Otras versiones y otros poemas de ARSENI TARKOVSKY (Rusia, 1907-1989) Cuando era chico una vez me enfermé

de hambre y de miedo. Se me pelaban los labios con duras costras, y yo me los lamía. Todavía me acuerdo del gusto que tenían, salado y frío. Y todo el tiempo caminaba, caminaba y caminaba. Me sentaba en las escaleras de la entrada para calentarme, y después seguía caminando despreocupado, como bailando al son del cazador de ratas, por la orilla del río. Y me sentaba para calentarme en la escalera, temblando como una hoja. Y madre que está allí regañándome, es como si la tuviera cerca, pero no puedo subir hasta ella: voy hacia ella, la tengo a siete escalones de distancia, me regaña; voy hacia ella, la tengo a siete escalones de distancia y me regaña. Tenía mucho calor, me desabroché el botón del cuello y me acosté en el suelo, y entonces empezaron a sonar trompetas, golpes de luz caían sobre mis párpados, galopaban caballos, y madre volando sobre el camino, me regañaba y se iba volando... ... Y ahora mi sueño es un hospital, blanco, a la vera de los manzanos, blanco como la sábana que tengo hasta el mentón, blanco como el médico que me mira, blanco como la enfermera parada a los pies de la cama moviendo las alas. Y ahí se quedaban. Y madre volvió, para regañarme y se fue volando... En Diario de poesía 67, Buenos Aires, abril-junio 2004 Trad.: S/D. *** No volvería a casa Bajo el corazón del pasto crece el rocío, un niño va descalzo por el sendero, lleva fresas en su canasto abierto. Yo lo miro desde la ventana, es como si en el canasto llevara el alba. Si hacia mí se desplegara ese sendero, si en mi mano se balanceara ese canasto,

Por eso es que sus hijos. Traducción: Natalia Litvinova *** 1 No creo en los presagios ni temo las señales. y luz. Sólo hay acá y ahora. soy uno de esos que va a arrastrar las redes cuando un cardumen de inmortalidad pase. no volvería a casa. no envidiaría otra tierra. Cada día usaba mi clavícula para apuntalar el pasado. como si fuera montañas. ni la muerte ni la oscuridad existen. me paro en los estribos como un chico. como con madera. ni a los setenta. los cinco rayos de luz se van a quedar con vos. después entrar en uno y construir una casa adentro. levantando polvo sobre la estepa. La muerte no existe. el pasto alto humeaba. los grillos bailaban. pegando sus antenas a las herraduras –y profetizaban. Voy a invocar cualquier siglo. Até mi destino a la silla. Todos somos inmortales. e incluso ahora. si levanto un poco mi mano. Todo también lo es. No tiene sentido temer a la muerte a los diecisiete. No huyo de la mentira o el veneno.no miraría la casa bajo la montaña. 2 Si vivís en una casa –la casa no se va a caer. sus esposas se sientan conmigo en la mesa –lo mismo para los ancestros y los nietos: El futuro se está llevando a cabo ahora. Ya estamos en la costa. Caminábamos hacia el sur. medía el tiempo con cadenas geodéticas y marchaba a través de él. en los tiempos que vienen. amenazándome con la destrucción. . 3 Tallé esta era para que me calce. como monjes.

alrededor del planeta. . como un hilo. con que mi sangre corra de época en época. E igual por un rincón de calor en el que soltarme tranquilo hubiese dado toda mi vida. cuando sea que su aguja en vuelo me arrastrase.Estoy satisfecho con esta falta de muerte.

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