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Vive y sé feliz:
historias de sobrevivencia de la trata de personas

Índice
Angélica Kathy 15 19 25 31 35 41 47 51 57 Gabriela Mayra Nancy Gloria Karla

Margarita

Jaqueline

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Organización Internacional para las Migraciones. Vive y sé feliz: historias de sobrevivencia de la trata de personas. Guatemala, 2012. 61 páginas. Las opiniones expresadas en las publicaciones de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) corresponden a los autores y no reflejan necesariamente las de la OIM. Las denominaciones empleadas en este informe y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, por parte de la OIM, juicio alguno sobre la condición jurídica de ninguno de los países, territorios, ciudades o zonas citados o de sus autoridades, ni respecto de la delimitación de sus fronteras o límites. _______________ La OIM está consagrada al principio de que la migración en forma ordenada y en condiciones humanas beneficia a los migrantes y a la sociedad. En su calidad de organismo intergubernamental, la OIM trabaja con sus asociados de la comunidad internacional para: ayudar a encarar los crecientes desafíos que plantea la gestión de la migración; fomentar la comprensión de las cuestiones migratorias; alentar el desarrollo social y económico a través de la migración; y velar por el respeto de la dignidad humana y el bienestar de los migrantes. _______________

Esta publicación fue posible a través del apoyo de la Oficina de Gobernabilidad y Democracia, Buró de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, bajo los términos del Acuerdo número (CA) AID520-A-10-00001. Las opiniones expresadas en esta publicación, son las de los autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional. Editorial: Organización Internacional para las Migraciones 8a. Ave. 15-07 zona 10 Guatemala, Guatemala 01011 Tel: +502 2314 00 00 Fax: +502 2333 60 58 Correo electrónico: iomguatemala@iom.int Internet: http://www.iom.int _______________ © 2012 Organización Internacional para las Migraciones (OIM) _______________ Quedan reservados todos los derechos. La presente publicación no podrá ser reproducida íntegra o parcialmente, ni archivada o transmitida por ningún medio (ya sea electrónico, mecánico, fotocopiado, grabado u otro), sin la autorización previa del editor.

A las víctimas protagonistas de estas historias, quienes las contaron con sus propias palabras.

Presentación
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en Guatemala, agradece el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), para la publicación del libro “Vive y sé feliz: historias de sobrevivencia de la trata de personas”, que incluye dibujos y narraciones autobiográficas1 elaboradas por niñas, adolescentes y jóvenes adultas acogidas en el “Albergue Amor Sin Fronteras” de la Asociación El Refugio de la Niñez. Las niñas, adolescentes, y jóvenes adultas (en su minoría), que ingresan al “Albergue Amor sin Fronteras” reciben atención psicosocial, espiritual y jurídica, como parte fundamental para su proceso de recuperación emocional y psicológica. Paralelamente se trabaja con las familias de quienes residen en el país, no así con las que son extranjeras, debido a la distancia. A los familiares se les orienta, sensibiliza y concientiza respecto a la problemática de la cual fueron víctimas las niñas y adolescentes.
1 Por seguridad de las autoras sus nombres han sido cambiados. Algunos de los contenidos de estas historias pueden afectar a algunas personas. Sin embargo esperamos que su lectura sea más bien didáctica e inspiradora.

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Estas historias permiten identificar los múltiples e intrincados caminos que toma la trata de personas. Las historias de vida, narran cómo las niñas, adolescentes y jóvenes adultas han tenido que asumir cargas familiares a temprana edad. Esto les ha vedado la oportunidad de estudiar y prepararse para la vida. Sus palabras también demuestran el sufrimiento que han vivido, debido al abuso de poder, maltrato físico, emocional y sexual por parte de personas cercanas y ajenas a ellas. Los victimarios han sido desde personas desconocidas o cercanas, hasta compañeros sentimentales que, con alevosía y ventaja, se aprovecharon de ellas o las sometieron a condiciones de explotación sexual y laboral. Para muchas de ellas, salir de la explotación en la que se encontraban significó dejar atrás un sueño color de rosa convertido en pesadilla. Lamentablemente, hay otras que no sobrevivirán. La OIM presenta estas experiencias, con el objetivo de sensibilizar y concientizar a las personas sobre la problemática de la explotación y trata de personas. Al hacerlo, se propician cambios políticos y sociales como la denuncia, la articulación de mejores prácticas institucionales y políticas -08–

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públicas que desemboquen en la erradicación de este lastre del mundo en el que vivimos. Agradecemos a las sobrevivientes por haber abierto su corazón y plasmado sus historias en este documento. Guatemala, mayo de 2012 Delbert H. Field, Jr. Jefe de Misión en Guatemala Organización Internacional para las Migraciones

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Introducción
Estas historias fueron escritas por niñas, adolescentes y jóvenes adultas, víctimas y sobrevivientes de trata de personas atendidas en el “Albergue Amor Sin Fronteras”, de Asociación El Refugio de la Niñez, iniciativa piloto que ha sido apoyada por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), en el marco del Proyecto de Apoyo a Repatriados Guatemaltecos (GRP, por sus siglas en inglés). La trata de personas Por “trata de personas” se entenderá la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación.2
2 Artículo 3 del Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños, que complementa la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional.

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En el caso de Guatemala: “Para los fines del delito de trata de personas, se entenderá como fin de explotación: la prostitución ajena, cualquier otra forma de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, cualquier tipo de explotación laboral, la mendicidad, cualquier forma de esclavitud, la servidumbre, la venta de personas, la extracción y el tráfico de órganos y tejidos humanos, el reclutamiento de personas menores de edad para grupos delictivos organizados, adopción irregular, trámite irregular de adopción, pornografía, embarazo forzado, matrimonio forzado o servil”.3 Los actores dentro del proceso de trata son: • La víctima: Se entenderá por víctima a la persona que, individual o colectivamente, haya sufrido daños, lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdida financiera o menoscabo sustancial de sus derechos fundamentales, como consecuencia de acciones u omisiones que violen la legislación penal. También se considera víctima a los familiares o a las personas a cargo que tengan relación inmediata con la víctima
Artículo 47 del Decreto 9-2009 “Ley contra violencia sexual, explotación y trata de personas”, el cual adiciona el artículo 202 Ter al Código Penal, Decreto 17-73 del Congreso de la República.

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directa y las personas que hayan sufrido daños al intervenir para asistir a la víctima en peligro o para prevenir la victimización. • El tratante: Es el sujeto activo que realiza la captación, transporte, traslado, retención, acogida o recepción de una o más personas con fines de explotación. Pueden ser personas individuales o grupos organizados que se especializan en una o varias partes de la cadena de trata de personas: desde familiares, vecinos, amistades, hasta redes o grandes mafias internacionales.

La OIM apoya la asistencia directa a sobrevivientes de trata de personas La Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en Guatemala, con recursos del fondo para el desarrollo 10354 apoyó a la Asociación “Refugio de la Niñez” en la creación del “Albergue Amor sin Fronteras”, que cuenta con un programa de atención psicosocial y jurídico, especializado que brinda asistencia directa a las niñas, adolescentes y jóvenes
4 1035 Desarrollo de Capacidades en Gestión de la Migración. El fondo funciona, para apoyar a los Estados miembros de la OIM, en el desarrollo de capacidades que promuevan la migración ordenada y humana.

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adultas sobrevivientes de la trata de personas. En un año de ejecución, el albergue brindó asistencia integral a más de 60 niñas, adolescentes y jóvenes adultas. La atención integral brindada a la población, está basada en la metodología de Comunidad Terapéutica con Enfoque de Derechos Humanos. Otra herramienta importante para el trabajo son las Directrices de Cuidado Alternativo del Niño, de Naciones Unidas y la Terapia Género Sensitiva. Asimismo, contemplan diversas áreas de intervención: educación, salud, psicología, arte-cultura, deporte–recreación, espiritualidad, protagonismo y liderazgo. Las niñas, adolescentes y jóvenes adultas víctimas y sobrevivientes de la trata de personas que ingresan al albergue, reciben tratamiento psicoterapéutico que dura de seis a ocho meses, dependiendo del caso. A la vez, se involucra a la familia, fortaleciendo los vínculos afectivos y propiciando la integración familiar, así como de prevención, en la comunidad a la que pertenecen.

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Angélica
Hola, soy Angélica. Tengo 15 años. Un día, salí de estudiar y so encontré en el camino a una señora llamada Martina, ella me llamó y me dijo “vente conmigo a México”. Yo le respondí que no, porque estaba estudiando. Me dijo que me pagaría Q500.005 cada quince días. Le respondí nuevamente que no. Otro día volví a encontrarla en el camino y me dijo: “vámonos, no nos va a pasar nada” y me repitió lo del pago. Martina me dijo que no llevara ropa, que ella me la compraría; que iría a vender chicles y regresábamos en 15 días. Hasta me ofreció una casa para dormir. Como mi familia es pobre y quise ayudarles, acepté. Esa noche dormí en casa de ella y me llevó en la madrugada para que nadie se diera cuenta, pagó un taxi y nos fuimos para Mazatenango; después subimos otra camioneta y llegamos a Tecún Umán. Durante todo el camino no me dio nada de comer. Al llegar a Tapachula, sólo me dio una tortilla con queso. Le pedí que me regresara a mi casa, pero no quiso.
5 USD 1.00 = Q 7.90

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“Aconsejo a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes que no confíen en cualquier persona, ni se dejen engañar por ellas aunque les ofrezcan dinero”
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Salimos en otra camioneta rumbo a Tuxtla, Gutiérrez. El bus paró en la primera caseta de migración. Subieron unos oficiales y me preguntaron varias veces quién era mi mamá. Me puse a llorar; ellos pensaron que todos éramos familia. Los oficiales nos bajaron del bus y nos dejaron en Migración. Me hacían preguntas, pero yo les mentía; me pedían la verdad pero seguía mintiendo. Martina ya me había dicho qué tenía que decir si nos atrapaban; yo dije que era mi hermana y que mi familia sabía a dónde iba, pero era mentira. Meses después, mi papá me encontró en el hogar de migración en México. Me pidió que dijera la verdad y así lo hice; allí le explicaron a mi papá que me deportarían. Esperé siete meses para regresar a mi país. No me dejaban ver a mi familia; oraba toda la noche y todo el día, a veces ayunaba, hasta que Dios me diera una respuesta. Si hubiera llegado a donde me llevaban, hubiera sufrido mucho. Iba a vivir y a dormir en la calle; no me hubieran dado comida, quién sabe que más hubiera pasado. Regresé a Guatemala muy feliz porque iba a ver a mi familia, pero antes me llevaron a un albergue de protección donde -17–

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estoy ahora. Eso no importa. Estoy bien, segura, puedo hablar con mi familia y estoy agradecida con Dios, porque me dio una nueva oportunidad. Quiero una vida bonita y no quiero volver a hacer lo que hice. Además, mis papás están participando en un programa llamado “Escuela para Padres y Madres de familia”. Me cuentan que han aprendido cosas buenas y cuando vuelva a mi casa me protegerán y también a mis hermanos y hermanas. También he recibido visita de mis papás y mi hermana pequeña. Eso me hace muy feliz. Cuando empieza y termina la visita hacen una oración por mí y por las demás niñas que están conmigo. Aconsejo a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes que no confíen en cualquier persona ni se dejen engañar por ellas, aunque les ofrezcan dinero, ropa o cosas. Esas personas son malas y se llevan a los niños a sufrir a las calles. No cometan este error. Se sufre mucho al estar lejos de la familia. Háganle caso a sus papás y ténganles confianza.

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Kathy
Hola, soy Kathy. Tengo 17 años. De pequeña viví con mis papás y hermanos en casa propia. Mantenía una buena comunicación y relación con ellos. Mis papás trabajaban para la compra de nuestros alimentos y ropa. A la edad de cinco años, mi papá murió atropellado y yo fui testigo de ello. Recuerdo el dolor y el sufrimiento de mi papá antes de morir. Mi mamá empezó a trabajar en una cantina, pero la comunidad y mi familia lo veían mal y la llamaban “prostituta”. Aprovechándose de la situación, un tío intentó quitarnos legalmente la casa que mi papá nos había dejado. Nos ofrecía regalos para lograr que le firmáramos unos papeles, pero no lo hicimos. Mi mamá empezó una nueva relación con un hombre de 18 años, con quien vive hasta ahora. A la edad de 11 años, por la necesidad económica en mi familia, viajé a la capital a trabajar en el cuidado de dos niñas; pero debido a la violencia que se vive en la ciudad, me regresé a mi casa. -19–

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“Un día llegó un cliente y la señora me dijo que lo atendiera. Me negué a hacerlo, pero debido a las amenazas recibidas de la señora, empecé a atender a los clientes de manera sexual.”
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A la edad de 12 años, conocí a un hombre de 33 años, quien era primo de mi padrastro. Luego, empecé a vivir con él y quedé embarazada. Después, tomé la decisión de regresar con mi mamá porque él me maltrataba físicamente y me engañaba con otra mujer. Cuando mi hijo nació, mi mamá y mi padrastro lo reconocieron. Mientras estaba viviendo con mi familia, un primo me ofreció trabajo en un restaurante en México y me dijo que después había posibilidad de viajar a Estados Unidos. Me pareció una buena idea. Le conté a mi mamá. Ella no estaba de acuerdo, pero lo dejaba a mi decisión, entonces acepté el trabajo y viajé hacia México. Al llegar a México, mi primo me presentó a una señora. Me dijo que ella era la persona con quien trabajaría. Ella le dio dinero y se fue del lugar, dejándome sola. Ella me dijo: “de ahora en adelante no podrás salir de la casa y debes ocuparte de los señores que vengan al lugar”. Al principio no entendía de lo que estaba hablando. Un día llegó un cliente y la señora me dijo que lo atendiera. Me negué a hacerlo, pero debido a las amenazas recibidas de la señora, empecé a atender a los clientes de manera sexual. -21–

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Estuve encerrada seis meses, atendiendo a todos los hombres que llegaban al lugar a solicitar mis servicios. La señora me llevaba agua para que me bañara, y allí mismo hacía mis necesidades en un bote, sin salir del cuarto. Todos los días tenía que atender sexualmente a seis o siete hombres, aunque lloraba y pedía ayuda, nadie me ayudaba, hasta que un día conocí a un policía que se hizo pasar por cliente. Le conté mi historia. Entonces me dio un celular para que denunciara lo que me pasaba. Además, me dijo que al día siguiente llegaría con apoyo y así lo hizo. El policía llegó a solicitar mis servicios, pero no me ocupó. Entró al cuarto y me dijo que hiciera silencio. Después entraron unos policías y me llevaron con ellos a una casa de resguardo. Tiempo después, me enamoró el policía que me rescató. Resulté embarazada de trillizos y me fui a vivir con él. Más tarde, le dije a mi pareja que quería regresar a Guatemala para ver a mi familia y estar en el cumpleaños de mi hijo. Él me dio dinero para el pasaje, pero decidí ir a migración para pedir ayuda y regresar a mi país. Fue así como llegué al albergue. -22–

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Aquí he estado en tratamiento médico porque mi embarazo es de alto riesgo. Estoy estudiando, recibiendo atención médica, psicológica, educativa y legal. He recibido visitas de mi mamá. Me comunico por teléfono con ella y eso me hace feliz. Pienso que después que nazcan mis bebés, podré regresar con mi familia. Pero sería bueno que mi mamá venga a psicología y “Escuela para padres”.

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Gabriela
Hola, soy Gabriela. Tengo 13 años, pero hace tres años empezó esta historia. Mi amigo Luis, quien es gay, me llevó a conocer a Anna; ella me preguntó mi nombre, mi edad, toda mi información y eso me pareció raro. Pasaron dos semanas y Anna me llamó, me preguntó si era virgen, yo le dije que sí. Yo no entendía por qué me preguntaba esas cosas. Me preguntó si me gustaría jugar de “acostarme con hombres” y dije que no. Me dijo que si no lo hacía, me iría peor, me amenazó con matar a mi mamá y por la forma en que lo decía… le creí. Entonces, me llevó a su casa a la fuerza y me obligó a trabajar para ella. Me compró ropa y cambió mi forma de vestir. Me dio una falda, una blusa corta sin mangas y zapatos de tacón que no sabía ni cómo usar. Anna se comunicó con un hombre por celular. Cuando él llegó a la casa, hablaron con ella de llevarme a un hotel. Yo les repetía que no quería ir a ese lugar, pero me llevaron a la fuerza y me obligaron a quitarme la ropa. Él me dijo que le hiciera sexo oral. Yo no entendía qué era eso… no quería y él me dijo que me enseñaría. -25–

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“Cuando él llegó a la casa, hablaron con ella de llevarme a un hotel. Yo les repetía que no quería ir a ese lugar, pero me llevaron a la fuerza y me obligaron a quitarme la ropa.”
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Él se quitó la ropa y me agarró la cabeza y me metió esa “cosa cochina” en la boca… Dije que me quería ir a mi casa. Él le dio dinero a Anna, con el que dijo que me compraría ropa, y me recordó que si decía algo, mataría a mi mamá. Un día, mi mamá salió a trabajar. Tocaron la puerta y al abrir, me di cuenta que era Anna. Me obligó a irme con ella, me dijo que tenía que volver a trabajar para ella. Me mandó con Luis, quien me dejó con un señor grande. El señor me preguntó por qué lloraba y le expliqué que yo no quería estar allí y no quería hacer las cosas que me ponían a hacer. Él me explicó que así era la vida y no me hizo nada. Habló con Anna para que no volviera a molestarme. Pasaron tres meses y ella no me buscó, pero Luis me volvió a buscar y me llevó a casa de Anna. Cuando llegué me sorprendí, porque habían otras niñas como yo ahí, a quienes les hacían lo mismo. Me mandaron a un bar, “El Tikalito”, allí habían niñas y mujeres; muchas no estaban obligadas, pero yo sí y no podía hacer nada. -27–

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Un día me llevaron con Gerson y me explicaron que desde ese día me dejaban libre, pero que debía irme con él. Gerson me besó e indicó que no me haría daño. Me llevó a su casa y me dio Coca-Cola; momentos después me sentí mareada. Me dijo que era una niña fácil de engañar y que me había dado droga. Cuando desperté, estaba desnuda y al ver mi teléfono, me di cuenta que tenía muchas llamadas perdidas de mi mamá, quien pensaba que me había ido de la casa. Él me llevó a la frontera de México, me volvió a dar droga a la fuerza. Me dejó sola, llorando en un cuarto de hotel. Yo me sentía mal por la droga. Me iba de lado, me caía; no sabía cuánto tiempo había pasado. Me empecé a vestir, sentía cómo me iba pasando el efecto de la droga. Aún con mareo, vi que había dinero en la mesa. Lo agarré, salí a la tienda, compré una tarjeta de teléfono, llamé a mi mamá y le pedí ayuda. Ella estaba llorando y se escuchaba muy preocupada, le expliqué que no me había ido de la casa, sino que Gerson me había llevado. Me rescataron del hotel y me trajeron a un albergue. Actualmente, mis papás me visitan. Mantengo comunicación telefónica con ellos; les cuento que estoy recibiendo clases, asisto a psicología, estoy aprendiendo costura y valores. Ellos -28–

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también me cuentan que están participando en “Escuela para padres”, grupos de autoayuda y psicología. Ahora estoy bien, nadie me está haciendo daño y me siento bien de contarles mi historia. Yo les aconsejo que no se dejen engañar por otras personas y mucho menos por alguien que se diga ser amigo. No les hagan caso a los hombres que ofrecen algo, no reciban cosas de personas que no conocen, ya que sólo les pueden hacer daño.

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Mayra
Hola, soy Mayra. Nací en una pequeña provincia de Ecuador. Mis padres me abandonaron cuando tenía seis meses. Mientras iba creciendo, me surgían dudas de por qué mis padres me habían dejado, pero no me atrevía a preguntarle a mi abuela. Recuerdo que mi mamá me visitaba poco, hasta que un día ya no llegó a verme. Mi abuela era pobre, trabajaba en la venta de ensalada de frutas y jugos y yo la acompañaba. Le ayudaba cuando no iba a estudiar. Con su sacrificio y trabajo logré graduarme. Después entré a la universidad, pero como en el último año se gastaba mucho dinero, mi abuela ya no podía ayudarme y lo que ganábamos no era suficiente. Por eso, decidí viajar a los Estados Unidos, para trabajar por un tiempo y regresar después a Ecuador a finalizar mi carrera. Tomé la decisión de viajar y fui a migración a tramitar mi pasaporte. Cuando estaba realizando el trámite conocí a otras dos jóvenes que también querían migrar a Estados Unidos. Una de ellas dijo que tenía familia en ese país y acordamos apoyarnos. Cuando salimos de migración unos hombres nos dijeron que podían ayudarnos a llegar a Estados Unidos y que -31–

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“Cuando llegamos a este país, nos encerraron en un cuarto y nos quitaron nuestros documentos. Luego escuché una conversación donde se referían a mi como mercancía.”
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les pagáramos al encontrar trabajo, pero que era necesario viajar ese mismo día, por lo que pensamos en aprovechar la oportunidad. Luego nos alojaron en un hotel y al día siguiente salimos en un vuelo comercial. Iban otros hombres y las jóvenes que conocí en migración. Después hicimos escala en otros países de Centroamérica y luego un hombre, que no conocíamos, nos llevó a Guatemala en un camión. Cuando llegamos a este país, nos encerraron en un cuarto y nos quitaron nuestros documentos. Luego escuché una conversación donde se referían a mí como mercancía. Un día el hombre que me tenía encerrada quiso abusar de mí, pero con otra joven lo agredimos y logramos escaparnos. Después, pedí ayuda, unas personas me apoyaron y me ubicaron en albergues donde me dieron cariño, atención y apoyo. Compartí con las otras jóvenes y entendí que mi vida es valiosa y que el dinero no lo es todo, porque tenía una segunda oportunidad. Mi mayor deseo era siempre regresar a mi país, con mi abuela y comprendí que no es el dinero lo más importante; -33–

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sino el calor de una familia y a pesar de que gane poco es mejor estar en mi casa. Después de un tiempo, en el albergue me ayudaron con todos los trámites para regresar a mi país, donde estoy ahora y he aprendido que esos viajes donde ofrecen facilidades, no siempre son buenos y ahora solo quiero terminar mi carrera y apoyar a mi abuela, por todo lo que ella me ha dado en la vida.

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Nancy
Hola, soy Nancy. Nací en Ecuador. Crecí en un hogar estable al lado de mis papás y hermanos. A la edad de 10 años murió mi papá y yo quedé al cuidado de mi mamá. Ella se dedicaba a lavar ropa ajena y realizaba los quehaceres de la casa, así como en casas ajenas, para el sustento familiar. Llevé una vida normal, asistí a una escuela cercana, tenía buenas calificaciones, mi relación con las maestras y compañeras era buena y cordial, sin ningún problema. Tuve buena salud, siempre fui estable y de buenas actitudes, mis relaciones de amistad siempre han sido duraderas y estables. A la edad de 15 años, comencé a trabajar en la agricultura en una finca, para ayudar a mi mamá, por sus quebrantos de salud. Continué mis estudios de secundaria, en jornada nocturna. A los 20 años, viajé hacia España con ayuda de unos familiares que residían allá. Al llegar a España inicié a laborar en una bodega y después en el aeropuerto, haciendo labores de limpieza. -35–

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“Al nacer mi hija María, yo no encontraba trabajo. Cuando la pequeña tenía mes y medio, Sergio me llevó a un bar de copas donde un amigo me daría trabajo. Al llegar al lugar, descubrí que no era un bar de copas, sino una casa cerrada.”
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Estando allá conocí a un conductor de autobuses llamado Sergio, quien trasladaba turistas desde el aeropuerto hacia diferentes hoteles y hospedajes de una isla. Sergio es de nacionalidad española. Inicié una relación amorosa con él y al poco tiempo quedé embarazada. A los cuatro meses me diagnosticaron un embarazo de alto riesgo. En ese momento, ambos tomamos la decisión de vivir juntos, por lo cual dejé de trabajar en el aeropuerto y esto no fue de su agrado. Cuando tenía siete meses de embarazo, iniciaron los malos tratos e insultos, principalmente por las dificultades del embarazo. Al nacer mi hija María, yo no encontraba trabajo. Cuando la pequeña tenía mes y medio, Sergio me llevó a un “Bar de copas” donde un amigo me daría trabajo. Al llegar al lugar, descubrí que no era un bar de copas, sino una “casa cerrada”. Él me obligó a prostituirme, explotándome sexualmente, amenazándome con hacerle daño a mi hija, si yo no le entregaba el total de dinero que había ganado. Sergio me amenazaba constantemente con quitarme a mi hija, asesinarnos y también a mi familia, abusaba sexualmente de mí y constantemente me maltrataba física y verbalmente. -37–

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Él pasaba las noches frente a la computadora viendo videos pornográficos, inhalando varias líneas de cocaína y bebiendo cerveza. Me obligaba a realizarle sexo oral y tener relaciones sexuales sin mi consentimiento, me golpeaba e insultaba durante el acto sexual, para satisfacerse a sí mismo. Intenté hacer una vida independiente, trabajando en diferentes lugares, pero Sergio me acosaba constantemente. Me seguía y me intimidaba. Él me demandó por maltrato intrafamiliar, autoagrediéndose y quedando yo ante las autoridades españolas, como la maltratadora, por lo que mi hija quedó bajo custodia provisional de Sergio. Me restringieron la relación con mi hija, debido a las mentiras que él dijo. Debido a las dificultades económicas por las cuales atravesaba y sin contar con un trabajo fijo, con deudas económicas y con la pensión alimenticia que debía pagarle, agregado a ello el acoso constante y las intimidaciones de Sergio, regresé a Ecuador, en busca de apoyo familiar. Tiempo después me enteré que Sergio viajó a Guatemala con mi hija María, sin haberme notificado. Inicié a buscar -38–

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apoyo en la Embajada de Ecuador, así como con autoridades guatemaltecas para rescatar a mi hija. Viajé hacia Guatemala, porque me enteré que mi hija fue rescatada por maltrato contra menores de edad y violación sexual por Sergio. Al llegar a Guatemala me presenté al Juzgado de Niñez y Adolescencia que conoce el proceso y después de varias audiencias me entregaron a mi hija, y la juez resolvió que tanto mi hija como yo quedábamos bajo arraigo en Guatemala por el espacio de un año. Actualmente me encuentro en un albergue, donde me están dando un lugar para que junto a mi hija estemos, mientras me ubican en un lugar donde pueda vivir con mi hija que no sea una Institución, pero con la limitante de no poder trabajar. En el albergue he recibido apoyo de parte del personal. Asisto a psicología y me he comunicado con mi familia. Aunque aún no estoy en mi país, me siento más tranquila porque tengo a mi hija, quien está estudiando.

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Gloria
Hola, soy Gloria. Tengo 19 años. Nací en Villa Canales, del departamento de Guatemala. Desde pequeña quedé bajo los cuidados de mis abuelos maternos, porque mi mamá me entregó con ellos para que me reconocieran. Recuerdo que mi mamá abandonó a mi papá porque él la golpeaba constantemente. Durante mi infancia fui una niña tranquila, estudiaba, era cariñosa con mis abuelos a quienes les decía papá y mamá. A los diez años, me fui a vivir con mi mamá y con mi padrastro, quienes tuvieron tres hijos, pero yo le reclamaba a mi mamá por haberme abandonado y me portaba mal. Cuando me iba a estudiar empecé a salir con malas amistades. A los doce años, me fui a trabajar en un comedor los fines de semana, ganando Q.125.006 semanales.

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USD 1.00 = Q 7.90

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“A los trece años, fui víctima de una violación sexual por un amigo de la escuela, quien me colocó droga en una bebida y perdí el conocimiento. No le comenté nada a nadie…”
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A los trece años, fui víctima de una violación sexual por un amigo de la escuela, quien me colocó droga en una bebida y perdí el conocimiento. No le comenté nada a nadie, pero cuando me recordaba de eso, me enojaba con mi familia y me encerraba en mi cuarto a escuchar música rock y empecé a consumir drogas. A los catorce años, inicié una relación marital con un joven quien pertenecía a una pandilla y mis consejos lo alejaron de esa situación. Me fui a vivir con él y resulté embarazada, pero lo abandoné porque me fue infiel. Regresé con mis abuelos, a pesar de que tenía el apoyo de mis suegros. Debido a la situación económica de mis abuelos, empecé a trabajar en varias cafeterías de la capital. En el año 2010, a través de un anuncio en el periódico que me enseñó una conocida, me enteré de un trabajo donde ganaría más dinero. Me llevó al lugar, donde me recibieron, allí me tramitaron documentos falsos, porque yo era menor de edad. Al principio no sabía qué tenía que hacer, pero después me dijeron que tenía que servir a unos clientes, haciéndoles masajes y que tenía que acostarme con ellos. Yo les dije que -43–

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no, pero me amenazaron, por lo que tuve que empezar a hacerlo. Un día llegaron varios hombres. Decían que estaban haciendo un operativo y fui rescatada. Me alegró mucho, porque me sacarían de allí. Después me llevaron al juzgado, donde ordenaron mi ingreso al albergue. Al principio insultaba a las personas que trabajaban en el lugar, ya que no entendía porqué me trataban bien. Después comprendí que me querían ayudar y empecé a portarme mejor. Luego me comuniqué con mi familia y cuando hablé con ellos me emocioné y empecé a creer que me querían ayudar. Mi familia empezó a visitarme y así fue como poco a poco fui entendiendo lo mucho que nos queríamos y que ellos siempre me van a querer sin importar lo que me haya pasado. Al principio también me desesperaba; quería salir de ese albergue porque extrañaba a mi hija. Con el paso del tiempo, mi proceso mejoró: aprendí a identificar mis problemas, a buscarles soluciones. Empecé a practicar valores, respetar a mis compañeras, adultos y a mí -44–

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misma. Comprendí que era sobreviviente de trata, con fines de explotación sexual comercial. Después fui reintegrada con mi familia. El albergue continuó apoyándome. He recibido estudio, atención psicosocial y me visitan constantemente. El albergue continuó mi proceso penal y me siento feliz porque el Tribunal de Sentencia Penal condenó a los responsables -una pareja- a 18 años y 8 meses por trata de personas y favorecimiento de prostitución y a su hijo de 19 años por el delito de favorecimiento de prostitución, con una pena de prisión de 6 años y 8 meses inconmutables. Actualmente estoy trabajando y muy feliz, porque mis hijas me dan fuerzas para vivir y mi mamá me apoya con el cuidado de ellas.

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Margarita
Hola, soy Margarita. Yo estaba viviendo con una tía y decidí salir a buscar trabajo. Pasé tres días buscando y no encontraba, hasta que un día una señora me dijo que ella necesitaba a alguien que le ayudara con la limpieza de su casa. Me dieron el trabajo. Sólo tenía que limpiar la casa de la señora, ya que ella no se mantenía allí. Ella me dijo que me iba a dar una semana de prueba y que no me la pagaría, ya que necesitaba saber si yo sabía hacer el trabajo. Me dijo que sólo me podía pagar Q500.007 mensuales, pero me daría comida, ropa y donde vivir, y le dije que estaba bien, pues yo no tenía nada y necesitaba trabajar. Pasó una semana y todo estuvo bien, pero después empezaron los maltratos. Luego me llevó a un lugar donde vendía licor y era allí donde ella se mantenía. Estando en el lugar, me dijo que tenía que lavar los platos, vasos y atender a los clientes que llegaban a tomar licor. Yo le
7 USD 1.00 = Q 7.90

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Vive y sé feliz: historias de sobrevivencia de la trata de personas

“Pasaron los días, las semanas y los meses y no me dejaba salir del lugar. No me había pagado nada en tres meses. Le dije que quería ir con mi familia, ya que deseaba seguir estudiando. Me pidió que esperara 15 días y me pagaría. Esperé y resultó que no me pagó nada.”
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Vive y sé feliz: historias de sobrevivencia de la trata de personas

contesté que no me gustaba estar allí. Ella me dijo que no me estaba preguntando; que eso era parte de mi trabajo y que lo hiciera bien, para ganar más. Pasaron los días, las semanas y los meses y no me dejaba salir del lugar. No me había pagado nada en tres meses. Le dije que me quería ir con mi familia, ya que deseaba seguir estudiando. Me pidió que esperara 15 días y me pagaría. Esperé y resultó que no me pagó nada. Esa noche escuché una conversación, en la cual le decía a un señor que me iba a vender por Q.4,000.00 En ese momento decidí irme de allí. Al rato, pedí permiso a la señora para ir al parque con mi prima. Ella estaba hablando con su hijo mayor, quien nos trataba bien. Ella dijo que no, pero él le dijo que nos dejara salir un ratito; al fin y al cabo, todas las pertenencias estaban adentro. Ella cedió. En ese momento aproveché para huir con mi prima y fui a poner una denuncia en contra de la señora a la Procuraduría de los Derechos Humanos. Así fue como llegué al albergue de protección, donde estoy estudiando, aprendiendo costura y otras cosas que me servirán para tener un mejor futuro. -49–

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Mis papás no sabían dónde me encontraba, pero las personas que trabajan en el albergue, los localizaron y cuando hablé por primera vez con ellos me emocioné y ellos estaban muy contentos. Después de eso, me empezaron a llamar más seguido. Ahora me visitan, junto con mis hermanos y me cuentan que están participando en “Escuela para Padres”. Ellos quieren que regrese a la casa; yo también quiero regresar porque los extraño mucho. Sé que muy pronto me iré con ellos y eso me hace feliz. A quienes lean esta historia, les digo que no hay que confiar en nadie; no se equivoquen. Yo soy una adolescente de 15 años, pero Dios es tan grande, que me ayudó a empezar de nuevo. Ya sólo me queda un mes para regresar con mi familia y la verdad es que en el albergue me han ayudado. Me he dado cuenta de muchas cosas, he aprendido sobre mis derechos, valorarme y valorar a mi familia. Ahora soy feliz.

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Karla
Hola, soy Karla. Nací en un país de Sur América. Crecí junto a mi mamá, hija única de mamá y papá. Mi papá tiene dos hijas más con otra señora. Mi mamá dejó a mi papá porque él le era infiel. No he recibido apoyo de mi papá, solo de mi mamá y de mis tíos maternos, quienes me dieron estudios y logré graduarme de bachiller. A los 15 años de edad, conocí a un joven que era mucho mayor que yo. Nos hicimos novios mientras estudiábamos y después quedé embarazada de él, pero aún así no vivimos juntos porque él tenía otra pareja. Sin embargo, él me apoyaba con los gastos de mi hijo. Como quería asumir mi responsabilidad, empecé a trabajar en almacenes para darle a mi hijo las necesidades básicas, mientras mi mamá lo cuidaba. Pero un día estafaron a mi mamá, por lo que tuvo que hacer un préstamo hipotecario y como tenía miedo de que nos -51–

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“Lo que puedo decirles a las jóvenes que atraviesan una situación difícil, es que piensen bien antes de tomar una decisión de irse de su país o de su casa cuando les ofrezcan facilidades, porque puede ser que las estén engañando.”
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quedáramos sin casa, empecé a preocuparme porque lo que ganaba no era suficiente para el pago del préstamo. Un día, vi un volante, donde estaban ofreciendo trabajo en otro país, ganando bastante dinero, por lo que llamé al teléfono que estaba en ese papel. Allí me dijeron que tenía que tramitar mi pasaporte y que me podían ofrecer un trabajo -dependiendo de los estudios que tuviera- aceptando un puesto de secretaria en una empresa de Honduras, donde me pagarían en dólares. Le dije a mi mamá que viajaría a trabajar y también le dije al papá de mi hijo, a quien yo quiero mucho. Las personas que me darían el trabajo, me dieron el dinero para tramitar el pasaporte, porque yo no tenía dinero. Luego viajé con otras personas en avión. Al llegar a un país de Centroamérica, una pareja me estaba esperando. Me dijeron que no fuera a decir nada porque los de Migración estaban con ellos y si no, le iban a hacer algo a mi familia. Después cruzamos la frontera, hasta llegar a Guatemala. Después me llevaron a un hogar donde me encerraron en una casa y me dijeron que tenía que pagarles lo que habían gastado en mí y en todos los documentos que me quitaron. -53–

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Me dijeron que me tenía que acostar con los clientes de ese lugar y por cada noche que no quisiera hacerlo, tenía que pagar una multa de mil dólares. Un día encontré a otra joven de mi país, a quien también habían engañado y estaba tan desesperada como yo por salir de ese lugar; hasta que un día mientras la persona que nos controlaba se descuidó, Logramos escapar. Cuando me escapé de ese lugar me lastimé en varias partes de mi cuerpo, pero eso no me importó porque lo que quería era salir de allí. Después, en la calle, encontré a unas personas que me ayudaron y me llevaron a unas instituciones donde nos brindaron protección; después a un albergue donde me ayudaron, me dieron apoyo psicológico. También me facilitaron la comunicación con mi familia y así logre hablar con mi mamá, y con el papá de mi hijo. Después de varios días, me apoyaron a tramitar el boleto para regresar a mi país, donde ahora estoy con mi familia; pero tuvimos que vender la casa donde mi mamá vivía, porque la tenían controlada. Lo que puedo decirles a las jóvenes que atraviesan una situación difícil, es que piensen bien antes de tomar una decisión de irse de su país o de su casa cuando les ofrezcan facilidades, porque puede ser que las estén engañando. -54–

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No todo lo que es fácil de obtener, nos lleva a la felicidad, sino los esfuerzos que hacemos para lograr nuestros sueños y metas, con mucho trabajo y dedicación. Les digo, oigamos los consejos de nuestros padres y adultos que más nos quieren.

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Jaqueline
Hola, soy Jaqueline y tengo 14 años. Antes de cumplir tres años, vivía con mi mamá y mi papá. Nos llevábamos bien. Después de ese tiempo, me enteré que tenía otro papá y me sentí muy enojada. Él me compraba cosas para que le dijera papá, pero aún no le puedo decir así. Tiempo después, mi mamá me envió a vivir a San Marcos con mis abuelos. A los siete años mis tías me ponían a hacer oficio en la casa y a lavar ropa, pero como estaba pequeña y no podía hacerlo bien, me pegaban mucho. Sólo a mí me ponían a hacer las cosas y a mis primas no las obligaban. En dos ocasiones intentaron quemarme con una servidora. Me enviaban a traer leña hasta cuando tenía paperas y el doctor había dicho que tenía que estar en reposo. Mi mamá enviaba dinero para mi comida y ropa, pero no me compraban nada. Cuando tenía 10 años yo le dije a mi mamá que mis tías me pegaban, pero no me creyó y me tocó quedarme en esa casa de familia. Yo siempre llamaba a mis papás para que fueran a traerme pero no podían, porque tenían a mis otros dos hermanitos. -57–

Vive y sé feliz: historias de sobrevivencia de la trata de personas

“Los clientes eran jóvenes. Me trataban mal y me obligaban a hacer cosas que no me gustaban. Las muchachas de ahí me aconsejaban que dejara de trabajar de eso, pero yo tenía que tener dinero para vivir.”
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Vive y sé feliz: historias de sobrevivencia de la trata de personas

Ya no aguantaba vivir con mis tías, no me podían dar estudio y querían ponerme a trabajar. Un día, llegó mi mamá y me encontró enferma. Sólo me dio medicina y aunque le pedí que se quedara no lo hizo, se despidió de todos menos de mí. Solo se fue y no la he vuelto a ver. Después de un tiempo de vivir en San Marcos con mis abuelos y recibir malos tratos, me vine a la capital a vivir con otra tía, pero mis primas me trataban mal. Me decían malas palabras; yo era muy educada. Comencé a ir a la escuela. Mi tía me aconsejaba que no me sintiera mal, pero ellas me rompían la ropa. Un día se quemó el arroz, y me lo hicieron comer. Mi mamá envió dinero para mis zapatos y cuadernos y mi tía nos los compró, ya que no tenía trabajo ni dinero para comprar la comida. Yo estuve de acuerdo en que lo usara para eso. Nunca me compró nada. Yo era la que tenía que ver cómo compraba las cosas que necesitaba, trabajando en una zapatería. Hasta ahora que estoy aquí en el albergue, me compró tenis y un pantalón. Salí de la casa de mi tía por los maltratos de mis otras primas ya que todo era igual. Decidí ya no seguir estudiando. En ese tiempo empecé a autoagredirme. Ya no quería vivir y lloraba constantemente. -59–

Vive y sé feliz: historias de sobrevivencia de la trata de personas

Una señora me ofreció trabajo para cuidar a una nena. Pero después, un señor me habló; me ofreció trabajo en un comedor. Me subí a su carro y me llevó a un lugar donde me dijo que allí se trabajaba de servirles sexualmente a los hombres, yo le dije que no quería hacer eso, entonces me dijo que estaba bien, que sólo despachara cerveza y aguas a los clientes y por la necesidad acepté. Al principio me daba asco ver a los hombres que se acostaban con las chicas que trabajaban allí. Luego ellas y el dueño me empezaron a hablar cómo era el trabajo con los hombres y me dijeron que se ganaba bastante dinero y aunque me daba asco y náusea, decidí trabajar en eso. Los clientes eran jóvenes. Me trataban mal y me obligaban a hacer cosas que no me gustaban. Las muchachas de allí me aconsejaban que dejara de trabajar de eso, pero yo tenía que tener dinero para vivir. No tenía casa, ni lugar a donde ir. Mi tía llegó a buscarme al lugar, me obligó a irme con ella pero no acepté, empecé a gritar y las personas que acompañaban a mi tía le ayudaron a meterme a un taxi. Ella me aconsejó que no trabajara de eso. Me llevó a un lugar donde me enviaron al Juzgado y luego al albergue donde me encuentro hasta ahora. Mi tía me visita en -60–

Vive y sé feliz: historias de sobrevivencia de la trata de personas

el albergue, participa en lo que se llama “Escuela para Padres” y me dice que está viniendo con la psicóloga. Aquí recibo educación, capacitación, hablo con la psicóloga y mi educadora. Eso me ha ayudado a ver la vida de otra manera, saber que soy importante y que merezco una vida nueva y diferente.

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Esta publicación fue impresa en los talleres gráficos de Serviprensa, S. A. en el mes de mayo de 2012. La edición consta de 500 ejemplares en papel couché mate 100 gramos.