OllUAS OF.

L AUTOR
n .. cOpUU.c.t.}11 dR la o/lro fi'llprOSa de AlmaJuerte. con es-
tudios pt'\!vlos y notas:
VQl,UMT ... ... J. "Discunl(is ('(Hn.plptos". EdItori al ClarI-
dad. Buenos Aires. 1033.
VQf ;UM!J.; n. UEvnngélirtls cMilJ}leUls, ot ros e.tr.rito.t
HWrurioll 11 ca'rf,rs". Etlitodal Claridad.
DuellOs A i,'e."
" I'idu IIjernplar de JO#J (Jto,mieros". Editorial C¡.,ridad.
UuénOs Alr('s. urJú,
" MII /,imlu l"'Orl'11O, /' O$1Iin !I t''Írln }¡ofn/jI'C (/.e il! nljv",
J::di t o1'lpj c.:IMkllld. H\Jel1fm Airl.!ll. 1939.
"[,n. 1/(ltol/(1 por Iv de Pnidos", 'Folle-
LO. Taller es ComlncntÓl l. liU\CflOS Aires . ]948.
"S .. "tidJ) J¡j.dJrico eJe Ttna re/VTma GdUcacir;nat en Esta-
llos Uni(foR. lJ(w/lilit'rat.u y Jonnarió1f juvenil" . Folle-
to. Tal ler el:l Gráficos Continental. DllenOl> Aires. lQ<l9.
"EcOIIOnd./1 de lel coJ,Ollial. E,wullo de
cU1Jl.pMnd« de A'1ru1rica. ""tina". E(l.Iwrlal y úihreria
"El Ateneo". Due.nos AJrt!$. J 949. -
·'I .. a cfa;'j/J media en. ra ArUC"lItj1l(t". "En volumen J. de la
colecci4n "Materiules ]Jara el ('studlo de la. clase me·
di:;. en ItI Amérka .ltltlna" . Publlml'il)Dt!); dI' lu Oflci·
na <le Ciencias Soc.lales lle la Unión :ean:americana.
\V:II<h ing-lon. IOtiU.

.'
SERG10 BAGU
(¡oll - 1...02)
ESTR UCTURA SOCIAL
DE LA COLONIA
¡WSAYQ m! I/l S1"ORLA COMPAiVIDA
Di : AMÉRICA ¡ ,ATiNA
A ,
\.IlI RF;lLi¡\ "EL ATENEO" IWITORt¡\L
r U >Il1Hi\ .l U - eUr Ntl5

PRó LO GO
Est e t-rabajo ha sido e ... crito de aCf/-crdo a las mis·
mas líneas mel.odo1úgicas ((ue Economfa de la socie-
dad colonial. U110 1/ otro pertenecen '1UI.a serie de
en.sa,yos sobre histo1"ia eomp(¡rarla de los pueblo.'> de
América latina, que est'(..'ní:n t'inwl¡Idos por sus ideas
f unclamentales y su CO'nt'apción metodol6{}ica, aunque
conservando cada uno cnlcramtmlc su autonomfa co-
mo libro.
Rl estmlio d.e nuestros pueblos desde el á_ngula
de la hist.oria COm1JUTllri." urrnja 1mil luz reveladora
sobre sus problc?i/lIs Ilcttwle8, todo.'> los cual.es t,icnen
alguna leja1]fJ. _ rafz prclérillf. Es por ello que la 'mejor
de 1m proceso 1lTst(írico jamás (leja de
t ener cierta proyec('Íón ccmf.empo-rúnca, Por otra par.
te, el método cO'ln]Jart'llivo, uuf!qne a veces p_tl.ntualice
diferencias más que SenH!j(l'fjZ(lS, 'pigoriza siempre el
sentim'iento de pro.1:imidod ent're l.os pueblos, en par- \
i'icular entre Tos IjutJ existe 1m obvio paralelismo hisw
tórico, corno e,s el caso de los de Améri ca latina.
Cv.ando en este trabajo I/(¡olamos de clase social
aludimos a 1m conjunto di.! il/dividuos que desem1Je·
fum, dent r o del pTOceso econúm,ieo, una f1Lnc·i6n seme·
ja1ite y que, a c01/.<;ec1/.t;ndo de ello, ocupan dimtro (le
9
1(, t(odet,lnd 1ma Ithicación pa'Tccida, Hl hecho de Que
f'Ml i> i1Hli-v id'/ws sean propiet,arios f) 11$Uarios de los
me(iios de prodllcción, (J l'itulares (le capital fiduciario.
o mflno de (Jbra s'in la pnrpledad de los medios de
pr mlII4'I'f,j'll r¡llP. utiliza es 1m Ifldar /14ltdflmen l nl para
il etrnlJinllr {/ r¡u(j clase sodal pertenecen.
No queremos con esto ofrecer una defi1lici611 del
cow;r:pto. ni ayo/m· su. sino fijar un punto
de par1 id(/, pau/, el t!st.ndio que Of}1¡'¡ hacemOs. Para
nosol,ros, las clq}.t:s sociales son, en prímer término,
¡11.?Ja. Pero eso no im1)Uca
que re&lIz(! unlOS lI,1l estro esfll eno a seguir el rastro
de fas clases sorinles tan 5610 elt 10 ecollQmi co V en lo
$ociul. La hisf(lT'i.U. --:!i ul'dr, In vida hmnfllla- es un
lado y 1I.(1(/(, hl/Y en Po U", nadl1 IIbsol'l(lamente, qtu: nO
se i ntcgre dtmfro ,ld conjwI,r.o. que 110 g'uarde TP/ación
lu dCHllis.
Lo que creemos es. q1/C In pllrUcipociún de ese
agregado h111fW11U, q'ue rl-isUn(Juiu/lJS C(.Im,o ehl se social.,
el1. el poder poWito --o su 110 port.icipaci6n-- esta
siem1JTc snt>ordinada a su fllo1¡ción eco1'l6mica y a. S' I
p(J.'iición social. Creemos asimismo que los individuos
de esas social es tienen Tnodalidades, ideas, pre-
ferencias nl.éticas. 16!Ji(' fL - n ('1/,YO est1Ulio dedicaremos
11uestro próximo 1-rauajo sobre el ]Jp.rfod9 coloniul- de
las c.'l/ules puecie huulnrse en t erminos generales y cuya
gé.nesis y evolm:i6n se e'llcu,t'ulrun fll.e-rl.NlHmte condi-
cionadas p(; r el hec1l o de que es()s indiv i(hws 1JI1Tt.ene-
ce11 « tales t;llzses sIJdd.'es.
ClIC/'IJrlo 'Im nyrr(Jwlo ll1/.mel1l o dc- ese tipo pre$enta,
('oml) wracterísfic:a bien c'lefinida, la de con.·;r.i·
J
i I.u.ir
¡ blgl.. lo Pero, a 11.1lestra entender,
n.o 1111110 lJTOpmmenfe tales en llJ sociedad colo·
"i(llll i t:: pa1toport./t!llfesll y asE fo sostenemOs Clt el texto.
No creemos nectsario - por lo menos, no tú·
''1
,
cil hacerlo si fu.éramos a respetar todos los escrúpulos
históricos ti lin(liiisticos- utilizar un término 'Único
para referimos a la clase social era. -eco-nómica,
social y políticamente- la más poderosa de la colonia.
La llanuí1l.dola ciase de los grandes poseedo-¡
res, c1ase domimtntc, clase privilegiada o de los privl. "l
Jegiados. Estas no aspiran a tener pre- I
cisi6n técnica en estet:rabttjo.
Dentro de 1t1HJ clase socia.l existen lo que denomi-
na.mos o cuyos
mIembros t·lenen entre si cierta afimdad de intereses
o de ocupución, o semejanza en su eccm6mica,
social o polftica.
Los estratos sociales son muy numerosos en la
historia hüpanolusCl 11 'tu intentamos estudiarlos mi-
nuciosamente a todos, ni siquiera enumerarlos en for-
ma completa. Muchas veces, la detlomínaci6n especf·.
tka se refiere a In o('f.iviclad econ6m:ica Que los
teriza 11 de la cual derivun 7Joder politico y social:
mineros, ganaderos, senhorC's de cngenho, fazendeiros
de gado, comerciantes monOpOlistas, negreros, etc,
Otras, a la propiedad ' crritoriaJ, en la c'ual pueden lle·
varse a. cabo diversas IIct'ividades productivas: ten'a-
tenienles, latifundi stas. rancheros, estancieros. Otras,
al. no-mbre tradicional : Gran Cacao, de Venezuela,'
los cargadores, co-mo en algunas partes se llamaba a los
que pa1't.icipaban deL tráfico uUramarino.
Llanwmos 11)I!loviUdad O inmutabilidad. a la ten-
den,cia de ulgu1JUs cUJ.'>es y grupos a cerrarse
el! d, a parecerse a la8 cllstas en cuanto a la rnarc,a.da
d.ifiC11Uad que otros e/e'ntentos ujenos u cllos encuen-
tran para ingresar en esas clases o orupo,!,' y la casi
imposible cont ingencia de que uno de sus miembros
deje de serlo. Al hablar de mutabilidad íL mQ.vilidad
nos referimos a la tendencia de clases-y estrat.os a
muda.r su estTuctll.ra, su asiento econ6mico JI su ubi-
11
." /WiflJ: (lsi: romo Q perder miembros que can-v
hi(tII (/¡- dllse y /l g(l11(¡r af'ros n1/,eL'os, que provi enen
,/,1 o/m rf(l.'lC.
t,','...:pyt'u-mo.., el 'tlOrn /'Te de eslratUicación a
1I 1 jl'Hlr'jI/'izaci6n de los dist inf.o"s(¡rupos- o so-
1' lft/f '.1: f'nh '(' sí, n la T/bicaci611 qut! tienen éstos en la
!,IJ/"II·/! IICI.
Sfifo dos ,m/abras queremos agTegar uJbre la es-
¡HwlltT(¡. Ile eMe libro. Cada C(l1,ítulo Ira conr.ebÍ-
11o 1'¡¡'IIJ(l .dntesis 'Y en él se enu.ncian las conclu.siones
111' U1Ilt investigación. T,(J.'l acolal'ione!f que siguen. a
/'fIIlo !'1I1JíI1Ilo amplían a 'menwlo los COilceptO$, o mul-
111"/1"1/11 ejc7II'plo.'i, o e.7:llliCl11l l»1ís del e1/idamente por
I{l/f I"ÍflS ha corrido el pcns(mLient o pora llf!gar n las
f,t)//f'/7Isio/lf'S fJ'1Le exponemos en el tC:tfo de! ('apUnto.
$e observord además que, en pOs de esa brevedad
11 ('fn¡,f'isi6n que perseguimos, qW3da el texto poco me-
71'1.( que de,·n/.'udo de referencias lJif,liográ/1cas, en 'tna
III/Ifrf'to que lu.<: requiere con ton sillgu,laT abundancia.
I'or esu mism.a causa, al prCll1'1·TOr lu BibliQgratia. que
(J/"upn la u[JU?/.da pffrt.e de este volurnen, hemOS '11-
dl/irio 1m índice temático de la misma, con el cua.l ,
f/t/r1ll(/ S de fnrilitnr el. cam.ino n otros invc.<: tifladores,
1',"/lImemos ante el lect or la rula {Jue hn ido sigtdend.(I
I/1f1''\" l r a ifl uc.(figaci6n en el complejo ltw§J1ico d,e pro-
hwhanQs. que es t odo-e11so.yo dc hisl.oria.
- L o. l"ol/ris!Qn ftS, sin d'uda, el trUJo de u.n largo es-
ff(.("·zo i;itéiútua"Z y uno de los legad.os mds preciosos
'Ine el áutor puede trasm.itir al l ector, Es signo de
probidac! 1ll'ofesional en el Clscritor buscarla. con ahin-
( ' IJ , e$])eciolment.e en e!dos nu.estros tie.mpos (111.0 en tan
di .<: y¡er.wfs y apTemilI'rltes direcciones -reclaman la atcn-
dón riel hnrnúre, (.'/)11 $€T en d1(/S mucho mós lento
1" r il i " o de la eXi slelLt' ia, 1/.0 c"ccmas q1¿e ('crvantes
12
,
,
haya, 1Jen.mrlo sino en ella r::1W1J.do p1lS0 en boca del
crxlwUeTQ de In Munl'lm. el consejo (lue hemos respet.ado
eSJ'TuprtlCJ.wfI!(' llf e: " S!i l,f(;ve en 111.,<; ruzQ'twmientus, quo
ninguno hay gustoso si es la'rgo".
s. B.
Altamar. Noviem.bre de 1951.
13
CA PÍTULO PREVIO
(,As'rAS y PU¡;mI¡O EN LAS SOC1EDADES
I NlJICENAS PHECOLOMBl NAS
Cuando los conquiotadores estabJccen su dominio
en eslas partes de AmérIca, les pUl'bloB indígena., clue
tienen organización slK'iaJ m(¡:;; eslable y signos ue más
avanzada civiliz'H' ion conscrv¡m aún, como célula eco-
dI;' su orgnnismo, comunidad agraria
prrnutlva, :
Nuelt'o éfite dI.' econom.Í;:1 agl'a ri3 cerrada, con pro.
piedad colet' tinl Ut' la tierra, CQn ITIl--Jio::: ele producción
muy 1locO rte";<l rrollados y ruyus productos están casi
todos de¡.;tinmlos a l t!onsumo pl'opiO, no ha si do aún
disuelto pOI' la apropiación lndi"ir\ual de los medios de
producción, la' prouucción par ... l'l y el inter-
cambio comercial, como ya había ocurrido cOn tantas
otra!' Gomunidade.':I semejantes en V<lrios continentes,
Es posible que en a lgunas hayan comen-
zado a asonllu cierL.'lli mudanza¡:¡ en la estructura cO-
munal a la lUl'ga, purJicrun ]wbel' dauo lugar a
la formacj ón t1e clases social{'s. Pero en los. más de
los casos, según c.omprueban Y.:l entonces los cronJst3s
españoles más sagaces, la comunidao aig1..le en pie co-
mo en s us tiempos primitivos -el .oyUu. que era an-
15
Ipl'in!' n los incas; el _ca1millj.. que eXlsUa antes de que
hlS llegara n al valle de 1léxico.
la gran mélyor!;), al meDos, de estas cornunida-
"I 'S, persiste el sentido igualitario en las relaciones so-
"1011('$ entre !';lIS miembros y no hay grupos plivilegia-
ni clases que se beneficien con el esfuerzo de los
,!t'má:;;, Algunos pocos cargos administrativos son pro-
-vi::; tos por medio del sufragio periódicamente, reunidos
( '1\ asamblea las mujeres y los hombres adultos de la
c'urntlOldad, Institución éstH de tan puro acento demo-
('l':ltico y que aún conservan a lgunas comunidades que-
dHla" de la sierra peruana, como Cim Alegria ha na-
ITado en Sil admirable novela.
Como en la yen':1 iroquesa estudiada por Margan y
PI) otr<'l5 prhnitivas dOnde aún no ha
:lp:,¡, rccido un" sllpC'resl ruc'lUl'íl c!'itadunl bien definida,
1'1 jeJe bl\lerl' el'o del u'y}@, elegido por un l,)lazo
rle tiempo y su p ouer no <leja nunca de ser
cnmpartido por un consejo, No habiendo cOntinuidad
en la (unción, ni tln sistema l1eredHal'io que la trans-
fiera obligatoriamente dentro de ciertas íamilias, no
<lpal' ec/;'n sfntoJuas Cfll'acteIlsticos de la formaci ón
de clases o castas.
1. ORlG8N DE I ,AS CASTAS ARISTOCRATICAS
Además de la comunidad agrarin -que exisUa,
no sólo entre aztel'a!'i. maytls e incas. sino entre otros
pueblos de América- los conquistador es hallarOn un
li ptl de organización mucho más complejo y por cierto
que rué éste el que primero les llenó de asombro.
Em unél orgtmización eSladual , originada, no en el
seno del calpulli o eJ oyllu, ¡:¡ ino en factores ex6genos,
En las sociedades primiUvas, la conquista rla orl o
gen a las castas, pOI' superposición de vencedorp.s
hre vencidos, En la historia de las sociedades inelige--
16
I
, I
,
!
\
nas pr ecolombinas, hay varios capitulos que. aunque
para nosotros lleno!) de lagunas, reproducen este pro-
Ceso, Así, la llegarla de los aztecas al valle de México
es una t'mpr e<'iíl dt' cOllqu:sta militar en perjuicio de
fas tribus que lo pueblan de antiguo, 10 que da lugar a
Que se forme la confederación azteca. Quienes la go-
biernan ya no son elegidos i ndiscriminadamente entre
la masa de la población, sino entre ciertos grupos que
se reservan el ejercic:o del poder como propio de su
nueva condición social. El jefe militar de la
ción a la Jiegada de Hernán Cortés --el cargo que
empeñaba Moctezuma- tiene todav[a carácter electi-
vo, pero quienes 10 eligen son sólo unos pocos dirigen_
tes y el jefe elegirl o debe pertenecel', según todos los
indkios, R un grupn !'ioda] dado, Hay, I
mente, .lJ_n_ en pleno funcionamiento )
gobernando la C;Q!lli!der!ción az.t.eca cuando se le
trenlan los invasores bls-ñCos, • J
Entre los mRyas ete Yucatán, en los últimos tiem-
pos del denominado Nuevo Imperio, el poder político
se encuentra en manos úe castas y Morley señala va-
rios indicios aceptables que hilcen pe.nsar Que esas cas-
tas son de origen azteca, es decir, emparentadas con
los invasores aztecas que domi naron la región,
En la historia polit:ca del Imperio IncaicQ, que
nos es mejor conocida que la de otras sóé'ie'd'ades in-
dígenas y que a h:;anzó estadios de evolución superio-
res, hay un hecho inicial revelador: una tr:bu, la de
los Incas, conquista a otras y eSlabJece sobre elJas su
predominio militar y político. Poco a poco, esa tribu
:a levantando una compleja estructura po-
huco-admlOlstrativa, un ERlHdo que le permita prolon-
gilr indefinidamente $\lS derechos de domJnadora, Los
conquistadores se transforman en casta aristocrática.
En el dominio incaico, la estructura
nistrativa llega a ser un verdadero y admirable estado
17
,
Imperial. En el valle de México, la confederación azte-
ca nunca alcanzó ese grado de cohesión ni tuvo empe-
rmlures propiamente tales. En la vasta zona maya,
jmná¡;; existió una sola autoridad poJft:ica, sino varias . .
G::sas fueron las principales, mejor organizadas y más
l:x.t.endidlls organizaciones pOJ(ticas. Pero además, en
la larga y enmarañada historia, precolombina ha
(h) multitud L1e organizaciones políticas menores, esta-
dos enihl'ionarios en los cuales parece repetirse,
una y ot ra V(>Z, el mismo proceso de superposic:ón de
vencedores sobre vencidos, dando origen a la [orma-
cion de cast·as. Es posible que algunas de las llamadas
aristocracias regionales entre los aztecas, los mayas y
los incoas hayan nacido en esas circunstanci as. Uno
de lOs principios de la inteligente política imperial in-
caica fué la de r espetar las castas aristocráticas de los
puehlos domi nados a las cuales, en <:I('1'ta época, se las
ntra[a hacia la deslumbrante sede imperial del Cuzco,
donde los descendientes L-ec1bían una instrucción es-
pecial.
il . ARISTOCRACIAS Y COMUNiDADES AGRARIAS
Los Incas fueron, originariamente, una trIbu de
ngticullores y, después de transformados en casta
dominante, la integridad del ªylZ-u. El caz..
11tdli fué también re.spetad·ó 'por iOS dominadores azle-- I
Tanto el ayllu como el calpulli pasaron a ser el ¡ I
,
cimiento de la ,poUtica y econ6mica. r¡
1'ranscurren añOs y siglOS. - La t ribu, prjmeroj la
confederación y el imperio, después, se embarcan en
arriesgadas aventuras guerreras. El territorio domina·
uo se dilata. Una cultura con personalidad 3uténUca
se va manifestando. Loo mayas, los aztecas, los jncas
cuentan ya por decenas sus héroes nacionales y sus
jefes, a cuya memoria se ligan hechos grandiosos y
18

I
1
.
I
I
t.
.
perfodos agitados. Pero lo que no sufre alteraei6n
sustanciéll es aquella expresi6n básiCa de la estructura
econ6mi ca y social: el calpn1l.i en el norte, el ayUu en
el sur. Ayllu$ y cal.p;;llis hubo que se expandieroñ;
ótfóS.-que se eXl ingu!eron; otros, que cambiaron de
índole. Pero los más perduraron, en una suerte de his-
toria sin historia.
La superposici6n de una estructura polftica con·
federal o imperial sobre esa multitud de comunidades
prim:tivas nO altera, básicamente, los modos de pro-
ducciÓn de pueblos. La agricultura continúa sien-
do su actividad más importante, sin que haya ganado
mayor, ni manufactura que no sea la doméstica. El
c<tmpesino produce para !'lU consumo y pi'lga un tri-
buto a la CQnfedcradón o al estado imperial; en cier-
tos casos excepcionales, destina todo su esfuerzo a
obras planeadas por la autoridad pOlitica central . No
ha perdjdo la posesión ni el usufru cto de la Herra, ni
el dominio de sus primitivos medios de producción.
Hay apenas un escaso interC<lmbio de product.os, más
intenso al parecer bajo los locas, cuya pOlítica econ6-
mica les llevó fl el envio regular de ali-
mentos y otros prooudos de una zona, en la que
abundaban, a olra en que escaseaban. No
prop:ame.nle tal, ni esclavitud, ni serVIilumbre corno
instituciones económico-sociales .
La conquista, las guerras, los renómenos de la na-
turaleza pueden le.sionar la entraña de la comunidad,
pero casi nunca tienen la .eficacia de esos fadores di-
solventes que, en otros mundos, hablan rel egado ya a
las comunidades agrarias primitivas a un simple ca-
pitulo de historia escrita. El campesino i ndígena se!
aferra a la tierra por el amor 'lúe le profesa, por un I
sentido de lo r eligioso que le otorga catesor[a mfsti-
ca, por el auténtic.o plac'er que le ocasiona tribajarla
.y por la elemental raz6n de ser ella la fuente úni.
19
--
t'O tlt.' su economía. F.I estado imperial y 1:'1 confe-
IIl'I':1I,1(,n precolombi.nas comprende-n esa realidad, por-
lila' la ('ompnrten y, además del rE'speto que les me-
" 'Yot ', nl 1\1 m s f:Je tar es, 110 destruyen la comunidad pri-
11 1111\' <1 porque sus propias hases p-con6micas se derrum-
hUt'Í'lO. Su estrategia {'stA dirigida a asegurarse el tri-
hUI!) y a sobreponer una estructura de castas que
1IJ1I.mtaJe convenientemente e¡" orden político.
111 JE'RARQutA DE CASTAS Y ETICA SOCIAL
a. En el lncarlo, la historia de la imperial
IIOH l'S relativflmente bien conocida y es posible, en
lincas. Fl:enerales, que sea semeja nte a la historia
di' lafl ('(jstaH dominantes de los aztecas y de los dos
j.!1' :lll tl!.!s lJcrí ouos metyas .
Los un'as se t ransformaron t'n grupo político y
¡:;Ot:,inl cer¡:,á7.{o, con privilegios y .... mont'ypu-
Ji o dc la cullura. Tomaron sobr e s( la enorme tarea
dc orgnnj7.Jlr el est.ado y la llevaron a cabo con aSom·
bl"Osa inlUki6n de estadistas. En el rígido eSCalOJla-
rnien.Lo polftic.o-administratlvo que establecieron, los
rnrgos superiores, fueron reservados a los miembros
de 1.1 casta dominante.
Hubo también una nobleza incaica, tal vez cons·
titliída pUl' familias emparentadas con el
emperarlor, a cuyos miembros, (1ue los español,es Ua·
mab;m "ot'C'.jones", se encomendaron otras funciones
me.nos importantes en la escala imperiaL
Las castas aris!ocrátic;us de las tribus dominadas,
cuando las había, ingresaban igualmente en esta or-
gani7..ación jerárquica y ejercian funciones de caráctel'
regional.
Los funcJonarjru¡ de menor importancia eran ele--
gidos, según \parios autores, por el sufragio de la m<1S0
de los tributarios de una regi6n,
20
<
,

f
"

_ ... ,
b. En (>8;:1 organizaci ón escalonada no· es dificil
llb:rt\r las rastaR y los Dutores que han hecho una enu-
meraci6n de el lns no difierell en nada sustancial. LoS
rncas y su farnil! a imperial, que tambi én eran
natlas in<:<ls; la Il Quleza de lo:; '''orejones''; la aristocra·
cia secundaria rle Ins "ruracas" y de ntros jefes regio.-
nales; la enorme masa de los tributarios, No es pro-
babl e que hubi era grupos considerables de pObladoru
que escaparan a esta clasificación,
P9drta argüirse que los sacerdotes constltufan POI"
si una casla, rumo también Jos amautas, que eran los ·
sabios del y los sus cantores.
Pero en eJ Incario, lo mismo que en la confederación ."
aztCCfl y (' 11 1:15 cilHl:1df!s·cstado de los Jnayas, los sa·
cerdOles p(>l'lc- nccían a la casta gobernante, Morley,
refiriéndose a los mayas, adelanta la hi pótesJs de que
esa lué la causa que impidió que se presentara n entre
la casta de los sacerdotes y la cast<l dominante confl'ic.
tos políticos graves, como en otras sociedades priml·
Uvas,
decimos y no clases, porque la mente qU.e
pres:de- esfe ordenamiento social reposa en la idea de
que cada uno de estos grupus desarrollará pOl· siempre
las mismas tareas y que sus y' prerroga-
tivas se heredan de generatlón en generación. Esta
concepción .fStática\no resulta' invalidada p or la cir-
cunstancia de que el acceso a la casta aristocrática
nunca estuvo defi nitivamente eerr;'ldo il quien, sin per-
tenecer por nacimiento a ella, demostrara sobrellevar
cualidades relevant('s, como lo anota Valcárcel.
c , Aquellas L' astns no aparecen, sin
,embargo, en la historia precolombina como minorfas
parasi tarias, cuyos ocios se alimenten del dolor dErñH·
Irares y cuJa: belicosidad resulle un fin en sI misma.
Sobre sus por lo contrario, gravitan serias
21
=.
1't!IjIlOtI Ra lJiliclades. En el caso de los Incas, la. comple- ,
1ft plulllfkíl. ci6n conquista de nuevas""tíe: I
II tll l phl'O! d cultivo cuando l as ya poseidas resultan J'
11I'1IIr ll'll 'lltC's. la orientación del rito religioso, que en ¡
!t lj.j hll lll-:l'nas es entonces tan obsesionan te y sincero I
11111'(1 ,'1 aristócrata como para el plebeyo. "
E'x plica así que el aprendizaje a que eran so-
nlfltldus los mjembros de la realeza Incaica haya caos.
III,u((l o una verdadera escuela de carácter, tan en vio-.
\¡'III" contraste eon el cUma de perversión moral que
jll'(,¡j 'llninaba en muchas dinastiíls, aristocracias y bur .
ItlH'¡dns de Europa en la época de la conquista. Aque-
IIn nud:lZ y gigantesca construcción imperial
hu L/ullre una economía de limitadas posibilidades, de
('Il'lnl'nlnles recursos, dicho esto sin cometer la
d(' olvi dar los prodigios de lOs Ingenieros agróno-
11\0::1 del viejo Perú. Sin esa wsciplina ascética de los
<lUl' manuab:m, s in. un fi ero sentido soclaien-'las
tnn dirigentes, se hubiera resquebrajado con rapidez.
inel udible tensión por mantener un edificio enor-
1111(' sobre drnientos débiles concede extraño acento de
. /{rllnilrna y osadfa a la faeba política de los Incas. sin
dudu 1;) más origi nal y vasta de todas las emprendidas
('n (, J continente en la era precolombina.
Una mentalidad europea superficial, al comprobar
lo presencia. en las sociedades indígenas más evolucio-
nnclns, de sacrificios humanos, de castas y de una obse-
..:Jonante idolatrfa ponteísta, puede cerrarse a toda otra
l'Onsideraci6n y afirmar que lo existente basta para
nsignarles una baja categorla, ética. As1 procedieron
nlgunos de los cronistas de los siglos 16 y 17, muchos
::;"H:erdotes y la enorme mayoría de los funcionarios de
la corona española. Pero la altitud ético-social de un
('onglomerado humano nunca se puede juzgar median-
le procedim:entos tan mecánicos.
El sacerdote indígena que consuma un sacrificio

,
humano, si lo hace con el corar.6.n conmovido por el
que le inspim lo sobrenatural y pensando que
tIa víctima tiene el privil egio de o[r el llamado de los
¡dioses en su i1llnoJación, como crehm los aztecas, es
lun ser éticamente más sano que el familiar del Santo
que, por aquellos mismos años, encendia Jaño-
guera para arrojar en ella pensadores, poetas,
migos poJ1ticos y c.omerciales, im'ocalldo el nombre de
Cristo para aumentar su bol<;a y saciar instintos pato..
lógi cos.
El mayn y el quechua que creen honestamente que
la montaña palpita y gime, que canta en las noches
tranquilas. y se estremeCe bl'flm3nclo en sus raptos de
ira; pata quienes un d. ios puede ser ·el aire, o acaso el
sonido melancólico de Su flauta de cañas es, en 6U in-
timidad psfquica, mucho más sano que el monotefsta
recitador de cánones sagrados que justifica en laUn
una matanza colectiva de inCieles.
Al lln y al cabo, hay pruebas para sostener que
entre los incas de principios del siglo 16 casi no había
y J13rcce que hacía' argú·n- fíem.
po que la masa de los mdias mayas tenia en muy baja
considerilci6n al n QCD?Jl, que era el sacerdote elegido
de por vida para arrancar el corazón palpitante de la
vfctima en el ritual propiciatorio, lo cual podría
·car un principio de reacción popular contra esa
tica búrbara.
Hay oficlos que envI!rcen, porque su ejercicio des-
cansa Sobre la mentira a sabiendas o sobre la
cución de lo ostensiblemente noble y justo. En la Eu·
ropa del siglo 16 había mullitud t.le ellos y, no pocos,
en las más altali esferas polítiC<lS y religiosas. No pue-
de demostrarse que fuera ofi ci o vil ninguno de los
ejercidos por las C.lstas aristocráticas n1 por los
cerdotes de las ·sociedades indígenas precolombinas,
por más que debamos ubicar sus modalidades, desde
23
s
,
¡

:1
t
;;
1111 !ingulo técnico.-histórico, en un estadio de la bar-
Ilude.
cl. La circunstanc!a de que las etapas de la ga-
1I11,]1'1'la, el comercio, la moneda y la acumulación de
11tltwzas en gran escala no hub:eran aún aparecido en
lu hisloria de la comunidad agraria indígena, permi-
/lií que ésta no cesara de ser escuela de trabajo, de
por la tierra y el esfuerzo Hs:co, de dJgnidad
IlI'l'sonal, de sobriedad y espontaneidad. La codicia por
IOfl bienes materiales se manüest6 en escala lan ínfima
no emponzoñ6 el conjunto social. El fraude no
h'lIla razón de ser, ni parece haberse ejercitado siste-
máticamente. __ h,l.l1;lo explQ.4ciqn sin límites del tra- ,
1llljO ajeno, ni desprecIo del trabajo manual. .l
1'11) .lel hombre con la naturaleza. la es-
duvitud_ nJ la ser vidumbre como institudolles'ecOnO-
lU 'c'ns, la cüales el más .
llllble de -t9rrupción SPCialJen tOdas
glos. Esto
l¡tUlle en la sociedad agraria puede ser repetido, con
nlgunas salvedades, de las superestructuras polittcas
complejas y, por cierto, del hfiper io Incaico, la
In!lS avanzada de todas, en la cual fueron desconocí-
dns la desocupación y el hambre,
Cúmulo éste de circun!rtancias históricas que ex-
plica que las castas arlstocrática's permanecieran en la
América lndfgena más en contacto con la masa del
l)ueblo y tuvieran una tendencia mucho menOS' mar-
u la injusticia que las aristocracias europeas dp
la época.
iV" . ARISTOCRACIA Y ARTE
Cuando una sociedad está dividida en castas, la
cultura es casi siempre privilegio de una de ellas. Eso
24
"
I
\
\

\
,
ocurrió en la sociedad ind1gena, cuyos sabios ronna-
ban parte de la y adiestraban a los mlt::m-
bros de ést<l ell el conocimiento. En el Tmperio IncaI-
co, tos infegr<lntes de la casta
el se<; reto y
la inlc;ar en ese secreto í!;
fas que gobernarían el lmp.E'.rio.
- La sabldurfa y la religi6n -fntimamenle unidas
como se encontraban- sirviel'on para alimentar el pri-
vilegio político y social y en ningún momento parecen
haber enll'ado en <:onnicto con ese privIlegio. Para los
integrantes de la romunidad agrada, el conocimiento
de los hechos complejos no en necesario porque, aún
sin él, podfan (>xifrtiendo en esa existencia ele-
ment., t y sin grtlves alternativas que rué la del ayllu
o el cn!p'uUi. .Al no presentárseles ese conocimiento
como. indi spensable para sostener sus posiciones eco·
nómicas, los miembros dp- la comunidad no pugnaron
PQf adquirirlo. Pero télmpoc·o la casta dQminante usó
la religi{in y la snbidur(a como instrumentos opresivos.
El Jnca t iene <lIgo <.le sagrado - .ltmque Do sea dios
él mlsmo, como se ha durante mucho tiem-
po-- y eso le vale notablemente para consolidar el
respeto de sus subordinmlos y 'él disciplina interna de
su imperio, pero no hay documento alguno valedero
que induzca a creer que ese hálito extrahumano de
inviolabilidad que le rodea sirve, por ejemplo, para
consumar el despojo de las comunidades agrarias, arre-
batar la tierra a las familia s. doblegar hasta la
nuacl6n en el trabajo j:;in recompensa al campesino
humilde. _
Lo que ha resultó Dctivirlad exclusIva de minorías
fué el Muy por el contrario;todo -':'modo -dé vi-
da, apetencias, necesidades material es- tendía, a hacer
del arte una actividad rle grandes masas y parte mis-
ma de las necesidades diadas del hombre anónimo.
- - --- -------
25
D ·
"(Ir esa ancha puerta penetramos en el más in-'\
IlIno y, sin duda, más grandioso recinto del alma de !
.ljlll'IIJI,s ¡(' janas sociedades indígenas. La admiración {
111111 l'lll 1!a producirnos la arquitectura administrativa
V I'l'ullónüca delIneado, la sabiduría sencilla que pre-
.Idl' la asamblea del ca
'
P1¿lli se desvanecen un poco
Illumllo entramos ell contacto aqu1 el cOntacto si
"M dlt'cclo-- con aquella otra arquitectura de las pl-
!'Amldes, Jos templos, las ciudades muertas; las esta-
f,IlIllIlH, l as cerámicas, l os frescos,
Quiénes eran los artistas. Cuántos y de dónde ve-
111/111, Cuál fué m\ categorfa social. Es lógico pensar,
(,I'nlt-ndo en cuenta la vastedad de esa producción ar-
II lIll('ll, que hullo en una época dada y acaso
mlHllfi.'s ue art.istas dedicados totalmente- a su ofiéjo.
PUl' más admirable que haya sido la Intuición estética
Ilpl Indígena - lo es hoy mismo-- hOy multitud de
III. 'zas precolombinas que requlel' en además un amplio
111)11l1nlo técnko y un concepto Jrtistico que no se ad-
Illth'l 'cn runo en virtud de una absorbente decUcación de
llIul'llos años. Debla existir, pues, una
lTt'I'-:1 de axtist.a y Jo más verosfmil es que el acceso a
111 misma 110 haya sido difícil.
Por lo dC'más, señalemos algo que posee una con-
IIhlt'rabIe importancia social, a la vez que estética. De-
del "Caballero Aguila", que se guarda en el Mu-
/1(1) Nacional de la Ciudad de :México; de las pirámides
Ih' Teoühuacán;, del Templo del Sol de la ciudad del
CU7.CO, hay una realidad Invisible, pero indudable. Hay
una ..
(IIIC recorre la historia toda de aquellos pueblos y que
viene a desembocar en lo que abora vemos - en esa
de lineas, en esa depuración del sentido arUs-
' ko, en esa casi inconcebible perfección de la té.cnica.
Qué duda cabe que el escujtor del "Caballero Aguila"
rué un artista maravilloso. Y que la arquitectura mo-
26
• ,
>
,\
\
"
numental de las pirámides y del Templo fué planeada
y dirigida por hombres de la más sorprendente
cidad mental. Pero. también, cuántos escultores de
épocas anteriore.<¡ al "Caballero Aguila" fueron no me-
nos capaces e Indispensables para que el autor
de esta obra pudiera re;¡lizarla. Y cuántos siglos de
arquitectura monumental se para alcanzar
la síntesis que se manifi esta en las pirámides y en el
Templo. El arte es una obra de masas, unl
largo e intenso de historia.
Hay varios factores efe índole diversa que contrI-
buyen a crear esa a tmósrcra tlrtfstica en la cual el in-
dio nace, vive y crea con. la misma espontaneidad con
que siembra su tV1J1l,:
1) la proximidad Hstca y espiritual de la natura-
leza, en la que s_e siente el individu_o integrado y a la
que concibe en parte como ser humano, en parte como
dios. La naturaleza c.e; aún para él el asombro de todas
las horas pero no menos, por ,eso, la madre grandiOsa
de todos Jos instantes;
2) la religión, tan fntimamente Ilgada a la natu-
raleza y a los acontecimientos humanos, que le impul-
sa a bl)!'l('ar la expli('adón de los fenómenos naturales
en el ritmo. en la periodicidad, en el movimiento, can
lo cual el alma se familiariza COn una suerte de danza
de 10 incomprensible, de armonfa perenne que envuel-
ve tocio 10 imaginable;
3) la forma prImitiva de concebir la propia his-
toria. casi tan imrorhmte como el tipo de r eligi6n,
historia en In q1l e 1m; hechos verdaneros se entrela-
zan inextrknhlempnte ron lo!; mitos. crcand() un amo
b'enll;' Pflétlc-o v (l e mi!:tprio, ni que la imaginación de
cada individuo"!'le traslada a diario;
4) el tipo de eronom(a agr<lria cerra.da que, al no
admitir el intercambio de productos. ohhlota a cada ra-
milla a fabr!car d_e trabajo, sus uten-
;
"

"
li
1:
,
"
1
1

de uso diario y su vestimenta, adiestrando las
1II ,II ¡n¡.¡ (>1\ las artesanías, lo, mismo que los músculos
1' 11 1' 1 {,tlltivo de la tierra, Cada hogar es un pequeilo
IlIlIi'r', tada indigena un peq1.J.ei10 escultor que modela \
111 111 pl'upios adornos. Esa intensa y cont," nua actividad
111' 1 it'a - en cada hpgar, en cada comunidad, en cOl da
I't' ,:rnll- agudizOl el talento _natural y le estimula a
IllItl l i
::,1 otra consecuencia muy importonte de esta
rU!'Iua elemental de organización económic(\ _ Labra-
tln su parcela, labrada la par cela a qlle le (lbl"gan las
I.' vl's de su eSlado, satisfe('has las neces idalles uomésti-
j 'I' " nada complejas, el indigena ha de haber quedado-
nlt' llIpr(' Con muchos días libres al afta, No podía ser /
",di";ldo su csfufrzo, sr.:; -c mb8I'go, a acumu);;¡T rique-
1'.11:, de ten:e.rQs, ni le hubiera 1'IO'sul tndo
, ' 1"11'1- 1'11 el ocio, que aquellas socicdodes condenaban tan
1i,'\'t'I-amente. Habla siempre, puel", un excedenle de
11'UIJ,lj U social. Un enOl"me excedent e, que las m<i::; de
lu,o.¡ \'('('('S no pudo ser absorbido por la!; gucl'I'as o las
t'lt mp;:¡ ñas mil itares y que era d(;'Stinado al arte
II1l'nl <1 1 en forma sistemática. Dc allí, de esa invisi ble
( JH'llle de la e.conomía indígena, s urgen los veintE' mil
ohr'('ros y artesanas que, durante cincuenta años, tl'a-
11IIj;lI-un en 1" construcción dc1 Templo del Sol del Cuz-
I'H y flue llenar on de asomlJl'O <1 PI'CSl'ott,
l'. SENTIDO DE I NTE<':RAt..: ltlb!
Nos faltan aún informaciones que nos permitan
Intimar más con Jo.. ment.alidad, los modos de
y hH3 ins tituciones de aquellas soc:edmJes. de la
PI""tuhi stol'i;;¡ americana, Pero ex;stcD huellas, (eliz-
lUenlC, r uyo signlficíldo es menester a precia!' en toda
RlI m<l¡..tnitud_
Pensemos \111 por ejemplu, en qué ci r-
28
"
,
\
(
ctlT1stancius t!ehi6 Rtll'g it' rutilante d('satío a lo im.1¡
l}{:,sihle quo es la dlldoci de Monte _ )
por los za))otecas en el de Oaxaca. en
México. Cumpliendo un plan predeterrninodo, cuarenta \
kilómetroE!. úe mont<lña fu eron Ul- bc1,ni7..ados. con la
nucia del escu l.tor que va dejando su huella en cada
centímetro cuadrado de arcilla, La montaña rué po-
seída ... dominadí.l, labrada, t ransfonmula en una_
orgullosa y magnífica, con templos, plazas, pirámi-
des, telTa7..ns, explanadas_ Para que naciera Monte AJ-
bán, debla n tener 7..apOle.cas, no sólo gen io audaz,
f. ino tambi('11 una economía hIen organi zada, un engra.
najc polllico flue m<lI'chara l'On admirable L-egularidad_
y es10 que dCGimo!o; ¡le Mont e J\lbán y los zapntecas
se ¡Jl1cde apliGar a muchc*, otros monumentos y civili-
zaciones de la cr;;¡ pn.'Colombina_
Es el oprovcch amlento integral de la energía y el
talento huma nos lo que pel' nüte la existencia de una
cultUI"ü semejante . Pero e,so aprov@,charniento no ocu-
rre u fu erza de látigo, sino porque todos -los que
conc:ben el pl<l n y lo dirigen, así como los que lo eje-
cutan; Jos que lll;;¡ndan así cornO Jos que obedccen-
se encuentran villl"ulauos por un sentido de Jntegra-
ción y tl e unidad que identif ica estrechamente lo
turul con lo estético, lo económico con lo pollUco y
lo religioso_
En aquell as so·cicdudf's, las castas aristocritic.as no \
posef.m los refi nados y poderosos medios de opresión
que en ot ros puehlüs y en otros siglos han permitido
_ y slguen pL' l'IuiÜendo- scmural' la infelicidad ent re
masas Pudi(!l'on seguir ·su ex.isten-
cia natura l y bnjn el de la comunidad
agra ria -antcl'ioL- a cae: tas aristocrát icas y
que les¡ soh,-evivi6_ PJ'opietaria del sucio, es decir, de
lo q'ltC el hombre necesitaba más pel'entoriamente para
subs:stir_
29
¡,JI historiador que duda de que pudiera
.,. NI lllHI sociedad primitiva tan asombrosa posibiUw
!lftd di' l11nnificaci 60 y ese sentido ético de la poHtica
1111/\)'11 advirtiera el Padre Calancha, demue.."ltra la mis·
1111\ hH'nll<.lCidad de comprensión que el escritor romáD-
111"1 tllI(' , en el extl'cmo opues to, propone un retorno
.. llIlIhRU(l lo de la historia como únka salida de nuestros
IIInll' H presentes,
)
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1
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I
1
ACOTACIONES
RrSGUAADOS
En el re-sguardo Indfgena colombiano hay huc.Ua tam-
blfn de la comunidad .. grarla prirnltlva. He rná nde.t ROdrt·
guez ha hecho un es tudio de ex¡;epcJonal valor titulado DII
JO$ chibclul$ o- llJ COl O1l1n 11 11. la República (Del don G
la eJ'l,comíenda 1I _ál ¡<ltilu'/l d.io en Colom bia ). en el cual estu-
dia cómo loda la estruct ura de la encomi enda hispana se í
levant6 sol!re dell w¡:; roif.icas y econ6mlcus de 1':;5 .
antiguas organt?:a¡·loncs Inrlfgerl 3s y l{lmQ durante la repu.j
bllcü suhsif!te un fnl,ímcl1 o se.m
p
j;lt1le. Es as l cómo el res-
.. resultll una de l':l. cprnunlctad. indi-
@!!.!!. en ef cual la propiedad colectlva de la
tiefrá sigue siendo una realltlad 0, pOr 10 menoS, un derecho
reclamado .por sus mlemuros.
As[ lo explIca el al!tof (278): "ElI resguardo consIste ftn
UDa parcialidad inrlfg(' lUl, $egUl' amcnl e una antigua tribu o
clan, que tiene o nlcgn un derecho colectivo de propleclar1
sobre la tielTa en que vive con !: l1j oclón a yuxtnpuestas nor-
mas de pr&.eul'.ncl a col onial y republi cana.
"Los ri>sguar(]o¡; no se e," pli c:m ¡:; ¡no sobr e la preexis-
tencia de unCt propi.edad c":olcet!vn del clan o de la trIbu
fl obrE' la tIerra" .
La superposjdón de una tribu vencp.dora sobre una ma·
sa de veocldos epmo origen de un s.istema de caSlas Be ob-
serva con nitidez en la In(lia. JawaharJa l Nehru Tecuerda
108 artos, tribu de agricultores, después de conquistar
una vasta reglón de antigua cultura, organizaron el s istema
de castas, creando cuatro de éstas: los Brahmanes, sac.erdotes·
y pensadores: los K shal 1'1.YOs, gobt>r nantes y guerreros; los
Vats-h1l6l, agrLculto·res , artesanos y mercaderes y los Shudra8,
trabajadores de categerla inferior a los anterIores.
Lile semejan7..as que pueden ellcont rarse con el Imperio
Incaico oon muy interesantes, Como ocurrIó con la palabra
31
{?IC'n, Ario f.le rtlió su oriE ina rlo y pasó a
II l(l!{'ilf In ca lltl.a.u 110Me. No 'Sólo dh'idit:ron los arios a la
"'I('led' nd en r;uall'o casta¡¡, S1I10 que lombién cilvldl:'t'on ¡1'
lud!\'lrl u{,s el\ (!1I;llrO grupos, de aC'urrdo a RUS edades (Neh·
1' 11. il) I'eeuerda 1 .. divisiÓn slmil¡¡r Pl!l' gru!>os esla·
hlH' idtl pOI' los Incas,
Hay una dlf.l·enda Importante: aquella soclt!dad de
l:l ¡IHlia nntigua ya ha apai(!cido el comerl'io y hay más
Ul'oflmdtls mlitandas sol'lulcs enu'e los grup'os, Hay ci udades
¡H,_!luJosas habitadas por comert'iantea y villas artellan08
producen para el interca mbio. Los shvdras quid hayan
sido campesinos dt>spojados de !'=tL'l tie rra!;, que Quedaban,
por eso, sin ocupación fi ja. Este tipo social 110 cxlstfa entre
lns ]l1eas.
URIGr.N DE LOS INC.\S. AUSENCIA DE UN PASTORIL
V .. lcá rcel at ribuye lmport<tnci a ,l· ch' lva, para explicar el
tipo <l e organización y el st'tlt lrh.l élioo <le J¡¡ pollüca
di'! impI'I'io, hecho que los Tncaf; constit uyeran f,lrigina·
riall1l11t e \lna tribu de agl"icultol'ef>: "La (,"i a,'e est,¡ en que '
l'l grullO l ll c<l lco eJ.om\natlor no fuf, OOnl() todn5 los domina·
fl ol'l':'; del Viejo Mundo, una ugregadón de p:,s lorcs nQmades,
fl esvi n(' ul ados (I-e 'la tierra, sin candenCia t ¡úrica, carentes
,1(' sentido filial. con la Madre 'ficrra. Eran. los l.nCa8 __ por el
('nnl rarI Q, rVJel?S y constantes agriCuhore!!, labrlugos
mm-jall;!S,. "on un tronClo y' religioso arraigo del suelo, para
t'l qtl :> conF.-er vnron siempre un scntlmh;nto .reverencial"
(Cult, 011/ ., l . 1, 192).
Agrega más adela nle: "Con!iecuencla tamblé¡\ ésta de
no halJcrsl'! r<.o m¡;:u.lo la supn' m'l entidad poUtica por sobre-
posición tle lln<J (j (! pa!>torl's IIJJma(les a Olra c;.¡P¡¡ más
gruesa ue ca mpesina!,;. La flu¡;e nC;i a del drr.ulO eJ.e cul·
tura pastoril determina el carácter llrop1o del Estado ame·
y perua no en particular y, romo lógko reS,ultado, un
género de relaciones muy eSpecial eutre pOlluca y e-cO[lo-
mla" (Cult. ant., J, 1. 192).
SAC:R1FICIOS HUM .... NOJl;
•. \' lIt'l'l en Olra cosa hOI'rible y abomi nable y digna de
ser plml du, que hasla h(ly (he?) visto en ninguna parte, y
4/ S todas las veces que alguna cosa quieren pedir a sus
32
I
,-
I
\
t

J
t
,
¡,
1do108, para que más ac('ptación tc.>nga su petición, toman
muchas nlft,aH y !li ftos, y- aun hombres y mujeres de más
de mayor erlad, y ell presencia de or¡uellos ¡dolos los abren
vivos por los pet' hOf; y kg s(¡can ei cor azón y laa entrañas,
y queman las dichas enlrafl as y corazones dclante de los ído-
los, orr eciéndoles en sacr:i ficio aquel humo. Esto habemos
visto algunos de 110S0U'Os, y los que lo han visto dicen que
es la más terrible y espantosa cosa de ver que jamás han
visto". As! escribía Hcrnán Cortés (I, 3), desde Veracr\J.t,
ellO de julio de 1510, a la Reina Doña Juana y a Carlos Y,
monarcas de un pals donde el sacrifi cio de vlctlmas huma·
nas con religiosos Ueguba a adquidr, en aquella
época, caracteres de rennada y t emible arma d!! persecución
polltlca e Ideológica,
Que sepamos, nunca lós may.as ni Jos a2tccas llevaron
al sacrlrlcio ritual a sus B5\rónomos. ni a sus pensadores, ni
a s u. atlis tas. Pllrece (IUe ent re los Inras Jos s<lcriti c!os r l '
lua l'!8 estaban en vlas de l:xtiución tota l. Pero mIentras
existieron en plena fuerza, no se Uene noticIa de ningún
amauta. ni huravec·cun;a -los sabios y los poetas del impeo
rIo- que hayan tenIdo ese trágico destino. :Meno.s .afortu·
nados que ellos Cueron algunos de s us colegas en los pafse!J
cristianos de Europa.
tTICA, PQÚTTCA Y J:CONOMi A
l . Fray Ant.onlo de la enlancha, que escrlbIa en el siglo
16, tiene páginas elocuentes --y s.inceros cuando se refiere al
sentido éUco de la polltlca incaic .... En su clásica BUtona me-
del orden de San ADusl{n. en el, Perú, cuya primera
parte apareció en Barcelona en 1638, dice asI de los Incas:
"SU!!! leyes [ueron de las más conformes a la ra?6n natural,
que Gentiles han tenido. ni oh'os preceptos, fuera de los de
nuestra fe cat6l1ca, les han igualadQ. Eran Inviolables en
ejecutar las penas, y cuidadosos en destruir los excesos. Las
penas eran , o casUgo afrentoso, o muerte cruel : morla el
que hurtaba, ahogaban al que ment!a, despefiabnn al adúl ·
tero, dcspeda?..aban al homi cida, afrentaban al sensual, y
moría con toda Sil el Iral(IOI"; y por set'1 tan castigado
el hurto. y de lanto terror el homIcidio, ni guat"daban SU!!
bienes en caj as (3\111 dura aqul csto) nl aseguraban la vIda
con nI llaves" (84).
SI d'e-SC<lntamos al homicida, al sensual -¿qué pauta ha·
33
,
\JI' f" para nlC'dir lo, y :;. 1 tl'aldor, pt' rsoIl 1'l jc!:i lo!:!
11 f'lo! fu.mea hit' ll ¿/¡u<! fl ll cdHr la en muchos i\mbicntes
. I#' la dv!lh .. 1<:.16n (¡..Id· nlol Si se oplkaran hoy, y efm IglJal
Irup!M';llljlht:HJ, I¡¡ :c; l{' y(1'I ¡nc"iea;.;? .:Qué manos· no Si' fatiga ·
I'f:')l I\t' l ilI'lt(1 :1hOK¡,r y di'spt'r. ar?
I.:i civilización Im:aJcll, seg'Ún r:lasillclJ Morgan, se en-
,'(¡lIt n¡ha (I(!n tro de la clapa merlla I.l e i)ar!)¡¡r je, Ya hacIa
I1llwl w qlJe hablan saiillo ne perrodo InferIor y abando-
lHulu (' 1 polltefsmo idl)látrleo, Jos 'mon:m;as a qldenes el mis·
1111) severo y minudoto F'ray Antonio de la enlancha se re,
{Je're' en otras páginas de su obra: "". veráse en la historia
tic España escrita por el Rey don Alonso el Sabi o; en la
cUQrt.l parle, capít.ulo di r-z dice: el Rey don Al on1!O IX de,
hizo gu, rra contra su hijo don Fernando el Santo, y
el hIjo viendo los gr"mlE'S dofios, env,ir'i u $a-hp.r a s,u pndre.
cual era l:l causa de ta n sangri enta gut' l'r a, que se Jo avi·
fi¡\Se, y 108 enml' ntlarfa, y le Tespondi ó por csento, (¡ tl e hacia
In gUf'TTll, porque n.o le pagaba diez nli ! mOT\lVcdis que le
,¡ ehln; pagó!>f!I\Js y cf'.s6 la mnnlnn t l'clnta y seis
P"SO!l y seis I1'ales y cuat ro mnravedf.s, Un pndl'e contra
un hijo. y un Rey Oatólico (:onLra otro Sil " eci no, t r atan
do mfl Ulrle por y l:iels y r'Cah' s , que hoy
los gasta un palanqufn en dar un almuerzo" (17n.
2. Sobre econotnla y moral en el <1nligoo Per ú, dice as[
Val cárc-el (Cult. 411t ., r, ll , 13):
"Pocas \'eCCS se presentan CQn mayor nl tidf>z las estre-
f:has rel<lclones existentes ent re es.tos dos órdenes de acllvl '
dud cultll r<ll, como aparoccn cuando se exumina la vida del
Per ú antiguo. La al ta tónit'a de la mor;¡l!dad de los lnkas
no CN sino un fr uto de la organiz<lCIÓn de s u ('C(momIa. Prt'-
cisaba quc los hombres fueran dIsci plinados en un régimen
ne trabajo y justida para r¡ue costmnbl'es se
dent ro de un marco de mutuo. Desde el instanle en
que el individuo es ('QusideradQ (:omo "pcrsona" y nunca
como "cosa
"
, y cuando el E5lado aprecia en enda uno un
productor , un guari;o; mo pO!i1Uvo en la matemática de prQduc.
ción, establécese cn forma cJ3ra el "valor bumano", no en
el SE'ntido abstracto sino en BU prác.tiCil )' realista interpre-
tación de or eador de riquc7.a . El hombre el'l fin y medio ,de
su prqlds felicidad. entcraffi{'nte a la l1e los otros seres
de su hasta hacerso inconcehi ble un bienestar egols-
tamente Imll\'l,dual. La buena o ath'er sa fortun<l es común.
Nad1e e¡¡rapa a Jos dafios qUe imIJorta una mala cosecha:
34
I
I
,
,
J
V· [ !
I'Ilngullo ('1'1 ex('1l1{I !1'I r'!(l la del Estado en casos
Ul lcs. 1 l o aÍln m¡i s U!l tt m::l hk'; n i ngún hllmbro,
por allo f Jl lt ' ¡·" tú ' 11 la j ¡'r :'II'(!ufil , ¡kIlI' ¡j¡' l'e('!lo de de:;pnjar
<l l m(,s hll!l l i l l l u, pr l v: ,t ldn' l,) , vi tales. N:l¡Jie.
CI< (1m ¡ lt ItlC¡¡:¡';(l - ni • I llllw l ulsln{J- fl ,Ut! acumu!e en t;US
!,h' n, 's l:.o lltll.:! e.n el pueblo 1)sdeZC3 por
eHo (le ill ... ¡llisrc.,' ll n.
"No huy 11 11111),1'0, IllUjL' I', Il lrl u o all cl;:lllo, enfentlO o In-
que sufra In ;)IigU¡¡ U ¡1 ti I la miser ia o el
hambre, 1'\.I(IOs, "In tienen el <JUmento. el vestido
y la casa, la ayufla y el consuelo, la metlicina o la diver-
sión; el esposo y el padrl' pued n morir tranquilos.
" N<idi e rediJ e bienes como una lilllOSlla: no e:s por
caridad t:ci no por ClNech(¡ qul' el necesitado pal'tlclpa en el
r p<'l rto. No !'ün Pfll'ú,,!lQS socialcs -sino productores equlta.
Li"mc no hay ciego, {'6J" , manco, cIlC.' rmo o anciano Que no
pueda n¡'1IlIzar a lguna di:> t r;¡bajo. que esté pul' com-
I)l e l,) Il1hnlJil illll lo ¡ml':\ cuncuLTlr (!ún su cuota a ¡lA produc-
dón El nhi,' de clnco aiil)S y la vieja de ocl1enta ha.
ccn su pal1e, En relr;<,Ui n con SUR ru t:Za!l . y eso basla; por-
que la ética del t.rabajO a nadic exige, m5:'1 de lo que pl.llolde
dar".
TRIBUTO
Recurra mos a Ga r<'ila!'.O. Es .... que exageró en mu-
chos ¡J8S;¡j 1'1. Pero S ll h Sl lmonio s igue siendo, en la mayo.
rl a de loB uj U!il;ldo a Jil vCl'flad. Aparle de que su p lu·
ma alcrclopeJaLla y mElancóUca - " lIo .... 17.n8 de recuerdos"
llanta Picón Salas a los C011te1l.tarlQs_ liene una s ingular
capacidad de evocación y deja dlsli zar, at¡u! y allá, Juicios
de saludabL.! hEterodoxia, que pudiel'on h:l bt' r-se tnlllsfOl'ma'
du en 1l l.oelccldO hocado d\! los ranlllJal'es del Santo Oficio,
}-{efiriúndose a la m;) llCra cómo el I nca requ('rla el tri-
buto y cómo lo satl;.;fucfan sus vnsa llos, Garcilaso descarga
¡¡obre el pad're ACQ.., la la respónsabJJldad la cita: "Por
('Sta suavi dad (:11 1>11" kYl r. ¡'\t'\h,U¡¡n los vasa llos
a servir al l'nt'u "ul, l:mtu ])rontiltl u y contl'nto, qut' hahlan-
dO en el ml slIlo dice lln fumoso €spai\ol
estas palabras: pr l'o 1<1 mHyor I' lr¡ ucz<l aquell os bá rbaros
reyes eríl sr r sus "li d •• vos toJos !;.\L<; ya'iullos, cuyo tr<l·
bajo gozaban El S\ I t'Onl ento y lo que pone' adm!l·adón sel"
vlanse tlellos pOI' ta l orden y pol' ta l gobierno que no se Irs
35
it a ;;
\.
hada sen·i(l umlJrc, \·¡tla muy rlic:hmw: hasta ar¡ll l
y l JOU('I'"IO aquf. (:(JI110 po mire e n sus lug,ltf>S
"I ra!'; co[;as ti esta m\ty '·encrado auJor, que es f' l P . de
1\1"09; 101. , 01" la C-omp:;¡nía de de cuya autor idail, y de
dvmás histori<l\lorcs español es me quif'ro valer en Sl.'mc ..
JUIlWS IXl$OS contra los maldldenles, porque no dig',in que
(¡lijo fií.!¡ulas en fav ol" (JI" la patria y de lO!! parient es. ÉSle
' ·rll el tributo que entone!'s pagaban a los r(Oyes idólau'as"
ti 1, .69), .

1. Landa cree que, ent l'C l\luy<l.S, la cscla\'i tnd fué
IrHrodutida en JOr; últimos años fi el Nuevo Impe.rl(" el> de·
dr, cuando ('omen¡o.[.ban a en ella dire-
!"C'nf:'l ac!onf' s de cJa$!s que> podían preludiar la sociedad
moderna. Morl cy (2{l1) prefIere petl!;ar quo ya en el Viejo
IIII¡JCrio de!)en h::r her existido los p-pentocQo/J, n fJ \lienes al,
,(HilOS autorell n lpQtlCn y. se ha¡:;a, para cUo, en. que
\'H los monumento!'; de la éJlOca n g llnl g de C3UtlVO$,
V;¡illant (lHI) describe un lipa elc csdavit nd , 'oIUlltarln ¡..'n
l'i territorio azte(,a.
El padl'e Calanchn (.t9 ) observa que 110 hal, ía f!gi,'lél."vi.ul d
(' n e l Incario y Valcáreel ( Cult, ant" 1, J, (77) !;I..lsttene ter·
Ininantemente l a misma tesis, con 0(' BnlCCe·
dentes, agregando Que los y:ll1aconas i m'o. kus - -Cl1Yo ori'
IlOCla l y función económica no r esultan m'm claros paca
1'1 ....l'i ludioso dc n.uest ros dfas- no pue.den l:iel' considerados
f·omo eSt'lnvos.
Hernfmrlp?:>; Rotll'fgue'l.. que ha ex .. minado tan mlnucio·
!-:amente tOflos I{"ISo dOC\lmenlos es('ritos que quedan sobre
1:1 c! vili zad ón ch¡bcha, llega a la l'onclusi{' 1I que, aunfj ue
cronistas de la Mlonta Ulla pl'e;;ull ta existencia
de es(·l avltll d I)rejlmeulana entre !{"Is chihr: ha,>", n • ., se des-
('ubre en, ('/Jos "ninguno inronno1;"i Ón perl.nita establecer I
I·uál es era n 10:0. 11e e:<a ni su configura·
dÓJ1 y moda lid:.Hles y su importRncla t'Co l1"!lml ca" (2GOL
Es :iln\omf¡l,icl) que jo' lorell tán en amplio
v .documentado estu(llo ¡:,obre In orgnnlza('\ón ¡¡ocl al de los
i upinambáeJ:! (120 y sig. l , ('onfiese qu{' P{ICO tlt'nc q lll' ¡'Mc;r
/lohre la C!lt'lav!l llll. la cllol no JI\'gó (1 ('fl'ar ca pa!;
basadas en la es peclali zliti::l ll n en la
Hnica. L;-¡ csdél\' ltuli ootal"- no
titula \ma fuel1te impol' tante de c;;pCC'i nil znción ocll!¡aci<l nal
:11;
¡
1
I
I
1
y de CoXplo{üCl6n l' roJl (jmlcll. Su mayor importanCia, fi nall za
diriendo, r:.llil·aha en quO ofrec!a npal'cel'as sE'xual es a los
SC:!lores,
2. La monografí a más completa que conocemos sobre
el tema es la Jl) BO¡.;ch Gnl'cta, cuyas fuentes de información
SI' encuentl'::r u. IltoCl' .',nl"i amenle, rt.'cluc.ldas a las obras de la
conQui!';ta Y la colmü<1 . El tlU\(I r advierte, en la pr imera pá'
su tl'ubaJtI, IflS limitaciones qUé esa circunstancia
impone al hjf'toriador . "Siempre nos quedarA la dllda ea-
pital -expres:l- que hasta ahora no pc>demos resolvcr:
¡' :::stas obrus (le la COD( lulst." ¿no.o¡ presentan la esclavitud
!.RI cual era cOIl¡; I(fr.taLla 1m!' hlS indios, o nos la dan desIl·
gllrüda y<l [t{l .' 1;1 j' lente' l'Ur"Opl'3 de los cronistas que las
escrlur n? F;stc PI"UJI I(,lnv ·sólo p:Jlida ser solucionado por
10.9 escrit.os lJI'(,{'OI' LL.' t: i:.mns. pCI·O dE'l':gracJ!I.(1amente no nos
han dado nirlgtt l1:' 11111" I.TI).
J1j")Sdl Gar(·f .. "U el) el C\l r so de su obra, las
seri as JJ mitRc!(JnCI'l !le {'on("E'pto <rue los autores espai101es
pOll cn de al tr<:ltar el tema. En muchos casos,
csclnvo signifi Ctl pnra ellos toda persona que Se encuentr:-a
al sl'rvlclo de otl"ll e2:!J . TQl'c,¡ UaJrada llama escla vos a los
que trihuta bil n Rl dU{!llo tl e la t\{'rr a y ntll'más al r ey (26) ,
asi como Cla\" I{:t<l'o sos t.l el1e que la esclavitud no era más
que mIO ohltgal'ión de sl!t'vic:lo pt'r¡;onal, l!mltat1n a ciertos
términos (2G).
los de gUl,rra- de quienes Bosch
Carda sostiene {Jl1f! ItO pw'<.l.en cOnfundirse con los esclavos
el autor c¡.¡twlla lU('t ódlcamente las tarcas que cum·
pllan los denol1lh1t\dos CSdaVL!6 e.ntI'i! los azt ecas y s u con·
dicl ón SOcial, muy fl uperlor- ésla a la de los esclavos de la 1
colonia. Tenfan, expllr'a , IJlclll·s y derechos propios y sus \
señor es !:lolo los ult lJ za!mn en f;'l l"cm;: y épocas delermI1l 3(\¡m.
No es ocinso aquí quu en el üpo dQ esclaviturt
voluntaria ('n trI' a'ltccllS del'crito [lor Vai!l ant (119) , el
esc1u" o ("'oIlS{·rV<1 lo \l(ltes(¡HI '<¡Ilhrc s u fnmilla y el derecho \
de poseer hien('"s. pt'(, p l(J.<; )' hm;l u ('sc-1l\\'os a su servlciQ. ..
3. A nu .. "t l"O ('S mellel'; Wr adopta.r una actI·
tud ¡le extremll caull' la ante lo>! autores españoles que, en
la colonia, describieron lus in¡,;lit ucione:;; lndIgenus protohls·
tóricas. 'rienen los más de ellos una i ncoeJ'('ihle tendencia
a. r ed ucldo lodo o los Il101(j{)¡; y al léxi co de su época en
Espaiía. Por esa e¡r c.unstanc!a., no nos impresi ona de manera
37
p;u·lkulnr su te.stlmonio en cuanto a la y la
1111)1' !" Iancla de la esd,a' itud precolombina.
Por In im\ole tic 1::1 (.'l'trtK'lura econ6mlca y social de 10B
pIIPI¡\(IS lndlK<' IIIlS, [Jor !lll U'<ÍY\!elorla histórica y por la com-
1". racl :J n C]\l (' JlUede eSlablc.cerfe con otras civilizacione,
ficmr j:ulles, ll ega mos. nO..§9g:oa -<lo l.7. c::nclusl6n de que,
1I lu de casi tOda,Ja .... hi!tori a
\lII IHI [10 en algUnos pucQlos o exlstf6, en otrQ.s ... . s61
Hit fOI' rua é!;>"porád!ca, pero no !llstlluclÓn
Es muy pOsible, !dn emba rgo, que en los últ1mo.s perfocloB
I'It In vida de algunas tle estas liociedadcs --cuando el co-
ol •. 'rdo Intertribal romien7.a a y se amplta el
Itiuuem de agricUltor, r,. a quienes se ha despoj ado de la
tl" l ru- se haYil maultlrllcado UII tlpo de ü abiljactcr sin
... Que IJres lfl se su fucrz..'l. de trabajo 8 ca mbio de una
n·rnum'\"óldun. Pero tO(los los tcstimonlos ('olon1¡l]cs parecen
c·,'i m·l.!ir e n illlC ese trabajauor -3 (IUien los escritores es-
pó. i"\I )I C5 ll aman est'lava o ¡:1l."rvQ_ goza de un stattu econó-
mlnH,O('ial muy 11\ del r'scla\'u cul: nH1I, Jlorque con·
",·n' a !'tI IIhertad rlul"<u'ite lal'I:: IIS periodos. (IJTma una ramUla,
1l1"l1lnuia clprt os blelH'S y hastn puede, en cxcepcln.
lI a1l'5, tomar ti su JoIcr vlolo a ot ros t!'ahaja(l ores, a quienes
1<I!oI <t Ulore!; col:: niales _para colmo ue confu sión- t ambi én
1I. \ lIl iln (>sClavos.
Qplm1rnos, (mes, que no fueton esclavos t<Jdoo l os es·
{' Iavos que 10$ cronistas creyeron descu brir ·en la efa. pre-
(."<l lombln3. Que sí los; hubo, pero que nI pc r s u número.
JI! 1101' f'i ll contribucl6n al prO('eso de la producción, ni por
HU cond1dón sOcial, puede creerse que la esclavitud ll.eg;\r8
a $('r una lnsUtución cconómlco-oo<.'lal f'n las tiOci edades 11'1- -
{¡¡senas (J la llegada de los colonizadores europeos.
SI:¡"'"TIDO AIIIS1'QCRÁT1CQ DE LA Cl)I.TURA..
Fu6 el fnea noca (1250-1311", ). ijl'XIO en la discutible t U-
{'f' sióll cl·onoJóglca de los gol; ern:mt e"S lnt::licas, quien prime,¡
ro rHó ,rrnn ::1 la l)artici ¡lacIÓn de los amauta&" en la;
fornmclóu ewlritua! de In {':.fst .. gobernante.. Cerca de Corat
Cora, el paluclo bizo levan tar para su resldl'ncln y la
rle RU ('()rte. milndó construir la casa de los maestres _Vacha-
hUll Sl- donde prufesaron los Omalltas. Pachacutec (1400-
144¡'¡). cuya ex.IS1encia pune en duda. Imhellonl (pachaku.-
tex IX (8l }f1kario crHíco). es, la t.radición, quien di6
un nuev·u y [>oderoso Impulw a ('sa tarea que cumplian los
,18
¡
,
,
"
I
¡
amautas. Levantó OlJ'Os edificios con Igual destino que el
primit ivo Yachahuasl y atrcljo a esos no sólo a la
de lti e.\sla de los Incas, sino lambLén a los jóvenes
de las f<nnilills· (le los CUTQCaS, jefes locales y de los )efes
o ri!! lus tdbu.'l cunqulstadas,
Garcilaso, citando al Pad.rt! .BIas Va leral atribuye al lnca
Roca csl.a norma: "Que cunvenía que los hijos de la gente)
no apnnclljfot;cn las ciencias, las cuajes penenecfan
solamente a 10$ nohles, porque DO se ensoberbeciesen y aroen·
guasen la r epüblica" (Ir, 42).
oUI'I'E. ARn:SANIAS
Valllnnt, !>t>ño ln, como lml)Ortnnte característica, que la
artesanla y el no conRtltul.m dos es(>ecialitlades scpar'i"-
das enlre los a7.tec::¡s, sino que eslab¡m unidas, vinculada!:!
In(llso)ul)l (>!Ucntt'. ,Il.o
s
aztecas- expres:J- no tenían un tér-
'mfno para las " bellas artes", ni sobre estéti('a,
ni hIcieron objetos para contcmpluJ" s610 tlU beHezB. No adop-
tar on ninguna dc esas actit udes socialmente estériles respec-
to dr-I artc" !]\lC aLloptaruos nosutros en nuc::Mn cullura'" (155).
Motoll nfa de Benáventc, que l 'l<Cril)fa l'n eL mismo siglo
d':;- Muxit·o, I!llc<>oll· .. ha en toda:; pnrtel; hile·
llas de aquclla ullLvt.n:al cajJaci¡Jad crcadora de los Il1dIgQ-
nas_ "BI que enSt' fl<l ;41 hombre la ¡;icncl:t, (!se mismo proveyó
y dl6 n er;los Indios )"lat.U1·alt's grande ingenio y habilidad
para aprentlt>Y lodas los ciencias, artes y oficios que les hall
en;;eliado, POl'QUC con todos ban salido en tan breve tiempo,
que <: 1\ viend.o 105 oficios que en CasUJla están muchos an08
en los deprender, acá en 8t110 mirarlos y verlDS haCN' hBD
Queda(.\() murho!-; lJH.ll'slms" (f11, Ca '\; 12, p. 213),
('(111 r efer encia al;1'.l!mpID 11(') So..!.'fOnstfuídO por los In'
cns, escl·¡t¡fa Prc¡::cutt : asomhl'o cuando con-
flue enormes mS.<;; H, fueron ilrranC<ldas ele Sil
lugar ,.". igin:¡ 1 .Y mrf4 I¡>lndas pOI' \lIl [)Ul.'blo tlue Ignor:\ba el
lid, bi (> rl".O; qUl' fueron conducida!; desde las canteras,
de CU<lIro a q uhwc mil!tls de distanda. sin la ayuda de
b€st!as <le carga; tnlOspOTlnLlas n Lr.\Vi;):s de rió:,! y barranc:as,
lesantudas has ta s uposición elevada en la tierra, y flnalmen·
te ajuStal!3S allf con la. más Uellcnda prech'¡\ón, sin el conoci-
mh'nto de Instrumento!; y m3r¡uillarlas famHiares a los eu·
ropcos. Veinte mU homhres se dice que fu eron utilizados en
39

..... H


1'11 111 11"011 es.tructura, Y ci ncu(mta aftas empleados en el 001-
111'1 11" ICfln!¡ucst Di Peru, 740) .
n ""ITI:: COMO PROF&SJ,ÓN
¡\JgllllOS anll'Opólogos no creen posible que en las socle-
,hlll" 1I prdlistórlcas haya ulstitIG nada semejante a ulla pro-
r. ,"1611 llrllstica. Nadie en la sociedad primitiva, afirma
1\lw'II.' ,', su vida exclusivamente en la práctica del arte.
la 10.111 la historia III'ecolomuin¡t cae .dentro ete. la vastfslrna
,1111 prlmhIva, sel'á necesado anotar muchas excepciones a
"11111 generallzacl6n.
'¡ hlquémonos, por ejemplo, en (>_se periodo dEl inusitado
tll' llIt. 'lil e la cultura maya, de acuerdo a la cronologfa de
I1lIlI ult'n, alcanza entre 471 d, e, Y "629, a esos
4111uII multltud de escult6ricBs y cent.enarel:l de monu-
IUC'ulo,<I arQultectónlc()s en los cuales el asombroso genio ma-t
fl.! 1l\t'llIlIiesta auténticamente creador, Para llegar a PrO-;
1111r'lr Ilwt' has, dI! esas obras se necei-;it,:¡ poseer InClleStlOnablj
11111 11 111'('7, tic senlldo an,(stico y admi rable domln\o de la téC'
" t.' u, Es diHcil fmaginar las '
Que debieran dedicar sus mejores ar.mes a las tao
11'11." ugrlcoJas, La pl'OduccJ 6n art!stica -como la fllosó!lca,
In Investigaci6n clcntIflca y el gobierno---, cllando llega a
t' It'rlo de COmplejjdad y grandeza, exige una dedicación
1,lvllllutr., casi absoluta, del creador. El al'te maya ya había
Llh 'allZa(lo c.!ltadio y lo mismo ¡lUede decirse del arte de
ol n m poel)\os Indlgcnas,
En polillca, la ·siluaclón es similar, Mientras las ,prcocu-
de la tribu ('11 un elemental orde namiento
!'('onúmico y en la preparación, de la Jl:uc rra, los miembros
'!l'j de la tribu y sus jcres ci\iil y milllar no
".HUI' totalmente absOl'bldos por sus funciones. Cuando -se
Ikgn a eSll grandiosa concepción pOlítica que es el Imperio
)lIcai¡;:o, entonces el esl,adisla y el funcionario pÚblico tienen
/t ll te s! problemas diarios que reclaman todo su tiempo. La
vn$tn prnniflcOlcl6n incaica requIere la existencia de la pro·
rc¡¡lón de funcionalio pÚblico y de estacfu;ta_
Pero volviendo a Kroeber, ¿es fIue aún puede clasifi-
r :.t rse tomo primitlvo un nrle que florece con la origlnOlJidad
y la profundidad del maya? Si fijamos como puerta de en-
¡rada il la civilización una clrcunstanéla menos arbHra.rla
que la escrilura, habrá que recooocer que las SOcledadeB
t

I
,
\
I
\

Indfgenas más avanzadas hablan dejado de ser primItivas
muchos ¡¡Iglos Q.llLc.s de la llegada de los conqulstaoores eu-
ropeos. Sólo admlllendo esta premisa, podrla aceptarse la
tesis de Kroeber sobre In prOfesionalidad en el arte.
SENTiDO Df; INTt:GHACJ6N
El proff'r;ol' Northrop ha ('sc.rlto páginAs de gran fuerza
liugesliva SODre el sentido de. integ".1d6n en las culturas in·
dfgenas precOlombinas mF.x\canas (19' y siguientes).
Valcá rcel wmblén concede Importancia a estR caracterfs-
tica tan propia ele la t:ulLura indígena precolombina (Cult,
tJ71t., J, 11, W).
41
---

. \

\
.'
.,
----_ ..
CAI, huLO 1
EL PROCESO FORMATIVO DE LAS CLASES
i. tNDOLE DE LA EMPRESA COLONlAL HISPANO·

Determina r la filiación hlsL6rica de la colo.nia his-
puno-Iusa es el, pas.o pXL'vio necesario para el estudio
de sus clases sociales.
lLa col on se ini d a cuando se operan
Europa transformaciones profundas en la ecónomia y
en la eslructura social, cuando d proJongado ciclo feu- .
daJ se encuentr a en el ocaso y el capitalismo comer-¡
cial inicia su C';,¡rrt' ra deslumbrünte:.!
Lo que surge en la América española -y portuguesa
no es feudall smo, Lejos de
r evjvir el ciclo feudal, A.mérit.:a ingresó con sorprenden-
te celer idad denll'o del clc1Q del capitalismo comercial,
inaugurado ya en Europa, al cual contribuyó a dar un
vigor asombros.o, hacIendo con ello posible la inicia-
ción del periodo del capi t<l Ji s mo industrial , siglos más
tarde. El cú!ú!úil es. sin em- j
bargo, un regullcn de! perfIl equI voco, c'On algunas ma-
nifestaciones de J
La' economía de la América hispano-Iusa, incues-
tionablemente colonia!, nnc:ó y vivió en funci ón del
43
"IPrendo del centrO-occidente europeo. En España y
PPrll.1gQ.l, mient ras t.anto, así a la hora de consolidar
111 unidad nacional como en los aflos posteriores de la
IIIIJIlnrguía :;:¡bsoluta, el proceso capitalista se mani-
fl' :..; l ó en formn ostensjble en. ciertas zonas, y activida.-
lks, pero el resto del organismo ibérico siguió arras-
"Hnuo una producción de fut::rte reminiscencia feudal,
Amé.'ica enriqueció a algunos grupos sociales de
Ilmuas metrópolis ibéricas, pero no salvó a éstas de
la d€'Cndencia. No consUtuyó' tampoco la causa que la
lJt'ílslonó, Enquistado el mecanismo de la producción en
un molde anacrónico en ambas metrópolis, las enor-
llIes riquezas coloniaJes no pudieron ser asimiladas por
:Itluéllas y se filtraron a través de la pen(nsula para ir
:1 desemboctlr, en úl tima inst;:¡ nda, en los pai ses cuyas
t'::i ll'llctmas económicas nacionales más mor:ler nas -no
su genio innato, ni su l'HZi:l. - las absorbieron con aVl-
df'1. y alto provecho.
ltubustecido. el enemigo europeo -Gran Uretafla,
fOn primer término-- gnlló la biltallfl imperial, librada
en todos los ma res y bajo todos los soles, porque us6
en r lln Ul'mas económicas más eficaces y modernas,
La hi5loriá económica de IriS colonias americanas Iué
qucdanllo }Jl'ogl'csi VOlmente más vi nculada -y I}lts
sometida- a la acción de' ef>e enemigo triunfante,' La
historia de las clases coloniales depende, coruo vere-
mos, de una mullitud de factores fuert emente ameri-
canos, pero se encuentra t ambién condicionadu por la
incesante lu<.: ha económica trabada cntr(> las metrópo,.
IL<>; y otn.'}$ países europeos; pCIl' la parábola descenden-
" te que .aquéllsf'I descrihen El lo (l el período colo-
nial y por la gravitación cada vez mayor qUE! ejercen
fuera de Em'opa oLTas europeas, prime,'", en-
tre ellas Gran Bretnña'J
44
'.:
.\
l
I

i1 LOS ELEMlO:N1'()S Df';'fEfThHNANTES ml; L pno·
CI,;s n FOHMA1' 1VO
1, En 1a y colonización de un pueblo
por otro pueblo, hay un proceso que se repite a tra-
vés de los siglos y cualquiera sea- el escenario geográ-
fico, Es eJ de la formación, en la ZOlla conquistada, de
grupos reduCidos de conquistarlores y colonizadores,
en éuyo beneficio trabajan -y a menudo ,mueren-
grandes masas de conquistados y colonizados, Una con-
quista ,o colonización pu'cde habel' sido mucho más
benigna, menOs <: 1"11('( que oLI't). I
esa diferencia (le grmh"l l10 obet:l<.'t' c a la mtenClQn dehbe-)
rad.a del cnnqui¡;ta<! or o el colonizador, sino a otras cir-
cunstancias que exult.an su codicia 0, por 10 contrario.
adormecen su impetu agresivo,)
'Esto mismo ocut"rió en las tierras de América
conquistadas y colohizadns por espaflOles y portugue-
1>CS, La estratificación !;ocial 110 se operó, claro está,
forma mecánica y siempre igua l. La vastedad del
escenario, la divenli dad su geografía, la densa po-
blación nativa luego, el gl<an número de africa-
nos impoJ'tados-, el difeJ'ente grado de
que tenían los diversos pu eblos
la formaci6n de múltiples grupos SOCiales, que serta
muy diffcil - y a'caso vano--- enumerar, Mucho más
simple ruó la eSlratificación !i;ocia! ocurrida 'en las
lonias británicas del norte y simplísima la de las islas
antillanas colonizadas por británicos, franceses, holan-
dC$es y daneses,
El cpisorHo militor de la conquista introdujo una '
diferenciación en grupos y gener6, de por si, elprjmer
contraste social entre conquistadores y conquistados. ,
"Pet:o es cuando comienza a erigirse la sociedad nueva
-superpuesta a la antigua sociedad de 105 dominados
43
\' I .1 1,. ....('7.. C'n.trf'mc7.clada ello ella- qUE' apol'ecen
1.IIIIpO;; sud.,.l cs de perfil t1efínido y permanente.
(,P"lId(' . c6mo, y por qué Re opera elJ.ll'Ol:oso for. ' t
'.. }
11111 11\ Ot di' las soriales? Lns dos elementos' más
hUIII II·i":IIiLCS que determinan la difere-nciac'ón de la .'
IlI lhl,lI' un colonial en clases SOCÜlles son la eXIstencia 1
1I de .d.e ó'QI:ó\. ilPl:Inqante} discipli-
I ljII 11\ y borata y la posibilidad deroroduclr attículos
Mt IIIHkrnt'ntt; apetecjdqs1en el
'ni jllll' ópeo.
('liando esos faclores concurren, !'urR"en en la co-
111111 :1 jos grupos súeJalcs más püucrosos. Cuando no
"11114'111')\'11, los gr'upos sociales ,de colo\l "zad.ol'cs tienen
1I1' \lI "s podt' r QConómico y sO(' ial y, él menudo, sus U-
111 '11" esl,án menos acentuadas, Hay otros
1' !tIII Il'II L<IS que lJuwe.n actuar, en ciertos ('aoo:::, como
-el poder político, el mercado local-
111'1' 0 lus grupos sociales que engendran no alcanzan,
1I lo ¡;:lI'go de la historia colonial, la gravi tación ele aqué-
!Ion,
i.a el capi.
Illl son otros lactores Importantes que deter·
ItI lnflll la utú:ación social del individuo, Pero la tie--
1 rn , por inmensa que Sea la sU11erficie sobre la cual
"" 1'j('Tza uominio, sólo concede al propietario el más
I¡ flI nde poder económico y social cuand() la 1rabajan
tlltldl ()S seres humanos, disci plinnuol' y de escaso con-
IUlmo personal. Supieron esto muy b:en. -¡iUllque no
lo I'nundar on con claridad- lOS plantadores de Vir·
IIllIi,a, <jue tcn1an que· traer de Europa "indentured ser·
con la obligación de l rabajar en sus vas·
y despobladas posesiones Ull número rnfnJmo de
durante los· cuales les <quedaba terminant.emente
abandonar la heredad y los fazendeiros de gado
df'! noreste brasileño. cuyas fazendas eran, en algunos
l'USVS, mas que las de los senhores de en·
46
,
¡
I
I
i
I
¡

genho Bahía, pero mucho mcnos pobl adas y sól o
pI'Odul'J.:ln para el recluc:ido mercado local. En cuanto
Jin<1ndcl'o, su origen siempre aparece, directa
o v in.l:ulado c(ln Icl e:<porladón de cier.
los prouuctos ?cstinodIJS. ill mercado centco.europeo,
por lo su depende de la !rnportancia
que adqUIera ese Comercio de exportación.
2. En Mexico y Perú, los mineros fOl'man los I
gcuP'_OS sociales más poderosos (>n el"
16. Su (tJrluna ( $ (,'onM'Cl1 f'Il I' i;'l (/{.' I valor eco--
n,órnico que EUI'opa ·asigna eutonces a· los metüles pr e-
C,IOSO$, Y(!. la E'l1l'f'Il'naciÓn de. la riqueza
) el poder, entre el alto p]"('('j o pagado
por la mercanrm ('O el mercado europeo y el bajo pre-
r.lo de In mano de obro indígena permitió una vertigi-
nosa ! colosa l Dcumulación de riquezas, que hizo de
los ame-rlcDnos un grupo más poderoso.
economlcamente, que Jos más poderosos de muchos
países de Europa,
E l asiento geográfico dc esos estratos sociales no -
está detelntinado sólo por J;:!S minas, sino también por ,
la de quc' exIstan.. nl1f indios que puedan,:
tnlbaJar las minas con alto provecho para aquéUos, al
de que se puedan trasladar indios o negros a esos lu-
gares con igual Es lo que en el centro
de México, en la sierra del Perú v. sobre todo en
Potosí, para sumergit las en cuyo
das poblaciones ind ígenas íntegras de lo que boyes
el noroeste argentino.
El 5ic1o inicial del palo brasf1 -eon los portugue:.
ses aranando la costa, sin atreverse a violar la selva
que allí mismo se abl'fa- no formó, al par ecer, nin-
guna social; ni Uene bases estables la que surge
de la pl'lmera explotación de la caña de azúcar, que
los portugueses hici eron con indios huidizos, dispues.
47

1111) /I!t'l\lllre a escuchar el pt'imer llamado de la selva,
ru ," IIr-ne, en cambio, cuando llega el negro en
11t"1 ('ltlllit.lades. promediando el siglo 16,
I.us scnhorcs de engenho --a la inversa de sus
I Il h'J{:'S, los mineros mexicanos y peruanos- no
\11111 '011 a Europa de inmediato, muy a su pesar, un
producto ya codiciado. Para l,os paladares refinados del
1'lIllllnente viejo, un hallazgo, una no.
\1(1111111 y las compañasqueía vendieron all.á
!jUl' crear el mercado mediante un
IllrnlOcnle capitalista - creando la necesIdad en el
Todo lo cual llevó cierto tiempo durante
tl l (lile los senltores no llegaron a constituir la clase
11111 poderosa que serían después,
A la vez el comercio directa o indirecta'mente
vinculado a l; exportación de esos productos básicos
que da lugar a las mayores de
(,'III/ital comercial y determina la de los
l'I OS sociales mercantiles más I!oderos03:
t'lI Brasil; los e Importado-
res eñM"éxico y Perú, que la ,expor-
l:Ición de metales preciosos o en la importacIón de
múlt.iples artículos, muchos de el10s de lujo, para los
!'leos consumidores locales,
Los términos no varfan fundamentalmente cuando
dirigimos la mirada hacia el norte o hacia las Anti-
llas, aunque sea otra la bandera que flamee en esas
latitudes. Las "primeras familias de Virginia",
erada anglizante impenetrable, descansan también
bre la multitud de trabajadores negros y el éxito que
el tabaco virginiano obtiene en el mercado británico
(Morioon y Commager, J, 167 Y slg,). En Carolina del
Bu!, las condiciones se repiten: el número de esclavos
negros es supt'rior al del total de pobladores blancos
y la aristocracia de Charleston está integrada por cul-
tivadores de productos tropicales y por los mercade-
48
r
·1
\
1
t
res que les dan gnlida en el exterior (ibídem, 171). Y
si en Nueva purHana no a surgir una
aristoct'acia de este t ipo no rué tanto, dice Beard (Rise,
55), porque alguna concC'!lc:- ión teórica lo impidiese,
sino porque ülH, m,lnque había tierra abundante, no
había mano de oht:l en gran número. Además, agre·
guemos. pOl'que los únicO$ productos que la Iría 'sede
de los puritanos- de Amél'ic<l podía colocar en el mer·
ca.do mundial encontraban un competjdor demasiado
temible: la propia madre pi1.trla. La verdad es que, a
pesar de todo, hubo en Nueva Inglaterra una aristo-
cracia más o menos impregnable en los últimos tiem-
pos de la colonia, pero mlXlesta rué en poderío econó-
mico y social si se la compal'a con la de Virginia o
Carolina del SUI', af.¡í, como éstas pooían parecer
gentes a los señores del 01'0 y la plata de México y
Perú.
LaS' islas del azúcar en las Antillas británi cas re-
producen estos fenómenos, pero magnifi cados y, a la
vez. simplificados. Para colocar un producto ú[lico en
el me['('ado europeo, se org;;miza a Uí un tipo de socie-
dad elementaJ, con una multitud de esclavos y un
núcleo harto reducido de blancos. Al comenzar el siglo
19, B-e calculahan en Bal'bados 15,800 blancos y 64.200
esclavos; en Jamaica, 18,300 blancos y 226,000 escla-
vos; en Dominica, 1.600 blancos y 22.000 esclavos; en
Monserrat, 144 blancos y 6. 700 esc-lavos; e:n 1J'0bago,
439 blancos y 17,000 esclavos (Ragatz, Old plant ., 21
y slg. ).
3, Pero si a lOS mineros mexicanos y peruanos
y a los scnhore.<¡ de t!lIgenlto hrasilefios pertenece la
gloria del enriquecimiento más sensacional, tarn-
hién .Qtros cuyo poderío se deriva del dominio
sobre multitud de trabajadores y de la producción de
articulos para el conb"Umo local o para la exportación,
49
Muy cerca, pues, de aquéllQs, en wanto a 'Poderío eco-
116mlco y social , hay que enumerar a ...
11(' México y Perú en cuyos ]atlfundios se hacíanals-
IIt' l(l:>, cultivos para el con,Sum9 local; a los
d •• México, que controlaban UD renglón de la produe·
\"[6n s610 superado en importa.neia 'pQI' la mlnería y
qll C, a mediados del siglo 16, extendían sus dominios
por los valles más fértUes d.e la zona central; a los
¡'omcrcianles de las ciudades de México y Lima; a los
I i! u/ares de los capitales invertidos E'n 1;'-1 tráfico -por
muy int.enso-- de esclavos que entraban
por Vcracruz y asiáticos y negros, por Acapul co, en
a los .llrppietul'iOs de ingenios de
movidos por bl'azos negros; a los plantadores de 'tld,
l' <lfta de azuear y algodón, en la costa peruana. señor es
I;unhién eJe esclavOs negl'os; <l. los ('-.-ra l l Cactl o, la
1"(.' l'3c:a venezolana que (tlOto gravila a partir del
glo 17 y cuya principal fu ente de E'nriquecimiento está
('n el cacao que envia a España y México; a los hacen-
deros y comerciantes -monopolistas de Cuba, isla cuyo
:-;i glo 19 presenciará, aún bajo la bandera colonial, la
acumulación de grande's fortunas surgidas en el trá{!co
y la fOrmación de una poderosa oli garquia
del azúcar; y en Brasil , a los !aundei.Yos de gado, a
Jos mercaderes lUsJtanos, a los mineirodqres del siglo
lS, dispersos y al'ruinnoos anles de finalizar la era
('olonial y hasta a los f azendeiros d-e café que adqui-
rirían, bajo el Imperio, tan fashlOsa consagración social.
Más modestos, si se les ubica dentro de.! panorama
mncricano, pero- de influencia decisiva en su suelo de
origen, fueron <;hi)enos,. para quie-
!tes trabajaba soj a Un numero esctlso de Indígenas y
que. según Amunátegui, llegaron a fundar no más de
14 mayorazgos (Hisr. social, 23m; Los encomenderos de
('uyo, Córdoba y el noroeste de lo que hoyes la Al'·
gcnt ill ll. cuyos indígenas somet idos se contaban po}'
50
'1
____________ --L-
decena¡.; tle mUell y cuyos prcxluctos, y artesanías se
vendfan en el mercado colonial cnn gran aceptación;
los comerciantes de I3uenas Aires, especialmente en
los últimOS tit'mpos ud virreinato; los accioneros de
vaquerías. en Buenos y el Litoral argentino, que
en. los sigl os 17 y 18 movieron capitales y mano de
obra l:'onsirlel'3bles, prCCUt'snres de los estancieros que,
extinguido el ganado CimrlnÓll , COJnenzaron a criar
ganado doméstico dentro de limites más o menos pre·
fijados: los t:riíldorcs rJe glll1aclo mular en Buenos Al·
res y el y todos los capi talistas, pequeños y
graneles, que intel'vcnfrtn en el de mulas, desde
Buenos Aires hasla. el Al to F'el'ú; la burguesía de Córdo·
ba y del noroeste dc In ql1e hoyes la Argentina, que
invertía sus (li neros indi stintamente en muchos ra·
mas, como el tráfico de ganados y de esclavos, la com-
praventa de de consumo y aun el préstamO
a Interés; y de la Banda Oricntal. los estancieros y sa-
laderistas en el sigh) 18, que vendfan tasajo en MOnte-
video y exporl<ihnn tasajo y·cueros, y 10$ comerciantes
que prosperal,kl ll con f! l trtífico legal y el Ilegal en
Montevideo y Colmü3.
4, Hemos mencionado numerosos grupos socia-
les. Má.s poderQSOs a lgunos y menos otros, más exten- ,
didos o más limitados, l1000s ellos tienen de común '
que están integrados por quielleStcOntrolan la mano del
obra y son los o de li1' \tiertai'
y ·oe los meri ioo de producción y, en algunos casos\
también, del cap:tal fin", ncier9.:JEsas caractelÍsticas les;
unen a los ojos del hisloriador, aunque los intereses
de unos y otros entren talltas veCes 'en C01, fIictO. A
ellos nos r eferimos, en conjunto, cuando hablamos de
la clase social de los poseedoTf's.
Los funcionarios de la corona de mayor jerarquía,
que desde ·temprano abúndflO en México y Limn, pero
5/
IlltII 111'/.11111 tardíamente a Brasil, pueden ser conside-
IHllulI ¡J('nlrO de e.">3. clase, s i se tiene en cuenta su ubi-
I'H! 11111 :-;ndal, aunque ello,,>, de por si, forman un es-
11 11 1.0 qll l' tiene sus intereses propios y que a veces se
Vl\l'I ll' nll'a en conflicto con algunos de los grupos cita-
111111 También pertenece a esa clase el aun-
11111' I'n este caso el factor económico adquiere mayor
flll'I' )I,II , porque muchos de sus miembros eran titulares
1111 ('Iwomiendas, latifundios y cuantiosos capitales ca-
Illl'r'dales y fiduci ¡:¡.rios.
ti, La enorme multitud que constituye la base
tll' I'sla pirámide colonial está integrada por lOS escla-
/1(' cualquier raza o color, -los que Jo son ante la
h'y y los que 10 de hecho--; pOr aquellos indiOS
I 'U)'!) rl'glmen de tl'abajo adquie['e otras formas y por
14111 osalariad05, Es la de las desJlose,id9ª¡ lde los
(llIe' liD son propietarios deJos medios de producci6n
(IUl' usan y que participan con su fuerza de trabajo
l' ll (' 1 proceso productivo. ,
ITI ntre uno y otro ext remos, se encuentran quienes
11.'JH,'n una propiedad pequeña; o están empleados pOr
10)01 grandes propietarios en tareas que atañen a la 3d-
mlnif;trad6n o al control de la mano de obra; o son
profesionales liberalea, o funcionarios públi cos o aacer-
d01 es de jerarquía menot' , AlU se incluyen los oomer-
dnnles minorislas y los artesanos, abundantes en la8
,{randes- concentraciones urlJsmrs, como las ciudades de
M(>x.ico y Lima; muchos propietari.OS de obrajes, ca. .. i
nunca amparados por el favor oficial y, a menudo,
:lI'l'uinados por la competencia de las manufacturas
metropolitanas; los pequeños agricultores y ganaderos,
l)rCsentcs en todas las colonias: los calpixtles, los ma·
yordomos y los que desempeñan tareas algo semejanr
les a los administradores de fincas o de ingenios en la
actualidad; los profesores, los pocos médicos que He-
I
,
1
gaban o se improvisaban en América, }¡)R muchos aho-
gados y tintel'illas, Todos estos grupos forman uJl¡&. J I
clase medi a colonial, débil sin duda, pero no inexi stiJ,.-I/
te como -s.e""Iiii' cre1do. /
Hay, ademas, una considerable parte de los pobla-
dores que vive a l m¡;¡rgen de la producción, que hemos
clasificado en 110 incorporada a la econom.ía
colonial -los .indfgenas que conServaron su organiza-
ción precolombina y que no fueron sumados a la es·
tructura social- y población improductiva" que vive
en los núcleos urbanos y r urtt les hispano-lusos, La
gran mayol'fa de los individuos que integran esta úl·
tima y todOs los que integran la primera no pueden
ser conslderndos como formando parle de clases so-
ciales toloni nlcs, pero vol veremos a encontrados en
nuestro estudio porque, de una u otra manera, su pre-
sencia gravita sobre la estructura social de )a colonia,
li1 LOS ELEMF:NTm; CONDICIONANTES DEL
PROCESO FOHMATJVQ
1. Los CRU/"OS ÉTNI COS
,
Es un hecho que, desde muy temprano. se P['Q· ,
duce en toda lfl América colonial una ctifereJlciacJ,ón.;
clases ,sociales y una división del trabajo
mente relacionadas COn las difere_nciaciones étnicas,
Los individuos ql.le integran l os grupos 'so'ciales más
poderosos son de piel blanca, aunque muchos hay tan
blancos como ellos que no 1:i1canzan a ingresar en e§>os
d rcwm privicglados. Los de p iel más oscura y los
indios purO!-! quedan, por regla. relegndos a la catego-
ría social (¡lUma, Ent re los elos extremos, fluctúan los
que Son prOducto de 1m:; mezclas. éfnicas, si bien mu·
chos de ellos se incorporan ,3 los grupos inferiores,
Este proceso se repite con insistencia en las so-
53
,
.
. ,
l'Il'llades coloniales de todos los tiempos, peTo, aunque
¡lUrezca lo contrario, se trata de una C!?,traUíic,acJón
«{ lIi en que es..consecuencia -:-y.no ,orjgen- de .la_ dJfe.
¡'l'uciaci6n
En otro trabajo hemos estudiado cOn mayor de.
tl'nimiento este proceso. Resumiremos aqui lo ya dicho,
['üpitl endo que e.n las soci"dactes coloniales se super-
pone un grupo pequefto de conquistadores o colonJ-
zadoces, que pasan a ser los poseedores y sefiores de
la de obra y un grupo mucho más numeroso de
mano de obra desposeida.
Los muy pocos que son conquistadores y coloniza-
dores se constituyen -inevitablemente, did amos, si \
no fuera que la historia 'ofrece siempre sorpresas que
mmpen las generalizaciones- en QUgaLQ!llaS cerradas,
que deilcnden sus privilegiOs con er Vigor-que les
propprciona el podel' !Jolítico.1Cu,ando conquistadoreB
y conquistados, rJosceUurcs y desposeldos pertenecen a
distintos grupos étnicos, tralan los primeros de orga-
nizar un sistema. de diferenciación étnica nOloria, corno
for ma de expresar la diferenci aci6n social, Igualmente
nNoria, que con tanta veh emencia deJiendell .
vil_egi Q...social . I!-.I rac.ial, como justi-
fi cativo y. a la vez. como aCirmaci6n de poderío o, di-
cllO en otra forma, como afirmación del decidido em-
peñO de defender el pri vilegio por todos los medIos
posibl es.
La segregación étnica, el uso de las diferencias de
pigmentación como paut<l ostensible para acentuar las
líneas divisorias de las clases SOCiaJes, ha s ido por 6i-
glos -y sigue siéndolo, en algunos países- uno de lOs
IIllitrumentos más efiCAces para la defenSa de los privi-
legi os económ.icos, sociales y polfticos.
Los muchos son los conquistados y
dos quedan en la sociedad colonla) bajo el yugo de todo
un vasto organismo estadual que les hace imposible
54
I
mudar su condición. Andando el tiempo, van apare-
ciendo en esa socJedtl d nuevos elementos que no per_
tenecen nJ a uno ni a alfo gl'Upo: blancos europeos
HegadQs más hll'de y que no tienen ni los privilegios
de la a ligal'quin originaria, ni deseos de ingresar en la
gran mas¡,\ (le 1<:\ momo tle obra sin derechos; mestizos,
mulatos y toda In gUnla de los cruces étnicos, muchos
de quienes tampoco se incorporan a la multitud de los
desposeidos. sino que quedan fluctuando entre los de
más arriba y los de más ahajo, sin ubicación en la .
sociedad colonial.
Son, pues, mot.lvos económicos, sociales y
cos los q\Je promueven esta estraUfkaciót) étnica. En
la sociedad colonifll, es ella una proyeción de la
si6n en clases sociales.
f'l..ejos está, como se ve, el elemento étnico de ser
determinante en la formación de las clases sociales
coloniales, pero la condiciona, al agregarle un matiz
ostensible. que viene a acenluar la distancia existente
entre las clases,
2. EL PODER r od,.,co
El poder politico no engendra clases sociales, pero
en algunos casos condiciona fuertemente su nacH
• •
nuento.
El poder iruperial gravitA a menudo abrumadora·
mente sobr.e los ind ividuos. los grupos y las in.,stituclO-
Des de las colonias; pero tanto la historia económIca i
como la social de América están lejos de ser exacta- J
mente lo deSNn los hombres del imperio.
Quizá el caso más típi co de partklpación del po-
der politico en la formación de estratos sociales está
dado por la distribución de privilegios encomiendas
en las colonias españolas. El poder poUtico sefiala, me-
diante ese procedimiento, quiénes son los individuos
55
'lile ingt'esarán en la naciente clase de los
1'('1'0 -con ser eso mucho-- no puede ir más allá.
hiera legislado sobre el aire --como tantas veces- de
110 hnber exist.ido los elementos determinantes que
Ibu vido I'eal a la nueva clase, Con pod,er polltico im-· '
perla l o sin él, los conquistadores
J
ya señores del te- :
1'1'(' 110 y de los indios, hubiéran constituido aquí una /
dominante, Jos senhores .de engenho de ,
Hah la la formaron sm esperar la bendición imperial
de Lisboa, Carvajal en Perú y el Marqués del Valle
(le Oaxaca no tuvieron de eGto la menor duda.
Estahlecido el régimen del monopolio comercial,
rué al amparo que les dispensaba el poder político quE'
Jos comerciantes monopolistas hü::¡panos y lu-
JI.ls.talados en las colonias. AlU también, el imperio
nmdlclOna fu ertemente su formación y su prosperidad
,'omo grupo social.
En esta materia, la mayor gravitación ejercida y
P?(' la tuvo sentido negativo, porque entorpE'-
l ' ¡Ó la formaCión de grupos de clase media, f
Acl.Uó asI la Iglesia como que era de
inm(>nsos dominios territoriales y señora de enormes
multitudes de Indfgenas y de cantidades. no pequeñas
tle esclavos negros; mediante la Inquisici6t1, cuyas
limas se encontraban a menudo entre el elemento de
la dase media urbana y absorbiendo grañ número dE"
jóvenes en sus ,propias filas, que, con ello,
dejaban de participar de manera más direct,a en el. pro-
cesO de la producción.
Pero son éstos, tan sólo, factores condicionantes.
Las clases medias se desarrollaron poco, no a conse-
cuencia principul de la lnquisición, sitio porque cab[an
56
\
apenas dentro del esquema económico y social de la
colóñia,
Magnífica ocasión fué América pa ra que los despo-
seídos de EUl'Opa encontraran, al nn, la calidad social
que allá se les negaba. Tierra de aventuras, borJzonte
indeciso, atrajO' en todas las épocas a miUares de indi-
viduos de Jnderto origen social. Lo dijO' Cervantes,
que en vano trató de probar el sino americano, en un
momento de su vida en que tan adverso le era el
europeo,
Los autores espailoles e hispanoamerkanos coin-
ciden en atrihllir popular a l.a gran mayoría de
que AiñerlciC eñ-todas ias -
caso Los menos, fueron miembros de la baja nobleza
-=:'y ya veremos la misión que la polfticálmpeml ·1es
reservó en las nuevas tierras-; los más, individuos
de ubicación social media o sin ubicación dentro"del
panorama social de la metr(¡poli. han de ha-
sirio algunos, pero casi todos los que afirmaban
serlo estando ya en Amé:l'il..a no tenían de tales más
que lo que su les concedía. A ser h idalgoS
vertían muchos, como ha ocurrido - y sigue ocurrlen-
do-- en las colonias donde hay una numerosa
masa nativa, que puede servi rles de pedestal econó-
mico y social.
Mayor importancia atribuyen los autores brasiJe-
J100 a los elementos auténticamente aristocráticos de
la metrópoli en la obra colonizadora, Lo cierto es que
con el andar del tiempo, se fué formando, 4l11tO
Brasil como en la América española, una aristocracia
nativa muy poderosa, la mayor parte-'de cuyos miem-
bros de y así fué cómo la
filiación aristocrática metropolitana perdió en Améri.
57
j'n, ell aJto grado, la fuer:r.a {je convicción que lenla en
I!:uropa.
Muchos autores latinoamericanos del siglo 19, pre-
l'I('upados por descubrir la causa del progreso más rá-
I' :dn f('gi Sl.rado en las colollias anglosajonas del n()rte,
('I'€'y eron que el oJ'igen social de los colonizadores del
1J1}I'le -que supusieron más popular que el de Jos del
podfa explicar la diIeren:cia. El argumento ha
perd;do fuerza en nuestros días. Es probable que la
proporción qe aristócratas que se trasladaron al Ilorte,
I 'on ser re<l.ucido el número, no haya sido a
,
la de los que llegaron al sur. Lo que OCUITía exa que ' '¡'
en la América del Sur -sobre todo, en la colonia es-
pañola- resultaba más fácil cons tituirse en arist6cra-
tu, aunque sin blasones, porque había aqui grandes
mulLHudes de nati vos, solu'e quienes podía sustentarse
('1 privilegio.
El origen sociHI de Jos peninsu lares no ha t enido
importancia decisiva en la estructuración y en la his-
toria de las clases rodajes de la América hi;;pano-lusa,
pero es posible que le haya agregado matices que hoy
no percibimos bien. Quizá en el futuro lleguemos a
tener un conocimiento más cabal de los detalles que
se ne<:esitarían para Uegar a un juicio de esta índole.
58
I
I
I
Aco'rACIONES
nUACIÓN HtSf()laCA !lE lA COLONIA HI SI'ANQ-LUIl A
Hemos t r,,1 3llo el terna. con 1I lgUll<'l amplitud en el capí-
tulo V (le n ur Rtl'il \)1)1'(\ F,co"(lomfa de la socif'?(lnd colonial,
(Editorial 8l Alt'neo. Buenos Aires. donde sostene-
que rué un C' o1uit a,! ismo eol unia! el tIpo de econonlIa que
SE orgalli7"ó en f'lllltlncute. Algunas de las ideas que se
eJCponen en eSI C ptlt';,\¡,;TarO 1;" eIlClH.' ntran más dC$a rrol1adas
en ese volumen,
f'OBLAf'I(lN' Al , MAJlC!lN OD LA PRODUCCIÓN COLONIAL
Este tem" ha sido tnlt3do ('Il el capítulo IX del lIbro ci '
tado :mte.r1onnenlc.
JJ1VISIQN tu::r. 'l 'IIAJlAJ O, ' ;IlUl'OS y CLASU SOCIALES
PuC(i{! verse 1<1 ohrn dtad:l , pp. 205 Y s iguientes,
LA CAN ....OERU. EN MixlCO
Sohre el temo, VI!T el u'abaJo de José Minmda men.clo-
nado en la ni LJ llograrta.
EN l.A. n UDAO 1I r. MÉXICO
En el DIál ogo SegUlHI(> de.- Cel' vantel; Salazsr, uno de 108
tre.s personajc!; que !'ccnl'\'I'!l t;n lti!!4 las caller.¡ de la ciudad
dI' Méxkn -7::111101' :1- "Oh. (' n'" "l1ol'a ade. más qué mul -
lih!!.! de l lf'l\c1:J:-¡ y t'u6n pl'ovi¡¡tlls de valiosas
m(:ITallcl'lul'l, IIU' \ '>OIlcurso 11(: r"r;)steros, ¡le compradores y
vl:!mlc(\f}l'('$. Y cu5ntn ;¡ caballo, y qué munnu·
Uo de la muchethnn hl' e de Ir'atanles, Con 'razón se puede
afirmar haberse jtuHRUO aquí cuanto hay de notable en el
nnmdo entero" ¡tOl),
59
1 ,a CIl f' omicnda l'S el pri vll cSlo que la corona espafiola
"I urg-a, e n vl¡' l\ IO (' u al d el't a cantid¡¡d de indio;; treo
hllja ::t I,:¡ s ,;r denes del l'nl'QJnend('r (I, o le paga un tributo,
tiI'¡.:ün y 10 R lugar es, Encomienda y propiedad
" "'I' llOrl al ¡;;on co.sas «.>n la legit¡l ación , porque la
1
11
'l lII l'1"'<,I no ('('I n« 'de tl l' I'f:lS <1 1 éll('onwlldero, En la práctica,
,'olncJden muchas , ' ect' R í el encomendero es un latirundlsta
(' \1),0 t ítulo legal a las tierras es muy ollJetable, pero que,
no ohs lante, las uBtl (ruct(l i'I ,
COll colOl'COl'VO, que hallla vh' ldo en Nueva Espafla, decIa
Jos negros: "gsta nJc16n solamt" nte se conoce en poco
IllI mer o tJc Ver¡¡Cl'UZ a México, lJorque es muy raro el que
1I_1sa a 10::<; pro"lIl(' i(\s inl('l'l ore;:, (lll donde no los necesitan
,y );on tlll rn ,el (: \¡] U\' o de los campos y obraje.!), por
J:¡ ¡¡ llll nrl,111 (1 la du imlin!j y rnf's lizo"'l , y algunos espa.
ííIJlcs que 1<1 n Cc(' sidall obll ¡.p ti nVll eJI'Sl' a ('stas ejercicios"
(205') .
Agul!'l'(! BclLrán, en fi U l'xcel enle E'studio Enbre la pobla.
ción negr,l en México, el mAl;. completo liobre .la ma teria que
('(mocemos, hace ampli a r efer encia a l tráfico de esclavos de
oriente, "Dt: Manil a comenzó a sal1r, a fines del siglo 16 -ex.
pll r.a (42)- tln galeón ca l'gado con esclavos y mer canc1as
rumbo a la Nue ....a Espali.a; c1 eselntl'tltcaba s us productos en
AC
8
])uko 'Y' con plata de las mInas mexicanas me-
tal •• preciado 1>01' los ¡:;'allgleyf's, Posteriormente, el 2'6 de
ago¡;tII (le 1(;;'13, el nfunero tl e gal{'Unes fué aumcntado a cua-
tro, y lucgo reducido nu: vamell te a uno de g: POa n tonelaje,
GOO a 800; hasta que MéXICO lI'1:'CJ üL'Ó la independencia la re'
I{'.l l¡¡ ridad de (>5(e lrMico nn hi lo jamás
tiA N m'v a Es pañn comenzaron a enl l'Ür esclavos de
Or iente, redé n conr¡u lRlada Manila, El general de Le·
gaspt rem1l\ ó algunos, ( I\lC todavia poswan IillS heredero! en
lal; haci endas de CQy uca, ('ntrnflo ya el siglo XVII , 'Estos es.·
c1a \' o!J adquIrIer on 110SlE'rlol' mente. s u Jlnert¡¡d y fundaron un
t)al' l'io en el flequC'ño puert o, 8e ded an indios de Filipinas,
pf' rn l!ntre ell os hl¡bla muchos mul atos, lo que hace suponer
que no eran excluEi lvu mcnl e del arch\plélago, sino
de Otl '05 muchos )ug[¡I'CS c.J e Ori ente,
60
j
"La entrada de escl avos P<l r Aca pult!o 3dqulrló imlJulSo
lIesde la ullima d el !'lIgIo XVI, por lbS ml¡:;ffias r azones
que hiCieron tomn¡' vidu al u'Mlco de eslO es, la de-
manda del mercmlo novoespaiiol, UuranlCl todo el s iglo XVII
la Introducción dc e¡¡lO¡;: e$<: lavos conti nuó :\ fa vor de la i n
t{,r1'upclón de la (:o ll ccsi ón el e Imi asienlos, y la dl'Cl ll encia
11.l!1 come rcio (,' >ld.C:IVO¡; pOI' e¡.¡ la vfa !lO l U\'O dectu s ino
hasta el primer 1<'I'ci o l1el :>iglo XVIII".
Los esclavos tle ul 'il,mte, que ImJ\' lcnen !le M,mila, eran
destinados, en parte, .. los ol' I, .. j('s ' ll' Mé-xico, Puebla y ot.ras
d udades (Za vala, CQntact o de c,'1t lt tlTas, 184) .
" mn¡;NTu n¡;o SUlVANTS" Y.N t A::: AN'rI Ll ..... s DANESAS y ¡;;N EL
NQRTI:
lJna de Ins dificult<.tllcs 1?,1'<1\'es que clllorpeció, durante
algún tl empo, el rtesat'l'Qllo de las t:.uJon\¡I " brllánil: a.'l de Amé-
rica del Norte fué que el trabajador bl nneo ll t'gaba a
elJQs stn haber vend.ldo antes IHI Iuerl!<l de trabajo, dlif·
cUm«.>nte permanecfa muc'ho tiempo en condición de a!:la'
lal'tado, Era aquella una ti erra sin Hm!les , menos e,scarpllda
que muchas partes de Améric:J, dl'J Sur y con pOblacl6n mil·
cha menos densa t <l mbiéll. SI en él bullia el ansia de la
aventura _y ya venir a Améri¡;: a era una aventura- alli, a
su al cance, se ahrín 1.:'1 hori zonte Ignorado Que podfa condu·
cirle quién sabe a Qué di!sti nol'J, Los colonos bla ncos com·
p.rendleron que esta. 1\13 1l Q (le ohra blanca europea sólo que·
daría sujeta a la Ill'1'1'a. POI' lo menos durante al gunos afios,
si venia cOn su s uerte ya predettlrminada por un conlr.ato,
que le impidi pra moverse de la heredad, Do al U, los "Inden·
tured servants", firmantes contrfl tos que 3 veces ni ha-
blan leido, pero que al llegar a ténian, por fuerza.
que trabajar una cant idad deter minada de años dónde. y Có'
mo se les Indicara. Venci uo el plazo fijadu, el "indentured
servant" quedaba en Ubertad y, a en compen·
sación un. lote <le tlprra (IUe port ia cul tiva r como propletarl o.
a (!I $e le abrio entonC(1S t' 1 hori.2\mtC'. de lo ignor::Hlo
y de él dependía la <ll't'emetidól , \):11';). l)uSCll r la for tuna que
la Vieja Europa lE" negaba,
Las Anttllas dane¡;as, en ('amblo, era,n un lC! r ritorl o mu-
cho más limitado y no s.erl a difícil que SlIS "Indenlured ser·
vanta", las más de las vect!s, continuar an, después de ven-
cido el plazo, tan someUdos al sei\ot' como an les, A veces, la
6,
1l 1l eraci6n lesal no cambia la suerte real del trabajador , sino
f¡Ue la empeora, como ocurri ó en el siglo 19 con los esclavos
II<'Jtros en algunas Islas de las Antillas, hecho éste al cual
n{¡lO referimos en el Capftulo JI, i, 4.
I.AS vAQUJ;;nIAS EN nv¡:t:Ol> AIRtS RL Ul'OllAL. JlOY ARGENTI NO
CiJIÜ ha e¡;;tudi arJo en varios mopograffas lo hIstori a de
las vaquedas rioplatenses y de W1 vlnculado a
(' ll as esl n.>(Jlamenle: el gaucho (ver Jos tres trabajos de este
aUlor mencionados en la Hibllog¡'afí<l ), Sohre las V8q ullrlu
C'n Santa Fe, €xpresn: " La casi lotall llail ue esTas conceslo·
nes en gran escal a -se l'erlel'c a la'i para va'
'Iucar, 'I ue otorgawn los cabi ldos- li.:!nen iug;)r l' nl re 1700
y 17JO, En €'$tos ail o's se rollcedcn llc<,uchls v.HJuear con
destino a exportación, t.odas al Para'guay y a CQrl'i enLes,
que están l'SC'<lSOS de ganado, Las Il c(ondas van de 2 a 20,000
Existen en {'stos ' 1I10S en Sant a Fe verdaderos em-
prl'sltri os lIe vaqucriru; {I Ue. Ci l'm¡1 n sea con el Ca·
¡,ilrlo, Il !?a con loS J esu!t"s del l'al'agulIY, los mayores com-
pradores,
"Una vaqueria recj ul ere un fuerte ca pll.allsWl, que cuente
con docenas de carretas, mil es de calmHos y tc.·nga cómo
paga r anticipadamente los vfvi? res de la expE,>dici6n y los
salarlos de numer osos peones durante seis meses que, COntO
ml nl mo, dura una vaquerfa. POI' esto es que una vaquerla
r<!Q ul el't' un capital de 10 a 30,000 pesos,. , Entre los más
fuerte-¡; captUlllsta 9 empres'H'ios de Santa Fe se destacan
Ant onio Mát'(lllC,Z, 'Mont!t'l, André1! L6pez Pintado y Fran-
cisCQ dc Vrra Mujlca" de S!l hta Fe, 64).
CARVAJAl. Y P:L MARQUÉs DEL \"M_I_E lll: OllXACA
El Marqués del Vall(> de Qaxaca y Francisco de Carva-
j al son -en México y Perú, respectivamcnte- Jefes de le-
vant...1mientos de encomenderos producidOS a consecu(>Dc!a de
la promulgaclón de las Nuevas_ las cuales organizan
fI mediados del siglo 10 un lluevo ri-gjmen de dl s lrihul'i ón y
explotaci ón de las La>: gUl!rras civi les Que pro'
\,o<'(l n las Leyes Nuevas en varias parle:;; de Améri ca SOll
!'le la prépotencia sd'iol'ial y sUs dirigentes se mues·
tran ,r todos los exTremos_ Carvaj al, t t' mernno y
bhl,,: rcmo, que se sentia en Perú más podcrOilo que el monarca
,.,
,,-
-'
Ibél'!CO, se prupuso pl'OcJil llHll' una monarqufa Indel)(>ndl ente
y se otorg6 (1 sí mismo el títlllo bien derlnidor de "General
d t>1 felixci ss.i mo e:<él'cHo de 13 lIbl' I'Utd del f' erG"( Meanl:,
Fall, !)2: Out lélTcz, QUFrnls civiles, r, V il ),
INQlJ lSI CION y CI.ASE MmM
La olm6sfe-ra de terror crt'ada pOI' la Inquisición en la
hilja Edad MNla y Jo,,:! til'm¡X)!t de la Moderna so·
fOCó, en pane, (>11 (/1 continent e vi¡,jo, la cX (l<l nsJón de las
cI<l ses m:'dlas, aJm[lclgQ dc r ebddts, escépticos y
di sidentes,
ORlGl:N SOCllt l, DE l.os J'OIII .AOURES EUROI' lms
1, Fw5 prc>oCll pa ci ón de los latlnt'lamel' l-
canos qel siglo ni -y de 110 pocos 3utores que han segu.\do
sus h uellas co t'l 20- lu de. las causas de
la dil .. renda (le {'(;onómií'o r egistrado en
las j:Qlonlas británi NHi (Id non e respecto de ¡<lS colonIas hJs
pallolusas. En eSle lIhl'O. asi como en nuestra Econ(im(a de
la sociedad colonial , re.'ordamQfl a menudo las tesis suslen-
!adas p<:lr aquellos en esa IlIHt{' rül, .-ssl s iempre pa¡-.. refu·
tarlu,
Una de las ('ltpllcar:ioll es f¡lIe Ofr('Cle.ron y l¡UC guzó de
pan iCUlar aceptaci6n - ;Iún se la en algunos es-
crito rcl>' 1;1 de {¡ ue 13s colonias brltá·
ni cas del nort e eSWv¡¡'wll pobl¡lrlus pp r honestos ll'ob¡¡ jadores
europ{'ús, progrl'slSlHS, mod::radOB en sus demócra·
tas en sus convicciones y de iniciativa,,: loables; mien-
tras que a la Amér ica hi sl) ano]usa vinieran, cílsi excl usiva-
mente, y tl'al amunclos, hida lgo\; pretens !oSQs e
Ignora ntes, f' xplotador rs ¡¡ in U 11)111. Est.:! tesIs e>l ló completa-
mente desmentida por mullltud de hC'chos que conoccmos
hoy,
2. En cu:m1.o ;1 ] ol'igt'n soc¡" l y a la actitud psicológIca
de: los iomlgl'üntl's ihél'ko$, los ubsl' rvodor es más sago«,s
de la época colonial, espaÍl oles y portugu<:s0s, coi nciden en
lo fundamental.
Jorge Juan y Anlonld de UlJoa, cosmógrafos Que dlrig[an
la expedición cientlflca que la corona hispana envió a vari as
de s us colonias del Pacifico en 1135, eltprcsan sus extraor·
63
,linarias Notlcia.s secretas (42Q): Europeos y
t.ones que ll egan a aquellos payst's son por lo general de t¡
IIn nacimiento baXo en E!!pafia, 6 de llnHj", poco conocidQ,
:, ;\1 e<!uC<l clón ni otro mérito al,guno que los haSan muy
n'l'<l Ol en(lahlcs". Y agregan: "COmo las famili3S legiti ma-
mcnle bla ncas son raras all:'i, porque en lo general sólo las
gozan de este privilegio, la blancura ucdden-
lal se h;¡ce allá el lugal' qué .deberia corresponuer a la
mayor jerarqula en la calldad, y por eslo en siendo Europeo,
¡.;ln otra mlis circunstancIa, se juzgan merecedores del mis-
mo obsequio y respeto q\le se hace á lus otros más dlstin·
guidos Que van allá con empJcos, cuyo honor Jos deberla
distinguir del común de los demás" (421). Un fen6meno
f:emejante es el que se trasluce de la ohservac16n heCha
por Luiz Vahla M(mtelro, gol>ernlldQr (te. nto de Jtmelro
(citarla por Vianna, J, 70), que observaba que
Ill.9 portugueses blancos, aunque hubi esen s Ido criados I'on
In azada <>11 la mano, "em pondo 08 pés no Brasil Jl enhum
1111l' r tl'nbalhu". t

3. Jo:. l:'ls colonias brháni.cas del norte llegó un mos:üco
.Je t,1I)t<l variedad como a las hbpanolusas del sur. Sim-
1\le5 y plebeyos eran, en decto, - según el agudo pro·
logui sl a de la edicl6n más reclen\e del histórico diario
personal de Wllliam Bradford, WlO de los prindpalcs hél'<le5
del May(lower (WUlison, viiI) -los p,eregrino!l que Inlcta-
mo la colonización ue Massachusetts, de cUy<l pSlcologia
JIO Sil' mpl'C bihlica hahlaremos en un trabajo próximo. PeTO
al lado de cllos, agr ega, peregrinos viajeros del Jl.layUower
wmbién y que eStaban en mayor número, venfan hombres
slodienlos de aventuras fácl lel'l (xxii). Los puritanos que
Ilf'gan después a la Bahla de Massachúsetts, con más can·
tidad de sans!'e azul (¡ue los peregrinos, asplrahan, seglÍn
l'arrington (1, 24), a ser mirados í\qui como hidalgos y a
vivir: en América "ele UTlIl manera selnlleudal, rodeados de
".'an número de sirvientes y satélites", Lord Baltln\Ore y
fl uie)1('s le acompañaban traian el propósito de estllblecer
(>11 In!; tierra,'! nuevas un gran dominio feudal, segÚn Mo-
rison y ComOlagcr (1, 47).
Pi:!ro no eran totlos. A la :América británica Ile-
gaTOn ogricultores y pe(,lueños capit9.lislils
y tenaces; condenados por deudas y por deUtos comunt,':
preoos politicos y prisioneros de guerra; aduH08 y niños
raptados en los puertos del continente. l,a enumeración Que
64
I
j
hace el historiador de ll;¡rbados de los orfgenes de la mall O
de obra que llegaba a lu Isla W2 y sig.) coincide
con la que Jo;; UuIOl'\$ e,;t.odounJ denlles y británicos hocen
p'ara las bl' ltánlc:1 3 ti erra firme.
4, Es muy dificil ('s; lablccer proporciones, ¿Con qué
base. se podrlH smaen('r ,?ut' Jo!'! elementos sanos eran, pro-
!lunu.'r01,;os aqul o allá? WaJker, el hls-
tOTlador del b¡'Il<inico, de:;pué¡¡ de mencionar toda
esa ga,ma de cI'jalurag (Ic lUn divcrsa extraccl6n y vocación
que vmlerol1 a la América britáJ.llca, conCluye sosteniendQ
que el grueso de los emigrantes estaba formado por ambi-
Closo.s que deseaban probar fortuna, por Tos Que ventan a
reufllrse con sus amigos y por (os que cardan detrás de
una aventura (15), Es decir, gente nada extraordinaria ni
en lo hueno ni en lo malo. '
Un factor que DO ha sido t.enldo en cuenta con fre-
cuencia y Que, si n embargo, ha condi cionado fuertemente
el socia l e Ideológico de los emigrantes ha sIdo la
polfUca de los gotllcrno¡.; metropolitaMs. La Espafia de Car-
los V y Felipe 1I, subyugadora de los Comuneros y cuya
polftlca económiCa &<lfoeél a la hurguesfa ártt!sanal y mero
cantil naUva en muchos lugare!; del país, no es la más Indl.-
para seleccionar los emigrantes que debfan Ir a las
Indias, digan Jo que dijeran algunas Re-ales Cédulas donde se
babia de la COnveniencia de enviar nrt csanos y titulares de
otros oficios manuales.
De Gran Bretaña, lél calidad de los que emigran depen-
de del vaivén de la polHka interna. A veces, son puritanos
!"E'ntalldad republi cana -1G29 a sometidos a con.
dlClones opresivas después de la RestauraCión_ Otras, aris-
tócratas monarquistas que huyen de la Guerra Civil y de la
República de CromweJt (Walker, 15),
5. No es en e¡¡e Intrincado laberinto del origen social
de los europeos, ni (On el terreno de s us Intenci ones persa-
donde ha! que hurgar p<,ra explicarse por qué la
A.mer Ica angI09ól:]Ona jlfOSplll'Ó tanto y la hispanoamericana
menos, o nocla en rcgI01H:S. Otras clt'cuns tancias llISt6rlcas
ofreCi:m una rCSptHlsta mejor, COmo 10 ir emos viendo en esta
obra y, en parte, lo hunos estudiado en nuestro vol umen
anterior sobre economfa colonial
65
..
l'
"
11
11
l'
"
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;.
¡
i
La proCesión es un elemento muy importante para es,
tabl ecer el estrato sodal a que pertenecen los Individuos,
pel"Q los Ihnlles deJ eatr:Jlo no s iempre coinciden con 101
de la profesi6n. Esto se observa gCDl' ralmente con los rnlem"
broa de las burgueslas comercIales, ' que Í1wicrten sus ga-
nancias en la adquisición. de latifundios y en el prés tamo
a 1nlel'és, Con frecuencia, un mis mo individu'o ('S comer-
ciante, hacendado y prestamista,
UIUi ffiÍ!;ma Dl"oft' si(¡n, puede tener distintas
jct'arQufas social .. :;, según el l ugar y las conctíchlOCS en Que
¡;e ejerce. E n totl o momento, IHl Y mineros, el} las t:olonl¡¡s
hlsvanas '1 en l::Iras.iI , (jUl! apenas pueden ser considerados
corno Integrando una clase media indigent e, .:.'I quienes ayu·
d:ln en su faena dos o tres esclavos y que utlJlzan tOSC08
Instrumentos de trabajo; mlenu'as 'Jue, no leJo8 de ellos.
prosperan otros mIneros que liemm a su sel'vicio mUes
de !rHlIos o nI::gl'(ls, que clispO!1(! n (l.el más coso
toso (je la i:poca :r que Ilertenecen a IJ¡'; aris,l.OC rucias má.s
ud continente,
La jcrarqula ooeial de unn profesión suele vari ar tam,
blé n con el ti empo. Ei.ito se observa fár.tl ment r \)1) una his'
torla económica y social tan movida como la del Brasil
y f'n el texto a meU\ldo grupos sociales integros
que desclcndcn o asclel'l d'en mpidamente.
Con frecuencia" estrato y 20na Jl O coinciden,
En una misma zona l)uede haber profesiones cuyos mlem'
uros no pertencC\' n al estrato_ Al lado terrate-
nientes esclav6cratas q ue crian sanado y <tue forman parte
del grupo aristocr ático, hay ('o el nfo de- la Plata Oll'O8
terr atenientes esctavúc l' atas ganaderos -«In tierras más pe'
QueÍl8s, menos esclavQS, sólo algunos gauchos libres y es-
CólSO que no pasan de una clase medIa,
A la Inversa, los Individuos de un mismo estrato pueden
residir en lugares muy di stantes unos de otros, como los
comercian les minor ista¡ en las urbes coloniales,
EsloSanteeed('ntes son Ilnporl.ame!4 para estudiar los
conflictos de clases porque en la colonIa hlsp:=molllsa sue'
len complicarse Sobremanera, debld·o ;;J la existencia de
múltiples estratos cuya delimltaclon pUede resul tar dificil
haCi!r, Los confli ctos entre un grullO Y otl'O grupo de
66
comerciantel!, enlrE' unos ganAdel"09 y otros, entrc minero!>
y mlnf'rós suelen alcanzar not.Ol'l a estridencia y confundi r
al estudioso, que ,pUf'dl' "1' C_í'r que sO 'trata (le rencillas per·
sontl les o de odio;; o raci ales, cuanrto lo que cn
realidad ('s talin Inlcrese!l económicos contrapuestos,
SIG'NU-1CADO llE IILGl I NOS 'l"ÉRM J){os
.AcciOllero de 1;(lqlwrfns. lo:lL el RÚJ dI.! la Plata, la v a·
qUl!'rfa Cfl l a ('8Z<\ ,t)rg¡mizarla ti t l cimarrón, especial·
mente parn ·del cuer o y el sebo, con propósito
comercial. Con el correr del ticmpo, la vaquerla espont<1nea
cede e-I ]lfl flO a la ,'eRI.1DH'n tafia, Los Cabil dos otorgan
cesIones pan a calm y a esa::; se les
ll ama d e ItJO'lll CO. ,El acr:i(}lIt)TO el titll 1ar de
accjones de vaqueo. l'u('t!e un part icular o una cor-
poración, En este úl timo t':n.o están las misiones jesuIticas,
Cal1>ixtlc u Cfl ll¡i:J:(fUe es el C¡I P<ll;)7, mayDrdomo que el
propietario blan('o 'tlcne en .", Uf! haci endas en México, para
vigilar la fae na tie los lndígwJ\ as. Negros muchos de eU(ls,
los cal1)ixtles se hlciernn h'l mosc"l¡:; por su crueldad.
Ciclo del 1)f1lo br asi l . En la hist<lI'lll ff:on(ÍmlcíI del Bra·
"n, denomfnasc as! al pc: l'lodo rnlci a] Lll.) I'xpl oradón, en los
primeros afio!: d(>1 SiRIo Hl. ('n {'l cU; ll 101'1 n:weg:;mtes lusi·
tanos 1mcen d($f'mhafC'O!,< .... n la '1 rt'l'n¡;l'n palo hrasil ,
que luego vend.cll en guropn.
Fazc'7ldeiro de ('uU ell, l:!l'ó),sll , el hacendado Que ex'
plota un enCeLa!. Fo.undeírQ de {jlulo, 1'·1 que explota una
estancia, halO o hacIenda de ganado_
Imt ent'ured servant os el trabajndor que, proveni ente: de
puertoS del v1r:jo contln(' l1 le y especIalmente de I nglaterra,
fIrma un contrato por e] rua] ¡;c ('ompl'onwle ól trauaja,. cier,
ta. cantidad de año!; en la finca de un colono en América
del norte o de l a$; AIlt.i lJas, Al cabo de cs()s años, recobra su
libertad de accl9n. E,1l la pn1clicól, .su condic-ióo es seme-
Jante " lú de L F;¡ L ..... nt rato a m(,' ouuo firmado en
romph>ta Ignoranl' la de S il conteni do. A el individuo
es F.tl,tado en 1u;; pucrws ingleses,. después de haber sido
embrlagªdo, por ng<\i1l(' ¡¡ d() la compílfi.la propietari a del
huque que le tras lada a Amé.ric.a. El capItán del buque, al
liega r a óe!itlno, pone a r emate el de "Indenlu·
red blsn<:os que trae a bordo.
En las Anti llas {r¡¡nctsas, los en[lrl!Jés a t renl.e-six mou
67
l'¡' I'I'cspontlen n los üw.c1ltlu'ed scrvant.$ de Amérir,a del norte
y (Ji' otrag AntHl ns.
!lulnderistlt es el propietario del saladero, primer esta'
IIkl'lmlf'nlll desti narlo en el Rfo dlt la plata a preparar lo
,',' t'nl' ('011 desti no al consumo local y }¡ u envio a otras colo-
HI : IS,
Sc11 l/ 01' de e7lger¡ho es el [lropll'tario de tierras, instala'
,·'"neE;. esc1o\'os y vid3s humanas (> n el Ingenio de aZÍlcar,
1.'11 UI'asll .
68
1
CAPiTuLO U
EL PROCESO TRANSFORMATIVO
DE LAS CLASES
Si la 'sociedad organizada aquí hubiera sido feu-
dal, el proceso de tl'all!3forruación de sus djstintos gru-
po·s" se hubiera bperado :con gran lentitud histórica Y1'
casi impE"rceptiblemente, Estaríamos en presencia de
castas sociales, superpuestas y anquilosadas, Impene-
trables --en cuanto pu.cde ser impenetrable una agru-
pación humana, cuya entraña, sJn embargo, jamás per-
rrHmece idéntica a .través de las edades,
Los españole_'!, es verdarl, usaron la
para clasificar legal y socialmente a ciertos grupos ét-
nicos y sociales. Idéntica inspiración tuvo la ley en
la colonia británic.3, que intent6 regir el ordenamiento
social de .acuerdo con la pigmentaci6n del individuo,
y e n la colonia Iu.sltana, a pes., r del irresistible im·
pulso sexual del portugués blanco, que redujo casi a
la n<l da Ja pureza de la sangre. se encuentra también
un Int ento de ordenamiento similar .
Pero ni la- tel'mi nologia aceptada en la época, ni
la letra de la ley, ni el rostro de una sociedad son
argumentos decisivos para convencer al historiador,
A! hacer la afirmación de que rué un capitalismo co-
!Qrtial lo que brotó en estas tierras nueváe' -=-éipn:a:
. .
69
lisrno con inlenso colorido feudal, no feudalis-
mo- r e<: h¡nmnos la idea de y a ceptamos,
en cambio, la presencia de a
u_n yroceso lrans(ormati.vo que, nO por mas
de Jás' 'veces, escapa a los ojos del estudioso ni deja
en (X'asiones, epIsodios de rapidez y mo-
viUdad tales que recuerdan a los de la época actual.
l. MOV-ILlDAU B INMOVILIDAD
l . Af.cAI'lCE nr. LOS CONCEPTOS
La posibitidad de que Ocurran mutaciones en la
entraña de una clase o la tendencia que ésta demues-
tre a esclerosarse SOl1. a la vez, efecto y síntoma de
(miL mulLitullll c fenómenos de: la más alta importahcia.
El t (' ma eR al>fi:>ionuntc. rOmo sielllpre lo es acercar
el oído ti. las pnlpilacl ones de un organismo viviente,
porque en el cambio está la vida y de' esos cambios que
son la vida depende siempre el destino de la criatura
humana.
Para nosotros, el planteo de este proceso, aunque
formulad o en términOs técnicos y objetivos, está siem-
pre en la más intima relacIón COn la 'suerte del indi-
viduo y con factores de naturaleza tan subjetiva, como
son su sentido de seguridad y su bienestar espir itual
y físicu. con la ¡tle" que se forja del mundo en Que
vive y aún con la lógk.a que gobierna su mecanismO
mental .
Se ha advertido en la sociedad colonial una ten-
dencia. predominante a que las clases y los grupos
continl¡entsiempre siendo lo que son:¡Ha sido esa una
de lns más insistentemente ob!iervadas
por nucsJros h:stor indores y estudiosos y no cabe du-
dil que. fué el ideal de los jefes políticos y de los t e6-
ricos de la época eolouial, lanto en las posesioñes ea-
70
\
pañolas y lusitana.s como en las británicas, holandesas,
francesas y danesas" salvo muy escasas excepciones.
t>ero esa ten(lencia no llega a impedi.r que se operen
lransformacjones dentro de una clase y un grupO;
que se amplíe nntabl emente, a veces, el número de
sus miembros y di sminl1y:::J olras; que una clase o un
grupo se t'>ncucntrcn, en ocasiones, sujetos a cambios
prorundos. que altel'en ¡;; U ri sollomla y modifiquen su
sta.t1(S social; que., en ciertos períodos, una clase o un
grupo sean poderosos y pudientes. para ser, más ade-.
lanle, y. aniquilados el terreno \
mico. Eso es lo qu(' movIlidad o mtLtabthdad \
y que aquí estudiamns simultáneamente con la illmO- ¡
vilidad. porque nos p<lrp.cc que son dos aspectos fn- L
Ornamente Telacióllados de un mismo proceso.
lnmovilitlad absoluta -conviene aclarar- no ha
existido nunca, y el vocablo lo US1.l mos aq.uí con un
alcance relativo. Es a la trndencia a inmovilizarse a
lo que,nos refel"imos al hahlnr eJ e la inmovilidad social.
En )p inmovilidad lle los grupos sociales, t
vilegio tiene siempre inmportancia decisiva, CUando ¡
-éñ1asociedau colonial encontramos una clase o un
grupo inmovilizados, con manifiesta t endencia a ce-
rrarse en si y prolongar su identidad a través de gene-
raciones, también que esa actllud se en-
cuentra inexlricablementc vincuJada con la defensa de
un privilegio - económico y social, siempre; a menudo,
también politico y racial. a veces, profesional-o Hay
en la inmovilidad un r econocimiento de la existencia
de una Idad socia l y un <tct!") de voluntad ten-
diente a prolongar esa y a ahondarla,
Una clase () un grupo de poscooores, con tendencia
manifiesta a ]¡i inmovilid<1d -que llamaremos
qufa-, surge 5610 cuando existe cferto número de in·
dividuos que tienen algún prlviteg;o que deíe.nder.
Más se cierra y más impenetrable se hace cuanto más
¡¡menazados siente sus privilegios.
En ciertos casos, no es tanto la magnitud del
privilegio como su inestabilidad 10 que determina el
grado de inmovilidad de! grupo sociaL As! se explica
que se de tratan fé--
¡-feamente de(PTI?JQngB.!. su inmoviUdad;>en defensa de
privilegios mOdestos, pero ·vacilantes, cuya vigencia
puede cesar con el capricho de un gobierno o con
transformaciones económicas de corto alcance.
Otro factor de prImera importancia en este pro·
es el sistema de relaciones existentes enlTe po.-
seedores y mano de obra. Cuando ese sistema está
basado en la violencia, cuando más ostensible se hace
la injusticia. más cerrada tiende a hacerse la oligar-
quía, más agudizada y agresiva. su conciencia de cla-
se, Es 10 que ocurre ... Potosi.
ñores despiadados tuyo privilegIo colosaf" ·equiere
que una multitud de indígenas desaparezca peri6di.
camente en la entrafia del cerro y, en general, con
todos los mineros de la époc¡.\ colOnial. En el caso
inverso,' cuando la defensa de su pri·
vilegio exige menos menos injust.icia,
de a hacerse patriarcal, a buscar también en el méw
rito individual una base de apoyo. ASí, en los grupos,
indudablemente olIgárquicos, de ganaderos del Rfo
de la Plata, del noreste y del sur del Brasil y aún
en el caso de algunos de los senhores de engenho
brasilefios.
3. L os SILLARES DE "LA l NMOVlI,lDAll
a. Génesis. La tendencia a la inmovilidad apa· '
rece en la América colonial desde el primcl' día de BU ,
72
I
r
i
I
(,
,
I
J
thistoria, porque el colonizador viene a buscar privile·
\ glosY:- cuanto mús ampllos, mejor. Pero el verdallel'o
I proceso de inmovil idad no se Dgudíza más que cuan-
do se presenta la posibilidad de que el privilegio sea
grande o, aunque modesto, de rendimienLo seguro.
Por eso se desc.ubre muy tempranamente en algunas
zonas la presencia de (lligal'qqÍ<.l s de perfil nrtido y
marcada esclerOSi s socla.l, 'mientras que en otras ' Stll'.
gen mucno después o árrastran siempre una existen-
cia desdibujada.
Cualesquiera .fuesen las ventajas que se ofre·
desen a los· europeos en muchas regiones, en ninguna
como en el valle tle México y en la sierra peruana
encontraron l'éüú·idas con mayor Jas- condi·
ciones de la prosper idad colonial : abundante de
obra disciplinada, con hábito de trabajo sistemáHco
y abundantes metales ;PTeciosps -que era entonces
la mercadería de exportac:ón más codiciada en el
mercado centro--occidental europeo. Nada de miste-
rioso tiene que ambos l ugares fueran asiento de las
más tempranas y "Igresivas oligarqulas, en las que
primero se manHicsta cún radicDl agudeza la tenden·
cia a la inmovilidad.
Ya despierta el proceso con los conquistadores
mismos, muy pronto divididOS en be1icosos grupos an·
tagónicos, cuyos privilegios - los reales y los poten·
c1ales- no tenían más límite que la ilimitada ambi·
ción. Estalla sangl'ienta, espectacularmente, a media·
dos del siglo 16. cuando el poder imperial intenta,
con las Leyes Nuevas, una norma econtJ.
mica y política, en América que no supdme, sino que
pone el primer al privilegio.
b. Actitud del imperio. E l poder il}lperial espa.
ñol tuvo siempre una actitud de desconnanza hacia
el. sursl!"Iento de gl'UpOS sociales privlfegiados·- muy
73
$ a
poderosos en América, actitud que también tuvieron
I
"
74
un. misterioso y eficaz antldolo en las instrucciones
secretas envlao<Js fI las autoridades peruanas, orde-
nando que aquellas leyes no se aplícaran si la pro-
ducción pudiera COn ello sufl'jr menoscabo, porque la
voluntad del monarca no era que ésta cesase (107-9) .
Las leyes de lndl as c:ontenían, es verdad, muchas
disposiciones que hubl(>ran obstaculizado el proceso
de inmutabilidad de las oligarquías mineras de Mé-
xico y Perú, pero hay una multitud de instrucciones
a los virreyes de ambas colonias que cumplían la fi-
naHdad exac.tamente opuesta.
e, El latifu lIdi,o. Otro factor que actuó desde la
prirnl! ra hora y estuvo presente en tlxla la historia
C?Jonial. de Améxk'a rué (fa lª-RJ'O-
¡En MéxlYo y Petíf,=iug-ares de densa
'poblaclón indígena , el latifundio cl'eció a expensas de
la propiedad dE.' los nati vos. El blanco no s610 !>e apro-
pió de la tierra dd indio, sino que redujo 8 éste a su
servicio, ] ( 1:'; lugUl'éS t.Ionde la tierra estaba jnba·
bitada -en la pampa rir)platcme, en el sertao brasi.
leño-- el la.tHundio, élI expandirse, no proporcionó al l'
europeo un beneficio económico inmediato, pero le
agregó. un Españoles, portugueses bri-
tánicos, lram::éSe·s,- lioJandeses y daneses sabían en
EUl'Opa la propiedad de la tierra acrecentaba el mérito
social y los colonizadores .de todas las nacionalidades
buscaron en América o--sin una sola excepc:i6n- el
lat,üundio que les enriqueciera o que, por )0 menos,
diera lustre al nombre de su familia.
Fué I\.b.aQ Q.u ... eipo, quizá, el escritor colonial que
con mayor lucidez señaló en México los m<lles eco-
!19tp.icos del J.atifunctio. Funcionarios y economísfas
hubo en otras colonias hispanas que, bacia Unes del
Siglo 18 y en los comienzos del 19, dejaron páginas
muy impOI'tímtc-s en igual sentido, entre elloS' eJ Qi·
7S
t
,
,
dar-Visitador Juan Mon, cuyo informe pee· r
sentado en 1786 a la Aüdleiida: ae Sauta Fe, en' Nue-
va Granada, es considerado por Ots Capdequi -que
Acaba de exhumarlo (/nst , de gobierno, 101)_ "pieza,l
documental de un valor histórico poco frecuente", "
,En Mé.?Cico, Perú, BI'asB -aquf. el ne-
gro lmportado vino 'a valorizar la tierra- el latifundio
rué asiento de poderosos grupos sociales; la incesante
conce,ntración de la propiedad rural en pocas manos
notablemente a la inmutabilidad de las
ollgarqufas de Jatifundislas y encomenderos, senhores
de engenho y !azendeirQs, Es Jo que habia ocurridQ
en las islas británicas de las Antillas -donde, en el si-
glo 18. ,no qued!lba prácticamente pequeño propietario
de 1[1 tl.erra, con excepci6n de Barbados (Ragatz, Old
1 y nota al pi e) - y en todas las colonias
tlflt.ámc.él
s
norte, aunque aquí la inmemidad del
territOrIO siempre ofreció una pl.lerta de escape a la
esperanza de lOs que no querfan aceptar la dura rcaJi-
d?d y, que una ret¡¡guardia de pequeños pro-
pietariOS, leJos de las tIerras más valorizadas.
También estuvo el JatJfundio presente en las dos - .
márge[le.
s
del Algunos aulores del siglo pasado ./
-FrancIsco Ramos Mejia, entre ellos (Federalismo
191 y sig.) _ sostenían ql.l e esta parte de
Si?O refugio !.le pequcflos propietarios y que el
Jat¡fundJO no había proliferado. Pero ya Manuel Bel8
grano decía todo lo contrario en 1819 (Gondra. Bel-
gral'l.o, 258 y sig.) Mendoza ha explicado COn claridad :
no hace mucho, c6mo se fiJé desarrollando el
de acaparamiento de tierras (97 y sig. ).
Lo que ocurrió en el Río de la Plata fué otra cosa.
No se formaron oligarqufas pod.erosas e influyen les
como en otras colonias, pero no por lo que supuso
Ramos Mejía, sino porque, para Iléllorizal1 enor-
me!> latifundios, J)o habja en el Plata mano de obra stJ-
76
I
¡
,
!,i hubiera n podido Jos latHundistas, aunque
la {uvier'an, exLruer de ellos los producLOs que el met',
cado Internac.ional paguba mejor y que otras pa rles
de Amer lca le proporcionaban -metales, diamantes,
<lZÚC8r, tabnco, cacao, algodón-, Hasta Jos últimos
cenios del siglo i9 tendrnn que esperar los laLifundjs-
fa s rioplatenses para poder lanzar en las corrientes
del mercadQ internacional el producto que dará lugar
a la formación de una poderosa oligarquía: la carne
vacuna.
1'; '¡":' l{-"-
d , La expansi6n del pri vilegio. Lo cierto es que •• w' '''' L
en la colonial casi tocios losyri vilesios lien-
den a ahondarse y perpctua n:¡e ende, a estimu-
l1\t la inmovi) idad los grupos sociales que íOs \lsü
8
frú Cfiíán, Sin ser reudulismo, el régimen económico y
social que se estructura en América tiene fuerte colo.
y bien poden1os decir que cada' -grupo
de poseedores que se estructura aquí y cuyos miem-
bros reconocen entre si cierta comunidad de intereses,
"aspira 3 __ ser una casta, sin que ello signifique que
lo "logre. 7 ,· '
Cuando el privilegio adqu jere "status" legal, es-
tamos ya en presencia de un signo de inmutabllidad
social incipiente, Pero lo que resulta de más fácil com
8
probación en la historia colonial es que el "status"
legal que se otorga a U11 priviJegio se transforma' en
un instrumento político oa multiplicaci ón y e:.x<l, cer-
bación de privilegios - y de ac,elerada inmovilidad
social- que no encuentra, generalmente, más límItes
en su funcionamiento que la reacción que provoque en
otros grup<.-'S poderosos que se sie.ntan dañados.
La i mplantaci6n de la Mesta en el valle de Mé-
xico, por ejemplo, ocurrida en 1529, ya nOS permite
tiuponer que los ganaderos de eS.3 región de Nueva
, Espufia, (,J estímulo de un mercaao local no des-
77
l'rI'\ 'iuble para la adquisición de carne, tenfan de sus
Ilrlvi legios como tules una conciencia característica-
IHc 'llle oligál'quica, que implicaba el menosprecio de
IIIH derechos de los agricu ltores de la zona y de los
111 11' 1>105 de indios. La Mesla fué, según todas las po-\
¡,U.ilidades, un lactor de inmovilidad social en Nueva
como 10 habí3 sido durante siglos en la me· !
tr6poli, aunque no tuviera aqui la misma proyección I
c¡uC' Ya en la segl.Jnda JDltad del siglo 16 el CÓ-
.Ilcc Mendi.eta enumel'a. entre "las cosas que han sido
t': mS3 de a los indios, y lo son", " los daños
que Hacen los ganados, que ya en algunas pa¡:ies n-o
' ¡Sol n sembrar""''¡ a piinciplos del 19, el sagaz Abad
Qucipo nó- olvida recordar en su "Representación" el
ht'('ho de que "prul ec(' también la agricultura por los
(,XOI'hjtunl{'s pr'ivilegiQs tlc la mesta, in.troducidos en
reino por la p,'cpotencia de cuatro ganaderos ri-
t'OS de esa cOl'te" '(80), .
Pocos ejemplos tan incuestionables podr[an en-
contrarse en la era colonial de cuanto llevamos dicho,
e_omo el de Jos Gran Cacao, la oligarquJ.a \l1..le dom:na
1 .. vida económica y social de Venezuela d.esde el si-
glo 17, Todo confluye en ella para hacerla típica en
un análisis de esta índole y apenas si el estudioso pue-
de apartarla ltn instante de su memori n cuando trata
del tema, Un producto de exportación le proporciona,.
el tal:smán de la fortuna y una mullituu (l e indios y
negros, el motor que le permitirá acumularla sin If-
mites, Cuando ya no es sólo el cacao, sjno otros rubroS' ,
de la prOOucción colonial los que se suman para ma-
yor opulenria de sus miembro; la oligarquía caraque-
ña entra ('n un proces.o de Iférrea y
desarro1!n una ('ondencia de Clase-que no es superada
por ninguna otra en América - ni por la de Pennsyl-
vania. que t.an. desmesul'élda explicélción religiosa ha-
bía encontrado de sus privilegios terrenales, No- hay

78
I -
---- --i
pre!ulcio que no sustente, no hay privilegio que nó
con el nfá:; extremado celo, no hay intento
--como el levantamiento de Guai y Espa-
na, en 1797- que no desate Sus iras,
e, El pOder político local. El poder pollUca 10: I
cal no (ué en América, salvo excepciones, sf'ñOIñ"Stru- :
mento de c.onsolidación oligárqUica y de inmo'VilioaCJ ;
socl,al. Casi siempre, re.preseñtá -espa.
1
ño1a, portuguesa, bri tánica, hoJandesa, francesa,
SIl- los grupos soeiales más poderosos. Cuando entra
en conflicto con el poder imperial, cuando defiende
una li ber tad, es porque el poder iruperial quiere res-
tringir sus prjvilegins o porque es} libertad que de-
(iende es necesaria para que prosperen los intereses
de un grupo social En las polémicas que
se entablan entre el poder imperi¡:¡ l y el poder local,
entre los representantes colonia les del imperio y los
representantes de la oligarqufa loeal, a menudo los in-
tereses de Jos desposefdos -indios, negros, "¡ndentu-
red servants", "engagés"_ están mejor defendidos
por los primeros,
De todos los instrumentos de índole política, ni n-
guno quizá como el gobi.erno local resul ta tan eficaz
para apresurar y ahonda!' el proceso de inmutabiHda.d
La historia puede narrarse en t érminos '
semejantes para toda América, a unque las tintas
rían de intensidad :;egún los lugares y las épocas.
Después que FeJipe Il generalizó la modalidad de
poner en venta los cargos de miembros de los cabil-
d.os. éstos cayeTOn, como lo dice Ots Cclpdequi (R.lg.
tt.erra, 1:37 y sig.), en manos de ollgarqufas privile-
gIadas, A pesar de que la corona no renunció nunca
a su propósito de aplicar en sus colonias lIn¡¡, polftic;t
económica dictada por ella, el Cabildo no dejó jamás
de ser un factor de primera jmportancia en la deter-
79
,
1,
:1
I
,1
-/


I
I
minaci6n del destino econ6mico de la zona sobre la
cual gobernaba, Las oligarquías se perpetuaron en sus
asienn,s y los utilbmron sistemáticamente para am-
{l.lial" sus privilegios y restringir el acceso de otros
gn.lpns sociales a la condición ue poseedores, Ots Cap-
dNp,1i nal'r'a cómo los cabildos, a pesar de lo. que es-
tablecían Ja s leyes y de las enérgicas y reiteradas ins-
trucciones en contrario de la corona, distribuyeron
las t,ierrCls, incluyendo las <lel ejido, los bienes de pro-
pio's y 18S re,alengas o baldías (Rég. tierra, 148), con
10 cual Re transfonnaron en eficaces agentes de mul-
tiplicación del latifundio, _
Fueron Jos grandes propietarios rurales efl . Brasil
los que dominaron' en-tas Cámaras y eran
::;us intereses los que defendián ' en Lisbóa los
de esas Cámaras. LQs hO'1Hens bo1l,.'i de San
Pablo -recuetda Taunay, S. Pirulo, 21- ,eran los úni-
cOs que gozahan 'del derer. ho de ser miembrO§> d_e la
Cámilra Munidpal y de la categorja de homens b.ons
eSfaban excluídos, según la terminología de la época,
IQfi operarios, los mecánic9s, los degradados, los ju-
díos y los e,xiranjeros.
Fué menester que mudaran algunas condiciones
económicas y sociales de la colonia ' para que las Cá-
maras Municipale-$ cesarar'! de ser un instrumento
ulilizado por los grandes plantadores,
Es así cómo en la segunda mitad del siglo 18 ---ese
agjtado siglo 18 de la colonia lusilana- la burguesía
comercial portuguesa va desalojando de las Cámaras
a los antiguos senhores de la tierra (Prado, Evol, poI.,
67 y sig.), rero claro está que otro grupo oligár-
qqico -más asido aún al privilegio que deriva del
patler político, pOrque s.u fortuna descansa en el ré-
gime'u de monopolio comercial implantado por la co-
rona lusitana- tampoco hace más que utili.zar las
Cámaras en su propio b€:neficio,
80
¡
La hi!'l'toria es la mis.ma en colonias pritánica::;
d.el norte, Jnglaterra -cuya
Cla de S<lntos cedlo el local a la "a 'st
da d ' " n ,ocra-
. e comcrc:antC'.s sólo cuando la corona británica
lmpuso el hasta Carolina del Sur, sobre cu-
yp gobierno eJercfJ un rígidt,J 'control la aristocracia
de. plantad?res Jo' meread('res de' Charleston, liberal
e, independIente en cuestiones de política imperial,
per? en materia de gobierno local.
segun. Monson y COlill"ilager (I, 171). Sin menoionar
ollgarqufas de latffundlstas, plantadores y comer_
de Nueva York, Penn"ylvania, Virginia o Ca-
rolma del ,Norte, qLle invariablemente ejercieron el
pode.r polítICO. local pCl l'él cOPj:;olidar el privilegio eco-
y socIa} de que gozaban. y en las islas bri-
del azúcar en 'laB Antillas, ,el panorama resultó
aun monótono y siml)lificado porque las legisla-
turas ausentes en Lon.clres o Bristol lOs gran-
d.es .estaban en manos de sus man(!ata-
rlOS meptos, Con única excepción de Antigua se-
g(m afirma Ragatz (VZcl. plant., 1D), cuya
era más, pobre, menos d:spemllosa y más preocupaua
del progreso de la isla,
4, Los J'ACTORE¡> ,DI; l\lO\'JLIDAD
Pero si en la sociedad calonlal la tendencia pre-
es la q),tE;!" .conduce a la inmovilidad, .t am-
bien es que \la.¿nOviHOad'\:{ue experimentan. los
grupos es miís honda y fr('cueilte de
lo que s i insistimos en creer que
aquélla tlCme unlCO e malter able. perfil feudal.
Nos retenIDOS a la historiél int erna de cada clase
ca?a grupo, entes que aumentan o disminuyen en
n.umero de sus integrantes, ·que a veces alcanzan
la CIma 'de su pOderlo o quedan sometidos a la impo-
81

tencia. No hubo colonia donde no se registraran acon-
tecimientos económicos. poHticos y militares capaces
de alterar fu ndamentalmente ta estructura de ciertos
grupos social es y hubo regiones y épocas particular-
mente propicias para esas transformaciones.
a. Anverso y reverso de la encomienda. El régi-
men de las encomiendas constituyó en la América his-
pana una de las más Iirmes bases de sustentació9-!lel
.. y, por tanto. social. Las
cifras que ofr ece la estad1stica de enconiIeñi::íaS que el
virrey Toledo hizo levantar en l as Audiencias de Li-
ma, Quito y Charcas - mediados del siglo 16-- tra-
ducen el hondo desequilibrio social ya enraizado y
cuya continuid<.ld exig(a, precisamente, la exacerba-
ción del sentido de clase de sus beneficiarios.
Sin embargo, aún eSe:! factor de inmovilidad so-
cial na dejó de arrastrar consigo sleropre ciertos gér-
menes de cambios sustanciales, La corona st:
desde muy temprano, a otorgar fa'" perpetuidad de
sI algunas' "lá promesá, no
ftie' más que por exigencias de una táctica polftica
de aplicación circunstancial. Cree Riva Agüero que
los encomenderos peruanos no obtuvieron la perpetui-
dad porque no lograron reunir el dinero necesario para
conqui starse la voluntad de la corona (LXVII) TPero
I resulta hoy evidente que el de la qn
, c(iterio uniforme que el imperio aplicó en todas sus
' colonias. destinado a impedir que las aristocracias
americanas adquirIeran UD grado excesivo de inde-
pendencia económica y poderlo
I nsistiendo sin cesar en la revocabilidad de 1a8
encomiendas después de una, dos o tres vidas y en
la prohibición de reunir dos enc_omiendas en una ca-
beza, la corona logró introducir y manlener vivo un
prIncipio de mutabllldad en las oligarquías de enco-
82
menderos de toda la América hispana. Es ciert o que
tradJci6n de respeta r la ley, pero no cumplirla,
slempre en estas una excepcional gra-
vitación y Cler to es también que no pocos encomende·
solfan curarse en salud y. antes de que la revoca-
CIón alcanzara a S1)S familias, ya habían extendida
sus latifundios y sus bienes en forma lal que sus des-
cendientes siguieron usufnu.:tuando en la colonia
s in los más altas privilegios cce:.
n6m!cos .v SOCiales, Pero es también incuestionable
que, manejando ese puderoso instrumento de la revo-
cabilidad y la redi stribución de las encomiendas, la
corona hizo m\ldor 1a figonoTtlfa de no pocas oligar-
qufas locales, llevando a la decadencia a algunas de
sus familias conspicuas y elevanuo a otras a la cate-
garfa ?e los grandes encomenderos. que la España
lmperml nunca se dCSprCl)Qió de la prerrogativa' del
introducir cnrubios sustanc.iales en la eslructura so- ;-.. ,
eial y (>conómica de Améri ca y, cuando no 10 pizo, na '
rué porque' le 'faltaran ganas, sino porque no pudo. )
Idéntica afirmación es válida para tcxlos los poderes
imperIales que acluaron en America.
Cuando, a pr incipios del siglo 18, la corona gene-
raHza en Perú la extinción de las encomiendas -cu-
yo usufructo habia venido limit ando empcñosamen-
te-, I?rofUlldas las consecuencias que esta polltica
enérgica tiene en el orden sociaL El Marqués de Cas-
tellfuerte, virrey de la época, la consideraba causa de
la decadencla de la nobleza colonial (Tones Salda-
n, 121) Y muchos l1istoriadores peruanos han
COinCi dido con su 0lúnión. El no¿able ascenso
de otros grupos nuevos comerciante.$--
ubica en los déCeñí&.i sig\lietltes de este
rrusmo slglo 18 (Multitud, 87J, dehe haberse encon- :
trado favorecido por la decadencia de la antigua atis-
83
t
,
,
i
I
1
,
11I1Il1)()CO hubiera sido posible sin esta migración en
IHUM de mano de obra, así como sin el a porte deJ
I)(I /Ulcirante cazador de indios y es, también. sobre
(1m.' liubsuelo demográfico y económico de reciente (Of*
IlUlción que surge en el centrosur una agricultura,
IIlIn ganaderfa y -por consiguiente- grupos sociales
lIuevos de Jazeruleiros,
Los emboabas mismos nos ofte<:en diez caras dJ-
rerentes, según la época y las circunstancias. Hab1an
uldo mascates, cJue s,e Internaban en los engenhos y
1'11 las Jazendas para vender' sus mercaderias, hasta
que el oro encendió su fantas[a siempre despierta y
los mascmes se transformaron en mlneiradores. CUan-
(lo los minas se agotan -moría el siglo 18-, los de.
('('ndientes de aquellos emboabas aventureros vuelven
n cambiar de profesión y muchos de ellos se hacen
!llze7Jdeiro.') (Vianna, Popula¡;oes, 1, 124 Y sig,), aun-
que es pos:ble que olros inviertan en el comercio los
ruerles capitales acumulados.
La oligarqufa de más' antigua tradición en el cen-
j rosur - la vieja nobleza v1centina de propietarios
I1lrales, que Olivelra Vianna ha estudiado tan minu-
ciosamente (ibidem, 1, 118)- tiene, igualmente, su
Intensa histori a interna. r-.as bandei'ros del siglo 17
In habían ampliado y enriquecido. Se había expandido
hada el sur y hada el norte. Se habla hecho minera
en los comienzos del siglo 18 y, derrotada por los em-
boa,has, habfa sufrido un proceso de dispersión par-
cial y de readaptación a las nuevas condiciones. Pero
volverá. pronto al primer plano de la vida económica
y RociaJ y,. cuando la monarquia lusitana se instala en
Rto, la veremOs arrastl'ando sus aristocráticos enseres
para establecer en la corte su residencia permanente.
Aristocracia caminadora. cuyos cuadros se ampUan,
se reducen y se modifican al unIsono con las transfor-
maciones que va sufriendo la economía de la colonia.
86
5. LA MO"L1DAD DI': LA <:LASE MI?J>' .... COLONI ....L
-+- Es muy probable. que hayan sido los grupos de
la clase media colonial los que estuvIeran sometidos
a una movilidad más intensa y {recuente. Donde hubo
cornerciOlocaJ impoi·tunte. prosperaron múltiples pro-
fesiones y la ubicación social de los individuos que las
ejercían dependía, las más de las veces, del giro de
su negocio o de su habilidad profesional, mucho mAs
que del privilegio gue emana de la ley o del favor po-
lltico. Esto mismo abrió las puertas a la ambición
personal y a la aventura comercial y los individuos
lograron ascender en la escala del 1?oderio económico
o perdieron el que habfan alcanzado, sin que de su
episodio quede mucha huella en la historia colonial.
Este. anonimato de Jos SD,lPQS de la clas,e media no
s)gfiifiCa, . sÍn ejñ'barg-¿, -que no llayan' existid.o, · Si los
hubo Y' más ampli(]S (u'éron de lo que pudiera creer
el que conciba a la colonia americana nada m<is que
como somnoliento señorfo feudal.
a. Cuyo, por ejemplo. fué una zona activa de
producción de arlfC1.110s para el mel'cado colonial. El
valle donde se .levantó la ciudad de McndoUl era asien-
to de 20.000 indios de civilización más avanzada que
los del Litoral y el Rio de la Plata. Encomenqados
todos ellos muy pronto, no pasaron muchos afias an*
tes de que esa zona se lransformara en proveedora de
otras provincias de la colonia.
MOl'ales Guiñazú ha seguido la h u ~ l 1 a de aquellas
caravanas que s<JJían ,irl \'alle y, en una dirección.
Cl'uzaban los Andes rara 1Jegar a Chile y, en otra,
alcanzaban basta Córuolm, Santiago del Estero, Tucu·
mán, el Litoral y Buenos Aires. Es muy extensa la
nómina de pl'oductos ¡jgt ¡colas de la industrl" domé.,>*
87
2
,
"
Ikil que Il evahan las carretas cuya nas y que el
'HlIOI' citado ( 129 y sig.). Ademti s del encomrnclexo
V !Id indio econmendado, ese- tráfico"Iiítenso y
¡H'rn de una verdadera mulftud
\:1 comerciante mi norista y mayorista --eñ el I
1
1111110 de part ida, en (>1 ('.arni nQ y en el punto de des-
el fl etero de carretas; el propietario do barra-
¡'i lH: ('] fraccionado!' de bebidas "a1cohó1"cas, poI'que era
uno de los rubros más importantes de ese tráfl.
I 'j ', t·te. ete.
Igua lmente interesante reconstruir la línea
W'II¡':TMi ca que corresponde al tráfico de ganado en-
rn' pi Río de la Plat.a y la del Pacífico. Mulas,
l'llhllllos, ovejas y vaca::¡ se crIaban en las llanuras de
1I1I1' nos Airp¡:;, Fe, Corrientes y Córdoba; mver-
Iwloan en Córdoba y Tucnmán y de al lI p<lsaban a las
(" .. ¡<:I R peri6r1 icas de Juj uy y Salta. éstas, par-
1I1111 las trnpos en direcciones: al gunas hacia
('Illle. otras hacia el Al tn y el Bajo Perú.
Mendoza, que ha e5tudiado esas etapas jniciales
( ' 1\ In historia de la ganadería argentina, asegura que
lit ff'ria del vaUe de Lerma fué, (>ll la época, la más
J(l'élnrle del mundo, con máR de. 60.000 mulas y 4.000
l'ul1<\1\os, ovejüs y vaCélS distribuidos en sus corrales
y ('011 v¡;¡r ios mJ('s de individuos venidos de tantas par-
It's de Amér;ca del Sur para pm'ticJpar, en una con-
(I¡rión ti otra, en ese mercado continental, que se
prolongaba más tle un mes todos los años.
MUChOS gre,mios, expresa el mismo autor, inte-
¡!'J'ahan el comercio ganadero y enumera, entre eUos,
los propieta rios de ganado, los Jnvernadores, los tro-
peros, I OR il.rreadores, los compradores y los recibido-
res. Nos ser fa fácil agregar otros' más: un gran nú-
mero de pequeños comerciantes, desde las pnmpas
platenses hasta el lugar de destino de la tropa,
concentradas pri ncipalmente, sin duda, en el mismo
88
!
,
Valle de Ler ma (l ul'ítllte lo!'; meses de feria; los capi-
talistas, cuyo ,lincl'o ¡;C debía oplicar a múJti ples
raciones -auelantos a los hatcndados platenses, prés-
tamos a los ]Jeqllciios comerciantes, ete.-; (os arte-
sanos, de cuyas ma nvs debían salir muchos de los
objetos e instrumenlos qne hacian pos:ble el manejo
de tantos mil es de nn imales y la movilizaci ón de tan-
tos centenares de llHlivlduOs y, claro está, los mis-
mos cercos y troni.:OS I.:on¡;truídos r n el Valle ele Lerroa.
b. Las ciudmles de Limtl y Méxko, como se sabe,
fueron laR dos más ri{'as y pOrJu¡'Q;aa metrópoll s colo-
niales de Améri c<t, sin n:ula que pudiera comparár-
s.eles en laS. colonia:=: hritánicas o en la portuguesa.
En ambéls ciudades, los olicios y las profesiones CB-
racterfsticas de la clase media se multiplicaron nota-
blemente - no sólo para satisfacer las necesidades de
la pobladón numero:=:Q, ¡:;i no porque tenfan ollí sus
asientos de gra n adquisitivo y de
los más refinados gustos.
E L Padl'e Bcrnabe Cobo, que es(, ribe a prinei¡:jos
del siglo 17, no <1bandnna un i nRta nte la sorpresa ante
hallazgoS' que hace ('tl' Lima: "Es cosa que admira
ver el gran n'(¡me.1· O de t iendas y oficinas que hay por
toda la d udad, rrmyormcnte en las calles vecinas a
]a plaza principal, pues sólo las tiendas de los Mercade-
res pasan de cicnto cincuenta, sin almacenes
que hay en casas pélrtir.:\lIare,s; y los plateros sólo, OCu-
pan una calle de las más principales de la ciudad;
apenas hay una esquin3 en que no haya una t !enda
o taberna de vino o de ('o!';a 4e comer, que acá Itama-
mas pulperla lie manera pasan tle doscientas se-
tenta las que se cuentan por toda la ciudad" (Cap. '
'XV, 72). De los "tres diál ogos latlnQs" tr.sc.ritos en 1554
por Cervª,ntes Samár y -el poe-ma de ValQuena, -que
data de los inicios del sig lo 17 (ver BibliograHa), se
89
tt
r
desprende la existenda de gran número de
res en la ciudad de Méx:ico.
Esos de clase deben estado
t;ometidos a un proceso contmuo de mutabllldad y sus
integrantes haber oscilado sin cesar entre la fortuna
y la mi seri a, sin olro respaldo que su esfuerzo n1 otra
esperanza que la de su buena estrella. Quizá fueron
los artesanos los qu.e lpgraron dar mayor n jeza a su
destino; Jos que, como grupo de clase media,
a inmovilizarse más firmemente. Chávcz Orozco afIrma
que en Nueva España se organizaron térreamente (39).
En Nueva Granada, en cambio, no lograron nunca la
autonomla que en España, según Antonio Garc1a (Sa·
trInado, 259).
En Brasil , la versatilidad vocacional y la movili-
dad de la población fueron caracterfsticas que advir-
tieron varios viajeros ilustr es. Habia numerosos
eios de menor cuantía y acti vidades económicas rura-
les, ninguna de las cuales orrecía una esperanza grande
de liberación, que se tomaban y se abandonaban con
sorprendente rapidez. B_uarque de Hollanda hace una
observación que tiene gran Importancia para determi-
nar el grado de mutabilidad de los grupos de clase
media: el oficio, dice, no se heredaba (64).
c . En las zonas rurales de la América hispano-
lusa se desarrolló otro tipo de clase media, cuya in-
eslabilidad económica debe haber sido también motivo
permanente de cambio social Lo f onnilron hombres
que tomaban a su cargo una parcela de tierra, para
t rabajarla con su famiÜa o con el concurso de escla-
vos o indjos y que pagaban alguna compensación al
propietario de la heredad. Se les llamó de las maneras
más distintas : arrendatarios, medieros, foretros, colo-
nos, sitiantes. En algunos lugares, su inmovilid.ad física
no se diferencia casi de la del siervo medieval, por-
90
,
1
,
J
\
que no pueden abandonar el lugar y tienen, gl:aves
oblJgaclones hacia Su señor. En otros, son mas mde-
pendientes y, a la vez, más indefensos. Las más de las
veces, su suerte estuvo determinada por la actitud
del senor y un gesto de éste podía arr ojarles, en cual-
quier instaIlte, a la multit ud de los desocupados o de
lOs esclavos.
La actuó, en ocasiones, con dura ma- l
no para dispersar por .completo un grup? de clase :
media o para r educi r sus integrantes a la miSeria, obll- j
gándoles a huir del Jugar y abandonar sus bienes. El .
Caso más brutal fu é, probablemente, el proceso lla-
mado de los portugueses de Lima, iniciado en 1636,
que llevó a la ho
b
'Uel'<l a numerosos comerci antes
limeños sospechados de judaismo (Medina, ll , Al-
go semejante ocurri ó en Brasil a principi os del siglo
18, donde la Inquisición proct"s6 a más de 500 per-
sonas, comerciantcs y requerios agr icultores los más,
por el mismo delito que en Lima (Le.ite FiJho, 53) .
Ji . ?-.lI SOlBIL IpAD
1. En la socieLi ad cuJonial<iúi"hay grupo que
manezca enteramente en 31 a través de las
generaciones, -por mucho que se lo propongan los más
soberb:qs representantes del orguUo aristocrático, La
tradición famlli ar, el propósil0 individual de sus
legrantes casi nada cucntan para fi jar la pureza del
grupo. Antes bien, su 1:{Tndo rlc misdbilidatl dcgende
siempre de otros factores menos
Ocioso sería casi volv('r a i llshtti r en fIue la ten-
dCLl da a la estagnación de las clases y estratos so-
ciales es muy granue r n la sociedad colonial pero,
a.ún 3si, no hay grupo que escape a la conmixtión con ¡
otr os grupos y no de acuerdo con los deseos íntimos 1
de sus mit>.mbroo, sino a consecuencia de las trans-
91

"
,:

I
¡
rorrnacione,'i económiras y sociales que se operan a su
nlrededor,
E$ muy probable que el mayor grado de
lidad se haya encoutrado en los grupos de
fnecia, a su mayor inestabilidad, Pero'·' es en
la erase de los STandes poseedores y altos funcionarlos
donde más fáclt -nos resulta hoy, percibir ciert.as leyes
que rigen la ml scibilidad de los grupos, porque es más
abundante y clara la documentación existente que se
se r efier e a ellos,
I
familias dl' más psc)"upu losa y Llnl'igu8 preOCupación
aristocrática un elemento deleznuble, per'o extraordi-
nariamente pocl eroso: el tratante de esclavos.
E l orgullo y hasta la m¡í !'! estrecha y
antigua tradición ramili;:\f ceden ante el empuje del '
dinero y un grupo socbl nuevo o r ecién ll ega"do al : \..
pOOf'r(o l' conóm ieo trae siwlfire 'consigo 'la 1
de -uXla:s las' p6t óas(,a:<; que s"ean sus
neras-y' óseo'roS s us apellidos. Qui z¿. tenga que esperar
una generación, per o su enu'oncamiento con la ar1510- .
cr acia antisua se produ('irá inevitablemente. \
A qUE' se. divérsifica la cco!l()mía cOloni.al, \
2. En general, el aSC(!I1SO económico de u n grupo 1 .. base económica de [I lgllllas filmiJias de gr:mdes po-
de poseedores le conduce a ingresar en otras 3ctlvida· seedores se amplía, p('ro eSlv ocurre no sólo porque
des productivas y a entroncar con otrOs grupos tle itlo ndquiriendo propicqades de distinto tipo,
He,mos habl,ado hasta, ahora de varias de " ' , (h;$". sino porque" a lo [argo de generaciones, han ido en-
estas rapas SOCiales -mmeros, agn c.uI,LQ.res. ganadet.os, trom:ándose, por matrinl onios, nliemuros de distintos
;lZl1carer,ps, algodoneniS;'Ct11fivadores de cacao, cnco- ' grupos, de distintos orígenes sodales, La fnumeraclón
mcnclcros, funciona rios, ncgl',e¡'Qs-- pCI'O su dire- de los bienes del padl'e de- Simón Bolfvar (Gil For.
l'endación c:Ial'a ,suele hacerse difícil, porque hay épo- toul, I , 280) no sólu nos demuestr" que la aristocracia
cas y lugares en los cuales esos grupos .. parecen muy muntuana abarcaba ya muy diversas actividades eco-
mczclados entre sí. nómicas, s ino que nos hace sospechar, con justificado
Cuando un_ individuo ha a cumulado capitél.l en la motivo, que el exclusivismo (lc los Gran Cacao había
práct[ca de una actividarl se siente siempre tentado a sulr:do múltipl es quet>rantamientos y que, detrás del
jnvertirlo en otras actividades. No existe coJo.nia en la nombre brillante de un 31'istÓCl'ata caraqueño, danzaba
cual los mineros, después de l'eunir cuantlosai) sumas a legre, aunque silenciosamente, el espectro dE' un os-
de dinero o de metales, no hayan adquirido latifun- cul'o comerciante bilbafno y hasta de algún capitán de ..
dios, Ni donde algu nos comel'cinntes ----especjalmente buque negrero del más inenarrable origen sucial.
los monopo:Ustas vinculados a las metrópolis, de dqmie "La, de 103 fI?ás -observa el Padre Cobo '
derivab;:¡n sus privilegios-- no hayan adquirido, con en la Lima· de principios <.lel siglo 17- consiste en ¡.
el COrl'CJ' de los aftas, las tierras de nobles arruinados tllnero y bienes raíces. como son: htred<:t.ges, hu_ertas, !
o ineptos. Ni donde la 19lesía y los comerciantes mayo. ingenJQs de azúcar, obrages de pafios, estancias '
1
'
no hayan invertido capitales hipotecas, pasan- de gana90$, posesiones y rentas de m"yorazg-os 'y en-
llo años después a tomar posesión de los bienes hipo- comiéildas Ese complejo subsuelo econ6-
tecados. cuyos propietarios no potlían levanlar la deu- 1, mico de la aristocr acia limefla -que no er a tan s610
da, Ni tampoco donde no haya irrumpido en las encornendera, corno pudiera Cl'eerse- implica una es-
92
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trucluraci6n compleja del grupo socIal y habla de po-
IJIIJlcs y casamientos de propietarios de
IItu'ajes con hijas de encomenderos y de herederos de
! IIIHl'nios de azúcar con herederas de es.tancias de ga-
Ilut.lo.
El entronque de familias de altos funcionarios de
lo corona con !amUias de encomenderos, mineros y
wandes hacendados, que ya se "advierte desde media·
• Ios del siglo 16, debe haber sido de la más alta pel!·
/{rosidad para los desposeídos - los indios encomenda-
dos Jos mitayos los esclavos- a quienes siempre al·
. ,
¡nma luz de esperanza les ll egaro del siemI2re renovado
,"onfl icto entre los representantes del imperio y los
locales. La corona trató insistentemente de im-
pedirlo, con múltiples ,disposiciones legales, porque
tmnbién ella veía peligrar en esos matrimonios la fi-
delidad absoluta que r eclamaba de sus funCionariOS ..
Algo semejante puede decirse del ingreso de hljos
de familias aristocrátic3s en la Iglesia, donde solían
alcanzar las más elevadas dignidades. De los vástagos
del senhor de engenho, el mayor -dice Calmón frist.
social 1 80 Y 85- heredaba la tarea del padre; el
Regun'do: iba a estudiar a Coimbra; el tercero, era des-
tinado a la carrera S8'cerdotal.
Ocurre a menudo que la conmixti6n de la burgue-
comercial con la al'istocracia rUl:al en una colonia
Re intensifica después de un proceso de enriquecimien-
to de la primera y empobrecimient o de la segunda.
En realidad, es una consecuencia de ese proceso. Para
los comerciantes, esa es una manera de adquirir pres-
tigio social; para los viejos aristócratas arrumados, de
adquirir dinero,
3. Este capítulo en el proceso de
de los estratos coloniales se hace más intenso y evi-
dente en .. el siglo 18 y principios del 19, cuando varias
- ... A..- _ N , .. ...
, .
\
"
antiguas aristocracias territoriales decaen o sulren se-
, veros golpes de fortuna.
Los emboabas lusitanos, enriquecidOS en las minas
y fl amantes fazend.eiras, llegan a mezclarse intensa.
mente con la nobleza terrilodal paulista, en parte de-
rrotada, en parte dispersa.
En Perú, mientras los encomenderos se empobre- ¡
cen por la supresión de las en('omiendas en el sjglo .
18, hay una .y. mu- ti
chas de cuyos miembros se apte'suran- ·a - adquITIl" tI-
tulas de nobleza para ingresar en los c1rculos más
privilegiados. .i
En Chile, el proceso ha sido sintetizado en pocas
palabras por Edwards (9 y sig.): "Desde mucho antes
de 1810, las anti.guas familias de conquistadores y
encomenderos, arruinadas por el lujo y el ocio, o ex-
tinguidas en la guerra o el claustro, se encontraban
en plena decadencia. esti rpes de
y hombres de trabajo, con s6lo tres o cuatro generacIO-
nes de opulencia y figuración social. las hablan lenta-
mente absorbido y desplazado. Uegó ast a dominar
económica y socialmente en pa{s una aristocracia
mixta, burguesa por su formaci6n, debido al triunfo
del por su espíritu mercantilista y de empresa,
sensata, parsimoniosa, de hábltos regulares y ordena-
dos, pero por cuyas venas corrla también la sangre
de algunas de las viejas familias feudales".
Aún en las Antillas brilfinicas, donde tan simpli-
ficado era el esquema colonial, con sus seiíores em-
pleando sus ocios en los círculos soci,ales de
rra, se registra un proceso muy semejante. Muchos
plantadores hablan hipolecad() sus propiedades a ban-
queros y empresas británkas y se advierte, hacia fines
del siglo 18 y principios del 19, un proceso de em-
pobrecimIento y dispersión de las ollgarquias de azu-
careros, proceso en el cual actúan también olras causas
95
(
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" El
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"11)'0 ".'>ludio no corresponde hacer aqui. Simultánea-
1111'111(" !,,!lúa medntdo en r.tl.s uoas islas una bUl'guesfa
,11 1 1'lIlrH'I 'l:iantes de origen pri:'ferr.;ntemcnte escocés y
IlIth", I:uyos ingl'esos principales se del'i vaban de ]a
WII I. , ; t los ingcojos <le mer caderias que trafan
,t" IlIgl¡ltel'ra y ,de la vent.a en Inglaterra del producto
,In ¡os Ingenios. Algunas famiJias de origen He-
M,u'on :1 acumular cuantiosa riqueza y sus miembros
III HI'I'¡:mroh, por casamiento, en la aristocracia local de
1,lunl"dores (Ragatz, Old plant ., ]1).
,
i
I
I
,
.1
6, f .
ACOTACIONES
l'lI.IVIlEGIO-Y 1"1U"..JUIC10
Cuanto más de8aroll¡:¡das Se! encuentran las diferencias
sodales -enseña Landunan, estudiando las civilizaciones
primitivas (84)- más sC agudJwn los prejuicios Que reeaen
sobre los miem.bros el e las clases humildes. Uno de los más
Importantes prt'juido::¡ de ¡¡¡r\(lle es el racial, cuyo ori.
gen y al c¡lnc(! la (:olo n¡" hls pano·lusa e.<¡ tudla.
remos en otra obra.
l.A Mr.S1'A EN NIJf:VA ESPAÑA
José Mi rando, en una docump.ntactR monograffa refuta
la tesis de Kleln, que restA. importancia a esta organizacI6n
en Nueva ESililih (ver Bibliografia,f
OLlGARQl'!As COMUNALt:!I . LOs OOMUNEROS
Uno de los conillctos más apasionantes e Intensos sus.
citados entre las oligarquías comunales y el poder Imperial
es el que se conoce en la hlr,¡toria del Par;¡guay con el nomo
bre de levantamfento de Jos comuneros, en el siglo 18. Los
com.uneros paraguayml, Que comprend1an con claridad cutí.
¡el! eran las graYes limitaciones r¡ue les Imponfan la corona.
y, más adu, la Compañfa de Jesús ron sus rui sJonl"s guarRo
se. Insurreccionaron vanas veces en el sIglo 18 y sostu.
vieron, con ahinco y altivez admirables, el derecnoa-tons.
tltuir su propio gobir,rno local y a organizar el comercio
de lo. provincia del Paraguay de acueluO él sus conveniencias.
Tan audaz fué la formulaci ón polftl c:a por Jose:
de AnteQ\lera y Castro -a qui en Jos comuneros recono.
cleron como su conductor y su teórico- que al canzó a tener
un verdudero sentido 1"t!voll1clonarl o, como Que IntrOdujo en
IlU programa de lucha un elemento -el "Común"_ c:uya
tuerza de sugest16n e importancia Ilol Hica adqUirirla propor.
dones de aluvl6n, decenIos más tarde, en la Revoluci6n Fran.
eesa.
97
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Los ,le I;¡ Compañia (le Jesús y de las IlII
¡¡lone¡:; jE'suiticas pn el Paraguay han tratado de ridiculizar
las ifl eas de Antequera, pero 51 la oligarqubl comuna] fl e
A¡; unri6n dl' fenrii6 sus pORidones con tanto v.n'Ujo en vtlrll\s
ocasiones en aquel slgle ]8 no fué únicamente porque obe-
dt'(:ia los dl¡;:tados de :;;U,ll comerciales, sino también
porque pelrnha movJda por un sentido de justicia y el "Co-
mún" l10 era para ella menos r eal y. dIgno de respeto que . el
"pueblo" Que aparece rn la pr[! OCllp.u'¡ón dt:; los grupos eno·
1109 que inician la revolución de la !ll(lepend ... ncia, en varla¡;
colonias hispanas, a comhmws del siglo 19.
n!.NTA DI: c.Ul.COS PÚBUCOS
F.n la de Felipe JI y después. la venta de los caro
gas públicos fué una práctl<:8 uni versal en E uropa. K. W.
SWilrl (;'SaJe of offices in lhe 9f' Vetlleenlh century". La _HIl -
ya. Mnrtinus Nijhofí. 194(9) hn ('I>t udlado este procedImIento,
que p;.lrcce haber alcanzado !lU culmlnllci6n dur.a_nte el siglo
17, pn Franela, Or:m Bret:'lfla. los P¡:¡i!:ies ll!Olia, Ale·
mania, el Imperio Otomano y China.
Sohre prc:H-lslón ae ofh'los ¡Júbl,icOs por vC' nta O recom-
pensa, véase Ols Capdequi, J'nst., de gobierno, :-m4. y sig_ Lo
/lue el autor expresa en esólS páginas, a pesar de r .: fe- rlrse
a Nueva GrllDada, se aplica a todas las colonias espaflolas,
Mcdianle sislema fueron a veeea provJslQS cargos tan
importantes como los de Presidentes. Gohernadores y Capi-
tanes "como T{'rompensa. {le servicios de carácter
pecuniario" (fbidem, 3&1.).
LA OLlCARQtlÍA !lE 'J'ERRATENrENTF;s 'EN YORK
En su estudio sobre los confJk tos agril.rios en Nueva,
York en el siglo 18. lrvlng Mnrk Qlrece abundante material
par:! obse)'val' cómo se va fcrmanlio en esa coloni.a una
peqU<>f'lR oHgarqufa nI" propietarios de la tierra, Que domina
hu; J)llhlic¡¡s, IncluyendO el Jloder Judi cial. cuyo
t>jt>r cii'io "'Rt f¡ mlos l Invari"hh' mCtlle ol 'l('nt mlo a
los prh' i1egios de dasl' , Ji;L us ufructo rll'1 pO(i{'t e!,l en !;f mis-
mo. rnn frecuenda, C(I)'1.mt.\1rl-l (IIH' permite el enrlqueci -
rl ... runcionarios qu(>, al ¡¡jlodenlrsc Hl'g¡¡lmentc de
las ti er ras públicas, ingn's¡m en 13 dflSe de los grandes te-
rratenientes o consolidan suS posiCiones dentro de ella. Este
9R
J
frnómeno, tan fl'e('uente (>n la h¡ r:; wl'la colonial de Nueva
York, Fe en('lI('llVa <l sl mi:<-mo Ampliamente documentado en
el li bro de M.ark (\'el' Ri IJ lloRr:'frtl ),
Hernández florlrfgul?z flf!finJII con agmleza uno oe los
procc!;Os que condujrl',.n NUf'\l3 Gran<lda fl flumentl:lr el
número de los arren(lalal'iQS y IJI:' los pl'Oneg (270): "La
mita agraria enseiía .tI Inulo a alquila!'se medi¡'lflle salarlo
y con Jos desplazamientos ¡le una regic'¡¡l a ou'a va ,>lcndo
cortados sus vln('ulos con 6U as; lelll,o territorial Los indios
destrlba1l7.ados comlf'1l7..an a presentarse romo satélites hu-
maDus, al lado de las J;ranll es P" oplcnades de los terrate'
nientes de la (':oh:inia Sl' alfluilml a veces POj' salarlo y
suelen también j·(,tornar a la t1el' l'a en CQnrl ldonl:'$ muy dis-
tintas a 1"5 Que tuvieren UIl 5 US Clilne13. El indjo recibe del
terratenlellle pa]'cela¡;¡ cuyo C¡¡llon (le arriendo debe pagar
en dInero. y con. m<lyiJr frecuencIa en trabajo. Con este pro.
eedimlenlo, eJ ha('.('n(!a(lo t Cn(\I'R mano de obra üsentada
sobre su ti ph'a y de fácil reclutamiento. La destrlball2ólCiól.l
de los indios forma ¡¡Sr, al través dtl prOcesos (.'{:mt!"lldlctorios,
al proletarlndo agrícola o !león y al url"(!l1datario o ten-as-
gut'ro, que suhs iste hasla nUl!tl lros ¡Has",
Lohmann Vi1IenB, Que ha hecho un estudio minucioso de
los americanos Que a ¡!:lS órdenes nohillarlas his.
panas, explica cómo los <"Qmt r c1 ames fueron admitldOt; en
ellas, "El ejercicio del cumercio - d ice, en la
que sirve de prólngo a 1; U obra (ÓrdenBs tlabi,
huna.t, 1, pp. LVI Y sIg.)_ nI) c.lt:s(leilsba ni se reputó
rcf'lldo con la ca lhhld nOhl J!a r ia, Que e,se oficio no
se hubiera df>f>( lnlw!\aI Jo Pl" ':,:ulltll ml'l'llc por el pcSU! Jil nte
l'omo Tl um\lln l·¡(J o " :l ml,j¡ur" r . _. )';11 l· ... :wfltid(l. 1.3
.lcnela l)()l" ,' 1 Ct1nSC, 'jo dú l<l !:l órdenes ya hahla .am.
pli ado el criterio. un rcst.rhlJ,1r1o y ('on reminiscencias
ml.'die\'ales, en beDEfic.lo IOI! comerciantes andaluces y
CUyBs acU,' I&J ues n(l se tuvieron por desdoro'
sas ni refildas COD el us_o de 103 distintivos nobiliarIos. A
este respecto, Importa subrayar que en las Indias, por la
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'UIlI '1Jl 1:11'1 ambi ente, p¡'evaledl!con nonnas de mayor lllx.llud
I¡III' v,igentes en el Viejo solar anccslral".
( 'umenta' Ots Cap(1equl (frut. de gobierno. 101 y slg,) el
Il lllo(u'lante Informe sobre tierras r ealengas que el Oidor·VI·
.11IUI(II' JlI(ln AntonIo Mon presentó'a la Audiencia- de Snnta
J"II, Nuevo Granada, en 1786:
"l.i:l abuso con que ha!; ta entonces se había procedIdo en
111 rOllcesUin de tierras J-eulcng(l$, sin medida, desHnde, ni
"Vlt ll1o, sin tener en cuenta lJ.s posibilidades económicas del
¡jnlk llun.te y SI11 qué unos supieran lo qUe pe<tlan nI los
1l1l'Of1 lo Q\lfi, otorgaban, era la principal dJ1lcultarl "para q1,l e
IIHldL(. p·artc, que se halla inculta, se lludiera hacer ci vil, y
huhI!3hl c"; muchos, ,ni ampólro Wl HtuIo de merced de
n •• ,.';''', hablan hecho reventas muy lucrativa!;>; otros, hahlan
lll1Jlldo e¡;l<.\blcccr en 5US tierr'as familiJ. S de pobres I!u)th·a·
y cuando con lit! esfll(!rzo, hablan hecho fructi ·
tll'lLr los campos, exhihfan aqut!llos S1,IS titulas y los conml·
I1l1lmn, con el desahucio si no Si! converlfan en
' tl\ICJóltarios SUY08" ,
8IGN1ElCAoo DI'! ALGUNOS TÉRM(NOS
IJandeiras se llaman, en la historia colonial del
Ji l.'Olumnas que se Internan en el para cazar ln·
¡JIU!;, que so(\ despUés vendldon a lo ... · f auflCleiTos y mmeir(l·
tl j/f( .. del litoral. Balldeiranteli, a quienes las Integran,
t-.."'mboaba es el portugués que, parUcijXl de la explotación
1\1111t: ra en el siglo 18,
Mascatear;1U) e's el comcl'clo (¡ Ue hace el mercader por'
llevando 8US ,articulas a J<ls .fllzenda8. es el
IK)I'lugués comerciante y tambléñ el minero,
filO
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I
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CAPiTULO' nI
ORGANIZACIÓN SOCIAL Y CLASES SOCIALES
1. JERAHQUlZACION ECONOMlCO·SQCIAL
No 5610 íntim<; C$ 10 que concede
a la clase y al grupO su importancia y su
dad, sino también su (uncionalidad social, esto es, las
de jerárqu1a que guarda con las otras cla-
ses ygrupos sociales. Lo uno y lo otro están relacio-
nados fuertemente, La existencia de las clases ya im-
plica la jerargula, la ubicación dentro de un complejo,
social en el cual hay niveles superiores y otros infe-
riore!.
Una vez más digamos que la jerarquízación de
las clases sociales no es sinónimo de inm,oviUdad so-
cial, de parálisis histórica. La socieUad capitalista mo-
derna está sujeta -<1 fr ecuentes e importantes cambios
sociales, pero hay en eUa, sin asomo de duda, una
jersTqufa de eslratos sociales. La sociedad colonial WIT
pano-Iusa n o durmió esa larga si 5t o 'cal qué su-
ponran loshl storiadql'es del giglO,\t que 'aún
siguen hablando algunos escritoJ'.es y, aunque' el tiem-
po se deslizó entre_ sus manas a la' sordina, tuvo,
vada en su conjunto, un grado considerable· de
lidad social. La orRanizaci ón jerar'qulca de Sus c.lases
101
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NoCiales nunca podría representarse, por lo tanto, con
d('ma-siado generales e inmutables, en los
que UI10S grupos aparezcan siempre aquf y otros siem·
In'c allá. Algu rl-os hubo que des lumbraron con su as-
I,' ('nsión vertiginosa y que luego se hundieron en el
olv,do histórico. Otros, que sufrieron mutaciones de
l':-; lructur a en su intimidad de grupo-- de
tal magnitud que lo úni co que CODservarQn igual, a
lravés de las generaciones, rué el nombre genér:co con
que los historiadores les conocen,
No vamos a escribir aqui la cronologfa de los gru·
pos sociales, ni a intentar rehacer en detalle el es·
Quema de su jerarquización colonial, sino a hablar de
las !fneas generales de acuerdo con las que los grupos y
rlases se fu eron escalonando.
1. CONcr.I'ClÓN DE CASTAS 'Y REALIDAD DE CI.ASE9
El mundo leudal, agonizante en Europa, pr9Yectó
sobre América su concepción de los iDdividuo:i orga-
nizados cas!af2 En castas vinieron pensando ·tiñtO'
los peregTinos "Mayflower" como los colonizadores
portugueses y e.$paflOles, En Europa, la feudalidad ha-
cia siglos que se resquebrajaba, pero su mente, su 16-
gica, su terminología iban a sobrevivir durante varios
siglos más. AméricR, fué, desde el principio, tierra de
agramante. zona donde la ldea {eudal pretendió rever-
decer frente a W1 capitalismo que la hacia
I en la práctica, r Concepción de castas sobre una reali-
dad de clases: ése fué el también el slm-
• bolo del confJicto entre el querer y el poder, entre el
debe ser y el es, que palpitó a lo largo de toda la
colonia, desde la comunidad puritana hasta la tierra
de los araucanos.
El diagrama, confuso aunque fuere, que traian
los colonizadores y el que los poderes políticos impe·
102
I
i
(
1
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riales trataron de imponer en América se quebranta-
ron muchíl.s veces y el qu e, en definitiva, resultó, no
había sido previsto por nadie. Cambiaba según los lu-
gares y lus épocas, por más que los juristas de Feli·
pe Il y los ü.'61ogos ue :Mass<lchusetts hicieran mara-
villas para gobcl'1lürl0. Ya cincuent" años después de
iniciéldo el experimento de Nueva Inglaterra -recuer-
da,. Wertenbaker, 76-- los teólogos clamaban CQntra la
perversión de las costumbres de las nuevas genera-
ciones y el abandono de la comunidad biblica ideal,
cuyos primeros de decadencia descubrían, Pero
el mismo autor advierte que su desintegración habla
comenzado apenas Ja comunidad ideal se había esla·
blecido bajo el cielo neblinoso de la Bahia de Massa-
chusetts.
Los factores que del.erminaron la jerarquía de las
clases !uen1n los mismos, que actuaron en el proceso '
formal!vo y en el proceso transformativo, que hemos
estudiado, Es, así, posible trazar un es uema ' crár ui- p.
.co que 'iDcluya, entre Jos grupos ete otentados, a lOS] \ .
encomenderos, mineros, los haceñaMOs , lOs planta-
dores, 1118 SMllrorr$ el e enoenho, Jos negreros, los co-
lOS . a ltos runcionarios de lOs
ImperJQ!), los altos ulg'naLarJos de la iglesia católica,
Entre los grupos ,de los artesanos, mu] Vu'-""'1
chos comerciantes mmot'lstas, funCionarios y proCesio- 4,
nales menores, pequeJ"ios agricultores y explotadores
de ganado,
Entre los asalari ados y trabajadores no esclavos,
que r ecibían algu na forma ele compen!>aei6n por su es· -; \
fuerzo y gOZ<"Ibnn de crCJ't.ll gmdo de libertad !ndivi.
dual, algunos de ,los que trabajaban en Ires minas, o
en los tallet'es de los artesanos, o en Jos obrajes, los
indios cuyas comunidades pagaban tributos en espe·
de, la mano de obra de las lazenelas de gado y de las
vaquerías y estancias plat.enses. Y Juego, la gran masa
103
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1111 esclavos y de inillos, lambién esclavos. aun-
Illll1 la ley 10$ diera otro nombre.
PlTO las salvedades y excepciones. las condicio-
111'11 y que hay que agregar para' que
"ull' I ' ....CJ uema adquiera Ja flexibilidad necesaria que le
JlI'! rll ita reflejar una realidad y no una preconcepción
tl!'l lIutm:, SOI1 tan numerosas que escapan a la índole
Iln Iluestro libro. No todos los entomenderos ni mine- )
lilA rueron ricos ni poderosos y muchos de ellos pasa-
HJlI por ,todos los azares, perdieron bienes y rango so-
1'1111 y finalizaron en una oscura clase media. Hacen-
Ill\tl os y plantadores hubo - y quizá en gran cantldad-
IIUl' II pcnas si pudieron haberse clasificado entre los
MI'Ul lOH de la clase media. Los negreros sí que deben
IlIIhl ' l' sirlo siempre y en todas partes muy prósperos
descartando aJgún funcionario que se metía a
IUlv,l'cro ocasional, lOs más necesitaban disponer de
rll <'t't.C'S capitales ,para invertir en un negocio en el
l 'l lUI -para utilizar t érminOs modernos-- el capital
.' I1'('ulante 10 era casi todo y el fijo ,casi nada, lo cual
Iwrl.'t.' fa el riesgo. y las ganancias.
El trato dado al negro y al indio, pOr lo demás.
según los Jugares y las épocas, aunque la re-
"In siempre -yen todas partes- que ocuparan el
Ultimo rango en la jeral'ql.Úa.
Una pa1abra especial merece media \en 1a1
¡lOI.;mia. Como la de todos los paíSes y epocas, su des-
Tlll owé inciert o; su característica, la
('ome,rc¡ante, un naufragio o un atraco de los pira-
LIIIl podIan llevarJe a la quiebra; si artesano, una
IIIrnza del Cabildo o de la Cámata Municipal podia
n'tlucir a ceniza su es.fuerzo de veinte años, Sí joreiro
PIl Brasil o inquilino de un hacendado en los alrede-
Ihm.'S de Buenos Aires, un capricho del .señor podía
IU'rojarlc en cualquier momento de su tierra. Si judlo
que labrara la plata o vendiera alguna' mercancía, la
101
1

I
I
,
1
.
denuncia de que honraba el sábado podía signjficar
que su taller o su tienda fueran confiscados por la In-
quisición y su cu erpo dado a J<l S llamas.
En el mejor de. los casos, aun<lue una generación
lograra manlener su rango, de la otra, cas.i siempre,
apenas hay noticia y sus miembros parecen e.xtravJarse
en la penumbra de 10 incierto, No exist(a la conlinui-
dad del privilegio, como en las casas señoriales; ni la
de la opresión, como en la multitud esclava. Esa ines-
tabilidad y discontinuidad dé la clase media la encuen-
tra también Sylvia Thruppentre los mercaderes en la
ciudad de Londres, en los últimos añOs del medioevo.
2. IDEA y POSIII II,lD4Ll DE PIlQl;nESO
Si no en los precursores de la independencia, ex-
cepcional es encontrar alguien en la colonia que con-
ciba en la forma en que .se lnal1ii1esta en
la Europa ocCldenl<11 del sigo 18. La idea de progl'eso,
como concepción teórica de un cambio olaterial en la
forma de ,,¡da y de un cambio en las instituciones que
permita al ,hombre ,aumentar su dosis de feli cidad te- ..-c ....
rrenalÍera a jena a Ja mente feud&,y a la lógica cató-
qtle seguían gober fÜiiloó-eYrazonamieñ"fó del hom-
Bre colonial.
. Pero la como simple ex-
I periencia individual, como alteñlat'i va de la vida dia-
. ria, éso. no estuvo ausente en la colonia, sino que, al
i contra rio, debe haber gravitado fuertemente en ci,er-
tas épocas y lugares.
Aqui venía n en tropel los que encontraban en Eu-
ropa los caminos cel'rauos y que en América los
('aban afanosamente: los que soñaban, enfermos de es-
peranza, con et cambio más sensacional, con la mu-
I danza más invel'o8Ílrul ya -rue'.=e·"cl· secreto de la
\¡eterna juventud o la veta de la riqueza inagotable. Y
105
,
.,
muchos lo cnCOnlr;;¡fOn, Se hicieron señores de más es-
clm'os que el s eilor más poderoso de sus y
algunos. que apenas sauían fu'mar 8.US nombres, casa-
ron con princesas morenas y se adormecfan rodea·
dos d(! una ,cQlte improvisada, como ellos suponían que
e-ra costumbre de los magnates de oriente.
En las ciudades más existía la
I dad - qué acepción tan fue.rtemente capitalista tiene
esta palabra- la suerte en poco tiempo,
' como podfa ocurrI r asoo:átlao!;c cn:i1áIgUn negrero, in-
tervinIendo coh los r espet able" miembros de algún ca-
hi ldo en una especu lación sobre o haciendo
el tráfico honesto de algún rubro muy apetecido por
los pudientes. Este cambio era menos espectacular que
el ot.ro, pero nQ menos codiciado para el que ha apren-
elido a Ol ed lr lol'=. valores de la v ida en cantidades de
dinero y no en títulos honoríficns.
T J()S e!'ipañoles y los portugueses ---"Y todos los co-
lonizadores en Amér ica- tuvieron , además, que cons-
truir las basf's materi;¡IeEi indi spensables de la colonia:
viviendas, templos. casas para el gnbierno, talleres. bu-
ques, Los ojos que en Europa sólo habfan conocido
c:urlnd('s seculares, inmóvt1es en su trazado, casi sín
industria de la constr\I('<'ión, presenciaron en América
comc), sobre una dud;u.l ind ia. se levantaba una me-
trópoli eRpañola. Era el combio material ostensible.
.Aunque la pa!abra no existiera en el!
\'OC'a bulano corriente, .
Ef:! .. s c.aracterfstlc;rs del mundo nue-
v O, y eRa experiencia que a nadie se ocultaba p(1rf1l1 €'
lodos Ins oj os la velan, deben h aber introducido un
fact l)r {le (le in;;;at isfocci6n dentro del
(jU'PID3 el e In jen'l rquf.:l de lol'=. grupo" sociales en la co--
lonia. No sólo era pos: ble el e.amhio, el salto de un
estrato tl otro, sino que. a eso :venían los más de los
peninsula res y a menudo, cua ndo la realIdad traicionó
106
sus esperanzas, se re\'ela ron airados y desconocieron
a la autol'idad , así fIH'r<l el arzobif'po comO el vifl'ey.
Los que nJnguna po!':ihil'dad tenían de mejorar su
suerte dentro de la org-aniz::lci6n {,'Qlor.lal fueron lOs
Indios y los negros, Para eUros, el incentivo der-pi'OiTe-
so está ausente. En los .eS('!<lvos de los inA'enios CUba-¡
nos se prndurfan eriurmi8s ele su;cidiQR, 20rque ent re
ellos se corrfa la vOi de que volvía n, en la sef{Unda
vIda, a su terruño tHllnl, en Afric;], Los negl'os hrasi-
l efi os huían a I(ls y los indi os oe las colonias
espa ñol¡¡s no cJcJa l'fln r<l E<l I' velnto afins sin producir
una 'rebeli6n r;:flnp- ricnl.:¡. Es sint0mAt ico que sobre
eUos - ne¡:rros t" fl'Cayera (' 0 11 más insisten-
cia la 3f'1I1"1H"l ón de alnlli o, de inercia, de desinterés
por el trabajo.
3 . LA JJ:RM1QufA Of'l rr' ACION"r.
1 El feudali !l nv) rleió ('n lwrr nc' a RU desoredo por C-h ..
1
1
el trabflio !!:la.n.lJJ!t;LC9r p) c,I]!M.!!lo, En ;f' l'arouía de
Ilas C'n .1\ 11lp. r ¡('éI, de ar. llf'r(]n al I'angt) 50-
ciéll que se j<llnl1s C' "t :í eSe 111'f'iuicio
de tfln antlmlO aholenJ!o. E l sf' ñor de indios o de ne-
tITos, el éllto funrionarlo y (>1 alto rlignat ar'o de la Te'l e-
sla eran los oue tenían las nrofcshmes más
y no cabe duda (Iue el a rtesano tuvo que arrastrar
sJemNe el f;ambe" lto del menosprecIo,
Pero en América se alteró toml)jén el
diclonaJ de los vt11 oTC':; profesion<llC's, E l
aQuí úná" 'bnlO "' éxito e,conómico Que no
hay -Cñloñia donde, en lI n íl énO(':'I o en otra, no aparez.-
can 1m! ,cOmprriílTlIf'f; (Wlll' ;1nr]() ¡ni'; r an.(os públicos lo-
cales de mayol' impcwt .. nc;H o infl t1yendo sobre las
ñe lO$> r cprPRcntiJll tes de rorona,
der fué el fund arl o}" nrimer mayorazgo de Chile y
la historiase re pite en los .C\l atro puntos cardinales,
107
Los accioneros de vaquer1as y. después, Jos prl-
. • l'f)tanciefos en el Plata, co¡:no los fazendeiros de
, lit Io, eran a menudo hombres de campo y de tra-
.... In duro, jlneLes infatigables que arreaban, carneaban
r !)Iun'aban al ktdo de sus esclavos negros y de sus
JlHllI'ht)S mestizos. EllOs mismos, cuando descendfan a
1M I,'!udades, eran los que imponían det:lsiones impor-
¡,IIlWI en los Cabildos y en las Cámaras Municipales.
1 ... 1 jerarqufa ocupacional en la colonia refleja tam- ¡.
IMn de al capitalismo que l
¡11I)fJ descubriendo en otros capítulos.
Cuando una familia, un grupo o una clase pierden
• 11 811stentadón económica, su ubicaci 6n social está
IHllldmente condenada al descensQ. Ocurre, a menudo,
1111(' In ubicación social se conserva algún tiempo - aca*
111) una genern.ci6n- pero la caída es inexorable si
tille divorcio de lo económico y 10 social se prolonga,
IN (Iue suele suceder es que, en manos de otras fami -
li no () de otros grupos sociales la misma actividad
!1fonómica, la clase SOcial sufre una reestructuración
II Ill'rna. Así, en el Clli30 de la oligarqufa cubana del
IU',(u.'ólr y del grupo de los vegueros que, jugados el
IIId.o por el todo en la Guerra de los Diez Años (1868-
1878) en procura de la independencia, perdieron la
11Il!'t¡da y fueron l'eemplazados, en la industria, por
ntl'Os propietarios y por compañías de capital cubano,
II Ispano y estadounidense Y. en lo sodal, por una 011-
gnrquia azucarera nueva, En otros casos, hay ollgar-
lIul88 o vacilantes, por reveses econ6mi-
f'U!', que se ven infiltradas por elementos llegados de
IC'It:I grupOs de comerciantes prósperos. Asr, la nobleza
vlcentina en el siglo 18 brasileño; la antigua oligarquia
tic lerratenientes y encomenderos chilenos; los grupos
108

,
!
de encomendero;:; de Cuzro, Charcas y Lima, en el si-
glo 18, des pues de la <l.bollción de las encomiendas .
Los casos de dicotomfa econ6mico-social no se
prolongan, pues, mucho tiempo, porque el privilegio
social descansa normalmente sohre el poderlo econó-
mico. El poderío político. en cambio, puede escapar
durante más tiempo de manar;; de grupos sociales que
sigan conservando HU predominio económico y social.
lI. LOS DESCLASADOS
Hay en la América hispano-lusa 1m número muy
grande de que se encuentran al margen
del esquema colonial de las dases sociales. Se trala de
una multitud heterogénea. integrada por sectores cu-
yos orígenes y características son muy diStintos .
l. FILIACIÓN E(,'úNÓM.ICO·SO\.."IAL
a. Panorama, En nuestra "Economía de la so-
ciedad colonial" lJ.emos distinguido dos tipos de ele-
mentos que se encuentran DI margen de la producción
colonial: los que viven dentro de una economía cerra-
da, sin intercambio regular con el sistema colonlal y
que denominamos poblaci6n no incorporada a. la eco-
nomía qolontal y los que, sin embargo de habitar en los
lugares de producci6n y de inmiscuirse de diverso mO'-
do en el engranaje de ésta, no le hacen aporte electivo
alguno y que distinguimos como población im.produc-
Uva (247 y sig.).
Dentro de la primera decnominación incluimos a
los indígenas que sigui eron vivi.endo en prppias
organizaciones, sin contacto con lo.o:; colonizadores o
con contactos esporádicos, así como los negros fugiti-
vos. que muchas veces buscaban la selva como refugio
y que en Brasil llegaron a tener cierta organización
109
- ---------------- -------'--_. ------

f
prol,ia, hasta que fueron e1ftcl"m.inados por las armas.
"'arman parte de la población i::!!!:.pro.ductiva qule-
,/ IU' K no }Jl'cxlulJp.n bienes.. ñl participan dp. m.anera ncU-
" VII pn su producción. Categorías muy diversas se en-
5
j'lII 'oLran en esas condicionP.S: Jos tos
r
- liberales, los que no ejercen
ufkio!': ni dirigen centros de producción, los propfeta-
(
r'los inactivos, lOS pensionistas, los encomenderos que
flp reducen a recibir la renta de sus encomiendas, los
los det:ncuenles, las prostitutas. La
fol1umerad6n que hacemos tiene. desde luego, carác-
'pr estrictamente técnico-econ6mico y no prejuzga so-
IIr" la función social ni el valor ético de estos grupos.
A !l. U función social nos referimos en diversos lugares
ti" psle libro. A su valor ético haremos alusión en otro
I nlh:1jo.
La po1Jlari6n no incorpMada a 7,a eccm.om{a colonial
111' en(' uentra, no sólo aJ margen de la producción crr
IMiaJ. sino también fuera de la organización sedal
d,' la colonia. Tiene su propia historia social, su pro-
plil organización. El grado de autonom{a que los nú-
l,'l ('oS que la integran conservan respecto de. la socie-
dad colonial varIa. En algunos casos, nI siquiera se
a establecer el contacto físico más elemental
('nI re aquéllos y ésta -es l o que ocurre con tantas
(.'nmunidades indfgeoas que quedaron aisladas en la
ulliplanície o en las tierras jncógnitas del sur-, mien-
ll'as que, en otros, el contacto esporádico con la
C'lll nr..in introduce un f!:ermen de transformación vaan
tle rj en el elemental esquem<l sorial nú-
deo. Pero el hecho básico es que esas agrupadones
l1L1manas no participan de la existencia social de la
l'olonia hispano-portuguesa,
Dentro de la poblaci ón improd'll,ctiva hay ha.
('«1' un distingo fundamental : algunos de sus elemen-
tos (orman parte de las sociales coloniajes y
110
J
\
j
otros no. El funcionario, el en'C9mendero que se redu-
ce a cobrar el tributo d(" sus indios, el abogado perte-
necen a clases y e"tratos IKx,'in les. como lo hem:>E! vli:to.
El delincuente y la prostituta, que hacen un mod() de
vida del delito y la proslitución. son desclasados.
Mayor dificultad !':c nos presont;) en el cas!) (te
los desocup<ldos. Cuando se t,.flta de desocupados tem-
porarios. entendemos que siguen perteneciendo al mis-
mo grupo social del cual forman parle cuando ejercen
una activid.ad productiva. Perno al lado de ellos, abun-
dan en la época colonial los desocupados permanentes.
,Algunos jamás han trabnjado, n1. tienen ingreso.s fijos
¡lpcl'O -('omo el p(caro e!:!pañol del siglo de OTO-- des-
I
ltinan su ingenio y su inE"scrupulosidad a obtener in-
gresos esporádicos Que les permitan seguir viviendo
sin trabajar, No son indios, ni negros, pero quizá ten-
gan algunas gotas de sangre ¡ndi;) o negra, aunque
ellos sigan considerándose espafiolf.>s o portugueses y
ocultando su origpn mesttzo, Pueden ser blancos recién.
de las metrópolis. El individuo que pertene<:e
a este núcleo vive "y <lrn1a estrechamente ligado al es-
qu.t:ma ('(}!on:ol de las dmics, ya !lea recibiendo el favor
de un seÍlor poderoso, ya. sea interviniendo en especu-
laciones ilegales con aJguna autoridad, ya sea· cubrien-
do sus gastos con el producido de las artesania¡:; de al-
gunos esclavos que le han sido obsequiados. A veces,
un casamiento afortunado le t ransforma en comercian-
te: o el favor de una autoridad le hace latlfund:sta. Es,
en srntes..is, un desocupado pem1anente que no se di-
vorcia de la estructura social colQnjal, que existe
tl'O de ella y que., en o(':J siones, tcrnuna siendo miem-
bro de una clase: ron tantos títuJos como cualquiera.
Pero hay otros desoc:uJXldos permanentes - más
numerosos- que nada esperan de la organización so-
cial. colonial, como no sea alguna migaja, alguna opor-
turudad para delinquir . .:€sos sí tienen una dosis mayor
111
, I
11(, sangre negra o india y son, en no pocos casos, ne-
III'OS o indios fugitivos, pero Que no se han alejado
!Ir lo::; urbanos, o indio!'! cuya comuninad rural
h:1 Ri(jfl destruida por el aluvión colonial y que se han
II'm:ladado a la urbe para sobr:elle\"ar alH una exla-
Il'llt'in de 1)ombra humána. Estos desocupados penna-
ll('ntes, en casi todos los casos, no ingresan jamás a
una clase social, no aceptan la única alternativa Que
In Eiociedad colonial les ofrece: la de mano de obra
('Relava o semi esclava. Algunos se hacen vagabundos:
otros, delincuentes accidentales o habituales. De al11
fl llrgen muchas de las prostJtutas.
h. Cau.sas. Las causas son, esencialmente, eco-
n6mlc3R y Jas hemos examina,do en la obra citada (254).
Llej:!ados los conquistadores, se produjo, en los
lugares de América donde existia unij vasl<! organiza-
t::i6n económica indfgena, el quebrantamiento parcial
de ésta. Los indios, en masa, fueron violentamente in-
corporados a un sistema de producción por completo
distinto del que conocían y al cual estaban habituados.
A 19unos continuaron en él por el resto de sus vidas;
otroll huyeron a la montaña o la selva, con lQ que pa-
Raron a formal" parte de la poblaci6n no incorporada
a la producción colonIal; otros, finali za.d() su trabajo o
rlesertados de él, quedaron sln ocupación fija en los
centros coloniales, ,
Deooe el principio hasta el fjn de la era cOloniaI' l
el mecanismo e<!on6mico dejó sin ubicaci6n a la gran
mayor:fa de los indlvlduos Que na fueran ni grandes
propietarios, ni mano de obra esclava o semi eSclava' l
En medio de Ambos extremos, se rué ubicando una po-
blación cada año más numerosa, formada
le por los frutos de la miscegen8ción en t odas las co-
lonias y por los blancos - llega(]os de 'Europa pero que
no perlenecian a los círculos pequeños de
112
I
J
dos, ni eran funci onarios, ni ejercían oficios, porque,
si los tenfan, se olvidaron de ellos al ll egar a
gran masa de los desocupados estuvo formada
por ele grupo.'; élnicos intermedios, pero no
porque arrastraran taraR r.u'iélle-s insaJv¡Jblcs, sino
que el esquema econ6mico y social colonial no tenía
para ell os ubi cación algulla y porque COIll O consecuen-
cia de lo mismo y de, una herencia de siglos, los
grupos étnicos Que eJercian los trabajos m<lnuales que-
daban envilecidos por ese solo hecho.
mestizo, sin ubicacIón en el esquema eeonÓ. .
se también si n destino en el esquema
SOCIal no siendo inuio ni net:ro, a:::pi ra a ser
blanco Sin poder serlo. La societlad colonial le coloca
en un I>í¡.ligros? lug<u' intcl'medio, le crea una
logra c1e;resent.¡do a quien, para colmo. no le da tra-¡
bajo··'nl caUcacl,on. - I
Indios de las ciudaues, indios y negros que fugan
de las minas y laR plant<lciones, mestizos y mulatos,
algunos blancos ti quienes no interesan o no se les pre-
sentan pocas oportunidades que h:.y de trabaj o
asalariado, van engrosando el número de Jos desocu-
pados --;-mD.yor cada año en Jos tres siglos ele la colo-
nIa- y la línea divisoria entre desocupación perma-
nente, delito y prostitución va a ser entonces muy
difícil de t razar.
....
2. ALGunos c"'oos l'AR1'ICU LARES
Dentro de esa vasta J11ultiWd de desclasados es
,
mene:'ter enunciar la:::: COf:1 cter(sUcaK especificas que
asumteron algunos núcleos.
a, Los gauchos. En el siglo 17 comienza a
se, en el .Rfo de la Plata, la denominación genérica
de gaudenos para los individuos Que llevan en la cam-

'; ,' "f" ,¡.A., f""' " 1 .... ....
,0 ,(.d VVV' .1" •
113
paña una e},:istencia nómade, jinetes infatigables que
se aHmentan pri.nc1palmenle del ganado cImarrón que
t.:omienza a abundar en esas zonas. Hasta ellos no lle-
ga el brnzo de la autoridad, ni hay ley que respeten.
A. veccs son mansos; otras, despojan a alg(m hacen.-
dado.
Ocasionalmente, el yauderiQ rJoplatense carnea pa-
ra extraer el cuero, que -vende al pulpero de la región,
cual Jo entrega a un acopiador, quien, a su vez,
lo vende a un exportador que está en tratos con alg(m
buque inglé"s. Cuando las vaqucrfas se hacen más fre-
cuentes, algunos de éSOS ga'uderíos ion'nan parte de
ellas y rt'cibCn una compensación. Desapal'ccirlo casi por
completo el ganado cimarrón y creadas las l
estancias 18 y principios del 19-, el gattdc1'1o • .
a quien se le comienza a Jlamaf gancho, ingresa en¡
ellas e-omo mano de obra experta y de espíritu tradi-
cionalmente libre. 'Claro está que seguirá habi endo
gauchos err¡mtes, que C<:'1rnean ajeno y viven guiándose jf 1
por las estrellas.
es el "MarHn Fierro" revela que el personaje contUlua
en vigencia aún en la segunda mitad del siglo 19.
Existen, pues, distintas etapas que tienen impor-
tancia para la historia f:;ocial de este Upico personaje
rioplatense. El que Coni llama gaucho cien por ciento
(GaucMs de Santa. ¡" é), es dedl', el jinete vagabundo
que vive al azar, es un Hpico. Está por
completo al margen del esquema social de la e<»onia,
Cuando el gauderio o el gaucho participan de las va·
querfas, entonces San mano de obra q1.le' percibe utla
compensación en especie o un salarlo en ,dinero. Son
asalariados libres, de los pocos que hay en la colonia,
aunque no pasen en tal condición un tiempo largo
y vuelvan a errar por la pampa bonaerense o la cu·
chilla oriental. Cuando se organiza la estancia y el
gaucho reside en ella y am trabaja por una paga,
JU
I
¡
I
entonces su ingreso a la economfa y a la estructura
social colonial uo ofrece ninguna duda. Es la mano
de obra de la gan<ldcría platense, aunque no sea la
única, porque todavfa hay negros esclavos que t ,rabn-
jan a su lado.
Estas etapas son sucesivas en términOs generales
pero, durante algCtn tiempo, coexisten. Ya lJevaban las
repúblicas var ios decenios de existencia y había
gauchos trotamundos y otros que lo eran a ratos, como
para alternar el ocio del lr<lbajo fijo con el horiZOnte
sin Jimitaciones. ¿Es que Martfn Fierro no es, acaso,
un gaucho errante -muy a su pesar, es cierto-- y Se-
gundo Sombra, decenios después, un asalariado en
toda la Jinea, aunque tod¡wia h iena en él esa neresi-
dad de andar y andar, tan gauchesca? Es., necesidad
que !e hace decir, como si fuera un lema de su vida
n6m<lde, que apenas llega ya está queriendo irse.
b. Los negros f1lgitiUOS . Esclavos y semi
vos !ugitivp"s_ en las..colóniasj' desde el nor-
te hasta el extremo sur y en todas las épocas. Inüios,
negrcF, "indentured S€rvJnts" blancos de tierra
o de las Antillas. del inVerno de la.....elantaci6n,
o de las. jornadas e.xieQLladoraa del obraje;- tras una
quimera de libertad. Muchos engrosaban la multitud
de desocupados permanentes y de olros quién sabe
cuál fué su desUno. Son demasiado humildes para que
las cr6nicas coloniales se ocupen de eUos.
Pero hubo además, en Brasil, negros que se fue-
ron al sertao y allí se organizaron. Algunqs autores
sostienen que llegaron a constituir repúblicas incipien-
tes. Esos desertores de la colonia escribieron su pro-
pia historia social en la selva, pero dejaron de
necer, para ello, a la historia social de la colonia.
S! el negro fugitivo se queda en la colonia y se
agrega a los desocupados, es un desclasado, Si se suma
115
I
,
,
11 ln:"l rle¡:;ertures ele la ¡:;e lva, se pone al margen de la
/ll>f.'iedad colonial.
Los UF.S\LASAOOS y su CItAVI1'AaÓN SOCIAL
"La multitud de Bagaml.lndos, forajidos, gentes
of'itJsas o araganas de que tanto abundan en la cam-
1m na SQn el origen de muchas muertes, robos y des-
Ón]l'nes ... la causa de. todo esto es la multitud de
Ilraganes, ociosos y V<igos que hay en la Campañ<J em-
Illl'ados en jugar, rooor y hacer muchos excesos por
t' l ul)rigo que hallan en cualquier parle, donde no se
les niega un pedazo de Carne y. no les faJía un Caballo
('n qne vagar". Así se expresa el Cabildo de Buenos
AirE's en 1788. Antes y en términos seme-
J/llltcs, funcionarios, observadores e instituciones se
h:lIl relet'ido, lanto en 1a's colonias e!.>pañolqs como en
In portuguesa, a esle problema al que jamás se le en-
('ontró paliativo.
La corona intervino varias veces, ideando 801u-
(,'Iones que tuvJeron muy poca efjcacia. En 1558, ya el
monarca enviaba 31 virrey de Nueva España instruc-
dones "para que los mestizos e yndios va-
Hnmundos se junten y pueblen" (Puga, II, 319). Pero
('se procedimiento de cazar, casi a lazo, la mano de obra
rlotencial que andaba disper:;;a y concentrarla en Juga-
res donde pudiera ser aprovechada - intentado mu-
('has veces y al cual también nos re feriremos en el
capítulo siguiente-- no podía, en forma alguna, cu-
rar un mal de raices tan hondas.
En ocasiones, se Uevó al desocupado a formar en
o:.'xpedi.ciones mililares de conquista dE'l interior des-
{·onoci.do, c'omo lo hizo el Marqués de Cañete, virrey
del Perú, en 1560 (Machado Ribas, 62); o en los clanes
fazendeiTos, verdaderos ejércitos privados de la artsto-
cracia territorial brasileño.; o para integrar la ucmdeira,
115
J
columna mO.melll.ca que se interna en el sertao para
buscar metales preciosos e indios.
asimil:Jr <11 hubiera sido menester '\
modlflcar ]Xlr entero la de la colonIa,
comenzando por cambiar la natura leza misma de su I
economfa. No fué, pues, pecado de pocos, sino enfer- I
mcdad Inevitable de un sist("ma - y tanto, que tam-
bJén la paoeciE'rón J:.. s colonias británicas del norte
(A. E . SmiUl, 7).
Una vez aJa vida pOr una sociedad que lo
engendraba sin saber por qué nI cómo, el desclasado
!>Obre ella en 1" form • .\ más gravosa. Improduc-
tivo -como también lo eran muchos otros miembros
de los estralOs prh)i\egiados_, vivía y se vestía, sin
de algo que no era su esCuerzo personal. En
el .cas.o del g(luderio vagabundo" la res mostrenca que
anlqUllaba en el siglo 17 quizá no hubiera servido
para alimentar a n<!die; pero el mozo alzado que carnea
ajeno en el ¡S ya se e¡:;tá apoderando de un hien que
pmtenece al patrimonio social. La el del in-
c.\1-ente habitual o el oCé}sion;¡l, el poi'( liosero -y'qué
ejército formaban en la colonia- , e.!Jl!caro --elegante
o desarrapado--, el vrutio brasileño consumen bienes
que producen otros y, cuanto más numerosos son esos
personajes, mayor es el esfuerzo que deben hacer los
productores para aumentar la riqueza social.
Este proceso no se mirle sólo en términos eco-
nómicos, ni de esfuerzo HS1cO. El principio que acaba-
mos de enunciar tiene un tercer término, que es el
más doloroso: cuanto ma.)'I)r es el esfuerzo que deben
los produdQrcR,mayor es 1<1 dosis de injusticia 1
SOCIal que recae sobre ellos. de vinlencia, oe despre-
cio, de de dol0r. Cuando sobre la espalda ¡
del trabajador reposa una Ipgi6n de seres improducti-
vos, el trabajador no es considerado sino una bestia de
carga, un instrument.o para produclr algo que siem-
'117
pre ('s in!'>uficiente, La multiplicación de la produc-
('i(Jn colonial, además, no depende, sino en minima
p:u'te, del técnico y, p'Or ende, es al esCuerzo
fh;ÍCo al que es exigir todo,
La presenCia de esa multitud fantasma de des-
rlasados es, pues, un (actor poderoso de inmoralidad
social, de corrupción, de injustioia, de disgregación.
liL ESTRATIFICACION y COHESION SOCIAL
La colonial muy poco. apta resulta para
estimular a cohesión socia!) En un agregado humano
donde hay co on za )' colonizados, .señores y es-
C'iavoR, donde el privilegio o la exacción determinan
CO!l harta frecuencia el destino individual, donde los
,unns se creen, por natura, con derechos sobre los otros,
los más conspicuos f.1ctorcs son los que tienden a la
desintegración, a la exacerhación del más extremo in-
dividualismo.
la colonia hJspano-lllsa, el sentido de lo social
1 n.? _ exlSie.'Salvo en casos excepcionales, sí. la
sUDordlnaci6n al poder polftico -que lleJ;9-ª estar mu'y
a tal punto sorprendernos cóm.o
España . ..Q..u.e la unldad
rogénro -imperio americano perdurara más de . .§i-
_ o díos; el sentido
haC!a el grupo proCesional, en ciertos casos espe-
clales, c_QI1!0- lOs gremios de - - -
En las colonIas- británicas del norte -no en las
Antillas- , el sentido del deber hacia la comunidad
I cstuvo más des<lrrollado que en las hispano-IuSilS, de-
bido a su reli gioso protestante, con la pequeña
l'omunidnd reli giosa como ractor omnipotente de co-
hesi ón socinl y moral, sin iglesia centralizada y po-
derosa, lejos de Un poder imperial débil que sólo en
\ los últimos decenios de la hi storia colonial deja sen-
118
ti]' su presencia de tal. Pero es necesario advertir que,
para el colono británico, el sentido de la comunidad
no es sinónimo de sentido social, porque el primero
estti limitado a un g-rupo social o racial-,
mjentras que el Regundo se extiende a toda la socie-
dad, dentro de la cual se incluyen grupos e individuos
que el colOno briltinJco combate, subyuga o menos-
precia por razones políticas, e,con6mjeas, religiosas o
raciales, Tawney observa que el sentido de solidaridad
socinl se encontraba poco desarrol1ado en el puritano
(229) e igual cosa podrla decirse de muchos- de los
protestantes no puritanos en la América colonial.
Lps que tenia n sentido de 10 social admirable- l·
mente desarrollado eran laR indios CJeli"s comunidades I
agrarias primitivas. El In.éado jo respetó { I
ero la hast.C! donde pudo, Se man-
tuvo en las ce u as 1Il 1genas flue quedaron Intactas,
sin incorporarse a la economfa colonial.
Ya veremos en otro trabajo qué suerte corrieron,
en la nueva sociedad coloni.:;l surgida en América, ej
oel cQrlf)ui!'taclor y el individua-
hsmo crónICo df:'1 cülono. Lo que en éste tenemos que
agregar es que también fué muy limitada la solidari-
dad de eJase o de. gmpo social. Es posible que se haya
desarrollado. en derto grado, entre los indios y los
negros esclavos. Las sediciones (recuentes asf lo hacen
creer, aunque debe advertirse que se trata de una so-.-
lidaridad elemental de defensa. Ninguna debe haber
habido en esos grupos densos de desc1asados y desocu-
pados -más numerosas a m¡:¡:lioa que corre el perlo-
do--, entre quie!lCS los J11c!'>tizos y Jos mulatos for-
man en alto porcentaje. Alguna, enU'e los que tenían
intereses profesionales o económicos semejantes y que
unfañ' sus esfuerzos, aunque fuere accitlentalmente,
para defenderlos; como en los gremios de artesanos,
119
en lQs comel'c,i antes locales que pugnaban contra los
comerciantes monopolistas de la met1'6poH, elc. ' .
Ln independencia -Jarga y cruenta lucha en la -" ( i
no lo rué en la portuguesa ni ' )rJ'-
en la brilánir3- resultó un estupendo proceso de
aglut lr,l?el6n d,e clases sociales y grupos étnicos; q,e in- 1
naCJODal; de aPr2suradoJiesalTollo
\ social..:.. Pero' eI siglo 19 hi spano-lu- •
\ so destruyo'mucho ue-Io que hizo la revolución de la
' independencia y no dejó un en esta materia,
que sobrepasara el de la colonia. •
iv. LA rt:LESfA COMO FACTOR SOCIAL
En lo sodn.l -como en lo politico y lo económi-
co--, la gravit ación ej ercida por la 19l esia católica sólo
puerle cl»m))ar<'ll'i>e, t om;:mrlo en su conjunto el perlodo
colonl ,\1 , ü la del Jl oQel' polftico. l.Jt1. Jglc,>ia está omni-
presente en la villa colonial, si no determinando, sí
condkiona ndo fuertemente las (oonas de la or ganiza-V
<'ióri Mbitos personales, las Ideas, la psico-
J logía. Como la más grande propietaria que es de bie-
n.es innwebles, muehles y dinero, su acción es decisiva I
sobre cen tenares de miles de destinos individuales, en
todos 103 liempos.
No s610 ofr ece ell a la sede de la asociación --el
templo, el con \' ento, la cOfradía- , sino t nmbién el mo-
ti vo y la rntl ole de esa asociación, que eHa preside in-
variablemente, dictando sus normas y su estilo. No
hay fi esta públi ta, que no esté vinculada a ella, ni ce-
lebración pl· iv.ada que no le t enga cOmo partícipe en
illgu na fnrma. Con su tendencia a hacer obligatorio
lo que <1(' 1'('('(' su }..lotlel'íó, no permite que participar o
no en la asociación sea materia del fu ero fntimo e im-
1:
pone., hajo severas sanc.iones. la presencia en la misa
y en .la fi esta. Ni tolera sin hostilidad lo que puede
120
a
abri r una brecha por dllll(le se manifieste un tipo di·
ferente de asocial'i(m que a su control. El 1
I
tro tuvo que VCnl.'í'I· su veto p8rtl existir.

Donde la "fnquisit.' ión se h izo presente -en MéxJco
y Perú mucho más que en Cl") il e y el R!o de la Plata-
ej., t.e¡:.mr fué otro fador que I'e.duj o la asociación a los
casos en los cuales 1<1 Jgle.s,ia ejercía un control direc-
to, porque era la ma nera más segura, aunque no infa-
libl e. de que no recayera sobre el prop6sito de Ja aso-
ciación la sospecha de herejía.
EIL Brll$iJ. la Iglesia tuvo menQs paderio, menos
gravitación que en algunas colonias espafiolas. La
gran unidad económi ca - fazendfl, engenho- desarro-
lló un alto grado de autOsuficiencia productiva, con 10
cual entor peció el desarrollo de grandes concentracio-
nes urbanas y, al mismo tiempo, fué una célula social
gobernada, no por el virrey ni por el comendador, sino
por el senhor o el fazcndeiro. La Jglesla presente en)
la fazenda y el engenlw rué, 110 la centralizada y tod()o
poderosa de otras parles, .sino la casi privada, sometida
al propietario del lugar muchf> m-as que a 'la jerarqu1a
lejana.
La carrera ecl esiástica, en Brasil como en las c().. i
lonlas españolas, cumplió una misión social que no \
tiene similar en los. tiempos modernos. Aunque redu- i
clda en muchos lugares y durante mucho tiempo a los
indivldu.os de piel bla nca, rué la gran canalizadora de (
las en erglas individu<1Jcs que, por otro camino, iban \
a en el frflr3so. Ofl' ecfa, a unos, la opor-
tunldad. de la cul tura;)a muchos otros,
la seg.u idad económica, la vida fácil, la avent ura del
predominio sociaJ y hasw la ])osibUidad tentadora de
una carrera polh,ica completa , Ésta es UIlO de las cau-
sas fundamentaLes de que el dero fuera ta.n numer9$o
y mundano, tan afecto a los bienes de la tierra y tan
descuidado de los de1 cielo.
121
ACOTACIONES
"F.n las Occidelltales lie disUngufan siete castas, a
los ('spañoles nacidos en Europa;
"2' Jos españoles nacidos en América;
los mestizos, descendientes de blanco e ind1o;
"1' les mulatos , descendientes de blanco y negro;
los zambos, descendientes de lncilo y negro;
"6' los indios;
"7' los negros, con las subdlvlslones de zambos ,priet9s,
[lroduc1o de n('gro y zamba: (!UOlrterones, de blanco y, mulata;
quinterutlcs, de bl<!nco y 'cuarterona; y saJto,atrás, la
1'11 que el color es ¡mis oscuro (lue el de la madre" (Gil
I;'ortoul, 68). .
En las colonIas británicas se 11izo tambJfu1 1m3 dasifi-
c.'lc16n minuclosa de este tipo, con terminología propia.
Las Leyes de, Indias hablan t"On mucha ft'l'Cuencia de
las- castas, pero la termlnologfa y los conceptos son vacilan-
t.es y contradictorios,
IDEA PROGRESO
Beard, que ha estudiac\o, entre otros autores', el o-rigen,
histórico de la Mea de progreso, sei'lala en (.arma expresa
su carácter moderno y su indoJe no rellgiosa_ (Prefacio de
"The idea 'of progres.s". Ver Bibllografía."
INESTABILIDAD llE LA Cf.AS_E MEDIA
Sylvia, Thrupp ha escrito una de las monograflas rn.48
completas sobre' una clase ¡>ocial ea un lugar y una época
determinados. Comprueba la autora que los mercaderes Ion·
dinenses en los úllJmos siglos de la edad media se yan rena'
vando, generación tras generación, lw.lvo un grupo reducido
de familias. En algunos casos, los Wjos abandon'an la prof!!'
slón de paorps y adoptan otro. Además, .los altos [nctlces
122
r
,
de mortalIdad Introd:ucen en las familias de ,mercaderes un
factor de inestabili(lad a través de las generaclolles. La autO'
ra advierte Que en toda Europa se produce el mismo fenÓ·
meno en ia's clases urbana¡; acomodadas (222 y sig.).
Con Jluestros conocimientos actuales, sería muy dificil
estudiar cómo este fLictor de la mortalidad ha Incidido sobre
la continuidad de la cla¡:;e media urbana en la sOciedad colo-
nial hlspano·portuguesa. Es muy posible, sin embargo, que
pú-eda llegarse él una conclusión' semejante a la de la autora
citada, -
ESPECULACIONES
Las esprculaciones fueron frecuentes en la cOlonia. Eml·
Uo Romero narra un(l ,de ellas en Perú. "Dcsdeel terremoto
del 20 de ocLubre de 16B7 luS trigos (le lOs alrededores de
Lhna hablan sufrido un grave quebranto, reduciéndose "a
un Inútil y nociv<l polvo color de Los precios ¡¡uble·
ron hasta 30 pesos la fanega y por tal causa se acordó .reba-
jar los réditos de los 'censos. Fué entonces cuando comenzó
a intensificarse la compra de trigo en Chile. El trigo peruano
pudo p-rosperar, pero fué conibatida la; idea de su fomento
posterior por los e!'peculadorE's y los quienes,
so pretexto de qUfl el trigo chileno costaba menos, des-
preciaron el trigo nacional, a pl!l:;ar de qUE! 'antes n(l hablan
usado otra harhla (iUf' la perunna para hacer _pan. Hay que
advertir que esos comerciantes tamtl1én especulaban abusan-
,do de los productorE's chilenos. Pagaban precios m.lserables
en Chile y cobraban ele;vados precios en el Perú. Los navle·
r08, por su parte, querfan el monopolio del romerclo del
trigo chUeno" (119).
Este epiS9dio se repite_ en todas las colonias, en 'grande
o pequ.ena escala. La-s más lle las veces, se complicaban en
él las autoridades -los Cabildos y: algunos miembros
de las Audiencias-- y solfa or.urrit que los Virreyes y la
Corona inLentaban actuar para poner;l!! coto. A menudo
también, la 'trama era tan sutil, los luten'f;I"S creados tan
cuanUoso.!i que CS<.18 tenlall\"all fracasaban o, cuando ¡>urtfan
algún efe_cto, ya la oli gllrq\ lf<i local de comerclantes;y terra-
tenientea se habla hC!lH'fit::iado con v(lrlos años de especu-
lación.
Means (Fal}., 181) menciona un documento existente en
el Museo Británico, que SE- gúlI el auto\', la serpren·
123
d"nte Inc.apoclrlad y venalidad Que prevalecia en los gobler'
Il,)$ munklpalf'S en torla la reg!6n andina, Los funcionarios,
Hllrf'ga, se compliC'<.iban en esprculaclones sobre la venta de
jlUI\ y olrof.: articul es de COl lsumo, A m{!lIuc!o, se un
v".fJ.:orl'wso aumento de pr{'(:!oll: --sigue diciendo 1"1 autor
IUt'lIt"i(tnar! o_ del qlW se beneficiaban l os alcaldes y otros
lUII("iona rios muni cipales.
IW.SMtttIO POR 1':1, TRAbAJO MANU .....
"'Entre lo!; enormes moles que esta raza inreliz -sos·
tl o:ne Saco en 1830, refi riéndose a Jo!> nEgrOs (vagan.ci4, 1,
, 1)("1)- ha u'allJo a nut,sLro s uelo, uno de ellos el haber
ult!Jado de las artes a nUf2s lra pOhlaci6n blanca, Destinada
ltln s6.10 al o'abaJo nll.'Cánioo, exclusivamente se le encomen'
duron todos los oJ[(:/oo, como pr<lplos de su condlci6n" .
'flSl fué que tudas (1as artp.!l) vinIeron a ser el patrimonio
I'xc lusivo ve la gentl' dc- color, Quedando reservadas para
lo.., blam:os carreras liLeraria,'; o (Íos o tres más que
t pnilln ¡lOr hOllol'Íflcas."
Un es{"ritor m;gro pOdrfn la r edacción del
Ilustre sociólogo culJano en cFltn forma : "Entre IQs enormes
maJes que loS blancos han O(,OSIOllado al traer a esta raza
Infeliz a nues tro suelo ,. ", Pero aun .. sí no se ajustarla a
la verdad histórica si no se preocup3ra de llmpíar el texto
.le tona IJ"cnoción racia l, La misma Influencia que los ne-
gros en Cubu, tuvieron lOS Indios en casi todas las colo,
nias f'l'. ll;, lmlns )' la mil no de ohr<l m<Ulca en 10.13 británicas,
fl 'allceo;as y ,lanf2!;;!'s, No es una l'aZ3 la que engendra el
fell6mc-no flue prenc."Ulluha a sino una forma de orga'
niZ<ir el trahajo, la economra y la sodedatl,
}o'ué CQmún en Jos histúri<ldores lalinoamcricanos del si-
glo 19 la creencia de que nue:<\" lras pueblos heredaron de
España y el desprecio por el trabajo manual. Es
exacto, pero a medias, La vel'dad completa es que lo mismo
pudieron haheda heredado de Gran Bretaña, Francia, Ho,
landa o cualquier otro ¡mfs de Buropa, Existía en Jos grie-
gos antiguos y - según \Vef' tcnnarck y Landtman (Landl'
man, 84)_ aparece en las clvlilzaciones primitivas, en c!er!Q
grado de su dcsarrollo.
Es seguro que se encuentm en toctos los pueblos en
los cuales ya se ha prOducido una división del 'trabajo que
124
J
1
I
¡
J
dé orlge,n a la formación dq clases sociale6, enc8J"gadas unas
del gobierno y de Ja guerra y otras de la producción.
Cuando decimos en el texto que el feudalismo dejó en
herencia su desprecio por f'l trabajo manual (lIt, 1, 3), no
queremos con ello signifi co\r que esa actitud fuera exclu·
sIva del feudalismo,
J:L PRIMER MAyOR ..... • -' EN CHlI.E
" El pl'ime.r mayorazgo fue fundado en Chile con fecha
29 de octubre de 1693 por el r ico comerchmte don Pedro
de Torres, tcsorli!ro general de ]a Sanla Cruzada, en lavor
de su bija Maria y de un descendiente," (Amunátli!gui Solar ,
Ulst. sot:ial, 23<1,)
Landtrnan, en su notal)1e in .... <'stigacl6n sobre el origen
de la desigu:aldad' de las clases sociales, observa que, en 109
pueblo!l primitivos" nobleza y rlQ.ueza Be encuentran casI.
conjuntamente, J1;n muchOll cesos, la liqueta es la
condici6n de la ,nobleza y a vece.!! se le atrllmye mayo)'
Vlllor, E l rlcQ asciende en la: Jerarqul a social, es[ como el
pobre desciende (76) .
Una copla popula r que f'e en las ciudades que
fueron argentin;ls, reco8irJa ))or FrIa!:! (vol. 4, 153),
dlce p1carei>Camenle de cs¡J impostl<rgable necesidad ble·
nes materiales que tcnf,ln las famiURs arlstoCrátlcas para
conservar su rango social:
"Nue!'tM Don. Set'or Hidalgo,
es como el 41el algOf16n,
que para lener el DOH,
neCeSita te(l ('r ulgo",
Exi sten do('umenlos filie pru{'ban la existencia de ver'
daderas de desocupados, del incuentes y prostitu,
tas en todas las I,:Qlonia$ t'spnñoJas y en Brasil, as! como en
todas las: épocas. a partir de los comienzos riel siglo J6, aun.
que se recOge de ellos la Impr(' sión de que el mlmero rué en
aumento a medid:1 (jue corda el tiempo,
125
SaC(l hiZO en l ROO un estudio especial del problema
,;u sobre la vaganc.la en Cub3 (ver BlbliograHn) ,
donde habla de una densa mlJEa de desocupados y que con·
ti ene un eritr-rlo más moderno que el de casi todos los docu·
m(>ntos coloniales en el tratamiento de la materia.
En ln!( lnstrnccione!l del mOll ar'ca espafiol enviadas al
,-jrrey Nueva España el 3 de octubre de 1558 -menciona-
das en el texto- se lee: "Somos InfoH"'lados que son muchos
los qua ansl ay vagamundos, esp(!Clolmentc mestizos" (Pu-
sa, 11, 319).
En el siglo 17 era el del vi rreInato novohlspano "un
pueblo numeroso mal v¡>stldo, hambri ento, y que t¡>nlB pOr
habitaciones miserables chozas e infectos euartos l>n IQs su
1)urbiOs de ¡;¡s ci udades", según Rlva Palacio (Virreina,o,
676) . La mi¡;:ma observa.ción la hace un economis.la colonial
del talen lo (]f' l obispo de Michoacán, Manuel Abad Queipo,
al finalizar la era virreina!, "El -expresa- vive sin
casa, sin domlclHo y casi errante" (Estado 7Ilof1Il, 58).
En In sola provincia de Antloqula, Nueva Granada, el
O1d()r-V\ sltlldol' Juan Antonio Mon, en uno de sus Informes
a la de Santa Fe reclent emenlc exhumados por
Ol.s Capdequl ({?I st . de {lolJiemo, 103) y que hemos menclo,
nado en el texto, dcspués de declr que encontr6 alli mucha
desocupación y miseria, calculaba (IUe haMa 50_000 indivi-
duos 0<:108011, Este informe data del 23 de noviembre de 1786.
De Chile. en la "\' fspera de la Independenci a, el. padre OH·
,-ares ofrecia en s u "Historia de Chile" este panorama: "En
la gent.e de uaja esrera, acostumbrada al libertinaje, que no
t"s cOJl(}cltl a de lO!; jueces de los partidos. ocul ta en s u m1sma
es \¡¡meIlUlblp el ocio y más los "lelos que nacen
de él. De esla gent.e no ser{¡ eXilgeración afirmar Que la ma-
yor parte se mantiene del hurt.o, y flue habrá. en todo el r eino
más de 12,000 que no tiene otl'O oficio ni eje1'clcio, con IIn·
ponderable perjuicio ue los que tI(! nen hactendél¡6 en el
campo; y en este mallgno oficio han cobrado, con el hábito
que facilita los actos de su especie, t anta destre.za y osadla
que se llegan a robar rebafios enleros de ganado de lana,
las engordas de vacas y lag manadas de cabras y caballos"
(cit, por SUva Cota p06, 172),
A " Ia rnutltud de Bagamund06, forajidos, gentes ociosas
o araganes que tanto abundan en la campaña", mencionada
en un docllmento del c..,bi!(Jo de B\lenes Aires de 1788 nos
hemos referido en el texto.
J2fi
Concolort'.orvo deda mA'! (l menos lo mismo de la Ban-
da Oriental (37), que él visitó en In s('gunda mitad del
sigJo 18.
Además de los 111()rf1r.IOTCS das engenJlos y de otros des-
ocupados que vQgan l}Or los sel-l oes, hubo siempre en los: cen-
tr03 urbanos (l e Brasil una población estable de vaaws y
prOfi li tutas (Prndo, Rr. cQnt _, 353).
PRoceDIMIENTOS" COMPUI,s]l'(lS EN I!ELICiOSA
No pUede atribuirse a los españoles ni o los cat6licos el
monopolio cl:e este método de venerar a dios por la fuerza,
Se Jo e.ncuentra en argunas colonias bri.tánicos del norte, esta'
bl!:'ddó en I.Ienefid o Ile iglcsws protest.:mtes y (!n 1672 se
aplicaban mul t.ns en 1M Anl rllas lI:mesas a quiene:¡ no aten-
dlan los servIci os religiosos (KcUel', 1!)!l ),
LA JG1.ESI4. CA'r6I.1CA EN BRASrt ..
"CrlsUanlsffio domé¡:;tico, lIrico y fesUvo, de santos como
padres, de santas comadres de tos hOnlbl'es, de Nuestr as Se·
fl oros mRdrlníls de los niílos", ll ama F'reyre al tipo de cato·
licismo que predontin6 en la colonia portuguesa (Casa-Grart
o
de, n, 586) .
srGNlnC-'bO 1)& ....LGUNOS
Jfmnelvco, En BrasU, hijo lIe por t.ugués e India. Al de·
clr en e.l texto l'Jue la b/l'l'ldeiT/J es una col umna mamehtcO
hacemos referencia al gran número de· mf?stlws que la fonna.
Sertao (pl ural, sertoes) , En Bra¡:; il, interior del pars, In-
culto o deshabitado,
127
11

t
J ,
I
,
CAPiTULO IV
CONFLICTOS DE CLASES
1. VJOLF.NCJA OMNI PRESENTE
1. En las relaciones entre las clases y los grupos,
en todos los días y las horas de la existencia colonial,
,La violencia late fur ia o tOTf'cllcialmente. \
Mas que ra:-s-elva, mas---que el safvaje, es la violencia
social la que a cada rato amenaza la integridad fí sica
y la vida misma del indjviduo.
Es que las relaciones de clases en la colonia
posan sobre la violencia. La esclavitud -=-legal- o di- li
simulada- requiere indi spensabl emente que la masa
de los sometidos sienta el pufio del dominador ante, sus
ojos para hacer el esfuerzo que se le exige. \\\
.. Mucho 1\
menos violentas deben haber sido las re!éldones entre
siervos y señores, porque la pcrsonaJid<ld de aquellos
era más respetada por éstos. r .
En vano se nOs dirá I"]ue hubo esclavistas paUiar- r J
caJes y esclavos que amaban a sus amos. Si los hubo, Iv'
pero lo común fué lo .contrario y lo que marcó la pauta
de los tiempos,
No sólo la relación escla\, jsta-esclavo fu€! la
t erlzada por la violencia, si no toda la relación entre
129
,
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1


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grupos sociales o entre individuos que se disputaran
, un privilegio o una ventaja. América suelo de vio-
lendas desatadas y lo excepcional rué en ella Ja
fa. Viúlentns son las relaciones habituales entre cO-
merciantes y labradares; enlTe comerciantes y planta-
dores; entre eslancirros e inquilinos; entre los poten-
tados locales y 10$ representan les del poder imperial;'
entre los jerarc3s de la iglesia y el clero Hano; entre
el cura y los indios, sus feligreses; entre el cacique y
trus Indios; entre el mestizo o el mulato y los indios
o negros.
Episodios de la. lucha de clases, preñados de vio- 1
lenda, son el de los ei})ii'fio1E$ del'uerto }"tICO rooandtt
diiñesm; "para bautizar-
los" (Keller, 501): el de los b011deirant,es robando in- 1
dios guaran[es a las misiones jesuiticas para venderlos
a los fazendciros y a los m.ineiradores; el de los cha-
rrúas robando ganado de las e:Hancias jesuiticas del
norte de Santa Fe y de Paraguay para venderlc;J a los
hacendados, santafecinos. Era la lucha por la mano
de obra O por la mercancía llevada al terreno del des-
pojo violento, del robo,
a. A menudo, una !fnea en un documento, una
advertencia en una r eal cédula le recuerdan al investi-
gador toda una larga bjstorla de violencias, que
conIirma sin esfu erzo en multitud de fuentes.
El Rey envfa a la Audiencia de México, el 4 de
setiembre de 1560, I.nstrucciones " para que los religio-
sos na se entremetan a hecl1ar prisiones a ningunos
yndios ni yndias ni los porque, expresa, "á.
nos se ha becho relacion que los re-ligiosos de las ór-
denes de Sant Franci1'lco y Sancto Domingo y Sant
Agustln que en essa tierra residen tienen en sus mo-
nasterios cepos para poner en ellos á los ynt:l.ios é yn-
dias que quieren
l
y los aprisionan y a\otan por Jo que
no

les pai'ece, y los lraf.lq11ilan, que .es vn género de pena
que se suele dar a los lo qua) ellos sienten
mucho" (Puga, J I, :H8L Esos indios y e1:ias indias eran
la mano de obra forz.'l(in que esos religiosos utilizaban
para diversas tareas.
Los indios que no trabajaban como mitayos, ya-
naconas o asa1ariados y que ¡::;eguían viviendo en sus
comunjdades, aunque no reali iaran trabajo obligato-
rio para nadie, estaban a l pago de tributos,
cobrados compulsivamente y que les arreb¿:ataban la
mayor parte de sus cosechas, de sus artesanías o de
sus salaríos. El indio lenía que triblUar al rey y al
cacique éste que prosperó y adquirió
1'3U perfil de temiblf" explotadol' bajo la administración
oolonial- y. si estaba encomendado, también al enco-
mendero, aparte de las contribuciones personales para
el cura del lugar y de las numerosas fiestas religiosas.
Más tarde, olra agregó a este panorama de .
---el curl'égid;;?) tan slnlcstro en la histo-
r¡a de -énmá ct éornf"ndadorlo 'fue'eñla del
cierlo que, como en España, aunque sin
un Lope de Vega qUE' Jo narrara, huuo muchos de ellos
ajusticiadOs a manos de sus v[cUmas,
Cuando el Marqués de Castel Fuerte, Virrey del
Perú y gobernante que se caracterizÓ por SU mano
dura -a se debe el aplastamiento de la rebelión de
los comuneros, en dice, en la memoria de
su gobierno (cit. HisL. Perú, 136)
que por el sistema de trabajo libre era casi imposible
hallar indios voluntarios, "por el genio de esta nación,
en quien entregarse al ocio es un vicio de naturaleza",
no hace más que enculJrir, COn la cantinela de la indo-
lencia del indio, la reaUdad de un sistema de relacio-
nes de clases baf;ado en la más extrema y permanente
violencia.
El indio, como todo esclavo, fué un mal trabaja-
131
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dar. El brutal trasplante que sufre de su comunidad
ftJ{raria primitiva al sistema de capitalismo colonial le
flllila a su esfuerzo personal todo .sentido y a 'su exis*
todo a lici ente. Por 10 demt'ís, la conquista y los
pdmel"os tiempos de 1<1 colonia significaron para las
l1adonE's inriígenas la destrnc.ción de ('uantiosas rique*
natul'ales y el hambre y la desorgauización cun*
1 dlf'l'on entre ellos. El consumo de la coca en. el Perú,
muy IlmUóldo bajo los Incas pero estlmulado por los
,·oloni7,,·l(lores. vino n. completar el panorama de la de- ¡
\'ó.dencia nac'lonal, orhránica Y psí(IUi ca, DetráJ'; ('jel ocio
Indfgenn que d(' SC1Ihrf<l el virrey en todas partes
4\1 ocio ¡tUlico, en Ir, montaña silenciosa, como podrla
Imponer un poeta románUcO-- habla, no ya una sola
N':I'·C1l8 de violencia en la historia de las relacione¡=; eJe
c'lases, sino toda nacional, como !)I'efie-
1'(> llamarla el profesor Guli érrez (Cocaí sf)l()
11 aUmel1taciótt) ,
b . A1gunos autOI' e;s brasileños han supuesto que
durante el período col onial no ha habido en su pafs
hll'ha {le clases, Es precisamente Brasil una de las ea--
hlnias americanas donde los conflictos de clases y es- ¡
lmlos sociales se van sucediendo, sin solución de con-
tinuidad , desde que puede hablarse de
IIn:1 sociedad colonial or.gánlca h¡:¡stCl que llega la, hora
d(> la independencia - sin perjuici o de que continua-
rnn después. La lucha es, a veces, a I;¡ ¡;:.ordh'l3, pero
nunca deja de presentar caracteres bien delineados de
1111.
Senhores de engenhu CQntra esclavos, que desde el
16 aprenden eJ camino de la selva para buscar su
IIheración. Senhore$ y fazendeiros brasileños contra
11\ burguesí·a comercia l portuguesa -pugna ésla que
flC prolonga durante toda la colonia y el' la cua l se
vierte en alta uosis el argwnento nacionalista. En las
132
minas, la antigua IH)bllna paulisla contra los em·
boabas que Los bandei"rantes contra los
indios - mano de obra potcneial- y los senhores con-
tra los negros fugiLi\'Q!) de los -mano de
obra desertora-o Lns olignrqufas comunales, que ex-
cluyen dt> las Cdm(lrw: fl todos los otros gl:UpOS socia-
les, enlre elJos a las burguesías comerciaJes en em-
bd6n. nobl eza Iusltana, la burguesfa comercial y
la oligarquía t.erritori<11 brasileña, arremolinadas las
tres en la corte por·luguesa de Río, en el perIodo final
de l<l colonia, comb3tiCl1l10 e intrigando por ganar el
Cavor real, hasta qUf', finalmenle, un grupo bien defi*
nido -la anliglltl t erritorial paulJsta-
acaba por predOniinal' y seguirá ej erciendo su decisiva
inUuenc!a sobre el gnbi.C'I'nO bajo el ImperIo. Un pa-
norama simHar de incesantes confUctos de clases y de
estratos sodalefi puede trazarse en todas las colonias.
2 . La vioJenci,1 sodal es inseparable de una so!"' ·
ciedad que descansa sobre el trabajo esclavo o semi)
esclavo y donde el privilegio decide la suerte de mu-
chos y de grupos, Es ersa violencia
social In que palI)ita amei'laZéldora a la calda de la tar-
de, en cualqu ier ciudad colonial. Ca lmón dice que los
viajeros coinciden en observar que, en todas panes,
las gentes andan con rosarios en las manos y otras
amuletos visibles pet·o dl'spués del Angclus, nadie
sale a la calJe sin puli.al , pistola () e.c::pada (ÍIist . social,
I, 96) , El <lIto númer o de desocupados, vagos, delin-
cuentes, prostitutas y ekmcntos s in ubJcaci6n ei;onó--
mica ni socitll, f'R (.J df'l1fJmin;¡dor común de todas las
colonias de hl)mbre l1.ue vIve en na so-
ciedad que pr()(l u{' e<ese vasto !'('s iduo demográfic sabe
que su suerte a ca a r as cir-
cunstancias más Inesperadas.
A menuoo, el temol' a la violencia latente, al es.ta-
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11Ijlo posible del conílirto engendr a un miedo parali·
¡O,unte. El fantasma inhibe y la anhelada solución de
1111 JlI·(,J.¡ lcma se T)rol,onga indefinidamente, por eludir
nll " pn1blcma que se supone más grave. No fué sino
Ihll. \a la víS))era de lo Guerra de Jos Diez Años en Cu·
1m ll'orlell Vilá, I1, 202) Que el fantasma de la gue-
11 ,1 de razas - los esclavos en armas contra S1.I S amos--
,II-jú de paralizar el bl'azo de los rcvolucionario.s blan-
,'Ir.. que buscaban la independencia.
No es más que ese mi smo temor el que llena de
IlI'vhlbitiones la legi slación impel'ial y local de la co-
IOllín hispano-Iusa. "Oluenamos y mandamos --<:Jire,
pOI' ejemplo, una ley de Fernando e Isabel , !,!n 1501,
I' linfirmada por Carl os V y Felipe JI (R.ecopilación, TI,
IIJH)-, que ninguno ven(ia, ni rescate armas ofensivas,
Id ñ ln¡:; ni á alguno de ellos" y Fe·
IIIK' 1 r en 1!)G81n medida pt'ecautoria: "PrO-
hibimos -ol'dena- que los Indios ande_n ti c;:ívallo, y
mandamos ti IGS Justicias, que así lo hagan guardar, y
sin reruJs.ión alguna" ,(!l;idem, 197).
En todas las colonias español.)s se aplicaron nu-
merosas órdenes reales -complementadas a menudo
\'on disposiciones de los 6rg;:\J1os locales--- eliminando
de las funciones públicas, del servicio de las armas
y de los centros de estudios a los indios, Jos negras y
fos descendientes de la miscegenación.
Era la "gente vil", ante cuya presencia temblaba
la .... I' istocracia ma ntuana y cuya sumisión por la fuer-
lO.a se pasó rogando al Rey hasta la hora de la in-
dependencia, mientras alegaba que los representantes
de la cOrona la protegian. Impedir que la "gente vil"
ingresara en la Universidad no era difícil --en.ef.Perú 1
se prohjbió el ingres'o de Jos ¡ndlvidu9$: de color, "por
la infamia de hecho con que estaban manchados" y I
en 17G8 la l' mona ,ordenó qu.e se rindi'éa· prueba de
"legitimidad y de sangre" para entrar en las
134
aulas (U¡;trreda Laus, 279) - ; pero sf lo rué lograr que
Jos disti ntos grupos rie la mano de obra esclava y semJ
esclava se manlu\'if'l'<1tl HpRl' tadús entre si. Las dispo-
origi nada:» <l1,gl Jn<l s en l a nl('trópoH y otras en
las colonias, para ev itar el contacto de negros con in·
djos o de mulat()S y mestizos cl)n aquellos dos grupOS,
fu eron numerosas y, aunqIJC i.l veces parecen tener una
finalidad de protección de uno de los grupos, otras
presentan a l desnu(lo el de impedir una coa-
lición de oprim:dos C'uyaH consecuencias políticas hi.
cieron Icmhlar en todas -'as épocas a los blancos be-
nefi ciarios del trabajo colonial.
Fué menester f'n tcOo Jnstante de la vida colonial
usar de mimo duru p:lrél mantener dentro de ciertos
limites y poliUcos a la mayoría
r,ubyugad<1 la pohlaci Ón. El bando ue la Audiencia
rle Lima del ]7 de juli o de 1706, "mandando que nin-
gún neJlI'Q, 7.ambo, mulato ni Indio neto pudiera co-
merciar , traficar, t!'ner tienda. ni aun. vender géneros
por la!l calles" (Juom y Ulloa. nota de la pág. 423)
estaba dirigido, evident",mente, a poner fin a una com-
petencia que a los ('úmerciantes minoristas
blancos.
Pero las expresiones más dramáticas del terror dé
los poseedores se manifiestan cuando estalla una insy- l
o .eA'!.!lar. 'rfr
do casUgo parece poco para que sirva de alerta a las
multi tudes que pueden sufrir el contagio de la rebel-
día; todo r efinamien to sádico resulta aceptable a aque-
llos esprritus poseídos del terrOr ante el posible triun-
fo del enemigo de cl ase. " Ahorcaron ocho indios por
alzamiento por tenían intentano -narra muy escueta-
mente el Diario de Mugablll'u (84.1. situando el hecho
en el 21 de enero de 1667- .. . y después de ahorca-
dos les , quitaron las cabezas y fueron pllestas en la
puente; y fueron hechos cu.artos y puestos en los Cél-
135
minos", El casUgo que se impone a los negros escla-
vos que se levantan en Vene'l.uela en 1719 -semanas
después de la revolución de Francisco de León pero.
al parecer, sin conexión con ella- es minuciosamente
decretado y ejecutado en la vía pública, con un escri·
bano que certifica los detalles y un cirujano que cura
8. lOs negros a quIenes, después de Jos azotes, les cor-
tan "las orejas izquierdas, por 'la parte supérlor del
I
r
oído" (Gareia Chuecos), I
En ] 537 ocurrió en la ciudad de México "la pri·
mera m3rañza de esclavos provocada por la pusilan!-
midadae los pobladores que, asustados por la actitud ' .
rebelde y la cuan Ha de los africanos, descuartizaron a 1:
unas cuantas docenas que supusjeron pensaban alzar- # t
se con la Beltrán, PO,blación negra, A:;/ ' t\ ..
11) , La €'jecucl6n de Jac.mto Canek y sus compañe- '
ros, los indios rebeldes de sangre la
plaza pública en una interminable ceremonia de con.
tornos tan brutales que pueden parangonarse a los
autos de fe de la Inquisición. El funcionario que
den6 y presenci6 la carnicerfa más tarde censu·
rado por el gobierno de México por su exceso de cruel-
dad, pero los señores hlancos yucateeas, cuyos bienes
e integridad física eran 108 que más directamente pe-
ligraban en el e.aso de que Jacinto Canek hubiera triun_
fado, deben haber aprobado con alborozo el sanguinario
procedimiento.
3. La violencia social no caracterizaba s610 la
relación dominador·domlnado, sino también la rela·
ci6n de grupos sociales o nacionales de pareja con-
dición social. por ejemplo, pa_{
recian eX8cerb¡lfse en y los peninsulares so--
Han agruparse por sUs lagares ue origen, entrando en
riñaR armadas a menudo para dirimir una supremacía
en algún pueblo O ciudad de la colonia. El gobernan·
136
I
í
,
,
_1-
te local abusivo es el otro personaje jamás ausente de
esta crónica roja ue los tres siglOS coloniale_s.
Basta recorrer los escuetos y "Anales"
de Martfnez y Vela para comprobar que la exiBtencia
en Potosí, en el siglo 10, estuvo siempre matizada de
incident.es de índole. "1569. Este afta -refieren
los "Anal es'-', por ejemplo- oprimidos los moradores
de Potosí con las molest ias del Gral. Abendaño o Avi-
ñón, COmo lo nombraron algunos autores, entraran
ocho hombres dIsfrazados en su caS<). ; y ocultándose en
un pozo dicho Corregidor, escapó la vida; pero le roa·
taron a un sobrino y dos criados". En cualquier año i
-1582, 1583- hubo "crueles bandos entre las naclo- ;
"
nes", lo que signHica que extremeños y vascongados ! [
se trenzaron en riña y quedaron decenas de muertos
en las calles. - j'
Más adelante, el confli cto tomó otro carácter. Fué .1 :
entonces el de español.es contra crioUos, detrás del cual I
palpitaba, en algunas colonias, pi de una naciente bur-
guesfa local conll·a los comerciantes monopolistas o el
de una antigua oHgarquia colonial contra los represen· lJ;. y..r-
tantea de la corona. Narran Juan y Ulloa: "Basta . . ,
Europeo o ChapHón, le llaman en el Perú, para .
decJaratse inmediatamente contrarIo a tos Criollos: y I _
es sufkiente el haber nacido en }ns Indlaspora abo-- ; .")\..
rrecer a los europeos" (415). I
H EI.. ESl'ALl ,lDO DEL CONFLICTO
l . No s6lo no hay en América coloni" donde no
se hayan registrado levantamientos, motines y revolu·
ciones de fndole sino flue es rlifí cil que tram.:¡·
curra un decenio sin que se produzca uno de esos es·
tallldos. A veces, S("In lo" dominados los gue se rebe-
lan contra los dominadores; otras, ,grupos sociales de
poseedores u oligarquias locales que toman las annas
137
I
,
1,
i
,
I ¡
I
,
j
I
I ¡
contra el poder pallUco; otras, en fin, el proceso se
hace más complejo, porque entran en escena una oU-
,l!"<lrquín. loc.al, el poder polftico y una companta de co*
mercio. En ocasiones, la rebelión cuesta pocas víctj-
mas y finallza con una transacción; pero las represlo-
nes sangrientas son frecuenles y dejan una estela pro-
funda y duradera en el Jugar.
La bist0l2!.<\ de esos conmctos se inicIa casi con la J
historia de la ciffi401sta. SIn allttllr a las riñ.'l!'l de con-
quistadores, no pequeña sería la lista que pudiera ha-
cerse de los, ('onflicto.<:: que í'lpfm3s. esbozado el
esquema inicial de las clases. LOs setenta colonos pe-
ninsulares de la Espaf\ola que, ya en 1498. 'se alzaron
en annas, al mando del alcalde mayor Francisco RoJ-
clán, contr<l el gobierl'lo local (le Bartolomé ColÓn, re-
clamahan la supres:ión de impuestos que ,gravaban
a los ¡nrIios -no por picrlad de é..::tos. sino para que el
esfuerzo de la mano de ohra esclava no se distrajera
en el pago de tributos al poner polític:o y puoiera con-
centrarse en beneficio de los propietarios individuales-
y acusaban al gobernador .de que "con él no podfa
a lguno medrar" (Azoar).
Los levantamientos y las cruentas guerras civiles
que siguen, en varias colonias, Q la fl.plicaci6n de lae
Leyes Nuevas 16-- 'son el testimonio inequívo-
co de la existencia de locales ,poderosas,
cuyos jnlereses económicos les llevan a exigir la más
extrema autonomfa polftica.
Lo que en la historia de Ecuador se conoce con el
nombre de revoluci6n de las alca.balas -1592-3-- tiene
un perfil clasista ' iridüaable. presentes dos
elementos -explica Benites-: el rico encpmendero 1
descendiente de. conquistadores y el mestizo
que e:'fplota al mdlo. La lucha armada está
aparente-mente, contra un nuevo Impuesto, pero su ob-
jetivo verdadero es eliminar al Presidente de Au-
138
J
diencia, Manuel Barros de San Mmán, "cuya dulzura
con.los indios le había llevado a imponer con dureza
a los encomenderos, dueños de obrajes y frailes la pro-
hibición de explotarlos" (fbidem).
Las rebellones de 109 comuneros en Asunción y
Bogotá, que se t ransforman en cruentas guerras civi-
les. con ejércitos, batanas y gobiernos revolucionariOS',
I'iUJ"gen de antiguos COllfUctos en los que participan
grupos sociales antagónicos y el poder imperial. En la
historia colonial Paraguay, los comunerOR y las
bq.ndeiras guardan cierta relación. El primer episodio
es el levantamiento de la asuncefía que
disputa a las misiones jesufticas el control de la va-
liosa mano de obra guara ní y el comercio intercolo-
nial. El segundo --capitulo también de la historia de
Brasil- es la tentativa de los bandeirantes, muchas
veces feliz, de arrebatar a tos jesuftas esa misma mano
de obrn para entrcgársf!1a al mineiradoT y al fazendei -
ro lusos. Poder imperial español , oligarquía colonial
y misiones jesuíticas, son tos personajes del primer
drama. Oligarqufa luso-brasiJeña y 8US mandatarios
-los bandeírantes- y misiones jesuíticas, Jos del se-
gundo, Pero en unn y en otr o, como en los d-ramae
de la ausencia de Jean Jacques Bernard, el persona-
je a cuyo alrededor gira el conílicto no entra en la
escena. Es el indio guaraní, obrero admirable, sin VO'll
ni voto en la historia.
Las compañías de comercio y colonización que ac*
tuarpn con li cencia imperial en Brasil y en algunas co-
lonias espaftolas, dieron lugar a varios levantamientos
de plimtadores y t'omerciantes loca,les. El movimiento
revolucional'io de J uan F'l',l'Jncisco León, en ] 749, en
Venezuela, estuvo di rigido contra la Compañra
. En Brasil. IR revuelta de Marañón, en 2,
obtuvo transitoriamente los tres objetivos que perse-
guia en la reglón: depuso al gobernador, expulsó a los·
139

jesuitas y declaró extinguida la Companhia Geral do
Comercio de Grao-Pará e Maranhao t Perdigao Malhei-
ro, " 253l.
La hurda en masa de esclavos hacia la selva con-
mueve a la colonia portuguesa a lo largo de los siglos
17 y 18. En el serlcw, como hemos dicho anles (IB,
Ü, 2, b). formaron comunidades¡ algunas de larga vida,
Las más importantes son las que se conocen con el
nombre de Palmares, cuyo régimen social y político ha
sido ca Iificadi:1"'pGt - ,. con
exceso de No
hubo· uno sino muchos Palmares y pal'a aplastarles fue-
ron menester numerosas expediciones armadas y bata-
llas. distingue tres periodOS en su I
histor ia, aún oscura y envuelta en la leyenda: Palma-
res holandeses. destruidos en ]044; de la res-
tauración pernarnbucana y P<llmares t erminal es, anI-
quilados definitivamente en 1607 (Afdcrl.nos ... 116) , (,-
Pero, sin que el gusto de sentirse Iibt'e5 les resul-
tara tan duradero ni la organización revolucionaria
fuera tan eficaz, los negros se levantaron contra sus
opresores multitud de veces y en multitud de lugares.
Apenas son las más important.es, la insurrec16n de Rl0
de Janeiro, en 1050; la de Minas Gerais, en 1756; la
de Santo Tomé; la del Maraf'i6n, en 1772, en la cual
negros e indios aparecen en transitor ia alianza; la de
Matto Gr08so, en 1770 (ibídem).
La serie de levantamientos lndígenas mencionados )
por los historiadores es muy extensa, pero es seguro
que los levanta'mientos desconocidos por éstos y de
los cuales debe haber constancia en los documentos
coloniales aún no estudiados fueron igualmente nume-
rosos. Amaro y Jacinto Canek --cuyas rebe- l
Han es, las mas lmpol lantes aCÍquirieron noto- /
rio sentido de clase- tuvieron múltiples predecesores
y conUnuadnres.
140
r
¡
I
1
Ell la extensa serie de movimientos que integran
el proceso de la independencia de las colonias hispa-
no-lusas, se encuentran nítidos allá o apenas
manifiestos acá- dos conflictos que coexisten y se
entrelazan, hasta hacer inexpllcabtes muchos episo-
dios: para quien no los descubre y sigue su ras· .D-o 1. L t.\"""'"
lro. el choque entre el poder im"pe-
rial y los gi""UPOS la jvde-
pendencia poJitica y ' que están (armados l!0r m:.QQ!..eta-
o de:Ol"Dfffu; ... . -o mulatos.
otra, el choqqe entre 10-s ill:Qp,il;!tat:.ios .. y. los i:Qd.los y
'gros el primer paso en_el ca-
mino es rchelm'se cant.ra su señor,
a. WléfiuOo a figuelJ..0urruPQa. El doble con-
f.ITcfe)··surge en todas partes -y a veces simultánea-
mente- con la consecuencia, incomprensible para
nue.<>tros historiadores Uberales del siglo 19, de que
hubiera gran parte de la. población indígena y negra,
en algunos lugares, que t uv iera más simpatía por el
poder imperíal que por 138 juntas de revol ucionariOs
integradas por propietarios mest izOs y mula..J
tos.
A la ocurre tambi(:n que estos últImos,
en vísperas revoluciona riaS", hayan preferido abando-
nar su programa emancipador y apoyar el régimen co-
lonial en presencia de una rebelión de esclavos, que
hacía temblar su ánimo de poseedores. / __
Cuba, en 1812, cuando estalló la !!e «.......:
té. y en venezuela, la oligarqufa <le ph:mtadores y ca'
pitaUs tas, que t an pronta estaba s iempre para ponerse
en ¡'ebeli ón contra el poder imperial, condenó muchos
levantamientus de colorido soci,ll, como el de Gual y
España, en 1797, " infame y detestable" porque aspi.
raba .a dest.ruir la jerarquía de las clases (Parra Pérez,
Primera Repúb 'ica, 52).
141
2 . Estos enunciados de carácter general se pue:-
den formul ar, con igual validez, para las colonia'
americanas de otras pOlenC'ias europeas. En las tTec(!'
bri tánica.s elel norle, los conflictos de clases, latentes
o sangrientos, nunca estuvieron ausentes y a veces
adquirieron contornos de guerra civil, como en Mary-
land, en 1654, cuando chocan . Jos pequeños plantado-
res protestantes contra los terratenientes católicos
(MorIson y Commager), r, 47).
A Irving Mark se debe un estudio muy comp.leto
y revelador sobre los conflictos agrarios en la coronia
de Nuevo York durante el siglo 18 (ver Bihliografia) ,
El autor examina allí, con amplia documentación, có-
mo se fué formando en la cOlonia neoyorquina una
pequeña y despótica oligarquía de grandes terratenien-
tes, que jamás dejó de apelar a la violencia y al frau.
de pam acrecentar sus, bienes y su poderío político.
Estando el gobierno tocal )' cl poder judJcial casi siem-
pre en manos de ese gl'upo de poderQ8os, .los pequeños
agricult.or es. propi etarios o arrendatarios, tuvieron que
recurrir a la vi olencia en varias ocasiones para defen-
derse de los de que eran vfctimas.
Aptheker ha hecho una larga y minuciosa enu-
meración de l'evueltas de es.clavos negros, de las cua-
les 66 ocurrieron entre 1644 y 1776, año de la inde-
pendencia (71), 10 que da un pl'Omedio de una cada
dos años en la era colonia l. En aJgunOs casOS. los ne-
gros se aliaban con olros grtl pos_ Así, en 166.3, hubo
un importante conato, fracasado por delación, de escla-
vos negros e "indentured servants" blancos, en el con-
dado de Gloucester, Virginia y en 1709, en los conda.
dos de Surry y de I sIe of Wigbt, Virginia, fué descubIer-
ta y sofocada una conspiración de negros e indios (18).
En la hora de la revolución, el COIúlicto de clases
estalla si multáneo.mente con el conflicto poJitico. Hay.
en realidad -explican MorIson y Commager, J, i63-,
142.
dos revoluciones al mismo tiempo; la J'evuelta fieccio.
nal de las tres colonias contra la centralización im-
perial y un levantamiento de clases contra los
ses creados y las clases gobernanles IOCDles.
143
ACOTACIONES
\"lOI.E/'ft:lA
"Claro eE'i que la socle<Jad ('oJOlllal , tanto en el siglo XVI {
C{)n1O en el XVII, FoQ earactel' i7.Ó por exlrpmada violE' nd a.
E s el reinado de las pasiones individuales, desencadenadas
"n el amlJi clllt.' vil 'gen de Amél'lro. y a todo lo que
pugna por ol'ganh:arla!'l en un dl S<': iplina social. Ambicione.
de mando que se desenl :lZilll en crí menes snngrl cntos; ron-
<, upi sc.:cll cin!\ IJUI:c' a!>alt¿.l) hasta la vl rt ml OC' lós rnr¡:;mos t'lé--
rigo¡;: JX' ligros uel ImUo veng¡).(ltw o dL' la li('r1'a Ignob -por
w (1., ¡; P;l1't '·p- :'!l'lomtl 1:, ,v !cla 1,]' l m(l,dlul de los i1f!'; t intni;1, ;'lme'
llil'1.alHl0 " /)11 In ohra' Il e' l a ('o!tlnl'1.udón" 1
TIújas, Uf , (rrg., l. J24).
}:NRIQUECI1I.UENT() 1)1!) CACIQUF. S
No pocos cncJques, actu;,odo como en la
colonia, I:'ncontl'<\I'OI1 la posibilidad de multiplicar fácilmente
sus bienes y se erigieron Cll tiranuekl's despiadadofl. "COmo
ejl'rn¡lIo tlel enrlquecl mlento de algu.n·os jefes Indios que en
UC({:l ron D tener haci endas y hatos importantes,
Imclle citnn,e el caso del Cacique de Santa t[ue en 1I:iOO olo.r·
gó le/>I amenlo con r elac1un de cuantiosos bienes" , expresa
H.el"llánde' 1. Rorh'iguez (2&1) ,
I NDOLENCI " DEL INDIO
Tratamo!:! este tema con más detenimiento en el capl'
tulo VI.
UlS COflflE(; I DOR.F.8
Una de la!'! Indus u'ias Que los cort't'gidor.:s explotaban
con mejor éxito era el fra url e sisl('mútico que hadan a los
Indios. As! lo di cen Juan y Ulloa. Citan un caso, como ejem·
plo, El t'Jfl' €,gldor ctl mpl1l v<lrias mulas, las, paga a 14 6 lB
catln \lna y las vende a lo:; indios a 40 6 44. Dl.'spués,
144
I
1
obIlga a éstos a llevar ciertas cargas en sus mulas, cuyo.
fletes cobra el oorrt'gidol' para su provecho, Las pérdidas su-
fridas. en el transporte ---muerte de algunas mulas, etc.- co-
rren a cargo d. llndio. "A vista d'e esto -(:omentan .los auto-
res- no se podrá negar qu.e lOS lndlos están en una situa-
tlón más cruel que los esclavos, porque lo mas que se pueoe
hacer con éstos, es darJt!s una tarea í:n algún exerclcio pata
Que trabajen a beneficio del amo, quedando éste expuesto asI
a la pérdida como a las ganancias: mas no sucede as! con los
Indios, pues ellos han de sufrir las pérdidas de las mulas
que Be les mueren el instante que se las entregan, y
el Corregidor percibe por entero las ganancias de todas, de·
Já.ndoles de¡¡;pués que hall pagado trcs veces más de 10 que
valen, una propiedad ltUJUJ, puesto que no son duefi09 para
usar de ellas, que 13010 les pueden servil" para ayudar el pago
dI! las otras que el corrí!gidor léS dé en el reparto siguh:n·
te" (215).
'VI01.ENClA EN EL TRATO D.t.DO " LOs INDIOS
"Cuanlo por una parte se debe reprochar cualq\ller mal·
·tratamlento que se les hlcl ,. re, por otra considerada bien BU
LOrpe Inclinación y ciega costumbre. no parece ron repren·
.¡ble en las que con aspereza los tralen", dictamina,
con caracterlstica hlpoeres1n, Lape de Atlenza en el siglo
16 (67). No objeto reswnir gran número de opiniones
de tratadistas, escritor .. s y t .. 610809 coloniales que se incli-
naban por la violencia para eúmbatir la "ciega costumbr e"
del Indfgena. Llevarla un grueso volumen,
fU..IIll!MO DI l..I. REPP.E:SIÓN lIE LOS LEV""TAMreNTOS f'OPUUltU
A consecuencia de una de las muchas rebeliones indJ·
gen as, el 17 de noviembre de 1780 ejecutado en el Cuzco
el cacique de Plsac, Bernardo PuhlayalJl Tambohuacso, "a
presencia de un crecido eancursa de caballel"os distinguidos
y eclesiásticos", según un documento de la época.
"El cadáver del Cacique lué bajado y descuartizado, su
cabeza llevada [11 pueblo de prsac, mientras el cuerpo y el
corazÓn recibían cristiana sepultura en la Jgle-sla del Triun·
fo" (D, V<Jlrárcel , R ebeliones, 110 ).
El método del descuartizamIento y de la exhibición de
los restos en lugares públicos era uno de los que mAs se'
guros pareclel'on en la época pal'a llenar de terrOr a los oprl·
145
"
mldos. Ejecutados en la Pla7.3 Mayor de Lima 108 jetes de
la conspiración de Huarochlr{, Penl, en 1783 -Felipe VelaBCO
Túpac Inca Yupanqui y Clrlaco Flores-, "siendo las tres
de la tarde, Be mandó balar los cadáveres y descuartl zarlos.
La cabeza de VeJasco la coloca["Qn en una "Jaula de Meno",
en la puerta de las Maravlllas. y los demás cuarlos en todaa
las porLadas" (Ibídem., 1:\8) . El corazón y las entrafias récl·
bieran, claro está, crisUana sepultura.
Ii:L T'EIIROR LOS E$CUVOS EN ARMAS. LI,
112 A.PONTE
En ] 812, cuando los grupos conservadof\>s de b1<lnC(ls es-
clav6cratas de Cuba gestIonaban actlvame'nte la separación
de la isla de España y, su anexión a los Estados UnIdOS, esta·
lló un nlJ)vlmiento que se conoce con el nombro:! de "conspt·
radón de Aponte." Portell Vllá, en su notable dI!
Cuba cn sus relaciones con los Estados Unidas lf Espafla,
l . 176. dedica este pasaje esclarecedor al cpisodlo:
"A principiOs de 1812 se desrubr16 en La Habana la 11a·
mada cOl"lsJJtraci6n. de Apont", dirigida por el negro tlbre
José Antonio Aponte y lendlenle, según todavia se admite,
a provocar una r:evoluc!ón ,racista que apoyarlan los escla-
vos. Parece que no eran ajenoo al movimiento alguno.
agentes haitianos que se encontraban en Cuba; y la conspira-
ci6n se eJo:tend1ó desde La Habana hasta 13ayamo, más de la
mltan del len·ltorio de la Il\I la, en muchos de cuyos parajes
hubo lt>vantamlen{os que fuel'on reprhntdos con una cruel-
dad demostrativa del miedo de la .poblaci6n blanca. Aponte
y ocho de sus seguidores fueron ejecutados en La Habana
y el terror domln6 a los negros y los hizo someterse,
"La reacclón de los cubanos adinerados fué la de aban-
donar todo proyecto de rc.forma y del más ligero cnmbio
pallUca, y mucho menos emanciparse de Espaf'ia para una
problemática nnexlón a los Estados UnIdos, mutación que.
Indudablemente, haboa perturbado la tranquüldad de la
poblaci6n negra, libre o esclava, y quizá si lanzádola a
una revolución formidable. Asr. puel¡:, el temor engendrado
por la conspiración de Aponte sirvi6 para que los cubanos
adinerados se retrajesen y prefiriesen seguIr la suerte de
Espafla."
/46
,
d
PRORIBJ(,'IONES DE PORt ... H ARMAS
La leglslaci6n 10Cill tl e la!:! colonias está Jlena de estas
Ilfohibldones, casi siempre diri gilJas a negrrul, indios y pro.
duetos del mestizaje. El 5 de de 16fj3, dice el
DIario Iimel'to de Mug;l.huru (.19), "se edló hando que nIngún
mulato, negro 1'11 z¡lmho pudIese traQr espada daga ni cuchl'
110:.. nI otra arma ninguna, do d[a ni de all1lque aeoffi'
pane a IIUS amos". y el JO de diciembre tle 1S67 otro bando
reitera que "ningún Indio, mulato ni zambo espada.
p1 daga, ni cuchlllQ. ni marhete" (OO). La prohibición se apli'
ca, después de las siete dE! la noche, a todos los pobladores.
Sl':GUC"'CIÓN DE mt UPOS rnlcos
En Real Cédula del 2:í de n<wl('mhre de 1578, dirigida a
la Audiencia de Quito (C&leccir1n de Cédulas Reates, 336),
dIce el monarca:
-"Nos somos informados qU!! es de mucho inconvenIente
para el bien y aprovechamiento de toe Indios naturales de
esas provincias, que ancl en en su compai'tfa, mulatos, mesti-
zos y ll E'gros. porque demás de que los tratan ma l y se sir-
\'('n de ellt)s, les ensefi<ln sus malas y ocIosidad y
también algunos errores y victo!': que podrian estragar y es·
torbar el fructo que desea para la salv(lclón de las alma's
de dlcholol y que vlvun en poHcia, y porque de
semejante COffi]1anIa no puooe pegárselps cosa que les aproo
veche, siendo unlver-sahnente tan mal Inclinados los dichos
mulatos, negros y mestlZOR. Os mandamos que tengá is muo
cho cuidado de probilJlr y derender de aquf adelante, que
no anden nI E'Stén en compañfa de los dichos Indios, , . ' . caso
tlgando a 108 que hallárenes en compafífa de los dichOs Indios
ni en sus lugótres ni poblaclone-s _ .. ..
Expresa Barreda Laoa (279) , aJudlendo a la polftlca se·
en la materIa por 'os virreyes peruanos:
Don Juan de y LIma deda al rey, en 1615,
que era 'apart:<T a IOf¡ mulatos de los mestt-
lItlS y a éstos de los Indios. porq\ll' como e' núm"ro de ellos
en mucho al de los Pspafioles. y IlOCO caso hacían de
las obllpacJones de religi ón y fld Hdad. era fáci l Que Intenta·
]evanl amle nto gen!'rales. "Lo más substan.
<:141 es traer a la vista sus flestas y bailes, y que todo sea
147
én partes Ilúblk:Ols; y c(mservar la sepélración de naciones"
(Memoria de Don J \l3.n de Mendoza y Luntl)".
LEVANrAMllHn'o DF. JUAN rn.ANCISCO LEÓN'
OCllrrid'Q en 1749, en Venezuela, estuvo dIrigido contra
la Cnmpallía Guipuzcoana. El movimiento, que tuvo el n-poyo
active de la aristo!:racia local, contó, al parecer, con sim·
patlas populares (Arcila Farfas,2'2.s" y sig.). GH Fortoul opio
na que fué un instrumento de la ollgarquia crIolla, pro·
pietaria de la tierra y de loa esclavos, que pretendia man°
tener intactos sus privU{'gios. amenazados POI' la Compafiía
(1, 25). Un ,grupo de. personas de fortuna habla ¡:;rea(]o un
fondo para costear el viaje 'a España de AlvarC'z de Avila,
yerno de Juan León, con el propósito de- sQlkitar
1!bolición ele la Compañia (ArcHa Farlas, 235).
ESCLAVOS FUGITIVOS
Los Palmares, escribe (;arnelro (11), pl?rduraron durante
65 aflOS (1(',30·1095), a pesar de las continuas expedlc1on'es
que lo!'; blancos enviaron p3rfl reducirlos, a partir de ]644-
Fué aquH, élgrega, "un estado negm semejante a los nu·
merosos exi!':tierQn en Afril;:'a en el siglo XVII, Estado
que tenía RU fundamento en el carácter electivo del jefe,
"más hábil o más sagaz", "de 'mayor prestigio y estrella en
la guerra o en el mando", según afirmaba Nlna Roill"igues".
No parece que en ninguna otra colonia de América' al·
canwran los esclavos fugitivos tal grado ue organización
ni que tan nfortlJnada fuer<l. su aventura libertarla. Pero, en
magnitud más modesta, huhó comunidades de fugitivos en
todas partes. MaroQtl. camps se les.. llamaba en las, coloniag
llritánlcaf; y Pltts, el historiador df! Trinidad. expresa Que
la pr(ictica 1tsuál era, después de rt.'dudr a tos rebeldes a
mano arlTI;:¡(la 'Y dejar (lO el campo muertos y. heridos, pren·
der [u.l'ga a la aldea (22, 24).
En las los esclavos fugitivos buscaban me·
nutlo un refugio más seguro en otra .isla 'de i11RtinJa. h¡¡ndera.
a donde llegaban en alguna embarcación y después
de peligrosa fravesla. La corona española, por real cédula (lel
3 9.{' setiembre de lG80, a la Aus:lieúcia de Santo Do-
mlngo que se otorgara la lihertad a los eSdavos que alll
Uegaran y propietarios nO fueren v;:¡sallo.s de Su Mil:
148
¡
'estad CatÓlica. Esta disposIción, adoptada en perjuicio de
108 colonos de las AntJJl.:l.s danesas, francesas, británicas )'
holandesas, estuvo (!n vigcnCla durante sjglos, aun.que igno-
ramos con qué grado de escrupulosidad se aplicaba. Et 7'
de mayo de 1801, por ejemplo, otra real cédula anulaba el
remate, habido en Pueno Rico, (le sjete negros
provenientes de la 181a dan'esa de Santa Cruz., disponiendo
que fuera devuelto ti. sus compradores el importe que por
ellos hubieran ,pagado y que los negros quedaran én lIbert;ld
(Gutiérrez de Arce, notas dG las páginas 397 -y >147).
En las Antillas no E'spail0Ias, en cambio, los negros fugl·
Uvas priginarl oli de la:; Islas hl$pánicas eran reducloos a
esclavitud. Segun el .mlsmo a\!,tor, en las Islas danesas de
Santo Tomás y San Juan era frecuentQ' dar asilo a 109 es·
clavos que Iluran 'dé las Antillas (,'spa:ñolal; (ibide'fn, 4.13).
Una (luda slH·ge. Cuando Jos documentos de la- época'
hablan de escM.vos fugiti .... os de una i¡;la que llegan a otra,
de d1sHnta bandera, ¿no se tratar.á, l}1en, de esclavos
que. han sido rohados pOI' colonos británicos, en perjuicio
de los franceses, o por colono!l (laneses, o por espafioles? En
algunas ocasiones, por lo menos, es muy posible que esto
último baya sido la realidad. Keller (5OJ) menciona caoos
de esclávo!:O' robados por cspuñOles en las islas 'danesas.
LA RJ.;VOLUC¡Ú¡,¡ 1'!lPAC "MARI.!
Tres ,jmportantes ohrás, publicad,!,!: en ,los últimos años,
{:
stuttian el It!vantapüent.o ,{le Tupac Amaru, que detie C<Jn·
siderarsí tanto el clasista más ·vasto y profundo
de la era colonial' romo el ante<:eclente más importante de la ,
n'volución de la independencia. Sus autores son Jorge Coro
nejo 13ouroncle, Boléslao Lelvin y Daniel Valcarcel (Ver Bi·

Daniel Valcút.:el dice Cjue;< Amarü llropqnia
e1!minar los maros ftmc iQn¡¡rjos ct>lnnialese implantar el
Vt'rtl'H'l el'O jm¡wrio de 1<1 Ir 'y C's-ptuiola. que conslderaba justa,
pero <:OtlM'!'va li tl<l ('1 de' goJ.¡lenl() y la re
ligión católica (1'lIpnr. Am(¡1;tt, 179 y lOO). Sin embargo, la
masa que le sigue y lo,s inúlos 110 piensan ,como
,el jefe, agrega. "S.urge cntollCl!S -sintetiza Yalcárce1- la
anllnom!a existencial de aquel ¡nOmento histól'ico: una rebe·
lión encabezada por un jefe fictc1i:>lét y l·cstaurador dl}l au·
149
ténlko Imperio de la ley y la religión oficiales, y unas
I(ente¡:¡ impnci'entes por sacudh' el yugo extraño, superlatl-
intolerable" (ibidem, IS1).
Cornejo Bour oncle cree que Tupac Amaru buscaba la
Indepenuencln d?1 Pe¡'u (l34) . En su importante obra, este
rlulor hactl un extenso y sagaz análisIs de la t-á!!Uca poH·
l1ca del griJ:n caudillo Indio, usando numerosos documentos
In€aitofl. que se deben a su pluma,.
Para Boleslao Lewin, cuya l.'Ontrihución a la hist.orla del
movimiento es asimismo de! importancia excepcional, "está)
fu era de duda Que Tupac Amaru declaró una guerra sin
cuartel a los españolcs euro{!eo!:l, proponléndo:re su total ex·
Jlulsión de Am{il'ica", aunque r espeta ra el sacerdocio y t.ole·
rara a algunos peninsulares en casos determinados (194).
La de Tupac Amaru, sostiene L!!wln, "es, sin duda, la' r ebe-
lión sotlsl más grande en la historia de lae tres AméI1·
C¡IS" (lOS).
LY qué opinaban de este levantamiento de esclavos del
altiplano, que hizO temblar los Andes, los usufructuaI10s del
u'abnjo Intilg('na? Lewl n re produce un fr¡¡gmento de un
)Jorma colonial, que dlco ;I,<:l (1(9):
"Nos hicieran trabajar
modo que ellos trabajan
y quanl O aora los rebaja, nOs hicieran r ebajar:
nalli e pudit'ra esperar
Casa, Hacienda esplendores
ninguno alcanzara honores,
todos, fueran Plevefos
fuéramos los Indios de ellos
y ellos fueran lag Señores."
Ma la poesía, pero tremenda elocuencia histórica,
COMPAÑiA GUll'UZCOANA
AclJ.l6 en Venezuela eü cl Rlglo lnt.ervinlenOO en gran
escala en ia agricultura y en la comercialización de SU!!
productos (ver Duestra obra "Econornia de la socledad ca·
lonlal", 120 y 233) .
150
,!- i _
______ _ __
---_._........ . -
C'OMPANHI A GFoilAl. !)Q COMmI_CIO DE GRAO PARA E MARANlIAO
Dedicada al lrftf!co negrero y nI comerclo de varios pro·
ductos coloniales, lUvo el monopolio del comercio en la zona
de Mlll'añón (ibidclJl., 121), ] 30 Y 154),
151
cipios del siglo 19, se f;!ncuentran en la historia impe·
tlal de España. A la inversa, hay problemas que pre·
sentaron su más alto grado de complejidad en las co-
lonias españolas y episooios de h istoria imperial que
se regislra n en España con mayor inLensidad que en
las otras potencias.
Por otra pilt1-e, los prineipiqs fundamentales sobr e
los cuales se va estructurando la política imperial hls-
pana se han de encontrar, siglos más tarde, ins,pirando
la politica ,imperial de las otras potencias europeas, no
s6lo en América sino en todos los continentes donde
se aplique, sin que ello signifique que estas 'potencias
europeas no agr eguen otros prillcipios propios o fuer·
tes matices a Jos que fueron adoptados por los cspa·
ñoles.
No ha ocurrido asi porque España estuviera do-
tada de un genio peculiar que le baya permitido Rer
fundadora e inspi radora de imperios. La hi-" toria, sue·
le ser menos poética que la magia y meDOS misteriosa
que las misteriosas teorías raciales que aún siguen
cultivándose en el mundo. Ha ocurrido porque Espa-
fia tuvo que ideal" tempranamente soluciones para va- \
rios que son los que están en la médula de
todo imperio: dominar v organizar pueblos de distin·
las y orígenes; estructurar una economfa co-
lonial subordinada a la eConomía metropoHtana; presl.
dlr el proceso de estratificación social colonial, man·
tenJ.endo un eguUibriO dé luerzas que permita el pre.
dominio del imperio por tiempo indefinido.
De hispano en Amérlea sur-
ge una una pauta política ,8
través de "los tiempos -aunque se contradlga a ve-
ces- , que rué la misma que Gran Bretaña y Portugal
aspiraron a aplicar en sus colonias americanas, pero
que sólo en parte pUdieron hacerlo, porque tuvieron
154
1
I
I
,
I
J
--- --<- -
menos tiempo y circunstancias más adversas que
cero
Cuanto decimos no encierra ningún pronuncia-
miento sobre el mérito de una polftic3'. Ni sobre su
éxito. El hecho de que Espafia haya llegado a tener
una teorra imperial antes que Gran Bretaña no signi-
fica que su éxito imperial estuviera por ello asegura·
do. Por el contrario, su derrota en la lucha económica
mundial --cuyas causas y características hemos estu-
diado en un trabaj o previo-- le I.mpidió obtener de su
politica en América todo el provecho, que pudo. De
igual manera, Portugal, dominada por Gran Bretaña
diplomática y econ(nnicamentc durante huena parte de
su historia imperial , no pudo obtener del BrasH cuanto--=-
de él pretendla. .lt
l . Los PRI NClPIOS m: LA f'OL1TICA rMPitlUAl.. .....:- .. ..l.o
Pecado profesional de no pequefia magnitud es en
el hi storiador dar como hecho cierto del pasado lo que
no es más que frut o ue su imaginaci6n. Pero también
es indudable que un deber le cabe -o un privilegio,
si se qulere- : el de enconuar el común denominador
que vincula a los hechos ciertos, el de coo!.flinar el
disperso qu e preside los doCumentos y
los Cuando el investigador se ha im-
pregnado de una época van apareciendo ante él
tos Wincipios generales que son como la columna ver·
tebral de 106 sucesos y las ideas de esa época. Quizá
no estén escri tos en ningún documento, ni hayan sido \
enunciados por gobernante. Pero el investiga- r.-t \ '
dar puede adquirir Ja convicción de que son tan cier-
tos e incues tionables como los hechos mejor conocidos. __
La h istoria escrita es una opinión. Bien está que
el historiador trate de ser lo más objetivo, lo más sere- \
no posible. pero en_ la compleja tarea de reorganizar
los acontcdmientos y explicarlos, jamás podrá alcanzar
155

la seguridad plena de la veracidad de su narracióflU'
y de I'U teoría. Lo que hace es verter una opinión que "
otros ----claro cstá- corregirán o superarán -en lo por- \
ve.nfr.
Los principios de la política 'imperial de España y
de las otras potencias europeas aplicadOs en América
Que enunciamos a continuación. no están tomados de
ningún documento, sino que. a nuestro entender, sur-
gen del conocimiento de la época y de la necesidad de
explicar Jos hechos con criierio histórico,
En gran proporción, esos principios son hijos de
la experiencia adquirida por las monarquías occiden-
tales en el período de transi.ci6n entre el feUdalismO)
medieval y el capitalismo, cuando los palses p'!§n de
la anarqufa feuda l a 1::1 mon¡:ar ula unificadora. Lo son
tañibjen de ese arte de gobernar a os los que tu-
vo por esos siglog en el continente viejo expertos inte-
ligentes y e.xpositol'es sutiles, cuyas ideas básicas han
venido aplicándose hasta .nuestros dias. y. finalmente,
es?S principios son también la consecuencia de la po-
JftJea económica. imperial :'lplicada en las colonias de
América y de otros continentes, politiea económica que
obedece al propósIto, omnipresente en época, de acu-
mular el mayor lucro posible, aunque se le disfrace de
citas twl6gicas y argumentQs raciales.
La orientación de la poUtica económica de Espafia
y Portugal coincide a menudo, como también ocurre
con la de ot.ras metrópolis coloniales de la época. En
lo fundamental , esa polftica económtca consistió en
la de mercancías de mejor
cación en el merc:ldo LnternacionaTOde metaleS"Pi=e-
a los que se atriEafa própreifadesmarav¡][osas,
Á la inversa. todo pro(h!tlD que pudiera' comlleUr .... l'1>n
los mercado careció de}
a menudo fué pl'Oscripto.
rué la potencia europea que estuvo en
1.56
1
,
,
¡
condiciones de aplicar en América una política
mica orgánica más temprano. Ya puede hablarse de
tal en sus colonias a mediados del siglo 16. De Portu-
gal, nO antes de mediados del siglo 17, .De Gran Bre-
taña, en sus colonias del noreste americano, sólo en
los últimos lustros del siglo 17.
A todas las de comienzos de la Edad
Moderna sus gobiernos centralizados y sus vas-
tos planes universalistas- afligi6 el mismo problema:
el dinero. Dinero. o bienes, para equipar sus vol u-
minosos ejércitos, para asegurar su estabilidad palitica
en el orden nacional, para mantener un complejo y
ampJfsimo mecanismo administrativo en muchas par.
. tes del mundo, De allí, su hambre de Impuestos, del
su manfa de emitir moneda,
su crón:ca angustla fmanclera, su endeudamiento con
los banqueros de la época. España, quizá, fué a la
que más perentoriamente se le presentó ese problema.
¡Tanto era lo que t enía que hacer en el mundo y tan
mala fué su política económica!
Esa urgencia por obtener dinero, esa sed Jiscal
explican muchos que pueden parecer oscuros
en la hJstol'1a colonial y constituyen u no de los factores
subyacentes que grav:tan para orientar la politlca
perial en todos los tiempos.
a. Preponderancia del Estado imperia'. La mo-
narqufa centralizada y el imperio moderno no surgen,
en aquella época de transición de que hablamos con
. '
el propósito de atenuar el rigor politic9 con que aCR
tuaba el sefior leudal, sino de cuando fuera
necesario para cumplir sus finalidades, mucho más
complejas que las del feudaUsmo, Antes de Luis XIV,
otros moharcas europeos estaban en cOlldicione9 de
pronunciar la frase célebre COn igual convicción que
aquél.
157
En América, si alguna caracterfstica común ofre-
cen los tres imperios mayores -España, Portugal,
Gran Bretañ'a- es incuest!ooablemente s,u devoción
por la omnjpolencia poHtica, su sostenido propósito de
reglar desde la me.tr6poH todo lo que era menester
reglar en la colonia. Que uno haya aplicado el princi-
pio con menos energia que el otro no significa más
que la imposibilidad de superar' ciertos obstáculos en
su ambición colonial.
El imperio todo Jo puede y está en todas partes.
Es capaz de resolver todos los problemas, grandes y
menudos; de regular en detalle hasta la existencia de
comunas minúsculas y la expresión de los sentimien-
tos religiosos de los súbditos. En, este afán universa-
lista, Carlos V de Esp<,ña no difiere de Jacobo n de
Inglaterra, n] de Juan V de Portugal. El primero
hizo en el siglo 16 lo que el segundo intent6 hacer en
el 17 y el tercero hizo a medias a comienzos del 18.
Los tres creían que el poder politico imperial debia
ser lo más absolutista que las circunstancias permitiE!.M
ran y que Jos pueblos coloniales debían estar subor
M
dinados a su dictado.
Menéndez Pidal ha sostenIdo -en contra de la
tests de varios autores alemanes-- que el universalis-
mo de Carlos V se explica mejor mediante la teoría
del imperio cristiano, con la cual el autor simpatiza,
que de la monarquía universal, que supone de finali-
dades éticas más estrechas. (Idea. 'imperial de Caf' -
los V. Ver Bibliograffal. La primera. sin embargo, no
dejaba de infundir al monarca la convicción de qUf!
el imperio podía estar presente en todos los rincOnes
del Qrbe y orrerer una saludón para todos los proble·
mas humanos. Esa misma euforia imperial fué la que
asaltó a los monarcas de Gran Bretaña y Portugal
apenas se creyeron con poder semejante al de Carlos V.
La idea de la convivencia de grupos sociales y re-
158
j
ligiosos distintos, de la tolerancia de las creencias, ha-
bfa tenido algunos devotos y cierto Comienzo de apli-
caci6n práctica en la Europa del medioevo, como tuvo
asimismo abogados nobles en las colonias de América,
pero no es la que marca la pauta de la realidad colo-
nial ni de ella Sj! impregna el tono de la existencia en
las comunidades. Muy por el contrario, aunque un
grupo se oponga gaJlardamente a lOs desmanes del ab-
solutismo imperial -los plantadores de las colonias
británicas, o Jos encomenderos de las españolas, o los
fazendeiros brasileños--, cuando es su propia
tad la que pueden imponer en la colonia o en el mu-
nicipio, lo hacen con un impulso tanto o más absolu-
tista que el que llega de la metrópoli. Por eso suele
ocurrir que, en presencia de un choque de esa fndole,
la masa absolutamente desposeída, como pueden ser
los indios. ve con mayor simpatía a los representantes.
del poder Jmperial.
No deja de ser paradoJal -y, sin duda, sorpren-
dería a los historiadore.s liberales latinoam.erlcanos del
siglo 19, que interpretaron erróneamente el proceso
histórIco de las colonias británicas de América- que
fuera una comisión especial enviada por el gobierno
de Carlos n, el Estuardo despótico que disuelve el ....
Parlamento y gobierna autocrátlcamente, la que ¡m- \
pone por la fuerza a los puritanos de Nueva Inglaterra
un principio de tolerancja religiosa, al ohligarles a no
penar a los miembros de la Iglesia Anglicana que nOl
conCUrrieran a los servkios de la Iglefolia Congregado-
nalista (Werlenbaker, 310 y 323).
El absolutismo es el oxigeno que se respira en la
epoca y con él seTlutren monarcas y ministros, carde-
nales y curas, pioneros y brmdeirantes. Muerto y
terrado eSltaba Alfonso el Sabio, que creía en la
rancia sustentada por la sabidurfa. América nace en
lo historia del mundo occidental cuando el absolutis-
159
mo es la meta y la el método en la existen-
cia di aria. \Vertcnbuker, en un y notable estu-
dio (TlIc 'puri/rm ol igan;lIY, :1 2 y s;g,), ha. demostra-
do qUE' 10$ fu ndadores de no vinie-
ron a América huyendo de la persecución política ni,
muc:ho menos, con la int.ención de defender el prin-
cipio de la t olerai, cia religiosa - "ellos no creían en la
t.olerancia'· (32)- sino pf!ncip:llmente porque tenian
un sagrado horror a la idea de per{lcf sus almas e.:'-
unn. Inglaterra que obligaba a sus habitantes a segUlf
otro culto relif!ioso, Huyeron del error má. s que de la
perspcucíón. afirma, conaf'i"lTl Unada
tor cÚatfo. NopoTque pell gridilOSüS cuerpos, sino sus
almas (208), Causa ésta a la cual Be agregaba la grave
cr' sis e('nnóm;ca que sacudín en aquellos años su pa1s
de
Esta preponderancia riel estado Imperial se pro-
yecta !;ol)rc la estl'lIc;tura social de las colonias y gra-
vita sobre el dest.i no de los grupos sociales, Aunque
la corona no tenga idea precisá de lo que es una clase
social, sf sahe con certeZa que bay partes de la pobla-
ción con derechos y poder económico y otras con de-
rechos y poder muy d·stint os. 1 .. 0 que el imperio se
propone ('s marcar con nitidez los de unas y.
otra::¡; determinar qué indi viduos deben estar aquf y
quienes allá: indicar, hasta en detalle, en qué forma
y en qué circunstancias debe manife¡;tarse la subordi-
nación que todos l os grupos deben a la corona. Espáfia
rué, tamhién en esto, más lejos que los otros imperios,
que se quedaron por hacer lo que hubieran querido.
A lo que aspi ra el imperio es a que la aristocracia
y la Iglesia -cuyo podel'í,o a menudo estimula- sean
sus instrumentos dóc:les. Lo cier to es que la realidad
se burló a menudo de ese propósito, porque América
no era Europa, ni estaba tan cerca del monarca como
160
para aceptar si n reheldía sus Imposiciones, a menudo
muy distantes de 1a realidad.
b, Oreación de aristocracia subordinada. Al
participar má8 temprana y dIrectamente en la orga-
nización col,finjal, Es paila l.:onoci6, más que las otras
poten.i ... la posihilidad de poner Óertos límites )
formación de aristocracias locales y penSó en el tipo
de polfticas que debla eXlSUf""enfre- éstary
la corona,
"U"OS corrientes de pensamiento parecen haber re-
clamado la atenci ón del rey hispano desde c9mlenzos
del siglo 16, Milita, en un extremo, la que aconseja
que se __ la de una ari.stocracia d'c
sólidas bases econ6micas. "'QUIzá SU más autotlzado
expositor (ué el virrey Toledo, de cuya condici6n de
eficaz y agente -d-;j¡ corona en Perú no pue- ,-\:.
de caber nmguna duda, "Toledo, como hijo de casa ) p..;Y
feudal y partidario del r égimen de mayorazgo -ex.pre-
5a su bi ógrafo 25'])- era de opinión ¡..¡
que hubiese encomiendas En sus curt8'S
escribió a l rey en dl rerentes oportunidades sobre este
arduo tema, y en una de ellas pr e:cisaba su parecer,
recordando que la experiencia habfa demostrado en
otros paises la utilidad de "cabezal'< con asiento y per·
petuidad de mayorazgQS o rcudOS unidos y dependien-
tes del Rey y de ot rll,5 pel',sonas obligarlas a su Rey
por mercedes y y loa cl.1ales todos.
cuando se oCreciere alguna a lteraf'i6n, t engan por pro-
pia la causa de dereJl sa y conservación del reino en
obediencia de su Rey".
-
El principio enunciado por Toledo recogía, en
efecto, una experiencia de !os siglos anteriores y re-
vela hastá qué punto t enían algunos consejeros del
monarca español ideas claras sobre Ja organización
pallUca del r égimen colonial. Era necesario, en su pa-
161
"
recer, crear intereses estimular la apetencia \
de una nueva aristocracia, para
mara en gU¡.lrdiana celosa de la nueva frontera en nom·
bTe de Su M<ajestad. Lo repite t¡n sacerdote de la épOCa,
el Paore Bivero, citado por el mi smo autor (ibídem):
"Ef:l necesario que Vuest.ra Magcstad dé orden con bre-
vedad para que en cada de españoles de este
reino haya por 10 menos una docena de hombres que
tenganJeudo en la caja de Vues-
tra Magestad o dOMe- mejor pareciere, para que sean
nervIos de la República y puedan en paz y en guerra
sustentarla, porque de aLTa manerá se va acabando a
más andar".
En el otro extremo, se reitera a cortos intervalos ")
la advertencia de-qu;ptieden engendrarse en Aménca
grupos demasiado pOOeros2s, Bol'fre lo,: el mo·
narca no logre ejercer vigilancia ni fLSCahzaI".J6n, En
España se sostiene esto a menudo y en se lo
oye deci r, especialmente, a corporaciones rehglOS3S
sacerdotes. Zavala menciona el parecer de IOn
cadores.-Ae-Carlos''y, que ya en 1519 le adver an que
r¡encomienda era inacept-ªble, porque resultaba
sible controlar al encomendero (Encom .. . 32).
La histori a colonial vino muy pronto a señalar a
los monarcas españoles la existencia del más grave
peligro. Los levantam!entos armados, los intentos de
separatismo, las guerras civiles se sucedieron a partir
de los (:!,fas de la conquista y es indiscutible que los
monarcas miraron s:empre con profunda deSCOnf.!Nt-j
ol:garqufas
sivamente pOderosas, q1J.e burlaban de su represen-
ulnle cuando pocllan y combatían a mano armada con-
tra las 6t-denes reh'giosas cuando llegaba la ocasIón.
Si es indudable que la poliUca económica y las
medidas de gobierno adoptadas por España y Portu-
gal en América tuvieron el propósito de permitir la
¡62
I
I
I
j
formación de gl' upos oligárquicos ricos e influyentes,
tomhié>n lo es que ambos impe.rios man-
tener esOs gr upof'; ;:: ul.onlinados o su voluntad y utili·
zarJas como lloJíiicos. ERJ)aña, s ín extir-
parlos, comenzó a punCl'I(ll:1 en vereda en el siglo 16;
Portuga l, no ant.es del l R. ""Pero ni nguna de laS" dos
potenc:as logró alcanzar. Sll dominio l'ompleto.
c . La Ig'e,<;ia ccnno instrum.ento imperial, Los
Reyes cat6t:cos asignaron a la Iglesi a una tar ea en
América que sus hicieron cumplir con celo,
Esto mismo prueba qué temprano los monarcas es-
pañol€'s concibieron una pallUca aut.énticamente im-
.Qerial y con qué firmeza y contimtiilad la a l:car on a
12....1argo de"sig g eSlá vino a América como
eJ.e.culora de la voluntad_de 13 corona, d.,9>Cndiendo de
ella en primer tél'min() X pClro. illmn!ir...aJlUi..llnaJ..?rea
31aqmnos monarcas imp.ru:tan- \
los señore..o; americanos y a \
las enormes multitudc¡.¡ serviles.
--"ES indudable qu e la rglt'liia cumplió esa doble
misión , aunque con suerte y akance muy diversos.
Además, (ué ella en la culonia, de par si, una entidad
económica y polít.ica ue vasto poderfo y, 'como tal,
se encontró a' veces en confllcto con las oligarqufas
locales o con el mismo poder imperial, complicando
así el panorama colonial.
Pero. en términos generales, puede afirmarse que
en la colonia csp:.tfiola la alianza polftita
de la Islesia rué un hecho y qllf' ésta cumplió con fíde-
TIaad la mls i6n que había ¡-lCpptado. Muchos mOmentos
11Ubo en que el poder imperial hubiera tambaleado de
haber carecido de ese formidable apoyo y. fuera de
duda, ni' España ni ninguna otl'i.l polencia europea
estaban en condiciones, sin contar con el concurso
activo de una entidad tan poderosa COmo la fglesia
163
católica, de incorporar a gran parte de la pOblaCión/"
indígena al régimen colonial 'Y mantener después su
fidelidad a la COl'ona.
Regiones extensas e jmpartar1¡tes jhabSa en las
cuales el desequilibrio social creaba constantemente
la posibilidad de un estaUido de graves proporciones.
"El abismo que separaba a la .clase rica de la pobre
era jnmenso, -explica Riva Palacio, Virreínato, 676_
el equilibrio social inestable, y necesariamente cual-
quier acontecim iento, como la pérdida de una cosecha
o la falt a accidental de algunos de los efectos de pri-
mera necesidad, debla producir y producía terribles
trastornos, cuyas manifestaciones eran siempre peli-
grosas para el gobierno y para Jos ricos. Asi se E".x-
pllcan todos esos tumultos que estallaron en México
y en las provincias con tanta facilidad durante el si-
glo XVIl".
Lo ratifica el sagaz Abad Queipo" en cuyas páginas
surge con nitidez la misión cumplida por la Iglesia.
En América, dice, "el pueblo vive sin casa, sin domi-
emo y casi errante, Vengan, pues, los legisladores m(}-
dernos y señalen, si lo encuentran, otros medios que
puedan conservar estas clases en la subordinación a
las leyes y ol gobIerno que el de la religión, conser-
vada en el fondo de sus corazones por la predicación
y el consejo en el púlpito y en el confesionario de los
ministros de la Iglesia. Ellos son, pues, los verdade-
ros custodios de las leyes. Ellos gon también los Que
deben tener y tienen en erecto más i nflujo sobre el
corazón del pueblo, y los que más trabajan en mante-
nerlo obediente y sumiso a la soberanía de V. M,"
(EstadQ moral, 58).
En Brasil, la historia es diferente. El engenho y la
faunda, gnndf$ unidades econ6micas, son también,
hasta comienzos del siglo 18, vastos núcleos
ficos y sedes de poder local, frente a un poder lmpe-
104
rial que tarda en hacer sentir su presencia con energia.
El clero estuvo mucho más cerca físicamente y mucho
más. subordinado al UIl}¡or y al fazencleiro que a la
corona portuguesa y la 19lesia careci6 en la colonia
lusa de la unificación y de! poderío que tuvo en la
hispana. Esta característica de la iglesia braSileña co-
lonial ha sido bien est udiada pOI' va.rios autores bra-
sileños,
Conservación de las bases demográficas yeco-
n6mtcas del pOderío im1Jerial. A los grupos sociales
más se rericre uno de los principlos de la
polftIca lrnpenaJ. Portugal y Gran Bretaña no formu-
laron ni obsE"rvaron una conducta tan clara y
mátlca cOmo España en materja porque ni una
ni otra tuvieron en sus posesiones población na-
tiva tan densa.
Desde los inidos del siglo 16, la COl'ona española
se siente preocupada por la formación de oligarquIas
pre;potent.es, asf como por la rápida disminución de
la poblaci6n indígena. Es sabido que esto último dl6
origen a un;:!. pQlémicn históri('{). Lo¡ prütecci6n al indi-
gena se transformó muy pronto en polftica orgánica
que fué aplicada con bastante perseverancia y
de continuidad durante todo el periodo colonial.
Desde un comienzo quiso la corona que la enorme
masa indlgena no fuera trampolin para que se cr ea-
en A.mérlca seijorfos tan poderosos que pudieran
JDdependLZarse de España y que la codicia de los co-
lonos no destruyera esa población nativa, que consti-
tufa el c,imiento demogrMko y económico del poder
mOnárqUICO en este conUnE"nte. Ambas preocupacIOnes
surgen de rnultitud de documentos y de la lógica de
los sucesOs americanos cuando se les estudia paralela-
mente COn los de la península.
La conservación de una vasta poblaci6n lndigena
165
cumplfa, en efecto, para la cor ona una doble finalida4:
demográOco.polfCca, por una parte, porque el mayor
número de los vasallos dependientes djrectamente del
monarca -----<como fué la intención de éste- seria Jo
que mayor solidez al poder in:t perial en Amé-
rica; económica, por otra, porque el indio pagaba tri-
butos a la corona y ésta jamás dejó de tener m.uy es-
pecial interés en que el tributario nativo no
redera y t uviera capacidad económica para pagar.
Ya en ] 52R, Carlos V dirige instruciúnes al obispO
de Tenochtit lán , en las que. dice que se ha inrOnnadO)
que los cristianos dan malos tratos a los indios, lo
cual "es en muchD disminución de los dichos indios
é causa oe despoblarse la dicha tierra" (Puga, 1, 227 ',
Y sig,). De¡;:dc entonceS, los documentos de ori gen real
en los (lue se manifiesta la misma con-
tinúan llegando a la colonia con periodictdad y
se: veranria . "Nos somos informados -expresa Felipe
n , en una nea i C6dula del 27 de mayo de ] 582, diri -
gi da a ID Audiencia de Q1.litO (Colecc!.6n de Cédulas
Reale$, 391)- que en esa provincia se van acabando
los indios natüTates de ella por los malos tratamien-
tos qUé sus e-ncomendetos les hacen". Y su sucesor ,
Felire ID, en la memorable Real Cédula que r eorga-
nizó el régimen del trabajo Indígena, del 24 de
viembre de 1601, después de expresar que se ha com-
probado que las disposiciOlles reales sobr e in4ios nO
se cumplen y que el número de éstos disminuye, Insis-
te en que los servicios personales "son caussa de que
se vayan consumiendo y acauando con opresiones
y malos tratamientos que recluen".
El exterminio de la malla indjgena no era, para {
los monar cas espafioles, tema de disqui¡:¡ icl6n f'van·
gélica, si no cuestión de alcances bien defini-_
dos, Muchos de sus consejeroShaOlan lnsistíao en
ello. Ya los predicadores de carlos V habian advertido
166
I
I
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I
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I
1
a éste que la encomienda "le quita (al rey) 10 que }p
hace gran señor, Que es la muchedumbre del puebjo"
(Zavala, Encom. indiana, 32) y Lizánaga, cuando
se quejaba de las tremendas bajas que la minerfa
ducía en el Perú -en otras partes de su obra dirá
que son "las borracheras" las causantes-- r ecordaba
aquel axioma inconmovible de que "el r ey sin vasallos
es corno cabeza sin mi embros, sin pies, sin manos,
sin ojos, etc." (l, cap. LXXVI, 179). "Pues Ja tierra
sin habitadores y el reino si n vasallos, ¿qué valen?",
agregaba, como argumento decisivo (1, Cap. CXIV,
285)
1
Absolutismo no significa dilapidación de r ecursos
humanos y el absolutista debe comenzar
por dcfenoer su riqueza escncial, que es la multitud
sobre la cual se ejerce su poderío. Luis XIV, el de
Franc,ia, lo entendió con me,l'idiana claridad y en las
Memorias que escribió para sn descendiente, al
ri l'se a la intensa acción desplegada por él para dís-
tribuir asistencIa entre Jos men esterosos, a causa del
hambre de 1662. h .. re. esta anotación cuyo valor sigue
en pie, a través de los siglos: "Jamás he hallado gasto
mejor empleado que éSt e. Pues nuestros súbditos, hijo
mio, son nuestras verdader as riquezas" (62).
Pero no era Luis XlV de Francia el que pudiera
enseñar teoría politica a los grandes monarcas abso-
lutos de España. De economía, de cómo reglar sus
propias finanzas., sab.(an poco -menos, sin duda, que
otros monarcas. Pero de pólftica --cómo tratar a este
grupo social, qué atribuciones entregar a este obispo,
qué libertades concecler a e-stos indios, qué restric·
ciones imponer a eRtos c6mo provocar la rJi'¡a
entre dos poderosos e intrigar en el Vaticano-, de
eso, maestros fueron y tanto comO los mejores de ]a
época. Por Jo menas, hasta que la polftica amplía
167
su horizont.e y adquiere un cariz social y ét1co más
<l:uténtico, dcsc.onocido en los s iglos que estudiamos.
Para esos hombres de gobierno de la Espafia im-
perial, el informe de un jesuita sobre las maldades
de 106 encomenderos tenía siempre interés enorme,
aunque el los bien supieran que detrás de ese iolorme
podIa urdirse una maniobra de jndole personal o bus-
carse tan sólo un propósito de venganza, como fué a
veces la realidad. En cambio, cuando Concolorcorvo
sostiene la tesis de que el número de indiOS disminuye,
no por exterminio. sino por mestizaje o cuando el
Arzobispo Llfián y Cisneros inventa la peregrina expli-
cación de que los indios muertos: no están muerLos,
sino que "se ocultan para no pagar tributos" (E. Ro-
mem, Hist. ec, Perú, 97), no están hablando para el
monarca. Están hablando para Jos encomenderos, para
los mineros, para los usufructuarios de la mita, para
las oligarquías locales.
Una pugna semejante, aunque nunca de la misma
magnitud y una política imperial también semejante,
aunque 00 tan bien deline-.ada ni de igual perseveran·
cia, tuvo por escenario a .,Bra..sll.
El clero católico -muy especialmente,
cumpHó slll la tarea importante de impOner UD
valladar al desborde del señOr y proteger al indlgena.
Detrás de la legislación de la corona portuguesa en
materia indígena se lldvierte con mucha frecuencia
la presencia del consejero jesuita, aunque a veces tri un.
(a, con a lglma excepción elocuente. el lnnujo de la&
poderosas oli garquías locales. Perdigao Malheiro, en
su obra clásica, ha analizado esa legislación y los con·
flictos sociales que la van soslayando (ver la acotación
respectiva).
e. EquilibTio poUtico-social colonial. Por mAs que
las coronas hispana y lusa protegieron, por épocas y en
¡68
r

t
,1
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I
1
....................
forma notoria, él ciertos grupos sociales -mineros, por
ejemplo-- a quienes estaba confiado el tipo de pro-
ducclón que esperaban como talismán mágico, no hay
en ellas un favoritismo inalterable en un sentido o
en otro.
Los monarcas españoles, más que JOS portugueses,
- y: en esto se ase.mejan notablemente a los británi-
cos- cuidaron mucho de que no surgIeran en la ca- f
lonia grupos demasiado poderosos y pensaron en man·
tener alU un equilibrio de fuerzas, con la Iglesia vigi-
lando a la aristocracia y con los funcionarios reales
controlando a la J y a la aristocracia. Así se ex-
plica que, en los confUclos inlermiuables que surgen,
su influencia se vuelca alternativamente. hacia un lado
y hacia otro.
La ley concedla, a unos, privilegiOS muy grandes.
pero a Jos indios los .protegfa contra las malas condi.
ciones de trabajo, contra los salarios muy bajos, Con-
tra las jamadas prolongadas. Los funcionarios de la
corona en América eran los encargados de aplicar la..
voluntad imperial, pero a ellos alcanzó también esta
política con si.ngular fuerza.. Del vasto cuerpo que
(onnan las leyes de Indias podrfa extrDerse todo un
estatuto de:l funcionario imperial, incluyendo al Vi·
rrey y, bien coordinadas sus disposiciones,
riamos la [n¡;Jsteole preocupación de la metrópoli para
evitar que los altos funcionarios entroncaran con famj ..
lias de la aristocracia local, lo que hubiera creado -0
en la práctica cre6, a pesar de la ley_ las oligarquías
más temibles e incontrolables O echaran vinculas de
amistad e intereses econ6micos que hicieran peligrar
la fidelidad absoluta que el monarca exigía de ellos.
Además, la legislación de Indias se esmeró por
crear un complicadO sistema de equilibriO y cont rol
recíproco de poderes locales e imperiales, cuya finali·
dad fué la de asegurar la aplicación más amplia
169
ble de es_a legislación y evitar que se crearan grupos
burocráticos impenet.rables, que burlaran la voluntad
del monarca.
Claro está que la r ealidad se apartaba a menudo
t Ic la ley, pero aquí estamos hablando del propósito de
una polít.i ca, no de lo que ocurría en la vida diaria.
Ningún gnlpo (lemnsiado poderoso :1 todos ellos
al poder imperial. 'Esa fué la norma de
las metrópolis.
2 . J..A Ltv roMO fNSTRUMSN'IO LA l'OLh1CA IMPElllAL
é:l. Se aplica en América. en la época que estudia- )
mos, l1ll3 ley que llega de las metrópolis y otra que
se gesta aqur. La primera es la expresión de. la polftica
Imperial, .l a reglamentación del deseo del monarca. La ,
es, él menudo. algo muy distinto. Surgida de
Jas lcp;l¡; laturm¡ coloniales. los c: abildos o las .cámaras
muni ci¡mJt>s. tiende él satisfacer los de grupos
loca les y, a veces. entra en conflicto con la ley impe-
rial. algunas de cuyas cláusulas viola €
y España parecen haber tenido una
fianza semejante en In omnipotencia ,de la ley, pero
el cuerno le,2'a l que dejó la rué. IfI,g"'camente.
más voluminoso T10rouc se a una poblaci ón más
a un territorio más exten!lo. a mayor número
de materias y durante un período más prolongado. La
ley imperial portuguesa es, con frecuencia. tan ca-
SU(Stl CH y se encuentra tan recargada de preocupacio-
nes menudas como la ley española.
En la legisl ación de Gran Bretaña .para las colo-
nilj.s amer' canas está también presente, especialmente
cuando el imperio se siente ya fuerte para imooner
su voTuntad all ende los mares, e.<;a euforia reglamen.
tacionista que es capaz de abarcarlo todo, ya sea pe-
queño o grande, ya sea de indole objetiva o subjetiva.
170


t
,
I
¡
1
..... 1
Pero. en su conj unto. Gran Bretaña no parece haber
dejado, ni con mucho, una legislación imperial apll·
cable a Améric:a del vol umen ni el detallismo de la
espaeíola.
Lo que, con los ,.;iglos, adquiere fuerza de mito.
perfil legendario en F;"paña es la COnvicción de que
todo problema puede st==1' resuelto mN:<"Jnte la ley y
de que bO'lsta PfOnl lllg¡¡rla IJa rn que sus efectos ope.
ren en todos sus alcanc.es. Pnrti. la monarquía hiS:-'(
pánica, la leyes un instrumento po1ftico formidable,
en el cual deposittl una conHanza c."lsl sin límites. Aun-
que, por supuesto, no el único.
En aspecto.":, lo tlUe el monarca se
pone htlcer en América se encuentra, explícito o im·
plícito, en el te.xto de In ley y ¡;j a menudo surgen con·
tradicclones en su!'; cláusulas es porque flan ellas inhe-
rentes a 18 política imperial misma.
La estructura lega l que tiende a r egular el pro.
ceso de estratlfi Cllción social y el equil ibr io de los gru-
pas sociales queda ya definido por Esp<l ña ('n el siglo
16 y lo que se agrega posteriormente no contiene e.aro-
bias de prIncipios. Aquí también, Portugal y Gran
Bretaña fueron más tal' dfas e incompletas. La roo-
narqufa portuguesa sustentó una opini,ón semejante
en cuanto a la omnipotencia de la ley. pero no la con-
cretó en un cuerpo jurídico tan vasto. En Cl.l a nto a
Gran Bretaña, parece indudable que atribuyó siempre
a la ley una tarea más reducida y s_e preocupó me-
noa de enunciar por escrito Jos principios generales
de su poUtica Imperial.
b. La institución de. fué la llave 7
peri i!:!.QJa tle una aristo¡;zaCfa )
amerIcana, pero a monarqma de I
su- usurructo a varias
generaciones, obliK.ó" al encomen.!!eJ.2...A....[fijdir....juera
, --
171
¡
'de la encomlc.J:J,.ck1, transformó la encomienda. de
vicios __ de
I jurls(]!C-C1OnTVer
nuestril b'conomía de la sociedad co onicrl, 83). Fi
naJmcnte, dejó de renovar las concesi.ones y las enco-
fueron revirtiendo a la corona, con lo cual
produjo importantes transformacJones en la estructura
social en los siglos 18 y 19.
La mayorpreocu paci6n estuvo ortentada a esti-
mular la mine..rfa. Después que la experiencia
primeros decenios le demostró que la explotación de
minas por adminjstración se prestaba a numerosos
fraud es --una experiencia semejante sufrió el imperiO
portugués_ en en el siglo 18---, prefirió estimu-
lar la explotación privada de los metales, imponiendo
a sus beneficiarios fuert es contribuciones,
miento éste seguido también en la colonia portuguesa.
NI) c.rlbc dull<l que el prop(,sito de la corona española
rué asegurar \1n nito y sostenidp grado de producción
metalífera y, por eso, otorgó a. los olineros múltiples e
importantes privilegios legales, cón lo cual 'estimul6
la rá.BJ!ia-!ru:maci6n rica e influyen-
te, que gravita onerosamenle sobre la .... vH1a COlOnial
durante más de tres siglos. Pero también im.puso Ji- ')
que revelan un propósito semejar .. .¿e al que
la corona tuvo con respecto a la encomienda. El sub-
reservado de
mm" orargatlif en y
mí manO ae obralúé·entregada al minero por los re-
presentantes de la corona y aquel debra abonar a los
indios salarios especificadOs por éstos. Las condiciones
de trabajo en las minas fueron reglamentadas --como
todo- con gran minucia en la ley que llegaba de la
corte y alli se o[recIa una protección amplia a los tra-
bajadores, inrlios o negros.
A Jos Cabildos -poder polftico a menudo repre-
172
,
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J
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____ J
sentatlvo de oJ.igarqufas locales- quitó la ley impe-
rial muy t.emprano el derecho, de distribuir tlerra.s y
encomienda", como la corona lusa redujo poste-
las atribucjones de la!': c.ámaras muojcjpales
brasl)enas, donde Jos senhores hahlemos y la nobleza
paulista dominaban sin disputa.
A la Iglesi a le alcan?.aron también no pocas res-
tricciones. El diezmo era suyo, sr. pero 10 percib(a
la corona y la Tglesia lo reclbfa de manos de los re.
p:resentantes del rey, COn lo cual se ponia de mani.
{¡esto BU dependencia del poder imperial. A las cor-
poraciones religlosns les estaba ved¡:¡do adquirir tie-
rras y, aunque podino tener cs.clavos, e indios, con
cjerta frecuencia los nlQnarr:as ('nviaban in!\trucc1ones
severas imponiendo a aquellas re8trit'C'lones importan.
tes en el trato da la mano de obra servil.
. . La defensa de la pl'opil'dad indrgena, en la cual
inSiste la ley, debió, asimismo, g l'avitAr en contra de
la expansión de lo!; latifundi os y restringir el poderfo
económico de las olig{lrquía." de terratenientes, asf co-
mo de las corporaciones religiosas que eran las mayo-
fes propietarías terrüor j<lles (ots Capdequ i. Rég. tic-
rra, 99). en violación de la legislación dictada por la
metr6pofl .
Es indudable, además, que, en ciertas épocas, la
carona tuvo 'la intención de ('atimular el traslado a
América de artesanos y técnjcos, con lo cua l hubiera
contribuido a ampliilT, Indirectamente, la clase media
urbana colonial. Pero esa intención nunca llegó a gra·
vitar fuertemente en la estratificación social de las co-
Jonias amerkanas, porque la política económica de la
corona siempre, fuertE'lnwte proteccionista, en
favor de la producción manufacturera hisp:ma_ y la
presenda de la Inqui sición, perseguidora de pequef\os
comerciantes y artesanos, pusieron un vaUadar a la
173
,
¡
.,
I
de los grupos de clase media urbana en
Amérir,a, , '6
No r .. Han tampoco en la mOllumental n
de lnd'as disposiciones tendientes a la eqluparacI6n
legal de los grupos fioc iales más in,defensas. Ya
Fernando el Católico estaban autonzados los matrimo-
nios' de indios y blan'cos (.Arboleda Llorente, 37) . y
una real cédula de 1783, que cita ElmiHo (H 1St.
ee. Pe·r,ú, 141 ), declaró honrados todos laR ,OfIciOS y au·
torJzó a los artesanos 3. ejercer cargos publlcos en el
orden municipal y adquirir títulos.
La ley imperial, pues, en sus generales, no
entra en conflicto con la poHtica impen?1 y , en el caso
de Espafia __ fue es que t,lene mayor en
la hiator:a ju rldica- la ley tiende, como
que es de la pollti ca a p,oner en eJecuCIón
108 principios sustanciales de ésta,. ev.t ando que se creen
grupos f'ociales colonial<$ d.;>maSJado pode:osOs ! que
todos ell os queden subordinados al poder lmperlal.
11 , LA DlNAMrcA POLiTrcA COLONIAL
y I.A VIDA DE LA LEY
a. Hemos tratado de una concepc:ón política y
cOTI'esponde ahora hablar de una realidad política,
Las coronas hispana y lusa y las leyes que amba,s
dieron admitían la existencia de amerI-
canas, pero dentro de ciertos lfmites, Esos lImltes fue-
ron quebrantados a menudo y , por momentos, apenas
si el poder imperial parece tener la' fuerza sufI ciente
para dominar los estallidos más graves, EL
miento de Roldán, en la Española, antes de
el siglo 15, (ué un preludio, Los que se
en el s'glo 16, como ('.ons{'Cuencia de la aplIcaCión de
l .. s Le-yes Nuevas, tuvieron carácter de verdaderas r e-
voluciones separatistas.
Al finalizar el siglo 16, los oligarquías más le·
174
r
-----_.- -------
vantiscas y peligrosas de- la ('oJonia hispana están ya
dobl egad<ls, Sin emb<lrgo, aunque si n fi nalidades de
¡.;eces:ó'n, los Jev<.I nl<tmicntos hall de seguir produ-
ciéndose, romo lo prueban la revolución de las alcaba-
las en Quito, los rOllluneros en pleno siglo
18 y las tropas de "volunta rios" cubanos después de
1868, instrument.os de una cerl'ada y temible oHgar-
qura negrera que Jlcga a imponer su voluntad sobre
el gobierno de la colonia. Las ol!garqujas, cuando pue-
den, toman por la fuerza lo que les niega la ley.
En Brasil, los c/(l1Ies fazendeiro$ siguen sembran-
do la anal'qu fa bflsla el siglo 18 y Vianna jncluye a
"Jos potentados" e n la lie; ta que hace los enemigos
de.! orden público cuh.lI1 ial (POlJUlar;oes, r, 224).
Por ot ra parte, Jo quc ia corona estatula, después
de madura reflex ión y siguiendo una coherente Unea
política, quedaba no pClC-8 S veces desvirtuado por nece-
sidades inmediatas - más económicas y fisca les, que
poHticas y mil itares, La crónica a ngustia económica
de la monarquía hj;;panu dejó siempre;! abicrta una ren-
d ija en la severa e¡.; l r llclura jurfdica, pata que se filo
O'aran por aHí todas las nece-
sadas para salvar a la cor ona del apremio, LaVenta
Oc los Nueva España. y la COn-
f:scación de lOs haberes de los religiosos plqneadas en
l 804, pOI' ejemplo, con el de ofrecer un res-
paldo metá l.ico una emisión de vales reales hecha en
J;Jspai'ia, pudo haber producido eu la cOlonia, no 5610
un gravís imo trastorno econórnko inmediato, sino toda
una r eest ructuración en cuyos a lcances jamfls
pensaron lOs autores oc esa operación,
Más: permancnte, como {<.! c:Lor de perturbación del
esquema teÓ¡'.((o concebido p OI' el imperi o español en
América, de los cargos que per-
seguía un propóSito fiscal y que aceleró rápidamente
175
,
" I
,
l
I
el proceso de concenlración del poder poHtico local en
manos de las oligarqu{as coloniales.
Con todo, el hecho de quc: España y Portugal ha"
yan podjdo conservar la unidad de sus imperios ame-
rica nos, a pesar de las fuerzas internas
de las acechanzas de sus enemigos internaclonales, de
los ataques a rmados y de sus propias fi5.ca-
les adquiere una extraordinaria proyeCCIón hIstórIca,
mayor en el caso de Espana, porque sus C?I(?
nlas eran más extensas, más pobladas y de más ansca
geografía.
Esto mismo debe servir para reconocer que la
lítica imperial hispana logró un éxito no pequeno.
SI la corte egpañola no tuvo en los siglOs 16 y 17 con-
sejeros que pudieran comprender lo. índole de ese c0r.?-
piejo proceso económico que estaba lle.vando
a la decadencia, st. tuvo, en cjertos anos. pohtlCOS sa-
gaces que sabian cómo lratar a los poderosos y
desposeídos para que se mant uviere entre ellos un
equilibrio que permitier a al imperiO prolongar en Amé-
rica su predominio.
b. La que tuvo en América
nariamente accidentada (ué la ley lroperml espanola.
Tantas veces rué violada y olvidada, tantas desvirtua-
da, que no puede uno menos que de per-
severanda con que los monarcas segtllOo empellados
en mul tiplicar sus provisiont's modlficar su índole,
ni garaotizar mejor su aplicación.
La verdad es que la misma cor ona había lnaugu- .1
r ado _y sostenido- la tradición de en,!nciar
por escrito un prIncipio solemne con el propósito de
vjolarlo de inmediato, Leyes hubo que nunca se I?u-
'blicaron en América, sin hablar ya de aplicarlas. Mllla
(11, 218), F inat ( 107) Y muchos otros historiadores
latinoamericanos citan numeroSOS casos de iostruccio-
176
I
I
lles secretas que llegaban a los virreyes o a las
diencias detrás de la le,y flamante y en las que se ad-
vertía que .no se pu::;ies(" en ej ecución la ley, o que
se r estringiera not;¡blemente su vigencia ..
Más fáci l es explicar la fi cción legal que se prac-
ticó en vasta escala y en todas las épocas en la coto-
nla, porque aquí había grupos sociales muy poderosos
y funcipnarios muy intel'c&ldOs en que no se
r an ciertos preceptos que lesionaban sus intereses,
aunque, a )a vez, no deseaban tampoco mostrarse en
abierto uesafío del monarca, a cuya' sombra meur¡,lban
y cuya protección neccE:itaban.
Como la violación de la ley se hizo crónica - sin
que en España decayera un instante la pasión por se-
guir dictánd6la- rué nccesario encontrar fórmulas so-
lemnes que permitieran salvar la apariencia, La fic-
ción jurfdica llegó, así, a concretarse en fórmulas ri-
tuales. "Si es orden del Monar ca -explican Juan y
DUoa, hablando del tema (445)-la distinguen con la
circunstancia de besada, ponerla sobre las cabeza!'!, y
añadir después la fórmu la: "Ohedezco, p(!ro no lo exe-
cuto, pOl'que tengo que reprc!';Cntar sobre ello". No
importaba que la "representación" ante el poder im-
perial no se hiciera jamás, como a menudo ocurría.
La conciencia del funcionario quedaba tranquila con
esta reserva de tan fácil
Es que la ley misma llegó a aceptar c1 procedi-
miento y le concedió c:erta jerarquía jurídica. Lo re-
cuerda Alej¡:mdr o Korn: "La se arma de
las cautelas más minuciosas: s in f'esar incul ca el deber
de respetarla, amenaza ('on las penalidades consiguien-
tes y llega hasta disponer -rasgo genuinamente es·
pafiol- que en determinadas C.jrcunstancin.s las mis-
mas órdenes reales se obedezcan, no se cumplan,
comp lo establece en especial una ley de la Recopi-
lación para los casos de obrepción o subrepción" (29).
177
"
ACO'l' AClONES
Hemos trat.'do con l:Ilgt1n detenimi ento este tema en
nuestra obra Econ.omía de la, sociedad colonial, 73 y 229.
LA ror/\. lMPP.RIAL
"La idea imperi al no se inventa por CarloH ni por su
cunc-i!ler; es una noción viejfshna, Que elIDa sólo c.slllan Y
adOJptan a las circunllt,ancias; noción rica en contenido poli
tlco y moral, extrafio por completo a nuestro pensamiento
moderno.
"La palabra emperador no nos s ugi ere hoy, nada de lo
que !;ugerla a los hombrps de antes. Modernamente. puede
haber un empl,!rac)Qr en Alemania, on'o en AUIOtrio, otro en
Méjico o en el Drasll. A.ntes esto crZl un absurdo. El empe-
radOr era algo más Importante: era un ¡;cr únicQ, un supremo
jerarCéI del mundo todo, en derecho al menos, ya que no de
hecho. Tal concepción Te\'est(a una grandeza verdod'eramen
te romana, Hace" de LOdos los hombres una familia, unido¡;
por los dioses, por la cultura, por el com<.>rcio, por los ma
trimonios y la sangre. rué la gran misión del Imperio ro·
mano. ell!ialzada por los pa:ganos desde Plinto hasla Galo
Namaclano y- por los cristianos a partir de los espafioles
Prudencia y Oraslo -y del africano San AgustIn. El Imperio
era la forma más perfecta de la I)ocledad humana: por eso
Dios perpetuaba sobre la tl elTa el Imperio, desde los tlent·
PO$ más remotos de la Historia, transfiriéndolo ,tP. Bablklnla
a Macedonia, a y a Roma",
Después de la abdlcad6n de Carlos V, "el imperl(t no
en adel.mte sino un título supremo, que pudieron Uevar
más de uno a la VI'Z: careció clesde entonces de todo valor
universal" '(Menéndez Pidal, idea imperial,. 13).
UNlv-r,RSALlRMO PE CAJU .. Qs y
"Carlos V se ha ya y quiere hIspanizar a
178
JiJ
I
I
I
1
J
EUI'Opa. Digo hi flVll fl hmr ¡Xl I·'lUe él quLcl'e tl':ms[unulr en
Europa el sentido de un jJue\;lto cruzado que E.o;paña mante-
nfa il bnt gadamentl' ul' .ulc hada ocho !ligios, y que acababa
de coronar hada porOll años ))111' la guel'ltl de Granada, mten,
tras EUI'I)pa hahf;¡ ul\-'Idado el iueill cl e crllz:)da desde hacf;r
sIglos, (h: un frac;:rliO l(ll o l. ro:!'!e ahlwgado sentimlent<l
de crUZl'l.da cOlllra ¡11{h'leos y herí'jes es el Ins piró el alto
quijotismo <fe la politit'll di' (.:1,.,<1 ..... (Meu(int!e?; Pillol, [(len
im,Ve.rifll, 2l1) , Tarnhién inflpiró ese Ideal el aplas-
tamiento de loS' y tle BUS el s_obot'no
de dehlan proclamarlo emptrlHlor; la pel'¡.;ccuclól1
sangrienta de los cristianos disidentes y el funcion8lnhmW
pu.nlual de la JnqUl!'lld6n,
OMNIf'RESEN("I j\, b f,l , J.:STAOO J7'>fT'tRU1,
"El eslado nQ reeonoce, en erecto, lfmlte's a su ¡bterven
ción e Intenta prever y prevenir {odas la!'l contingencIas de
la vIda, asl se trate de ados públicos o pl' lvados, El vasallo
de la col'Ona saMa por imr¡erlo tle la ley Qu6 d1as habla de
ofr mi sa, qué libro le el'a licito ker, qué truje debla usar,
cutil era su asIento IQS actos a qué prC('!Q podfa
comprar f) vendl'I', l/ué jornal o cstlflenrllo mere('!a su tr"d.
bajo . " Hasta el Ie<:ho dl' l moritll1nrlo llega l'8ta !ntromlsión
constante y le mandA conff'R.'r y colllulgar; so pena penler
la mltad de 'los bienes" (Korn, 30).
ABSOLUTISMO Y DY.SPO'tlSMQ R/iI' ESPAÑA
Véase en Ots Capdequl, In.';t , de gobierno, II y sig., la
Importante que este aulol' hace. del desarrollo del
absolutismo y el despotismo en España, en relación COn 10
historia del derecho peninsular.
CONSOLJOACIÓN DEL fOPE;R I I\1PEIlI AJ. EN BRASil.
Vianful (POPHfrlfoPS, I. 26!:lJ enumel'U las siglliel\les mE! '
dldas adopt.adas por !n corona pOl'tugllL'Sa en el siglo lB
para dol)legllr al ("3urUIJismo y s u polít.lcn en 111
colonia; fortalecimi ento de laR aulorldades tnulllpli·
cación de loo cent.ros munkipales, vi1!as, dudades, términos,
comarcas; disminu.ci ón de los poderes del s<:> nado y de las
cámaras, ri?ciucidos a tareas de policla fi scal y servicio dI:'
179
puente!;, caminos y canales; rest l'icdón de la jurisdicción de
los capitanl'8 mayores.
AJ\IS1'OCilACU. E IMPtlllO
Opinan asi los de México, en 1544: ' ;En la
pública bien ordenada, es necesa r io que haya 11ombre" rl '
COS, para que puedan resistir ti enemigos y los pobres
de la ti erra puedan vivir debajo de su amparo, como lo hay
en todos los rcinos llonde hay polttlca y bUÍ"n on.len y esta-
bilidad, ,, 51 como lo hay en Españo y otros rei nos, _, y en
esta no puede haber homhrcs I'icos ni poderosos, no
teniendo C'lIcomendndos." fUl'ra de éslos (se refie-
ren a los ¡mIios C!nroIl'Hmdatlos) no hey manerd para olra
gr:mjeria ¡¡Iguna" (Cil, por Z,:"l.Va la, Col. esp" 120) ,
LA lCLES1A y LA roLÍTICA lMPI:IUAL ESI' Atl'OLA
HC'tl'lOS tratado con mayor amplilud la misión que de!,
empei\6 la Iglesiél en la pOlftlca Imperial en nuestr o
trabajo ECi':lYIomta dr. la $or-!.r. dad rQlo'ltI.(I1, .8 y slg.
M<.'chnm ha C'sLuillado la materIa en (orma eX!1Uclla en
lo que se refiere a la América eS!1afiola (ver BibllograCia).
Rom (31) advertia que "cuando se las
r t.> lacioncs entre 13S colonias y la metrópoli -se refiere al
proceso tic la Independencia- , el clero argtmUno .. mAs habl-
tua(lo a diri¡;irse ¡í la corona que a la curia, se smtló. en ,los
primeros afios ('.,si Il)(leplmdlente. Durante la dOI1unaClón
<,sp:ulOliJ, la <tl1lurif\ad del pontific3lío fué muy r everenciada,
pero c.,sl nominal, y !;¡ílo después de la Independencia sobre-
vino la .. eardÓn que le tlió un poder HecUvo y n>lactones
Inmedlatas"_
El celo y la minuciosidad con que los monarcas espa'
fioles ejerderon su potestad reb"allsLa se traduce en
tud de casos. Hasta para proveer curatos de\llan las autor l'
dades de la Iglesia consultar con la metr6poli (Ot8 CopdeQul,
111$1. de go!lierflO, 45),
EL CURO C'A'l'ÓLlCO,¡a¡ BRASIL
Para ob8C' rvar las dlCerencias y semej anzas entre el clero
luso.amerie;ano y el .hispano·amC' r(cano, puede verse La '-elt-
Q16n en M ¡Itas Geraes duraonie el vcr!-odo por Ludo
180
,
i
·i
.. :;'. '
José dos Santos, en "1Jv Congreso Internacional de HlstoMa
de América", ITI, 325. También Fr('yre, Casa-Gronde, I, 113
e I ntf!t¡Iretaci6n., 43.
RF.AL CÉDlILA IIF. I. 1'Jr: NOVIEMaKE PE. 1601
En la edición de Servidumbres personales; de índios,
de Fray Miguel dt! Agia, d t:"la en la Blbllogn¡C\a, aparece el
texto complNo de esta Re .. 1 Cédula.
DE LA COftO:SA MRTUCUESA SOllllE n,DIOS
PercHgao Mallll'lro, en obra clásica, a,naUza la legis.
laclón dictada por 1 .. COl"Ona 3 la con·
dición legal de los indio!;, asf como los confllr::tm; sociale!)
que fueron, a !;U ('IHI!>;:I o su conS('cuenela (1, 231 Y &Ig.) ,
E l 5 de junio de 100:;, la ('[)f(lna dicta una h'y, prohibien-
do que se hagan cautivos a loo Indios, en ninJ::{m caso, El
30 de julio de Hi09, Ol ra le>y declara que los indios son libres
y que no c!cben !=?r a se rvido ¡¡lg¡.lho COnl.ról fU
voluntad, dchléndoseles pagar el lrabajo que realicen. (En
este s('ntldo, Jil If'y portuguesa tie 1600 rol'1"e¡:;pollde a meno
cionada. Real espaflOla de ]fiOl.) Adl"mits, conno a los
j esuitas 111 tlltQ{Juef'ls de los J' su
La ley del 10 de setlcmhre de 10n reite.ra, en princJplo,
la libertad de los indios, PCl"O admite el ca uti vt>rio en guerri1
justa, conC'Cpto é¡:;le que se aplica en de guerra, levanta·
miento o rehellón de los mismos ¡mUas, Una dispmilc16n
semejnnte h,sbia dado el monarCa españOl en 108 primeros
tiempos de 1. 1 coloni zaciÓn y sos consecuen('ias prncllcas pa.
recen haber sido igualmente. fun estas en la colonia espaflola
y en la 'pMluguesa. Perdlgao Mal}¡"it'<l opina que, con e5<1
excepción insertada en el cuerpo <le lo ley. los rokmos
hablan 10gr .. W la vleloria, r'Mque :'te rf'st";¡!)lec{a la esclavl'
tud legal rle IOfl indlofl, los p.rincJplO!l de la ley
de ]ru.J (23G) . En efecto, 1011 port tlguesE'!;, rnmo omes los
españoll!s, no encontraron ningún Inccnvpnlenle en demos·
t rar que eran siempre los Indios los Que h"blan iniciado la
lucha,
El 1
9
de allr11 de 11180, otra ley restablece Ja vigencia de
la del 30 de julio de 1600. rol'a, expresa el aulor, el resultado
dI! la int.enninable cuestión entre jesuitas y colonos, por
causa o a pretexto óe los indios (253), La ley de 1680, la
l 8!
crcacilin dI! la Companhla G·er31 do Comercio de Grao·par!
e Maranhuo cn 1(;8:'. y otros hechos dilrrOTI motivo 9. revuel '
tas, romo la ocurrida' en ?lIaraf\6n, en en la que se de-
puso nI !,"Obcmador, se expulsó fl los j esuitas y se declaró
eX1inguida l a Comp(rtlhia.
r';1 ro <!u junio de 17áf), una nucva ley or dena la oh!)ervan-
da del breve de Benedlcf,Q XIV del 20 d'e diclemhre de 1741
y de otras leyes del Helno, entre ellas 1a del 1
9
de abril
de ]680, {'onl onne a la cual Indios eran consideraoos
libl'es en el más amplio sentido, La misma ley hace exCi' p'
t'it'l n; expr cso de los E'sclavol'i m' gros.
L\S DE INNAS
l!.:1 abismo que exl'stfa entre la letra de la ley de IndIas
y su aplicación en 'América ha sido mot ivo del -más grandl'
número de Interpretaciones.
D¡¡vld Barry, el prologuista ele la de Londres dI:!
las de Juan y UHoa, hace una irnpor\..Qnte
obsen ' adón !'lIbr e probkm:.l. Dice asi: " NI la d1st<lncia
de n/l uellu." paises puede: CX('II;;;U· al R¡ry de España o ¡;US ml-
C()II pretextos dé ignorancia, sabido que el Consejo
Supremo el e las lndlas /le cOinponla en gran parte de los
empleados Que hablan servido en los Qm' precisa-
mente halJian presenciado, si no el lOs mis moo,
lodos los OClOS de tnjustici<l a que se refieren estas Noticias
Secretas. Véase el C.alendarlO de Madrid en c.ualqul er año
de los I)asados y se hallaní que la m'(yor parte de los mi·
de aquel Consejo habla sido previamente Virreyes,
Presidentes o Rt-sentes de las Audiencias de Ultramar; sin
crnhal'go, P.:'i lns mismos consejeros proponlan aquellas leyes
equitativo!! r¡ue ellos mIsmos sabfan por experi encia que no
se haMan dE" obsen'ar.
"No sino que 10$ n t>ye" de España y su Consejo
11(' TnoiaJol promulgaban leyes benignas a ruvor de los pobres
,Indio" CQn pI objeto de que apareciesen en 'el C6cligo,
pU(>glO que ordenahnn privadamente a los Virreyes que pu'
sieran en ejecución medidas contrarias al eií p{rllu y a la letTa
<le ('qucllas mi smas h'yes" (página Iv),
Tratamos en el texl(), asi t.'(J mo en nuestra obra Econo,
mí'l ne la collln1(11., de ofrecer una ex:pllcaclón a
este eompleJo problema. Queremos ahora agregar pocus pa-
labr,as.
La fi cción jurldlca - quiÚ¡ mfOjor , la hlpocresia luri<lica-
182
j
I
I
q ue está prenenle en la hi storia de las leyes de lndias· no
obedece a la estratagml líl de un ,monarca, ni es recurso
de ha}a polfllca ut!lii ..noo En un periOdo determinado única'
mente. Está Inl'Orpurada a la hi31011a loda de la colonIa his.
pana, CQmo lo está a la de Es p¿¡ña, La ley no se cumple,
{'Omo el precl'pt.o mornl (l rl' llgio::1o no se ejecll ta, pero basta
el hé/:: ho ño que la lf' y exis ta y de que el precepto sea leído
en voz alta por el pecador Impeniterllt' para que la concien-
cia para que se cree un mérito Que permita olvl '
daT el delito () el A4Ul la forma ha quedado vade,
pero ¡;;u b,ellt'Zíl será saempre motivo de exaltado elogio, En
el respetu de la for ma basta para perdonar la
\' Ioluclón de l contenido.
Cuando f>f enéndez Pldal, por ejemplo, evoca la forma j u.
rídl ca .usada por el imperio su entusiasmo no re.
conoce lfmite (Ilguno. "ALlml rahlci:l leyes de Indias - las Ila·
ma_, bastante a amni5t1ar ante la Historia toda¡¡ las fallas
que la ac('ión de Espaií!\ hnya teni do en A mér lca, romo las
ti enE' toda ilcción polItlca y conqui s tadora" (ldoo imperlar,
35) .
Dlffcllmente otro nutor hayo llegado tan lejos en su
admiración por el texto de la ley - no por la r ealidad de la
Jey- . Porque las ra ltas de España en América -como con
tan err6nea termlnologln las ll ama el polfgra(o hispano-
son falt as Que han gravItado sobre la carne humana, no so.
bre el pe,gamlno de la ley, Sol)re multitudes gigantescas,
sobre puehlos enteros, para quienes la conquista rué una
J>3.vorosa tragedia nacional.
Un autor de fines (f el siglo 17 de QUixano-
al hacer un estudio sobre "el .miserable estado en que oy está
la Is la de Santo Domingo de la Espafiola", 8!lvlerte que la
Is la tiene "gr andes minerales t1e plata y .oro; estos no se
benefician, pOrque al tiempo que se L'Onqll ist6 perecieron a
manos de los Espllñ'Oles conquj'stacJ orc-s un nlllJ 6n y ocho-
dentos mil Indios, y nvl undo quedado sin naturales, fa1t6
la aplicacl6n y genle que los pudiera benefici ar" (ver Biblia.
grana>.
/!t. esta tragedia nos refer1amos. Verdod c!s que el número
¡.1e las v[ctimas no puede ni puede creerse que
todus ellas hayan muertO "a manos de l(¡s Españoles". Pero
en el reSlo del continenle ocurrió, en mayor o menor escala,
un elll sodio semejante y, pas,alla la conquista, tampoco la
183
colonia trajo la paz, Sloo la esclavitud IJara muchos mIJlarea
de lndfgem¡s y la corrupción para otros más.
Esta es la historIa qUe tiene ¡)(Ir personajes- a las crla·
l.lll'<lS humDnas, <fue l)ufren y mueren. La p,i1>lOria de p"apd
es lo Qtra, l.a que llene como personajes a los tipos de 1m·
prenta y los textos Juridicos.
Agreguemos que Mt:'néndez Pldal es profundamente lZ'1 '
justo cuando supone Esp<Il'ia es CU]Ij¡l,ble de "falta,ll"
cometidas en Améli ea. Faltas Cuerpn las ef)nleddas por 101:'
conguistadores, por las rompañl:as intel'nacionales que finan·
ciaban sus empresAS, por la c.orona, por las ol1garqu1as de
¡a:;¡ colonias, por los funclf)n¡.¡nos re;¡,lcól y por el clero, que
buscaban el enriQuCCimiento o el poder con lt.,sesperada ur-
gencia. No se ccmpllttlron con faltas la España qUé
segula vIviendo S\1 E!xistenciu. lladonal, ni ¡)'lueJlos funcio-
narios y sa('cnlotl's (llIe cumpllc>ron honestamente _y a ve-
e·cs, herokamentc- ¡,: u l.area en América.
POI' Jo d('mils, l'l'l tU. fO'rm!! ele peCiJl· l'n las colonl<ls no
la lnvf'nt(j España IJi la monopolIzó. La cultivaron todo!;
los imp<>rios y con caracterlslicas más graves aún.
1I1Thl1'A Y Di: BTBNES 0"1: LA tCl,ESI.A
EN NUF.\'A ESI'A:ÑA
La corona española decretó el 26 de dicIembre de 1804
la vcnta de los bienes nikI!!! de la IglesIa y la conf.iscacl6n
de haheres en metáILco ..t e las corporaclones reUg10&38 en
Nueva EspAfia. El prO('lutido towl (le esa' o¡roraci6n
debla en la cajél d(' consolidación de lo!! vales
r('aJes, en F.: fi paiia. para crear un respaldo metálico a una
emisión de "aIE$ reale" que Fe h<\bJa hecho en la penínsul:a.
En nueslro lll)ro Er.onomfa dI! la sociedlld coloniaL, 239.
estudiamos esta operadón y sus L'Onsecuencias.
184
\
,
I
!
1
1
_.:;
"
CAPiTULO VI
DESI1<"TEGRACION DE GRUPOS SOCJALES
Hemos dicho que la colonia presenció no pocos
casos de estratos sociales que perdieron su personali-
dad de tales en regiones y cuyos miem-
bros pasaron ü integrar otros estratos o desaparecie-
ron, para nosotros al menos, en el silencio de las cróni-
cas de la época. Grupos numerrn;os de familias empo.
brecidas cuando una zona minera se
menderos venidos n menos cuando la voluntad real
ponía fin a sus privilegios;
----..' -- ---- - _ .. - .- -_ .. ---- ..--,
mU_t:nvs,-rug1tivO!i o deJa
No son clases fntegras que deS-:-
aparecen; son grupos, bastante bien delineados a veces
por S1.1S intereses comunes y su sede geográfica, que
se desintegran.
En Jos capítulos hemos mencionado
no pocos casos de este tipo, enunciando lo que supo-
nemos que fueron las ca lisas actuantes. Pero nos pare-
ce necesario hacer \1 11, estudio especial de la desinte-
gración de grande'!. grupos de mano de obra colonial,
debido a la e:ctrdordi naria proyección. social e histó-
rica que ege proceso cobró, .Por el número de los in-
dividuos que se yj eron Ct1VUf'ltos en ella y por sus
consecuencias, fué la desintegración de la mano de
185
obra indfgE'na la como que, en realidad.
se lraTa de i tnlesftllegl'ación de pueblos nativos. Inte-
gros, pero también adquirió importancia la de lo.'i)llt
no dejó de tenerla, E'n algunos lugares, la de ,
a mano de obra blanca. El estudio comparado del
proceso en todos e$-tos grupos nos permjtirá, como
siempre, comprenderlo mejor y advertir con mayor
nitidez BUS consecuen,cias actualeS.
l' INDOLE y LIMITES DEL PROCESO
Nos referimos aqul a la desintegracl6n de ciertos
grupos de mano de ,Obra y no a la suerte corrida por
el conjunto de la población nativa o negra. NO' alcanza
nllestl'O estudio a los indígenas que pennanecieron al
margen de la producción y la sociedad coloniales, ni
a los pueblos africanos de donde proveDian los escla-
vos, ni a las comunirlades blancas europeas que dejaron
tras sí los blancOS europeos que trabajaron en Amé-
rica como mano de obra. Sin cmbargo, el conocimiento
de esas comunidades origInarias es siempre! importante
para el historiador porque' ellas delerminan, en alto
grado, la capaeidad de organización social y la posi-
bilidad que sus miembros tienen en las ameri-
canas oe sobrellevar un lrabajo disclpl inado. Conocemos
bastante bien. ese antecedente en lo que se refiere
al incUo y al blanco y en los últimos decenios Jos au-
tores brasil eños han realizado importantes investiga-
ciones sobre las comunidades africanas de donde sa-
lieron los esclavos de la economía colonial americana.
Fuer on los de trabajad'ores es-
clavos, semi esclavos(}-aS<'lrai'iMos que Ilcgaron a des-
integrarse por completo o · casi por completo. Zonas
enteras donde había miles de indigenas dedicados a
las faenas agricolas se transformaban, .después de quin-
ce o veinte años, en valles abandonadOs o en caseríos
.186
---------_ . .. - . __ ..
i
!
J
I
,
1
1
I
1
con un puñado de familias sumergidas en el más
ciblé paup-erI<;mo. L,,:]lHa-enOrrferat!lon que Llzárraga.
hace de los lugflres donde va observando este fenó-
meno -desde Perú hasta el Río de la Plata- hacia
fines del siglo lB, tiene toda la elocuencia de un tes-
timonio, pero hay centenares de t estimonios tan elf?
cuentes como ése en la era colonial. Minas hubo que
cesaron de trabajar porque se había agotado loda la
mano de obra disponible en una vasta zona.
dores -y muchos-- que tenían que renovar periódi-
camente su "stock" de negros., porque su número dig..
minuTa a pesar del cuidado que aqul'lIos ponfan para
que se reprodujeran sin limitaciones.
A veces, la mano de obra se desintegra en un
lugar por migro.ción hacia otra. Es el caso de los
negros reclutados en las plantaciones bahianas para
trabajar en las minas del sur br,,!slleño; ,de los indios
arrancados de las encomiendas del actual noroeste
argentino por agentes de la corona y de los mineros
para marchar a Potosí a labrar el cerro. Migración de-
cimos, por dar idea de un movimiento de masa; pero,
por 10 que tu vo de involuntario ese movimiento, p()..
drIamos decir Se trata, evidentemente, de una
involuntaria. Migraciones es-
pontáneas que tuvieran --en lo sociaI- consecuencjas
semejantes, hubo algunas, pero no tantas. Asi , los gau ..
chos rioplatenses son, en cIerta épocll, mozos alzados,
es decir, muchachos de los centros urbanos o de la
c.intura suburbana que abandonan voluntariamente sus
hogares, dejan de ayudal' a sus pfldres en la chácara
y se lanzan a la aventura en la campafia sin lfmites.
Asf también, destruida en la costa peruana la antigua
agricultura incaica, en el proceso que veremos roá,
adelante, hubo cierto número, quizá no pequefto, de
indígenas cosleros que se trasladaron, por sus medios,
187
a la sierra. en procur a de un sustento que la nueva
economía colonial les negaba.
A V('ce!), por dfspel'sión o deserción. Es el negro
que huye de la !f1zclI(la, el indio que deserta de la
cf¡(ícuro, fenómeno tAn 'común en la colunla como el
amanecer y el poniente de los días del año. La
d.ispersión o deserción s,e present.a en masa en casos,
excepcionales, como cuando se'ha registrado un levan-
tamiento indígena o negro y ha sido aplastado. Dece-
nas, centenares o millares de indios y negros desapa-
recen y el prppietario hlanco ya no volverá a saber
nad" de 10$ desertores.
A veces, por extinci6n. Son los indios y negros que
mueren en el trabajo, página la más cruel de un cruel
sistema de ol'ganizaci6n ${lcial.
Pero, (In una u otra forma, la desintegración de
la mano de obra colonial se inicia con la colonia y
sigue produe.iémlose cuando la colonia llega a su oca-
.so. La en toda IiU existencia.
ti ORIGENES
Un hecho de tnl alcance e Importancia práctica
inmediala tu vo que preocupar intensamente a los go-
hernantes y poseedores de la era colonial. Ya en los
primeros é,ronistas de la colonia se encuentran alu-
siones a él y ensayos de explicación, que algunos
logran presenta!." en forma, coherente y no desacertada.
Más numerosag fueron. s_in embargo, las explicaciones
car,11lst-i<'as y peregrinas,· concebidas con el propósito
de lavnr' ¡Je ('ulpa a los poseedores, sobre quIenes ya
pesaba la grave ácusación de ser los alltores materia-
[es ele la catástrofe. Es que, se y mueren,
dicen de los trabajadores ausentes algunos cronistas_
y .otros: no mueren. se esconden pare no pagar el tri-
buto_ Ni 10 uno ni lo otro ---se argumenta también-;
188
no hay tal mortandad, sjno que indios y negros se
cruzan con los blancos)' cada vez 'se ven más mesti-
zos y meno.o:; individuos de sangre pura. El Padre Li-
zárraga ('oncibiú una bipütc:-¡i!> aun más retorcida.
El indio, explicaba. C.'4 ;)1.I '1 i.lccstumbrndo al castigo que
le infügía n sus jefef: indígcmis. Vino luego el señor
.mise.ri{'orrfiosn que es Su y los trató con
bondad. EntonC'P'5 se e-charoll a penlel' , se hicieron ha-
raganes y se dieron él !as I.wrrachcras. Y se fueron mu-
riendo. Eso es le) qlle ha cnnscgllido' Su }tajestad "sólo
con gobernarlos como a (Cap. CXTV, 285). '
remedi n (Cap. LIX, J4R). !:i0
s610 un Es una lógica, una \
nwnera de pen¡:;ar. ái-san.izaCftn ---soclill
_cuyo jIU:'iliSl5. en _otl'Q •.
Pero nO puede decirse, en cambio, que (uera una
época, pol'que hubo autores y funcionarios coloniales
que 'Opinaron de diMi nto modo y at isbar on, Con inteli-
gencia, algu nas q,e lul't causas verdad eraR de eRe gran
descal<lhro social qu e presenciaban. Así, Fray Jerónimo
de Mendicta, en la m:t:ld t.l el siglo 16. autpr
del C6dice qtle lleva f.:U lloIl1Gi'c; Gil González Dávila,
contador re_al de la I!':la F.;spañola, e.n 1518. Y otros
más que. aunque dejaran un pal' ele páginas en algún
qscuro expediC'nte, demostraron p0BCCI' más talento o
más honestidad que un centenar rlC" cronista$ cuyos
nombres han quedado en la hi ¡:;toria.
Como quiera que fuese, es incuestionable la com-
plejidad del proceso y aún la investigación histórica
nO ha finali.zado como pari'l cerrar el capítu lo de sus
orfgent's. Con todo. ya esl.amos en condiciones de in-
lentar '\111 cuadro siSll'mí¡ ' ico de Cél URaS, entre las cua-
les debemos distinguir las que se n05 aparecen cOmo
derivadas directamente d<>! hecho de la colonización
--que aquí llamamoS' primaTias_ y las que son efec-
lo de causas primarias y, a su vez, causa de desinte-
189
gración de la nlano de obra -que denominamOs se·
ctmdarias.
1 . CAUSÁfiPRIM.\lllAS
a. Dis'ocación social. Una organización social
olorga a l individuo ciel'to sentido de la e.xistencia, eJer-
ta jerarquía de -va lores, cierta El trabajo llena
una necesidad determinada en la vida individual en
relación estre('ha con el tipo de sociedad en que se vive.
También del tipo de suciedad depende el sentido de 10
social. Cuando el sujeto es trasplantado de una orga-
nización sooal a otra puede ocurrir en él una con-
moción tan profunda que le haga un desadaptado en
su nuevo medio. Cuando el t.rasplant.e se opera por la
violencia y se presenta como una verdadera tragedia
naciona l, racia l, familiar o individual. las consecuen-
clas psi co-soci;lles son ele magnit ud enorme.
La suerte que el elemento indígena de América
corrió en la conquista y la colonia estuvo, en tér-
mi nos generales, relac:onada con el grado de civiljza-
ción que había alcanzado en la era precolombina. Los
pueblos que fuer on dominados más rápidamente, que
mejor sirvieron los propósitos del nuevo régimen y
,f;obre IOf1 cuales se levantó éste fueron Jos de cultura
superior. los mejor que tenian hábitos
ele trabajo mas sistemáticos. Los más salvajes comba·
tieron hasta el exterminio o quedaron fuera del alcance
de los colonizadores.
Paro la eoloma significó una operación
de las más brutales proporciones. El indio fué arre-
batado por la fuerza de su comunldad, su familia y su
lugar. Se le impuso un trabajo que carecia para él
de sentido y en cond iciones agotadoras. Cuando se
· le dejal,a donde estaba --aun CU<lndo se respetaba
su comunidad- , se le superpon!;'!. una organización
790
I
po!ítica , r¡sra! o que, en poco tiempo, ter-
minaba por l'orrOmpel' la comunidad, desorganizada
y arrojar sus miembros a los cuatro vientos de la in·
certidumbre. Con el C'OI'rer del tiempo, las condiciones
ruerOIl eln l>eoranl1o. Pueblos enteros de indiOS desapa-
recen. Los hijos ya no recogen la herencia de trabajo 1
rd llegan en ningún momento a que la existencia
puede tener un sentido comunal o social. Todo les re-
sulta preñado de inccttidumhre e injusticia. Los valo-
res tr¡l(r cionales -el sentido Hocial del esfuerzo indi-
vidual. la intimidad con la nat.uraleza, la fusión de !o
arlfstico cOn lo ético-- rl es;lJlilreCen y a su alrededor
observa hombres deS('5pel'<I(1os p(lr élcumular metales
preclosos o mercancia!'l con finalidades totalmente aje·
nas a las suyas. El trabajo, en la nueva sociedad, es
una maldición y el indio es siempr e. como quiera que
actúe y cualquier a se;:¡ la circlUlstancia, el culpable, el
vi l, el despreciable.
Este -proceso de @:;!ocación social 10 padecen to--
dos los indtos incorporados a la producción colonial
en los tiempos. Des.pues, va siendo mayor
el número de los que yil nacen dentro del régimen colo-
nial y nunca han conocido otros y de quienes no pue-
de decjrse que sean víctimas de aquel proceso. Pero
siempre, a lo largo de toda la colonia, fueron siendo
incorporadas a la vorágine de la producción colonial.
nuevas r.omunidades cnn c.uyos miembros se r epetía
el mismo renómeno.
La capacidad de producir, el sentido de solidari-
dad hacia otr O!) individuos, la étiC¡1 personal no son va-
lores absolntos. Son el resu ltado de un equilibrió de
valores individuales y social es. Roto ese equilibrio,
todo aquello se desmorona. El indio de la comunidad
agraria primitiva y del fnctlrio -por colocar un ejem-
plo concr eto- fu é un U'(l b[ljíldor metódico, responsable
e jnteHgente. Cuando se fe azota, se le desprecia y se
191
le obliga a ll'abajnr para otrOs fines, es un obrero inefi-
caz, il'l'espo.nsnble y torpe, EIl'obo fué un delito contra
la comunida.d a ntes de que llegara el colonizador; des-
pués, fué un acto de la vida diaria, como el trabajo
y una forina ll e adquirir bien e:;, que todos practlcaban
t!n la colonia me!'¡ t jzos e indios; esclavos,
señores, y
Este de lHslocación social afectó también
al africano, hijo de sociedades p.rimitivas, en cuyo seno
la existencia tiene un sentido, el trabnjo un destino, la
ética una razón de ser, cualesquiera (ueren. Se dirá
que el élfJ'iéanO, cuando es entregado a la compañia ho-
landesa, portuguesa, lral1cesa o británica que lo com-
pra en su factoría de la cOSta atlántica, ya ha sido es-
clavizado por su propio rey o por el jefe de una tribu
que hizo la guerra a la suya con ese propó-
sito. SI, pero es que el drama de la colomzaclón se
inicia, precisamente, alH. Se inicia cuando llegan a l
Alrica los agentes de la sociedad an(lflhna Bristol
o de Amsterdam y convencen al rey salvaje o al jere
de la tribu de- que venda' sus :súbditos o haga la guerra
al vecino para esc}.avizar individuos que hasta entonces
hablan gozado de la relativa libertad que les otorgaba
su sociedad primitiva. También los caciques y curacas
de América se transformaron en tiranuelos miserables,
muchas veces. al calor de tina sociedad colonial que les
instigaba y les ofl'erfa rec-ompensas inmediatas por.
ese proceder. Ni el reye7.1,lelo a(ricano ni el cacique
americano fueron buenos o malos, hónestos O des-
honestos por fatalidad racial, sino por gravitación del
tipo de sociedad en que se vieron envueltQ:S.
En ('ambio, na envolvió el mismo proceso al tra-
bajador blanco, tnn poco numeroso en la colonia es-
pañola y en la portuguesa. Si bien es cierto que Amé-
rica nO era Europa, también 'es incuestional,le que el
paso \le un continente a otro no significaba para él
192
j

una trasmutación tan violentn d_e valores como para el
africano y, sobre todo, para el Indígena de las socie-
dades precolombinas más avanzadas.
b. Dislocación. c('on6mica·. La organjzación de
una economia colonia l --cuyas etapas y característi-
cas hemos estudiado en nuestra Ee0710mw de l(l so-
ciedad colonial.:- significó la desorganización de la
economia indigena ya eXI stente. Fué la estructura eCo-
nómica de los pueblos más avanzados la que sufrió
el choque más violento y las consecuencias más gra-
vosas; no la economJa {le los indígenas más primiti-
vos y nómades.
En vastas reglones, la agricultura indígena se des-
organizó casi por completo y, como quiera que ésta
se destinaba al consumo inmediato de los pueblos de
esas r:egiones, la consecuencia fué que el volumen y
la calidad de la aUmenlación descendió alll en, (oJ'ma
aguda. La ganadería indígena en la sierra peruana pa-
deció también verdaderos estragos,
La nueva agricultura que se organizó en América
tUYO una predominante orientación colonial, con lo
cual las necesidades de la población local sólo fueron
satlsfcchas en forma incompleta, mientras que los me-
Jor:es esfuerzos y terrenos se dedicaban a de
exportación. Hubt> zonas donde gran parte de la po-
blación nativa emigró debido al brusco descenso en la
prodUCCión alimenticia.
Estos fenómenos fueron denunciados
mente por algunos cronistas y funcionar ios, pero no
se encontró remedio para ello. !\o se podía organizar
una economía colonial sin pagar el gravoso precio que
ella tenia, especialmente en aqueltos siglos. Valles otro-
ra fértiles quedaron convertidos en desiertos; tierras
donde se habia hecho una agricultura altamente dife-
rencjada, como la incaica, pasaron a ser predios de
193
"
ss
ingenios azucareros o de plantaciones de añil o c.acao.
En algunos lugares, dispersa la población de cultiva-
dore!'> indígenas, fueron introducidos negros para que
sirvieran ele mano de obra colonk\ l, sometiila a con-
diciones de vida inferiores.
La ganadería trashumante, en las r egiones donde
se desarrolló, como en el valle de México, fu,é du-
rante toda la colonia causa de la destrucción de semen-
teras. El latirundio, ese monstruo que n.o cesó de desa-
rrollarse, impuso el abandono de Uerras, labrantías y
su transformación en tierras incultas. A ambos males
se refiere la octava de las "cosas que han sido causa
de destruir a j os indios y lo son", en la importante enu-
meración que hace el Códice Mendiela -"los daños
que haeen los ganados, que ya en algunas partes no
os",n !'>embrar, y huberles tomado sus t ierras" (Men-
di E't.a. Documento XLIV, t. l , 2"12).
La abflorción de la mano de obra indígena con
destino a la mineria, a la mita. -que tuvo múltiples
aplicaciones--- y a. los servicios personales, a pesar de
las repetidos esfuerzos de la corona espa110la por intro.
ducir un régimen de orden y aprovechamiento inteJl-
gente de ella, se realizó en todo momento con el único
propósito de satisfacer las necesidades inmediatas de
Ja producción y ocasionó las consecuencias más gra-
ves en el orden económico, porque introdujo el ger-
men de la decadencia en regiones vastas y de la des·
composición social y demográfica en densas y antiguas
poblaciones indfgenas. En gran parte, la decadencia
profunda y extendida que se obser va en mue.has r e-
giones de Nueva Granada y del Perú en el siglo 18
tiene su origen en este fenómeno.
Debemos hacer Ilnalmente una observación. Es
común en las zonas donde se organiza una economía
de fuertes matices coloniales --especiaüzación no com-
pensada can un sistema de integración dentro de una
J.94
I
j
I
I

economfa regional o nacional- que las condiciones
alimentarii.ls de los grupos sociales de grandes posee-
dores sea buena. mientras que la de Jos trabajadores
sea mala o pésima. Ca.o::i todos los alimentos son impor-
lado..q, aún los que pnrlrian obtenel"SC en pequeñas
huertas fami liares y e llo les pone fuer a del rtleance
del obr ero colonial . Asf, la imposición de una estruc.
tura económica colonia] trae consigo, inevitablemente.
la Imposición de un r égimen de injusticia social que
ofrece las manifestacioneR más primarias e indignantes.
como la notoria desigualdad de la alimentación.
c. Condic;'(ltIes de t.rabajo y de v ida. El r égi-
men colonial hispano-portu.qués impuso a la mano de
obra indfgenll y cond.iciones de tra·
bajo y de vida. E l lrahajaclor blanco tllVO una suerte
más ctl"lnb:ante, por que la posibilidad de mejorar el
salario o de ascender en la escala social Be mantuvo
pata él siempre abierta. Para el indio o el negro,
el de!')tíno fué trágil'o. Hablamos en los términos ge-
nerales indispensahles para caracterizar a todo un
tema, dentro el el eunl se producen excepciones que
no alteran la verdad enunciada. La mano de obra colo-
nial padeció un de incesante desintegración,
a consecuencia de las pésimas condiciones de t rabajo
y de vida tl que estuvo somet ida.
Fueron muy pocos los cronistas 'adictos a las olio
garquias regionales que negaron. el hecho evidente de
fa desintegración de la mano de obra, pero muchos de
ellos encontraron explicnciones descabt:!IJadas que per#
ruiUa n hacel' la conciencia de los usufruc.
tuarios del trabojo esclavo. " No negamos -expresn
Concolorc'orvo (206) - que las minas consumen nÚ·
mero considerable de indios, pero esto no procede del
trabajo que tienen en 100 s minas de plat;] y de azogue,
sino del libertinaje eJl que vi ven". Es la teoría de la
195
culpabilidad de la víctima -prima hermana de la
teoría racial- que jamás ha dejado de aparecer en
la historia de la humanidad cada vez que el hombre
ha usufruc: tuado inhumanNmente el esfuerzo del hom-
bre.
No hemos visto aparecer esa teoría, en cuanto se
refiere a los indios. en la multitud de reales cédulas,
instrucciones y otros documentos emitidos por la co-
ron8 española que hemos consultado. Despunta a ve-
ces, sin embargo, cuando esos documentos hacen u'fe-
rencia a los negros, los mulatos y los mestizos.
No conocemos documento colonial de más dramá-
tica entonación -8 pesar de la sobriedad de su estilo-
de más terminante evidencia en esta materia, que la
real cédula del 27 de mayo de 1582, que Felipe 11 ru-
ri,gi6 a la Audiencia de Quito. "Nos somos informados
que en esa provincia -expr esa el monarca, refirién-
dose a la de Quito- se van acabando los Indios natu-
rales de eUa por los malos tnl.1.amlentos gue su$' enco-
menderos les hacen, y que habiéndose disminuido tan-
to los dichos indios, que en algunas partes faltan más
de la t ercia parte, les llevan las tasas por entero que
es de tres partes, las dos más de 10 que son obli -
gados a pagar, y los tratan peor que esclavos y que
como tajes se hallan muchos vendidos y comprados
de unos encomenderos en otros, y hay algunos muer-
t06 a azotes y mujeres que mueren y revientan con
las pesadas cargaS. y a otras y ti sus hij os les hacen
servir en sus granjerías y duermen en los campos
y alH paren y crian mordidos de sabandijas ponzo-
ñosas, y muchos se ahorcan y otros se de.xan morir
sin comer y otros toman hierbas venenosas, y que hay
madres que matan a sus hijos en pariéndolos, cticlen·
do que lo hacen por librarlos de los trabajo>i que ellos
·padecen, y que han concebido los dichos jndios muy
grande QClio al nombre cristiano y tienen a los espa-
196
1

í
1
ñoles por engañadores y no cosa de las que les
ensenan, y asi todo lo que hocen es por fuerza, y que
estos daños son mayores a los indios que están en
nuestra Heal Cunm¡l. por estar en administración; y
porqul" t'vmo v(,¡¡.; , tic y otros malos tratamien-
tos que a los dichos indios se hacen, viene el irse
acabando tan a priesa y conviene rem.ediarlo COIl gran
cuidado" (Colección de- C8lula¡; RC(lles, 391) .
A la jornada e."(tenuadora, las condiciones insa-
lubres del trabajo y la escasa remuneración, debe agre-
garse la mala alimentación, la nésima vivienda y el
madismo impuesto;] indios ::;edenlarios que eran trans-
portados a grandes distancias del lugar de su resi-
denc:a y que, I:lcspués de cumpJldo su tllmo ---el CtLQ,
tequll en México, 1<1 17/-itn en }:'erú-, si sobrevivían, no
eran devueltos a sus hogares.
"CUAndo vi enen a edad de tl'einta afios --observa
Lope de AUenza, en la segunda mitad del siglo 1.6---
las mujeres parecen de cincuenla, mnyormente si han
parido, y los varones por consiguiente, por el mal tra-
tnmiento y peno.sa que los miscrablf'...8 padecen y
también pnr las comidas tan sin virtud como usan,
aunque para ellos, por la costumbre en que ya están,
como no les falte el ají, su principal especia y la sal
con que templan SU calor y alguna chicha que beben,
todo lo demás por muy Rccesorio y vil que sea, jun-
tándolo, con estos manjares, lo tienen por principal
y no procuran otros potajes, ni aún los estiman en
nado. r e::;IW<:lo del gusto que con la sal y ají reciben y
asi mueren los más, sin llegar a edad de cuarenta
añps" (67).
Esas condici ones de existencIa ,conducen en todas
las épocas - yen nuestros días también, por supues-
to-- a la desorganización de la familia. Para que ésta
exista como entid<1d permanente, es menester un ml-
nimo de estabilidad económica y social, de la cual ca-
197
rec1el"On el iodio y el esclavo. Este último, aunque
su cuerpo fuera mejor tratado por el amo, tenhi aún
menos posibilidad de constituir una familia porque
el amo 10 usaba como reproductor de la misma
nera en que usaba el ganado. Por ot ra parte, caído el
individuo -Indio, negro, blanco, amarillo-- en el sub-
suelo de la miseria y de la desorganización, lo normal
es que no surja de él ningím impulso por organizar un
núcleo famiHar. La esclavitud ha sido, en la historia
de la humanidad, uno de los factores más fonnidables
de corrupción social. La sociedad esclavista ha sido
siempre de hábitos corronlpidos y de pésima moralidad,
tanto entre los señores como entre los oprimidos.
Las condiciones de trabajo y de vid .... del indio y
del negro -así. como las de otros gn¡pos, incluldo el
blanco-- se encuentran en relación con SU número,
sin que esto sea causa determinante de aquéllas. Pue-
de comprobarse en la colonia que cuando el,indio es-
caseaba en una zona. el minero y el encomendero le
daban mejor trato. En los lugares en que la mano de
obra es casi enteramente Africana, estQ se observa con
mucha frecuencia porque, como el negl'o fué menor en
nll.mero que el indio, el señor esclav6crata debía tener
en cuenta la posibilidad que habla de adquirirlo en el
mercado y los prl'cios a que se cotizaba, Hubo épocas
y lugares en que los se vendían 3 precios ele-
vados y esa circunstancia hizo que el sefior cuidara de
esa máquitw de trabajo. De allf der iva. a m¡;>nudo, el
supuestopaternaüsmo del fazendeiro o del estancierO
rioplatense para con sus negros esclavos, a quienes a
veces no destinabiln ;l, los tJ'abajos .más peligrosos,
r:cservados JXl r3 indios O gauchos bl<incos o mestizos
contrntados a destajo. El mismo motivo obliga al plan-
tador británico a cuidar de su "indcntured servant",
n qu.ien ha comprado por cuat-ro o seis años y que no
198
desea que huya, nI que se muera, ni que enferme
de gravedad antes de vencer el plazo.
a, ToxiccnnfJn{fl; 'y alcoholismo. La toxicomanía
y el alcoholismo se encuentran vinculados a las con-
diciolles de existencin. Una y otro constituyen, en
merosos casos, un intento del individuo --estérll a la
1arga- de huir momentfineamente de una realidad duo
ra. La miseria y Ja8 circunstancias deprimentes, mo-.
rales y material es, traen consigo, las más de las veces,
el consumo excesivo de alcohol y de drogas estimu-
lantes.
As! como algunos estudios que se reallzan en nues-
tros pafses sobre alimentación contribuirán a que se
comprenda mejor l)sLcologfa del indígena y del ne-
gro colnniolcs. tambi('n otros estudios de los últ1mos
lustros permiten uhicar la toxicomanfa y el alcoholis-
mo del trahajarlor ('oloni<11. dentro del panorama hist6--
rico en que ocurren.
El cocafsmo, por ejemplo, era casi desconocido en
el Incario, donde se ('asligaba con severidad. El pro-
fesor Gutiér.rC'Z Noriega, que ha r ealizado en el Perú
investigaciones reveladoras sobre la .materia, ha lle-
gado a comprobar que "la difusión del coca[smo se
originó en la misma época en que, debido a la gue-
rra de conqulsta y cambio de organización del país,
hubo una merma considerable de la agricultura y su
producción, y llráctJcamente una destrucción c'omple-
ta de la primitiva industria ganadera de la región an-
dina", Jo que oCólsionó un catastrófico empObrecimien-
to nacional (Cocn lS11'IO y alimentación). La coca "fué
en estas circunstancias un factor Indispem;able para
adaptar el organismo ¡:¡ tan dericientes y anómalas con-
diciones de vida. Esta droga ha actuado como un extra-
ordinario auxiliar del pueblo andlno durante cuatro sl-
199
glas para sobrellevar la miseria más extremada" (lbi ·
dem), Las actuales investigaciones, agrega, "también
demuestran la estrecha vincij.lación entre el cocafsmo
y la miseria, en especial entre el cocalsmo y la
lación insuficiente", El fenómeno tiene "una especta-
cular comprobación anlropogeográflca: a menOr dieta,
mayor intensidad del cocaIsmo; a mayor dieta, al con-
trario, reducción de la intensidad del cocaísmo" (Ibi-
Mm).
El consumo habitual d.e cocaína actúa como com·
pensación de la alimentación insuliclente y de las
pésimas condiciones de vida, porque aumenta la re.
wjatencia a la fatiga y engendra en el individuo una
sensación de euforia que los toxicólogos denominan
"alegría cocainica" (Gutiérrez Noriega y Zapata Or·
tiz, Coca y cocaf1w,. 58 y sig.). Una funcjón semejante
de falsa compens."tcl6n cumple el alcoholismo. En Perú,
en las regiones ele intenso cocalsmo hay también un
exagerado consumo de alcohQl, según Gutiérrez No-
riega. .cocaismo y alcoholismo ofrecen, por cierto,
al indio o al negro en la colonia, corno na lo ofrecen
hoy, una soludón permanente de sus problemas. Por
Jo contrario, los agravan, porque SOn agentes activos
de inferioridad mental y física y r estan, por ello mis-
mo, al individuo toda posibilidad de rebelión y de
defensa.
Las toxicomanfas y el alcoholismo 60n, pues, de-
rivados ele las condiciones de erislencia y de trabajo.
pero se transI9rman, a su vez, en factores que aceleran
la desintegración de la mano de obra, porque acortan
la vida del trabajador y debilitan su organismo.
b. De.serciones a constc-uC1lcia de 'rebeliones. He-
mos dicho que en la historia colonial de América las
rebeliones de la mano de obra fueron un episodio, no
sólo frecuente! SUtO sistemático. En grande O en pe-
200
,
r
quet'ia escala, casi siempre fueron seguidas de una
deserclón en mas;:\. Bulan los indios o negrbs inculpa-
dos y, corno ellos, los que quedaban en la zona y so-
bre quienes podían r('caer las represal:as. Muchas - la
rnayorfa, sin duda- de esas vfctimas del terror social
se refugiaban la selva o la montaña'. o se sumaban
a la masa de los en las ciudades. Eran de-
sertores que perdra la m,lDo de obra y que no volvían
a sumarse a ella.
c. La rnlsceqennci6n. El mulato y el mestizo, co-
mo ya hemos visto, no seguran .generalmente la suerte
de sus padres. NI mAno rlt! ohra esclava o S('mi esclava,
ni blanco qued:.¡.b.·m fluctuondo entre am-
bOS extremos sin determinada. La intensa
m!scegenaci6n que caracterizó a la colonia hispano-
lusa produjrJ constantt"mente legiones de elementos de
esa rndole. Esto contr ibuyó a que el número de traba-
jadores tendiera a disminuir con el correr de las gene-
raciones en una zona determinada.
d. Epidemias. t:SI.<1 eR otra causa importante de
desintegración de la mano de obra. Hubo durante todo
el período colonial numerosas epidemias que arrebata-
ron cantidades asombrosos dE-' "Idas humanas. Algunas
de ellas --como las que se sUJX:me fueron de viruela-
causaban estragos entre los inoios. quizá ñebido al
terreno donde prendían, porque la enfermedad
habra sido desconocida en América y también por las
malas condiciones de vida y la rl('Snutrición.
Zona!;. entE'ms Quoo::tron tol::¡lmente desor,qanizadas
después de que duraban años. Las hacien-
das perdfan !';u.o:; f'sclavos y sus animales. porque éstos
hurao 8 causa .del abandono en que se les dejaba: "Mu-
rió toda la gente de servicio, esclavos, y na había in-
dios, a DO ser pampas, incapaces de domesticar -se lee
201
en un informe presentado al Cabildo de Buenos Airea
por los capitanes Juan Bautista Fernández y Fernando
de Rivera Mondragón. sobre una epidemia que estalló
en esa zona en 1652- y se a lzó toda Ja hacienda, yen·
do a dar h.asta el Carcfl rañá por el Norte y el Saladillo
por el Sud" (Cjt. por Coni, Gauchos de Santa Fe, '66).
liI EL PROCESO DE REFL'lrJO
El Individuo sobre quien recaen las consecuencias
de la dislocación social y {'t'onómka y de las malas con-
diciones de vida y de trabajo que hemos enumerado
es, a la vez, agente activo de dislocación social y econó-
mica y de desintegración de su clase social.
Desnutrido, toxicómano, a lcohoJ ista, desarraigado
por la violencin de su nÍl c]eo social. desorganizada
su familia es que alf:,"una vez la tuvo--, toda la
i1r.quitt"ctllr8 de valores éticos y sociales sobre los cua-
les debe reposar el esfuel'zo constructivo se resque·
braja, se puh'e.riza. El trabajo, la vida social, el amor,
el tespeto, la dignidad caree.en ge sentido y sólo la
violencia puede actuar como estímulo.
El indio y el negro, sumergidos en la vorágine cO·
lonl al. se ven arrastrados sin cesar por una fuerza
centrifuga que les aparta de la sociedad colonial. Tra·
bajan 10 menos y lo p['Qr posible, huyen cuando pue·
den, tomon sobre el menor número dE" obligaciones
éticas y socinles.
El circuito se cierra y la corri ente de disolución
circula por él cada vez con mayor intensidad. La dls·
locación 50ciDI y económica se extiende y se hace eró·
nlca. Las condiciones de existencia y de trabajo em·
peoran, en general, aunque se r egistren mejorías par·
ciales. El coeafsmo y el alcoholismo se expanden. La
mano de obra colonial se desintegra sin cesar. La Str
cledad colonial vi1..'e muriendo, empañada por la tris
M
202
teza de los oprimidos -y la ignominia de los opresores,
mientrDs algunos cspirltus nobles, aqlÚ y en las me·
trópolis, escriben páginas admirables o dedican sus vi·
das a r emediar lo irremediable.
Iv. DOS OBSERVACION8S FINALES
Tal es el cuadro del proceso permanente de diso-
lución de la mano de obra colonial. Queremos aún agre-
gar dos observaciones relacionadas con ese proceso.
1 UN" SEf.II:ccr6N AL llEVEs
E l profesor Pérez, en su importante estudio sobre
el régimen de la mita en Qu.ito (ver Bibliografia), ex·
plica que, hacia fines del siglo 10, ya ex.istian en Quito,
bien delineadas, dos multitudes indígenas distintasi
una, de trabajadores; otra, de desocupados) vagos,
rrompic1os, emigrados de otros lugar.es sin destino fIJO
y que, mientras aumentaba la descendencia de los in-
tegrantes de esta segunda multitud, disminuia la de
Jos integrantes de la primera. Llega, así, a la coneJu·
sión de que lil población índjgcna y mestiza del aIti.
plano ecuatoriano de nuestros dfas desciende de los
vagos y no de Jos mejores trabajadores del siglo 16
(229).
El proCesor Gutiérrez Noriega, al estudiar las con·
secuencias de la práctica del cf)Caismo en la multitud
indígena, ha escrito estos párrafos: "En la historia de
la ofrece el pueblo andina un ejemplo muy
peculiar, porque ha sOJ)Ortado Y sobrevivido a tantas
privaciones dur:ante cuatro siglos. Tal capacidad de
resistencia, afirman de cierta autoridad, se
debe a la coca. Seria más lógko arirmar que t31 re-
sistencia ha existido no ol'sl.ante la coca y que el actual
pueblo andinQ no es expreSión de la b'1"an capacIdad
de adaptación del jndio a tan anómalas condiciones de
203
vida, sino que está formado por los sobrevivientes de
una gran catástrofe" (Cocatsmo 'JI alimentación),
Es interesante observar que entre la hipótesis del
historiador y la del médico hay una coincidencia bá.
sica. La de que se ha ido produciendo una selecc[ón al
revés en el sene> de la masa indígena. En efecto, te.. )
nemos antecedentes que comprueban esa creencIa y ;{
muchos de ellos han sido enunciados a lo largo de este I
libro.
Fué la mejor mano de obra de las sociedades jodf.
genas la que utilizó y malgastó la colonia, mientras
quedaban al margen .ge eUa, casi in tocados. los elemen-
tos nómadoo Más adelante, mientras el \.
buen obrero mdlO lba desapareciendo por extinción in- 1
cesante, e l número de indios desocupados, alcoholis- ;,
las y delincuentes se iba multiplicando sin cesar. l
. Tal .rué. la herencil:} que reclbiercm las repúblicas
ruspanO-Uld: as en el siglo 19 y que ellas-- COn las ex.
cepciones de nlgunOs perí.oúos luminosos-- no Jlicieron
más que como una seleccIGn
revésJtan propIa de la colonia y del siglo 19, no es
exclusiva- de ellos, sino que caracteriza muchos t Ipos
de orgnnizaci6n SOCial, en todas lafl épocas.
Por otra parte, no queremos con esto significar,
de motlo alguno. que lU1D generación de jndigenas re-
ciba de oh'a taras qe orlgen. Salvo en casos individua.
les, de trascendencia. coll!c:t h'a casi nula. son los fac-
tores ambient ales los que operan sobre. el sujeto para
hacer de él un elemento improducti vo y antisocial El
hijo del indio desocupado o del coquero es toxIcómano
o antisocial porque sobre él actúan lOS mismos factores
sociales que sobre su padre, no porque fiohre él pese
ntnguna fat alidad famili ar. Lo que' h()y podemos afir.
ma: es. que el tipo de producción j' de organización
SOCIal Impuesto a las masas indlgcnas <le la Amé.
rica hispano-portuguesa (ué malgastando, con Inten-
2U4
1
sidad credcnte, el mejor elemento humano y aumen.
ttlnc.l.o e.I númerr) de los improductivos, 108 anlisociales
y los eMel'lnos.
2 LA }tOLGAZANJ:lÚA DEL I NDIO y DJ:L
Como una nota mon6tona y desc.olorida. la acusa-
ción de indolencia que sobre el indio y el negro
nos persigue a través de' tres siglos y continúa repi-
cando sin pausa hasta nuestros días actuales. Casi no
bay acta de cabildo, ni informe de oidor en la que no
l'eaparezca, t enaz e inexpresiva, como la voz hueca e
irreal de los pajarjl\os que anuncian Ins horas en los
relojes antiguos. Para el investigador cuyo espíritu
sigue recibiendo la fres(' ura del dfa - porque muerto
está el infolio que hojea, pel'O no su este repi-
que termina siendo una obsesión.
Esa es la 16gica elemental, periférica, inhumana,
con qUe algunos hombres han f.'nredado en todas las
épocas sus pensamientO!'! para encontrar explicaciones
fáciI("s de complejos o justi fi car ('on falsas evi-
dencüls' las más de:;truttoras y fl o.gra ntcs injustioias
socialt-'t:>. Hoy, el argumento no tiene más valor que el
documental.
La actitud del individuo frente al trabajo no es
más que la consecuenc.ia de un equilibri o de factores
socIales y psi cológicos. Roto ese equ:librio, el trabajo.
Carece de sentido y, sin sentido, el hombre no realiza
esfuerzo. El alma humana no es una máquina.
La mdolencia del indio y del negro en la época colo-
nial no es el fr uto de una maldición racial. Es la con-
secuencia de un intenso y ,prolongado prOCese) de dls-
locación social y económica, de desol'ganización del
familiar, de pésimas condic. iones de vida y de
t rabaJO, de la desnutrición, de la mJla vivienda , del
alcoholismo, de la toxicomanía y otros sustitutos de
205
algo que el indio y el negro no tuvieron y sin lo cual
la criatura humá na cae en el escepticismo, la
da o la inmoralidad,
Una sociedad como la colonial hlspano-Iusa que
es incapaz de dotar a la mayor parte de su población
de un sentido de vída, ni inyect arle entusiasmo por el
esfuer'Zo creador, lleva en si misma una condena de
muerte y, aunque prolongue su existencia por siglos,
es siempre la muerte la que tiembJa en su entraña,
Por eso, su naufragio abre con frecuencia una era grá-
vida de anuncios optimistas y propósjtos constructivos;
206
ACOTA ClONES
Fray d-e LI:i:(¡rr;\ga, dominico que a fines del
siglo lGvlajó por pern, Bolh'ia, Chile y el Río de la Plata,
escribi6, con sus memol'las de ese viaje, la Dtscripci6n breo
lIe de toda-la Uerra del Perú, 'f·uctm.ón, Rf.o de la Plata fY
Chile, tftulo que en ediciones modernas ha quedado redu-
cido a Desc.ripd6n calonial (ver BlbJi ogcaCfa).
Del Va ll e de Chincha díee- : "Se s usteutaban en valle
tanta cantldad Indios varoncs como SWi casas, que por lo
menos, chicos é grandes. twbhm dl! ser más de 100:000; el dll,l
de. hoy no ¡.;e hallan en él 600 indi-os casados, 10 cual causa
mucha compasión; la di smlnuelon han traJdo las borrache-
ras" (Cap. LIX, 146).
Del Valle del Pisco: "F'ué poblttcl6n de muChos Indios;
hanse consumido como los demíl¡'; los Uanos y por las
mismas r'1lwnes" (Cap, LX, 149) .
Del Valle de [c'a: "Era,. valle dI!' muchos Indios; agora
no hay sino dós O tres puehlQi; dl"lIos; consumiendo:
como los demás dcstos Llanos y por las mismas razones"
(Cap, LXl, 151) .
Del Valle de Acari: "Habia en él muchos indios; hanse
oonsumldo, como Jos de 10H otros valles y por las mismas
causas" (Cap. LXIV, 153).
Del Valle de Clgua: "Ya casi no hay indios, por se haber
consumido, como de los demás rerel'ldo" (cap, LXV,
154).
De Santi ago del Estero: "Esta cioclad es la cabeza de
la gobernación y del obIspado; es pueblo grande y de muo
chos IndlCls; al ti empo de su poblados á la ribera
del rfo, como los dernés (le la cilJdad del ya se van
por sus oon'tlchet:as" (Cap. LXV, 217) .
Es sabIdo que sobre el lema de la extinción de la pobla·
ción Indlgena en el conLinente ümcrlcano se ha escrito en
casi todas las épocas y CM! siempre con llgereza, El estudio
más autorizado y compl eto, de fecha reciente, ha s ido hecho
por Angel Rose:nblElt (n'r Dlbtiografla), El autor ofrece las
207
d fras -ele \-aIOl' "relaLlvo' e hipnético", según
sus palabras- la púlJluCi ón In(jlgena total en Amérl,ca,
en diftTcnLciO épou.¡:o;
J492: 13. 385,000
15';'0:
IG50:
lB2r.i :
19-10:
1U.S27. 150
10. 0.15 . 000

JG. 211 .670
(- 2 :;;57_850)
(- 7t12 150)
(- 1 400 009)
(+ j 577,36!J)
LA PEDAGOCi.A DEL t.ÁT1GO
nefiriéndose a 1;) de¡; población observada po,. él en el Va-
lle de Chincha, el P. Llz."Ú'raga opIna que se debe n "las bo-
rracheras" (Cap. LIX, H6J. emburgQ, agrega. los indios
de e)';te valle han teni uo r'eli¡;iosos "muy escudales que les
doctrinasen", Lo cual le muevoJ a ('st a reUe:oón: "Pal'éceme
se puC:' de argüir diciendo: si estos IndioR tuvieron religiosos
lan esencla.1es, ¿cómo se hizo tan poco [ruto en ellos? a
eslo responderé {los cosas: la primera, Que estos ind.lO$ y
todoa l os (!tmás reciben muy mal Jas cosas de la fe, y CSlO
por (¡US pI cados y por los nue!:ilrOS, y C(lll\O ('s gente que
se ha de gobel'llar con mu(:ho castigo. f:¡ltámlul cs el gobier-
no del lnga. que por muy leH's t.osas matnha a Jos delin-
cuentes é tnocentes, gobernándoloS oomo á hombres de ra,
zón y polIlIcos. no viendo el castigo, no acudl'an sino cual
ó cual cosa de virtud; .. . Lo ot ro es lo que ncabé de decir,
(Iue como les falló el rigor y castigo del lnga, raclllslma·
menle se \'uélvt>n a sus mulas y y
borracheros, y no hay otro Dlos sino su vientre, y mientras
no 1'(' les c41Sl ig!lre con mucho rigor, no !le csp(!re enmienda.
sino su lOtal disminución y desLruición, y lo mismo, aun-
que no tanto, en Jos. Indios de la Sierra" {Cap- LIX, 148) .
CAUSAS DE LA EX'nNCI6N DE LOs UlDlOS. OPINt()loU:S De
MENlIlltTA 'i QOt,"ZÁLEZ oÁVIt<A
1. En el Códice Que lleva su nombre (ver Blbliogtal1a).
escrito en la ségunda, mitad del :;lIgio Ir.. Fray J erónimo Oto
Mcndlt'ta enuncia as' "las ('Osas quC' sido causa de des·
truir a l{l s Ind ios, y Jo son" en Nueva España:
"P Los esclavo::; que 82' hici eron sin número, asf de gue-
rra como de que daban a IOIi encomenderos de tri·
bulO; lIestos llevaron mucho! a las Islas (se refiEre a lat1
208
Antillas), y aun nados 11<:mos; pel'O los más murieron acá
en 1<1¡;; minas de oro ,Y Jllal a.
"2
t
E l ... jo que todo!; los demás 11;)1\ n-a.
les hadan . " morla iufhtita gente; y ledo e:; tc :;ervido lo,
hadan si n niuijuna pnS,I,
"3
i1
Los exC('!<i\'os O'j!Julor; que a los !)rlnC1Illos tUeron,
y los crueles castigos que I(:s hicieron a algunos para que
los diesen, ..
"4' Los edificios muy excesivos, como la ciudad de
México y la de 10& Ángeles y otras villas que se han po-
blado . . . Pues Dios sabe m han trabaj<ldo y su¡;tent¡¡do tanto
los R lJgiosos CQmo estos conQul staúor ps y pobladores u
quienes se les han hecho lan superbas casas y sin paga algu.
no, que aun a los rle la ciudad de 10$ Ángej()J;, sJn ser con'
qulSladores, les sirvieron 10$ Indlo_s de In comarca más de-
di ez afias, con más de tres mil Indios t:1Ia, sin nasa
alguna .. .
"5
i1
Los trabajos intolerables que llaman coh'uCltequitl.
Las arlnada!". y (]l'8e ubrlmi E' nlos f)Ue se han hecho
desta ti erra para otras. El Marqués fué a conquisWr a Pá.
nuco y llevó gran número de gente, y "olvló muy ,poca . ..
"7' De prrsente es el COhuGtf"quitl de los españOles en
sus se,:"enter.ls otros obras, (Jue aunque se lo paran no
es lo }w:lto, y vienen de mlly lejos, que dari¡m otro
tantO Como la palla para no vl'nlt. y por log mulos trata-
mientos Que <lJll y asi lt's huyen 111 C:loo de la
Sem:lDa, dejando la pag-.l y :1 110 !:iUS mantas_
"8' l.Qs danos qlle hacen ¡os ganados, Que ya en algu-
nas partes no osan sembrar. y haberles tomado sus tierra!':
y las granjerfas y agr¡n'¡os de los corregIdores, y pl ?lt03 ,;
de derramas que para esto echan entre si y robos
qU& les hacen 105 meRtJzos y neb'TO!I . .... '
Pacheco, Cárc!!"n.as y Torres de Medlna. en su Co.
de d.ocume'l'llo$ médlto!, J, (ver TIibliograffa)
IJeron a conocer la Rlrlad6n de Gil GQ'YIZftlcz Dávjla conta:
40T del ReJ!. de fu desJ10IJfarián de la ] pla Es·pafiola, de don--
de es vczinp. escrita, ;ll pan·CeT. en ] [,18. Se trata de un
documento Importante QuC' atalle a la materia que est udi<l '
mas y en el cual se lee lo sIguiente;
"Cuau-o cosas han aeydo causa de 13 dlsml-
nucion que digo en aqu(!l1¡¡ Isla.
"La primera, la lnurlanz:I el!.! Jos gobernadores, Que como
naturalmente en los homlJres more paSi6n é envidio (sit!!.
209
"
S:\" 11l 1' 1'1i ;'1 jtl,. 1111'" tI ""P!.I! 1, ) <¡IJI' ¡¡ lo ... ¡'ll·ü¡.¡ O)'"" p , 1-'
,.", b " :III ',n :-;.-' )11 111 Irll. dt , /1 (111 1,\ 1,1 11'\1;1 ha rto;,: v!:zint '''',
" 1" ,lI " "!l1P. :;, ":II! :¡ ha ,,1:\,,] 0 j ' l 011Ul :u' .Ji' !Si!i fi n
II IH' !,' \ ' '1\ 1! " :' (' 1'1 \)11'(":, (', ¡I[¡ l ', ' {' I ¡" ' " .' (.) 1¡uy 1':\<:.1-
11' ,'; , 1" 1" In,\ d !'l,.; 11111," .. T.u p r il!l1'l'a ( jUt'
('01] 111 1.IJrHII.·,'", ('UI " '" rll¡"I), {JI' lrH Indino.: 1111111,'111
I.! "U \"1\ 1('l,d:I , t
l
(''<1110 (, JkIS "l',-In genl !? deli c;¡{\ a, pl: '
I11W!;'!nW li1tH h,l 1t111'1'¡' !"I< .n VII d\lJ'-I, 1:: la ol l' a
n l ll)' pI'indl ';1! ' 1\\(' l '/l/l la i\ll·l' l"lI.· nl d :,\\1 ' 1H'(rr
i
.
'¡Wm/j"') (\ Ui' 10:;' \"l' ZI IlI'''- J¡¡tn lenlnn de indlo'-l,
\ IplHl" (· ... 'n. 110 1 i' 1I I1 n hedw «1 tntt(l nüpn\(, r¡ w--, )1'.<';
r n n , ,I""¡II r,"' I" \'! t'I'an ¡o,<' j';lll'O:3_
'" 1 .. '1 I f'I . ·(' )'" "" ... j n, (1'1\' 11:1 ;lyu":'HI" (1 .. (il l'U, 101>
pl (> il\H ,1 1' ( 1111 " 1(,,; \ ' l · ... il !tl';: q ll (' 1101' \'\.'1111" los \ ·I'7. h )\1'< ti ).;'1":
l .u " I,I •• ,. .'í !' tll/'l1 d' 1" l itl ,';¡! i'l ¡'\(' Hu,". h "¡]1,,\l! \ h:>"(" I¡j\Ltd ,) 11., 1 1>11 (' 11
11"111'1111 1\' 1.1' 1 . 1,· ''' 11< j lul ll',: " li,l lI i'-'!III'\1';. E l'OJU<1 I'};.l a, .. do" / ' 1'
' ,a" "": 111 1,1 dll 1lI 11lltl" '1LH' Ill.H I'¡un l1t(' 1I1.':4I' l' 1;1 prt:'-
!"!" nt'l,l /1.' ,', lO!"! ti W' ¡'Ii)>-, ... ,.;;l\ldl'l por l 'l' t i.' r, PO!' otl':) ;
tpl\' "(' 1110 1" , n 1" " \lUf.hl'll' ':. ' l,rl'< 'd: llI , "\11 VI: lli!l1 1 11;\
. I.,¡' ". fl "\" 111 ' lio,¡ ,', Iwzil' tU!.. ): ¡"iel.
" L : , l' tlHl'l \! .: 111: 1-: 1'I·ill>"l l'.1I 11,1 .•. qllt' !'C 11:'1
Il'llirlll fin a ' )1'" (Ji' ,: q{l l,nil 1 ,In " ¡" lll fH'(' 1'1
Ill<l:; 0 1'(1 /j UI' .... !' 1111 "".' h,1 trl,hlü i'ln :'1 J,!; <I--:I ¡l)' nlngu-
nn 1'., <{.'1 1' 11 l a <'O!l'-.l')·\';lI'i {m Id (11·rf' ... u\.!Ua, ni rl '
«1 .1 (> inril .)."" ,
1"" ,\ ('t>!w'liot' ell 1\1<I Il' I' I<I ,¡j jmc nLaria ' 11Il' :-:,p est.:Jn reali'
e n \t .,: P:!l hl'fl \atl " '.1 ;l¡)]l.'rk<lllflll l'n In;,; ÚIIl1110:S
¡JC1'n l i ll¡'DII NI\ ll pt'\!"IWj¡'j" 1I111rJ¡t) mejor 110 poros hll! '
tóri(w". {,¡; HI lW:t ! uta Il l!C\-a, dé hl m<lyor ¡mport ' ll1c!.:t,
que /.' 1 hl!i\vl"i:"\III' \ ' d :-..wl.' lllgu tle)¡el'¡' 11 /"f;" (11' \1,) 1' !!H ill\"':>;'

El ,[(\l'lc,I' N. Sat'IlZ 1m )¡I'('h ll (';;: 1\.1<11"1> F. nJ¡ rl"
C'Ot "¡[·,1111) , n)IJIJI'nWcitll"l y o\l'f!::¡ del III'u1J lenll1 111(,¡'Jjf'l1
1- 111');'11 1'1·\' urJ n ll 1¡1I e! til'lI::n C' X(I':Jf, rt!l n,tl'jf¡ iJ\{t:l'¡;,"l pa ra .,1 I1ls
1 ',II";'I¡j,'1' ¡ I'! ,' n l\llh '':::-I' ;, JII :II, ,-;" ,, t "'11" I, .,tl· oI ul '-' I', l:111
l'l'''; '''. ¡ Pp' 1" ddil'j " \l, t i "U 1.1 :dlt o t 'nt¡lI'i "ll ( spl i/!" II11 H
d(' :ll! r r ;w!,,¡w., oI t' (¡ I' d . ,)) lJI' j.. "i ll k" Y m N1WI 1[1 11' p.ihl n·
I\P l'llt. 111 ,,;('1'111 jH' j' W\ II;1 " .• ftlh.,·_ \,..; l )¡ ' \'il', mi-:e1'l., n '<blclgi(":¡,
1;1 r ... " l,.;t! ·nr-!: I t'\il!'lp>; Inl li rl <; (It'
l' jl'.-]mi' lit ... 11' 1:1 l ,lad·;n ,1 p·' a l' ,1<' J,I l" ll 1ll1\lttl:¡.1 m ó!1I'I' Il :1
.-\,.\ " ti \ ni Iw l')HI rlt' ' J" (' "f\ (vI" ¡jI mundo ,-"Ol!
:nIJ
1
Iin:i¡aclon('s de la vl l ulid¡¡ f! ti,. m'den hen",Jó'{';mJl1('l a l, jUs'
tJfl cawrl iH, rl e la I;'\evat!a mul"laUclml In(¡¡nlil gten-al1a"' ( p r o-
blema indíflclla, 31lJ.
1, Existe una hlbliogrtl fía <lutori1.ada y abundnnt e sobre
el CAcafsn:1O e n el Perú, (lue un maWri al preciosa
pa ra el hlsl odarior y ·el sociólogo. ,M,cndonamos 1llgUllas de
esas obra¡;; en la Rlhliografla (ver Cocof,s7i!o en el fndice
t emátl('() de la BiblJograCí:'l), A tosas ob¡'as ha venkló a su -
marSe muy ree;entemente d notith!c [n.for11le de la.
de E:;:/1.¡di,o de IIlS Jl o';f¡s Ile Caf u, j)f€sentodo al Consejo
Económico y Social de 1:18 ll n!d(1s v puhllco.do en
volumen (ver Fli hli ogr;¡r1a, haJo el l'J)ig1.'Me· Nadotlt's Uni,
das) ,
Este J-nfOT-me incl uye, C'omn ::mex<,>, Ul1a Bl blio'
grnjflt a'latatlll .$f)fn"e (le la de 1(1 }¡, nja
(1(' cocn, por Pl.l hlo Oswaltlu Wril Ir, (I I) I! Cs un tt'ahOljo de
excepcional valor práctico para el
2. A pesar de los datos t.'Ontr:\lii(;tOl·irm que eneuen'
u'an (>n los croni stas colon iaJes:, se acepta hoy que el consumo
)a CQCtl lué lfmitat1Q d Ul"an l(' e l ]¡l Ctlrlo, c,omo lo di jo el
en 15íO (JnforlJwl'io1U:., del Vi-rrey 7'oledo.
Lima. 1570, Clt. por Gutl én'ez Nol'iegn y Zapata O"tiz. Coca
y cocaf.w, 1:1) . Ln (!Ol;'" era planta !:agl'<l dfl lJllIiI Inrllos
de ltl }1l'ot ohl:; l¿ I'lcu y GuUén'cz Noriega y Orti z
CI"een JJUlS verosfmll que las restrlcr,JrlOE'S del coqueo fueran
de orlgen religicso, ya que les resulta dlflel l aceptar que
los incas t u vieran conocimiento de l a to:<icirlud dr la hoja
(lbidem, 24) ,
F'ué en la colonia cu.:tnrlo el ,culfi vo de la coca se exten.
dló enorrnemt'llle y su consumo se trans formó ron n\Jlidez
en de , los más Sraves nH¡l(if¡ endémlc,:os (i" Ju I'egión
andma, " S610 (In el ao; iento mlne rQ de I'f)too;í se f'onsumif!-
ron , según ('1 tef;t!rnon!o nt' l \I 'QslU , l oo,{)nO <le f'Ot." 1 t'n
el! J5a3", rifr(l (' nol'me " i-l l se tiene (' n r. ut'nt,) que
Sf' t é f¡ete 11 u na " ogI6n, ¡lUl'f': rn rl'espund¡' casi ¿¡ lu tr. rce-ro.
parte Ó a la mitad <lel <lrtual l'OI1¡; umo del Perú" ( [b1dcm, 22,)
L ¡,u; nSlológk-H:-,; <le! coqu('o f\l('roll :ldver-
tl¡]a¡; lempl'anameme por 101> Ya l'n lf.3{j. Oviedo
y Vaklez que el h;ibito (\1.' 1<1 {'OCa " ('(lnf!Cl'1.' extr a ,
urdh\a l'iu resistencia COntra el hamhre y lA faUga" (lbideM,
211
21) . Es;) cualidad de ia coca _agreguemos nosotfQS--- la
tranRformó en ImpQrtante auxilil.1t del régimen económlCD
y soci .. 1 (le la colonia, permitió Que el Intensificara, s,u
rendimiento f(sico en plazas más (ctlucnlos, ('onsunu{'Ja
menos al\ menlos y vestidos, se hk iera menos rehelde y en'
contral'a en su toxicomanía un sustituto de todas las cosas,
materl¡tl es y espiritual es, que In CQlonia le Por otra
parW, el cultivo de eoea en gr<m escala permitió acumular
fortuna" entre Jos colonos.
Se dictaron, durante la colonia, ciertas medidas resu·le·
Ovas y algunas escasas opiniones se alzaron cont ra su con·
sumo, pero no tuvIeron jam;is alcance práctico. Garcilaso de
la Vega que la coca cra uno de los art fc uloB comercla·
les más importanteR del Perú (l bidem, 25) y pronto se e-scu·
charon de médicos y :;aeCI"d(Jt.c .. que so¡.¡tuvleron
que la hoja de coca era beneLiciosa Ilara el indIo y [Iue a,e
debfa su consumo en gran ... ..se.ala. Hajo lA Repu'
bllctl, el problema continuó t'n pie y In telara ña de 10$ inte-
rese" cr eados s.lguiÓ impidiendo el menor Intento de solución.
"Durante muchfsimos años _ la historia del coqueo
cuenta más de cuatro sIglos si n C()nstdrrar su prehIstorIa
_ el hábito a la coca rué cue!\ÜÓn Intocable. C:\da vez. que
Se hizo públtca algunn opinión contra: el cpqueo, y se pre·
sentó un proyecto para suprimirl o, se interpusieron gl";lnt'les
Iníluenc.\as anu)an<Jo tal es , Iniciativas. Durante la época
oolonial merecen destacarse 18s sugerencias de SantiHán y
de Falcón para reducir los eocales y extir par el hábllo a
la coca en forma En c'lkha fpoca se ignoraba
la exislencla de la cocafna y de l(ls toxieomanfae, pCro aqueo
Ilos nrecur!';ores en la lucha contr a es te mal público tp.ntan
pre!:cmlmlenlOs de los causado!¡ por la
droga. Durante la éllOl:a republicana, la coca luvo má¡; apo·
logistas que de.t racto,res", con alguna)) honrosas excepciones
(l bidem, 126).
StíI?nz, en su Ubro sohre la caen (Vf' l' llega
a est.") conclusión en lo que se refit."re a IEl hlalo"ia de
toxh.'omnn!a pi!wana: "La Historia revela flUC la COCIl fue
I.I tlll1.arl a en el Incallato por :lUS pronlednrles
y Q11e Sil acMbn estupefaeil! nte Y su (lrCión en el coqueo se
usó sólo rlNiiie una época que coi nd<lc con la Conqlllsta del
Peró por España, a parUr de la cual k¡;
favorl'Cieron su consumo, tanto pclr los voluminosos Ingresos
Que el Fts(:o EspM,ol obte.llfa, cuanto por la ayuda que el
coqueo nevaba a la dominación del pueblo Incaico" (235) .
212
1
I
3· Los erectos y psicológicos del eonsumo
de la hoja de coca son hhm conocidos por 10B estudIosos y
todOs ello:; 1.Ienen tma proyección histÓrico·soclal de la mayor
lmporiancia.
"Desdr¿o la época preinca.ica _ e:xpresan Gutlérrez. Norte·
ga y Zapata Ortlz, COI'(! y CQca(nu, 53- se 11a reconocido
que la COC'af na es un" de las orugas más eficaces pal's au·
mentar la re,l;jste ncla a la fatiga. F.s InclurlabJe que tal actión
¡;e debe a la conrurrencla de. sus efectos neuro·estimul antes
('entroles y periféricos y también, ('omo veremos
11 su "celón l'ohre ('1 metabolismo, que permIte
movilizar 'con r arldez las de materiales energét-icos,
rle en particular". Continúa n los mlsm6s autores:
"Con frecuenda ObJ;t>f\'Rll plteracl()nes afcc.tivas, en espe-
cI"1 euforia y di versas emociones (Jue el s uj eto
{"xamlnado por 10 regular expresa afirmando que se siente
muy fel1 z; sólo en ('asas f<l r 05 se experimenta angustia o
depresi6n melancólica" (58)'.
"Más Importante es, emre 109 cambIos afectIvos pro-
ducldos por la <,ocalna que condicionan la habituación
-obser van los mismos autQres--- el sentimiento de superlh·
r idad, que sc ohserva tanto en los coqueros como en kla
sujtHOS no ha1¡ltuarlos bajo la acción de la cllcalna. Esta
droga conl ra rrest..1 los e$tados deprelllvos, induciendo sI·
multáneamente Ideas Qptl111 1:;las y de superioridad personal"
(Ibidem).
Sáenz alrilJ\1ye a la 00(' ,1 - pOr lo menos, en gran parte
- la psléologlil del i ndio ete la sierra. "En lugar de la nor·
mal reacción el sentimIento de Inferioridad debía engen'
drar en el sern:lnO, se apreda en él, e l "alma <1e! esdavo"
y una pasividad que l1eV::1 nI sorvlllsmo. Su r el'1 lgnoción
frent e a las injustici as que con él lie t.'Ometen HOn trarJiclo·
11111e8 en el Perú. Sus reacell1n.es !>610 son explosiones
moment{¡ neal'1, zoomór fkll S, produclda's lmlcamenLe, cuando
la opresión y el abusn, lo lIe¡;¡;nn a le¡;j() nar fl slcamente y le
.!Imenazan la exIstencia y en e¡;!as l"(':l'ccIOn cs rl emucstra, una
vez más, su inefl ex ii)\Ii¡jad, poi" lo que le resultan siempre
Ineficaces.
"EStas alter<tclon('s espirlt u[lles -con1.lnÍl3 el autor-
dan lugar a que todavfa hoy, en muchos lugar es de la sierra,
el elemento pl'oletarlo eo:t6 sometIdo a un ser ..... llisnlo escla·
vizaJltc, que se originó en el Coloniaje y del que -por la
(¡bulia la toxicoman[¡¡ le genera- no llene Interés
213
por Hl}f!rl,t\t· se". Y agrega : ;'!f,¡¡te mlSn19 IndIo o
l'n Ol ros lug;¡l"P>I del I'f' rú. ('n que !lO la toxico·
milnfil . \. t.''1a. y t"lIta de amfJll:-¡f las que le g3runtizan
Ji.! liucl tRrl. nn llt'l·mi tie' H.h. so le explote pc; r el haccntlatlo
o se le ,,"je pOI' la autoridad , como e8 la regla cn la s ierra"
(Coca . J GB).
El mismo 3utor . al refut ar la tt'sls racial que atribuye
;11 Indio clert3 mlf) tel·io.sa que le empuja al consumo
de l a hoja, observa lo Hig ulent c: ·'t ..a carencia eJe ambicione,
y sf;: ph'ncione!i que el t!oqllero demuestra. Iu padecen en la
en idéntll'O grado, el inri lo puro y el mestizo (cholo).
cualq uil'l'a yue sea la dnsls de dt' otras' razas que
lIe\'e en sus "P-lltlR, a condición de que sea hahltuado a la
{'()('a y este hilhit,o es la regla en la da!!.'e pl'oh.!Ul I·ia dt:! la
l;iierra, C'\Hll!]uiel'a Que Rea la raza que 1;1' oi,)¡::erve. Elemen·
tos rilclalmenw a los de la s ierf¡¡', quP. vi ven en
otrtts regi<'lncs d(' 1 s in toxlcom:l ni .. , se comportan lI or·
malmenll!" Ubidem .• 173).
y h:lmbre hun eS(ado (ntimamente unIdos a
de los s iglos y s lguell estándolo_ ' Cuanto m(¡s come
in(ligf'lIrt . ml'llOS mastica h<Jjll .<; de cot:a·' . compruebA el
flnl'tor C. A_ Rlck etts. de At'(·(¡UI¡)a. Pt:rü, en
PU1)1I'·' lda en Acta.'! cI('1 Segundo Congreso Médico Sud·
amc>ri(',mo, <:e.let'lrarlo en 1943 (Clt. en el Tttfur me del men·
cionado or¡.::mismo de Jo!:! N<.tciones Unirlas, 29) . -El problema
prlnd pal. continúa 1:'1 mismo autor. ('s (' 1 del 'hambr e y .se
lo del)e C\"lmbatlr con métodos social es.
El r epre};enta nte de Bolivia en la Conferencia suhre
Nu t ri ci ón. convocada por la Organi zaci ón de la!; Naciones
Unidas para la Agricultura y la (FAOl, en
1948, s'ostuvo qtle la alimentaci ón insuficIente ('('Jn que -v Ive
La J)ublaclón nat iva del pa l$ I:rea un estado crónico fle ham-
bre qUe 5e alh' ia o distmula mediallte el de la coca
(lbidem. 29).
}'ero si bien la coca l:.er mlte al obr(\I'O l'e.3I!z31· un
trabajo determinado bajo su estimu lo inmediato. Ol'sa-
nl smo !;.c I'bi ellt e ¡¡ el'i¿¡ mcnte con el Uempo y haCe q u e su
c,, "p,witl¡ul total de traJXljo sea relati vamente pequena
28 y ::;i g.). Ocurre esto, preci samente, a 11es a r (le L:ls eoodi-
que el IndIo ti ene, en ci rcunstancial; fíJ vol'alJles; para
l a I" bor continuada y su habilidad tPcnici!. . La mencionflda
Comisi(¡n de las Unidas romproM en e) terreno
esh "nowhle aptitud del inrli o para el trabajo in(luslrial"
(/ /J i d"m. 33).
214
\
I
¡
. ' ·WI>I\I I,\;' 101 \,m, ·I I.\
,ltI.<,.,- 1"' II ' j: l , ¡0I i hl-'1I ,. :u'¡':" n lÍllo, /11 -,;0 W10 .1, .
I' ri nlf'l'(IS .... i·1I 1l 1;11i (·,I-: , le 11Ii;tol ' j¡¡ dl' la \, h ' lIpltl
l' 1l "1 "ojl li n/ 'l d n 11 .. 1'
" ]": 11 ',·\,(; '] " ,' 11 1r ' :¡ 11 111''' ,II '! " \1-1 10 :;\' ,¡tiC' dln bizo .:j¡
I'n !nl'r;1 in'I1I" 'lOrl ,.:,.pl'( .....;¡ - . • 'lI n' Jll f· lit rt'rh::¡ in::l 5 n'mOI;'
:.,. " n" II(' " I I';1 '·"W·.' lrk .I.I,¡ " 11 1 .. 1 ¡" ' iH' (' I' quint o cleI s igw!?llU'
'''' I g l n , p: 1I 1I :1\1'11'1111 "lrld" nl \; 1 1¡i ' '! 1 l ll c IH" I 'altl¡' p<JI ' 1.1 Jl1ü l'W'
¡i d a d ¡l lI/' s(>' nll"llIj ,' ;' 11 1: , [ .. 1:. d o! :-;\:111 1(. Dom Ingo ( litl71, a tri !
IJU11l() I tU" 1" " , ." .) 1';$ l'l lwinwr h bwt'hldol'
rli,' ¡f':-. r ¡:lj¡' i< d I' ( ' ¡' iO' !i ',bJI I {', ,)( ' ll (' 1 h;11)1n t k t 'sta cpidc
m ia ( 1'C"lJ II ) (j ·.!\n;:: h lt ";1). Sil1 .l') Dr. ),10111('1111 e n
lI isl.Qi l'(' fl e 111, Vm.:,ill ' · h:w" i'iuhl r :1 2U la
fcdw (1(, " \\ ,1 ,\III, ' I·\¡·; . Y. no inulca 1"011
(·x¿¡ \: t i. u c! lli d ul (-¡"'C'a ti " p"j m"!'::,, inmigl':1
cit. n m'Jrl ,j.l.1. 1110 I1n·, ,·s ;, 1, ,1 \'1/ 1'1 .lf'(· "I ¡,rla. ¡;j se-
qu\' prt'cb:lnl f' IlL,· " \1 , . l (i(' III I'o 1;1 \ i !'II (¡ !,1 lo r:u
rvp,,- y (¡tl l' las .... IOtl a ... 1;11; uf· m5s meuid;):> prc·
1' ;l IIC'! ,}nillc/, , 'oUI 1';1 /·t f1.1J::(' ]( ' " , an, (l l'g(,'OnQ(¡ldH!;, I.: tHUlc! Co
11l t-l1f.'¡'; tI " 1 .... "· :1 Iml" iT(;JIl l'l " p:.u·a l,i1'< !jl' Q' ;t l ul·t'H1S ,ivl-
du ... lit· !' i l) IIO:.:.-.: ' ILIt' j (1 il h:llhhri,·J\ t .. r; huit r cI" 1;(' echaron .!lO
la;;; hu!?Il .• :-, (·nl .. n. ""11 I" l lo!l /'lIS \-Iclm¡, y tod..¡s
,el1 f 1:\( lt· ¡;.
" 1<1 1,: loI l' e F r:,}' ']', 11'11'>1. , ]\,·u,!\', nu· (, J\lüln!Jn!a al
Iu/ U;". la;o.. , ·:' u ....,;·. , 1\' 1;1 'l l ..... p"I ,I ... 1" 1' ,1\'1 ¡ UI\ /N' IO lie: 1 .... I ncus,
i rl :1 .\ \1'7: P!.J¡'!;I"', 1111\'" l a" ': Il;d r,to; 1:\ v ll' u elü 'fi,:nu'u eH
d 1'1' 111 H'1' ,, ' I"uíl),I . .v HHí ' Il ev"da
IJO" ll,·inwl'.:t , -('z u N UC'"l'll r:",paf1 :, .-.n il fl o ];'i20, por un es·
1,'\<1 \(1 d e I; L t:9 mlt iva ¡j " I' " nflln N<trv.ocz". Fril.Y Torihio
Aut·Oi h1.\IJ(;'I ' mur-rr .. la miWd (le la potIJad" \l (le las PI'I) Vill'
¡I.J!!. en (1Il{' H't i ntr".l l1_!f/' , XI.
:,hate }< 'l1 i pp() SII I \·ud o! ', · \;i]1j. 1,' 11 " 11 1/" n ho·
t l) r ! a , 1'1111 r if'lllIi! [ " ' ntr¡l- í!j e (' ' 11j(' Hldos los JI .
'In). ... (jUf' 11,1 1" 1\ 10. CII ' O' . ' , ·110" In .. ... ¡Kl r l:ónl¡¡ra. 0 vh.·-
00 y nl l' '' /' ni "" ;,rl ' ''d i¡';\lll ¡¡ '1\10' pi Ji! vÍI' l1t' l;l. n i la rQseol:t
(rt1r,lI i ' l) h ' ll'l;l!I !ooi ()¡', , (, n· ,ddil-: t' \1 AI' I(·rin.L lll)t e;:: la ('on·
(} uht". l ,jIUb¡ <'1 1 ' 1IJl' J u i· 11.w:l da por u n s ol d ado
(11 ¡ ';ll lfl !n •• V /1 \1" ",. "x( " !1(Ii (o i n co n tinen ti en l,a. ¡!;l a
de ::;:1)110) 1 h,I ¡li llj.!; ('I, ll\ (''t'' [1 p 11'3'<; J,;l a:; (l e las Anti·
11:1<:: .V. (' 11 fi n. a t¡,olio ,'1 r ,¡Il IiI",'lI l·. ,10ndo: hi y,Q (lU).
Jt ,' I' Í1II!!l(l'bl' ;1 ;\1 /" \ .1 1':"p,I II<!, ' 1" '¡\1' 1('t 1ll<lll i' habla el",
1.., ..: " Cn fl:I' II)(>II:\fI, ·,; ('1 ,1,\ 01 \": " )" .1' : q n " 110' 1 !'Hl Cdf it': 1 y Ql1l'
:!J 5
reint!l'úJl prlnci ll;¡lmentc en 1515 y 1576, muriendo 800.000
Individuos en la y más de 2.000,tJOO (dos millones )
en la seg,m{\a, según {'álcuJo exacto t.om<ldo de orden de 101'
Vir rp.\'es",
"l-'<!I'H lila qu':.' no estén fanllllariZÓLdos con la historia de
laR epidE! mlas de- América Penns-, tal ve?, ('stas
dfl' as nlllrmCD y hagan naccr en su esplritu la duda , Sin
f'mh:u go SC!1l mlwl10s lOS hl s!Orladorf's Que hflblan de ellas
y huho un figurólndo m t':se luctuoso f'scenarlo
Jev:lntlulo un dr.1 en ¡;uc ln mejicano, para mostrar al mundo
que 1.1$ (le Amérlca en ocblan ceder a las más
morlífcl';)S y que C\lE:"nta la hurnrlt1i dad, Esta pes-
('onodda con el nomt'll'e de AIntlazalllllltl (¿no será lit mis·
nI:'! llUP ('1 Ahate OlliJ, es decir el que fué
una vl.' rd.ul· ni viruplll?) ¡;e vló E' n Méjico al decir de Malte:·
BrufI (' n rCIX' tldu.<; ocasiones -J545, 1576, 1736 Y 17G4- pero
las tl uti nrillll'r;ll'i rupton, a no dudar, las mas terrIbles" ( 1.1),
La cpit!cml;\ de 1576, f11.1l! tantas vidas segó, tllvo "la CiT'
(' Ul1slanci.<'t esppdal de no ata¡:3r roáfl que a los Indlgmas"
(J31. "SUI',Ift' :Jqul linTlUt'vo dOlto y es Que el Matiazohuatl
('1':\ gr¡¡w' y cnU'c los indiOIl. Ahora bien,
la oh"l' n ';') clti n .Y 1¡, c>q>crlcnI' lil nos han <If'mos(rado sl?mpri'
¡¡ue la vl n 1t' la Cl'i en los Indíg{:nos t!'I j)t!or azote, que mata
u CU3nt cs jnvOldc, QUe. r cvi.o;; te t'n cll(l¡; la fOl'nl a he morrfiglca,
y J'lualml·n!.t>, qUe los anormales de la 'VIruela
('s Igllal llll'TIle ('.ntre ellos la nogla comón" (17) ,
Opina- d hl¡.:J.:.ni sta :1rgC' nlinu que "la Introducción de la
vinwlu, enkl1lu!dad IgnonuJD h"sta en América, y
¡:um:Jmcule ¡¡('JigroÑo"l en este clima, contribuy6 tanto al ex·
termlnio y ¡:¡ la del Pt>rú, que pocos aftos des-
rlf! su r onfJuls t í\, pareela aIJoolut.amente increfble lo que
se d ... de su llI114;uu y florecIente estado" (7) ,
De Chll.r, lo más probabll.'- es que la aparicIón de la vi·
ruel a. cm forma epidémica, h;¡y<l I'eglst rado E'n 1555. Hu·
bo una ('p!{\('ml a que atacó n los araucanos de 1590
a l t:l92 (I !tl. EIJidll m[ils muy Kl'Rves fueron en ese país las
de 1654, i.UnO y Hir,-I. "l!:S[;\ ep!demla mostr6 un hecho cu-
rioso - agl 'pgn refiriéndose, al parecer, n la de 1664
-¡al cual no t' stab;lll aco¡;t umbro.dos los namantes domlna·
!lm'cs de Amtil'ka, y es que 1'1 viruela, más que en los In-
dfgenas, se t-m:¡¡lió C'n ('1 ejércilo español" (23). A fines del
siglo 17, en 17.m y en i17R7 se recuel'dan otras epidemias de
virucla en Chile (23 y 29).
216
.
j
De la obra DescrillCiOn de la PataoonJc, por el Padre
Tomás Falkncr, era médico (lncl ufda en la Col ección. de
Ob1'a3 'JJ dOCUIIIC11I(, • .,. Tr!u(ivus a la. M.stoTia de la Prov¿n.cia
del Rio dI,' la Plala, de Pedro d'e Angelis. tomo 1, p, 36,
1836) , transcribe Penna este párrafo: " Las, vIruelas Introdu'
cidas e n el pars de los Arttuca nos IJar lag Europeos, causan
mayor s estragos en ellos que In peste, desolando vill as en.
teras con SUs mali gno!; cIí'ctos, EMe mal es mu('ho más fata l
a estas gentes q ue ti los eSp¡¡ñoh\!l o ncgros\ ¡lOr r:;¡zón del
grosero vestido, m:;¡la comida, fal la de c.obertura, medicina
y cuidado nfet'sal'lo. SW;¡ Jlilrlpnt¡>s má s cercanos huyen de
ellos para evltil r él mal, dejá ndolO,: perecer aun en medio
de un de¡:ierto" {25) ,
El Paúre Falkner mencion .. una epidemia similar ocu'
rrlda en Bur nos Aires en el si glo 17, que ¡;e extendió a nu.
mel'OSas tribus de la Pampa (23), En 1761, agrega Penna,
hubo una gran epidemia de viruela en ambas márgenes del
Rlo Uruguay, a cons(X"Ilencla de la cual murieron 7414 In·
dios de .21 r !'ducciones (27),
En Brasil se "cepta que la vIruela fué Introducida en
¡(IDO, proveniente de' la ('{) st/l África, aunque parece cler .
(o que habia rel_llallo epldémi caml"nte el! Ba.hfa ha cía 1563
y en Marañ6n en 1621 , dOllde igualmente la Introduje ron
los buques negreros. " F. I africano de la .... Iruola trans'
portada al Erml.!l no ['lll n .le \;(' 1' oisc.utldo hoy dla" (n.,
lAI vac una anr!v:'!rifílicn fué fll lroduc!cla ro Brasil en
lsn4, En Molllevilleo, Hueno." Air es, Pc.>rú y Chile en 1805
«1), '
217
I
,
j
:1
1
AlFi\ BtTH;:U DE.:
I\ IATERIAS y NOMBRES
- A-
Abad QUl!ipu, 75, 78, 126, J 64.
Ab\!lp.du"" e.a.
Absol uli limo l' lIuritUnismQ, uiO.
dO! vm¡uerÍlIIS - en
Airtlll, fil • en ,,1 Lit,, ·
nl.l argeuynu, ó l • en el Jtio
de la Plata, lU8.
AC(tIj(p, afio
Agia. HIt.
Agrkullol'cs 52.
Agricultura y si!ltc!llIa dI; CII II-
tas en f!1 Incarto, 82.
Aguirre Beltrán, 6,0.
A!ooho1i1l1ll0, ]9').
Alfonso el Sabio, 8.4.
Alimentaci ón. 197, 2H) , 211.
Alollsv l X dp- J.,e'. n, M.
Alto Perú - Ol:'SpoblnciÓI1, 8fi ,
Ama n¡ (Topad, 1.40.
AmautaN, 21, 25, 3B.
Amér ica española _ aristtlCr&-
da '1 palIer imJ)eril\l, \ 61, !i;:.!
- Tglcsi a y poder i mper͡, I,
- oli¡:en tle los pobladores (o u-
'ropeo!!, 63 - venta de
publicos, 175.
América - dase
media 1ural,
tlO1nU1'CS en. n egrita co·
r7l'¡! I'0nde1¡ u aulo-reil
.'\nu!rkl\ porLuguesa _ de
lus p<lbllldores 6a.
Amunat.,gui, 50.
Amunálegui Solar. 125.
AII¡(diri. 21 7.
Ang-hicu, 2 1,S. ,
Al1lequera y Ca"tro, 97.
Antillas - !uglt ole. esdavos,
14.'1 _ .... iruda, 216.
All üll:\ s brHliniC8S - lI,l'istocra-
da y pode1· poHUcó local, 51 -
latifundi o. 7(l - 111//)"001/ caULps,
H 8 - miscibilidad SuciaJ , 96 .
fHJbladón blanca y negra, 49.
Antil1M1 danesas _ inaentu1'ed
61.
Alltioquía , uesclasacios, 126.
Aplie:ldón de la ley imp(!rial
176.
Apunt e (t'uns,liradón de), 141,
146.
Apt I1l');; er , 1·18.
Arbolf:'C.la l.I ureltlc, 174.
ArdJa FlUill/:!, 148.
.J\ ri. 'lI la (ndia, :t2.
!\ ri st,wraci Ol • ole Carolina del
·Su r. 48 - de LJlna, 93 - de
TnKl nlerra, 4.9 • regio-
n al CYI I!l l " cario, 20 _ t'l:<l!;iQ-
11;11 entre ]lIS suecas, mayas
219
El tt1cae, 18 - territoriAl en Dra·
sil , SO - y arte, 24 y
IIp;rarlaa, 18 - Y poder.
imperia l en 13 Amérita es:pa·
ñ(,la. 161, 1(;2.
Armas (prohihici ún de portar-
1M, t'1I Perú), 147.
ArrendaLo,rios. 90 - en Nueva
Granl.lda, 99.
Arte indigena, 25, 27.
A:rtesanos. 52.
A!"alariados, 51. 103.
AljsmbleRs en las comunidades
indigenas precolombinas, 16.
Atieo:r.a, 145, 197.
Ayllu, 15, lE! , 11'-
Azoar. 13S.
Aztet.l1s - Rrte y artea8nia, 39
_ t'SClavitud, 37.
A;¡;ú car (islw; de\), 49.
A1.tlCFlrerol5 de in-
J(cniQs) - en Cuba, &0 - "'TI
VerAUUl., 50.
-B-
Bahí:l. - viroda, 217.
Bonoa Oriental cOlllerdanws,
51 _ dese/asados, 127 - estan-
deroe, ál - saladerista!l, I;J.
117, 139.
Bandci r anles. SD", 86.
Bnrll:ldos _ origen de los pobla-
dOTe! enrnpeos, (;5 -
propi etnrios de la tierra. 76 -
población blanca y negra, 49.
&ned. , r;ll.Oll, 135, 14'7.
de San Milláll. 139.
H/l fT" 182.
8:1-
Benrd, 49. 122.
Delgra !10, 76.
XIV. 182.
Benítu. , 13R.
Bivero. 162_
en In estratificación la.
tial. 53.
"Boli ... ia - eocaÍl;mo , hambre,
2 14.
220
Bosdl Card., 37.
In.
Brasil aristocracia tenitorlal,
. clJlI1ercial, 80 -
Cá.ma.J'88 Municipal es, SO -
clGues faze'ndelru$, 176 - cia-
se media, 90 - Comp01l h:ill
Ocral 110 comercIo de Grao
Fard e Marar/hao, 140, 161,
182 -.. dese!llsaflOll. 128, - fa -
ze'ndeiro.' de en/é, 50 - fa-
ze'/ui firml rfe gado, .aG, 50 -
Igl esia, 128 _ I glesia y podu
PQlftleo, 16-1 - latifundio, 75,
76 " levantamiento de. planta·
dores y comerciantes, 139 -
mercaderes., t1U "líncirado-
res, 50 _ miscibl1iilnd socia.l,
95 _ negreroll, 48 - nooleza vi-
108 Palmares, 1010
• revolución de MaTañ6n, 139
_ de lHa, Ge-
ra.P'/I, Santo TomAs, Mnr/lilÚll,
Ml!.tto Gl'OlUlO, 140 - senl,()Tcs
(fa OTlgetlllO. Ml. ,l a. '<' ime-
la, 217.
Buarque de HolI/lnda, oo.
Buellos Ai res - 3teloneros de
vaquer.fall, 51 - comerciantea,
. 51 _ eriarl(lt"es ganAdo mu-
lar, 51 _ delldat>af!Q!t, .1Z6 - es·
tancieros, 151 _ viruela, 217.
. BurgueBía " come rci al de Perú,
95 - de C6nloba y noroe!rt;e
de Argentina, 51 • mjnera de
"Brasil, 85_
-c-
Cabildos, 79, 172.
Caciques (enriquecimiento de),
144.
CulanchA, SO, 133, 34. .
Calm11n. 9.4.. 133.
Orllpí:r:ius. 52.
Cal.puLLi. 16, lS, 19.
Cámara Muni cipal, 80.
Danek, j36 ,Hit.
C.afl.ete (MarquÉ-.s de ), 116.
Capitta l finllncieroeomo factor
eu In estnlti.f icación social , 4ü.
Cnllihllj¡; ffl o colonial, 43.
Cal,litl\li stas del t ráfico de mu_
ltas en el Rio lit') la rlatB, IJ t.
C4rdellas (Ver
Cartos publicas (venta de), 98.
GarlOtl n (Gran Dt"f;llD.ña), 11;9.
Carlo8 V (E"paña), 33, 65, 134,
158, 162, 1&;, 167. 178.
Camelro. 148.
Caroli na del Sur - aristocracia
y eSCla\'08 negros, 48 • mer-
caderes, 48 • plantadoN'B, 48.
Carvajal, 62.
Castaa _ NI América española,
12Z - en la Indi a, a l - en la¡¡
colonlaij británicas. 123 - en
las colonltlll ell].lañolas, 611 -
entre l(ts incas, 17, UI, 20, 21
_ entre 1m'! mx.yas, 17 - su ori -
gen Í"n lail sociedades indlge-
nal'! prec(llombinas, 17 - IIU
mi gcn en las sociedades pri-
mitil' a!, 16.
Cailtellfuerte (Virroy), 83, I IU.
Ct<r".nles, 1;7.
C"ullnl"" Sala2.ar. 59. 89.
Clanes ¡a:u:ndeiros, 117, 176.
Cla.se medi/t, 63, 87. (03, 104
- e I,glesia. 56 e l n11Uisicií,n.
56. 68 en r.lmA, 89 - en Méxi-
co, 89' - movilidDd, 87 - rural ,
OO.
Clase I!ocial de 101 despose!dol!,
'62 - de 1011 poseedores. 103.
Clavl gno, 37.
Clert), 51, 52.
Cilho, 89, 9:1.
Cocaf.llmo, J 99, 203, 211 _ Y
hambre, 214.
comtmidadplI ind¡¡e-
n Ml pr(ltohilllllrl('as. :B.
Colón (Cris tóbal) , 216.
C...,lón (&rtolome), 138.
Colon¡a _ com"rci antes, 61.
Colonias británkM de Ambiea
del norte, ñl - y
poder poIltico local, 81 -
{lictos de clases en la rev'Ilu-
ción 1/e la independencia, 142
_ latifundi o, 76 - m 4 r o f) n
148 - origen de 101 po-
europeos, 6-4, 65.
Colono! , 90.
Comerciantes de BuenO'B Ai-
res, lil _ de Cuba. 50 - de la
B:l.nda Oriental, 61 - de la!
ciudlldea de Méxlcl'J y Lima,
60 - en Isa órdenes nobll ia-
rias, 99 _ expor tadores e jm_
portad...,res en México y Pel'Ú,
48 minoristas, 62.
Comercio en México, 69.
Comm/ll{t<r (Ver Mori1!.on) .
(..'ompa}lIlia a eTal do COllLer-
do de arao PaTd e MaTO.-
?lil ao, 140, 161, 18Z.
COlll pañíM de Jesús - en Para·
guay, 9'7.
CompañiA 1 39,
148, 150.
Comuneros (levantamiento de
10$) en Asunci 6n, 97, 139 -
en Bogota. 139.
Comunhlan agraria primiUva
en Amó!icn, ] 6.
CoOf:Olorcon'o. 60, 127, 168, 195.
Condic:ioni!s de trahaju y de: vi_
da, 195_
Confederación IUteca - su ori-
gen,17 .
Confli ctos _ agrari os en Nueva
York, 142 _ de en la re-
volución de IR hl(1ependencla
en 181 colonias bri uí nl /'as de
Ameriea del norte, 143 - de
Olilt amufall (;on el poder impe-
riat 159.
Coni, 61, Il4, 202.
CO/1 Jluista - en las soci edades
indlJl:enall pn"C¡J!ombin8.lI, 16 _
en ¡all lJodedades primitivas,
1ij.
C"n¡::pi raó¡;ll de Aponte, 141,
146. ..
Córdoba burguesl a, 61 - enco-
menderos, 60.
221
('orllf'ju 150.
(jfrrm1.J1) , 33.
f raudes a los in_
!iiull, Hi.
II e I!;anado mular e n
Aires y Litoral }IOY
61.
Cun(l'QuJl, 197.
Cuha - azucarero", 50 _ cnmer-
el.ntes, DO _ conspiración de
Apontc, 141, 146 -
dos, 127 _ Guerra de 108 Die?:
108 - hneendarlos. 50 _
las tropas de lIolufll(111US des-
pués de HH,8, 175 - negTer'O!I,
!iD _ oliKarlluia 1M
_ \'('gul'rulI, HiK.
t 'uro - 50 - pro-
dun' i ün, K7.
-CH-
Churles'on - an!;tocrdda, 48 -
arLO!tnr.rada )' poder Jlolfti co
luc91, 81.
_ ('oU1unidades, :n -
eltc1avltud, 36,
Chile desclaSildos , 126 - CIICO-
lTl<i!n.-l('rol', 50 - inr¡uili noa, 84
- miscihi¡¡tI",d 8(.>('ia!. 9!i _ (llj-
garf¡uia dn trrrnwni cntes y
l O!) - jlrhner
1(.17. 126 - virue-
la, 216.
CMve:r. Orozco, PO.
- D-
Dl'cnnpncil'l de y 1'o1'll.l*
KtI.!,44.
11)f1, 116. 117 _
fWasl!, 126, 127 - el1' BU(>1109
127 - erl Cuba. 127 *
en Cl1i1e, 127 _ éll lli Banda
OriE"n ta l, 127 - en Nue\'a El>-
pafia, 12J - en Nueva GflUla-
n:l., 127.
11 , 116, 117 (Ver
lanlbic\u Desclasados).
222
de la t,amilia,
I!)7 •
!1(spol,lal'i, n de! Alt('l J'orú. 86.
... >;, 5_1, 159.
Ditot omia o c i a J ,
LUSo
Difr,r'ellc.iaci ón élnr...tI. como r('n-
secuenciu la dilc renciaci.;n
\o1 odal, 54.
Oj¡;loeacjón ecollómlea, 193.
Dislcxllci,' o BociRl, 190.
Didll ir)11 del trabajol 69.
Dominica - poblaci6n bhionca J
m-gra, 49.
- li:-
de la América hia-
l'anQ_lusu, 4:1 - y a r le ("1 las
iudígen311, 27, 28 -
Y mo!':!1 en el l 11cario, 34.
FA.:uauol' - !'1!\'oJucl'\ n ,le las al·
ealonla,,<,
Ed",·ardlj. 95.
EllIbOll.has. fIf>. !J5.
Empleado;;, !'i2.
Engenho c Igl esia en Rrasil,
-,6>1.
Encomenderos - de C6rduha,
CUYQ y noroeste de lo que hoy
el! Argentina, 50 - de Cuzco,
Char C3!!1 y Lima, 100 _ de Chi -
JI", 50 - di!. México '1 P eni. 50.
Encomielldas - e inmovilidad
!IOcia!, 82 - en \a l"nna eión
de estrato!! 56 - el'
Linla. Quiv. y Chareas, 82 .
('x!.i.nriún. 83 • y. latiIundjoB,
"".
Epidemial' . 201.
Epoca )\ estrato sf)(,'ial, 66.
F",clD.\'itud, 104, lQ7 _ como
fae{r, r de cornl¡K'ié¡n soci al, lO!:!
- en CUTolina del Sur, 4R - en
el Jncari (l, :IG - (' ntre 106 a%te-
ca.-, 37 • entre los cfL.ibcnu, 3S
- ('ntri' toll Illayas. 3& • entre
1M tUJlillambáes. 36.
Esdavos - nfr.icanos en MéJl.ic.o,
(;0 - """1'" 111>;,' 5 1 _ 111_
lo:ill\·, .,I. 1411, H Io! . 1"\"IIHI1,I"
f·JI ,·,.I" II;:t,. ; l il:.-
lI in!,:; ,ilo '\' 11 1'; ";" 1\ ,1,1 ''' ' 1'1' ',
14:1. _ .,ri e" tal .... ,. " u M¡·xif,'/,.
1:0, 1:1.
K-;J' II II U - tI"LtI ,I,'" d:¡ , 11 _ ,._
I l'udu,':;¡' \' 11!1i .lad
44, .
(h"'¡ln tam; " n l f> ,r{· Gual
t I. 79.
E$pañ" la (IJ>ltt), 2 1!\ . h:\' tII11;\.
u: kntll (j q J{Ol¡lÚlI , 13-'. 1.14.
ESl'c{·uJ.wl<\ll r ,..
i"(';I;"" _ ""i":-"Il y fn n_
,.¡ •.or¡ südul, 17.
- t·!) lI,wll tJI: Ai r ,· "
X ¡. H",.al hoy r,l _
rn el r:lo d,' la l'l f.I H. _
"l' R.'In.I., 111·¡"nl l. l. :, 1.
- ¡¡'I 1.1
.'\m,éri..,1 Ir, - .\'
" oll<':; i,' 1I ,,, .. la l, !11o! _ \; porkl'
po][li<:" 7!'. .
- - F ·
Falkn"r, :!.17.
F'R?pnda. (" Tr-I .. "lO
1 (\oJ.
FSl1f.('n,Jl'i r<, ,. • ,¡, \,: , 1"', rJ11 " dr
g:ul fl, 4 1\ , litl, _ :;' /.
< fH1(>VO.s . ¡-¡S.
JI, 1m, 79, !lS, 1 :H, 16fi,

t\'r'13ndcs !I(;.
}'crn;:¡mlo ,,1 Cr,to·'li cII. 17<\.
Fc rn>tlltlo ('j !-\lt ulv, :J,I.
¡.'in(,)4 H. 1.7(; .
}<'I"I'{'S. l4r¡.
Fore.iros, 90.
J27, 1S1.
I"rin$. l:!fi.
FtUJri(O!'IlI'r¡"". fil, [;,2.
FUl1cione,:; 1' 11
[".,.\., ....
Jombinm.;. lG.
.
( :lII\;ul"r:a 1.: 11 ,\l,"l<i,:,'t, 5!I,
( ;a .. IJ :t
< ,aud,','í .. ",. 1·1:1.
' ; ilij, tl f,.
(;ml l. ;'I,·;>; lJ¡íl'ila. 2U9.
f.lukol'l, r;¡¡ .
-1-1-
II cl'l1iindo, H.wlrlgu('z, au, U4.
- '1_
1¡;lr"ja - (' '' lIlO indor SUdlll , 120
- "jl IIr m. n . 121. 127 - Y el
1" 01" 1' imp:' I'ial ('IIIIf\ilnl, JU3 -
, , 1 p,,, r" r lu,I; l k" e n Rr:. ....i !,
f ,; 1.
Il\1lwl' .... i.
1/ .' 1";" - InÍ';lir ll,
::11 - ,·,,,, :o ljlOlI'''. _
"\J1\<lll b· t... 1 7 _ l'cunumia ).
,numl, :;., - ('Uw :1;.1 -
. '¡wla"i t ml. !ffi _ 1ri butu, :J5,
J 11.(/1' 1',/ 'Ir¡ >l1j , 61.
I!'}.:
(tu, ,; , (lo· ¡; u iuf"ri\,ril'jau
r:oci:ul , :.!14.
II ' U,\/ ,-¡\I, lwl, 7(\1 71 ,
1, ' q lli li!¡ (·:<. ... l1 (' ¡ ile, 84.
111f¡ lI bwi';ll. &0, 63.
I "i a!' u;> 1 ad-ClH' lu;stoct;3cia
r Iwd"r Jl(,)líti co l(oc:. \. 51.
-J-
4",1'1-1;,·'1 _ I)(>hl ad(m bt &nca l'
40.
.J \·lr" ·': tl ·;\ 107 .
. ¡f' r:¡ /'!!\I ;y,(I"l i"l ".'.-rn,'imico-s 0_
,·jal. 101.
Jmll1 r L:llo.ll. I\"l, 136.. 1:l7. 14>1.
J 77, 1"::'
,11Iall:' J Itfoill 'l nnf\:. ), :Ji!.
- 1{ -
¡. ... lIó·r. 127, 1S(j, J.l9.
1\ lrin. 07.
l{orn. 117, t'ifl, l oO_
223
40.
Ksfwtrlllll S, 3L
- L-
I..nda, 3G.
Lundllllun, n, 124,126.
Latifundios, 75, 76, 100.
Lcite' ¡"ilho, 53.
León (levantamiento dJ!). 139,
"S.
I..cvantamientos conflecuen-
cias, . 200 _ de comerciantes y
pl3ntadnrelJ en Brasil, 139. -
de esclavos en la!! colnlUas
britAnicas cl(' América del nor-
te, 142 - de l.eón, 139, 14,a. -
de IQS f'.{)T)lunm·(Ii'1 en Ai'luncJuTl ,
9'1 139 tl(' los en
1:\9 _ d e Marni'ii>r't, 140
- de MaU.o Gr05so, 140 - de
Minas Ceraes, 140 - de R¡o
de JUlldro, 140 - de RoltJáll ,
t38, 174 _ de Slwtu '.t'01nr, HO
- ¡le 'rarubohuao.::¡;o, HG,
Lnillier, 161.
l.ewin. 1M.
J:.,¡.y espafiola (su apli ·
cacFIl), 176.
l.eyes NuevM,
Linl:!. - comer'('ja nt es, 60.
LiñAn y Chmeros, 1li8.
Utoral hoy argentino - accio-
nes de 51 _ eriad(J-.
res Je gnando, 51 - cl'Itaucie-
ros, 6l.
J.iZArrUR"a, 85. 167, 1S!), 201,
"'R.
Lohmln "illenR, 99.
f.l.u·ha de en Brasil, 132.
Luis XIV, llí7, 167.
- M-
MlchAdo Riba!l, 116.
Mnlte· (lrun. 216.
Manu ,le (lhra - eom(l (Ild(lr en
ItI <.' :<tra1ificl\cí6n social, 46.
Marañ. n - \' iJ:'Uela, 217.
Milrk, 98, 142,
224
J/m"Orm. cam.pS, US.
Mart.lm''Z dl' Quijllno, 183.
Marlilln )" Vela,. 137.
"J',hrlín Fierro" , 114, 115.
MW")'lami _ lucha de pC\luel\f\!I
l'olltra terrate-
nientes, 142.
Mulluzuhldlll 216.
Mayas· esclavitud, 36 _ Nuevo
Im-periCt, .1'1 - p!!riodo de gJ:81\
florecimiento artlstico, 40 • .
('n Chile, 60, 101,
,,6.
Mayordomoll, fí2.
Means, 63, 123.
Mer.ham. 180.
Ti2.
Medier-os, OO.
j\I('o.Iina, 9J.
Mendieta, 78, \89, 194, 208.
M.endota, 87.
M I'ndo.za, 76. 8S.
Mcndota y LUl1a, 14'7.
¡'ida. l, lbS, 178, 1'79,
18:1. 184.
MeITaderE'lI ... lit! llmeil. 50 -
do Ca rolina del Sur, 68.
Mercado l<Tea! como factor en
la est ratificación social, 46.
Mesta _ en México, 77 - en
r\lleVfl E!ipaña, 117.
- on 1<1 estrati"ficadón
sodal; 53 - su ublcacl6n 110-
CiR!, 113. .
Méxko • comt>rdo y CComerClan·
48. ¡¡O, 119 _ encomenderos,
5{1 - esclt\vQ8 orielltal p. R. fiD -
Kll.Jmderus, óO - b.tüund!09,
75 76 - Mesta. 76, 77 - mi_
, ..
neros, 47 • nlisena f 1"Iqueza,
164 • negrero6, 60 - neiros,
60.
1't1i11L )76.
lI1inciradores, 60.
M¡lleros dI:! Brasil, SO - da
M<,xico, 47, 74, 75 • de Perú,
47, 7fi.
Mirandll, liD, 97.
Misct'genací C, n, 201.
M'ilrclbiUdad, 9J.
"'lita, J97.
Mocu:%wna, 17.
Mon, 76, 100, 126.
Monarquía uni\'el"'!llll, l!i8.
Monse.rr&t - pobladóu )'
negTR, 49.
MonteTideo - cOInet'eia.ntes, 61.
Monteils,. 216.
Moral y economía en el Inco-
rio, 34-
Monlea GulfluÍl, 8'7.
Margan, 16, 34.
!forillOft y eoamlacr, 48. e,.
81, 142.
Morl .. , . 21.
Motolinia, 39, 2Uí, 216.
Movilidad, '10, 81.
MozolI alzados, 187.
Mugaburu, 136, 147.
-N-
Nac.ionel Unida!, 211, 214, 215-
Nacom, 23.
216.
Naturaleza. y arte en las 8CJ--
ciedadee iDdfgellaa, 27.
Negreros _ en Brall il, 48 _ en
Cuba, 60 - en ltIérico. SO.
Negros. 126 - en la ClItratifica._
,clón social, 63 - en Nueva Es.
pafia, 60 _ íugitivos, 116.
Nehru. 3L
Nobleu.. - paull!!ta, 8S, 96 _
vicenti na, 86", 108.
Noroeste • bUTgue-
sla, 61 - encomenderoll, 60.
NOt'tbrop, 41.
NlIev. España . de3tJasedol!, 127
- venta de bienes ec\ell.ilÍ.st icos
en 1804, 175 - vlctimas de en-
íennedades, 2l6.
Nueva Granada - deadaaadO'/l,
126.
Nueva lna'laterra • ari,t.ocra...
eia, 49.
Nuevn York - conflictos I\gra·
rim¡.J HZ • leve.ntamientoB de
ek]avoB, 142.
-0-
OaxaeB del VaUe de) ,
62.
OlH'a jes (pr<JpietanOll de), 52.
OHgarqu[a - azucaren. en Cu-
ba, J08 - eoneepto, 1)'1 • con-
f li ctos C(lT1 el poder im:peria.l,
159 - de Córdoba, Jujuy y
SaltA, 84 _ de encomenderos y
tetratl' llientes en Chile. 109
- de teTr'8tenientes .en Nueva.
York, 98.
Olivar.-,., 126.
(,n!fmes flobi ll llrills, 99,
Orej07¡es, 20.
Origen socia.l de los colollOS
- de la América española, 57
• de la Amériea inglell8, 58
-del Brasil, 51.
Of. Cal)dequi, 76, 79, 80, 9S,
100, 126, 173, 179, 180.
Ovi .. dl.> y Va/du, 211.
-p-
Paeha.clltec, 38,
Pachet.o, Cárdena!! y Torree de
Medina. 209.
Palmares. 140, 148.
PAlo brasil {ciclo deO, 47,
Paraguay - ba'Jdciras, 139
97. 139.
Parra Péru .. 141.
Parringhln. 64.
JI!'nna, 215, 216, 217.
PequeñO'!! plantadorea en Ma-ry.
land, 142.
Pe,dir.:40 Malh.etro, 140, 168,
181.
Nru. 203.
Pcrú - conspiración de Huaro-
chiri, 146 • come.rclantes ex'
portadores e importadores, 48
encomenderos 'de Cuuo¡
225
y ümA, 109 •
nlenrlerO!l, 50 . latifundio, 75,
76 - levlllltamionto de Tambo-
145 • mine MI, 47 -
mlsdbilidotl ¡QCia.l, 9S • plan-
ladorell, 50 • viruela, 216.
Pie6n .. , 86.
PHt .. , 148.
Planhulurea - en Carolina del
Sur, 48 • en Pern, 60.
Pobl.ciun • al margen de la
poblaci 6n colonial, 63, 69 - bn..
productiva, 63, 109, 110 - no
incorpornda a la economta co-
lonial, 68, 109, 110,
Pobladore.l1 e\ll'opeoe (origen
"orial), 63.
POOl't mJltico • entre 108 ma-
YR!, 17 _ Cl)mo betol" en la.
eatcRti(jend6n lIodal, 46. 79.
Portl!!lI "H" 184. 146.
POI"tllR"al . estructura @cen6,mi -
ea y unidlld nacional, 44 .
44 - deeadencin, 44.
PortuglJeses - BU proceio en
Lima, 91-
Poseedores, 51.
Pradfl, SO, 85, 12lt
Prejuicio !"Beial, 97.
rrellcott, 28, 39.
Primera" famiUas de Vlrgi.
48,
Privilegio _ e Inmo"ilMad, '1'1
_ elIPllnllión, 77 - y prejuido,
97,
de los portuguelles en
Lima, 9l,
Produecl.-í n rle artkul08 expor·
tables como (ador en la
trnti flrae!ón aocla!, 46.
Profe!lión y "trato IJ4ldal, 66.
-Profe$iannlell liberal es, 52.
ProfuoTe9, 62.
P'r'tJpif'd:¡d la ti erra como
t:!l(' tnr fin la e!otratifieaeión so-
dal, .4.6.
Propietari os • de 52
- pequeñol, 62,
Puga, 116,127, l S1, l6G.
226
Puritanismo y ®solutismo,
lGO.
-R-
Ragatz, 76, 96.
n.mWl 76.
ltfoAl Cédula tle 27 de ma10 de
1&82, 196:
Renglón y acte en la sociedad
indlgen8., 27.
Resguardos indig':lnQS en Co-
lombia, al.
Re"oludén • tle las alcabalu,
138 • de Afnaru, 149.
Revuelta de Marnf¡{tn, 139.
Cató!ieOll, 163.
RickeUs, 214,
Río de la Plata _
del tráfico de mula!!, 51 .
latiCundin, 75, '76,
Rfovruguay (márgenes) • vt_
ruela, 217.
Ri .... Aguero, 82.
Riv-a Palacio, 126. 16.4.
Roca (l1)ca), 38, 39,
Rodrigaez (Nin,,), 140,
Rlljll8 (R.), 144.
Roldán (levantamiento de),
174.
Rold!n 138.
Romero (F ... ). 123, taJ , IGR, 174,
Rosenbl.l, 207.
-8-
Sacerdotes - /ln el 21
- entre 109 maya!!, 21.
Saco, 124, 126.
Sacrificioll humanos en las 10-
ciedades 22, 23, 32-
Sáenz, 210, 213, 214.
Saladeristas - en la Banda
Orlent.al, 51.
Santa Fe • vaquería!, 62.
Santiago- dd Estero, 207,
Santo Domingo, 215. 21&.
180.
I
i
I
I
J

j
I
!
I
Segregad6n élllit:a .147
tioo '
Sei'ontlo Sombra, 1 J 6.
<J L, 32.
81.ln COlapoll, 126.
SlllChi, 16.
Sitian les , OO.
BmíU. (Á. E.), 117.
Senhore.s de fmgenha
40. '
S .... I, 98.
-T_
lJ'ambohl.laeso, 14fi.
T-.un.,., 80,
H9.
48, 66,
Templo del Sol, 39.
TerrA.sgueros en Nueva Gra-
nada, 99.
TerratenJentes - en Maryland
142 - en Nueva York 98 '
ThnJPP, 105, 122. ,.
Tobago _ población blanca lo'
negra,
Toledo (Vil'TI'Y) 74 82 ]61
211, ""
Tolerancia religiosa en Nueva
Ing-lalel'Ta, 169.
Torquemada, 87, 215,
Torreta de (Ver Pacbe-
"'),
Torres Sald.mando. 83
199. .
TrinIdad • maro01\. Catn'",
14S. " ,
Amaru, H9_
TupiMmbies . eadavil:nd, 36.
-u-
U1Io&. Ver Juan,. UUoa,
-v_
Yacuna anti vari6liea 217
Vadio, 117. , .
Vaillanl, 37, 39,
81.
Valbu.na, 89.
Vald.n:el (O.) , 145, H!l,
Valearr.el 0 _ >,32, 34, 36, 4] ,
\ '. Ide:¡: (Ve r
• capitlllilltM en
Salita 62 _ ton Bueno!! Ai-
res y Li toral, 62.
Vllteh" 3:>,
Vcaa (CarólallO de la) 36 39
212, ' , ,
Veguerl!8 en Cuba. 108.
Yen.tuel • • Ccllllpañfa Guipuz,.
coan_, 150 _ Gran Cacao 50
- latifundio, 76 - levantamien_
to de Cual 7 Elpai\t. 141 •
Jevantamillnto de 139
148. ' ,
Yent,a de Cl'lrSl'oa 'l16.bllc09, 175.
VeraCTU1. - R1.Ueareros, !SO.
Vinllna. fl4, afi, 175, 179.
Virginia _ levantami ento de ea.
clavos, indet'! t'urr.d serVQ7Jts
e lndios, 142 • Prime-rQs fa-
ntillas, 48.
Viruela, 215,
Vuhmtari l;l9 cubanOI despuéi'! de
l868, 175.
-w_
Walbr, 65.
Wf'8tp.rmarrk, 124.
103 159 160.
Willill()D. &4. ' ,
Wolfr, 211.
-y-
YachahuasJ, 38.
Yupanqui (Tupac tnca), 146.
Zapata Qrtill, Ver Gat iérrec
Nori eH8.
lavaJII, 61, 16'2, 167 180.
Zona geogd.tica lo' 10-
c.ial, 66,
227
I
I
I
,
'0
I
I
,
La vastedad del tema (jue se estudia en estas págillas
el manejo de una bibliografía extensa. Hemos hecho un
esCuerzo JXlr consullar, en cad;:t pals y cada nlaterla, las obras
de mayur autoridad t) flue a¡x¡ rtan hechos o criterios 1m-
sin que l'¡::;to :;¡l gnlrlque que hayamos logrado (nte-
gr3mente nuestro propÓSilO. por lo cual esta Bibllograf1a
no e¡; tá exenta del Incómo{)o pecado de omlsi6n.
No ha sido ¡ntendón nuestra, por ende, compilar una
bJbllograHa completa de 109 Jlcrlodos precolonIaI y colonial.
por (o demás, el lector encontrará en la bibliografía ele
nues tra Economfa (le la sociedad coZuni ol algunos Ululos
no incluidos aqu(,
Se menciona enlre en los casos en que la
obra ha sido citorla en el texto, la abreviatura especial usa·
da en la cita. t;uo. nOo Incluimos ·varias obra!! de un mismo
autor, las enumcramo:;¡ ent.re pa rént.csl.s pnra poder dlstln-
gulrlas con facilidad al menclonarlaa en el lndlce temático
de la Blbllograflii •
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-Historia: Clul.vez Suárez.
Municipio
- en Amérlca espaf'lola : Ots
{;apdequi (2, 8).
Naho ..
Chive:. Orou:o (4).
Nangat' ión
Baring (1).
Negros
---en América: Tannenbaum.
----t'In Bra.sil : Rodr lgue5 (N. ) .
--en Nueva España:
Beltr6.n (1, In.
----.n Uruguay: Pereda
Petit Mufloz y otros.
Nirat"agua
-Historia: Colección de docu·
ment06, ete.
Nueva Eapaña (Ver tambil!n
Múieo
--Clasef! 80C'iales: c}¡ /i vez
Orozco (l) .
- Condiciooe5 económiclIs y
sOOales: Abad Quelpo (1,
2), Valbuens.
-Culturas: Zavals (3).
Simpson.
y eapitalhilfl!l:
Baz.ant.
-Francieeanoa: Mendieta.
- Historia: Aguilar, Castro
Santa Anna, Cervantes Sa.
lazar. Dlávez Orouo (l),
Carda Cuban, Garda lea1:·
bal«ta (1, 2) , Humboldt
( 1), Mendíeta, Riva Palado,
OroJ:eo- y Berra (1, 2), Puo
y Tt"oneoeo, Sahagún.
-Historia de la Iglesia: Cue-
vas, Mora.
-Historia del trabajo: Zava-
la (7).
-Inquisición: Mariel de Yhli·
....
-Legia¡adón: Puga.
-Levantamientos de indios:
Caga.nubia..
274
-Luehaa agnriu: Aguin-e
Beltrán (2).
-ker.ta: llirtutda.
- Población negra: Aguine
Beltrán. (1, J).
-Propiedad: CosJlio (1, 2, S).
-Propiedade! de. la I,lma:
Mora.
-T¡tlltos nobiliario8: Maril-
nez Cosio.
Nueva Grs'.,.da (Ver tambib.
Colombia) .
---Comuner08: Arciniegall (2) .
-Encomiendu: Hel'ná n d 8 11
Rod:dgU8%.
-Gohinmo: Juan 1 Ullo!!., Ota
Capdequi (6, 6) .
-Historia: Croot.
_Historia eeonómiea.: Garda
A.} (1, 2).
- Indios : Arboleda Llorenle,
Friede, Juan y UlJO&..
-Propiedad inmueble: Her-
nández de Alba, Salazar.
Nutva Yorle (Ver tambi6n
Ami t"ka dl':l Norte, Estados
Unidos).
-Conflictos agrarioa: Mulc:.
Or,aniuciób
-de los Tupll1ambAea: Fer-
nandes.
Palmarell (Esdavo/j fUgitivolI
eu Brasil) .
Cllrneiro, EnJle8, N.
....
Paraguay (Ver también Rlo da
l a Plata).
-----C<>ndlcionee eeonómlcas y
social": Aura (1).
- Expulsi6n de los je.suit ..
Brabo.
_Franci3ctlno&: Có:rdoba (2).
Báu. A;ara (1)
-Jeaultas: Paatells.
-Mieíonea jeSuitica.: G."
Bernilndez. Lozano.
-Revolucl6n de los Comu"
ros : "Estrada, Rai n ..
1
,
I
Pr .. 6 (Ver también Bolivia,
11'11.) .
-Alimentación: G u tI é n-ez
Noriega.
-Afllu: Castro Pozo.
-Cocaíllmo: Gutiérrez No-
riega, Mortirqer, Nadon't!s
Unidas, Sáen1l (2) , Zapata
Ortit...
-GoJndídones económicas '7
aoclales : üúrraga.
-Conquista: Presco".
-Cívilludones in dlg e n as:
Me.lIs (1, 2), TelJo (1, 2,
8). Valdmel (L) (1).
-Cultura: Barred" LAI18.
- Encomienda: BeJaúnc1e Gui-
088111, Torres Saldamando
(l).
-Gobierno: Juan ,y UH(nl,
Mat leJl1h.
-Historia: Basadre (l, 2, 8),
Ciella de Le6n. Cobl). Erui.
gUJ'en, Fuentes (l, 2), Gu-
de Santa Clara, Le-
villler (4), Loo.iza¡ Lor:ente
(1, 2, 3, . , 6). M:arl á l.egui,
Odnozola. 'Polo de OndegaT-
do (1), Prado, Riva Aguero.
Voleé.rcel (L.). Wiesse.
-Historia econ6mjc::a: Rome·
ro, Ugarte.
-[gletio CaUllic::a: Juan y
Ull oa.
- Indios: ,At.lenu. (Lo\lil), Ro-
yo,. Juan y UIlI7a, Lool1::I,
Pa:l\ SolitAn y otro, Sáen:r
(1).
_lnquiaici6n: Medin$. (1),
Palma.
-Jesuitas: PaateUs.
-Judlos: I.ewin (2)'.
- Minas; Lohmann .Vmena
(1) , Polo de OndeglU'do (3).
-Tierra!: Torrea Saldamando
(') .
Pirateda
-en Amérlc::a Alae-
do y Herl'f!ra, Ruing (2).
Planl.d,ne! (Plantcle, .enho-
rea de en&:enho, luendeiroe.
ete.)
--eJl Bl'8.ril: Anónimo, DiAl o-
go, Freyre, (1, 3).
-en 1&8 Antillas británieu:
Ragntr; (1, 2, Bl.
f'lateroa
-en Buenos Air es: M!rquez
Miraooft (2).
-en 111s Indias Occidentales:
Tone Re.vello (l).
PIYJllouth
-Hilltoria: Brad!ord.
Pobl.dól\
-AntilltUl ! GuerTa y Sinehez.
- Buenos Aires: ne!!io More-

POt"tuguese8
--en Buenos Aires.: Laluente
Macbain (8).
Potosi (hoy Bolivia) .
-General : Cañete y
gue:>:, Martine.'Z y Ve ....
-Innios: Álvarez Reyero.
-Minas: Alvarez Reyero,
jal.
-Mita: Viilaha.
Progreso
--Coneepto: Bes:rd.
Propiedad . inn.obiJIllria (Ver
tambJé.n Régimen de la tie-
na).
-de la Igh:sJa en NIIi!va Es-
pafill: Mora.
- en e!!pafiola: 0tI
Capdequ.i (4).
Buenos Airefl: Marfany.
-en Cundinamarca (hoy Co-
lombia): HeTlllindez. de A}..
....
--en MéxIco: C08eto (1, 2, S) .
--en NueYa Cr.nada:
Rodríguez, Sainar.
-en Saha (hoy Ar.ent.ina) :
Cornejo (1).
-en Uroguay: MirquH.
Puritanllnao, Puritanol (Ver
tambifn Relí¡ión).
2fS
Bartan Pel'l'y, Bradlord, Wer.
tenba.ker, WilIi80n.
Quito (Ver tamblful F..culldor ).
-GGbierno: Juan y Ullo ••
-Historia: Velusco, Archivo
N.acion.l (Ecuador) .
-JndiO$! luan y UnOA, Af'Chl-
vo Nacional (Ecuador).
-Mita: Fére;¡;.
':""'Problemafl econ6mlcos y 80-
CiBlC8: Santa eruTo y E8pejO.
Raull
_n América: Sarmiento.
-..GrupO!! radftleB en Efltndoll
Unidos: Warn",r y ulro.
Real cedula (Efl \mi'in).
-del 26 de diciembre de 1804:
Abad Queipo (2).
Religión (Ver laml)l(ln Fran-
clscanl>8; 19le:!lia Católica. In-
quilrici6n, Jesuitas, Misipnea
jesuftiue).
-ArAUCanOS: l.alchllffl.
...... en Brasil : (J. C.).
-IIlC8a: JijÍln y Caamaño,
Polo de 'Ondcltardo.
-Indios : Ff(¡yo.
- Reforma: Thwney.
Régimen de la tinta
---en América t'lIpañola: OtR
Capdequl (4).
Revoluciones (Ver L e v 8 n t Il-
miento!!) .
Rto de la Plala (Ver
Argoentlna, PllrIlguay, Uru-
guay).
-Encomiendas: Fellu Cru7. y
otro.
-Estado rural; AurA (2).
_Est ructura aoda l : AstesaAo.
-Gauchos : Rnr;sl .
- HiRtoria : Azarn (1), Lee-
villler (3), Parish.
ecorulmica: Levene
(4). Pulggros.
-Inquisición: Torre Revello
(2).

-Judíos; Le""ln (1, 2).
-Títulos nobiliarios; Calvo.
-Vaqueríu: Con¡ (4).
Itwarío (h01 Argentina).
- lliRtona: Fernandez Dfu.
Salariado, Salarío
--en A.lnérlca latina : Bagú,
Garcja (A. ) (2).
-en Nueva fupaña: ChÁwz
Orou:o (1).
SaUa (huy Argentina).
- Historia: Cornejo (1).
-Propiedlld Inruobiliarill: Cor-
nejo (2, 3) .
Sah <ador (El)
- H¡!Storin: Batberena.
San Pablo (Vell tanlbiétl Dra-
sil) .
- Historia: Taunay (2 ).
Sanla Fe (hoy Argent ina)
-Caucho3il: Coni (2).
-Histor ia: Álva:rez (1), Cer-
VeTa.
S.ntiago (Chile) .
- Hisloria : Amunátet:ul SolaT
(3), Vicufia Maekenna (1).
Santo Oomi ngo
-Historia: Bellég",rde, Blet,
Cabon, Chllrlevoix, OasUne,
Madiou, Martine:r.: de Qui-
xllnO, .Monte y Tejllda, Va-
nmel y otro.
-Jesuita!: Valle Llano.
Senhorrs de en gen h o (Ver
Plantadores) .
Servidumbre
- perRonal de indios : A.giL
'flerru
-Reparto e.n la Banda Orien-
tal: An6nimo, 11lf()NfLe.
TltulOs Il6blliarioll
Amé"rica española:
Atienza (Julio), Lohmann
ViUen. (2).
- en Chile: Amunategui Solaz
(U. .
-en el Rlo de la plata: Calvo.
j
1
Nue\'a EBpafia: Martlne:ll
C09sio! Montoto (1, 2).
Toledo (Fr1Inclsc:o)
LeviJlier (4). Urteap (1).
Tributo
--en la Amhlca española:
OtB Ca.pdeQui (S).
Trinidad
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Trujillo ( Perú).
Feyjóo de Sousa.
Tuc¡¡man (hoy Argentina).
-Condidonea econ6n1lcu .,
liociales: LitárraA'L
TupfIC Amaro
Cornejo BourQncle, L I!! w in
(3), Valc4'l'cel (D.) (1) .
Tupinambie.
Fernándes.
Ur¡¡guay (Ver te.mbién Rro de
la Plata).
-Eaclavitud: Pereda ValdéB.
-FmneiaunOa: Cónloba (1).
--Gaucbos: ConJ (1, 8).
-Gobierno: Blaneo Acev.edo .
-Historia: Acevedo D r a z,
BauzA, Bibliotec;a. Pintos,
Zum li'elde.
-.Jesuitas: Paatella.
-NegT08: Pel'\lda Valdés, Pe-
tlt Muiíoz y otros.
- Pmpiedad lnmUi!ble: Má.r-
q¡¡ez.
VaA'anda
---en Cuba : Saco (5).
Vaquerías
- en el Río de la Plata: Coni
(4).
ValparAÍBO
-Hi::,;toria: VIcuña Maekell-
na (2),
Vene:cuela
- Eeonomfa: Arcila Farra.,
Dlaz Sánehez.
- Encomiendas : Dbila.
-Hll1 toria: Baralt, B I • r. c o
Gil Fortoul. Parra Pérez (,'
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Gal'da Ohuecos.
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