Estudio del Hamlet de Shakespeare

Por Santiago Sevilla

William Shakespeare

Shakespeare plantea una trama clara y simple. Hamlet recibe del espectro de su padre el mandato de vengar su propio asesinato. Claudius, tío de Hamlet y hermano del rey, ha envenenado al monarca y se ha casado con Gertrude, la reina, madre de Hamlet, usurpando la corona que corresponde al propio Hamlet. El espectro o fantasma del rey, alma en pena, exige de su hijo que mate al usurpador, mas no a la reina.

Hamlet es un burlador genial. Amargo, pero gracioso. Sus discursos, soliloquios, juegos de palabras, devaneos son muy ricos en filosofía, lenguaje delirante y chispeante de ingenio, fatalismo y renunciación a la vida, en vista de la desgracia que le rodea y acosa. Ofelia, la joven que ama, resulta su víctima; lo mismo que su padre de ella, Polonio, espía detrás de un gobelino, a quien, por casualidad y equivocación, traspasa Hamlet con su espada. Por igual, muere a manos suyas Alertes, hermano de Ofelia, en un duelo, instrumento de la intriga de Claudius, usurpador de la corona. Ofelia, rechazada por Hamlet, después de haber sido cortejada y amada por él, enloquece ante la muerte de Polonio, su padre, y finalmente se suicida ahogándose en un riachuelo. La madre de Hamlet, que le ama, aunque vive entregada en cuerpo y alma a Claudius, el usurpador asesino, muere envenenada por éste, a causa de una equivocación, pues ella bebe el cáliz destinado para Hamlet. Por fin, Hamlet, herido de muerte por sable envenenado, en el duelo, mata no obstante al rey Claudius y cumple así, el mandato del fantasma de su padre. Hamlet es trágico porque le toca cumplir con un aciago destino, queriendo, aunque sin querer. Su discurso contiene la amargura genial de un maldito, un humor de patíbulo grotesco, donde Shakespeare da rienda suelta a su malicia, y desenfreno a su lenguaje mordaz, pérfido, rítmico y métrico como una incontenible marcha. Hay cierto paralelismo con la ‘Vida es Sueño’ de Calderón de la Barca. El soliloquio de Hamlet “To be or not to be” es muy afín al de Segismundo: Sueña el rey que es rey y vive con este engaño mandando,

disponiendo y gobernando; y ese aplauso que recibe prestado, en el viento escribe, y en cenizas le convierte la muerte. (¡Desdicha fuerte!) ¿Qué hay quien intente reinar, viendo que ha de dispertar en el sueño de la muerte? Ambos ven en la muerte una forma de soñar, “el sueño de la muerte”: “To die, to sleep - perchance to dream”. Sin duda, es el espíritu de la época. Es el triunfo de la metáfora y la personificación. El culteranismo extremo en los juegos de ingenio con el idioma. También una visión muy fatalista de la vida. Sin embargo, no se ven los dioses por ninguna parte. La desgracia es inherente a la naturaleza humana. No obstante, el público es seducido, burlesca y cínicamente, a reírse de la manera con que Hamlet va cayendo, lenta- e irremisiblemente, en la desgracia final. Muere él, después de ver morir a todos sus seres queridos, y odiados, con excepción del testigo para la posteridad, su amigo Horacio. Su reino cae en manos de Noruega. Al final lo ha perdido todo, en aras de un ácido humor inglés. Soliloquio de Hamlet (Traducido por Santiago Sevilla) “¡Vivir o no vivir es el enigma! Que si es o no más noble para el alma, sufrir las amarras o los dardos de infausta fortuna o más bien levantarse en armas contra una mar de adversidades y, en brega contra ellas, darse fin. Morir, dormir – no más – y por vía del sueño decir: acabemos con el dolor del corazón y los mil golpes de que es nuestra carne heredera. Éste es el fin que hemos de pretender

devotamente. Morir, dormir – dormir, acaso soñar. Mas aquí mismo está el tropiezo. Pues en aquel dormir de muerte, los sueños que pueden sobrevenir cuando hayamos arrojado nuestros mortales despojos, habrán de darnos que dudar. Hay un temor que es el causante de la calamidad de una tan larga vida. Porque: ¿Quién sufriría los latigazos y burlas del tiempo, las vejaciones del opresor, el desprecio del orgulloso, las afrentas del amor rechazado, la tardanza de la justicia, la insolencia del poder, las ofensas que el meritorio paciente recibe del innoble, cuando él mismo podría darse la quietud perpetua con el puñal desenvainado? ¿Quién cargaría fardos? ¿Quién maldeciría y sudaría en una vida azarosa, si no fuera por el miedo de ese algo después de la muerte, el país no descubierto, de cuyo límite ningún viajero vuelve? Si, ese miedo le angustia a nuestra voluntad y nos hace sobrellevar aquellos males que sufrimos, antes que volar hacia otros que desconocemos. Así, a todos nos acobarda nuestra propia conciencia y nuestros naturales valor y resolución se enferman ante el fantasmal producto del pensamiento. Así empresas de gran vuelo e impulso se ven amargadas y echadas a perder del todo por esta visión. Mas a callar ahora: ¡La bella Ofelia! ¡Ninfa, en tus oraciones, recuerda todos mis pecados!”