Recopilación
Cuentos Homoeróticos 2009

Origin EYaoiES Colección Homoerótica

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Primera Edición: Agosto 2009 Origin EYaoiES y Colección Homoerótica Arte de la portada: Haschariel Diseño Portada: Sandra Valenzuela Edición y revisión: Maribel Llopis, Aurora Seldon, Van Krausser, Nimphie, Dablín, Ariadne, Bárbara I. Olvera © Copyright Origin EYaoiES y Colección Homoerótica Todos los derechos de la obra pertenecen a sus autores. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida o compartida en cualquier forma sin autorización expresa de los autores.

ADVERTENCIA
Este libro contiene algunas escenas sexualmente explícitas y lenguaje adulto que podría ser considerado ofensivo para algunos lectores (sexo homoerótico) y no es recomendable para menores de edad.

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Como es tradición en el mes de agosto, la Colección Homoerótica ha preparado una recopilación de relatos de diversos autores hispanohablantes en torno al amor entre personas del mismo sexo. Autores de distintas nacionalidades se reúnen con relatos contemporáneos, históricos y de fantasía que muestran las facetas de este amor homoerótico en sus obras. Algunos de los hechos que se narran están basados en leyendas locales; sin embargo el contenido de estos relatos es ficción. Algunas referencias se relacionan con hechos históricos o lugares existentes, pero los personajes, locaciones e incidentes son ficticios. Cualquier semejanza con personas reales, vivas o muertas, empresas existentes, eventos o locales, es coincidencia.

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Cambio de planes
(O lo que puede llegar a suceder en un concierto, con Viagra incluido)

Van Krausser
VAN KRAUSSER es mexicana y una apasionada de los cómics de Batman y otros personajes oscuros, novelas y cuentos de ciencia-ficción, aventuras, thrillers policíacos, thrillers de suspenso, relatos biográficos, homoeróticos, dibujos y cine.

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—Bien, amigos, espero estar mañana con ustedes, a la misma hora en nuestro programa «Cuéntame tu inspiración, yo le pongo música». Soy Alex Oseguera, ¡y son las cinco cincuenta y ocho de la mañana, tiempo de levantarse para salir disparados a trabajar! ¡Tengan un buen día, y un magnífico fin de semana! Un leve ‘click’ en los audífonos le indicó que el canal del micrófono había quedado cerrado, y se dispuso entonces a retirarse, mientras se escuchaba la identificación de la radiodifusora en la grabación y la entrada al noticiario local. A pesar de que el invierno estaba casi por terminar, las noches frías y los amaneceres helados aun se dejaban sentir con fuerza sobre la ciudad. Las instalaciones de la radiodifusora continuaban silenciosas, y la ciudad apenas mostraba las formas grises e indefinidas de los edificios. Prácticamente, Alex Oseguera estaba solo. Con cierta nostalgia dejó el planificador general en el escritorio de la cabina y salió al corredorcillo. Justo en ese momento, el locutoroperador del siguiente turno se detuvo frente a él. —Hola, Beto. Buenos días. El recién llegado apenas le dirigió un malhumorado murmullo, adentrándose en la cabina a tiempo para suplirlo después del noticiario, encerrándose inmediatamente. Alex se quedó solo otra vez, en medio del corredorcillo medio iluminado por la luz artificial de la lámpara de neón que abarcaba el
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pero no tanto como al principio.Van Krausser 7 . vocalista y líder del grupo Reos del Vagón que visitaba la ciudad por única ocasión. sonriendo levemente. médico dedicado. la que sentía con mayor intensidad. sonriendo con Cambio de planes .Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 lugar. uno de los grupos que había admirado en su adolescencia. su pareja. Fernando Díaz. y varias cortesías más de las que se habían repartido entre algunas radiodifusoras se habían desperdiciado. Se encogió de hombros. Pensó en Melvin Crown. entusiasta del orden. Se colocó los guantes y caminó hacia la entrada. Sí. los boletos!» Eran un par de entradas al concierto de esa noche. y su ahora novio y devoto amante. Alcanzó su chamarra. hasta hacía dos días. Eso. porque había dejado de ser uno de ellos. Todo un neurótico sin causa. recordando que en un tiempo no muy lejano él se comportaba de esa misma forma. hasta que metió la mano en una de las bolsas de la chamarra. la otra culpa. Él sólo estaba aprovechando lo que nadie había querido. Pensaba en la forma como se habían dado todos los cambios en su vida en tan poco tiempo. Volvió a sentir el ligero sentimiento de culpa al reconocer el roce del cartoncillo en su piel. aquí los traigo… —Sus dedos tropezaron con algo que lo obligó a detener su caminata—. Ya no le afectaba que el mundo estuviera lleno de cretinos malhumorados. el sentimiento de culpa era más bien porque le había cambiado los planes a Fer. y aún le agradaba. bajándola del perchero y poniéndosela con movimientos pausados mientras caminaba hacia el área de recepción de la pequeña estación de radio. y se sintió afortunado. Dos meses y una semana habían bastado para que eso sucediera. «Mis guantes. la comida sana y los cafés de las tiendas de autoservicio. De hecho. El evento no había levantado el entusiasmo que se esperaba. Fernando había contribuido mucho en ese cambio. era la que lo atormentaba desde que había decidido quedarse con los boletos. una semana de decisiones y dos meses de felicidad que aun no podía asimilar del todo. Sin embargo. Un encuentro navideño muy singular. pero lo desechó al pensar que nadie le reclamaría por esos boletos. ¿Qué es…? Ah… los boletos… ¡Caray. Aun le decía que tenía mal genio.

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algo de amargura al recordar el lío que tenía desde el principio de la semana, pero su sonrisa medio se congeló cuando una ráfaga del helado y matinal viento lo golpeó en pleno rostro. —¡¡Uy, está helando!! El sentimiento de culpa se agravó un poco, y no precisamente por el frío, sino porque eso le hizo recordar la sonrisa congelada de Fernando a través del vidrio de la puerta principal, la madrugada en que se encontraran. Además, justo ese día cumplían dos meses de estar viviendo juntos en intenso y apasionado romance, y Fernando deseaba celebrarlo con una romántica cena en el Galerías, un restaurante vanguardista de reciente apertura, muy difícil para conseguir lugar en él, por ser el concepto de moda de la ciudad. Alex le había comentado del concierto la noche que Fernando se iba de guardia, y al parecer a éste no le había interesado. Estaba retrasado, y no le puso mucha atención. Sólo volteó con él y le dijo que había reservado una mesa en el Galerías, enfatizando que le había costado algo de trabajo conseguirla. A su pareja le pareció arbitrario, y en medio de un breve reclamo, le recalcó que él no deseaba ir a cenar, que prefería el concierto, pero Fernando no le respondió, con un gesto extraño en su expresión, como si estuviese disgustado, así que no volvió a tocar el tema. Había sido un malentendido suficiente para provocar un distanciamiento. Después de eso, no se habían visto en casi treinta horas debido al horario de guardia de Fernando, además de que había olvidado el teléfono celular en el escritorio del estudio, y no se había comunicado con él en todo ese tiempo. Mientras caminaba rumbo al hospital con intenciones de esperarlo para ir a casa juntos, Alex decidió comprar café para los dos. Al ir conociendo a su pareja, se dio cuenta que era un adicto cafetómano. «El riesgo de la medicina —le había dicho mientras se tomaba la tercera taza de café negro cargado, la mañana de la primera noche que pasaran juntos—. No despierto sin una taza de café a mi lado. Es más, ni siquiera puedo pensar si no tomo primero un trago de café.» Había aproximadamente veinte minutos de donde estaba la pequeña cafetería, que descubrieran un mes atrás, hasta el hospital, así que le quedaba de paso. Sabía que un café aromático y caliente podría mitigar el disgusto y el malentendido entre ambos. O al menos el que Alex estaba seguro que causaría al decirle a Fernando que, definitivamente, no pensaba ir a cenar con él.
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Llegó poco antes de la hora en la que Fernando salía del hospital, y se sentó a esperarlo en unas banquillas de concreto que estaban enfrente de la puerta principal del mismo. «Espero que no tarde, pensó con un poco de ansiedad. Y en seguida, volvió al dilema que vivía—. ¿Por qué se le ocurriría a Melvin venir hoy, justo que cumplimos dos meses? » Sin darse cuenta, su mente divagó entonces en esos tiempos adolescentes, cuando sentía esa enorme y fascinante atracción hacia Melvin Crown. Recordó que sus composiciones, tanto en letra como en música le arrebataban el sentido común, provocándole un alocado, fantasioso, platónico y absurdo enamoramiento. Claro, en ese entonces era un muchachito inmaduro y fácilmente influenciable, y con el paso del tiempo lo había dejado de lado. Hasta que la semana anterior, el dueño de la radiodifusora le había anunciado del evento. Alex había brincado de gusto por toda la cabina al conseguir los boletos y el pase directo al backstage, haciendo planes de llevarse a Fernando con él al concierto, anunciándolo con bombos y platillos, hasta que pensó mejor en dejarlo como una sorpresa y hacérselo saber precisamente ese día. Sin embargo, todo pareció venírsele encima cuando Fernando le anunció su guardia de treinta horas, y poco antes de salir del departamento hacia el hospital, la reservación que había hecho en el restaurante Galerías, hacía aproximadamente un mes. Siendo sincero consigo mismo, Alex deseaba más ir al concierto que cenar en un lugar que él consideraba aburrido, además de caro por ser el antro de moda.

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Fernando revisó su reloj por quincuagésima vez, mientras se dirigía por un corredor hacia las escaleras. Se veía un poco ansioso y desesperado. «¡Diez minutos todavía! Se me está haciendo eterno, caramba.» Pensando en que ya deseaba terminar su guardia, pasó en esos momentos por un corredor con ventanales que daban a la calle, justo donde se encontraba Alex, y lo alcanzó a ver, sorprendiéndose. «Hey… ¿ese que está ahí… es mi Alex? », se preguntó mientras enfocaba la vista para tratar de reconocerlo. Y casi se atragantó al reprimir una leve expresión de gusto cuando lo confirmó.
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Era él. Alex Oseguera, comunicólogo y el mejor locutor de la peor estación de radio de la ciudad, desgarbado rebelde sin causa, malhumorado incorregible y apasionado amante. El mismo que vestía y calzaba, esperándolo ahí, afuera del hospital. Eso lo hizo apresurarse para salir del lugar. Ansiaba estar con su pareja. Treinta horas era demasiado tiempo lejos de él. Prácticamente voló escaleras abajo, justo para dejar los informes y reportes de los pacientes, firmar su salida y despedirse como tromba de todos los que estaban ahí. Dejó el estetoscopio alrededor de su cuello mientras caminaba a paso veloz hacia la salida del hospital. A unos cuantos pasos de la puerta se detuvo, alistándose para quitarse la bata. Sin embargo, antes de hacerlo, metió la mano izquierda al bolsillo de la misma y se extrañó al tocar algo que no recordaba que tenía desde esa mañana. La sacó, reconociendo una carterita con dos pastillas que le habían entregado, como una muestra médica. Al principio, se había sorprendido al recibirlas, pero cuando vio que se trataba de una muestra de Viagra, la guardó discretamente en la bolsa de la bata, imaginando mil formas de usarla, hasta que uno de los internos lo distrajo de sus pensamientos. No recordaba que aún la llevaba, pero una pícara sonrisa se estacionó en su rostro mientras paseaba la carterilla entre sus dedos. Ya sin la bata, y sin quitarse la expresión de alegría, con los dedos de la mano derecha se alisó un poco el cabello y se dispuso a ir al encuentro de su pareja. El médico salió con actitud tranquila, sonriente, después de calmarse de la frenética carrera para adelantarse al reloj. Alex casi se derrite con esa sonrisa y la imagen de su pareja ante él. El gusto y la atracción mutua se notaban a kilómetros de distancia. Se encontraron, saludándose, mas Alex no permitió que Fernando lo besara en público. Temía por la reputación de su pareja en el medio profesional. La ciudad aún no aceptaba relaciones como la de ellos, al menos no abiertamente en los medios profesionales. Fernando se sintió ligeramente decepcionado por eso. A él no le importaba en lo más mínimo lo que la gente a su alrededor dijera de ellos. Había visto muchas cosas extrañas en sus años de servicio social. Ya estaba «curado de espantos», como se diría vulgarmente hablando. Aun así, respetó eso. —Buenos días, Alex. No esperaba verte aquí.
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—Hola, Fer —saludó Alex, al tiempo que se levantaba, extendiendo el vaso de café que había comprado para él. El médico lo recibió con un gesto agradecido, llevándose el vaso a los labios para dar el primer trago a la amarga bebida. —¿Estás listo para esta tarde? Alex volvió a sentirse culpable, pero debía decirle, antes de que los planes de Fernando salieran nuevamente en la conversación. —Eh… Fernando. Tengo algo que decirte. —Al tener sobre sí la mirada atenta del médico, Alex sintió un fuerte nudo de angustia en su garganta. Pero logró controlarlo—. No voy a ir a Galerías contigo. La primera reacción del médico fue de sorpresa. Después, decepción. La sonrisa había desaparecido casi en forma instantánea de sus labios, mientras alejaba el vaso desechable de su rostro. —Alex, no me digas eso. Reservé el lugar desde hace un mes, y tú sabes qué difícil es encontrar mesa ahí. ¿Por qué…? Alex no lo dejó terminar. Sacó rápido los dos boletos que llevaba en la bolsa de la chamarra, poniéndoselos a la vista, y sentenció con un leve gesto temeroso y retador en la mirada. —Voy al concierto de Melvin Crown y los Reos, hoy en la noche. ¿Quieres ir? Sorprendido, Fernando no dijo nada por unos segundos, dejando el vaso en la banca. Alcanzó los dos cartoncillos, quitándoselos al otro muchacho mientras leía en silencio lo que tenían escrito. Alex se ruborizó, entre apenado y desconcertado. Casi estuvo a punto de echarse a correr, pensando que le gritaría, o le reclamaría. Nada de eso sucedió. —¿Boletos de primera fila? —preguntó finalmente, clavando su mirada en la de Alex—. ¿Pase directo a Backstage? ¿Del concierto de Melvin Crown? ¿Los Reos? Oseguera no supo descifrar la expresión del médico, así que decidió continuar. Se estaba arriesgando a echar a perder todo. Fernando no tenía idea de lo temeroso que se encontraba Alex en esos momentos, creyendo que estaba a punto de desatar una fuerte discusión. —Ehr… sí. Melvin es uno de mis ídolos desde que tengo quince —explicó con palabras atropelladas—; me gusta mucho su música,
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así que voy a ir. ¿Qué decides? Ahora, si me dices que no vas, yo de todas formas voy…. Iba a seguir alegando y justificando, cuando la sonrisa luminosa de Fernando lo hizo callar. Éste apenas lo escuchaba en su alegato, casi gritando mentalmente que era Melvin Crown quien se presentaba esa noche en el auditorio. Hasta que dejó de ver los boletos para fijar su vista en su pareja. —¡¡Melvin Crown y Los Reos!! ¡¡El concierto con Backstage incluido!! —Sin aviso, el médico lo estrechó fuertemente, sorprendiéndolo bastante—. ¡¡Alex!! ¡¿Por qué no me dijiste esto antes?! ¡¿Cómo los conseguiste?! ¡Caramba, yo que pensé que era algún grupillo chafa! Con la vista un tanto desenfocada por la cercanía, Alex trató de fijar su mirada en la de su pareja, y pensó que debía salir de entre sus brazos de inmediato, si no quería empezar a ponerse azul debido a la asfixiante situación. Fernando no sentía que lo estaba apretujando de más, embargado por la euforia. —Fer… te lo dije hace dos días. Déjame respirar... –Ah… sí, sí. —El médico lo soltó, sin embargo, la euforia de la noticia aún se le notaba demasiado—. Lo siento. Es que… esto ha sido una sorpresa muy grande para mí. —Sí, me di cuenta —respondió Alex con una ligera sonrisa aliviada—. Oye, pero no sabía que te gustaba Melvin. Como no me respondiste cuando te pregunté, creí que ni siquiera lo conocías. Recordando que Melvin había sido una de sus fantasías adolescentes, Fernando subió una ceja, en un gesto extraño. Su sonrisa cambió un poco, pero Alex no supo en qué forma. Jamás lo había visto así… oh, bueno, sí. Una sola vez. Exactamente, era la misma sonrisa que mantuvo todo el tiempo mientras lo seducía. Algo canalla, con rasgos depredadores y hambrientos en su mirada conforme lo reclamaba suyo, entre besos y caricias cada vez más atrevidas, más posesivas, justo esa noche en que iniciaran su vida en común, segundos antes de que el médico se le fuera encima, evidenciando que estaba ansioso y completamente dominado por el deseo de tenerlo. —Soy fan de Melvin desde que estamos en la prepa, Alex. Me gusta, mucho. —Alex fijó su mirada en la de su amante, tratando de encontrarle sentido a una pequeña alarma que se le había disparado
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internamente con esas palabras. Pero no pudo averiguar si esa alarma tenía justificación. Fernando preguntó entonces—: ¿Sigue en pie tu oferta del concierto? ¿O tienes en mente invitar a otro? Alex le golpeó un hombro, sonriéndole ampliamente, besándolo con apenas un roce. Ya no le importaba que vieran los que estaban por ahí. —¡Sí! ¡Y por supuesto que no! ¿Cómo crees que invitaría a otro, si no conozco a más fans de los Reos? —Una vez más, la enorme y luminosa sonrisa del médico casi le provocó un colapso. Fernando estaba que no cabía en sí de gusto. Lo estaba invitando, formalmente—. ¿Entonces, vas conmigo? —No me lo perdería por nada de este mundo, Alex. Alcanzando el vaso de café que Fernando dejara en la banquilla de concreto, caminaron entonces hacia el estacionamiento para recoger el auto del médico, pensando cada uno en la sorpresa recibida. Eso ameritaba una apasionada sesión matutina, y ambos, aunque no lo dijeron, estaban muy de acuerdo. Porque el día lo ameritaba. Por otro lado, Alex se llevaría una sorpresa más cuando Fernando le respondiera con el mismo entusiasmo esa noche, mientras celebraran su segundo mes de relación. Porque claro que Fernando estaba preparado. Ser médico le reportaba muchos beneficios. En especial, con las muestras médicas de Viagra que le habían dado esa mañana…

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En medio de breves blasfemias y gemidos que aún profería entrecortadamente, Alex se arqueó sobre el cuerpo de su amante en el intenso clímax que habían alcanzado, permitiendo que Fernando recargara el rostro sudoroso en su pecho, lamiendo entre sus costillas mientras se vaciaba en él entre latidos intensos. No habían esperado llegar hasta el dormitorio. Se habían quedado en la pequeña salita del departamento, sentados en el sofá, Alex sobre el vientre de Fernando, viéndose mientras se amaban. Al quedar completamente satisfechos se abrazaron, laxos y cansados, tratando de recuperar el aliento. Mientras recostaba a su amante a un lado de su cuerpo y lo ayudaba a limpiarse, Fernando
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se tomó una. Ahora. —Alex abrazó a su amante. Buscó la bata entre la ropa tirada en el piso. Sin perder su sonrisa. Es que fueron dos días de abstinencia intensa… Fernando lo abrazó. —¿Qué? ¿De qué te ríes? —Que apenas son las ocho y media de la mañana.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 observó su reloj de pulsera. y míranos. cómo casi estuvieron dispuestos a devorarse mutuamente. Fernando. No se lo tuvo que repetir. y por fin. cubriéndose con la cobija que tenían ahí para casos de emergencia como ese. cómo habían logrado llegar al sillón de manera accidentada. —Ya lo sé. —Me parece muy bien. Fer. Hecho esto. sonriendo. está bien! El Derby’s es buena idea. ¿Qué te parece si vamos a cenar al Derby’s que está cerca del auditorio? Así no nos retrasamos. riéndose esta vez con ganas. tratando de sentir su calor corporal lo más cerca posible de sí. el efecto no sería tan abrupto. Aún tenía algo de frío—. pero estaba pensando muy seriamente en dormir como troncos el resto del día y prepararnos así para el concierto. duérmete. chocando con todo a su paso. —Uhm… pues para ser festejo de dos meses… —¡Fer! —¡Está bien. sirviendo un poco de agua en un vaso. y si iba a dormir. se levantó y fue a la cocina. Porque no creo que aguantemos estar despiertos todo el rato si no descansamos. Había sido fantástico. alcanzó la carterita de las píldoras del bolsillo de su bata y sin perder tiempo. regresó al sillón y se acostó junto a Alex. sonriendo al recordar la abrupta escena de la llegada al mismo. por el contrario. a la entrada del departamento. mientras besaba a Alex en la frente. —Ay. Debía estar preparado para esa noche. como le había comentado. En pocos minutos Alex dormía a pierna suelta. Cambio de planes . Tenemos que aprovechar estas horas.Van Krausser 14 .

¡Oh. ¿Tú no tienes hambre? El médico no cambió su expresión hambrienta. Al darse vuelta. pero intentó tranquilizarse.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 4 El primero en despertar fue Alex. Creo que te comería vivo en estos momentos. espera. descubriendo una enorme y al parecer. Fernando se despertó también al sentirlo levantarse. Casi de inmediato supo de lo que hablaba—. —Recomponiéndose de la sorpresa. —Alex medio forcejeó cuando Fernando lo abrazó estrechamente. ¿No tomaste algo inadecuado? —Es reacción a la abstinencia. Ven aquí. consultando la hora mientras ponía cierta distancia con algunos muebles de por medio—. Se levantó casi de un salto. por…! Primero se sonrojó al mirar entre sus piernas. buscando recargarse en su amante. Se nos va Cambio de planes . y temo que estoy hambriento. Alex. pensando en que era normal por la sustancia que había tomado. quien dormía profundamente abrazado a él. Más bien.Van Krausser 15 . perfectamente. levantándose también. muy urgida erección. levantándose y acercándosele insinuante—. por supuesto. —¡Hey. Fernando le sonrió con gesto pícaro. Si no nos apresuramos. medio sorprendido. sintió que «algo» se le enterraba en la cadera. —¿Alex? ¿Qué pasa? —Oh… no estoy muy seguro… ¿Te sientes bien? —Sí. Mira cómo me pones… —Fer. —¿De verdad te sientes bien? Porque como que «eso» no es muy normal cuando te acabas de despertar. —Fernando se espabiló. Nunca antes había sucedido eso. Sin abrir los ojos. No al menos en esos dos meses. —Oh. bajó la mano hasta donde sintiera la molestia. y despertó del todo al darse cuenta que «eso» no era otra cosa que Fernando. Después se alarmó un poco. tratando de encajarse en su cadera con mucho entusiasmo—. tranquilo! —Se soltó de él. cierta parte de la anatomía del médico. no vamos a alcanzar a ir a cenar antes del concierto.

Fernando le celebró el cambio de imagen con una ligera nalgada mientras iban hacia el auto. Espérame. ligeramente —De acuerdo. Menos de una hora después. de regreso. rindió ante ese razonamiento. voy a bañarme para estar listo lo más pronto posible. zapatos deportivos y camisetas de algodón. Eso arrancó una sonrisa de los labios del médico—. Alex se había rasurado la barba rebelde que se había dejado durante dos días. poniendo un leve puchero. junto con una abrigadora chamarra para contrarrestar el frío de esa noche. Sin embargo. podría haber dicho que parecían dos juguetones adolescentes En poco tiempo llegaron a Derby’s. Cambio de planes . la minigrabadora y la cámara. Ambos entraron al baño. Mientras estaban en la fila del atestado restaurante. Ambos se habían puesto jeans. —No hablarás en serio… —Muy en serio. Fer. No más juegos por el momento.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 a hacer tarde. Lo que no contaron es que había mucha gente a esa hora. Alex se quejó al tiempo que casi se le subió encima a Fernando. pasamos toda la noche en vela —intentó animarlo Oseguera. y entre risas y escarceos. y se había colgado una pequeña mochila en la que llevaba una libreta. aunque algo limitados por el tiempo. Como pudo se ocultó de su amante. Es que no quiero llegar retrasado. Fernando se decepcionado. así que aparentaba ser más chico de lo que en realidad era. no. —Pero te prometo que en cuanto estemos aquí. como niño regañado. saliendo de la ducha antes para ir a vestirse y tratar de disimular un poco.Van Krausser 16 . Entonces. charola en mano y esperando su turno para llegar a la barra de ensaladas. Quiero ser de los primeros en Backstage para entrevistar a Melvin. Fernando tuvo otra vez un leve asomo de pánico cuando vio que seguía bastante «entusiasmado». estaban listos para salir. debajo del chorro cálido de la regadera volvieron a amarse. Quien los hubiese visto en ese momento. ¡No me tardo! —Ah. el restaurante de comida rápida en donde habían decidido parar a comer algo.

pensando cómo evitar una batalla campal. se veía casi histérico. tratando de mantener la calma. después de que el médico lo bajara al piso y se observaran un tanto desconcertados por fracciones de segundo. pero no se quedó callado. —¡Yo no te estoy manoseando! —¡Claro que sí! ¡Tienes rato diciéndome porquerías y tratando de pellizcarme el trasero! ¡De no ser por la mochila. so pedazo de estúpido?! —Y sin más.Van Krausser 17 . Alex! —Fernando tuvo que echárselo a cuestas y salir del restaurante a toda prisa. —¡Por todos los cielos. Ya afuera. Enrojeció visiblemente. pero se tardó demasiado. pensé que iba a tratar de violarme ahí mismo. antes de que alguien más resultara herido a charolazos. sin embargo. Fer! ¡Este tipo no estaría manoseándome si me hubieses hecho caso! El fulanito en cuestión enrojeció. cohibiéndose ante ese comentario. toda la gente a su alrededor guardaba un espeso silencio. —¡No puedo creer que hicieras eso! —¿Le viste la cara al tipo? —¡Por supuesto! ¡Vaya que sigues teniendo mal genio! Oseguera se sonrojó.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —¡Ya basta! —¿Qué pasa? —Fernando observó con muy mal semblante al tipo que estaba detrás de Alex. —Es que estás tan apetecible… —¡Fernando! Cambio de planes . Alex le estampó la charola en la cabeza al fulano. Éste. observando lo que ocurría entre ellos. ya me hubieras violado hace rato. ambos soltaron la carcajada. —¡Te dije que me dejaras pasar a mí primero. estúpido! Fernando volteó discretamente hacia la multitud. De verdad. —Él tuvo la culpa. —¡Maricón del nabo! ¡De seguro andas con la menopausia y por eso acusas a medio mundo…! —¡¿Cuál menopausia. Para ese entonces.

¿Por qué no vamos de una vez allá. —Oye… ¿y sí nos creerán si les decimos eso? ¿No es suficiente con los pases? —Fer. Uhm… lo que estoy pensando es que tal vez encontremos algo comestible en el auditorio. —Sí. —Sin embargo. —Diremos que nos envió la radiodifusora. Pero Alex fue más intuitivo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 El médico se enterneció. y saliendo te invito a cenar? —Me parece mejor idea. si Melvin ya está ahí. olvidó el pequeño detalle de que su cuerpo aun estaba bajo los efectos de la pastilla azul—. Había mucho movimiento de técnicos y organizadores. ¿Y para dónde…? Alex le sujetó una mano. El guía reconoció a Alex inmediatamente. Hasta que se encontraron con un pequeño grupo de fans que una de las radiodifusoras más notables de la ciudad llevaba. se nota que no conoces el medio. a merced de tipos como ese. comemos cualquier cosa. —¿Alejandro? ¡Hey. ¿de verdad estás bien? Me estoy preocupando. separándose después para acomodarle la chamarra—. —Alex le plantó un rápido beso en los labios. 5 Alex le colgó a Fernando un gafete en el cuello. —Oye. Tal vez podamos entrar antes a Backstage. buscando a quien lo Cambio de planes . —Sí. así que caminaron con cautela. —Te juro que no vuelvo a dejarte detrás de mí en ninguna fila. No es nada. me imagino. se dirigieron sin más demora al auditorio. Siempre tienen ensayos antes. es muy molesto toparse con esos tipos. Au… ouch… —Lo separó un poco de sí. Siempre te encuentras con algún cretino pelagatos que se cree el dueño y señor del evento.Van Krausser 18 . claro. y lo llevó a donde sabía que era el área general detrás del escenario. abrazándolo consolador. tratando de no estorbar. —Yo creo que sí. intentando no ser tan obvio. De esa forma. Alex Oseguera! El aludido se detuvo un tanto sorprendido. idéntico al suyo. Alex. Créeme.

Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 llamaba. Alex y Fernando hablaron con todos y cada uno de los miembros del grupo. Melvin Crown y los demás miembros de los Reos los recibieron en la sala general del lugar. justo a la antesala de los dioses. —El conocido de Alex volteó entonces con Fer. ya no podrá salir más que por la principal del escenario. Fernando Díaz. como parte del grupo de fans. —Muchachos —dijo el enviado. no vimos ningún inconveniente. Hola. saludó al otro locutor con genuina simpatía—. —¡Rafa! ¡Qué pequeño es el mundo! —Sin soltar la mano de su pareja. y pidieron que les firmaran la camiseta Cambio de planes . Así que. y le sonrió—. pienso que sí. Entonces sonrió ampliamente. Además. —Sí. Soy Rafael Casas. así que no creo que nos estorbemos. logrando una entrevista extensa y amena. Fernando y Alex se adentraron al área de los camerinos. vamos a comprobar la teoría. ¿Vienes por parte de la radio? —Uh… algo así —comentó Alex. Realmente no hay mucha cobertura de medios.Van Krausser 19 . logrando que un profundo silencio se hiciera en el grupito—. Si alguien se queda atrás. Como son pocos. en medio de enormes sonrisas y desafinados guitarrazos de prueba. Mira que venir a encontrarte en el concierto de Melvin. —Hola. un tanto inseguro—. —Veo que trajeron a un grupo. justo cuando uno de los encargados de prensa del grupo salió hasta donde estaban ellos. Se echaron a reír. Ustedes se arriesgan a la rechifla si no siguen mis instrucciones. Quién lo hubiera creído. se dice que a Melvin le encanta rodearse de fans antes y después de sus conciertos. el backstage. —Sí. Se fotografiaron hasta el cansancio con ellos. ¿Ok? Así. imagino que vienes con él. A menos que quieras acaparar a Melvin. asintiendo. ¿Podemos quedarnos con el grupo? Casas se encogió de hombros. —Hubiese sido más raro no verte a ti aquí. Sólo les recomiendo que se mantengan juntos. sintiéndose otra vez adolescentes. ya que de aquí saldremos al auditorio por una de las puertas laterales.

con una enorme y luminosa sonrisa. y sin pedirles permiso ni nada. muchachos. sonriendo complacido mientras afinaba la guitarra y colocaba las uñas en el forro plástico que le había adaptado a una parte del brazo de la misma. entregándosela a un tipo que merodeaba por ahí. —¡Por supuesto! Vendremos sin falta. ¿Vendrían a celebrar con nosotros? Alex perdió la voz otra vez. Alex estaba petrificado. y consultó su reloj de pulsera—. Aunque… estuve pensando en organizar una pequeña fiesta. sentado en uno de los sillones. Éste parecía esperarlos a ellos. sonrió nervioso y asintió por los dos a la invitación. sintiéndose algo incómodo —desnudo. lleno de complicidad y una especie de ternura paternal. —Melvin se levantó. Por supuesto. Aunque es un poco tarde. El momento culminante llegó cuando se pararon frente a Melvin Crown. entonces… —Melvin dejó la guitarra a un lado. Fernando ni se enteró. viéndolo detrás de sus fascinantes chinos rubios. —¿Y ustedes son…? El que salió del éxtasis primero fue Fernando. para ser preciso— ante la insistente mirada de Crown. indicándole que la dejara en su camerino—. Su mirada gris se posó en uno y otro cuando los tuvo enfrente. y sonrió en un curioso gesto. sin dejar de ver a Fernando de arriba abajo. claro. alcanzó la mochila que colgaba del hombro de Alex. después del concierto. Él es Alex Oseguera. Me hubiese gustado hablar con ustedes por más tiempo. Alex sólo sonrió con una mezcla de temor. Incluso. Eso incomodó un poco a Alex—. —¿C-cómo? —Alex parpadeó al escucharlo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 por todos lados. —Gusto en conocerlos. —Bien. Así me aseguro que regresarán por Cambio de planes . acostumbrado a las situaciones emergentes y las respuestas a base de sangre fría. y él no se lo iba a decir. el guitarrista segundo del grupo y gran amigo de Melvin. sorpresa y travesura cuando Gary Comezones. —Ah… ehr… Soy Fernando.Van Krausser 20 . y Fernando. ¡Pero no puede ser! —El concierto está por empezar. le palmeó el trasero mientras le estampaba una breve leyenda en la parte baja de la espalda.

Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 ella. Fernando lo abrazó. El aludido enrojeció por un momento. preguntó qué le molestaba. Debemos irnos con el grupo. ¿Cómo crees que Melvin pueda fijarse en mí? ¡Mira de quién estamos hablando! —Pues será el sereno —respondió muy serio y ligeramente ofendido—. Cambio de planes . cariño.Van Krausser 21 . Te lo juro por mis pacientes. volteando ocasionalmente hacia el vocalista. ¡Todos a las puertas de salida! Fernando y Alex aun no salían de su sorpresa. quedando detrás de él mientras pasaba un brazo por su pecho. —¿Pasa algo? No has dejado de observarme desde que salimos del Backstage. en especial. compró dos. frustrado. —Alex. Estarán en primeras filas. tratando de localizar algo que fuese comestible. por favor. Melvin será mi ídolo y lo que quieras. al descubrir que tenía que atravesar el auditorio para llegar a donde había algo de vendimia. Me puso de los nervios que no te quitara la vista de encima. besando su mejilla con una enorme sonrisa. Alex no le quitaba la vista de encima a Fernando. —Melvin no dejaba de verte. mas desistió. —Vamos. y para no seguir con el estómago vacío y la sed abrasadora. —Alex. —Fue su respuesta. regalándoles una brillante sonrisa. 6 Pasado el susto. cuando el vocalista dejó su mirada fija en la protuberancia que los jeans no podían ocultar del todo—. —Oye… pero… —¡Es hora! —Interrumpió uno de los organizadores a todo pulmón—. ya en el auditorio. ven. Alex sólo atinó a seguir a su novio. pero a mí me pareció muy extraño. Fer. pero no te cambio a ti por nada del mundo. los veo allá afuera. Un tipo con una enorme charola con sendos vasos llenos de cerveza pasó junto a ellos. ¿verdad? —S-sí… Alex. y Melvin sólo se encogió de hombros. Éste fingió demencia por unos minutos. o sea. recordando que él también se había dado cuenta. Al darle el vaso a Alex.

Pensó que iba a ser casi imposible bajarse la excitación sin meterse mano. —¡Alex. cuando Alex tuvo la intempestiva idea de volverse hacia Fernando y atenazarlo por el cuello. él llevaba ventaja por el efecto de la pastillita que tomara en la mañana. saturados de adrenalina. Fer! ¡Cántame. anda! 22 Cambio de planes . invitando a los asistentes a levantar los coros y los estribillos de cada canción en delirantes manifestaciones fanáticas. contagiados por la emoción colectiva. el médico creyó escuchar que un acorde se salía de tiempo. bajó su mano a donde se notaba la «emoción» del médico y lo acarició. interpretando un glorioso solo de guitarra. medio concierto y kilos de testosterona suelta y bullendo encima de ellos. se dejaron arrastrar por sus sentimientos. Fernando tuvo que hacer un terrible esfuerzo para no gemir al sentir a su amante en esa sorpresiva demostración pasional. cerveza y euforia. si hasta al mejor guitarrista se le desafina la guitarra de vez en cuando. Excitado al ver que Fernando respondía a su estado de ánimo. El volumen de las bocinas era muy superior a ellos—. besándolo de manera arrebatada y pasional. esperaesperaespera…! —jadeó casi gritando en su oído. dando paso a una alocada gritería. aunque llegó un momento en que. vitoreando y aplaudiendo mientras se dejaban escuchar los primeros compases. Melvin se paró frente a la audiencia. Además. cuando las luces bajaron de intensidad y el concierto dio inicio. Melvin se paró frente a ellos.Van Krausser . haciendo de su aparición el preámbulo a una noche de gritos y aplausos. Llevaban tres vasos de cerveza tamaño Jumbo Descomunal. a la que se sumaron ellos también. Por una fracción de segundo. pegándose a su cuerpo con leves embestidas de su cadera en la de él. Discretamente. quitándose la chamarra y amarrándola alrededor de su cintura por las mangas. vibrantes y llenos de energía de la primera interpretación del grupo. tratando de ocultar el movimiento con la chamarra. Caray. aunque lo olvidó al ver que nadie más le dio importancia a eso. y lo detuvo abrazándolo estrechamente. Alex y Fernando también coreaban las canciones. ¡Aquí no! —¡Fer.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Oseguera iba a replicar. ¿no? Alex rompió el beso y se separó un poco. volvió a la carga. desafinando el solo. un ‘pling’ inoportuno que se coló en la armonía.

de la vista de todos. Fernando alcanzó a su novio en ese pequeño espacio que. Sin embargo. Oseguera ni siquiera preguntó. consistente en una plataforma fuera del alcance de los reflectores. envolviéndolos en un abrasador movimiento de vaivén. y permitió sin remilgos que le desabrochara el botón de los jeans. Eso. acto que imitó. al llegar al nivel del escenario. sin mucho Cambio de planes . se repegó al cuerpo de Fernando. Volvió a ahogar un gemido cuando «su otro yo enviagrado» le hizo un salvaje reclamo ante lo que Alex le pedía. y agitando la mano. antes de poder ocultarse en el triángulo que formaban las bocinas. Alex se levantó un poco. quien intentó ocultarse junto con su novio. los resguardaba de los altísimos niveles sonoros al estar por las partes traseras de las bocinas. y se dispuso a ponerla en marcha.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Fernando conocía esa expresión. mientras escuchaban el final de una canción y las voces festivas de Melvin y los demás miembros del grupo en los micrófonos. Pero estaban en medio de un mar de gente histérica. Melvin y Gary los descubrieron. —Alex… —Fernando abrazó a su amante con fuerza. Subieron a la torre. Oseguera no se hizo mucho del rogar. —¡Alex. Una maquiavélica idea se incrustó en su cabeza. Fernando lo besó con ansiedad. semiocultos por las sombras de la estructura que la formaba. y por consiguiente. hasta que sus ojos se toparon con una alta torre de bocinas. Sin embargo. incluso. y Fernando brincó asustado cuando escuchó que los llamaba «la parejita de las bocinas». y nada de lugares ocultos. Dejó que le levantara la camiseta para que tuviera libre acceso a sus pezones. buscó algún rincón apropiado en todo el auditorio. alcanzando ambas zonas placenteras con la mano. Con la mirada oscurecida y la razón nublada por el deseo. Ahí se escuchaban perfectamente. metiéndole las manos por debajo de la camiseta autografiada al tiempo que besaba su cuello y maxilar con pequeñas mordidas. desatando el deseo que había logrado mantener a raya hasta esos instantes. Ninguno supo si fue alucinación. ven! ¡Subamos a la torre! —Sin escuchar que se resistiera. todavía tarareando la canción en turno.Van Krausser 23 . Gary fue más claro. o si en verdad Melvin hablaba de ellos cuando anunció su próxima interpretación. lo dejó nada más para asir su mano y jalarlo hacia el lugar descubierto. casi relamiéndose al ver que la excitación se manifestaba orgullosamente en toda su extensión.

sintiendo sus caricias en su miembro mientras lo masturbaba. acicateado por la adrenalina y la ansiedad. exhaustos y ligeramente abochornados. y la estrecha calidez que lo albergaba. Alex se dejó llevar en ese arrebato pasional de Fernando. enredando sus piernas en la cintura del médico. aprisionándolo entre la embestidas de ambos cuerpos fusionados. pero fue cortada casi de inmediato cuando Melvin entonó los primeros acordes de aquella melodía que. sus piernas trémulas. con cada acento que Melvin marcaba para ellos retumbando en sus oídos con fuerza. con cada agudo de las cuerdas de ambas guitarras en el escenario y el corazón.Van Krausser 24 . años atrás. y le hizo el amor al ritmo de la balada. en semipenumbras. obedeciendo. Cambio de planes . Fernando se rindió ante el gesto de amor y lujuria en el rostro de Alex. arréglate la ropa. abrazados y sudorosos. tratando de ocultar que todavía no podía bajar la erección provocada por la sustancia. Oseguera le sonrió. se colgó del cuello de su amante y empezó a seguir la canción. poniendo una excusa algo creíble. A lo mejor nos bajan de aquí. medio histérico y emocionado. Alex se rió. Sin más. sus uñas enterrándosele en la cadera. Fernando se separó de Alex. mientras lo veía con profundo amor y deseo. Primero hubo una rechifla. iluminados en brevísimos instantes por las luces provenientes del escenario mientras se sentía amado. en la forma como entrelazaba sus lenguas con cada beso que lograba darle mientras lo sujetaba.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 éxito después de la dedicatoria. Terminaron poco antes de que Melvin entonara los últimos acordes. —Alex. balanceándose y subiendo en éxtasis con cada acorde. Fernando no pudo resistirlo por más tiempo. El clímax que alcanzaron fue espectacular. los había lanzado al éxito. coreando excitado los versos que daban vida y forma a sus sentimientos. en sus piernas. poseyó a su amante con toda la pasión que sentía por él. jadeando su nombre entre las estrofas de la canción. Sumándose a la multitud. lleno y entregado en ese abrazo en el que lo mantenía fuertemente agarrado.

No sabía cuánto habían presenciado. los buscó entre la muchedumbre con la vista. —Bien. —No los maltrates. recargados en la estructura de las bocinas. Mel. rozándose los dedos mientras se veían intensamente. indicándole que iba con los otros miembros del grupo y más fans. recoger la mochila que Melvin les había quitado. Poco después. Melvin fue el que hizo las cosas sencillas. Fernando abrazó a Alex discretamente. y que probablemente también habían sido testigos de su episodio amoroso.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Sin embargo. —Fue un buen concierto. y sólo le palmeó el hombro al vocalista. Cuando Melvin terminó. en una sutil muestra de posesividad y temor ante los dos miembros del grupo después de aceptar las cervezas. y una sonrisa que decía muchas cosas. Te veo al rato. tal como se habían subido. y volver al departamento lo más aprisa posible para llevar a cabo la propuesta de ese mediodía. abrazados estrechamente mientras asimilaban lo que había sido para ellos esa noche. Sabía que los habían visto mientras subían a la torre de bocinas. riéndose de semejante ocurrencia.Van Krausser 25 . Terminaron de escuchar el concierto. Estaban ansiosos por hacer la última entrevista. y al encontrarlos les dedicó una luminosa sonrisa. Creo que les debo una entrevista —dijo como Cambio de planes . Cuando llegaron a la sala del Backstage. y tampoco sabía qué iba a pasar en esos momentos. nadie se acercó a la torre de las bocinas. sentándose en uno de los sillones mientras los invitaba a sentarse frente a él. ¿no? Gary soltó una alegre carcajada al ver el sonrojo de los amantes. los dos clandestinos amantes bajaron. Melvin y Gary los esperaban con una cerveza en la mano para ellos. veamos. Su sonrisa volvió a adquirir un tono paternal. Sin embargo. recordándoles en ese gesto que los vería nuevamente en Backstage. Éste asintió. 7 Alex y Fer caminaron detrás de todos los que conformaban el grupo.

Asintió despacio. Cambio de planes .Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 quien revisa una agenda. haciendo preguntas inteligentes y amenas. — Melvin asintió. y permitiendo que Fernando interviniera también de vez en cuando. Claro. pues felicidades. —Navidad. —No será doloroso. seguido también por la mirada de su pareja. Melvin asintió.. al tiempo que tomaba un trago de cerveza del pico de la botella—. y los demás fans comenzaron a retirarse. —Alex. con expresión seria.. no. empiezo yo. Las horas transcurrieron rápido. Aunque les diré. Alex terminó la entrevista.Van Krausser 26 ... levantándose del sillón. Disparen. tuvimos que hacerle señas a los de seguridad para que los dejaran en paz. —Melvin sonrió ampliamente.. en serio —refutó Melvin. Subirse a la torre de las bocinas fue muy arriesgado. haciéndole saber que deseaban irse. —Totalmente —dijo al fin. —Vaya. Año nuevo. se percataron que ya era algo tarde. relajado y complacido. Dejó entonces salir toda su experiencia como comunicólogo. ¿Valió la pena? Fernando le sostuvo la mirada. en un tono muy casual. Bien. Hoy cumplimos dos meses de relación. —No hay problema con eso. y sólo cuando los demás integrantes del grupo se acercaron con ellos. Le agradaban esos muchachos—. Fer levantó una ceja. Pero les va a costar un par de preguntas indiscretas. no creo. —Me alegra saberlo. Prácticamente. dispuesto entonces a concederles la entrevista—. viendo la oportunidad de tener una exclusiva con Melvin Crown. ¿Desde cuándo son pareja? —Ehr. era media madrugada. volviendo a fijar su mirada intensa en Fernando—. cambiando su sonrisa por una ligeramente pervertida. a pesar de que se sintió desnudo ante sus ojos grises. pero Alex fue el que tomó la palabra. oficialmente. muchachos vagos. Alex suspiró aliviado al ver que Fernando también se relajaba. Así que. es su turno. chicos..

Sonrió con genuina felicidad. —Las tengo en el camerino. —Bien. —Eso no importa. permitiendo que la caricia tomara un matiz cálido. sólo viéndolo. Se quedó inmóvil. vamos por ellas. Ven. tierno. Alex lo sujetó de la camiseta ante de que lo dejara por completo. Su Fer. amigo. Yo no podría competir contigo. —Eres afortunado al tener a Fernando —dijo en un quedo susurro—. acariciando su barbilla mientras su mirada permanecía clavada en la del muchacho. lo llevaré a cenar —confesó Fernando con algo de pena. se le nota a kilómetros. tan transparente ante los ojos de Melvin Crown. Sin embargo. en cuanto entraron al camerino. Sin embargo. lo abrazó por la cintura y lo besó inesperadamente. se relajó. Melvin dejó su boca. Él asintió. Cuídalo mucho. apretó los puños y no respondió al beso los primeros tres segundos. —Se apresuró Alex. y lo invitó a seguirlo. Te recomiendo un buen lugar en donde los desayunos son increíbles. Tengo que ver si puedo cambiar la reservación del restaurant. Cambio de planes .Van Krausser 27 . Ambos caminaron hacia allá. Alex no supo cómo reaccionar. —A ti te gusta. ¿verdad? El vocalista lo separó de sí. Había una casi imperceptible sombra de tristeza en ella. —Entonces ya no será una cena. ya que cambiamos los planes por venir al concierto. viendo a Melvin. —Sí. alcanzando la mochila que el vocalista le entregaba.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Imagino que van a ir a celebrar esos dos meses que llevan juntos. mientras Melvin le contaba algo trivial. antes del concierto. Se sintió flotar al escucharlo. Fernando. Él te pertenece. mientras voy por las cosas. decidido a quitarse la duda que lo acicateaba desde que estuvieran frente a él. mostrándole lo que sentía por él. levantándose también del sillón al tiempo que sacaba su teléfono celular—. al notar que no intentaba manosearlo o ir más allá.

—No si planean visitarnos seguido —respondió Fernando. Al verlos aparecer. Y eso fue todo. Nos queda cerca. —¡Acepto! Me muero de hambre. El primero lo tenía abrazado por los hombros. regresándole la sonrisa—.Van Krausser 28 . sonriendo en forma luminosa.. —No te dije. —Espero que no sea la última vez que nos veamos. —Cuídense.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Gracias. ¿verdad? —¿Qué? —Galerías lógicamente está cerrado. ¿Qué dices? Un buen guisado y café caliente no nos caería nada mal. Después de eso. esta vez sólo con un leve contacto de sus labios. al sentir el frío de la madrugada cuando alcanzaron la puerta. Fernando habló primero. Fernando se despidió de ellos. soltándose del guitarrista para ir por su novio. así que podríamos ir a cenar/desayunar al café de la calle Pinares.. Son las tres y media de la mañana. Una despedida. Ha sido una noche muy movida. volteando con Gary por un momento. Alex se abrazó a su novio. —Me imagino —comentó el médico. por todo. en donde encontraron al médico bromeando con Gary y Bruce. Después. un tanto cohibido cuando el vocalista extendió un poco más el abrazo en él. —¡Y que lo digas! Además. con una leve sonrisa tonta estacionada en sus rostros. Melvin los acompañó a la puerta de acceso. se despidió de ellos con un cálido abrazo. con eso de que no hemos comido… Con ese brillo especial en su mirada. sonriéndole divertido. Melvin volvió a besarlo. todavía nos falta llegar al Cambio de planes . regresaron a la sala. Éste lo soltó. Alex y Fernando caminaron en silencio hacia la salida trasera del auditorio. en un gesto de confianza. agarrados de la mano.

Después.. Se te ve como si te lo hubieras pintado en la frente. asaltándolo con un intempestivo beso. no tengo la culpa de ser tan guapo y llamativo. ¡Auch! ¡Hey. recuerda que soy muy celoso. no fui el único que lo notó. —Fernando fingió un poco al sentir el codazo en las costillas. si eso fuera posible. —¡No serías capaz! —Oh. se apresuraron a llegar al auto para cumplir todos los planes de festejar esos dos meses que llevaban juntos. Además. Al fin y al cabo.. Con eso de que tomaste Viagra. claro que no. como demostración. A propósito. ¿sabes? Melvin se moría de ganas por comprobar la efectividad de las pastillitas. Aunque por lo pronto. —¡No es cierto! —Yo no miento. era un buen principio. Sí. Le agradaba saber eso de su novio—. Fer. lo hizo detenerse en medio de la calle. Fernando se rió con ganas al escucharlo. fue por ti —se justificó. Oh. y eso me hace tener radar para ver quién quiere meterte mano. —Bueno. Fernando. Ya lo demás se iría planificando sobre la marcha. no. muchos años. no había sido malo el haber hecho cambio de planes de forma tan intempestiva. Todo lo contrario. Aparte. se conformaban con poder bajar el efecto de la pastilla antes de que les amaneciera.. y que pensaban extender a muchos. ¿cómo supiste? —Ay.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 departamento para la noche de «guardia» que vamos a hacer. —Sin decirle más.. Fernando se sonrojó furiosamente al escucharlo. Cambio de planes . —Malhumorado y celoso. Nunca imaginó que Alex se daría cuenta. alzando un poco los hombros— .Van Krausser 29 . Quería darte la sorpresa de no quedarme dormido a medias de nuestra celebración. como habían visto ese día. Alex! —Graciosito.

No hay mentiras que no haya osado pronunciar tu lengua bífida y no hay amantes que no hayas espiado desatando su pasión. Escribe cuentos y novelas de distintos géneros. en la ciudad perdida. una novela gótica ambientada en el mundo actual. como quien ejecuta una danza ritual. Allí. Llegué a Babilonia. Disfrutaba imaginando que me acariciaban con la lengua y cantaba de alegría si lograba balancearme por el columpio de las trenzas de su cabello. Las pieles eran más claras y los cabellos. Y mi historia empieza aquí mismo: en el valle del Nilo. pero no por eso menos apetitosos. Cuando nevó en Babilonia ha ganado el Concurso Verano. cosa que me entristeció profundamente. voy a contarles cómo comenzó todo. más Cuando nevó en Babilonia .Nimphie 30 . y me escabullía por sus faldones blancos manchados con barro. Su obra más reciente es Menfis. Oh.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Cuando nevó en Babilonia Nimphie Nimphie es argentina y estudiante de Letras Modernas en la Universidad de Buenos Aires. por sus manos robustas y sus labios de cuarzo rosado. Por eso. para aliviar mis horas. Contemplar a los jóvenes de piel dorada y cuerpos macizos siempre me había hecho suspirar. 1 Con los faraones de la sexta dinastía terminó la costumbre de construir pirámides. la más lujuriosa de las ciudades. organizado por la comunidad de Livejournal El Burdel. hasta la fantasía y el romance. Babilonia. mientras el cielo hace oídos sordos y las nubes ocultan tus obscenidades de los ojos de los ángeles. desde el gótico y el terror. Jugaba a bailotear a su lado. Llevo casi mil años custodiando Egipto y cada día es un martirio. los cuerpos eran diferentes. Me gustaba verlos sudar bajo el sol y me divertía oírlos maldecir en egipcio o en hebreo. Pero cuando mis preciosos y fornidos muchachos dejaron de poblar Menfis con aquellas maravillosas obras de arquitectura. me aburrí de Egipto y decidí viajar hacia el norte para buscar nuevas aventuras y más chicos deseables.

No se entregaban a los placeres de la carne como hacían los egipcios (a lo bruto.. flotando a su alrededor) y se había probado montones de túnicas. sorpresa. galantes. llegó él y. Mientras más se hiciera desear un jovencito. que estaba hecho de sueños. Eran amigos de poner en práctica las más atrevidas estrategias y reían histéricamente cuando eran pillados in fraganti. Lo que más me divertía eran los sitios que elegían para sus encuentros amorosos.Nimphie 31 . Las piernas eran delgadas y esbeltas y los cuellos parecían forrados en seda. Se habrían sentido ofendidos si hubiesen podido oír mis carcajadas. Las manos eran gráciles. frágiles y remilgados. meciéndome en la caldeada atmósfera. Tendría apenas unos diecisiete años y lucía tan bello y pequeño que hasta sentí unas leves cosquillas de envidia por el hombre que le tomaría. Se había bañado en el río y se había perfumado todo el cuerpo con una fragancia que olía a vainilla. y yo me zambullí por sus pieles para lograr retener en mi memoria la dulce esencia de aquella entrega maravillosa. Horas más tarde. con más ardor lo tomaría el macho dominante. Luego.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 lacios. atrevidos y lascivos. El soldado (porque sus vestiduras lo delataban como tal) se encargó de satisfacer a ese niño ansioso de sexo y nuevas experiencias. El chiquillo de aroma a vainilla apenas le llegaba al mentón. oh. mientras yo. sumergidos en ese sopor fragante a rosas y lasciva Cuando nevó en Babilonia . ¿Pero qué podía saber yo. sino que parecían tímidas mariposas revoloteando sobre un campo de diamelas. Se durmieron juntos entre las sábanas revueltas. sobre el arena. acerca del amor y los deseos humanos? Ellos estaban allí. Eran seductores. una noche. cuando en el cielo ya se podía ver la constelación de Géminis (Cástor y Pólux susurraban indecencias en idiomas arcanos). pero en cuanto se cerró la puerta se lanzó sobre su hombre como Zeus lo hiciera con el joven Ganímedes. un chico pasó casi tres horas decorando la habitación en la que se encontraría con su amante por primera vez. hasta que finalmente se decidió por la más corta y las más blanca. me transformaba en una fresca brisa para aliviar su calor y recomponer sus respiraciones. Recuerdo que. de dedos largos y uñas de cristal.. había corrido a su habitación (lo seguí. Yo estaba fascinado con aquellos jóvenes etéreos y delicados. mascullando groserías). rayos de sol y cálidos céfiros.

pero levemente histérica y sutilmente degenerada. un ser que. sino que un día. sometido. vaciado y tiernamente vapuleado por una voluntad más pétrea que la mía y por unos labios más ardientes? ¿Podría yo encontrar un ser intangible a quien vestir de besos y rayos de sol. más fatalista. gracias a mi condición de varón. por supuesto. Ya no soplaba vientecillos agradables sobre sus cuerpos para que su fiebre bajara y el sudor se secara. Yo tragué saliva y cerré los ojos. sacudido. y quería verlo... pudiera recorrer el mundo volando en una nube de suspiros? ¿Dónde estaba ese ser? Yo había oído hablar de él. querida. un asesino silencioso que se divertía al ver a los animales morir de frío y al congelar las almas en pena que flotaban sobre las tumbas. si tengo que ser sincero. te agradecería que fueras a Cuando nevó en Babilonia ..Nimphie 32 . pero jamás lo había visto. Fui juzgado ante un tribunal pero. Pero también tenía miedo.. del cielo llovería agua hirviendo. diosa Afrodita. incendié las sábanas de una pareja de artesanos cuando estaban a punto de consumar el acto. Zeus (Júpiter para los más paganos) me perdonó frente a los iracundos ojos de su preciosa hija Afrodita. pues mi labor lo exigía. mi delito no fue pasado por alto.. ¿Qué sucedería si nos conocíamos? Mi madre me había dicho que si algún día me encontraba con Aidan. no te exaltes. —¡El Silfo del Verano merece un castigo. mientras su cabellera rubia ondulaba sobre su esbelta figura como lo habrían hecho las serpientes de Medusa. padre! —dijo. Se decía que era cruel. Yo siempre había estado solo.. Pero con el paso de los siglos empecé a contemplar con verdaderos celos a las parejas de amantes que se encontraban clandestinamente para entregarse a la lujuria y al placer. Zeus enredaba su barba con el cetro. —Hija. como hacía siempre que algo lo aburría. me había advertido que él era un joven despiadado y que me transformaría en una estatua de hielo si tan sólo pronunciaba mi nombre. Ahora. Hace mucho tiempo que Sillestin está sólo y yo comprendo su pesar. como deben de imaginarse. como yo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 insolencia… ¿qué podían saber ellos de mí? ¿Y yo? ¿Sería posible que alguna vez pudiera sentirme atravesado. furiosa. gracias). Sentía curiosidad. furioso porque ya era la tercera noche en la semana que se encontraban. Mi abuela. Bueno. Odiaba que me llamaran Silfo del Verano (mi nombre es Sillestin. Una fémina exquisita.

no escapaba de los conocimientos de nadie el hecho de que Zeus se había llevado a la cama tanto a humanos como a dioses. Sillestin —canturreó Zeus. Sillestin. Me sonrió.. yo ya sabía cuál sería el precio de la indulgencia. y todas mis Cuando nevó en Babilonia . Cerró las puertas de la sala con un portazo que se oyó en todo el Olimpo. ¿Así que le prendiste fuego a la cama de una parejita de humanos? —rió y sus ojos se llenaron de un fulgor centelleante. Pero yo. Me sobresalté. ya estábamos lejos de la sala del tribunal. bajando la cabeza.. Ups.. regodeándose—.Nimphie 33 . Y yo no deseo tener que vérmelas con Proserpina otra vez. grandes. azules y llenos de propuestas lascivas. No tengo miedo. Afrodita se fue echando chispas y meneando las caderas. pero no era idiota y sospechaba lo que Zeus se traía entre manos. —Sillestin. A nuestro alrededor fluctuaba la fragancia de los jazmines en flor y la frescura de un río se mezclaba con ese perfume llenándolo de una magia trémula y deliciosa. quedó desnuda frente a mis ojos atemorizados. ¡Zeus podría nunca haber estado con un silfo. en uno de aquellos paraísos subterráneos de las leyendas. —Nunca he poseído a un elemental —dijo Zeus. un elemental de la tierra. Ahora bien. Zeus murmuró unas palabras y cuando parpadeé. haciendo el amor —susurré. Me atreví a levantar la vista y me encontré con los ojos del dios rey. lejos del Olimpo y.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 visitar a tu marido Hefaistos si no quieres que se dé cuenta de que lo engañas con Adonis. tan brillante como el oro bruñido. Yo jamás había tenido experiencias de ese tipo. —Estaban. jamás habría osado fantasear con él ni con nadie que pudiera transformarme en becerro sólo con un soplido. O entre piernas. lejos de cualquier cosa. —¿Y qué decías que estaba haciendo esa parejita? —preguntó. según pude apreciar. Zeus fue despojándose lentamente de su túnica y su piel. —Sí —afirmé avergonzado. no tengo miedo. divertido—. deslizando las manos por los pliegues de su túnica. Se relamió los labios. pero yo jamás había estado con nadie! ¡Nadie! Era imposible que él no lo supiera. Serás el primero. Y con eso.. bajito. Nos encontrábamos.

exquisito agradable.Nimphie 34 . Sillestin. pequeño y desprotegido. —Ve hacia el sudoeste. violento. agradecido. ¡Oh. yo tenía miedo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 células cuasi humanas comenzaron a bailar como las odaliscas de Babilonia. 2 Como me había dicho Zeus. Oh. chocaron contra los árboles. Pero aun así. Zeus me poseyó (no me duele. el orgasmo explotó: un cúmulo de estrellas.. Porque Zeus podía ser un seductor. Babilonia. se estrellaron contra el cielo y cayeron sobre nosotros como gotas de miel. —Acércate. no me duele) y su placer se hundió en mi carne como un cuchillo afilado. sí que tenía miedo! Pero luego el temor se hizo humo cuando él me tumbó sobre la hierba y comenzó a viajar por mi cuerpo tal como yo había visto que lo hacían los hombres humanos. bien parecía ser un premio. se agitó en mi interior y fue empapando mis entrañas con un almíbar pegajoso y mágico que me hizo arder. No tengo miedo. y al mismo tiempo.. Nadie Me aproximé con timidez. Era. Finalmente.. oh.. Y no pude evitar sentirme ultrajado y humillado.. Sillestin. llovía. vaporoso. Viajé en una nube muy blanca y esponjosa y cuando el frío hizo que mis rayos de Cuando nevó en Babilonia . El placer y el dolor se fusionaron y se volcaron sobre mi vientre y los jadeos retumbaron sobre el agua. ardiente. Nadie nos ve. me dirigí hacia el sudoeste.. el tiró del lazo que sujetaba mi túnica y yo quedé totalmente desnudo. no tengo miedo.. Cuando desperté. Ser sometido por Zeus. qué suerte la mía al estar bajo las leyes de Zeus y no bajo las de aquellos dioses sangrientos... Zeus era un amante tan imperioso como complaciente.. monolíticos y obscenos. Un escalofrío excitante me recorrió de pies a cabeza y burbujeó en mi interior como una poción. El humo se coló por mi piel y se agitó en mi estómago como la varita de un mago o los abalorios de mil reinas. pero el castigo que me habría estado esperando de Marduk habría sido terrible. nadie nos oye. Y encuéntralo.

él era el mensajero del frío. también abochornado. si se me permite el atrevimiento. descubrí que ya había llegado a las tierras de Aidan. oh. mientras yo era el portador del calor. Yo permanecía con forma humana. recordándome que ese ser era de mi misma especie y que.. Las miles de sensaciones que se habían propagado por mi interior como un virus desde la experiencia pasada. su cuerpo. si me lo proponía. sutilmente delicado pero de una imponencia magistral. Sus dominios eran la belleza hecha cristal. Entonces. con muda estupefacción. Cuando intenté esconderme detrás de un pequeño árbol. Yo sabía que él era el único ser como yo que quedaba en el mundo (la primavera y el otoño no tenían silfo propio) y cuando hube llegado a su gran santuario me quedé profundamente sorprendido y. Lloré de dolor al ver que la rama se había incrustado entre mis costillas. ardían de ansias e inquieto temor. el Silfo del Invierno. muy hermosas y de hocico largo. luminosa y perturbadora. Era de una hermosura cristalina. Del firmamento nebuloso caían diminutas perlas heladas y todo el bosque estaba bañado por un caramelo blanco.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 sol temblaran y se escondieran. Su cabello era plateado y caía sobre su pálida espalda como un gran manantial tejido con rayos de luna. no tropecé y caí. bañarse en un lago helado y cazar unos enormes peces oscuros. Estaba en la condición perfecta. —Maravilloso —susurré. cuando quise acercarme a los animales para apreciarlos mejor.. Mi pelo rojizo estaba cubierto de caramelo blanco. era aún más bello que el del dios Zeus: esbelto pero fibroso. Me sentí cohibido y atraído. lo vi a él. él podía ser mío. mas mi naturaleza de silfo hacía que no sufriese el frío. se encendieron y remontaron vuelo a mi alrededor. suave y aterciopelado. a unas gigantes bestias. Cuando nevó en Babilonia . Pero había algo que todavía no me convencía y era el simple hecho de que.Nimphie 35 . del color de las arenas de Egipto. Hasta sus animales eran blancos. Él y los animales se sobresaltaron y descubrieron mi azorada presencia. Me acerqué lentamente y vi mi reflejo en el suelo congelado. admirando el espectáculo de las bestias del invierno. mi piel seguía bronceada y mis ojos. Contemplé.

. Me miró... anonadado. No llovía agua hirviendo. Lo miré.. Estábamos en una gruta. Saber si son verdad las cosas horribles que se dicen de ti. preocupado—. intentando por todos los medios no mirarle a los ojos. Ni tampoco me había transformado en Cuando nevó en Babilonia . Será mejor que curemos eso. luce bastante mal. ¿qué le respondería? Mi rostro se encendió como una fogata.. ¿qué son? —pregunté.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Esperen aquí. Quería verte.. Oh. no tengo miedo. —¿Te encuentras bien? —exclamó y su voz pareció elevarse por encima de dolor y flotar como una música divina y celestial. Yo tomé aire.. hay un humano herido —le oí decir en susurro. Y yo supe que él lo sabía porque. Se detuvo. no me dirás que has venido al polo sólo para conocer mis osos —comentó. Oh. —Es cierto. ¿Qué haces aquí? —inquirió. no ¿qué podía responderle? Me ayudó a ponerme de pie y observó mi herida. —Son muy bonitos —susurré. No me preguntes qué hago aquí. Aidan me recostó con cuidado sobre un lecho de musgo. —Bueno. no. —Esos animales. desvié la mirada y comencé a estrujarme los dedos. Se acercaba. Quise ocultarme. sus pisadas se oían retumbantes y mi respiración agitada se había vuelto evidente. escondiendo la cabeza en su pecho. Sus ojos eran de un verde azulado muy intenso. son bellos. con una risa divertida.—. El dolor se había ido. Sillestin. y cuando colocó sus manos heladas sobre mi vientre lastimado (tirité de frío) me estremecí con su suave contacto y. pero él me alzó en brazos. no me preguntes. Me sostuve de su cintura. la sangre se evaporó como un incienso misterioso y la piel volvió a ser lisa y dorada.Nimphie 36 . conocerte. porque el simple hecho de hacerlo provocaba que los recuerdos me atosigaran como culebras venenosas. y yo levanté apenas el rostro.. pero estaba demasiado dolorido. Gemí de puro desconsuelo. —Osos polares —me respondió. ¡eso era lo que tanto había deseado! No tengo miedo. pero. de ese color que yo sólo había visto en los mares de Grecia. por favor. sentándose a mi lado.

¿qué está haciendo?) y me susurró al oído—: no me Cuando nevó en Babilonia .. Sentía curiosidad. —Por nada. Egipto está en el desierto y algunos odian el calor. ¿está bien si te ausentas de tus territorios? — me preguntó. Y lo que era más importante: Aidan lucía amable. era grave. ¿Y tú puedes? Vamos. quería conocerte. —Gracias por curarme —dije. me han contado algunas aves. por favor. El dejó caer una risa satisfecha.Nimphie 37 . Pero claro. ellos no pueden saberlo. no te burles de mí. y yo no percibí reproche alguno sino sólo una leve curiosidad. Si el maldito río alterara su curso el país se convertiría en un desierto de arena. Son humanos. —Sí. Oye. Los egipcios me odian. Él me contempló con confusión—. ¿es que no lo percibes en mis ojos? —¿Qué sucede? ¿Te ha comido la lengua el oso? Oh.. yo se que sí. —Fruncí el ceño. por Zeus. Ya sabes. su risa fresca y salvaje me había dejado sin aire. se me corre el jodido maquillaje! Para mi asombro. dioses con cabeza de pájaro.: ¡Maldito clima! ¡Puto verano! ¡Jodido calor. —No lo hagas —me dijo. atreviéndome a mirarle a los ojos. Aidan comenzó a reír..Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 una estatua de hielo. Pero cuando se dio cuenta de que yo lo miraba enfadado. Debería darles una lección para que aprendieran a apreciarme y dejaran de insultarme. —Bueno.. —¿Y tú no haces nada para aliviarles? —¡Claro que sí! Tienen un río... para tratarse del elemental del verano. contemplándome con una sonrisa—. Yo no estaba molesto.. Entonces se acercó a mí (oh... el Nilo. se detuvo. Y eso. nunca sabrán apreciarte como te mereces. enfurruñado—. Egipto: pirámides. abrazándome las rodillas. Me encogí de hombros.. —No soy muy querido por mi gente —comenté. —¿Y a ti? ¿Te tratan bien las personas? —No hay gente viviendo aquí —declaró. sarcófagos. Todos los años tengo cuidado de que se inunde el delta para que se pueda cultivar.

—Aquí nadie se divierte. supongo que somos dos silfos despreciados. —Tu nieve es muy bella —le dije una noche. No te creas que no sé lo bien que lo pasan en esos sitios tuyos llamados palayas.. Cuando nevaba. apoyado sobre el codo.. las playas son lindas. Y la leve sospecha comenzó a crecer. —Playas —corregí. divertido—.Nimphie 38 . mi corazón se encogía de felicidad y vergüenza. recorrerlo con mis dedos tibios. Yo podía hacer llover y soplar vientos cálidos. Arena. En cambio. —¿Quieres ir a mis territorios? —repliqué. Un placer glacial me estremeció y se me erizaron todos los vellos del cuerpo. Lo miré. incrédulo. ¿acaso conocía las formas en las que se amaban y disfrutaban de todos los placeres posibles? Supuse que no. Él no conocía a los humanos.. sol.. mientras descansábamos recostados sobre un pequeño monte y las perlas heladas (copos de nieve) nos cubrían lentamente.. las nevadas de Aidan eran un espectáculo digno de los más fastuosos poemas.. —Bueno. A él no parecía importarle demasiado. tú luego me mostrarás los tuyos. Su perfil se recortaba sobre el cielo vaporoso y yo quise acercarme y tocarlo.. —Gracias —susurró él. Solté una risita nerviosa. Recorrí de la mano de Aidan todo su gran santuario cubierto de caramelo blanco y me dijo que ese caramelo se llamaba nieve.. Cuando nevó en Babilonia . cangrejos. aferrando mi mano. Él se giró y quedó de costado. —Sí. pero algunos humanos despreciaban a tal punto mis lluvias que cuando llovía ni siquiera salían de sus casas.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 soportan.. ¿qué hay de malo? Tú ya conoces los míos. Pero el frío extremo no es saludable para los seres humanos.. porque la cosa era distinta en los animales. Sí. ¿Cómo podría yo despertar esos instintos en Aidan? —Oye. sentir su frescura—. 3 Así lo hicimos. me gustaría conocer tus playas. mar. ¿qué te parece si te muestro mis territorios? Si es verdad que puedo alejarme de aquí por un tiempo.

en respuesta. —A mí tampoco. lágrimas de luna bañadas por el sol… Te quiero. Pero yo quería volver a Babilonia. Si nadábamos hacia el este podríamos llegar a Troya.. Estábamos en la isla de Samotracia. buscando su mano fría. Se creen los más bellos de los seres y lo único que tienen es una voz bonita. 4 Nos perdimos y acabamos en el Caribe.Nimphie 39 . —Para mí es al revés —revelé. Aidan. pero de todas formas a esa sirena le debíamos una. Sillestin. Es mucho más bello que el mío —y en sus palabras no había resentimiento... Suspiré y apoyé la cabeza sobre su hombro desnudo. Por suerte. hizo lo mismo. Caía la noche y el calor seguía presente.. con los ojos casi cerrados y una sonrisa melancólica. acepté. Le agradecimos el paseo y decidimos llegar al Mediterráneo nadando por nuestros propios medios. Y esa misma noche navegamos sobre el lomo de una ballena austral hasta que descubrimos que estaba preñada. una sirena vieja nos guió hasta el estrecho de Gibraltar y logramos llegar hasta el Egeo. sino una nostalgia temblorosa y sibilante..Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Por supuesto. —¿Qué te pasa? —me preguntó él. No se oyen Cuando nevó en Babilonia . y mis cabellos de fuego se encontraron con los suyos. pero me indigné hasta el delirio cuando me di cuenta de la forma descarada en que le coqueteaba a Aidan. Al otro día llevé a Aidan a conocer las playas que tanto le intrigaban. —No me agradan las sirenas —respondí. Nos sentamos en el borde de un acantilado y él se quedó largo rato contemplando el brumoso horizonte. Estudié en silencio sus suaves y varoniles rasgos. —Tu santuario es precioso —susurró—.. pellizcándome las mejillas al verme con los mofletes inflados. Estuve de acuerdo con él. —En mis tierras sólo hay una vida abstracta. y descubrí que ya me había enamorado de él tan profundamente que podría abandonar mis territorios sólo para estar a su lado bajo la nieve. son muy vanidosas.

Esa noche estábamos disfrazados de humanos. pero de todas formas Aidan no sudaba. molesto—. comenzó a reírse escandalosamente cuando se dio cuenta de que yo.. ¡Todas estas túnicas son iguales. pero igualmente nos contagiamos al instante del espíritu jocoso y de la algarabía que flotaba en la atmósfera como el sándalo dulce. balbuceando. Oíamos los tambores y los atabales como si estuviésemos en su interior y bailábamos al compás de las flautas como si millones de bocas soplaran en derredor.. no hay niños correteando por los bosques. desvió la conversación—: ¿Qué tal si seguimos viajando? Muéstrame todos tus sitios favoritos.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 las risas de los seres humanos. Guerra. estábamos pegados el uno al otro. metiendo la mano por el escote. muslo con muslo. pies contra pies. percibiendo mi tristeza. por el apuro. idiota! —exclamó. —No fue tu culpa —exclamó. me gustas. Nos vestimos con las ropas de gala que habíamos robado de la habitación de unos nobles y él. Oh. te quiero me gustas. mis sitios favoritos. me había vestido de mujer. —No te creas que todo son fiestas y diversión. Babilonia encabezaba la lista. 5 Los babilonios estaban festejando algo.. Las calles de tierra estaban repletas de flores y guirnaldas y la noche se desplegaba sobre la ciudad más obscena: una sábana dispuesta a ocultar a los miles de amantes que se entregarían a la diosa de la lujuria. Como deben de imaginarse. Te quiero. Nos encontrábamos en medio de la multitud que bailaba enardecida. sentía la agradable frescura que fluía por su cuerpo y me hallaba tan complacido que deseé lanzarme sobre él y acurrucarme junto a su pecho. Aidan. —¡No te burles! —grité. No sabíamos qué.. no hay música de tambores ni de liras.. Cuando nevó en Babilonia . Allí —señalé hacia el este— dos ejércitos se enfrentaron por una mujer y la tierra abrió sus fauces para recibir la sangre de los muertos. Yo me estremecí de frío y placer. apretando mi mano y. maldita sea! —¡Te ves bien..Nimphie 40 .

Cuando bordeamos un pequeño caserón que yo conocía muy bien dado los nobles oficios que allí se practicaban.. y yo sentí envidia de esas uvas. No obstante.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 tequieromegustastequieromegustas. más humildes en la periferia. a pieles desnudas.. —Te quiero —le susurré al oído (mejilla con mejilla). Hallé en sus ojos un brillo casi líquido. allí los humanos tienen sexo. Su largo cabello se derramaba sobre su espalda como una cascada de plata líquida y las antorchas le arrancaban destellos luminosos a sus ojos de mar griego. Tragué saliva.. estremecido. Él me rodeó la cintura con los brazos.. ¿qué sabes acerca del sexo entre humanos. Tomados de la mano (piel contra piel. Después de todo. ¿Podemos dormir como lo hacen los humanos? —Si tú quieres —respondí encogiéndome de hombros.. graciosamente sujetadas con unas cadenillas de oro. te quiero. Sexo. más suntuosas en el centro. Vestía una túnica de color azul y en los pies llevaba una sandalia. —Yo también —me respondió. un niño nos regaló unas uvas. Había fiesta en todos los rincones de la ciudad y lo único que variaba eran las vestiduras. pero en ese momento no pude saber si esas emociones eran tan ardientes como las mías. Ya podía olerse el violento aroma a sudor. Cuando nos cansamos de bailar (y eso no fue hasta la madrugada) nos alejamos del centro de la fiesta y del eco de la música. me gustas) recorrimos Babilonia hasta que llegamos a las zonas más humildes. Aidan? ¿Te gustaría hacerlo conmigo? Conmigo Entramos en la casa pública (nadie iba a horrorizarse de ver dos varones de la mano) y pusimos un par de monedas en el recipiente de barro. en todos los sitios manaba el alcohol como de una fuente encantada y los frutos secos se vendían a cambio de unas monedas.Nimphie 41 .. algo temeroso. él era el Silfo del Invierno. a tibio semen mezclado con Cuando nevó en Babilonia . Lo miré. El único lugar en donde podíamos dormir era el burdel (el sitio de los nobles oficios) y una burbuja de miedo y excitación comenzó a crecer en mi estómago. a cuerpos ansiosos. —Tengo sueño —me dijo más tarde—. Aidan las comió golosamente. chupándolas con verdadero deleite.

—¡Espera! ¡No. Aidan abrió una puerta y. ¡Bam! Cerré la puerta.. exaltadísimo. Los cuerpos danzando furiosamente en el agua.. Por la diminuta ventana se vislumbraba la noche babilonia. Aidan parecía ajeno a todo ese campo magnético lascivo y degenerado. Suspiré profundo. —¿Qué fue eso?! —exclamó. Tomé de la mano a Aidan y busqué rápidamente alguna puerta que no tuviera la correspondiente señal dibujada con yeso. en todo su esplendor y los muros estaban adornados con burdas pinturas de mujeres y hombres desnudos. qué espectáculo. por Zeus! Se quedó tieso de espanto. Dos —Sí. una fuente que yo siempre me había ocupado de llenar de agua limpia. El techo era bajo y las sábanas de tela basta olían a una mezcla de lavanda y vinagre.. Sus mejillas estaban llenas de un rubor coralino. varias habitaciones y. la explosión de ambos cuerpos chapoteando en un orgasmo violento. Al fin. En un rincón había una gran vasija llena de agua. —¡Ya me di cuenta! —replicó él—. Allí adentro. se hace de a dos? Y nosotros somos dos.Nimphie 42 .. un cuarto libre. junto con Cuando nevó en Babilonia . el sudor mezclándose con ellas y al final. ¿Pero no se supone que eso.. algunos hombres (las mujeres eran más recatadas) se desnudaban en esa fuente y lo hacían allí mismo y. Aidan se sentó sobre la cama y yo lo imité..Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 esencias del Tíbet. Cuando no había cuartos disponibles. Era una habitación pequeña y bastante vulgar. normalmente.. Pero los humanos tienen muchas más formas de divertirse.. los jadeos ahogados vertiéndose y navegando entre las olas. al fondo. —Sexo —respondí en susurro. oh. los gemidos resonaban como en un eco invertido. bueno. El lupanar era una construcción vieja y derruida por los costados. A mi lado. Tenía dos pisos.

era él quien me había dicho dónde estaba Aidan.. Sus ojos parecieron chisporrotear en medio de la oscuridad. —¿Tú lo has hecho alguna vez? —me preguntó Aidan.. Había cometido una falta y Zeus me había perdonado a cambio de mi cuerpo. sólo para conocerme? —levantó mi rostro sosteniéndolo entre sus manos. ¡Quería verte.. (El primero) Humillación… —Oye ¿qué te sucede? Sillestin. y sus ojos azules y profundos brillaban de curiosidad y ansias desconocidas. Enterré el rostro en su pecho y. —¿Y qué tal? —susurró. saber cómo eras! Quería conocerte… —mi voz se quebró. Jámas he poseído a un elemental. —¿Cómo soy? —Su respiración pareció agitarse y la mía se disparó como un misil. entre sus brazos—.. lloré el deshonroso placer que había gozado en brazos del rey del Olimpo. Una sacudida caliente subió por mi espina dorsal.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 una pequeña barra de jabón y una toalla maloliente... ansiosas de fundirse en un abrazo del que no separarse jamás. —Sí —sollocé. Serás el primero. transformándose en un siseo parecido al del mar. burdel.... La pequeña habitación se lleno de un fulgor anaranjado.... por primera vez. camas.. sexo. —¿Qué? —me relamí los labios. Pero no lo lamentaba porque... Dos... —¿Tú fuiste al polo.. —y mis palabras se hicieron añicos. Cama... Aidan se inclinó hasta la vela que descansaba en el alféizar de la ventana y la encendió pasando su mano por el cabo. —Te quiero. Sí. Los suyos siempre parecían tan húmedos. como un trozo Cuando nevó en Babilonia .. Sexo. Humillación. las obscenas pinturas de los muros parecían bailar al compás de la música lejana y nuestras sombras se alargaron sobre las sábanas. Burdel. lo había hecho. dos. Tequierotequierotequiero.Nimphie 43 . serás el primero..

Sus manos comenzaron a jugar con los abalorios de mi túnica y el único nudo que sostenía el vestido se deshizo entre sus dedos como una piedrecita de arena. Bésame. Dos. yo también te quiero... sí. quería verlo desnudo. excitadas y desesperadas. El azul de sus ojos fue haciéndose más hondo y su frescura me fue envolviendo conforme Aidan me abrazaba. nerviosas. Su boca estaba fría.. Cerré los míos con fuerza y un gemido subió en espiral desde lo más recóndito de mi ser cuando sus labios. barriendo mi desnudez. —A mí me dijeron que me transformarías en una estatua de hielo. Temblé. Una primavera mojada entre nuestros labios fue balanceándose por sus bordes. dios mío) y unos dientes mordieron con deliciosa suavidad.. mi calor y su frío se hicieron uno.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 de hielo en agua hirviendo. escurriéndose hacia el interior. Ser suyo. Podía sentir los ojos ansiosos de Aidan. —Cuando era niño me dijeron que eras un horrible dragón de tres cabezas y que me transformarías en un charco de agua con sólo decir mi nombre. fue deslizándose por mis brazos y se despeñó por mi pecho hasta dejarme parcialmente desnudo. arrastrándose por ambas lenguas como almíbar.. El lino cayó sobre mis hombros. Nuestras risas. sólo respondo a mis instintos. ahora casi tibios. —Sillestin. Su pálida desnudez brillaba al ser acariciada por la luz de la vela que llegaba Cuando nevó en Babilonia . con Aidan arriba mío. sus manos se perdieron por la maraña de telas y su cuerpo me empujó hacia la cama… Caí sobre mi espalda. se lanzaron hacia el techo de la habitación y cayeron sobre nosotros como fuegos artificiales. Aferré el lazo de la túnica de Aidan y tiré. Pero no sé nada de estas cosas. quería. resbalaron por mi cuello y se abrieron (oh. Él sonrió y yo me aferré de su túnica. Tequieromegustassexodoscamaburdel.. Quería quitársela. pero en medio del beso la temperatura se unificó.Nimphie 44 . —Te quiero.

—Me gustas tanto —jadeó. Me dediqué a eso. Jadeé. necesitaba que me poseyera y me hiciera olvidar a Zeus. necesitaba su frescura.. saborearlo. sólo había… amor y deseo. ni pudor. Aidan jugaba a dar lametones.. me hizo cosquillas mientras su lengua juguetona se escabullía por mis rincones más oscuros y vergonzosos. La primavera se hinchó sobre nosotros y nos envolvió con un cálido y húmedo céfiro. Cuando nevó en Babilonia . Gemí. con todo mi calor elemental girando en medio de un huracán violento y embriagador. Y descubrí que no sentía miedo.Nimphie 45 . a recorrerlo. tan erguido y ansioso como el mío. Necesitaba contacto. Sus manos estaban tan frescas. Y él jadeaba. esto es el cielo. haciendo que nuestros sexos se saludaran. vamos. por favor —supliqué. Cuando llegó al sexo. Aidan.. me lancé sobre él como un poseso. esa cortina tejida con rayos de luna. se susurraran propuestas groseras y apostaran acerca de cuál aguantaría más tiempo el orgasmo.. Se inclinó sobre mí y su cabello. Me senté sobre él y comencé una danza ondulante... Oh. sólo que ningún manjar divino habría palpitado en mi boca como su propio corazón. no aguanto más. se acariciaran. a succionar y besar y yo alzaba las caderas. Gemí fuerte y agudo y la primavera saboreó los primeros fluidos que comenzaban a asomarse. Él rió y yo vislumbré su propio sexo. Apenas verlo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 desde el alféizar de la ventana. dios. a morder apenas y a desafiar la profundidad de mi garganta. arrancándome la ropa.. revolucionado. a besarlo.. Te deseo. me revolví de gusto y ansiedad... Dimos vueltas entre las sábanas. para que con nuestros cuerpos ocurriera lo mismo que en el beso. Oh... Lamerlo era la gloria. dios. —Mngh. y él enredaba sus dedos en mi cabello y él. No había frío ni fiebre. Aidan. —Aah. un banquete de dioses.

envueltas por la frescura de su piel y el sudor que veía por primera vez.. besándome con avidez. Él fue barriendo mi pecho con su lengua y atrapó un pezón. supe que no había pasado mucho tiempo. Él me miro con sus ojos cargados de lujuria y una sonrisita traviesa se asomó a sus labios mientras su lengua y sus dientes me decían que me preparara para lo que estaba por llegar. aguanté el aire. que me muero hasta que yo le grité entre gemidos que ya era suficiente y que lo hiciera de una vez por todas. hazlo. sigue —gemí y mi propia respiración me saludó burlona desde el techo de la habitación. el sueño se fue apoderando de nuestras almas y de nuestros cuerpos satisfechos. Yo lo abracé con toda la pasión y desesperación que fui capaz y el siguió jugando. muy quieto y con los cinco sentidos embotados. (Al fin. susurrando palabras tiernas y a veces groserías y yo me reía y jadeaba y le decía que era un silfo maleducado pero que hacía el amor que daba gusto.Nimphie 46 . Aidan se inclinó más y me embistió con toda la fuerza de su cuerpo y yo vi las estrellas. Cerré mis ojos. Y cuando pronuncié su nombre me pareció que todos en Babilonia lo gritaban y las últimas embestidas se clavaron en mi interior. abrí las piernas y las entrelacé en torno a sus caderas. como si quisiera que de él brotara un néctar igual de dulce y delicioso. suspiré de puro gusto mientras la intrusión se iba ensanchando y profundizando. orgullosa. Lo chupó tal como había hecho con la uvas: con glotonería. —Vamos.. Lentamente.. Cuando se detuvo. Sonreí.. —Mngh… Te amo… Y Aidan se derrumbó sobre mí como un alud de nieve..Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Me tumbé boca arriba sobre la cama. Él apoyó un brazo a mi costado y con la otra mano fue tanteando terreno… Por favor.. Eso era un gran mérito. Quise Cuando nevó en Babilonia . y yo lo abracé. Cuando desperté. sobre mis labios mojados. su pasión explotó y se infiltró. por mis territorios privados proclamándolos como suyos. ¡había hecho sudar al Silfo del Invierno! —Me vuelves loco —jadeó.) La primavera (hecha carne) fue resbalando deliciosamente por mi interior y yo.

quise gritarles. se le acusa de haber abandonado los territorios que se le han otorgado según el Tratado de Abigor. de haber irrumpido en la ciudad caldea de Babilonia y haber conspirado junto con el Silfo del Verano. «¡se llama nieve y no hace daño! ¡Obsérvenla y disfrútenla! ¡Es nieve!» Pero. Acongojado. A mí me condenaron a permanecer mil años custodiando Egipto y a él. ¡ESTABA NEVANDO! ¡SÍ. me asomé por la ventana y.. Yo tenía antecedentes y por ello mi pena fue más dura que la de Aidan. simplemente a no alejarse del lago de los osos polares que siempre había sido su morada. —Silfo del Invierno. Se oían gritos. 6 Nos juzgaron frente a todos los dioses del mundo. Aidan y yo permanecimos sentados frente a un tribunal formado por Zeus. Cuando nevó en Babilonia . pero ahora eran distintos. y haber ocasionado la nevisca que se precipitó sobre Babilonia. Sillestin Berial.. por el amor de todos los dioses! vi que perlas blancas y frías caían de un firmamento vaporoso. y algunos más que debían ser los dioses del territorio de Aidan. Debía estar allí por quinientos años. no pude hacerlo. la reina de Asia. —Silfo del Verano. Baal.. Marduk. Avergonzados y muertos de miedo. Pero él no me devolvió la mirada... Sillestin Berial. observé a Zeus. empañado. Eran de otro tono.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 saber qué era lo que me había despertado.. Desde allí se respiraba la humedad y los gritos que yo había oído y que me habían despertado eran el desasosiego de las miles de personas que no sabían qué demonios era aquello que caía del cielo. la catástrofe de nieve que cayó sobre la ciudad la noche pasada y que sembró el caos todo el día de ayer. se le acusa de haber conspirado junto con el Silfo del Invierno. Horus. obviamente.. Nervioso. ¡Por el amor de Dios. Aidan Enielle. a mi amor frío y plateado. eran desesperados. NEVANDO! ¡EN BABILONIA! «¡Nieve!». Aidan Enielle..Nimphie 47 .

Nimphie 48 . Epílogo —¡Oh. aguardándome y jugando con sus osos polares. en el lago congelado. el cielo y los astros se visten de gala para festejar el reencuentro de los silfos. adormilado—.. cuando viajo sobre el lomo de la tataranieta de la hija de aquella ballena austral para reencontrarme con mi silfo Aidan. brillando por encima de las estrellas avergonzadas. Pero lo harán en los polos. no! —grita Sillestin. Esta noche. Allí. ¡Morirán los dinosaurios otra vez! —¡Idiota. pero no están presenciando ninguna catástrofe sino uno de los espectáculos más bellos que conocen los habitantes de los polos.. —¿Qué pasa. Aidan? Las ropas de ambos permanecen hechas jirones sobre la cueva (mil años de abstinencia serían suficientes para enloquecer a cualquiera) y el Silfo del Invierno asoma la cabeza por encima de unos jeans destrozados. despiértate! ¿Qué tonterías estás diciendo?! ¡Mira el cielo! Ambos silfos se asoman por la gruta y alzan sus ojos hacia el firmamento. mientras que la Naturaleza les rinde homenaje con una fastuosa aurora polar. cuando los mil años han pasado. Cuando nevó en Babilonia .Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Cuando nos separamos (unos soldados nos vigilaban muy de cerca) se me acercó el dios Zeus y dijo: —Cuando terminen los mil años de Sillestin podrán encontrarse de nuevo. donde no habrá ningún peligro. Y es ahora. ¿Qué sucede. ¿Qué está ocurriendo? ¿Un nuevo desastre climático? Ninguno de los dos lo sabe y por eso tienen miedo. Silles? No me digas que llueven bolas de fuego. Y sé que él estará allí. una cortina multicolor se despliega y ondula a lo largo de todo el bosque. Ninguno de los dos lo sabe.

Nimphie 49 .Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Cuando nevó en Babilonia .

los pisos y las paredes están pintados en tonalidades azules y hay varias hileras ordenadas de asientos para aquellos que esperan partir en uno de los transbordadores. Facultad de Estudios Superiores Aragón. En cuanto llegué a la colonia. En Argentum.Bárbara Iliana Olvera Montero 50 . en septiembre de 2005. las diferencias son mínimas. siempre y cuando se trate de humanos libres procreados in Vitro. quienes me estaban esperando ya en la puerta de la sala de llegadas del puerto espacial. Sin duda es un sitio impresionante. Aunque no estaba del todo equivocado. Para las chicas del Taller de Relatos Homoeróticos y Origin_EYaoiES. son otra historia. imaginé que el estilo de vida de la colonia sería distinto del de Argentum. tanto humanos. porque los nacidos naturalmente suelen tener menos oportunidad para encontrar empleo. porque los clones humanos. así como otros originales. y para quienes esperan a algún visitante. la sala es enorme y además está llena de personas. 1 Cuando me dijeron que sería trasladado del área de ingeniería de la ciudad de Humania al departamento de ingeniería de la Colonia Alfa. Déjenme contarles a grandes rasgos cómo es la vida en mi natal Argentum. destinados a la esclavitud.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 El ingeniero Bárbara Iliana Olvera Montero Estudiante de Pedagogía en la Universidad Nacional Autónoma de México. aunque su incursión en el mundo del slash se dio un año antes. las quiero chicas. como gente de plata. El ingeniero . Eso en cuanto a humanos libres. Comenzó a escribir en el año 2006. lo primero que hice tras recoger mi equipaje fue ir en busca de mis anfitriones. Ha escrito algunos relatos de fanfiction. Es conocida como Barbychan en las webs de Slasheaven y Amor Yaoi. pues son demasiado propensos a enfermarse. Para Connor Steven. tanto humanos como gente de plata tienen las mismas oportunidades de desarrollo. gracias por ser mi amigo.

Bárbara Iliana Olvera Montero 51 . entonces es más comprensible que sólo se necesite dos individuos para mantener funcionando la Colonia Alfa. Pues bien. —En ese caso. siempre puede viajar a Argentum y comprar uno en la agencia de esclavos… o contratar uno en la zona marginada de la ciudad de Humania. Lo mismo ocurre en la Colonia Alfa (el primer sitio al que se enviaron humanos para que viviesen en el espacio. con la particularidad de que en la colonia. Más aún. supongo que lo veré cuando llegue al apartamento. Durante el trayecto desde el puerto espacial hasta la zona de viviendas de la colonia. opinar y acumular tanto dinero como quieran o puedan. tendrá mucho tiempo para conocerlo. siendo tan grande este lugar. que desee adquirir un esclavo sexual humano. cuando supe que sólo éramos dos ingenieros mecánicos en la colonia. a menos. verá. pero si recordamos que todo (incluso el mantenimiento de las maquinarias centrales de la nave) está automatizado. que conmigo somos ahora dos los ingenieros mecánicos en la colonia. Pero cuando pregunté por él. me enteré de algunas cosas interesantes. el señor Leffent suele quedarse en los clubes nocturnos hasta altas horas de la madrugada. Supe. —Descuide inge. Pero me estoy desviando de mi historia. Pero eso es algo que no ocurre con frecuencia. pero no tienen la opción de dirigir ni a su pueblo. —Eso lo dudo inge. mucho menos al pueblo de plata. la respuesta que recibí fue poco ilustrativa. quise saber algo sobre mi nuevo compañero de trabajo. no existen esclavos sexuales. por ejemplo. es su nuevo compañero de piso. debido a su cercanía con Argentum. porque cada humano es libre. Pueden votar. Esto podría sonar un tanto ilógico. que voluntariamente ceda su libertad. antes llamado Tierra). — ¿Tienen clubes nocturnos? Creo que los visitaré en cuanto deje mi equipaje en casa. firmando un contrato con su futuro dueño. El ingeniero .Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 La única diferencia social radica en que los humanos no tienen derecho a ostentar cargos políticos. para un no humano residente de la colonia.

El ingeniero . capaz de paralizarte con su mirada. Parecía tratarse de un ser venido desde las antiguas mitologías terrestres. Era uno de los numerosos sitios de diversión para adultos de la colonia. los furtivos rayos de luces de colores le tocaban de vez en cuando. bailando junto a mí. Abrió los ojos por completo y dirigió su vista al techo. acariciando sus ojos semiabiertos. —Vamos. —No lo soy —afirmé a voz en grito para hacerme oír por sobre el ruido de la música y la muchedumbre que nos rodeaba. subiendo a la plataforma como tantos otros. pues ahora. Y salimos juntos del club. los láser y hologramas daban un ambiente surrealista al lugar. con rumbo al apartamento de mi amante ocasional. como una cortina de sangre perfilando sus facciones. Las luces fluorescentes. de momento estaré unos meses aquí.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 2 El club Rouge Ferveur estaba a reventar de gente. Un apuesto pelirrojo de mirada lasciva que bailaba solo. arqueando ligeramente su espalda y causando que el abundante flequillo se escurriese por los costados de su rostro. —Aún no sé si me quedaré. Me le acerqué. Mis ojos se centraron en él en cuanto se habituaron a la sensual penumbra del club. Sus brazos estaban flexionados.Bárbara Iliana Olvera Montero 52 . En el centro de todo. pues ninguno de quienes le rodeaban parecía llamar su atención. intentado bailar con él. con una diferencia: era el más liberal y ruidoso de todos. Fui el primero a quien no rechazó esa noche. se encontraba el más asediado de los concurrentes. —Te mostraré mi hospitalidad invitándote a mi departamento. —¿Piensas quedarte en Alfa o sólo estás de paso? El falso pelirrojo (porque era obviamente argentuniano y es bien sabido que ellos nacen con el cabello plateado) ya no necesitaba gritar. —Tú no eres de aquí —fue la afirmación con que el pelirrojo me saludó. me hablaba al oído.

bueno. Pero en ese momento yo no lo sabía. —De nada. —Seguramente era la última frase que me dirigiría esa noche. mi nuevo compañero de piso debería llegar esta noche. —Tendrás que irte pronto. por lo que vivir con alguien con quien acababa de follar no terminaba de convencerle. pero no quería matar el momento. Algún tiempo después. Qué original. era un verdadero poema. incluso El ingeniero . —Bienvenido. La pasamos bien y podemos seguir pasándolo genial. Lo único que deseaba era fundirme con el cuerpo del pelirrojo que en esos momentos me recorría con ambas manos. enarcando una ceja y empujando su mejilla desde dentro con la lengua—. —Tengo sueño y mañana hay que madrugar. Era obvio que no podría aclarar el asunto esa noche.Bárbara Iliana Olvera Montero 53 . no tenía idea de que fueras mi compañero de piso. —Se me quedó mirando fijamente. diría que la idea le incomodaba. acariciábamos y excitábamos sin darnos tregua. —Tendrían que haber visto la cara de Marius cuando me escuchó. eso fue hasta que llegamos aquí.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 3 Nos besábamos. —Gracias por la bienvenida. No señor. tras la cual nos dirigimos a la ducha. no sé qué tiene eso de malo. pero yo no estaba dispuesto a dejar que la velada terminara de ese modo. yo soy tu compañero de piso. Jódete. descubriría que no le gustaba mantener relaciones que no fuesen sólo de una noche. Es más. vete a dormir. Fue una larga y magnífica sesión de sexo. justo antes de irse a dormir. no le dices a tu amante en turno que eres la persona con quién deberá vivir y trabajar por quien sabe cuantos meses. sólo para que te folle. —Claro. —Lo seguí a su cuarto. entrando justo antes de que cerrara la puerta. —No entiendo cuál es el problema. —Escucha. —Oh… descuida. el camino desde Rouge Ferveur hasta el apartamento de mi anfitrión me pareció eterno.

supe que «basura espacial» es como llama a quienes se quejan de su mala suerte. Era fácil sentirse intimidado por el pelirrojo. sino la vida de todos los habitantes de la colonia. y tampoco soporto que quienes no lo son. De hecho. Mientras recogía mis cosas del escritorio del ingeniero Leffent. —Lo tendré en cuenta. a pesar de mi corta edad. —Estaba cansado. pero yo estaba seguro de mis capacidades y no era ningún inexperto. tengo más experiencia que tú en este cargo y si bien ambos ostentamos el mismo título y tenemos el mismo puesto. casi me trató como a un total desconocido. para desempeñar su labor de modo impecable. me dijeron que sería uno de los ingenieros encargados del funcionamiento de la nave. toda mi vida en Alfa y siete años en el puesto de jefe de ingeniería mecánica. estoy dando por sentado que eres un ingeniero capaz. —Cuando se me invitó a trabajar aquí. Como verás. Al parecer. no somos compañeros. se comporten como tales. no confiaré plenamente en ti hasta comprobar con mis propios ojos que eres el candidato ideal para este puesto. sólo estoy dejando las cosas claras. en el trabajo. pero no hacen nada por remediarlo. El ingeniero . —De acuerdo. —Una cosa es que yo esté a cargo. Pero a ti más que a nadie te conviene saber que no tolero los errores. Marius estaba lleno de sorpresas. apenas llevabas un año trabajando en Argentum antes de ser recomendado para trabajar en la Colonia Alfa. yo llevo más años que tú aquí. 4 —Eso es todo. a pesar de que según sé. Pero a la mañana siguiente. aunque los dos encargados debemos ser expertos resolviendo problemas… no es sólo tu empleo el que está en juego. es un trabajo que podemos realizar entre dos. —Me alegro. no hizo mención a lo sucedido en nuestro primer encuentro. preguntando a otros compañeros del trabajo. y presentarse luego al trabajo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 parecía que estaba enfadado conmigo.Bárbara Iliana Olvera Montero 54 . y otra que seas mi segundo. no que sería el segundo del ingeniero encargado. no entendía cómo alguien podía pasar la noche de fiesta. me parece justo. No me gusta trabajar con basura espacial. Por lo demás. y Andrew. no necesitamos más gente.

Pero no es sólo su físico lo que llama la atención en él. Con todo y la aparente renuencia de mi colega y compañero de piso. porque cualquiera con ojos se fijaría en Marius Leffent. —Bien. pero una cosa es el profesionalismo y otra tener ojos. es todo por hoy. No veo porque ir cada cual por su lado si compartimos piso. Su ropa emulaba igualmente dicho contraste al predominar los colores rojo y blanco. era Marius Leffent quien más llamaba la atención. 5 Fue un trayecto silencioso. sinceramente yo pensaba que en cuanto llegásemos a casa volveríamos a tener sexo. acto seguido se cambió su camisa roja por una blanca. terminamos recorriendo juntos el camino a casa. más ajustada que la que usaba para trabajar. No crean que solo pienso en flirtear con mis colegas. El ingeniero . Eso es seguro.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 no pude evitar que mi mente se inundase de imágenes de mi interlocutor. Apenas entramos al piso. —Podemos ir juntos a casa. él teñía su cabello de rojo oscuro.Bárbara Iliana Olvera Montero 55 . Es la seguridad que irradia lo que le convierte en lo que es: la mejor cama de toda la Colonia Alfa. Tomó una chaqueta de piel roja y volvió a abrir la puerta del apartamento. por su puesto. De entre todos los empleados… qué digo. era la excusa que había estado planeando durante las últimas horas. logrando un contraste de lo más llamativo entre su pálida piel y su cabello. de entre todos los habitantes de Alfa. soy muy profesional. pero su presencia estaba generando en mí la costumbre de divagar en fantasías no demasiado inocentes cada vez que estaba cerca de él o que pensaba en él. —Joder… qué bien se veía con la gabardina color rojo sangre que llevaba el primer día que trabajamos juntos… no pude quitarle los ojos de encima en todo el día. Pero nada más alejado de las intenciones del pelirrojo. dejó sus cosas en cualquier sitio para que el asistente mecánico las acomodara en su lugar. A diferencia de la mayoría de argentunianos de la Colonia. —Me da igual. fue una fracción de segundo tal vez. Y es que era imposible no verlo. —Ésa.

el ingeniero le empujó por el pecho y me jaló. Andrew. cuando le vi a punto de salir del piso sin mencionar lo de la noche pasada. donde se podía tener sexo con una o varias personas. —No lo tomes a mal.Bárbara Iliana Olvera Montero 56 . En cuanto a mi cuerpo. no me estaba invitando. estaba por irse con algún chico a uno de los cuartos traseros del club. recordé entonces que había visto en la mesa de noche de su cuarto una pequeña El ingeniero . —No añadió más.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Iré a Rouge Ferveur. —Lo siento. Me besó y noté un gusto amargo en su lengua. He de decir a mi favor que soy bastante apuesto. 6 Lo que pasó durante mi segunda noche en Alfa puede resumirse en dos palabras: entrega mutua. Pero volviendo al tema. pero no me interesa dormir más de una vez con nadie. —Creí que… —No lo pude evitar. éste es mío. cuando el compañero del pelirrojo ya me había tomado por la cintura para ir a saciarnos de nuestros cuerpos. cuido de mantener marcados mis músculos a base de rutinas en el gimnasio. según el gusto de cada quien. Volví a verlo en Rouge Ferveur. simplemente tuve que sacarlo a flote. Si no me equivoco. Tengo ojos y cabellos negros y una piel casi tan blanca como la de los argentunianos. Me acerqué y seduje al acompañante del pelirrojo. —Entiendo… puede que vaya al rato al club. Eres apuesto e inteligente. que te diviertas. Marius salió del apartamento sin mirar atrás ni una sola vez. Pero al parecer él no pensaba del mismo modo que yo. —Que porque follamos una vez volvería a tener sexo contigo. lo prendió y le dio una calada. Mi cabello es largo hasta los hombros y totalmente lacio. —¿No es así? Antes de responder sacó un cigarrillo. en todo caso. abrazándome. con ese eran ya más de diez los que se fumaba ese día. sólo me lo decía como mera atención hacia un desconocido que vive bajo el mismo techo que él. tengo una estatura promedio y aunque soy delgado.

las tonalidades de su figura se volvían todo un arcoiris. en busca del candidato ideal para la donación de esperma requerida para la inseminación artificial de Arlen. La capitana de la Nave Colonia Alfa estaba casada con una humana y ambas deseaban tener un hijo. quietos. la capitana Astrid. avisándome que se me citaba la tarde siguiente en la oficina de la capitana Astrid. Pero lo que nos gustaba de aquel lugar era el ambiente. la cual era entregada tras pocos segundos de espera. Yo traté de emular su estilo en los centros nocturnos.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 cantidad de remedios para problemas gástricos. estaba lleno de gente joven. Laurie. Además. volverme irresistible y al mismo tiempo inalcanzable y créanme. para envolver a algún desconocido entre sus brazos y llevarle hasta el paraíso. Dichos audífonos te permitían escuchar la música El ingeniero . y segundos después. es que cuando me propongo algo. Marius y yo— en el bar Jeunesse. Pero su aliento era lo que menos me importaba en esos momentos. nos reuníamos a tomar algo en el bar de moda. Siempre había un grupo musical tocando en el escenario virtual. mientras tomábamos un par de copas. Si algo he de decir acerca de mí. antes de dirigirnos al Rouge Ferveur. entre los quince y los trenita y cinco años. Fue una noche. 7 Vivíamos juntos. Como cada noche. y mi oportunidad de hacerle ver que sentíamos algo más fuerte que una mera atracción sexual surgió en el momento menos esperado. te eran entregados un par de audífonos desechables que venían incluidos en el precio del menú. estuvieron analizando toda la lista de empleados de Alfa.Bárbara Iliana Olvera Montero 57 . Según supe. pero Marius seguía empeñado en salir cada noche. quien eligió al candidato que más la convenció: Yo. no descanso hasta conseguirlo. Los robots apostados en la barra permanecían ahí. funcionó. cuando recibí un mensaje en mi localizador personal. estábamos reunidos los cinco —Jonas. Las imágenes holográficas lucían por momentos con los colores de los cantantes reales. Huge. hasta que los clientes hacían su orden. estaba el cómodo detalle de que al entrar. Fue su esposa.

lo único que querría hacer sería llegar al apartamento. lo sabes mejor que nadie. aproximadamente de la edad de Marius. ninguno. 8 Recuerdo perfectamente el día. Jonas sólo quiso alegrarle la vida a sus madres. hasta que fui mencionado.Bárbara Iliana Olvera Montero 58 . quería una cerveza antes de comenzar su cacería. bañarse. Marius en seguida se encaminó a la barra de bebidas. la noche en que conocí a los chicos. Él hizo caso omiso de ellos y pidió su cerveza al mesero electrónico. —Ni bien nos hubimos sentado en la barra. es porque no tengo nada mejor que hacer. o bien. Sabes que me enfada cuando alguien dice una mentira acerca de mí. Mentira. dormir una siesta e ir a follar a Rouge Ferveur. olvidaba que una parte tuya ya es de roca. —Y gracias a eso pasaré una tarde aburridísima viendo como se rinden mutua pleitesía. Esa noche. y me refiero a tu corazón. Durante la charla (la cual se había efectuado casi a voz en grito para hacerse oír por sobre el ruido de la música) yo me mantuve al margen. iré. como casi cada noche de la semana. —Vamos. nos dirigimos al Rouge Ferveur. —Laurie… deja de parlotear. —No sabía que te hubieses convertido en niñera. Eso claro está. y al volumen que quisieras. —No me digas que sigues enfadado porque les dije a mamá y a Teva que estarías encantado de asistir mañana a su fiesta de aniversario. por una vez al año que las veas no te convertirás en piedra ni nada por el estilo… espera. o mejor dicho. pues saltaba a la vista que ese no era asunto mío. —Pero dinos ¿Quién es este niño que viene contigo? La otra El ingeniero . oh sí. mientras yo pedía un martíni. fuimos abordados por tres hombres. estoy que salto de alegría. hermanito. siempre podías ponerte solo uno. —No deberías hablarle así a Huge.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 del grupo holográfico en turno si lo deseabas. —Pues sí. Él tiene razón. porque yo sabía que al día siguiente tenía una jornada agotadora y desde luego. desde luego. Marius. pero solo un rato. no a tu polla. y que conste que no lo hago por ellas. mientras que si preferías mantener una conversación tranquila durante el almuerzo.

—Jonas hizo una mueca ciertamente graciosa al contar aquello. te enrollaste con tu compañero de piso… —Yo puedo cogerme a quien quiera. un día de estos me causarán un paro cardiaco. aunque mi pretexto tampoco fue lo que se dice prodigioso. chicos… pensé que era el aniversario de las madres de Marius y Jonas. —Hola Huge. —Hey. —Al parecer.Bárbara Iliana Olvera Montero 59 . Mañana es la fiesta sorpresa de Marius. curioso por verme junto al pelirrojo y no era para menos a juzgar por lo que acababa de decir. él nos diría que lo que queremos es burlarnos de él. Estaban muy ocupadas amándose. —Encantado —respondí al momento. chicos él es Andrew. yo nunca te dije esto. detalle que me arrancó una sonrisa. —Pegué un respingo al oírles. Estaba realmente cansado. lo tenía a él. —Si se corre la voz. o mejor dicho. ya lo saben. Huge y Laurie. No me quejo. 9 La jornada laboral casi terminaba. Laurie estaba más que interesado. mi compañero de piso. cumple treinta … si le dijéramos que queremos festejarlo. creerán que te has vuelto monógamo —soltó Laurie al tiempo que dejaba salir una alegre carcajada. ya sabes. y más te vale ayudarnos a planearla. no diré nada y no veo porque tendría que pensar que El ingeniero . Por cierto.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 noche te vimos irte con él y no es normal que veas a tus polvos una segunda vez. —Andrew. —Descuida. Andy. —Ni de broma. dejan que los hijos se eduquen en el edificio internado de Alfa. estrechando las manos de quienes conformaban la familia de mi compañero de piso. esto sí que no me lo creo. está resentido con ellas porque no nos prestaban atención de chicos. —Hermanito. en lugar de pasar tiempo con ellos. por lo que ni me percaté cuando fui abordado por los chicos. puedo jurarlo. pero también es su cumpleaños. pero tuvo que madurar pronto para lograr que yo no me sintiese tan fuera de lugar en casa como se sentía él. la cual provocó que Marius arqueara una ceja. los chicos: Jonas. —Cierto.

Para ese entonces. —Sinceramente no tengo idea. una fiesta de cumpleaños nunca me ha parecido motivo de burla… —Andy.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 se burlan de él celebrando su cumpleaños. hemos follado varias veces desde que vivimos juntos. era obvio que su relación con Jonas era llevadera. —Entonces llevo ventaja. llevábamos una relación bastante liberal. pero estoy seguro de que tampoco nadie está más cerca de serlo que Marius Leffent. por lo que ahora me trataba El ingeniero . —Nadie es perfecto. —Por cierto ¿Tienes alguna idea de para qué quiere verte la capitana Astrid? Me le quedé viendo a Huge. no recuerdo que me lo haya contado. ya había demostrado que estaba perfectamente calificado para mi puesto. pero no dijeron nada al respecto. apuesto a que nunca te contó que edad tiene. porque nunca le hemos visto acostarse más de una vez con nadie. ya llevaba dos meses viviendo en la Colonia Alfa. —Tienes razón Laurie. Como él siempre dice «Si no me como tu polla. al menos si no se llevaba con sus madres. —Los chicos me dedicaron todos una mirada de incredulidad. Además. Después de todo. a demás de vivir juntos. En el trabajo no era un secreto que. como parecía ser. lo mismo me preguntaba yo. aunque a nadie parecía importarle. vaya. mi relación con Marius había mejorado bastante. Parece que te has enamorado de mi hermanito. Andy. dice que dejaría de ser perfecto. —Vaya. Suerte. Jonas hablaba de su hermano como si se tratase de un amigo más. tanto como lo era con Huge y Laurie.Bárbara Iliana Olvera Montero 60 . se nota que aún no le conoces. y ni hablar de llevar una relación normal. 10 Casi olvido mencionar que cuando fui citado por la capitana. a las pocas semanas de haber llegado. entonces mi vida sexual no es de tu incumbencia». —Es que le preocupa convertirse en viejo.

y lenta. muy lentamente. Cada día le demostraba que él era para mí mucho más que una excelente cama y el mejor colega que se pueda pedir. —Dijo que de todos los humanos que habitamos en Alfa. —Pensé que teníamos un acuerdo. fui yo quien le pareció el candidato perfecto. es lo que quería preguntarte? —Quiere que done una muestra de mi ADN para que pueda tener un hijo con su esposa Arlen.Bárbara Iliana Olvera Montero 61 .Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 como a su igual. —No te entiendo. —Marius parecía haberme estado esperando desde que llegase del trabajo. por video llamada. parecía por completo indiferente. sin decir nada por unos segundos. tenía la esperanza de que la noticia le afectase de algún modo. como la noche en que regresé de mi cita con la capitana Astrid. —Sólo quería preguntarme algo y me ha dicho que puedo responderle mañana. Esperé a que terminase de servírselo para luego responderle. ni si quiera se había cambiado de ropa a algo más cómodo. mis esfuerzos fueron dando resultados. Me lo quedé mirando. —Pueden conseguir a alguien más. —Pensé que tardarías más en volver. —No es alguien que tenga que justificar sus actos ¿Qué le vas a responder? —No lo se… —No quiero. fue al mini bar de la sala de estar y pulsó un botó para que la máquina coctelera le sirviera un martini. Aunque tampoco había tardado tanto. estaba todo lo contrario de indiferente. cosa que siempre hacía al llegar a casa. solo la hora que demora uno en ir de un extremo al otro de la Colonia y de regreso. si se puede saber. pero no me esperaba esa reacción. —¿Y qué. no dio mayores explicaciones. follamos entre nosotros y con El ingeniero . pero tú no tendrás hijos con ellas. pero yo sabía que cuando enarcaba la ceja como lo estaba haciendo en ese preciso instante. Se me quedó mirando. —¿Por qué tú? —Antes de terminar su pregunta.

querías que fuéramos amantes. conmigo. aunque no lo dijese en voz alta como yo lo hacía. y desde luego. —El plan era que no te enteraras… El ingeniero . —Aún no se por qué dije aquello. vamos. el asunto de la capitana resultó ser el impulso que necesitaba para al fin ser sincero consigo mismo. Eso fue lo que me dijiste. y cuando me enteré del problema de suministros de aire tú ya lo habías resuelto. pero esto no es una relación. la idea era ciertamente excitante. —¿Quién está jugando? —Eso significa… —Eso significa que si tuvieras un hijo con ellas. O al menos eso pensaba.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 otros. porque sin darme cuenta. —Cambiando de tema. que te viera como algo más que un buen polvo. —No sé de qué me hablas. no habría problema. —Oh. —También podríamos incluir a otros en nuestra cama.Bárbara Iliana Olvera Montero 62 . siempre y cuando estemos los dos presentes. Pero seguía teniéndole miedo a la palabra relación. no lo creería. tendrías también un vínculo que yo no puedo tener y el único con quien deseo verte formar vínculos soy yo… —Si no te estuviera oyendo. felicidades por resolver el asunto del suministro de aire. te tomo la palabra. de hecho. fuimos al cuarto a cambiarnos de ropa para salir a tomar algo al Jeunesse. —Ya que lo dices. bien sabes que te quiero… Ciertamente. los dos sabemos que el único que puede resolver problemas más rápido que yo eres tú mismo. Mientras hablábamos. sólo digo que supongo que follar solo contigo no estaría mal. luego de lo cual seguramente terminaríamos en Rouge Ferveur. me había dado cuenta ya desde antes que Marius sentía algo especial por mí. —No te estoy pidiendo matrimonio. terceros para follar de vez en cuando. —No juegues conmigo. —Pues a la mierda con el acuerdo. pero me pareció que siempre que nos quisiéramos y que los terceros incluidos fuesen solo eso.

Me alegro de ser ese alguien con quien ha decidido compartir su vida. —Era eso o dejar que otros me ayudaran. y sabes lo que opino en cuanto a deber favores. pensabas mantener el problema en secreto. —Nunca le debas un favor a alguien —recité—: pueden tomarte de las bolas y dejarte sin nada con un descuido como ese. pero la más importante es que incluso él es capaz de darse la oportunidad de estar con alguien. —Esa frase es de sus favoritas y me la repite cada vez que tiene ocasión. Descubrí muchas cosas acerca del Ingeniero Marius Leffent.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —No irás a decirme que aunque todo saliera mal. El ingeniero .Bárbara Iliana Olvera Montero 63 . —Exactamente.

Fui criado por las pollas en medio de un amor desesperanzado y de la ilusión de todas ellas de que fuese un hombre de bien. Sus murmullos y gestos blasfemos las hacían lucir menos trajinadas y hasta felices. Tiene interés por la temática crítica y social en sus historias. de mujeres que vivían de sí mismas y sus cuerpos. Alrededor mío se congregaron rostros gentiles y usados de mujeres de la vida. fue que mi nombre fuese el mismo del día de mi santo: Santo Tomás Apóstol. no recuerdo ni un rostro en particular ligado al nombre de mamá.Capandres 64 . había sido una mujer callada y trabajadora que había caído allí por desgracias familiares. Hacia mis seis años ya había visto a tantas mujeres desnudas como ningún otro hombre a esa o a mayor edad había visto en su vida. Mis primeros recuerdos están acompañados de gemidos de placer mezclados con el olor dulzón del sexo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 El rincón Capandres CAPANDRES es un escritor e historiador colombiano. pero El rincón . porque nadie dejaba nunca de sonreírle a un nuevo ser que era traído al mundo. Mi madre tuvo complicaciones médicas y pocas semanas después de mi alumbramiento murió de una grave infección. Recuerdo que me colaba de arriba abajo en todas las habitaciones jugando con objetos que debieron ser bellos en tiempos mejores. Y fue en aquel mismo catre donde nací y me crié yo: Tomás. Según supe luego a través de charlas y recuerdos de las pollas. Me dijeron infinidad de veces que ella había nacido en cuna de oro y que curiosamente había muerto en el mugriento catre de un lupanar. Participa desde el año 2006 en historias breves homoeróticas. y luego se vio envuelto en el mundo del fanfiction y los microcuentos. 1 Era fría la noche en que vine al mundo siendo ayudado por los negros brazos de la comadrona Martha. Son vagos los recuerdos que poseo de mi más tierna infancia. quien comenzó en la escritura a los doce años. Quizá por eso nunca fui cristiano ni creyente. Porque una de las pocas peticiones de mi madre para mí. y de hecho.

no eran más que remedos y sombras de su pasado. y si el problema no desaparecía. un poco alejada de los demás orgullosos padre. Cuando llegué junto a ella. fueron la música que llenó mis sentidos.Capandres 65 . No me importó nada y la abracé tan fuerte como pude. y los gemidos y sollozos que se escuchaban a lo largo y ancho de «El Rincón». Con mis ocho años cumplidos quisieron las pollas que me insertara en el mundo de los otros niños. Las pollas decidieron dejarme ser. nunca o casi nunca dejaban avanzar aquel asunto.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 que cuando llegaron a mí. Por fortuna. Eran en últimas los clientes quienes se molestaban al ver en medio de su éxtasis a un niño de seis años paseándose por la habitación y jugando con una caja de zapatos. o en las calurosas noches 1 Planta utilizada en los campos santandereanos para provocar el aborto. De repente vi cómo era atacada a pedruscos por una muchedumbre de vociferantes mujeres que gritaban obscenidades. La exposición a los cuerpos desnudos desde tan pequeño se convirtió para mí en algo natural. Pero las cosas no salieron como ellas esperaban. Con esta idea en mente me enviaron a la escuela del pueblo más próximo. Algunas veces. Tuve un tutor personal. El rincón . Simplemente tomaban un poco de vergüenza1 y con ayuda de la negra Martha el problema desaparecía. si fue a través de aquellos años oscuros donde permanecía al margen de los chicos de mi edad debido a su rechazo. Su nombre era Sergio y fue mi primer y gran amor platónico. una de las pollas me esperaba a la vera del camino. esperando buenas noticias de mi inteligencia. un maestro de escuela que asistía con asiduidad al Rincón y que era apreciado por todas las pollas. creo que tuve una buena crianza. Nunca supe en qué momento mis instintos despertaron. porque aunque ellas quedaban embarazadas con asiduidad. mi educación no se truncó del todo. era inmediatamente enviado con algún familiar. tenía el rostro lleno de sangre. y pese a haber crecido en medio de aquel ambiente. Recuerdo que lloré y corrí abriéndome paso a empellones. cuando un niño nacía. pues las peleas para que permaneciera fuera de los cuartos cuando ellas estaban con sus clientes resultaron vanas. Sin embargo. Durante la salida de mi primer día de escuela. gritando fuerte y alto algo que hasta ese entonces no había tenido significado para mí: MAMÁ. al menos se volvía invisible a los ojos de los demás.

ellos fueron mi salvación. A mis doce años. Los números no fueron problema para mí. Muchas veces la escuché murmurar: «No me equivoqué con el El rincón . quien en ningún momento se importunó por la forma como fue pagada mi educación. hasta que comprendí que no quería escuchar ningún otro. un duende. de los arreglos del tejado. los catres y las camas y las cuentas individuales de cada una de las pollas. seres. Poco tiempo después de aquéllo. La madame. las manos de pintura. Este sentimiento creció a la par que mi cuerpo. Con lápiz en mano. cuando eran palabras que carecían de significado para mí. El valor de un caramelo. que los manejaba y entendía de una manera que parecía casi excepcional. Me puso un apodo que atesoré durante mucho tiempo: el duende genial. dejándome un libro de matemáticas para que siguiera solo mi educación. Cada vez que me llamaba de aquella manera. Nunca entendí el afán de Sergio de hacerme escribir «papá» y «mamá». Fui el orgullo de las pollas gracias a esto. La primera palabra que aprendí a escribir fue: «dinero». Ese sonido me fue embelesando. Cuando tenía dinero en los bolsillos todos querían ser mis amigos. estaba al pendiente de los mercados para la cocina. Tal vez al no comprender el significado de las palabras y su relación con los sentimientos. en las que los gemidos de placer de ellos se sobreponían a los de las pollas. tuvo a su bien que era tiempo de convertirme en el hombre de aquel lupanar. y con la que pude observar a mi querido profesor desnudo y con el mástil en lo alto. golosinas. Eran entes. mis duendes y yo éramos los responsables del dinero que entraba y salía del «Rincón». Dijo que mi mente pronto comprendería todo de una forma natural. Sergio les dijo que era muy bueno con los números. muchos duendes rondando mi cabeza. mi maestro fue trasladado a un lejano poblado. como diez duendes en una fila con los que podía cuantificar todo lo que me rodeaba.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 donde los clientes se apiñaban en la entrada buscando calmar sus calores. el de un edificio estatal. y más que todo: amigos. sentía que mis piernas vacilaban y que el corazón me daba un salto. Mi primera erección no involuntaria estuvo ligada a una pequeña labor de espionaje que desarrollé. significaba a mis nueve años muchas cosas: comida.Capandres 66 . Después de mi descubrimiento siempre ansiaba la llegada del verano y las noches húmedas y calientes. En aquel momento en concreto comprendí que ninguna mujer iba hacerme sentir de aquella manera. El dinero a su vez.

Algunos en realidad daban asco. Otros casos eran de chicos callados y agazapados. la encargada de esos casos. ésa fue una vida que no pudo ser. Quería ver a los hombres que entraban desesperados y salían complacidos. Fue mi primer beso. Recuerdo en particular los susodichos casos especiales. En el verano en que cumplí los catorce años. las pollas fueron poco a poco cambiando conmigo. con la cabeza gacha. O tal vez porque me había gustado nada más verlo sentado en el sillón amarrillo de la recepción. ya que me veían como un hombre hecho y derecho. Yo no quería verlas a ellas. Por diversas razones. Ellas nunca me dijeron nada. Apenas me miró. aunque la verdad no me importó. intentó huir. no añoro en absoluto. Era como si ella fuese de alguna manera responsable de mi destino. ponía maña para poder acercarme y espiarlo en acción. Asustado. Eran como yo. llorando amargamente. casi niños. Fue uno de los besos más bellos. la más fiera de todas. había roto récords de pajas en un día. ni ella hizo comentario alguno al respecto. se comportaban completamente como mujeres. El más inocente de todos. No sé porque lo seguí en medio de la noche. No gustaban de los afectos de las féminas. Tal vez porque era un chiquillo como yo. llegó una nueva polla El rincón . sus actitudes.Capandres 67 . Recuerdo el caso de un tal Néstor Buendía. sus formas. mis quicios y grietas en lugares estratégicos a lo largo y ancho del «Rincón». Alguna vez me anoté ocho en menos de doce horas. Eran chicos a los que había que arreglarles algo. Tal vez siempre supo quienes eran mis abuelos. Al cumplir mis trece años. Cuando entraba alguien que en verdad me atraía. pero nunca comprendí. Con trece años. Pero a fin de cuentas no eran lo que parecían. Yo apenas me había acomodado para ver el espectáculo cuando el chico salió corriendo subiéndose los pantalones dejando a su padre desconcertado. y que la verdad. porque era la más tierna y a la vez. Una fuerza interna me obligó a retenerlo y como sin querer. me empujó y salió corriendo. si debía forzarlos. o mi familia. le planté un beso en los labios.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 niño». pudendas. En ocasiones muy especiales eran chicos muy jóvenes. Teníamos la misma edad y su padre lo hizo entrar prácticamente a empellones. gestos. Empezaron a ser más recelosas. Lo condujo junto a Sonia. Lo encontré sentado en el tronco de un árbol caído. Nunca he sabido si sospecharon de mis tretas. Me senté junto a él.

María era espigada y blanca.Capandres 68 . No logré convencerla de que aquel hijo no El rincón . pero desde el principio crei que María no era lo que parecía ser. pero también era evidente que al menos virgen ya no era. que eran rescatadas por sus familias y amigos. Crecer en medio de mujeres te hace ser perceptivo y perspicaz. Se llamaba María. la hija de Martha la comadrona. Fue todo lo que dijo María a la vez que sus lágrimas se juntaban con las mías en el suelo de la habitación. 2 María no quiso oír sobre la vergüenza. Sus ojos negros me engatusaron y no me di cuenta en qué momento me recostó junto a ella en la cama adosada a la pared. de vacío. y desde el principio comprendí que ocultaba algo. Entonces comprendí por qué Néstor Buendía había llorado tan amargamente. las cuales se podían clasificar en aquellas que descubrían que esa no era en realidad su vocación. De que eres un monstruo. de que eres todo menos un ser humano normal. Era el único retiro existente para una puta barata. las pollas vieron que mostraba interés en ella. Hasta aquel instante había pensado que era posible hacer lo que todo hombre sabe hacer. Mis lágrimas resbalaban lentamente. Se me acercó lentamente y me sonrió. Era esa sensación de desasosiego. Era evidente que ella no tenía experiencia en aquellos asuntos. sólo dejé salir eso que venía guardando desde hacía tantos años. Pero tan pronto bajó su mano a mi entrepierna no pude retenerme y me levanté. —Yo también tengo un secreto. Celebraron mi cumpleaños y mi hombría encerrándome con ella en la habitación más lujosa de todo el «Rincón». aquella que me trajo al mundo y que había muerto pocos años antes. Tan pronto llegó. otras. A lo largo y ancho de aquella vida mía habían pasado al menos seis docenas de pollas por el «Rincón».Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 al «Rincón». terminaban de barrenderas y lavanderas del «Rincón». Mis ojos no dieron crédito al ver que se acariciaba lentamente el bajo vientre y entonaba un cántico infantil. ni sobre Matilde. Tenía un no sé que en su mirada que me engatusaba. y puede que también tenga algo que ver con mis gustos. no teniendo siquiera la belleza y robustez de la juventud. algo que no había ocurrido antes. tan solo un puñado. Tan pronto cerraron las puertas de aquella habitación quise morir. y la tercera parte. No me podía contener.

No podía retroceder. Recuerdo que debí sumergirme un par de veces tratando de calmar mis ansias. Mi inocencia en aquel ámbito me hizo hacerle caso a un hombre al que había visto varias veces en el «Rincón». El chiquillo nació el 25 de marzo del año siguiente. Él me sonrió de una manera que nunca ningún hombre me había sonreído y supe inmediatamente que él era especial.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 debía nacer allí. varios hombres más me rodearon. me lo hizo saber. el chiquillo de mi primer beso. Fue de pura suerte o de casualidad. fuerte. nunca lograría sobrevivir por mi cuenta. los surcos El rincón . pero después comprendí que aquel chico era hijo de un sacerdote. Me hubiera gustado criarme allí. A los dieciséis años. Esa sensación caliente. Me miró de arriba abajo y sonrió. con el hijo de un sacerdote haciéndose pasar como mío. Todo comenzó con mi primera gran borrachera en el bar del pueblo. Se presentó. Él me invitó una ronda de tragos. Se llamaba José Luis Buendía. su robustez. El nombre que ella eligió fue Rafael.Capandres 69 . Decidí tomar un baño en un recodo escondido y fui sorprendido por un chico un poco mayor. En aquel momento pude volver al «Rincón». La madame en realidad nunca me pagó por mi trabajo. Así terminé sirviendo en las plantaciones de tabaco de los Buendía como contador. él me abrió las puertas a un mundo de sensaciones y emociones que nunca había imaginado. En poco tiempo. que mis duendes y yo termináramos trabajando para la familia Buendía. hermano de Néstor. sólo bajo juramento que ella nunca hablara sobre mis perversos gustos. sólo sé que desperté en un callejón del pueblo. que hicimos un pacto. Nunca me dijo por qué. Me llevó a su casa como su invitado y me maravillé viendo aquel espléndido lugar. debí abandonar el «Rincón». preguntándome sobre las pollas e invitando la cuenta. con apenas mis ropas. mientras él me miraba extasiado. se quedó grabada en mi paladar: el aguardiente. si lo hacía. Tan empeñada estuvo. Yo haría de padre de aquella criatura. repulsiva. Me presentó a sus padres como un peón muy avezado en las matemáticas. Me habían robado todo. No recuerdo mucho de aquella noche. pero un sentimiento de orgullo me impidió hacerlo. Durante aquel mes. Se acercó con una extraña naturalidad y se despojó de las ropas antes de entrar al río. Recuerdo con claridad la piel de José Luis. Ella se había iniciado como novicia. luminoso y fresco. simplemente saldó la cuenta de mi crianza y tan pronto cuando ésta se cumplió. Vagué por el pueblo y terminé en las afueras junto al río de oro.

vivido y muerto durante los disturbios del Bogotazo2. sabía reconocer a aquellos hombres a los que les iban mejor las compañías masculinas que las femeninas. los conocí tal cual eran. porque en realidad fue el primer hombre al que amé. lleno de vida. Después de muchos años se crearon redes clandestinas dedicadas a complacer a ese tipo de caballeros y así terminaron mis años de locuras y febril sexualidad. Con mis ahorros y mis treinta años me fui a recorrer el mundo. Mi María había sido la tía consentidora de mi querido Rafael. Trabajé como contador de los Buendía durante muchos años. 2 Se conoce como Bogotazo al período de protestas y desórdenes surgido después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948 en el centro de Bogotá. nunca pude. Ella.Capandres 70 . Había conocido a otro como él en la capital. Recuerdo el olor del tabaco cuando yacimos juntos. Mi hijo Rafael ya iba a la escuela y durante todo aquel tiempo calmaba mis penurias gracias a las tretas de mi querida María. pleno. Mi amada María con el tiempo me abandonó. Un hombre mayor la alejó de aquel mundo y se llevó también consigo a su amiga. que se había convertido en la falsa madre de su hijo. Eventualmente me los enviaba a mí. Se había enamorado. al igual que todas las pollas no solo del «Rincón». en la intimidad. El rincón . desfilaron hombres de familia que parecían tan machos como todos. que debían buscar a un macho que los complaciera. pero que yo. en un alejado tugurio de la plantación de su familia. Aquella fue la época más gris y triste de mi existencia. Recuerdo su miembro erecto. Pero el recorrido fue corto. Me sentía vacío. No hay nadie que escuche mejor una confesión que una puta. sino del mundo entero.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 que se abrían en su espalda cuando permanecía desnudo. ajeno. les decía que a ellos en realidad eso no les gustaba. Nunca lo olvidé. Recuerdo lo doloroso que fue. Y también recuerdo su sonrisa media. en la que varios hombres del pueblo le confesaron sus penurias y dificultades. Por mi cuartucho en medio de la plantación de los Buendía. Él se alejó lentamente de mí a medida que terminaba su carrera de ingeniería. Y armada de una paciencia fenomenal. No había nada que me retuviera en aquel lugar y abandoné mi trabajo con los Buendía. Fue un labor que tomó años. solo. les endulzaba el oído. Me dolió muchísimo su muerte. Lo conocí a él. sus ojos oscuros. su rostro varonil.

Joaquín empezó a explorar mis pantalones. En aquella época me gane la vida demostrando mis habilidades en matemáticas en diversos lugares de la ciudad. Los murmullos y los secretos a voces se incrementaron. ardor en nuestro corazón. —¿Por qué nos abandonan? —dijo la poetisa al ver que ambos nos retirábamos. Nuestra primera vez fue en medio de un recital. Las cosas se pusieron a tal punto que con mi rostro arrebatado le di a conocer mis deseos. Aquellos seis meses se convirtieron en mi periodo en el paraíso.Capandres 71 . Su apellido sobresalía donde quiera que fuese nombrado. y luego con mano firme. su risa. Fue una ilusión que duró poco. Sólo que no me sentía como él. Fue el mejor sexo de mi vida. adentrándome en esos oscuros mundos de los otros como yo. la vida se vive y punto — contestó él. era un caballero aristócrata de una de las ciudades más conservadoras del país. sus gestos. —Porque de la vida no se puede divagar. En lo único que le ganaba era en matemáticas. a ver. primero con mano trémula. Su nombre era Joaquín. El rincón . Tan pronto inició la poetiza a divagar acerca de la vida. De repente comprendí que no pertenecía a ninguna lugar y entones me dediqué a vagar. a conocer. Me sentía como un chimpancé en un traje caro. fiereza en la mirada. Todo un caballero.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Desde el inicio ambos supimos que las cosas no iban a funcionar por más que lo intentáramos. Estábamos en un impresionante teatro. Pero tuve que dejarlo. Sus modales. o mejor dicho. Fue aquella época en la que todos querían experimentar y abrir su mente. Viví el movimiento hippie que llegó desde el norte a finales de los sesenta. Seguí estudiando por mi cuenta el libro regalado por mi maestro y pronto lo encontré sencillo. Él. a diferencia de mí. Hizo que me pusiera ropas incómodas para que me viera como él. me aproveché de su decadencia para saciar mis instintos. a viajar. Joaquín duró en mi corazón mucho más tiempo que el que viví con él. Recorrí como errante todo pueblo y ciudad que pude. Y yo estaba ahí para abrírsela de tajo. en medio de gente fina y elegante. Para aquel momento había aprendido a reconocer a otros con un simple vistazo. demostrándonos todo nuestro cariño y deseo. empezó en un recital. Así fue como le llamé la atención un día en un cafetín. Así lo recuerdo yo. Sin apellido. Y él me encantó. La cama rechinaba de manera morbosa a medida que nos estrechábamos y nos alejábamos. Fuego en nuestros labios. Se casó con una mujer de clase alta y nunca más fue feliz. Yo apenas podía seguirle el paso.

Tenía otros dos chicos de aquel hombre mayor. No muy larga. Y pronto administré locales de mala muerte y bares malolientes donde los clientes nunca abandonaban su lugar ya que no tenían otro sitio a dónde ir. Definitivamente me iban los hombres. Una es de María. mi vida. y de alguna manera. si es que existe. con las pollas. un camino sin rumbo ni acierto. Las calles parecen peligrosas y no quiero correr riesgos. pero me había prometido a mí mismo que alguna vez debía hacerlo con una. Huele feo. Ambas me han llegado a la par. ya que eran mi pasado. quien ya era padre de tres bellos y sanos hombrecitos. Nunca había planificado nada de mi vida.Capandres 72 . El movimiento hippie terminó de la misma forma que había comenzado: de repente. A su maravillosa casa. Está más grande. No fue gran cosa la verdad. Y me vi abocado a seguir mi camino. Desde allí le planté cara a mi vida. La ciudad ha cambiado. a quienes ya casi se les había olvidado sumar por causa de la marihuana. Quiere hablar conmigo. Pero no fue así. siempre había creído que simplemente todo encajaría en algún momento. 3 El camino destapado hace traquetear el bus hasta la antigua ciudad de Joaquín. y también con mi María.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 En medio de una orgía donde no sabía de quién era qué y la yerba sobraba. que me pusieron al tanto de la muerte de la madame. lo hice con una mujer. Una El rincón . Me alegró saber de ellos. No muy diciente. Voy directo a su hogar. Sin duda. Por lo menos no en aquel momento. Está más sucia. para verificar mis gustos. sólo había tratado de sobrevivirla de la mejor manera. No quería terminar abusando de borrachos en un callejón mugriento. Volví a vivir de mis bienamados duendes. que mis ganas amainaran. La otra es de Joaquín que también desea hacerlo. Pero ahora tengo dos cartas en mi mano. con Joaquín. Ésta ha sido la historia de mi vida hasta este momento. La fuerza de mi carne me fue abandonando y casi agradecí al mismo Dios. y me vi en la penosa realidad de que era un pobre diablo a quien enterrarían en una fosa común pagada por el bienestar social. Sólo la historia de un hombre que ha vivido una vida según sus posibilidades. Entonces me comuniqué con las pocas personas que conocía. hay más gente. La verdad es que no había hecho mucho con ella.

no puede ocultar el paso de los años. Le queda poco de vida. Tantos recuerdos me lastiman. Se forma un alboroto colosal. vieja. ya mayores. luego como adolescente y ahora como adulto. Me siento perdido. A sus cincuenta años está embarazada nuevamente. ya como niño. Pero él. Las más jóvenes no saben quiénes somos y las mayores no quieren perder el tiempo con explicaciones vanas. Me sonríe y llora. Llora con angustia. La casa. discute su esposa. Un par de días después llegamos donde las pollas. Esos pasillos que recorrí una y otra vez. Entramos. Me tiene un regalo. me presento. con dolor. Ella discute. Me lo da. aunque cuidada. Mis ojos se humedecen y lloro con él. No reconozco al Joaquín de hace años. Está ajada. Tiene un futuro prometedor. Dentro. —Quiero que seas feliz. Mi boca no responde. Trabaja con el alcalde de un pueblo cercano. Nunca en la vida alguien me ha hecho más feliz que tú. Su hijo. hasta que tomo la El rincón . Su mujer me observa escondida desde la ventana de su mansión mientras me alejo con paso aletargado de su falsa vida. Allí hay una bolsa de papel llena de dinero. pelea. Una nostalgia indescriptible me embarga cuando veo nuevamente el «Rincón». se hace respetar. No me dice de quién. Para ellos su padre lo es todo. demacrado. Un cáncer ha hecho mella en él. No noto cuando una lágrima resbala por mi mejilla. Vivimos con las pollas un par de semanas. no me importa. Le doy un tierno beso y me voy. me abraza. Me hace una confesión que me deja trastornado. La madame ahora es aquella mujer que me llevó a mi primer día de escuela. Mi mente pierde la capacidad de pensar. tan feliz como me hiciste sentir. cansada. No lo acepto. Insiste. Lo abrazo muy fuerte. desde su lecho. y quén seré. Me hace pasar. Apenas habla. Discuten con ella por mi presencia en su hogar. Sólo sonrío con lágrimas mojando mis labios. quién soy. extraño. Me pide que la rescate de aquel hogar al que no pertenece. pintada y arreglada. Ella no los quiere. nuestro hijo Rafael. Me niego. Me sonríe y sin decirme palabra alguna. el olor a sexo lo inunda todo. delgado. Así llego con mi María. Nunca los quiso. Abre una de las gavetas junto a su cama. Él ésta indispuesto. no está.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 mucama me abre. me dicen quién fui. Tuvo la suerte de ser inteligente y logró sobresalir en la escuela. Está viejo. Aquella misma noche llego por ella. No digo nada. Conozco a sus otros hijos. —Sonríe. ella sólo es una mujer que nunca dejó de ser una polla del «Rincón».Capandres 73 .

Ya no espero más de la vida. Pero una mañana. donde un beso lo significa todo. Una remembranza morbosa. preparado por mi querida María. Una finca a donde finalmente las pollas que ya no puedan vivir de sus cuerpos. Un almuerzo caliente. 4 Tengo sesenta años ahora. Una finca donde podamos cosechar lo que queramos. contado por nuestro hijo Tomás. Y un simple beso era lo que necesitaba yo para comprender la razón entera de mi existencia. contada con picardía por alguna de las pollas. Un café cargado en la mañana. un escritor de esos que hace mucho ya no nace. antes de salir a echar de comer a las gallinas. Una finca donde se puedan criar a los niños hijos del pecado como yo.Capandres 74 . lo supe. Venía buscando ese amor vespertino del inicio de la inocencia. Un chiste infantil. Sería un hombre famoso. donde María pueda criar a su último hijo y pueda morir en la paz que nunca pudo encontrar en el convento.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 decisión que hacer algo por toda la gente que quiero. y en la vejez puedo disfrutar de las cosas sencillas de la vida. El rincón . me encontré a mí mismo en la figura de un extraño niño con grandes y bellos ojos. A esas alturas me han abandonado completamente mis deseos carnales y han sido remplazados por cariños paternales. temprano. puedan ir a retirarse. Una finca grande y confortable con el dinero de mi Joaquín. Compro una finca en las afueras del pueblo. donde seamos una familia.

Recuperador de Cartera. voces de alarma eran lo que generalmente pegaba cada vez que no entendía el enredo en el que dejó todo el último de Él y yo . Lunes. Andar de cobrador de todos esos morosos que debían el dinero que no tenían. Y bueno. está más ciego que una concha. sonriendo siempre. no creo que haya alguien en este planeta que no se quede admirado apenas él se le plante al frente con esa radiante sonrisa. empezaré diciendo que fue una buena amistad a primera vista. o como otros lo llaman. 0 Digamos que casi casi fue amor a primera vista. Mi pequeño espacio estaba justo al frente de su oficina. Conocida en el mundo de Internet con el pseudónimo de adry_fab. si realmente creyera en eso. pero luego. por la falta de personal. hubiera sido así. ¿Y él? Pues. ¿A qué me dedico? Bueno. terminé siendo el «todólogo» del lugar. Diré que nuestra amistad inició por pura vecindad. Claro. inicialmente pensé que era como técnico de computadoras. tiene actualmente varias novelas originales que están publicadas en Slasheaven y justamente este relato es una de sus publicaciones de este sitio. entrando a trabajar por primera vez en esa compañía. A fuerza de ser sincero. por lo que mis primeras voces de alarma siempre llegaban allí. no era precisamente un trabajo glamoroso. pero él trataba de sacarle el mejor partido al infortunio ajeno.Adriana Martínez 75 . temprano en la mañana. tiene el peor puesto que la naturaleza le otorgó: Analista de Crédito. El que no se derrita ante tan sincera muestra de cordialidad. Pero como obviamente no lo creo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Él y yo Adriana Martínez Adriana Martínez es ecuatoriana.

Lo malo fue que en poco tiempo comencé a darme cuenta de que me la pasaba pensando en él. te espero. que él siempre venía a ver lo que me pasaba! Bufando un poco le contaba el último infortunio del momento. conversando de todo lo que nos pasaba por la mente. Dani! Me muero de hambre ¡Córtala ya con ese teléfono! —Una de mis frases usuales para ir a comer. no le faltaban mujeres. De plano deseché cualquier idea romántica. La corta media hora que teníamos se nos iba volando. pues nuestra persona de Recursos Humanos nos asignó el mismo horario. 1 —¡Vamos. A mi parecer esa era toda una hazaña. —Alargó su mano hacia mi cara con todos los dedos estirados—. —Vale. que lograban despejar mi mal humor. Al poco tiempo ya era costumbre vernos juntos saliendo al comedor. ¡Cómo serían mis reniegos. obviamente porque con tan lindo cuerpo y tan agraciado rostro. pensé con el poco optimismo que me quedaba. Llevaba ya seis meses en la empresa cuando realmente esta historia empezó. «Pero eso no va a impedir que tenga un buen amigo». ¿O creíste que toda la palabrería anterior era el inicio? No. Necesito llamar de urgencia a esa señora Gutiérrez que no ha venido a pagarme el día de hoy. para nada. —Cinco minutos. eso sólo era la puerta de entrada. Lo que me gastaba en coraje durante las horas de trabajo. que ni siquiera me había atrevido a decirle que era homosexual. Dame cinco minutos más y termino. al contrario de mí.Adriana Martínez 76 . pero tenía una palabra infalible para quitárselas de encima: «novia» Desde el principio nunca ocultó su futura boda y los arduos preparativos que hacía. y ¡ZAS!.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 sistemas que por allí orbitó. me las cobraba a la hora del almuerzo. Él y yo . pero recuerda que tengo hambre. allí estaba una de sus inconfundibles risas. pues mi carácter es singularmente tan agrio como el mejor de los limones.

Adriana Martínez 77 . por lo que es él quien me saca de mi ensueño cuando termina su trabajo. —Cambié el tema a otro más ameno. supongo que será un gran regalo de bodas. estaría perfecto. le habría dicho que se callara.. —Ah.. déjalo estar hasta después del almuerzo. pero si no la llamo ahora. —¿Una cirugía? —Casi me atraganto cuando me contó del último capricho de su chica. Si hubiera sido otro. lo olvidaba. «Qué lindos son sus ojos azules». —Y. Generalmente me pierdo en sus facciones cuando me pongo a admirarlo. —Vale. Él y yo . se quiere agrandar el busto.. —A leguas se notaba su enfado. —Sí. —¿Para qué saca un crédito tan grande si después no puede pagarlo? —Normalmente terminaba enfadándose con sus clientes. cierto.. si lo hiciera para mí. —Listo. pues ni que yo fuera tan tonto como para no recordar lo que había dicho en mi presencia mientras conversaba con la señora al teléfono unos minutos atrás. pienso conteniendo un suspiro. bueno.. Lo que me fastidiaba era que a veces terminaba con las novedades para la boda o con las compras de su novia. hasta los marcadores en los deportes eran nuestros puntos favoritos de sobremesa. la vieja dice que viene el lunes a primera hora. Me repite su conversación al teléfono mientras vamos caminando hacia el restaurante. —¿Eh? —Es por la próxima audición a ese dichoso comercial de televisión. Sam. —Claro.. encontrando los datos de la última clienta. pero a Daniel siempre le gustaba rememorar las historias desde su original punto de vista. Desde las noticias de la política actual. Allí es cuando generalmente me siento al frente suyo a contemplar cómo se concentra en la pantalla de la computadora. esa vieja se me escurre de la tienda en donde trabaja y ya no la encuentro sino hasta después del fin de semana.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Yo también.

Es que la condenada noviecita resultó ser la zorra más grande del planeta. Déjame explicarte. Él y yo . si esa fuera la palabra. ¿Y qué parte de su cuerpo engalana con el auto que le compraste para su cumpleaños? —Me encantaba ser sarcástico. y se han emparentado entre sí desde varias generaciones atrás. por pena. además de tener la personalidad más simple que hubiera conocido: un ratón tendría más sesos que la doña en cuestión. —Me dijo que era algo sencillo. —¡Pero si a ti no te los van a poner! —Pero me dice que los gastos en su cuerpo son responsabilidad mía.. Ellos no fueron la excepción. —Sabes que odia el transporte público. y yo no puedo llevarla a todas las audiciones... supongo que eso será otro bajón para tu billetera. —Dice que es mi obligación como su novio. —Claro.. Pero Daniel es tan terriblemente buena gente que aún le tiene cariño.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 «Para buen chico.Adriana Martínez 78 . —¿Y esa operación no será peligrosa? ¿O costosa? —Mi propio ego trataba de que se desahogara conmigo a propósito. ya lo entiendo. Para remate. Sus familias han sido vecinas desde antes de que Colón descubriera América. —Vale. como decirlo. la noviecita estaba estudiando actuación y se creía la próxima súper estrella de cine. como decía mi abuela. Así que todos daban por hecha su unión y no creían que hubiera fuerza en este mundo que los separara. porque fue él quien le quitó la virginidad (que de paso la perdió con ella al mismo tiempo). Era obvio que estaba con él por su dinero. y él estaba con ella pues... ¿Alguna vez te han enseñado que existe la palabra NO? —Ya sabes que. pero cuesta un montón. Quiere que tú se lo pagues. Escuchar que hablara mal de la tipa era lo que me alegraba el día. estuvieron juntos desde el maternal y conocen hasta sus más íntimos secretos. —Déjame adivinarlo. buen martirio».

he estado con ella. 2 Bien. sólo que tu chica ya no te atrae. El dinero es sólo un papel impreso que va y viene como el viento. Gracias. En realidad ninguno de los dos estaba borracho. sí. la lengua se le soltó larga.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Sí. —Vale. Lo sé. quita esa cara. esta vez las pongo yo. Segundo. Ya lo sé. del que no noté su contenido alcohólico sino hasta que fue demasiado tarde. Primero. se me dio por probar una de las nuevas creaciones de la casa. —O. Pero eso no significa que te guste. pero los ánimos estaban listos para las confesiones. dos tipos discutiendo en la barra y nosotros sentados en una mesa.. ¿Pero acaso no se te levanta con otras? Él y yo ..Adriana Martínez 79 . —Cientos de veces —secundé y terminé su frase—. un espumado verde medio dulzón. Era lo típico y normal de los últimos meses desde que nos habíamos conocido. Mejor vamos a pasar un buen rato esta noche... lo sé. pero esa nochecita estaba llena de sorpresas. Viernes en la noche. —Eso no es posible. bebiendo y comentando las novedades del momento. Me lo has repetido cientos de veces. ¿qué te parece? —De acuerdo. el bar de la esquina. Es tu novia y punto. supe que me había pasado de la raya con mi ironía. —Novia. por lo que para la siguiente ronda. Daniel estaba más deprimido que lo usual y la cerveza había sido despachada demasiado rápido dentro de su garganta. —¿Por qué no consigo una erección cuando estoy con Laura? ¿Me estaré poniendo viejo? —¿Viejo? No. —Pero es mi. ¿A quién le toca poner las cervezas? —No importa. —Me fascinaba cortarlo—.K. Cuando lo vi agachar la cabeza como cordero herido.

—Ya te lo he dicho. —Supongo que tienes suerte con tu novia. no serías el primero ni el último que lo hace. —¿Eh? —Que me gustan los chicos. —Mira.Adriana Martínez 80 . pero en realidad no es así. —Vale. —Ah. Lo he intentado por semanas y nada. pagando el importe de la noche. Soy gay. yo. Me levanté dirigiéndome directo a la caja. Pasé a su lado al salir. —No es que lo mantenga en secreto.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —En realidad. Apenas lo dije me arrepentí. cierto. no.. Su cara roja mostraba algo más que solo vergüenza. lo olvidé. lo siento. ¿Alguna vez has tenido este tipo de problemas? —En realidad. pero no se lo cuentes a los Él y yo . ¿Y con tus anteriores chicas nunca tuviste ese inconveniente? —Chicos. no tengo novia. —Este.. Estoy pensando seriamente que tengo un problema. Tampoco te sientas mal por rechazarme. no. no sé qué pensar. No soy el primero ni el único en el mundo.. —No. Sobre todo cuando confirmé mis más dolorosas sospechas al ver la cara de asombro con que me abatió. Será el estrés o algo así.. no me mires así. no creo.. sólo que pensé que tus excusas serían más respetuosas que la de los demás. —Pero no es algo reciente. supongo que por amistad.. Sólo te dije lo que soy. Me disculparía si creyera que hice algo malo. decidí dar por terminada la cuestión. me cogiste de sorpresa. —No hace falta. —Dejé el vaso y giré mi cara para no seguir contemplándolo—.. Ni que te hubiera dicho que tengo una enfermedad mortalmente contagiosa.. Al ver que se había quedado callado y el ambiente se volvió pesado. no te lo tomes tan a pecho.

ropa. Las chicas generalmente arman demasiado alboroto por estas tonterías. —Vale... Al llegar a casa me sentía el idiota más grande del mundo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 demás en la oficina. Había tenido un horrible fin de semana para hacerme a la idea de que nuestra amistad se había terminado. Lo comprobé bastante rápido al notar que entró a su despacho sin el acostumbrado saludo mañanero. Noticias. —He tenido una mañana de perros. será mejor que vayamos a almorzar temprano —me dijo con la mayor naturalidad del mundo. frente a mí con su radiante sonrisa. Allí mismo me entró la desazón de la enorme calamidad que había iniciado. —Después de finalizado el colegio. Al parecer. pero su seria mirada me hizo recordar una de las cosas más prácticas en él: su curiosidad. hasta que dio un giro inesperado. me lo tenía merecido por bocazas. Pensaba que esa cuestión había terminado esa noche. Aunque si en realidad la curiosidad fuera un insecto. Bien. la de él tendría el tamaño de Él y yo . Tuve que vaciarme un par de botellas más para poder conciliar el sueño. 3 Lunes.. cuando mi sorpresa no pudo ser mayor. Al mediodía estaba preguntándome si podría fugarme a otro comedor. —¿Y desde cuándo lo notaste? —¿Qué cosa? —Que eres gay. Sólo esperaba que mantuviera su pico cerrado y no lo expandiera por todo el redil. te sigo.. —¿O sea que tú nunca. Levanté una ceja en señal de asombro. aunque mis sospechas venían desde la pubertad. Definitivamente tocó todos los temas que se le pasaron por la mente. con chicas? El bichito de la curiosidad lo estaba aguijoneando. deportes. inicio de una nueva ronda laboral. hablar era una de sus formas de relajarse.Adriana Martínez 81 . Allí estaba él.

si no... sí. si no me crees. —Pero. Define raro. —O sea. ¿Por qué lo dejaste? ¿O aún continúan saliendo? Mi paciencia se iba achicando cada vez más. Celos.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 un elefante.. infidelidades. ¿No se siente raro? —Depende. Luego de un momento de silencio no lo suficientemente largo. —Bueno. Una que otra aventura ocasional. por si eso te interesa. Lo normal.Adriana Martínez 82 . en la universidad. —¡No! ¡Cómo crees! Yo estoy con Laura. lo mío es algo normalmente hormonal. ¿cómo? ¿Acaso se puede? —¿Enamorarse de un chico? Por supuesto.. cuando estaba en la etapa de la negación. —Ah. Me enamoré. —¿Y ahora? —No ando con nadie. no me lo imagino. —Mejor para ti. volvió a arremeter.. —Sinceramente. ¿no te daba.. —¿Y qué paso después? —¿Pasar con qué? —Con el tipo. peleas. —Nada. —No digo eso. —¿Y qué pasó? —Nada importante. —¿De un chico? —Eso es obvio. pregúntale a una chica. lo de siempre. malestar? —No. lo regular cuando uno es soltero. Él y yo . ¿y después de eso? —Nada. Su cara de espanto casi me hace reír. para nada.

—Sí. y como generalmente estoy a la defensiva. —¿A poco nunca has estado frente a uno? —Pues. lo siento. Ya ves. Escuchar su fresca risa hacía que mis sueños volaran lejos. —Es que no todos los días descubres que tu amigo tiene esas tendencias. Es que todavía no me hago a la idea. mi morbo también tenía pies propios. —Bueno. —Deduciré que tu mal humor no tiene nada que ver con lo otro —me dijo. —¿O sea que no estás enojado por todas esas preguntas personales? —¿Ésas eran preguntas personales? ¡Ni que me hubieras preguntado cómo se hacía! —¿Hacía? ¿Qué cosa? Era una pena que no pudiera patearme a mí mismo. pues con eso le di más alas a su curiosidad. pero como estás tan preguntón quise molestarte un poco. Él y yo . —Se nota que recién empiezas a salir de tu burbuja sobre protectora. —Bueno. casi bailé del gusto al saber que todavía me consideraba su amigo. —¿Y qué esperabas? No todos andamos con tacones y plumas. Si más de una me pregunta por ti. acepto que tenía una idea equivocada. me suelen mal interpretar con facilidad. y varias te miran con coquetería.Adriana Martínez 83 . Tú eres el primero. mis cejas fruncidas son hereditarias.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Lo sé. —Y yo que tú fueras más curioso de lo que esperaba. —¿Mal humor? Bueno. como eres tan ingenuo pensé que no sabías cómo tenían sexo los gays —me fue imposible no contestar. Se quedó pensativo unos segundos y después se puso tan rojo que tropezó con el vaso de agua. Esa frase me calentó el corazón. Estás tan bien parado como para tirarte a todas las chicas de la oficina. no. Es que realmente no lo pareces. no mordemos.

—Vale. te disculpo.Adriana Martínez 84 . —Vale. —¿No me digas que has estado aquí parado todo el rato . en donde los homosexuales no eran recibidos. Involuntariamente me fijé que el agua también había caído en su pantalón. que me la venía aguantando desde que inició la conversación. buscando más salpicaduras. —¡Oye! ¡No te burles y ayúdame! —Su cara mostraba todos los colores posibles. —¿Y eso por qué? —¿Tan siquiera sabes el por qué estoy enojado? —Porque fui un idiota en el restaurante. El tirón que hizo por apartarse me regresó a mi oscuro mundo habitual. ya estás limpio. Pero él definitivamente malinterpretó todo. mientras recordaba su torpeza. Él y yo . Créeme que no hubo ninguna segunda mala intención cuando pasaba el trapo por su pierna izquierda. estaba en la puerta de la calle del trabajo. Él me seguía por detrás.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Esta vez no pude reprimir una buena carcajada. Fastidiado. 4 No pensaba que le hubiera afectado mi actitud. Entre los dos empezamos a secar las cosas con las servilletas que teníamos a la mano. hasta la mueca de mi cara llamada sonrisa que todavía conservaba. Empecé a caminar directo a mi casa. pero realmente no sé si eres lento o sólo tonto. Y como gesto de amabilidad me acerqué demasiado rápido a limpiarlo. Lo siento. Regreso a la oficina. desde mi atenta mirada a su entrepierna.esperando a que saliera? —Quería disculparme por lo que pasó en la tarde. pero al final del día. me levanté y tiré la servilleta a la mesa. no debí tratarte de esa manera.

—¿No me dijiste que te daba asco tocarme? Entonces.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —¿Creíste que te iba hacer algo? ¡No soy un violador pervertido! ¡Estúpido! —Lo lamento... nos vemos mañana. Me le quedé mirando por unos segundos hasta que un tironcillo interior me hizo reaccionar. ya te dije que te perdonaba.. —¿Incómodo? Bueno. Me miró con esa sinceridad que yo adoraba. hasta desplomarme a salvo en mi casa. —Creo que fue lo que logré articular. Lo que no entiendo es por qué continúas persiguiéndome. ¿qué significa esa mano? Sin que pudiera reaccionar. ya no estoy enojado.K. tratando de razonar alguna excusa. se me acercó y estrechó la mía... me sentí incómodo cuando me tocaste. —Vale.Adriana Martínez 85 .. estiró su mano en señal de despedida. Simplemente deberás entender que somos diferentes de ahora en adelante. —Nunca dije que me dabas asco. Corrí todo lo que mis fuerzas me daban. logrando que me estrellara nuevamente en tierra.. Mi sonrojo y turbación no pudieron ser mayores. —Pero es que aún sigues molesto conmigo. Y su sonrisa hizo que esta vez fuera yo el que mal interpretara todo. —Bien. siendo tú como eres.. Obviamente eso me conmovió lo suficiente para detenerme y mirarlo de frente. es lo normal.. sí. Huí del lugar. inconscientemente me acerqué a su rostro. Sólo cuando tuve una buena idea para Él y yo .. sólo que sentí raro. listo. nada más. esperé a que mi respiración volviera a la normalidad. Conmovido por su frase. Tirado en el piso de la entrada. Había estado a punto de cometer una locura y era una suerte que reaccionara a tiempo. Allí estaba de nuevo con su carita de cachorro a punto de llorar. estaba a punto de besarlo cuando su mano se separó de la mía. —O. pero es que. Entiendo. Acto seguido y para mi sorpresa.

Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 enfrentarlo al día siguiente. transcurrió con extraña normalidad. sobre todo porque me encontraba demasiado ocupado desarrollando un nuevo sistema que requerían de urgencia. Nuestras conversaciones eran sobre si funcionaba tal o cual programa. o si un recaudador lograba su meta diaria. 5 Sinceramente. El viernes no tuvimos oportunidad de reunirnos como acostumbrábamos por tener nuestras agendas llenas. Y así. Los días posteriores fueron parecidos.Adriana Martínez 86 . así dejaría de haber malos entendidos. nunca fui muy valiente que digamos. Ni él ni yo tocamos el tema y nos concentramos únicamente en los problemas del trabajo. al igual que el almuerzo. —Debería ser más que suficiente el que ella comprendiera que no estoy interesado en su persona. Él a su vez. —Sería mejor que le explicaras tus preferencias. —No sólo quiso colgarme el adorno ese. y el sábado fue ajetreado al igual que la siguiente semana. —¿Se puede saber qué bicho te ha picado? —Me dijo en media comida—. me levanté directo a la cama. Eso simplemente me ponía de mal humor. sino que ella iba también incluida. había lanzado una nueva campaña con sus cobradores. transcurrieron dos meses. 6 Pasaba de la quincena de diciembre y yo podía oler los arreglos decorativos por las fiestas. Sólo tocábamos cosas triviales. El día. haciendo que se sumiera por completo en sus actividades. perdimos la costumbre de hablar de nuestras intimidades. Me contaron que le gritaste a la secretaria del jefe cuando fue a colgarte una guirnalda en tu puerta. pero creo que últimamente estás demasiado gruñón. como lo bueno de la última fiesta o los planes para ir a la playa. —Bueno. al Él y yo . todo iba bien. sin viernes de farra. Casi sin querer. Mientras no nos involucrara personalmente. así que mi única estrategia era la negación.

—¿Por qué no pasas las fiestas conmigo? —¿Y arruinarle la diversión a tu noviecita? No me interesa. —¿Y por qué lo sientes? ¿Acaso es tu culpa? —Bueno. a pesar de que es uno de mis recuerdos más agradables. Los días transcurrieron entre villancicos y panes de dulce. Por un lado. Aunque en realidad sí lo hacía. Con ella tendré las demás Navidades del resto de mi vida.Adriana Martínez 87 . —¿Descuidado? —Olvídalo. pero a mí la ilusión empezaba a hacerme mella. —¿De verdad? Lo siento. Creo que el asombro aún no se me quita. —Realmente no quise decir la última frase. Y así iniciaron nuestros planes navideños. y esta vez no sería la excepción.. Será mejor que no lo sepas. simplemente se me salió antes de que me hubiera dado cuenta. —Es que me fastidia todo esto de la Navidad. pero me da pena tu situación. Supongo que serán los colores o los adornos. solamente después de que le respondí me resultó agradable la idea de un plantón de su parte por una cita conmigo. —Se nota que no sabes que eres un descuidado.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 menos más que de costumbre. —¡Ni se te ocurra compadecerme! Ya bastante tengo con esas tías de la oficina que quieren consolarme. —Si deseas podemos ser sólo nosotros dos. —¿Por qué? ¿Y tu familia? —Me desheredaron desde que supieron de mis gustos. —¿Eh? ¿Por qué? —Quién sabe. o el hecho de que siempre me la paso solo. no.. mi pequeña conciencia blanca me dictaba que él actuaba por Él y yo . Siempre fui muy rígido con respecto al amor. nunca demasiado cerca como para que te duela. ¿cierto? Pero para antes de que te des cuenta prefiero decirte que sí.

Ni pareces hombre. —Pues no te cases —le respondí. Para cuando brindamos por el nacimiento de Dios. Así que para después del juego del amigo secreto y de la entrega del bono por parte de la compañía. y nos regalaba sus mejores cócteles para celebrar. se me había arrugado el corazón. Eres tan mariquita que apuesto que podría violarte. estoy totalmente hundido con esto. contándonos sobre nuestros planes a corto plazo y lo que haríamos después de año nuevo. durmiendo la borrachera. Obviamente. Él no se encontraba mejor. Al escuchar su risa ebria me dio a entender que la suya estaba en el mismo lugar. Cerca de las doce empezó con las historias de su familia y las tradiciones navideñas. —Oh.Adriana Martínez 88 . —No quiero casarme —me dijo cuando salíamos del bar. El dueño estaba contento de que sus perdidos clientes hubieran regresado como hijos pródigos.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 pura amistad. Estaba lo suficientemente borracho como para lamentarme del por qué la vida no me permitía ser feliz. tambaleándonos y caminando hacia ningún lugar.. De tanto escucharlo. pero mi gran parte oscura me gritaba que no dejara pasar esa oportunidad. pero sus suspiros eran por su futura boda. por lo que mi tristeza era predominante. sujetándolo para evitar que chocara contra el próximo poste de luz. tenía los sentimientos encontrados. — Pasó su brazo por mi cuello para agarrarse mejor. Él y yo . para esas alturas mi cordura se había ido de parranda y se encontraba sumergida dentro de una botella vacía. cállate. —Pero no puedo evitarlo. eran casi las dos de la madrugada. 7 Era el bar de la esquina de siempre.. —¿Qué acaso no tienes pantalones? ¡Pues dices que no y ya! —Pero yo. La noche pasó rápida.

Ambos fingíamos que no había pasado nada. ¿y qué si fuera cierto? —¿Eh? ¿Yo en realidad te gusto? Tuve la suerte de que un taxi vacío pasara en ese mismo instante. Sólo esperaba a que el tiempo girara más rápido para tener un poco de descanso.Adriana Martínez 89 . —Si te dijera la verdad.. pero la resaca del día siguiente estuvo fantástica. eso. —Se nota que estás borracho..Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —¿Sabes una cosa? —me dijo tratando de que su pie izquierdo entendiera realmente cual era la derecha—. —Ajá. no recuerdo cómo llegué hasta mi casa. 8 El día veintiséis nos agarró con bochorno a los dos. —¿Y qué hemos estado haciendo hasta ahora? —Digo que debemos hablar de. el agobio lo había agarrado a él primero.. mi fastidio subía a tonos agudos. Le cerré la puerta casi en las narices. —¿Ah. Yo. ya estas diciendo tonterías. nunca más regresaría al trabajo. No esperé dos veces para meterlo dentro. lo que hizo despertar a mi conciencia perdida. —¿Cuál eso? —Lo de nuestra reunión de Navidad. Pero para el veintiocho. Pensé que yo te gustaba. los almuerzos pasaban en incómodos silencios. Desde entonces. pero nuestras acciones lo delataban todo. que después fueron mejorando poco a poco. Como pude balbuceé su dirección y el carro se puso en camino.. por mi parte. ¿y qué quieres decirme? Él y yo . sí? Al principio me lo creía. —Debemos hablar —me dijo antes de sentarnos a comer. —Vale. Al transcurrir los días. Recuerdo que sentí como si me hubieran dado dos cachetadas heladas.

Él y yo . Me ofrecieron algo mejor en otro lado. no. —Noté su turbación al instante. tú tienes una novia que te fastidia lo suficiente como para que te molestes por mi persona. estaba casi seguro de que no iba a continuar. —Supe que renunciaste. Básicamente dejé de comer.Adriana Martínez 90 .. —¿Sabes qué? No tengo hambre. —Yo. casi al finalizar el día. déjame decirte lo que pienso —me dijo un poco apenado.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Más bien quisiera preguntarte.. —Yo.. Harto como estaba. ¿Es verdad eso que me dijiste? —¿Y qué fue lo que te dije? Porque si mal no recuerdo. — Mentira. pero allí estaba de nuevo el maldito bicho picándole el cuello. hoy es mi último día aquí. Pensaba que había tomado mi declaración como un motivo de burla.. ambos dijimos muchas tonterías esa noche.. —Al final. pero mi furia nació primero. —¿Por qué no me lo comentaste? ¿Acaso es por mi culpa? —Técnicamente. decidí acabar con todo. apenas llegué a la oficina me tiré en la silla.. Desde ese día dejé de almorzar con él. será mejor que continúes tú solo. —Yo. tratando de tranquilizarme. —Sí. Salí del restaurante tan rápido como pude... —¿Por qué me sales con esa estupidez en este momento? ¿Acaso tiene alguna importancia? Que yo recuerde. Simplemente estaba huyendo como el cobarde que era. —Espero que esto sea una mala broma del Día de los Inocentes. esta vez en mi oficina. Una semana después. —Creí escucharte decir que yo te gustaba. Ambos nos sonrojamos al mismo tiempo. pues apenas hablábamos más que estrictamente del trabajo. y para la quincena de enero estaba tan flaco como un palillo de dientes y lo sentía tan distante como una estrella fugaz. él se presentaba de nuevo ante mí con su cara de venado herido.

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—¿Para qué? No servirá de nada de todas formas. —¿No te interesa saberlo? ¿Y si es para decir que te correspondo? Los papeles que estaba arreglando fueron a parar al suelo. Con la mayor incredulidad lo miré a los ojos. —Eso es imposible —le dije con gran convencimiento—. Un tipo como tú, que sólo sabe decir «novia», no entendería lo que eso significa. —Eso es verdad, pero, ¿recuerdas el accidente en el comedor? Cuando me limpiabas, percibí un cosquilleo abajo que nunca antes había notado, por eso te dije que me sentía incómodo. Luego, cuando casi te me confesaste volví a experimentarlo. —Uno, yo nunca me confesé ni nada parecido. Dos, estas malinterpretándolo todo. Tres, tú tienes una novia con quien puedes experimentar esas cosquillas, o lo que sea. —Ese es el punto. Con Laura nunca me ha pasado esto. Y como no estoy reaccionando con ninguna chica, pues... pensé... En ese instante mi cerebro dejó de funcionar y mi lado oscuro tomó posesión de mi cuerpo. —Sígueme. —Fue lo que recuerdo que le dije. Como cordero directo al matadero me acompañó hasta el baño, al entrar cerré la puerta con llave. Mis ansias fueron mayores que mis razonamientos. Sin que se lo esperara me abalancé sobre sus labios. Creo que tardó unos segundos en darse cuenta de que lo estaba besando; para cuando reaccionó yo había tomado el control. Estaba dispuesto a satisfacer mi último gran apetito, hasta que sentí que me correspondía. Lo abracé, sujetándolo como si en ello se me fuera la vida, sabiendo que esa sería la última vez. Cuando me dio más espacio, al abrir su boca, me creía tocar el cielo. Era el mejor beso que había tenido en toda mi vida y el más apasionado, si va de paso. No quería que eso terminara, pero mi conciencia regresó de golpe al notar que sus manos acariciaban mi cintura. Lo separé con un poco de brusquedad. Nunca antes lo había visto tan rojo y yo sentía que mis mejillas ardían.

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—Eso ha sido... —Lo que sea. —Lo corté sin piedad—. Será mejor que nos vayamos. Escuché que me hablaba cuando salía corriendo. Creo que me perseguía, pero no me atreví a mirar atrás. Sin despedirme de nadie tomé rumbo a la puerta y caminé tan velozmente como me lo permitían mis piernas. Aún estaba embotado por el sentimiento, así que cogí el primer bus que tenía enfrente y me perdí para siempre de su vida.

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Días después entendí mis reacciones: como el idiota más grande del mundo me había enamorado y tenía miedo de ser rechazado. Sabía que a lo más podría darme unas cuantas noches de placer, pero nunca tendría el valor de romper el castillo dorado que le habían construido. Tal vez separarme así no fue la mejor forma, pero no quería sentir más dolor del que estaba sintiendo. Lo malo es que cuando yo digo «fin», es que es el final. Hasta ahora no he cambiado de idea, pero él me hacía flaquear. Tuve que mudarme de departamento, cambiar mi número telefónico y tirar mi celular a la basura. Todo para poder olvidarlo. No quería nada que me lo recordara, y después de muchas lágrimas lo logré. Llevaba otros seis meses en un nuevo trabajo cuando me enteré por la prensa local de su matrimonio. Allí estaba la foto de ambos cortando el pastel y bailando en plena celebración. Sólo tuve el valor de arrugar el periódico y tirarlo a la basura. Y bueno, hasta aquí llega mi historia. ¿Si encontré a otro tipo para enamorarme de nuevo? Pues, no. Con cada ruptura y rechazo me vuelvo más selectivo con mis amigos. Cuando veo que empiezan a mirarme diferente es mejor poner distancia. ¿Que por qué soy tan arisco con el amor? Quién sabe, tal vez solo soy un viejo amargado y frustrado que todavía no se acepta a sí mismo.
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¿Qué pasará ahora? No lo sé. El tiempo lo decidirá.

Epílogo
—Ingeniero Méndez, una llamada para usted. —Gracias, Catiria. —Hola, Sam. ¿Me recuerdas? —Disculpe. ¿Con quién hablo? —Soy yo. Daniel Smith. —¡Hola, hombre! Ha pasado un buen tiempo, ¿cómo has estado? —Veo que no me recuerdas. —¿Cómo? —¿Sabes quién soy? —¿No eres el hijo de mi socio? —Frío, frío. Haz memoria. Financiera Grant. Navidad en el bar de Los Tres Osos. —Ummm..... —Me besaste en el baño del trabajo. —... —Supongo por tu silencio, que ya te acordaste. ¿O es que has besado a varios en el mismo lugar? —Basta. Sí, ya recordé. ¿Qué quieres? —Como no pude encontrarte para invitarte a mi boda, quisiera invitarte a mi fiesta de divorcio. —¿Eh? ¿Te divorciaste? —Sí, ser un gay enamorado de otro no me hizo el mejor marido del mundo. —¿Gay? ¿Enamorado? —¿Qué tal si nos juntamos en el mismo bar del Oso, para recordar los viejos tiempos, y de paso darte mi nueva dirección? —¿Y por qué tendría que hacer eso?
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—Tu mal genio no ha mejorado con los años. —Y tu curiosidad tampoco ha menguado. —No lo hago por curiosidad, sino para reafirmar una idea. —¿Eh? ¿Cuál idea? —¿Recuerdas que te dije que estaba enamorado? —Sí. ¿Y qué? —Que nunca te dije de quién lo estaba. —¿Y? —Deduce. —¿Acaso vas a decirme que estás enamorado de mí? —Te espero en el bar, mañana a las ocho de la noche. Ojalá que tu cobardía haya disminuido con el paso del tiempo. Clic. —¡Oye! ¡Espera! ¡Maldito! ¡Me colgaste! —¿Pasó algo, ingeniero? —Nada, Catiria. Espera, manda mi mejor traje a la tintorería hoy mismo. Tengo que estar como una joya de veinticuatro quilates para mañana en la noche. —Correcto ingeniero, pero, ¿por qué? —Me voy a cobrar una cita.

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Encerrado en el ático
Mavya
MAVYA es argentina y estudia traductorado público de inglés. Escribe desde los ocho años sobre diversos temas como realismo mágico, universos alternos, vampiros o magia.

Ha pasado ya mucho tiempo desde aquel entonces que viene a mis recuerdos, mezclados con el sabor agridulce de esos tiempos rodeados de privilegios, golosinas, juguetes de todo tipo, y el bello sonido de la cajita musical más hermosa del mundo. Ya son casi veinte años. Muchos dirían que es poco tiempo y que la vida es larga, pero, para mí, los últimos veinte años han durado más que toda una vida y han sido ya tan largos y preciosos que no me importaría partir ahora. Escribo estas líneas a quien pueda interesarle, pues no tardarán en venir a por mí. Pero no les dejaré alcanzarme, no me quedaré aquí para que me metan en un calabozo por haber derramado la sangre de ese bastardo. Jamás pediré perdón ante nadie por tomar vida por vida y vengar el honor de mi Leslie. Leslie… Mi hermoso Leslie, la criatura más pura y buena que pudo haber sido creada en este mundo cruel y frío. Todavía recuerdo el aroma a viejo y encierro que despidió su cuerpo durante los primeros años que convivió conmigo, la textura de su piel, el sonido de su voz, el perfume a chocolate y golosinas que le invadió luego, cuando huimos de casa. Pero me estoy adelantando a los hechos. A estas alturas, desesperado y con la muerte persiguiéndome como un sabueso que ni la piedad de Eros, dios en el que llegué a creer, podía aplacar. Y ese sabueso persecutor era guiado por Némesis, cual si la diosa de la discordia hubiera desafiado a la muerte a encontrarme… Pero no tengo miedo, no le temo a la muerte, no le temo a la horda enardecida que busca hacerme pedazos ni a los demonios del infierno que me torturarán por ser vil pecador. No puedo temerle a nada de eso cuando el vivir ya no tiene significado, no sin mi Leslie. Cuando lo conocí, él tenía siete años y yo nueve, Leslie iba vestido con unos harapos comparado con mis preciosas ropas diseñadas especialmente para mí
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y tenía la misma expresión que una muñeca de porcelana. Recuerdo que sus cabellos castaños caían como cortina, bordeándole su rostro redondo e infantil, y sus ojos grandes e inexpresivos tenían un color verde mezclado con marrón muy raro; llevaba el relicario de su difunta madre en el cuello y se abrazaba con fuerza a las únicos dos juguetes que su madre pudo dejarle, ambos herencia de su propia madre: un alhajero redondo color rojo y un oso de peluche viejo. Él estaba parado frente a nosotros con su carita inexpresiva manchada de tierra, mirándonos a mi padre, mi madre y yo, con esos ojazos. La única señal de miedo que logré vislumbrar era su forma de apretar los juguetes contra su pecho. Oh, ha pasado ya tanto tiempo y mi mente me devuelve apenas una imagen borrosa de lo que ocurrió ese día, apenas sí pudiendo recordar más detalles que éstos. No recuerdo el color de sus ropas, ni el aroma de su cuerpo, no recuerdo tampoco en qué habitación estábamos los cuatro o si él estaba de pie frente a nosotros, pero sí recuerdo la intensidad de sus ojos y aquella expresión de muñeca. La madre de Leslie, con quien mi papá había tenido una affaire de varios años, había muerto por la peste. Por eso él había llegado a mi casa y, cuando me lo presentaron, me dijeron que sería mi nuevo hermanastro menor. —Tu madre era una prostituta —dijo mi padre sin compasión, jugando con su monóculo—. Por lo que, más allá de que te acepte en mi casa, eso no quiere decir que seas mi hijo. Mi padre, un fino caballero alto y delgado de la alta sociedad, nacido en una casta noble, nunca le dirigió una palabra a Leslie. Solía mofarse de su nombre cuando él no estaba cerca pero, de todos modos, Leslie siempre estaba con la mirada fija en su oso y nunca le hablaba a nadie. Mi madre, que era también de clase noble y se casó con mi padre a los dieciséis años por amor, era una mujer pálida y de expresión sumamente dura. Ambos ignoraban y odiaban en secreto a Leslie, pues exponía el horrible secreto de no ser la familia de ensueño. Ella especialmente odiaba a mi nuevo hermanastro por ser la confirmación de sus sospechas de toda la vida. Así comenzó nuestra relación. No fue la mejor manera de comunicarme con mi nuevo hermanastro. Yo no sentía el mismo odio que mi madre hacia él, tampoco ignoraba su existencia aunque no le hablara, pero no estaba seguro de qué debería de sentir. Algo en él me llamaba mucho la atención… Ahora, de sólo recordar los años que vivimos juntos, me doy cuenta de que quizás estaba sintiendo el amor que ahora me
Encerrado en el ático - Mavya
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dejó de moverse. aunque su mirada reflejaba que no se esperaba mi visita. Tuvo esos ataques por dos meses. Sufría de extraños sueños que no le permitían dormir. encontré un escarabajo de colores muy raros en una planta. ver a su rostro blanco cual porcelana demostrar alguna emoción y por eso no dudé en correr al ático. Nadie se le acercaba. una semana más tarde fue al otro lado. que consistía en una camisa vieja y amarilla que le quedaba holgada. ya que el baño que había en el ático pocas veces recibía agua. aunque me sentí tentado. Enseguida pensé en Leslie. Leslie. al tercero. No me costó nada imaginarlo como a una Encerrado en el ático . ya le llegaba hasta los hombros y su ropa. Tampoco entendieron cuando empezó a sufrir ataques en los que gritaba y se retorcía. Mas como la llave del ático estaba enganchada en un clavo contra la pared del lado de afuera. hasta que dejó de reconocer a la gente. convirtiéndose en un palo de escoba. más pequeño que el mío. Corrijo. si supiera el mundo cuánto te extraño. que no le habían cortado. Todo se sucedió tan rápido que ningún doctor pudo explicar sus síntomas ni encontrarles una cura. el pelo. donde maestros particulares dictaban clases a los hijos de la familia. yo solía ir y meterme sólo para molestar a Leslie.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 embarga ya desde ese entonces. sin embargo él ya estaba mirando hacia la puerta. como si Leslie fuera un leproso. se parecía mucho a un vestido. su piel se volvió amarillenta y seca como mueble rústico. pronto perdió el apetito al punto de no querer comer nada. Estaba comiendo un plato de sopa sentado en la cama. la pequeña muñeca sin emociones que habitaba el ático de mi casa lleno de antigüedades. cazando mariposas y luciérnagas como siempre hacía. y lo dejó para que viviera ahí. moría de ganas de hacerlo llorar o enojar. quizá y sólo quizá nos perdonen el pecado que cometimos. Como la madre de Leslie había muerto de una forma similar. Me encantaba observarlo en silencio mientras él se sentaba en un rincón y le murmuraba cosas a su osito de felpa o hacía girar el alhajero entre sus dedos. pues todo lo que comía para él tenía sabor amargo. Recuerdo aquel día en que. Entré en silencio. No les creí. estaba cubierto de polvo y seguramente sin bañar. mi querido Leslie. Mi padre falleció unas semanas después de la llegada de mi hermanastro menor. todos en el pueblo sabían ya del niño demoníaco cuya maldición había matado a mi padre. el pecado que te hice cometer.Mavya 97 . mi madre lo mandó a encerrar en el viejo ático que antiguamente había sido un aula. cuánto te he amado. Me detuve a contemplarlo por unos instantes: su cuerpo.

unos cuantos caramelos y un salchichón. apenas si mirando la forma en que Leslie observaba al bichito que nadaba en su plato. pero una niñita al fin. tratando de matar el calor del verano contra el piso frío.Mavya 98 . —Asqueroso —le dije. que estaba acostado en el piso en posición fetal. pensé que un ser tan bonito no podía ser hijo del diablo como se comentaba en el pueblo. me encontré con una imagen diferente: en vez de chillar o lamentarse. Unos días más tarde tomé unas cuantas cosas de la despensa donde guardábamos comida que no íbamos a usar y corrí escaleras arriba hasta el ático. ¡Ahora! Salí del cuarto riéndome a carcajadas. llevándoselo a la boca para masticarlo sin piedad. ¡Ja! Ésa era Encerrado en el ático . Me había salido el tiro por la culata. pese a estar vivos. esperando verlo gritando y llorando. un chocolate. más comida de lo que había visto nunca desde que estaba encerrado en el ático. mirando a los alimentos y a mí sin comprender. su nariz muy pequeñita pese a que su mamá había tenido una más prominente. Cómetelo. Tenía la necesidad de verlo expresar algo. abriendo la puerta de golpe y con estruendo. Le había dado dos manzanas maduras. respirando tan despacio que podía pasar por una estatuilla de limosh cubierta de polvo. Sus pestañas eran demasiado largas. Leslie. Por un instante que recuerdo con suma claridad. abrazado al osito de felpa con una mano y apoyando la otra debajo de la cabeza como un bebé. no daban signos de sentir absolutamente nada. Leslie se arrojó sobre la comida como un perro muerto de hambre y comenzó a comerse uno de los panes con el salchichón al mismo tiempo—. Él se irguió enseguida. una niñita sucia y perdida. —Come —le ordené. no se movió sino que se quedó ahí quietito. arrojándole la comida cerca de la cara para hacerlo despertar. Leslie se quedó mirando al insecto sólo unos instantes más antes de tomar la cuchara y llenarla de la sopa con el escarabajo dentro. Me obligué a mí mismo a despertar de la bruma en la que su figura dormida me había sometido. Me sorprendió verlo tan vulnerable. sólo para confirmar que en realidad era humano y que así no creciera el pequeño monstruo dentro de mí que gritaba las mismas acusaciones que los pueblerinos. ni que pudiera matar a nadie… Y de nuevo me invadió esa presión en mi pecho al contemplar sus ojos que. arrojándole el escarabajo que había llevado en mi mano a la sopa—. sus labios rosados y finos.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 niñita. dos panes. No hubo que hacer mucho. Cuando cerré la puerta y espié por el cerrojo. poniendo los brazos en jarras en un intento de intimidarlo. imaginarán cómo me puse.

lo observaba jugar con el oso de peluche. con los maniquíes. se reía. La furia que manaba su ser era tan potente. se lo veía muy contento y complacido. sin que lo supiera mi madre. Por primera vez pude ver una emoción verdadera en su rostro. —¿Sabes lo que dice la gente de ti. que ninguno de mis intentos fallidos por molestarlo jamás surtieran el efecto que esperaba y. Esa noche soñé con él.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 comida que teníamos guardada para los cerdos. que el aire a mi alrededor se volvió pesado y sentí miedo. aunque no fueran más de cinco minutos pues la necesidad de ver a Leslie era cada vez más fuerte. y escapándome de las lecciones de violín o piano. tan palpable. por la que me agradecía con una sonrisa. Comencé a ir al ático cada vez más seguido. Soñé conmigo recostado en la cama y de golpe él entraba por la ventana flotando sobre mí. entonces él volvió a su semblante anterior y siguió comiendo como si nada. Casi trastabillando. Un niño maldito con una mamá por ramera. Decidí que lo haría sonreír. Le llevaba comida. Ese día mi voz fue tan gélida. sacándole la lengua antes de salir corriendo e ir a encerrarme en mi cuarto con el corazón acelerado. junto con mi miedo. sí. Me había humillado tanto… E intenté esconder eso. Leslie? —Ah. y hasta sus mejillas se coloreaban. dejaba oír ruiditos de satisfacción entre mordida y mordida. me miraba con una gran sonrisa. Mirándolo. cuando Leslie intentó tomar el chocolate. llenándosele de ira la mirada. Me molestó terriblemente que se pusiera tan feliz sólo por un poco de comida. y me quedaba leyéndole cuentos de los hermanos Grimm. Que no eres hijo de nuestro papá. darle pedacitos de pan a los ratones que habitaban el ático. consiguiera lo más cercano a una emoción con un poco de alimento. pero no era la que esperé. y me saludaba desde donde estaba como si yo fuera importante para él. Encerrado en el ático . Contemplé asombrado cómo su boca se fruncía hacía abajo en un gesto despectivo e iba arrugando la frente cada vez más. deseaba tanto asustarle—. ¿te gustó? Él me ignoró por completo y siguió comiendo para asombro mío. ya que él nunca hablaba. Tan enojado estaba que. cuando comía. sino que eres hijo del diablo. sin embargo. me di cuenta de que. Iba a verlo dos o tres veces todos los días. puse mi pie sobre éste impidiéndole que lo agarrara.Mavya 99 . Esbozaba algo muy parecido a una sonrisa cada vez que tragaba. alejé el pie. aunque fue un mero sueño. el ver su rostro tan feliz me llenó de alegría. y mecerse en un viejo caballo de madera ajada que.

—Bien. bien. Le di mis libros de cuentos. al ver su cabello. Leslie. abriendo mucho los ojos que le brillaban de emoción. que nunca era cortado. le hablé de las mariposas que yo cazaba y que él apenas sí podía ver surcar el cielo por uno de los agujeros de la madera que tapaba la ventana. que era tan melodiosa. dando saltitos. pero me miró como Encerrado en el ático . moverse a la par de sus saltitos. —Las mariposas vienen a buscar una pareja para tener crías pero para eso tienen que venir hasta aquí. incluso comencé a darle mis ropas viejas haciéndole jurar que las escondería de mi madre. pero esta culpa desaparecía en cuanto entraba al ático y lo veía allí sentado frente a la puerta. Su cara el día en que encontró una vieja estatuilla de un hombre y una mujer desnudos. mis robots. mis animalitos de juguete. Uno de esos días de verano. cuando me mostraba cosas cuyo nombre no sabía o que le parecían sorprendentes. Decidí darle mis juguetes viejos para que dejara ya ese oso y el alhajero. Ven.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 de milagro. a lo que él me respondió asintiendo con la cabeza. súbete a mis hombros. sabía hablar aunque no lo hacía del todo bien. abrazándose y besándose. Me recriminaba mentalmente el tener esos pensamientos. sigue grabada a fuego en mi mente. cuando tomaba mis manos lavadas con jabón con sus manitas sucias y me llevaba a recorrer los escondrijos formados por el amontonamiento de cosas en el ático. Eso empeoraba cuando escuchaba su risa.Mavya 100 . Reí al verlo tan contento ante la idea. A medida que íbamos creciendo empezó a gustarme la idea de que él jugara y durmiera con los objetos con los que yo había hecho exactamente lo mismo antes. era casi como si él me estuviera tocando a mí. ¿Te gustaría verlas? Movió la cabeza para decir que sí. pero él no los soltaba aunque jugaba con mis cosas. Me arrodillé para que Leslie pudiera subirse. y le llevaba comida fresca y golosinas cada vez que iba. mis autos. —Él negó con la cabeza—. esperándome con una gran sonrisa. ya teniendo yo catorce años y él doce. Cuando lo hacía sonreír mi corazón latía más fuerte. pese a que todos lo creían mudo. sobrevivió los maltratos del Padre Tiempo. verdad? Yo ya las vi un centenar de veces. ¿Nunca las has visto. Era la época del año en que las mariposas llegaban al pueblo buscando pareja. por lo que siempre estaba corrigiéndolo y tratando de enseñarle.

acercándome a la ventana cuyas tablas de madera estaban rotas por la parte superior—. El espectáculo de los centenares de mariposas. Leslie estaba debajo y yo arriba. mis gritos le hicieron reírse más fuerte. —A ver… —Me enderecé como pude. ¿Las ves? Dímelo.Mavya 101 . era impresionante la primera vez. eh? ¡Deja de reírte! —Para horror de mi orgullo herido. No me vuelvas a hacer enojar. apenas un suave roce entre nuestros labios. Leslie abrió bien grandes los ojos. Cuando él se echó a reír a carcajadas me ruboricé por mi torpeza. callándolo con un beso. —Bien… Éste es tu castigo por molestarme. Estaba tan frustrado. y carraspeé para pasar el silencio incómodo. Volví a reírme. —¿Las ves. quería hacerle callar y dejarle en una posición similar a la mía por lo que hice lo primero que me vino en mente: tomé sus pequeños hombros y posé mis labios sobre los suyos. Algo en mi interior me dijo que Leslie me siguió mirando hasta que cerré la puerta. La primera palabra completa que le saqué en mucho tiempo. podía quitarle el aliento a cualquiera. Me separé al cabo de un instante. tirados cuan largos éramos sobre aquel suelo lleno de polvo y mugre. indicándole cómo se hacía y me lo subí a los hombros. ¿Puedes verlas? Al principio no me respondió. Me fui sin mirar atrás. pero bastó para callar sus risas. poniéndome de rodillas para mirarle con la cara roja de vergüenza. no puedo ver si asientes con la cabeza. pero no lo culpé. —¿Qué te parece tan divertido. Iba a explicarle algo más de las mariposas pero una rata que pasó por entre mis piernas me asustó tanto que pegué el grito en el cielo y ambos terminamos cayendo de bruces al piso. Esa mata viva de colores que me gustaba comparar con el terciopelo húmedo. Jamás un «sí» me hizo sentir mariposas en el estómago. Fue mi primer beso. todavía con la sensación de sus suaves labios contra los míos. se supone que los chicos besan a las chicas que les Encerrado en el ático . No sabía por qué había hecho tal cosa. volando en parvada a una velocidad vertiginosa por el cielo azul. Leslie? —Sí. mirándome sin comprender nada mientras que mi corazón se aceleraba al punto de hacerme arder las mejillas.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 si no supiera qué hacer.

Yo apreté los puños. Sus ojos me observaban con tanto terror. él se alejó de mí cual gato herido y me gritó. No fue mi intención golpearte. yo… Lo siento. me gustaba mucho… Sentía un deseo enfermo de volver a besarlo. me había costado Encerrado en el ático . Lo que había hecho estaba mal. el aroma a viejo de su cuerpo que. —Leslie. muy mal… Pero no me importaba volverlo a hacer. tan asustado que se acurrucó en un rincón temblando. echándose a llorar y gritando con fuerza. un mes quizá. agobiantes cada hora en la que no podía estar con él. pero no se me ocurrió otra forma que el mismo método con el que me acerqué a él: comida. dejándole la charola cerca. gritándole que era un estúpido. y caminé hacia él lo más lento que fui capaz. Al levantarse. Leslie sangraba por la boca. y demás cosas hirientes sin notar el ruido seco que hizo su cuerpo al chocar contra el piso. —Lo siento mucho —dije esa vez. los minutos pasaban demasiado lentos en el reloj y mi corazón estaba tan apesadumbrado que me dolía hasta respirar. la suavidad de su boca. quizá esperándome como siempre pese a no levantarse para recibirme con un abrazo. no quise.Mavya 102 . un idiota. Me enojé por la mariposa. Leslie estaba en la cama. lo recuerdo bien. Abandoné la habitación otra vez sin mirar atrás… Finalmente lo había hecho llorar. Los días pasaron lentos sin su presencia.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 gustan. No si la causa era yo. Intenté compensárselo. pan. No tuve el coraje de ir a verlo por un buen tiempo. tanto miedo. que para mí fue como si me clavaran un cuchillo en el pecho y lo retorcieran con fuerza. Llené una charola con caldo de carne. —¡No! —Estaba asustado. sufriendo el dolor más grande de mis catorce años de vida. exploté en furia. Sentir otra vez el calor de su cuerpo debajo del mío. No podía soportar su mirada llena de terror. Yo sabía que mi deber como hombre era pedirle perdón. Aun así. una de ellas se le rompió entre las manos por querer tocarla. mas no era tan divertido como cuando era niño. Cuando le llevé mi colección de mariposas para que él las viera y. jugo. cosa rara. Estaba muy arrepentido y no quería que me siguiera temiendo—. Todo hubiera ido bien si yo no lo hubiese arruinado. Le pegué fuerte. frutas y golosinas que llevé con suma precaución al ático. quise ir a ayudarle y pedirle perdón. en un momento de distracción. Tan. ¿Verdad? Y no besan a chicas que pueden ser sus hermanas por parte de padre.

puedes pegarme a mí también para estar a mano.Mavya 103 . En ese momento me di cuenta de que lo que me pasaba con él era algo que no podía controlar. Su voz era tan suave. cuando finalmente fue capaz de hablar como una persona normal. Leslie asintió sonándose la nariz. el único que pudiera abrazarlo y consolarlo. Leslie. —Sonreí. Quería ser su protector y su dueño. Me miró fijamente. barriendo con el polvo que le cubría su linda carita ahora empapada. pero parecía no parar de llorar. Unos años más tarde. si quieres. Yo esperaba una cachetada. Todavía llorando. antes de hacerlo a un costado y caminar hacia mí. Yo… —Se mordió el labio. le costaba tanto expresarse con palabras. ¿sí? —No. enterrando la cara en mi pecho. Wynton. me Encerrado en el ático . tan dulce. Buen chico. —¿Leslie? —Wynton —murmuró mi nombre por primera vez desde que lo conocí. Esto. una fuerza que me llevaba hacia él en la cual yo me dejaba arrastrar. —Perdóname por pegarte. parándome el corazón. Wynton… Extrañé a Wynton. —¿Qué ocurre? —Yo quiero a Wynton —pronunció esas palabras muy lento. —Muy bien. No se dice así. alcé su cara tomándosela con ambas manos. el único que conociera la suavidad de sus labios… Y más. Rodeé su cuerpo con mis brazos. estremeciéndose todo su cuerpito por los hipidos mientras se fregaba los ojos con las manos. se te enrojecieron los ojos. una patada. lo que fuera menos lo que hizo él: Leslie fue a mí y me abrazó por propia voluntad. que me superaba a montones e iba más allá de mi comprensión. Lloraba desconsoladamente. ya sucio y feo. —Suavemente. Lágrimas surcaban su rostro marcando un camino desde sus ojos a su mentón. Mira. mucho más—. creyendo que soñaba hasta sentir humedad sobre mi chaleco y escucharlo llorar—. Te juro que no volverá a pasar. el único con quien Leslie quisiera jugar. Te traje esto a modo de disculpas. Wynton». Tienes que decirme: «Te extrañé mucho.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 tanto atraparla que… —dudé. enjugándole las lágrimas con los dedos—. no sabía qué decirle—. abrazado al oso que le regaló su mamá. Vayamos a lavarte la cara. —Te… Te extrañé mucho. mirándome muy solícito. Lo quería.

atravesando todos los cachivaches mientras lo llamaba. yo no había podido escuchar el escándalo desde el aula y seguramente estaba en muy mal estado. Entonces me incliné sobre él. cosa que me hizo el chico más feliz del mundo: el alhajero musical. Wynton. buscándolo en todos los rincones. No se dice así. y casi me topé con mi madre que volvía del ático con la charola en la que te llevaba comida y una fusta ensangrentada en las manos. Encendí la pobre bombilla que iluminaba el cuarto durante las noches. Leslie. y hacía a un lado Encerrado en el ático . ¡Leslie! Busqué y busqué. Me habían hechizado. si lo había golpeado. pero no lo encontré. mas no respondió. Acabo de recordarlo. Lo extrañé. —¡Leslie! —le llamé. y repitió—: Quiero a Wynton. Y te extrañé. Y también te extrañé. yo era una mariposa adicta a una flor y esa flor estaba encerrada en el ático. Leslie. lo mucho que lo necesito. Odié a mi madre con toda el alma. rogando por dentro que siguiera vivo. sin deseos de alejarse de mí. pero deseé con toda mi alma que lo hiciera—. —Te quiero mucho. —Yo también te quiero.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 sorprendí mucho con la cantidad de palabras que podía pronunciar en un minuto. —Tonto. encontrándome solamente con manchas de sangre fresca. ¿Cómo se atrevía a hacerle daño a una criatura de doce años? ¿Cómo podía ser tan inhumana? Seguí las manchas de sangre. tienes que decirme: «Te quiero mucho. Él era mi flor del ático. Wynton. Quisiera volver el reloj hacia atrás para vivir todo aquello una vez más y tenerle entre mis brazos. y me cuesta horrores. Entré en pánico. pues las lecciones de álgebra con el profesor Merrimet fueron interminables.Mavya 104 . besándole la frente. Ese día fui a verlo un poco más tarde. Nunca lo hacía. Corrí tan rápido como pude. Pero me estoy adelantando a los hechos y mi memoria falla por todo el alcohol y el opio que he ingerido estos últimos tiempos. cuyo néctar deseaba sólo para mí. Y te extrañé». yo lo amé tanto… Si supiera cuánto lo echo en falta. entrando como tromba al cuarto. porque. tengo que llamar a todas mis musas para poder recordar. la flor que yo desesperadamente buscaba. Ahora no tenía forma de regresar. Leslie volvió a abrazarme con fuerza. como el día en que me mostró uno de sus secretos.

—Naranja… Blanco… Rojo… Azul. apenas un suave murmullo. Dime los colores de las mariposas. metido hasta la coronilla entre muebles. maniquíes. manchada su espalda entera con sangre. sin poder evitar un grito de horror al verlo. Leslie. —¡Dios! ¿Qué te ha hecho? Mi pequeña flor estaba desmadejada. pero él lloraba en silencio y me dejaba hacer a mi antojo. agradecí mentalmente el haber limpiado yo mismo todo el baño con mis propias manos y arreglármelas para reparar el tanque de agua. ¿dónde estás? —Esta vez tuve un quejido por respuesta. Mi pobre flor… Esa diablesa que tenía por madre lo había azotado hasta el desmayo con la fusta para los caballos dejándole heridas cuyas marcas jamás desaparecerían. tirada sobre las alfombras. lo prometo. —Bien. Lo tomé en brazos como pude. luego darle medicamentos y bajarle la hinchazón. Volveré enseguida. lastimándolo de tal forma que deseé matarla. —Leslie. La poca luz no era de ayuda—. Lo primero y principal era limpiarle las heridas y el cuerpo en sí para que no se infectara. Lo deposité allí con sumo cuidado. Finalmente hallé un cofre de madera gigante y un montón de alfombras enrolladas en los que había escondido un pequeño bulto. pues encontrarlo fue mi prioridad. ni a ningún otro bicho aunque fuera venenoso. ¿no es verdad? Encerrado en el ático . Lo limpié con sumo afecto. sigue haciendo ruido. me guió todo el camino. ¿Crees que puedes? —Sí puedo. alfombras y quién sabe cuántas cosas más. intentaba encontrarlo. No tengo que decirles lo rápido que salí corriendo. No podía temerles a las ratas. me acerqué al bulto. a las arañas. Yo te curaré. temiendo dañarlo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 todas esas chucherías inservibles. diciéndole al oído que le dolería pero que yo me encargaría de curarle mientras el agua se tornaba medianamente roja al quitarle la sangre de la piel. —No te preocupes. Su voz. Recordé que las sábanas de su cama estaban cubiertas de polvo. apenas pudiendo mantenerse despierta ante el dolor. Leslie.Mavya 105 . Así te encontraré. Por suerte ya no estaba sangrando. —¿Puedes quedarte aquí un rato? Voy a ir a buscar medicinas y sábanas limpias.

mira cómo te ha dejado. Te dolerá un poco. pero es para bien. tomé todo lo que pude del botiquín de emergencias: aspirinas. —Maldita perra. luego de que le hubiera vendado la espalda y obligado a tragar medicinas. que no sabía ni por dónde empezar. Leslie… No pude protegerte. La sonata «Para Elisa» llenó la habitación. vendajes. como si no me culpara por nada. y luego. y yo. Sabes que puedes confiar en mí. Ese día. escabulléndome al baño. Tenía que prepararme para todo. me encontré con Leslie despierto. sacándonos a ambos una débil sonrisa de complicidad mientras Leslie estiraba la mano para tomar la mía. antifebriles. Yo lo sé. supe que se esforzaba por olvidar el dolor de su espalda por como apretaba mi mano—.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Temía que él se desmayara y se ahogara en la tina. Leslie. Cuando el niño alzó la vista y me sonrió tiernamente. mi flor desgajada. No fue un buen consuelo. estaba asustado. que mi madre lo viera y volviera a castigarlo. anti inflamatorios. enterró las uñas en las sábanas. sosteniéndose del borde de la bañera con sumo esfuerzo. le pedí que aguantara mientras cambiaba las sábanas de la cama antes de tomarlo en brazos y acostarlo boca abajo allí. Perdóname. Me quería morir. pero tenía que hacerlo. asintiendo con la cabeza. No grites. muchos paños blancos. tomé el canasto de la ropa sucia y lo vacié. No te preocupes. pastillas de penicilina. no había podido protegerlo—. escondiendo dentro unas sábanas limpias y una frazada. Al subir a toda máquina.Mavya . —Te va a arder —dije. Por eso corrí a mi cuarto. lo sé. pero no supe qué más decirle. me pidió que tomara el alhajero entre mis manos y le diera la vuelta. Debajo tenía una cuerda que hice girar a su pedido y luego le saqué la tapa. descubriendo dentro la cajita musical que escondía. —Guardaré todos tus secretos y me los llevaré a la tumba. yo cuidaré de ti para que sanes pronto. —Yo sé. 106 Encerrado en el ático . Él. me eché a llorar. cicatrizantes. tomé el Pervinox desinfectante y mojé un paño. Incluso corté unas hojas de aloe vera del jardín de junto y robé comida de la cocina. —Mi secreto es secreto de Wynton ahora. Leslie mordió la almohada para no gritar. y cubrí lo más despacio que pude una de las enormes heridas verticales de latigazos. o peor. metiéndolo todo ahí dentro para camuflarlo con la ropa sucia. —Me sonrió otra vez.

sodomita e incestuoso. por lo que apliqué vendajes que cambié cada vez que pude. como lo llamaba en presencia de ella. así que será mejor. pero la gente nunca lo comprenderá. maquinando incluso mientras dormía cualquier forma que me ayudara a mejorar la vida de mi hermanastro hasta que yo fuera el señor de la casa y pudiera sacarlo de ahí. Él huye cuando me ve. que estaba perdidamente enamorado de ese niño. cuya vida era lo más importante para mí. Le apliqué los ungüentos. ¿Cómo puedo pedirle al mundo que acepte el amor entre dos varones. ya que no quería que mi honrada madre estuviera cerca de esa criatura horrible. Encerrado en el ático . encerrando a Leslie en el baño para que no le hicieran daño. de paso. Un sentimiento pecaminoso. Entienda. entre dos hermanos? Pero a mí no me importaba. Odiaba a mi madre por haberle hecho daño. mi amado era un blanco fácil. ordenándole que tomara los medicamentos en mi ausencia. Estando postrado en la cama. mamá. Tuve que cuidar constantemente de que no se infectaran las heridas. lo cuidaba en secreto. por lo que le supliqué a mi madre que me dejara tener yo solo la llave del ático. Lo castigaré por ti si lo deseas. Así me encargué de ser quien alimentara al pequeño y. Me encargué de las ratas y las alimañas echando veneno en el ático. y quitando las maderas de las ventanas para que entrara aire. y supe que ella sería capaz de matarlo si tenía la oportunidad. esa mujer era tan fácil. Así eliminé fuentes de enfermedad que pudieran afectar a mi bebé. yo era capaz de hacer lo imposible por él. La sonrisa malévola que se formó en su cara me dijo que había ganado.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Tomados de la mano. A eso le siguió una ardua etapa de recuperación sumamente dolorosa. —Pero hijo… —No insistas. pues no podía estar con Leslie todo el tiempo. pero no podía evitarlo.Mavya 107 . nos quedamos escuchando el bello sonido del alhajero hasta que ambos caímos dormidos. por lo cual tracé un plan. siempre leyendo el prospecto primero para no matarlo. quien sea que lea este último escrito. Mi amor era puro. pues sólo quería verle feliz. Le dije a mi madre que a partir de ese día yo me encargaría de subirle la comida a «el mocoso ese». le hice tomar las medicinas. Yo lo haré. limpié las lastimaduras y le dejé comida de más para que no pasara hambre. poniendo de excusa que esos bichos podían andar por toda la casa y poner en peligro la salud de mi madre. la odiaba tanto como quería a Leslie.

¡Un niño. Cuando obligué a mi madre a que me diera todas las copias que tenía de la llave y mandé a cambiar la cerradura. con el tipo a punto de penetrarlo. Esa noche peleé con mi madre. —Hijo del diablo o no. y lo hacía con gusto para proteger a Leslie—. esa que me hacía volar. pues tenía una copia escondida. productos para el pelo. piensa madre. pero no podía hacerle eso… no quería arriesgarme a Encerrado en el ático . ¡Podrías ir a la cárcel! Ésa fue la mejor actuación de mi vida. Sin importar las cosas que mi cabeza maquinara de noche. y la espalda de Leslie ya estaba sana. No eran besos de amante. Siendo honesto. Y no negaré que por las noches mis pensamientos se volvían turbios. Mas no debí creerle a la vieja cuando me dio la llave. ¡Con nuestro honor! Puede que sea hijo del diablo pero. metido entre las piernas de mi florcilla. atacándolo con mis propios puños. Le llevé toallas y jabón a mi príncipe. siendo yo el único dueño de la nueva llave. especialmente luego de haber visto varias veces su cuerpo desnudo. Aunque pasó el tiempo. y le daba un beso que él jamás rechazaba. claro. no quería hacerle nada que él no quisiera. pero no podía pensar así de mí mismo. mi brotecito que desconocía todo del mundo. al entrar. medias. abrigos para el invierno. Yo le decía que se quedara quieto. no me había preparado para lo que ocurrió dos días después de darle el alta a mi «paciente»: apenas me acerqué al ático lo escuché gritar y. Ante cualquier juez esto es delito. no tuvo fuerzas para oponerse. querida madre. vi a uno de esos horribles gordos inmundos que trabajaban en la herrería del pueblo. que me criticó el haber protegido al hijo del diablo. otro juego extra de sábanas. ambos desnudos. ropa interior nueva. mi único deseo era su felicidad. Leslie me agradecía con su sonrisa. esa bestia sodomita. durante el día eso me alcanzaba. pero con eso bastaba para hacerme feliz. No permitiré que vuelvas a ver a ese engendro. por todos los cielos! ¿Cómo se te ocurre dejar que ese pedófilo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —No tengo otra forma de evitar que tú te acerques —mentía. e intentaba abrazarme aunque le dolían las heridas a medio cicatrizar. comida y agua en abundancia a diario. Yo no quería violarlo. es un niño.Mavya 108 . ese… ese degenerado entre en nuestra casa para cometer un pecado y un acto de violación? Atenta contra la reputación de la familia. esos que yo había visto en la calle y en las novelas. realmente pensaba así de ese tipo. No me di cuenta de que lo había golpeado hasta que el tipo cayó al piso sangrando por la nariz. ¿Está claro? Y yo aproveché. sigue siendo un niño y no es mucho más chico que yo. Grité de furia.

y dejé dos cofres: uno era pequeño y tenía muchos juguetes que creí que le gustarían. las jaulas. Para que ninguno de los sirvientes que me ayudó vieran a Leslie tuve que encerrarlo en el baño durante las horas que duró el proceso. Oh. el cual caía sobre mi cabeza en forma de bucles. mis espaldas eran anchas y mi rostro era el de un joven bien parecido. Saqué las alfombras viejas. pues él nunca creció demasiado. Dije ya que había ideado un plan más.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 que me odiara. tan menudo. todo. Era un escondite perfecto.Mavya 109 . los maniquíes. y libros para que se entretuviera. aproveché para sacar todas las porquerías que estaban metidas en el ático diciendo que quería donarlas a caridad. como el objeto de mis deseos. estaba en perfecto estado y tenía las paredes internas forradas. En el fondo. comida. Lo sabía. sabía que mamá buscaría una forma de entrar al cuarto y hacerle daño. era suficiente para tener debajo mío a cualquier chica del pueblo. las ropas mohosas. mis ojos celestes y mi cabello rubio. Aun así. Dejé el viejo caballo de madera que a Leslie tanto le gustaba. pues eso fue cuando mi madre se fue de viaje una semana. mi sonrisa bonachona. las estatuillas. ya era dueño del mismo metro noventa que caracterizó a mi padre en vida. y usaba ese poder para saciar mi necesidad de Leslie acostándome con mujeres delgadas y pequeñas de largo cabello castaño. ¿verdad? Bueno. La flor que yo cuidaba con tanto esmero en el ático apenas si me llegaba al pecho cuando me abrazaba. Bien. llevándole agua. Yo ya tenía dieciocho años. por lo que ideé otro plan. he vuelto a irme por las ramas. por Dios. Me preocupó que fuera tan chiquito. Cuando me miraba en el espejo veía al hombre fuerte en el que me había convertido. encontré entre toda esa basura un columpio viejo que mandé a arreglar y lo enganché a la parte más fuerte del techo para que él tuviera algo con qué divertirse. pues se veía más lindo. pues su cuerpo apenas sí parecía el de un hombre de lo poco que había crecido. a una parte de mi le gustaba que Leslie no creciera. Sabía que las mujeres se volvían locas por mí. y eso me excitaba por las noches en las que me revolcaba con alguna señorita y yo imaginaba que quien gritaba debajo de mí era él. me excitaba complacerme a mí mismo pensando en Leslie y me gustaba pensar que quizás yo le provocaba lo mismo a él. la fuerza de mi mandíbula y mi perfil recto. Leslie acusaba diecisiete. casi todo. todo eso combinado con un cuerpo fornido y delgado. Encerrado en el ático . el otro era tan grande que podría ocultar un cadáver. me preocupó su piel siempre pálida y su poco desarrollo. más delicado.

Sabrás que soy yo porque golpearé la puerta. antes triste. pero no te preocupes —agregué rápidamente. sólo para asegurarme de que no se quedaría encerrado dentro mientras yo no estaba. Lo pones así. ¿Puedes levantarlo? —Hmn… —Miró el cofre con suma curiosidad. cuando escuches eso quiere decir que yo voy a entrar. Se rió. puedes usarlo para defenderte. Entonces. me sonrió—. te metes aquí dentro. —Lo besé. muéstrame cómo lo haces. —No. mostrándole cómo lo hacía para que supiera el sonido. tesoro. A ver. usas esto. te escondes aquí. yo voy a aflojar los peldaños de las escaleras para que hagan ruido y. pidiendo el beso como si de un dulce se tratase—. pues se ponía de puntitas para que yo no me agachara y hacía morritos. Encerrado en el ático . tú tienes que prometerme una cosa. abrazándole fuerte para que no llorara. No puedes por ahora… Si los sirvientes te ven se armaría un escándalo. y presionas hacia arriba con fuerza para sacar la tapa en caso de que no puedas hacerlo con las manos. Yo te sacaré de aquí a como dé lugar e iremos a vivir los dos juntos a cualquier otro sitio. pero no quiere decir que estés a salvo. como siempre que hacía algo bien. así —dije. Era tan fácil hacer feliz a Leslie… Tan fácil. imitándolo con la boca y luego pegándole a la tapa del cofre—. Ahora yo tengo la llave. —¿Lo prometes? —Su cara. Cuando estés seguro de que ya no hay nadie aquí. Y si te encuentran. esta vez dejando mis labios más tiempo de lo normal contra los suyos—. cuya tapa por suerte era ligera—. Yo bajé la tapa. —Le mostré una barra de hierro que había sacado de una de las tantas camas viejas que encontré entre el basural—. haciéndole una seña para que lo intentara. mirándome con los ojos brillantes de ilusión. Le pedí que me mostrara cómo entraba y salía del cofre varias veces. —Lo prometo. mirándole a los ojos con expresión decidida—. Pero a cambio.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Mira Leslie. brillaba ahora con una alegría inexplicable. quien quiera que sea. Esa vez tuve que negarle con la cabeza. —Lo haces bien. —Acaricié su cabeza y le di un beso. Cuando pudo subir y bajar la tapa sin mucho esfuerzo. ¡Sí puedo! —Bien. Exacto. —Abrí el cofre. Leslie ya esperaba mis besos.Mavya 110 . No te asustes. si escuchas a alguien venir. Leslie. le hice agujeros en una de las paredes y en la tapa para que no te ahogues. derecho. —¿Puedo salir? —preguntó.

no sabes lo que causas en mí. cómo lo amaba. siempre. Siempre. Quiero que me prometas que me vas a querer a mí y sólo a mí. dejaría de quererme. Él gimió. mi voz no salió de mi garganta. Encerrado en el ático . Estaba ardiendo. aceptando su invitación. rodeándome el cuello con ambos brazos para acercarme a su cuerpo y yo. mirándome con los cachetes inflados como cuando estaba enojado antes de pegarme en el hombro—. Siempre voy a querer a Wynton. Volví a besarlo con la sangre golpeándome las sienes. Leslie. siempre… siempre. se quemaba de adentro hacia afuera con mil agujas clavándoseme en la piel. no dejarás que nadie más te bese ni nada. Oh.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —¿Qué quiere Wynton? Haré lo que quiera. rodeé su cinturita con mis manos y lo alcé en vilo pegándole a mí. todo mi cuerpo ardía. No quiero a nadie más que a Wynton. No te imaginas cuánto. pegó sus labios contra los míos. que yo… No pude decir nada más. —Wynton quiere que le prometas que no querrás a nadie más que a él —le dije. Mientras murmuraba esa palabra una y otra vez. pero ya lo había prometido y me preocupaba demasiado su salud para pensar en mis propios intereses egoístas. —Wynton… Quiero a Wynton. Yo sabía que eso era sólo porque no conocía a otras personas. te olvidarás de mí porque encontrarás otra gente que te quiera. la acercó a la suya y me besó. ¿lo prometes? —Lo prometo.Mavya 111 . Estaba tan convencido de ello que la idea de sacarlo del ático me asustaba un poco. Cuando te saque de aquí… cuando veas el mundo te vas a ir y me vas a dejar. Desde hace años. con voz contenida de la emoción. Fue la primera vez que me besó él por propia voluntad. impidiéndome respirar mientras le llenaba la cara de besos y escuchaba los suspiros que esa boca que tanto había deseado comerme soltaba. mi lengua inquieta franqueó el paso para adentrarse en la cálida cavidad ajena que no tardó en intentar explorar. Quiero… —Te quiero. —Dices eso porque no conoces a nadie más. cuánto lo deseaba—. sabía que si lo sacaba de ahí y lo dejaba conocer el mundo. empujando apenas sus labios con los míos hasta que Leslie entreabrió la boca y. tomó mi cara entre sus manos. —¡No! —exclamó él. tantos años. que sentía mi corazón latir con fuerza y mi sangre se llenaba de un calor tan fuerte que me hacía arder el cuerpo entero.

mi amor. Nuestras lenguas se acariciaban lujuriosamente en nuestras bocas y fuera de ellas. —Mmm… Eso fue música para mis oídos. ya nada me importaba más que la boca de la cual me había hecho dueño. recorrían su espalda de arriba abajo por encima de la tela del vestido amarillo que tenía puesto. no iba a desvestirlo para curarlo. su piel despedía el aroma a rosas del jabón que yo le había dado y su pecho subía y bajaba al compás de su agitada respiración. Él. Mi pequeño y dulce Leslie. un temblor que envió un escalofrío a toda mi espalda. Quise comerme los Encerrado en el ático . pequeño. la criatura a la que tanto había deseado en sueños. decía que eran más lindas y cómodas. mi sueño. ahora estaba en verdad debajo de mí. con un solo dedo fui desabotonándole el vestido hasta poder abrirlo. Lo llevé a la cama. Ya lo había visto desnudo varías veces pero ese momento fue distinto. tratando de no asustarlo. Estaba perdido. mi niño. excitándome más ante la idea de quitarle la ropa. Como no quería espantarlo. recorrí su cuerpo muy suavemente por encima de la ropa. pálido. soltando suspiros y ruiditos placenteros ante mis caricias que le hacían estremecer y sonrojarse como nunca antes. depositándolo ahí suavemente mientras descendía por su mentón a besos hasta llegar a su cuello. nunca estuve tan de acuerdo como en esa ocasión. —Tienes un cuerpo muy sensible. —Ah… Wynton.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 pegándose más a mí. Mi Leslie.Mavya 112 . entre tanto. mas Leslie me sorprendió correspondiéndome el beso a una velocidad increíble. Él temblaba a la par que mi lengua saboreaba por entero la piel de su cuello. sus labios tan suaves. mordisqueándole para dejarle marcas de propiedad así todo el mundo sabría que él no podía ser tocado por nadie que no fuera yo. mis manos. Exploré su boca suavemente. para bañarlo. ni nada similar. y sabía que no iba a poder detenerme. iba a desvestirlo para hacerlo mío. Era tal y como lo había imaginado en mis más locas fantasías sexuales. muy disimuladamente. Él tembló. el calor de su cuerpo… Estaba tomando todo a lo que me había resistido por años y Leslie se entregaba a los mandatos de mi cuerpo y mi boca tan dócilmente que me asustaba. A él le gustaba mucho ponerse ropas de chica. Bajé por su cuello a mordiscos. maravillándome con el espectáculo de su piel blanca.

entrecerraba los ojos como si sólo pudiera sentir mis caricias y cada pulgada de su cuerpo se tornó de un rosa muy bonito. Las respuestas de Leslie a mis estímulos me enloquecieron el doble. relamiéndome los labios al verlos erguidos. aquel monstruo que yo solía descargar en las putas y las chicas fáciles del pueblo. tan lindo —susurré en su oído. su cintura que a partir de ese momento fui capaz de estrechar entre mis manos. Leslie gemía debajo de mí. sus labios humedecidos e hinchados de tanto mordérselos. chupándolo más. Wynton —gemía entre susurros. aferrándose a las sabanas con fuerza. Sus piernas torneadas. Mmm. Quiero más. ¿te gusta cómo te toco? —Ah… —jadeó. —Pero dime. pero mi meta seguía siendo el disfrute de Leslie. Se siente raro. acariciándolo dócilmente para hacerlo sentir más sin que se asustara. Su cabello se desparramó sobre la cama.Mavya 113 .Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 botones rozados que eran sus pezones. Me quité la camisa. Sí me gusta. y bajé a lamerle uno de sus pezones con toda la paciencia del mundo. aún vivo el momento como si fuera la primera vez… Sigue vivo en mi mente cual si ningún otro día hubiese llegado después de aquél. —Estaba excitado al punto que me dolía. chupándole el lóbulo a la par que las yemas de mis dedos subían y bajaban desde sus hombros a sus muslos. abriendo apenas los ojos para mirarme con el rostro sonrojado. cielo mío. el incipiente bulto en sus trusas. Mmm. Wynton. Leslie. Su rostro estaba tan rojo. ¡Ah! Wy-Wynton… — sollozó. ¿te gusta? Necesito saberlo para no lastimarte. Hace calor. bajando mis manos a recorrer posesivamente sus muslos mientras tomaba el otro pezón erecto entre mis manos. Su voz suplicante hacía mella con brutalidad en mi excitación. no dudé en corresponder sus deseos. sacándole un jadeo suave—. mis dedos acariciaban despacio la aureola de sus pezones. todo eso me enamoró más de él e hizo despertar al monstruo lujurioso que habitaba en mí. acariciándole el otro—. entre tanto. Tengo mucho calor. Te amo. impresionado por mi físico. —Eres tan hermoso. dejando que él me contemplara. sin poder respirar. No pares. dándoles golpecitos a la punta de ellos provocando que arqueara la espalda—. demasiado emocionado siquiera para pensar en ello. Me incliné a lamerle la oreja. Yo hablaba casi sin respirar. Encerrado en el ático . Me gustas mucho. —Wynton. Desde ese entonces siempre le hice usar el cabello suelto y largo—. cerrando los ojos—. quiero que lo hagas más. dímelo.

—Sus ojos. Quiero que. buscando excitarlo. buscando provocarle y provocarme a mí mismo—. con todo. un poco de temor. lo que me permitió sentir mi sexo. ¿cómo se dice? Pese a la calentura del momento. clavándome las uñas en la espalda. —Wynton… Wynton. esto. Leslie. besando su vientre completo. nunca. pasión. yo… —Shhh. finalmente me mostraba su verdadero yo y no podía estar más feliz. cariño. eso. nunca nos pueda separar? —Sí. —Sí quiero. Mis manos le recorrían por entero. lamiendo alrededor de su ombligo—. —Él siempre pronunciaba mi nombre como si fuera un conjuro protector—. cariño? Muero por hacerte mío pero puede que te duela un poco. como si fuera la primera vez que contemplara mi rostro. Mas él simplemente me dejó oír un gemido gutural. junto a su sexo. separado del mío por las trusas. Agh. Te amo. De niño siempre quise ver emociones en él y lo había logrado. Reprimí el gemido que intentó salir de mi garganta cuando comencé a frotarme contra él imitando la penetración. mirándome fijamente. Wynton. frotándose por su cuenta contra mi cuerpo sin soltarse de mí. Me excitas tanto. ¿Seguro que quieres seguir. mi amor —suspiraba yo. sacarle más de esos grititos tan sensuales. —Cubrí sus labios con los míos. Eso es lo que quiero. estaban llenos de una cantidad indescriptible de emociones: amor.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 retorciéndose lujuriosamente sobre las sábanas con una expresión sublime que me hacía dudar de su humanidad. Ser uno y que no nos separen nunca. —Leslie. Él me acarició el rostro con ternura. debía de estar arrastrando a una criatura pura del Señor al mismísimo infierno conmigo y mis placeres carnales. siempre de muñeca. besándole fogosamente. Él no dudó en abrazarme una vez más y pegarse a mi cuerpo.Mavya 114 . eso me sacó una sonrisa. Te amo muchísimo. el cual tomó entre sus manos y lo acercó a su boca una vez más para darme un beso abrasador—. Seguramente estaba corrompiendo a un ángel. no podía odiarme a mí mismo por lo que estaba haciendo ni por lo que sentía. Leslie. y él respondía arqueando la espalda entre jadeos guturales. lujuria. —¿Ser mío? ¿Volverte uno conmigo para que nadie nunca. Encerrado en el ático . aprisionado en mis pantalones y mi ropa interior.

ni ser hombres.Mavya 115 . Descendí de nuevo por su pecho. Seguiría siéndolo si ese bastardo. fui el hombre más feliz del mundo. pero realmente lo amaba. moviendo cadenciosamente nuestras caderas juntas en un vaivén sin control. la suavidad de su piel y su olor. —¿Te gusta esto. mas la idea de perderlo me producía tal congoja que no la podía soportar. lamiéndome el sudor de las mejillas y las sienes a la par que yo gruñía por lo bajo. memorizándome cada palmo de su cuerpo. Tomé eso por un sí. sonriéndome durante el día. Él se sujetaba con fuerza. Wynton. Y. saboreándola.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Sé que lo manipulé con mis palabras. me dediqué a lamer por entero esa Encerrado en el ático . Mi amor no tenía fronteras ni límites. Leslie supiera que lo que estábamos haciendo no era bien visto o se enamorase de alguien más y me dejara. bajando cada vez más entre tanto él me rasguñaba deliciosamente la espalda y suplicaba que no me detuviera. recorriéndonos sin reservas nuestros cuerpos desnudos sin siquiera sentir pudor. Wynton. y Leslie me dejó escuchar un gruñido gutural que se convirtió en el sonido más bello que jamás pude haber escuchado. algún día. y las manos de Leslie. Mi nombre fue perdiéndose entre los sonidos que escapaban de su boca. cielo? —murmuré. ni el hecho de que todo el mundo iba a ponerse en mi contra o que. ¿Se siente bien? —Mmm… Ah. Nos desvestimos mutuamente. No importaban los lazos de sangre. aleteaban entre los músculos de mi pecho y mi espalda haciéndome desearlo más y más. rozando su sexo desde la base a la punta. Wynton. saqué después la lengua para poder tocarlo. durante todo el tiempo que Leslie estuvo conmigo. Metido entre sus piernas. cosa que me causó mucho placer—. besando suavemente su miembro erguido. rojo de excitación como el mío. pues para mí no existía nada más. quien gemía ahogadamente mi nombre en un suspiro de puro placer. jadeando contra mi oído. Coloqué sus piernas en mis hombros. Lo quería para mí. no me lo hubiera arrebatado en un acto imperdonable de pura crueldad. gimiendo mi nombre en la noche. viviendo allí por siempre. era incondicional. yo me perdí en la pronunciación de mi nombre en aquellos labios de pétalos a los que podría haberme arrojado para que me devorasen y así viajar hasta el vientre de mi amado. tomado de mi mano. quería cuidarlo y protegerlo por siempre para que caminara a mi lado. llenándolo de marcas y besos. Yo paseaba mi lengua por sobre toda su piel. ese desgraciado que le cortó las alas a mi ángel y pisoteó a la flor más hermosa del mundo como si fuera simple maleza.

derramándose en mi garganta cuando bajé la piel del prepucio y lo volví a succionar. tan real que. Estoy tan decepcionado. Yo gemía su nombre también. arqueó la espalda violentamente y tomó mi cabeza con ambas manos. Wynton! Chupé con fruición. eran lo que más me volvían loco. Su lengua entraba a mi boca y recorría cada rincón como si fuera un experto en besos. —Ahora tengo que prepararte.Mavya 116 . cuando volvió a endurecerse—.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 extensión de su cuerpo palpitante. ha sido mejor que eso. ni siquiera el opio que he consumido desde su ausencia. —¡Ah. mirándome con su dulce rostro sumido de nuevo en la lujuria. no podía resistirme a aquellos pedidos solícitos de gozo y arremetí contra su excitación cual si fuera la cura para cualquier enfermedad. Su cuerpo. comparados con todo esto. —Mi amor. absolutamente nada. Fue mucho mejor que cualquier fantasía. pues sentía placer al verle gozar así y. Se abalanzó sobre mi boca con una gran sonrisa y me besó. duro de nuevo. a lo que Leslie respondió con grititos de goce. Dios. —Porque mis sueños no son nada. besando sus muslos entre los que me hallaba. sus reacciones. tocarlo. incluso dudé de que fuera cierto. cayó contra la cama quizás en busca de un descanso que no le concedí. sus expresiones. no obstante lo que viví allí fue real. pegándose nuevamente a mí. Le lamí los genitales. pues comencé a masturbarle rápidamente para volverlo a incitar mientras tanto yo me relamía los labios deleitado con su esencia. perlado en sudor y agitado. o si no te dolerá. bebé. empujándola para entrar más en mi boca. Incluso cuando envolví su falo hasta la mitad con mi boca. derritiéndome por dentro. —¿P-por qué? —me dijo. húmedo. eres tan lindo —le decía yo. ¿sí? Me detendré si no quieres seguir. Nada. suplicó más tal y como en mis alocadas fantasías nocturnas. probar su cuerpo. Sólo relájate. el haberlo tenido sólo para mí. Encerrado en el ático . mordí todo el tronco endurecido. Estás tan caliente. No sabes la cantidad de noches que he soñado cosas así. Chilló mi nombre y se retorció. por un instante alocado. lamiéndole la punta más tarde a lo que mi Leslie gritó de una manera exquisita y arqueó la espalda hasta el límite de lo imposible. ser el único que lo había visto de esa forma.

por lo que humedecí mi dedo ensanchando su entrada con él sólo el tiempo suficiente para no hacerle daño. para que no se negara. Me acomodé cuidadosamente entre sus piernas. me obligué a mi mismo a abrazarlo fuerte y entrar lo más despacio posible mientras le murmuraba palabras bonitas al oído y besaba sus lágrimas.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Él me miró con aquellos ojazos brillantes. tocándole apenas con mi lengua. en medio de su desesperación. al límite de todo. explorándola con la boca. diciendo que eso se sentía muy raro. angelito. tratando de no acabar por sus gritos. Leslie se tensó—. no? — Leslie asintió—. Necesitaba entrar. dejarlo tan a mi merced como había estado hacía unos segundos. ¿Ves? No te preocupes. Confía en mí. me desvanecí un instante sobre el pecho de Leslie abstraído en el aprisionamiento más gozoso que había sentido nunca. tratando de hacerle pasar el dolor lo más Encerrado en el ático . Juró que pararé si te lastimo. Leslie se tensó. Bajé inmediatamente y sin preámbulos a su entrepierna.Mavya 117 . Leslie se quejó. en ese momento estaba al límite de mi autocontrol. al principio. apenas podía controlar los jadeos y mi respiración. Lamí sus ingles. diciéndole que. La estrechez tan caliente en la que me encontraba casi me robaba el juicio. Mi niño gritó y chilló. Tuve que controlarme mucho para no continuar y lastimarlo. si parábamos. movió las caderas hacia mi lengua y me dejó abarcarla lo más que pude con ella. Tenía que enloquecerle como antes. descendí al sacro lugar el cual quería profanar. cuando lo hizo. llevarse una mano al miembro masturbándose como yo se lo había hecho. seguramente demasiado asustado con lo que venía al recordar al herrero que había intentado violarlo. No esperé su respuesta. ¿te hice sentir bien hasta hace unos instantes. pero yo no podía detenerme a esas alturas. no voy a hacerte daño nunca. apreté un poco más su sexo. Cuando finalmente estuve dentro por completo. Esperé a que me pidiera más muy pacientemente y. —Besé su frente. tratando de darle valor y. esperé hasta que dejó de llorar y lo masturbé. gimoteó que le dolía y quería parar. acariciando su virgen cavidad con mi sexo antes de ingresar lentamente. Después de eso se sentirá tan bien como hasta ahora. me excité por demás cuando lo vi. disfrutando con cada espasmo que su cuerpo sufría y con cada chillido que de su garganta salía. ya no podríamos ser uno. —¿Dolerá? —Un poco. volviendo a lamer otra vez su miembro ya húmedo. pero no me detuve y lo sujeté por los muslos para poder lamer su entrada virgen.

—¿Ahora somos uno? ¿No nos van a separar? Apoyado contra su pecho. —Lo que hicimos… —Temblé. Yo creí que cualquier palabra arruinaría el momento pero Leslie fue el primero que. aprisionándome en su cálido interior a la vez que me dejaba ver el hermoso brillo en sus ojos que se formó cuando tuvo su orgasmo. jadeando su nombre. besándolo alocadamente mientras entrelazaba nuestras manos y gemía contra su piel y su boca. Permanecimos en silencio varios minutos. hubo un momento en el que Leslie me miró fijamente a los ojos. Me hundí en su cuerpo una y otra vez. a la segunda. viendo sus reacciones: a la primer embestida hizo una mueca de dolor. gruñendo contra mi oído de puro placer. Empecé a moverme. Ahora nada ni nadie nos podrá separar. Te hice mío. más rápida. cayendo contra él luego. sus uñas se clavaron con menos fuerza en mi espalda. con los suyos enmarcados por las pestañas repletas de lágrimas entre hebra y hebra. —Yo te amo. Lo hice contigo porque te amo y quiero estar contigo siempre. Lo hacen las personas que se aman. estábamos los dos sumidos en un candente círculo de pasión en el que nos fundíamos mutuamente y nos devorábamos para tener un poco del otro en nuestro interior. no pude evitar sonreír con dulzura y alzar la vista para verlo. Llegó el momento en que el cuerpecito sin acostumbrar de mi ahora desflorado hermanastro no aguantó mucho más y acabó en nuestros vientres. Nos abrazamos. —Claro que sí. y rodeó mi cuello con sus brazos para besarme salvajemente. Leslie. mascullando su nombre entremezclado con un gemido. Wynton. y a la cuarta su rostro se convirtió en un decálogo del placer. decidió hablar. quien movía las caderas siguiéndome el compás. ¿pensaría que estaba mal?—. tras una bocanada de aire.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 rápido posible. a la tercera. Me excitaban sus mordidas en mi hombro y mi cuello. Se sintió muy bien. gimió hondamente. 118 Encerrado en el ático . Te amo mucho. ¿Qué es eso? —Eso se llama «hacer el amor». fregándose contra mi cuerpo por instinto. escuchando únicamente el ritmo acelerado de nuestras respiraciones. aunque dolió un poquito. gritando casi tan alto como Leslie. los apretones hacia mi sexo que provocaban los espasmos me hacían delirar. No tardé mucho en seguirle. mucho.Mavya .

No debo dejar que nadie me toque —repitió. —¿Me vas a amar siempre? Leslie besó tiernamente mis labios. Dime que me amas. porque sólo te quiero a ti. hasta el más allá. dejando caer mi frente sobre la suya con los ojos cerrados a la par que acariciaba sus labios con mi pulgar—. Si me amas de verdad. la música más delicada. Respiré hondo su fragancia. Nunca debes dejar que nadie más que yo te toque y te bese de esa manera. sonriéndome. dejando que me recostara sobre él mientras enredaba sus dedos en mi cabello. las flores más coloridas. No recuerdo mucho de esos malos momentos pues. nunca permitirás que otro te haga esto. verdad cariño? —Lo entiendo. Yo era feliz. Por eso… —Inclinándome sobre él. El mundo era hermoso. ¿Lo entiendes. Hacía el amor con él todas las noches. y yo lo tenía para mí. si sólo quieres estar conmigo.Mavya 119 . sospechando de mí por vez primera. —Yo te amo. él ahora estaría conmigo. Pero pronto la sombra se extendió por sobre mi dicha. e inmediatamente volvíamos a hacer el amor. nadie le hacía daño. Leslie. dejaremos de ser uno y te separaran de mí. lo único que recuerdo era la amenaza que ella representaba para mí. antes de abrazarme hacia su pecho. Leslie estaba lo más confortable que podía. Pero yo no quiero que nadie más lo haga. —Dímelo. le di un beso de tornillo que me dejó sin aliento. prometiéndole que lo sacaría pronto.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Lo sé. Mi felicidad no tenía comparación alguna. la gente era bella. y esa sombra era mi propia madre que comenzaba a ver con malos ojos que yo desapareciera tan seguido. desde que estuve con Leslie. Tenía que hacerla desaparecer antes de que se Encerrado en el ático . creyéndole. Esa sonrisa que tanto me gustaba—. —Por siempre jamás. Siempre le creí todo lo que me decía. Eso significaría que ya no me quieres. —¿Cuánto me amas? —Hasta el cielo y los mares. solamente recuerdo los buenos tiempos a su lado. lo visitaba durante el día para contarle sobre la escuela y cosas de afuera. Si no hubiera dejado de creerle.

cuando pude quedarme con el dinero de toda mi familia le pague indemnizaciones enormes a los sirvientes y los despedí. puse la casa en venta. que las cosas se incendiaban o alguien la acechaba. Le di velos cuando estuvimos en Marruecos. le di un perro labrador para que jugara mientras le enseñaba a montar a caballo por los acantilados de Escocia. Yo le compraba vestidos.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 enterara y me quitara la herencia. ella deliraba y se desmayaba. Y de verdad fue una gran aventura. Encerrado en el ático . le compré huevos Fabergé en Rusia. advertí a todos los sirvientes que pusieran guardas de seguridad en los lugares peligrosos. ya que Leslie dependía por entero de mí. libros. y Leslie sonreía. pues ahora tenía a quien cuidar y proteger. Viajamos por el mundo de pueblo en pueblo. Arrendaba tierras. Y a mi madre comencé a llevarle el desayuno a la cama. o invertía en negocios con futuro. de país en país. mi amor —le dije aquella vez. y mandé a quemar su cuerpo para ocultar todo vestigio del jugo de amapolas que había echado en los desayunos para embotarle la mente y poder hacerle creer al mundo entero que mi madre había enloquecido mientras yo la encerraba en cuartos o preparaba incendios controlados. en alquiler todos los terrenos en aquel pueblo e hice la maleta. ya había olvidado cómo era pisar el césped y el perfume de las flores. sino por las noches. Si creen que la gente sospechó de mí. escondido hasta la frontera del pueblo en el cofre que mi carro cargó. antes de que se enterara e hiriera a Leslie. No pedí una autopsia. las maletas. Murió unos meses después. muñecos. por lo que no iría a verlo durante el día. gozando de la fortuna que mi familia me había dejado y yo aumentaba cuanto podía con mis transacciones. creía que estaba encerrada en los cuartos que estaban abiertos. Le dije a Leslie que mi madre estaba enferma. No me permitía el equivocarme. A la semana. o peor. Empujarla por las escaleras había sido fácil. no lo pudo creer. alquilaba casas pertenecientes a mis antepasados. la cuidé durante su etapa de postrado y me mostré sumamente deprimido durante su funeral. —Ven conmigo. Me mostré consternado durante toda la etapa de locura de mi madre. pues se había roto el cuello. Nos vamos a una gran aventura.Mavya 120 . castañuelas en España. Desde hacía años que no veía el cielo. construía otras y las vendía. besándolo mientras conducía—. Corrijo. Allí comenzó mi verdadera época de felicidad. porque Leslie fue conmigo de viaje. Al salir. se equivocan. cayéndose de la escalera.

y le daba uno a la boca para que lo probara. Viajábamos constantemente. Leslie me regalaba su amor y su compañía día y noche. con su método particular y novedoso. no podía vivir. al terminar. pasando horas conmigo sentado frente a la chimenea parloteando sin cesar sobre lo que había aprendido. Hacíamos el amor todas las noches. sino algo lento por todo el tiempo que estuvo encerrado. corrigiera su letra desprolija. yo ponía toda mi entrega en ello. aprendía a tocar en el piano los temas que a mí me gustaban. un lugar donde criaturas puras como él. para que dependiera sólo de mí. había sido por mi amor a él. acusándolo de ser tonto o idiota. mi amor —le respondía. pero yo los despedía enseguida y contrataba a alguien más pues sabía bien que mi amor no era tonto. excitándome. yo sabía que la burbuja de dicha desaparecería algún día. hacer coronas con margaritas para regalárselas a los transeúntes y tocar la misma sonata que su cajita de música en piano. amándolo cada vez más cuando él me tomaba entre sus brazos y me pedía que lo hiciera de vuelta. Después de todo. música. Muchos de los tutores se quejaban de la lentitud de Leslie para aprender. o alquilábamos alguna el tiempo de nuestra estadía. Los años pasaban. comenzó a sentir más curiosidad por aprender cosas nuevas y estudiaba el doble. Protegerlo de la maldad de este mundo oscuro e inmundo en el que fuimos obligados a nacer para corrompernos más.Mavya 121 . Vivíamos en alguna posada. Él nunca me pedía nada.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 contento con las cosas con que le obsequiaba. acariciaba mis cabellos susurrándome que me amaba. Cuando pudo hablar como alguien normal. ya que a Leslie le gustaban las casas sencillas. claro está. cuando. varias veces y de formas diferentes. que fue avanzando a paso lento pero seguro. permaneciendo apenas el tiempo suficiente para que yo pudiera estudiar medicina de forma autodidacta. que Leslie llegara a un nivel aceptable de comprensión y entendimiento. que gustaba de comer dulces. era yo quien se lo compraba todo. cocinar. y yo contrataba un tutor para que mi amado aprendiera a hablar como correspondía. ondeando su cabello y sus vestidos al viento mientras me tomaba de la mano pidiéndome que le explicara qué eran esas cositas cuadradas de color blanco. —Cubos de azúcar. cuando Leslie comprendiera que lo había manipulado para que me quisiera. algo de historia y. a hacer sumas. Quería protegerlo. y por dentro rogaba que nunca lo hiciera o se diera cuenta de que todo lo que hice. Encerrado en el ático . La profesora Mimmet logró.

quien tenía una corona en la cabeza y usaba el vestido rosa que yo le había regalado para su cumpleaños. Estaba ido de furia y desengaño amoroso. ni desearlo como yo lo hacía. —¡Te amo! —me gritó. saber si existe alguien que te quiera más que yo. Los días siguientes Leslie siguió yendo al mismo lugar para encontrarse con esa persona. con su sonrisa. Sabía también que varios tipos del pueblo en el que ahora vivíamos durante los exámenes de medicina. un hombre se le acercó. Lo vi sentado en un banco junto a una persona que le daba un paquete y le dio un pico en los labios. lo acusé de engañarme. no sabes ni quién es esa persona. rugiendo por los celos al imaginar que él quería a alguien más. escondiendo aquel paquete misterioso de mis ojos. Los vi hablar a los lejos.Mavya 122 . y no era una. a quien yo no pude ver. saber si se siente mejor acostarte con otro? Encerrado en el ático . muerto de celos. A veces olvidaba que Leslie se vestía como mujer. No me gustaba nada. mi mano reaccionó sola y lo abofeteé. ondeando su vestido azul al viento. Leslie se echó a llorar en la cama donde lo arrojé. Allí estaba él. exhibiéndote delante de cualquiera que se te cruza? ¿Qué es lo que quieres. como si nada hubiera pasado. escuché la risa melodiosa de mi querido Leslie. Cuando quiso darme un beso en la mejilla. nadie tenía derecho de mirarlo con mis mismos ojos. —¡Leslie! —grité en aquella ocasión. con la corona de flores. siempre estaba siguiéndolo y tratando de hablar con él. No sabes siquiera lo que ha pasado. durante sus caminatas diurnas que yo jamás le permitía hacer solo. mirándome desde la cama con los ojos arrasados en lágrimas—. Si yo le hubiera pedido que usara ropa de hombre él hubiera aceptado y los pretendientes hubiesen desaparecido. ¿Cómo puedes dudar de mí? ¿Por qué no me crees? —Ya no sé qué creer. le grité que si ya no me amaba bien podía irse de la casa con cualquier otro hombre. ¡No lo sé! ¿Qué quieres que piense cuando tú andas correteando de un lado al otro con esos vestidos. Lo llevé a casa a rastras gritándole cosas tan horribles e hirientes que no me van a alcanzar siete vidas para compensar el daño o arrepentirme. Esa persona. conteniéndome para no descargar mi ira en su cuerpo pues eso me convertiría en mi madre. un tal Lord Barrimore. o eso creía yo. Leslie. hasta que un día decidí seguirlo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Un día. salió huyendo mientras que Leslie corría hacia mí con esa sonrisa. y él me repetía una y otra vez que no me estaba engañando.

alguien llamó a mi puerta. Lean entre líneas. gran médico. pero no lo hice. antes de que yo lo matara a golpes. —Al igual que el resto. Una noche. pues era el camino más fácil para sentirme menos culpable y no aceptar que me había equivocado. Lo traicioné al no creerle.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —¡No! Por favor. lo hice sufrir y le di la espalda. la voz en mi interior clamaba por pedirle perdón y rogarle que volviera a amarme. Y yo voy a estar ahí para verlo. eres el único. ¡Pero claro! ¡Mi cumpleaños iba a ser la semana siguiente y yo lo había olvidado! Corrí a mi despacho. yo no hice nada. Adentro había un estetoscopio con una tarjeta que rezaba: ¡Feliz cumpleaños! No te esperabas esto. como prometí que nunca lo haría. ¿verdad? Estoy seguro de que serás un gran. a quien yo no había reconocido al principio. donde leía. agregó que era porque quería aprender a hacer un pastel para mi cumpleaños y le pidió de comprarme un regalo. Pero yo no podía creerle. lo traicioné al golpearlo y mirarlo con el mismo odio que mi madre había sentido por él años atrás.. buscando entre papeles y libros el paquete que yo le había quitado a mi hermanastro hasta que lo encontré y lo abrí. lo traicioné cuando.Mavya . y trataba de ignorarlo. creían que Leslie era mujer—. Él dejó de comer. yo te amo. Wynton… Por favor. llenándose del olor a chocolate y golosinas. por un instante en el que yo creí ver la confirmación de mis más profundos temores. Leslie 123 Encerrado en el ático . Me asusté cuando lo vi tan enfadado. Era mucho más sencillo que creerle y vivir con la eterna sospecha de cuándo me dejaría.. Era el chico italiano que atendía la panadería donde a veces Leslie pasaba las horas comiendo dulces u observando cómo cocinaban. El chico. Te ama con todo su corazón. Yo lo oía llorar todas las noches desde mi despacho. por eso salí corriendo al verlo. Se me partía el corazón en dos. ¿Qué tengo que hacer para que recuerdes cuánto te amo? Jamás dejaría que otro me tocase. me dijo que estaba preocupado por Leslie. Qué cara habría puesto yo al enterarme de que era él la persona con la que Leslie se encontraba en el parque y. no la castigue. ella quería que fuera una sorpresa. así que. —Usted nunca la deja ir sola al pueblo. Me negué a creerle. Por favor.

estaban igual de rotos. a la policía. me encontré con Leslie. corriendo escaleras arriba para ir a verlo y rogar por su perdón. pidiendo que un rayo cayera sobre el inhumano ser que había lastimado así a mi flor. por haber dudado de él y obligarlo a huir. ¡Díos mío! Mi precioso ángel estaba lastimado. estaba mezclado con barro y parecía que lo habían cortado con tijeras oxidadas. Su cuerpo entero cubierto de magullones y horribles marcas. No sólo su cuerpo estaba herido. Corrí hacía la entrada. oscuros y horribles de mi miserable existencia. Estaba devastado. ni en el salón de música. incluso yo mismo fui en su búsqueda por todos los rincones de la aldea sin encontrar nada. Envié a todos los sirvientes a buscarlo. Mas mi Leslie no estaba en su habitación. el dolor en mi pecho me decía que no podía estar bien. que algo malo le había pasado y yo tenía que encontrarlo. su cabello. Yo estaba frente a la chimenea. la ropa desgarrada y cubierta de sangre. antes hermoso. abriendo la puerta de golpe y. —¿Leslie? —me dije. había huido. Había huido de mí. Traté de sanarlo. pero no de la forma que esperaba—. Fueron los dos días más largos. maldiciéndome a mí mismo por permitir que esto hubiera pasado. ni en el jardín. por más que intenté curarlo como aquella vez cuando le azotaron.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —¡Leslie! —grité. Mi preciosa flor. ¿a dónde había ido mi Leslie? ¿Estaría bien? ¿Tenía hambre? ¿Pasaba frío? ¿Alguien había intentado dañarlo? La angustia que me embargaba. Huyó de mi frialdad y mi desconfianza. No estaba en la casa. pobre brotecito que había quedado varado en el tiempo después del incidente y su corazón. su mente. Pero él volvió solo durante la noche de tormenta del segundo día. esperanzado. herido. sí. al cual yo había maltratado tanto. bebiendo whisky tras whisky para ahogar mis penas mientras le rogaba al cielo que estuviera bien. como si alguien golpeara la puerta. Le habían hecho tanto daño que grité a lo alto. cuando escuché un ruido sordo en medio de la tormenta. intenté con todas mis fuerzas que él dejara de mirar al techo con esa expresión de muñeca de porcelana en Encerrado en el ático . Sucedió lo inevitable. suplicándoles a los ángeles por una oportunidad de verlo y pedirle perdón.Mavya 124 . huyó de mis reproches y mis palabras crueles que le hacían llorar. llorando lágrimas de sangre por no haberle creído.

Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 su rostro otra vez. le di el osito de su madre y le abría el alhajero musical para que escuchara la sonata. acariciaba su cabello y se lo peinaba.Mavya 125 . su rostro volvía a ser el de antes y yo creía que era un milagro. Necesitaba saber quién había hecho tal cosa. Mas Leslie no me respondía. quién había sido el que le había arrancado la vida a mi amor. a veces ni siquiera sabía Encerrado en el ático . Habrán supuesto ya que eso no era verdad. con cada muerte. Comenzó a pestañear y a sonreír. Sólo comía si yo le daba de comer. cuando lo desvistió y vio que era un tío. de forma terrible y dolorosa como le había pedido al sicario. los dioses debían de estar compensándome por mi empeño. gritando a los cuatro vientos que había violado a un chico que se vestía de mujer. Leslie mejoraba un poco. Fueron muriendo uno a uno como las moscas que eran. —¿Qué otra cosa dijo? —Pues que al principio creyó que era una mujer pero que. todos borrachos. suspendido entre el mundo real y el interior de su cabeza tanto tiempo que comenzaba a volverme loco. le contaba sobre los exámenes. dejó de mirar el techo todo el tiempo aunque no hablaba. Como si fuera una señal. en las épocas de encierro otras. después sobre la clínica gratuita que quería fundar. Pero no lo hizo. Les envié a todos un trozo del vestido de Leslie y sus cabellos. Una de ellas me contó que Lord Barrimore había ido allí hacía algunas semanas con su grupo de amigos. parecía empeorar pues su cuerpo se volvía más débil con cada día que pasaba. pero nada funcionaba. Quedó allí. Y recurrí a las putas del burdel. —Dime sus nombres y te daré tanto oro que no volverás a abrir las piernas para nadie. a quien también ordené que me trajera al imbécil de Barrimore para matarlo yo mismo. lo golpeó y lo violó una y otra vez. en aquellos días de viajes y cosas nuevas a veces. un vegetal al que ahora debía de cuidar esperando que renaciera y brotara otra vez. viendo cómo volvía a crecerle tan largo como antes. quienes lo sabían todo de todos y podían contarte hasta el más íntimo secreto de cualquier persona si pagabas el precio apropiado. Y en vez de mejorar. Yo le hablaba a todas horas. no bebía por su cuenta. La mente de Leslie seguía trabada en el pasado. como si quisiera avisarles de lo que les esperaba. era como si realmente se hubiera convertido en una flor muerta. Parece que sus amigos estaban ahí y también participaron. por el amor que sentía por él.

—¡Leslie! Oh. mi alma. y era mucho peor a lo que yo me había esperado. Dime. —Me recuerdas —murmuré. ¿Sabes quién soy. Cada día que despertaba. Eres Wynton. Si me hubiera dejado por alguien más hubiera podido soportarlo mejor. mientras los bastardos morían. ¿sabes en qué día estamos? Al principio dudó. ¿dónde estás? Y yo. —Claro que lo sé.Mavya 126 . la persona que más quiero en el mundo. Cuidar de él con todo mi amor sin que pudiera recordarme. en el que no sabía quién era ni cómo me llamaba yo. mirándome consternado. apretándole contra mi pecho. Su cuerpo se sentía frío. me miraba a los ojos con una sonrisa y me preguntaba: «¿Quién soy hoy? » Ése era mi castigo por haberlo lastimado. tontito. en el que no recordaba todo lo que le enseñé de las mariposas que ahora volvía a repetirle como una letanía mientras esperaba que eso le ayudara a recordar. pero luego abrió la boca en una O completa y se la tapó. creciendo ese sentimiento junto con el dolor en mi pecho. corrí hacia la habitación a toda máquina. De verdad me recuerdas. Wynton. Él se rió de mí como en los viejos tiempos.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 quién era yo. Ahora pienso en lo que debería haber sentido él siendo cuidado por un extraño. sabría mi nombre. tal como yo siempre temí. echándome sobre él en un fuerte abrazo llorando a mares por escucharle finalmente decir mi nombre. y arrugó la frente. finalmente te acuerdas. creyendo que finalmente había enloquecido. un desconocido que le decía que lo amaba y le pedía perdón apenas abría los ojos por si las dudas recordaba. pero no le presté atención—. Encerrado en el ático . pues aún viviría en su mente los recuerdos de aquellos viejos días juntos. —¡Wynton! —gritó—. te lo suplico. mas no podía. Leslie volvió a despertar. El día en que mi sicario trajo a Barrimore ante mí. mirándome con su cara recobrando el brillo anterior. verdad? Dime que sabes quién soy. Al verlo dormir recordaba lo mucho que lo amaba. Leslie. mi amor. mi vida. reconocería mi voz o mi rostro… Pero este olvido. A veces quería matarlo para que dejara de preguntarme quién era yo y quién era él. amor. este olvido maldito que ni siquiera le permitía recordar todo el amor que le di era devastador. Mi Leslie finalmente me había olvidado.

Con él se iba mi primer y único amor. si bien me recordaba. no había razón para decirle la verdad—. tan bello. —Eso es un alivio. ¿Te he dicho que te amo con todo mi corazón? —No. Ahora estoy junto a él en el mismo cuarto. su mente se había quedado en el día previo al incidente que provocó su huída. con el osito de su madre en las manos y una dulce sonrisa en su rostro—. mi cumpleaños había pasado hacía bastante—. yo le había pedido a Jimmy que hiciera un pastel de chocolate para ti. Con que tú me recuerdes es suficiente para mí. la razón de mi existir y la fuente de dicha a la que yo me había abrazado con tanta fuerza durante todos esos años. en serio. Wynton.Mavya 127 . tenía tanto miedo de que no lo recibieras a tiempo. tan puro. Lo uso siempre que estoy estudiando para que me dé suerte en los exámenes. temiéndome lo peor ante la extraña bruma que residía en la habitación. abrazándolo contra mi pecho mientras me desgarraba por dentro y mi vida se iba con él. con mucha fuerza. Mis lágrimas se hicieron más fuertes. Grité cuando lo hice. Wynton.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —¡Tu cumpleaños! —Yo no entendí de qué hablaba. —¿Leslie? —Me acerqué a él a duras penas. En cuanto halé el gatillo y los sesos de Barrimore se desparramaron sobre la alfombra de mi casa. hasta te compré un regalo y me olvido de tu cumpleaños. fui a su cuarto a verle y lo encontré inmóvil en la cama. Pronto comprendí que. y acaricié suavemente su cabeza mientras lo abrazaba contra mí. Lo siento. —Jimmy me trajo el pastel —mentí. Grité con fuerza. besándome como siempre lo hacía antes de decirme: «Te perdono». tan joven. —Tranquilo. Él estaba en la cama. La policía y todo el Encerrado en el ático . ¿Cariño? No me respondió. Leslie sonrió para mí. Sentándome junto a él en la cama. Y recibí tu regalo. contemplé la palidez espectral de su rostro y me animé a tocarlo. perdóname. pero yo ya lo sabía. Oh no. —¿Me perdonas? —¿Por qué? —Sólo perdóname. Leslie murió aquella noche. También te amo. Leslie.

Me voy con él. era tan bello.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 pueblo ya saben que soy el culpable de aquellos asesinatos. Allá voy. mirando su rostro. pero yo no puedo vivir en un mundo donde Leslie no está. especialmente porque ni siquiera me encargué de sacar el cuerpo de Barrimore del comedor. no voy a permitir que me atrapen y me alejen de él una vez más. cambiado y peinado. no podía dejar que ellos no pagaran por haber violado a un ángel. mi mente está nublada y me cuesta escribir correctamente. Mi Leslie… Mi hermoso Leslie. impertérrito. Bebió lo que le quedaba de la droga que lo dormiría para siempre. mi amor. Wynton dejó la pluma en el tintero luego de firmar con su nombre y apellido aquella carta dirigida a quien quisiera leerla. para que se viera tan hermoso como siempre. No podía dejarlos vivir luego de lo que le habían hecho. mi vida. Respiró hondo. No mucho. cada vez que pronunció su nombre. como si solamente estuviera dormido. Me arrastraré hasta la cama y moriré junto a él. y se arrastró hasta la cama donde su querido Leslie aún yacía. Y quien lea esto sepa. que si bien he sido un maldito desgraciado. un asesino. si no puedo sentir su perfume y oírlo al piano tocando Beethoven ante el mandato de sus dedos. junto al hermoso Leslie a quien él mismo había bañado. Tan bello. Vienen en mi búsqueda. tenía mucho sueño. ¿O es opio? Ya no logro recordar. donde seguía reposando. mientras lo abrazaba. también la había mezclado con otras cosas. Allá voy. cada palabra Encerrado en el ático . La droga pronto comenzó a hacer efecto. mi amante… Y. Nunca creí en Romeo y Julieta. recostándose en la cama vestido con sus mejores ropas. sonriéndome como en los viejos tiempos. La vida no tiene sentido si no puedo ver su sonrisa. pensando cuánto tiempo tardaría en hacer efecto. antes de que me condenen al infierno. De alguna forma logró ponerse de pie. todavía bebiendo el jugo de amapolas que se mezclaba en su interior junto con el whisky. pero yo no les dejaré que me separen de Leslie. hermanito. fue recordándolo todo desde el primer día que lo vio. cada sonrisa y cada beso. hermoso. un sueño pesado que le dormía poco a poco cada pulgada de su cuerpo hasta casi no sentir nada. Hace ya rato que he estado usando el jugo de amapolas que le di a mi madre.Mavya 128 . siempre odié a Shakespeare. espero verte volando con tus alas blancas sobre mí. Y. Antes de cerrar los ojos abrazó a Leslie una última vez.

Mavya 129 . pálida. queriendo olvidarse de ellos. —Te amo. mucho. cerró los ojos. quienes murmuraban un «Era tan bueno… No parecía capaz». hartas de tanta hipocresía. dos años menor que él. La policía logró franquear la entrada. llenándose de una luz brillante que le dio sólo dicha y se fue con él. y los criaron como si fueran hermanos. Y él. Wynton sonrió. en los que crecían en un viejo ático coleccionando mariposas. Quién sabe cuánto tiempo para los vivos. simplemente enterraron los cuerpos en la parte más honda del cementerio. Encerrado en el ático . que aún podía sentir su aroma entre el mar de sus memorias y su calor humano. Los llamaron Leslie y Wynton. pero él estaba sumido en su pena y su dolor. pero nadie las escuchó. se enamoraron y ambas tuvieron sendos hijos varones. una luz bajó del cielo y Leslie apareció en ella. Siempre iban juntos. Un día. Y Leslie le sonreía. Leslie —le decía Wynton a su mejor amigo. el otro quería aprender a cocinar. fría. Ambas mujeres. estirando su mano hacía él para que la tomara con su sonrisa de antes. buscando en cada habitación con ayuda de los pueblerinos furiosos de tener un homicida entre ellos. dejándose ir en medio de aquel sueño. encontrando a los dos cuerpos juntos. Las dos amigas que habían encontrado los cuerpos encontraron también la carta.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 pronunciada por aquella boca que sonreía. la cual leyeron. huyeron de la aldea. A veces tenían sueños raros. Wynton estuvo sumido en la oscuridad por mucho. sufriendo su miseria por haber tomado la vida de cinco personas. poniéndole una corona de margaritas en la cabeza. que habían sido obligadas a buscar con ellos. quién sabe qué día. Uno quería ser médico. Dos amigas. mucho tiempo. fueron a las habitaciones superiores e ingresaron en el último cuarto. en honor a los difuntos. Ambos sonreían. en los que eran otras personas. repartiendo la herencia de Wynton entre los hospitales y orfanatos como él dejó en su testamento. como si tan solo estuvieran dormidos. tomados de la mano. susurrándole un «Te amo» antes de tomar su blanca mano. Intentaron hacerle entender a la gente del pueblo lo que en verdad había ocurrido.

Esa experiencia sin duda lo había marcado para siempre. Sus noches de alcohol y drogas. que llevaba unas cuantas copas en el cuerpo no había logrado esquivarlo a tiempo. Aquella mañana de diciembre. le había rogado a Dios incansablemente que le ayudara a salir de ahí. Hacía un año que había dejado la Universidad. prometiendo cambiar de vida. su carrera de Arquitectura había quedado a medio camino. luego de terminar la reunión con sus amigos. ya de camino a su casa. Para él. de ambiente y amigos. él. El choque había sido fatal. Pero por desgracia. sería el ser más feliz de la tierra. su pierna izquierda se movía incesantemente con una especie de tic que le era imposible controlar. en la ilusión sin fin. Durante esas interminables noches en su celda. para decepción de su padre. Todavía le costaba recordar lo sucedido esa madrugada. Si aquello se cumplía. carreras clandestinas y todo el desenfreno vivido durante tanto tiempo le habían pasado factura. había dicho su familia. no había significado nada.Sol Sweet 130 . por fin lo dejaría en libertad. hasta antes del accidente. finalmente se llevaba a cabo la audiencia que. Tres años tirados a la basura. según su abogada. luego de cuatro semanas de espera. El conductor de la moto había volado por el aire y quedado tendido unos metros más allá. estaba en la flor de la vida y sólo quería disfrutar al máximo cada minuto. en una noche de tantas. 1 Abel Linares estaba nervioso.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Escrito en las estrellas Sol Sweet La dicha está sólo en la esperanza. Había bajado corriendo de su automóvil. dejaba la autopista para tomar una calle lateral cuando se había cruzado en su camino intempestivamente aquella motocicleta. jamás le pasó por la mente huir del lugar como hubiese hecho cualquier otro en semejante Escrito en las estrellas .

con el casco aún puesto. fue cuando le informaron que debían llevarlo a la Comisaría para hacer las primeras indagaciones. Habría sido demasiado afortunado si el accidentado se hubiese recuperado. sólo atinó a marcar el número de emergencias para pedir una ambulancia. diciéndole que ya llegaría ayuda. La policía le hizo el examen respectivo para determinar si había bebido alcohol. Estaba tendido en el pavimento. Su padre llegó acompañado de una abogada. lo había presentido. También había llegado la policía. Aunque desde el primer instante tuvo la intuición de que quien conducía el vehículo de dos ruedas no había tenido suerte. negros con un pequeño adorno en el costado. Mientras esperaba en una celda que se pusiera en marcha el procedimiento legal. La posición en que había quedado el cuerpo era tan extraña que no se había atrevido a moverlo. Una vez en la Comisaría pudo llamar a su padre para avisarle de lo ocurrido. Había sido conducido a la cárcel de inmediato y no pudo hablar con su madre. No le asombró. Quiso tener le esperanza de que eso le servía de algo a esa persona. Después de eso debió esperar hasta la siguiente mañana para que le realizaran el control de detención.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 circunstancia. Todo lo que vino a continuación fue una terrible pesadilla y se quedó ahí junto a esa persona desconocida que parecía ser un hombre. que todo estaría bien.Sol Sweet 131 . Durante el trayecto al sitio donde estaría recluido todo un mes. no sabía cómo. El cuerpo del motociclista fue subido a una camilla y lo último que pudo ver fueron sólo unos tenis de caña alta. Cuando por fin llegó la ambulancia tuvo el terrible presentimiento de que ya era tarde. mientras le tomaba la mano y no dejaba de pedirle que resistiera. nunca llegó a saber cuánto tiempo estuvo ahí. pues acababan de saber que el conductor de la moto había muerto mucho antes de llegar al hospital. siempre Escrito en las estrellas . irónico. Tenía miedo. Ni siquiera el ofrecimiento de una gran cantidad de dinero como fianza había hecho cambiar de idea a la jueza. pero lo sentía. hablándole. había hecho todo un esfuerzo por no llorar. una cara sonriente. él permanecería recluido. Durante las cuatro semanas que la Fiscalía investigaría el caso. En el tribunal había tenido la mala suerte de encontrarse con una de las juezas más duras que había en esa materia de delitos. que le informó de cómo sería el procedimiento. no opuso resistencia.

Luego de eso procedió a ponerle las esposas y condujo al muchacho fuera del sector de las celdas. El momento de mayor nerviosismo lo vivió al subir al estrado y dar su testimonio. prefería la muerte a vivir ese suplicio por más tiempo. Un gendarme de uniforme azul le habló. No iría a prisión. Linares —dijo secamente el hombre mientras abría la reja de la celda. sin embargo. Pero había tenido suerte dentro de todo. Dentro de toda esa horrible pesadilla que había vivido. Finalmente la puerta del corredor se abrió. Aunque pensaba que tal vez merecía lo peor después de provocarle la muerte a una persona. Con el corazón en un puño. Estuvo tan asustado durante las dos horas que duró la audiencia. Ahora que se encontraba sentado en el banco de esa fría y pequeña celda. Cuando fue sentado junto a su abogada. nada podría revivirlo. que al igual que él estaban recluidos por primera vez. y todo debido a su estupidez.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 había escuchado de cosas horribles que sucedían en los penales a los muchachos jóvenes como él. —Te llaman a la audiencia. no concurrían los dos elementos constitutivos de delito. sintió pena y culpa. pues a pesar de que el conducir bajo el efecto del alcohol. por lo menos se encontró con otros muchachos jóvenes. Después de caminar por pasillos que asemejaban laberintos. y con eso provocar lesiones o muerte a otros. o sea la culpa y Escrito en las estrellas . que poco o nada entendía de lo que hablaba su abogada defensora y el fiscal a su turno. asalto con violencia y otras cosas de esa naturaleza. Lloró y pidió perdón por la muerte del conductor de la moto. No podría soportar regresar a la cárcel otra vez. con el chaleco de color amarillo que lo sindicaba como «imputado». finalmente se detuvo frente a una puerta que tenía escrito el número diez. el paso marcial del guardia lo puso en alerta y se levantó del banco de madera. parecían haber envejecido diez años. pudo mirar brevemente a sus padres. Eso era un hecho para el fiscal. Abel estaba en el tribunal para la decisión de la acusación que pesaba sobre él. finalmente escuchó la sentencia de la jueza. si es que podía considerarse así a los condenados por tráfico de drogas.Sol Sweet 132 . lo habían asignado a un pabellón donde estaban los reclusos menos peligrosos. esperaba que su calvario terminara de una vez.

especialmente de viñas. Desfiles por las calles y algarabía se sucedían por tres Escrito en las estrellas . salió del tribunal con la fuerte convicción que ahora era otro.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 el dolo. Luego de darle las gracias a su abogada. Aquello había sido un gran cambio en su vida. Pero igual buscó tareas en las que afanarse. sin éxito. completamente alejado de todo aquello que lo había llevado al desenfreno. especialmente los relacionados con los viñedos. Su padre le había enviado a la hacienda de unos amigos en San Felipe. Pese a que lo amigos de sus padres le habían insistido en que no estaba obligado a trabajar como un jornalero más. no había vuelto a tener contacto con ninguno de sus amigos. donde la música y el baile eran los invitados estelares. la mayor responsabilidad había sido del conductor de la motocicleta. Ahora se encontraba en el campo. pero también la conciencia de haber envejecido unos cuantos más. seguía teniendo veintidós años.Sol Sweet 133 . una ciudad tranquila que se especializaba en cultivos. Abel lloró abrazado a su madre luego de oír la sentencia. era la única forma de no pensar en lo sucedido hacía poco más de tres meses. El mes de febrero encontró a Abel trabajando en la Vendimia. El término del verano disminuía mucho los trabajos en el campo. Además debería entrar a un programa de recuperación para alcohólicos. Él había deseado que fuese de ese modo. quienes no conocían su paradero. se vio más relajado. Pero claro que había momentos en que su juventud se imponía y añoraba algo de diversión. Perdía su derecho a tener licencia de conducir por dos años. 2 Abel había encontrado la serenidad y la satisfacción a las que tanto había aspirado antes. este último señalado por la ley como la “intención positiva de inferir daño a otro”. y por último prestar tres meses de trabajo comunitario. En la ciudad. atrás habían quedado las noches de alcohol y carreras en auto. para celebrar el término del verano siempre se realizaba un Festival. En el caso de Abel sólo existía culpa por haber manejado un automóvil en estado de ebriedad. Abel había asegurado que deseaba ganarse el sustento como lo haría cualquier otro. sobre todo. cuando terminada la vendimia.

Lo cierto es que a Abel aquello no le divertía. —Sí… la juventud es igual en todos sitios —respondió Abel. —Parece que la gente aquí se divierte igual que en la ciudad — dijo el muchacho con una sonrisa. ya que no era su ambiente y no conocía a casi ninguna de las gentes que trabajaban en la hacienda. Abel la aceptó con una sonrisa y sintió algo extraño con ese primer contacto. De pronto notó que alguien se sentaba a su lado. partió hacia la ciudad para intentar alegrarse un poco. Así que junto a algunos muchachos jóvenes. Desfiles. Era como si ya conociera la textura de esa mano que apretó la suya por un par de segundos con calidez. Una barra. Abel no se sentía inclinado a participar en aquellas celebraciones. igual decidió dar una vuelta por la plaza. mesas. Todo eso le resultaba demasiado inocente. aunque presentía que no tendría mucho éxito. miró distraídamente y vio a un muchacho joven que llevaba una chaqueta de cuero negra. Escuchar la música le despertó el entusiasmo y decidió entrar. después de haber vivido durante un año entero en los más populares clubes nocturnos de la capital. El muchacho de chaqueta de cuero le tendió la mano con un gesto cordial. 134 Escrito en las estrellas . Sentía algo de envidia. quería comprobar si ese sitió tenía algo de parecido a los locales de la capital. todo relacionado con cosas de campo. hijos de los trabajadores de la hacienda. Era una celebración colorida de pueblo. pues estaban preocupados por él. Se sorprendió al ver que no había tanta diferencia. durante la segunda noche que se realizaba el Festival. pero eso era algo que jamás sucedería. La mayoría de la festividad se concentraba en la plaza central.Sol Sweet . en las discotecas de moda o en los barrios más concurridos por gente de su edad. gente bebiendo y una pista de baile. De pronto se encontró frente a una rústica discoteca de pueblo. Sólo se entretuvo mirando cómo el resto de la gente se divertía de forma tan inocente. Sin embargo. bailes típicos. más que nada por curiosidad. Sin embargo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 noches consecutivas. en una clara muestra de querer entablar conversación. juegos criollos. el estilo de su vestimenta era demasiado moderno para una ciudad como aquella. sus anfitriones insistieron en llevarlo a la ciudad para que se distrajera un poco. le hubiese gustado ser otra vez como esa gente que podía divertirse sin sentir culpa.

Sol Sweet 135 . todo lo contrario. Luego de eso. y supongo que tienes unos treinta —respondió Abel sonriendo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Soy Antonio… Toño para los amigos. —Abel. —Sí. —No puedo creer que digas eso. —Jamás es una palabra muy drástica Abel. pero aquello no le desagradó. Abel no pudo evitar sorprenderse por el tono y las palabras. —No es necesario haber vivido tanto para conocer la vida. —¿Y qué hay de ti? Hablas con el tono de un anciano. Escrito en las estrellas . —No… lo siento. —¿Estás solo? —preguntó Antonio. —¿Y qué me dices de ti? Suenas como alguien de cincuenta años. Abel no pudo evitar sentirse profundamente conmovido por esas palabras. la muerte era un tema sensible para él. ¿Y tú? —Tengo veintidós. el muchacho junto a él era casi de su misma edad y sin embargo sonaba como si fuese alguien que había vivido siglos. —Lo mejor de la vida está entre los veinte y los treinta —dijo Antonio. juré que no volvería a beber jamás. ¿y tú? —También… en realidad sólo estoy de paso por la ciudad. —Veintisiete… tengo veintisiete. es que no bebo. —No siempre —respondió Abel con una nota de tristeza en la voz. eres tan joven. a veces es suficiente con… la muerte —dijo Antonio en un tono algo triste. los dos muchachos volvieron su vista hacia la gente que llenaba el local. —¿Qué tal una cerveza? —preguntó Antonio. en julio cumplo veintitrés. Volvieron a quedar en silencio. Abel asintió con la cabeza. Antonio le dirigió una mirada extraña. sobre todo para alguien tan joven.

apenas con dos había llegado a relaciones relativamente estables. Las horas junto a Antonio parecieron volar. y también algo enigmática de ese joven con el que se había topado por casualidad.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Bueno. Abel se sentía fascinado. pero si no te vas animar a beber ni yo tampoco… ¿Qué te parece si damos una caminata por ahí? —dijo Antonio. Habían pasado casi toda la noche juntos. había logrado tal nivel de afinidad y entendimiento. y en su cabeza nacieron ciertas ideas que jamás antes se hubiese atrevido a formular. Pero además de eso sentía una fascinación por la personalidad alegre. era realmente extraño. Apenas había notado el paso de las horas en medio de tanta charla. La personalidad de Antonio le atraía demasiado. sentados en el banco de una plaza conversando. —Me encantaría —respondió Abel.Sol Sweet 136 . Abel nunca había estado del todo seguro de no sentir una especial atracción por personas de su mismo sexo. sentía que esa duda casi se transformaba en certeza. que adquiría a cada instante un tono de plata. Abel no quería que ese encuentro terminara aún. Le resultaba increíble haberse encontrado en ese sitio tan improbable a una persona como Antonio. Algo dentro de él siempre le había dicho que era diferente. —Sí… la verdad ya debo irme. ahora sentía como si lo hubiese conocido toda su vida. estando junto a Antonio. jamás con ninguno de sus amigos pese a conocerlos por muchísimo tiempo. pero no había tenido muchas novias. Se sentía maravillosamente sorprendido de la calidez que irradiaba Antonio. que le despertaba las más íntimas emociones. —¿Te gustaría ver un lugar fantástico? —preguntó Abel Escrito en las estrellas . Había salido con chicas. —¿Ya debes irte? —preguntó Abel con cierta tristeza. y estaba seguro de que nunca había simpatizado con ninguna persona. y ahora. a pesar de ser un desconocido hacía apenas tres horas atrás. —Creo que dentro de poco amanecerá —dijo Antonio mirando el cielo. El muchacho. Juntos los dos muchachos salieron del local y caminaron sin rumbo fijo mientras hablaban de muchos temas diferentes. como lo hacía ahora con ese muchacho que le resultaba tan enigmático y diferente a la vez.

bajó los ojos para mirar a Abel y sonrió. y de inmediato su mente volvió a esa no tan lejana noche de noviembre. —Sí. Abel miró con emoción los ojos color ámbar de Antonio y sintió Escrito en las estrellas . Jamás permitas que el temor te prive de vivir lo que deseas. —La vida no es frágil. Abel. igual creo que la vida es demasiado frágil y eso me asusta. Antonio que observaba el cielo. —La vida es insegura. y sin querer experimentó una cierta intranquilidad. —Bueno. me encantaría conocer ese lugar —dijo Antonio. en que había tenido aquel accidente con un chico en una motocicleta igual a esa. Abel. sus entornados ojos color ámbar lanzaron una mirada al mentón de Abel. Abel volvió a mirar la motocicleta. la verdad es que me dan miedo… son tan inseguras. es un lugar que me gustaría mostrarte antes de que te marches. Antonio dejó escapar un suspiro de entre sus apretados labios. Dicen que desde ahí se pueden ver los primeros rayos de sol cuando esta amaneciendo. —No. mientras dirigía su vista hacia el sitio donde estaba estacionada una motocicleta. Abel dirigió su vista hacia donde miraba Antonio. —Presiento que vas a proponerme algo —dijo con una suave sonrisa que hizo que el corazón de Abel latiera más rápido. —Lo malo es que está un poco lejos para ir caminando —repuso Abel. —¿Es tuya esa moto? —Claro —contestó Antonio con una sonrisa.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 esperanzado. los seres humanos somos frágiles. Nosotros. —No será necesario ir caminando —explicó Antonio con una sonrisa. —¿Qué pasa? ¿No te gustan las motos? —preguntó Antonio con suavidad.Sol Sweet 137 . —Eso suena maravilloso. Nadie puede saber que sucederá al minuto siguiente —dijo Antonio. yo lo sé… pero a veces.

Abel se apegó a la espalda de Antonio y enlazó su cintura. pero no te preocupes por mí. pero de todos modos. El estómago de Abel dio otro salto al oírlo. no lo necesito —dijo Antonio y. y por lo demás era muy sencilla. y por primera vez pudo observar con detenimiento al muchacho. Cerró los ojos involuntariamente cuando percibió el aroma del cabello castaño del muchacho. afírmate.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 que su pulso se aceleraba como nunca antes. Se acomodó el casco y subió a la motocicleta. ya era domingo. —Bueno. el Escrito en las estrellas . —¡Vamos! Quiero llegar a ese sitio antes de que salga el primer rayo de sol —dijo Antonio mientras le extendía su casco a Abel. Abel fue guiando con sus indicaciones a Antonio. y el corazón latió más aprisa al percibir la dulce sonrisa con la que Antonio acompañó sus palabras. Con algo de pudor. mientras su estómago se encogía en una extraña mezcla de temor y emoción. —¿Listo? —preguntó Antonio. La marcha fue muy lenta hasta que dejaron las últimas calles del pueblo. que se le ajustaban al cuerpo de una manera que provocaba que el estómago de Abel revoloteara. sonrió —. Era un poco más alto que él. pero a Antonio le sentaba de maravilla. será mejor que me lleves pronto a conocer ese lugar. —¿No tienes otro casco? —preguntó Abel preocupado. no quiero perderme la salida del sol —dijo Antonio mientras se levantaba rápidamente y caminaba hacia donde estaba la motocicleta estacionada. — ¡Sí! Antonio movió afirmativamente la cabeza y se puso en movimiento. Abel de pronto sintió que todos sus miedos se disipaban cuando vio a Antonio subir a su motocicleta.Sol Sweet 138 . mirando a Abel con sus luminosos ojos color ámbar. Por ser ya mediados de marzo y el verano comenzaba a declinar. —No. —Iré despacio —advirtió Antonio —. la chaqueta de cuero negra tenía aplicaciones de cuero rojo en las mangas. La luminosidad del cielo era cada vez más precisa. Es a ti a quien debo cuidar. Asunto aparte eran los pantalones de cuero negro.

de un intenso verdor de terciopelo y al que la brisa rizaba como una laguna esmeralda. y desde donde se dominaba el espectáculo en toda su amplitud. como si se tratara de una verde maceta rústica. como una conciencia recién nacida. De pronto sintió que esas dos manos enlazadas guardaban el secreto de un veredicto inapelable. donde dormía con misteriosa quietud una laguna diminuta. comprendiendo que había entre ellos una extraña armonía. éste experimentó un estremecimiento rápido y un violento palpitar del corazón. 3 El lugar escogido por Abel era una pequeña meseta saliente. Esas manos unidas poseían Escrito en las estrellas . este paraje en especial tenía un pintoresco tono de vida: lustroso blanco de nieve en el espinazo de las cumbres más altas. descendieron de la motocicleta. Ambos jóvenes. —Nadie que visite esta ciudad puede dejar de venir aquí.Sol Sweet 139 . —El sol ya comienza a salir —dijo Antonio sin esconder la emoción de su voz. junto con la frescura del amanecer. Bajó la vista hacia la mano que mantenía unida a la de Antonio. se sonrieron. Sin embargo. había apagado las estrellas y perfilaba el inicio del día en la claridad límpida del cielo azul. frescos pastizales en el fondo de un vallecito. crecían flores rojas y azules. —¡Vaya! Tenías razón. El paisaje tenía tendencia a ser un poco uniforme y descolorido en la región de las altas cumbres. después de admirar el paisaje por un rato. Antonio de pronto. Abel sintió que en él germinaba algo nuevo. Antonio apretó suavemente su mano y posó sus ojos color ámbar en los grandes ojos azules de Abel.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 sol demoraba un poco más en salir. pues llegarían a tiempo al sitio hacia donde guiaba a Antonio. Esto alegró a Abel. no puede ser más impresionante este paisaje… es maravilloso. Gracias por traerme aquí —dijo Antonio sin mirar al muchacho a su lado. En medio del pasto. El disco del sol espejeó fulgurante detrás de la montaña. tomó la mano de Abel. había una vacilación inmensa en su espíritu. que parecieron llenarse de luz. amontonadas en las partes protuberantes. Se quedaron estáticos observando el trémulo albor del nuevo día que había comenzado y que. sin decir palabra.

Se apartó con las mejillas encendidas y miró directamente a los ojos de Antonio. pero en cuanto sintió los cálidos labios de Antonio posarse sobre los suyos. Nunca había sido besado por un hombre. Antonio sonrió dulcemente y atrajo a Abel para pegarlo más a su cuerpo. que parecían incendiados por un visible fuego de placer. el destino está escrito en las estrellas. no me olvides. esto debía suceder. porque deseo que me recuerdes siempre Abel. —Jamás podría… dirás que estoy loco. eres el primer hombre al que beso. esta vez directamente hacia los ojos de Antonio. el destino hablaba a través de ellas con su voz inflexible y escueta. Es decir. Escrito en las estrellas . mientras éste. Con cierta timidez puso sus manos sobre el pecho de Antonio. Antonio se acercó un poco más y sin decir nada. se inclinó y depositó un casto beso en los labios de Abel. Sin saber cómo. Abel sabía que Antonio sólo estaba de paso por la ciudad. debo marcharme. Nada podía impedir este encuentro —dijo Antonio.Sol Sweet 140 . pero realmente creo que te he esperado toda mi vida —dijo Abel. profundizó el beso que se hizo mucho más intenso.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 mayor fuerza que todas las leyes escritas por los hombres. tú y yo debíamos encontrarnos. te lo aseguro. —Este es mi primer beso —declaró Abel avergonzado aún—. —¿Estás seguro de que debes marcharte de la ciudad? —Sí. alentado por aquel gesto. Era la primera vez que experimentaba algo así. supo que eso era lo que había estado esperando toda su vida. —No estás loco. —¿De verdad crees eso? —Es así Abel. Abel volvió a levantar la vista. era probable que no volvieran a verse y eso le provocó una triste ansiedad. Por favor. Esa mirada despertó en Abel un vehemente deseo. Todo en derredor se lo decía. que parecían brillar con el fulgor de las estrellas en una noche de verano. Me alegra oír eso. —Eso significa entonces que jamás olvidarás este momento. Abel comprendió que ese al que besaba era el amor de su vida. mezcla de miedo y audacia.

a dónde sea que vayas. no tengo derecho a causarte problemas. sonriendo con algo de tristeza. —Antonio. sólo vine a esta ciudad porque necesitaba tranquilidad. —Por favor… dime lo que piensas —pidió Abel con voz suave. Es lo que me dice mi corazón. Abel. Antonio finalmente volvió a posar sus ojos en Abel. Antonio miró hacia el valle y se quedó largo rato callado. el tono de esas palabras era verdadero. quisiera quedarme en este lugar. no estoy obligado a quedarme aquí. no puedo decírtelo. Comprendió que le estaba haciendo las cosas complicadas a Antonio y no tenía derecho. —En este momento no es posible que vayas conmigo. —Está bien. Abel sentía que era una locura. —No eres un problema. yo digo que debo ir contigo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —¿Crees que puedas volver? —La verdad no lo creo —dijo Antonio. —¿Hacia dónde vas ahora? —Lo siento. contigo para siempre. —Por favor. Abel no pudo resistirse y se echó en los brazos de Antonio. —Iré contigo… quiero ir contigo. Abel. —Ya veo —dijo Abel con tono visiblemente decepcionado. bajando la mirada para luego apartarse con suavidad. pues hacía apenas unas horas que se conocían. Abel sintió que su corazón se estremecía al oír aquello. Abel clavó su mirada intensamente azul en Antonio otra vez. cambiar de ambiente.Sol Sweet 141 . —No Abel. ¿qué tal si te visito en la capital? Dame Escrito en las estrellas . Perdóname. eres lo más hermoso que me ha pasado. pero comenzaba a sentirse angustiado ante ese silencio. me estoy comportando de una forma absurda. pero soy de la capital y sí tu debes regresar allá yo puedo ir contigo. —Se me ocurre una idea. Lo digo otra vez. eso no es posible —dijo Antonio. Ojala pudiera explicarte lo difícil que es para mí el tener que marcharme. así como tú has dicho que estaba escrito en las estrellas este encuentro. no pienses que no me importas.

ya es hora —dijo Antonio con aire triste.Sol Sweet 142 . le acarició el rostro con ternura y luego lo besó intensamente. Antonio en completo silencio llevó las manos a su cuello y se quitó el colgante de oro que llevaba. —Sí. tenía una letra “A”. —Supongo que ya debo regresar a la hacienda. pero luego sonrió. Antonio pareció dudar un segundo. eres alguien realmente muy especial para mí. pero quisiera… Antonio no dejó que terminara de hablar. por eso quería pedirte algo. creo que esa es una posibilidad. ¿Crees que si te doy la dirección de mi casa puedas recordarla? —¡Claro que lo haré! —exclamó feliz Abel. —Entonces no hay modo de que me pierda. sonrieron. si no pensarán que me sucedió algo malo. nunca olvidaré esta noche que hemos pasado juntos. —Camino del Alba 2643. mi casa está en Camino del Alba número 2643. Jamás podré olvidar este encuentro. amor. Abel. Posó su dedo índice en los labios de Abel. —¡¿Qué haces?! —preguntó el muchacho con asombro. ¿no es cierto? —Exacto. —¿Podrías dejarme algo tuyo? Algo con lo que pueda recordarte. —Antonio. —Tal vez lo conozcas por lo menos de oídas. —Quiero que conserves esto.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 la dirección donde vives y voy a verte cuando regrese. No es que no vaya a hacerlo de todos modos. —Sí. Por ahí está una clínica que pertenece a una Universidad. Cuando después de unos segundos se apartaron para respirar. Escrito en las estrellas . —Seré feliz si puedo cumplir tu deseo. no lo olvidaré. conozco el sector. Abel respondió una vez más con todo el ímpetu de lo que sabía profesaba su corazón. Los dos jóvenes volvieron a quedar en silencio. Luego la ató al cuello de Abel. Abel pareció meditar un segundo. ni tampoco este amanecer.

Mi madre jamás se molestaría. ese era el instante mágico. su mirada parecía tan segura. nos encontraremos nuevamente. Escrito en las estrellas . —No… no puedo aceptarla. Se sentía feliz.Sol Sweet 143 . que por tanto tiempo había estado solitario. era ese. pero yo quiero que tú la tengas ahora. Después de mirarse por un par de segundos con intensidad. volvieron a besarse dulcemente. pero cuando nos volvamos a ver te la regresaré… esto será una promesa de que. debió dártela alguien especial. No podía ser casualidad que tu nombre empiece con la letra “A”. Abel… eso también está escrito en las estrellas. tú debes tenerla ahora. escúchame… lo que he dicho es cierto. —¿Y si la persona que te la dio se molesta? —preguntó con preocupación Abel. —Abel. sin importar lo que suceda. ella siempre ha sido mi incondicional. —Es cierto. con eso Antonio le demostraba que lo nacido entre ellos era realmente importante.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —No… yo no pedía eso. luego con las suyas entrelazó los dedos de ambos. único e irrepetible que sólo se vive una vez en la vida. —Así será. comprenderá que tú eres alguien muy importante para mí. Antonio —dijo Abel mientras llevaba las manos a su cuello para quitársela. La dicha que ahora sentía llenaba de vívida luz y calor los oscuros pasadizos de su corazón. es importante… no. —No. —Está bien. Abel comprendía que todo lo vivido hasta ahora no podía compararse con ese momento. Es tuya. Abel se quedó en silencio un momento mirando los ojos de Antonio. Su corazón parecía estar despertando de un largo y solitario invierno. precisamente ese minuto el que estaba poniendo en ebullición su mundo interior. es un regalo de tu madre. Antonio le sostuvo las manos un momento. Abel sintió que el corazón le latía con fuerza. mi madre comprenderá que yo te haya dado esta joya.

dentro de quince días. jurándole que en dos semanas regresaría a la capital y lo buscaría en su casa. —Mamá. Pese a que ya se vivía la segunda semana desde que iniciara el otoño. te ves muy diferente. pero hay algo divino en las criaturas: el amor. aunque estaba seguro del curso inevitable que debía tomar su vida. pero quería esperar a encontrarse con Antonio primero. que estaban seguros de que la razón de ese júbilo era alguna chica que había conquistado su corazón mientras había vivido en San Felipe. hijo.Sol Sweet 144 . lo siento. tus ojos brillan de forma particular. ¿No puede ser mañana? —No. no puedo posponerlo. —Abel. Al momento de la despedida le había entregado a Antonio el gabán de mezclilla que llevaba esa mañana. Abel Linares estaba emocionado esa mañana de domingo. ya debe estar por llegar. Durante la cena de esa primera noche habló con su familia de todo lo sucedido en el campo. tan diferente. ya había pasado el almuerzo y él ya se aprestaba a salir para dirigirse a la casa de Antonio. cariño… no me digas que vas a salir. Tu hermana vendrá para la hora del té. tengo que salir. El día había llegado. Se topó con su madre justo cuando llegaba a la sala. mamá. Antonio lo había aceptado. Debe ser una persona muy especial.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 4 No hay en la tierra criaturas divinas. él había vivido esas dos últimas semanas como en la más bella de las primaveras. cariño. —Pero justo hoy domingo. el primero del mes de abril. No tenía intención de ocultarle a sus padres algo tan importante. con la promesa de que se lo regresaría cuando se vieran otra vez. Estos le veían tan feliz. sólo obvió mencionar que había conocido a un muchacho llamado Antonio y que se había enamorado de él. ese sentimiento de amor había crecido. voy a visitar alguien… se lo prometí. Escrito en las estrellas . La noche anterior había regresado a la capital. Porque durante aquellas dos semanas que habían pasado desde que se despidiera de Antonio en la puerta de entrada a la hacienda. —Estás muy misterioso. y ahora estaba otra vez en casa de sus padres. presiento que por fin alguien conquistó tu corazón.

pero luego sus ojos. esto es lo que soy y lo que quiero. la que ha hecho que mi corazón sienta esta inmensa felicidad… no es… una chica. sólo se limitó a asentir con la cabeza. Sabía que aquella decisión Escrito en las estrellas . por fin volvió a levantar la vista y miró a su hijo. La madre de Abel parpadeó por unos segundos. mamá. yo no sé si podré aceptarlo. —Abel… esto no es fácil para mí. no hay cómo explicarlo con palabras. —¿Estás seguro de que tú…? —Creo que lo presentía. —Es cierto. —Mamá. confundida. Miró serio a su madre. pero debo ser sincero contigo. mamá. La madre de Abel se quedó muda. Luego de algunos minutos que para Abel fueron interminables.Sol Sweet 145 . que eran azules igual que los de su hijo. —Tú lo has dicho. yo te adoro. atónita. Yo… sólo… bastó con que habláramos unas horas y lo supe. se abrieron con una seña de comprensión. mamá… estoy enamorado de la persona más maravillosa que pueda existir en el mundo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Abel sonrió. Nunca me habías visto de esta manera porque la persona que me ha inspirado todo esto. pero no estaba seguro… hasta ahora. —Abel… ¿Estás hablando de un muchacho? ¿Te has enamorado de un muchacho? Abel no respondió. La mujer posó su mirada azul en Abel. delatándose al instante. —¡Por Dios! ¡Jamás te había escuchado hablar de una chica de esa forma! Abel calló. jamás una chica le había inspirado las emociones que había despertado en él Antonio. —Mamá… a ti no puedo ocultártelo. La madre del muchacho se dejó caer sobre el sofá. Él es la persona más especial y maravillosa del mundo. era cierto. demasiado sorprendida por la confesión de su hijo. — ¿Qué te hace estar seguro ahora? —preguntó la madre de Abel. mi decisión ya está tomada.

Sol Sweet 146 . Lo siento. levantándose del sofá y saliendo de la sala. le llevaría tiempo. lo conocía desde siempre. Abel había esperado que la mujer enseguida le dijera que sabía de alguien con ese nombre que visitaría a Antonio. Así lo hizo. Eres muy joven aún… —Mamá. —Si no se marcha ahora. Al momento de pagarle al taxista debió hacer un esfuerzo por controlar el temblor de su mano. Sentía que era como un chico de quince años que acudía a su primera cita. porque ella conocía a todos los amigos del muchacho y jamás le había visto. por favor… no entiendo por qué se molesta. con el corazón acelerado hasta que finalmente la puerta se abrió y una mujer le saludó con seriedad. Abel se apresuró a explicar sonriente que conocía a Antonio hacía muy poco. que en realidad se habían conocido hacía dos semanas atrás. sé que hasta ahora he sido inmaduro y he cometido errores. La mujer desvió su mirada. —Abel. El rostro de la mujer se descompuso al oír aquello. yo sólo vine aquí porque Antonio me dio está dirección… ¿este es Camino del Alba 2643? Escrito en las estrellas . así como también lo estaba para lo que dirían su padre y hermana. Pero estaba seguro de que nada de lo que dijera su familia le haría retroceder. y Abel dijo su nombre.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 de su hijo era inapelable. Abel… lo lamento —dijo ella. pero no sucedió. La voz se quedó en silencio un instante y luego le dijo que esperara. respiró profundo y tocó el timbre del portero eléctrico. 5 Había optado por la ruta más fácil para llegar a casa de Antonio. pero luego pareció enojada. voy a llamar a la policía. —Pero señora. En vez de eso. identificándose como amigo de Antonio. no podía aceptar esa verdad que le resultaba tan dolorosa en apenas un instante. Una voz femenina preguntó quien era. amaba a Antonio y quería vivir ese amor. pero esto me supera. El taxi marchó y Abel se quedó mirando un instante la casa de Antonio antes de decidirse a llamar a la puerta. pero esto es diferente. con desconfianza le interrogó sobre si era realmente amigo de Antonio. quizá sólo sea una confusión. no renunciaría a él por nada del mundo. pero estaba en cierto modo preparado para esa reacción de su madre. Abel sintió tristeza. —Te quiero mucho.

por favor. señora… es sólo… —Señora. pero no dijo nada. ¿usted quién es? —Soy amigo de Antonio. —Me ha dicho que su nombre es… —Abel Linares. ¿Él se encuentra? —preguntó Abel con tono cordial. yo sabía que no me había equivocado —dijo Abel con una sonrisa. hablaremos adentro. Tras un segundo de silencio la mujer habló otra vez. El rostro de la mujer adquirió un aire doloroso de pronto. esa debía ser su madre. —Usted debe ser madre de Antonio. Abel era lo suficientemente perceptivo como para notar que algo no estaba bien. —Pase. intentando hacer pasar su voz al interior por encima de la mujer que lo había amenazado ya dos veces. —Sí. él me dio esta dirección —dijo Abel.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Claro que es aquí… pero si no se marcha voy a llamar… — ¿Adela. —Yo me llamo… Escrito en las estrellas . la puerta se abrió un poco más y una mujer alta. —¿Mi hijo lo invitó? —Sí señora. —No es nadie. me dio la dirección de su casa para que viniera. La mujer que había abierto la puerta se hizo a un lado y miró con enojo a Abel. La mujer que le había abierto la puerta los dejó a solas. la madre de Antonio lo invitó a sentarse. qué sucede? ¿Quién es? —preguntó una voz femenina tras la mujer que estaba asomada a la puerta. soy la madre de Antonio Sandoval. La mujer le miró con extrañeza por un momento. Abel reconoció en ese rostro las facciones de Antonio. y sintió preocupación. tenía los ojos igual que él. de rostro pálido y ojos color ámbar apareció junto a la primera mujer. Tras un segundo de silencio.Sol Sweet 147 . En el interior de la casa. estoy buscando a Antonio Sandoval.

—Cuando estábamos en la puerta me preguntó si mi hijo se encontraba —dijo Consuelo con aire triste. Tras el saludo. Abel palideció de golpe y los latidos del corazón se le aceleraron. Justo en el momento que iba responder. mientras él tomaba lugar en el sofá. Antonio me lo dijo. El padre de Antonio le dio una mirada de pies a cabeza a Abel. lo sé. Abel enseguida se levantó. querido. debía ser el padre de Antonio. —¿Quince días. apretando la mano del hombre mayor. el hombre silencioso le indicó a Abel que volviera sentarse. señora. Hace quince días que estuve con Antonio. Un gusto —dijo. —Al parecer. —Nunca escuché a mi hijo hablar de un amigo llamado Abel.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Consuelo. —Sí. —Consuelo… me ha dicho Adela que vino alguien que dice ser amigo de Antonio. junto a su esposa. fue interrumpido por la llegada de un hombre a la sala. —Matías Sandoval. ha dicho? —preguntó con asombro el hombre Escrito en las estrellas . Abel de inmediato se puso en alerta. —¿Mucho tiempo? No. —Usted no está enterado de lo que le sucedió a mi hijo —dijo de pronto el padre de Antonio.Sol Sweet 148 . señor. —Abel Linares. Luego le tendió la mano para saludarlo. La mujer movió afirmativamente la cabeza. El padre de Antonio la miró con tristeza y luego le dirigió una mirada a Abel. miró a las dos personas frente a él con preocupación. —¿Le sucedió algo malo a Antonio? —Debe haber pasado mucho tiempo desde la última vez que vio a mi hijo como para no estar enterado —dijo Consuelo. él no sabe lo sucedido —dijo Consuelo mirando a su esposo.

quien reaccionó. —Señor. Yo no estoy aquí queriendo hacer daño a nadie… Sólo vine a visitar a Antonio… Él mismo me dijo que podía hacerlo. Consuelo. —No… no… no es cierto… Yo estuve con Antonio. Antonio Sandoval vive aquí… Él me dio esta dirección hace quince días. Consuelo miró a su esposo incrédula y luego se levantó para mirar de cerca el colgante que mostraba Abel. Abel también se levantó. yo no quería aceptarlo. pero te aseguro que es muy cruel y no vamos a tolerarlo. Mi hijo no pudo decirte que lo visitaras hace quince días. no sé quién eres.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 mayor. mientras mostraba el colgante que le había dado Antonio aquella mañana—. estuvimos conversando toda la noche… él me llevó en su motocicleta… Fuimos a ver el amanecer… Él… él me dio esto —dijo Abel con tono desesperado. Los padres de Antonio intercambiaron una mirada incrédula. cuando estuvo conmigo en San Felipe. Abel palideció de golpe. —No entiendo por qué dice eso. Consuelo miró consternada a Abel. Aquello tenía que ser un error. pero él insistió… dijo que usted lo comprendería… que siempre había sido su incondicional. no comprendía que sucedía. lo conocí en San Felipe hace quince días. Eso no es un error. —Entonces usted está equivocado.Sol Sweet 149 . Pero fue Matías. —Es el colgante de Antonio —dijo la mujer en un susurro. es bastante común… éste muchacho ha venido a burlarse Escrito en las estrellas . —No. Sal ahora mismo de esta casa —dijo el hombre con tono amenazante mientras se ponía de pie. Me dijo que era de su madre. muchacho. entonces estás demente. Es imposible… deben existir miles de joyas como esa. —Mira muchacho. se puso más furioso. ni por qué estás haciendo esto. no estamos hablando de la misma persona —dijo Consuelo. no entiendo por qué me dice esas cosas. pero Matías su esposo. el padre. Antonio murió hace meses. Abel la miró con asombro. —Si esto no es una broma.

se lo juro —dijo Abel con los ojos llenos de lágrimas —. pero ya es hora de que te marches. Entonces él había llevado a su padre hasta el jardín donde había enterrado la moneda. —Se lo juro por lo más sagrado. Se acercó a él y le tomó la mano. que guardaba una colección de monedas de oro. no sé qué buscas con todo esto. Abel dejó correr las lágrimas que ya no podía contener. señora… Fue hace quince días… Me contó muchas cosas de su vida… me contó que cuando tenía ocho años había entrado al estudio de su papá. pero finalmente su padre le había llamado para preguntarle si la había tomado. con eso crecería un árbol que daría monedas de oro… El padre de Antonio cambió la expresión cuando comenzó a escuchar a Abel. pero su papá había insistido en que le dijese la verdad. Los esposos frente a él se miraron asombrados. pues había creído que. —No señor. —Abel. no estamos en condiciones de seguir oyéndote. como el cuento de las habichuelas. y cuando terminó se sentó en el sofá con el rostro Escrito en las estrellas . ella no comprendía del todo qué estaba ocurriendo. antes de que muriera. en un accidente. ¡No vas a creer semejante historia! Mira muchacho. pero sentía que el dolor de ese muchacho desconocido era genuino. yo estuve con su hijo hace quince días. que si lo hacía sería un secreto entre los dos. una herencia de familia… y había sacado una sin decirle a nadie. de su familia… —Mi esposo ya lo ha dicho. Me dijo que sus padres habían buscado por toda la casa la moneda sin dar con ella. ¿de verdad estuviste con mi hijo? Tal vez aquello sucedió hace meses. Es imposible.Sol Sweet 150 .Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 de nuestra desgracia. —No puede ser… No… Yo estuve con él… Hablamos… Me llevó en su motocicleta… Vimos el amanecer… Él me… —En este punto. Antonio murió en noviembre. estuvimos hablando toda la noche… me habló de su vida. La mujer dejó de mirar a Abel con desconfianza. y tú estás confundido —dijo Consuelo con tono amable. él había dicho que no. —Por favor… Abel. si eso que dices es verdad… —¡Consuelo! ¿Estás loca? —la interrumpió su esposo —. Abel se interrumpió abruptamente.

— ¿Dónde.. diciendo que regresaba enseguida. aquello terminaba por confirmar la historia de Abel. —Yo le entregué un gabán azul. Me pareció que aquella simple chaqueta de cuero no le abrigaría lo suficiente. estuvo a punto de decirle que le había dado su amor. pero luego recordó el gabán que él había dado al muchacho antes de despedirse en las puertas de la hacienda donde lo había dejado. Consuelo —dijo el hombre.Sol Sweet 151 . apenas conteniendo los sollozos que querían salir de su garganta. Ese día juramos que guardaríamos el secreto hasta la muerte. como si recordara algo—. aunque decía que no sentía frío. —Sólo… Antonio y yo sabíamos eso… jamás se lo contamos a nadie… ni siquiera a ti. —¡Santo Dios! No puedo comprender… por qué… mi hijo… — De pronto la mujer se detuvo abruptamente.? La mujer emitió un suspiro doloroso. —Abel —lo llamó ella con voz cálida — ¿Es está la prenda que le diste a Antonio? Volvió el rostro hacia la mujer y la vio sosteniendo el gabán que le había dado a Antonio aquella mañana de domingo. —Sí… —dijo el muchacho. aún tenía el aroma de Antonio. mirando a su esposa—.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 pálido. Las tres personas intercambiaron una mirada conmocionada. La mujer se levantó del sofá y salió de la sala. Abel se quedó en el mismo sitio. Consuelo miró a su esposo. mi hijo te dio ese colgante ¿Hubo algo que le dieras tú a cambio? Abel. nos pareció extraño. sin pensarlo siquiera lo acercó a su rostro. Abel. con el corazón apretado por el inmenso dolor. Decidí traerla a casa y guardarla en la habitación de mi hijo… Abel tomó el gabán y lo apretó con fuerza. pero imaginamos que algún amigo lo había visitado y se la había dejado. —Todos los domingos por la mañana vamos al cementerio a llevarle flores a Antonio… Hace dos domingos atrás… la encontramos sobre su tumba. Apenas pudo oír cuando Consuelo regresó a la sala.. Aquello fue Escrito en las estrellas . con la cabeza llena de preguntas y el corazón desgarrado de dolor.

Era Antonio. luciendo aquel traje de cuero que modelaba su cuerpo de manera excepcional. señora. Abel no podía comprender por qué le había sucedido algo así. sí. —Era su atuendo favorito para ir en la motocicleta. una cara sonriente. silencioso puso la fotografía enfrente de Abel. Cuando se sintió más calmado miró otra vez a Consuelo. cuando se fijó en un detalle de las zapatillas que llevaba el muchacho. Escrito en las estrellas . Le encantaba. las llevaba el día del accidente.Sol Sweet 152 . Después de un breve silencio.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 demasiado. que la tomó con las manos temblorosas. por qué a él. —¿Tiene una fotografía de Antonio? El padre de Antonio. Lo llevaba puesto cuando lo sepultamos. Abel recordó de inmediato que había visto unas zapatillas con una cara sonriente antes. y que había provocado en él tantas sensaciones especiales. con el alma. estaba a punto de pedirle a Consuelo que le regalara una foto de Antonio. —No entiendo. por más que buscaba una explicación no la encontraba. Abel miró con toda la atención del mundo la fotografía. por qué… yo no conocí a su hijo mientras vivía… no entiendo. pero no la tengo. mientras lloraba más silenciosamente. Abel volvió a hablar. quien había permanecido en inmutable silencio. Al mirar la fotografía Abel sintió que sus ojos volvían a inundarse de lágrimas. Parecía que eso fue demasiado para Matías. pero pareciera que las zapatillas tienen un dibujo —dijo Abel mirando con más atención la foto de Antonio. Se levantó bruscamente del sofá y se acercó a una ventana para mirar el jardín. Abel. ocultó el rostro en la prenda y lloró como jamás había llorado en su vida. se levantó y se acercó a una mesa. —Ah. —No se distingue muy bien. —Es él… vestía igual esa noche… Consuelo miró al muchacho con los ojos llenos de lágrimas. —Me gustaría tener una explicación. sentado en la motocicleta. La mujer a su lado le acarició la cabeza y lo obligó a sentarse otra vez.

Antonio era el hombre de la motocicleta aquella madrugada del accidente. Los padres de Antonio se miraron. señora. Aquel muchacho era Antonio. Abel. —Gracias. Consuelo se apartó del abrazo de su esposo y lo miró. —Me gustaría conservar una fotografía de Antonio —dijo Abel de pronto. Me alegró saber que ese muchacho no abandonó a mi hijo… que por lo menos sus últimos instantes de vida no los vivió solo. —Puedes llevártela. ahora se tornaba pálido. Creo que debo regresarle esto —dijo el Escrito en las estrellas .Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —¡Dios mío! No puede ser —dijo el muchacho en un susurro mientras su rostro. llegó muerto al hospital —dijo la mujer con voz quebrada. Antonio Sandoval era el nombre de ese desconocido al que él le había sostenido la mano esa madrugada. su Antonio.Sol Sweet 153 . Su esposo se acercó rápidamente y la abrazó. —¿Cómo murió Antonio. tirado en la calle de madrugada. fue de madrugada. —En un accidente en motocicleta. diciéndole que tenía toda una vida por delante. Todo quedaba explicado tras escuchar aquello. Abel había comenzado a comprender el por qué de todo eso. que de seguro tenía aún muchas cosas que hacer. Los paramédicos que trasladaron a mi hijo nos dijeron que no se había apartado del lado de Antonio. —¿Supieron algo de la persona que manejaba el automóvil? — preguntó Abel con calma. que había enrojecido a causa del llanto. No respetó un disco y un automóvil que venía saliendo de la autopista lo embistió. señora? La mujer miró a su esposo un instante y luego volvió a mirar a Abel. También lloraba. Abel comprendió. hubo alguien a su lado sosteniendo su mano —terminó la mujer con el llanto brotando a raudales de sus ojos. pidiéndole que resistiera. era un muchacho. pero con lágrimas silenciosas. El golpe fue fatal. —¿Qué sucede? —preguntó Consuelo asustada. —Sí.

Sol Sweet 154 . asintió con la cabeza. ¿Por qué mi hijo…? —Antonio y yo debíamos encontrarnos. luego se levantó del sofá—. levantándose por fin—. Matías acompañó a Abel hasta la puerta de la casa en completo silencio. Abel asintió en silencio. era su frase favorita —dijo Consuelo. Adiós. pero desgraciadamente no tuvo tiempo… por eso sucedió todo esto. Miró a la mujer dudando en si debía decirle quien era él realmente. Oro de hojas Escrito en las estrellas . Abel abrazó al hombre espontáneamente. La mujer asintió con tristeza. y cuando el muchacho estaba a punto de decir adiós. Gracias a los dos… —Abel… jamás comprenderé por qué sucedió esto —dijo Consuelo—. —No… consérvala… por favor. —dijo Abel. El muchacho asintió con la cabeza mientras ella salía de la sala. fue sorprendido por una pregunta del hombre. señora. ¿cierto? Abel no pudo negarlo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 muchacho mientras se llevaba las manos al cuello para quitarse el colgante. —Antonio… siempre decía eso. El otoño y la tarde se habían fundido en un instante. —No sé cómo voy a vivir ahora. él quiso estar contigo un poco más de tiempo. —Y creo que lo encontró en ti esa noche del accidente. —Creo que será mejor que me marche —dijo Abel. —Plenamente. es lo que Antonio querría. El muchacho de ojos azules volvió a derramar lágrimas. que todo estaba escrito en las estrellas. cabizbaja. —El mayor deseo de mi hijo en esta vida era encontrar a su amor verdadero. Abel miró al hombre asombrado. —Tú eras quién manejaba el automóvil esa noche. Eso fue lo que él dijo: «el destino está escrito en las estrellas». Abel… te deseo toda la suerte del mundo.

ese amor viviría mucho más allá de su existencia terrenal. la dejaba en fragmentos.Sol Sweet 155 . y que a la vez. era un milagro que llenaba su vida. y como ellas. Abel sabía que todo lo sucedido no era un hecho cualquiera. Escrito en las estrellas . Inexplicable misterio que había roto las leyes naturales y las de la razón. Porque su amor por Antonio estaba escrito en las estrellas.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 quemadas caídas de los árboles. pero que él jamás podría olvidar. oro de sol en el cielo. que se había tornado levemente gris.

así que date una oportunidad con una pareja de Kooks.Nisa Arce 156 . que da título a este relato. ha empezado a desarrollar carrera como autora de relatos homoeróticos. pertenece al álbum Hunky Dory. —Daffy Ducked!2 —exclamó. nacida en Gran Canaria (Islas Canarias. la estación estaba desierta. fruto de su primer matrimonio con Angela Barnett. así como Diplomada en Relaciones Laborales. Mató el tiempo observando el panel que marcaba el tiempo restante para la llegada del convoy. Aún faltaban diez minutos. Pese a que pronto serían las cinco de la mañana. en la que palabras sin relación aparente se combinan por su sonoridad para dar un resultado parecido a la de otra expresión. Actualmente se encuentra trabajando en varios proyectos. Kooks . Fue escrita por David Bowie para su hijo Joe antes de que naciera. te hartarás de tanto romance. siendo «Pierrot» su primera novela.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Kooks1 Nisa Arce Nisa Arce. David Bowie Andy se sentó en el banco más cercano al andén. 2 Cockney/Kook: dícese de los nativos de la zona este de Londres y su particular forma de hablar. ¿Querrás formar parte de nuestra historia de amor? Si te quedas con nosotros. con la intención de indagar en diversos géneros e historias. 1 La canción Kooks. Pronto te harás mayor. España) es titulada en Realización de Audiovisuales y Espectáculos. Tras algunos años publicando fanfiction por Internet. Por ejemplo: Daffy Ducked = Fucked. no lo lamentarás porque creemos en ti.

Nisa Arce 157 . Llevaba pantalones ajustados. entrarían a trabajar en alguna fábrica o taller. muy lejos de allí. Llevaba consigo todo lo necesario: la guitarra. El orden en el que los sucesos se produjesen era indiferente. El comentario hizo Andy frunciera los labios y se esforzase por mantener la mirada fija en el infinito. veinte libras en el bolsillo y ninguna intención de regresar. En comparación con los recién llegados. pero no tenía sueño. O dejarían embarazadas a sus novias antes de terminar el instituto. Para cuando su padre se percatara de su ausencia. entrarían a trabajar en alguna fábrica o taller y se casarían.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Apenas había dormido. ojos castaños y larga melena rubia. A tu edad me rompía la Kooks . El estado de alerta general en el que estaba sumido su cuerpo no cesaría hasta haber puesto ambos pies sobre Londres. cuando llegaba del pub tras una jornada cargando vigas de hierro en los altos hornos. Desde que pudo reunir el dinero para comprarlo en una tienda de segunda mano. rostro delicado. Acabábamos de salir de la guerra y nos moríamos de hambre. Terminarían el instituto. Andy les miró. irrumpieron entre carcajadas para tomar el primer tren y dormir la borrachera de camino a casa. se concentró en repetir mentalmente aquel nombre mágico. Dos tipos altos y robustos. con su gesto teatral y su extraña faz perfecta. botas de plataforma y camisa de mangas anchas. «Yo tuve que trabajar duro —decía—. Se parece al maricón de Bowie. de piel blanquecina. por llamarlo de alguna forma. sentir. se casarían y tendrían hijos. el motivo principal de su aventura. —Mira a ése —soltó uno—. Lo escuchaba una y otra vez mientras miraba embelesado la cubierta del vinilo. Andy. Andy decidió que él no seguiría ese camino. Su padre. abandonarían los estudios. solía recordarle lo mucho que le había costado sacarle adelante. El silencio se rompió súbitamente. En lugar de malgastar energías contraatacando y maldiciendo a la estirpe de Ozzy Osbourne. Muchos de sus compañeros de clase ya tenían decidido cuál sería su futuro. no había pasado día en el que el Hunky Dory no sonase en su tocadiscos. parecía un recuerdo borroso de la anterior década. haciendo alarde de una elegancia bohemia que sus convecinos encontraban. actuar y hablar como un auténtico kook no era sencillo si habías nacido y vivido toda tu vida en un barrio obrero de Birmingham. vestidos con cazadoras de cuero y camisetas de Black Sabbath y Judas Priest. ya estaría lejos. divertida. Allí estaba él. invitándole a seguir soñando.

empezando por su dignidad. En apenas dos días cumpliría diecisiete años. Se sabía aquel discurso de memoria. que se había puesto en pie en el área donde. Los jóvenes de hoy sois unos holgazanes y unas nenazas». Tal y como pintaba la situación. Andy. quedaría ubicado el acceso al tren. Allí. —¿Entonces. Y Andy. Allí esperaba tener una oportunidad de empezar de nuevo. Los tipejos subían progresivamente el tono de voz y vertían improperios de lo más variado sobre su persona. Kooks . ingenio para sobrevivir y un recorte de la prensa local. tú crees que le va el fantoche? —insistió el seguidor de los Priest. en lugar de escuchar y aplicarse el cuento. cambiado la tez pálida por otra de colores saturados y dejado sus prendas elegantes en el armario para sustituirlas por un derroche de psicodelia. papá. Desde que su madre murió. Desde la irrupción de Life on Mars?. no estaba dispuesto a dejar que todo se fuera al traste. sabía que debía bajarse en Victoria Station y tomar el metro hasta Tolworth. Y es que se consideraba una especie de bicho raro entre el gremio de admiradores al que pertenecía. sintió cierto orgullo por la afirmación. Aunque nunca había estado en la capital. Lo tenía todo planeado. ¿qué le vamos a hacer? Estamos en 1972 y mi generación se encuentra en condiciones de elegir lo que desea hacer». Deben robárselo a sus mamis del bolso —se mofó. valiéndose del forzado acento que se había labrado a base de practicar a solas ante el espejo. y qué mejor manera de celebrarlo que fugándose de casa con dinero robado de la cajonera. —No sé qué decirte.Nisa Arce 158 . pero.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 espalda para daros de comer. los pocos entusiastas a los que conocía habían cortado y teñido sus melenas. supuestamente. «Lo sé. se deleitaba imaginando lo que le habría encantado soltarle. Había decidido cambiar el humo de Birmingham por la promesa londinense. Ahora van todos con el pelo naranja y tres kilos de maquillaje encima. su padre se lo recitaba noche tras noche. si era uno de los cien primeros en llegar a las puertas de la sala donde se celebraría el recital. Y así era. en el que anunciaban en una esquina discreta la fecha del concierto presentación del nuevo disco de Bowie. obtendría un pase gratuito. me echas en cara que tuvieses que tirar a la basura tu vida por mí.

se había formado un corillo alrededor del muchacho. Buscó una esquina bien situada. Andy se entretuvo observando. algunos curiosos aminoraron el paso para observar al chico que cantaba y vestía como Bowie antes de su radical cambio de look. el cual. Andy podía imitarle con éxito y rasguear las cuerdas de su acústica hasta imitar dignamente sus canciones. con gesto serio. tenían cierto parecido físico. olía distinto. No era momento de sentir miedo. Se sentó lo más lejos posible de los borrachos y se mezcló entre los pasajeros. Un rato después. interpretaba una versión de Changes. A medida que iban deshaciendo kilómetros hacia el sur y la mañana avanzaba. Nunca había tan lejos de todo.Nisa Arce 159 . Aspiró aquel aire que. el tren se llenó de personas de acentos y atuendos variados. El tren llegó a la estación con puntualidad. no le extrañaba que le hubiesen comparado con él. aunque fuese el único en la faz de La Tierra decidido a resistirse al embrujo de la moda. hizo cálculos. tan cerca de nada. Tenía prisa por marcharse. No era extraño ver a músicos espontáneos por los alrededores.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Él no estaba dispuesto a dejarse llevar por el entusiasmo futurista. Siguió hilvanando pensamientos durante el trayecto. Observó su reflejo en el cristal del vagón. acostumbrada a su barullo armónico. Había convertido la portada del Hunky Dory en un icono casi religioso y lo defendería a capa y espada. En cierta manera. aunque sabía que carecía de talento para componer las suyas propias. tiró en ella calderilla para hacer bulto y respiró hondo. sacó la guitarra. sin dejar entrever su entusiasmo. El azar quiso que entre los congregados se encontrasen dos Kooks . seguía de largo sin hacer demasiado caso. pese a estar igual de contaminado que el de Birmingham. Andy. pero se dijo que en ningún otro lugar tendría tantas probabilidades de recaudar aunque fueran algunas monedas. dejó la funda abierta en el suelo. La silueta escalada de Londres se fue convirtiendo en orografía urbana. la gente. Se dirigió a la taquilla para informarse sobre el precio del billete de metro y. De no ser por la uniformidad de sus dientes y el tamaño parejo de sus pupilas. Pasaban las doce cuando se apeó en Victoria Station entre un hormiguero de gente que iba y venía. La tesitura de sus voces tampoco distaba demasiado. podría haber pasado por su doble juvenil. miraba a un lado y a otro. Sin embargo. tras leer el importe en un cartel que secamente le señalaron.

pero los chicos le instaron a recoger y marcharse. tras colgarse la funda del hombro. Kooks . el tren está a punto de pasar. —De Birmingham.Nisa Arce 160 . —No ha sido nada. usa el mío —le instó el del pelo verde. Cuando estuvieron embutidos en el tube y dejaron atrás la estación. —Entonces estás de suerte. Aunque para ser del este. le acompañaron canturreando. aliviado. pese a pertenecer a la nueva corriente. —¡Rápido. tenían intención de desplazarse hasta el otro extremo de Londres y dormir a la intemperie por un pedazo de cartón. se dejó guiar. Su practicado acento kook había dado resultado. Andy vio cómo éstos se aproximaban. Guardó la guitarra y. que vienen! —¿Cómo? —preguntó Andy. parecías un poco perdido… Andy hizo un mohín inconsciente con los labios. —Ven. respiraron tranquilos. Vestían ropas de colores tan chillones como sus sombras de ojos y labios.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 amigos que. tras cederle su pasaje. no soy de Londres. —En verdad. saltó burlando el mecanismo de acceso. tirando de su brazo. —¿Vas al inicio de gira? —Sí. el cual. El efluvio de peniques empezaba a ser considerable. —Y yo Andy —se presentó. soy Paul. ¡Los fans tenemos que ayudarnos los unos a los otros! Por cierto. al igual que Andy. —¿Y de dónde vienes? —preguntó Paul con interés. —No tengo billete… —Es igual. —¡Los polis! —exclamó el que llevaba las plataformas de mayor altura. —Gracias —dijo tímidamente. —Yo soy Jack.

Paul y Jack se encogieron de hombros.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —¿¡En serio!? —exclamaron ambos. Andy. El camino por la línea de metro transcurrió sin contratiempos. fingió no sentir turbación. —Sí —respondió Andy. —¿Y vosotros sois…? Eh. plantar a Jack un rotundo beso en los labios. quiero decir… —preguntó con torpeza. asombro. La nuestra… también es loable. —En serio. forastero? —preguntó Jack. se abanicó en pleno sofoco. Kooks .Nisa Arce 161 . acto seguido. Quizá lo más destacable. —Supongo que toda razón es buena. habría estallado en furia. —¿Y qué te lleva hasta Ziggy. —¿Ves a la vieja ésa? —susurró Jack. como era de esperar. —Se miraron a los ojos—. antes de echarse a reír. era el aumento notorio de fans de Ziggy Stardust. acordándose de la fauna de su barrio. Las mujeres mayores que ocupaban los asientos les miraban recelosas. —No busco a Ziggy. —Digamos que soy una de las pocas excepciones que confirman la regla. Sólo quiero comprobar que la esencia de Bowie sigue intacta. murmurando sobre aquella panda de afeminados sin principios. —Pues quién lo diría. por su parte. La mujer. Andy esbozó una media sonrisa. lo único que les importaba a era ocupar las primeras filas. Pensaba que todos los de allá eran brutos y forofos del Heavy Metal. A la hora de la verdad. ¿Qué hubiese pensado su padre de verle rodeado de personas extravagantes y libertinas? Seguramente. —¿Nosotros? —exclamó Jack. Ante tal afirmación. —Pues ahora sí que va a tener motivos para escandalizarse… — añadió Paul para. E imaginarlo le producía un placer indescriptible. bueno. Andy rió. sorpresa y agrado.

Andy asintió con la cabeza. novia. amigo. —Bienvenido a Londres. trabajo estable. Si no había cometido errores. saber que podía procurar emociones a los demás por medio de su don maldito era todo un descubrimiento.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Qué va —desmintió Paul—. Se sentó junto a Jack y Paul en la cola y contó cuántos tenía delante. Kooks . Para él no habría graduación en el instituto. Los comercios que estaban alrededor de Toby Jug. hijos… Quería una historia de altibajos con su nueva amante. Algunos incluso abandonaron momentáneamente sus sitios para regocijarse con su voz y las canciones que anhelaban escuchar de boca del autor legítimo. donde todo está cubierto de color. Sacó la guitarra de la funda. ya había bastantes fans acomodados ante las puertas del recinto. —¿Es que en Birmingham no saben divertirse? —dijo Jack con sorna. nadie le valoraba por tener buen oído. Para cuando quiso darse cuenta. homenajeándole. perdido en un rincón de Londres. Chicos y chicas se giraron para buscar de dónde venía aquella música. la modesta sala de conciertos donde tendría lugar el espectáculo. ya sabes. Media hora después regresaron a la superficie. le pedían que cantase ése o aquél tema. compuesta de estrofas. topándose con las calles de aquella zona del distrito suroeste repletas de vida. improvisó un repertorio y se dispuso a amenizar. se dijo que la música era el camino que iba a escoger. Sólo nos ayudamos a pasar el rato. Creció pensando que los músicos formaban un gremio poco recomendable. pero Bowie le hizo descubrir la verdad. o bajo el sol del mediodía. Y ahora. Andy se había convertido en la gran atracción de los prolegómenos. boda. —¿Por qué no nos cantas algo? Antes lo hiciste realmente bien — le propusieron. Ya fuese en la noche junto a un fuego improvisado en un bidón. En su ciudad natal.Nisa Arce 162 . —Es la ciudad más gris del mundo —afirmó Andy sin vacilar. acordes y rimas. unos setenta. Para sorpresa de Andy. Hicieron transbordo en otra línea. Nunca había sentido algo parecido. hacían la vista gorda y olvidaban sus prejuicios. sabedores de lo beneficioso que podría resultar tanta juventud congregada.

la chica procedió a informar al novato. A su espalda se oían gritos histéricos. pero no es que tengamos una relación estrecha. quien. Tú eres el que canta. había perdido de vista a Paul y Jack. Son algo así como los querubines de Bowie. Una chica se acercó hasta Andy. a esas alturas. doradas y boyantes. —Digamos que son bastante conocidos en el círculo. Como si se hubiesen percatado de la maniobra. —Ándate con ojo. —¿Te ha molestado esa arpía? —añadió Jack. Tras haber dicho eso. —Lo supuse —afirmó ella. —Me dejaron acompañarles de camino. —¿Por qué? Ante el gesto extrañado de Andy. Los organizadores del evento repartieron los pases entre la avalancha de fans que estaban dispuestos a lo que fuera con tal de ser uno de los elegidos. La chica les hizo un vistoso corte de mangas. —Hola.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Las horas pasaron. situado unos diez metros. Cansado y magullado por los empujones. —¿Nos has echado de menos? —jugueteó Paul. Parecen majos. —Ya… Oye. sin saber demasiado bien cómo reaccionar. pero para él no había nada más en el mundo que aquellas letras impresas.Nisa Arce 163 . hay mucho traidor suelto por aquí. pero no son más que víboras. Los afortunados fueron amontonándose entre el vallado de seguridad. Paul y Jack acudieron raudos a reunirse con él. mascando chicle ruidosamente. —Gracias… —replicó. la joven se incorporó para regresar a su puesto. ¿has venido con ésos? —dijo señalando al dúo. Andy se apartó de la multitud en cuanto tuvo la entrada. ¿entiendes? —¿Querubines? —Groupies — especificó—. Kooks . ¿verdad? —Supongo que sí.

—Es que la envidia es muy mala. ahora que estaba ahí. le hicieron la propuesta. Andy sabía lo que estaba rubricando con su silencio. ¿Quieres unirte a nosotros al final del concierto? Él. el alter ego de Bowie. ¿sabes? —Son tantos los que quisieran estar en nuestro pellejo… Tras vanagloriarse. junto a Paul y Jack. —Será una experiencia inolvidable —susurró Paul. Los organizadores dieron el pistoletazo de salida y una avalancha de seguidores corrió hacia el escenario. pudo escuchar parte de las pruebas de sonido y la respiración se le aceleró. Si se alongaba un poco. —Pues… —Tú relájate. —Nos caes bien. confundido por las declaraciones contradictorias que había recibido de ambos bandos. Sólo tienes que disfrutar del recital y luego seguirnos. chico. el alienígena bisexual y despiadado que venía a anunciar el apocalipsis en forma de estrella Kooks . logró estar ante el mismísimo micrófono central. sólo me estaba diciendo que le gustó oírme —le encubrió Andy. El batería. no supo qué contestar. Se descolgó la guitarra y la dejó entre sus piernas y las tablas. los guitarristas.Nisa Arce 164 . Durante el tiempo que estuvieron en cola. a escasos minutos de la salida al escenario de Ziggy y sus arañas de Marte. los coros… Todos vestían mallas de colores metálicos y portaban peinados imposibles. La sala hirvió en éxtasis cuando su dios. Andy. necesitaba volver a abrirlos lo más rápido posible para cerciorarse de que se hallaba a las puertas del paraíso.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —No. Los fans que le rodeaban empujaron hasta comprimir a la primera fila contra el borde del escenario. girando el rostro a la vez hacia Andy. guardaron un largo silencio y. Si cerraba los ojos. podía incluso tocar su base. aunque algo en el fondo de su corazón le instaba a mostrarse ingenuo. ¿de acuerdo? —le animó Jack. se encontraba demasiado tranquilo. Sin embargo. hicieron ademán de salir y ocupar sus puestos. El ambiente se caldeó. En un lateral. los músicos de Ziggy. Jack y Paul se miraron a los ojos.

Tan sólo un segundo. cuando los músicos ya habían descendido entre los mortales y jovencitas y jovencitos se arrimaban en la antesala a la gran fiesta. estaba en su noche de suerte. Bowie estaba a punto de dar por finalizado el estreno de su exitosa e inmediata gira.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 del rock. lo era. la había. Si uno quería música. Kooks . quien. pero igualmente. absorto y fascinado por la esencia que. pero. Andy podría haber reparado en los gritos. mirada serena y melena rubia. No fue más que un concierto de presentación. su impronta de juventud que permanecería inalterable mientras que él iría avanzando hacia ese concepto de vejez que tanto le aterraba. Paul y Jack cumplieron su promesa y llevaron a Andy con ellos. pero a su vez. sin importar lo que pensara su público. Si por el contrario prefería calor humano. Buscaron la mirada del responsable de seguridad. A medianoche. sollozos y muestras de fervor de los demás. metiéndose en la piel del divo que ya era. un simple segundo. pero que marcó el inicio de una época. e imaginó. que Andy venía a ser su Dorian Gray. también las tenía a su alcance. tras capas de maquillaje y parafernalia.Nisa Arce 165 . se quedó clavado allí. Si buscaba drogas y alcohol. apenas recordaría pequeños detalles de aquella noche. El manager hizo un gesto desde bambalinas. tras reconocerles. permanecería intacto en su memoria. Años más tarde. Andy no cantó. borrando de la memoria colectiva lo sucedido. Aquel no era el hombre de Hunky Dory. observándole impertérrito. en lugar de eso. seguía intacta. hizo aparición. Llevaba su vieja acústica colgada del hombro y su voz rota empezó a cantarle a una suicida del Rock’n’Roll cuando sus ojos se posaron sobre los de aquel muchacho de tez lechosa. Andy observó el ambiente sórdido que se encontró en la enorme nave decorada con gusto barroco. un adelanto de un disco que ni siquiera había salido al mercado. Y mientras que los otros veneraban la metamorfosis. supo que esa no era la música del disco que le había enamorado. Cuando hizo sonar los primeros acordes en una eléctrica. perfectamente conjuntados. tan parecido a él que perdió el habla en pleno delirio. desfilaban en medio de los asistentes para elegir a los protagonistas de sus célebres intercambios. les permitió pasar entre los abucheos de los que quedaban atrás. Ziggy volvió en sí y retomó la canción como si nada hubiese pasado. El señor y la señora Stardust. lo era.

Porque. No dejó de acudir a la cita cada vez que Bowie actuaba en la capital. de Buda de Suburbia a icono gótico de los noventa. el mundo siguió girando. dedicaba unos momentos a la nostalgia contemplando a Dorian en la primera fila. Sólo existía Dorian Gray. ya habían estado.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Angela escogía mujeres volátiles para ella y exóticas para él. indignados e incrédulos por semejante rechazo. Y Bowie. sin saber que Ziggy había aterrizado en el planeta para cambiar drásticamente el panorama musical y social. David. Andy. de duque pálido a revival de los ochenta. se limitaba a seleccionar su carnaza sin devolverle el favor a su esposa.. Y mientras se producía la pasional iniciación. la que parecía extrapolarse a la historia del muchacho de Birmingham que lo había dado todo por emularle. esa que cantase en forma de versos a Zowie. cantando las canciones de Bowie en cualquier rincón donde la gente quisiera escucharle. Paul y Jack sonrieron excitados y expectantes cuando Bowie se acercó a ellos.Nisa Arce 166 . siempre que pisaba su amada y odiada ciudad natal. Pero Bowie no les miraba. la tomó y se dejó llevar hasta la habitación privada en la que sus dos padrinos. Pero era ahí donde residía la magia. decidió labrarse un porvenir en la cruda Londres sin dejar de ser fiel a sí mismo. colocados de sexo y sustancias. su esencia encerrada en un frasco menudo y cockney que rezaba la vieja máxima. Andy se marchó antes del amanecer. Los años pasaron. Kooks . por el contrario. incapaz de decirle que no. y le vio evolucionar e involucionar de Ziggy a Aladdin. era que ni siquiera Bowie era un auténtico kook. pero Andy mantuvo la misma imagen bohemia de inspiración kook con la que había escapado a sus sueños. de cocainómano berlinés a héroe. lo más curioso de todo.. mientras un amasijo de cuerpos desnudos dormía en el suelo. convirtiéndose con el transcurso de las décadas en un mito. Cuando estuvo ante él extendió la mano delicadamente. En cuanto estuvo fuera.

Nisa Arce 167 .Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Kooks .

Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 La maldición de Malvert Netsu NETSU nació y creció en Bogotá. Colombia. en medio de la cortina cada vez más espesa. La maldición de Malvert . las cosas no parecían ser muy diferentes. algunos perros que aullaban y las insignias que brillaban en los cascos del grupo de hombres. la atmósfera se torna extraña. lo que desembocó en una afición a la escritura que primero se vio influenciada por las novelas romántico eróticas. 1899 1 Cuando la noche cae en los parajes más oscuros de la ciudad. puede fusionar su pasión por escribir con su delirio por dibujar. que se habían reunido en ese punto exacto donde terminaban las escaleras que llevaban a la entrada principal de las Catacumbas de la ciudad. incluso más espesa. y posteriormente (como autora de sus propios comics de tendencia japonesa) su temática se decantó definitivamente por el slash. lentamente. Luego de una temporada explotando el mundo del fanfiction. gracias a obras como Ai no Kusabi y Bronze/Zetsuai.Netsu 168 . donde además. empieza a circular por las estrechas calles. sólo destacaban las luces de las escasas linternas de la policía. Es una consumidora constante de libros. Los escasos uniformados que se hallaban esperando al inspector mantenían su rostro oculto entre las sombras. al sur de Paris. fue el universo de Harry Potter lo que le dio una plataforma para dedicarse definitivamente a la escritura de relatos originales de corte homoerótico. porque su principal actividad era iluminar el cuerpo del joven muerto y establecer sus propias hipótesis. En la Place Denfert-Rochereau. los olores parecen salir desde las cañerías para formar parte de la neblina que. París. sus ojos apenas brillaban en la oscuridad gracias a las débiles luces portátiles.

—Es mejor no preguntar. Era un hombre de mediana edad encasillado en la resolución de homicidios causales ocurridos en París. al observar el cadáver no se sorprendió al ver la sonrisa complacida en el rostro joven. Su ciudad (porque así la consideraba) estaba siendo visitada esporádicamente por esa clase de viciosos que creían tener derecho a cebarse en las clases más pobres. —La voz sonaba molesta—. en medio de esa luz infernal que suelen proyectar los cúmulos neblinosos cuando suben a la superficie. Jacques Leblanc llegó raudo. Sin embargo. podía decirse incluso que los conocía a casi todos. los escasos faroles de la zona no dejaban mucho espacio para la agudeza visual. Sin darse cuenta el grupo contuvo la respiración. La punta de su gastado zapato tocó apenas el pie del muerto. los cabellos demasiado rubios. ladronzuelos. Estas cosas las sabe mejor el inspector—. como si quisiera asegurarse de que el rubio chico estaba sólo jugándoles una broma viéndolos con sus iris opacos y su sonrisa plena. No. la frente ancha y los ojos de una tonalidad entre el negro y el miel. Algunos jadearon en molestia por el breve accidente. los seis hombres alcanzaron a divisar una silueta baja y cubierta que se dirigía a ellos a toda velocidad. prostitutas. acuchillaban a obreros y sodomizaban a los pequeños chicos encargados de las chimeneas de la ciudad. y aún así. La belleza en las facciones. Era un La maldición de Malvert . y su aliento parecía congelarse en una voluta de aire más espesa que la neblina de fondo. Las respiraciones volvieron a correr y el leve alivio no dejó paso a la apreciación de una segunda silueta. esto no le va a gustar a Leblanc. con su baja estatura y sus menudos pies calzando sus botines de faena. Ya era tarde para cuando escucharon los tacones resonando en la solitaria plaza. Como sea. Degenerados que asesinaban prostitutas. deshollinadores y obreros mal pagados no eran un problema. ya hacían parte del patrón.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —¿Cuántos son ya? —preguntó uno de los hombres. se abrían cómo exánimes pétalos. y los de siempre. a menudo tenía que codearse con gente de todo tipo. los labios llenos que a la luz del día dejarían notar severos moretones entre los rigores de la muerte.Netsu 169 . los que parecían haberse puesto en boga desde la aparición de Jack el Destripador en la congestionada y maloliente Londres. la expresión plácida del muchacho sólo los hacía sentir peor—. Hacía frío a pesar de que apenas estaba llegando el otoño. lo cual resultaba necesario para el éxito de su labor. No le gustaba su trabajo. lo que no soportaba era esa nueva clase de asesinos que se gestaban en las entrañas de la ciudad.

hasta dejar la linterna casi en el piso. Al menos no un barrio tan pobre como parece pensar. —No era de un barrio pobre. Pareció reflexionar un rato y luego bajó su rostro hasta la cara del joven. —Es muy joven. sino bajar las manos. que parecía estar soñando en medio de una calle helada de París. No hay otra forma de decirlo —. Los que querían hacer signos contra la mala suerte no tuvieron más que hacer. De pronto su apreciación sobre la belleza de las víctimas no le pareció el mejor comentario ¿Quién sabe qué podría estar imaginando?—.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 chico de baja extracción social si sus ropas no mentían. acurrucado a medias como estaba. Observó a Leblanc La maldición de Malvert . —El revuelo causado entre los policías y el inspector se quebró en murmullos.Netsu 170 . sus manos enguantadas cruzaron los dedos bajo su barbilla cuando los codos se apoyaron sobre las respectivas rodillas. —¿Y me decía que todos tienen los cabellos así de claros y los ojos así de oscuros? —Leblanc asintió un poco incómodo. que contrastaron curiosamente con la aseveración hecha por la voz segura y plagada de un ligero acento. las facciones son… cuidadas. —El recién llegado frunció el ceño observando al inspector. y de nuevo su cuerpo no llevaba más heridas que los labios utilizados y los vestigios de sodomización que se harían evidentes si alguien se atreviera a bajar los pantalones y la ropa interior. Sí. —Pero herr Küng. Tardó dos minutos observando el rostro del muchacho y luego tomó el objeto luminoso por sí mismo para examinar la ropa. tiene razón. éste pareció pedirle primero permiso al inspector hasta que asintió. Yo diría que tiene entre quince o diecisiete recién cumplidos —dijo en voz baja y con expresión de circunstancia el hombre que llegaba tras Leblanc. Leblanc los observó fijamente en amonestación. eso va en contra de todas nuestras teorías. Sin embargo el hombre se impacientó y su mano forrada de cuero negro apretó la del policía que ya iba en su ayuda. —El aludido no se dejó intimidar. al parecer sin demasiadas relaciones personales y con una fisonomía que parece salida del rostro de una joven dama. Un carraspeo que otro resonó entre el grupo de policías y algunos se agitaron incómodos. El hombre hizo señas a uno de los policías que tenía linterna para que la acercara. aunque sus ojos se desviaron invariablemente hacia el compañero que había tenido el pequeño incidente con su zapato. —Está entre el patrón de este asesino en particular: de barrios pobres. —¿Lo han movido? —Todos los uniformados negaron con un gesto.

sin duda no pagado por la municipalidad que pedía su ayuda. pero Küng sólo observaba la punta de las botas de la víctima—. —Por la cara del hombre. incluyendo a Laurent. A la luz de la linterna sus ojos se quedaron prendidos de la mancha húmeda bajo el cuerpo. el hombre se dirigió hacia las escalerillas de entrada ignorándolos a todos. Era algo grande y espacioso. Miró a Küng y éste asintió levemente.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 por algún tiempo. e incluso en la oscuridad Leblanc se ruborizó notoriamente. Los policías murmuraron. el suizo permaneció donde estaba. —¿No se lo dije? Todos los cadáveres aparecen con distintos grados de humedad. no hablaba sólo de su belleza. En ese momento otro pequeño grupo de hombres apareció por entre la neblina.Netsu 171 . brevemente le explicaron que no era una buena idea merodear allí. —Es un chico bien alimentado. —Ante el comentario todos los demás presentes manifestaron su incomodidad. sin embargo el hombre no se movió un centímetro de su lugar. su fortuna le permitía mucho más que ese lujoso recinto y tener las comodidades que se le antojaran. Ya saben cómo son los suizos. al francés le pareció que de hecho esa información era relevante. lo cual era una ventaja porque no tenían un ojo sobre él. No pretendo parecer excéntrico. Sin embargo cuando Leblanc pareció esperarlo. Los franceses reaccionaron en último momento. sólo digo lo que veo. Pensamos que al menos una parte del… acto. ¿podemos llevarnos ya el cadáver? —Leblanc quiso pedir excusas por las formas impropias de sus hombres pero no dijo nada. mientras los policías cargaban con el cuerpo descuidadamente. mucho menos a esa hora. pero Leblanc sólo les dijo: —Solamente lleva tres meses aquí. mientras sus ojos violáceos parecían arder como hogueras gracias a la luz de la lamparilla. No. Cuando me refería a lo cuidado de sus facciones. esperó pacientemente. —Señor. La maldición de Malvert . 2 Max Küng llegó muy tarde a su cómodo apartamento. Se apresuró a remediar su descuido—. —¿Y esto? —Su voz sonó casi como un reclamo. incluso incomodando. se involucra con las catacumbas… muchas zonas se inundan y… —Catacumbas —repitió el hombre como pidiendo indicaciones.

mientras Max se La maldición de Malvert . Era un chico culto y de buena familia que había terminado por huir a lo que él consideraba era un paraíso. a lo que Max aceptó gustoso. Con el tiempo se dio cuenta de que Laurent había dejado de recibir ayuda familiar y aprovechó para invitarlo definitivamente a vivir con él. Max no pudo más que sonreír ante su expresión suave y dulce… o al menos eso le parecía a él. A veces temía dañar el delicado universo construido por el chico de cabellos dorados. Ya Max era solicitado en Londres debido a su agilidad mental para resolver ciertos casos.Netsu 172 . Odiaba tenerlo en esa especie de confinamiento pero sabiendo los antecedentes de esa cadena de crímenes prefería mantenerlo donde estaba. El chico había estado leyendo el periódico. El blanco de su atuendo le confirió un aspecto férico que sólo encantó más a Max. lo que hacía cada noche al llegar. A punto de ser convertido en mascota por uno de sus ex compañeros de la universidad. y una noche en que no soportó una de las visitas que hizo con Scotland Yard a una de las escenas del crimen de Jack el Destripador. y de su autoaprendizaje. No tardó en establecerse una amistad que cada día era más fuerte. ¿Y Laurent? En la cama. lo mismo que la suavidad de sus rasgos y su cabello sedoso y brillante. y debido a su extrema sensibilidad se hallaba más contento en vivir en su propio mundo creado de belleza y luminosidad. nadie pensaba mal de la relación entre ellos. Le fue presentado en una calurosa tarde después de un juego de cricket. Sin embargo ambos se llevaban muy bien. ante la luz del sol. envió un telegrama al chico que no tardó en reunirse con él. dormitando y recostado a medias sobre una montaña de cojines suaves. loco y perdido como se encontraba por el muchacho. Parecían compañeros de estudio y habían logrado una inmejorable comodidad doméstica al encargarse Laurent de las cosas de la casa. su acento le pareció encantador. casi blanco. Laurent contaba apenas con veinte años. calma en medio de esa atmósfera sucia y cruel en la que solía desenvolverse. El alojamiento olía levemente a comida y su estómago rugió al encontrar su cena servida y casi fría. Laurent le daba paz. vivir en Oxford… sin ser aceptado por la universidad. que en el basto y carente de alegría que era la vida real. Incluso se ofreció a quedarse un tiempo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Y saber dónde estaba él era lo primordial. crudeza y realidad. Max pensaba que el jovencito era demasiado inocente para la realidad que vivía. Y eso era Max. A pesar de los sonados escándalos de la época.

de sus ojos. Su mente ya conformaba los paisajes de verdes juncos en el agua y ambos en una barquita dejándose llevar por la corriente. Leería mientras Max movía los remos perezosamente. Lo primero que hizo fue sonreírle. pensando en la mejor manera de poseerlo por vez primera… Tal vez el hotel tuviera de esos lienzos que al cubrir las habitaciones de los vientos del desierto y proteger a los ocupantes de vistas indiscretas. más aún porque en medio de todo lo apasionaba. asentarse un tiempo en El Cairo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 adentraba cada día más en ese mundo oscuro que le hacía sufrir. El suizo soñaba a veces que ambos tomaban la ruta de otros compañeros de Colegio… Egipto. navegar en tardes estivales por el Nilo y luego… Alejandría. Y aún así. Ambos se quedaron dormidos en la semipenumbra. —Me quedé dormido… ¡Era tan joven! Max odiaría que Laurent tuviera que ver algo de lo que él hacía en sus días. entre los juncos del color de su cabello… Max se mordió el labio inferior frunciendo el ceño ¿Juncos? ¿Acaso la víctima no tenía algo que extrañamente colgaba de sus cabellos? Lo había visto. pero su atención se dirigió después a la importante información de las Catacumbas. Laurent pareció entenderlo y. tan parecido al de las víctimas. como siempre en aquellas noches de tribulación profunda. Lo único que lo aliviaba un poco era que Laurent tal vez estuviera un poco fuera del rango de edad de esos infortunados muchachos. le tomó la cabeza de cabellos oscuros y la apoyó sobre su vientre para aquietarle el corazón. pensando en el color su cabello. desafiaba su capacidad… Le gustaba a pesar de Londres. te enrollan sensualmente.Netsu 173 . el corazón le pesaba. Exploraría a Laurent en una superficie tan blanca como su suave piel… Podría también acercar su barquita a una orilla y allí. —¿Ya comiste? ¿Te caliento la cena? Max sintió un nudo en la garganta y negó con la cabeza. la piel delicada de Laurent necesitaría de una sombrilla. pero sabía que su esperanza era efímera. La maldición de Malvert . retaba su inteligencia. Como siempre. Se removió en la cama y Laurent abrió sus ojos del color del nácar atravesado por la luz.

Sí. —Küng miró de nuevo al inspector con su ceja de reproche. Max Küng pudo leer sus expresiones como en un libro abierto—. A pesar de saber lo que iban a despertar sus palabras. Los ocupantes de la sala se pusieron de un color blanco verdoso cuando sus ojos bajaron mucho más allá de las partes genitales. suspiró—. El chico sin La maldición de Malvert . —No creo que se haya dedicado a la prostitución. — Uno de los dos policías que estaba en la misma habitación torció el gesto—. me temo que va a tener que explicarlo. Tampoco estoy sugiriendo que fuera alguien de familia con elevada posición social. resignado. Se sintió cansado de repente. hay que quitarle la ropa. claro.Netsu 174 . —No he dicho que el joven no fuera pobre. Los tres estaban reunidos en la morgue viendo el cadáver recogido la noche anterior. Estos… muchachos parecen haber sido la víctima en un juego de sodomía. se aproximó y con movimientos mínimos y bajo la supervisión detallada de los demás hombres. —Ante el serio interrogante en los ojos de los demás. —Los jóvenes que hemos encontrado hasta ahora parecen haber muerto en medio. Y de nuevo. Tomando la situación en sus manos señaló al más joven de los policías y le hizo señas sobre ayudarlo en su labor. estupefactos y aún así renuentes a colaborar. el hombre respondió con sus ademanes nerviosos. —Max casi sonrió con ironía. Podría ser un rictus de satisfacción carnal. La estupefacción creció sin embargo. —Max miró de nuevo al Prefecto de Policía y al inspector Leblanc. pero miró la cara del chico. —Miró a los demás. —Los dos hombres mayores parecieron escandalizarse ante ese giro. cuando Max tomó las jóvenes piernas y las abrió. Max habló: —En ese caso. sólo digo que no había descuidado su alimentación como para ser de la clase social que ustedes creen.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 3 —¿Dice que el chico no era pobre? No entiendo. El uniformado. Tal vez a hombres jóvenes y con apariencia saludable les pagan mejor que a las mujeres. Lo malo era que desde que había llegado lo tenían al tope con preguntas y no había podido constatar su teoría de la noche anterior. Iba a abrir la boca cuando el prefecto agregó—: No con una mujer. desnudaron al chico. o después de haber… experimentado un crescendo de pasión. —Ambos hombres se relajaron—. Sólo digo que el chico no estaba pasando por penurias del tipo económico.

Son naturales. Luego de revisar unos minutos. —No nos ha dicho cómo supo lo de su situación económica. extremo uso. Llegaría tarde a almorzar con Laurent. Luego se dirigió a la cabeza y comenzó a escarbar entre los ya opacos cabellos. y dentro de la boca. Sin embargo Leblanc lo atajó. — Max miró su reloj de plata y lo cerró. todos se dieron la bendición. Anoche eran más visibles porque no había muerto mucho tiempo antes. El chico no tiene músculos La maldición de Malvert . como las personas más pobres de esta ciudad. limpio. en una postura rígida y abandonada por la vida.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 embargo. —Con eso consiguió el alivio general en la sala. si se fija en las uñas. en un acto cristiano. Max encontró un pequeño pedazo de junco. Lo sé porque cuando estuve en el caso Jack. y ésta —señaló una— anoche parecía tan roja y lozana como la suya o la mía. no ha hecho un trabajo lo suficientemente desafiante como para acusar esa capa negra de los trabajadores más resignados de la ciudad. —¿Ve estas ojeras bajo sus párpados? —Se acercó de nuevo al cadáver—. Odiaba sin embargo la visión de esos ojos cafés y las facciones delicadas. parecidos a los de los labios. El suizo se quedó pensando. la falta de manchas en la blanca pero percudida camisa era un indicio. el único indicio de violencia eran moretones en la lengua. como las de Laurent. —Se limpió los guantes en un trapo y tomó el mapa que más temprano le habían dado señalando algunos puntos. Además. muchas mujeres presentaban señales visibles en sus cuerpos. —Excepto Max. Ahora que se fijaba en las piernas y pies tampoco encontró incisiones u otras lesiones. Uno que requirió un contacto puramente carnal con un compañero masculino. y luego. Miró el cuello. Uno con mucho sedimento y casi muerto. Se calzó el sombrero e hizo un amago de despedida. Era cierto lo de las heridas: en la espalda del muchacho no había sangre. —No estaría tan seguro. saca a su víctima para que la encontremos y le demos santa sepultura. Pero si tuviera carencias alimenticias graves. —Dicen que no tiene ninguna herida y que siempre los encuentran cerca de conocidas entradas en las Catacumbas.Netsu 175 . se marcarían además las cuencas y tendría la conjuntiva de un rosa muy pálido. —Parece ser que es allí dónde ocurre el crimen. experimentó un «crescendo de pasión» —no pudo evitar un tono de burla extrema—. antes de morir.

no parece ser la excusa. Menos cuando hay un patrón. Lo llamó bajito mientras salía a la terraza. Dice que es literatura proscrita en Londres. Ni siquiera se atrevería a preguntar. está limpio. pero estaría preocupado como siempre que lo sabía en un caso. Por lo que podría provenir del campo. pero como sabe que soy melodramático me lo ha enviado de todas maneras. Al volver a la cocina encontró sobre la mesa una nota con la dispareja y apretada caligrafía del chico: Querido Max: Me han dicho que definitivamente el señor Wilde está en la ciudad. que en esos escasos tres meses su adorado rubio había llenado de plantas hasta tapar incluso los cristales divisorios. su camisa. Su pantalón. Parece que monta a caballo frecuentemente. sólo que ha cambiado de nombre. Yo también estoy preocupado. ¡Cuánto me encantaría encontrármelo! Su historia es tan triste.Netsu 176 . Que tengan buena tarde. pero no lo encontró. Max sabía que los otros cadáveres habían sido desechados ante el olor. Pero esta oferta es demasiado tentadora como para no La maldición de Malvert . Pero sobre todo. excepto en las piernas. —¿Campo? Eso también explicaría por qué después de publicado el dibujo en los diarios. si fuera mujer lloraría sobre sus libros. el querido Charles me ha enviado uno de sus ejemplares. Sin embargo no estaba allí. Laurent seguramente no le diría nada. su piel. Un desperdicio. nadie se presentara a reclamarlo. Se despojó de la chaqueta mientras caminaba hacia el estudio. Además. —Señores… —Volvió a calzarse bien el sombrero—. aunque no son de los caros. Max subió los escalones de dos en dos. Apoplejía en alguien tan joven y sano. si mira la forma de sus muslos y la curvatura en las rodillas. incluso sus tirantas no son de mala calidad.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 desarrollados. Con todos los jóvenes es igual. Abrió la puerta del inmenso altillo dónde vivían y esperó encontrarlo sentado aún ante la mesa. No quería salir para no llevarte la contraría. Debemos enfocarnos en la causa de la muerte. 4 Media hora tarde. y sus botines no están muy gastados.

y si se quedaba haría un cráter en el piso. —Maximillien… Estás en casa. Al final y después de unos minutos. Abrió la puerta. Su frente estaba perlada de sudor y pasaba su pañuelo alrededor de su cuello. con el gentío del puerto seguramente no encontraría a Laurent. Laurent. —El joven se abrió paso hasta el salón principal sin soltar la mano de su compañero de aventura—. no lo perdí de vista. Un hombre horrible lo asediaba. incluso hasta que se alejó del puerto hacia el puente y se perdió en la oscuridad. Max no sabía si llamarle la atención o abrazarlo. Sólo iré y volveré. Henri. Y luego… encontré a este pobre chico. no dejes tu almuerzo a un lado. — Laurent tomó un sorbo y esperó por los efectos de la bebida—. Te conozco y a esta hora ya debes estar dando vueltas por el salón. Tuyo. encontró a Laurent. Amablemente lo hizo acomodarse entre los cojines del mullido sofá y de paso dejar su tosco baúl a un lado. ¡Y apenas estaba pisando puerto! —Eso atrapó la atención del suizo. sino que el apetito se le había ido totalmente. Max no sólo estaba dando vueltas. pero aún es de día. pálido y aún agitado. Despojándose de nuevo de sus prendas de calle. prometo estar fuera sólo un par de horas. Fue en ese momento que se percató de que el joven no estaba solo. un chico rubio y de oscurísimos ojos azules parecía replicar el estado de ánimo de su amante. claro. —Me dio una sensación horrible ese hombre. Su preocupación aumentó.Netsu 177 . Me envió la carta pero no había nada. con sus La maldición de Malvert . Fue como si me estuviera estudiando. Ve a la estufa y haz lo que no hiciste anoche. así de simple. Por favor. creo que hasta lo sentí respirar en mi oreja. Buscó entre las cartas. junto a él. sirvió una copa de Jerez para Laurent y otra para el chico que aún no sabía si sentarse o no. Yo. Tenía sus lindos ojos muy abiertos. me sonrió entre la multitud. El chico lo conocía bien. Estuve horas buscando. decidió calzarse de nuevo el sombrero y salir del altillo. porque cuando me volteé para amenazarlo. al menos a la esquina. facturas y papeles y no halló nada de parte de Charles.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 ir a La Tournelle. asomado entre las plantas de la terraza. con una expresión del más puro espanto. y ahí afuera. Sí se iba. Fue una sorpresa cuando lo descubrí de nuevo cerca de Henri. Charles es un tonto.

sin brillo. La educada y suave voz de Laurent intervino. soltando la mano de Henri y tocando conciliadoramente su antebrazo apenas La maldición de Malvert . sus dedos temblando. como lo sentí en el puerto. no había forma de proteger al otro chico. —¿Trabajar? —Los oscurísimos ojos azules lo observaron con una mezcla de temor y desconfianza. Sus ojos eran negros. «Y lo trajiste directamente hasta aquí». Laurent? —El joven negó con la cabeza. —Insistía en que me fuera con él. alojamiento. muy. Miró al chico sentado a su lado. Una carta. Aunque era menos atractivo que el desafortunado de la noche anterior. esa risa horrible atrás de mí. París… —El entusiasmo que aparentemente lo acompañaba cuando no estaba aterrado. los labios aún estaban pálidos. para él ya era una víctima segura. Bien.Netsu 178 . muy oscuros. para mi madre. —¿Pudo verle la cara? —El jovencito asintió. Un frío se asentó en su estómago. y pálido como… como… los muertos. pero nunca me imaginé que algo así pasaría. Me he enterado por los periódicos de esos muchachos. lo único que quedaba era dar aviso a la sûreté y cuidar de Laurent. —Los lindos ojos oscuros se cerraron—. —Señaló a Laurent—. aquí. excepto tal vez por los ojos. —Sólo lo sentí. Para Max era obvio que calzaba en el patrón. su pelo enmarañado bajo ese sombrero… No pude evitar recordar el dibujo con la horrible noticia del diario de la mañana. Incluso me ofreció dinero… comida. afloró haciendo que la belleza de sus facciones explotara definitivamente. —Yo sólo vine a trabajar aquí. —Recibí una propuesta. Cuando nos bajamos del coche seguimos percibiéndolo. —¿Los seguía? ¿Lo viste. Y pronto nos dimos cuenta de que nos seguía. Pensé poder quedarme en casa de una tía y ver un poco de mundo. La réplica del temblor de los dos jóvenes se sintió por la columna de Max.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 dientes casi verdes. dijo que no tendría que trabajar. ya sabe cómo es eso. y sólo cuando entramos al edificio la sensación desapareció. —Y viene desde… —El jovencito volvió a mirarlo fijamente con esa mueca. —Eso captó la atención de Max. Tuve miedo y luego me encontré con el señor.

seguro podrían ponerlo de carnada. —Max meditó largamente esa nueva información. Tampoco le sugiero estar en la calle en horas cercanas al atardecer. Podía serle útil para algo. al menos una granja muy cerca. su estómago vibró sutilmente al pensar en posibilidades a las que no se atrevió a dar vuelo más allá de la naturaleza onírica de su relación con su amado. el ancho de su frente lo indicaba así. Laurent sonrió suavemente como asegurando que todo estaría bien. pero la aparición de ese nuevo chico. Como hombre que apreciaba las cosas buenas de la vida. Entonces el suizo se decidió: —Si tomamos un coche. Sus ojos se fijaron levemente en su compañero y él asintió sutilmente. Una nueva sonrisa y Henri no agregó nada más que un La maldición de Malvert . —El chico pareció recibir muy mal aquella información. tan en boga en la época. mientras Max. —Maximillien está en ese horrible caso. cambiaba sus opciones. Laurent parecía resolverlo todo con sólo hablar. pensó mientras rápidamente cuadraba un itinerario en su cabeza. —Vengo de Carnac. lo presentía. Henri. Sí. Max terminó su bebida rápidamente y evaluó las posibilidades. Con esa información y la fisonomía del chico. sería una buena idea partir desde ya. Era un poco perezoso y sobre todo. No deje que le afecte. Su plan desde que le entregaran el mapa. —«Al diablo con la ronda». De nuevo Laurent intervino: —Estoy sometido a la misma rutina. —Si aún piensa quedarse con su tía. Trabaja con la policía. la forma de sus labios delataba a alguien complaciente. había sido recorrer los puntos señalados en rojo. Max era fanático de las teorías de fisonomía frenológicas de Franz Gall. con ese peculiar gesto suyo de forzar el índice contra su mejilla observaba a la particular pareja de rubios sobre su cómodo sofá. No queremos que llegue la noche antes de que usted esté completamente instalado.Netsu 179 . siempre con su sonrisa y su mirada serena. podré estar de vuelta antes de la noche cerrada. Su cara se tiñó de rojo y miró a Laurent sin saber qué decir. Se calzó de nuevo su sombrero y el joven provinciano se dio por aludido lo suficiente como para apurar su bebida y coger su destartalada maleta.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 cubierto con una camisa de días. No era muy inteligente. —Y ahí estaba. — Que el comentario no fuera bien recibido por parte del suizo sólo tardó dos segundos.

No sabía por qué. el paisaje compuesto de casas y avenidas iba cambiando ante los ojos de los dos hombres. —Quiero que cierres muy bien. Laurent los acompañó a los dos hasta la puerta. en Saint Marcel. le empezaba a importar un comino lo que la gente pensara. Laurent no se lo perdonaría y definitivamente se metería en problemas con el cuerpo de policía. y en cada rellano. ni siquiera quería ir. los pulmones parecieron ensancharse. con premura detuvo el taxi que necesitaba y ayudó a Henri a subir. no fuera una jugarreta del destino. quien hacía lo mismo desde su paraíso verde y floreciente. que sólo sonrió y lo miró con esa expresión de ensoñación que muy pocas veces le veía últimamente.Netsu 180 . Cuando el sol de octubre bañó su rostro con algo de calidez. su ceño se frunció en preocupación cuando se dio cuenta de la cercanía que el río tenía a la residencia de Henri. llegados a ese punto y con el corazón pesado. tal vez mucho La maldición de Malvert . Por supuesto. Y sin embargo. Henri los observaba con la boca abierta. pero Max no le dio importancia. pero además de aquella evidencia del junco entre los cabellos de la última víctima. puedes ponerlo. los sagaces ojos de Max Hünt perforaban en busca de algo sospechoso.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 saludo con la cabeza. pero sí algo le pasaba a ese jovencito. Sus labios se apretaron mientras el muchacho agitaba su mano en señal de despedida hacia Laurent. él no se lo perdonaría. —Sus mejillas se tiñeron de rojo cuando rápidamente besó los labios cálidos y suaves de Laurent. era lo que era. No le abras a nadie. No tenían nada en común más que un rato fortuito que Max esperaba. —Voy a buscar un taxi ligero. Los pasos sonaron con un estrépito que se le antojó inusual para las escaleras del antiguo pero elegante edificio. que mantenían sus ojos en las casas y edificios que iban pasando. una zona recientemente anexada al Distrito 13 y que se desarrollaba gracias a las nuevas fábricas y a la clase obrera que allí residía. No era un recorrido muy largo si se iba en línea recta. esquina o rincón. Tengo un candado en mi escritorio. —¿Vas a tardar? —Max quiso decir que no. Se concentró en el camino. pero eso era imposible. una corazonada punzante le decía que el río tenía que ver con la serie de crímenes.

Los rayos del sol se ocultaban. y plumillas entintadas manchando pergaminos. —… sólo estuve aquí una vez.Netsu 181 . con materas destartaladas en las ventanas y persianas no mucho más nuevas. La maldición de Malvert . era su favorito. ni se fijó en la voluptuosa dama que estiraba las mejillas del muchacho que proclamaba. —¡Oh mi querido monsieur! Le aseguro que es del mejor. no tenía un buen presentimiento y el que Max no estuviese ahí no ayudaba a tranquilizarlo. y en poco tiempo la señora en cuestión salió a abrazar al recién llegado. 5 La tarde caía lentamente sobre el cielo rosa y casi frío de París. bajo un estricto control policial. Por fin llegaron y Henri procedió a tomar el camino hacia la calle de casas apretadas y edificios surcados por lozas dispuestas horizontalmente. Llegaron a un edificio de no más de cinco pisos. el reloj de pared sólo hacía que su angustia aumentase. Laurent había estado releyendo una de las obras de Oscar Wilde. Sus ojos se levantaron de nuevo para mirar a través de sus plantas cómo las luces se iban encendiendo una a una.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 más que las Catacumbas… Max no quería ni pensar en que justamente la plaza Denfert-Rochereau quedaba casi en el mismo Arrodissement… la principal entrada conocida a ese mundo de túneles y podredumbre construido siglos atrás por los romanos. —Max sonrió por inercia y mirando hacia la calle aún poblada por el resquicio de la puerta que se cerraba. y habitado por huesos desde centurias más recientes. y otra muy diferente ponerlo prácticamente en el escenario donde sus conjeturas se juntaban. Una cosa era que el chico sirviera de carnada para un asesino. el dueño de la fábrica cercana me lo trae frecuentemente. y era muy pequeño… —Max apenas lo escuchaba. sano y salvo. y nada recompensaría el que me haya traído a este jovencito hasta mi puerta. precisamente en ese momento estaba sumergido en lo más profundo de la trama de venenos tras abanicos de plumas. Max pensó brevemente en Laurent mientras aceptaba la invitación a un chocolate caliente. en su mente se estaba formando la idea de enviar una nota urgente a Leblanc. poniéndolo todo naranja gracias a la época del año.

Tenía miedo. justo cuando se suponía que debía latir más fuertemente. Las lamparillas del corredor se encendieron dejando pasar la luz por las rendijas de la puerta.Netsu 182 . sus ojos recorriendo el sonido a través de la maciza hoja ¿Qué demonios?—. el sonido dejó de escucharse. Lo siguiente que Laurent escuchó fue el sonido de algo líquido que parecía caer en un chorro constante pero delgado desde cierta altura. Sus ojos se quedaron fijos en la arrugada prenda bajo la puerta. pero la atmósfera tras su puerta se hizo densa y oscura. a través de su ventana. pero para cuando su boca se abrió. intentando que sus dedos no cruzaran el leve umbral. Laurent pudo escuchar la ronca voz de madame Gachot cantando mientras iluminaba los pasillos. deteniéndolo entre dos ritmos. prácticamente saltar en su cómoda silla. de alguien que está siendo llevado a las tierras de Pánico. El rubio caminó hacia atrás. el del latido desbocado por la excitación. y en alguna parte del pasillo un cristal se rompió. Laurent quiso gritar. casi no sentía su corazón. pidiéndole que le abriera la puerta. Sin embargo. ¿Quién es? —repitió con sus ojos agrandados por el miedo que en ese momento se enganchó a su corazón. los golpes fuertes de antes dieron paso a un insistente arañar en la puerta. las plantas se removieron. ya estaría acompañando los golpes con sus palabras tranquilas y llenas de acento. y con ella todo el temor lo iba abandonando La maldición de Malvert . como si el viento puro y fresco las agitase un poco para que despertaran de un sopor oscuro. su pregunta no fue respondida. en el corredor de abajo. esta vez con menos intensidad.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Escuchó unos golpes muy fuertes en la puerta que lo hicieron. había estado esforzando los ojos en la luz mortecina que se filtraba por los ventanales. —¿Sí? ¿Qué desea? —Si hubiese sido Max. Laurent estuvo tentado a descorrer los cerrojos. la sensación pasó. De nuevo. Tan pronto lo hizo. La oscuridad afuera desaparecía rápidamente gracias al alumbrado. superficiales. Lentamente se sentó en el suelo observándola. Su mente sólo alcanzó a reaccionar a tiempo para tomar su chaqueta y meterla bajo la puerta. Cuando se levantó para abrir se dio cuenta de que todo el recinto estaba sumergido en las sombras. las plantas más allá de las puertas de cristal temblaron hasta casi perder del todo sus hojas. Los golpes se repitieron y su voz apenas se escuchó a través de la puerta. pero de golpes leves.

acechando y deseándolo. Una alucinación traída de los cabellos. por eso había dejado el opio y la cocaína. le pesaba en el corazón la duda sobre haberse equivocado con respecto al victimario. el detective era la clase de hombre interesante que combinaba una fortaleza aterradora con la tristeza de la turbulencia constante. y una tontería. Para Henri. porque a pesar de su inmunda sonrisa y su apariencia desaliñada. esas costumbres sociales de su pequeño grupo de elite en Oxfordshire no parecían importantes. donde algunos ya habían empezado a hacer ruidos instrumentales. sus ojos sin embargo se desviaban constantemente hacia el detective Küng. Y ellos.Netsu 183 . claro. Además. Sin embargo. no había sentido tanto miedo como momentos antes. no habían llegado con las manos vacías. esas características solo se sumaban a la belleza La maldición de Malvert . una angustia parecida a la que soportaba después de beber el dulce y verdoso ajenjo. porque prefirió dejar su chaqueta justo en el lugar donde con tanto desespero la había embutido. respirando con ese resquicio de opresión que atenaza el pecho cuando los pulmones se expanden en alivio. que poco tenía que ver con las víctimas de ojos oscuros y cabellos claros. de chistes y alabanzas. pero tenía que estudiar el asunto. que no parecía sentirse cómodo en esa reunión de gente. Encendió una a una las lamparillas del recinto y se fue a la cama. ¿Podría ese vagabundo ser el asesino? Se estaba volviendo loco. 6 Henri se sentía en el séptimo cielo. victima del odioso asesino que acechaba en París. En ese momento se hallaba siendo el centro de múltiples atenciones y ofrecimientos.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 como si se escurriera de su cabeza a sus pies. Odiaba ver el dibujo del muchacho. Pero la locura de esa tarde era muy cercana a las alucinaciones que había sentido en aquellas épocas. perdió la conciencia sin siquiera mirar de nuevo el diario. un físico envidiable incluso para alguien acostumbrado a trabajar en el campo. Había sido una locura. algún resquicio de tontería le quedaba. Después de conocer a Max. En el camino tomó el periódico de la mañana. Lo que había estado tras su puerta había sido muerte y terror juntos. Sus ojos se cerraron de agotamiento. Su tía no sólo le había preparado la mejor habitación de la casa. estrujar su cerebro hasta darse cuenta de que él no era parte del perfil. sino que había ido invitando a los vecinos para que fueran a conocerlo.

eso de las atenciones y la preocupación hacia su persona le gustaba más y más—. —Es hora de irme. el chico más guapo de París. después de haber estado justo debajo del farol frente a la casa. así que al final tuvo que conformarse con ser acompañado a buscar un coche. Esas palabras las había dicho maquinalmente. escuchaba la mitad de lo que le decían. Sin embargo los sentidos de suizo pronto se despertaron al escuchar el sollozo de pánico de Henri. la señora de la casa tenía un oído muy fino e intentó convidarlo a algo de vino. vendrá mañana? —Max frunció el ceño levemente. por los hombres de medio vecindario. Max por supuesto. comer. Henri aprovechó para tomar asiento a su lado. o simplemente tomar una copa. hasta perderse en una oscura y estrecha La maldición de Malvert . El joven dejó escapar un leve suspiro. —¿Y usted. pero no fue necesario. y se dirigió hacia el hombre. Sus labios se abrieron sin saber qué decir. Max cruzó la calle con rapidez escoltado por los instintivos hombres que lo siguieron. La respetable dama volvió a prodigarle sus bendiciones y agradecimientos. —Sin embargo. que señalaba a la fugaz figura que ya huía rauda. Se sentía extenuado. pero Max estaba preocupado. es mejor no salir después de anochecer. —Henri sonrió aún más. porque hacía horas estaba esperando que el chico se acercara lo suficiente como para repetirle las advertencias en voz baja. Tenía en la mano un jarro de espumosa cerveza y se sentía dueño del mundo. Su cara era toda una sonrisa. donde la hija del panadero le mostraba sus espesas pestañas. y le abrió la puerta de la calle. y tal vez. Henri a su lado era todo sonrisas. el ser más afortunado de la tierra. Dejó su silla. así que casi no entendía lo que le decían. En su cabeza sólo estaba Laurent. Como ya le dije.Netsu 184 . por más que… sus… ¿Amigos? Le insistan.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 de su rostro y a sus costosas ropas para hacer de él un paquete completo. y lo llevó hasta la misma puerta con una reiterada invitación a almorzar. —Mañana enviaré agentes de policía para que tomen su declaración sobre lo sucedido en La Tournelle. observando como el imponente hombre se subía el cuello del abrigo y se acomodaba de nuevo los guantes para sujetar con fuerza su bastón. Küng lo miró y sus ojos mostraron cierto alivio.

después de haber desabrochado una porción de su ropa interior… Laurent quería más. Siguió sonriendo al sentir que más botones de su camisa saltaban suavemente. para estirarse como un felino mientras aquellas placenteras cosquillas recorrían su ombligo. haciendo que estos se pusiesen encantadoramente rosas y se elevaran hacia el techo. en total entrega. Ahora recorrían su estómago. Había esperado mucho por eso. Siempre había adorado ese par de guantes oscuros. que olían a cuero y eran tan propios de su amante. cuando los chicos de las regatas no estaban practicando y el salvaje bosque era sólo de los amantes. Las manos suaves fueron rodando los pantalones y la ropa interior a un tiempo. Laurent siempre había soñado con dulces encuentros a la rivera de un río. el suave lino recorriendo su piel caliente y tersa. —Me tenías preocupado. mientras los bordes de la tela rozaban sensualmente contra sus pectorales. No pudo evitar un pequeño grito cuando esas manos cubiertas de cuero recorrieron con suavidad sus pálidos pezones. Sin embargo. Sus tobillos fueron tomados prontamente. su cuerpo desnudo lucía con pretensión sobre la colcha borgoña.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 callejuela que en línea casi recta.Netsu 185 . ese olor masculino que tanto adoraba. pero había valido la pena: las suaves puntas de los dedos de Max por fin se arriesgaban sobre su piel. El suave vello de sus piernas se enredó una y otra vez con esas manos. siempre esas manos. una risilla encantada corroboraba la apreciación de Laurent con respecto a los afanes de su amante. La pechera era lentamente apartada. y el apasionamiento que demostraba después de tantos años de vivir juntos con nada más que fugaces besos. Los dedos siguieron suavemente hasta su cuello y allí frotaron lentamente el pulso acelerado y caliente de la sangre en su arteria y su vena. conducía al río. Las piernas del rubio se relajaron y permitió que los botones de su bragueta fueran desabrochados lentamente. —Sonrió alzando los brazos. pero Laurent no necesitaba de mayores ruegos para abrir sus piernas. 7 En sueños Laurent sonrió. Un roce que le encantó no le permitió abrir los ojos al primer halón. al segundo los ojos de nácar divisaron por entre las pestañas una sombra La maldición de Malvert .

la sombra se fusionó con la oscuridad. la fuerza sobrehumana con que sus tobillos eran tomados desgarraba sus músculos.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 repujada sobre la sombra de la habitación. Después de eso. Laurent fue conducido dos pisos más abajo. las luces volvieron a iluminar cálidas y suaves. Tras las vidrieras de la terraza. tenía una cara que por sí misma producía terror y dolor. Laurent gritó de nuevo en desesperación y zafó un pie para patear a la nada. un coro de gatos aullaba con insistencia. las manos enfundadas en cuero tomaban con fuerza sus tobillos para empezar a sacarlo a las malas de la cama. pero sus manos temblorosas fueron capaces de abrir los cerrojos de la puerta dando paso a la anciana dama que no daba crédito a sus ojos. Perdido. pero lo más importante era aferrarse a la cabecera. Afuera. y Laurent aprovechó la potencia de su último impulso para acomodar su camisa y salir al salón. ya no puedes huir de mí. venga conmigo. la señora Gachot golpeó al otro lado de la puerta de entrada. varios gatos de todos los colores se acomodaron en diferentes grados de proximidad maullando con desconfianza y en un tono más suave mientras sus ojos. al otro lado de la ventana. está aterrorizado. No supo cómo. que parecían iluminados desde adentro por una luz sobrenatural. sus ojos no podían ver más que algo luminoso donde se suponía estaba el rostro de la sombra. —¿Está todo bien ahí dentro? ¿Herr Küng? ¿Señorito Daguer? — La puerta crujió como quien trata de forzarla con una llave y algo de fuerza. además de esa voz helada que parecía actuar directamente sobre su cerebro y sus sentidos. observaban la estancia desde su lugar. El rubio gritó como en una pesadilla.» Laurent gritó más fuerte. y sus manos empezaron a aflojar el agarre cuando en lugar de un movimiento constante. Nunca había visto así al rubio. su cuerpo era vulnerable sin sus ropas. Era casi lo único que podía oír. un lamento agudo salió de sus labios y cuando los dedos siguientes perdían su fuerza. pero no podía soltarse: si salía del cómodo colchón estaría perdido. «Al fin te he encontrado. Su dedo meñique crujió tan dolorosamente como la cama y el colchón. —¿Qué le ha pasado? ¡Pobre muchacho! ¿Herr Küng no está? ¡Ese trabajo que tiene es tan peligroso! Pero usted no puede quedarse aquí. éste se partió en poderosos halonazos que lo estaban haciendo perder la fuerza. maltrataba la fina piel de sus manos. venga. medio desnudo como La maldición de Malvert .Netsu 186 .

al cerrarla con todas su fuerzas y caminó por el pasillo. mientras ella preparaba un poco de té. —¿Qué es esto. pero la mano arrugada lo sostuvo con suficiente fuerza de la chaqueta—. algo que no pareció molestar a la venerable anciana. lo ha estado esperando desde el anochecer.Netsu 187 . también bastante maltratada. Tenía la cabeza hacia la ventana. por supuesto. No esta noche… ¿Podríamos ir a un hotel? No soporto estar en este edificio. cubierto con una cobija gruesa y roja. Cuando terminó de bajar las escaleras al siguiente piso. pero creo que alguien entró a su habitación… ¡Pobre muchacho! ¡Está tan…! Pero Max ya había entrado a la vivienda y desde la puerta observaba a Laurent. El joven Daguer está conmigo. el colchón a medias arrancado de la cama y parte de la ropa que el chico tenía. Estaba furioso. No me ha dicho nada. casi se lleva a la señora Gachot por delante. sus piernas desnudas saliendo por entre los flecos amarillos. Se sentó en la sala. cómo más gatos se aglomeraban ante la vidriera. Laurent observaba con temor.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 se hallaba. cansado y preocupado. Mecánicamente Max dio media vuelta hacia la puerta de salida. Max lo miró unos segundos. ¿Qué sucedió? Arriba… —No quiero volver ahí. a través de la ventana. Ahora entraba a su residencia y no encontraba a su pequeño amante. pero adivinaba que sus ojos escrutaban con insistencia la oscuridad. regada en el suelo. Max casi se la lleva por delante. para terminar con cruzar el sur de París para ir a una «reunión» y terminar persiguiendo a una sombra hasta le rivera del Sena y no hallar nada. —De nuevo. la tiró. Lo ayudó a levantarse y cuando el muchacho empezó a caminar con piernas La maldición de Malvert . En la mañana había tenido que ir a la morgue. sólo su chaqueta arrugada y húmeda. pero en ese momento su compañero era prioridad. luego había extraviado a Laurent un rato (mientras tanto. —…Rr Küng… herr… —Y él la miró. 8 Max estaba cansado. dándole a entender que la estaba escuchando—. se moría de preocupación). Había sido un día más que agotador. Podría hablar con la señora Gachot. Ahora sólo parecían ronronear. Laurent? —Se arrodilló a los pies y el joven clavó en él sus pupilas contraídas—. trozada casi bajo la puerta principal.

pero no le encontraba explicación a lo sucedido esa tarde. algo malo habría pasado… lo sentía… o tal vez él sabría que por fin se estaba volviendo loco. Esbozó la mejor sonrisa que tenía para ese momento y asintió. Max le agradeció a la dama. Sus cabellos aún erizados eran peinados casi con rabia. No quería volver al punto que fue su refugio por tres meses. Vamos. Ella sólo cerró los ojos un momento en reconocimiento. —Tal vez quiera venir mañana a tomar el té conmigo. Lo había estado pensando por horas. Alrededor de sus pies no había ninguna clase de bicho y La maldición de Malvert . Se sorprendió. No hacían mucho ruido: unos daban vueltas por el pequeño espacio. no sabía si irse o quedarse… Lo mejor sería volver a la mansión familiar… Ese chico. De acuerdo. Volver al oeste parecía una buena opción… quería hablar con su padre sobre su madre y… —¡Ouch! —Miró hacia el suelo. —Laurent observó las escaleras y se metió aun más entre las cobijas. Necesitas vestirte… empacar tus maletas… ¿Qué sé yo? Deberíamos hablar en este momento. Tenemos que buscar alojamiento. Los gatos aún maullaban. otros miraban con fijación hacia un punto específico arriba y algunos más parecían analizarlo. Henri le había recordado su procedencia. sé que no estás bien. Laurent se sentía triste. —No voy a subir. En ese momento Max estaba preparando una pequeña bolsa para ambos. Algo lo había punzado a la altura del tobillo. Maximillien. Habían estado al otro lado del ventanal de la venerable dama hasta que la noche se cerró definitivamente. —No seas caprichoso Laurent.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 inestables. sólo serán unos minutos. Estaba en el pequeño tocador tratando de no parecer tan enloquecido como se veía. Si la señora Gachot no lo hubiera llamado. Nunca nadie usaba su nombre de pila. —La expresión de pánico del rubio lo decía todo—. sólo Laurent. procuraba mirar tras él al menor ruido.Netsu 188 . 9 Laurent no quería ni mirar hacia la cama. Apenas vestido. Había suficiente sangre enferma en su familia como para ser el único que se salvara de una maldición que llevaba con ellos por siglos.

Necesitaba saber que Laurent estaba bien para poder pensar con claridad. dentro de cada profundo surco. un pequeño hilo de sangre salió de uno de sus pies.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 tenía miedo hasta de agacharse a mirar bajo el aparador. Para cuando llegaron y Laurent fue internado. Las evidencias que había encontrado no aclaraban nada. —No quiero quedarme solo. Su mente suspicaz por segundos estuvo a punto de ligar una cosa con la otra. perdería tiempo y se derrumbaría. el patrón en el cuál encajaba Laurent. y casi cargándolo al tiempo que a las maletas. pero sí lo hacía. queriendo escapar hacia la habitación donde estaba Max. pero si uno dejaba volar la imaginación… podía adentrarse en terrenos ideales. Las heridas le causaban repulsión. extrañado. —Yo voy a estar ahí contigo… no me voy a alejar. —Vamos al hospital.Netsu 189 . parecía demasiado real como para pensar en cosas extrañas como las que le estaban sucediendo a Laurent. el que había sido pinchado. una delgada línea negra parecía infectar la carne. —Max quiso abrazarlo. y con un trozo de una camisa le vendó al azar las heridas que no dejaban de sangrar. Y el asesino. se dio cuenta de que en sus pantorrillas y tobillos empezaron a aparecer ardientes marcas sanguinolentas que empezaban a abrirse y manchar el suelo. Lo vistió con rapidez. que estaba cebándose en la población de jóvenes y preciosos chicos provincianos. Dio vueltas mirando hacia todos lados. 10 Küng podía pensar muchas cosas acerca del caso que estaba resolviendo. su ida al puerto La maldición de Malvert . Laurent gritó. los maullidos que se escuchaban lejanos empezaron a ser insistentes. Cuando miró la sangre. Eso no estaba antes allí. Max lo sentó en la cama que ya había sido acomodada. tirándolo todo de su lugar. ya había perdido la conciencia. bajó los cinco pisos para buscar un taxi que los llevara pronto al hospital más cercano. En un segundo estaba en brazos del suizo. que miraba la sangre que fluía más y más. Afuera.

porque limpiando sus heridas. no lo resistió más y salió de la habitación con la bilis en el paladar. Excepto él. asquerosa.Netsu 190 . No sabían para cuando despertaría y que lo que habían encontrado en las heridas era una clase de larva acuática muy desarrollada. el mayor. Que el chico estaba inconsciente sin ayuda de medicamentos. El doctor le dijo que habían tenido que suturar algunos de lo que parecían ser rasguños. su huida. el hombre que lo había aterrado. Por un lado Küng parecía haberse esfumado de un momento a otro (lo que no impedía que sus notas dejaran de llegar). Ya estaban muertas. hay que encontrar uno o dos y examinarlos. Era una tarea por decir lo menos. Era algo desquiciado. Küng había sido específico: «Aún si están en tumbas comunes. Y allí se dirigía en ese momento. ¡Bien! Para Max era hora de hablar con madame Gachot y tener una versión real de lo que estaba sucediendo. 11 Leblanc se estaba desesperando. habían sacado rastros de juncos y hasta un trozo de lo que parecía ser una uña. Laurent no había despertado. Y por su parte. incontables más. y luego el ataque… No quería sacar conclusiones hasta no hablar con la señora Gachot.» Y bueno. tenía a diez de sus mejores hombres destinados a seguir a un chico a todos lados. y su esposa lo tenía verde porque. Había enviado a uno de los policías a hablar con Leblanc para proteger a Henri. debían celebrar el cercano Samhain y conseguir nabos que los chicos perforarían y llenarían de luces para luego plantar en el jardín. que debía buscar nabos en el mercado central y visitar de nuevo la morgue e indagar sobre el paradero de cadáveres ya examinados. pero llevaban haciéndolo desde que había nacido Pierre. Cuando una fibra larga y negra salió del fondo de una de las heridas más enconadas. Lo que era una suerte. ya que era La maldición de Malvert . Leblanc ya tenía la ubicación de un par y ahora tendría que pelear con el sepulturero para sacar a ese par de los hoyos donde.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 después de una carta misteriosa de Charles. Algo que Künt debería estar haciendo. según su sangre irlandesa. la sombra extraña en el frente de la casa de Henri. les hacían compañía. Los chicos se divertían y todos ganaban.

La maldición de Malvert . Se estaba bajando del coche.Netsu 191 . Claramente uno acechaba y elegía a las víctimas. él tenía que ir por sus malditas verduras. Cuando encendía las luces sintió golpes dentro y fuera del apartamento del quinto piso. No sabía mucho más. Al subir. estaba vigilante porque aún debía hacer el reclamo de la alfombra. Así que la mujer subió tan rápido como sus ancianas piernas le permitieron y encontró al joven Daguer en ese estado lamentable.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 su pista. No él. Sabía que Max no había llegado aún porque ella había estado alimentando a los gatos en su terraza y tenía un dominio total de la calle. porque tenía planeado hablar directamente con Herr Küng. lo más cerca que podían de Laurent. 12 Lo que la señora Gachot le había dicho no lo dejaba en la mejor posición para pensar con claridad. El joven en cuestión lo había identificado justo después de que la policía lo encontrara acechándolo tras una verja. Mientras se dirigía al hospital pensaba sin embargo en la hora del ataque. El día anterior la dama había tenido que subir dos veces a su piso. escucho ruidos aterradores y a Laurent gritando. el asesino no actuaba solo. excepto que sus gatos ya estaban en la terraza de arriba para cuando ella pudo entrar al apartamento. cuando uno de los policías lo alcanzó con una nota: Leblanc había atrapado al sospechoso. Debido a sus nuevas conclusiones. No dijo nada. en punto de las siete. Si una cosa tenía relación con la otra. En punto sobre las siete. sólo su mente de investigador le obligaba a no desechar el dato. encendió como siempre la lamparilla y luego vio la alfombra del corredor arruinada por una espesa mancha de agua. Eso último no tenía ninguna clase de sentido para Max. La misma hora en que alguien había estado acechando a Henri. Max esperaba que el hombre no hubiese desechado el pedido de los cadáveres. Luego. mientras que el otro cometía el hecho. Los felinos habían venido bajando a intervalos y ronroneaban a través del vidrio.

Netsu 192 . Parecía no recordar nada de lo sucedido y sonreía con todos sus hermosos y blancos dientes. ésta tomó a Max del brazo. Ante tal muestra de energía. desapareció casi al instante. el acechador había recibido tal golpiza de parte de los policías que no recobraba la conciencia. puede hacerme compañía. el hombre los había amenazado con su pala. Cuando al fin arribaron al edificio. No dijo nada. Max se sintió feliz. seguidos muy de cerca por un anciano La maldición de Malvert . madame Gachot les salió al encuentro. Laurent no se opuso.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 13 Laurent había despertado a media tarde. uno persa y muy blanco. ni siquiera ante la mención de una posible recompensa. El sepulturero no había querido cooperar. La augusta dama no dijo nada más y volvió al interior de su residencia. El hambre después de no haber comido en casi dos días. Al final su grupo de cinco policías y él habían salido casi corriendo. con Laurent haciendo una lista verbal de las delicias que estaba dispuesto a cocinar para su adorado Maximillien. ronroneando caprichosamente. aún después de horas. con toda la velocidad que sus lastimeros pasos le permitían. Estaba más cariñoso que nunca y Max temió más de una vez que delatara la verdadera naturaleza de su relación. Cuando había intentado forzarlo. avíseme. pero su expresión fue de desaprobación. Se levantó forzando sus heridas un poco. la esperaba sobre el sofá. el doctor no pudo objetar demasiado. Algunas enfermeras habían presenciado el hecho. Lo único que empañaba el momento era el saber que debido a que se había resistido al ser arrestado. pero se vistió rápidamente. El suizo se lo agradeció con toda el alma. —No debieron volver. Pero si debe dejarlo solo. pero estaban tan conmovidas por el cambio en el chico que parecieron no pensar nada más. donde su gato consentido. Cuando sugirió que volvieran a casa. Después de que el rubio la saludó y se dirigió hacia la escalera. 14 Leblanc lanzó un suspiro de decepción.

Al entrar al salón. pensando en enviarle un nuevo mensaje al investigador (para de paso. —Küng tenía razón. Luego de eso. Hay rasguños y marcas. no soportó estar ahí dentro un segundo más. —¿Cómo pudo? ¿Ahí? —Respiró un poco e hizo una pregunta que pensó. ¿Sabe a qué hora el cadáver experimentó esos cambios? El forense pensó un poco. habían secretos que cada víctima tenía derecho a guardar. Leblanc quiso vomitar. no era suficiente como para que el cuerpo del chico estuviera casi convertido en una masa viscosa que reemplazaba su piel. Juntando las horas. Los pequeños ojos de Leblanc se agrandaron unos milímetros más con algo que delataba emoción y profunda sorpresa cuando escuchó el informe preliminar del forense. apenas habían pasado dos días desde que el muchacho muriera. donde por precaución aún se hallaba el cuerpo de la última víctima conocida. Después de su forma de meter la pata una y otra vez. A pesar de su profesión. No envidiaba ni un poco la tarea del forense. lo primero que notó fue el aroma a profunda descomposición. Jacques Leblanc no tenía por qué enterarse de eso. devolverle la cortesía del día anterior). —Volví de tomarme mi descanso de siete media hora después. Grandes marcas de arañazos profundos y salvajes llenaban la epidermis y había vida dentro de cada uno de los surcos. Tuvo que haber sido a esa hora. Jacques pensó que el hombre estaba increíblemente tranquilo para La maldición de Malvert . el hombre se iría con la sensación de que en la sûreté todos eran incapaces e idiotas—. Estaba llegando a la estación.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 furioso que gritaba y juraba como si no estuviera en un camposanto. El joven hombre de poblado bigote lo esperaba a la salida del retrete con un paño húmedo. cuando tuvo que desviarse hasta la morgue. El inspector se sentía asqueado y humillado. el alivio de haber devuelto todo lo que había ingerido por lo menos en los últimos tres días lo hacía sentir un poco mejor.Netsu 193 . también muchas contusiones en el recto y el ano. al suizo le agradaría. Su cara se puso roja y eso no ayudó con la sensación mareante que lo agobiaba. sin embargo. se apresuró a comprobarlo con sus propios ojos.

—El chico lo miró a los ojos sonriendo de nuevo—. Definitivamente le enviaría esa nota a Küng… pero sería temprano en la mañana. Se quedó mirando al techo pensando una y otra vez en lo dicho por la señora Gachot. Por otra parte.Netsu 194 . Sonrió apenas y forzó a sus ojos a cerrarse. su La maldición de Malvert . el suizo había llegado a la conclusión de que sus tiempos con la viciosa cofradía en Inglaterra no habían sido los mejores. Laurent estaba animoso como pocas veces. suspiró levemente y la carne del hombre mayor se erizó. y luego pensó que a esa misma hora habían visto al acechador frente a la casa del muchachito ese que vivía en Saint Marcel. no quería dejar a Laurent solo. y tenía la sensación de que estaban próximos a resolver el asunto. —Nunca nos hemos planteado el tener una relación un poco más cercana. Tal vez lo hubiera olvidado: parecía no sentir sus propias heridas. iba como mínimo a desmayarse. Sin embargo. Max casi se atraganta ante el comentario. pero temía preguntar. en su vientre. Aunque la existencia de un segundo agente en la serie de asesinatos era para él casi un hecho. su joven amante parecía conformarse con el estado de las cosas. Y me refiero a algo en un sentido más… bíblico. Había visto cosas espeluznantes en su vida. Nunca había pedido ir más allá. Hablaría con ella en la mañana. si volvía a ver una sola gota de sangre fuera del cuerpo de Laurent. Laurent se volteó hacia él y metió su despejada frente entre el cuello de Max. pero que le pasaran a la persona que más amaba era muy diferente. pero Laurent comenzó a jugar con los cordones de su blanco camisón. A veces la relación platónica que ambos mantenían se le hacía insuficiente. cuando entró a la habitación ya Laurent estaba en la cama. pero a Max la idea no le atraía mucho. Un ramalazo de deseo le traspasó el cuerpo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 lo que había visto. 15 Era hora de hacer las curaciones. Con el tiempo. Consideró contratar una enfermera para el trabajo. pero prefería aguantar antes que dar pistas a la gente y hacer que a Laurent lo excluyeran de su propia sociedad. Abajo. Aún no sabía qué demonios había pasado en esa cama.

Nunca en los últimos meses ¿Qué pasa con nosotros? Buena pregunta. Max cerró los ojos unos segundos. claro. quitó con rapidez los cobertores. —Demonios… —Aquello sonó tan cercanamente a un suplicio que. Un insidioso temor a estar fuera de práctica y al mal desempeño le corrió por la espina. Laurent rió un poco. cuando haló la mano de Max para que palpara su desnuda intimidad. pidiendo clemencia a la vida. porque su mano tomó la cálida nuca de cabellos oscuros y su boca se adhirió eróticamente a la de su compañero de cama. —Un delgado dedito se metió entre los sueltos cordones. —Max se quedó en blanco. —Y si te quiero ahora. Su respiración comenzaba a hacerse trabajosa. agachándose sobre el otro hombre. frotando la piel que empezaba a calentarse más aún—.Netsu 195 . más bien todo lo contrario. Ambos lanzaban suspiros casi al unísono y Laurent volvió al ataque con su cálida y húmeda boquita. su momento de jadear en agonía llegó cuando el hombre tomó las La maldición de Malvert . como el suizo parecía hacerlo. En pocos minutos había escalado sobre la fuerte cadera y levantó lentamente su propio camisón para demostrar a Max que no tenía ropa interior. Después de todo. —¿Te refieres a algo general en el tiempo. Pero Laurent no le permitió evadirse. no nos besamos casi nunca. Max no pudo evitar un gemido. pero parecía que el mayor era el más afectado. te doy tiempo. —Cualquier cosa que quieras Laurent. llevaba años matándose las ganas a punta de cocaína y láudano—. enviándolos al piso. ¿qué me darás? —Max lo miró muy seriamente. para ese momento sus pupilas estaban increíblemente dilatadas. Sin embargo. No tengo que decir que el beso de ayer me encantó. Si quieres tiempo. Pensé que eso había quedado en claro. porque se estaba exaltando de más. Disfrutaba la sensación de los fuertes dedos enredándose en su suave vello. Si Laurent se echaba atrás… Pero no lo hizo. —Esa respuesta pareció satisfacer al rubio. sabes que te la daré. Si lo pienso bien. en medio del beso. —Estoy aquí para ti. o a una acción en concreto? Laurent se lo pensó. tomó las manos de Max e hizo que recorriera sus piernas con ellas. Para él también lo era.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 estómago pareció dar un pequeño giro. —Supongo que estoy pensando en un ahora.

el rubio tenía tres de sus dedos metidos en su boca. demasiado. pero imaginarlo lo hizo jadear. Despacio. Mientras las manos morenas se metían entre sus testículos. Max no fue consciente de que el chico se lo había encaramado casi a la altura del pecho. jamás pensó que el joven hombre triste e introvertido que había conocido años antes en un ambiente de lujo decadente y burlón. ¿Quién se iba a imaginar que al fin sucedería? La situación lo había agarrado fuera de base. el rubio se arrancó de su rosado manjar y se despojó en segundos de su camisón. Max sintió que se iba a correr en la boca de Laurent. se posaron en Laurent para sugerir ir por algo a la cocina. Laurent usó sus manos para desatar aún más ese incómodo camisón. sus piernas se fueron encogiendo hasta formar un triángulo con el colchón. Presentía que ninguno de los dos aguantaría mucho. La abundante saliva fue prontamente llevada hasta su entrada. si su humedad.Netsu 196 . podía convertirse en semejante criatura llena de libido e ideas escabrosamente excitantes. tomó entre sus brazos a Laurent. La maldición de Malvert . y de paso buscar con desespero algo remotamente aceitoso. Max aprovechó para hacer lo mismo. Laurent tomó la adorada cabeza entre sus manos y metió su lengua cuán profundo pudo en la boca de Max. —Max jamás había pensado que un hombre estaría dispuesto a llevarse su miembro a los labios. mientras su dedo índice hacía los primeros avances sobre el cálido anillo arrugado entre las nalgas del rubio. Con cuidado apartó al francesito y él mismo empezó a erguirse sobre la cama. cuando sus ojos relumbrando de deseo. incluso a sacar su dulce y mojada lengua para lamerlo unos segundos. Para ese momento. Jadeó cuando los tiernos músculos se contrajeron. Max estaba altamente interesado en masajear y apretar los dedos en el lampiño perineo. Sin embargo. y llenos de pánico. Total y absurdamente. casi titilando en una placentera convulsión.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 acciones por su cuenta y comenzó un lento y muy diestro masaje en su virilidad. amasándolos con suavidad al tiempo que enterraba la punta de su uña en la abertura de su pene. Era demasiado. hasta que la boquita rosada lo abandonó para rendir tributo a sus pezones. fusionada con la de Laurent. era indicio de algo. Cuando el dedo de insertó muy levemente debido a la falta de lubricación. Max no podía ver todo el procedimiento desde su lugar. —No será suficiente… —Al contrario.

Y los ojos de nácar se abrieron plagados de lágrimas. Max lo dejó hacer. Laurent lo besó de nuevo. La maldición de Malvert . El rubio era suyo. Lentamente. Era hora. se encargara de todo. Los ojos de ambos se cerraron y la mandíbula de Max se apretó haciendo resaltar los tendones de su grueso cuello. No quería lastimarlo. Y luego. una súplica de más: cuando las manos de Max se ajustaron a la delicada nuca. friccionando vello y piel. hubo un momento. Sin embargo. Su saliva y su flujo tendrían que bastar. se le hizo a Max un tipo de alivio del que nunca más podría abstenerse… tener ese joven y delgado cuerpo entre sus brazos. lo encapsuló con su propio cuerpo y mientras lo besaba profundamente. Sentir la cálida suavidad de su pecho contra el suyo. pero nada podría contenerlo ya. retirando pétalo tras pétalo. conteniéndose con la necesidad retenida por años. Las manos bajaron para abrirse a la invasión de Max y éste con cuidado. incluso el lento jugueteo de las superficies erectas que se lanceaban una a la otra cuando respiraban. porque no había más espacio. el travieso roce de un pezón claro contra otro más oscuro. sus dedos lubricados por la humedad destellante de esa piel demasiado blanca y joven. el momento de la verdad… Laurent moviéndose cuando el placer estuvo a punto de trastocarse en fastidio. empezó a rotarlo fuertemente sobre su falo. moviendo su pecho a propósito para conseguir más fricción entre los dos cuerpos.Netsu 197 . para instalarse al interior rozando anillo por anillo. apartando con su propio cuerpo un obstáculo tras otro. las nalgas del rubio empezaron a resbalarse. Max no podía amarlo más que en ese momento… ¡Era tan hermoso…! Sus brazos rodearon la espalda del rubio para acariciarlo lentamente. comenzado por el jadeo inconforme de Laurent. Max estaba tan humedecido como Laurent. dejó que el movimiento natural hacia abajo. con figuras abstractas y relajantes. a menos que hubiese una fricción segura y contundente. Tener a Laurent. con un lento agradecimiento en cada brillo. que provocaba la posición de ambos. Sentía como lentamente iba abriendo a Laurent. hasta que Laurent no pudo bajar más. halando de forma erótica hasta aterrizar sobre el bajo vientre de Max.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Quería sentirlo cerca. y la otra a la cintura.

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Sus ojos se abrían en la semipenumbra de la habitación, mientras ambos empezaban con los movimientos espasmódicos del final, de esos que te ayudan a llegar al final, pero que pueden no ser suficientes debido a lo cortos y efímeros. Pero eso era todo lo que la posición de esos dos podía entregar. Tenían que conformarse con ese débil sumergimiento, en beneficio del afecto y la compenetración. Se fusionaban, Max podría sentirlo. Sus piernas perdieron la estabilidad cuando el interior de Laurent comenzó a palpitar más fuerte y rítmicamente, el chico empezó a deshacerse en cortos y húmedos riachuelos, moviendo su boquita en silencio, al igual que Max. Luego, su espalda se escurrió entre las piernas del suizo hasta que su cabeza casi tocó la baranda del fin de la cama. Max nunca había visto una expresión tan serena y una sonrisa tan hermosa como esa.

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Incluso a pesar del trabajo que le esperaba y de la cercanía del invierno, para Max, París brillaba esa mañana. La noche anterior no sólo había sido fantástica, no habían descansado por horas. Nunca pensó que el rubio podía llegar a ser tan apasionado y entregado. Sentía curiosidad por muchas cosas del cuerpo de Max, y él, claro, le permitió explorar todas y cada una. Sólo habían tenido un corto impase en el momento en que intentó poner al chico bajo su cuerpo, la expresión de pánico profundo hizo que cambiara de posición rápidamente. Luego, cuando había amanecido y Laurent estaba listo con el desayuno y su abierto albornoz de terciopelo (el que Max usaba en las mañanas mientras leía el diario,) el suizo se había sentido dispuesto a dar muchos besos y a cambiar los temidos vendajes. Le sorprendió no encontrar nada más que unas profundas líneas sobre la delicada piel. Tal vez un poco de sangre donde había costuras. Pero nada más. En toda la noche no había pensado que las heridas se podrían abrir. Había sido un tonto, pero se daba cuenta muy tarde. Sin embargo, muy de mañana había recibido un mensaje de Leblanc. Lo citaba en la morgue. No era la forma favorita de comenzar su día, pero quería salir pronto de sus sospechas.
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La revisión del caso se hizo rápido, lo mismo que el examen del nuevo estado de la última víctima. Leblanc no lo acompañó en eso, y para ser sinceros, Max quería huir de ahí. Sin embargo, era importante. El forense le mostró lo que había florecido en cada herida abierta, era ese tipo de larva-gusano que las heridas de Laurent tenían, sólo que éstas estaban muy vivas y serpenteando, cebándose en la carne muerta. —No había visto nunca nada como esto. No se reproducen muy velozmente, pero están incubando. Puede ser un problema de salubridad pública. —Pareció meditar el hombre consigo mismo—. Deberíamos desechar ese cuerpo ya, quemándolo. Si mis investigaciones no fallan, conozco a un par de parientes de eso, y sólo crecen en aguas hostiles, ya sabe, charcas infectas de esas donde niguas y sanguijuelas son la fauna común. Max empezaba a perder el temple. No podía olvidar las heridas de Laurent, pero ahora estaban casi cerradas, nada parecido a una infección parecía asentarse ahí. Se obligó a tranquilizarse, y de nuevo salieron de la habitación mientras escuchaba detalladamente las explicaciones de las nuevas heridas y la hora… tres hechos alrededor de las siete, y los tres parecían relacionadas: rubios, heridas, gusanos. Aunque su esperanza con el acechador de Henri empezaba a debilitarse al desdibujarse el hilo con el ataque a Laurent. —…francamente, las heridas parecieran venir desde fuera, pero antes no se nos ocurrió abrirlo, por si hay resquicios de algo desde dentro. Y no parece haber sangrado externo ni siquiera por residuos. No me lo explico. —¿Nadie además que usted ha entrado ahí? —Siempre cierro con llave cuando salgo. Sólo los estudiantes de medicina vienen por aquí, y en todo caso ellos no entran en esa habitación, precisamente porque el inspector Leblanc ha dicho que es evidencia. —Y nadie pudo haberlo sacado… —Es imposible, sin embargo… —El hombre se quedó en silencio un momento, pero al observar los profundos ojos inquisitivos de Max, habló—: Encontré rastros de agua, agua dulce; si hubiese sido salada, esa escoria no se hubiese propagado. Está por todas las heridas. Max pensó que sólo el forense sería capaz de contemplar de nuevo algo tan horroroso. Era hora de desecharlo. El hombre de bigote pareció feliz con la decisión. Muy en el fondo, no soportaba otro día
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más con semejante estropicio bajo su techo. A la salida Leblanc lo esperaba. —El acechador no habla. Despertó muy temprano en la mañana, pero no come, y no responde ni a las amenazas ni al buen trato. He decidido dejárselo —finalizó con una especie de humor burlón. Max se mantuvo en silencio durante el breve recorrido a pie. Lentamente iba perdiendo fe en el hombre misterioso, a pesar de que el chico de Saint Marcel lo había identificado. «Pero a veces el asesino es quién menos pensamos». Por algo se decía que Jack era el médico personal de la Reina. Cuando llegó a la comisaría y bajó hasta las celdas, el hombre, de verdad espantoso, estaba acurrucado contra una esquina. Allí temblaba y miraba fijamente al piso. Max entendía ahora por qué la alarma en el rostro de los muchachos, por qué habían escapado hasta el único lugar en que su amante pensaba que estaba a salvo. Cuando recordó el estado de Laurent y de su apartamento, sus dientes rechinaron de ira. Entró casi tirando la reja y pateó al hombre en las costillas con fuerza medida, pero le hubiera gustado destrozarlo. Sin embargo se llevó una sorpresa cuando los inmensos y saltones ojos del tipo lo miraron con una luz de alegría. —¿Sabe por qué está aquí? —No hablaré con usted. —Usted atacó a todos esos chicos. —¡No! —Tenía intención de hacer lo mismo con el chico de Saint Marcel. El individuo se levantó como impulsado por un resorte. —¡Jamás! ¡Nunca! Él… Él… —Pareció extinguirse, pero esos aborrecibles ojos luego se centraron en los de Max—. Si me lo trae, si lo trae hasta esta celda… le diré, le contaré todo, todo lo que sé. Sólo tráigalo… se lo diré todo… lo juro por… ¡Usted puede traérmelo! Si no, no diré nada. Prefiero morir. Y luego se tiró al suelo sin más. Max lo observó por unos minutos valorando la situación. ¿Habría peligro? Estaban rodeados de fuerza oficial. Le preguntaría al chico. Si el hombre sabía lo que decía, bien valía la pena el esfuerzo.

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A madame Gachot le había causado gracia ver a su vecino del quinto piso sonriendo toda la mañana, tarareaba canciones y cocinaba mejor que ella. Incluso había tenido tiempo para acariciar a Chevallier, su hermoso gato de largo y sedoso pelaje. Estaban hablando de la costumbre de la anciana de alimentar a los gatos del vecindario todas las tardes, cuando golpearon a la puerta. Laurent se lanzó a abrir, aunque para gusto de la dama, hubiera sido mejor tomar un par de precauciones antes. Por supuesto era Max, la señora Gachot alzó las cejas con diversión cuando los ojos del chico se concentraron sólo en el recién llegado. Pronto se dio cuenta de que no sería atendida su invitación a té y galletas, así que los dejó marchar sin contratiempos, reiterando que estaría ahí al día siguiente. El suizo se lo agradeció con el alma en los ojos, mientras que la dama le extendía un par de platos cubiertos con la comida del día. Luego subieron porque Laurent no podía apartar las manos de su amante. Quería hacerlo, de nuevo. Y francamente, Max quería olvidarse de todo. Fue un encuentro apasionado y de nuevo, el suizo quedó extenuado. Laurent tenía un no sé qué, que lo consumía por entero. Sin olvidar que se estaba poniendo más y más guapo con el paso de sólo horas. Comieron con lo mínimo de ropa, y Max se dio gusto alimentando esa boquita dulce y acaparadora. Se consideraba un poco mayor como para tener a su amante sentado en las piernas, pero le valía un bledo. Por fin se sentía asentado y completamente lleno, feliz. —Parece que el inspector Leblanc hará una pequeña fiesta en su casa el treinta y uno. Sólo personas cercanas y unos cuantos antifaces. No es la gran cosa pero, ¿te gustaría ir? —Eso es dentro de una semana. —El rubio lo meditó con su delicado dedo en su labio—. Tal vez podría ir de compras mañana. —Tal vez yo podría saltarme un par de horas en el trabajo e ir contigo. Mientras, te quedas con madame Gachot. Besos, caricias, sexo sensual y caliente, y Max no pudo evitar caer completamente noqueado en la cama. Lo único que lo despertó fue el grito de Laurent. Estaba sentado casi al borde, casi a punto de caerse y miraba con terror a los pies de la cama. Señalaba con pánico hacia la oscuridad de la pared.
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—¡Está allí, allí! —Max sólo dedujo que aquello estaba relacionado con el ataque, solo dos noches antes. Cuando prendió la luz se dio cuenta de que pequeños puntos rojos adornaban los vendajes del rubio. —¿Qué ves Laurent? No hay nada. —Allí, saliendo desde el tocador. Era él… eso. ¡No quiero que me toque! ¡Tengo miedo Max! —Luego se echó a llorar con desconsuelo. El hombre lo abrazó, acunándolo como a un niño—. Sentí que me arrancaba los pies. Dijo que me había estado buscando y que ahora no me dejaría ir. No puedo salir de esta cama Max, o me llevará. —Los ojos de Max estaban a punto de hacer eco a esas lágrimas profundas y angustiadas—. No me quiero quedar solo, Max. —¿Dijo eso? —No quería forzarlo, pero era consciente de que Laurent podía volver a evadirlo todo—. ¿Cómo era lo que viste? —No sé. No lo vi, sólo sentí dolor, y antes… sólo miedo, cuando el agua empezó a filtrarse en la puerta, puse mi chaqueta. ¿Agua? ¡Demonios! Madrugaría por el chico aquel. Ahora no le importaba si tenía que llevarlo hasta el acechador de una oreja y dárselo en trocitos. Era él o Laurent. —Duerme… ven, mete tus piernas entre las mías, ¿ves? Así no pasa nada. Si te abrazo no habrá malos sueños… Laurent cerró los ojos a las dos horas. Max no pudo pegar ojo. Por el ventanal de la habitación le pareció ver un gato blanco persa mirándolos a través de la noche y el cristal.

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Buscar a Henri no fue ningún problema. Muy temprano en la mañana, el muchacho se había aparecido a la puerta del apartamento de Max y Laurent sin haber sido invitado. Traía una caja de chocolates de parte de su tía y un montón de comida casera. —Comenzaré a trabajar la próxima semana en la fábrica de chocolates —comentó muy contento mientras devoraba parte del encargo de su tía—. Ayer fui con mi tía a buscar la locación del trabajo que indicaba la carta, pero no había nada, así que el señor… bueno, el amigo de mi tía, me propuso trabajar con él y yo acepté. Ahora me podré quedar en París. —Su mirada se fijó directamente en los ojos de Max. Este sólo asintió, pensando en cómo expresar lo que
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necesitaba. —Están muy buenos Henri, gracias —dijo Laurent, saqueando también la caja de chocolates. —¿Verdad que sí? —Un último dulce, y a una señal de Max, Laurent fue a terminar de vestirse. Se hacía tarde para ir al trabajo, porque irían después del almuerzo por los trajes para la fiesta. Max necesitaba que Laurent pensara en algo más que en su horrible pesadilla. Cuando se encontraron a solas, Max abrió la boca para hablar, pero Henri se le sentó al lado con premura. —Supe que arrestaron a ese… asesino. Muchas gracias. —Sonó como si todo hubiera sido por él y para él. Max intentó no enfadarse. Tenía que hablar, aunque el chico estuviera demasiado pegado a él. —Pero él no dirá nada hasta que… Me pregunto, si usted… ¿Podría hacer algo sumamente riesgoso por Laurent? —¿Laurent? Quiero decir ¿monsieur Daguer? —Un tono de tristeza asomó ahí. —No creo que el asesino sea quien atrapamos. Sin embargo, parece dispuesto a colaborar si… si usted va a verlo. —¿Yo? ¿Eso es peligroso? ¿No? ¡No! ¡No podría! ¡Es un asesino! Max recurrió a una carta de chantaje sin saber muy bien si ganaría. —Cálmese Henri, a nadie le importa más que a mí su bienestar. Yo estaré ahí, y podría ayudar en mi investigación. Tal vez resolver mi caso. —¿Usted estaría ahí? —El muchacho se lo pensó y luego sonrió con todos sus dientes—. Está bien… si es por usted… que estará ahí… pues yo… podría ir. Un nuevo grito de espanto de Laurent, como siempre, de la habitación de ambos. Max corrió. Esta vez el chico estaba en el suelo, sus pantorrillas sangraban profusamente. —¡Mis pies! ¡Mis pies! —lloraba mientras se tocaba la parte que decía y miraba enloquecido hacia el oscuro tocador. Sus dedos estaban llenos de sangre. Max decidió alzarlo y salir del lugar con él, para luego correr hasta el apartamento de abajo. La mujer los había escuchado y ya tenía la puerta abierta. Dentro, Chevallier daba vueltas y maullaba con insistencia. Henri los seguía, pero nadie se había dado cuenta. Unas cuantas
La maldición de Malvert - Netsu
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Chevallier se había asentado al lado de Laurent y no parecía querer dejarlo mientras lamía sus patitas. en el mismo sillón. Buscó entre el ropero. Todo lo demás ocurrió rápido. Un horrible maullido salió de sus labios y luego corrió a gran velocidad a la salida y abajo. 19 Henri estaba asustado. Se acercó un poquito más al hombre y abrió la boca. vio en la puerta de la habitación al pequeño y esponjoso Chevallier. mientras Max revisaba arriba.Netsu 204 . No sabía por qué lo hacía.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 palabras con la dama y ésta asintió con la promesa de que Max le contaría todo por la tarde. Arriba. dejó que el felino analizara lo que quisiera. El suizo estaba perplejo. ya estaban frente a una oscura celda. pero tampoco se perdía nada. incluso los volteó. La pelusa caminó hasta el tocador y olisqueó profundamente el sifón principal. En el tocador. Pero estaba ahí. Incluso no puso objeciones a que Henri se quedara unos minutos con ellos. Había sido la visita más rara que habían tenido. Cuando el hombre lo vio saltó con una velocidad inusual hasta él. murmurando incoherencias. pero ya habían llegado a la comisaría. —Sólo asegúrese de que no le haga más daño a sus piernas. Buscaré las vendas. El gato lo observaba muy seriamente. Una enfermera vendrá hoy. y luego decidió correr el mueble sobre él. Y partió escaleras arriba asegurando entre sus fuertes dedos el pequeño cuchillo que siempre cargaba en su bolsillo. sellándolo. Cuando por fin estuvo desanimado de su búsqueda. lo que había intentado descartar. Henri se echó hacia atrás y el La maldición de Malvert . Miró el sifón con atención. como evaluándolo. Max no se atrevió a moverse. una pequeña mancha de sangre aguada sobresalía de debajo del mueble principal. En la cama sólo encontró una mancha de agua en toda la mitad y al voltear el colchón. O tal vez la segunda. Max recordó lo de los gatos. Iba en el coche con Max. un pequeño charco con trozos de algo vegetal. con aquella criatura espantosa en la esquina. al menos temeroso. Y ese pequeño espécimen era muy similar al de la madrugada tras el cristal. Para cuando se dio cuenta. entre sus plantas y finalmente en la habitación y el tocador. el estudio de Laurent. Max no encontró nada. pero ni siquiera la imponente presencia lograba confortarlo del todo. detrás de los muebles.

Yo… siempre lo he amado. impresionado. su pelo hecho de trozos de río. Y cuando estaban listos… más hermosos que nunca… sus cabellos más dorados que el sol y sus ojos más oscuros que la noche… esos hermosos cuerpos. delicados cuerpos. como de una bestia. y los chicos nunca decían que no. el hombre miró a Henri gritando—: ¡Vuelve a Carnac. Siempre temí esto. Cuando se retiraban. —Una risa maníaca llenó la celda—. Él envía las cartas. tan pequeño. —‘nri. elásticos y apasionados… ¡Él los poseía! Los poseía hasta matarlos. pero Max se puso al frente del chico—. tan delicado y delicioso. mi hermoso ‘nri? ¿Por qué? —Y luego se abalanzó a la reja de nuevo. tan suave. con el amante de sus sueños… todos. —… y no tenía forma… sólo esos horribles ojos.Netsu 205 . —El hombre no dijo nada más y Max se levantó. Cuando están listos… —Henri hizo amago de irse. ¡No quiero! —¿Qué les sucede? ¿Cómo lo supo? —Porque vivo cerca de él… soy su… vecino. sus ojos brillaban desquiciadamente—. Se las quitaba. ¿Por qué no te fuiste en ese barco en el que llegaste? —Retorció sus dedos haciendo que tronaran horriblemente—. Se acercó al sospechoso. calientitos y muy cómodos. ¡No puede irse! ¡No hablaré! —Los policías volvieron a traer a Henri y el hombre se calmó—. ¿recuerda? El hombre se devolvió al fondo de la celda y empezó a murmurar en una esquina. mi hermoso muchacho? —Luego retrocedió un par de pasos—. —Sus manos parecieron dibujar las formas en el espacio. cada vez que ellos sufrían su Petite Mort. Yo veía cómo eso… eso. mon amour! Vuelve a tu pueblo… a nuestro pueblo… Y nunca te acerques al río. Los vestía y alimentaba. los alimenta… los «ceba» y los mantiene bien. mi hermoso ‘nri.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 individuo lo observó ladeando su horrible cabeza a izquierda y derecha. todos ellos. los atraía con sortilegios. ¿Por qué. Supe que vendría y quise que se fuera… no quiero que le pase eso. Max hizo que le abrieran la reja para dejarlo pasar. querido niño. ¿Por qué has venido. Les arrancaba el alma. —Max cerró los ojos. Es un monstruo. ¿Pero qué era eso? El hombre siguió hablando—. La maldición de Malvert . pero el extraño hombre levantó la cabeza gritando—. Y supe ¡supe! ¡Aquí en mi cabeza! —gritó mientras su dedo se estrellaba contra su cráneo—. ¡Démelo! —Tenemos un trato. con su… cosa… su… lo que le salía de la boca… y ellos juraban que estaban en el paraíso.

—Max cerró los ojos. no aún.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 20 Max había rendido informe a Leblanc. Sus intenciones eran las mejores. momentáneamente aliviado—. Sólo parecía a salvo y tranquilo en el apartamento de madame Gachot. Fueron dos días de pura angustia y dolor. cuando nadie lo veía y luego gritaba por ayuda temiendo por sus pies. Pero no era justo que ella soportara tal carga. Laurent se abría con las uñas sus heridas una y otra vez. Visitas al médico y suturas nuevas. pero ciertamente no le hacía ningún bien vivir con él. el asesino era animal o humano. con los dedos rojos y gritando que había sido atacado de nuevo. Habían almorzado en una deliciosa terraza y habían comprado los antifaces y los trajes. Para él. No es Henri… es… mi compañero de apartamento… un chico joven y rubio. —¡Hay una nueva víctima! —Su voz desesperada prevaleció—. —¿Ya está mi hermoso Henri en su pueblo? —Max no se acordaba de aquella advertencia. el nuevo preso parecía saber algunas cosas sobre el caso. acercándose a él. dónde Chevallier jamás se le despegaba. que estaba más calmado. necesitaba respuestas. No está muerto. en medio de su mente racional. la muerte podía encajar con el método. pero éste no creía en la locura de esas afirmaciones.Netsu 206 . Está herido… sus pies… sus pies La maldición de Malvert . El acosador no parecía estar alimentándose. No sabía cómo. y después de ver al rubio tratando de retener la sangre de sus tobillos. empacó todas las pertenencias de Laurent y lo dejó en el apartamento de abajo. —El hombre le prestaba toda la atención. Seguía sin recibir bocado. Negó con la cabeza y el hombre gritó en su furia. Pero todo se oscureció cuando el sol se fue y Laurent pareció enloquecer en tristes episodios. Cuando Max llegó el hombre lo miró suplicante. Había salido en la tarde con Laurent. esa loca declaración tenía un lugar. ya no le importaba de dónde provinieran. Partió veloz hasta la cárcel. Para Max. sólo meciéndose en la esquina y murmurando. Sus ojillos horrendos estaban concentrados en cada palabra—. Se moriría de tristeza lejos de él. pero Max empezaba a considerar la posibilidad de una clínica mental para Laurent. tan apuesto como Henri. En un ataque de atroz angustia. El chico había estado muy animado.

una hermosa ciudad. En realidad todos crecimos en el mismo lugar: Carnac. Lo ama con fervor pero. señor… Así que le contaré un pequeño secreto. —Es una buena persona. pero muy bajito—. las brujas se disgustaron. el agua. Dicen que los varones de su familia son mucho más fogosos que las hembras. tanto como para llevar a un pobre mortal al cielo en las noches. —El señorito Laurent Daguer… Debe tener veinte años… —Max estaba al borde del colapso. Y cuando el primer Malvert nació siendo hombre. usted lo debe saber porque… porque ya ha amado a mi dulce señorito.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 están desgarrados. tan bello y delicado. ¿lo ama él? —Eso creo. —Y debe ser así. torturaron al jovencito y lo entregaron en bacanal a todos los demonios del bosque. Supe que era una flor sensible. El señorito es hijo del más antiguo amo… pero más importante… de la muy antigua sangre de su madre. Antes de morir en medio de sus flujos y su sangre. —Max respondió sin pensarlo.Netsu 207 . ¿verdad? —Lo dijo como al descuido. con muchos misterios. el muchacho hermoso juró vengarse de su familia. Max casi dejó de respirar. Dicen que dejan huella donde tocan y te envician a su cuerpo… Usted es un poseído de esa clase. Nadie sabe para qué o por qué. justo como mi Henri. de piel nacarada y ojos oscuros de pasión profunda (parece que el pacto era entregar al primer hijo de la sangre y debía ser hembra). Pero la gente en la región piensa que por eso su pasión es tan grande. usted nunca hubiera probado las delicias de su cuerpo. —Sonrió con sus verdes e inmundos dientes—. justo como yo. Juró que sus varones pasarían por lo mismo. »Yo lo vi crecer. rubio. quienes se lo hicieron atrozmente. La conversación había ido por un lado inesperado. »La leyenda dice que hace muchos siglos los Malvert hicieron un pacto antiguo y sagrado. Si no. Pero no todos podemos ser perfectos. Veo que el hermoso señorito no le ha contado nada de su vida. pero un poco torcida. ¿Cómo? El hombre rió—. insaciables. los gusanos… ¡Dios! No sé qué hacer… —¡Su nombre! ¡Dígame su nombre! —Max dudó unos segundos —Daguer. Dicen que son incansables. una y otra y otra vez… con esas inmensas cosas… —Max carraspeó incómodo—. así podrá salvar a mi Henri y a mi señorito. Luego se La maldición de Malvert .

Sólo tenía veinte años. con mi amado Henri! Devuélvalo a sus espíritus y ambos estarán a salvo. y volvió a repetir «deliciosos chicos» con sus manos como si recorrieran un cuerpo bajo él. y mata a esos pobres y deliciosos chicos que se parecen a los hombres de su familia. Los ojos brillaron con lujuria. Todo terminará el 31. —¿Y Laurent qué tiene que ver con eso? —¡Idiota! El señorito Malvert es él… ¡Daguer-Malvert! Su madre. —Max estaba incómodo—. Siempre temí que estuviera aquí. El hombre soltó una larga carcajada. ¡Váyase! ¡Váyase ahora! ¡Llévese al señorito y a mi Henri! Yo lo vi crecer. —Max se levantó meditando—. debe odiarme. —No le creo —declaró simplemente Max mientras se soltaba del agarre—. Hablaría con Laurent.Netsu 208 . pero me gustaría verlo una vez más… La maldición de Malvert . Mi pobre Henri. No tiene que hacerlo. —Volvió a agarrar a Max—. Es el último Malvert y si él no tiene descendencia esa pesadilla morirá. Sólo debe tenerlo para siempre atado a su cama señor. es como una pesadilla.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 arrastró hasta el pozo cercano y se ahogó. Esa cosa le quitará el alma hasta matarlo. el señorito se salvará y el adefesio volverá al infierno. Si está entre sus espíritus guardianes. pero al final no le salió nada para la horrible criatura. debió mantenerlo a su lado. nunca se acordará de quién lo cargaba en la espalda cuando era pequeño. mientras le da y le da y él pedirá más. —Los gatos… sólo protegen al señorito. Una triste historia. De pronto esas manos de loco lo aferraron de la chaqueta. hacerse más hermoso y apetecible cada día. —¡Dígale! Dígale que venga antes de partir con usted. lanzando sobre él un fétido aliento. donde los espíritus lo protegían. del que no saldrá hasta que el nuevo varón Malvert nazca. El suizo trató de sonreír en agradecimiento. vieja bruja. Eso es tan ridículo como lo de los gatos. mientras el adefesio salido de las entrañas del infierno pasea por esta inmunda ciudad. —¡Debe llevárselo! ¡Deben volver a Carnac. florecer. No aquí. El adefesio los odia porque son el blasón de la familia Malvert.

Laurent sólo se miraba los pies. natural y espontáneo como para soportar todo eso! Henri trató de hacer conversación varias veces. sus pies permanecía vendados con varias capas. pero Max no podía hacer otra cosa que intentar proteger a su pequeño Laurent. entre su cesta de mimbre. no hablaba con nadie. Henri. apenas comía y acariciaba a su gatito. Esperaba que si había un lugar donde todos los caminos se juntaran podrían conseguir alguna pista en concreto.Netsu 209 . Laurent no sabía nada. terminaban de proteger sus tobillos y sus pies. Era insano. El coche esperaba y a marchas forzadas tendrían tiempo suficiente para viajar hasta allá. El minino ronroneaba plácidamente. acompañado por media docena de fuertes y anchos hombres y su llorosa tía. como éste había prometido. Max se moría de preocupación. los pozos y La maldición de Malvert . en la que le explicaba que debía ausentarse unos días. Por fin. La señora Gachot había sido rápidamente informada por Max. el treinta y uno de octubre de 1899 en la mañana floreciente. pero aparte de Max. Max no sabía si el muchacho había ido a la cárcel o no. el grupo alcanzó las primeras formaciones monolíticas de la zona.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 21 Sólo faltaba que llegara ese muchacho. apareció Henri. Max miró con inquietud los delgados arroyuelos. Sin embargo. No sabía cuánto tiempo gastarían en llegar a Carnac. el hombre quitó la mayor parte de ficción en la historia reemplazándolo por sus propias conjeturas. las gruesas botas de campo. Se conformaba con que Max le dijera que necesitaba vacaciones y le pusiera a su pequeño minino negro en la falda. ¡Era tan joven. Hubiera sido mucho más fácil si el hombre de la cárcel los guiaba. El coche arrancó. Laurent estaba inquieto. y cada pequeño sonidito era un peso menos en corazón del muchacho. pero ninguno parecía dispuesto a ello. y encima. pero esperaba que por tarde eso ocurriera el treinta y uno en la mañana. Pronto. Lo único que le había preocupado era concretar el viaje y enviar una nota a Leblanc. pero imaginaba que estaba relacionado con todo el loco misticismo que rodeaba el caso entero. No sabía qué de especial tenía ese día. Y le pedía que buscara en las catacumbas cerca de las entradas señaladas en su mapa. para invierno.

la reacción del heredero de la casa fue un tanto violenta al darse cuenta de dónde estaban. La maldición de Malvert . Esperó con calma a que las palabras se terminaran y muy calmadamente habló pegado a la oreja del rubio. el suizo no pudo menos que preguntarse por el lugar de muerte de aquel primigenio Malvert. Era grande el cambio que se operaba de una expresión a otra. de que la única cura que existe para lo que te sucede. en tu casa. rodeado de las cosas de tus parientes. olvidándose de Henri. estoy seguro. Los ojos de lavanda le respondieron y el gatito ronroneó. Henri se acercó y lo tomó en sus brazos. Sonreía mirando a Max. Max miró a Henri sin saber qué hacer con él. reflejando el pálido sol de la mañana. Era una construcción muy antigua. —Tu padre ya no vive aquí. Se decía que Daguer la había abandonado al morir su esposa y desaparecer su único hijo. escuchando atento. Por fin. Es hora de que despiertes. por dónde estaba la mansión Malvert. Lo odiaba.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 los charcos. su gatito miraba con desconfianza la altura del carruaje hasta el suelo. trató de escapar de los brazos de Max y después empezó a maldecirlo y llamarlo traidor. El hombre de la cárcel le había advertido a su amado que no se acercara a ninguna fuente de agua. mientras que él variaba su expresión a sorpresa y a un leve toque de celos. El suizo lo aguantó todo.Netsu 210 . plantas demasiado crecidas. Y sé. —Deberías quedarte con nosotros esta noche. de un chico normal a uno de gran belleza—. amor —susurró muy bajo el suizo. De tus cosas. —Los ojos del muchacho relucieron un poco más claros y más grandes. amor. Y cuando vio un pequeño estanque a lo lejos. para vivir en la pequeña ciudad. Sin embargo. Laurent dormía profundamente y era Henri quién se encargaba de indicar a Max. El coche se detuvo. está aquí. despertando al mismo tiempo que su dueño. Tiró el cesto. Laurent abrió sus ojos de ámbar muy despacio. La negra manchita solo tuvo que trasladar su afecto de lugar. dejando que su voz grave penetrara en el delicado caracol y luego en el oído. Se bajó del coche y fue por su maltratado baúl. tan cerca. una huerta abandonada y el techo caído en muchos lugares. en voz baja. —Laurent se calmó. Sin embargo parecía subsistir con lo mínimo de atención.

No iba a dormir esa noche. las capas de polvo no habían sido removidas en mucho tiempo. aseándose y vistiéndose allí. contra las paredes. Mientras el rubio dejaba a su minino sobre la cama para que La maldición de Malvert . explorando la misma. recovecos. sólo había pasillos. ¿Te imaginas a los dos escondidos. Al menos la alfombra era más nueva. Dándose cuenta de su verdadera naturaleza y tal vez. usando cada rincón oscuro? —La risa estridente de Laurent era algo que el hombre nunca había escuchado. donde en medio brillaba la aldaba con la cabeza de un majestuoso gato. Henri fue llevado a la habitación de los menores y Max no pudo ser persuadido por ningún sirviente a abandonar al rubio. solo. pero la sirvienta que los guiaba ya los miraba demasiado mal. —Este lugar debe ser hermoso bien decorado. 22 Era un lugar tenebroso. pero a los lados. Por lo demás que vio Max. Entraron en la habitación y su primer pensamiento se enfocó en un ramalazo de deseo al pensar en un Laurent.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Era muy pequeño para desconfiar suficiente de los humanos. vamos entonces —dijo al fin el rubio. y prontamente analizó la habitación.Netsu 211 . estaban adornados con exceso de armaduras y pinturas que en muchos casos estaban deslucidas. Sin embargo. rincones oscuros y más pasillos. Max sabía que los rumores correrían mucho más si descubrieran qué él nunca ocuparía su propia habitación. y esperaba que lo dicho por el hombre de la cárcel fuera cierto. en las apacibles noches de verano. estrechó al jovencito mucho más. sosteniéndose de la mano de Max y caminando inestable hacia la atemorizante puerta de gruesas hojas. después de que decidieran que Henri se quedaría en el ala principal. maullando con agresividad. Se dedicaría a cuidar a su amante. Los pasillos carecían de iluminación completa. los espíritus de toda la línea de sangre Malvert se encargarían de proteger a Laurent. viviendo entre esas paredes. El grupo se dividió. —Sí. más joven. el deber se imponía. Por él lo hubiese alzado para entrarlo a su habitación. pero al menos algunos sirvientes se ocupaban de él. El pequeño espacio para el aseo carecía de sifones y entre el armario no había nada. Una silla no muy cómoda sería su puesto de guardia.

Quería entrar y maullaba con fuerza. Laurent. las contraventanas estaba abiertas. pero no veía nada. El hombre decidió que los sueños del chico eran tan intensos como sus acciones. dejándolas escurrir a los lados de los muslos del suizo. Pronto dieron las doce campanadas. sobre él. respondidos por el gatito tras la puerta. que empezaba a molestarle la delicada comodidad de su dormido amante. ¡Por Dios! La maldición de Malvert . Tras la ventana. Volvió a suspirar de placer. el minino volvió a maullar con insistencia. pero afuera no se veía nada. —No hago nada. Miró su reloj de plata. Max se dedicó a asegurarse de que las ventanas podían cerrarse herméticamente. Max… adoro que hagas eso… —Maximillien se despertó del todo. y una intensa y caliente sesión de caricias íntimas. y Laurent había estado apasionado a un nivel en que se superaba a sí mismo. —¡Laurent! —gritó. —Sin embargo se irguió a medias para mirar hacia los pies de la cama. Laurent estaba desnudo bajo las cobijas y estas resbalaban hasta su cadera. El suizo estaba tan tenso. Eran las nueve. lo mismo que las contraventanas. su pecho se arqueó y sus caderas se impulsaron hacia arriba. Su acción constante en busca de su dueño era lo que no lo dejaba ir directo a los brazos de Morfeo. Afuera. El rubio empezó a abrir sus piernas. el movimiento de arqueo de Max fue interrumpido por un coro de maullidos. Max estaba seguro de haberlas cerrado—. en un cuadro tan erótico que podría ser indecente. Lo había dejado agotado. Sin embargo. No había nada. cuando entró bajo las sábanas el rubio suspiró abrazándolo y acomodándolo sobre su cuerpo—. la luna ya no entraba a la habitación. y lo único que lo ayudaba a mantener los ojos abiertos era el constante rasgar de las uñitas del felino de Laurent en la puerta. lo minutos empezaron a pasar. y luego de eso. —Uh. Max se levantó de su silla y empezó a desnudarse en el camino. 23 —¿Vas a venir o no? —Max quería hacer oídos sordos a tan estimulante sugerencia. ¡Ah! Maximillien… Las horas pasaron más rápido de lo que el suizo hubiera querido.Netsu 212 .Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 desde ahí fuera libre de escoger lo que quisiera hacer. En la mañana disfrutarían de un desayuno en cama. Laurent lanzó un nuevo gemido. pero Max no podía darle gusto.

hacia una formación blanca que se perdía entre el descuido de la propiedad. entre la crecida hierba. «Un mausoleo». el delgado y desnudo cuerpo del rubio fue absorbido por la oscuridad. ´ El suizo no reaccionó a tiempo. La maldición de Malvert . Los gritos se escuchaban más adelante. se puso su bata. Por un segundo creyó sentir algo cerca de la ventana. Sin embargo. Max gritó desesperado. pero sólo tocaba aire.Netsu 213 . Incluso en la habitación de Laurent. El hombre nunca se dio cuenta de que las luces empezaban a encenderse en la casa. Al fin Max le abrió la puerta al pobre felino en un movimiento instintivo. el resto de Laurent había desaparecido. A sus pies. pero cada vez que creía alcanzar el lugar dónde los escuchó la última vez. Cuando intentó agarrarlo. estaba seguro de que debía seguir a los gatos. Empezó a palpar por toda la habitación. era obvia la mancha de sangre espesa que pendía de los dedos del rubio. pero cuando abrió los dedos para asirlo. no era un mausoleo: un conjunto monolítico menor era lo que relumbraba en plena noche. Max sintió algo espeso y caliente sobre sus pantorrillas. hacia los pies de la cama. y sin pensarlo demasiado se salió por la ventana sin escuchar del otro lado a Henri. despierta. un nuevo alarido provenía de más adelante. en forma de un agudo grito. acercó su mano a la cara del hombre bajo él. los cristales de la ventana se rompieron haciendo que los maullidos se escucharan más cercanos. que gritaba presa del pánico. Los gritos de alguien se perdían entre el rumor de las hojas. pensó intrigado y aterrado. Los gatos ya lo habían pasado y Max intentaba correr tan rápido como ellos. y cuando levantó la cobija para mirar. aún a pesar de la oscuridad. haciendo camino y mostrándole como descender de ese segundo piso. ¡Despierta! El chico lo hizo. pero aun así corrió como nunca antes. sintió humedad bajo ellos en la cama. intentó una y otra vez encender la lamparilla pero no funcionaba. de pie al final de la cama. Max bajó del árbol luxándose un tobillo. El felino siguió al suizo. gatos de todos los tamaños y colores corrían silenciosos. intentó erguirse de nuevo pero el cuerpo de Laurent se deslizó hasta la altura de sus caderas.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Laurent. Laurent gritaba más y más. La formación blanca sin embargo. en la rama más baja del árbol que le sirvió de puente.

pero no podía. incluso lo tomó de las axilas para ayudarlo a alejarse de la orilla. y emitía sonidos amenazantes hacia ellos. incluso más cuando algo lo rozó. sus labios estaban tan morados que parecían negros. El suizo se arrastró con su carga. cayó al no haber dado nunca el primer paso para huir. tratando de alejarse del cuerpo de agua. y el pánico de Max no hacía sino crecer. arrastrando a Henry con ellos. Un terror agudo reflejado en lo que debió ser un grito. Estaba seguro que era Laurent. llena de juncos y gusanos había salido directo del agua. Era Laurent en sus brazos. No lo vio venir y todo ocurrió en un segundo. —¡Laurent! —comenzó a gritar. pero dentro de tanta basura. Max llegó hasta un estanque lleno de pequeñas hojas que cubrían casi toda la superficie. Se sumergió hasta que sus pulmones lo permitieron. sin embargo. Los gatos empezaron a sisear y echarse hacia atrás. Por fin adelante. unas escasas burbujas. Los felinos maullaban muy fuerte. pero sólo tenía cabeza para seguirlos. Los sirvientes salieron corriendo.Netsu 214 . La maldición de Malvert . Una cosa sin forma. oyó un chapuzón. eran víctimas de profundos y dolorosos surcos. Max le pegó en el pecho una y otra vez. a pesar del oscuro trato que parecía unirlos al bienestar del heredero Malvert. una palidez mortal se había apoderado de su cuerpo desnudo. rodeando el cuerpo de agua. El chico sin embargo. No le importó qué fuera. pero el chico no se movía. Al parecer lo había seguido. y ninguno de ellos parecía dispuesto a sumergirse. su corazón estaba a punto de reventar y tenía miedo de perder la pista. Unos cuantos sirvientes venían atrás. Era Henri. Alguien lo llamaba desde atrás. Dos ejercicios más como este. la visibilidad era nula. Empezó a agitar a Laurent.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Quería gritar. no tenía voz. Max se sintió más confiado. Es bien sabido que ese no es el medio de un gato. pero el aire se le acabó y se impulsó a la superficie. lo hicieron tirarse al agua sin pensar. ya no estaba solo contra lo que fuera que los hubiese atacado. Nada salía. Más gatos lo sobrepasaban. Pero lo peor era el rictus de sus labios paralizados. lo agarró muy firmemente y empezó a elevarse a pesar de que en el camino sintió que desde sus rodillas hasta el último de sus dedos. El muchacho no respiraba y lo único que Max quería era alejarse de ahí. Respiró aliviado cuando emergió y fue a la orilla.

los gatos se alejaban. pero pasara lo que pasara. al menos no tendría que rendirle cuentas al hombre de la cárcel. le cortaban el paso. Tomó la mano helada de Laurent e intentó arrastrarse a medida que el monstruo se les acercaba. una nueva mano. otras más parecían querer escapar. Incluso la superficie acuática a unos metros. más felinos intentaban interponerse. Era una mujer muy bella. intentando cobrarse en sus descendientes lo que le habían hecho a él. Max no sabía qué había pasado. Muchas de las pequeñas y leales criaturas habían sido vencidas. no ayudaban en nada. los provincianos se devolvían por el mismo camino.Netsu 215 . el cuerpo de Laurent se le resbalaba. La maldición de Malvert . A muchos más los lanzó al lago. Se arrastró hacia Laurent y lo abrazó. Henri empezó a frotar las heladas manos del muchacho. Un aullido desgarrador cortó la helada noche. y la hermosa dama le quitó el cuerpo del chico para ponerlo bajo un árbol. El suizo temió también por el rubio Henri. Max temió lo peor. El Malvert maldito. Max asintió con la confianza nacida del instinto. El horrendo adefesio se acercó de nuevo a ellos. con dos haces de luz brillando en lo que debía ser su cara. Había fallado en proteger a los chicos. los gatos maullaban. y le sonreía ofreciendo ayuda. pero más y más gente del pueblo llegaba a hacerle frente al monstruo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 El primer gato se lanzó contra la extraña criatura y el bicho lo esquivó. Max intentó levantarse a pesar de lo lacerado y sangrante de sus piernas. y cuando de nuevo acomodó la delgada mano entre la suya. El adefesio gruñía y emitía sonidos de dolor. Y cuando Henri miró. mucho más atrás. Max sentía que el peligro estaba pasando gracias a los pobladores. hasta que el monstruo quedó en la mitad de un compacto círculo que cantaba orando en medio de la noche. cálida y suave tomó la de Max. esta vez con la clara intención de atacarlos a los dos. muchos de ellos húmedos después de un profundo remojón. pero ellos. pero éste no parecía despertar. Un coro de miles de animales pareció contestar. besándolo y trasmitiéndole su aliento a un mismo tiempo. ¿Tendría aún alma? Al arrastrarse. Los gritos de Henri. y de la bestia no había rastro. seguros de que no les ocurriría nada. embutido en el infierno para salir cada vez que el heredero de la familia cumplía veinte años. El adefesio trataba de esquivarlos gruñendo con furia.

a la construcción iluminada en la distancia. con mucha más dulzura esta vez.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 estaba tranquila. —Está muy dañado… Mi pobre niño —dijo la misma mujer que había apartado el cuerpo de Laurent para luego reunirse con el resto del círculo. Los hermosos ojos oscuros miraron con fijeza en los de Max. Las cálidas manos tomaron el cuerpo de Laurent con mucha delicadeza. cuando su alma se haya curado. mi amor es suficiente… —gruñó el hombre. —Dámelo —suplicó de nuevo la mujer y Max se rindió. No sé vivir sin él. y Max pudo apreciar por fin la gracia de la dama. Los campesinos que habían venido aún estaban de camino… otros se detenían a contemplar la noche. no será como era… —Los ojos miraron hacia la parte inferior del delicado cuerpo. por favor… —suplicó Henri. pero su alma está dañada. Ante la muerte. suplicando a Dios. desapareciendo. él te estará La maldición de Malvert . —¿Y su cuerpo? ¿Quién curará su cuerpo? Él ya no podrá tener lo que tenía. Debes dejarlo ir. Laurent no habría los ojos. —Yo lo amo. lo sé! —La mujer volvió a sonreír. y al parecer. sin darse cuenta de que sus palabras no tenían mucho sentido. —Me quedaré aquí. —La pesadilla desaparecerá con él. Max no podía hacer mucho. Max miró a la mujer. no lo está. El muchacho lloraba aterrorizado. Estaba de pie. —La mujer miró hacia lo lejos. —Y tal vez. habían desaparecido dejando un doloroso rastro de sangre. No lo soportaría: la extraña mujer. Max ya lloraba. Éste sintió un escalofrío de certeza en el corazón—. necesita del cuidado que sólo el amor de su familia puede darle. mientras que los demás se acercaban a los monolitos para entrar en la piedra. no me puedo ir sin él —lloró Max—. Los pies habían sido desgarrados. Max lanzó un aullido hacia la noche y abrazó más el cuerpo que aún latía—. Laurent muriendo en sus brazos. el monstruo. el clan Malvert en pleno volviendo a la vida. casi en alaridos a su lado. —Déjelo ir. impresionado.Netsu 216 . El último de los hijos de mi casa. Debes dejarlo ir… —¡No! ¡No está muerto. —No. Sus ojos también miraron hacia la hacienda. Henri lloraba desconsolado. fibras abiertas y trozos de hueso.

—Me gustaría negociar con usted los títulos de la propiedad. —Señor… —El hombre lo miró. que ahora lloraba con la cabeza en su ensangrentado regazo. —El amigo de Laurent. se apoyó en su bastón. Sus ojos miraron el destrozado cuerpo a lo lejos. Su cara seria miraba al vacío. No sabía cómo iba a vivir sin él. había conseguido que la alcaldía expidiera un permiso de incineración para el dos de noviembre. que esperaba remodelar la mole hasta hacerla tan bella como hubiera deseado. Sus ojos se aguaron de nuevo. A pesar de las protestas del párroco. sé quién es usted. tú eres su amado Maximillien. Max lo soltó y el minino caminó hacia la casa. todos los malditos Malvert eran iguales. Una pequeña alegría para Max. en la roca principal. Max no se movió y la motita lo miró como diciendo: «Tengo hambre. Daguer estaba a lo lejos en el borde de la colina del camposanto Malvert. el cuerpo sin vida y azul de Laurent recargado en la fría loza. desapareciendo allí con él. y se encaminó hacia el adusto hombre. En ese momento tomó una decisión. Max quiso morirse en ese momento. No le importaba nada más. La maldición de Malvert . cuando pensó en una vida con Laurent allí. Max estaba solo. —Haga lo que quiera. y miró al molesto gatito que quería estar en el piso. — Miró hacia la casa mientras Daguer lo evaluaba una vez más. —No fue una respuesta grata y Max asumió su actitud más profesional. Max lo reconoció porque. No quiero nada con eso.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 esperando. —Y se alejó en medio del frío de noviembre. luego pareció recorrerlo con los ojos con total desprecio. y quien calmara sus pesadillas se había ido. a pesar de la diferencia en el colorido. y a lo lejos. después de todo. con el minino negro en su otra mano. pero Maximillien Küng tenía miedo de que el cadáver de su amado sufriera el mismo destino de las demás víctimas. solo con Henri. —La mujer se alejó con su carga hacia las piedras blancas que relumbraban en la noche. Los días felices habían terminado.Netsu 217 . las facciones eran similares a las de su amado. Hable con mi abogado. su expresión fría. 24 Tal vez la pasadilla hubiese terminado.

Comenzaría por remodelar la habitación de su amado. sentía que sus escasos años se le venían encima. dijo que solía llevarte en la espalda cuando estabas pequeño. Henri estaba seguro de que lo rubios eran justo su tipo. —Lo veo. en la que el hombre le rogaba reunirse para discutir el informe final. —Qué extraño. Henri lo pensó un momento. —La manda el inspector Leblanc.Netsu 218 . Max quería salir de dudas ya. pero el gatito había sido parte del chico al punto de intentar protegerlo. Henri sonrió y se sintió un poco mal. Max suspiró por el pobre hombre y su amor perdido en la ruina del tiempo. y los peores para su amado. Habían encontrado cosas extrañas siguiendo las pistas en las catacumbas. había pasado a ser un hermoso pantano lleno de aves. Henri lo alcanzó a la entrada y le haló la manga. Henri lo sostuvo. porque en el fondo estaba feliz. Me quedaré aquí y lo ayudaré en lo que pueda. El suizo sonrió con tristeza. —Max lo miró desaprobando—. Se quedaría allí hasta cerrar el negocio. se había golpeado contra las paredes hasta morir. el hombre de la cárcel. Abrió la misiva. no lo recuerdo. y que en verano amenazaba con explotar en hermosas flores.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 ¿Vienes?». ¿ve? —Mostró el apenas pronunciado músculo bajo la manga de la chaqueta. —Él. así que empezó a caminar con el peso de su angustia y de su vida agitada. sólo unos días. intentando no derrumbarse al ver los monolitos cercanos al cuerpo de agua. Trabajo duro. ayudándolo a caminar. me quedaré con este lugar y pretendo ponerlo como en sus mejores días. Max caminó lentamente hacia el lugar. Cuando fueron a preguntar al hombre encarcelado. —No volveré a Paris. Tal vez puedas ayudar con cosas de la administración. no después de todo esto. El gatito lo esperaba en el umbral del inmenso portón. que de un pozo inmundo e infecto. Con el tiempo todo se arreglaría y. éste estaba muerto. ¿quién sabe? Tal vez el corazón de Max latiría de nuevo. alargando una carta. La maldición de Malvert . Oró por él una vez más. Un pequeño trozo de la vida de Laurent a su cargo.

amante de las paradojas. empleando el tono que algunas décadas al frente de «esa Honorable Institución» le habían regalado. Dieciocho años cumplidos. cuando todavía se bordaban iniciales en las bragas. y delicadamente.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Mi dulce príncipe Yess Knox YESS KNOX. Nunca había sido bueno para miradas solidarias. Aún con el demacrado y hastioso aspecto que tenía. una especialidad en Teatro y ningún futuro en particular. desconfía del Carpe Diem y de los jovencitos con guantes blancos.Yess Knox 219 . cogió un pañuelo y se sorbió la nariz con fuerza. Con Tori Amos por diosa personal y Jean-Paul Sartre por creador de sus propios demonios. Sin olvidar sus elementales reglas de conducta. tiene un mediometraje en puerta y una novela de cajón por ser terminada. pseudo-profeta de tiempos muertos. los films con menos de diez espectadores y los muertos hiperactivos. extendiendo una caja de pañuelos Kleenex. friki por antonomasia. abandonado a su merced en un internado que les costaba a sus padres cincuenta de los grandes al año. con un gesto que seguramente había caducado doscientos años atrás. Mi dulce príncipe . enjugó el sudor perlado en su frente. así que procuraba no fijar la vista en el chico. mas allá del yuppie excéntrico y millonario. no dejaba de ser inmaculadamente hermoso. Chris. —Carl y Darryl ya fueron reportados con sus padres —comentó Reynolds. escribe todo lo que tiene ante las narices y sobre nada en particular. A Roberto por los buenos tiempos. 1 —¿Te sientes mejor? —preguntó el señor Reynolds. con el cuerpo aún lánguido y sacudido por un llanto ligero. que ya lucía tan desechable como su contenido. eso para los ojos que se atreviesen a mirarlo tal y como era. Ya tenía bastante con las sombrías expectativas sobre la opinión del señor Martell acerca de la nueva charada de su hijo. cogió un segundo. además de las canas y tres ex esposas malagradecidas.

Animales siempre serán». —¿Necesitas ir a la enfermería o.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Bien —musitó. no me interesa. —Cierto. Gustoso. devorado por las siniestras llamas de la negrura imperante. O así describían los socios del banco de papá al legítimo heredero: «el príncipe».Yess Knox 220 .. ya tienes mejor aspecto.. recatado en los momentos exactos y seguro de sus propios códigos de conducta. pensó apartándose el cabello de un manotazo. ajeno a sus posibilidades. Había salido de una de sus típicas crisis nerviosas. escuchaba el eco sordo y erosionado de una grabadora. anteponiendo a ese irritante pensamiento una sonrisa estereotipada. Con todo respeto. agonizando en carne viva. detestaba la condescendencia. Las risas cantarinas. indiferente. señor.. Pero. Ahora. alzando la cabeza con timidez—. Su negra cabellera y el reglamento del colegio pedían a gritos un buen recorte. había recuperado la noción del tiempo. y no hay cosa más nutrida y deliciosa para las mentes rapaces que el miedo ajeno y sulfurado. todavía mejor. en el jardín. presta para atacar un pavo de Día de Gracias. era un Martell: impetuoso. Si ese miedo se convierte en el pánico más puro y desencajado. si no a exigirla. antes que un miembro de la familia Staunton. —Señor Reynolds —dijo. Abajo. «Vaya que no. Se levantó del sillón donde había sollozado esas últimas horas.? —No hace falta. Sobre muchas cosas. le parecían algo extraterrestre. desde que tenía uso de razón había aprendido ya no a merecerla. el mediodía era engullido ya por los primeros trozos de la noche glaciar. como lo llamaban. había reconocido ciegamente toda clase de halagos innecesarios y servilismos gratuitos. arrastrando sobre ese día de mayo las últimas notas de una balada de Robert Smith. —Y serán suspendidos de las actividades extracurriculares. Sin embargo. Y si el Mi dulce príncipe . Ciertamente. violentadas por los primeros avisos de la adolescencia. ahora no estaba dominando el solo de guitarra en Comfortably Numb para deleite de su familia. ornamentada con helechos descuidados y un enorme gramófono que hacía las veces de reliquia y desolador entretenimiento. a través de los largos y cuadrados ventanucos de la oficina. Después de que el conserje lo encontrara encerrado en el sótano. «Qué arrastrado» pensó..

Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 pánico pertenece a Christian Emerith Martell. Porque después del mediodía. cogiéndolo por un brazo. Empleaba todas sus capacidades histriónicas para escapar del adulador cobijo de Reynolds cuanto antes. mordisqueando un cigarro apagado. lloroso y meado de miedo. estos levantaron la vista en el acto. Lo atrapó por el codo libre. En ese momento la señorita Krane. hijos del presidente de Mi dulce príncipe . ese marica con cara de niña que se pinta los ojos noche y día.. y el miedo emergía como la espuma en esas horas de infortunio hasta el retorno de la luz. y menos llevando en brazos a Chris Martell. los mayores (y por tanto. hundiendo la cabeza entre los hombros. era una cifra considerablemente baja de problemáticos. —De acuerdo —condescendió el director.. y sintió la presión de sus uñas verde limón a través de su larga playera. el yuppie excéntrico y millonario. El reguero de pólvora que nacía al instante que un chismarrajo saltaba de una boca a otra ya había alcanzado a todos los estudiantes: los hermanos Baxter. Albergando la Academia Staunton a poco más de doscientos varones fervientes y convertidos en una olla express de hormonas y glándulas en crecimiento. ominosa. si no le importa —replicó. Los más jóvenes se ovillaban sobre una silla de plástico con pretensiones ergonómicas. También sintió sonrojar sus delgadas mejillas. Necesitaba una buena paja y una almohada donde llorar. entre los chicos. Cuando la pequeña escolta de Chris cruzó. caía el negro terciopelo sobre la pantalla pulida y reluciente del astro rey. una docena de estudiantes esperaban pacientemente su entrevista con el señor Reynolds.Yess Knox 221 . todavía húmeda. No necesitaba un analgésico. detrás del enorme escritorio de ébano. Rara vez escapaba Reynolds de los dominios de su calabozo... imaginando lo penoso que debía parecer a los espectadores de esa escena: Chris Martell. para evitar importunar a las secretarias que tecleaban rápidamente en sus novísimas máquinas de escribir. podría rebanarte un rayo en ese momento y morir pleno y satisfecho. volvió a aparecer después de su discreto mutis. —Prefiero ir a mi dormitorio. se apoyaban en las paredes cubiertas de linóleo blanco y falsos Rembrandt. adalides de la habitual rebeldía masculina que resulta atractiva sólo a cierta edad). de Literatura. En el corredor (cuyo letrero en vivos colores anunciaba como ADMINISTRACIÓN). garabateando un tatuaje en su antebrazo o charlando entre dientes.

terriblemente familiar... Bill. No. Mira los rasguños.. después de conseguir que dejara de convulsionar—. No... En el mundillo no se tenía noticia de que los Baxter abusaran de tal modo con otro compañero.. nuevamente la habían cargado con «el príncipe»... no estuviste allí.. Este chico no necesita un abrazo de mamá. Mi dulce príncipe . cuando ayudaba al conserje a arrebujarlo en una manta. Sí. sin embargo. ¡Bill.. pero Chris estaba tan seguro de sus prioridades y la poca importancia que representaba el placer carnal que.. y sin alzar la cabeza un ápice. Sus ojos ultramar estaban fijos en los mosaicos policromáticos del suelo y creía encontrarse en cada voluta blanca con un rostro irónico... Bill. o pegamento en el cereal.. el chico tiene diecisiete años. por Dios. Los chicos son muy crueles... Sí. ¿y esperas que lo visiten por un pequeño ataque de nervios?...... Bill. ¡Por favor! Sus padres no lo llevan a casa ni siquiera en Año Nuevo.. mordaz.Yess Knox 222 .. es lo más normal. no habían sido chinches sobre el asiento. Se despierta por la noche llorando. No. no hay prescripción médica. En cierta forma tenía razón. un susurro... Bill.. se afirmaba una y otra vez. Claro que no. parecía que lo estaba torturando Richelieu... Se rompió las uñas golpeando la puerta. disfrutando con su desventurado éxtasis...? Olvídalo... Le gritaba al sótano.... después de restregarle su verga tanto como ameritaba una tarea de matemáticas olvidada.. Bill —había dicho la señorita Krane. Caminaba con tanta rapidez como le permitían los cuidados aniñados de ambos profesores. Mira sus ojos... sino un soborno. como si fuera un monstruo.. Escuchó una voz. estaba gritando! Mira los moretones.... Bill. Bill.. por favor. Me recordó a mi Johnny. —Se sobrepasaron. un faje de altos vuelos a cambio de una excelente nota no era un intercambio.. con excelentes notas y sobradamente pasivos (cuando todavía la palabra no adquiría otras categorías léxicas). ¡¿Que no es nada?!.. es muy infantil... o una preciada colección de vinilos misteriosamente desaparecidos. Saben muy bien que es claustrofóbico. mejor dicho..Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 una línea hotelera. En mi opinión deberías considerar la expulsión completa. y que le tiene miedo a la oscuridad. Bill. soy realista. estaba gritando. pero Chris parecía romper hasta ese tipo de regla. ¿No sabes quién. Bill. sabía que era Tom. es lo mejor. Tom lo había llamado «puta».. Esta vez. necesita descansar. el hijo de la cantante de opera. pidiendo a la oscuridad que lo deje dormir. pero no es justo que abusen de esa manera.. Johnny tiene cinco. pero no le podemos decir que está emocionalmente afectado. Bill.

Yess Knox 223 . en el lapso entre el almuerzo y la clase de matemáticas. necesitaba) que ese momento perdurara. frotándosela con su inexperta agilidad. no sabía cuándo volvería a fajar con alguna persona. que era una princesa en todo sentido. y necesitaba (sí.. la rudeza con que lo hizo lamer sus testículos. no había ser humano que soportara un año sin follar. y al gozo altivo de su primer encuentro sexual. Nunca había tocado a otra persona. Mi dulce príncipe . y ahora lo comprobaba. cuando Tom le pidió acariciarlo suavemente. mientras la princesa que no quería despertar porque temía a las sombras. el placer erótico del rasgueo de una Fender. que obedeció gustoso. se acercaba lentamente a su erección contenida sólo por unos centímetros de tela y decencia. que los besos tienen un sabor a frutas. Sin ninguna duda. que almacenaba su instinto psicópata. mientras el peso de Tom se avecinaba sobre el. Y todo adquiría proporciones bizarras si resultaba que su único consuelo podía ser otro hombre: pues bien. su tibieza lasciva. y le ordenó lamer sus pezones. el vello esponjoso y erizado que antecedía la entrepierna. Chris empezaba a sentirse nervioso: la clase de matemáticas estaba por empezar y si no terminaba el pago (como lo habían llamado). Tom se había quitado la camisa. contando los días desde que su novia le había hecho la mejor mamada de su vida hasta entonces. en esa parte corrupta. mucho menos un hombre. porque era injusto ese improvisado voto de castidad.. que ya tenía una cierta fama de puta. o si lo volvería a hacer. y quién mejor que Chris Martell.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Pero había otra parte de su cerebro. La analogía despertó una inusitada carcajada en Chris. ese marica con cara de niña que se pinta los ojos noche y día. no recibiría el esmerado ensayo sobre ecuaciones de segundo grado. Lamiendo los dos botones de caramelo. como a un gato. bien escondido bajo los pantalones de temporada. aprisionándolo en el armario de limpieza de la tercera planta. Tom sería su amo ahora. que el mordisqueo preciso en el lóbulo de su oreja lo hacía reír de placer. realmente había disfrutado su fugaz y fructífero encuentro con Tom. Le impresionó descubrir la dureza de ese pene incógnito. como si el deseo sexual se cristalizara en un álbum de fotografías del tamaño del Universo. pero tampoco podía perder esa oportunidad. y cientos de escenas imposibles con toda clase de chicos y chicas. el rincón más corrupto. Tom jadeaba asfixiado. se añadía la sorpresa de descubrir que la piel de otro hombre no era muy distinta la suya. que ya se habían endurecido como dos pequeñas piedrecillas. que así sea. cuando ese imbécil afeminado superaría la hazaña. Allí. el tacto pétreo y apetecible.

No deseaba ser actor por nada: actuar significaba no otra cosa que mutar a otra existencia cuyo punto final ya se conoce. el edificio estaba sumido en una quietud hipnótica. como la respiración o el caminar. A pesar de que se acercaba la hora de la cena. Chris logró zafarse de sus improvisados niñeros. Las acciones físicas que realizamos con mayor frecuencia se convierten en actos automáticos. masculina y vibrante. No era extraño. formó un círculo con el índice y el pulgar. Chris tenía más de estos últimos. con su pulso doloroso. Esto es ya sabido por todo aquel que se precie de una imaginación simple y medianamente ubicada. Tal vez porque (y esto lo reconocía sin pudor alguno) necesitaba antecederse a cada instante. quedaban las tinieblas que cerraban las cuatro paredes. Si no podía saber qué deparaba el amanecer siguiente a su respectiva noche. entonces. que anteponiéndose a los ridículos miedos infantiles al Coco. la sopa de habichuelas. no podía quedarse guardada. ganar las batallas antes de declararlas. Unos metros arriba el domo de cristal que envolvía el cubo arrancaba los últimos destellos al crepúsculo. los negros. Dejó que sus pies se guiaran por sí solos hasta su dormitorio. Y Tom. las niñas y el hígado de bacalao. y los monstruos del mundo se reducían cuando cruzabas las bambalinas. sobre el escenario estaba seguro que el paso de la luna era tan veloz como el desliz del telón. y en su boca se mezclaban las náuseas y el sabor de esa carne apetitosa. rodeando sus genitales. deteniéndose cada pocos metros para evitar toda presencia humana. «Una puta llorona que le teme a la oscuridad».Yess Knox 224 . y la oscuridad era sólo el cúmulo de todas esas sensaciones. y las máquinas de escribir. a Satanás.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Tom rió por lo bajo y cuando captó la atención del «príncipe». quebrada por el barullo lejano de los partidos de baloncesto. una interrumpida sesión amatoria con el marica Martell. y farfullando una disculpa. Tom seguía riendo. los niños con suficiente edad para el juego de las estatuas sin avergonzarse. Se detuvo en el rellano de las amplias escaleras. porque un secreto así. echó a correr por el pasillo. en la cuarta planta. riendo porque él era una puta. tiñendo con un anaranjado suculento las planchas transparentes. Otra risotada y el entrechocar de una palma que celebraba la broma. la síntesis de sus temibles paradojas. Existir era un terror hondo. constante. como sucedería en una atracción de Mi dulce príncipe .

arrinconado entre un muro y el escritorio atestado de ensayos a medias.. siguiendo las órdenes consecuentes de Cronos.Yess Knox 225 . punk sexual y melenas largas. en la cuarta planta del ala norte.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 feria. se dejó caer sobre la cama. Sobre la puerta donde su nombre dejaba en claro que era él. Por la noche. percibió un hedor grotesco y penetrante. Olfateó detenidamente. Nunca había puesto cortinas sobre la ventana. se contraponía a los numerosos afiches sobre las paredes. hasta Mi dulce príncipe . dejando paso al manto purpúreo de la noche y sus bestias. ahogada en su imprevista desesperación. y nada ni nadie podía cambiar sus designios. Se enderezó cuan alto era. Era la séptima habitación del lado izquierdo. no podía sino recibirlo con los brazos y las bisagras abiertas. las groserías y los gorjeos bajo la ventana. Los reductos donde sólo entraba un alma. se sacudió el cabello. Su dos guitarras Fender (Gertie y Kedle) descansaban en sus soportes metálicos. Era el mundo. novelas en alemán y pornografía de la mejor calidad. 2 No era mucho. quien gobernaba en esos pocos metros cuadrados. De pronto. se sintió terriblemente fatigado. y prosiguió su camino. el espacio y tiempo palpitando hasta comprimirse. respirando pausadamente. Sintió un estremecimiento que rasgaba sus vértebras. y no otro. Con un trémulo suspiro. Se talló los ojos. Su garganta de tenor estaba convertida en un harapo. ni las necesitaba: siendo la presencia grata del sol tan breve. un mobiliario elemental pero de soberbia manufactura. mientras cada peldaño que vencía le ganaba terreno a la luz sempiterna sobre él. Su amplia colección de álbumes descansaba meticulosamente clasificada en los estantes de diseño francés que su madre le había obsequiado antes de entrar al instituto. desde luego serían obsoletas: las luces del edificio se apagaban a las nueve en punto. como las garras de un gato arañando la pared de una casucha en ruinas. pero sí su rincón especial. como si la mente de Chris Martell se proyectase en ese abanico multicolor de guitarrazos. inmune al efecto de la luz o la sombra. a tono con el amplificador tapizado de cromos y el teclado desmontado. y cuando sus manos se separaron.. Escuchaba en un sordo zumbido las risotadas. después de suplicar piedad y maldecir a los dioses de todas y cada una de las creencias por hacerlo miserable.

. los hoyuelos pálidos. el afilado rostro blanquecino era mancillado por morenas pinceladas de piel bronceada.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 dar con el recuerdo apropiado Su mueca afectada se constipó más. titilando como dos animales domados. Recordaba el asco y la vergüenza mientras se limpiaba torpemente sobre los jeans. no podía quejarse de ser acosado por la primera sociedad de homofóbicos declarados en Luxemburgo. pero en vez del paquete de toallas húmedas que siempre cargaba en su mochila. tenían un halo rojizo y lacrimógeno.. cuando lo descubrieron polveándose el rostro dentro de la cocina. con los pasos del supervisor de piso a sólo unos segundos. tratando de ser irónico. Aunque rara vez escapaba de estos últimos. «Ese marica con cara de niña que se pinta los ojos noche y día... había caído sobre un charco de agua estancada.Yess Knox 226 . sus dos perlas acuáticas que consolaban el resto de su macilento ser. Sin querer (porque realmente no quería). y cómo ambos sentimientos fueron reemplazados nuevamente por el terror y la rabia. lamentándose por abandonar la luminosa seguridad de su alcoba. Esta ocasión no podría negarse a la maldita cantaleta que los Baxter habían compuesto una pacífica tarde de enero. Pero sus ojos estaban domados... Al intentar escapar del sótano trepando el enramado entubaje de la caldera. sus cejas eran dos líneas casi perpendiculares que se perdían bajo el cabello pegajoso... el rímel que acentuaba la forma de sus ojos estelares. sus ojos. Una barra de jabón dispuesta para tal propósito descansaba al lado de un enorme espejo de imitación Reina Ana. sólo encontró los cigarros extinguidos a toda velocidad. las cejas alzadas.. Era un Martell. joder. Pero ahora. oscuro y solitario útero materno. pero aquel día su apariencia superaba lo afeminado. Se volteó con brusquedad y salió de su refugio dando un portazo.. Mi dulce príncipe . y un lipstick entreabierto. Los labios repintados en magenta. los labios eran una mancha de cerezas pisoteadas. si se agregaba la chaqueta de cuero negro y las numerosas cadenas que tintineaban en su cintura avispada. Todos los días eran apropiados para lucir bien... no le gustaba cuando se conferían su estatus como dueños de su existencia.» Estúpidos cerdos muertos de hambre sin creatividad. se preguntaba cómo había soportado pasar nueve meses dentro de un líquido.. Resignado.. miró un instante a su reflejo. Abrió uno de los cajones de su mesita de noche. A veces. Y se prometía disfrutar a lo grande cuando descansara en una tumba. encontró una toalla seca a la mano.

ya no porque no tuviera amigos. se olvidaban de atormentarlo con los más graciosos métodos. con su hilera de tubos fluorescentes silbando alegremente. y la luz.. los más pudorosos y necesitados se debían dirigir al lado izquierdo. Como los dioses. de cuando en cuando. todos con su respectivo aromatizante. y las elegantes lámparas de pie que custodiaban cada zócalo.. Los benditos rayos amarillos que se difuminaban por cada rincón. y había sobrepasado el límite de insanidad requerida para exigir un baño de emergencia. con sus blancos dientes castañeando.Yess Knox 227 . porque de esos le sobraban. El jabón en su bolsillo golpeaba su muslo con un bronco ritmo. ora los que se sentían tan alienados y vagabundos como él.. y los largos y estrechos ventanales que pintaban paisajes casi feéricos en toda su amplitud. El crepúsculo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 No le sorprendió que el corredor estuviese desierto.. ¿no podían tener baños individuales. ora los que también rendían culto a Syd Barrett y adoraban escucharlo cantar con algunos gramos de alcohol en su sangre. en la línea horizontal de esa T. Le gustaba caminar por los pasillos del instituto: le gustaba el suave eco de sus pasos en las baldosas de mármol. era un internado de niños ricos. la estancia en forma de T estaba vívidamente iluminada. las regaderas comunales. Eran casi las siete y la nerviosa luz de las lámparas luchaba infructuosamente por ganar terreno a la líquida mancha negra que vomitaba el exterior. era una auténtica molestia. su tapizado Mi dulce príncipe . Al fondo. Entonces. ubicados en el extremo más apartado. La oscuridad ascendía por su cuerpo a cada segundo y en algún momento empezó a trotar hacia los baños. ora los interesados en codearse con el heredero del Banco Nacional. Por Dios. sus inodoros de porcelana sucia y sus rollos de papel higiénico inescrupulosamente consumidos. con una mierda.? 3 Las puertas dobles de cristal esmerilado rebotaron sobre sus goznes automáticos cuando Chris irrumpió desbocado. Estaba sudoroso. la compañía de otras personas era agradable. y la frescura antiséptica.. los menos recatados tenían a su disposición una fila de orinales.. En el lado izquierdo.. por supuesto. irradiando con su lúcida amabilidad.. además de ser líricamente siniestro. y sólo requerían de un alma desolada con quién compartir su pena. Chris siguió caminando velozmente. incluso.

Solo en medio de esa nueva oscuridad. el frío adherido al marco de la puerta de acero. Tanteó la textura áspera y curtida del vidrio vaporoso. Si Chris creía tener un golpe de suerte. al notar la ausencia de ventanas bien pudo estallar en lágrimas.. deseosos de que la luz primera de su vida nunca se hubiese fundido. y que las puertas de todos los pasillos se cerraban herméticamente para contener los fuegos hipotéticos. el vello de sus antebrazos erizándose como un gato («acarícialo como a un gato»). habituado como estaba a su personal humor involuntario. pero me arruinaría el maquillaje» ironizó. que duró el micro segundo en que los tubos de neón se consumieron a sí mismos. y el sistema contra incendios averiado cerraba las puertas Mi dulce príncipe . Era un ciego luchando contra lo imposible porque de pronto. Sus ojos seguían violentamente cegados. y después avanzó a tientas.. necesitados y afortunados. las luces se apagaron.... horrorizado como sólo podía estarlo un moribundo con sus minutos contados. sus respectivos casilleros y un discreto espejo que. no son las nueve» fue su idea inmediata. y pensaba repentinamente en la gratitud inexistente hacia la señorita Krane. Mientras se encaminaba. guiándose por los antiquísimos sonidos humanos que emergían del corredor: las protestas. «Oh. acompañado por los espectros purpúreos que vivían en sus retinas. «Joder. que al cabo de un instante quedaría abierta a la mediana y sofocante libertad de la triste luz selenita. ahora usando todo el peso de su cuerpo concentrado en un hombro. el escozor que atacó sus ojos. recordó que el sistema contra incendios se averiaba en cada corte eléctrico. y que ahora había un corte eléctrico que averiaba el sistema contra incendios. forcejeaba con la chamarra de cuero. la raíz de su cabello humedeciéndose. que no cedió al empujarla. con un ahogado resoplido que reverberó en lo más hondo de sus entrañas.Yess Knox 228 .. Se permitió gemir con angustia un momento. lo guiaban. y que el sistema contra incendios averiado hacía surgir fuegos hipotéticos que cerraban herméticamente las puertas. pudo sentir su corazón ralentizando su ritmo... o bien estaba allí para una afeitada apropiada. y Chris sólo podía manotear con frenesí para evitar chocar de bruces con la puerta. chillidos simulados y maldiciones por la radio repentinamente silenciada o la hamburguesa atrapada en el horno.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 antiderrapante. Lo intentó una vez más. o para que los indecorosos pudiesen echar un vistazo certero a los mas pudorosos. las manos soltando la toalla. que se deslizó hasta sus pies con un susurro.

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herméticamente, y que no podía romper un cristal porque estaba perfectamente aislado por las mismas medidas de seguridad que determinaron esa estupidez de las puertas herméticas pues, Dios, qué burgués querría a su primogenito achicharrado en un incendio... Chris gritó y su voz subió demasiadas octavas, detalle que en circunstancias menos angustiantes, lo llenaría de orgullo. Su garganta se cerró y consiguió apoyarse en la pared (...como había hecho Tom) para recuperar el aliento (...Tom le cortaba el aliento...). Sintió náuseas y vio entre la lucidez y el ensueño destrozado las paredes semivisibles cerrándose a su alrededor, cubriéndolo como un par de fauces mortíferas. Volvió a gritar sin saber a bien por qué. Se cubrió las rodillas con los brazos, porque tenía frío, porque la oscuridad era fría. ¡Dios, lo habían dicho tantos cantantes, pintores y pervertidos! Trató de levantarse pero sus piernas no respondieron. Su cerebro también se había averiado, porque un horror con tales aristas no podía ser asimilado por la mente humana. Quería llorar, porque las lágrimas limpian el alma, pero no lo consiguió. Ahora incluso el sufrimiento era un acto a merced del terror y la rabia. Se agitó convulso, y cerró con firmeza los ojos, porque tal vez la oscuridad tras sus párpados no tenía la misma máscara truculenta, no el mismo estilo, no la misma personalidad homicida... ¿Cómo podía pisar la misma mierda dos veces en un día? «Karma, maldito karma hijo de puta. ¿Maté a Cristo en mi vida pasada?» Debía existir una ley contra el miedo provocado a un Martell. «La puta que me parió...» La psiquiatra del instituto le había dicho que sólo era una etapa de la adolescencia, que ese temor pasaría a la historia en unos años, y entonces deseaba crecer más rápidamente, deseaba tener treinta años, si acaso, ser un banquero cualquiera que sofocaba a su hijo con libros de texto y cenas de negocios, pero que no temía a las sombras proyectadas por las puertas, o a los ascensores que podían servir como escenario a las fantasías más descabelladas de una mente ansiosa y desarrollada como la suya. «¿Por qué tengo ojos? Ciego no conocería la diferencia entre luz y sombra... Maldita sea la virtud del hombre... » —¿Estás bien? La voz, grave y reposada, le habló como se dirige cualquiera a un moribundo con los minutos contados. Chris levantó la vista, tartamudeando una plegaria olvidada en su infancia, y se encontró
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con una alta figura apenas distinguible. Parecía una silueta dibujada con tiza, flotando hacia él con una mano extendida, como un gesto de paz, un invasor que sólo pretendía negociar. —¿Estás bien? —preguntó, cuando estaba lo bastante cerca para poner una mano sobre su hombro. Era una mano firme, de dedos largos y callosos, dedos de guitarrista, como los llamaría su madre, que portaba en el dedo corazón un anillo simple, como el que usaría un prometido bastante chapado a la antigua. Ni siquiera consideró la posibilidad de que fuese un producto de su imaginación o el fantasma de las Navidades pasadas que llegaba para infundirle esperanza. Sabía que era una persona real, quizá otro estudiante que, ocupado en sus necesidades fisiológicas dentro de los excusados, no se había percatado de su silenciosa presencia hasta que, después de cortarse la electricidad, empezara a gritar como un chiquillo en la función nocturna de Halloween. En realidad, Chris nunca se enteró de cómo lo había reconocido en esas tinieblas impecables y pulidas. —¿Estás bien? —insistió, apretando su hombro nuevamente, tal vez suponiendo que estaba al borde de la inconsciencia. Chris se separó unos centímetros y le sonrió a ningún punto en particular, hasta que recordó que ambos estaban momentáneamente ciegos. —Sí, estoy bien —dijo con la voz rasposa. Su interlocutor asintió y cuando recordó que estaban momentáneamente ciegos, dijo—: Te escuché gritar. «Joder, tenías que decirlo... » —Sí, me asusté un poco. —Yo diría que mucho. —Yo diría que no te incumbe. —Yo diría que sí, porque sólo sabe Dios cuándo se van a abrir esas puertas. Ambos suspiraron, el primero con un vibratto admirable. —Pensaste en eso, ¿eh? —Tú también; te escuché llorar. —¿Lloré? —Como una niña.
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Chris escuchó estas palabras con asombro. Y no era el tipo de asombro que le producía la seca agresividad con que la palabra niña le era dedicada innumerables ocasiones en una sola jornada. Le asombraba que el tono fuese de una complicidad genuina, rayana en el afecto, como si el otro chico lo conociera de toda la vida, cosa imposible. No lo llamaba por su propio nombre porque bien era muy cauto o realmente desconocía que estaba encerrado en un baño con Chris, el marica cara de niña... —Me asusté de verdad —volvió a decir, casi excusándose. Su vista comenzaba a adaptarse a la oscuridad, y ya podía entrever el contorno de las rodillas dobladas del otro chico, a sólo unos pasos de distancia. —¿Y ya no estás asustado? —inquirió, mientras lograba atisbar los ojos del chico aterrado que no había escuchado entrar al baño para interrumpir su ensimismamiento. —Un poco —admitió, secando una lágrima. —Yo diría que mucho. —Yo diría que hablas demasiado. El otro sonrió y Chris pudo ver su grisácea sonrisa de labios delgados, más grandes que los suyos, unos labios sencillos que parecían no conocer las muecas tristes, que parecían existir sólo para sonreír a los afligidos. —Lo siento —se disculpó, notando la fina chamarra de cuero que llevaba el chico aterrado—. Yo también me asusto con la oscuridad. —No lo parece. —Porque en nada me ayuda asustarme. Ahora veía que el otro vestía con los pantalones del uniforme y una camisa blanca, arrugada y sin mangas. A él también le gustaba usar esas camisas, aunque su acompañante parecía haber hecho la factura él mismo, cortando burdamente los trozos de tela innecesarios para lucir los brazos marcados y morenos. —Si pierdo la cabeza, pierdo el camino —sentenció, acercándose un poco más, tratando de descubrir su rostro, que podía suponer tan mediocre y habitual como los otros rostros del Instituto Staunton. —No me digas —contestó Chris, y encontró una broma ingeniosa para dejarlo anonadado—. Si pierdo la cabeza, pierdo la decencia.
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Misión cumplida. El otro rió con frescura y total desenfado, casi inapropiado para ese momento, pero bastante conveniente para solidarizarse con quien, ahora que podía ver mejor, tenía un semblante muy pálido. Chris, por su parte, no evitó complacerse al recorrer la complexión atlética, cuya camisa deshecha se ceñía de tal forma a su cuerpo que las líneas más remotas de su joven musculatura se hacían más perceptibles conforme cedía la oscuridad. —¿Qué tan indecente serías? —dijo, con esa complicidad pícara y genuina que había encantado a Chris en el primer momento y ahora, acompasando esas palabras, le dio un vuelco en el corazón. Se escuchaba como una insinuación sin duda alguna, pero aún estaba demasiado nervioso para sentir una emoción tan compleja como el deseo. El otro sintió un cosquilleo en la nuca, sorprendido con la paradoja: un par de minutos antes había estado realmente asustado como no lo había estado en años, y ahora, volvía ese ánimo juguetón y coqueto que lo inquietaba. Ya podía ver los ojos del muchacho aterrado, brillando como la fría luz de la mañana, y ahogó un halago directo y lascivo a esas hondonadas azules y electrizantes, imposible que derramasen las lágrimas que veía correr por el rostro aún desconocido. —Mira dónde estamos y júzgalo por ti mismo —respondió Chris, con un renovado interés en la conversación, desatado al descubrir las dulces líneas moldeadas del cuello, que cargaba con una larga cadena plateada que se negaba a cesar su brillo, y los labios mejor definidos, gesticulando a lo incesante y vibrando en cada respiración. —Es un momento sexy. —Carajo, sí —aceptó Chris y al echar atrás la cabeza para una risotada farsante en exceso, alcanzó a distinguir dos siniestros manchones negruzcos que rodeaban los ojos, como si lo único que le faltase para ser feliz fuese una siesta. Dos pendientes metálicos centellearon como un relámpago en los lóbulos bien formados de sus orejas. —Si es un momento sexy, ¿por qué gritas? —Porque me estás excitando... Había sangre escurriendo en su mejilla, una esbelta y afilada nube tormentosa reverberando en aquel cielo de belleza pura e imperfecta. El otro chico se removió en su sitio, y la perspectiva de su
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acompañante cambió radicalmente: finalmente parecía todo menos humano. Era un fantasma sólido y menguante, portando una máscara que parecía utilería de la más rudimentaria Comedia del Arte. Si el Joker de Batman se dedicara a ser sexy, probablemente se asemejaría al chico aterrado... Chris dejó en el aire las palabras que seguían en su contestación. ¿En realidad lo había dicho, o la esquizofrenia novata sólo era un plus al de por sí insoportable tormento? «Oh, sí, me estoy muriendo...» Gimió por lo bajo y esta vez no fueron las ridículas divergencias de su cabeza las responsables, sino ése que le coqueteaba entre líneas, como hace un asesino jugando con el detective. Él que en ciertos momentos transformaba sus vocales en las de una chica. Él, que se había acercado para confortarlo, mientras el resto del Honorable Instituto Staunton ignoraba (y raramente le importaba) si Chris Martell estaba afligido. Él, que probablemente era de su misma estatura, y cuyo rostro despejado y ceniciento le hizo saber que llevaba el cabello demasiado corto como solían usar los interesados de esa época, ahora acercaba una mano a su rostro. Sintió las minúsculas y atómicas vibraciones de sus dedos agitándose y desdoblándose como las patas de una araña, rozando el vello escaso en sus pómulos, y recorriendo con una yema fría y dura la textura de su piel polvoreada. Chris lo rechazó, echándose atrás con tanta sutileza como podía a escasas pulgadas de distancia. Suspiró, inhalando en cuerpo y alma la ventisca helada que se colaba bajo la puerta, arrastrando aflicción y desdén con ella, convirtiendo los baños del cuarto piso hundidos en sus penumbras inertes en su paraíso oscuro y recién descubierto. Él tenía las llaves de ese reino y una de éstas resbalaba del manojo convertida en el rojo fluido (porque creía distinguir más colores) que se negaba a limpiar. —Tienes sangre —comentó como quien no quiere la cosa, entrelazando sus brazos desnudos para entrar en calor... Si es que faltaba en ese paraíso. —No importa —musitó Chris, suplicando por fusionarse con la pared, y si la Divina Providencia lo permitía, atravesar el muro al otro lado. Si nunca le había gustado que lo tocasen otras personas, se tratase de su madre para alborotarle el cabello o un anciano generoso para estrecharle la mano en un provechoso apretón. Dios, si era
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intolerable a plena luz del día, con las aves en su cielo y el corazón despreocupado, ahora, en esas cavernas que parecían anteceder el Rubycon y con el corazón reducido a una nuez... —Usas pendientes, debiste cortarte con uno. —No importa —repitió, alzando la voz a un nivel que resintieron los azulejos al otro lado de la habitación («mi paraíso») («mi infierno, joder»). —Sí importa, se puede infectar. —Ni eso lo crees tú, McGyver. El otro chico rió, y el movimiento de su cuerpo al doblarse sobre el abdomen fue aprovechado para acercarse un poco más. Las respiraciones arrítmicas poco a poco formaron una extraña y anodina melodía que temía que no llegara a ningún crescendo. Porque ahora sí le importaba llegar al final de la partitura. Los seres humanos adoran lo desconocido, el anonimato, y el otro chico estaba confirmando esa hipótesis ahora, cuando los diez minutos transcurridos desde que el mundo retornara al blanco y negro («y rojo») le bastaban para saber que su imprevisto acompañante, fuese quien fuese, no era sólo un chico aterrado, sino la cumbre de los anhelos de un milagro. —Déjame limpiar eso —insistió muy a la desesperada, porque ahora el bemol imperante era tocarlo y saber que no era un sueño... «Si duele, no es real». —No... no me gusta que me toquen. —«Chris, el marica cara de niña... ¿joder, cuántos años tengo?». De haberlo externado verbalmente, como planeaba hacerlo, no habría vislumbrado los ojos acerados que bailaban un tango con los suyos. Perdido como estaba en descifrarlos, no sintió la mano que volvía a reclamar lo suyo, el dedo que recogía la gota de sangre y dejaba un rastro herviente y sonrojado. —Entonces no has disfrutado la vida. «Es real», pensó, sorprendido con la suavidad y fluidez que el puntito rojo se desplazaba entre los pliegues de su muñeca. Se limpió sobre las rodillas andrajosas, y volvió a su cuidadoso examen del chico aterrado, que ya parecía una criatura indefensa y herida... Una Eva de apagado resplandor que usaba pendientes... Chris relajó los tendones del rostro y en algo recordó las indicaciones de la señorita Peabody acerca de laxar el cuerpo sobre el escenario. Esto también era una representación, porque Chris, ése de
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destruyendo lentamente la mascara de ese arlequín asustadizo. la vida que seguía su curso todavía en las tinieblas. Ya eran tres dedos conformando la congregación del paraíso oscuro.Yess Knox 235 . Mi dulce príncipe . —Sólo algunas personas —replicó Chris. y se encontró no con el supuesto antifaz.! —Hablo de chicas. como si le activara las terminales nerviosas de su cara para devolverlo a la vida. internándose sugestivamente. —Desde luego. O había intentado estarlo. sino una película de pesado polvo que se acumuló sobre su uña.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 la vida real y el espacio físico. el otro chico experimentó una breve erección. sino el cuerpo de antología y la voz metamórfica que lo había embrujado con una centena de palabras. casi ronroneando. Exhaló.. —A mí sí. Las pupilas se dilataron.. pero no vio sino la sombra meliflua que. —¿Quiénes? ¡Vaya pregunta retórica! El dedo avanzó al otro lado.. ¿Ellas te dan miedo? —¡No estoy. tú no. sea dicho. Repasó toda la curvatura de los párpados. nerviosas. La presión ejercida en su globo ocular había sido emocionante. —¿Eso le dices a todas? ¡Vaya pregunta retórica! —No caen de los árboles. sin embargo.. no merecía los cuidados y caricias de un amigo invisible de quien tal vez nunca sabría nada más. y también limpió el aro negro que se había desteñido desde las pestañas. defendía sus últimos resabios de cordura y cobardía.. chico aterrado. El chico aterrado estaba maquillado. —¿No te gusta que te toquen? —Esta vez se dirigía hacia las dos ventanas ultramar que nunca sonreían. Chris. —¡No estoy aterrado! —Hablo en pretérito. o se acercaba a ellas. liberadora. Bastante mal. y con creciente satisfacción. El otro chico rió. o bien escapaba de sus intenciones..

La palma entera se apoyó en su rostro. Pero en esas cavernas que antecedían el Rubycon. y a los muertos. y Chris se sacudió. qué? —Touché. Pero el desconocido quería perder el control. chico aterrado? —Guitarra y bajo. pero desconocida de cualquier modo. se burlaba o lo jodía. mecánicamente. Y lo desconocido.. porque el chico aterrado era un desafortunado. No estaba haciendo nada que él. hablaba y caminaba. podían arrastrar a otros desafortunados («yo soy el desafortunado») a su vórtice supremo.Yess Knox 236 . porque sólo el Inframundo podía concebir la existencia de ese ser verídico y andrógino.. con la mayor simpleza que fue capaz de sacar. acaso para ver las mariposas revoloteando en su estomago. sí. ahogado en un novedoso Mi dulce príncipe . ¿nunca has tocado a nadie? —preguntó Chris.. o el arroyo pluvial que corría en sus venas. —¿Y a ti te gusta tocar. qué bien se sentía. el otro lo hacía probable. El dedo índice reptaba hacia el interior de su oído y el sonido exterior fue distorsionado como obra de un sintetizador. El otro estaba más cerca en la misma distancia restringida para ver la televisión o admirar un cuadro o acercarse a la jaula de los leones. todo parecía posible. mierda..... o tal vez sólo a una interrogante. y a Chris los secretos de las cosas que los muertos en vida.. porque sentía que su alma había salido a echar un vistazo fuera de las cavernas... consolando. Ahora jugueteaba con el lóbulo herido. en el sentido menos figurativo. o su cuerpo únicamente. no hiciere todas las mañanas frente al espejo. —Eió acidamente y él no tardó en unirse. Porque estaba vivo. nada a qué aferrarse y tener por seguro que permanecería bajo su control.. pero mucho más: sólo quienes vivían demasiado. Chris no sabía si le estaba coqueteando.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Ah. nunca podrían alcanzar. no era nada bueno. —A mí también. o con otro nombre. Porque el chico aterrado era un muerto. Pero.. —¿Te gusta tocar. —Entonces. quienes deciden someterse a los preceptos escritos para desafortunados y muertos. tan lleno de vida y hueco en su recipiente. Y si no.. donde sólo ellos reinaban. Chris supo entonces que estaba acercándose a un punto de peligro. A lo menos arrumbar sus preceptos sobre el respeto a los desafortunados.. el futuro.

—Eso no me dice nada —explicó.. Los suyos apenas se entreabrieron. esa extraña mezcla que hacía más exquisita la presencia del chico aterrado en su paraíso inhabitado. No perdía el tiempo y Chris ya estaba ocupado en ofrecerle un beso espectacular cuando su chaqueta de cuero resbaló hasta el suelo. y tan muchas para decidir que ese era el mejor beso que nunca recibiría.. una herida que sanar. cubierta por otra capa de cabello repeinado. que intentaba abrirse paso con una lengua atrevida.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 letargo que comprimía sus entrañas. tuvo que apartarlo suavemente antes de que rompiera en llanto otra vez. Chris no se inmutó ni un poco. estaba el beso. ya no por la oscuridad (que se había convertido en un temor obsoleto). » —S-sí. recelosos para recibir el aliento mentolado. —¿Quieres que hablemos en serio? —atacó. «Las estrellas se van a dormir. Regodeándose con el sabor que apenas había atisbado. antes que nada. Agradeció que la aventura transcurriese en medio de un océano negro pues lo aterraría un tanto más con el bulto que ansiaba ser apresado por manos inexpertas. ¿Quién crees que soy? —Me gustaría saberlo. Pero el beso... que incluso era generosa.Yess Knox 237 . Chris. o la oscuridad que ya no lastimaba tanto. Su miembro se endurecía pacientemente. ya no podía contener su erección. quizás dándole un tiempo para prologar la verdadera aventura. El tango había descendido hasta ambas bocas. sorprendido por la reacción de ambos. —¿De verdad? —La voz descendió conforme su rostro se acercaba al suyo. El primer beso fue casi imperceptible. Lo habían besado (y había besado) algunas veces antes. jocoso—. antes incluso que él. entrelazadas en su danza Mi dulce príncipe . tan fugaz como las ilusiones o el aleteo de un ave al mediodía. sino por su incapacidad para distinguir el afecto y la crueldad. o el otro. que se posaron en los suyos con la misma suavidad que empleaba para repasar sus facciones en busca de otra mancha que limpiar.. y casi se arrepintió por no disfrutar la tibieza empapada de los otros labios.. Lo atrajo hacia él y lo vio cerrar los ojos. —¡Desde luego! —estalló. palpándole el cuello hasta encontrar su nuca. tan pocas como podía un adolescente bisexual en los ochenta.

es mi forma de decir «un placer conocerte». Y se preciaba por su firme desdén a aquello que no requería. Se esmeraba en complacerlo. Sus orejas se convirtieron en el nuevo bocado. Los hombres que solían llevárselo a la cama (siempre en vacaciones de verano. no le servía para nada. decidió corresponder como se merecía su nuevo amigo. cauto.. Cuando se acercó lo suficiente.Yess Knox 238 . viendo a sus enclenques compañeros de piso bajo el agua tibia. y en cambio. la inexistente musculatura que a nadie podía sorprender excepto a él. desprovista de la pasión arrebatada de los besos memorables. deteniéndose a raspar el contorno velludo de su ombligo. Y necesitaba al otro chico. y velozmente se dirigió a las aberturas de la prenda para acariciarlo debajo. Lo necesitaba. tal vez el ímpetu cadente y decadente de una bailarina de porcelana al abrirse su cajita de música. pero su acompañante sabía que la necesidad erótica que él mismo había incitado todavía flotaba en su incógnito miedo.... rozando apenas la tela suave de su camisa. siempre eran mucho Mi dulce príncipe . cuando sus padres recordaban que tenían un hijo olvidado en las praderas de Luxemburgo).Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 dulce y quieta. como si supieran que la vida era otra cosa además de pretender el físico de Rob Lowe. «Las estrellas se van a dormir. porque sin él su paraíso inhabitado no sería sino una fantasía cualquiera. Cada hueso de sus dedos se estremecía conforme se adentraba a la curva pronunciada de sus dorsales. pero tal y como había explicado con infinita paciencia calculada. Lento. y dominó la del otro como se traga el sol el brillo de estrellas menores. alcanzó sus hombros y el contacto mutó los giros autómatas de la bailarina de porcelana en un torbellino ingrávido con aroma a menta. con sus cuerpos esbeltos y descuidados.» —¿Esa es tu forma de decir «hola»? —No. introdujo una mano bajo su playera. Chris dejó de contar los segundos que grabaría en su memoria. Él también tenía miedo. notando el abdomen delgado e indiferente. una fantasía que trabajosamente se entrevé en los trazos de un pintor mediocre. Dejó aflorar su boca como un fruto. por su aprecio incondicional a eso que necesitaba como al aire. El chico aterrado se deslizaba sinuosamente hasta su espalda. que nunca evitaba largas y plenas pajas después de ducharse. estrujó la ropa con ansia. Mordisqueó su cuello haciéndolo reaccionar con un suspiro prolongado. y mientras se abocaba a ello.

Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 mayores. incluso. y que la única piel que había tocado su pene respetable era la de su mano. sino que jamás se había acostado con ningún hombre. apenas cruzando el umbral de su puerta. la ventana o el piso de la regadera. y entonces descubría que las apariencias engañaban. y de una u otra manera terminaban descargando sus pollas experimentadas en el niño de físico asombroso y rostro exquisitamente perverso que bebía una Pepsi al otro lado de la barra. a menudo después de que se habían corrido un par de veces en el camino. Entonces. Así pues. sin encontrar diferencia entre placer o reparto de Mi dulce príncipe . sin saberlo. auténticas proezas de modelaje que lo calentaban un segundo para después recordar que en esas cabezas de bocas hambrientas. y vaya que lo había gozado con el vaquero. por aquel mito de esa plaga que llamaban SIDA y Dios había enviado para destruir a los homosexuales.). que sus brazos eran auténticos mazos que lo encarcelaban sobre el colchón. Simplemente ensartaban sus miembros cuidados. que sus padres no lo comprendían. los machos treintones (que siempre parecían malos imitadores de Village People. sólo requerían un hueco donde alojar su esperma. y un penecito infantil y subdesarrollado que mordisquear para el postre. Nunca les decía que su virginidad estaba perdida desde los trece años en el estacionamiento de un supermercado. no les importaba si su mentiroso virgencito sufría. sin sugerir el uso de un condón. se tocaba para ellos. lo besaban furiosamente. porque alguno. que deseaba un macho como en las películas que compraba clandestinamente en el colegio. machos de treinta que recorrían los mismos bares que él. Él. y que también eran adictos al gym y los pilates.Yess Knox 239 . y se forzaban por romper un récord quitándole la ropa. esperanzado con algo realmente digno de llamarse hacer el amor. era un maestro del engaño.. ya no porque realmente doliera. El otro chico los seguía encantado.. también los tocaba. que no evitaba gritar adolorido. sino que no había tacto. porque también. y cuando lo pedían. sin advertirlo siquiera. los torsos. cazando virgencitos de blondos cabellos. titanes rocosos que se cerraban sobre las suyas mientras los cabalgaba. solo hiel y ni una pizca de miel. recibiendo semen y mostaza en proporciones iguales. pasaba esas noches o tardes cogiendo sin recordar nombres o causas. no había dulzura. Y lo penetraban sin más. encerados y rasurados en él. había devorado un sándwich mientras él le abría las piernas. había un cerebro temporizado y de pocas luces. las piernas. cuya orden única era follar y comer.

Yess Knox 240 . alargando su lengua rosada (porque aún creía distinguir colores) hacia sus tetillas. presionando cariñosamente su glande encendido. y entonces extirpaba el sexo de sus prioridades. deseaba encontrar en uno de esos siete hombres un alma dentro del cuerpo. y que el único culpable de su desdicha disfrazada como placer era él mismo. o el que tenía un tatuaje en el culo. siete profesionistas que daban la bienvenida al otro con ese pequeño capullo de un metro sesenta y cinco que Doc. de Contaduría. y como sentía desdén a las cosas innecesarias. «diosa» y «puta» a intervalos regulares. o el que tenía esa coleta pelirroja. Vio que tampoco se andaba con rodeos. había encontrado en la calle. y tímidamente había posado su mano de uñas pintadas en azul eléctrico sobre el bulto en sus pantalones. demasiado ingenuo para su edad y demasiado atolondrado para responder. «muñeca».. acariciando el nacimiento de sus glúteos.. con el espíritu y el culo destrozado. Chris no sabía cómo había entrado en esa situación. Lo único que le importaba era no salir jamás. porque nunca había almas dentro de los cuerpos.Un fantasma que ya le había quitado la camisa y ahora se arrebujaba en su pecho. y en cambio se enojaba. así que lo llamaron «zorra». . y lo dejó de hacer cuando una profunda reflexión lo hizo comprender que los perros sufrían con un éter semejante al suyo. en tanto que los otros comían pastel. era un alma. Pero el chico aterrado no era un cuerpo. desechaba la idea de soltarse a llorar. y rodeando con un brazo (compacto y bien labrado en su medida apropiada) su cintura. descubierto en su breve gloria. decidiendo nunca volver a hacerlo. evidenciando su poca pero nutrida experiencia. porque ¡Oh sí! alguno lo había llevado a su pequeña reunión de amigos. simplemente entregado a una masa de machos treintones. y en todas y en cada una. hacía rabietas que sus padres atribuían a la edad o a una chica. Terminó en esa ocasión. o el moreno que le introdujo siete dedos. Era un fantasma. quizá el que nunca se quitaba las gafas. y los abdómenes nunca eran delgados. porque la pena era inservible.. midiendo los latidos de su corazón. o el que se masturbaba viendo la escena en la lejanía. Un alma muerta en su paraíso oscuro e inhabitado.. o el festejado rubio-afeminado que no dejó de penetrarlo por horas. y él. los paraísos no existían.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 fluidos. subía en su auto (porque le habían regalado un Saab para Navidad) y arrollaba perros en el camino. Mi dulce príncipe .

revelando poco a poco esas piernas lampiñas y gruesas. eres tan bello! —Le oyó una especie de canto. y después le desprendió los pantalones con lentitud. No por él. Chris se sintió tremendamente feliz. de manera que tardó en notar que ya no tenía la blanca camisa del colegio. porque al enunciado que pronunció no se le podía calificar como conversación. lo apresó en un extraño abrazo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 No creía poder repetir jamás la adrenalina de ese segundo cuando. El otro abrió su cremallera. y Chris temió. liberando su polla febril y gustosa. pero también espigadas. al mismo tiempo que se le ocurría lo excitante que sería lamer el único pezón redondo y negruzco que podía ver. Él finalmente podía escudriñar las sombras a la perfección. Después. Su acompañante era gentil. y convertido los baños en un pequeño sauna. pero seguía impregnado en su piel. Ahora Chris también sentía una erección desmesurada.Yess Knox 241 . acrecentando su éxtasis con la tersa tibieza de sus nalgas. que el otro lo abandonase. todavía encerradas en la niñez de tajo cortada. Se acomodó mejor para tal movimiento. en tanto le introducía la derecha bajo los calzoncillos. consiguió zafarse del chico aterrado. cedió ligeramente. Lo besó otra vez y se dejó capturar por la nuca. todavía escondida en la tela púrpura de sus bóxers.. al fantasma. —¡Dios. lo llamaría hippie» pensó. Las apretó con fiereza. Sus pies de bailarín. así que aceleró el movimiento de su mano. «Si mamá lo viese. temblando de frío. estimulando cada nervio en su avance. pero su nuevo amigo le separó las rodillas a cada lado. Esas palabras. en un solo movimiento. habían emergido de un sitio que ninguno de los dos conocía. y comenzó a excavar. porque el calor de ambos cuerpos entrelazados había derrotado los soplos helados procedentes del exterior. que ahora se castigaba por considerar siquiera que masturbarse era más satisfactorio que la compañía mutua. extendiendo sus inquietos dedos sobre el cabello crespo y recortado. que suplicaba ser atendida. que aún no lo había abandonado. apremiante. quitándole la camisa y sobando la horcajada hinchada de los pantalones color vinom de rodillas agujeradas. buscando su entrada. que ahora guiaban su mano a trazar círculos concéntricos y lascivos en sus pectorales. y lo recostó en el suelo templado. como les llamaría su padre. se recogieron hacia la cintura. y friccionó con su lengua sobre el botoncito tibio. claro. El aroma a agua estancada. y notaba hasta la más pequeña arruga en sus Mi dulce príncipe .. y pronto la felicidad mutó en un auténtico deseo. Sonrió a la oscuridad. con mayor ahínco que a las mismísimas cavernas.

porque no encontraron los ojos del otro. Era un príncipe real. daba igual si Mi dulce príncipe . ataviado sólo con una capa roja y su espada. porque ante todo detestaba la herencia familiar y todo lo que ello implicaba. Hecho esto. los músculos labrados y pálidos que corrían sobre él. dándole algunos años extras. y finalmente pudo sentir la polla gruesa y mojada que se alzaba en vertical.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 bóxers. un príncipe que no llevaba un caballo blanco. pero Chris sabía que quien lo acompañaba estaba muy cerca. y justo cuando estaba besando los muslos del chico aterrado. Deslizó sus manos bajo las axilas ligeramente velludas. sintiendo sus propios pezones rozando los otros. Era un príncipe de carne y hueso. aun cuando son representadas hasta el más insolente punto y coma. y sin despegarse de su rostro jadeante y farfullador. orgullosa por el dominio que ejercía en él. y rieron pausadamente. el vello erizado de sus ingles escondiéndose en un rincón.Yess Knox 242 . El otro se apoyó en un codo. Para los fines del muchacho esto no importaba. este se sentó. y la nueva e inaudita luz selenita que flotaba en el cristal esmerilado sombreó cada línea de su cuerpo. y Chris no sabía que era incluso más joven que él mismo. y excitado hasta la médula. sonriendo de manera torva. y le dijo. con voz grave: —Todavía no estás desnudo. tiritando de frío. le deslizó los jeans y la ropa interior en un tirón. desnudo y maravillosamente frágil. para comérselo con un solo beso. salvado por el impertinente calor de su cuerpo. Se relamió los labios. tal y como suponen los escritores más edulcorados con sus cuentos de hadas. acercándose al gesto de un demonio amoroso. Nuestras fantasías nunca se cumplen en su totalidad. dejándose caer cuan largo era sobre él. de ser el dulce príncipe que en un sueño estúpido y romántico llegaba a rescatarlo de las cavernas. Lo encontró y lo tumbó en el piso. adheridos a su piel sudorosa. más jóvenes y desarrollados. y Chris se quedó sin aliento con su imagen. y lo impulsó hacia arriba. Chris se acercó a él. prácticamente a nada. sino la fuerza de sus propios músculos. no como el adjetivo que Chris no se merecía. 4 Ambos se miraron en distintas direcciones. descendió a sus deltoides. aunque los príncipes no tienen edad ni tiempo.

El líquido se adhirió a su garganta. hasta la torre mas alta. no dejó ir una sola gota. No estaba ni remotamente creativo cuando el otro lo separó. y arrodillarse junto a él. sorprendiéndolo. casi lánguido. ambos sabían que el tiempo se detenía cuando tenías un cuerpo y un ser a tu disposición.. moviéndolo de un lado a otro. Chris aceptó tardíamente. asombrándolo. dejando su entrepierna a la altura de su nariz. al tiempo que se las ingeniaba para volver a chupar el delicioso pene que se agrandaba con cada beso. débil y fatigado. el príncipe del Banco Nacional.. soñaba a solas. disfrutando cada estocada y lamida. revelando su complexión divina y el pene imperioso. consiguió levantarse torpemente. tomando con los labios el músculo de piedra que crecía de su príncipe.. en materia prima para los recuerdos. y allí se arrancaba la capa. esperando que descubriera su petición. Recordó entonces que uno de esos machos treintones le había dicho que ganaría cualquier concurso de eyaculación decente y pensó en reír. y después lo obligaba a ceder a las tinieblas. Mi dulce príncipe .. sin hacer comentario alguno. le arrancó con brusquedad la única prenda que le quedaba y se echó de bruces sobre él. Se felaron mutuamente con paciencia. Era un príncipe. ninguno tenía un reloj y probablemente habría sido inútil.Yess Knox 243 . pegándose a sus dientes y satisfaciendo con su sabor frutal. porque los orgasmos que Chris se inventaba y no había conocido. transcurrían en las tinieblas. Chris captó la idea y se inclinó con elasticidad. porque uno en su paraíso y el otro en sus cavernas. como había hecho éste la primera y lejana ocasión que se habían visto (porque el tiempo ya no existía). para usarlo como se merecía y poseerlo de igual forma. y volvió a chupar. pero antes de hacerlo ya había recibido la primera descarga del chico aterrado. —Me voy a correr —dijo el dueño de ese sombrío paraíso. cuando éstas ya no eran el cancerbero que ladraba en el portón del Inframundo. Su acompañante sujetaba su miembro. y antes de la última letra un tremendo chorro de leche cayó en la boca de Chris. soltando a su vez las primeras gotas de semen en la otra garganta. el que lo cargaba en brazos. y rara vez ocurren en compañía de un segundo. y comenzó a chupar como había visto hacer. .Y Chris inspirándose. deteniéndose en la orilla de la cabeza para volver a impulsarse. Porque cuando terminó de escupir el liquido que se acumulaba penosamente en su garganta. Y cuando lo hacen es porque olvidan su estatus y se convierten en vida real. su príncipe.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 tuviese cien años o más. sino la explosión espumosa y rugiente que él. porque los sueños siempre son solitarios.

Dio un paso.. Chris dudó («maestro del engaño»). El chico aterrado se volteó por cuenta propia. glorioso. Otro silencio. su juicio importaba tanto como las moscas detrás de la ventana del apartamento que hedía a sexo.. y no se inmutó cuando él recorrió con una yema toda la cumbre desde su nuca hasta el anverso del pubis. él llevaba el mando. o así lo había obligado el chico aterrado. y él se acercó un poco más para estimularlo con mayor vehemencia. —Si tú quieres.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Quiero que me cojas. y en tanto sus labios se acercaban para otro beso interminable.. Nunca había tenido elección. No. no bueno. y no se había acordado de hacerla durante la insignificante conversación que habían requerido para darse cuenta de que estaban tan calientes. Apretó las nalgas inconscientemente. pero aunque lo intentara. —¿De verdad? —¿Te parece que miento? —Dolerá.. El otro chico parpadeó y moduló el extasiado tono de su voz.. —Tendré que usar. —Sí. sin embargo. —¿Eres virgen? Silencio. algo que pudiesen alojar en su más recóndita memoria. no podía mentir a su príncipe. —Si tú quieres. Cuando hacía de estúpido amante y esclavo acomedido a la vez. Faltaba una pregunta por hacer. Mi dulce príncipe .. —¿Te parece que algo me duele? El otro también se levantó y su silueta se contrajo al contactar con el halo luminoso detrás de él.Yess Knox 244 . Ahora. lo estaba empujando hacia la delgada plancha de madera que antecedía un inodoro. pensó. Aquello tenía que ser bueno para ambos. y renovase las líneas del Instituto Staunton (que ya habría reportado el fallo a esas alturas) y la luz irrumpiera nuevamente en su paraíso oscuro. sino espectacular. —«Dímelo a mí». después de que la compañía eléctrica recapacitara de su gravísimo y afortunado error.

y allí clavó sus uñas. Preguntándose en qué mierda se había metido («o qué mierda me están metiendo»). pero invariablemente puede sobrevivir. adivinó que estaba preparado.. una garra presurosa que se cerraba en torno a su instrumento. más que sentir. Chris gimió. Se mordió el labio inferior y su gesto parecería gracioso. y en la parte de su culo que aún estaba expuesto. El otro se aplica a aquello que puede ser clavado y maltratado. sentía una marejada de cubos de hielo que peleaban por hundirse con la penetrada. y ahora Chris ya sentía los testículos golpeteando Mi dulce príncipe . fuese la ropa.Yess Knox 245 .Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —No.. no quiero —contestó Chris con un hilo de voz. y de inmediato soltó la polla que estaba por desvirgarlo como nadie había sido desvirgado nunca antes. el ruidito gutural ascendió con su color de soprano conforme penetraba más profundamente. —anunció. quien tomaba impulso apoyando sus manos en las caderas de su tierna víctima. Él le acariciaba el cuello. Porque ya no era sólo otro chico. Lo arremetió con excesiva prudencia. deslizándose con suavidad. Consiguió sujetarse de las bisagras de la puerta cubierta de cromo. y cuando comenzó a sobrevolar la superficie de la hondonada negra con el vaivén del soplo en su respiración profanada. y él intentaba separar tanto las rodillas que sentía rasgarse como un calcetín. Su carne comenzaba a adquirir la consistencia de una hoja de papel. destrozando lo que quedaba de ellas. porque no podía existir nada. y como sucedería en el crescendo de una orquesta o el éxtasis afrodisíaco de un rock star. Todo su pecho estaba pegado a la puerta del inodoro. que lo separasen del príncipe. Chris dejó de gritar con la misma modulación que había empezado. Escuchó. —Hazlo ya. trató de cerrar las piernas con desesperación. pero se habían agarrotado desde el nacimiento de las rodillas y parecían soportarse sólo a la embestida inicial que le dedicaba su incidental amante. de no ser por el bufido animal que explotaba a cada centímetro. Su acompañante relajaba su entrada con un temeroso ritmo que aliviaba su resistencia. apretándolo como si el chico aterrado sólo encontrara allí su escapatoria al bífido dolor que carcomía sus piernas. ahora con dos dedos socavando su entrada temerosa. La ominosidad empleada hizo pensar a Chris en un discurso presidencial más que su primera cogida formal. —Voy a hacerlo. la dignidad o el látex.

calentándolo cada vez más. Y se dejó guiar. recuperando su respiración. —No. ya sin encontrar diferencia entre su néctar y ése otro que le empapaba las manos como lluvia blanca. ahora dos nubes que apenas distinguía bajo su miembro estirado y recubierto de esperma que apestaba a triunfo. aumentando la velocidad de sus espoleadas. sino el azahar más fino e irreconocible. ahora un útero plástico y cristalino donde él y el cancerbero. fláccidos y goteantes. él alzando las nalgas y sacudiendo el cabello alocadamente. porque el paraíso oscuro diafanizaba todos los miedos pasados y futuros. el otro. se convirtió miméticamente en el placer más turbio y espumeante que nunca había sentido. su príncipe gritando toscamente sin temor a ser descubierto. y comenzó a salir con parsimonia.Yess Knox 246 . El vello picoteaba las lineas de su entrepierna. usando su lengua como el cincel que esculpía el mármol que restaba de su cuerpo. cuando lo embistió por segunda vez y mayor facilidad. que ahora tenía el rostro amorfo de la pasión. el cerebro de Chris hizo las conexiones requeridas. paso a paso. y reemplazando el goce eterno con otra Mi dulce príncipe . el otro degustando el sabor de sus propias lágrimas. jadeando con leves estertores que lo volvían la bailarina de porcelana cuya cajita de música era penetrada por un soldado de plomo. Chris alzando los ojos al cielorraso. donde sonreían estúpidamente los tubos fluorescentes que ya no podían contar la de veces que escenas similares habían transcurrido ora en su presencia. el olor de su saliva entremezclándose con el vaho de su boca. ora en su ausencia. su amante tensando cada músculo de sus brazos al tope. Cuando no creía poder aguantar por otro segundo. ya sólo era él dentro de las cavernas. flotaban sobre la líquida negrura bajo sus pies. finalmente. con él entrando y saliendo como un ángel entre el cielo y la tierra. su entrada amoldándose deliciosamente a la forma ancha del glande que no cesaba de escurrir.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 en sus muslos. el primero deteniéndose por un minuto. ya no tengo. le palmeó las caderas. Entonces. que ya no iban cargadas con azufre. uno restregando cada partícula de su ser con la criaturita gimiente y complaciente que ahora era suya. Ya no había otra cosa. casi en consuelo. y la tortura que lo estaba cortando en dos y lanzando de ida y vuelta a Alfa Centauri. saltando sus venas con el jugo anímico de la ardiente lujuria.. ni siquiera su príncipe.. en tanto él se masturbaba por propia cuenta. Un pequeño interruptor se activó. —No tengas miedo —dijo el otro chico.

5 Entraron a la ducha juntos. los restos humanos y laxos arremolinándose hacia las cloacas entreabiertas. Sí. pero suyo al fin. tanteando las paredes. un entramaje absurdo de extremidades y cabello que rodaba sobre el suelo en esos minutos congelados. deseaba como nunca echar una siesta sobre la banca desvencijada. vaya que había sido descuidado. quedaría mucho tiempo para esto. el segundo entregándose nuevamente a su honrosa faena. Chris dejó que lo enjabonase. bastaba simplemente con abrazarlo por la espalda para hacerle saber que aún estaba allí. asistido por un orgasmo que no podía llenar un cuerpo humano. pensaba en las consecuencias de su descuido. pero ya no quedaba tiempo esa noche para recobrar recuerdos recientes.. Sentándose en la banca. actuando con esa voz desenfadada y acuosa que apenas conocía. mordiscos. y cargando sobre él con todo. y después refregara sus propios fluidos del cuerpo desfalleciente. porque ahora. Las paredes humeaban. y más que eso. permitió que le diera una suave cabalgada que no llegó a nada. los espejos se derretían. debían verse uno de esos días fuera del instituto. besos. éste llevando su preciada carga al interior del inodoro.. porque Chris se lo había dicho. mientras ahora también hacia gala de sus facultades corporales para que todos sus miembros rodeasen al amante oportuno. sin dirigirse la palabra. porque sí. el punto final de ese cuento de hadas. donde ahora lo esperaba su ropa extraviada y la toalla perdida. golpes y patadas transfigurando el epílogo de la aventura. y las ramas de un olmo viejo y abandonado rasguñaban los muros exteriores. reconocía que sólo un Mi dulce príncipe . reconocer en el otro no a la quimera gregaria de un sueño. porque las acciones dicen mas que el verbo. debían hacerlo otra vez. por su parte. Los miembros flácidos y agotados se encontraban de vez en cuando. sino un algo mediocre e imperfecto. cuando su ratico de infinito desenfreno y vergas jugosas había pasado. aquél deshaciéndose en lamentos y gritos.Yess Knox 247 . Ya habían dicho lo necesario hasta ahora: al otro no le importaba hablar. y Chris. por único compañero el anonimato y el deseo de mirarse los rostros. Él no lo tocó durante el baño. las ropas desperdigadas en el campo de batalla.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 ronda de sexo oral que a nadie dejaba insatisfecho.

Lo que realmente podía despertar un genuino sentimiento de pánico era la perspectiva de no volver a tener nunca entre sus brazos al chico aterrado. estaban las cosas que Chris realmente debía detestar. Nada de esto le aterraba. El cóctel de accesorios ya esperaba afuera. Detrás de esas puertas herméticas. porque conocía pocas cosas de sus padres. también era calculador de riesgo. Él. rostros inevitablemente conocidos. con su típica filosofía de «llamar-a-los-padres-en-caso-de-emergencia». listo para emprender la marcha en cuanto los generadores del sótano se reencendieran. la soledad. los videntes que estaban ciegos y los escuchas que eran sordos. las puertas herméticas se abrirían. la luz eléctrica. donde habían abierto el libro de su efímera noveleta. sino volver a tener en su nuca la respiración de cuarenta y ocho golpes en treinta segundos. la ignorancia. sino un par de alumnos. ni siquiera abrazarlo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 estúpido se atrevería a cometer tal error. el miedo era inútil. La risotada obscena. a sabiendas de que un fallo eléctrico no podía durar para siempre. el cóctel de accesorios que se enfrentaban y vapuleaban algo tan simple como el anhelo de un respiro amoroso en el cuello. se evaporarían con la misma rapidez que el calor de su piel cetrina. y un marica cualquiera que había seducido al chiquillo. y una era su renuencia a considerarlo un adolescente en toda regla. Y su nueva hipótesis era ineludible: cuando las puertas se abrieran. o sí. y tampoco el señor Reynolds.. maestro del engaño y andante. No.. con el rastro lechoso de su breve pausa en la historia universal del Nuevo Siglo de las Luces Eléctricas y Microondas. los suéteres de lana azul con el escudo de armas bordado. que descansaban desnudos y satisfechos en el suelo de las duchas. pero como había dicho. la luz que devolvía sus revoluciones a la relojería de la humanidad.. no para encontrarse con el alivio de los necesitados y pudorosos. si se le podía calificar como una al revolcón natural y casi ficticio entre su indefenso hijo. y que al renacer los tubos fluorescentes y el espíritu de Staunton. la vergüenza. los machos treintones que engullían pollo mientras te llamaban por el nombre de sus esposas. Entonces. el rechazo. y con ellas una horda de vejigas a medio explotar que correrían a los baños del cuarto piso. su chico aterrado. Estaba el desprecio mismo.. el gesto airado y las calumnias indignadas no se harían esperar. la voz grave y las reprimendas frecuentes por su horrible vocabulario. a pesar del cuerpo tonificado. sino quedarse con ese fragmento de karma Mi dulce príncipe .Yess Knox 248 . que debería permanecer virgen hasta el matrimonio. todos los deseos renovados de ése. ¿que le restaba. no algo de tan ridícula proporción como la oscuridad o un poltergeist.

había poseído con otro como él. no podría mentirle a ese jovencito aterrado. se refrescaba el rostro en el lavabo mas apartado. y en dos cuerpos acalorados. podría retroceder a ese paraíso oscuro que alguna vez.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 que perduraría en su rubicunda memoria? Tal vez un día. Disfrutaba como nunca del vital líquido aflojando sus tejidos. un chico aterrado que no tenía rostro ni nombre. El maquillaje estaba embarrado sobre su ropa. La alargada sala se cimbró bajo el yugo renovado del neón que escupía su límpido brillo sobre las baldosas blancas («cuerpo blanco»). devolviendo su color saludable al muchacho que. en la estancia de azulejos color malva. los inodoros de porcelana («bailarina de porcelana») y el arroyo formado por el espejo cóncavo y todavía empañado. antes de las siete de la noche. La cascada luminosa se filtró a través de los corredores del edificio hasta colarse en los baños del cuarto piso. y allí sumergió la cara sonrojada e invariablemente sonriente. los fantasmas debían regresar al sepulcro. y él mismo. fue su segundo pensamiento. y en las paredes. retornando la natural frescura de su piel. abandonado. había surgido de su corazón ingrato. 6 «Estoy dentro de una estrella». cuando descubrió que el otro chico ya no estaba. de nuevo en un apartamento maloliente y descuidado. El paraíso oscuro estaba cerrando sus puertas. apenas el esbozo de la lámina de un cuento de hadas con el abdomen plano y la borrosa máscara pintada en su faz.Yess Knox 249 . con un sombrío propósito. y cuyas peores expectativas yacían en la imperante caverna que ese día.. sin atreverse a parpadear hasta que sus ojos se irritaron. El cuenco de sus manos se había rebosado de agua helada. pero los últimos Mi dulce príncipe . Esa fue la primera impresión de Chris cuando Prometeo devolvió la luz a los hombres. «Desapareció en el agua». Chris respiró hondamente.. y las huellas grasientas de una mano que había empujado el cristal como si intentase arrancarlo de su soporte. las estrellas debían irse a dormir. este año o quizás el siguiente o el siguiente. en compañía de un musculoso macho treintón que no se dignaba a verlo a la cara. y su único recuerdo era el resquicio abierto en la puerta.

Se vistieron mutuamente. porque claro. sean cuales sean sus hábitos sexuales.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 minutos en compañía del otro chico se habían empleado en despejar la escena del crimen (como él la llamó). En ningún momento volvieron a acercarse a las puertas en el otro lado de la habitación: la impresión era que el brote azulado y radiante que por allí entraba podría borrar al otro como la letra desterrada de una carta. En silencio. su fantasma de las Navidades Pasadas. Uno de ellos susurró algo al otro. de acuerdo en que ese delgado y apuesto chico detrás de la puerta era simplemente el marica cara de niña llamado Chris. El tercer estudiante con la vejiga llena era un amigo de Tom. Mi dulce príncipe . retrocedió unos pasos. y que lucia infinitamente más hermoso sin el disfraz auto impuesto. Chris giró en torno varias veces. como si intentara volar. como dos gordos niñatos descubren que sus regalos de cumpleaños son camisetas para fiestas y reuniones. y asintieron. Chris se alzó sobre las puntas de los pies. apretando el rostro y maldiciendo en voz baja. Emergió del charquito con un gorjeo expirado. capturando el reflejo de un chico que ya no estaba aterrado. Tres alumnos entraron en tropel a los baños. flanqueando la boca de su caverna. y las versiones fanáticas no se hicieron esperar. evidentemente. los labios entreabiertos y el corazón retumbando. diamante en bruto. el reguero de pólvora transitaba ahora por mechas más inconsistentes. Dos de ellos lo observaron atónitos. el mismo que esa tarde había llorado en la oficina del señor Reynolds después de intentar suicidarse en la caldera. «Sea quien sea. y se detuvo cuando unos pasos emitidos con ruda avidez se acercaron. convertido en la joya más grande del Cosmos. empujó la puerta y se hizo uno con las sombras asfixiadas. su chico de abdomen plano. y cuando percibió el familiar zumbido de las lamparas del corredor encendiéndose. jugando con las típicas bromas que los hombres. Y esa fue la última imagen que tuvo de su ángel. llevan impresos en el código genético.Yess Knox 250 . y se deleitó un segundó con los diamantes que crecían y vibraban entre sus dedos. una figura encorvada sobre el lavabo. Fue hacia la puerta. Se percataron de su presencia. no es él». y se quedó plantado detrás del vidrio esmerilado. de manera que nadie en sus cabales entraría a ese baño suponiendo que veinte minutos de sexo nutrido y exitoso lo habían sacudido de pies a cabeza. derramando el contenido de su cuenca sobre los azulejos.

y millones de otros chicos volvieron sobre sus pasos a recuperar los mil ochocientos segundos perdidos. Miró su Mi dulce príncipe . ¿Sólo media hora? ¿El otro chico. las hamburguesas salían de sus hornos. Un innovador reloj digital marcaba las 19:30.. ajustó las correas del estuche de su guitarra... el sexo. Su estómago se estrujó.» Respiró profundamente. o los esclavos de la leyenda al salir de la cueva. y los ignaros se santiguaron por escapar vivitos y coleando de esa prueba divina. «Einstein no se equivocaba.... El paraíso oscuro estaba cerrando sus puertas. y ahora lucía un algo más varonil que antes. el miedo. Chris echó su toalla empapada al hombro. El señor Reynolds ensayó un rápido discurso para proferir en los altavoces.. Las lámparas de pie estaban lejos de semejar fantoches de Halloween. sólo podría comentarle a Tom más tarde que el marica que se había tirado por un ensayo de matemáticas se había quitado el rimel y la pintura. se repitió en todo el trayecto a su alcoba. y regresó al suelo. que recordaba esa tarde en el armario de limpieza con lagunas. una centena de palabras tatuadas a fuego. las estrellas debían irse a dormir. A todo lo largo y ancho rezumaban las pequeñas multitudes que rezongaban sobre el fallo eléctrico. 7 «Because I can see in the dark.. y las modernas pilastras del ancho pasillo no eran ya sino un elemento arquitectónico. frías y desechadas. Los ventanales ya no eran tan grandes. y se sumergió a las profundidades de la estación del metro.Yess Knox 251 . Así debían sentirse los fantasmas al liberarse de la eternidad. comentaría: «lo puto ni el agua se lo quita». atolondrado.. El miedo ya era inútil. Tom. Sólo quedaba un principio y un intermedio para el final del día. los fantasmas debían regresar al sepulcro. y Chris Martell.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 le dedicó una sonrisa desafiante. la señorita Krane retomó la lectura de El Guardián en el Centeno... su cabello arrastrando el shampoo perfumado que le había encontrado su nuevo amigo en una gaveta. El chico. Las grabadoras volvían a tronar con las emisoras correspondientes. durmió sin soñar. y mi príncipe tampoco». el baño.. por primera vez en su vida.. único en la historia del instituto que ahora volvía lentamente a su ritmo. media hora? ¿Eso era la relatividad? «Einstein no se equivocaba».. y volvería a su paja acompasada con Beethoven.

sin embargo. y los ojos vaporosos. quietas. El miedo seguía allí. a excepción de una escasa docena de despistados y suertudos como él. si no? —respondió Chris. La compañía de las personas ya no le importaba. pero ahora le apetecía practicar ese solo que le quemaba la cabeza. De tal manera que en las bocazas. Respiró hondamente y comenzó a silbar Enjoy the Silence. Otro sujeto parecía dormitar en el asiento delantero. Se sentó cerca de la ventana. el metro llevaba un pequeño pero sustancioso retraso. las anchas bocazas de dientes metálicos devoraban y escupían a intervalos los trenes plateados. Ahora. sabía que el miedo era inútil. ¿no?». para la descarada tranquilidad que lo envolvía. impertérrito. El otro sujeto le respondió con una sonrisa apenas dibujada. Tenía una hora para llegar al estudio. —Disculpa —inquirió el otro sujeto—.. el simple roce con el sólido muro negro podía reducirlo a una bailarina de porcelana en el siniestro interior de su cajita de música. eh? —¿Cómo.Yess Knox 252 . quizás por uno de esos percances que pasaban inadvertidos a las autoridades londinenses. Chris respiró hondo y se coló en el vagón que parecía más despejado. Levantó la vista de las seis esbeltas cuerdas.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 reloj. Respiró una vez más. el cabello largo y sedoso. En otros tiempos se sentiría aterrado. El tren apareció rugiendo a todo vapor. —Gracias —dijo con natural gentileza. El tiempo jugaba a su favor. Pero los tiempos habían cambiado. sólo asomaban las vacías luces cítricas en sus gargantas de granito dominados por la oscuridad. y una mirada hambrienta a la Fender con dibujos tribales que había extraído del estuche. y ambos rieron. sin agregar nada más. ¿Nos conocemos? Mi dulce príncipe . sin conocer un por qué. pero el hombre. «Irónico. sin chimenea que sustentara tal metáfora. cerró su periódico y se inclinó a recogerla. A los extremos. y al escuchar la maldición de Chris. y nuevamente respiró aliviado. —¿Jaguar. El aire otoñal le sentaba bien a sus pulmones. y observó los desnudos brazos torneados. «A todos los santos y a mi manager gracias por este Grammy…» Los andenes desiertos. transpiraban su aroma a roca y humanidad insípida. y al buscar la plumilla. ésta cayó al suelo repiqueteando..

En 2007 publicó su primera historia original. el 11 de noviembre de 1984. además de todo lo relacionado con la cultura japonesa. 1 Desde que se enterara de la noticia. casi siempre sucias a causa de su trabajo como mozo de caballerizas.Maribel Llopis 253 . pero los que le conocían sabían que el hombre habría acudido encantado al frente.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Noble venganza Maribel Llopis Maribel Llopis nació en Palma de Mallorca. que duró 116 en realidad (1337-1453). el conde daba largos paseos a caballo por sus tierras. Noble venganza . hijo del conde de Greyfield. Cada día se aseaba a conciencia y al final de la jornada lavaba sus ropas. bajo las órdenes del rey de Inglaterra. Sus grandes aficiones son la literatura. El padre de Thomas. “Unreality”. durante toda la semana Bill se arregló con más esmero del acostumbrado. en forma de fanfictions de la serie japonesa Slam Dunk. todas las personas que trabajaban en Westcastle. el cine y la fotografía. Él se había librado de ir a la guerra a causa de una lesión en la pierna derecha que le hacía cojear. sus primeros escritos vieron la luz en 2005. y más acompañado de su único hijo varón. en una guerra que muchos calificaban ya de interminable3. especialmente el manga y el anime. también se mostraba agitado. sir Gerald. En realidad. regresaría pronto a casa tras cinco largos años en los que había estado luchando en Francia. Día sí y día también. España. No se sabía con exactitud el día de su regreso. Por si acaso. Al fin y al cabo. como esperando ser el primero en divisar en la lejanía su figura. llevaba mucho tiempo esperando ese momento: Thomas Fitzgerald. Bill apenas podía dormir a causa de la emoción y los nervios. el 3 Se refiere a la llamada Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra. Más conocida en Internet por el pseudónimo de Khira.

de color castaño oscuro. Dejó a Trip en su compartimiento y Noble venganza . Después de cinco años en el frente. Trip relinchó. aunque no tenía por qué hacer ningún caso al hijo del cocinero y el ama de llaves. habiendo en total dieciséis plazas para caballos. El muchacho se acercó al caballo y acarició su larga crin. siempre había sido muy amable y simpático con él. un edificio de planta rectangular construido con elegantes arcos de piedra de medio punto sustentados por columnas del mismo material. Veinte minutos después llegaban a las caballerizas. negra como el ébano. El cabello. Ahora Bill tenía diecisiete años y Thomas veintiséis. —¿Quieres que volvamos ya? —le preguntó. sacando a Bill de sus pensamientos. Entre columna y columna había espacio para dos compartimientos. a menos de un kilómetro de distancia. el caballo de Philippa. Bill recordaba perfectamente el cariño que sentía por el caballero. igual que sus ojos. Aquella mañana de mediados de junio amaneció nublosa y sombría. la hija del conde y hermana mayor de Thomas. supuso que era lo más probable.Maribel Llopis 254 . Se tocó la nariz. Quizá iba siendo hora de cortárselo antes de que le confundieran con una mujer. Se preguntó si Thomas le reconocería. Bill miró su reflejo en la lisa superficie. Thomas había sido un muchacho muy apreciado por todos y su regreso se esperaba con ansias. pero Bill se tomó su segundo relincho como un sí. Para llegar a él tenía que atravesar parte de un frondoso bosque. y luego las cejas. Mientras el caballo bebía del agua fresca del lago. poco pobladas pero bien definidas. estaban inquietas y alteradas. Bill había sacado a pasear a Trip. seguía siendo delgado pero sus músculos se estaban desarrollando gracias al trabajo en las caballerizas.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 castillo residencia de los condes de Greyfield. El animal por supuesto no respondió. fina y recta. Thomas. pero Bill se conocía ya esa zona al dedillo. Aunque no era más que un niño de doce años cuando Thomas se marchó. Bill había cambiado mucho: había crecido más de veinte centímetros y su voz se había agravado. le llegaba ya casi por los hombros. Lo llevó de la correa hasta un pequeño lago que había al norte del castillo. Se preguntó si Thomas también habría cambiado. tanto su físico como su carácter. si es que el caballero se acordaba mínimamente de él.

Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 luego salió al exterior para lavarse las manos en la fuente que había en el patio contiguo. como el alguacil Jacob. —¡Sí! Vamos. y al momento llegó su padre. además de algunos miembros destacados de Greyfield. seguramente sobre lady Margareth. Bill se quedó absorto mirándole. quien se colocó a la izquierda de ambos. Y lo más importante. —¡Bill! El muchacho alzó la vista y observó a su madre.Maribel Llopis 255 . Thomas iba a la cabeza del grupo. Le reconoció enseguida. montado en un impresionante ejemplar de caballo de batalla. Edmund. Thomas se bajó del caballo con un movimiento elegante. Bill se colocó a la derecha de su madre. Iba vestido con una túnica de viaje de cuero bajo una elegante capa de lana y botas altas con vuelta. con los mismos ojos castaños de Bill y una gran melena de color rubio ceniza recogida en un práctico moño. quien se aproximaba a él con pasos rápidos. —¡Está llegando! Durante un par de segundos Bill no supo a quién se refería. sir Gerald nos quiere a todos en la entrada al castillo para recibirle. Llevaba la cabeza descubierta y su cabello dorado ondeaba a causa del viento que se había levantado hacía unos minutos. —¿En serio? —exclamó. fallecida Noble venganza . El puente levadizo que daba acceso al castillo estaba bajado y por él estaba cruzando un pequeño grupo a caballo. la madre de Thomas. incluso podía escuchar su propio corazón palpitando con fuerza en sus oídos. Gwenda. parecía estar de una pieza. pero de pronto entendió que no podía hablar de otro que no fuera Thomas. Gwenda era una mujer menuda pero robusta. A continuación intercambiaron un par de frases que nadie oyó. Bill tragó saliva y se apresuró a seguir a su madre. y padre e hijo se abrazaron. ¡Thomas había llegado por fin! Los nervios de los últimos días se multiplicaron por mil. En la entrada principal a Westcastle ya se habían reunido una veintena de hombres y mujeres. y su piel estaba morena y curtida. prácticamente la totalidad del personal del castillo. La comitiva se detuvo justo frente a sir Gerald. Su barba era también rubia pero un poco más oscura.

Bill notó que se ruborizaba. otro caballero. concentrado como estaba en la figura del caballero. —Sí. Entonces la mirada de Thomas se posó en él. Los tres hombres que acompañaban a Thomas también descabalgaron y se colocaron a su lado. hasta que Thomas quedó a apenas a un metro de donde él se encontraba. y el tercero era un hombre de la edad de Thomas. Bill. seguramente un amigo hecho en la contienda. El oír de repente la voz de su padre sacó a Bill de su ensimismamiento. Bill contuvo la respiración. Noble venganza . Jacob. su hermana. Jimmy y Gerry.Maribel Llopis 256 . fue el primero en saludar educadamente al recién llegado. Después Thomas abrazó a Philippa. Dos de ellos eran jóvenes escuderos. —Bienvenido. señor. De pronto Thomas se volvió hacia la gente que esperaba tras sir Gerald. Su madre no tardó en decir exactamente la misma frase. señor… Al tenerle justo enfrente. de ocho y doce años de edad. El muchacho tragó saliva e hizo un esfuerzo por hablar sin que le temblara la voz: —Bienvenido. —¿Éste es el pequeño Bill? Gwenda sonrió y asintió. no se fijó de quiénes se trataban. Ya no es tan pequeño. sintiendo cómo esos ojos de color azul mar parecían querer atravesarle. ¿verdad? Thomas le miró a él de nuevo y sonrió. ¿Qué edad tienes? —Diecisiete. Thomas sonrió y les agradeció a ambos la bienvenida con un gesto. —Has crecido mucho… —comentó el caballero—.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 tres años atrás. hasta que se dirigió de repente a Gwenda con una ceja arqueada. señor… Thomas permaneció con la mirada clavada en él unos segundos más. Thomas ya conocía la noticia de su muerte pero era la primera vez que veía a su padre desde entonces. el muchacho se dio cuenta de que. y a los hijos de ésta. Después le siguieron varias personas más. el alguacil de la ciudad. señor.

después de los horrores vistos y sufridos en la guerra. Y a Thomas no se le había visto el pelo desde su regreso.Maribel Llopis 257 . Bill suponía que el caballero. hacía ya seis días. grande y altivo como todos los ejemplares de guerra. dándole a su rostro un aspecto mucho más juvenil. preguntándose el por qué de ese repaso visual por parte del caballero. e iba vestido de manera mucho más informal que el día de su llegada. pero el caballero le dedicó una última sonrisa y tras darle la espalda siguió con la ronda de saludos. De pronto. —Ya veo… A Bill le habría encantado seguir recibiendo esa atención inesperada por parte de Thomas. y sin darse cuenta una sonrisa boba se instaló en su cara.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 aunque él había crecido mucho. Se había recortado la barba. no le gustan los desconocidos —dijo una voz inconfundible a sus espaldas. encontrándose cara a cara con Thomas. Ambos parecían inquietos. Thomas se giró y sus miradas se cruzaron de nuevo. El caballero que había llegado acompañando a Thomas había permanecido una sola noche en el castillo. más pequeño pero con el mismo aire arrogante que el primero. con camisa. Brock. Noble venganza . quien le miraba con una mezcla de simpatía y curiosidad. Como cada mañana. Ese día hacía bastante más calor que los anteriores. 2 Al contrario de lo que Bill había pensado. su joven escudero. No podía estar más feliz. sobre todo Brock. y el palafrén de Alan. necesitaría un tiempo para recuperarse. Bill dio un respingo. partiendo a la mañana siguiente con su escudero hacia su propia residencia. ya era una realidad. Thomas había regresado. Contempló durante largo rato el caballo de Thomas. —Ten cuidado con él. Contuvo la respiración y lentamente se dio la vuelta. El caballero le dirigió una última mirada de arriba abajo. la vida en el castillo siguió su curso como de costumbre. Bill acudió temprano a las caballerizas. llamado Ike. tan fija e intensa que Bill se quedó paralizado. El mozo respiró hondo. de color pardo y crin blanca. Thomas seguía siendo bastante más alto que él.

pero nunca lo había hecho al lado de un caballero. —Bu-buenos días. —Hace casi dos años. La sorpresa fue tal que Bill tardó unos segundos en reaccionar. Prepárame la montura. —¿Qué fue de Mark. —Prepara un caballo también para ti —añadió Thomas—. el antiguo mozo? —Murió. Rodearon el castillo por su parte este hasta llegar al bosque que se extendía en la parte norte. siguiéndole con la mirada. el primero montado en Brock y el segundo en Jon. Diez minutos después. Trotaron en dirección sur durante cinco minutos por el amplio camino de tierra que comunicaba con la ciudad. Bill? El muchacho hizo memoria. el mismo Noble venganza . —Como desee. No era la primera vez que Bill montaba a caballo ni mucho menos. señor… —balbuceó.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 calzas y calzones de lino. Thomas avanzó un par de pasos. el caballero volvió junto a él. —Buenos días —saludó el caballero. —Oh. Me acompañarás. que parecía más tranquilo ahora que su dueño estaba cerca—. Se mantuvo un par de pasos por detrás de Brock. —Sí. Tragó saliva. Tras un par de minutos. Pero el caballero se mantenía silencioso y pensativo. Thomas y Bill salían del castillo. —Voy a salir con Brock a dar una vuelta —dijo de pronto mirando a su caballo. ojeando de nuevo a su alrededor. señor —se apresuró a decir Bill. hasta que al llegar a un cruce torcieron a la izquierda. señor. atento a las órdenes o indicaciones que pudiera darle Thomas. Bill permanecía estático. un palafrén joven de color avellana y crin rojiza. Echó un vistazo a su alrededor y luego volvió a centrar su atención en el joven que tenía enfrente—. ¿Cuánto hace que te ocupas de las caballerizas.Maribel Llopis 258 .

señor. Desvió la vista hacia el riachuelo. bajo la sombra de un enorme roble. Bill iba a Noble venganza . Después se levantó. El corazón le latía deprisa a causa de la incomodidad y los nervios. dio un par de pasos hacia atrás y se sentó en un lado del claro. —¿Eh? ¡No! —exclamó Bill. Al cabo de un rato de silencio y tranquilidad. Thomas desmontó y Bill se apresuró en hacer lo mismo. —Bill se encogió levemente de hombros y sonrió con timidez. Guiaron a los caballos hacia el riachuelo y los dejaron allí sueltos para que pudieran beber a gusto. Notó que Thomas no dejaba de observarle y le devolvió la mirada. Bill. aunque a una distancia prudencial. Y no dijo nada más. se levantó. permanecía quieto y a la expectativa.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 que Bill tenía que atravesar para llevar a los caballos a beber agua fresca en el lago. ahora todo era diferente. luego repitió el gesto y se refrescó la cara con ella. Se detuvieron en un pequeño claro junto a un riachuelo. Supongo que cinco años es mucho tiempo… —murmuró.Maribel Llopis 259 . aunque no fue capaz de sostenerla mucho tiempo. me costó reconocerte. El caballero se mantuvo en silencio durante unos instantes antes de volver a hablar: —Cuando te vi el día de mi llegada. y no sabía exactamente cuál era la causa. Has cambiado mucho. —¿Seguro? Estás un poco pálido… —De verdad. de pie a unos metros de él. obligándose a mirarle de nuevo a los ojos. Thomas caminó unos metros en la dirección del nacimiento del riachuelo y se agachó para coger un poco de agua entre las manos. nunca se había sentido intimidado por él. Sin embargo. Recordó que cuando era pequeño y Thomas le hablaba o a veces incluso le hacía bromas. —Ven. siéntate —dijo Thomas señalando su lado izquierdo con un movimiento de barbilla. Thomas suspiró y miró al cielo—. Bebió unos sorbos y la dejó caer. Bill obedeció y se sentó junto al caballero. —¿Te encuentras mal? —preguntó Thomas de pronto.

Asomó la cabeza por la entrada de las caballerizas y. por supuesto. —¡El trato se cerró antes de que te marcharas! —replicó sir Gerald. el marido de Philippa. cuando se encontró con la mano de Thomas frente a él. —¡Tendrías que habérmelo consultado! —gritaba Thomas en ese momento. pero nadie comentó nada. algunas graciosas y otras dramáticas. A veces. Bill.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 hacer lo mismo. pero eran unos nervios que él disfrutaba. Avergonzado y encantado a la vez. cuando de pronto unas voces le alertaron. A los pocos días de la vuelta del también caballero. Casi siempre terminaban reposando en el mismo claro. la tomó y dejó que el caballero le ayudara a levantarse. Bill creyó que el corazón se le saldría del pecho en cualquier momento. 3 A partir de ese día. —No puedes cambiar de opinión y lo sabes. Noble venganza . Una mañana a principios de julio. estaba encantado con ello. también proveniente de Francia. aunque el hecho de permanecer a solas con el caballero seguía poniéndole nervioso. En el castillo a veces les veían partir juntos y les miraban con curiosidad. Thomas le contaba sobre sus aventuras y desventuras en Francia. la pareja y sus dos hijos se marcharon para visitar a los padres de él. Thomas se volvió y se dirigió a su caballo. y otras veces simplemente se quedaba callado. —¡Hace cinco años! ¿Y si he cambiado de opinión? El conde le miró con expresión fiera. El castillo parecía vacío sin los dos pequeños. Bill suspiró y le siguió. Tras unos eternos segundos. Thomas le pediría a Bill en varias ocasiones que le acompañara en sus paseos a caballo. vio a Thomas y a sir Gerald discutiendo en medio del patio. Bill se encontraba en las caballerizas cepillando a Trip. sorprendido.Maribel Llopis 260 . con el corazón aún desbocado. Entonces ambos quedaron muy cerca el uno del otro. La noticia más destacable durante esas semanas fue el regreso de Richard. mirando al cielo con expresión melancólica.

te lo aseguro —decía Edmund—. Un enorme peso se instaló en el estómago de Bill al oír la noticia. me pregunto si Thomas recordará cómo tratar a una mujer —comentó Gwenda.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Thomas le devolvió la misma mirada a su padre. Bill no tenía ni idea de los motivos de la discusión. El compromiso beneficiará más al conde que a la familia de ella. pero aun así se sentía inquieto. Ella y Edmund estaban hablando sobre una tal lady Elizabeth. —No seas ingenua. Él mismo preparó la montura. Bill sabía que no tenía por qué preocuparse. Entró en el cobertizo que él y los demás sirvientes del castillo usaban como comedor en verano y se sentó junto a Gwenda. La jornada transcurrió sin más sobresaltos y la noche cayó sobre Greyfield sin que Thomas hubiera regresado. y también preocupado por la posibilidad que acababa de mencionar su padre—. provocándole un terrible malestar. —El padre de lady Elizabeth es más rico que sir Gerald. subió de un salto al caballo y partió con él sin despedirse siquiera de su padre. Se levantó de la mesa. Miró un segundo a Bill. pero no quiso seguir discutiendo. —Lady Elizabeth es la prometida de Thomas. —Después de tanto tiempo entre hombres. no sea que tenga lugar un nuevo ataque de los franceses y Thomas sea llamado de nuevo al frente. quien se apartó asustado para dejarle pasar. quien se quedó largo rato en el patio con gesto resignado. y se dirigió directamente a Brock. ¿Acaso crees que Thomas no ha catado mujer en todos los años que ha pasado en Francia? El último comentario de Edmund hizo que el estómago de Bill se revolviera un poco más. por eso le conviene apresurar la boda. ¿Quién es esa tal lady Elizabeth? Gwenda y Edmund le miraron. El muchacho regresó al interior de las caballerizas y siguió con su trabajo. dirigiéndose de nuevo a su marido. —¿De qué estáis hablando? —preguntó el muchacho. curioso.Maribel Llopis 261 . Van a casarse el próximo mes… o puede que antes. pálido. pero estaba claro que Thomas había salido perdiendo y se había marchado para calmar su enfado en soledad. Empezó a andar con pasos airados hacia las caballerizas. Noble venganza .

seguramente ya llevaría varios años casado. iluminado solo por la luz de la luna. la reservada a los sirvientes. —¿Cómo que no tienes hambre? ¿No te encuentras bien? — inquirió Gwenda. Le quería para él. Noble venganza . —No tengo hambre… —musitó el chico. Me voy a dormir. Thomas tenía ya veintiséis años. ¿Eran tanto él como sus padres unos pecadores? ¿Tan terrible era hacer el amor sólo por el placer que se sentía. y por lo tanto era inadmisible que practicaran el sexo. Sí. edad más que suficiente para contraer matrimonio. Era algo que tarde o temprano iba a suceder. y no con la intención de traer hijos al mundo? ¿Era una aberración desear a Thomas como él lo deseaba? ¿Iría al infierno por ello? Suspiró y meneó la cabeza intentando alejar aquellos desoladores pensamientos de su mente. Sabía que era estúpido sentirse mal por una noticia así. había oído infinidad de veces que el único fin de la fornicación era el de procrear. y una de las razones que se aducían era que dos hombres no podían concebir. De hecho. seis meses atrás. Sin embargo. Los curas decían durante las misas que la homosexualidad era un pecado. —No. no mucho. Y Bill también había hecho el amor.Maribel Llopis 262 .Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —¿A dónde vas? —preguntó Edmund. si no hubiera tenido que partir a la guerra. —Pero… —No te preocupes. madre. Pero la certeza de lo inevitable no le consolaba. Bill nunca había conseguido verlo así. y aún así algunas noches seguía escuchando a sus padres hacer el amor. Bill salió del cobertizo sin dar ocasión a sus padres de seguir hablando. Seguro que durmiendo se me pasa. Él no quería que Thomas se casara. con una muchacha de la ciudad. Atravesó el patio. pero sabía que su madre no deseaba tener más hijos porque ella misma lo había dicho en más de una ocasión. en dirección a la parte trasera del castillo. sólo por curiosidad.

y por un momento creyó de verdad que el corazón se le saldría del pecho de lo rápido y fuerte que le estaba latiendo. la más famosa de la ciudad. El hijo del conde se aproximaba a las caballerizas con trote rápido. señor? —preguntó. Podía sentir la mirada de Thomas clavada en su nuca. Abrió la boca. Trató de ignorar aquella desconcertante cercanía y seguir con su tarea. sujetándole sin demasiada fuerza pero con firmeza. Incómodo. trató de darse más prisa. De pronto. y la punta de su nariz y sus labios empezaron a rozar la piel de su cuello. La sospecha de Bill se confirmó: el caballero iba borracho. A Bill se le erizó todo el vello de su cuerpo. le siguió y entró tras él a las caballerizas. Se acercó hasta quedar a un par de pasos de él. sí… Podrías… desensillar a mi caballo… —respondió con voz pastosa y tratando de enfocar su mirada. y que ya solía frecuentar en su adolescencia. cuando de repente las manos de Thomas se posaron en sus hombros. y tuvo una sospecha. señor. Bill incluso sentía su aliento sobre la nuca. Se dio la vuelta y comprobó que efectivamente se trataba de Thomas y Brock. —¿Quiere que le ayude en algo.Maribel Llopis 263 . A Bill le llamó enseguida la atención la postura del hombre. Su pulso se aceleró. Thomas desmontó de un salto. —Eh. —Por supuesto. Seguramente se había pasado el día en la taberna Howard. pero al poner los pies en el suelo se tambaleó y tuvo que dar un par de pasos para estabilizarse. Preocupado. La presión sobre sus hombros aumentó. Bill se quedó paralizado.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Estaba a punto de entrar en el castillo cuando escuchó un conocido ruido de cascos. no tan erguida como de costumbre. y súbitamente se vio Noble venganza . Los labios y la lengua de Thomas empezaron a recorrer con lascivia el lado izquierdo de su cuello. El muchacho se colocó entre el hombre y el caballo y empezó a desabrochar correas de la montura. el caballero dio un paso hacia delante y se colocó prácticamente pegado a su espalda. Thomas le miró como si no hubiera reparado en su presencia hasta ese momento. pero fue incapaz de pronunciar ningún sonido.

y Bill se perdió en esos orbes del color del mar. Tenía una clara expresión de enfado pintada en la cara. Sin embargo. Fue entonces que el muchacho se dio cuenta realmente de la oportunidad que acababa de perder: ¡Thomas había estado a punto de besarle! —¿Es que vas a empezar a controlarme otra vez como antes de marcharme? ¡Ya no soy un niño. y vieron a sir Gerald avanzar en su dirección. —¡Thomas! ¡¿Dónde demonios te habías metido?! Thomas bufó y se alejó un par de pasos más de Bill. quedando frente a frente con Thomas. maldita sea! —gruñó Thomas. —¿Estás borracho? —inquirió sir Gerald mirando fijamente a su hijo. Noble venganza . Miraron hacia la dirección de donde había provenido el grito. entre la distancia y la oscuridad era poco probable que hubiera visto algo. pero ya no entendió qué decían.Maribel Llopis 264 . Ni siquiera se dio cuenta de que los centímetros que les separaban habían quedado reducidos a milímetros. —¿Y qué si lo estoy? El rostro de sir Gerald empezaba a encenderse a causa de la rabia. Bill. —¡Thomas! Ambos dieron un salto hacia atrás a causa del susto. ya puedes irte. —Sí. Mientras cruzaba el patio pudo escuchar un par de gritos más. Entonces reparó en la presencia de Bill y se controló un poco. —¿Qué haces tú aquí? —Yo… —Le he pedido que desensillara a Brock —interrumpió Thomas— . sólo regresó a la realidad cuando un imponente grito resonó en las caballerizas. Los ojos del caballero estaban clavados en los suyos. Podía oler perfectamente el alcohol en su aliento. con sus rostros a apenas un par de centímetros de distancia. señor… Bill agachó la cabeza y se marchó de allí lo más deprisa que pudo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 volteado.

Bill abrió mucho los ojos. Además su actitud era siempre soberbia y altiva. nos vamos a dar una vuelta —le dijo Thomas nada más toparse con él en el patio. La noche de la boda Bill no pudo pegar ojo. Noble venganza . Comprendió que no importaba lo sucedido o lo que hubiera podido suceder en las caballerizas. y la fiesta se alargó hasta altas horas de la madrugada.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 4 Después del incidente en las caballerizas. pero en cuanto se pararon a descansar en el claro. y era una imagen que le destrozaba el alma. el caballero se encaró con él nada más descabalgaron. El muchacho temía que el caballero se arrepintiera de lo sucedido. —Prepara los caballos. Lady Elizabeth era joven. tenía una rizada melena castaña hasta la cintura y los ojos del color de la miel. Era una mujer muy hermosa. pero pronto sus preocupaciones sobre ese tema se vieron superadas por otro mucho peor: la boda de la que toda la ciudad ya hablaba.Maribel Llopis 265 . No hacía más que pensar en lady Elizabeth y en Thomas juntos. ya nada cambiaría eso. El banquete tuvo lugar en el castillo. señor… —musitó desconcertado. Tal y como había predicho Edmund. de unos veinte años. Thomas no dijo nada durante el trayecto. No se esperaba que Thomas le invitara a ir con él otra vez. sin embargo tenía en su rostro una constante mueca de desagrado que la afeaba. ni siquiera se dignó a mirar a la cara de los que serían a partir de ese día sus siervos y que además habían estado trabajando durante días para preparar el banquete de su boda. Thomas no volvió a pedirle a Bill que le acompañara en sus paseos. o que ni siquiera lo recordara a causa de la ebriedad. aunque tenía un busto generoso. Era alta y delgada. y mucho menos en su primer día de casado. Poco rato después cabalgaban en la misma dirección que de costumbre. Su piel era pálida y en la zona de las mejillas tenía varias pecas. —Sí. sin embargo. rodeados de largas y negras pestañas. A la mañana siguiente. Thomas estaba casado. se llevó la gran sorpresa. el enlace se celebró antes de lo previsto y Thomas y lady Elizabeth se casaron en la catedral del condado a mediados de julio.

quien le vio las intenciones y dio un paso hacia atrás. De nuevo esa mirada azul tan intensa que hacía que todo lo demás a su alrededor se desvaneciera. aquella noche impaciente—. —Estáis casado… —repitió con voz temblorosa. —¿Entonces? Un intenso sonrojo se apoderó de las mejillas de Bill. Bill inspiró hondo y negó con la cabeza. por lo que desistió de su interrogatorio y se aproximó un poco más al muchacho. Sólo quiero saber si el motivo por el cual no te apartaste de mí esa noche fue porque temías que me enfadara si lo hacías. Le había levantado la voz a Thomas. Un amago de sonrisa apareció en el rostro de Thomas. —¿Bill? —Estáis… Estáis casado… —consiguió decir. o porque también lo deseabas? — insistió el caballero. sin saber muy bien qué debería responder. Thomas le miraba algo sorprendido pero no parecía enfadado. Inmediatamente se tapó la boca con una mano. —Ya lo sé… —suspiró Thomas—. —No. señor… No fue por eso. —En las caballerizas. ¿Por qué no te apartaste? —aclaró Thomas. nadie debe enterarse de esto o nos ahorcarían a los dos. —Bill… —empezó de nuevo—.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —¿Por qué no te apartaste? —le preguntó colocándose a escaso medio metro de Bill. —¿Perdón? —Bill no se esperaba ni la pregunta ni la cercanía y estaba descolocado. —Eso no responde a mi pregunta.Maribel Llopis 266 . asustado. —¡Pues para mí sí! —exclamó sin poder contenerse. Noble venganza . Pero aunque no lo estuviera. —¿Fue porque no te atreviste. el hijo del conde de Greyfield… —Lo… Lo siento… —murmuró. El chico tragó saliva. No se atrevía a decir más y Thomas intuyó que no se lo sacaría.

—Ya pareces mi padre —farfulló el caballero. cuyo rostro permanecía impasible.Maribel Llopis 267 . —¿Dónde te habías metido? —le espetó la joven a su marido en cuanto éste descabalgó frente a ella. ni siquiera los proscritos vienen por aquí. mirando de reojo a Thomas. Y más nervioso se puso cuando Thomas le agarró de los brazos para que no pudiera alejarse otra vez de él. Bill seguía intranquilo. —Yo no… Esto no… No sé… —empezó a balbucear. —No seas exagerada. Bill tragó saliva y por primera vez se sintió culpable por lo ocurrido. sin ser demasiado consciente de todo lo que había pasado en el claro. A pesar de las palabras del hijo del conde. Al llegar al castillo se encontraron con lady Elizabeth que esperaba en la entrada. —¿No lo ves? He ido a dar un paseo a caballo. hicieron el amor por vez primera.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 El comentario asustó visiblemente a Bill. quien no tardó en profundizar el beso y hacer que las rodillas del muchacho temblaran. —Cálmate… —le pidió Thomas justo antes de posar sus labios sobre los suyos. Noble venganza . 5 Ya casi había anochecido cuando partieron de regreso al castillo. Por primera vez lady Elizabeth posó su mirada en Bill. —Llevo horas esperándote para cenar. —No te preocupes… —dijo el caballero—. En este bosque estamos a salvo. —Al menos dime dónde estabas. como si nada fuera de lo normal hubiera ocurrido. Bill se relajó al instante y se dejó rodear por el abrazo de Thomas. La sensación era mil veces mejor de cómo la había imaginado. El caballero aprovechó irse al suelo junto a él y allí mismo. Lady Elizabeth ignoró el comentario. Bill iba como en una nube. sobre la fresca hierba. aún a lomos de su caballo.

es mejor espaciar un poco las salidas. La cara de alivio de Bill fue demasiado evidente. Tenía un caballo. mirándole trabajar con el ceño fruncido. 6 Durante unos días. ya que la joven no pisaba nunca ese sitio. Thomas no le dirigió la palabra a Bill. pero fulminó a Bill con la mirada. y Bill lo comprobaría un par de meses después. Lady Elizabeth no le devolvió el saludo. —Hay que disimular un poco —explicó Thomas—. Estaba solo en las caballerizas cepillando a Brock cuando apareció ella. Thomas miró a su alrededor comprobando que estaban solos en las caballerizas y le besó tiernamente en la sien. —¿Qué ocurre? ¿Tan ansioso estabas por repetir? —preguntó Thomas. Al final. señora… —la saludó Bill. Thomas entró en las caballerizas y le ordenó que prepararan los caballos. un hermoso palafrén que había sido uno de sus regalos de bodas. pero nunca lo había montado. la joven habló: —Quiero que dejes de ir a montar con Thomas. Permaneció inmóvil.Maribel Llopis 268 . pero justo cuando se cumplía una semana desde que se acostaran en el claro. El muchacho ya empezaba a creer que el caballero se había aprovechado de él. Noble venganza . Se sorprendió bastante. Bill supuso que Thomas tenía razón. acentuando esa habitual expresión de desagrado que deslucía sus hermosas y finas facciones. —Buenos días. Bill se sonrojó por toda respuesta. ¿quién mejor? Lady Elizabeth no dijo nada más.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —¿Con este siervo? —Es el mozo de los caballos. Pero lady Elizabeth no era estúpida. tras varios minutos de silencio. Ahora que está Elizabeth aquí. Apenas siquiera le miraba cuando se cruzaban en el castillo. Bill se estaba poniendo muy nervioso.

El rostro de lady Elizabeth se crispó. Avanzó hacia Bill con pose amenazadora. nervioso ante la presencia de una desconocida. —Cuidado. Lady Elizabeth sonreía. pero no quiero volver a veros juntos. Todo sucedió muy rápido. —¿Qué ha ocurrido? Era la voz de Thomas.Maribel Llopis 269 . Bill le miró un segundo y luego volvió a bajar la vista hacia lady Elizabeth. pero no se dejó intimidar. —No puedo mentirle. quien acababa de entrar en las caballerizas junto a sir Gerald. —Pero… no soy yo el que decide. Una mueca que duró sólo unos instantes. Lady Elizabeth hizo caso omiso de la advertencia y se acercó tanto a Brock que el caballo. niñato. ¿me has entendido? El chico parpadeó desconcertado durante unos segundos. histérica. pero del susto la joven cayó de espaldas. No la tocó. es el señor quien me ordena que le acompañe en sus paseos a caballo. Bill cerró la puerta del compartimiento y se apresuró a ir con lady Elizabeth. —¡Thomas. —Pues te inventas una excusa. ya que en cuando Thomas llegó hasta ellos la cambió por una expresión asustada y desvalida.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Bill se detuvo en sus labores y la miró. cruel. es muy… —trató de avisarla el muchacho. pero era una sonrisa malvada. no se acerque así a Brock. —¿Se encuentra bien? —¡No me toques! —chilló ella. —¿Cómo? —Ya me has oído. menos mal que estás aquí! ¡Este chico me ha agredido! A Bill se le congeló la sangre en las venas. le dices que estás enfermo o lo que sea. se alzó sobre sus patas posteriores y relinchó sonoramente. y entonces tuvo un escalofrío. apoyó mal la mano y lanzó un grito de dolor. sosteniéndose la muñeca derecha con la otra mano. Noble venganza .

La discusión llamó la atención a los que estaban en el patio. —¿Y qué quieres entonces? —preguntó Thomas. —Pero es que no… —¿Es que acaso una simple disculpa va a solucionar esto? — preguntó lady Elizabeth.Maribel Llopis 270 . que ha relinchado porque se ha acercado demasiado y la ha asustado! Thomas y sir Gerald se le quedaron mirando. —¡Silencio! —gritó sir Gerald. —¡Este chico debe ser castigado! —¿Qué? —exclamaron Gwenda y Edmund a la vez. —Bill. discúlpate ahora mismo con lady Elizabeth —dijo Thomas. Thomas parecía que le creía. Thomas iba a decir algo pero su esposa se apresuró en responder. —Pero… —¿Te has hecho daño? —preguntó Thomas interrumpiendo a Bill. entre ellos los padres de Bill. mientras ayudaba a su esposa a levantarse del suelo. ya al borde del llanto. furiosa. —¡Me ha empujado! ¡Yo sólo quería acariciar al caballo y este desalmado me ha empujado y he caído! —¡Yo no he hecho eso! —exclamó Bill—. y entraron varios siervos a las caballerizas. —¿Qué ocurre…? —preguntó Gwenda en voz baja. ¡Ha sido Brock. —¿Me estás llamando mentirosa? —preguntó lady Elizabeth con tono indignado. pero la mirada de su padre daba miedo. de verdad que no la he tocado… —insistió Bill. atónito. sin embargo el muchacho no se atrevía a pedir perdón. Noble venganza . —Me he lastimado la muñeca… —Señor. y temía el castigo de sir Gerald. pero a través de su mirada Bill supo que lo que quería el caballero era que el asunto se cerrara cuanto antes. —¿Y qué castigo propones? —preguntó sir Gerald.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —¿Que ha hecho qué? —exclamó Thomas. pues eso sería como reconocer que había cometido la falta.

Si ése es el castigo que deseas para el chico. que así sea. Os espero a ti y a tu hijo en el patio principal dentro de una hora. junto al cual ya esperaban sir Gerald. lady Elizabeth y un siervo llamado Ralph que actuaría como verdugo aplicando la pena corporal. Noble venganza . les da unos azotes. Lady Elizabeth sonrió de forma triunfal. Ella y sir Gerald salieron de las caballerizas. En uno de los lados había un tocón que supuestamente se usaba para impartir las penas de flagelación. igual que Gwenda y Edmund. quien no sabía qué hacer y terminó marchándose también. señor —dijo Edmund entre dientes. Los demás siervos también se marcharon. —Pero padre… —¡Basta! —gritó el conde. Avanzó un par de pasos hacia la salida de las caballerizas y se detuvo frente a Edmund—. —¡Cállate. cariño… Edmund también se acercó a su hijo y le colocó una mano en el hombro. mirando fijamente a Thomas. Thomas se quedó junto a Bill y sus padres. —Lo sé. A continuación suavizó el tono y se dirigió a lady Elizabeth—. Y pobres de vosotros que no aparezcáis. Bill palideció. Gwenda se apresuró a abrazarle.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Mi padre. Thomas.Maribel Llopis 271 . —No seas absurda… —empezó. —Yo no le he hecho nada… De verdad… No le he hecho nada… —decía el muchacho entre sollozos. y al cabo de una hora prácticamente la totalidad de las personas que vivían en él se habían reunido en el patio principal armando bullicio. aunque nadie recordaba que se hubiera usado nunca antes siendo sir Gerald el conde de Greyfield. pero sólo la vio Bill. Thomas! —le reprendió sir Gerald. Bill salió al patio acompañado de Gwenda y Edmund y se dirigieron al tocón. La noticia de lo supuestamente sucedido en las caballerizas y el castigo impuesto a Bill se extendió como la pólvora por el castillo. —Sí. Thomas empezó a negar con la cabeza. Este último dio un paso hacia Bill. Bill se tapó el rostro con una mano y se echó a llorar. a los siervos que no saben cuál es su sitio.

Al trabajar la mayor parte del tiempo bajo cubierto. y en el patio se hizo el silencio más absoluto. —Arrodíllate y pon las manos sobre el tocón. aunque estaba disfrutando de lo lindo con la escena. quien se colocó a sus espaldas y se sacó la vara del cinturón. Edmund y Gwenda seguían pálidos. Al menos Thomas le creía… pero eso no le iba a librar de los azotes. Poco a poco toda la gente congregada en el patio bajó el volumen de su voz hasta convertirse en un murmullo general. Bill obedeció y le pasó la prenda a su madre. no tenía la piel tan morena como los demás siervos.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Quítate la camisa… —le ordenó. Era la primera vez que recibía un castigo físico. Escuchó un sonido ventoso a sus espaldas. Alzó la vista y se topó con los ojos de Thomas. Ralph cogió una cuerda que llevaba colgando de la cintura y ató con ella las muñecas de Bill a una abrazadera de hierro que rodeaba el tocón. Apretó los dientes y con ellos el rollito de tela. y de pronto vino el Noble venganza . Edmund se agachó junto a Bill y acercó un pequeño rollo de tela a los labios de Bill. que mordió con fuerza. temblorosas bajo las cuerdas que las amarraban. De nuevo Bill obedeció. El muchacho tragó saliva al observar la vara con tiras de cuero que llevaba el hombre enganchada al cinturón. Suspiró y agachó la cabeza. El muchacho le hizo caso. y en voz muy baja añadió—: No le des el gusto a esa zorra de oírte gritar. Lady Elizabeth se obligó a sí misma a permanecer impávida.Maribel Llopis 272 . y abrió y cerró los puños un par de veces. —Muérdelo —le dijo. El caballero le miraba con un gesto que se le antojó suplicante. Bill se miró las manos. De pronto movió los labios y creyó leer en ellos las palabras «lo siento». Empecemos —ordenó sir Gerald en voz alta. Todos se apartaron de Bill menos Ralph. quedando desnudo de cintura para arriba. aunque la fama de la tortura que suponía una flagelación era muy conocida. abrió la boca y su padre le introdujo el rollo. —Serán cinco azotes.

Su primer impulso fue gritar. el quinto y último azote. pero recordó el rollito de tela. aunque no gritó. aunque sólo vio dos manchas borrosas. Más tarde supo que había sido Edmund quien se lo había llevado de allí semiinconsciente. Por fin. Aún no se había repuesto mentalmente cuando recibió el segundo azote. no allí. Apretó los puños hasta clavarse las uñas en las palmas de las manos. Atinó a pensar que quizá se tratara de Thomas. haciendo cualquier otra cosa. 7 Los días siguientes transcurrieron en una suerte de calma artificial. Miró sus manos. por ejemplo nadando en el lago del bosque. Bill agachó la cabeza hasta tocar con la frente la madera. y empezó a respirar de forma escandalosa por la nariz. y nadie se atrevía a pronunciar una palabra más alta que la otra delante de los señores. la popularidad de lady Elizabeth entre los siervos estaba ya por los suelos. No sabía cuántas tiras de cuero cosidas tenía la vara. Abrió la boca y dejó escapar el rollito de tela. Al mismo tiempo. El cuarto azote le devolvió a la realidad.Maribel Llopis 273 . Bill trató de evadirse del terrible dolor. El tercer azote tuvo lugar pocos segundos después. con todos los sentidos embotados por el dolor e incapaz de hacer nada por sí mismo. recibiendo un castigo injusto y desmesurado ante los ojos de sus padres y de toda la demás gente del castillo. Ella pensaba que su marido pronto Noble venganza . En esta segunda ocasión el daño causado fue aún mayor. El castigo infligido a Bill había impresionado a todos. así que apretó aún más los dientes y dejó perecer el grito en su garganta. Thomas no le dirigía la palabra a lady Elizabeth. ya que ahora los cortes tenían lugar unos sobre otros. pero Bill sintió como si miles de espadas afiladas le cortaran la espalda a la vez. sobre todo después de que Gwenda les contara a todos la versión de su hijo sobre lo acaecido en las caballerizas. Sólo sintió que era alzado y cogido en brazos por alguien. Los minutos siguientes Bill se encontraría en una especia de trance. El dolor fue casi insoportable.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 primer azote. aunque a ésta no parecía importarle demasiado. Se imaginó que estaba en cualquier otro lugar.

Maribel Llopis 274 . Gwenda entró en el comedor para recoger los platos sucios. ¿de acuerdo? Gwenda se levantó un momento para ir a buscar la tela necesaria. La mujer se sentó en la paja junto al chico y le acarició de forma tierna el cabello. no aguantó más y decidió preguntarle a la madre del chico por su estado. Apenas se había movido de allí en cinco días. que no había visto a Bill por el castillo desde la flagelación. cariño? —Bill no respondió y Gwenda no insistió. Thomas carraspeó—. así que aguantó su desprecio estoicamente—.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 olvidaría el incidente. Voy a cambiarte las vendas. Aún le dolían mucho las heridas. Pero Thomas no era tan hipócrita. Se quedó solo en el comedor. la actitud de Gwenda podría haberle costado también unos azotes. y media hora después se dirigía al dormitorio común que compartían una docena de siervos. Una noche después de cenar. tengo cosas que hacer… En otras circunstancias. Y ahora si me disculpa. lamentándose una vez más por todo lo sucedido. ¿Cómo está Bill? —La mirada de la mujer se volvió helada. Bill seguía acostado sobre su jergón de paja. Edmund había conseguido traer un médico desde la ciudad que no se limitara a practicar sangrías. quien a partir de ese momento se lo pensaría dos veces antes de desobedecerla. y éste le había limpiado las heridas a Bill con vino y después le había vendado la espalda. pero no así el chico. Thomas sabía que no podía recriminárselo. en silencio. y lo entendía—. —Está todo lo bien que puede estar una persona que tiene la espalda en carne viva. Thomas. Se sentó Noble venganza . claro que no… ¿Pero cómo está? —repitió. Su hijo no estaba muy comunicativo esos días. No le he visto aún… —No pretenderá que regrese al trabajo tan pronto —dijo Gwenda con una voz tan fría como su mirada. Le apartó un par de mechones y contempló sus ojos entrecerrados. —No. boca abajo. Gwenda por su parte se apresuró a terminar con sus tareas. pero nada comparado con el calvario del primer día. cuando lady Elizabeth ya se había retirado. —¿Qué tal. —Gwenda… —La mujer se giró hacia él y le miró fríamente. y Bill se fue incorporando poco a poco.

Maribel Llopis 275 . Bill devolvió el gesto y se encaminó a las caballerizas. tanto que Bill se decidió por fin a salir del dormitorio. —Bastante mejor —respondió Bill. El hombre se relajó. Recordó la pequeña conversación con Thomas y vaciló unos instantes antes de hablar: —Thomas me ha preguntado hoy por ti… Aparentemente Bill no se inmutó. Comprobó que ya no se manchaban tanto de sangre como los días anteriores. El sol le dio en la cara y eso le hizo sentirse un poco mejor. Noble venganza . La mujer se sentó a sus espaldas y con cuidado empezó a retirar las vendas. pero pronto su duda fue resuelta al encontrarse con un siervo llamado Wulfric en el lugar. —Bill… —Hola… Se hizo un pequeño silencio. El dolor constante de su espalda se había convertido en una molesta tirantez. Se preguntó quién habría atendido a los caballos durante esos días. Gwenda suspiró antes de continuar. Varios siervos le vieron salir al patio y le saludaron con la mano. No era precisamente amistad lo que él deseaba del caballero… pero como bien decía su madre. —¿Bill…? —Tienes razón… —se limitó a susurrar.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 en el borde del jergón y esperó a que su madre regresara. El hombre no tardó en reparar en él. pero sintió una dolorosa opresión en el pecho al escuchar el nombre de su amado. y nunca subestimes la ira de una mujer despechada… La palabra «amistad» sacudió el corazón del muchacho. —¿Cómo te encuentras? —preguntó Wulfric. La mañana siguiente amaneció radiante. No con lady Elizabeth en medio. ni a eso podía aspirar. —Bill… Sé que aprecias a Thomas… pero está claro que lady Elizabeth no va a permitir que mantengas ningún tipo de relación de amistad con él… Ella sabe que él no la ama.

Bill sonrió levemente. Se aproximó al caballo que estaba atendido Wulfric y le acarició las crines. no tardaba en desaparecer con cualquier excusa. Dudó unos instantes antes de preguntar—: ¿Cómo estás? Por toda respuesta Bill se encogió de hombros. Sólo quería marcharse de allí cuanto antes y pensó en el modo de lograrlo sin hacerle un desaire demasiado descarado a Thomas. Entonces Bill dio un tirón para liberarse. Para colmo. dejándoles solos. Decidió que sería mejor darle unos días para que se calmara. Se dirigió a Bill—: Bueno. —¿Qué? —Tengo que irme… Bill empezó a caminar deprisa hacia la salida. El muchacho intentaba esquivarle por todos los medios. sorprendiendo a Thomas.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Esperemos que lady Elizabeth no la haya tomado de verdad contigo. Wulfric pasó por el lado de Thomas y salió de las caballerizas. si te parece bien los dejo a tu cargo de nuevo. más bien iba a peor.Maribel Llopis 276 . El muchacho sonrió más ampliamente. La tensión era evidente. —Bill. Creo que te han echado de menos. —Thomas dio un paso hacia él. Bill… —repitió abatido. pero el muchacho respondió dando uno atrás—. Esa mujer es una auténtica zorra. —Te he visto cruzar el patio desde la ventana… —explicó Thomas. sus padres. quien le dejó marchar. —Bill… La sonrisa se esfumó de su rostro al reconocer la voz: Thomas. intentó esquivar a Thomas pero éste le agarró de un brazo. 8 Sin embargo pasaban los días y la actitud de Bill con Thomas no cambiaba. Edmund y Noble venganza . señor… —saludó Wulfric. y cuando no lo conseguía. —Han estado un poco nerviosos estos días —comentó Wulfric—. —Buenos días. —Por favor… —musitó el muchacho. Parecía que definitivamente lady Elizabeth se había quedado con el apelativo de «zorra».

Se reunió con Thomas en el puente. El caballero empezaba a molestarse. —Yo no… —empezó. —Bill. Levantó la otra mano y con ambas le agarró suavemente de la barbilla y le obligó a mirarle. Un día. la joven no parecía estar por allí cerca. le miraban con desprecio cada vez que le veían intentar acercarse a su hijo. el primero del otoño. Bill podía escuchar a su propio corazón latiendo en sus oídos. tal y como le había ordenado. Te espero en el puente. —Bill. La expresión del caballero se tornó humilde en cuanto se aproximó a él. Afortunadamente. Cinco minutos después. Nos vamos. —Ya te he dicho lo que quiero que hagas. que estaba en ese momento acarreando un montón de paja. prepara a Brock y a un palafrén para ti. El camino hasta el claro transcurrió de lo más tenso y silencioso. —Pero… es que… no me encuentro bien… —susurró. Era todo tan doloroso… —Bill… Thomas levantó una mano para acariciarle la mejilla. Espero no tener que repetírtelo. mirando con temor a todos lados por si aparecía lady Elizabeth. no sabes cuánto siento todo lo que ha pasado… El muchacho agachó la cabeza mientras sentía que los ojos se le inundaban de lágrimas. Thomas entró a las caballerizas con actitud resuelta. Bill salía de las caballerizas con Brock y Jon. El rechazo le dolió como un puñetazo.Maribel Llopis 277 . Preferiría no tener que acompañarle. señor… —No te he preguntado lo que prefieres. En cuanto llegaron. Bill. lo apretó contra su pecho y le miró con una mezcla de enfado y temor. pero trató de no dejarlo entrever. y vas a cumplirla. pero Bill giró la cara como si el contacto le hubiera quemado. Thomas descabalgó y Bill hizo lo mismo. Es una orden. Por un momento creyó que Thomas iba a recriminarle su actitud.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Gwenda. pero nada más lejos. ¿Me has entendido? El duro tono de Thomas casi le hizo saltar las lágrimas. Noble venganza . pero no supo cómo continuar y cambió la frase—.

indignado—. Bill —dijo el caballero en un tono tan intenso que hizo que el vello del otro se erizara—. —Muy bien. ¿acaso no te has dado cuenta? De nuevo Thomas le agarró. de verdad que lo siento. Igualmente se acabó —respondió. Pero esto no será así para siempre. —Eso me resultaría imposible.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Bill. —Mi padre sigue siendo el conde. pero Thomas no lo permitió y le sujetó aún más fuerte. Thomas sintió un nudo en el estómago al oír las últimas palabras. Pues porque no pienso darle otra excusa a lady Elizabeth para que me haga daño a mí o. pues esperaremos a que tú seas el conde de Greyfield para seguir con esto. —¿Igual que no permitiste que me azotaran por una falta que sabes que no cometí? Thomas se mordió un labio antes de responder. La voz de Bill se iba tornando más firme a medida que hablaba. así es. Noble venganza . a mi familia. Tiene que haber otra solución. —Sí. —Bill. ¡Hasta entonces no quiero que me toques! Bill hizo un amago de soltarse. sorprendiendo al caballero. Bill se soltó del agarre de Thomas y le retó con la mirada. —¿Se acabó? No. Ninguno se dio cuenta de que le había tuteado. —¿Pero por qué? —¿Por qué? —repitió Bill. no permitiré que esa mujer vuelva a hacerte daño. —Porque no sirve de nada que te crea cuando dices que lo sientes. —¿Entonces por qué esta actitud conmigo? —preguntó Thomas. Tienes una esposa muy vengativa. eso no puede ser. —Te creo… —dijo Bill con un hilo de voz.Maribel Llopis 278 . esta vez de los hombros y con más fuerza. lo que sería peor. Bill se encogió de hombros. no yo. Tienes que creerme.

El caballero no aguantó más y le abrazó enérgicamente. Sólo atinó a mirar a Thomas con lágrimas en los ojos. Bill ya no opuso resistencia y se dejó abrazar. Bill alzó la vista y contempló la figura de lady Elizabeth. de pie frente a una de las ventanas del piso superior. —Está bien. —¿Lo harás…? —Sí. Noble venganza .Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 El muchacho dudó unos segundos antes de responder. supo que la mujer no tardaría en vengarse. —¿Es tu última palabra? —preguntó. o ella o yo. aunque no pensó que tendría la oportunidad de hablar de ello con su amante. —La hay… —¿Y cuál es? —insistió Thomas. Debes elegir. —¿Qué? —Repudia a lady Elizabeth… Haz que se vaya del castillo… Durante unos segundos que a Bill se le hicieron eternos. Una hora después regresaban al castillo. Finalmente Thomas habló. Había estado divagando sobre una remota posibilidad durante varios días. —Sí. el silencio se adueñó por completo del claro. y no me dejas otra alternativa. Lo que nunca se imaginó fue que su terrible venganza tendría lugar aquella misma noche. La presión sobre los hombros de Bill se aflojó. Mientras cruzaban el puente. Te elijo a ti entonces. Te quiero. viendo que le había desobedecido al salir a montar con Thomas. Y por la expresión de enfado que adornaba su rostro. —Repúdiala… Thomas abrió mucho los ojos. La inesperada declaración dejó al chico sin aliento.Maribel Llopis 279 . Entonces fue el turno de Bill de abrir mucho los ojos.

y estoy segura de que tú has tenido algo que ver. verdad? —preguntó. ¡Thomas lo había hecho! ¡Por él! ¡El mismo día que se lo había pedido! A pesar de la tremenda noticia.Maribel Llopis 280 . Su mirada era la de un demonio. Asió un cubo que había dejado en medio del pasillo para dejarlo en su lugar. aunque por su tono más bien parecía una afirmación. —¿Has sido tú. maldito niñato… A Bill casi se le escurrió el cubo de la sorpresa. Bill dio un último repaso a todos los compartimientos. Mientras lo hacía no podía dejar de pensar en Thomas y en su intención de repudiar a lady Elizabeth. el muchacho trató de permanecer calmado. ¿Cuándo lo haría? No tenía ni idea. cerciorándose de que todos los caballos estaban listos para descansar. junto a la entrada. —Insisto en qué no sé de qué me habla… —musitó. El odio en los ojos de Elizabeth se acentuó más si era posible. Al girarse hacia allí vio a lady Elizabeth avanzar hacia él. Bill asió el cubo con fuerza. Animado por la idea de que la vengativa noble pronto se marcharía.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 9 El día se había acortado mucho y a esas horas ya había anochecido casi por completo. —No sé de qué me habla… —Me ha dejado… —dijo la mujer con voz gélida—. pero tampoco quería insistirle demasiado. El chico tragó saliva. —Creí haberte dejado claro que te alejaras de mi marido — continuó ella enfatizando las dos últimas palabras. y lamentaba no habérselo preguntado. Bill se armó del valor necesario para enfrentarla de forma serena. Me ha dejado. Se detuvo a pocos pasos de él. inquieto. Bill Noble venganza . —Y yo que no podía desobedecer ni mentir a Thomas —replicó con la voz más firme de la que fue capaz.

se apresuró a salir de las caballerizas. se dio la vuelta para enfrentar a su agresora. Error. pero no lo suficiente. Alguien le ayudó a incorporarse un poco y se apoyó en el pecho de esa persona. tras dedicarle una última ojeada de infinito desprecio. Quiso gritar. vio sombras alrededor de él. dejó caer la daga a su lado y se marchó corriendo del lugar. En el momento en que le dio la espalda. desesperación. Pensó que si se alejaba lo suficiente de ella evitaría otra de sus jugarretas. seguro que nada bueno. El muchacho. desgarrando el músculo hasta chocar con su omóplato derecho.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 se preguntó qué estaría cavilando la joven. 281 Noble venganza . apartándose de inmediato para que no la salpicara la sangre. pero no pudo identificarlas. pena. aturdido tanto por el dolor como por la sorpresa del ataque. Pronto empezó a sentirse débil y mareado.Maribel Llopis . El muchacho se desplomó hacia delante. salió de su carne. pero sólo fue capaz de emitir un lamento afónico.» —¡BILL! Oír la voz de Thomas le alivió un poco. Dolor. Se encorvó hacia delante y la daga. Alzó la mirada y contempló a Elizabeth. Bill gritó de nuevo al sentir que la hoja se hundía en su carne. Y una sola frase que se repetía una y otra vez en su mente: «Nunca subestimes la ira de una mujer despechada. Muchos sentimientos se encontraron en su corazón durante ese tiempo indefinido. Elizabeth fue tras él como una fiera y sin darle tiempo a girarse le clavó una afilada daga en ella. manteniéndose a varios pasos de distancia. cayendo de costado sobre el suelo cubierto de paja. Escuchó más voces y sobre todo gritos. aún sujeta por la mano de Elizabeth. Un alarido de dolor escapó de la garganta de Bill. Entonces Bill miró hacia el suelo y la gran mancha oscura que se estaba formando a su alrededor. La inconciencia se lo llevaba rápidamente. esta vez en el estómago. Instintivamente se llevó una mano a la herida para taponarla. pero al notar la gran cantidad de humedad supo que estaba perdido. quien. Elizabeth sólo sacó la daga de su cuerpo cuando el mango ya rozaba su piel. en esta ocasión sin que ningún hueso detuviera su avance. pero ella no dudó en clavarle de nuevo la daga. por lo que dejó el cubo en su sitio y.

—¡¿Quién ha sido. aguanta… Por favor… —La voz del caballero temblaba. oscura y siniestra como su alma en esos momentos. ya blancas por la presión. La joven tenía el vestido roto. —¿Qué? No sabía muy bien quién estaba con ellos.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Thomas… —susurró. Era la primera vez que le llamaba por su nombre. que sollozaba con el rostro pegado al suyo.Maribel Llopis 282 . Bill sonrió levemente. Bill?! ¡¿Ha sido ella?! Bill sólo asintió. De fondo se escuchaba el llanto de unos padres destrozados. El muchacho cerró los ojos y aspiró por última vez la calidez del aroma de su amante antes de que todos sus sentidos fueran anulados y la oscuridad más absoluta se adueñara de su ser. el único sonido distinguible en el lúgubre silencio que reinaba en todo el castillo. el soldado se apartó de la puerta y dejó entrar a dos compañeros que sostenían entre ambos a lady Elizabeth. sino de los de Thomas. —Por supuesto… Bill notó humedad en sus mejillas y supuso que estaba llorando sin querer. Apretó con más fuerza sus manos entrelazadas. pero el mundo se estaba desvaneciendo ante ellos. señor… Thomas levantó la mirada. arañazos en el rostro y un par de hojas pequeñas Noble venganza . por lo que en un atisbo de lucidez trató de hablar de forma ambigua. —Lo has hecho… —susurró. —¿Y bien? ¿Dónde está? Por respuesta. 10 —La encontramos. y no se preocupó de quién más estaba allí para oírlo. Trató de mantener los ojos abiertos. hasta que se dio cuenta de que las lágrimas no provenían de sus ojos. sabiendo que ésa sería la última vez que lo haría. —De verdad has elegido… Los brazos de Thomas le abrazaron más fuerte y sintió su cálido aliento sobre su frente. —Bill.

¡Sólo era un maldito mozo de caballerizas! ¡¿Por qué…?! No pudo terminar la frase. y los tres soldados desaparecieron. Esto es tuyo. —No te atreverás… —siseó—. Con esta daga. Creía que te habías preocupado y que habías mandado a tus soldados para encontrarme. Yo no he matado a nadie. cumpliendo su propia venganza. —¡Dejadnos! —gritó. Te ahorcarán. Thomas se quedó mirando el cadáver de su esposa durante largos minutos. —Lo sé. —Quizá debería avisar al conde… —empezó. así Noble venganza . —Sí lo has hecho.Maribel Llopis 283 . Lady Elizabeth alzó aún más el rostro para enfrentarse con arrogancia a la ira de su esposo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 enredadas en el cabello. Algo en su mirada alertó a lady Elizabeth. tratando de no dejar salir aún la ira que le invadía—. La sangre de lady Elizabeth le salpicó en la cara justo antes de que la joven cayera muerta en el suelo. Uno de los soldados que habían traído a lady Elizabeth vaciló antes de soltarla. —No sé de qué me hablas. Con un movimiento rápido. cuyo gesto impasible se resquebrajó por primera vez. Sin embargo su expresión seguía igual de altiva que siempre. —¡No puedes hacerlo! —chilló la joven—. Yo estaba dando un paseo y me he perdido. —Dejadnos a solas —ordenó Thomas a sus soldados. Los ojos de Thomas llamearon. Estaba decidido y lady Elizabeth se dio cuenta. ¿no es así? —Insisto en que no sé de qué me hablas. —Thomas sacó de su cinto una pequeña daga ensangrentada—. Al final decidió que no tenía por qué esperar a la horca. ¿Por qué le has matado…? La mujer esbozó una sonrisa torcida. el noble le rajó la garganta con la misma daga con la que ella había acabado con la vida de Bill. —¿Por qué? —susurró Thomas. consciente de que su señor estaba seguramente a punto de cometer un gran error. Thomas se acercó a su esposa sin soltar la daga. señales de haber corrido a campo traviesa.

En el castillo. Noble venganza .Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 que hizo que aquella pequeña daga se cobrara su tercera víctima.Maribel Llopis 284 . el silencio se volvió aún más tenebroso.

al otro lado de la mesa. correr a sus brazos gritando su nombre. El encuentro y El aniversario. Se aficionó a la lectura siendo una niña y a escribir sus propias historias apenas unos meses después.Nut 285 . o esa fue la sensación que tuvo al notar que su boca se ensanchaba y que las temblorosas comisuras de los labios 1 Este relato ha sido escrito por Nut y beteado por Lady Henry previamente a su envío a esta recopilación de historias. si no fuera porque aquella frase. contempló al joven que tenía sentado ante él. también conocida como Natsuki.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Querido tío Neil Nut1 Nut. El mismo que vivía dos puertas más abajo de su edificio. Juegos de Amor. Sonrió estúpidamente. (N. preguntándose con malévola diversión qué trastada podría acometer contra tan desvalida víctima. más específicamente por el genero Boy’s Love. Neil se hubiera atragantado con su propia saliva al oírle hablar. así como dos historias cortas. Al que conocía desde el día en que. que forman parte del universo de la serie Crónicas inconclusas de los Reinos Marinos de Quart. con nueve años. al verlo vestido con toga y birrete. en el día de su graduación. El mismo joven del que había descubierto que estaba perdidamente enamorado dos años atrás. pronunciada de forma tan espontánea y natural.) Querido tío Neil . feliz y hermoso. se asomó al borde de una cuna y lo vio acurrucado en el fondo. 1 —Quiero que mi primera vez sea contigo. Tiene en su haber una historia original de título Juegos de Seducción y un spin off de la misma aún por concluir. es española. Con los ojos abiertos como platos. Su pasión por la homoerótica le llega a través de su gusto por el manga. chupándose con su babeante boquita sonrosada el dedo gordo del pie mientras él lo observaba. le había dejado de pronto la boca tan seca como el desierto de Arizona. del E.

Con experiencia y sensibilidad. Ya sabes que sí. no es que no haya estado nunca con ningún tío. y segundo para tratar de relajar la presión que una incipiente e inoportuna erección estaba causando en su entrepierna. Verás. Pero no he pasado de enrollarme y manosearme con ellos. Porque aquel día de cielo encapotado. en que Oz se había tirado a sus brazos exultante de felicidad por haber concluido su etapa de instituto. Y es que las palabras de Oz habían logrado hacer emerger ese puñado de brillantes. —Que seas el primero —le confirmó sonriendo entre avergonzado y feliz con su boca carnosa y delineada—. parecía inquietantemente cerca. si no también la imposibilidad de llegar a materializarlos algún día. y que tal como se manifestaban. 286 Querido tío Neil . procedente de los pequeños altavoces situados a los lados de la alargada barra. unido a la música amortiguada y difícilmente identificable. absurdas y peligrosas ideas que solía tener. Pronto cumpliré los veinte y creo que ya va siendo hora de que sepa lo que es llegar hasta el final. primero para huir de la proximidad del chico. En mi mejor amigo. —¿Que quieres qué? —inquirió nuevamente. ésta vez más alto. más histérico que la primera vez. pesado bochorno y olor a lluvia inminente.Nut . considerado. siempre has dicho que para mi primera vez debía escoger con cuidado. húmedas y lascivas imágenes que desde hacía dos años acudían asiduamente a su mente para su placer y desconsuelo. Por eso he pensado en ti. desterrar al agujero donde enterraba todas las malas. no sólo había comprendido sus auténticos sentimientos hacia él. le había confundido el oído y el entendimiento. Alguien de confianza. físicos y mentales. Neil —protestó apoyando los brazos en la mesa e inclinándose hacia delante significativamente—. que a pesar de estar separado de él por la redonda mesa. —Vamos. —¿Que quieres qué? Oz ladeó la cabeza y algunos mechones de oscuros y sedosos cabellos cayeron sobre su estrecha frente. intentaba por todos los medios. ¿Por qué te asombra que haya pesando en ti? Neil recostó su firme y bien moldeado cuerpo contra el respaldo del asiento del reservado que ocupaban. Y pensó que el continuado murmullo de voces de la clientela del bar.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 le llegaban de oreja a oreja. inapropiadas.

malhumorado.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Si quieres que sigamos esta tontada de conversación. empieza por llamarme como siempre —le recomendó. El joven alzó una ceja con arrogante incredulidad. —Y con importante me refería a que estuvieras enamorado de él. Te dije que para tu primera vez eligieras a alguien con todas esas características. ¿qué te parece el hecho de que seamos familia? Oz masticó el lazo. Neil se apresuró a tomar de la cestilla que había entre ellos uno de los lazos salados que contenía y embutírselo ágilmente entre los dientes. rezando en silencio para que su pene adoptara rápidamente una posición más relajada. —Una vez aclarado ese detalle. con «b» de burrada —continuó Neil con aire solemne. pero por Dios Oz. enmarcada por las largas y rizadas pestañas. pedazo de besugo. Oz quiso intervenir pero el hombre le señaló con un dedo rígido y autoritario. —Vale. y que el tic nervioso de su párpado izquierdo no fuera visible en el medianamente iluminado reservado—. que prácticamente te he criado. no tenemos lazos de sangre. Y si esa no es una razón suficientemente buena para ti. pasaré a darte algunas razones por las que tu propuesta resulta una rotunda barbaridad. es verdad. —Se reclinó en el ángulo del reservado. pero sobre todo que fuera importante para ti. apoyando el codo en la mesa y el brazo izquierdo en la parte superior del asiento—. adoptando una expresión severa de adulto responsable que poco encajaba con su conocido carácter irreverente y tarambana—. y la mirada penetrante de sus ojos azul cobalto. y tras tragarlo gracias a un par de sonoros buches de cerveza. Lo de que somos familia es casi un juego de palabras. Sus finas y delineadas cejas oscuras se unieron en el arrugado entrecejo. Por primera vez el rostro del joven perdió su tranquila seguridad. Querido tío Neil . se volvió huraña. El joven abrió la boca. Mi madre es la cuñada de tu hermana. Bajó un poco la cabeza y comenzó a juguetear con el asa de su jarra de cerveza medio vacía. —E-na-mo-ra-do —silabeó—. comentó: —Técnicamente no somos familia.Nut 287 . Tío Neil.

Te he visto crecer. exclusivamente masculina. Era la firme determinación de no causarle ningún daño. Si eso no es ser familia. el profundo amor que sentía por aquel muchacho hermoso y vital.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —No me mires así. de no quebrar su inocencia. Tengo diez años más que tú. Oz —se exasperó—. Te he limpiado los mocos. sostenidos contra el mostrador. que había tomado aquel día de la graduación. que soportaba ser el objeto de sus maliciosas bromas. No. se besaban con apasionada voracidad. —Vete a la mierda. Y aún así. que ocupaba su tiempo en beber y charlar con animada familiaridad. Aquel cuerpo no Querido tío Neil . que le idolatraba. sus imprudencias. la vista puesta sin mucho interés en una pareja que. su sentido de la decencia. el pequeño compañero de juegos que le seguía a todos lados como una fiel mascota. Soy lo más parecido a un hermano mayor que vas a tener nunca. Te he enseñado a masturbarte y a disimular el aliento a tabaco y alcohol. Que aun en su pubertad seguía llamándolo «tío Neil». mientras que bajo la mesa trataba de calmar el temblor compulsivo y nervioso de su pierna derecha. Lo era su propia voluntad. Tu familia es mi familia.. al que curiosamente solía dar muy poco uso. amo lo suficiente mis pelotas como para ponerlas en peligro! —¿Ése es el problema? —El joven le miró de soslayo con una mezcolanza de desafío y desilusión en sus pupilas—. de sus enojos. —Tú no estás enamorado de mí —respondió con serenidad Neil. cuando percibió que el cuerpo que abrazaba ya no lo sentía como el del niño de cuya infancia y adolescencia había sido testigo. los castaños y ondulados cabellos que le caían por debajo de la nuca. ¿Sabes lo que me haría tu padre si se enterara? ¿Y tu madre? ¿Y la mía? ¡Coño. —Nueve —puntualizó flemático. clavando en ella los dedos de ambas manos—. no sería diferente. enseñado a escupir y a maldecir.Nut 288 . ya me dirás tú qué lo es. no. ¿Lo que la gente pensaría de ti? ¿Lo que dirían? ¿Lo que podrían llegar a hacer? Neil se recogió detrás de las orejas. que imitaba sus travesuras.. —¿Sería diferente si estuviera enamorado de ti? —preguntó al cabo de un silencio incómodo y pesado. de sus desplantes. ese no era el problema. Oz apartó despectivo la mirada y se dedicó a contemplar a la numerosa clientela. de no ensuciar los lazos que los unían. con un gesto cansado. desagradecido —gruñó—.

ese tono tranquilizador e indulgente que su padre le había dirigido en tantas ocasiones—. Un cuerpo que olía a piel y sexo en todo su esplendor.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 era ya el de su pequeño Oz. Pero esa no es razón para que me pongas a mí en una situación tan comprometida y violenta. sino el de un joven maduro.Nut 289 . las comprimió hasta que el chasquido de los nudillos se dejo oír con espeluznante claridad. Ya no tienes suficiente con meneártela un par de veces al día ni con dejar que te soben sobre el césped del campus. sensual. Un cuerpo que él no podía mancillar. —¿Y si no quiero esperar? ¿Y si lo necesito ahora? Ya. —Escúchame. acompañada de la bien aprendida malicia que él le había inculcado. —¿Y si no aparece nunca? —No seas tonto. En momentos como aquellos en que Oz dejaba entrever su incisiva perspicacia. Oz —comenzó. Estás cachondo todo el día. abandonar su relajada postura—. pues entonces espera el tiempo que sea necesario para encontrar a la persona de la que vas a enamorarte. me sorprende que hayas aguantado tanto tiempo sin un buen repaso —añadió. Si realmente quieres que tu primera vez sea especial. imitando no con mucho acierto. Entiendo por lo que estás pasando. En tu interior hay una auténtica revolución. se arrepentía enormemente de no haber aprovechado el sin fin de oportunidades que había tenido en el pasado. con un corazón colmado de amor fraternal que no debía manipular ni corromper en su provecho. Pero te advierto que te arrepentirás. de fingir un inocente y mortal accidente mientras jugaban a indios y vaqueros en la azotea. Y para serte sincero. bello. necesitado. —Jodido hipócrita —manifestó despreocupadamente. Pero la culpa de esa irritante pregunta la tenía únicamente él y su Querido tío Neil . Yo también he pasado por ello. Tu exceso de libido se te escapa por la costuras. y estrechándose las manos. —¡Pues sube a la maldita mesa y pregunta quién quiere follarte! —soltó exasperado—. enmascarando con una beatífica mueca la secreta egoísta felicidad de niño celoso. que quemaba. que le provocaba la virginidad del muchacho—. ¿Tú te arrepentiste? sin Neil entornó los párpados sobre sus rasgados ojos grises. se deslizaban por las escaleras en la tabla de planchar o se tiraban la pelota de una acera a otra por encima de los coches que circulaban por la calle.

Pero. —Será capullo —masculló recostándose pesadamente. donde se encontraban los billares y de cuyo interior Neil no tenía visibilidad ninguna. Oz se irguió con evidente malestar. vació la jarra de cerveza de un largo trago y limpiándose la boca con la manga del jersey. iban a ser utilizadas consciente o inconscientemente como armas arrojadizas? —Tú no te subiste a una mesa.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 sinceridad. —¿A dónde vas? —inquirió Neil. —¡Tú. «Cosas de la irresponsable juventud».Nut 290 . y a lo que te subiste fue a una farola para que te escucharan bien gritar: «¿quién quiere follarme?» Y que aquella. fue una noche memorable. ¡Vuelve aquí! Pero si el joven oyó su orden. según tus propias palabras. confuso y reprimido. con catorce años se presentó en su casa con la pregunta de: «¿Cómo puedo saber si soy como tú?». suspirando con resignación cuando lo vio ponerse en pie. que «tú». El aperitivo rebotó contra su frente y fue a caer en la jarra de cerveza de Neil—. comprobando con un vistazo rápido que de su erección sólo quedaba Querido tío Neil . Creo recordar que con diecisiete años te fuiste a Christopher St. le habría gustado poder decirle. no dio indicio de ello y continuó su marcha hacia la sala posterior del local. —Si tú no quieres follarme no hay problema. te arrepentirás de no pasar esa primera vez con alguien a quien ames. Así que voy a hacer algo al respecto. con absoluto conocimiento de causa. —Cogió uno de los lazos salados y se lo tiró a la cabeza. —Porque aquella noche existió —dijo con la mirada agazapada tras sus entornados párpados—. puedo asegurarte. ¿verdad? —comentó el joven con sardónica mueca—. que tres años después iba a descubrirse irremediablemente enamorado de él y que todas las confidencias que le hizo en su momento para tranquilizar su espíritu de adolescente desorientado. Pero eso si habría sido una genuina hipocresía. Seguro que encuentro a alguien que no le importe hacer el esfuerzo. ¿cómo iba a sospechar cuando Oz. si tenía en cuenta que esa maldita misma frase la había pronunciado hacía un par de noches. idiota! —le llamó sin mucha convicción mientras se frotaba la frente—. al entrar en el bar Duplex.. pequeña irritante zorra. le espetó: —Pues tal vez me haya cansado de esperar a ese alguien.

Menudo cínico. Pero si llevas años totalmente enamorado de él. La voz. apretando los dientes. Sus grandes ojos pardos brillaban maliciosos y su boca jugosa dibujaba una enorme sonrisa de anticipada satisfacción. —¡Tu hermano! —exclamó divertido—. A pesar del tiempo que llevaban siendo más que conocidos y un poco menos que amigos íntimos. Seguro que te la meneas imaginando el sin fin de posturas en las que lo colocarías para follártelo.Nut 291 . ¿verdad? — concluyó. Neil giró la cabeza para no tener que verlo y con la esperanza de no oírlo. —Que es precisamente lo que a ti te gustaría impedir. hacía muchos años.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 el recuerdo—. ambos habían sido amantes. le sobresaltó. —Eso no evitará que se lo follen. así que contén tu sucia lengua. —¿Cuánto tiempo llevas escuchando como una portera? — inquirió. —¿Cuándo te vas a dar cuenta que la mejor manera de evitar que otros se lo tiren es tirándotelo tú? —Estás hablando de Oz —le advirtió—. que en lo que podía estar pensando. Si pudiera lo castraba. aún se sorprendía de la habilidad de éste para lograr asquearle. egoistas y patéticamente engreídos. diciendo o sintiendo el hombre al que acababa de follarse. que había sonado por encima de su cabeza. Pero Jacques. En una ocasión. salió de su reservado y empujándolo sin contemplaciones se hizo un lugar para sentarse junto a él. Su idilio no duró más que una semana. Se volvió y vio asomado por detrás del respaldo el rostro anguloso y atractivo de Jacques. más preocupados por mantenerse entre los diez gays más seductores de la ciudad. —El suficiente y necesario para darme cuenta de que eres un rematado gilipollas —sentenció. Recuerda que es como mi hermano. Querido tío Neil . Neil miró con verdadero desprecio al risueño Jacques. suficiente para darse cuenta de que Jacques no era sino otro de esos estereotipados tipos. —Sigue hablando y te salto de un puñetazo todos los dientes. portando una jarra de cerveza.

Le apetece echar un polvo. Pero es un amor fraternal. con los pelos de la nuca erizados. —¡Bah! —replicó con desprecio y una sombra de incomodidad—.Nut 292 . Con cualquiera de las dos opciones Oz terminaría herido y confuso — torció la boca y apartó la mirada—. El problema es que él me quiere. El chico es mayor de edad. no desahogues conmigo tu frustración —se quejó con tono afectado. —¡Te quieres callar! —le instó furioso—. Te he dicho que no lo entenderías. —Me parece que con tanta basura paternalista. Sacó de su jarra el lazo. Y yo convertido en un infeliz — sacudió la cabeza con fuerza—. ¿verdad? Tú gay.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Cariño. ¿Qué más necesitas? —Tú no lo entiendes —masculló—. No gracias. —¿En serio? —se sorprendió falsamente—. dime qué problema hay —se interesó Jacques—. No será porque de veras le tienes miedo a la reacción de tu familia. O quizás precisamente por ese mismo cariño se sintiera asqueado de mis sentimientos hacia él y se apartara de mí. Jacques lo observó con ladina sonrisa. que con unos cimientos así te aseguro que no duraría mucho. vehemente. preguntándose por qué estúpida razón estaba compartiendo aquello con Jacques—. y bebió la cerveza sin importarle que algún que otro tropezón del aperitivo se le colara dentro de la boca. Neil se apartó de él luciendo una adusta expresión. no es el chico el que más te preocupa. ¿Qué crees que pasaría si le confesara mis sentimientos? ¿Qué es lo que cruzaría por su mente? Tal vez confundiera el cariño que me profesa con amor y se mostrara inclinado a mantener una relación amorosa conmigo. Querido tío Neil . claro que me quiere — declaró acalorado. No voy a arriesgar lo que tenemos. —Pero en serio. el chico gay. Oz es terreno vedado. Si no se han planteado la posibilidad es porque tienen que ser muy lerdos. Tú estas enamorado de él. que casi deshecho tiró sobre la mesa. ¡Qué me importa lo que opines! Se inclinó hacia él y le susurró en el oído: —Cuando ese chico te mira se te calienta hasta el alma ¿verdad? Neil se apartó de él.

entre exabruptos y protestas. ya habían pasado unos valiosos y largos minutos. Por ser el primero y el único. todo ese deseo hará que te estalle la cabeza o el corazón. por poseer hasta el último centímetro de su cuerpo. como si de pronto su mente ya no se encontrara allí—. Sigue pensando que llevas las riendas de tu corazón y tu libido. desatado. con su fuerte y delgado cuerpo atrapando la atención de gran parte de la clientela. de pie o sentada en inestables taburetes.Nut 293 . de su boca. a su alrededor se arremolinaban los jugadores provistos de tacos y jarras de cerveza. Con el sabor de su piel. Para cuando comprendió con horror lo que había querido decir con «recoger las migajas que dejan otros». Yo me voy a recoger las migajas que dejan otros. Con un rápido y Querido tío Neil . 2 Neil irrumpió con el semblante desencajado en la amplia sala de los billares. si eso te hace feliz. y por un momento sus pupilas se nublaron. Te mueres por hacerle el amor. El resto de la nutrida clientela se situaba en torno a las altas mesas arrimadas a las paredes. ese día estarás acabado. Y un día. te tragas ese deseo hirviente. Dos mesas de reluciente tapete verde ocupaban el centro de la sala. a lo que Jacques respondió ensanchado la sonrisa de sus labios y convirtiéndola en un mohín de complacencia. —Pero allá tú. sabias. Anhelas probar su polla y que él pruebe la tuya. para dejarlo pasar.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Por mucho que presumas de que controlas la situación. Y te lo tragas. Neil lo observó suspicaz marcharse en dirección a la sala de los billares. Te consumes soñando con el placer de sus besos. de sus caricias. Neil lo contempló con una desconcertada mueca. de su lengua. —Se encogió de hombros al tiempo que se puso de pie—. y se detuvo en seco mirando a su alrededor con aprensión. te engañas —comentó enderezándose y dirigiéndole una intensa y ambigua mirada—. Queriéndolo amar y queriendo ser amado por él. conversando. y cariño —esbozó a medias una plañidera sonrisa—. manoseándose o entretenidos en seguir las evoluciones de las bolas en los billares. frustrante y lo acumulas dentro de ti como una maldición —sus palabras sonaron sentenciosas. Tropezó con una pareja que salía enlazada por la cintura y que se vio obligada a separarse. como si surgieran de la experiencia y no de la intuición.

con su innata habilidad para la seducción. pagar copa y cena y ante la puerta del hogar. las cosas cambiaban drásticamente. charlando con Jacques. la infantil amenaza del joven de ir a buscar a alguien que hiciera el esfuerzo de follárselo no le había causado la más mínima inquietud. Pero hace un momento. que directa y con fuerza atravesó de lado a lado el tapete para rebotar contra la número nueve. Pero si Jacques. robusto y bronceado. El tipo calvo deslizó el taco y golpeó la bola. —Ya se han marchado —informó un tipo de cabeza afeitada y reluciente que. —¿Dónde? ¿Dónde? —inquirió moviendo la cabeza a un lado y otro. —Sí. Por ello. Si te Querido tío Neil . Se irguió y apoyando el taco en el suelo y tomado la jarra de cerveza que le esperaba en el filo del billar. asintió siguiendo con la mirada la carambola que la bola dos había hecho antes de precipitarse en la tronera de la esquina. Se aproximó a una de las mesas de billar y llamó la atención de un jugador tirando de su brazo. poco usual formula en la comunidad gay. no era amigo del sexo espontáneo con desconocidos. —Y señaló con el pulgar la puerta con un tragaluz formado por cristales esmerilados de los colores del arco iris.Nut 294 . algo que tampoco había aprendido de él. por muy necesitado que pudiera sentirse. como dos tortolitos. que se abría al fondo del local—. Raúl. —Oye. apuntaba con el taco a la bola blanca. por mucho que asegurara que había llegado su momento. ¿has visto a Oz? El hombre. ni del desahogo rápido con el primero que llegara. algo que no había aprendido de él y en su considerable buen gusto con los hombres. —¿Juntos? —se alarmó Neil. de proponer cita. —Hace un momento estaba ahí al fondo. Prefería la tradicional y en los últimos tiempos. Neil constató que Oz no estaba entre los presentes. asintió con apática expresión. alto. estaba de por medio. conceder en el primer encuentro sólo un casto beso de despedida.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 nervioso vistazo. confiaba en el buen juicio del joven. En un principio. inclinado sobre la mesa. Conocía con bastante certidumbre las costumbres y gustos sexuales del muchacho.

y esa mirada preñada de deseo. y esa dulce ingenuidad de adolescente recién estrenado como adulto que aún ostentaba. Le imaginó rozándole inadvertidamente la mano. volvió con paso feroz a la entrada de local. sin lugar a dudas. Jacques. Alcanzó la otra punta de la calle y tras constatar que allí tampoco había rastro de ellos. admiración y misterio que tan buenos resultados le daba. y salió a la calle notando que un sudor helado le resbalaba por la columna vertebral. y que seguirán agarrados a ti como parásitos hasta que hayan hecho con tu alma lo mismo que con tu culo. Un escalofrío le recorrió la piel y todo su cuerpo se estremeció como sacudido por una descarga eléctrica. el brazo. una y otra vez desde el mismo día que le escuchó confesarle. mientras con ingeniosas frases halagaba su atractivo físico y su notable aguda inteligencia.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 das prisa seguro que los pillas. su curiosidad de inexperto. Que sólo pensaran en ellos mismos cuando te la estén metiendo. que le gustaba un chico de su clase con el que soñaba todas las noches que nadaba desnudo en una laguna. Acariciarle la mejilla sin dar importancia al gesto. El frescor de la noche le acarició la cara mientras corría abajo y arriba del acerado.Nut 295 . Inclinarse lenta y sensualmente hacia él para. mirando en todas direcciones. Hay hombres que pretenderán seducirte únicamente para utilizarte. Querido tío Neil . acurrucado en el suelo de su apartamento como un ratón y rojo hasta la raíz de sus negros cabellos. Sé listo y ándate con mucho ojo —le dijo entonces. maldiciendo en voz alta. volvió sobre sus pasos. la cadera. —¡Joder! —exclamó. proponerle pasar la noche haciendo el amor. Que no se conformarán con follarte. Llegó al final de la calle. de repetirle la misma advertencia machaconamente. «Ándate con ojo Oz. dejando a los dos jugadores con una confusa curiosidad pintada en sus caras.» Y el ejemplo gráfico de ese arquetipo de hombres era. le decía siempre como si de una salmodia sagrada destinada a proteger su vida se tratara—. dobló la esquina y al no ver más que relajados transeúntes paseando. aprovechándose de su transitoria vulnerabilidad. cuando su mente le jugó la mala pasada de recrear la forma en la que Jacques debía haber tejido su tela de araña alrededor de Oz. Nunca se había cansado de prevenirle. Corrió hacia la puerta. Le vio acercarse al joven con su paso elástico y seguro.

Pero le tengo perdida la pista y no sé dónde para ahora. El aludido. Entró nuevamente en el bar. bajo y corpulento. —¿Qué tripa se te ha roto? —¿Dónde lleva últimamente Jacques a los tíos que se tira? Ted alzó sus pobladas cejas y curvó los labios en una mueca despectiva. Sé que sigue sin llevárselos a su casa y que ya no pisa los hoteles de Christopher St. ¿Es que te follas a Jacques? Yo no quiero problemas. Pero tú seguro que sí.Nut 296 . se ha ido con Oz. pero éste no respondió a la llamada. ven un momento. —¡Yo los mato! —rugió empujando la puerta con ambas manos y una mal contenida furia—. —¿A qué viene el interés? —Tengo que dar con él de inmediato. se aproximó luciendo una expresión de aburrimiento en su ovalado rostro de ojos pequeños y nariz de boxeador. Neil alargó el brazo por encima del mostrador y le asió la manga de la camiseta que vestía. atravesó la sala y fue directo hacia el extremo de la barra desde donde hizo señas a uno de los camareros. ¿verdad? —Paso de vuestros líos —replicó haciendo ademán de marcharse. —Ted. Marcó el de Jacques y obtuvo el mismo desesperante resultado. Primero a Jacques por cabrón y luego a Oz por gilipollas. Sacó el teléfono móvil del bolsillo del vaquero y marcó el número de Oz. —Agitó el brazo con bruscos movimientos hasta que consiguió que la garra de Neil le soltara—. ¿vale? Tengo que encontrarlo antes de que se le ocurra meter algún apéndice de su cuerpo dentro de mi chico. A mi vuestras peleas de gatas me tocan las pelotas. en un vano intento de alejar tan ominosas imágenes de su mente. —Movió impaciente la mano en el aire. animándolo a condescender con su petición—. ¿entiendes? —¿Y a ti qué más te da? —refunfuñó—. Querido tío Neil . reteniéndolo. —Oye.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —¡Dios! ¡Dios! ¡Dios! —clamó sacudiendo la cabeza y cerrando los ojos vehemente.

Con un reniego y un gesto tan rápido que Ted no lo vio venir. porque un listillo de camarero no quiso darme una sencilla información? —Oye. —¡Que te jodan. —Escúchame bien. —Es mayor de edad. Querido tío Neil . manipulador y egoísta de la ciudad.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —No me lo follo. y pronto la mayoría centró su atención nuevamente en sus copas y en sus conversaciones. Neil! —le gritó el camarero. no puedo dejar que se líe con un payaso como Jacques. —Los ojos de topo del camarero le miraron por primera vez en toda la conversación con un genuino interés y también grandes dosis de miedo. como los dientes de un cepo—. —Ves. te aseguro que no tengo ni idea de dónde anda —replicó el camarero sin el acento desdeñoso que había estado usando hasta entonces—. ¿Sabes lo que tiene el padre de Oz en el cajón de su mesilla de noche? Ted se apresuró a negar con la cabeza. Lo soltó y con burlescos gestos le recolocó la camiseta y se la alisó sobre le pecho. Sólo sé que le gusta parar por los hoteles de la Octava Avenida. Que haga lo que le venga en gana. Neil se abalanzó sobre él. ¿Y sabes lo que hará con ella cuando le diga que a su hijo lo ha desvirgado el seductor más ingrato.Nut 297 . —Una preciosa . obligándole a posar su ancho pecho en el mostrador y a torcer el cuello en su dirección para poder apreciar lo que se le venía encima. zoquete. cómo hablando se entiende la gente. Neil le dedicó una sonrisa encantada. que limpia y engrasa diligentemente todos los días. idiota —replicó apoyándose con ambas manos en el mostrador—. agarrando el trapo con el que secaba los vasos y tirándoselo sin alcanzarlo. Pero la curiosidad por lo que sucedía en el extremo de la barra les duró poco. Es por Oz. elevando la voz para que el murmullo de voces y la música ambiente no la ahogara y pudiera llegar a oídos de Ted—. Lo agarró por la camiseta y lo atrajo hacia sí con violencia.357 Magnum. ¿no? —inquirió hastiado—. insuflado por el metro ochenta de Neil y sus manos de dedos largos y fuertes. tontito —dijo mientras se marchaba. Un ligero murmullo corrió por el local cuando los ojos de los presentes se volvieron hacia ellos.

y lanzándose hacia delante con los ojos desorbitados y encendidos. —¿Cuántos quedan en la avenida? —inquirió Neil. El tipo gritó. Pero aún reduciendo el número de establecimientos en los que indagar sólo a los que contaban con tres estrellas o más. que estamos perdiendo unos minutos preciosos. desparramado sobre el asiento trasero del auto. su empresa iba a requerir un tiempo que no tenía. y frenó en secó. le propuso: —Oiga. En su búsqueda descartó sondear los hostales y locales de cuartos por hora. sábanas escrupulosamente inmaculadas. canal porno y minibar. 3 La Octava Avenida era demasiado larga para recorrerla a pie. la curiosidad y desconfianza pudieron con su comedimiento. botes de gel y champú de regalo en el baño. —Pues arranque. pero tenía la suficiente clase como para llevar a sus amantes a un hotel con habitaciones limpias. que más bien pareció un alarido. coño. si me dice que clase de hotel quiere. yo podría recomendarle alguno. así que decidió hacerlo en taxi.Nut 298 . El conductor soltó un resoplido. bajó del vehículo con la imperiosa orden de que lo esperara y volvió al cabo de cinco minutos. cuando notó las manos caer sobre él. se frotaba la cara con las dos manos. Pero a la cuarta vez que regresó con la misma evidente frustración de las otras ocasiones. Pero no había avanzado el auto más que unos metros cuando Neil soltó una exclamación de triunfo. Agarró el volante y pisó el acelerador.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —¡Y que nosotros lo veamos! —gritó alguien de los presentes. Jacques podía ser muchas cosas. El hombre le dio la espalda con un reniego masticado entre dientes. y girando su cetrino rostro por encima del hombro. Querido tío Neil . despotricando en voz baja y tirándose de los pelos. agarró al conductor con fuerza por los hombros. El conductor del taxi no hizo preguntas las tres primeras veces que Neil le instó a detenerse en seco ante un hotel. con un tono de falsete poco masculino. —Un puñado.

mientras se preguntaba por qué no le hizo caso a su madre y se enroló en la marina mercante cuando tuvo ocasión. hombre. No damos ese tipo de información a personas ajenas a nuestro hotel. no me mate. por favor. sí —asintió entre lloriqueos—. sillones y tumbonas grises y rojas y techo de madera del GEM Hotel-Chelsea y. se dirigió hacia el blanco mostrador custodiado por una recepcionista alta y delgada. Neil sonrió con una gran y falsa sonrisa. decidido. 4 Neil había tenido una idea.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —¡¿Qué hace?! ¡¿Qué quiere?! —exclamó sacudiéndose como si acabara de prenderse fuego. La primera vez que se acostó con Jacques lo hizo en una de las habitaciones de aquel hotel. —El GEM Hotel-Chelsea —indicó Neil clavándole los dedos en la carne—. —Neil le dio un par de palmaditas en la espalda sonriéndole feliz a través del espejo retrovisor—. aquel podía haber sido el hotel escogido para su desfachatado propósito. No voy a matarte. ¿Le ha alquilado una habitación? La mujer le contempló con aplomo y un brillo pedante en sus ojos redondos y negros.Nut 299 . ¿de acuerdo? —De acuerdo. Está en esta calle. Pero no me mate. señor. —Jacques Wyman —soltó Neil nada más alcanzó el rectangular y estrecho mostrador—. Al final de la avenida. y teniendo en cuenta el retorcido sentido del humor de Jacques. Pero tú date prisa en llevarme al GEM. que dejó al descubierto su Querido tío Neil . —Lo siento. Uno más que había quedado perdido entre los muchos otros coleccionados a lo largo de su activa vida sexual. No era un mal recuerdo el de aquella noche. tampoco el mejor. su mente había recuperado un viejo recuerdo oportunamente. que no lo perdió de vista mientras atravesaba a grandes zancadas el espacio que los separaba. o mejor dicho. de acuerdo —asintió con cortos y repetitivos movimientos de cabeza. Entró en el elegante y minimalista lobby de paredes lilas. Por ello no había caído antes en la cuenta de que tal vez. —Tranquilo. ¿verdad? —Sí.

Subió los peldaños de dos en dos hasta la tercera planta. una maliciosa media sonrisa. —La duda ofende.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 perfecta y resplandeciente dentadura y un resquicio de su enorme falta de paciencia. Pero le informaré de lo que sucede. por favor. se diría que sus madres los abonen. está apunto de follarse a un menor. apoyó las manos a ambos lados y dándole una potente patada. dedicándole una mirada poco tranquilizadora. ni pestañeó. me dirá donde puedo encontrarle para que yo me ocupe discretamente de todo. —Demasiado tarde. Cuando dio con ella. —Lo comprendo. Si Jacques Wyman se halla en esté hotel.Nut 300 . ya se sabe. cariño —dijo. los pantalones desabrochados mostrando la cinturilla de sus boxer. —Se inclinó un poco hacia delante—. pedazo de cabrón! ¡Sal ahora mismo! Le pareció escuchar voces en el interior y volvió a propinarle otra patada. pero sus dedos se desplazaron con rápida diligencia por el teclado de su ordenador. Neil farfulló algo incomprensible y con toda la fuerza que le Querido tío Neil . ladeando la cabeza con coquetería. señorita. buscando la que tenía inscrito el número trescientos veintidós. —No lo parecía. señorita —declaró. y en el semblante. ¿verdad? Los chicos de hoy en día. ¿Les atendió usted? La recepcionista no se movió. —¿Menor? —musitó—. gritó: —¡Jacques. Y al menos que quieran tener en cuestión de diez minutos a la policía dando patadas a la puerta de todas sus habitaciones. Sea discreto. —Habitación trescientos veintidós —y añadió con aprensión al verlo dirigirse a las escaleras—. yendo de una puerta a otra. ¿Está seguro? Neil se le aproximó con aire confidencial. —¡Jacques! La puerta se abrió y Jacques apareció en el umbral con el torso desnudo. La mujer contuvo la respiración y la expresión de sus ojos se tornó aterrada. se paró delante. Recorrió el pasillo sin resuello.

Jacques. examinó el atractivo rostro de grandes y curiosos ojos castaños que coronaba aquella espléndida figura. enredando un dedo en uno de los ondulados mechones castaños de su testa. Pero si follas como pegas puñetazos. —No pasamos de la puerta del hotel —comentó probando la movilidad de sus incisivos superiores con los dedos—. —¡No es Oz! —exclamó a caballo entre la felicidad y el escepticismo. Sus ojos se detuvieron en el cuerpo desnudo. y a punto estuvo de caer sobre el hombre. Qué dura tienes la cara —se quejó. tumbado de costado displicentemente sobre la cama. y con incredulidad profirió: —¡Tú no eres Oz! —No. que sentado torpemente en el suelo intentaba hacer una rápida valoración de los daños tanteándose la boca y la nariz. contundente y rabioso. le lanzó al rostro un puñetazo certero. —Muy observador —ironizó.Nut 301 . lamiéndose la sangre que brotaba de la pequeña herida abierta en el labio superior. Neil se vio precipitado dentro de la habitación. —Ése por el que preguntas no ha llegado a poner los pies en esta habitación —comentó el tipo desnudo. —Pero Jacques no —añadió el de la cama con una mueca Querido tío Neil . soy quien tú quieras. sujetándose la magullada mano bajo la axila. Neil lo miró y después. —Joder. que dio en el blanco e hizo a Jacques retroceder a trompicones y caer de culo al suelo. ¿Dónde esta Oz? ¿Dónde? —preguntó recorriendo nerviosamente con la vista la funcional y acogedora habitación.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 proporcionó la furia que había ido acumulando en la ultima hora. corazón —le confirmó con voz risueña. Con el mismo impulso del golpe. a Jacques. con inquisitiva impaciencia. alzó la vista hacia él. Oz consideró que ya había conseguido lo que le interesaba. se volvió hacia Jacques. Perplejo. apoyando el codo en el colchón y reclinando la cabeza en la mano—. cobrizo y musculoso. dando pequeños saltitos y agarrándose dolorido la mano que le ardía y le palpitaba desagradablemente—. Neil.

Le asestó una soberana patada de quarterback en la entrepierna y se largó. posándola de nuevo en el suelo con un zapatazo—. —Se dirigió hacia la puerta mientras sacaba el móvil del bolsillo—. —Tranquilo. —Por tu bien. No sé por qué no te arranco la cabeza. —Señaló con el mentón a Jacques—. dolorido—. —Dame un respiro. ¡Ah! Y ni se te ocurra acercarte a cien metros de él. Querido tío Neil . Yo estaba en el bar del hotel cuando entró. —Me alegro —le espetó—. ¿quieres? —protestó arrugando la cara. le taladró con una incendiaria mirada antes de salir y cerrar la puerta de un portazo. Neil. Jacques se inclinó hacia delante con un lastimero lamento.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 maliciosa. Espero que se te queden como uvas pasas.Nut 302 . Que tiene casi veinte años. Ha necesitado dos cubiteras de hielo para que vuelvan a tener un aspecto decente. Neil se agachó enfrentando su cara con la de Jacques. Encogió las piernas. pensé que había vuelto a las andadas. Te haría un favor a ti y al mundo. —Sí. La última vez que lo vi tan mal se había pasado con el popper. Levantó la pierna con intención de patearle pero se detuvo a tiempo. agitando su crispado puño delante de su cara. —¡Cabrón! — Neil se encolerizó. creo que se me mueve un diente. espero que no lo hayas traumatizado —le advirtió. acariciándose distraído el plano y lampiño vientre—. suplicando que por compasión le dieran una bolsa hielo. ¿entendido? —Y para hacer constar la seriedad de sus palabras. Ahora. apoyó los brazos en las rodillas y reposó la frente sobre ellos. Podrías apiadarte de mí. Se me está hinchando la boca. Arrastrándose y blanco como un sudario. tu joven amigo se las sabe apañar bien solo — comentó el tipo de la cama. no me siento las pelotas y aún no he echado un polvo en todo el día. dime dónde está Oz. —Calla o hago que vuelvas a sentir las pelotas. ¿No has oído a Max? Me sacudió y se largó. pero en realidad era que tenía los huevos del tamaño de pelotas de tenis. podría rematarte —amenazó Neil—. —Yo qué sé —replicó acompañando a sus palabras con un gemido prolongado—. —Por todos los santos.

y seguir disfrutando de su fraternal relación. te odie. ¿verdad? —inquirió Max. Jacques —comentó volviendo la vista hacia el techo y sonriendo con dulzura—. —Tú eres masoquista —suspiró—. Jacques ladeó la cabeza para mirarlo por encima del hombro. El aludido hizo un mohín que le costó un doloroso quejido. —¿Me equivoco? —Neil se engaña a sí mismo —dijo acariciándose los cabellos con un gesto lento y melancólico—. así que pienso que debe de existir una razón para todo esto. Pero si vienes a la cama y haces lo que se supone que hemos venido a hacer aquí. —Aunque eso signifique que te partan la boca y malograr toda posibilidad de conquistar al hombre que amas. Para cuando se dé cuenta de lo absurdo de sus pretensiones será demasiado tarde. creo que debajo de esa fachada de crápula que luces. ver como se enamora y es feliz con otros hombres.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Este es el tío del que me hablas a menudo. de su teórica felicidad. te prometo guardar el secreto. Ahora has conseguido que. contemplando su curvada espalda. Volvió sus astutos ojos hacia él. yo ya había perdido la partida. —Se tumbó sobre la espalda y apoyó la nuca en los brazos cruzados—. Pero te conozco y sé que no eres ningún imbécil. —Sabes. encogiendo unos hombros que parecían terriblemente pesados—. —¿Y? —Alguien tenía que abrirle los ojos de una vez por todas — musitó. creería que te has vuelto imbécil. Quiere creer que podrá superar su amor por ese chico. Querido tío Neil . —Nunca existió tal posibilidad —afirmó. guareciendo la tristeza de sus pupilas tras unos párpados entornados. Incluso antes de que se enamorara de Oz.Nut 303 . —Si no te conociera bien. pero continuó sin pronunciar palabra. además de ignorarte. hay todo un romántico sentimental. Desahogar tu frustración puteándolo al intentar acostarte con el hombre que él ama es una gran idea. Jacques asintió despacio y en silencio.

Al tercer tono cogieron la llamada. que frenó a menos de un metro de sus rodillas. y una vez en la calle paró el primer taxi que vio. la boca abierta y los ojos espantados.Nut 304 . le pareció demasiado para sus nervios. ¡Te voy a despellejar como te atrevas a mover tu culo de ahí! Colgó sin haberle dado la posibilidad de hablar. que yo haré que vuelva a correr la sangre por ellas. 5 Neil marcó el número del móvil de Oz mientras caminaba con acelerado paso por el pasillo del hotel. Déjese de modernidades que yo le indico. Querido tío Neil . tírese al Hudson. —¿Qué? —chilló asaltado por unos incontenibles deseos de lanzar el teléfono contra la pared—. con expresión ignorante y un vacilante dedo en alto. le detuvo—. A la Novena Avenida con la 23 Oeste —le indicó. y cuando advirtió que se disponía. agitando los brazos en el aire y bajando peligrosamente del acerado. ¿Yo pateándome la mitad de los hoteles de la Octava Avenida. lo miró a través del parabrisas con el rostro demudado. Bajó las escaleras. ilegal en zona urbana. —¡Tú! ¡Pedazo de idiota! ¡Enano mental! —le espetó sin permitirle pronunciar ni una sola sílaba—.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —No creo que pueda meterme nada en la boca. corazón —replicó lamiéndose lascivo los labios—. Si quiere suicidarse. el mentón caído. y aún así el tiempo que tardó el vehículo en detenerse ante su edificio. ¿Dónde coño te has metido? —Estoy en tu apartamento —le respondió con relajado tono. —Oiga —dijo con pastosa voz cuando Neil se hubo acomodado en la parte de atrás del vehículo—. La distancia que mediaba entre el hotel y su domicilio era relativamente corta y la velocidad a la que conducía el taxista. cruzó el vestíbulo dedicándole un saludo militar a la estirada recepcionista. a introducir los datos en el GPS anclado al salpicadero. —Por eso no te preocupes. y aún tengo las pelotas entumecidas. —Lo que quiero es ir a mi casa —se impacientó—. y tú apoltronado en mi casa? —Se retiró el teléfono del oído y acercándoselo a la boca gritó—. El conductor.

Y sinceramente. desahógate en el baño. sátiro —le ordenó poniendo distancia entre ambos—. ¿verdad? —Negó lentamente con la cabeza mientras se peinaba los alborotados cabellos hacia atrás—. —¿Cuántas veces te lo he dicho? —profirió agarrándolo por el jersey e izándolo como si se tratase de un fardo—. Dos largos años teniendo paciencia. aproximando amenazante el rostro al de Oz—. idiota —respondió ciñéndole el cuello con los brazos y pegándose a su cuerpo con un sensual roce. rebuscándose en los bolsillos las llaves. la cerró de una patada. a la carrera y sin detenerse en los descansillos. No eran esos mis planes. aguardando a que te liberaras de todos tus dilemas. ¿Cuántos millones de veces te he dicho que te alejes de tipos como Jacques? —Muchos —respondió afablemente el joven. saltando grotescamente hacia atrás como si acabara de percatarse que estaba abrazado a la cama de un faquir. —No te enteras. ya estoy llegando a mi límite. —Sepárate de mí. de tus prejuicios y tus temores.Nut 305 . —Negó cerrando un ojo ante la lluvia de saliva que le rociaba el semblante—. —Ladeó la cabeza dibujando con los labios una enigmática sonrisa. Mi intención esta noche es hacer el amor con el hombre que amo y me ama. Llevo dos años esperando. —¡Pues parece que te entra por un oído y te sale por el otro! —le gritó. Neil se apartó de él. Si estás tan cachondo que no te puedes aguantar. y con delicadeza rodeó con sus brazos el cuello de Neil—. —¿De qué hablas? —inquirió desconcertado. dejándose manejar sin oponer resistencia.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Bajó del taxi después de lanzarle un puñado de billetes al conductor. Querido tío Neil . ¿De verdad ibas a dejar que te desvirgara ese Mefistófeles de tres al cuarto? —No. Subió por las escaleras hasta la cuarta planta. Abrió la puerta de su pequeño y abigarrado apartamento. ¿A quién amas tú. pequeña zorra? Oz suspiró con afectación. —A ti. Neil. tiró las llaves al suelo y se fue directo hacía el sofá frente a la televisión en el que estaba indolentemente sentado Oz. —¿Que amas? —Desconfiado alzó una ceja y acercó un poco más su cara a la del joven—. retrocediendo unos pasos.

Buscabas estúpidas excusas para no pasar tiempo conmigo. Se trataba de otra cosa. —Con el tiempo fui fijándome en los detalles y atando cabos — continuó con la ternura de quien narra un cuento a un niño pequeño— . No soportabas oír hablar de mis ligues y te enfurecías cuando te confiaba que había estado a punto de follar con alguno de ellos. como si una ligera corriente de aire fresco se hubiera deslizado por su piel. —Lo sé desde el día de mi graduación —le reveló con una dulce sonrisa y una mirada limpia y directa. Te distanciaste de mí. aunque al principio no entendí qué. salías como alma en pena de la habitación si me desnudaba. salpicada de una incipiente barba. y éste contuvo la respiración.Nut 306 . Pero yo te conozco mejor que nadie y sabía que ésa no era la razón. —¿Y hoy?—inquirió Neil en voz baja. y un suave estremecimiento recorrió el cuerpo del hombre. tú te echaste a llorar. —Tú deliras… —Rió con nerviosismo. mucho tiempo. —Lo miró con una mueca de complicidad—. que se permitió el lujo de alargar aquel contacto y recrearse en él con los ojos cerrados—. Neil sacudió las manos en el aire delante de su cara. Porque yo ya te había elegido a ti.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Oz le asió por la camisa y lo retuvo con firmeza. Neil abrió la boca y de ella salió una especie de balbuceo incoherente. ladeando la cabeza para atajar la caricia en su mejilla—. ¿Querías reírte de mí o algo así? ¿Jugar con mis sentimientos? —La verdad es que tenías razón cuando hablabas de mis Querido tío Neil . Pasó el dorso de su mano por la mejilla de Neil. Lloraste sobre mi hombro durante mucho. No eres ningún sensiblero que pierde la compostura al ver a un puñado de críos lanzar sus birretes al aire. Pero tú aún tenías que aceptar esos nuevos sentimientos que tanto te atormentaban. Evitabas mirarme directamente si estaba ligero de ropa. Todos creían que te habías emocionado con la ceremonia y se estuvieron burlando de ti. —De que estás enamorado de mí como yo lo estoy de ti. Pero eso nunca estuvo «a punto» de suceder. Así que sólo podía esperar. Oz acercó los dedos a sus temblorosos labios rozándolos apenas con las yemas. —Posó la mano abierta en el rostro de Neil. cuando nos abrazamos. —Aquel día.

—Negó pellizcándose el mentón reflexivo—. e intenté ponértelo fácil. —¿Fácil? —graznó Neil recuperando parte del enojo con el que había llegado al apartamento—. como si esperara confirmación a sus palabras. ponérmelo fácil? —Quería darte la oportunidad de que te declararas —le explicó con naturalidad—. —Se apartó un poco de él rascándose la cabeza en actitud culpable—.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 hormonas. Hacerte creer que me lo montaría con otro. Querido tío Neil . Mi libido ha aumentado de forma proporcional a la disminución de mi paciencia. muy posiblemente tú no te habrías creído mi farol de no haber intervenido él. Fue cuando consideré que podíamos dejar todo el asunto. Pero ahora que lo pienso. Así que planeaba confesarme como me he confesado ahora. Se acercó a mí al poco de haber terminado nuestra conversación y me preguntó si quería que me ayudara a ponerte celoso. Sabía casi con certeza que no aceptarías mi propuesta. Así que tuve que pasar al plan B. Auténtico miedo. aún obsesionado con esa paranoia tuya de lo correcto e incorrecto. ¿Me estás diciendo que todo lo que ha pasado lo tenías planeado? —Le examinó con recelosa curiosidad y una pizca de inquietud—. —No. —¿Plan B? —exclamó con vehemencia—. Me quedé muy sorprendido cuando a la puerta del hotel llamaste a mi móvil y acto seguido al de Jacques. observándolo con creciente desconfianza—. con la confianza de que alguien tarde o temprano. Comienzas a darme miedo. incluso que iríamos a un hotel de ambiente y alquilaríamos durante un rato una habitación para dar más credibilidad al tema. Decidimos que dejaríamos que la gente nos viera en actitud cariñosa para que pensaran que nos lo estábamos montando. —Hizo una pausa. nunca creí que un cotilleo pudiera viajar a tanta velocidad. te fuera con el cuento. pero Neil se mantuvo en silencio. exactamente. La verdad es que me pareció una buena idea y no me cuestioné su rara amabilidad. Pero te negaste. mientras hacíamos el amor. estoy en la cima de mi apogeo sexual. —Se encogió de hombros suspirando cansadamente—. ¿Qué es para ti. no estaba en mis planes que Jacques apareciera. claro. Cosas más extrañas le hemos visto hacer. Compréndelo —le pidió enarbolando una inocente expresión poco convincente—. Al instante comprendimos que habías mordido el anzuelo. Aunque siempre cabía la posibilidad de que me equivocara. Fue por casualidad. Así que decidí que hoy sería el día en que mutuamente nos confesaríamos nuestros sentimientos. Pero con sinceridad.Nut 307 .

retrocediendo inmediatamente—. y a algún heterosexual despistado. —Oz le dirigió una mirada inculpadora de la que fingió no darse por aludido—. —Llevo la cuenta —replicó tajante. Querido tío Neil . tenerte por fin como he soñado tantas veces. y apenas tenía que alzar la mirada para verse reflejado en los húmedos y desolados ojos de Neil. frunciendo la boca en un mohín contrito—. Neil emitió un sonido gutural de desconcierto y levantó las cejas. ¿realmente piensas que estás enamorado de mí? ¿No te das cuenta que posiblemente estés confundiendo el cariño con el amor? —Volvió la cabeza a un lado para evitar que el joven le mirara directamente a los ojos—. «pequeña zorra» —dijo Oz sin tratar de ocultar su evidente rencor—. hombre. Yo tampoco he disfrutado oyéndote hablar de tus amantes y viendo cómo. se me fue un poco la mano. En algún momento se despertó en él ese enorme sátiro que lleva dentro y me agarró con demasiada fuerza del brazo. Habría bastado con darle un empujón. —Miró directamente a los ojos de Neil y por sus dulces ojos paso una sombra de rabia—. y al instante se arrepintió. Jacques se puso algo pesado cuando le dije que me largaba. —Pero Oz —Neil dio un paso hacia él. —Sí. Y perderte. Que me amaras. —A todo gay… —repitió sin poder evitar sonar halagado—. Perder para siempre a mi amigo. ¿Sabes eso? Bueno. y en su tono vibró esa parte de adolescente inmaduro que aún habitaba en él. te has follado a todo gay que se te ha puesto a tiro. no exageres. —Cerró los ojos y con los dedos se masajeó los párpados. Creo que desde un principio sólo pretendía divertirse gastándote una broma. y que de pronto un día te dieras cuenta de tu confusión y te apartaras de mí. Le tomó por el mentón y con un gesto tierno le obligó a girar el rostro. durante estos años. tratando de calmar el hormigueo de las lágrimas que acechaban tras ellos—. a mi amor. Me pregunto de quién habrás aprendido a ser tan cabrón. No puedes alcanzar a imaginar lo que significaría haberte tenido y perderte. No entiendes el daño que eso me haría. pero ya le conoces. Era sólo un poco más bajo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Estás resultando un retorcido Maquiavelo —gruñó—. amarnos. Oz avanzó hacia él. ¿Y la patada? ¿A qué vino? —¡Ah! —Se sorprendió. y que sabía camuflar casi a la perfección. pero recordé que una vez fue tu amante y perdí un poco el control.Nut 308 .

fui a tu casa y nos pusimos a hablar de sexo y hombres. y al hablar sus labios rozaron los de Oz. Y entonces Oz le besó. mordiéndola. sin compasión.Nut 309 . Neil le tomó la cintura con sus temblorosas manos. Oz sonrió. Le acarició el mentón mientras lentamente acortaba un poco más la ya escasa distancia que los separaba—. se hizo dueño de su boca y de su alma. y no del muchacho seguro de sí mismo. besándola. pero un día. Y sin prisa. la coló entre ellos buscando a su igual. Y entonces sintió contra su pecho el bombeo enloquecido del corazón de Oz. Llevo toda mi vida soñando contigo. le apartó un mechón de pelo de la mejilla y se lo recogió detrás de la oreja—. subyugándola a sus deseos. Tú no te acordarás. —Te mentí. como hacíamos desde que yo había comprendido que era gay—. —Más que tú. Eras tú. Entreabrió su boca y con una torturadora lentitud le besó. Deslizó la lengua por sus labios empapándolos en saliva. astuto y maduro que tenía entre los brazos. atrayéndola con lasciva habilidad. y ciñéndola con fuerza atrajo su cuerpo contra el suyo. El joven acercó sus labios a los de Neil y los rozó con una suavidad mojada y dulce. y por un momento pensó que aquel retumbar acelerado y delirante tenía que ser el de su propio corazón. y al escapar de su boca quemó los labios de Oz. era la primera vez que te contaba algo semejante. —Estás tan asustado como yo —musitó. Un suspiro contendido desde hacía mucho tiempo hizo vibrar el pecho del hombre. Te dije que me gustaba un chico de mi clase.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Te contaré algo. ¿recuerdas? Neil asintió con un levísimo movimiento de cabeza. —Con la punta de los dedos. tendría yo unos quince años. cálida y culpable como la de un niño que sabe que sus travesuras siempre son tratadas con indulgencia. Sus labios de líneas perfectas formaron una sonrisa pequeña. Soñaba contigo. Querido tío Neil . —Tomó el rostro de Neil entre sus manos y lo retuvo tiernamente—. —No era con un chico de mi clase con quien soñaba que nadaba desnudo en un lago. que se estremeció.

la fuerza de brazos y piernas. tumbado a su lado boca abajo. mordido. el movimiento de los músculos bajo ella. le masajeaba el aterciopelado escroto o con sus dedos empapados en la saliva del propio joven. No se lo creyó. sonrosado el rostro. una y otra vez. mientras le pellizcaba los pequeños y duros pezones color caramelo. oscuro y húmedo. a miedo. agitándose. a esperanza. lo había lamido. vidriosa la mirada. el calor que desprendía. defectuosos. Su pene duro y enhiesto. cuando estuvo seguro de que el dolor sería únicamente el inevitable. ganando terreno en la estrecha cavidad que se dilataba a su paso para después atraparlo con voracidad. las blancas y redondeadas nalgas. sentado desnudo en su cama. la espalda flexible y moldeada. Aún notaba flotando en el ambiente el olor a sexo. Que sabían a fuego. lo penetró desde atrás sosteniéndole las caderas con ambas manos. hinchados y rojos los labios. Como si les faltara algo indispensable. aunque nunca supo qué. observaba el cuerpo esbelto y firme del adormilado Oz. pegándose a él con impudicia y anhelo. Y sin querer ni poder evitarlo. dando suaves y medidos impulsos. acompasando el lento y cuidadoso Querido tío Neil . Pero el primer beso de Oz le mostró que estaba equivocado. Pensaba en ese primer beso y en todos los que habían venido después. retándole con descaro. su mente se deslizó más allá del recuerdo de los besos.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 6 Una vez alguien le había dicho a Neil que todos los besos eran diferentes. Sólo cuando lo supo preparado. tragado hasta el fondo de su garganta mientras Oz le infligía el mismo dulce y enloquecedor castigo.Nut 310 . Pensó que era una sensiblera sandez porque a él los besos que recibía le parecían todos iguales. No había querido ser brusco y no lo había sido. mientras sus ojos recorrían con deseo los torneados muslos. persistía en su boca el delicioso sabor de aquel lujurioso pene. Lo había besado. Lo vio nuevamente entre sus brazos. Que sabían a amor. Que había besos que no se parecían a ningún otro. ondulando el cuerpo bajo el suyo. invadía su caliente y carnoso ano. a ternura. Y después había probado el sabor amargo que había dejado su propio pene en la boca de él. El glande circuncidado. a dolor. Pensaba distraídamente en ello mientras. clavados en sus pectorales. y en sus manos volvió a sentir la suavidad de la piel. provocando con su orgullosa hermosura ser lamido. con la espalda apoyada en la pared y fumando un cigarrillo.

Su rostro adormilado le pareció más hermoso que nunca.» Y él había entrado más profundamente. —Se tumbó de lado y apoyó la cabeza en la almohada—. —¿Qué tal estás? —le preguntó peinándole los cabellos. y mientras le daba una última y larga calada al cigarrillo. de ser el dueño. con el rostro hundido en sus cabellos.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 ritmo de su pelvis a los gemidos intermitentes. derramando tibias lágrimas que empaparon las sábanas. «Más —había suplicado. el sudoroso rostro vuelto hacia él. astuto y maduro. la espalda curvada. había sentido estallar el orgasmo en su vientre con una violencia que le sorprendió y le asustó y le hizo abrazarse tembloroso al cuerpo que se sostenía agotado sobre el colchón. de dolor.Nut 311 . con más fuerza. Así. Más adentro. lo mucho que lo había amado siempre. con los brazos abarcando posesivos sus hombros. de someter. ¿En qué pensabas hace un momento? Parecías un poco triste. Había masturbado el pene de Oz con vehemencia. con un mayor anhelo de poseer. Al instante. contempló el trozo de taciturna ciudad que se veía a Querido tío Neil . con los que Oz le taladraba los oídos. —Sonrió con malicia—. y éste le había recompensado derramándose en su mano con un único y ronco lamento. Hasta el fondo. pero aún las sentía empapando su piel. le susurró al oído lo mucho que lo amaba. con el semen del joven resbalando por sus dedos y goteando sobre la sábana. se estremeció contra su pecho y lloró en silencio. Aparte de eso. de placer. mientras consolaba su llanto con cariñosas palabras. Lo único malo es que tendremos que esperar un par de minutos más antes de volver a repetir. profundos y cortos. No había rastro de ellas. mostrándole unos ojos arrasados por una desbordada excitación—. Y aquel muchacho seguro de sí mismo. —Me palpita el trasero —comentó separándose las nalgas con las manos—. el único amo de ese cuerpo. estoy jodidamente bien. Neil se miró las manos. de esos gemidos. de esa mirada arrasada por el placer y el deseo. Neil apartó la mirada. buscando en ellas el rastro de esas mismas lágrimas que había limpiado del rostro de Oz. —¿En qué piensas? Miró a Oz que había vuelto la cabeza hacia él. con el mismo ímpetu e intensidad con que taladraba su trasero.

Y sí funcionará. y cumples con tu palabra. Yo no puedo ver el futuro. Y lo que siento es amor. Eres demasiado joven. Si te comprometes conmigo «con todas las consecuencias». Hay un infinito mundo ahí fuera de hombres y de mujeres. tu vida. que de vez en cuando se desahogan juntos. Aún es demasiado pronto para comprometerte con nadie. de sentimientos. apoyando los brazos en las rodillas de éste.Nut 312 . pero no dijo nada. Pasarán los años. De lo que siento aquí y ahora. Y si lo que pretendes es que seamos dos amigos de cama. Estoy loca y perdidamente enamorado de ti. no funcionará. con todas sus consecuencias. se cruzó de piernas y lo miró directamente con una expresión severa y confiada. se coló entre las piernas de Neil. Estás aprendiendo a conocerte. sentado sobre sus talones. de sensaciones que no conoces. Había en su expresión seria una sombra de tierna comprensión—. te perderás todo eso. —¿Quieres que salgamos juntos? ¿Que seamos una pareja monógama? ¿Novios? Lo miró con cansado desánimo. El joven retiró el cenicero y de rodillas. Y no sé qué ocurrirá dentro de un año o de dos o de veinte. —Con todas sus consecuencias. Oz? —preguntó aplastando el cigarro en el cenicero de cristal que tenía entre las flexionadas piernas—. Tú tampoco. —¿Qué es lo que esperas de mí. —¿Por qué me tienes tan poca confianza? —preguntó ladeando la cabeza. Neil. eso no es lo que yo deseo y necesito. Oz se incorporó. Y pase lo que pase. ¿eh? —Neil rió a medias sin alegría—. Sólo puedo estar seguro de una cosa. y un día mirarás atrás y verás que lo que has perdido no se puede recuperar. Entonces te arrepentirás y me odiarás. —Quiero que seamos una pareja. este sentimiento Querido tío Neil .Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 través de la ventana. ¿Qué quieres que haya entre nosotros? El joven frunció el entrecejo. Precisamente ése es el problema. Estás empezando a experimentar tu sexualidad. —Si es eso lo que quieres —continuó—. Oz. Y tus necesidades y las mías son diferentes. y no sucederá nunca. Nos llevamos casi diez años de diferencia. Pero no lo sabremos si no lo intentamos.

Aún podemos jugar a indios y vaqueros. —¡Yo no! —se indignó Neil—. Y yo no te perdonaré. será serme infiel. ahora. —Seré un vaquero muerto cuando se enteren tus padres —replicó tomando su rostro entre las manos y mordiendo despacio la boca que se le ofrecía. pero ¿sabes? —Sacó la lengua entre sus carnosos labios y lamió los de Neil con sensual deleite. Y no hables de mí como si sólo tuviera pollas en la cabeza. Lo primero que harás cuando te surja la oportunidad. Muy. la determinación que destilaban sus ojos. A mamá se lo conté hace años. —Lo harás —sentenció. al menos hasta que te lo haga pagar. Te gusta demasiado la variedad en la cama. —¡Oh! No te preocupes —le aseguró Oz entornando los párpados sobre su ladina mirada—. No está muerta de ilusión. pero opina que podría haber escogido a alguien Querido tío Neil .Nut 313 . —Esto es una locura. —Lo harás. nos amamos. muy duramente. Y yo te perdonaré. aquí y ahora. Pero esta vez yo seré el indio y tú serás el vaquero atado a mi cama. Pero tú sí me engañarás. —No lo haré. —Acercó el rostro luciendo una sonrisa perversa y burlona—. Neil observó su rostro. —¿Qué ha sido de aquel niño al que una vez até a la pata de la cama. Todas las veces te perdonaré. —Le dedicó una mirada hostil—. Sea lo que sea lo que nos depara el futuro. No podrás resistir la tentación de probar un culo nuevo de vez en cuando. y se preguntó nostálgico cuándo su pequeño Oz se había convertido en un adulto tan sabio.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 que compartimos ahora. —No te seré infiel —replicó con firmeza. Neil esbozó un mohín compungido. nada ni nadie nos lo puede ya arrebatar. Eres un puñetero crío rebosante de hormonas. Se cubrió el rostro cansadamente con la mano—. —Negó lentamente con la cabeza mientras le acariciaba el perfil de los hombros—. y lloraba llamando a su mamá mientras le hacía un perfecto corte de pelo al estilo apache? —Creció cuando tú no mirabas. Y eso es lo único que debería importarnos. provocando que el rostro del hombre se encendiera de placer—.

¿Hace años? ¿A tu madre y al animal de tu padre? —A mi padre se lo he contado hoy —dijo sonriendo como el gato que acaba de comerse al ratón—. Se abalanzó sobre el armario y bajando de altillo una vieja maleta negra.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 peor. predecir lo que iba a ser de ellos. —¿Se lo dijiste? —preguntó notando una especie de vacío formándose en la boca de su estómago y cierta torpeza en la lengua— . se iba a divertir mucho averiguando qué les deparaba ese incierto futuro. —Apresurarme a poner tierra de por medio entre la pistola de tu padre y mi culo —gimió peleándose con una percha que no quería soltar la camisa que sostenía—. Y tú. lo apartó todo lo que le permitió la extensión de sus brazos. Sabía bien que nadie podía augurar el futuro. Neil saltó de la cama arrastrando en su impulso a Oz. sin orden alguno. que cayó de espaldas sobre el colchón. vístete rápido y piensa en que agujero podemos meternos mientras se le acaba la munición. observando divertido sus enloquecidos y poco productivos esfuerzos. Neil. —Nada importante.Nut 314 . Algo sobre ir a comprar balas para su Magnum. sin contratiempos ni obstáculos insalvables. Pronosticarles y prometerles que el camino juntos sería largo y feliz. comenzó a meter en su interior. de sus ilusiones. de su amor. que aún le sostenía el rostro. Antes de ir al bar a buscarte. Querido tío Neil . —¿Y que ha dicho? —articuló con la voz de quien se ha quedado sin respiración. Oz se mordió los labios para impedir que la risa que le cosquilleaba la garganta se le escapara. Neil dejó un beso a mitad de camino. —¿Qué haces. la ropa que fue arrancando de las perchas y extrayendo a tirones de los cajones. Pero de algo tenía una certeza absoluta. Neil? —inquirió con musical tono.

Dablín 315 . y el chico de los ojos vendados le acaricia la cara para recolectar las lágrimas que le lavan el miedo. —No llores. llevándose sustos. pasa aleteando como una polilla con aires de mariposa. Siluetas y susurros . (Continuación de Sonata Trasnochada) Si no fuera por tus ojos. al marcar las ocho de la mañana en punto. Antología de Relatos Homoeróticos Vol. El reloj interpreta su mayor concierto. al lado de la mano de Dennis. Y como ofrenda amistosa. y aferrada de la cartera. y ha participado en la recopilación Calabazas de Halloween 2007. escribe slash original desde hace dos años. Se lleva el corazón descongelado.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Siluetas y susurros Dablín DABLÍN es chilena. no te hace bien… —Sus palabras realizan saltos inmortales antes de perderse en los oídos del jovencito rubio de piernas jubiladas. yo seguiría sin creer en la eternidad. la más bella historia de amor que ha podido imaginar. Relatos Navideños 2007 y 2008. La nada de un ciego y la imposibilidad de un inválido se dan la mano. las manos tibias. les deja a ambos un beso en la frente. Un segundo de silencio inmortal y rayando en lo inmoral. donde atornilla un trozo de su alma en agradecimiento por traerla de polizonte a la vida. La respiración sobresaltada del pianista lo delata. Dennis mueve sus dedos y atrapa más lágrimas. primeros y verdaderos amigos. II. La catarata que Alex condensa en su corazón ha roto todos los diques y se marcha. y ella se despide de sus nuevos. La enfermera se despereza cambiándose el cuero de mujer amargada en piel de fémina inspirada. El silencio se hace guiños a sí mismo mientras Alex sigue con la cabeza diseminada en la cama. sueños truncados y anhelos cojos.

termina con esa tontería. y ya sé como eres. a las cortinas y al mundo.Dablín 316 . se convierte en un grito. Dennis hila silencio. Siluetas y susurros . el suero casi se bambolea esforzándose por acercarse a ellos y oír su diálogo de enamorados. de no gustarte. —Tengo mucha pena. el infierno y sus cuatro costados. sólo se concentran en lo que sucede entre esos dos príncipes de alas rotas. se quiebra en trozos tan pequeños. tengo miedo y quiero abrazarte y dormirme a tu lado. yo veo. menos cuando ve cómo el rostro suave y bello de su complemento. Te amo. —¡Pero no me has visto! —Alex no alcanza a pensar lo que dice. Dennis aprieta los labios y se reinventa a sí mismo antes de hablar. y no queda nadie inmune al peso de tal verdad indiscutible. El pianista le captura los dedos y los besa como si se tratara de su boca. Ya te lo dije el día que empezamos esto. que el aire de la habitación se vuelve denso. —De perderte…. a su novio. de qué tienes miedo? —La voz se le ha escapado pintada de susto y es tanto que aprieta la sábana. de ser muy yo.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Mi pianista llorón… ¿Por qué haces esto? —Es un susurro lo que el potencial vidente echa al ambiente. pero al llegar a su novio. Alex aleja su persona todo lo que la silla de ruedas se lo permite. anticipando lo que vendrá. se llena de aire y va deshilando su verdad. —El pianista retrocede y se encierra en sí mismo. —No te enojes. se le caen las palabras del corazón y ya no hay nada que hacer. A las cortinas les importa un bledo lo que el sol haga. —Lo ha dicho y hasta la alfombra traga grueso. Hasta las manecillas del reloj contienen la respiración y los números desean saltar fuera de su prisión de tiempos rígidos para ir a consolar al chico rubio de ojos vivos. que no pueda mirar no me impide sentir y percibir. —Yo te he visto mejor de lo que tú nunca podrás mirarte frente a un espejo. —¿Alex. le da la espalda a la cama. —¿Hasta cuándo vas a seguir con eso? —Recupera su mano y deja en áspero desamparo al más frágil de los seres de esa habitación—. Su confesión remueve el cielo.

—No me hagas esto. O me hagas creer que me amas para no herirme. el murmullo del mutismo de Alex. —Alex. Ándate a ser un pianista famoso y deja de decirme estupideces. su congoja y su silla de ruedas. oasis intermitente y prisión constante de su vida. —Dennis se lleva las manos a la cara y la manguerilla del suero da un triple mortal invertido. disculpas y todo lo demás. no te ocultes en el silencio. cuando entienda lo que dice la luz del sol. Apenas alcanza a vislumbrar el ascensor cuando una mano redonda y su redonda dueña. agarra tus cosas y lárgate. el rubio de pies dormidos le contesta entre sollozos. Alex se aterra y se convierte en parte del decorado cuando entra una enfermera esgrimiendo su vozarrón de tiránica protectora de enfermos y fustiga al suero. los cojines. y que luego conozcas a alguien y te marches. porque me duele que desconfíes de mí. He pasado por cosas mucho más terribles que no me lastimaron tanto como tus inseguridades. —Tengo miedo de que me ames por inercia. Antes de que Dennis pueda alegar locura momentánea y pedir excusas.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Apoya su cabeza y su corazón en la pared y deja que se le caiga la pena en forma de trozos de cristal mojado. Ven a mí… No. y te amo ahora que estás llorando a escondidas. al paciente inquieto y a la máquina espía. agrede a sus oídos. la máquina de control de vida chilla como enajenada y el mundo se vuelve un caos.Dablín . refugio sempiterno. el reloj y el tiempo se dan la mano para soportar las lágrimas que el pianista desborda en infantil secreto por no estar y no ser. porque soy inválido. porque es la única forma que tienes de dejarme solo. 317 Siluetas y susurros . Antes de que el desbarajuste sea orden nuevamente. yo te amo… Te he amado desde el día que tu música llegó a mí y me contó como eras. Desde el rincón más solitario del universo. —Habla tras una cortina de agua que se desperdiga desde sus ojos color tristeza. sale de su muñeca y desparrama sangre sobre la cama. el chico de cabellos rubios huye de la habitación arrastrando su pena. —Está bien. Te voy a amar mañana y en siete días más. Las almohadas. lo frenan y le depositan el más tierno de los saludos en la cabeza a modo de beso.

dibuja complicidad y dos ojos pequeños pero llenos de vida recogen al fugitivo. La mujer de redondeces maternales presenta a Alex como trofeo de batalla y lo deposita junto a la puerta en un silencio estudiado y magnificado. —Secuaz…. El suero. llegaste. Exuda calma. pero sus brazos toman la iniciativa y rodean la gruesa figura. las cortinas. Alex quiere morirse en ese instante y si no lo logra es porque su secuaz llega al rescate como tantas otras veces. llegué y tú… ¿Por qué te vas? —La mujer es a todas luces un salvavidas de cuerpo presente. Dennis está prisionero de la enfermera de rasgos felinos que le ha devuelto la manguerilla a las venas.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —Ni se te ocurra salir corriendo. y que le da órdenes a la máquina de control vital como si fuera una adolescente malcriada. necesita descansar y no es bueno que su presión aumente. —Sí. que sólo respira y aprieta las manos contra la cama. —Vamos a ver que batahola dejaste. Alex no se mueve. La enfermera que es dueña y señora del pequeño universo que contiene al jovencito de ojos dormidos. como si los sillones pudieran contestarle. como si con eso pudiera afirmar la autoestima del chico al que ama más que al manjar. Siluetas y susurros .Dablín 318 . reclamando un estrujón de esos que calientan el alma y ordenan las ideas. —Esboza entendimiento. lanza su arsenal en contra de los recién llegados. —Sin más palabras toma la silla y la arrastra de vuelta a la habitación donde todo empezó. El único que no parece reaccionar es Dennis. seguridad y por sobre todo. Enarbola una sonrisa tan enigmática como certera y con la voz que define la dulzura. el reloj y todos los atentos espías dan vítores cuando la presencia sutil del pianista inunda el espacio y todo parece más bello. comprensión. más suave y eternamente más honesto. —Si se pudiera pintar el alivio en la voz de Alex sería con los colores del arco iris. lanza su pregunta al ambiente. porque hasta las baldosas color desesperación se truecan en alfombras mullidas cuando esa mujer de rasgos acolchados rescata al chico de su tonta huida. —No lo molesten. La secuaz le desordena el pelo y sonríe con trozos de eternidad y campanas de viento.

—Y con la experiencia que le otorga la sabiduría. el sol y las cortinas contestan un «no» gigantesco y tan mudo. Siluetas y susurros . se detiene. la silla de ruedas le saca la lengua y los segundos del reloj la empujan fuera de la habitación para que deje que los enamorados hagan las paces. toma la mano de Alex y la apoya con firmeza en el brazo desnudo de Dennis. —Solloza sin lágrimas y le aprieta la mano para resellar el compromiso de amor que tienen. la alfombra. si estás de pataletas. pero entiende que te amo. La cómplice y sus manos revestidas de afecto arriman al silente pianista hasta el borde de la cama donde Dennis respira bocanadas de angustia y le exige al universo seguridad. el paciente solloza y ella sonríe llena de triunfos. —Déjense de tonterías. Antes de que lo logre. ambos se aman y no tienen para qué pelearse. Dennis lo ha capturado y lo retiene como si fuera un trozo de su corazón. no te asustes. no importa como luzcas.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 —¿Quieres que nos vayamos? El reloj. —Bien. Me llevo al rubio y te dejamos en paz. —Voy a tocarte. —Se lleva la mano del pianista y recoge la silla para alejarlo. el mundo. el suero. pero no lo toca. los cojines. El pianista jadea. Hagan las paces. allega su persona al paciente que ya no lo es tanto y le susurra dulzura. Alex tiembla y con él.Dablín 319 . —Les ordena con la libertad que se ha ganado al ser la celestina de ese romance con sabor a manjar y a lágrimas. —Lo siento…. Alex se mueve para recuperar su mano y Dennis hace lo propio para alejar su brazo. aprieta los labios y el alma. Nada dice porque su voz está ocupada conteniendo lágrimas de impotencia y de frustración. El mundo ya es lo suficientemente hostil como para que se queden solos. Suavemente acerca su mano a los dedos de su amor ciego. amor y esperanza. que a Dennis no le queda más alternativa que traducirlo y negar suavemente con la cabeza. La mujer que es toda comprensión. La enfermera les da una lista de consideraciones antes de marcharse.

—Ya. tienen diez minutos de mimos. una lamida sensual que le moja las ganas a ambos. que el jovencito de vendas en los ojos suspira con él. Las carcajadas son el mejor escape que encuentra el chico que no Siluetas y susurros . les acaricia la cabeza a ambos y sonríe con la voluptuosidad del trabajo bien hecho. Alex ronronea en la palma de la mano de Dennis. Ella. necesitas dormir y descansar. —Dennis. —Se aman. enarca una ceja y se gira como si fuera la diva de la mejor ópera del mundo. la tormenta se va diluyendo en ese airecillo tierno de amor líquido que ambos tiran al mundo. Ella y su humanidad en forma de mejillas sonrientes. no peleen por tonterías. —¿Estás enojado? —Hay un dejo de certeza pegoteando las palabras y mortificando la entonación melosa que el pianista intenta ponerle a su voz. —Alex. y tú. redefiniendo la palabra amor y el sentimiento implicado. luego se detiene y apoya su rubia cabeza de cabellos largos y desmoronados en el antebrazo de su novio. No podría… —Alex suspira tan profundo. me lo juraste… —Dennis detiene el resto de su discurso porque si continúa. —Voy a buscar algo caliente. el guión cambia y el pianista sólo ronronea. El rubio tiene que ir al estudio de grabación. hecha de «dignidad maternal». luego llamamos para avisar y en la tarde. La mujer que es cómplice antes que enfermera. yo soy feo y no quiero que cuando me mires te den ganas de irte. Las sombras que dibuja el sol en la habitación se hacen más pequeñas cuando el rubio pianista se lleva la mano de su novio a los labios y los besa.Dablín 320 . al estudio te vas. le guiñan un ojo al pianista y agregan con total desparpajo. rubio… Cuando se marcha. —No. pero esta vez. Él sonríe por las cosquillas y porque sabe lo que viene a continuación. secuaz… hoy no quiero ir. fríamente calculado. Hasta la manguerita del suero apoya la moción y sonríe junto a la mujer.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Alex mueve los dedos y afirma sin emitir sonido. habrá una avalancha de afirmaciones adobada con una tormenta de negaciones que ninguno de los dos lo necesita en ese momento.

siempre es bueno oír a hurtadillas. Al parecer habrá confidencias y todos se soban las manos poniéndose en modalidad morbosos.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 podía mirar. sólo que no sabíamos como se hacía… y entre mis piernas inútiles y tus ojos… El sillón. eres un monstruo…. Después de todo y nada. pero que ve más allá del horizonte. son carcajadas indómitas. El chico de ojos recién planchados es el príncipe más bello. frescas y provocativas. —Pero nos las arreglamos muy bien después de eso. la mujer que es secuaz. Así como no te dejé esa noche… —Vuelve a hilar una cascada de risas profundas. La semana de espera se vuelve un rítmico ir y venir. que parece dormido pero está bien despierto. Alex debe Siluetas y susurros . nunca pensé que hacer el amor fuera un fiasco tan grande. Y antes de que las confesiones subidas de tono comiencen. y Alex es un tomate muy maduro de mejillas hinchadas por el pudor. eres horrible. —Dennis es todo sonrisas.Dablín 321 . Alex se yergue atónito. ella. Dennis es el primero en dejar de reírse. eres feo. —El pianista es una oda a las sonrisas nerviosas. —No fue un fiasco. el suero y el reloj enarcan las cejas. cómplice y celestina. pero yo te amo y no te voy a dejar por tu apariencia. y el mobiliario es el coro curioso de esa obra de amor inmortal. añade: —Ese día creí que te perdía. y luego de llenarse el pecho de oxígeno con aroma a Alex. Las confidencias se han desperdigado en el aroma a té y en los mimos que el rubio niño de ojos verdes le siembra a su amor de miradas dormidas. entra cargada de té caliente y sonrisas bien almidonadas. rebeldes y cómplices. —Yo tendría que haber huído ese día… —Ambos iluminan el universo con las joyas que sueltan al aire. paladea el silencio suave que serpentea entre ellos. —Está bien. —Yo nunca creí que amarte fuera tan… tan delicioso. luego se planta la más bella de las sonrisas en el rostro y le besa la palma al gozoso chico de ojos nuevos.

La fiel ayudante con rango de encubridora mantiene su rol de llevar.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 cumplir con su parte del trato. Mientras. Siluetas y susurros . Parece que todo su talento se ha diluido en una sopa de ansiedad y miedos trasnochados. Dennis ya no puede más. Ya no la necesitan. En el estudio de grabación. sus anhelos y su vida se pasean entre el piano y la clínica. La enfermera de manos frías no ha vuelto a rondar al paciente de miradas viejas y a su novio de pies dormidos. Y las sonatas que desperdiga Alex van creciendo al amparo de las vendas que ensombrecen y acunan los ojos de Dennis. acompañar. No puede con la espera. pero nada sale bien.Dablín 322 . no puede con Mozart y menos puede con el miedo que le da no ser bello a las contemplaciones recién horneadas de su amor. Alex tiene el alma atascada entre una corchea y una tecla negra. Los silentes observantes. él destaca con sobrada perfección. Alex está bordeando la tristeza y respirando frustración. debe grabar sus melodías enamoradas para que el mundo conozca su genio y lo disfrute. que se supone deben acompañar y secundar los vuelos mágicos del pianista más joven y bello que han conocido. El pianista ya no puede más. Y la magia hace una reverencia de cortesía al universo de los imposibles porque ya no hay esa nada grandilocuente y opresiva. Las horas se resbalan atornilladas a las manecillas del reloj y a las claves de los instrumentos. cierran las bocas y bajan las cabezas. el genio rubio de piernas débiles y dedos mágicos no puede sacar la mejor sonata enamorada del claustro que es su corazón inmortal. una silueta se yergue triunfante con luz en los ojos azules más lindos del mundo. escudar. El tiempo ha deshilado un torrente de siete días con la pereza de la incertidumbre. Dennis se recupera y se preparan sus ojos nuevos para mirar la realidad. Golpea las teclas como si con ello pudiera volverse hermoso. Tras el vidrio del estudio de grabación. aunque ella los extraña más de lo que está dispuesta a confesar. y entre ambos han tejido silencios de besos leves y sonrisas mansas. Insiste en que sus dedos hagan lo correcto cuando su corazón. mudos aspirantes a oyentes. aconsejar y animar a los chicos más bellos que el sol ha besado en esa ciudad de anhelos parchados. esa mañana de proximidad absoluta a tarde de revelaciones. y es que aún no sabe que dentro del universo de los bellos. más allá de cómo la conocieron sus manos.

y todas las partituras musicales atesoran a perpetuidad el guiño de amor secreto que el chico de ojos en rodaje le dibuja al pianista de piernas jubiladas y corazón desbocado. tan enamorado como siempre ha estado. Alex sonríe y recibe el beso volador que Dennis le envía. no necesita más que llegar y estar. que va tejiendo centenares de burbujas. Va redescubriendo a Mozart de forma similar a como su novio de pestañas de abanico va entendiendo lo que dice la luz. Alex enhebra armonías y Dennis conjetura colores. mirándolo por primera vez. La sonata ha sido perfecta. no necesita mirar para verlo. Como nunca. y allí son felices. Va tocando cada nota de la misma forma que ha tocado cada pliegue del cuerpo de Dennis en sus noches de pasión joven. uno ve y el otro escucha. a pesar que el raudal de instrumentos musicales abandonados se queda ronco de tanto chillar en su mudo lenguaje de deshumanización. y allí. para que mire más allá del cristal del silencio. y el rubio de pies intrascendentes levanta la cabeza. y es que no necesita preguntar para saber. enamorados y libres.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 Nadie le avisa a Alex. parado como un milagro. Ambos en la perfecta coherencia que da el amarse. arman su burbuja de perfección desde la libertad que da saber y la felicidad que da conocer. Pero el amor es poderoso. Ambos asienten en muda concordancia. y el rubio acaricia las teclas como prolongaciones de la piel de su amado ex ciego. uno siente y el otro asiente. a rescatar en un beso todo el amor que se dispensan y que crece como si fueran destellos del arco iris. está Dennis. y va desenvolviendo una sonata nueva y recién ovillada. la interpretación es inolvidable y Dennis va a los brazos de Alex. —¿Aún me amas? —Dennis sonríe y apoya la mano del pianista Siluetas y susurros . nadie respira para no lastimar esa perfecta catarata de sonidos desconocidos a punto de ser aprendidos. Desde el ingeniero de sonido hasta las claves de la flauta dulce. nacido cuando la tormenta recién ha culminado. sacándola del caudal de sus cabellos rubios. mundos pequeños y maravillosos que se adueñan de los sentimientos de todos y cada uno de los espectadores de ese minuto de inmortalidad. atienden al llamado de los dedos de Alex y los suspiros de Dennis. y se amelcochan en cada cristal de sonido frágil y poderoso que el rubio ha congregado.Dablín 323 .

—¿Aún me amas? —Insiste el castaño y el rubio se lanza a sus brazos con miles de sí rebotándole por doquier. a pesar de que no me dijiste que eras rubio.Recopilación de Cuentos Homoeróticos 2009 en su corazón. Ambos llenan el aire de carcajadas multicolores. y los silentes espectadores se mojan las ganas de amar de esa forma. —¿Y tú a mí? —Alex se vuelve mantequilla asustada en los brazos de Dennis que apenas lo sostienen. —Saliste antes… —Rubor y labios mordisqueados dicen más que mil palabras e incontables sinfonías.Dablín 324 . Siluetas y susurros . —Sí. tan sencilla y honesta que han esgrimido el todo de un ex ciego y la libertad de un inválido.

cuya presencia en el panorama español y latino es una tendencia creciente.com .Origin EYaoiES El grupo Origin EYaoiEs promueve.yahoo. las historias originales en español. Para mayor información está su página web: http://www. Colección Homoerótica es una organización sin ánimo de lucro.groups. que busca unir y comunicar a sus miembros sobre la base del respeto mutuo. Actualmente cuenta con más de 500 miembros y constantemente está organizando recopilaciones de historias slash/yaoi. La iniciativa surge como respuesta a la necesidad de integrar tanto a autores como a lectores interesados en esta temática.com/group/origin_eyaoies/ Colección Homoerótica Colección Homoerótica pretende difundir aquellas obras de ficción en castellano que exploran las relaciones entre personas del mismo sexo.coleccionhomoerotica. también destaca algunas obras en dicho idioma. desde su creación en marzo del 2006. ya que en el mercado de habla inglesa este tipo de historias tiene una gran acogida. Sin embargo. Para mayor información está la página del grupo: http://es.

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Olvera Montero 4. El ingeniero – Bárbara I. Querido tío Neil – Nut 13. Cuando nevó en Babilonia – Nimphie 3. Kooks – Nisa Arce 9. Escrito en las estrellas – Sol Sweet 8. El rincón – Capandres 5. Siluetas y susurros – Dablín 6 30 50 64 75 95 130 156 168 219 253 285 315 . Él y yo – Adriana Martínez 6. Mi dulce príncipe – Yess Knox 11. Cambio de planes – Van Krausser 2. Noble venganza – Maribel Llopis 12. La maldición de Malvert – Netsu 10.Índice 1. Encerrado en el ático – Mavya 7.

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