"Un Kama Sutra español: El primer tratado erótico de nuestra lengua", nuevo descubrimiento de Luce López-Baralt.

La agencia española de noticias EFE envió el domingo 29 de noviembre a las mesas de redacción de todos los periódicos una discreta nota informativa, que apareció el lunes 30, titulada así: "¡DESCUBREN UN KAMA SUTRA ESPAÑOL!". Grande fue mi sorpresa, no propiamente por la noticia sino porque justo ese fin de semana el Padre Ernesto Cardenal me había dado a leer las 730 fotocopias del último libro de la Dra. Luce López-Baralt, insigne hispanista de la Universidad de Puerto Rico, titulado "Un Kama Sutra español: El primer tratado erótico de nuestra lengua", y habíamos comentado largo rato su contenido, su novedad y su importancia sin saber que en Madrid, a esas mismas horas, la Dra. López-Baralt hacía la presentación pública de este libro que ahora, como primicia, damos a conocer a los lectores nicaragüenses. En las Palabras preliminares a su obra dice la Dra. López-Baralt: "Se impone en seguida un caveat: el lector no tiene en sus manos un libro pornográfico. Tiene algo mucho más extraño: un libro reverencial sobre el arte de hacer el amor. El manuscrito que hoy ve la luz, escrito por un anónimo morisco expulsado a Túnez en 1609, ha coleccionado polvo en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia de Madrid a lo largo de cuatro siglos, y somos perfectamente conscientes de que su publicación viene a alterar de manera definitiva la historia de la literatura erótica española. No habíamos tenido noticia de que nuestra lengua hubiera sido capaz de dirimir con tanta franqueza --y, lo que es más sobrecogedor, con tanta unción religiosa-- la vida nupcial, muy dentro de las coordenadas culturales orientales que van desde el Kama Sutra sánscrito de Vatsyayana, hasta los tratados amatorios en lengua árabe de Algazel, Nefzawi y Ahmad Zarruq. Pero estamos ante un tratado erótico español, y una de las mejores sorpresas que nos tiene deparadas el antiguo códice es que las autoridades musulmanas de las que se sirve su autor se interpolan con sonetos de Lope de Vega. No nos hubiésemos imaginado nunca que el travieso Fénix hubiese tenido el curioso honor de ser esgrimido como autoridad en un libro erotológico en toda forma. Menos aún podíamos anticipar que Lope viniese a servir justamente de broche de oro o de grand finale a nuestro Kama Sutra español". "La singular aventura de devolver a las letras españolas este texto, tan pío como insólito, no ha sido fácil. He tenido que escribir un libro de propósito para poder enmarcar cuiadadosamente la edición del códice: como lectores occidentales sencillamente carecemos de las coordenadas culturales que nos hubieran hecho más cómoda su recepción literaria. Así, me he visto precisada a hacerme cargo del frecuente desconcierto del lector, que no conoce bien la literatura secreta de los últimos musulmanes de España, aquellos moriscos de los siglos de oro que escribieron desde la más estricta clandestinidad acerca de sus angustias como minoría amenazada. Me fue preciso también suplir alguna noticia acerca de los avatares vitales del elusivo autor del códice, un misterioso criptomusulmán que tuvo a gala asistir con frecuencia a los corrales donde se exhibían las comedias de su héroe intelectual, Lope de Vega, y que, una vez en su refugio tunecino, pasó a convertirse en un jurisconsulto dedicado con devoción a la doble tarea de aleccionar en las prácticas musulmanas a sus hermanos moriscos y a llorar por última vez (solapada, trágicamente) a su patria española perdida. Por otra parte, he creído prudente refrescar la memoria del lector en cuanto a lo que ha tenido que decir la tradición cristiana sobre el tema erótico, de manera que pueda hacerse cargo de las diferencias profundas que separan nuestra herencia religiosa de la musulmana que el morisco adopta como fundamento ideológico de su tratado. Veremos que estas diferencias son abismales: parecería que sólo a los orientales se les ha ocurrido proponer que el placer venéreo es coextensivo con la más alta vida del espíritu. Al escribir desde estos postulados espirituales que santifican la actividad venérea, nuestro morisco puede, con toda comodidad, entreverar su descripción de las posiciones sexuales con oraciones diversas y con azoras coránicas. El autor no hace otra cosa que aclimatar a su castellano vernáculo las enseñanzas amatorias musulmanas que tiene recién aprendidas en

su nueva patria adoptiva. Eran, como salta en seguida a la vista, muy distintas de las que tendría aprendidas en las escolanías cristianas de su juventud española". Ya la Dra. López-Baralt nos tiene acostumbrados a libros magistrales y reveladores como Huellas del Islam en la literatura española. De Juan Ruiz a Juan Goytisolo, ed. Hiperión, Madrid, 1985; San Juan de la Cruz y el Islam, coed. Colegio de México-Univ. de Puerto Rico, México, 1985; y Asedios a lo indecible. San Juan de la Cruz canta al éxtasis transformante (inédito). Explorando las avenidas abiertas por Miguel Asín Palacios y Américo Castro al pasado uno y trino de la España dorada (árabe, judía y cristiana), discípula eminente de Raimundo Lida, Luce López-Baralt ha logrado, entre otras cosas, lo que parecía imposible: contextualizar, casi "descifrar", los más sutiles y difíciles poemas de la lírica castellana --el Cántico, la Noche y la Llama de San Juan de la Cruz. Ahora, en este su Kama Sutra Español, después de narrar cómo le ha nacido un nuevo texto a la literatura española, inserta la autora/editora un capítulo que se deja leer con fluidez de novela: "En busca de un morisco perdido. Identidad y entorno histórico-literario del autor del ms. S-2 BRAH Madrid". Mas luego, con erudición contundente y sabiduría terapéutica, nos cuenta la historia de la dos veces milenaria incomodidad entre eros y cristianismo; nos informa sobre las lecturas del Deán de Cádiz o de cómo los tratados erotológicos orientales circularon en España y nos introduce al misterio de los libros de amor de Oriente antes de estudiar la estructura y contenido del Kama Sutra español. Todo ello como aperitivo para entregarnos el texto recobrado, transcrito con todo su sabor arcaico y regalarnos al fin, como postres pertinentes, varias traducciones de originales árabes de Ahmad Zarruq, el Samarqandí y Las Mil y una noches. Démosle la palabra ahora a ese desconocido morisco español, hermano nuestro en el mestizaje y en el habla, en la fe monoteísta y en la marginación social a que fue condenado por la España imperial de los Felipes: _ "Benturosa la mujer que bibe en la gracia de su marido, porque de estarlo espera en su Recompensa el descanso eterno. Y el estar en su gracia le es más que sesenta años de adoración. Y una bez de agua que bebe el marido de su mano le es más que el ayuno de un año. Y el ponelle la mesa a su marido le es más que si hiciera una hecha (guerra santa) y una umbra (peregrinaje menor a Meca). Y el labarse la mujer del acto con su marido le es más que si degollase mil carneros y los diese a los pobres. Y cada gota de agua que cae de su cuerpo le es premio..." (fol 95v-95r). _ "De las cosas de premio en el tener acto con sus mujeres o esclabas. Son tres antes dél, y tres en él y después, tres. La primera de las tres antes del acto: es el jugar con ella con todas las circunstancias de gusto que pueda, besando, abraçando y tentando, para que con esto se contenten y se apresten sus coraçones y pretençiones, de suerte que, alterados y ençendidos en gusto, ella pida a su marido la obra y él la execute con fuerça". "La sigunda: el modo de ponerse. Dice (Zarruq): no la pongas en quatro pies, porque es de trabajo para ella... Y así, después de ser todas las posturas permitidas, ay algunas que son dañosas. Y así, dixo (Zarruq): no la pongas de lado, porque procede de ello dolor en las yngles; ni encima de tí, porque resulta dello el sujetarte; sino que la pongas boca arriba, alçando los pies, porque esta es la mejor postura y se concede su gusto en ésta. Y ay otras que son tan buenas como ella, pues adonde ay tantas, se puede escojer media doçena para diferenciar, pues todas son permitidas". "La tercera. Al tiempo de querer meter el miembro, Refregallo en los labios del baso (vagina), porque se altere más él y ella, y diciendo: "biçmi ylahi" ("en el nombre de Dios"), metello. Y estando dentro, diçe de aber otras tres (maneras). La primera: hacer de manera que sea con blandura; no con fuerça, de suerte que no le dé gusto, y con amor exercitarlo dentro. La sigunda (manera): que se detenga él lo más que pueda en deRamar (eyacular), hasta que lo hagan los dos a un tiempo, porque proçede desto quererse mucho. Y dirá al tiempo de querer deRamar el umor esto: "Oh Dios, líbranos del demonio, y libra del demonio aquello que tú nos otorgas como posteridad"; porque, si se enjendra criatura, no será perturbada del demonio. La tercera (manera): que, sintiendo que ella quiere deRamar, sacar un poco el

miembro, pero no a de ser de suerte que deRame fuera, porqe es en perjuiçio della..." (fol 97v-98v). _ "Y así como a él le es permitido goçar de todo el cuerpo della, lo es también a ella que goçe del todo el cuerpo dél, mirando su miembro y demás partes, y Regucijarse con él con todas las circunstancias que pueda, a pedimento de su marido, y añadir más otras muchas para caçalle el coraçón y probocarle a tener acto y gusto. Lo cual dixo el Sayx (maestro o jeque) Al-Attar que es obra forçosa a la mujer haçella. Y dixo uno que es bien que quando esté a solas con su marido, que haga lo que haçe la más disoluta mujer, pero que en público questé con el estremo de honestidad..." (fol 99v). En el texto recobrado coexisten la más sabia ética sexual (prohibición del adulterio y del coito anal, prescripción de abluciones higiénicas y rituales, etc.) con la --para nosotros, occidentales-- inusual noticia de que placer sexual y adoración a Dios no sólo no se excluyen sino se complementan de tal modo que pueden conducir a los más elevados niveles de entrega religiosa y contemplación mística. Gracias a Luce López-Baralt cobra cuerpo una voz nuestra oculta por cuatrocientos años, un cabo suelto de nuestra hispana historia que quizás podamos usar para, entretejido a otros cabos sueltos de otras Españas, construir la figura de nuestro porvenir afroindohispano. Se necesitaba la inteligencia de una mujer, puertorriqueña y erudita para hacerle justicia a un morisco desterrado que en l609 hizo decir al castellano lo que aún no sabemos decir ni hacer en español en estos inclementes años finiseculares y finimilenarios. Jorge Alvarado Pisani. Universidad Centroamericana. Managua, diciembre de 1992.