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Iconografía y erotismo en la escultura románica

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Iconografía y erotismo en la escultura románica.

Estudio de los canecillos del ábside de la iglesia románica de San Cristóbal (Barahona del Fresno-Segovia)

-Anexo canecillos eróticos del ábside románico de Sequera del Fresno.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Título original: Iconografía y erotismo en la escultura románica. Autor: Francisco Javier Pavón Arenas. Fecha: Enero de 2013.

Fotografías del autor.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

ÍNDICE:

1. Introducción. 2. Localización. 3. Consideraciones generales. 4. Canecillos de Barahona del Fresno. 5. Anexo canecillos eróticos de Sequera del Fresno. 6. Conclusión.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Introducción.
Estimado lector, no vas a encontrar en estas páginas un estudio profundo de la edad media, ni del románico, ni de la religión. Trataremos en todo caso de reflejar con sencillez y de manera inteligible los aspectos que consideramos destacables, las imágenes hablarán por sí mismas; por lo que no sentaremos cátedra con nada, porque no es esa la pretensión. Queremos compartir y acercar este valioso patrimonio históricoartístico a todas las personas en general, a todas y cada una de ellas que no han reparado todavía en este extraordinario legado. Si logramos despertar vuestro interés será suficiente…a partir de ahí, existen extensos y numerosos estudios acerca de la Edad Media, y del Románico en particular, con los que poder iniciar, ampliar o completar vuestras inquietudes de conocimiento. Este monográfico va a procurar centrarse en lo que vemos, no en elucubrar sobre lo que vemos, menos aún en intentar definir como válido nuestro un punto de vista determinado. Cada persona sentirá unas emociones, percibirá unas sensaciones y pensará de distinta manera…ojalá que así suceda.

Gracias por acercaros a este mágico universo. Espero que lo disfrutéis.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Localización.

Barahona se encuentra muy próximo a la localidad de Boceguillas, provincia de Segovia, situada a la altura del kilómetro 117 de la Nacional I (Madrid-Burgos). Desde allí tomaremos el desvío hacia Turrubuelo para enlazar a través de una agradable y serpenteante carretera con el pueblo de Barahona. El primer documento donde se menciona a Barahona (etimológicamente Pequeño Cerro) data de 1247. Hasta el siglo XIX no empezó a utilizarse el sufijo de “Fresno” referido a esta localidad. No obstante su iglesia, bajo la advocación de San Cristóbal, es sin duda anterior, del siglo XII. En este estudio vamos a centrarnos en los canecillos del ábside por su especificidad, su singularidad y su simbolismo.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Mapa de situación (extraído de Google Maps)

Ruta reflejada tomando como referencia Madrid.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Consideraciones generales.
ningún tipo. Cualquier actitud la reprensión que manifiesto sobre

Procuraremos acercarnos a este arte desprovistos de juicios de valor previos, y sobre todo sin prejuicios morales ni éticos de condenatoria frente a una expresión artística de hace 800 años únicamente pondría de nuestras conciencias llevamos, y nos haría parecer bastante mentecatos, personas de escaso entendimiento. Tal como hemos indicado en la introducción omitiremos las características generales del arte románico y la de las iglesias románicas rurales en particular. Si bien no dejaremos de mencionar más adelante alguna consideración que puede resultar interesante en cuanto a la continuidad de los mitos ancestrales, cuestión ésta merecedora de consideración. Sería igualmente extenso dedicar un espacio, por muy sucinto que fuese, a exponer las generalidades acerca de la sociedad rural medieval. De sus conocimientos, su formación, el estilo de vida, o sus conceptos acerca de la existencia…no obstante serán inevitables breves puntualizaciones necesarias para aclarar algunas de las ideas. No podemos en ningún caso dejar desprovisto del carácter religioso y del sentido “docente” (cuando no dogmático y de adoctrinamiento) de este tipo de iconografía, puesto que se hallan expuestos en un templo cristiano. Puede que desconozcamos su finalidad última, su propósito, su sentido e incluso su significado. Pero sea como fuere, cualquier hipótesis que expongamos ha de quedar necesariamente subordinada a este principio básico que es su carácter religioso y doctrinal. Cualquier interpretación será válida cuando se encuentre bien formulada, bien documentada y bien analizada, desde luego…pero seguramente ninguna de ellas logre el objetivo de definir la intencionalidad última y real que para las personas de la edad media tuvieron.
Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Quizás el magnetismo cautivador que provoca en nosotros se deba precisamente a esa indefinición. Una sociedad en su mayor parte analfabeta, sin acceso a la cultura, puesto que ésta quedaba restringida a círculos muy reducidos de la sociedad medieval, básicamente del ámbito de la nobleza, la jerarquía militar y eclesiástica, y el reducto de los monasterios, abadías, etc. El pueblo debió de ser instruido a través de imágenes y a través de la palabra. Se trataba de una sociedad feudal que habría de precisar mantenerse según los cánones de conveniencia de los poderes establecidos, pero aún así la tarea de eliminar de raíz en una sociedad “ignorante” las costumbres ancestrales y casi atávicas que seguramente dominarían en sus relaciones no tuvo que resultar fácil.

Ya desde los primeros Concilios se procurará no solo soslayar el paganismo, sino eliminarlo; algo que nunca se conseguirá por completo; así como tampoco imponer una moral estricta, que si en las formas pudiera considerarse aplicada, no así en otros casos, muchos de ellos notorios que afectarían más allá de lo que el vulgo y sus comportamientos reflejasen; que afectaría además; y muy seriamente a lo largo de todas las épocas a la propia institución religiosa y a sus miembros, en todas las escalas y estamentos, desde la misma Santa Sede al último de los reductos monacales. Surgirían así movimientos internos de depuración, de regreso a los cánones de virtud primigenios y de reestructuración y reformas. Debemos mencionar también la influencia directa e indirecta del islam sobre la sociedad medieval peninsular. Para el islam el sexo, la sexualidad, es fuente de placer, para el cristianismo será fuente de pecado…siendo la imagen de la mujer, en concreto, convertida en la esencia de ese mismo pecado, estigmatizando el sexo femenino de forma tan intensa que llevaría a una ósmosis conceptual que se va a extender hasta

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

prácticamente nuestros días. No debemos juzgar aquí nada de ello.

Como introducción a las escenas eróticas que se desarrollan en el ámbito del románico rural, especialmente en la zona cántabra, y muy directamente relacionado con el estudio que nos ocupa, mencionaremos brevemente las teorías que hasta la fecha han intentado servir de explicación.

Básicamente pueden resumirse en siete consideraciones:

1. Teológicas 2. Demográficas 3. Lúdicas 4. Sociales 5. Pervivencia de los Mitos 6. Cercanía y convivencia con la población de origen mozárabe. 7. Sentido anti-icónico respecto de la influencia ejercida por el Islam.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

1.- Teológicas.
Quizás la respuesta más inmediata nos llevaría a identificar sin demasiado esfuerzo este tipo de iconografía con el “Pecado”. Especialmente contra la lujuria y la avaricia como sobradamente documentados podemos encontrarlos en los Penitenciales de la Edad Media y en todo el doctrinario cristiano desde los primeros concilios. Claramente referenciados por otra parte en el Antiguo Testamento y la tradición hebrea. En muchas de las ocasiones parece evidente la relación de este tipo de representaciones con otras que son “su complemento”, es decir, junto a una escena de uno de los “vicios” mencionados aparece el castigo que les espera, a modo de justa correspondencia. Pero no siempre es así, y no siempre se encuentran situadas estas imágenes “pecaminosas” en el exterior del templo (básicamente en los canecillos del ábside y en los aleros de la nave). Curiosamente algunas veces también pueden hallarse en el interior del edificio religioso. Y curiosamente también, como es el caso, pueden no tener su justa correspondencia o su justo castigo igualmente representados. Como es el caso que nos ocupa.

2.- Demográficas.

En el aspecto demográfico, no faltan quienes abogan por intuir en este tipo de iconografía un factor coadyuvante para la procreación, habida cuenta de que la mortalidad en aquellos tiempos era muy elevada. Hecho agravado además de por las epidemias y enfermedades, por las guerras y el considerable número de individuos que en ellas perecían o simplemente que no regresaban a sus lugares de origen. Añadiendo además al hecho de reposición demográfica la falta de mano de obra tan esencial para el feudalismo medieval. Entendiendo una “estudiada” incitación para aumentar los nacimientos.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

3.- Lúdicas.
La idea que observa un mero entretenimiento lúdico se halla en conexión con el apartado anterior y con el que veremos a continuación. Suponiendo de hecho una interpretación que reflejaría sin demasiados problemas la normalidad del sexo en los ambientes y las sociedades medievales. Imbuidas aún por la tradición y por la influencia de las culturas anteriores, y no solo de Roma, sino también con las más primigenias celtíberas. Suponer un mero entretenimiento de los artífices de estas esculturas aprovechando que iban a estar situadas en lo más alto de los templos es, a mi parecer, restarles importancia, sentido y significado. Opinar que la razón de altura de los canecillos es un seguro de “libertad artística” frente al estamento religioso resulta poco consistente.

4.- Sociales.
El factor social que mencionamos viene a coexistir con las interpretaciones más liberales que se plantean al respecto. Haciendo hincapié no solamente en que la moralidad medieval se regiría necesariamente por unos parámetros muy alejados a los nuestros; sino que, además, subraya el tipo de sociedad que lo constituía así como el ambiente familiar imperante. Que no es otro que una convivencia en un pequeño espacio habitacional (el cual incluso se compartiría con las bestias de trabajo y/u otros animales domésticos) lo que nos daría una idea aproximada de la total carencia de intimidad en todas las relaciones familiares. Y por extensión, en las conyugales. No es difícil imaginar la naturalidad y normalidad con se practicaban estas relaciones, algo que hoy en día nos haría enrojecer de vergüenza o de pudor. No hubo de ser así en la Edad Media.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

5.- Pervivencia de los mitos.
La pervivencia de los Mitos en el subconsciente colectivo es una cuestión más discutible y discutida que, precisamente por ello, hace que personalmente se encuadre en las preferencias de interpretación por las que abogo. Siempre, claro está, sin desestimar las anteriormente expuestas. El mito sagrado, la sacralidad del mito, subyace en el inconsciente más allá de los tiempos, de las culturas y de las civilizaciones. Tengan éstas interrelación o no, suplanten las unas a las otras, o bien sencillamente asimilen simbolismos y los transformen. Y no solo el símbolo, sino también el espacio, el lugar, las épocas y los ritos. El rito de la fertilidad, del renacimiento, el culto a la Diosa Madre característica de las civilizaciones del Mediterráneo; el misterio del nacimiento, de la vida, de la muerte, del más allá…sociedades de raíz matriarcal que han de ser sustituidas por Dioses, por la masculinización de lo sagrado y del misterio. Que habrá de ser sustituido por un solo y único Dios. No será logrado sino con la asimilación de esos ritos ancestrales, la ocupación de esos lugares de culto, la sustitución de unas imágenes por otras que van a asumir de algún modo la costumbre y a transformarla a través de los siglos hasta lograr la concepción de una nueva religiosidad, de nuevos ritos y de nuevas creencias. Dicho esto, no es en modo alguno difícil comprender la conexión que aún hoy en día puede establecerse entre aquellos ritos y costumbres con los actuales. El misterio sagrado de la vida sigue vigente.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

6. Cercanía y convivencia con la población de origen mozárabe.

Dando una mayor relevancia a la influencia que sobre las tierras de repoblación, durante la reconquista y tras ella, va a ejercer sobre estos “nuevos territorios cristianos” la herencia dejada por la población árabe; y más todavía, la convivencia con los mozárabes, fuertemente imbuidos de los usos y costumbres islámicas. Influencia que se hace evidente en las formas de muchas iglesias, no solo con la utilización de modelos árabes en la arquitectura, sino también reflejados en modas y modelos de clara procedencia islámica tanto en la escultura como en la pintura. Siendo así, hubo de existir también un considerable intercambio en la relación entre las personas.

7. Sentido anti-icónico respecto de la influencia ejercida por el Islam.

Parece dentro de toda lógica que el cristianismo tomase esta misma influencia de la que hemos hablado como amenaza. Como amenaza hacia el Credo cristiano y como un claro ejemplo de todo aquello que se considera vicio, defecto o perjudicial en las Sagradas escrituras. Y que viese en ese modelo islámico el reflejo de todo aquello con lo que debía de acabarse por suponer un serio perjuicio para los valores y las virtudes. De esta manera se tomaría una clara conciencia para exponer de una forma “subliminal” todos esos modelos como fuente de pecado, de desdicha y de penalidades. Se trataría pues de utilizar la doctrina de la imagen para que la población fuese tomando conciencia negativa de todo ello y por lo tanto se generase un rechazo cada vez mayor frente a los restos de la “invasión”. Podríamos llamarle la reconquista espiritual basada en una modificación conductual de la sociedad. Lo que hoy en día llamaríamos técnicas psicológicas.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Antes de cualquier otra consideración, vamos a observar todos y cada uno de los canecillos de la Iglesia de San Cristóbal de Barahona. Intentando clarificar no el sentido, sino el hecho reflejado tal cual. Desgraciadamente algunos de ellos han sufrido serios deterioros, y no tanto por motivos inevitables como por la propia acción del hombre; tanto por el abandono, como por el expolio, como por su destrucción. No hace tanto tiempo que algunos sacerdotes o personajes notables de severa moralidad inducían a los pequeños (y no tan pequeños) a apedrear esas “indecentes” esculturas para acabar con tan pernicioso ejemplo de vicio y de lujuria. Ha llegado el momento de tomar conciencia y poner en relieve el enorme valor de estas iglesias románicas. No solo como patrimonio histórico-artístico y religioso, sino también por la información que nos aportan acerca de la sociedad, las costumbres, los modos, los usos y las formas de nuestros antepasados. Cómo vivían, cómo vestían, qué hacían, de qué manera se divertían… He aquí expuesta la importancia de conservar, proteger, valorar y velar porque todo este arte y toda esta información sea un legado para las generaciones futuras.

Canecillos de Barahona del Fresno.

Empezaremos por orden desde el lado sur del ábside, o sea, desde la izquierda situados en dirección a la cabecera de la iglesia.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Cachorro con rostro humano succionando o bebiendo.
(Podría reflejar “la diversión” que consistía en emborrachar a algunos animales, o bien, el comportamiento “animal” de los niños pequeños cuando se emborrachaban)

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Mujer mostrando sus genitales con las manos sobre su abultado vientre.Muestra una expresión relajada y casi indiferente. Ha sido mutilada por lo que no sabemos si entre sus manos sujetaría a un recién nacido, simbolizando el parto. Pero no parece ser esta la intención. En todo caso se considera una mujer casada (se tiene por aceptada esta opinión cuando una imagen femenina lleva la cabeza cubierta), y quizás muestre su desnudez durante el embarazo.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Rostro femenino o de personaje joven, muy sonriente y con la cabeza cubierta por un tejido en pliegues.
Destaca la sensualidad y juventud sobre todo en la forma de sus labios, en las facciones redondeadas y en la sutileza de su sonrisa.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Barril de vino con las mordazas de sujeción y una oquedad central que correspondería al espigón metálico en el que iría insertado otro elemento.
Un tributo no solo a la abundancia, a la importancia de una buena cosecha, a la vendimia, sino también a la satisfacción que aportaría disponer de una buena reserva de vino y a la importancia que éste tendría tanto en la vida diaria como en las celebraciones.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Canecillo sencillo que puede representar una voluta simplemente o bien un elemento de uso cotidiano, bien sea una jarra, una olla, o un barrilete.

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Hombre mordiendo con fiereza un alimento.
El rostro corresponde más bien a una máscara, a una

representación que ridiculiza la GULA, como si fuese una caricatura que resaltase la boca de forma prominente, la nariz y los ojos abiertos y oblicuos dando a entender el animalismo que la gula, el ansia desmedido por los alimentos, refleja en los rostros. Reforzando esta idea con la forma de sujetar el alimento, a dos manos.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Mujer con hábito, religiosa, concentrada en la lectura de un voluminoso libro.

Parece indicar que dirige su mirada hacia lo que porta entre sus manos, por la posición de las mismas y la forma del objeto, sobre todo por los trazos de las líneas que serían las gruesas hojas de los libros realizados con pergamino, creo que es un libro. Rostro joven y expresión relajada y sonriente también.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Hombre barbado y sonriente de gruesos labios.
Nos indica un esmerado tratamiento de la barba, bien recortada y bien marcada. No lleva bigote. En cambio algunos rasgos denotan lo “foráneo”, como pueden ser sobre todo los gruesos labios, los ojos achinados y la nariz potente y ancha. Parece que el cabello sobre su frente va sutilmente ensortijado, lo cual ahonda en la idea que nos remite a una influencia oriental.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Mujer joven sonriente y con toca sobre la cabeza. Canecillo mutilado y muy deteriorado. Aunque redunda

nuevamente sobre los rostros femeninos jóvenes y sonrientes.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Cabeza de mujer casada y otra de hombre contrapuestos.

Es destacable señalar una importante diferencia entre ambos, no solo en la disposición en la que aparecen esculpidas en el canecillo. Observamos a una mujer joven, sonriente y bastante agraciada por lo que adivinamos de sus facciones. El hombre por el contrario se nos muestra obeso, mayor, y con las facciones (ojos, Me nariz y labios) a pensar desproporcionados, que Y en este tipo casi de desfigurados. fácil ocasión inclino la

“matrimonios” (mejor decir uniones) la gran desemejanza es para infidelidad. esto pudiera estar representando. Bien las “uniones” de conveniencia.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Animal apoyado sobre sus patas traseras y sujetando algo con las delanteras.
También se encuentra mutilado este canecillo, habiendo perdido lo más significativo de su representación que sería el elemento que sujeta entre sus manos (intuyo un barril), así como la cabeza y el acto que estuviese realizando (quizás, nuevamente, bebiendo). Su fisionomía lo acerca más a un perro que a cualquier otro animal representativo del románico, como el oso, la liebre, el jabalí…siguiendo la estela tan cercana de las costumbres reflejadas que estamos viendo, tan cotidianas y familiares, me inclinaría a pensar que es una animal doméstico.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Cabeza de bóvido.
Pudiera ser un buey. Se adivina la falta de los cuernos, probablemente mutilados, pero aún así si nos fijamos bien distinguiremos que está uncido, con una soga sobre la parte superior de la cabeza que le sujetaría al yugo. Además vamos comprobando la forma en que la serie

iconográfica nos va detallando aquellas actividades, formas, usos, costumbres y animales cuya convivencia con los seres humanos era tan estrecha como necesaria.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Canecillo sencillo, biselado, acabado en tema vegetal.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Rostro de hombre con las facciones ya vistas anteriormente.
Rostro orondo, labios gruesos, nariz prominente…y en esta ocasión cubierto con una especie de bonete o cinta bordada sobre la cabeza. Se nos muestra feliz y satisfecho. Todo un retrato de la “buena vida”, que diríamos. Refuerza la imagen la marcada papada bajo su barbilla.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Máscara denotando deseo, lujuria y fiereza, con una enorme boca y grandes y afilados colmillos.
Muy característico de todas las culturas en todas las épocas y continentes son el empleo de máscaras durante ciertas celebraciones del año. Muchas de ellas, de origen medieval, han llegado hasta nuestros días como costumbres ancestrales de muchos pueblos. Una muestra de burla, una intención de tornar el miedo a la muerte y a lo desconocido, a lo monstruoso también, en un juego, una broma…un divertimento para reírse del propio temor y anticipo. perderle el temor así al mismo miedo. Un

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Personaje itifálico pensativo.
Muy llamativos en la iconografía sexual románica, estos

personajes itifálicos (dotados de un enorme y desproporcionado miembro viril) se ajustan a la tradición antigua del ritual de la fertilidad, de la creación, de la procreación, de la regeneración de la vida, son muy similares en muchos lugares y tradiciones a lo largo de la historia, desde tiempos remotos. De forma que sin perder este símbolo primigenio de “objeto” o representación sagrada, va incorporándose a todas las culturas y evolucionando a lo largo de los siglos, pero manteniendo plenamente su significado primario y su sentido. Llama la atención la actitud reflexiva del personaje, serio, con las manos cruzadas sobre el pecho, en actitud meditativa; y, en cambio, mostrando quizás con este símbolo la fuerza innata del

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

deseo y de la atracción; como si por más seriedad y meditación que aparentásemos, existiese un innata inclinación hacia la sexualidad, hacia la generación y la supervivencia…ironizando quizás sutilmente contra quienes se muestran inmersos en otras profundidades del pensamiento y, después de todo, la fuerza de la “Ley del Deseo” pudiese finalmente más que cualquier intento por evitarla. ¿Acaso sería difícil relacionar esta misma simbología de la fertilidad con la idea de que la reflexión, la tranquilidad del ánimo, y la meditación son igualmente fértiles?...os recuerdo que pueden darse tantas interpretaciones como miradas.

Cabe

recordar

ahora

todo

lo

que

hemos

mencionado

anteriormente respecto a la sociedad medieval y sus conceptos existenciales tan distintos de los nuestros.

(Puede que, tal vez, no tanto después de todo)

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Mujer mostrando ostensiblemente su sexo.
Junto con los personajes itifálicos y casi siempre representados uno junto al otro, o uno frente al otro. Estas figuras femeninas son el complemento perfecto de la idea sagrada de fertilidad, de regeneración, de concepción y de procreación…hombre y mujer mostrando de manera provocativa sus sexos. Algo que por otra parte, recordemos, no sería en absoluto un comportamiento inusual en las sociedades medievales rurales. En muchas iluminaciones de algunos manuscritos (también en la escultura) se representa al hombre y a la mujer frente a la lumbre con los faldones levantados y mostrando con toda naturalidad sus sexos. Hoy sería no solo impensable un comportamiento así, sino que además nos resultaría escandaloso.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Personaje itifálico masturbándose.
El onanismo (la masturbación) tanto femenina como masculina no es ninguna extrañeza en la representación de los canecillos románicos. Se observa un hecho realizado y mostrado con naturalidad, incidiendo en la desproporción del miembro viril, como no queriendo dejar lugar a dudas. El rostro es joven y de expresión agradable. Es curioso constatar la forma en que en el ábside de esta preciosa iglesia no encontramos expresiones de sufrimiento, o bien, otros canecillos que condenen estos comportamientos, serpientes mordiendo pechos femeninos, monstruos devorando lujuriosos, bestias atacando a los vicios…no parece extraerse una lección de “condenación” o una lectura claramente pecaminosa de estos actos. No vemos un castigo que se contraponga a ellos…pero más allá de esta evidencia, la lectura de los mismos debe de tener, como dijimos en la introducción, una clara conexión con la religiosidad y la doctrina.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Hombre bebiendo de un objeto similar a un porrón.
Presenta mutilaciones en los pies en una de las manos. No obstante la imagen conserva toda la fuerza expresiva que hace referencia a la bebida, se introduce el borde del recipiente completamente en la boca. Tal vez dando a entender la bebida más que como un disfrute, o parte de una celebración, como una acción excesiva de su consumo. Parece estar sentado o tumbado lo que aumentaría considerablemente “la censura” del comportamiento; comportamiento o si bien, no sencillamente, al el reflejo de un habitual, menos, relativamente

conocido y admitido.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Cabeza de animal con el hocico saliente y puntiagudo.
¿Un corderillo o un cachorro ?, no lo sé. Pero presumiblemente joven, sin cuernos, sin facciones terribles, todo lo contrario, parece indicar docilidad. Está totalmente desprovisto de “fiereza” o de actitud amenazante de ningún tipo…si hacemos caso a la intuición de este recorrido iconográfico no hubiera de ser complicado encontrar una relación que identificase este canecillo con un animal que habitualmente compartiese la vida de los grupos sociales. Quiero insistir sobre su “juventud” que parece ser una constante a lo largo de este recorrido nuestro.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Rostro masculino con la boca abierta formando un círculo.
No parece faltar ningún “objeto” que estuviese siendo

introducido en la cavidad de la boca, puesto que de la figura se representa únicamente el cuello y el rostro, ningún otro miembro corporal. Creo distinguir un amplio y grueso tejido que cubre el cuello. La forma redondeada de la boca no indica lamentación, ni actitud agresiva de grito. ¿Hace referencia simplemente a la palabra, a la conversación?¿Es una burla sobre los “habladores”? ¿Quiere indicarnos por el contrario el peligro de “hablar mal o más de la cuenta”, o sea, una sutil ironía sobre la maledicencia? Cabe no olvidar tampoco las connotaciones que el propio “círculo” posee.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Barrilete o recipiente con pequeña embocadura.
Canecillo simple, pero de temática insistente en el programa iconográfico de este ábside. Referencia una vez más al “líquido elemento”, fuente de vida y de placer, sin duda. El emboque presenta una base de tipo piramidal que asemeja una especie de pitón o grifo.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Rostro joven de gruesos labios.Se encuentra muy deteriorado, tanto por el efecto de la erosión como por mutilaciones en la parte de la barbilla. Pudiera que asistamos a una representación de personas, en su mayoría jóvenes y sonrientes. De nuevo destaca el grueso de los labios como si se tratase de una tipología común en el entorno, puede que la rudeza o inexperiencia del artista o de los artistas tuvieran fijado ese modelo escultórico por alguna razón. No obstante, en este caso, como hemos podido comprobar en otros canecillos, los labios son finos y bien perfilados.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Rostro de personaje joven y sonriente.
También erosionado y con rastros perceptibles de “agresiones”, pedradas probablemente. Otro personaje joven, seguramente femenino en este caso, ojos grandes, cejas bien perfiladas, la consabida sonrisa y un reflejo de felicidad en la expresión. Se diferencia en esta ocasión por esos tres almohadillones que porta sobre su cabeza, girando sobre la imagen puede apreciarse que se trata de tres elementos rectangulares de igual tamaño sobrepuestos uno encima de otro, como si portease una carga sobre la cabeza. ¿Ladrillos de adobe tal vez tan característicos de la construcción popular de la zona?

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Rosto de hombre joven.
Labios gruesos, sonriente, ojos prominentes, rostro ligeramente alargado. Lleva un peinado típicamente medieval y porta sobre la cabeza otro elemento u objeto de difícil apreciación. Por la manera en que se adapta a los laterales de la cabeza más parece tratarse de una adecuación de la escultura a la forma del canecillo. Sea como fuere seguimos en la misma serie de personajes mostrándonos una maravillosa diversidad.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Rostro de joven con la cabeza cubierta.
Ahora sí que parece que no hay duda, pese a la erosión y el deterioro, de que se trata de una cabeza femenina que va vestida con una toca que le cubre totalmente el cuello, que por detrás de él y por los laterales de la cara, el tejido asciende para finalmente tapar parte de la frente y la cabeza. Muy rústico, pero apreciable.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Canecillo sencillo figurativo.
Menciono el término figurativo porque no se trata de un elemento vegetal o caprichoso meramente decorativo. Se distingue una terminación (¿cabeza?) triangular, que presenta pérdidas de elementos…

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Mujer joven y sonriente con toca.

De rostro ovalado y pequeños ojos, sea quizás la única de las representaciones que parece no sonreír. Cubre su cabeza mediante una toca plegada, cuyos pliegues están bien trazados y definidos. Es un rostro joven femenino, con una exagerada toca de barbuquejo de grandes pliegues. Siguiendo los modelos vistos hasta ahora, con su rusticidad y morfología, podemos pensar que proceden de manos no muy expertas. Lo cual no resta el menor encanto a estas esculturas, toda vez que sea ese hecho, precisamente, el que les confiera ese encanto.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Mujer joven, soltera, practicando sexo con un animal.
El bestialismo es otro de los temas recurrentes en el románico. Pero una vez nos llama poderosamente la atención en el ábside de San Cristóbal de Barahona, la naturalidad con la cual se exponen todos estos actos erótico-sexuales, sin el menor indicio de culpa o de pecado, sin situar otros temas que impliquen la condenación de los mismos. El acabado de este canecillo es más delicado que los

anteriores, la mujer joven con el cabello suelto (se acepta este detalle como referencia a la mujer soltera) es más sutil, tanto en el trazado como en la finura de los labios y el detallado peinado de la joven. Su mirada no da lugar a equívocos.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

No debe resultarnos extraño este tipo de representaciones, evidentemente no puede decirse, y menos aún asegurarse, que quiera reflejar un tipo de comportamientos habituales durante ese periodo. No obstante de ello, sí que inferimos por las normas dadas al respecto por la Iglesia y por otros escritos de la época que estos actos sexuales con animales (tanto por parte de la mujer como del hombre) los hacían dignos de atención; tanta, como para tenerlo en cuenta en los comportamientos que era preciso corregir y suprimir. Anotar que todavía en el siglo XII, un clérigo francés escribía o informaba de que ésta era una práctica muy habitual en Navarra. Y no por ser Navarra en concreto, sino porque realmente lo era en algunas zonas. Conductas que nuestras mentes procesan bajo un

condicionamiento de obscenidad. Para encontrarlas no es preciso viajar tanto en el tiempo, no han pasado demasiados años y podemos recordar que en muchos pueblos se conocía, se presuponía, se sabía bien por otra parte, de la práctica con animales en los entornos rurales. Por supuesto que no era algo habitual, pero sí no se establecía de una especie burlesco, de y tácito cierta consentimiento complicidad. carente sentido

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Rostro de mujer joven con toca de barbuquejo.

Nuevamente con la leve sonrisa en sus labios. Y otra vez una fisionomía más refinada, tanto en la nariz como en los labios como en los ojos. Cara redondeada y llamativos pliegues sobre la toca, que casi podría asimilarse a un turbante, minuciosamente detallado.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Canecillo muy mutilado.
Por alguna razón ha sido intencionada y especialmente dañado, víctima de un “personal” ensañamiento con lo que esta figura representaba. Distinguimos a un hombre joven tocado con un birrete puntiagudo. Sujeta algún objeto entre sus manos, pero ha sufrido tales desperfectos que resulta difícil conjeturar acerca del mismo y menos aún de la actitud o el hecho que estuviese realizando.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Mujer joven con toca mostrando su sexo.
A pesar de haber sido “atacada” con “fiereza”, es inconfundible lo que representa. Una mujer joven, con toca, levantándose la falda y mostrando abiertamente su sexo. Hubo a quienes les debió resultar tan provocativo y obsceno que no cejaron en su intento hasta mutilar toda la parte inferior de la figura: piernas, sexo y falda incluidos. “La lucha” debió de empezar por este canecillo y el que acabamos de ver tan destrozado también. Al menos parece que la mayor parte de la rabia destructiva quedó calmada en estos dos canecillos en concreto… Viene a colación el famoso refrán que dice: “Matando al perro…se acabó la rabia”. Inútil recurso frente a las pasiones humanas.
Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Joven sonriente con cabello corto.
Nos es válido lo escrito del anterior canecillo. Mutiladas las piernas y gran parte de los brazos. Vemos una serie continuada de canecillos entre el anterior, éste y el siguiente en el que estarían representadas su sexo mujeres y jóvenes sus exhibiendo faldas…puede descaradamente levantando

explicarse la coincidencia de las mutilaciones y destrozos, según podría deducirse, porque es precisamente esta parte del ábside la que sufrió transformaciones posteriores al añadirse una nave para cubrir la nueva entrada. Lo que de seguro facilitaría el acceso hasta esta parte de los canecillos, bien durante la construcción, bien durante las reparaciones de las cubiertas, bien en cualquier momento accediendo a ese tejado. A no ser que fuesen consideradas especialmente irreverentes en el caso de las mujeres, inductoras de las bajas pasiones, y precisamente puritanismo. sobre ellas se descargarse esta ira de

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Joven soltera sonriente mostrando su sexo.
¿Qué puede pensarse pues de esta coincidencia que mencionábamos en el párrafo anterior? Curiosa coincidencia ciertamente. Tanto en mujeres casadas (con el pelo cubierto) como en las solteras (cabello suelto). Se dio un ensañamiento especial en estos tres canecillos, ignoramos la razón o las razones, aunque perfectamente podamos especular sobre ellas. En el caso de la mujer, el sexo femenino, pareció optarse preferiblemente por los conceptos negativos, directos e indirectos, vetero-testamentarios (Antiguo Testamento); siendo fuertemente omitida la carga positiva que convierte a la mujer en un ser cercano a Cristo, posiblemente las preferidas de Cristo, y con un papel tan positivo en el Nuevo Testamento. Del que fácilmente puede colegirse una “restauración” de la dignidad de la mujer, destacando notablemente cualidades de mayor humanismo, cercanía, entereza y fidelidad que las supuestas al hombre. Se omitió esta lectura, claro está.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Personaje joven, sonriente.
Este es el último canecillo con representación figurativa de toda la serie del ábside. Observamos a una persona joven, con el pelo a media melena perfectamente marcado y peinado, que sonríe. Tiene los labios gruesos como los primeros que analizamos. Muestra mayores indicios de ser más bien un personaje masculino que femenino.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

El resto de canecillos forman parte del alero del primitivo presbiterio de la nave, dos de ellos de decoración y talla sencilla y el último un tonel como el que vimos al principio de la serie iconográfica.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Igualmente llamativas, y por eso atraemos la atención hacia ellas, son las numerosas marcas de cantero perfectamente visibles. Merece la pena estudiar los símbolos de cada cantero, sus formas, y buscar la repetición de esas marcas en distintas zonas del ábside.

…Pero no nos vamos aún…nos acercamos ahora a la Iglesia románica situada en la población siguiente, Sequera del Fresno…muchas y gratas sorpresas nos esperan….

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Anexo canecillos eróticos del ábside de Sequera del Fresno.
analizar, pero conservando intacto su maravilloso

Población situada a unos escasos kilómetros de Barahona del Fresno, nos sorprende con una iglesia tan reformada a lo largo de los siglos como la de San Cristóbal que acabamos de ábside románico con sus canecillos y metopas. Además de su antigua puerta románica de acceso en el lado norte, que fue empotrada en una de las ampliaciones y que ha sido felizmente descubierta para su estudio y contemplación. más Posee perfecta unos que capiteles las que sensacionales y en cuanto a sus canecillos son de una ejecución considerablemente acabamos de ver. Si bien, los temas de luchadores, de cacerías y otras

simbologías, conviven aquí con algunos canecillos eróticos realmente extraordinarios; siendo el hilo conductor del presente trabajo precisamente el erotismo, no podíamos dejar de hacer mención a esta iglesia, actualmente bajo la advocación de La Asunción. Aconsejamos pues encarecidamente que no dejéis de visitarla y disfrutar de una riqueza iconográfica tan excepcional como bien conservada. Iglesia que, en cuanto a las peculiaridades reseñadas y debido a los bajorrelieves que se encuentran en los tímpanos de las ventanas del ábside, más propios de Burgos y de Palencia, constituyen un caso único en la provincia de Segovia. Añadimos a continuación unas imágenes generales de cuanto estamos diciendo pero únicamente nos centraremos en la descripción de los canecillos eróticos, que son predominantes en los canecillos.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Ábside de la iglesia de La Asunción, Sequera del Fresno.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Portada románica primitiva de tres arquivoltas, la primera consigue un lobulado a base de ruedas vegetales, la segunda es lisa y la tercera en un pronunciado de un y marcado Zigzag, hoy seguramente constase también guardapolvos,

desaparecido. Nos quedaremos asombrados con el capitel de la columna que se ve en la fotografía.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Detalle del ábside. A simple vista se aprecia que tanto su ejecución, como los materiales empleados, la decoración, las ventanas, capiteles, y canecillos, proceden de una mano de considerable mejor maestría.

Comenzamos ahora con los canecillos de temática erótica del ábside. Recalcar que no deberíamos descontextualizar éstas ni otras representaciones del románico por lo que se hace preciso tener en cuenta que se trata de un edificio religioso y que de una u otra forma debieron de tener un significado y una finalidad que se nos escapa.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Monje sentado bebiendo de una enorme copa.
Las alusiones a la bebida son notables en estos canecillos tanto con personajes religiosos como con otros populares, como los dos canecillos situados a continuación.

Notemos la calidad de la escultura respecto de los que hemos analizado de la iglesia de Barahona del Fresno.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

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Escena de coito de una pareja joven.
Espectacular por la posición erguida en que realizan el acto sexual. El personaje masculino está dotado de un enorme y desproporcionado miembro (itifálico). Pero es de notar que sus actitudes no se corresponden con una realización del acto obscena, a pesar de todo. Es curiosa la manera con la que el hombre acerca su mano al rostro de la mujer en actitud cariñosa y cómo ella le corresponde con una actitud de cierta sensibilidad situando su mano sobre el miembro.

A pesar de la erosión se aprecia la juventud en sus rostros, ambos con el cabello suelto y recortado. Él dirige su mirada hacia el “espectador”, en cambio ella le mira fijamente.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Mujer con toca en actitud de mostrar su sexo.
La curiosidad que despierta este canecillo, además de por inducirnos a pensar en una mujer religiosa por el cordón que anuda su vestido o hábito, no es otra que la relación que puede establecerse con el canecillo que le sigue a continuación y que nos muestra a un personaje masculino, no muy joven, que rechaza el ofrecimiento de forma ostensible y en cuya expresión refleja igualmente el mismo rechazo con una actitud seria y que denota molestia.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Personaje ataviado con hábito y cíngulo que se halla junto a la mujer con toca en actitud de mostrar su sexo.
La actitud de rechazo es evidente, no solo con la expresión seria y la cabeza ligeramente erguida como síntoma de disgusto, sino que además de dirigir sus pasos en sentido contrario a la mujer, alza su mano (no sabemos si ésta sostendría algún objeto) con clara intencionalidad de negación.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Monje poderosamente itifálico sermoneando.
Es asombroso este canecillo que nos muestra un monje o personaje religioso con hábito y capucha que parece dirigirse a los canecillos anteriores en actitud admonitoria, realizando amonestaciones “reprobando” ciertas conductas. En cambio dicho personaje, calvo y de edad, no puede ocultar bajo su hábito un inconfundible “vicio”, el onanismo o masturbación. Como si se estuviese criticando la hipocresía de algunos miembros del clero que imponen con severidad la moral de las costumbres (sobre todo ante el sexo), siendo ellos mismos los que en el fondo sienten mayor inclinación (y quién sabe si ejecución) hacia lo que prohíben a los demás. Al verlo pensaríamos sin ir más lejos, en aquella frase que dice : “Haz lo que yo diga, pero no hagas lo que yo hago”.
Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Niño o adolescente desnudo que sitúa su mano sobre sus glúteos.
No puede ser una casualidad este canecillo. Nos trae a la memoria un tema de candente actualidad respecto del abuso de menores (pederastia). Curioso también que se encuentre en dirección al monje itifálico que sermonea que acabamos de ver. Representa a un niño, o muy joven, desnudo; que parece lamentarse de algunos abusos, así lo indica una de sus manos intentando cubrir lo que es evidente; y su otra mano, cerrada en puño, se la lleva al rostro en actitud de lloro o de lamento tan característica de los niños cuando están molestos, enfadados, o irritados por alguna razón. De quienes dicen que se lamenta de un azote, pensamos que se quedan “cortos”. Vamos a ver unos detalles más del ábside antes de finalizar con el capitel de la puerta románica recientemente descubierta.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Creemos

que

merecerá

la

pena

realizar

otro

estudio

monográfico acerca de este ábside en su conjunto. Finalmente, pasaremos a analizar el extraordinario capitel derecho de la portada románica de la fachada norte de esta iglesia, digno por sí mismo de una especial atención.

Observamos a dos estilizadas bailarinas muy enjoyadas, con tres collares en sus largos cuellos; se aprecia perfectamente que se trata de joyas con elementos esféricos engarzados. Sus facciones son claramente “negroides” y nos recuerdan sin esfuerzo a las mujeres del África oriental. El músico que las acompaña en el otro lado del capitel muestra las mismas características netamente africanas. Vamos a ver con todo detalle cada una de ellas en las siguientes fotografías, si bien, debemos pensar antes en cómo llegaron hasta aquí estos modelos, precisamente éstos. No son extraños los músicos y las bailarinas en la iconografía románica, pero en este caso,
Por Francisco Javier Pavón Arenas.

personalmente, expresiva, por

me la

he

sentido

subyugado la

por

la

fuerza por la

extrañeza

de

iconografía,

inconfundible influencia de estos modelos en tierras cristianas tan alejadas…he aquí una de las referencias que reflejábamos al principio del estudio, la influencia musulmana-bereber. Pienso que no se trata de un modelo copiado de alguna iluminación de la época, tampoco pudo ser producto de la imaginación, ni tan siquiera provenir de la convivencia con mozárabes en la zona cristiana reconquistada…me inclino a creer que quien ejecutó este capitel conocía perfectamente todos los detalles de primera mano, por contemplación directa de los personajes. Si así fuese, la causalidad de su presencia en la entrada a la primitiva iglesia románica tendría una clara identificación para la sociedad medieval. No puede ser simplemente una casualidad iconográfica de carácter lúdico…debió de tener un significado doctrinal de alguna manera. El problema estaría resuelto si entendemos el capitel izquierdo que lo complementaría y que muestra dos basiliscos con cabeza de ave y cuerpo de felino que según el bestiario era capaz de matar con la sola fuerza de su mirada… Aquí estaría la explicación de esa que estábamos lúdica buscando, la

correspondencia

escena

con

personajes

“negroides” que independientemente de lo demás nos estaría haciendo una referencia a la lujuria. De ahí que el capitel de los basiliscos nos informase de la terrible condenación que estos “divertimentos” conllevan. Y más allá, la condenación misma que su simple contemplación llevaría implícita, como símbolo de incitación hacia lo pecaminoso. Sin más palabras, disfrutemos ahora de todos los detalles mencionados.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

Conclusión.-

La Edad Media no es un periodo de oscuridad como suele leerse algunas veces…un paréntesis entre movimientos artísticos de gran desarrollo e iluminación. El Medievo, pese a las incertidumbres del fin del mundo profetizado para el año 1000 después de Cristo, a pesar de las guerras entre culturas y religiones (incluidas las Cruzadas, tanto peninsulares como a Tierra Santa); pese a la amenaza constante de las epidemias, la elevada mortalidad infantil (también el aborto), la corta esperanza de vida de la población…a pesar de todo lo que se quiera mencionar, la esencia vital de la existencia, las bajas pasiones del ser humano, las virtudes y defectos que nos caracterizan no han variado esencialmente a lo largo de los siglos. Tampoco en lo referente a las preocupaciones de la vida cotidiana somos muy diferentes, ni somos ajenos (menos que nunca me atrevería a afirmar) al erotismo. Actualmente el analfabetismo en la sociedad desarrollada occidental se considera poco más que testimonial. De plena vigencia por el contrario son las guerras entre religiones y culturas, la amenaza constante de la enfermedad y de la muerte, las bajas pasiones del ser humano, las virtudes y defectos que nos caracterizan, siendo las profecías que se suceden…sí, hemos progresado mucho, muchísimo…pero las sociedades siguen manipuladas, adoctrinadas, engañadas y “condenadas” por los poderes fácticos. No dejamos de ser una Sociedad Medieval plagada de

tecnología…la palabra continúa siendo básicamente vehículo de manipulación.

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

¿Por qué razón concluyo este escrito con esta idea de “identificación” de la cualidad humana? ¿Qué conexión puede encontrarse entre estas palabras y lo vertido acerca de la iconografía de los canecillos en el arte románico? Pues bien, lo apuntábamos al comienzo, y decíamos entonces que retomaríamos un tema cuyo interés se basa en la constatación de su vigencia. El mito como fuente de expresión sentida y transmitida por el ser humano, por todos los grupos humanos en todas partes de este planeta.

En lo que nos incumbe, el templo románico, abogo por contradecir algunas tesis que consideran el desplazamiento de la Diosa Madre, de origen oriental y mediterráneo, por los dioses masculinos de los pueblos nórdicos tras su expansión hacia el sur invadiendo y asentándose en estas tierras. El desplazamiento del rito de la Tierra Madre, el mito sagrado de la fertilidad, la fecundación y regeneración, por los dioses masculinos nórdicos, dioses celestes, de lo alto. Señores de la fuerza, del poder y del control. En modo alguno erradicaron las creencias y los cultos de estos pueblos primitivos…puede que aminorasen su influencia, que suplantasen incluso el protagonismo formal, pero la esencia pervive nítidamente en nuestros días, y toma forma en el prerrománico y se consolida simbólicamente en el románico, precisamente además, y no es coincidencia, a través y gracias al cristianismo.

La planta del templo románico primitivo, si bien procede del modelo basilical romano, no es menos cierto que evoca sin duda la idea de “Cueva”, la portada es la entrada, la nave el corredor,

Por Francisco Javier Pavón Arenas.

y el ábside representaría el “seno”, la “matriz” sede por excelencia de la divinidad. Pero no es Roma la promotora de esa concepción, asimilación o proyección del rito a la madre tierra. De hecho las tumbas megalíticas repiten este trazado, esta idea, e incluso la misma orientación Este-Oeste…Salida del Sol-Ocaso. Es la misma disposición, insisto, y alberga en su interior el símbolo sagrado. Puede rebatirse la sugerencia manifestando que son abrumadoramente mayoritarias las imágenes de Dios Padre, o Dios Hijo (Jesucristo), las que ocupan el centro del ábside en las iglesias románicas. No se discute. Pero a renglón seguido propongo que desviemos ahora el punto de atención hacia las vírgenes románicas (todas las iglesias o ermitas rurales hubieron de tener una) situada además en el ábside, ocupando el lugar privilegiado de “Madre de Dios”, VírgenesTrono sedentes. Esta presencia es la que pretendemos señalar como reminiscencia de antiguos credos y ancestrales cultos.

Los santos, las santas, las procesiones, las costumbres de cada rincón de la península…¿no nos retrotraen a comportamientos, rituales, credos, y al sentimiento sagrado íntimo del ser humano? ¿No se han ritualizado (cristianizado) los ciclos estacionales con sus correspondientes celebraciones paganas? ¿No se han establecido originariamente los lugares de culto sobre el asentamiento previo de anteriores culturas? ¿No subyace cuando menos un sincretismo de la idea? No se trata de mitificar nada a estas alturas, tratamos sencillamente de identificar el sentido último del mito en las tradiciones.

En el interior del ábside de los templos románicos reside la Divinidad, La Virgen, la Majestad de Cristo (Cristo en la mandorla mística rodeado del tetramorfos)…en el exterior del
Por Francisco Javier Pavón Arenas.

ábside,

en

la

altura

de

los

canecillos,

encontramos

las

figuraciones de las que hemos estado “conversando” ¿Cuál es el porqué?¿cuál su significado, finalidad, la “lectio”? En el interior, lo sagrado; en el exterior, lo mundano. Uno y otro mundo unidos inexorablemente, inevitablemente, uno y otro mundo a la par de la vida y de la existencia, interrelacionados, interdependientes, una simbiosis esencial para la comprensión de la vida y de la muerte. Del “aquí y ahora” y del Más Allá. No es posible disociarlos.

Esta es la conclusión sencillamente.

-

“ El razonamiento actual ha perdido muy probablemente toda conexión con la simbología medieval. No cabe sincronismo para hallar una única explicación. Debemos acercarnos a ella desvestidos de prejuicios, conceptos o cualquier formulación previa. Tal vez lo más adecuado sería aproximarnos con sencillez, e interpretar las hipótesis y teorías como un esfuerzo intelectual de comprensión…y después, limitarnos a disfrutar, conservar y difundir esta herencia, esta riqueza histórica y esta enseñanza escondida.”

“Quien tenga entendimiento, que comprenda”

En Madrid, a 12 de enero de 2013.
Por Francisco Javier Pavón Arenas.

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Por Francisco Javier Pavón Arenas.

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