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DE ARISTÓTELES A SAN AGUSTÍN DE HIPONA Desde la muerte de Aristóteles (322 a. C.

) hasta la aparición de San Agustín de Hipona (354-430) transcurren seis siglos. En ese tiempo, se producen acontecimientos histórico-culturales y filosóficos fundamentales en la historia y constitución de la civilización occidental: desaparece la Grecia clásica, a la que sigue la cultura helenística (el helenismo abarca desde la muerte de Alejandro Magno, 323 a. C, hasta el año 30 a. C., cuando tras la derrota de Accio, Roma somete al último reino helenístico), que, a su vez, deja paso al dominio del Imperio Romano. Tras el hundimiento de este último, coincidente con el final de la vida del santo, comienza la Edad Media. De todas formas, la filosofía de San Agustín, por su temática y planteamiento, se considera el inicio del pensamiento medieval. 1. Filosofía helenística: pensar en tiempos de crisis Los términos helenismo y helenístico son derivados del verbo hellenídzein, que significa “hablar griego” o “actuar como griego”. La lengua fue la portadora de las ideas y de las formas civilizadoras de Grecia, que se difundieron por todo el extenso territorio por donde pasaron las tropas de Alejandro Magno. Fundador de ciudades, el conquistador macedonio fue verdaderamente revolucionario al procurar la fusión de lo griego con lo bárbaro en una unidad civilizadora superior. Intentó superar las barreras habituales de raza y tradiciones locales para hermanar a todas las personas en una comunidad superior, con los ideales de la paideía helenística. La lengua común, koiné dialectos, a modo de lingua franca, sirvió para la expansión del espíritu griego, juntamente con el arte, la religión, la literatura, la filosofía y la ciencia, es decir, como una forma de entender el mundo. (C. GARCÍA GUAL y M. J. IMAZ: La filosofía helenística: éticas y sistemas) Son escasas las épocas que reúnen de modo tan claro como la helenística la grandeza y la crisis. Esta circunstancia se puede ver en los siguientes aspectos característicos del período: En primer lugar, las conquistas de Alejandro Magno ampliaron las fronteras griegas; la cultura griega y su visión del mundo se expandieron hacia Oriente Medio y el Norte de África, se crearon nuevos centros culturales, entre los que destaca Alejandría, la ciudad fundada por Alejandro Magno en el delta del Nilo. En segundo lugar, representó el ocaso de la polis, el final de la Grecia clásica, de la democracia de Atenas, de la cultura y de las formas de vida surgidas en torno a la polis, a la ciudad-estado; Alejandro estableció las bases para el nacimiento de un modelo nuevo de comunidad, el Imperio, una comunidad cosmopolita de grandes dimensiones, capaz de acoger a individuos de procedencia muy diversa y donde la lengua griega se convirtió en el vehículo común de comunicación y cohesión entre grupos muy diversos. En este nuevo contexto histórico y cultural, en el que los macedonios sometieron a todas las ciudades griegas y constituyeron el Imperio como unidad política superior, de modo que las polis dejaron de existir como unidades autárquicas, los ciudadanos se daban cuenta de que ya no tenían en sus manos ni el destino de la polis ni su libertad, sino que quedaban al arbitrio del caudillo de turno o del

monarca, y tal vez, por encima de todos ellos, de un poder superior, azaroso y fortuito, que representaron en la figura de la Fortuna. Además, emerge un nuevo sentimiento, el cosmopolitismo, en sustitución del patriotismo vigente hasta ese momento. El patriotismo que profesaban los atenienses en la época anterior estaba alentado por su implicación activa en la vida pública de la polis. La nueva situación política supuso el fin de la democracia y la dependencia de las polis de un órgano político superior. El poder se burocratizó y se consumó su alejamiento de los ciudadanos. Algunas corrientes filosóficas –los epicúreos son el ejemplo más claro- llegaban incluso a desaconsejar la participación en la vida política. El resultado fue el debilitamiento del sentimiento patriótico de la población. La desaparición del patriotismo coincidió con el auge del cosmopolitismo (sentimiento de ser ciudadano del mundo), defendido por algunas escuelas filosóficas como la epicúrea y la estoica. Este hecho se explica porque la democracia ateniense, a pesar de constituir un logro fundamental, se basaba en no considerar ciudadanos ni a mujeres, ni a esclavos, ni a extranjeros. La ampliación de las fronteras llevada a cabo durante el helenismo permitió que los individuos llegaran a adoptar una visión universalista de la humanidad, lo que comportaba la convicción de que todos los seres humanos son iguales. Los epicúreos, por ejemplo, permitían a mujeres y esclavos la entrada a su escuela. El hombre del período anterior, el ciudadano de la polis, se sentía inserto en un estado fuerte –y parte constitutiva del mismo- garante de su libertad y bienestar, de su felicidad en suma. Ahora, con el desmoronamiento de la ciudad-estado, se siente solo y desprotegido; la crisis de la polis implica la crisis de su propio ser, la pérdida de su sentido, pues para Platón y Aristóteles el hombre era un ser de naturaleza comunitaria que solo podía desplegarse dentro de una sociedad bien organizada. El hombre se limitaba a ser el órgano de un cuerpo social: órgano que no tiene sentido si el cuerpo se disgrega, deja de ser un todo, se pierden los nexos de unión. La nueva filosofía habrá de inventar el sentido de un cuerpo social atomizado: los miembros de la sociedad son ahora individuos aislados, órganos desmembrados en busca de una nueva función, de una nueva razón de ser. La filosofía helenística será la encargada de suministrar este nuevo sentido a la existencia humana. Las nuevas circunstancias marcan el nuevo rumbo, que consecuentemente se concentrará en lo individual más que en lo colectivo: lo central será ahora la vida individual del hombre encaminada a la recuperación de la felicidad perdida, más que a la solución de los grandes enigmas cognoscitivos de la naturaleza que tanto habían preocupado a los filósofos anteriores. La filosofía reinante presentará un marcado carácter ético, y a él se supeditarán el resto de cuestiones: la filosofía de la naturaleza interesa sólo en la medida en que pueda arrojar luz sobre ese ser natural que es el hombre, y la política pasa a un segundo plano, cuando no desaparece por completo del horizonte de la reflexión; la vida política, la vida en la polis, ha fracasado; ahora sólo interesa la vida individual. Esta circunstancia se volverá a repetir posteriormente y de forma periódica, como veremos, a lo largo de la historia del pensamiento, pues tras los fracasos revolucionarios –“utopías sociales”-, el pensamiento se torna más individualista que social: así, por ejemplo, la exaltación que del individuo hace el Romanticismo a comienzos del siglo XIX no es otra cosa que una reacción ante el fracaso del proyecto ilustrado de la Revolución francesa en el siglo XVIII. Así pues, durante el período helenístico, como respuesta a una situación sociopolítica decadente, surgieron básicamente cuatro nuevas escuelas filosóficas o corrientes de pensamiento que, intentando salvar al ser humano a la deriva,

formularon propuestas que, con todas las variaciones que se quieran, siguen sirviendo como remedios a los que el hombre contemporáneo se aferra frente a los vaivenes de la vida y que le permiten mantenerse a flote, no zozobrar en una existencia, la nuestra, tan tormentosa hoy como lo fue la de los griegos que optaron por ser cínicos, epicúreos, estoicos o escépticos, o las cuatro cosas a la vez. En conclusión, como consecuencia de tantos cambios, el pensamiento abandonó la creación de grandes sistemas especulativos al estilo de los de Platón y Aristóteles, e inició un camino que ponía por encima de todo la búsqueda de la paz y de la tranquilidad interiores. La filosofía teórica se subordina a la filosofía práctica y ésta, a su vez, está encaminada a reducir el sufrimiento de las personas. Valga como ejemplo la siguiente cita de Epicuro de Samos: “Vana es la palabra del filósofo que no sabe aliviar al hombre que sufre”. En el siguiente esquema se recogen las principales escuelas de filosofía del período helenístico, así como sus características y representantes. ESCUELA CIRENAICOS CÍNICOS EPICUREÍSMO ESTOICISMO CARACTERÍSTICAS Búsqueda activa del placer, tanto sensible como espiritual Estilo de vida libre y sin Ataduras Búsqueda del placer y huida del sufrimiento: ataraxia y autarquía Vida conforme a la naturaleza a través del autocontrol y ka imperturbabilidad Suspensión del juicio (epoché) para alcanzar la imperturbabilidad del alma REPRESENTANTE Aristipo de Cirene Diógenes de Sinope Epicuro de Samos Zenón de Citio

ESCEPTICISMO

Pirrón de Elis

2. Cristianismo y filosofía Paralelamente al desarrollo de las escuelas helenísticas en Roma y Alejandría, se produce, en la región de Judea, un acontecimiento decisivo: la aparición del cristianismo. Inicialmente, el cristianismo no era una filosofía, sino una religión nueva surgida en el seno del judaísmo, con el cual compartía las raíces monoteístas. La novedad que presenta es la idea de la encarnación de Dios: Dios se convierte en hombre, habita entre los humanos y comparte su destino. Ahora bien, con el tiempo el cristianismo se transforma por la influencia de la cultura helenística con la que convive. Lo que nace como una religión pensada para llegar al corazón de las personas sencillas y dirigir sus vidas, se convierte en una filosofía, una nueva visión del mundo que, aun compartiendo el mismo lenguaje, se aleja de la cosmovisión griega; además, acabará convirtiéndose en la religión oficial del Imperio. Principales aportaciones teóricas del cristianismo Aparte del escándalo de la encarnación humana de Dios, la primera novedad teórica del pensamiento cristiano es el mismo concepto de Dios. En claro contraste con la

concepción griega, el Dios cristiano es concebido como un Dios personal y no como una abstracción ordenadora. El cristianismo transforma radicalmente las ideas que los griegos tenían sobre el hombre y el mundo. La búsqueda de la verdad en torno a la que gira el modelo de razón que proponían los filósofos griegos se convierte en una aventura arriesgada porque la experiencia de fe introduce un modelo de racionalidad basado en la confianza en un Dios personal. El contraste entre estas dos formas de ver el mundo constituyó un problema filosófico que sirvió como eje central del pensamiento de toda la Edad Media. San Agustín, en su afán por la búsqueda de la verdad, representa el punto de encuentro esencial entre la doctrina cristiana revelada y la investigación filosófica. Recupera el pensamiento de Platón y lo adapta al cristianismo, proporcionando razones filosóficas para mantener la fe de los creyentes y abriendo la razón humana a la trascendencia. LAS NOVEDADES RADICALES DEL CRISTIANISMO
PENSAMIENTO GRECO-ROMANO FILOSOFÍA CRISTIANA

El mundo o cosmos es una materia indeterminada e increada cuya explicación se presta a variadas interpretaciones: atomismo, materialismo, platonismo, hilemorfismo, etc. El cosmos es eterno y necesario, y no hay nada al margen de él, todo lo que existe está en el cosmos. Divinidad. Las distintas fuerzas de la naturaleza, en la mitología, son representadas por diferentes dioses (politeísmo) que compiten entre ellos y se asemejan en sus acciones a los humanos. En la concepción filosófica, Dios consiste, por ejemplo en Aristóteles, en una abstracción ordenadora El tiempo es eterno, un eterno retorno de lo mismo. El tiempo es un tiempo cíclico y natural presidido por las estaciones meteorológicas y la influencia de los astros. Se reduce el tiempo a su dimensión física y cosmológica.

El hombre es un ser natural cuya estructura depende de la interpretación

El mundo es el resultado de la creación. Dios hace el mundo desde la nada mediante un acto libre. La nada aparece como una categoría filosófica enfrentada al ser. Dios está más allá de la naturaleza, es decir, es trascendente. El mundo no es eterno, tiene principio y fin Frente a las luchas, los malos ejemplos y la irracionalidad de los dioses paganos, los cristianos proclaman un único Dios (monoteísmo) al que llaman Padre. Por tanto, el Dios de los cristianos es un Dios personal. Aún resulta más sorprendente para los griegos que este Dios sea al mismo tiempo unidad y trinidad, Padre, Hijo –Jesucristoy Espíritu Santo. Con la creación surge el tiempo. Es un camino de aproximación a Dios que tendrá su culminación en el juicio final en el que Dios premiará eternamente a los justos y castigará a los pecadores. El tiempo es un tiempo lineal, histórico y vital. La experiencia providencial de Dios transforma el sentido del tiempo. Dios aparece como eje de la historia humana; más que vinculado a los fenómenos naturales, se caracteriza por crear y acompañar al hombre en su devenir. Aparece el tiempo vivido, personalizado y protagonizado por hombres y pueblos. Nueva antropología. El hombre es el proyecto de Dios. Está hecho a imagen y

filosófica que se realice. La libertad se plantea desde las necesidades naturales del hombre, o desde los condicionamientos sociales. La dimensión fundamental del hombre es el intelecto.

semejanza de Dios. No es la realidad misma de Dios, sino una realidad intermedia que tiene en sus manos la libertad radical para resistirse al pecado y ser feliz. Preeminencia de la voluntad sobre el intelecto. La salvación, el pecado original y la relación alma/cuerpo se enfocan desde la clave de la libertad radical. Concepto de verdad. La verdad la La verdad está en Dios, y el principal descubrimos en las cosas mediante la camino para conocerla es la revelación razón que Dios realiza al hombre a través de las Escrituras o textos sagrados. El esfuerzo para superar los desacuerdos que en ocasiones parecen darse entre la razón y la revelación (fe) constituirá uno de los elementos más destacados de la filosofía medieval. 3. San Agustín de Hipona 3.1. Su proyecto filosófico

El hombre en busca de Dios Es sin duda el máximo exponente de la constitución filosófica del cristianismo. Dios es para él lo más importante: es fuente de toda realidad, de toda verdad, de toda bondad. De entrada no es Dios lo que nos resulta más claro y más inmediatamente vivido y conocido, sino nuestra alma. Por tanto, la búsqueda de Dios comienza en nuestra interioridad. Al fin y al cabo, para los cristianos el alma es una imagen de Dios y ese reflejo de la divinidad será el punto de partida de la búsqueda agustiniana Del autodescubrimiento a la búsqueda de Dios En el alma hay tres capacidades: la memoria, el entendimiento y la voluntad. La memoria nos permite conservar nuestras experiencias y gracias a ello podemos ser conscientes de nuestra identidad a lo largo del tiempo. Somos conscientes de nosotros mismos de forma intuitiva: no podemos engañarnos sobre la existencia de nuestro propio pensamiento, pues el engaño es también una forma de pensamiento. Este argumento lo retomará más adelante Descartes para hacer de él el eje de toda su filosofía. El entendimiento, el alma racional, es lo más específico y más noble del ser humano, como ya habían dicho los filósofos antiguos La preeminencia de la voluntad Sin embargo, San Agustín irá más allá de los clásicos, y, con ello, consuma la irrupción del cristianismo en Occidente: el desplazamiento de la prioridad del ámbito del conocimiento al de la voluntad, la tercera de las capacidades. San Agustín está profundamente influido por Platón, a través de la filosofía neoplatónica. Sin embargo, su objetivo no son las ideas como ocurre en el intelectualista Platón, sino un Dios personal que ha creado a los humanos por amor.

A partir del conocimiento de sí mismo, el ser humano descubre la grandeza de la realidad, y la conciencia de sus propias imperfecciones le impulsa, no hacia la Idea del Bien –como ocurre con el eros platónico-, sino a la búsqueda de una plenitud que solo Dios puede llenar 3.2. Razón y fe

Creer y entender El deseo de perfección abre las puertas de la fe, a aceptar como divina una Revelación, una Escrituras que nos enseñen quién es Dios y qué espera de cada persona. Esta fe resulta suficiente para la mayoría, según San Agustín, pero no para el sabio. El sabio, además de creer, desea poner en juego el entendimiento. Desea entender aquello que cree, aquello que quiere, aquello en que confía, y esta cuestión nos lleva a la discusión de la relación entre fe y razón. Complementariedad entre fe y razón Razón y fe son complementarias porque la verdad sólo puede ser una y porque no tendría sentido que Dios nos hubiera dado la razón para hacernos errar o para que no nos sirviéramos de ella. Por tanto, filosofía y religión no están opuestas, sino que van de la mano en el filósofo que ha descubierto al auténtico Dios. Ahora bien, en esta relación la fe guía a la razón. Fe y razón se necesitan mutuamente Esta complementariedad entre razón y fe se produce en un triple sentido. En primer lugar, porque el autoconocimiento es el punto de partida de todo conocimiento y, especialmente, del conocimiento de Dios. En nosotros descubrimos las capacidades que nos permitirán entender –por lo menos parcialmente- la realidad de Dios. Y es por la razón, también, como descubrimos las imperfecciones de nuestra condición, un reconocimiento que abre las puertas a la fe.. En este primer sentido podemos decir que la razón es previa a la fe. En segundo lugar, porque a pesar de que el punto de partida sea el autoconocimiento, sólo la fe estimula la elevación por encima de las propias limitaciones. La razón nos muestra estas limitaciones, pero según San agustín sólo la fe nos impulsa a superarlas, a intentar comprender lo que no entendemos. La fe, en este segundo sentido, precede a la razón. Finalmente, porque la razón no es capaz de entender las verdades que la fe promete, de darse cuenta de que en la luz de la fe la realidad se vuelve comprensible. REALIDAD PLATÓN SER HUMANO Dualismo Dualismo ontológico cuerpo-alma Materia e Preexistencia ideas e perfectas inmortalidad del alma Dualismo Dualismo ontológico cuerpo-alma CONOCIMIENTO MORAL Reminiscencia Intelectualismo

El conocimiento El conocimiento como recuerdo del bien nos hace buenos Iluminación Voluntarismo

AGUSTÍN

Materia e El alma es El alma recibe de La voluntad con ideas en la inmortal pero Dios la luz del el auxilio de la mente de Dios no conocimiento gracia, nos preexistente inclina al bien 3.3. Dios creador

Un concepto revolucionario La idea de creación es una de las novedades fundamentales que aporta la tradición judeocristiana a la construcción de Occidente. No fue aceptada con facilidad, y su introducción comportó innumerables polémicas. Para los griegos el ser no puede venir del no ser. Sin este principio toda la racionalidad griega se venía abajo. Además, ¿por qué tenía Dios que haber creado el mundo? ¿No introducía la idea de creación una imperfección de Dios? El Dios de San Agustín no crea porque necesite algo, porque esté falto de lago que debe completar, sino por un amor infinito que le lleva a comunicar el bien que posee. Verdaderamente, la idea de la creación del mundo a partir de la nada resultaba absurda para una mentalidad como la romana, mucho más familiarizada con la idea griega de eternidad del tiempo. Dios como sede de la verdad: las ideas ejemplares Dios es el creador del mundo, origen y fundamento de una realidad que despliega en el tiempo las ideas eternas. Es decir, estamos pasando de la consideración de Dios como causa eficiente, creador, a su consideración como causa formal, al modo de las ideas platónicas. En San agustín, el mundo impersonal de las ideas platónico se transforma en mente divina, pero lo que se pretende explicar sigue siendo lo mismo que quería explicar Platón: ¿qué es lo que nos permite decir que las cosas responden a una definición? Las ideas divinas se convierten en el ejemplo modélico a partir del cual Dios crea. Por ellas las cosas son lo que son. Por ellas también, según San agustín, tendremos los humanos la posibilidad de conocer. Dios como luz del conocimiento San Agustín aplica el esquema de la alegoría del sol de Platón en su teoría del conocimiento, introduciendo algunos cambios. Si en el caso de Platón era la Idea del Bien la que aportaba a las ideas la realidad, la esencia, la verdad y la posibilidad de que fueran conocidas por el alma, San Agustín sustituye la Idea del Bien por Dios que aporta el ser a la realidad, quien ilumina el alma humana y le permite descubrir en su interior el reflejo de las ideas. La iluminación divina hace posible esta contemplación de las ideas reflejadas en el alma, como el sol del exterior de la caverna platónica hace posible la visión de los cuerpos sensibles.. Sólo la luz que irradia Dios sobre el alma hace posible el conocimiento. Es lo que se conoce como teoría de la iluminación San Agustín llega así a la síntesis entre razón y fe, porque el concepto de iluminación supone que la iniciativa del conocimiento parte de Dios –que ilumina el alma- y que no hay en la naturaleza limitada del hombre una facultad de conocimiento que sea independiente de la divinidad. El conocimiento requiere un repliegue en el interior de uno mismo, una búsqueda en el propio interior del alma, donde el hombre encontrará la verdad, es decir, a Dios.

CUESTIONARIO: DE ARISTÓTELES A SAN AGUSTÍN 1. ¿Qué es el helenismo? ¿De qué término procede? ¿Qué significa ese término? ¿Qué sucesos marcan au principio y su final? 2. Cita tres escuelas de filosofía helenísticas, así como sus características y representantes. 3. A partir de Alejandro Magno surge un nuevo modelo de comunidad política diferente de la ciudad-estado (polis) del período anterior, ¿de qué modelo se trata? ¿En qué se diferencia del modelo anterior? 4. ¿En qué aspectos se puede percibir la grandeza y la crisis del período helenístico? 5. ¿En qué se diferencia el cosmopolitismo del patriotismo? ¿En qué se basa uno y otro? 6. ¿Por qué la crisis de la polis implica la crisis del individuo? 7. ¿En qué consiste la crisis de uno y otro? 8. ¿Qué aportarán las filosofías helenísticas al ser humano? 9. ¿Por qué se caracterizan las filosofías helenísticas? 10. ¿Qué novedades radicales introduce el cristianismo? 11. ¿Según San Agustín, dónde está el punto de partida de la búsqueda de Dios? ¿Por qué? 12. ¿En qué consiste el argumento agustiniano que siglos más tarde rescatará Descartes? 13. ¿Por qué la preeminencia de la voluntad en el hombre es una innovación radical del cristianismo? 14. ¿Qué relación hay entre razón y fe? 15. ¿Por qué crea Dios el mundo? 16. ¿Qué hay en la mente de Dios, según san Agustín? 17. ¿De qué se sirve Dios para crear el mundo? 18. ¿Qué dice la teoría de la iluminación?