El ojo del que mira

Griselda García

Editorial La carta de Oliver

2009

El catador de belleza termina encontrándola en todas partes. Marguerite Yourcenar

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El secreto

Como una ciega enfebrecida te miro con los dedos sigo tu mapa táctil escultura móvil de agua. No sin peligro nos acercamos a la felicidad. Oírte decir mi nombre palabra que en tu boca me hará nueva. Seremos una piel vibrante y olorosa aprenderemos a tocarnos y sabernos aprenderemos a cuidarnos.

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Trampa sagrada

I Dice que aún no he visto nada que todavía no empezó. Lanzo luces veo y traspaso. Descansá en mí, dice. ¿De qué conjuros no será capaz un mago joven herido de luz? No va a asustarlo una aprendiz de bruja. Abre mi mano y pone entre mis dedos una llave. Luego: fuego, detonación. La serpiente dormida abre un ojo.

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II

Aún no he visto nada, dice. Le pido que lo sepa todo. Nunca creí que pasaría por el ojo de la aguja. Nada que hacer con el rojo que escapa. Un mal movimiento arruina años de práctica.

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III

Una nube celeste cubre el ojo de la anciana. Lava mi herida con azúcar blanco que detiene el rojo. Actúa por presencia actúa por contacto Toca y regala dones. Asiente, y cada inclinación de su cuello es una estrella que se enciende. La sabia de la flor de mil pétalos sabe sin necesidad de preguntar. Nodriza de luz: ¿pasaré por el ojo de la aguja? Algo se abre paso y busca salirme.

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Torso desnudo de un muchacho al sol

El cuerpo se tensa en cien fibras enloquecidas. En el abdomen plano dos líneas se pierden en la espesura del pubis. Esas líneas bastarían para adorarlo meses. Al final del día buscarle las axilas, olerlo buscarlo entre las piernas y encontrarlo duro pesado de semen joven. Es verano. La tortura de no tenerlo es dulce.

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Cui Ping Sing

Naufrago en tu belleza y lloro. Me das tu pañuelo que huele a perfume: oleadas de ternura.

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Serrallo

Otros ya idos me coronaron reina: final de un linaje de crueldad. Audaces, los que quedan. Acérquense. Anímense a ser vistos así. Voy a crear la palabra perfecta voy a decir sus nombres hoy nacen a mis brazos. Engendraremos un ejército voraz. Vamos a arder y brillar.

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Ágalma
Si me apresuran para que diga por qué lo amaba, siento que no puede expresarse más que respondiendo: “Porque era él; porque era yo.” Montaigne

Tu misterio, amor, no puede ser explicado. Tu belleza provoca mi pudor. Pulso el velo que tu ser sopla dando vida. Me das sólo parcial placer presencia incorpórea cerca y lejos hecho a mi medida ritmo de mi deseo.

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Rêverie

Él es como el sol es mirarlo y enceguecer. Verlo venir impone cambiar de vereda saltar, correr, volar que sus rayos no te toquen.

Con cada parpadeo devasta ciudades se expande como el universo crea nuevas estrellas no tiene borde. Después del incendio alcanza con recordar que existe el fuego para no acercarse. No hay oído que soporte lo grave de su canto.

Esta mañana la ciudad pronuncia su nombre evoca su fulgor.

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La ofrenda

Yacer con el hijo educarlo en la carne controlar con los días el ancho de su espalda en la espesura fundirnos. Al interior de la yema del ojo catedrales de agua delgadas escamas de la leche. Un desborde del cuerpo una fiesta sin fin la muerta hilvana su pañuelo de larvas. Te alimento te baño con miel te envuelvo en piel de luz te cubro de flores y canto.

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El profesor de piano

Te veo entrando detrás el cielo morado tu camisa muy blanca la corbata suelta al final del día. El oficio hizo bellas tus manos cómo no mirarlas cuando las hacés volar. Hora en que la luz baja el cielo está por llorar. Ajenos a todo esperamos el agua dejamos que el tiempo pase.

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El beso en la oscuridad

Bajo la escalera de la casa grande escondidos del verano la dulzura de tu piel en la oscuridad y la humedad habitual de los espacios cerrados. Entre bicicletas escobas y jaulas nos besamos. El amor ardía en los cuerpos. Había que besarse e incendiarse.

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Camino de arena

Las pieles negras relucientes de aceite y sal los hoteles turquesas lamen la orilla el bigote suave de la chica que amamanta a su hijo el pelo impreciso el pecho suelto sin pudor. Hora en que la luz baja se inventa este momento para recordarlo en un futuro irreal. Atardece al revés. Los chicos del domingo lo saben. Se les escapa el ocaso como el río que nunca verán.

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La siembra

Hice de tu abundancia un banquete egoísta un rito privado una fiesta de uno. Pude verte pero no supe decir tu nombre ni velar tu sueño. Asustaba lo grave de tu canto tu insistencia en dar verdad. Cerré los ojos. Borré el rastro que llevaba a vos. Como frutas que había de multiplicar me encontré, después diciendo a otros tus palabras amando como un animal frágil como una larva en su capullo. Ahora: la siembra. Esperaré con la paciencia del que deseó y obtuvo.

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Alumbrar

No había sonido. Alrededor todos se movían. Algo desde adentro se precipitaba y sobre el cuerpo me ponían una bola de carne rosada que apretaba los párpados. Era una hija. Supe que había sanado.

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Involución

Ahora que tu torpeza ha disparado hijos en útero joven del rencor de la primigesta cuidate rogá que en cloacas se pierda el nonato en alta noche. Si no hay con qué y prende -pues toda carne tiende a la vidacuando crezca y abunde en gestos estúpidos que festejarás llegado un día negarás tu prole y otras vaginas correrás a buscar no flojas ni anchas de parto. Con el tiempo te derramás en obvias honduras nuevas. Cada espasmo seminal tuyo nos acerca un paso al mono.

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Descripción de un estado físico

Por la lengua, dientes, paladar transita el sonido. En la garganta, tráquea, glotis mora la angustia. El suceso imprime su huella. Luego asfixia y mutismo. Al final, quizás la palabra. En el medio horas o años de silencio. La mente es un manojo de espejos rotos sin ninguna luz cerca.

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El espejo negro

I

Es hora de admitirlo: los instrumentos están rotos varios tripulantes han muerto las aguas traen frutos envenenados. Inmóvil durante horas esperando el terciopelo de pasos con el miedo más íntimo está demasiado adentro lo que se quiere expulsar infinitas formas de enloquecerse tan pocas de calmarse. Recuerda, cuerda: el cazador se volvió presa y la presa eternidad.

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II

A pesar de todo te has mantenido digna en tus derrotas. Muy poco miedo a equivocarte, querida. Hermana del horror la belleza no tarda mucho en mostrar su peor cara. No hubo que cavar profundo para descubrir que estaba ahí. Recuerda, cuerdo: nunca encierres demonios en un frasco. Un mal movimiento arruina años de práctica.

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III

La tentación de hacerme chiva expiatoria es grande: cargarme con las culpas de todos y expulsarme de una vez. Después, para poder seguir la culpa se hunde sola y el mismo suelo la absorbe gustoso en entierros a veces parecemos expertos. Después, también las traiciones más humillantes se guardan bien protegidas en la amplia casa familiar. El mejor disfraz, la sonrisa más convincente en continuar el show a veces parecemos expertos. Jóvenes y estúpidos creímos saberlo todo en los vientres plateados de los peces previmos un futuro auspicioso. A cada paso nos volvimos más ignorantes helados y distantes como estrellas.

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IV

Con el tiempo los ensayos son más largos pero no menos los errores. Hacemos cualquier cosa para convencernos de que somos los mejores. Cada uno hará que el otro se canse hasta terminar ahorcándose.

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Álbum familiar

Cuando en mitad de la noche presentimos y tocamos y tocando descubrimos agua, a veces crema, sangre por un segundo dudamos entre limpiarnos o seguir durmiendo. Ahora lo sabemos: buscábamos algo que ya nos encontró. Ciegos como topos nunca supimos hacia dónde. No por eso dejamos de cavar.

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Ama de cría

Ávidos del pezón los gemelos abren sus bocas. Envuelta en la pesadez de la leche me dejo adorar. No quieren que me lave cuantos más días pasen mejor, dicen y bufan y resoplan. Luego de la maceración se disputarán mis desechos. Quien gane desatará su cortejo tardío su celo de macho joven. Lo sucio será su alimento. Ahora hundo los dedos en la espesura dorada: embriaga el olor a manteca rancia. Engendro sólo hijos varones doy a luz un ejército voraz. Serán vigías en mi vejez.

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Dijo la loba

Vos, lobito mío, sos una de las crías que no alcancé a devorar (¿me sacaste el hambre o llegaste cuando estaba saciada?). Ya sabés erizar el pelaje más tarde te enseñaré a orientarte en el bosque a esperar el momento de distracción de la presa. Vos, lobito mío, disfrutá las caricias aprendé a ignorar las uñas. Ahora te nutro: tu avidez rodea el pezón cargado te hartás de leche dulce. Muerta también seré tu alimento. Seremos, en el final carne vuelta a la carne.

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Liturgia

En los momentos más altos desde puntos lejanos los veo acercarse vienen a mí con ofrendas. Doy mi cuerpo y comen doy mi sangre y beben. Vivo en ellos como la madre en los hijos que un día le darán la espalda. Casta de cuervos que hubiera preferido no engendrar.

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Oración

Oigo sus levísimas campanas. Reina está aquí. Me arrastro a su encuentro beso el suelo bajo sus pies. Soy su mejor esclavo, dice y en su palmada firme lo compruebo en la presión de la suela sobre mi cabeza. De rodillas soy de todos el más fiel el más solícito. Reina dame la dicha de seguir bajo tu ley. Dame la alegría máxima de servirte siempre, siempre.

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El buscador de verdad

Curarte amor desgarrarte en lonjas de luz de saliva colmarte el iris. Por lo que hacés conmigo y de mí: develarme desvelándote ardé, amor condena de no poder ver otra cara que la tuya en otras caras desesperación. También tu cuerpo busque el mío en alta noche y no lo encuentre vuélvanse locos tus poros de ausencia llénese tu boca con mi nombre y ya no busques más porque no hay más nada sólo esta inmensidad de dos juntos, ahora.

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El ojo del que mira

Es ciego el anciano del laúd. Gira en blanco su ojo velado cuando toca. Herido de luz de una luz infinita en el gesto se ve que es pájaro. Una explosión de pimpollos en las venas pétalos que el sueño del mal ha vuelto negros. ¿Es posible atisbar por el blanco del ojo y que lo visto no deje huella? Si no se ha buscado resguardo a tiempo un batir de alas ensordece. Mucho es el daño que la belleza provoca.

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Griselda García nació en Buenos Aires en 1979. Publicó los libros de poesía Alucinaciones en la alfalfa (2000), El arte de caer (2001), La ruta de las arañas (2005) y El ojo del que mira (2009). En la actualidad se dedica al dictado de talleres literarios de escritura creativa, narrativa y poesía. En el taller de clínica de obra ayuda a otros escritores a armar y ordenar el material para publicar sus libros.

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