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El minutero -Ramón López Velarde

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Ramón López Velarde
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El minutero

Ramón López Velarde

—[9]→

Retablo a la memoria de Ramón López Velarde
por Juan José Tablada

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1
Consagro a su memoria este Retablo: un lucero nos guía hasta el establo donde su numen -Niño Dios de cerajunto al asno y el buey del Nacimiento, que humildad y potencia diéranle con su aliento, de Reyes y pastores los tributos espera. * * * Pues las dádivas de monarcas y zagales que timbraron sus versos, adornaron su cima: ¡Joyas y flores, oro y marfil, mirra y panales hechos de sol y magas perlas hechas de luna!

2
Leyenda del Retablo: «No se ha visto poeta de tan firme cristiandad. Murió a los treinta y tres años de Cristo y en poético olor de santidad». —12→ * * * «Fue en la vida el agreste actor de pastorela que canta villancicos, todo música y miel, y al fin, cambiado en ángel, sobre el torvo Luzbel, con un verso de oro entre los labios... vuela!». * * * «La Belleza le dio un ala; la otra el Bien, ¡viva así por los siglos de los siglos! Amén».

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Escolio

Hermano cuyos éxtasis venero cobijados bajo tu gran sombrero negro y tímidamente mosquetero. * * * El olor de azahar y los cocuyos dentro de las magnolias fueron tuyos. * * * Y tus metales que juzgaron vanos, como engendros de luna, los insanos, cuajaron oro virgen en mis manos. * * * Y tu poesía que dijeron rara, rezumando emoción es agua clara en botellones de Guadalajara. —13→ * * * (Pues con sudor de su barro mortal cuaja el Poeta prismas de cristal para que el vulgo vea al triste mundo irisado, misterioso y profundo). * * * Fue tu barro también un incensario ante Xochiquetzal; mas tu fervor católico, ciñó el escapulario Y a la par desgranabas un rosario perfumado con ámbares de amor... * * * Tus júbilos ingenuos sobre la pena están cual sobre negro lucen, ardientes y sencillas, azules amapolas y rojas «maravillas» las jícaras que bruñe Michoacán. * * *

y hoy nuestras almas van tras de tus huellas a la Provincia en peregrinación.... entre nimbos de rosas y de estrellas. tendiste en los balcones de la natal casona.. alma beata pero siempre golosa. pobre y fea. entre las flores.. . Y le pusiste letra al pertinaz cántico de la fuente abandonada que sintió los enigmas de tu faz en su propio misterio reflejada.! Porque alargaste hasta la cuna rústica y pobre tu rayo de luna. * * * Y donde aún. en la oportuna medianoche.Así en la laca nítida y brillante de tus cóncavos versos turbadores bebiendo el agua zarca.. tal vez.. * * * Porque brillo de séricos mantones de Manila. hurga mieles con la plata cómplice de los rayos de la luna).. —14→ 5 ¡Gracias. ¡mira su propio rostro el caminante! 4 Poeta municipal y rusticano. tu poesía fue tu Aparición Milagrosa en el árido peñón. que los limones guarda y las toronjas en dorada conserva de reflejos. * * * (La fuente: compotera de azulejos del silencioso patio de las monjas.

oros llueve. Y naranjas con oros voladores.. como si desde el cielo ¡por darnos luz. —15→ * * * Pues florece en jardines de esperanza de la Patria la gran noche sombría. —16→ * * * . encuadras tu sentida poesía en un altar de Viernes de Dolores. en sus huacales. cuando en ardiente cornucopia lanza tu cohete de luz su pedrería.al paso de las lentas procesiones. que en el lomo llevaron hasta nuestra niñez. fragantes y jugosas las primicias frutales. entre ígneas corolas de oro y plata. el padre Ilhuicamina arrojara los astros a su duelo! * * * Por los poemas que con miel de flores amasó tu alma -monja en penitenciay como los monjiles alfajores huelen a mirra y saben a indulgencia. dejando oír tu honda serenata y encendiendo tus luces de colores. * * * Y al clamor de la gente pueblerina que anhelados prodigios adivina. * * * Y en la plaza polvosa de la aldea despertaste un nidal de ruiseñores. * * * Porque entre albas cortinas y entre flores de tu jardín y germinada chía.. * * * Por tus poemas tan sabrosos como las mulitas del Corpus.

. Nueva York José Juan Tablada —[17]→ —[18]→ —[19]→ Obra maestra ... ¡brindabas inebriante poesía. y entre murmullos feligreses de suspiros. de llantos y de preces dice una voz al ánimo cobarde: «¡Qué triste será la tarde cuando a México regreses sin ver a López Velarde!. * * * Porque vestiste tu ímpetu de charro. * * * Porque colgaste de tus rimas rudas y con pólvora sabia. ese Judas. y de china poblana tu alegría..». ocios de San Lunes y aromas de verbenas populares. quemaste a la Retórica. hasta la escoria.... y a nuestra sed en tu brillante jarro de florecido y oloroso barro. en jubiloso Sábado de Gloria.! 6 Jaculatoria Un gran cirio en la sombra llora y arde por él..Porque en tus versos armonizas y unes con el afán de indígenas telares copal de misas.

sin irreverencia. de furor de gozar y de abnegación. prójimo de la especie humana. de justicia. de la belleza y del asco. A las señoritas les es concedido de lo Alto repetir. ¿Quién enmendará la plana de la fecundidad? Al tomar el lápiz me ha hecho temblar el riesgo del sacrilegio. Y mi voluntad. a fuerza de golpear contra los barrotes. Pero mi hijo negativo lleva tiempo de existir. La ley de la vida diaria parece ley de mendicidad y de asfixia. de angustia. Con un hijo. Quizá mientras me recreo con tamaña potestad. Dentro de mi temperamento. de vocación al ideal y hasta de cobardía. . capitula a un golpe de pestaña. Judío errante sobre sí mismo. describe el signo del infinito con tan maquinal fatalidad. necesita ser padre. por más que mis conclusiones se derivan. de intransigencia. yo perdería la paz para siempre. Y la paternidad asusta porque sus responsabilidades son eternas. reflexiona en mí la mujer destinada a darme el hijo que valga más que yo. El soltero es el tigre que escribe ochos en el piso de la soledad.El tigre medirá un metro. las palabras de la Señora Única: «He aquí la esclava». de lo que en mí pueda haber de clemencia. porque con las tijeras previas de la noble sinceridad podemos salvar de la pesadilla terrestre a los millones de hombres que cuelgan de un beso. como no lo es mi miedo al dar a la vida un sólo calificativo: el de formidable.. en definitiva. Para avanzar. pero el albedrío de negar la vida es casi divino. Existe en la gloria trascendental de que ni sus hombros ni su frente se agobien con las pesas del horror. quisiera ponerme de rodillas para seguir trazando estos renglones temerarios. vive dentro del mío como el ángel absoluto. No es que yo quiera dirimir esta cuestión con orgullos o necias pretensiones. el hijo que no he tenido es mi verdadera obra maestra. de la santidad. sólo se concibe por una fe continua y sin sombras o por un amor extremo. echar a rodar nuevos corazones. Aunque es inferior a los vertebrados —21→ en cuanto que carece de la dignidad del sufrimiento. Hecho de rectitud. —20→ precisamente. En acatamiento a la bondad que lucha con el mal. sangra de un sólo sitio. Su jaula tendrá algo más de un metro cuadrado. No retrocede ni avanza. que su cola. Somos reyes. Espero que mi humildad no sea ficticia.. La fiera no se da punto de reposo.

Sansón. Dentro del humo de tales jeroglíficos. se dejaban tonsurar por las tijeras de la Deseada. La noche de abril en que la oí perfeccionar a Dalila. Tiempo en que una hirviente escala solar se descolgaba por el tragaluz. Pero luego. —26→ verdadero numen que practica el arcano de consolar a los hombres por la harmonía. ellos. Hambre ingente y anhelos frugales. Por discernimiento o por instinto de su sexo.. damas y caballeros aplaudían a la contralto. figura de Cristo. Gabriela Bezansoni ocupa la línea de las hechiceras. Su personalidad bravía nos arrebató. en cuya garganta se subleva el trueno y se pacifica la brisa. fanatizada e impía. Tiempo difunto en que se sentaban a la mesa con los hombros cubiertos por una toalla para defenderse de la humedad. Sansón. que en los últimos años ha asistido a prodigios y maravillas. Es la musa. consiste en alternar su voz escolástica con la de esta enloquecedora. Una sola cosa era segura: el encanto que fluía de una pingüina consustancial al Arte. —[27]→ Dalila Mi pecado —[28]→ —[29]→ Era el tiempo en que las amadas salían del baño con las puntas de la cabellera goteando constelaciones. Trasquilando a su grey melómana con la autoridad del genio. a poco andar. Ellas no la sentían extranjera. Así. la Bezansoni es algo más que la escuela. creó la Dalila emblemática en el apogeo de las contradicciones: benigna y brusca. incendiando las rojas mayúsculas del mantel. padeció ante seis mil espectadores la chapuza filistea. elevando al cubo el misterio. celeste y zoológica. cabizbajo como nunca. La ciudad. A mi ver. la principal desgracia del tenor que la multitud repudió severamente. nunca pagará la visita de esta cantante.. empujaba la muela. arcana también la facultad estética de desencarnar las cuestiones más encarnizadas. en una bella largueza impersonal. algo más que la disciplina y algo más que la batuta del director y que la concha del apunte. Todo es arcano.—[22]→ —[23]→ —[24]→ —[25]→ En mis memorias. a pesar de que en la escena delataba a las unas y acentuaba el sinsabor de los otros. el hambre física se .

A partir de entonces hay alguien que puede hablarme de arriba a abajo. egoísta y necio. salí deshonrado. la dignidad de su martirio me echa en cara la más hueca de mis faltas. Me faltó personalidad. no ante Ella. hasta alcanzar el puente pegado a mi lugar. la saqué del calor de mis entrañas y la solté sobre el invierno. Desde la siniestra imparcialidad conque estoy mirándola. fantasmas. Hoy. —[31]→ —[32]→ —33→ Contra mi voluntad emprendí el temido regreso al terruño. mi único pecado. Casi no se quejó.trasladará a los planteles del espíritu. En las efemérides de mi flaqueza. A las diez de la noche. volando al ras de la banqueta. cambiando la temerosa legumbre en los gajos de la insaciable voluptuosidad. Fantasmas. logro escaparme. dentro del vaho de la tarde lluviosa: conserva en rehenes mi deshonor. Mas la noche y el día me esconden el emblema de la expiación. En el sol y en las estrellas he indagado por una reparación. Mi iniquidad rayó tu horóscopo diamantino con una estría de duelo. que quizá me despreciaría. Se me destina. La ciudad jerezana me tienta con un mixto halago de fósil y de miniatura. Trunco dolor del puente. castigándome la cuerda los dedos. estas amantes comisionadas que se esforzarán en acompañarme. en la casona. Viejo pecado que en este instante cantarás. el puente sin arcos. la sala de la derecha. sino ante mí mismo. Divago por ella en un traspiés ideal y no soy En el solar . me confieso traidor. en realidad. De la interferencia de nuestras vidas. Por zurdo cálculo me acerqué a la segunda de las hijas de aquel notario. que en este instante rezarás o coserás: si eres expiable. es Ella. te ofrezco mi voluntad de permanecer inferior a ti. Después de siete años volví a recorrer las leguas y leguas de alcaparras. —30→ La aproveché mientras duró la comodidad de mi conciencia. cuya inutilidad apenas sirve a las golondrinas. Viejo pecado. Al sentirme incómodo. Lancé su corazón con la ceguera desalmada conque los niños lanzan el trompo. En un cielo turquí. el dramático puente sin concluir a cuya vista se detienen los carruajes si la henchida cólera del río los excomulga. fantasmas. Quiero hablarte siempre desde abajo. el relámpago flagela edredones de nube.

el loco gemido que sólo la madre de los árabes pudo prestar. en vasos que no se abarcan con los dedos de Artajerjes. En el pavor de la guerra civil. en treinta años de paz. —[36]→ —[37]→ Novedad de la Patria —[38]→ —[39]→ El descanso material del país. el reloj del Santuario deja caer las doce. mimado por la urbanidad legendaria de aquí. Han sido precisos los años del sufrimiento para concebir una Patria menos externa. honorable en el presente y epopéyica en el pasado. ¿Qué mucho. El trueno rueda y todo se vuelve nugatorio. Las rectificaciones de la experiencia. El instante actual del mundo. parece ser un instante subjetivo.más que una —34→ bestia deshabitada que cruza por un pueblo ficticio. con todo y lo descarnado de la lucha. el magno. la ponzoña de mis sentidos solicita. contrayendo a la justa medida la fama de nuestras glorias sobre españoles. hacia afuera? Correlativamente. que ha estado fulgiendo en la desnudez azul como la inmarcesible animalidad del cielo. ni siquiera la leche ártica. pues. ni el pan legitimista que se desborda por la mesa. Metido ya en el lecho. Pago mi impuesto al sainete sublunar y me compenso con la alhaja del Escorpión. retando al perfume de los rosales. más modesta y probablemente más preciosa. En ello radica la inevitable contribución a lo chusco. Las señoritas escurren su sonrisa sobre el enfaldo. Ni los genuinos manteles calados. los niños también se —35→ festejan a mi costa. los zorros llegaban a los atrios y a los jardines. . Ahora. nuestro concepto de la Patria es hoy hacia dentro. El viaje es electoral. coadyuvó a la idea de una Patria pomposa. he comprendido mi decadencia. multimillonaria. han podido mover mi apetito. La diana conque me despiertan los pájaros. He hecho un descubrimiento: ya no sé comer. en la honesta abundancia lugareña. me persuade de que han heredado el esmero poético. Yo dejo de merodear. que falten los poetas épicos. el ensordecedor. Yo comía al igual de ellas y de ellos. De convite en convite. Soy llamado decadentista y apático. como en un sarcófago. para responso del opíparo ayer. porque he despertado la suspicacia de un galán. guardándose libres de las ideas módicas y del sonsonete zafio en que incurren los parnásides.

empezamos a observarla. en viajes periféricos sin otro sentido. una Patria de naturaleza culminante y de espíritu intermedio. nos han revelado una Patria. en el cual se encierran todos los sabores. una vez que raspamos de su cuerpo las pinturas de olla de sindicato. diseminadas por el territorio. no histórica ni política.. La boga de lo colonial. que el del dinero. casi. Hijos pródigos de una Patria que ni siquiera sabemos definir. ni sospechan el sistema arterial del vocabulario-.. ofrece -digámoslo con una —41→ de esas locuciones pícaras de la vida airada.yankes y franceses. Tampoco escasean los amantes. Lo innominado de su ser no nos ha impedido cultivarla en versos. ¿Por virtud de qué fibras se operará esta adivinanza? En las pruebas de canto. Así ha sonado. rayada de azteca. fieles en cada rompe y rasga. El país se renueva ante los estragos y ante millones de pobladores que no tienen otros ejercicios que los de la animalidad. Individual. Hasta que una alumna los avasalla. Casi la confundimos con la tierra. de irse. con prisa de retirar el mantel. De ella habíamos salido por inconsciencia. Gente sin amor. Un gran artista o un gran pensador. y la celebridad de nuestro republicanismo. indiferentes a las gargantas vulgares. de poner las sillas sobre la mesa. inmune a la afrenta. Literatura -exclamará alguno de los que no comprenden la función real de las palabras. y pobreza. Castellana y morisca. No es que la despojemos de su ropaje moral y costumbrista. sin tregua. como la oración continua inventada por San Silvino. podrían dar la fórmula de esta nueva Patria. cuadros y música. sino íntima. prontos a aplaudir las contradicciones mismas. desde el Centenario. tripartito. Pero poseemos. Es el momento arcano de la dominación femenina por la voz. resignada. que se resumen en la vasta contradicción de la capital. en verdad. llena de gestos. calaveras de las siete noches de la semana. Hay muchos desatentos. como las damas hechas polvo -si su polvo existe. —40→ La hemos descubierto a través de sensaciones y reflexiones diarias. La amamos típica. . los jurados charlan. La miramos hecha para la vida de cada uno. A la nacionalidad volvemos por amor.el café con leche de su piel. hasta en los edificios de los señores comerciantes. la voz de la nacionalidad.que contaban el tiempo por cabañuelas. así la cubran de sal. fastidiada. indica el regreso a la nacionalidad. sensual.

La alquimia del carácter mexicano no reconoce ningún aparato capaz de precisar sus componentes de gracejo y solemnidad. y las familias que oyen hablar de Lenine se alumbran con la palmatoria del Barón de la Castaña. los balances del pensamiento. A veces. Que la turbamulta famélica aniquilará los diamantes tradicionales. desenfado y pulcritud. sólo por la corazonada nos aproximamos al acierto. pectoral. —[44]→ —[45]→ —[46]→ —[47]→ Recuerdo que al mostrarme Herrán este cuadro. le dije mi resistencia a los crucifijos del populacho. virtudes y vicios. No cometamos la atrocidad de poner las sillas sobre la mesa. cuyo cuerpo bendecido irradia de una dignidad limpia y translúcida. con la pifia mesiánica refugiada bajo las faldillas de Guillermina. los dos —43→ enemigos del amor. azarosas al modo de semillas de azotea? Un futuro se agita en la placidez diocesana de nuestros hábitos. ¿Quedará prudencia a la nueva Patria? Sus puertas cocheras guardan todavía los landós en que pasearon aquellas señoras. camarlengas de las Vírgenes. ¿Cómo interpretar. adoro a un cristo sin guardarropa. con un sólo grado de sinceridad. sirviendo de fondo a la violencia. ni tan poco que fatigue. Yo no puedo con estos cristos. la nueva Patria no cesa de solicitarnos con su voz ronca.. al igual que en todos. los finiquitos de la emoción. El descuido y la ira. como la de un nardo que hubiese El cofrade de San Miguel . Únicamente quiere entusiasmo.. En los modales conque llena nuestra copa. heroísmo y apatía. melosa. nada pueden ni intentan contra la pródiga. Admite de comensales a los sinceros. a cualquiera hora oficial o astronómica. creemos que va a morir el primor del mundo.—42→ En este tema. y encima las germinaciones actuales. a sangre fría. que tiemblan inermes ante la amenaza extranjera. en ultramar. no varía tanto que parezca descastada. arrostrando aquel temperamento susceptible que se disfrazaba con desdeñosas urbanidades. Bebiendo la atmósfera de su propio enigma. que se coordinan. nuestra urbanidad genuina. como en los Santos Lugares de la niñez temblábamos al paso del perro del mal. siempre estamos con ella en los preliminares. hazmerreír y trasgo. Reverente y reverencial.

el goterón fugitivo. Por eso. Desde muy pequeño. firmantes de la última abdicación. quedaría siempre resarcido en la pompa del escapulario. tras un Mesías lúcido. esta mañana. todavía no sospechaba que había de escribir la confesión que más o menos reza así: «Mi vida es una sorda batalla entre el criterio pesimista y la gracia de Eva. implacablemente verídico. —52→ dignas de que nos ahorcásemos en ellas en esos momentos en que la intensidad de la vida coincide con la intensidad de la muerte. Asómase a sus ojos una semilla de compasión para los que pasamos ante él. retroceden y avanzan como las olas inexorables de una playa metódica. granate de un utópico amor. las manos rocallosas. El pincel. la derecha pulcritud de mi voluntad amortiguó y desvaneció las injurias que el Evangelio relata. renuentes a las parodias de la Divinidad. de manera que el amadísimo y amantísimo cadáver. hasta de lo soez. era preciso un Redentor víctima de todo. Una batalla silenciosa y sin cuartel entre las unidades del ejército femenino y las conclusiones de esterilidad.padecido por la salvación de las rosas. que me parecen oasis de un planeta en que viví ochocientos años ha? Cuando yo versificaba y gemía infantilmente bajo aquellas frondas. el jardín Brilanti y la alameda. Desilusión y quietud es el devoto. en cuya cabeza vendada. y llegó a ella por un camino sin curvas. me iluminase como un joyel. De otra. ¡Álamos en que tiembla una plata asustadiza y fresnos en que reside un ancho vigor! ¿Tan lejos están de mí la plaza de armas. las rodillas que se estrechan en una Fresnos y álamos . la piedad no se ramifica en exigencias estéticas. De una parte. —[49]→ —[50]→ —[51]→ La flota azul de fantasmas que navegan entre la vigilia y el sueño. soportan la caricatura de Nuestro Señor halagadas y satisfechas. Su dicha es simple. la tesis reseca. afrenta a una cruz y la coloca en los hombros del modelo atáxico. —48→ Mas en el embrollo anímico del «Cofrade». las bocas de frágil apariencia y cruel designio. los pechos que avanzan y retroceden. tuvo por fondo los álamos y los fresnos de mi tierra. pero segura. sin más sangre que el goterón del costado. Si al cofrade se le desmenuzara la piedad en belleza. sin más sangre que la rúbrica de la lanzada. las cabelleras vertiginosas. en el despertar de mi cerebro. en una crucifixión superpuesta.

que se nutre de su propio acíbar y rechaza cualquier alivio exterior. Llevo dentro de mí la rancia soberbia de aquella casa de altos de mi pueblo -esquina de las calles de la Parroquia y del Espejo. Yo soy como esa casa. y después de rezar dos horas. Oigo el eco de mis pasos con la resonancia de los de un trasnochador que camina por un cementerio. ¿Qué pensarían álamos y fresnos si descubriesen en el rostro de su habitual visitante de aquella época. ¡Oh fresnos y álamos que oísteis mi imploración en versos titubeantes! Fresnos y álamos: ¡ya nada imploro! Estoy sereno como en aquellas siestas de otoño en que me llevaban de la mano a contemplar cómo ardían vuestras hojas en montículos a que prendía fuego el jardinero. no vuestra fragancia. al volver a su casa beben agua. aunque tumultuaria. Pero he abierto una de mis ventanas para que entre por ella el caudal hirviente del sol. Sólo que. el cabo trigueño o rosado de un continente prohibido». Mi tristeza. Voy respirando. Pocas emociones habrá más voluptuosas que la altanería del alma. Mi primer soneto no miró venir el cortejo vivido de los goces materiales. sino despojo inviolable y permanente del naufragio. por un laudable escrúpulo. ni un candelabro. La cama en que expiró la antigua señora se halla deshecha aún. Recuerdo con una exactitud prolija el humo compacto y el crujido de la hojarasca que se retorcía. sino el ambiente absurdo de una habitación de la que —54→ acaban de sacar un cadáver y exhibe los cirios aun no consumidos y la oleada del sol como un aliento femenino. como torturaría a un marino con urgencia de desembarcar. No: yo no sospechaba llegar a decir tal cosa. confesora y mártir. las huellas del placer? Hoy mi tristeza no es tumulto. los pies que se cruzan y que torturan. ni mi primera lágrima vio dibujarse en lontananza la confortante silueta de Epicuro. sino profundidad.que se conserva deshabitada y cerrada desde tiempo inmemorial y que guarda su arreglo interior como lo tenía en el momento de fallecer el ama. No tormenta cuyos riesgos puedan eludirse. a mi serenidad. fresnos y álamos.. . No se ha tocado ni una silla. Y la lumbre sensual quema mi desamparo y la sonrisa cálida del astro incendia las sábanas mortuorias y el rayo fiel calienta la intimidad de mi ruina. ni la imagen de ningún santo. era simple como la conciencia de las vírgenes que comulgan al alba y después de comulgar rezan dos horas..premeditación estratégica. se han agregado dos elementos que me eran ajenos cuando estudiaba el silabario: el dolor y la carne.

Una ternura parlante que multiplica las alegorías del predicador y magnífica a la Jerusalem virginal. Me basta sentirme la última oveja. La vejez será. en la penumbra de un Gólgota que ensalman las señoritas de voz de arcángel. por la brida.—[55]→ —[56]→ —[57]→ Hemos dado el Pésame a la Virgen en San Fernando. en conclusión. teñirán de tragedia su arco sin estrenar. vemos en el cielo un hemiciclo.. Paralelamente. un sector del alma enlútase al consumarse y consumirse la aljaba del año. enfrente de nosotros.. como se fija un corcel. y las gorjas cantantes sugiérenme señoritas cuyos nombres concuerdan la benevolencia de la melodía con la autoridad del arcángel: Micaela o Gabriela. de piedad y de licencia. He sido feliz noventa minutos. como en la crisis del poema. pues las líneas del mundo todavía me persuaden y aún me embargan las bienhechoras sinfonías corporales. como casulla de abril. Tal vez la cumbre de la vida nos da. . Con la felicidad de la ternura niña. cuyo azul será desflorado por el tiro que siga. la última flecha del arco del Arquero. Y ante el seguro temor de que el carbón se propague a la casulla.. como sensación principal. y los inocentes. —58→ a mi fe romana. tomar dosis homeopáticas de ironía y de emoción. Quienes apuntamos -centauros o amazonas. o. como en la cuarteta de Herrera Reissig. Invítanme y me pregunto si ha venido el instante de consagrarme a las atrofias cristianas. circunvalada por todos los dolores. quisiéramos fijar el —62→ tiempo desbocado. —[59]→ Viernes Santo La última flecha —[60]→ —[61]→ Ya se dispara. Voces de mujer subrayan los Misterios. La aproximación del 31 de diciembre tapa el sol con la trepidante cortina de dardos que nublaba el horizonte clásico. degollados. más experta hoy. en un tronco. y entregarnos a lo estacionario. ¿Qué hacer?. Ninguna respuesta pediré a mi dicha papista. la de nuestra situación entre dos firmamentos: uno carbonizado y otro flameante. una sombra de flechas. cuando más.a media carrera. pero temo a mi vigor. Quisiera decidirme en esta misma fecha y en este mismo lugar. a lo anodino..

Del doble cortejo que. acceden al umbral plutónico en el instante ideal: el que separa la vigencia de la decrepitud. entra al Orco. Como el bostezo del entusiasmo. nos aterra el fantasma de la vida en la abolición del ser. notoriamente menguado. Somos demasiado terrenales. A la sola enunciación de un prematuro punto final. En cambio. Libemos entonces. cuando se arrastra un esqueleto valetudinario. Porque a las unas y a los otros se les arrebata el rédito sin que hayan disfrutado el capital. se adelantan hacia el reino plutónico. no acordamos que se frustre la labor. Pero. un pensamiento inhibido y un corazón en desuso. Como el reseco epílogo de una dama jugosa. y para —63→ no sostener un arco inoficioso. el monumento erigido a los muertos en el cementerio del Pére Lachaise. reitérase el balido de un cordero inmolado en un prólogo sumarísimo.Rezar un avemaría rimados por la cintura. Que el poderío de nuestros miembros no se liquide como el de los osos cegatones y reumáticos de los circos. para decir: «Que la muerte me atrape cultivando las coles de mi jardín imperfecto». por la derecha y por la izquierda. las figuras que más atraen mi conmiseración radical son las de las niñas y las de los ancianos puros. en el taller de un pintor amigo. ¿cuál de nuestros huesos escapará a la calcinación? El rédito que nos cobran las doce vértebras del año es la ceniza de las nuestras. ¡Gallardos votos! Pero formulados con un cómico olvido de nuestra cobardía y de nuestra vileza sustanciales. de unos versos discutibles. Como el quinto acto de una comedia que se desenlazó en el tercero. Que lo que fue mariposa no parodie a los reptiles. y sorprendernos el cura en esa impropia harmonía. poco ha. las parejas ya no pujantes. Excelentes mendigos que saboreamos la migaja del mediodía y repudiamos . todavía no seniles. Yo consideraba. ¡Fútil apéndice no te deseo! Tu posibilidad es dañina como el estrambote. Complementariamente. No cualquiera logra el desenfado desdeñoso de un Montaigne. El brazo masculino y el brazo femenino concertaron su última flecha. y si aceptamos el agotamiento. hasta las heces.

Nosotros. que reservamos para el cascarón de la vida. iban recibiendo la muerte en una pradera. si mi memoria no claudica. el flechador y la víctima. en un sólo acto.. cuyas quejas compendiadas y humildes se suman hoy para engrandecer la voz de protesta del año que fallece. caldeadas por nuestra propia pasión! Hemos sido suicidas y seguiremos siéndolo. ¡Pequeños gritos modestos! En estos tres vocablos se resume toda una facultad literaria. en el comento de «La Leyenda Dorada» en que el estilista repuja la narración de las Once Mil Vírgenes. en grupos sucesivos. modeladas por nuestra propia fantasía. en la pradera del martirio. Sólo los inmortales no se suicidan. del vértigo de la vida. bien puede convertirse. llegado el momento. La caprichosa sensibilidad humana admite como fungible la Hora. no muy filosófico. —[66]→ —[67]→ —[68]→ —[69]→ Anatole France . más que el caudal de los «pequeños gritos modestos». Porque nuestras flechas han ido matando a las Horas. Hállase. Y el volumen del —65→ grito del 31 de diciembre no es. por más que la divinidad nos penetre. que la aceleración de aquel puede llevarnos. porque seremos tan veloces que alcanzaremos a dispararla y a recibirla. nos gastamos sin remedio. Confundimos el lecho con el sepulcro y sabemos. pertenece a Lemaitre. ¡Y las cándidas mártires estaban hechas de nuestra propia sangre. ¿Quién nos dice que en —64→ la hora impotente no mendigaremos las migajas de la migaja? Este puntapié. que. Y al morir lanzaban «pequeños gritos modestos». en realidad. hemos arrancado a las doncellas. bajo la saeta. Lloremos a Sagitario pidiendo limosna. Y si he traído a cuento los «pequeños gritos modestes» que la saeta provocaba en las gargantas virginales. ha sido para conminar a los lectores a que escuchen el vasto e indomable grito del año que agoniza. pobres Anquises y míseras Ledas. al Orco. Éstas. porque se reducirá a una prosaica voluntad de nutrición. desempeñando. mas no el Año. en el anhelo de una moratoria indefinida para besar los personales harapos. como el de Job. por una pávida experiencia. Nuestra última flecha será milagrosa. Y tal oprobio no esplenderá.la vespertina.. Uno de los aciertos de expresión que más me han conmovido en mis lecturas.

como él decía. No disimuló su sonrojo ante la Creación. Para los laicos y ultramontanos que amortizando su carne blasonan de poseer la verdad. ni la cabeza que un día antes formuló sus latidos. Con la sagacidad más apta que haya residido en un cainita. y su risa áulica respetó la chispa —70→ divina extraviada en la escoria. Nuestros catolicismos errabundos hacen escoleta al cordial parisiense. Su experiencia. Recelando del microscopio y del trance intuitivo. a ver la comedia que se nubla siempre y jamás fenece. mas su crianza de nieto de Montaigne lo preservó de la blasfemia. nuestra diversión se atempera. prefiriendo gastar su hoguera sincrónica en una insospechable actitud estilista y estilita. que portase en el pecho una roja flor. jugando entre las ideas más abstrusas como con obedientes amigas corporales. sólo condenó lo deforme. No militó sino para su complacencia. el melodioso censor vierte las piedades en que se cristaliza su enfado. Alma sin ira. no atendió a otra voz que a la de la limpia Harmonía. Lo supo todo y de todo gustó. Hizo el retrato malicioso y tierno de la Humanidad. Hay en los recuerdos irónicos la pena de un corazón moribundo que ya no puede bañar los pies que una semana antes lo llevaron a sus placeres. avecinándose al dolor. tuvo el jocoso desdén conque el Par Oliverio hubiese glosado a los eunucos bizantinos. De la gentilidad y del cristianismo recogió los esmeriles en que se desbrava la conducta. Su afable orgullo se retrajo de tomar papel en el drama de la estirpe de Caín.Acometer la síntesis del anciano equivale al riesgo de urdir un perfecto mosaico vital. desencantada y voluptuosa. abrió la puerta de escape en el abismo de las apariencias sensibles. como una dama vestida de ala de mosca. —[71]→ La necedad de Zinganol —[72]→ —[73]→ La educación de Zinganol suscita en mí una de esas tenues olas de simpatía que nacen en lo recóndito del presente para ir a alcanzar las piaras fugitivas del ayer. En un lenguaje sin mancilla. Veneremos en él el portento harmónico. Los días idos se amontonan como sillares de un edificio en nuestra propia persona: nunca dejará de ser triste contemplar . esquivó el rompecabezas desaseado del Mundo. antídoto de la fealdad universal. Cuando nos sentamos frente a un escenario pretérito.

sin descansar mucho en él. Zinganol —74→ pensaba. entregóse a los devaneos de la madrugada. cayó en un sueño arbitrario. En aquella fecha despertó a las tres de la mañana. Pero. El mal de Zinganol estaba en su estructura antisocial. Para saludarse habría sido preciso un guión social. Zinganol dio traza a conocer el lenguaje de la tierra. Zinganol se juzgaba el mortal más feliz porque Isaura y él no se saludaban. podrá ser amada sin que la sociedad tome su parte leonina en el festín. no gobierna al universo. al encontrarse en una zona de ilusión.los sillares desmoronados. y ésa habría sido la parte leonina. siempre intempestivo y brusco. —75→ Un día. que es capaz de los arrebatos de voluntad y de la autonomía del pensamiento. por más que algunos. Profesaba un pesimismo de tejas abajo. mi protagonista se había detenido en su niñez en las estampas del Diluvio. Y se dijo: Ella. Una de las excepciones de su pesimismo era el amor. Como no logró volver a dormir. Era un jardín colgante. Zinganol había hecho este acomodo de sus opiniones. Hojeando la Biblia. para que no chocase con su educación ortodoxa. en las que se mira a los náufragos asidos al pico de las montañas. quizá. Mi pobre amigo. con el temperamento rencoroso que tantas desgracias le acarreó a su deslucida existencia. duró un mes sin salir de su planeta. con un agudo autor. Había amado a algunas almas débiles. Grato ejercicio en que nos mecemos. Por un sendero de rosas vigilantes y de nardos . o muchos. mas no con ambiente babilónico. La de Isaura anunció sus contornos a Zinganol. Trataba a la sociedad con la fría urbanidad conque se trata a una cortesana que cambia con nosotros cosas viles. Saludó a Isaura. Mi amigo. carecían de comunidad de lenguaje e ignoraban todo signo de reciprocidad. empero. al fin. discurrió como se discurre cuando urge complacer a las pasiones. y llevado sólo de la obligación que constriñe a toda persona bien nacida a imponer a la conciencia una lógica que. sin calcular que las aguas ascenderían cuarenta codos sobre su Himalaya de meditaciones efusivas. y volvió a la tierra. Zinganol y yo nos quisimos un poco. Ella casi no contestó. emociones incorpóreas y fisonomías desdibujadas. Zinganol estaba abrazado al amor. sino con un aire de encantamiento. Amó después a otra vehemente y amplia: Isaura. que la vida es un mal cuarto de hora con algunos instantes deliciosos. sin subirlo nunca a lo suprasensible. como habitantes de diversos planetas que. entre paisajes desleídos. Elaboraba su sueño encima del rebullicio de las gentes. hayan rodado cómicamente. Mejor estaban así. como al pico de una montaña.

que hubiese pretendido detener a Isaura. con una buena fe que honrará tu memoria por los siglos de los siglos. en un diálogo opaco y lacónico. Él caminaba —76→ aproximándose a Ella. ya amanecido. ni considerabas que éstos se habrían limitado a calificar a don Rodrigo de falta de urbanidad. de su más alta obra del tiempo reciente. Ella. y no había quien cantase para ti una Profecía del Tajo. todo el mal gusto de su rebeldía. que el sol disipa la pertinacia de las nieblas para estimular el horno de las quimeras centralistas. tu misantropía —77→ que reaccionaba en crisis morbosas. afianzándose en balde a la orla de su veste.se deslizaba Ella. y en tus furores pueriles no caías en la cuenta de que fray Luis no sospechó a los detectives. motejabas a Juan Jacobo. sino simplemente por interesada en la exposición de su obra de mujer. . como antes dije. le dijo: «No te conozco». pero yo siempre temí que el despecho te inspirase y que un añejo agravio sin perdonar te moviese a juzgar escasas de poesía las doctrinas de Rousseau sobre el funcionamiento de las agrupaciones. y no exclusivamente para sancionar el saludo normal de las personas normales. He aquí la diatriba: «Me da lástima Zinganol. Tal vez atinabas cuando. protegen a una señorita y garantizan su regularidad. Como epitafio le he compuesto una diatriba no muy amarga. Cojeabas del mismo pie que el rey don Rodrigo. Creías. De antiguo nos frecuentábamos Zinganol y yo. Pero su índole arisca retardó la relación que me hizo de su percance. como trueno de tempestad que se va. porque nos quisimos algo. a quien Él había presumido alerta y generosa para el trance. Zinganol era menos que una espina de las rosas vigilantes. en pugna con los principios de mecánica. toda su insensatez en haber desechado los guiones sociales. no por enamorada. Mi amigo sintió toda su necedad. y las almas del uno y de la otra eran dos vellones que se sumaban a los de la bruma. en muy diserta prosa. Hablaron. En el jardín aterido Ella iba a recoger las palabras de Él. y fue para él evidente la nulidad de su ímpetu febril contra las convenciones que en un conjunto viciosamente organizado.

Siempre te propuse en vano el ejemplo de aquel Dandolo que. que no bastaba a disculpar ninguna de tus infracciones de los usos vigentes. Eras. A tu sagaz observación (que los pósteros han de aplaudir. y trascendías. y no descubriste el sello consistorial que sobrellevan inconscientemente las parejas de hoy no más inflamadas que Atala y René. Hundido en el mar del trato humano. enfrentándote a prácticas igualitarias que no toleran un carácter inusitado en el erotismo de nadie. Dandolo —79→ se ocultó en el refectorio pontifical y cuando el sucesor de San Pedro entró a comer. así. te explicaron la ineptitud de los organismos que no se adaptan al medio. El Papa negábase a recibirlo. justamente. antes de ser Dux. desempeñó ante el Papa la misión de conseguir que se levantase la excomunión que pesaba sobre Venecia. querido Zinganol. el puente levadizo. como todas las naturalezas atrabiliarias.doctrinas que inhabilitaron a los pajes para seguir salvando a deshora. el veneciano se . —78→ Te jactabas de una excelente memoria. gemela de la zoología. ni menos una persecución contra damas en el interior de la catedral mallorquina. te afanabas porque tu fibra sentimental no se gastase en él. mas la región del corazón está seca". aunque el aplauso no te beneficie mucho) se escapó medir la influencia de la recomendable institución de la policía en la marcha pasional. al humorismo incontenible del nauta que ha zozobrado y caído al fondo del océano y que dice a las esponjas y a los corales: "Estoy hecho una sopa. mirado de reojo. pero la verdad es que manejabas tus asuntos con un absolutismo anacrónico. pero echaste en olvido muy pronto las enseñanzas de los sapientísimos profesores que. que a través de tu lápida advirtieses el tufillo de esta filosofía chata. Lamentaría yo. Parodiabas a Raimundo Lulio. en términos mazorrales.

Los cardenales. y la perdías con tal de que no te costase una humillación alejar de ella los horrores del entredicho. pobre Zinganol. para tu criterio. desmelenados y jadeantes. mas él regresó a los brazos húmedos y ardientes de su ciudad. pero no cristiano. Un versificador honorable preguntaba: "¿Quién volvió de la tumba temida a decir lo que está más allá?". La existencia era. ya de cenobita. por aquel acto de humillación. Porque si persistes como ente irregular. para demarcar el juego. Mas ya actúes de moro. Yo espero que en la serenidad de ultratumba te hayas convencido de que tu conducta no se emparejaba con tu experiencia. lo apodaron El Perro. besándola y redimiéndola. y las razas una vegetación parasitaria. y en este planeta sublunar el amor equivale a una escuela de esgrima en que los inscritos. si las aves agoreras hallan acogedor el firmamento. una redundancia. pues echabas en saco roto el precepto: "a tu prójimo como a ti mismo". Ignoro qué hábitos morales desplegarás actualmente. Eras pudoroso pero mal asociado. sepas y quieras dar el santo y seña. ¿Se conducen así los adoradores prudentes y los lectores de las Ocho Bienaventuranzas? Con un pudor exquisito procurabas que tus prójimos retiraran su dedo meñique de tu corazón.arrojó a sus pies y alcanzó lo que anhelaba. Eras pudoroso. tomabas la cosa por la —80→ tremenda y dabas punto y raya a los chicuelos que viven en una alternativa de frenesí y de hastío por sus juguetes. Pero cuando dejabas de sentir al universo como un pleonasmo. quiero elevar un voto. provocan al adversario manchándose de rojo el lado del corazón. pues en una escuela de esgrima cualquier alumno tiene derecho a tocar con el botón de su florete el pecho de cualquier inscrito. Tú. abandonabas la ciudad de tu afecto al calosfrío del anatema. acabará por abochornarte tu . Que al transmigrar a cualquier mundo.

provisionalmente babilónicas. sin caer en estulticia o en bajeza. ni la venganza. —[85]→ —[86]→ —[87]→ Ureta . —[81]→ La flor punitiva A Mario Torroella —[82]→ —[83]→ Una vez y otra vez envenenado en el jardín de los deleites. pasajera de Turín. producirían obra más —84→ ilustre si se repartiese entre ellos un prudente número de contagios. la libren de lo insulso y le inculquen el vital sentido de que toda raíz es amarga. que sazonando nuestra persona. y tu insubordinación ha de producir hoy el rubor continental de Marte y mañana la afrenta anular de Saturno». no asomaron ni la desesperación.carencia de domicilio conocido. no puede exigir legalidad a las distribuidoras de experiencia. abominando de esa salubridad que organiza las islas del Mar Egeo en compañía de seguros. queriendo escapar en definitiva. al contrario. Tu condición de vagabundo del éter escandalizará a los municipios de la Vía Láctea. una ancianidad sin cuarentena suspirará por la mesa de operaciones. Estimemos. Un orangután en primavera divide sus chanzas entre los viejos verdes y los jóvenes en blanco. ni siquiera un inicial disgusto. roja como el relámpago de una bandera. Los rectores de la multitud. Pasajera de Puebla. llámense políticos. germinó la solemne complacencia de los señalados por la diosa. Si pagar es lo propio del hombre. sabios o artistas. inútil y cobarde querer salvarnos de la crapulosa angustia. Y en las rituales resignaciones. Al cabo. paguemos nuestras supremas dichas. sólo se afanaba la sangre. El frenesí masculino. lo mismo da. Antes bien. El furor de gozar gotea su plomo derretido sobre nuestra hombría.

Cualesquiera que hayan podido ser las alteraciones de su energía. teatral. lleva ya dos años de defenderla por tierra y mar. y por tan corto precio. una sensibilidad justa y metódica que lo vuelve. merecen las letras considerarse como una filosofía en acción. cirujana del aire. abarcan la escena. Pocos. En todas las actividades de su palabra le ha caracterizado como primera y última virtud su sensibilidad. ha sido un verdadero educador. Superior a su medio. esquivando praderas de asfódelos. propagandista una vez y otra vez. Pero el personaje está adentro. —88→ El gran Barbey decía que la imaginación es la más poderosa de las realidades humanas. y un prosista con efectos de fogonazo sobre la pazguata planilla bachillera. Por aquellas fechas ni siquiera olfateaba yo la preciosa . emociones e ideas. empero.Este hombre que llega sin blanca a la taquilla de la Muerte. resulta una espiral que se desplaza por derrotero patético: algo como el sobresalto de los tendones de la rodilla de una bailarina. El elemento universal conque filosofa el tribuno chihuahuense destácase en la voluntad. entre ellas la dedicada a Othón. que la voz remeda esquilas y campanas mayores. Adaptando lo universal a lo concreto. Cierto que los ojos. la capital potosina oyó sus conferencias estéticas. entre orgiásticos y curiales. En los manteles de Urueta. en conclusión. y la frivolidad lo juzgó frívolo. Una noche nos decía. íntimamente. la imaginación es la dama de carne y hueso que junta las manos a la altura de la boca y configura con los brazos desnudos la Sublime Puerta de vocablos. se aferra a ella. sin alegoría. Cada autor tiene la suya. En 1910. habrán hecho al país. Nuevo Arnaldo de Brescia no se alimentaba sino de la sangre de las almas. Sin una gota de sangre. se jacta una simpatía huesosa. Gozador de la vida. el bien que Urueta. orador. Conocí entonces al amigo ulterior. México no olvidará que ha tenido en él una individualidad: un orador único. en el furor de vivir. Literato. hasta la política. ha padecido todas las censuras. Definidas e integradas así su tesis y sus modalidades comunicativas. en el sentido de soltar de arriba las cláusulas. y que en los párrafos abundanciales —89→ tiembla una túnica o se arruga una bahía. Erraría. que en la mano. es uno de los más persuasivos ejemplos de generosidad en que pueden inspirarse las sociedades de América. quien lo disputara. el tic nervioso de nuestra literatura. que su brazo era todavía capaz de disparar el arco de Odiseo contra los pretendientes.

con pasiones longitudinales o curvilíneas. para espíritus como el de Urueta. en la que caben hasta los dones del árbol del Apocalipsis. en el centro matemático de la bacanal. pero siempre en marcha por los dos planisferios. —90→ En el haber de su moral hay que abonarle la actividad central de la conciencia. Su entendimiento es el entendimiento agente de los escolásticos.. Por eso los itinerarios de Urueta se practican en vehículo mecánico. en palancas y superficies. según la sentencia de San Bernardo. se defendía con laconismo: «No sé hablar desde los balcones: de suerte.dádiva de su trato. Pertenece al número de los que creen que la forma es tan importante al cuerpo como su substancia. parece constituir. . Urueta ve el rostro de la felicidad idéntico al de algunas mujeres en quienes está de tal modo organizado. también. de hondura y de altitud. Cesando la voluntad. su aspiración briosa. pero el alma frenética se satisface con la dimensión del contorno. pues le basta la embriaguez de las líneas para vibrar. a la felicidad. Las tres dimensiones prometen el bien que buscamos. Ocupará siempre lugar de honor en la galería nacional de espíritus plásticos. Nos dispersábamos pensando en el respingo peculiar de su hombro. Al incorpóreo silogismo óyelo silbar cual honda de plomo. Aspiración infalible. señores. olvidándome de que estudio a un terrestre. una ley de embeleso. Aleccionadora. fortificado en el hotel. ducho en el dolor y veterano de las expediciones contra lo ruin. que es más que el espejo. para nadie habrá infierno. Simbólicamente es lícito afirmar que el maestro que nos recomendaba dormir era nada menos que el centinela alerta del pensamiento y de la acción. La línea. La rectitud ajedrecista de las bellas calles turbábase con el tumulto estudiantil. En el punto simétrico de esta doctrina agítase favorito de la elocuencia. describiendo circunferencias menguantes. iba a escribir. acento circunflejo de las oraciones líricas y de los combates de la Cámara. y el tribuno. Yo quiero guardármelo. así se vaya hacia la ciudad divina. el medio instrumental del amor.. física o psicológica. que muy buenas noches y a dormir». aquel respingo. en el archivo de las imágenes instructivas. revelada dentro de los despotismos policíacos en vigor. decidida. Dato explicativo de su optimismo. se inmoviliza como un santón. en el giro de un bailador que escuda con las manos el reverso de su pareja y que. si no más. fenómeno singular en un —91→ malicioso de su talla.

le reconozco el derecho de emplear giros violentos. Soy un poco más fuerte que mi creencia y mi incredulidad. engullida por una especie superior. cuando el conocimiento no me inspiraba la sospecha de una descomposición cerebral. No un actor como aquel que pasó la existencia pidiendo espectros. no me he confiado a los puntos de partida que es preciso aceptar gratuitamente para comenzar a saber.Imposible dejar de considerar su aspecto de actor. prescindí del cálculo diferencial y del integral. la magia de dentro y de fuera. arrebatado por los cabellos en la sucesión de profetas que secuestraban los ángeles. Recordándolo en las puntas de los pies. Vasconcelos es uno de los hombres que he respetado en mayor amplitud. me consterna ver transformarse aquel anhelo de su cuerpo en un mero signo de admiración ante la esquiva salud. al contrario. mi cerebro me inculca desmedida ternura. que. Su prestancia y su mímica se prolongan a la tertulia y al refectorio privado en olas de zumbona sentimentalidad. paréceme más infortunado que la cabeza del carnero. resignándome a aprovechar. Mi cordialidad. A las personas de convicción maciza que me favorecen con sus interrogaciones. evidenciando su ser en una esfera lumínica jaspeada de sarcasmo. El sesudo catalejo conque se filosofa. Fulminado por el soez disparate de la eclíptica. Metafísica —[94]→ —[95]→ Acabo de leer el intrigante volumen en que Vasconcelos planea su ecuación vital. sin sospechar que él mismo era uno. Por estas fechas. puedo así . de personalidad entrañable y aventurera. Yo también busqué mi ecuación. Actor. porque está capacitado para conseguir que no pequen formalmente contra el buen gusto. Lo respeto con tal seriedad. con modestia. en la actitud violinística con que alcanza las caudas de sus párrafos. y por tener ambas el semblante del cero. escápase en pos de la mirada marítima ensombrecida por el mal. compañera suya en el cuarto de banderas del — 92→ sol y detrás de los telones del alba. Quizá hasta le disculpo su arrojo contra el padre de Jerónimo Coignard. mientras que nuestros sesos enciclopédicos se sirven —96→ en el menú del subsuelo. mas a la vez el descrédito de cualquier fiambre. siendo la violencia algo malsano para mí. sólo respondo que aunque pertenezco a la clase ingenua que cultiva la poesía. No he trazado uno solo de estos renglones sin compartir la fatiga del maestro enfático que lucha con la guadaña.

incoherente y suave de las creaturas. Próspero se ha levantado hoy con la cabeza llena de ocio. de amor y de buen tiempo. que diría un ingenio del Renacimiento. Me enterrarán en el cementerio en que los artífices lugareños han ido poniendo lápidas y lápidas mordidas por un cincel novato. no querrá mañana calentar mi sangre. Una evidente incompatibilidad entre su nombre y su filosofía. bríndase a la arrogancia de mi cuarta década sintetizado en la más vibrante. de «Las Flores». con una traición bien escondida. ¿A qué inquietud? ¿A qué labor? Quedaré sepultado y todas las mujeres de mi pueblo se sentirán un poco viudas. Corta un ángulo de las banquetas de la Plaza. Fiel a mi estructura. Y medita: «Hay horas en que la naturaleza es como un baño de deleites. —100→ Una vez allí. según haya amanecido frenética o lánguida. Mis pies. dentro de las regalías de su diapasón. recalcitrante como un semidiós. como si pisasen una alfombra galante. y se apoyaron en los árboles como en un semejante y resbalaron por colinas más blandas que las frecuentadas por Salomón. el amor y el buen tiempo antes dichos. Y también mi pecho. esquina por donde se asoma una rama con tres naranjas verdes aún. Y también mis manos que dieron limosna y sostuvieron la lira. Un día. Y siguiendo por la calle larga. y yo estaré enfermo. no quiero correr el riesgo de descastarme. humilde como un pelele. llega a la alameda. en la creatura que enajenada nos llama reyes o nenes. a la Torre de la fecundidad. Al presente. ha de negarme su generosidad. El vino que tantas veces ha magnificado a mis ojos el panorama natal. se corromperán velozmente. —[97]→ Meditación en la alameda —[98]→ —[99]→ Próspero Garduño es una incompatibilidad manifiesta. si queréis. se sentarán parejas en júbilo y en salud. El apetito de poseer lo universal. fincada en la Plaza de Armas. Nuestro hombre sale de su casa. continúo endiosado en la menos engañosa ilusión. A poco dobla la esquina del atrio del Santuario. colgándome de la inmanente palabra mística que resume los orbes y que nos aniña o nos entroniza.declararlo conservándome humilde. que quiebran estas hojas de álamo con placer. desprestigiada la altisonante virilidad. Pasa por «El paraíso» (cantina y billares). le llevan a meditar. el ocio. Próspero Garduño no se ha casado. bajo estos álamos. Mis ojos. Sobre estas bancas rústicas. Próspero es pesimista. Toma la acera de la cárcel y del Juzgado. que se recrearon en las tapias en que se desborda la rosa the. Me echarán de menos los niños que en el "jardín chico" se sentaban en la misma banca que yo. vestida de blanco. porque teme llevar a una blanca heroína. rechaza al Mal antes de vislumbrarlo. hasta con liviandad. factible será el desposorio con una ecuación. Este sol que me envuelve con tibiezas femeninas. serán pasto del gusano. Mi temperamento. frente .

Desde la ínclita esposa. por mí y por mi descendencia. volcaron santidad sobre el poderoso pintor. en el agrio dolor viril. sedantes como los de Santa Lucía. que levantaban sus . Helado y pueril respondió desde su agonía: «Que te acuestes conmigo». Y era también fecunda la réplica de algarabía de las niñas que salían de la Escuela. en que jugaba la copia oscura de los ramajes. Próspero Garduño. hálitos de azahar. constelada de virtudes. Y en el atrio del santuario. no quede línea nuestra. Y Próspero Garduño sintió que su pensamiento era doloroso junto a aquellas madres jóvenes que llevaban sombrillas. las mujeres flordelisaron el precipicio con hazañas caritativas. imploró a las Verónicas presentes que le mordieran la mano. —101→ Vale más la vida estéril que prolongar la corrupción más allá de nosotros. Sus ojos. Entonces los hombres nos confesamos. tipo de bondad. y su ruego era obedecido como en las catacumbas. Cuando se le paralizó un brazo. menor —[106]→ que el catedrático de Desnudo. que con su lánguida queja sin tregua estuvo comprometiendo las vanas enterezas masculinas. pero en la calle de «Las Flores» lo hizo vacilar una tapia en que se desbordaban fecundamente el verdor y las rosas de una huerta. —[102]→ —[103]→ Las santas mujeres —[104]→ —[105]→ En el indecible desastre de la pérdida de Saturnino Herrán. Y en la Plaza era fecunda la réplica de algunas madres jóvenes. que llevando a sus retoños en cochecillos. la rama de las tres naranjas. engreído con sus conclusiones estériles. menos tristes y más pequeños. con la intensidad del que quiere vivir él solo la vida de su raza».al Teatro Hinojosa. las diaconisas de la eterna clemencia nos acompañaron al sepelio. Una bella dama. Agobiadas de flores. se la pidió. en un eclipse patético. A una prima. acaríciame». rogó lacónicamente: «Abrázame. Así la viviré con una intensidad incisiva. de calma y de luz. regresaba a su casa. Se agigantaron en el crepúsculo otoñal. infortunio cuya sola enunciación es un dislate. Así fue ungida. y. se metió en la cama. como decía Thales. parpadeaban entre los cipreses. ¿Para qué abastecer el cementerio? Viviré esta hora de melodía. La señora. se defendían del sol de junio con claras sombrillas. le sobrevino la angustia de no volver a dibujar. Sonaban las doce. le preguntó: «¿Qué quieres?». junto a la estatura de ellas. Difundían. prestó su joya con una musical actitud materna. Que. asomaba su réplica fecunda. hasta la amiga menos próxima. sin un titubeo. para sentirse. de castidad a castidad. verdes aún. la mano que había perfeccionado las líneas terrestres y celestes. Él ignoró que iba a perecer y que perecía. Ella. Eso será todo. Cautivado el infantil moribundo por la sortija de una señora.

blanca como un celaje de plenilunio y fértil como un naranjo. me considero un sacristán fallido. píos y ornamentales. glacial como los éteres. zalamera y ladina. ¡Cristo me valga! ¿Querrán Alfonso Cravioto. para que no me juzguen pedante!). (¡No poder citar en latín.! Yo. se muere y se ama.brazos. me mostró su papel pautado: Beautiful Spring. agravado por la virginidad del Palacio Municipal. Los que no sois clericales (¡oh hazaña!) no estáis capacitados para sentir la tragedia de un sacristán convertido en violinista. sentíame otra necrópolis. su mantilla y su cintura afable.. que era alta como una buena intención. en realidad. evolucionaba a mi alrededor. lucía. nublábame de conmiseraciones baladíes. mesera 5. La patricia negrura —[111]→ de su traje frecuentaba los templos en el día eucarístico. he aquí que en el tablado de la dudosa orquesta. ni agonías. descubro. según corresponde a un coetáneo de la filosofía médica y de los histólogos que padecen de literatura. Con todo. Con el rubor consiguiente a su metamorfosis. edificando la arcada alegórica del funeral. de violín. a mi antiguo conocido. mesera 5. Con la diferencia de que en mí no se recataban alumbramientos. aquellos Jueves Santos. con un 5 dorado en un redondel de luto. Carmelita. . Me limitaba a estar un poco triste. —[107]→ Semana Mayor —[108]→ —[109]→ Una de estas noches tomaba yo en un café la colación que se usa entre gentes de buena conciencia. el Sacristán de Tercera Orden en San Luis Potosí. Y recuerdo los Jueves Santos en que Matilde. Y como si no fuera bastante la carga melancólica de la fecha. Porque la ciudad era espléndidamente solar y porque las señoritas de rango que poblaban sus calles vestían de tiniebla ritual. porque su problema económico. ¿Qué habría opinado sobre esto Monsieur Bergeret? ¡Pobres sacerdotisas —[110]→ del café con leche! No pude ponerme a tono con Carmelita. Yo. Carmelita. Juan León o José Romano Muñoz hacer algo por la educación de mi sonoro sacristán? ¡Si se negasen a ello en atención a que se trata de un violín reaccionario. mesera 5. Matilde visitaba los Monumentos. Yo interrumpí mi colación para ir a preguntar al sacristán qué pieza acababan de tocar. Mi punible promiscuidad asocia siempre a Matilde con las palabras de la Cena: «He deseado ardientemente comer esta Pascua con vosotros». Era ya la hora solapada en que se nace. sin ser la Capital.. sugeríanme una espaciosa moneda de plata manchada de tinta. va a ser suprimida por la moral del Gobierno del Distrito. por la breve ciudad. En mi quiebra matizo la Semana Mayor con mi violín jornalero. ni el vértigo equidistante de la cuna y la fosa. México fingía una necrópolis.

compungidas. Los Viernes Santos. toda la —112→ perfumería bonachona que duerme un año para desperezarse en la ceremonia del Pésame. todavía adorable. de Las Flores de Amor. ¡Ceremonia patibularia. una reducción de la moneda de plata manchada de tinta. en la palma de la mano. Matilde. o consultas tu portamoneda. o te miras al espejo. —[115]→ La sonrisa de la piedra —[116]→ —[117]→ ¿Queda un poco de polvo del artista que hizo sonreír a la piedra? Debiera haber sido incorruptible la mano que encendió en la bárbara piedra. y su juego. éter. como los éteres al evaporarse. superviviente de tu ruina. para consolarte. una reducción de la moneda de plata con gotas de tinta. Matilde. Tus hijos juegan. buena intención y madreselva: en los atardeceres desamparados en que la ventisca de marzo sacude las frondas de mi ansiedad. desterrada y alcanzada de dinero. naranjo. Por las vertientes del Calvario ascendían las almas de la Agua Florida. celaje. para consolarte. buena intención. La madreselva justificaba su nombre. halagan el instinto de posesión de los niños.. yo la había soñado fértil y estéril. Con mi escasa afición a la lógica. Pero pocas personitas he conocido tan efusivas como ella. yo te ofrecería. que es prenda de la eternidad del dolor.. No sé si hay algo más difícil que iluminar una estatua con el gesto supremo de inteligencia en que amanece la sabiduría o se pone la —[114]→ . su cruento nombre. siglos atrás. edificadas en un cartoncillo.. y en que la uña ilustre de la luna disemina calofríos vesánicos. esa indecisión crepuscular de la sonrisa.. Tus hijos juegan. contrita. Su ternura brindaba el apasionado buen gusto de una madreselva que hablase. Como las aldeas microscópicas que. con sábana o sin ella en los brazos. yo sé que hoy penas. según la exégesis de los capellanes. En la Semana Mayor de tu destierro. en torno de la Cruz viuda. Estiro el cuello. al filo de las diez. yo te ofrecería en la palma de la mano. éter.Matilde. con precavida lentitud. me encamino a tu calle para asomarme a tus vidrieras y aliviarme con tu figura. es porque me helaba su talle fugitivo. me produjo una pena de las hondas. Si antes la califiqué de glacial. — 113→ Tú tienes en el regazo una bola de hilaza. al casarse. las gotas de tinta. vuelves la cabeza al predio vernáculo. naranjo. la vi andar por la Plaza de Armas. gota de tinta. atisbando a tu sala improvisada. de la Agua de Colonia. me amarga los sueños retrógrados que te forjaban fértil y estéril. Supe luego que cumplía con una indicación facultativa. perfumada y amatoria! Matilde se casó. esa indecisión. Y en la Semana Mayor de tu mayor duelo. sin que la compunción les estorbase soslayar a los novios. celaje. apretábanse. gota de tinta. Una noche. y sin temor a convertirte en estatua de sal. que es como un cariñoso correctivo de la prudencia a los sueños.

A cada mancebo ofrecí la perspectiva de un laurel fúlgido. que traba alianza con una potestad católica para la cruzada del dinero.. en un lenguaje imposible. como un astro iluso.esperanza. mi sacerdocio aristocrático. en presencia de los diplomáticos. sobre todo. y nunca pensé en abrir mis alas. Hoy medito en el día ineludible de mi restauración». cuando se espese el silencio después del bombardeo. Mi belleza. Mi rostro. al verla. Sobre la catedral cantada por Verhaeren permanecerá la figura angélica. halagüeño y abstraído. irá diciendo desde su hornacina: «Yo vivía la vida eminente del templo. en presencia de la ingenuidad conservadora que por razones de bautismo se pone de parte del protestantismo feudal y providencial que desbarata la colmena de Bélgica. no habría escrito su "Revuelta". si no careciesen de fisonomía sexual. en San Miguel. y las segundas. sobre cuya agitación se sostiene la leve corona para fingir un sueño real en un golfo cantante! ¡Oh corona rota! ¡Oh manos arrancadas y abatidas! . En las tardes dramáticas. era una vacilación constante entre la gravedad del firmamento y la inquietud efímera de abajo. Los invasores llegaron con su metralla a cortar mi ejercicio sutil sobre el planeta. cuando ascendía el concierto de las campanas. como inválidas que no quieren despertar a Reims. No abandoné mi región favorita al sonar el concierto pío de las campanas. Pensaban los primeros. extendían milagrosamente la cabellera sobre todo su cuerpo. Y la escultura sin brazos y sin cabeza. adquiriendo así un súbito manto de oro frente a la lujuria. Ahí estará en pie el buen ángel. Pero mi simpatía a la tierra era firme. —120→ ¡Oh cabeza sin sexo. Por eso mi cara fue siempre grata por igual a los mancebos y a las doncellas. tampoco la abandoné al silbar el estrago. en presencia de un monarca luterano. Hice germinar en cada doncella la ilusión de una túnica inesperada que protegiese sus intimidades contra el mal en acecho. a la presencia de los procónsules. y leal y paciente me hallo en presencia de la guerra. mi tarea de embellecimiento sobre la humanidad. Quizá sólo esto es más difícil: turbar a una mujer cuya frente inhumana jamás se contrae. Paciente y leal me he mantenido en la paz. la catedral se quejará sordamente. Mis labios lo mismo pertenecen a un paladín de las milicias celestes que a una virgen transida por la flecha del martirio. decapitado y mutilado por una cultura que se escribe con k. en que las ondas de pelo enmarcan la frente como con espuma! ¡Oh pelo espumoso.. para ascender con él. Mis labios habrían hecho pensar en un beso a la comarca. El tablero de fecundidad y de harmonía de la Champagne —118→ no mirará difundirse por sus planteles la beata sonrisa de la torre. capaz de irradiar en la penumbra de la conciencia como las joyas que se olvidan en un cofre. y en las noches de nevada lunar se dirán su secreto las torres. era tal que si monsieur Anatole France me hubiese contemplado detenidamente. vecina de las nubes y madrina de los hombres. que se llaman cristianos. Tal dice el ángel. Mis labios sellaban —119→ la ciudad con un sello feliz. en aquellas remotas hermanas que llevadas desnudas.

de la magnánima neutralidad de la conciencia. y a su aséptica luz se precisa la zona impersonal del alma. Su cuello. como el pensamiento.Danos. casi ningún trasnochador de buena crianza y de mediano temple. ¿A qué forzar los dones de los números mágicos? Quédese la capa en el domicilio de Putifar. tomando la perspectiva de la ruleta. porque no le interesa apostar. Noviembre. Noviembre. Intrigarnos en noviembre sería infausto. Ahora. pero el alma no se encarniza. En torno de las tres ruletas.. la límpida maestría del artista que supo esculpir en tu carne hasta lo más enorme. Sentada sobre las rodillas del visitante. pájaro en pelecho. como las pestañas.. como dentro de un túmulo. pesa muy poco. como a un zancudo entre las hojas de un libro de magia negra. la zona en que vaga el jugador de puro linaje. Y cuando la impenitente mano del burlador desabotona el talle. vestida de terciopelo letal. remeda a la garrucha. buen ángel. —[125]→ Oración fúnebre . cuarto de hora del diablo. Todo lo que late es terrible. el alma se abstiene de la apuesta. Las constelaciones se deslizan con sigilo y figura de ensabanados. para aplastar al gallo de la Pasión.. y les permitiste posarse sobre tus hombros y contestaste en voz baja la algarabía impertinente de sus preguntas. prescinde del juego. al girar. Nosotros fomentamos la esperanza de que te restaure una mano incorruptible. aleccionándonos en la sabiduría de bogar sin tropiezo. —[121]→ Noviembre —[121]→ —[122]→ El mes adecuado para gozar. se disimula en los quicios de las dos de la mañana. La intriga.. de hoy y de mañana. sino el de la «dulce Francia» de Roland. húndese en una jaula de huesos. ahuecándose en el armazón de un catafalco. danos una frecuencia ideal de pájaros en el espíritu. alguacil con tos. del alba y del ocaso. Tú que fuiste amigo cordial de los pájaros. sino de aristocrática inacción. Noviembre. instante —124→ de la conversación. y sugerir hasta lo más leve. pecera lívida en que los finados suben y bajan. mujeres anegadas en el rosicler de la luna. Franquea su cancela entre cumplimientos apagados.. equidistante del deseo y del temor. Depura nuestras almas y enséñanos a fijar en la piedra de la adversidad la sonrisa heroica.. la de ayer. noche en que rueda sin mulas la tartana del infierno: sombra de ciprés que abrocha la tapia con la banqueta. y de mirar en tu melodía íntegra no sólo el equilibrio musical de Reims. Restan once meses de presagio menos duro. no por voto de negativa pureza. Noviembre. desafía a la fortuna.

que es como el concordato de las aspiraciones humanas. que doblaba entre los dedos una moneda de a peso y que arrojaba a la azotea. es el de la Resurrección de la Carne. sino la respiración voluptuosa de la juventud que reverbera frente a la séptima alma del frío. ejercitaba esa circunspección afectuosa que se deriva de considerar. * * * Su sensualidad -huelga declararlo. daban a sus hijos la señal del crimen con el imperativo sacrílego: oficia. «la naturaleza humilla bien y la fortuna eleva mal». participando de la magia pasional en que susurra el diálogo del cometa con la luciérnaga. —128→ Uno de los dogmas para mí más queridos. Demasiado inteligente para ser fatuo. y a través de las tersuras virreinales en que estaba educado. E imagino que cada uno de vosotros poseerá algo de la virtud mesiánica de abrir a voluntad los sepulcros. por adelgazarse en su clima el cristianismo. tiró el cuadro —129→ y lo hizo girar a puntapiés. llegaba la marea de la radiosa brutalidad del Renacimiento. la piel curtida de una res. difundiéndose la inmovilidad de las funciones de Buda y estilizándose. acabando de despedirse el cliente. a fin de traer a Herrán por un momento y dilucidar su herencia como el plumaje del ave del paraíso. quizá mi paradigma. solamente pueden ser enjuiciados por la majestad de Dios y nunca por la pedestre honestidad de las sectas.—[126]→ —[127]→ Doy principio a la oración fúnebre de Saturnino Herrán en el vestíbulo del otoño. Pero con los hombres y las cosas que se le mostraban sin superchería. como se clarifica contra el viento el tizón que alumbra la cena de amor de los montañeses. Presentaré a mis oyentes el retrato moral del Pintor. A su cuerpo débil. No olvidaré la tarde en que habiéndose permitido un diplomático una observación ligera al retrato que le había encomendado. los sentidos. no significan la sublimidad de los cinco sentidos? El alma es despótica y nos otorga su dádiva cuando le place. y en sus venas porfiaba la estética de aquellos papas magníficos que. en los peristilos que salpican las hojas. En este mes de octubre. no debe soplar aquí el hálito de la tumba ni el de la estación entumida. la de su abuelo materno. el cortejo pagano. cultivaba un desdén especial para aquellos que. para que la Dicha se levante de su cabecera de gusanos y sacuda otra vez los cabellos fragantes y asome la faz entre las varas translúcidas de sus macetas. humildes y vivaces como las ardillas. Mas al evocarse al dueño del aniversario. al ente más inferior y a la actividad más servil. mientras el cordón de Nuestro Padre San Francisco azota a las ninfas en medio de las agrias meditaciones de los pájaros en pelecho. digamos.fundamenta su obra. ¿Acaso los propios tipos dorados de Fra Angélico. por haberlo sido. al decir de Gracián. Algo habría también de herencias inmediatas. . con el impulso de un solo brazo. A tal dogma y a tal conjuro apelaré. Casi de nadie admitía reparos a su pincel. en la máquina del universo. de aquellos papas que al apagarse de súbito los candelabros del banquete.

a sus viejos y a sus mujeres con tan elegante energía. las de evidencia vital. por las estrictas plebes graduadas. en esta concepción y sensación integral. es estigmatizada. porque la llama simboliza la interpretación y ellos el índice antártico de los almanaques. Ya no habrá virilidad. Los sabios profesionales miran en la exégesis unitaria del cosmos. el lenocinio de las opiniones.nos sostienen con una perseverancia sinónima de la vida. mas a la postre. «el tesoro divino. En la melodía de la existencia. Pecaría yo si prescindiera de recordar al humorista. patrullas de Psiquis. con lo cual enuncio su entereza y su proporción de vástago de Adán. interpretando a sus niños. libre de los despeñaderos cerebrales que algunos han pretendido cavar en las grutas de la belleza. nube por nube. por haber hallado la raíz de lo que titula Chesterton la filosofía del cuento de hadas. los ojos de Cristo y la boca de Mahoma. de la gambusina centuria que. que ya se va para no volver». Llego al instante de subrayar su honorabilidad antropomórfica. que debe considerársele como un poeta de la figura humana. enlaces y — 132→ defunciones. Ella le dio paisaje y figura. en cambio. Al hablar de sus modelos de los dos sexos. El pintor. puedo asentar que la amante de Herrán fue la ciudad de México. se concluye su estupenda categoría. . Durante la noche. se atraviesa la ciudad con el fervor conque Santa Genoveva velaba el sueño de París. habitante por habitante. con una sonrisa de baratillo. y el silencio se materializa para que lo gocemos por el olfato. en la que la frente es de —131→ Buda. ha recogido las esencias del mundo. procede publicar el nombre de la amante de Herrán. La persuasión de lo indivisible de nuestra persona afianzó a Herrán en el culto de la línea moral y física. él la acarició piedra por piedra. y la coquetería de sus mulatas. Si sólo la pasión es fecunda. Él amó a su país. Carecía en absoluto de ideas lógicas. por los bachilleres de la clasificación. pues resta el vino de Mosela que embotellamos en la hermosa edad parabólica. mas al reflexionar que atesora desde el tráfico visible hasta los espejos morganáticos en que la diosa sempiterna copia su dibujo piramidal. poco importa. La ciudad causará el tedio de los espíritus enfermizos. asegurándonos una espiritual y espirituosa vejez de perfumistas. Toca al artista aprovechar la fidelidad de estos sagrados animales en la esquivez del tiempo. Volcábase el relampagueo de su talento en ironías acerbas. Del ajedrez de las pesadillas cognoscitivas. No dudó entre los desvaríos mentales y los brazos palpables de la Vida. millonésima en el dolor y en el placer. que se jactaban ante él de la perfección de sus formas. profesando. cuando se desenvuelve la fábula tripartita de alumbramientos. espumó la congoja que ensombrece a sus varones desnudos. En la solemne y copiosa obra de Herrán. desquite de su ineptitud para la batalla mesocrática. nuestras horas se nos mueren como —130→ tiples. pero usando de la más real de las alegorías. Artísticamente. era una voz de su siglo. apologética de la ciudad. la lucha de los credos se funde en el rostro de la conciencia cabal. las ideas fibrosas. blanquean la col y la flor de la metrópoli.

la angustia que lo anima. a la manera del que padece un cólico. esa cara. No le era grato el tema de sus inclinaciones supersticiosas. En cuanto a sus propias fallas. la equivalencia de medio siglo de tarea. me indicó el retrato de un actor de cine. se arrodillara ante su suegro pidiéndole la bendición. aun a costa de su bienestar. metido en su lecho. su religiosa vergüenza. ya para sostener la seriedad peregrina de su obra. se escabulló hasta su refectorio. Él lo practicó honrando la sangre y el fósforo de que está amasado. con agravio de la política de los tritones excomulgados. juzgaba que hay trajes de mala sombra. Como los toreros. cogía al vuelo la deformidad íntima y externa de las gentes. Izando su bandera puertas adentro. con el regocijo del niño que conoce de antemano la impunidad. los dramas de Maeterlinck. esplende sobre los fulleros que tratan al Arte como quincalla. De la fraseología de Saturnino. porque enviado a conseguir el perdón del Papa. Sumiso y altivo.reía con risa batiente. según su costumbre. pintó. que lo reputo un patrono de los postulantes de la belleza. estaba ya trasudando de miedo. no traspasaba el umbral de la Escuela de Bellas Artes sin cierto arreglo cabalístico de los pies. Un día me detuvo frente a un escaparate. Los duendes y los trasgos se confabulaban para tomar venganza en él de los registros positivos de su paleta. imploró. las manos de la Humildad que lo modela y la gracia punzante que lo corona. Su segunda casa de dicha calle no presenció más que el epílogo de la vasta empresa. Yo admiro con tal rendimiento la pureza social de Herrán. después de examinar sin descanso a una señora en extremo flaca. retorciéndose en el asiento. y allí. Falto de vanidad y sobrado de orgullo. para no desmenuzarme en lo anecdótico. alentaba en él la duplicidad adriática que puso a un embajador de la República el sobrenombre de Perro. declaró que jamás hubiera creído que los rayos X pudieran escotarse. ya para defenderse del roce con los personajes de mal gusto. a los quince minutos de lectura. al ir a acostarse. echado a los pies pontificales. y habiéndose negado éste a recibirlo. escotada hasta la cintura. en sus dos talleres sombríos de sus dos casas de Mesones. A sus habituales. En una fiesta teatral. pues el terror a lo chusco le sirvió de guía infalible. si con —134→ ello daba un ejemplo singular de continencia. reproduciré sólo las palabras conque mencionaba a su . La vergüenza conque ejerció. ¿Por qué con ella se meten de actores? Es como si yo me pusiera a hacer gestos con la espalda». Privilegiado —133→ en sus dotes analíticas. nos escarnecía a mansalva. las ocultaba con escrúpulo. cual la cruz nacida sobre la cabeza de las palomas en las lápidas venecianas. quienes discurrieron que había rogado con exceso. cual si decorase las paredes de un pozo. De un sujeto que blasonaba de la austeridad del matrimonio y de los ojos seráficos conque veía a la esposa. y a gritos. y cuando leía. incapacitábase para imitar a los pianistas que gobiernan a Polonia y a los literatos acuartelados en Fiume. decía que sólo faltaba que el caballero. Más aún: apenas desarrolló el sacrificio indispensable para ganarse el pan de cada día. con estas apostillas textuales: «Mire Vd.

la entretenida con los fosfenos. Suprimid el Arte y os ensordecerán las ramplonerías de la Torre de Babel. y por las playas exteriores en la marcial deidad que con sus flancos de borrasca. remuerde como la contribución a un Minotauro. un día y nada más. La hora vacía. la Muerte se bebe el signo más de la libertad y el signo menos de la inocencia esclava. nos asfixia y nos degrada sentir de tierra los soles. con la actitud de las madres que levantan a sus retoños al paso del monarca. desde la fecha de su viudez hasta la de su tránsito. tremolando sus cabellos encima de las . de tierra la luz y de tierra el pensamiento. —136→ Murió significativamente en este mes de octubre que. desfila entre las bayonetas del Deseo. incapaces de ejecutar su propia silueta. la hora que se malgastó sin exprimir los delirios sustantivos de la existencia. Por ese don de lo concreto. La Vida entrégase desmayada.hijo. y que cito al entrar a encarecer la insólita capacidad plástica de aquella conciencia. Herrán se incorpora al cenáculo ideal de los hombres que parecen destinados a suplir la inopia expresiva de las almas. Pero frente al desaseo de la Muerte. encomiendan sus nebulosas al astro vecino. el ripio abundancial de los informes que. Frase de concisa dureza en que se disimulaba una ternura. finge el concordato de las posturas espirituales. y os exhorta a contemplar la muerte sin la avaricia del temor. según la letra nostálgica de una canción que mi abuelo materno cantó quince años. Sin ánimo de contradecir la hermenéutica de los novísimos o postrimerías del hombre. Invariablemente —135→ llamábalo «el muchacho». si en verdad se pierde aquello cuya esencia guardamos por la voluntad. emblemática de frenesí y de gravedad. donde cualquiera estrella es arrecife. esta oración. os invita a recordar que tener frío es dejar de interpretar. De cuanto he perdido. sus pupilas de belladona y sus perfumes clorofórmicos. personificándose dentro de las vísceras. el pintor que hoy celebramos es de los seres con quienes desearía volver a convivir veinticuatro horas. el mito se desdobla. la Vida se baña sin tregua en el balneario platónico aludido antes. gracias al tornasol de su clima. De la gravedad y del frenesí correspondientes a los treinta y tres años en que frisaría el artista si no se pudriese bajo la tierra. la euforia de su mito le permitió convertir el universo en el balneario interminable en que todo se desviste para jugar el juego eterno de la desnudez de los arquetipos. En los creadores. azafrán y verde. enarbolando en la presente ceremonia nuestros apetitos mundanos y nuestros anhelos elíseos. y al acusarnos de ella. —137→ Hubiera querido hablaros envuelto en una túnica bicolor. mal llamada fúnebre. Encima de las modas. en obsequio de las leyes. de cara al cénit. en la intangible doncella filarmónica. La herencia conque nos enriqueció se ostenta sellada por esa universalidad accesible únicamente a los reactivos mitológicos que acallan la pacotilla de las cosas y les extraen la entonación pitagórica. Matemática golosa.

descubrirá que no son nuestros miembros los que se llenan de su frío. —142→ Y a pesar de ello. Los desvaríos de la conciencia y de la voluntad humanas. la invernada que coagula a las vírgenes y convierte en granizo las lágrimas de los niños. Mas la chanza terrestre impide que este elogio acabe con solemnidad. El bailarín está endiosado en su propia infecundidad. no nos ha dicho que sea mala. En medio de las pesadillas de sus prójimos. con la autonomía de una moneda o de un dado. El pecho de la paloma. En el prodigio de esta mutua circulación. no le alcanza. —[143]→ Nochebuena —[143]→ —[144]→ . y cuando el bailarín se flexiona. una esquela vergonzante. porque pertenecemos al melodrama. esmaltará los frisos de ultratumba con sus móviles figuras de ayuntamiento y de plegaria. al azotarnos las rodillas. El bailarín. nos ha enseñado que es hechicera. convence de que entrará al Empíreo en caudalosas posturas coreográficas. Y mi ditirambo. El bailarín comienza en sí mismo y concluye en sí mismo. Danza sobre lo utilitario con un despego del principio y del fin. No hay desinterés igual al suyo. rebota como la rosa de los vientos. como la llevó Herrán. el bailarín impulsa su corazón. entre filtro y filtro. de una atrocidad a una misericordia. eludiendo los sórdidos picos del mal gusto. ¡oh bailarín! es el fervor de un lego que no sabe bailar. Llevémosla. corrector honorario de lo contrahecho y de lo superfluo. Su alma es paralela de su cuerpo. jactándose de ser estéril. arrastrar en la arena su pelo. Él es pulcro y abundante. La sordidez. como el columpio en que se asientan la Gracia y la Fuerza. el bailarín. la modestia de su arrebato excede a la de las llamas infinitesimales que devoran. por laxitud de nuestros brazos. sobre la embriaguez de los brazos horizontales. —[138]→ —[139]→ El bailarín —[140]→ —[141]→ Hombre perfecto. le sirven de tramoya. de modo que la energía que nos gaste su torso. sino ella la que se quema de nosotros. Sería infame. Yo envidio sus laureles anónimos y agradezco el bienestar que transmite con la embriaguez cantante de su persona. nos la restituya la punta de su cabellera. Al embestir a su pareja. Con ella no nos podemos llamar a engaño: no nos ha dicho que sea buena. se encabrita y se acicala. en brincos de gnomo. la próxima invernada. Sus pies van trenzando la parsimonia y el rijo. Las larvas somos incapaces de vivir en serio. resumen de nuestras desdichas.aguas eternas.

la novedosa consolación y el original . en las fechas singulares del martirologio. El ánima sola quiere confiar en que del tallo de la raza de David (tallo ahora de plácemes) brotará su especial separación.. el planeta finge regocijarse. apartando el tema de la Nochebuena del de la fealdad. retoño de los Salmos y de Betsabé. Mas suspéndase nuestro aliento bajo él o bajo su sucesor. los prodigios etéreos. que resbalaba por el arco iris. era. oficia en su adviento sin límite. por patricia. Hay un júbilo simulado al conmemorarse la aparición de Aquel que sembró las imprevistas parábolas. Juno. en cuyo centro había un plátano. Bajo la intención jocosa de las pupilas del Papa XIII. que su bendición cae sobre estas pascuas de diciembre con la pesadumbre agorera del año 1000. no se parangona con la intuición trashumante de los Magos. abrimos las nuestras a la lumbre del sol. es imposible. un Pío o un Benedicto a las crisis de nuestra vida. Los silbatos de agua y de latón conque la infancia alegra la nave de la posada. Su mano. se regocija. y sobreviene una incredulidad que. ¡Mas el adviento es tan largo y tan desabrigado para el ánima que se extenúa soñando con la renovación de media noche! El ánima sola añora cierto poema en que el protagonista. mientras nace el Hijo del hombre. se pierde irreparablemente.Por débil que sea la vocación estética. y el Papa XV. diré. dejar de conmoverse ante los Pontífices Komanos. el hambre belicosa y las crines de azafrán de los bárbaros. hablando de Pasiones o de pasiones. y los gases asfixiantes privan contra la fausta alhucema. barre desde Belén los mitos subterráneos y los celestes. refiriéndose a los célebres predicadores de su tiempo. que enaltecían la Semana Mayor. vaga mentalmente por su plaza natal. El ánima sola recapitula todo lo que ha fenecido en ella. la frente ancha y rural del Papa X presidió nuestro conocimiento de los acres frutos vedados. y atado al plátano. Por una compleja antinomia.. con ornamento morado. El ánima sola infiere. Pero. El corazón de cónsules y procónsules se vacía del culto. ¡Tal vez! Y el ánima. —147→ de la inversión de la hora ritual del Sacrificio.. El Niño. con la montadura antañona de sus anteojos. subyúganos con una negra eventualidad: la del Papa de la muerte. apenas azarosa. articulemos con nuestra conciencia la expectación del adviento y la plenitud de la misa de Gallo. ciertamente. por su parte.Madame de Sevigné. un asnillo. consumiéndose en el retardo de las velaciones. Y nuestro cristianismo casero. la esperanza de celebrar en las tinieblas una fecundidad como la que se cumple en el portal oloroso a pienso. no hay agnosticismo que baste a refrenar una ola de simpatía por ellos.. últimos representantes de la edad heroica. menos obtusa que la de los suscritores de la «Biblioteca Roja». la lepra. decía: «Yo he honrado siempre las bellas Pasiones». ¿por cuántos son escuchados? Impresiona más la travesía del submarino que el trote de los camellos regios. «aquella que fue de Urías» yace en el establo como pétalo en trigo. ornitológico. sentimos. por el nacimiento del más triste de los tristes.. Y si asociamos un León. Dudo que repitamos con verdad la frase. entre los bonetes cónicos de los astrólogos..

Reside en la carne virgen y preclara una salud rebosante que ordena las ruinas en el mismo orden en que fueron edificadas. tres gusanos. La hora actual hállase enemistada con el genio. porque si éste hubiera sido cabalmente inicuo. Pero el tiempo. Alguien suple a las turbas aritméticas. Celebraron este pacto con sinceridad y complacencia. El señor Zambul murió después de veinte años de matrimonio. No es corta desgracia que los sentimientos más aristocráticos se vuelvan manía y —148→ que la piedad se trueque en repetición. y su relato fue el que sigue: «Honorables colegas: Mi bocado más reciente pertenecía. sin ordenar los azotes interlocutorios. trajo las cosas a un orden más quieto. Ella. en un vericueto subterráneo. el ficticio duelo. contentémonos con la seguridad de que alguien vela. a su vez. ¿En qué latitud morará el anacrónico vigía? El mar lo sabe. Los minutos aciagos se prosternan.reproche. no concilia más que el número. con un íntimo descanso. más aún. —[151]→ Caro data vermibus —[152]→ —[153]→ Tropezáronse. obtuvo igual promesa. Alguien interesa las válvulas de su corazón en los destinos que penden de Belén. Recién casado. y la médula de la señora Zambul se enfrío sensiblemente. Dentro de pocos meses. sube al altar a prender los cirios. arriba. Así sea bajo la autoridad del Jerarca ornitológico. no todos los espíritus hanse tornado rutinarios. en horas de intimidad. a esa carne perjudicará hasta el buen propósito de Pilatos. cada cual a su propio cuerpo. al número de los que nos temen. Y en la demolición de las almas y de los cuerpos. porque según la observación de Pascal. No tenemos delicias sino menesteres. ¡Resurrección! claman los númenes de nuestra conciencia ¡Resurrección! claman los númenes de nuestros huesos. para que en el decurso de los siglos cabalgásemos sobre las pezuñas inertes y mecánicas de la rutina. llamada a la perpetua inmolación. Amó ardientemente a su esposa. y. En alguna quiebra hay algún pastor atento a la embajada angélica que trae paz a la tierra. sacristanes. Todo. Procedía el primero de la fosa del señor Zambul. arrancó a su esposa la promesa de quemar su cadáver. y hace de los fieles. la fausta alhucema ratifica un próspero mensaje de natividades. pues estaban agradecidos el uno al otro. entre lagrimitas y arrumacos. en el momento reglamentario. Ya no juzgaba de rigor —154→ la —[150]→ . habríase circunscrito a la pena de crucifixión. ante el pesebre en que reina la carne virgen. al margen del Calvario. honorables colegas. Mas él anhelaba conciliar —149→ su comodidad espiritual con el dominio cesáreo y con el apetito de la plebe. la carne contra la cual se concitará todo. sí. Felizmente. y encendemos las más selectas luces con el desprestigiado estilo del pobrete que. será también maquinal. deslustra los oficios. Nuestras genuflexiones llevan la marca de lo utilitario. Nosotros.

Mi instinto de antropófago vaciló: la señorita había cultivado el odio contra mí.. ineludible en toda mujer y espaciado en la señorita Estefanía por la inercia irreparable. A la muerte. no he guardado miramientos con el catedrático. ella no dejó de intrigarse. como quien dice para su sayo: "¡Venirme a mí con esta bobería!". El cerebro trepidó. colegas.. La señorita Estefanía (pestañas áureas. —156→ yo era la bestia que había ocupado las horas trascendentales de Estefanía. y fue expuesta en Roma y reverenciada por el Papa. «Mi último cainita -dijo el segundo gusano. camaradas. Pero nuestro destino. quien ría el último. yo dejaría indemne aquel patrón de espiritualidad. ¡Bonitos parásitos están los hombres! ¡Diputan limpio comerse las gallinas. cuello blanco y manos translúcidas). que me despegue de vuestro laconismo y de vuestra entereza.. sonreían todos. los pescados y otras especies menos pulcras. Al fin. pude subir anoche hasta los labios del señor Zambul. La boca.. luego. Trabajé sobre él con afán y con dureza. se sacudió. los gusanos reímos los últimos. La devoré. Mi primer mordisco sobre los labios fue como el roce de un cordoncillo de seda. Mi primer mordisco a su cerebro fue como el pellizco de unas uñas desalmadas. Su esposo (que se había formado de nosotros una idea extraordinaria. La dama lo ratificaba. Cuando el señor Zambul se halló entre cuatro cirios. y enterrada de nuevo. hallada en una excavación. Por unanimidad. y que adoraba su envoltura). ¡Qué cara la del pobre hombre! Se conoce que en el horror de su agonía me tenía presente. Consultó la cordura de sus más graves amigos. y sucio el pasto que aprovechamos de ellos mismos! ¡Linda manera de defraudar la nutrición universal! — 155→ Por fortuna. es incontenible. para que sobre la frescura de su gesto no fincasen las muchedumbres una idolatría. se la representaba según un poeta: los ojos hueros y los pies de cabra. Catedrático de filosofía. que luchaba con las tinieblas. hacía recuerdos muy explícitos del compromiso. Mordí el . y al dictaminar. El tercer gusano dijo: «Mi desayuno de hoy fue sentimental: una señorita de inflamable corazón. Así liquidé el desprecio del catedrático». compañeros. Y yo. por asiento de licencias. anunció con su lozanía el Renacimiento.no era un sensual. Pero yo he sido comedido. no obstante. la suya no bastaba a impedirle que recomendara los hornos crematorios por razones de limpieza póstuma. Yo. camaradas. casi sólidas. el artificio del listón que casaba las manos. del ataúd.incineración del cónyuge supérstite. camaradas. Era de las que nos odian.. y en esto de engullir. antojábase un manequí. Todo contribuía a tal apariencia: la luz hiperbólica de la frente. Contábase entre los que nos desprecian. Amenazando su pujante esperanza. como la virgen que. reirá mejor. Así liquidé el temor de un cainita».. en correspondencia al interés preferente conque la señorita me había considerado. pero mi moral se reblandece en epifonemas accesorios y mi lenguaje se difunde más de lo que puede aprobar vuestra económica redacción. el ángulo de los pies. desecharon el escrúpulo de la señora. ¡Infeliz señorita Estefanía! Perdonad.. ella pensó: "¡locuras.!". Lo devoré por asiento de vanidades..

Un día del último febrero. parece avanzar el protestantismo. que coloca al hombre del cayado dos codos arriba de los hombres de la grey. discutida por muchos y negada por no pocos. la indiferencia y el odio serán baldíos mientras los cainitas no sepan entregar. se regalan al igual de las ovejas. en suma. A su vista he comprendido la gran fuerza autoritaria ejercida por el celibato romano. miro a los yanquis que vienen a evangelizar al harapo que algunos llaman raza indígena y a los ribetes de población que separan a la gleba de la clase media. una tempestad de arena. El corazón se retrajo. en vez de su cadáver. se descuidan. la afinidad para la conquista se hallaría a punto. El endiablado olfato.vértice del corazón de Estefanía. Así liquidé el odio de la señorita Estefanía». Roma. cera. distingue. inquisidores y sacrificadores del Monolito descorazonado. —[157]→ La conquista —[158]→ —[159]→ Asesorados por nuestros luteranos. Sobre las plebes. Convinieron los tres gusanos en que el temor. herencia de moriscos. dos horas después de los sucesos. las gentes de responsabilidad intelectual no pueden ser más que librepensadores o católicos. Si por las biblias en inglés dejara de serlo. cera en los dedos de los niños. en las manos abigarradas del Valle. en que con meros ojos de mexicano. el aroma de los salmos y las montuosas resinas de Afrodita.. incesante y natural. cualesquiera que sean sus despeñaderos. del peor modo carnales. cera en la palma del oficinista. no descubro qué autoridad pueden lograr. En México. Vienen con sus mujeres estos sacerdotes. persuadíale de que la médula de la Patria es guadalupana. en una defensa ínclita. que fuera aventurero y dogmático. Digno o indigno el clérigo célibe. —160→ No le demos vueltas. cuenta la de haber fijado en la columna vertebral la diferencia consuetudinaria. su bagazo. carnales evangélicamente. cera en la viuda vergonzante. y aun en el Nacional. Nuestra dolorosa nacionalidad. seguirá achatándose en su arista casi única: la religiosa. si en los palacios diocesanos. dentro de las naves de Guadalupe. vi arder cera en los guantes. entre sus genuinas sagacidades. . Las componendas del libre examen resultan sobradas de ingenuidad para el temperamento criollo. Lo devoré por asiento de las insensatas esperanzas. cera en el abrazo del peón. desatando —161→ sobre el país. en cada mano teocrática. ante nuestra malicia latina. Las afinidades en un culto pedestre ahogarían la última flor de nuestro denuedo.. los pastores que dentro de la ley.

las campanas callejeras de los Ejércitos de Salvación convergen al prurito de ir a los cielos con pasaje ínfimo. a la módica tarifa del mal gusto. Una amiga innominada. impónese lo soez como la más dolorosa de todas las formas del mal. Complementarias de esa prosa comodina. quizá. viceversa.Nuestra sociedad. el gato se sacude. Nada se encarniza. —170→ Pero es que nada puedo entender ni sentir sino a través de la mujer. nos penetran el silencio y la soledad. explicación de casi todas sus desdichas. que casi no es suya. Mas un desplome paulatino de las potencias de ambos. ninguna. enferma de prosa. brincamos cien leguas. Dentro de la alcoba. Si la ley universal de salvación es la de la línea. acatando la rima de Gustado Adolfo. nada actúa siquiera. ¿Existe algún ser más heroico que la mujer en el momento de resistir a la luz? Y. un esfumarse de algo en ciernes o de algo en fuga. En la cabecera. hay ocasiones en que la carne se hipnotiza. un clima de perla de éter. —[162]→ José de Arimatea —[163]→ —[164]→ En la simultaneidad sagrada y diabólica del universo. su vicio principal. cae en las aberraciones de la línea humana. Por ella. a la amiga ungida por José de Arimatea. Ante la limpieza de minerales y vegetales. sino en mi propia dignidad moral. ¿hay alguna especie zoológica que envejezca tan trágicamente como la hembra humana? El gesto. Tal es. contra la desnudez del varón. al definirse el aguijón vital. sólo por ella he conocido el . cabecea un halcón. con el sobresalto humano de quien va a hundirse en las antesalas soñolientas de la Muerte. En la mecedora. les imprime una vida balsámica de momias. he creído en Dios. para no vulnerar a la virgen privilegiada con semejante ejecutoria narcótica. no ya en mis raíces de poeta. sobre las ropas revueltas de la pareja. reflexionando que sólo el animal lo es. Ocurra el fenómeno en cualquiera de las veinticuatro horas. —166→ que casi no es nuestra. una amiga de bautizo incierto. De súbito. adolece del vicio consiguiente: lo comodino. me ultraja. yace desnuda. entre sábanas estériles. —[167]→ Lo soez —[168]→ —[169]→ Alguien me hablaba de cómo se acentúa la desgarradora fatalidad de lo sucio. convertido en mueca. vasos comunicantes en que la naturaleza se pone al nivel del alma. altérnase con la nuestra. empero. Yo sé que aquí han de sonreír cuantos me han censurado no tener otro tema que el femenino. trátese de la conducta o de la fisonomía. La respiración de ella.

seríais correctamente insulsa. a despecho del tul que los condimenta y dice: «Queremos pronto los del nene». aderezando con bromas la nariz. detrás de la rosa de los vientos. añade. con su gracia picante. Sin ella. De aquí que a las mismas cuestiones abstractas me llegue con temperamento erótico. Y nos guiña el ojo. Luego. a la que no alcanza ni una sospecha de la luz. en mangas de camisa. desde el fondo que se asoma sobre los chapines.. El gusano roe virginidades y experiencias. Por ella tentáis como el espíritu de la mostaza. enseña sus tarjetas a la gentil señora nariguda. como quien enflora un anzuelo. mucha nariz». El maniqueo proclama la eternidad del mal. tierra la luz. Y tal ficción no será canónica. de voluntad y de pensamiento. —[175]→ . El fotógrafo. menos que una boardilla. Así me duele el mal cuando despeña al corazón en enigmas tan sórdidos como el de la virgen sepultada.. Tierra el sol. La sorna de la cigüeña desata en la fotografía.publica sus brazos de pelele. Señora que turbáis a los clientes del tejabán con vuestra delgadez de ráfaga. husmeando su propio retrato: «Mucho perfil. se toma el pulso de vuestra vida. la fotografía. lo sabéis de sobra. esta quisicosa nasal. tierra el firmamento. hacéis la olfativa espiral en que se laminan los deseos.. Mejor que en imaginar un poder sin límites. la magna faz de Jesús.. Vuestra nariz es vuestro gancho. otros se destrozan con el silicio. me complazco en ver. un poco espantapájaros.puñal de hielo del ateísmo. La señora -cigüeña costosa al marido. lo esgrimís como el sabor de la plegadiza persona.. es traspasada por cierzos esquimales. como un académico. afligido porque en la obra del Padre se mezcló un demonio soez. pero es el esfuerzo de un ingente amor. Unos ingenuos blasfeman. Sois cazurra y simpática. que lo que negó al amante más esclarecido de rostro. —[171]→ La cigüeña —[172]→ —[173]→ En la crudeza del Adviento. concédelo a la última bestia. y que insinúa. mejor que en la dúctil muñeca. Cigüeña astuta: sabéis al dedillo que la nariz redondea vuestros brazos de pelele. El teólogo ortodoxo pone en silogismos la omnipotencia y la bondad infinita del Increado. que os libra de la intachable sandez. En la nariz de fascinación y de trapisonda.. porque —174→ de vuestra imagen. Pero esta fruslería. una ecuatorial llovizna de caniculares granos de granada. fustigados por el frío. toda una holanda subrepticia y salutífera. a las cinco de la tarde esquimal. menos que un palomar. he descubierto vuestro juego: coqueta al rededor de vuestro defecto.

con la ufanía de los pigmeos que. Hay el minuto azul de la belleza. que te produjo falible y condenable. a agasajar la inocencia de mis ojos con el arquetipo de tu carne. a fin de que vengas. para siempre detenida por un polvo de tumba. se desboca hacia ti. con el candor aciago conque ceñiste el filial cadáver cruento. Tu corazón. mi amor. Madre de las víctimas. pudieras haber curvado tu brazo por encima de los milenios para pescar mi corazón. de la flor del silencio viola el broche. FIN —[179]→ Colofón por Rafael López —181→ —[180]→ Colofón Queda aquí. Yo te conjuro. La espada flamígera te impidió mirar el laicismo pedestre que habría de convertir al verdugo de Abel en símbolo de la energía y de la perseverancia. que cuando te sentiste desnuda. creciente cada año. en vez de apelar al follaje de la vid. se desenfrenó con la congoja sumada de los siglos. Minutos donde el ruiseñor de Alfeo. consanguíneo del de la pantera y del ruiseñor. por haber llevado la vergüenza alícuota que me viene de ti.Eva —[176]→ —[177]→ Porque tu pecado sirve a maravilla para explicar el horror de la Tierra. mientras el vuelo aloja un centelleo en las pupilas ciegas de la noche. en la fábula de nieve. . Mi amor te circuye con tal estilo. enloqueciéndose ante la ira de Jehová. Pon mi desnudez al amparo de la tuya. Puedo merecerlo. la preclara mano que estos minutos señalara en el reloj del tiempo y de la vida. desde la intemperie —178→ de la expulsión. conducen el cadáver cuyas blancas encías envenenó la fruta falaz.

Rafael López .el que viste el sayal de la tristeza. Y yo agrego el minuto del espanto que fue un siglo en la alcoba de la muerte. el minuto carnal. surto en el manto solemne del amor trágico y fuerte.

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