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Francisco Lacueva Doctrina de La Gracia

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1. Un Dios justo y bueno no puede excluir a nadie en sus designios
salvadores. Respuesta: Dios no excluye a nadie de la salvación. Todos
los pecadores se han excluido a sí mismos de la salvación. Dios obra
misericordiosamente, a la vez que libremente, al elegir a quienes quiere
salvar.

2. La elección pone en Dios acepción de personas, o sea, parcialidad o
favoritismo. Respuesta: No habiendo en los hombres nada que pueda
determinar la elección de Dios, no hay favoritismo, pues la acepción de
personas sólo tiene lugar cuando se da a alguien un trato de favor en
perjuicio de otro que ha hecho más méritos para ello.
3. La elección supone arbitrariedad por parte de Dios. Respuesta: Arbitrario
es quien, debiendo comportarse según normas fijadas, se salta estas
normas por complacer a sus favoritos. Pero Dios es soberanamente libre
y conoce en su infinita sabiduría razones santas para su elección; estas
razones se encuentran en Dios, no en los hombres.
4. La elección induce a los salvos a despreocuparse de la moralidad, al par
que induce a los reprobados a la desesperación. Respuesta: La elección
a la salvación comporta la regeneración espiritual y la santificación y, por
tanto, la conducción del Espíritu y la obediencia a la Ley de Cristo,
mientras que para nadie es fuente de desesperación (puesto que la
elección divina es un secreto), sino de estímulo, pues la predicación del
Evangelio estimula a todos a quedar convictos de pecado y anhelar la
salvación. Como dice Strong, la pregunta del pecador no debe ser:
"¿Soy uno de los elegidos?", sino: "¿Qué debo hacer para ser salvo"?
(Hech. 16:30).
5. El decreto de elección lleva consigo un decreto de reprobación.
Respuesta: El decreto de elección es positivo (librar a algunos de la
perdición en que están), mientras que el decreto de reprobación es
negativa, o mejor dicho, permisivo', ya que se reduce a dejar al pecador
en su camino de rebeldía, cuyo justo castigo es la condenación.

¿Se perdería la libre y amorosa iniciativa divina si Dios ofreciese a todos
inmerecidamente la gracia de la salvación, de manera que sólo se condenase
el que voluntariamente la rechazase? Respondemos: (a) Se salvaría la
iniciativa divina, pero lo que se trata de salvar aquí, a la luz del Nuevo

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Testamento, es el concepto de elección y de predestinación; (b) En realidad,
sólo se condena el que voluntariamente rechaza la gracia de la salvación, pues
la luz de Jesucristo ilumina suficientemente a todo hombre (Jn. 1:9), como para
dejar sin excusa a los que no creen. De ahí que el "creer o no creer" es 10 que,
en realidad, marca la línea divisoria entre la salivación, y la condenación (Jn. 3:
16-21). Ahora bien, aun cuando esta alternativa queda de alguna manera en
manos del hombre, bajo su responsabilidad, no puede olvidarse que también la
fe es un "don de Dios" (Ef. 2: 8), con 10 cual se preserva la libre iniciativa divina
en el proceso de selección.

Cuestionario

1. ¿Qué temas deben ser abordados antes de tratar del tema de la
conversión?
2. ¿Cómo podemos definir el acto de la elección divina?
3. ¿Qué dos series de pasajes novo testamentarios prueban la doctrina de
la elección?
4. ¿Tiene Rom. 8:29-30 alguna fuerza especial a este respecto?
5. ¿Supone esta doctrina alguna injusticia, parcialidad o arbitrariedad por
parte de Dios?
6. ¿Induce la elección inmoralidad en unos y desesperación en otros?
7. ¿Es cierto que la elección lleva consigo el decreto de reprobar a
algunos?
8. ¿No podría Dios ofrecer la salvación a todos?

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