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Viernes, 2 de septiembre de 2011

La valija mágica
Por Juan Forn

Borges le dice a Bioy: “Cuando le cuento sueños a madre, creyendo que son valiosísimos, ella se pone furiosa. Dice que, mientras ella duerme tranquila, yo estoy soñando disparates, que ni dormido la dejo en paz”. Lo que estaba soñando Borges era que alguien lo apuntaba con un arma y le decía: “Voy a matarlo, no puede hacer nada”. A lo que Borges contestaba: “Puedo hacer algo: despertarme”. Uno se lo imagina abriendo los ojos a las cuatro de la mañana y preguntando en la oscuridad, hacia el cuarto de al lado: “Madre, ¿está despierta? ¿Sabe lo que acabo de soñar?”. Sospecho no ser el único al que le emploman los sueños ajenos, sean por escrito, en películas o por vía oral. Pero, a diferencia de doña Leonor, los sueños de Borges me enganchan siempre, entre otras razones porque los cuenta tan sencillitos y breves que funcionan como haikus: terminan casi antes de empezar, relato e impacto son casi simultáneos. La otra cosa que me gusta es la combinación de desenfado y familiaridad con que Borges se los cuenta a Bioy. No por nada la recalcitrante doña Leonor le decía a su hijo: “Vos no sos reservado, sos indiscreto. Pero te salen bien las indiscreciones”. Véase este otro ejemplo, que ocurre después de un fugaz paso de Borges por el quirófano: “Soñé que era Inglaterra e interpreté unos tironeos en la barriga como el dolor de parir a Australia. Al despertar, me alarmé un poco por haber tenido un sueño así. La operación de la próstata hiere y perturba el amor propio”. Bioy, que ha ido a visitar al amigo, recuerda al oír esa confesión un comentario de Borges a la salida de una tarde de trabajo en la editorial Emecé: “Vamos a La Fragata, que tiene un mingitorio donde se logran pises excelentes”. Lo urinario es todo un tema entre los dos amigos. Un día que comen en lo de Bioy, Borges espera que Martita, la hija de su amigo, se levante de la mesa para decir, llevándose a la nariz una rebanada de pan negro: “Ahora que se fue Marta, te voy a confesar que este pan me gusta tanto porque tiene olor a pis”. Fritz Lang le dijo una vez a Godard: “Si me abrieran al medio, saldría un niño viejo, o un anciano joven. Uno cumple los veinticinco y no tuvo tiempo de conocer la vejez de la juventud. Lo mismo pasa cuando uno envejece: el período para conocer la juventud de la vejez es demasiado corto”. Borges y Bioy resolvieron ese problema a su manera: “Cometemos el error de creer que los demás son adultos, pero son tan pueriles como uno”, le dice Bioy a su amigo. Y éste contesta: “Si uno nació chico, sigue siendo chico. Habría que nacer adulto para ser adulto”. Como bien se sabe, Borges le llevaba quince años a Bioy, pero se hicieron amigos enseguida porque ninguno de los dos había nacido adulto: podían ser dos impenitentes niños viejos o dos ancianos púberes igual de impenitentes. En particular con el plúmbeo Manuel Peyrou, que fue incurablemente adulto toda su vida y que solía decir: “Hay gente que te irrita de antemano por la estupidez que va a decir y te irrita después porque

que pasa por ahí para llevarse la bandeja del té. Hay una frase que lo resume en lo alto y lo bajo igual de gloriosamente. porque le parecían transparentes. felicidades y paradojas de la literatura”. la mucama correntina que fue mucho mejor sparring de sueños para Borges que la entonces difunta doña Leonor. así que no ha de haber otro mundo”. Fanny no contaba sus sueños. Siempre está encontrando cosas para comentar: llega a casa como un viajante con su valijita y la abre para mostrar las riquezas que ha encontrado. Se la oyó a su padre setenta años antes. Eso le hace recordar a Borges una frase que parece venirle de un sueño. Kodama le dice a Fanny: “Es que le hablan mal de mí”. Silvina está una mañana leyendo el diario en el jardín de su casa en Mar del Plata.. Dice Borges que. sin bajar el diario: “Qué caso extraordinario. Con ningún auditorio se sintió Borges más cómodo que en aquellas noches en que se pagaba la comida en casa de su amigo con su valija mágica. Bioy resume distraídamente en su diario la mecánica de su vínculo con Borges: “A él le interesa todo más que a mí. es feliz. parados los dos en la cubierta del barco que los traía a la Argentina: “Llueve en el mar. En 1981. Fanny. pero daba su opinión a Borges sobre los suyos. Pausa. alguien tan desdichado que llegó a la felicidad. Yo digo que morir ha de ser un profundo más hondo. porque mirá que ha sido desdichado”. como decía Fanny. cuando se ríen solos. y que nadie pescó o nadie se atrevió a citar en las mil semblanzas sobre el libro que se han hecho. Simulaba referirse al común de la gente. por la misma época. y creo que más descansado”. el señor Frías pasó por acá esta tarde” (Carlos Frías. ni hablan de usted” (es lapidariamente cierto. descubre con furia repentina: “La más clara prueba de que Dios no existe es el acto de cagar. lo ayudaban a levantarse y descubría que era un enano. Borges le cuenta que soñó que al comprar un libro se desplomaba. rasgos absurdos o nobles de la gente. lee algo sobre Borges y le dice a Bioy. señor. Doña Leonor le había dicho antes de morir que se le aparecería en sueños para contarle cómo era el otro mundo. Eso es lo más formidable y lo más impúdicamente escalofriante que tuvo su amistad. en medio de un sueño. razón por la cual se aplicó a “alejar a Borges del señor Bioy”. cuando creen que nadie los ve. “Ahora está en la cúspide de su vida. cuando no les importa la opinión ajena. Fanny le contesta: “Pero señora. dice con ecuanimidad: “Es claro. y que tiene el libraco sobre Borges que Bioy dejó para publicar post-mortem. “Nunca se me apareció. cuando ya llevaban medio siglo de amistad cotidiana. Pobre. En una de las raras visitas de Bioy al departamento de su amigo en la calle Maipú. entro en el profundo. le va bien. cuando se miran el calzón. Durante cincuenta años anotó Bioy en su diario lo que Borges traía cada noche en su valijita. A María Kodama le pasaba lo mismo. uno de los directores históricos de Emecé. me da lástima”).. Borges es con Bioy como la mayoría de los escritores son sólo consigo mismos. medía en sus mejores momentos del día un metro cincuenta). ¿Ves que no hay Dios?”.. pero en realidad estaba hablando del irritante efecto que le producían Borges y Bioy cuando estaban juntos. adentro de sus cabezas. Un día. La persona que descubra un modo de sustituir el . justificándose..defraudó tu expectativa diciendo algo atinado”. Fanny le explicaba cómo dormir a Borges: “Cuando yo me duermo. A nadie le mostró tanto de su contenido.

qué gente sin Dios”. Entonces verán nuestra época como increíble y bárbara. Dirán: se pasaban papel por el culo y se ensuciaban la mano.papel higiénico se hará rico. Tal cual. Qué extraordinaria gente sin Dios eran los dos cuando estaban juntos. .