You are on page 1of 84

...

150
Támesis, Años deHistoria...
Cátedra Municipal

Municipio de Támesis. La tierra del siempre volver
Alcalde JUAN MARTÍN VÁSQUEZ HINCAPIÉ.

Cátedra Créditos Municipal
• • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •

Sumario

DIEGO ALBERTO MARTÍNEZ BEDOYA. Secretario de Salud, Educación y Bienestar Social LUIS CARLOS GIRALDO RAMÍREZ. Asesor de Prensa y Comunicaciones CARLOS MARIO VELÁSQUEZ RAMÍREZ. Investigación Histórica y Textos CÉSAR AUGUSTO GALLEGO CADAVID. Ilustraciones CRISTIAN CAMILO GALEANO OTÁLVARO. Diseño y Diagramación AUGUSTO GIRALDO OSORIO. Corrector de Pruebas GUILLERMO BETANCUR. Colección fotográfica Marquetería El Taller DIRECTOR GENERAL CARLOS MARIO VELÁSQUEZ RAMÍREZ. IMPRESIÓN GRAFIX Teléfono 217 84 82 grafixpapeleria@gmail.com

Introducción.....................................................................6-7 Los primeros pobladores en nuestras tierras..............8-9 Aquellos indígenas y su territorio..............................9-11 Bajo nuestros pies, una cerámica predominante en Támesis..........................................11-12 Los petroglifos: aquellas rocas que hablan..............12-13 Técnica de elaboración de los petroglifos................13-14 Algunos de los conquistadores españoles del siglo XVl en tierras tamesinas..................................14 La colonización antioqueña, un fenómeno para entrar en la montaña..........................................15-21 Támesis y sus fundadores..........................................22-23 Una huida, una fundación.........................................23-28 Un pueblo más en el paisaje......................................28-31 Una vida política un hito fundacional.....................31-33 De caserío a distrito....................................................34-35 Invocando un sacerdote..................................................36 Queriendo ser pueblo............................................37-39,44 Galería fotográfica.......................................................40-43 De colonos a ilustrados..............................................44-45 Cultura política en Támesis ¿Por qué ser conservador era un pecado?...............45-50 Peñasco Tosco...............................................................50-52 Támesis, un infierno celestial.....................................52-57 Contra el enemigo.......................................................58-61 Los patriotas.................................................................61-63 De pasquín a periódico...............................................63-69 Un día de votación......................................................69-72 Un extraño en casa......................................................72-74 Un domingo que se estalla, brumas, cosas y risas..................................................74-77 Bibliografía...................................................................78-79

Se ama lo que se conoce
Siempre hemos escuchado a los viejos decir que solamente amamos lo que conocemos y, si tienen razón, entonces estamos en el camino correcto cuando nuestro Plan de Desarrollo 2012-2015, Educándonos para el cambio, propone el programa “Educación pertinente y contextualizada”, y como uno de sus proyectos, la “1.1.3.6. Implementación de la Cátedra Municipal, como estrategia de pertinencia”. Esta primera cartilla de Historia de la Cátedra Municipal, es el comienzo de esta estrategia amorosa, porque si bien “amor no quita conocimiento” el conocimiento es necesario para el amor. Deseamos pues, que amemos a nuestro Támesis, que lo conozcamos, para que le demos el escaño merecido en nuestro sentimiento y, que así, nuestras acciones estén encaminadas a exaltarlo y a proyectarlo. Deseamos que nuestras aulas, bibliotecas, calles, parques, hogares…, sean las tribunas de la pertinencia educativa, en las que estudiemos la manera de convertir estos 243 kilómetros cuadrados en La tierra para el siempre vivir. A mi querido amigo Carlos Mario Velásquez Ramírez, el agradecimiento del corazón por su obra académica desarrollada en estas páginas, y mis más sentidas felicitaciones por ser un tamesino que construye patria con su saber. A los demás tamesinos y tamesinas por nacimiento o adopción, nuestra petición para que pensemos otras facetas que nos hagan sentir orgullosos de ser de esta amada tierra, que produzcamos conocimientos que nos den cuenta de nuestra riqueza hídrica, del paisaje exuberante, de nuestra biología prolífica, de nuestra riqueza precolombina…, en fin, de las inmensas bendiciones que cayeron como rayos en esta tierra de humanos pacíficos. Támesis, septiembre de 2012.

Introducción

Son pocas las investigaciones históricas del municipio de Támesis que ilustren acerca de la conformación de nuestro territorio. Por lo tanto, no habiéndose desarrollado una amplia producción de textos, es obvio que estudiantes de nivel básico y universitario, padres de familia y los demás sectores de la sociedad, carecen, en gran medida, de información académica pertinente que abra la discusión sobre los principales hechos historiográficos acaecidos en el municipio de Támesis. Justamente porque algunos de los relatos que se han producido, que no pasan de ser simples esbozos, son fruto de hombres y familias que han hecho parte de la consolidación del municipio y que, por tanto, tienden a caer en la falacia de inclinar la balanza hacia su propia versión de la historia, ignorando así el trascendental papel de los otros individuos, y dejando de lado la controversia que, obligatoriamente, se genera cuando se decide realizar alguna especie de historia local. Es, entonces, como se tiene que echar mano de otros elementos que tiende a desconocer el historiador. Por tanto, se hace necesario tener muy en cuenta lo que se revela entre las voces populares y los comentarios generados en tertulias callejeras, hechos todos por viejos sabedores y conocedores de la tradición oral, acogiendo el precepto cuyo contenido reza, que detrás de la narración tradicional de un pueblo, existen otras historias dignas de registrarse en los anales de la memoria colectiva. El interés por escribir una serie de historias de antes y después de la aparición del municipio de Támesis no es fortuito. Para tal fin, ha sido necesario adoptar una serie de prácticas sociales que han funcionado y se han constituido tradicionalmente y que nos afectan y trastocan en tanto sujetos pertenecientes a Támesis. Así mismo, para la producción de esta investigación existe en el fondo una preocupación por la relación entre la Historia y la enseñanza de ésta en las Escuelas e Instituciones Educativas de básica y secundaria, ya que pareciera como si en nuestro medio académico –exceptuando algunos trabajos recientes de profesores universitarios y escritores reconocidos, interesados por esta temática– no existiera una preocupación por dejar de escribir solamente para los historiadores y demás investigadores “eruditos” de las ciencias sociales. Por otro lado, desde las políticas educativas impartidas por el Estado con la Ley General de Educación (Ley 115 de 1994) sobre los objetivos y fines de la educación y los Estándares Básicos y Competencias para la Calidad de la Educación Colombiana (Decreto 230 de 2002),1 preocupados por la organización de los planteles educativos en cuanto promoción, evaluación y los reguladores del currículo, se hace visible una preocupación por la formación en las Ciencias Sociales, entre ellas la Historia, empero, hecha ésta en términos de la búsqueda de la unidad nacional y de identidad que se han relacionado con la historia tradicional y la crónica patria de los “grandes personajes políticos” y de los “grandes acontecimientos”. Por ejemplo, en el literal h, del Artículo 22 de la Ley 115/94, se establece como uno de los objetivos de la educación básica “El estudio científico de la historia nacional y mundial dirigido a comprender el desarrollo de la sociedad, y el estudio de las ciencias sociales, con miras al análisis de las condiciones actuales de la realidad social”.

1

Este Decreto es reglamentario de la Ley 715 de 21 de diciembre de 2001, que a su vez reglamentó el Acto Legislativo 01 de junio de 2001.

6

Cátedra Municipal

También, en el numeral 6 del Artículo quinto de la misma Ley, aparece como fin de la educación: “El estudio y la comprensión critica de la cultura nacional y de la diversidad étnica y cultural del país, como fundamento de la unidad nacional y de su identidad”. Además, en las reformas educativas recientes como en los Estándares Básicos y Competencias para la Calidad de la Educación Colombiana, hay un interés marcado por la educación para la competencia en el mercado y la construcción del currículo único a partir de estándares que la mayoría de veces desconocen el contexto social y necesidades propias de cada comunidad educativa. En el campo específico de los estándares de ciencias sociales,2 se manejan tres ejes temáticos en la educación secundaria: Relaciones con la historia y la cultura; Relaciones espaciales y ambientales y Relaciones ético políticas que hacen más énfasis en relaciones con lo macro que con lo micro. Considero, entonces, que la relación entre la historia y la enseñanza en la Escuela ha estado mediada por textos guías fruto de editoriales prestantes del país, en los cuales aparecen versiones diferentes de una historia tradicional preocupada por los grandes acontecimientos, grandes personajes y grandes urbes, que dejan a un lado lo local y lo micro, elementos tan importantes en la consolidación de la identidad municipal. Aunque este tipo de orientaciones han sido, en gran parte, fruto de los distintos métodos de investigación desarrollados en occidente, que remiten a un discurso histórico convencional mediado por un trabajo con un tipo específico de fuentes (escritas y documentales). Además, en la formulación de problemas donde pocas veces se ahonda en temáticas que para el historiador pueden revelar toda una imagen de la tradición local si se quiere, de elementos que solidifican una identidad. De ese modo, es necesario conocer y aplicar la historia de un país, una región, un municipio, no sólo vinculándolos a los textos guías, sino teniendo en cuenta otra serie de alternativas que estén a nuestro alrededor: la fuente oral, el paisaje, la literatura, la pintura y los distintos fenómenos sociales que suceden en aquellos apartados lugares. Así, pues, el conocimiento histórico no debe limitarse a la memorización de hechos y personajes, sino, por el contrario, debe propiciar el desarrollo del pensamiento histórico de los estudiantes, invitándolos a entender que el pasado no es un camino único fijado en los textos escolares, sino un campo abierto recorrido por luchas y procesos muy diversos, donde los senderos llevan a pensar porvenires distintos. De este modo se podrá despertar una conciencia crítica, no sólo hacia al pasado sino hacia el presente. Es así como la enseñanza de las Ciencias Sociales, particularmente la historia, debe ser orientada hacia un relato que seduzca al alumno, y donde éste pueda descubrir a través de las historias toda clase de mundos fantásticos, mágicos, alucinantes, deslumbrantes, sobre todo, despertando en aquél un significado de aprehensión con su pasado, evitando, a la vez, la deserción o aversión hacia tales disciplinas. Esta investigación posibilita que los estudiantes conozcan lo que antecedió al descubrimiento del municipio de Támesis, cuáles fueron esas otras historias de culturas prehispánicas, de conquistadores españoles, de colonos pobres en la selva, de persecuciones, tristezas, huidas, sufrimientos y fenómenos populares que aún se encuentran concomitando en el presente; de personajes olvidados por la historia y tachados en la memoria, además, de hechos curiosos que nutren nuestra efímera retentiva en un flujo de recuerdos típicos de un pueblo pintoresco. Así mismo, el presente texto se constituye en una herramienta pedagógica para los establecimientos educativos que adolecen de trabajos de historia municipal, sirviendo al tiempo como documento flexible y versátil en el cual cada día se puedan incorporar nuevas historias, relatos y, sobre todo, tesis que avalen o desmientan el presente trabajo. Es decir, se pretende ir nutriendo día a día la historia local de Támesis usando como molde, si se quiere, esta Obra. De esta manera, los funcionarios encargados de la docencia en el municipio, podrán ahondar en nuevas investigaciones de orden local y regional sobre la consolidación de una nueva historia, incorporando en los establecimientos educativos temas que obedezcan a la percepción de su propia historia.
2 MINISTERIO DE EDUCACION NACIONAL DE COLOMBIA, Estándares Básicos y Competencias para la Calidad de la Educación Colombiana, PRIETO DUARTE, Rafael Antonio et MACIAS VILLEGAS, Jesús Orlando (compiladores), Macías – Garcés Artes Gráficas, Medellín, 2005.

Cátedra Municipal

7

Hombre Mongol

Los primeros pobladores en nuestras tierras
Mucho antes de que los españoles, embozados en sus armaduras, provistos con sus espadas y mosquetes, montados en sus caballos y con sus perros de presa y combate, llegaran a las tierras americanas, allí donde esperaban encontrar el paraíso terrenal, que Dios había destinado para ellos, hace aproximadamente unos cuarenta mil años antes de Cristo, existieron civilizaciones en América tan antiguas como La Europea, la Persa, la Islámica y hasta la China.3 Ese extraño y nuevo mundo era capaz de ofrecer naturalezas tan distintas como para que los cronistas de Indias aceptaran ver manatíes como bellas sirenas encantadoras de hombres; o de colmar de terror el encuentro de tribus de caníbales que extraían el poder maligno de sus enemigos; mundos tan fantásticos en América como las amazonas que, extirpándose un seno, maniobraban el arco como el mejor soldado de las cortes europeas.
3 DUSSÁN DE REICHEL, Alicia, Un mundo Jamás imaginado. 1492-1992. Alguna gentes del Nuevo Mundo. ED. Santillana, 1992, p. 13.

Ese mundo de encuentros con gentes amistosamente desnudas, de bellas mujeres que mostraban sus vergüenzas, ofrecía un ambiente idílico para los conquistadores. Un territorio lleno de dioses, seres monstruosos o fantásticos, brujas que circundaban los cielos, duendes, dragones, leyendas y mitos que recreaban una América extraordinaria, hacía parte de nuestra prehistoria e historia antigua. Esos primeros hombres que habitaron América, según los planteamientos de los antropólogos, pertenecieron a La Edad De Piedra. Justamente en nuestro museo de la Casa de la Cultura Hipólito de J. Cárdenas, reposan algunos objetos que hacen referencia de la existencia de esas tribus de hombres cazadores recolectores. Otro gran aporte de aquellos antiguos habitantes es el desarrollo del lenguaje articulado, la magia y las pinturas de las cuevas en algunas regiones de nuestro país. Tiempo después se desarrolló otro periodo de habitantes antiguos llamados los Paleoindios. Aquellos grupos de hombres lograron sobrevivir gracias a la transmisión de elementos culturales.

8

Cátedra Municipal

A los más pequeños se les enseñaba sobre el conocimiento de los animales, el uso de las plantas y la manera de enfrentarse mejor a los peligros y entornos naturales. Además, se los familiarizaba con toda clase de acciones relacionadas con la cacería, construcción de trampas, de armas, animales aptos para el consumo, entre otras. Otro aspecto importante fue el desarrollo del conocimiento a partir de la observación del firmamento: durante las noches miraban las estrellas por largo tiempo. Sabían acerca de las fases de la luna, las constelaciones y hasta de la ubicación precisa de algunos astros; también, se adaptaron al entorno que les ofrecía su mundo, en tal grado que alcanzaron a conocer los períodos exactos en que se presentaban las subiendas de peces, el nacimiento de los animales, las fechas en que debían cosechar y el momento oportuno para procrear. Uno de los elementos que mayormente ayudó a la continuación de su existencia se basó en una especie de división del trabajo según la edad, el sexo y el linaje familiar; los hombres fueron expertos cazadores; las mujeres recogían frutos, insectos, agua y miel. Por lo general, el cazador más rápido y contundente se convertía en jefe del clan. Luego de la cacería, con las pieles realizaban múltiples accesorios, como calzado y cuerdas, y con los huesos instrumentos musicales y punzones para sus utensilios de caza. Dentro de la fauna que cazaban se pueden enumerar algunos animales como venados, armadillos, ratones, conejos y aves. Además, el conocimiento más importante y valorado era la conservación del fuego, elemento tanto necesario en cuanto que con él se preparaban la mayoría de alimentos (los asaban o ahumaban, puesto que aún no se había descubierto la cocción de los alimentos como factor de conservación de los mismos). También gracias a ese preciado elemento fue que, en las largas noches de frío que se originaban por el invierno, se pudieron calentar, así como iluminar la espesura del espacio cuando la tranquilidad era alterada por cualquier clase de ruido amenazante.

Aquellos viajeros, conocidos como Paleoindios, recorrieron lo que hoy hace parte de nuestro país hace aproximadamente 12.500 años (12.000 años antes de que llegaran los españoles buscadores de oro).

Aquellos indígenas y su territorio
La ubicación geográfica y el magnífico clima de nuestro territorio fue el escenario perfecto para que se establecieran la cultura de los indígenas Cartamas. La región de Cartama debe su nombre al río (de aguas transparentes) el mismo que baña lo que hoy es el municipio de Támesis, sector de la vereda Pescadero. Igualmente consideran algunos estudiosos que el término Cartama y Caramanta es subsidiario del cacique “Cauroma”, dueño de infinidad de territorios ricos en oro y vecino de la familia de los Ansermas, comunidades que hablaban la misma lengua y compartían similares costumbres.

Comunidad paleoindia

Cátedra Municipal

9

Este cacique, además de poseer un territorio gigantesco, que iba desde el sur del departamento del Valle hasta el Suroeste Antioqueño, por el río Cauca, incluyendo las provincias de Cartama y Caramanta, supo elegir los mejores paisajes para su estancia. Diríamos románticamente que se deleitaba con una naturaleza bien especial: música proveniente del río, de pájaros, ranas, grillos y algún mamífero aullador. Sin embargo, el progreso de la comunidad Cartama con la elaboración de Cerámica, la consolidación de cacicazgos, señoríos y el crecimiento de la población, los llevó a ocupar territorios más fértiles, dando como resultado conflictos con otras comunidades que ya estaban establecidas desde hace varios periodos. En aquellas tribus era obligatoria la tarea de cultivar la tierra, incluso a los propios miembros se los obligaba a realizar trabajos forzados. Y qué esperar de los prisioneros de guerra, que ya formaban un escenario correspondiente al de la esclavitud. Era pues una sociedad que alababa a sus guerreros. De hecho su división política, para evitar conflictos, permitía que, por medio de la herencia (que provenía de sus padres), la totalidad de la comunidad aceptaba el poder de sus hijos. Es fácil percibir entonces que las aldeas pequeñas se incorporaran a grandes cacicazgos con el fin de no ser esclavizadas por otras sociedades vecinas. Entre más fuerte era el cacicazgo, más respetado y obedecido era el jefe. Para citar sólo un ejemplo, retomemos las palabras de Pedro Cieza de León, cronista de indias, el cual supo describir la riqueza de nuestro cacique “Cauroma”, dueño de las tierras del Cartama en Támesis:
“Decía las lenguas cuando entramos con el Licenciado Juan de Vadillo, la primera vez que los descubrimos, que el principal señor de ellos, que había por nombre Cauroma, tenía muchos ídolos de aquellos, que aprecian de palo, de oro finísimo, y afirmaban que había tanta abundancia de este metal, que en un río sacaba el señor la cantidad que quería”4.

A este cacique se debía tributar y obedecer en lo que mandase. Era llevado en hombros, no podía tocar tierra, lo acompañaban de diez a doce esbeltas mujeres, y cuando se quería bajar éstas mismas lo recibían en brazos. En aquellas sociedades había una distribución ordenada del trabajo, todos desarrollaban alguna función. Por lo tanto, el individuo que no desdeñara las funciones que se le asignaran estaba condenado si no a la muerte, o por lo menos al destierro. Vivían en casas que construían en los árboles, redondas, elaboradas con cañas gordas (guaduas gigantes), en las que hacían un cerco como barrera de protección, aquel mismo en que colgaban las cabezas de sus enemigos, incluso de alguno que otro indígena perdido o desterrado. A la hora de alimentarse, comían yuca, maíz y tomaban chicha. Existía una especie de mercado local donde se proveían de sal o tejidos (en lo que hoy hace parte del municipio de Támesis, hilaban la lana con volantes de uso, una pequeña piedra con un orificio en el centro para desenredar la lana), e intercambiaban productos con pobladores de comunidades vecinas. Otra característica que destaca notablemente la cultura de los indígenas Cartama, es el avance en la elaboración de arte rupestre; consignaron en rocas una serie de señales que representaron los sentimientos más importantes para su devenir histórico. Dichas inscripciones se conocen como los Petroglifos. Justamente el Municipio de Támesis es conocido como el santuario de arte rupestre en Antioquia. Casi en su totalidad, los Cartamas andaban desnudos, una actitud que, a la mirada desprevenida e inocente de algunos, resulta sin prejuicio determinado. Sin embargo, los señores muchas veces llevaban mantas largas y las mujeres se pintaban sus cuerpos exuberantemente. Otros vestían con mantas ceñidas al cuerpo, el mismo que adornaban con collares de oro y zarcillos en las orejas. Sus cabellos eran bien peinados y brillantes. También se rompían las narices y se incrustaban pelotitas de oro:

4

CIEZA DE LEÓN, Pedro, Crónica del Perú, p. 109.

10

Cátedra Municipal

Cacique Cauroma y sus mujeres

“Son ricos en oro y tienen las casas pequeñas, y todos andan desnudos y descalzos, sin tener más de unos pequeños Maures, con que cubren sus vergüenzas. Las mujeres usan mantas de algodón pequeñas, con que se cubren de cintura abajo; lo demás anda descubierto.”5

Aunque para gozar a plenitud tomaban grandes cantidades de chicha. Así, al son del tambor, bailaban, reían y hasta lloraban al límite de sus capacidades. Era en fin..., un ambiente mágico vivido a plenitud bajo la incesante vigilancia de los astros reyes, el sol y la luna, sus principales dioses, aquellos que no los enjuiciaban por sus actos de vida. Algunos de los vecinos de los Cartamas, al lado Oriental del Cauca, fueron los Carrapas, los Pozos, los Paucuras, los Arma, los Picoras, Irruas, Soopias, Cenufanaes, Carrapas y los Quimbayas (estos últimos expertos en fabricar joyas adornadas con muchos detalles). Se entiende entonces, más o menos, por qué muchas de las poblaciones conservan aún en nuestros días esos nombres heredados del pasado, acaso para que el tiempo no los borre y la historia pueda hacerlos prevalecer como recuerdos de sociedades que habitaron nuestro territorio.

Ya en el momento de prepararse para la guerra, el asunto era de otro orden. Pintados de rojo y negro, se armaban con cuchillos, mazas, hondas y tirantes de pelo humano. Entendamos que la peor agresión para un indígena la constituía el hecho de ver cómo el enemigo se apropiaba de sus cabelleras. En la defensa utilizaban rodelas para atajar las flechas enemigas y escudos de oro en forma de pantera; llevaban coronas, plumajes y se animaban con flautas de hueso o caracoles en forma de bocinas, acompañados de una bandera y un tambor de piel humana que excitaban al combate. A la hora del ataque usaban macanas, bloques, dardos de palma tostada y trampas colgadas en los caminos, hoyos profundos con puntas envenenadas de ponzoña, que es un poderoso líquido que untan en la punta de sus flechas, hecho generalmente de veneno de arañas grandes, cola de culebra, baba de sapos, alas de murciélago, gusanos peludos y árbol de manzanillo. Todo eso junto lo mezclan y hacen un poderoso brebaje que lo elabora el indio de más bajo prestigio. En el momento en que las fiestas hacían su aparición, diversas ceremonias y cantos las animaban con su música, la misma que en extraña comunión albergaban gritos y relatos que daban cuenta de hazañas, penas o felicidades pasadas.
5 Ibíd, p. 110.

Bajo nuestros pies, una cerámica predominante en Támesis
En lo que hoy hace parte de nuestra costa Atlántica, hace aproximadamente unos 6.000 años, sucedió un hecho que cambió considerablemente la vida de las tribus de antaño. Los indígenas se idearon la manera de conservar los alimentos, guardar las cosechas, proteger las semillas y cocinar en agua sus comidas, todo ello por medio de un sencillo procedimiento: cogieron tierra gredosa y la pusieron a sol y fuego para que se endureciera. Este avance tan singular, que para nosotros resulta muy simple, significó una verdadera transformación técnica hace 6.000 años6.

Uso de la cerámica

6

Op. Cit., DUSSÁN DE REICHEL, Alicia, p.16

Cátedra Municipal

11

Aunque establecer criterios categóricos para instaurar el territorio colombiano como genuino en la invención de cerámica resulte arriesgado, no obstante, actualmente se afirma que la cerámica parte de Colombia para el resto de América, dejando buenas evidencias en México y Perú. Claro está que los Antropólogos siguen en una búsqueda que les permita afirmar dichas hipótesis. Sobra decir que en Támesis este novedoso utensilio de barro fue fundamental en la consolidación de la sociedad primitiva Cartama. La cerámica que se elaboró por estas tierras guarda características similares a la de Caramanta: tamaño pequeño e incrustaciones de figuras humanas con bocas en forma de rombos, cuadrados u ovaladas. Su pintura es marrón, decoradas con líneas verticales o espinas de pez (en ocasiones pintadas y otras veces en alto relieve). Curiosamente, este tipo de cerámica es la que más prevalece en la zona del Suroeste. Otra técnica para la elaboración de la cerámica encontrada en el suroeste de Antioquia es la “ferrería”. La más antigua encontrada en Támesis data de un rango que va desde el siglo III a.C., hasta el siglo I d.C., presenta acabados burdos y toscos. Justamente contraria a las de mayor pulimento como la técnica “Marrón Inciso” (siglo I a.C., al siglo III d.C.). Estos registros develan, para la región del Cartama y la cabecera de Támesis, una presencia de poblaciones en tiempos distintos y con variadas técnicas de construcción. Por lo tanto, esta preciosa innovación cambió su forma de vivir, pues el hecho de elaborar vasijas de barro los excluía de caminar largos trayectos necesarios para abastecerse de agua, frutas y otros alimentos. A la vez, las comunidades se afianzaron, lo que permitió que se establecieran nuevos tipos de diálogos que posibilitaron nuevas experiencias, acción necesaria para la transmisión de sus culturas, así como el despliegue de otras actividades como el ocio y el arte. Ahora bien, ya afianzadas en mayor grado aquellas comunidades, el terreno estaba abonado para una mejor apropiación del territorio. En el momento de seleccionar los espacios aptos, escogieron las riberas de los ríos y lugares donde abundaran presas fáciles de cazar. También seleccionaron los mejores espacios que permitieron sus viviendas, las cuales se convertirían posteriormente en importantes aldeas.

Tiempo después, proveniente de México y Perú, llegó el maíz. Producto que, conjuntamente con la yuca, convirtió estas aldeas semisedentarias en grandes centros de población. El maíz (no se originó en nuestras tierras – la datación más antigua es de Perú y México), conjuntamente con la papa, la quina y la arracacha (productos oriundos de nuestra geografía) hicieron parte sustancial de la dieta alimenticia de aquellas comunidades. Este tipo de apropiación del territorio fue común sobre todo en algunas regiones del país, principalmente en las orillas del Magdalena, el Cauca y sus afluentes. Es necesario decir que en la mayoría del territorio tamesino reposa bajo nuestros pies gran cantidad de cerámica, y que lo más pertinente es conservarla para las futuras generaciones. Mucho de ese material debe estar en el museo de nuestro municipio, lugar adecuado para mostrar la magnificencia artística de nuestros antepasados.

Decorando la cerámica

Los Petroglifos: aquellas rocas que hablan
Uno de los aspectos que caracteriza de manera particular a Támesis, lo constituye la forma en que los indígenas dejaron registro de los diferentes sucesos acaecidos durante sus vidas; ese mundo de signos mágicos que, por medio de figuras, bien pudieron plasmar en un sinnúmero de rocas, hoy se nos revela como verdadera representación de su mundo. Aquellos indígenas, golpeando una roca dura sobre otra más grande, comenzaron a representar todo aquello que se les ocurría. Por ejemplo, cuando se encontraban cerca de las corrientes de agua o los caudales de los ríos, buscaban la roca precisa para comunicar a los demás que dicho sitio era el más apto para pescar.

12

Cátedra Municipal

Esta manera de representar su mundo algunos la suelen denominar arte rupestre porque en ella se conjugan los pictogramas, los jeroglíficos y, por supuesto, los petroglifos que servían de medios de comunicación y formas de ritualización de su mundo. Sus figuras tienen un estilo básico que las determina: “geométricas, figurativas y esquemáticas”; las más comunes que se han encontrado representan figuras humanas, de animales y de formas abstractas, soles, espirales, ranas, micos, aves, patos, iguanas y lagartos. Gran parte de estos símbolos representan una distribución geográfica, otros tantos son fiel constatación de los diferentes comportamientos entre las comunidades. Así, por medio de los petroglifos fue que nuestros indígenas pudieron manifestar y comunicar a sus congéneres el conocimiento del entorno natural, al igual que transmitir y dejar el legado de sus costumbres mágicas y religiosas. Huelga recordar que otro papel importante de los petroglifos era que éstos servían de medio para consignar algunos de sus acontecimientos especiales, tal como un nacimiento importante, una singularidad causada por el clima, o los agasajos correspondientes que en algunas oportunidades se le hacía a uno de los miembros (por ejemplo el dibujo de un cacique llevado en hombros por sus sirvientes). No olvidemos que por medio de ellos también se podía expresar la ubicación precisa de los sitios más adecuados para desarrollar sus reuniones, las vías más rápidas para encontrar los “mercados locales”, los límites que separaban las tribus, las manifestaciones de sentimientos individuales o colectivos, rutas que acaso orientaban o advertían a los transeúntes acerca del lugar, o también, rutas que conducían a los sitios que escondían los más preciados tesoros. Para los Cartama y sus vecinos, los petroglifos eran tan importantes que los tomaban como semidioses a los que, en ocasiones de crisis (ocasionadas la mayor parte de ellas por la lluvia o la infertilidad) pedían ayuda. Ya en nuestro caso, los petroglifos hallados en el municipio de Támesis corresponden a motivos en forma geométrica y figuras estilizadas: espirales, rombos, triángulos y cuadros. Localizados lejos de los principales ríos, o sea, incrustados en las montañas; en cambio, las figuras en forma de hombre y animales, es decir, antropomorfas y zoomorfas, se encuentran muy cerca de los ríos.

Es notable destacar también grabados de yunques con cabezas de res y cuernos, triángulos, caras de gato, serpientes, simios con colas enroscadas y otras en forma de diablos. En varias de las excavaciones, legales y arbitrarias, han encontrado material lítico, es decir de piedra: pulidores, cinceles, punzones, módulos, entre otros objetos. Las veredas con que albergan mayor cantidad de arte rupestre son: el Rayo, y su colosal piedra del Pirú, San Isidro, San Luís, Otrabanda, Corozal y los corregimientos de Palermo y San Pablo.

Un Cartama haciendo un petroglifo con un punzón y cincel

Técnica de elaboración de los Petroglifos
Hemos señalado cómo era, qué representaban. Lo que resta por indicar es que la elaboración de los petroglifos no era una tarea sencilla, sobre todo si se tiene en cuenta que en ellos se tenía que dejar plasmado todo un legado de pensamientos, historias y memorias que constituían la identidad de sus espacios. Viva expresión del pensamiento de sus comunidades, incluso de aquellas que existían antes del descubrimiento de la cerámica, por lo que los petroglifos representaban la forma más adecuada de legar sus sentimientos para que tuvieran asidero en generaciones futuras. Para llegar pues a la realización del petroglifo, había que seguir un camino que conducía, primero, a la búsqueda de la herramienta adecuada para su consecución. Debían rastrear una roca lo suficientemente dura como para que soportara la exigencia de los golpes.

Cátedra Municipal

13

Así, si se cumplía esta característica, lo que seguía era pulir con dedicación y entereza. Las dos herramientas necesarias para tal función eran el cincel y percusor golpeador, ambas encontradas en gran parte en Támesis. Por último, es necesario indicar que en la elaboración de los petroglifos se usaban diferentes técnicas, de las cuales dos resaltan: sin delinear, se picaba la figura hasta dar un mismo nivel de profundidad; o se delineaba la figura y luego se raspaba hasta obtener su forma.

Algunos de los conquistadores españoles del siglo XVI en tierras tamesinas
Nuestro municipio no tuvo la importancia en el proceso de conquista española como algunos territorios allende, pues generalmente los peninsulares invadían aquellos espacios con mayor concentración de indígenas tributarios y epicentros importantes de riqueza aurífera, por lo tanto, el paso de conquistadores españoles en terreno tamesino, se dio en un suceso en la parte baja del rio Cartama, referenciado por el cronista de indias Pedro Cieza de León, cuando estuvo por estas tierras con el conquistador Juan de Vadillo, el cual estaba pasando algunas penurias con pueblos de indios vecinos, los cuales habían sostenido cruentas batallas en defensa de su territorio:
No retardando un punto de sus intentos el licenciado Vadillo, trató de llevarlos adelante en demanda de la provincia de Cartama, para donde despachó con soldados a los capitanes Mendoza y Carvajal, que llegando al sitio de un pueblo quemado, tuvieron tan reñido encuentro con indios que los estaban aguardando, que salieron ambos bien descalabrados. Aunque no mejor librados los indios, pues muertos algunos, trajeron otros presos al Vadillo, a quien les dieron nueva, por habérselo preguntado muchas veces, que más adelante estaba una provincia llamada Caramanta, abundadísima del oro que les piden7.

Indígenas viendo la llegada de los peninsulares

Aunque en Cartama los indios hicieron resistencia, ésta no duró mucho, y la peor parte la llevaron los naturales, varios de los cuales fueron apresados y obligados a decir dónde podían encontrar oro. Los naturales se vieron, pues, en la necesidad de manifestar que sus grandes riquezas se hallaban en el alto del Caramanta. Así pues, sin ánimos de desvirtuar ni ofender las ideas que a otros historiadores los han llevado a sostener que en el siglo XIX fue cuando verdaderamente se descubrieron las tierras tamesinas, en el año de 1538, después de varios meses adentrados en la selva, los conquistadores españoles pisaron por vez primera lo que actualmente constituye las tierras de Támesis. Queda, entonces, verificado que el descubrimiento de esta zona data del siglo XVI, resultando sus grandes precursores Vadillo, su hueste y los capitanes Mendoza y Carvajal.

7

SIMON, Fray Pedro, Noticias Historiales de las conquistas de tierra firme en las indias occidentales, Tomo V, Biblioteca Banco de la República, p, 211.

14

Cátedra Municipal

La colonización antioqueña, un fenomeno para entrar en la montaña
Durante la colonización peninsular gran parte del territorio antioqueño permaneció aislado debido a las dificultades de acceso. Por ello, para los españoles eran prioritarios aquellos lugares que brindaban mejores condiciones de transporte y que generaban mayores expectativas de ofrecer riquezas auríferas.

Españoles en una hueste tierra adentro

Durante los siglos XVI, XVII, XVIII, y mediados del XIX, la zona del Suroeste del departamento, es decir, “ese espacio localizado en la parte meridional de Antioquia, situado entre la margen izquierda del río Cauca y la cima de la cordillera Occidental, y que se extiende entre el río Arquía y la quebrada Comiá. Situados hoy en el suroeste lejano”; 8 hubo un abandono temporal como región, puesto que representó una frontera natural; un territorio marginal e impenetrable. El Suroeste era visto como un territorio que detenía el progreso de Medellín y de Antioquia, justamente porque estaba cubierto de altas montañas, bosques salvajes, profundos valles y fuentes y pequeñas corrientes, lo que limitaba las condiciones de un comercio más activo con el resto de las comarcas.9

De este modo, el bosquejo que dibujan los diferentes comentarios concluyen que la zona del Suroeste de Antioquia estaba rodeada de una selva impenetrable. Es más, los mismos viajeros, geógrafos y visitantes de mediados del siglo XIX en su descripción acuerdan que aquella zona era “una gran frontera que estanca el desarrollo de Medellín hacia el mercado mundial”. De la misma manera, la comisión corográfica se refiere al Suroeste de la siguiente manera: “este país había sido explorado por los conquistadores españoles, de cuya acción quedaban las ruinas de Caramanta. Además nadie se atrevería a explorar este territorio proverbialmente mal sano, después de que la destrucción de la raza indígena lo dejó yermo la insaciable sed del oro de los atrevidos conquistadores”.10 Así pues, una vez se extinguía el oro de los territorios conquistados era abandonado, emigrando hacia otros lugares. La población de la provincia de Antioquia veía el Suroeste como una región con tres grandes obstáculos que impedían el progreso y la comunicación con el departamento del Cauca. Por tanto, la superación de éstos significaba la puesta en escena de una civilización que abriría sus puertas para las gentes antioqueñas. No obstante, la tarea de superar aquellas dificultades estaba destinada para los más osados hombres.

Un indio al acecho ante el paso de los extraños españoles

Indígena asustado por la figura de un hombre montado en un caballo

8 VÈLEZ RENDÒN, Juan Carlos, Los pueblos allende el río Cauca: La formación del Suroeste y la cohesión del espacio en Antioquia, 1830 1877, Editorial Universidad de Antioquia, Clío, Medellín, 2002, p. xviii. 9 GOLSSELMAN, Carl August, Viajes por Colombia, citado por VÈLEZ RENDÒN, Juan Carlos, Op. Cit., p. 5.

El río Cauca, la cordillera Occidental y la selva malsana fueron, entonces, la gran barrera limítrofe que dificultó el progreso entre las distintas regiones de Antioquia. La idea que tenían los viajeros del río Cauca, órgano vital para el progreso de Antioquia, el indomable, era clara en sus apreciaciones:

10

Op. Cit., VÈLEZ RENDÒN, Juan Carlos, p. 7.

Cátedra Municipal

15

“la naturaleza tomó todo su poder para desafiar al hombre, pues en su trayecto había horribles cataratas, vórtices y angosturas, remolinos y enormes piedras que hacían imposible su navegación.”11 Era la frontera que los antioqueños tenían que vadear para acceder a ese mundo salvaje que ofrecía el Suroeste; un río al que la gente de provincia denominaba como el río del diablo. Tal vez por ofrecer todo tipo de condiciones adversas fue que hasta la década de 1830 pocas personas se acercaron a la orilla del río Cauca o Verde o del Diablo con ánimos de enfrentar sus endemoniadas aguas. De modo similar, en los centros urbanos se referían a la cordillera Occidental y la selva del Suroeste como: “Ese espacio exhalaba efluvios palúdicos en abundancia y se encontraba en un lugar remoto y aislado donde proliferaban las contrariedades y los peligros, entre ellos, las fieras y las tribus salvajes; según Teodomiro Llano en 1835”;12 otra idea importante relacionada con la concepción que se tenía del lugar era la que expresaba José Manuel Restrepo, que más que desanimar a su conocimiento, incitaba a los lectores a emprender la iniciativa de descubrir aquel inhóspito territorio: “la riqueza de la densa selva tiene mil preciosos géneros y especies hasta el presente desconocidas que sólo debía ser investigadas por un sabio naturalista”;13 por su parte, la comisión corográfica anotaba la importancia de “derrumbar los viejos árboles para ventilar el espacio, lo que destruiría las fragancias deletéreas producidas por la putrefacción y evaporación de las materias orgánicas”. Para las gentes de Medellín, la cordillera Occidental, el caudaloso río Cauca y la perjudicial selva del Suroeste del departamento, fueron los motivos que mayormente frenaron
Támesis-Puente “pescadero” (Cartama)

las incursiones al territorio. Por tanto, esto revela que los accidentes geográficos fueron los grandes limitantes que impidieron la apropiación del espacio antioqueño. Sin embargo, los accidentes geográficos, tan comunes para los antioqueños, al señalar las condiciones que aprisionaban su expansión, identificaban también la preocupación por abrir paso a la explotación de otras tierras, lo que pone en evidencia un imaginario económico de la sociedad, tal como se puede apreciar en José Manuel Restrepo: “de una diversidad climática […] con una variada riqueza mineral y vegetal”. Además de “mil preciosos géneros y especies hasta el presente desconocidas”. A este respecto también hace referencia la Comisión corográfica, sobre “ricas salinas productivas y territorios llamados a prosperar por la fertilidad de sus terrenos y por las minas de oro y hulla que en ellos se encontraba”.14 Estas descripciones ofrecían, sin lugar a dudas, mejores alternativas de colonización, permeada al mismo tiempo por el miedo y por el afán de encontrar lugares frescos bañados de riquezas y sitios apropiados para establecerse: Después de dejar la provincia de Córdoba en la boca del Poblanco, cae en el Cauca el río Cartama, formado por el de este nombre, por Conde, el Claro, el San Antonio y el río Frío; más abajo recibe el Cauca al río Piedras, todos los cuales nacen en la serranía de Cartama y Santa Isabel, que son los estribos de un ramo de los Andes occidentales o serranía del Chocó.15 Indudablemente, el Suroeste era una zona muy rica hidrográficamente, compuesta por innumerables ríos que aún no habían sido explorados, así como también estaban por descubrirse toda clase de especies balsámicas, medicinales, resinosas, aceites de fino olor y productos para la industria. Al respecto Uribe Angel hace una bucólica pero alentadora descripción de la naturaleza:

11 12 13

Ibíd., p. 8. Ibíd., p. 9. Ibíd., p. 9.

14 15

Ibíd., p. 13. Ibíd., p. 13.

16

Cátedra Municipal

Cedros corpulentos, Laureles, Guayacanes de flores doradas, Cachimbombos de follaje rojo, Yarumos de copas plateadas, Cauces de flores, Encenillos, Granadillos, Cerezos, Arizás, Algarrobos, Tamarindos, Abienge y variedad de enredaderas con flores vistosas. - Además – Bajo la sombra de árboles centenarios, cruza majestuoso el tigre americano, el oso negro, el león amarillo […] el perro mudo, la guagua, los conejos; entre los trepadores, la ardilla inquieta, de veloces saltos y de versátiles movimientos […] monos, saltimbancos aéreos que ya trepaban por las ramas o se colgaban de largas colas para ondular como péndulos de reloj de punto en punto […] el perico ligero […] las gritonas guacamayas, la melancólica soledad, los gallos de peñasco, el carpintero […] se veían con frecuencia los reflejos del lagarto que se deslizaba como flecha por encima de la hojarasca; del camaleón tornasolado, de la iguana, notable por la majestad de su garganta, por la belleza de su cresta y por la simetría de su sierra colosal.16

Sin embargo, la condición humana pone de manifiesto una de las acciones más notables para la adaptación del hombre a su territorio. La construcción de caminos que conectaran las sociedades con las vías del progreso; los caminos transformaban el paisaje para hacerlo habitable y acortar distancias: “Fueron esos espacios donde circulaban los vagos, los huidos de la justicia, los desterrados y los tránsfugas de una sociedad aferrada fuertemente a valores tradicionales”.17 Muchos curas y obispos transitaron por ellos multiplicando y argumentando que Dios no abandonaba las gentes por muy alejadas que estuviesen las iglesias de los caminos. Es entonces como abriendo selva, vadeando ríos y despojándose de miedos instaurados por la tradición, un grupo de colonizadores enfrentaron lo que para el grueso de la población de Medellín era un imposible, colonizar el suroeste antioqueño por medio de caminos. Por los caminos también circularon los comerciantes que llevaron pequeñas partes de la civilización a lo más alejado de las montañas; fueron principalmente los arrieros, con sus recuas de mulas y bueyes, los que pintaron paisajes montañeros:

Selva espesa

Descripción que, claramente, trastornaba y desbordaba el imaginario colectivo de los pobladores de Medellín que estaban deseosos de conocer ese otro Nuevo Mundo destinado para ellos, pero que no se atrevían a afrontar puesto que la barbarie primitiva todavía frenaba las expectativas de las masas de colonizadores.

Construcción de caminos

16 Tomado del texto VÈLEZ RENDÓN, Juan Carlos, Los pueblos allende el río Cauca: La formación del Suroeste y la cohesión del espacio en Antioquia, 1830 1877, Editorial Universidad de Antioquia, Clío, Medellín, 2002, p. 15. Pero es descripción de Manuel Uribe Ángel, Ibíd., pp 345 – 348.

17

Op. Cit., VÉLEZ RENDÓN, Juan Carlos, p. 18.

Cátedra Municipal

17

Arriero

La arrieria, como actividad, era un punto de convergencia de varias clases sociales. Había arrieros ricos, de más de cien mulas y bueyes, que tenían bajo su comando y dirección a varios principales llamados sangreros. La máxima aspiración de éstos era llegar a ser tan pudientes como su patrón llamado caporal […] los arrieros tenían un nivel social y cultural, pues los ricos generalmente procedían de las llamadas buenas familias, es decir, de aquellas que ya tenían cierta tradición y poderío económico y de educación […] ser arriero significaba ser honrado, tener buen comportamiento moral y social, hidalguía, el altruismo de la sociedad, la solidaridad y, en especial, el cumplimiento estricto de los deberes y obligaciones familiares[…]sin embargo, el arriero rico trataba de compañero al arriero pobre […] debían tener un fuerte compañerismo que se extendía a faenas de tan intimas como compartir una cama, comida, mujer y sufrimientos.18

El mundo del arriero tejió algunos elementos importantes de identidad en la sociedad antioqueña, pues la conciencia del trabajo (entre más duro mejor) era uno de los más preciados valores que justificaban su hombría y orgullo. Además, la tarea de enfrentar los duros caminos significaba una apropiación y reconocimiento de un trabajo que no era apto para cualquier persona: “El arriero era exagerado en el hablar, en caminar, en reír, en maldecir, en ponderar, en el comer, pues, la vida de los arrieros es cargar y descargar, y en llegando la posada comer hasta reventar”.19 Su mayor valor era la confianza que podían trasmitir en el momento de hacer entrega de sus encomiendas. Y para cumplir con su trabajo no era necesario hacer ninguna clase de contrato escrito, su palabra valía más que su propia vida. Por lo general, el arriero reunía algunas características físicas que lo distinguían: Alto, delgado, frente amplia, nariz aguileña y movimientos graciosos. Descalzo y el pie calloso; pantalones de ruda manta, remangados a la altura de la rodilla; camisa de áspero brilón, sombrero aguadeño a la pedrada, mulera de lona gruesa, atada el vientre a manera de pequeño delantal; pañuelo raboegallo enrroscado al cuello sudoroso; al cinto una ancha correa con adornos y filigranas de cáñamo y, sujeto a él, el clásico machete en pomposas fundas de muchos ramales; y terciado al hombro izquierdo el famoso carriel de piel de nutria, suspendido a la altura de la cadera derecha. En él guarda el arriero todo un pequeño almacén de cachivaches: aguja de arria; el espejo y la peinilla; un par de dados para jugar el jornal en algún recodo del camino; una dulzaina para enamorar a la ventera o para alegrar la vida en las noches serenas del campo; una barbera de cortante filo para defenderse de los truhanes; un monicongo para protegerse de los malos espíritus y de los maleficios que pueden hacerle; un yesquero y varios tabacos comprados en la fonda; un trozo de panela para tomar alimentos cuando el hambre acose, y unas cartas de amor para solaz íntimo, para releerlas cuando la nostalgia trate de apoderarse de su espíritu.20

18 19 20

SANTA, EDUARDO, La Colonización Antioqueña, Una empresa de Caminos. T M editores, 1993 pp., 249-250. Ibíd., p. 250. Ibíd., p. 251.

18

Cátedra Municipal

El arriero también era un trovador que desataba los más entretenidos debates, a punto de coplas, entre sus compañeros de correría; cuando las mulas no caminaban lo suficiente les exclamaban con animada ira: “arre mula hijueputa; apurá el paso mula pedorra que ya muy pronto va anochecer, que en la portada me está esperando buen aguardiente y buena mujer”. Además de gritar en los momentos de soledad: “arré mulas del voleo, alcen la pata yo se los veo”. Y al llamado las animaban con un contundente zurriagazo que las hacía aligerar el paso entre las otras pobres acémilas. A las mulas cansadas las alentaban con frases como las siguientes: “urría mujer de los diablos, maldita mula cansada; arré mula del burral sino andas ligero se te pega una hormiga del ojal”.21 Toda esta clase de improperios los expresaban más que todo cuando llegaba la tarde y el destino al que se pretendía arribar aún estaba muy lejos. Es decir, la construcción de caminos dio paso al poblamiento de innumerables zonas antes vistas como sitios malsanos que nadie se atrevía a dominar. Sin embargo, no fueron exclusivamente las mulas y bueyes los que realizaron estas grandes heridas en la selva, sino que a través del transporte a lomo de hombre la conexión entre lo urbano y rural fue abriendo paso a nuevas participaciones de los hombres. Prueba de ello fueron los silleros, que conjuntamente con mulas y bueyes, se atrevieron a surcar la selva en condiciones poco humanas; éstos eran “fornidos mestizos de curtidas espaldas y musculosas piernas, más seguros que cualquier bestia de carga y sobre todo, más cuidadosos puesto que además de tener piernas tan fuertes como el acero, tenían la inteligencia necesaria para evitar algún desastre”. Los silleros del siglo XIX constituyeron otro tipo de transporte fundamental para el conocimiento de la región antioqueña y el país. La silla era hecha de guadua en figura de ángulo agudo, se sujeta al pecho por dos fajas de la corteza de un árbol llamado cargadera, y por otra en la cabeza […] pero los pies de los cargueros parecían armados con puntas de acero; la más débil raíz les bastaba para apoyarse […] al momento de salir se pasan algunas horas de la mañana en pesar escrupulosamente. Miran – su carga - con fijeza de alto a bajo, como un juez político o alcalde […] andan desnudos, con sólo un pañuelo ceñido a la cintura. Llevan sostenes para el apoyo de los brazos y los pies del pasajero […] el peso que llevan es de 100 libras pero, muchos en ocasiones han llevado hasta ocho arrobas […] cuando consta de tener la espalda magullada como las bestias de carga y que hay viajeros que comenten la crueldad de abandonarles en medio del bosque cuando caen enfermos […] soportan viajes de hasta de 25 y 30 días y no pagan más de 12 ó 14 piastras...22

Hombre carguero

El oficio de carguero, desarrollado en sus inicios por indios y después por mestizos y blancos, no era una actividad denigrante. Incluso, dentro de ellos existían categorías sociales, según su color de piel y capacidad corporal. Es más, a muchos jóvenes les gustaba ser cargueros por la aventura misma de atravesar montañas y caminos peligrosos, pues era mejor opción que llevar sin pena ni gloria una vida monótona en sus poblados. Para iniciar sus carreras se entrenaban desde temprana edad, cargando rocas de buen peso y durante largos recorridos, todo con el fin de proteger cuidadosamente la carga humana que en el futuro llevarían: la vida del viajero era, pues, lo más preciado. Cuando terminaban su jornada debían preparar comida y construir una pequeña choza que albergaría a su patrón. Por tanto, los acémilas (cargueros) debían permanecer vigilando a su patrón y sus mercancías, reposando pequeños intervalos de tiempo.
21 22 Estas apreciaciones constituyen la evidencia oral de José de Jesús Velásquez Cadavid, aún vivo. A esta persona le tocó tratar con mulas y transitar los más escabrosos caminos de la geografía antioqueña a mediados del siglo XX. Ibíd., pp. 125-178-179

Cátedra Municipal

19

Como la comunicación era uno de los problemas más recurrentes de Antioquia y en algunas regiones del país, a partir de ello se fue conformando una cultura social alrededor de los obstáculos; la arriería y los hombres acémilas fueron significativamente fundamentales para abordar el problema de la comunicación entre las distintas provincias. Sin embargo, aquellos factores no fueron suficientes. Una de las principales preocupaciones del Gobierno Antioqueño se centraba en la construcción de vías de comunicación, por un lado, para sacar sus productos por el río Magdalena, tratando de establecer comunicación en el sur por el Océano Pacífico y de ahí hacia el mundo entero; y por otro lado, para explotar un rico territorio hasta ese momento sub-utilizado. De estos principios dependía que se activara la economía local de una provincia que necesitaba ascender en relación con las otras; el hecho de estar congelados y herméticamente aprisionados por las fronteras naturales obligaba a que el territorio buscara ensancharse en aras de encontrar salida hacia el Magdalena y el Océano, fenómeno al que respondió la apertura de caminos que posteriormente serían las vías de nuevos territorios poblacionales importantes. Teniendo en cuenta aquellas consideraciones, el gobierno se decidió a entregar la construcción de los caminos a empresarios particulares, preferiblemente provenientes de las élites de las ciudades más importantes: “Es en el año de 1835, como el gobierno nacional entregó a una compañía integrada por Juan Uribe Modragón, Juan Santamaría y Gabriel Echeverri, comerciantes y miembros destacados de la élite de Medellín, la concesión para la construcción de un camino”.23 Dicha concesión había sido encargada de atravesar la espesa selva y dar vía libre al comercio de Medellín y el norte del Cauca, epicentro fundamental de las mercancías que provenían de Jamaica. De ese modo, para la élite, por tanto para su actividad comercial, era un negocio muy fructífero tener un camino para su construcción:

“A cambio, la compañía recibió un privilegio exclusivo sobre el camino y más de cien hectáreas en la montaña del Caramanta”.24 Este camino se llamó de Caramanta, ubicado sobre la margen izquierda del río Cauca. Su principal trazado se proyectó desde el municipio de Fredonia y la frontera de Antioquia con la provincia del Cauca, por el río Arquía, con una extensión superior a los sesenta kilómetros: “El camino cubría predios fragosos, movedizos, solitarios y desprovistos de todo recurso, para llegar a las muy nombradas minas de Marmato y las vegas de Supía”.25 El carácter de algunos empresarios fue tan decidido que, sin pensarlo se aventuraron a iniciar la construcción de muchos caminos. Tal como fue el caso de don Gabriel Echeverri, que: En 1836, en compañía de don Juan Santamaría, don Juan Uribe Mondragón y don Miguel Restrepo, gamonales de Medellín, empezó a abrir camino que dio origen al Suroeste de Antioquia, que en ese tiempo no era más que baldíos. Desde la Valeria – lo que hoy es Caldas – pasando por Sinifaná, llegó a lo que hoy es Fredonia, en ese tiempo recién fundada. De ahí siguió hasta el Cauca, pasó al otro lado y abrió su hacienda en Careperro. […] efectúo varios viajes de negocios de comercio a Jamaica, de los cuales aumentó mucho su fortuna.26Años después la compañía de Echeverri, Mondragón y Santamaría se desintegró. Aunque, entre el periodo de 1834 y 1841, Gabriel Echeverri, por su propia iniciativa, invirtió una suma considerable de capital para la construcción del camino de Caramanta, utilizando para ello mano de obra de colonos pobres; dichos colonos por sus trabajos recibieron predios de tierra ubicados en la montaña del Caramanta.27 Posteriormente estos predios pasarían a ser zonas ganaderas y cultivos de pan coger.

23

Op. Cit., VÉLEZ RENDÓN, Juan Carlos, pp. 26-25.

24 25 26 27

Ibíd., p. 25. Ibíd., p. 25. Op., Cit., CADAVID MISAS, Roberto, Historia de Antioquia, p. 229. Ibíd., p. 25.

20

Cátedra Municipal

Colonizador

Colonización

La construcción de tal camino también posibilitó que se motivara la ocupación hasta el punto de ir ampliando cada vez más las periferias, lo que al mismo tiempo derivó en que, años más tarde, algunas poblaciones como Nueva Caramanta, Valparaíso y Támesis pasaran de ser simples caseríos a municipios: “en donde se concentraron algunos colonos que construyeron el camino y derrumbaron parte de la selva que cubría el territorio”28. Es decir, los municipios como Támesis surgieron en gran parte por la necesidad de ocupar espacios que en principio estaban baldíos y que posteriormente fueron habitados por colonos pobres provenientes sobre todo del Oriente antioqueño y otras regiones, alentados por la esperanza de poseer una franja de tierra propia a cambio de su fuerza. Así pues, es conveniente citar un párrafo que bien ilustra la situación antes mencionada: “los predios aledaños a la vía permitieron la configuración de núcleos y poblaciones en ese espacio intermedio. Entre estos hay que mencionar los caseríos donde posteriormente se fundarían Nueva Caramanta, Valparaíso y Támesis, en donde se concentraron algunos colonos que construyeron el camino”.29

Este camino, para el año de 1856, fue declarado como de primera clase, pues su importancia era fundamental para el intercambio con el Cauca y la zona minera de Marmato y la Vega del Supia, además de ser una de las rutas donde más transitaban recuas de mulas cargadas con el oro de las minas: “En consecuencia, allí se creó un peaje donde los artículos y mercancías que se introducían a la provincia debían pagar un impuesto”.30 También, aquél fue una perfecta ruta para las acciones en la guerra con el vecino distrito del Cauca, pues el que tenía el control aseguraba gran parte de la victoria. Este camino fue, entonces, un punto de encuentro entre las tropas Caucanas y Antioqueñas. Como conclusión, para Gabriel Echeverri, la idea de construir un camino obedece a las necesidades de establecer una conexión con la provincia del Cauca. Obviamente, su iniciativa no consideraba ninguna clase de concepción filantrópica puesto que dicho proyecto se llevó a cabo bajo la estrategia de mano de obra barata pagada con la ocupación de tierras baldías. Justamente por todo lo anterior, en esas tierras a precios exiguos, baldías y selváticas es donde surge la fundación de municipios como Támesis, lugar de refugio para hombres conservadores que por causas de la guerra y disputas de amor habían huido de Nueva Caramanta.

28 29

Op., Cit., VÉLEZ RENDÓN, Juan Carlos, p. 25. Ibíd., p. 25.

30

Ibíd., p. 26.

Cátedra Municipal

21

Támesis y sus fundadores
Con la ambición de encontrar mejores oportunidades de vida, una gran cantidad de grupos de toda laya se fueron extendiendo de sur a norte, partiendo desde la cordillera central de los Andes. Por lo general eran de extracción pobre, pero que formaban “[…] grupos de cuatro, cinco y hasta diez familias […] impulsadas por la necesidad”31 de colonizar y apropiarse de nuevos territorios, con lo que ya no serían simples trabajadores de los grandes hacendados que antaño casi los explotaban, sino que, a partir de la ocupación de dichas tierras, pasarían a ser los dueños de sus propias parcelas, necesarias para levantar su prole. Todas las historias, leyendas y relatos que se multiplicaron con la esperanza de encontrar mejores condiciones de vida, a partir de la colonización de nuevos territorios, pronto dejaron verter una dificultad: muchas de las familias que se decidían a iniciar aquella empresa sufrían los embates causados por la desesperanza que se originaba de las largas caminatas, sin rumbo fijo, que debían realizar antes de encontrar la tierra prometida. Así, pues, permanecían constantemente cambiando de rumbo, avanzando juntos hasta donde se encontraban en un sitio que los obligaba a “dispersarse por las lomas, internándose en los montes, deslizándose por los empinados desfiladeros, cruzando los más inesperados abismos, vadeando los ríos más enmarañados y durmiendo semanas enteras en la selva.”32 Era apenas lógico que aquellas personas tuvieran que inventarse toda clase de cosas para lidiar estas dificultades. Sin embargo, en algunas circunstancias podía más la pena que la gloria, con lo que era inevitable que en muchas ocasiones lloraran, sufrieran o murieran inmersos en las más crudas enfermedades, todo porque sus cuerpos, además de sus espíritus, cedían ante las dificultades que significaba la lucha por encontrar sus propios terruños.

A pesar de que cuando se hacía una fundación la alegría desbordaba los límites de la felicidad, a la vez, esta situación era motivo de preocupación: la apropiación de un determinado territorio por algunos pocos pobladores era el perfecto trampolín para que otras personas se decidieran a desplazarse allí, con lo que en poco tiempo llegaban, de todas partes, nuevas familias pobladoras que entraban a disputar el dominio del lugar. Al tiempo, ésto era difícil de evitar puesto que las voces se multiplicaban rápidamente entre otras gentes deseosas de encontrar un sitio dónde vivir. Además, aquella situación se complicaba aun más ya que, tal como lo estipulaba la normatividad social propia del siglo XIX (que en realidad había sido heredada de las formas de representación social de la época colonial), debían ser solidarios entre ellos. Entonces, al igual que la tierra, compartían sus penas y alegrías, dolores y sufrimientos, así como la sal, el cacao y la panela.33

31 32

Op., Cit., SANTA, EDUARDO, La Coloniza ción Antioqueña, p., 221. Ibíd., p.122.

Doña Rafaela Gómez y Don Pedro Orozco 33 Ibíd., p.122.

22

Cátedra Municipal

Todos estos grupos, que por necesidad trabajaban en cadena, unidos buscando un mismo propósito, lentamente fueron construyendo redes económicas y de intercambio entre diferentes poblados, no obstante, guardando cierta homogeneidad que los distinguía entre sí. Un ejemplo de ello lo constituye la colonización antioqueña, que revela una alta igualdad de tradiciones entre sus pobladores; sin atentar contra los intereses de aquéllos que se devanan los sesos tratando de señalar las deficiencias que se originan a partir de pensar la identidad como rasgo determinante de una tradición, en casos como éste resaltan la similitud de costumbres entre sus habitantes: la arquitectura, el lenguaje, la comida, la religiosidad y su excesiva preocupación por el dinero y su ahorro. Así mismo, incluso hoy día tiene alguna vigencia el imaginario que pretende hacer ver a los antioqueños como la raza más particular del país, acaso desconociendo con ello que simplemente somos un grupo migratorio pobre, sin más abolengo que el pasado de una raza negra esclava, india y mestiza.

A este lugar migraron muchas familias que provenían del Oriente de Antioquia, con el fin de obtener pequeños capitales que les sirvieran para llevar sus vidas dignamente y poder levantar a sus descendientes. No obstante, el clima de Marmato no tenía las mismas condiciones de muchos de los territorios de donde provenían los nuevos colonizadores: el calor excesivo y el trabajo como mineros no fueron bien aceptados por los recién llegados. Así, muchos optaron por trasladarse al sitio de Caramanta pues su clima reunía algunas características (el clima frío) que bien puede decirse que hacía más longeva la vida de los habitantes de esta población. Nueva Caramanta, antes llamada Sepulturas, acogió en la década de 1830 una pareja de esposos compuesta por Nepomuseno Gómez y Ramona Trujillo, que provenían de Abejorral. De este matrimonio nació, quizá, la principal protagonista con respecto a la fundación del Municipio de Támesis, Rafaela Gómez Trujillo. Ésta, desde temprana edad había llegado a Caramanta, la que tan sólo albergaba las familias compuestas por José María Vargas, Jeronimo Obando, José Osorio y Nepomuceno Ramírez,34 todos los cuales habían recibido de buenas maneras a los recién llegados. Para los años de 1838 y 1839 ingresaron a Nueva Caramanta dos numerosas familias que provenían de Río Negro y Sonsón, cuyos apellidos eran Ossa y Orozco, con el fin de establecerse en aquel floreciente poblado. Empero, éstas eran de ideas políticas antagónicas, puesto que unos militaban con el gobierno de Santander y los otros con el de Bolívar. Una vez que Rafaela Gómez hubo crecido, como herencia, aparte de la caracterización propia de la época que le correspondía: “DOÑA”, su familia le había dejado un capital importante (entiéndase que éste se había generado del negocio de la panela), lo que la convertía, así, en una mujer rica, un perfecto partido que fácilmente deseaban poseer aquellos individuos que pretendían unir sus dotes (y sus cuerpos) con el fin de aumentar sus fortunas; doña Rafaela era, entonces, una mujer bastante pretendida por los hombres de la época.

Rafaela cortejada por Orozco y Ossa

Primer Templo Parroquial

Una huida, una fundación
La fundación del municipio de Támesis, en relación a la de otros lugares aledaños, está acompañada de una historia que en su inicio obedece a situaciones políticas sujetas a un “agravio amoroso”. Los ciernes de esta historia se ubican cuando la Nueva Caramanta comenzaba a consolidarse como trampolín para pasar a las minas de Marmato.

34

Periódico Sangre Joven, órgano del “Centro Epifanio Mejía”, pp. Segunda, de 14 de julio de 1928.

Cátedra Municipal

23

Obviamente que las cualidades de aquella mujer no iban a pasar inadvertidas entre los hombres de dicha población. Es así como un integrante de la numerosa familia Ossa había aspirado adueñarse de los afectos de la señorita Gómez. Recibiendo a su vez el desengaño originado en virtud de que esta codiciada mujer había decidido ofrecer sus afectos a un integrante de la familia Orozco, a don Pedro Orozco, debido a que esta señorita la animaba más este último porque militaba políticamente con sus ideas religiosas. Esta disputa amorosa (con cargados tintes económicos) feneció cuando Pedro Orozco, minando las aspiraciones de Ossa, se casó con Rafaela, el 17 de Octubre de 1846, en Nueva Caramanta: “La Srta Gómez unió su suerte a la del Sr. Pedro Orozco e inútil parece decir que la felicidad se cernió sobre el hogar nuevamente formado”.35 Efectivamente, la decisión de Rafaela le trajo como consecuencia enemistarse con la familia Ossa que, de inmediato, empezó a ver como acérrimos enemigos a los integrantes de las familias Gómez y Orozco. Así pues, a partir de ese momento se inauguran los sufrimientos de este matrimonio, que posteriormente tendría que iniciar una huida desde Nueva Caramanta hacia las selvas que albergarían tiempo después los municipios de Valparaíso, Jericó y Támesis. Por el momento, detengámonos a señalar algunos aspectos de dicho maridaje. Al comienzo Pedro había intentado trabajar como minero, labor que no soportaría, debido sobre todo al carácter tan duro de ese oficio: “la vida del minero, casi sepultado, sin sol, sin la hermosa vista de las montañas, sin su ambiente embalsamado, y sin oír las mil voces de la naturaleza, chocó prontamente con las inclinaciones del Joven Orozco [...] volvió a su hogar en busca de la libertad”.36

Panoramica de Támesis

Por ello, se decidió a tomar el oficio de arriero, justamente por las expectativas que generaba la construcción del Camino del Sur, que pretendía integrar los diferentes espacios del territorio de la Nueva Granada: “Resuelto a dar mayor ensanche a sus especulaciones [...] emprendió viajes al Valle de Medellín, trayendo mulas y cacao que vendía en los pueblos del tránsito e iba a terminar su correrías a Hato Grande (Girardota)”.37 Afortunadamente, este último oficio le había proporcionado un capital suficiente como para permitirle entrar como socio, al lado de los señores Gabriel Echeverri, Alejo Santamaría y Juan Uribe Mondragón, de una franja de tierra: “para obtener los terrenos deseados, a saber: los comprendidos entre el río Cauca y sus afluentes el Sanjuan, y el Arquía de Marmato y el ramal de la Cordillera del Citará llamado Cordillera del Jardín”.38 Así es como a finales de 1851, el agrimensor Carlos de Greiff había distribuido entre los accionistas los terrenos capitulados, correspondiéndole a Pedro una franja que empezaba en la quebrada La Vega, cerca al Puerto de Caramanta, sobre el río Cauca, y que terminaba en la Cordillera del Jardín.39 Mucho tiempo después de la consumación del matrimonio entre Pedro y Rafaela, la familia Ossa había seguido alimentando sentimientos en contra de las familias Gómez y Orozco.

35 Ibíd., p. Segunda 36 OROZCO, Víctor, Manuel, Apuntes a la vida de Pedro Orozco, Fundador de Támesis, Medellín, Imprenta del Departamento, 1897, p. 1.

37 38 39

Ibíd., p., 9. Ibíd., p., 10 – IV. Ibíd., p., 11.

24

Cátedra Municipal

Así pues, aquel matrimonio había sido fuertemente perturbado durante el periodo en que estuvo en la presidencia José Hilario López, que, bajo la influencia política del general Tomás Cipriano de Mosquera, pretendía construir una Nación educada en sintonía con las demás naciones del mundo, atacando así los mandatos de la Iglesia y la tradiciones coloniales: “No hay un arquitecto, un mecánico, un agrimensor, un ingeniero civil, un geógrafo. Tenemos que mendigar conocimientos extraños para la mejor obra de este genero”.40 A saber, estos liberales pretendían educar la Nación bajo principios diferentes a los religiosos. Durante la revuelta política ocurrida entre 1850 y 1851 el general Mosquera había mandado al general Vicente Piñeres a Nueva Caramanta. Allí, la familia Ossa, eterna resentida por el agravio que años antes le habían realizado los Gómez y los Orozco, señalaron a éstos como contraventores de la política del Gobierno mosquerista; luego de que las tropas, cuyas “fuerzas cometían a diario depredaciones entre las sencillas gentes del pueblo”,41 el general Vicente Piñeres, en una noche en que celebraba la ocupación de Caramanta, había exigido a doña Rafaela Gómez, sin importar que estuviera casada con Pedro Orozco, que fuera su dama de compañía en el baile que se realizaba con motivo de dicha celebración.

Doña Rafaela, “para evitar un desacato tuvo que huir a escóndese a los montes”.42 Al enterarse del desaire hecho por aquella señora, respondiendo a “un espíritu de venganza el General hizo prisionero a su esposo (y a sus hermanos Sandalio, Mariano y Epifanio) y los llevó hasta Cartago. Donde Mosquera les dio libertad.”43 Para ese entonces, los prisioneros de guerra se consideraban un precioso botín que otorgaba algunas ganancias en tanto que la mayoría de las veces se pagaba por su rescate; muchos de los capturados políticos debían pagar cuantiosas sumas de dinero para recuperar su libertad. Por tanto, es muy posible que Pedro y sus hermanos hubieran entregado una fuerte suma de dinero por recobrar su libertad. En Nueva Caramanta, la seguridad de la familia compuesta por doña Rafaela y don Pedro no era estable. Por un lado, el Gobierno no era de sus afectos, y, por otro lado, las relaciones con sus vecinos, los Ossa, podían empeorar. No obstante, el capital que los Orozco habían conseguido seguía aumentando cada vez más, tanto así que: “los trabajos de colonización emprendidos por los Orozco y sus hermanos, pronto les dieron los frutos deseados y con parte de la familia se trasladaron Mariano, Pedro y Epifanio a Tamboral, punto cercano en donde fundaron el pueblecito del Hatillo, que más tarde se llamo Valparaíso, cuando ya tuvieron un albergue”,44 al cual, sin embargo, no se había querido desplazar doña Rafaela, que se había quedado en Caramanta pese a la enemistad con la familia Ossa. A pesar de haberse marchado de Caramanta, la persecución en contra de los Orozco no había terminado. Una tarde, un espía que esta familia tenía en Caramanta les había informado que sus enemigos irían en su persecución. Efectivamente, en la noche siguiente saldrían para el Tamboral a su captura. Por lo que, enterados los Orozco, se habían decidido escapar más hacia el interior del lado Occidental de Tamboral, hacia una espesa selva donde abundaban tigres, serpientes y todo tipo de animales salvajes.

Ejército en Nueva Caramanta 40 MARTÍNEZ, Frédéric, El nacionalismo Cosmopolita, la referencia europea en la construcción Nacional en Colombia 1845 – 1900, Banco de la República / Instituto francés de estudios., p., 54., 2001. 41 Op., Cit., Sangre Joven, órgano del “Centro Epifanio Mejía”, p. Segunda, de 14 de julio de 1928.

42 43 44

Ibíd., p., Segunda. Ibíd., p., Segunda Ibíd., p., Segunda

Cátedra Municipal

25

Tamboral no era, así, un sitio seguro. El lugar que por el año de 1840 habían conseguido los hermanos Orozco en las afueras de Nueva Caramanta, con el fin de explorar aquellas tierras calurosas propias para la labranza y el desarrollo de hatos ganaderos que abastecían de carne a los mineros de Marmato, no completó el objetivo para el que había sido propuesto, pues así lo habían dictado los acontecimientos provocados por el odio generado entre los integrantes de dos familias que se habían disputado los sentimientos de Rafaela Gómez, situación aún más desfavorable en cuanto que aquellas familias tenían fuertes discrepancias políticas. A pesar de que nunca se dio feliz término a la empresa que habían iniciado los Orozco, aquella situación sirvió como trampolín colonizador para que algunas personas fundaran el pueblecito (Valparaíso) así como también proporcionó las bases para que se iniciara el conocimiento de tierras circundantes en la Cordillera Occidental, donde se encontraban algunas selvas que, a la postre, podrían ser explotadas económicamente o convertidas en futuros poblados. Es decir, para el año de 1840, cuando los Orozco se establecieron en el lugar de Tamboral, los colonos (algunos de ellos provenientes de esta misma familia) que habían decidido sortear las dificultades que originaban aquellas selvas, al mismo tiempo, estaban construyendo los cimientos del territorio sobre el cual, poco después, se erigiría el Municipio de Támesis: “los Orozco al verse perseguidos con tanta tenacidad, huyeron a las selvas que demoraban entonces en las vertientes orientales de la Cordillera Occidental y no lejos del río Cartama hicieron la primera abertura en medio del bosque virgen en el punto llamado hoy Otrabanda”.45

El descubrimiento de nuevas tierras se había efectuado. No obstante, había sido necesario que éstas tuvieran un contacto posible con tierras cercanas a Nueva Caramanta, ya que era necesario que Pedro, a escondidas, visitara a su esposa Rafaela, así como Mariano, su hermano, a su esposa María Antonia Tascón, las cuales proveían de sal, cacao y de las obligaciones propias de una larga abstinencia. Para ello, el punto de encuentro de estos matrimonios era Tamboral, sitio desde donde, con facilidad, partían cuando era necesario hacia Otrabanda (Támesis), toda vez que hubieran satisfecho a cabalidad todas sus necesidades. En una ocasión en que se encontraban reunidos los hermanos en sus ranchos, que habían construido dentro de la inhóspita selva, “[…] cuando menos lo esperaban los Orozco, una partida de soldados llegó a su pobre habitación y apresó a los niños Sandalio y Leandro, […] que preparaban frugal almuerzo para sus hermanos, ocupados entonces en descuajar selva y que pudieron huir al conocer el peligro”.46 Mariano y Pedro, que se habían escapado de esa situación, habían decidido rescatar a sus hermanos, esperando hasta que llegara la noche; cautelosamente, tratando de eludir la vigilancia de los soldados. Mariano había logrado rescatar a los hermanos Sandalio y Leandro, que se encontraban amarrados a un árbol. Una vez conseguido ésto, sigilosamente habían logrado pasar la Otrabanda del río y albergarse del peligro, todo gracias a una estratégica cueva (descubierta por Pedro) que les había servido de refugio, resguardándolos del frío y de los peligros propios de estas tierras, así mismo como les había servido para divisar los puntos desde donde podrían atacarlos sus enemigos políticos, los cuales, en realidad no se decidían a atacarlos porque dicha cueva estaba ubicada sobre el camino que conducía al poblado de Jericó, lugar de militancia política de los Orozco. La noche del rescate, “Pedro les arregló triste albergue y donde pasaron la noche sin alimento y sin abrigo”.47

Apresados los Orozco por soldados liberales 45 Ibíd., p., Segunda. 46 47 Ibíd., p., Segunda. Ibíd., p., Segunda.

26

Cátedra Municipal

Al día siguiente los Orozco se dirigieron a Piedras (nombre tomado a partir del río Piedras), en Jericó. “Después de vadear el Río Frío y de trasmontar la cuchilla la Mama, hambrientos y con los vestidos destrozados por la maleza, llegaron los fugitivos a este caserío, donde el señor Santiago Santamaría les dio auxilio de ropa y víveres para que volvieran a su desmantelada vivienda”.48 Todo aquello había sucedido en el año de 1851. Los hermanos Orozco habían regresado de Piedras con toda clase de víveres y frazadas para pernoctar durante las frías noches en la estratégica cueva. Pero algo les faltaba: aunque habían mantenido intacto el contacto con sus esposas, éstas aún se encontraban en Caramanta. Por tanto, al contrario de lo que pudiera parecer, las peticiones que aquéllas hacían a Mariano y Pedro, sus esposos, eran insistentes: “pidieron […] que las trajesen a compartir con ellos sus penalidades”.49 De esta manera, las señoras Rafaela Gómez Trujillo, de Abejorral, y María Antonia Tascón, de Sonsón, fueron, quizá, las primeras mujeres que pisaron tierras tamesinas, en el año de 1851. Aunque su estadía fue muy corta, puesto que los Orozco, finamente, decidieron que sus esposas debían estar radicadas en Nueva Caramanta. La llegada de esos primeros colonos que pisaron tierras tamesinas respondió a una singular característica: se efectuó por causas políticas sujetas a un desaire “amoroso”; después de pasada la primera mitad del siglo XIX, el municipio de Támesis, que en principio había servido como un lugar emergente, con el paso del tiempo, sería pensado como proyecto de pueblo. La huida de los Orozco no termina aquí. Eran muchos los obstáculos que aún debían enfrentar en las selvas tamesinas: capturas, persecuciones, muertes, robos, felicidades, tristezas, hambres, amarguras y por supuesto, locuras:

En la revolución de ese mismo año de 1851 don Pedro, y tres de sus hermanos, por el grave delito de ser conservadores, fueron aprisionados y conducidos a Cartago para ser fusilados por orden del régimen del zurriago, que imperaba en aquel tiempo. Uno de sus hermanos – Leandro- cuando se preparaba en capilla para recibir la pena capital sufrió el vapuleo de la locura. Tal incidente movió los verdugos a compasión, por lo que los perdonaron a los cuatro hermanos. Locura que duró treinta y seis años, hasta 1887, cuando murió. Leandro, sin el dominio de la Razón, finalmente tuvo que ser amarrado, con una cadena al pie que llevó durante gran parte de su triste vida…50 Una vez libres, las selvas de Támesis habían sido reapropiadas por los Orozco, reconociendo las ventajas de aquel lugar que antaño, e incluso en ese momento, les había servido de refugio cuando el panorama político se agudizaba. También, porque en Tamboral existía una reserva importante de cultivos y ganado, y con la ventaja de que allí la selva estaba más domada; así, las señoras Gómez y Tascón alternaban su estadía entre Nueva Caramanta y Tamboral, atendiendo a que su permanencia en algún momento pudiera afectarse, dadas las situaciones políticas: “después de los sucesos referidos, la vida del matrimonio Orozco–Gómez se deslizó apacible y tranquila algunas veces, y otras agitada sombría.”51

48 MONOGRAFÍA DE ANTIOQUIA Y CALDAS, Historia de Támesis, Director: José Ariztizabal, 1926, Medellín, tipografía San Antonio p., 10. 49 Ibíd.., p., Segunda.

50 51

Op., Cit., MONOGRAFÍA DE ANTIOQUIA Y CALDAS., p., 8 Op., Cit., Periódico Sangre Joven, órgano del “Centro Epifanio Mejía”., p., Segunda.

Cátedra Municipal

27

En el año de 1854 Pedro y Mariano resolvieron pasar de Tamboral a Jericó, con el fin de establecerse allí, ya que desde este punto les era más fácil administrar las tierras tamesinas. Además, para ese mismo año ya habían vendido las labranzas (tierras) de Tamboral y Caramanta, en las que quedaba su anciano padre, acompañado del resto de su familia. Respondiendo a que el ambiente político les había permitido vivir más sosegadamente. Fueron, pues, varios años los que estuvieron dirigiendo, desde Jericó, las labranzas que tenían en Támesis, acaso sin sospechar que esas tierras, que en principio eran selvas rodeadas de tigres, monos aulladores, serpientes, venados y un río que cruzaba peligrosamente el futuro poblado, se convertirían definitivamente en su hogar. Esa es, entonces, la historia: la penosa situación en que Orozco, debido a que había ganado para sí los afectos de una mujer que otro codiciaba más que nada, había tenido que iniciar su huida, dada la persecución política que el ofendido hombre había iniciado en su contra. Pasando desde Nueva Caramanta a Tamboral, en Valparaíso, y continuando desde allí hasta la Otrabanda, en Támesis, sitio desde donde se había visto obligado (junto a sus hermanos) a pasar a otro extremo para resguardarse en una cueva desde donde, fácilmente, se podía desplazar a Jericó (donde se encontraban sus amigos políticos) y a Tamboral. Después de ir y venir de un lado para otro, finalmente se queda ubicado en Támesis. Consolidando su amor, y encontrando otras facetas menos afables de la vida: la desesperación, el miedo, la esperanza y hasta el encuentro con las cercanías de la inesperada locura, puede decirse que esta huida fue una perfecta catapulta para que germinara la idea de pueblo, que vería su culminación en San Antonio de Támesis.

Panoramica

Un pueblo más en el paisaje
Cedros, laureles, guayacanes, cominos, sietecueros, cachimbombos de follaje rojo, yarumos, sauces, encenillos, granadillos, cerezos, arizás, algarrobos, tamarindos, abienge, cambujos, guaduas, búcaros, corozos, guamos, palmeras, guayabos, zapotes, aguacates, y hasta yolombo marrano, fueron los árboles que desmotaron los esposos Orozco Gómez y las familias Ospina, Naranjo, Osorio, Arroyave, Morales, Tangarife, Gallego, Jaramillo, López, Ramírez, Giraldo, Aristizabal52 y algunas más, en las selvas tamesinas que albergaban animales tan salvajes como el oso y el tigre americano. No olvidemos que, no obstante, poco antes de que llegaran estos pobladores, un grupo de indígenas vivía en los parajes del Chamí y la Cabaña, los cuales ocupaban gran parte de las poblaciones de Jardín, Andes y Támesis, permitiendo la trashumancia de aquellos individuos hacia el Cartama, recorrido que realizaban a través de una red de caminos que existía desde los tiempos en que las antiguas civilizaciones indígenas aún eran los dueños y señores absolutos de estas tierras. Así pues, estos caminos indígenas fueron la mejor alternativa de penetración y presentaron la mayor facilidad para conquistar aquellos territorios tan inhóspitos; los grupos de indígenas que habitaron aquella zona fueron los Chachies, Citaraes, Nutabes, Tahamíes, Armas y Pacoras, todos ellos pertenecientes a la familia de los Katios.

52 Tomado de la relación de listas de degüello de cerdos y ganado mayor y menor, relacionado en el proyecto de acuerdo del año de 1864. Tomo I, 1864, en correspondencia de la correjiduria del distrito, Concejo municipal Támesis.

28

Cátedra Municipal

Retomemos el hilo. La idea de fundar un pueblo parte de la necesidad de tener un lugar propio dónde habitar en paz. Sin embargo, para lograr tal fin era necesario, no sólo la buena voluntad de los hombres. El conocimiento adquirido a partir de la colonización del territorio hacía posible el establecimiento de caseríos temporales que fácilmente se comunicaban entre sí gracias a las labores de desmonte y aperturas de vías de comunicación adecuadas, por lo que dichos poblados fueron los que albergaron las migraciones de familias que provenían de otros territorios ya saturados de pobladores, que deseaban ser dueños de sus propias parcelas. La familia Orozco (la protagonista de la huida antes descrita), desde Jericó, había continuado la adecuación de un poblado en tierras tamesinas. Su apresurada situación animaba cada vez más el deseo de dar por terminado los conflictos de amor que habían pasado al escenario de la intolerancia política. Además, la fertilidad del terreno (contaba con tres pisos térmicos) y la abundancia de sepulturas indígenas los hicieron pensar en trasladar allí, en el futuro, a toda su familia. Este sitio presentaba también otra ventaja: en caso de haber una alteración política, podían huir con más facilidad hacia Jericó, municipio que albergaba con beneplácito los sentimientos conservadores de los colonos tamesinos. La respuesta de los colonos del centro, sur y suroeste del Estado Soberano de Antioquia, a partir de 1851, sorteando toda clase de obstáculos, alcanzaron su objetivo: hacia 1858 pudieron llegar hasta el pie de una roca al Occidente de Otrabanda, donde inmediatamente desmontaron el terreno para establecer allí la plaza alrededor de la cual construirían diez casas.53 Para aquel año, los ánimos de Rafaela Gómez habían alcanzado su máximo grado debido a que, por fin, veía como se alcanzaba el objetivo que se había propuesto: establecerse en su propio pueblo, motivada en gran medida por la consumación del amor que profesaba a su esposo.

Al momento de hacer la fundación, en la que participaban tan sólo diez casas que se erigían fantasmalmente en la población, Rafaela encomienda el lugar a la protección de San Antonio de Padua, y se dirige hacia la parte más central, justamente, para instalar allí una imagen de este Santo para que resguardara el lugar. Rafaela era, pues, uno de los personajes más característicos de aquella época: integrante de una de las familias más importantes de Nueva Caramanta, poseedora de un patrimonio para nada exiguo. Una joven esbelta muy pretendida por los recién llegados colonos deseosos de tener una mujer para establecer una familia. Todas estas cualidades eran las que había obtenido Pedro, que había contado con la suerte de contraer matrimonio con aquella deseada joven, aunque no lograron la aspiración de irrigar sus semillas hacia el futuro puesto que, sin saber a ciencia cierta cuál de los dos, la infertilidad les había negado tener hijos.

Trazando a Támesis a cordel tendido

53 DISTRITO, Publicación cultural y divulgación municipalista, editada en Medellín para los municipios Colombianos, Támesis, 1964, en centenario del Municipio, p., 18.

Cátedra Municipal

29

Esta situación, empero, no fue motivo de distanciamiento entre la pareja de esposos. Incluso, la culpa ni siquiera había recaído sobre Rafaela; entiéndase que para mediados del siglo XIX, en el imaginario popular, las mujeres que no podían procrear, o si estaban “manchadas” por una floritura del pasado (ya habían perdido su virginidad), en el argot popular se les denominada como rotas, por lo que el esposo tenía el derecho legítimo de devolverlas a la familia. Para el caso de los hombres, básicamente, el prestigio del fundador se mancillaba en el preciso momento en que sus congéneres se enteraban de su infertilidad: era visto como hombre impotente o bujarrón (sodomita). Aunque la verdad era que, incluso si se comprobaba la infertilidad del marido, de todas maneras para aquel entonces la culpable seguía siendo la mujer (la machorra, la marimacho), no encontrando ninguna excusa ante la sociedad y las creencias católicas que la suponían portadora del castigo divino. Sin embargo, aquel caso fue excepcional. La fuerte tradición que reza lo que Dios une no lo separa el hombre sirvió de referente para que Pedro se preocupara por mantener intacto su maridaje con Rafaela, la cual, a pesar de no haber sido ‘bendecida’ con la fortuna de tener hijos, sí lo había sido enormemente con los beneficios que se desprendían de su inmensa fortuna.54 “Superados sus obstáculos, los Orozco emprendieron la tarea de iniciar su fundación. En el año de 1858 el nuevo poblado se delimitó así: “Se extiende entre el río Sanantonio y el arroyo Quebrada del Pueblo, y dos líneas paralelas que de Sur á Norte parten del primero hasta el segundo, por la calle llamada Ronda del Loco, la una, y la otra línea por viso que media cuadra de la calle Pisaflores al Oriente atraviesa, cuya área es de 30 cuadras aproximadamente.”55

Para la fundación de Támesis sólo bastó la construcción de algunas cuantas casas ‘pajizas’ (de paja), y la delimitación de sus calles, a las cuales asignaron nombres de próceres o sucesos de la independencia, entre otros toponímicos: Guanacas, El Naranjo, Ronda del Loco, Pisa flores, Berrio (que después se cambio por Ricaute), Sucre, Bolívar, Córdoba, Naranjo, Cucuta y Santander.56 Salvador Orozco, hermano de Pedro y el más ilustrado de la familia, que se encontraba estudiando en Medellín la carrera de derecho, fue el que “trazó calles, dividió solares, y después lo necesario para escuela de niños y templo católico, dio los restantes á los pobladores. 57 No pasemos por alto que para legitimar la fundación de un pueblo se tenían que realizar ciertos protocolos. En ocasiones se levantaba un acta, se desarrollaban planos o se hacía el nombramiento de una junta administradora. Sin embargo, lo primero que se hacía era buscar el nombre para bautizar el nuevo lugar, acontecimiento que se llevaba a cabo con gran euforia acompañada de grandes dosis de licor que festejaban dicho nacimiento.58

54 Esta es una hipótesis que surge por las innumerables donaciones que hizo la fundadora en el municipio de Támesis. Caso particular la compra de un par de campanas importadas de Londres, un reloj de cuatro caras para la iglesia, además de la construcción de la cúpula de este y donó los terrenos para el hospital; sumado al colegio de la presentación y auspició más de cien ahijados que alimentó y cuidó por largos años. 55 Op., Cit., OROZCO, Víctor, Manuel, Apuntes a la vida de Pedro Orozco., p. IV.

56 Acuerdo., Sesión del día 2 de mayo de 1883., modificando el nombre de las calles de Támesis., retomando los nombres antiguos., Concejo municipal Támesis., tomo de 1883. 57 Op., Cit., OROZCO, Víctor, Manuel, Apuntes a la vida de Pedro Orozco., p., 12. 58 Op., Cit., SANTA, EDUARDO, La Colonización Antioqueña, p., 229.

30

Cátedra Municipal

Tal fue el caso de Támesis: el 25 de diciembre de 1858, a las doce de la noche, mientras se celebraba la llamada misa de gallo, “don Mariano Orozco encima de un tronco de árbol gritaba alegremente: ¡Queda fundada la importante ciudad de San Antonio de Támesis!”.59 El nombre había obedecido a la ferviente devoción que Rafaela le tenía a San Antonio de Padua, así como también había respondido al llamado de la maravillosa espesura que emanaba del río que cruzaba este nuevo poblado, el cual alcanzaba a bañar parte del territorio con su espuma blanca, efecto similar al que tenía el río Támesis en Londres, de donde habían tomado esta parte del nombre. No obstante, como aquel río (en antioqueño) se introduce por unas cuevas dentro de la montaña, aproximadamente tres kilómetros a lo largo de la cordillera, yendo a salir, súbitamente, en la mitad de la rocosa montaña, ésto alertó a los pobladores, que temían que durante un invierno fuerte el orificio se pudiera taponar, haciendo que la montaña cediere y se viniera encima de su recién fundado pueblo. Razón por la cual, se decidieron a poner el nombre de Támesis a su poblado, dejando el nombre de San Antonio para aquel río, pues este santo, con su poder milagroso, evitaría aquel peligro que tanto los mantenía preocupados.

Una vida política un hito fundacional
Lo que en realidad consolidó la fundación de Támesis fue el hecho de haber sido bendecido por el representante de Dios sobre la tierra. El sacerdote Telésforo Montoya, invitado desde Nueva Caramanta, celebró allí la primera misa: “debido a los esfuerzos de Pedro y de sus hermanos, vino de Nueva caramanta el virtuoso Pbro Dr. Telésforo Montoya y dijo la primera misa en el caserío, y poco tiempo después, yá elevada la nueva población al rango de Viseparroquia, era administrada por el Párroco de Jericó, Pbro. Nicolás Rodríguez.”60 Era, entonces, imperativo que aquella población iniciara la construcción, antes que ninguna otra, de su capilla, la que simbolizaba la omnipresencia de Dios en todos los lugares, y para la cual se exigía la estadía de un sacerdote que, continuamente, debía bendecir la nueva fundación: “Los señores Orozco, fundadores de la ciudad, con la cooperación de los vecinos, construyeron una humilde capilla empajada con palmera, de estantillos enterrados, cubierta en derredor de tablas y orillos.”61

Mariano gritando la fundación de San Antonio de Támesis

60 59 Op., Cit., MONOGRAFÍA DE ANTIOQUIA Y CALDAS., p., 7.

Op., Cit., OROZCO, Víctor, Manuel, Apuntes a la vida de Pedro Orozco., p. 12. 61 Historia de la parroquia de San Antonio de Támesis., en su Centenario., 1871, octubre 16 de 1971., Apuntes teológicos-,Pastorales., Jorge Alvarez Arango., Párroco de Támesis. P., 13.

Cátedra Municipal

31

Luego de haber cimentado la morada de Dios, los colonizadores empezaron a construir el núcleo urbano que albergaría su pueblo. Tarea para la cual habían trazado, por medio de un cordel tendido por Manuel Salvador Orozco, algunas líneas que debían formar un pequeño cuadrilátero al que, lentamente, debían ir dando la forma de un tablero de ajedrez, quedando así todas las calles perfectamente rectas; aunque este trazo se iniciaba dejando intacto el marco de la plaza, donde se construía un pequeño parque sembrado con flores aromáticas y arboles frutales. Las construcciones centrales (las del marco de la plaza) eran las más importantes: “la iglesia, con sus torres con vista al poniente, de madera forrada en latón y pintadas de blanco; la casa cural, de dos pisos con balcones con vista hacia la calle, desde donde se podía vigilar la población; la casa consistorial, o ayuntamiento; algunas tiendas, almacenes y, claro está, un estanco y una herrería.”62 La fundación de Támesis, iniciada por los hermanos Orozco, animó a otras familias para que se trasladaran allí. Rafaela fue la primera que se trasladó desde Nueva Caramanta para hacerle compañía a su esposo Pedro, aunque su felicidad no duró mucho tiempo: “Motivos de salud hizo que Pedro llevara a su esposa a la ciudad de Medellín (año de 1859) y allí permaneció algún tiempo; debido a que su médico de cabecera Dr. José Vicente de Latorre así lo exigió”.63 Esta situación obligó a Pedro, que siendo testigo de la enfermedad de Rafaela, a abandonar temporalmente a San Antonio de Támesis, trasladándose a Nueva Caramanta, debido a que desde allí se accedía con mayor facilidad a la ciudad de Medellín, donde permanecía su esposa en espera de su mejoría. Como Salvador, hermano de Pedro, se desplazaba constantemente entre Támesis y Medellín, este último le había encomendado que asistiera a Rafaela en Medellín mientras durara su enfermedad.

“Pero la revolución de 1860 había obligado al gobierno del Estado a clausurar el Colegio de la Universidad de Antioquia, justamente donde estudiaba Salvador, obligando así que ambos regresaran a Nueva Caramanta.”64 Por medio de aquel incidente fue que llegaron de nuevo Rafaela, desde Medellín, y Pedro y sus hermanos, desde las labranzas de San Antonio de Támesis, a Nueva Caramanta. Contando con muy mala suerte porque una noche, cuando ya las fuerzas del General Mosquera se acercaban a Manizales, sus enemigos, los Ossa, rodearon y atacaron la casa donde dormían varios Orozco, entre estos Pedro y Rafaela: “E intentaron romper las puertas, y estos solo escaparon mediante la sorpresa que les dio a los atacantes Salvador haciendo un tiro de pistola y que fue aprovechado por los atacantes para salir por una puerta falsa.”65 Así, habían tenido que huir de nuevo, tanto los Gómez como los Orozco, de Caramanta: La señora Gómez de O. Tuvo que amanecer sin abrigo, oculta bajo el lecho de una anciana: que allí cerca tenía miserable albergue, desde donde oía los golpes y lamentos de su cuñado el cual los atacantes dejaron casi exánime tendido en la calle cercana. 66

62 Op., Cit., SANTA, EDUARDO, La Colonización Antioqueña, pp., 228-229. 63 Op., Cit., Sangre Joven, órgano del “Centro Epifanio Mejía”, p. Segunda, de 14 de julio de 1928.

64 65 66

Ibíd., p., Segunda. Ibíd., p., Segunda. Ibíd., p., Segunda.

32

Cátedra Municipal

Justamente este incidente, “sumado a los peligros políticos que los acechaban, donde sus enemigos aprovechaban cualquier coyuntura para vengar supuestas injurias, fueron los detonantes para que resolvieran marcharse de Nueva Caramanta, trasladando, definitivamente, sus hogares al recién fundado pueblo de San Antonio de Támesis.”67 Una vez establecidos los Orozco en Támesis, fuera de otras tantas familias, se debía iniciar la administración y manejo del poblado, para lo cual se requería de una orientación adecuada, ya que se debía aleccionar a la población para que trabajara al unísono, siguiendo, obviamente, los requerimientos emanados por las autoridades. Así, con facilidad se había posibilitado una división del trabajo que produjo los diversos oficios y artesanos tradicionales: zapateros, sastres, talabarteros, peluqueros, carpinteros, ebanistas, arrieros, herreros, músicos, pintores. Provenientes, en gran parte, de un innumerable flujo de inmigrantes atraídos por el llamado de sus amigos o sencillamente por la aventura que significaba establecer un futuro promisorio en un nuevo lugar; “aquellos artesanos poseían las antiguas jerarquías que desde la edad media reposaban en el desarrollo del trabajo, es decir, grados de aprendices, oficiales y maestros.”68 Aunque los primeros que desarrollaron efectivamente su oficio en la fundación de los pueblos fueron los aserradores, los cuales habían llegado de la mano de los fundadores, atravesando toda suerte de trochas enmalezadas que debían arrasar con sus sierras de innumerables dientes afilados, conjuntamente con las hachas que dejaban el terreno llano para transformar los bosques en ciudades. De cominos, cedros, yarumos, laureles, chaquiros, y otros árboles más, provino la madera para construir las primeras casas cuyas puertas, ventanas, balcones y paredes eran todas de madera que luego de procesada seguía aromatizando las habitaciones con el olor de la selva virgen: “Por eso los pueblos así fundados conservaron durante muchos lustros la magia y el enigma de leyendas que les daba aquel aroma de árboles que tenían la savia tan añeja y perfumada como los mejores vinos de las edades bíblicas.”69
67 68 69 Ibíd., p., Segunda. Op., Cit., SANTA, EDUARDO, La Colonización Antioqueña, p., 230. Ibíd., p., 231.

A medida que el pueblo iba creciendo, también se incrementaban las penas de sus moradores. En el proceso de transformación de la selva en poblado un suceso marcó duramente la familia de Pedro Orozco: “la inesperada muerte de Epifanio Orozco, hermano de Pedro, “Víctima de una fiebre perniciosa debido a excesivos trabajos y fatigas”,70 ocurrida en el año de 1864. Acontecimiento que lesionó gravemente el ánimo de la familia fundadora, que ya venía minado por las constantes persecuciones que les habían hecho los Ossa desde que los Orozco vivían en Nueva Caramanta. Otro asunto que debía tener en cuenta todo proceso de colonización era la aceptación de unas normas que justificaran la presencia de colonos en los nuevos territorios. Para el año de 1864, el Estado Soberano de Antioquia, bajo el mando de Pedro Justo Berrío exigía que, para el inventario del Gobierno Nacional, todos aquellos nuevos poblados debían registrar su fundación. Por tanto, los fundadores de San Antonio de Támesis habían decidido hacer una petición, fechada el veinte de julio de 1864, apoyados en la Constitución Nacional de 1863.

Orientaciones para manejar un pueblo

70

Pp., Cit., MONOGRAFÍA DE ANTIOQUIA Y CALDAS., p., 4.

Cátedra Municipal

33

De caserío a distrito
A través del interés gubernamental que por entonces (1860, aproximadamente) se presentaba, se comenzaban a gestar algunos cambios. Las secciones sometidas a vivir del auxilio de los poderes nacionales pasaron a ser entidades autónomas y responsables, dirigidas por hombres de la región, directamente interesados en el bienestar de sus lugares, capaces de impulsar en éstos el progreso de sus gentes; además, la iglesia había quedado sumamente lesionada con el régimen del gobierno liberal, puesto que la relación que años antes tenía el General Mosquera con el clero aún estaba vigente para la década de 1860: Desde mediados de 1861, en plena revolución, había expedido Mosquera los decretos de – tuición- (defensa) de cultos y desamortización de bienes de manos muertas. Por el primero, ningún sacerdote podía ejercer sus funciones sin permiso del Gobierno General o de los Estados, so pena de expulsión del territorio nacional. El otro término disponía que todas las propiedades rústicas y urbanas, derechos y acciones, capitales de censo, usufructos, servidumbres u otros bienes que tienen o administran como propietarios o que pertenezcan a las corporaciones civiles o eclesiásticas y establecimientos de educación, beneficencias o caridad, en el territorio de los Estados Unidos de Colombia, se adjudicará en calidad de la Nación.71

Ese ambiente político había confundido enormemente algunos de los pobladores tamesinos, justamente la fracción que no militaba con las ideas progresistas que trataba de imponer el radicalismo liberal. Así, posiblemente inyectados con la animosidad conservadora que los unía, la comunidad liderada por los hermanos Orozco y la fundadora Rafaela se decidieron a realizar una petición a la Asamblea Constituyente para que al poblado se le otorgara la categoría de Corregimiento, reportando un comunicado en los siguientes términos:

71 Op., Cit., CADAVID MISAS, Roberto, Historia de Antioquia, p. 280.

34

Cátedra Municipal

Señor Presidente de la Asamblea
Los infrascritos vecinos de Jericó en la fracción denominada hasta hoy Támesis, haciendo uso del precioso derecho de petición, nos dirigimos por vuestro conducto a la Honorable Asamblea Constituyente, que dignamente presidís, para que sirva tener en cuenta en sus trabajos legislativos la necesidad sobre la que por escrito os representamos. Una numerosa población atraída por la fertilidad de estas montañas se ha reunido en esta población del Estado, y este concurso de habitantes es capaz y se halla en el deber de ser capaz de cargar con la peticiones que pueda aparejarle la entidad de Corregimiento que pretende. Colocados a una distancia de cinco leguas de la cabecera del distrito; agricultores todos por profesión; consagrados exclusiva e incesantemente a los trabajos, la administración pública, las decisiones en nuestros derechos cuando son controvertidos (sic), la recuperación de nuestras garantías cuando son usurpadas, todo sufre retardo y por con siguiente sufrimos un positivo perjuicio. Deseosos, pues, de gozar de las ventajas de una pronta administración pedimos H. Asamblea se nos erija en Corregimiento esta fracción, bien sea que se discuta o se piense en discutir una ley sobre división territorial, o bien sea que se discuta a este propósito en proyecto especial. Alimentamos la esperanza de que no seamos desatendidos; al pedir la erección del Corregimiento pedimos una carga, pedimos una carga que es odiosa; pero nos resolvemos a pedirla a trueque de conseguir otras ventajas. Nada pierde la Asamblea, nada arriesga, no viola ninguna garantía, ningún prejuicio causa al expedir la ley que nos erija Corregimiento. Nosotros somos los que arriesgamos; desenos lo que pedimos que sino pudiéremos con la carga, el mismo derecho que nos asiste hoy para pedir una erección, ese nos queda para pedir después una eliminación. Déjenos ensayar nuestras fuerzas, que estamos seguros que nuestro ensayo será útil al Estado. En nuestras pretensiones no queremos, no, disminuir la importancia del distrito de Jericó, que es bien importante por su extensión con la inmensidad de territorio bien poblado ya, […] Os suplicamos pongáis esta nuestra solicitud en conocimiento de la Asamblea, porque esperamos de ella un ley que satisfaga nuestros votos. Para persuadiros más de la justicia de vuestra petición podéis pedir informes a las autoridades de Jericó y Nuevacaramanta que son los distritos de los cuales se desprende la porción de territorio entre los límites. Pretendemos además que honréis nuestro corregimiento con el nombre de ¡Jiraldo!. Támesis julio 20 de 1864. Mariano Orozco, Pedro Orozco, Manuel S. Orozco, Benigno Gutiérrez, Francisco J Tascón, Alvaro Naranjo, Aureliano Echeverri, Laureano Restrepo72, - entre otros. Aunque en esta solicitud se puede identificar un carácter desafiante cuando se refieren a que “Nada pierde la Asamblea, nada arriesga, no viola ninguna garantía, ningún prejuicio causa al expedir la ley que nos erija Corregimiento. Nosotros somos los que arriesgamos”, no obstante su solicitud fue recibida con tanto beneplácito por el gobierno liberal que, además, se le otorgó el titulo de Distrito a Támesis, quedando sujeto a Jericó, capital de las provincias del Suroeste del departamento; para fortuna de muchos, la petición de que se le pusiera como nombre Giraldo había sido rechazada. Todo esto se logró a través de la ley nº. 13 de 15 de septiembre de 1864, emanada de la Asamblea Constituyente del Estado Soberano de Antioquia.
72 Documento tomado del libro de Asambleas., Archivo histórico de Antioquia.

Cátedra Municipal

35

Invocando un sacerdote
Una vez iniciada su vida como distrito, los nuevos habitantes de Támesis no lograban estar a gusto con las esporádicas visitas de algún sacerdote que venía cada quince o veinte días desde Nueva Caramanta o Jericó a ofrecer la Santa Misa, repartir la comunión y descargar de pecados a sus vecinos. Los sacerdotes encontraban muchas dificultades para asistir espiritualmente a esta población: “los párrocos tenían que visitar el incipiente caserío de Támesis, haciendo sacrificios sobrehumanos, y casi físicamente imposibles; esto retardaba la asistencia espiritual de los colonos de Támesis y obstaculizaba en cierta forma el desarrollo acelerado y progresivo del nuevo caserío...”73 Pero las excelentes relaciones de la familia Orozco Gómez con el cura de Nueva Caramanta, Telésforo Montoya, que seis años antes había dictado la primera misa en el caserío de San Antonio de Támesis, sirvieron de intriga para que el Obispo de Medellín, que en ese entonces era Monseñor Valerio Antonio Jiménez, nombrara un sacerdote permanente para el nuevo distrito de Támesis, decisión que les evitaba la molestia de tener que solicitar prestado a cada rato un ministro de la iglesia a las poblaciones de Jericó y Nueva Caramanta. Así, pues, entra en acción el sacerdote Braulio Giraldo Ramírez, proveniente de Marinilla, un 11 de septiembre de 1867, quien había sido delegado para dirigir el timón de la fe de los tamesinos. Es, entonces, gracias a la gestión de Rafaela y Pedro que se había logrado conmover al obispo para que nombrara como Viceparroquia al distrito de Támesis. Como Distrito independiente, Támesis había comenzado a otorgar los beneficios que de ello se desprendía, así como las vicisitudes normales dentro de la lógica de los acontecimientos. Habiendo logrado apartarse de las dificultades y peligros que representaban para ellos la familia de los Ossa, los Orozco habían logrado llevar una vida apacible durante el año de 1869. Sin embargo, un acontecimiento inesperado turbó momentáneamente su dicha:

Se hallaba Pedro en su finca el Rayo, y al atar un buey para marcarlo le dio en un ojo tan fuerte cornada que le hizo saltar de la órbita del globo del ojo.Apresuradamente llamaron a su hermano Manuel Salvador, que estaba en una finca cercana, y quien a falta de un facultativo (Médico) limpio la cuenca y el globo lo mejor que pudo y lo volvió a colocar en su respectivo sitio sin lastimar en nada el nervio óptico. Pocos días después el enfermo pudo trabajar; más siempre tuvo débil esa vista.74 Al año siguiente (1870) el obispo de Medellín, José Joaquín Isaza, visitó a Támesis, acontecimiento que llevó a que la mayor parte de la población se despojara de gran parte de sus posesiones para celebrar con todo tipo de agasajos al enviado de Dios, el cual había establecido como norma fundamental que: “...desde entonces funcionara una asociación del Corazón de Jesús, institución caritativa y benéfica. Nombrando a Rafaela Gómez de O., como presidenta de esta.” 75 Así pues, con la ayuda del clero, Támesis había tomado un nuevo rumbo que lo catapultaría a un sitio fácilmente reconocible y referenciado en la geografía del territorio antioqueño.

Sacerdote asistiendo espiritualmente a Támesis 74 Op., Cit., OROZCO, Víctor, Manuel, Apuntes a la vida de Pedro Orozco., p. 13. 75 Op., Cit., Sangre Joven, órgano del “Centro Epifanio Mejía”, p. Segunda, de 14 de julio de 1928.

73 Op., Cit., Historia de la parroquia de San Antonio de Támesis., en su Centenario., 1871., p., 16.

36

Cátedra Municipal

Queriendo ser pueblo
La nueva categoría de Distrito obligaba a sus habitantes a tomar medidas distintas a las que antaño había establecido la normatividad administrativa. Se daba, así, un viraje diferente. La dependencia directa con poblaciones como Jericó y Nueva Caramanta ya veía su fin. Debían, entonces, aceptar la obligación de afrontar la realización de sus propios objetivos, con todos los inconvenientes que de allí se generaran, claro está, respondiendo efectivamente por el manejo y administración de las funciones pertinentes. De tal forma, la exigencia más inmediata que había que responderle a los entes gubernamentales era la actualización de los censos de los diferentes contribuyentes, dado que el gobierno se mantenía deseoso de levantar los inventarios de población de las nuevas zonas colonizadas, todo con el estratégico fin de conocer las estadísticas de aquellos sitios, y también para identificar los nombres de los enemigos del gobierno, cerciorándose así de cerrar el camino a los posibles disidentes de los gobiernos de turno. Otros requerimientos que se le pedían al nuevo distrito de Támesis habían llegado por medio de una circular urgente, el 27 de octubre de 1864. En aquéllas se expresaba una serie de medidas que pretendían dar a conocer los hombres que convergían con las ideas del gobierno, al igual que un balance de las armas que el distrito poseía: Inmediatamente que esta circular llegue a sus manos convocará usted una reunión de todos los hombres adictos al gobierno y haciéndoles presente la necesidad en que estamos de velar constantemente para que el orden público no sea turbado los comprometerá a vigilar sobre la conducta de las personas hostiles y enemigas del gobierno, sea estas listas para en caso de un trastorno presentarse, al primer llamamiento con el fin de reprimirlo. 2da. Recogerá y aislará todas las armas y elementos de guerra que haya en su distrito, para que sirvan en caso necesario a los defensores del gobierno. 3ra Y los que alteren el orden público y estén fuera del gobierno […] proceda inmediatamente a instruirles el correspondiente sumario de vagancia, y una vez pronunciada la sentencia condenatoria los aprehenderá y remitirá al respectivo establecimiento de castigo; cuidando siempre de aplicarles de preferencia la pena de reclusión.76 Estas medidas indican, también, la presencia permanente de una fuerte vigilancia por parte del gobierno, que pretendía reprimir las aspiraciones de los hombres que habitaban aquellos lugares cuyos afectos habían sido ganados por el bando contrario. Ante las medidas del gobierno, los tamesinos respondían haciendo algunas aclaratorias que los mantenían al margen de los problemas del gobierno: “felizmente en este distrito no se encuentran individuos que hayan sido empleados públicos durante la administración del gobierno caído”,77 precisamente aquéllos que con facilidad se iban en contra de las decisiones gubernamentales. Así mismo, estos oficios eran aprovechados para comunicar las dificultades que, repetidamente, sufrían para lograr consolidarse como un distrito reconocido: “Este Distrito no se ha establecido aun escuela pública de niños, tampoco se cuenta con local para establecer enseñanza, ni útiles de ninguna calidad; pero se están tomando disposiciones para la construcción de un edificio público que sirva para despachos de los empleados i cárcel pública.78

76 77 78

Archivo Concejo Municipal de Támesis., correspondencia enviada en boletín oficial., año de 1864., Tomo I. Ibíd., Acuerdo nro. 8. Ibíd., Acuerdo nro. 8.

Cátedra Municipal

37

Entiéndase que para el año de 1864 apenas se estaba estableciendo un orden en aquel poblado, tal como lo justifica el acuerdo nº. 8, en el que se menciona que éste iba por buen camino, pero que era más prioritario resolver algunos asuntos orientados al bien común: Un distrito como este que en mil ochocientos cincuenta y cuatro era otra cosa que selvas incultas i no hoyadas aun por la planta humana i que hoi se levanta con floreciente i con esperanzas contando dentro de sus limites con mil sien habitantes, presajian un seguro porvenir i por su naturaleza misma. el se proporsionará de las comodidades necesarias para su futuro bienestar i por la misma razón es de absoluta necesidad dejarlo marchar siguiendo la huella que ha principiado i no apurarlo con exacciones rigurosas que lo haga coger desviar i perder el fin que se propone.79 Es claro, entonces, que el gobierno liberal exigía cada día que los nuevos distritos respondieran a sus requerimientos. Uno de los cuales rezaba por la conveniente amistad y relaciones de todo tipo entre aquellos. Todo lo cual se facilitaba en mayor medida gracias a la construcción de una red interna de caminos que, por un lado, hacía posible la penetración en otros sitios de las selvas, y por otro, facilitaba y alentaba la llegada de otras familias deseosas por establecer allí sus moradas. Es decir, a medida que el Estado ampliaba su dependencia político administrativa, éste iba emanando importantes inyecciones económicas, sociales y religiosas, situación que llevaba a que nuevos partidarios políticos fueran surgiendo para respaldar la permanencia o derrota de los gobiernos de turno. Por tanto, había que motivar fuertemente a los nuevos distritos para que iniciaran la construcción de caminos, todo lo cual se hacía mediante algunas circulares: en “el boletín oficial numero 55 hallará Ud la circular sobre la secretaria de Hacienda sobre camino, conforme á ella las localidades tienen el deber de formar en los ocho primeros días del mes de noviembre, las listas de los habitantes del distrito, encargados a pagar contribución para caminos”.80
79 80 Ibíd., Acuerdo 8. Ibíd., circular nro. 56.

Así, entonces, la exigencia del Estado era ineludible: los nuevos distritos no sólo debían elaborar las listas de contribuyentes para la construcción de caminos, sino que debían dar a conocer las rutas que estos seguirían, puesto que para el gobierno de turno era fundamental enterarse de dónde estaban ubicadas las principales vías de comunicación, lo que, al tiempo, les proporcionaría tener un mejor control sobre el territorio. De esta manera, Támesis, en contravía con la ideología del gobierno liberal, en el año de 1864 daba a conocer las pocas rutas de las cuales disponía: Por este distrito no pasa camino alguno que conduzcan de la capital de ese departamento de vías en la frontera Este, ni directamente a ello. Segundo, este distrito sostiene actualmente tres caminos que ponen en comunicación directa sus cabeceras (directamente) con la [cabecera] de otros distritos i son las siguientes: el que conduce a Jericó. Este camino es en lo general malo pero está bastante reparado, con la esperanza que con el tiempo será una buena vía de comunicación por estar dirigido por terrenos de piso firme aún que quebrado. = el que conduce a Nuevacaramanta. Este camino esta en muy buen estado en la parte que corresponde a este distrito exceptuado en los ríos Conde Cartama i río Claro en los cuales hai necesidad de establecer puntes sólidos para evitar peligro que hay en sus pasos. = el que conduce a Valparaíso. Este camino se halla en muy mal estado por su abandono tanto en lo que corresponde a este distrito como al de Valparaíso; se puede decir que es intransitable tanto por los peligros de los ríos que se traviesan como por las empalizadas i fangales.81

81

Ibíd.., circular nro., 11.

38

Cátedra Municipal

“El señor Alcalde de Jericó es causante de que yo no haiga cumplido con la que se me ordena por haber demorado un mes los pliegos que tenía para esta oficina, i tanto ha sido el atraso para el Corregidor como para el Colector.”83 Vemos, pues, que administrar las funciones del gobierno en estos nuevos lugares era tarea que se realizaba dentro de las más inesperadas situaciones. Aunque en Támesis se había tenido la fortuna de nombrar el primer Juez del distrito, todo gracias a que éste había podido recibir instrucción académica en la ciudad de Medellín, pudiendo encaminar de la mejor manera a la población ante las exigencias del gobierno: “En Noviembre de 1864 Manuel Salvador Orozco, unió su suerte a la señorota María Teresa Gómez H, oriunda de Caramanta. Iniciado el año fue nombrado inspector del Corregimiento siendo él que levantó el primer Censo del Distrito […]”,84 cuyos resultados había dejado una población de 1.101, logrando cumplir, a cabalidad, con una de las tareas más difíciles para cualquier funcionario. De ese mismo corte ‘ilustrado’, otro funcionario fundamental en lo relacionado a las comunicaciones y ejercicios políticos en Támesis, fue Aureliano Echeverrri, nombrado antes en los cargos de Inspector, Juez, Secretario del Concejo, Concejal, Procurador, Colector y Tesorero. En Támesis Echeverri era considerado como hombre de las letras: El señor Aureliano Echeverri es el hombre más apropósito en este en ello para desempeñar la colectura, pues además de leer bien i escribir bien tiene bastante conocimientos en esos asuntos de ciertos puestos que ha sido por mucho tiempo recomendador auxiliar del colector oficial del colector de Jericó cuando esto fue una fracción de aquel distrito; además puedo recomendárselo como una persona de ajuiciada propiedad. Será muy justo que el 1 de enero próximo sea puesto el señor Echeverri en posesión de la colectura.85

Funcionario desde la casa consistorial de Támesis

El objetivo que se había propuesto el distrito de Támesis en relación a la construcción de caminos era, indudablemente, integrar su cabecera con otros lugares. Para ese mismo año de 1864 “se dispuso dos comisiones encargadas de desplorar i de dirigir las trochas que pongan en comunicación directa la cabecera de este distrito con la de los otros distritos de Fredonia por el Norte, i de Andes por Obcidente”.82 Esta descripción anterior revela un dato hasta el momento desconocido: los primeros caminos, o rutas, comunicaron a Támesis con las poblaciones de Nueva Caramanta, Jericó y Valparaíso. Dando paso, un poco de tiempo después, a la apertura de otras trochas que conducían a los distritos de Andes y Fredonia. No obstante, aunque prontamente se llevó a cabo con eficacia la construcción de vías de comunicación, esto no aseguraba que por ellos se pudiera transitar libremente y sin el asecho de peligros o dificultades. Uno de los grandes problemas de Támesis era la tardanza en la llegada del correo que trasportaba los boletines oficiales, los cuales, en gran parte, eran la bitácora de viaje que ordenaba a los funcionarios la manera como debían actuar, dirigir y gobernar sus nuevos distrito, es decir, con la demora de la llegada de los boletines se daba pie al desconocimiento de las normas y leyes pertinentes que debían regir la vida de aquellas sociedades. Así, entonces, para excusarse ante el señor gobernador, el funcionario que velaba por los intereses gubernamentales de Támesis había referido lo siguiente:
82 Ibíd.., circular nro., 11.

83 84 85

Ibíd., circular nro. 6. Op., Cit., MONOGRAFÍA DE ANTIOQUIA Y CALDAS., p., 7. Op., Cit., Acuerdo municipal., nro 15

Cátedra Municipal

39

G

a

l

e

r

í

a

Es así como el carácter ‘ilustrado’ de algunas personas, a la hora de ocupar cargos públicos la prioridad la tenían los fundadores o los hombres más pudientes, amigos o allegados de las principales familias, no siendo necesario para ello ninguna clase de perfil académico o abolengo de sangre. Esta situación originaba que, en ocasiones, muchos de los errores que se presentaban en los manejos de cuentas, censos o decisiones que tuviesen que ver con la proyección del distrito a nivel departamental se solucionaran con la simple renuncia al cargo. Un ejemplo de esta situación lo refleja un miembro de la familia Orozco, quien tenía serias limitaciones con las letras: El señor Sandalio Orozco, actual colector de hacienda de este distrito que le es materialmente imposible, seguir desempeñando dicho destino; por mil razones, todas como las siguientes; es un hombre campesino que no puede permanecer en el pueblo durante la semana; no sabe escribir i casi lee también poco; (de manera que para cuando) han tenido que hacer algún apuntamiento de forma o algunos cuadros, se ha sido necesario buscar quien se lo traiga porque lo único que hace es su firma mal; de donde resulta esta misión imposible para desempeñar este destino.86

De colonos a ilustrados
La consolidación de Támesis como poblado estuvo mediada por la asesoría de hombres tan importantes como Manuel Salvador Orozco, Rudesindo López y Aureliano Echeverri, los que pusieron el toque final de ilustración al nuevo distrito, acompañados al mismo tiempo de los intereses particulares de otros hombres protagonistas de aquella historia. Así, por vez primera, “por decreto […] ha sido nombrado por esta prefectura como corregidor del distrito de Támesis al señor Manuel Salvador Orozco […] E igualmente para corregidor suplente del mismo distrito al señor Rudesindo López”;87 para el año de 1865, por decreto, el cargo de corregidor de Támesis fue asumido por Pedro Orozco, quedando como suplente el señor Anacleto Osorio.88 A partir del análisis de estos nombramientos se logra demostrar que, durante la segunda mitad del siglo XIX, aún perduraban algunas características legadas por el pasado colonial español. Por tanto, en aquel distrito existía un pequeño círculo social, los inicios de una élite que, con lentitud, iba dando los pasos necesarios hacia la configuración de una sociedad altamente jerarquizada. Así, pues, era común que salieran a flote las diferencias estamentales en los momentos en que algunos pobladores foráneos, años más tarde, llegaban con ánimos de topar un sitio dónde vivir en aquellas localidades, no encontrando otros lugares diferentes para vivir, sino sobre las periferias, es decir, en las afueras de los poblados. Por tanto, casi exclusivamente, sobre los primeros fundadores había caído la bendición de hidalguía propia del abolengo de sangre que ostentaban, zafia característica que incluso ha perdurado hasta nuestros días. De hecho, con facilidad habían pasado de ser pobres colonos, solidarios entre sí, a nuevos ricos, revestidos de nobleza.

Leandro condenado a su locura 87 88 Ibíd.., Acta de Nombramiento nro., 382., 1864. Ibíd.., Acta de Nombramiento nro. 63 diciembre 20 de 1864.

86

Ibíd., circular nro. 14 de 1864.

46

Cátedra Municipal

Era un poco triste que aquel pasado, donde habían sido solidarios, compartiendo penas y alegrías, dolores y sufrimientos, al igual que la sal, el cacao y la panela,89 y en el cual, además, los diferentes grupos que por necesidad trabajaban en cadena, unidos a un mismo propósito, a un mismo fin, habían construido toda clase de redes económicas y de intercambio entre ellas, se estuviera perdiendo ante las tentativas de esos nuevos pensamientos de clase. Las razones de aquella tristeza pueden rastrearse a partir de un hecho: la filantropía de Rafaela Gómez, considerada como una de las protagonistas de la fundación de Támesis, era tal que, sin miramientos, entregaba lotes de tierra a los que lo necesitaban y atendía en su casa muchos huérfanos desamparados, siendo llamada, por ello, “la Madre de los pobres y los menesterosos.”90 Esta mujer había entregado gran parte de sus posesiones al pueblo, acaso por eso ha dado tanto de qué hablar hasta nuestros días.

Colono tamesino leyendo temas politicos

Cultura política en Támesis. ¿Por qué ser conservador era un pecado?
Toda vez que los partidos políticos de Colombia se comenzaron a solidificar, se acentuó casi por completo la división de la población: por un lado, los que militaban con el partido conservador estaban sujetos a la bendición divina y al respaldo de la iglesia; por su parte, los liberales progresistas, portadores de ideas libres, hombres sintonizados con la ciencia, la educación laica y ante todo, interesados en la separación de los poderes entre Estado e Iglesia, eran tildados de enemigos acérrimos de Dios y, por tanto, de los conservadores.

Justamente Támesis, pueblo que había iniciado su partida con políticas conservadoras de las cuales los hermanos Orozco (conservadores y católicos acérrimos) eran sus fieles seguidores, era un punto de referencia que el gobierno liberal, que para el periodo comprendido entre 1863 a 1880 tenía el control de la mayor parte del territorio colombiano, debía vigilar con mayor eficacia. Era apenas lógico que la guerra desatada en el año de 1876 trastocara gravemente la vida cotidiana de los habitantes del Támesis, justamente porque para defender sus políticas (que encontraban aceptación en la mayoría de antioqueños) los hermanos Orozco habían decidido participar en la defensa de sus ideas conservadoras, obteniendo triunfos en algunas batallas que, directamente, los señalaban como enemigos del gobierno que detentaba el poder: “Cuando la guerra de 1876 se desató sobre Antioquia, Orozco tuvo el pesar de ver marchar con las fuerzas del General Marceliano Vélez á su hermano menor, Manuel Salvador; […] después del vencimiento de las fuerzas conservadoras en Bateros y Manizales, cayeron sobre Pedro y sus hermanos males sin cuento”.91 A partir de aquel momento, Pedro y sus hermanos fueron considerados como enemigos peligrosos para el gobierno liberal.

89 90

Op., Cit., p.122. Op., Cit., Periódico Sangre Joven, órgano del “Centro Epifanio Mejía”., p., Segunda.

91

Op., Cit., OROZCO, Víctor, Manuel, Apuntes a la vida de Pedro Orozco., p. 14.

Cátedra Municipal

47

Para el año de 1877 Támesis no tenía ya la tranquilidad que durante tanto tiempo había acompañado a los Orozco; las fuerzas contrarias, comandadas por el General Eliseo Payán, habían ocupado por dos días el vecino distrito de Jericó, desde donde se había despachado para Támesis un piquete de soldados con el fin de capturar a los hermanos Orozco. Objetivo realizado con facilidad, con lo que habían sido apresados Pedro, Sandalio y Manuel Salvador. Aunque su suplicio fue un poco atenuado debido a que “las súplicas de la señora Gómez y de algunos buenos vecinos, condescendió en dejar que los prisioneros llevaran una cabalgadura para montar a caballo, pues la avanzada edad de Pedro y Mariano les hacia muy penosa la marcha a pie”.92 Una vez llegados a Jericó, el ejército contrario se dispuso a examinar la hoja de vida de los capturados, acaso con el fin de evaluar la capacidad económica de los hermanos Orozco. Así, Mariano y Manuel Salvador fueron liberados de inmediato, puesto que sus capitales eran mínimos. Empero, Pedro y Sandalio, cuyas fortunas eran considerables, habían sido dejados como presos: “en manos de los soldados del batallón Parra, sin duda los más soeces y bárbaros del ejercito vencedor, para que fueran maltratados y escarnecidos hasta que pagaran buen rescate por sus personas”.93

Efectivamente, a Pedro le tocó pagar 5000, y a Sandalio 2000 patacones de oro para recuperar sus libertades. No obstante su liberación, los rumores de que la familia Orozco patrocinaban la rebelión contra el gobierno, era motivo de sospecha permanente, por lo que, días después de la captura, “otra comisión de soldados vino de Jericó y se llevó de las tierras del matrimonio Orozco y Gómez, gran cantidad de ganado y bestias de sus fincas”.94 Es decir, la familia Orozco era constantemente señalada por sus enemigos. Lo tenso que fue este periodo para los pobladores de Támesis obligó a los miembros de las familias Gómez y Orozco a buscar refugio en otros distritos. El hermano de Rafaela, Pedro Gómez, y Manuel Salvador Orozco “fueron desterrados para Titiribí […] destierro ordenado por Salomón Pozzo, Jefe Civil y Militar de la provincia del Suroeste”.95 Sin embargo, después lograron conseguir un salvoconducto que les permitió transitar sin inconvenientes por toda la región. La zozobra de los hermanos Orozco continuó hasta 1879, fecha en que Támesis se unía a la rebelión que Antioquia había iniciado en contra del gobierno nacional del General Rengifo: “las montoneras de paisanos mal armados que componían el ejercito rebelde fueron vencidas en Cuchillon Alto Pelao y Orobajo y desde entonces llovió sobre los Orozco males a montones”.96 En aquella rebelión, Manuel Salvador tenía un batallón que resguardaba la frontera entre Caramanta y el departamento del Cauca; al enterarse de la derrota que a nivel nacional sufrían los conservadores, de inmediato regresó a Támesis, no sin antes “haber tenido un ligero combate en el Paraje la Reserva del río Cauca con el capitán Valerio Tejada”.97 Manuel, que ya estaba referenciado como enemigo de los liberales, había logrado salir librado de aquella batalla. Sin embargo, de regreso a Támesis sus enemigos lo habían perseguido, por lo que, sagazmente, Manuel Salvador decidió continuar con sus hombres y las armas hacia el distrito de Jericó, con el objetivo de acogerse al amparo y el perdón que se les otorgaba a quienes se entregaban:
94 95 96 97 Ibíd.., p., segunda. Ibíd.., p., segunda. Ibíd.., p., segunda. Ibíd.., p., segunda.

Pedro apresado por tropas liberales

92 93

Op., Cit., Periódico Sangre Joven, órgano del Centro Epifanio Mejía”., p., Segunda. Ibíd.., p., segunda.

48

Cátedra Municipal

“Con presteza fue Orozco a entregar sus armas en Jericó a fin de quedar amparado por las condiciones que la ley de protección de rendimiento cobija los enemigos”;98 mientras tanto, Pedro, Mariano y los demás hermanos Orozco disidentes del gobierno, habían buscado refugio en el Cantón de Supía, dejando abandonada, en Támesis, a Rafaela Gómez, la fundadora, la que se vio en la penosa necesidad de enfrentar los problemas que se derivaban de su adhesión conservadora, dando la cara y soportando acontecimientos tan dolorosos como: La casa de la Sra Gómez O. Fue rodeada por las fuerzas vencedoras y como los hombres se habían puesto en salvo desde el día anterior, los soldados enemigos no hallaron en ella ni armas ni hombres, por lo cual se retiraron no sin llevarse algunos objetos de servicio particular […][…] después el Secretario del Alcalde se presentó en la casa de la señora Gómez a notificarle un coparte de guerra de 20 pesos diarios hasta que se presentará su esposo […] y la señora no pudiera satisfacer tan exorbitante contribución los vencedores resolvieron traer y rematar ganado de sus haciendas.99

Durante tres meses la plaza del distrito de Támesis se convirtió en una feria permanente donde los soldados aprovechaban para vender el ganado que habían expropiado al matrimonio Orozco Gómez, acciones realizadas ante la mirada impávida de doña Rafaela, la cual, sola e inerme, no podía hacer otra cosa que resignarse ante el hecho de la dilapidación de la fortuna que había logrado consolidar desde hacía mucho tiempo antes. Acontecimiento un tanto más bochornoso porque los mismos vecinos que ellos habían alentado para que los acompañaran en la fundación inicial del poblado, aprovechaban aquella inusual oportunidad para comprar ganado y tierras a precios muy bajos, incluso enterados de la procedencia de aquellos bienes: “Más de dos mil reses expropiaron a Pedro Orozco, ochocientas a su hermano Sandalio y doscientas a Manuel Salvador”.100 Religiosamente Rafaela se había encomendado a la providencia divina, la misma que le ofrecía las bondades de la fe en los montes tamesinos, donde a escondidas recibía misa y confesión clandestinas, ya que los sacerdotes también eran perseguidos fuertemente por el radicalismo liberal. Una vez agotadas las fuerzas de Rafaela, ésta se decide a visitar a su esposo, también prófugo, que se encontraba refugiado en el caserío de Anserma. Pero la tenacidad y el afán de Pedro eran tales que, prontamente “emprendió la compra de pequeños derechos á los pobladores, y luego vendía extensiones de terrenos por linderos fijos y lotes más considerables”.101. Una vez estando Rafaela en el caserío de Anserma, para aumentar su infortunio, se había desatado una mortífera epidemia de viruela:

Rafaela triste al ver rematar su ganado por el enemigo

Carrera Bolivar 100 98 99 Ibíd.., p., segunda. Ibíd.., p., segunda. 101 Ibíd.., p., segunda., Agosto 25 de 1928., datos bibliográficos de Rafaela Gómez. Op., Cit., OROZCO, Víctor, Manuel, Apuntes a la vida de Pedro Orozco., p. 14.

Cátedra Municipal

49

Era tan la actividad y horribles sufrimientos de la persona atacada por la epidemia, que estas no podían sentarse por sí mismas en el lecho del dolor, y si persona extraña trataba de levantarlas en brazos, se despellejaban debido a la intensa fiebre y a las pústulas, en medio crudelísimos dolores y si el individuo se veía atacado por la clase de viruela la alfombrilla o confluente su muerte era segura.102 Empero, un poco de suerte tuvo que existir como para que Rafaela no se hubiera contagiado. Por el contrario, adquirió valor de donde no lo había e inmediatamente se puso a desempeñar el papel de velar por la salud de los enfermos de viruela, acción que llevó a cabo con Manuel Salvador Orozco. Así, habían logrado aislar a los enfermos en un campo destinado para tal fin, así como habían realizado las acciones que sus capacidades les permitían. Cerca de diez meses fue el tiempo que Rafaela y Manuel estuvieron atendiendo a los enfermos de Anserma. Habiendo dejado Támesis, el prosperar de los hermanos Orozco se había hecho notar ostensiblemente en el insipiente caserío de Anserma, donde se dieron a la tarea de construir algunas casas de tapia y teja, incrementando así el progreso e iniciando actividades comerciales en el lugar. Es más, a los fundadores de Támesis se les reconoce el hecho de haber llevado a cabo la construcción del camino de Belalcázar que conducía a la ciudad de Cartago, iniciado en el año de 1880: “asociado con los Sres. Rodolfo González, caucano, domiciliado en Palmira, y D. Bartolomé Chaves, de Supía. […] los dueños del privilegio del camino nombraron para Director de la empresa al Sr. Manuel Salvador Orozco, cuyos conocimientos, honradez y larga práctica daban mejores probabilidades de buen éxito”.103

Dicho camino se había realizado con dos partidas de peones, casi todos antioqueños, dirigidos por Manuel Salvador y Mariano su hermano, terminado al cabo de dos años y puesto al servicio del público.104 Éste había producido un gran beneficio: un recorrido que antes se demoraba de 8 a 10 días, aproximadamente, con la inauguración del camino de Belalcázar se podía realizar en 3 o 4 días, a lo sumo. Además, no poseía peligro alguno: “no existen peligros en el nuevo camino que puede ser recorrido aun por niños, pues no tiene terrenos mal sanos, ríos ni torrentes y menos fieras, las cuales han sido ahuyentadas por la presencia del hombre; por bonitas labranzas, y más que esto, por un lindo pueblito que en la mitad de la vía fundaron”.105 Este pueblo había sido llamado Belalcázar, fundado por Pedro Felipe Orozco y Jesús Molina.

Rafaela y Pedro de visita por la vereda el Rayo

102 103

Op., Cit., Prensa local., diario Sangre Joven., p segunda., agosto 25 de 1928. Op., Cit., OROZCO, Víctor, Manuel, Apuntes a la vida de Pedro Orozco., p. 15.

104 105

Ibíd.., p., 15. Ibíd.., p., 15.

50

Cátedra Municipal

Otro poco de suerte aún los esperaba. Poco antes de estar concluido el camino de Belalcázar, y aún vigente la epidemia de viruela en Anserma, los Orozco reciben una noticia: el gobierno nacional había decidido hacer entrega de todas las propiedades expropiadas durante el radicalismo liberal: “la gobernación de Antioquia prometió entregar a los conservadores las fincas embargadas por el gobierno y apresuradamente regresaron de Anserma Pedro y Rafaela a Támesis con el fin de salvar sus haciendas”,106 las cuales encontraron llenas de maleza, solamente apropiadas para el pastoreo de ganado: “ terrenos llenos de maleza, erízales cubiertos de grama […] plagados por malezas exóticas traídas sin duda semillas, por los animales que tanto tiempo allí estuvieron”.107 La tristeza que había sentido el matrimonio Orozco Gómez cuando vieron las precarias condiciones en que se encontraban sus propiedades recuperadas en Támesis los hizo valorar todavía más el caserío que habían encontrado en Anserma, dado que allí también tenían negocios importantes, además de que habían iniciado la construcción del camino de Belalcázar, y, claro está, en dicho caserío se encontraban varias propiedades que Pedro Orozco había adquirido durante el periodo transcurrido entre 1876 y 1882. Así, pues, al parecer, los hermanos Orozco, comandados por Pedro y Manuel Salvador, lograron permanecer refugiándose de las alteraciones políticas que se desarrollaban en el país gracias a que, con facilidad, transitaban de un sitio para otro, cuando la situación lo ameritaba, logrando establecerse en todos ellos como comerciantes progresistas.

Bien interesante resulta entender por qué los afectos de la población tamesina hacia el fundador Pedro no fueron tan bien recibidos en los habitantes: “las calumnias clavaron en él su emponzoñado diente, por medio de individuos que naturalmente debían serle más fieles.”108 Por el contrario, la señora Gómez era bien recibida. Innumerables voces de aprecio y admiración proliferaban en la población. No obstante, los malos comentarios proferidos hacia el esposo de doña Rafaela no afectaban para nada a la familia Orozco. Sin embargo, la pérdida de uno de sus más amados miembros los llevó hasta la desesperación. El 25 de enero de 1885 había caído en combate Manuel Salvador Orozco:

Rafaela orando por las situaciones políticas de Támesis

106 107

Op., Cit., Prensa local., diario Sangre Joven., p segunda., agosto 25 de 1928. Ibíd.., p., segunda.

108

Op., Cit., OROZCO, Víctor, Manuel, Apuntes a la vida de Pedro Orozco., p. 15.

Cátedra Municipal

51

El General Benigno Gutiérrez, quien lo comisionó para que a un aviso dado levantara fuerzas conservadoras en Anserma y pueblos cercanos[…] apresuradamente Orozco armó 20 hombres para ir a detener las fuerzas enemigas comandadas por el General Hernández en el paso de Arauca en el río Cauca […] Hernández con sus fuerzas y convoy de armas, en el paraje de Partidas, donde acampó, y al amanecer siguiente llegó a reforzar a Orozco el General Gutiérrez con fuerzas de Ríosucio y Supía […] se resolvió atacar al enemigo al amanecer siguiente y quitarle el armamento, y así se hizo, pero con tan mala suerte que allí murió, en medio de los suyos, el coronel Manuel S. Orozco.109 Así, sin saber de dónde había provenido la bala que lo mataría, los abandonó Salvador Orozco, el mismo que delineó la traza de Támesis, fiel escudero de doña Rafaela, el más ilustrado de los hermanos Orozco. Por lo menos, una cosa sí es segura: a partir de este hecho se le continuó guardando “honores cada año, destinando para ello una partida presupuestal.” 110

Peñasco Tosco
Una vez instalado de nuevo en el poder el gobierno conservador, aquellos poblados que habían sido fieles a las políticas religiosas y proteccionistas volvieron a respirar un aire de rosario, así como fueron nuevamente bañados con agua bendita.

Sacerdotes e iglesia felices por recuperar el poder conservador

Muerte en combate de Salvador Orozco

A partir de 1886 se erigió en el país otra constitución que daría inicio a un proceso de Regeneración a partir del cual el partido conservador había logrado recuperar el poder, acaso porque el partido liberal no había logrado mantenerse cohesionado, viéndose así divido en dos fracciones: los radicales, que estaban contra Rafael Núñez (también liberal) y los independientes, que estaban a favor de los conservadores. Esta división había originado una guerra, en 1885, que llevó, finalmente, a que los liberales radicales perdieran hegemonía del poder. De este modo, la división política de los liberales había propiciado enormemente el inicio del control político por parte de los godos. La constitución de 1886, que abolió la de Ríonegro (1863), acabó con el Estado Soberano de Antioquia, dando paso, así, al Departamento de Antioquia, además de la proclamación del nuevo nombre para el país:

109 Ibíd., p., 10. 110 Acuerdo Municipal., numeral 1 de 22 de agosto de 1887., sobre honores a la memoria de Manuel Salvador Orozco., Concejo Municipal, Támesis. 1887.

52

Cátedra Municipal

Estados Unidos de Colombia, por República de Colombia; también, con la inauguración de aquellas nuevas disposiciones, Támesis ya no era dependiente de los distritos de Jericó, Fredonia, Nuevacaramanta o Medellín, sino que, a partir de ese momento, se constituía como municipio autónomo administrativa y políticamente. Ganada su independencia, la nueva tranquilidad local permitió que la población tamesina comenzara a vivir su vida de manera más sosegada, puesto que se habían acabado las persecuciones por parte del gobierno, ya conservador, que encaminaba sus objetivos hacia la búsqueda de mejores oportunidades económicas: el matrimonio Orozco Gómez, desde su casa, “[…] que estaba situada en la parte más pintoresca de Támesis, rodeada de un hermoso jardín lleno de variedad de flores, de un huerto y prado; y desde allí Pedro y Rafaela, yá ancianos se extasiaban mirando la población con la misma ternura y satisfacción con que los padres ven crecer á sus amados hijos.”111 No obstante, hubo un hecho que puso punto final a la historia de los fundadores de Támesis; si bien nunca pudieron tener hijos, permaneciendo la mayor parte del tiempo separados y perseguidos largo tiempo por el gobierno liberal (de la mano de los hermanos Ossa), aún así Pedro había estado la mayor parte de su vida dedicado al trabajo, al crecimiento de su pueblo y a Rafaela, mujer fiel que representaba para el pueblo la figura materna; así, pareciera que el hado de Pedro, en una especie de retaliación con su pasado, hubiera querido, finalmente, ver reposar por siempre el cuerpo del hombre que había ayudado a la fundación del municipio justamente en el mismo lugar que antaño lo había albergado. Por tanto, en el sitio donde había logrado salvar su vida (junto a la de sus hermanos), allí mismo encontraría el sino trágico de su desenlace. Don Pedro Orozco tenía la costumbre de pararse en lo alto del peñasco La Cueva, justamente desde donde se ofrecía una perspectiva adecuada de las tierras bajas donde se encontraban algunos trabajadores de sus tierras.

A un kilómetro, al norte de esta población, se encuentra pavoroso un enorme peñón que se levanta sobre hermoso prado regado por cristalino manantial. Esta gran mole que es de piedra vulgarmente llamada maní, tiene despeñaderos que miden diez, doce y más metros y una concavidad que en otro tiempo fue aprovechada para habitación, por lo cual es llamada La Cueva. […] la misma piedra que cuarenta y cinco años antes sirvió de albergue á Pedro y á sus hermanos, cuando errando en las selvas tamesinas fueron sorprendidos por la noche; sí, las generaciones venideras recordarán, al ver la piedra de la cueva que allí se despeño y quedo mortalmente herido el fundador […] el día tres de Diciembre de 1896.112 En un extraño juego del destino “[…] cae Pedro de una altura de diez metros ó más y que pesa [Pedro] ocho arrobas y dos libras”.113 Una vez trasladado a su casa en el pueblo, la población entera se había reunido a montones para acompañar a su fundador. Sin embargo, la valentía, o acaso la terquedad, de Pedro le había otorgado unos días más de vida, en los cuales, con plena conciencia de lo acontecido, decía a sus vecinos, obviamente expresando su carácter conservador: “Vean por dónde rodé y comprenderán que sólo por milagro de la Santa Virgen, á quien me invoqué al caer, pude quedar vivo”.114 Al parecer, su Santa Virgen lo necesitaba en el cielo y no en la tierra al lado de sus seres queridos, dado que apenas logró durar cuatro días más con vida: “El día 7 del mes de diciembre de 1896 […] la Virgen se llevó á sí á las 11 a.m., después de 80 años de peregrinación por la tierra”115 la vida de don Pedro Felipe Orozco, quien había nacido en Ezpeleta Sonsón, el 18 de enero de 1817.

111 Op., Cit., OROZCO, Víctor, Manuel, Apuntes a la vida de Pedro Orozco., p. 18., “Se integró en esta cita a Rafaela, por tratarse de un matrimonio que vivió en un mismo hogar.”

112 113 114 115

Ibíd.., p., 19. Ibíd.., p., 19. Ibíd.., p., 19. Ibíd.., p., 19.

Cátedra Municipal

53

Luego de esta tragedia, por mucho tiempo pudo quedar la placa que circunscribía esta roca como parte de la memoria colectiva de los Támesinos: ¡En este peñasco tosco se mató don Pedro Orozco de Támesis fundador!. Aunque hoy en día ha desaparecido aquella placa, todavía permanece intacto el recuerdo de aquellos hombres y mujeres que se sacrificaron para lograr hacer de Támesis un pueblo más ameno para vivir. Personas “[…] de mentes que transitan por senderos tan diversos a los de la mayoría […]”,116 y a las que aún condenamos sin escuchar el eco de sus razones… Por ello, sus vidas, posiblemente, pasarán inadvertidas para los actuales pobladores, acaso porque éstos ni siquiera tienen recuerdos y apenas se interesan por reconstruir las propias historias y memorias de un pueblo en bruma.

Támesis, un infierno celestial
Las caras del poder. Un imaginario político; una cultura popular
El nacimiento de Támesis se dio en sintonía con la dinámica política que se gestaba durante la segunda mitad del siglo XIX, en la cual una ola de colonizadores provenientes del occidente del país y el oriente antioqueño emprendieron la osada tarea de fundar nuevos caseríos, generalmente con el propósito de ocupar tierras baldías que en su mayoría pasaron a ser pueblos que decoraron el paisaje nacional, encontrando mejores oportunidades de instaurar su memoria como fundadores, tarea para la cual tuvieron que trazar caminos, tumbar montes, construir capillas y regar su prole a diestra y siniestra para postergar sus poblaciones. Como resultado del nacimiento de aquellos nuevos lugares surgió una actividad local comercial dando como resultado una inyección de progreso material en aquellos solitarios espacios empañados en sus inicios por una excesiva religiosidad a partir de la cual se tejía un imaginario de convivencia particular. Sin embargo, para la consolidación de aquellas poblaciones era necesario asociarse a referentes y modelos importados. Es decir, los nuevos pobladores traían en su memoria acciones de vida que aplicaban en esos nuevos espacios.
116 Epílogo: Carlos Eugenio Zuleta Velásquez., 29 septiembre de 2005.

Acción de singular encuentro entre diferentes culturas (que portaban individuos provenientes, en su mayoría, de las ciudades) que chocaban contra las ya establecidas en las neófita culturas pueblerinas. Imitando los comportamientos de familias foráneas, los de sus propios vecinos, o los de algunas personalidades sui generis que visitaban los poblados, se lograba generar cierto estereotipo de comportamiento y convivencia en las poblaciones nacientes, observando y emulando hasta lograr construir una sincrética identidad; en efecto, la imitación se constituyó en el principal paradigma de las nuevas poblaciones montañeras. Con el acelerado poblamiento a causa de la desbordada natalidad y la inmigración de familiares, amigos y paisanos de los nuevos colonos, surgió la inmediata necesidad de ampliar los espacios geográficos para beneficio de todos, dando como resultado la parcelación y asignación de frescas tierras que, si bien en el principio pertenecieron a unos pocos colonos, posteriormente era imperioso adjudicar a los nuevos pobladores para que los poblados fueran creciendo conforme a las normas exigidas por el estado. Obviamente Pedro Orozco y Rafaela Gómez fundadores de Támesis no habían hecho caso omiso de tales indicaciones, por lo que habían realizado un lanzamiento público para la construcción de casas en el marco de la plaza, conforme un acuerdo local, número 1 de 5 de septiembre de 1865, y reformado en 1868:

Pedro en el peñasco tosco

54

Cátedra Municipal

1º A cualquiera individuo que pida un solar en el marco de la plaza se le entregará obligado a construirse casa en él que sea de tejas sobre tapias i que tenga por lo menos diez varas de frente seis de ancho, i altura i techos comunes. 2º El individuo que reciba solar en la plaza además de las condiciones anteriores dará principio antes de dos meses a la construcción de la casa, contados desde el día que se hizo la entrega del solar i la construirá antes de un año contado desde el mismo día de la entrega. 3º Los individuos que anteriormente recibieron solares en la plaza i tienen construidos en ellos casas pajizas no tienen obligación de edificar de teja i tapias; pero si dichas casas de paja se destruyen no podrían reedificar sino de teja i tapias con las condiciones anteriores. 4º A cualquier individuo que pida uno o más solares en las calles de este poblado, sele entregarán para que les construya casa de teja o de paja, la cual será por lo menos de seis varas de frente ancho i altura comunes la cual o cuales debe comenzar a edificar de dos meses contados desde el mismo día de la entrega, si es de paja; y dentro de un año si es de teja sobre tapia.117 Empero, esta dinámica poblacional era a la vez una hábil estrategia de los principales colonizadores que, vislumbrando la activación de una posible actividad comercial (la mejor de las inversiones), se instauraban en los poblados a través de la monopolización de las propiedades, originándose al tiempo una situación ineludible: detrás de aquel monopolio venían otras familias cercanas que la población debía aceptar. Por tanto, gran parte de las tierras ocupadas en la periferia pertenecían al mismo comerciante urbano, que haciendo usufructo de sus tierras y aprovechando la necesidad de los pobladores para el abastecimiento de víveres, se llevaba para sí las ganancias de un negocio redondo puesto que él mismo era quien vendía los víveres que se requerían en las cabeceras municipales.

En este sentido, la dependencia que se ejercía entre ellos era esencial, una ligadura que traspasaba las intenciones personales y que agredía notablemente a una recién ganada individualidad decimonónica.

Casas tamesinas de teja y paja

Además, las formas de aprehensión de aquellas nuevas sociedades también eran subsidiarias de las políticas estatales que, provenientes de la capital o de los distritos más cercanos, indicaban la manera en que se debían manejar los poblados; no obstante, aquellas localidades eran muy autónomas en el momento en que debían tomar decisiones locales político-administrativas, estando éstas ampliamente permeadas por intereses particulares que, si bien beneficiaron a los primeros pobladores, sirvieron de bitácora para la población posterior que deseaba constituirse en una pequeña élite montañera. Seguidamente, la intención por hacerse notar como sociedades más singulares llevó a muchos pobladores iniciales a desarrollar inversiones personales para que las aldeas pudieran alcanzar la categoría de pueblos. Por ejemplo, para el caso tamesino, Pedro Orozco, Rudecindo López y otros, continuamente prestaban dinero a las arcas de la administración pública, con el fin de que el poblado no decayera:

117 Acuerdo municipal nro. 1, reformado el de 5 de noviembre de 1864., Concejo Municipal Támesis., Alcaldía Támesis.

Cátedra Municipal

55

1º Que según el documento firmado por el señor Procurador Principal de este distrito el 25 de septiembre de 1866, el distrito debe al señor Pedro Orozco la suma de treinta y nueve pesos diez centavos, más los intereses vencidos, cuya suma es neta de mayor cantidad que el señor Pedro Orozco había prestado al tesorero del distrito para la construcción de la casa consistorial. 2º Que el señor Orozco exige que se le pague dicha suma para lo cual no hai modo de presupuesto.118 Curiosamente, esa necesidad de acondicionamiento a las normas y órdenes dictadas por las leyes llevaba a las diferentes poblaciones a adaptarse más fácilmente. Es más, cuando surgían problemas en las localidades, eran sus propios funcionarios públicos los que hacían la lectura de las dinámicas sociales, develando a través de los acuerdos y actas del Concejo, así como por medio de los informes de rentas, el estilo de vida y su accionar inmediato. Así, los diferentes presupuestos realizados en el distrito de Támesis en la segunda mitad del siglo XIX dejan ver cómo se proyectaba en la mayoría de sus pobladores el sueño por pasar a ser pueblo. Aunque muchos de los ítem son referencia de presupuestos foráneos, algunos están hechos de acuerdo a las necesidades locales. Dicho presupuesto es aprobado según el acuerdo 6 del 2 de diciembre de 1875, en su numeral 15, para recaudación de impuestos:

40 centavos que se pagarán por cada bestia que se introduzca al distrito para su venta en el o para el uso del introductor […] Cuarenta centavos que se pagarán por cada bestia o res mayor que se introduzcan a la cárcel o casco del distrito por ser hallado causando daño en propiedad ajena siempre que el perjudicado o otro cualquiera compruebe la permanencia de tales animales en la propiedad y siempre que éste se encuentre bien cercada. […] Diez centavos que se pagarán mensualmente los que quieran tener dentro de la población del distrito perros sueltos, siempre que el jefe de policía lo permita y tales animales no sean perjudiciales o dañinos […] Veinte centavos que se pagarán por cada quema de material que se haga en cada tejar. Para el cobro de este derecho, se presume que cada mes se hace una quema en cada tejar quedando a los interesados su derecho a salvo para probar lo contrario. […] Cinco centavos que se pagarán por cada día que se ponga en la plaza mesas o toldos para vender efectos preparados para comer o beber […] Veinte centavos que se pagarán por cada derecho de pesas y medidas […] veinte pesos que se pagarán por cada fiesta o espectáculo en que haya juego de toros, carreras, danzas, disfraces con licencia de la autoridad respectiva, exceptuando el 20 de julio de cada año […] Dos pesos que se pagarán por cada función de títeres, cubitetes, maroma, comedia que se den al público con licencia de la autoridad […] Diez pesos que se pagarán por cada baile que se efectúe con licencia de la autoridad respectiva. […] se hace la advertencia, todo individuo que cause a deber un derecho y que demore su pago por más de 8 días, pagará el 2% mensual del interés por la demora.119

118 Acuerdo municipal nro. 6, Destinado a algunas sumas de la deuda que el distrito debe al señor Pedro Orozco., solicitud de 25 de julio de 1870., Concejo Municipal Támesis., Alcaldía Támesis.

119 Acuerdo municipal nro. 6, Sobre presupuesto y recaudación de impuestos municipales ., de 2 de diciembre de 1875., Concejo Municipal Támesis., Alcaldía Támesis.

56

Cátedra Municipal

Billares tamesinos

Aunque en un primer momento las municipalidades no siempre habían accedido, siendo así que en Támesis no se habían podido realizar bailes durante el periodo que va de 1880 a 1887, justamente porque el impuesto a éstos era muy costoso para entonces: “Que el ramo de bailes está grabado con un impuesto de 10 pesos, el cual por ser excesivo no dan ningún producido a las rentas del distrito”.122 Por tanto, según las conveniencias se lograban rebajar algunos impuestos en principio desfavorables para las localidades. Así, como resultado de ello se había logrado disminuir a 6 pesos ley el impuesto sobre los bailes en Támesis, no quedando satisfecha la población que, finalmente, había logrado reducir aún más dicho impuesto, quedando tan sólo en 2 pesos ley. Situación que produjo como consecuencia que la población tamesina se mantuviera constantemente en un solo carnaval llevado a cabo de manera picaresca, puesto que para aquella época lo aceptable era que se bailara hombre con hombre o mujer con mujer, acompañados con música de cuerda que los mismos invitados al fandango patrocinaban. En efecto, todo ésto obedece a un fenómeno de adaptación que se desarrolló en cada poblado; el cambio de estilo a vida urbana se llevaba a cabo a partir de un juego en el cual la vereda recurría al pueblo y éste a la cuidad y ella a su vez, imitaba las formas provenientes del extranjero, en este caso las de Europa o Norteamérica, principalmente.

No obstante, muchos presupuestos de este tipo eran flexibles a las disposiciones populares, y en muchas ocasiones la población exigía una rebaja de ellos: “Los Señores Lazaro Robledo i Barbaro González han hecho una solicitud pidiendo se les rebaje a los billares el impuesto mensual establecido por la municipalidad en el acuerdo que se reforma […] que es justa i equitativa la solicitud que se hace porque, debido a la situación tan angustiada que atraviesan los billares permanecen la mayor parte del tiempo cerrados i se ve claramente que tales establecimientos no producen los gastos i […] que los señores Robledo i González han manifestado que de no conceder la rebaja cerrarán sus establecimientos”120 en tales casos críticos, los entes municipales terminaban accediendo a las rogativas de los interesados tal como sucedió con la corporación municipal tamesina que, de acuerdo a aquella petición, había decidido rebajar dichos impuesto a un pago mensual de ochenta centavos, refrescando así el clamor popular. De la misma manera se había accedido a rebajar el monto de otro impuesto, de acuerdo a una solicitud que habían hecho los tamesinos: “Articulo 1º rebájese a ocho pesos el impuesto anual que debe pagarse por gallera que se establezca en el distrito con permiso del jefe municipal, i á cincuenta centavos los derechos mensuales de las mismas.”121

120 Acuerdo municipal nro. 2, Solicitud de rebaja de impuesto sobre billares., de 26 de abril de 1880., Concejo Municipal Támesis., Alcaldía Támesis. 121 Acuerdo municipal nro. 6, Solicitud de rebaja de impuesto sobre galleras., de 8 de abril de 1881., Concejo Municipal Támesis., Alcaldía Támesis.

122 Acuerdo municipal nro. 1, Solicitud de rebaja de impuesto sobre bailes., de 22 de mayo de 1877., Concejo Municipal Támesis., Alcaldía Támesis.

Cátedra Municipal

57

Los habitantes de la montaña, montañeros o ‘campeches’ como se dice popularmente hoy en día, se desplazaban a las zonas urbanas con el propósito de abastecer sus hogares con los víveres necesarios, tanto como para satisfacer sus espíritus en la Misa dominical. Todo para retornar después a sus veredas, ebrios con sirope, chicha de piña y tapetuza, pero con el alma llena de júbilo, tanto como sus costales lo estaban de comida. En aquellos mercados locales los campesinos se surtían de la comida necesaria y vendían los productos que traían desde las veredas: flores, quesos, chócolos, arepas, panderos, jabón de tierra, frijoles, café, frutas, cargas de leña y una que otra artesanía hecha de guadua o arcilla. Aquellos lugares también eran los adecuados para enterarse de los principales acontecimientos locales y regionales. Para fortalecer la idea de pueblo no sólo bastaba tener un mercado bien formado. Además, era necesaria la consecución de ciertos elementos materiales que ayudaban a la consolidación de su identidad. Objetos que en su mayoría eran de carácter religioso de alta carga cultural y social. Quizá los primeros elementos de la cultura material que identificaron los pobladores tamesinos, y que de alguna manera representó para aquéllos un verdadero orgullo por vivir en esta región, fueron las primeras campanas compradas para el templo del pueblo: “[…] en enero de 1874 se engalanó de dos campanas traídas desde Londres. De tan aguda vibración y sonoridad que alcanzaban a oírse desde apartados rincones del Municipio […] transportadas desde Remolino Atlántico y donadas por Pedro Orozco y Rafaela Gómez.”123

Objetos que, sin lugar a dudas, unieron a la población en una misma sintonía musical; es más, cuando llegaron a la población, había estado expectante tanto de su arribo, como de un moribundo que se había negado a morir puesto que los oídos de los tamesinos habían deseado a toda costa escuchar el primer doble real de aquellas campanas.124 Otro elemento de orden religioso fue una imagen del Señor Caído que había sido comprada en pleno proceso fundacional de Támesis. Objeto que aún en nuestros días representa una identidad religiosa importante, y que marcó notablemente la población de aquel sitio: Se hallaban los fundadores Pedro y Mariano, ayudado de algunos vecinos, poniendo techo pajiso a la capilla que serviría para el culto religioso, en la tarde de 3 de diciembre de 1859, cuando aparecieron en el caserío dos indios, cargando sobre sus hombros dos fardos […] Cuál no sería la admiración cuando contemplaron entusiastas y reverentes una hermosa imagen de Jesús Caído, tallada en madera, de reciente acabado, y cuyo rostro, surcado de sangre, el cuerpo amoratado y lleno de heridas, inspiraban profunda y sincera compasión y movía el alma con tiernos sentimientos de veneración y amor. Su mirar todo mansedumbre, la boca amoratada imanado sangre, las innumerables heridas en sus miembros relevaron los más intensos padecimientos. 125

Mercado en Támesis 123 Historia de la parroquia de San Antonio de Támesis., en su Centenario., 1871, octubre 16 de 1971., Apuntes teológicos – Pastorales., Jorge Alvarez Arango., Párroco de Támesis. P., 19.

124 Tristemente hay que decir que las campanas le fueron expropiadas al municipio de Támesis por decisión de un impertinente sacerdote que desconocía el significado histórico que tenían. Hoy en día ondulan y tocan la música del pasado en el vecino municipio de Jericó. Esperamos que en un futuro se puedan recuperar, para perpetuar la memoria y un poco la identidad que se está perdiendo en Támesis. 125 Ibíd., p., 33.

58

Cátedra Municipal

Interrogados los indios por los motivos de su inesperada presencia en esta selva, cuyos senderos apenas difícilmente eran transitables, entregaron a los vecinos de la incipiente población el mensaje siguiente -dicen los indios- Cuando terminábamos esta imagen en el taller de Quito Ecuador, llegó un caballero desconocido que nos ordenó enviarla a un pueblecito que estaban fundando al sur de Antioquia, departamento de la vecina república de Colombia […] Cuando pasábamos por los pueblos que hallábamos en su recorrido nos sugerían que vendiéramos la imagen en Medellín donde se podía hacer un mejor negocio, que así lo determinaron, pero al verse perdidos en la montaña optaron por una senda abierta que los condujo al caserío.126 Historia que, al parecer, no creyeron en su totalidad los fundadores, puesto que la distancia de Támesis a Quito pasaba de 550 leguas. Sin embargo, éstos decidieron comprar la imagen, cosa que no lograron porque los indios exigían una cantidad de capital muy grande, privando así el templo de aquella bella imagen. No obstante, los indios se hallaron en la necesidad de regresar al poblado argumentando que: “[…] al llegar al río Cartama, lo encontraron tan desbordado y crecido que no lo pudieron atravesar […] circunstancia inexplicable porque allí había un enorme árbol que servia de puente, además por aquella época la comarca tenía un muy buen verano”.127 Mientras tanto la población explotó en asombro: “[…] lo de la santa imagen era providencial y misterioso […] es que la imagen no quiere abandonar el pueblo”.128

Todo lo cual favoreció a Pedro Orozco y Rafaela Gómez, los cuales, para tranquilizar al pueblo, y llevados por el supuesto milagro, decidieron donar once monedas de oro a la cantidad que ya habían recolectado los colonos, lográndose así completar la totalidad del monto requerido por los indios para la adquisición de la imagen. Después de entregado el botín a los indios, “[…] dejando el fardo en poder de los fundadores, se ausentaron en la penumbra; y la realidad de su mensaje y la autenticidad de los misteriosos personajes que enviaron y envolvieron a la amada ciudad en hálito perenne de religiosidad.”129 A partir de aquel momento se inició la construcción de un imaginario colectivo asociado a un mágico mito de identidad local. Tanto que, en Semana Santa esta imagen es transportada solamente por las asociaciones religiosas: los caballeros del Santo Sepulcro, los caballeros de Cristo Rey, las hijas de María y las adoratrices del Santísimo, es decir, sólo los elegidos prestaban sus hombros para sostener el liviano peso de Dios, dejando las imágenes más pesadas para que las cargaran los montañeros, negros, campesinos pobres y todo aquel desprevenido ‘campeche’ al que se le asignaba, casi obligatoriamente, la pesada carga del traidor Judas Iscariote del soldado romano que había torturado a Jesucristo. Así pues, la creencia popular odiaba ver estas imágenes, las cuales dejaba a los individuos menos beneméritos de la comunidad, para que las cargaran, situación que, de inmediato, propiciaba que aquellos pobres hombreros fueran vistos con cierta arrogancia por sus vecinos y amigos.

126 127 128

Ibíd., p., 34. Ibíd., p., 34 Ibíd., p., 34

129

Ibíd., p., 34

Cátedra Municipal

59

Procesión del Señor Caído

¡Oh! Política. Te odio, porque eres grosera, injusta, escandalosa y charlatana; porque eres enemiga del arte y del trabajo; porque sirves de pasaporte a todas las nulidades, a todas las ambiciones a todas las perezas; ciega y apasionada, separas corazones honrados, hechos para vivir unidos; ligas al contrario, seres enteramente distintos entre sí. Eres el gran disolvente de las conciencias; has adquirido el hábito de la mentira del subterfugio, y debido a ti se ve a hombres probos convertirse en amigos de los bellacos, con tal de que ellos sean del mismo partido. Te odio sobre todo, oh política, porque has conseguido matar en nuestro corazón el sentimiento del arte y la noble idea de la patria.130
Alfonso Daudet

Contra el enemigo
Un paraíso en el infierno
Una vez llegaban las noticias de otros distritos, bien fuera desde Caramanta, Jericó, Fredonia o Medellín, generalmente, la población las escuchaba de boca de las personalidades más relevantes del lugar: fundadores, Alcaldes, algunos empleados o miembros de los partidos liberal o conservador y arrieros que trasegaban carga, correo y noticias por toda la provincia. Las noticias actualizaban a la población en temas políticos, sociales, económicos y religiosos, claro está, sesgando la información bajo intereses particulares, arma que utilizaban para propósitos de obtener más poderío y estabilidad política y económica. No obstante, en algunos escritos de la época se presumía de imparcialidad en torno a la política:

No resulta extraño señalar que aquellos individuos que manipulaban la información a su favor, lo hacían conjuntamente con el sacerdote. Así, entonces, no se puede definir un verdadero criterio de opinión con respecto a las gentes de las zonas urbana y rural; en general, los voceros leían en alto timbre, pregonando en el atrio de la iglesia las noticias llegadas desde otros lugares. Estas intervenciones se hacían merced a la condición analfabeta de la población, ausente en su gran mayoría de las letras y los conflictos políticos; es más, muchos de los artículos de prensa publicados eran avisos que ampliaban la frontera entre los mismos vecinos: “Ningún católico puede llamarse liberal, sin que en el momento se le pueda llamar también monstruo peor que los de la comune [en Paris] y aliado de Satanás”.131 Paradójicamente, este mismo periódico titulaba que: “[…] no acepta ni provoca discusiones de carácter religioso”. Resulta claro que la iglesia incentivaba al pueblo a una estructuración de la opinión política montañera, con una evidente postura ambigua. En otro tanto, como marionetas, los campesinos vendían su opinión a los gamonales, sobre todo por la necesidad de conservar su estabilidad económica, que dependía de los acaudalados personajes urbanos.
130 Sangre Joven., periódico local., Organo centro “Epi fanio Mejía”., serie 1., nro., 3 Támesis marzo 2 de 1925 131 EL conservador., serie 1 nro. 4., Támesis Julio 23 de 1932., p., 2.

60

Cátedra Municipal

Era una situación en cadena: si un campesino era de un bando diferente al de su patrón, aquél no podía ser miembro de la administración de sus propiedades, convirtiéndose al tiempo en su enemigo potencial, no siendo tenido en cuenta jamás para integrar las huestes partidistas. Así, la manipulación de la conciencia se develaba abiertamente en anuncios publicados en la prensa local, redactados en su mayoría por los mismos jefes políticos o gamonales: Yo, Jesús María Varelas, mayor de edad y de este vecindario, hago pública la siguiente protesta: desde niño he militado en las filas del liberalismo porque anteriormente estaba conducido por verdaderos patriotas, que si respetaban la religión y la opinión del partido contrario. Pero llegó el año de 1930 y asumieron la dirección del liberalismo hombres sin ningún poder moral para ellos, ya que muchos son anticatólicos, masones o comunistas, miscelánea que llega a la disolución definitiva de la patria. Observando el poco respeto que se tiene por la religión y sus ministros; los ultrajes a las imágenes sagradas y el deseo del liberalismo de implantar la educación laica y el divorcio vincular y siendo yo primero católico que liberal, me veo obligado, porque así me lo dicta la conciencia de hombre creyente a separarme para siempre de las filas liberales, pidiendo asilo en las filas del conservatismo, partido formado por hombres honrados y sanos que verdaderamente respetan y hacen respetar las creencias religiosas. Al conservatismo prestaré de hoy en adelante mis servicios desinteresados y en la medida de mis fuerzas. Para constancia firma por mí la presente protesta el señor. Dn. Víctor Orozco, a quien autorizo para ello, ante testigos, en Támesis a 30 de mayo de 1937... a ruego, Víctor Orozco G. Testigo Rafael Hernández – Joaquín Zapata– Ramón Giraldo N.” 132

El afán de los nacientes pueblos de Antioquia, y más particularmente Támesis, por estar en sintonía con la ciudad, generaba un estilo de vida en donde se establecían, de alguna manera, la diferenciación típica entre las clases sociales, algunos grupos cerrados de conversación, clubes de amigos y asociaciones religiosas, todas ellas preocupadas por el desarrollo de la localidad o el beneficio particular de algunos cuantos. En Támesis, la junta directiva del Centro Epifanio Mejía estaba integrada por una red hermética de gamonales que integraban el directorio conservador y las innumerables asociaciones religiosas del municipio. Hacían parte de unos segmentos que representaban la diferenciación estamental. Por ejemplo: los que integraban la Junta directiva y el cuadro de honor del Centro Epifanio Mejía en el año de 1931 fueron estos personajes: -El presidente del centro______Rafael J. Mejía C. -El vicepresidente del centro_________________Joaquín Vélez Toro -El bocal de la J.D.___________Manuel Correa R. -El bocal de la J.D__________Roberto Obando C. -El bocal de la J.D_________Pedro Nel Correa C. -El secretario del centro_________Juan B Ossa P. -La presidenta del cuadro de honor____________Teresa Obando C. -La viseprisidenta del cuadro de honor_____________María Correa H. -La bocal_________________Matilde Alvarez M. -La bocal___________________Raquel Correa V. -La bocal______________Magdalena restrepo E. -La secretaria del cuadro de honor______Elisa Talero V. de Vélez133 Así, esta población presumía de cierto grado de abolengo, nobleza y, sobre todo, reclamaban pertenecer a buenas familias. Por tanto, siguiendo esta tónica, lo que revela la tradición es cómo la bitácora del municipio fue llevada a cabo por familias que detentaron el poder a través de varias generaciones. Una prueba de ello la constituye una publicación que hizo el periódico La Palabra el 30 de septiembre de 1922 en el artículo llamado Una Familia Privilegiada:

Presión política. “Vota sí o sí” 132 Ibíd., serie 15., nro., 75., Támesis junio 5 de 1937., p., 2.

133 Ecos de Támesis., periódico del Organo del Centro “Epifanio Mejía”., serie segunda., nro., 14., p., 2. Támesis septiembre 5 de 1931.

Cátedra Municipal

61

No podemos resistir al deseo de llevar a conocimiento de nuestros lectores la especialísima cualidad que adorna y realza el Concejo en cuyas manos está hoy la dirección de los destinos de esta amadísima tierra (...) estos los miembros del honorable Concejo municipal de Támesis ligados por vínculos de familia lo que no deja de ser muy bonito, aunque por lo demás quien sabe...

Principales

Adolfo A Naranjo, Santiago Hincapié, Rosendo Naranjo, Manuel Hincapié R, Joaquín Gómez L., Abraham Serna G.

Suplentes

Marco A Patiño, Jesús López R, Prospero Restrepo, Adolfo A Naranjo G, Ernesto Aristizabal, Salvador Hincapié. Adolfo Naranjo O, padre de Adolfo Naranjo G y padre político de Ernesto Aristizabal. Santiago Hincapié, cuñado de Jesús López R, tío político de Joaquín Gómez L, y pariente de Manuel y Salvador Hincapié.

Antes no nos explicamos como no es que no ha aprendido más. Tenemos ganando sueldo, tres hijos de concejales y un hermano. ¿Y como me preguntan ustedes? Sencillamente, porque para algo ha de servir la larga práctica de Don Adolfo. […] considero que algunos honorables HH, tal vez no tiene el talento suficiente para desempeñar tan delicado cargo, pero se me olvidaba que aquí en Támesis, para ser miembro del Concejo lo que menos se necesita es talento, pues basta que el cliente sea de las simpatías de dos o tres mandones y el asunto queda arreglado […] ¿Creerán que para ser miembro del Concejo basta ser buena persona? No señores, no y no !.134 Aquellos grupos que detentaban el poder, por lo general, estaban adheridos a un mismo partido político, lo cual les otorgaba ciertas ventajas, así como fortaleza contra sus enemigos, aprovechadas mucho más en los momentos de efervescencia política; por tanto, existían lugares privados donde era restringido el acceso para la gente del común: si por algún motivo un extraño entraba desapercibido al club Antioquia, era tildado de imprudente, descortés, zambo insolente, negro inculto o caranga resucitada, justamente porque debía tener un reconocimiento económico y social importante para estar al unísono de la élite montañera. Por citar un ejemplo, a un desconocido lo observaban de arriba a abajo para calificar su atuendo coloquial, puesto que aquel que hacía parte de la élite municipal debía usar las mejores perchas al igual que debía ser ilustrado y gran conocedor de los hechos, la historia, temas pertinentes a la cultura, la literatura y la política; también, había sedes políticas, cualquier casa de bahareque, donde se reunía la población partidista. En aquellas casas se generaba un ambiente aún más enfermizo, propio de un grupo cerrado en torno a la opinión y vehementemente en pie de lucha contra sus enemigos, ya fueran sus propios vecinos o amigos cercanos. Bajo esta misma tónica, el llamado para estar alerta contra los adversarios se dejaba revelar claramente a partir de algunos escritos:
134 La Palabra., año 1., serie primera., nro., 3., p., 5., septiembre 30 de 1922.

Rosendo Naranjo

Manuel Hincapié R, sobrino de Don. Prospero Restrepo, pariente de Santiago y Salvado Hincapié. Joaquín Gómez L, sobrino de Jesús López, sobrino político de Santiago Hincapié, primo de Abraham Serna G, y emparentado con Ernesto Aristizabal. Abraham Serna G, primo de Joaquín Gómez y cuñado de Jesús López. Prospero Restrepo tío de Manuel Hincapié, hermano político de Marco A Patiño, y primo segundo de Jesús López R. Salvador Hincapié, Marco A Patiño y Prospero Restrepo, hermanos políticos. Como soy tan malo y juzgo tanto, me pongo a meditar en las cosas de este pueblo y no llego a conclusión alguna. Dice don Adolfo el Mayor, que hace 35 años maneja los asuntos públicos; que opinan lectores míos, que simpleza de rutina la de Don Adolfo.

62

Cátedra Municipal

Alerta Liberales
Hasta nosotros ha llegado el rumor de que el conservatismo de Támesis debidamente aleccionado por sus jefes, se prepara a llevar a la práctica en las próximas jornadas comiciales la política de la acción intrépida preconizada por los altos comandos nacionales de esa colectividad […] se nos dice que tratan los señores conservadores de formar bloques adhoc alrededor de las urnas para impedir el acceso a ellas del liberalismo […] eso es muy natural en un partido político que sólo respira odio para el liberalismo, contagiado de la locura, científicamente diagnosticada, del Laureano (Gómez) fugitivo[…]nunca hemos creído en las manifestaciones pacificas del conservatismo montañés […] pedimos al liberalismo ante los hechos que denunciamos, mucha cordura, mucha serenidad, pero también le pedimos mucha energía para hacer valer sus derechos, sin dejarse intimidar por nada ni por nadie.135

Situación ambivalente en la cual la mayoría de las veces se presentaban agresiones verbales que generaban toda clase de sentimientos, casi siempre de animadversión entre los propios vecinos, amigos y hermanos, creándose así, antes que la fraternidad de la comunidad, un aire de enemistad entre sus propios pobladores. Era tanto el fanatismo partidista en los momentos de crisis política que una determinada población lograba reunir a la mayoría de sus habitantes para luchar contra el poblado enemigo:

Los patriotas
Se reconoce a todos los reservistas y voluntarios de Támesis que en estos días de emergencia y peligro para la patria acudieron a ofrecer sus servicios al gobierno en un acto de patriotismo que los honra y pone muy en alto el nombre de nuestra ciudad. Varios contingentes salieron hacia Medellín a reclamar su puesto de peligro en defensa del gobierno legitimo, que afortunadamente no necesitó los servicios de los doscientos voluntarios […] los demás regresaron a casa a defender nuestra heredad amenazada por los bárbaros […] vigilando de cerca a ciertos sujetos que no tuvieron empacho en demostrar la satisfacción por el golpe comunista frustrado, sujetos entre los cuales hay algunos refugiados de otras poblaciones y, lo que es más lamentable, hijos de esta ciudad, todos los cuales colocaremos en la lista negra como apátridas. Que sepan los refugiados que estaremos alerta vigilando sus pasos.136

Éste, inevitablemente, era un llamado a defender a toda costa las ideas del partido. La política era, sin duda alguna, el principal asunto de discusión de las comunidades. Por tanto, los miembros de los partidos influenciaban a la gente de formas muy directas, exigiendo, bajo amenaza de agravio, la fidelidad y lealtad a sus partidos. Esos precisos momentos de mayor efervescencia política en que la comunidad vivía tensos ambientes, y, además, en los cuales no era extraña la proliferación de serias disputas entre vecinos, también se revelaban como momentos propicios para toda serie de uniones, coaliciones y cofradías de opinión.
135 La Voz Liberal., periódico de combate ., Organo del directorio liberal municipal., año 3., nro., 5 serie 1., p., primera ED.

Sumisión campesina al político urbano

136

Op., Cit., serie 103., nro., 511., abril 24 de 1948., p., tercera.

Cátedra Municipal

63

Como la cuestión de fidelidad al partido era también un asunto de Fe, en muchas ocasiones la sociedad se enfrentaba a una especie de dicotomía espiritual: ¿cuál opción, liberal o conservadora, era mejor para el gobierno? Problemática en la que llevaba la delantera el partido conservador ya que, para ese entonces, traicionar sus consignas significaba a la vez traicionar a Dios, ir en contra de los preceptos familiares propios de una tradición consuetudinaria, tanto como marchar en contravía de los legados dejados por los primeros hombres que sacrificaron su vidas en las cruentas guerras de independencia y las múltiples civiles del siglo XIX. De esta manera hay que registrar lo que argumenta el historiador William Ospina: Las guerras civiles del siglo XIX derrotaron el pensamiento liberal, el radicalismo y la tradición ilustrada de los sectores democráticos, e impusieron finalmente un régimen aristocrático clerical, centralizado cuya constitución promulgada en 1886, gobernó al país durante más de cien años. Este régimen convirtió a Colombia en uno de los países más conservadores del continente. A pesar de los esfuerzos liberales de Manuel Murillo Toro, Tomás Cipriano de Mosquera, de José Hilario López, quién había decretado la libertad de los esclavos en 1854, antes que los Estados Unidos, a pesar de grandes luchas democráticas, la sociedad Colombiana se cerró bajo el poder de los terratenientes y el clero; la iglesia y el Estado, se confundieron en una amalgama indiferenciada y nefasta, el índice católico prohibió la lectura libre durante buena parte del siglo, la educación estuvo manejada por la iglesia…[…]137

Támesis no fue la excepción a esta nefasta dictadura, es más hoy en día lo sigue siendo. El caso de la fidelidad espiritual se puede explicar a través de las secuelas heredadas del legado monárquico, en las cuales se otorgaba el poder de Dios al rey, representación suya en la tierra. Poder gubernamental que años después pasaría a detentar, alternadamente según la situación, cada uno de los partidos que se disputarían la hegemonía del poder, que en el caso de Támesis lograría perpetuar el partido conservador, continuando así con la tradición heredada de la colonia; es obvio, entonces, que, bajo aquella óptica, la fidelidad también podía llegar de manera fácil a sus limites, básicamente por los abusos y la traición de algunos políticos que no cumplían con las mismas promesas que hacían a los pobladores. Circunstancia que los reflejaba como mentirosos, leguleyos, burócratas, tinterillos de peso u hombres falsamente apasionados que en momentos de debilidad se adherían fácilmente al partido del cual podían sacar mayor provecho.

Peleas por opinión política

137

OSPINA, William, Colombia: El Proyecto Nacional y La Franja Amarilla…

Dentro de esta caracterización, los que mayormente se ubicaban en la punta del filo eran los Concejales municipales. Reiteradamente, la población se quejaba del abandono del territorio, en el cual día a día sentían más la desidia del Gobierno y la indiferencia de aquellos políticos:

64

Cátedra Municipal

En ningún momento se puede dejar de luchar por corregir tanto desmán, tanta falacia y tanto arribismo brutal que ha dominado a los que, en maldita ocasión y desde la obscenidad; manejan la soberana dirección de esta farándula que ante los ciudadanos se quiere representar con el nombre de organización Municipal.” - otra denuncia - “Ha tenido tal vez un poco de miedo o quizá un mucho de asco, para la comparsa ovejera que sin detenerse a pensar en la personalidad que hoy en día representa. El Municipio, pierde que cerebros encallecidos y ávidos de maldad dirigirán su mano para abusar […] del puesto a que han sido llevados por el sufragio inconsciente y acomodaticio.138 En efecto, los pueblos eran, de alguna manera, esos pequeños mundos donde la intimidad no operaba, puesto que la gente no podía manifestar tranquilamente sus sentimientos individuales, acaso debido a las restricciones que imponía la cultura tradicionalista. Lugares extraños en los que, sólo bajo las sábanas, se murmuraban las perversiones más profanas, precisamente por esa doble moral que operaba dentro de la sociedad. Un revestimiento pérfido donde las familias podían conocer los más execrables y pecaminosos secretos, pero donde la conveniencia originada por el miedo o el lucro personal obligaba a guardar silencio al respecto; un fenómeno particularmente semejante a la hipocresía. Poblados donde la memoria no existía sino en el momento en que era necesario tomar partido. Territorios amnésicos por necesidad, por miedo a la exclusión, al hambre, al abandono; y sobre todo, sin una educación humana. Es decir, un paraíso en el infierno, un infierno celestial, sarcófago abierto a todos los soles, aéreo subterráneo.139

Prostitutas en el mercado dominical

De pasquín a periódico
A pesar de la indiferencia colectiva acaso debida a los temores infundados en la población tamesina, lentamente se iba vislumbrando un avance en la sociedad. Las reclamaciones y protestas, fruto de resentimientos escondidos, pasaban a ser originadas de acuerdo a situaciones más diversas, plasmadas en manuscritos locales y hojas de papel que circulaban con el fin de dar a conocer los hechos más notables de la vida cotidiana, todo ello realizándose de manera más discreta pero conservando un poco de ese carácter beligerante propio de antaño. De tal modo, la infinidad de pasquines que proliferaron en Támesis, que de alguna manera minaron las decisiones de los funcionarios de aquella sociedad ilustrada preocupada por detener las conspiraciones clandestinas y anónimas en su contra, efectivamente, desestabilizaron la hegemonía y el poder gubernamental, sobre todo porque aquellos hombres clandestinos y conspiradores pasaron prontamente a ser los nuevos protagonistas de los periódicos locales, obviamente, a partir de entonces de manera legal y evidente ante la sociedad.

138 139

El Conservador, Támesis Antioquia., Enero 30 de 1943, p., 1. Sala de prensa: Sala Patrimonio Universidad de Antioquia, Medellín. Metáforas extraídas de Umberto Eco, La isla del día de antes, Barcelona, Editorial Lumen.

Cátedra Municipal

65

Con el paso del tiempo, el posicionamiento de esta manera de comunicación dio vía libre a los primeros periódicos locales que fueron el principal elemento informativo, y que además ayudaron a estructurar nueva formas de opinión entre la sociedad; escritos que publicaban, para bien o mal, todos los sucesos de una forma más ordenada pero igualmente incendiaria. Situación que a su vez generó la creación y fundación de publicaciones pertenecientes a perfiles políticos diferentes, estrategia contestataria ante la ofensiva que un polo hacía en contra de otro.

Semanario que publicaba la mayoría de sus artículos con seudónimos, acaso porque así se podían mofar del resto de la población esos primeros periodistas montañeros; a pesar de que, en ocasiones, todo el mundo sabía quién había escrito la mofa, el estilo seudónimo evitaba reclamaciones directas por parte de los afectados. Por ejemplo, algunos de los seudónimos eran: Clenón, Aníbal o Ernesto, todos avalados por la valentía de la señorita Teresa Obando C; mujer representativa en la cultura de tamesina, la cual recordaba que, acerca de la realización del manuscrito, se... [...] ocupaban algunas horas de la noche en elaborarlo y luego nos divertíamos oyendo los comentarios, en veces favorables, en veces desfavorables, pero siempre de grata impresión para los asociados, pues, buenos relatos de solaz se pasaban saboreando con un mismo paladar, las diversas producciones de los unos y de los otros; de igual recuerdo para todos; eran harto cordiales y llenas todas ellas de común alegría.141 Al parecer, en los ciernes del siglo XX un florecimiento de prensa local se comenzó a gestar con más fuerza en el municipio de Támesis. Unos meses después de que hubiera aparecido El pito, el dos de junio de 1903, nació un semanario manuscrito con el nombre de El Fenómeno, también bajo la dirección de la señorita Teresa Obando C., el cual alcanzó a publicar 25 ejemplares. Aunque sus noticias eran de orden social, la mayoría de publicaciones de éste se hicieron siguiendo el modelo de periódicos foráneos. Un año después, el 14 de abril de 1904, con sólo una publicación, aparece El Único, órgano agudo y critico que generó cierta inestabilidad popular:

Anunciando la aparición del primer periódico en Támesis

En Támesis el desarrollo de la prensa tuvo sus inicios en el año de 1884, con la circulación de una primera hoja manuscrita intitulada El Estudio, el cual tenía la idea de dar a conocer las principales noticias del pueblo: “[…] órgano de un Liceo que dirigía aquí el señor Secundino Giraldo, pero el director de éste primer manuscrito fue el señor Serapio Palacios.”140 Dicho manuscrito tuvo poca circulación entre la población, constituyendo más un ejercicio académico dirigido hacia la reducida población ilustrada de Támesis. Tiempo después, hacia el año 1903 apareció El Pito, igualmente manuscrito, de carácter humorístico y dirigido por una junta administrativa local.
140 MONOGRAFÍA DE ANTIOQUIA Y CALDAS, Historia de Támesis, Director: José Ariztizabal, 1926, Medellín, tipografía San Antonio p., 36.

Casa Consistorial 141 Ibíd., p., 36.

66

Cátedra Municipal

Grandes comentarios merece esta obra magna, no por su cometido sino por las graves consecuencias, que de toda índole tuvo: pues como se creyeran agredidas algunas de las damas y aun matronas de ésta, hubo de desencadenarse una serie de vociferaciones y agresividades contra él, o los autores de la mencionada hoja. Entre tanto, los hombres querían batirse en duelo con quien dijera “pago”. La Alcaldía tuvo sus audiencias; algunas amistades, sus rompimientos; los anónimos salieron a volar y los dicterios contra almas inocentes llovieron.142 Particularmente, las más crudas diatribas en este periódico se cometieron en contra del señor Eduardo Espinosa J., personaje que se jactaba constantemente de poseer demasiado abolengo. La ofensa tenía comentarios como: Color de cobre y farolón: Rostro a medias, aire vulgar; intruso, idiota y balandrón, dicen es de Abejorral.143 Ofensa a la que, sin miramientos, bien había sabido responder Espinosa: Salud al único¡ ! papel diabólico, que hiede a vómito como su autor; en sucia túnica te envuelves Arabe, porque eres fétido como un zurrón. Si soy un déspota, idiota mísero. De color químico y aire vulgar, no soy hipócrita, ni como incógnita, me envuelvo en sabanas para insultar.144

Este es sólo uno de los ejemplos que llevaron al Único a desatar la polémica en torno a su publicación. Para el año de 1907, en manuscritos publicados quincenalmente, otro periódico había surgido, de orden literario, llamado El Retoño. En éste escribían los mejores calígrafos y las más autorizadas plumas que para entonces habitaban en Támesis: “solo salieron cinco números; pues a pesar de la pulcritud, de la decencia y si se quiere de lo bien condimentado de aquel, no faltaron las diatribas y los contratiempos”.145 Esta publicación estaba integrada por una junta redactora, así: Jesús María Velásquez, Paul Valencia y los otros de apellidos D. Cuartas, F. Giraldo y otros. Poco tiempo después esta junta se había desintegrado, dando así fin al Retoño.

Imprenta tamesina

Casa cural 142 143 144 Ibíd., p., 37. Ibíd., p., 37. Ibíd., p., 37.

Para 1914, ya no como manuscrito sino editado en la imprenta La Merced ubicada en el vecino municipio de Jericó, superando los inconvenientes fruto de aquella distancia, se publicó La Aguja, elaborada “[…] con tan buenos auspicios, la recomendaba la intelectualidad de los dirigentes, el buen gusto, el derroche de lujo […]”.146 La junta de redacción y corrección de este periódico estaba integrada por: Jesús María Velásquez, Luis Duque, Teresa Obando y Roberto Hincapié, individuos que, con el fin de llevar a cabalidad el buen desarrollo de esta publicación, arrendaron una pieza pagada con capitales provenientes de sus propios bolsillos: “[…] lugar que les servia de oficina de redacción, en donde se reunían a deliberar seriamente sobre los asuntos del periódico.”147 Estos personajes se convirtieron, sin género de duda, para la historia, en precursores del periodismo local.
145 146 147 Ibíd., p., 37. Ibíd., p., 38. Ibíd., p., 38.

Cátedra Municipal

67

No obstante las buenas intenciones de sus iniciadores, La Aguja sólo alcanzó a publicarse en tres veces. Debido, sobre todo, a las duras críticas y lo mordaz de sus artículos, los cuales la mayoría de las veces pasaban la frontera de lo impersonal. Prueba de ello fueron las serias disputas que La Aguja tuvo con otro periódico que se fundó ese mismo año, su antagónico, llamado particularmente El Dedal. Duro contrincante contra el que había chocado La Aguja. Acaso propiciando el cansancio de la abuela, que no había querido volver a coser: los dos, así como habían aparecido al mismo tiempo, así mismo se habían marchado dejando el espacio periodístico abierto para nuevos periódicos. Años más tarde, el maestro Eusebio Córdoba fundaba Lampos, periódico de orden literario. En éste se consignaban temas atinentes a la literatura, la poesía y algunas noticias de la primera guerra mundial, dado que su circulación se había iniciado en 1916, terminando en 1919; también, servía de ayuda para los estudiantes que carecían de textos literarios para complementar su proceso educativo. Así, a medida que se iban publicando más periódicos, la estructuración de la opinión pública de la población se hacía más crítica, dejando de lado la dependencia impuesta por el yugo de la religión católica. Por lo cual, con la aparición de la prensa local fue posible en mayor grado la existencia de grupos de personas con ideas diferentes a las de los tamesinos.

No obstante, la pelea contra la iglesia no iba a ser tan fácil. Ante esta situación, el clero tamesino, prendiendo de nuevo su lámpara milagrosa, había decidido fundar un periódico con toda la técnica y apoyo económico necesarios: “[…] el 13 de junio de 1921 apareció Labor y Fe, editado en la imprenta que había adquirido el Sr. Pbro. Manuel. S. Gómez y el director de dicho periódico lo fue el señor Víctor Manuel Orozco, que lo orientó durante 46 meses”.148 La temática de Labor y Fe correspondía a la defensa a ultranza de la religión católica y sobre el compromiso de fidelidad al santo partido conservador. La preocupación del clero obedecía a las publicaciones que por esa misma época realizaba otro periódico crítico con temáticas ‘imparciales sobre la idea del progreso y el liberalismo democrático, de nombre La Palabra. Esta publicación salía cada quince días, y su fundador y director era el señor Antonio Hincapié Arango. Éste periódico fue el que más marcó a la población tamesina; en él, sus protagonistas usaban seudónimos, dado que los temas eran de orden político: “[…] este periódico tuvo que sostener una lucha tenaz y desagradable en el campo de la política, lucha que generó no pocas diatribas, de las cuales hay resquemores y aun venganzas en ebullición”.149 Es decir, La Palabra logró suscitar todo tipo de impresiones, siendo así que muchos contaban que había despertado los más extraños sentimientos de odio, miedo, repugnancia, así como de admiración y hasta nostalgia, “[…] pues en los vecinos hay todavía quienes preguntan si ha vuelto a salir La Palabra”.150 Tal vez debida aquella nostalgia a lo efímero de la duración del periódico: la primera publicación fue sacada a la luz el 2 de septiembre de 1922, realizándose las otras sin inconveniente hasta su transitoria muerte, el 23 septiembre de 1923.

Colegio de la Presentación Sacerdote entrando en orden a una mujer liberal 148 149 150 Ibíd., p., 38. Ibíd., p., 39. Ibíd., p., 39.

68

Cátedra Municipal

Resulta interesante revisar la gran cantidad de prensa local que tuvo el municipio de Támesis. La difusión de una zona que apenas estaba dándose a conocer en el paisaje Nacional, a pasos agigantados, revela la aparición de un grupo importante de ilustrados montañeros que, a través de la rigurosidad, contundencia y una alta calidad de sus escritos, contribuyeron a la construcción de la opinión pública. Estos ilustrados montañeros habían asumido la tarea de ampliar las publicaciones fuera de su municipio. Muchos de los jóvenes que tenían la oportunidad de emigrar del campo a la ciudad con el propósito de adelantar los estudios, seguían aferrados al pueblo, con asiduo compromiso a sus paisanos. Así pues, había logrado surgir otro periódico, Sangre Joven, publicado precisamente por un grupo de Jóvenes que desde Medellín, conjuntamente con algunos támesinos, y bajo el patrocinio del Centro Epifanio Mejía (que después seria la Sociedad de Mejoras Públicas, encargada del civismo, ornato y belleza del municipio), había hecho de esta publicación la más bella creación de prensa que para ese entonces hubo en la región.

Sangre Joven vio la luz pública el 24 de enero de 1925, con 12 números en formato elegante. Allí se ilustraron las mejores vistas del pueblo, las señoritas más bellas, los principales eventos, fiestas y sucesos particulares. En este periódico colaboraron fotógrafos de la calidad de Jorge Obando y Rafael Agudelo,151 de alto renombre en la fotografía antioqueña. Además, colaboraron plumas importantes como la de Rafael J. Mejía y Luis Restrepo Patiño, que tanto asombraron a la población. Pero todo ello fue posible gracias a la disposición que desde Medellín ejercieron algunos estudiantes: “[…] los estudiante fueron los iniciadores de este nuevo cometido periodístico; ellos se hicieron cargo de mandar tirar el periódico en la imprenta de La Verdad y de contratar avisos y demás trabajos que les implicaba hasta distracción en sus estudios, pues algunos se dieron a la tarea de colaborar con sus escritos de una y otra índole.”152 De este modo, lo nuevo que se desarrollaba en Támesis era atacado por la enajenación fruto de la tradición católica: “[…] por vía de moralización hubo de cambiar de rumbo el periódico y como los anteriores, encontró ceños adustos, semblantes contrariados, atmósferas saturadas de disgustos y prevenciones, pues todavía se adolece de achaques de susceptibilidad”.153 Era visto que el aura de la iglesia no toleraba las opiniones que estuvieran en desacuerdo con su política coactiva. Si por alguna circunstancia se desarrollaba un escrito con cierto tinte libertino, era de esperarse, al domingo siguiente, durante la celebración de la misa más concurrida, una ofensiva por parte del clero que en adelante condenaba a esos repudiados ‘masones’ que se habían atrevido a levantarse contra Dios.
151 El archivo fotográfico de Jorge Obando tiene el gravamen de que la familia no permite desarrollar investigación; ni lo dona o vende para recuperar la memoria de la historia fotográfica de Támesis. Tanto así que la última información que se sabe del material era que estaba guardado en una pieza en estado de pérdida... El caso con el material de Rafael Agudelo, es lamentable, fue quemado en la década de los años 70, pues la familia no comprendió que la memoria de registro que hizo éste legendario fotógrafo, serviría para ilustrar ese intangible pasado.... Pérdida que da una inmensa tristeza para la historia de Támesis. Al igual que gran parte del archivo de la alcaldía y fotografías de la primera mitad del siglo XX, todo se depositó en los años 80 en una volqueta del municipio y fue lanzado al Río Claro y lo restante se quemó. Sólo queda una pequeña parte de las fuentes históricas. Afortunadamente la precaución del señor Jaime Vásquez Restrepo, que conservó una colección de prensa que se restauró en esta investigación, deja información desde 1922 a 1953. 152 Op., Cit., p., 40. 153 Ibíd., p., 40.

Jorge Obando y Rafael Agudelo

Cátedra Municipal

69

El Conservador, que venía publicándose desde 1922, había resuelto hacer una defensa ultranza de su política, iniciando así un nuevo proceso de defensa más recio durante el año de 1930, época en que el bando contrario (liberal) había de asumir las riendas del poder, lo que los convertía de inmediato en enemigos abiertos para la iglesia y sus seguidores. En contraposición al Conservador había nacido La Voz Liberal, en noviembre de 1936, enfrentándose a su adversario con el mismo lenguaje agresivo y virulento que éste poseía. Sin embargo, aquel periódico liberal poseía un formato establecido para toda la región del Suroeste, ventaja favorable puesto que tan sólo era necesario adaptar ciertos artículos locales al molde foráneo. Empero, el poder del Conservador había sido más contundente, siendo así que la Voz Liberal había fenecido al poco tiempo, tomando un nuevo aliento, sin embargo, en febrero de 1939, con renovados tintes agresivos:

Su pobreza llegaba a tal punto que difundían humildemente, en una voz de ayuda casi clamorosa: “en sus testamentos y donaciones acuérdese del Garrafón que se encuentra mal de fondos”. Claro está, su publicidad daba legitima tristeza, pues debía recurrir al patrocinio de la necesidad misma: “el Café Benur avisa a su numerosa clientela que ha abierto un salón de mesas de juego prohibido: trique, pisingaña, los pares y nones y la escondelarama. Visítelo […] También se avisa que la señorita Libia Hincapié da clases a domicilio de ortografía, “ocúpela”.155 No obstante, al parecer esa voz de auxilio fue escuchada por la imprenta municipal, pues su tercer número, ya no salía en las deleznables hojillas a máquina, sino con encabezado y columnas bien definidas, con fotografías y como todo un verdadero periódico que divulga contundentemente las mejores noticias municipales.

Segunda Etapa
Después de habernos visto obligados a guardar un prolongado silencio por múltiples circunstancias que no es del caso mencionar, volvemos nuevamente a la arena política con el mismo ardor de otros días, a luchar por nuestros caros ideales políticos; con verdadero cariño ocupamos el viejo puesto de combate; la batalla será dura y reñida y no podemos sustraernos a ella quienes tenemos en la más alta estima el amor a la Patria y al Partido liberal.154 Hubo también otros intentos por debilitar al Conservador, los cuales lanzaban, súbitamente, todo tipo de publicaciones. Uno de ellos fue El Garrafón, quien tuvo una corta vida: dos hojitas escritas con máquina de escribir. En su primer número publicó un mini editorial el famoso Roque Saca Muelas, su director. Sus mini artículos estaban encaminados para sacarle punta a las cosas romas; temas de individuos malas pagas, la sospecha de la virilidad de algún personaje, traiciones, enemistades y hasta los novios muy persistentes.
154 La Voz Liberal., serie primera., año III., nro., p., 1., Támesis febrero 16 de 1939.

Prensa del municipio de Támesis

No obstante las dinámicas políticas y las divisiones del partido conservador gestaron otras publicaciones. Por ejemplo, pasó con el “El Doctrinario”: “A ultima hora la dirección de este periódico ha querido cambiarle el nombre de” DOCTRINARIO” por el de “AZUR” que significa “MIRANDO AL PORVENIR”156 y continua explicando la razón de dicho cambio: Azur es el periódico que ha de restaurar el conservatismo en Támesis, no embargante la oposición que despierte en parte de aquellos que por ser conservadores de estómago hacen una campaña adversa a los verdaderos interese de la colectividad.

155 156

El Garrafón., nro., 1 y 2., octubre 31 y noviembre 9 de 1935. AZUR., serie 1., nro., 1., p., 4., Támesis septiembre 11 de 1937.

70

Cátedra Municipal

“Ecos de Támesis” era también del Centro Epifanio Mejía y contenía una temática social, artículos tan particulares como: “Cositas que Chocan: que las escobas se hallan encarecido, para el mejor aseo de las calles […] que a los señores se les esté olvidando la bonita costumbre de dar la acera a las señoras […] que sea todavía tan reducido el numero de caballeros que se descubren en el teatro y menos todavía los que no fuman.”157 Además la muestra de la vida social del pueblo : Los que llegan, los que salen, cunas, primera comunión, enfermos, agradecimientos, crónicas municipal, remates, publicidad y óbito; muestra fehaciente de una información personal que fluye a círculos cerrados; que si lo trasladamos a términos modernos serían publicaciones de la vida rosa en el verde montañero. No obstante, en un milagro divino, resucita “La Palabra”, desatándose así una lucha de opinión, tan pertinente para un pueblo que se encontraba concomitando con un pasado casi colonial y un presente con luces en el progreso. Pero la “Palabra” quedó en silencio, ante el clerical “Conservador”. Es claro entonces que Támesis tuvo un desarrollo de prensa local muy importante desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX, que posteriormente decayó por la migración de ese grupo de ilustrados montañeros a la capital del Departamento y otros lugares del país; además de la desidia generalizada de la población, pues justamente, hay que entender que la masificación de la prensa departamental y nacional, absorbieron de alguna manera el interés por las publicaciones locales. Pero por encima de todo ello los inicios de esos primeros intentos de hacer prensa se desarrollan por la necesidad de manifestar todo un sentir popular, en historias y memorias de un pueblo en bruma.

Un día de votación
Un hecho singular que se vivió y se vive aún hoy en día, era la manera como se manipulan las elecciones populares, bien fuera para elección de cámara, asamblea, senado, concejales o directivos de los partidos políticos tradicionales. El uso de inteligentes estrategias asociadas a la necesidad colectiva y al artístico ánimo efervescente del día de las elecciones, develan el truculento talento de algunos políticos montañeros que aprendieron por ese mismo ritual de imitación, el manejo social de una campaña política en el día de las votaciones. Esta situación que por necesidad debía ser digerida por las personas más humildes como una acción de rutina, se reflejó claramente en el siglo pasado durante los días de votación en el municipio de Támesis. Uno de los tantos protagonistas de dichos sucesos lo desarrolló el Gamonal José Serna Giraldo, hombre pudiente y dueño de las más importantes tierras del municipio. Este personaje tenía bajo su cargo un amplio número de trabajadores, cosecheros y aparceros. Así pues, en la década de los años 60, durante unas votaciones para corporaciones públicas y presidente, en el periodo del frente Nacional, Don José, (Q.E.P.D) durante la semana, en sus fincas, recogía las cédulas de “sus” trabajadores y amigos políticos y de partido; con el propósito coactivo de hacerlos votar por los candidatos de sus afectos. Era tanta la desconfianza que se vivía hacia el campesino, que en el momento de sufragar, en dos paquetes amarrados con cabuya, las decenas de cédulas eran entregadas con su respectiva papeleta; porque de no hacerlo, era también el despido de su trabajo. Es decir, no era una verdadera democracia, sino una dictadura mediada por los intereses partidistas. Posteriormente, para suavizar la conciencia de él y de los muchos trabajadores, un suculento almuerzo “agasajaba” la necesidad de tener que votar muchas veces contra su voluntad, contra sus propios principios. Directorios políticos locales, regionales y nacionales eran lo que manipulaban las conciencias sí o sí.158

157

Ecos de Támesis., serie 1., nro., 1., p., cuarta., Agosto 15 de 1929.

158

El Conservador, Támesis Antioquia., Enero 02 de 1934, p., 3. Sala de prensa: Patrimonio Universidad de Antioquia, Medellín.

Cátedra Municipal

71

Ese preciso día la gente, o mejor dicho la “plebe”, tenía el sartén por el mango, hacían un juego de máscaras donde podían vengarse, burlarse de sus enemigos con la sonrisa ancha, de descarga, de satisfacción, porque en aquel momento, ellos, los campesinos, la plebe, tenían el poder... Así fuera por unas horas... Por ello una traición o enemistad era difícilmente perdonada, pero se olvidaba por unos instantes, pues al fin de cuentas sumaba, nuevos compartidarios al partido. Justamente la situación era ganar a como diera lugar. Tanto era el llamado por parte de la prensa local a la población para que ejerciera del derecho a votar que proliferaron en el municipio de Támesis artículos que animaban a los godos contra los masones liberales. Por ejemplo, El Conservador del Municipio de Támesis publica el 2 de enero de 1934, uno de sus tantos artículos al respecto: La autoridad debe ejercerse en función de sus deberes y no de sus derechos. El poder público implica un servicio, no un privilegio, expresó alguna vez un gran pensador. El partido liberal ha implantado en Colombia el clan político, el gobierno exclusivista, de grupo y de partido; la República de Colombia, grande y para todos, ha sido suplantada por la República liberal, mezquina, para usufructo solamente de los detenedores del poder y sus aúlicos. Es preciso a toda costa, triunfar en las próximas elecciones en todo el país y más aún en Antioquia con asamblea de mayoría conservadora y con congreso numerariamente conservador, la República podrá enderezarse por los causes del orden, de la religión, de la organización física y de la moral administrativa.”159

Fiebre política en Támesis

Era necesario votar por el personaje de los afectos de su patrón, de su propio beneficio, porque de lo contrario significaba la perdida del empleo. Además para la dinámica popular era más importante el trabajo que el interés por una situación política; incluso, muchos campesinos eran y son analfabetas, torpes de letras y desconocedores de la importancia del sufragio; entonces, eran engañados en el momento de sufragar, cambiándoles muchas veces el voto en una acción donde la mano es más rápida que el ojo, de ilusionismo político, pues, se votaba por el contrario al del partido que por tradición debían hacerlo. Por ello, el día de las elecciones era una franja de tiempo de vital importancia; un momento de marrullas políticas, cofradías y tácticas de depredación, latrocinio, rapacería de las víctimas despistadas, que en este caso son los pobres de espíritu y de opinión. Sin embargo, no se puede generalizar tan abiertamente. Los campesinas también abusaban de ese día en particular; su ignorancia y ceguera era compensada por la habilidad de saber sacar ventaja de la situación; engañaban a los políticos recibiendo varios votos, que representaban varios almuerzos y mercados para su familia. Un campesino comía en un día lo que durante todo el año no lo hizo; sentado en los mejores restaurantes del pueblo, mostrando con su rostro la seriedad más vehemente de acompañamiento político, pero en el fondo, burlándose de la debilidad de ese adalid, que estaba con la soga en el cuello, suspirando y pidiendo humillado en ese preciso día, a los que durante todo el año pudo tener en opresión, el anhelado votico por el partido del cambio.

159

Op., Cit., La Voz Liberal., nro., 6., marzo 2 de 1939.

72

Cátedra Municipal

Interesante llamado a la población, pues es muy ofensiva y altamente agresiva. Sin embargo, la convocatoria a votar era una exigencia también de los liberales que preocupados por la indiferencia de la población cuando no inscribían las cédulas de ciudadanía : ADVERTENCIA IMPORTANTE Tenga Ud. presente, señor liberal, que la cédula de ciudadanía es ABSOLUTAMENTE necesaria para poder ejercer el derecho de sufragio. Por ningún motivo olvide, pues, su cédula [...] día de las elecciones para diputados a la asamblea y representantes a la cámara. El que no está con nosotros Está contra nosotros.160 No obstante, para comprender mejor el juego lingüístico, es preciso hacer el ejercicio de comparar algunos comunicados de prensa local liberal y conservadora de Támesis. Expresan situaciones que pueden ser anodinas, pero que salpican a la población con ira y resentimiento alrededor de su contrario, de su propio hermano y vecino. •

[…] En nuestro campo todo mundo goza de libertad e independencia. Se obra libre y activamente. Se procede con noción clara de la responsabilidad. En nuestro partido todos somos responsables, porque todos somos libres.

Conservador

El liberalismo, conviene recordarlo es un partido de rebelión; es el mismo renegado del siglo XVI que con nombre de protestantismo se reveló contra la autoridad espiritual del pontificado y contra la jerarquía de la iglesia.164 Somos conservadores en política y por convicciones, por temperamento y por estética.165 La República liberal, mezquina, para usufructo solamente de los detenedores del poder.166 Manzanillos, arredondistas, civilistas o antilopistas”. Liberales mezquinos.167

Liberal

...y hay días en que somos “tan fértiles”, “tan fértiles”.Que nos despachurramos sobre “ el conservador”.Bajo el temible pánico del peso de estos vándalos... que están casi estripándonos la ortóptera armazón.161 ...el gamonal pueblerino y trasnochado, de cerebro canijo y turbia inteligencia […] a este ropavejero, que llegó aquí huyéndole a su pasado y a quién atornilla el deseo de ser alguna cosa sin poder ser nada.162 […] La chusma doliente, servil e ignorante, marcha de tumbo en tumbo como un fantasmal borracho, como una cuadrilla inconsciente, a fuerza de latigazos y por virtud de la coacción y bajo la influencia de la amenaza y del temor reverencial […] reptil ponzoñoso y señores conservadores carroña.163
Op., Cit., La Voz Liberal., nro., 6., marzo 2 de 1939. Ibíd., La Voz Liberal., nro., 9., p., 4., octubre 28 de 1939. Ibíd., La Voz Liberal., p., 3., diciembre 2 de 1939. Op., Cit., La Voz Liberal., p., 3., diciembre 2 de 1939.

164 165 166 167

160 161 162 163

El Conservador, Támesis Antioquia., Enero 02 de 1943, p., 4. Sala de prensa : El Conservador, Támesis Antioquia., Enero 27 de 1943, p., 1. Sala de prensa : La Palabra, Támesis Antioquia, agosto 27 de 1927, p., 1 : Sala de prensa : El Conservador, Támesis Antioquia., Enero 30 de 1943, p., 1. Sala de prensa : Sala Patrimonio Universidad de Antioquia, Medellín

Cátedra Municipal

73

No era para nada fácil la vida en el municipio cuando se presentaban luchas de partido. Cuando la culpa recaía en algún personaje, si estaba respaldado por el gobierno de turno, la situación se podía remediar. Pero si el afectado desarrolló venganza por su propia cuenta y no era de los afectos de la dinámica popular, mas vale que se protegiera bien, porque de lo contrario era su muerte segura.

Un extraño en casa
Por lo general cuando algún gobierno recuperaba el poder, la cuadrilla de militantes pugnaban por los principales cargos que traía estar en el gobierno. Por ejemplo, después de 1930, cuando los liberales recuperaron el mandato, hasta el año de 1942, al municipio de Támesis llegaron funcionarios a dirigir las riendas del municipio, personas extrañas al ambiente social del lugar. Alcaldes y funcionarios de policía que ponían en vilo a la población cuando quería reclamar alguna injusticia. La población esperaba expectante la llegada de su primer mandatario, un extraño que se instalaba en la agreste montaña, donde era recibido, además, por la élite del pueblo en ceremonia popular, con misa por el cura párroco y serenata de la banda municipal Santa Cecilia o la Lira Polo, con agasajo incluido; comida, licor y séquito de lacayos a sus órdenes. Pues era fundamental para la imagen, y así, ese aturdido primer mandatario, se sintiera en casa y comprendiera la cordialidad del poblado, de su nuevo punto de trabajo. La gran mayoría de estos nuevos Alcaldes llegaban de otro Departamento muy distante, sin saber ni siquiera la dinámica de vida del lugar, ni mucho menos las necesidades locales. De ese modo abusaban del poder para saciar sus profundos bolsillos y su incesante lujuria con la señorita más bonita y respetuosa del pueblo. Y como si fuera poco, cuando partían dejaban el municipio en la quiebra, no sólo económica, sino un halo de tristeza en aquellas ilusionadas y deliciosas jovencitas tamesinas; partían satisfechos, con la sonrisa y la mirada perversa y célebre, de tener en su memoria los momentos de gloria como Alcalde y como seductor de las ilusas enamoradas montañeras. Dejando sólo el recuerdo de las deudas y las noches estrelladas de promesas incumplidas.

Escopeteros que abundaron en Támesis por contradicciones políticas

Una batalla verbal que pasaba al escenario de confrontaciones personales, venganzas, rabias y pasiones que dejaron mucho dolor en la sociedad tamesina. Es más, abundaron las cuadrillas de escopeteros en los caminos, perfilados en algún ramal, asegurando en una horqueta el cañón y aguantando la respiración ante el efectivo balazo en la cabeza de algún liberal en contra de Dios o de un Conservador de camándula; y después salir como si nada, preguntando quién había sido el muerto. Muertes que hacían emigrar a familias enteras; pues en esta guerra de opinión partidista, animada por la Iglesia, la población contraria debía partir rápidamente, muchas veces dejando todo, entregando el trabajo de largos años a precios ínfimos, porque de permanecer en el lugar, su familia, sin importar niños y mujeres, serían masacrados sin clemencia, por una bala perdida o la cruzada espada que en nuestra tierra es el contundente machete justiciador de la verdad divina.

74

Cátedra Municipal

Los Alcaldes en ese entonces eran seres intocables, celestiales, reyes de la montaña o divinidades de la política. Si un sujeto común y corriente era visto con el burgomaestre, adulaba de su amistad y relación con el primer mandatario, diciendo además, ¡yo soy amigo del Alcalde!. De ese modo una de las pocas maneras de reclamar de la población era desde las publicaciones, ya que hacerlo frente a frente, representaba correr el riesgo de ser condenado de agresión a una autoridad pública, y por ende 30 días de cárcel. La mayoría de las inconformidades fueron de tipo social: la falta de luz eléctrica, agua potable, baños públicos y otras necesidades básicas: No solo se despotricaba del alcalde, funcionarios o concejales, sino también la burla y la sátira eran herramientas de ofensiva social: Sangre Joven, periódico de tintes libertinos del Municipio de Támesis publicó en Junio 3 de 1928, un artículo de un diario francés acerca del matrimonio. Un diario francés abrió una encuesta sobre el matrimonio. He aquí algunas de las respuestas más interesantes. • Un medico : - Es una fiebre intermitente que se inicia con muy alta temperatura y termina con un “enfriamiento”. • Un escritor : - Es una novela que no admite segunda edición.... • Un filosofo: - Es una cadena tan pesada, que muchas veces requiere el concurso de tres para poderla soportar. • Un físico: - Dos gotas de aceite sobre el agua, que no logran juntarse jamás. • Un matemático: - Es una proporción de 3 términos conocidos: el marido, la mujer y la suegra. Y uno incógnito : la felicidad.168. Es pertinente decir que dicho artículo - gracioso - puede tener la intensión meramente de la comicidad, pero si lo vemos más allá del impacto de la burla inofensiva de una tradición como el matrimonio que es norma religiosa de solidez familiar y estatal, es indudablemente una directa ofensiva a la tradición.
168 Sangre Joven, Támesis Antioquia, Junio 03 de 1928, p., 3 : Sala de prensa : Sala Patrimonio Universidad de Antioquia, Medellín.

Acontecimientos que dejan ver que estas acometidas individuales se amparan en el papel para bien o para mal; muestra una libertad en la expresión reprimida por cierto, por la tradición del dominio conservador en Antioquia, empañado por imaginarios celestiales que pueden resolver los problemas terrenales, pero que se encuentran bajo el efecto de una sonrisa. Las ofensivas se publicaban en la prensa local de una manera tanto directa como sarcástica, mordaz, irascible y risible. Dicho de otro modo, se comienza un Renacimiento, una liberación de la sociedad, una nueva expresión más fluida, no tan castigadora. Ya la gente va perdiendo la capacidad de asombro, pues la política local, las burlas a los alcaldes, concejales y funcionarios cuando no aleccionan sus funciones, es mejor reír con ironía que ser particípes de su ineptitud.

El duro trabajo de los Alcaldes de Támesis

De otro lado lo que se puede apreciar en la prensa local es un sinnúmero de acontecimientos que ayudan a estructurar una verdadera opinión popular. La sociedad ya tenía una pequeña pero eficaz arma de combate en respuesta a los hechos que transcurrían en el Gobierno, además de la posibilidad de ir esculpiendo una opinión política propia, así fuera jugando con los intereses de los mandatarios, en un juego de eclécticos pero al fin de cuentas con una convicción de sí mismos. Proceso que no se hubiera dado sino es por las duras experiencias de los primeros años del dominio de opinión, y que ya con el transcurso del tiempo y el posicionamiento de la prensa local, explotaba la tensión en un desahogo de libertad y de derecho de protesta para con la política montañera. Sin embargo, no se puede decir tampoco que con el nacimiento exclusivo de la prensa, la población cambió radicalmente su opinión, sino que a través de este recurso, se contribuye un poco, al mecanismo de protesta.

Cátedra Municipal

75

Todo el anterior ejercicio demuestra que la opinión política de la población tamesina desde su fundación está trastocada por la actuación de los individuos en un evento y espacio que les favorezca; efectivamente donde la gente se acomoda de acuerdo a su interés, no importándoles ni siquiera la educación de sus hijos o el buen legado que ellos mismos podrían dejar a las generaciones venideras - si no es que se pierden - sólo ven como inmediatistas su viscerales deseos, de momento, de lugar, de rabia y venganza; de demostrar al otro que estar en el poder lo hace más singular, distinto a su propio hermano y amigo. En un mundo montañero donde vale más el maquillaje, el saludo, la actuación y el papel que se representa en el teatro que es en estos pueblos, la dramaturgia de la administración municipal y el Concejo hacen el papel protagónico, llevándose el botín y los cobardes aplausos de la temerosa población. En efecto, porque la amabilidad vale más que la misma función de un buen gobernante, eso sí, para la gente del común es más representante un insignificante saludo o una venia, que el más vil robo de uno de ellos. Desde mediados del siglo XIX los políticos de Támesis, para bien y para mal, abusan de la ignorancia de la gente y ella permite su abuso, como un juego de pelota; uno contra el otro; golpe tras golpe sin nuca acabar. Gente que además contempla plácidamente el acto masoquista de años de Gobierno demencial, corrupto, pútrido y deleznable, porque se permite ser tan culpable como los protagonistas de la ambigüedad política. Justamente, al permitir que se fragüe en el día de las votaciones la pesadilla del siguiente periodo, de largos años de bruma, sólo por un día, donde el pueblo tiene el poder por unas horas solamente, con satisfacción, sin memoria, sin recuerdo; alienados, en éxtasis de venganza, de ceguera mental. Evidentemente, porque los políticos tradicionalistas, los mismos, llevan la droga más somnífera para los que quizás tengan un poco de recuerdo y, sobre todo, para los que quieren vivir un paraíso en el infierno.

Un domingo que se estalla: brumas, cosas y risas...
¡Dios todo poderoso!, espíritus de mis antepasados, ¡favorézcanme! porque en estos momentos expongo mi vida. Óiganlo bien, señoras y señores, que una prueba como ésta no la vuelven a ver ustedes ni en los mas remotos confines del universo, porque yo, ¡óiganlo bien!, haré que este animal, el más peligroso de la tierra, que se arrastra por castigo del creador, inyecte su veneno, pongan pues cuidado, ¡ni más ni menos que en mi propia lengua!, sí señores, como lo oyen, arriesgo mi propia vida... Desiderio Murillo.169 A medida que Támesis crecía, también aumentaba el número de pesebreras, herrerías, galleras, tiendas, billares, cantinas, cafés y demás lugares de comercio y esparcimiento para la multitud que llegaba atraída por leyendas e historias de grandes riquezas y tierras fértiles donde, además, los oficios no tenían la competencia de las grandes urbes, que albergaban aquellos aventureros y viajeros de toda pelambre.170 A estos sitios eran llamados los colonos por amigos y parientes cercanos que establecían sus negocios en busca de fortuna. Allí, no podían faltar “[…] personajes típicos, curiosos vendedores de específicos, trovadores desafinados, bohemios, elocuentes cacharreros, trapecistas, declamadores, aprendices de toreros, dentistas, galleros, filósofos de pacotilla y mujeres de vientre fácil.”171 Además, ganaderos mentirosos, arrendadores de bestias, chalanes, jugadores de dado, culebreros e improvisados farmaceutas que vendían pomada otol para el carranchil, piorreol para los dientes, sulfatiazol para todo, contra de ajo para las serpientes, jabón de tierra para los piojos, polvo de corazón de gato negro y azulejo para el amor, babas de sapo para el desagravio y creosota, trementina, sebo humano y antimonio diabólico para “hacer plata” y amoníaco mezclado con anilina de todos los colores para sanar las innumerables enfermedades que el aislamiento y la soledad traían.
169 RUIZ Enrique Jorge. Me gusta el bosque. Testimonio de Desiderio Murillo, curandero de la zona del Chocó y Suroeste de Antioquia. 170 SANTA, EDUARDO, La Colonización Antioqueña, Una empresa de Caminos. T M editores, 1993 p., 257. 171 Ibíd., p., 258.

76

Cátedra Municipal

Es decir, aquellos lugares se convertían en un verdadero mosaico humano, hervidero de gentes pobres pero con el fuego de la ambición entre el pecho, llegados casi siempre con la esperanza de hacer dinero en poco tiempo.173

Culebrero en Támesis

Pelea de gallos pata pata

De esta manera, la soledad y monotonía del pueblo era animada por trashumantes gitanos expertos en leer la suerte, fundir el cobre, amansar los caballos y enamorar las pueblerinas con su hipnótica mirada. Seres que hablaban de aventuras imposibles logradas en lugares remotos, al tiempo que descargaban los bolsillos de los desprevenidos oyentes montañeros, aturdidos aún más por el arribo de miserables circos arrastrados por viejos caballos, mientras hacían su espectáculo los enanos, las mujeres trapecistas, los payasos y animales con malformaciones provocadas: pollos de tres patas, arañas con cara de niño, perros bailarines, hombres de fuerza sobrenaturales y lánguidos micos que pasaban por el escenario pidiendo la contribución del espectáculo; también llegaban peinilleros, asesinos, truhanes, borrachos, gotereros, serenateros, escopeteros, rastreros y obsesivos hombres de toda laya que decían a su amada: si no me querés me mato.172

Sin embargo, el sueño de aquellos pobladores era interrumpido de súbito por la bulla del legendario rastrero del pueblo que con su estridente carga concentraba el interés de los vecinos: sobre su cuerpo llevaba, amarradas con correas de cuero alrededor del cuello y la cintura, dos rastras de madera que traía arrebatíao, es decir, transportando una rastra tres cuadras hacia delante, y devolviéndose por la otra para realizar el mismo proceso, todo lo cual hacía más difícil el viaje. De ese modo, Don Ramón Franco, el rastrero, era el espectáculo más singular de los domingos en el pueblo de Támesis. Verdadero ejemplo para los niños querían ser fuertes como él, y fuente de inspiración para las mujeres que contemplaban con asombro la esbelta forma de sus músculos; era tanta la valentía del ‘acémila tamesino’ que una vez de regreso a su vereda La Betania cargaba el pesado mercado hasta de cien kilos con la misma facilidad con que enamoraba a las pueblerinas.174

172 En esta narración fue de vital importancia mí madre Ana María Ramírez Botero, mujer de 76 años.

173 Op., Cit., p., 258. 174 Esta historia la conocí de la memoria oral del señor Elkin Franco Velásquez, nieto del protagonista que concatenando con Ana Ramírez Botero y el Señor José Velásquez Cadavid develan esta historia.

Cátedra Municipal

77

Servicio de prostitutas en Támesis

Ramón Franco el rastrero

Después que el sacerdote daba el punto final de la misa dominical “[…] in nomine pater, et filis, et espiritus santi, amen […]”, y de que el pregonero del pueblo hiciera los anuncios públicos, una caravana de tamesinos salían a comprar las frutas, flores y dulces al mercado de la plaza, que albergaba esos primeros comerciantes que vendían alegremente sus productos. Al tiempo, las maliciosas miradas de los hombres se dirigían hacia las mangas cortas de los vestidos de flores de colores que llevaban puestos las putas de la zona, todo para ver las insinuaciones de sus voluptuosidades, que también se dejaban asomar levemente a partir de la transparencia de aquellos vestidos. Así, durante los domingos desfilaban muy alegres tongoniando, sólo unas pocas horas, sus amplias caderas, rechazadas por la sociedad tamesina, que no toleraba por nada la existencia de meretrices que hacían surgir un verdadero amor de parte de los prófugos maridos. No obstante, después de pasearse por los mercados, en el aire quedaba un aroma lascivo que iba a parar a los olfatos de los desesperados campesinos, que inmediatamente estallaban en una locura cuando eran tocados por esos cuerpos ajados ya por las innumerables manos callosas en virtud del trabajo.

Durante esos mismos domingos, el cura párroco salía con una docena de monaguillos por todos los establecimientos con el fin de recaudar el dinero necesario para realizar la celebración a San Antonio. Festejo que era animado con los polvorientos castillos y voladores que iluminaban el cielo por algunos segundos, durante los cuales, también, dado que la cosecha de mamoncillos se daba durante los mismos días, aquel cielo iluminado era testigo del más feroz bombardeo de pepas que iban a parar a las cabezas de los más desprevenidos, casi siempre los miembros de la orquesta que dirigía Hipólito de J Cárdenas; mientras tanto Pinano,175 que hacía toda clase de trabajos poco dignos, vestido de vaca loca, hacía correr la multitud en un pánico ensordecedor de gritos y alaridos, de saltos y brincos que excitaban el ánimo popular que era testigo de cómo esa fiera de cartón esgrimía fuego por sus cachos. Así, esta vaca loca nunca alcanzaba con sus cachos a los pobladores tamesinos que se protegían en el atrio de la iglesia, quedando los pecadores, que no se habían desplazado hacia la casa de Dios, al acecho de aquel animal infernal de fuego. Para logar realizar este tipo de representaciones festivas, el cura debía conseguir buen dinero, dado que siempre se buscaba superar las fiestas que se habían realizado en años anteriores.

175

Bernardo Grajales, personaje encargado de hacer trabajos de cualquier pelambre en el pueblo.

78

Cátedra Municipal

Ya en horas de la tarde, con unas cuantas cervezas casquimonas y tapetusas en la cabeza, Crisólogo y el Mono Calvo, los peinilleros más celebres del pueblo, mostraban su habilidad en un cruzado combate. Uno discutía que la señorita más bonita del pueblo era Sol Santamaría, y el otro argumentaba que la belleza de Elisabet Vargas era la misma de la Santísima Trinidad. Así, pues, a partir de opiniones contrarias, y enroscando el poncho en una mano mientras rastrillaban sus machetes en el piso, la asustada población se disponía a presenciar cómo por una simple tontería como aquella eran capaz de matarse esos dos espadachines que portaban machetes de marca Águila Corneta tres rallas. No obstante, la situación no había llegado a su máximo grado. Todo había quedado calmado una vez los espadachines habían visto acercarse a dos policías, armados con escopetas de dos tiros, que iban dispuestos a apresarlos por el escándalo público que habían generado. Situación por la cual, inmediatamente se habían dispuesto a abrazarse, simulando haber estado jugando, todo debido al temor que se tenía a pasar una noche en el cepo.

Crisólogo y el mono calvo

Esos eran, entonces, los domingos que vivía la población de Támesis, hallando en ellos toda clase de espectáculos asombrosos cuya algarabía, finalmente, se calmaba cuando la bruma hacía su aparición recordando a sus gentes que el pasado no dejaba nunca de vagar en el olvido…

Cátedra Municipal

79

Bibliografía
• • • • • Medellín 1890- 1950 Historia urbana y juego de intereses. ACEVEDO CARDONA, Darío. Prensa y conformación política colombiana , 1930 – 1950. Acuerdos municipales 1864- 1920. Concejo Támesis. 849 45 95. BERMAN, Maeshall. Lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad. BERNAL, Carmen y GRUZINSKI Serge, Historia del Nuevo Mundo, del descubrimiento a la conquista. Experiencia Europea, 1492 – 1550, Fondo de Cultura Económica. México 1996. BOTERO HERRERA, Fernando. Estado nación y provincia de Antioquia. Guerras civiles e invención de la región, 1829 – 1863. Colección Historia, hombre nuevos Ed. 2003 Medellín Capitulo 1 a 4. BURKE, Peter., La cultura popular en la Europa moderna. Alianza ED. S.A Madrid 1991. CADAVID MISAS, Roberto, Historia de Antioquia, Colección Autores Antioqueños, Medellín 1996. CHARTIER, Roger. La historia, entre relato y conocimiento. Tomado de historia y espacio, revista del departamento de historia. Facultad de humanidades Nro. 17, enero de 2001. CIEZA DE LEÓN, Pedro, crónica del Perú. DEAS, Malcom. Del poder a la gramática, y otros ensayos sobre política y literatura colombiana. Bogotá, Tercer mundo, 1993. DUSSÁN DE REICHEL, Alicia, un mundo jamás imaginado. 1492-1992. Algunas gentes del Nuevo Mundo. ED.Satillana, 1492. Epígono : Carlos Eugenio Zuleta Velásquez (Q.E.P.D) Fuente oral : José de Jesús Velásquez Cadavid – Ana María Ramírez Botero – Rafael Vélez – Horacio Hincapié ( kilo) – Elkin Franco – Mario Suárez. GARRIDO Margarita, Reclamos y Representaciones; Variaciones sobre la política del Nuevo Reino de Granada, 1770 –1815. • • •

• •

• • •

• •

• • •

• • • •

• •

Fondo Banco de la Republica, primera edición 1993.Bogotá DC. GONZÁLEZ Luis, Pueblo en Vilo, ED. Fondo de Cultura Económica, México 1984. GOSSELMAN, Carl August, Viajes por Colombia. HISTORIA DE LA PARROQUIA DE SAN ANTONIO DE TAMESIS, 1871 – octubre 16 de 1971., Apuntes teológicos, pastorales., Jorge Álvarez Arango., Párroco de Támesis. Ilustraciones: Cesar Augusto Gallego Cadavid. MARTÍNEZ, Frédéric, El nacimiento Cosmopolita, la referencia Europea en la construcción Nacional en Colombia 1845 –1900, Banco de la Republica- Instituto francés de estudios, 2001. MELO, Jorge Orlando, Las primeras expediciones de la Costa Atlántica, en : en la conquista de la Nueva Granada , ED. Santillana. MONOGRAFÍA DE ANTIOQUIA Y CALDAS, Historia de Támesis, Director: José Aristizabal, 1926, Medellín, tipografía San Antonio. OROZCO, Víctor Manuel, Apuntes de la vida de Pedro Orozco, Fundador de Támesis, Medellín, Imprenta del Departamento.1897. PARSONS, James. La colonización antioqueña en el occidente de Colombia. 2ª ED. Bogotá Banco de la republica.1979. Prensa local, Colección Carlos Mario Velásquez Ramírez., : Sangre Joven – El Garrafón – Voz liberal – El Conservador – Labor y Fe – El doctrinario – Azur y La Palabra. 1922 - 1953 RESTREPO José Manuel, Ensayo sobre Geografía. REVISTA DISTRITO, Publicación cultural y divulgación municipalista, ED. Medellín, Támesis, 1964. ROMÁN, Celso, Fu, el protector de los artistas y otros relatos, PANAMERICANA, ED. 2001. RUIZ, Enrique Jorge, Me gusta el bosque, Testimonio Desiderio Murillo, Curandero de la zona Chocó y Suroeste Antioqueño.

80

Cátedra Municipal

• •

• •

SANTA, Eduardo, La colonización Antioqueña, una empresa de caminos. TM. ED. 1993. SILVA, Renán, Los ilustrados de la Nueva Granada 1760 – 1808, Genealogía de una comunidad de interpretación. Banco de la Republica., Fondo Editorial EDAFT. 2002. SIMÓN, Fray Pedro, Noticias Historiales de las conquistas de tierra firme en las indias occidentales, Tomo V, Biblioteca Banco de la Republica. Tesis de pregrado: Carlos Mario Duque Orozco., Isabel Cristina Zapata y Alejandro Tobón Tamayo, sobre la conformación de los petroglifos en el municipio de Támesis. VELEZ RENDÓN, Juan Carlos, Los pueblos allende el río Cauca: la formación del Suroeste y la cohesión del espacio en Antioquia, 1830 – 1877, ED. Universidad de Antioquia, Clío, Medellín, 2002. VELÉZ, Arcila Graciliano. Memorias de un origen. Caminos y vestigios, Capitulo 26, Editorial universidad de Antioquia. VALLEJO, Fernando. El Río del Tiempo, Alfaguara 1998.

Cátedra Municipal

81

... 150
Támesis, Años deHistoria...
Cátedra Municipal