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Fernando Rubio, Nadie me dijo que haba venido a este mundo para olvidarme de aquello que alguna vez

so Esta reflexin dramtica de Fernando Rubio sobre el arte nos enva a la antigua tradicin de la crisis del artista. Una crisis en la que se pone en tensin insoportable el concepto de angustia, que a su vez es el tejido ltimo en el que parece inspirarse el arte. Todo ser artstico es confesional. En este caso, se invierte la clsica tesis pudorosa de la tradicin teatral que pone la confesin en un plano subordinado. Aqu la confesin de un viejo director de orquesta est en primer plano. Hay arte fuera de las pasiones oscuras de la creacin? Cuando aludimos a los objetos y acciones artsticas, solemos situarnos en la irreductibilidad de la obra, que de alguna manera suprime las vergenzas del mundo. Fernando Rubio decide mirar el arte a la luz de esas vergenzas: el ocaso de la existencia, la grieta insondable que siempre es el plano sigiloso de las instituciones, la belleza establecida como conductora de la genialidad Behetoven, en contraste con las tristes inmundicias del mundo. Las escenas que propone Rubio, herederas del teatro del absurdo y, con ciertos atenuantes, del teatro de la crueldad, nos llevan a pensar el destino del artista a travs de sus sueos ms oscuros. Qu suea? Que donde hay obra hay tambin locura, extenuacin de su persona, melancola irreversible y amarga no como ciertas melancolas que ayudan a recomponer el grado de pasado que tolera nuestro presente. Rubio escribi una obra sobre los sueos, pero sobre un tipo de sueo donde el soador es un sobreviviente real de sus pedazos inconclusos repartidos en el sarcasmo del mundo. Horacio Gonzlez