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B.

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Sonetos a B.

Sonetos a B.

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E D U A R D O B. M.

A L L E G R I

Sonetos

ens
2013
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E D U A R D O B. M. A L L E G R I

Sonetos

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viernes, octubre 08, 2010

Aria
Para B., que sabe.

En la rama imposible de su altura, solo de luz y de dulzura solo, se mece el trazo gris de su figura y canta un triste rítmico el chingolo. La tarde liba trinos por la altura y a solas queda con la noche. Sólo suena un son invisible y se figura uno un tenor y el aria de un chingolo. Ya pasó la torcaza, ya en la altura del sauce fue buscando la figura del canto quieto que adivina solo. La noche tiembla estrellas en su altura y envuelve en plumas pardas la figura punzante, triste y dulce del chingolo.

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domingo, octubre 10, 2010

Siembra
...que de un puro relámpago me siembra. Imagen de tu huella. Miguel Hernández

Velaste con los ojos veladores, urdiendo paz y arrullos cada día. Y almácigos de gozos nombradores fuiste carpiendo a golpes de alegría. Por esta tierra seca sin colores, entre las piedras que hace poco había, viene un rumor de verdes y de flores que madura a tu voz y en sinfonía. Surcos de luz abre tu paso ahora, tan bellamente vas en tu simiente que esparce corazón y me enamora. Cosecharás un corazón que siente y esta sangre de ti conquistadora un manantial será y tan bellamente.

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Sierra
...el amoroso silbo vulnerado. El silbo vulnerado, 10 Miguel Hernández

Por el aire, y en andas de resinas, de tomillo y lavanda, verdemente, en majadas de aromas me conminas a respirar la noche de repente. Y en tu sed hasta el agua te reclinas, y sólo con mirarla, ya la fuente llena de luz remonta las colinas, surgente de tus ojos y sonriente. Van en tu nombre, hincados como dardos, los clamores de hinojos y de cardos, flechas de miel que dejas por la sierra. Y rugen a tu voz, como leopardos, torcazas blancas, ruiseñores pardos, heraldos de un amor que va a la guerra.

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lunes, octubre 11, 2010

Azahar
¡Cómo el limón reluce encima de mi frente y la descansa! El silbo de afirmación en la aldea. Miguel Hernández

Embiste como un toro el limonero; resopla por la tierra los azahares y en su furia frutal clava certero la gloria de su verde en los ijares del día que se muere. El aire entero pierde su luz en cítricos pesares por su herida fragante: ya el venero mana del limonero y sus ollares. La tarde yace dulce anochecida. En su cortijo quieto duerme el toro que sueña en oro el fruto que lo espera. Un ácido fulgor, que es su tesoro, duerme en la savia que no está dormida y que preñó de azahar la primavera.

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Velo

Esta argucia de luz de la mañana disimula vestigios de misterio de una belleza indócil, dolorosa, que al corazón feliz traspasa y siembra. Y arguye con la voz de los zorzales, que reverberan sibilinamente su inocencia de amor, mientras tiritan de aromas y entre flores conmovidos. Aquiescentes, mis manos y mis ojos hacen que ignoran, vagan su derrota sin más puerto que el día agazapado. Ya en las venas de todo va una sangre que restaña las ruinas de este mundo y silenciosamente te celebra.

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Palomar
...noche en el ancla, frío en la paloma... Soneto N° 5. Augusto Falciola

Por la noche sin luna de tu pelo y los ojos de mar que te iluminan, palomas, que a mi mano peregrinan, de tu risa a tu voz están al vuelo. Ya nacen a mi vera, a ti me inclinan y navegan por mí. Van rumbo al cielo. Ya en la nave sin ancla y sin desvelo palomas timoneles me culminan. Me abrigo en palomares y a su abrigo conquisto soledades y, conmigo, te busco por murmullos que dejaste. Y en cada arrullo, cada tarde, siento mi sangre de torcaz que vuela al viento y el tibio palomar que me labraste.

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Verano
...recuerdo los antiguos horizontes del verano recién amanecido. Soneto N° 15. Augusto Falciola

Era el día del sol osado y frío en la plena estación de los colores, madura de trigales y de estío, dorada de silencio y ruiseñores. Era la tarde de un sabor umbrío y bandadas de abrazos amadores; la tarde de los ojos como ríos por unos ojos breves como flores. Era el día sin luz más luminoso, de un cansado descanso sin reposo en una tumultuosa soledad. La tarde azul más gris que el mundo ha dado, la del único olvido recordado. Y ya de una existencia sin edad.

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martes, octubre 12, 2010

Sombra
¡Oh límite en penumbra, casi el alma! Canción de la belleza mejor. Escrito a cada instante Leopoldo Panero

Llagas con resplandor y me reclamas a un alto llano en flor, feliz y urgido de belleza feroz, con el bramido del oro como luz de las retamas. Y mientras bramo yo, tú por mí bramas tan silenciosamente en el sonido de las aves y el agua y el rendido corazón todo amor con que me llamas. En tu aire vas al hondo firmamento. No hay llanto: no te alcanza ni te nombra. No hay lágrimas ni quejas a tu altura. Libre en tu ingravidez, que me conjura y apenas tiñe el suelo de mi sombra, me apartas y de todo en un momento.

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Vino

Ya hay mostos siderales de una viña estrellera que demoran un vino que beberé contigo y, ávido de ese tiempo, apenas si consigo por acequias de lunas dejar pasar la espera. Los parrales maduros vendimiarás conmigo. Brotarán de tus manos, hilera por hilera, racimos sin agraces, que en esa viña entera guardan el vino añejo que beberé contigo. Lo beberé contigo, contigo y conversando del tiempo que este vino ya lleva madurando. Y beberemos juntos y en todo compañeros. Ya viene por las eras. Ya llega, va llegando el mosto de uvas tintas que estamos esperando. Y beberemos juntos y en todo compañeros.

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Tiempo
...somos como la cama de un enfermo que está viendo una estrella de costado. Imagen. El cascabel del halcón Enrique Banchs

La aguja del reloj, que muerde el día, de bocado en bocado me concluye. Quiere tomar mi vida en alimento y crónica repite: el tiempo huye. No le sigo las horas. Mi alegría pasó de lado a lado en un segundo, y el tiempo se resigna fugitivo y cela eternidades por el mundo. Voraz de vida, amor y de contento, de olvido y paz famélico, y esquivo, el tiempo no se aquieta ni apresura. Pero tú estás; y mientras tanto vivo casi nada en la tierra, sí en el viento o en la luz ya infinita de tu altura.

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Fuego
Todo mi corazón, ascua de hombre... Las manos ciegas. Escrito a cada instante Leopoldo Panero

Se encrespa una tormenta, celosa del rugido que mis dos corazones hacen con su latido. Mansamente, le digo que mis dos corazones me laten como un trueno. Se niega a mis razones. Le explico que aguijones de rayos y centellas punzan mis corazones con las formas más bellas. Argumento sereno que el sonido violento de mis dos corazones hace silbar al viento. No hay modo de aplacarla. Ya tormenta y su furia, se vuelve en huracanes que reclaman la injuria. Entonces, y a su turno, mi corazón en fuego incendia el aire a voces, de luz y gozo, ciego.

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miércoles, octubre 13, 2010

Vida
Y el niño extiende lontananzas, para que no le falte cielo. Del niño y un pájaro. Odas para el hombre y la mujer Leopoldo Marechal

No mires a la muerte cara a cara como si fuera tu mansión futura: la muerte es el pasado, me decías ya feliz en tu huerto de manzanas. No llames a la muerte, ni en su nombre te vistas con ropajes duraderos: la muerte es el instante, me explicabas junto a un arroyo melodioso y manso. No vayas a la muerte, si ella pasa descúbrete cortés, no la desdigas: tiene aires de umbral, de surco fértil, déjala andar sus pasos indecisos: vendrás por ella al fin, me entusiasmabas ya joven para siempre y sin tristeza.

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Silencio
...y estar callado, dentro del verso, estar callado. Arte poética. Siete poemas Leopoldo Panero

Panales de zumbidos, los arrullos del viento entre las hojas, las canciones del agua entre la piedra, los murmullos de la noche, la música y los sones de la guerra, el amor, y los crujidos de la tierra, gorjeos y rumores; y del cielo en su furia, los tronidos; de muertes y dolor, los estertores... Nada es silencio y tan silencio. Nada. Todo suena en el mundo. Todo suena. Todo pronuncia y dice. Todo estalla. Todo, menos la voz esperanzada que en tu nombre silencia toda pena y que en tu nombre calla.

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Sonetos
1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 11. 12 13 Aria Siembra Sierra Azahar Velo Palomar Verano Sombra Vino Tiempo Fuego Vida Silencio 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17

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