […] El paciente debe rendir su identidad ante su mentor terapéutico de antemano, al aceptar la reputación y el prestigio de éste, y admitir la derrota. […] Las terapias de revalorización o terapias antropológicas se basan en la tolerancia y el respeto por la diversidad humana. Y se centran el cambio y en los recursos con los que se cuenta. Estas terapias no parten de la base de que existe una verdad (en la que el terapeuta es un experto), antes bien tienden sencillamente a llamar la atención del paciente sobre cómo son las cosas y alentarlo a mejorar su vida utilizando el sentido común basado en la experiencia. Resulta curioso que Haley [1980a] haya descrito primero el “buen sentido perfecto” de Erickson como una “terapia poco común”. ¿Cómo es posible? Las terapias de revalorización son populistas y suponen la responsabilidad y elecciones personales. Quienes la practican están dispuestos a sufrir la indignidad de la propia imperfección […] Desde el punto de vista de la teoría y de la doctrina resultante, quienes practican tales terapias parecen preferir una falta de exclusivismo y sólo aceptan la teoría si consideran que ésta es algo en constante evolución. Las terapias de revalorización se basan en la cooperación antes que en la entrega. La relación hipnótica puede considerarse como el prototipo de esta clase de terapia.» (p. 198-199)

Erickson era un hombre pragmático, más que buscar el conocimiento profundo de sus pacientes, estaba orientado hacia el cambio. Poseía una visión pragmática de la vida y de la personalidad de las personas. Para él, las personas podían cambiar mucho a lo largo de la vida, y por lo tanto la personalidad no es algo inmutable. Independientemente de cómo sea la personalidad del cliente, siempre hay aspectos alternativos de la personalidad susceptibles de sacarse a la luz y usarse en beneficio del cliente. (O'Hanlon, 1989)
«Su paciente es una persona hoy, totalmente otra persona mañana, y será otra la próxima semana, el próximo mes, el próximo año. Dentro de cinco, diez y veinte años será otras personas. Es verdad que todos tenemos un cierto fondo general, pero somos personas distintas en cada día de nuestras vidas.» (Erickson, citado por O'Hanlon, 1989, p. 29)

Esta visión de mundo de Erickson queda reflejada en la siguiente viñeta, cuando Erickson relató la siguiente historia a sus alumnos para responder a uno que manifestó preocupación por la posibilidad de la muerte de Erickson:

«Creo que es totalmente prematuro. No tengo ninguna intención de morirme. ¡En realidad, sería la última cosa que haría! Mi madre llegó a vivir 94 años; mi abuela y mi bisabuela tenía 93 o más años. Mi padre murió a los 97 y medio. Estaba plantando árboles frutales y se preguntaba si viviría lo suficiente para comer algunos de esos frutos. Y tenía 96 o 97 años cuando estaba plantando árboles frutales. Los psicoterapeutas tienen una idea errónea acerca de las enfermedades, los impedimentos y la muerte. Suelen hacer excesivo hincapié en eso de que hay que adaptarse a las enfermedades, los impedimentos y la muerte. Hay un montón de monsergas rodando por ahí acerca de la ayuda que debe prestarse a las familias que están de duelo. Yo pienso que ustedes deberían tener presente que desde el día en que nacen, empiezan a morir. Algunos son más eficientes y no pierden tanto tiempo muriéndose, mientras que otros esperan mucho tiempo. Mi padre sufrió un ataque cardíaco a los ochenta. Estaba inconsciente cuando lo llevaron al hospital; mi hermana estaba con él. El médico le dijo a mi hermana: “No se haga demasiadas ilusiones. Su padre es un hombre anciano. Trabajó duro toda la vida y tenía una grave, muy grave afección coronaria.” MI hermana me contó después: ″Solté la carcajada delante del médico y le dije: ‘¡Usted no conoce a mi padre!’″ El médico estaba presente cuando papá recobró el conocimiento. “¿Qué pasó?”, le preguntó papá. “No se preocupe señor Erickson”, contestó el médico, “ha tenido un gravísimo ataque a la coronaria, pero en dos o tres meses estará en casa como nuevo.” Mi padre se puso furioso: “¡Dos o tres meses! ¡Qué disparate! Usted querrá decir que tendré que perderme una semana.” A la semana siguiente estaba de vuelta en casa. Tenía 85 años cuando le dio un ataque cardíaco parecido al anterior. Estaba allí el mismo médico. Cuando recobró el conocimiento, papá le preguntó: “¿Qué paso?” “Lo mismo de antes”, contestó el médico. Mi padre lanzó un gruñido y refunfuñó, “¡Otra semana perdida!” Tuvieron que hacerle una operación urgente de abdomen y le sacaron tres metros de intestino. Cuando se le fueron los efectos de la anestesia y ya se estaba recuperando, preguntó a la enfermera: “¿Qué pasó ahora?” Ella le contó. Gruñó y dijo: “Esta vez serán diez días en lugar de una semana.” El tercer ataque cardíaco lo tuvo a los 89. Recobró el conocimiento y le preguntó al médico: “¿Lo mismo de antes, doctor?” “Sí”, le contestó el médico. “Bueno”, comentó mi padre, “esto de perder una semana cada vez se está convirtiendo en una mala costumbre.” Tuvo el cuarto ataque a los 93. Cuando recobró el conocimiento, dijo: “Honestamente, doctor, pensé que el cuarto me llevaría al otro mundo. Ya estoy empezando a perderle la fe al quinto.” A los 97 y medio, él y dos de mis hermanas planearon ir a pasar un fin de semana a la antigua comunidad de granjeros en que se habían criado. Todos los contemporáneos de mi padre estaban muertos y algunos de sus hijos también. Planearon a quiénes iban a visitar, en qué motel se iban a hospedar y en qué restaurante iban a comer. Cuando llegó el momento se dirigieron al automóvil. Al llegar a él, mi padre dijo: “Oh, olvidé mi sombrero.” Corrió a buscarlo. Mis hermanas aguardaron un tiempo razonable, luego se miraron fríamente una a la otra y dijeron: “Sucedió.” Entraron a la casa. Papá estaba tirado en el piso, había muerto de una hemorragia cerebral masiva. En cierta oportunidad, mi madre, cuando tenía 93 años, se cayó y se quebró la cadera. “Es ridículo que le suceda esto a una mujer de mi edad”, dijo. “Tengo que recuperarme.” Lo hizo. Cuando al año siguiente se cayó y se quebró la otra cadera, dijo: “Me costó mucho curarme la primera vez que se me rompió la cadera. No creo que lo consiga esta vez, pero nadie podrá decir que no lo he intentado.” Yo sabía –y todos los demás miembros de la familia también, por la palidez de mi rostro– que esa segunda fractura de cadera la llevaría a la muerte. Mi madre murió de congestión pulmonar, esa “amiga de las viejas.” Su frase favorita era: “En toda vida debe llover de vez en cuando, y alguno días ser tristes y oscuros.” Pertenecía a “El día lluvioso”, el poema de Longfellow. Papá y mamá gozaron plenamente de la vida, siempre. Yo trato de inculcarles a los pacientes: “Gocen de la vida, gócenla plenamente.” Y cuanto más humor ponga uno en la vida, mejor se sentirá. No sé de dónde sacó ese alumno las ideas que estoy por morirme. Voy a postergarlo.» (Rosen, 1986, p. 149-151) (Énfasis añadido)

Foco en los problemas: Un enfoque no patologizante Erickson colocaba su atención en los problemas presentes y en los síntomas obvios, a la vez que evitaba etiquetar a los pacientes como “enfermos”, de acuerdo a las nociones tradicionales de la psicopatología. Su trabajo ofrece una nueva forma de mirar a los pacientes y a sus problemas, muy apartada de la noción tradicional de la patología. No consideraba a los pacientes como frágiles o vulnerables ante fuerzas misteriosas dentro o alrededor de ellos, sino que

los clientes poseen la capacidad para modificar sus problemas en forma activa, aunque puedan no estar conscientes de ello. (Fisch, 1982) Para Erickson, la mayoría de los pacientes poseen los recursos adecuados, las fortalezas y experiencias para la resolución de sus problemas (Zeig y Munion, 1999); y es una tarea del terapeuta la identificación de esos recursos y colocarlos a disposición del cambio. Y el principio básico que posibilita la incorporación de esos recursos a la psicoterapia es la utilización terapéutica. El siguiente diálogo entre Erickson (E), Haley (H) y Weakland (W), citado por Zeig y Munion (1999) ilustra la consideración de Erickson hacia los pacientes como personas totales, y no como “portadoras” de enfermedades (“etiquetas diagnósticas”):
«H: Bien, obviamente usted no clasifica a los pacientes en la forma que lo hacen otros. Un paciente toca la puerta, usted lo observa y lo escucha, y no lo clasifica como histérico o compulsivo. W: Bien, usted podría hacerlo, pero en su sistema operativo de clasificación, ese no es el punto importante, eso nos parece a nosotros. H: Usted tiene una forma de clasificar a las personas en términos de lo que ellas necesitan o lo que ya están haciendo, según puedo percatarme. E: Es decir, usted reconoce que el paciente que viene [a terapia] puede ser un histérico, o un compulsivo, o un esquizoide, o un maníaco, o algo así. Es problema no es intentar adaptar la terapia a esa clasificación particular, pero: ¿qué potencialidades le muestra el paciente o qué capacidades para hacer esto o aquello? » (Haley, 1985; citado en Zeig y Munion, 1999, p. 32

Esta visión tiene implícito que sólo necesitan ser resueltos los síntomas, sin que sea necesaria un reconstrucción de la personalidad del cliente; y se promueve la utilización de todos los aspectos del paciente que están funcionando bien. (Zeig y Munion, 1999) O'Hanlon (1989) indica que para muchos enfoques psicoterapéuticos se supone que los síntomas surgen porque cumplen una función (para el individuo, su sistema familiar), y que cuando persisten significa que continúan teniéndola, porque de lo contrario desaparecerían. Erickson. sostenía un punto de vista diferente respecto a los síntomas. Para él era posible que los síntomas surgieran porque cumplen funciones, pero después de cierto tiempo dejan de cumplir esa función y persisten solamente porque las personas quedan pautadas de esa manera. Cuando Haley le preguntó a Erickson si se "limitaría" a resolver el síntoma, Erickson le respondió del siguiente modo: «Usted supone que sirve a otros fines. ¿Nunca ha pensado que la sintomatología puede desgastarse como servidora de propósitos, y convertirse en una pauta habitual? » (Haley, citado en O'Hanlon, 1989, p. 30) Orientación temporal en el presente y hacia el futuro La terapia de Erickson estaba enfocada sobre los problemas actuales del cliente, y apuntaba al futuro cuando éste estuviera libre de su problema. Este es un giro revolucionario en la concepción de la terapia, al contrastarla con los enfoques dinámicos predominantes en la psicoterapia en esa época, cuya orientación estaba hacia el pasado de los pacientes, donde se suponía que se encontraban las causas del problema actual. Erickson escribió:
«Una terapia es buscada en primer término, no para esclarecer un pasado inmodificable, sino a causa de una insatisfacción con el presente y un deseo de mejorar en el futuro. Ni el paciente, ni el terapeuta pueden saber en qué dirección se ha de verificar un cambio y en qué grado ha de tener lugar este último. Pero se precisa cambiar la situación actual y una vez establecido el cambio, por pequeño que sea, se precisa de otros cambios menores y un efecto de bola de nieve de estos cambios menores conduce a otros más importantes, de acuerdo con las posibilidades del paciente.» ("Prefacio", Watzlawick, Weakland y Fisch, 1976, p. 9)

Y en otro lugar afirmó,
«El pasado no puede cambiarse; sólo se cambia la interpretación y el modo que tenemos de verlo, e incluso esto se modifica con el paso del tiempo. En consecuencia, en el mejor de los casos, los modos de ver y las interpretaciones del pasado tienen importancia sólo cuando embrutecen a una persona en una rigidez. La vida se vive en el presente, para el mañana. Por lo tanto, la psicoterapia se orienta de modo apropiado con respecto a la vida de hoy al preparar el mañana, el mes próximo, el año próximo, el futuro, que en si mismo impondrá muchos cambios en el funcionamiento de la persona en todos los niveles de su conducta.» (Citado por O'Hanlon, 1989, p. 24)

Ya que Erickson no estaba interesado en una “arqueología psicológica” en la cual se buscan en el pasado las causas de los problemas actuales, su interés en los problemas presentes obliga, entonces, a diseñar una terapia orientada a metas: cuando el problema esté resuelto. Y la labor del terapeuta tiene relación con el diseño de intervenciones que movilicen al cliente hacia ese futuro deseado. Sin embargo, la orientación de Erickson no sólo se centraba en el problema actual, sino que tomaba en consideración los desafíos futuros que enfrentaría el paciente en su ciclo de desarrollo vital. Haley (1980a) indica que aunque Erickson no se refirió directamente a este aspecto, su trabajo tenía implícita la consideración que los síntomas aparecen cuando el ciclo vital de una familia o de su grupo natural se altera o interrumpe. «Si bien la estrategia terapéutica de Erickson se centra precisamente en los síntomas, su objetivo más amplio es la resolución de los problemas de la familia, para que el ciclo vital de la familia se ponga nuevamente en movimiento.» (Haley, 1980a, p. 34) Zeig (1985) reporta la siguiente anécdota que refleja este aspecto teleológico (Zeig, 1987) en el pensamiento de Erickson:
«[Durante una discusión de una de sus inducciones, Erickson me dijo]: Tome esa foto en la que está mi hija Roxie y yo con Laurel en brazos y la lechuza chillona. (Laurel es la hijita de Roxie, una beba a la que llaman “Chillido” por su fuerte llanto. La lechuza a la que se refiere es una pequeña talla de madera dura que él le había regalado a Laurel.) ¿Qué grado de realidad tendrá esto para Laurel cuando yo hace mucho que haya muerto y ella mire esta foto? La lechuza chillona le agrega a la fotografía un enorme significado; le confiere un enorme sentido de humanidad, de bondad y de solicitud, por más que es un objeto muy simple. Es una pequeña lechuza chillona, y ella, comparativamente hablando, era una chica grande. La lechuza chillona estaba aquí abajo, y ella, allá arriba. (Indica que tenía alzada a la niña en su brazo izquierdo y sostenía la lechucita de madera en la mano izquierda, debajo de Laurel.) Ahora bien, cuando ella tenga 16 años y mire esta foto, apreciará lo chiquita que era la lechuza y lo grande que era ella en comparación. Esto confluirá con todos sus sentimientos de agrandamiento, propios de la escuela secundaria, y con los cálidos recuerdos de cuando era una beba y tenía esa lechucita chillona. Ve usted como, sin advertirlo, se juntan todos esos recuerdos.» (Zeig, 1985, p. 262)

Zeig reflexiona posteriormente:
«Ahí estaba Erickson planeando una intervención que no haría efecto hasta 16 años después. Eso es, por cierto, orientación a futuro. Las semillas sembradas no fructifican de inmediato, sino que ellas necesitan madurar con el tiempo. Siendo un “niño campesino”, Erickson comprendía la maduración del proceso de la siembra.» (Zeig, 1987, p. 405)

Carol Lankton (1985b) ha denominado “cambio generativo” a las intervenciones terapéuticas que van más allá del alivio sintomático en el presente, y
«[…] que generan y preparan al cliente para crear y advertir en los sistemas futuros los cambios que comenzaron antes. […] Erickson con frecuencia indicaba a sus clientes que plantaran un árbol, y al hacer esto los estimulaba simbólicamente para comenzar un proceso de cambio generativo. Plantar un árbol puede parecer un acto simple, pero de hecho presupone tener un lugar para plantarlo y cuidar de él. La persona que cuida el árbol en algún grado “hecha raíces” para facilitar y apreciar el árbol que está creciendo. Y además, a medida

que el árbol crece y cambia, lo mismo ocurre con la persona. Es un proceso similar a embarazarse. Ese “simple” acto coloca en marcha un asombroso orden de cambios que configurarán e influenciarán al menos tres vidas, cambiando el sistema familiar actual y el sistema futuro. Y ese cambio es tan gradual, lógico y sutil a través del tiempo, que puede ser cómodamente absorbido por el sistema cambiante (o la mayoría de los sistemas [familiares]).» (Lankton, 1985b, p. 140)

En el siguiente caso dramático, Erickson recurre a la prescripción de plantar un árbol para posibilitar la continuación del sentido de la vida en una paciente:
«Un estanciero vino a verme con su mujer y me dijo: “Hace nueve meses que está deprimida y amenaza con suicidarse. Tiene artritis. No hace mucho que nos casamos. Le atacó fuertemente la artritis y fue a ver a un cirujano traumatólogo para que la tratase. Yo la he llevado a psiquiatras para que le hicieran psicoterapia. Todos recomendaron que cuando pasase de la cincuentena se la sometiera a un choque eléctrico o insulínico. Quiere dar a luz un bebé, pero el traumatólogo le dijo: “Si usted queda embarazada su artritis empeorará; yo no se lo aconsejaría, ya que situación es de por si desfavorable.” Fue a un obstetra que le dijo: “No le recomiendo que quede embaraza. Su situación ya es muy desfavorable y su artritis podría agravarse. Tal vez sea incapaz de tener la criatura.” Su esposo vino a verme con ella; yo le pedí a ella que me diese su versión. Me dijo que para ella quedar embarazada era más importante que seguir viviendo. El marido acotó; “Tengo que cuidar que no tenga a mano ningún cuchillo filoso.” Porque un suicida se matará por más cuidado que uno ponga… pueden sobrevenir muchas postergaciones antes de que se produzca el suicidio. Le dije a la mujer: “Señora, usted dice que estar embarazada es para usted más importante que su vida. El obstetra no se lo aconseja, el traumatólogo no se lo aconseja. Tampoco sus psiquiatras. Mi consejo es que se quede embarazada lo antes posible. Si su artritis empeora, puede guardar cama y disfrutar de su embarazo. Y cuando llegue el momento del parto puede hacerse una cesárea. No hay ninguna ley que se lo impida, es lo más sensato.” De modo que la mujer quedó pronto embarazada, y su artritis mejoró, se le pasó la depresión y tuvo nueve meses de embarazo muy felices. Dio a luz sin inconvenientes y realmente disfrutó con Cynthia, como había llamado a la beba. Su marido estaba contentísimo. Desgraciadamente, cuando Cynthia tenía seis meses tuvo el síndrome de la muerte súbita. Unos meses más tarde, el hombre vino con su esposa y dijo: “Está peor que nunca.” Le pedí a la mujer que me contara: “Simplemente quiero morir”, dijo ella. “No tengo razón alguna para vivir.” Muy áspera y meticulosamente le dije: ¿Cómo puede ser tan necia? Durante nueve largos mees tuvo usted la mejor época de su vida, ¿y ahora quiere matarse y destruir esos recuerdos? Eso no está bien. Disfrutó de Cynthia durante seis meses encantadores. ¿Va a destruir esos recuerdos? Pienso que eso es criminal. Así que su marido la llevará a casa y le conseguirá un brote de eucalipto. Usted le indicará dónde tiene que plantarlo. Los eucaliptos crecen muy rápidamente en Arizona. Quiero le ponga como nombre ‘Cynthia’ y lo observe crecer, aguardado el día en que pueda sentarse a su sombra.” Un año más tarde fui a verla; el brote había crecido con suma rapidez. (Yo tenía en mi terreno uno que sólo tenía seis años y ya había alcanzado los veinte metros de altura.) Ella me dio la bienvenida; ya no estaba forzada a guardar cama o permanecer sentada en una silla: había tenido una notable mejoría de su artritis y caminaba por todos lados. Tenía unos canteros que ocupaban más espacio que todo su edificio. Me llevó a mirarlos y me mostró todos sus diferentes tipos de flores. Me regaló un ramo de guisantes de olor para que llevara a casa. A veces los pacientes no pueden pensar por si mismos. Uno puede hacer que empiecen a pensar en forma realista y buena. Cada flor que ella cultivaba le hacía recordar a Cynthia, igual que el eucalipto que bauticé con su nombre.» (Zeig, 1985, p. 243-244)

En el año 1954, Erickson publica otro artículo que se transformaría en un hito para la terapia breve actual: “Pseudo-Orientation in Time as a Hypnotherapeutic Procedure” (1954b/1980d). En ese artículo Erickson reporta una serie de casos en los cuales usó hipnosis profunda, regresión de edad, desorientación en el tiempo hacia el futuro, amnesia y sugestiones posthipnóticas, para que los pacientes se vieran entre tres a cinco meses después, libres de la queja que los llevó a consultar, y revisaran aquellos comportamientos que los habían llevado a la “curación.” Erickson reflexiona respecto a la racionalidad de la estrategia del siguiente modo:
«Quizá la primera discusión de estos procedimientos experimentales debiera referirse a cómo las fantasías de los éxitos pudieron probarse como una medida terapéutica efectiva. Como todos sabemos, sobre la base de la experiencia cotidiana, lo fácil que es fantasear y lo lejos que están esos esfuerzos de

convertirse en una realidad. La historia fantaseada es como una obra maestra, hasta que es puesta en un papel, y la bella pintura, tan fácilmente visualizada en el ojo de la mente, se convierte en una mancha cuando el pincel es aplicado a la tela. Sin embargo, debe tenerse en mente que esas fantasías son fantasías conscientes. Ellas representan los logros separados de la realidad, completas en si mismas, expresivas, y reconocidas por la persona como no más que los deseos ilusorios conscientes. Las fantasías inconscientes, sin embargo, pertenecen a otra categoría de funcionamiento psicológico. No son logros completos en si mismos, no están separados de la realidad. Por el contrario, son constructos psicológicos con diversos grados de formulación, para los cuales el inconsciente está preparado, o está esperando una oportunidad para hacerlos parte de la realidad. No son simplemente un deseo ilusorio, sino que una intención real para el momento oportuno. Así, uno puede esforzarse por registrar una historia fantaseada en un papel, sino que sus méritos pueden derivarse de “los súbitos destellos de inspiración que vienen a la mente”. O un autor puede esforzarse conscientemente por escribir una novela y encontrar que sus personajes “no se comportan como él quiere, sino que lo hacen por cuenta propia.” En estas historias de caso, el énfasis se colocó en las fantasías respecto al futuro, y se hicieron todos los esfuerzos para mantenerlas inconscientes, a través de sugestiones que prohiben e inhiben. Al hacer esto, el inconsciente de cada paciente proveyó un rico conjunto de ideas desconocidas para la mente consciente. Después, en respuesta a las necesidades innatas y deseos de la personalidad total, el consciente pudo utilizar esas ideas al traducirlas en realidades de la vida cotidiana, como respuestas espontáneas en las situaciones oportunas. Puede citarse una ilustración experimental de esto. A un sujeto hipnótico normal a quien le disgustaba mostrar ostentación de lo que sabía, y que solamente hablaba inglés, se le enseñó en un trance profundo a recitar “Die Lorelei.” Esto fue hecho en un aparente experimento sobre la memoria, sin informarle que estaba aprendiendo un poema o que estaba en alemán. Se le sugirió una amnesia posthipnótica para esta tarea. Alrededor de dos semanas después, en una reunión social, en la cual se habían hecho algunos arreglos de antemano, un colega mío se ofreció para entretener al grupo con canciones y poemas en diversos idiomas, polaco, austriaco, italiano, francés y español. Después de escucharlo con un disgusto creciente, el sujeto afirmó “Yo puedo hablar en sílabas sin sentido, también”, y precedió a recitar “Die Lorelei.” Para su comprensión consciente, sus palabras no eran más que sílabas sin sentido, ofrecidas espontáneamente en la situación inmediata. Fue necesario volver a hipnotizarlo para convencerlo de lo contrario. Este experimento difiere de las historias de caso en que las posibilidades futuras en una situación de la vida cotidiana no eran parte de una situación experimental. Por el contrario, se suministró al inconsciente del sujeto un aprendizaje especial, y después, posteriormente, se creó una oportunidad en la cual ese aprendizaje especial pudo hacerse manifiesto en respuesta a sus necesidades personales internas. En el caso de los pacientes, se desarrollaron en sus mentes inconscientes comprensiones especiales para el futuro, y sus situaciones de la vida real presentaron las oportunidades reales para utilizar esas ideas en comportamientos de acuerdo a sus necesidades y deseos internos. La forma en la cual los pacientes hicieron de sus fantasías una parte de su vida real fue de acuerdo a la evolución natural de las respuestas conductuales espontáneas a la realidad. Esto no fue una complacencia a las sugestiones, ni parecían derivar de alguna otra respuesta de los pacientes a sus realidades. Su comportamiento fue experimentado por ellos como surgiendo desde dentro de ellos mismos y relacionado con sus necesidades en su situación vital inmediata. De este modo, el Paciente A se preguntaba vagamente respecto a su próxima cita conmigo y actuó bajo un impulso súbito para pedir un aumento de salario, lo cual llevó, a su vez, a una serie de eventos. La Paciente D no abandonaba la casa paterna debido a las razones lógicas que había discutido conmigo, puesto que ella quería fabricarse un vestido que quería lucir. [...] La clase de fantasías a través de las cuales los pacientes alcanzaron sus metas posee un marcado interés y significado. No fueron del tipo grandioso de fantasías elaboradas que uno tiene cuando fantasea conscientemente respecto a los deseos de uno. Fueron fantasías acordes con sus comprensiones de metas realmente alcanzables. Por ejemplo, el Paciente A era lastimosamente modesto al desear una salud “lo justo necesaria.” Ni pensaba convertirse en un ganador de una pelea, sino que esperaba ser capaz de ser “tomado como un hombre.” [...] Y la paciente D se veía a si misma en su fantasía no como una estrella en el mundo del espectáculo, sino como una protagonista feliz en la boda de su amiga. Esas fueron todas las fantasías respecto al futuro experimentadas por esos pacientes. No iban más allá de la imaginación, sino que eran fantasías adecuadas a las posibilidades reales, acordes con su comprensión de si mismos. Es difícil especular sobre la pregunta de por qué y cómo la “proyección del tiempo” probó ser una medida terapéutica efectiva para esos pacientes. Uno podría trazar con dificultad paralelos con las experiencias comunes en la vida cotidiana. Por ejemplo, la publicidad utiliza recursos que estimulan las fantasías del futuro. Un ejemplo más cercanamente comparable a los reportes de caso descritos es el de escribir, que después de mucha indecisión, una carta aceptando un nuevo puesto. Una vez que ha sido escrita, incluso aunque no haya sido enviada aun por el correo, se desarrolla inmediatamente un sentimiento profundo que la suerte está echada en forma irrevocable. Esto resulta en una nueva orientación psicológica de una fuerza obligatoria que efectúa una nueva organización del pensamiento y el planeamiento. El acto de

escribir la carta constituye la iniciación de la acción, y, como fue mencionado antes, una acción una vez iniciada tiende a continuar. Aparentemente para esos pacientes, el establecimiento de un estado disociado, en el cual ellos pudieron sentir y creer que habían logrado ciertas cosas beneficiosas para ellos, les dio un sentimiento profundo de haber logrado realidades, lo cual, a su vez, resultó en la reorientación terapéutica deseada.»(Erickson, 1954b/1980d, p. 420-423)

Actualmente se ha colocado de moda el “uso de hipnosis” para realizar “terapias regresivas”, basadas en el supuesto que la mayoría de los problemas humanos actuales obedecen a experiencias traumáticas amnésicas de la infancia. Para realizar tales terapias, esos hipnólogos hacen uso del fenómeno hipnótico de la regresión de edad. Surge, entonces, una interrogante: ¿cuál era el uso que daba Erickson a la regresión de edad, si estaba tan orientado al futuro? Es interesante que un volumen de análisis de la casuística registrada de Erickson (O’Hanlon y Hexum, 1990) muestra en el índice de las técnicas usadas en esos casos (336 casos), que a la regresión de edad le corresponden solamente 5 entradas en un total de 329 páginas (los autores enumeran un total de 66 técnicas terapéuticas). (Pacheco, 1997) En general, Erickson usaba la regresión de edad con los siguientes objetivos (Pacheco, 1997): (1) Extraer recursos que el paciente ha adquirido en su vida y de los cuales no está consciente, y (2) La creación de pseudo-recuerdos terapéuticos que modificaran la experiencia actual del paciente (Yapko, 1990). La extracción de recursos se refiere a que las personas han desarrollado habilidades y aprendizajes que les fueron útiles para enfrentar problemas, pero que ahora no están siendo utilizados para enfrentar las dificultades o problemas actuales. Una forma de extraer esos recursos es a través del empleo de metáforas terapéuticas (Lankton y Lankton, 1983) y fenómenos hipnóticos; que se incorporan a los contextos actuales y futuros. De este modo, el paciente tiene la oportunidad en el trance hipnótico para ensayar el uso de sus propias capacidades en las situaciones donde son necesarias. (Yapko, 1988, 1990) La racionalidad de la creación de pseudo-recuerdos consiste, por ejemplo, en que el paciente puede tener carencias importantes en su vida pasada que están influyendo en su identidad actual, y que sea muy difícil que pueda desarrollarlos a través de los métodos terapéuticos usuales. A través del uso de la vivification puede regresarse al paciente a esas épocas importantes de su vida, y proporcionarle experiencias vitales que no tuvo, como si estuvieran ocurriendo realmente en su aquí y su ahora (el pasado para el observador externo, el presente para el paciente regresado en edad), y crear amnesia para esas experiencias. (Erickson y Rossi, 1979) Otra variedad de creación de pseudo-recuerdos es lo que Grinder y Bandler (1994) denominan “cambio de la historia personal”, en donde el paciente experimenta regresión de edad en hipermnesia y disociación para una situación específica (traumática o no), y le agrega a esa situación comprensiones del presente que no estuvieron presentes en la situación original, con lo cual se cambian las connotaciones afectivas de la misma, y luego se generaliza hacia el presente y el futuro (Yapko, 1988). Rol activo del terapeuta: Erickson, un terapeuta estratégico Haley (1980a) introdujo en la literatura el concepto de “terapia estratégica” del siguiente modo:
«Una terapia puede considerarse estratégica si el clínico inicia lo que ocurre durante ella y diseña un enfoque particular para cada problema. Cuando se encuentran un terapeuta y una persona con un problema, la acción que tiene lugar está determinada por ambos, pero en la terapia estratégica la iniciativa corresponde

en gran medida al terapeuta. Este debe identificar problemas solubles, fijar metas, diseñar intervenciones para alcanzarlas, examinar las respuestas que recibe para corregir su enfoque y, por último, evaluar el resultado de la terapia para ver si ha sido eficaz. El terapeuta ha de ser sensible hacia el paciente y su medio social, pero la forma en que proceda debe ser determinada por él mismo. […] La terapia estratégica no es un enfoque o teoría particular, sino varios tipos de terapia cuyo común denominador que el terapeuta asume la responsabilidad de influir directamente en la gente. […] Puede considerarse a Erickson como el maestro del enfoque estratégico en terapia. Durante mucho tiempo se lo ha conocido como el más importante especialista mundial en hipnosis médica, y dedicó su vida al estudio experimental y la utilización terapéutica de la hipnosis, desarrollando infinitas variantes. Menos conocido es su enfoque estratégico para la atención de individuos, parejas y familias, sin el empleo formal de la hipnosis. […] Aun en los casos en los que no emplea formalmente la hipnosis, su estilo terapéutico se basa hasta tal punto en la orientación hipnológica, que cuanto hace parece originarse en ese arte.» (Haley, 1980a, p. 7-9)

Nardone y Watzlawick (1992) se refieren del siguiente modo a la filosofía que sustentan los enfoques estratégicos, la cual está implícita en el trabajo de Erickson:
(1) «El pensamiento estratégico no se funda en una teoría que, describiendo la "naturaleza humana", precriba en consecuencia conceptos de "sanidad" o "normalidad" comportamental y psíquica en oposición a los de la patología. [...] El pensamiento estratégico más bien se interesa por la funcionalidad del comportamiento humano frente a los problemas de la existencia y de la convivencia entre individuos [...] El objetivo es el buen funcionamiento de estas relaciones, no en términos generales y absolutos de normalidad, sino en términos de realidad totalmente personal, diversa de individuo a individuo y de contexto a contexto.» (Nardone y Watzlawick, 1994, p. 36) (2) «El terapeuta no se centra en el análisis "profundo", ni en la búsqueda de las causas del problema hasta la extrapolación de las verdades escondidas, sino cómo funciona y cómo puede cambiar la situación de malestar de un sujeto, de una pareja o de una familia. El paso es de los contenidos a los procesos, y se trata de un saber cómo más que un saber por qué.» (Nardone y Watzlawick, 1994, p. 37) (3) «[...] los problemas humanos pueden resolverse mediante estrategias focales que rompen el sistema circular de retroacciones que mantienen operante el problema. De esta ruptura de un equilibrio disfuncional habrá de derivar el cambio en el comportamiento y en las concepciones del sujeto, enjaulado en una situación problemática. [...] Hay que "obligar" al paciente a salir de la rigidez de su perspectiva, conduciéndolo a otras posibles perspectivas que determinarán nuevas realidades y soluciones...» (Nardone y Watzlawick, 1994, p. 44) (Enfasis añadido) (4) «La mayor parte de las psicoterapias...impregnadas de la idea del "cogitocentrismo" (centralidad del pensamiento por sobre las acciones), se basa en el supuesto que el actuar sigue al pensar. Por consiguiente, para cambiar una comportamiento erróneo o una situación problemática, hay que cambiar primero la manera de pensar del paciente y sólo después es posible su manera de obrar. [...] Desde el punto de vista estratégico, que en definitiva es el del constructivismo radical, este proceso debe invertirse. Es decir, se parte de la convicción que, para cambiar una situación problemática, antes hay que cambiar el obrar y, como consecuencia, el pensar del paciente, o mejor, el punto de observación, el "marco" de la realidad.» (Nardone y Watzlawick, 1994, p. 47)

¿Si Erickson no se guiaba por los criterios de la psicopatología tradicional, cómo hacía entonces para diseñar sus intervenciones terapéuticas? Podríamos afirmar que sus criterios estaban determinados por la fenomenología del problema. (Elgueta, 2000) Con esto queremos significar que el terapeuta escucha atentamente la queja del cliente, observando cuidadosamente los aspectos analógicos de la comunicación verbal (silencios, cambios de la voz, etc.) y la comunicación no verbal (gestos, postura, ritmo respiratorio, etc.). Al tiempo que presta atención a los contenidos de la comunicación, está atento a cómo va construyendo el paciente la descripción de su problema. «[Erickson] parecía más interesado en descubrir las pautas y estilos de responsividad de los paciente? ¿A qué respondían éstos?» (O’Hanlon, 1989, p. 122) (Enfasis añadido) Cade y O'Hanlon (1995, p. 76-81) sugieren las siguientes preguntas para obtener una definición clara del problema y las secuencias del mismo:
(1) ¿Cuándo se produce el problema? Aquí se buscan regularidades en la reiteración del problema en el tiempo:

¿Hay momentos en los que el problema aparece habitualmente o siempre, o en los que no aparece nunca?  ¿Hay algún momento específico del día, de la semana, el mes o el año en el cual el problema surge con más o menos frecuencia? (2) ¿Dónde aparece el problema?  ¿Hay algún lugar donde el problema siempre se produce, o es más probable que se produzca?  ¿Hay algún lugar donde el problema no surge nunca? (3) ¿Cuáles son las acciones del problema?  Si hubiera una grabación en vídeo del problema en acción, ¿qué veríamos?  ¿Qué posturas y gestos específicos, qué frecuencias de acciones, interacciones, diálogos, etc., podríamos ver y oír en esa presetación activa del problema? (4) ¿Con quién se produce?  ¿Quién es más probable que esté rondando por ahí cuando aparece el problema?  ¿Qué hacen y dicen esas otras personas antes, durante y después que aparece la conducta-problema?  ¿Qué dicen esos otros significativos sobre el individuo que tiene el problema, o sobre el problema en si mismo? (5) ¿Cuáles son las excepciones a la regla del problema? Puesto que es poco probable que un problema ocurra siempre, se indaga por aquellos eventos que interrumpen el problema. (6) ¿Qué es lo que el cliente o los clientes hacen de modo distinto, o qué actividades quedan excluidas a causa del problema?  ¿De qué modo el problema obstaculiza lo que las personas harían habitualmente o les gustaría hacer? (Suele preguntársele al cliente qué haría de una manera distinta si el problema estuviera resuelto.) (7) ¿Qué es lo que el cliente muestra en la sesión que está relacionado con el problema? Este punto se refiere a que el cliente puede mostrar sólo alguna parte del problema o el problema se despliega completo en la sesión (aunque el/los clientes no se percaten). (8) ¿Cuáles son las explicaciones y marcos (encuadres) del cliente respecto al problema? Las explicaciones y marcos de referencia que poseen los clientes pueden ser información útil o forman parte del problema.  ¿Qué es lo que el cliente cree que ocasionó o causa el problema?  ¿Cuáles son, si existen, las dificultades más profundas a las que el cliente atribuye el problema?  ¿Qué indica el problema sobre su identidad o sus previsiones del futuro?  ¿Qué metáforas, analogías o imágenes emplea el cliente cuando habla del problema.  ¿Cuáles son o han sido las explicaciones de los otros significativos (familiares u otros profesionales involucrados) que pueden haber orientado sus actitudes respecto del cliente y el modo de tratarlo, afectando también al modo en que el cliente pensaba el problema? (9) ¿Cuáles son las soluciones intentadas por el cliente o los otros significativos, acerca del problema?  ¿Qué han estado haciendo el cliente y los otros significativos (incluso los terapeutas) para tratar de resolver el problema? (10)¿Cómo podremos saber que hemos tenido éxito? Es necesario conocer las imágenes e ideas que el cliente tiene acerca de cómo sabrá que el problema está resuelto. Algunos ejemplos de estas preguntas pueden ser los siguientes:  ¿Qué sucederá en los otros ámbitos de su vida cuando el problema ya no esté presente?  "Este parecería un buen lugar para empezar, pero me gustaria saber adónde voy, de modo que puedo escuchar más para encontar lo que será útil. Si es posible, dígame qué es lo que espera que suceda en su vida cuando hayamos tenido éxito. ¿Qué hará después de la terapia? ¿Cómo se darán cuenta los otros que ha cambiado? ¿Cómo lo sabrá usted?" 

Aquellos que tienen experiencia en la inducción de trance y con los fenómenos hipnóticos, también pueden mirar la sintomatología del paciente desde otra perspectiva: la del trance sintomático. (Gilligan, 1988; Yapko, 1992) El concepto del trance sintomático implica los siguientes supuestos: (Pacheco, 1998b)

(1) Puede ser considerado como un principio en hipnoterapia el hecho que el mecanismo por medio del cual se mantiene un síntoma, puede ser un mecanismo de solución que puede ser usado en la inducción hipnótica. (Zeig, 1987, 1988) (2) Los síntomas son versiones naturalistas de los fenómenos hipnóticos clásicos. La experiencia fenomenológica de los síntomas es similar a la experiencia de los fenómenos del trance hipnótico. La forma de la experiencia es la misma, pero el contexto difiere radicalmente. (Gilligan, 1987) (3) Esta perspectiva «permite al terapeuta aceptar los síntomas como expresiones hipnóticas legítimas que ya están siendo practicadas por el cliente, y trabajar para transformarlos en las soluciones del problema.» (Gilligan, 1988, p. 327) (4) El terapeuta puede generar contextos de relación interpersonal e intrapersonal, donde los mismos procesos sintomáticos sean validados, definidos, como expresiones autónomas legítimas del inconsciente, y ser utilizados como la base para la solución de problemas y la integración del si mismo. (Gilligan, 1987) (5) Cuando durante la terapia se identifican los fenómenos de trance que son subyacentes a la sintomatología, la terapia toma la forma de una experiencia complementaria. Por ejemplo, si la disociación está presente formando parte del problema, la asociación será una parte principal de la solución. (Yapko, 1990)

Esta mirada fenomenológica permite que en el mismo proceso de psicoterapia, parte de las quejas del cliente podrían ser abordadas a través de hipnoterapia (con inducción de trance formal o no) y otras por medio de intervenciones estratégicas en la pauta (generalmente con la prescripción de tareas para realizar entre sesiones). Como puede observarse, el terapeuta está siendo siempre estratégico, independientemente de las técnicas usadas. Su objetivo es diseñar un entorno (contexto) experiencial (dentro o fuera de la sesión) que favorezca la interrupción de las pautas experienciales (y disfuncionales) del cliente, de modo que otras pautas no utilizadas en ese contexto sean facilitadas. Sin embargo, para Erickson era crucial determinar la disposición a cooperar del paciente en la construcción de la terapia:
«Hacer un diagnóstico correcto de la enfermedad y conocer el método de tratamiento correcto no es suficiente. Es igualmente importante que el paciente sea receptivo respecto de la terapia y coopere con ella. Sin la plena colaboración del paciente, los resultados terapéuticos se retrasan, distorsionan o limitan, o hasta llegan a no producirse. » (Erickson, 1965, citado en Berg y Miller, 1996, p. 50)

El diseño de la terapia para el paciente involucra, al menos, tres aspectos importantes: (a) co-construcción de las metas del tratamiento; (b) determinación de la pauta; (c) estrategias posibles para alterarla y modo en que se entregarán esas estrategias (aspecto que está directamente relacionado con el modo de cooperar [de Shazer, 1991] del paciente). Zeig ha denominado “envoltura para regalo” (Zeig, 1992/1999) a este tercer aspecto. Zeig (1992/1999) indica:
«Los componentes de la solución [al problema] pueden envolverse con el papel de la hipnosis, los símbolos, las metáforas, las prescripciones de síntomas, las anécdotas, el reencuadre, etc. El terapeuta se pregunta: “¿De qué manera puedo presentar los objetivos?, y luego decide la técnica a seguir. […] las técnicas se seleccionan usando métodos con los que el paciente normalmente u ocasionalmente estará de acuerdo. […] Envolver para regalo consiste en seleccionar técnicas que nos permitan ofrecer ideas. No basta con envolver como regalos los componentes de la solución. El proceso o actividad de tener en cuenta el estilo singular del paciente recibe el nombre de “sastrería” [tailoring] […] De cara a la “sastrería” el terapeuta piensa: “¿A qué da valor el paciente?, ¿Qué postura toma? ¿De qué está satisfecho? A partir de ahí, el terapeuta individualiza el enfoque.» (p. 170-171)

Aunque Erickson resaltó el aspecto del estilo de disposición a responder (responsiveness) del cliente y “cortaba a la medida” (tailoring) sus intervenciones, en mucha literatura “ericksoniana” este aspecto ha sido pasado por alto; como si todos los pacientes estuvieran dispuestos a cooperar con el proceso terapéutico, en el sentido que

pueden dárseles prescripciones que llevarán a cabo al pie de la letra. El Centro de Terapia Familiar Breve de Milwaukee ha distinguido tres tipos de relación cliente-terapeuta en lo que respecta a su estilo de cooperación: “compradora”, “demandante” y “visitante”. (Berg y Miller, 1996; DeJong y Berg, 1998) Definen cada tipo de relación en la siguiente forma (Miller, 2001):
   Estilo comprador: El cliente es capaz de identificar un problema o meta para el tratamiento. El cliente está deseoso y dispuesto a emprender acciones. El cliente cree que su comportamiento hará una diferencia.

Estilo demandante:  El cliente es capaz de identificar un problema o una meta para el tratamiento.  El cliente considera que las soluciones son externas a él. Estos clientes tienden a creer:  "Cuando se tienen dudas, no cambies."  "Mi comportamiento no interesa."  "Alguien o algo tiene que cambiar primero." Estilo visitante:  El cliente no identifica un problema o meta para el tratamiento.  El cliente no ve ninguna necesidad de participar en la terapia. (Este estilo es muy común en el contexto de terapia obligada)

Desde ese punto de vista, con los únicos clientes que se puede trabajar desde el inicio de la terapia es con aquellos que han definido una relación de tipo “comprador.” En los otros dos estilos de relación, el terapeuta tendrá que realizar maniobras para transformar la relación en una de “compra.” (Berg y Miller, 1996; DeJong y Berg, 1998; Miller et al., 1997). Miller (2001) afirma que el porcentaje de los pacientes que acuden a terapia y que establecen ese estilo de relación es la minoría. Analicemos a la luz de esta información dos aspectos del trabajo de Erickson que requieren una nueva mirada: ¿Por qué usar “hipnosis formal” en terapia? y ¿cuál es el objetivo de la indirección terapéutica? Hipnosis formal: Su uso estratégico: En el Capítulo 3 dijimos que uno de los objetivos del uso de la hipnosis formal en terapia era debilitar los esquemas conscientes del cliente, con lo cual éste puede estar más receptivo a las ideas del terapeuta y a la exploración de sus propios potenciales de respuesta. En el Capítulo actual, en la nota número 1, afirmamos que toda inducción de trance formal incluye la ratificación del trance. La ratificación del trance tiene como consecuencia una mayor debilitación de los esquemas conscientes y por lo tanto, puede crearse una mayor disposición a responder (cooperar) en el paciente. Erickson desarrolló una serie de métodos para “inducir” y ratificar el trance hipnótico (Erickson y Rossi, 1979; Erickson, Rossi y Rossi, 1976), y según Zeig (1992) Erickson no aceptaba un “no” de parte del cliente, sino que trabajaba arduamente hasta conseguir una respuesta afirmativa. Es decir, ¡trabajaba para transformar un estilo de relación cliente-terapeuta demandante, en una relación de tipo comprador! Con esta idea en la mente podemos comprender, entonces, por qué Erickson podía realizar sofisticadas intervenciones cuyo objetivo era alterar la pauta de la sintomatología, y prescribir complejas sugestiones posthipnóticas (Erickson, 1980d). Según Haley (1980a), Erickson era reconocido en la década de los años 1940-1950 como el “Maestro de la hipnosis”. El hipnotismo era usado en esa época como último recurso para el tratamiento de los pacientes cuando los métodos usuales fallaban; y el mismo Erickson lo reporta en su casuística, muchos de sus pacientes habían sido derivados por médicos o psiquiatras por ser pacientes intratables. Por lo tanto, podemos suponer que si hubiera aplicado los criterios del Grupo de Milwaukee para determinar el

tipo de relación cliente-terapeuta, habría encontrado un alto porcentaje de relación de tipo “demandante.” De aquí surge otro aspecto que llama a la reflexión. Haley (1980a) y el mismo Erickson (1980d) reportan una serie de casos clínicos que fueron tratados exitosamente en una sola sesión. ¿Se trataba de clientes que establecieron una relación clienteterapeuta de tipo “comprador” en esa primera y única sesión? Desafortunadamente, nunca lo sabremos. Directividad e indirección terapéutica: Carol Lankton (1985a) ha indicado que aunque Erickson se mostraba muy directivo en su aproximación a la terapia, al mismo tiempo desarrollaba indirección terapéutica. Creía que las personas tenían la capacidad para desarrollar sus propios pensamientos y resolver sus propios problemas, a pesar de las creencias conscientes limitantes. Según ella, Erickson dio énfasis a la comunicación indirecta que facilita una búsqueda inconsciente y la recuperación de aprendizajes y habilidades personales, debido a que las limitaciones conscientes de los pacientes les han impedido resolver sus problemas y dificultades –razón por la cual las sugestiones directas suelen fracasar (ya que apelan a la capacidad de dirigir en forma consciente el cambio). A su vez, el lenguaje indirecto de Erickson estimulaba a los clientes para resolver sus problemas en formas efectivas singulares. Aunque compartimos las afirmaciones de Lankton, es necesaria, sin embargo, otra mirada a esa característica del trabajo de Erickson: una mirada estratégica. El lenguaje indirecto más conocido y difundido de Erickson son sus historias y metáforas terapéuticas (Rosen, 1986; Zeig, 1985), que relataba en un trance formal o no formal. Cabe preguntarse: ¿qué llevó a Erickson a desarrollar su hipnosis “no formal”? Es decir, una conversación que busca fijar la atención del paciente, debilitar sus esquemas conscientes y obtener disposición a responder. En los artículos de Erickson acerca de las técnicas naturalistas para la inducción de trance (1958/1980; 1959/1980), reporta 22 casos en los cuales todos los sujetos y/o pacientes se mostraban “resistentes” a la inducción de trance hipnótico. Si se mostraban “resistentes” a la inducción de trance, y se usaba un método indirecto (naturalista) para llevarlos a la experiencia de trance, ¿podrían usarse sugerencias directas en el trabajo de trance posterior? Nuestra respuesta es ¡No! Zeig (1991) afirmó que la cantidad de indirección utilizada en la terapia debe estar en proporción directa a la resistencia percibida. Hay que comenzar en forma directa, y cuando esto no funciona hay que comenzar a ser más y más indirectos. Es decir, el uso de lenguaje directo o indirecto dependerá en primer lugar del estilo de respuesta o cooperación del cliente. El atento estudio de dos demostraciones de terapia efectuadas por Zeig en Santiago en 1998 y 1999 (Zeig, 1998, 1999) muestra cómo el terapeuta realiza una entrevista para determinar la pauta de los problemas presentados. Ambas sujetos de demostración buscan terapia para resolver una dificultad que se arrastra por años; una de las sujeto había estado en terapia antes, la otra no. En ambos casos fue fácilmente determinada la pauta de la queja, sin embargo la respuesta de ambas sujetos motivadas para recibir terapia fue paradojal: con una de ellas, Zeig propone tres tareas, una después de la otra (todas las cuales apuntaban a romper la pauta sintomática, y todas muy bien estructuradas), sin embargo cada vez obtiene una respuesta no verbal de “no”. Con la otra sujeto, los intentos de Zeig por involucrarla en un tema que obviamente llevaría a una tarea terapéutica, también obtiene por respuesta no verbal, “no”. Con la primera sujeto, Zeig recurre, por último, al uso de una técnica experiencial (gestalt) que une a una inducción de “trance conversacional” (Erickson, Rossi y Rossi, 1976), para deslizar ideas terapéuticas. La sesión finaliza allí y al día siguiente, para sorpresa de los asistentes, ¡la sujeto reporta que ha llevado a cabo la primera tarea

propuesta por Zeig el día anterior! Con la segunda sujeto, cuya entrevista inicial duró 16 minutos, Zeig tomó alrededor de 5 minutos para reflexionar antes de intervenir. Luego de ese intervalo, Zeig nuevamente volvió a proponer una idea que llevaría a una tarea, y volvió a recibir un “no” no verbal por respuesta. A continuación le preguntó a la paciente si había experimentado hipnosis antes. Afortunadamente la sujeto era inexperta, de modo que Zeig pudo realizar una bella inducción de trance formal no ritual, permisivo, haciendo uso de información obtenida de la misma sujeto. Esta cerró fácilmente los ojos y su cuerpo se mostraba quieto y relajado. Sin embargo, cuando Zeig le pidió abrir los ojos y darse cuenta que no podía mover el cuerpo ni las manos para ratificarle el trance, tuvo que trabajar bastante para que la sujeto siguiera sus instrucciones y “profundizara” dicho estado. Zeig tuvo que recurrir a formas de lenguaje indirecto descrito por Erickson y Rossi (1979) como las más adecuadas para manejar la “resistencia” en la profundización el estado hipnótico. Todo el proceso de inducción y ratificación de trance duró ¡20 minutos!; mucho más tiempo que el ocupado en la entrevista inicial y que en la utilización terapéutica del trance hipnótico que se llevó a cabo (obviamente) mediante metáforas entrelazadas (Lankton y Lankton, 1983) y que duró 16 minutos. No hubo seguimiento de esta sesión de demostración. Al mirar las cintas de video de ambas demostraciones uno se pregunta ¿qué sucedió en ambos casos, sujetos que solicitan ser voluntarias para recibir terapia y se comportan de ese modo? La respuesta llega desde el lejano Milwaukee a nuestros oídos: ¡las sujetos no establecieron una relación cliente-terapeuta de tipo “compradora”, sino que de un estilo “demandante”! Y las primeras intervenciones de Zeig en ambos casos eran adecuadas, pero para sujetos que hubieran establecido una relación de “compra.” Uso del humor en la terapia Los lectores, guiados por el estereotipo cultural del “hipnotista” podrían imaginarse a Erickson como un señor adusto, frío e impersonal, que a través de su famosa “mirada ericksoniana” penetraba en las mentes de sus clientes para luego darles “órdenes” o “programarles” la mente. El comportamiento de Erickson en sus sesiones de terapia y seminarios (incluso en sus últimos días) estaba lejos de ser el de una persona fría y rígida. Como buen terapeuta estratégico que era, no solamente usaba sus experiencias personales (anécdotas e historias) para influenciar a sus clientes, sino que se usaba a si mismo para adecuarse al tipo de interacción que suponía era el que más encajaba con el cliente en cuestión. Además, si Erickson no hubiera tenido un agudo sentido del humor y una postura un tanto juguetona ante la vida, ¿cómo hubiera hecho para sobrellevar los dolores crónicos que lo atormentaron desde los años 1950, después de su segunda crisis de polio? Erickson afirmó:
«Usted necesita enseñar a los pacientes a REIRSE de sus penas ya disfrutar de sus placeres. Tuve a una mujer alcohólica que vino por terapia… y ella me habló de los problemas que estaba teniendo con su hija en edad universitaria. Dijo, “He tenido problemas con ella desde que sale en nuestro…” ¿cómo llama usted a ese auto que no tiene techo?... un convertible. Ella estaba conduciendo sola… “teníamos una lindo día y un pájaro estaba volando por sobre nuestras cabezas e hizo sus deposiciones justo cuando ella estaba bostezando. Y ella está TAN avergonzada consigo misma desde entonces. Parece que ni puede enfrentar la vida. Y mi alcoholismo no la ayuda.” Le dije, “Bien, cuénteme un poco MAS acerca de su hija.” “Ella es realmente una muy buena chica, pero está terriblemente neurótica desde esa vez.” “¿Tiene sentido del humor?” La madre dijo, “Sí, pero no desde entonces.” Ella había desarrollado aversión hacia los alimentos y había hecho su vida miserable. Le pregunté a la madre. “Usted dice que ella tiene un buen sentido del humor pero no lo ha USADO durante años. Bien, usted debe tener mucho humor contenido detrás de esa persona capaz. De modo que usted piensa si yo haría un poco de terapia a larga distancia.” La madre dijo, “No, no pienso eso.” Le envié a la chica una postal desde Filadelfia, advirtiéndole de los riesgos de bostezar mientras se conduce un convertible. La chica recibió la carta y dijo, “¿Quién es este hombre y cómo lo supo? Yo nunca

se lo he contado. ¡Tú se lo dijiste!?” Ella dijo, “¿Cuál es el nombre?” La chica dijo, “Está firmado M. H. Erickson.” Y la madre dijo, “Yo nunca he ESTADO en Filadelfia. No conozco a nadie con ESE nombre que viva en Filadelfia. ¿No es divertido?” La chica rompió a reír y dijo, “Por cierto que sí.” Y continuó riéndose con todas sus ganas durante un rato. Y reasumió su vida normal Sólo era una advertencia amistosa.» (Gordon y Meyers-Anderson, 1981, p. 29-30)

El humor bien usado posee la capacidad de sacarnos del dolor, hacer más aceptables aquellas cosas nuevas o amenazantes, o alivianar una situación (Gordon y Meyers-Anderson, 1981); un chiste oportuno permite afirmar en forma indirecta ciertos puntos, sin suscitar resistencia (O’Hanlon, 1989); asimismo, puede usarse para sacar de una postura rígida al oyente (“descarrilar” el pensamiento, O’Hanlon, 1989). En el siguiente caso clínico, puede observarse este agudo sentido del humor de Erickson, esta vez al servicio de un reencuadre:
«Erickson atendió en terapia a una enfermera soltera; observó que la mujer tenía un trasero grande y también amor a los niños. Le dijo, “YO SE que tiene el trasero más grande de toda la creación. SE que no le gusta, pero es el suyo. Y le gustan los niños, de modo que querría casarse, tener hijos propios. Y tiene miedo que ese gran trasero constituya un obstáculo… Este es su error. Usted no ha leído el Cantar de los Cantares, de Salomón. TIENE que leer su Biblia. Se habla de la pelvis como de la cuna de los niños. El hombre que quiera casarse con usted no verá un gran trasero gordo… verá una cuna maravillosa para los niños.” Los hombres que quieren ser padres QUIEREN también una linda cuna para el hijo.» (Citado en O’Hanlon, 1989, p. 109)

Erickson también utilizaba acertijos para cuestionar la rigidez de sus pacientes. Todos ellos implicaban romper las pautas habituales de pensamiento para poder encontrar la solución. (Erickson y Rossi, 1979; O’Hanlon, 1989) Orientación intrapersonal e interpersonal de la terapia Esta es otra característica del trabajo de Erickson que está oscurecida por las distintas lecturas que han hecho los difusores de su trabajo. Haley (1980a, 1985) ha colocado el énfasis en la descripción del aspecto interaccional de la terapia de Erickson, lo cual es obvio al considerar los intereses de ese autor: formó parte del Grupo de Bateson para el estudio de la comunicación, luego colaboró con Minuchin en el desarrollo de la terapia familiar estructural, y finalmente desarrolló su propio enfoque de terapia estratégica en su Instituto en Washington (Haley, 1980b). Rossi, por su parte, es un terapeuta con formación jungiana, que al momento de conocer a Erickson ya tenía publicado un libro sobre sueños (Rossi, 1998/2000); por lo tanto se interesó en el estudio y publicación de los métodos hipnoterapéuticos de Erickson y sus acercamientos intrapersonales. Haley no necesitaba el concepto del “inconsciente” para explicar las intervenciones hipnóticas o no hipnóticas formales de Erickson, le bastaba con la mirada interaccional (comunicacional). Rossi, sin embargo, necesitaba de un inconsciente, el cual en la visión de Erickson poseía las mismas connotaciones positivas que el inconsciente para Jung. ¿Bajo qué criterios operaba Erickson en sus terapias? ¿Bajo un marco interaccional cuando discutía con Haley, y un marco intrapersonal cuando trabajaba con Rossi? La observación cuidadosa de los reportes clínicos de Erickson (Erickson, 1980d; Erickson y Rossi, 1979) da cuenta de un terapeuta que tenía una confianza básica en el inconsciente del paciente, e incluso desarrolló formas lingüísticas indirectas para posibilitar su trabajo autónomo. Sin embargo, en Erickson, “hipnoterapia” no significa solamente un trabajo interno autónomo, como podría desprenderse inicialmente de la lectura del trabajo de Rossi acerca de Erickson. En la mayor parte de los reportes de casos con tratamientos hipnoterapéuticos de Erickson, se buscaba alterar las pautas que

mantenían la sintomatología. Según Haley (1980a), Erickson fue uno de los primeros terapeutas que atendió parejas y familias en su consultorio, a las cuales podía ver en forma conjunta o separada, y a las que trataba con hipnosis formal, no formal, o a través de prescripciones de tareas. Al igual como enunciamos más arriba, pareciera que Erickson decidía sus acercamientos terapéuticos y su orientación según la fenomenología del problema presentado y la disposición a responder del cliente. El exceso de confianza en los recursos inconscientes del paciente para el cambio terapéutico, puede llevar al terapeuta a perder de vista las variables del contexto interpersonal significativo para el paciente, para centrarse en acercamientos intrapersonales que no ayudarán a la resolución del problema. Erickson (1980d) escribió lo siguiente respecto a “La importancia de las realidades actuales en psicoterapia”:
«Las situaciones vitales actuales y anticipadas tienen una gran importancia para el paciente que está en psicoterapia, ya que la tarea de enfrentarse con ellas es primariamente un ajuste efectivo a las exigencias y fuerzas del presente y del futuro, sin importar lo que pueda haber en su pasado histórico. La preocupación en el pasado solamente y el desconocimiento de las necesidades, oportunidades y capacidades de la situación actual puede con facilidad, y a menudo lo hace, prolongar indebidamente la terapia. Junto a la importancia de las experiencias de la vida cotidiana, debiera reconocerse a las relaciones interpersonales como una influencia especial y muy potente en la psicopatología y la psicoterapia. La eficacia de la relación, ya sea destructiva o constructiva, puede ser más una función de su intensidad, duración y características, más que las “interpretaciones psicodinámicas” proferidas por muchas escuelas de pensamiento. La experiencia humana está lejos repleta con ejemplos de relaciones interpersonales psicoterapéuticamente efectivas que han corregido desajustes conductuales, que todos los esfuerzos combinados de la psicoterapia organizada. No existen métodos de medición científica para la palabra bondadosa, el desafío, la duda expresada en voz baja, el grito de angustia sofocado, el tono amenazante, el sonido burlón, el murmullo, el sonido estimulante, el silencio expectante. El éxito o el fracaso de la psicoterapia puede descansar sobre fuerzas como esas.» (Erickson, 1980d, p. xvii)

Terapia breve Erickson, como el hombre pragmático que era, abogó por una psicoterapia breve:
«El supuesto que la psicoterapia necesariamente debe ser compleja y muy prolongada, contradice la experiencia de la vida cotidiana. Los sucesos diarios simples de un carácter breve y transitorio, pueden, y con frecuencia lo hacen, ejercer influencias profundas y perdurables sobre la personalidad humana. Estos sucesos pueden derivar totalmente del presente inmediato y pueden evocar respuestas importantes que dirigen el presente y el futuro de los individuos. Esas respuestas significativas a los eventos cotidianos, a pesar de la sincera creencia sostenida por muchos adherentes a las escuelas interpretativas de la psicoterapia, no son necesariamente un reflejo y nuevas ediciones de experiencias traumáticas infantiles. Esto no desacredita en forma alguna la importancia del trauma físico en la infancia y la niñez. Por el contrario, enfatiza el hecho que las experiencias traumáticas pueden ocurrir en cualquier edad y pueden reflejar solamente la situación de vida actual implicada.» (Erickson, 1980d, p. xvi-xvii)

Su foco en los problemas presentes, el trabajo orientado a metas, y el aspecto estratégico de sus intervenciones (interrupción de pautas), necesariamente tienden a abreviar la terapia; mientras que cuando el tratamiento se enfoca hacia el pasado y en la psicopatología, el tratamiento tiende a ser prolongado. Fisch (1982) se refiere del siguiente modo al impacto de Erickson en la psicoterapia breve:
«En su trabajo, Erickson abrió la puerta para el cambio y en una forma que tuvo un gran impacto en la terapia breve, así como también en la terapia en si misma. Hay diversos rasgos en su trabajo que lograron este cambio. En primer lugar, creo, está lo que persistentemente no hizo. Una de sus premisas, ya sea en forma implícita o explícita, dicta lo que uno hace y también lo que uno no hace. Es en este último caso donde surge una de las principales asunciones. Erickson no buscaba largas historias [clínicas] antes de intervenir en el problema. Concomitantemente, no intentaba extraer información “interpretable” o intentar que sus

pacientes lograran insight en forma gradual. Los “insights” o las comprensiones fueron activamente dirigidos por él con el propósito de estimular el deseo del paciente por llevar a cabo las tareas necesarias subsecuentes. Erickson no enfatizaba tanto “la sesión” como los eventos fuera de su oficina. Era raro que presionara por más y más mejoría. Por el contrario, avanzaba rápidamente para intervenir y se retiraba muy rápidamente una vez que había ocurrido una pequeña mejoría. Podía detener el tratamiento o imponer un hiato antes de regresar por más trabajo. No medía la sesión por el reloj, sino de acuerdo a la tarea que se llevaría a cabo en ese contacto. No se “apoyaba” en el sentido común; no apuraba; no “confrontaba con la realidad.” Los medicamentos y las hospitalizaciones jugaron un rol pequeño, si es que lo tuvieron, en su trabajo, aunque sabía como usarlos. No le dio importancia al hecho que las personas “expresaran sus sentimientos. […] Sin embargo, en adición a las cosas que no hizo, Erickson hizo algunas cosas intrigantes. Aunque no gastaba el tiempo obteniendo la historia psicológica, colocaba considerables esfuerzos en la obtención de un detallado panorama del síntoma, problema o queja, y cómo era llevado a cabo, así como también era llevado a cabo junto a los otros implicados en el problema. No intentaba obtener retroalimentación de parte del paciente a sus propias ideas acerca del problema […], por el contrario, “hablaba con facilidad el lenguaje del paciente”. No interpretaba la resistencia del paciente, sino que la usaba para facilitar que el paciente llevara a cabo tareas terapéuticas. Simplemente no malgastaba el tiempo discutiendo con los pacientes, sino que se concentraba en la tarea que el paciente estaba llevando a cabo para resolver su problema.» (Fisch, 1982, p. 157-158)

Zeig y Munion (1999) han indicado que un tratamiento orientado hacia el presente y el futuro es más relevante para la vida actual del cliente, y por lo tanto es más estimulante. El Grupo de Milwaukee (de Shazer, 1999) afirma que una orientación hacia el futuro, en la cual se resalte lo que el paciente ha venido haciendo bien, lleva implícita la idea que el cambio es inevitable, lo cual abreviará la terapia. Pacientes activos: Énfasis en las tareas entre sesiones Erickson concebía a la terapia con uso de hipnosis formal o no formal, como un proceso que involucraba activamente al cliente en el trabajo:
«La psicoterapia hipnótica es un proceso de aprendizaje para el paciente, un proceso de reeducación. Los resultados positivos en la psicoterapia hipnótica se derivan solamente de las actividades del paciente. El terapeuta sólo estimula al paciente a ser activo, con frecuencia sin saber cuál será esa actividad, y luego guía al paciente, ejerciendo su juicio clínico para determinar cuánto trabajo hay que hacer para lograr los resultados deseados. El cómo guiar y juzgar es problema del terapeuta, mientras que la tarea del paciente es aprender por su propio esfuerzo cómo entender su vida experiencial en una nueva forma. Tal reeducación, desde luego, se realiza necesariamente en conexión con las experiencias vivenciales del paciente, sus comprensiones, memorias, actitudes e ideas, y no sobre la base de las ideas y opiniones del terapeuta.» (Erickson y Rossi, 1979, p. 8-10) (Enfasis añadido)

A diferencia de otros enfoques emocional-vivenciales –en donde también el cliente y el terapeuta juegan un rol activo en el proceso terapéutico, el cual se lleva a cabo fundamentalmente en la sesión terapéutica–, la mayor parte de las intervenciones terapéuticas ericksonianas son diseñadas para que se realicen entre sesiones, como tareas para la casa. Zeig y Munion (1999) reflexionan respecto a la utilidad de este tipo de enfoque: (a) Involucra al paciente en el trabajo terapéutico por mucho más tiempo (una o dos semanas) que el permitido en una sesión típica de 50 minutos a una hora; (b) Facilita que el problema sea confrontado en el contexto donde se origina; (c) Lleva el trabajo terapéutico desde lo abstracto a lo concreto; y (d) La experiencia facilita insight o liberación emocional, lo cual permite el desarrollo del cliente; situación que puede no ser replicable en el consultorio. Además, esas tareas pueden tener como objetivo la interrupción de pautas individuales o interpersonales en el contexto en el cual se manifiestan en forma repetitiva.

Sin embargo, aunque esas tareas pueden ser clasificadas en diversas categorías (prescripciones paradójicas, tareas de función ambigua, tareas para construir habilidades [Lankton, 1988], terapia de ordalía [Haley, 1987], y prescripciones para el manejo del cambio [Fisch et al., 1984]), todas ellas necesitan ser individualizadas y ser prescritas de acuerdo al estilo de cooperación del cliente. Zeig y Munion (1999) describen otro tipo de tarea que no promueve el cambio terapéutico, y que confronta al cliente con el hecho que él elige continuar teniendo el problema. Si el paciente se percata que es él quien elige mantener el problema en el presente, entonces podrá elegir cambiarlo en el futuro. Fisch (1982) indica que en la prescripción de tareas, Erickson extendía su influencia, a la vez que disminuía la dependencia del paciente hacia él, al usar a las personas y las facilidades dentro de la comunidad. «En todas las tácticas, se transmitían mensajes importantes: que él y el paciente estaban juntos en el asunto, que el cambio es esperable, que hay algunas cosas simples que considerar y comprender y las tareas para ser comprendidas, las cuales, aunque son arduas, pueden ser alcanzadas. Finalmente, cuando la tarea es finalizada y el cambio es advertido, formamos parte de una compañía, o al menos por un período significativo. Por consiguiente, los pacientes no pueden ser vistos como frágiles o vulnerables a fuerzas misteriosas alrededor de ellos» (Fisch, 1982, p. 159) Utilización terapéutica Zeig y Munion (1999) afirman que éste es el principio central que caracteriza y distingue al enfoque de Erickson. Zeig (1992/1999) lo ha definido como «la disponibilidad del terapeuta a responder estratégicamente a todos y cada uno de los aspectos del paciente o el entorno» (p. 155-156). Esos aspectos incluyen: lo que el paciente ofrece en forma consciente e inconsciente, los recursos, las fortalezas, experiencias, habilidades (o falta de habilidades), las relaciones, las actitudes, los problemas, los síntomas, los déficit, el ambiente, la vocación, los pasatiempos, las aversiones, las emociones, etc. (Zeig y Munion, 1999) Este principio lo desarrolló Erickson en sus investigaciones acerca de la naturaleza de la inducción de trance y la sugestión terapéutica, con el fin de asegurarse que sus sujetos cooperaran con él; posteriormente lo extrapoló a toda su psicoterapia (la cual como ya hemos dicho más arriba es una extensión de sus procedimientos para obtener disposición a cooperar en la inducción del trance hipnótico). Zeig cita lo que Erickson escribió en el año 1954 para la Enciclopedia Británica:
«Otra consideración esencial en las técnicas del trabajo de investigación o en el de la terapia es la utilización de la manera de responder del sujeto y sus capacidades, que poco tiene que ver con el intento de imponerle, mediante sugestión, la idea limitada del hipnotizador acerca de lo que el sujeto debe hacer y de qué manera debe hacerlo. Los fracasos en la terapia hipnótica y en el trabajo experimental derivan a menudo del hecho que tratamos al sujeto como un autómata, esperando que ejecute las órdenes de acuerdo con las ideas del hipnotizador, excluyendo reconocer al sujeto con su propia personalidad, con sus pautas individuales en sus respuestas y su conducta.» (Erickson, 1954/1980c; citado en Zeig, 1992/1999, p. 158)

Zeig (1992/1999) ha descrito los siguientes principios de la utilización:
«Principio 1. Primero es la inducción del terapeuta. […] El terapeuta inicia la terapia adoptando una mentalidad de utilización, consiguiendo dentro de si la disponibilidad a responder de manera constructiva a las respuestas del paciente. Este estado orientado a lo exterior constituía una faceta central de la actuación de Erickson. Se mostraba muy atento a las complejidades del momento y muy interesado en aprovecharlas.

Principio 2. Todo lo que el paciente trae consigo a la consulta puede ser utilizado. Todo lo que existe en la situación de terapia puede ser utilizado. De todo cuanto trae el paciente en la consulta puede sacarse provecho. Es combustible para avanzar hacia un terreno nuevo. Los valores del paciente pueden utilizarse; la situación del paciente puede utilizarse; las resistencias del paciente pueden utilizarse; los síntomas del paciente pueden utilizarse. […] Es también verdad que puede utilizarse el mismo mecanismo que mantiene el síntoma. Es axiomático que, aunque los síntomas parecen ocurrir de manera automática, en realidad el paciente hace algo para mantener el síntoma. […] Una vez descubierto el mecanismo que utiliza el paciente para constituir su problema, puede ser también utilizado. Principio 3. El terapeuta puede aprovechar cualquier técnica que el paciente usa para ser paciente. Las técnicas no proceden simplemente de un libro; pueden deducirse también del estudio de [los] pacientes. Por ejemplo, si un paciente cuenta historias para ser pacientes, el terapeuta puede contar historias para ser terapeuta. Si un paciente es confuso como paciente, el terapeuta puede ser constructivamente confuso. Principio 4. Hay que desarrollar cualquier respuesta que se reciba. […] Luego que el paciente responde, incumbe al terapeuta desarrollar constructivamente la respuesta y sacar provecho de ella.» (Zeig, 1992/1999, p. 165-167) (Énfasis en el original)

Los volúmenes de Haley (1980a y 1985), de O’Hanlon (1989) y O’Hanlon y Hexum (1990) transcriben un buen número de casos clínicos en los cuales puede apreciarse este principio en acción. Utilización de los contextos sociales de los clientes Erickson incluía las circunstancias vitales del cliente en el proceso de evaluación terapéutica y en la terapia misma. «Al formular sus intervenciones, consideraba el ambiente físico y social que mantenía el problema y/o que podía utilizar para resolver el problema. Incluso suministraba tratamiento a los pacientes en la casa de ellos.» (Zeig y Munion, 1999, p. 115) La casuística de Erickson muestra que éste no solamente realizaba la psicoterapia en su consultorio, sino que hacía arreglos para que sus pacientes tuvieran experiencias terapéuticas en sus contextos naturales, incluyéndose a veces él mismo en esas situaciones “fortuitas” para promover nuevos comportamientos en los clientes (véanse ejemplos en Haley, 1980a; y en O’Hanlon y Hexum, 1990).

Capítulo 5: Erickson y el Proyecto Bateson para el estudio de la comunicación humana: Desde el análisis de los trances religiosos en Bali hasta la teoría de la doble coacción de Bateson

La historia de la ciencia en general –y nuestro tema en particular– se compone de diversos hechos fortuitos que se van concatenando unos con otros para entregar finalmente una nueva visión de las cosas. Cuando Margaret Mead y Gregory Bateson viajaron a Bali en los años 1930 para estudiar esa cultura, nunca imaginaron que sus nombres estarían indisolublemente asociados con el desarrollo de la psicoterapia breve, ni menos con el nombre de quien sería un famoso “hipnotista” y un destacado terapeuta décadas después. En el año 1939, Margaret Mead, por sugerencia de Abraham Maslow, escribe a Erickson solicitándole su ayuda para analizar unas películas filmadas en Bali, en las cuales los participantes, a través de danzas rituales, entraban en un trance religioso. Específicamente, necesitaban ayuda para establecer criterios para distinguir el “trance profundo” de los estados “sonambúlicos”, y a aquellos bailarines que simulaban estar en trance. (Zeig y Geary, 2000) Erickson respondió a Mead una extensa carta, en la cual describe los criterios desarrollados por él para determinar si sus sujetos experimentales estaban experimentando trance, así como también sus criterios para determinar la “salida” del trance. (Zeig y Geary, 2000) Esa correspondencia continuó a lo largo del año 1939, hasta que Mead y Bateson se reunieron con Erickson en Michigan. Desde esos años y durante el resto de su vida, Erickson y Mead mantuvieron una cordial amistad. Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, Erickson, Mead y Bateson trabajaron para el gobierno norteamericano, en proyectos secretos que investigaban la estructura del carácter japonés y los efectos de la propaganda nazi (Rossi, 1983). Cuando Bateson y Mead regresaron de Bali, son invitados a participar en un encuentro interdisciplinario organizado por la Fundación Macy; cuyo tema era la “Inhibición cerebral”. El ambiente científico en torno al cual se organizó esa Conferencia, tenía relación con los mecanismos de la retroalimentación que estaban investigando Norberto Wiener y Julian Bigelow para el diseño de cohetes autodirigidos; fenómeno que es luego comparado con los movimientos voluntarios del hombre (Wittezaele y García,1994). En esa Conferencia (cuyos temas darían origen posteriormente al desarrollo de la Cibernética), además de Wiener, Bigelow, Bateson y Mead, participaron Arturo Rosenblueth (neurólogo), John von Neumann (inventor de la teoría de los juegos), Walter Pits, Warren McCulloch (neurofisiólogo y matemático), Lawrence Franck (psicólogo), Lawrence Kubie (psicoanalista), el cual invitó a Erickson. (Wittezaele y García, 1994) Como resultado de esa Conferencia, Wiener, Rosenbluth y Bigelow publican en 1943 el artículo denominado “Behavior, purpose and teleology” (Comportamiento, objetivo y teleología). Los autores proponen un enfoque comportamental para el estudio de esos fenómenos; y ,que en lugar de estudiar la estructura o propiedades de aquellos, sugieren examinar el comportamiento observable (salida, output) en relación con las entradas (input), sin examinar las características internas de la entidad estudiada. Esos autores afirman que «el concepto de “feed-back” es la clave de la explicación de todo comportamiento intencional» (Wittezaele y García, 1994, p. 59) Entre 1942 y 1948 se realizan otras cuatro Conferencias Macy; y en 1948 Wiener publica su obra Cybernetics. En ese volumen, Wiener expone los resultados de las discusiones de las primeras Conferencias Macy (Wittezaele y García, 1994), y la cibernética indica que «la interacción del hombre con su entorno en el sentido amplio se efectúa a través de la comunicación, del intercambio de informaciones a múltiples niveles» (Wittezaele y García, 1994, p. 74).
«Uno de los principios de la ciencia “clásica” formalizada principalmente por el famoso Discurso del método de Descartes, consistía en considerar que, si queremos llegar a comprender la complejidad de

nuestro universo, debemos antes comprender sus elementos constitutivos. Es necesario pues dividir: disciplinas de estudio bien separadas, campos de investigación precisos, variables bien definidas y controladas por el experimentador, que debe determinar la importancia relativa de cada una de las variables sometiéndolas a un test sucesivamente mientras mantiene las otras constantes. El investigador debe permanecer “objetivo” y llegar a una cuantificación de las variables. La cibernética y la teoría general de los sistemas defenderán una visión muy diferente del enfoque de los fenómenos complejos, sosteniendo que un análisis de cada elemento de un sistema no permite captar las características del conjunto. […] El conjunto posee unas propiedades que no son reductibles a las de los elementos tomados separadamente.» (Wittezaele y García, 1994, p. 76)

En 1948, Bateson acepta la invitación del psiquiatra Jurgen Ruesch para estudiar la comunicación en psicoterapia. En 1951 publican La comunicación: matriz social de la psiquiatría (1965) Ese volumen es el primer intento de Bateson para llevar a las ciencias humanas las ideas desarrolladas en las Conferencias Macy. En la investigación de Bateson se distinguen tres dimensiones principales: (1) Fundamentos epistemológicos de los psiquiatras y sus consecuencias sobre el tratamiento; (2) Preparar el terreno para un enfoque interaccional del comportamiento; y (3) Colocar a prueba la teoría de los tipos lógicos para el estudio de las relaciones interpersonales. (Wittezaele y García, 1994) La relación de Ruesch y Bateson es lo suficientemente desafortunada como para que ambos no intenten continuar trabajando juntos, y Bateson consigue financiamiento de la Fundación Rockefeller para su proyecto acerca “Del estudio del papel de las paradojas de la abstracción en la comunicación” (Wittezaele y García, 1994). Ese es el nacimiento del famoso Proyecto de Bateson en Palo Alto. El equipo de Bateson para el desarrollo de este Proyecto estuvo conformado por John Weakland (inicialmente un ingeniero), Jay Haley (quien estaba trabajando en su tesis de maestría acerca de la comunicación), William Fry (psiquiatra) y Don Jackson (reputado psicoanalista que había comenzado a realizar terapia con familias). Fry (Wittezaele y García, 1994) relata que Bateson tenía un listado con diez a veinte temas que consideraba como campos pertinentes para el estudio de las paradojas en la comunicación. Entre estos se encontraban: el teatro, el zen, el humor, la psicoterapia, la comunicación esquizofrénica, el entrenamiento de perros para ciegos, el juego, y la hipnosis, entre otros. En esa época, Erickson viajó a la región de Palo Alto a dictar un seminario sobre hipnosis, y Weakland y Haley querían asistir como parte de los estudios del Proyecto. «Así pues [que] hablamos con Gregory y nos preguntábamos si estábamos calificados para asistir a este seminario. El entonces descuelga el teléfono, marca un número y dice a su interlocutor: “¿Es Milton? Aquí Bateson. Hay dos de mis colaboradores que desearían asistir a tu seminario, ¿podrías verlos?”. ¡Puede imaginarse nuestro estupor…! Pero éste era Bateson, conocía a todo el mundo.» (Wittezaele y García, 1994, p. 159) En Noviembre de 1954, Bateson escribe a Erickson recordándole de Weakland y Haley, quienes habían asistido a un seminario con él; le cuenta que están investigando respecto a los fenómenos hipnóticos y la esquizofrenia. Le solicita le envíe reimpresiones de dos artículos de Erickson y lo invita a reunirse con ellos en Palo Alto, o que parte de su equipo podría viajar a Phoenix. (Zeig y Geary, 2000) En Mayo de 1955, Bateson escribe una extensa carta a Erickson solicitándole que si era posible que hicieran los arreglos para que Haley y Weakland viajaran a Phoenix para conversar con él en torno a la comunicación y la hipnosis. En esa carta le expone, además, que en las investigaciones de su equipo acerca de la comunicación, se han interesado en la hipnosis porque les parece que tiene relación con la comunicación interpersonal. Asimismo, creen que muchas manifestaciones de la esquizofrenia pueden ser producidas en el trance hipnótico. Bateson describe también la teoría de la doble coacción en la génesis de la esquizofrenia que han estado estudiando, para que la futura entrevista con Haley y Weakland sea más fructífera. Finaliza esa misiva enumerando los temas de interés para esa reunión: (1) La relación entre el hipnotista y el sujeto, (2) la

inducción de trance, y (3) la reorientación del trance. (Zeig y Geary, 2000) En otra carta posterior, y antes que viajen Weakland y Haley, Bateson le expone a Erickson algunas interrogantes que ha estado reflexionando, y que tienen relación con el lenguaje analógico y digital. (Zeig y Geary, 2000) La reunión de Erickson con Haley y Weakland se realizó en el año 1956, y publicaron posteriormente en 1959 una transcripción de una inducción de trance y sus comentarios (Erickson, Haley y Weakland, 1959/1980a). En el contexto de un seminario que Erickson llevaba a cabo en Phoenix, hipnotizó a una sujeto y la sesión fue grabada para ser escuchada con posterioridad para comentarla; los comentarios también fueron grabados. Weakland (1982) afirma que indirectamente Erickson hizo contribuciones significativas a la teoría de la doble coacción del Grupo de Bateson. Indica que él y Haley fueron muy influenciados (y también confundidos) por las ideas no ortodoxas de Erickson respecto a cómo concebir los tratamientos y los problemas. Ellos durante los dos años que visitaron a Erickson, llevaban a la discusión en el Grupo de Bateson las ideas desarrolladas con él; las cuales eran examinadas en forma crítica y a veces resistidas. En los próximos capítulos analizaremos cómo se expresó la influencia de Erickson en el trabajo de Haley y en el Mental Research Institute (MRI), formado paralelamente al Grupo de Bateson. Pero esta historia no finaliza aquí; el joven discípulo de Erickson, Jeffrey Zeig, había organizado para ser realizado en Diciembre de 1980 el “Congreso Internacional de Enfoques Ericksonianos en Hipnosis y Psicoterapia”, el cual coincidiría con el aniversario número 79 del nacimiento de Erickson (Peters, 1982). Sin embargo las dos figuras principales de ese Congreso fallecieron antes de su apertura: Milton H. Erickson pasó a mejor vida en Marzo de ese año, y Gregory Bateson, quien actuaría como Presidente, falleció en Diciembre. ¿Ironía del destino?, ¿o simplemente un fenómeno de sincronicidad en dos personalidades que influyeron en forma indirecta en la terapia breve que conocemos en la actualidad

Capítulo 6: La terapia estratégica de Jay Haley

Desde que Haley se reunió con Erickson en Phoenix en 1956, mantuvieron una relación que duró más de una década. La relación fue fructífera para ambos: Haley aprendió del modo de hacer psicoterapia de Erickson y éste tuvo en Haley al primer difusor de su labor como psicoterapeuta. Haley se mantuvo en el Proyecto de Bateson para el estudio de la comunicación hasta el término de éste, y se integró tardíamente al Instituto de Investigaciones Mentales (MRI) que creó Jackson en el año 1959 y que estaba formado por parte del equipo de Bateson. En 1967, Haley se trasladó a Filadelfia para trabajar en el desarrollo de la psicoterapia familiar sistémica con Salvador Minuchin, director de la Philadelphia Child Guidance Clinic; y luego se mudó a Washington, en cuyo instituto (Family Therapy Institute) dio forma a su propio enfoque de terapia familiar estratégica. Haley dedicó un capítulo a la hipnosis en Estrategias de Psicoterapia (1966), en donde la aborda desde un punto de vista interaccional. En ese volumen expuso su versión de los conceptos acerca de la comunicación sostenidos en el Proyecto de Bateson (Haley, 1980b). Según Haley (1966), el trance hipnótico «resulta sumamente idóneo como modelo para describir las maniobras de una persona que intenta provocar cambios en otra. Si se acepta que en la relación hipnótica el individuo puede modificar su percepción, sus emociones y sus sensaciones somáticas, no hay argumento mayor en pro de la influencia que una persona puede tener en relación a otra. Las semejanzas entre el proceso de inducción hipnótica y el de la psicoterapia se hacen aparentes cuando se atiende a la relación. Una y otra situación se dan habitualmente con pacientes o personas que solicitaron esta experiencia y ambas consisten esencialmente en una conversación entre dos individuos, uno de los cuales intenta provocar cambios en el otro.» (p. 25)

Haley (1966) propone el siguiente análisis de la situación hipnótica: El hipnotizador sugiere ideas a las que responde el sujeto y le persuade para que siga voluntariamente sus sugestiones y se concentre en ellas. Una vez que se ha conseguido esto le ordena respuestas involuntarias. «El progreso de la interacción hipnótica define progresivamente la relación como una en la que el hipnotizador controla o inicia lo que sucede, en tanto que el sujeto cada vez va respondiendo más y teniendo menos iniciativa.» (p 32) Desde el punto de vista interaccional, la relación entre el hipnotista y su sujeto es de tipo complementario (Haley, 1966). Es decir, «el hipnotizador sugiere y el sujeto obedece las sugestiones de aquél, de modo que la conducta comunicativa es una maniobra para definir la relación como complementaria, en tanto la obediencia del sujeto supone la aceptación de tal definición.» (Haley, 1966, p. 33) Haley distingue las siguientes características en la relación hipnótica: a) Dos personas intercambian mensajes, y el hipnotizador le indica al sujeto cómo tiene que actuar. b) Cuando el hipnotizador sugiere comportamientos al sujeto, está definiendo la relación como complementaria. El sujeto puede aceptar la definición de la relación, comportándose del modo indicado. Sin embargo, el sujeto puede responder no haciendo lo indicado, lo cual es una contramaniobra para definir la relación como simétrica. El hipnotizador responde a su vez con maniobras para estimular o forzar la relación complementaria, o acepta la relación simétrica controlándola desde una posición metacomplementaria. c) Cuando el sujeto acepta de buen grado o no la relación complementaria, tiende a aceptar las definiciones de realidad del hipnotizador por sobre cualquier otro estímulo del entorno. Una característica que define a una relación como hipnótica es que la experiencia sea definida como involuntaria por el sujeto. Desde el punto de vista pragmático, para Haley (1966), «la finalidad de la inducción hipnótica es, desde el punto de vista de la conducta, persuadir al sujeto para que niegue de lleno y completamente que es él quien está realizando la actividad sugerida. Esto es, el hipnotizador impulsa al sujeto a que califique su conducta con mensajes congruentes entre si y que, en su totalidad, nieguen que está haciendo lo que hace. Cuando el sujeto se comporta de esta forma, el observador dice que aquél está experimentando un fenómeno involuntario.» (p. 36) Asimismo, en toda inducción de trance está implícita la paradoja, aunque en algunas circunstancias es más notoria. La paradoja se advierte en aquellos mensajes de Erickson, por ejemplo, en que se comunicaba a dos niveles con su sujeto, en donde se entregaban instrucciones incongruentes que correspondían a dos niveles de mensaje. Según Haley, cuando se presentan mensajes incongruentes al sujeto, «éste sólo puede responder satisfactoriamente con mensajes incongruentes. La peculiar conducta del sujeto hipnotizado muestra una reciprocidad hacia las peticiones del hipnotizador.» (1966, p. 43) En ese volumen Haley afirma que en el estudio de la hipnosis se ha colocado erróneamente el foco sobre el individuo, con el objetivo de clasificarlos como “buenos” o “malos” sujetos “hipnóticos”. «Los intentos de hallar una correlación entre tipos de personalidad y susceptibilidad a la hipnosis han fracasado repetidamente, a pesar del uso de gran número de pruebas proyectivas y de actitud. Este fracaso es comprensible si se tiene en cuenta que la conducta hipnótica es un conjunto de respuestas en el marco de una relación y no un aspecto del carácter de la persona. La única prueba para diferenciar los buenos sujetos de hipnosis de los malos sería la que midiera la conducta en una respuesta de relación. Las pruebas de sugestión despierta, o de sugestibilidad, se aproximan a este tipo de medida. Sin embargo, estas pruebas se aplican a menudo sin la menor conciencia que son en todo iguales a una inducción hipnótica.» (Haley, 1966, p. 47) La utilidad clínica de la hipnosis, según Haley (1966, p. 48-49), es la siguiente:

«(a) Describir a la hipnosis en términos de táctica para definir la relación y manejar la resistencia de los sujetos que replican con definiciones propias; y (b) Describir a los pacientes como personas que usan la conducta sintomática para obtener ventajas en una relación interpersonal y resistirse a la definición de los demás. De ambos puntos se desprende que el uso efectivo de la hipnosis se centra principalmente en tratar la conducta sintomática del mismo modo que se trata la conducta resistente.»

Haley publica en 1967 una compilación de artículos de Erickson en los cuales se aprecia el modo peculiar de éste en el entendimiento y práctica de la psicoterapia (Advanced Techniques of Hypnosis and Therapy: Selected Papers of Milton H. Erickson). En 1973 publica su muy conocida Terapia no convencional: Las técnicas psiquiátricas de Milton H. Erickson (Haley, 1980a), volumen que populariza a Erickson como un terapeuta que desarrollaba tratamientos que se apartaban de la terapia usual de esa época. En 1985, Haley publica en tres volúmenes sus Conversations with Milton H. Erickson, en los cuales transcribe sus conversaciones y supervisión de casos con Erickson. Aunque Haley aprendió hipnotismo con Erickson y recibió supervisión por parte de éste para llevar a cabo tratamientos hipnoterapeúticos (Haley, 1985; Haley, 1997), resaltó en su difusión del trabajo de Erickson aquellos aspectos no “hipnóticos” de su terapia, mientras que otros los asimiló a su propia concepción de la terapia. Ya dijimos antes que Haley no necesitaba el concepto del “inconsciente” para explicar el cambio terapéutico, puesto que su interés –compartido por los miembros del Proyecto de Bateson– estaba colocado en la interacción; por lo tanto, extrajo de la terapia de Erickson las directivas que se entregan sin el uso de “hipnosis formal” para alterar pautas que mantienen problemas interaccionales o personales (Haley, 1980b). A la vez aportó la mirada sistémica familiar para entender a la sintomatología/problemas como el producto de impedimentos en el desarrollo del ciclo vital de la familia (Haley, 1989) (y por lo tanto de sus miembros), presentando dentro de ese marco las diversas intervenciones de Erickson en Terapia no convencional (Haley, 1980a). Sin embargo, Haley desarrolla su propia visión de la psicoterapia familiar, comprendiendo y organizando su terapia sistémica en función de relaciones sociales triádicas (Keeney y Ross, 1987). «Por entonces [cuando publiqué Estrategias de psicoterapia] yo intentaba pasar del enfoque individual a otro más social, proponiendo que la unidad mínima de investigación y terapia fuera la díada, y en ese libro examiné los diferentes enfoques terapéuticos desde el punto de vista de la díada. La presente obra difiere de él en que ofrece un enfoque cuya unidad mínima es la tríada.» (Haley, 1980b, p. 1) Según Keeney y Ross (1987), aunque Haley denominó “estratégico” a su enfoque, y Minuchin “estructural” al suyo, ambos son muy similares desde el punto de vista práctico. Las diferencias tienen relación con el hecho que las descripciones de Haley están relacionadas con la teoría de la comunicación y la cibernética; mientras que las descripciones de Minuchin son sociológicas. Keeney y Ross (1987) resumen el enfoque de Haley del siguiente modo: La terapia se inicia cuando se fija un foco sobre el problema a tratar; el cual es concebido como una secuencia de acciones que implican la interacción de tres personas como mínimo. «Así, para Haley, los problemas se utilizarán como “palancas” para modificar relaciones familiares.» (Kenney y Ross, 1987, p, 134) La reorganización del sistema social en una forma específica permitirá construir una situación más adaptativa. A través de la entrevista con toda la familia en el consultorio el terapeuta podrá distinguir la organización en secuencias de conducta social de sus miembros. Le interesan aquellas interacciones que presentan organización recursiva. La tarea del terapeuta consistiría en identificar esos ciclos recursivos problema y diseñar intervenciones para abordarlos. En su enfoque, una noción fundamental es el de “jerarquía”, es decir cómo se diferencian los integrantes del sistema. Según Haley, un sistema está perturbado cuando se establecen “coaliciones” a distintos niveles

jerárquicos, especialmente si éstas son secretas. Estas coaliciones se formarían en las etapas de transición en el ciclo evolutivo familiar. La influencia de Erickson en la visión de Haley se advierte en la construcción y entrega de directivas. Haley (1980b) define a las directivas a «todo cuanto se haga en terapia […] Toda acción del terapeuta constituye un mensaje para que la otra persona haga algo; en ese sentido está impartiendo una directiva» (p. 49-50) Haley (1980b, p. 49) describe las variadas finalidades de las directivas del siguiente modo:
«1. El objetivo principal de la terapia es hacer que la gente se comporte de manera diferente, para que tenga así experiencias subjetivas diferentes. Las directivas son un medio de provocar esos cambios. 2. Se las emplea para intensificar la relación entre los clientes y terapeuta: al decirles a aquellos qué deben hacer, el terapeuta entra a participar en la acción y adquiere importancia, porque el individuo debe hacer o no hacer lo que él le dice. Si deben hacer algo durante la semana, el terapeuta permanece ligado a sus vidas durante todo es lapso, pues piensan qué pasará si no cumplen la tarea, si la cumplen a medias, si la alteran para ejecutarla a su modo, etc.; en la próxima entrevista el terapeuta habrá adquirido más importancia para ellos de la que habría tenido si no les hubiese dado una directiva. 3. Se usan para obtener información. La manera en que reacciona la gente al recibir una directiva es esclarecedora respecto a ellos mismo y a cómo responderán a los cambios deseados. Ya cumplan con la tarea impuesta, no la cumplan, olviden cumplirla o lo intenten infructuosamente, el terapeuta tendrá información que de otro modo no poseería.»

Haley (1980b) distingue dos tipos de directivas: (1) «decirle a la gente qué debe hacer con el propósito que lo cumplan» [ya sea «(a) ordenarle a alguien que deje de hacer algo, (b) pedirle que haga algo diferente], y (2) decírselo con el propósito que no lo cumplan, o sea, que cambien por la vía de la rebelión [tarea paradójica] » (p. 51, énfasis en el original).
«[…] Es esencial saber impartir directivas de manera tal que sean ejecutadas; es una desgracia que la mayoría de los cursos no incluyan la enseñanza de esta técnica. En buena medida debemos aprenderlas por nuestra cuenta, a menos que encontremos un eximio terapeuta como Milton H. Erickson y podamos recibir de él alguna enseñanza.» (Haley, 1980, p. 48) (Énfasis añadido)

El terapeuta necesitará motivar a la familia para que lleve a cabo las directivas. «Las recomendaciones de Haley para el diseño de directivas siguen los consejos de Milton H. Erickson. En resumen, ya que diseñar directivas para emplear las modalidades en que la familia se refiere a su propia situación, lo mismo que cualquier otro recurso que sus miembros puedan ofrecer […] el envoltorio de las directivas [puede] consistir en metáforas, frases, ideas o tareas que brotan del paradigma de comunicación de la misma familia [utilización terapéutica]» (Keeney y Ross, 1987, p. 142-143). Haley se refiere a esta cuestión crucial del siguiente modo:
«[…] Cuando un terapeuta desea motivar a los miembros de una familia a que realicen una tarea, tiene que convencerlos de que por su intermedio alcanzarán los objetivos individuales, recíprocos y familiares que ellos desean. El modo en que lo haga dependerá de la naturaleza de la tarea, de la naturaleza de la familia y del tipo de relación establecida con ésta; no obstante, podemos referirnos a los métodos generales de motivación que se aplican a las personas. En el enfoque directo, lo común es que el terapeuta les diga a los integrantes de la familia que conoce y comparte su deseo de resolver el problema que los aqueja. Una vez convenido el objetivo, se ofrece la tarea como un medio de alcanzar el fin deseado a través de la terapia. Cuando hay discrepancias entre los miembros de una familia sobre los propósitos que se persiguen, se hace a veces necesario hallar el modo de que la tarea le reporte alguna ganancia a cada uno de ellos. […] En el enfoque directo el terapeuta se funda en lo que ha aprendido sobre sus clientes en el transcurso de la sesión, utilizando lo que parezca más obvio y evidente como base de su labor persuasiva. Veamos ahora el enfoque indirecto, que puede emplearse cuando se prevé que la familia no cooperará fácilmente en la tarea [énfasis añadido]. A menudo puede utilizárselo como primer paso, adoptando luego una forma más directa. Consiste en hacer que los miembros de la familia hablen de sus dificultades de manera tal que estén prontos a escuchar a quien puede sugerir qué deben hacer. Por ejemplo, se les pide que hablen de todos sus intentos fallidos de resolver el problema, con lo cual se obtiene

información sobre los métodos probados y se evita pedirles que hagan algo que ya han intentado infructuosamente. Otra ventaja importante es que en esta clase de conversación el terapeuta tiene oportunidad de subrayar los fracasos anteriores; a medida que van enumerándolos, puede hacer hincapié en su ineficiencia acotando: “Y eso también falló”, con lo cual advertirán finalmente que todo cuanto ellos intentaron fracasó y habrá más probabilidades de que escuchen el ofrecimiento del terapeuta. Otra manera similar de encarar la motivación consiste en alentar a los miembros de la familia a que expliquen cuán desesperada es su situación, pudiendo convenir con ellos en que en verdad es bastante mala, en vez de tranquilizarlos diciéndoles que no es para tanto; si se la pinta con tintes lo suficientemente negros, escucharán al terapeuta y harán la tarea que se les ofrece. De este modo, el acentuar la angustia que ellos sienten, el terapeuta la usa como una motivación, y hasta puede proyectar su situación hacia el futuro haciéndoles conversar sobre los desastres que les aguardan si no toman alguna medida. Pero también puede encararse la cuestión de una manera opuesta, si los integrantes de la familia están comentando cómo mejoraron las cosas: se les da la razón, conviniendo en sus apreciaciones, y luego se les pide que realicen la tarea pues ella les ayudará a progresar aun más; así, lo que ofrece el terapeuta aparece como una pequeña adición para ayudarlos a continuar con su proceso de mejoría. Puede motivárseles a hacer una tarea en el hogar iniciándolos en la ejecución de pequeños trabajos en la entrevista. […] El terapeuta debe adecuar la tarea a las personas [énfasis añadido]. Mientras entrevista a una familia reparará en qué clase de gente la integra, y así podrá amoldar la tarea a su manera de ser. Si hacen hincapié en que las cosas deben hacerse en forma lógica y ordenada, se les ofrecerá una tarea lógica y ordenada, porque será más probable que la cumplan. Si constituyen un hogar descuidado y desorganizado, la tarea deberá ajustarse a ese marco. Si les preocupa el dinero, se recalcará la gratuidad de la tarea. Otro punto importante es el modo en que se describe la magnitud de la tarea. Ante ciertas familias y tareas podemos optar por empequeñecer a éstas; cuando la familia se muestra renuente a realizar la tarea, a veces lo mejor es definir a ésta como un pequeño favor que se les pide. Si disfrutan de la crisis o tienen propensión a dramatizar las cosas, puede decírseles que se les está solicitando algo importantísimo. En suma, a algunas familias les parecerá que una tarea grande es demasiado para ellas, en tanto que otras despreciarán una tarea pequeña; deben satisfacerse los requerimientos en ambos tipos de gente [énfasis añadido].» (Haley, 1980b. p. 53-55)

Haley (1980b) también describe las intervenciones metafóricas y el uso de analogías, como un método adecuado en aquellos casos en los cuales las directivas directas no son las más adecuadas. Respecto a las directivas paradójicas, Haley (1980b) realiza el siguiente análisis teórico:
«[Las] tareas pueden parecerles paradójicas a los clientes, porque habiéndoles dicho que desea ayudárselos a cambiar, al mismo tiempo se les está pidiendo que no cambien. Hasta cierto punto, todas las familias que se hallan en una situación estable son reacias al cambio, pero si se encuentran en un estado crítico e inestable que tiene a todos trastornados suelen seguir dócilmente las directivas, porque están tratando de estabilizarse. Lo que ocurre en el primer caso es que al pedirles que cambien, el terapeuta los está invitando a la inestabilidad y la novedad, situaciones contra las que pueden reaccionar. Sin embargo, todos los que vienen en busca de ayuda lo hacen impulsados por su inestabilidad… […] Por lo común, una familia que se ha estabilizado en torno al hecho de que uno de sus miembros constituye el problema. Al tener a modificar la situación de la persona problema el terapeuta también tiende a desestabilizar a la familia, por lo que encontrará resistencia de variable intensidad. Las tareas paradójicas tienen por fin abordar esta dificultad. […] El enfoque paradójico presenta siempre dos mensajes, transmitidos a niveles diferentes, “Cambien”, y dentro del marco del mensaje, “No cambien”.» (Haley, 1980b, p. 64-65)

Haley (1980b) describe ocho etapas del enfoque paradójico:
«Primera: Como en toda terapia directiva, antes que nada hay que establecer una relación que se define como tendiente a provocar el cambio. Esta definición suele estar implícita en el encuadre de la situación cuando alguien solicita una terapia, pero puede hacerse hincapié en ella. Segunda: Definir claramente el problema. […] Tercera: Fijar los objetivos con claridad. […] Cuarta: Ofrecer un plan. Conviene dar una explicación lógica que haga razonable una directiva paradójica, aunque también podemos limitarnos a impartir la directiva dejando que el plan permanezca implícito. […] Quinta: Descalificar diplomáticamente a quien es tenido por “autoridad en la materia”. […]

Sexta: Impartir la directiva paradójica. […] Séptima: Observar la reacción y seguir alentando el comportamiento usual. […] Octava: A medida que continúa el cambio, el terapeuta deberá evitar que se le acredite cómo un logro de él, dado que ello significaría aceptar que las recaídas están en relación con el terapeuta. Si bien este puede desear “compartir” su obra con el cliente y explicarle qué está haciendo en realidad, corre el riesgo de que su necesidad de aliento provoque un retroceso. Una forma de evitar todo mérito propio es mostrarse perplejo ante una mejoría.» (Haley, 1980b, p. 69-71)

Con posterioridad, Haley (1987) analiza en forma extensa otra directiva (estrategia) de Erickson, y que Haley denomina terapia de ordalía (denominada “coacción de evitación–evitación” por Erickson y Rossi [1979]). La técnica de la ordalía consiste en dar como consecuencia a un síntoma/problema, otro comportamiento, generalmente de tipo penoso. Y por lo tanto, para no realizar el comportamiento penoso, necesariamente el síntoma/problema tiene que remitir. Haley (1987) también describe las etapas de esta intervención:
(1) Definición clara del problema: Es necesario una definición precisa del problema, puesto que la terapia seguirá siempre a la presentación del síntoma. Haley ejemplifica esto cuando se tratan trastornos de angustia, en donde es imprescindible que el consultante diferencie la angustia normal de aquella de la cual quiere liberarse. (2) La persona debe comprometerse a superar el problema: Puesto que esta es una terapia drástica que el consultante realiza fuera de la consulta, es necesario contar con su compromiso de llevarla a cabo. Una forma de lograr este compromiso es imitar a Erickson cuando entregaba este tipo de intervenciones: Indicar al paciente que hay una cura de eficacia garantizada, pero no se le explica en qué consiste, hasta que no haya accedido por anticipado someterse a ella. Puede decírsele al cliente que lo piense durante la semana y que regresen a terapia si está dispuesto a hacer lo que se le pida, sea lo que fuere. Esto intriga al paciente, y deberá aceptar llevar a cabo la terapia si quiere averiguar qué es. En un ejemplo clínico de Erickson (Erickson y Rossi, 1979), Erickson le dice al paciente que tiene una cura garantizada que lo podrá ayudar, pero que es difícil y no sabe si él es el paciente adecuado para asignarle la terapia. Repite esto varias veces, mientras le habla de otras cosas, de modo que el paciente casi lo obliga a administrarle el tratamiento (puesto que él es adecuado para esa terapia). (3) Selección de la ordalía: El terapeuta es quien selecciona la tarea, con colaboración del paciente. Debe poseer las siguientes características: (a) debe ser lo bastante severa como para superar el síntoma; (b) su cumplimiento beneficiará al paciente (puesto que no es un castigo); (c) será algo que pueda hacer y que le parezca aceptable; (d) deberá ser una acción clara, sin ambigüedades; y (e) tendrá un principio y un fin claramente establecidos. (4) La directiva deberá impartirse acompañada de una explicación lógica: Hay que dejar en claro que la tarea debe llevarse a cabo cuando se presente la conducta sintomática y dentro de un horario fijo. Es conveniente dar una explicación lógica que la haga parecer razonable; Haley sugiere que, por lo general, debe ser una variación sobre el tema que si el cliente hace algo que le resulte más difícil de soportar que el síntoma, éste desaparecerá. Haley recomienda que con aquellos pacientes muy intelectuales es mejor entregarla sin ninguna explicación, para evitar que el paciente pueda encontrar argumentos para afirmar o negar cualquier explicación lógica, y por lo tanto poner en duda la eficacia de la tarea. Si la ordalía es algo complicada, o el paciente tiene dudas de cómo llevarla a cabo, se entregará por escrito. (5) La ordalía continúa hasta que se resuelve el problema: El paciente tiene que cumplir la tarea con exactitud, cada vez que deba hacerlo, y hasta que el problema desaparezca.

En síntesis, y aunque podamos estar de acuerdo o no con la visión de la terapia familiar de Haley, le corresponde un papel muy importante en la difusión del aspecto estratégico de la terapia inusual de Erickson. En el capítulo siguiente analizaremos cómo los miembros del Centro de Terapia Breve del MRI fueron influenciados por la terapia de Erickson para la formulación del enfoque de terapia estratégica interaccional.

Notas:
1

En el sentido de la “inducción” y “profundización” del trance hipnótico. Es decir, la terapia es efectuada mientras el paciente se encuentra experimentando trance hipnótico. Un proceso de acción conjunta contra un tercero (Keeney y Ross, 1987, p. 138)

2

3

Inusual para los años 1960-1980 y para aquellos terapeutas actuales adscritos a los enfoques de terapia “tradicionales.” Haley, con sus publicaciones, ha posibilitado que esos métodos para abordar la terapia sean usuales en el consultorio del terapeuta estratégico.
4

Capítulo 7: Erickson, el Mental Research Institute (MRI) y el Centro de de Terapia Breve del MRI: “Hipnoterapia sin trance”

El Proyecto de Bateson para el estudio de la comunicación existió formalmente hasta el año 1962, pero antes que finalizara esa iniciativa, en el año 1959, parte de los miembros de ese Proyecto fundan el Mental Research Institute (MRI). Wittezaele y García (1994) afirman que es difícil trazar una historia lineal de este Instituto, porque en sus inicios aun estaba enlazado con el Proyecto de Bateson. Según ellos, a contar del año 1962, cuando Bateson se marcha de Palo Alto, el MRI comenzó a desarrollar «un enfoque más exclusivamente terapéutico e [impuso] su originalidad en el medio de la terapia familiar» (p. 229) El MRI fundado en 1959 al interior del Proyecto de Bateson, estando formado por Don Jackson (su director), Jules Riskin y Virginia Satir. En 1960 se incorpora el psicólogo austriaco Paul Watzlawick, luego en 1961 se agrega Hay Haley, y en 1962 se une Richard Fisch al equipo. A fines de 1962 Bateson abandona Palo Alto para trasladarse a realizar investigaciones en las Islas Vírgenes, y en 1963 el MRI se convierte en una institución independiente. En el año 1967, se crea al interior del MRI el Centro de Terapia Breve del MRI, cuyo director es Richard Fisch, el director asistente es John Weakland, y participan también Paul Watzlawick y Arthur Bodin. En ese año Haley abandona el MRI para viajar a Filadelfia a trabajar con Minuchin. En 1968 fallece Don Jackson y Virginia Satir abandona el MRI, para trasladarse a Esalen.

Como puede percatarse el lector esta es una historia un tanto intrincada. Cuando se crea el MRI en 1959, el interés de sus integrantes estaba dedicado a encontrar «conceptos intermedios entre las grandes teorías de Bateson y la práctica de la terapia familiar» (Wittezaele y García, 1994, p. 241) y Bateson sólo participa como consultor en este Instituto. Según Wittezaele y García (1994), el acontecimiento más importante durante el período de transición del MRI es la llegada del joven Paul Watzlawick. Cuando llega a Palo Alto recibe las orientaciones teóricas de Bateson, las técnicas terapéuticas de Jackson e indirectamente las de Erickson (a través de Haley y Weakland). Watzlawick afirma, «Debéis saber que el MRI y el grupo de Bateson formaban dos grupos distintos, no existía el grupo de Palo Alto como tal, sino dos grupos en relación estrecha. ¡Era un lugar tan vivo, con unas ideas tan interesantes! Venía gente de los lugares más lejanos, gente que había oído hablar de nosotros» (Wittezaele y García, 1994, p. 244) Sin embargo no todo es tranquilidad en Palo Alto, entre los años 1965 y 1967, mientras bullía la actividad intelectual entre los miembros del MRI, aumentaban sus conflictos interpersonales y teóricos. Mientras Virginia Satir estaba interesada en algunos aspectos de la terapia familiar, Haley estaba desarrollando sus conceptos relativos a la jerarquía y el poder en la familia, y los restantes miembros estaban interesados en «comprender y formalizar las intervenciones “mágicas” de Jackson y Erickson para convertirlas en instrumentos de trabajo transmisibles.» (Wittezaele y García, 1994, p. 255) (Énfasis añadido)
«Queríamos entrar en la cabeza de ese hombre [Jackson] y saber qué pensaba, de dónde sacaba sus indicaciones. Pero él respondía cosas como: “Es evidente, basta con escuchar la risa de la madre.” Lo que parecía ser también el caso de Erickson, quien explicaba sus intervenciones con unas formulaciones analíticas muy complicadas que no querían decir nada. Así pues comenzamos un proyecto en el que imitábamos a Jackson y a Erickson para ver cómo funcionaba el tratamiento…» (Wittezaele y García, 1994, p. 255)

La pragmática de la comunicación Una de las publicaciones más conocidas del Instituto de Investigaciones Mentales (MRI) es Pragmatics of Human Communication (Pragmática de la Comunicación Humana), que vio la luz en 1967 (Watzlawick, Beavin y Jackson, 1981). Wittezaele y García (1994) indican que los autores consiguieron llevar a cabo una tarea ardua: presentar bajo una forma accesible las ideas principales de la cibernética, la teoría de los sistemas aplicada a la terapia familiar, y las ideas esbozadas por Ruesch y Bateson (1965) sobre la comunicación interpersonal. Si embargo Bateson no estuvo de acuerdo con esa obra. Watzlawick relata,
«[…] yo diría que él tenía una actitud muy ambivalente en lo que concierne al reconocimiento social. Todavía lo escucho diciéndome en 1960 que lamentaba no ser más conocido, pero, al mismo tiempo, se las ingeniaba para publicar siempre en revistas casi confidenciales, ignoradas por el gran público. Por un lado se quejaba de no ser suficientemente conocido y por otro hacía todo para esconderse y hacerse invisible. Su extrema discreción nos ha planteado más de un pequeño problema: cuando mis coautores y yo publicamos Pragmatics of Human Communication, un libro donde intentábamos sintetizar y sistematizar un poco las ideas de los dos grupos, Bateson estaba al principio muy feliz porque nosotros le dedicábamos esa obra, y lo presentábamos como amigo y mentor; sin embargo, luego de publicado el libro, nos reprochó el haber entregado al público una vulgarización prematura de sus ideas. Estos reproches me resultaron muy penosos, porque yo le había hecho llegar a Hawai el manuscrito y me lo había devuelto con comentarios muy elogiosos: me había escrito que nuestro texto reflejaba muy fielmente su pensamiento, especialmente el capítulo sobre la paradoja, que según él era la mejor exposición sobre el tema que había leído hasta el momento. Esto no le impidió un año más tarde cuando le mandé un ejemplar del libro publicado, reprocharme muy enfáticamente que era una vulgaridad prematura de sus ideas. Cuando se lo hice notar: “Pero Gregory, acuérdate de que en tu carta decías que nuestro libro…” él me respondió simplemente: “¡Esa era mi manera de pensar el año pasado!”» (Watzlawick, 1991, p. 42-43

Wittezaele y García (1994) hubieran discrepado con Bateson si hubiesen podido entrevistarlo,
«La obra no es una simple vulgarización de los trabajos de Bateson. Los autores van más lejos y, partiendo de la teoría de la doble coacción, describen la utilización terapéutica de las paradojas pragmáticas de la comunicación. Aunque estas técnicas terapéuticas ya han sido utilizadas por otros (Erickson, Sullivan, Frankl…) ellos consiguen dar una explicación interaccional de las mismas en concordancia completa con sus premisas teóricas. Consiguen pues relacionar la teoría con la práctica y, en esto, puede considerarse que la obra es realmente un jalón capital para la revolución posterior de la terapia sistémica.» (Wittezaele y García, 1994, p. 253)

Terapia breve centrada en la resolución de problemas Los resultados preliminares de las investigaciones clínicas y teóricas del Centro de Terapia Breve del MRI fueron presentados en 1974 en Change, Principles of Problem Formation and Problem Resolution (Watzlawick, Weakland y Fisch, 1976). En el prólogo de ese famoso volumen, los autores escribieron,
«[…] En 1966, uno de nosotros, Richard Fisch, propuso crear lo que, a falta de un nombre más adecuado designamos como centro de psicoterapia breve del Instituto de Investigaciones Mentales de Palo Alto. Bajo su dirección comenzamos a investigar los fenómenos correspondientes al cambio humano y, al hacerlo así, descubrimos muy pronto que ello exigía de nosotros la adopción de nuevos puntos de vista acerca de cuanto hasta entonces habíamos creído, aprendido y practicado. Otro elemento unificador estuvo representado por el hecho de que, desde un principio, hablamos un mismo “lenguaje”. Como investigadores asociados al Instituto de Investigaciones Mentales, todos nosotros contábamos con varios años de experiencia en la investigación de la intercomunicación humana y en psicoterapia interaccional (es decir: referida a la pareja y a la familia), tal como ha sido desarrollada por el Grupo de Palo Alto, bajo la dirección teórica de Gregory Bateson y la dirección clínica de Don D. Jackson. Nos hallamos así acostumbrados a considerar el proceso más bien que el contenido, y el “ahora y aquí” más bien que el pasado. No fue quizá menos importante el hecho de que todos nosotros teníamos una preparación y una experiencia en hipnosis, lo cual no sólo nos hacía sentirnos a gusto en las intervenciones directas, sino que nos puso también en contacto con las innovadoras técnicas de Milton H. Erickson, a quien todos nosotros estamos profundamente agradecidos. Desde el comienzo tuvimos la creencia que aunando nuestros conocimientos seríamos capaces de operacionalizar los intrigantes fenómenos de cambio mencionados anteriormente y de encontrar así nuevas vías para intervenir de un modo eficaz en las situaciones humanas problemáticas.» (Watzlawick, Weakland y Fisch, 1976, p. 14-15).

Erickson escribió en el prefacio de Cambio,
«Habría preferido decir mucho más acerca de este libro de lo que aquí puedo decir. Por desgracia, mi mala salud me lo impide, pero no será obstáculo para decir lo esencial. Multitud de libros y de teorías se han ocupado del modo de cambiar a las gentes, pero, en último término, son los autores de la presente obra los que han considerado seriamente el tema representado por el cambio en si mismo, en el sentido de cómo ello tiene lugar espontáneamente y cómo puede ser promocionado. Yo he intentado comprender esto mismo en mi propia obra y describirlos en mis escritos. […] He considerado mucho de lo que he realizado como una forma de acelerar las corrientes que impulsan al cambio y que maduran ya en la intimidad de la persona y de la familia, pero se trata de corrientes que precisan de lo “inesperado”, lo “ilógico” y lo “súbito” para desembocar en un resultado tangible. De este fenómeno representado por el cambio se ocupa el presente libro, de la naturaleza auténtica y de las modalidades de cambio —aspectos que durante tanto tiempo no han sido tenidos en cuenta en la formulación de teorías acerca de cómo cambiar a las personas. […] Me complace que mi propia obra haya contribuido a las ideas representadas en este libro y me alegro haber tenido la oportunidad de hacer este pequeño comentario acerca del mismo.» (Watzlawick, Weakland y Fisch, 1976, p, 9-10)

En 1974, Weakland, Fisch, Watzlawick y Bodin, describen 11 principios de su enfoque de terapia breve centrado en la resolución de problemas:
1. Es un enfoque orientado al síntoma.

2.

Los problemas son vistos como dificultades de la situación entre las personas –problemas de interacción. Es decir, un modelo que no está basado en la patología. 3. Consideran a los problemas como un resultado primario de las dificultades de la vida cotidiana que han sido mal manejados por los participantes comprometidos. 4. Los cambios de transición en la vida de la familia son considerados como las "dificultades de la vida cotidiana” más comunes e importantes que pueden llevar a problemas. 5. Las dos formas principales en las cuales es probable que se desarrollen "problemas" son: si las personas tratan una dificultad ordinaria como un "problema" o si tratan un dificultad ordinaria (o peor) como no siendo un problema –es decir, ya sea sobre-enfatizando o quitando el énfasis a las dificultades en el vivir. 6. Una vez que la dificultad comienza a ser vista como un "problema", la continuación y, a menudo la exacerbación, de este problema resulta en la creación de un circuito de retroalimentación positiva, centrado muy a menudo alrededor de esos comportamientos de los individuos en el sistema que están intentando resolver la dificultad. La dificultad original se encuentra con una "solución" intentada que intensifica la dificultad original, y así sucesivamente. 7. Ven a los problemas o síntomas de larga duración no como una "cronicidad" de algún defecto básico en el individuo o la familia, ni incluso como un problema que se ha "montado" a través de tiempo, sino como la persistencia de una dificultad manejada en forma deficiente en forma repetitiva. 8. Conciben a la resolución de problemas como una situación que requiere primariamente de la sustitución de pautas de comportamiento para interrumpir los círculos de retroalimentación positiva viciosos. 9. Buscan medios para promover un cambio benéfico que sí funcione, aunque esos remedios parezcan ilógicos. 10. El cambio puede ser efectuado más fácilmente si la meta del cambio es razonablemente pequeña y está claramente establecida. 11. Es un enfoque fundamentalmente pragmático. Las concepciones y las intervenciones están basadas en la observación directa en la situación de tratamiento respecto a qué está ocurriendo en el sistema de interacción humano, cómo continúa funcionando en esas formas, y cómo puede ser alterado más efectivamente.

Según Keeney y Ross (1987), el enfoque del Centro de Terapia Breve del MRI es uno de los abordajes más eficaces de solución de problemas que se hayan conocido hasta esa época. «[…] la meta de la terapia no consiste en modificar la conducta problema ni la conducta solución; la meta es alterar la pauta de interacción […] lo que se tiene que abordar es la relación recursiva entre problemas y soluciones intentadas. Esta relación recursiva es una pauta de interacción.» (Keeney y Ross, 1987, p. 98-99) El tratamiento del Centro de Terapia Breve del MRI (Weakland, Fisch, Watzlawick y Bodin, 1974) se compone de seis fases, a saber: (1) Introducción al encuadre del tratamiento; (2) Interrogatorio y definición del problema; (3) Estimación del comportamiento que mantiene el problema, (4) Diseño de metas de tratamiento; (5) Selección y ejecución de intervenciones conductuales; y (6) Finalización. La intervenciones del MRI que son un refinamiento de las estrategias terapéuticas de Erickson (Haley, 1980a, 1980b) pueden dividirse en dos grandes grupos: aquellas destinadas a modificar el “encuadre” del problema (reestructuración o reencuadre [Watzlawick, Weakland y Fisch, 1976]) y las estrategias dirigidas a cambios en el comportamiento (alteración de las pautas rígidas de las soluciones intentadas que mantienen el problema), las cuales toman la forma de tareas para realizar entre sesiones y que caen en la categoría de las intervenciones paradojales. También se utilizan instrucciones paradojales para manejar el cambio y evitar las recaídas. En la fase del diseño de las intervenciones, proponer tomar en consideración la motivación y características idiosincrásicas de los clientes para la prescripción de tareas (utilización ericksoniana). En el año 1982, Fisch, Weakland y Segal publican The Tactics of Change (Las tácticas del cambio, 1984); volumen que está dedicado a Milton H. Erickson. En el Prefacio a esa obra indican que ella es un complemento de Cambio. Por lo tanto, es un texto mucho más explícito en los aspectos técnicos, ejemplificados a través de análisis de casos. Dan especial énfasis a las “maniobras del terapeuta”, puesto que su enfoque es

estratégico. Asimismo, dedican un capítulo a “la postura del paciente”, en el cual destacan que la influencia terapéutica para el alcance de metas debe adecuarse al estilo de respuesta del cliente; de modo que éste esté dispuesto a llevar a cabo las prescripciones. Erickson y el enfoque interaccional Watzlawick (1982) afirma que Erickson, como terapeuta, fue apartándose paulatinamente desde una epistemología intrapsíquica –la cual tiene una visión monádica de su objeto de estudio (el individuo) y que supone que la curación psicológica proviene del insight– para acercarse a una postura en la cual tomaba más en consideración los contextos sociales en donde se da el comportamiento humano. Sin embargo, mucho antes que los teóricos se interesaran en la visión sistémica, Erickson ya había descubierto cómo la familia del cliente puede favorecer u obstaculizar el cambio. Los aportes de Erickson al Centro de Terapia Breve del MRI son justamente aquellos aspectos de su trabajo que resaltan su pensamiento sistémico; es decir, que toman en consideración al individuo y su sistema de interacciones. Watzlawick (1982) describe las siguientes características de la terapia de Erickson que ellos usaron en su propio enfoque: (a) Los diferentes usos del lenguaje prespriptivo o inyuctivo.
El lenguaje de la indirección de Erickson puede ser considerado como mandatos para inducir disposición a responder a las señales mínimas del terapeuta (disposición involuntaria a cooperar) (Zeig, 1987). «Si dentro del marco de la hipnosis se le dice al paciente que eleve su brazo derecho y él simplemente lo levanta, es respuesta no es necesariamente hipnosis. Sin embargo, si el terapeuta le dice, “Me gustaría que de verdad se dé cuenta en una forma que sea edificante [uplifting] que la hipnosis es realmente una experiencia adecuada [rigth] para usted en una forma que pueda encontrar manejable [handly]”, y después el paciente eleva su brazo derecho, eso es considerado una respuesta hipnótica. En forma alternativa, si el terapeuta dice, “En hipnosis me gustaría que usted realmente comprendiera que puede encontrarse yendo [head down] a un cómodo estado”, y el paciente mueve su cabeza hacia abajo en una respuesta disociativa (automática) al mandato implicado, eso es juzgado como hipnosis» (Zeig, 1987, p. 394)

(b) El principio de la utilización ericksoniana: «Use [todo] lo que el paciente trae» (Watzlawick, 1992, p. 150)
«Erickson nos enseñó […] a aprender el lenguaje del paciente y a usarlo para facilitar la tarea de hacer que las personas se comportaran en una forma diferente.» (Watzlawick, 1982, p. 150)

(c) El uso de prescripciones acerca del comportamiento abierto de los pacientes, para lograr cambios en las pautas de interacción que mantienen el problema; y no malgastar el tiempo en especulaciones acerca de los diferentes cursos de acción del tratamiento, como ocurre en las líneas más ortodoxas de la explicación y la interpretación al servicio de la producción de insight.
(d)

Sus enseñanzas acerca de la evitación de la resistencia al elegir la forma de sugestión e intervención más apropiada al cliente, así como también su hábil uso de la resistencia para promover un cambio rápido. Watzlawick (1982) destaca entre este tipo de intervenciones a la “ilusión de alternativas” terapéuticas. Ésta consiste en la entrega de dos opciones de comportamiento entre los cuales elegir; pero esa elección es ilusoria, pues ambas opciones corresponden a sólo un aspecto de un par de opuestos. «La ilusión de alternativas se rompe, pues, en el instante en el que se adquiere consciencia del par opuesto de orden superior» (Watzlawick, 1980, p. 99) «La elegancia de la ilusión de alternativas descansa en el hecho que a través de ella se coloca una desviación al servicio de su propia corrección» (Watzlawick, 1982, p. 152)

(e) El uso que hacía Erickson de las historias, los juegos de palabras, los chistes y las metáforas. «Lo que Erickson parece haber captado en forma intuitiva, mucho antes que los investigadores del cerebro postularan la teoría de la asimetría del cerebro humano, fue que las formas de lenguaje denominadas del hemisferio derecho, tiene lejos mayor potencial que la brillantez de las explicaciones e interpretaciones del hemisferio izquierdo.» (Watzlawick, 1982, p. 153) (f) El cambio en el foco de la atención del paciente que se logra a través de la hipnosis. «[…] cualquier sugestión exitosa coloca la realidad de nuestros pacientes en un marco conceptual y emocional diferente. Esta es la técnica del reencuadre que puede ser exitosamente transplantada desde la hipnosis a los estados de interacción sin trance.» (Watzlawick, 1982, p. 153) “Hipnoterapia sin trance” Tendrá que transcurrir casi una década desde la publicación de Tácticas del cambio, para que Watzlawick y Nardone describan en forma explícita en L’ arte del cambiamento (El arte del cambio) (Nardone y Watzlawick, 1992), cómo se lleva a cabo la “hipnoterapia sin trance” a la cual ha hecho referencia en forma insistente Watzlawick. Nardone y Watzlawick se refieren en los siguientes términos a la “hipnoterapia sin trance”:
«[…] antes de exponer directamente los procedimientos terapéuticos, es fundamental aclarar también que su eficacia depende, además de su validez específica para sintomatologías o problemas particulares, sobre todo el influjo personal o el carisma del terapeuta. Es éste un factor que, a nuestro entender, es determinante en terapia. En otras palabras, la eficacia de una estrategia depende mucho del marco de sugestión con que se le presenta al paciente para inducirlo a una gran, y a veces involuntaria, colaboración terapéutica, esto es, a una predisposición para el cambio. Para crear ese ambiente de sugestión y carisma, el terapeuta ha de aprender a utilizar todo aquello a lo cual nos hemos referido […] con los conceptos de “lenguaje imperativo” […] Este tipo de comunicación terapéutica, cuya mejor lección ha sido el enfoque hipnótico de la terapia hecho por Erickson, constituye una de las prerrogativas fundamentales de la terapia estratégica. Esta particular forma sugestiva de comunicativa es lo que definimos como hipnoterapia sin trance. Recurriendo deliberadamente a ella, el terapeuta asume, en provecho del paciente, la responsabilidad de utilizar los procedimientos eficaces y eficientes de sugestión hipnótica para influir en la situación problemática presentada y cambiarla rápidamente.» (Nardone y Watzlawick, 1992, p. 84-85)

Los elementos “lingüísticos ericksonianos” que constituyen la “hipnoterapia sin trance” son descritos por Nardone y Watzlawick (1992) y por Nardone (1997) como los siguientes: (1) Aprender a hablar el lenguaje del paciente: Bandler y Grinder (1975), Gilligan (1987) y Yapko (1990) denominan a esta estrategia matching (calcado); es decir, el terapeuta “espeja” no sólo los vocablos del cliente, sino que también sus entonaciones e incluso el lenguaje no verbal (biorapport). Esta estrategia promueve una atmósfera de cercanía y calidez, a la vez que ¿cómo podría estar en desacuerdo el cliente con su terapeuta, si éste está comunicándose con él en un modo que le es familiar? Desde el punto de vista de Erickson y Rossi (1979), esta estrategia promueve una “tendencia al sí” (yes set), es decir, una tendencia a aceptar lo que el terapeuta está diciéndole. Nardone (1997) va más allá del sólo uso de los vocablos del cliente, sino que propone que el terapeuta se percate acerca del modo en que éste estructura su discurso, y utilice la misma estructura para formular sus intervenciones.

Nardone y Watzlawick (1992) indican que el terapeuta deberá actuar esta estrategia con naturalidad, para que no parezca una maniobra artificiosa que podría generar resistencia.
(2)

Reestructuración: «Las reestructuraciones pueden ser actos comunicativos puramente verbales, o también determinadas acciones del terapeuta que conduzcan a la persona a un desplazamiento de la perspectiva. […] La reestructuración puede tener diversos niveles de complejidad, que abarcan desde simples redefiniciones cognoscitivas de una idea o de un comportamiento, hasta complicadas reestructuraciones paradójicas, pasando por el uso de metáforas y sugestiones evocativas.» (Nardone y Watzlawick, 1992, p. 90) Evitar las formas lingüísticas negativas: Nardone y Watzlawick (1992) afirman que se ha colocado en evidencia que los enunciados negativos respecto a la conducta o las ideas del cliente tienden a culpabilizarlo y a evocar, por tanto, reacciones de rigidez y rechazo. Este es un principio que también se utiliza en la inducción de trance hipnótico. Watzlawick (1980) indica que al lenguaje figurado le falta la sintaxis muy lógica del lenguaje digital, de modo que es muy difícil comunicar la negación. Además de la hipnosis, agrega Watzlawick, todo mandato es más eficaz si se expresa en términos positivos. Nardone y Watzlawick (1992) entregan el siguiente ejemplo para ejemplificar este principio:
«[…] ante unos padres extremadamente hiperprotectores, que con sus cuidados familiares castradores no han hecho más que llevar al hijo a la inseguridad y a la fragilidad psicológica, la maniobra del terapeuta ha de consistir en felicitarles y darles satisfacción por los grandes esfuerzos que han hecho al ocuparse de un hijo tan problemático y por los grandes sacrificios vividos para protegerlo de tantos posibles peligros que ofrece el mundo. “Y así como hasta ahora lo habéis hecho, de ahora en adelante lo haréis todavía mejor y tengo la certeza de que sabréis hallar la manera de que él asuma ahora su responsabilidad.” Y aquí el terapeuta prescribirá acciones y comportamientos claramente contrarios a la conducta precedente de los padres. […] En este ejemplo, el procedimiento terapéutico mezcla tres técnicas diversas: la evitación de las formas negativas, la reestructuración y la prescripción. Por lo común, esta maniobra produce participación y colaboración orientadas al cambio, aun en sujetos sumamente desconfiados o entumecidos en sus posiciones, y sobre todo no provoca reacciones negativas provenientes de la culpabilización del paciente con relación a sus propias acciones.» (p. 94-95)

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Paradojas y comunicación paradójica: «La paradoja […] es un tipo de trampa lógica en la que tropieza toda la lógica racionalista clásica. […] Aplicada al específico contexto terapéutico, la paradoja posee la propiedad de desquiciar los círculos viciosos y recurrentes de “soluciones” ensayadas que el paciente presenta en forma obstinada, por la simple razón que pone en crisis el sistema preexistente de percepciones de la realidad y reacciones ante ella.» (Nardone y Watzlawick, 1992, p. 96) Uso de la resistencia: Erickson fue un maestro en la utilización de la “resistencia” de sus sujetos para cooperar en la inducción hipnótica (Erickson, 1964/1980b; Erickson y Rossi, 1979), y para que cooperaran con la terapia. En lugar de interpretarla o luchar contra ella, la aceptaba e incluso la estimulaba. «Se procede creando un “doble vínculo” terapéutico [Erickson y Rossi, 1975/1980; Erickson, 1980e; Rossi y

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Jichaku, 1992] que se manifiesta colocando al paciente en una situación paradójica, en la que su resistencia, o su rigidez para con el terapeuta, llegue a ser una prescripción y sus reacciones un avance en la terapia. De modo que la función prioritaria de la resistencia queda anulada mientras se utiliza su fuerza para promover el cambio; la resistencia prescrita, de hecho, deja de ser resistencia y se convierte en cumplimiento.» (Nardone y Watzlawick, 1992, p. 100-101)
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Uso de anécdotas, relatos y lenguaje metafórico: «Esta estrategia comunicativa posee la prerrogativa de permitir la comunicación de mensajes aprovechando la forma indirecta de la proyección e identificación que, por lo común, una persona pone en práctica ante los personajes y las diversas situaciones del relato.» (Nardone y Watzlawick, 1992, p, 102) Esta modalidad de comunicación minimiza la resistencia, ya que el mensaje no es entregado en forma directa (Lankton y Lankton, 1983; Nardone y Watzlawick, 1992; Zeig, 1985), sino que inicia una búsqueda inconsciente de significado (Erickson y Rossi, 1979).

Desde la perspectiva de nuestro análisis, estamos en condiciones de afirmar aquí, que desde el punto de vista del legado de Erickson a la terapia actual, le corresponde al Centro de Terapia Breve del MRI el mérito de haber extraído las pautas generales del trabajo hipnótico sin “inducción de trance” de Erickson y haberlas colocado a la disposición de cualquier terapeuta que esté realmente interesado en una terapia breve en un ámbito interaccional. Los miembros del Instituto de Investigaciones Mentales y del Centro de Terapia Breve del MRI no solamente han ayudado a sacar a la “hipnosis” del campo de lo que se considera marginal en psicoterapia (Haley, 1997), al resaltar sus aspectos interaccionales (comunicacionales), sino que también han ayudado a desentrañar las pautas de la “magia” para influenciar la experiencia de otras personas de ese “genio loco” que fue Erickson. Su trabajo de sistematización refuerza la posición de Erickson que el aura de influencia hipnótica no descansa en los poderes personales del terapeuta que impone sobre el paciente, sino que es un proceso de co-construcción de una nueva realidad a través del uso hábil de la observación y el lenguaje.
Notas: «Jackson apreció tanto esta colaboración con Bateson [al interior del Proyecto de Bateson para el estudio de la comunicación] que, cuando en 1959 fundó el Mental Research Institute (MRI), él propuso a Gregory integrar su grupo en ese instituto. Bateson no aceptó, primero, porque deseaba mantener su independencia y, además, porque los métodos de Jackson le provocaban los mismos sentimientos ambivalentes que los de Erickson. Sus reticencias nuevamente tenían que ver con la cuestión de influir, de ejercer poder sobre otra persona.» (Watzlawick, 1991, p. 39-40) «Bateson conoció a Erickson por razones profesionales al volver de su viaje a Bali; él quería informarse sobre los fenómenos de hipnosis y trance que había observado durante algunas danzas rituales realizadas en los templos balineses y para esto fue a ver a Erickson, que era un hipnoterapeuta muy conocido. A partir de allí tuvo con él una relación muy ambivalente: como ustedes saben, Bateson detestaba profundamente toda forma de influencia y, en particular, toda forma de poder, y, a pesar de que lo impactó el éxito de Erickson, el uso sutil de la sugestión en el que se apoyaban sus resultados le molestaba. Muchas veces yo le decía: “Pero al fin y al cabo, ¿qué es lo que quieres, Gregory? El acto de ayudar debe ser un acto de influencia, es más, no puede dejar de serlo”, pero nunca pude lograr que me contestara esa pregunta.» (Watzlawick, 1991, p. 37-38) (MPL) Recuerdo lo difícil que fue para mí comenzar a comprender los conceptos vertidos en esa obra cuando tuve la suerte de estudiarla en el último año de mi formación universitaria como psicólogo en 1981. Hasta esa fecha mi formación estaba sólo encuadrada en la psicología experimental de tradición skinneriana y las metodologías de estudio de las “ciencias duras”, y mis aproximaciones a la psicoterapia correspondían a la terapia humanista de Rogers y Perls, y algo de terapia conductual. Sin embargo, veinte años después, después de casi una década de docencia universitaria, aun sigo encontrando que los alumnos avanzados y los psicólogos jóvenes no logran conectar esas ideas del MRI que han estudiado en la asignatura de “Comunicación” con la psicoterapia.

En “Brief Therapy: Problem Resolution Focused” (Weakland, Fisch, Watzalwick and Bodin, 1974) indican en una nota a pie de página: «El trabajo de Jay Haley ha sido valioso al hacer más explícito los principios y prácticas de Erickson, así como también el suministro de ideas del propio trabajo de Haley en terapia familiar y tratamiento breve.» Se sugiere revisar el volumen de Keeney y Ross (1987) para una lectura cibernética del enfoque del Centro de Terapia Breve del MRI. El volumen de Cade y O’Hanlon (1995) es una excelente sistematización de estrategias terapéuticas en terapia breve. “Inyungir” = Prevenir, mandar, imponer. (Diccionario de la Real Academia Española, Vigésima Primera Edición, 1992) Juego de palabras intraducible al castellano en el sentido que le está dando Zeig. Desde el punto de vista lingüístico, el idioma inglés, debido a la abundancia de homófonos (característica que no posee el castellano), se prestó muy adecuadamente para el lenguaje indirecto de Erickson, en lo que respecto a su uso de juego de palabras y chistes. La cual fue observada por Weakland y Jackson en su vertiente patológica en la comunicación de familias de esquizofrénicos. (Watzlawick, 1980) Es paradojal que en ningún volumen de los discípulos de Erickson se encuentre un análisis estratégico de los métodos de influencia de ese terapeuta. En general han hecho énfasis a los “procesos del inconscientes”, pasando por alto las consecuencias pragmáticas de esas “técnicas”. «[…] se puede decir que toda terapia consiste en operar cambios en aquellas modalidades por cuyo medio las personas han construido su realidad segundo orden (realidad respecto de la cual están totalmente convencidos que es la única verdadera). En la terapia tradicional, se intenta llegar a este resultado mediante el uso del lenguaje indicativo, esto es, el lenguaje de la descripción, de la explicación, de la confrontación y demás. Este es el lenguaje de la ciencia clásica y de la causalidad lineal. No obstante, este lenguaje no se presta bien a la descripción de los fenómenos no lineales, sistémicos; y aun se presta menos a la comunicación de nuevas experiencias y percepciones, para las que el pasado no proporciona posibilidad de comprensión y que se encuentra más allá de la construcción de la realidad de una persona determinada. ¿Y qué otro lenguaje existe? La respuesta nos la da, por ejemplo, George Spencer Brown en su libro Leyes de la forma, en el que, casi entre líneas define el concepto de lenguaje imperativo. “[…] En este sentido se puede establecer una comparación con las ‘artes’ prácticas, como la cocina, en la que el gusto de un dulce, aunque indescifrable en palabras, puede ser comunicado al lector en forma de un conjunto de instrucciones que se denomina receta […]” En otras palabras, si logramos motivar a alguien a que emprenda una acción, por si misma siempre posible, pero que alguien no ha llevado a cabo porque en su realidad de segundo orden no veía ni sentido ni razón en cumplirla, entonces a través de la misma realización de esta acción experimentará algo que nunca explicación o interpretación alguna habría podido inducirlo a ver o experimentar. Y con esto hemos llegado a Heinz von Foerster y a su imperativo: Si quieres aprender, aprende a obrar. […] Para quien conozca la labor de Milton Erickson, el concepto de lenguaje imperativo, si ya no es la misma designación, no representa nada nuevo. En la segunda mitad de su carrera profesional, Erickson utilizó cada vez más, en orden a lograr un cambio terapéutico, las prescripciones de comportamiento directo al margen de los estados de trance.» (Nardone y Watzlawick, 1992, p. 25-27) Y que se relacionan directamente con las inducciones naturalistas de trance hipnótico.

Capítulo 8: El estudio de las pautas lingüísticas en la terapia hipnótica de Erickson: La Programación Neurolingüística

Bandler y Grinder publicaron en 1975 un volumen acerca del análisis de las pautas lingüísticas del trabajo hipnótico de Erickson (Patterns of the Hypnotic Techniques of Milton H. Erickson, M.D.), con el objetivo de crear un mapa de de esas pautas, de modo que otras personas pudieran aprenderlas y usarlas. Esos autores usaron la gramática transformacional para estudiar el lenguaje utilizado por Erickson en la inducción de trance hipnótico, a la vez que analizaron algunas de sus pautas más generales. Ellos descubrieron que en las inducciones de trance de Erickson aparecían las siguientes pautas: «(1) Acompañar [pacing] y distraer el hemisferio dominante (lenguaje); (2) Utilización del hemisferio dominante, procesamiento lingüístico que ocurre por debajo del nivel de percatarse consciente; (3) Acceso del hemisferio no dominante.» (Bandler y Grinder, 1975, p. 13) El acompañamiento verbal consiste en describir el comportamiento observable del cliente, y en la descripción de la experiencia no observable de éste. «En el proceso de acompañamiento, el hipnotista se está transformando a si mismo en un sofisticado mecanismo de retroalimentación […] el hipnotista puede usar su propia postura y movimientos corporales, su propia tonalidad y tempo como mecanismos de acompañamiento. Erickson adopta con frecuencia la tonalidad, la sintaxis y el tempo del habla del cliente, acomodará su propia postura corporal, el ritmo respiratorio y los gestos para hacer juego [matching] con los del cliente. De este modo, el cliente siente su propia respiración, la elevación y el descenso de su pecho, y simultáneamente ve a Erickson moverse al mismo ritmo. Erickson extiende esos principios en todas las formas. No solamente hace que su respiración haga juego con la del cliente, sino que su tono de voz haga juego con la respiración del cliente o su pulso, al observar cómo se expanden o contraen las venas de éste. Usará palabras y frases que ha escuchado usar al cliente e inflexiones de la voz usadas tonalmente por el cliente. En esencia, hace de sus propios canales de output un mecanismo de retroalimentación que hará juego con la experiencia subjetiva del cliente, en los niveles consciente e inconsciente. Rara vez los clientes son conscientes de las complejas formas en que Erickson está acompañándolos. Esta falta de percatarse de parte del cliente parece ser un ingrediente esencial en la rápida y efectiva inducción de trance.» (Bandler y Grinder, 1975, p. 16-17) (Énfasis añadido) Más adelante en ese volumen, esos autores analizaron el lenguaje usado por Erickson para distraer y/o utilizar la mente consciente, y que se usa conjuntamente con el acompañamiento. El objetivo de ese lenguaje tiene como objetivo guiar al cliente hacia una realidad deseada por el terapeuta (Bandler y Grinder, 1975; O’Hanlon, 1989). Advirtieron las siguientes pautas lingüísticas:

a)

Uso de la conjunción; conectivos “y”, “pero”: Está escuchando el sonido de mi voz y está relajándose más y más [You are listening to the sound of my voice] [and] [you are relaxing more and more] Está sentado en la silla trance [You are sitting in the chair] trance] y está entrando profundamente en are drifting deeper into

[and] [You

b)

Uso de causativos implicados; conectivos “cuando”, “mientras”, “a medida que”, “durante”, “antes”, “después”. Sus ojos se colocarán más pesados mientras escucha el sonido de mi voz [Your eyelids will grow heavy] [while] [You listen to the sound of my voice] Sus ojos se colocarán más pesados mi voz [Your eyelids will grow heavy] my voice] a medida que [as] escucha el sonido de

[You listen to the sound of

c)

Uso de causa y efecto: “hará que”, “ocasiona que”, etc. Al mirar ese pisapapeles sus ojos se volverán más pesados [Staring at that paperweight] [Your eyelids become heavy] Al escuchar el sonido de mi voz se relajará más y más [Listening to the sound of my voice] [You relax more and more] Estas pautas pueden hacerse más complejas cuando se introduce la negación: No será capaz de mantener los ojos abiertos a medida que sienta el peso de ellos… [You won’t be able to sep your eyelids open] [as] [you feel their weight…] No hablar es facilita no escuchar ningún sonido, excepto el de mi voz [Not talking] [makes it so easy] [To not listen to any sound but my voice]

Con el objetivo de la inducción de trance y facilitar la involucración experiencial del cliente, Erickson usaba también las siguientes pautas lingüísticas: a) Indices referenciales generalizados: Son fases vagas a las cuales les falta el pronombre, de modo que el oyente se ve obligado a otorgarle un significado (“búsqueda transderivacional”, en el lenguaje de Bandler y Grinder): “… algunas ideas interesantes de alguien de otra época…” (O’Hanlon, 1989, p. 150)
b)

Supresiones gramaticales y agramaticales: Son frases en las cuales se han suprimido pronombres que obligan al oyente a establecer la relación entre la representación lingüística completa (estructura profunda) y la frase escuchada (estructura de superficie). Bandler y Grinder (1975) indican que Erickson usaba dos tipos de supresiones: Supresión gramatical, que resulta en una frase de

estructura de superficie bien formada en inglés; y Supresiones agramaticales, en las cuales la estructura de superficie no es una frase bien formada en inglés. Este proceso fuerza al oyente a otorgarles el significado completo. Ejemplos de supresiones agramaticales son los siguientes: y usted se dará totalmente cuenta que usted… [and you fully realize so well that you…] y está muy claro que usted quiere y necesita… [and so clearly you want and need…] Yo querré decirle pronto… [I will want soon to tell you…]
c)

Nominalizaciones: Sirven como una herramienta del hipnotista para sobrecargar al hemisferio dominante, al requerir una codificación compleja. Se construyen a través de la supresión total de algún índice referencial y estimulan una activa búsqueda de significados. Según Bandler y Grinder, permiten que el cliente dé sus propios significados a partir de su modelo de mundo, de acuerdo a sus propias necesidades. La satisfacción de permitir a su mente inconsciente comunicarse… [The satisfaction of allowing your unconscious mind to communicate] Las profundidades del estado de trance… [The depths of the trance state] A medida que la presencia de la relajación y la curiosidad… [As the presence of relaxation and curiosity]

d)

Restricción de selección: Es una clase de estructuras de superficie denominadas “metáforas”. Son una violación del significado bien formado como es comprendido por los nativos de una lengua. Por ejemplo la alusión que hace Erickson a una semilla de tomate: «Oh sí, Joe, crecí en una granja, pienso que una semilla de tomate es una cosa maravillosa, piense, Joe, piense en esa pequeña semilla ahí que duerme tan descansadamente, tan cómoda una bella planta…» [Oh yes, Joe, I grew up on a farm, I think a tomato seed is a wonderful thing, think, Joe, think in that little seed there does sleep so restfully, so comfortably] (Bandler y Grinder, 1975, p. 37) Ambigüedad: Erickson usaba diversos tipos de ambigüedad para promover la búsqueda inconsciente de significados en sus sujetos experimentales y clientes.

e)

Otras pautas utilizadas también por Erickson eran los mandatos entrelazados [imbedded]; que son formas lingüísticas para construir un potencial de respuesta en el cliente al utilizar los procesos del hemisferio dominante (Bandler y Grinder, 1975). Esos autores describieron dos tipos de mandatos enclavados: a) Las preguntas entrelazadas: que sirven al propósito de construir un potencial de respuesta al proponerle preguntas al cliente sin permitirle una respuesta abierta. «A menudo son presuposiciones de otros mandatos y sirven para distraer al hemisferio dominante al tener que usarse el diálogo interno para responder a la pregunta, o intentar responder a las preguntas, o incluso imaginarse cual debiera ser la respuesta a las preguntas, o incluso, más aun, si pudiera responderse a las preguntas, aunque una pregunta no puede ser respondida realmente.» (Bandler y Grinder, 1975, p. 171) Algunos ejemplos:

Me pregunto si usted sabe cuál mano se elevará primero [I wonder whether you know which hand will rise first] No sé si usted sabe si entrará en trance o no [I don’t know if you know whether or not you’re going into a trance]
b)

Los mandatos entrelazados: Son mandatos a través de los cuales se hacen sugerencias indirectas, lo cual disminuye la probabilidad que el cliente se resista a ellos. Mi madre me dice a menudo Fred, respire profunda y lentamente. [My mother often tells me to Fred, breathe deeply and slowly.] Otro tipo de mandato enclavado, son los mandatos entrelazados indirectos, que obviamente son menos resistidos. El significado es muy difícil de comprender; qué significa cuando alguien dice, no se mueva o no hable. Qué quieren decir cuando dicen, cierre sus ojos AHORA. Qué quieren decir cuando dice, Cuente hacia atrás en silencio, de 20 a 1. [Meaning is so difficult to understand; what does it mean when someone says, don’t move or don’t talk. What do they mean when they say, shut your eyes NOW. What do they mean when they say, Count backwards silently from 20 to 1.] (Bandler y Grinder, 1975, p. 174)

En el año 1977, Grinder, Delozier y Bandler, publicaron el volumen 2 de Patterns of the Hypnotic Techniques of Milton H. Erickson, M.D. En esa obra, los autores introducen su modelo de los sistemas representacionales de la experiencia humana: sistemas Visual, Kinestésico, Auditivo Tonal y Olfatorio; distinguiendo experiencias sensoriales externas (e) e internas (i), dependiendo del foco de atención del sujeto. Con estas nuevas herramientas de análisis, proceden como en el volumen anterior a realizar esa lectura de transcripciones de trance hipnótico de Erickson. Finalizan ese volumen con una extensa transcripción de un trabajo de Erickson con hipnosis, destacando tres niveles de análisis: (1) las pautas verbales descritas en el volumen I; (2) las pautas para extraer y utilizar las propias experiencias pasadas del cliente, en donde las pautas verbales se emplean para la “búsqueda transderivacional”; y (3) la utilización de los sistemas representacionales. Posteriormente, en 1981, Grinder y Bandler publican Trance-Formations, un volumen que transcribe un taller dictado por los autores. En ese texto enseñan en forma práctica cómo inducir trance hipnótico según el estilo de Erickson, a través de una metodología que hace uso de las pautas estudiadas en los dos volúmenes anteriores. Esta obra es un real aporte, puesto que por primera vez podía aprenderse en forma sencilla esas estrategias que parecían tan complejas. Los autores enseñan a través de ejercicios guiados los siguientes tipos de inducciones de trance: a) Acompañar y dirigir verbal; b) Acompañar y dirigir no verbal; c) Sobreposición de sistemas representacionales; estrategia consistente en acompañar al sujeto en su sistema representacional predominante y llevarlo paulatinamente a otros sistemas representacionales menos usados por la persona. d) Acceso a estados de trance previos. Algunas de las técnicas terapéuticas descritas por ellos, y que forman la base de la Programación Neurolingüística, también están basadas en elementos del trabajo de

Erickson con hipnotismo. Sin embargo, este trabajo pionero de los creadores de la Programación Neurolingüística abarca una porción mínima del enfoque de Erickson, y es evidente que no basta solamente con aprender a inducir trance hipnótico para efectuar psicoterapia, éste es un recurso que debe tener un propósito. Los acercamientos “hipnóticos” analizados por Grinder y Bandler dejan fuera aquellos acercamientos de utilización más sofisticados de Erickson cuyo propósito era convertir la “resistencia” en cooperación, y que no solamente se aplican en la “inducción de trance” sino que en el diseño de todo el proceso de psicoterapia. El análisis de las pautas lingüísticas de Erickson efectuadas por estos investigadores es un análisis de tipo molecular que sirve para desentrañar parte de los “secretos” básicos de Erickson; pero cuya aplicación aislada difícilmente podría servir para la construcción de una “terapia ericksoniana” que busca la modificación de las pautas que mantienen el problema presentado. Respecto a lo que ocurrió con este trabajo inicial de Grinder y Bandler, Miller, Duncan y Hubble (1999) han escrito lo siguiente:
«[…] considérese lo que sucedió con la conceptualización revolucionaria del trabajo de Milton Erickson realizada por Richard Bandler y John Grinder. Rápidamente fue vista como un producto terminado, esta visión pionera fue transformada en una estrtuctura monolítica de procedimientos rígidos, extensos entrenamientos, y un proceso de certificación que en muchas formas era la antítesis del estilo fluido de Erickson. Como sucedió en el movimiento de la Programación Neurolingüística (PNL), ¡la estructura se igualó a y realmente reemplaza a la idea revolucionaria que comenzó todo el proceso por primera vez! Cuando esto sucede, el paradigma se ha convertido en ortodoxia.» (p. 74)
Notas: Desde el punto de vista de las Microdinámicas de la Inducción de trance y la sugestión terapéutica descritas por Erickson, Rossi y Rossi (1976), las maniobras descritas por Bandler y Grinder tienen como objetivo la fijación de la atención del cliente. Algunas estas preguntas están construidas de tal modo, que se solicita una respuesta consciente para un fenómeno que solamente puede ser inconsciente. Por ejemplo, “¿cuál dedo se elevará por si mismo para indicar que usted ya está preparado para entrar en trance?” Lo cual confunde enormemente al oyente; de modo que si se mueve un dedo por si sólo, los esquemas conscientes estarán tan debilitados, que con probabilidad seguirá cualquier indicación del terapeuta. (Erickson y Rossi, 1979)

Capítulo 9: El Enfoque Orientado a la Solución de Milwaukee y Erickson
El trabajo del Centro de Terapia Familiar Breve de Milwaukee, fundado en 1978 y liderado por Steve de Shazer, está relacionado con la forma en que Erickson concebía la psicoterapia. Este enfoque de terapia breve estuvo influido en sus inicios por las ideas de Gregory Bateson, el trabajo del Centro de Terapia Breve del MRI (Ochoa, 1995), y Erickson. De Shazer (1991) afirma que la historia de la terapia breve puede rastrearse hasta la publicación del artículo “Special Techniques of Hypnotherapy” de Erickson (1954a/1980d); y en la historia del grupo de Milwaukee, sus primeras aproximaciones al trabajo en terapia breve provienen de la aplicación y sistematización de algunas de las estrategias desarrolladas por Erickson. Asimismo, y cómo veremos más abajo, algunas de las estrategias propuestas por este modelo en el abordaje terapéutico implican un revisitar, a través del diálogo terapéutico, algunas ideas centrales y estrategias en el enfoque de Erickson. En 1986, de Shazer y sus colaboradores publican el artículo denominado “Terapia BreveCapítulo 1: Milton H: Centrada en el desarrollo de soluciones”, en donde exponen en forma sucinta los principios básicos de su enfoque, los cuales, afirman, están en relación con los conceptos del Centro de Terapia Breve del MRI. Estos principios básicos son los siguientes: 1. «La mayoría de las quejas se desarrollan y son mantenidas en el contexto de la interacción humana. Los individuos traen consigo sus cualidades únicas, recursos, limitaciones, creencias, valores, experiencias, y a veces dificultades; y continuamente aprenden y desarrollan diferentes maneras de interactuar con cada uno de los otros. Las soluciones consisten en cambiar las interacciones en el contexto de las restricciones de esa situación única.» 2. «La tarea de la terapia breve es ayudar a los clientes a hacer algo diferente, cambiando su conducta interaccional y/o su interpretación de las conductas y situaciones, de tal manera que pueda ser alcanzada una solución (una resolución de su queja).» 3. La denominada “resistencia” a la terapia no es vista como “resistencia” (impedimento), sino que como un estilo particular de cooperar del cliente (“cooperancia” [de Shazer, 1984]) que debe ser tomado en consideración por el terapeuta para estructurar el tratamiento (utilización terapéutica). «Actualmente, la llave que nosotros inventamos para promover cooperación es bastante simple: Primero conectamos el presente con el futuro (ignorando el pasado, excepto el pasado exitoso), entonces les pedimos a los clientes que piensen acerca de lo que ya están haciendo que pueda ser útil y/o bueno para ellos, y entonces –una vez que lo saben, nosotros estamos de su lado– podemos hacer una sugerencia de algo nuevo que ellos podrían hacer y que es, o al menos podría ser, bueno para ellos.» 4. «Cualquier conducta puede ser vista desde una multitud de puntos de vista, y el significado que es dado a la conducta (o secuencia de conductas) depende de la construcción o interpretación del observador», de modo que si cambia la interpretación del problema, éste puede dejar de ser un problema. 5. «Solo es necesario un pequeño cambio. Por lo tanto, solo es necesaria una meta pequeña y razonable. […] Inversamente, parece que mientras más

6.

7.

grande sea la meta o el cambio deseado, más duro será establecer una relación de cooperación y es más probable que el terapeuta y el cliente fracasen.» «Cambios en una parte del sistema conducen a cambios en el sistema como un todo. Por lo tanto, el número de personas que está exitosamente construyendo el problema y la solución, no importan necesariamente.» «La terapia efectiva puede ser hecha aún cuando el terapeuta no pueda describir acerca de lo que el cliente está quejándose. Básicamente, todos los terapeutas y clientes necesitan saber: “¿Cómo sabremos cuando el problema esté resuelto?” […] Los detalles de las quejas de los clientes y una explicación de cómo el problema es mantenido puede ser útil para el terapeuta y el cliente, para construir rapport y construir intervenciones. Pero, para que un mensaje de intervención se ajuste exitosamente, no es necesario tener una descripción detallada de la queja. Ni siquiera es necesario construir una explicación rigurosa de cómo el problema es mantenido.»

Así como los miembros del Centro de Terapia Breve del MRI distinguen “dificultades” y “problemas”, De Shazer y sus colaboradores (1986) distinguen entre “dificultades”, “quejas” y “soluciones”:

«Dificultades son una maldita cosa después de otra en la vida cotidiana, que los clientes frecuentemente llaman “problemas”. Estas incluyen, pero no están limitadas a eso, tales cosas como el auto no arranca, un jarro no abre, un marido y su esposa discutiendo ahora y entonces, y un niño mojando la cama. Quejas consisten en una dificultad y en intentos infructuosos que se hacen recurrentes por superar esa dificultad, y/o una dificultad más la percepción de parte del cliente que la situación está estática y nada está cambiando; esto es, una maldita cosa después de otra se convierte en la misma maldita cosa una y otra vez. Soluciones son los cambios perceptuales o conductuales que el terapeuta y el cliente construyen para alterar la dificultad, la forma ineficaz de superar la dificultad, y/o son la construcción de una manera de ver alternativa aceptable que habilita al cliente para experimentar la situación de queja de manera diferente. Algunas soluciones se desarrollan a través de la resolución de un problema (esto es, la queja del cliente más la visión del terapeuta de la queja, la que incluye soluciones potenciales) construido; otras soluciones se desarrollan a través de la construcción de futuros alternativos que no incluyen la queja.»

En términos generales, la terapia breve del Centro de Terapia Familiar Breve de Milwaukee tiene como objetivo la ampliación de «los aspectos satisfactorios del funcionamiento de los clientes en el área del problema y fuera del mismo, es decir, en ampliar las soluciones eficaces y resaltar aquello que es satisfactorio en la vida de los individuos y familias.» (Ochoa, 1995, p. 109) En este enfoque, se considera al cliente como el mejor experto en si mismo (DeJong y Berg, 1998), en donde la terapia será construida en base a las fortalezas de los propios clientes y lo que ha han venido haciendo bien. Para alcanzar este propósito, el actuar del terapeuta en las entrevistas (sesiones) tiene el sello de la empatía terapéutica para facilitar una alianza terapéutica que posibilite la colaboración mutua y que facilite la motivación a la acción del cliente. «[Los terapeutas] no nos vemos a nosotros mismos como un experto que evalúa científicamente los problemas del cliente y después interviene; por el contrario, nos esforzamos en ser expertos en la exploración de los marcos de referencia del cliente y en la identificación de aquellas percepciones que los clientes pueden usar para crear una vida más satisfactoria.» (DeJong y Berg, 1998, p. 20) De Shazer (1992, p. 105) esquematizó en un diagrama de flujo el desarrollo de la terapia en este enfoque, el cual es el fruto de años de investigación con su equipo. En términos muy generales, en el proceso de la terapia se destacan los siguientes pasos del terapeuta (DeJong y Berg, 1998; de Shazer, 1992):

A.

Los pacientes acuden a terapia con quejas y con diversas motivaciones. El terapeuta necesita percatarse del tipo de relación cliente-terapeuta que establece el cliente para poder efectuar el “tratamiento.” En aquellos casos en que queda claro que el cliente percibe que tiene un problema y que está dispuesto a cooperar activamente en la terapia (haciendo cosas) (relación cliente-terapeuta de “compra”), el proceso terapéutico puede comenzar desde la primera sesión. Si se ha establecido una relación cliente-terapeuta de tipo “demandante”, se propone una “tarea fórmula de primera sesión”. (DeJong y Berg, 1998) Si el “cliente” establece una relación cliente-terapeuta de tipo “visitante”, el terapeuta deberá maniobrar en forma estratégica para convertir la relación en una de “compra”; de lo contrario no podrá efectuarse ninguna terapia. (Berg y Miller, 1996) Si se puede construir un problema, se fijarán los objetivos o metas de la terapia, los cuales permitirán saber al terapeuta y al cliente cuando finalizar la terapia. ¿Cómo se dará cuenta el cliente que el problema está resuelto? En los inicios del desarrollo de este enfoque, de Shazer (1991) utilizaba la “técnica de la bola de cristal”, basada en el trabajo de Erickson con la pseudo-orientación en el tiempo (Erickson, 1954b/1980d) para que los pacientes, mientras estaban en un trance hipnótico, pudieran visualizarse sin el problema en el futuro. «De una u otra manera, el cliente construye su propia solución, que puede entonces utilizarse como guía de la terapia. Tal como yo los veo, los principios que están detrás de esta técnica constituyen los fundamentos de la terapia basada en las soluciones y no en los problemas.» (de Shazer, 1991, p. 97) (Énfasis añadido) Sin embargo, la pseudo-orientación en el tiempo de Erickson implica «[…] esperar, a veces durante meses, para saber lo que ha ocurrido. Con suma frecuencia el cliente informa haber puesto en práctica un proceso de resolución del problema diferente del imaginado en la […] bola de cristal. La aptitud de las distintas personas para servirse del trance es variable, y con algunas el entrenamiento necesario puede tomar unas cuantas sesiones. Aunque algunos de mis clientes prevén el empleo de la hipnosis y el trance, otros tienen expectativas distintas. Para algunos, el trance y la hipnosis son magia. En consecuencia he desarrollado una técnica de la bola de cristal que no supone la inducción de trance ni la mención de hipnosis. […] mis colegas y yo comenzamos a preguntar a nuestros clientes “¿cómo serán las cosas para usted y para otros cuando el problema quede resuelto?” Esta pregunta se ha convertido en un tema normalizado de nuestra entrevista inicial. Muchos clientes pueden atisbar en la bola de cristal sin estar en trance y son capaces de construir expectativas similares para un futuro libre del motivo de la queja. Lo que parece importar es que una vez que el cliente tiene una visión del éxito (la vida después que el motivo de la queja haya desaparecido) puede hacer espontáneamente algo distinto, de modo que aquel cuadro del futuro (o algún otro futuro igualmente satisfactorio) pueda convertirse en realidad. Puesto que predecir con éxito es algo muy difícil tratándose de asuntos humanos, resulta con frecuencia preferible que el terapeuta y el cliente construyan varios caminos alternativos en los que el cliente reconocerá la aparición de la solución del problema.» (de Shazer, 1991, p. 99-100) DeJong y Berg (1998) han denominado a estas metas, “metas bien formuladas”, y deben poseer las siguientes características: (a) tienen que ser importantes para el cliente; (b) estar definidas en términos interaccionales; (c) tienen que incluir aspectos de las situaciones en donde se alcanzarán; (d) deben enunciar la aparición de comportamientos deseables y no estar basadas en la ausencia de comportamientos; (e) deben ser metas mínimas, es decir el inicio de un proceso de

B.

cambio; (f) el cliente debe reconocer que juega un papel en el alcance de la meta; (g) deben enunciarse en formas concretas, conductuales y mensurables; (h) deben ser realistas; e (i) ser un desafío para el cliente.
C.

Búsqueda de excepciones. DeJong y Berg (1998) definen a las “excepciones” como aquellas experiencias pasadas en la vida de las personas en las cuales habría sido esperable que ocurriera el problema en cuestión, pero no ocurrió. Las excepciones tienen relación con las metas de la terapia; es decir, ¿cuánto se han alcanzado ya esas metas?, y se indagan con preguntas del tipo: «¿Ha habido veces en las últimas dos semanas cuando el problema no ocurrió o, al menos, fue menos severo?» (DeJong y Berg, 1998, p. 95). Si el cliente no pude responder a la pregunta, podría preguntarse, ¿Si usted le preguntara a su mejor amigo si ha usted ha tenido días mejores recientemente; qué supone que diría su amigo? Es importante determinar si esas excepciones fueron deliberadas (acciones de los clientes) o espontáneas (un hecho fortuito, por ejemplo). El terapeuta continúa a través de preguntas amplificando esas excepciones, proceso que lleva a la prescripción de tareas entre sesiones. Esta estrategia de Milwaukee recuerda al uso de la regresión de edad para la búsqueda de recursos del paciente; lo interesante de esta estrategia en el modelo orientado a la solución, es que no se necesita del aura hipnótica para encontrar tales experiencias; son el resultado de una conversación que versa sobre aquellos aspectos exitosos en la experiencia del cliente. Sin embargo, ¿qué ocurre en aquellos casos en los cuales el cliente no puede encontrar excepciones a su problema? El grupo de Milwaukee sugiere usar entonces la “Pregunta Milagro”; esta pregunta se ha estructurado de la siguiente forma: «Ahora, quiero hacerle una pregunta extraña. Suponga que mientras está durmiendo en la noche y toda la casa está en silencio, ocurre un milagro. El milagro es que el problema que lo trajo hasta aquí está resuelto. Sin embargo, porque usted está durmiendo, usted no sabe que ha ocurrido el milagro. De modo que cuando despierte por la mañana, ¿qué será diferente que le dirá que ha ocurrido un milagro y el problema que la trajo hasta aquí está resuelto?» (DeJong y Berg, 1998, p. 77-78) El grupo de Milwaukee llegó a esta estrategia por casualidad. «Un día [Insoo Berg] estaba entrevistando a una mujer que parecía abrumada por el peso del mundo: Su hija estaba fuera de control; la estaban llamando desde la escuela por el comportamiento descontrolado de ella; y su esposo había estado bebiendo mucho, por lo cual perecía que iba a perder el trabajo, y la familia, su sustento. La mujer estaba desalentada y hablaba como si no pudiera enfrentar otro día. Como era habitual, Insoo preguntó a la mujer: “¿Qué supone que necesita que suceda para que usted pudiera decir que el tiempo que ha estado aquí conmigo ha sido útil?” La mujer suspiró profundamente y dijo: “No estoy segura; tengo muchos problemas. Quizá solamente un milagro podría ayudar, pero supongo que es esperar demasiado.” Insoo tomó las palabras y las ideas de la cliente y preguntó: “Bien, suponga que ocurrió un milagro y el problema que la trajo aquí está resuelto. ¿Qué sería diferente en su vida”. Para el asombro de Insoo, esta mujer, que parecía tan abrumada e incapaz de seguir adelante, comenzó a describir una visión de una vida diferente. Dijo que su esposo “sería más responsable, conservando el trabajo y manejando mejor el dinero.” Dijo que su hija “seguiría las reglas en la escuela y en la casa, haciendo sus deberes sin reclamar.” Y, lo mejor de todo, dijo que ella sería diferente, “Tendré más energía, sonreiré más, tendré más calma con los niños y –en lugar de irritarme– les hablaré en un tono de voz normal. Podría incluso comenzar a tener conversaciones normales con mi esposo,

D.

como lo hacíamos en los primeros tiempos de casados.» (DeJong y Berg, 1998, p. 76-77) DeJong y Berg (1998) indican que esta pregunta es útil por, al menos, dos razones: (1) Como se trata de un milagro, permite que el cliente piense en un rango ilimitado de posibilidades; y (2) La pregunta focaliza al cliente en el futuro; llevando el foco desde el problema actual y los problemas del pasado hacia una vida más satisfactoria. Como es obvio, no siempre los clientes entregan respuestas a esta pregunta que se acomodan a las metas bien formuladas, y la tarea del terapeuta continuar preguntando respecto a esas metas para ayudar al cliente a adaptarlas a si mismo en forma realista. Una pregunta muy interesante, cuando las respuestas a la pregunta milagro son metas bien formuladas es preguntar al cliente si se ha estado cumpliendo en parte ese milagro en el último tiempo (DeJong y Berg, 1998); es decir, ¡pueden crearse excepciones!, y de ese modo el cliente puede apreciarse con más recursos personales. Al igual como ocurre cuando se encuentran excepciones, se amplifican los comportamientos resultantes del “milagro” y se pueden prescribir tareas para realizar entre sesiones. E. A partir de la segunda sesión y las siguientes, la sesión se inicia averiguando si ha habido progresos producto de las tareas asignadas; si se evidencian progresos, se coloca el énfasis en la diferenciación entre los cambios y el problema, lo cual lleva a la sugerencia de más tareas si es necesario, o si las metas se han alcanzado en forma exitosa, se coloca fin al proceso de terapia. Sin embargo, si no ha habido progresos será necesario, entonces, reformular el problema o “deconstruirlo” (es decir, descomponerlos en sus partes integrantes), y se asignarán nuevas tareas con objetivos más pequeños.

A nuestro juicio, este enfoque de terapia encarna plenamente los principios que guiaban el trabajo de Erickson; y que a diferencia de los enfoques “ericksonianos” no utiliza el hipnotismo formal para conseguir la cooperación de los clientes y la extracción de recursos al servicio del cambio. El principio de la utilización terapéutica es llevado a su máxima expresión, puesto que todo el proceso de la terapia descansa en lo que trae el paciente (motivación, estilo de cooperación, metas); en donde el cliente es el protagonista de su proceso de cambio y el terapeuta actúa como un “facilitador” de esos procesos, respetando siempre al cliente. El modelo de intervención terapéutica desarrollado por Yvonne Dolan para ayudar a clientes que han padecido abuso sexual u otros traumas, es un ejemplo de cómo pueden integrarse las estrategias desarrolladas por el Grupo de Milwaukee y las estrategias hipnoterapéuticas de Erickson (Dolan, 1991, 1998, 1999). Dolan afirma lo siguiente: «la terapia orientada a la solución puede ser no solamente apropiada y efectiva, sino que en algunos casos ideal para clientes que, debido a una severa victimización, sufren de debilitantes síntomas de estrés postraumático, tales como desórdenes disociativos, pesadilllas, flashbacks y desesperanza. El proceso de una entrevista orientada a la solución buen ejecutada, como una función del respeto implícito inherente en el modelo, puede constituir una experiencia correctiva emocional para las sobrevivientes del abuso, quienes aprenden, a veces por primera vez, el valor y la confianza en sus propias percepciones.» (Dolan, 1999, p. 88) En el modelo desarrollado por Dolan (1991,p. xiii) se propone los siguientes objetivos:

1. 2. 3.

Proveer estabilización y alivio a la cliente de los síntomas que provienen o están relacionados con el trauma del abuso sexual. Alterar los sentimientos asociados con los recuerdos del trauma, de modo que los recuerdos y/o flasbacks ya no sean más invasivos o dolorosamente resaltantes en la vida diaria de la cliente. Desarrollar una orientación futura positiva, práctica y saludable, que resulte en pautas no sintomáticas y, más importantemente, en la vida que la cliente consideraría como una vida “satisfactoria”.

Dolan ocupa las estrategias del enfoque de Milwaukee y diseña otras valiosas técnicas orientadas hacia el futuro para ayudar a las clientes a contruir esa vida futura saludable; y hace uso de la hipnoterapia de utilización para el manejo e interrupción de los síntomas del estrés postraumático. Asimismo, en todas las fases del tratamiento, Dolan usa metáforas terapeúticas estratégicas para tratar aquellos asuntos que requieren un acercamiento más indirecto.
«La combinación de terapia orientada a la solución e hipnosis ericksoniana es ideal para el tratamiento de sobrevivientes de abuso sexual. Las técnicas ericksonianas se adecúan a la fuente inconsciente de la sintomatología, mientras que la terapia orientada a la solución otorga a la cliente un control más consciente sobre los síntomas. A la cliente, por consiguiente, se le otorga poder para resolver o al menos mitigar la sintomatología existente, e identificar y gradualmente recobrar pautas saludables de percepción y comportamiento en el futuro.» (Dolan, 1991, p. xiv)

Finalizaremos este capítulo con la siguiente reflexión de Steve de Shazer:
«Como primera parte de un experimento, imagine que usted se ha pasado la última media hora hablando con el señor A sobre todos los problemas de la vida de esta persona, haciendo particular hincapié en sus sentimientos de depresión. ¿Cómo se siente usted después de esa media hora? Cuando les formulé esta pregunta a algunos terapeutas, todos me hablaron de cómo, mientras escuchaban a las personas describir sus problemas y buscar una explicación, sentían que los "hechos" se iban sumando unos a otros y que, como resultado de ello el problema se iba haciendo, a los ojos del terapeuta, cada vez más pesado. Después de cuarenta y cinco minutos el terapeuta comienza a percibir toda la situación como aplastante, complicada y hasta desesperada. Si esto es lo que sienten los terapeutas, ¿puede imaginar usted cómo debe sentirse el paciente después de cuarenta y cinco minutos? Como una segunda parte de este experimento, imagine que ha pasado usted la última media hora hablando con el señor B sobre todo lo que ha marchado bien en la vida de esa persona, haciendo particularmente hincapié en sus sentimientos de éxito. ¿Cómo se siente usted después de esa media hora? Cuando les hice esta pregunta a algunos terapeutas, todos ellos me hablaron sobre cómo, mientras escuchaban a las personas describir sus logros y éxitos, sentían que los "hechos" se sumaban unos a otros y que, como resultado de ello, la situación se iba haciendo, a los ojos del terapeuta, cada vez más placentera. Después de cuarenta y cinco minutos, el terapeuta comienza a percibir toda la situación como notable y estimulante. Si eso es lo que sienten los terapeutas, ¿puede imaginar usted cómo debe sentirse el paciente después de cuarenta y cinco minutos?» (de Shazer, 1999, p. 94-95)
Notas: Es significa que no es necesario tener a todo el grupo familiar reunido en el consultorio; puede practicarse terapia familiar con un miembro del sistema familiar, pero las soluciones sobre las cuales se está trabajando involucran a todas las pautas familiares. Recuérdese que al igual que la terapia del Centro de Terapia Familiar del MRI, las intervenciones implicarán la asignación de tareas para realizar entre sesiones. Esta es una clara diferencia entre el enfoque de Milwaukee y el enfoque del MRI. Y como podrá suponer el lector, desde un punto de vista tradicional de la psicoterapia esa afirmación es una “aberración”, puesto que es necesario conocer las “causas reales” del problema para solucionarlo. Las “dificultades” son situaciones del diario vivir que simplemente ocurren, y que necesitan ser aceptadas (por ejemplo, la muerte de un familiar, una crisis económica, etc.) Los “problemas” son circunstancias repetitivas, penosas, que surgen cuando las personas en lugar de aceptar las dificultades, intentan “resolverlas”. Las «”tareas de fórmula” o “llaves maestras” […] son intervenciones generales que se prescriben con independencia del contenido concreto del problema particular que presenten los clientes.» (Ochoa, 1995, p. 113)

Véase el apartado “Orientación temporal en el presente y hacia el futuro” en el Capítulo 4. Dolan es ciento por ciento estratégica al respecto. Ella propone el uso de estrategias individualizadas para alterar o utilizar terapéuticamente las pautas sintomáticas disfuncionales de las clientes; es decir, no ofrece rituales para recitarles a estas clientes. Y en esto Dolan es una experta. Ya en 1985 había publicado A Path With a Heart. Ericksonian Utilization with Resistant and Chronic Clients. New York: Norton

Capítulo 10: Ernest Rossi y las bases psicobiológicas de la hipnosis y la hipnoterapia
Desde el año 1982, Rossi ha venido buscando los fundamentos psicobiológicos de la “hipnosis naturalista” de Erickson. Al revisar la literatura descubrió que el “trance común de cada día” de Erickson se relacionaba con la fase de descanso ultradiana del Ciclo Básico de Descanso-Actividad, que se presenta en forma rítmica a lo largo de las 24 horas del día (ritmo circadiano). El concepto de “ritmo ultradiano” se refiere a ritmos biológicos que ocurren muchas veces en un día (Rossi y Nimmons, 1991); las investigaciones han mostrado la presencia de ritmos ultradianos con una periodicidad de 90 a 120 minutos que regulan la actividad y restauración de la mente y el cuerpo. «El reloj ultradiano es el centro de una amplia orquestación de las actividades celulares en las plantas y los animales en la termodinámica de los niveles celulares y orgánico.» (Rossi, 1996, p. 133) E implica la oscilación de las proteínas, enzimas y las dinámicas energéticas de las células. Desde el punto de vista de los procesos mentecuerpo, la fase de actividad ultradiana se relaciona con la disposición a estar atentos al mundo externo, preparados para la acción; lo cual implica un predominio de las funciones del hemisferio cerebral dominante y la actividad simpática. En la fase de descanso ultradiana, cuya duración es de alrededor de 20 minutos, la actividad mental se vuelca hacia el interior, y hay un predominio de las funciones hemisféricas no dominantes y de la actividad parasimpática. Este ciclo básico de actividad-descanso de 90 a 120 minutos que opera las veinticuatro horas del día «es responsable de los patrones de excitación, desempeño máximo, estrés y recuperación que experimentamos rítmicamente cada ciertas horas. Así como tenemos en promedio un período onírico de 20 minutos cada 90 a 120 minutos durante el sueño, tenemos un período similar mientras estamos despiertos cuando estamos más propensos a la fantasía, foco interno y rejuvenecimiento.» (Rossi y Nimmons, 1991, p.23 ) (Énfasis añadido) Es decir, la “respuesta de atención” que buscaba Erickson para trabajar en un enfoque hipnoterapéutico con sus pacientes, son las sutiles señales de la mentecuerpo que llaman al descanso ultradiano. La “hipnosis naturalista”, por lo tanto, acepta, utiliza y profundiza esa respuesta natural del sujeto que está produciéndose en la sesión. Rossi (1986/1993, 1994) desarrolla, entonces, una teoría cronobiológica de la hipnosis: “la sugestión hipnoterapéutica se acopla [entrainment] y utiliza nuestros ritmos naturales de desempeño, autorregulación, estrés y curación que responden a claves psicosociales.”

Posteriormente, en 1996, ese autor incorpora a su teoría los hallazgos de las investigaciones actuales en la teoría del caos y la cronobiología, para su ambicioso proyecto de recrear los fundamentos de la hipnosis (y la psicoterapia) en base a los principios compartidos con la matemática, la física, la biología, las ciencias psicosociales y las humanidades. La distinción histórica “despierto = predominio simpático = actividad”, “en trance = predominio parasimpático = pasividad”, no parece ser tan clara a la luz de las investigaciones recientes. Según Rossi (1996), en la historia del estudio científico de la hipnosis en el siglo 19 se desarrollaron dos perspectivas opuestas respecto a la naturaleza fisiológica del estado de trance: la posición de Bernheim y la posición de Charcot. Bernheim (líder de la Escuela de Nancy), describió a la hipnosis como la exaltación del reflejo de la excitabilidad ideomotora; mientras que para Charcot (líder de la escuela de Salpêtriere), la hipnosis era una condición patológica de pasividad, que progresaba desde el letargo y la catalepsia hasta el sonambulismo. Rossi (1996) afirma que los estudios de susceptibilidad hipnótica que desarrolló Hull y sus seguidores en las décadas siguientes (Hilgard, por ejemplo), se basaron sólo en la idea de la hipnosis como un estado de pasividad (relajación, comodidad y cierre de ojos). Erickson, por el contrario, reconoció a la actividad y a la pasividad como dimensiones válidas de la experiencia hipnótica, y desarrolló métodos de inducción de trance que se adaptaban a las tendencias de sus pacientes: pasividad y relajación (inducción por cierre de ojos, por ejemplo); actividad y compulsividad (levitación de mano, por ejemplo). Rossi denomina “naturalistas” a estas estrategias que se adaptan y utilizan el comportamiento del paciente. Rossi (1996) menciona que las investigaciones han mostrado una naturaleza paradojal de la hipnosis, puesto que algunos investigadores encontraron respuestas propias del estrés en sujetos hipnotizados en lugar de las típicas respuestas parasimpáticas de relajación. Rossi afirma que esos hallazgos son paradojales sólo si se sostiene la perspectiva errónea de la naturaleza fundamental de la hipnosis como un método de relajación y sugestión. «La comprensión que la sugestión terapéutica es capaz de acoplarse con las ramas del sistema nervioso autónomo de la activación y de la relajación, permite resolver con facilidad la “paradoja” aparente. Con o sin el uso de la técnica etiquetada como “hipnosis”, las sugestiones terapéuticas para la relajación aumentarán naturalmente (no paradojalmente) la activación simpática antes de la relajación como es típico en cualquier situación que implique un nuevo aprendizaje. Incluso un aparentemente inocuo proceso de aprendizaje de una técnica nueva de “relajación” implica la novedad y el desafío de aprender algo nuevo. La confrontación con una situación inusual o nueva evoca la atención y el comportamiento exploratorio que exige alguna clase de desempeño o trabajo interno para manejar la situación. Esto implica el proceso esencial de la adaptación compleja y la auto-organización continua (autopoiesis), que es la función característica de la vida en si misma. Debiéramos esperar que el sistema simpático estuviera más activo (o incluso sobrepasado en “pánico” en algunos sujetos que pueden haber tenido experiencias negativas con nuevos aprendizajes en el pasado) antes que el sistema parasimpático de la respuesta de relajación se involucre.» (1996, p. 154-155) (Énfasis en el original) Los resultados de las investigaciones actuales permiten reconocer que «Hay toda una clase natural de ciclos, ritmos y períodos caóticos de mayor y menor amplitud (la aparente paradoja activo-pasivo de la hipnosis) en virtualmente todos los procesos psicofísicos y psicobiológicos que implican la atención activa, el desempeño aumentado y el trabajo, que han sido cuidadosamente medidos a través del tiempo.» (Rossi, 1996, p. 156)

Rossi continúa afirmando, «La memoria, el aprendizaje, las sensaciones, las emociones, los sueños y todas las formas de trabajo psicológico en la curación y en la enfermedad evocan la fase de excitación que ha sido denominada el Ciclo Básico de Descanso-Actividad. Ellas evocan y se acoplan con la rama simpática o activa de nuestro sistema autónomo por un período de al menos 20 minutos. Después, la más relajante rama parasimpática nos lleva al nivel de descenso [de activación], de quietud o aparente “descanso” del Ciclo Básico de Actividad-Descanso (CBAD). El cuerpo realmente no está descansando durante esos períodos de quietud; realmente está involucrado en una intensa actividad interna de restauración de la energía y los recursos en un nivel celulargenético en la preparación de un nuevo aumento del desempeño en el siguiente CBAD.» (Rossi, 1996, p. 156) Esos ritmos caóticos son un sistema flexible de adaptación mentecuerpo, sensibles y que responden a las claves externas, particularmente a las claves psicosociales. Rossi indica que una característica definida de los sistemas caóticos es que son muy sensibles a las condiciones iniciales. «Es precisamente esta sensibilidad a las condiciones iniciales la que hace que los sistemas psicobiológicos respondan a las señales psicosociales. Las exigencias de un desempeño elevado durante las emergencias o situaciones nuevas, como las condiciones en tiempo de guerra, un accidente físico o incluso una reunión de negocios importantes, y la necesidad de trabajar tiempo extra para completar un proyecto, por ejemplo, pueden llevar a los estados emocionales de estrés que pueden modificar la amplitud y la duración de esos ritmos. Hipotetizo que las sugestiones hipnoterapéuticas son al menos tan poderosas como esos ejemplos cotidianos del trabajo significativo en la modulación de nuestros ritmos de actividad (excitación) y descanso (relajación). Como tales, esos ritmos psicobiológicos caóticos son el centro del gran debate acerca de la naturaleza fundamental de la hipnosis como actividad o pasividad; ahora sabemos que la hipnosis puede influenciar ambos polos pasivo (bajo) y activo (elevado) de nuestros ritmos mentecuerpo que responden a las señales psicosociales.» (Rossi, 1996, p. 156-157) Rossi (1996) actualmente denomina a su teoría cronobiológica de la hipnosis, “Teoría Caos-Biológica del Trabajo Hipnoterapéutico”. Ha reemplazado la expresión “sugestión” por trabajo, para implicar que en la aparente pasividad y quietud del individuo en trance, hay un activo trabajo a nivel psicobiológico. «Cuando la biología está implicada, estamos involucrados en las dinámicas de la energía, la entropía y en los sistemas esencialmente disipativos que constituyen todos los procesos de autoorganización de la vida. Todos los sistemas disipativos hacen un trabajo constructivo al utilizar en forma activa las formas materiales, la energía y la información disponibles para mantener los procesos vitales a expensas del aumento de la entropía total del universo.» (Rossi, 1996, p. 157-158) Rossi (1996) enumera los siguientes hallazgos que confirman su teoría caosbiológica de la hipnosis: (1) Lo que se ha denominado tradicionalmente “hipnosis clínica” o “sugestión terapéutica”, son en esencia, el acoplamiento y utilización de los procesos ultradianos y circadianos naturales caóticos que responden a claves psicosociales. (2) La evidencia experimental de la supuesta paradoja actividad-pasividad en el trabajo con hipnosis. (3) Las variaciones ultradianas en el desempeño y el descanso. (4) La duración del trance hipnótico, cuando se sugirió a los sujetos que permanecieran en un trabajo interno (sin instrucciones adicionales del investigador), fue de alrededor de 20 minutos en promedio; aunque los sujetos mostraron una amplia variación de tiempo (entre 2 y 67 minutos). El tiempo promedio de la fase de descanso ultradiana es de 20 minutos. Según Rossi (1996) esa amplia variación de tiempo encontrada en ese estudio se debe a la

naturaleza caótica de la auto-organización del trabajo hipnoterapéutico. (5) Los sujetos pueden experimentar los diversos fenómenos clásicos de la hipnosis a lo largo del día sin la presencia obligada de sugestiones hipnóticas directas para esos fenómenos. (6) La hora del día es un factor estadísticamente significativo en la susceptibilidad hipnótica. Las variaciones horarias en la susceptibilidad hipnótica tienen relación con características cronobiológicas de los sujetos, ya sean éstos “alondra” o “búhos”. Sin embargo, diversos investigadores han llegado a resultados contradictorios respecto a esos horarios. Rossi afirma que si los futuros estudios confirman el desempeño ultradiano y circadiano caótico de los búhos y los alondra, debieran revisarse los diversos estudios previos respecto a las variables psicobiológicas en general y, en particular en el campo de la hipnosis, el concepto de la susceptibilidad hipnótica. Investigaciones realizadas en el año 1992 (Rossi, 1996) que usaron un análisis más fino para el estudio del desempeño de los sujetos en las escalas de susceptibilidad hipnótica, encontraron dos clases principales de respuestas hipnóticas:
«(1) Respuestas Fáciles (v.g. ítems ideomotores tales como movimientos no voluntarios de la mano y la cabeza) que son logrados por un elevado porcentaje de sujetos –incluso por aquellos que son clasificados como poco hipnotizables; y (2) Respuestas Difíciles (v.g., alucinaciones, amnesias, sugestiones posthipnóticas) que solamente son logradas por una proporción mucho más pequeña de sujetos –usualmente clasificados como muy hipnotizables.» (Rossi, 1996, p. 175) (Énfasis en el original)

Rossi integra esos hallazgos con las dinámicas caos-biológicas del trabajo hipnoterapéutico, en la siguiente forma: Denomina “Fase alta de la hipnosis” a aquella fase ultradiana «en la cual es más probable que los sujetos respondan cronobiológicamente con estrategias complacientes orientadas activamente hacia el exterior, enfatizadas por los teóricos psicosociales como el deseo de agradar al terapeuta, y la tendencia a ver a las sugestiones hipnóticas como algo que se logra activamente con esfuerzo cognitivo […] Esta estrategia para lograr respuestas adecuadas encaja con la concepción popular y también la científica de un trabajo activo, de gasto energético, para optimizar el procesamiento de la información para alcanzar una meta de acuerdo con la exigencias y expectativas del mundo exterior. Esta estrategia está asociada con el desempeño adecuado de las respuestas ideodinámicas más fáciles, pero con un bajo puntaje en las escalas de susceptibilidad hipnótica, que son típicas del estilo de personalidad más apolíneo, con sus actitudes cognitivamente dirigidas hacia la solución de problemas.» (Rossi, 1996, p. 176) La “Fase baja de la hipnosis” es la “fase de la facilitación de la curación”. «Esta es la fase en la cual es más probable que los sujetos respondan cronobiológicamente con una estrategia más pasiva, disociativa y de absorción, que muchos teóricos de la neodisociación y los teóricos de [la hipnosis] como un estado especial [de consciencia] creen que es la esencia real de la hipnosis tradicional, con su foco en la relajación y el sueño. Aquí se encuentran los sujetos que responden bien a los ítems más difíciles de las escalas de susceptibilidad hipnótica, tales como las alucinaciones, la amnesia, las sugestiones posthipnóticas, y que logran un puntaje total mayor. Esos sujetos tienen tendencias de personalidad dionisíacas, cuyo comportamiento coincide con la concepción popular de la hipnosis como un estado esencialmente pasivo y receptivo, que responde con facilidad a las sugestiones tanto en la vida cotidiana como en la hipnosis. Esos sujetos a menudo perciben su experiencia hipnótica como sin esfuerzo e involuntaria. Parecen no hacer ningún esfuerzo cognitivo para lograr algo; aparentemente son capaces de apoyarse en sus respuestas inconscientes naturales para llevar a cabo el trabajo hipnoterapéutico en un nivel autónomo e involuntario que a veces parece milagrosos a ellos mismos o a otros.» (Rossi, 1996, p. 176)

Según Rossi (2001), desde un punto de vista ericksoniano, los sujetos muy susceptibles tienen una elevada “respuesta de disposición a atender” o un foco selectivo en sus sistemas mentecuerpo que no requieren una activación masiva e indiscriminada para realizar ciertas tareas. «Erickson fue pionero en el uso de choques psicológicos y momentos creativos que focalizan la atención en lo que ahora denominaríamos “fase alta” de la hipnosis.» Rossi (2001) indica que es necesario realizar más investigaciones para explorar las relaciones entre los sujetos muy susceptibles y poco susceptibles con el uso de la fase alta y baja de la hipnosis. Ese autor plantea las siguientes interrogantes: ¿Son los sujetos muy susceptibles más eficientes en iniciar y focalizarse en la activación (rama simpática o fase alta de la hipnosis), así como también en la relajación (rama parasimpática o fase baja de la hipnosis) de su sistema neuroendocrino? ¿Cuáles son los méritos relativos de (1) la Escala de Susceptibilidad Hipnótica de Stanford y de Harvard que pueden inducir la fase baja de la hipnosis con su énfasis en el sueño; (2) La Escala de Barber y el Perfil de Inducción Hipnótica de Spiegle, que puede inducir la fase alta de la hipnosis con su énfasis en la atención focalizada; versus (3) la Escala de Evaluación de Trance Indirecto de Rossi, que busca eliminar los prejuicios del investigador respecto a la fase baja o alta de la hipnosis en las aplicaciones terapéuticas de la hipnosis? Para Rossi (1996, p. 180), «la clave de una terapia psicobiológica genuina es accesar los puntos de transición críticos de los sistemas de comunicación mentecuerpo que facilitan cambios hacia pautas de solución de problemas y comportamiento más deseable. Esta conjetura es una dinámica clave del trabajo hipnoterapéutico que señala nuevas direcciones para la futura investigación, al reformular los fundamentos de la hipnosis a partir de principios consistentes con las investigaciones líderes en matemáticas, física, biología y las ciencias psicosociales.» Más adelante en este volumen analizaremos cómo se expresa esta distinción de fases alta y baja de la hipnosis en el trabajo psicoterapéutico.

Capítulo 11: Michael Yapko y la hipnosis como un medio para influenciar la experiencia de los paciente

Michael Yapko es un desatacado terapeuta, autor y conductor de seminarios de entrenamiento en psicoterapia a lo largo del mundo. Desde mediados de la década de los 1980 ha venido desarrollado un enfoque para el tratamiento de la depresión que integra los conceptos de la terapia conductual cognitiva, la terapia estratégica y el uso del hipnotismo como una herramienta para catalizar la terapia y amplificar la experiencia de los consultantes. (Yapko, 1992, 2001) Aunque no estudió con Erickson, el modo en que incorpora y usa el hipnotismo en el proceso de la psicoterapia, así como también las estrategias terapéuticas y el uso de tareas para llevar a cabo fuera de la sesión, permiten situarlo como un representante del enfoque de utilización terapéutica desarrollado por Erickson. Desde el punto de vista de Rossi (1996), Yapko se encontraría entre aquellos «que aun quieren sostener que la psicología en general y la hipnoterapia en particular son experiencias sociales o personales que existen en algún lugar en un espacio de sugestión etérea sin relación con el cuerpo y la biología.» (p. 157) A diferencia de aquellos autores que consideran al hipnotismo y a la experiencia subjetiva de la hipnosis como curativas en si mismas, Yapko (1990, 1992, 1995) ha propuesto que el hipnotismo es un proceso de influencia social. La psicoterapia, como encuentro entre un profesional y su cliente, es un encuentro interpersonal en el cual se colocan en juego variables intrapersonales, interpersonales y contextuales. Yapko afirma, «Al considerar las pautas de influencia social que son evidentes en toda psicoterapia, se refuerza la noción que la hipnosis no es una terapia en si misma, sino que está entrelazada en un contexto social más amplio o en una relación interpersonal que es definida como terapéutica. Al ver a la hipnosis desde este punto de vista más amplio, se obvia la necesidad de los rituales de la hipnosis, y en su lugar se coloca el acento en el rol de las sugestiones potencialmente influyentes presentes en todas las psicoterapias. Esto permite borrar la línea que separa a la hipnosis de la terapia en general.» (2001, p. 16) Yapko (1992) ha definido a la hipnosis como «un proceso de comunicación de influencia en el cual el clínico extrae y guía las asociaciones internas del cliente para establecer o fortalecer asociaciones terapéuticas en el contexto de una relación de colaboración mutua orientada a metas.» (p. 37) Esta definición permite incluir dentro del concepto “hipnosis” a aquellas pautas de comunicación de influencia que se entregan en ausencia de una inducción de trance formal, y cuyo objetivo es alterar la experiencia subjetiva del cliente para dirigirlo hacia asociaciones internas. (Yapko, 1992)

Para Yapko (2001) al debate no resuelto de los investigadores acerca de si la hipnosis es un estado especial de consciencia al que acceden los sujetos hipnotizables, ó si la hipnosis es el resultado de la expectativa del sujeto en relación al investigador que lo “hipnotizará”, tiene que agregarse la variable de si se está investigando u operando en el contexto del laboratorio o en el contexto clínico. Yapko critica en los siguientes términos a la tradición experimental que sostiene que sólo los sujetos hipnotizables (evaluados a través de tests formales de susceptibilidad hipnótica) podrán aprovechar la hipnosis en el contexto clínico: (a) La respuesta del cliente al test formal de hipnotizabilidad no asegura el grado de respuesta a las intervenciones clínicas específicas; (b) las respuestas hipnóticas están relacionadas con el contexto específico donde aparecen, de modo que una respuesta positiva a la hipnosis en una sesión no predice una respuesta similar en la sesión siguiente; (c) cuando la única variable importante es la hipnotizabilidad, se sugiere entonces que el cliente tiene una habilidad innata para responder, más allá de la técnica específica o el enfoque que se emplee. Por otro lado, también tiene limitaciones la posición que sostiene que sólo la expectativa da cuenta de la eficacia del procedimiento hipnótico: las expectativas positivas del sujeto pueden tener resultados terapéuticos no significativos debido a muchas razones. «Esas expectativas deben ser realistas y deben ocurrir dentro de un marco terapéutico más amplio que sea capaz de convertir la promesa de la expectativa en la realidad de una meta lograda. La efectividad terapéutica reside en que la técnica empleada imparta información terapéutica resaltante o habilidades en relación a los problemas. Cuando la terapia fracasa […] puede deberse a un pobre encaje entre las técnicas escogidas, el estilo del clínico, el problema y las características del cliente que lo llevaron a la elección de un tratamiento particular, y el contexto más amplio en el cual fue aplicada la terapia.» (Yapko, 2001, p. 19) Yapko (1992) señala las siguientes razones que hacen útil a la hipnosis en el contexto clínico: (1) Amplificar la experiencia subjetiva: A través de la experiencia hipnótica se pueden amplificar aspectos de la experiencia subjetiva para hacerlas más fácilmente accesibles al tratamiento. Se pueden estructurar experiencias nuevas para facilitar nuevas asociaciones en el cliente. (2) Interrupción de pautas de la experiencia: Objetivo de todas las psicoterapias; para que las pautas mantenedoras de los problemas sean reemplazadas por otras más saludables. Yapko resalta el hecho que a través de técnicas de relajación muy sencillas pueden interrumpirse algunas pautas sintomáticas (ansiedad, agitación, por ejemplo), lo cual le enseñará al cliente que su experiencia subjetiva es maleable, no fija. (3) Posibilita el aprendizaje experiencial: El trance hipnótico permite la vivencia de experiencias que no serían posibles en términos de la realidad “objetiva”. (4) A través de la experiencia hipnótica pueden asociarse y contextualizarse respuestas deseadas: La contextualización se refiere al proceso de asociar una respuesta deseada con una situación específica, lo cual se lleva a cabo a través de sugestiones posthipnóticas. (5) El terapeuta hábil en el uso de la comunicación “hipnótica”, puede modelar flexibilidad a sus clientes: Desde el punto de vista ericksoniano de la inducción de trance hipnótico, la hipnosis naturalista y el principio de utilización le está comunicando al cliente que hay muchas formas distintas de abordad las cosas. (6) Permite la construcción de un foco de atención en el cliente: En la inducción de trance, formal o no formal, se busca focalizar la atención del cliente en una realidad externa o interna para debilitar sus esquemas

conscientes (Erickson, Rossi y Rossi, 1976). «Ciertos desórdenes se caracterizan, en parte, por una dificultad del foco de atención. La ansiedad extrema, el dolor físico y la depresión, son desórdenes que, por su naturaleza, dificultan la habilidad del cliente para concentrarse con provecho» (Yapko, 1992, p. 46), y el hipnotismo como una técnica de focalización puede ayudar en el proceso terapéutico. Yapko (2001) establece una distinción entre hacer hipnosis y ser hipnótico. Entiende por “hacer hipnosis” al modo en que proceden muchos terapeutas, en donde aplican los mismos métodos de inducción de trance y procedimientos terapéuticos en todos los pacientes, sin tomar en consideración que cada persona es única, con un estilo de respuesta particular. Para él, “ser hipnótico”, es interactuar con un propósito con el paciente, aceptando la responsabilidad de ser un agente de influencia y cambio, y usar esa capacidad en forma inteligente y con sensibilidad. “Ser hipnótico” implica incorporar los principios de la hipnosis en la forma de ser del terapeuta y revelarlos a través de las distintas interacciones con los pacientes. Yapko (2001) es tajante en sus opiniones acerca del “inconsciente creativo” tan común en la literatura “ericksoniana”. Según él, se ha esparcido una cultura de pensamiento mágico entre los terapeutas que indica que debemos confiar en la capacidad de un inconsciente benevolente para la resolución de los problemas de los pacientes, así como también en la generación de estrategias terapéuticas por parte de los terapeutas. Yapko ha indicado (1998) que si el inconsciente fuera tan sabio como proponen algunos, ¿cómo explican ellos, entonces, los comportamientos tan absurdos que pueden exhibir las personas? Para Yapko, toda terapia, incluida aquella que usa comunicación de influencia hipnótica, debe poseer blancos terapéuticos específicos y pasos bien definidos para alcanzarlos. A diferencia de otros terapeutas estratégicos que se adscriben a enfoques de tipo “caja negra” (terapia breve del MRI, terapia orientada a la solución de Milwaukee), Yapko ha descrito diversas pautas subjetivas de la experiencia que pueden convertirse en blancos de la terapia cuando se presentan en su polo disfuncional y participan en la génesis y la mantención de los problemas que llevan al cliente a terapia. Las pautas subjetivas de la experiencia que ha descrito Yapko (1986, 1988) no corresponden a los criterios diagnósticos psicopatológicos tradicionales, sino que son pautas a observar que reflejan el estilo individual de vivir, sentir y comportarse de los clientes (Yapko, 1988). Ayudan a comprender la experiencia subjetiva del consultante, incluyendo sus fortalezas y limitaciones. Estas pautas sirven a tres propósitos generales (Pacheco, 1998b): 1) Sirven para determinar el modo en que se entregará la terapia a cada paciente en particular (terapia “hecha a medida”) (Robles, 1991). Son pautas útiles de considerar, ya sea que se utilice el trance terapéutico para transmitir la terapia, o se haga uso de terapia estratégica ("hipnoterapia sin trance"). 2) Ayudan a determinar en qué forma el paciente construye su realidad, cómo esas pautas utilizadas participan en la mantención del problema y cuáles pueden utilizarse para ayudar a la solución 3) Por otro lado, algunos de ellas también serán el blanco de la terapia, cuando se presentan desbalanceadas (en palabras de Yapko, “déficit experiencial”) (Yapko, 1988, 1998) .Según Yapko, una terapia que no incluya el tratamiento de esos déficit experienciales como objetivos de la terapia, deja expuesto al cliente/consultante a continuar utilizando pautas disfuncionales que lo pueden llevar a una recaída o a presentar problemas en otras áreas distintas a las tratadas en el proceso terapéutico.

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Estas pautas son las siguientes: Pautas perceptuales a) Estilo de atención: Focalizado/Difuso Importante/Irrelevante b) Orientación personal : Orientación interna/Orientación externa Orientación temporal c) Sistema representacional primario: Visual Auditivo Kinestésico Pautas de elaboración de información Lineal/Global Amplificador/Reductor Pautas relacionales/sociales Posición en la familia Ambiente del desarrollo Absorberdor/Dador Explorador/Retractor Intrapunitivo/Extrapunitivo Complaciente/Desafiante Orientación hacia las tareas/hacia las personas Víctima/Dueño de la experiencia Locus de control: Interno/Externo Rigidez/Flexibilidad Capacidad de disociación: Elevada/Disminuida Ruminación: Elevada/Baja

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Desde esta perspectiva, la efectividad de la terapia, ya sea que use “hipnosis” o no, dependerá de la habilidad del terapeuta para estructurar estrategias terapéuticas que acojan y utilicen las distintas pautas perceptuales, de procesamiento de información y pautas relacionales que presenta el cliente (terapia “cortada a medida”). En el capítulo siguiente revisaremos el modelo de la terapia ericksoniana creado por Zeig y que tiene relación con la construcción de un proceso terapéutico individualizado.

Capítulo 12: El “Diamante Ericksoniano”, el metamodelo de la terapia ericksoniana de Jeffrey K. Zeig

Zeig (1992/1999) define su metamodelo de la terapia ericksoniana como un modelo basado en un enfoque estructural de la comunicación. Este enfoque usa la influencia social para "aperar" las estructuras existentes en el presente, incluidas las estructuras intrapsíquicas, interpersonales y ambientales, para alcanzar metas futuras. Es un modelo que se remite a cómo facilitar el cambio, en lugar de analizar por qué las personas son como son. La figura siguiente muestra un diagrama del modelo:

En el lugar central del proceso de terapia está el terapeuta; Zeig (1992a) quiere significar con esto a las características personales y profesionales del terapeuta. Es el terapeuta quien realiza el diagnóstico, que puede o no haber desarrollado sensibilidad a las señales mínimas de su cliente, que co-construye la meta terapéutica con éste, y que posee o no la habilidad para ser capaz de utilizar la singularidad del paciente para crear disposición a responder y situaciones que permitan alcanzar las metas terapéuticas. A continuación se analizan por separado cada uno de los componentes del metamodelo propuesto. El proceso diagnóstico es primordial, y es gracias al diagnóstico que puede diseñarse la terapia y cómo se comunicará ésta. Determinación de metas terapéuticas La terapia ericksoniana está orientada a metas, y pueden existir muchas metas en una terapia específica. Zeig (1992/1999) describe dos métodos que pueden usarse para diseñar metas en una terapia ericksoniana: 1) Construir el problema en un proceso Cuando se concibe al problema presentado como un proceso secuencial, pueden advertirse diversos caminos para la intervención. La meta del terapeuta consistirá, entonces, en ayudar al paciente a modificar la secuencia habitual de comportamiento que dirige el problema. Para lograrlo, el terapeuta podría añadir un paso a la secuencia. Si la intervención es suficiente, puede seguirla un cambio en el sistema. Aquí subyace la premisa que el paciente se conducirá hacia una pauta más saludable una vez que la secuencia sea modificada. El terapeuta tendrá que estar en condiciones de conocer la secuencia y las circunstancias del problema, para lo cual tendrá que hacer preguntas como las que proponen Cade y O’Hanlon (1995). (Véase el capítulo 4 de este volumen) 2) Fragmentación: División de la solución en fragmentos manejables Este método para establecer metas requiere que el terapeuta determine cómo es que el paciente logra tener el problema. Por ejemplo (Zeig, 1992/1999), si el paciente presenta una estimación de si mismo disminuida, el terapeuta podría preguntarse cómo es este proceso: el paciente no confía en si mismo, no confía en otros, su atención está dirigida hacia adentro, y exagera sus defectos. Por lo tanto, si el paciente logra obtener una estimación de si mismo disminuida desconfiando de si mismo y de otros, estando internamente preocupado y encontrando defectos exagerados, la solución a este problema sería recíproca (lo opuesto) a la estrategia del problema: confiar en si mismo y otros, focalizarse hacia lo externo más que retirarse interiormente, y encontrar vigor externo. Cada uno de los componentes de la solución puede ser tratado como metas separadas.

Envoltura para regalo Este aspecto se refiere al método necesario para ofrecer la estrategia al paciente, de modo que éste pueda recuperar las habilidades previamente disociadas. Por ejemplo, si la meta es "ser consciente de lo externo", Zeig (1992/1999) sugiere que el terapeuta podría "envolver" la idea "sea externo" en diversas formas. Una podría ser "Abra sus ojos, mire el mundo, y percátese de las cosas que lo rodean." Sin embargo, esa prescripción directa sólo funcionará con algunas personas, otras necesitarán estrategias más indirectas. Los componentes de la solución para el problema presentado, pueden "envolverse" a través de: hipnosis, símbolos, metáforas, prescripción de síntomas, anécdotas, reencuadre, etc. Sin embargo, esta "envoltura" debe ser individualizada para ese paciente en particular. Esto es lo que Zeig denomina "hacer a medida". La intervención es hecha a medida Las estrategias terapéuticas deben ser adecuadas a cada paciente en particular, de modo que éste esté más dispuesto para llevarlas a cabo. En este proceso se usan todas las pautas experenciales descritas por Yapko y Zeig (véase el capítulo anterior). Una meta terapéutica será mejor acogida si calza con el modelo de mundo del paciente. Por ejemplo, si un paciente valora la aventura, las tareas terapéuticas serán mejor acogidas si son entregadas de modo que sean sentidas como aventuras. Si el paciente valora la lentitud en la comprensión, la terapia debiera ser hecha en pasos pequeños, lentos. Para poder determinar la estrategia más adecuada para el paciente, se necesita crear un método para presentar las ideas a través del tiempo. A este método, Zeig lo denomina "procesamiento". Procesamiento Para Zeig (1992/1999), no es suficiente identificar la meta y crear una forma para "envolverla" o individualizarla. El terapeuta debe crear un proceso, un drama a través del cual ofrecerla. A este proceso Zeig (1988) lo denomina SISA: Sembrar – Intervenir – Seguir adelante. El terapeuta comienza evocando la motivación del paciente, la cual después es modelada en disposición a responder, especialmente en las señales mínimas. Este es un modo de preparar el terreno para que esté fértil. El terapeuta tiene en mente una intervención principal hecha a medida. En lugar de dirigirse directamente a esa intervención, la "siembra", creando una ilusión indirecta de esa técnica (Zeig, 1992b). Después el terapeuta continúa con pequeños pasos que lo acercan a la intervención principal, la cual es seguida por un período de seguimiento. Sin embargo, para que el proceso de terapia sea efectivo, debe consistir en un Evento Emocional Significativo (Yapko, 1985; Zeig, 1992/1999). Es decir, los valores, las creencias, las visiones de mundo no cambian hasta que la necesidad lo dicte. Un evento emocional significativo es una experiencia que es tan poderosa emocionalmente, que los valores o creencias anteriores son sobrepasadas y abandonadas a favor de un valor, creencia o comportamiento más relevante, adaptativo. Para Zeig, el proceso descrito en la terapia, es una experiencia emocionalmente significativa que promueve el cambio terapéutico.

Capítulo 13: Lo que funciona en terapia: La eficacia de la terapia en un marco ericksoniano

Los miembros del Instituto para el Estudio del Cambio Terapéutico de Chicago, han estado dedicados –bajo la luz de las investigaciones realizadas en los ’90– al estudio de los factores que dan cuenta del cambio terapéutico y que son comunes en todos los enfoques de psicoterapia (Miller et al., 1997; Duncan et al., 1998; Duncan y Miller, 2000; Duncan et al., en prensa). Ellos afirman que los factores curativos comunes en todas las formas de terapia, «independientemente de la orientación teórica (v.g., individual, grupal, familiar, etc.) o la dosis (frecuencia y número de sesiones), constituyen el lenguaje unificador [de la terapia]. Esos cuatro elementos, de acuerdo a su contribución relativa al cambio en la terapia, son: (1) los factores extraterapéuticos; (2) los factores de la relación terapéutica; (3) los factores del modelo y las técnicas; y (4) expectativa, esperanza y factores placebo.» (Miller et al., 1997, p. 24) Factores extraterapéuticos: El cliente y su ambiente Lambert (citado en Duncan y Miller, 2000) asigna a estos factores un 40% en su contribución al cambio terapéutico. Se los ha definido como los recursos que aporta el cliente a la terapia y que influencian su vida fuera de aquella. Entre estos factores se encuentran la persistencia, apertura, fe, optimismo, pertenencia a una comunidad religiosa; y todas aquellas situaciones no previstas (en la terapia) y que implican la interacción de las fortalezas del cliente con sucesos inesperados (como un nuevo trabajo o una crisis resuelta con éxito). En esta categoría de factores del cambio terapéutico también se incluyen los cambios previos al tratamiento; las investigaciones estiman que aproximadamente un 15% de los clientes muestran una mejoría antes de la primera sesión de tratamiento (Miller et al., 1997). Otro factor del cliente es lo que Duncan y Miller (2000, 2001) denominan “la teoría del cambio del cliente”, es decir, las expectativas y creencias que posee el cliente respecto a su proceso terapéutico y qué cosas lo ayudarán a cambiar. Duncan y Miller (2001) afirman que cuando el terapeuta acoge la teoría del cambio del cliente, se acrecienta la alianza terapéutica (el segundo factor en importancia en su aporte al cambio terapéutico). Factores de la relación terapéutica Lambert asigna un 30% en el resultado exitoso de la terapia a este factor. Los siguientes “movimientos” del terapeuta aseguran una buena alianza terapéutica (Duncan et al., 1998): cuando el terapeuta acomoda el tratamiento a las metas terapéuticas del cliente; el tratamiento se acomoda a la forma en que el cliente ve la terapia; y, por cierto, los condiciones necesarias para asegurar el éxito del tratamiento que definió Carl Rogers: empatía, respeto, autenticidad del terapeuta, y validación del cliente.

Factores del modelo teórico y las técnicas Miller y sus colaboradores se han mostrado exquisitamente irónicos respecto a este factor, el cual según los estudios de Lambert aporta el 15% al cambio terapéutico; y que sin embargo en la mayoría de los enfoques de terapia ha sido defendido como el responsable absoluto del cambio. Según Duncan y Miller (2000), aquellos enfoques que ayudan a los terapeutas a acoger en forma individualizada las metas de los clientes, que incorporan la visión de mundo del cliente a la terapia, que capitalizan los eventos que ocurren fuera de la terapia o usan el ambiente social en el cual se desenvuelve el cliente, tienen más éxito en la resolución de los impasses en el tratamiento. Expectativas, esperanza y factores placebo Lambert también asigna a estos factores un 15% en su aporte al cambio terapéutico exitoso. Estos factores se refieren a la sensación del cliente que está siendo tratando bien por el terapeuta, a la esperanza de cambio que promueve el terapeuta y a la credibilidad que tienen para el cliente el modelo terapéutico y las técnicas utilizadas. (Duncan y Miller, 2000) Duncan et al. (1998) indican que las siguientes actitudes del terapeuta contribuyen a este factor: poseer un ritual sanador; que el terapeuta crea en el procedimiento o en la orientación terapéutica; el procedimiento o la orientación debe ser creíble y persuasiva en base al marco de referencia del cliente; el procedimiento o técnica debe estar basado en, o conectado con, la extracción de experiencias previas exitosas del cliente; y la orientación temporal del tratamiento debe estar en el futuro. Analicemos a continuación, en base a los antecedentes recién descritos, qué características de la terapia en un marco ericksoniano pueden favorecer el éxito de la terapia. Factores extraterapéuticos: Desde el punto de vista de los factores extraterapéuticos, las características distintivas del enfoque terapéutico de Erickson tratadas en el Capítulo 4 de este volumen permiten observar que la concepción de la terapia que nos heredó Erickson aporta pautas para que los terapeutas optimicen su desempeño profesional y contribuyan a una terapia eficaz: foco en los problemas, un enfoque no patologizante, orientación temporal en el presente y hacia el futuro, el rol activo del cliente en el proceso terapéutico, y el principio central de la utilización terapéutica. Alianza terapéutica: Con respecto a la relación terapéutica, ya hemos dicho antes que Erickson y Carl Rogers son considerados los maestros de la empatía terapéutica (Gunnison, 1987) (véase el Capítulo 3). Erickson poseía una experiencia y una capacidad de observación que le permitía percatarse respecto a qué tipo de relación tenía que establecer con sus clientes, siendo muy directivo en algunos casos, rudo y grosero en otros, o delicado y permisivo. Pueden distinguirse tres elementos centrales en la habilidad de Erickson para establecer una buena alianza terapéutica: (1) La aceptación y utilización de todos los comportamientos del cliente, proceder derivado de sus experimentos en la inducción de trance hipnótico y cuyo objetivo era conseguir la mayor cooperación del paciente; (2) La comunicación con el cliente haciendo uso del lenguaje de éste, y operando desde la propia visión de mundo del consultante. Erickson aprendió tempranamente este actuar en sus experimentos de inducción de trance, especialmente en el manejo de la “resistencia” al trance terapéutico (Erickson y Rossi, 1979); y luego, obviamente,

generalizó esta pauta a la psicoterapia, ya fuera que se auxiliara con el recurso del trance hipnótico o no. (3) Su foco en el problema actual del cliente, lo cual le transmitía a éste que estaba realmente interesado en su problema (Haley, 1980a). Miller et al. (1997) y Duncan et al. (en prensa) han descrito una serie de pautas para que el terapeuta pueda contribuir a una buena alianza terapéutica, las cuales pueden permitir a cualquier terapeuta aumentar su eficacia terapéutica, puesto que es imposible recrear la genialidad de Rogers o Erickson al respecto. Resumidamente, estas pautas incluyen: (1) El tratamiento debiera acomodarse al nivel de motivación del cliente o su disposición para el cambio. (2) El tratamiento debiera acomodarse a las metas que tiene el cliente para la terapia. (3) El tratamiento debiera acomodarse a la visión que tiene el cliente de la relación terapéutica. Expectativas, esperanza y factores placebo: De acuerdo a las características de la terapia de Erickson descritas en el Capítulo 4, éste tenía una concepción de la terapia que alentaba las expectativas para el cambio, la esperanza y el optimismo en sus pacientes. De hecho, su vida desde los 17 años, cuando enfermó de poliomielitis, indica una orientación hacia el futuro, optimismo y esperanza a toda prueba. Y es obvio que Erickson transmitía esas características muy suyas a sus pacientes. Independientemente del carisma personal de Erickson y la fama que llegó a adquirir como un terapeuta que “cambiaba rápidamente” a las personas, el uso de la hipnosis formal en el tratamiento psicológico posee un valor ritual y placebo en si misma. Si realizamos un paralelo entre el uso moderno de la “hipnosis” y las curaciones chamánicas, encontraremos que (Pacheco, 2000b, p. 16-18):
«Las curaciones chamánicas poseen una serie de pautas culturales que se repiten de una cultura en otra: un contexto religioso, sagrado, compartido por los individuos que participan en ellas; la existencia de algún tipo de trance ritual; y los mensajes o prescripciones para la curación entregados por los espíritus a través del chamán. Desde este punto de vista, la hipnosis clínica moderna, especialmente aquella que trabaja con la idea de los niveles múltiples de funcionamiento de la mente, también posee características que la asemejan a una ceremonia chamánica. Aquí es necesario introducir algunas distinciones para realizar tal análisis. Es evidente que aunque los procesos de resíntesis interna y los procesos mentecuerpo actúan por igual en cualquier terapia que implique absorción interna y movilización de recursos personales experienciales, existe un contexto distinto cuando se realiza hipnosis formal. Por "hipnosis formal" definiremos a aquella situación en la cual al sujeto se lo coloca sobre aviso que se realizará un "trance hipnótico". Independientemente del tipo de inducción utilizada y las sugerencias entregadas, ya sean directa o indirectas, existen en tal fenómeno singularidades que hacen pensar en una ceremonia chamánica. En Occidente, se necesitaron varios siglos para que la explicación cultural de las enfermedades del cuerpo y la mente se diferenciaran de las creencias de las denominadas culturas "primitivas" (entiéndanse por éstas a cualquier cultura no "civilizada", es decir no "occidentalizada"). En la Edad Media se suponía que las enfermedades de la mente se debían a la acción de posesión de espíritus, y lo mismo ocurría con las enfermedades corporales, además de los trastornos humorales. Las prescripciones eran sencillas: exorcismo o métodos un poco más "dramáticos" para echar a los demonios del cuerpo; y plantas mágicas y sangrados para curar las dolencias del cuerpo. Es probable que la sobrevida a esos tratamientos corporales haya sido inferior a los de las culturas "primitivas" americanas, puesto que los habitantes nativos americanos poseían una gran sabiduría respecto a las plantas medicinales, además que observaban hábitos de higiene inexistentes en Europa. La invención de la ciencia en el Renacimiento hizo que en forma gradual el Cosmos y la Tierra quedaran despobladas de espíritus, siendo reemplazados por las leyes de la mecánica. Este cambio de paradigma posibilitó también el desarrollo de la biología y su aplicación práctica, la medicina, especialmente desde fines del siglo 19 en adelante.

Sin embargo, las ciencias de la salud mental han seguido un camino distinto. En el siglo 18, Mesmer fue el primer "curador" que invocando a "nuevas fuerzas" (que se enmarcaban dentro del paradigma mecanicista de la física) intentó explicar la enfermedad: trastornos en el magnetismo corporal. Podría afirmarse que su curación a través del magnetismo animal es la primera curación a través de la palabra. Después del descrédito de Mesmer, sus ideas renacen en el siglo 19, denominándose ahora "hipnotismo." Sin embargo se necesitaba de una "entidad" que permitiera explicar la ocurrencia de los fenómenos psicopatólogicos, papel que le cabe al concepto de "subconsciente" o "inconsciente". Es decir, nuevamente aparece lo intangible e irracional en un siglo donde la razón y los procesos conscientes tienen supremacía. Debemos a Freud la introducción de este concepto en la Psicología moderna; usando un lenguaje "científico" demuestra en forma teórica la existencia de nuevo demonio: el inconsciente y sus pulsiones. Su psicoanálisis, cuyo objetivo es hacer consciente lo inconsciente (conservando las distancias culturales) recuerda vagamente a la tradición chamánica, es decir, dentro de un contexto curativo, con un iniciado en los misterios de la mente, asistimos a un "exorcismo" moderno de esos demonios. Sin embargo, en el uso de la hipnosis formal, el proceso de la inducción de trance y los fenómenos asociados a éste poseen una mayor similitud con la ceremonia chamánica. Aunque en el enfoque de utilización ericksoniana, el proceso de la inducción de trance no es necesariamente un ritual (puesto que no se efectúa del mismo modo con todos los sujetos y se utilizan las propias respuestas de éste en el proceso de inducción), generalmente se ha preparado al sujeto introduciendo la idea que una parte de la mente, definida como sana y curativa, la mente inconsciente, opera libremente en ese estado. Es decir, el terapeuta busca la evocación de fenómenos involuntarios, especialmente cuando se ratifica la experiencia de trance (Erickson, Rossi y Rossi, 1976; Erickson y Rossi, 1979; Short, 1999). En la ceremonia chamánica curativa, el chamán alcanza el estado extático para comunicarse con el mundo espiritual, y los espíritus le indican los procedimientos para curar al enfermo. El paciente, que comparte con el chamán la tradición cultural religiosa, está preparado para recibir esa curación que realizan los espíritus a través del chamán. En la hipnosis clínica moderna, el terapeuta se encarga de ratificarle al paciente que existen dentro de él procesos involuntarios, inconscientes, que están más allá de su control volitivo, y que serán usados para su curación. A diferencia de la ceremonia chamánica, donde la curación proviene desde fuera; en el enfoque de utilización el terapeuta usará las palabras, ya sea en forma directa o metafórica, para estimular ese proceso de resíntesis interna que, a juicio de Erickson, llevará a la curación. Es decir, la curación es el resultado de procesos internos. Una diferencia fundamental entre la utilización clínica del trance hipnótico en el enfoque ericksoniano y los métodos clínicos de los padres de la hipnosis, radica en que en la hipnosis tradicional la curación viene desde fuera (generalmente en forma directa), desde un médico y no desde un iniciado en el mundo espiritual como ocurre en la curación chamánica tradicional (en donde es el Espíritu quien realiza la curación a través del medium, el chamán), [ni de los propios procesos de reorganización interna como suponen los ericksonianos].»

Factores del modelo teórico y las técnicas De acuerdo a las proposiciones de Duncan y Miller (2000) para que un enfoque teórico contribuya a la eficacia de la terapia, no cabe duda que la visión de Erickson acerca de la terapia y el modo cómo concebía los tratamientos psicoterapéuticos puede contribuir eficazmente al cambio terapéutico. Sin embargo, la falta de una sistematización escrita por el mismo Erickson acerca de su sistema terapéutico, y el espíritu reinante en la Psicoterapia respecto al valor de la teoría, las técnicas y la investigación científica en la época que Erickson comenzó a publicar sus artículos y cuando comenzó a ser famoso en el campo de la psicoterapia, han contribuido a una confusión en el entendimiento y en la práctica de su enfoque. Para facilitar este análisis, trataremos por separado el modelo teórico y las técnicas. 1) La posición atéorica de Erickson Desde los inicios del Psicoanálisis y hasta casi fines del siglo 20, la práctica de la psicoterapia ha sido entendida por muchos autores como un conjunto de técnicas derivadas de una teoría acerca del funcionamiento de la personalidad humana, y el ajuste y desajuste psicológico. Se ha asumido, entonces, que el objetivo de la psicoterapia es el logro de la salud o adaptación psicológica según como lo define la teoría de la personalidad a la base de esas técnicas.

De lo anterior se deriva que en muchos enfoques o “escuelas” de psicoterapia se acostumbre a una larga y costosa evaluación psicológica del paciente antes de realizar la psicoterapia (Miller, Duncan, Johnson y Hubble, en prensa), la cual tendrá como objetivos aquellos dictados por la teoría para los resultados de tal evaluación; sin importar las metas de los clientes, sus problemas actuales, e incluso entregando información teórica que puede ser iatrogénica para el consultante. Cuando Erickson asume una postura “ateórica”, lo que está rechazando es la realización de una psicoterapia enmarcada en un marco rígido, que limite tanto al cliente como al terapeuta. «[Erickson] sostenía que las estrategias de intervención más efectivas para un paciente dado eran aquellas que calzaban mejor con las necesidades del paciente y que utilizaban su talentos. Conceptualmente, esta orientación es el polo opuesto de todo enfoque teórico que esté basado en el supuesto de procesos comunes entre los individuos» (Zeig y Munion, 1999, p. 83) (énfasis en el original) y que se traduce en la aplicación de las mismas técnicas para problemas que se consideran similares, sin considerar en lo absoluto las características idiosincrásicas de los clientes. El estudio acucioso del trabajo de Erickson indica que éste efectivamente tenía supuestos (teóricos) que dirigían sus esfuerzos, y que más bien tienen relación con un marco epistemológico (Nardone y Watzlawick, 1992) (véase el Capítulo 4) para el entendimiento de la naturaleza del cambio y de los problemas psicológicos, que con el ajuste y desajuste psicológico en términos de la personalidad humana. En casi todos los casos clínicos de Erickson reportados en la literatura, independientemente de las técnicas usadas, puede encontrarse ese marco epistemológico. A pesar que Erickson era respetuoso de las personas y sus tendencias, también tenía una teoría personal acerca de cómo era una vida satisfactoria; y que según la descripción que hace Haley (1980a) corresponde al “ideal de vida americana” de antes de los años ’70: independizarse de los padres cuando se termina la secundaria, estudiar y/o trabajar, casarse y tener varios hijos. Según Haley (1980a), Erickson influenciaba a sus pacientes para que se “adaptaran” a ese ideal de vida. (Para un análisis ético, véase el Epílogo). 2) La hipnosis como “técnica” Desde el punto de vista de las técnicas, esta es el área que más se ha prestado a confusiones en el análisis de las contribuciones de Erickson a la psicoterapia. Incluso ahora, a más de veinte años de la muerte de Erickson, aun continúa hablándose de “hipnosis ericksoniana”; con esto se reduce el amplio trabajo de Erickson en psicoterapia, a la vez que pareciera que existieran varios tipos de hipnosis, lo cual es un absurdo. Aunque Erickson afirmó que la “hipnosis” no es la terapia en si misma, sino que es un medio para conseguir cooperación de los pacientes (Erickson y Rossi, 1979), es frecuente encontrar que la literatura trata a este recurso terapéutico como una técnica. Y lo que es más, muchos usuarios conciben a ese vehículo de influencia como la técnica. Además, tampoco se hace una distinción clara entre los métodos para la inducción de trance hipnótico y el uso clínico de esa disposición acrecentada a responder del paciente “hipnotizado”. Este malentendido puede ser comprendido dentro del marco de pensamiento modernista en psicoterapia; es decir, para un trastorno dado se aconseja el uso de tal técnica, que se supone ha sido validada a través de la investigación. Y esto es especialmente patente en el uso de la “hipnosis” en terapia; puesto que en los reportes clínicos en que se ha usado hipnosis, es frecuente la ausencia de los métodos de inducción de trance, tampoco se describe adecuadamente a los pacientes, ni su estilo de respuesta al terapeuta; y luego se hace una extensa descripción de lo que se le dijo al paciente que se encontraba en trance hipnótico (para un ejemplo, véase Hammond, 1990). Pareciera entonces que el fraseo del terapeuta (¿la técnica?)

ocasionara los cambios en el cliente. A modo de ejemplo, considérese el siguiente ejemplo, extraído de un reporte para el tratamiento de la onicofagia:
«Cuando comience a llevar sus manos hacia su boca, habrá simplemente un movimiento automático opuesto. No deseará más continuar este hábito infantil que daña sus manos y lo avergüenza ante su familia y sus amigos… A medida que comience a interrumpir este hábito de morder sus uñas, sentirá una sensación de bienestar y de auto-aprobación. Comenzará a respetar sus uñas y sus manos y estará orgulloso de ellas. Cada vez que tenga éxito en evitar morderse las uñas, se sentirá orgulloso de usted mismo por haber logrado una meta que vale la pena y es deseable.» (Crasilneck y Hall, en Hammond, 1990, p. 429)

Cabe preguntarse ¿qué características personales tenía el cliente, al cual esos autores le están “sugiriendo” la inhibición de ese comportamiento? ¿Un autómata? Justamente, a reportes como ése se refería Erickson cuando indica que el trabajo en hipnoterapia es mucho más que obtener complacencia del cliente, sino que debe buscarse una reorganización de la experiencia de éste. La intervención de Crasilneck y Hall es a nivel de contenido, mientras que el trabajo propuesto por Erickson es de proceso. A su vez, la repetida afirmación de Erickson que el inconsciente de las personas es creativo (Erickson y Rossi, 1979) y que puede trabajar en forma autónoma (Rossi, 1980), ha posibilitado que se realicen afirmaciones como la siguiente:
«[A propósito del uso de los cuentos didácticos en terapia] En ocasiones mis pacientes me confiesan que, por más que en el consultorio tuvieron conmigo una sesión entusiasmante, en la que fantasearon o se imaginaron cómo resolver sus conflictos, nada de eso tuvo consecuencias en su vida. Se quejan diciendo que “no hubo ningún cambio en mi; fuera del consultorio sigo haciendo lo mismo de antes.” En tales casos, lo mejor es que el paciente permanezca sentado y pasivo mientras le cuento alguna de las anécdotas de Erickson. Tal vez sea un relato largo y aburrido sobre el crecimiento de un niño, y al final de la sesión el paciente se lamente de que no fue tan “buena” como la anterior, y declare que prefiere algo más dinámico. Incluso puede confesarse aburrido. En tales circunstancias, yo le recordaré que el trabajo que procuramos realizar juntos se cumple en un nivel inconsciente, y que poco importa lo que haga su mente consciente en el ínterin: más adelante, ya me dará cuenta de cambios importantes en su vida. Por ejemplo, me informará que han mejorado sus relaciones sociales, que se muestra más emprendedor o seguro de si mismo, o que ha cambiado de trabajo. Dicho de otro modo: su actividad tiene lugar fuera de la sesión; en ésta, soy yo el que la asumo.» (Rosen, 1986, p. 43) (Énfasis en el original)

Obviamente, este párrafo de Rosen no merece más comentarios. Una paradoja en el trabajo de Erickson –y que se relaciona con el espíritu de la época en la cual desarrolló su carrera profesional– es que aunque él fue uno de los primeros terapeutas que se percató que la terapia eficaz era aquella que consistía en el diseño de tratamientos individualizados, que consideraran las características singulares de cada paciente, a la hora de describir la intervención clínica el paciente aparece relegado a segundo plano, destacándose con excesivo detalle la intervención clínica realizada por Erickson, y –por qué no decirlo– aparece él llevándose todos los créditos del trabajo terapéutico (Duncan y Miller, 2000), aunque escribió repetidamente que el responsable del éxito es el cliente (Erickson y Rossi, 1979). No cabe duda que esta forma de relatar sus intervenciones terapéuticas (Erickson 1980a, b, c, d), y la forma en que Haley (1980a, 1985) transcribe sus conversaciones con Erickson, crean en el lector la impresión de estar frente a un moderno héroe de la psicoterapia. Esto, evidentemente, puede contribuir al desarrollo de un culto a Erickson y a que aquellos terapeutas que buscan con avidez técnicas para aplicar con los pacientes, intenten repetir como “loros” esas proezas ericksonianas… con el consiguiente desperdicio de valioso tiempo terapéutico. Ahora bien, si a Erickson sólo se lo ha asociado, erróneamente, con su enfoque “hipnoterapéutico” y su “hipnosis ericksoniana”, ¿cuál es el estatus de esa “hipnosis” de acuerdo a los datos empíricos? Matthews et al. (1998), en una revisión de la literatura, intentan responder a dos preguntas en relación a la “hipnosis” de Erickson: «¿Cuán efectivo es un enfoque de

hipnosis cuando es comparado con otros enfoques? (2) ¿Qué elementos de un enfoque son centrales para su efectividad?» (p. 239) Esos autores estudiaron los datos empíricos (obtenidos a través de investigaciones en el laboratorio) para cuatro supuestos básicos de la “hipnosis ericksoniana”: «(1) la hipnosis es un estado alterado de consciencia; (2) hay indicadores de este estado alterado que lo distinguen del estado de vigilia; (3) la hipnotizabilidad del sujeto/cliente es más una función de las habilidades del hipnotista (v.g., estrategias de utilización) que de habilidades del sujeto/cliente; y (4) el uso de sugestiones indirectas es, al menos en algunos casos, más efectivo en la producción de respuestas hipnóticas que la sugestión directa.» (Matthews et al., 1998, p. 242) Respecto a la hipnosis como un estado alterado de consciencia, hasta el día de hoy los diversos teóricos no han logrado colocarse de acuerdo (Kirsch, 1997a). Hay autores que concluyen que las respuestas fisiológicas asociadas al trance hipnótico también pueden encontrarse en otras condiciones de estimulación, imaginería y procesos simbólicos. Las investigaciones también indican que no existen indicadores que aseguren que el sujeto se encuentra en trance hipnótico, excepto el propio reporte del sujeto; «sentirse diferentes en su experiencia de hipnosis» (Matthews et al., 1998, p. 245). Asimismo, los investigadores tampoco han logrado colocarse de acuerdo respecto a la existencia o no de rasgos de “hipnotizabilidad”; es decir, la habilidad innata del sujeto para seguir y hacer realidad las “sugestiones” de los hipnotistas. Y respecto a la última interrogante –sugestiones directas versus indirectas– tampoco se han encontrado diferencias. Malas noticias para aquellos terapeutas “ericksonianos” o hipnotistas que adscriben a la hipnosis –como técnica– la responsabilidad de los cambios en sus pacientes. Antes de continuar con el análisis de Matthews et al. (1998), es necesario destacar aquí mis críticas a la forma en que estos autores tratan el tema. En primer lugar, ellos comienzan su artículo citando una investigación de Kirsch et al. realizada en 1995, en la cual a través de una metodología de meta-análisis que comparó terapias cognitivo-conductuales con hipnosis versus terapias cognitivas conductuales sin hipnosis, «se encontró que el efecto de añadir hipnosis a la psicoterapia es sustancial, particularmente en el tratamiento de la obesidad» (Matthews et al., 1998, p. 240) (énfasis añadido) Cabe preguntarse, ¿cómo fue añadida esa hipnosis? La lectura entre líneas de la frase anterior me indica que Matthews et al., consideran a la hipnosis como un fenómeno tangible, una variable independiente que puede ser medida en magnitud, y se agrega o se quita en un diseño experimental clásico (“duro”). En su revisión de la literatura, tampoco hacen un distingo como ocurre con la definición de la APA respecto a que si lo que ocurre en ese contexto “hipnótico” se relaciona o no con el proceder de quien “aplica” la hipnosis. La definición de la APA es la siguiente:
La hipnosis es un procedimiento durante el cual los profesionales de la salud o los investigadores sugieren al cliente, paciente o sujeto, cambios en la experiencia sensorial, percepción, pensamiento o comportamiento. El contexto hipnótico es establecido generalmente a través de un procedimiento de inducción. Aunque hay muchas formas diferentes de inducción hipnótica, la mayoría incluye sugestiones de relajación, calma y bienestar. Las instrucciones para imaginar o pensar respecto a experiencias placenteras se incluyen comúnmente en las inducciones hipnóticas. Las personas responden a la hipnosis en diferentes formas. Algunos describen su experiencia como un estado alterado de consciencia. Otros describen la hipnosis como un estado normal de consciencia con focalización de la atención, en la cual es sienten muy calmados y relajados. Sin importar cómo y el grado de respuesta, la mayoría de las personas describen la experiencia como muy placentera. Algunas personas responden muy bien a las sugestiones hipnóticas y otras responden menos. La habilidad de una persona para experimentar las sugestiones hipnóticas puede ser inhibida por los temores y preocupaciones que surgen de creencias erróneas comunes. Contrariamente a como se muestra en libros,

películas o en la televisión, las personas que han sido hipnotizadas no pierden el control de su comportamiento. En forma típica son conscientes de quiénes son y dónde están, y a menos que se haya sugerido específicamente amnesia, generalmente recuerdan lo ocurrido durante la hipnosis. La hipnosis hace que las personas experimenten con mayor facilidad las sugestiones, pero no los obliga a tener esas experiencias. La hipnosis no es un tipo de terapia, como el psicoanálisis o la terapia conductual. Por el contrario, es un procedimiento que puede ser usado para facilitar la terapia. Debido a que no es un tratamiento en si mismo, el entrenamiento en hipnosis no es suficiente para llevar a cabo una terapia. La hipnosis clínica debiera ser usada por profesional de la salud entrenados apropiadamente y acreditados como tales (v.g., psicólogos clínicos), que también hayan sido entrenados en el uso clínico de la hipnosis y estén trabajando dentro de las área de su pericia profesional. (Kirsch, 1997b, p. 106-107)

En mi experiencia clínica y docente, he podido comprobar los distintos reportes de los mismos sujetos en una situación de imaginería dirigida típica versus la misma imaginería que hace uso de un lenguaje permisivo y metafórico y que busca la ocurrencia de fenómenos involuntarios, y que es entregada haciendo juego (matching) con las respuestas no verbales de los sujetos. En la imaginería típica se supone que todos los sujetos son similares, de modo que se les dan instrucciones muy específicas para el material a imaginar, debido a lo cual es probable que tengan éxito sólo aquellos que pueden acomodarse al pie de la letra a las instrucciones del terapeuta. Obsérvese la siguiente imaginería dirigida, extraída de un libro de terapia experiencial, la cual es confrontada con una versión rescrita en un lenguaje cuya connotación le agrega algo distinto al aspecto denotativo de la imaginería:
Fuente originalMetáforaAnálisis(Posterior a una estrategia de relajación profunda) «Quiero que se imagine que está caminando por un sendero en la montaña, de noche. Hay luna llena y eso le permite ver el sendero con toda claridad y gran parte de los alrededores... ¿Cómo es el sendero?... ¿Qué otra cosa puede ver a su alrededor?... ¿Cómo se siente mientras asciende por ese sendero?... Apenas delante suyo hay un pequeño sendero lateral que conduce lo alto, hacia una cueva donde vive un hombre muy sabio, capaz de responder cualquier pregunta que quiera hacerle. Tome ese sendero lateral y camine hacia la cueva del hombre sabio... Note cómo cambia a su alrededor mientras avanza por el sendero y se acerca a la cueva... (Posterior a una estrategia de relajación profunda o "inducción" de trance hipnótico) Hay sueños y sueños, y un paciente mío aprendió de eso... Aprendió que hay sueños que se olvidan inmediatamente después de soñarlos... en cambio otros quedan dando vueltas en la mente después que uno despierta... Y el sueño que me relató era uno de esos sueños en el cual uno sabe que han ocurrido cosas importantes, y aunque no podamos saber de inmediato qué fue lo importante que ocurrió, las ideas o las imágenes de ese sueño vienen una y otra vez a la mente... en cualquier momento a veces... Incluso siendo difícil saber a ciencia cierta si eso fue soñado o se vivió realmente... Me contó que de pronto se vio caminando por un sendero en la montaña... de noche. Había luna llena y podía ver el sendero con toda claridad y gran parte de los alrededores... Podía observar el sendero y sus características... podía mirar a los alrededores y percatarse del paisaje... y era interesante para él preguntarse cómo se sentía mientras caminaba por ese sendero... De pronto se dio cuenta que delante de él había un sendero lateral... y tú sabes como son los sueños... de pronto supo que ese sendero lo llevaría hacia una cueva donde vivía un hombre muy sabio... capaz de responderle cualquier pregunta que quisiera hacerle... Fue como un impulso... era como si su cuerpo quisiera caminar hacia la cueva del hombre sabio... y él, por supuesto, siguió a su cuerpo... Podía darse cuenta a la luz de la luna cómo iba cambiando el paisaje a medida que avanzaba por ese sendero y se acercaba a la cueva...

Introducción a la metáfora, cuyo objetivo es el de crear expectación a lo que vendrá, a la vez que se están deslizando ideas para lo que vendrá al final del relato.

Sugerencias permisivas, para que el sujeto las rellene con su propia experiencia.

Invitación permisiva a cambiar de dirección, e introducción de un nuevo personaje.Cuando llegue a la cueva, usted verá una pequeña hoguera frente a la cueva, y estará en condiciones de ver vagamente al silencioso hombre sabio junto a la luz oscilante de las llamas... Acérquese a la hoguera, ponga más leña sobre el fuego y siéntese sosegadamente... A medida que el fuego brille más intensamente, usted estará en condiciones de ver al hombre más claramente. Tómese

cierto tiempo para darse cuenta cabalmente de él, de sus ropas, su cuerpo, su carne, sus ojos... Al llegar a la cueva luego de un rato, vio una pequeña hoguera frente a la cueva, y podía ver vagamente al hombre sabio junto a la luz oscilante de las llamas... Se acercó a la hoguera y colocó más leña sobre el fuego, y se sentó tranquilamente... A medida que el fuego brillaba más intensamente, fue capaz de ver con mayor claridad al hombre sabio... Fue capaz de prestar atención a su persona... las ropas que vestía... su cuerpo... su carne... sus ojos...Ahora pregúntele al hombre sabio alguna cosa que sea importante para usted. Mientras formula esta pregunta, continúe mirando al hombre sabio y vea cómo reacciona a lo que usted dice. El puede contestarle sólo con palabras, o también con un gesto o una expresión facial, o puede mostrarle algo... ¿Qué tipo de respuesta le dio?... De pronto, sintió que brotaba desde su interior una pregunta para hacerle a ese hombre sabio... Y mientras le formulaba la pregunta... veía cómo reaccionaba éste a lo que él le decía... Al mismo tiempo supo que el hombre sabio podía contestarle con palabras, o también con un gesto, o con una expresión facial... o podía mostrarle algo... El hombre sabio le respondió a su manera... y mi paciente sintió que esa respuesta le llegaba muy profundamente... aunque no la comprendiera en ese momento... Conviértase ahora en el hombre sabio... ¿Cómo es su existencia siendo hombre sabio?... ¿Cómo se siente y cómo es su vida?... ¿Cuál es su actitud hacia el visitante que le hace la pregunta?... ¿Qué siente hacia el visitante?... ¿Qué le dice al visitante, ya sea mediante palabras, gestos o acciones?... Luego, casi sin darse cuenta... se encontró pensando y sintiendo como el hombre sabio... (Pausa) Pudo percatarse de su existencia siendo el hombre sabio... (Pausa) Y darse cuenta de cómo se sentía siendo el hombre sabio... (Pausa) Darse cuenta de cómo era su vida siendo el hombre sabio... (Pausa) Darse cuenta de cuál era su actitud hacia ese visitante que le hacía la pregunta, siendo el hombre sabio... (Pausa)¿Qué sentía hacia el visitante siendo el hombre sabio?... (Pausa) Darse cuenta acerca de lo que le dice al visitante, ya sea mediante palabras, gestos o acciones... Conviértase nuevamente en usted mismo y prosiga el diálogo con el hombre sabio. ¿Entiende lo que él le está diciendo?... ¿Tiene alguna otra pregunta para hacerle?... ¿Qué siente hacia el hombre sabio?... De pronto se encontró siendo el mismo y continuó su diálogo con el hombre sabio... (Pausa) Y era capaz de entender lo que él le decía... Y le venían a la mente nuevas preguntas para el hombre sabio... Además era capaz de sentir diversos sentimientos hacia ese hombre sabio... Ahora conviértase nuevamente en el hombre sabio y continúe la conversación... ¿Hay alguna otra cosa que quiera decirle al visitante?... Y nuevamente se sintió siendo el hombre sabio... y capaz de continuar la conversación con ese visitante... Y sentía que tenía que decirle otras cosas al visitante... (Pausa)Nuevamente sea usted mismo. Pronto tendrá que despedirse del hombre sabio... Diga lo que desee antes de irse... Justo cuando está por despedirse, el hombre sabio se vuelve hacia una vieja valija de cuero que está detrás de él y busca dentro algo muy especial para darle... Saca algo de la valija y se lo entrega para que lo lleve con usted... Mire el regalo que le ha dado... ¿Qué siente hacia el hombre sabio ahora?... Dígale a él qué siente... y lentamente despídase de él... Volvió a ser el mismo... sabía que tendía que despedirse del hombre sabio... Sintió que tenía que decirle más cosas antes de irse... (Pausa) Y justo cuando estaba por despedirse, el hombre sabio se vuelve hacia una vieja valija de cuero que estaba detrás de él, y buscó dentro algo muy especial para darle... Sacó algo de la valija y se lo entregó para que llevara consigo... El miró el regalo que le entregó el hombre sabio... sentía muchos sentimientos hacia el hombre sabio en ese momento... (Pausa) Y fue capaz de decirle lo que sentía... y lentamente comenzó a despedirse de él... Ahora vuélvase y comience a descender la montaña, llevando el regalo... Mientras camina por el sendero, mire cuidadosamente el camino a fin de recordarlo y poder visitar al hombre sabio nuevamente cuando quiera... Tome conciencia de los alrededores y de cómo se siente... Y comenzó a descender de la montaña, llevando el regalo... Mientras caminaba por el sendero prestó cuidadosa atención al camino, con el fin de recordarlo... sabía que podría visitar a ese hombre sabio cuántas veces quisiera... Miraba a su alrededor y sentía que había sucedido algo muy importante en esa noche tan especial... (Pausa) Mantenga ahora los ojos cerrados y traiga su regalo cuando regrese a este cuarto... Tome cierto tiempo ahora para examinar más detenidamente el regalo... ¿Qué fue lo que le regaló?... Descubra realmente algo más acerca del regalo... Tóquelo... huélalo... délo vuelta y mírelo cuidadosamente... Ya de regreso en su cuarto, sin saber si había despertado o aun continuaba soñando... se tomó cierto tiempo para examinar detenidamente el regalo... Observar qué le había regalado el hombre sabio... (Pausa) Sintió que era capaz de descubrir qué era realmente lo que le había regalado ese hombre... Podía tocarlo... olerlo... mirarlo cuidadosamente... Conviértase ahora en el regalo. Identifíquese con él y descríbase. ¿Cómo es usted siendo el regalo?... ¿Cómo se siente siendo esa cosa?... ¿Cuáles son sus cualidades?... ¿Qué es lo que hace o cómo puede ser utilizado o apreciado?... De pronto se sintió siendo el regalo... prestando atención a las cualidades del regalo... Preguntándose qué es lo que hace o cómo podía ser utilizado o apreciado...Vuelva a ser usted mismo nuevamente, mire el regalo y vea si puede descubrir algo más respecto a él... ¿Nota usted algún cambio o detalle que antes no vio?... Ahora guarde cuidadosamente este regalo en su memoria... y despídase de él por ahora...» (Stevens, 1976, p. 163-164)Y al despertarse y ser el mismo nuevamente, fue capaz de mirar ese regalo, era como estuviera frente a él... y fue capaz de descubrir más cosas respecto de él... (Pausa) Y supo que podría guardar el regalo en su memoria... y traerlo a su presente cuando lo necesitara... podía despedirse del regalo... porque sabía que lo tendría consigo, dentro de él... Y tú sabes, ese fue un sueño especial, uno de esos sueños donde al despertarnos podemos saber qué soñamos, si eso es útil para nosotros ahora... o sabemos que soñamos algo importante que nuestra mente interior continuará desarrollando por si misma en próximos sueños, o a lo largo del día, sin importunarnos en nuestras tareas habituales...

Ahora bien, sabemos a través del reporte de la literatura y de la propia experiencia clínica, que la imaginería y la relajación no son los únicos métodos para la “inducción” de trance. ¿Pueden explicarse fácilmente, de acuerdo a las definiciones usuales de “hipnosis”, los procesos que se colocan en marcha en los métodos confusionales de

Erickson (Erickson, 1964/1980c) y en el “manejo de la resistencia al trance” (Erickson, 1964/1980b, e, f; Erickson y Rossi, 1979)? Analicemos lo siguiente:
«En esta técnica, dependiendo de los antecedentes educacionales de los sujetos, se da una explicación apropiada, casual, de los conceptos generales de la mente consciente y el inconsciente. Similarmente se da una explicación instructiva casual -aunque cuidadosa- de la actividad ideomotora, citando ejemplos familiares, incluida la levitación de mano. Después, con cabal simplicidad se les dice que se sienten tranquilamente, descansando las palmas de sus manos sobre sus muslos y escuchen cuidadosamente una pregunta que se les hará. Se explica que esta pregunta solamente puede ser respondida por su mente inconsciente, no por su mente consciente. Se añade que pueden ofrecer una respuesta consciente, pero tal respuesta será solamente un comentario consciente y no una respuesta real a la pregunta. Respecto a la pregunta en si misma, puede ser una de las muchas que pueden hacerse, y no tiene un significado para la persona. Su propósito es dar solamente a la mente inconsciente una oportunidad para manifestarse por si misma. Se ofrece la explicación adicional que la respuesta será una respuesta ideomotora de una u otra mano levantándose, que la izquierda significa una respuesta “no”, la derecha una respuesta “sí” a la pregunta hecha a la mente inconsciente. Después se presenta la pregunta, “¿Piensa su mente inconsciente que usted puede entrar en trance?”. Se ofrece, asimismo, una elaboración adicional: “Conscientemente usted no puede saber lo que su mente inconsciente piensa o sabe. Pero su mente inconsciente puede permitirle a su mente consciente descubrir lo que piensa o comprende, por el simple proceso de ocasionar una levitación en la mano derecha o en la izquierda. Así, su mente inconsciente puede comunicarse con su mente consciente en una forma visiblemente reconocible. Ahora mire sus manos y vez cuál es la respuesta. Ni usted ni yo sabemos qué piensa su mente inconsciente. Intente advertir el leve movimiento, intente sentirlo y verlo, y disfrute la sensación de elevación y complázcase en averiguar lo que piensa su inconsciente.” No obstante cuál mano levite, sobreviene un estado de trance simultáneo, frecuentemente del tipo sonambulístico. Generalmente es aconsejable utilizar -antes que evaluar- inmediatamente el trance, ya que los sujetos tienden a reorientarse con prontitud. Generalmente eso se hace en mejor forma diciendo simple y casualmente, “Es muy agradable descubrir que su inconsciente puede comunicarse con su mente consciente en esta forma, y hay muchas otras cosas que su mente inconsciente puede aprender a hacer. Por ejemplo, ahora que ha aprendido que puede desarrollar un estado de trance y puede hacerlo notablemente bien, puede aprender numerosos fenómenos de trance. Por ejemplo, usted podría estar interesado en ____________”, y pueden acogerse las necesidades de la situación. Erickson afirma que sujetos experimentados en lo que ha usado esta técnica, han reconocido inmediatamente y comentado, “¡Qué interesante! No importa cuál respuesta dé usted, primero tiene que entrar en trance.” Aquellos sujetos que objetan la inducción de este modo, tienden a reorientarse al primer esfuerzo de evaluar o utilizar el trance. Muchos de ellos, sin embargo, entrarán fácilmente en el trance cuando se les diga, “Y puede entrar en trance tan fácil y rápidamente como su mente inconsciente responda a esta pregunta, simplemente al continuar mirando cómo su mente inconsciente continúa moviendo su mano hacia su cara. Mientras su mano se mueve hacia arriba, sus ojos se cerrarán y entrará en un trance profundo.” Una consideración esencial en esta técnica es una actitud de total expectancia, casualidad y simplicidad por parte del operador, lo cual coloca la responsabilidad de cualquier desarrollo completamente en el sujeto.» (Erickson, 1959/1980b, pp. 185-186

Erickson y Rossi (1980e) han denominado “doble coacción terapéutica” al procedimiento anterior; el cual, desde mi punto de vista, solamente puede ser analizado en términos de su valor comunicacional (en el sentido pragmático) (Rossi y Jichaku, 1992), no como algo impuesto, inducido en la mente del oyente. Otro aspecto a considerar para los análisis de resultados, es el hecho que las motivaciones y objetivos de los sujetos experimentales tienen muy poca similitud con los de los pacientes que buscan un tratamiento “con” hipnosis. La revisión de Matthews et al. (1998) considera el análisis de estudios experimentales, con diseños de tipo clásico, cuantitativos. Erickson no usó diseños experimentales clásicos en sus experimentos, usó una metodología cualitativa, sus estudios son descripciones de campo; y una parte importante de sus investigaciones las realizó en contextos clínicos, y cuando era en el contexto del “laboratorio”, éste era su oficina y el “experimento” podía durar horas o días de trabajo con el mismo sujeto. De modo que la famosa “hipnosis ericksoniana” – expresión de la cual Erickson se habría reído a mandíbula batiente– que ha sido transformada en un artefacto de acuerdo a la visión modernista (y lo mismo ocurre con

las “otras” hipnosis) debiera ser estudiadas a través de métodos cualitativos; y debiera procederse del mismo modo con la “hipnosis autoritaria” y la “hipnosis estandarizada”, puesto que también existe una interacción social entre el hipnotista y su sujeto. Como Matthews et al. (1998) no encuentran apoyo “duro” para las premisas de la hipnosis ericksoniana, recurren entonces a la teoría de la influencia social para analizar a esa “hipnosis.” Esos autores escriben lo siguiente al respecto:
Si no hay apoyo empírico para la noción de un estado hipnótico, si la hipnotizabilidad es quizá más una función del sujeto/cliente que de las habilidades de utilización del hipnotista, y si no hay datos empíricos convincentes a favor de la superioridad de la sugestión indirecta, ¿ de qué hablamos, entonces, cuando nos referirnos a Erickson y la hipnoterapia ericksoniana? […] Sherman y Lynn (1990) sugieren que la brillantez clínica de Milton Erickson puede ser comprendida dentro de un marco psicológico social. La habilidad singular de Erickson era su habilidad para aumentar la motivación, las expectativas del cliente, y la creencia que el cambio terapéutico ocurrirá. Nosotros propondríamos que el "trance" hipnótico, profundidad del "trance" e hipnotizabilidad son constructos que, en último término, tienen menos significado que expectativa y motivación. Sherman y Lynn sugieren además que la maestría clínica de Erickson, es atribuible al uso que hacía de la reactancia del paciente, la siembra, el encuadre/reencuadre; aumento del esfuerzo del paciente; y a la inclusión del paciente como un participante activo en el contexto de influencia social. […] Nuestra posición es que la esencia del enfoque de Erickson era crear una expectativa para el cambio; interrumpir, distraer, ocupar la mente consciente; y crear un contexto para el cliente en el cual pudiera ocurrir un cambio de las narrativas de aquel. Desde esta perspectiva, la hipnosis es una interacción social construida por el terapeuta y el cliente, a partir de la cual pueden emerger múltiples realidades para el cliente. La hipnosis se convierte en una forma de comunicación en la cual se provee a los clientes de un contexto en el cual [puedan] desarrollar una narrativa vital más útil que la que llevaron a la terapia. (p. 253, 257-258) (Énfasis añadido)

Como puede observar el lector, las conclusiones de Matthews et al. (1998) respecto a la eficacia de los métodos de influencia social de Erickson, tienen mucha relación con los factores de eficacia de la terapia que describen Miller et al. (1997). Finalizaremos este capítulo con algunas reflexiones acerca del último Congreso Ericksoniano realizado en Phoenix en Diciembre de 2001, y en el cual se celebró el natalicio 100° de Erickson: «Mientras los investigadores continúen en su Torre de Babel (Miller et al., 1997), peleándose por descubrir cuáles “técnicas” son mejores que otras, sin evaluar variables tan importantes como el modo en que se entregan las técnicas, la discusión de cuál “hipnosis” es [más eficaz] continuará por los siglos de los siglos, como esas discusiones bizantinas que no llevan a ninguna parte. Es absurdo que en el año 2001, aun continúen encontrándose artículos y páginas web que consideran a la “hipnosis” como una técnica; absurdo por diversas razones: a) la “hipnosis” es un estado definido por [el sujeto y el terapeuta], no [sólo] por el terapeuta; b) la experiencia de trance es un fenómeno que depende tanto de las variables del sujeto como de las del investigador/terapeuta; c) las técnicas en terapia son modos de proceder; es decir, mensajes que poseen cierta estructura discernible y que, en definitiva, son prescripciones de comportamiento, entendimiento, sentimiento; que son actuadas por el cliente, para beneplácito o frustración del clínico; d) por lo tanto, la “hipnosis” debe ser comprendida como un contexto terapeuta/cliente en el cual son posibles ciertos fenómenos que se correlacionan con las prescripciones del primero, y que en último término, son experiencias que ocurren bajo la piel del cliente, y a las cuales sólo tenemos acceso a través de su reporte verbal. La “hipnosis” ha sido reificada, como muchos otros conceptos en psicoterapia, y creo que la labor de desmitificación de los terapeutas ericksonianos de los conceptos reificados es imprescindible para conservar la salud y la respetabilidad del enfoque. Son fundamentales la realización de investigaciones clínicas, en donde se diferencien los contextos terapéuticos creados con miras estratégicas (es decir, influenciar al cliente según su modo de colaboración o respuesta) de las prescripciones que denominaríamos “técnicas”. Como esa es una tarea difícil, les sugerimos armarse de paciencia y tomar un buen curso de metodología cualitativa, y un curso en donde aprendan a tomar en cuenta las variables de los clientes; por ahora les sugerimos estudiar los trabajos publicados acerca de terapia interaccional y de la terapia orientada a las soluciones, porque parece que esos pioneros captaron antes que muchos ericksonianos las claves para realizar una terapia dentro de un marco de la utilización terapéutica.

Y a todos aquellos que pueden estar preguntándose en estos momentos acerca de qué sería del enfoque ericksoniano sin la “hipnosis”, les digo que pueden tranquilizarse, porque el contexto “hipnótico” igual seguirá siendo útil en la psicoterapia, pero dependiendo del tipo de colaboración del cliente y su fenomenología. Y para aquellos que se resistan a abandonar la imagen de Erickson como “Mr. Hipnosis”, les sugiero dos nuevas imágenes, “Mr. Terapia Breve” o “Mr. Influencia Social”. Creo que Erickson estaría feliz en su cumpleaños número 100, si se percatara que sus discípulos y seguidores han captado la esencia de su enfoque de terapia, y no se han quedado perdidos en un bosque donde están tropezándose con aquellos conceptos que han convertido en cosas materiales… También le haríamos un lindo regalo si los ericksonianos evitaran en la publicidad de sus cursos y en los contenidos de los mismos, destacar las técnicas por sobre los otros aportes de Erickson; [si los ericksonianos actúan así] es probable que existan muchos Diciembre [para reunirse] en Phoenix; en caso contrario es posible que al enfoque ericksoniano le ocurra algo similar al “magnetismo animal” de Mesmer… y eso sería lamentable…» (Pacheco, 2001, p. 9)

Capítulo 14: La terapia “hipnótica” como un puente entre la terapia estratégica y la terapia experiencial: Las emociones en la psicoterapia

En este Capítulo esbozaré algunas de las ideas que he venido reflexionando en los últimos tiempos; solicito al lector que las considere como un fermento útil para su pensamiento y práctica clínica, y no como un producto terminado. Para iniciar este análisis, me permitiré citar primero a algunos autores:
«Uno de los rasgos singulares de los enfoques de terapia breve desarrollados en los últimos 20 años en el Mental Research Institute [MRI] y en el Centro de Terapia Breve en Milwaukee [BFTC], es su falta de énfasis en los sentimientos y emociones. El enfoque del MRI se focaliza en la interrupción y cambio de pautas interaccionales problema repetitivas que representan las soluciones intentadas. El enfoque del BFTC […] ha evolucionado hacia un enfoque que no asume una conexión entre los problemas y las soluciones. Se concentra en la construcción de una solución basada en las excepciones para el problema y en las fortalezas potenciales de las personas. En ambos casos, esto se logra a través de la conversación entre una persona designada como “terapeuta” y una o más personas designadas como “cliente”. Esas conversaciones son guiadas por el terapeuta, tanto como sea posible, hacia descripciones conductuales, ya que éstas son más fáciles de observar y medir que los sentimientos. Esta postura pragmática ha llevado a la crítica que estas terapias breves son frías y mecánicas, y que no son sensibles a las necesidades emocionales de los clientes. En mi opinión, esa crítica sugiere una falta de familiaridad con la práctica del MRI y los enfoques orientados a la solución. Mientras que hay una diferencia teórica entre ellas y otras terapias acerca del rol de los sentimientos y las emociones para el cambio, son sensibles y hacen uso los puntos de vistas particulares de los clientes respecto al impacto de los sentimientos y emociones de sus

problemas y soluciones. […] Con el tiempo esta nueva perspectiva [pensamiento sistémico] reveló algunas limitaciones al trabajar con sistemas humanos, al ser insensible al género, la raza y la cultura. En la búsqueda de teorías que compensaran esos defectos, la terapia familiar se ha dirigido a la biología [biología del conocimiento de Maturana y Varela], la filosofía constructivista, la filosofía del lenguaje [Derrida, Wittgenstein] y el construccionismo social. El énfasis en el lenguaje es uno de los rasgos comunes principales de los enfoques terapéuticos enraizados en el pensamiento posmoderno, tales como el enfoque focalizado u orientado en soluciones, el enfoque narrativo/conversacional [Epston y White], el enfoque del MRI, el enfoque de sistemas de lenguaje colaborativo [Anderson, Goolishian] y la integración de hipnosis ericksoniana y enfoque orientado a la solución [Dolan] […] Esos enfoques se distinguen por sus diferentes técnicas, o por la ausencia de ellas, pero todos comparten la creencia que la terapia es un proceso colaborativo en el cual el terapeuta no tiene ideas preconcebidas respecto a los resultados, sino que ayudar a los clientes a derivar nuevos significados de sus situaciones a través del lenguaje.» (Lipchick, 1999, p. 157-158)

Por su parte, Boscolo y Bertrando (2000) han escrito:
«[…] Hemos observado que existe cierto número de modelos terapéuticos, como los estratégicos, que no hacen una distinción entre patología y normalidad sino, que en cambio, entre problema y solución. Estos modelos, como ya señalamos, se basan en el principio de la causalidad circular que conecta el problema a la solución. Según los terapeutas que se adhieren a esta modalidad, en el proceso terapéutico se utilizan técnicas y estrategias que interfieren con el circuito recursivo problema-solución y, por consiguiente, permiten una solución de los problemas presentados (solución de problemas) en un tiempo breve, de acuerdo con una serie de praxis progresivas. Desde el punto de vista del tiempo, el horizonte temporal está centrado sobre todo en el presente y el futuro. Estas terapias breves caracterizadas por el uso de técnicas específicas para la solución de determinados problemas, también se han definido como “tecnológicas”. En cambio, otro grupo de modelos terapéuticos toman en consideración a la persona como elemento central del proceso terapéutico. El interés principal no recae en la solución de problemas, sino en el cambio de las premisas epistemológicas, de la “visión de mundo” que tiene el cliente o, en otras palabras, en el cambio de la historia en la que está inmerso el cliente. En estos casos, la técnica terapéutica es radicalmente diferente y consiste en la exploración, en la que el terapeuta y el cliente no pueden prever los cambios, que ocurren libremente dentro del diálogo, y sólo a posteriori se podrá expresar en una opinión sobre el resultado de la terapia (mientras que en el primer caso el resultado es visible y juzgable a medida que se procede, con la desaparición progresiva de los problemas presentados). En las terapias centradas en la persona parecen ser particularmente relevantes los factores terapéuticos específicos, como la exploración, la empatía, la atención, el calor humano del terapeuta. A menudo estos modelos se basan en un marco temporal que privilegia la relación presente-pasado (como sucede en el psicoanálisis), o bien la más compleja relación pasado-presente-futuro (como es el caso en el modelo sistémico al que nosotros adherimos). A estas alturas podemos decir que nuestras terapias individuales se inspiran sobre todo en el segundo grupo de modelos. Sin embargo, debemos reconocer que incluso nosotros empleamos a veces algunas técnicas probadas, relativas a los enfoques estratégicos y de inspiración ericksoniana. Estas técnicas han demostrado estar en condiciones de resolver con éxito indudable problemas específicos que afligen al cliente, especialmente en los casos en que esos problemas obstaculizan seriamente la vida cotidiana y ejercen un efecto paralizante e incapacitante (por ejemplo, en algunas fobias, en los ataques de pánico y en algunos trastornos obsesivos-compulsivos). Cuando las técnicas usadas han conducido en un tiempo breve a la desaparición de los síntomas, se considerará la eventualidad de terminar la terapia o de proseguirla, sea por parte del terapeuta o por parte del cliente. En caso que se prosiga, nos comprometemos en la exploración conjunta de la historia del cliente, concentrando la atención en los conflictos o temas significativos de su vida para llegar así –utilizando una terminología posmoderna– a la aparición de historias alternativas que no requieran un precio tan alto en incomodidad o sufrimiento. Nos damos cuenta de que usar las dos modalidades terapéuticas descriptas implica una contradicción. Pero evitarla escogiendo uno de los modelos con exclusión del otro sería, a nuestro juicio, limitativo. ¿Por qué abandonar una modalidad de trabajo que en algunos casos ha demostrado ser simple y eficaz y que nos ha dado no pocas satisfacciones en un determinado período de nuestra labor clínica y de investigación? Aquí podemos expresar la opinión, compartida por muchos, de que un modelo determinado no es necesariamente óptimo para todos los casos tratados: hay situaciones que parecen responder mejor a un modelo de terapia breve basada en la solución de problemas que a un modelo que se propone cambiar la visión del mundo o la historia del cliente. Por ejemplo, tratándose de personas que en la vida enfrentan crisis transitorias, una terapia a largo plazo puede tener el efecto iatrogénico de confirmar una profecía de autocumplimiento, primero del terapeuta y después del cliente, según la cual una terapia de larga duración es absolutamente necesaria, cuando en realidad, para lograr la superación de la crisis, puede bastar una intervención breve dirigida a los síntomas.» (p. 24-27)

Es obvio que los párrafos citados más arriba reflejan en parte la de historia del pensamiento sistémico en los últimos 30 o 40 años y la tendencia actual del movimiento sistémico; la cual Anderson (1999) ha resumido de la siguiente forma:
«Buena parte de la terapia familiar ha ignorado ingenuamente al individuo, o lo ha abandonado intencionalmente, perdiendo así la experiencia individual; y ha separado al yo del tú, perdiendo así la dimensión relacional de la identidad. Para algunos de nosotros, el posmodernismo mueve al individuo y la relación a un primer plano, aunque los conceptualiza en forma muy diferente a la del modernismo. Los supuestos posmodernos destacan ante todo la creación o contextualización social o relacional de la realidad; por ejemplo, sentidos, pautas, categorías diagnósticas y narraciones son producto de las relaciones humanas e interacciones comunicativas. El énfasis puesto en lo social y lo relacional lleva a repensar radicalmente la noción del individuo o el propio ser (se trate del núcleo del ser individual o de seres propios múltiples colectivos), la construcción de si [mismo], la identidad, el propio ser en relación, y la conectividad del yo y tú. » (p. 60-61) (Énfasis en el original)

Un reflejo de la tensión en la concepción de la psicoterapia “adecuada” (Duncan y Miller, 2000; Miller et al. 1997) es la siguiente reflexión de Fisch acerca de los aportes de Erickson a la terapia:
«[…] Erickson redefinió el “estado alterado” como el de un percatarse expandido de las posibilidades y opciones. Pero su retención de la noción de estado alterado –un estado de “trance”– es consistente con su pensamiento de los problemas desde un punto de vista monádico u orientado al individuo. […] Sin embargo, dentro de este marco respecto a la hipnosis, Erickson desarrolló un estudio de cómo las personas le respondían a él y a otros. Concomitantemente, emprendió un estudio disciplinado del uso de la comunicación verbal y no verbal para alterar respuestas y, por último, problemas conductuales. (Uno podría decir que la “terapia hablada” comenzó con la hipnosis, pero hasta Erickson, el lenguaje no fue considerado como una potente herramienta de influencia por si mismo.) Al desarrollar su enfoque lingüístico, ya fuera que usara metáforas, analogías, indirección, contradicción, “trance” o sólo “hablar” con lenguaje común, Erickson abrió la puerta para investigar y redefinir los conceptos de influencia interpersonal. Es mi opinión que los desarrollos de Erickson en “hipnosis” no son el impacto principal, ni potencialmente principal, de su trabajo; tampoco es de importancia principal su redefinición del “inconsciente” como benigno y creativo (realmente la concepción de Jung de un inconsciente creativo precedió a la de Erickson.) Más bien, el contexto o concepto de “trance” permitió a Erickson desarrollar una disciplina de la influencia humana, y la metáfora del “inconsciente” que le daba la libertad para despatologizar los problemas humanos. Mi preocupación es que esos dos puentes del desarrollo de formas más efectivas para resolver problemas humanos, sean oscurecidos y no cruzados. Asimismo, gran parte del interés en el trabajo de Erickson ha sido desviado hacia replicaciones de su técnica y vocabulario hipnótico […] La reificación de su uso de la metáfora del “inconsciente”, empañará, probablemente, las amplias implicaciones de una teoría despatologizadora de los problemas […] Anteriormente comenté que Erickson estaba orientado monádicamente y sé que esto debe soñar extraño a muchos lectores. El trabajaba a menudo con miembros de la familia del paciente y conversaba respecto a la vida familiar y la relación de los problemas del paciente con los miembros de la familia. No obstante, en su trabajo, se enfocaba sobre el paciente identificado. No importaba cuán difícil o “resistente” fuera el paciente, Erickson, no obstante, tendía a trabajar con él antes que con el contexto social más amplio de la familia. […] El punto que surge aquí es que la reverencia sin consideración de los logros de Erickson, limitará la expansión de las ideas y no re-examinará y no desafiará su punto de vista gonádico. Y, como también, lo he comentado, la reificación del “inconsciente” limitará la expansión de las contribuciones seminales de Erickson, al demorar su integración en otra “revolución” conceptual –los conceptos de sistemas.» (Fisch, 1990/1994, p. 208-209) (Énfasis en el original)

En una réplica a las preocupaciones de Fisch, Rossi (1990/1994) afirma y se pregunta:
«Fisch reconoce abiertamente: “Erickson estaba monádicamente orientado.” No sé, sin embargo, por qué Fisch dice, “Esto deberá sonar extraño a muchos lectores.” No puede sonar extraño a nadie que realmente haya leído los Collected Papers de Erickson. Generalmente Erickson trabajó uno-a-uno con sus pacientes. Incluso cuando estaban presentes dos o más miembros de la familia, su acercamiento típico era usar a los otros miembros de la familia solamente como un telón de fondo para facilitar respuestas

terapéuticas intrapersonales importantes. Incluso el examen más precipitado de los artículos que escribió el mismo Erickson revela una intensa preocupación de los psicodinamismos ocurriendo dentro del individuo, en una forma monádica […] ¿De dónde proviene, entonces, todo el reciente rechazo a las principales investigaciones hipnóticas de los mecanismos intrapersonales, inconscientes de la psicopatología que hizo Erickson? Muchos de nosotros estamos comenzando a preguntarnos si el MRI es “¡El brujo que robó a Erickson!” Desde luego, son evidentes muy tempranamente en las Conversations with Milton H. Erickson de Haley, el ejemplo de una actitud arrogante de parte de algunas personas del MRI para desembarazarse del enfoque intrapersonal de Erickson y su uso del concepto del inconsciente.» (p. 236-237) (Énfasis en el original)

Más adelante en su réplica, Rossi escribe:
«Creo que el punto de vista interpersonal tiene importantes contribuciones que hacer en un mundo que se desgarra con las tensiones interpersonales catastróficas de nuestros días. Pero, también creo en la autonomía e independencia del trabajo individual dentro de si mismo en un nivel intrapersonal, como un aspecto importante del crecimiento y la madurez. Los puntos de vista intrapersonal e interpersonal son complementarios; necesitamos a ambos en un enfoque bien balanceado de la teoría y práctica de la psicoterapia.» (Rossi, 1990/1994, p. 242)

Sin embargo, la historia de la psicoterapia nos enseña que tradicionalmente los enfoques en los cuales la noción del si mismo y las emociones juegan un rol importante en la concepción teórica y en la práctica de esos enfoques, son terapias estructuradas en y torno a una teoría del ajuste y desajuste psicológico que supone que los problemas actuales del cliente se relacionan con causas en su historia pasada; y el tratamiento “correcto” (una terapia en “profundidad”) supone el descubrimiento y corrección de esas causas. Esto suele dar origen a terapias que se centran en un individuo desconectado de su entorno de relaciones interpersonales significativas; a la vez que el interés de la terapia está colocado en el pasado, lo cual tiende a alargar los tratamientos. Asimismo, en esos enfoques se aprecia un énfasis en las metas de tratamiento derivadas de los modelos teóricos, más que en las metas o urgencias de los clientes; lo cual también tiende a alargar las terapias. La duración de los tratamientos terapéuticos no puede ser un asunto de las preferencias personales de los terapeutas o según el dictado de la teoría a la cual se adscribe el terapeuta. De acuerdo a las investigaciones de la eficacia de la psicoterapia difundidas por el Instituto para el Estudio del Cambio Psicoterapéutico de Chicago (Duncan et al, 1998; Duncan y Miller, 2000; Duncan et al., en prensa; Miller y Duncan, 1997), las investigaciones respeto a la eficiencia de la terapia (duración) muestran que:
«Los estudios de meta-análisis, por ejemplo, muestran que entre el 60 al 65% de las personas experimentan alivio sintomático significativo entre una a diez visitas –lo cual se aumenta al 70-75% después de seis meses, y sube al 85% en un año […] Esos mismos hallazgos también muestran “un curso de disminución del retorno [del cliente] mientras se requieran más esfuerzos para lograr diferencias que puedan ser advertidas en la mejoría del paciente” a medida que el tratamiento se alarga. En forma importante, la pareja de hallazgos es que: (1) el cambio aparece más temprano que tarde en una terapia exitosa; y, (2) hay un curso de disminución a medida que el tiempo del tratamiento se alarga, lo cual no debiera ser construido como acusaciones a las terapias que se extienden más allá de un número manejable de sesiones. Por el contrario […] los datos obligan a una continuación del tratamiento según sea el progreso y el interés del paciente. En otras palabras, mientras el monto de cambio disminuye con el tiempo, los clientes continúan beneficiándose con la continuación del tratamiento. Al mismo tiempo, sin embargo, los hallazgos dejan claro que las terapias en las cuales ocurre poco o ningún cambio (o un empeoramiento de los síntomas) tempranamente en el proceso de tratamiento, tienen un riesgo significativo de un resultado nulo o incluso negativo. De hecho, la mejoría temprana –específicamente, la experiencia del cliente de cambio significativo en las primeras visitas– está emergiendo como uno de los mejores predictores del eventual resultado del tratamiento.» (Duncan y Miller, 2000, p. 92-93) (Énfasis en el original)

Si tomamos en cuenta las afirmaciones de Rossi (1991/1994) que un modelo bien equilibrado debiera integrar las aproximaciones intra e interpersonales, podemos

preguntarnos, entonces, desde qué perspectiva haremos esa integración. Propongo que este análisis, en lugar de llevarse a cabo de acuerdo a las inclinaciones de los terapeutas hacia algún enfoque en particular, se realice de acuerdo a los factores de eficacia de la terapia descritos por Miller y sus colaboradores. Esos autores, además, han descrito algunas pautas que pueden ocupar los terapeutas para que sus tratamientos sean eficaces. Respecto a la integración en psicoterapia, Duncan y Miller (2000) afirman «que preferimos ver la integración desde el ventajoso punto de vista del cliente: La integración es la mezcla singular de ideas del cliente que culmina en una nueva teoría que explica y predice la circunstancia específica del cliente.» (p. 146-147). Más adelante esos autores afirman: «Compartimos muchos de los ideales del movimiento ecléctico, aplaudimos la denuncia de la rigidez de un único modelo […] El problema que, sin embargo, mina los esfuerzos integrativos es el mismo que sentencia a los modelos a la mediocridad –es decir, la figura clave, el cliente, ha sido dejado fuera. La mayoría, si es que no todos, los esfuerzos de la integración y el eclecticismo se concentran exclusivamente en el marco de referencia del terapeuta, la jerarquía del marco del terapeuta para la integración, la síntesis del terapeuta de la miríada de modelos que existen, y la sabiduría del terapeuta para la selección de la técnica o estilo relacional.» (p. 147) Para este efecto, Duncan y Miller (2000, 2001) proponen que se tome en cuenta la “teoría del cambio del cliente”. Al respecto citan y analizan los siguientes extractos de dos casos clínicos de Erickson:
«”Erickson vio a Kim, una maestra acongojada por un hombre joven desnudo que estaba colgando justo encima de su cabeza. Le pidió a Erickson que no se deshiciera del joven, sino que detuviera su interferencia con su vida cotidiana. Sugirió a Kim que dejara al joven desnudo en un armario en su oficina donde estaría seguro y no interferiría con su clase. Al principio ella comprobaba si el joven estaba allí, pero gradualmente detuvo [este comportamiento]. Muy posteriormente, Kim se traslado a otra ciudad y le preocupaban sus “episodios psicóticos.” Erickson le sugirió que colocara los episodios psicóticos en un envase de manila y se lo enviara por correo. Ocasionalmente, ella enviaba a Erickson un episodio psicótico y mientras tanto ella continuaba una vida productiva.” ”Erickson vio a Bob, quien quería que se corrigiera su conducción irresponsable y temeraria. Erickson le preguntó que podía hacer él para ayudarlo, y la respuesta de Bob fue que Erickson no podía hacer nada, que Bob tendría que hacerlo a su modo. Erickson le preguntó respecto a cuán pronto él deseaba hacer los cambios, y Bob dijo que al mes siguiente debiera estar conduciendo en forma adecuada. La afirmación de Bob que él debería hacerlo a su propio modo fue repetido en varias formas durante dos sesiones. Dos semanas después, Bob reportó jubiloso que había manejado las cosas a su propio modo. Había conducido tan temerariamente que, en un punto, había abandonado su auto justo antes de chocar con un cerro. Desde ese incidente, había estado conduciendo en forma segura y dentro de los límites de velocidad permitidos.” Erickson tenía una inquebrantable creencia en las capacidades de auto-curación de las personas, y se enfocaba intensamente en la visión que tenían los clientes acerca de sus problemas, sus metas de la terapia, y sus ideas acerca del cambio. Erickson comprendió la importancia de no intentar eliminar el hombre desnudo de Kim o confrontar el deseo de Bob de “hacerlo a su modo.” Erickson no se replegó a sus propios miedos (por ejemplo, que podría estar “reforzando las alucinaciones de Kim”) o a preferencias de tratamiento a priori que necesitaba hacer “algo” con Bob). Por el contrario, ofreció información basada solamente en el contenido suministrado por el cliente y no insertó contenidos provenientes de un marco teórico.» (Duncan y Miller, 2000, p. 153)

Dentro de la tradición ericksoniana, los diversos modelos de terapia estratégica, ya sea que estén enfocados en los problemas (MRI, terapia familiar estratégica de Haley y Madanes) o enfocados en la solución (Milwaukee), han desarrollado diversas pautas de relación terapéutica y técnicas de intervención que permiten abordar exitosamente en un tiempo breve los “problemas interaccionales” de los clientes. Sin embargo, puesto que esos modelos han prestado poca atención a las emociones, permanece la interrogante acerca desde qué perspectiva abordar ese aspecto del ser humano. Desde el punto de vista de la posición del terapeuta en la terapia estratégica para resolver problemas (léase Erickson, Haley y MRI), ésta es la del experto que recoge del paciente la información necesaria para formular un problema (el cual es visualizado

desde un marco político, Keeney y Ross, 1987) que puede resolverse llevando a cabo prescripción de acciones (comportamientos) que rompan el circuito vicioso que mantiene la queja. Este modelo funciona muy bien con aquellas situaciones que describen anteriormente Boscolo y Bertrando (2000); pero no responde adecuadamente a otros conflictos humanos que difícilmente pueden ser traducidos fácilmente a ese tipo de circuitos, y que más bien tienen relación con un marco semántico que político (Keeney y Ross, 1987) en el discurso del cliente: los significados de esas experiencias para el cliente. La experiencia o vivencia del cliente respecto a su problema tiene importancia para el terapeuta estratégico en lo que respecta al grado de colaboración del cliente para llevar a cabo tales prescripciones (marco político cliente-terapeuta [Keeney y Ross, 1987]). La casuística de Erickson revela que cuando Erickson realizaba un abordaje intrapersonal, generalmente recurría al uso del hipnotismo (Erickson y Rossi, 1979; Erickson 1980d). Sin embargo, debido a la falta de una sistematización escrita por el mismo Erickson acerca de las pautas que guiaban su terapia, tenemos que contentarnos con sus frases típicas: “experiencia clínica” y “observación”. Rossi (Rossi y Erickson, 1979) ha escrito lo siguiente acerca de Erickson y su abordaje de los síntomas psicosomáticos:
«La teoría básica de la medicina es que los síntomas son formas de comunicación. Como tales, los síntomas son señales o claves importantes de problemas en el desarrollo que están en el proceso de hacerse conscientes. Ya que los pacientes no pueden expresarlos claramente en la forma de insight cognitivo o emocional, encontrará expresiones psicosomáticas como un síntoma corporal. […] La hipnosis ha sido una herramienta importante en la evolución de esta teoría básica de la medicina psicosomática y continúa siendo hoy una modalidad importante para la resolución del comportamiento sintomático. La principal contribución de Erickson en esta área es el descubrimiento que mientras que el insight emocional es generalmente un acercamiento muy deseable en la resolución de los problemas psicosomáticos, esto no significa que sea la única ruta. Ha desarrollado formas de resolución del comportamiento sintomático “directamente en un nivel inconsciente”. Es decir, los síntomas pueden ser resueltos al trabajar con los psicodinamismos del paciente en una forma en que la consciencia no sabe por qué el síntoma corporal desaparece. Además, el problema del desarrollo que se había expresado en el síntoma también es resuelto de una forma aparentemente espontánea. […] ¿Por qué esos procesos son tan efectivos? Creemos que funcionan porque utilizan las propias experiencias vitales y pautas de aprendizaje previo del paciente en una forma terapéutica.» (p. 143-144)

Sin embargo, la individualización de la terapia que efectuaba Erickson y su falta de explicaciones clarificadoras de su trabajo, sólo puede llevar al terapeuta interesado en la réplica de sus tratamientos a una mala copia de tratamientos efectivos para pacientes singulares en el contexto terapéutico Erickson–ese(a)-cliente. Rossi ha venido desarrollando desde mediados de los ’80 un enfoque psicoterapéutico que se apoya en el lenguaje indirecto de Erickson para formular estrategias de intervención pertinentes a los problemas presentados por el cliente (Terapia psicobiológica: Rossi 1986/1993; 1996; Rossi y Cheek, 1988) y que posee algunas similitudes con la terapia experiencial inserta en la corriente “humanista”; enfoque que considera crucial a las emociones en el tratamiento de los clientes. Para clarificar este punto, trataré en forma sucinta ambos enfoques de psicoterapia, y analizaré sus puntos en común y sus diferencias. Terapia experiencial La terapia experiencial se asocia con el trabajo de Rogers y Gendlin (1999). Sin embargo, para un análisis actual de este enfoque trabajaré con los conceptos de Greenberg y sus colaboradores (1996). Esos autores afirman que, «las terapias orientadas a la vivencia comparten la creencia en la singular capacidad humana para la reflexión consciente, y una teoría del funcionamiento humano que se centra en la unicidad de la experiencia interna y la

construcción de significado de cada persona. Así, abogan por una variedad de métodos que permiten a las personas “acceder conscientemente” a su propia experiencia interna y expresar y simbolizar los significados previamente implícitos o los sentimientos bloqueados.» (Greenberg et al., 1996, p. 55) Además, «en esta perspectiva se considera que los seres humanos están orientados hacia el desarrollo y la completa evolución de sus propias potencialidades. Los principales elementos de la disfunción son que la experiencia organísmica no acceda a la conciencia y que se bloqueen las capacidades de desarrollo. Por tanto, fomentar la conciencia de la experiencia y facilitar la atención a la tendencia al desarrollo son cuestiones centrales para la terapia vivencial.» (Greenberg et al., 1996, p. 55) La teoría a la base de la terapia vivencial propuesta por Greenberg y sus colaboradores, es lo que Greenberg y Pascual-Leone (1998) han denominado un “enfoque constructivista dialéctico del cambio vivencial”. Resumidamente, la teoría de estos autores indica que la experiencia inmediata que posee una persona de la realidad interna y externa es una construcción del si mismo y del mundo, guiada por una sensación sentida implícita que resulta de una síntesis automática y dinámica de la complejidad interna del individuo. «Usamos el término complejidad interna como una descripción fenomenológica de la conciencia que viven las personas acerca de su propia vida mental interna, en el contexto de la vida. Cuando se le presta atención, esta complejidad interna puede estar simbolizada en conciencia reflexiva para crear distinciones o experiencias en las que, por otra parte, también se puede influir mediante un procesamiento conceptual para generar explicaciones o significados nuevos y vitales.» (Greenberg y Pascual-Leone, 1998, p. 150) Los significados y la sensación corporal concomitante surgen a partir de la activación automática producida por la situación y el estado interno del sujeto de los componentes de procesamiento de información (esquemas) en un repertorio individual, y de la síntesis de esos esquemas en una nueva representación de esa complejidad interna. La sensación corporal experimentada,
«[…] restringe las posibles construcciones conscientes que la pueden satisfacer, al mismo tiempo que elimina muchos otros posibles significados. No obstante, una parte crucial de del proceso de creación de significados es la creación de distinciones lingüísticas para expresar dicha sensación corporal de significado implícita. La experiencia vivencial no sólo está formada plenamente “dentro” de nosotros, sino que también necesitamos poner en palabras nuestros sentimientos para hacerlos plenamente conscientes. La articulación, casi siempre a través del lenguaje, es por lo tanto crucial en la creación de nuevas experiencias y significados conscientes. La experiencia, aunque está constituida en parte por la creación de distinciones lingüísticas, no está totalmente determinada por un orden lingüístico impuesto desde fuera, como han propuesto ciertos constructivistas radicales, construccionistas sociales y deconstruccionistas […] La naturaleza humana tiene su propio orden y no espera de manera indiferente a que el orden le venga impuesto desde fuera por el lenguaje y la cultura. Las personas se guían por su propia complejidad interna en interacción con las particularidades de una situación, lo que se experimenta como una sensación de significado experimentada corporalmente.» (Greenberg y Pascual-Leone, 1998, p. 150-151)

En la práctica terapéutica esos conceptos se traducen en los siguientes principios para efectuar una terapia en un enfoque vivencial y procesual (Greenberg et al., 1996, p. 129-146): Principio 1: Armonía empática: Contactar y ser armónicamente empático con el marco de referencia interno del cliente Desde el punto de vista del terapeuta, ser armónicamente empático implica: a) El terapeuta renuncia o coloca de lado sus ideas o formulaciones concebidas previamente respecto al cliente; b) Entra activamente y toma contacto con el mundo del cliente;

c) d)

El terapeuta armoniza con la experiencia del cliente, experimentándola por si mismo; y El terapeuta “atrapa” lo que es más esencial o conmovedor para el cliente.

Principio 2: Vínculo terapéutico: Comunicar empatía en una relación auténtica de aprecio Este principio esta basado en las condiciones necesarias y suficientes de Rogers para el cambio terapéutico (empatía, aprecio y autenticidad). Principio 3: Colaboración en las tareas: Facilitar la implicación mutua en los objetivos y tareas de la terapia Este principio implica los siguientes aspectos: Acuerdo en los objetivos, «En primer lugar, el terapeuta tiene que establecer un acuerdo sobre los objetivos generales del tratamiento, aquellos problemas sobre los que el cliente desea trabajar en la terapia. En este enfoque el terapeuta trabaja para comprender la visión del cliente de sus objetivos y problemas y acepta los objetivos del cliente, en lugar de imponerle los suyos. […] [El terapeuta] acuerda implícita o explícitamente trabajar con el cliente sobre los problemas presentados; éstos pueden ser problemas específicos tales como tratar con una falta de resolución o una decisión sobre la relación, u objetivos generales, tales como sentirse mejor, estar menos deprimido u obtener una sensación de mayor control en su vida. A medida que el tratamiento prosigue, el cliente normalmente perfeccionará y desarrollará un objetivo particular, lo que requiere que el terapeuta esté armonizado con esta evolución natural. El objetivo sobre el que el cliente y terapeuta están trabajando tiene que ajustarse, en todo momento, al estado actual del cliente o, en caso contrario, el tratamiento fracasará.» (Greenberg et al., 1996, p. 138) Acuerdo en la tarea global, «Debido a que el tratamiento se basa en la tarea global o general de experimentar y explorar los sentimientos, la terapia sólo tendrá éxito si los clientes, al menos provisionalmente, aceptan estas tareas. Aunque esas tareas sean lo suficientemente generales como para que se llegue a un acuerdo con la mayoría de los clientes, en la práctica, un grupo reducido las encuentra inaceptables. Esto normalmente ocurre porque e encuentran a si mismos incapaces y necesitados de que una autoridad enérgica les guíe para proporcionarles consejos, autocomprensión, apoyo, o porque buscan intervenciones conductuales específicas.» (Greenberg et al., 1996, p. 138) Acuerdo en la tarea específica, «Para que los clientes puedan trabajar en las tareas terapéuticas específicas, ambos deben estar dispuestos y ser capaces de llevar a cabo las distintas formas de actividad terapéutica. […] De este modo, el terapeuta informa al cliente de los trabajos y tareas específicas propuestos para fomentar la colaboración y el acuerdo de los clientes para implicarse en ellos.» (Greenberg et al., 1996, p. 138-139) Tono colaborador y capacidades del cliente para la tarea, lo cual implica motivar y capacitar a los clientes para que se impliquen en las actividades de la terapia. Esto requiere una actitud que se comunica a través de «un estilo colaborador y no impositivo y al evitar una conducta excesivamente definitiva o “experta”. Esto se produce por la voluntad de considerar alternativas, de admitir errores o malentendidos y negociar desacuerdos. Todo esto se hace para fomentar una alianza de coexploración en la cual ambos participantes trabajan juntos para explorar y promover la reorganización de la experiencia del cliente. La participación activa del cliente es esencial.» (Greenberg et al., 1996, p. 139) Greenberg y sus colaboradores afirman que los tres principios enunciados más arriba describen el tipo de relación terapéutica ofrecido en su enfoque. Los tres principios siguientes se relacionan con las tareas (técnicas) terapéuticas. «Los principios de las

tareas se basan, generalmente, en el supuesto que los seres humanos son organismos activos, intencionados, con una necesidad innata de exploración y dominio de su medio ambiente. Esto se expresa específicamente en los intentos por alcanzar objetivos personales y resolver problemas internos.» (Greenberg et al., 1996, p. 140) Los principios de las tareas son tres: Principio 4: Procesamiento vivencial: Facilitar los procesos óptimos y diferenciales de los clientes Los autores afirman que lo importante es implicar al cliente en un procesamiento vivencial, más que conceptual. Es decir, y de acuerdo a la teoría, el terapeuta ayuda a través de las tareas a que el cliente pueda simbolizar adecuadamente sus experiencias. Principio 5: Fomentar el crecimiento y la autodeterminación del cliente (crecimiento/elección) Este principio se deriva de la filosofía existencial que está implícita en el enfoque, el cual «enfatiza la importancia de la acción interna del cliente. Esto se manifiesta en las tendencias gemelas hacia el crecimiento/dominio y autodeterminación/elección. Así, el terapeuta enfatiza y valora el potencial del cliente para el desarrollo y la posesión de si mismo, por un lado, y para la libertad, la elección y la interdependencia madura, por otro.» (Greenberg et al., 1996, p. 142) Principio 6: Conclusión de la tarea: Facilitar la conclusión de tareas terapéuticas específicas Como muchas de las tareas no finalizan una vez colocadas en marcha, el terapeuta necesita ayudar al cliente a finalizar las tareas terapéuticas. Greenberg y sus colaboradores han realizado un análisis de flujo de cada tarea o técnica terapéutica (desde la perspectiva del terapeuta y del cliente), con el objetivo que los terapeutas puedan reconocer con exactitud los pasos de cada tarea. Respecto a las técnicas terapéuticas vivenciales, Greenberg y sus colaboradores (1996) han especificado indicadores en el discurso del cliente que aconsejan el uso de una determinada técnica. Puede ocurrir, sin embargo, que la ejecución de una técnica dé cómo resultado otros indicadores que indican que debe aplicarse una nueva tarea para continuar con el trabajo de integración. Esos autores han sistematizado en la siguiente tabla los indicadores, la técnica (operación) a utilizar y el estado final de su puesta en práctica.
(Tomado de Greenberg et al., 1996, p. 169) IndicadorOperaciónEstado finalReacción problemática (problema de autocompresión).Despliegue evocador sistemático.Nueva visión del funcionamiento del si-mismo-en-el-mundo.Sentido poco claro o ausente.Enfoque vivencial [focusing de Gendlin, 1999].Simbolización del sentido; procesamiento productivo vivencial.Escisión auotevaluadora (autocrítica, estar atormentado).Diálogo de las dos sillas [Perls].Autoaceptación, integración.Escisión autointerruptora (sentimiento de bloqueo, resignación).Representación de las dos sillas [Perls].Autoexpresión, autorización.Asuntos inacabados (sentimiento desagradable persistente hacia otro específico).Trabajo con la silla vacía [Perls].Perdonar al otro o entenderlo, afirmar al si mismo separado.Vulnerabilidad (emoción dolorosa relacionada con el si mismo).Afirmación empática [esto implica el manejo del lenguaje de la empatía desarrollado por Rogers].Autoafirmación (sentirse comprendido, esperanzado y fortalecido).

En un trabajo posterior (Greenberg y Paivio, 2000), Greenberg realiza un acucioso análisis de las emociones y los sentimientos, y propone tareas terapéuticas para abordar esos indicadores en la experiencia del cliente. El análisis de los principios de la terapia vivencial de Greenberg y sus colaboradores, permite encontrar diversas similitudes con principios de la terapia de Erickson. Sin embargo, desde el punto de vista del objetivo general de la terapia, esa similtud es aparente. Como hemos visto, la terapia experiencial descrita busca crear un entorno terapéutico que facilite la generación explicaciones o significados nuevos y vitales para el

cliente, posibilitando que éste trabaje con sus explicaciones y significados en el proceso de la terapia. Y en este sentido, el terapeuta es un facilitador de ese contexto terapéutico. En la terapia de Erickson, el énfasis está colocado en la interrupción de los esquemas mentales y/o conductas limitantes que impiden la construcción de nuevos significados para el cliente. A Erickson no le interesaba trabajar en la sesión terapéutica la construcción de esos nuevos significados a través del diálogo terapéutico, sino que confiaba que una vez liberado el cliente de esas ataduras podría reinsertarse saludablemente en la vida cotidiana y las “fuerzas” de la vida cumplirían su papel (efecto “bola de nieve”). Cuando Erickson propone que la terapia debe ser hecha desde el marco de referencia interna del cliente, y se esfuerza por crear una alianza terapéutica con el cliente, no lo hace en el entendido que la alianza terapéutica posee un valor curativo en si misma (como lo entendía Rogers, o como lo han evidenciado los estudios actuales de la eficacia de la terapia [Miller et al., 1997]), sino que buscaba influenciar la experiencia del cliente, para que éste colaborara llevando a cabo las prescripciones de comportamiento que Erickson sugería desde su rol de experto. Terapia psicobiológica de Ernest Rossi Rossi, como terapeuta y teórico de la psicoterapia, ha seguido un camino bastante singular; y sus antecedentes profesionales así lo demuestran. Antes de obtener su PhD en psicología, estudió bioquímica; y posteriormente estudió medicina psicosomática con Franz Alexander; se formó en psicología jungiana (ha formado parte del consejo de certificación del Instituto Carl Jung de Los Angeles, y ha sido director de la revista Psychological Perspectivas editada por ese Instituto); durante los años 1972-1980 colaboró con Erickson (Hypnotic Realities [1976], Hypnotherapy [1979], Experiencing Hypnosis [1981] y The Febraury Man [1989]) y es el editor de los Collected Papers de Erickson (4 volúmenes) y de los 4 volúmenes de The Seminars, Workshops, and Lectures of Milton H. Erickson. Desde el año 1986 ha venido publicando su perspectiva psicobiológica de le hipnoterapia naturalista y de utilización de Erickson (Bowie y Pacheco, 1993); y en los años ’90 ha venido integrando diversas disciplinas para la formulación de una teoría caos-biológica del trabajo hipnoterapéutico (Rossi, 1996). Como era de esperar, dada la formación de Rossi, se interesó especialmente en la hipnoterapia y en los acercamientos intrapersonales de Erickson. La lectura atenta del volumen que publicó en 1986 (Rossi, 1986/1993) permite observar que en las estrategias terapéuticas esquematizadas siempre está subyacente la búsqueda de eventos inconscientes relacionados con el síntoma; como por ejemplo en la “fórmula de acceso básica”:
«1. Una introducción temporal que inicia una búsqueda interna: ¿Tan pronto cómo su mente interna (inconsciente creativo, guía espiritual, etc.)) sepa 2. Accesando las fuentes ligadas al estado del problema: que puede revisar algunas memorias importantes relacionadas con la fuente de ese problema, 3. Señal observable de la resolución del problema sus ojos se cerrarán?» (Rossi, 1986/1993, p. 101) (Énfasis añadido)

En el enfoque psicobiológico de Rossi encontramos el siguiente principio básico: «Todos los síntomas son señales» (Rossi, 1986/1993, p. 92).

Desde el punto de vista del enfoque psicobiológico, en lugar de negar o acallar la sintomatología a través de psicofármacos, Rossi se pregunta “¿Qué está intentando decirnos la mentecuerpo con ese ánimo depresivo, la fatiga crónica, un dolor de cabeza, una úlcera, o una neurodermatitis bajo estrés?”. Los síntomas son considerados como señales de la mentecuerpo y se los recibe para luego facilitar procesos creativos de transducción de información que pueden trasformar los aspectos negativos del síntoma en una respuesta terapéutica. (Rossi, 1986/1993) Rossi describe diversas modalidades de comunicación mentecuerpo (imaginería, cognición, identidad, comportamiento, sensación y emoción); cada modalidad puede ser transformada, al menos en parte, en otras para el proceso de información óptimo y la solución de problemas en situaciones vitales nuevas y desafiantes. Rossi afirma que las personas generalmente reportan estar “bloqueadas” cuando sienten que no pueden poner algo en palabras. Pueden estar comportándose tan rígidas e intelectuales que saben algo intelectualmente y no pueden expresarlo o trasladarlo a cambios apropiados en su comportamiento. «Las personas tienen síntomas y problemas cuando su experiencia está bloqueada o ligada al estado en una u otra modalidad, de modo que no pueden usar su talento natural de otros aspectos de su naturaleza.» (Rossi, 1986/1993, p. 93) Según Rossi (1986/1993), con frecuencia, las cogniciones, las percepciones y las emociones son las modalidades mentecuerpo iniciales que señalan que algo está llegando a la consciencia. Algunas personas pueden sentirse avergonzadas o deprimidas, sin saber por qué. Algunas pueden experimentar imágenes que representan una metáfora significativa respecto a las emociones, para un patrón más cognitivo de percatarse sobre lo que está experimentándose. Esos procesos cognitivos o de pensamiento son, generalmente, un registro de la historia personal e identidad. En forma ideal, las nuevas experiencias conducen a una actualización apropiada de antiguos registros e identidad, junto a pautas innovadoras de comportamiento. Este proceso de transducción de información y resolución de problemas puede ejemplificarse a través del siguiente ejemplo clínico de Rossi, en lo que ha denominado “Yendo con el flujo: Convirtiendo los síntomas en señales y los problemas en recursos”, y que describe en tres fases: (1) experimentación de los síntomas y los problemas psicológicos, (2) comunicación mentecuerpo, resistencia, crisis y disociación terapéutica, y (3) curación, insight, síntoma y resolución de problemas. El caso en cuestión trata de una mujer (S) de veintitantos años que había tenido en los últimos años “una serie de problemas ginecológicos misteriosos”. Había visto a muchos médicos, se le habían hecho muchos exámenes e incluso una operación exploratoria “allí abajo”. Varios médicos a quienes respetaba le habían dicho que no tenía ningún problema médico. Eso la llevó a solicitar terapia. A continuación se transcribe la sesión de terapia conducida por Rossi (R), encontrándose en la columna izquierda la interacción de la paciente con Rossi, y a la derecha los comentarios de aquel. (Resumido de Rossi, 1986/1993, pp. 94-99)
En la primera sesión de terapia, ella entró a la consulta anunciando que se había dado una “jaqueca hoy”. R: (En una forma simpática) Dígame cómo está experimentando esa jaqueca en este momento. S: (Con el rostro arrugado de angustia dolorosa) Un terrible cintillo alrededor de mi cabeza que no me deja sola –ha estado golpeándome todo el día, ya que he estado preocupada por mi pareja. No pude dormir toda la última noche porque no puedo sacarla de mi mente. ¡No sé qué tengo que hacer para liberarme esta jaqueca. Incluso no puedo pensar bien ahora, mi mente parece estar loca. ¿Cómo se supone que estudie? R: (Continuando con interés) ¿Qué está experimentando realmente ahora) S: (Respondiendo con un momento de asombro, mientras aparentemente toma contacto consigo misma; arruga su frente con gran dolor y dice en voz alta) ¡La jaqueca está empeorando! ¡Oh, dios, está encendiéndose y apagándose en la peor forma! ¡Y ahora parece estar bajando hacia mi nuca y estoy comenzado a tener el cuello tieso! Oh, como odio esto, es

como una sensación quemante que está esparciéndose desde mi cabeza y mi cuello hacia mi hombro derecho. ¡Todo mi cuerpo es una porquería! R: Bien, realmente parece como si todo su cuerpo estuviera intentado decirnos algo, especialmente respecto a su relación de pareja, de modo que permítase recibir cualquier cosa que surja por si misma en este momento. S: (Durante algunos momentos habla tentativamente de su relación con su pareja y entonces parece tener un quiebre, con fuertes sollozos, sacudidas y llanto.) R: (Ya que la respuesta emocional de ella amenaza con dejarla fuera de control) Eso está bien, puede continuar permitiéndose sentir eso realmente tan fuerte como lo necesite, porque hay una parte de usted que puede observar con sabiduría y mantenerla segura, de modo que pueda comprender qué le están diciendo esos sentimientos. S: (Cae en sollozos tranquilos y finalmente en un silencio durante dos o tres minutos, aparentemente profundamente ensimismada en si misma. Luego advierte con suavidad) Oh, mis mejillas están ardiendo, muy calientes ahora, ¿por qué? Es como si estuviera avergonzada por algo. ¿Por qué estoy tan avergonzada?

Fase 1: Síntomas y problemas psicológicos Rossi inicia una exploración abierta en el campo de la mente/cuerpo al solicitarle que le relate cómo está experimentando la jaqueca en ese momento. El énfasis está colocado en el síntoma, la modalidad sensorio dolorosa de la experiencia, para ayudarla a focalizarse y quizá amplificar esa experiencia sensoria para focalizarse y quizá amplificar esa experiencia sensoria para accesar sus fuentes ligadas al estado. Según Rossi, esto puede ser una vía directa para resolver problema. El tono de voz es de apoyo y optimismo, en una forma exploratoria, implica que los síntomas poseen mucho interés y ya pueden estar cambiando.

Disociación terapéutica.

Rossi guarda absoluto silencio, para no interrumpir la absorción de ella.R: (Ella lo mira con los ojos muy abiertos, en aparente expectación y mirando a R por una respuesta. Sus pupilas y sus ojos parecen dilatados y R responde ansiosamente) Sí, me pregunto qué es. No sé si necesita mantener algo de eso en privado. Sólo continúe recibiendo lo que venga a usted totalmente por si mismo ahora –sólo dígame lo que necesito saber realmente para ayudarla más.Fase 2: Comunicación mente/cuerpo, resistencia, crisis y disociación terapéutica En respuesta a la interrogante que la focaliza, la jaqueca atraviesa por una serie de transducciones sensorio-perceptuales, desde un cintillo a un percatarse y cognición imprecisa. Su asombro y su focalización aparentemente empeoran por un momento los síntomas y después lo transduce en un cuello tieso y sensaciones quemantes que se esparcen por sus hombros. No siempre está presente esta crisis momentánea, pero es similar a las crisis de histeria descritas en el siglo pasado. (Aunque los pacientes modernos raramente atraviesan por las crisis histéricas floridas descritas con anterioridad; más bien la crisis pequeña, como la descrita, es más propia de la típica vida psicosocial actual).

La sugerencia de disociación entregada antes sirve para modular la crisis emocional, dándole confianza que mientras presente su acceso emocional recuperará memorias importantes y el logro de la curación y nuevos insights. Ella responde a la disociación terapéutica con un trabajo interno concentrado, que la conduce a un azoramiento de vergüenza. Solicita una respuesta a Rossi por lo que está experimentando, pero en lugar de interpretarle lo que sucede, éste le sugiere continuar recibiendo esas experiencias y mantenerlas en privado. Esta es una forma de evitar, descargar o debilitar la resistencia; puede experimentar las experiencias en privado, sin temor, informando lo que servirá al terapeuta para ayudarla si es necesario. Mantiene, por lo tanto, el locus e control en ella, y puede facilitar por si misma su propio proceso terapéutico en una forma más adecuada de lo que podría hacerlo un terapeuta ajeno a ella.S: (Permanece en silencio durante algunos momentos y después con un lento movimiento de su cuello susurra) Me veo escribiendo una carta al “Querido John”. No lo estoy reprochando a él o a mi misma. Siempre he sabido esto, siempre he sabido que realmente no funcionaría entre nosotros, pero fue tan divertido para nosotros al principio que quise que continuara. Me doy cuenta ahora que realmente somos personas muy diferentes. Disfruté mucho sus fiestas y sus amistades al principio, pero ahora sé que soy diferente a ellos, necesito mi soledad -como cuando llega mi poema, como una niña pequeña tirando de mi falda, y entonces escribo. Los poemas se han desvanecido todos de mi mente ya que nos hemos estado apagando juntos, pero no puedo vivir sin mis poemas, ellos están en mi. Es sólo la dinámica, usted sabe, es sólo la dinámica la que no funciona entre mi pareja y yo. Odio esas dinámicas pero es cierto, ¿usted sabe? La odio, pero es bueno saber lo que tengo que hacer. S: (Cierra sus ojos, mueve su cabeza lentamente y toma unas profundas inspiraciones de aire. Con una sonrisa torcida dice:) Vea, le dije que me dí esa jaqueca -¡se ha ido completamente ahora! Me siento mucho mejor ahora, gracias. Oh, todo el mundo de pronto parece más claro, realmente puedo ver esta habitación más claramente. (Permanece en silencio durante algunos minutos y después mueve sus ojos y sus labios lentamente, como si estuviera en comunión consigo misma. Finalmente dice:) Umm, sólo el trozo de una frase, está viniendo el comienzo de un poema, realmente puedo sentirlo. Oh, gracias al cielo, es como una epifanía de un cristal de hielo claro en el momento de derretirse con la primavera en el mar del norte. R: (Ella parece haber encontrado su propia solución, pero R lo prueba tentativamente haciendo una broma) Oh, ¿¡realmente le escribirá “Querido John” y le dirá todas las dinámicas!? S: (Responde juguetonamente) ¡Oh, no necio! ¡Solamente le escribiré una bonita carta -quién sabe- quizá un poema! El sabe, el ya sabe la verdad y le enviaré la carta esta misma noche y al hacerlo realmente podré dormir esta noche. Oh, ¿qué hora es? ¡Oh, estoy triste, tengo que irme! Me reuniré con mi grupo de mujeres esta tarde; ellas realmente comprenderán. Después le escribiré la carta y la enviaré personalmente. Muchas gracias, usted realmente ha sido una ayuda, ¡aunque no parece decir mucho!Fase 3: Insight, resolución de problemas Experimenta diversos cambios espontáneos entre las modalidades cognitiva-emocional-identidad. Esta es la rápida culminación de un cambio profundamente significativo de una serie de síntomas físicos en emociones, y la comprensión cognitiva de un problema relacional que ahora es capaz de procesar en un modo óptimo, independientemente del terapeuta, el cual sólo la apoyó y permitió que ocurriera un trabajo significativo en su interior. La sensación de relajación y paz interna que reporta al finalizar la sesión indica que ha experimentado un cambio terapéutico. Desde este punto de vista puede comprenderse cómo los terapeutas pueden distorsionar las propias señales mente/cuerpo del paciente, al entregar sugestiones de relajación al comienzo de la sesión terapéutica. Para Rossi, la ansiedad, la tensión y los síntomas al inicio de la sesión son señales de disposición para hacer un trabajo terapéutico importante.

Como vemos en el ejemplo, Rossi alienta la experiencia del síntoma; el percatarse consciente se enfoca en la sensación, con la esperanza que al estar la paciente inmersa en “un caldero de sustancias informacionales del estrés” (Rossi, 1993), pueda llegar a su consciencia la información disociada, bloqueada. Rossi ha relacionado las fases de este proceso creativo con los ritmos ultradianos «de desempeño óptimo en la curación en la terapia, así como también en la vida cotidiana. El rol del terapeuta en la hipnoterapia centrada en el paciente es “arreglar” las condiciones se modo que el paciente tenga la oportunidad de reconocer y aprender a utilizar las cuatro fases de su proceso creativo» (Rossi, 1996, p. 214) Rossi representa este proceso a través de la figura que se encuentra en la página siguiente. Este autor indica:

«La figura ilustra un nuevo mapa de la naturaleza oscilante de la consciencia y el ser, ilustrando las dinámicas ultradianas del ciclo de 90 minutos del soñar cuando estamos dormidos y el ciclo adaptativo de actividad correspondiente de 90 minutos, pero [que es] muy variable, descanso y curación durante las horas de vigilia. Muchas moléculas mensajeras hormonales del sistema endocrino, como la hormona de crecimiento, la hormona activante y del estrés, el cortisol, y la hormona sexual testosterona, tienen una cumbre ultradiana típica en diferentes momentos del ciclo de 24 horas. Debido a la muy variable y adaptativa liberación de esas hormonas, se reconoce que tienen un impacto dependiente del estado profundo sobre la memoria, el aprendizaje, las emociones y el comportamiento a lo largo del día, es importante que se considere su relevancia en [la construcción] de nuevos modelos del proceso creativo en las artes, las ciencias

y las humanidades, así como también en el trabajo interno esencial de la psicoterapia. La figura ilustra las cuatro fases del proceso creativo en la imaginación activa y la psicoterapia. Este proceso de cuatro fases en la psicoterapia puede ser entendido como la utilización de los ritmos naturales de desempeño y curación que ocurren naturalmente cada dos horas o más a lo largo del día. Las funciones psicológicas de Jung: Sensación, Sentimiento, Intuición y Pensamiento están asociadas frecuentemente con las cuatro fases del proceso creativo. Adviértase cómo la función del pensamiento a menudo aparece más apropiadamente solamente al final del proceso, después que las funciones de la sensación, sentimiento e intuición han tenido una oportunidad para acceder la sabiduría del cuerpo.» (Rossi, s/f) (Énfasis en el original)

(Adaptado de Rossi, 1996, p. 214) «Las cuatro fases del proceso creativo ilustrados […] son una aproximación de un ritmo ultradiano de 90-120 minutos idealizado, de desempeño óptimo y curación en la terapia y la vida cotidiana. El rol del terapeuta en la hipnoterapia centrada en el cliente es “arreglar las condiciones”, de modo que el paciente tenga una oportunidad para reconocer y aprender a utilizar las cuatro fases de este proceso creativo que ocurre una media docena de veces al día.»

Podemos apreciar en esta estrategia –al igual que en el “escalamiento del síntoma” (Rossi, 1986/1993, 1996)– una similitud con la técnica del “focusing en seis pasos” de Gendlin (Gendlin, 1999; Greenberg et al., 1996); puesto que en ambas estrategias se usa la sensación corporal a la cual le falta el referente cognitivo como la guía del trabajo terapéutico. Sin embargo, existe una diferencia entre ambas estrategias: mientras Rossi confía en la “sabiduría” del inconsciente en el proceso terapéutico, la terapia experiencial no usa la metáfora del inconsciente, sino que persigue una simbolización consciente. No cabe duda que esta es una preferencia de los enfoques, que no aporta ni quita a la estrategia en si misma; en ambos casos los resultados dependen del propio cliente y de la pericia del terapeuta para acompañar y guiar al cliente en su proceso. Como puede apreciar el lector, en el ejemplo de Rossi, se está usando el lenguaje hipnótico indirecto de Erickson y conceptos de la hipnoterapia (disociación) para facilitar el proceso de “toma de conciencia” en la paciente. Una vez que la información bloqueada, disociada, llega a la conciencia de la cliente, pueden usarse otras estrategias para facilitar la integración de esa información en la creación de una nueva identidad (del si-mismo). Otra estrategia de Rossi, como el “trabajo de polaridades” (Rossi, 1996) nos recuerda el trabajo con las sillas vacías de Fritz Perls (Greenberg et al., 1996). Ahora Rossi usará las manos y los fenómenos ideodinámicos para reemplazar el trabajo con las sillas

de Perls; pero el objetivo es el mismo: integración de aspectos disociados de la experiencia del cliente. Desde el punto de vista de la naturaleza ultradiana de la experiencia hipnótica, Rossi está trabajando durante la “fase alta” de la hipnosis. En respuesta a una pregunta acerca de este modo de trabajo (tan contrapuesto a la visión del cliente “dormido” durante el trance), Rossi responde:
«Me gusta creer que estoy usando el enfoque naturalista y de utilización de Erickson, en el cual el terapeuta reconoce y facilita cualquier estado de consciencia y ser que el paciente esté experimentando en ese momento. Esto es muy diferente, por ejemplo, de muchos de los enfoques corporales, que presionan para la expresión de la rabia y los afectos, donde la idea es que la catarsis es terapéutica en si misma. Las Preguntas de Acceso Básico, tienden, sin embargo, a evocar estados de activación [arousal], debido a que requieren que el paciente haga alguna clase importante de trabajo interno. Aunque el acercamiento hipnoterapéutico tradicional comienza sugiriendo relajación, comodidad e incluso sueño, la mayoría de los terapeutas tienen en mente eso, pronto focalizarán la atención del paciente en el trabajo interno del cambio terapéutico que es necesario que ocurra. Las fases activas de la mayoría de las formas de psicoterapia requieren usualmente alguna forma de activación u otra para facilitar la fase de transición crítica que el paciente necesita atravesar.» (Rossi, 1996, p. 208)

En respuesta a otra pregunta acerca de si no está sobre-enfatizando en su enfoque permisivo un locus de control interno del cliente, Rossi responde:
«[…] es muy importante enfatizar cuán diferente es el enfoque psicobiológico centrado en el paciente de la idea tradicional que la hipnosis coloca a las personas en una especie de estado en blanco donde son programadas como robots por el terapeuta. Este enfoque autoritario, que ahora denominamos “fase baja de la hipnosis”, aun es una comprensión errónea perpetuada por los medios periodísticos populares, así como también en algunas agencian que financian investigaciones. La nueva visión respecto a la curación en hipnosis es el reconocimiento que la incertidumbre creativa es una parte natural de la fase de transición individual crítica que es experimentada por el terapeuta y el paciente. El proceso hipnoterapéutico es un proceso inherentemente creativo donde el terapeuta y el cliente cooperan en un proceso del cual nunca se sabe con exactitud hacia donde derivará. En lugar de decir “el terapeuta aun mantiene el control…”, ya diría “el terapeuta facilita un relación, al observar cuidadosamente y hacer algunas preguntas abiertas en el momento adecuado. » (Rossi, 1996, p. 237-238)

Respecto a las contraindicaciones de una hipnoterapia centrada en el paciente, Rossi afirma:
Se aplican las mismas contraindicaciones usuales para cualquier psicoterapia. Uno debe ser cuidadoso con los paranoides, los desórdenes de carácter o los pacientes que obtienen ganancias secundarias (v.g., ganancia económica de las compañías de seguros), que están más interesados en explotar la situación psicoterapéutica que en la resolución de problemas y la curación. Una de las dificultades con un enfoque centrado en el paciente muy permisivo, es que algunos pacientes no tienen una adecuada comprensión de lo que realmente necesitan de la psicoterapia.» (Rossi, 1996, p. 238)

Uno podría preguntarse, ¿y cuál es el nuevo aporte de Rossi, ya que los terapeutas experienciales vienen haciendo lo mismo hace años? Mi respuesta es la siguiente: puede ocurrir en la terapia experiencial que el cliente tenga dificultades para trabajar en forma directa y consciente esos aspectos disociados de si mismo, con lo cual puede resultar muy difícil aplicar el enfoque vivencial. La introducción de un constructo como el “inconsciente creativo”, aunado al lenguaje indirecto de influencia terapéutica (Erickson y Rossi, 1979) y la experiencia de fenómenos ideomotores involuntarios que “hablan” desde dentro del cliente, crea una especie de “profecía de autocumplimiento” respecto a que una parte interna del cliente continuará haciendo el trabajo aunque el cliente no se percate de ello. Asimismo, la experiencia de fenómenos involuntarios ayuda a debilitar los esquemas mentales rígidos, y se posibilita una mayor disposición a colaborar en el proceso terapéutico. El aporte de Rossi en su integración de la hipnoterapia de Erickson con una terapia más vivencial no solamente se encuentra en el trabajo con los síntomas psicosomáticos, sino que también la extrapola a su trabajo con los sueños (Rossi, 1998/2000), un área propia de la terapia jungiana y que también está presente en la terapia gestáltica.

Asimismo, a la vez que desde la perspectiva de Rossi podemos estar haciendo un aporte a la terapia experiencial al suministrarle otros medios para alcanzar sus objetivos terapéuticos, los terapeutas ericksonianos harían bien en incorporar a su arsenal de estrategias terapéuticas las diversas técnicas desarrolladas en el enfoque experiencial, especialmente en aquellos casos en que la sola palabra “hipnosis” suscita renuencia a cooperar en el cliente. Desde el punto de vista de la integración en psicoterapia para la construcción de la terapia eficaz que postulan Miller y sus colaboradores, mientras más técnicas o estrategias posea el terapeuta y que encajen con la teoría del cambio que posee el cliente, estaremos entregando un mejor servicio a nuestros clientes. Surge entonces una pregunta de rigor: ¿y cómo se relaciona esto con el legado de la pragmática de Erickson que abogaba por una terapia breve, cuando históricamente ha ocurrido que las terapias que involucran a las emociones tienden a alargar los tratamientos? Mi respuesta es simple: la terapia breve no tiene relación solamente con un número mínimo de sesiones; la terapia se abrevia cuando el terapeuta y el cliente han co-construido metas que tengan sentido para el cliente, y el terapeuta y el cliente se esfuerzan por alcanzar dichas metas. Los modos a través de los cuales se alcanzan las metas no hacen a la terapia más o menos breve. Desde el punto de vista de una terapia eficaz, “breve” no tiene relación con el número de sesiones, sino que es un concepto de eficacia: maximizar la efectividad en el menor tiempo posible. (Duncan et al., 1997). Sin embargo, en la proposición de integración que he presentado en este capítulo, no comparto la idea de Greenberg respecto a que existe una “tarea general” subyacente a la terapia, “conocerse más a si mismo” o propender a la mayor integración del cliente en la terapia. Esa es una elección del cliente, no del terapeuta. Infortunadamente los teóricos de la psicoterapia (léase iniciadores de un enfoque) suelen caer en la trampa de los enfoques”tradicionales” que suponen han superado: que existe un único enfoque que dará respuesta a la mayoría de los problemas humanos. La complejidad de la experiencia humana se resiste a ser encasillada. El desafío para la psicoterapia es la facilitación de contextos que promuevan el amplio desarrollo del ser humano, para lo cual se requieren terapeutas flexibles que puedan adaptarse a las múltiples necesidades de sus clientes. Quizá éste es el lugar oportuno para recordarles a los terapeutas que se adscriben al “enfoque ericksoniano” la tan popular reflexión de Erickson:
“Cada persona es un individuo único. Por consiguiente, la psicoterapia debiera ser formulada para acoger la singularidad de las necesidades del individuo, en lugar de amoldar a la persona para que se adapte al lecho de Procrusto de una teoría hipotética del comportamiento humano”. (Zeig y Gilligan, 1992, p. 22)
Notas:
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Agradezco a mi amigo y colega, Patricio Elgueta, la revisión y sus comentarios de este capítulo. Aspecto que hemos tratado en otros capítulos de este libro.

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Anderson (1999) ha escrito lo siguiente: «Hoy es innegable la influencia de la terapia familiar sobre la psicoterapia en general […] La terapia familiar abrió el espacio para un cambio paradigmático que mudó a la psicoterapia desde su anclaje en la pregunta del por qué (una perspectiva unidireccional, de causa-efecto, orientada hacia el pasado) hasta un nuevo anclaje en la pregunta del qué (centrada en las conductas, la comunicación, el lenguaje, las creencias). Este nuevo paradigma llevó sobre todo a reconocer la contextualización de la conducta humana, y a comprender al individuo en relación con otros. En lugar de ver la conducta desde una perspectiva intrapsíquica, se le ve en el contexto de los sistemas, y el intento se desplaza al marco de referencia interaccional o interpersonal dentro del cual ocurre la conducta, anormal o problemática. Este cambio permitió describir, explicar, localizar y, por lo tanto, tratar los problemas en forma diferente. La terapia familiar también “hizo público” el proceso de la psicoterapia, que dejó de ser un suceso secreto y sagrado, para convertirse en un tema de estudio, observación e intercambio; quizá sea esta la contribución más importante de la terapia familiar a la incesante
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cadena de transformaciones teóricas y clínica.» (p. 57-58) (Énfasis en el original) En un artículo de Guidano (1998) en el cual describe a grandes rasgos su terapia constructivista, enuncia las siguientes fases del proceso terapéutico: Fase 1: Preparación del contexto clínico interpersonal; Fase 2: Construcción del contexto terapéutico; y Fase 3: Realización del análisis evolutivo. Llama mi atención como ese autor ha prefijado de antemano la duración de cada fase de tratamiento: Fase 1, “un mínimo de 1-2 sesiones y un máximo de 7-8” (p. 140); Fase 2, que se divide en dos subfases: “Enfoque y reordenamiento de la experiencia” que “puede durar de 4 a 8 meses” (p. 142); y “Reconstrucción del estilo afectivo del cliente”, “que puede durar de 3 a 7 meses” (p. 144). La Tercera Fase de la terapia, “dura entre 3 y 6 meses y tiene lugar durante el segundo año de la terapia” (p. 146).
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Esto no significa que el terapeuta acepte las ideas socialmente objetables del cliente. Sin embargo la pericia del terapeuta le puede permitir trabajar con esas metas. Se sugiere revisar el capítulo del volumen de DeJong y Berg (1998) respecto a las metas bien construidas en terapia.
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Keeney y Ross (1987) ha denominado marco político de referencia a la organización cibernética de la comunicación en los sistemas de vínculos humanos.«La orientación estratégica de Jay Haley y la perspectiva interaccional de Watzlawick y colaboradores, entre otrosa portes, se comprenden con más claridad dentro de este marco, a saber, que ponen el acento en la política de la comunicación: quién-hace-qué-a-quién-cuando; o más específicamente, la organización cibernética de la terapia. […] Ahora bien, un marco político de referencia no necesariamente implica poder social o jerarquías. Estos términos son en realidad marcos semánticos que confieren sentidos a marcos políticos de referencia. […] Una pauta secuencial de conducta indica un marco político de referencia, pero describir esa misma secuencia en función de poder social nos desplaza a un marco semántico de referencia: estas descripciones de poder social nos dicen más sobre el modo en que un terapeuta construye significados, que sobre la organización de un contexto terapéutico. […] Los terapeutas abordan una gran diversidad de marcos específicos, pero todos utilizan marcos de referencia así semánticos como políticos. Este distingo es el principal instrumento que permite levantar un mapa de la terapia en tanto es una oscilación pendular entre aquellos y estos. Es cierto, sin embargo, que algunos terapeutas prefieren una clase de marco a la otra. Pero si en sus descripciones ponen unos el acento en acento en el significado de sucesos pasados, presentes y futuros, mientras que los otros lo ponen en la política de los sucesos pasados, presentes y futuros, todos emplean marcos de referencia tanto semánticos como políticos. […] Todas las terapias familiares sistémicas incluyen significados semánticos aunados a las pautas políticas que organizan la interacción social. Por desdicha, algunas de las teorías sobre terapia familiar sistémica han dejado de lado el marco semántico. Los terapeutas de esta orientación tienen que reinstituir el valor de la semántica poniendo el acento en su interrelación con los marcos políticos. Las diversas terapias familiares sistémicas obedecen a pautas en que los marcos políticos y semántico se entretejen, y por ese camino construyen realidades terapéuticas.» (p. 26-27, 29, 33)
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Obsérvese la similitud de este aserto con la concepción que tenía Erickson de los problemas humanos. «Los pacientes tienen problemas debido a sus limitaciones aprendidas. Están atrapados en esquemas mentales, marcos de referencia, y sistemas de creencia que no les permiten explorar y utilizar sus propias habilidades en su beneficio. Los seres humanos aun en el proceso de aprender a usar sus potenciales. La transacción terapéutica crea idealmente un nuevo mundo fenoménico en el cual los pacientes pueden explorar sus potenciales, libres en algún grado de sus limitaciones aprendidas.» (Erickson y Rossi, 1979, p. 2)
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Un marco semántico, según los conceptos de Keeney y Ross (1987).

“Procesual” de proceso. La terapia experiencial propuesta es una terapia que coloca el acento en el proceso de la construcción de significados.
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Y que en el contexto histórico de Erickson cuando comenzó a desarrollar su enfoque terapéutico significaban terapias de larga duración, que no siempre eran eficaces.
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Lo cual es congruente con su formación en psicología profunda; y que refleja también la noción de causalidad lineal en esos modelos terapéuticos.
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Referido a la memoria, aprendizaje y comportamiento asociado al estado. Cuando por diversos motivos la persona experimenta estrés, los eventos mentecuerpo asociados a ese estado pueden quedar disociados de la consciencia una vez que las moléculas informacionales del estrés (que encodifican memoria y aprendizaje) son retiradas del torrente sanguíneo.
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Lo cual es congruente con la raíz existencial de la terapia experiencial: se busca que el individuo se haga responsable de si mismo y sus acciones en su ser-en-el-mundo; en cambio la metáfora del inconsciente implica un aspecto relativamente autónomo en el psiquismo.
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En mi experiencia clínica, cuando uso las estrategias de Perls, he podido observar que los clientes, al estar inmersos en la tarea terapéutica, presentan una serie de indicadores corporales que suelen presentarse en un estado “alterado” o especial de consciencia propio de la experiencia hipnótica.
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Que tienen la forma de una directiva implicada (Erickson, Rossi y Rossi, 1976; Erickson y Rossi, 1979)

Y al hacer esto, quizá podamos motivar a los terapeutas experienciales para que comiencen a tomar en consideración que a veces también es necesaria una mirada interaccional (sistémica) para ayudar a los clientes a alcanzar sus metas. Así como podemos “acusar” a la terapia estratégica querer mirar de un único modo los problemas humanos (“reduccionista”), lo mismo puede decirse de la terapia experiencial.
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Auque si hacemos preguntas para ayudar a la “buena”construcción de esa meta (DeJong y Berg, 1998), podríamos considerarla para ese paciente en particular.
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Capítulo 15: La “hipnosis” en la Psicología de la Salud

Existen centenares de publicaciones acerca del papel de la hipnoterapia en el campo de la salud (Hammond, 1990): manejo y control del dolor, preparación para la cirugía, emergencias médicas, hipertensión, problemas gastrointestinales, síndrome premenstrual, problemas dermatológicos, quemaduras, control de sangrados y preparación para el parto.

Sin embargo, cuando uno lee textos como los de Hammond, pareciera que estamos frente a un voluminoso recetario de “sugestiones” que se ha probado que actúan a nivel del organismo. La lectura de los numerosos ejemplos citados en ese libro permite advertir una ausencia notable de descripciones de las metodologías usadas para probar esa relación; a la vez que tampoco se describe adecuadamente a los pacientes en los cuales se usaron esas sugestiones. Permítaseme citar a Hammond,
«Otra área particularmente valiosa para la aplicación de la hipnosis es con problemas gastrointestinales como úlceras, síndrome de colon irritable, colitis ulcerosa y enfermedad de Crhon. Kevin y Spiegel documentaron la habilidad de la hipnosis para estimular e inhibir la secreción de ácido gástrico. […] Colgan, Faragher y Whorwell estudiaron los posibles beneficios de la hipnoterapia en la prevención de recaídas en pacientes con úlcera duodenal. En un estudio cuidadosamente controlado, en un año de seguimiento, el 100% de los pacientes control (que recibieron medicamentos hasta después que las úlceras curaron) habían recaído. Pero los pacientes que también habían recibido hipnoterapia, solamente recayó el 53%.» (Hammond, 1990, p. 218)

El modo en que Hammond expone sus ideas, podría inducir al lector a suponer que la “hipnosis” o la “hipnoterapia” son curativas en si mismas. Y si uno fuera un neófito en este campo podría estar tentado a hacer uso del recetario de Hammond (y otros similares) y comenzar a “administrar” esos “medicamentos lingüísticos” a los pacientes… Es probable que los resultados sean bastante pobres. Dentro de la tradición modernista en psicología y sus aplicaciones a la salud, los profesionales andan en búsqueda de “técnicas” para aplicar a sus pacientes; y se olvidan que el hipnotismo implica establecer una relación de colaboración con el paciente. De hecho, la administración de medicamentos en medicina implica que el médico establezca una buena relación con el paciente, a la vez que le informa acerca de la acción de dicho medicamento, si busca que los pacientes tengan adherencia al tratamiento. Pareciera que una medicina como la actual centrada en la tecnología, en donde los pacientes parecen importar poco como personas, también ha contagiado a los profesionales de la salud mental que se desempeñan en esa área. Amén del desconocimiento en los ambientes médicos respecto a la hipnoterapia actual. En este capítulo expondré el modo en que concibo el papel de la hipnoterapia de utilización en el área de la salud; y cuál es su papel como coadyuvante de los tratamientos médicos. Para ayudarme en este propósito, permítaseme citar a Erickson:
«En obstetricia, como en ningún otro campo de la medicina, la paciente ocupa un rol dominante durante meses como un individuo que atraviesa una larga alteración progresiva, no sólo somáticamente, sino que también psicológicamente, en las relaciones personal, social, económica y temporal. Se colocan en juego durante el embarazo, así como también en el parto, una multitud de fuerzas derivadas de la personalidad como un todo y de las actitudes especiales, creencias, comprensiones, aprendizajes y condicionamientos adquiridos durante la vida del paciente.» (Erickson, 1950/1980, p. 224-225) «[…] el dolor es una experiencia subjetiva inmediata, abarcadora de su atención, angustiosa, una experiencia incontrolable para la persona misma. Sin embargo, como resultado de los eventos experienciales de su vida pasada, se han estructurado dentro del cuerpo –aunque no totalmente reconocidos– ciertos aprendizajes psicológicos, fisiológicos y neurológicos, asociaciones y condicionamientos, que hacen posible que el dolor sea controlado e incluso abolido. […] Para hacer uso de la hipnosis en el tratamiento del dolor, uno necesita observar el dolor en una forma muy analítica. El dolor no es un estímulo nocivo sencillo. Tiene ciertos significados temporales, emocionales, psicológicos y somáticos. Es una fuerza motivacional poderosa en la experiencia de vida. Esta es una razón básica para buscar ayuda médica. El dolor es un complejo, un constructo, compuesto del dolor anterior recordado, de la experiencia del dolor presente, y de dolor anticipado en el futuro. Así, el dolor inmediato es aumentado por el dolor anterior y acrecentado por las posibilidades de dolor futuro. El estímulo inmediato es solamente un tercio central de la experiencia total. Nada intensifica tanto al dolor como el temor a que se presente en el mañana. Es incrementado igualmente por el reconocimiento que el mismo dolor o uno similar fue experimentado en el pasado; esto y el dolor inmediato vuelven al futuro aun más amenazante. A la inversa, la comprensión que el

dolor presente es un evento único, el cual llegará definitivamente a un final agradable, sirve mucho para disminuirlo. Puesto que el dolor es un constructo, es más fácilmente vulnerable a la hipnosis como una modalidad de tratamiento exitoso, que si fuera simplemente una experiencia del presente. El dolor como experiencia se vuelve también más susceptible a la hipnosis debido a que varía en su naturaleza, intensidad y, por consiguiente, a lo largo de las experiencias de vida adquiere significados secundarios resultando en variadas interpretaciones del dolor. De este modo, el paciente puede referirse a su dolor en términos temporales, tales como transitorio, recurrente, persistente, agudo o crónico. Estas cualidades especiales de cada uno ofrecen variadas posibilidades de acercamiento hipnótico. El dolor también posee ciertos atributos emocionales. Puede ser irritante, inevitable, molesto, incapacitante, amenazante, intratable, o vitalmente peligroso. Cada uno de estos aspectos guía a ciertos marcos psicológicos mentales, con variadas ideas o asociaciones, cada uno ofrece oportunidades especiales para la intervención hipnótica.» (Erickson, 1967/1980, p. 237, 238-239) (Énfasis añadido)

El análisis de las citas anteriores permite extraer algunas ideas básicas: (1) Los pacientes que reciben un acercamiento hipnoterapéutico, deben ser considerados como personas totales por el terapeuta, y debe tomarse en cuenta sus necesidades psicológicas y características personales en el diseño del tratamiento. (2) La sugerencia de Erickson de observar al dolor en una forma analítica también puede aplicarse a otros campos de aplicación de la hipnoterapia en la salud. ¿Cuál es la fenomenología (pauta) del problema presentado: cómo vivencia la persona su trastorno, cómo lo enfrenta, cómo reaccionan quienes lo cuidan, cuáles son sus expectativas y sus necesidades? ¿Qué experiencias necesitará desarrollar nuestro paciente para afrontar exitosamente los desafíos del futuro? ¿Cómo es la motivación o disposición del paciente a cooperar con el terapeuta? (Pacheco, 2001b) (3) Puesto que la hipnosis no es curativa por si misma, ¿qué mecanismos psicológicos naturales del paciente podrán ser acrecentados en el estado hipnótico para alterar en una forma mínimamente significativa la vivencia de su enfermedad, o la forma en que la afronta; o una eventual situación terapéutica necesaria que el paciente asocia con dolor y daño (como ocurre en la cirugía o el evento natural del parto)? (4) ¿Hasta qué punto, durante la experiencia hipnótica, la utilización de los aprendizajes fisiológicos del paciente posibilitará alterar en parte aquellos aspectos de su trastorno que se sabe pueden ser modificados a través de mecanismos mentecuerpo? Las ideas mencionadas arriba son independientes del modo en que se inducirá/evocará la experiencia hipnótica, y cómo se transmitirán las ideas terapéuticas o se evocarán los recursos experienciales necesarios para alcanzar los objetivos acordados con el paciente. Lo cual lleva a una interrogante importante: ¿Cuál es el objetivo de usar acercamientos hipnoterapéuticos como coadyuvantes en medicina? Esta interrogante puede ser respondida según el contexto donde se requiera nuestra participación: (1) Con respecto a aquellas enfermedades o trastornos de tipo crónico o recurrente en donde el dolor es uno de los síntomas más urgentes, el sentido de control sobre su experiencia en aquella persona que padece la enfermedad se debilita o incluso se lo puede vivenciar como una pérdida absoluta de control. Desde una perspectiva cognitiva diríamos que el paciente presenta un locus de control externo respecto a su enfermedad, a la vez que presenta un estilo atribucional de estabilidad respecto a ésta (Yapko, 1988). Si nuestra intervención hipnoterapéutica es exitosa, en el sentido de alterar mínimamente esa experiencia, el paciente estará experimentando en forma innegable la evidencia que la experiencia es inestable (es decir, que no siempre será lo mismo), lo

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cual se traducirá en una actitud de esperanza y expectativa positiva hacia el futuro. La esperanza experimentada permitirá, entonces, que el paciente sea capaz de comenzar a “apropiarse” de su experiencia, lo cual posibilitará que esté más dispuesto a realizar ciertas prácticas que lo ayuden a mejorar su condición (como ocurre con la autohipnosis en el control del dolor); es decir, un tratamiento bien diseñado para ese paciente en particular, le permitirá comenzar a desarrollar un locus de control interno respecto a su bienestar. Asimismo, esa actitud más positiva también puede desarrollarse en la familia o quienes cuidan al enfermo, lo cual puede facilitar su rol como co-terapeutas que le ayuden a experimentar trance hipnótico cuando el propio paciente no puede administrarse autohipnosis. En el caso de enfermedades terminales donde el dolor aparece como el primer blanco de las intervenciones, el terapeuta tendrá que tener en consideración que una vez que la experiencia del dolor se haya modificado, comenzarán a emerger otras necesidades que tienen relación con las pérdidas personales-familiares y el dolor emocional derivados del largo proceso de la enfermedad. El terapeuta tendrá que estar capacitado para ayudar y apoyar emocionalmente al enfermo y su familia. En aquellas demandas de atención en donde se busca el alivio de un dolor anticipado inevitable (como ocurre en la preparación hipnótica para el parto o en las intervenciones dentales), Erickson demostró que el paciente es mejor ayudado cuando se toma en consideración la personalidad total de aquel, sus creencias y temores. Puede ocurrir que antes de iniciar algún tratamiento hipnótico específico, el terapeuta tendrá que acoger y ayudar a resolver los temores del paciente, o tratar primero experiencias traumáticas anteriores. Desde el punto de vista del afrontamiento de la experiencia temida, la actitud del paciente cambiará en la medida que tenga la vivencia que su experiencia puede alterarse (ratificación), y el terapeuta tendrá que diseñar un acercamiento terapéutico que considere las habilidades que necesita desarrollar ese paciente para modificar su experiencia en la situación real futura. El diseño de abordajes terapéuticos individualizados implica que el terapeuta necesitará conocer en detalle la biología del evento (como ocurre con el parto y sus fases) y los procedimientos médicos por los cuales atravesará su paciente. Existen alteraciones de salud que se sabe están relacionadas con el estrés (como ocurre con las alteraciones gastrointestinales y la hipertensión); en estos casos es obvio que un tratamiento hipnoterapéutico no sólo debe apuntar a la modificación de la sintomatología aguda, sino que el tratamiento debe abarcar aquellas pautas experienciales del paciente que contribuyen al problema de salud.

Es evidente, entonces, que la aplicación de la “hipnoterapia” en medicina no puede ser efectuada por un “experto en técnicas”, puesto que las necesidades psicológicas de los pacientes pueden ser mucho más amplias que el abordaje sintomático. Creo, sin embargo, que los procesos de psicoterapia para satisfacer esas necesidades de los pacientes deben estar enmarcados en lo que hemos denominado terapia breve, una terapia diseñada para el alcance de metas mínimas, que busque devolver el poder personal a los pacientes, a la vez que sea estética (Keeney, 1987), en el sentido que aborde aquellas pautas pertinentes al problema.

Para la incorporación de la hipnoterapia de utilización en la psicología de la salud en nuestros países, se necesita que los terapeutas realicen investigaciones para validar sus procedimientos, consideren los hallazgos provenientes de la investigación en psicobiología y cronobiología, y se integren al discurso médico con un discurso propio, fundamentado y sistemático, que posibilite sacar al “hipnotismo” del oscurantismo en el cual aun se encuentra.

Epílogo: Los desafíos de una terapia ericksoniana en un mundo posmoderno
Como una reflexión final a los diversos tópicos tratados en este volumen, centraré mi análisis en tres aspectos que considero importantes para la “salud” de este enfoque: (1) La formación de terapeutas en el enfoque ericksoniano; (2) Estudios de eficacia en terapia ericksoniana; y (3) La ética en psicoterapia ericksoniana. Formación en el enfoque ericksoniano El análisis realizado de la concepción de la psicoterapia y los aportes de Erickson, nos permite afirmar que la genialidad de ese terapeuta le permitió vislumbrar diversas pautas para realizar una psicoterapia eficaz. Sin embargo, este legado de Erickson ha sido oscurecido por el énfasis que han colocado sus seguidores en las técnicas por sobre esas pautas básicas. Y esto es especialmente relevante respecto a la famosa “hipnosis ericksoniana”, tan difundida en los afiches que publicitan talleres y congresos en este campo. Esto es comprensible en el desarrollo del campo durante la década de los ’70 y los ’80, una época en la cual los terapeutas estaban convencidos que las técnicas eran los factores relevantes en la eficacia terapéutica. Esto llevó a una lectura equivocada del legado de Erickson, lo cual se ha traducido en cursos y talleres de formación en el “enfoque ericksoniano” que han colocado su acento en el aprendizaje de estrategias para

la inducción de trance y fenómenos hipnóticos. La pregunta obvia es: ¿para qué inducir trance hipnótico?, ya que la experiencia de la hipnosis no es terapéutica en si misma. Ya hemos visto en el Capítulo 13 que los estudios efectuados en los ’90 para determinar la veracidad de ciertas afirmaciones de los “ericksonianos” respecto a la “hipnosis ericksoniana”, han mostrado que la eficacia de la terapia de Erickson no se explica por su uso de la hipnosis o su indirección, sino que tiene relación con otros factores de eficacia comunes a todas las psicoterapias. Por tanto, los programas de formación en el enfoque ericksoniano debieran dar énfasis a esos factores de eficacia, por sobre el aprendizaje de “técnicas.” Si se continúa dando énfasis a la hipnosis como una forma de buscar identidad histórica con el trabajo de Erickson, esa enseñanza de la hipnosis tendría que fomentar lo que Yapko (2001) denomina “ser hipnótico” (véase el Capítulo 11). Asimismo, y para ser exactos con la historia, debiera recordarse que Erickson fue abandonando progresivamente el uso de la hipnosis formal para desarrollar modos de influencia social a través de la conversación con sus clientes; y por lo tanto, esos cursos y talleres debieran dar énfasis a ese aspecto estratégico del trabajo de Erickson. A su vez, puesto que ningún enfoque ha mostrado ser más eficaz que otro (Miller et al., 1997) y todos poseen limitaciones, la formación del terapeuta ericksoniano debiera fomentar la flexibilidad de los terapeutas para que puedan hacer un uso individualizado (según las necesidades de los clientes) de estrategias y técnicas de otros enfoques que también están adscritos a un pensamiento posmoderno; es decir, los aportes de Palo Alto, de Milwaukee, y Epston y White (Epston, 1989; White y Epston, 1993). La publicación anual actual de la Milton H. Erickson Foundation, Current Thinking and Research in Brief Therapy, Solutions, Strategies, Narratives, que ha reemplazado a las Ericksonian Monographs, refleja este espíritu de integración en terapia. Es de esperar que ese espíritu también llegue a los diversos Institutos Milton H. Erickson. Investigación de la eficacia en terapia ericksoniana La revisión de la literatura ericksoniana y de las publicaciones de la Milton H. Erickson Foundation, evidencia una carencia de investigaciones que evalúen los resultados en terapia ericksoniana. Más bien, esas publicaciones continúan siendo reportes de casos clínicos únicos (al igual que los reportes de Erickson). Podría afirmarse que en los inicios del desarrollo de un enfoque, como ocurrió con el trabajo pionero de Erickson (que además trabajaba solo), puede ser deseable ese tipo de metodología. Sin embargo, ha transcurrido una buena cantidad de años en los cuales gran parte de las pautas ericksonianas han sido develadas; de modo que para la “salud y adultez” del enfoque y sus aportes a la psicoterapia en general, es conveniente que los distintos grupos de trabajo comiencen a realizar investigaciones con grupos de sujetos para evaluar la eficacia de la terapia. Actualmente, para la realización de esos estudios, no es necesario que los investigadores clínicos estandaricen sus procedimientos, sino que aun puede mantenerse el espíritu de los estudios de caso único; ahora disponemos de una tecnología que no existía en la época de Erickson y sus primeros difusores para la realización de ese proyecto: salas de visión unilateral, cámaras de video, sofisticados métodos de análisis de datos, procesamiento de datos cualitativos, etc. Un ejemplo de este tipo de estudios es el trabajo de Nardone (1997) para el tratamiento con “hipnoterapia sin trance” de los trastornos de ansiedad. El análisis que realiza ese autor de los mecanismos de mantención de esos trastornos y las conductas ensayas habituales en esos clientes, entrega interesantes luces acerca de cómo podría investigarse en terapia ericksoniana. El protocolo de intervención desarrollado e investigado por Nardone para esos distintos trastornos, son pautas detalladas y ejemplificadas que sólo se sugieren para estructurar la terapia. Asimismo, la evaluación de los resultados de esa terapia con 152 pacientes, permite que cualquier clínico que

entienda y comparta el enfoque de Nardone aplique con relativa confianza ese tipo de terapia en un paciente cuya queja encaje con los criterios que define el autor para los trastornos de ansiedad. Otro aspecto que resalta en esa investigación, es que el autor reporta haber realizado un seguimiento de tres años con esos clientes. ¿Realmente podemos seguir usando en el 2002 las tarjetas de Navidad enviadas por los pacientes como el único método de seguimiento de la eficacia de una psicoterapia? Asimismo, y si seguimos las sugerencias de Duncan et al. (en prensa) y Miller et al. (1999), en esas investigaciones los clientes debieran tener el primer lugar en la evaluación de la eficacia de la terapia. Miller et al. (1999) indican que cuando se consultó a los clientes acerca de los factores que los habían ayudado en la terapia orientada a la solución, los clientes reportaron factores distintos a las técnicas que el equipo de Milwaukee suponía como los factores de la eficacia de su enfoque de terapia. Etica en psicoterapia ericksoniana El problema de la ética en terapia breve y especialmente en hipnoterapia ha suscitado controversia desde hace mucho. Las mayores críticas a la terapia breve provienen del campo de la psicoterapia dinámica, y tienen relación con la supuesta superficialidad de los tratamientos. Puesto que este aspecto ha sido tratado antes por diversos autores (por ejemplo, Nardone y Watzlawick, 1992; Haley, 1991; entre otros), no nos extenderemos en él. La hipnoterapia, en la primera mitad del siglo XX estuvo sujeta a controversia debido al temor –infundado– de posibles daños en la salud mental de los clientes por el solo hecho de experimentar hipnosis; y por la creencia que el sujeto en trance hipnótico era una especie de “zombi” al cual podían ordenársele la comisión de actos contrarios a la ley. El mismo Erickson dedicó tiempo a la redacción de artículos para desmitificar el campo y presentar a la hipnoterapia como un acercamiento terapéutico inocuo cuando era aplicado por un experto (Erickson, 1932/1980; Erickson, 1939/1980; Erickson, 1961/1980). Sin embargo, en los Estados Unidos, debido a la legislación del consentimiento informado para los tratamientos en psicoterapia, el problema de la ética asume otros ribetes. Según Zeig (1985c), el consentimiento informado no puede aplicarse a la práctica actual de la psicoterapia breve. Desde el punto de vista de las técnicas terapéuticas, es obvio que no podría anticiparse al paciente la racionalidad de las estrategias paradojales (Lankton, 1988) o de un abordaje a través de metáforas entrelazadas (Lankton y Lankton, 1983). Según Zeig (1985c), «La doctrina de informar al paciente de los riesgos no puede ser aplicada en forma indiscriminada, porque un terapeuta [breve] no está simplemente proveyendo información; está influenciando al paciente.» (p. 469) Sugiero que este problema ético sea examinado desde otro punto de vista: el grado de motivación para el cambio terapéutico del cliente (tipo de relación clienteterapeuta) (Berg y Miller, 1996; DeJong y Berg, 1998), su teoría del cambio (Donahey y Miller, 2000; Duncan, Hubble y Miller, 1997; Duncan y Miller, 20001; Miller et al., en prensa), y la eficacia de la terapia efectuada con ese paciente; es decir, aquella en la cual se toman en consideración los aspectos antes mencionados. En esta línea de pensamiento, las siguientes reflexiones de Duncan et al., 1997) aportan a este análisis:
«Empapados previamente en la mística alrededor del trabajo de Erickson, Haley y toda la tradición estratégica, nos veíamos a nosotros mismos como agentes de cambio por excelencia. El problema se iría con el reencuadre, la paradoja, la técnica o el posicionamiento correcto. Sabíamos que la relación terapéutica importaba, pero principalmente en el sentido de crear el rapport adecuado para la obediencia. Y de ese modo, a partir de nuestra experta, casi imperiosa actitud hacia los problemas, sucumbimos a la arrogancia y en esos tiempos transformamos a los clientes en nuestros adversarios –especialmente a los veteranos, o como los llamábamos en esos días, “asesinos de terapeutas.”» (p. 205)

Erickson escribió lo siguiente acerca del papel del percatarse consciente en el trabajo hipnoterapéutico: «En la psicoterapia hipnótica muy a menudo puede darse una adecuada terapia al inconsciente, pero
con el descuido del terapeuta para apreciar la inmensa necesidad de permitir al paciente integrar el inconsciente con el consciente, o hacer que sean totalmente accesibles a la mente consciente las nuevas comprensiones, según sus necesidades. Comparable a este descuido sería una apendicetomía que olvide cerrar la incisión. Es en este aspecto que muchos críticos de sillón denuncian ingenuamente a la hipnosis como sin valor, ya que trata "solamente con la mente inconsciente." Adicionalmente, es aun más descuidado el hecho repetidamente demostrado por la experiencia clínica, que en algunos aspectos es deseable la reintegración directa del problema del paciente bajo la guía del terapeuta; en otros aspectos, el inconsciente simplemente debiera ser hecho disponible a la mente consciente, con lo cual se permite una reintegración espontánea, libre de toda influencia inmediata del terapeuta. Propiamente, la hipnoterapia debiera estar igualmente orientada al consciente y el inconsciente, ya que la integración de la personalidad total es la meta deseada de la psicoterapia. Sin embargo, lo anteriormente dicho no significa necesariamente que la integración deba constantemente marcar el paso con la terapia. Una de las más grandes ventajas de la hipnoterapia radica en la oportunidad de trabajar independientemente con el inconsciente sin ser estorbado por la renuencia, o a veces la inhabilidad real, de la mente consciente para aceptar las ganancias terapéuticas. Por ejemplo, una paciente tuvo un insight completamente inconsciente en sus pesadillas nocturnas que ella sufría un problema de carácter incestuoso, pero como lo afirmó espontáneamente en el trance, "Comprendo esos horribles sueños, pero no podría tolerar semejante comprensión conscientemente." A través de este aserto, la paciente demostró cómo el inconsciente protege al consciente. La utilización de esa protección como una fuerza motivadora permitió a la paciente, con posterioridad, aceptar conscientemente sus insights inconscientes.» (Erickson, 1948/ 1980, p. 40)

Nardone (1999) propone técnicas paradojales en el tratamiento de los trastornos ansiosos para romper las pautas que mantienen el problema. En el protocolo sugerido por ese autor, en la última fase del tratamiento se recomienda explicar al paciente, cuando ya ha obtenido mejoría, la racionalidad de todo el tratamiento, incluso de los acercamientos paradojales, con el fin de educarle y mostrarle que el crédito del éxito le corresponde a él como cliente. Haley (1987) afirma que el éxito de la terapia de ordalía se basa en que la tarea penosa asignada al cliente no debe ser percibida como, ni consistir en, un castigo. Gordon y Meyers-Anderson, (1981) citan a Erickson respecto a las tareas inusuales que sugería a sus pacientes: «Una de mis hijas una vez me preguntó: “Papi, ¿por qué las personas HACEN las cosas locas que les dicen que hagan” Le respondí, “Porque ellas saben lo que intento.”» (p. 150) Empero, parece que las buenas intenciones de Erickson y algunos de sus seguidores respecto a su proceder en terapia no se condicen con la forma en que exponen sus casos clínicos, y que traen la ética a colación. Un ejemplo de esto es lo ya enunciado respecto a Nardone (nota 5 en este capítulo). Masson (1991) en su ataque a toda forma de psicoterapia, dedica parte de un capítulo a la “hipnosis ericksoniana.” Masson cita a Haley (1966) cuando describe lo que éste entiende por terapeuta estratégico, «Hoy existe una generación de personas que han seguido seriamente la carrera de cambiar a la gente. No son consejeros, consultores, observadores objetivos o diagnosticadores. Son personas cuya tarea es ser expertos en influenciar a otra persona. Son diestros en conseguir que la gente siga sus sugerencias, incluso sugerencias que la persona ignora estar recibiendo.» (p. 234). Luego Masson se pregunta: «Tal cambio enorgullecía a Haley. A mi me asusta mucho. Pues, en lo que a eso refiere, ¿de qué manera Haley, Erickson o cualquier otro, van a cambiar a la gente como no sea en la dirección de sus propios valores?» (p. 234) Luego Masson describe casos clínicos de Erickson en los cuales cuestiona afirmaciones de Erickson a Haley como las siguientes: «El explica a Haley que al decir esto a ella le permitió conocer a un hombre, casarse, tener hijos y llevar una feliz vida matrimonial: “Era toda la violación que se necesitaba.” Erickson comenta: “Un tiempo

después, Grace me dijo que había acudido a mi con la resolución mental de que si yo consideraba necesario seducirla, ella habría cedido… Yo la había violado, ¿cierto?” Deberíamos recordar que Erickson estaba describiendo a una mujer joven a la que estaba tratando en Phoenix, a fines de los años 40 o principios de los 50. ¿Ayudó realmente a esta mujer a conseguir algo que ella deseaba o simplemente la obligó a ajustarse a los patrones de la comunidad en que vivía. Tales actitudes sobre las mujeres y cómo debían lucir y comportarse eran muy comunes en ese entonces y aun lo son en grandes segmentos de la población. Pero este relato se publicó en 1985, y Haley no hace ni un solo comentario acerca de los supuestos sexistas sobre los cuales se basaban los métodos de Erickson.» (p. 235) (Énfasis en el original) Excelente punto el de Masson; en el análisis de ese caso y otros que cita en su libro, lanza al tapete un problema ético que no puede soslayarse. Cuando un terapeuta ericksoniano tiene en mente el ciclo evolutivo de la familia y los desafíos culturales para cada etapa de la vida para su cliente (Lankton, 1985b; Lankton y Lankton, 1983), ¿está tomando en consideración que en realidad hay muchas formas socialmente aceptables de vivir la vida?; y que, después de todo, lo importante son las metas que los pacientes tienen para la terapia, y su labor es ayudarlos a formular bien esas metas (DeJong y Berg, 1998). Con razón Masson (1991) finaliza la sección que dedica a la terapia ericksoniana afirmando: «Los hipnoterapeutas son francos acerca de lo que buscan conseguir: poner a una persona en una condición vulnerable e indefensa en la cual pueda decírsele lo que tiene que hacer.» (p. 242) Aunque no comparto la visión que tiene Masson de la psicoterapia como una empresa socialmente peligrosa para sus usuarios, ni tampoco comparto sus comentarios acerca de Erickson, las críticas de ese autor no debieran ser pasadas por alto; especialmente cuando aquellos que se dedican a la hipnoterapia pueden sentirse embriagados con la ilusión que son ellos con sus técnicas los que cambian a los pacientes. Duncan et al. (1997) ofrecen el siguiente “recordatorio” para los terapeutas, que puede posibilitar que los clientes recuperen su dignidad en la terapia:
«1. El cliente es héroe en el “drama” de la terapia. No hay grandes terapeutas, solamente grandes clientes y terapeutas que trabajan unidos. 2. La terapia no es hecha al cliente. Es un intercambio (evento) interpersonal en el cual se coloca el énfasis en la cualidad de la participación del cliente. 3. Las intervenciones no son el “trato” en la terapia. Las intervenciones son extensiones de la alianza terapéutica que no puede ser separada de la relación en la cual ocurren. 4. El terapeuta sugiere, los clientes eligen. Los terapeutas ofrecen explicaciones, teorías o enfoques de intervención como sugerencias para el cliente las considere y después las acepte, las modifique o las descarte.» (p. 49)

Otro aspecto ético a considerar tiene relación con los tratamientos psicoterapéuticos publicitados como efectivos, para los cuales en realidad no hay estudios de su eficacia. A este respecto pueden mencionarse dos tipos de tratamiento: la utilidad de la autohipnosis como psicoterapia, y la terapia en la cual se confían a la sabiduría del inconsciente los cambios requeridos, como ocurre en el uso de la “respuesta sanadora ultradiana” o autohipnosis naturalista descrita por Rossi (Rossi, 1996; Rossi y Nimmons, 1991). Autores como Alman y Lambrou (1992), y Abia y Robles (1993) que han escrito manuales de autohipnosis para ser empleados como guías de autoayuda o auto-terapia, ¿han evaluado la eficacia de las estrategias ahí sugeridas? Por ejemplo, Alman y Lambrou, que inician el capítulo 1 de su texto con las afirmaciones transcritas más abajo, no incluyen ningún capítulo que se refiera a los resultados empíricos de los métodos propuestos en su libro:

«¿Está investigando la autohipnosis por primera vez? Puede estar interesado en saber que casi todo el mundo puede aprender a usar autohipnosis para hacer cambios específicos en si mismos. Detener hábitos no deseados. Prevenir jaquecas. Reducir el estrés. Controlar el dolor. ¿Quizá usted quiera estimular su [proceso de] toma de decisiones y aumentar su concentración? ¿Mejorar su habilidad atlética? ¿Cultivar una mejor comunicación en la relación interpersonal? ¿Ser más efectivo en sus propias metas personales? ¿Incluso mejorar los logros en los negocios? Este libro le ayudará a lograr o aumentar su éxito en todas esas áreas y más. Le dará explicaciones detalladas acerca de cómo desarrollar su capacidad para [experimentar] autohipnosis y alcanzar sus metas.» (p. 3) (Énfasis añadido)

Además, como puede percatarse el lector, se mezclan áreas de aplicación que sí se han evaluado (autohipnosis en el control del dolor [Barber, 1996], reducción de síntomas del estrés) con áreas de éxito hipotético. Y como era esperable, en la página 4 aparece una fotografía de Erickson, a quien se adscribe la paternidad de los métodos indirectos que se promete serán tratados en el manual. Abia y Robles (1993), escriben:
«[…] Y les aseguramos que cuando nuestros dos cerebros están trabajando juntos para nuestro bienestar saludable, van construyendo caminos nuevos y diferentes, inesperados. Pero nos preguntarás, ¿cómo en concreto, se logra esto? Con el cerebro izquierdo se puede razonar, darle explicaciones, y entiende. A él van dirigidas las ideas que contiene este libro. Al cerebro derecho hay que hablarle en su lenguaje, el lenguaje de los símbolos, y hacerlo sentir. A él están dirigidas algunas anécdotas y los ejercicios que se proponen en cada capítulo, también los mensajes en cursivas. Algunos de estos ejercicios son de autohipnosis. Si los sigues al pie de la letra tendrás un camino seguro y saludable para utilizar mejor tus capacidades contigo mismo y para lograr tus objetivos. A través de estos mismo ejercicios podrás también darte cuenta si necesitas ayuda exterior para alcanzar alguno de ellos.» (p. 26) (Énfasis en el original)

Más adelante en su texto, Abia y Robles afirman que la hipnosis natural (y la autohipnosis) trabajan con los recursos internos, que se han adquirido ya sea en forma consciente o inconsciente. Al igual que con el texto de Alman y Lambrou, no hay un capítulo en el libro que se dedique a la evaluación empírica de los métodos propuestos. La lectura de ambos volúmenes permite percatarse que la metodología de trabajo propuesta consiste en el uso de imaginerías. Existen diversos volúmenes dedicados a la imaginería publicados antes que los textos citados. Entonces, ¿cuál es el papel de la autohipnosis? ¿Qué le agrega la autohipnosis a la imaginería auto-inducida? Al respecto, permítaseme citar a Miller et al. (1997): «A finales de los ’80, apareció en el escenario de la terapia norteamericana un nuevo enfoque para el
tratamiento de clientes con historias de experiencias traumáticas severas. El enfoque, conocido como Desensibilización y Reprocesamiento a través del Movimiento de los Ojos (EMDR), parecía ser capaz de lograr resultados con los casos más intratables y lo hacía en menor tiempo que los tratamientos existentes. El procedimiento era simple –los clientes recordaban las experiencias traumáticas mientras miraban los dedos de su terapeuta que se movían hacia atrás y hacia delante cada medio segundo o por un período de 5 a 15 segundos. De acuerdo a sus inventores, los movimientos del ojo ayudaban a los individuos traumatizados a “re-equilibrar los procesos cerebrales” en la misma forma que los movimientos REM de los ojos en el sueño normal ayudaban a los individuos no traumatizados a procesar la experiencia cotidiana. Esta explicación fisiológica, en combinación con el éxito aparente de un procedimiento tan simple, catapultó a la EMDR al centro de la atención del público y los profesionales, y la transformó en un procedimiento estándar en un número creciente de clínicas para problemas de salud mental en el país [USA]. Hay solamente un problema –hay poca evidencia científica que la [terapia] EMDR tenga algún efecto más allá del efecto placebo u otros factores conocidos que son efectivos con los clientes traumatizados (v.g., exposición). Efectivamente, uno de los únicos estudios (Lytle, 1993) que se han llevado a cabo para comparar la [terapia] EMDR con una condición placebo activa, encontró que los sujetos tratados con el procedimiento no tuvieron resultados mejores que aquellos tratados con el tratamiento placebo activo, aunque ambos grupos lograron resultados inmediatos que fueron significativamente mejores que aquellos obtenidos por sujetos en una condición de control no directiva. El mismo estudio sugiere que algo más común que la inducción de los movimientos de los ojos podría ser el responsable de los resultados asociados a ese procedimiento. En el estudio de Lytle, el tratamiento administrado a los sujetos en el grupo control con placebo activo fue muy similar a la [terapia] EMDR –con una excepción importante. En lugar de mover los ojos, se instruyó a los sujetos en el grupo de control con placebo activo para que fijaran su mirada en un lugar en la

pared mientras recordaban las memorias traumáticas. Esos sujetos que mantuvieron su mirada fija y lograron resultados equivalentes a aquellos que usaron un procedimiento técnicamente opuesto, mover los ojos, sugiere que es otro factor y no la técnica que supuestamente altera la fisiología, el que es responsable de la mejoría de los sujetos en ambos grupos –es decir, el cliente y el terapeuta implicados en un ritual curativo activo, estructurado, especializado y técnico, que ambos creen que será terapéutico. Los rituales tienen características similares en los procedimientos curativos de la mayoría de las culturas y son conocidos desde los orígenes de la sociedad humana. Su uso inspira esperanza y expectativa positiva para el cambio al transmitir que el usuario –ya sea el curandero, chamán, astrólogo o terapeuta– tiene un conjunto especial de habilidades para facilitar la curación. Importa poco que los procedimientos no sean en si mismos los agentes causales del cambio. Más bien, lo importante es que los participantes tienen un método estructurado y concreto para movilizar los factores placebo en el proceso de recuperación. Cuando es vista como un ritual curativo, la [terapia] EMDR no es nada nuevo en la práctica de la psicoterapia. Los rituales de curación han sido parte de la práctica de la psicoterapia desde sus orígenes. Ya sea que se instruya a los clientes a recostarse en el diván, hablar a una silla vacía, escribir los pensamientos negativos, decirse frases positivas, o –como está en boga– escuchar la retroalimentación de un equipo anónimo que está detrás de un espejo de visión unilateral, los profesionales de la salud mental están básicamente involucrados en rituales curativos. Por lo tanto, puesto que al comparar las técnicas psicoterapéuticas se han encontrado pocas diferencias en su efectividad, ellas pueden ser concebidas como rituales sanadores –técnicamente inertes, pero métodos, sin embargo, poderosos y sistemáticos para aumentar los efectos de los factores placebo.» (p. 129-131) [Énfasis en el original]

Rossi fue el primer autor en introducir la noción de los ritmos ultradianos en la literatura de la hipnosis naturalista (Rossi, 1982), y sugerir que la hipnosis naturalista de Erickson está haciendo uso de la fase de descanso ultradiana, la cual por si misma puede facilitar que los ritmos desordenados por el estrés se reordenen (Rossi, 1986/1993; Rossi, 1994). Rossi (1996) ha reportado la eficacia de la respuesta sanadora ultradiana (Rossi y Nimmons, 1991), describiendo 13 casos únicos que presentaban diversos problemas. Es obvio que se necesitan estudios con grupos de sujetos para validar los asertos e hipótesis de Rossi. ¿Hasta que punto la autohipnosis naturalista es una terapia específica o inespecífica para los trastornos derivados del estrés? Asimismo, ¿cómo se modifican, a través del método propuesto por Rossi, las pautas cognitivas/experienciales que nos llevan a etiquetar como “estresantes” a diversas situaciones personales e interpersonales? ¿Serán suficientes unos ejercicios de imaginería o tomar descansos ultradianos para resolver los problemas persistentes de los clientes? ¿Podrá modificarse nuestra interacción disfuncional con nuestra pareja, con la cual tenemos conflictos de poder en la relación, con el simple hecho de tomar algunas “siestas” ultradianas o experimentar algunos ejercicios de imaginaría? ¿O se modificarán las pautas cognitivas e interaccionales aprendidas desde la infancia que se relacionan con una visión de mundo que inevitablemente nos llevará a la depresión? (Yapko, 1999) Como afirmé en el Capítulo 1 de este volumen, Erickson no fue un reduccionista en su trabajo terapéutico. Es de esperar que quienes se adscriben al “enfoque ericksoniano”, para el bien de este campo, recuerden las “lecciones de ese viejo clínico” (Chogriz, 2001) para el desarrollo de una psicoterapia eficaz informada por los resultados (Duncan y Miller, 2000; Duncan et al., en prensa).
Notas: Me parece especialmente relevante la sistematización que han hecho en el CFTB de Milwaukee acerca de la relación cliente-terapeuta; es decir, el grado de motivación del cliente para el cambio.
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En el “mundo ericksoniano” hay terapeutas que han querido ver en las metáforas y anécdotas de Erickson una similitud con las narrativas de Epston y White. Permítaseme citar a Epston (1989): «[Respecto a los orígenes de mi trabajo] Hasta entonces, el único antecedente con el que contaba eran las historias clínicas de Milton Erickson y estoy seguro que este trabajo está claramente en la misma línea de ideas. Sin dudas, aquellas historias eran monológicas y reflejaban la posición que yo mismo había adoptado entonces en mi práctica clínica. A medida que mi discernimiento fue creciendo, gracias a los enfoques feministas y a algunas ideas de Foulcaut, fui adoptando como supuesto guía la idea de que la terapia familiar y cualquier terapia relacionada con las cuestiones familiares establece relación de poder. También yo fui abandonando los “relatos desarrollados en la terapia” o las “metáforas terapéuticas”, como finalmente se denominó, para volcarme a la creciente “terapia narrada”, es decir, aquella que fomenta el diálogo y en la que el terapeuta abandona el papel
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privilegiado de autor y lo comparte con el paciente. El “texto” que adquiere la forma de cartas pasa a ser propiedad de la familia.» (p. 14)
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Véase el artículo de Geyerhofer y Komori (1999) y Selekman (1996)

Sugiero la lectura del artículo de Nardone y Salvini (1999), donde exponen los principios que guiaron dicha investigación en el Centro de Terapia Estratégica de Arezzo.
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Empero, creo que el aporte de Nardone a la terapia breve puede verse obstaculizado por el estilo literario de ese autor. «Sin embargo, como lamentablemente no tengo a mi disposición el texto en su lengua original […], me es imposible averiguar si el estilo pedante con que Nardone describe las intervenciones terapéuticas en la sesión y la prescripción de las tareas, se debe a un traductor traidor o al estilo propio de comunicarse del autor. Si fuera el segundo caso, sería simplemente un botón de muestra de por qué los terapeutas breves suelen ser acusados de fríos, manipuladores y tramposos. En una nueva edición de esta interesante y útil obra, los editores debieran cuidar ese aspecto que puede alejar a potenciales usuarios que podrían beneficiarse con ese tipo de terapia, así como a los terapeutas interesados en aprender terapia breve.» (Pacheco, 2001c, p. 27)
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Los miembros del Grupo de Milwaukee se han preocupado de evaluar los resultados de su enfoque de terapia; véase DeJong y Berg (1998).
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En Chile aun no existe una legislación de este tipo para proteger los derechos de los pacientes en salud mental. Sin embargo, en los últimos años se han introducido una serie de modificaciones en la legislación sanitaria para proteger a los pacientes, e incluso se han modificado recientemente los requisitos para ingresar a los pacientes a un hospital psiquiátrico. Por lo tanto, podemos esperar, para el bien de los clientes que acuden a psicoterapia, que también se legisle en torno al consentimiento informado en la terapia psicológica. Un signo de una mayor preocupación por la ética, que proviene de los mismos psicólogos, es la formación de la Comisión Nacional de Acreditación de Psicólogos Clínicos. Puesto que en Chile no es obligatorio estar matriculado o asociado a la Asociación de Psicólogos para ejercer como tal, la Asociación [Colegio] de Psicólogos y la Sociedad Chilena de Psicología Clínica, conjuntamente con un grupo de Universidades que imparten la carrera de Psicología, conformaron dicha Comisión, cuyo objetivo es otorgar la acreditación como psicólogos clínicos a esos colegas que hayan recibido la formación teórica y clínica (supervisión clínica) que les posibilita atender pacientes. Esa formación clínica se obtiene en estudios de postítulo con una duración mínima de 2 años, impartida por instituciones debidamente reconocidas por esa Comisión, o por una formación clínica con un supervisor clínico debidamente acreditado por la Comisión. Actualmente, el servicio de salud pública que co-financia la atención de los pacientes, reconoce como psicólogos clínicos a aquellos psicólogos debidamente acreditados; situación que también está repitiéndose en las instituciones de seguros médicos privados (Isapres). El Instituto Milton H. Erickson de Santiago (Centro Para el Desarrollo de la Psicoterapia Estratégica Breve) está acreditado desde el año 1996 ante la Comisión como una institución que forma especialistas clínicos en terapia breve ericksoniana.
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Se sugiere revisar a Matthews et al. (1998) respecto a la evaluación empírica de la amnesia como consecuencia de las metáforas entrelazadas.
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Véase el artículo de Scheflin (1997)

Algunos ejemplos de esa actitud de los terapeutas en esos tiempos, se refleja en los textos de Anderson y Stewart (1988) y Bergman (1991).
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Por ejemplo, Masson se refiere a Carl Rogers como un “dictador benevolente.”

Erickson le prescribe a una paciente soltera que vaya a su casa, que se desnude y observe el parche de piel que tiene entre las piernas.
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Masson escribe, «A pesar de querer representar al prudente y bondadoso sabio de las leyendas orientales, Erickson era en realidad un siquiatra, armado con todos los poderes de la medicina y la psiquiatría.» (1991, p. 239-240)
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Duncan et al. (1997) proponen reemplazar la expresión “intervención” por invención. Exponen su posición del siguiente modo: «Intervenir es “interponerse por medio del impedimento o la modificación”. Al igual que “entrevista”, implica que se hace algo a los clientes, más que con ellos, y en consecuencia sobre-enfatizar la pericia técnica del terapeuta, retratando en forma inadecuada lo que hace exitosa a la terapia. “Intervención” no captura la dependencia de la técnica de los recursos e ideas del cliente o cómo la técnica que es exitosa en cuanto emerge de la evaluación positiva del cliente de la relación y que se acomoda a la teoría del cambio que posee el cliente. Estamos a favor de las palabras “invento” e “invención.” Inventar es “encontrar o descubrir, producir por primera vez a través de la imaginación, el pensamiento ingenioso y el experimento.” Toda técnica que es usada por primera vez, inventada por los clientes para que encaje en sus circunstancias.» (p. 62-63)
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Los autores usan la metáfora explicativa de la asimetría cerebral como fundamento científico de su propuesta. Véase Flores (1999) en la utilización de la respuesta sanadora ultradiana en hipertensión esencial

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Acerca del autor

Mario

Pacheco

León,

Psicólogo

Clínico

y

Supervisor

Clínico

Acreditado, es Co-Director de los Institutos Milton H. Erickson de Santiago de Chile y de Mendoza, Argentina. Ha sido docente del Curso de Psicoterapia e Hipnoterapia Ericksoniana en la Escuela de Psicología de la Universidad de Chile, Universidad Diego Portales y Universidad Santo Tomás. Actualmente es docente de la Cátedra de Psicoterapia Humanista en la Escuela de Psicología de la Universidad Diego Portales en Santiago. Ha dirigido y dirige Tesis de Pre-Grado en Psicología, en el área de la psicoterapia y la hipnoterapia ericksoniana y terapia breve. Además ejerce en forma privada como psicólogo clínico, y dicta Seminarios, Talleres y Cursos de Formación Clínica en Psicoterapia Ericksoniana y Terapia Breve tanto en Chile como en Mendoza y San Luis, Argentina. Ha publicado artículos en la Revista de Psicoterapia de la Sociedad Chilena de Psicología Clínica; y ha participado como expositor y tallerista en Congresos Nacionales de Psicología Clínica organizados por la Sociedad Chilena de Psicología Clínica, en los Encuentros de Psicoterapeutas Humanistas y Transpersonales, y en los Encuentros de Psicoterapeutas Ericksonianos de América Latina. Forma parte del Consejo Editorial de la Revista de Psicoterapia Ericksoniana que se publica en la página web del Instituto Milton H. Erickson de Santiago (www.hipnoterapiaestrategica.cl)

INDICE

Primera Parte: Desde la hipnosis a la psicoterapia Capítulo 1: Milton H. Erickson: Un pragmático inusual
p. 7Capítulo

2: Erickson y su estudio de la hipnosis

Acercamientos a la inducción de trance y la naturaleza de la sugestión hipnótica. Investigación de la alteración hipnótica de las experiencias sensoriales, perceptuales y procesos psicofisiológicos. Investigación de procesos psicodinámicos
p. 9Capítulo

3: De la hipnosis a la hipnoterapia: El salto epistémico

La naturaleza del cambio psicológico en la terapia hipnótica según Erickson ¿Para qué usar hipnosis en psicoterapia? Individualización de la psicoterapia La resistencia al trance y a la psicoterapia Hipnoterapia breve Hipnosis naturalista: Trance “común de cada día” o hipnosis no formal
p. 14Capítulo

4: Rasgos distintivos de la psicoterapia de Erickson

El pragmatismo de Erickson Foco en los problemas: Un enfoque no patologizante Orientación temporal en el presente y hacia el futuro Rol activo del terapeuta: Erickson, un terapeuta estratégico

Hipnosis formal: Su uso estratégico Directividad e indirección terapéutica Uso del humor en la terapia Orientación intrapersonal e interpersonal de la terapia Terapia breve Pacientes activos: Énfasis en las tareas entre sesiones Utilización terapéutica Utilización de los contextos sociales de los clientes
p. 22Segunda

Parte: Las diversas lecturas de la psicoterapia de Erickson

Capítulo 5: Erickson y el Proyecto Bateson para el estudio de la comunicación humana: Desde el análisis de los trances religiosos en Bali hasta la teoría de la doble coacción de Bateson
p. 37Capítulo p. 40Capítulo

6: La terapia estratégica de Jay Haley 7: Erickson, el Mental Research Institute (MRI) y el Centro de Terapia Breve

del MRI: “Hipnoterapia sin trance”
La pragmática de la comunicación Terapia breve centrada en la resolución de problemas Erickson y el enfoque interaccional “Hipnoterapia sin trance”
p. 45Capítulo

8: El estudio de las pautas lingüísticas en la terapia hipnótica de Erickson: 9: El Enfoque Orientado a la Solución de Milwaukee y Erickson 10: Ernest Rossi y las bases psicobiológicas de la hipnosis y la hipnoterapia 11: Michael Yapko, la hipnosis como un medio para influenciar la

La Programación Neurolingüística
p. 52Capítulo p. 56Capítulo

p. 61Capítulo

experiencia del paciente
p. 65Capítulo

12: El “Diamante Ericksoniano”, el metamodelo de la terapia ericksoniana
p. 68Tercera

de Jeffrey K. Zeig Parte: La terapia ericksoniana en el nuevo milenio Capítulo 13: Lo que funciona en terapia: La eficacia de la terapia en un marco ericksoniano
p. 70Capítulo

14: La terapia “hipnótica” como un puente entre la terapia estratégica y la

terapia experiencial: Las emociones en la psicoterapia

p. 80Capítulo p. 96Epílogo:

15: La “hipnosis” en la Psicología de la Salud Los desafíos de una terapia ericksoniana en un mundo posmoderno bibliográficas
p. 106

p. 99Referencias

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