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Sacheri 22 Estudiantes qué hacer

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E S T U D I A N T E S

¿ Q U E

H A C E R ?

E l combate se libra en todos los f r e n t e s y en cada uno de ellos es preciso hacer penetrar la V E R D A D . V E R B O actúa ante esto como una usina de acción doctrinal que concierta al par que suscita. . . es un servicio que se ofrece a todos aquellos que desde distintos sectores están trabajando por la Realeza Social de Nuestro Señor J e s u c r i s t o . F a l t a r í a m o s a nuestra misión si nos limitáramos a " m o s t r a r " la Doctrina, contemplar la V e r d a d . . . nuestro objeto es hacer operable a asa Doctrina. De ahí nuestra preocupación por los grupos de trabajo que propiciamos en las distintas e s f e r a s de la vida social. Grupos en los que se h a g a un hábito el t r a n s i t a r de lo universal a lo concreto. Hemos hablado ya de las posibles acciones a desarrollar en el nivel municipal (v. n<? 7 8 ) , de la acción doctrinal en el ámbito de la empresa (v. n? 7 9 / 8 0 ) y también de una manera de canalizar las legítimas competencias familiares (v. n? 8 1 ) : hoy nos referiremos al sector estudiantil intentando responder a una pregunta que se nos formula cotidianamente: ¿qué h a c e r ?

El movimiento reformista
Imposible abordar el tema estudiantil sin antes referirse a las c o m e n t e s ideológicas que vienen incidiendo en el estudiantado desde hace cincuenta años. Porque la subversión internacional de la que hoy muchos se asustan, es el resultado de una larga preparación a la que no han sido ajenos la demagogia y mediocridad de muchos profesores que abdicaron ante la creciente dictadura de los estudiantes. E l movimiento de Reforma Universitaria iniciado en Córdoba (Argentina) en 1918 fue la confluencia natural de anarquistas, liberales románticos, agnósticos e incipientes admiradores de la Revolución que un año antes había visto la luz en Rusia. U n común sentimiento laicista y "anticlerical" se constituyó en una de las tantas banderas que se agitaron: la repulsa de la unidad hispánica, el revanchismo antiyanqui, el odio a la tradición y a lo sagrado, el antimilitarismo, fueron otras de sus numerosas fobias. Sus filias, en cambio, transitaban entre lo romántico y lo ingenuo: el desinterés de la juventud, la juventud nunca se equivoca, el indoamericanismo, los jóvenes deben elegir sus maestros, los estudiantes deben gobernar las casas de estudio. . . Con un ideario tal y con compañeros de ruta tan heterogéneos no debe extrañar que el " c r e d o " reformista haya

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hecho carrera, difundiéndose por toda la América Hispana y sirviendo intereses políticos no pocas veces contradictorios. Así, mientras en un país el reformismo forjaba la unidad obrero estudiantil con nítidos propósitos reivindicativos, en oíros estrechaban filas junto a las oligarquías liberales, en franca lucha contra los anhelos populares. Esta ambivalencia y vacuidad es precisamente la que ha provocado que periódicamente el movimiento reformista fuera dotado de diversos contenidos que van del liberalismo más rosado al extremismo marxista y guerrillero. No obstante, la vieja guardia liberal continúa declamando los sacrosantos "principios" enunciados en el Manifiesto L i m i n a r de 1918. Lo cierto es que a medida que el color violeta (divisa reformista) iba penetrando en las universidades americanas, lo hacía seguido de la consiguiente cuota de desjerarquización, subversión de valores, y pérdida del espíritu universitario. L a universidad reformista fue de tal forma la productora de una nueva clase dirigente en toda hispanoamérica que alternó la cátedra con el comité o la guerrilla. Las "conquistas" reformistas se traducen por el gobierno tripartito igualitario (profesores, graduados, estudiantes), el ingreso indiscriminado a la universidad, la asistencia libre a clase y todos aquellos postulados incluidos por el matiz de turno en su conducción.

La coyuntura nacional
El gobierno de la Revolución Argentina interrumpió — a u n q u e no del todo p e r f e c t a m e n t e — la "escalada hacia el poder" universitario que habían iniciado los reformistas liberales de izquierda en 1955 y que se perfeccionó tres años después con el acceso al rectorado de la primera universidad argentina de Risieri Frondizi y su hueste de tecnócratas marxistas. Al disolverse los consejos, prohibir la actividad política a los centros estudiantiles, terminar con el mito de la extraterritorialidad universitaria, el Gobierno argentino abrió camino hacia la restauración del espíritu universitario en todo el país. Estas medidas evitaron además — y esto es oportuno s e ñ a l a r l o — que los universitarios argentinos se hubieran visto complicados por agitadores a sueldo en los recientes brotes de subversión orquestada en todo el mundo. Pero esta "suspensión de hostilidades" obtenida desde arriba no debe ser causa de adormecimiento de quienes están realmente interesados en devolver la universidad a su cauce natural. Hemos visto cómo J e a n Ousset nos señala que para

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toda acción eficaz e,s preciso conjugar hombres, medios y acontecimientos. E l acontecimiento es hoy este proceso de replanteo que se ha iniciado. L a oportunidad es propicia para que los estudiantes —los h o m b r e s — comiencen el trabajo en el ámbito de sus competencias. Sin duda la obligación primera de todo estudiante —su deber de estado— es estudiar. Lo cual no significa que deba mantenerse "asépticamente" al margen del contexto que lo rodea. De sobra es conocida la figura del " t r a g a " con altísimo promedio en la universidad y que. sin embargo, desconoce por completo las características históricas, sociales, culturales o económicas del país donde va a tener que aplicar sus conocimientos. Y esto es consecuencia de las deficiencias en la formación impartida por la propia universidad, que durante años no ha acertado con la fórmula que evite su caída en el cientificismo abstracto o la sustraiga de un "compromiso" con el país consistente en la formación de barricadas, activa participación en los frentes políticos internos, declaraciones politizadas o subversión lisa y llana. L a universidad nacional ha sido lentamente corrompida en lo que va del siglo y su recuperación no es cuestión de uno o dos años, sino que debe ser el objetivo sincero y perm a n e n t e de varias generaciones de argentinos que trabajen coordinadamente y con una sana continuidad.

Los estudiantes
El campo estudiantil es particularmente difícil de trabajar. T i e n e características que —salvo algunas peculiaridades v e r n á c u l a s — son universales: 1") E l ser estudiante es un estado necesariamente transitorio de la vida; eso provoca una periódica renovación que dificulta la continuidad de una tarea de largo aliento. 2") El deber de estado del estudiante — l o hemos d i c h o — es estudiar, lo cual para muchos es causa de su "irresponsabilidad social", cuando en realidad debe sostenerse que la responsabilidad del estudiante para con la sociedad se manifiesta en la dedicación y seriedad con que se forme para ser útil a su comunidad. Por lo tanto, no es fácil conciliar siempre ese deber con las tareas que requiere una actividad parauniversitaria. de suyo muchas veces absorbente. 3") Al mismo tiempo, puede señalarse que como consecuencia de su cotidiano esfuerzo intelectual, el estudiante tiene una marcada tendencia a la abstracción, que se manifiesta por su fácil aceptación de las ideologías y por un evidente desarraigo. Todo esto, fruto innegable de una univertti

sidad iluminista o agnóstica, cuando 110 marxista, que ha conducido a los universitarios a una "proletarización" creciente. 4") La rebeldía natural de los años jóvenes acrecentada por una serie de contradicciones que se dan en nuestra sociedad moderna y por la pobrísima base familiar de muchos estudiantes, hace que la universidad proletarizada insIrumente esa rebeldía en beneficio de la subversión. D e ahí las consignas, campañas o luchas que se alternan periódicamente conducidas por quienes necesitan de esa permanente gimnasia revolucionaria. Además de esos datos universales, existen otros que se advierten con nitidez como propios de los estudiantes argentinos: su rapidez mental, su tendencia a la improvisación, hacen que no sean fácilmente incorporados a una empresa que les exija organización, método de trabajo y esfuerzo duradero. Por otro lado, el alto grado de politización que periódicamente se apodera de los argentinos, trae como consecuencia que los estudiantes también se sientan llamados a participar de ese inmediatismo que origina el rumor del día referido a la " p r ó x i m a " revolución. Ese "putehismo" repentino, tira por tierra un esfuerzo de muchos años. Y es que los estudiantes son incitados por políticos desplazados que huérfanos de apoyo popular, necesitan de alguna " m a s a " que sirva de carne de cañón para sus "reivindicaciones".

La acción: experiencias y fracasos
Las dificultades que surgen de la naturaleza propia del ambiente estudiantil y otras tantas que la experiencia de nuestros lectores podrán agregar, han hecho que numerosos esfuerzos de universitarios provenientes del catolicismo hayan terminado en estrepitosos fracasos desde el punto de vista de la ortodoxia doctrinal. Es que no siempre se ha reparado lo suficiente sobre las condiciones que h a y que atender para que una acción sea cristianamente eficaz. E n la mayoría de los casos los católicos lian buscado tan sólo la eficacia en la acción universitaria ( y también en la política), echando mano a cualquier clase de medios. Y si tenemos presente que esos medios no son neutros, podemos concluir que los instrumentos o medios que sirven a la Revolución anticristiana, de ninguna manera pueden servir al mismo tiempo para afirm a r el Orden Natural. V a l e decir, que todo lo que sea dialectizar las relaciones sociales, por ejemplo, no podrá ser utilizado por quienes quieran obtener una sana armonía social. En la universidad es conocido el fin que tuvieron movi-

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miemos uu inspiración irusuuiui (]ue salieron a romper el monopolio reformista y adoptaron para ello los mismos métodos del reformismo: al cabo de cierto tiempo era difícil distinguir reformistas y oponentes: la misma demagogia, el mismo desorden mental, la misma desjerarquización universitaria, la misma defensa del sistema tripartito e igual utilización subversiva de los consejos universitarios. . . No se trataba de hacer algo distinto sino de hacerlo antes que los adversarios: si los liberales-marxistas del reformismo planeaban la toma de la universidad para el jueves, la habilidad de los católicos consistía en tomarla el martes. E r a n en realidad teledirigidos por aquellos a quienes decían combatir. T a l proceder condujo a las "unidades programáticas" en las cuales y en torno a una consigna concreta o a un simple slogan, se reunían para combatir juntos liberales, anarquistas, católicos y comunistas. T a m b i é n se pueden mencionar como contraria al Orden de las cosas, la actitud de ciertos movimientos que nucleando a católicos han cultivado exclusivamente la acción violenta en el ámbito de la universidad. Actitud que en tanto desprecia la formación doctrinal o por lo menos la posterga en aras de una agitación armada permanente, deja librada la acción a los dictados de lo irracional, lo emotivo, lo inmediato. Actitud inmadura, generalmente amante de las poses, de las consignas, de los operativos comando y que alienta un heroísmo tan fatuo cuanto ineficaz.

¿Qué hacer?
¿Qué hacer pues, para ser eficaces sin apartarnos de la Ortodoxia? 1" E n primer lugar es preciso que nuestros jóvenes amigos que actúan en la universidad, tengan presente que la nuestra no es una acción de masas. Por el contrario, tiende a la formación de los dirigentes naturales de cada sector social. 2 9 Por lo tanto, no se trata de crear nuevos movimientos estudiantiles sino de influir en los existentes que más se aproximen a la buena Doctrina. Los animadores de esta empresa de restauración social desarrollarán una verdadera acción capilar, actuarán como levadura. 3" Los dirigentes sanos que sean detectados o que se manifiesten espontáneamente, es conveniente reunirlos pe riódicamente y constituir con ellos una célula de acción doctrinal. Esa célula — p o r la condición de sus i n t e g r a n t e s —

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apuntara eseiH mímeme a Jrt 101 maL um, MU jft*ijun iu Ijut- i-ii ella se debata la realidad universitaria y la actitud a adoptar ante ella por parte de los miembros de la célula en tanto actúen en sus respectivos movimientos estudiantiles. L a célula en si no debe ser "movilizada": trascenderá de lo circunstancial. 4" La formación de la célula evitará el enciclopedismo, o la desconexión de los temas. Tendencia ésta que es m u y común: hoy se trata el comunismo, m a ñ a n a la enseñanza libre, pasado el divorcio, la semana próxima la guerra en Vietnam, (He. Para no caer en esto es conveniente tomar alguno de los libros que aconsejamos en V E R B O : " P a r a que El r e i n e " . "Introducción a la Política", "Los cuerpos i n t e r m e d i o s " . . . e irlo tratando en reuniones sucesivas. Es conveniente tal vez, para acceder al Principio y Fundamento, comenzar con " P a r a que El reine". La "Introducción a la Política" será imprescindible para penetrar en el problema de los universales v en los "Cuerpos Intermedios" encontrarán los futuros dirigentes del pais una suscinta idea de estructuración de la sociedad a la luz del Orden Natural. Lo que importa es que la célula forme verdaderamente la cabeza de sus integrantes, la organice para que éstos a su vez puedan influir mejor en sus respectivos ambientes. 5" Estos integrantes de la célula no serán verdaderos animadores hasta tanto no participen de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, en donde encontrarán los elementos necesarios para encarar su reforma de vida, paso necesario para el desarrollo de una acción política al servicio de Dios. ()" Las acciones de masa que se encaren nunca serán un fin en sí, sino que los animadores se servirán de ellas para captar a los hombres valiosos que en esas ocasiones se pongan de manifiesto. 7" Los integrantes de la célula tendrán que vincularse con verdaderos maestros que estén trabajando con seriedad en la restauración de la universidad para que así se vaya dando naturalmente esa continuidad de esfuerzos que al principio señalamos. Este puede ser el comienzo de fecundos grupos de trabajo en lo universitario. 8" La difusión de V E R B O puede ser una ocasión para un contacto personal indiscriminado y masivo que arroje óptimos resultados desde el punto de vista de las nuevas vinculaciones que produzca. Al mismo tiempo puede constituir su difusión una consigna para los más jóvenes.

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nucauu

servicio

V E R B O no da recetas ni puede indicarle a un dirigente el modo o la oportunidad de lanzar una acción determinada. Eso está dentro de las competencias de los propios estudiantes y no es nuestra función sustituirlos o absorberlos. Nuestra acción se reduce a concertar los diferentes grupos u hombres que están trabajando por un mismo fin, a suscitar grupos donde nada existe y a explicitar la Doctrina social de la Iglesia sugiriendo sus múltiples aplicaciones. V E R B O 110 es un movimiento más sino que es un servicio de acción doctrinal que se ofrece a los diversos grupos, hombres o movimientos. Respecto al campo estudiantil se ha constituido en Buenos Aires el Servicio Estudiantil de Concertación e Información que ha tomado a su cargo la asistencia a las células estudiantiles, grupos de trabajo en la universidad y movimientos gremiales. Esa asistencia se traduce en la elaboración de planes de estudio, cursillos, ciclos de conferencias, documentación, información e intercambio entre distintas ciudades universitarias, Colegios Mayores, publicaciones, y traducción de material extranjero sobre el tema, información sobre tandas de Ejercicios espirituales. L a tarea de concertación la realiza el S E C I en todo el país y quienes estén interesados en tomar contacto con él podrán dirigirse a la calle Maipú 863, 1- E , Capital Federal. Estudiantes: es imprescindible llevar adelante una tarea de formación, do esclarecimiento y al mismo tiempo de concertación. Las horas por las que atraviesa nuestro país requieren del esfuerzo serio y sincronizado de todos aquellos que desde su lugar en la sociedad están librando batalla para instaurar todo en Cristo.

Puesto que los padres han dado la vida a los hijos, tienen la gravísima obligación de educar a la prole, y, por tanto, hay que reconocerlos como los primeros y principales educadores de sus hijos. Este deber de la educación familiar es de tanta trascendencia, que, cuando falta, difícilmente puede suplirse.
Concilio V a t i c a n o II, Gravissimum educationis, 2.

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