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La importancia de los estudios culturales para Bolivia: Introducción a partir de la construcción de la autonomía indígena originario campesina

Diego Andrés Chávez Rodríguez La exogeneidad de la libertad produce sólo libertad formal (René Zavaleta, 1989: 181)

1. La construcción de la autonomías indígena originario campesina en Bolivia
Con la promulgación de una nueva Constitución Política del Estado, Bolivia pretende iniciar un proceso de transformación de la organización y estructura territorial del Estado, lo que implica una multiplicación de los niveles territoriales cuya institucionalidad tiene la posibilidad y capacidad de tomar decisiones propias conforme a las demandas geográficamente delimitadas de la población que habita sus respectivas jurisdicciones.

En este marco resulta importante advertir que lo que realiza la CPE del estado boliviano no solamente es reconocer los convencionales gobiernos autónomos departamentales (nivel intermedio) y municipales (nivel local), sino que también reconoce, en igualdad de condiciones, a las denominadas autonomías indígena originario campesinas1 que consiste “en el autogobierno como ejercicio de la libre determinación […]” (CPE, art. 289). Este autogobierno, por su parte, es entendido como el ejercicio de sus competencias en sus respectivas jurisdicciones de acuerdo a “normas, instituciones, autoridades y procedimientos propios” (CPE, art. 290/II); por lo tanto, el gobierno de las autonomías indígena originario campesinas será ejercido conforme a “propias normas de organización” (CPE, art. 296).

Además de estas disposiciones constitucionales referentes a la necesidad de reconocer y respetar las propias instituciones de las naciones originarias y pueblos indígenas en Bolivia, la misma Constitución

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La idea de naciones y pueblos indígena originario campesinos ha generado una serie de debates en Bolivia, puesto que existen muchos autores que señalan que la existencia de este nombre compuesto implica una complejización al momento de determinar quiénes conforman parte de este segmento poblacional; sin embargo, deberá entenderse que esta calificación nace del seno mismo de las organizaciones sociales en Bolivia cuando en un debate interno al momento de preparar la propuesta a la denominada Asamblea Constituyente (2006), las autodenominadas naciones originarias de tierras altas y los pueblos indígenas de tierras bajas decidieron generar un concepto compuesto que aglutine a la diversidad de naciones y pueblos existentes en Bolivia. 1

otorga una serie de competencias propias y únicas para las autonomías indígena originario campesinas, además de los medios a través de los cuales se puede acceder a este tipo de autonomía, es decir, ya sea a través de municipios con mayoría poblacional indígena –tomando como referente los datos del Censo de 2001–, las regiones que quieran convertirse en este tipo de autonomía y, finalmente, a través de los denominados territorios indígena originario campesinos que fueron creados en la década de los 90 como una especie de paliativo a la demanda autonómica indígena.

Con las disposiciones constitucionales señaladas parecía consolidarse la posibilidad de las denominadas naciones y pueblos indígena originario campesinos a ejercer su autogobierno, sin embargo, existen dos hechos que nos llaman a ser escépticos al respecto, uno proveniente de la misma legislación marco para el desarrollo e implementación del régimen autonómico y el otro de la práctica misma de la denominada democracia en base a las elecciones subnacionales realizadas en abril del año en curso.

Empecemos por el análisis del primer hecho señalado, el 19 de julio de 2010 se promulgó la denominada Ley Marco de Autonomías y Descentralización (LMAD) que define todos aquellos elementos referentes a la implementación y desarrollo del régimen autonómico en Bolivia; a pesar de las disposiciones constitucionales antes señaladas, la LMAD limita la posibilidad de acceso a las denominadas autonomías indígena originario campesinas pues señala que para llegar a obtener este tipo de autonomías se requiere una certificación de la ancestralidad de los territorios indígenas que será otorgada por el Ministerio de Autonomía (Cfr. LMAD, art. 56). La pregunta que subyace al respecto es ¿por qué tiene que ser un Ministerio el que certifique la ancestralidad de los territorios de las naciones originarias y pueblos indígenas? ¿Por qué la necesidad de obtener esta certificación para el acceso a la autonomía indígena cuando ya desde hace años existen espacios territoriales en los que la lógica de vida es distinta a la convencional? ¿No será que esta certificación pretende convertirse en instrumento de limitación de acceso al autogobierno indígena, más aún cuando se escucha constantemente a personeros del Ministerio de Autonomía, incluido el Ministro por supuesto, señalar que debemos dejar de fragmentar el territorio y que los pueblos indígenas no cuentan con las herramientas técnicas necesarias para el ejercicio de un gobierno propio?

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Además de la certificación señalada, la LMAD dispone que el acceso a una autonomía indígena originario campesina desde un territorio indígena originario campesino, debe cumplir también los siguientes requisitos (LMAD, art. 57-58): 1) Viabilidad gubernativa: la misma que implicaría, por un lado, la necesidad de contar con el funcionamiento efectivo de una estructura organizacional propia de las naciones y pueblos indígena originario campesinos y, por otro lado, esta organización deberá contar con un plan de desarrollo integral –con las convencionales estrategias institucionales y financieras– e instrumentos técnicos para la gestión territorial. 2) Base poblacional: que obliga que los territorios indígena de tierras altas deberán contar con una población mínima de 10.000 habitantes y los territorios de tierras bajas con una base poblacional mínima de 1.000 habitantes.

De estas disposiciones de la LMAD también se desprenden algunas preguntas que obligan un análisis y cuestionamiento sobre la posibilidad de acceso a la autonomía indígena originario campesina que ya se encontraba garantizada constitucionalmente: ¿Por qué se exigen ciertos requisitos especiales para el acceso a la autonomía indígena cuando los otros tipos de autonomía no poseen ninguno? ¿Por qué exigir que las naciones y pueblos indígena originario campesinos posean los convencionales planes de desarrollo territorial e instrumentos técnicos de gestión territorial cuando ello no es parte de sus propias normas y procedimientos de organización de sus territorios? ¿Por qué se exige un número poblacional mínimo para el acceso a las autonomías indígenas cuando, según los datos del Censo 2001, en muchos lugares las naciones originarias y los pueblos indígenas conforman minorías poblacionales y, por ende, no pueden llegar a alcanzar el número requerido para su conversión en autonomía indígena originario campesina?

Como se ha podido percibir, existen instrumentos legales que están empezando a coartar la posibilidad de acceso a las autonomías indígena originario campesinas; sin embargo, el otro hecho señalado anteriormente, es mucho más preocupante pues implica que el ejercicio mismo de este autogobierno, cuando se da, no es respetado, incluso por el partido de gobierno que es el principal promotor de la “defensa de los derechos de las naciones y pueblos indígena originario campesinos a gobernarse bajo sus propias normas”.

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En abril de 2010 se llevó a cabo las elecciones subnacionales en todos los diversos tipos de autonomía, para tal fecha existían 11 autonomías indígena originario campesinas que debían elegir a sus respectivos representantes, el primer hecho sorprendente es que legalmente estas autonomías no podían elegir todavía a sus autoridades bajos sus normas y procedimientos propios pues la elección en todo el territorio nacionales se la realizó bajo el mecanismo convencional de la democracia liberal, es decir, el voto en las urnas.

No obstante, el hecho más importante que merece un cuestionamiento es el siguiente: si bien todavía de forma legal no se podían elegir a las autoridades bajo normas y procedimientos propios, las poblaciones de las autonomías indígena originario campesinas decidieron realizar una elección previa bajo sus instituciones propias y ratificar a las autoridades electas al momento de la elección convencional; el hecho frustrante es que al momento de la inscripción de candidatos, además de los representantes de las autoridades electas previamente bajo normas propias, los partidos políticos bolivianos inscribieron sus propios candidatos, incluyendo el MAS que, paradójicamente, ganó en 10 de las 11 autonomías indígena originario campesinas, pasando por encima la decisión propia de la población de estos territorios.

Un ejemplo claro de la falta de respeto a las elecciones propias de las naciones indígena originario campesinas es lo sucedido en el municipio de Jesús de Machaca, un territorio emblemático pues en gran parte de su historia había elegido bajo normas y procedimientos propios a sus autoridades y las había llevado a las elecciones convencionales bajo la organización política MACOJMA (Markas, Ayllus y Comunidades de Jesús de Machaca) que, en abril de 2010, fue vencida precisamente por el partido gobernante; los resultados a continuación ejemplifican esta situación.

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Fuente: Resultados oficiales de la Corte Nacional Electoral.

Por supuesto que los hechos resaltados no implican otra cosa que la necesidad de desconfiar en la política gubernamental que se está dando en la realidad boliviana; si bien es posible advertir una ampliación y mejora en las naciones y pueblos indígena originario campesinos, existen casos prácticos que demuestran que el discurso culturalista promovido por una serie de actores políticos, principalmente los que ejercen en la actualidad el gobierno, es simplemente eso, un discurso que tiene como fin el mantenimiento en el poder a partir del engaño a las poblaciones indígenas, aspecto bastante importante que es posible percibir de forma más clara a partir de las herramientas proporcionadas por los estudios culturales que entienden la cultura-como-poder y el poder-como-cultural.

2. Especificidades relevantes de los estudios culturales sobre/desde América Latina para el estudio de la realidad boliviana
Los hechos citados obligan a un análisis de aquellas herramientas que los estudios culturales nos proporcionan para un análisis de las realidades sociales, en especial, de las articulaciones generadas entre la cultura y el poder. A continuación, pasamos a revisar aquellos elementos de los estudios culturales que nos pueden ayudar a comprender la actividad política boliviana en torno a la cultura que, al parecer hoy en día, está siendo utilizada como instrumento de consolidación y afianzamiento del poder sin un cambio de las estructuras sobre las que se asienta el Estado mismo que ahora es denominado y calificado como Plurinacional.

Antes de iniciar el análisis de aquellos elementos de los estudios culturales que consideramos importantes a la hora de llevar adelante el estudio de la realidad boliviana, conviene afirmar, siguiendo a Stuart Hall, que “los estudios culturales tienen múltiples discursos; tienen muchas historias diferentes. Son todo un conjunto de formaciones; tienen sus propias coyunturas y momentos diferentes en el pasado (Hall, 2010: 52). Por lo tanto, los conceptos e ideas a presentarse deberán ser entendidos como un conjunto de aproximaciones teóricas que no se encuentran estáticas como un canon dogmático con sus leyes específicas y lineales, sino más bien como constructos teóricos en constante movimiento y cuya virtud se encuentra en la posibilidad de analizar contextos y especificidades propias de una realidad específica.

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A raíz de ello, conviene también hacer referencia a la utilización que realizan los estudios culturales de categorías e ideas de otros proyectos intelectuales que no son parte de su propio cuerpo teórico, es decir, están caracterizados por la existencia de una transdisciplinariedad útil y necesaria para el análisis de las articulaciones entre la cultura y el poder. Por esta razón, resulta interesante la idea de apropiación estratégica a la que se hace referencia en los textos de clase (Restrepo, et al., 2010b), pues será necesario tomar en cuenta, para el caso boliviano, que la lectura de la realidad social no puede ser reducida al análisis de una sola de las dimensiones de la misma sino de la diversidad de éstas, para lo que es necesario la utilización de herramientas de múltiples disciplinas y, por lo tanto, dejar de lado los reduccionismos propios de ellas, es decir, ir en la búsqueda de lo que Hall denomina un pensamiento sin garantías (Restrepo, et al., 2010a).

A partir de esta primera aproximación (los múltiples discursos de los estudios culturales, su necesaria transdisciplinariedad y la configuración de un pensamiento sin garantías) se puede emprender el análisis de cómo se entiende la cultura en Bolivia y cuáles son los mecanismos que son utilizados en las esferas de gobierno para la materialización de lo que denominan el reconocimiento de múltiples culturas en un solo territorio, para ello conviene resaltar otra de las especificidades de los estudios culturales, aquella relacionada a “[…] la cultura-como-poder pero también del poder-como-cultural (Restrepo et al., 2010a), ello implica que no existen estudios culturales que no estén preguntándose constantemente por las relaciones de poder instauradas al interior de la sociedad.

Como habíamos señalado en el apartado anterior, esta idea de la cultura-como-poder y el poder-comocultural resulta vital al momento de analizar la realidad boliviana, en un proceso en el que se busca la transformación de la bases estructurales del Estado a partir de lo que los actores políticos denominan la revitalización de las culturas, es importante analizar los hechos y no sólo las construcciones discursivas, pues como se pudo advertir en el análisis de la construcción de autonomías indígena originario campesinas, una esfera es la formal plasmada en leyes y normas y otra esfera es la real, por llamarlo de alguna manera, donde no todo funciona conforme a lo dispuesto legalmente. Por lo tanto, será interesante analizar si en Bolivia no se están generando una serie de procesos de etnofagia estatal, parafraseando a Héctor Díaz Polanco, donde las lógicas estatales envuelven y terminan subsumiendo a las prácticas propias de las ahora denominadas naciones y pueblos indígena originario campesinas.

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Por lo tanto, lo que distingue también a los estudios culturales es su permanente voluntad política que, como afirma Eduardo Restrepo, podría ser resumida de la siguiente manera:

[…] los Estudios Culturales serían una permanente politización de la teoría y una teorización de lo político. La politización de la teoría no consiste en reemplazar el ejercicio teórico (el forcejeo con las categorías, autores e investigaciones de lo concreto), por reproducir una serie de enunciados osificados y moralizantes derivados de la “posición política correcta”. La politización de la teoría supone, al contrario, que el conocimiento tiene sentido en tanto es impulsado por una voluntad de intervención y transformación sobre el mundo. La teorización de lo político refiere, a su vez, a que el trabajo intelectual serio examine permanentemente los bemoles de la actividad política en aras de entender mejor sus articulaciones y limitaciones. En esta manera de entender el trabajo intelectual se puede percibir la inspiración gramsciana del “pesimismo del intelecto” y del “optimismo de la voluntad” (Restrepo cit., Richard, 2010: 109).

La voluntad política de los estudios culturales es vital hoy en día en Bolivia, pues la configuración de un Estado Plurinacional implica la construcción de nuevas y diversas estructuras, instituciones y organizaciones que conformen la institucionalidad estatal, este proceso se ha cimentado hasta el momento en un constructo discursivo en el que se resaltan los valores de los antepasados, la construcción colonial de las instituciones del Estado y, por tanto, de la necesidad de modificar estas estructuras por aquellas que representen a todas las culturas existentes en el país; sin embargo, las prácticas gubernamentales que se están generando muestran, en muchos casos, la inexistencia de un horizonte común de la plurinacionalidad estatal y, por ello, se tiende nuevamente a subsumir lo exaltado en las lógicas convencionales del Estado-nación moderno.

Por otro lado, es útil también la idea de contextualidad que plantean los estudios culturales; siguiendo a Lawrence Grossberg, se afirma que la más adecuada manera de concebir a los estudios culturales es a partir del contextualismo radical en diversos planos, por ejemplo, en el plano teórico los estudios culturales no están definidos por la utilización de una teoría de la cultura específica o por la citación de determinados autores, sino más bien por entender a la teorización como un acto derivado de investigaciones concretas y empíricamente orientadas que establecen una interrupción con los insumos
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teóricos. En el plano político, este contextualismo hace referencia a que una práctica, una concepción o un sujeto no tienen ni tendrán el mismo significado fuera del contexto a partir del cual son constituidos. Finalmente, en el plano de su proyecto mismo, los estudios culturales no pueden ni pretenden ser idénticos en todas partes y momentos, sino por el contrario, estos estudios adquieren una especificidad dependiendo de los contextos de los que devienen puesto que son un producto de los mismos (Cfr. Restrepo, et al., 2010a).

La contextualidad señalada, sin embargo, deberá entendérsela no como simples demarcaciones entre espacios físicos que reflejen las articulaciones entre cultura y poder en realidades determinadas, sino principalmente en la existencia de lugares de enunciación determinados a partir de los cuales se intentan dar cuenta de estas fisuras entre lo que se entiende por poder y lo que se entiende por cultura, además de las relaciones que se dan entre ambas. Al respecto se afirma que: …si bien consideramos que los estudios culturales son siempre contextuales y situados, de ello no se deriva necesariamente que la marcación del estado-nación (estudios culturales colombiano o argentinos o ecuatorianos) o regiones geohistóricas como América Latina (latinoamericanos o de/sobre/en América Latina) de cuenta adecuadamente de esa contextuación y situacionalidad en la práctica de los estudios culturales (Restrepo, et al., 2010c).

Por ello resulta importante aclarar la idea misma del subtítulo, la importancia de los estudios culturales sobre/desde América Latina implica no sólo situarnos en un espacio geo-histórico para intentar aprehender la realidad social, pues ello podría ser confundido con la teorización sobre América Latina desde espacios de reflexión situados en otros lugares, como el mercado académico estadounidense por ejemplo. Al respecto, con mucha razón se afirma que: […] parece más adecuado referirnos a estudios culturales sobre/desde América Latina que a „estudios culturales latinoamericanos; más aún si recordamos que este último término nos remite a los principios de inteligibilidad y funcionamiento del establecimiento estadounidense […]. Esta idea sobre/desde nos remite al lugar de enunciación y a las discusiones sobre la geopolítica del conocimiento (Restrepo, et al., 2010d).
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Para analizar las implicancias de la geopolítica del conocimiento retomamos el debate abierto a partir de uno de los textos de clase donde se señala que:

En su reciente libro, Una epistemología del Sur, Boaventura de Sousa Santos considera que la perspectiva de la geopolítica del conocimiento supone: “[…] quién produce conocimiento, en qué contexto lo produce y para quién lo produce […]. Partiendo de la definición propuesta por de Sousa Santos, consideramos que la geopolítica del conocimiento es una perspectiva que se pregunta por la situacionalidad del conocimiento, pero no sólo en su producción sino también en su circulación y en sus apropiaciones (Cit. Restrepo, et al., 2010e).

La geopolítica del conocimiento nos sitúa en el debate sobre el lugar desde el cual se analiza las articulaciones entre cultura y poder, ello implica la necesidad de hacer visible cuál es la posición que adoptamos para leer la realidad, es decir, lo hacemos como actores ajenos a la realidad que se investiga, como partícipes activos de ella, podemos sentir corporalizado el proceso de exclusión por el que pasaron grandes segmentos poblacionales al momento de la construcción liberal del Estado. Son cuestiones éstas que nos interrogan sobre el papel que se cumple al momento de realizar un análisis de la realidad, será que lo presentado como contradicciones, por ejemplo, a la hora de construir autonomías indígena originario campesinas está siendo abordado como la voluntad política que implica hacer estudios culturales.

3. Conclusiones
Como se ha podido observar a lo largo de este escrito, las herramientas proporcionadas por los estudios culturales permiten realizar un análisis de la reconstitución de lo que René Zavaleta denominó la forma primordial, es decir, la relación entre el Estado y la sociedad. Es esta relación la que precisamente se quiere reformular en Bolivia al momento de la construcción del Estado Plurinacional que, como se pudo advertir, tiene como uno de sus ejes la posibilidad de configurar autonomías indígena originario campesinas.

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Sin embargo, como bien señala Fernando Garcés: “Como programa político, lo importante no es que el Estado se llame plurinacional (el riesgo es que se llame plurinacional, pero cree formas más refinadas de control social desde el Estado), lo importante es que contribuya a la consolidación de formas plurales de autogobierno que desestructuren la matriz liberal del sistema político, nuevas formas civilizacionales que desborden permanentemente al Estado liberal, monocultural y uninacional; que obliguen continuamente al Estado a deconstruirse” (Garcés, 2010: 56).

En este marco, resulta importante cuestionarnos, tal cual lo hicimos más adelante, sobre el carácter adquirido por las políticas gubernamentales que, en teoría y formalmente, plantean la construcción plurinacional del Estado, es decir, que están buscando la pluriversalidad. En este punto conviene resaltar lo señalado por Eduardo Restrepo y Axel Rojas sobre dicha pluriversalidad: “En oposición a diseños globales y totalitarios en nombre la universalidad (que fácilmente corren el riesgo de hacer a un particular eurocentrado representar lo universal), la pluriversalidad constituye una apuesta por visibilizar y hacer viables la multiplicidad de conocimientos, formas de ser y de aspiraciones sobre el mundo. La pluriversalidad es la igualdad-en-la-diferencia o, parafraseando el eslogan del Foro Social Mundial, la posibilidad de que en el mundo quepan muchos mundos” (Restrepo y Rojas, 2010: 21).

¿Será que en Bolivia se está buscando la posibilidad de configurar un Estado (entiéndase mundo) donde quepan muchos mundos? Parece que la construcción formal de la idea de plurinacionalidad ha debilitado la voluntad política misma de la idea de pluriversalidad, de los múltiples versos que deberían constituir el nuevo Estado tan pregonado. Sin embargo, esta plurinacionalidad no puede ser entendida como el simple reconocimiento de una sumatoria de culturas en un solo Estado –tal cual es entendido en las esferas gubernamentales–, sino más bien como un salto cualitativo en la forma de ejercicio de la estatalidad.

Al respecto, Rafael Bautista advierte que:
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“…lo pluri de lo plurinacional no estaría indicando la suma agregada de identidades dispersas y opuestas entre sí; lo pluri no se constituye numéricamente sino históricamente. […] Por eso lo pluri no es un agregado culturalista sino la respuesta crítica al concepto devaluado de política que desarrolla la política moderna. Lo pluri demanda la democratización, en tanto ampliación, del ámbito de las decisiones: “lo pluri no quiere decir la sumatoria cuantitativa de los actores, sino el modo cualitativo de ejercer la decisión: somos efectivamente plurales cuando ampliamos el ámbito de las decisiones” (Bautista, 2010: 27-28).

En este marco, la construcción de un Estado Plurinacional parece mucho más complejo de lo que comúnmente se advierte como un reconocimiento formal y práctico de las culturas que componen Bolivia, la plurinacionalidad implica un ejercicio de modificación del ejercicio de gobierno, el cual hoy en día se encuentra muy propenso a lo que Michel Foucault denominó como gubernamentalidad, es decir, “un tipo de poder que tiene como blanco la población, la preeminencia de un tipo particular de poder que puede ser llamado „gobierno‟ y, un proceso mediante el cual el estado ha sido progresivamente gubernamentalizado” (Cit. Restrepo, et al., 2010i).

Parece que en Bolivia no se está construyendo seriamente un proyecto político alternativo al Estado liberal, pues las estructuras de éste todavía permanecen como base del ejercicio de la estatalidad y, al parecer, no existe un intento de cambiar ello; lo único aparente es la utilización funcional de la cultura como un instrumento de consolidación del poder, esto es, la existencia de un proyecto de gubernamentalización de la cultura que, según Restrepo, Rojas y Acevedo, implica un “[…] proceso mediante el cual los individuos llegan a ser gobernados y a gobernarse a sí mismos en nombre de la cultura” (Restrepo, et al., 2010i).

Para finalizar me gustaría citar nuevamente a Fernando Garcés que figurativamente señala que:

[…] el Estado Plurinacional se logrará no en la medida de que esté consignado en la constitución sino, en la medida en que se mantenga la movilización social que hecho (sic) andar el proceso constituyente […], es importante hacer evidente el esfuerzo de apoyo a los procesos de recuperación del poder de la sociedad civil popular e india
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antes que el salvataje del Estado. Ello para que no terminemos vistiendo al mismo caballero con otro terno (Garcés, 2010: 61).

Por ello, si se quiere construir un Estado Plurinacional y modificar las lógicas convencionales del ejercicio del poder, esta vez apoyado en la cultura, no se pueden reproducir los mecanismos que hasta ahora fueron implementados para el ejercicio de gobernar una sociedad, pues ello implicaría, como señala Raúl Prada, una re-colonización del Estado. Las herramientas de los estudios culturales y en especial su voluntad política permiten dar esperanzas para transformar la realidad, esperemos estar en el lugar de enunciación correcto para la materialización de ello.

Referencias citadas
Bautista, Rafael. 2010. ¿Qué significa el Estado Plurinacional? Colección Reflexiones Urgentes No.1. La Paz: Rincón Ediciones. Estado Plurinacional de Bolivia. 2010. Constitución Política del Estado. La Paz: Gaceta Oficial de Bolivia. _____________ 2010. Ley Marco de Autonomías y Descentralización “Andrés Ibáñez”. La Paz: Gaceta Oficial de Bolivia. Garcés, Fernando. 2010. “Los esfuerzos de construcción descolonizada de un Estado Plurinacional en Bolivia y los riesgos de vestir al mismo caballero con otro terno”; en: Revista Integra Educativa No.7 „Interculturalidad y Descolonización‟, vol.III, No.1. La Paz: Instituto Internacional de Integración – Convenio Andrés Bello. Hall, Stuart. 2010. “Estudios culturales y sus legados teóricos”, en: Hall, Stuart. Restrepo, Eduardo; Walsh, Catherine; Vich, Víctor (eds.) Sin garantías: Trayectorias y problemáticas en estudios culturales. Popayán: Instituto de Estudios Peruanos / Instituto de Estudios Sociales y Culturales, Pensar, Universidad Javeriana / Universidad Andina Simón Bolívar – Sede Ecuador / Envión Editores. Restrepo, Eduardo; Rojas, Axel; Acevedo, Oscar. 2010a. Cartografías de los estudios culturales. Texto de clase – Estudios Culturales Latinoamericanos. Red de Estudio y Políticas Culturales (CLACSOOEI). _______________ 2010b. Especificidades, confluencias y distinciones (I). Texto de clase – Estudios Culturales Latinoamericanos. Red de Estudio y Políticas Culturales (CLACSO-OEI). _______________ 2010c. Especificidades, confluencias y distinciones (II). Texto de clase – Estudios Culturales Latinoamericanos. Red de Estudio y Políticas Culturales (CLACSO-OEI).

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_______________ 2010d. Estudios culturales latinoamericanos / estudios culturales en Lationamérica. Texto de clase – Estudios Culturales Latinoamericanos. Red de Estudio y Políticas Culturales (CLACSO-OEI). _______________ 2010e. Geopolítica del conocimiento. Texto de clase – Estudios Culturales Latinoamericanos. Red de Estudio y Políticas Culturales (CLACSO-OEI). _______________ 2010f. La institucionalización de los estudios culturales en América Latina. Texto de clase – Estudios Culturales Latinoamericanos. Red de Estudio y Políticas Culturales (CLACSOOEI). _______________ 2010g. Cultura, alteridad y política, debates contemporáneos. Texto de clase – Estudios Culturales Latinoamericanos. Red de Estudio y Políticas Culturales (CLACSO-OEI). ______________ 2010h. Subalternidad y postcolonialidad. Texto de clase – Estudios Culturales Latinoamericanos. Red de Estudio y Políticas Culturales (CLACSO-OEI). _______________ 2010i. Políticas y gestión culturales. Texto de clase – Estudios Culturales Latinoamericanos. Red de Estudio y Políticas Culturales (CLACSO-OEI). Restrepo, Eduardo; Rojas, Axel. 2010. Inflexión decolonial: fuentes, conceptos y cuestionamientos. Popayán: Instituto de Estudios Sociales y Culturales Pensar / Universidad Javeriana – Maestría en Estudios Culturales / Editorial Universidad del Cauca. Richard, Nelly (ed.). 2010. En torno a los Estudios Culturales. Localidades, trayectorias y disputas. Santiago de Chile: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) / Universidad Arcis. Zavaleta, René. 1989. El Estado en América Latina. Cochabamba: Editorial Los Amigos del Libro.

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