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Simbolos Precolombinos

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APUNTES PARA UN DICCIONARIO DE SIMBOLOS PRECOLOMBINOS

FEDERICO GONZALEZ

AGUILA. 1.
El Aguila es un animal-símbolo de muchas tradiciones, entre ellas la romana donde se la emparentaba con el imperio y por lo tanto con el emperador; su significado en ese sentido se ha mantenido hasta la época contemporánea asociado al poder, y por lo tanto es insignia de ciertas monedas fuertes. La velocidad del águila, su vista, sus planeos majestuosos, la posibilidad de volar más alto que cualquier ave no pasó desapercibida por ningún pueblo, y tampoco para las culturas precolombinas que la integraron en sus complejos simbólicos de manera fundamental, desde el Norte al Sur de América. Junto con la serpiente y el tigre, se podría decir que son los símbolos animales más importantes y extendidos de las naciones precolombinas; se la relaciona con el Sol, su fuerza y luminosidad, y esas significaciones se extienden a su plumaje, tomado como signo precioso, mágico, atributo tanto de guerreros como de chamanes; las plumas suelen expresar los grados jerárquicos de quienes las exhiben en sus atuendos, en especial las que se usan sobre la cabeza, símbolo de autoridad; algunas otras aves rapaces, como el cóndor y el halcón, son también asimiladas al águila, especialmente en América del Sur. Como todos los símbolos es mucho más que una alegoría y ella representa, verdaderamente, una imagen solar y celeste, es decir, un atributo de la deidad. La capacidad de su vuelo, que la acerca físicamente más que ningún otro viviente al sol, y la majestuosidad de su porte, unido a la amplitud de su visión, hacen de este animal algo extraordinario, en relación a otros cuyo alcance es más limitado, en cuanto que condicionados por la misma topografía y sus características su radio de acción es mucho menor.

2.

En general todos los plumajes están asimilados al vuelo y al viaje extático, pero para los indios de Norte América la pluma de águila es la que posee mayores

poderes, incluso curativos. Plumas de águila suelen estar integradas al calumet, o pipa sagrada, su más precioso objeto ritual, al igual que están en la base de distintas ceremonias e indumentarias significativas. Los mexicanos ofrendaban los corazones humanos de los sacrificados al águila solar; es conocida la importancia que el águila tenía para este pueblo de MéxicoTenochtitlan, y aún hoy forma parte de su escudo nacional, al igual que el de Estados Unidos de América del Norte. Caballeros-águilas y caballeros-tigres, lo mismo que en la región andina (halcones-pumas) conformaban grupos de nobles y guerreros relacionados con la oposición y la complementación de lo uránico y lo ctónico, de lo celeste y lo terrestre. Este símbolo es, por otra parte, universal, y se lo encuentra asociado a los principales conjuntos simbólicos de todas las tradiciones, donde aparece, al igual que la totalidad de las aves, como intermediario entre el hombre y los dioses. Según el P. Cieza de León, el espíritu de Ayar Cachi se les presentó a sus hermanos incas, que se autodenominaron posteriormente 'hijos del sol', bajo la forma de águila: "lo vieron venir por el aire con alas grandes de plumas pintadas" y les ordenó fundar su capital, el Cuzco (P. de Cieza de León, El Señorío de los Incas).

3.

Cuauhtli es águila en náhuatl y es el quinceavo de los signos de los veinte días en el calendario azteca. El glifo correspondiente del calendario maya es men. En Xochicalco se ven águilas en el friso de la pirámide; en Tula y Chichén Itzá se las encuentra asociadas a jaguares; en Monte Albán, cultura zapoteca, se las observa descendiendo; en Tiahuanaco y Chavín de Huantar en América del Sur se las asocia también con el Sol; como en la sun dance de las tribus norteamericanas el símbolo del dios azteca Huitzilopochtli era un águila. En los códices mesoamericanos se la considera entre los cuatro animales depredadores, ubicada al Sur.

4.

El antropólogo Carlos Castañeda, investigador del chamanismo indígena nos dice en su libro El Don del Aguila: "Don Juan me explicó que el mundo que percibimos no tiene existencia trascendental. Como estamos familiarizados con él creemos que lo que percibimos es un mundo de objetos que existen tal como lo percibimos, cuando en realidad no hay un mundo de objetos, sino, más bien, un universo de emanaciones del AGUILA. Esas emanaciones representan la única realidad inmutable. Es una realidad que abarca todo lo que existe, lo perceptible y lo imperceptible, lo conocible y lo inconocible".

5.

En el respetuoso film acerca de las tradiciones del área amazónica, fundado por otra parte en una historia real, La Selva Esmeralda, el director describe una ceremonia mágica con el uso de cohoba, donde un padre y su hijo se 'transforman' respectivamente en un jaguar y un águila, de acuerdo a las formas prevalecientes en su psicología profunda. La identificación con el águila es frecuente en esa zona cultural americana.

6.

En el mito teotihuacano de la Creación, un ser (águila) se arroja al fuego y se quema (como otro personaje de ese mismo mito, lo que parece otorgar sólo un valor intermediario al animal-símbolo); ese chamuscamiento es la razón de que el águila esté 'pintada'.

7.

El águila sagrada era denominada awahili por los indios cheroquíes, y henga por los osages de las grandes llanuras de Norteamérica; los mandans, de esa misma región, llamaban hoita al espíritu del Aguila Moteada, y mah sish al Aguila de la Guerra. Para las tribus del sudoeste de Estados Unidos las danzas rituales asociadas al águila tienen el doble sentido de impetración del hálito vital por mediación de la lluvia, y el de poder, en relación a lo que se ha dado en llamar 'magia simpática'.

AIRE. 1.
Uno de los cuatro elementos constitutivos de la naturaleza conjuntamente con el Agua, el Fuego, y la Tierra, presentes en la Tradición Precolombina, especialmente en los mitos creacionales de las Grandes Eras. Como el fuego es elemento activo, mientras la tierra y el agua son pasivos y suelen oponerse en forma cruciforme, dos a dos. Debe relacionárselo por un lado al viento y por el otro al hálito vital, a la respiración del cosmos. Esta doble interpretación no se contradice, sino se complementa; como dios del viento anuncia las lluvias y su soplo vivificante predice y produce la llegada de las aguas y el mantenimiento de la vegetación. También es un dios terrible cuya misión es destruir todo lo que está a su paso para permitir la regeneración de la Tierra; este es el caso de la deidad unípede y helicoidal llamada Huracán por los indígenas de la zona del caribe, famosa por sus ciclones. El dios supremo del panteón azteca, Quetzalcóatl, representaba este elemento, al igual que otras deidades análogas de la América indígena. Por ese motivo se le suele ver como el primogénito de los dioses –y un dios emparentado con el Sol–; junto con sus hermanos o compañeros marcaba los dos puntos solsticiales y los dos equinocciales y los elementos correspondientes; según el cronista Sahagún, "cuando a él le pareció,

sopló, y engendró a este Quetzalcóatl". Es sabido que las Eras, llamadas Soles, estaban emparentadas con los elementos; el Sol de Aire es el que encabeza la ronda en la famosa Piedra del Sol. Se lo encuentra ubicado al este, y seguido al norte por el Fuego, al oeste por el Agua y al sur por la Tierra según el curioso orden que se expresa igualmente en códices y documentos. Quizás el atributo más característico de esta deidad es su pico de ave, asimilada al aire, que lo caracteriza como un espíritu intermediario entre cielo y tierra, y por lo tanto un dios atmosférico. Recordemos aquí que el aire es el medio por el que se expande el sonido, se transportan los mensajes y se efectivizan las 'audiciones'. También es el vehículo de la luz e igualmente en él se propagan todos los olores; es casi intangible, sutil y misterioso, un agente conocido de lo desconocido. Es de observarse que los dioses educadores, Viracocha (en Perú) y Bochica (en Colombia) van 'yéndose', 'abriendo caminos', por lo que se los ha considerado peregrinos y hasta 'predicadores', para finalmente desaparecer de manera misteriosa como el propio Quetzalcóatl-Ehécatl. Este, como casi todos los dioses del viento, no sólo está en relación con las aguas, y con los dioses como Tlaloc relacionado con la lluvia, sino igualmente con el relámpago y el trueno y asimismo con el fuego, pues él es el que sopla para avivarlo haciendo crecer la chispa producida por la fricción de dos pedernales; en ese mismo sentido suelen asociarse estas divinidades, como se acaba de decir, con relámpagos y rayos, y aún de modo casi directo con los númenes del fuego y la lluvia, tal cual puede observarse claramente en la dupla Quetzalcóatl-Tlaloc, tan evidente en Teotihuacan.

2.

En cuanto hálito vital el aire se identifica con la respiración universal, o alma del mundo. Dadas las correspondencias y analogías que toda cultura arcaica establece entre los distintos aspectos de la realidad, el aliento vital del cosmos se vincula con el aspir-expir individual, signando todo lo que permanece vivo. En ese sentido el ritmo de lo vital es una constante siempre verificable, un ejemplo perfecto de las leyes de la armonía cósmica. La inspiración es una saturación de las energías universales, el alimento básico; y la expiración una entrega al Ser del mundo, Esaugetuh misse, cuyo nombre significa 'dueño del aliento', o 'el que trae la vida'; es el dios del viento y asimismo la deidad principal entre los criks americanos.

3.

El hálito vital está íntimamente vinculado con la sangre y por lo tanto precede al fuego existencial. El soplo divino es equiparado a veces a la voz de la deidad, al

sonido primigenio, y a su posterior manifestación, la luz, uno de los atributos del sol y del fuego. Los distintos sonidos de flautas, silbatos y el sonido ritual del caracol expresan al viento, mientras que tambores y atabales testimonian el ruido de la tormenta y el trueno. El sonido ritual, en cuanto es secuencial y también contrapuntístico y reiterativo significa igualmente el tiempo, el ciclo y el devenir. En muchos ritos precolombinos el soplo es manejado por los chamanes para la curación espiritual –y física– y entre ellos destacaremos el aspir y expir del tabaco, tal vez la planta más sagrada y común a todas las culturas precolombinas. El insuflar la vida es propio de los númenes y por lo tanto todo lo tocante al aire es automáticamente sagrado. Lo que está animado respira y en tal sentido puede recordarse el spiritus de los romanos y el pneuma de los griegos; el aire es un misterio evidente sólo perceptible por sus efectos manifestados; lo aéreo y lo volátil son sinónimos de una realidad otra.

4.

Todos los gases están en estrecha relación con el elemento Aire; también el flato es una forma del Aire y como tal antecede a la evacuación, así como el Trueno anuncia las tormentas. Debe considerarse siempre que las culturas primitivas y/o arcaicas no tienen los prejuicios occidentales higiénicos y morales al respecto, sino que consideran al hombre como parte de una totalidad. La diosa Tlaelcuani (la comedora de inmundicias) del panteón azteca, además de poseer otros atributos es la que se hace cargo de las "inmundicias" y la "descarga" que produce toda confesión, como bien lo entendieron los primeros cronistas europeos. La respiración es un proceso fundamental en el ser humano y en toda la creación que participa del mismo hálito vital. Para los navajos el viento ocupa un lugar central en su cosmogonía como propagador de la existencia, manifestación visible del padre cielo, y como fecundador de la madre tierra por el semen que expresan las lluvias. Permítasenos aquí citar la tradición hindú, como ejemplo de la universalidad de los símbolos, concretamente el Rig Veda 10-16813: "¿Dónde ha nacido y de dónde viene? Hálito de vida de los dioses; dios que va donde quiere; tememos tu soplo impetuoso, pero ¿quién conoce tu rostro?"

ALAS-AVES-PLUMAS. 1.
Al hablar del Aguila algo dijimos en general de la simbólica de las alas, las aves, y las plumas. Este último término es particularmente importante en la Tradición Precolombina, pues gran parte de su arte se expresó a partir de plumas de preciosos colores –como aún hoy se manifiesta en el Brasil-, formando mosaicos o combinaciones y entretejimientos con otros materiales de la indumentaria de uso ceremonial o cotidiano, aunque la mayor parte de este arte se ha perdido por la índole perecedera del material. Entre las deidades náhuatl asociadas al vuelo, y por lo tanto a las aves, señalaremos algunas:

Codorniz (zolin) Colibrí (Huitzilin) Pavo, guajolote (huexólotl) Mariposa (papalotl) Quetzal

Tlazoltéotl, Xipe totec Huitzilopochtli Tezcatlipoca Xochipilli Quetzalcóatl

En algunos códices mesoamericanos como el Borgia, Borbónico y el Tonalámatl de Aubin, eminentemente calendáricos, estos pájaros se hallan incorporados directamente al texto y al movimiento cíclico de su estructura, por lo que se ha pensado, no sin razón, que tienen una función primordial; esto se ve subrayado por el pensamiento matemático y la numerología indígena. Estas aves son: colibrí azul, colibrí verde, tórtola, codorniz, cuervo, lechuza, mariposa, halcón, pavo, búho, quetzal, guacamaya, y papagayo (o loro). Sin entrar en profundidades lingüísticas, debemos señalar que se hace también diferencia entre pájaros machos y hembras, y entre aves y polluelos. El murciélago también ha jugado un papel en mesoamérica y se lo destaca en vasijas quiché y cakchiqueles, entre estos últimos es un animal totémico al igual que en Copán (Honduras), reino que llevaba su glifo emblema; en verdad el murciélago es un personaje clave en la cultura mesoamericana, como puede observarse en la arqueología de Monte Albán. En una de las eras o creaciones narradas en el Popol Vuh, un ave: Xecotcovah atacó con sus garras y pico a los hombres hechos de palo; en este mismo documento se dice que dos de los cuatro anunciadores de la cuarta creación, fueron la cotorra y el cuervo; asimismo los cuatro dioses originales meditaron acerca de la creación del mundo cubiertos con plumas preciosas de color verde.

Numerosísimas son las representaciones de aves en toda la América Antigua, pero tal vez la más espectacular es la que se encuentra dibujada en enormes proporciones, ya que sólo puede distinguirse netamente desde el aire, en las llamadas pistas de Nazca, al Sur del Perú. Señalaremos además la importancia que un ave mítica, el Thunderbird, tiene para algunas tribus norteamericanas, las cuales piensan que el trueno se produce por el batir de sus alas y los relámpagos por el abrir y cerrar de sus ojos; generalmente esta ave es representada como un águila. En el calendario maya, cib, el zopilote, ocupa el lugar del dieciseisavo día; lo mismo en el azteca y en los mixtecos, en los que sólo dos aves figuran, el águila y el zopilote. Las alas y las plumas significan un impulso hacia lo alto, al combinarse con otros símbolos animales los 'espiritualizan' haciéndoles cambiar su significado, o mejor, complementándolo. Tal es el caso de Quetzalcóatl o el Gucumatz quiché, la serpiente emplumada, como manifestación de la oposición en la naturaleza humana de lo que repta y vuela. Se dice que las plumas están también vinculadas a la vegetación en cuanto símbolo de la cabellera de la tierra; para algunos tupiguaraní, los rayos del sol eran plumas-cabellera. Se considera a las aves como portadoras de mensajes, de buen o mal agüero y por eso los chamanes estudian e interpretan su vuelo. Las plumas como símbolos del aire también son fecundadoras como puede verse en el mito azteca del nacimiento de Huitzilopochtli, parido por una virgen que recogió un montón de plumas en su regazo. Los indios pueblo consideran a las plumas como intermediarias entre cielo y tierra y las colocan en lugares especiales de su geografía sagrada. No sólo las aves son transmisoras de mensajes sino que éstos pueden tener un carácter agorero. En el Memorial de Sololá. Anales de los Cakchiqueles, se expresa: "Al instante comenzaron a llegar los agoreros. A las puertas de Tulán llegó a cantar un animal llamado Guardabarrancas, cuando salíamos de Tulán. 'Moriréis, seréis vencidos, yo soy vuestro oráculo', nos decía el animal. '¿No pedís misericordia para vosotros? Ciertamente seréis dignos de lástima'. Así nos habló este animal. Luego a coro se unen la lechuza y el perico, el cual dice: 'yo soy vuestro mal agüero, ¡moriréis!' "

2.

Todas las aves, representantes del vuelo y el elemento aire y rectoras del mundo intermediario y por lo tanto portadoras de mensajes que traen por medio de sus alas y

sus cantos, han sido sacralizadas por las culturas y ritos indígenas, a lo largo y ancho de América, desde los tiempos precolombinos a los actuales; así el pequeño y volátil colibrí, el quetzal, la lechuza, y aún mariposas, avispas y tábanos y las majestuosas águilas norte y mesoamericanas tanto como el cóndor andino. Por lo que establecer un catálogo de especies y nombres de estas aves resultaría anacrónico; sin embargo, un solo ejemplo de su función augúrica y su fundamental importancia como elementos sociales e históricos, está presente en la leyenda de la migración de los mexicas, que dio lugar a la fundación de Tenochtitlán, donde un pájaro les ordenó partir diciendo tihui-tihui (nos vamos, nos vamos). Agregaremos otros dos ejemplos: por un lado las trece aves-deidades que forman parte del cuerpo mismo de determinados calendarios mesoamericanos, como ya se ha dicho, y por lo tanto son parte del tiempo tomado como un rito, y el protagonismo del queletzu (loro), primer animal que cantó cuando apareció el sol, tan semejante al quel (cotorra), que reveló a los Formadores y Hacedores donde se encontraba el maíz con el cual formar la carne del hombre (ambos pertenecen al género de las psitáceas), según el Popol Vuh.

3.

Pájaro de Trueno (Thunderbird). Los indios del Noroeste de Norteamérica llaman así a un ave sagrada y mítica que origina el rayo y el trueno. Esa misma ave es llamada Heloha entre los choktaw del Suroeste y Skyamsen por los esquimales. Los sioux y dakotas tienen un ave análoga emparentada con el trueno (Wakinyan) y reconocen en Wakinyan Tanka al misterioso Pájaro de Trueno, que transmite las voces de los dioses, o mejor que las expresa directamente al igual que lo hacen las aves con su canto; nos referimos al lenguaje sonoro de pájaros y fenómenos atmosféricos tomados como señales de la conducta de hombres y pueblos.

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