Libres para creer

Una fe consciente para los jóvenes

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Cario Maria Martini

Cario Maria Martini

Libres para creer
Una fe consciente para los jóvenes

SALTERRAE Santander - 2009

Título del original italiano: Líber i di credere. Igiovani verso unafede consapevole © 2009 by In dialogo Cooperativa cultúrale S.r.l. 20122 Milano www.indialogo.it

índice

Traducción: María del Carmen Blanco Moreno y Ramón Alfonso Diez Aragón

Prólogo Introducción, por Luigi Accattoli

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Imprimatur: * Vicente Jiménez Zamora Obispo de Santander 04-06-2009 © 2009 by Editorial Sal Terrae Polígono de Raos, Parcela 14-1 39600 Maliaño (Cantabria) Tfno.: 942 369 198 / Fax: 942 369 201 salterrae@salterrae.es / www.salterrae.es Diseño de cubierta: María Pérez-Aguilera mariap.aguilera@gmail.com Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida, total o parcialmente, por cualquier medio o procedimiento técnico sin permiso expreso del editor. Impreso en España. Printed in Spain ISBN: 978-84-293-1825-8 Depósito Legal: SA-485-2009 Impresión y encuademación: Gráficas Calima - Santander www.graficascalima.com

Carta a los jóvenes

PRIMERA PARTE

N O S O T R O S SERVIREMOS A L S E Ñ O R 1. Dios nos llama y nos libera 2. El Credo y nuestra fe 3. Escuchad hoy su Palabra 4. Elegimos servir al Señor y proclamarlo 5. Iluminad la ciudad 6. Id también vosotros a mi viña 23 63 69 74 81 89

SEGUNDA PARTE

C E N T I N E L A S D E LA M A Ñ A N A 1. 2. 3. 4. Escrutad el horizonte de la esperanza Confío en vosotros, jóvenes ¿Qué piden hoy los jóvenes? Jóvenes con visión 95 97 100 106 111

5. Como lámpara que brilla en un lugar oscuro
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6. Caminamos en la noche 7. Una gran alegría y una riqueza desbordante 8. No tengáis miedo de ser santos

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Prólogo*

TERCERA PARTE

JÓVENES CORRESPONSABLES EN LA MISIÓN 1. 2. 3. 4. 5. Los cinco secretos del creyente La esperanza está en nosotros y en medio de nosotros Participar en la caridad de Dios Permanecer en Jesús para ser hoy Iglesia viva Llamados a salir de la mediocridad y del miedo . . . . 139 144 149 158 166 171

índice general

primera vez se reproducen en un solo volumen intervenciones significativas que el cardenal Cario Maria Martini dirigió a los jóvenes, a lo largo de su prolongado y rico magisterio como arzobispo de la diócesis de Milán, de 1980 a 2002. Se trata de una compilación amplia y variada, ya que una de las constantes de la obra del cardenal Martini fue precisamente la atención a la edad juvenil, vista, más que como problemática pastoral, como lugar necesario de un anuncio claro de las razones de la fe, de la centralidad de Cristo en la vida, de la escucha de la Palabra según el método de la lectio divina. Un instrumento privilegiado para la formación de las conciencias juveniles fue, en el primer periodo de su episcopado, el de la «Escuela de la Palabra» en la catedral, que él mismo guió durante muchos años, inventando para ella fecundos itinerarios de escucha que atrajeron hasta la catedral a miles de jóvenes de toda la diócesis los primeros jueves de mes. «Escuela» que después, por su mismo deseo, se fue descentralizando gradualmente en las zonas pastorales y en los arciprestazgos de la diócesis, y fue confiada a otros muchos predicadores y a la animación de los jóvenes de las unidades pastorales, de las parroquias y de las asociaciones.
JTOR

De los textos del cardenal Martini se han eliminado las referencias temporales y las indicaciones cronológicas ligadas a acontecimientos concretos pero irrelevantes para la comprensión del texto. [Nota del editor]. ° 6 °
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Una segunda iniciativa comenzó, en cambio, con el itinerario denominado «Asamblea de Siquén» (1988-1989) que, según la intención del cardenal Martini, estaba destinada a poner en el centro la fe como elección consciente, en la percepción de una misión específica encomendada por la Iglesia a los jóvenes. Este volumen recoge todas las intervenciones del arzobispo relativas a este itinerario, a partir de las meditaciones sobre el texto bíblico que fue elegido por él como referencia para las diferentes iniciativas (Josué 24,1-28) y que hasta ahora no habían sido nunca publicadas fuera de los textos destinados a los jóvenes delegados. Un tercer paso fue el llamado «Sínodo de los jóvenes», entre noviembre de 2000 y febrero de 2002, cuyo lema sintético quedó resumido en el título «Centinelas de la mañana», en referencia explícita al acontecimiento que, como Iglesia universal, vivieron millones de jóvenes durante el gran Jubileo del año 2000. En el presente volumen se recogen también todas las reflexiones del arzobispo a lo largo de este itinerario. Se encuentran después algunas intervenciones destinadas a los jóvenes de Acción Católica, con los cuales el cardenal Martini vivió momentos muy intensos en las convocaciones diocesanas organizadas entre finales de la década de 1980 y durante la década de 1990; ellas son testimonio de la consonancia de temas y de las preguntas compartidas que el itinerario asociativo fue madurando durante aquellos años, como respuesta al deseo del obispo de formar jóvenes corresponsables y caracterizados por su profundidad espiritual e impulso apostólico. Por último, al comienzo del volumen se reproduce una carta muy hermosa, dirigida a los «jóvenes con los que no me encuentro», difundida en 1990 y tal vez no particularmente conocida ni valorada, que ayuda a comprender las razones y los sueños de un obispo para sus jóvenes, para todos los jóvenes que han vivido junto a él, a quienes toda la Iglesia puede y debe dar razones para creer y vivir bien.

Introducción

único que no me ha echado un sermón ha sido el cardenal Martini», me dijeron dos de mis hijos que en agosto de 1993 participaban en la Jornada Mundial de la Juventud de Denver (Estados Unidos). Yo estaba allí como enviado del Corriere della Sera y ellos con un grupo romano de Acción Católica. El cardenal Martini se encontraba entre los obispos de todo el mundo que impartían las catequesis. Esta es la clave que el cardenal usa desde siempre: él nunca «sermonea», pero sobre todo no echa un sermón cuando habla a los jóvenes. Es decir, no cede a la tentación de construir su discurso en torno a una serie de llamamientos a la seriedad de la vida y de la vocación cristiana, a la necesidad de ser responsables en el uso de la libertad y de la sexualidad. O mejor: exhorta ante todo a esto, pero no es el corazón de sus discursos. He escuchado varias veces al cardenal en los encuentros con los jóvenes, sobre todo en los momentos -que él más estima- de Escuela de la Palabra, y he descubierto que hay un triple secreto detrás de su capacidad de hablar a las nuevas generaciones: se pone en su lugar, procede con franqueza, presenta el Evangelio. Se pone en su lugar, es decir, razona sobre las dificultades para creer que pueden tener hoy los muchachos de veinte años y las hace suyas. No las mira desde arriba ni habla como quien ya conoce las respuestas. Toma en serio las preguntas que le hacen. No cuestiona la crisis de fe de los contemporáneos, sino que se pregunta a sí mismo como a uno de los coetáneos y busca con ellos y en su nombre la respuesta.
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INTRODUCCIÓN

El segundo secreto se refiere a la franqueza de su lenguaje, que a menudo le ha convertido en objeto de críticas. El no es un diplomático de la palabra, sabe correr riesgos: el riesgo de exponerse, de ser mal interpretado, de terminar siendo acusado. Varias veces le he oído hablar de alguna duda sobre la fe y sobre una palabra de Jesús, sobre la credibilidad histórica de los Evangelios, sobre este o aquel aspecto de la vida cristiana. Dudas afrontadas y superadas, pero también interrogantes que siguen abiertos, con la invitación a continuar la búsqueda. En este no resignarse veo un elemento vivo que cautiva a quienes le escuchan o leen sus escritos. Recuerdo una carta que escribió a los participantes en el Sínodo de mayo de 1994, en la que reconocía los «muchos dones» procedentes del Sínodo de la diócesis de Milán, pero afirmaba que «un poco más dé viento del Espíritu» no habría «hecho daño». En general, los obispos retienen a la grey. Martini, en cambio, exhorta a los cristianos «a novedades valerosas» y a gozar en plenitud de la «libertad del Evangelio». El tercer secreto es el más importante: él no presenta una doctrina suya, ni sigue un particular método catequético, sino que propone el Evangelio. Va al corazón del corazón del mensaje cristiano, que es la figura de Jesús tal como la presentan los Evangelios, y en torno a ella desarrolla todos los temas. Dicho con otras palabras: actualiza el mensaje de Jesús partiendo del texto de los Evangelios. Conozco al cardenal Martini desde que era profesor en el Instituto Bíblico y yo era un muchacho de la FUCI (Federazione Universitaria Cattolica Italiana) y le escuchaba en Roma y en las semanas teológicas de Camaldoli. Ya entonces seguía este método. Como experto en temas eclesiales de la Repubblica y, después, del Corriere della Sera, me he encontrado con él en Milán, en Roma y en varias partes del mundo, le he hecho preguntas en las conferencias de prensa y entrevistas en exclusiva, y me ha invitado a su mesa. En dos ocasiones (en 1991 y en
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2000) me llamó para que le propusiera -ante un público de periodistas- algunas «provocaciones» sobre las «cosas últimas». Al agrupar todos los contactos tenidos con él, puedo concluir que ese modo de entrar en conversación con los jóvenes he vuelto a encontrarlo, sustancialmente, en cada una de esas circunstancias, también cuando se dirigía al mundo de los adultos. Siempre he visto cómo su punto de partida era la Palabra y siempre me ha parecido que sus palabras llegaban claramente al corazón del hombre de hoy. Su maestría al exponer las Escrituras ha sido alabada tanto por el papa Wojtyla como por el papa Ratzinger. Benedicto XVI ha recomendado la lectura de las lectio bíblicas de Martini a los jóvenes de la diócesis de Roma el 6 de abril de 2006 y lo ha descrito como un «verdadero maestro» del acercamiento a las Escrituras: «Aun cuando él conoce bien todas las circunstancias históricas, todos los elementos característicos del pasado, intenta siempre abrir también la puerta para hacer ver qué palabras pertenecientes aparentemente al pasado son también palabras del presente». ¡La actualización, justamente! Dos años antes, en el volumen ¡Levantaos! ¡ Vamos! (Plaza & Janes, 2004), Juan Pablo II había hablado de Martini como de un modelo de obispo que expone la Palabra de Dios al pueblo: «Las catequesis en la catedral de su ciudad atraían a multitud de personas, a las que revelaba el tesoro de la Palabra de Dios». En ambos casos fui el primero que transmitió al cardenal -vía e-mail- la noticia de que había sido citado por el papa, y en las dos ocasiones me respondió, desde su retiro en Jerusalén, que le alegraba porque veía cómo se honraba el papel de la Escritura en la vida de la Iglesia. Se puede decir que Martini ha vivido para la Escritura: para ayudar a cuantos le habían sido confiados a leerla y a vivirla. Recientemente, el 5 de octubre de 2008, en una entrevista para la televisión le he oído hacer una afirmación fuerte sobre esta centralidad de la Palabra
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de Dios en su aventura humana: «La Biblia ha sido en realidad mi vida». Invito a leer sus textos, reunidos aquí, teniendo los ojos fijos en este hilo conductor de la transmisión del Evangelio a la humanidad de hoy, y en particular al mundo juvenil. .* Luigi Accattoli

Carta a los jóvenes

QyV¿Aa A*hl^e, *p*(Al/*. Athifyí:

No te sorprendas por esta carta que te dirijo precisamente a ti . He decidido escribirte porque -al menos hasta ahora- me ha resultado imposible encontrarme contigo: donde iba yo, tú no estabas y donde ibas tú... ¡yo no estaba! No obstante, nuestros caminos se han cruzado con frecuencia: muchas tardes, al volver de las parroquias o de los centros parroquiales, te he visto a las puertas de alguna discoteca, dentro de alguna cervecería o hamburguesería, o bien paseando por las calles del centro, en la plaza de la catedral... Habría querido llamarte y detenerme para encontrarme contigo, pero después me he preguntado: ¿cómo me presentaré? Y también: ¿qué pensará este muchacho, esta muchacha? ¿Con quién me comparará: con sus padres, un poco enfadados por sus retrasos; con algún intruso un poco entremetido-, con la intervención imprevista de algún agente de la fuerza pública? Y yo ¿seré capaz de escuchar, de dialogar con ella, con él...? Por eso, he decidido escribirte. Yo trataré de ser breve, y tú trata de llegar hasta el fondo. No te tenderé trampas, evitaré los sermones y los reproches: sólo quiero hablarte y decirte que estoy preparado, si lo deseas, para dialogar contigo; deseo tratar de comprenderte mejor a ti y a tus amigos.
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LuiGl ACCATTOLI, nacido en Recanati en 1943, es periodista, escritor y vaticanista italiano. De 1975 a 1981 trabajó en el diario la Repubblka. Desde 1981 es periodista del Corriere della Sera. Actualmente vive en Roma, está casado y tiene cinco hijos. o 12 o

1.

Se trata de la carta a los jóvenes escrita por el cardenal Martini, publicada por ITL (editorial de la diócesis de Milán) y fechada el 3 de junio de 1990. o 13 °

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CARTA A LOS JÓVENES

A veces, a los adultos les sucede que te reprochan antes de comprender el motivo de un determinado comportamiento, que te descalifican sin darte la posibilidad de apelar. Yo no quiero comportarme así. Trataré, por el contrario, de escucharte y de responderte, como he hecho ya con otros jóvenes de tu edad. Algunos de ellos, aunque estén alejados de la Iglesia, me han escrito para explicarme el motivo de su alejamiento. Otros me han dado a conocer sus razones por medio de amigos. Estas son algunas de las cosas que dicen (naturalmente, los nombres son ficticios, pero conservo fielmente la sustancia de sus expresiones). «Desde pequeño recibí de mi familia una buena educación religiosa. Pero las preguntas que me planteaba eran muchas y hacían que me sintiera muy confuso. Así, mientras que antes estaba, por decirlo así, obligado a ir a la iglesia, al llegar a una cierta edad, dejé de frecuentarla». Roberto «Me alejé de la Iglesia porque mis padres me mandaron a la catequesis de comunión y de confirmación, pero yo veía que a ellos nos les interesaba lo que me enseñaban. Llegado un cierto momento, ya no me obligaron y dejé de ir». Marco «Personalmente, creo mucho en las cosas prácticas, en los problemas concretos, cotidianos, en los hechos... no en las teorías, en las ideas bonitas, en el exceso de palabras que se escuchan en la iglesia. Hacen falta hechos para mejorar el mundo, no chacharas». Laura «A un muchacho de hoy no le interesa la Iglesia. Prefiere distraerse, divertirse, evadirse, jugar, enamorarse, correr
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riesgos, tal vez también jugarse la vida conduciendo una moto. Si vas a la iglesia, te prohiben todas estas cosas». Gionata «Yo no estoy muy dispuesto a dejarme instruir por los sacerdotes... algunos quieren convertirte a toda costa: he decidido no dejarme amaestrar por nadie. No quiero que me manejen ni me encasillen. Puedo aprender a vivir yo solo. Si me equivoco, lo pagaré». Cristian «Me gusta muchísimo bailar, tener una alta autoestima, ser admirada, enamorarme al menos el sábado por la noche y el domingo. Pero la religión no permite estas cosas. No acepto que la Iglesia me diga lo que debo hacer o dejar de hacer con mi novio». Monica «Hasta el tercer curso de educación secundaria fui a la iglesia y participé en las actividades parroquiales. Pero después vi que era un grupo de personas que te juzgaban, que estaban bien ellas juntas, que no aceptaban a personas nuevas, que pensaban que valían más que todos. Y lo dejé». Stefano «Iba a la iglesia más por costumbre que por necesidad; para mí era una tradición y no un gesto hecho por amor». Debora «Ya no creo en nada. A veces pienso que tiene razón mi padre cuando dice que también la Iglesia es una tienda, un partido político, una invención para controlar a la gente. Ni siquiera creo en el más allá, o, mejor dicho, creía cuando era niña... pero he crecido, he conocido la realidad, el dolor, la muerte, la injusticia, el mal y me he preguntado:
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CARTA A LOS JÓVENES

pero en medio de todo este caos, ¿qué hace Dios? ¿Existe? Y si existe, ¿por qué permite todo este dolor? Bah...». Sara ¿En qué estás pensando? ¿Tal vez también tú suscribirías alguna de estas frases? ¿O tus motivos para no ir a la iglesia son distintos? Yo, personalmente, me siento «desplazado»: bajo estas expresiones fluye la vida, la alegría, el dolor, el sufrimiento, el tedio mortal de quien me ha escrito; me atrevería a decir algo más: puedo entrever también algunas verdades, e incluso algunos errores que nosotros, «hombres de Iglesia», hemos cometido En estas frases encuentro también el convencimiento de que ninguna persona humana, varón o mujer, se resigna a vivir una vida insignificante. Nadie desea sentirse un ser inútil, a merced de otros o del azar. Nadie puede convertirse en «amo» del hombre. Siento tu deseo de cambiar el mundo de las injusticias, de los sufrimientos inútiles, de las masacres, de las desigualdades, de las falsas hipocresías, de la explotación. Y cuando todas estas metas se vuelven inalcanzables... puedo imaginar (aunque no lo comprenda) que haya personas que se sientan tentadas a deslizarse hacia paraísos artificiales con todas las consecuencias. A éstas sí que las he encontrado (en estos años): en las comunidades terapéuticas, en las cárceles, enfermos de sida... En estos jóvenes «desesperados» y en otros muchos de tus contemporáneos veo que existe el sueño del amor, el deseo de hacer algo bueno; en todos arde el deseo de amistad, la esperaza de hacer la vida más hermosa y agradable, la tensión de la solidaridad hacia todos y particularmente hacia los más marginados. Siento que tienen y quieren tener una conciencia propia, que en todos se ocultan aspiraciones profundas, interrogantes inteligentes sobre el sentido de la vida.
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El corazón humano -el tuyo, el mío, el de todos- es más rico de lo que puede parecer; es más sensible de lo que se puede imaginar; es generador de energías inesperadas; es una mina de potencialidades a menudo poco conocidas o ahogadas por la escasa autoestima, la frustrante convicción de que «es imposible cambiar... ¡total, yo no puedo!».

En este punto, entonces, desearía valorar contigo algunas propuestas. La primera es ésta: intenta preguntarte acerca de las verdades que están en lo más hondo de ti. No dudes en hacerte preguntas fundamentales que podrían dejarte sin respuesta; no tengas prisa por encontrar soluciones. Escucha en tu interior. Tienes derecho a preguntarte para conocer tus luces y tus sombras, para saber de dónde vienes y adonde vas, qué sentido tiene tu vida, la vida de tus seres queridos, cuál es el sentido del mundo. No te niegues a pensar, razonar, reflexionar; teme más bien a quien quiera ahogar esta capacidad tuya. Aunque no encuentres las respuestas de inmediato, te sugeriría que no te angusties ni te atormentes: ¡el hecho de mantener viva la pregunta es ya importante! Deja que te ayude alguna persona en la que confíes. Los sacerdotes a quienes has conocido te quieren y están dispuestos a echarte una mano. En el silencio de algún momento crucial siéntete amado por Dios y, si puedes, dile: «Dios mío, qué difícil es orientarse en la vida. ¡Échame una mano!».

La segunda propuesta te parecerá un poco audaz, pero te la hago igualmente: trata de conocer a Jesús. Pregúntate qué piensas de él, de su vida, de su muerte en cruz. Te invito a leer su vida, escrita en el Evangelio (si no lo tienes, pídemelo: ¡te lo regalaré de buen grado!). No tengas miedo de Jesús: cuando le conozcas, le sentirás cercano, amigo, vivo, más concreto que la persona que tienes a tu lado.
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CARTA A LOS JÓVENES

Siento un poco de temor al hacerte esta tercera propuesta, pero lo intento de todos modos: a menudo se escucha la crítica según la cual la parroquia, o la Iglesia, es un ambiente cerrado (como decía Stefano); pues bien, intenta cambiar esta situación. En otras palabras: invita a tus amigos a tu casa, invita también a alguien de la parroquia, al sacerdote... y habla con ellos, discute, haz que se oiga tu voz, tus exigencias, tus problemas, los motivos que te han alejado de Dios y de la Iglesia. Pregúntales y pregúntate: ¿qué sentido tiene nuestra vida? ¿Para qué sirve? ¿Qué hago por los demás? ¿Soy capaz de amar o tal vez me hago la ilusión de que sé hacerlo? Mi novio, mi novia ¿agota el horizonte de mis esperanzas o hay algo más? ¿Estoy con él o con ella por placer o por amor, porque quiero de verdad su bien?

Te he escrito con la confianza de que leerías mi carta hasta el final y, al parecer, sigues leyéndola. Pues bien, al terminar, permíteme expresar un último deseo: desearía que la relación iniciada con esta carta tuviera una continuación. Escríbeme, sé que también puedo aprender de ti. Por el momento te dejo, asegurándote que rezo desde ahora por ti, porque te aprecio y porque te quiero. * Cario María Martini

La última propuesta está sugerida en parte por Laura. La desproporción que ella enunciaba entre el decir y el hacer me permite invitarte a hacer algo concreto por los demás. La conmoción que experimentas al ver a quien muere de hambre, a los sin techo, a los habitantes del tercer mundo que buscan pan, casa y trabajo, a los discapacitados, los encarcelados, los enfermos de sida... trata de traducirla, quizá con la ayuda de algún amigo, en el compromiso concreto, en el voluntariado. Tal vez te preguntes a menudo, en los momentos de soledad, quién es tu amigo, cuántos amigos tienes. Es posible que te sientas mal al constatar tantas deslealtades, indiferencias y traiciones. Yo te invito a cambiar este orden de ideas: en vez de preguntarte cuántos amigos tienes, pregúntate más bien de cuántas personas eres amigo o amiga. Y cuando tengas la experiencia de suscitar una sonrisa, de alumbrar una esperanza en la vida de los otros, caerás en la cuenta de que también en tu vida habrá más luz, más sentido, más alegría. Toma estas propuestas como una invitación. Podrías conversar sobre ellas con tus amigos.

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PRIMERA PARTE

Nosotros serviremos al Señor

Esta compilación de textos del cardenal Martini re refiere al camino de preparación y a la celebración de la «Asamblea de Siquén», la gran convocación de los jóvenes de la diócesis de Milán, a través de 2.500 delegados, que tuvo lugar los días 6 y 7 de mayo de 1989 en el Pala/ido de Milán. El encuentro, cuyo tema central era la opción de fe de los jóvenes y su compromiso de dar testimonio en medio de sus coetáneos, partió del texto bíblico de Josué 24, donde se narra la convocación de los representantes delpueblo de Israel en Sique'n.

1 Dios nos llama y nos libera

IOSUÉ reunió a todas las tribus de Israel en Siquén y convocó a los ancianos de Israel, a sus jefes, jueces y escribas, que se situaron en presencia de Dios. Josué dijo a todo el pueblo: «Esto dice el Señor, Dios de Israel: "Al otro lado del Río habitaban antaño vuestros padres, como Téraj, padre de Abrahán y de Najor, y daban culto a otros dioses. Yo tomé a vuestro padre Abrahán del otro lado del Río y le hice recorrer toda la tierra de Canaán, multipliqué su descendencia y le di por hijo a Isaac. A Isaac le di por hijos a Jacob y Esaú. A Esaú le di en propiedad la montaña de Seír. Jacob y sus hijos bajaron a Egipto. Envié después a Moisés y Aarón y herí a los egipcios con los prodigios que obré en medio de ellos. Luego os saqué de allí. Saqué a vuestros padres de Egipto y llegasteis al mar; los egipcios persiguieron a vuestros padres con sus carros y guerreros hasta el mar de Suf. Clamaron entonces al Señor, el cual tendió unas densas nieblas entre vosotros y los egipcios, e hice volver sobre ellos el mar, que los cubrió. Visteis con vuestros propios ojos lo que hice con Egipto; luego habitasteis largo tiempo en el desierto. Os introduje después en la tierra de los amorreos, que habitaban al otro lado del Jordán; ellos os declararon la guerra y yo los entregué en vuestras manos; y así pudisteis poseer su tierra, porque yo los exterminé a vuestra llegada. Después se levantó Balac, hijo de Sipor, rey de Moab, para pelear contra Israel, y mandó llamar a Balaán, hijo de Beor, para que os maldijera. Pero no quise escuchar a Balaán, y hasta tuvo que bendeciros; así os salvé yo de su mano. ° 23 o

PRIMERA PARTE: NOSOTROS SERVIREMOS AL SEÑOR

1. - DIOS NOS LLAMA Y NOS LIBERA

Pasasteis el Jordán y llegasteis a Jericó; pero las gentes de Jericó os hicieron la guerra, igual que los amorreos, los perizitas, los cananeos, los hititas, los guirgaseos, los jivitas y los jebuseos, pero yo los entregué en vuestras manos. Mandé delante de vosotros avispas que expulsaron, antes que llegarais, a los dos reyes de los amorreos; no fue con tu espada ni con tu arco. Os he dado una tierra que no os ha costado fatiga, unas ciudades que no habéis construido y en las que sin embargo habitáis, viñas y olivares que no habéis plantado y de los que os alimentáis". Ahora, pues, temed al Señor y servidle perfectamente, con fidelidad; apartaos de los dioses a los que sirvieron vuestros padres más allá del Río y en Egipto y servid al Señor. Pero, si no os parece bien servir al Señor, elegid hoy a quién habéis de servir, o a los dioses a quienes servían vuestros padres más allá del Río, o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitáis ahora. Yo y mi casa serviremos al Señor». El pueblo respondió: «Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses. Porque el Señor nuestro Dios es el que nos hizo subir, a nosotros y a nuestros padres, de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre, y el que delante de nuestros ojos obró tan grandes señales y nos guardó por todo el camino que recorrimos y en todos los pueblos por los que pasamos. Además, el Señor expulsó delante de nosotros a todos esos pueblos y a los amorreos que habitaban en el país. También nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios». Entonces Josué dijo al pueblo: «No podréis servir al Señor, porque es un Dios santo, es un Dios celoso, que no perdonará ni vuestras rebeldías ni vuestros pecados. Si abandonáis al Señor para servir a los dioses del extranjero, él a su vez traerá el mal sobre vosotros y acabará con vosotros, después de haberos hecho tanto bien». El pueblo respondió a Josué: «No; nosotros serviremos al Señor». Josué dijo al pueblo: «Vosotros sois testigos contra vosotros mismos de que habéis elegido al Señor para servirle». Respondieron ellos: «¡Testigos somos!». «Entonces, quitad de en medio los dioses del extranjero e inclinad vuestro corazón hacia el Señor, Dios de Israel». El pueblo respon° 24 °

dio a Josué: «Al Señor nuestro Dios serviremos y a su voz atenderemos». Aquel día, Josué selló una alianza por el pueblo, y le dio un estatuto y una ley en Siquén. Josué escribió estas palabras en el libro de la Ley de Dios. Tomó luego una gran piedra y la plantó allí, al pie de la encina que hay en el santuario del Señor. Josué dijo a todo el pueblo: «Mirad, esta piedra será testigo contra nosotros, pues ha oído todas las palabras que el Señor ha hablado con nosotros; ella será testigo contra vosotros para que no podáis renegar de vuestro Dios». Y Josué despidió al pueblo, cada uno a su heredad. Josué 24,1-28 1. La convocación Las meditaciones que propongo 2 se inspiran en el capítulo 24 del libro de Josué, cuyo primer versículo empezamos a leer: «Josué reunió a todas las tribus de Israel en Siquén y convocó a los ancianos de Israel, a sus jefes, jueces y escribas, que se situaron en presencia de Dios». ¿Por qué razón hemos elegido el texto de Josué? Porque describe la gran asamblea del pueblo de Dios para la renovación de la alianza con aquel Señor que les dio la tierra. T a m bién nosotros, como el pueblo de Dios en Siquén, desearíamos celebrar una asamblea semejante y desearíamos celebrarla al término de este bienio dedicado a la educación 3 . Una asamblea en la que estén idealmente presentes todos los jóvenes de la diócesis para renovar la alianza con Cristo, Señor de esta tierra, de esta historia y de toda la historia.

2.

3.

Los primeros jueves de mes, de noviembre de 1988 a marzo de 1989, el arzobispo Cario María Martini guió a los jóvenes de la diócesis en la lectio divina sobre el texto bíblico de Josué 24. Se recogen aquí los textos de las cinco meditaciones. El cardenal arzobispo dedicó al tema de la educación dos cartas pastorales: «Itinerari educativi» (Itinerarios educativos) en 1988 y «Educare ancora» (Educar todavía) en 1989. o 25 o

PRIMERA PARTE: NOSOTROS SERVIREMOS AL SEÑOR

1. - DIOS NOS LLAMA Y NOS LIBERA

El libro de Josué El libro de Josué contiene 24 capítulos y, en la Biblia, lo encontramos después de los cinco libros de Moisés, llamados Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Es poco conocido, quizá porque describe batallas y guerras, y no resulta fácil contar a Josué entre los constructores de paz. Un escritor judío contemporáneo, Elie Wiesel, en un bellísimo volumen titulado Cinco figuras bíblicas, se esfuerza por librar a Josué de la imagen de hombre de guerra. «Los judíos», escribe, «hicieron la guerra durante un tiempo y el libro de Josué está aquí para probarlo, está lleno de sangre y de violencia, y carece de poesía. Pero su falta de belleza literaria puede ser vista como una virtud. Josué, en efecto, venció muchas batallas, pero la Biblia no se gloría de ello. Y esto vale para todas las guerras judías. Los profetas se negaron a santificarlas, los poetas evitaron idealizarlas; se escribieron cantos para celebrar los milagros, no las guerras [...]. En el discurso de despedida que dirige a la nación [el capítulo 24 que nosotros meditaremos], al echar la vista atrás y contemplar su vida, Josué omite significativamente toda alusión a sus conquistas; quería ser recordado como un profeta, no como un conquistador». Por lo demás, más allá del juicio de Wiesel, que quiere redimensionar el aspecto bélico del libro de Josué, debemos decir que todas las páginas de la Escritura, cuando son leídas en relación con el misterio único que revelan, que es Jesucristo, pueden nutrir nuestro espíritu con la savia genuina del Evangelio. Hay que leer el Antiguo Testamento mirando también al misterio de Dios Padre que se comunica gratuita y totalmente, en el Hijo, al hombre para salvarlo. El libro de Josué nos invita, ya en el título -porque Josué quiere decir Jesús-, a entrar en la invocación neotestamentaria que culmina en la palabra del ladrón en la cruz: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino!».
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Nosotros podemos decir: Jesús, haz que te conozcamos un poco más a través de las páginas del libro de aquel que ha llevado tu nombre desde el Antiguo Testamento. El tema fundamental del libro es la tierra de Israel, las relaciones que ligan al pueblo de Dios con su tierra y, como sabéis, es un tema todavía hoy de rabiosa actualidad en Israel. Este tema no está presente sólo en Josué, sino que atraviesa toda la historia de la salvación y deviene imagen, símbolo y figura de aquella entrada y de aquella estancia en la tierra de Dios a la que son llamados todos los hombres en virtud de la comunión que los vincula a Cristo Señor. Lo que me importa subrayar es que Josué es un libro importante y, al leer el capítulo 24, nos disponemos a captar una revelación del misterio de Cristo. El sentido de la convocación Para la meditación del primer versículo propongo algunos puntos: la relectura del texto; una pregunta de carácter histórico: ¿quién fue convocado en Siquén por Josué? Una pregunta que nos hace releer el versículo en clave neotestamentaria: ¿a quién convoca Jesús? Una pregunta de carácter existencial: ¿para qué valores somos convocados? [...] 1. El primer versículo está dividido claramente en tres partes: Jesús reunió a todas las tribus; convocó a los ancianos, los jefes, los jueces y los escribas; y éstos se presentaron ante Dios. 2. Josué, jefe carismático, elegido por Dios, sucesor inmediato de Moisés, reunió a todas las tribus de Israel en la llanura, junto a los dos montes que se ven aún hoy: Ebal y Garizín. Se trata, por tanto, de una asamblea universal, abierta a todos. En Israel se distinguían en aquel tiempo doce grandes tribus, ligadas entre sí por parentesco y por la memoria de un único antepasado fundador. De estos clanes no son convocados, como en otras ocasiones, sólo algunos hombres para gue° 27 °

PRIMERA PARTE: NOSOTROS SERVIREMOS AL SEÑOR

1. - DIOS NOS LLAMA Y NOS LIBERA

rrear contra otros, sino todos, para un gran pacto de paz. Se reúnen en Siquén, uno de los primeros lugares mencionados en la Escritura. Ya en el capítulo 12 del Génesis leemos que el Señor se apareció a Abrahán cerca de Siquén, bajo la encina de Mambré, y le prometió en heredad la tierra (cf. versículos 47). La primera promesa bíblica que Abrahán recibe en Palestina tiene lugar, por tanto, en Siquén. Después de él, Jacob se estableció allí. En efecto, al salir sano y salvo del temido encuentro con su hermano Esaú, Jacob logra comprar una parcela de tierra justamente en Siquén -primer signo, para él, de una futura posesión de la tierra- y planta en ella la tienda (cf. Gn 33,18-19). Siquén es un lugar célebre de la antigüedad, rico en recuerdos y en tradiciones, para todo el pueblo de Israel. Ya en el capítulo 8 del libro de Josué leemos que en Siquén tuvo lugar una primera reunión del pueblo, después de haber ocupado una primera parte de Palestina. Y la memoria de esta ciudad durará hasta los tiempos de Jesús, que en este lugar prometerá el don del agua viva; justamente a la estancia de Jacob en Siquén hace alusión la mujer samaritana cuando dice a Jesús: «¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?» (Jn 4,12). Con todo, nuestro versículo tiene una singularidad. Hemos dicho que en Siquén fueron convocadas todas las tribus de Israel. Pero el texto es más preciso: «reunió a todas las tribus [...] y convocó a los ancianos». ¿Por qué esta diferencia de verbos? El verbo hebreo que traducimos con reunir significa «recoger», «cosechar», reunir una gran masa; el verbo hebreo que traducimos con convocar significa «gritar», «llamar a alguien por el nombre gritando». Es el verbo usado para las grandes llamadas bíblicas. Por ejemplo: «Dios llamó a Moisés de en medio de la zarza: "¡Moisés, Moisés!"» (Ex 3,4). Tenemos, por tanto, en el primer versículo, una reunión de todos y una convocación más específica, más personal, que afecta a cuatro categorías de personas: los ancianos, los jefes, los
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jueces y los escribas. En nuestro lenguaje podríamos decir: los responsables legislativos, judiciales, burocráticos y culturales. Todo el pueblo está presente, pero es convocado ante Josué por medio de sus representantes. Es fácil imaginar la escena: el pueblo está detrás, en el campamento, y los ancianos, los jefes, los jueces y los escribas, se acercan y escuchan directamente el discurso de Josué. En un cierto sentido, el pueblo participa en segundo plano, mediante sus responsables. El versículo concluye con estas palabras: «Que se situaron en presencia de Dios». Es otro verbo muy importante en la Escritura. Significa «estar ante alguien -el rey, el magistradoen la posición de quien espera órdenes» y, por tanto, con reverencia, con respeto y con atención. 3. ¿Hay algo en la vida de Jesús que corresponda a la reunión que Josué había convocado en Siquén, muchos años antes? Recuerdo al menos dos pasajes evangélicos, el primero de Mateo y el segundo de Lucas. «Su fama llegó a toda Siria; y le trajeron todos los que se encontraban mal con enfermedades y sufrimientos diversos, endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curó. Y le siguió una gran muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán. Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron» (Mt 4,24-5,1). Lucas 6,17-20.27 está compuesto como el texto de Mateo: Jesús está con los discípulos y con una gran multitud de gente. La muchedumbre trataba de tocarlo porque de él salía una gran fuerza que sanaba a todos: «Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, decía...». Estos dos pasajes evangélicos están divididos en dos partes: una reunión general de la multitud y después Jesús, que, de entre la multitud, convoca a algunos, los discípulos. Se trata de una convocación más reducida dentro de una asamblea muy amplia.
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Tal convocación no aleja a Jesús de la multitud, sino que constituye a los discípulos como intermediarios entre él y la gente. Y a ellos en primer lugar se les dirigen las famosas palabras: «Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos... Vosotros sois la sal de la tierra... A vosotros que escucháis os digo: "Amad a vuestros enemigos"». Vosotros, queridísimos jóvenes, sois como discípulos, convocados de entre una multitud que podría ser toda la juventud de la diócesis. Lo que os digo a vosotros vale para todos, pero llegará a los demás si primero es significativo para vosotros, que sois convocados para un encuentro más cercano, como los ancianos, los jefes, los jueces y los escribas en Siquén, como los discípulos al lado de Jesús junto al lago de Tiberíades. Y pienso: ¿dónde están en este momento los más de 600.000 jóvenes de nuestra diócesis? Tal vez en el cine, en la discoteca, en casa viendo la televisión o en su habitación escuchando la radio; tal vez por la calle o en un bar; quizás en una situación dolorosa y apurada. Jesús desearía reunir una multitud inmensa y, mientras tanto, os ha llamado aquí a vosotros para que escuchéis su Palabra de modo responsable, por el bien de todos los demás. Comenzamos entonces a entrever el sentido de la convocación de Siquén. 4. ¿Para qué valores somos convocados? Lo comprenderemos poco a poco, meditando todo el capítulo de Josué, pero podemos entender ya que el significado de esta convocación para el pueblo de Israel era tomar una mayor conciencia de su identidad, llegar a ser conscientes de la gravedad de su situación en medio de los pueblos paganos y, por tanto, de la urgencia de la misión que debía realizar, renovando la fidelidad al Señor. El pueblo toma conciencia escuchando la Palabra de Dios y respondiendo a través de la proclamación de la fidelidad. Lo mismo vale para las reuniones y las convocaciones realizadas por Jesús: llama a los discípulos para que escuchen, para que tomen conciencia de su misión e identidad -«Vosotros
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xois la sal de la tierra»-, de su responsabilidad —«¡Ay de vosoIros si la sal se vuelve sosa!»-. Y los llama para que respondan en nombre de todos los demás: «A vosotros que escucháis os digo: "Amad a vuestros enemigos, haced el bien a quienes os MI lian"». Jesús llama a los discípulos para que tomen conciencia de • i>mo deben estar en un mundo difícil, oscuro, hostil. / 'irgunías conclusivas ()s propongo algunas preguntas para una ulterior reflexión. ¿Me agrada que me convoquen, pero no para una reunión ilc vez en cuando, sino en una convocación perseverante, los primeros jueves de mes, con el fin de vivir después la Asamblea de Siquén, dejándome convocar para una responsabilidad, para escuchar y responder? ¿Cuáles son mis resistencias para dejarme convocar? ¿Qué siento dentro de mí? ¿Siento pereza, cansancio, apatía, náusea? A veces, estas cosas ocultan el miedo a comprometerse, la tristeza de quien no quiere gustar la alegría del Evangelio. O tal vez haya en mí resistencias debidas al hecho de que me siento extraño: ¿por qué he venido? ¿Qué me importan a mí estas cosas que son tan exigentes? Sería entonces un signo de poca fe y deberíamos orar diciendo: «¡Señor, aumenta mi fe, acrecienta mi poca fe!». O bien las resistencias derivan de obstáculos precisos. Tengo miedo al juicio de los demás, no sé cómo me justificaré ante los demás. Mis amigos se burlarán de mí haciéndome notar que, mientras yo estaba aquí, ellos han ido a divertirse... ¿Hay quizás obstáculos en mi interior que prefiero no escuchar? ¿No quiero mirar dentro de mí? Entonces podemos orar: «¡Señor, vence todas mis resistencias!». Una tercera pregunta: ¿me da miedo llevar el peso de los demás? El hecho de ser convocado para los demás, no solo para ° 31 °

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mí, ¿me molesta? «¡Señor, haz que sepa llevar también el peso de los otros, como tú me has llevado a mí, oveja perdida, sobre tus hombros!». Por último: ¿estoy dispuesto a escuchar lo que se va a decir? Escuchar no significa sólo oír las palabras del obispo; significa no tener ruido interior. ¿Hay en mí preocupaciones, distracciones, codicia, afán, ambiciones, reticencias, orgullo o irritaciones que me impiden escuchar? «¡Señor, ayúdame a entrar en el silencio!». Os propongo que viváis el momento de la escucha también como purificación de todas las veces que nos hemos dejado vencer por las preocupaciones, los deseos y las fantasías inútiles. Os sugiero también que hagáis un propósito: hacer todos los días un minuto de absoluto silencio, de escucha, por ejemplo antes de empezar las oraciones de la mañana o de la tarde, antes de empezar las laudes o las vísperas. Haced el propósito de deteneros durante un minuto diciendo: «Señor, quiero escucharte». Os invito a orar: «Jesús, ayúdame a comprender, hazme penetrar, desata mi corazón, libera mi lengua interior para que yo grite tu alabanza!».

«Josué dijo a todo el pueblo: "Esto dice el Señor, Dios de Israel: Al otro lado del Río habitaban antaño vuestros padres, como Téraj, padre de Abrahán y de Najor, y daban culto a otros dioses. Yo tomé a vuestro padre Abrahán del otro lado del Río y le hice recorrer toda la tierra de Canaán, multipliqué su descendencia y le di por hijo a Isaac. A Isaac le di por hijos a Jacob y Esaú. A Esaú le di en propiedad la montaña de Seír. Jacob y sus hijos bajaron a Egipto. Envié después a Moisés y Aarón y herí a los egipcios con los prodigios que obré en medio de ellos. Luego os saqué de allí. Saqué a vuestros padres de Egipto y llegasteis al mar; los egipcios persiguieron a vuestros padres con sus carros y guerreros hasta el mar de Suf. Clamaron entonces al Señor, el cual tendió unas densas nieblas entre vosotros y los egipcios; hice volver sobre ellos el mar, que los cubrió. Visteis con vuestros propios ojos lo que hice con Egipto; luego habitasteis largo tiempo en el desierto"» (Jos 24,2-7). C o m o veis, el pasaje está introducido por una mención de Dios que habla y, por tanto, es transmitido como oráculo divino: «Dice el Señor, Dios de Israel». Este oráculo se compone de dos partes: la primera parte sintetiza brevemente el libro del Génesis, desde el capítulo 12 hasta el final; la segunda parte sintetiza los hechos principales del libro del Éxodo. Casi todo el pasaje está en primera persona, como podéis captar fácilmente gracias a los verbos que describen la acción divina: «Yo tomé a vuestro padre Abrahán... le hice recorrer... multipliqué... d i . . . di en propiedad». Son cinco verbos que resumen la intervención de Dios en el libro del Génesis. Después, otros verbos: «Envié... herí... obré... os saqué». Llega un momento en que hay una incoherencia gramatical porque, en vez de continuar en primera persona, se pasa a la tercera: «Clamaron entonces al Señor, el cual tendió unas densas nieblas». Acto seguido, se retoma la primera persona: «Hice volver sobre ellos el mar». E n conjunto, otros cinco verbos que indican la acción de Dios en tiempos del Éxodo.
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2. Nuestra historia: llamados a la libertad Entre las cartas que he recibido de vosotros, una decía: «Los jóvenes d e . . . le dicen que el instrumento de su voz 4 no ha sido frágil, sino vigoroso y exigente». Pido al Señor que no sea el instrumento de mi voz, sino que sea la voz del Espíritu la que se haga sentir vigorosa y exigente en vuestros corazones durante la meditación del pasaje de Josué que leemos ahora de nuevo.

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La observación se refiere al hecho de que la Escuela de la Palabra 19881989 predicada por el cardenal Martini se transmitió por radio.

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¿Qué deducimos de esta relectura general del texto? Dios habla y se revela como sujeto al hombre que escucha. Es primera persona, es sujeto de acciones que el hombre puede haber experimentado una a una también como casualidad, como eventualidades de la vida inconexas, como contingencias históricas muy diversas, sin un sentido preciso. El pasaje bíblico enumera diversos hechos y situaciones («habitaban al otro lado del Río» -al otro lado del Eufrates, en el actual Irak, donde vía Abrahán- y, después, «bajaron a Egipto»). Pueden parecer meras contingencias históricas, acumuladas sin un orden preciso. Pero Dios revela que estas acciones, estas contingencias aparentes, son parte de un designio conducido por él mismo, un designio motivado por su amor al pueblo, un designio que tiene la finalidad de hacer crecer, de promover, de multiplicar la familia de Abrahán, el pueblo elegido, y de liberarlo. Dios guía la historia, y en ella nos llama y nos libera. Éste es el sentido global del pasaje. Los tiempos de la intervención divina Ahora podemos tratar de dividir el texto según los tiempos históricos que determinan esta intervención divina, que hace historia, que crea unidad, que da un orden a los múltiples hechos tan diversos de la aventura humana. Podemos ver tres partes, tres divisiones, tres tiempos: el tiempo del paganismo, el tiempo de la elección, el tiempo de la liberación. 1. El tiempo del paganismo Este tiempo está descrito en las primeras palabras: «Al otro lado del Río habitaban antaño vuestros padres, como Téraj, padre de Abrahán y de Najor, y daban culto a otros dioses». Abrahán viene del paganismo; y Dios dice: vuestras raíces son paganas y algo de estas raíces permanece en vosotros. Adorabais a otros dioses, dabais culto a las fuerzas de la naturaleza, adorabais a poderes humanos divinizados. ° 34 °

Podemos percibir que estas palabras se dirigen hoy a nosotros: también nuestras raíces son paganas. Pensad en cuántos vestigios paganos, monumentos arqueológicos, hay en nuestra cultura. Roma está llena de ellos, pero también en nuestros campos y sobre nuestras colinas encontramos, si excavamos, vestigios del paganismo del que procedemos. Tales vestigios no se han conservado sólo en los estratos superficiales del suelo, sino que se encuentran en lo más recóndito de nuestro corazón. Debemos recordarnos que somos paganos convertidos o, mejor, que somos paganos aún no convertidos del todo. Algo de paganismo permanece adherido a nosotros, y precisamente por eso siempre somos propensos a nuevas idolatrías, que ya no tienen el nombre de Júpiter, Venus, Mercurio, sino que son el éxito y el dinero. Somos propensos a viejos y nuevos materialismos, con nombres más o menos científicos, pero que de hecho quieren decir: ¡en esta vicia, sólo nos preocupa lo que rinde! Interiormente, somos propensos también a los vicios paganos que Pablo enumera en la Carta a los Romanos: cinismo (pasar de los demás, no tener corazón), tristeza, autoagresión, amargura y reivindicaciones morbosas que llevamos dentro. Hemos servido a otros dioses y por eso necesitamos ser llamados fuera de nuestras raíces nativas, en las que nuestra cultura sigue todavía inmersa a pesar de tantos siglos de cristianismo. 2. El tiempo de la elección de los padres En nuestro pasaje, este tiempo está indicado con estas palabras: «Yo tomé a vuestro padre Abrahán del otro lado del Río y le hice recorrer toda la tierra de Canaán». Abrahán, Isaac y Jacob representan el misterio de la llamada. Son amados por Dios, sacados por él del paganismo, llamados, promovidos, multiplicados, para que sientan toda la ternura de Dios. La experiencia de la llamada, que Abrahán sintió en su interior, que también sintieron Isaac y Jacob, pero 35 o

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manece como un hecho existencial histórico, como algo que llevamos dentro en virtud de esta llamada histórica de Dios, que es definitiva; permanece en nosotros también hoy, dentro de nosotros, dentro de cada ser humano, al menos como nostalgia imborrable. «Nos hiciste, Señor, para ti», dirá Agustín, «y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti». La experiencia de la llamada a los padres constituye el fondo de la personalidad y es imborrable. Y el bautismo ha sido para nosotros esta inmensa gracia, la actualización de aquella llamada. Nosotros, los bautizados, aunque no vayamos a la iglesia, aunque digamos que pasamos de todo, tenemos en el corazón la nostalgia del Padre, y muchos de nuestros estados de ánimo, tristezas y melancolías se explican así. Es la nostalgia del Padre que nos ha llamado, que nos está llamando, que ha marcado nuestra carne con el sello de su Palabra, de su Espíritu vivificador. El tiempo de la elección de los padres es también para nosotros el fondo de nuestra personalidad, fondo indeleble, sobre el cual se basa toda evangelización y que presupone que Dios nos ha llamado ya, que nos ha educado ya para el amor, si bien misteriosa e implícitamente, a veces con palabras que la conciencia no percibe con claridad. 3. El tiempo de la liberación de la esclavitud El momento de la liberación se expresa en el segundo párrafo: «Envié a Moisés y Aarón... herí a los egipcios... os saqué de allí». Ibais a ser destruidos, pero yo intervine para salvaros. Notad, en el texto, la continuidad entre nuestros padres y nosotros: «Saqué a vuestros padres de Egipto y llegasteis al mar». Parece un anacronismo, porque, en realidad, fueron nuestros padres quienes llegaron al mar, no nosotros. El libro del Éxodo narra después que todos aquellos que habían atravesado el mar Rojo murieron en el desierto, excepto Josué, que so° 36 °

brevivió. Y, sin embargo, la Biblia dice: «Y vosotros llegasteis al mar»; «los egipcios persiguieron a vuestros padres... pero el Señor tendió unas densas nieblas entre vosotros y los egipcios... y visteis con vuestros propios ojos». En estas palabras se contiene un maravilloso misterio, y sólo la Escritura es capaz de sentir como unidad la experiencia de los padres y la nuestra: vuestros padres sois vosotros, hay una continuidad de conciencia entre vosotros y ellos. Continuidad de conciencia que emerge, por ejemplo, de manera privilegiada en la misa: cuando escuchamos la misa, estamos bajo la cruz, estamos en el cenáculo, la cruz está con nosotros. Por tanto, nuestros padres vivieron la experiencia del cenáculo y nosotros la vivimos en la misa, nosotros vemos a Jesús, sentimos que está en medio de nosotros. Se nos pide que vivamos [...] la continuidad entre la gracia dada a los padres y la gracia dada a nosotros, continuidad que la Biblia advierte con fuerza. Nosotros hemos experimentado también la liberación de la esclavitud y tenemos conciencia de haber sido liberados. ¿Cómo sentimos esta conciencia?, podemos preguntarnos. La sentimos en toda experiencia, aunque sea pequeña, de liberación del pecado, de una esclavitud moral, de un condicionamiento que no nos permite ser auténticos, de un temor que nos pesa. Cuando somos liberados de estas cosas, por ejemplo después de una buena confesión, sentimos que podemos cantar, regocijarnos y unirnos a la alegría de nuestros padres. Entre los textos que expresan bien la conciencia de haber sido liberados, podemos leer el cántico de Moisés (Ex 15,117): «Quiero cantar en honor del Señor porque triunfó admirablemente, caballo y jinete arrojó en el mar». El relato de Josué dice: vuestros padres fueron perseguidos con carros y jinetes, y el Señor arrojó en el mar estos instrumentos de muerte. Al leer el cántico de Moisés, podemos tomar conciencia de lo que quiere decir haber sido liberados interiormente. Otro texto es el Salmo 50, el Miserere, que expresa una gran conciencia de la liberación obrada por Dios en su gran bondad: él cancela mi pecado, me lava, me limpia, me purific 37 a o

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ca, crea en mí un corazón puro, renueva en mí un espíritu firme, me da la alegría de ser salvado. Si repito con fe las palabras de este salmo, se realizan en mí y experimento esta fuerza de salvación. Del Nuevo Testamento recuerdo dos pasajes: Lucas 5,8, cuando Pedro, después de la pesca milagrosa, cae en la cuenta de que es amado por Jesús y se arroja a sus pies, confesando que es pecador y necesita ser liberado por la bondad de Jesús que le sobrepasa, que le rodea por todas partes, confesando que necesita su amor y su misericordia. El otro texto neotestamentario es Lucas 18,11-13: el fariseo y el publicano en el templo. La conciencia de ser liberado obra en el publicano, que dice con confianza: «¡Oh Dios, ten piedad de mí, que soy pecador!»; y, en cambio, no obra en el fariseo. ¿Por qué es desacertada la oración del fariseo, que a primera vista podría parecer una oración justa de acción de gracias, dado que el fariseo realmente no roba, no es adúltero, no es injusto? El fariseo se equivoca porque no reconoce que necesita la liberación de Dios, porque no ha comprendido que el ser sacado del pecado y de la culpa es don de Dios; el fariseo no tiene ningún mérito por ser justo, sino que lo debe a la bondad y a la grandeza de Dios. La conciencia de ser llamados y de ser liberados Se nos invita ahora a preguntarnos por nuestra conciencia de ser llamados y de ser liberados. Os propongo que leáis [...] los textos de referencia que os he sugerido y os preguntéis: cuando leo estas palabras, ¿qué se mueve dentro de mí? ¿Con qué verdad las repito? ¿Por qué podría decirlas con verdad? Recordémonos que no es el recuerdo frío y abstracto de mi bautismo lo que puede moverme en este momento, sino más bien el percibir en ciertas circunstancias concretas -por ejemplo, frente a otras personas de mi edad, que se encuentran en una situación de increencia, de vacío, de desesperación- cuán° 38 o

to me ha amado Dios, cuan importantes han sido para mí el bautismo, la educación cristiana, mis padres, la Iglesia, la parroquia, los sacerdotes. Todos ellos son signos del amor de Dios, aunque imperfectos. Y, por tanto, siento cuánto me ha amado Dios. En efecto, si me pregunto, con mucho realismo, «¿Dónde estoy?», y respondo: «Estoy aquí, escuchando esta Palabra, en silencio, en esta iglesia con otros muchos jóvenes», puedo también añadir: «¿Dónde no estoy y dónde podría estar?». Tal vez en lugares donde estaría desesperado, cansado, perdido, extraviado, como están centenares de miles de jóvenes en el mundo. Cuando intuyo esto, comprendo que Dios me ha elegido, me ha evitado ciertas situaciones y experiencias. Y comprendo que todo esto tiene un sentido. También mis vicisitudes, que podrían parecer disparatadas y contingentes, casuales, constituyen una historia, que es la continuación de la historia de Abrahán: Dios me ama, me ha elegido, me ha seguido, me ha promovido, me promueve humana y religiosamente; y me perdona, me libera, me saca de situaciones molestas, absurdas, para hacerme vivir en la verdad5. 3. Nuestra historia: Dios nos ha dado una tierra El papa, en el mensaje a los jóvenes y a las jóvenes de todo el mundo con ocasión de la IV Jornada Mundial de la Juventud6 [...] dice, entre otras cosas: «Sí, descubrir a Cristo es la aventura más bella de toda vuestra vida. Pero no es suficiente descubrirlo una sola vez. Cada vez que se descubre, se recibe un llamamiento a buscarle más aún, y a conocerle mejor a través de la oración, la participación en los sacramentos, la medita-

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En este punto, el arzobispo indicaba a los jóvenes los momentos específicos de la preparación de la Asamblea de Siquén. Martini se refiere al mensaje de Juan Pablo II del 16 de diciembre de 1988, para la Jornada Mundial de la Juventud, cuya celebración estaba prevista para el mes de agosto de 1989 en Santiago de Compostela. o 39 o

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ción de su Palabra, la catequesis y la escucha de las enseñanzas de la Iglesia». «Haz, oh Señor, que te conozcamos [...] mediante la oración y la meditación de tu Palabra. Danos tu ayuda para que queramos meditar un texto que es difícil. Quita de nuestros ojos el velo para que podamos profundizar en t o da la riqueza de la Escritura». «Os introduje después en la tierra de los amorreos, que habitaban al otro lado del Jordán; ellos os declararon la guerra y yo los entregué en vuestras manos; y así pudisteis poseer su tierra, porque yo los exterminé a vuestra llegada. Después se levantó Balac, hijo de Sipor, rey de Moab, para pelear contra Israel, y mandó llamar a Balaán, hijo de Beor, para que os maldijera. Pero no quise escuchar a Balaán, y hasta tuvo que bendeciros; así os salvé yo de su mano. Pasasteis el Jordán y llegasteis a Jericó; pero las gentes de Jericó os hicieron la guerra, igual que los amorreos, los perizitas, los cananeos, los hititas, los guirgaseos, los jivitas y los jebuseos, pero yo los entregué en vuestras manos. Mandé delante de vosotros avispas que expulsaron, antes que llegarais, a los dos reyes de los amorreos; no fue con tu espada ni con tu arco. Os he dado una tierra que no os ha costado fatiga, unas ciudades que no habéis construido y en las que sin embargo habitáis, viñas y olivares que no habéis plantado y de los que os alimentáis"» (Jos 24, 8-13). C o m o he dicho, esta página es difícil, está sobrecargada de nombres extraños y raros (amorreos, perizitas, cananeos, hititas, guirgaseos, jivitas, jebuseos), y de referencias a acontecimientos y lugares alejados de nuestra realidad. Ante este texto podemos preguntarnos: ¿de qué manera nos afecta? ¿Qué nos dice hoy a nosotros? Para responder, me parece útil hacer primero una breve introducción, a la que seguirán la lectio, la meditatio y la contemplatio del pasaje.
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Introducción I >a historia de Israel es raíz de nuestra historia. Por eso, cuantío la leemos, reflexionamos sobre nuestras raíces. Esta historia de Israel se narra en la Biblia para que nos reconozcamos herederos de ella en Jesucristo y a través de él. Por eso es necesario, para comprender esa historia, leerla de nuevo con los ojos de Cristo, filtrándola en su experiencia, en su corazón y en su vida. Entonces, toda la historia, pero particularmente la de Israel, es importante para nuestra conciencia de ser cristianos hoy: descubrimos, de hecho, que hemos sido buscados desde siempre por el amor del Padre en Cristo. Con esta persuasión, retomamos el texto de Josué según los tres momentos de la lectio divina, empezando por la relectura que nos ayudará a desmenuzarlo pacientemente y a descubrir en él la ocasión para un encuentro con Jesús.

«Lecho» El pasaje bíblico procede a través de cinco momentos que narran acontecimientos históricos diversos y que caracterizan la conquista, por parte de Israel, de la tierra prometida. El primer momento está resumido en las palabras de Dios: «Os introduje en la tierra... al otro lado del Jordán» y es, por tanto, la conquista de TransJordania. El segundo momento está constituido por el episodio de Balac: «Después se levantó Balac, rey..., para pelear contra Israel». Es la superación de la potencia adversaria y, en particular, de una potencia oscura, de una maldición, que se quería hacer recaer sobre Israel (cf. N m 23-24). El tercer momento es la entrada, al otro lado del Jordán, en la tierra propiamente dicha: «Pasasteis el Jordán y llegasteis a Jericó». El cuarto momento contiene otra victoria sobre las dificultades con que se encuentran en la tierra, a través de la misteo 41 o

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riosa mención de las avispas: «Mandé delante de vosotros avispas que les expulsaron». Por último, la conclusión, que es la palabra más importante: «Os he dado una tierra que no os ha costado fatiga, unas ciudades que no habéis construido y en las que sin embargo habitáis». Cinco momentos histórico-geográficos, que quieren recordar brevemente los dilatados acontecimientos narrados en el Pentateuco (en los libros del Éxodo, Números y Deuteronomio) y, después, en el libro de Josué a propósito de la entrada de Israel en la tierra. Podemos preguntarnos de inmediato: ¿cuál es la palabra clave de este texto? Mientras os invito a responder, releyendo el pasaje, os sugiero que, en mi opinión, la palabra clave es «tierra», como muestra claramente el texto hebreo. Por tres veces se habla de ella: «la tierra de los amorreos», «pudisteis poseer su tierra» y «os he dado una tierra». El término hebreo es herez, es decir, «tierra, suelo, país, región». Una tierra, dice el Señor, que no habéis trabajado y que yo os he dado, he puesto en vuestras manos, os he confiado. Podemos, por tanto, resumir la página bíblica como una gran acción de Dios o, mejor, como cinco acciones de Dios que nos afectan en nuestra relación con la tierra. Dios nos ha introducido, nos ha defendido de los poderes oscuros que habrían querido derrotarnos y aplastarnos en la tierra; nos ha dado la victoria sobre los enemigos; ha enviado en favor nuestro algunos azotes (la palabra hebrea traducida por «avispas» significa sencillamente el terror, la sensación de miedo) para hacernos valerosos e invencibles; por último, nos ha dado un suelo y ciudades. La palabra conclusiva, que da el sentido teológico del relato, es Dios, que nos ha dado esta tierra, esta ciudad que ahora poseemos, porque nos ama. En la historia de Israel debemos leer justamente, a contraluz, el relato de nuestra historia en Jesús. o 42 o

En el momento de silencio, cada uno de vosotros podrá tratar de ordenar en su mente esta sucesión de acontecimientos que en pocas líneas resumen todo lo sucedido a lo largo de muchos años, para comprender con claridad que, aun cuando el pueblo vivió tantas vicisitudes, fue Dios quien le dio la tierra, la civilización, la cultura y la realidad en la que vive. «Meditatio» La meditatio consiste en reflexionar sobre el mensaje, sobre los grandes valores que el pasaje nos transmite y que son válidos todavía hoy. - Reflexionamos primero sobre el término «tierra». Significa el suelo fértil, donde se cultivan las viñas, los olivares, todo aquello de lo que se alimenta el ser humano. Pero significa también el conjunto de las actividades humanas desarrolladas a partir de la tierra y a propósito de ella. Indica, además, la civilización, la cultura, las ciudades en particular, como símbolo de una cultura acrecentada y de grupos humanos. Como consecuencia, «tierra» expresa también todo lo que está ligado a lo que llamados «vida civil y cultural»: las tradiciones humanas y religiosas que constituyen nuestro patrimonio. - Es Dios quien nos ha dado la tierra, quien nos ha introducido en esta gran experiencia humana que nosotros vivimos y de la que él es el Señor. «Te reconocemos como el Señor de esta tierra, cultura y civilización; todo lo que aquí hay de bueno es don tuyo y tú lo has puesto con amor en nuestras manos». Ciertamente, muchas personas han trabajado por nosotros: nuestros padres, nuestros abuelos, todos los grandes personajes históricos, las personas oscuras que desde hace muchos siglos han hecho crecer esta cultura, han suscitado esta civilización, construido nuestra catedral, nuestras iglesias, nuestras ciudades. Nosotros las recibimos ahora como don, como signo de aquel amor que Dios ha puesto en el corazón del hombre y
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por el cual el hombre es constructor de verdad, de civilización, de cultura. - Es muy importante que nos preguntemos: ¿cuáles son los modos justos de poseer, cultivar y custodiar esta tierra? Porque hay modos justos y modos incorrectos de poseerla. El libro del Génesis y el libro del Levítico estigmatizan algunos modos equivocados de custodiar y poseer la tierra que, en consecuencia, se rebela, se venga: «¡Maldito sea el suelo por tu causa! Con fatiga sacarás de él el alimento todos los días de tu vida» (Gn 3,17). «Aunque labres el suelo, no te dará más su fruto. Vagabundo y errante serás en la tierra» (Gn 4,12). Se indican los modos erróneos de poseer la tierra, que parten de la desobediencia a Dios -«¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?» (Gn 3,11)- y después terminan en la explotación desordenada del suelo, en la explotación de los hombres, nuestros hermanos. Pensamos en las maldades humanas, en los abusos y en el terrible mundo de la injusticia humana, que son fruto del modo equivocado de poseer, cultivar y custodiar la tierra. En vez de hacer de ella una morada fraterna, es reducida a una cárcel, a un lugar de odio mutuo. En las palabras de Dios -«Vagabundo y errante serás en la tierra»debemos ver los numerosos sufrimientos humanos, las inmigraciones, los problemas de las minorías [...]. Todas ellas son consecuencias de la concupiscencia del ser humano que usa la tierra de manera codiciosa, autoritaria y contaminante. Es interesante el texto del Levítico: «No os hagáis impuros... y no os vomitará la tierra por vuestras impurezas, del mismo modo que vomitó a las naciones anteriores a vosotros» (Lv 18,28). Es la maldición que nace de una tierra tratada de manera maldita a través de la explotación de las riquezas y de las personas, sin respeto, orden, reverencia y custodia de la creación. - La correcta posesión de la tierra, en cambio, está asegurada para quienes viven las bienaventuranzas, a la manera de vivir de Jesús: «Bienaventurados los mansos, porque heredarán la
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tierra» (Mt 5,5). Aun cuando aquí se trata ante todo de la tierra definitiva prometida, ella puede ser ya desde ahora gustada cuando se establecen en torno a nosotros relaciones pacíficas y justas. «Bienaventurados los mansos» indica aquí todas las bienaventuranzas evangélicas: los pobres, los constructores de la paz, los misericordiosos. Una actitud, por consiguiente, no autoritaria, sino agradecida y reverente, de la que han hablado los obispos lombardos en su carta sobre «La cuestión ambiental»7. - La reflexión se amplía y se acerca a nosotros. ¿Qué es para nosotros el don de la tierra? Es el lugar donde vivimos, son las memorias del cuerpo y del corazón: todo lo que, desde fuera y desde dentro, nos ha venido de los bienes culturales, civiles, éticos y religiosos; todo lo que ha sido dado y transmitido y que ahora es nuestro tesoro, parte de nuestro cuerpo y de nuestra vida. En la raíz de todo este amor, como motor continuo de tal don, está el misterio de Dios, de su amor, de la gracia del Espíritu Santo. Mirando a nuestro alrededor, vemos nuestro suelo, con todas sus actividades agrícolas, industriales, formas de transformación de la realidad; vemos nuestra ciudad y las relaciones que vivimos en ella, las amistades, los afectos; vemos nuestra tradición con sus valores, el mayor de los cuales es el religioso. Y decimos: «Dios mío, tú eres el Señor de esta realidad, tú nos la has dado, tú nos has dado esta tierra que no hemos trabajado y nos has hecho habitar en ciudades que no hemos construido. Tú, Señor, nos has dado esta tierra de la que eres el Señor. Proclamarte Señor en palabras y acciones es un acto de fe, de gratitud, de responsabilidad, de misión; es Si-

7.

Se trata del documento de los obispos lombardos «La questione ambiéntale: aspetti etico religiosi» (La cuestión ambiental: aspectos éticoreligiosos), del 15 de septiembre de 1988. o 45 o

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quén, es decir, lo que nos proponemos con nuestra asamblea: tú, Señor de mi corazón y de mi vida, eres también el Señor de esta tierra en la que vivo». Vienen a la mente las palabras del papa en el encuentro con los jóvenes de Turín, cuando expresa la convicción según la cual esta tierra se puede transformar gracias a la labor de los jóvenes: «Sí, estoy firmemente convencido de que la paz, el desarrollo y la solidaridad no son sólo espejismos fantásticos, sino ideales que se han de traducir en objetivos concretos, a los que debemos acercarnos cada vez más con el valor de pasos a veces pequeños, pero claros y conscientes. Dios, en quien tenemos la gracia de creer, a través del testimonio histórico de Jesús, ha demostrado que es el Dios de la paz, de la justicia, de la solidaridad mutua, el Dios de los pobres y de los oprimidos. Os ruego que recordéis esta referencia absoluta a Jesucristo, pues sin su ayuda el ideal se convierte realmente en una carrera casi desesperada»8. El único modo con que podemos pensar en llegar a una correcta posesión de la tierra es, por tanto, el de reconocer a Cristo Jesús como el Señor de esta tierra, cultura y civilización. Entonces nuestros ideales de paz y de solidaridad serán verdaderos; en caso contrario serán, como dice Juan Pablo II, una «carrera casi desesperada». «Concédenos, Señor, comprender estas cosas; haz que penetren en nuestro corazón porque son parte viva y dramática de nuestras responsabilidades». [...] Hacia la contemplación Hemos llegado así al tercer momento de la lectio divina, es decir, al momento de la oración, de la contemplación, que cada uno de nosotros hará en el silencio y en la adoración. El tema

de esta contemplación podría ser el siguiente: Jesús manso y humilde de corazón, Señor de la historia y de la tierra. Y me viene de inmediato a la mente algún episodio evangélico particularmente significativo. Por ejemplo, el episodio de Jesús que llora sobre Jerusalén, sobre esta tierra que él habría querido llevar a la verdad y que, a causa de este llanto y gracias a él, es purificada. «Te pedimos, Señor, por esta tierra, por todos los gravísimos problemas de sufrimiento, de corrupción, de degradación a los que desgraciadamente asistimos. Concédenos llegar y hacer que otros lleguen a usar las cosas correctamente, a una relación correcta con las personas, para que tú llegues a ser Señor de esta tierra a través de la mansedumbre de tu vida, a través de tus bienaventuranzas». O bien, en la contemplación, podemos adorar sencillamente la eucaristía, diciendo: «Oh Jesús, desde este sagrario tú eres Señor de la tierra, en tu humildad, en la entrega de ti, en tu gratuidad. Tú eres Señor de esta tierra, en tu pobreza. Haz que yo esté contigo para ayudar a esta tierra a ser una tierra de verdad y de amor, en la que tú reines». Concluyo citando de nuevo algunas palabras del papa a los jóvenes de Turín: «Me atrevo a decir que un joven (una joven) de vuestra edad que no dedique, de una forma o de otra, un tiempo prolongado al servicio de los demás, no puede considerarse cristiano, habida cuenta de la importancia y la cantidad de las exigencias que nacen de los hermanos y las hermanas que nos rodean»9. Preguntémonos: oh Señor, ¿cómo puedo dedicar yo de modo prolongado algo de mi tiempo al servicio de los demás?

8.

Discurso de Juan Pablo II a los jóvenes reunidos en el Estadio Olímpico de Turín, el 3 de septiembre de 1988 («L'Osservatore Romano», 8 de septiembre de 1988, n. 8). ° 46 °

9.

Ibidem. o 47 o

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O h Señor, yo deseo ser cristiano, ser de Cristo, proclamar que eres el Señor de mi vida. Guíame hacia elecciones valientes y auténticas. 4. La respuesta: no queremos servir a otros dioses Si quisiera expresar un término que abarcara los acontecimientos, de los hechos y de las consecuencias sobre los que hemos reflexionado 10 , diría «la alianza». E n efecto, en este capítulo 24 del libro de Josué hay una frase conclusiva, que he añadido al final del texto que se ha de meditar: «Aquel día, Josué selló una alianza por el pueblo, y le dio un estatuto y una ley en Siquén». Son palabras [...] importantísimas, que sintetizan todo el camino que estamos recorriendo: la alianza de Siquén es reconocimiento y renovación de la alianza de Dios con nosotros. Os invito, por tanto, a meditar [...] sobre los versículos 1418, pero teniendo presente este versículo 25 que nos da el sentido de todo el capítulo. Nos preguntaremos: ¿qué significa «alianza»? ¿Qué significa «no queremos servir a otros dioses»? ¿Qué consecuencias tiene esto para nosotros? El texto «Me pongo ante ti, Señor, de quien provienen estas palabras, en actitud de silenciosa escucha de tu Palabra, de la Palabra de tus profetas. Concédeme, oh Señor, recibirla en lo íntimo de mi corazón y poder acogerla y ponerla en práctica en mi vida. O h María, oyente de la Palabra, ayúdanos a escucharla».

«"Ahora, pues, temed al Señor y servidle perfectamente, con fidelidad; apartaos de los dioses a los que sirvieron vuestros padres más allá del Río y en Egipto y servid al Señor. Pero, si no os parece bien servir al Señor, elegid hoy a quién habéis de servir, o a los dioses a quienes servían vuestros padres más allá del Río, o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitáis ahora. Yo y mi casa serviremos al Señor". El pueblo respondió: "Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses. Porque el Señor nuestro Dios es el que nos hizo subir, a nosotros y a nuestros padres, de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre, y el que delante de nuestros ojos obró tan grandes señales y nos guardó por todo el camino que recorrimos y en todos los pueblos por los que pasamos. Además, el Señor expulsó delante de nosotros a todos esos pueblos y a los amorreos que habitaban en el país. También nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios". Aquel día, Josué selló una alianza por el pueblo, y le dio un estatuto y una ley en Siquén» (Jos 24,14-18.25). .apalabra «alianza»

10. Se trata de una meditación grabada y transmitida a los jóvenes mientras el cardenal viaja hacia Benarés, la ciudad sagrada a orillas del Ganges. «Y reflexionaré», comenta Martini, «sobre el misterio de la búsqueda de Dios en el país de la India donde la oración de miles de hombres y mujeres, de innumerables generaciones, ha tomado la forma de un inmenso océano de oración». o 48 o

Qué significa la palabra clave «alianza»? Ella nos permite omprender todo el Antiguo y el Nuevo Testamento; la escullamos en el centro del misterio cristiano cada vez que partiipamos en la misa cuando el sacerdote, en el momento de la onsagración, dice: «Éste es el cáliz de mi sangre, de la nueva eterna alianza». También al decir «Nuevo Testamento», evoamos esta palabra, porque en realidad Testamento quiere deir pacto, alianza, y «Nuevo Testamento» significa la disposiión divina definitiva para con nosotros. Por esta razón es importante comprender bien el sentido e «alianza» si queremos comprender el sentido de la Asamlea de Siquén, el sentido de este capítulo 24 de Josué, el senido de toda la vida cristiana. Ante todo se trata de una metáfora, de un modo figurado e hablar que aplica a Dios conceptos que indican realidades,
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cosas y acontecimientos humanos. La alianza indica sobre todo los contratos solemnes que se estipulan entre dos partes y que implican obligaciones. La palabra se usa en el mundo político y a veces en el mundo comercial; se usa también en el nivel más personal, aludiendo, por ejemplo, a la alianza conyugal o al pacto matrimonial. Aquí queremos comprender el significado judío y cristiano de «alianza», que en el Antiguo Testamento aparece con mucha frecuencia, y más de 250 veces en toda la Biblia. Es un concepto que tiene tres elementos constitutivos. El primer elemento es una acción divina liberadora y gratuita. Como dice el cántico de Zacarías: «Bendito sea el Señor Dios de Israel que ha visitado y redimido a su pueblo [...] recordando su santa alianza» (Le l,68b.72b). Supone una acción divina liberadora y gratuita, y la acción espectacular, que está en la base de la memoria histórica de Israel, es la liberación de la esclavitud de Egipto. En aquel momento nace, de manera privilegiada, la alianza. Todo esto se recuerda en el texto de Josué (el Señor nos sacó a nosotros y a nuestros padres del país de Egipto, de la condición servil, y realizó grandes milagros). El segundo elemento, que es consecuente del primero, es el de una relación de mutua pertenencia y fidelidad. La fórmula de la alianza que aparece con tanta frecuencia en la Biblia es la fórmula de la reciprocidad: «Yo soy tu Dios, tú eres mi pueblo». Esta fórmula, u otras semejantes, las encontraréis también en otras partes: «Si queréis escuchar mi voz y guardar mi alianza, vosotros seréis mi propiedad entre todos los pueblos» (Ex 19,5); llega incluso a la expresión personalísima e íntima del Cantar de los Cantares: «Mi amado [es] para mí y yo [soy] para mi amado» (Ct 6,3). Dios para el hombre, el hombre para Dios. Y toda la Sagrada Escritura está atravesada por este concepto: «Yo soy tuyo, tú eres mío». Vemos aquí la conciencia de mutua pertenencia de Dios y del pueblo, de Dios y del hombre.
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En el Nuevo Testamento, la fórmula, se expresa de muchos modos diferentes. El evangelista Juan usa a menudo la palabra «permanecer»: «Permaneced en mí y yo en vosotros» (Jn 15,4). Pablo usa con frecuencia la expresión «ser en Cristo». Se trata siempre de esa reciprocidad profundísima, propia de la alianza. Me parece útil sugeriros que toméis [...] el libro de los Salmos y lo abráis al azar. De este modo caeréis en la cuenta de que prácticamente en todos los Salmos se refleja algo de la conciencia del pacto: nosotros somos suyos; pertenecemos a él; él nos ha hecho y nosotros somos suyos. Tal conciencia de la alianza se expresa en la Biblia también con los siguientes términos: elección, redención, reconciliación (reconstitución del pacto traicionado por el hombre; al reconciliarse con el hombre, Dios concluye de nuevo la alianza), misericordia, promesa. Podemos recordar a este respecto el canto del Magníficat, cuando la Virgen recita: «Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abrahán y su descendencia, para siempre» (Le 1,54-55). Y los Salmos son justamente celebración, alabanza, acción de gracias por la actividad liberadora y operante de Dios, invocación de esta actividad divina para hoy: «Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme». El tercer elemento es un comportamiento ético consecuente, es decir, las cláusulas del pacto (la relación de pertenencia mutua, en efecto, no carece de fundamento). En el Antiguo Testamento están representadas por los diez mandamientos, la Ley. En el libro del Éxodo, después de la promesa y de la preparación de la alianza (capítulo 19), se describe la Ley (capítulo 20), que no es entendida como realidad externa al pacto, sino como consecuencia y signo de la pertenencia mutua entre Dios y el hombre. Dios se compromete a amar al hombre con amor eterno, indestructible, y el hombre se compromete a vivir según las prescripciones del Decálogo, y, por tanto, con respeto, amor y fidelidad a Dios, con fraternidad y solidaridad hacia las demás personas que se adhieren al pacto. Se constituye así entre los miembros del pueblo de Dios, en
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virtud de la ley contenida en el Decálogo, una solidaridad que es más fuerte que los vínculos de sangre: es la fraternidad cristiana que nos hace una sola cosa en Cristo. Podemos preguntarnos: ¿cuál es el fruto de la alianza? En términos bíblicos es la paz, el shalom. Shalom es el conjunto de los frutos benéficos que proceden de la acción divina liberadora que suscita una relación de pertenencia mutua y que se traduce en un comportamiento leal, fiel y justo. La consecuencia de todo esto es la paz entendida como armonía de todas las relaciones, plenitud de todos los bienes, sin sombras y sin límites: paz del corazón, paz personal, moral y psicológica; paz social y paz política; paz ecológica, en el ambiente que rodea al ser humano; paz cósmica y paz eterna. Este es el fruto específico del pacto. «No queremos servir a otros dioses» En este contexto, ¿qué significa «no queremos servir a otros dioses»? Quiere decir que la alianza, el pacto, se nos confía a nosotros, está en nuestras manos; a nosotros nos toca responder. Y la respuesta es doble [...]. Consideremos, pues, la primera respuesta que da Josué a la propuesta del pacto. Ella significa una clara y exclusiva aceptación de esta alianza, con total sinceridad, eliminando toda connivencia, evidente o solapada, con otros aliados enemigos de Dios y de su designio sobre el hombre y sobre el mundo. Significa no querer servir a otros dioses, no querer servir a los ídolos. ¿Qué entendemos por «otros dioses», por ídolos? Mientras vosotros escucháis mi voz", me encuentro en medio de aquella multitud de divinidades que caracterizan a la religiosidad hindú, una religiosidad que tiene realizaciones purísimas, pero que está también atravesada por supersticiones e

11. Se trata del ya mencionado viaje del cardenal a la India.

idolatrías impresionantes, cargada de figuras divinas que llenan los templos como una exuberante vegetación tropical. Con todo, éstos no son los ídolos que nos interesan, los ídolos de los que debemos alejarnos. Y tampoco son los ídolos de nuestros padres que vemos en los monumentos, cuando, por ejemplo, vamos a visitar el Foro romano. Ciertamente, todavía hoy están presentes nostalgias de estos ídolos y sabemos que algunos cultos hindúes se están poniendo de moda en nuestros países occidentales. Pero al decir «no queremos servir a otros dioses», pensamos en nuevos nombres de ídolos, en nombres más solapados y no menos rivales del Dios de la alianza: el éxito, el dinero, el placer, el poder, el beneficio, vistos como realidades absolutas, como fines y no como instrumentos de servicio. Estos ídolosamos son un reflejo del yo convertido en señor absoluto, puesto de manera narcisista en el centro de todas mis admiraciones y cuidados, son el espejo del culto a mí mismo considerado como absoluto. La presencia de esos ídolos es sutil y constante. Esta tentación idolátrica la encontramos junto a todas nuestras elecciones. Porque en todas nuestras elecciones tratan de insinuarse el orgullo, la ambición, la sensualidad, la dureza de corazón, la lujuria, el cinismo, la indiferencia, el desprecio de los demás y el racismo. Todos ellos son efectos de los ídolos, del mismo modo que la paz, la armonía, la fraternidad, la justicia y la solidaridad son efectos de la alianza. Además de los ídolos, debemos estar atentos a las ideologías, término con el que me refiero a aquellos sistemas dominantes que se imponen a las masas para doblegarlas a los gustos, consumos y elecciones no dictados por la razón o el bien común, sino por el interés de unos pocos o de la autoridad abstracta de un sistema de poder. Como ideología dominante entre nosotros, impera hoy sobre todo la laicista y consumista que empuja a maximizar los beneficios, las necesidades y los consumos, sólo en función de la satisfacción individual.
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Salir de la influencia de los ídolos y de las ideologías es difícil, porque se requiere un vigoroso salto cualitativo en la vida, que nosotros llamamos «conversión» -religiosa, moral, intelectual-, es decir, la aceptación en la mente, en el corazón y en la vida de la alianza que Jesús nos ofrece desde la cruz y en la eucaristía.

Contemplemos y adoremos juntos a Jesús pidiéndole: «Concédenos, oh Señor, servirte con todo el corazón. H a z que no sirvamos a otros dioses fuera de ti».

5. Elegimos servir al Señor Con el fin de que podamos tener una mirada más completa, el texto que nos proponemos meditar [...] comprende también algún versículo de los leídos anteriormente. Digamos: «Concédenos, oh Señor, escuchar esta Palabra tuya y sentir cómo resuena profundamente en nuestro corazón, porque es una palabra tuya para nosotros, aquí y ahora». «El pueblo respondió: "Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses. Porque el Señor nuestro Dios es el que nos hizo subir, a nosotros y a nuestros padres, de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre, y el que delante de nuestros ojos obró tan grandes señales y nos guardó por todo el camino que recorrimos y en todos los pueblos por los que pasamos. Además, el Señor expulsó delante de nosotros a todos esos pueblos y a los amorreos que habitaban en el país. También nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios". Entonces Josué dijo al pueblo: "No podréis servir al Señor, porque es un Dios santo, es un Dios celoso, que no perdonará ni vuestras rebeldías ni vuestros pecados. Si abandonáis al Señor para servir a los dioses del extranjero, él a su vez traerá el mal sobre vosotros y acabará con vosotros, después de haberos hecho tanto bien". El pueblo respondió a Josué: "No; nosotros serviremos al Señor". Josué dijo al pueblo: "Vosotros sois testigos contra vosotros mismos de que habéis elegido al Señor para servirle". Respondieron ellos: "¡Testigos somos!". "Entonces, quitad de en medio los dioses del extranjero e inclinad vuestro corazón hacia el Señor, Dios de Israel". El pueblo respondió a Josué: "Al Señor nuestro Dios serviremos y a su voz atenderemos".
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Algunas preguntas prácticas La primera: ¿cuáles son mis ídolos? Puedo empezar preguntándome acerca de cuáles son mis ídolos más inocuos, aquellos por los que estoy chiflado, mis héroes, cuyos posters están colgados en mi habitación. Es verdad que no tienen mucha importancia, pero tal vez me ayuden a comprender cuáles son los valores (o los valores negativos) que representan para mí. Y ahora me planteo la pregunta: ¿cuáles son mis ídolos, es decir, a qué doy peso en la vida, qué pesa en mis decisiones? ¿Los ídolos o el dios de la alianza? La segunda pregunta: ¿soy deudor de ideologías? Esta pregunta parece muy solemne y la traduzco con una expresión más sencilla: ¿qué periódicos leo con más agrado y qué ideologías están detrás de esas páginas impresas? La tercera pregunta la expreso así: ¿he tenido alguna vez alguna experiencia que se pueda calificar como conversión? Pienso en los momentos en que he resistido con fuerza y decisión a los ídolos y he dicho: no quiero servir a otros dioses, no quiero servir al dinero, a la sensualidad, a la morbosidad, al poder. Pienso en los momentos en que he vivido los Salmos que cantan la experiencia de la pertenencia al Dios de la alianza: «Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo. M i alma tiene sed de ti, mi carne tiene ansia de ti» (Sal 63,1-2). Pienso en los momentos en que vivimos, como David, la intimidad profunda que nos vincula a Dios y que es efecto de la mano fuerte con que él nos ha agarrado sacándonos del mal, del fango, de la muerte, de la esclavitud, del sinsentido, y nos ha puesto en el centro de su amor y de su redención.
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Aquel día, Josué selló una alianza por el pueblo, y le dio un estatuto y una ley en Siquén. Josué escribió estas palabras en el libro de la Ley de Dios. Tomó luego una gran piedra y la plantó allí, al pie de la encina que hay en el santuario del Señor. Josué dijo a todo el pueblo: "Mirad, esta piedra será testigo contra nosotros, pues ha oído todas las palabras que el Señor ha hablado con nosotros; ella será testigo contra vosotros para que no podáis renegar de vuestro Dios". Y Josué despidió al pueblo, cada uno a su heredad» (Jos 24,16-28).

Lectio Reflexionemos, pues, sobre este texto, siguiendo los tres pasos: lectio-meditatio-contemplatio. Empecemos por la lectio, que consiste en releer el texto, intentando poner de relieve sus elementos fundamentales y tratando de comprender los momentos que lo componen. Resaltan muy claramente dos partes: la primera (hasta el versículo 24) es el diálogo entre Josué y el pueblo; la segunda se podría definir como una síntesis histórica conclusiva, porque indica el sentido de todo lo que sucedió aquel día y se ha contado en este capítulo. El diálogo está compuesto de dos momentos. Primero, el de la afirmación por parte del pueblo: «Nosotros queremos servir al Señor», «Nosotros serviremos al Señor», «¡Testigos somos!». Segundo, lo que podríamos llamar una «provocación» de Josué, que estimula, incita al pueblo, para excluir de su elección toda posible componenda, para desanidar toda posible ilusión. E inmediatamente podemos reflexionar sobre nosotros: ¿dónde encontramos en nuestra experiencia el repetido propósito de servir al Señor? Lo encontramos en los momentos sacramentales fundamentales: ante todo en la liturgia de nuestro bautismo (las llamadas promesas bautismales, repetidas varias veces); después, en la renovación de las promesas bautismales, que hacemos cada año el sábado santo; y también en la litur° 56 °

jria de la confirmación. Lo encontramos, además, en todas las celebraciones litúrgicas que comportan un modo especial de dedicarse a Dios: la de la ordenación diaconal, presbiteral y episcopal; la liturgia de la profesión religiosa. En todas las celebraciones y los sacramentos en los que mío se juega la propia vida, en los que se decide a fondo, toi.límente, se repite una pregunta de provocación, que suscita la i (-petición de la respuesta. En las palabras de Josué y del pueblo, por tanto, encontramos también nuestra experiencia, nuestra historia sacramental. De la síntesis histórica (cf. w. 25-28) ponemos de relieve .ilgunas palabras clave: la alianza, especificada en un estatuto; el estatuto que se explícita en una ley; y serán recordados por un signo o memorial. Reflexionaremos sobre algunos de estos lenninos fundamentales en el momento de la meditatio. Ahora desearía preguntarme con vosotros cuáles son otros elementos fundamentales de este texto cuyos ritmos internos (diálogo, síntesis histórica) hemos tratado de identificar hasta
,U|UÍ.

El sujeto principal de la alianza es Dios, y de él se dice que es un Dios celoso: «No podréis servir al Señor, porque es un I )ios santo, es un Dios celoso, que no perdonará ni vuestras rebeldías ni vuestros pecados» (v. 19). Quiere decir que a Dios le importa la alianza de manera .ibsoluta, que no puede renunciar a esta relación que ha insumido con la humanidad y con cada uno de nosotros. El no | mede pensar en otra cosa, porque éste es el designio para el cual ha creado el mundo y al hombre, para el cual ha suscitado a Cristo, la historia, todo el devenir humano, físico, biolójrico y cósmico. Dios está inclinado y dirigido hacia su alianza, concentrado en ella de tal modo que no puede permitir que sea descuidada o trivializada. Por parte del pueblo, el tema fundamental es el de «servir al Señor», que se repite varias veces: «Nosotros queremos servir al Señor», «Nosotros serviremos al Señor», «Al Señor nuesIro Dios serviremos y a su voz atenderemos» (w. 18, 21, 24).
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En el mismo libro de Josué encontramos sinónimos del verbo servir: «amar al Señor vuestro Dios, caminar en todos sus caminos, observar Sus mandatos, ser fieles a El con todo el corazón y con toda el alma» (22,5). Esto es lo que quiere decir «servir al Señor»: amar, ser fieles, permanecer en él, observar los mandamientos de la vida. «Y nosotros queremos, oh Señor, amarte, dejarnos orientar por ti en el discernimiento de nuestra existencia, ser fieles a tu ley de vida, evitando los senderos de la muerte que son odio, envidia, violencia; queremos vivir las consecuencias prácticas de la alianza, como personas indisolublemente pertenecientes a ti, como tú indisolublemente perteneces a nuestra historia». Jesús es quien ha servido perfectamente al Señor y ha vivido perfectamente la alianza, aquel en quien se realiza la plena comunión entre Dios y el hombre; Jesús, el siervo de Yahvé, es aquel que dice: «Yo hago siempre lo que le agrada». Entonces comprendemos cómo servir al Señor significa, en la plenitud neotestamentaria, entrar en una relación de amor, de fidelidad, de permanencia en él, como amigo, esposo, hermano, como «todo» para nuestra vida.

améis también vosotros los unos a los otros»), que se convierte después en signo que manifiesta la alianza: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros» (13,35). El tema del estatuto y de la condición ética de la alianza aparece de nuevo en Juan 15: «Permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor» (15,9-10); «Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado» (15,12), es decir, con el amor más grande, que es el que da la vida por los amigos. Y en el versículo 11 se habla también del fruto de la alianza, a saber, la alegría: «Os he dicho esto, para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría sea colmada». Para nuestra actualización es muy importante también un texto de Lucas (cf. 6,20-26). Usando el género literario bíblico de la «bienaventuranza» (bienaventuranza significa «felicidad»), se expresan aquí las condiciones y los frutos de la alianza, junto con el fruto amargo de su rechazo. Podemos encontrar paralelos en el mismo libro de Josué o en el Deuteronomio, donde se dice: «Si seguís el camino de la vida, tendréis alegría y prosperidad»; tendréis lo contrario si seguís el camino de la muerte. Por consiguiente, el fruto de la alianza es para Lucas, al igual que para Juan, la alegría: «Bienaventurados vosotros», es decir, «felices vosotros». Y la condición para recibirlo es vivir el amor. El amor no es posesivo, no es esclavo del dinero, se preocupa más por los otros que por él mismo, se empobrece para enriquecer a otros, se inclina con compasión sobre los sufrimientos del otro, sufre por la justicia: «Bienaventurados vosotros pobres, bienaventurados vosotros que ahora tenéis hambre, bienaventurados vosotros que ahora lloráis, bienaventurados vosotros cuando os odien por mi nombre». En cambio, la tristeza y la muerte son la consecuencia de la infelicidad para quien rechaza la alianza: «Ay de vosotros o 59 o

Meditatio ¿Cómo se verifican y se actualizan en mi vida los elementos fundamentales del texto? Respondemos subrayando en particular dos temas: el estatuto y el signo de la alianza. Leamos un pasaje muy iluminador del Evangelio de Juan: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros» (Jn 13,34). Tenemos, por un lado, la referencia al fundamento de la alianza, la acción gratuita y liberadora de Jesús que nos ha amado hasta la muerte; por otra, el estatuto, el mandamiento, la consecuencia ética («así os
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1. - DIOS NOS LLAMA Y NOS LIBERA

que os apacentáis sólo a vosotros mismos, que os cerráis en vuestro bienestar, que pensáis sólo en vosotros, en vuestras diversiones, que perseguís el éxito; ay de vosotros ricos, ay de los que ahora estáis hartos, ay de vosotros que ahora reís, ay cuando todos hablen bien de vosotros»; porque vuestro corazón está cerrado, vosotros no amáis, no estáis en la alianza; estáis en la muerte, porque vivir en la alianza es amor. Lucas 6,27-29: «Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien» (vivir en la alianza es devolver bien por mal, no ser violento), «al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica» (es no cerrar el corazón). En el cristianismo, vivir la alianza es expresar a nuestro alrededor el amor con que Jesús nos ha amado. ¿Cuál es para nosotros, hoy, el signo de la alianza? Nos responde Lucas 22,19-20: «Jesús tomó luego pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: "Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros; haced esto en recuerdo mío". De igual modo, después de cenar, tomó la copa, diciendo: "Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre, que se derrama por vosotros"». El signo, el memorial de la nueva alianza es la eucaristía, es el cuerpo y la sangre de Jesús. Cada vez que celebramos la eucaristía vivimos de nuevo la alianza. Cada vez que dirigimos la mirada al sagrario y contemplamos la eucaristía, contemplamos el signo vivo de la alianza. La eucaristía es el signo visible, el memorial (semejante a la piedra puesta por Josué en el centro de la comunidad) que nos remite a nuestras raíces; porque cada vez que celebramos la eucaristía, recordamos que Dios nos ha amado tanto a cada uno de nosotros que ha dado por cada uno de nosotros a su Hijo, en la cruz. Para que yo sea una sola cosa con él y ame como Jesús ha amado. [...]

Contemplatio La contemplatio no es una realidad que se pueda expresar totalmente con palabras. Allí donde nos encontramos, en la Iglesia que nos acoge, elevamos la mirada hacia Jesús en el tabernáculo, contemplamos a Jesús eucarístico y le decimos: «Señor, tú eres signo vivo de la alianza eterna del Padre con la humanidad, conmigo, en tu muerte y resurrección, en la gracia del Espíritu Santo por la que estoy unido a ti indisolublemente». Contemplando así a Jesús, podemos preguntarnos cuál es el vínculo entre la eucaristía y la vida. Es la ofrenda de nuestro cuerpo: «Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que ofrezcáis vuestros cuerpos como un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual» (Rm 12,1). A la eucaristía de Jesús, celebrada en la comunidad, en la misa, corresponde la eucaristía de mi vida: la ofrenda del cuerpo, de mi vida cotidiana, biológica, familiar, de amistad, de estudio, de trabajo, social, civil, política. Esta ofrenda hay que hacerla sustrayendo la vida cotidiana a la «mentalidad de este siglo» (12,2), es decir, al condicionamiento del éxito, del poder, del sexo, del dinero; transformándola, en cambio, renovándola según la mentalidad evangélica de Jesús, es decir, según las bienaventuranzas, según la fórmula recordada en los Hechos de los Apóstoles: «Hay más gozo en dar que en recibir» (Hch 20,35). Así se vive la eucaristía como sacrificio cotidiano. Durante el silencio podéis también haceros algunas preguntas. La primera es un intento de hacer memoria de nuestro bautismo. ¿En qué fecha fui bautizado? ¿He expresado alguna vez un agradecimiento como éste: «Señor, te doy gracias porque con el bautismo me has hecho tuyo, me has hecho tuya indisolublemente»?
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Y podemos repetir también las promesas de nuestro bautismo, junto con el pueblo que dice: «Señor, sí, quiero servirte». ¿Me resulta fácil vivir la relación entre alianza, eucaristía, caridad y vida cotidiana? ¿Veo estas realidades unidas en mí con naturalidad o, por el contrario, necesito un gran esfuerzo mental para unificarlas? «Señor, dame la luz para que yo vea la unidad, y viva así la unidad de mi vida; para que vea la unidad entre tu cruz, mi misa y mi vida cotidiana; entre mi oración y mi trabajo; entre mi vida interior, mi meditación de estos jueves y la vida de todos los demás días».

2 El Credo y nuestra fe

D ICE san Ambrosio, hablando de esta celebración (que, por lo tanto, se celebraba ya hace al menos 1.600 años)12: «Ahora es el tiempo y el día de transmitir el Símbolo, el Símbolo que es sello espiritual; el Símbolo que es la meditación de nuestro corazón y constituye para él como una defensa siempre presente. Sin duda es el tesoro que custodiamos en nuestro interior». ¿Qué hemos venido a buscar? Nuestra fe; y, en efecto, al final de la celebración proclamaremos el Credo. Y yo desearía sintéticamente recordaros este Credo que sabemos de memoria, que repetimos tantas veces. «Concédenos, Señor, comprender el Símbolo misterioso de nuestra fe, que es un sello espiritual, es la meditación de nuestro corazón y constituye para él como una defensa siempre presente. Concédenos, oh María, Madre de Jesús, comprender este Símbolo como tú misma lo concebiste y meditaste, intuyendo el misterio de la salvación». 1. Elementos y partes del Credo El Credo está compuesto de dos elementos: uno que sirve de fondo, y un elemento que representa la figura o el diseño sobre el fondo.
12. Homilía del cardenal arzobispo en la vigilia In Traditione Symboli, catedral de Milán, 18 de marzo de 1989.

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2. - EL CREDO Y NUESTRA FE

El elemento que sirve de fondo es la proclamación de la misteriosa pluralidad del Dios único; un Dios único, más allá de todo, antes de todo, por encima de todo, que es al mismo tiempo comunión de amor, vida en comunión, intercambio de bienes, intercambio de dones, donación de sí continua y total. Es el misterio que articula el Credo en tres momentos: «Yo creo en Dios Padre omnipotente», «en Jesucristo, su único Hijo», «en el Espíritu Santo». Es el misterio de los misterios, y nosotros somos llamados ante todo a proclamarlo: Dios mío, yo no te conozco, no te he visto nunca en tu esencia, pero sé que eres grande e infinito, que eres Trinidad, que eres múltiple en tu don íntimo, eres continua comunión de amor, vida entregada y recibida como don. El elemento que representa la figura sobre el fondo de la misteriosa pluralidad del Dios único es el hecho de que esta vida de comunión divina se nos comunica a nosotros. Y está explicado en las tres partes del Credo: la vida divina es comunicada por el Padre, por medio del Hijo, en el Espíritu. 1. La misteriosa comunión de vida nos la comunica Dios, como Padre, principio y origen de todo: «Yo creo en Dios Padre omnipotente, creador del cielo y de la tierra». Aquel que es origen de todo, de todo lo que vemos a nuestro alrededor, de lo que sentimos y gustamos, que está en el origen de todo lo que nos hace vivir. El no sólo es creador del cielo y de la tierra, de una tierra y de un cielo informes y vacíos, sino que nos ha dado una casa, una tierra habitable, nos ha dado concretamente una historia, una tradición, una cultura, una civilización; la que nosotros recibimos ahora en herencia y de la que vamos a hacernos responsables al asumir los deberes propios de los adultos. Todo es don de Dios. Parece que afirmar «Dios creador del cielo y de la tierra» es poca cosa. Sin embargo, constituye una diferencia esencial en el modo de conocer a la divinidad. [...] He estado recientemente en la India y he podido captar la confusión religiosa, la indeterminación del misterio divino que deriva del hecho de
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un poseer el concepto de creación. Hay culturas que, de hecho, un limen este concepto; para ellas, lo divino y lo humano son imlulüdcs indistintas, confusas, a veces extremadamente elevmliiN, y otras extremadamente mezquinas. Sólo el proclamar que I )ios es creador nos permite afirmar, por una parte, la unicidad, la santidad, el carácter absoluto de Dios, nuestra distinción de él y, al mismo tiempo, que él nos ha hecho por amor y para él. Así pues, esta primera parte del Credo da claridad a todo lo que es cielo y tierra, historia y hombre y destino, tiempo y eternidad, vida y muerte. 2. La segunda parte del Credo está centrada en el misterio de la alianza y nos presenta el punto culminante del Dios que se comunica. Él se comunica no sólo creándonos y dándonos una casa, una tierra y una historia, sino comunicándose él mismo, en su Hijo: «Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor», el cual se hizo parte de nuestra historia; fue concebido, nació, padeció, murió, fue sepultado. En Jesús, Dios ratifica su alianza definitiva con la humanidad. La humanidad, criatura y sierva de Dios, es llamada ahora, en Jesús, a la filiación: el Hijo, haciéndose como nosotros, nos llama a una relación recíproca entre Dios y el hombre, nos hace entrar en la alianza eterna y definitiva. Somos, por consiguiente, de Dios y podemos decir con verdad que Dios es nuestro y que nada puede separarnos de él: «Yo soy tuyo y tú eres mío», para siempre, con una relación conyugal indisoluble. Jesucristo, Hijo de Dios y hombre, es la alianza perenne, eterna, en la que todo hombre y toda mujer se convierte en parte del misterio de la comunión divina, de aquella misteriosa comunión de vida que es Dios. ¿Cuál es el signo de esa comunión? El misterio pascual, es decir, el hecho de que el Hijo de Dios, por amor nuestro, fue crucificado, murió, fue sepultado, descendió a los infiernos, y el tercer día resucitó de entre los muertos, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios Padre omnipotente. Él lleva a la
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humanidad hasta Dios. Con Jesús a la derecha del Padre nosotros estamos ya indisolublemente en él y, al proclamar el Credo, aceptamos la alianza y reconocemos que somos parte del misterio trinitario divino, mientras esperamos que sea revelado en plenitud. Somos parte de este misterio desde el bautismo y no tememos el momento en que Jesús vendrá a juzgar a vivos y muertos, porque este juicio distinguirá la historia divinizada de la que no es historia porque no ha aceptado el misterio de Jesús. Es el juicio sobre la historia que se expresa desde ahora. Aceptar el misterio de Jesús y la alianza con Dios equivale a entrar en la historia verdadera que no tendrá que someterse al juicio de condena, sino que tendrá la plenitud de la vida. 3. La tercera parte del Credo responde a la pregunta: ¿cuándo, cómo y dónde se verifica para nosotros la alianza? Se verifica «en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados». La alianza, la divinización del hombre, se verifica en el Espíritu que es Dios dado a nosotros en el bautismo, es decir, en la Iglesia. La Iglesia es el lugar de la alianza, es la asamblea de los que se han dejado llamar y convocar en la alianza eterna de la Trinidad, en Jesús, en la gracia del Espíritu Santo, gracia que nos ha reunido juntos. Somos una asamblea en el Espíritu Santo, que es Dios, uno con el Padre y con el Hijo. Y, por tanto, somos una sola cosa con el Padre y el Hijo en el Espíritu, participamos en la comunión de Dios. [...]

1. El primer elemento es la afirmación de Pablo VI, en el Credo que él mismo escribió y recitó en 1968, como papa, por toda la Iglesia: «Creo que María es Madre de Jesús y de la Iglesia». También en el Credo se habla de María: «Jesús nació de María virgen». María, creo que tú eres Madre de Jesús y de la Iglesia. 2. Una segunda consecuencia. En el Credo se habla de la Iglesia, y para nosotros es la santa Iglesia católica, que se realiza aquí y ahora en la Iglesia particular. Así pues, al decir «Creo en la santa Iglesia católica», profesamos que somos una verdadera realización de la Iglesia católica en comunión con la Iglesia de Roma, con el papa y con todos los centenares de millones de cristianos, con todos los millares de Iglesias diocesanas dispersas por el mundo. Como Iglesia, nuestra diócesis expresa el misterio de Dios, de la Trinidad, también en sus proyectos pastorales: somos, pues, y queremos ser la Iglesia del silencio contemplativo, de la escucha de la Palabra (de la lectio divina), de la centralidad de la eucaristía, la Iglesia del arranque misionero, del hacerse prójimos, la Iglesia del educar. Ésta es concretamente la Iglesia en la que nosotros vivimos el misterio del Espíritu Santo. 3. Tomo la tercera y última consecuencia del Símbolo también del Credo de Pablo VI, donde dice: «Creo que el reino de Dios no es de este mundo, pero impulsa a preocuparse del verdadero bien temporal de los hombres». Es toda nuestra responsabilidad por la tierra, por la casa del hombre, por la humanidad, por nuestro planeta, por la aldea global que somos nosotros. Para que esta tierra sea habitable, para que esta casa sea de todos y sea habitada en la paz y en la justicia. En la Asamblea de Siquén meditaremos sobre estas consecuencias del Credo, preguntándonos acerca de las responsabilidades de los jóvenes hacia la elección de fe, hacia la Iglesia,
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2. Tres consecuencias del Credo A estas tres partes del Credo, que vamos a proclamar ante la cruz, desearía añadir tres breves elementos que son importantes consecuencias del Credo.
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hacia la existencia moral, hacia la sociedad y en el compromiso misionero. Preparémonos ahora a acoger la cruz, signo central de nuestra fe, signo de Jesús muerto y resucitado [...]. Ante el misterio de la cruz haremos juntos, en la gracia del Espíritu, nuestra solemne profesión de fe. «Oh Señor, por el misterio de tu muerte y resurrección, con el fuego del Espíritu Santo, enciende en mí la gracia de una fe grande como la de nuestros padres en la fe: Ambrosio, Agustín, Carlos, el cardenal Montini Pablo VT, Gianna Beretta Molla, el beato Mazzucconi, todos nuestros santos. Enciende en nosotros la misma fe, para que podamos responder hoy a la gracia de tu misterio».

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Escuchad hoy su Palabra

1. Fijar la mirada en el Crucificado XlLNTE todo desearía que pusiéramos en práctica las palabras tomadas de la Carta a los Hebreos: «Hermanos, pertenecéis a Dios que os ha llamado [...]. Por eso, tened los ojos fijos en Jesús». Empezamos, por tanto, fijando la mirada en Jesús, que en este momento está representado por el Crucifijo ante el cual se ha realizado un gesto de veneración silenciosa13. Mientras fijo la mirada con vosotros en este Señor Jesús en la cruz, signo de la nueva y eterna alianza, siento que nuestra Asamblea se une espiritualmente con la gran asamblea ecuménica que tratará problemas candentes, dificilísimos para nuestro tiempo14. Será la primera vez que todos los cristianos de Europa -protestantes, ortodoxos y católicos- se encontrarán para reflexionar y orar en común; por eso estoy contento al

13. Milán, Palalido, 6 de mayo de 1989. En la celebración inicial se introdujo procesionalmente un crucifijo de madera, al que Martini hace referencia. «Cuando se ha introducido en la sala este crucifijo de madera, me he conmovido porque ha sido llevado por muchos caminos a través de Europa, en diferentes peregrinaciones y encuentros juveniles. Ha llegado hasta nosotros en peregrinación desde Asís, pasando por algunos conventos de las hermanas clarisas, en su camino hacia Basilea. Llegará la próxima semana a la ciudad suiza con ocasión del gran encuentro ecuménico de los cristianos de toda Europa, que orarán y reflexionarán juntos sobre el tema "Paz en la justicia", y yo tendré la posibilidad de volver a verlo». 14. Martini se refiere a la Asamblea ecuménica de Basilea de 1989.

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percibir también el esfuerzo que estamos realizando aquí como un camino hacia la unidad espiritual de Europa y de todos los pueblos.

2. Tres actitudes diferentes Me encuentro un poco como Josué en la mañana de Siquén, lleno de miedo y de temor. Pienso que Josué se preguntaría: ¿seré capaz de exponer auténtica y eficazmente el misterio de la alianza de modo que suscite una respuesta auténtica? Es el temor de no estar a la altura del misterio de la alianza, que es Dios mismo, que es Dios que se comunica. Y, después, Josué vive un momento de temor por aquellos a quienes ha convocado, aun cuando los conoce a todos porque los ha convocado por su nombre. Vosotros estáis aquí convocados por vuestro nombre15; a muchos de vosotros ya os conozco, y conozco las parroquias de las que venís. Habéis sido elegidos por vuestras realidades de base y, al mismo tiempo, sois convocados por el obispo. Pero Josué intuye en la gente diversas actitudes. Indico tres. La actitud del «sólo porque hay que hacerlo». Hagamos lo que Josué pide; no nos cuesta demasiado, los párrocos estarán contentos y nuestros compañeros nos aprobarán. Es probable que este «sólo porque hay que hacerlo» no se dé en ninguno de vosotros, pero si se diera, crearía en Josué perplejidad y dificultad. Otra actitud, tal vez más difundida y mejor que la anterior, es la de quien dice: «No soy digno y no sé por qué han pensado precisamente en mí; yo no tengo la madurez de fe necesaria, a veces tengo dificultades con la fe, con la moral, con la Iglesia».

Una tercera actitud, más elevada y que, no obstante, constituye una dificultad, es la actitud de quienes son concienzudos, desean verdaderamente realizar un gesto auténtico para el cual se han preparado durante varios meses a través de diferentes etapas, pero no captan bien un aspecto del gesto de renovación de la alianza con Jesús, Señor de esta tierra, cultura y civilización: el aspecto de la dimensión misionera. Se comprende el sentido que tiene renovar la alianza con Cristo, que me ha elegido en primer lugar, me ha amado, me ha entregado su mismo ser, me ha dado una tierra, una casa, una civilización, para que yo la cultive. Pero ¿qué quiere decir que tal alianza es misionera, expansiva, irradiante, extensible a todos los confines de la tierra, a todos los jóvenes y las jóvenes de nuestra tierra?

3. Alianza misionera El adjetivo misionero es, en este punto de nuestro camino, la característica más difícil y también más relevante de la Asamblea. En efecto, si estuviéramos aquí sólo para nosotros, todo sería bastante fácil y previsible. En realidad, no estamos aquí sólo para nosotros. Vosotros representáis a los jóvenes y las jóvenes que os han mandado, y sois conscientes de ello. Pero estáis aquí también para aquellos que no os han mandado, que no saben nada de nuestra Asamblea; estáis aquí para los jóvenes a los que no les importa nada esta reunión y a los cuales, quizá, incluso les molesta. Éste es el punto culminante del camino hacia Siquén. Nosotros no queremos hacer simplemente una renovación privada de la alianza con el Señor Jesús, sino una renovación en nombre de todos, porque la alianza es relación recíproca de Dios con cada ser humano, abierta a todos los hombres y a todas las mujeres. La sangre de Jesús, de la nueva y eterna alianza, que tendremos sobre el altar, no se puede privatizar.
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15. El cardenal se refiere a los delegados de la Asamblea de Siquén. ° 70 °

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¿Qué implica una verdad tan sobrecogedora? Pidamos al Espíritu Santo la gracia de comprenderlo para poder superar frenos e incertidumbres; en efecto, algunos se avergüenzan de hablar de Jesús a quienes no creen; algunos piensan que ya no está de moda el proselitismo o que no son capaces de hacerlo. ¿Qué debemos hacer?

4. Escuchar la Palabra He indicado primero algunas actitudes que constituyen dificultades: el formalismo del «sólo porque hay que hacerlo», la incomodidad del «no soy digno», la falta del sentido de «dimensión misionera». El Señor no nos pide antes que nada que resolvamos tales dificultades, sino que escuchemos: «Escuchad hoy la Palabra», prestad oído. Esta es una Palabra profética: hoy, la alianza se revela como alianza de luz y de verdad, para expulsar todo temor, toda incertidumbre y toda duda. «Escuchad hoy su voz». El pueblo del Señor puede realizar la voluntad de Dios, es decir, renovar la alianza misionera, eligiendo al Señor Jesús como Señor nuestro y proclamándolo frente a todos, eligiéndolo no sólo como mi Señor, sino como el Señor de todos. «Viva es la palabra de Dios y eficaz, y más cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta la división entre alma y espíritu, articulaciones y médulas; y discierne sentimientos y pensamientos del corazón» (Hb 4,12). «Oh Señor, haz que sintamos desde este momento la eficacia y la vida de tu Palabra; te pedimos que cortes los nudos de nuestras incertidumbres, de nuestras sutilezas, de nuestros "si..." y "tal vez...", porque nada en nuestro espíritu se sustrae a tu Palabra. Tú conoces y juzgas nuestros temores, incertidumbres y miedos, y sabes que nos resistimos a ser misioneros».
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«No hay criatura invisible para ella: todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel a quien hemos de dar cuenta» (Hb 4,12). Esta palabra del Señor no nos reprende, no nos regaña, no nos culpabiliza, sino que nos salva, nos asegura que él está con nosotros y que su alianza consiste en proponernos que le aceptemos como compañero de camino, como amigo inseparable. ¿Aceptas -nos pregunta- que tú y yo somos una sola cosa? ¿Aceptas que ya no haya ninguna diferencia entre tú y yo y que mis cosas sean tuyas? ¿Aceptas que la única diferencia entre tú y yo sea sólo la diferencia de naturaleza entre el hombre y Dios? ¿Aceptas dejarte llevar de la mano también en esta jornada de mi Palabra? «Concédenos, Señor, estar en esta disponibilidad. Y tomar con paz, sin demasiados problemas, la Palabra de Dios que estamos escuchando ya, que escucharemos a través de la voz de nuestros hermanos y de nuestras hermanas en los grupos, porque todos son parte del misterio de Dios que se revela; la Palabra que escucharemos en la eucaristía y [...] en el momento de los testimonios y de los informes conclusivos. Oh Señor, haz que esta Palabra tuya nos dé alegría, nos fortalezca, nos purifique, nos salve. Y tú, María, Madre de la Palabra y del silencio, danos el silencio que suscita en el corazón la alegría de la escucha y de sentirnos verdaderos, vivos, auténticos, de sentir que todo lo que es difícil se vuelve fácil, lo que está enredado se desenreda, lo que está oscuro deviene luminoso en virtud de la Palabra. Así sea».

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4 . - ELEGIMOS SERVIR AL SEÑOR Y PROCLAMARLO

4 Elegimos servir al Señor y proclamarlo

«.Ll/LEGIMOs servir al Señor y lo proclamamos»16: [...] son las palabras del pueblo de Israel reunido en Siquén, al que Josué pone frente a su historia y sus responsabilidades. Responsabilidades de un pueblo liberado de los enemigos, de los opresores, de un pueblo cuyos pecados son perdonados, que es colmado de bienes, introducido en la tierra, en la casa, en la ciudad, en una civilización rica y próspera. En este punto de su historia, el pueblo de Israel es interpelado: ¿a quién quieres servir? ¿Quieres servir a los ídolos, que son los frutos materiales de esta tierra -el bienestar, el poder, la explotación- o quieres servir al Señor que te llama a amarlo y te llama a hacer de esta tierra una morada fraterna? ¿A quién quieres servir? Y por tres veces el pueblo responde a la pregunta diciendo: «Nosotros elegimos servir al Señor».

1. La elección de servir al Señor Con todo, a nosotros nos interesa saber qué significan estas palabras hoy, para nosotros. «Elegimos». Esta elección es hoy inevitable. Mientras estaba en el desierto, Israel tenía pocas opciones: morir en sole16. Se trata del lema elegido para la Asamblea de Siquén, que el cardenal explica en el Palalido, en la homilía de la misa de la vigilia de la Ascensión, en Milán, el 6 de mayo de 1989. o 74 o

dad o seguir a Moisés aceptando su ley. En realidad, no había un camino intermedio y abandonar las costumbres del pueblo equivalía a ser asesinados por otras tribus nómadas. Esto podemos llamarlo, desde el punto de vista histórico y sociológico, el estadio de la sociedad sacral, donde el conjunto de las costumbres empujaban -como sucedía antaño entre nosotros- a ir todos a misa, a hacer la señal de la cruz en público, a comulgar en Pascua. Más aún, era casi más difícil hacer la elección contraria. Era, por tanto, el estadio de la uniformidad, el estadio de un cristianismo sólidamente fundado sobre costumbres sociales, culturales y civiles. Pero cuando Israel pasa del desierto a la cultura pluralista de Canaán, cultura llena de ídolos, de ofertas culturales atrayentes y múltiples, se hace necesario elegir; ya no bastan las buenas costumbres, hacen falta convicciones. También nosotros, hoy, siguiendo la historia de este pueblo, nos encontramos frente a elecciones necesarias. Quien no elige ser cristiano ha elegido ya no serlo, es decir, ser arrastrado por una confusión pluralista que le turba y le aparta de elecciones valientes. Así pues, elegimos, porque quien no elige ha elegido ya a los ídolos. Y elegimos servir al Señor. El verbo hebreo que traducimos por «servir» tiene un significado muy amplio: referido a la divinidad, quiere decir «dar culto, adorar». Por ejemplo, se aplica también a divinidades idolátricas: «Se avergüenzan los que adoran ídolos» (Sal 97,7). «Servir» indica ante todo una entrega religiosa total, que se expresa principalmente en el culto. Nosotros, en este momento, estamos sirviendo al Señor: simbólicamente, hemos elegido, en la vigilia de la Ascensión, servirle celebrando la eucaristía, ofreciendo a Dios el sacrificio de alabanza por/con/en Cristo. Pero el servicio no se explica sólo en una entrega religiosa total, sino que significa también tomar a Jesús como referencia autorizada, decisiva, para nuestras elecciones de valores. Servir al Señor quiere decir elegir su sistema de valores:
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4 . - ELEGIMOS SERVIR AL SEÑOR Y PROCLAMARLO

Nos preguntamos: ¿qué significa todo esto en concreto? Significa al menos dos cosas, que podemos explicar con dos términos neotestamentarios: seguir a Jesús, el seguimiento («ven y sigúeme»), y hacerse cargo (la parábola del buen samaritano: «ve y haz tú lo mismo»). Veamos rápidamente los dos significados. Seguir a Jesús quiere decir entrar en el sistema de juicios y de valores de las bienaventuranzas. Me remito directamente a la meditación de don Bruno Maggioni17, cuando ha hablado de las bienaventuranzas poniendo en el centro la de los puros de corazón, la pureza de corazón como la totalidad de la búsqueda de Dios; el puro de corazón es el hombre que busca a Dios con todo su ser, con corazón indiviso, totalmente orientado en una única dirección. Tal búsqueda debe tener lugar dentro del circuito de la solidaridad con los hombres, como sugieren las otras bienaventuranzas: la misericordia, la pasión por la justicia, el compromiso por la paz. Y se caracteriza por un estilo determinado: rechaza la violencia, sabe pagar el precio de la persecución. El hombre de las bienaventuranzas no recurre a ninguna forma de violencia para hacer prevalecer sus proyectos, ni siquiera para hacer prevalecer el Reino de Dios; por el contrario, confía en el poder de Dios. Pero dado que defiende a los excluidos, a menudo es asociado con ellos en su exclusión, es marginado, como le sucedió a Jesús. Todo esto es la pobreza de espíritu, de la que habla la primera bienaventuranza, que constituye el título de todas las demás. El añadido, contenido en la expresión «pobres de espíritu», expresa el vivo sentido del don. El pobre de espíritu es consciente de que todo lo que es y todo lo que posee es don de Dios, y lo convierte en un don para los demás.

Seguir a Jesús quiere decir entonces asumir a Jesús, Siervo de Yahvé, misericordioso, pacífico, pobre, perseguido, glorificado en la cruz, como figura de valor, referencia ideal de todas mis elecciones. Elegir servir al Señor quiere decir reconocerlo como Señor, como criterio determinante de las elecciones humanas auténticas; adorarlo como el Señor Dios tuyo y servirle sólo a él. Quiere decir seguirle en sus elecciones de Siervo de Yahvé, libre de los condicionamientos perversos, quiere decir hacerse cargo incondicional y gratuitamente de todos los hermanos y las hermanas que están en torno a nosotros, hacerse prójimo: ve y haz tú también lo mismo, porque cualquier cosa que hayáis hecho al más pequeño de estos hermanos míos, me la habéis hecho a mí.

2. Proclamar al Señor ¿Qué significa la palabra que hemos añadido al lema «queremos servir al Señor y proclamarlo»? ¿Qué significa esta misión que es una nueva evangelización? Trato de explicar brevemente ante todo lo que no es la nueva misión. No es un proselitismo confesional, en el sentido limitado de la palabra: mi confesión religiosa, mi grupo, mi parroquia es mejor que la tuya. Precisamente contra el proselitismo sectario tronó Jesús diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros!» (Mt 23,15), es decir, lo encajáis en un sistema angosto y sectario, que se parece más a una casta que a un grupo religioso auténtico. Nueva misión no es, por tanto, proselitismo confesional. Tampoco es marketing religioso, empeñarse en vender el producto, para situarlo a toda costa en el mercado de las ideas o de las prácticas religiosas o en el gran mercado de la opinión pública o de los medios de comunicación. El espíritu del maro 77 °

17. Durante la Asamblea de Siquén, don Bruno Maggioni dirigió a los delegados del Palalido la meditación misionera «La nuova evangelizzazione e i giovani» (La nueva evangelización y los jóvenes). o 7(5 o

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keting no es el de Jesús que, al ver a muchos discípulos que se van, dice a los Doce: «¿También vosotros queréis iros?». A Jesús no le importa colocar la mercancía a toda costa, tener muchos clientes. Jesús quiere gente auténtica, dispuesta a apostar por palabras verdaderas, como Pedro, que le responde: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6,68). Nueva misión no es tampoco un elitismo espiritual: ven a formar parte de un pequeño cenáculo de iluminados, de progresistas, de tradicionalistas o de iniciados. Porque [...] todos somos un poco incoherentes, todos somos frágiles, todos somos pecadores. «Si decimos: "No tenemos pecado", nos engañamos y la verdad no está en nosotros» (1 Jn 1,8). Porque, como dice san Pablo, «Dios más bien ha escogido lo que en el mundo es débil, lo que en el mundo es innoble y despreciable, lo que no es» (1 Co 1,27-28), y porque -estas palabras son de Jesús- «Tú, Padre, Señor del cielo y de la tierra, has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños» (Mt 11,25). Si la nueva evangelización no consiste en lo que hemos tratado de explicar, entonces ¿qué es? Es sencillamente lo que hemos dicho al comienzo [...]: reconocer a Jesús como Señor; seguirle en su modo de valorar la realidad, y aceptar las consecuencias; hacerse cargo de los hermanos con amor, también de lo que están solos, alejados, extraviados. Ésta es la misión, con un añadido que indico con una palabra neotestamentaria: parresia, la libertad de palabra y de expresión, la libertad interior para expresar lo que llevamos dentro, cuando y como conviene, la libertad de expresarme y de decir aquello que me mueve y me conmueve, por lo que soy acogido, lo que para mí es hermoso, verdadero y grande. Es la libertad y claridad de la que nos habla Jesús en el Evangelio que ha sido proclamado en la liturgia de esta vigilia de la Ascensión: «Ahora os hablo abiertamente del Padre», y a propósito de la cual dicen los discípulos: «Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola» (Jn 16,25-29). o 78 o

Proclamación es la expansión libre en los gestos, en la vida, en la expresión, en el lenguaje, de la elección de servir al Señor en serio. Y es una proclamación por sobreabundancia, por contagio, por connaturalizad, por expansión espontánea de la gracia derramada por el Espíritu Santo en nosotros [...]. Este servir al Señor y proclamarlo es lo que deriva de la contemplación del espectáculo de la cruz, este espectáculo público que escandaliza, cautiva y sorprende, y que, trasladado, reescrito, rediseñado en la vida del creyente mediante las bienaventuranzas, la caridad y la valentía para hablar, se convierte en proclamación. Pienso, en este momento, en nuestras numerosas comunidades: algunas son abiertas, fervorosas, ágiles, mientras que otras están fatigadas, casi no tienen aliento, están casi apagadas. Y sé que aquellos de vosotros que representáis a estas últimas os preguntaréis qué podéis hacer para ayudarles. Somos llamados a hacernos cargo, con amor, de todas las comunidades. «Nosotros queremos, oh Señor, elegirte y proclamarte por todas las comunidades de la diócesis. Queremos proclamarte en esta misa, que es la renovación de la alianza, con la que has vinculado a ti a todas estas comunidades con amor indisoluble y eterno. Tú has muerto, oh Señor, por todos, por todos los jóvenes de las comunidades, también por los que no saben nada de nuestra Asamblea, o incluso están molestos por el hecho de que nosotros estamos aquí. Tú, oh Señor, has muerto para ofrecerles una alianza eterna de comunión y de vida. Y nosotros en este momento nos hacemos cargo de ellos, queremos servirte también por ellos, queremos servirte por las comunidades cansadas, difíciles, claudicantes, por las comunidades que están divididas y enfrentadas. Nosotros queremos servirte porque tú, oh Señor, no has desdeñado a ninguna de estas comunidades, del mismo modo que no nos has desdeñado a ninguno de nosotros, y nos acoges siempre y de nuevo con amor; pero al acogernos a nosotros, acoges a cada una de las personas a las que representamos».
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El momento que estamos viviendo es extraordinariamente importante. Tal vez sea la primera vez que todas nuestras comunidades juveniles y parroquiales son representadas y ofrecidas de este modo en una eucaristía, para vivir el misterio de la alianza. «Y tú, oh María, arca de la alianza, ayúdanos en esta eucaristía a renovar nuestra alianza no sólo para nosotros, que tal vez en este momento no nos sentimos del todo preparados, sino a renovarla y a proclamarla en nombre de todos nuestros hermanos y hermanas que componen esta inmensa diócesis». Si a veces me siento preso del pánico pensando en la inmensidad de la diócesis y en cómo alcanzar a tantos hermanos y hermanas lejanísimos, con quienes tal vez nunca conseguiré encontrarme, tengo la certeza de que el Señor me concede poder sentir que están presentes, representados en la presencia física y espiritual de los delegados, y poder ofrecer por todos este sacrificio de alianza y de reconciliación. «Queremos comprometernos para que esta proclamación de la alianza en tu sangre, Jesús, Señor, Hijo de Dios, Salvador nuestro, descienda como salvación para todos estos amigos y amigas nuestros que tenemos en el corazón. Haz, Señor Jesús, que ninguno de ellos se sienta excluido de nuestra renovación de la alianza. Haz que la reconozcan como su salvación y su verdad. Tú, oh Señor, que harás de nosotros una sola cosa en esta eucaristía, haz que esta unidad sea la de todos aquellos que el Padre te ha dado y que ninguno de ellos se pierda. Por todos, en este momento, te oramos insistentemente y te suplicamos».

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Iluminad la ciudad

Xl/S posible que no todos sepan que Siquén nació de un sueño18. En 1986, mientras se celebraba en Assago el gran congreso «Hacerse prójimo»19 en una atmósfera de entusiasmo, de familiaridad y de alegría, alguien se acercó a mí -tal vez el primero fuera el anciano y sabio obispo monseñor Bernardo Citterio- diciendo: «¡Qué hermoso sería un Assagogiovanü». Damos gracias a Dios porque el sueño se ha hecho realidad.

1. Una síntesis provisional Lo que voy a deciros no será exhaustivo20. Mientras escuchaba las diversas intervenciones y los testimonios, he sentido que surgían dentro de mí dos preguntas:

18. Conclusión del cardenal arzobispo en la Asamblea de los delegados de Siquén, Milán, Palalido, 7 de mayo de 1989. 19. Se trata del Congreso eclesial dedicado al tema de la caridad. 20. Dice Martini, en la conclusión de la Asamblea de Siquén, el 7 de mayo de 1989: «Ahora tengo la difícil tarea de proponer una síntesis breve y provisional del trabajo de estos dos días. Provisional, he dicho, porque naturalmente tendremos que continuar la reflexión. Por otro lado, la Asamblea sigue abierta: mira a Pentecostés, donde podremos retomar el diálogo en un nivel más amplio; mira a Santiago, donde los mil afortunados que vendrán conmigo al encuentro con el papa tendrán de nuevo la oportunidad de reflexionar; mira al 8 de septiembre, día del comienzo del año pastoral, y probablemente pensaremos para esa fecha en algún signo de continuidad con lo que hemos vivido ayer y hoy». o 81 o

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a) ¿Qué es, por tanto, la alianza misionera para nosotros hoy? b) ¿Qué figura en carne y huesos resulta respecto a los valores de la elección de la fe, de la proclamación de la fe? Esta segunda pregunta estimula a dar carne y huesos a la figura de cristiano que elige servir al Señor y proclamarlo, según lo que se ha esbozado. De estas dos preguntas que sirven de criterios para la escucha, enmarcadas en el contexto de todo el camino recorrido desde el principio del sueño de Siquén hasta hoy, parte mi intervención, que expreso en cuatro puntos, a modo de índice de las materias. Primero: hay algunos principios que hemos de mantener. Segundo: basándonos en ellos, nos preguntamos qué ha significado Siquén en estos meses. Tercero: ¿qué ha significado esta Asamblea como acontecimiento? Cuarto: ¿qué viene después de Siquén?

1989 tendrá como punto central a Jesucristo en cuanto es nuestro camino, verdad y vida. Por consiguiente, deberá ser para todos la Jornada de un nuevo, más maduro y más profundo descubrimiento de Cristo en vuestras vidas. Descubrir a Cristo, nuevamente, y cada vez mejor, es la aventura más maravillosa. El redescubrimiento de Cristo, cuando es auténtico, tiene como consecuencia directa el deseo de llevarlo a los demás, a saber, el compromiso apostólico». Es un principio que vale también como punto sin retorno para definirnos. Sería igualmente posible referirse a otras dos páginas del papa. Una, de la encíclica Redemptor Hominis, habla del estupor frente al misterio de la encarnación de Jesús, en la que tiene su origen la buena noticia. Este estupor (frente al espectáculo de Cristo nacido y crucificado, podríamos decir) «justifica la misión de la Iglesia en el mundo, y quizá aún más, "en el mundo contemporáneo"» {RH10). Y el papa continúa con estas palabras: «La Iglesia, que no cesa de contemplar el conjunto del misterio de Cristo, sabe con toda la certeza de la fe que la redención llevada a cabo por medio de la cruz, ha vuelto a dar definitivamente al hombre la dignidad y el sentido de su existencia en el mundo [...]. El cometido fundamental de la Iglesia en todas las épocas, y particularmente en la nuestra, es dirigir la mirada del hombre, orientar la conciencia y la experiencia de toda la humanidad hacia el misterio de Cristo» (RH 10). La segunda página de Juan Pablo II se encuentra en la exhortación apostólica post-sinodal Christiftdeles Laici: «Ciertamente urge en todas partes rehacer el entramado cristiano de la sociedad humana. Pero la condición es que se rehaga la cristiana trabazón de las mismas comunidades eclesiales que viven en estos países o naciones» (n. 34). Podríamos transcribir las afirmaciones del papa y ponerlas como una serie de principios que nos remiten al fondo de nuestra experiencia.

2. Algunos principios que hemos de retener De todo lo que hemos vivido en estos meses, me parece que podemos entresacar algunas frases a modo de eslóganes, pero que deberíamos llenar de contenido, y principalmente la siguiente: «Elegimos servir al Señor y lo proclamamos ante todo entre los jóvenes, para los jóvenes». O bien: «Nos hacemos cargo de verdad de nuestra tierra, cultura y civilización, y de toda la gente que está a nuestro alrededor». Es la conciencia de un cristianismo evangelizador, que hemos de hacer crecer como un punto sin retorno para todo el camino futuro. También en el nivel de los principios, hemos de retener algunas palabras de Juan Pablo II en su mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud de 1989: «La Jornada mundial de
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3. ¿Qué ha significado Siquén como proceso?

Siquén ha significado sobre todo cuatro realidades. 1. Para el conjunto de la diócesis, un nuevo cambio de creatividad tímida, pero confiada; ha significado empezar a liberar potencialidades, dar los primeros pasos, ejercitarse en una experiencia apostólica amplia. Se podría establecer una comparación con lo que está sucediendo en las parroquias, en los centros parroquiales, mediante la petición, hecha con el programa pastoral «Itinerarios educativos», de redactar un proyecto educativo; las comunidades se están moviendo, también las que se sentían mayormente tranquilas, asentadas, replegadas sobre sí mismas. Igualmente, Siquén está interesando al conjunto de las realidades de la pastoral juvenil; y vosotros, como delegados, habéis puesto las premisas de un acontecimiento que no tiene vuelta atrás. 2. Para las parroquias pequeñas, Siquén ha significado la toma de conciencia según la cual para un número considerable de ellas es indispensable garantizar la presencia de una pastoral juvenil más precisa, también a través de una acción que vaya más allá del estricto límite de cada parroquia. Siquén ofrece, por tanto, la indicación práctica, vivida y no sólo escrita, para garantizar, en todo el territorio de la diócesis, responsables de pastoral juvenil, que ya van emergiendo. Pienso, en particular, en los que han trabajado muy bien: los sacerdotes encargados en cada arciprestazgo, los jóvenes, los pequeños secretariados de cada arciprestazgo. 3. Para la pastoral juvenil en su conjunto, Siquén ha significado la verificación de la utilidad práctica que tiene reunir grupos de amistad, de colaboración entre sacerdotes y jóvenes, que aseguren en el nivel de los arciprestazgos un mínimo de
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iniciativas de secretariados y de programa, que ayuden y sacudan también a quienes tienen menos fuerzas y hagan que se sientan parte de un camino mayor que ellos. 4. Por último, está emergiendo algo también para la pastoral juvenil en los ámbitos de la escuela, del trabajo, de la cultura y del tiempo libre. Siquén puede significar también otro tipo de coordinación a favor de los jóvenes: no sólo la de ayuda mutua entre parroquias, sino también la de una estrategia bien coordinada de presencia y de acción entre todas las fuerzas apostólicas evangelizadoras presentes en la diócesis y que se vinculan a asociaciones, movimientos y grupos. La Iglesia local tiene que mirar al objetivo sustancial, es decir, que todos los jóvenes sean evangelizados; el objetivo no es, por tanto, el de un proselitismo religioso, sino el de una evangelización amplia y abierta, y para ello es preciso poner en movimiento y coordinar todas las buenas energías disponibles.

4. ¿Qué ha significado Siquén como Asamblea? Enumero brevemente cuatro puntos. 1. La capacidad de los jóvenes, provenientes de todas las realidades, de estar juntos, de rezar, cantar y proyectar. La experiencia ha sido muy hermosa. Ciertamente, yo había esperado que esta Asamblea fuera como el cenáculo: ¡esperar la efusión del Espíritu Santo orando y reflexionando en común! 2. El descubrimiento de que hay mucha generosidad en la base de la diócesis, y en la base juvenil. A veces he pensado, en estas horas vividas con vosotros: si todos los sacerdotes de la diócesis pudieran ver el espectáculo que estoy viendo yo, tal vez habría menos quejas sobre los jóvenes y, por el contrario, más confianza y más coraje. Por consiguiente, ¡apostar por los jóvenes!
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3. Ha surgido la voluntad seria de hacerse cargo de los hermanos. [...] La voluntad de hacerse cargo también de los hermanos que no están aquí, «tanto de los dos o tres que podré llevar a San Siró21, como de los quince que esta vez me dirán que no». La voluntad de no poder seguir adelante sin hacerse cargo de todos, quizá sólo en el corazón, en la oración, en el sufrimiento, en el llanto, en la imploración. 4. Por último, la elaboración de un abanico de sugerencias que se han de precisar en propuestas orgánicas, según algunas prioridades. Recuerdo algunos lemas, que he escrito mientras los escuchaba: «no nos detengamos aquí, vayamos más allá de Siquén»; «estemos más tiempo juntos»; «aprendamos a estar juntos en círculos más amplios»; «basta con mirarnos en el espejo, reflejémonos en la zarza ardiente que es el otro» (el Otro con mayúscula y el otro en el sentido del hermano). Y también: «la cotidianeidad como lugar de la misión»; «necesidad de formación y autoformación». [...]

nos o itinerarios, sobre todo en los itinerarios asociativos, en particular en los de Acción Católica, que pueden responder a las diversas exigencias; tendremos que reconsiderar las escuelas de los arciprestazgos desde el punto de vista de la petición de formación. 3. Algunas iniciativas de los arciprestazgos sostenidas por la diócesis. A mí me gustaría, por ejemplo, que una de estas iniciativas fuese la Escuela de la Palabra, no dirigida por mí, sino atendida por los arciprestazgos. En este momento, en cada uno de los arciprestazgos está presente un grupo de vosotros y pienso que, si se unieran dos arciprestazgos, sería posible continuar esta reflexión que es la contemplación del misterio. [...] 4. Hay también un compromiso emblemático para después de Siquén, al que aludo titubeando y con miedo, porque se refiere a una iniciativa que desearía tomar yo, sustituyendo a la Escuela de la Palabra. Pero debería limitarse a un grupo bastante limitado, de pocas personas, y lo llamaría «Grupo Samuel». La idea es la siguiente: entre los jóvenes que han seguido el camino de Siquén, hay ciertamente algunos que han tomado conciencia de sus responsabilidades de elegir a Jesús como Señor, de proclamarlo, y, no obstante, no han identificado todavía el ámbito de su servicio. Su capacidad de elección está, por consiguiente, abierta no sólo pasiva, sino positivamente: estoy buscando qué hacer para servir al Señor. A estos jóvenes (doce, quince, veinte, treinta, cuarenta) les propongo hacer un año de camino conmigo, una especie de búsqueda que desearía ser ejemplar para caminos de máxima apertura vocacional, podríamos decir; tal búsqueda podría desembocar en la decisión de un compromiso profesional serio por un motivo de dedicación social, o bien un año de voluntariado de evangelización (poner un año de mi vida a disposición de la diócesis para evangelizar o para educar). En suma, elecciones resueltas de servicio, que harían presente lo que quiere decir para algunos la elección de servir al Señor y de procla° 87 o

5. ¿Qué vendrá después de Siquén? Hay varios mandatos para después de Siquén. 1. Algunas citas que completar [...]. Para la próxima vigilia de Pentecostés, os invito de nuevo a vosotros y a todos los que han participado en la vigilia In Traditione Symboli a llevar a algún amigo a San Siró, pero que sean amigos que puedan comprender lo que vamos a hacer. 2. Algunos retos diocesanos que están ante nosotros. Tendremos que elaborar un instrumento diocesano orgánico de pastoral juvenil; tendremos que pensar atentamente en los cami-

21. Se hace referencia a la vigilia de Pentecostés en el estadio milanés de San Siró, prevista para el 13 de mayo de 1989. o 86 o

PRIMERA PARTE: NOSOTROS SERVIREMOS AL SEÑOR

marlo con decisiones que toquen un poco la existencia o, para otros, la elección del Señor con decisiones más definitivas. Un año, por tanto, no simplemente de buenas meditaciones, sino orientado a opciones que se expresarán públicamente, poniéndose de algún modo a disposición con valentía, quizá sólo por un tiempo determinado. 5. Por último, un mandato para vosotros, muy sencillo: os pido dar cuenta, narrar rápidamente [...] vuestra experiencia de delegados a las comunidades parroquiales a las que pertenecéis. Es el mandato que he dado también a los delegados de Assago. Naturalmente, informaremos debidamente a los párrocos. Antes de concluir con una oración, deseo ofreceros todavía una imagen. Observando este gran espacio del Palalido, he pensado que si se llenara de agua, formaría una gran piscina o un bellísimo lago; si pusiéramos después este lago sobre una montaña, sería un depósito con un poder inmenso. Y me imaginaba que este lago de agua pura, limpia y verdadera, que habéis sido vosotros, que ha sido la Asamblea... este lago de agua sencilla y poderosa -porque sois muchos- bajaba para iluminar la ciudad; la central eléctrica está, pero las conducciones no funcionan muy bien, el agua se resiste a bajar, le cuesta descender. Mi sueño es que las conducciones se abran y este inmenso potencial juvenil que sois vosotros, como representantes del potencial juvenil diocesano, baje para iluminar verdaderamente la ciudad. Tengo la certeza de que será posible, con la gracia de Dios.

6 Id también vosotros a mi viña

JL XEMOS querido celebrar esta Asamblea22 para que el fuego encendido en el corazón de los 2.500 delegados de Siquén se transmitiera a otros muchos jóvenes, mediante la gracia del Espíritu Santo. Es el Espíritu que obra y que está obrando mediante los mensajes y los testimonios. En efecto, hemos escuchado los mensajes procedentes de Jerusalén, de Santiago, de Taizé y, sobre todo, las bellísimas palabras del papa Juan Pablo II; nos hemos conmovido por los testimonios procedentes de Siquén y por el testimonio dramático y espléndido del obispo chino que pasó treinta años en la cárcel23, y también por el de los tres mártires asesinados hace sólo unas semanas. El papa lleva en el corazón nuestra Asamblea; precisamente ayer estuve mucho tiempo con él. Me habló de vosotros, de Siquén, de las esperanzas que tiene puestas en vosotros, y me dijo que os espera en Santiago. En vuestro nombre le di las gracias y le recordé que nuestro encuentro tendría lugar el 13 de mayo, día de la Virgen de Fátima y octavo aniversario del atentado que casi le cuesta la vida. Él siente que la Virgen le salvó y nosotros hoy, una vez más, damos gracias a Dios por ello. Desearía resumir la Asamblea que hemos celebrado con una sola palabra: «Id también vosotros a mi viña» (Mt 20,4).

22. Mensaje del cardenal arzobispo a los participantes en la vigilia de Pentecostés, Milán, San Siró, 13 de mayo de 1989. 23. Se trata del cardenal I. Kung, obispo de Shangai, que pasó treinta años en la cárcel por su firme negativa a plegarse al gobierno comunista. ° 88 o o 89 °

PRIMERA PARTE: NOSOTROS SERVIREMOS AL SEÑOR

6. - ID TAMBIÉN VOSOTROS A MI VIÑA

Como ha dicho el papa en la Christifideles Laici, «el llamamiento del Señor Jesús "Id también vosotros a mi viña" no cesa de resonar [...] en el curso de la historia: se dirige a cada hombre que viene a este mundo. En nuestro tiempo, en la renovada efusión del Espíritu de Pentecostés que tuvo lugar con el Concilio Vaticano II, la Iglesia ha madurado una conciencia más viva de su naturaleza misionera [...]. Id también vosotros. La llamada no se dirige sólo a los pastores, a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas, sino que se extiende a todos: también los fieles laicos son llamados personalmente por el Señor, de quien reciben una misión en favor de la Iglesia y del mundo» (n. 2). Y también: «En los umbrales del tercer milenio, toda la Iglesia, pastores y fieles, ha de sentir con más fuerza su responsabilidad de obedecer al mandato de Cristo: "Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación" (Me 16,15), renovando su empuje misionero. Una grande, comprometedora y magnífica empresa ha sido confiada a la Iglesia: la de una nueva evangelización, de la que el mundo actual tiene una gran necesidad. Los fieles laicos han de sentirse parte viva y responsable de esta empresa, llamados como están a anunciar y a vivir el Evangelio en el servicio a los valores y a las exigencias de las personas y de la sociedad» (n. 64). Sed mis testigos, dice el Señor, sed mis testigos en este tiempo difícil del final del segundo milenio, especialmente vosotros, jóvenes. El papa Juan Pablo II dice también que los jóvenes «deben ser incitados a ser sujetos activos, protagonistas de la evangelización y artífices de la renovación social [...]. La sensibilidad déla juventud percibe profundamente los valores de la justicia, de la no violencia y de la paz. Su corazón está abierto a la fraternidad, a la amistad y a la solidaridad. Se movilizan al máximo por las causas que afectan a la calidad de vida y a la conservación de la naturaleza» (n. 46). Si preguntamos al Señor: «¿Dónde seremos tus testigos?», él nos responde con las palabras que nos ha repetido en el camino de preparación para la Asamblea de Siquén: «Seréis mis o 90 o

testigos en esta tierra, en esta cultura, en esta civilización, en esta región que Dios nos ha dado como don de alianza, para que la cultivemos para nuestros hermanos en la justicia y en la paz». Mañana por la tarde viajaré a Basilea: con decenas de miles de cristianos de toda Europa viviremos una semana de oración y de diálogo sobre el tema de la paz en la justicia y en la salvaguardia de la creación, para Europa y para el mundo. Llevaré conmigo vuestro espléndido testimonio, queridísimos jóvenes. El papa, que cuenta especialmente con vosotros, cuenta también particularmente con el encuentro de Basilea, y por eso pido vuestra oración, vuestro compromiso por un camino de paz y de justicia. Partiré con la confianza en que vuestro testimonio irradiará el fuego del Espíritu Santo sobre todos los países europeos [...].

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SEGUNDA PARTE

Centinelas de la mañana

Iste grupo de textos recoge las intervenciones del cardenal dartini para el camino «Centinelas de la mañana», recorrido por los jóvenes de la diócesis de Milán entre noviembre de 2000 y mayo de 2001. El resultado de este itinerario fue la convocación del «Sínodo» de los jóvenes, que concluyó en la catedral de Milán el 2 defebrero de 2002.

1 Escrutad el horizonte de la esperanza

_L ARTIENDO de la experiencia de Roma24, tomo aquí la palabra en nombre del mismo Jesús, para relanzar el llamamiento que os dirigí el pasado mes de septiembre, durante la Redditio Symboli. Es el llamamiento contenido en la carta que se os ha entregado y que repito sintetizándolo en tres expresiones: «Centinelas de la mañana», taller de la fe, hacia un Sínodo de los jóvenes. «Centinelas de la mañana» indica el tema; «taller de la fe», el tipo de trabajo; «hacia un Sínodo de los jóvenes», el método. Sois llamados a ser ante todo «Centinelas de la mañana», según la expresión usada por el papa. Esto quiere decir que nuestra Iglesia espera de vosotros, al comienzo de este milenio, que nos ayudéis, como centinelas, a escrutar el horizonte de la esperanza, a ver el sol de la victoria de Cristo resucitado que está iluminando las oscuridades del mundo. Debéis, por tanto, abrir los ojos de la fe, como subraya la segunda expresión: «taller de la fe». El tipo de trabajo al que sois llamados es el de una reflexión sobre la fe y sobre las perspectivas que la fe nos abre para el tercer milenio.
24. Es el llamamiento del cardenal arzobispo al comienzo del camino «Centinelas de la mañana», catedral de Milán, 20 de noviembre de 2000. En la Jornada Mundial de la Juventud de Roma, con ocasión del Jubileo del 2000 (Tor Vergata, mes de agosto), Juan Pablo II había dirigido a los jóvenes de todo el mundo la invitación a ser «los centinelas de la mañana en este amanecer del tercer milenio». De esta invitación surgió el camino de la diócesis de Milán hacia la celebración del Sínodo de los jóvenes, llamado justamente «Centinelas de la mañana». El itinerario comenzó en noviembre de 2000 y concluyó en mayo de 2001. o 95 o

SEGUNDA PARTE: CENTINELAS DE LA MAÑANA

La tercera expresión, «Sínodo de los jóvenes», indica un punto de llegada y un método. «Sínodo» no significa nuevos reglamentos, nuevas normas, nuevas leyes; significa el método de «caminar juntos». Quiere decir sobre todo subjetividad de los jóvenes. Hay que reconocer vuestra responsabilidad y vuestra competencia, como centinelas de la mañana, en el taller de la fe, vuestra competencia para indicarnos las prioridades, los valores y los itinerarios que el Espíritu Santo os hace entrever para el nuevo milenio. Recuerdo lo que dije en septiembre cuando cité al profeta Joel, retomado por san Pedro en los Hechos de los Apóstoles: «Vuestros jóvenes tendrán visiones, vuestros ancianos soñarán sueños». Se trata de comparar las visiones con los sueños y de unirlos en una acción incisiva para el milenio que comienza. Nuestra Iglesia necesita que algunos de vosotros, que muchos de vosotros, estéis dispuestos a escuchar e implicar a otros muchos. Concretamente, os pido que estéis dispuestos a ser representantes y animadores de cada una de las realidades juveniles (parroquias, asociaciones, grupos, movimientos, personas comprometidas en el mundo universitario, del trabajo y del voluntariado), a ser intérpretes, como delegados de la Iglesia, de aquello que se mueve en el corazón de muchos jóvenes hoy, en el corazón de muchos que a veces parecen superficiales y no comprometidos, pero que llevan en él preguntas, esperanzas y problemas que piden ser interpretados. Ayudadnos a escucharlos y a comprenderlos, a suscitar aquellos valores profundos que el Espíritu pone dentro de vosotros y también en otros muchos jóvenes, si sabemos comprender el sentido último de sus preguntas. Y pido también a todas las realidades juveniles, parroquiales y no parroquiales, que no tengan miedo de «poner aparte», como la comunidad de Antioquía (cf. Hch 13), a algunos jóvenes para la obra a la que el Espíritu Santo los llama en este camino de los «Centinelas de la mañana». Estoy seguro de que este camino nos ayudará a nosotros y a vosotros; os doy las gracias por haberlo empezado [...] y por haceros cargo de él para el futuro.
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Confío en vosotros, jóvenes

V./UERIDÍSIMOS jóvenes25, Me dirijo a vosotros, que estáis en camino, en busca del sentido de la vida; que no os habéis rendido ante los mitos de este mundo, que lleváis en el corazón el amor al Evangelio, que os sentís hijos de esta Iglesia. A vosotros, jóvenes, que sois generosos en el servicio a los hermanos, que no tenéis miedo de vivir gestos de acogida y de solidaridad, que deseáis ser artífices de paz, que no sabéis resistir a la fascinación de la radicalidad evangélica de los testigos. A vosotros, jóvenes de la Jornada Mundial de la Juventud, que habéis peregrinado a Roma para vuestro Jubileo y habéis ofrecido al mundo el espectáculo de gente que tiene esperanza, que sonríe, que afronta los sacrificios con serenidad, que sabe guardar silencio, escuchar, pedir perdón, vivir en común con respeto y amor. A vosotros, jóvenes, que estáis afrontando las elecciones importantes de la vida, que miráis a vuestro futuro con disponibilidad a la llamada del Señor y con responsabilidad hacia las necesidades de la sociedad. Me dirijo a todos vosotros para deciros con la mirada de toda la Iglesia que «veo en vosotros a los centinelas de la mañana en este amanecer del tercer milenio».

25. Carta a los jóvenes para el comienzo del camino «Centinelas de la mañana», 20 de noviembre de 2000. o 97 o

SEGUNDA PARTE: CENTINELAS DE LA MAÑANA

2 . - CONFÍO EN VOSOTROS, JÓVENES

Veo en vosotros a los jóvenes que en estos años, a través de la ayuda de las comunidades parroquiales, de las asociaciones, de los movimientos, de los grupos de voluntariado, del mundo universitario y del trabajo, han entrado en el «taller de la fe». Jóvenes que, por la gracia del Señor, han percibido la luz de aquella mañana de Pascua, que sabe transformar los grandes sueños de la juventud en esperanza y proyecto de vida. Jóvenes que están compartiendo con muchos coetáneos las pruebas de un camino aún en la noche y que también para ellos están en busca de los signos de la presencia del Resucitado. Confío en vosotros, centinelas de aquella mañana especial, en la que Jesús, el Crucificado, resucitó. Confío -como he escrito ya en mi carta pastoral «La Virgen del sábado santo»- en vuestra capacidad creativa y ejemplar, don que viene de la gracia del Señor y que os pido que entreguéis para ayudar a nuestra Iglesia diocesana a entrar en el nuevo milenio con la vigilancia y la amplitud de miras de los centinelas de la mañana. Por eso, os dirijo a cada uno de vosotros la llamada a vivir juntos el camino diocesano de los jóvenes «Centinelas de la mañana». Este itinerario, que se articulará en diversas etapas, os pedirá que seáis protagonistas en su proyecto y realización, y desembocará en un Sínodo de los jóvenes. Como ya he dicho a los jóvenes de 19 años de la Redditio Symboli, desearía que se os diera la palabra a vosotros, jóvenes, para que nos indiquéis los valores de nuestro tiempo, las prioridades hacia las cuales debemos dirigirnos, los miedos que hemos de exorcizar y las esperanzas que debemos tener. Como «Centinelas de la mañana», vivid también vosotros, jóvenes, la extraordinaria y laboriosa experiencia de Iglesia, llamada a discernir hoy los signos del Espíritu, presentes en el cambio de los tiempos, para ser la Iglesia que anuncia con alegría el Evangelio y que invita a todos -hombres y mujeres, jóvenes y adultos, creyentes y no creyentes- a mirar hacia el futuro con confianza y esperanza. ° 98 °

En la respuesta a esta llamada, os invito a vosotros, jóvenes, a sostener este camino con una oración constante y generosa, individual y comunitaria, atenta y sensible a las necesidades presentes en el mundo, acompañada por un estilo de vida sobrio y esencial. Como la comunidad de Antioquía, descrita en los Hechos de los Apóstoles (cf Hch 13,1-3), sabed vivir con «la oración y el ayuno» el primado de Dios en vuestra existencia, para ser verdaderos «Centinelas de la mañana». Junto con la oración, pido también la disponibilidad de algunos jóvenes para ser representantes y animadores de cada una de las realidades juveniles presentes en nuestra diócesis. Que ninguno de vosotros, jóvenes, tenga miedo de reservar para este camino especial sus mejores energías. Inspiraos en el icono bíblico de las comunidades de Antioquía, de modo que ninguna realidad juvenil tenga miedo de «poner aparte» a algunos jóvenes para la obra del Espíritu, que es siempre magnífica, es mayor que nuestros proyectos, y da a todos frutos de consuelo y de alegría. Con el deseo de implicar al mayor número posible de entre vosotros, jóvenes, y de otros muchos, invoco sobre vosotros y sobre este camino la bendición del Señor, a través de la intercesión de María, verdadera centinela de la mañana.

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3 . - ¿QUÉ PIDEN HOY LOS JÓVENES?

3 ¿Qué piden hoy los jóvenes?

1 >l OS hemos reunido, cercana ya la Navidad, en un momento cargado de emociones y desearía situar nuestra reflexión de esta tarde en el marco de algunas palabras decisivas pronunciadas por el papa en la plaza de san Pedro el pasado mes de agosto, durante la ceremonia de acogida de la XV Jornada Mundial de la Juventud, en la que participasteis muchos de vosotros26. Decía Juan Pablo II: «Queridos jóvenes, no permitáis que el tiempo que el Señor os concede transcurra como si todo fuese casualidad [...]. Creed intensamente en Él. Él guía la historia de cada persona y la de la humanidad. Ciertamente Cristo respeta nuestra libertad, pero en todas las circunstancias gozosas o amargas de la vida, no cesa de pedirnos que creamos en El, en su Palabra, en la realidad de la Iglesia, en la vida eterna. Así pues, no penséis nunca que sois desconocidos a sus ojos, como simples números de una masa anónima. Cada uno de vosotros es precioso para Cristo, El os conoce personalmente y os ama tiernamente, incluso cuando uno no se da cuenta de ello».

Os hablo, por tanto, a vosotros como conocidos del Señor, que os llama a cada uno por vuestro nombre, que sois amados por él, y conocidos y amados por vuestro obispo. Os hablo a vosotros como colaboradores míos que aceptáis vivir una misión especial en el año próximo. Os hablo a vosotros que habéis sido «puestos aparte», reservados por vuestras comunidades para la obra a la que el Espíritu os ha llamado, según el texto de Hechos 13,1-3 que hemos escuchado. Os hablo a vosotros dejándome inspirar por los bellísimos fragmentos de los profetas que se han leído, cuatro del profeta Isaías, uno de Ezequiel y uno del profeta Habacuc. Todos estos textos tienen en común la palabra «centinela» y, por tanto, expresan algo de vuestra misión de ser -como os ha pedido el papa el pasado 20 de agosto- «centinelas de la mañana» en este amanecer del tercer milenio. Deseo leer con vosotros, en los textos proféticos, seis verbos, seis acciones características que califican el camino que tenéis delante, a saber: observar, escuchar, consolar, interceder, amonestar, discernir.

1. Observar(Is 21,6.8) El primer pasaje presenta un centinela puesto por el Señor para anunciar lo que ve. Está en el puesto de observación día y noche, en pie, esperando captar los signos de lo que el Señor ha previsto. Aquí es importante el verbo «observar», observar en pie, con constancia, día y noche, escrutando el día y la noche. A vosotros os pido, ante todo, que observéis los signos de los tiempos en el mundo juvenil, un mundo confuso, inquieto, un poco amorfo, a menudo indiferente, pero a la vez rico en valores, entusiasta, lleno de esperanzas, de ilusiones. Observad preguntándoos: en el fondo ¿qué buscan estos jóvenes? ¿Qué quieren? ¿Qué se oculta bajo la superficie?
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26. Homilía para el envío de los delegados de «Centinelas de la mañana», catedral de Milán, 20 de diciembre de 2000. ° 100 °

SEGUNDA PARTE: CENTINELAS DE LA MAÑANA

3 . - ¿QUÉ PIDEN HOY LOS JÓVENES?

2. Escuchar(Is 21,11-12) El segundo texto está tomado también del capítulo 21 de Isaías y es uno de los oráculos más enigmáticos del Antiguo Testamento. Al parecer, imitar un canto que los centinelas cantan en la noche para no quedarse dormidos: «Centinela, ¿cuánto queda de la noche?». Parece como si dijera: pero ¿qué hora es? O bien: ¡esta noche no acaba nunca! Sigue una invitación a buscar: si queréis preguntar, ¡preguntad, convertios, venid! Por consiguiente, en la noche del escenario de la historia, el centinela trata de penetrar en la oscuridad y, dado que no se ve nada, invita a preguntar de nuevo, porque siempre está dispuesto a escuchar. A vosotros os pido una segunda acción: que escuchéis las preguntas profundas vuestras y de otros, las preguntas que brotan del corazón, las preguntas de vuestros amigos, tanto las preguntas de la mañana (las más claras, límpidas, fáciles de entender), como las preguntas de la noche (en el texto se habla tres veces de la noche, y sólo una vez de la mañana). Las preguntas nocturnas son las más enigmáticas, las más provocativas, porque con frecuencia quieren decir lo contrario de lo que expresan.

les sobre la juventud de hoy, sino de comprender el proyecto positivo de Dios sobre nuestra sociedad. A vosotros os pido que realicéis esta obra de lectura gozosa, evangelizadora, que sabe ver el bien también en el mal, también en las realidades dolorosas o amargas [...], que estéis más unidos, que seáis más valerosos, más incisivos en la educación para la paz, más fuertes en la oposición a la violencia, sabiendo sacar, como hace Dios, el bien del mal.

4. Interceder (Is 62,6-7) El cuarto verbo es «interceder», suplicar: «Sobre tus muros, Jerusalén, he apostado centinelas -dice el Señor-; ni en todo el día ni en toda la noche estarán callados. Vosotros, que hacéis que el Señor recuerde, no guardéis silencio. No le dejéis descansar, hasta que restablezca Jerusalén». Es el compromiso de orar por todas las tentaciones que nos rodean, por todos los jóvenes frágiles y desmotivados, cansados, fanáticos o extraviados que nos encontramos. A vosotros os pido, por consiguiente, algo más que gestos exteriores: os pido que intercedáis por vuestros compañeros y amigos. Con frecuencia nos lamentamos de muchos comportamientos de los que somos espectadores; pero ¿oramos por esas personas, las llevamos de verdad en el corazón al elevar nuestra súplica? Orar, interceder hasta que el Señor restablezca Jerusalén, es decir, hasta que sea restituida la dignidad a todos los seres humanos.

3. Consolar, evangelizar (Is 52,7-9) El tercer texto es un pasaje de alegría, el canto del retorno del pueblo del exilio en Jerusalén. Los centinelas miran y ven al pueblo, que está a punto de regresar, y por ello gritan, se alegran, evangelizan. Es el Evangelio de Isaías, que proclama: «El Señor ha consolado a su pueblo», exultemos de gozo. Hay que entender las preguntas entreviendo detrás de ellas la obra del Señor que reina y salva. No se trata de anuncios de desventura, no se trata de multiplicar las lamentaciones estéri° 102 °

5. Amonestar (Ez 33,7) El profeta Ezequiel nos propone el verbo «advertir», amonestar: «Te he hecho centinela [...], escucharás una palabra de mi boca y les advertirás de mi parte». El Señor nos da la fuerza para pronunciar palabras justas, incluso vigorosas, ante todo
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SEGUNDA PARTE: CENTINELAS DE LA MAÑANA

3 . - ¿QUÉ PIDEN HOY LOS JÓVENES?

para nuestra comunidad cristiana, para que se despierte, y después para la sociedad, para todos los jóvenes. El Señor os inspirará estas palabras a lo largo del camino, os hará entrever los peligros que corren hoy los jóvenes de vuestra edad, los falsos senderos, las laderas heladas sobre las cuales no deben aventurarse [...], para que podáis amonestarles, advertirles. Es una gracia saber prever los peligros.

fuerza de Dios que vino al mundo en la Navidad de hace dos mil años os llene de alegría. Oremos juntos para que esta fuerza se manifieste también allí donde por primera vez resonó el mensaje de la Navidad: en Belén, en Jerusalén, en Oriente Medio. Estoy seguro de que nuestra oración y nuestro compromiso consolarán y ayudarán a todos los que en aquellas tierras desean la paz.

6. Discernir (Ab 2,1-3) El sexto y último oráculo es de Habacuc. El profeta es un centinela, espía para ver qué dirá el Señor, trata de intuir el futuro que vendrá. El verbo que sintetiza esta actitud es «discernir». A vosotros os pido que discernáis el plan de Dios para el futuro, que tratéis de comprender cuáles son las prioridades para el futuro de los jóvenes y de nuestra Iglesia; cuáles son los caminos que seguir, las sendas nuevas que trazar. El discernimiento es un don del Espíritu Santo, un acto de inteligencia espiritual, y yo espero que vosotros tengáis también la capacidad de discernir para ayudarme a leer el camino eclesial que hemos de recorrer. Dejaos mover por el Espíritu. Os he expresado lo que os pido y ahora siento que entre vosotros surge la pregunta: ¿qué haremos? Nuestro obispo ¿no nos está pidiendo demasiado? Mi respuesta es sencillísima: tengo confianza en vosotros y en el Espíritu Santo que os conduce, vivid el trabajo que se os sugiere con agilidad y con alegría, casi con ligereza, dejaos mover por el Espíritu, orad intensamente, leed el Evangelio, y todo será posible. Os deseo de todo corazón el espíritu de la Navidad, espíritu de paz, de serenidad, de confianza, de intimidad. Que la
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4 . - JÓVENES CON VISIÓN

4 Jóvenes con visión

1. La gracia de la visión Ésta es la gracia que pide Salomón en el texto del Primer libro de los Reyes (3,4-15) y el Señor se la concede. Salomón se define como un muchacho, un joven sin experiencia, que no sabe cómo comportarse, que advierte el peso de una enorme responsabilidad frente a un pueblo numeroso. Cada uno de nosotros se siente frente a un pueblo numeroso, una sociedad compleja, una Iglesia rica en dones y a la vez en tensiones; cada uno de nosotros experimenta que es incapaz de hablar, de hacer una síntesis, de poner juntos los caminos de Dios y los caminos de los hombres, de unir las expectativas y las esperanzas de la gente con las expectativas y las esperanzas del Señor. Por eso, pedimos insistentemente la gracia implorada por Salomón, es decir, la visión [...]. Es la gracia que recibe muchos nombres diferentes en el texto del libro de los Reyes: corazón dócil, saber hacer justicia a la gente, saber distinguir el bien del mal, la sabiduría para gobernar, el discernimiento para escuchar las causas, el corazón sabio e inteligente. Es la gracia que necesitaréis [...]: hacer una síntesis entre las preguntas del hombre y las de Dios; discernir ante todo entre las preguntas explícitas del hombre -vuestras y de vuestros compañeros-, y mucho más entre las preguntas implícitas que nadie se atreve a formular y que de hecho subyacen en todo; hacer una síntesis entre los caminos del corazón entendidos en sentido amplio y el Evangelio. En estos días he pensado durante mucho tiempo en esa gracia. He pensado en ella durante mi estancia en Roma, donde me encontraba con todos los obispos italianos, y ayer por la mañana, mientras concelebraba la eucaristía en la basílica de San Pedro, me preguntaba qué iba a deciros hoy. Como sucede durante las celebraciones solemnes en San Pedro, estaba distraído, miraba hacia arriba, contemplaba la inmensidad de la cúpula, admiraba la extraordinaria proporción armónica entre los arcos y la cúpula; de repente me di cuenta de que la am° 107 °

V_^ON ocasión de la Redditio Symboli del pasado 29 de septiembre27, inspirándome en el discurso de Pedro (cf. Hch 2,14ss) y en su cita del profeta Joel-«Vuestros jóvenes tendrán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños [...], vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán», subrayé que hoy la Iglesia tiene necesidad de vosotros, de vuestras visiones, de vuestra profecía. Y ahora tengo la alegría de confirmar de nuevo mis palabras. Habéis creído en este camino, os habéis lanzado a esta aventura que se hará cada vez más hermosa y fructuosa, y hoy os repito: necesitamos vuestra profecía y vuestras visiones. He pensado en detenerme, en nuestra reflexión, sobre todo en el término «visión». Vision, en inglés, indica una meta, un ideal, aquello en lo que se inspira un compromiso, un programa. Nosotros usamos a veces el sustantivo «visión» en el sentido de «aparición» -las apariciones de la Virgen en Lourdes o en Fátima, por ejemplo-, pero yo lo refiero al significado de visión. Es una mirada de conjunto, la intuición de una síntesis, una iluminación orgánica y sintética de la relación entre el misterio de Dios y el misterio del hombre, que nos permite captar las conexiones entre todas las piezas de un mosaico.

27. Es la reflexión bíblica en la asamblea de los delegados del camino «Centinelas de la mañana», Sesto San Giovanni, Palasesto, 19 de mayo de 2001. Aquí se refiere, en particular, a la celebración que marca el comienzo del camino. ° ¡06 °

4 . - JÓVENES CON VISIÓN SEGUNDA PARTE: CENTINELAS DE LA MAÑANA

plitud y la inmensidad no infunden miedo, sino que más bien recogen el ánimo. Así, poco a poco, tras la comunión eucarística, sentado en torno al altar de la cátedra y después de entrar en un recogimiento más profundo, tuve una experiencia que no me resulta fácil traducir. Primero me estimuló el recuerdo de mi consagración episcopal, que tuvo lugar en San Pedro hace veintidós años por la imposición de manos de Juan Pablo II; veía de nuevo el lugar donde me postré en el suelo para la oración de adoración y de petición del Espíritu; veía de nuevo también al pueblo de la diócesis de Milán, numerosísimo en la basílica en aquella mañana de enero. Pensaba en este pueblo y en vosotros. Y de pronto comprendí -en la forma de una visión entendida en el sentido que he explicado- la unidad profunda y el vínculo entre lo humano, lo divino y lo evangélico. Lo humano, es decir, los deseos del corazón humano, especialmente los deseos de ir más allá, de conocer y de amar más, de comprender más, de expresarse de manera plena, de vivir una existencia que se mueva en horizontes cada vez más amplios. Lo divino, en particular lo divino trinitario, el ser de Dios que se nos revela como don que va más allá, que sale de sí mismo; el ser divino que se nos revela como entrega. Me parecía intuir la estrechísima interconexión entre lo humano que aspira hacia lo alto, más allá de sí, y lo divino que es entrega, relación, don de sí. Lo evangélico, definido por Jesús con expresiones muy incisivas: «Quien pierde la vida por mí y por el Evangelio la encontrará», «No tengáis miedo de los que matan el cuerpo», «No hay amor más grande que éste: dar la vida por los amigos». Captaba una perfecta coherencia, una total sintonía, entre lo humano, lo divino y lo evangélico porque se explican uno a otro, y lo evangélico nos hace comprender que lo humano es reflejo de lo divino, y partiendo de lo divino comprendemos lo evangélico y lo humano: por consiguiente, un encaje maravilloso entre estas tres piezas del mosaico.
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Advertía en mí como una sensación de luz, de alegría, de paz, con la promesa de que cuanto vivía era apenas un anticipo de lo que vosotros y yo estamos llamados a comprender en el esfuerzo de hacer una síntesis entre las preguntas de la gente y las de Dios, entre las aspiraciones de nuestro corazón y los deseos del Señor sobre nosotros. Luz, alegría, paz, promesa.

2. Mi experiencia y vuestras cartas Son también los sentimientos vividos por vosotros y que me habéis comunicado en los mensajes recibidos a través del correo electrónico. Algunos me han escrito cosas muy hermosas sobre el camino, sobre la experiencia que estáis teniendo, sobre la alegría, sobre la apertura de horizontes, sobre el sentido de unidad que se va afirmando. La gracia que se me ha dado en Roma es para vosotros. Esta síntesis está destinada a infundiros luz, alegría, paz, con la confianza de que conseguiréis poco a poco penetrar en la profunda unidad que existe entre lo humano, lo divino y lo evangélico, y expresarla para nuestra Iglesia y nuestro futuro. Por eso, me ha parecido que era suficiente contaros la experiencia en San Pedro, deciros que forma parte de vuestro camino y que, si perseveráis, se os concederá la gracia de la visión, de la sabiduría, del discernimiento para escuchar las causas y distinguir el bien del mal.

3. El camino que os espera Antes de concluir, vuelvo brevemente al pasaje bíblico donde se narra que Salomón tuvo una aparición del Señor en sueños en Gabaón, localidad de Palestina hoy redescubierta. Nuestro pensamiento se dirige a todos los muertos, a todos los dramas y las tragedias de aquella tierra por la que queremos pedir y ofrecer a Dios esta jornada.
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Precisamente en Gabaón [...], con ocasión de mi primera visita a Tierra Santa, mientras fotografiaba uno de los antiguos y profundos pozos del tiempo de Salomón, estuve a punto de caer al fondo y morir. Esta experiencia, en la que sentí la cercanía de la muerte, ha permanecido grabada en mí porque me sentía tranquilo, sereno, en paz. Ya desde entonces empecé a amar Tierra Santa, que está siempre en la cumbre de mis deseos; habría sido feliz muriendo allí. El camino que os aguarda es apasionante: en efecto, sois llamados a realizar, como servicio para toda la Iglesia, la síntesis entre lo humano y lo divino, una síntesis en función del discernimiento del Espíritu Santo, que es luz, alegría y paz. Este camino es la esperanza de nuestra Iglesia, y yo os acompaño pidiendo al Señor que os conceda a todos una visión unitaria, integral y coherente del plano divino sobre cada uno de nosotros, sobre las personas con quienes nos hemos encontrado y que tenemos en el corazón, sobre el papa, sobre la Iglesia y sobre toda la sociedad humana.

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Como lámpara que brilla en un lugar oscuro

1 DESEARÍA hacer referencia al título «Como lámpara que brilla en un lugar oscuro», porque tengo ante mí algunas lámparas que brillan y que son signo de cada uno de vosotros . Esta expresión está tomada de la Segunda carta de Pedro, del pasaje donde el apóstol describe el acontecimiento de la transfiguración. Pedro recuerda la voz que bajó de lo alto: «Éste es mi Hijo muy amado en quien me complazco». Y después escribe: «Y así -con esta voz- tenemos también la firmísima palabra de los profetas, a la cual hacéis bien en prestar atención, como a lámpara que luce en lugar oscuro» (2 P 1,16-21). La voz de los profetas es, por consiguiente, «como lámpara que luce en lugar oscuro» y, puesto que os he pedido a todos que seáis profetas en la Iglesia, esta lámpara sois vosotros. Ella brilla, añade Pedro, «hasta que despunte el día y se levante en vuestros corazones el lucero de la mañana» (2 P 1,19): es la referencia a los centinelas de la mañana que escrutan la aparición del día y el signo de la luz. Ésta es, por tanto, la imagen propuesta por el texto, una imagen que hace pensar de inmediato en el contraste que se crea entre la llama y la oscuridad. En efecto, la llama es pequeña, mientras que la oscuridad de la noche es grande. La llama es trémula, débil, frágil, delicada:

28. Saludo del arzobispo en la vigilia de la Asamblea de los delegados de «Centinelas de la mañana», Sesto San Giovanni, Palasesto, 19 de mayo de 2001.

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basta un soplo de nada para apagarla. La noche y la oscuridad, en cambio, son algo automático: la oscuridad es sólida, obviamente. La llama de la lámpara tiene que ser mantenida, cultivada. Por el contrario, la oscuridad no necesita de nada porque cae sola y permanece. Sin embargo, esta pequeñísima realidad que es la llama resulta vencedora: vence cualquier oscuridad, brilla en las tinieblas, es la luz que viene al mundo. Aunque sea diminuta, una llama vence la oscuridad, resulta siempre victoriosa sobre la noche. Esto es lo que siento: somos una llama pequeña, aparentemente frágil, insignificante -tanto yo como vosotros y también la Iglesia en el mundo-. Pero esta llama hace que resplandezca una luz en la noche, es un signo de esperanza, se la ve también de lejos: es rica, llena de calor, infunde confianza, abre nuevos horizontes. ¡Sed esta llama! ¡Sed esta lámpara! Tened conciencia de que ser tal llama significa llevar la salvación al mundo. Sed conscientes de que una llama, aunque sea pequeña, vence la noche. Y oremos juntos al Señor para ser siempre, constantemente, esa llama de amor, de luz y de discernimiento.

6 Caminamos en la noche

JL/STA vigilia se había pensado como momento fuerte para que vosotros, jóvenes, reanudarais el camino hacia vuestro Sínodo, que significa justamente «hacer camino juntos»29. Por eso, se ha propuesto el gesto extraordinario de caminar juntos durante toda la noche, a la luz de las antorchas y sobre todo a la luz del pasaje evangélico que narra la gran alegría del encuentro con Jesús resucitado después de una noche de trabajo y de decepción. Os habíamos pedido que escrutarais en vuestro corazón y en el corazón de vuestros amigos y compañeros para decirnos cuáles son los anhelos de verdad, los deseos profundos de humanidad, los valores altos, las visiones de un futuro de paz que todos nosotros y todos vosotros, a menudo de manera inconsciente, tenemos en el corazón. Os habíamos pedido que velarais por todos nosotros con el fin de reconocer la voz de Dios que también en la noche del corazón nos llama a comportarnos como hijos e hijas suyos y a amar a todos como hijos de Dios, a ver a todos como personas que llevan en el rostro, si bien en la oscuridad y en el pecado, el signo del amor que Cristo les tiene. Pero en los últimos días una gran oscuridad ha invadido los corazones30. «Ha sido», ha dicho Juan Pablo II, «un día oscuro en la historia de la humanidad, una terrible afrenta a la

29. Homilía para la marcha nocturna de los «Centinelas de la mañana», Saronno, 15 de septiembre de 2001; se trata de una de las citas que preceden al Sínodo de los jóvenes. 30. El cardenal se refiere a los dramáticos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, con el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York.

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6. - CAMINAMOS EN LA NOCHE

dignidad del ser humano». Ha sido como encontrarse frente a una noche oscura del espíritu, en la que han prevalecido el odio y la locura homicida, una crueldad gratuita y un terrorismo llevado a límites extremos. Ha sido la noche de una voluntad de muerte que ha explotado los recursos tecnológicos más avanzados de nuestra época para convertirlos en instrumentos de masacre y de destrucción. «Ante acontecimientos de un horror tan incalificable», ha dicho también el papa, «no podemos dejar de estar profundamente turbados». Caminar en la noche ha asumido, por consiguiente, el significado de un mensaje aún más profundo y más grave: el de quien no quiere dejarse vencer por la oscuridad que engendra pánico y miedo, el de quien no quiere abandonarse a sentimientos de odio que engendran represalias y nuevas violencias, sino que quiere expresar la certeza de que el mal y la muerte no son la última palabra, y la noche vivida en la fe anticipa el momento del amanecer y de la luz. Queremos afirmar [...] que ni siquiera la noche más profunda hace desesperar de la presencia del Señor, y que el Señor se manifiesta allí donde los seres humanos trabajan unidos y concordes. Queremos que este camino de los «Centinelas de la mañana» exprese aquellos valores de paz, de concordia y de superación de los conflictos que todos deseamos para evitar nuevas catástrofes. Queremos que todo nuestro obrar para ayudar a los jóvenes a mirar hacia lo alto y a sentirse protagonistas de un mundo nuevo hunda sus raíces en la oración y en la certeza de que el Señor está con nosotros. Allí, en la orilla de un mar siempre grávido de tempestades, el Señor vela y se hace sentir presente. Hay en estos días una inmensa necesidad de testimoniar tales valores y tal cercanía a quien sufre tanto. Valores que son anunciados con la oración y la solidaridad, con la compasión y el llanto, con el silencio amistoso y la palabra fraterna, pero sobre todo con la certeza de que el Señor no está lejos y tiene poder, si escuchamos y ponemos en práctica su Palabra, para sacarnos de la espiral de un crescendo de violencia que podría arrastrar al mundo entero.
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Estamos viviendo, al comienzo del nuevo milenio, una gravísima crisis de la humanidad. Las personas de buena voluntad se encuentran ante un trágico desafío, un desafío que se presenta lamentablemente en intervalos casi regulares en el camino de la civilización. Un desafío que la humanidad ha vivido también en tiempos recientes -hace diez años, en la época de la guerra del Golfo-, y en decenios anteriores en momentos angustiosos de la tensión internacional, como en tiempos de Juan XXIII y de la crisis de Cuba. Por eso surge la pregunta dramática: ¿cómo lograr apagar con decisión y firmeza todo foco de terrorismo homicida sin multiplicar y agigantar al mismo tiempo las reacciones en cadena de la violencia y del odio? El papa, después de haber expresado el profundo dolor por los ataques terroristas que han ensangrentado América y su participación en el duelo de tantas familias, y después de haber expresado su «indignada condena» de un «horror tan incalificable», ha afirmado de nuevo «que los caminos de la violencia no conducen nunca a verdaderas soluciones de los problemas de la humanidad». Ha proclamado que «aun cuando la fuerza de las tinieblas parezca prevalecer, el creyente sabe que el mal y la muerte no tienen la última palabra». Queridísimos jóvenes y todos los que me escucháis, éste es el testimonio que se nos pide. Avanzando por los caminos de la diócesis en la oscuridad de la noche, se nos pide que hagamos resonar las palabras que la tradición pone en labios de san Lorenzo en el momento de su martirio, retomadas por el canto de los místicos españoles del siglo XVI [...]: «Esta noche ya no es noche ante ti; la oscuridad brilla como luz». No vencerá la oscuridad de la noche, no triunfarán las tinieblas de la muerte si cada uno de nosotros, en la vida cotidiana y en el ámbito de nuestras responsabilidades, aparentemente ocultas e insignificantes, destierra toda violencia, tanto en las palabras como en los sentimientos. También en la comprensible inquietud de una legítima defensa y en la justa voluntad de desarmar y desalentar todo posible acto de terrorismo será importante actuar desde la racioo 115 o

SEGUNDA PARTE: CENTINELAS DE LA MAÑANA

nalidad y en el respeto a la complejidad de los datos, sin caer en fáciles simplificaciones de rostros del enemigo o en apresuradas creaciones de chivos expiatorios que puedan satisfacer una voluntad de venganza. La violencia y el terrorismo tienen que ser aislados y desarmados con energía y determinación, pero precisamente por esto no tienen que ser confundidos con contextos culturales, religiosos o étnicos mucho más amplios, a los que sólo una búsqueda restrictiva de objetivos inmediatos que derrotar podría considerar responsables directos de tanta crueldad. También en el conflicto que ensangrienta Oriente Medio será preciso tomar valiente y urgentemente iniciativas de diálogo y de paz, de cese de las hostilidades y de multiplicación de gestos de escucha mutua, aislando toda voluntad de venganza que engendra sólo nuevas violencias. Queridísimos jóvenes: en circunstancias tan difíciles y graves es necesario multiplicar las oraciones y las súplicas. Terminaremos, por tanto, uniéndonos a la oración que el papa ha dirigido personalmente hace unos días. Haremos primero un momento de silencio para expresar nuestro duelo por todas las víctimas del terrorismo, por sus familiares, por los heridos, por todas las personas a quienes la violencia ha privado de los bienes esenciales de la vida. Que la Virgen santísima, Madre de misericordia, suscite en nuestros corazones pensamientos de sabiduría y propósitos de paz.

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Una gran alegría y una riqueza desbordante

O E han dicho todas las palabras esenciales, se han realizado los gestos decisivos [.. .] 31 . Y a mí sólo me queda resumir y subrayar brevemente el sentido y las etapas de los acontecimientos cuyos protagonistas principales sois vosotros, los jóvenes.

1. El sentido de los acontecimientos Ante todo, encuentro el sentido, el significado, en la frase tomada del capítulo 8 de la Segunda carta a los Corintios: «Vuestra gran alegría y vuestra extrema pobreza se han transformado en la riqueza de vuestra generosidad». Ciertamente, vuestra pobreza no es extrema en el sentido físico o material del término, sobre todo si nos comparamos con los pueblos que viven en la miseria y el hambre. Vuestra pobreza consiste, todavía en gran parte, en una condición juvenil que tiene relativamente poco poder social y político. No dependen de vosotros ni las grandes decisiones que se toman en el ámbito financiero, ni las que se toman en los círculos políticos, y tampoco las decisiones que se toman en los parla-

31. Homilía en la celebración por la entrega del trabajo sinodal en la conclusión del camino «Centinelas de la mañana», catedral de Milán, 2 de febrero de 2002. o 116 ° o 117 o

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7. - UNA GRAN ALEGRÍA Y UNA RIQUEZA DESBORDANTE

mentos o en las sedes de los gobiernos, y ni siquiera en el ámbito de la Iglesia. Sin embargo, vuestra carencia de poder de decisión -la pobreza de la que habla san Pablo- ha estado atravesada por una gran alegría, la de sentiros en el camino de los «Centinelas»; en particular, en la etapa sinodal habéis sido partícipes y corresponsables activos, sujetos responsables de un proceso importante, de un discernimiento de Iglesia. Así, vuestra pobreza, atravesada por la alegría, se ha transformado en la riqueza de vuestra generosidad. La pobreza ha sido barrida y hecha fecunda por la gran alegría de saberos interpelados, convocados, escuchados, tomados en serio, considerados con confianza por toda la Iglesia, a partir del papa y, después, del obispo. Sí, queridísimos «Centinelas de la mañana», os hemos pedido que nos ayudéis en este comienzo de milenio a escrutar el horizonte de la esperanza, a ver el sol de la victoria de Cristo resucitado que está iluminando ya las oscuridades del mundo. Os hemos pedido que nos indiquéis las prioridades, los valores, los itinerarios que el Espíritu Santo os hace entrever para el nuevo milenio. Os dije, al comienzo del camino, citando la promesa de Joel retomada en el libro de los Hechos, que mientras los ancianos soñarán sueños, los jóvenes tendrán visiones. Nuestra sociedad y nuestra Iglesia tienen una necesidad extrema de visiones, de grandes horizontes de futuro, y os hemos pedido que nos ayudéis a descubrirlos. Y hoy me entregáis a mí, a los arciprestes, a los vicarios episcopales, las primicias de vuestras visiones, los primeros frutos del trabajo realizado. Y yo lo recibo con alegría y gratitud, en nombre de nuestra Iglesia. Puedo deciros ante todo que los recibo en nombre del Consejo de Pastoral diocesano, que ha decidido dedicar su próxima sesión de dos días a reflexionar sobre lo que nos entregáis. Lo recibo también en nombre de algunos otros de mis colaboradores más estrechos, aquí presentes -obispos auxiliares, vicarios episcopales, arciprestes-; y en
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nombre de los miembros del Consejo episcopal, con el cual reflexionaré atentamente sobre lo que es fruto de vuestra escucha de otros jóvenes y de vuestro discernimiento común.

2. Las etapas Después del sentido, recuerdo las etapas. De todo lo que se ha hecho hasta ahora y de lo que se hará en adelante quiero dar gracias a Dios y a vosotros, recordando brevemente las etapas que os han conducido hasta aquí y las que quedan por recorrer: seis ya recorridas y dos por recorrer. La primera etapa fue aquella noche extraordinaria de agosto de 2000, en la que se encendió una luz que iluminó el corazón y la mente de un millón y medio de jóvenes, y también de nueve mil jóvenes de la diócesis de Milán presentes en Tor Vergata. Aquella noche estuvo iluminada por la visión que inspiró las palabras del papa: «Queridos jóvenes, veo en vosotros a los centinelas de la mañana en este amanecer del tercer milenio». Vosotros sois, por consiguiente, quienes habéis recogido aquel «testigo» que jóvenes de todo el mundo recibieron de Juan Pablo II en el corazón del año jubilar. La segunda etapa, diocesana, tuvo lugar en el siguiente mes de septiembre, cuando dije en la catedral, haciéndome eco de las palabras del papa en Tor Vergata: «Nuestra Iglesia, queridos jóvenes, espera de vosotros que nos ayudéis, como centinelas de la mañana, a escrutar el horizonte de la esperanza». La tercera tuvo lugar en la primera cita de los Ejercicios espirituales, en el mes de noviembre, cuando lancé la propuesta de un Sínodo a los jóvenes aquí presentes y a los que estaban conectados a través de la radio y la televisión. «El Sínodo de los jóvenes», dije, «no significa nuevos reglamentos, normas y leyes; significa una manera de "caminar juntos". Quiere decir sobre todo subjetividad de los jóvenes. Hay que reconocer vuestra responsabilidad y competencia, como centinelas de la mañana, en el taller de la fe, vuestra competencia a la hora de
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7 . - UNA GRAN ALEGRÍA Y UNA RIQUEZA DESBORDANTE

indicarnos las prioridades, los valores y los itinerarios que el Espíritu Santo os hace entrever para el nuevo milenio». En aquella ocasión pedí también a algunos que estuvieran dispuestos a ofrecerse como delegados de los jóvenes de las parroquias y de las diversas realidades asociativas, para iniciar la fase de la escucha a los coetáneos. En la cuarta etapa, la de la escucha, el «testigo» pasó a las manos de los 1.753 delegados que recibieron de mí el mandato en el mes de diciembre de 2000 y animaron la escucha hasta mayo de 2001, acercándose también a algunos jóvenes encarcelados. Recordamos en particular, entre los coetáneos escuchados, a los jóvenes provenientes de nuestras misiones y que animaron el mes misionero, de modo que mantuvieron vivo el espíritu de apertura misionera y de escucha mutua característico de las Jornadas Mundiales de la Juventud. El mandato de la escucha, que di a los 1.753 delegados, contenía seis verbos que calificaban el camino: observar, escuchar, consolar, suplicar, amonestar, discernir. En las síntesis conclusivas, los delegados nos contaron muchas experiencias hermosas. Cito alguna de ellas: «Hemos acogido de buen grado esta oportunidad que se nos ofrecía de escuchar y de escucharnos. No se da con frecuencia». Y también: «Al término de esta fase podemos concluir sin dudarlo que, de todas formas, ha sido muy hermoso. Lo ha sido porque nos ha permitido salir a cara descubierta. No siempre ha sido fácil, porque hemos encontrado también el rechazo o la indiferencia. A veces, también nosotros hemos tenido miedo de no ser capaces o de no ser aceptados. Hemos caído en la cuenta de que muchas veces hemos entrado en crisis por nuestros amigos no creyentes, pero la belleza ha estado en el hecho de descubrir que estamos en camino y deseosos, por tanto, de profundizar en nuestra fe». La quinta etapa la vivimos en Sesto San Giovanni, en la asamblea de los delegados del pasado mes de mayo. En aquella ocasión se aprobó, en un espléndido clima de comunión fraterna y de inteligente responsabilidad, la síntesis que constituyó después el hilo conductor para la fase ulterior del diso 120 °

cernimiento, para la individuación de elecciones concretas que podrán contribuir, en el ámbito eclesial de pertenencia, a promover contextos favorables al encuentro con el Señor Jesús, a la comunión fraterna y al testimonio evangélico en la vida cotidiana. Después vino el verano y, como sucede siempre cuando termina esta estación, a algunos les resultó difícil continuar, mientras que otros, por suerte, se fueron incorporando a lo largo del camino. Todos los arciprestazgos y los sectores de compromiso trabajaron bien y con concreción, y el fruto de este trabajo se puso en manos de los arciprestes y de los responsables de los ámbitos de compromiso y de presencia juvenil. En la sexta etapa, por último, los sinodales -a quienes he llamado «los trescientos elegidos de Gedeón»- elaboraron una síntesis de todos vuestros discernimientos, y yo mismo recibí de vosotros, jóvenes sinodales -que también habéis recibido el testigo de los delegados de los arciprestazgos y de los sectores de compromiso-, el fruto de vuestro trabajo. Me habéis entregado un documento que contiene las «visiones» y los compromisos que asumís. Y os doy las gracias porque en los documentos, que sólo he podido hojear, no aparece únicamente la palabra «pedimos», sino también la palabra «nos comprometemos». Así pues, os estoy agradecido por la generosidad de la respuesta a la invitación del papa, extendida en el tiempo y caracterizada por la energía y la creatividad. En la sexta etapa están presentes también muchos jóvenes de las parroquias y asociaciones eclesiásticas, los representantes adultos de los Consejos pastorales, y también educadores, religiosas y sacerdotes. Juntos representamos a toda la comunidad diocesana, pero estamos aquí también «en nombre de» y «por» otros hermanos y hermanas, creyentes y no creyentes. Desearía decirles a ellos: sentios presentes, vosotros que tal vez habríais sido capaces si hubieseis sido animados y sostenidos un poco más por vuestra comunidad. En todo caso, nuestra Iglesia puede sacar nueva energía evangelizadora de esta experiencia -que ciertamente transformó
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SEGUNDA PARTE: CENTINELAS DE LA MAÑANA

interiormente, más allá de los resultados visibles, a quienes se lanzaron a ella. Ahora nos aguardan las dos últimas etapas. En efecto, para comunicar el Evangelio hace falta que el Evangelio nos ilumine interiormente, que cale en nuestro interior. Para ello propongo la séptima etapa, que anuncio ahora: la cita de los Ejercicios espirituales del 18-20 de febrero, aquí, en la catedral. Podrá ser la ocasión favorable para profundizar en el nivel personal el camino que hemos recorrido juntos, un camino de escucha, de discernimiento y de decisión (ver, juzgar, actuar). Deseo que el Señor, en los días de los Ejercicios, llame a alguno de vosotros a tomar opciones radicales por el Evangelio en la Iglesia y en la sociedad. Como octava y última etapa, os espero en la vigilia In Traditione Symboli, para confiar vuestro trabajo y a cada uno de vosotros a la Palabra, en sintonía con mi carta pastoral «Por tu Palabra».

8 No tengáis miedo de ser santos

« I ESÚS entró en Jericó y cruzaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: "Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa". Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: "Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador". Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: "Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más". Jesús le dijo: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido"» (Lucas 19,1-10).

1. Atravesaba la ciudad Esta noche celebramos la entrega del Credo (Traditio Symboli) que la Iglesia nos ha transmitido y que vosotros habéis aprendido a conocer y apreciar32: la fe en Jesucristo, nuestro

32. Se trata de la respuesta al trabajo del Sínodo de los Jóvenes, en la vigilia ° 122 o ° 123 o

SEGUNDA PARTE: CENTINELAS DE LA MAÑANA

8. - NO TENGÁIS MIEDO DE SER SANTOS

Señor, a quien vosotros conocéis y amáis sin haberle visto (cf. 1 P 1,8). Esta fe en Jesús es el secreto de vuestra vida, y vosotros la habéis redescubierto y anunciado en el camino extraordinario de los «Centinelas de la mañana». He leído atentamente el relato de vuestra experiencia y de vuestro deseo. Habéis experimentado la presencia del soplo del Espíritu y descubierto con mayor conciencia que Jesucristo es aquel que da sentido, gusto y promesa a vuestros días y a vuestro futuro. Este sentido de la vida es lo que muchos jóvenes buscan hoy y a menudo no encuentran, a veces también porque nosotros, por un falso respeto humano, no tenemos valor para anunciarlo abiertamente. En vuestro Sínodo hay perlas preciosas, visiones proféticas de futuro, semejantes a aquellas de las que habla el profeta Joel, citado en los Hechos de los Apóstoles, cuando dice: «Vuestros ancianos soñarán sueños y vuestros jóvenes tendrán visiones». Al comienzo del camino sinodal, os había pedido para nuestra Iglesia estas visiones de futuro. Tal vez la mayor de ellas sea ya la contenida en el título: «¡No tengáis miedo de ser los santos del tercer milenio!». Os pido que no dejéis a un lado esta valerosa palabra profética, que es también el secreto de vuestra felicidad. El deseo de ser felices es el sueño y el proyecto más grande que lleváis en el corazón. Juan Pablo II os lo ha dicho en Tor Vergata: «Es a Jesús a quien buscáis cuando soñáis con la felicidad». Por eso, vosotros, «Centinelas de la mañana», queréis que vuestra libertad se oriente según el proyecto misterioso y fascinante que Dios tiene sobre cada uno de vosotros.

2. Tened valor para atravesar de nuevo la ciudad Pensando en vuestra asamblea, que ha reunido a los representantes de los jóvenes de nuestras parroquias y de nuestras comunidades, he visto ante mí la escena evangélica de Jesús que, rodeado por la multitud, entra en la ciudad de Jericó, y, con la gran libertad que le da la obediencia al Padre, la atraviesa por entero. Jesús, después de haber dado la luz de la vista y la claridad de la vida al mendigo ciego que estaba sentado junto al camino, entra en la ciudad. No tiene miedo de convivir con los hombres. Jesús se presenta con un extraordinario señorío, mientras que la multitud, entusiasta y contradictoria, grita: «Pasa Jesús el Nazareno». Jesús va derecho por su camino, sabe en qué casa tiene que entrar y qué salvación necesita esa casa. Jesús sabe que alguien le espera; Zaqueo abrirá el corazón y cambiará su vida. Queridísimos jóvenes, tened también vosotros el valor de atravesar las ciudades. Pasad en medio de las multitudes en el nombre de Jesús, avanzad directamente por el camino de la obediencia de la fe. Alguien inesperado os espera, os hará entrar en su casa y alegraréis su vida y la vuestra. En el camino de los «Centinelas de la mañana» habéis comprendido y gustado la necesidad, el esfuerzo y la belleza de atravesar la ciudad donde habitan y trabajan los hombres y las mujeres de hoy. Habéis estado en medio de los jóvenes, les habéis escuchado, les habéis comprendido, habéis acogido aquello que más necesitan, os habéis mezclado entre ellos sin dispersaros. Nuestras ciudades os necesitan. No tengáis una idea de la fe demasiado intimista. Jesús hablaba por los caminos, entraba en las casas, no hacía diferencias, sabía suscitar asombro, era discreto y decidido. A su paso despertaba la alabanza a Dios, porque anunciaba el Evangelio. No os cerréis nunca, la Iglesia está abierta al mundo. ° 125 °

In Traditione Symboli, catedral de Milán, 18 de marzo de 1989, publicada por el Centro Ambrosiano. o 124 o

SEGUNDA PARTE: CENTINELAS DE LA MAÑANA

8. - NO TENGÁIS MIEDO DE SER SANTOS

La comunidad cristiana y toda la Iglesia de Milán ha escuchado el anhelo de vuestra fe y vuestro modo de situaros en la historia. Habéis descrito los problemas de la gente de hoy, deseáis transmitir la fe y queréis comprometeros en una seria formación cristiana que impregne vuestra vida cotidiana: dedicaos a ella con generosidad, con confianza y con perseverancia. Habéis experimentado el método del «escuchar, discernir y decidir» que vosotros mismos indicáis como referencia positiva para calificar los caminos de formación propuestos a los jóvenes. También habéis gustado el compromiso y la belleza de caminar juntos, jóvenes de las parroquias, de las asociaciones, de los movimientos, de los diversos grupos de compromiso, trabajando con el obispo para el bien de nuestra Iglesia diocesana. Confío estos bienes preciosos a las parroquias, a los arciprestazgos, a la Acción Católica y a las demás asociaciones eclesiales, a la Delegación de Pastoral Juvenil y a los demás organismos diocesanos que trabajan con los jóvenes y para los jóvenes. A todos vosotros, en cambio, en el momento en que transmitimos el símbolo de la fe, mirando en particular a las generaciones nuevas, desearía confiaros tres consignas decisivas. Son las mismas que el evangelista Lucas confió a la comunidad cristiana a través de la página de Zaqueo. Que esta sólida tradición os acompañe, alimente vuestra vida y sea el alma de vuestro futuro: buscad a Jesús, que viene a salvar lo que está perdido; construid esperanzas nuevas de vida común; permaneced cerca de los pobres al servicio del mundo.

so y de fascinante. Zaqueo es un hombre que se siente pequeño, demasiado rico, pero tiene una curiosidad sana y está decidido a intentarlo. «Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publícanos y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí» (Le 19,2-4). Tened la fuerza de buscar a Jesús. Algo atraía irresistiblemente a Zaqueo hacia él; pero también había algo que le hacía sentirse muy distante de él. Tal vez su modo de vivir y de actuar hacía que se sintiera a disgusto, inadecuado, como muchos jóvenes hoy: él, un publicano, tan seguro en sus aspiraciones, tan incoherente, tan solo e insatisfecho en sus relaciones. N o era uno de los de Jesús. N o se atrevía y, sin embargo, estaba preparado para creer. Una fuerza irresistible le da valor para subir, intentarlo y tratar de ver a Jesús. A veces nos sentimos pequeños, no nos sentimos a la altura de las situaciones; con frecuencia somos pocos. Es necesario subir al árbol, escuchar la Palabra del Señor, recibir su invitación y entrar en una relación singular con él. Vosotros habéis hecho este esfuerzo, habéis difundido esta divina curiosidad; en vuestro corazón se ha movido una energía nueva, un bienestar, una voluntad extraordinaria de bien que os inducirá a nuevas y precisas decisiones. El Señor ha venido y os ha llenado de alegría.

3. Buscad a Jesús Ante todo, la primera consigna: buscad a Jesús, el autor y el perfeccionador de la fe (cf. H b 12,2). Zaqueo quería ver a Jesús. Supo percibir la ocasión de un paso irrepetible: este encuentro cambió su vida. Zaqueo quiere ver, quiere conocerlo, quiere saber quién es; no está habituado a su presencia y a su modo de actuar, pero intuye que Jesús tiene algo de misterio° 126 o

Estad alegres por ser cristianos Sentios contentos de ser cristianos; quien se deja alcanzar por el Señor está alegre. N o estéis excesivamente preocupados por muchas cosas; buscad, con una regla de vida, los signos concretos con los cuales podéis permanecer cerca del Señor. E d ú caos vosotros mismos en itinerarios reales de ascesis y de conversión, superad la indigencia de ser un rebaño pequeño. ° 127 °

SEGUNDA PARTE: CENTINELAS DE LA MAÑANA 8. - NO TENGÁIS MIEDO DE SER SANTOS

Expresaos con serenidad y seguridad, gozosos por vivir como cristianos en el mundo, porque el testimonio no es una propaganda superficial e inmediatamente vencedora, sino que es ante todo la convicción agradecida de un don recibido, un bienestar que se ha de difundir, una alegría que se ha de experimentar. Buscad a Jesús en la vida cotidiana: la familia, los amigos, el estudio, el trabajo y la universidad son los primeros lugares de vida en los que se puede encontrar al Señor. Mantened el compromiso de la oración diaria de la mañana y de la tarde, construid los rasgos cordiales y gozosos de vuestro temperamento; estad siempre dispuestos a buscar y ayudar concretamente a las personas; mantened viva la inteligencia con un pensamiento vivo sobre las cosas y sobre el mundo; disponeos para la caridad: la caridad es un don de Dios y es un servicio a los hermanos. En todo esto se juega ante todo vuestra vivencia como cristianos. Vosotros deseáis mucho que vuestra fe pueda incidir en la vida en un estilo de fraternidad entre creyentes y no creyentes; vosotros sentís la necesidad de relaciones más significativas también entre los que están lejos de nuestras realidades eclesiales. Asimismo, las experiencias de voluntariado son a menudo lugares propicios de relaciones profundas, auténticas palestras de interrogantes existenciales, donde las preguntas fundamentales sobre la vida se convierten en ocasiones fecundas de perspectivas vocacionales.

Entrad con confianza y con amor en el tercer milenio y llevad esta preciosa herencia. La constante proposición de la práctica de la lectio divina me ha acompañado siempre en mi ministerio episcopal, y me he sentido consolado al ver que muchos jóvenes y muchas comunidades han entrado progresivamente y con fruto en las páginas de la Escritura, y a partir de ella han tomado decisiones y orientaciones de vocación y de vida. Doy las gracias sinceramente y de corazón a todos aquellos que han colaborado conmigo en estos años para la difusión de la Palabra, en las numerosísimas iniciativas y en el intenso trabajo de la pastoral juvenil. El don de la oración Pedid el don de la oración para poder ver a Jesús, porque [...] la oración es el lugar de la comunión íntima con Dios y fuente de la alegría que todo joven es llamado a expresar con su propia vida. Que los sacramentos de la eucaristía y de la reconciliación sean el sustento de vuestra fe. Con la Palabra y con los sacramentos viviréis un encuentro real con Jesús y seréis impulsados a nuevas formas de caridad, en ligereza y sencillez de corazón, con inteligencia y prudencia. Sostened en las comunidades cristianas la belleza de las celebraciones, con lenguajes y estructuras que no sean un peso, sino que por el contrario hagan más visible el Espíritu. Pienso con agradecimiento en los jóvenes que en estos años han encontrado su camino aprendiendo de Jesús: muchos de ellos han llegado a ser adultos en la fe mediante los Ejercicios espirituales, con la ayuda de una regla de vida, a través del Grupo Samuel, la Escuela de la Palabra y el compromiso continuo en caminos de discernimiento sobre la cultura contemporánea. Sólo el don de la oración, practicado con fidelidad y perseverancia, hace gustar el misterio de Dios e ilumina las elecciones fundamentales de la vida.
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Custodiad la Palabra Sostened el primado de la Palabra y custodiad la Biblia en el corazón; os la confío como el don más hermoso: en mi vida, la Biblia me ha acompañado siempre en la alegría y en el discernimiento, en la preocupación y en la esperanza, y me acompañará siempre. Custodiad la Palabra y con la Biblia rezad también por mí. ° 128 °

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8. - NO TENGÁIS MIEDO DE SER SANTOS

4. Bajo la mirada de Jesús Quiero confiaros una segunda consigna: construid experiencias de vida fraterna según la tradición más verdadera de nuestras comunidades. Para que la Palabra de Dios sea escuchada se necesita un contexto comunitario, y la eucaristía necesita una mesa alrededor de la cual compartir la vida. Jesús encontró a Zaqueo en su casa. «Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: "Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa". Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: "Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador"» (Le 19,5-7). A Jesús no le preocupa dirigir de inmediato a la multitud; quiere a todos, pero cuida particularmente a alguno. Jesús sigue su pensamiento más profundo, el de ir derecho al corazón de Zaqueo: quiere entrar en su casa. No quiere que este encuentro sea como uno de tantos, sino que desea crear contexto, quiere dejar una huella; no se deja detener ni por el hecho de que Zaqueo es un pecador, ni tampoco por el hecho de que la gente pueda murmurar. Jesús prepara a Zaqueo para una pausa prolongada, un habitar continuo, un morar con él. Sed acogedores Sed acogedores, abrid vuestros contactos, vuestras relaciones humanas. Aprended a saludar, a entablar nuevas amistades, a ampliar el número de los conocidos y los amigos. Con Zaqueo, Jesús celebra el misterio de toda acogida humana real. Que en vuestras relaciones haya espacio para quien comparte ya la alegría del Evangelio, pero también para quien está más lejos, por formación, por tradición, por historia personal, por contexto familiar, por situación eclesial. Sed capaces de acoger a los hermanos en la fe, pero también a los hermanos en la humanidad.
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Hace falta atención comunitaria y entrega personal para que los lugares de la comunidad cristiana sean una encrucijada más expedita, más ligera, más capaz de entrar en las verdaderas necesidades de los jóvenes y los muchachos de hoy. No es una tarea fácil y es ante todo un camino de educación personal. Muchos no se esperaban nada de Zaqueo y, sin embargo, Jesús da a este hombre una nueva esperanza, le cambia la vida y le llena de alegría. Zaqueo se ha sentido buscado, llamado, conocido y acogido. Formas nuevas de vida fraterna Sentid la alegría de tener una casa común, una domus ecclesiae. Que sea más un contexto que un edificio, un lugar permanente de encuentro, días de vida compartida en los que se respire un estilo de fraternidad, de trabajo y de oración; tiempos comunes dentro de la vida ordinaria, para aprender a hacer bien las cosas de todos los días, y para interpretar juntos la Palabra y la cultura contemporánea, con la inteligencia de la fe y con el deseo de dialogar con todos. Que todas nuestras comunidades cristianas estén atentas a las exigencias juveniles de vida común, sabiendo que los jóvenes, hoy más que nunca, necesitan formación inteligente y afectiva, para apasionarse por el Señor, por la comunidad cristiana y por los fermentos evangélicos diseminados entre sus coetáneos en el mundo. Ciertamente, alguna estructura tendrá que ser transformada, algún contexto nuevo de encuentro tendrá que ser inventado, con creatividad y sabiduría, para que sean lugares de auténtico conocimiento del Señor y gozoso compartir fraterno. La Palabra de Dios necesita un terreno bueno y la eucaristía necesita una casa. Los vínculos afectivos Habéis expresado vuestro justo deseo de comprender y de vivir el verdadero sentido de vuestra afectividad y de la sexuali° 131 °

SEGUNDA PARTE: CENTINELAS DE LA MAÑANA

8. - NO TENGÁIS MIEDO DE SER SANTOS

dad humana. Hoy, los vínculos afectivos ocupan un espacio muy intenso en la relación juvenil; y a veces las relaciones de pareja sustituyen demasiado precozmente y con duración variable a otros vínculos que se han vuelto demasiado débiles, como, por ejemplo, el vínculo con los padres y los familiares, los vínculos sociales o las relaciones con el grupo de amigos. Que la comunidad cristiana pueda ayudaros en esta esfera tan relevante de la vida a estar menos solos, mediante una sabia y actualizada descripción de la evolución del amor, con la aportación de las ciencia humanas, con el acompañamiento individual discreto y sincero, con la sabiduría pedagógica de la tradición ética cristiana. A veces, no os resulta fácil comprender las sugerencias de la Iglesia: ahora sabéis que las indicaciones morales que deben orientar el comportamiento son un fruto de la gracia; piden verdaderamente un cierto sacrificio de la voluntad, pero son un don que os ayuda a crecer y a permanecer fieles en el amor. Estas orientaciones tienen que ser explicadas y comprendidas con inteligencia, iluminadas a la luz de una búsqueda madura del sentido del amor, expresado en el bienestar o en el malestar de la vida contemporánea. El Señor quiere que vuestro amor sea singular, fiel, capaz del don grandísimo de vosotros mismos, cuerpo y alma, en la singularidad de cada vocación. Amad el matrimonio y tened en alta estima la virginidad cristiana: ambos son signos del amor de Dios que no abandona nunca a su pueblo. Considerad el amor como una auténtica vocación que se ha de buscar, con profundo discernimiento y con valor evangélico. Amad la castidad, que es fuerza interior y capacidad de espera, dominio de sí y preámbulo de fecundidad. Reflexionad y poned vuestra voluntad en la exploración de estos aspectos de la vida, con rigor, con capacidad crítica, con profunda honestidad. La Iglesia os acompaña con infinita comprensión y con propuestas precisas, que son la expresión de la solicitud educativa que cultiva para con vosotros. Ya para el pueblo de Israel, tener puntos fijos de referencia era una ayuda preciosa en el momento de atravesar los desiertos.
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Amad a la Iglesia Mediante el bautismo, la Iglesia os ha engendrado para la fe que hoy os entrega; y os ha custodiado, revelándoos el misterio de Cristo y el amor misericordioso del Padre. En la Iglesia, el Espíritu Santo os acompañará. Sé que deseáis contar con hombres y mujeres espirituales que os ayuden con disponibilidad y cariño a orientar vuestras elecciones cotidianas, a dirigir vuestras decisiones definitivas hacia el discernimiento y la experiencia plena de vuestra vocación. Toda la comunidad cristiana debe sentir la urgencia de este acompañamiento de los jóvenes en las formas más diversas y en la práctica de la dirección espiritual. Vosotros amáis a la Iglesia y en ella no os sentiréis nunca solos. Podéis ser en la Iglesia adultos en la fe y participar en primera persona en algún ministerio. Orad por vuestra vocación. Hoy, la Iglesia está buscando caminos nuevos para anunciar el Evangelio, y os necesita. Hemos visto vuestro compromiso y la capacidad de escucharos mutuamente, y alentamos el estilo fraterno que habéis mostrado en vuestra convivencia durante el itinerario de los «Centinelas de la mañana». Los obispos italianos os invitan a comunicar el Evangelio en un mundo que cambia: que vosotros podáis ser estos anunciadores, que podáis ser los protagonistas de este nuevo mundo que se abre ante vuestra vida. «El Evangelio es el don más grande del que disponen los cristianos. Por eso deben compartirlo con todos los hombres y las mujeres que están buscando razones para vivir»33. Mostrad a vuestros coetáneos, a vuestros compañeros de estudio y de trabajo, el verdadero rostro de la Iglesia.

33. Conferencia Episcopal Italiana, Comunicare il Vangelo in un mondo che cambia, n. 32. o 133 o

SEGUNDA PARTE: CENTINELAS DE LA MAÑANA

8. - NO TENGÁIS MIEDO DE SER SANTOS

5. Cristianos para el mundo Por último, os confío una tercera consigna: permaneced cerca de los pobres, los pobres de todas las categorías (pobres de pan, de afecto, de cultura, de libertad, de salud...), mediante la relación personal y a través de una entrega convencida a las instituciones civiles. «Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: "Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más"» (Le 19,8). Tenéis una gran capacidad de iniciativa para construir el mundo. Jesús suscita en Zaqueo un deseo de actuar y obrar limpiamente. Zaqueo queda liberado de todas sus reservas y de sus miedos; sale de nuevo al descubierto, ya no se oculta, reconoce sus errores y espera en el don. Amad nuestras ciudades y nuestro país, y abrios a las dimensiones del mundo. Estudiad y sed competentes en vuestra profesión, sed hombres y mujeres de justicia, gente que auxilia de verdad a quien necesita presencia y ayuda.

Estad cerca del sufrimiento y del dolor del mundo. El misterio del dolor y de la muerte exige una justa ubicación en el marco de la vida y de sus expresiones; vosotros os habéis comprometido personalmente a estar cerca de quien sufre, a visitar a los enfermos, a ser solidarios en el duelo, a no dejar a nadie solo en estos momentos dramáticos de la existencia. Que vuestra sensibilidad humana sea un ejemplo para todos. Trabajad por la paz, sabiendo -como ha dicho el papa Juan Pablo I I - que no hay paz sin justicia y sin perdón. Habéis escrito que la paz nace de una exigencia interior, para crecer después en los contactos y en las relaciones cotidianas, y se extiende hacia la superación de todo conflicto y de toda discriminación, de toda violencia y de toda injusticia, entre las personas, entre los grupos, las comunidades y los pueblos. Cultivad la información y el diálogo, construid una cultura de la paz. Un alma universal Atravesad la ciudad contemporánea con el deseo de escucharla, de comprenderla, sin esquemas restrictivos y sin miedos injustificados, sabiendo que es posible conocerla juntos en su variedad diversificada, en la red de amistades y de encuentros, en la colaboración entre los grupos y las instituciones. Favoreced las relaciones entre personas que son diferentes por historia, por proveniencia, por formación cultural y religiosa. Que podáis ser el fermento y los promotores de nuevas «ágoras» donde se pueda dialogar también con quienes piensan de otra manera, en una búsqueda apasionada y común. Debemos crear plazas nuevas entre nuestras casas, en las que haya, en un clima de respeto mutuo, verdaderas posibilidades de entendimiento entre el hermano, el ciudadano y el extranjero, según las exigencias actuales de la vida, del estudio y del trabajo. Es necesaria una mayor educación en la dimensión mundial que favorezca una integración real entre culturas y reali° 135 °

La dimensión civil de la vida Aprended a tomar en serio la dimensión civil de la vida, porque quien encuentra a Jesús sabe evitar el fraude y sabe sufrir generosamente en su propia carne. Participad con fruto en los cursos de formación social y política, y asumid progresivamente, en diferentes niveles, las primeras responsabilidades públicas. Amad el mundo profesional, la cultura humanística y la científica, los nuevos campos de la economía, la informática y la bioética, para que estén siempre al servicio del hombre. Construid en vosotros una sólida conciencia de la dignidad de la persona y del valor de lo público, y un vivo deseo de participación social.
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SEGUNDA PARTE: CENTINELAS DE LA MAÑANA

dades humanas, sin detenerse en ocasiones esporádicas, sino realizando experiencias constantes de apertura y de acogida hacia renovadas integraciones eclesiales y sociales. Tened un alma universal.

6. Hoy, la salvación «Jesús le dijo: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido"» (Le 19,9-10). Hoy la salvación entra en vuestra casa. Sed capaces de mantener la vitalidad espiritual, porque la salvación viene a veces de manera inesperada; en situaciones complejas sabe encontrar caminos derechos, no demasiado programables, sino fruto de la generosidad, de una preparación asidua y de un sabio y sereno discernimiento. La salvación se nutre de confianza, de diálogo, de paciencia y de trabajo. La salvación se insinúa en las instituciones y en los contextos de hoy, entra en todas las casas que saben acoger de verdad. Mantened siempre unidos el cuidado de las comunidades y la atención a la vida civil. Hay lugares que parecen impenetrables, perdidos, arruinados para siempre, inaccesibles al Evangelio: tened confianza, id al encuentro del mundo contemporáneo, os necesita y os espera. El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido. No hay nada perdido que no se pueda salvar. Con el valor y la confianza de Jesús, ¡atravesad la ciudad! No tengáis miedo de ser los santos del nuevo milenio.

TERCERA PARTE

Jóvenes corresponsables en la misión

Se recogen aquí algunos discursos dirigidos por el cardenal Martini a los jóvenes de Acción Católica de Milán, con ocasión de sus encuentros diocesanos. o 136 o

1 Los cinco secretos del creyente

ICE Jesús cuando se aparece a los once apóstoles después de la resurrección: «Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Éstos son los signos que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien» (Me 16,15-18). Si examinamos en profundidad estos cinco signos-secretos del creyente 34 , advertimos que se trata de cinco realidades un poco incontrolables y, de algún modo, hostiles, de las que se tiene miedo: demonios, lenguas nuevas, serpientes, venenos y enfermos. También la enfermedad crea ansiedad, porque se teme el contagio y, además, no es fácil ocuparse de un enfermo. Este es, entonces, vuestro secreto: vosotros queréis ir contracorriente superando los miedos, la pereza, las dificultades, evitando los tópicos, civiles o eclesiásticos. El secreto de ir contracorriente es propio de quien se fía, no de quien confía en sí mismo. Quien confía en sí mismo no agarra serpientes con la mano, pero quien se fía del Señor

D

34. Homilía del cardenal arzobispo en la celebración eucarística para la fiesta de los jóvenes de Acción Católica «Monzagiovani '88», Monza, solemnidad de la Ascensión, 15 de mayo de 1988. ° 139 °

TERCERA PARTE: JÓVENES CORRESPONSABLES EN LA MISIÓN

1. - LOS CINCO SECRETOS DEL CREYENTE

Jesús, que está a la derecha de Dios y obra junto con nosotros, puede realizar acciones valerosas. El Evangelio dice que los discípulos expulsan demonios, beben venenos y agarran serpientes -de modo que tanto unos como otras se vuelven inofensivos-, hablan lenguas nuevas y se acercan a los enfermos con amor. Tal vez sea útil tratar de hacer una traducción simbólica de estas cinco realidades.

inmediato. Rechazad las formas de hipocresía civil y eclesiástica que son medios ocultos para llegar al poder; tratad de servir con amor alejando con valor toda tentativa de religión fácil.

3. Hacer frente a las serpientes Aquí es necesario tener mucha humildad, para no ser encantadores de serpientes que después resulten devorados. ¿Cómo definir las «serpientes»? Cada uno puede proponer sus reflexiones, porque la Escritura es un inmenso y maravilloso juego de símbolos que indican la vida cotidiana transformada por el misterio de Dios. Yo leo en la «serpiente» la idea de que es preciso aprender a agarrar con la mano lo que llamamos las complejidades de la modernidad, de las que nos sentiríamos tentados de alejarnos con soluciones simplistas, tal vez de naturaleza espiritualista e intimista. Por el contrario, hay que agarrar con la mano la serpiente de la complejidad diciendo: no tengo miedo, me enfrento a ti. Esto exige esfuerzo, organización, requiere también un servicio institucional, aceptación de la complejidad de la sociedad y de la estructura eclesiástica. No obstante, es posible agarrar la serpiente con la mano y, más aún, sabemos que, puesta en el mástil, se convierte incluso en el símbolo de la cruz, de la salvación.

1. Imponer las manos a los enfermos Ir contracorriente imponiendo las manos a los enfermos y devolviéndoles la salud significa una verdadera, individual -de hecho, se les imponen las manos uno a uno-, auténtica y directa cercanía al hombre con sus enfermedades, sufrimientos y dificultades, aceptándole tal como es, estando cerca de él, imponiéndole las manos con amor y con fe porque, no por nuestro poder sino únicamente en el nombre de Jesús, pensamos que podemos ayudar a alguien. Vuestro ir contracorriente es la cercanía al ser humano y a todas las situaciones humanas cotidianas más miserables, más abandonadas; las situaciones de la parroquia y del barrio en las que nadie piensa, porque no tienen etiqueta ni color, sino que son grises.

2. Expulsar demonios 4. Hablar lenguas nuevas A los demonios, en cambio, no hay que acercarse, sino rechazarles. ¿Cuándo dice Jesús a Pedro: «Apártate, Satanás»? Cuando Pedro es hipócrita. Desearía estar con Jesús, pero no acepta el mesianismo de la cruz, sino que se hace una religión a su medida, una religión fácil. Porque queréis ir contracorriente, rechazáis abiertamente todo mesianismo ideológico, fundado únicamente en el éxito
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Son todos los lenguajes de la cultura contemporánea y no hemos de tener miedo de aprenderlos. Las lenguas nuevas no son las jergas fáciles, con las que algunos se entienden entre sí y otros quedan excluidos. Nosotros no queremos rechazar la multiplicidad de los dialectos y de las lenguas, sino aprender a expresarnos en todas las formas de nuestra soo 141 o

TERCERA PARTE: JÓVENES CORRESPONSABLES EN LA MISIÓN

1. - LOS CINCO SECRETOS DEL CREYENTE

ciedad, de la civilización, de la cultura, sin considerarlas a priori demonizadas. Hace falta, por tanto, inteligencia, discernimiento y estudio. Id contracorriente rechazando los «programas de traducción automática», rechazando las soluciones fáciles y afrontando el esfuerzo de la formación, de encontrar nuevos lenguajes y concepciones, para llegar a conocer las diferentes lenguas.

5. Beber el veneno El veneno es, en mi opinión, la soledad, el individualismo. Tenemos que beberlo aceptando un poco de esa soledad junto a Jesús. Id contracorriente en la medida en que aceptáis el hecho de no juntaros inmediatamente con otros y haced un valeroso trabajo de camino interior, afrontando la soledad en sus raíces y llegando así a ser capaces de escuchar todas las soledades, de beber el veneno de la soledad contemporánea, que aflige a tantas personas haciéndolas neuróticas e incapaces de comunicarse Si vivimos con seriedad los momentos de desierto, de contemplación solitaria, sabremos beber el veneno de la soledad del otro sin ser contagiados por ella, sino contribuyendo a descontaminar la atmósfera del aislamiento y llevando semillas de serenidad, de bondad y de comunión.

tener la alegría de encontrar la fuente profunda, los orígenes de todo. Los orígenes son sencillos, porque la fuente que sacia la sed sin medida es el llegar a ser amigos de Jesús. Conocerle para amarle, buscar su compañía, descubrirle en los Evangelios, en la eucaristía, en los hermanos. Son palabras que los adultos os han escrito en su carta, y son verdaderas. Jesús es una persona viva, la más viva de todos, y es nuestra luz, nuestra esperanza, nuestra paz, nuestra verdadera alegría, «la plenitud que deseamos, la recapitulación de todos nuestros deseos, el sentido último de todo el amor que queremos recibir y dar». Por eso, ahora nos ponemos en actitud de oración y de ofrenda, para dejarnos atraer por aquel que es cabeza de la historia y de la humanidad y que, sentado a la derecha de Dios, precisamente ahora, está haciendo irresistiblemente de nosotros una sola cosa con él.

6. Amigos de Jesús Vosotros, pues, sois aquellos que «se atreven a remar contracorriente cuidando del conjunto de la vida y de la misión de la Iglesia local estrechamente unidos a los pastores». Sois quienes luchan en la cotidianidad contra el veneno y la tristeza de la soledad, contra la serpiente de la complejidad; contra la hipocresía que amenaza la cotidianidad; contra la enfermedad de la apatía y de la tibieza o de la negligencia en el ámbito de la parroquia o del grupo. Y si os remontáis aguas arriba, podréis
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2. - LA ESPERANZA ESTÁ EN NOSOTROS Y EN MEDIO DE NOSOTROS

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La esperanza está en nosotros y en medio de nosotros

2. La esperanza está también lejos de nosotros Por otro lado, pensando en las ciudades de la llanura que dominamos desde este monte, tenemos que añadir, no obstante, que la esperanza está también lejos de nosotros. Todo joven que se rinde ante la monotonía de la vida, que trata de exorcizarla de manera violenta..., toda resignación, toda monotonía de nuestras vidas y de nuestras parroquias, todo acto de cerrazón, de vileza, todas las formas de encerrarnos en nuestro cascarón. .. todos ellos son gestos más o menos grandes de desesperación, algunos extremos, otros cotidianos, pero siempre dolorosos y tristes.

1. La esperanza está en torno a nosotros

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todo desearía decir que existe la esperanza. Basta pensar en lo que ha sucedido recientemente en Praga, en las palabras de saludo dirigidas por Havel, presidente de Checoslovaquia, al papa35: «En una de sus poesías, usted pregunta: ¿acaso puede la historia ir contra el curso de la conciencia? Es evidente lo que usted quería decir con esta exclamación: que la historia no puede ir contra el curso de la conciencia. Ha tenido razón y junto a usted han tenido razón todos aquellos que no habían perdido la esperanza». Y el Santo Padre, en la misma ocasión de la visita a Checoslovaquia, afirmó, entre otras cosas, en un discurso a los jóvenes: «Vosotros habéis vencido el miedo, habéis encontrado una nueva confianza, un nuevo valor para vivir en la verdad, para vivir bebiendo de los valores espirituales». La esperanza, por tanto, existe, está en torno a nosotros, tenemos muchos signos de su presencia.
JLLNTE

3. La esperanza es Cristo resucitado Al encontrarnos frente a los signos de esperanza innegables que vemos cerca de nosotros y en toda Europa, y frente a los signos de resignación y de desesperación que suben de tantas ciudades, nos preguntamos: ¿qué es la esperanza? 1. Empezamos diciendo -con la ayuda de san Pablo, según el cual lo que vemos no es objeto de esperanza- lo que no es esperanza. Por ejemplo, no es esperanza un simple optimismo que me hace decir: no me va tan mal en la vida, de algún modo me las arreglo, al final tengo un saldo positivo. A lo sumo, es una valoración de una situación feliz que el Señor nos ha dado. En efecto, san Pablo afirma que la esperanza crece en la caducidad, es decir, donde hay un mundo que sabe que está condenado a morir. La esperanza no es cerrar los ojos frente a un fin ineludible, para contentarse con poco; no es negarse a mirar una historia que se va degradando, pensando que, en el fondo, yo estoy bastante bien. 2. La esperanza es, según las palabras de Pablo, escuchar la revelación de los hijos de Dios, esperar la gloria futura. Es antes
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35. Intervención del cardenal arzobispo de Milán en el Sacro Monte de Várese, fiesta de los jóvenes de Acción Católica «Varesegiovani '90», 27 de abril de 1990. Aquí, en particular, Martini se refiere a la histórica visita de Juan Pablo II a Checoslovaquia, en abril de 1990. o ¡44 o

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2. - LA ESPERANZA ESTÁ EN NOSOTROS Y EN MEDIO DE NOSOTROS

que nada dirigir los ojos a la vida que nos viene de Cristo, que está más allá y por encima de todo lo que nos decepciona y se nos escabulle entre las manos. En este sentido, la esperanza es don gratuito de Dios, es aceptación de ese don, es mirar al futuro también en un mar de oscuridad; no depende, por tanto, de condiciones externas más o menos favorables. Depende de saber dirigir la mirada hacia lo alto, hacia la gloria que inunda a Cristo y a nosotros en él. La esperanza es fijar los ojos en Cristo resucitado, que está más allá de toda corrupción y mortalidad. A partir de aquí, la esperanza es también apertura de los ojos, para ver cuándo y cuánto desde ahora esta fuerza, que está por encima de la historia, obra dentro de ella y la atrae a sí. Cuando existe tal esperanza, llegamos a ser capaces de mirar alrededor y de ver los signos de Cristo resucitado en medio de nosotros.

Os doy las gracias porque tenéis el valor de buscar estos lugares de la esperanza también donde hay sufrimiento y tristeza: en las cárceles, en los hospitales, en los hermanos discapacitados, en las personas solas y abandonadas. Vosotros no olvidáis que la esperanza expresa su poder en primer lugar allí donde humanamente nosotros no lo pondríamos. Y vuestras elecciones de los lugares de esperanza han conmocionado a muchas personas que se han asombrado; vosotros daréis, en estos días, el testimonio de que se trata realmente de lugares de esperanza.

5. Un deseo Mientras os confío a otros testimonios de la esperanza36, que podrán hablaros con profundidad de este misterio, os dejo con un doble deseo. El deseo de que conduzcáis a muchas personas de la ciudad de Várese, que nos hospeda y nos acoge, a descubrir estos lugares de la esperanza. Pero tendréis que descubrirlos ante todo vosotros mismos viviendo estos días como un nuevo modo de ver y juzgar la realidad. Y después el deseo de conmocionar a muchos jóvenes que desperdician estas posibilidades, que no saben reconocer la esperanza. Desearía que muchos jóvenes de la diócesis pudieran estar con vosotros y escucharos, que pudieran orar con vosotros. Pido que las antorchas que esta noche llevaréis a la ciudad puedan iluminar a otros muchos corazones. Pido que seáis testigos de esperanza en Várese y en toda la diócesis. Pido, como he hecho ya en la Traditio Symboli y como pediremos de nuevo durante el camino de Pastoral juvenil y en

4. Los signos de la esperanza Los signos de Cristo resucitado no los encontramos necesariamente donde hay éxito y optimismo, donde todo va bastante bien. Si la esperanza es verdadera, sabe bajar los ojos hacia las realidades negativas de la vida, viéndolas a la luz del Reino. Entonces la esperanza es de los pobres, de los hambrientos, de los que lloran, de los perseguidos, a quienes Jesús llama «bienaventurados». Porque para ellos ante todo hay esperanza y para ellos hay una perspectiva sobrecogedora. La esperanza, por tanto, está presente allí donde una situación negativa es leída con un amor más grande que la muerte, a la luz de Aquel que ha vencido a la muerte; y donde toda situación positiva es leída en su tensión hacia la plenitud, que es el poder mismo del Resucitado. Por esto os preguntaréis dónde está la esperanza y buscaréis los lugares donde se encuentra.
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36. Durante la vigilia de oración en el Sacro Monte de Várese, los jóvenes de Acción Católica escucharon también los dos testimonios de la comunidad monástica de las Hermanas ambrosianas (monjas de San Ambrosio) y de Jean Vanier, fundador de las comunidades de «El Arca». o 147 o

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la Escuela de la Palabra, que muchos jóvenes puedan ser estimulados por estos signos de esperanza que hay en el mundo, por estos signos que sois vosotros. Pido a María, madre de la esperanza, que nos abra el corazón, para que seamos capaces de captar los maravillosos signos de esperanza en los que estamos inmersos todos los días. Pido que podamos ser testigos y signos de esperanza para todas las personas con quienes nos encontramos. Por último, pido una oración por los encuentros que estamos teniendo en la catedral -en los viernes durante el domingo de Pascua de resurrección y el de Pentecostés- y en los que participan personas lejanas, no creyentes o en búsqueda. El Señor os conceda captar en vuestro corazón el mensaje de la esperanza, comprender la necesidad de ver sus signos en el día de hoy, y llevar ampliamente el anuncio de este mensaje durante estos días a esta ciudad.

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Participar en la caridad de Dios

l\.BRE nuestro corazón, Señor, para conocer las maravillas de tu Palabra. Abre nuestro corazón y haz que arda, como cuando explicaste las Escrituras a los dos discípulos que iban de camino a Emaús. Acércate a nosotros en nuestro camino y explícanos las Escrituras. Estamos totalmente seguros de que el Señor camina con nosotros y abre nuestro corazón para que podamos comprender las maravillas de su Palabra37.

1. ¿Qué quiere decir «abrir el corazón»? Queremos reflexionar sobre algunos versículos de la segunda parte de la Carta a los Romanos (cf. Rm 12,9-18), que empieza en el capítulo 12 y habla de las consecuencias que brotan de la teología expresada en la primera parte, del capítulo 1 al capítulo 11 (el deber ser brota del ser, el vivir una nueva vida brota del hecho de ser una criatura nueva). Con todo, la segunda parte no es simplemente un corolario de la primera, que es la parte dogmática; se trata más bien de verificar la doctrina, de mostrar que es verdadera en su capacidad de suscitar en nosotros un nuevo modo de ser en la fe y, por la gracia, en la caridad.

37. Meditación en la fiesta de los jóvenes de Acción Católica «Leccogiovani», Lecco, iglesia de San Nicoló, 8 de mayo de 1992. o 148 o o U9 o

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3 . - PARTICIPAR EN LA CARIDAD DE DIOS

Nos acercaremos, por tanto, al pasaje con que da comienzo la parte ética o moral de la carta, con la pregunta propia de estos días de la «Leccogiovani»: ¿qué quiere decir «abrir el corazón»?

2. El contexto de Romanos 12,9-18 E n primer lugar, tratemos de situar el pasaje en su contexto. Pablo describe sintéticamente la vida cristiana como una gran ofrenda personal: «Ofreced vuestros cuerpos», vuestra historia cotidiana, vuestras vicisitudes, «como un sacrificio vivo» (cf. 12,1-2). Después subraya el tema de la comunidad cristiana, del cuerpo eclesial en el que cada uno tiene una misión que cumplir, donde los carismas son unos para otros (cf. versículos 3-8). E n este punto encontramos nuestro pasaje, que responde a la pregunta: ¿cuál es la verdadera caridad? ¿Qué significa «abrid el corazón»? «Vuestra caridad sea sin fingimiento: detestad el mal con horror, adherios al bien; amaos cordialmente los unos a los otros; competid en el afecto mutuo. No seáis negligentes en el celo; sed fervientes en el espíritu; servid al Señor. Sed alegres en la esperanza, fuertes en la tribulación, perseverantes en la oración, solícitos por las necesidades de los hermanos, atentos en la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen, bendecid y no maldigáis. Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran. Tened un mismo sentir los unos para con los otros; no aspiréis a cosas demasiado altas; plegaos más bien a las humildes. No os hagáis una idea demasiado alta de vosotros mismos. No devolváis a nadie mal por mal. Tratad de realizar el bien ante todos los hombres. Si es posible, en cuanto de vosotros dependa, vivid en paz con todos los hombres» (Rm 12,9-18). A primera vista, es posible que sean palabras un poco decepcionantes, parece que se suceden al azar, con un elenco de actitudes y una acumulación de imperativos. E n realidad, si
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consideramos esta página con atención, descubrimos que presenta u n cierto orden. Por ejemplo, un orden numérico. E n los tres primeros versículos hay siete imperativos, que concluyen con «servid al Señor»; encontramos después otra serie de cinco imperativos, que se refieren a las circunstancias con que se vive la caridad (alegres, fuertes, perseverantes, solícitos, atentos); siguen otros siete imperativos que guardan relación con situaciones particularmente difíciles, donde se pone a prueba el corazón y no sólo la mano que ayuda (bendecid y no maldigáis, alegraos, llorad, tened un mismo sentir, no aspiréis, plegaos, no os hagáis una idea demasiado alta de vosotros mismos); finalmente, tres exhortaciones sintéticas (no devolváis mal por mal, tratad de realizar el bien ante los hombres, vivid en paz). A través de una disposición numérica sencilla (siete, cinco, siete, tres), Pablo expresa diversas condiciones y momentos de la vivencia de la caridad. Tal vez sea útil notar también que en el texto original griego los verbos no están siempre en imperativo; hay participios de presente, gerundios y adjetivos (evitando al mal, adhiriéndose al bien, alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación). N o se trata, por tanto, de mandatos, sino más bien de actitudes que describen el retrato robot del cristiano, el espejo del cristiano que abre el corazón. E n este espejo queremos mirarnos, releyendo uno a uno todos los imperativos {lectio), captando su mensaje [meditatio) y terminando con una oración (oratio).

3. Lectio de Romanos 12,9-18 1. H a y un principio general que introduce los siete primeros imperativos: el amor es incompatible con la hipocresía. Es una afirmación, una puesta en guardia general: estáte atento, porque la caridad no puede ser una máscara detrás de la cual ocultas una búsqueda de ti mismo, una búsqueda de gratificacioo 151 °

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3 . - PARTICIPAR EN LA CARIDAD DE DIOS

nes para ti, o incluso tu interés. Puedes hacer gestos de caridad sin abrir el corazón, y en este caso eres hipócrita. Parece, por tanto, que Pablo dice al principio: «Fuera la máscara». ¿Pero cómo podemos saber que nuestra caridad no es una máscara, sino la expresión de la apertura del corazón? Éstos son los siete imperativos que indican la apertura del corazón. «Detestad el mal con horror». Por ejemplo, el horror de estos días38, el disgusto de la opinión pública por los escándalos políticos y administrativos, es un hecho positivo. Aborrecer las tramas inicuas, las asociaciones perversas, es un movimiento justo de caridad. «Adherios al bien», adherios a él como una especie de fusión amorosa; sed una sola cosa con el bien, no os dejéis despegar de él por miedo o por complicidad. «Amaos cordialmente, con amor de hermanos», como miembros de una sola familia. «Competid en el afecto mutuo». La exhortación parece obvia, pero no es tan fácil aplicarla de verdad, es decir, abrir el corazón, y decir al otro: «Tú vales más que yo, y eso me alegra». «No seáis negligentes en el celo». El celo es aquí el interés solícito por otra persona, el cuidar del otro: me importa, no me desintereso, no dejo a un lado a los demás. Este empeño en cuidar del otro, o en realizar lo que se nos ha confiado, queda especificado por el imperativo siguiente. «Sed fervientes», ardientes en el espíritu; no seáis tibios, apáticos, perezosos, aburridos, como quien no encuentra nunca tiempo para comprometerse y siempre sabe aducir excusas. Sed ardientes, id contra toda forma de estancamiento, de paralización espiritual.

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El séptimo imperativo, que concluye esta primera serie, es el decisivo: «Servid al Señor». Es decir: Pablo no está dando buenos consejos para regular relaciones puramente horizontales, sino que quiere que veamos en toda actitud a aquel que está detrás: Jesús. Es él quien nos repite: «Me lo habéis hecho a mí»; por mí, adhiérete al bien; por mí, compite en el amor a los demás; por mí, sacúdete la pereza y sal de ese estado de indolencia que te hace tanto daño.

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2. Siguen otros cinco imperativos, que designan circunstancias particulares (no son ya, por tanto, sólo indicaciones generales) en las que se ha de mostrar concretamente lo que significa abrir el corazón. A través de tales circunstancias se realizan las exhortaciones precedentes. Veámoslas: la tensión hacia el futuro cuando el presente es oscuro; la resistencia cuando la tribulación aplasta; seguir orando cuando la oración pesa; ocuparse de otro cuando su necesidad se vuelve exigente o molesta; mantener la hospitalidad cuando resulta incómoda.

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38. El cardenal se refiere al escándalo de Tangentopoli y a las investigaciones judiciales denominadas «Mani pulite» (Manos Limpias) de la década de 1990. o 152 °

En estas cinco ocasiones que atraviesan la cotidianeidad (de la oración, pasando por la atención al otro, a la hospitalidad) somos llamados a hacer exactamente lo contrario de lo que tendríamos la tentación de hacer. Porque cuando no vemos aperturas al futuro, nos entristecemos; cuando la tribulación nos acosa, nos deprimimos; cuando la oración pesa, la abandonamos; cuando el hermano nos resulta molesto, le dejamos plantado; cuando el huésped es incómodo, le despedimos. Abrir el corazón quiere decir actuar a la manera de Dios, superando lo que es el peso de la fatiga, del disgusto, el aburrimiento de la oración, el cansancio que se experimenta hacia el hermano o la hermana. Se empieza a esbozar la figura de Jesús. Es él quien no nos ha dejado plantados en el camino, es él quien nos ha acogido,
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3 . - PARTICIPAR EN LA CARIDAD DE DIOS

es él quien ha perseverado en la oración en el huerto de Getsemaní, es él quien, en la tribulación de la cruz, no se ha sentido aplastado, sino que ha perdonado. 3. Otro paso adelante. Después de estas cinco circunstancias difíciles, hay siete imperativos que se refieren a las disposiciones internas, es decir, al corazón de la caridad, no sólo a los gestos. Estos imperativos responden a las preguntas: ¿qué debo hacer cuando alguien no me quiere y no acepta mi gesto de caridad, de educación, de delicadeza? ¿Cómo estar realmente cercano a los sentimientos de otro? ¿Cómo aceptarnos entre nosotros? ¿Cómo mantener el equilibrio cuando tengo grandes responsabilidades? Si somos sinceros al leer estas siete nuevas exhortaciones, vemos que normalmente hacemos lo contrario de lo que ellas nos dicen. «Bendecid a los que os persiguen». Frente a la hostilidad nos amargamos o nos irritamos: «Pero mira cómo me tratan. ¡Mira cuánta ingratitud y cuánta maldad hay en la gente, en el mundo!». Pablo dice: alegraos, bendecid, dad gracias, no maldigáis. Francisco de Asís hablará de la «perfecta alegría». «Alegraos con los que se alegran». Aun cuando hagamos muchas cosas por los demás, a menudo no compartimos nuestros sentimientos, y entonces, si alguien ríe, pensamos: ya se siente feliz, ya está contento así; y nos ocupamos de otra cosa, no reímos con él. Pablo nos hace saber que esto no es caridad, porque caridad significa compartir. Lo mismo vale para el imperativo siguiente: «Llorad con los que lloran». Quizás ayudemos a la persona que llora, pero no lloramos con ella. «Tened un mismo sentir los unos para con los otros»; es decir, interesaos también por quienes están junto a vosotros, tratad de encontrar tiempo para los de casa.
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No aspiréis a cosas demasiado altas». «Plegaos más bien a las humildes». Si hacemos algo bueno, nos damos importancia; si nos parece que hemos organizado algo que ha salido muy bien, crecen nuestras pretensiones. Y entonces el apóstol nos exhorta: no aspiréis a cosas demasiado altas, sino plegaos a las humildes. Mejor aún: «No os hagáis una idea demasiado alta de vosotros mismos», porque la caridad es humilde, paciente, no quiere aparentar.

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4. Finalmente, los tres últimos imperativos, que son una espléndida síntesis de la apertura del corazón, de la caridad. El primero: sed tan creativos que podáis vencer el mal con el bien. Esta es la conclusión del pasaje, que se encuentra en el versículo 21 y que está anticipada en la frase: «No devolváis a nadie mal por mal». El segundo: «Tratad de realizar el bien ante todos los hombres», sed universales, católicos en vuestra apertura de corazón; no lo abráis sólo a los de vuestro grupo, sino id más allá de los muros, de los círculos reducidos, de las simpatías. El tercero: «Si es posible» -Pablo, por tanto, supone que es muy difícil-, «vivid en paz con todos los hombres», ofreced paz.

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Si ésta no es aceptada, volverá a vosotros para vuestro bien, pero seguid ofreciéndola sin cansaros. Y nosotros tomamos conciencia, después de haber recorrido todos los imperativos (siete, cinco, siete, tres), de que esta síntesis (vencer el mal con el bien, abrir el corazón a todos, ofrecer a todos la paz) es algo divino, porque lo propio de Dios es sacar el bien del mal. Cuando abrimos el corazón, participamos de este poder creador y redentor, y entramos en la obra de Jesús que redimió al mundo.

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3 . - PARTICIPAR EN LA CARIDAD DE DIOS

4. Dos interrogantes para la meditatio Después del momento de la lectio, os propongo dos interrogantes para la meditatio. 1. ¿Cuándo nacen en mí las actitudes que hemos descrito? La respuesta está en los once primeros capítulos de la Carta a los Romanos. No puedo forzar esas actitudes en mí, no puedo acariciarlas sólo con la imaginación o imponérmelas; son, de hecho, las actitudes de Cristo en mí, del Espíritu en mí. Abrir el corazón quiere decir, por tanto, abrir el corazón al don del Espíritu que nos lo cambia. ¿Estoy dispuesto a abrir mi corazón? ¿Creo en el don del Espíritu? ¿Lo pido? ¿Pido a menudo al Señor que me abra el corazón para poder cantar las maravillas de su ley? 2. Una vez recorridas todas las actitudes descritas en nuestro pasaje, puedo preguntarme: ¿cuál es para mí la actitud más importante, la que más me cuesta, aquella en la que más fallo, en la que me reconozco menos, aquella que Jesús me invita a aprender hoy?

Para poder decir esto, es necesaria la segunda oración: «Ábrete, corazón de Cristo, para que yo pueda entrar en ti, en tu conciencia de Hijo, de Hijo del Padre, de hermano de todos nosotros; para que, entrando en ti, pueda abrir mi corazón como tú nos lo has abierto a nosotros en la cruz. Haz que entre, oh Jesús, en tu corazón herido, para abrir mi corazón a esta humanidad inquieta, asustada, dividida, deprimida, triste». La tercera oración es por la ciudad de Lecco, que ya nos ha abierto el corazón: «Ábrete, corazón de esta ciudad, para acoger a los jóvenes. Ábrete y anuncia al mundo que no hay en medio de nosotros, no hay en esta tierra sólo corrupción y explotación, no hay sólo escándalos, sino que hay dones gratuitos, personas generosas, libertades que se entregan sin recibir nada a cambio. Ábrenos tu corazón, ciudad de Lecco, y haz que conozcamos en ti algo de la historia del corazón de Cristo, y la llevemos a nuestras ciudades, tan necesitadas de ese testimonio».

5. Una triple oración Por último, os sugiero una triple oración. La primera es personal, nos la dirigimos casi a nosotros mismos releyendo estas palabras: «Ábrete, corazón mío. Ábrete, corazón mío, para ser perseverante en la oración. Ábrete, corazón mío, para ser fuerte en la tribulación. Ábrete, corazón mío, para bendecir y no maldecir, para cuidar a quien me resulta pesado. Ábrete, corazón mío, para llorar con quien llora y alegrarme con quien está alegre».
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4 . - PERMANECER EN JESÚS PARA SER HOY IGLESIA VIVA

4 Permanecer en Jesús para ser hoy Iglesia viva

Reflexionaremos sobre este pasaje teniendo presente esta pregunta: ¿dónde está la Iglesia y qué es verdaderamente Iglesia hoy? La página de Juan es tan densa que no nos permite fácilmente captar su profundidad y, sin embargo, no queremos quedarnos en la superficie. «Señor, ayúdanos a entrar en las palabras tal como tú las pronunciaste y como nos las transmitió el evangelista. Nosotros desearíamos entrar en tus palabras para ser iluminados y reconfortados por ellas, para tener ideas más claras a propósito de tantos tópicos relativos a la Iglesia y a propósito también de las motas y las vigas que se nos han recordado». Nos proponemos, por tanto, leer en el texto evangélico la idea que debemos y podemos tener de la Iglesia. En verdad, el significado parece bastante obvio, porque Jesús habla de su relación con los discípulos recurriendo a la imagen, muy simple y evidente de inmediato, de la vid y los sarmientos. Esta imagen connota una unión estrechísima entre dos realidades físicas, prácticamente una identificación: la vid no es una cosa diferente del sarmiento; la vid no es el tronco desnudo de un árbol, sino que es un todo con los sarmientos. El concepto de unidad entre Jesús y los suyos se expresa con mucha fuerza. Jesús no quiere decir sólo: «Vosotros estáis muy unidos a mí», sino que dice: «Vosotros sois una parte de mí». Pero más allá de esta percepción global que deducimos del pasaje, no es en modo alguno fácil orientarse frente a la lectura de tantas palabras y de tantas expresiones. Más bien hay que acercarse con atención a la página de Juan, haciendo una lectio de ella, para subrayar las palabras recurrentes y los sujetos de las oraciones de este pasaje; en un segundo momento, podremos reflexionar sobre su mensaje.

-L/ESDE el balcón del que os hablo puedo contemplar un espectáculo bellísimo y doy gracias a Dios por lo que veo39: doy gracias a Dios sobre todo por vosotros, queridísimos jóvenes aquí reunidos y doy gracias a Dios por la ciudad de Busto Arsizio, ciudad de corazón abierto, cordial, acogedora, a la que me unen tantos recuerdos. En efecto, al ver la iglesia, pienso en la liturgia que celebré para vosotros hace 45 años. A vosotros, jóvenes, os expreso un agradecimiento muy sincero por estos tres días; vosotros lleváis la voz y la presencia de todos los arciprestazgos de la diócesis e invadís pacíficamente esta ciudad para difundir la alegría de ser Iglesia. Es una experiencia particularmente intensa de la que seréis protagonistas durante tres días; es una experiencia pública de cristianismo vivido, de Iglesia abierta a la gente.

1. La vid y los sarmientos Nosotros queremos fundar la iniciativa de «Bustogiovani» sobre la Palabra de Dios, sobre la página del Evangelio de Juan que nos ha propuesto la imagen de la vid y los sarmientos (Jn 15,1-11).

39. Meditación en la fiesta de los jóvenes de Acción Católica «Bustogiovani», Busto Arsizio, 6 de mayo de 1994. o 158 °

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4 . - PERMANECER EN JESÚS PARA SER HOY IGLESIA VIVA

2. Lectio de Juan 15,1-11 ¿ Cuáles son las palabras másfrecuentes ? «Vid» se repite tres veces; «sarmiento», cinco; «fruto», seis; «permanecer», siete veces. El término más frecuente es un verbo: «permanecer», que aparece cinco veces en la forma positiva (permanecer) y dos veces en la forma negativa (no permanecer). Sigue el sustantivo «fruto», con seis ocurrencias. El tema central no son de por sí la vid y el sarmiento, sino el permanecer, el estar con Jesús y quedarse con él. Y el tema central de la página joánica se especifica diciendo: ¡permanecer en Jesús es la condición para dar fruto! Esta es la enseñanza contenida en la imagen del sarmiento en la vid: sólo si el sarmiento está en la vid es fructífero, vital, auténtico. Si lo traducimos para nosotros, podemos decir que sólo quien está en Jesús es una persona auténtica, que sólo si estamos en Jesús nuestra vida no es estéril. Entonces podemos entender el significado de la tercera palabra: «sarmiento». El sarmiento unido a la vid da fruto, mientras que el sarmiento separado, estéril, arrojado fuera, se seca y se quema en el fuego. En el término «sarmiento» están incluidos los dos resultados de la condición humana: o una humanidad plena que se expande, da fruto e irradia; o bien una humanidad fracasada, entumecida, cerrada en su soledad, incapaz de amar, desfigurada y desolada. Cada uno de vosotros pertenece necesariamente a uno de estos resultados. La última palabra es «vid», repetida tres veces, y tiene una larga historia en la Biblia. Esa historia parte de la vid plantada por Noé (Gn 9) y se encuentra sobre todo en los Salmos. «Vid» o «viña» significa el pueblo en su relación con Dios.
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La novedad de Jesús consiste en el hecho de que él no llama «vid» al pueblo, sino a sí mismo («Yo soy la vid»); más aún, a sí mismo en oposición a otras posibles falsificaciones. Es como si dijera: Yo soy la vid verdadera, la vid auténtica que las precedentes imágenes veterotestamentarias hacían presagiar. Jesús se define como «vid» para subrayar que él es la realidad mesiánica de los últimos tiempos, que revela el sentido del camino del pueblo de Dios y de la revelación. La verdadera vid es el pueblo mesiánico incorporado en Jesús. Descubrimos, por tanto, la cristología y la eclesiología de Juan 15: Cristo es la Iglesia; la Iglesia es él con nosotros y en nosotros; la Iglesia somos nosotros en él; la Iglesia no es nada sin Cristo y si prescinde de Cristo; es más, en este caso no merece ni siquiera el nombre de Iglesia. Quien dice Iglesia y no piensa ante todo en Cristo, no expresa en realidad la verdad de la Iglesia, sino que habla de sarmientos muertos, inútiles y justamente sometidos a todas las críticas del mundo. ¿Cuáles son los sujetos de las oraciones de este pasaje? Después de hacer considerado las palabras clave, preguntémonos cuáles son los sujetos del pasaje. Ante todo Jesús, mencionado siempre en primera persona, como el sujeto clave de la acción e indicado como el referente necesario de los discípulos, del pueblo y de la Iglesia, con la expresión «en mí». Con Jesús es mencionado el Padre: «Mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta; poda el sarmiento que da fruto; es glorificado en el hecho de que deis fruto». El Padre es el Principio de todo principio y hemos de pensar que está actuando siempre que hablamos de la Iglesia. Por último, el tercer sujeto del pasaje son los discípulos, indicados siempre con el pronombre «vosotros»: «Vosotros estáis ya limpios; os he anunciado la Palabra; permaneced
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4 . - PERMANECER EN JESÚS PARA SER HOY IGLESIA VIVA

en mí y yo en vosotros; si no permanecéis en mí, no podéis dar fruto; vosotros sois los sarmientos...». Además de los tres sujetos mencionados, hay un cuarto sujeto, mencionado sólo de manera general, a saber, «quien»: «quien permanece en mí; quien no permanece en mí». No se hace referencia sólo a los discípulos, sino también a quien abandona a Jesús, que es como un sarmiento separado; se hace referencia a quien permanezca o no permanezca en Jesús, a quien quiera permanecer con Jesús o a quien piense quizás en hacer Iglesia, pero sin preocuparse de permanecer en él.

En esta página se habla de nosotros, de aquellos de nosotros que quieren ser discípulos y de quienes corren el riesgo de convertirse en un sarmiento seco que después será arrojado al fuego. Se habla de nosotros, de nosotros y de tantos amigos nuestros, y se subrayan las características de su verdad y de la nuestra, de su autenticidad y de la nuestra, de su naufragio en la vida y del nuestro.

3. Meditatio: la alianza Para captar con mayor profundidad aún el mensaje de este pasaje, os hago observar que la relación entre Jesús y los discípulos aparece siempre indicada como una relación que nace de Jesús y hace referencia por entero a él, pero es también una relación recíproca: yo en vosotros y vosotros en mí. ¿Qué sentido tiene esta reciprocidad varias veces repetida? Esta pregunta nos introduce justamente en el corazón de la página evangélica: Jesús no quiere sólo afirmar de manera general la necesidad de estar unidos a él. Los términos usados nos ayudan a comprender que con la imagen de la vid y los sarmientos se nos remite a una realidad clave de todo el Antiguo Testamento y de toda la Biblia: la realidad de la alianza.
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Quienes vivisteis, hace algunos años, la experiencia de Siquén, recodaréis ciertamente nuestra insistencia en la alianza y la alegría de haber captado la centralidad de ésta en nuestra vida. De hecho, en Siquén proclamamos la alianza con Jesús, Señor de esta tierra, de esta cultura, de esta historia. El texto de Juan 15 es otro modo de expresar la alianza, cuya fórmula bíblica sintética suena así: «Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo». Es, por tanto, la fórmula de reciprocidad característica de la alianza entre Dios y el pueblo, porque la alianza no es sólo un gesto real con el que Dios cuida de su pueblo, sino que es una declaración de amor de quien de por sí tiende siempre a la reciprocidad: ámame porque yo, el Señor, te amo; ámame como yo, el Señor, te amo. La fórmula de la alianza aparece además en un contexto explícito de declaración de amor en el Cantar de los cantares, el libro que canta el amor entre Dios y su pueblo, y cuya frase clave es: «Mi amado es para mí y yo soy para él, yo soy para mi amado y mi amado es para mí»; «yo soy para mi amado y su deseo se dirige hacia mí». Jesús aplica la alianza a la relación entre él y los discípulos, y en esa alianza entre Jesús y quienes están junto a él en la última cena entrevemos su relación con la humanidad entera. El pasaje de la vid y los sarmientos lanza un gran mensaje a todos los hombres y las mujeres del mundo: vosotros sois llamados a ser una sola cosa conmigo, del mismo modo que los sarmientos son una sola cosa con la vid, y sois llamados a dar fruto. La vid representa entonces la nueva humanidad en Jesús, que es el Viviente. Ésta es la Iglesia en la que creemos, la Iglesia de la que se os pide que tengáis experiencia en la «Bustogiovani», la Iglesia que la gente debe poder contemplar, la Iglesia que quien no tiene fe debe al menos poder presentir cuando entra en contacto con los discípulos de Jesús, la Iglesia que vosotros debéis llevar por las calles de esta ciudad. Según la bellísima oración de la liturgia de hoy, «la Iglesia es la humanidad conforme al deseo de Dios».
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TERCERA PARTE: JÓVENES CORRESPONSABLES EN LA MISIÓN 4 . - PERMANECER EN JESÚS PARA SER HOY IGLESIA VIVA

¿Qué quiere decir ser Iglesia que da fruto? No me toca a mí sacar conclusiones de cuanto hemos descubierto al releer y meditar la página del Evangelio de Juan. Las sacaréis vosotros al término de los tres días en los cuales viviréis vuestro «Creo en la Iglesia hoy». ¡Y os deseo que deis fruto y que vuestro fruto permanezca! Con todo, sugiero dos respuestas a la pregunta: ¿qué quiere decir ser Iglesia que da fruto? I. Quiere decir permanecer en Jesús. Esta indicación me la sugiere la figura de Gianna Beretta Molla, médica y madre de familia, proclamada beata el pasado 24 de abril por Juan Pablo II. Me la sugiere concretamente el permanecer en Jesús de Gianna, aquel permanecer que había decidido desde la adolescencia, durante los Ejercicios espirituales que hizo cuando tenía 16 años. De su permanecer en Jesús como sarmiento en la vid nació primero el fruto grande, en el compromiso profesional como médica dedicada por entero a su misión, después su amor matrimonial y conyugal, su fecundidad de madre y, finalmente, el heroísmo de dar la vida por la hija que llevaba en sus entrañas. El dar fruto de Gianna permanece hoy en la Iglesia universal porque en todo el mundo la vida de Gianna está iluminando a innumerables personas, las está reconfortando, consolando, animando. Ser Iglesia que da fruto quiere decir permanecer en Jesús dando fruto en la vida personal, familiar y profesional. 2. Un segundo modo de permanecer en Jesús dando fruto, podemos verlo en otras figuras que conocemos: Giorgio La Pira, Giuseppe Lazzati, Marcello Candia y don Isidoro Meschi, un joven sacerdote ejemplar, mártir de la caridad cristiana, asesinado hace algunos años en esta ciudad por no haberse negado a ayudar a un muchacho discapacitado. Las figuras que he mencionado son ejemplos de lo que significa dar fruto en el ámbito caritativo, social, cultural y poho J64 °

tico. Frutos por los cuales hoy se reconocerá si la Iglesia es de verdad sarmiento unido a la vid, si permanece en Jesús, si nosotros somos estos sarmientos. Y entre los compromisos -personal, familiar, social, cultural, caritativo, político- subrayo en particular el socio-político, que hoy parece frustrarse en la confusión de nuestro tiempo. Nosotros pensamos que también ese compromiso por la sociedad -vivido según los valores evangélicos- puede dar fruto, un fruto que da gloria al Padre que está en los cielos, un fruto que muestra la fecundidad de la Iglesia, sarmiento de la vid que es Jesús. Mi deseo es que «Bustogiovani» muestre qué frutos son capaces de dar quienes, como vosotros, quieren permanecer en Jesús y ser de verdad Iglesia viva.

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5 . - LLAMADOS A SALIR DE LA MEDIOCRIDAD Y DEL MIEDO

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Llamados a salir de la mediocridad y del miedo

La expresión indica el dinamismo profundo de la persona, de donde brota la acción moral; la apertura a la revelación, a la fe, a la esperanza, al amor. Indica el ir «más allá» hacia el misterio de Dios, que he tratado de expresar en mi última carta pastoral: «¡Volvamos a partir de Dios!».

1. El encuentro entre la Samaritana y Jesús JL/lRIJO ante todo un cordial y afectuoso saludo a la simpática y generosa ciudad de Treviglio, que nos acoge con su riquísima historia civil, religiosa, artística, cultural y social40. Saludo al santuario de la Madonna delle Lacrime, al que he venido tantas veces como peregrino, como mis predecesores, entre los cuales recuerdo, en particular, al beato cardenal Andrea Ferrari y al próximo beato cardenal Ildefonso Schuster. Un cordial saludo a las autoridades, al alcalde, al decano, al prepósito y a todos los presentes, y un sincero agradecimiento a las familias que se han desvivido para acoger a los jóvenes. Gracias también al Palazzetto dello Sport (Palacio de Deportes) que se inaugura justamente con la «Trevigliogiovani». Esta manifestación tiene también su historia, cuyas etapas quiero recordar: Monza 1988, Várese 1990, Lecco 1992, Busto Arsizio 1994. Cada etapa ha tenido sus características, sus sorpresas y recuerdos espléndidos, y así sucederá también con la que estamos viviendo. El tema «Más allá» es muy significativo dado que, para nuestra tradición religiosa, evoca de inmediato el cielo, el paraíso, la vida eterna, aquel más allá al que tiende siempre el deseo humano, que nunca se sacia, que nunca queda satisfecho. Os habéis propuesto releer este extraordinario dinamismo en la figura de la mujer samaritana que encuentra a Jesús junto al pozo de Sicar (cf. Jn 4,1-30). Una figura que conocemos bien porque la liturgia nos presenta este pasaje joánico todos los años, en el tiempo de cuaresma. Y el diálogo entre ella y Jesús se compone de siete intercambios, es decir, de siete preguntas y siete respuestas. La característica del diálogo consiste en el hecho de que Jesús eleva cada vez más el nivel del discurso, lo lleva más allá de la pregunta de la mujer. Es más, podríamos decir que Jesús no responde nunca en el mismo plano, y obliga siempre a la mujer a ir más allá. Dice la Samaritana: «¿Cómo tú me pides de beber a mí?». Y Jesús responde: «Tú misma deberías haberme pedido de beber a mí». Por tanto, no responde en el mismo plano. «¿Cómo puedes tú sacar agua?». Y él: «Todo el que beba de esta agua no volverá a tener sed». La mujer, una vez más: «Dame de esta agua». Jesús, en vez de responder, le dice: «Ve a llamar a tu marido». Esta vez ella no pregunta nada, sino que afirma: «No tengo marido». Jesús finalmente responde en el mismo nivel: «Has tenido cinco». Responde en el mismo plano porque la samaritana empieza a hablar de sí misma, a cuestionarse, si bien de forma velada. Naturalmente, Jesús, como en
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40. Intervención en la fiesta de los jóvenes de Acción Católica «Trevigliogiovani», Treviglio, 3 de mayo de 1996. o J66- o

TERCERA PARTE: JÓVENES CORRESPONSABLES EN LA MISIÓN 5 . - LLAMADOS A SALIR DE LA MEDIOCRIDAD Y DEL MIEDO

las tres primeras respuestas, va más allá, mucho más allá de la declaración tímida de la mujer, obligándola a preguntarse, a entrar en el meollo de sus problemas, y a confesar sus decepciones, amarguras y descontentos en la vida. Ella insiste: «Pero ¿debemos adorar en Jerusalén o sobre este monte?». Y Jesús: «Ni aquí ni en Jerusalén, sino en espíritu y en verdad».

El nivel del diálogo se ha ido elevando cada vez más y la mujer, en este punto, desearía evitarlo, remitiendo a un Mesías esperado la explicación de la verdad, como si sugiriera: dejemos las cosas como están y si un día viene el Mesías, ya veremos. Sin embargo, la respuesta de Jesús es seca y sorprendente: «Soy yo, el que está hablando contigo». Esto es lo que significa en el relato de Juan «ir más allá»: encontrar, descubrir que quien nos habla, aquí y ahora, es aquel de quien no podemos huir porque nos conoce por dentro y nos obliga a ir más allá de las reticencias y las resistencias. ¿A quién representa la Samaritana? Nos preguntamos a modo de meditación: ¿qué me dice esta página del Evangelio? ¿Quién es ante todo la mujer samaritana y a quién representa? ¿Qué está viviendo y qué espera? Ella es figura de todos nosotros, es nuestra sociedad decepcionada después de tantas experiencias y tantas promesas, es una sociedad rota por los dolores de las guerras, de los odios, de las crueldades, de las venganzas; es una sociedad que se dobla bajo el peso del tedio, manchada por las banalidades cotidianas, deseosa sólo de evadirse, de no ser explotada por más tiempo. Como la mujer, es una sociedad que ya no espera nada ni a nadie y vive comiéndose su capital de historia y de talentos; está decepcionada y amargada, es escéptica, quiere evitar todo análisis serio y Jesús la obliga siempre a ir más allá. La Samaritana somos nosotros, cada uno de nosotros: cuando nos resignamos a la rutina de lo ordinario, a la cotio 168 °

dianidad siempre idéntica a sí misma; cuando nos contentamos con nuestro esfuerzo al sacar agua del pozo para un día y basta; cuando nos sentimos molestos porque un extraño nos pide algo y nos decimos a nosotros mismos: pero ¿qué quiere éste, quién es? Justo en ese momento viene el Señor, nos lleva más allá de nuestra cotidianeidad y de nuestra banalidad, y nos hace comprender que el extraño presente no es un intruso, sino una invitación a ir más allá de nosotros mismos, a encontrar lo mejor de nosotros. ¿Qué espera la mujer? No espera nada ni a nadie: lo había probado todo en la vida, ya no creía en nadie. Pero tenía dentro una pequeña luz, una palabra que le hacía esperar que tal vez un día vendría el Mesías. Ciertamente era una expectativa vaga, que no incidía en su vida diaria. Y, sin embargo, a ella se le da la revelación: «Soy yo, el que está hablando contigo».

2. «Soy yo, el que está hablando contigo» Queridísimos jóvenes, en estos días sois llamados a hacer comprender que aquí, en nuestro contexto, en nuestra cotidianeidad, está él, el Señor que habla, que nos encuentra, que nos invita a ir más allá; es Jesús, que nos invita a recuperar el aliento y el entusiasmo. Vosotros sois esta voz, vosotros lleváis esta palabra a una sociedad que siente la tentación de plegarse sobre sí misma, sobre sus egoísmos, sobre sus desilusiones. Llevad, pues, esta palabra con valentía, haced que se oiga en las calles de Treviglio que hay un más allá, un más allá que nos llama y nos moviliza. Y os deseo de corazón que viváis cuanto se dice en la conclusión de la página de Juan, después de que Jesús se ha revelado: «La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: "Venid a ver"» (Jn 4,28-29). Id a la ciudad y decid a la gente: «¡Venid a ver!».
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TERCERA PARTE: JÓVENES CORRESPONSABLES EN LA MISIÓN

Os encomiendo también a vosotros la tarea de prepararnos a todos nosotros, a toda la diócesis -a la que representáis- para escuchar otra voz, que resonará en la plaza de San Pedro, en Roma, dentro de pocos días, llamándonos a la santidad: la voz del próximo beato, el cardenal Ildefonso Schuster -que tanto amaba a los jóvenes y a la ciudad de Treviglio-, el cual intercede desde ahora para que nosotros salgamos de la mediocridad y del miedo, y nos lancemos al horizonte de la santidad, a aquel «más allá» donde encontraremos la verdadera alegría.

Prólogo Introducción, por Luigi Accattoli Carta a losjóvenes

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PRIMERA PARTE

NOSOTROS SERVIREMOS AL SEÑOR

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1. Dios nos llama y nos libera 23 1. La convocación 25 El libro de Josué 26 El sentido de la convocación 27 Preguntas conclusivas 31 2. Nuestra historia: llamados a la libertad 32 Los tiempos de la intervención divina 34 La conciencia de ser llamados y de ser liberados . . . . 38 3. Nuestra historia: Dios nos ha dado una tierra . . . 39 Introducción 41 «Lectio» 41 «Meditatio» 43 Hacia la contemplación 46 4. La respuesta: no queremos servir a otros dioses . 48 El texto 48 La palabra «alianza» 49 «No queremos servir a otros dioses» 52 Algunas preguntas prácticas 54
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LIBRES PARA CREER

ÍNDICE GENERAL

5. Elegimos servir al Señor Lectio Meditatio Contemplatio 2. El Credo y nuestra fe 1. Elementos y partes del Credo 2. Tres consecuencias del Credo 3. Escuchad hoy su Palabra 1. Fijar la mirada en el Crucificado 2. Tres actitudes diferentes 3. Alianza misionera 4. Escuchar la Palabra 4. Elegimos servir al Señor y proclamarlo 1. La elección de servir al Señor 2. Proclamar al Señor 5. Iluminad la ciudad 1. Una síntesis provisional 2. Algunos principios que hemos de retener 3. ¿Qué ha significado Siquén como proceso? . . . . 4. ¿Qué ha significado Siquén como Asamblea? . . . 5. ¿Qué vendrá después de Siquén? 6. Id también vosotros a mi viña

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2. 3. 4. 5. 6.

Escuchar (Is 21,11-12) Consolar, evangelizar (Is 52,7-9) Interceder (Is 62,6-7) Amonestar (Ez 33,7) Discernir (Ab 2,1-3)

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4. Jóvenes con visión 1. La gracia de la visión 2. M i experiencia y vuestras cartas 3. El camino que os espera 5. Como lámpara que brilla en un lugar oscuro 6. Caminamos en la noche 7. Una gran alegría y una riqueza desbordante 1. El sentido de los acontecimientos 2. as etapas 8. N o tengáis miedo de ser santos 1. Atravesaba la ciudad 2. Tened valor para atravesar de nuevo la ciudad 3. Buscad a Jesús Estad alegres por ser cristianos Custodiad la Palabra El don de la oración 4. Bajo la mirada de Jesús Sed acogedores Formas nuevas de vida fraterna Los vínculos afectivos Amad a la Iglesia 5. Cristianos para el mundo La dimensión civil de la vida Un alma universal 6. Hoy, la salvación « 173 o

SEGUNDA PARTE

CENTINELAS D E L A M A Ñ A N A 1. Escrutad el horizonte de la esperanza 2. Confío en vosotros, jóvenes 3. ¿Qué piden hoy los jóvenes? 1. Observar (Is 21,6.8)
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LIBRES PARA CREER

TERCERA PARTE JÓVENES CORRESPONSABLES EN LA MISIÓN 1. Los cinco secretos del creyente 1. Imponer las manos a los enfermos 2. Expulsar demonios 3. Hacer frente a las serpientes 4. Hablar lenguas nuevas 5. Beber el veneno 6. Amigos de Jesús 2. La 1. 2. 3. 4. 5. esperanza está en nosotros y en medio de nosotros La esperanza está en torno a nosotros La esperanza está también lejos de nosotros . . . . La esperanza es Cristo resucitado Los signos de la esperanza Un deseo

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3. Participar en la caridad de Dios 1. ¿Qué quiere decir «abrir el corazón»? 2. El contexto de Romanos 12,9-18 3. Lectio de Romanos 12,9-18 4. Dos interrogantes para la meditatio 5. Una triple oración 4. Permanecer en Jesús para ser hoy Iglesia viva 1. La vid y los sarmientos 2. Lectio de Juan 15,1-11 ¿Cuáles son las palabras másfrecuentes? ¿Cuáles son los sujetos de las oraciones de este pasaje? 3. Meditatio: la alianza ¿Qué quiere decir ser Iglesia que da fruto? 5. Llamados a salir de la mediocridad y del miedo 1. El encuentro entre la Samaritana y Jesús ¿A quién representa la Samaritana? 2. «Soy yo, el que está hablando contigo» ....

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