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D 4 • El Dominical • Lima, 29 de mayo del 2011

Castilla y el porvenir DEL PERÚ
D Jorge (1903-1980) Basadre
ara quienes supongan que en esta valoración de Ramón Castilla hay una actitud adulatoria circunstancial, útil puede ser recordar que se trata de un viejo punto de vista expresado en formas muy diversas desde hace mucho tiempo y al principio solitariamente (…). Para quienes consideren que la historia solo debe limitarse a una mera acumulación de datos y noticias, útil puede ser mencionar la tendencia interpretativa y valorizadora de buena parte de la historiografía contemporánea: en Alemania se han publicado libros como la historia del período comprendido entre Bismarck y la actualidad por Wilhelm Mommsen en Francia, las historias de la Tercera República por Jacques Bainville, Raymond Recouly y D. W. Brogan para citar unos cuantos ejemplos sobre la época contemporánea que (contra lo creído todavía por algunos eruditos entre nosotros) también puede ser y es materia historiográfica. ¿Cuáles son los elementos básicos que suministran la vida y la obra de Ramón Castilla y que pueden ser utilizables para una visión constructiva del futuro del Perú? En una síntesis muy apretada podrían quedar indicadas algunas ideas generales. 1. Perú independiente, irrevocable y señorial. Castilla, no obstante la importante posición que su hermano Leandro ocupó en el Ejército español, luchó por la independencia. Luego luchó entre 1826 y 1842 contra todos los esfuerzos que podían haber tenido como resultado la conversión del Perú en un Estado satélite. Pero, según Castilla, el Perú no solo debía ser independiente y debía ser irrevocable. Debía ser, además, un país respetado y digno de respeto, generoso en la amistad y altivo frente al ofensor extraño y en perenne actitud de mejora. Es decir, debía ser, también esencialmente, un país señorial. forma, tiende a estimular el desarrollo general y económico y social y no menosprecia u olvida al hombre peruano. El país oficial y el país real se acercan. Castilla, que no había acudido a los grandes centros del saber y que carecía de doctrina política, por intuición y por instinto se evade de los dogmatismos (como se aleja, asimismo, de los prejuicios sociales, de las mezquindades de casta, de los compromisos de círculos o de los particularismos de región) para inspirarse, tarde o temprano, en las conveniencias del Perú. 4. El Estado compatible con las instituciones y compatible, aun en épocas de bonanza, con la probidad en
Mariscal. La figura de Ramón Castilla es realzada por nuestro mayor historiador.

Por el centenario de la abolición de la esclavitud, El Dominical* publicó un especial dedicado a Castilla en el que se incluyó este artículo de Jorge Basadre.

2. La consonancia entre los principios y los intereses del Perú y la solidaridad internacional. La actitud peruana que Castilla auspicia no implica xenofobia o enclaustramiento, como es el caso, por ejemplo, del dictador Francia en Paraguay.

Pero, según Castilla, el Perú no solo debía ser independiente y debía ser irrevocable. Debía ser, además, un país respetado

A través de una serie de gestos como, por ejemplo, el Congreso Americano de 1848, el tratado continental firmado en Santiago en 1856, el Tratado de Alianza Defensiva firmado en Washington (…), el Perú de Castilla no solo auspicia sino encabeza la solidaridad hemisférica en unos casos (pues busca a Estados Unidos en 1847 y 1861) y la solidaridad hispanoamericana en otros casos frente a peligros comunes (…). 3. El Estado ni impotente ni extorsionista. Puesto en

el ejercicio del poder. El Estado Peruano durante los gobiernos de Castilla, aunque a veces realice actos autoritarios en situaciones de peligro o emergencia, no es un Estado monolítico. Conserva la separación de los poderes Legislativo y Judicial. Mantiene la libertad de imprenta, aunque ella sirve como vehículo para las más feroces violencias en la crítica, de acuerdo con la costumbre criolla de ir fácilmen-

te al asesinato de los prestigios (“character assasination”). 5. El Estado preocupado por recibir los adelantos técnicos e industriales, creando o ayudando a crear fuentes de trabajo y proyectando su acción sobre el vasto territorio nacional. ¿Qué participación tuvo Castilla en

la invención del telégrafo, del alumbrado público, de los ferrocarriles? Llegaron porque tenían que llegar empujados por las grandes corrientes de la época. Es cierta la antedicha tesis. Pero un estudio de la historia del ferrocarril de Lima al Callao revelaría, por ejemplo, la participación personal de Castilla en el desarrollo de dicha obra, así como un

estudio de los antecedentes del ferrocarril de Lima a los Andes del centro haría ver su actividad en relación con las propuestas de varias asociaciones europeas en 1860 y 1861 y con la ley dada por el Congreso de entonces.

*Fragmento. El Dominical, 30 de mayo de 1954.