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El Municipio: Bastión Democrático

Por Manuel Gross Osses

Conviene, de vez en cuando y para salir de la rutina, conocer la opinión desde otras latitudes
acerca de los problemas que también son propios. Este es el caso de las ideas de Manuel
Castells, connotado sociólogo español, sobre la necesidad de que los municipios se
mantengan como centro de interlocución entre la autoridad y los ciudadanos, lo más alejado
posible de las maquinaciones de la política. En el actual período que vive Villarrica, con
muchas organizaciones y líderes legítimamente interesados en el desarrollo comunal, es
beneficioso conocer algunas de las ideas, expuestas sintéticamente a continuación, propuestas
por Castells en su artículo “Municipios re-partidos”, publicado en el diario La Vanguardia, de
España.

En medio de la crisis de credibilidad que sufre la clase política, los municipios son unas de las
instituciones menos desprestigiadas de la democracia, porque los ciudadanos sienten una
mayor cercanía con sus concejales, y en particular con su alcalde o alcaldesa, tanto para
confiarle la gestión de sus necesidades como para criticarlo por sus deficiencias. Un efecto de
la partidocracia ha sido transformar la decisión popular en mera delegación de poder a una
serie de nombres en una lista resultante de negociaciones internas de aparatos profesionales,
con poca correspondencia entre las capacidades de cada candidato y el ejercicio de las
funciones que tendrá que desempeñar.

Mientras tanto, los ciudadanos participan muy poco en la gestión de su ciudad. En parte,
porque los mecanismos instaurados en la recuperación de la democracia fueron
transformándose en aparatos de clientelismo y cooptación de los líderes existentes. Y así el
movimiento ciudadano, objeto y sujeto de nuestros sueños de democracia, se fue diluyendo
entre los intereses de los partidos y de sus “operadores”. Resultado, el movimiento ciudadano
fue, y continúa siendo, más actividad política que expresión de la sociedad civil. Sin embargo,
la gestión de la ciudad es el ámbito donde, por encima de la política, se puede conectar más
directamente con lo que le interesa a la gente, con su vivienda, con su transporte, con sus
parques, con sus escuelas, con sus basuras y su agua, con su estética y su tradición, con su
derecho al descanso y su sensación de seguridad. Pero… qué lastimosas son estas campañas
municipales en las que todos dicen algo parecido, donde las palabras revolotean sobre las
cabezas de los ciudadanos que ya no tienen interés en escucharlas.