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Teologia del Culto Cristiano

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una teologia de la liturgia o culto cristiano
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JEAN JACQUES VON ALLMEN

EL CULTO CRISTIANO

Su esencia y su celebración

EDICIONES SÍGUEME
Apartado 332
Salamanca
1968

CONTENIDO

INTRODUCCIÓN

I.

PROBLEMAS DOCTRINALES

1. El culto, recapitulación de la historia de la salvación

2. El culto, epifanía de la Iglesia

3. El culto, fin y futuro del mundo

4. Las formas Litúrgicas

5. La necesidad del culto

II.

PROBLEMAS DE CELEBRACIÓN

6. Los elementos del culto

7. los oficiantes del culto

8. El tiempo del culto

9. El lugar del culto

10. El orden del culto

Conclusión

NOTA PRELIMINAR

Jean-Jacques Von Allmen, pastor de la iglesia reformada y profesor en la
universidad Neuchatel, es una autoridad en el mundo del ecumenismo. Sus
comunicaciones a los organismos del consejo mundial de las iglesias, sus
artículos en diversas revistas (en particular en Verbun caro, dirigida por la
comunidad de Taizé) y sus libros nos muestran una línea de estudio serio y
profundo de estos problemas.
Hoy presentamos al público de habla castellana el curso de liturgia tenido en
dicha universidad suiza en el año 1960-1961. el autor ha ligerado notablemente
el aparato critico y la estructura pedagógica de su trabajo al preparar la edición
española. No debemos olvidar nunca que su primer público eran cristianos de
la confesión reformada o calvinistas, como ordinariamente se llaman entre
nosotros. Hay que considerar en este ambiente los reproches que hace a veces
a la iglesia romana, aunque nos duelan particularmente por tocar algo tan
intangible como el dogma. No debemos olvidar que se sitúa con ese mismo
espirito ante su iglesia. Si su primera intención hubiera sido dirigirse a
cristianos de todas las confesiones, todo esto hubiera sido mucho mas
doloroso; pero, precisamente, el valor del libro radica en ver como piensa un
reformado de puertas adentro. Nos llamara la atención su sincero espíritu
crítico, aunque no siempre podamos estar de acuerdo con sus conclusiones.
Quizás sea interesante hacer una breve reflexión sobre la terminología. Se ha
usado “institución” por consagración “mesa santa” por altar, “coro” por
presbiterio, etc. es decir en sitios donde nosotros, católicos hubiésemos usado
un termino ya consagrado por el uso teológico o litúrgico, encontraremos otro
menos corriente. Con esto queremos hacer notar que una gran dificultad en el
dialogo ecuménico es el problema del distinto significado de la misma palabra,
por corresponder a otra concepción teológica. Para no complicar más este
conflicto, y dar una cargazón católica a conceptos reformados, no hemos usado
el que nos parecía mas obvio, según nuestra mentalidad católica. Debemos
tener presente que para K. Barth, la mayor dificultad para admitir el catolicismo
es la “analogía del ser”. Según el Dios y el hombre o tienen nada en común, el
es todo bondad, nosotros solo maldad, en esta perspectiva, palabras como
sacramento y gracia tienen contenidos distintos en teología católica y
reformada. No hay que olvidar esto en la lectura del libro.
Como ultima observación, conviene tener presente el carácter de curso de este
libro. Su concepción es mas propia del estilo hablado que del escrito, co todas
sus ventajas e inconvenientes.
Agradecemos al P. Manuel Sotomayor, profesor de historia de la Iglesia en la
facultad teológica de Granada, sus atenciones al respondernos a las consultas
que le hemos hecho para la traducción.

Granada, 20 de mayo de 1967
ANTONIO CHAPARRO
LUÍS BETTINI

INTRODUCCIÓN

Al estudiar el culto litúrgico de la iglesia abordamos un tema que, entre
nosotros, reformados, no está en el primer plano de las preocupaciones
eclesiales. Más aun, se trata de un tema que suscita cierta desconfianza en
nuestro ambiente y que es uno de los rasgos más típicos de nuestra conciencia
confesional. Y, sin embargo, como dice Karl Barth con tanta razón, “el culto
cristiano es lo más importante, urgente y grandioso que puede darse sobre la
tierra”.
En esta introducción comenzaremos tratando algo de la terminología litúrgica,
luego examinaremos rápidamente el trabajo del estudio de la teología litúrgica,
antes de exponer su plan y sus límites. Acabaremos con algunas referencias
bibliografiítas fundamentales.

El problema de la terminología litúrgica es complicado ya que esta ha variado a
lo largo de los siglos, y principalmente porque es necesario ver si estas
variaciones terminológicas han provocado o sancionado alteraciones en la
misma doctrina del culto. Renuncio al estudio profundo del tema,
contentándome con las breves indicaciones que siguen.
Hay que notar en primer lugar que el nuevo testamento no usa una
terminología específicamente litúrgica cuando habla del culto de la iglesia, con
algunas notables excepciones y sin que

Esto implique una negligencia o profanación del culto. Emplea términos
aparentemente neutros, como “reunirse en nombre del señor” Mt 18,20) o
“reunirse para la fracción del pan” Hech 20, 7; 1 cor 11,33).

Notemos también. Cosa que no se hace con demasiada frecuencia, que el
mismo termino de Iglesia lleva consigo un coeficiente litúrgico notable, ya que
la Iglesia es, por su esencia, la asamblea, la reunión de quienes viven en la
salvación realizada por Cristo, invocan su presencia y esperan su vuelta.
Refiriéndonos al nuevo testamento, los términos mas propios para designar el
culto Cristiano serian, pues, los de asamblea, fracción de pan, o, aun mas
simplemente, iglesia. Sin embargo, ninguno de estos términos se impuso. Es
verdad que el primero designaba corrientemente, hasta el siglo, IV, el culto.
Pero a partir de la paz constantiniana, los términos litúrgicos resurgen y se
extienden, junto con un vocablo específicamente cristiano: la misa (este lo
trataremos mas adelante).

La palabra misa fue eliminada parcialmente en el luteranismo y por completo
en las iglesias reformadas y anglicana. Pero, ¿con que se podía sustituir? Se
hizo el intento de restaurar el término de asamblea (coetus), pero sin éxito
duradero. John Lasco recurrió, dato interesante, al vocablo corriente en las
iglesias de oriente, y titulo el libro de oraciones publicas de la comunidad de
refugiados de Frankfurt Liturgia saera (1554). Este se admitiría en la
terminología occidental sin lograr desplazar las locuciones mas corrientes,
como servicio divino, luego culte, entre nosotros; Gottesdienst en Suiza

alemana y Alemania, service y worship en Gran Bretaña, misa en la Iglesia
romana, e Iglesia en todas partes.

Ya que en adelante vamos a usar con mucha frecuencia el término liturgia,
seria interesante ver si vale la pena justificarlo teológicamente. Quizás sea
suficiente recordar que es neotestamentario, y que allí no designa solo, como
en los setenta, el oficio sacerdotal de la antigua alianza (traducción de abodad)
(Lev 1, 23; Heb 9, 21; 10, 11), sino también el cultote cristo (Heb 8, 6) y el de la
Iglesia (Hech 13.2). Es evidente q en el nuevo testamento este término esta
tomado de los setenta y, por eso, es innecesario justificarlo por razones de
etimología o de semántica profana. Como cosa curiosa se puede decir que. En
estos dos aspectos, el termino liturgia da dos indicaciones interesantes sobre el
culto. Etimológicamente designa una acción del pueblo y no de el clero;
reivindica, pues, una “desclerizacion” del culto. En su acepción profana antigua,
designa un acto político, civil, por el que los ricos sustituyen, por su acción o
contribuciones, a los pobres q no pueden pagar. Este término indicaría que la
Iglesia, por medio de la liturgia, sustituye al mundo que no sabe ni puede
adorar ni glorificar al Dios verdadero, y que así, por el culto, la Iglesia
reemplaza al mundo delante de Dios y lo protege. Como el vocablo “misa”, el
de “liturgia” atestiguaría también el compromiso necesario de la Iglesia en el
mundo.

Pero esto no es sino algo curioso, además de q el termino liturgia no funda el
culto cristiano. Por otro lado, querer que en el terreno litúrgico coincidan las
opciones teológicas fundamentales con la adopción o exclusión de algunos
términos de exponerse a la vanidad de las logomaquias.

Estas breves explicaciones pueden bastar respecto de la término logia litúrgica.

¿Cuál es el trabajo del estudio de la teología litúrgica, es decir de una teología
del culto cristiano? No es la de crear el culto, sino que consiste en regular,
probarlo y orientarlo para que sea lo mejor posible.

El culto cristiano no vota originariamente de una construcción teológica
realizada por peritos, sino que, por ser un encuentro del Señor con su
comunidad, en la que actúa con su palabra y su sacramento por medio de el
Espíritu Santo, es un hecho histórico eclesiástico, cuya escritura litúrgica es
producto de la fe y de la obediencia de la cristiandad…

La teología del culto proporciona un canon crítico para examinar y juzgar el
culto cristiano de su figura histórica. Ante la liturgia, tiene una función crítica, no
una misión constructiva creadora. Muestra a la litúrgica práctica, es decir a las
instrucciones para una recta organización y observancia del culto, los caminos
que la Iglesia puede seguir en el culto divino (J. Beckmann citado por W.
Hahn).

Por este hecho, la teología litúrgica presupone la existencia de el culto
cristiano, e incluso de un culto concreto (para nosotros se trata de un culto

propio de la Iglesia reformada), y por eso implica conocimientos exegéticos,
históricos y sistemáticos que le permitirían examinar críticamente el dato
litúrgico de esa Iglesia, y también de dar directrices practicas, es decir a las
instrucciones para una recta organización y observancia del culto, los caminos
que la Iglesia puede seguir en el culto divino(J. Beckmann, citado por W.
Hahn).

Por este hecho, la teología litúrgica presupone la exigencia del culto cristiano, e
incluso de un culto concreto (para nosotros se trata de un culto propio de la
Iglesia reformada), por eso implica conocimientos exegéticos, históricos y
sistemáticos que le permitirán examinar críticamente el dato litúrgico de esa
Iglesia, y también el de dar directrices practicas, para que la forma de celebrar
el culto coincida precisamente con las que exige el mismo. Nuestro trabajo va a
consistir, pues, en establecer las grandes líneas en una doctrina del culto, para
ver después como aplicarla concretamente.

Aquí se plantea el problema del plan que vamos a adoptar, entre las diversas
posibilidades que se presentan. Para que se comprendan bien que el
propuesto por mi no es el único posible, cito a continuación otros, todos ellos
validos. En primer lugar, están los planes construidos sobre el hecho de que el
culto es el encuentro entre Dios y el pueblo, y que en el se trata de una acción
de Dios y de la respuesta humana… es el adoptado por K. Barth y W. Hahn,
entre otros. H. asmussen y R. Paquier le añaden una tercera parte en el que
se expone el desarrollo del culto, el ordo litúrgico. Otros siguen su plan
orientado principalmente por las diferentes disciplinas teológicas de las que
depende la teología litúrgica. Así la ordenación de L. Fendt: estudio histórico,
sistemático y practico de la liturgia; A. D. Muller sigue el mismo plan, pero
cambia las dos primeras partes. O. Haendler propone un plan que examina el
primer lugar la esencia de el culto, luego su forma, y, finalmente, sus actores.
P. Brunner, en su obra fundamental Zur Lehre von Gottesdienst der im Namen
Jesús verammenlten Gemeinde, que K. Barth saludaba viendo en ella un
“trabajo excelente por su amplitud y su profundidad”, presenta, después de una
introducción terminologiíta y metodología, su doctrina de culto en tres partes:
en la primera la situación dogmática de el culto con relación a la historia de la
salvación, al hombre que lo celebra, y al cosmos (Ángeles y cosas) que rodean
al hombre; en la segunda parte, el examen de las razones y de la forma de
culto como suceso salvìfico --- a quien encontramos, en los capítulos terceros
y cuarto, el plan adoptado por K. Barth y W. Hahn---; finalmente, en la tercera
parte, la exposición de una teología de la formulación litúrgica.

El plan que yo propongo no tiene pretensiones teológicas y es, sobre todo,
pedagógico. En la primera parte examinaremos los problemas doctrinales, en la
segunda, los de la celebración. Cada parte tiene cinco capítulos que se
corresponde mutuamente. En la primera examinaremos el culto como
recapitulación de la historia de la salvación, como epifanía de la Iglesia, como
fin y futuro de el mundo, o, si se prefiere, los caracteres esclesiologico y

soteriológico del culto, en el capitulo cuarto estudiaremos la necesidad y
limites, para el culto., de lo que se podría llamar el advenimiento a las formas, y
en el ultimo capitulo hablaremos de la necesidad de el culto. En la segunda
parte se trataron los problemas de celebración de la manera siguiente: los
elementos del culto, sus ministros, su día, su lugar y su orden. En una breve
conclusión nos preguntaremos por las condiciones y los métodos de una
renovación litúrgica.

Este plan, creo, permitiría tratar el conjunto de la teología bíblica, pero no lo
haremos. Me he puesto unos limites: por ejemplo, renuncio a hacer, en el
capitulo, sobre la necesidad y los limites del avenimiento a las formas, una
historia de culto y una teología litúrgica comprada, o a examinar los cultos
anexos: del bautismo, de los actos eclesiásticos y del oficio divino; El capitulo
sobre los ministros del culto, renuncio a hacer una sociología del culto o una
psicología de el, es decir una psicoanálisis litúrgico, o incluso una ascética,
examinando en particular las relaciones entre el culto parroquial y la vida
espiritual de los cristianos. Nuestro tema será el culto dominical ordinario.
Comentando la confesión escocesa, K. Barth afirma que todo el culto esta
limitado por el bautizo y por la cena; el primero atestigua la voluntad de Dios
sobre la existencia de la Iglesia, y la segunda sobre su permanencia. El culto,
objeto de nuestro tratado, es el que permite a la Iglesia seguir siendo Iglesia.

El último elemento de esta introducción lo construye una bibliografía básica. La
que propongo, hay que decirlo, no pretende sino remitir a ciertas obras que me
parecen importantes y que informan, por su parte, de otras publicaciones
indispensables para quien se quiera ocupar de la teología litúrgica de una
manera mas especializada.

H. J. Graus, Gottesdienst in Israel einer Geschichet des alttestamentlichen
Gottesdiensts zweite, vollig neubearbeitete Auflage. Munchen 1962. H chirat, la
asamblea cristiana en tiempo de los apóstoles. Studium. Madrid en 1968.
* G. delling. Der Gottesdienst im Nenen Testament. Guttingen 1952.
*O. Cullman. La foi es el culte de I’Eglise primitive. Neuchatel et paris 1963.

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