PAPELUCHO PERDIDO MARCELA PAZ

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I
ESTOY UN PERDIDO y la Jimena del Carmen, ídem, y lo peor es que nadie nos busca. No hay avisos de radio que digan: «Se gratificará, con un Barril Millonario al que devuelva niños perdidos, etc., etc.», ni cosa por el estilo. Porque mi familia es de esa gente que busca las COSaS perdidas, pero jamás la fruta ni la plata ni los parientes. Tampoco buscaron a la tía Ema, sino que dijeron siempre: la Ema es una perdida, y se acabó el cuento.

Ellos creen que uno se pierde adrede y quieren obligarlo a encontrarse. Pero, mis queridos radioescuchas, vean ustedes cómo sucedieron las cosas. Una mañana de luna llena y bello atardecer, amaneció mi mamá con esos nervios de confusión tremenda que tienen las mamas para los días en que hacen maletas. —¡Quítate que estorbas! —le dicen al que quiere ayudar, y si uno se va, lo llaman: »¡Ven acá tú, y sé útil por una vez en tu vida!« Y así entre cosas hirientes y refulgentes van desordenando la casa entera y revolviéndole a uno las ideas. Hasta que por fin conseguí preguntarle a la Domi: —¿Qué pasa? ¿Es que nos persiguen o mi papá ha hecho algo malo? ¿Para dónde nos vamos? —Nos vamos al África (¿o era Arica?) —¿Echaron al papá de la Refinería?

—Nos vamos porque queremos. Tenemos mejor trabajo... —y se rió misteriosa. Fue un día atroz. Mi papá partió temprano a ordenar su oficina y quedó mamá contando cucharas, pañales y revolviéndolo todo para encontrar su paletó de piel. Hasta que por fin se acordó de que lo había vendido en Santiago. Pero confundida y todo, dejó la casa entera metida en bolsas, maletas, atados y canastos para partir a la mañana siguiente en un taxi. Era de esos taxis que dicen en la puerta «cierre suave», con olor a extranjero y con chofer de bufanda café, pero con los tapabarros bastante arrugados y un tarro con agua para cuando hierven, y un braserito para el té y mil metros de cordel por si hay que remolcarlo y un letrero con patas que dice PARE y, en fin, con la maleta llena. Total que vamos discutiendo que dónde pueden meterse los bultos, maletas y paquetes si no hay ni un hueco. Y mi papá se fue poniendo avión a chorro y hasta hubo puñetes y el chofer ni se fijó que le dio un portazo a su puerta «cierre suave» y partió con furor. Mi mamá se puso a llorar de desesperación, pero en ese momento pasó Alejandrino Freiré en su regio camión y nos trepó a todos, con cacerolas, cuna, radio, chupetes, maletas, bolsas, lámparas, paquetes, atados, etc. Javier, la Domi y yo íbamos atrás entre los bultos y mientras Javier aprovechaba de escribirle a su polola, la Domi sacó unos sandwiches calentitos que traía en un bolsillo secreto y yo alimenté a mi pobre Judas, el pingüino que me regaló anoche mi amigo Ramón Freiré. Y Judas no quería comer porque tenía la cabeza como lacia y dice la Domi que estaba fallecido. Y yo le hice respiración artificial y por fin se lo entregué a Alejandrino para que se lo llevara al Ramón para que se lo devolviera a su madre pingüina que vive en la isla. Y estaba pensando en lo que haría la pingüina para enderezarle el pescuezo lacio a mi Judas, cuando mi mamá me zamarreó un brazo porque había que bajar del camión ahí en la estación de Viña. A ella se le habían olvidado sus lágrimas y otra vez se había vuelto General y daba órdenes a todo el mundo. —¡Corre a comprar los boletos! —le chillaba al papá. —¡Hazte cargo de la guagua! —le gritaba a la Domi. —¡Cargue los bultos! —ordenaba al de la gorra colorada. —¡Cuenta cuántos son! —le mandaba a Javier, y cada uno le

obedecía calladito. Había bastante gente y en la boletería una cola larga que se alargó otro poco con mi papá detrás. Mamá seguía al mando de nosotros y los bultos. Parecía un Arturo Prat en medio de la batalla y repetía todo el tiempo: —El tren para en Viña sólo un minuto. Hay que subir rápidamente y tomar asiento. Y miraba la vía por si venía el tren y a papá en la punta de la cola. Era un verdadero aeronauta a punto de elevarse. —Javier, anda a decirle a tu padre que se apure —dijo de pronto. Javier partió y no volvió nunca más. Apareció un tren acercándose a todo rechifle y mi mamá ordenó: —Domitila, tú te encargas de los bultos. Tú, Papelucho, de la guagua. Yo voy en busca de Javier y papá —y desapareció en el espacio. Llegó el tren majestuoso y antes que parara yo metí a la Jimena y el pelotón de gente me metió a mí. Me senté con violencia en el primer asiento que encontré y miré por la ventana. Ahí estaba la Domi en la estación pescando los paquetes y canastos, haciendo un desparramo atómico. Sus brazos cortos se topaban con su gordura y no cabía nada en sus manos confundidas. Los atados se reventaban y era una revolución de chombas, cacerolas, cepillos de diente y zapatos, sábanas y coladores y el montón crecía cada vez más. Pitó el tren y partimos suavemente mientras la Domi y su montaña se iba alejando poco a poco. El tren era muy largo y yo pensé que allá, en el último vagón, se treparían Javier, mi papá, mi mamá y la Domi con toda su confusión y su montón de paquetes. Era lógico, porque el último vagón pasa mucho más tarde por la estación. Ahora corría el tren galopando por su vía entre peñascos chilenos sin importarle cerros ni postes y su genial castañeteo de fierros aturdía los nervios. Yo esperaba todo el tiempo ver aparecer a mi papá y mi mamá con la Domi y sus paquetes, trotando por el pasillo, pero nada... Hasta que me acostumbré a no esperarlos, porque cuando no se espera, es cuando llega la gente. La Jimena del Carmen iba feliz. Apretaba los ojos y abría su tremenda boca sin poderla cerrar por la fuerza del viento y al fin se veía peinada con sus mechitas tiesas para atrás. Resulta que cuándo no pasa nada, da hambre. Y a mí me acongojaban mis tripas estereofónicas, porque dale con pasar unos mozos

Los suelos del tren tienen una mugre rara y la Jimena al poco rato parecía un neumático. Conté hasta veinte. La genial señora del excusado recogió a la guagua que se había puesto entera negra otra vez con el costalazo. La Jimena se había puesto odiosita y no quería estar sentada. ¡y nada! mi papá no llegó.con bandejas de sandwiches. hasta que me aburrí y la lavé enterita con ropa y todo. Llevé a la guagua y era un excusado del porte de un confesionario. pero con un olor tremendo. ¿me puede fiar dos? Mi papá se los paga cuando llegue. pero ni sé si se desintegró en el viento la famosa ropa o quizá se voló. y yo empecé a lavar a la Jimena por pedazos. la desvistió. No había con qué secarla y sus vestidos se le pegaban tal como a los santos de yeso. Yo la ponía de perfil en el pasillo y partía para el lado equivocado y se caía y lloraba. Menos mal que la Jimena es de esas guaguas gorditas que se ven bien en calzones y parecen muñecas plásticas de las más caras.. Tampoco podíamos salir de ahí porque la puerta se había cerrado perpetua. —Cuando llegue te los doy —dijo con voz áspera. Lo pesqué de la manga y le dije: —Señor. Ella sabe caminar para un solo lado. Una señora la compadeció y me dijo: —Al fondo del vagón hay un lavatorio. En . hasta trescientos. Pero de repente se estremeció el tren como terremoto y ¡zas! se abrió la famosa y caímos los dos afuera. y se fue. la secó con su pañuelo y me dijo que sujetara la ropa en la ventana para que el viento la secara.. Yo obedecí. hasta mil novecientos setenta y uno.

—Te te te te. pero seguían de largo. pero después volví a pensar que era mejor creer que luego llegaríamos a Arica (¿o era al África?) y encontraríamos a todos en la estación esperándonos.. —A lo mejor está ahí mamá y los demás. Había miles de gente apurada que empujaban para subirse más apurados a otro tren. Cada vez creía yo que era para nosotros. En eso paró el tren y todo el mundo empezó a bajarse muy apurado. Yo también me bajé muy apurado. Y con este pensamiento me dormí.. . caramelos y hasta un pañuelo de seda que le pusieron de vestido a la Ji. y dale y dale hasta que por fin desperté con odio a los pollos. —Te te te te —me contestó ella amablemente. —Vamos al comedor —le dije a mi hermana. Casi pensé ponerme triste. porque tenía gente nueva. Junto con el olor a sopa de pollo salían todo el tiempo por la puerta del carro unos mozos con chaqueta casi blanca y montones de platos chorreando guisos ricos.. vidrios limpios y olor suave. pero ninguna era de la familia. asientos blandos.. Mirábamos apasionadamente a cada persona. Hasta que al fin le pregunté a uno: —¿A qué hora nos va a servir a nosotros. Yo id. señor? —Sirvo al vagón comedor —contestó con cara de león de la Metro.. y échale pollos y más pollos. cuando suavemente partió el tren. pero contesta siempre lo mismo. El tren era una especie de Jett y volaba con un zangoloteo furibundo que me tiraba la guagua encima a cada instante. —le dije a la Ji. Lo bueno de la guagua es que entiende todo lo que le dicen. Ya no teníamos hambre y ni nos importaban los vendedores de cosas..todo caso la gente ahí se hizo amiga y empezó a darnos galletas. con la Ji porque me acordé de eso que siempre dice mi papá: «Donde fueres haz lo que vieres» Este tren resultó más estupendo y volví a creer que iba a encontrar en él a mi mamá. Y otra vez nos dio hambre. y nos hizo un desprecio. y aunque había miles de chocolates importados a ella le daba por preparar sopas de pollo. II SOÑABA QUE VIVÍA CON MI PAPÁ y mi mamá en una casa de nylon en Arica.

mantel. Cuando uno come algo tan sabroso no se oye. y cuando llegó el postre y estábamos contentos y sin hambre. en familia —expliqué— a mi papá lo han trasladado al Norte. porque el apuro del tren nos hacía chocar y chocar.. En la mesa de nosotros una señora y un caballero comían una chuleta jugosa que me daba tilimbres en las tripas. mostaza. —¿Al Norte? Pero este tren va hacia el sur. Tú siempre me discutes. un poco furioso—. —Te te te te.. y sólo se ven las caras llenas de furia. Pero menos mal que . se armó el enredo grande. soltando la chuleta—. le di un pan a la guagua y se quedó tranquila baboseándolo. —¿Y a la criaturita? —Ídem —contesté. —me contradició. Porque el caballero y la señora se agarraron a pelear con el mozo porque no querían pagar nuestra comida. —Sólo cuando dices tonterías —dijo ella y volvió a morder el hueso. El caballero sonrió y se hizo amigo mientras volvía el mozo. Pescamos un asiento y ahí nos instalamos perpetuamente. pero tragaba por fin. Eso depende del pueblo en que viven. florero y aceitero. La guagua se atoraba porque no tiene dientes. Por fin se acercó un mozo y preguntó: —¿Qué le sirvo. Llegamos a un vagón con mesitas que tenían pan.—Ponte de lado para que camines de frente. —No digas tonterías —dijo la señora. —No. —¿Viajan solitos?—preguntó. joven? —Lo mismo que al caballero —dije. —Pero era inútil. —Pero este tren va al sur —alegó. Por suerte apareció el mozo con los platos de chuletas.

Me debe su almuerzo y el de su hermana. A mí me dejaron con la guagua mientras iban a ver no sé qué enredo de maletas...aunque estaban furiosos. —Te te te te —me contestó y se rió. y como a cuidarnos y a mostrarnos el paisaje y a decirnos que ligerito íbamos a encontrar a . —Jovencito —me dijo a mí el caballero—. nada más.. —Déjate de tonterías. ¡Pero haz que aparezcamos pronto!» No sé qué cara puse ni sé por qué me dio tanto romadizo (de esos que dan sin pañuelo). —Vamos viajando hacia el sur —dijo con cara de odio. La señora seguía alegándole al marido: —Hay que darle cuenta al conductor —decía. ¿En qué vagón viaja su familia? —Eso es lo que no sé.. . —A mi papá lo trasladaron al Norte y hoy fuimos juntos a la estación a tomar el tren. Sentí una cosa rara. ¿a qué parte del sur? Menos mal que estábamos en el tren y ahí la cosa era segura. La guagua y yo íbamos viajando al sur. mientras más lejos fuera el tren más se demoraba en llegar y más tiempo les daría a mi papá y a mi mamá para alcanzarnos. —No tengo la mayor idea —contesté. pero la cuestión es que de repente la señora y el caballero se volvieron como tíos. Cuando vi que el tren se iba... nos subimos y. y nos empezaron a decir: «Mijito y mijita». No en un teatro. de esos tíos que vienen de Europa en avión.. . así tendríamos comida y de todo.. Haga el favor de decirme dónde está su padre. haz que alguien te haga una promesa y nos encuentren. —Parece que tomarnos el tren equivocado —le dije a mi hermana. no en la calle: ¡En una tierra extraña! Recé: «San Antonio. Además... —Explíquese. ¿No te das cuenta que son niños chicos y van viajando solos? ¿No comprendes todavía que son niños perdidos? ¡Dios mío! Éramos igual que la tía Erna. Lo que yo no había querido ni pensar. Te ofrezco que mi mamá vaya de rodillas a alguna parte y mi papá dé todo lo que tiene a los pobres. Eso bueno tiene. La cuestión era no bajarnos nunca del tren. —Es que tendrá que decírmelo.. PERDIDOS.. ¿Qué sabe el conductor? —Telegrafiará a Investigaciones. ya no peleaban entre ellos. que ni es miedosa ni acomplejada.

. Íbamos en viaje al Sur mientras que mi mamá y los demás iban al Norte. III LA JIMENA SE HABÍA DORMIDO con su boca abierta. había que decirle al maquinista que pusiera marcha atrás. —Voy a volver la página —me dijo con voz áspera. —¿Los niños viajan con el señor diputado? —preguntó al desconocido. hijo: —¡Fui elegido por el pueblo! —¿Para qué? —Para estudiar las leyes. Entonces me fijé que el diputado era un señor igual que cualquiera. el de nosotros bajaba con violencia. del diario del desconocido cuando su cara reemplazó a los monos.. —Comprendo —dijo con carraspera—. pero un poquito más gordo solamente. ¿Qué hacer? Había que parar el tren. —¿Usted puede mandar entonces? ¿Por qué no hace el favor de decirle al maquinista que ponga marcha atrás? Queremos ir al Norte a juntarnos con mi papá. —Espere un poco —le repliqué. para gobernar en el Congreso. Y me compraron una revista de historietas y me fui a sentar bien lejos para poder leer y leer y no pensar más. Cada minuto y cada vuelta de rueda de los dos trenes nos separaba más. —¿Al Norte en flecha? —exclamó—.nuestra mamá y a nuestro papá. —Así parece —respondió él con ojos picarescos. ¡Vamos al Sur. —¿Usted también va al Norte? —le pregunté.. ¿No te parece? Yo comprendí y me dio hipo. Pensé a chorro. hijo! En ese momento me acordé de todo otra vez. El tren veloz y supersónico esquiaba por los campos patriarcales y yo leía otra historieta. Sin embargo no es posible llevar al Norte a toda esta gente que ha tomado pasaje para el Sur. Mientras el tren que llevaba a mi mamá subía por el mapa. En ese momento se acercó el inspector. El inspector hizo un saludito a la gorra y partió. mientras leía el final. Si sigue andando este tren nos vamos perdiendo más y más. —¿Usted es diputado de nacimiento? —le pregunté al señor. acurrucada entre un desconocido y yo. Yo sabía que no. —No.

—En Osorno me preocuparé de ti —dijo. despreciándolas. que siempre anda peleando con la Domi y todas las empleadas son del sur. Con esto me consolé y parece que me dormí. a mi mamá. ¿Sería un sueño profético? —¡Hola. Papelucho! —sentí una voz a mi lado. . Y así pensando y pensando se me ocurrió de repente que mi papá tendría que darse cuenta de que yo y su única hija Jimena estaban en el sur y era lógico que nos viniera a buscar. a retro-impulso y con vagones de emergencia. y me dio un feroz gusto verlo. Los ojos se me abrían. Desperté a la Ji y nos bajamos los dos. cápsulas de arrepentimiento para que se puedan volver los equivocados y seguir los demás. Ni me había dado cuenta de que lo quería tanto antes. Y apenitas me había dormido y estaba soñando que el flecha como flecha flechaba por los rieles su camino al Sur. y cuando uno se desespera dan ganas de que venga un temblor para que la desesperación se remezca y cambie. Y entonces me di cuenta de que era la voz de mi papá y el cerro era mi propio papá. Y desperté porque la gente alborotada recogía sus maletas y se bajaba en una estación. Pero en un tren ni hay caso porque uno va remecido perpetuo. Lo malo fue que desperté porque en ese momento era inmensamente feliz.. —¿Falta mucho para llegar a Osorno? —Un par de horas. ¿Por qué no duermes como tu hermanita? Cerré los ojos para no ver más estaciones. —¡Con mi derecho de DIPUTADO! —contestó el cerro con una voz muy conocida. No sé por qué sentí como si fuera algo de mi papá. Era Osorno. o sea. Y cuando uno no quiere perderse y se va perdiendo a cada minuto más y por la obligación de un estúpido tren.. ¿Qué hacer para atajarlo? Cuando yo sea diputado haré trenes que los manejen los pasajeros desde su propio asiento. sino el diputado. Y tal vez le convenga más trabajar en el Sur que en el Norte. El tren paró violento y el maquinista saltó afuera furioso: —¡Con qué derecho me ataja! —le gritó al cerro. cuando una inmensa montaña se le puso en el camino. Había que hacer algo. Yo me desesperaba. porque esta flecha fatal pasaba de largo en todas. al menos. Pero no era mi papá. Yo ya no estaba triste sino que muy feliz y sentía como una agüita en el alma y como un cariño tremendo de grande por mi papá.

con todo. estiladera. queque. sin querer. y la señora se iba poniendo cada vez más blanda y más tiritona y le brillaban los ojitos azules. mijito —contesté. que no discuten. choclos con mantequilla. café con leche y una cuestión que se llama Natre y ciruelas con crema de postre. extinguidor de incendio. molino de agua y de café y montones de cosas nunca vistas.Venía acompañado de una señora el doble de gorda que él. Braulio —le dijo tierna al Dipu—. mortadela. El diputado le explicaba lo del Norte y del Sur y nosotros. . espuelas. El Jeep tenía escape libre y la señora mil pulseras hundidas en su brazo gordo que sólo aparecían en las curvas. Subimos en un Jeep inglés tapado de barro duro. —Llevémoslos a casa. paragüera. Tal vez porque tengo las orejas tan supersónicas de paradas me chillaban adentro con la radio tan fuerte. Yo habría querido ser del porte del Dipu para comer tanto como él. radio. sopapo. pero con cara de tía. Necesitan un buen desayuno y en seguida nos preocuparemos de sus padres. Eran de esa gente de libro de lectura. Llegamos a una casa macanuda. que todo les parece bien. Por fin le entendí esto al diputado: —¿Tienes la dirección de tu padre? —No. La señora tenía olor a peluquería y se remecía entera igual que el motor. La señora Bebé a cada rato decía »mijito« y yo creía que era a mí. Porque nos dieron: huevos fritos. copas de Campeonato. Tenía unos hoyitos en los cachetes y otro en la pera y un montón de arruguitas en los ojos. porque cómo iba a pensar que a ese tremendo diputado le iba a decir así. ni tampoco creía que él necesitaba comer esas cosas para el desayuno.

—Yo te llevaré a verlos. quiero que te sientas en tu casa. —Entonces es muy fácil averiguarlo. Había que ver cómo hacía sonar los cambios la señora y cómo le tiritaba el cuerpo pasando los hoyos. Yo me peiné y me lavé las manos y nos subimos otra vez al Jeep inglés. —Iremos a los diarios a averiguar más —dijo ella apasionadamente—. Total que la señora bañó a la Jimena del Carmen. —Ninguno tiene Diario. No cuesta mucho ir a sus casas a ver cuál es la de mi amigo La señora del diputado se atoró con el queso. La cocinera le había puesto una cinta roja en sus mechas y parecía un aviso de refresco. pero el papá del Casi es uno solo —alegué—-. Y se armó una de gritos. —Tengo un amigo en Osorno —clamé con violencia—. Mi marido es un hombre muy ocupado —dijo desconsoladamente. redactor. .. y justo cuando estaba pensando en eso se reventó la olla a presión en la cocina y fue igual que una bomba atómica porque saltó la tapa al techo. En fin. y tampoco tendrán todos un Diario. Puede ser repórter. Mi amigo es Casimiro Silva. la vistió con unos trapos raros y la acostó a dormir. Usted lo debe conocer. que hicimos doce visitas y encontramos a cuatro Silvas. y algunos tenían sólo hijas mujeres y otros ningún hijo. hay noventa y siete Silvas. fotógrafo o simplemente colaborador. pero ninguno era el papá del Casi. —Sí. En los diarios de Osorno hay lo menos seis Silva en cada uno.El Dipu hizo una carraspera de mil toneladas.. —En Osorno. Los otros ocho estaban fuera de casa en su trabajo.. Yo pensaba que es una gran cosa ser hijo de diputado cuando uno está perdido. Papelucho. bañó de tallarines a la cocinera y le quemó el cogote y una verruga que tenía en el brazo. Volvimos a casa y encontramos a la Jimena del Carmen comiendo pollo en la cocina. amiguito. Pero con la comida se me abrió la memoria y me acordé de que el papá del Casi vivía en el propio Osorno. dio bote en la cara de la presidenta del Club »Avance«. porque tiene un Diario. Y entretanto. Mi marido es diputado de la zona y yo presidenta del Club »Avance«. de ¡Ayes! y ¡Ayayayes! y total que a la cocinera le dio con que se iba por culpa de »esos chiquillos« y la señora del diputado no pudo hablar más porque la quemadura era en la boca y se la cerraron perpetua con curitas. pero tosiendo y todo me apretó la mano..

Se perdieron mi papá.. pensé yo. Es increíble lo pesado que es un kilo y también lo barato. mamá. En la puerta había una F grande y una flecha. hasta que por fin hice un precio y se los vendí todos a un señor que compraba botellas. periodista y detective. —¡Papelucho! —disparó al vernos—.. pero no se sabe. Pero poco a poco me fui dando cuenta de que era Osorno y me acordé de que el señor Silva me había explicado que él vivía solo porque era viudo y no tenía cosas inútiles porque cuando uno es viudo basta con tener su cama y un brasero para calentar el té. Teníamos que ir a comprar el pan porque el señor Silva sale antes que el sol a buscar sus diarios y nos iba a esperar en la plaza. Y nos fuimos por Osorno caminando con la Ji hasta llegar a una plaza donde vendían el diario. encendieron los faroles de la plaza. más hablaba la cocinera y más lloraba la Ji del susto. echamos los diarios en el cajón y nos fuimos caminando con el señor Silva a su casa. IV LA JIMENA ME DESPERTÓ: —Te te te te —y me tironeaba el pelo. —Para eso está su servidor: Miro Silva. Nadie quería comprarme los míos. hasta que yo decidí partir de esa casa embrujada. Partirnos muy felices . fierro viejo. Javier y la Domi. señor Silva —dije paulatinamente—. Los buscaremos y después de un ruidoso escándalo. Para que no nos perdiéramos iba a marcar con tiza una F en todas las casas por donde teníamos que pasar.. Le tengo una noticia para su diario. El señor que lo vendía tenía que saber cómo podría encontrar al papá del Casi.. Así es que calenté agüita con té y como no había leche le puse un poquito de café y nos tomamos el desayuno.Mientras más callaba ella. Hay que encontrarlos. Yo no sabía dónde estaba. Total que ahí estuvimos todo el día hasta que por fin se oscureció. —¿Cómo es eso? ¿Dónde se perdieron? —¡Ahí está el misterio! Podría ser en el Norte. los hemos de encontrar. zapatos y papeles. Pero ¡oh milagro! el caballero que vendía los diarios era el propio papá del Casi. ¡Tú aquí en Osorno! —Lo buscaba. Me pasó un montón de diarios y me dijo que saliera a venderlos por ahí mientras él con la Jimena sentada en un cajón chillaban ofreciéndolos.

otras FIAT y algotras Fensa. inmenso. ¡era la maravilla! Corrí por una zanja de agua suave y la guagua reía feliz adivinando que iba a llenarse de leche por . Cuando uno ha caminado mucho da lo mismo parar o seguir. las murallas. Lo más impotente era el silencio. levantó los brazos y me pidió que la llevara. Al fin se terminaron las casas. De repente se paró en seco. total que me acordé de que seguíamos perdidos. Entonces me di cuenta de que los dos estábamos muy cansados. otras chicas. El nos invitaba a acercarnos fumando su humo gigante que escupía piedras preciosas.con la Ji buscando las efes y encontrando una a cada rato. La guagua entendió al tiro el asunto y me mostraba todos los garabatos que había en las murallas. con choclos al natural en hileritas y allá lejos las vacas llenas de leche fresca. Encontrarse solitario con un volcán supersónico en un campo sin ruidos ni gente apurada. se acostumbra. con árboles frutales sin dueños ni precios por docenas. Tuve mucho gusto de conocerlo. total. Me eché al hombro a la guagua y me fui perpetuamente caminando derecho. las efes y un campo grande. Unas grandes. unas eran Frap. que todos estaban perdidos. —Te te te te —clamó. prehistórico. de que habíamos caminado mucho y lo peor era que nos hallábamos donde mismo. servía de bandeja al colosal volcán Osorno. Miré a todos lados y vi que en todas las casas había una F.

la lavé en la acequia y por fin la bañé para consolarla definitivamente. Ahora decía: —¡Mah! ¡Quele mah! El volcán Osorno seguía en el mismo lugar y al igual que la luna. Por primera vez me pareció linda la guagua. No sé qué me pasaba. Las vacas estaban lejos. Era un monito negro con la pera brillante como espejo. Pero lloraba tanto al ver la sangre de su lengua que me olvidé de mí. mientras más nos acercábamos. más lejos se veía. Tanto habíamos caminado que sentía ya el olor de las vacas y sus voces maternales. descascarándonos a pedazos y dejando tirados nuestros moldes de barro. porque fijo que encontraría ahí al papá y la mamá. El viento puso duro su cuerpecito embarrado y apenas podía doblar el codo y las rodillas. La Ji. Corría yo por la acequia con la Ji a caballo en mí.mucho tiempo. El silencio del campo estaba ahora lleno de ruidos: a un lado las espigas se . y yo tenía que llegar a él. a más de bonita. ¡Lástima que no le habían enseñado a galopar y la pobre se mordió la lengua! y también me hizo un chichón mortal en la cabeza. se iba poniendo inteligente. pero más lejos todavía el volcán. y por suerte. Su boca grande y fumadora era como una sonrisa y su humo escribía con letras en el cielo todas sus promesas. lo que buscaba mi papá y hasta la Domi. porque es terrible hablar con una individua que todo lo que dice es Te Te Te Te. Seguimos caminando por el campo. Era su felicidad que la boniteaba. pero era como un embrujo: en el volcán Osorno estaba todo lo que buscaba yo.

Tenía que aprovechar la siesta de la guagua y tampoco podía irme muy lejos porque no encontraría nunca más a mi hermana dormida entre las pitucas espigas bullangueras. Un volcán es una cuestión que no se descubre todos los días. Hasta que por fin decidí: mientras la guagua no crezca.rascaban bulliciosas. y es muy frito si esa hermana chica tiene un hermano más grande que es un Descubridor de Volcanes. se ve solamente el cielo y el volcán y su humito. Dicho y hecho. Cazar un león en la selva debe ser cosa fácil. Avancé en secreto. La miré en los ojos y la hipnoticé. Lo primero es domar una de esas vacas huérfanas y abandonadas para que críe a la Ji y la agrande luego. Nos sentamos y las espigas blanditas y tibias se acomodaron para hacernos hueco. Me miró en los míos y dijo: . no hay caso del volcán. no hay como la leche de vaca. allá cantaba un águila y las aguas de un río misteriosas hacían gorgoritos con sus ranas y piedras. Cuando uno está en un bosque de espigas. La Ji cerró los ojos. Para que un niño crezca rápido. me encaminé hacia el horizonte vacuno a conquistar una salvaje para que alimentara a mi hermana. porque sólo se ven cuando están lejos y son tan tremendamente indiferentes y aturdidas. Por eso hay que aprovecharlo. Por suerte venía una vaca contra el tráfico y bastante aturdida. pero pillar una vaca en un bosque de espigas es re-difícil. También cuando uno tiene que cuidar a una hermana chica le da con pensar como mamá de ella. se veía que era la hora de su siesta. La dejé dormir y me puse a pensar.

La Mena era de esas vacas antiguas con muchos dedos gordos reventando de leche y goleadores y le enchufé a la Ji y las dos quedaron felices. Pero el tilimbre no quita el hambre. Uno se trepa a caballo en la vaca y ella se ha puesto helada y tiritona y sus ojos tienen Mamitas de volcán. Y todo huele a azufre. al llamar a Ji-Mena. alumbrado por el genial volcán y con la música ambiental de las vacas salvajes. CUANDO UNO cree que todo está perfecto. Eso es lo bueno de las guaguas que ni le tienen asco a las vacas y uno siente tilimbre de hacer lo que hacen ellas de chupar. para cada estilo. otras para caballeros solos y hasta algunas para viejitas chuñuscas. Lengüeteó pegajosamente mis dedos y me siguió obediente. no más tazas quebradas ni cucharas perdidas. Justo cuando ya nos sentíamos eternamente felices. Uno se vuelve todo orejas y narices. las llamaba a las dos. otras para niños huérfanos. Porque la noche. Mi mamá va a ser la señora más feliz del mundo cuando le entregue a la Mena: no más cuentas de almacén ni de luz. Entonces me vino a la cabeza una genial idea: hice un hoyito en el suelo. No le tenía ni vergüenza ni miedo a la Mena y se carcajeaba con su cola que la despeinaba. Tenía un carácter de esos que escuchan y no contestan. en vez de decir Te Te Te dijo Ti Ti Ti y se largó a reír. así es que mientras caminábamos le expliqué que ahora tendría una hija Humana y que iba a ser madre-niñera-mamadera de mi hermana. Es la solución de la vida. ni tazas ni menos servilletas. Es decir. Aprendí ligerito a dispararme en la boca y tomé leche hasta que quedé bien lleno. SIEMPRE. Y mi papá puede poner el negocio de terneras y enseñar vacas jóvenes para todo servicio. ni cocina. en un potrero de Osorno. es algo tremendo. no más lavandería. La Ji se despertó con su olor y con su Muhhh y de puro gusto al verla. Sobre todo cuando uno tiene una hermana chica que cuidar. porque si se me olvidaba el nombre. resulta lo contrario. Así es la vida: sorpresosa y contreras. me acosté de espaldas en él y le apreté las mangueras a la Mena. La bauticé Mena. ni gas. a odio de clases entre vacas enemigas de uno y armas invisibles de la selva. Era una vaca negra con medias blancas y orejas sucias y un poco de romadizo en la nariz.—¡Muh! — ¡Muh! —le dije también yo y le di a oler mi hedionda mano. . Me sonaban las tripas. no más ollas. vino lo terrible: la NOCHE. La verdad es que en este mundo cuando uno tiene una vaca no necesita plata.

Vuelta a perderse. Sentí congoja. Pensé: »¿Cómo llamar a esa ventana en plena noche sin asustar al caballero rubio?«. y al instante la cabeza rubia se volvió hacia la ventana con unos ojos redondos y celestes. Era verdad la luz. desapareció la luz. ayúdame! —clamé. Apareció de nuevo. un pan grande en un plato. y muy muy cerca. de una mano agarrado el cuerno de la Mena. que pase luego la noche y sea día. Tomé confianza y seguí pidiendo—: Señor. de la otra la Ji.. a la Mena el burro y la Ji la Virgen.. Pensé: »Los cuentos a veces han sido ciertos«. De pronto. en la noche. se encendió una luz. Por lo demás. Me sentí como de fierro. —¡Señor. Una luz firme y tranquila. Avancé con cuidado. y el bulto impotente de un rancho con olor a comida. Dicho y hecho. No alcanzamos a huir.. Esa cabeza se asomó completa y una voz en idioma raro nos saludó. Su chaqueta de cuero estaba rodeada de perfume a salchichas deliciosas que sostenía en un tenedor y hacía desaparecer por su bocaza. esta casita mágica. Con violencia. y tirando de un cuerno a nuestra amiga nos encaminamos hacia la luz. —Ji. Vimos luz en su casa . Seguimos caminando y la Mena ya no estaba tan helada. Me dije: »¿Vas a ser cobarde y perderte una salchicha por miedo?«. Me dije: »Este es cuento de hadas«. Haz un milagro cualquiera pero que se aleje el peligro y podamos dormir.. Nos acercamos a la ventanilla y miramos los tres hacia adentro. Yo se lo había preguntado para estar seguro de que no soñaba. Y entonces. igual que en la tele. me recordaba algo. nos veíamos parecidos. aquella luz. Mena! —ordené. escondía lo demás. No apagues el volcán porque todavía se pone esto más oscuro. —¡Andando. un queso en otro y la cabeza rubia de un hombre contra la ventana. hasta con cortina. Había una mesa con un mantel de cuadros. Esto de nosotros perdidos en un bosque. ¿ves esa luz? La Ji rió con sus dos dientes. tuvimos delante.¿Volver a la ciudad? Todo un día de camino. es decir toda la noche. A mí me dio por creerme San José. —¡MUUUUHHH! —dijo la Mena. No de otro volcán. Comprendí entonces que ramas malditas la escondían tratando de engañarme. —Estamos un poquito perdidos —le explique—. Pensé en Hansel y Gretel. y el Señor me escuchó. Había un cristal de ventana. Estaba cerca del suelo y no lejos.

Lo único que se me ocurrió fue quitarles la vaca de nuevo y perderla igual que antes. Había dos cabezas ahora. —¿Usted no cree en los milagros? —le pregunté. la otra mucho más rubia todavía. Ahí sí que me dio rabia: que una alemana con marido. y habló algo raro al señor. . —Entonces es el destino. porque parece que era una vaca de ellos que se había perdido hacía tiempo. Nos acostaron en una cama blanca tapada con un inmenso almohadón de colores. relleno de plumas y nos dijeron »Gute nacht«. —dijo Gretel. —Tú me has devuelto mi mejor vaca —decía el Señor Hans haciendo brillar sus ojos. La Ji se atoraba de felicidad y la Mena estaba eternamente callada en su establo. y mostró todos sus dientes que eran miles. casa y de un cuanto hay. su queso. pero se acordaba de esa casita de caramelo. Es demasiado. yo. Pensé: »Yo recé a Dios y me oyó mi oración. Parecían tremendamente felices con nosotros tres.y. Nos cogió de la mano a mí y a la Ji y nos invitó a entrar. ella conoce el camino —da rabia que a uno lo crean santo u honrado cuando ni piensa serlo. La Ji le mostró sus dientes y la Mena volvió a hacer ¡Muh! —Adelante —dijo la señora rubia. igual que cuando uno llama a los pollos. Entramos. y ella volvió a menear la cabeza con violencia. Hizo unos ruiditos. sus salchichas. Porque si Dios se las había devuelto gratis y ellos no estaban agradecidos. Pero ahí era el milagro y nos estaban invitando a comer su rico pan negro. Algún día tendrían que rezar para que apareciera.. diga que no tiene ni gota de te. igual que en el cuento. —Qué agradece —dije yo—. así que le prometí a Dios que yo la iba a convertir. Hizo el milagro y ahora yo tengo malos pensamientos. y meneó la cabeza. Yo me desvelé pensando qué debía yo hacer. Escondió su cabeza y la sacó con cuerpo y todo por una puerta invisible. de ese viejo que lo engorda a uno para comerlo más sabroso. A lo mejor fue la vaca quien nos trajo. y a uno le daba miedo SER el cuento. —Yo estoy tan agradecido de ti —repetía.. He perdido la Fe«.. vaca. Uno querría pensar en otra cosa. El olor de salchichas era de primera. —Yo ni sabía que era suya —respondí. —¿Entonces usted tampoco tiene fe? —le pregunté—..

como amigo de Dios. con una cadena al cuello. Yo la cumplí y me volví a la casa. Y prum. Es increíble el hambre que da el Sur y lo bien que cae el desayuno alemán. Estaba prisionera. Ahora que era de día me daba cuenta de que la pobre tuvo razón de irse. Cacareaba como un gallo y se le ponía blanca la cresta haciendo fuerzas. cuando Hans se fue a picar leña y Gretel se llevó a la Ji a los gallineros para darle comida a las »aves«. ¿Qué haría Gretel cuando se diera cuenta de que faltábamos los dos? ¿Saldría a buscarnos? ¿Se vengaría en la Ji? Es terrible tener preocupaciones. y VI DESPERTÉ CON UNA COSA que me hacía cosquillas en la frente y me picaba una oreja. pero cuando uno tiene hecha una promesa a Dios. partí yo al establo a buscar la famosa vaca que había de perder. Era la gallina Schatz que dormía antes en nuestra cama y estaba enseñada a despertar a todo el mundo. Y junto con pararnos de la mesa. Ella me reconoció y la desaté paulatinamente. les haría entender que los milagros se acabó. Dejé a la vaca perdida y me fui enredando las espigas para no dejar rastro ni huella. es decir. Me la llevé por la senda del honor. por un camino desconocido que íbamos abriendo los dos entre las espigas. pero las promesas son promesas y hay que cumplirlas. . me dormí. junto con otras a cadena perpetua. Caminamos y caminamos largo rato hasta que nos perdimos. no puede pensar en otra cosa hasta que la cumple. SON milagros.

. para algo sería. Se tranquilizó en mi ancho pecho caliente y con ella se me pasó el susto de ser una isla en el río. igual que la mueve y se ríe todo el tiempo. Me quedé paralelo. eternamente feliz. Cruzarlo a nado era imposible. Hasta que por fin se me ocurrió esto: si yo trepaba hasta el cogollo podría divisar el Norte y tal vez a mi mamá en alguna parte.Llegué a la casa y estaba cada uno en su cada cosa. Pero de pronto se me puso delante un río. y el cielo se iba poniendo oscuro con el humo gigante del Osorno. De todos modos me fui mirando de fijo el humito azul del volcán para no andar de más. Las aguas del río habían perdido el paso. seguramente tendría anteojos de larga vista y me vería. Iba en línea recta para acortar camino. como el del río Kway. Yo estaba feliz. Entonces miré al volcán y lo miré tanto que de pronto pensé que si Dios lo había hecho tan alto. A uno le gusta tener aventuras y poder contar algo cuando vuelve a la casa. Tomé una grande y la dejé caer al fondo. Una vez que ella me viera se quedaría tranquila de saber que estábamos bien en la punta del volcán. pero mucho más grande y se molía en el aire disparando estrellitas y peñascos inmensos.. Debía ser una piedra preciosa y esta noche habría una estrella más en el cielo. nadie se había dado cuenta de que faltábamos la vaca y yo. De pronto me di cuenta de que me rodeaba el agua. Por sus laderas saltaban peñascos muy alborotados.. El puente debía ser colgante. Le expliqué al señor Hans y él movió la cabeza y se rió. Su agua fresca traía peces y piedras preciosas que arrollaba en su corriente de mil amperes. Era como la llama de la Refinería. ¿De qué lo colgaría? En esto pensaba cuando de pronto vi saltar una piedra del cráter del volcán.. un puente de piedras. Eché otra encima y otra y otra hasta que me convencí de lo inútil.. Porque si uno está rodeado de . El humo azul se iba poniendo gris. pero desapareció. Era una oportunidad. luego blanco y por fin rojo. La piedra se elevó y se perdió en el cielo.. Y si ella me buscaba. ¡Yo solo y ese espectáculo maquiavélico! Sin duda era un aviso para que no siguiera adelante en mi camino al volcán. El río se había desbocado y entre mis y zapatos hallé una liebre muy asustada. pero la cuestión es PODER volver. A todo esto me di cuenta de que un trueno grande y majestuoso se derramaba cerro abajo a mis pies el suelo tiritaba igual que la piel de la Mena. Habría que hacer un puente.

tampoco. y por milagro podía salvarme de ser náufrago ahora. se muere. El agua subía a mis zapatos y mis dedos empezaban a ahogarse. Saqué bien la cuenta.agua y esa agua es tan profunda que se traga toda piedra. Y aunque se demoren un poco. tan poca. más hondo. me convencí y me lancé a nado. Cuando a uno se le para el corazón. La liebre estaba muy nerviosa y tenía que sujetarla con las dos manos mientras miraba al cielo.. y mis heridas eran puramente ocho. . o sea el humo. y tal vez porque me sentía tan gallito. si uno tiene en sus brazos una liebre más asustada que uno. no es fácil salir de allí. Morir parado en una piedra o ahogado en un río. En vez de secarse el río. etc. Dios se hizo el sordo. El corazón de la liebre era un Jett y el mío se iba poniendo tan lento que creo se detuvo. y no bien mortales. Las nubes negras. etc. que apenitas me cubría los pies. es ídem si uno se muere de veras. Por milagro estaba yo en un peñasco elevado. eso da confianza. Cuando uno se convence de que existen los milagros y basta con pedirlos. no hay más miedo. se abrió más grande. Recé. por milagro había encontrado anoche una casita con cama y comida. con más olas. Entonces me levanté para contar mis heridas y me di cuenta de que el agua era poca. El humo negro se iba retorciendo en un enorme tirabuzón y el volcán Osorno echaba unos escupitos chicos como de velos blancos.. etc. Me pegué fuerte contra las piedras del fondo y la liebre se me subió al cogote.

rodeada de extraños juguetes y con la colita para arriba y la cabeza pegada al suelo. flores y floreros. Yo respiré feliz y tan fuerte que apreté mis talones. —Tu hermanita muy bien —me dijo. pero me acordé de la Ji y me dio congoja. Te espera ella y una sopa de lentejas. duraznos. . y el tordillo saltó a todo galope camino de la casa. el señor Hans me hablaba con su lengua de revoltijo: —Estás sanito —decía con su saliva espesa—. Cuando recobré la calma. se echaba al suelo dándose vueltas de carnero sudaba y por todas partes había cosas tiradas. La señora Gretel saltaba como loca. Tembló violento porque el volcán eructó y tuve miedo de ti. . la liebre tenía la lengua afuera y estaba medio ahogada por mi fuerza. se chupaba un dedo . ¿Qué le habría pasado a ella? No sabía cómo preguntar. Por suerte los alemanes son adivinos..Me sentí elevado por una garra inmensa y sólo atiné a apretar la liebre entre mis brazos. manzanas. VII JUNTO CON LLEGAR al rancho me di cuenta de que algo raro pasaba. cuando me subió al anca del tordillo—. En el medio. A mi lado.. como telegrama. Era una gran noticia.

. —Es chiquita.. Tiene bastante edad. —¿Cómo piensas volver al Norte? —me preguntó Hans encendiendo su pipa. aunque nunca prohíben hacer algo. ¡Yo no! Me daba rabia que se metiera en mis secretos de familia. Hans habló en alemán y Gretel empezó otra vez a ordenar todo. Ahora ni me acuerdo. aunque Gretel nos dio kuchen al té. yo prefiero el Norte. Pero se ve que la Ji estaba esperando la liebre... Se veía que yo le estaba cayendo mal. —¿Sabes la dirección de tus padres? —La atrasada de noticias es la Ji —le contesté—. Y mi hermana tiene malas costumbres. —Debías haberte ido al Norte inmediatamente. Además es atrasada de noticias. pero yo me . Hasta la sopa de lentejas tenía un gusto de toda la vida. ¡No tiene remedio! —clamé. Yo quería convencerla de que cuando una tiene su mamá propia le caen mal las tentaciones de ser hijo de alemán del Sur.. aunque nadie se enoja o se pone nervioso. Gretel decía al darnos kuchen: —¿Quieren vivir siempre con nosotros ya? ¡Adoramos los niños! —y sus ojos daban chispas azules y sus manos rosadas se apretaban como rezando. poniendo la boca como chupete viejo. Aunque Hansel me prestó su caballo. y al fin y al cabo lo más importante para un hijo perdido es que lo encuentren. La señora Gretel ordenó la casa y todo se volvió aburrido como si uno hubiera nacido allí. —De porte —expliqué—.. yo prefiero mis papas chilenos. porfiado y no sé qué más. entonces —dijo. pensaba que al menos el Norte debe ser distinto del Sur. arreglándose el pelo—. No quería ser mal agradecido tampoco. —Yo tengo mal genio —le dije—. También soy desordenado. —¿Ve usted como soy mañoso? ¡Llevo dos días en Osorno! Y quién sabe cuándo me iré. Gretel. aburrido. —Ella no quiere jugar —dijo Gretel. —dijo. Para alegrarme. pero creo que no le convengo de hijo. aunque el sur de Chile es la maravilla. Hans no contestó.la Ji. Tiene mal ánimo y no puedo sonreirla. Es su manía. lo que quiere decir que no es inteligente. Aunque nadie reta ni castiga. —En avión —contesté. Al tiro se puso contenta y a la liebre se le pasaron los nervios. Siempre será guagua y chica. por eso la cuido tanto.

quizá hace contacto entre cuernos. Estornudó. igual que les pasa a las tunas cuando les salen espinas y más espinas. Hasta que descubrí que tenía los cuernos tapados. De pronto sentí en mi mano un aire caliente. ni cómo decirlo. hasta que por fin dijo: —Está bien que vuelvas donde tus padres. —Tetetete —chilló la Ji abrazándole una pata. y yo era un desagradecido. Entonces decidí volver con ella. Es como una fatalidad. pero ¡que se lo venga a decir otro! Era tanta mi rabia que se me hinchó la lengua y ni me salió palabra. Hans me había salvado de la erupción del volcán. Así es que me puse verde. batió la cola y echando espuma por su mocosa nariz. no fueran a pensar que la habíamos robado. Las vacas oyen pero no entienden. Encontré un palo. que me digan canalla.. más se me pegaban los platinos. La Mena nos miraba de fijo y ni entendía mi mandato de que se volviera. todo. Hay vacas con ideas pero que ni saben explicarlas. Miré asustado creyendo que el volcán nos perseguía con su humo negro. o sea las antenas malas. Caminamos por el campo y con cada paso que dábamos me iba poniendo más y más rabioso. —Vuélvete —le ordené a la vaca. Pero mi rabia de ahora no era contra Hans sino contra mi »yo« cargante. se lo puse. sin corriente. y aunque le hablé en los cuernos. Me acordé de que había visto animales con un palo trasmisor entre sus cuernos. Pero está muy mal decir que estás perdido cuando sabes su dirección. Hans se paseaba mordiendo su pipa y preguntándome cosas que yo contestaba de mal modo. ¿Qué sacaba con seguir caminando cuando sabia que TENÍA que volver atrás para decir ALGO? Lo que no sabía era qué »algo« diría. junto con ponérselo. Eres un MEN-TI-RO-SO. Uno puede decir que uno es lo peorcito.. Yo puedo aguantar todo. ni se movió siquiera. asesino. y dale a uno con volverse erizo.seguía poniendo cargante y más cargante. me había dado alojamiento y comida. antropófago. . Mientras más trataba de hablar. Pero no era tan fácil: la Mena estaba pegada al suelo. hasta que por fin dije: —¡Chao! —y cogiendo a la guagua de la mano partí paulatinamente dando un portazo. y aunque la madera no trasmite electricidad. idiota. y. menos »mentiroso«. cambió de carácter. pero ella me miró desconsoladamente. y me encontré con la Mena y su nariz mocosa.

en un poco rato estaríamos con nuestro papá y mamá. El majestuoso camión iba cargado de troncos que saltaban con infernal ruido. una estación con bancos y en uno mi mamá esperándonos. . y partimos estrepitosamente saltando por los hoyos. Viajamos y viajamos remecidamente. La gente chica viene con sueño atrasado. Ni sé cómo podía con mi hermana que es pesada y resbalosa. Si a uno le falla un tornado y se le ofrece un camión. Era un viaje de sordomudos porque nadie sacaba nada con hablar porque nadie oía. pero la nube de polvo la venía echando un camión y se acercaba con un ruido de mil diablos. Le hice señas. Yo a cada rato creía que iba a aparecer una ciudad grande. Pero nada. Llegué por fin al tornado. cuando divisé a lo lejos un tierral. Era atroz. trepó a la J¡ adelante y me ayudó a subir. lo aprovecha. Hasta que de repente apareció entre los troncos el chofer camionero y dijo: —Voy a hacer una diligencia. La Ji se puso a llorar y mientras la consolaba.partió al galope. cuando uno está en el Sur de Chile. Nos acomodamos entre un chanchito rezongón y una gallina pecosa. porque dale con dormir. y sólo se despertó cuando chirriaron los frenos. debía dejarme envolver por él para que nos llevara al Norte. y así. No se oía nada de nada. vi alejarse a la Mena hacia el rancho de sus dueños que ojalá habrán rezado para que al verla aparecer. Tomé en brazos a la Ji y corrí al encuentro del tornado. un camión que va de viaje tiene que ir al Norte. pero la cosa es que mis brazos y mis piernas parecían de atleta y me salían chispas de los talones. crean en los milagros por fin. pero entre ellos. Yo sé que los tornados viajan a mil por hora. llena de tiendas de Arica. Cuídame la carga —y saltó afuera. con tal de llegar. ¿Sería un tornado de esos que vienen viajando desde Estados Unidos? Dicho y hecho. Y da lo mismo en qué se llega. Tendría que guardarlas para cuando volviera. VIII TODAVÍA MIRABA EL hueco que dejó la Mena entre las espigas. Al fin y al cabo. Yo me quedé bien sordo. su chofer invisible lo detuvo. Era lindo oír su voz y saber al menos que uno no estaba sordo pero era una tremenda pena no tener tiempo de preguntarle las setenta y cuatros cosas que se me habían juntado en todo ese rato. La Ji se había dormido con el chancho de almohada. Fue un chillido muy largo pero al fin el camión se detuvo.

Se había hecho mil rollos en el freno y el cogote se le iba poniendo más y más flaco mientras más le bailaban sus ojos de chancho. No era fácil sujetarla a tanta velocidad y con tanto brinco y la sonajera horrenda de los troncos. la Ji. Algún día llegaríamos y entonces terminaría esta carrera. torpe y porfiado. Sostenía a la Ji apretada entre mis piernas mientras al chancho le dio por asomarse y colgaba medio cuerpo en el aire. y mientras menos carga había. El chanchito se había puesto nervioso y tironeaba y tironeaba de su cordel amenazando ahorcarse. sin darme tiempo de preguntarle nada. o soltaba yo el freno del camión. El paisaje pasaba a chorro a nuestro lado. y mientras desenvolvía el cordel del cogote del chancho ni me di cuenta de que el camión se movía y se seguía moviendo. El último tronco rodaba detrás del camión y aunque agarraba vuelo. El camino era ancho porque ni había camino por donde íbamos. porque era puro cerro. O se moría ahorcado el chancho. Inútil tratar de hacerlo entender que se diera vuelta al otro lado. salimos de un enredo de patas y brazos y cola y plumas. Es fácil manejar un camión. pesado. arriba.El camionero se estiró hasta que se puso inmenso. inútil amansarlo. etc. La gallina se revolvía entre sus patas y su cola. se volvió a armar de nuevo y partió a su diligencia. el . Todo esto en un instante. no lo alcanzaba. Yo me di cuenta de esto al poco rato. En realidad íbamos bajando a todo chifle. porque empezó otra vez la sonajera de troncos y no se oía ni el chancho. Yo lo quedé mirando alejarse por un sendero hasta que la Ji me sacudió con su eterno Tétete y me mostró un huevo que le había sacado de no sé donde a la gallina. inútil empujarlo. Pero la mala suerte fue que el camino ahí era como de bajada. Y de repente no se oyó más ruido. a los lados. Solamente pensaba en llegar al plano. Ni me acordaba del chofer y su diligencia. De pronto me di cuenta de que si el chofer se había bajado del camión.. inútil moverlo. porque sentía caer los tremendos troncos.. Hubo un sacudón electrónico. más saltábamos y más rodaban los troncos ya sueltecitos. atrás. bostezó. crujió entero. el camión iba entonces sin chofer. Me trepé en el asiento y me agarré con fuerza de la dirección. Cada hoyo disparaba uno o dos. Le colgaba la lengua. pero allá abajo se divisaba plano. Era duro. Estábamos en órbita y eso era peligroso. primero despacito y después más ligero. un ruido supersónico y. Con dolor de muelas. Lo solté y le salvé la vida. pero lo que es difícil es sujetar la carga.

se desparraman por el mundo y comen calladas. Y una cabrita de la edad de la Jimena se le acercó y le lamió la mano. Miré más y vi más y más cabras por todos lados. olorosas a cabra y soñando con los quesos que nos darían de desayuno al otro día. aceites. Pero no sabíamos dónde. Habíamos llegado. blandas. Hasta una café con manchas blancas. una botella quebrada y un sandwich con varios mordiscos. apolilladas y viejas. La gallina la solté por si ponía más huevos. negras y peludas. después corren a saltitos. Decidí no hablarles para darles confianza y sólo les sonreí. porque ni había a quién preguntarle porque era de esos valles solitarios entre montones de cerros.chancho. y al chancho le di el huevo con cáscaras y todo. Después que se me quitó lo tullido. Saqué la bujía para aprovecharla en algo y estaba pensando en qué. Entonces me puse a revisar el motor del camión. caminé con la Ji para acá y para allá. Se lo di a la Ji porque tenía pena de que se le hubiera quebrado su huevo. eso era lo malo. la gallina y yo. Ellas estiran el cogote y prueban su voz a ver si les funciona. es precioso. IX AMANECER ENTRE CERROS solitarios pero llenos de cabras recién levantadas. que era una tarjeta vieja. Había chicas y grandes. Y ahí empezó la amistad. Miré y había a mi lado una cabra blanca con cuernos y pera. Cuando cayó la noche. . volví al camión a revisar lo que quedaba y descubrí el padrón. Nos miraban pero estaban listas para partir al galope. y alambritos negros. cuando de repente oí una tos. Era una mina de cabras salvajes y curiosas. De sus latas abolladas salían aguas. Tenía dos cosas buenas: una bujía y un pedazo de ventilador. entre las cabras de pelo suave y caliente. dormimos como nunca de bien. El camión estaba clavado en una genial piedra.

Las cabras mamáes no tienen problema: sus hijos nacen sabios y las guaguas toman su mamadera calladitas. Pensaba en los quesos. Sino que por el contrario. y así. con voz de trueno y de susto tremendo. pero salió tan saltona y andariega que al poquito rato ya ni divisábamos el famoso camión. y cuando sea grande me preocuparé de que tenga una vejez alegre. Era el eco. Yo no sé para qué la gente se da tanto trabajo cuando los animales ofrecen gratis su comida y limpiecita. Y creí que estaba loco porque por todas partes se oía mi mismo grito: Mena. pero está muy bien inventado.. Cuando uno tiene hambre de verdad ni se acuerda del famoso asco. ni teléfonos. Yo seguí a mi amiga para que no se me perdiera a la hora del almuerzo. pero cuando uno ha viajado tanto ya sabe que es cuestión de acercarse para que las cosas crezcan. Algunas se veían como puntitos trepadas en los cerros y algotras ni siquiera se divisaban. pero a todo esto ni la Ji ni yo habíamos comido nada. Era para ellas la gran novedad. se fueron todas a mirar el camión. al otro lado del cerro. No estaba por ningún lado.. Y tomando a la Ji de la . Después del desayuno. Yo creo que si la gente le aprendiera a vivir a las cabras sería muy feliz. porque donde no hay campanas de incendio. me imaginaba que habría una inmensa cueva donde los tendrían guardados y se me hacía agua la boca mientras caminaba buscando el escondite. Mena. Esa cabra que me dio su leche era una gran persona. Parecía de juguete. en una especie de cancha lejana. Poco a poco las cabras se aburrieron de mirar el camión y partieron para distintos lados. Y cuando se muera la voy a embalsamar y mis hijos y nietos sabrán que me salvó la vida cuando estuve perdido. debajo de una cabra que la estaba alimentando igual que la vaca de la Gretel. Yo no lo conocía más que de nombre. —¡Ji-me-na! —grité. Para desconfundirla entre todas le puse la bujía colgando del cogote con un collar hecho de alambre. Apenas terminó la Ji su mamadera yo me tomé la mía y ni pensé más en los quesos. se veía un avión. vaya donde vaya la reconoceré. uno se comunica con su gente. De repente me acordé de mi hermana. Yo no la olvidaré jamás. La Ji apareció ahí muy cerquita.

—¿Eres un desvalido? —me preguntó—. Pero llévenos con usted. mocoso idiota? —me sopló al oído. aunque ni tengo la mayor idea de lo que es ser eso. ojalá estuviera grave y se demoraran bastante en arreglarlo. aceleré mis piernas y llegué justo cuando empezaba otra vez a dar vueltas la hélice. La dejé un rato. por si el piloto era capo. me tiré al suelo con guagua y todo para poder frenar.mano resbalamos cerro abajo. o sea la hélice girando a mil por hora. ¡Estamos perdidos! —No sabes dónde voy y quieres que te lleve. Era de esa tierra suave y fina en que no hay ni que mover los pies y al igual que en los sueños uno llega justo donde va. Era una suerte que el aparato estuviera descompuesto y nos diera tiempo para llegar a él. Cuando de pronto miro el avión y veo otro tornado. Y aunque no era más que un avioncito Cessna nos demorábamos bastante en darle la vuelta. La cabra amiga con su bujía trotaba a nuestro lado a igual velocidad. Después caminamos mucho con los ojos clavados en el avión y ya podíamos distinguir unos hombres que se movían alrededor. es mala suerte para un piloto negarse a llevarlo. —¿Te ha pescado la hélice. hasta que se abrió la puerta y apareció una cabeza de piloto con anteojos y todo. Me eché al hombro a la Ji y partí eléctricamente para alcanzar el aparato antes que partiera. Porque si lo eres. La Ji estaba cansada y se me echó al suelo a dormir. Yo traía de la mano a la Ji. Se veía que estaban preparando su partida. Cualquiera se pierde así. cuando de pronto la hélice se detuvo. Cuando volvimos a llegar frente a él. El piloto dio un salto v se paró a nuestro lado y se agachó. Pero antes de cerrar la puertecita. con cuerpo y todo. pero ni le entendimos lo que dijo con el ruido del motor. —¡Arriba entonces. Eso sí que yo había corrido tanto que no podía parar y seguía corriendo alrededor del aparato. —y metió su cabeza en el avión de nuevo.. Faltaban pocas cuadras para llegar al avión. —¡No! —chillé con todas mis fuerzas—. —¡Eh! —gritó al vernos pasar. —Soy desvalido —le contesté automático. y aunque me .. porque iban y venían llevando cosas. De todos modos. La cuestión era que no fueran a partir antes que nosotros llegáramos. insolente! —y estirando su gordo brazo me pescó del mío y me trepó al avión. se arrepintió y volvió atrás.

. Por una rendija divisé el campo y los cerros donde estuvimos. la Ji. camiones. Ayuda a subir la cabra. Me miró como si jamás me hubiera visto.. Mientras me hacía el masaje. le dije: —Señor piloto. por si le interesa yo me llamo Papelucho y no majadero y mi hermana se llama Jimena. Uno se sentía seguro. etc. De pronto dejó de saltar y nos fuimos rodando para atrás. falta la cabra. la cosa era distinta. mientras nosotros potentes . cada vez más lejos. cerró la puerta. Se veían chiquititos. se apretó el cinturón y gritó con fuerza: —¡ Agarrarse fuerte que partimos! EL MOTOR CHIRRIÓ furioso y el Cessna matapiojo se deslizó por la cancha brincando. majadero. Y aquí está. la cabra Fortuna y yo. esperamos calladitos a que decolara el aparato. Nos estrellamos contra unos sacos duros y. —¿Estás chiflado que voy a volar con una cabra? —Es la cabra Fortuna —le dije—. Ésa es más desvalida que nosotros. bien aferrados los tres.estaba acostumbrando a que me suban en aviones. Lo ayudé y le dije: —Señor piloto. Trae la suerte. Ya una vez en el aire. —Tienes razón.. —¿La has probado ya? —Usted lo está viendo. resulta bastante difícil armarse de nuevo y juntarse los brazos con los hombros. porque el aire es gran persona. etc. No teníamos manera de salir de estos cerros y lo único que podía salvarnos era un avión.

Al poco rato ella se puso a hablar como si nunca hubiera sido atrasada de noticias y conversaba de todo con la Fortuna. sobre la ciudad. se le pasaría la rabia. Hansel y Gretel lechando sus vacas. —Es macanudo volar —dije todavía más fuerte—. sobre el volcán Osorno. Lo mejor era preguntarle muchas cosas hasta que estallara de una vez. Pero él se hizo como si no me oyera. —¿Es suyo este avión? ¿Hace mucho tiempo que es piloto? ¿Cuántas horas de vuelo lleva? ¿Tuvo paperas cuando era chico? ¿Se acuerda . Rabiando. pero quedarse con todo lo que uno tiene que decir y manejar un avión debe ser tremendo. sobre todo. Yo creo que se sentía manejando micro a la hora de doce. Parecía que algo le dolía perpetuo. Yo siempre he visto gente enojada hablando y rabiando. le asomaron unos pelos. Estaba furioso. pero era de esos gallos con una arruga negra en la frente y dos en la boca. Yo me acerqué al piloto. Eso sí que le dio por llamarla mamá y por imaginarse que tenía muchos hermanos. Tampoco contestó. Pero debe ser bueno saber para dónde uno va.. el papá del Casi vendiendo sus diarios en la Plaza. —¿Para dónde vamos? —le pregunté a todo grito. Y quería preguntarle. sobre la cordillera. Yo nací para volar y la Ji también. Me vio a su lado y en vez de hablarme. Allá abajo estaría el Diputado hablándole a su gorda con la boca cerrada. La arruga en la frente se le volvió chichón alargado y de la nariz. El me había dado la idea de que era bueno saber donde íbamos..surcábamos los aires. apretó más la boca.

pero lo de las hermanas eran copuchas de mujeres. olvidado de su nueva idea. La abeja se convenció de que yo era impillable y Se lanzó en picada contra el piloto. El avión vuela solo y usted se va a matar sí . —Bueno. Se le paró en la arruga de la frente y le enterró su lanza...todavía de su abuelita? ¿Se le arrugaba la frente cuando estaba en el colegio? ¿Enseñaban en ese tiempo geografía? A medida que se me ocurría una cosa se la preguntaba. sólo un hermano. y Rudi —me corrigió muy seria. menos se movía. Era una abeja enemiga y fuimos a dar al comando de la nave. Es decir al lado del piloto. salió disparado. y mientras más me daba por preguntarle. Se me trepó a la falda y se largó: —Oye —me dijo—. —¿Dónde están tus hermanas? —le pregunté. El piloto dio un grito. Era verdad que la Fortuna había vomitado. A lo mejor esas hermanas. —Están ahí atrás.. que soy yo. Coti. la boca abierta y los dientes afuera. Y vomitó una abeja. aleteando y escupiendo palabrotas. Él ni siquiera estornudaba. Así que no más cuentos de Glotis.. La abeja yacía desvanecida en su nariz. tú no tienes hermanas. despierte. se desparramó y abriendo los brazos con violencia. me servía de ejercicio para que no se me olvidara hablar. De repente llegó la Ji a mi lado.. Me convencí de que era cierto y fui con ella a ver. como quieras llamarlas. Era verdad que había vomitado una abeja viva la cabra. con un inmenso chichón encima de su arruga. Y están las tres llorando. Todo esto lo decía con cara de verdad y muy seria. —Oye Ji —le dije—. Y la Coti quiere vomitar y no puede y la Clori le pegó a la Rudi porque creyó que ella la había mordido. Como él no contestaba. Rudis y Coris. —¿Qué dices? —Que mamá vomitó una abeja y la abeja me quiere picar y ya picó a mi hermana Clori y a mi hermana Coti y a mi hermana Rudi. El avión pegó un brinco y el piloto rodó aturdido al suelo. —pero me irrumpí cuando vi que se me paraba una abeja en la mano. Fui a socorrerlo y lo encontré casi muerto. —A mí se me había olvidado que la Ji hablaba ahora y la miré sorpresoso. fíjate que mi mamá está con vómitos. Espanté la abeja y empezó el correteo por todo el avión. Le dije: —Señor piloto. Y era la abeja.. Y ahí sucedió lo tremendo. —Clori.

. a mover palancas y cada una traía su sorpresa. se elevó por encima de ellos y los dejé bien atrás. Y justo cuando me creía más súper. abrí los ojos para ver al piloto resucitado y otra vez en el comando. Teníamos que bajar. Miré hacia un suelo plano. El avión dio otro brinco y comenzó a darse vueltas de carnero. El avión volvía a zumbar con su motor aburrido y las canchas se alejaban de nosotros.no se preocupa. sujeta a la Coti. Noté que el avión se enderezaba. Pero en ese momento me sentí disparado por los cielos y sin entender nada. También en ese momento me sentía bastante macanudo de saberme piloto. Pero nada. con su cancha de fútbol y todo. —Siéntate quieto —ordenó—.. y miré de fijo entre las dos vallas. el motor dio un estornudo y se quedó en silencio. de que nadie me estuviera corrigiendo y de que todo el mundo supiera después que yo había piloteado solo y salvado un Cessna con piloto herido. Era yo que lo piloteaba.. Hice otro ensayo y el avión. Se había terminado la bencina y no había más remedio que aterrizar. XI EL PILOTO CIVIL Beleúndez nació con mala estrella y parece que de puro sufrir se le hizo esa arruga en la frente a los seis meses. tal vez de campo chileno. —Cuidado. —Estúpido. habías cerrado la llave de la bencina y por poco nos estrellas. quizá nos podrás salvar — y comenzó a enseñarme. Me agarré de la palanca del comando mientras la cabra rodaba con la Ji de un lado a otro. El piloto roncaba su aturdimiento y yo estudiaba las palancas entretenidamente. ¡No es hora de aturdirse! —clamé definitivamente. Empecé a hacer ensayos. De pronto el avión empezó a fallar. —Ahí es donde tengo que hacer el gol —me dije con firmeza. eso me pareció choriflai. Era un buen tipo y parece que cuando menos lo piensa le viene un famoso ataque y se queda estítico. En vez de asustarme. Era la única palanca que ni había probado. Clori —gritaba—. —decía con su chichón—. Porque si me vuelve otra vez este ataque que me da.. De repente miré hacia afuera y vi venir contra nosotros unos cerros. La cabra vino a ponerse a mi lado y la Ji con todas sus hermanas. Más vale que aprendas el manejo. Se le estaba acabando la bencina y yo no sé dónde habrá bombas aéreas para llenarlo volando. Tener mala . No había manera de tenerse en pie. Rudi. Andaban por el avión como si estuvieran en tierra.

. Había estrellas en el cielo y parecía que él las contaba para ubicarse. o algo por el estilo. Pero Beleúndez ni me contestó. Y en ese caso con este viaje le iba a cambiar su vida y sería millonario. Será de noche y he de esperar ciertas señales. pero toca el caso que ni yo mismo lo sé. después del ataque le dio por lo contrario y me contó su vida desde que nació y todos los accidentes y malas suertes y Jettas que lo persiguen. que la esposa no lo aguanta. En vez de dormirme me fui a la cola del avión a acompañar a la Ji.estrella quiere decir tener suerte de perro y que a uno todo le salga mal. pero sus vuelos son secretos. volar con cielo nuboso. que los negocios no dan plata.. que los amigos lo engañan y que le echan la culpa de todo. —Usted me ha contado muchas cosas —le dije— menos una. no se ven las cosas feas y también uno puede imaginarse otras más macanudas. Todo depende de cómo se presenten las cosas. —Pero si mi cabra le trae suerte. El pobre Sr.. —¿No hay luz en este avión? —le pregunté. pero en ese momento me di cuenta de que estaba muy oscuro y me acordé que la Ji debía tener miedo. Estuvo preso tres veces y cumplió su condena. Así como antes le dio por no hablar.. y cuatro que escapó. tanteando con las manos la encontré acurrucada durmiendo con la Fortuna de almohada y me volví a mi asiento. acallar los motores cuando pasa por aeródromos y cargar su avión de noche. Parece que no tiene patente. Beleúndez tiene que aterrizar en campos secretos. Y tiene ideas raras y mucho miedo de su Jetta. — ¿Cuál Papelucho? —Adonde vamos. y las escapadas a veces cuestan caras. —Usted es medio misterioso. las cosas se presentarán bien. Por ejemplo. Y si le fallaba algo se iba a Cuba. Usted mismo me dijo que debería preguntárselo. Por eso nunca tiene dinero. Me dijo que tenía la tincada de que la Fortuna le iba a traer suerte porque ya se notaba con la escapada que hicimos. —No es por no contestarte. —Hay —contestó con voz final— pero yo vuelo a oscuras y si te parece mal te duermes. y a mí me gustan. —A mí me gusta la oscuridad —dije—. y en ese caso. De pronto encendió una radio que nunca hizo funcionar antes y se oyó: . ¿dónde aterrizamos? —Es posible que en un valle del Norte o de la zona central. los misterios — clamé.

Subíamos y subíamos y seguíamos subiendo. Hemos rozado la señal. Repito: Cessna sin identificar perdido. Papelucho. Dibujaban una Z inmensa que se iba agrandando. chocolate. Paso. . Beleúndez apagó la radio y dijo algo que no entendí. ¡Agárrate Papelucho! Silenció los motores y empezamos a planear en secreto haciendo círculos. Ahora bajamos.—Atención. El avión galopaba en un suelo áspero y abollado. Paso. Era de primera y todo esto tiene un gusto todavía más exquisito cuando hace mucho tiempo que uno no ha comido. —¿Volaremos toda la noche? —Aterrizamos cuando menos te lo pienses —dijo. y su mano negra encendió otra vez la radio. se oyó un grito de la Ji y la Fortuna se largó a balar desesperada. Esa caja contenía jamón. huevos duros.. Un balido tremendo en mi propia oreja me sacó de mis sueños. Abre esa caja. Sentí que nos elevábamos recto hacia arriba. Quizá atravesaríamos la noche para llegar al día. Atención. Fue un sacudón y luego nos quedamos muy quietos en el vuelo. Era la Fortuna que otra vez. tosía y vomitaba a mi lado. De pronto nos enderezamos y se encendió una luz. —La señal —dijo el genial piloto—. ¿Vamos a aterrizar? No había terminado la frase cuando me di un feroz cabezazo.. Yo sentía que nos íbamos de punta con violencia y mi estómago subía y subía... —¿Qué pasó? —pregunté al señor Beleúndez. Ahora podemos continuar el vuelo tranquilos. y bebidas. Cerró el botón de la radio y lanzó una carcajada. Avión no identificado indique patente y vuelo. —¿Es esa la señal? —pregunté—. —Comeremos algo. atención. Apareció una luz y otra. Resulta que en ese instante sentimos un feroz choque. El avión se estremeció y la Fortuna salió galopando hacia atrás. que era suelo de verdad. La Ji seguía durmiendo en la cola del avión arrebujada entre sacos misteriosos. «Perdido. atención«. mareada. —Por fin estamos sobre las nubes —dijo Beleúndez estirando sus piernas—. y otra. Beleúndez miró su reloj. Giramos en redondo suavemente.

Neblina en la costa. Cessna perdido no identificado se le ubicará a la amanecida". XII BELEÚNDEZ ABRIÓ la puerta del Cessna. se echaban al hombro los pesados sacos y caminaban en fila hacia una carpa que tenía un farol.paso. Beleúndez y dos hombres más sacaban del avión su carga. Seguíamos volando. y atropellándolo con una educación nerviosa. —¿Qué pasa? —pregunté.Por suerte se apagó la luz. saltó a tierra la Fortuna y se perdió veloz corriendo por los campos oscuros. porque ¿qué más se necesita en este mundo? Uno de los hombres que tenía regia barba muy crespa nos mandó turiondo: —A dormir mascotitas que es más de medianoche. R. El piloto encendió otra vez la radio: "Indique posición K. Era el despipe. Allá lejos se divisaba una luz más chica que un grano de talco. Es de esa gente que sólo sabe hablar cuando está en el aire. una motoneta y una olla a presión en un anafe. quedando atrás. Desperté a la Jimena. La luz se apagaba. Beleúndez echó una maldición. Debía tener otra vez esa cara dolorosa y a lo mejor le volvería el ataque. En poco rato más estarás en tu verdadera cama y con tu verdadera mamá. visibilidad interrumpida. Cortó la radio. Atención. Era una carpa macanuda con dos carabinas del ladito de adentro. Estación J. Cielos despejados zona central. atención. Aparecía otra vez. Atención. . Esperé y miré la oscuridad de abajo. 103 . Yo con la Ji los seguimos. la enderecé hasta que se acostumbró a conocer cuál era el suelo y nos acercamos a la puerta. Alguien de afuera nos pescó y nos puso en tierra. le sacudí los pelos de cabra que la hacían parecer escobillón. Lo único que se veía eran unas regias antorchas de fuego humeante muy cerca del avión. —Hemos atravesado las nubes y desde ahora comienzo a ubicar señales —contestó Beleúndez. —Hemos llegado —le dije a mi hermana—. —¿Vamos a aterrizar? —pero no me respondió. —Tétetele —respondió ella.L.

La Ji se durmió al tiro pero yo. Le dieron una botella de algo muy rico. lo hicimos sin ninguna esperanza.. y apenas lo desenvolvieron se acomodó en él y empezó a roncar. Era mi única chance.. tengo los nervios muy malos —dijo Beleúndez— y no me siento capaz de pilotear otro vuelo. porque a cada trago Beleúndez suspiraba de gusto. No despertará hasta mañana. Tendremos que arreglárnoslas sin él antes de que aclare. menos sueño tenía. y linda cosa si nos pillan con todo. Cuando oscureció y encendimos la seña. por si me veía obligado a aterrizar. . —Estírame el saco de dormir que tengo sueño —dijo. El avión será localizado apenas amanezca..Obedecimos los dos con la Ji y nos acomodamos en un rincón con una frazada que él nos dio. y más oía la conversación. —Estuve en un pelo de que me alcanzaran —decía Beleúndez— y hasta pensé un momento en botar los sacos. — No es fácil ninguna cosa —dijo el barbudo—. cuando puse la radio. Pero aún entonces. se desató el cinturón y lo dejó caer a mi lado. —Nosotros temíamos lo peor —dijo el de la pera crespa—. TENÍA que haberte sucedido algo. Pero ahora se trata del pellejo. —Se ha emborrachado el muy bruto —dijo el de la barba—.. No tuve más remedio que largarme hacia el Sur para despistarlos.. Aterricé en un valle cerca de Osorno y ahí esperé el atardecer. oímos los llamados y hacíamos cálculos de tiempo. Cuando se la terminó.. —Dame un trago. mientras más cerraba los ojos. todavía me buscaban. Debiste aterrizar aquí a mediodía. —No es fácil llevar carga en motoneta de noche y sin caminos —dijo el otro. Tenía una preciosa pistola y una cartuchera de cuero.

Y yo me volví a dormir mascando el olorcito que es mejor que no mascar nada.—El rancho del gitano está a cien kilómetros de aquí. y vació en el suelo millones de cajitas. el otro obedeció. Es tremendo encontrarse con esa clase de gente. Tal como yo. Me senté en el montón de paja a descansar. Lo harás en cuatro viajes. —Levántate —me decía—. Apartarás la paja. Obedecí otra vez. porque los dos despertamos con la explosión de la olla. El barbudo encendió un cigarro. echándome al hombro uno de los que trajimos en el avión. Ahora ven conmigo. y andando —dijo el barbón. Me despertó un dolor y era una garra del hombre que me apretaba un brazo con furia. abrí . Echó a andar la motoneta y partió en la noche. Anduve mucho rato antes de encontrar el árbol porque en la noche los caminos son más largos. pescó una carabina y se la terció a la espalda. —Lo llevarás de a poco —me dijo. Me restregué los ojos porque ni me acordaba de nada y como estaba soñando que iba todavía en el tren. pescó entre sus manos la otra carabina y se acomodó en la puerta de la carpa. —A ver si puedes con este saco —me dijo. el incendio del anafe y el olor de chicharrones. ¿Ves aquel árbol negro contra el cielo? A su pie hay un montón de paja. La Ji y Beleúndez siguieron durmiendo. lo amarró con correas en la motoneta. Está amaneciendo y tendrás que ayudarnos. sin desanimarse. Pero yo no estaba listo y me achaté debajo. Probé y pude—. me costó un poco juntarme con mi historia y todas las cosas. La olla a presión seguía hirviendo y silbando. Parece que el barbón y yo nos dormimos. echarás estas cajas y luego las taparás otra vez con paja. —Prueba ahora —me dijo. —En dos horas estás allí. Se echó al hombro uno de los sacos. Era una pena que se hubiera quemado una liebre entera guisada en su propia salsa. En seguida vuelves con el saco vacío.

y ver amanecer es súper súper. —No señor. . Pero esta vez dejas el saco allá escondido. pero en el último aclaraba ya. Hice dos viajes más aunque el olorcito a desayuno me llegaba a dar tilimbre. Por fin se acabaron los sacos y el barbón me sirvió una taza de café con leche. Algún día me podría servir para algún invento. había aterrizado. Era un vuelo local con mi cuñado y los niños. —¿Has oído el ruido de la motoneta? —fue todo lo que me preguntó el barbón en vez de darme las gracias. aunque la caja decía Coca. Saltó el piloto a tierra y Beleúndez V el barbón corrieron a recibirlo.. pero el barbón lo remojaba en la leche y yo lo imité y es rico.. —Ahora te llevas el otro saco de la misma manera —ordenó—. la cosa era más fácil. En esto estábamos cuando se oyó un avión. algo genial. El avión bajaba suavemente y antes que me acabara mi pan. Luego volví con el saco. me tiró de la oreja y le dio un caramelo a la Ji. ¿entiendes? Partí casi con medio saco. Después se elevó y se fue. —Mi Teniente. Yo me pagaba una por cada viaje. Yo te prepararé un buen desayuno a ti y a tu hermana mientras tanto. Enterré el saco y me guardé cuatro cajitas en el bolsillo. Era una gota de polvito en un sobrecito plástico. Me quedé sin gasolina y sin radio. y escondí las demás entre la paja. Se rió mostrándonos a nosotros. Hice cuatro viajes. pero el señor Beleúndez prefirió seguir durmiendo. Me eché una al bolsillo. El barbón se lo quitó y lo metió entero en la olla a presión. El Teniente le estrechó la mano y le regaló un tarro grande de gasolina. Era de la Fuerza Aérea. Seguramente era Uranio. ¡qué felicidad! —decía Beleúndez—. El pan era duro. Pero ahora de día. Como un autógrafo saltó Beleúndez de su sueño y se puso el cinturón con balas. Pero en esto me dio miedo de que me pillara el bulto y decidí llevarme solamente lo que tenían dentro. con el sol allá en los cerros y pájaros despertando. Aterrizamos sin novedad. Tapó la carabina con el saco de dormir. oro o chocolate. En todo caso era algo valioso. Uno siente lo que sintió Dios cuando hizo el mundo. La Ji vino a acompañarnos. El barbón me hizo trampa y resultó muy pesado.el saco y examiné la cajita por si eran municiones.

Si hablas.. sino que dos. vivo.. De repente no sé qué me dio por hablar y dije: —¿Ya qué hora vuelve el de la motoneta? Dicho y hecho. Los dos con la Ji nos quedamos perpetuos hasta que los vimos perderse en el cielo. Hace días que yo lo ando buscando. El barbón recogió la carabina y llegó un poco después. Beleúndez dio un grito: —¡A bordo. Basta con que Ordúñez no haya vuelto. justo cuando Beleúndez despegaba del suelo. . tres.. —¿Dónde se habrá metido ese animal? —Tú también eres un animal —dijo Beleúndez—. Allá lejos se divisaba no una moto. ¿Está el Jefe? —El Jefe ha salido—repliqué. por lo menos. XIV RESULTA QUE EL RUGIDO de motores era como trueno y cinco regias motos alemanas en perfecto estado y de su único dueño nos rodearon a los dos con la Ji. —¿Te refieres al avión? ¿Ha salido en el avión? —Usted también lo vio —dije. —¿A dónde ha ido? —No dijeron más que »a bordo zarpe« y volaron dejándonos abandonados. Era que estaban NERVIOSOS. no tendrás que cantar. cuatro.. pero de pronto esas caras se fueron poniendo cada vez más raras y más raras.. se enfurruñaron las frentes y estos caballeros se pusieron furiondos. Se ablandaron las arrugas de las caras furiosas que miraban el más allá. Se acabaron ¡as risas. te olvidaste de sacar la señal de las antorchas.. —No compliques más. —Eso es lo que no sé —le respondí—. ¡En qué manos estará la carga! Ni había terminado la frase cuando se ovó en lontananza un ruido de moto. —A ver si me dices donde está tu padre —me habló el policía más gordo.Desde ese momento le cambió el carácter a Beleúndez y al barbón v se reían y hacían bromas y más bromas. —Escúchame. zarpe! y pescando el gran tarro de gasolina echó a correr al avión y se trepó. El Teniente la habrá visto y.

un collar de piedras en el suelo y una grada para entrar. Súbete atrás con tu hermana. —¿Dirección? —Desconocida. Era de esas casitas blancas con ventanas y puertas verdes. quedas detenido! Me metieron en el cuartucho donde dormía el de la motoneta. Nos trajeron de mascota desde Osorno con otra compañera que ahora se perdió. —En ese caso.. Corríamos por los campos a mil por hora y el motor era prepotente... —A ver. Echó a rugir la moto y no le oí nada más. —No entiendo nada. Pero no es mi papá. —Papelucho. Tendrás que acompañarnos. En el cuartucho de al lado. a ver. el amigo del barbón durmiendo. Hasta que por fin me preguntó: —¿Sabes escribir? —Soy escritor —le dije. pero el policía ni me oyó. un arbolito.. —No lo dudo. —Nombre —dijo el Teniente. allá hablaremos. la niña y tú? —No señor. Cuando pasamos por la parva de paja y el árbol le conté que ahí había un tesoro. También él era mal entendido porque me confundía mucho. De modo que quieres hacerme creer que no conoces al piloto que acaba de zarpar. me . El avión de Beleúndez ni se divisaba. —¿Y su acompañante? —A ése le obedezco pero ni sé cómo se llama. la mesa. el libro y el Teniente. Llegamos a un Retén de Policía. y seguimos de largo. como si tal. ¿Cómo es eso? Empecé a contarle mi historia y me enredé. ¡Mientras no esté escrita. Adentro estaba el corralito. —¿Cómo desconocida? —Desconocida porque no la conozco y también porque nunca la supe. el tintero. aquí tienes un cuaderno y ¡a ver si me escribes toda esa historia que tratas de contarme. un escudo. La Ji me rasguñaba con sus uñas filudas pescadas a mi cintura. y se llama Beleúndez. —Yo no he dicho eso. De conocerlo lo conozco.—¿Son hijos de ellos. —¿Vamos a la Comisaría? Tengo amigos allá.

¿Preso por qué? Nadie explica nada. Miré hacia el otro lado. Era atroz quedarse entre barrotes para toda una vida. que es chica. y la largué. embutí a la guagua hacia afuera. porque tenía mucho que hacer. Asomé la cabeza entre los barrotes y vi las cinco motos en hilera brillando al sol. patos y sacos era refácil confundirse con los mirones y perderse de la pista. la Ji. cabe. pero cuando quise entrar mi cabeza de nuevo. hasta su Feria Libre. se me quedó afuera por culpa de mis orejas.. Golpeé en la puerta con furia y nadie me abrió. La Ji estaba muy feliz porque ni se da cuenta cuando uno está detenido. cerrando la puerta. Se levantó corriendo y voló a tomar su mamadera.. y cupo. Porque nadie compraba. Me puse de perfil. Yo la miraba desde mi prisión con el cogote estirado. Entonces me di cuenta de que estaba PRESO.entregaron un lápiz de pasta y un cuaderno y se mandaron mudar. y salté afuera. con sus calles y todo. Ahí. Llegamos a una farmacia y aproveché para preguntar cómo se . Abrí la ventana verde y tenía barrotes de fierro. entre repollos. ¿Presa también? Pensé: si mi cabeza cabe entre los barrotes. limones. Era una especie de pueblo. Dominé la tremenda tentación de subirme a una moto y preferí correr en silencio con la Ji y la Fortuna. Pero yo me sentía tremendamente furioso. y ahí estaba la Fortuna amarrada a un árbol. y lo primero era encontrar a mi mamá y papá. ¡Estaba libre! Había que arrancar. antes que se dieran cuenta los policías.

—Siete campanitas por los siete y el dato del escondite. Yo me di cuenta de que ella se sentía muy feliz con ese negocio y si ella estaba tan feliz debía ser mal negocio para mí. preguntón. Me estaba coqueteando. —¿Por qué me insulta? —le dije—. ¿Y dónde conseguiste eso? ¿Tienes más? Me lo guardé en el bolsillo y me puse bien seco.. Mientras ella seguía coqueteando. vi una campanita celeste que le quedaría muy linda ahora colgada del cogote a la Fortuna. ¿Cree que no tengo plata? —Bueno.. . ¿tienes? —¡No tengo. —¡COCA! —clamó como si hubiera visto al diablo—. y pregunté cuánto valía. ¿Cuánto paga por ellos? —Una campanita por los siete —dijo. —¿Y la rosada? —Igual precio.. —Tengo siete paquetes —le dije paulatinamente— y muchos más escondidos. pero tengo algo que vale más que todas sus campanitas! ¡Tengo URANIO! —¿Uranio? —se puso toda seria y me trató con reverencia—. para comprártelo! Saqué mi paquetito. curioso. ¿Qué iba a hacer yo con diecisiete campanitas? Pero no estaba para complicarme. —Doscientos. —Estoy de paso —contesté—.. —¿Eres recién llegado? —me preguntó la boticaria. y si es fácil llegar. Sólo queremos saber dónde estamos. ¡A ver si me lo muestras.. brillando toda entera. pero lo malo fue que dijo »¡SÍ!« con todo el cuerpo. La boticaria soltó una de esas risas coquetonas que aprietan la boca y estremecen los hombros. se veía. Los negocios son negocios y hay que saber negociar. Haría un collar de puras campanitas para la Fortuna y se acabó.... —No —dije yo con voz dura. es decir un paquetito de plástico y se lo mostré sin dejar que lo tocara.. vamos a Arica. —¿A Arica? ¿Y viajando »a dedo«? —No ha sido necesario —respondí—. pero yo descubrí en su tienda cosas buenas que quería comprar.llamaba el pueblo. Rápidamente respondí: —Diecisiete campanitas por lo menos —creí que iba a decir que no..

ni valía la pena que existiera. Mientras más pasaba el tiempo. tan largos. . entraremos a almorzar y después hablaremos nuevamente. —Cuando uno está fuera de servicio. y en ese pueblo tan sano que nadie compraba remedios. coqueta. Es hora de cerrar. Era una cabra Importada.. Llévame tú al lugar donde tienes el uranio. Braulio. está fuera de servicio —dijo. y yo te llevo a Arica. Y yo me sentía un canalla de no tener confianza. ¡Era el propio marido de la Boticaria! Porque ella se le fue encima con mil secretos. más nos daba. La Ji estaba feliz y la boticaria también. sonriendo otra vez. que cuando terminó de decirlos.Le entregué los siete paquetes de Coca y ella me dio una caja entera de campanitas. y las humitas frías son fáciles de comer. Me quedé un poco perpetuo. —Andando entonces —dijo él levantándose. —Sé que eres un pequeño desconfiado —dijo—. unos caramelos para mí. Pero el almuerzo era bueno. La boticaria explicó: —Mi marido quiere decir que a las horas de comida él no es Teniente ¿comprendes? Es mi marido. Y usted tampoco me ha dicho cómo puedo llegar a Arica. entró el propio teniente al patio en que estábamos. una lechuga a la cabra.. Pero en la puerta me sujetó la boticaria: —No me has dicho el lugar del escondite. ¿Y si ella no cumplía su promesa después de saber el escondite? Las mujeres son poco cumplidoras. Mientras así pensaba ella le dio chocolate a la Ji. el Teniente tuvo que sentarse en una silla. amiguito. Pero no importa. —Te lo digo después de que largues tu secreto. porque hasta me regaló una cinta donde las ensartamos y me ayudó a ponérsela en el cogote a la cabra. pero después del almuerzo la boti dijo: —Tenemos un negocio con este amiguito. y secretos muy largos. —y se puso a coquetear. —No —le dije—. La farmacia no tenía ni cortina de fierro sino solamente puerta. Almorzamos muy tranquilos.. Nos fuimos orgullosos.. Pero cuando estábamos en lo mejor de una sandía. Yo me tragué el pedazo con cáscaras y pepas. La pobre no sabía que a mí me cargaba así. y atacó cinco humitas. Se veía preciosa. El nos va a indicar dónde guarda una cantidad de Uranio y yo le voy a decir como puede llegar a Arica. —dijo.

No estás detenido ¿entiendes? Pero pasarás la noche en ese cuarto del cual te escapaste esta mañana. Llegamos ahí y escarbé. más pronto estarás con los tuyos! . Papelucho. Pero cumplí como hombre. —¿Y cómo sabe usted que estoy perdido? —pregunté. —¿Me buscaban? ¿Nos buscaban? —pregunté estupidizado... Luego tocó un pito y vino el carabinero y lo ayudó a llenar sacos. ¡Ahora a escribir! ¡Mientras más luego termines. que estás a un paso de Arica. Sentí que el alma me elevaba de júbilo y me pareció muy poco devolverles la gran noticia con sólo mostrarles ese montón de paja bajo el árbol. Primero salió el saco y luego las cajitas del tesoro. Trepé en la moto del Teniente con la Ji y le encargué la cabra a la boticaria. No es un castigo. Necesito que escribas en el cuaderno que te entregué todo lo que te ha pasado desde que andas perdido.. Basta con que te subas mañana en mi camioneta que va por la mañana temprano y estarás ahí a mediodía. —Desde hace muchos días. —¿Y por qué no me devuelve al tiro a mi papá? —Porque es necesario que tu historia quede escrita. Pero al llegar de vuelta se detuvo en el Retén. —¿Y podré confiar en él? —preguntó ella poniendo todo redondo.. —Entonces te contaré Papelucho. En la cancha de aterrizaje había un carabinero cuidando la carpa y las antorchas apagadas y más allá estaba el montón de paja inmóvil y anónimo. Me subí otra vez a la moto alemana con la Ji y partimos.—No tan de prisa. —Guarda esos sacos en la carpa y custódialos hasta tu relevo —le ordenó.. El tiene miedo que después de mostrarnos su tesoro. con una voz que trataba de ser dura pero era suave—. Casi puedes llegar a pie. —Creo que sí. es mejor que tú confíes en él y le des el dato antes a cuenta del suyo. El Teniente las recogía y las echaba al saco. Partimos a retroimpulso por el camino que yo ya conocía. Fue una felicidad de cápsula espacial.. yo no le enseñe el camino más corto y el más fácil para llegar a Arica. es tan cerca. —Porque hay una orden de buscarte a lo largo del país y soy el hombre afortunado que te devolverá a tus padres en Arica. —Papelucho —me dijo. que estás bien y que mañana te depositaré en tu casa. Es una fórmula. —En ese caso. Braulio. He avisado ya a tu madre que fuiste encontrado.

s. s. y además felicitaré a tu padre porque has colaborado en una importante pesquisa. s. . por si cuando lo vea. s. con el apuro de llegar a mi casa se me olvida. Papelucho. PAPELUCHO. señor Teniente pero.Se me anchó la cara y recogí el cuaderno y el lápiz que había tirado antes. —Sí. —¿Y cuándo termine podemos llevar en su camioneta a mi cabra Fortuna? —pregunté. He escrito lo más apurado posible y con esto termino mi historia. quiero preguntarle qué quiere decir »colaborado en una importante pesquisa". Contésteme a mi casa en Arica. s. su s. s.

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