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Exposición Zizek

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Epistemología – Rafael Polo B. Maestría en Sociología – Flacso-Quito.

Exposición Sesión 14. Posmarxismo. Ideología, régimen de pensamiento. Girlandrey Sandoval Acosta Diciembre 10 de 2012 Texto: Žižek, Slavoj, (1998) “Multiculturalismo, o la lógica cultural del capitalismo multinacional”, en: Jameson, F., Žižek, S., Estudios Culturales: reflexiones sobre el multiculturalismo, Buenos Aires: Paidós, pp. 137188. Vivimos en una época única porque estamos motivados por la ideología. Ya no existen las llamadas clásicas “Sé un cristiano” o “Sé un comunista”, “Sacrifícate”… lo que la sociedad hoy quiere de nosotros es una vaga especie de hedonismo iluminado: “Sé tu mismo”, “Sé fiel a ti mismo”, “Realiza tus potenciales”, y siempre con ese aspecto terrorista: ¡Disfruta! ¿Sabe dónde pude experimentarlo? Aquí en Zurich, en la Bahnhofstraße, compré un paquete de golosinas mus caras, empaquetadas herméticamente, hay que comerlas muy frescas, y me reí mucho al abrir el paquete, pues decía: “SofortGeniessen!” [disfrútelas enseguida]. Eso es ideología hoy. Creo que hay algo realmente liberador en el psicoanálisis, que ya no es más el viejo psicoanálisis freudiano (la idea de Freud era que tenemos deseos sexuales, pero que la moral dominante nos reprime, y que el psicoanálisis nos ayuda a liberarnos de las trabas y a gozar plenamente), pero hoy la represión surge de la exigencia del goce. Literalmente, lo escucho una y otra vez de psicoanalistas: las personas tienen culpa, no porque tengan deseos prohibidos, como antes, cuando los homosexuales sentían culpa, no: las personas sienten culpa porque no son capaces de disfrutar. Entrevista realizada a Slavoj Žižek Marzo 6 de 2010 Por Juppix. Think for yourself Slavoj Žižek (nacido en 1949) es un polémico filósofo, sociólogo y estudioso del psicoanálisis, de origen esloveno, iconoclasta, que combina el análisis marxista con el psicoanálisis lacaniano para criticar las principales tendencias ideológicas del capitalismo actual. Su pasión intensa, es el tema central del idealismo alemán: la negatividad absoluta, echando mano de la paradoja como imperativo dialéctico. Lo que podemos encontrar en la mayoría de los escritos de Žižek es que en el contexto del surgimiento de movimientos ideológicos en todo el mundo, se ha reabierto el debate en torno a las preguntas que la ideología sigue planteando tanto a la teoría social y cultural como a la práctica política. Es decir, que la realización de Žižek se expresa en términos de una “crítica de la ideología”, en la cual planteará los mecanismos subterráneos (al estilo de Underground en Kusturica) que promueven el universo pos-ideológico contemporáneo. La ideología es una especie de “matriz generativa” que regula la relación entre lo visible y lo no visible, entre lo imaginable y lo no imaginable, así como los cambios producidos en esta relación. La “crítica de la ideología”, afirma Žižek, es precisamente identificar la necesidad oculta en lo que aparece como una mera contingencia. Finalmente, el autor diría que nos encontramos “dentro de un espacio ideológico” desde el momento en que su contenido es funcional respecto de alguna relación de dominación social de un modo no transparente; debe ser oculto para que sea efectiva (Žižek, El espectro de la ideología). El artículo “Multiculturalismo, o la lógica cultural del capitalismo multinacional”, da cuenta precisamente de la operación ideológica realizada por el sistema capitalista mundial, en tanto se refugia en el liberalismo multicultural como transporte que lleva por pasajeros una serie de “equivalencias equivocadas” que invisibilizan, a través de la emergencia del síntoma, el desarrollo de un campo social pos ideológico donde se encubre el problema del universalismo, traducido en “antiguas” posturas ideológico-políticas donde es posible la disputa por la hegemonía. El entramado conceptual, dispuesto por Žižek, enlaza la crítica a la ideología a través de los dispositivos que hacen posible el espacio “no ideológico”, es decir, la acusación a través de la autocensura en relación

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con la estructura de poder y su carácter a la vez contingente; el problema del universalismo en tanto “abstracto” y/o “concreto”, más irreductible; la lógica del capitalismo y la constante de la crisis como síntoma; el desplazamiento de lo político a la interpretación cultural expuesta en el surgimiento de la poesía ideológica multiculturalista, altamente racista. Hacia el final de su disertación, Žižek expone el posicionamiento teórico y crítico posible en la confrontación del liberalismo multicultural: la suspensión izquierdista de la ley. ¿Qué es lo que sucede? En la actualidad, la realidad social es leída e interpretada a través de episodios típicos configurados como la noción ideológica universal, la cual a su vez se encuentra hegemonizada por algún contenido particular. El universal, como resultado de una escisión constitutiva, adquiere existencia concreta cuando algún contenido particular comienza a funcionar como su sustituto. Para Žižek, cada universalidad hegemónica, se constituye por lo menos de dos contenidos particulares: 1. El contenido popular auténtico 2. La distorsión creada por las relaciones de dominación y explotación Siendo esta última, aquella que incorpora psicológicamente, el acto del deseo; citando a Balibar expresa que “las ideas dominantes no son precisamente las ideas de aquellos que dominan”. ¿Cómo opera lo ideológico? Para Žižek tiene que ver con el deseo y su articulación, con la distinción freudiana del sueño y el deseo inconsciente expresado en el sueño: “el deseo inconsciente se articula, se inscribe por medio de la <perlaboración> es decir, se trata de la traducción del pensamiento latente del sueño al texto explícito de un sueño”. El autor se refiere entonces a la “no-ideología” y dice, que de cierta forma la ideología no es sino el modo de aparición, la distorsión o el desplazamiento formal de la “no-ideología”. Existe entonces una ideología en la “no-ideología”, que a la vez se constituye como aquella en la forma en que el deseo funciona como legitimador de una determinada concepción acerca de lo que es la explotación capitalista y del modo en que podemos ver dicha explotación. Es en este lugar donde se libran las batallas por la hegemonía, afirma Žižek. Para el autor, la disputa por la hegemonía ideológica y política se traduce en una apropiación de términos que se muestran como “espontáneos”, “apolíticos” o como si trascendieran toda frontera política. Pensando con Laclau esta operación de lo ideológico, Žižek retoma la idea de “la lógica de la equivalencia”. En medio de esta operación ideológica, también se encuentran otros mecanismos que intervienen en la producción del espacio ideológico o de la ideología directa, si se quiere, en tanto hegemonía. Žižek utiliza el ejemplo de la crítica cultural para explicar cómo se fusionan y funcionan los dispositivos de la censura y el poder. El mecanismo de la censura es utilizado para administrar y aumentar la eficacia del poder. Hasta el momento, la eficacia de la censura se manifestaba a partir de acusar el acto “represivo” a partir de un contenido libidinal como erotización “retroactiva” del mismo gesto que impone represión; contrario a esta idea, el autor esloveno argumenta que la erotización no es un efecto secundario del acto represivo, por el contrario es su “delito constitutivo” que debe permanecer invisible si el poder pretende funcionar normalmente. Es decir, el mecanismo de la censura “descansa en un mecanismo que es efectivo en la medida en que se mantiene censurado”, de allí que en la crítica cultural la propia censura del racismo y el sexismo exista al punto de volverlos “impronunciables”. El gesto de autocensura es consustancial al ejercicio de poder. Žižek radicaliza el motivo foucaultiano de la interconexión entre poder y resistencia y dice que: “el edificio mismo del poder se escinde desde dentro, es decir, para reproducirse a sí mismo y contener su otro depende de un exceso inherente que lo constituye”; en términos hegelianos “el poder es siempre ya su propia trasgresión”.

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Analizando el embate ideológico actual, Žižek afirma que la operación ideológica de nuestros días consiste en poner el acento en la lógica económica “objetiva”, despolitizada, puesto que la ideología es siempre autorreferencial, es decir, se define a través de una distancia respecto de un otro, al que se lo descarta y denuncia como “ideológico”. En este momento hablaríamos entonces de un “universo post-ideológico” caracterizado por una pragmática madura, de administración racional y consensos negociables; un escenario en el cual no existen los “impulsos utópicos” y donde los hedonismos estetizantes allanan el camino de vuelta a lo político (anulado en la crítica cultural) en su forma más arcaica: odio racista y supremacía del universal constitutivo a través del tipo “tolerante racional” absoluto. Es lo que Žižek llamaría “la poesía ideológica multiculturalista”. Es una suerte de racismo posmoderno contemporáneo como síntoma del capitalismo tardío multiculturalista, y constitutivo de la contradicción propia del proyecto ideológico liberal-democrático. ¿Cómo se inserta, entonces, esta poesía ideológica multiculturalista en el capitalismo global de hoy? Para Žižek, el debate fundamental atraviesa el problema del universalismo. Retoma en principio los niveles de universalidad que se encuentran en Balibar: “real, ficción e ideal” y la dualidad hegeliana de abstracta o concreta. Nuestro rock-star intelectual, se interesa por una tensión más crucial, por los dos modos en que se presenta la “universalidad concreta”. A través de la “identificación secundaria”, la paradoja moderna de la individualización planteada por Hegel, muestra que la “universalidad real” sufre una especie de transustanciación frente a “la universalidad concreta”. Esta situación nos exhorta a pensar en que en la era moderna la forma social predominante del “universal concreto” es el Estado-Nación “en tanto vehículo de nuestras identidades particulares, […] las cuales constituyen la forma específica en que participo en la vida universal de mi Estado-Nación” (por ejemplo: si soy un buen miembro de mi familia, contribuyo al funcionamiento correcto de mi Estado-Nación). En la actualidad nos enfrentamos a un proceso inverso al de la temprana constitución moderna de la nación: “en contra posición a la nacionalización de lo étnico, actualmente estamos asistiendo a la etnización de lo nacional, con una búsqueda renovada de las raíces étnicas”. El multiculturalismo como la forma ideal de la ideología del capitalismo global La tolerancia del proyecto liberal-democrático encuentra comprensible un “otro abstracto” que anula la existencia de un “otro real” denunciado como ideológico y “fundamentalista”. Encontramos en el multiculturalismo una paradoja sin precedentes: “distancia euro centrista condescendiente con las culturas locales sin echar raíces en una cultura particular”, o si se quiere, hoy por hoy existen colonias, pero no naciones colonizadoras. En Žižek, el multiculturalismo es la mayor expresión de la disputa ideológica por la hegemonía, convirtiéndose en sí misma en la ideología del proyecto capitalista contemporáneo. De carácter global, el multiculturalismo es una suerte de posición vacía que trata a cada cultura global como el colonizador de antaño trata al pueblo colonizado como “nativo”, una especie de exotización del otro abstracto que debe ser “estudiada” y “respetada”. La distancia del multiculturalista, aquel que observa, estudia y define a un “otro”, mantiene dicha distancia posible debido a su posición universal privilegiada. Mantiene el privilegio del punto vacío de universalidad que respeta la especificidad y a la vez, reafirma la propia superioridad. En suma, la paradoja estructural dialéctica de Žižek, muestra que el multiculturalismo es el esfuerzo ideológico por encubrir las formas capitalistas de reproducción y expansión de la explotación y la dominación a nivel global. Esta invisibilización se caracteriza principalmente por distorsionar la operación ideológica descrita al inicio del artículo, por una homogeneización sin precedentes; se piensa primero en la factibilidad del fin del mundo, que del fin del capitalismo; las batallas anticapitalistas se traducen en el escenario de las “equivalencias equivocadas”; por último, las contenciones son calificadas de

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“esencialistas”, “fundamentalistas”, como posiciones políticas inmaduras y pasadas de moda. Todo esto, según Žižek, nos aproxima a la estructura del síntoma, como aquel elemento que tiene que mantenerse como una excepción, como una especie de suspensión del principio universal. Las excepciones, a modo de “cadena de equivalencias”, para Žižek, “equivalencias equivocadas” constituyen el defecto estructural del multiculturalismo, la “represión” del lugar que ocupa la lucha económica tiene que ver con “el abandono silencioso del análisis del capitalismo en tanto sistema económico global, y con la aceptación de las relaciones capitalistas como un marco incuestionable”. ¿Qué hacer? dijo Žižek La dialéctica de la ideología, sus dispositivos de operación y su crítica, tienen que ver además, en Žižek, con una vinculación política de formulación de planteamientos que permitan pensar el devenir de las izquierdas en occidente y los “supuestos” de resistencia que albergan en sus diversos “programas”. Tres han sido las respuestas de la izquierda que se ha enfrentado al proceso de globalización: a) el multiculturalismo liberal; b) el populismo contrario a la “razón instrumental”; c) apertura de espacios políticos; las tres, según Žižek, esfuerzos inapropiados. La exposición universal de lo político en el actual panorama reflexivo acerca de su constitución es una construcción desobligada de otros compromisos, es decir, “la politización del conjunto de luchas particulares, que deja intacto el proceso global del capital, claramente resulta insuficiente”. No basta con designar la categoría de político a la cadena de equivalencias equivocadas y al rescate de las particularidades en tanto primordiales, Žižek llama fundamentalmente a rechazar lo que se presenta como el eje principal de la lucha ideológica en el marco de la democracia liberal del capitalismo tardío: “la tensión entre la <abierta> tolerancia liberal universalista post-ideológica y los “nuevos fundamentalismos” particularistas”. Este liberalismo que se presenta como neutral y que trasciende el universo ideológico de antaño, un liberalismo respetuoso de la Ley, debería rechazarse, conteniéndose esta anulación en la realización del “antiguo tópico izquierdista acerca de la necesidad de suspender el espacio natural de la Ley”. En un acto de suspensión del “marco moral abstracto”, Žižek sostiene parafraseando a Kierkegaard, es necesario la realización de una suspensión política de la Ética. En una perspectiva de izquierda, se debe aceptar el carácter radicalmente antagónico de la vida social, afirma Žižek, “tomar partido” es la única forma de ser efectivamente universal. Un retorno a lo político, en tanto contradicción, evita la identificación con el síntoma como cuestión central de la universalidad concreta. La propuesta finalmente se extiende a la posibilidad de identificar la universalidad con la cuestión de la exclusión, es decir, rechazar los particularismos que imposibilitan un solo cuerpo en la contienda hegemónica. *** Žižek intenta de forma recurrente buscar las huellas hegelianas en Lacan. Además es un “cómico confeso” del estalinismo, pues a parte de ser un crítico del pensamiento culturalista, entre sus estrategias cuentan la provocación de la reinvención del “comunismo con un poquito de terror”, de allí que en algún apartado del artículo presentado hable de adoptar posiciones “dogmáticas y terroristas” frente a los episodios más crueles del fascismo del siglo XX. Su poética crítica interpela las operaciones profundas de la dialéctica de la ideología, a la vez que presenta la dialéctica hegeliana en situación de ruptura con las lecturas estáticas de la tesis-antítesis-síntesis. Žižek considera relevante pensar el “giro dialéctico” en el que la contradicción misma se vuelve respuesta. Así: "La síntesis es la antítesis, lo que pasa entre las dos y que no es sino una retorsión de la perspectiva, una comprobación retroactiva de que la solución se encontraba allí donde no se veía sino el problema. Que algo pase es porque ya se habrá presentado como impasse" (Žižek, “El más sublime de los histéricos”, 1994). A partir de esta crítica, se entiende la escisión constituyente del multiculturalismo en clara intención globalizante, homogeneizante y hegemónica del capitalismo total.

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