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“El género no hace a quién soy”

Andréj Pejic
(Modelo transgénero)

“PROTOTIPO 1981”
Todo parece indicar que en el primer año de la década de 1980,
comienza a gestarse un modelo de hombre “posmoderno” o
“contemporáneo” podría decirse, donde se configura su mentalidad y
comienza a producirse un cambio paulatino en el estilo de vida
humana. En estos ultimos años del boom “retro” y lo “vintage”, reviso
los sucesos mas importantes ocurridos durante ese año y me resultan
preponderantes los siguientes:
- se descubre el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida o HIV,
llamado “peste rosa” en su momento y atribuido a una enfermedad
definida como casi estrictamente homosexual.
- se crea la cadena de televisión por cable MTV (acrónimo de Music
Televisión), surgen los VJ’s y la música pop gana espacio asociándose
con el video.*que hipnotizo a gran parte de la generación que estaba
naciendo, en su auge de los años posteriores a su aparición.
- el ataque al Papa Juan Pablo II.* Marca el comienzo del fin de la
religiones una tendencia en los años posteriores a lo antirreligioso, en
las generaciones del nuevo milenio.
Estos sucesos me hacen pensar en un posible momento
paradigmático de la vida humana y su desarrollo. La conciencia se
expande de manera virulenta al mismo tiempo que se distrae
entrando en una especie de intermitencia andrógina, disparada
automáticamente como el flash en la discoteca o un colorido cartel de
neón. Los cultos, disciplinas alternativas como el reiki, los libros de
autoayuda y la metafísica, la meditación, la macrobiótica y otras que
proliferaron en la cultura popular de occidente principalmente
durante la ‘era beatnik’; ahora se combinan y fusionan en esta nueva
era con las pantallas y su bombardeo de imágenes recortadas*, la
música del pac-man sumada a las luces y el sonido estrepitoso de los
flippers para dar forma a un prototipo de ser humano que definiré
como “videoclíptico” ademas de “apocalíptico”, con sus visiones del
fin de un milenio e interrogantes sobre su futuro.
¿El fin de la inmunidad?
Este “Prototipo 1981” es básicamente, un sujeto del miedo y del
estado de alerta cotidiano. Mas alla del error, la estrategia o el azar,
con ese nombre discriminatorio de “peste rosa”, el virus del HIV
parece surgir como un síndrome del prejuicio contra las minorias

sexuales y en detrimento de la apertura de mentalidad, en parte
generada por la Revolucion Sexual que se venia dando en las decadas
anteriores. Todo parece apuntar a un debilitamiento y a minimizar las
cuestiones, a profundizar las problematicas existentes desde siempre
y a retroceder en lugar de seguir avanzando en pos de aceptar la
diversidad de la vida y del propio ser humano, que se hace cada vez
mas notoria. El HIV connota una enfermedad indefinida o definida con
el nombre de ese virus, subyacente en la sociedad toda. A pesar de
todos los intentos por aniquilar lo diferente, la androginia, la
bisexualidad y las luchas sociales por las identidades transgénero
comienzan a ganar lugar a partir de los iconos popularizados en los
años setenta como David Bowie, Grace Jones o Andy Warhol. Para
este prototipo de ser humano, la individualidad es fundamental y el
genero parece ya no determinar quien se es realmente, no tiene
problemas de usar accesorios del sexo opuesto y puede desear ser un
mix de Ken y Barbie, en oposición querer ser uno u otro. El ser de
cada uno comienza a trascender los sexos, en una lucha que deja un
espacio para que tenga lugar un genero intermedio entre el hombre y
la mujer, que antes solo tenia lugar en lo mítico. El ser andrógino
aspira a convertirse en una nueva especie durante los años ochenta
del S.XX, a partir de popstars de alcance global y su imagen ambigua
como Prince, Michael Jackson, Boy George y Madonna.
Por otro lado, las fobias proliferan a través de la mass-media,
como una plaga ante el crecimiento de las masas concentradas en las
ciudades, que pasan por “divanes psicoanalíticos” como productos en
la cinta de una caja de supermercado. Seres vendados y amordazados
por la bataola de información constantemente filtrada en el
subconsciente, por la multiplicidad de medios masivos de
comunicación, a su vez dirigidos por la ‘buena senda’, para ser
explotados por la sociedad de consumo que lo tritura todo en un gran
camión de basura. El miedo y su virulencia mediática debilitan el
sistema inmunológico del ser humano que alguna vez se sintió fuerte
y sano, confiado del progreso y sus artilugios, convirtiéndose ahora
en un ser debilitado y condensado; de bajas calorías, ensordecido
electrónicamente y asustado en su circulo de indefensión como una
rata de laboratorio. Los niños devoran publicidades televisivas que
los domestican para ser caníbales del consumismo y lloran clamando
por el muñeco de He-Man o el robot de Mazinger Z, mientras las niñas
enloquecen por la Barbie “Pink & Pretty”, que irrumpe en las góndolas
en 1981 con su imagen de “superstar”. La felicidad o plenitud ya no
pasa por “ser y vivir” sino por “tener y ostentar”. La búsqueda del
binomio fama y fortuna es una corriente que arrastra a hordas de
gente ansiosa por salir de la caverna del “pueblo”, donde solo brillan
fuera de ella los semidioses del glamour, que bajo la luz de los focos
posan poderosos en las revistas y actúan inmunes en la publicidad.
Era del ser “videocliptico”.

Otra de las características del “Prototipo 1981” es que piensa,
escucha pero sobre todo habla y presta atención de manera
fragmentada. Su percepción esta impregnada de la cualidad
fragmentaria inherente al relato y la estética del videoclip que es el
“espíritu de la época”… ¿Que te estaba diciendo?...me perdí. Pero no
hay problema, porque puedo rebobinar y volver al punto. Los diálogos
se vuelven inconexos y llenos de interrupciones. Lejos de ser
negativa, la conciencia videocliptica es infinita, flexible y
multidireccional. Rompe con todo tipo de rigidez y estructura
tradicional. Solo presionando unos blandos botones el tiempo puede
avanzar o retroceder cuantas veces quiera y ¡lo que finaliza puede
volver a comenzar! Es nuestra conciencia la que puede retroceder o
avanzar con mas facilidad que antes, sino el video no tendría esa
versatilidad. Tampoco podría existir el video a lo mejor sino
tuviéramos la capacidad de visualizar. Este nuevo prototipo de ser
humano se caracteriza por ser sobre todo versátil, tendiente hacia el
exterior, a la extimidad y se adapta a distintos formatos, como el
video mismo. Además termina de imponer una actitud basada en la
personalidad ligada al éxito económico como aspiración máxima.
Puede ser persona o maquina, artista o mercancía, hombre o mujer y
también el andrógino como un tercer genero que pugna por un lugar.
La magia de este formato puede crear formas que luego se diluyen.
La plataforma perfecta para ensayar y crear como en una etérea
pizarra, la persona que cada uno quiere crear de si mismo. En esta
era de lo automático, haciendo unos clicks la vida se sintetiza y se
edita en bloques para que no queden a la vista errores, aunque se
muestra también el backstage para divertirse con la espontaneidad
prefabricada por la impronta del “reality show”.
El arte audiovisual se asocia con la música para volverla un
producto masticable y efímero como el chicle, expandiéndose a
través de múltiples pantallas y acaparando el discurso en una retorica
hipnótica. La efervescencia del video reemplaza no solo a la radio
sino también a la foto en el ámbito familiar donde se produce el inicio
de la tendencia de “reality”, tras el sazonado boom televisivo de los
“bloopers”. Las pantallas chicas, medianas y grandes persiguen a
este prototipo, sedientas de dominar su conciencia individual y
también la colectiva, insatisfechas con amalgamarse con el cine y la
televisión, toman a la música de rehén en su afán por generar una
locura tan fascinante como alienante. La estructura del videoclip es
similar a la forma como transcurre la vida cotidiana, fragmentaria y
atiborrada esta de matices diversos y cortes vertiginosos. Los
diálogos se vuelven desconectados y plagados de interrupciones
sumado a el ruido, que enmascara los no-comerciales silencios.
Ziggy Stardust y su atmosfera estereofónica, liberal y de
ambigüedad glitter; se esfuma en el espacio interestelar pero su
presencia perdura dejándonos abandonados a la actitud violenta, la
estética desprolija y el paisaje desolador del punk, que algo mas tarde
se transforma en un paraíso urbano postpunk opaco e industrial de
samplers y peinados revoltosos. En este hábitat es donde surge el
“Prototipo 1981”, que también da origen a este nuevo espacio

abrumador que va a reproducirse y amplificarse en un ejército de
DJ’S, VJ’s y hordas de ‘wannabes’ que devoran entradas a estadios,
además de los discos y el merchandising de sus dioses, en constante
renovacion.
Este prototipo de hombre engendrado durante la década de los
ochenta, con su ostentación, colorido y estridencia pop, atraviesa los
años y llega desgastado al nuevo milenio, como espectador de un
esquema donde se siente manipulado y sometido, donde el panorama
apocalíptico lo paraliza e insta a deshacerse de sus sueños y el amor
parece ser un bien de intercambio, en pos de una vida estéril
supeditada a llenar un vacío espiritual infinito.
La mentalidad apocalíptica y su “Síndrome del Fin”.
La crisis existencial de fin de siglo y comienzo del nuevo milenio
captura el espíritu de este nuevo tipo de ser humano, que actúa como
un androide fóbico. El Prototipo 1981 vive enfermo de su ‘Síndrome
del Fin’ o “de los fines”; esta programado para vivir preocupado por
los fines que vive preguntándose a si mismo cuanto falta? para que
termine el mundo, contando los minutos para saber cuanto falta para
terminar la carrera, se dirime cuestionándose como leiv motiv de su
vida ¿cuanto faltara para irse, para mudarse o cuanto tiempo falta
para cambiar de trabajo? a su vez que el tiempo se le escurre entre
sus dedos ante la imposibilidad de vivir en el presente. El tiempo pasa
a ser percibido abúlicamente como miles de fragmentos sucesivos y
efímeros, con sus respectivos cortes y sobresaltos que forman parte
de una unidad discontinua pero infinita. Desencantado de una
existencia digitada a partir del consumo, sucumbe ante la soledad a
partir de lo complejo que resulta relacionarse con los otros en medio
de un mundo de ciudades convulsionadas, fragmentadas y caóticas
desde las que aspira como ilusión y única liberación de la angustia
existencial y la anomia, el fin se vuelve crucial cuando todo es
discontinuo. Se espera un fin definitivo que aporte un corte a la crisis
que parece eterna, estabilidad, integración y donde pueda
relacionarse con un otro más allá de las diferencias,
condicionamientos y tendencias del mercado.
Este prototipo de fin de siglo esta regido por su individualidad y la
conciencia de si mismo y ya no necesita de la religión ni de su
fundamentalismo para desarrollar su espíritu. Prefiere bucear en su
interior o su propia conciencia, para encontrar la manera adecuada
para si mismo.
Llega el año 2000 y no hubo ningún Apocalipsis, aunque al año
siguiente, el mundo entero fue testigo en simultaneidad de las
imágenes escalofriantes de un hito, el atentado al World Trade Center
del 11 de septiembre de 2001; donde la realidad supero a cualquier
película apocalíptica de ciencia ficción, cuando al caer las torres
gemelas se desplomaron esos inmensos y perecederos símbolos de la
Modernidad. Veinte años antes, el día 13 de mayo de 1981 el mundo

fue shockeado por la noticia del intento de asesinato sufrido por el
Papa Juan Pablo II, a manos de Mehmet Ali Agca; quien le disparo al
pontífice desde la multitud mientras saludaba a los fieles en la Plaza
de San Pedro. Este atentado puede representar también un violento y
desesperado grito de una voz ignorada por las masas durmientes
como sonámbulos, expresando la disconformidad de una gran parte
de la población mundial contra las autoridades que detentan el poder,
sus políticas y los sistemas de autogobierno del mercado, que fueron
generando cada vez mas desigualdades. Pero para este prototipo de
ser humano que estaba surgiendo y propagándose, la religión será
solo un opio innecesario si puede lograr elevar su nivel de conciencia
y escapar del fiel auto sometimiento y superar la mentalidad de
esclavitud de antaño. Posiblemente pueda prescindir de la medicina
para sanarse e incluso también de la especulación de la ciencia. Por lo
tanto, quedaría la mente como único y omnipotente herramienta que
deberá dominar para poner al servicio de su bienestar. La mente será
el dios del Prototipo 1981. ¿Sera el mismo capaz de encontrar
exaltación naturalmente? No se sabe. El estado de incertidumbre
constante es el paradigma de la posmodernidad y lo determina.
Cuando no había nacido estaba vivo y cuando ha muerto vuelve a
renacer. Su conciencia se hace infinita y ya nada será como antes.
Además, se supone que el prototipo debería ser un ser humano
superior que valore la vida, se ame a si mismo realmente y pueda
utilizar el poder de la mente a su favor y por extensión amar también
a los demás. Para trascender la sensación de vacío, debe encontrar
una conexión con el cosmos más mística y personal además de
realizar una transformación interna. Cree solo en su propia voluntad y
en el presente, aunque a veces deambula como un autómata siendo
inconsciente de estar vivo, casi un robot con ansias de autosuficiencia
que descubrirá que el mismo es importante para el Plan Universal y
cuando todo haya colapsado, la revolución se haya inducido por
decantación o haya sucedido lo que tenga que suceder… ese será su
sueño inevitable, aprender a vivir en paz.

Nicko Miljovichevich.