A toque de campana Los españoles tuvieron que resolver el difícil problema de la observación de las baterías enemigas desde el edificio

más alto de la ciudad: la Torre Nueva. Desde allí, un equipo de militares provistos de catalejos, y dirigidos por Mor de Fuentes, con marinos huidos desde Cartagena, avisaban de la salida de los proyectiles franceses mediante toques de campana que, gracias a un código de toques preestablecido, informaban a la población desde dónde venían los proyectiles - de entre 50 y 75 kilos -. Cada una de estas piezas tesadas tiraba, lentamente, a razón de un disparo cada media hora. El largo vuelo de las granadas permitía a los zaragozanos ponerse a cubierto. Por cierto, que esa campana sigue sonando hoy día desde el Pilar. Respecto a los artilleros, el nivel técnico de los españoles era alto, homologable al de sus coetáneos franceses. Sin embargo, la ciudad tuvo que echar mano de todo aquel que tuviese conocimientos técnicos en la materia. Tal fue el caso de muchos artilleros navales, fugados desde diversos arsenales -empezando por el de
Cartagena -, que se habían incorporado a la defensa de la plaza. De aquellos cañones que dispararon en Zaragoza todavía queda alguno, como el que forma la base de la escultura de Agustina de Aragón, realizada por Mariano Benlliure, que se encuentra en la escalinata del Ayuntamiento de la ciudad.

Heraldo de Aragón.