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Guión Litúrgico Semana Santa - Pascua 2013

Guión Litúrgico Semana Santa - Pascua 2013

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ARQUIDIÓCESIS DE MÉRIDA SEMINARIO SAN BUENAVENTURA

SEMANA SANTA – PASCUA 2013

GUIÓN LITÚRGICO

MÉRIDA - VENEzUELA MARzO 2013

GUIÓN LITÚRGICO SEMANA SANTA – PASCUA 2013 SEMINARIO SAN BUENAVENTURA Mérida - Venezuela Marzo 2013 Levantamiento del texto: Comisión de Liturgia del Seminario. Diseño gráfico y diagramación: Pbro. Gregori Lobo. Correcciones: Marco Antonio Cueter Fuenmayor. Edgar José Quintero. ® Reservados todos los derechos. Impresión: Encuadernación El Estudiante. IMPRESO EN VENEZUELA/ PRINTED IN VENEZUELA.

En los últimos años, el Seminario “San Buenaventura” de Mérida ofrece a las Parroquias y comunidades cristianas un subsidio litúrgico, el cual busca servir de guía, para vivir con más intensidad los misterios que celebramos durante la Semana Santa, a saber: la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Este guión litúrgico es el resultado del trabajo mancomunado de nuestra comunidad del Seminario, y esperamos que sea de valiosa ayuda tanto para las parroquias, como para las familias y agentes de pastoral que van a evangelizar durante estos días santos. La Semana Santa de este año 2013 es muy particular, porque nos va a preparar para dos acontecimientos trascendentales, en la vida de la Iglesia Universal y de la Iglesia que peregrina en Mérida. Primero, porque como comunidad de creyentes tenemos que unirnos en una oración profunda y sincera para pedir por el nuevo Papa, quien a partir de ahora como sucesor del Apóstol San Pedro y Vicario de Cristo, nos conducirá como Iglesia

en medio de las tormentas, para llevarnos al puerto seguro de la salvación. Y segundo, porque como Iglesia de Mérida tenemos que orar por el éxito de la XVIII Asamblea Eucarística Nacional, la cual se va a realizar desde el jueves 04 hasta el domingo 07 de abril en las instalaciones de nuestro Seminario Arquidiocesano. Por lo tanto, los invitamos a vivir con intensidad este tiempo de gracia, para que, por medio de la oración, nos sintamos más partícipes en la vida de la Iglesia. Abramos nuestros corazones al Dios de la vida, para que a partir de ahora, y sin miedo, seamos sus colaboradores en la construcción de la Civilización del Amor. Pbro. Juan de Dios Peña Rojas Rector del Seminario

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PRESENTACIÓN

MARzO

22 VIERNES DE CONCILIO

vIERNES

COLOR LITÚRGICO

morado

Con la celebración eucarística de este día nos estamos acercando a los acontecimientos pascuales, en donde se hace presente Jesús, que dio su vida por nuestra salvación y estableció una nueva y definitiva alianza con la humanidad. En este año de la fe, estamos convocados a renovar y profundizar nuestro compromiso cristiano; por eso, la liturgia pascual, nuevamente nos reúne para participar fervorosa y activamente en los misterios de nuestra fe, para hacerla vida en nuestra cotidianidad y seguir transmitiendo con nuestro testimonio, que la figura del Dios crucificado, es el proyecto que nos conduce a un Cristo que se anonadó totalmente porque nos ama; porque con su muerte rescata al hombre del mal y le abre un nuevo horizonte, iluminado por la alegría de la resurrección, convirtiendo la cruz en un signo glorioso de la manifestación de la misericordia de Dios, que se derrama abundante e incesantemente sobre todos. La liturgia de la Palabra de este día nos va introduciendo paulatinamente en las celebraciones pascuales, el

Evangelio de Juan nos presenta la causa por la cual los judíos querían aprehender a Jesús. El texto de este día es esencial, no sólo para comprender los acontecimientos que llevan a Jesús a la muerte en cruz, sino también para profundizar las implicaciones que conlleva la identidad de Jesús, como el Hijo de Dios. El Señor se ha hecho carne en su Hijo Jesucristo, este misterio revela no sólo lo que es Jesús, por medio de Él también se revela el Padre, este hecho que marca la vida y la actividad del Maestro, es para cada uno una Buena Noticia, que no está despojada de dificultades. Jesús nos enseña que ser Hijo es asumir la voluntad de Aquel que lo ha enviado, y esta actitud de obediencia Jesús la lleva hasta las últimas consecuencias. Pero lo hace libremente, porque consigue en esta comunión con el Padre, las fuerzas necesarias para cargar sobre sí el peso de nuestros pecados. ¡Qué maravillosa noticia! Jesús nos manifiesta una vez más que, a pesar de las dificultades que podamos encontrarnos en el camino, la promesa de salvación de Dios se sigue cumpliendo en Él,

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como nos dice San Basilio: “Este fue el motivo de la venida de Cristo en la carne, de su convivencia con los hombres, de sus sufrimientos, de su cruz, de su sepultura y de su resurrección: que el hombre, una vez salvado, recobrara por la imitación de Cristo, su antigua condición de hijo.” Para quienes perseguían y acusaban a Jesús de blasfemo, su imagen de Dios distaba mucho de lo que el mismo Cristo nos transmitió a través de su vida. Muchos de los que criticaban al Maestro, cegados por su soberbia, no lograban apreciar el trasfondo del mensaje que Jesús no sólo transmitía, sino que ponía en práctica a través de las buenas obras, que manifestaban a su vez, la figura paterna de Dios. Los adversarios de Jesús distinguían sólo al hombre, porque no pudieron despertar y ver a través de los ojos de la fe al Hijo de Dios. Esta actitud, mostrada por el evangelista, es una llamada de atención, para que descubramos nuestra propia dignidad de ser hijos en el Hijo, por eso el Señor se humilla, porque quiere hacerlo todo de nuevo, y esto implica la valentía de despojarnos de nosotros mismos para ver en el otro al hermano. Ya Jeremías advertía la suerte de

quien responde generosamente a la llamada de Dios. Los pasos del discípulo en oportunidades se vuelven difíciles de llevar adelante, Jeremías comparte esta experiencia porque aparentemente parece que la maldad del soberbio pudiera más que el deseo de cambiar las realidades de muerte en un renacer a la vida en el Señor. Su canto de lamento al principio del pasaje, que hoy se nos presenta, no es más que un grito de auxilio frente a la maldad de aquellos que no terminan de comprender lo que el Señor quiere para sus hijos: “Todos los que eran mis amigos espiaban mis pasos, esperaban que tropezara y me cayera” (Jr. 20, 10). Aún así, en medio de esta situación, surge la oración confiada en el Señor, nada que pretenda desviar nuestro caminar nos apartará de la fuerza que recibimos del Señor en medio de nuestras pruebas, por eso el mensaje de Jeremías prefigura el dolor del Hijo de Dios, que incomprendido y despreciado por muchos se mantuvo firme hasta el final. El pasaje del Evangelio es incluso paradójico, a Jesús no lo persiguen por sus buenas obras sino porque dice que es el Hijo de Dios, pues bien, lo que para algunos fue un escándalo, para la humanidad

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fue y seguirá siendo una Buena Nueva, porque Jesús vino a divinizar nuestra humanidad, y también, porque en Él, lo divino se hace humano. Esta novedad será siempre actual porque implica un cambio de paradigma en nuestra forma de relacionarnos con Dios y con nuestros hermanos, Jesús nos hace dignos de Dios, porque nos ama. Las buenas obras, la vida sacramental y de oración, el perdón, la tolerancia, la humildad, deben ser el carnet de identificación de todo discípulo y misionero del Señor. No dejemos que la religión se vacíe de Dios; al contrario; alimentados de su Palabra y del Cuerpo y Sangre de nuestro Señor, vayamos por el mundo anunciando la alegría de sentirnos en Jesús parte de este proyecto de salvación, y veremos cómo el milagro de la conversión permitirá que muchos sigan creyendo en Él, para su honor y gloria. Al prepararnos para la Semana Santa dirijamos nuestro corazón de igual forma a nuestra Madre la Virgen María, para que ella nos acompañe en esta delicada tarea, y para que su protección maternal nos ayude a configurarnos con el tesoro de su corazón: Cristo, el Señor. Pbro. Ramón Alí Piñuela Araque

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MONICIÓN DE ENTRADA Queridos hermanos: sean bienvenidos a esta Eucaristía. Hoy nos unimos a la Iglesia universal en oración para celebrar, con entrega y con un corazón contrito, este gran día de encuentro en el dolor, conmemorando a Nuestra Señora de los Dolores. Contemplamos a la Madre sufriente, cuya alma ha sido atravesada por una espada según la profecía del anciano Simeón, al ver a su Hijo como el siervo sufriente. Ya finalizando la cuaresma se nos sigue invitando a la oración, el ayuno y el compartir fraterno. Tengamos presente en nuestra acción de gracias a tantas madres que sufren en el silencio, para que sean confortadas por el Buen Dios. ORACIÓN COLECTA erdona, Señor, nuestras culpas y que tu amor y tu bondad nos libren del poder del pecado, al que nos ha sometido nuestra debilidad. Por nuestro Señor Jesucristo. MONICIÓN A LA 1ª LECTURA A través del profeta Jeremías podemos constatar cómo el favor de Dios rodea a los justos. Aún cuando haya gente que quiera hacerles daño; el Señor todopoderoso no permitirá jamás que el justo caiga en manos de sus enemigos.

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1ª LECTURA: Jr 20,10-13. Lectura del libro del profeta Jeremías En aquel tiempo, dijo Jeremías: “Yo oía el cuchicheo de la gente que decía: ‘Denunciemos a Jeremías, denunciemos el profeta del terror’. Todos los que eran mis amigos espiaban mis pasos, esperaban que tropezara y me cayera, diciendo: ‘Si se tropieza y se cae, lo venceremos y podremos vengarnos de Él’. Pero el Señor, guerrero poderoso, está a mi lado; por eso mis perseguidores caerán por tierra y no podrán conmigo; quedarán avergonzados de su fracaso y su ignominia será eterna e inolvidable. Señor de los ejércitos, que pones a prueba al justo y conoces lo más profundo de los corazones, haz que yo vea tu venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi causa. Canten y alaben al Señor, porque Él ha salvado la vida de su pobre de la mano de los malvados”. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor. SALMO RESPONSORIAL (Sal 17) R. Sálvame, Señor, en el peligro. L. Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza, el Dios que me protege y me libera. /R. L. Tú eres mi refugio, mi salvación, mi escudo, mi castillo. Cuando

invoqué al Señor de mi esperanza, al punto me libró de mi enemigo. /R. L. Olas mortales me cercaban, torrentes destructores me envolvían; me alcanzaban las redes del abismo y me ataban los lazos de la muerte. /R. L. En el peligro invoqué al Señor, en mi angustia le grité a mi Dios; desde su templo, Él escuchó mi voz y mi grito llegó a sus oídos. /R. MONICIÓN AL SANTO EVANGELIO Al igual que a Jesús, en el mundo actual, muchos quieren apedrear a sus discípulos porque actúan conforme a la verdad. San Juan, en el evangelio, nos invita a dar testimonio del amor del Padre, aún en las situaciones adversas. Escuchemos. EVANGELIO: Jn 10,31-42. Lectura del santo Evangelio según san Juan. A. Gloria a ti, Señor. En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, los judíos cogieron piedras para apedrearlo. Jesús les dijo: “He realizado ante ustedes muchas obras buenas de parte del Padre, ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?” Le contestaron los judíos: “No te queremos apedrear por ninguna obra buena, sino por blasfemo,

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porque tú, no siendo más que un hombre, pretendes ser Dios”. Jesús les replicó: “¿No está escrito en su ley: Yo les he dicho: Ustedes son dioses? Ahora bien, si ahí se llama dioses a quienes fue dirigida la palabra de Dios (y la Escritura no puede equivocarse), ¿cómo es que a mí, a quien el Padre consagró y envió al mundo, me llaman blasfemo porque he dicho: ‘Soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. Pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras, para que puedan comprender que el Padre está en mí y yo en el Padre”. Trataron entonces de apoderarse de Él, pero se les escapó de las manos. Luego regresó Jesús al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado en un principio y se quedó allí. Muchos acudieron a Él y decían: “Juan no hizo ninguna señal prodigiosa; pero todo lo que decía de éste era verdad”. Y muchos creyeron en Él allí. Palabra del Señor. A. Gloria a ti, Señor Jesús. ORACIÓN DE LOS fIELES C. Oremos hermanos al Señor, que nos escucha y nos consuela en el dolor y pidámosle que nos alcance su misericordia. A cada invocación respondemos: Compadécete de tu pueblo, Señor. 1. Por la Iglesia universal para que

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sea testigo, en medio del mundo, de la misericordia y del amor de Dios Padre, que nos ha dado a su Hijo Jesucristo, para librarnos del pecado y de la muerte. Oremos. 2. Por todos los que experimentan el dolor y el sufrimiento en su cuerpo o en su espíritu, para que se vean confortados mediante la celebración de los misterios de la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo. Oremos. 3. Por nuestro país Venezuela, para que cada uno de los ciudadanos que lo habitamos nos sintamos responsables de su desarrollo armónico y nos dispongamos a vivir en paz y hermandad. Oremos. 4. Por todos nosotros, para que, en estos días santos, que se avecinan podamos adentrarnos en la meditación silenciosa de los misterios centrales de nuestra fe cristiana. Oremos. C. Suba a ti, Señor, nuestra oración como incienso a tu presencia. Por Jesucristo, nuestro Señor. ORACIÓN SOBRE LAS OfRENDAS ue tu ayuda, Padre de misericordia, nos haga dignos de acercarnos a tu altar, a fin de que la asidua participación en este sacrificio nos obtenga la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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LITURGIA DE LAS hORAS: TOMO II, 2ª SEMANA DEL SALTERIO. COLOR LITÚRGICO

rojo

DOMINGO DE RAMOS / C

MARzO

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DOMINGO

1. En este día la Iglesia recuerda la entrada de Cristo nuestro Señor en Jerusalén para consumar su misterio pascual. Por lo tanto, en todas las misas se conmemora esta entrada del Señor por medio de una procesión (I) o de una entrada solemne (II), antes de la misa principal, y por medio de una entrada sencilla (III) antes de algunas otras misas que se celebran con gran asistencia del pueblo.

Con la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, abrimos la Semana Santa; semana en la que celebraremos los misterios centrales de nuestra fe. En la estructura litúrgica del domingo de ramos, encontramos una anticipación de lo que celebraremos en los días del Triduo Pascual. Ya que, la celebración del misterio pascual contiene dos aspectos bien diferenciados: muerte y vida, fracaso y triunfo. Los ritos del domingo de ramos se desarrollan en torno a dos ejes: la procesión jubilosa en honor a nuestro Señor Jesucristo y la lectura solemne de su Pasión, en la Eucaristía. Lo hacemos contemplando al Rey de reyes, Jesús de Nazaret, que montado sobre un burrito, entra

a la ciudad santa rodeado de un ejército de pobres y niños con ramos de olivo en sus manos y tapizando el camino con sus mantos; pues, san Lucas nos habla de gente que iba alfombrando el camino con sus vestidos, tal como se recibe a un Rey, había gente que gritaba: “Bendito el que viene como Rey, en nombre del Señor. Paz en el cielo y gloria en lo alto”. Se trata de uno de los episodios más bellos de la vida de Jesús, en la que una gran muchedumbre de gente sencilla formó una procesión espontánea aclamándolo, y Él entró como rey en su ciudad. Pero, hoy se presenta como el rey de los humildes. Más tarde, se presentará como el rey de los sufrientes y excluidos, cuyo trono será el patíbulo de la cruz y

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ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN ue la fuerza de este sacramento que nos une a ti, Señor, no nos abandone nunca y aleje siempre de nosotros todo mal. Por Jesucristo, nuestro Señor.

cuya corona será hecha de espinas. El Hijo de David que entra a Jerusalén es el portador de la Paz, que evoca un rechazo expreso a las armas y a la belicosidad. Hoy, sigue diciéndonos que el camino no es la violencia, la discordia, la imposición de los criterios personales y egoístas sobre los demás, ni las guerras ni odio alguno; sino el amor, la misericordia y el perdón, tal como Él mismo nos lo ha manifestado. Durante la procesión de este domingo, llevaremos, también, ramos en nuestras manos como signo de paz y esperanza, porque en el seguimiento de Cristo, pasando nuestra propia pasión y muerte, viviremos la resurrección definitiva de Dios. El ramo bendito que hoy llevamos a nuestras casas es el signo de que hemos optado por seguir a Jesús en el camino hacia el Padre, no es un amuleto de superstición. La presencia de los ramos en nuestros hogares es un recuerdo de que hemos vitoreado a Jesús, nuestro Rey, y le hemos seguido hasta la cruz, de modo, hemos de ser consecuentes con nuestra fe y seguir aclamando al Salvador, durante toda nuestra vida. Por eso, la procesión de ramos está cargada de un ambiente festivo, con cantos alegres, consignas de

victoria al Hijo de David, ramos para vitorearle, caminando llenos de júbilo. Sin embargo, al llegar al templo, la celebración que iniciamos tiene un tono diverso: es más solemne, más reposado y más contemplativo. La lectura del profeta Isaías nos introducirá aún más en el misterio del siervo de Yahvé que, humillado, sabe obedecer. Entonces nuestra mirada se centrará en cuál es el verdadero reinado de ese Cristo que acaba de entrar en Jerusalén. Se proclamará la Pasión según Lucas. Nuestra contemplación estará orientada hacia Cristo que sufre; muchos son los personajes que nos encontramos, es traicionado por Judas, negado por Pedro, abandonado por todos sus discípulos, injuriado y burlado por las autoridades religiosas y civiles de su pueblo: sumos sacerdotes, escribas, Herodes, sentenciado a muerte por el imperio romano, Pilato y los soldados. Pero, también, están Simón de Cirene, quien aún obligado le ayuda a cargar la cruz; las mujeres que le acompañaron incluso hasta el sepulcro; el malhechor que le pidió estar en su Reino; el oficial que dio gloria a Dios al ver aquella muerte; José, el hombre bueno y justo, que puso su cuerpo inerte en un sepulcro nuevo. Lo importante

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es que, desde ya, meditemos con cuál de ellos se identifica nuestra existencia. En medio del relato, Lucas nos muestra el rostro del Jesús que, aún en medio de las peores humillaciones, mira con ojos de perdón, misericordia, consolación y salvación, incluso, en el suplicio de la cruz. Y así, el Hijo de Dios, que se encarnó en el seno de una Virgen y nació para redimirnos, encomienda ahora su espíritu al Padre y expira. De esta manera, con el contraste de la liturgia de este día podemos vislumbrar los grandes misterios que celebramos en esta semana y, a la vez, la reflexión espiritual a la que esta nos lleva, y es que aquella entrada triunfal a Jerusalén fue, para muchos, muy efímera. Los ramos verdes se marchitaron, y pronto el hosanna se transformó, para aquellos hombres, en un grito enfurecido: ¡Crucifícale, crucifícale! La entrada en Jerusalén nos pide, a cada uno de nosotros, coherencia y perseverancia en nuestra vida cristiana, siendo necesario ahondar en nuestra fidelidad al Evangelio, para que, nuestros propósitos no sean luces que brillan momentáneamente y pronto se apagan. Comencemos la Semana Santa con un nuevo ardor y dispongámonos a ser servidores auténticos de Jesús;

tratemos de ser coherentes con lo que predicamos y vivimos en la cotidianidad. Que nuestro grito de júbilo de hoy, no se convierta en el “crucifíquenlo” del Viernes santo. Que nuestros ramos, que son signos de nuestros compromisos concretos, no se nos marchiten en las manos y se conviertan en ramas secas. Caminemos con esperanza hacia la Pascua del Señor. Pbro. William Vazquez MONICIÓN DE ENTRADA Queridos hermanos: Nos hemos reunido hoy para empezar la celebración de la Semana Santa; es decir, seguir a Cristo paso a paso y revivir los acontecimientos del misterio de nuestra salvación, el Misterio Pascual. Hoy, la Iglesia nos enseña, como en una síntesis, los dos aspectos de nuestra redención: la cruz y la gloria; el paso de la cruz para llegar a la gloria, “hay que morir para resucitar”. En este día, nosotros aclamaremos a Cristo, nuestro Rey y Redentor, igual que los hebreos, con palmas y ramos, símbolo de vida y de victoria. Que nuestra alabanza sea una profesión de fe y un compromiso para seguir al Señor en su camino hacia la cruz y, a través de ella, hacia el triunfo definitivo.

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CONMEMORACIÓN DE LA ENTRADA DEL SEñOR EN JERUSALÉN PRIMERA fORMA: PROCESIÓN
2. A la hora señalada, los fieles se reúnen en una iglesia menor o en algún otro lugar adecuado, fuera del templo hacia el cual va a dirigirse la procesión. Los fieles llevan ramos en la mano. 3. El sacerdote y los ministros, revestidos con los ornamentos rojos requeridos para la misa, se acercan al lugar donde el pueblo está congregado. El sacerdote, en lugar de casulla, puede usar la capa pluvial, que dejará después de la procesión. 4. Entretanto se canta la siguiente antífona u otro canto adecuado:

ANTífONA Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor, el rey de Israel. ¡Hosanna en el 6. Después de esta exhortación, el cielo! (Mt 21,9). sacerdote, teniendo juntas las manos,
5. Enseguida el sacerdote saluda al pueblo de la manera acostumbrada y hace una breve exhortación para invitar a los fieles a participar activa y conscientemente en la celebración de este día. Puede hacerlo con estas palabras u otras semejantes. dice la siguiente oración:

pasión y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, misterios que empezaron con la entrada de Jesús en Jerusalén. Acompañemos con fe y devoción a nuestro Salvador en su entrada triunfal a la ciudad santa, para que, participando ahora de su cruz, podamos participar un día de su gloriosa resurrección y de su vida. MONICIÓN A LA BENDICIÓN DE LOS RAMOS En este momento, el sacerdote bendecirá las palmas que cada uno tiene en su mano. Con este gesto, recordamos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, y lo reconocemos como nuestro único Señor y Salvador, que nos consuela en todas nuestras luchas.

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Oremos: Dios todopoderoso y eterno, dígnate bendecir estos ramos + y concede a cuantos acompañamos ahora jubilosos a Cristo, nuestro rey y Señor, reunirnos con Él en la Queridos hermanos: Después Jerusalén del cielo. Por Jesucristo, de habernos preparado desde nuestro Señor. Amén. el principio de la Cuaresma con Y, en silencio, rocía los ramos con nuestra penitencia y nuestras agua bendita. obras de caridad, hoy nos 7. Enseguida se dice el Evangelio de la reunimos para iniciar, unidos entrada del Señor en Jerusalén, según con toda la Iglesia, la celebración san Juan. Lo lee el diácono, o, en su anual de los misterios de la defecto, el sacerdote, de la manera

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acostumbrada.

MONICIÓN AL STO. EVANGELIO Escucharemos, ahora, la proclamación solemne del hecho histórico de la entrada de Jesús en Jerusalén. En el entusiasmo y la alegría, no olvidemos que el Reino de Cristo no es de este mundo. EVANGELIO: Lc 19, 28-40 + Lectura del santo Evangelio según san Lucas A. Gloria a ti, Señor. En aquel tiempo, Jesús, acompañado de sus discípulos, iba camino de Jerusalén, y al acercarse a Betfagé y a Betania, junto al monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: “Vayan al caserío que está frente a ustedes. Al entrar, encontrarán atado un burrito que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo aquí. Si alguien les pregunta por qué lo desatan, díganle: ‘El Señor lo necesita’ ”. Fueron y encontraron todo como el Señor les había dicho. Mientras desataban el burro, los dueños les preguntaron: “¿Por qué lo desamarran?” Ellos contestaron: “El Señor lo necesita”. Se llevaron, pues, el burro, le echaron encima los mantos e hicieron que Jesús montara en Él. Conforme iba avanzando, la gente tapizaba el camino con

sus mantos, y cuando ya estaba cerca la bajada del monte de los Olivos, la multitud de discípulos, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos por todos los prodigios que habían visto, diciendo: “¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!”. Algunos fariseos que iban entre la gente le dijeron: “Maestro, reprende a tus discípulos”. Él les replicó: “Les aseguro que si ellos se callan, gritarán las piedras”. Palabra del Señor. A. Gloria a ti, Señor Jesús.
8. Después del Evangelio, si se cree oportuno, puede hacerse una breve homilía. Al iniciar la procesión, el celebrante u otro ministro idóneo puede hacer una exhortación con estas palabras u otras parecidas:

Queridos hermanos: Como la muchedumbre que aclamaba a Jesús, acompañemos también nosotros, con júbilo, al Señor. MONICIÓN ANTES DE LA PROCESIÓN Que esta procesión que vamos a comenzar ahora, nos haga comprender los que debe ser nuestra vida de bautizados; aclamar al Señor nuestro Salvador, dedicando nuestra vida a su servicio y siguiéndolo fielmente, paso a paso.
9. Y se inicia la procesión hacia el templo donde va a celebrarse la misa.

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Si se usa el incienso, el turiferario va adelante con el incensario, en el cual habrá puesto incienso previamente: enseguida, un ministro con la cruz adornada y, a su lado, dos acólitos con velas encendidas. Sigue luego el sacerdote con los ministros y, detrás de ellos, los fieles con ramos en las manos. Al avanzar la procesión, el coro y el pueblo entonan los siguientes cánticos u otros apropiados.

Señor, héroe valeroso; el Señor héroe de la guerra. ¡Portones!, alcen los dinteles, levántense, puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria. ¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, Dios de los ejércitos. Él es el Rey de la gloria.
10. Al entrar la procesión en la Iglesia, se canta el siguiente responsorio u otro cántico alusivo a la entrada del Señor en Jerusalén:

ANTífONA 1. Los hijos de Israel, llevando ramos RESPONSORIO de olivo, salieron al encuentro del R. Al entrar el Señor en la Señor, clamando: “Hosanna en el ciudad santa, los hijos de Israel, cielo”. Si se cree conveniente, puede anticipándose a la resurrección alternarse esta antífona con los del Señor de la vida, con palmas en las manos, clamaban: Hosanna versículos del salmo 23. en el cielo. SALMO 23 Del Señor es la tierra y cuanto S. Al enterarse de que Jesús la llena, el orbe y todos sus llegaba a Jerusalén, el pueblo salió habitantes: Él la fundó sobre los a su encuentro con palmas en las mares, Él la afianzó sobre los ríos. manos, clamando: Hosanna en el ¿Quién puede subir al monte del cielo. Señor? ¿Quién podrá estar en 11. El sacerdote, al llegar al altar, hace el recinto sacro? El hombre de la debida reverencia y, si lo juzga oportuno, lo inciensa. Luego se dirige manos inocentes y puro corazón, a la sede (se quita la capa pluvial, si que no confía en los ídolos ni jura la usó, y se pone la casulla) y, omitida contra el prójimo en falso. Ése toda la otra ceremonia, da fin a la recibirá la bendición del Señor, le procesión diciendo la oración colecta hará justicia el Dios de salvación. y prosigue la misa de la manera Este es el grupo que busca al acostumbrada. Señor, que viene a tu presencia, 2ª fORMA: ENTRADA SOLEMNE 12. Donde no se pueda hacer la Dios de Jacob. ¡Portones!, alcen los dinteles, procesión fuera de la Iglesia, la levántense, puertas antiguas: va a entrada del Señor se celebra dentro del templo por medio de una entrada entrar el Rey de la gloria. ¿Quién es ese Rey de la gloria? El solemne, antes de la misa principal.

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13. Los fieles se reúnen ante la puerta del templo, o bien, dentro del mismo templo, llevando los ramos en la mano. El sacerdote, los ministros y algunos fieles, va a algún sitio adecuado del templo, fuera del presbiterio, en donde pueda ser vista fácilmente la ceremonia, al menos por la mayor parte de la asamblea. 14. Mientras el sacerdote se dirige al sitio indicado, se canta la antífona Hosanna al Hijo de David (n.4), o algún otro cántico adecuado. Después se bendicen los ramos y se lee el Evangelio de la entrada del Señor en Jerusalén, como se indicó en los nn.57. Después del Evangelio, el sacerdote va solemnemente hacia el presbiterio a través del templo, acompañado por los ministros y por algunos fieles, mientras se canta el responsorio al entrar el Señor (n.10), u otro cántico apropiado. 15. Al llegar al altar, el sacerdote hace la debida reverencia. Enseguida va a la sede y, omitida toda otra ceremonia, dice la oración colecta de la misa, que prosigue luego de la manera acostumbrada.

ANTífONA DE ENTRADA Seis días antes de la Pascua, cuando el Señor entró en Jerusalén, salieron los niños a su encuentro llevando en sus manos hojas de palmera y gritando: Hosanna en el cielo. Bendito tú que vienes lleno de bondad y de misericordia. ¡Portones!, alcen los dinteles, levántense, puertas antiguas: porque va a entrar el Rey de la gloria. Y ¿quién es ese Rey de la gloria? El Señor de los ejércitos es el Rey de la gloria. Bendito tú que vienes lleno de bondad y de misericordia (Sal 23,9-10).
19. Cuando no se puede hacer ni la procesión ni la entrada solemne, es conveniente hacer una celebración de la palabra de Dios, acerca de la entrada mesiánica y de la Pasión del Señor, ya sea el sábado en la tarde, o bien el domingo, a la hora más oportuna.

3ª fORMA: ENTRADA SENCILLA
16. En todas las demás misas de este domingo, en las que no se hace la entrada solemne, se recuerda la entrada del Señor en Jerusalén por medio de una entrada sencilla. 17. Mientras el sacerdote se dirige al altar, se canta la antífona de entrada con su salmo que indicaremos más adelante, u otro cántico sobre el mismo tema. El sacerdote, al llegar al altar, hace la debida reverencia, va a la

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sede y saluda al pueblo. Luego sigue la misa de la manera acostumbrada. 18. En las misas sin pueblo y en las misas en que no es posible cantar la antífona de entrada, el sacerdote, después de llegar al altar y de haber hecho la debida reverencia, saluda al pueblo, lee la antífona de entrada y prosigue la misa de la manera acostumbrada.

LA SANTA MISA
20. Después de la procesión o de la entrada solemne, el sacerdote comienza la misa con la oración colecta.

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ORACIÓN COLECTA ios todopoderoso y eterno, que has querido entregarnos como ejemplo de humildad a Cristo, nuestro salvador, hecho hombre y clavado en una cruz, concédenos vivir según las enseñanzas de su pasión, para participar con Él, un día, de su gloriosa resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.
21. No se llevan velas ni incienso para la lectura de la Pasión del Señor, ni se hace al principio el saludo, ni se signa el libro. La lectura la hace un diácono o, en su defecto, el sacerdote. Puede también ser hecha por lectores, reservando al sacerdote, si es posible, la parte correspondiente a Cristo. Solamente los diáconos piden la bendición del celebrante antes del canto de la Pasión, como se hace antes del Evangelio. 22. Después de la lectura de la Pasión, puede tenerse, si se cree oportuno, una breve homilía. Se dice Credo. La Misa de hoy tiene tres lecturas, y es muy recomendable leerlas todas, a no ser que alguna razón pastoral aconseje lo contrario. Dada la importancia de la Pasión del Señor, el sacerdote, en las Misas con el pueblo, y de acuerdo con las características de los fieles de cada asamblea, puede omitir una de las dos primeras lecturas, o ambas, y leer sólo la Pasión del Señor.

MONICIÓN A LA 1ª LECTURA Pongamos atención a esta primera lectura donde el profeta Isaías nos habla de un hombre totalmente fiel al Señor; que a pesar de sufrir mucho mantiene su esperanza en Dios. Este hombre, a quien se refiere, es Jesús. 1ª LECTURA: Is 50,4-7. Lectura del profeta Isaías Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor Dios me ha abierto el oído; y yo no me he rebelado ni me he echado atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que jalaban mi barba. No oculté el rostro a insultos y salivazos. Mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido; por eso ofrecí el rostro como pedernal, y sé que no quedaré avergonzado. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor. SALMO RESPON. (Sal 21) R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? L. Al verme se burlan de mí, hacen muecas, menean la cabeza: «Acudió al Señor, que le ponga a salvo; que lo libre si tanto lo quiere.» /R.

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L. Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores: me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos. /R. L. Se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. /R. L. Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré. Fieles del Señor, alábenlo, linaje de Jacob, glorifíquenlo, témanlo, linaje de Israel. /R. MONICIÓN A LA 2ª LECTURA San Pablo, nos presenta a Cristo como un hombre que se humilló a sí mismo por obediencia, aceptó morir en la cruz; aceptó rebajarse, hacerse el culpable, para que, con su muerte, los seres humanos tuviéramos vida abundante. Por eso, Dios lo puso sobre todas las cosas. 2ª LECTURA: fil 2, 6-11. Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los filipenses Hermanos: Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el «Nombre-sobretodo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el Cielo, en la Tierra, en el Abismo, y toda lengua proclame: « ¡Jesucristo es Señor!», para gloria de Dios Padre. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor. MONICIÓN A LA LECTURA DE LA PASIÓN SEGÚN SAN LUCAS Escucharemos, ahora, la narración de la pasión del Señor. Toda esta lectura nos hace participar en los sufrimientos de Cristo durante su camino al calvario. Contemplemos, pues, con fe este camino de amor que siguió Cristo para darnos la vida con la gloria de su resurrección. EVANGELIO: Lc 22, 14 – 23, 56. + Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según san Lucas A. Gloria a ti, Señor. C. Llegada la hora de cenar, se sentó Jesús con sus discípulos, y les dijo: †. “Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de padecer, porque yo les aseguro que ya no la volveré a celebrar, hasta que tenga cabal cumplimiento en el Reino de Dios”. C. Luego tomó en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias y dijo:

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†. “Tomen esto y repártanlo entre ustedes, porque les aseguro que ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios”. C. Tomando después un pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: †. “Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”. C. Después de cenar, hizo lo mismo con una copa de vino, diciendo: †. “Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes”. “Pero miren: la mano del que me va a entregar está conmigo en la mesa. Porque el Hijo del hombre va a morir, según lo decretado; pero ¡ay de aquel hombre por quien será entregado!” C. Ellos empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos podía ser el que lo iba a traicionar. Después los discípulos se pusieron a discutir sobre cuál de ellos debería ser considerado como el más importante. Jesús les dijo: †. “Los reyes de los paganos los dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Pero ustedes

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no hagan eso, sino todo lo contrario: que el mayor entre ustedes actúe como si fuera el menor, y el que gobierna, como si fuera un servidor. Porque, ¿quién vale más, el que está a la mesa o el que sirve? ¿Verdad que es el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de ustedes como el que sirve. Ustedes han perseverado conmigo en mis pruebas, y yo les voy a dar el Reino, como mi Padre me lo dio a mí, para que coman y beban a mi mesa en el Reino, y se siente cada uno en un trono, para juzgar a las doce tribus de Israel”. Luego añadió: “Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido permiso para zarandearlos como trigo; pero yo he orado por ti, para que tu fe no desfallezca; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos”. Él le contestó: “Señor, estoy dispuesto a ir contigo incluso a la cárcel y a la muerte”. Jesús le replicó: “Te digo, Pedro, que hoy, antes de que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces”. Después les dijo a todos ellos: “Cuando los envié sin

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provisiones, sin dinero ni sandalias, ¿acaso les faltó algo?”. Ellos contestaron: “Nada”. Él añadió: “Ahora, en cambio, el que tenga dinero o provisiones, que los tome; y el que no tenga espada, que venda su manto y compre una. Les aseguro que conviene que se cumpla esto que está escrito de mí: Fue contado entre los malhechores, porque se acerca el cumplimiento de todo lo que se refiere a mí”. Ellos le dijeron: “Señor, aquí hay dos espadas”. Él les contestó: “¡Basta ya!”. Salió Jesús, como de costumbre, al monte de los Olivos y lo acompañaron los discípulos. Al llegar a este sitio, les dijo: “Oren, para no caer en la tentación”. Luego se alejó de ellos a la distancia de un tiro de piedra y se puso a orar de rodillas, diciendo: “Padre, si quieres, aparta de mí esta amarga prueba; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Se le apareció entonces un

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ángel para confortarlo; Él, en su angustia mortal, oraba con mayor insistencia, y comenzó a sudar gruesas gotas de sangre, que caían hasta el suelo. Por fin terminó su oración, se levantó, fue hacia sus discípulos y los encontró dormidos por la pena. Entonces les dijo: “¿Por qué están dormidos? Levántense y oren para no caer en la tentación”. Todavía estaba hablando, cuando llegó una turba encabezada por Judas, uno de los Doce, quien se acercó a Jesús para besarlo. Jesús le dijo: “Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?” Al darse cuenta de lo que iba a suceder, los que estaban con Él dijeron: “Señor, ¿los atacamos con la espada?. Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Jesús intervino, diciendo: “¡Dejen! ¡Basta!” Le tocó la oreja y lo curó. Después Jesús dijo a los sumos sacerdotes, a los encargados del templo y a los ancianos que habían venido a arrestarlo: “Han venido a aprehenderme con espadas y palos, como si

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fuera un bandido. Todos los días he estado con ustedes en el templo y no me echaron mano. Pero ésta es su hora y la del poder de las tinieblas”. Ellos lo arrestaron, se lo llevaron y lo hicieron entrar en la casa del sumo sacerdote. Pedro los seguía desde lejos. Encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor y Pedro se sentó también con ellos. Al verlo sentado junto a la lumbre, una criada se le quedó mirando y dijo: “Este también estaba con Él”. Pero Él lo negó diciendo: “No lo conozco, mujer”. Poco después lo vio otro y le dijo: “Tú también eres uno de ellos”. Pedro replicó: “¡Hombre, no lo soy!”. Y como después de una hora, otro insistió: “Sin duda que éste también estaba con Él, porque es galileo”. Pedro contestó: “¡Hombre, no sé de qué hablas!”. Todavía estaba hablando, cuando cantó un gallo. El Señor, volviéndose, miró a Pedro. Pedro se acordó entonces de las palabras que el Señor le había dicho: ‘Antes de

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que cante el gallo, me negarás tres veces’, y saliendo de allí se soltó a llorar amargamente. Los hombres que sujetaban a Jesús se burlaban de Él, le daban golpes, le tapaban la cara y le preguntaban: “¿Adivina quién te ha pegado?” Y proferían contra Él muchos insultos. Al amanecer se reunió el consejo de los ancianos con los sumos sacerdotes y los escribas. Hicieron comparecer a Jesús ante el sanedrín y le dijeron: “Si tú eres el Mesías, dínoslo”. Él les contestó: “Si se lo digo, no lo van a creer; y si les pregunto, no me van a responder. Pero ya desde ahora, el Hijo del hombre está sentado a la derecha de Dios todopoderoso”. Dijeron todos: “Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?” Él les contestó: “Ustedes mismo lo han dicho: sí lo soy” Entonces ellos dijeron: “¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca”. El consejo de los ancianos con los sumos sacerdotes y los escribas, se levantaron y llevaron a Jesús ante Pilato.

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Entonces comenzaron a acusarlo diciendo: “Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación y oponiéndose a que se pague tributo al César, y diciendo que Él es el Mesías rey”. Pilato preguntó a Jesús: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Él le contestó: “Tú lo has dicho”. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la turba: “No encuentro ninguna culpa en este hombre”. Ellos insistían con más fuerza, diciendo: “Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí”. Al oír esto. Pilato preguntó si era galileo, y al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió, ya que Herodes estaba en Jerusalén precisamente por aquellos días. Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento, porque hacía mucho tiempo que quería verlo, pues había oído hablar mucho de Él y esperaba presenciar algún milagro suyo. Le hizo muchas preguntas, pero Él no le contestó ni una palabra. Estaban ahí los sumos

sacerdotes y los escribas, acusándolo sin cesar. Entonces Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de Él, y le mandó poner una vestidura blanca. Después se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes eran enemigos. Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, y les dijo: “Me han traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; pero yo lo he interrogado delante de ustedes y no he encontrado en Él ninguna de las culpas de que lo acusan. Tampoco Herodes, porque me lo ha enviado de nuevo. Ya ven que ningún delito digno de muerte se ha probado. Así pues, le aplicaré un escarmiento y lo soltaré”. Con ocasión de la fiesta, Pilato tenía que dejarles libre a un preso. Ellos vociferaron en masa, diciendo: “¡Quita a ése! ¡SuÉltanos a Barrabás!” A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio. Pilato volvió a dirigirles la palabra, con la intención de poner en libertad a Jesús; pero

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ellos seguían gritando: “¡Crucifícalo, crucifícalo!” Él les dijo por tercera vez: “¿Pues qué ha hecho de malo? No he encontrado en Él ningún delito que merezca la muerte; de modo que le aplicaré un escarmiento y lo soltaré”. Pero ellos insistían, pidiendo a gritos que lo crucificara. Como iba creciendo el griterío, Pilato decidió que se cumpliera su petición; soltó al que le pedían, al que había sido encarcelado por revuelta y homicidio, y a Jesús se lo entregó a su arbitrio. Mientras lo llevaban a crucificar, echaron mano a un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo obligaron a cargar la cruz, detrás de Jesús. Lo iba siguiendo una gran multitud de hombres y mujeres, que se golpeaban el pecho y lloraban por Él. Jesús se volvió hacia las mujeres y les dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren por ustedes y por sus hijos, porque van a venir días en que se dirá: ‘¡Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado!’. Entonces dirán a los montes: ‘Desplómense sobre nosotros’, y a las colinas: ‘Sepúltenos’,

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porque si así tratan al árbol verde, ¿qué pasará con el seco?”. Conducían, además, a dos malhechores, para ajusticiarlos con Él. Cuando llegaron al lugar llamado “la Calavera”, lo crucificaron allí, a Él y a los dos malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía desde la cruz: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Los soldados se repartieron sus ropas, echando suertes. El pueblo estaba mirando. Las autoridades le hacían muecas, diciendo: “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si Él es el Mesías de Dios, el elegido”. También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a Él, le ofrecían vinagre y le decían: “Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”. Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: “Este es el rey de los judíos”. Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole: “Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro le reclamaba, indignado:

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S. “¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho”. C. Y le decía a Jesús: S. “Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí”. C. Jesús le respondió: †. “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”. C. Era casi el mediodía, cuando las tinieblas invadieron toda la región y se oscureció el sol hasta las tres de la tarde. El velo del templo se rasgó a la mitad. Jesús, clamando con voz potente, dijo: †. “¡Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu!”. C. Y dicho esto, expiró.

y permanecían mirando todo aquello. Un hombre llamado José, consejero del sanedrín, hombre bueno y justo, que no había estado de acuerdo con la decisión de los judíos ni con sus actos, que era natural de Arimatea, ciudad de Judea, y que aguardaba el Reino de Dios, se presentó ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Lo bajó de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde no habían puesto a nadie todavía. Era el día de la Pascua y ya iba a empezar el sábado. Las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea acompañaron a José para ver el sepulcro y cómo colocaban el cuerpo. Al Aquí todos se arrodillan y se hace una regresar a su casa, prepararon breve pausa. perfumes y ungüentos, y el C. El oficial romano, al ver lo sábado guardaron reposo, que pasaba, dio gloria a Dios, conforme al mandamiento. diciendo: Palabra de Señor. S. “Verdaderamente este hombre A. Gloria a ti, Señor Jesús. era justo”. Se dice Credo. C. Toda la muchedumbre ORACIÓN DE LOS fIELES que había acudido a este C. Invoquemos, hermanos a espectáculo, mirando lo que Cristo, aclamado por los humildes ocurría, se volvió a su casa al entrar hoy en Jerusalén y, dándose golpes de pecho. pidámosle la paz, la solidaridad Los conocidos de Jesús se y el amor para nuestro mundo, mantenían a distancia, lo diciendo: mismo que las mujeres que lo Venga a nosotros, tu Reino, habían seguido desde Galilea, Señor.

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1. Por el mundo, que anhela la paz y la justicia, para que Cristo nuestro Salvador lo encamine a lograr la sinceridad de las conciencias. Oremos. 2. Por el mundo cristiano, pero pecador, para que nuestro Redentor le haga sentir el desorden del pecado y la urgente necesidad de la conversión. Oremos. 3. Por la Iglesia, entregada a la oración, para que el Señor Jesucristo suscite numerosos discípulos que lo sigan, consagrándose totalmente a la obra de la salvación. Oremos. 4. Pidamos especialmente por los enfermos, por los que pasan tribulación, por quienes están solos, por todos los que padecen necesidad, para que se sientan confortados y unidos a Cristo. Oremos. 5. Por todos los que estamos aquí presentes, para que sintamos que nuestro homenaje a Cristo Rey debe transformarse en un auténtico compromiso de vida cristiana, cada día más entregada al servicio de nuestros hermanos. Oremos. 6. Por todos los miembros de esta comunidad, para que celebremos de tal modo estos días santos que progresemos en nuestro camino de seguimiento a Cristo. Oremos.

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C. Señor Jesús, al celebrar como tus discípulos el día de tu entrada en Jerusalén, te pedimos la gracia de poder ofrecerte una fe ardiente y una firme voluntad de llevar la cruz que Tú nos propones y, así, glorificar tu nombre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. O. SOBRE LAS OfRENDAS ue la pasión de tu Hijo, actualizada en este santo sacrifico que vamos a ofrecerte, nos alcance, Señor, de tu misericordia, el perdón que no podemos merecer por nuestras obras. Por Jesucristo, nuestro Señor. O. DESPUÉS DE LA COMUNIÓN ú que nos has alimentado con esta Eucaristía, y por medio de la muerte de tu Hijo nos das la esperanza de alcanzar lo que la fe nos promete, concédenos, Señor, llegar, por medio de la resurrección, a la meta de nuestras esperanzas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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sobre algunos elementos de suma importancia: debemos servirle a Cristo Jesús tal y como Marta nos lo enseña: “Marta servía”. Todos estamos llamados a servir con alegría y con entusiasmo en nuestras familias y comunidades para hacer posible la vivencia de la felicidad tal como Jesús nos lo enseñó. Debemos servir de forma desinteresada. Debemos estar también con Él a la mesa como Lázaro. Esto significa que, nunca debemos apartarnos de la Eucaristía, así lo expresaba Monseñor Castro: “en este misterio profundo está Jesucristo, desde allí nos ve, nos escucha nos consuela y arde en deseos de que le conozcamos, le amemos, le hagamos nuestro para llenarnos de sus dones”. Debemos esforzarnos por tener un corazón limpio para estar a los pies de la mesa eucarística donde Jesús se hace presente. Debemos ungir los pies de Jesús tal como nos lo enseña María. Actualmente, cuando tantas personas sufren injusticias, reina la división, el odio, la crueldad; como discípulos y misioneros hemos de ungir los pies de tantos

En el cántico de Isaías encontramos elementos muy importantes. Primeramente, el “siervo” es un elegido de Dios. Él lo sostiene, lo protege. Es su “preferido”. En segundo lugar, Dios ha puesto sobre Él su Espíritu, será su guía y le dará la fortaleza para realizar su misión. Y, por último, el profeta describe la misión que Dios ha confiado a su Siervo: promover fielmente el derecho y la justicia en la tierra. Para realizar su obra “no vacilará ni se quebrará” (Is 42,4), no hará uso de ninguna forma de violencia: no vociferará por las calles, no romperá la caña quebrada, no apagará la mecha humeante. (Is 42,2-3). Ahora, bien, debemos seguir su ejemplo. Estamos viviendo en una sociedad consumista y liberal donde no existe justicia ni amor. Hoy, el Señor nos invita a seguir sus pasos. Debemos promover la paz y la reconciliación sin llegar a ningún tipo de violencia, el Señor nos dice que sólo el amor, bien entendido, hará posible la construcción de una sociedad digna y justa, como lo muestra en su Evangelio. El Evangelio por su parte, nos invita en este día, a reflexionar

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hombres y mujeres con el perfume del perdón, de la reconciliación y, sobre todo, del amor. Debemos preocuparnos por ser buen olor de Dios para los desposeídos y marginados de la sociedad. Muchas veces, como cristianos, nos podemos identificar con Judas puesto que estamos sujetos a tanto tener y no nos importan los demás, no nos importa que el otro esté sufriendo. Estamos apegados a hacer dinero y lo que nos interesa es tener dinero. Criticamos a tantas personas que, como María, ungen los pies de Jesús haciendo obras de caridad, ayudando a la Iglesia y a los pobres, a tantos hermanos y hermanas que se acercan a Cristo desde la sencillez del corazón viviendo plenamente la vida sacramental. No nos interesa ungir con el perfume de la paz, del amor, de la renovación de la gracia, de la justicia a Jesús: nos interesa sobre todo estar sujetos a tanto tener y hacer terrenalmente, pero esto es simplemente vacío. Pbro. José Luis García. MONICIÓN DE ENTRADA Queridos hermanos: Estamos hoy iniciando la Semana Santa; una semana cargada de profundo sentido cristiano, donde meditaremos acerca de los misterios esenciales de nuestra

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fe: Jesús, que pasó su vida haciendo el bien, es condenado a muerte, sufre la pasión y nos libera del pecado con su resurrección. Pidámosle al Señor, que nos ayude a acompañarle en su pasión, para desterrar nuestro pecado y salir con Él, victoriosos, al encuentro de los hermanos que sufren y se sienten o están abandonados. Iniciemos, con espíritu humilde, esta celebración fraterna. ORACIÓN COLECTA oncédenos, Señor, nueva fuerza para no sucumbir a nuestras humanas debilidades, por los méritos de la pasión de tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. MONICIÓN A LA 1ª LECTURA El siervo de Yahvé viene a instaurar la justicia y la paz en las naciones, así nos lo narra el profeta Isaías. Los cristianos hemos de ser fuente de liberación para tantos seres humanos que están hundidos en la miseria, el pecado y la falta de fe. Escuchemos. 1ª LECTURA: Is 42, 1-7. Lectura del profeta Isaías Miren a mi siervo, a quien sostengo; a mi elegido, en quien tengo mis complacencias. En Él he puesto mi espíritu, para que haga brillar la justicia sobre las

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naciones. No gritará ni clamará, no hará oír su voz en las plazas, no romperá la caña resquebrajada, ni apagará la mecha que aún humea. Proclamará la justicia con firmeza, no titubeará ni se doblegará, hasta haber establecido el derecho sobre la tierra y hasta que las islas escuchen su enseñanza. Esto dice el Señor Dios, el que creó el cielo y lo extendió, el que dio firmeza a la tierra, con lo que en ella brota; el que dio el aliento a la gente que habita la tierra y la respiración a cuanto se mueve en ella: “Yo, el Señor, fiel a mi designio de salvación, te llamé, te tomé de la mano; te he formado y te he constituido alianza de un pueblo, luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas”. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor. SALMO RESP. (Sal 26) R. El Señor es mi luz y mi salvación L. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar? /R.

L. Cuando me asaltan los malvados para devorarme, ellos, enemigos y adversarios, tropiezan y caen. /R. L. Aunque se lance contra mí un ejército, no temerá mi corazón; aun cuando hagan la guerra contra mí, tendré plena confianza en el Señor. /R. L. La bondad del Señor espero ver en esta misma vida. Ármate de valor y fortaleza y en el Señor confía. /R. MONICIÓN AL STO. EVANGELIO En el Evangelio se nos narra cómo María, la hermana de Lázaro, unge con perfumes los pies de Jesús, en señal de distinción y respeto. La actitud de servicio surge de un corazón humilde, que se compromete auténticamente con el amor a los más necesitados para transformar la sociedad. Escuchemos. EVANGELIO: Jn 12, 1-11. Lectura del santo Evangelio según san Juan. A. Gloria a ti, Señor. Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con Él en la mesa. María tomó entonces una libra de perfume de nardo auténtico,

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muy costoso, le ungió a Jesús los pies con Él y se los enjugó con su cabellera, y la casa se llenó con la fragancia del perfume. Entonces Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que iba a entregar a Jesús, exclamó: “¿Por qué no se ha vendido ese perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?” Esto lo dijo, no porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía a su cargo la bolsa, robaba lo que echaban en ella. Entonces dijo Jesús: “Déjala. Esto lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán”. Mientras tanto, la multitud de judíos, que se enteró de que Jesús estaba allí, acudió, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien el Señor había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes deliberaban para matar a Lázaro, porque a causa de Él, muchos judíos se separaban y creían en Jesús. Palabra del Señor. A. Gloria a ti, Señor Jesús. ORACIÓN DE LOS fIELES C. Adoremos a Jesús, el salvador de la humanidad, que muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró la vida y, pidámosle, humildemente:

Santifícanos con tu sangre. 1. Por cada uno de nosotros, para que, en esta Semana Santa podamos dar lo mejor de sí, sirviendo desinteresadamente a los más desamparados. Oremos. 2. Para que, al conmemorar el máximo sacrificio de amor que hizo Jesús por nosotros, podamos disponernos a amar sin reservas a nuestros hermanos, ayudándoles a que encuentren sentido a su existencia, aún en la pobreza extrema o el dolor profundo, que los hace participar, también, de la cruz del Señor. Oremos. 3. Por todas las personas que viven alejadas del amor misericordioso del Padre, para que, a través de nuestro testimonio de vida puedan convencerse de que sólo en Jesús podemos experimentar el gozo de la vida en plenitud. Oremos. 4. Por los jóvenes que viven desconcertados para que el Señor los ayude a reconocerlo vivo y presente en medio de las personas que les hacen el bien. Oremos. C. Escucha, Señor, las plegarias que tu pueblo te presenta, confiado de que siempre las atiendes. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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En esta santa misa se hace la recepción de los santos óleos en la comunidad parroquial. Y, si se juzga oportuno, puede administrarse el sacramento de la Unción de los enfermos. En ausencia del sacerdote, sólo se reciben los santos óleos.

“En ti manifestaré mi gloria” (Is 49, 3) La manifestación de Dios a través de las palabras sagradas del libro de Isaías, es la introducción específica del autor en el martes santo, haciendo memoria del proyecto de salvación que se ejerce sobre el pueblo de Israel: “Te voy hacer luz de las gentes […] hasta el confín de la tierra” (Is 49, 6) La salvación que nos viene desde los orígenes de la creación, poco a poco, va llegando a su plenitud a través de la experiencia de fe y obediencia, que posee todo aquel que se convierte en instrumento de salvación para otros. De esta manera, el triunfo final será Yahvé, que es leal y que ha

elegido al pueblo de Israel para hacerse presente en la vida e historia de quienes cumplen sus mandatos y se alegran de su promesa. “En verdad les digo que uno de ustedes me entregará” (Jn 13, 21) El relato del evangelista Juan hace memoria de una de las situaciones que precedieron a la entrega total de Jesús. La traición produce tensión en la vida de los discípulos y el anuncio de la partida del Señor, abre expectativa en quienes han aprendido a amarle, llenos de sus doctrinas de amor, reconociéndole como Maestro. Sin embargo, las palabras de despedida de Jesús y el mandamiento del amor comprometen a los discípulos a

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O. SOBRE LAS OfRENDAS ira, Señor, con bondad, este sacrificio que tú instituiste misericordiosamente para reparar el daño de nuestros pecados, y hazlo producir en nosotros abundantes frutos de vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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O. DESPUÉS DE LA COMUNIÓN uédate, Señor, con nosotros y protege con tu amor infatigable nuestros corazones santificados por esta Eucaristía, para que podamos conservar siempre las gracias que hemos recibido de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

una nueva forma de vida. En este sentido, el mensaje de la amistad se ejerce ante dos figuras: la primera en traición y otra en compromiso: “Yo daré mi vida por ti” (Jn 13, 38); pero, dar la vida por Jesús es dejarlo todo y entregarse plenamente, ya que no refiere a una prueba de amor solamente sino a un sacrificio de salvación. Hoy, Martes santo, estamos llamados a entregarnos totalmente en las manos del Señor, porque únicamente podemos salvarnos con Él y en Él, cuyo sacrificio sigue representando para todos la más hermosa acción de vida que ha pasado en la humanidad. Consecuentemente, en el inicio de estos días santos, estamos llamados a rescatar los valores personales que nos hacen partícipes del bien común, cosechando no solamente éxitos, sino también reuniendo los bienes eternos; haciendo una búsqueda continua de la santidad, en una permanente construcción de la civilización del amor. Los hombres y mujeres de hoy deben tomar conciencia de sentirse salvados por el amor; un amor que no tiene barreras tal y como lo vemos en la liturgia, donde no es la muestra de un sentimiento simple sino que se reconoce su

importancia en la entrega total por los demás, siendo de esta manera nuestra praxis diaria una ofrenda agradable, no únicamente para nuestro entorno, sino agradable al Padre que reconoce nuestro amor en su amor paternal. Hoy, en algunas Diócesis de Venezuela, se ha celebrado la Santa Misa Crismal, donde el Obispo hace la bendición de los santos óleos. A las catedrales van los fieles en peregrinación, demostrando respeto por los dones divinos, como respuesta de una fe viva que se extiende en este año celebrativo, donde buscamos todos renovar esa fe en Cristo, que con su presencia ha cambiado los rumbos de la historia, haciendo de la muerte el resurgir a la vida y a la eternidad para todos. Amigos, que Dios, en esta semana, renueve en ustedes la luz del amor en sus vidas, dando el perdón y pidiéndolo, consiguiendo para sí, la alegría de ser rescatados por el Hijo que siempre estuvo dispuesto a cumplir la voluntad del Padre, que se ha quedado en nosotros en el Espíritu Santo, en su presencia viva; recordándonos que nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Pbro. Ramón Alberto Parra B.

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MONICIÓN DE ENTRADA Queridos hermanos: Estamos acercándonos ya a la celebración del Triduo Pascual. En este día santo la liturgia de la Palabra nos ayuda a contemplar a Jesús, que es atado a la columna y recibe azotes inhumanos por parte de quienes lo condenan. Durante esta semana, hemos de reflexionar sobre cuáles son las actitudes contrarias al Evangelio que siguen crucificando a tantos hombres y mujeres de nuestra sociedad, y pedirle al Señor que nos ayude a cambiar, para que podamos participar con Él, de la alegría de la pascua. Iniciemos, pues, con corazón contrito esta celebración cuaresmal. ORACIÓN COLECTA ios todopoderoso y eterno, ayúdanos a celebrar los misterios de la pasión del Señor con tal fe y arrepentimiento, que podamos merecer tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo. MONICIÓN A LA RECEPCIÓN DE LOS ÓLEOS En todas las culturas, el aceite es signo de abundancia, de alegría, purifica antes y después del baño, suaviza la piel, cicatriza las heridas, da agilidad, signo de curación y, al mismo tiempo, causa en quien lo recibe la pureza y la fuerza.

Sagrado Crisma: Crisma, en latín, significa cabeza, este aceite consagrado, está elaborado con plantas aromáticas perfumadas y aceites, que expresan su realidad para quien es ungido. Cristo mismo fue ungido y consagrado por el Padre para la Misión que le encomendaba. Este aceite será utilizado para ungir la cabeza de los recién bautizados y para aquellos que son confirmados, le concede la plenitud del Espíritu Santo. El Crisma se utiliza, también, en Ordenación de los presbíteros, ellos son ungidos en las manos y en la consagración episcopal, los obispos son ungidos en la cabeza. Óleo de los Enfermos: Este Aceite Sagrado es extraído del aceite de oliva, o con aceite de otras plantas vegetales. Es signo de purificación y fortaleza cuando el cristiano es probado en la enfermedad, robustece la fe, expresa curación y consuelo y, al mismo tiempo, es signo de la presencia de Dios en el necesitado no sólo de sanación física sino también espiritual. Óleo de los Catecúmenos: Este Óleos es también extraído del aceite de oliva, se utiliza en el pecho de los que van a recibir el Sacramento del Bautismo. Es signo de valentía, para que el

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cristiano no tenga miedo ni temor ante los peligros, tentaciones y pecados. Es signo de fortaleza y entrega a Cristo y a la Iglesia. La unción con este aceite expresa también purificación. MONICIÓN 1ª LECTURA En la primera lectura, notamos cómo, humanamente, duele el esfuerzo y la lucha que acarrean las tareas de evangelización si se les compara con los frutos recogidos; pero, ¿acaso tenemos que ser al mismo tiempo sembradores y cosechadores? Escuchemos. 1ª LECTURA: Is 49,1-6. Lectura del profeta Isaías Escúchenme, islas; pueblos lejanos atiéndanme. El Señor me llamó desde el vientre de mi madre; cuando aún estaba yo en el seno materno, Él pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada filosa, me escondió en la sombra de su mano, me hizo flecha puntiaguda, me guardó en su aljaba y me dijo: “Tú eres mi siervo, Israel; en ti manifestaré mi gloria”. Entonces yo pensé: “En vano me he cansado, inútilmente he gastado mis fuerzas; en realidad mi causa estaba en manos del Señor, mi recompensa la tenía mi Dios”. Ahora habla el Señor, el que me formó desde el seno materno, para que fuera

su servidor, para hacer que Jacob volviera a Él y congregar a Israel en torno suyo -tanto así me honró el Señor y mi Dios fue mi fuerzaAhora, pues, dice el Señor: “Es poco que seas mi siervo sólo para restablecer a las tribus de Jacob y reunir a los sobrevivientes de Israel; te voy a convertir en luz de las naciones, para que mi salvación llegue hasta los últimos rincones de la tierra”. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor. SALMO RESP. (Sal 70) R. En ti, Señor, he puesto mi esperanza. L. A ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre; tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, inclina a mí tu oído, y sálvame. /R. L. Sé tú mi roca de refugio, la fortaleza donde me salve, porque mi peña y mi defensa eres tú, Dios mío, líbrame de la mano perversa. /R. L. Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud. En el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno, tú me sostenías. /R. L. Mi boca contará tu auxilio, y todo el día tu salvación. Dios mío, me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas. /R.

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MONICIÓN AL STO. EVANGELIO Ninguno de nosotros estamos exentos de ser poseídos por el poder de las tinieblas. Hemos de pedir al Señor que nos libre, en todo momento, de vivir fuera de la luz, apartados de su gracia y su misericordia. Escuchemos, atentos, esta Buena Noticia que hoy se nos proclamará. EVANGELIO: Jn 13,21-33.36-38. + Lectura del santo Evangelio según san Juan A. Gloria a ti, Señor. En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: «En verdad, en verdad les digo que uno de ustedes me entregará». Los discípulos se miraban unos a otros, sin saber de quién hablaba. Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa a su lado. Simón Pedro le hace una seña y le dice: «Pregúntale de quién está hablando». Él, recostándose sobre el pecho de Jesús, le dice: «Señor, ¿quién es?» Le responde Jesús: «Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar». Y, mojando el bocado, lo toma y se lo da a Judas, hijo de Simón Iscariote. Y entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. Jesús le dice: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto». Pero ninguno de los comensales entendió por qué se lo decía. Como Judas tenía la

bolsa, algunos pensaban que Jesús quería decirle: «Compra lo que nos hace falta para la fiesta», o que diera algo a los pobres. En cuanto tomó Judas el bocado, salió. Era de noche. Cuando salió, dice Jesús: «Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en Él. Si Dios ha sido glorificado en Él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto». «Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con ustedes. Ustedes me buscarán, y, lo mismo que les dije a los judíos, que adonde yo voy, ustedes no pueden venir, les digo también ahora a ustedes. Simón Pedro le dice: «Señor, ¿a dónde vas? »Jesús le respondió: «Adonde yo voy no puedes seguirme ahora; me seguirás más tarde». Pedro le dice: «¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti». Le responde Jesús: «¿Que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes que tú me hayas negado tres veces». Palabra del Señor. A. Gloria a ti, Señor Jesús. ORACIÓN DE LOS fIELES C. Antes de compartir el memorial de la muerte y resurrección de Jesús, reconozcamos nuestras limitaciones y necesidades, y pidamos a Dios que nos auxilie, diciendo: Escúchanos Padre.

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1. Por la Iglesia, para que no desfallezca en la misión de proclamar la Buena Noticia del Reino a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Oremos. 2. Por todos nuestros gobernantes, para que promuevan el bien común y la justicia entre todos los pueblos y naciones. Oremos. 3. Por todas las personas que, durante estos días santos, se encuentran desorientadas, para que el Espíritu Santo toque sus corazones y se acerquen a la fuente de la vida, que es Cristo, nuestro Señor. Oremos. 4. Por todos los jóvenes que se sienten llamados por el Señor a la vida sacerdotal o religiosa, para que puedan responderle con generosidad y alegría. Oremos. 5. Por cada uno de nosotros, para que sepamos dar buen testimonio del nombre de cristianos en cada uno de los ambientes donde nos encontremos. Oremos. C. Padre misericordioso, acoge benigno las súplicas que te presentamos y ayúdanos ser proclamadores de tu infinito amor a toda la humanidad. Por Cristo, tu Hijo, nuestro Señor.

A

P

O. SOBRE LAS OfRENDAS cepta, Señor, con bondad este pan y este vino que te presentamos, y concede a cuantos quieres hacernos partícipes del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, llegar a poseerlo plenamente en tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. O. DESPUÉS DE LA COMUNIÓN or medio de este sacramento, que ya desde ahora nos comunica tu fuerza, concédenos, Padre misericordioso, participar de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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MIÉRCOLES

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morado

MARzO
seré yo el que asuma tu cruz y sea un verdadero profeta? ¿acaso seré yo el que pase como creyente haciendo el bien a mis hermanos? o, por el contrario, ¿seré yo el que al igual que Judas está esperando la oportunidad para negarte ante el mundo? Estamos invitados a preparar verdaderamente la conmemoración del santo Triduo Pascual. A partir de hoy, comencemos a cargar y, sobre todo, a asumir nuestras cruces. Con humildad, debemos pedirle al Señor que nos ayude, que nos dé fuerza y fortaleza, para que, llevando con amor nuestra cruz podamos comer la pascua con nuestro maestro, Jesús de Nazaret. Somos nosotros, los más cercanos al Señor, los que en muchas oportunidades queremos traicionar al Maestro y a nuestra Iglesia. Hoy traicionamos a Jesús no por monedas que no tienen ningún valor, sino que seguimos traicionándolo cuando nos olvidamos de quién es mi prójimo. Al Señor lo traicionamos cuando no hacemos el bien, cuando no miramos con misericordia al otro; cuando no asumimos en nuestras

Queridos hermanos: Hoy en muchas de nuestras comunidades conmemoramos a Jesús Nazareno, son multitudinarias, y a veces, extenuantes, las procesiones que hacemos con El Nazareno. Queremos acompañar, con este gesto, a aquel que asume libremente la cruz. Como creyentes, hemos de preguntarnos: ¿Seré yo, Señor, el que asuma también tu cruz? Es muy fácil, para algunos, caminar en procesiones y vestirse de morado como actos externos, pero no es tan fácil preparar interiormente la pascua del Señor y, quizá menos aún, poder comerla con Él. Aceptar, en todo momento, la voluntad del Señor no es tarea fácil y menos cuando no asumimos hacer las cosas sólo en nombre del Señor, sin antes haber entendido que sólo con nuestras fuerzas no podemos lograr grandes cosas. Esta ha sido la experiencia de muchos profetas que han asumido anunciar el Reino de Dios y su justicia, ellos han confiado y nos invitan hoy más que nunca a creer que, si Dios está con nosotros quién podrá contra nosotros. Hoy debemos preguntarnos: ¿acaso

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MIÉRCOLES SANTO

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vidas las tres obras esenciales de la cuaresma: la limosna (esto en relación a nuestros hermanos), el ayuno (en relación a nosotros mismos) y la oración (en relación a nuestro Dios). Sabemos que, asumir la cruz, no es tarea fácil, pero también sabemos que no es algo imposible de alcanzar, pidámosle al Señor que nos ayude a cargar nuestras cruces con verdadero amor. Por tal motivo, es necesario y casi que urgente que, ante muchas realidades desesperantes, como lo fue para Jesús el cargar con la cruz por nuestros pecados, nosotros podamos ser consuelo de los afligidos en medio de un mundo desolado, pero, para ello, debemos sentir que Dios está con nosotros, que nos acompaña en cada instante de nuestra vida. Hoy, más que nunca, estamos invitados, como ese ‘fulano’ del Evangelio a preparar no sólo nuestra casa sino nuestra vida entera, para que el Señor y Maestro, venga y celebre con nosotros, sus discípulos predilectos, su Pascua definitiva. Seminarista Edgar Quintero. MONICIÓN DE ENTRADA Sean bienvenidos, hermanos y amigos, a nuestra celebración. Hoy se nos invita a contemplar a Cristo sufriente, camino al calvario, con

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la pesada cruz sobre sus hombros. La cruz para nosotros es signo de salvación y de vida en la gracia divina. En nuestro mundo hay muchas personas que, en el día a día, comparten con Cristo la experiencia del dolor, que se convierte en pequeñas o grandes cruces. Encomendémosle a Dios todos los sufrimientos de los débiles y pidámosle que nos ayude a ser cirineos que aliviemos las cargas de quienes reclaman nuestra misericordia y amor sincero. Iniciemos, pues, unidos por el Espíritu, nuestra acción de gracias. ORACIÓN COLECTA adre misericordioso que, para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo sufriera por nosotros el suplicio de la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo. MONICIÓN A LA 1ª LECTURA El profeta Isaías nos anima a ser fieles discípulos del Señor, formados en la escucha de la Palabra de Dios, para consolar a todos los que viven tristes y extraviados. Hemos de comunicar el perdón y la misericordia divina a cuantos están sin esperanza.

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1ª LECTURA: Is 50,4-9. Lectura del profeta Isaías En aquel entonces, dijo Isaías: “El Señor me ha dado una lengua experta, para que pueda confortar al abatido con palabras de aliento. Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído, para que escuche yo, como discípulo. El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia, ni me he echado para atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro a los insultos y salivazos. Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso endureció mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado. Cercano esta de mí el que me hace justicia, ¿Quién luchará contra mí? ¿Quién es mi adversario? ¿Quién me acusa? Que se me enfrente. El Señor es mi ayuda, ¿quién se atreverá a condenarme?” Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor. SALMO RESP. (Sal 68) R. Por tu bondad, Señor, socórreme. L. Por ti he sufrido injurias y la vergüenza cubre mi semblante. Extraño soy y advenedizo, aun para aquellos de mi propia sangre; pues me devora el celo de tu casa, el odio del que te odia, en mí recae. / R.

L. La afrenta me destroza el corazón y desfallezco. Espero compasión y no la hallo; consoladores, y no los encuentro. En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre. /R. L. En mi cantar exaltaré tu nombre, proclamaré tu gloria, agradecido. Se alegrarán al verlo los que sufren, quienes buscan a Dios tendrán más ánimo, porque el Señor jamás desoye al pobre, ni olvida al que se encuentra encadenado. / R. MONICIÓN AL STO. EVANGELIO Es desconcertante el hecho de la traición a Jesús, por parte Judas Iscariote, uno de sus seguidores más íntimos. El amor al dinero, la ambición, la envidia o la desilusión pueden cegarnos y llevarnos a ser infieles al mensaje evangélico. Hemos de estar siempre alertas para no caer en la más vil infidelidad. Pongamos atención al santo Evangelio. EVANGELIO: Mt 26,14-25. + Lectura del santo Evangelio según san Mateo A. Gloria a ti, Señor. En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?” Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba

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buscando una oportunidad para entregárselo. El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y les preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?” Él respondió: “Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: ‘El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa’”. Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua. Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce y mientras cenaban les dijo: “Yo les aseguro que uno de ustedes va entregarme”. Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno: “¿Acaso soy yo, Señor?” Él respondió: “el que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de Él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del Hombre va ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido”. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: “¿Acaso soy yo, Maestro?” Jesús le respondió: “Tú lo has dicho”. Palabra del Señor. A. Gloria a ti Señor, Jesús.

ORACIÓN DE LOS fIELES C. A Dios todopoderoso, que en su bondad infinita, siempre nos escucha y nos bendice, dirijamos nuestra plegaria, diciendo: Jesús Nazareno, ten piedad de nosotros. 1. Por la Iglesia, para que, por medio de sus pastores y ministros sepa consolar a todos los seres humanos y, predicar la verdad, teniendo siempre los mismos sentimientos de Cristo. Oremos. 2. Por todos los que buscan a Dios, para que descubran que Jesús dio su vida por ellos y le confiesen como verdadero Dios y único Salvador. Oremos. 3. Por los que sufren a causa de la violencia o el odio, para que Dios les dé valor y los llene de la alegría y la paz que nos da el Nazareno, muerto y resucitado. Oremos. 4. Por todos los que comparten los sufrimientos de Cristo a causa de la enfermedad, la violencia o la injusticia, para que, durante estos días de gracia, se sientan confortados con el mensaje de esperanza que les comunicamos. Oremos. C. Padre santo, derrama tus bendiciones sobre este pueblo que te suplica, muéstranos tu rostro y danos tu salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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T R I D U O

P A S C U A L
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A

O. SOBRE LAS OfRENDAS cepta, Señor, los dones que te presentamos y concédenos la gracia de traducir en una vida de amor y de obediencia a tu voluntad, el misterio de la pasión de tu Hijo, que estamos celebrando. Por JNS.
MISA vESPERTINA

C

O. DESPUÉS DE LA COMUNIÓN oncédenos, Señor, Dios nuestro, creer profundamente que por la muerte de tu Hijo, padecida en el Calvario y anunciada en cada Eucaristía, tú nos has dado la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Blanco

JUEVES SANTO Cena del Señor.

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JUEvES

Según una antiquísima tradición de la Iglesia, en este día se prohíbe todas las misas sin asistencia del pueblo. En la tarde, a la hora más oportuna, se celebra la misa de la Cena del Señor, con la participación de toda la comunidad local y con la intervención, según su propio oficio, de todos los sacerdotes y ministros. Los sacerdotes que hayan concelebrado ya en la misa del Santo Crisma o por alguna otra razón pastoral, pueden concelebrar en la misa vespertina. Donde lo pida el bien de la comunidad, el Ordinario del lugar puede permitir que se celebre otra misa en la tarde en templos u oratorios públicos o semipúblicos; y en caso de verdadera necesidad, aun en la mañana, pero solamente a favor de los fieles que de ninguna manera puedan asistir a la misa de la tarde. Téngase cuidado, sin embargo, de que estas celebraciones no se hagan en provecho de personas particulares y de que no sean perjuicio de la asistencia a la misa principal. La sagrada comunión se puede distribuir a los fieles sólo dentro de la misa; pero a los enfermos se les puede llevar a cualquier hora del día. Los fieles que hayan comulgado en la mañana en la misa del Santo Crisma, pueden comulgar de nuevo en la misa de la tarde.

La liturgia de este día, nos invita a tener presente tres momentos importantes en la vida del cristiano; en primer lugar debemos reflexionar acerca de la importancia que tiene la Eucaristía en la vida del cristiano, puesto que, Pablo nos señala que, “cada vez que ustedes comen de

este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor.” (1 Co 11,26). Estamos llamados, como bautizados, a recibir con dignidad al Rey de reyes y Señor de señores, que se hace presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Debemos estar dispuestos a tener una vida digna y agradable

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a Dios, puesto que Él, al venir a nuestras vidas, convierte nuestros corazones en su sagrario para morar junto a nosotros. De ahí que, a Jesús Sacramentado no podemos recibirlo teniendo un corazón enfermo, lleno de odio, rencor, envidia, en definitiva, lleno de pecado. Antes de que Él venga a nuestras vidas debemos reconciliarnos y prepararnos y, de esta manera, esperar a Aquel que viene en cada Eucaristía y nos invita a ser felices, dejando a un lado toda ocasión y acción que nos impide la realización de la verdadera felicidad. Es en la última cena, donde Jesús se da totalmente. En ese pan partido y en esa copa de vino nos ha asegurado Él mismo que nos da su propia persona, su cuerpo y su sangre para que tengamos su propia vida, vida en la que debe reinar la paz y la hermandad. Es el sacerdote, instituido por Cristo, el que, en persona de Cristo, hace que el pan y el vino se conviertan en el Cuerpo y Sangre del Señor. Es por ello que, en segundo lugar, se nos invita a reflexionar sobre este sacramento como lo es el Orden Sacerdotal, instituido también en la cena de Pascua. Sin sacerdote no hay Eucaristía y sin Eucaristía no hay vida sacerdotal; existe una relación

de dependencia en este sentido. En este día, debemos pensar en las gracias derramadas por hombres indignos de tan alto ministerio, pero escogidos por Dios, y que en su humanidad, siguen siendo hombres como todos los hombres pero con la gracia sacerdotal. Por consiguiente, estamos llamados a respetar, ayudar y orar por todos los sacerdotes, para que, cada día más, identifiquen sus vidas con la de Cristo que se da en totalidad al servicio de los más desposeídos y de aquellos sedientos en el cuerpo y en el espíritu. Ahora bien, es el amor fraterno el centro de todo: “los amó hasta el extremo” (Jn 13,1); puesto que es en el amor y desde el amor donde Jesús realiza toda su donación. Este tercer momento es fundamental en nuestra vida como cristianos, es el mismo Jesús que nos da su mandamiento del amor mediante su Palabra: “ámense unos a otros como yo les he amado”, y, a través de un gesto: “le lavó los pies a sus discípulos”. Este signo de humildad nos lo enseña Jesús para que nosotros construyamos nuestra vida desde el servicio, desde la verdadera donación a los demás. Debemos caminar con Cristo. Todo creyente que ha sido bautizado tiene el deber de imitar la perfección de Cristo Jesús. Para

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ser como Cristo debemos eliminar nuestro camino pecaminoso y caminar junto a Él en nuestra vida diaria. Debemos guardar nuestros pies de la maldad obedeciendo la Palabra de Dios, ya que su Palabra es “lámpara para nuestros pies y lumbrera para nuestro camino.” (Sal 119). Imitar a Cristo, no sólo implica perseverar en la pureza, sino también incluye compartir su amor con los demás. Los cristianos somos llamados para apoyarnos los unos con los otros a través del servicio humilde, de la exhortación y del perdón mutuo. Pbro. José Luis García. MONICIÓN DE ENTRADA Queridos hermanos: La Misa vespertina de la Cena del Señor, tiene el carácter de pórtico en el sacro Triduo Pascual, y marca el último día de Cuaresma. La liturgia destaca la importancia de esta celebración eucarística; suprime las Vísperas de este día para quienes asisten a ella, reforzando el sentido sacerdotal y eucarístico; conmemorando la institución del Sacerdocio y de la Eucaristía y, como ejemplo vital, lo que Jesús hace con sus discípulos al lavarles los pies, con su mandato “Hagan ustedes lo mismo”. En el rito del lavatorio de los pies, se hace presente uno de

los temas del día: el mandamiento de la caridad fraterna: “ya no los llamo siervos sino amigos”. La Iglesia, al recordar estos gestos, es consciente del mandato del Señor de perpetuar su memoria haciendo presente la oblación sacrificial en la Eucaristía, “pues cada vez que celebramos este memorial de la muerte de Cristo se realiza la obra de nuestra redención”. RITOS INICIALES y LITURGIA DE LA PALABRA
1. El sagrario debe estar completamente vacío. Conságrese en esta misa suficientes hostias, de modo que alcancen para la comunión del clero y del pueblo, hoy y mañana. 2. Se dice Gloria. Mientras se canta este himno, se tocan las campanas. Terminado el canto, las campanas no vuelven a tocarse hasta la Vigilia Pascual, a no ser que la Conferencia Episcopal o el Ordinario dispongan otra cosa.

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ORACIÓN COLECTA ios nuestro, que nos ha reunido para celebrar aquella Cena en la cual tu Hijo único, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el sacrificio nuevo y eterno, sacramento de su amor, concédenos alcanzar por la participación en este sacramento, la plenitud del amor y de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

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MONICIÓN A LA 1ª LECTURA Los judíos celebraban y celebran en su cena pascual el gran acontecimiento del Éxodo: el que les constituyó como pueblo y les hizo experimentar la salvación de Dios. Y en su celebración, actualizan y participan de esa misma salvación. Escuchemos. 1ª LECTURA: Ex 12,1-8.11-14. Lectura del libro del Éxodo. En aquellos días, el Señor les dijo a Moisés y Aarón en tierra de Egipto: “Este mes será para ustedes el primero de todos los meses y el principio del año. Díganle a toda la comunidad de Israel: ‘El día diez de este mes, tomará cada uno un cordero por familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con los vecinos y elija un cordero adecuado al número de personas y a la cantidad que cada cual pueda comer. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardarán hasta el día catorce del mes, cuando toda la comunidad de los hijos de Israel lo inmolará al atardecer. Tomarán la sangre y rociarán las dos jambas y el dintel de la puerta de la casa donde vayan a comer el cordero. Esa noche comerán la carne, asada a fuego; comerán panes sin levadura y hierbas amargas.

Comerán así: con la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano y a toda prisa, porque es la Pascua, es decir, el paso del Señor. Yo pasaré esa noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados. Castigaré a todos los dioses de Egipto, yo, el Señor. La sangre les servirá de señal en las casas donde habiten ustedes. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo y no habrá entre ustedes plaga exterminadora, cuando hiera yo la tierra de Egipto. Ese día será para ustedes un memorial y lo celebrarán como fiesta en honor del Señor. De generación en generación celebrarán esta festividad, como institución perpetua.” Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor. SALMO RESP. (Sal 115) R. Gracias, Señor, por tu sangre que nos salva. L. ¿Cómo le pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Levantaré el cáliz de salvación e invocaré el nombre del Señor. /R. L. A los ojos del Señor es muy penoso que mueran sus amigos. De la muerte, Señor, me has librado, a mí, tu esclavo e hijo de tu esclava. / R.

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L. Te ofreceré con gratitud un sacrificio e invocaré tu nombre. Cumpliré mis promesas al Señor ante todo su pueblo. / R. MONICIÓN A LA 2ª LECTURA Los cristianos hemos recibido el encargo de celebrar también un sacramento, la Eucaristía, como memorial de un nuevo Éxodo: El paso de Cristo a través de la muerte a la nueva vida. En este sacramento, actualizamos y participamos de todo lo que significa el Sacrificio Pascual de Cristo en la cruz. 2ª LECTURA: 1Co 11,23-36 Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios. Hermanos: Yo recibí del Señor lo mismo que les he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía.” Lo mismo hizo con el cáliz después de cenar, diciendo: “Este cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre. Hagan esto en memoria mía siempre que beban de Él.” Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

MONICIÓN AL STO. EVANGELIO El acontecimiento que celebramos sacramentalmente es “entrega por”; la consecuencia para la comunidad cristiana debe ser una actitud de caridad, de entrega servicial a los demás. Es el sentido de Juan, quien no cuenta en la última Cena del Señor, la institución de la Eucaristía, sino que la sustituye con el gesto simbólico del «Lavatorio de los pies». Pero, ambos relatos terminan igual: “Hagan esto como memorial mío”. EVANGELIO: Jn 13,1-15. + Lectura del santo Evangelio según san Juan. A. Gloria a ti, Señor. Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre y habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. En el transcurso de la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregarlo, Jesús, consciente de que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciño; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los

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pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido. Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: “Señor, ¿me vas a lavar tú a mí los pies?” Jesús le replicó: “Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde”. Pedro le dijo: “Tú no me lavarás los pies jamás”. Jesús le contestó: “Si no te lavo, no tendrás parte conmigo”. Entonces le dijo Simón Pedro: “En este caso, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza”. Jesús le dijo: “El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo Él está limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos”. Como sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: “No todos están limpios”. Cuando acabó de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque yo lo soy. Pues si yo, que soy Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes los hagan”. Palabra del Señor. A. Gloria a ti, Señor Jesús.
3. En la homilía se exponen los

grandes hechos que se recuerdan en esta misa, es decir la institución de la Sagrada Eucaristía y el Orden Sacerdotal y el mandato del Señor sobre la caridad fraterna.

LAVATORIO DE LOS PIES
Después de la homilía, donde lo aconseje el bien pastoral, se lleva a cabo el lavatorio de los pies.

GUIÓN LITÚRGICO

MONICIÓN En el rito del Lavatorio de los pies, está representada toda la comunidad como hizo Jesús con sus doce Apóstoles. Somos, pues, todos nosotros los que recibimos la atención servicial de Cristo a través del Sacerdote, y a la vez, de toda la comunidad cristiana la que se pone en actitud de servicio a los pies de los Doce. Que reine entre nosotros el amor de Dios.
4. Los varones designados para el rito van, acompañados por los ministros, a ocupar los asientos preparados para ellos en un lugar visible. El celebrante, quitada la casulla si es necesario, se acerca a cada una de las personas designadas y, con la ayuda de los ministros, les lava los pies y se los seca. 5. Mientras tanto, se canta alguna de las siguientes antífonas o algún canto apropiado.

ANTífONA PRIMERA El Señor se levantó de la mesa, echó agua en un recipiente y se puso a lavar los pies de sus discípulos para darles ejemplo (Jn 13,4.5.15).

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ANTífONA SEGUNDA Señor, ¿pretendes tú lavarme a mí los pies? Jesús le respondió: Si no te lavo los pies, no tendrás nada que ver conmigo. V. Fue Jesús hacia Simón Pedro y éste le dijo: - Señor, ¿pretendes tú lavarme a mí los pies?... V Lo que yo estoy haciendo, tú no lo entiendes ahora; lo entenderás más tarde. - Señor, ¿pretendes tú lavarme a mí los pies?... (Jn 13,6.7.8).
6. Inmediatamente, después del lavatorio de los pies o, si éste no tuvo lugar, después de la homilía, se hace la Oración universal. No se dice Credo.

4. Por los gobernantes de todas las naciones: para que sirvan a sus pueblos promoviendo la justicia y la paz. Roguemos al Señor. 5. Por nosotros, reunidos en este cenáculo para participar en el banquete del Señor: para que, siguiendo el ejemplo de Cristo, vivamos la urgencia del mandamiento nuevo de amar a todos, incluso a los que no nos quieren. Roguemos al Señor. C. Dios, Padre nuestro, que tanto amaste al mundo, que entregaste a tu Hijo a la muerte por nosotros, escucha nuestras súplicas y concédenos lo que te pedimos. Por Jesucristo, nuestro Señor. LITURGIA EUCARíSTICA
Al comienzo de la Liturgia Eucarística, puede organizarse una procesión de los fieles, en la que se lleven dones para los pobres. Mientras tanto, se canta el Ubi cáritas est vera (A Dios siempre lo encontramos donde hay amor) u otro cántico apropiado.

ORACIÓN DE LOS fIELES C. Oremos al Padre, que en Jesucristo, su Hijo, nos ha amado hasta el extremo. 1. Por la Iglesia, para que guarde la unidad en la caridad que quiso para ella Jesucristo, y así el mundo crea. Roguemos al Señor. 2. Por el Papa, los Obispos, los Presbíteros y todos los que ejercen algún ministerio en la Iglesia: para que su vida sea siempre, a imagen de Cristo, servicio y entrega a sus hermanos. Roguemos al Señor. 3. Por la unión de los cristianos de oriente y occidente: para que encontremos la unidad en la Cena del Señor. Roguemos al Señor.

C

O. SOBRE LAS OfRENDAS oncédenos, Señor, participar dignamente en esta Eucaristía, porque cada vez que celebramos el memorial de la muerte de tu Hijo, se realiza la obra de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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GUIÓN LITÚRGICO

O. DESPUÉS DE LA COMUNIÓN eñor, Tú que nos permites disfrutar en esta vida de la Cena instituida por tu Hijo, concédenos participar también del banquete celestial en tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. TRASLACIÓN DEL SANTíSIMO SACRAMENTO MONICIÓN PREPARATORIA Hemos celebrado la Cena del Señor; mañana, conmemoraremos la Pasión de Cristo, pero sin Eucaristía. La reserva eucarística será llevada a un lugar aparte y destacado: “al monumento”, donde permanecerá expuesto para que vayamos a adorarlo. Acompañemos el traslado con nuestra alabanza al Señor; luego, el altar será descubierto y guardados los cirios, pues, la presencia sacramental estará sólo en el Monumento. Todos unidos, junto a la Iglesia, contemplaremos el misterio de la cruz, en un ambiente de sobriedad y recogimiento.
7. Dicha la oración después de la Comunión, el sacerdote, de pie ante el altar, pone incienso en el incensario y, arrodillado, inciensa tres veces al Santísimo Sacramento. Enseguida recibe el paño de hombros, toma en sus manos el copón y lo cubre con las extremidades del paño. 8. Se forma entonces la procesión

para llevar al Santísimo Sacramento a través del templo, hasta el sitio donde se le va a guardar. Va adelante un acólito, con la cruz alta; otros acólitos acompañan al Santísimo Sacramento con ciriales e incienso. El lugar de depósito debe estar preparado en alguna capilla convenientemente adornada. Durante la procesión, se canta el himno Pangue lingua (excepto las dos últimas estrofas) a algún otro canto eucarístico. 9. Al llegar la procesión al lugar donde va a depositarse el Santísimo Sacramento, el sacerdote deposita el copón y, poniendo de nuevo incienso en el incensario, lo inciensa arrodillado, mientras tanto se canta la parte final del himno Tantum ergo. Enseguida se cierra el tabernáculo o la urna del depósito. 10. Después de unos momentos de adoración en silencio, el sacerdote y los ministros hacen genuflexión y vuelven a la sacristía. 11. Enseguida se desnuda el altar y, si es posible, se quitan del templo las cruces. Si algunas no se pueden quitar, es conveniente que queden cubiertas con un velo. 12. Quienes asistieron a la misa vespertina no están obligados a rezar Vísperas. 13. Exhórtese a los fieles, según las circunstancias y costumbres del lugar, a dedicar alguna parte de su tiempo, en la noche, a la adoración delante del Santísimo Sacramento. Esta adoración, después de la media noche, hágase sin solemnidad.

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Queridos hermanos: En este día se consuma el amor de Dios por los hombres. Aunque pareciera que la humanidad no quisiera adherirse al plan divino de salvación, en la muerte del Hijo, Dios vuelve a apostar por el hombre y le revela su inmenso amor al entregar a la muerte a Jesús, su predilecto, en quien ha puesto su complacencia. Y sólo aquel que ama hasta el extremo es capaz, de entregar todo lo que tiene para el bien de otros, y ese amor inmenso de Dios hacia los hombres rebasa todos los límites. La entrega del Hijo es muestra de que se es capaz de sacrificarse por amor, y un amor que no mira la dignidad propia, sino que la entrega a punto de ser desgarrado totalmente. En los textos bíblicos, nos vamos a encontrar con el canto del Siervo de Yahvé, donde se preanuncia el sufrimiento de aquel que entregándolo todo por amor ha padecido lo inimaginable, la desfiguración indica la pérdida de toda belleza humana, el despojo hasta el punto de la humillación total. Es el padecer de Jesús, que después de pasar por el mundo haciendo el bien y sanando a los

oprimidos, ha experimentado el desagradecimiento de aquellos a quienes amó, cargando con sus pecados. Es el amor que aunque padece en la entrega, se ve recompensado por la misma mano de Dios, que lo levanta en medio del dolor; un dolor aceptado, madurado y liberado desde el pleno abandono en las manos amorosas del Padre. Es la experiencia de muchos cristianos, que luego de su entrega al servicio de todos, experimentan los malos tratos y el ser premiados con el dolor, y la actitud desagradecida de los demás. Es la experiencia de muchos hombres y mujeres, que descubriendo su vocación de servicio al Señor, comprenden que lo más importante es buscar la salvación de los hermanos, aun a costa de su propio sufrimiento, padecer que es liberado y transformado en gozo pleno que viene a través de una vida en el Espíritu. Todo aquel que se siente siervo del Señor, por la fe y las buenas obras, comprende que su misión está íntimamente ligada a la de Jesús, cargando con el peso de los pecados del mundo, y esforzándose por mitigar el

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CONMEMORACIÓN DE LA PASIÓN DEL SEñOR

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dolor de los otros por medio de las actitudes que nos exigen el ser discípulos del Señor. Entregando todo, hasta el espíritu en manos de quien puede garantizar la vida eterna, el Padre. En la boca de quienes se burlan de nuestro compromiso con Dios, sólo hay palabras de lastima y pena, pues, este compromiso nos exige una lucha con nuestra antigua manera de pensar, y esa conversión va generando una ruptura, y hasta cierto punto un padecer, crucificarnos con Jesús, para que mueran nuestros egoísmos y envidias; muera nuestra antigua condición de pecado, pues sabemos que con la ayuda de Dios encontraremos vida plena. Por eso, en el Evangelio de Juan, vamos a constatar cómo Jesús se entregó totalmente a Dios, por amor. Y desde el amor podemos descubrir que el sacrificio de Jesús no es estéril; no es morir por morir, sino que la muerte en Jesús cobra sentido cuando lo vemos desde la entrega de la vida por “los amigos”, a quienes se le ama, y por eso no importa entregar algo tan preciado para obtener la salvación de aquellos por quienes se ha descubierto la vida, la misión y el servicio. Jesús crucificado representa la actualización del

amor que desde la creación del hombre Dios ha derramado a todos, pero que por el pecado se perdió, por ese mismo afán de creernos independientes de Dios. Jesús quita el velo de la prepotencia y la soberbia de los hombres; pues a través de la cruz y la conmoción que produce la dramática muerte de Jesús no cabe ansia de poder, sino un renacer de la caridad, que nos hace sentirnos solidarios con los que padecen. Porque el dolor de Cristo es el dolor de muchos en nuestro mundo que por el dolor y la pena han perdido las ganas de vivir. Hoy, en este día, nos han quitado al Señor. La liturgia nos ayuda a comprender ese misterio de un Dios que no solo se abaja a nuestra condición humana, sino que es capaz de dejarse matar, experimentar la muerte por salvar a los que mueren; un Dios que entrega a su Hijo por salvar a los hombres. Vivamos este misterio dejándonos tocar por la acción de Dios a través de la muerte de su Hijo, por medio de las mociones del Espíritu. Pbro. Alexander Cayama. MONICIÓN DE ENTRADA Nos hemos reunido, en este Viernes Santo, en el silencio y la oración. Jesús, el Señor, muere en la cruz. Y hoy estamos

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aquí movidos por la fe, por la admiración, por el agradecimiento, por el amor. Porque en su sangre y en su cruz, está la fuente de nuestra vida, la luz de nuestro camino y la fuerza que nos transforma. Nosotros ante su cruz, ante su entrega total, nos sentimos débiles y pecadores. Por eso, hoy queremos acompañarlo y queremos manifestarle nuestro amor: porque Él nos ha amado primero. Hoy no se celebra la Eucaristía. Esto sólo sucede una vez al año litúrgico. La acción litúrgica comienza con la peregrinación de los ministros hasta el calvario: el altar; allí, abismados por el misterio de un Dios que muere por amor a la humanidad se postrarán, rostro en tierra, en profunda reflexión y; un grito de oración sale desde lo hondo de la humanidad.

En este día la sagrada comunión se distribuye a los fieles únicamente dentro de la celebración de la Pasión del Señor; pero a los enfermos que no puedan tomar parte en esta celebración, se les puede llevar a cualquier hora del día. 4. El sacerdote y el diácono, revestidos de color rojo, como para la misa, se dirigen al altar, y hecha la debida reverencia, se postran rostro en tierra o, si se juzga mejor, se arrodillan, y todos oran en silencio durante algún espacio de tiempo. 5. Después el sacerdote, con los ministros, se dirige a la sede, donde, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas dice la siguiente oración: (No se dice “Oremos”)

ORACIÓN Padre nuestro misericordioso, santifica y protege siempre a esta familia tuya, por cuya salvación derramó su Sangre y resucitó glorioso Jesucristo, tu Hijo. El cual vive y reina por los siglos de los siglos. 1. El día de hoy y el de mañana, por una antiquísima tradición, la Iglesia R Amén.
omite por completo la celebración del sacrificio eucarístico. 2. El altar debe estar desnudo por completo: sin cruz, sin candelabros y sin manteles. 3. Después del mediodía, alrededor de las tres de la tarde, a no ser que por razón pastoral se elija una hora más avanzada, se celebra la Pasión del Señor, que consta de tres partes: Liturgia de la Palabra, Adoración de la Cruz y Sagrada Comunión.

PRIMERA PARTE LITURGIA DE LA PALABRA
6. Luego todos se sientan y se hace la primera lectura, tomada del profeta Isaías (52,13-53,12) con su salmo.

MONICIÓN A LA 1ª LECTURA El profeta Isaías nos muestra el cuarto canto del Siervo de Yahvé; es una lectura profética aplicada a Jesús, que entrega su vida como

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expiación, y describe de una manera impresionante la Pasión del Señor. 1ª LECTURA: Is. 52, 13 -53, 12 Lectura del profeta Isaías Miren, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de Él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano; así asombrará a muchos pueblos: ante Él los reyes cerrarán la boca, al ver algo que no se puede narrar y contemplar algo insólito. ¿Quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién se reveló el brazo del Señor? Creció en su presencia como un brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros; despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable vino sobre Él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre sí todos nuestros crímenes. Maltratado,

voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como un cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron. ¿Quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malhechores; porque murió con los malvados, aunque no había cometido crímenes, ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento. Cuando entregue su vida como expiación, verá su descendencia, prolongará sus años; lo que el Señor quiere prosperará por sus manos. A causa de los trabajos de su alma, verá y se saciará; con lo aprendido, mi Siervo justificará a muchos, cargando con los crímenes de ellos. Por eso le daré una parte entre los grandes, con los poderosos tendrá parte en los despojos; porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, y Él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor. SALMO RESP. (Sal 30) R. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu. L. A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado; tú que

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profesamos. Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo, igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para ser socorridos en el tiempo oportuno. Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su actitud reverente. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que obedecen en autor de salvación eterna. Palabra de Dios. 7. A continuación se hace la segunda A. Te alabamos, Señor. eres justo, ponme a salvo. A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás. /R. L. Soy la burla de todos mis enemigos, la irrisión de mis vecinos, el espanto de mis conocidos; me ven por la calle y escapan de mí. Me han olvidado como a un muerto, me han desechado como a un cacharro inútil. /R. L. Pero yo confío en ti, Señor, te digo: «Tú eres mi Dios.» En tu mano están mis azares; líbrame de los enemigos que me persiguen. /R. L. Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia. Sean fuertes y valientes de corazón, los que esperan en el Señor. /R.
lectura, tomada de la carta a los Hebreos (4,14-16;5,7-9), con el canto antes del Evangelio. 8. Finalmente se lee la Pasión del Señor según san Juan, del mismo modo que el domingo precedente (18,1-19,42).

MONICIÓN A LA 2ª LECTURA El siervo de Yahvé, aparece como Sumo y Eterno Sacerdote que, ofreciéndose a sí mismo como víctima, “se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que lo obedecen”. 2ª LECTURA (Hb 4, 14-16; 5, 7-9). Lectura de la carta a los Hebreos Hermanos: Tenemos un Sumo Sacerdote que penetró los cielos -Jesús el Hijo de Dios-. Mantengamos firmes la fe que

MONICIÓN A LA LECTURA DE LA PASIÓN SEGÚN SAN JUAN Juan presenta el calvario como una especie de escenario que tiene por centro la cruz de Jesús. La pasión es el triunfo y la gloria de Jesús. Con la muerte de Jesús nace una nueva comunidad, un nuevo Israel. El Reino de Dios se inaugura con la revelación del Rey, cuyo trono es el patíbulo de la cruz. Escuchemos atentos.

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EVANGELIO: Jn 18, 1-19, 42. + Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan C: En aquel tiempo, Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí Él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Entonces Judas tomó un batallón de soldados y guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos y entró en el huerto con linternas, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que iba a suceder, se adelantó y les dijo: †: “¿A quién buscan?” C: Le contestaron: S: “A Jesús, el nazareno”. C: Les dijo Jesús: †: “Yo soy”. C: Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles ‘Yo soy’, retrocedieron y cayeron a tierra. Jesús les volvió a preguntar: †: “¿A quién buscan?” C: Ellos dijeron: S: “A Jesús, el nazareno”. C: Jesús contestó: †: “Les he dicho que yo soy. Si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan”.

C: Así se cumplió lo que Jesús había dicho: ‘No he perdido a ninguno de los que me diste’. Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió a un criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro: †: “Mete la espada en la vaina. ¿No voy a beber el cáliz que me ha dado mi Padre?” C: El batallón, su comandante y los criados de los judíos apresaron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: ‘Conviene que muera un solo hombre por el pueblo’. Simón Pedro y otro discípulo iban siguiendo a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló con la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro: S: “¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?”

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C: Él dijo: S: “No lo soy”. C: Los criados y los guardias habían encendido una hoguera, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le contestó: †: “Yo he hablado abiertamente al mundo y he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, sobre lo que les he hablado. Ellos saben lo que he dicho”. C: Apenas dijo esto, uno de los guardias le dio una bofetada a Jesús diciéndole: S: “¿Así contestas al sumo sacerdote?” C: Jesús le respondió: †: “Si he faltado al hablar, demuestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?” C: Entonces Anás lo envió atado a Caifás, el sumo sacerdote. Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron: S: “¿No eres tú también uno de sus discípulos?”

C: Él lo negó diciendo: S: “No lo soy”. C: Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le había cortado la oreja, le dijo: S: “¿Qué no te vi yo con Él en el huerto?” C: Pedro volvió a negarlo y en seguida cantó un gallo. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era muy de mañana; ellos no entraron en el palacio para no incurrir en impureza y poder así comer la cena de Pascua. Salió entonces Pilato a donde estaban ellos y les dijo: S: “¿De qué acusan a este hombre?” C: Le contestaron: S: “Si éste no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos traído”. C: Pilato les dijo: S: “Pues llévenselo y júzguenlo según su ley”. C: Los judíos le respondieron: S: “No estamos autorizados para dar muerte a nadie”. C: Así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: S: “¿Eres tú el rey de los judíos?” C: Jesús le contestó: †: “¿Eso lo preguntas por tu

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cuenta o te lo han dicho otros?” Pilato le respondió: “¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho?” Jesús le contestó: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí”. Pilato le dijo: “¿Conque tú eres rey?” Jesús le contestó: “Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. Pilato le dijo: “¿Y qué es la verdad?” Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo: “No encuentro en Él ninguna culpa. Entre ustedes es costumbre que por Pascua ponga en libertad a un preso. ¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?” Pero todos ellos gritaron: “¡No, a ése no! ¡A Barrabás!” (El tal Barrabás era un bandido). Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Los soldados

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trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le echaron encima un manto color púrpura, y acercándose a Él, le decían: “¡Viva el rey de los judíos!”. Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo: “Aquí lo traigo para que sepan que no encuentro en Él ninguna culpa”. Salió, pues, Jesús, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo: “Aquí está el hombre”. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y sus servidores, gritaron: “¡Crucifícalo, crucifícalo!” Pilato les dijo: “Llévenselo ustedes y crucifíquenlo, porque yo no encuentro culpa en Él”. Los judíos le contestaron: “Nosotros tenemos una ley y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios”. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más, y entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús: “¿De dónde eres tú?” Pero Jesús no le respondió. Pilato le dijo entonces: “¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad

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para soltarte y autoridad para crucificarte?” Jesús le contestó: “No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor”. Desde ese momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban: “¡Si sueltas a ése, no eres amigo del César!” Al oír estas palabras, Pilato sacó a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman “el Enlosado” (en hebreo Gábbata). Era el día de la preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos: “Aquí tienen a su rey” Ellos gritaron: “¡Fuera, fuera! ¡Crucifícalo!”. Pilato les dijo: “¿A su rey voy a crucificar?” Contestaron los sumos sacerdotes: “No tenemos más rey que el César”. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús y Él, cargando con la cruz, se dirigió hacia el sitio llamado “la Calavera” (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron, y con Él

a otros dos, uno de cada lado, y en medio Jesús. Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo encima de la cruz; en Él estaba escrito: ‘Jesús el nazareno, el rey de los judíos’. Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato: “No escribas: ‘El rey de los judíos’, sino: ‘Este ha dicho: Soy rey de los judíos’” Pilato les contestó: “Lo escrito, escrito está”. Cuando crucificaron a Jesús, los soldados cogieron su ropa e hicieron cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Por eso se dijeron: “No la rasguemos, sino echemos suertes para ver a quién le toca”. Así se cumplió lo que dice la Escritura: Se repartieron mi ropa y echaron a suerte mi túnica. Y eso hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena.

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Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: “Mujer, ahí está tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Ahí está tu madre”. Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con Él. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: “Tengo sed”. Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús probó el vinagre y dijo: “Todo está cumplido” E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

(Todos se arrodillan y hacen un momento de adoración en silencio)

C: Entonces, los judíos, como era el día de la preparación de la Pascua, para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día muy solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitaran de la cruz. Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno y luego al otro de los que habían sido crucificados con Él. Pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto,

no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua. El que vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero y Él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera lo que dice la Escritura: No le quebrarán ningún hueso; y en otro lugar la Escritura dice: Mirarán al que traspasaron. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que lo dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mezcla de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con esos aromas, según se acostumbra enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo, donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la preparación de la Pascua y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús. Palabra del Señor. A. Gloria a ti, Señor Jesús.

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ORACIÓN UNIVERSAL MONICIÓN Con la Oración Universal que haremos, a continuación, por creyentes, no creyentes, herejes, paganos y gobernantes, queremos seguir el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo, quien antes de morir en la cruz pidió al Padre perdón por sus enemigos y suplicó que no se perdieran ninguno de sus amigos. Hoy, ante Jesús, que da la vida por la humanidad entera, nuestra oración debe ser más intensa, para que a todos llegue la vida que nace de la cruz.
9. La Liturgia de la Palabra se termina con la Oración Universal, que se hace de esta manera: el diácono, junto al ambón, dice el invitatorio, en el cual se expresa la intención. Enseguida oran todos en silencio durante un breve espacio de tiempo y luego el sacerdote, de pie junto a la sede o ante el altar, dice la oración con las manos extendidas. Los fieles pueden permanecer arrodillados o de pie durante todo el tiempo de las oraciones. 10. La Conferencias Episcopales pueden aprobar algunas aclamaciones del pueblo antes de cada oración del sacerdote o disponer que se conserve la invitación tradicional del diácono: Arrodillémonos, Levantémonos y la costumbre de que los fieles se arrodillen en silencio durante la oración.

I. POR LA SANTA IGLESIA Oremos, hermanos, por la santa Iglesia de Dios, para que el Señor le conceda la paz y la unidad, la proteja en todo el mundo y nos conceda una vida serena, para alabar a Dios Padre todopoderoso.
Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo revelaste tu gloria a todas las naciones, conserva la obra de tu amor, para que tu Iglesia, extendida por todo el mundo, persevere con fe inquebrantable en la confesión de tu nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. II. POR EL PAPA Oremos también por nuestro santo Padre el Papa N., para que Dios nuestro Señor, que lo eligió entre los obispos, lo asista y proteja para bien de su Iglesia, como guía y pastor del pueblo santo de Dios.
Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

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11. Cuando hay una grave necesidad pública, el Ordinario del lugar puede permitir o prescribir que se añada alguna intención especial. 12. De las oraciones que se presentan en el Misal, el sacerdote puede escoger las que sean más apropiadas para las circunstancias del lugar, cuidando, sin embargo, de que se conserve la serie de intenciones establecidas para la Oración Universal.

Dios todopoderoso y eterno, cuya providencia gobierna todas las cosas, atiende a nuestras súplicas y protege con tu amor al Papa que nos has elegido, para que el pueblo cristiano, confiado por ti a su guía pastoral, progrese siempre en la fe. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. III. POR EL PUEBLO DE DIOS y SUS MINISTROS Oremos también por nuestro obispo N., por todos los obispos, presbíteros, diáconos, por todos los que ejercen algún ministerio en la Iglesia y por todo el pueblo de Dios.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, que sin cesar concedes nuevos hijos a tu Iglesia, aumenta en los (nuestros) catecúmenos el conocimiento de su fe, para que puedan renacer por el bautismo a la vida nueva de tus hijos de adopción. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. V. POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS Oremos también por todos los hermanos que creen en Cristo, para que Dios nuestro Señor les conceda vivir sinceramente lo que Se ora un momento en silencio. Luego profesan y se digne reunirlos para prosigue el sacerdote: siempre en un solo rebaño, bajo Dios todopoderoso y eterno, un solo pastor. que con tu Espíritu santificas Se ora un momento en silencio. Luego y gobiernas a toda tu Iglesia, prosigue el sacerdote: escucha nuestras súplicas y Dios todopoderoso y eterno, concédenos tu gracia, para que tú que reúnes a los que están todos, según nuestra vocación, dispersos y los mantienes en la podamos servirte con fidelidad. unidad, mira con amor a todos los Por Jesucristo, nuestro Señor. R. cristianos, a fin de que, cuantos están consagrados por un solo Amén. bautismo, formen una sola IV. POR LOS CATECÚMENOS Oremos también por los familia, unida por el amor y la (nuestros) catecúmenos, para que integridad de la fe. Por Jesucristo, Dios nuestro Señor los ilumine nuestro Señor. R. Amén. interiormente y les comunique VI. POR LOS JUDíOS su amor; y para que, mediante Oremos, también por el pueblo el bautismo, se les perdonen judío. Que el Señor Dios nuestro todos sus pecados y queden ilumine sus corazones para que incorporados a Cristo nuestro reconozcan a Jesucristo, Salvador de todos los hombres. Señor.

GUIÓN LITÚRGICO

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Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios omnipotente y eterno, tú que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, concede propicio que, entrando en la plenitud de los pueblos en tu Iglesia, todo Israel sea salvado. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. VII. POR LOS QUE NO CREEN EN CRISTO Oremos también por los que no creen en Cristo, para que, iluminados por el Espíritu Santo, puedan encontrar el camino de la salvación.
Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, concede a quienes no creen en Cristo buscar sinceramente agradarte, para que encuentren la verdad; y a nosotros tus fieles, concédenos progresar en el amor fraterno y en el deseo de conocerte más, para dar al mundo un testimonio creíble de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. VIII. POR LOS QUE NO CREEN EN DIOS Oremos también por los que no conocen a Dios, para que obren siempre con bondad y rectitud y puedan llegar así a conocer a Dios.

Dios todopoderoso y eterno, que has hecho a los hombres en tal forma que en todo, aun sin saberlo, te busquen y sólo al encontrarte hallen descanso, concédenos que, en medio de las adversidades de este mundo, todos reconozcan las señales de tu amor y, estimulados por el testimonio de nuestra vida, tengan por fin la alegría de creer en ti, único Dios verdadero y Padre de todos los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. IX. POR LOS GOBERNANTES Oremos también por los jefes de Estado y todos los responsables de los asuntos públicos, para que Dios nuestro Señor les inspire decisiones que promuevan el bien común, en un ambiente de paz y libertad.
Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, en cuya mano está mover el corazón de los hombres y defender los derechos de los pueblos, mira con bondad a nuestros gobernantes, para que, con tu ayuda, promuevan una paz duradera, un auténtico progreso social y una verdadera libertad religiosa. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. X. POR LOS QUE SE ENCUENTRAN EN ALGUNA TRIBULACIÓN Se ora un momento en silencio. Luego Oremos, hermanos, a Dios Padre prosigue el sacerdote: todopoderoso, para que libre al

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GUIÓN LITÚRGICO

mundo de todas sus miserias, dé salud a los enfermos y pan a los que tienen hambre, libere a los encarcelados y haga justicia a los oprimidos, conceda seguridad a los que viajan, un pronto retorno a los que se encuentran lejos del hogar y la vida eterna a los moribundos.
Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

De las dos formas que se proponen a continuación para el descubrimiento de la cruz, elíjase la que se juzgue más apropiada pastoralmente, de acuerdo con las circunstancias.

PRIMERA fORMA DE MOSTRAR LA SANTA CRUz
14. Se lleva al altar la cruz, cubierta con un velo y acompañada por dos acólitos con velas encendidas. El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la cruz, descubre un poco su extremo superior, la eleva y comienza a cantar el invitatorio Mirad el árbol de la Cruz, cuyo canto prosigue juntamente con los ministros sagrados, o, si es necesario, con el coro. Todos responden: Venid y adoremos. Terminado el canto, todos se arrodillan y adoran en silencio, durante algunos instantes, la cruz que el sacerdote, de pie, mantiene en alto. Enseguida el sacerdote descubre el brazo derecho de la cruz y, elevándola de nuevo, comienza a cantar (en el mismo tono que antes) el invitatorio Mirad el árbol de la Cruz, y se prosigue como la primera vez. Finalmente descubre por completo la cruz y, volviéndola a elevar, comienza por tercera vez el invitatorio Mirad el árbol de la Cruz, etc., como la primera vez. 15. Enseguida, acompañado por dos acólitos con velas encendidas, el sacerdote lleva la cruz a la entrada del presbiterio o a otro sitio adecuado y la coloca ahí, o la entrega a los ministros o acólitos para que la sostengan, y se colocan las dos velas encendidas a los lados de la cruz.

Dios todopoderoso y eterno, consuelo de los afligidos y fortaleza de los que sufren, escucha a los que te invocan en su tribulación, para que experimenten todos la alegría de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. SEGUNDA PARTE ADORACIÓN DE LA SANTA CRUz MONICIÓN La cruz de Jesucristo es hoy el centro de nuestra asamblea. La Iglesia desde el siglo IV, comenzó el rito de adorar la cruz en el calvario mismo. Por eso, ahora, la recibiremos solemnemente, y manifestaremos nuestra fe y nuestro agradecimiento a nuestro Salvador, porque Él ha muerto por nosotros.
13. Terminada la oración universal, se hace la adoración solemne de la santa Cruz.

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Se hace luego la adoración de la santa Cruz como se indica más abajo.

16. El sacerdote, el diácono y otro ministro idóneo, va a la puerta del templo juntamente con los acólitos. Ahí recibe la cruz ya descubierta. Los acólitos toman los ciriales encendidos, y todos avanzan en forma de procesión hacia el presbiterio a través del templo. Cerca de la puerta del templo, el que lleva la cruz la levanta y canta el invitatorio Mirad el árbol de la Cruz. Todos responden Venid y adoremos y se arrodillan después de la respuesta, adorando un momento en silencio. Esto mismo se repite a la mitad de la iglesia y a la entrada del presbiterio (El invitatorio se canta las tres veces en el mismo tono). Enseguida se coloca la cruz a la entrada del presbiterio y se ponen a sus lados los ciriales.

INVITATORIO AL PRESENTAR LA SANTA CRUz C. Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavado Cristo el Salvador del mundo. R. Venid y adoremos.
17. El sacerdote, el clero y los fieles se acercan procesionalmente y adoran la cruz, haciendo delante de ella una genuflexión simple o algún otro signo de veneración (como el de besarla), según la costumbre de la región. Mientras tanto, se canta la antífona Tu Cruz adoramos, los Improperios, u otros cánticos apropiados. Todos,

LA COLECTA PARA LOS LUGARES SANTOS La Sagrada Congregación de la Iglesia Oriental, que coordina la solicitud pastoral de la Iglesia Católica a favor de toda la comunidad cristiana de Tierra Santa, recuerda cada año la importancia vital de la jornada del Viernes Santo para la supervivencia del cristianismo en el país de Jesús. La colecta por los Santos Lugares, no va dirigida principalmente a sostener los santuarios, que recuerdan el paso histórico de Jesús, sino el sostenimiento de la comunidad cristiana que, por la dramática situación actual, se encuentran en estado de marginación y cuya supervivencia depende de la

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SEGUNDA fORMA DE MOSTRAR LA SANTA CRUz

conforme van terminando de adorar la cruz, regresan a su lugar y se sientan. 18. Expóngase solamente una cruz a la adoración de los fieles. Si por el gran número de asistentes no todos pudieren acercarse, el sacerdote, después de que una parte de los fieles haya hecho la adoración, toma la cruz y, de pie ante el altar, invita a todo el pueblo, con breves palabras, a adorar la santa cruz. Luego la levanta en alto por un momento, para que los fieles la adoren en silencio. 19. Terminada la adoración, la cruz es llevada al altar y puesta en su lugar. Los ciriales encendidos son colocados a los lados del altar o junto a la cruz.

solidaridad del mundo cristiano. Esta colecta se realiza, mientras se hace el gesto de adoración de la Santa Cruz. TERCERA PARTE SAGRADA COMUNIÓN
20. Se extiende un mantel sobre el altar y se pone sobre Él un corporal y el libro. Enseguida el diácono o, en su defecto, el mismo sacerdote, trae el Santísimo Sacramento del lugar del depósito directamente al altar, mientras todos permanecen de pie y en silencio. Dos acólitos, con candelabros encendidos, acompañan al Santísimo Sacramento y depositan luego los candelabros a los lados del altar o sobre Él. 21. Después de que el diácono ha depositado el Santísimo Sacramento sobre el altar y ha descubierto el copón, se acerca al sacerdote y, previa genuflexión, sube al altar. Ahí teniendo las manos juntas, dice con voz clara:

Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor.
22. A continuación el sacerdote, con las manos juntas, dice en secreto:

GUIÓN LITÚRGICO

Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo no sea para mí un motivo de juicio y condenación, sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa de alma y cuerpo y como remedio saludable.
23. Seguidamente hace genuflexión, toma una partícula, la mantiene un poco elevada sobre el pixis y dice en voz alta, de cara al pueblo:

Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Y, juntamente con el pueblo, añade una sola vez:

Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
Luego, comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo. 24. Después distribuye la comunión a los fieles. Durante la comunión se pueden entonar cantos apropiados. 25. Acabada la comunión, un ministro idóneo lleva el pixis a algún lugar especialmente preparado fuera de la iglesia, o bien, si lo exigen las circunstancias, lo reserva en el sagrario. 26. Después el sacerdote, guardando, si lo cree oportuno un breve silencio, dice la siguiente oración:

Fieles a la recomendación del Salvador, y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
El sacerdote, con las manos extendidas, dice junto con el pueblo:

Padre nuestro, que estás en el cielo…
El sacerdote, sigue con las oraciones:

Líbranos de todos los males, Señor…
El pueblo concluye aclamando: la oración,

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O. DESPUÉS DE LA COMUNIÓN Oremos. Dios todopoderoso y eterno, que nos has redimido con la gloriosa muerte y resurrección de Jesucristo, por medio de nuestra participación en este sacramento prosigue en nosotros la obra de tu amor y ayúdanos a vivir entregados siempre a tu servicio. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.
27. Como despedida, el sacerdote, de pie y vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos sobre Él dice la siguiente oración:

Y todos se retiran en silencio. A su debido tiempo se desnuda el altar. 28. Los que asistieron a esta solemne acción litúrgica de la tarde, no están obligados a rezar Vísperas.

COLOR LITÚRGICO

Blanco

SÁBADO DE GLORIA VIGILIA PASCUAL

MARzO

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SÁBADO

Durante el Sábado Santo, la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando en su pasión y muerte, y se abstiene de celebrar el sacrificio de la misa (por lo que conserva el altar enteramente desnudo) hasta que, después de la Vigilia solemne o espera nocturna de la resurrección, se desborda la alegría pascual, cuya exuberancia inunda los cincuenta días subsiguientes. Hoy no puede darse la sagrada comunión más que a modo de viático.

La noche de hoy es una liturgia muy especial, llena de colorido e inigualable momento para hacer una catequesis de la historia de la salvación hecha por Dios a todos nosotros. Hoy, recordamos a través de todas las lecturas que Dios ha estado grande con nosotros mostrándonos su amor en toda historia y en cada acontecimiento de la vida del pueblo de Israel. Desde el relato de la creación,

pasando por la pascua judía, la historia profética, hasta llegar al Nuevo Testamento vemos que Dios ha mantenido su ALIANZA con los hombres. La Alianza no es un mero gesto aislado: es el centro de la vida de Israel. Dios se ha hecho presente pactando su alianza de amor y renovándola en cada momento en que el pueblo se ha olvidado de serle fiel a Dios. Dios toma siempre la iniciativa,

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ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO Envía Señor, tu bendición sobre estos fieles tuyos que han conmemorado la muerte de tu Hijo y esperan resucitar con Él; concédeles tu perdón y tu consuelo, fortalece su fe y condúcelos a su eterna salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

Dios sigue actuando, a pesar de nuestra infidelidad. El relato de la creación nos recuerda que Dios es nuestro hacedor; que Él nos hizo y a Él nos debemos. Que su proyecto de amor había sido prefijado desde toda la eternidad y que se manifestó de forma clara con el texto del Éxodo que nos recuerda que Dios actúa con brazo poderoso y mano extendida para escuchar el clamor de su pueblo. El pilar de la alianza fue el tema que unificó a hombres y mujeres que manifestaron y comprendieron la fidelidad de Dios. Hoy, más que nunca, debemos recordar esa fidelidad de Dios; pues su proyecto se hizo verdad y se concretó en la Pascua de Jesús, quien pasó haciendo el bien y dando su vida por cada uno de nosotros. Esta noche santa, que proclama el Pregón Pascual, nos recuerda las maravillas que Dios nos pone delante: amor, bondad, misericordia, fidelidad, etc. Exultemos de gozo con el Señor por este gran milagro, por esta gran celebración. Todos estamos llamados, como Iglesia, a celebrar la fiesta de las fiestas con alegría en nuestro corazón, pero, sobre todo, con una verdadera disponibilidad a vivir esta pascua del Señor. De la misma forma que nos preparamos con la Cuaresma

para llegar hasta esta noche, hoy la liturgia nos invita a vivir la Pascua en la presencia de un Jesús resucitado no solo de oídas sino de verdad; pues, para eso, hoy más que nunca, nosotros somos sus testigos. Como los discípulos, como María Magdalena, como los caminantes de Emaús; todos nosotros debemos ser los testigos y anunciar al mundo que, por la fuerza del Espíritu Santo, ¡CRISTO HA RESUCITADO!, que con su resurrección, también nosotros, hacemos camino hacia el Padre. El Evangelio de Lucas, sigue teniendo resonancia en nosotros: no podemos buscar entre los muertos al que está vivo. Si ha resucitado para nosotros, y en verdad lo ha hecho, entonces nuestra primera misión es ser TESTIGOS de esa resurrección, anunciar a todos los hombres y mujeres que vinimos a esta vigilia pascual no sólo por costumbre sino porque estamos convencidos que Jesucristo ha vuelto a la vida y que nuestro anuncio debe ser convincente. Lo que creo en el corazón; lo que me dicen las Escrituras; lo que la Tradición nos dice, a partir de hoy, se hace más patente, pues nosotros nos unimos a todos los demás testigos para anunciar a hombres y mujeres que es verdad este acontecimiento

GUIÓN LITÚRGICO

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y que gracias a este suceso, nuestras vidas han cambiado. Ningún evangelio relata cómo fue el acontecimiento, sino que los cuatro afirman el hecho de la resurrección, pues más importante que describir el hecho es tomar conciencia del gran acontecimiento que cambió la vida de hombres y mujeres y de toda nuestra historia. Como los discípulos, también nosotros debemos hacer el mismo recorrido: pasar por la Cruz para acercarnos a la resurrección. Así como se fue formando la conciencia de los discípulos y de las primeras comunidades sobre este hecho trascendental, de la misma manera nosotros debemos entender que la Resurrección de Jesús alumbra toda nuestra vida y todo nuestro actuar. Si el destino de Jesús fue el triunfo sobre la muerte, los cristianos debemos comprender que éste también es nuestro triunfo. Que la muerte no tiene la palabra final, sino que la victoria es la cumbre de nuestra vida. Canto de Gloria, Aleluyas, cantos alegres, flores, colorido, Cirio Pascual, etc.: que todo ello nos lleve a la centralidad de esta fiesta. No nos quedemos en la superficialidad de una celebración sin sentido. Que cuando salgamos de esta celebración podamos

decirnos, primero a nosotros, que en verdad Jesús ha resucitado y que lo llevemos a nuestros hogares, a nuestros vecinos, a nuestra comunidad, para que todos vean a través de nuestro actuar que Cristo es realmente la resurrección gloriosa que tanto hemos proclamado. Recordemos por un momento lo que se decía de la primera comunidad que vivió la resurrección de Jesús: Miren cómo se aman. R.P. Martín Solano, cjm. VIGILIA PASCUAL 1. Según una tradición muy antigua,
ésta es una noche de vigilia en honor del Señor (Ex 12,42). Los fieles, llevando en la mano –según la exhortación evangÉlica (Lc 12,35ss)lámparas encendidas, se asemejan a quienes esperan el regreso de su Señor para que, cuando Él vuelva, los encuentre vigilantes y los haga sentar a su mesa. 2. La celebración de la Vigilia se desarrolla de la siguiente manera: después de la breve liturgia de la luz o “lucernario” (primera parte de la Vigilia), la santa Iglesia, llena de fe en las palabras y promesas del Señor, medita los portentos que Él obró desde el principio a favor de su pueblo (segunda parte o liturgia de la Palabra) y cuando el día de la resurrección está por llegar, encontrándose ya acompañada de sus nuevos hijos, renacidos en el bautismo (tercera

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parte), es invitada a la mesa que el Señor ha preparado para su pueblo, por medio de la muerte y resurrección (cuarta parte). 3. Toda la celebración de la Vigilia pascual se hace en la noche, de modo que no debe comenzar antes del principio de la noche del sábado, ni terminar después del alba del domingo. 4. La misa de la Vigilia, aunque se celebre antes de la medianoche, es ya la misa pascual del Domingo de Resurrección. Los fieles que participan en la misa de la Vigilia Pascual, pueden comulgar también en la misa diurna de la Pascua. 5. El sacerdote que celebra o concelebra la misa de la Vigilia, puede también celebrar o concelebrar la misa diurna de la Pascua. 6. El sacerdote y los ministros se revisten desde el principio con los ornamentos blancos de la misa. Prepárense suficientes velas para todos los fieles que participen en la Vigilia.

Esta santa noche es de Vigilia en la espera del Señor. Esperaremos a Cristo, nuestra Luz, la luz que salva a los hombres. PRIMERA PARTE: LUCERNARIO O SOLEMNE COMIENzO DE LA VIGILIA BENDICIÓN DEL fUEGO
7. Se apagan todas las luces de la Iglesia. En un lugar adecuado, fuera de la Iglesia, se enciende el fuego. Congregado allí el pueblo, llega el sacerdote con los ministros. Uno de los ministros lleva el cirio pascual. Si las circunstancias no permiten encender el fuego fuera de la Iglesia, todo este rito se desarrolla como se indicará más adelante. 8. El sacerdote saluda, como de costumbre, al pueblo congregado y le hace una breve exhortación, con estas palabras u otras semejantes: Hermanos: En esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo pasó de la muerte a la vida, la Iglesia invita a todos sus hijos, diseminados por el mundo, a que se reúnan para velar en oración. Conmemoremos, pues, juntos, la Pascua del Señor, escuchando su palabra y participando en sus sacramentos, con la esperanza cierta de participar también en su triunfo sobre la muerte y de vivir con Él para siempre en Dios. 9. Enseguida bendice el fuego:

GUIÓN LITÚRGICO

MONICIÓN DE AMBIENTACIÓN Queridos hermanos: Jesucristo, Hijo de Dios Padre, vino al mundo para liberar a la humanidad sumergida en tinieblas y en sombra de muerte. En la oscuridad esconde el mal su destrucción. La luz, en cambio, es seguridad, es fuerza, es alegría. El mundo necesita de esa luz que es Cristo Jesús, «el sol de justicia», el Redentor, el amor del Padre manifestado a la humanidad.

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10. Si por razones pastorales, parece oportuno hacer resaltar con algunos símbolos la dignidad y significación del cirio pascual, puede hacerse de este modo: una vez bendecido el fuego nuevo, un acólito o uno de los ministros lleva el cirio pascual ante el celebrante. Éste, con un punzón, graba una cruz en el cirio. Después, traza sobre Él la letra griega Alfa, y debajo, la letra Omega; entre los brazos de la cruz traza los cuatro números del año en curso, mientras dice:

1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8.

Cristo ayer y hoy,
traza la línea vertical;

Principio y fin,
traza la línea horizontal;

A 2 1 0 3

Alfa
traza la letra Alfa, arriba de la línea vertical;

y Omega.
traza la letra Omega, abajo de la línea vertical;

Suyo es el tiempo
traza el primer número del año en curso, en el ángulo superior izquierdo de la cruz;

y la eternidad.
traza el segundo número del año, en el ángulo superior derecho;

A Él la gloria y el poder,
traza el tercer número del año en el ángulo inferior izquierdo;

por los siglos de los siglos. Amén.
traza el cuarto número del año en el ángulo inferior derecho.

Ω
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Oremos. Dios nuestro, que por medio de tu Hijo nos has comunicado el fuego de tu vida divina, bendice † este fuego nuevo y haz que estas fiestas pascuales enciendan en nosotros el deseo del cielo, para que podamos llegar con un espíritu renovado a la fiesta gloriosa de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

Con el fuego nuevo se enciende el cirio pascual.

MONICIÓN Cristo es el dueño de la historia, el principio y el fin de todas las cosas; el tiempo y la eternidad le pertenecen siempre; esta idea es grabada sobre el Cirio Pascual, símbolo de Cristo que pasa de la muerte a la vida

11. Después de haber trazado la cruz y los demás signos, el sacerdote puede incrustar en el cirio cinco granos de incienso, en forma de cruz, diciendo al mismo tiempo.

1 4 2 5

GUIÓN LITÚRGICO

1. 2. 3. 4. 5.

Por sus santas llagas gloriosas, nos proteja y nos guarde Jesucristo nuestro Señor. Amén.

3

12. El celebrante enciende el cirio pascual con el fuego nuevo, diciendo:

Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu.
Lo indicado en los nn. 10-12 puede realizarse total o parcialmente, según las circunstancias pastorales del ambiente y del lugar. Las Conferencias Episcopales pueden establecer también otros ritos más acomodados a la idiosincrasia de cada pueblo en concreto. 13. Cuando por alguna razón no se puede encender el fuego fuera de la Iglesia, el rito se acomoda a las circunstancias. Reunido, como de costumbre, el pueblo en la Iglesia, el celebrante con los ministros, uno de los cuales lleva el cirio pascual, se dirige a la puerta de la Iglesia. El pueblo, en cuanto sea posible, se vuelve hacia el celebrante. Se hace el saludo y la exhortación como se indicó en el n.8; después se bendice el fuego (n.9) y, si se quiere, se prepara y enciende el cirio, como se indica en los nn.10-12.

MONICIÓN A LA PROCESION CON EL CIRIO Cristo atraviesa ayer y hoy la historia de la humanidad, iluminándonos con la claridad de su presencia. Su luz se derrama a su paso hasta llegar a la iluminación total, esto es lo que veremos, a continuación.
14. A continuación el diácono o, en su defecto, el sacerdote, toma el cirio pascual y, manteniéndolo elevado, canta Él solo:

S. Cristo, luz del mundo. A. Demos gracias a Dios.
Todos entran en la Iglesia, precedidos por el diácono (o el sacerdote) que lleva el cirio pascual. Si se emplea el incienso, el turiferario precederá al diácono. 15. En la puerta de la Iglesia, el diácono se detiene y elevando el cirio, canta por segunda vez:

S. Cristo, luz del mundo. A. Demos gracias a Dios.
16. Al llegar ante el altar, el diácono, vuelto hacia el pueblo, canta por tercera vez:

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S. El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que proclames MONICIÓN AL CANTO DEL dignamente su pregón pascual; PREGÓN PASCUAL en el nombre del Padre, y del Hijo Establecido Cristo en la historia de † y del Espíritu Santo. A. Amén. la salvación, es incensado en señal Esta bendición se omite si el pregón de adoración y agradecimiento. pascual es proclamado por otro que Hoy, se elevará el canto más no sea el diácono. hermoso de la Iglesia: El Pregón Si se usa el incienso, el diácono o, Pascual, himno que, durante XVI en su defecto, el sacerdote, inciensa el libro y el cirio. Luego proclama el siglos, se ha entonado en la Iglesia pregón pascual desde el ambón o de Cristo. A través de este canto desde el púlpito. Todos permanecen se invita a los ángeles, a la tierra y de pie teniendo en sus manos las a la Iglesia a llenarse de gozo por la velas encendidas. victoria del Rey tan poderoso, que El pregón pascual puede ser arrancó el manto de las tinieblas proclamado, en caso de necesidad, por un cantor que no sea diácono. En que cubría el mundo. Luego se recuerda cuanto el este caso, el cantor omite desde las eterno Padre ha hecho por palabras Por eso, queridos hermanos nosotros: pagó la deuda de Adán, hasta el final del invitatorio: el liberó a los israelitas en el paso resplandor de su luz, así como el saludo El Señor esté con ustedes. del Mar Rojo, se hizo columna de El pregón puede cantarse también fuego para iluminar el camino. En en su forma breve. Las Conferencias esta noche, somos restituidos a Episcopales pueden adaptar el pregón la gracia, somos arrancados de intercalando en Él alguna aclamación los vicios, se rompen nuestras del pueblo. cadenas. fORMA LARGA DEL PREGÓN PREGÓN PASCUAL PASCUAL 17. El sacerdote se dirige a la sede. Exulten por fin los coros de los El diácono pone el cirio pascual en ángeles, exulten las jerarquías el candelabro, que está preparado del cielo, y por la victoria de Rey en medio del presbiterio o junto al tan poderoso que las trompetas ambón. Después de poner incienso en anuncien la salvación. el incensario, si éste se ha utilizado, el diácono pide y recibe, como lo hace Goce también la tierra, inundada en la misa antes del Evangelio, la de tanta claridad, y que, radiante
Entonces se encienden las luces del templo.

S. Cristo, luz del mundo. A. Demos gracias a Dios.

bendición del sacerdote, el cual dice en voz baja:
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con el fulgor del Rey eterno, se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe entero. Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante; resuene este templo con las aclamaciones del pueblo. (Por eso queridos hermanos, que asisten a la admirable claridad de esta luz santa, invoquen conmigo la misericordia de Dios omnipotente, para que aquel que, sin mérito mío, me agregó al número de los diáconos, infundiendo el resplandor de sus luz, me ayude a cantar las alabanzas de este cirio) S. El Señor esté con ustedes. A. Y con tu espíritu. S. Levantemos el corazón A. Lo tenemos levantado hacia el Señor. S. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. A. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario aclamar con nuestras voces y con todo el afecto del corazón a Dios invisible, el Padre todopoderoso, y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Porque Él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán y, derramando su sangre, canceló el recibo del antiguo pecado. Porque éstas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el

verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles. Ésta es la noche en que sacaste de Egipto a los israelitas, nuestros padres, y los hiciste pasar a pie el mar Rojo. Ésta es la noche en que la columna de fuego esclareció las tinieblas del pecado. Ésta es la noche en que, por toda la tierra, los que confiesan su fe en Cristo son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la gracia y son agregados a los santos. Ésta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo. ¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados? ¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué incomparable ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo! Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo. ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor! ¡Qué noche tan dichosa! Sólo ella conoció el momento en que Cristo resucitó de entre los muertos. Ésta es la noche de la que estaba escrito: «Será la noche clara como el día, la noche iluminada por mi gozo.» Y así, esta noche santa ahuyenta

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los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos. En esta noche de gracia, acepta, Padre santo, este sacrificio vespertino de alabanza que la santa Iglesia te ofrece por medio de sus ministros en la solemne ofrenda de este cirio, hecho con cera de abejas. Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego, ardiendo en llama viva para gloria de Dios. Y aunque distribuye su luz, no mengua al repartirla, porque se alimenta de esta cera fundida, que elaboró la abeja fecunda para hacer esta lámpara preciosa. ¡Qué noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino! Te rogamos, Señor, que este cirio, consagrado a tu nombre, arda sin apagarse para destruir la oscuridad de esta noche, y, como ofrenda agradable, se asocie a las lumbreras del cielo. Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese lucero que no conoce ocaso y es Cristo, tu Hijo resucitado, que, al salir del sepulcro, brilla sereno para el linaje humano, y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos. A. Amén.

SEGUNDA PARTE LITURGIA DE LA PALABRA MONICIÓN Regocijemos nuestro corazón saboreando las delicias del amor de nuestro Dios; que desde toda la eternidad, piensa en nosotros y nos ha llamado a participar de la gloria de su divinidad. Escuchemos, atentos, a nuestro Dios que, en su gran misericordia, ha querido realizar con la humanidad una alianza nueva y eterna, sellada con la sangre de nuestro Señor Jesucristo.
18. En esta vigilia: “madre de todas las vigilias” (San Agustín, Sermón 219), se proponen nueve lecturas, siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo (la Epístola y el Evangelio). 19. Si las circunstancias pastorales lo piden, puede reducirse el número de lecturas del Antiguo Testamento; pero téngase siempre en cuenta que la lectura de la Palabra de Dios es parte fundamental de esta Vigilia de Pascua. Debe leerse, por lo menos, tres lecturas del Antiguo Testamento y, en casos muy urgentes, por lo menos dos. Pero nunca se omita la tercera lectura, tomada del capítulo 14 del Éxodo. 20. Terminado el pregón, todos apagan sus velas y se sientan. Antes de comenzar las lecturas, el sacerdote exhorta a la asamblea con estas palabras u otras semejantes.

S. Hermanos, con el pregón solemne de la Pascua, hemos

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entrado ya en la noche santa de la resurrección del Señor. Escuchemos con recogimiento la Palabra de Dios. Meditemos cómo, en la Antigua Alianza, Dios salvó a su pueblo y, en la plenitud de los tiempos, envió al mundo a su Hijo para que nos redimiera. Oremos para que Dios, nuestro Padre, conduzca a su plenitud esta obra de salvación, iniciada con la muerte y resurrección de Jesucristo.
21. Siguen luego las lecturas. Un lector va al ambón y lee la primera lectura. Después el salmista o cantor dice el salmo, alternando con las respuestas del pueblo. Enseguida todos se levantan, el sacerdote dice Oremos y después de que todos han orado en silencio durante unos momentos dice la oración colecta. Lo mismo se hace en cada lectura. En lugar de decir el salmo responsorial, se puede guardar un breve espacio de silencio para hacer oración. En este caso, se omite la pausa después del Oremos.

1ª LECTURA: Gén 1, 1 – 2, 2. Lectura del libro del Génesis En el principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era un caos informe; sobre la faz del abismo, la tiniebla. Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: “Que exista la luz.” Y la luz existió. Y vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla; llamó Dios a la luz

“día”; a la tiniebla, “noche”. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero. Y dijo Dios: “Que exista una bóveda entre las aguas, que separe aguas de aguas.” E hizo Dios una bóveda y separó las aguas de debajo de la bóveda de las aguas de encima de la bóveda. Y así fue. Y llamó Dios a la bóveda “cielo”. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo. Y dijo Dios: “Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezcan los continentes.” Y así fue. Y llamó Dios a los continentes “tierra”, y a la masa de las aguas la llamó “mares”. Y vio Dios que era bueno. Y dijo Dios: “Verdee la tierra hierba verde que engendre semilla, y árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra.” Y así fue. La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero. Y dijo Dios: “Que existan lumbreras en la bóveda del cielo, para separar el día de la noche, para señalar las fiestas, los días y los años; y sirvan de lumbreras en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra.” Y así

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fue. E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche, y las estrellas. Y las puso Dios en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra; para regir el día y la noche, para separar la luz de las tiniebla. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto. Y dijo Dios: “Pululen las aguas un pulular de vivientes, y pájaros vuelen sobre la tierra frente a la bóveda del cielo.” Y creó Dios los cetáceos y los vivientes que se deslizan y que el agua hizo pulular según sus especies, y las aves aladas según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: “Crezcan, multiplíquense, llenen las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra.” Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto. Y dijo Dios: “Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras según sus especies.” Y así fue. E hizo Dios las fieras según sus especies, los animales domésticos según sus especies y los reptiles según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Y dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine

los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra.” Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: “Crezcan, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra.” Y dijo Dios: “Miren, les entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran semilla les servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todo ser que respira, la hierba verde les servirá de alimento.” Y así fue. Y vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto. Y quedaron concluidos el cielo, la tierra y sus ejércitos. Y concluyó Dios para el día séptimo todo el trabajo que había hecho; y descansó el día séptimo de todo el trabajo que había hecho. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor. SALMO RESP. (Sal 103) R. Bendice al Señor, alma mía. L. Bendice al Señor, alma mía; Señor y Dios mío inmensa es tu grandeza. Te vistes de belleza y

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majestad, la luz te envuelve como un manto. /R. L. Sobre bases inconmovibles asentaste la tierra para siempre. Con un vestido de mares la cubriste y las aguas en los montes concentraste. /R. L. En los valles haces brotar las fuentes, que van corriendo entre montañas; junto al arroyo vienen a vivir las aves, que cantan entre las ramas. /R. L. Desde tu cielo riegas los montes y sacias la tierra del fruto de tus manos; haces brotar hierba para los ganados, y pasto para los que sirven al hombre. /R. L. ¡Qué numerosas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con maestría!; la tierra está llena de tus creaturas. Bendice, al Señor, alma mía. /R.
22. Después de la primera lectura: creación del mundo (Gén 1, 1-2, 2) o creación del hombre (1,1.26-31ª )

ORACIÓN Oremos. Dios todopoderoso y eterno, que en todas las obras de tu amor te muestras admirable, concédenos comprender que la redención realizada por Cristo, nuestra Pascua, es una obra más maravillosa todavía que la misma creación del universo. Por nuestro Señor Jesucristo. R. Amén.

2ª LECTURA: Gén 22, 1-18. Lectura del libro del Génesis En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole:“¡Abrahán!” Él respondió: “Aquí me tienes.” Dios le dijo: “Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré.” Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que le había indicado Dios. El tercer día levantó Abrahán los ojos y descubrió el sitio de lejos. Y Abrahán dijo a sus criados: “Quédense aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar, y después volveremos con ustedes.” Abrahán tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y Él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos. Isaac dijo a Abrahán, su padre: “Padre.” Él respondió: “Aquí estoy, hijo mío.” El muchacho dijo: “Tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?” Abrahán contestó: “Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío.” Y siguieron caminando juntos. Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán

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levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: “¡Abrahán, Abrahán!” Él contestó: “Aquí me tienes.” El ángel le ordenó: “No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo.” Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo. Abrahán llamó aquel sitio “El Señor ve”, por lo que se dice aún hoy “El monte del Señor ve”. El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo: “Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: Por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.” Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

SALMO RESP. (Sal 15) R. Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti. L. El Señor es la parte que me ha tocado en herencia: mi vida está en sus manos. Tengo siempre presente al Señor, y con Él a mi lado jamás tropezaré. /R. L. Por eso se me alegran el corazón y el alma, y mi cuerpo vivirá tranquilo, Porque tú no me abandonarás a la muerte, ni dejarás que sufra yo la corrupción. /R. L. Enséñame el camino de la vida, sáciame de gozo en tu presencia, y de alegría perpetua junto a ti. /R.
23. Después de la segunda lectura: sacrificio de Abraham (Gén 22, 1-18; o 1-2. 9ª . 10-13. 15-18).

ORACIÓN Oremos. Señor Dios, Padre de los creyentes, que por medio del sacramento pascual del bautismo sigues cumpliendo la promesa hecha a Abraham de multiplicar su descendencia por toda la tierra y de hacerlo el padre de todas las naciones, concede a tu pueblo responder dignamente a la gracia de tu llamado. Por JNS. R. Amén. 3ª LECTURA: ÉX 14, 15 –15,1. Lectura del libro del Éxodo En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: “¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas

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que se pongan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en medio del mar a pie seco. Que yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a costa del Faraón y de todo su ejército, de sus carros y de los guerreros. Sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando me haya cubierto de gloria a costa del Faraón, de sus carros y de sus guerreros.” Se puso en marcha el ángel del Señor, que iba al frente del ejército de Israel, y pasó a retaguardia. También la columna de nube de delante se desplazó de allí y se colocó detrás, poniéndose entre el campamento de los egipcios y el campamento de los israelitas. La nube era tenebrosa, y transcurrió toda la noche sin que los ejércitos pudieran trabar contacto. Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del este, que secó el mar, y se dividieron las aguas. Los israelitas entraron en medio del mar a pie seco, mientras que las aguas formaban muralla a derecha e izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución, entrando tras ellos, en medio del mar, todos los caballos del Faraón y los carros con sus guerreros.

Mientras velaban al amanecer, miró el Señor al campamento egipcio, desde la columna de fuego y nube, y sembró el pánico en el campamento egipcio. Trabó las ruedas de sus carros y las hizo avanzar pesadamente. Y dijo Egipto: “Huyamos de Israel, porque el Señor lucha en su favor contra Egipto.” Dijo el Señor a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar, y vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes.” Y extendió Moisés su mano sobre el mar; y al amanecer volvía el mar a su curso de siempre. Los egipcios, huyendo, iban a su encuentro, y el Señor derribó a los egipcios en medio del mar. Y volvieron las aguas y cubrieron los carros, los jinetes y todo el ejército del Faraón, que lo había seguido por el mar. Ni uno solo se salvó. Pero los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio del mar; las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda. Aquel día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel vio a los egipcios muertos, en la orilla del mar. Israel vio la mano grande del Señor obrando contra los egipcios, y el pueblo temió al Señor, y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo. Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este cántico al

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el pueblo liberado de la esclavitud, un símbolo del pueblo cristiano, haz que todos los hombres, mediante la fe, participen del privilegio del pueblo elegido y sean regenerados por la acción santificadora de tu Espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo. R. Amén. 4ª LECTURA: Is 54, 5-14. Lectura del profeta Isaías “El que te creó, te tomará por esposa; su nombre es ‘Señor de los ejércitos’. Tu redentor es el Santo de Israel; será llamado ‘Dios de toda la tierra’. Como a una mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor. ¿Acaso repudia uno a la esposa de la juventud?, dice tu Dios. Por un instante te abandoné, pero con inmensa misericordia te volveré a tomar. En un arrebato de ira te oculté un instante mi rostro, pero con amor eterno me he apiadado de ti, dice el Señor, tu redentor. Me pasa ahora como en los días de Noé: entonces juré que las aguas 24. Después de la tercera lectura: del diluvio no volverían a cubrir la paso del mar Rojo (Ex 14, 15-15,1). tierra; ahora juro no enojarme ya ORACIÓN contra ti ni volver a amenazarte. Oremos. Señor, que con el Podrán desaparecer los montes Evangelio nos has hecho y hundirse las colinas, pero mi comprender el sentido profundo amor por ti no desaparecerá y mi del Antiguo Testamento, alianza de paz quedará firme para dejándonos ver en el paso del mar siempre. Lo dice el Señor, el que Rojo una imagen del bautismo y en Señor. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor. SALMO RESP. (Éx 15) R. Alabemos al Señor por su victoria. L. Cantemos al Señor, sublime es su victoria: caballos y jinetes arrojó en el mar. Mi fortaleza y mi canto es el Señor, Él es mi salvación; Él es mi Dios, y yo lo alabaré, es el Dios de mis padres, y yo le cantaré. /R. L. El Señor es un guerrero, su nombre es el Señor. Precipitó en el mar los carros del Faraón y a sus guerreros; ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes. /R. L. Las olas los cubrieron, cayeron hasta el fondo, como piedras. Señor, tu diestra brilla por su fuerza, tu diestra, Señor, tritura al enemigo. /R. L. Tú llevas a tu pueblo para plantarlo en el monte que le diste en herencia, en el lugar que convertiste en tu morada, en el santuario que construyeron tus manos. Tú, Señor, reinarás para siempre. /R.

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ORACIÓN Oremos. Señor Dios, siempre fiel a tus promesas, aumenta, por medio del bautismo, el número de tus hijos y multiplica la descendencia prometida a la fe de los patriarcas, para que tu Iglesia vea que se va cumpliendo tu voluntad de salvar a todos los hombres, como los patriarcas lo creyeron y esperaron. Por JNS. R. Amén. 5ª LECTURA: Is 55, 1-11. Lectura del profeta Isaías Esto dice el Señor: “Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua; y los que no tienen dinero, vengan, tomen trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar. ¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan y el salario, en lo que no alimenta? Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platillos sustanciosos. Préstenme atención, vengan a mí, escúchenme y vivirán. Sellaré con ustedes una alianza perpetua, cumpliré las promesas que hice a David. Como a Él lo puse por testigo ante los pueblos, como príncipe y soberano de las naciones, así tú reunirás a un pueblo desconocido, y las naciones que no te conocían acudirán a ti, por amor del Señor, 25. Después de la cuarta lectura: la tu Dios, por el Santo de Israel, que nueva Jerusalén (Is 54, 5-14). te ha honrado. se apiada de ti. Tú, la afligida, la zarandeada por la tempestad, la no consolada: He aquí que yo mismo coloco tus piedras sobre piedras finas, tus cimientos sobre zafiros; te pondré almenas de rubí y puertas de esmeralda y murallas de piedras preciosas. Todos tus hijos serán discípulos del Señor, y será grande su prosperidad. Serás consolidada en la justicia. Destierra la angustia, pues ya nada tienes que temer; olvida tu miedo, porque ya no se acercará a ti”. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor. SALMO RESP. (Sal 29) R. Te alabaré, Señor, eternamente. L. Te alabaré, Señor, eternamente, pues no dejaste que se rieran de mí mis enemigos. Tú, Señor, me salvaste de la muerte y a punto de morir, me reviviste. /R. L. Alaben al Señor quienes lo aman, den gracias a su nombre, porque su ira dura un solo instante y su bondad, toda la vida. El llanto nos visita por la tarde; por la mañana, el júbilo. /R. L. Escúchame, Señor, y compadécete; Señor, ven en mi ayuda. Convertiste mi duelo en alegría, te alabaré por eso eternamente. /R.

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Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar, invóquenlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal, sus planes; que regrese al Señor, y El tendrá piedad; a nuestro Dios, que es rico en perdón. Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, sus caminos no son mis caminos. Porque así como aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los de ustedes y mis pensamientos a sus pensamientos. Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí sin resultado, sino que hará mi voluntad y cumplirá su misión”. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor. SALMO RESP. (Is 12) R. El Señor es mi Dios y salvador. L. El Señor es mi Dios y salvador: con Él estoy seguro y nada temo. El Señor es mi protección y mi fuerza, y ha sido mi salvación. Sacarán agua con gozo de la fuente de salvación. /R. L. Den gracias al Señor, invoquen su nombre, cuenten a los pueblos

26. Después de la quinta lectura: la salvación que se ofrece gratuitamente a todos (Is 55,1-11).

ORACIÓN Oremos. Dios todopoderoso y eterno, única esperanza del mundo, tú que anunciaste por la voz de tus profetas los misterios que estamos celebrando esta noche, infunde en nuestros corazones la gracia de tu Espíritu, para que podamos vivir una vida digna de tu redención. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén. 6ª LECTURA: Ba 3, 9-15. 32 –4, 4. Lectura del profeta Baruc Escucha, Israel, los mandatos de vida, presta oído para que adquieras prudencia. ¿A qué se debe, Israel, que estés aún en país enemigo, que envejezcas en tierra extranjera, que te hayas contaminado por el trato con los muertos, que te veas contado entre los que descienden al abismo? Es que abandonaste la fuente de la sabiduría. Si hubieras seguido los senderos de Dios, habitarías en paz eternamente. Aprende dónde están la

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sus hazañas, proclamen que su nombre es sublime. /R. L. Alaben al Señor por sus proezas, anúncienlas a toda la tierra. Griten jubilosos, habitantes de Sión, porque el Dios de Israel ha sido grande con ustedes. /R.

prudencia, la inteligencia y la energía, así aprenderás dónde se encuentra el secreto de vivir larga vida, y dónde la luz de los ojos y la paz. ¿Quién es el que halló el lugar de la sabiduría y tuvo acceso a sus tesoros? El que todo lo sabe, la conoce; con su inteligencia la ha escudriñado. El que cimentó la tierra para todos los tiempos, y la pobló de animales cuadrúpedos; el que envía la luz, y ella va, la llama, y temblorosa le obedece; llama a los astros, que brillan jubilosos en sus puestos de guardia, y ellos le responden: “Aquí estamos”, y refulgen gozosos para aquel que los hizo. Él es nuestro Dios y no hay otro como Él; Él ha escudriñado los caminos de la sabiduría y se la dio a su hijo Jacob, a Israel, su predilecto. Después de esto, ella apareció en el mundo y convivió con los hombres. La sabiduría es el libro de los mandatos de Dios, la ley de validez eterna; los que la guardan, vivirán; los que la abandonan, morirán. VuÉlvete a ella, Jacob, y abrázala; camina hacia la claridad de su luz; no entregues a otros tu gloria, ni tu dignidad a un pueblo extranjero. Bienaventurados nosotros, Israel, porque lo que agrada al Señor nos ha sido revelado. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

SALMO RESP. (SAL 18) R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna. L. La ley del Señor es perfecta del todo y reconforta el alma; inmutables son las palabras del Señor y hacen sabio al sencillo. /R. L. En los mandamientos del Señor hay rectitud y alegría para el corazón; son luz los preceptos del Señor para alumbrar el camino. /R. L. La voluntad de Dios es santa y para siempre estable; los mandatos del Señor son verdaderos y enteramente justos. /R. L. Más deseables que el oro y las piedras preciosas las normas del Señor, y más dulces que la miel de un panal abundante. /R.
27. Después de la sexta lectura: la fuente de la sabiduría (Ba 3,9-15.32 – 4, 4).

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ORACIÓN Oremos. Dios nuestro, que haces crecer continuamente a tu Iglesia con hijos llamados de todos los pueblos, dígnate proteger siempre con tu gracia a quienes has hecho renacer en el bautismo. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén. 7ª LECTURA: Ez 36, 16-28. Lectura del profeta Ezequiel En aquel tiempo, me fue dirigida la palabra del Señor en estos

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términos: “Hijo de hombre, cuando los de la casa de Israel habitaban en su tierra, la mancharon con su conducta y con sus obras; como inmundicia fue su proceder ante mis ojos. Entonces descargué mi furor contra ellos, por la sangre que habían derramado en el país y por haberlo profanado con sus idolatrías. Los dispersé entre las naciones y anduvieron errantes por todas las tierras. Los juzgué según su conducta, según sus acciones los sentencié. Y en las naciones a las que se fueron, desacreditaron mi santo nombre, haciendo que de ellos se dijera: ‘Éste es el pueblo del Señor, y ha tenido que salir de su tierra’. Pero, por mi santo nombre, que la casa de Israel profanó entre las naciones a donde llegó, me he compadecido. Por eso, dile a la casa de Israel: ‘Esto dice el Señor: no lo hago por ustedes, casa de Israel. Yo mismo mostraré la santidad de mi nombre excelso, que ustedes profanaron entre las naciones. Entonces ellas reconocerán que yo soy el Señor, cuando, por medio de ustedes les haga ver mi santidad. Los sacaré a ustedes de entre las naciones, los reuniré de todos los países y los llevaré a su tierra. Los rociaré con agua pura y quedarán purificados; los purificaré de todas

sus inmundicias e idolatrías. Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de ustedes el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Les infundiré mi espíritu y los haré vivir según mis preceptos y guardar y cumplir mis mandamientos. Habitarán en la tierra que di a sus padres; ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios’”. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor. SALMO RESP. (Sal 41 y 42) R. Estoy sediento del Dios que da la vida. L. Como el venado busca el agua de los ríos, así, cansada, mi alma te busca a ti, Dios mío. /R. L. Del Dios que da la vida está mi ser sediento. ¿Cuándo será posible ver de nuevo tu templo? /R. L. Recuerdo cuando íbamos a casa del Señor,cantando, jubilosos, alabanzas a Dios. /R. L. Envíame, Señor, tu luz y tu verdad; que ellas se conviertan en mi guía y hasta tu monte santo me conduzcan, allí donde tú habitas. /R. L. Al altar de Señor me acercaré, al Dios que es mi alegría, y a mi Dios, el Señor, le daré gracias al compás de la cítara. /R.
28. Después de la séptima lectura: el corazón nuevo y el espíritu nuevo (Ez 36, 16-28).

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ORACIÓN Oremos. Señor Dios nuestro, que con las enseñanzas del Antiguo y del Nuevo Testamento nos has preparado a celebrar el misterio de la Pascua, haz que comprendamos tu amor, para que los dones que hoy recibimos confirmen en nosotros la esperanza de los bienes futuros. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.
29. Terminada la oración de la última lectura del Antiguo Testamento, con el responsorio y la oración correspondiente, se encienden las velas del altar. El sacerdote entona solemnemente el Gloria, que todos prosiguen. Se tocan las campanas, de acuerdo con las costumbres de cada lugar. 30. Después del Gloria, el sacerdote dice la Oración COLECTA, como de ordinario.

O

ORACIÓN COLECTA remos. Dios nuestro, que haces resplandecer esta noche santa con la gloria del Señor resucitado, aviva en tu Iglesia el espíritu filial, para que, renovados en cuerpo y alma, nos entreguemos plenamente a tu servicio. Por nuestro Señor Jesucristo.
31. Enseguida un lector lee la epístola de san Pablo.

EPíSTOLA : Rom 6, 3-11. Lectura de la carta de san Pablo 32. Terminada la epístola todos se ponen de pie y el sacerdote entona a los romanos Hermanos: Los que por el solemnemente el Aleluya, que todos

bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con Él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros caminemos en una vida nueva. Porque, si nuestra existencia está unida a Él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya. Comprendamos que nuestra vieja condición ha sido crucificada con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores, y nosotros libres de la esclavitud al pecado; porque el que muere ha quedado absuelto del pecado. Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre Él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

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SALMO RESP. (Sal 117) R. Aleluya, aleluya. L. Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. /R. L. La diestra del Señor es poderosa,la diestra del Señor es excelsa. No he de morir, viviré, para contar las hazañas del Señor. /R. L. La piedra que desecharon los arquitectos, es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. /R. EVANGELIO: Lc 24, 1-12. + Proclamación del santo Evangelio según san Lucas A. Gloria a ti, Señor. El primer día después del sábado, muy de mañana, llegaron las mujeres al sepulcro, llevando los perfumes que habían preparado. Encontraron que la piedra ya había sido retirada del sepulcro y entraron pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Estando todas ellas desconcertadas por esto, se les presentaron dos varones con vestidos resplandecientes. Como ellas se llenaron de miedo

TERCERA PARTE LITURGIA BAUTISMAL MONICIÓN Llegamos a la tercera parte de nuestra vigilia pascual. El agua, elemento sencillo de la naturaleza, se convierte en el vehículo mediante el cual somos sumergidos en la misma muerte de Cristo para resucitar con Él a una vida nueva. En esta noche bautismal, hacemos memoria de

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repiten. Luego un salmista o un cantor dice el salmo, al que el pueblo responde: Aleluya. Si hace falta, el mismo salmista canta el Aleluya.

e inclinaron el rostro a tierra, los varones les dijeron: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí; ha resucitado. Recuerden que cuando estaba todavía en Galilea les dijo: ‘Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado y sea crucificado y al tercer día resucite’ ”. Y ellas recordaron sus palabras. Cuando regresaron del sepulcro, las mujeres anunciaron todas estas cosas a los Once y a todos los demás. Las que decían estas cosas a los apóstoles eran María Magdalena, Juana, María (la madre de Santiago) y las demás que estaban con ellas. Pero todas estas palabras les parecían desvaríos y no les creían. Pedro se levantó y corrió al sepulcro. Se asomó, pero sólo vio los lienzos y se regresó a su casa, asombrado por lo sucedido. Palabra del Señor. A. Gloria a ti, Señor Jesús.

nuestro bautismo, conscientes de que habita en cada uno de nosotros la fuerza de este sacramento, que nos invita e impulsa cada día a vivir la novedad de vida que Cristo nos regala en su Pascua.
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Si se bendice la fuente, pero no va a haber bautizos:

S. Hermanos, pidamos a Dios todopoderoso que con su poder santifique esta fuente bautismal, para que cuantos en el bautismo 33. El sacerdote con los ministros van a ser regenerados en Cristo, se dirige a la fuente bautismal, si es sean acogidos en la familia de que ésta se encuentra a la vista de Dios.
los fieles. De lo contrario, se pone un recipiente con agua en el presbiterio. Si hay catecúmenos adultos, son llamados por su nombre y presentados por los padrinos o, si son niños, llevados por los padres y padrinos frente a toda la asamblea. 34. Después, el sacerdote exhorta a los presentes, con estas u otras palabras semejantes. Si están presentes los que se van a bautizar: 35. Dos cantores entonan las letanías, a las que todos responden estando en pie (por razón del tiempo pascual). Si la procesión hasta el bautisterio es larga, se cantan las letanías durante la procesión; en este caso se llama a los catecúmenos, antes de comenzar la procesión. Abre la procesión el diácono, con el cirio pascual; siguen los catecúmenos, con los padrinos; después, el sacerdote con los ministros. En este caso la exhortación precedente se hace antes de la bendición del agua. 36. Si no hay bautizos ni bendición de la fuente, omitidas las letanías, se procede inmediatamente a la bendición del agua.

S. Hermanos, acompañemos con nuestra oración a estos catecúmenos que anhelan renacer a nueva vida en la fuente del bautismo, para que Dios, nuestro Padre, les otorgue su protección y su amor. LETANíAS DE LOS SANTOS

37. En las letanías se pueden se pueden añadir algunos nombres de santos, especialmente el del titular de la Iglesia, el de los patronos del lugar y el de los que van a ser bautizados.

Señor, ten piedad Cristo, ten piedad Señor, ten piedad Santa María Madre de Dios San Miguel Santos Ángeles de Dios

Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad. ruega por nosotros. ruega por nosotros. rueguen por nosotros.

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San Juan Bautista San José Santos Pedro y Pablo San Andrés San Juan Santa María Magdalena San Esteban San Ignacio de Antioquía San Lorenzo Santas Perpetua y Felicidad Santa Inés San Gregorio San Agustín San Atanasio San Basilio San Martín San Benito Santos Francisco y Domingo San Francisco Javier San Juan María Vianney Santa Catalina de Siena Santa Teresa de Jesús Santos y santas de Dios Muéstrate propicio De todo mal De todo pecado De la muerte eterna Por tu encarnación Por tu muerte y resurrección Por el don del Espíritu Santo Nosotros que somos pecadores,
Si hay bautizados:

ruega por nosotros. ruega por nosotros. rueguen por nosotros. ruega por nosotros. ruega por nosotros. ruega por nosotros. ruega por nosotros. ruega por nosotros. ruega por nosotros. rueguen por nosotros. ruega por nosotros. ruega por nosotros. ruega por nosotros. ruega por nosotros. ruega por nosotros. ruega por nosotros. ruega por nosotros. rueguen por nosotros. ruega por nosotros. ruega por nosotros. ruega por nosotros. ruega por nosotros. rueguen por nosotros. líbranos, Señor. líbranos, Señor. líbranos, Señor. líbranos, Señor. líbranos, Señor. líbranos, Señor. líbranos, Señor. te rogamos, óyenos. te rogamos, óyenos. te rogamos, óyenos.

Para que te dignes comunicar tu propia vida a quienes has llamado al bautismo.
Si no hay bautizados:

Para que santifiques esta agua por la que renacerán tus nuevos hijos.

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Si hay bautizos, el sacerdote con las manos juntas, dice la siguiente oración:

S. Derrama, Señor, tu infinita bondad en este sacramento del bautismo y envía tu Santo Espíritu, para que haga renacer de la fuente bautismal a estos nuevos hijos tuyos, que van a ser santificados por tu gracia, mediante la colaboración de nuestro ministerio. Por Jesucristo, nuestro Señor. BENDICIÓN DEL AGUA BAUTISMAL
38. Enseguida el sacerdote bendice el agua bautismal, diciendo con las manos juntas, la siguiente oración:

S. Dios nuestro, que con tu poder invisible realizas obras admirables por medio de los signos de los sacramentos y has hecho que tu creatura, el agua, signifique de muchas maneras la gracia del bautismo. Dios nuestro, cuyo Espíritu aleteaba sobre la superficie de las aguas en los mismos principios del mundo, para que ya desde entonces el agua recibiera el poder de dar la vida. Dios nuestro, que incluso en las aguas torrenciales del diluvio prefiguraste el nuevo nacimiento de los hombres, al hacer que de una manera misteriosa, un mismo elemento diera fin al pecado y origen a la virtud.

Dios nuestro, que hiciste pasar a pie enjuto por el mar Rojo a los hijos de Abraham, a fin de que el pueblo liberado de la esclavitud del faraón, prefigurara al pueblo de los bautizados. Dios nuestro, cuyo Hijo, al ser bautizado por el precursor en el agua del Jordán, fue ungido por el Espíritu Santo; suspendido en la cruz, quiso que brotaran de su costado sangre y agua; y después de su resurrección mandó a sus apóstoles: “Vayan y enseñen a todas las naciones bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.” Mira ahora a tu Iglesia en oración y abre para ella la fuente del bautismo. Que por la obra del Espíritu Santo esta agua adquiera la gracia de tu Unigénito, para que el hombre, creado a tu imagen, limpio de su antiguo pecado por el sacramento del bautismo, renazca a la vida nueva por el agua y el Espíritu Santo.
Si lo cree oportuno, introduce el cirio pascual en el agua una o tres veces, diciendo:

GUIÓN LITÚRGICO

Te pedimos, Señor, que el poder del Espíritu Santo, por tu Hijo, descienda sobre el agua de esta fuente,
Manteniendo el cirio dentro del agua, prosigue:

para que todos los que en ella reciban el bautismo, sepultados

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39. Enseguida saca el cirio del agua y el pueblo dice la siguiente aclamación o alguna otra adecuada:

Fuentes del Señor, bendigan al Señor, alábenlo y glorifíquenlo por los siglos.
40. Cada catecúmeno hace la renuncia a Satanás y la profesión de fe, y recibe el bautismo. Si está presente el obispo, los catecúmenos adultos reciben inmediatamente la confirmación; en caso contrario, el presbítero que ha administrado el bautismo puede también confirmar a los catecúmenos adultos.

BENDICIÓN DEL AGUA COMÚN.
41. Si no hay bautizos ni bendición de la fuente bautismal, el celebrante invita al pueblo a orar diciendo:

Pidamos, queridos hermanos, a Dios Padre todopoderoso, que bendiga esta agua, con la cual seremos rociados en memoria de nuestro bautismo, y que nos renueve interiormente, para que permanezcamos fieles al Espíritu que hemos recibido.
Y después de una breve oración en silencio, prosigue con las manos juntas:

Señor, Dios nuestro, mira con bondad a este pueblo tuyo, que vela en oración en esta noche santísima, recordando la obra

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con Cristo en su muerte, resuciten también con Él a la vida. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.

admirable de nuestra creación y la obra más admirable todavía, de nuestra redención. Dígnate bendecir + esta agua, que tú creaste para dar fertilidad a la tierra, frescura y limpieza a nuestros cuerpos. Tú, además, has convertido el agua en un instrumento de tu misericordia: a través de las aguas del mar Rojo liberaste a tu pueblo de la esclavitud; en el desierto hiciste brotar un manantial para saciar su sed; con la imagen del agua viva los profetas anunciaron la nueva alianza que deseabas establecer con los hombres; finalmente, en el agua del Jordán, santificada por Cristo, inauguraste el sacramento de una vida nueva, que nos libra de la corrupción del pecado. Que esta agua nos recuerde ahora nuestro bautismo y nos haga participar en la alegría de nuestros hermanos, que han sido bautizados en esta Pascua del Señor, el cual vive y reina por los siglos de los siglos. R. Amén. MONICIÓN En un mundo de negaciones prácticas del bien y de planificación del pecado, gritemos en esta Noche Santa nuestro desprecio a Satanás y profesemos, con gozo, la fe en Cristo Jesús, nuestra esperanza.

RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS DEL BAUTISMO
42. Terminada la ceremonia del bautismo (y de la confirmación) o, si no hubo bautizos, después de la bendición del agua, todos, de pie y teniendo en sus manos las velas encendidas hacen la renovación de las promesas del bautismo. El sacerdote se dirige a la comunidad con estas palabras u otras parecidas:

S. Hermanos, por medio del bautismo, hemos sido hechos partícipes del misterio pascual de Cristo; es decir, por medio del bautismo, hemos sido sepultados con Él en su muerte para resucitar con Él a una vida nueva. Por eso, al terminar el tiempo de preparación de la Cuaresma, es muy conveniente que renovemos las promesas de nuestro bautismo, con las cuales un día renunciamos a Satanás y a sus obras y nos comprometimos a servir a Dios, en la santa Iglesia católica.
la fórmula que se propone a continuación:

todopoderoso, creador del cielo y de la tierra? A. Sí, creo. S. ¿Creen en Jesucristo, su Hijo único y Señor nuestro, que nació de la Virgen María, padeció y murió por nosotros, resucitó y está sentado a la derecha del Padre? A. Sí, creo. S. ¿Creen en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna? A. Sí, creo.
Y el sacerdote concluye:

GUIÓN LITÚRGICO

S. Que Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos liberó del pecado y nos ha hecho renacer por el agua y el Espíritu Santo, nos conserve con su gracia unidos a Jesucristo nuestro Señor, hasta la vida Para hacer la renuncia se toma eterna. R. Amén. S. ¿Renuncian ustedes a Satanás? A. Sí, renuncio. S. ¿Renuncian a todas sus obras? A. Sí, renuncio. S. ¿Renuncian a todas sus seducciones? A. Sí, renuncio.
Prosigue el sacerdote:

S. ¿Creen ustedes en Dios, Padre

43. El sacerdote rocía al pueblo con el agua bendita, mientras se entona un canto bautismal. 44. Mientras tanto los neófitos son conducidos a su lugar entre los fieles. Si la bendición del agua bautismal se hizo en el presbiterio, los ministros llevan a la fuente, con toda reverencia, el recipiente del agua. Si no hubo bendición de la fuente, el agua bendita se coloca en su lugar apropiado. 45. Hecha la aspersión, el sacerdote

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ORACIÓN DE LOS fIELES C. En esta noche de resurrección y vida, pidamos a Jesús que nos ayude a renacer a la gracia y nos dé la fuerza de su Espíritu. Digámosle: Señor resucitado, escúchanos. 1. Por todos los hombres y mujeres del mundo: para que la vida de Cristo se les manifieste y los transforme con la fuerza de su amor. Oremos. 2. Por los que sufren, por los que en estos días han permanecido asociados a la pasión de Cristo: para que la gracia de su resurrección los fortalezca y libere. Oremos. 3. Por los que con buena fe trabajan por la paz y luchan por la justicia: para que la gracia salvadora que surge del sepulcro vacío y del mensaje del ángel les ayude a no desfallecer. Oremos. 4. Por los cristianos que celebramos con gozo la Pascua del Señor: para que renazcamos a la vida del Resucitado. Oremos. 5. Por todos los difuntos: para que puedan contemplar cara a cara al Dios de la vida, y desde Él intercedan por sus familiares y amigos. Oremos. C. Señor Resucitado, Tú que eres el Sumo Sacerdote que vive para

CUARTA PARTE LITURGIA EUCARíSTICA
46. El sacerdote va al altar y comienza la Liturgia Eucarística, en la forma acostumbrada. 47. Es conveniente que el pan y el vino sean presentados por los neófitos, si los hay.

A

O. SOBRE LAS OfRENDAS cepta, Señor, los dones que te presentamos y concédenos que el memorial de la muerte y resurrección de Jesucristo, que estamos celebrando, nos obtenga la fuerza para llegar a la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. PREfACIO: EL MISTERIO PASCUAL S. El Señor esté con ustedes. A. Y con tu espíritu. S. Levantemos el corazón. A. Lo tenemos levantado hacia el Señor. S. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. A. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,

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vuelve a la sede, en donde dirige la Oración Universal, en la cual toman parte los neófitos por primera vez. No se dice Credo.

interceder por nosotros, escucha nuestras oraciones, intercede ante el Padre por tu Iglesia, y danos tu Espíritu para que anunciemos al mundo el triunfo de tu resurrección sobre el pecado y la muerte. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. A. Amén.

I

glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca en esta noche en que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado. Porque Él es el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró la vida. Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo. O. DESPUÉS DE LA COMUNIÓN nfúndenos, Señor, tu espíritu de caridad para que vivamos siempre unidos en tu amor los que hemos participado en este sacramento de la muerte y resurrección de Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

BENDICIÓN SOLEMNE C. Que Dios todopoderoso los bendiga en esta noche solemnísima de Pascua y, compadecido de ustedes, los guarde de todo pecado. A. Amén. C. Que les conceda el premio de la inmortalidad quien los ha redimido, para la vida eterna, con la resurrección de su Hijo. A. Amén. C. Que quienes, una vez terminados los días de la Pasión, celebran con gozo la fiesta de la Pascua del Señor, puedan participar, con su gracia, del júbilo de la Pascua eterna. A. Amén. C. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes. A. Amén.
48. Para la despedida, el diácono o el mismo sacerdote dice:

GUIÓN LITÚRGICO

Pueden ir en paz, ¡aleluya, aleluya! A. Demos gracias a Dios, ¡aleluya, aleluya!

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LITURGIA DE LAS hORAS: PROPIO
COLOR LITÚRGICO

Blanco

MARzO

HEMOS RESUCITADO CON CRISTO. Para los creyentes en Cristo Jesús, no existe evento mayor en la historia humana que el hecho de la Resurrección de nuestro Señor y Maestro. Nuestro lenguaje es totalmente inadecuado para explicar este singular misterio. Dios no puede ser vencido por el poder de la muerte y en el mismo instante que el Señor expira sobre el leño infame de la cruz, en ese mismo instante la muerte es derrotada para siempre y la vida comienza a florecer definitivamente. Según el cuarto evangelista, el Señor nos entrega su Espíritu en el momento de la muerte; el Espíritu de Dios está fuera del alcance de los lazos de la muerte y, por tanto, el Crucificado, por amor, derrota la fuerza del egoísmo más grande que pueda existir. Al darnos su Santo Espíritu, el Crucificado nos hace empezar a vivir en la dimensión de resucitados; personas guiadas por los valores del amor, la justicia, la verdad y la libertad; personas que resucitan con el Resucitado y hacen presente en el mundo la novedad traída por Cristo Jesús. La Palabra de Dios que hoy

proclamamos en la liturgia es una invitación a vivir el misterio de la Resurrección desde actitudes vitales que reflejen el triunfo de la vida; san Pablo nos invita a buscar los bienes de arriba; es una forma muy curiosa de hacernos tomar conciencia de la novedad de vida que emerge del hecho de la resurrección. La ira, la grosería, la mentira, la tristeza, la desesperación, no pueden reinar en la vida del creyente; no podemos decir que creemos en Cristo Resucitado si alimentamos actitudes contrarias a la paz y la alegría que emergen de su triunfo sobre el poder de la muerte. Hoy se nos invita a hacer el acto de fe de Pedro y del discípulo, a ver y creer que un sepulcro no puede ser el lugar donde se refleje la gloria de Dios; ellos encuentran una tumba abierta, las vendas por el suelo y el sudario de la cabeza enrollado en sitio aparte; estas cosas en sí mismas podrían tener múltiples explicaciones, pero a los ojos de la fe decían que el Crucificado ya no estaba allí, que la muerte había sido vencida y que una nueva realidad se abría para el ser humano; ellos creen y empiezan a hacer esa

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DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN DEL SEñOR

DOMINGO

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GUIÓN LITÚRGICO

experiencia transformante de la resurrección que se convertirá en un río impetuoso que llega hasta nuestros días. El Crucificado Resucitado se ha convertido en el paradigma vital para quienes hacen del amor, la justicia, la verdad y la libertad la razón de la existencia. Pbro. Cándido Contreras MONICIÓN DE ENTRADA ¡Cristo ha resucitado! Él ha salido victorioso del sepulcro; ha roto las cadenas del pecado y de la muerte. Hoy, queridos hermanos, celebramos el acontecimiento central de nuestra fe: La Resurrección del Señor. Estamos invitados a comunicar a todos esta Buena Noticia, a anunciar -como nos lo dirá la Palabra de Dios- lo que hemos visto y oído. Este es el día del triunfo del Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Pidamos a Dios, que nos ayude a poner toda nuestra confianza en el Resucitado, que es nuestra pascua y nuestra paz definitiva; y a ser sus testigos veraces en medio del mundo. Sean todos bienvenidos a esta celebración pascual. ORACIÓN COLECTA ios nuestro, que por medio de tu Hijo venciste a la muerte y nos has abierto las puertas de la

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vida eterna, concede, a quienes celebramos hoy la Pascua de Resurrección, resucitar también a una nueva vida, renovados por la gracia del Espíritu Santo. Por nuestro Señor Jesucristo. MONICIÓN A LA 1ª LECTURA En la primera lectura, vemos cómo Pedro da testimonio de la Resurrección del Señor ante los paganos; y termina comunicándoles que a los que crean se les perdonarán todos sus pecados. Nosotros estamos invitados, especialmente en los ambientes más hostiles, a proclamar nuestra fe en Cristo Jesús, el Ungido del Padre. 1ª LECTURA: (Hch 10,34. 37-43) Lectura de los Hechos de los Apóstoles En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: “Hermanos: Ustedes conocen lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con Él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo

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resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que Él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con Él después de su resurrección. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en Él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados”. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor. SALMO RESP. (Sal 117) R. Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo. L. Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. /R. L. La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa. No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. /R. L. La piedra que desecharon los arquitectos, es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. /R. MONICIÓN A LA 2ª LECTURA El Señor, muerto y resucitado, ha roto ya las limitaciones del espacio y del tiempo. A través

del apóstol san Pablo, también nosotros, estamos invitados a buscar los bienes del cielo, no para escaparnos de las tareas que nos tocan asumir aquí en la tierra, sino para que lo que aspiramos y buscamos se vaya haciendo realidad en un comportamiento verdaderamente cristiano. Escuchemos. 2ª LECTURA: Col 3, 1-4. Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los colosenses Hermanos: Ya que han resucitado con Cristo, busquen los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspiren a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque han muerto; y la vida de ustedes está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también ustedes aparecerán, juntamente con Él, en gloria. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor. SECUENCIA Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza a gloria de la Víctima propicia de la Pascua. Cordero sin pecado, que a las ovejas salva, a Dios y a los culpables unió con nueva alianza. Lucharon vida y muerte en singular batalla, y muerto el que es la vida, triunfante se levanta. “¿Qué has visto de camino, María

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en la mañana?” “A mi Señor glorioso, la tumba abandonada, los ángeles testigos, sudarios y mortaja. ¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza! Vengan a Galilea, allí el Señor aguarda; allí verán los suyos la gloria de la Pascua”. Primicia de los muertos, sabemos por tu gracia que estás resucitado; la muerte en ti no manda. Rey vencedor, apiádate de la miseria humana y da a tus fieles parte en tu victoria santa. MONICIÓN AL STO. EVANGELIO Pedro entra al sepulcro, y al ver que está vacío, cree en la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Su “creer” no está fundado en la palabra de Jesús, sino en la ausencia de un cadáver. Dichosos, nosotros, que sin haber visto, hemos creído que Jesús ha resucitado y nos da la plenitud de la vida. Seamos testigos de esta verdad ante el mundo. EVANGELIO: Jn 20,1-9. + Lectura del santo Evangelio según san Juan A. Gloria a ti, Señor. El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a

quien quería Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo: pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de Él y entró en el sepulcro: Vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos. Palabra del Señor. A. Gloria a ti, Señor Jesús. ORACIÓN DE LOS fIELES C. Hermanos, Dios nos invita a vivir la victoria de Cristo, que es también nuestra victoria. Por eso, unidos a toda la Iglesia, oremos diciendo: Tú que eres la verdad y la vida, escúchanos, Señor. 1. Para que Cristo, presente en su Iglesia, haga que los cristianos anunciemos, con gozo y desde la vida, que Él ha vencido la muerte y que vive para interceder por

GUIÓN LITÚRGICO

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nosotros. Oremos. 2. Para que la celebración de la Pascua del Señor renueve nuestra vida cristiana, nos haga vivir la vida nueva del Resucitado [y a los recién bautizados les mantenga sin mancha su blanca vestidura]. Oremos. 3. Para que Dios sea el refugio de los que lo buscan, la bendición de los que lo invocan y la vida de los que ya han muerto. Oremos. 4. Para que vivamos con alegría nuestra fe en Jesús resucitado, y para que nos dejemos saciar por Él, hecho pan de vida para nuestro caminar. Oremos. C. Gracias, Padre, porque siempre nos escuchas; mantén en nosotros el gozo de tu amor, y haz que,

R S

cuantos celebramos la victoria de tu Hijo sobre la muerte y el pecado, podamos gozar un día de tu vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén O. SOBRE LAS OfRENDAS egocijados con la alegría de la Pascua, te ofrecemos, Señor, esta Eucaristía, mediante la cual tu Iglesia se renueva y alimenta de un modo admirable. Por Jesucristo, nuestro Señor. O. DESPUÉS DE LA COMUNIÓN eñor, protege siempre a tu Iglesia con amor paterno, para que, renovada ya por los sacramentos de Pascua, pueda llegar a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

II DOMINGO DE PASCUA
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Blanco

fIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA

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ABRIL

DOMINGO

Hoy estamos celebrando en la Iglesia Católica el domingo de la Divina Misericordia. Esta fiesta fue solicitada por el mismo Señor Jesús a Sor Faustina, el 22 de febrero de 1931 en Plock, el mismo día en que le pidió que pintara su imagen y le dijo: “Yo deseo que haya una Fiesta de la Divina Misericordia. Quiero, que esta imagen, que pintarás con el pincel, sea bendecida con solemnidad el primer Domingo después de

la Pascua de Resurrección; ese Domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia”. El tema de la Divina Misericordia está presente durante todo el año litúrgico. La elección del II Domingo de Pascua, que concluye la octava de la Resurrección del Señor, indica la estrecha relación que existe entre el misterio pascual de la salvación y la fiesta de la Misericordia. La Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo son, en efecto, la más

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grande manifestación de la Divina Misericordia de Dios Padre hacia los hombres, especialmente hacia los pecadores. Fue el Beato Juan Pablo II quien el 30 de abril del año 2000, en la canonización de Santa Faustina, instituyó el segundo domingo de Pascua como Domingo de la Misericordia. En la primera lectura, tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles, vemos cómo gracias al amor de Dios “los Apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo”, y por ello “crecía el número de creyentes”. Esa misericordia, tal como lo anuncia el Salmo 117 “es eterna” y nos lo confirma el Apocalipsis cuando nos dice: “No temas: Yo soy el primero y el último, yo soy el que vive. Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo”. En el Evangelio de hoy, vemos cómo la misericordia de Dios se nos transmite en la persona de su Hijo Resucitado, quien infunde en nosotros su espíritu, para que, a su imagen, seamos portadores de paz y perdón. Que al sentir su misericordia para con nosotros le podamos decir como Tomás: “Señor mío y Dios mío”. Ofrezcamos una intención especial por la clausura de la XVIII Asamblea Eucarística Nacional,

para que todos encontremos en Jesús Sacramentado la mayor expresión de la Misericordia de Dios para con la humanidad. Pbro. Juan de Dios Peña Rojas. MONICIÓN DE ENTRADA Queridos hermanos: Bienvenidos a nuestra celebración dominical. Estamos ya, en el segundo domingo de Pascua, celebramos hoy la fiesta de la Divina Misericordia. Este es un tiempo de júbilo en el Señor. Cristo nos da un Espíritu que nos trae paz, amor y alegría. Con la inspiración del Espíritu, la Iglesia primitiva continuó la misión de Cristo. Ahora, nosotros, tenemos la responsabilidad de formar una comunidad cristiana unida en su amor. La Eucaristía es signo de unidad. Empecemos nuestra acción de gracias cantando con entusiasmo. ORACIÓN COLECTA ios de misericordia infinita, que reanimas la fe de tu pueblo con el retorno anual de las fiestas pascuales, acrecienta en nosotros los dones de tu gracia, para que comprendamos mejor la inestimable riqueza del bautismo que nos ha purificado, del espíritu que nos ha hecho renacer y de la sangre que nos ha redimido. Por nuestro Señor Jesucristo.

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MONICIÓN A LA 1ª LECTURA En la primera lectura, tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles, el autor nos describe las actividades de san Pedro y el crecimiento de la Iglesia primitiva. San Lucas subraya cómo el Espíritu Santo actuaba en los Apóstoles y nos da una descripción de la primera comunidad cristiana. Ellos dieron testimonio apostólico sobre la resurrección y vivieron juntos, en comunidad. Escuchemos atentamente. 1ª LECTURA: Hch 5, 12-16. Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles. En aquellos días, los apóstoles realizaban muchas señales milagrosas y prodigios en medio del pueblo. Todos los creyentes solían reunirse, por común acuerdo, en el pórtico de Salomón. Los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente los tenía en gran estima. El número de hombres y mujeres que creían en el Señor iba creciendo de día en día, hasta el punto de que tenían que sacar en literas y camillas a los enfermos y ponerlos en las plazas, para que, cuando Pedro pasara, al menos su sombra cayera sobre alguno de ellos. Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén y llevaba a los

enfermos y a los atormentados por espíritus malignos, y todos quedaban curados. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor. SALMO RESP. (Sal 117) R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya. L. Diga la casa de Israel: “Su misericordia es eterna”. Diga la casa de Aarón: “Su misericordia es eterna”. Digan los que temen al Señor: “Su misericordia es eterna”. /R. L. La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente. Este es el día del triunfo del Señor, día de júbilo y de gozo. /R. L. Libéranos, Señor, y danos tu victoria. Bendito el que viene en nombre del Señor. Qué Dios desde su templo nos bendiga. Que el Señor, nuestro Dios, nos ilumine. /R. MONICIÓN A LA 2ª LECTURA En su visión, san Juan, contempla a Jesucristo como sacerdote y como rey universal. Esta lectura nos da a entender que la vida cristiana tiene sentido cuando está dirigida con Cristo, por Cristo y hacia Cristo. Escuchemos, para que sepamos orientar nuestras acciones cotidianas.

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2ª LECTURA: Ap1,9-11.12-13.17-19.

Lectura del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan. Yo, Juan, hermano y compañero de ustedes en la tribulación, en el Reino y en la perseverancia en Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos, por haber predicado la palabra de Dios y haber dado testimonio de Jesús. Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente, como de trompeta, que decía: “Escribe en un libro lo que veas y envíalo a las siete comunidades cristianas de Asia”. Me volví para ver quién me hablaba, y al volverme, vi siete lámparas de oro, y en medio de ellas, un hombre vestido de larga túnica, ceñida a la altura del pecho, con una franja de oro. Al contemplarlo, caí a sus pies como muerto; pero Él, poniendo sobre mí la mano derecha, me dijo: “No temas. Yo soy el primero y el último; yo soy el que vive. Estuve muerto y ahora, como ves, estoy vivo por los siglos. Yo tengo las llaves de la muerte y del más allá. Escribe lo que has visto, tanto sobre las cosas que están sucediendo, como sobre las que sucederán después”. Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.

MONICIÓN AL STO. EVANGELIO Jesucristo resucitado se presenta a los Apóstoles. El primer don que Jesús les regala es la paz. También, les da la facultad para perdonar los pecados; pero, a la vez, les exige fe en la resurrección. Hoy se nos invita a ser instrumentos de la paz que Dios, a todos, nos regala. EVANGELIO: Jn 20, 19-31. + Proclamación del santo Evangelio según san Juan A. Gloria a ti, Señor. Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban al Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que nos se los perdonen, les quedarán sin perdonar”. Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le

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1. Por nuestro Santo Padre, los obispos, sacerdotes y diáconos, para que con la presencia del Señor se fortalezcan en su servicio espiritual a todo el mundo. Oremos. 2. Por todos los gobernantes, para que realicen con alegría su responsabilidad de servicio al pueblo de Dios. Oremos. 3. Por los que no creen en Dios, para que reciban el don de la fe. Oremos. 4. Por los que se están preparando para recibir su Primera Comunión, para que crezcan en la fe y en el amor de Cristo. Oremos. 5. Por nosotros aquí presentes, para que con nuestro testimonio y apostolado, hagamos crecer nuestra comunidad. Oremos. C. Señor Dios, cuya misericordia es eterna, escucha nuestras súplicas y aumenta en nosotros los dones de tu gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor. O. SOBRE LAS OfRENDAS ecibe, Señor, las ofrendas que te presentamos, y haz Se dice Credo. que, renovados por la fe y el ORACIÓN DE LOS fIELES bautismo, consigamos la eterna C. Invoquemos a Dios, Padre bienaventuranza. Por JNS. todopoderoso, que resucitó a O. DESPUÉS DE LA COMUNIÓN Jesús, nuestro jefe y salvador, y oncédenos, Dios todopoderoso, aclamémoslo, diciendo: que la fuerza del sacramento R. Ilumínanos, Señor, con la luz pascual que hemos recibido, de Cristo. persevere siempre en nosotros. Por JNS. decían: “Hemos visto al Señor”. Pero Él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado no creeré”. Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!”. Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”. Otras muchas señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritas en este libro. Se escribieron estas para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre. Palabra del Señor. A. Gloria a ti, Señor Jesús.

R C

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VíA CRUCIS
Guía: Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. OfRECIMIENTO: “Señor mío y Dios mío, bajo la mirada amorosa de nuestra Madre, nos disponemos a acompañarte por el camino del dolor, que fue precio de nuestro rescate. Queremos sufrir todo lo que Tú sufriste, ofrecerte nuestro pobre corazón, contrito, porque eres inocente y vas a morir por nosotros, que somos los únicos culpables. Madre mía, Virgen dolorosa, ayúdame a revivir aquellas horas amargas que tu Hijo quiso pasar en la tierra, para que nosotros, hechos de un puñado de lodo, viviésemos al fin en la libertad y gloria de los hijos de Dios”. (San Josemaría Escrivá de Balaguer) I ESTACIÓN: CONDENAN A MUERTE A JESÚS G. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. A. Que por tu santa cruz redimiste al mundo. “Pero ellos insistían pidiendo a grandes voces que fuera crucificado y arreciaban en sus gritos. Pilato sentenció que se cumpliera su demanda. Soltó, pues, al que habían pedido, al que estaba en la cárcel por motín y asesinato, y a Jesús se lo entregó a su deseo.” (Lc 23, 23-25). MEDITACIÓN: Andar el camino de la vida, aunque sea hacia el calvario, en compañía de Jesús es un grito de esperanza. Es proclamar que la muerte que tanto resuena, se disfraza o se maquilla, y que constantemente el mundo se empeña en esconder, no tiene la última palabra. Porque la última palabra es la de la Vida. Hoy queremos proclamar con Jesús de Nazaret: *Que el amor puede más que el odio, *Que el amor no entiende de límites, ni de treguas, ni de condiciones, *Que, en ese Jesús que subía con la cruz a cuestas por el camino hacia el Calvario, el amor se derramó a chorros, invitándonos a nosotros a hacer otro tanto en nuestro servicio ministerial y pastoral.

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ORACIÓN: Jesús, ¡Ven a nuestro encuentro! Recuérdanos hoy que, lejos de condenar, hemos de trabajar por una nueva humanidad, aquí y ahora, sin caer en la tentación de lavarnos las manos ante situaciones que exijan nuestra opinión, decisión o compromiso. Que no podemos pasar de largo ante los hombres y mujeres que, aquí y ahora, en nuestra tierra, son condenados al desempleo, a la cárcel injusta, al hambre y la pobreza, al escarnio y el desprecio, por los Pilatos y Herodes de nuestro tiempo. A ellos hemos de recordarles constantemente que sí hay esperanza. II ESTACIÓN: JESÚS CARGA CON LA CRUz. G. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. A. Que por tu santa cruz redimiste al mundo. “Tomaron, pues, a Jesús, y Él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota” (Jn 19, 16b-17). MEDITACIÓN: La cruz, sea de madera, de oro o de plata, no es para contemplarla, sino para seguirla y, cuando llegue, tomarla y echárnosla al hombro. Nos gusta llevar la cruz como adorno

(a otros, como simple amuleto) olvidándonos de que es signo y recuerdo de la entrega con más pasión y con más gratuidad que la historia ha conocido. Poco importa el peso de cada una de ellas, ni si son más o menos visibles, más o menos altas, más o menos llevaderas. Lo importante es eso: llevarlas, como Cristo y con Cristo. El Señor, hoy y aquí, nos recuerda: “Quien quiera ser mi discípulo, que tome su cruz y que me siga”. Pero, también nos dice, que la cruz de nuestro hermano muchas veces tiene que hacerse nuestra. ORACIÓN: Sabemos, Señor, que la fuerza nos viene de la cruz porque en ella se esconden la victoria y la Pascua, o sea, la vida. Ayúdanos a entender el valor que tienen el sacrificio y la autenticidad de nuestros gestos en favor de los demás. Y que cuando el camino se nos vuelva duro y fatigante, y las cargas nos parezcan insoportables, sepamos buscar en tu ejemplo la fuerza que viene de lo alto. III ESTACIÓN: CAE JESÚS POR PRIMERA VEz G. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. A. Que por tu santa cruz redimiste al mundo. “Cuando el desaliento, compañero

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inseparable de la desconfianza, venga a tentarnos, volvamos nuestros ojos y nuestro corazón a Jesús, que se levanta de esa tierra en que ha caído bajo el peso de su Cruz, y que nos invita a subir con Él hasta la cumbre del Gólgota. ¡No podemos dejarle solo!” (A. Moreno). MEDITACIÓN: Jesús cae bajo el peso de la cruz y muerde el polvo del camino. Como Él, los hombres y mujeres de nuestro tiempo seguimos cayendo bajo el peso de nuestras cruces. Unas cruces nos vienen como la mala suerte de cada día. Otras nos las buscamos nosotros mismos queriendo, sin querer, o injustamente. Acercarnos a las noticias de cada jornada es contemplar a miles de hombres y mujeres aplastados por la depresión y la tristeza, acorralados por la violencia y la explotación o la injusticia, hundidos por la enfermedad, la pobreza o la debilidad. ¿Cómo, si somos discípulos de Jesús, podemos permanecer insensibles? ORACIÓN: Señor, te pedimos ahora por todos los innumerables caídos que vemos hoy en esta tierra nuestra. Tú que salvas y levantas al que a Ti grita, no permitas que pasemos de largo junto a quienes están hundidos

bajo el peso de su cruz. Danos ojos para verlos, corazón para sentirlos, y, sobre todo, brazos para levantarlos y devolverles el sentido de la vida y la esperanza. IV ESTACIÓN: JESÚS ENCUENTRA A MARíA, SU SANTíSIMA MADRE. G. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. A. Que por tu santa cruz redimiste al mundo. “Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: ‘Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones’ ”. (Lc. 2, 34-35). MEDITACIÓN: María, la madre del Señor, salió aquella tarde a su encuentro, para darle fuerza, ánimo y confianza. Porque para ella el viacrucis significaba: - Un gesto amoroso que decía más que muchas palabras, - Un silencio hecho amor, solidaridad y compañía, - Una fidelidad sin límites ni condiciones. ORACIÓN: Señor, ayúdanos a comprometernos, como ella, a hacernos presentes junto a los hermanos y hermanas que sufren;

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a salir de las cuevas de nuestra cobardía o nuestra flojera para darles razón de nuestra esperanza, y ofrecerles simplemente, sin pedir nada a cambio, nuestra solidaria compañía.

ORACIÓN: Ayúdanos, Señor, a comprometernos de veras en la construcción del cielo nuevo y de la tierra nueva, donde ya no habrá luto, ni llanto, ni dolor, como tú nos prometiste; que sepamos arrimar nuestro hombro a toda V ESTACIÓN: situación que nos parezca injusta SIMÓN AyUDA A LLEVAR LA o dolorosa. Y que no te sigamos CRUz DE JESÚS. engañando con una solidaridad G. Te adoramos, oh Cristo, y te falsa, sin entrega, ni esfuerzo, ni bendecimos. sacrificio. A. Que por tu santa cruz redimiste al mundo. VI ESTACIÓN: “Cuando le llevaban, echaron UNA PIADOSA MUJER ENJUGA mano de un cierto Simón de EL ROSTRO DE JESÚS. Cirene, que venía del campo, y le G. Te adoramos, oh Cristo, y te cargaron la cruz para que la llevara bendecimos. detrás de Jesús”. (Lc 23, 26) A. Que por tu santa cruz redimiste MEDITACIÓN: El sufrimiento al mundo. ajeno produce temor, temblor “No tenía apariencia ni presencia; y hasta indiferencia. Pero ese le vimos y carecía de aspecto que Jesús que sigue llevando su pudiésemos estimar. Despreciado, cruz en nuestros hermanos marginado, hombre doliente y que sufren, nos pide en ellos enfermizo, como de taparse el ayuda y colaboración, servicio y rostro por no verle. Despreciable, alianza, fraternidad y solidaridad, un Don Nadie.” (Is 53, 2-3). comprensión y compromiso. Hoy, MEDITACIÓN: La acción que todos nosotros, fieles cristianos, aquella buena mujer hizo con Cristo debemos ser, para ellos, cirineos, es la misma que hoy se nos pide con nuestra presencia y nuestra a nosotros, sus discípulos: curar oración. Por eso, hemos de hacer las heridas del que sufre, devolver nuestras las cruces anónimas o la esperanza al angustiado, conocidas, lejanas o cercanas, escuchar al deprimido, secar las de aquellos que, en nuestras lágrimas del que llora, limpiar los comunidades eclesiales, están rostros cubiertos de sudor, sangre viviendo su propio viacrucis. o salivazos. Sólo cuando hagamos

eso, veremos marcado en nuestra vida, como en el lienzo de aquella piadosa mujer, el rostro vivo de Cristo. ORACIÓN: Señor, enséñanos a regalar a nuestros hermanos que sufren, como tú, un amor gratuito que no ponga condiciones, ni discrimine situaciones, ni se quede en palabras. Danos fuerza para acercarnos a sus hogares, sus lechos de enfermos, sus asilos y ancianatos, sus cárceles y sus ranchos, a hablarles de ti, de tu amor sin condiciones, y del futuro hermoso que les prometes, un futuro que, con nuestro aporte, debe irse haciendo realidad desde esta vida.

nuestros días, a la corta o a la larga, están marcados por heridas profundas: soledad, fracaso, desprecio, desamor, pecado. Queremos salir de un hoyo y caemos en otro. Pretendemos sonreír y lloramos; ansiamos levantarnos y de nuevo caemos bajo los errores y los defectos de siempre. ORACIÓN: No permitas, Señor, que nos hundamos en el fatalismo de la propia debilidad; ni que demos por bueno lo que es mediocre o malo; ni que califiquemos de virtud lo que es defecto o pecado. Y que, sobre todo, jamás nos acostumbremos a vivir hundidos o permanezcamos en el suelo. Tú nos enseñaste VII ESTACIÓN: que ese mismo obstáculo que CAE JESÚS POR SEGUNDA VEz. nos hace caer puede servirnos de G. Te adoramos, oh Cristo, y te impulso para seguir caminando, bendecimos. sabiendo que, al final del camino A. Que por tu santa cruz redimiste Tú estarás esperándonos, no para al mundo. condenarnos sino para darnos la “¡Y de hecho cargó con nuestros vida y la felicidad definitiva. males y soportó todas nuestras dolencias! Nosotros le tuvimos VIII ESTACIÓN: por azotado, herido por Dios JESÚS CONSUELA A LAS HIJAS y humillado. Mas fue herido DE JERUSALÉN. por nuestras faltas, molido por G. Te adoramos, oh Cristo, y te nuestras culpas. Soportó el bendecimos. castigo que nos regenera, y fuimos A. Que por tu santa cruz redimiste curados con sus heridas” (Is 53, al mundo. 4-5). “Le seguía una gran multitud del MEDITACIÓN: Muchos de pueblo y mujeres que se dolían y se

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lamentaban por Él. Jesús se volvió a ellas y les dijo: ‘Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos.’” (Lc 23, 27-.28). MEDITACIÓN: Nadie ha otorgado jamás a la mujer una dignidad tan grande y un papel tan protagónico como los que le dio Cristo. Amó entrañablemente a su madre, no despreció el agua que le ofrecía la Samaritana, aceptó la amistad fiel de María Magdalena, perdonó a aquella pecadora que tanto había amado, resucitó al hijo de la que le pedía con fe, y, al final, se dejó embalsamar y amortajar por varias de sus discípulas. Lamentablemente su Iglesia, nuestra Iglesia, se ha dejado contaminar frecuentemente por criterios no cristianos, olvidando el ejemplo y la enseñanza del Maestro. Y se le sigue negando a la mujer el puesto que se merece. ORACIÓN: Por eso, Señor, en presencia de esa excepcional mujer que fue tu Madre Santísima y que hoy contemplamos como la madre Dolorosa, queremos pedir perdón por esos maltratos, violencias y marginaciones de los que tantas mujeres son víctimas frecuentes y contra los cuales nosotros no hemos sabido levantar nuestra voz profética. Al mismo tiempo, nos comprometemos a hacer más

IX ESTACIÓN: JESÚS CAE POR TERCERA VEz. G. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. A. Que por tu santa cruz redimiste al mundo. “Fue oprimido y humillado, pero Él no abrió la boca. Como cordero llevado al degüello, como oveja que va a ser esquilada, permaneció mudo, sin abrir la boca” (Is 53, 7). MEDITACIÓN: Sólo tropieza quien camina, pero los hombres y mujeres de nuestro tiempo de tanto caminar, permanecen en un constante accidente. El camino del justo siempre resulta duro y pesado. Y el camino de muchos de nosotros se hace duro y se llena de barro debido a nuestras malas acciones. La enfermedad crónica o la droga, el suicidio o la depresión, el sida o la guerra, el hambre o la injusticia son cruces, que van y

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coherente que nunca nuestra solidaridad con las madres que hoy sufren el dolor de un hijo enfermo, preso, alejado, desagradecido, corrompido o muerto. Y por ellas queremos hacerte una oración especial recordando el día en que tu Madre tuvo que vivir el más espantoso de los dolores, viéndote como te veía en el camino hacia el Calvario.

vienen, suben, bajan y nos hacen hundirnos frecuentemente en la desesperanza y hasta tirar la toalla. El Señor Jesús, sigue cayendo, en cada uno de nosotros. ORACIÓN: Hoy te pedimos, Señor, que nos hagas fuertes con tu fuerza para que, en cada caída, sepamos sacar de tu ejemplo el impulso para levantarnos y seguir adelante en tu seguimiento. Porque, de esa manera, en nuestra propia debilidad aprenderemos a ser más comprensivos con los hermanos que caen en el pecado, el vicio, la pérdida de su fe o la desesperanza. X ESTACIÓN: DESPOJAN A JESÚS DE SUS VESTIDURAS G. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. A. Que por tu santa cruz redimiste al mundo. “Perros sin cuento me rodean, una banda de malvados me acorrala; mis manos y mis pies vacilan, puedo contar mis huesos. Ellos me miran y remiran, reparten entre sí mi ropa y se echan a suertes mi túnica”. (Sal 22, 17-19). MEDITACIÓN: El Señor Jesús se dejó desnudar para que el hombre pudiera vestirse de eternidad. Pero, nosotros nos empeñamos en vestirnos con ropajes o valores

falsos, aparentando una felicidad que no es cierta o nunca llega. Decimos que queremos vivir como hermanos y nos despojamos de la paz. Decimos que queremos ser solidarios y el consumismo pone en evidencia nuestro egoísmo, hablamos de vida pero nos envolvemos en ropajes de muerte. ORACIÓN: Señor, tú que toleraste que te privaran de tu dignidad humana dejándote desnudo y expuesto a las burlas de la gente, para que nosotros pudiéramos vestirnos de divinidad, enséñanos a despojarnos libremente de aquello que no nos deja ni ser humanos, ni ser cristianos, ni ser felices, ni mucho menos ser auténticos discípulos tuyos. XI ESTACIÓN: JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUz. G. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. A. Que por tu santa cruz redimiste al mundo. “Yo en cambio soy gusano, no hombre, soy afrenta del vulgo, asco del pueblo; todos cuantos me ven de mí se mofan, tuercen los labios y menean la cabeza: ‘Se confió a Yahvé, ¡pues que lo libre, que lo salve si tanto lo quiere!’ ”. (Sal 22, 7-9). MEDITACIÓN: Jesús Maestro,

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te vemos colgado de esa cruz, levantada sobre el mundo, y nos resistimos a verte como un fracasado. Tus amigos te abandonaron y tus enemigos te insultaron, te escupieron, se burlaron de ti, te azotaron y te traspasaron con clavos, pero nosotros seguimos creyendo en tu triunfo, por la cruz y en la cruz, sobre la muerte. Sabemos que ese madero de infamia se ha convertido en una catapulta que nos lanza hacia la vida eterna. ORACIÓN: Haz, Señor, que brille para nosotros siempre el sol de la fe y la esperanza, incluso en aquellos instantes en los que todo nos parece absurdo, o lleno de desilusión y fracaso. Que brille tu luz pascual en el horizonte de todos los crucificados de la historia. Y que jamás olvidemos tu enseñanza: que el grano de trigo tan sólo da fruto después de pudrirse en tierra.

se rasgó por medio y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: ‘Padre, en tus manos pongo mi espíritu’. Y, dicho esto, expiró.” (Lc 23, 44-46). MEDITACIÓN: En el pesebre Dios se humilló renunciando a las prerrogativas divinas para hacerse hombre, y en la cruz se humilló de nuevo para hacernos comprender que el amor verdadero debe llegar hasta el extremo de dar la vida entera, incluso a precio de sangre. Pero, esa cruz no es la que nos salva sino el amor extremo que el Señor Jesús manifestó en ella. ORACIÓN: Señor, naciste en el silencio y la soledad, y hoy mueres de igual forma, solo, colgado de un madero, en el silencio amargo del Calvario. Por eso puedes gritar al mundo entero, desde tu patíbulo, que todo se ha cumplido, que has culminado bien tu misión salvadora. La entrega llevada hasta el extremo. La cruz alzada. El cuerpo traspasado. Los ojos cerrados. La sangre derramada. XII ESTACIÓN: Es la hora de recoger la fruta que MUERTE DE JESÚS EN LA CRUz. ha sido exprimida. G. Te adoramos, oh Cristo, y te Y porque te vemos así, Señor, bendecimos. aprendemos que seguirte a ti A. Que por tu santa cruz redimiste no es querer sólo ser mejores al mundo. sino sobre todo ser diferentes. “Era ya cerca de la hora sexta Es apostar por un mundo nuevo cuando se oscureció el sol y toda donde se impongan la vida sobre la tierra quedó en tinieblas hasta la muerte, el amor sobre el odio, la la hora nona. El velo del Santuario fraternidad sobre el egoísmo. Lo

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aceptamos como nuestra tarea presente y futura. Y no queremos fallarte: no nos dejes solos. XIII ESTACIÓN: DESCLAVAN A JESÚS y LO ENTREGAN A SU MADRE. G. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. A. Que por tu santa cruz redimiste al mundo. “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo.’ Luego dice al discípulo: ‘Ahí tienes a tu madre.’ Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.” (Jn 19, 25-27). MEDITACIÓN: Hemos aprendido de ti, Señor, que no hay eternidad sino después de una vida ofrecida plenamente, que no hay mayor testimonio de vida que morir para que otros vivan. Ayúdanos a creer de verdad que quien que entrega su vida la recobra multiplicada en una eterna juventud y una vida sin finales. ORACIÓN: Por eso, como María, nos agarramos hoy a tu cuerpo inerte, sabiendo que lo que ahora es sólo un cadáver será la cosecha

que recogeremos en la mañana de Pascua. Haznos testigos fieles de ese mensaje al mundo: Dios tiene suficiente amor y poder para sacar a todos los muertos de sus tumbas. XIV ESTACIÓN: DAN SEPULTURA AL CUERPO DE JESÚS. G. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. A. Que por tu santa cruz redimiste al mundo. “Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar. En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que nadie todavía había sido depositado. Allí, pues, porque era el día de la Preparación de los judíos y el sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.” (Jn 19, 4042). MEDITACIÓN: Caminar con Jesús es llegar con Él a la meta y correr su misma suerte. Seguir a Jesús es apostar sin condiciones por un mundo distinto en el que las tumbas sean un jardín de esperanzas y la palabra Vida, por eso, se escriba siempre con mayúsculas. ORACIÓN: Ayúdanos, Señor, a creer firmemente en la

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enemigos, el dolor de la cruz y la oscuridad del sepulcro. Fuiste fiel al final a tu misión y el Padre te ha resucitado. Y nos sentimos muy contentos, Señor, porque sabemos que aunque también nosotros estamos destinados a la muerte, tu resurrección nos garantiza que también nosotros resucitaremos, porque esa fue tu promesa. ORACIÓN: Te damos gracias, Señor, porque hoy más que nunca te sentimos vivo y siempre al lado nuestro y podemos afirmar que, pase lo que pase, gracias a ti, la Vida siempre tiene la palabra definitiva. Por eso, cuando llegue el momento de nuestra muerte, XV ESTACIÓN: haz que te sintamos vivo a JESÚS RESUCITA GLORIOSO nuestro lado y que todos y cada DEL SEPULCRO. uno de nosotros podamos con el G. Te adoramos, oh Cristo, y te corazón decirte: ¡Señor, en tus bendecimos. manos pongo mi espíritu! A. Que por tu santa cruz redimiste al mundo. ORACIÓN CONCLUSIVA: “Le dice Jesús: ‘Mujer, ¿por qué Oh, Padre celestial, te damos lloras? ¿a quién buscas? Ella, gracias y te alabamos por el pensando que era el encargado grande amor que has manifestado del huerto, le dice: ‘Señor, si tú lo hacia nosotros. Por amor nos has llevado, dime dónde los has creaste y por amor nos redimiste, puesto, y yo me lo llevaré’. Jesús le entregando a tu mismo Hijo dice: ‘María’. Ella se vuelve y le dice que derramó toda su Sangre en hebreo: ‘Rabbuní’ –que quiere para pagar nuestra libertad y decir: ‘Maestro’.” (Jn 20, 15-16). conseguirnos el perdón de los MEDITACIÓN: ¡Has triunfado, pecados. Señor! Has vencido el odio de tus Y para que nuestra vida, desde

resurrección, y a actuar siempre como resucitados, dejando atrás la cultura de muerte. Ayúdanos a no quedarnos clavados en el monte de las lágrimas y pegados a los velos morados del Viernes Santo, o besando las astillas de una cruz que ya está desnuda para siempre. Ábrenos a la esperanza cierta de que del sepulcro surge un camino que nos lleva a la vida. Concédenos un corazón sencillo para creer que somos granos de trigo que germinarán, aunque un día seamos enterrados en el surco. Y haz que no olvidemos jamás que gracias a ti la muerte ya no tiene la última palabra.

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ahora, fuera una ofrenda agradable a ti, nos enviaste al Espíritu Santo como primicia de la nueva vida que tendremos en la gloria. Bendito sea para siempre tu Santo Nombre. No permitas nunca que volvamos al pecado; más bien, ayúdanos a tener siempre una vida santa,

alabándote ahora y por los siglos de los siglos. Amén. G. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

VíA LUCIS
G. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Seguidamente el guía se dirige a los presentes con estas palabras u otras semejantes:

Hermanos y hermanas: Nos unimos en la alegría de la Iglesia universal para revivir y profundizar la riqueza del tiempo pascual. En el transcurso del Vía Lucis volveremos a leer y meditar los momentos más significativos de las manifestaciones del Resucitado con el fin de poder penetrar algo en el misterio central de nuestra fe. Pedimos a Cristo, nuestro Divino Maestro, que este camino de luz nos haga entender que el poder de su amor es más fuerte que el odio, la violencia y las guerras de los hombres, y lograr así que cada uno de nosotros seamos un rayito imitador de la luz de Cristo que

ilumine las conciencias tranquilas con reflejos de alegre paz, y a los descarriados les alumbre el camino hacia la verdad. ORACIÓN: Señor Jesucristo, que después de tu resurrección te has manifestado con poder y gloria a tus apóstoles y les has comunicado tu paz y tu alegría, te rogamos que nos acompañes en este camino de la luz para que aprendamos a vivir siempre más la verdad culminante de nuestra fe. R. Amén. PRIMERA ESTACIÓN: JESUCRISTO RESUCITA GLORIOSO DEL SEPULCRO G. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. A. Porque con tu resurrección has salvado al mundo.

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LECTOR 1: Del Evangelio de san Mateo (Mt 28, 2-7) Pasado el sábado, al salir la estrella del primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a visitar el sepulcro. De repente se produjo un gran temblor: el Ángel del Señor bajó del cielo y, llegando al sepulcro, hizo rodar la piedra que lo tapaba y se sentó encima. Su aspecto era como el relámpago y sus ropas blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de miedo y quedaron como muertos. El Ángel dijo a las mujeres: “ustedes no teman, porque yo sé que buscan a Jesús crucificado. No está aquí, pues ha resucitado tal como lo había anunciado. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto. Y ahora vayan pronto a decir a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos y que ya se les adelanta camino a Galilea; allí lo verán. Esto es lo que yo tenía que decirles”. REfLEXIÓN: L2: “¡Cristo ha resucitado! Es la buena noticia que la Iglesia anuncia” El gozo espiritual de la Pascua, que colma nuestro espíritu en estos días, brota de esta verdad profunda: Cristo ha resucitado. Y en Él también hemos resucitado nosotros, pasando de la muerte a la vida, de la esclavitud del pecado

a la libertad del amor. ¡Cristo ha resucitado! Es el grito de la fe, que ha animado el testimonio heroico de innumerables santos y mártires de todos los tiempos. Es el consuelo del espíritu que ha sostenido y sigue sosteniendo la tenaz paciencia de numerosas personas enfermas o que sufren. Es el principio de la vida nueva, de la continua regeneración de la humanidad. La Iglesia canta el “Aleluya” para manifestar con esta sola palabra su alegría pascual. ORACIÓN: Señor, Dios nuestro, que nos has abierto las puertas de la vida por medio de tu Hijo, vencedor de la muerte, concede a los que celebramos la resurrección de Jesucristo, ser renovados por tu Espíritu, para resucitar en el reino de la luz y de la vida. R. Amén.
Se puede entonar un canto apropiado después de cada estación.

SEGUNDA ESTACIÓN: JESUCRISTO RESUCITADO SE MANIfIESTA A MARíA MAGDALENA G. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. A. Porque con tu resurrección has salvado al mundo. L1: Del Evangelio de san Juan (Jn 20, 10-18) María estaba llorando afuera, cerca del sepulcro. Mientras

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lloraba, se agachó sobre el sepulcro, y vio a dos ángeles de blanco, sentados uno a la cabecera y el otro a los pies, en donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: “Mujer, ¿por qué lloras?” les respondió: “porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto”. Al decir esto, miró para atrás y vio a Jesús de pie, pero no lo reconoció. Le dijo Jesús: “Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?” Ella, creyendo que sería el cuidador del huerto, le contestó: “Señor, si Tú lo has sacado, dime dónde lo pusiste y yo me lo llevaré”. Jesús le dijo: “María”. Entonces ella se dio vuelta y le dijo: “Rabboni”, que en hebreo significa “maestro mío”. “SuÉltame, le dijo Jesús, pues aún no he vuelto donde mi Padre: que es Padre de ustedes; donde mi Dios, que es Dios de ustedes”. María Magdalena fue a anunciar a los discípulos: “He visto al Señor y me ha dicho tales y tales cosas”. REfLEXIÓN: L2: El Resucitado elige a una mujer para ser apóstol de los apóstoles María Magdalena había quedado sola junto al sepulcro llorando y, de pronto, se le acerca Jesús. María, de momento, no lo reconoce y lo confunde con el jardinero. Pero a raíz de un sereno y fraternal diálogo, el Resucitado

se le manifestó y a María le hubiera gustado abrazarlo afectuosamente; en cambio, Él le indica una nueva manera de relacionarse, enviándola a anunciar su resurrección a los apóstoles. Se considera un acto de promoción de la mujer por parte de Jesús, haberla escogido para esa hermosa misión a ella, que pertenecía a una categoría marginada y que, incluso, no era considerada apta para aprender la Escritura. ORACIÓN: Señor, Dios nuestro, Cristo, tu Unigénito, confió, antes que a nadie, a María Magdalena la misión de anunciar a los suyos la alegría pascual; concédenos, por su intercesión y ejemplo, anunciar siempre a Cristo resucitado y verle un día glorioso en el Reino de los cielos. R. Amén. TERCERA ESTACIÓN: JESUCRISTO RESUCITADO SE APARECE A ALGUNAS MUJERES G. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. A. Porque con tu resurrección has salvado al mundo. L1: Del Evangelio de san Lucas (Lc 24, 1-12) El primer día de la semana, muy temprano, fueron al sepulcro

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con los perfumes que habían preparado. Pero se encontraron con que la piedra que cerraba el sepulcro había sido removida y, al entrar, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. No sabían qué pensar, pero, en ese momento, vieron a su lado dos hombres con ropas fulgurantes. Se asustaron mucho, y no se atrevían a levantar los ojos del suelo. Ellos les dijeron: “¿por qué buscan entre los muertos al que vive? No está aquí. Resucitó”. Acuérdense de lo que les dijo cuando todavía estaba en Galilea: “El Hijo del Hombre debe ser entregado en manos de los pecadores y ser crucificado y resucitar al tercer día”. Ellas entonces recordaron las palabras de Jesús. A la vuelta del sepulcro, les contaron a los Once y a todos los demás lo que les había pasado. Eran María de Magdala, Juana y María, madre de Santiago. También las demás mujeres que estaban con ellas decían lo mismo a los apóstoles. Pero los relatos de las mujeres les parecieron puros cuentos y no les hicieron caso. Sin embargo, Pedro partió corriendo al sepulcro. Al agacharse no vio sino los lienzos y volvió a casa muy sorprendido por lo ocurrido.

REfLEXIÓN: L2: “No está aquí: ha resucitado” Las mujeres que fueron al sepulcro, el primer día de la semana, encontraron la piedra removida y escucharon la voz: “¿por qué buscan entre los muertos al que vive? No está aquí: ha resucitado” (Lc. 24, 5-6). Por primera vez resonaron estas palabras y Jesús entró en la historia de la humanidad, en la que la muerte es ley de la existencia. Ante las tumbas la humanidad siempre se interroga. Lo hace, sobre todo, cuando las tumbas son el legado del huracán de violencia y destrucción de las guerras. Los Apóstoles difundieron el mensaje del Resucitado por todo el mundo. La Iglesia recoge este mensaje apostólico y lo difunde solemnemente “Urbi et Orbi”. ORACIÓN: Señor, Tú que nos miras en la profundidad de nuestro ser y que penetras en lo más íntimo de nuestro corazón, te pedimos que nos abramos totalmente a tu resurrección para que vivamos de ella y que caminemos en nuestra ruta terrestre llenos de alegría y derramando la vida alrededor nuestro. R. Amén.

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CUARTA ESTACIÓN: JESUCRISTO RESUCITADO DIALOGA CON LOS DISCíPULOS DE EMAÚS G. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. A. Porque con tu resurrección has salvado al mundo. L1: Del Evangelio de san Lucas (Lc 24, 13-21. 25 -27) Los discípulos iban de camino a un pueblecito llamado Emaús, a unos treinta kilómetros de Jerusalén, conversando de lo que había pasado. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se les acercó y se puso a caminar a su lado, pero algo les impedía que sus ojos le reconocieran. Jesús les dijo: “¿Qué es lo que van conversando juntos por el camino?” Ellos se detuvieron, con la cara triste. Uno de ellos, llamado Cleofás, le contestó: “¿Cómo, así que Tú eres el único peregrino en Jerusalén que no sabe lo que pasó en estos días?” “¿Qué pasó?”, preguntó Jesús. Le contestaron: “Todo ese asunto de Jesús Nazareno. Este hombre se manifestó como un profeta poderoso en obras y en palabras, aceptado tanto por Dios como por el pueblo entero. Hace unos días, los jefes de los sacerdotes y los jefes de nuestra nación lo hicieron condenar a muerte y clavar en la

cruz. Nosotros esperábamos que Él sería el libertador de Israel; pero a todo esto van dos días que sucedieron estas cosas. Entonces Jesús les dijo: “¡Qué poco entienden ustedes y cuánto les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No tenía que ser así y que el Cristo padeciera para entrar en su gloria?” Y comenzando por Moisés y recorriendo todos los profetas, les interpretó todo lo que las Escrituras decían sobre Él. REfLEXIÓN: L2: “Nosotros esperábamos que Él sería el libertador de Israel”. A veces, nosotros, los cristianos, nos sentimos desanimados, decepcionados, hasta el punto de perder la esperanza en el futuro. Pues bien, en estos momentos difíciles necesitamos la presencia de una persona amiga que nos ayude a superar la crisis y nos dé la clave para recuperar la confianza, tanto en nosotros mismos como en el prójimo. Esta persona es el mismo Cristo que, como hizo con los discípulos de Emaús, nos devuelve la esperanza y la alegría de vivir explicándonos la Escritura. Y la Palabra de Dios con su luz actúa en nosotros eficazmente a través de un proceso, al parecer complejo, en los acontecimientos más comunes y nos invita

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QUINTA ESTACIÓN: JESUCRISTO RESUCITADO SE MANIfIESTA A LOS DISCíPULOS DE EMAÚS AL PARTIR EL PAN G. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. A. Porque con tu resurrección has salvado al mundo. L1: Del Evangelio de san Lucas (Lc 24, 28-35) Cuando ya estaban cerca del pueblo al que ellos iban, Él aparentó seguir adelante. Pero le insistieron, diciéndole: “Quédate con nosotros, porque cae la tarde y se termina el día”. Entró para quedarse con ellos. Una vez que estuvo a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. En ese momento se le abrieron los ojos y lo reconocieron, pero ya había desaparecido. Se dijeron uno al otro: “¿No sentíamos arder nuestro corazón

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gradualmente a aceptar la cruz en nuestra existencia y a saber descubrir en los hechos cotidianos de la vida el camino que nos lleva a la resurrección y a la alegría. ORACIÓN: Dios todopoderoso y eterno que has enviado a tu Hijo único, como Maestro universal, haz que, asimilando sus enseñanzas, consigamos alcanzar las realidades eternas. R. Amén.

cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” y en ese mismo momento se levantaron para volver a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los de su grupo. Estos les dijeron: “¡Es verdad! El Señor resucitó y se dejó ver por Simón” Ellos, por su parte, contaron lo sucedido por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Reflexión: L2: “Él nos explica las Escrituras y parte para nosotros el pan” Sin duda que el secreto de la vía de acceso al reconocimiento de Cristo son algunas de las enseñanzas más evidentes del episodio de los discípulos de Emaús, ellos son: la Escritura, la Eucaristía y la comunidad. Ahora bien, aquella rica experiencia de los discípulos de Emaús la podremos disfrutar también nosotros con la meditación de la Palabra de Dios y la Eucaristía, sobre todo participando en la misa comunitaria. Este es, en realidad, el sacramento por excelencia, ya que es considerado como la cumbre y la fuente de la vida cristiana. ORACIÓN: Quédate siempre con nosotros, Señor, sé nuestro compañero de camino, levanta nuestro corazón, reanima nuestra débil esperanza y enséñanos a

reconocerte en las Escrituras y al débiles e indefensos, así como partir el pan. R. Amén. a las tradiciones y a los valores espirituales de un pueblo. SEXTA ESTACIÓN: El mundo necesita cristianos JESUCRISTO RESUCITADO SE convencidos, leales, orgullosos APARECE A SUS DISCíPULOS de la propia fe y capaces de G. Te adoramos, oh Cristo, y te comprometerse en sus familias y bendecimos. en los ambientes en que viven, a A. Porque con tu resurrección mostrar con las obras que Cristo has salvado al mundo. no murió en vano por nosotros y L1: Del Evangelio de san Juan (Jn que la fuerza de su resurrección 20, 19-20) purifica y transforma nuestra La tarde de ese mismo día, vida. el primero de la semana, los ORACIÓN: Dios de la paz, Tú eres discípulos estaba a puertas la paz misma, por eso el hombre cerradas por miedo a los judíos. violento no te comprende ni el Jesús se hizo presente allí, de pie corazón cruel te acepta; haz que en medio de ellos. Y les dijo: “La los que conviven como hermanos paz sea con ustedes”. Después perseveren en el bien y los que de saludarlos así, les mostró las están enfrentados recuperen la manos y el costado. Los discípulos paz con el olvido del odio. R.Amén. se llenaron de gozo al ver al Señor. Reflexión: L2: “El mundo SÉPTIMA ESTACIÓN: necesita cristianos convencidos, JESUCRISTO RESUCITADO leales, orgullosos de la propia CONfIRMA LA fE DE TOMÁS fe” G. Te adoramos, oh Cristo, y te La fe se expresa en la paz bendecimos. interior; por esto el Señor A. Porque con tu resurrección repite a sus discípulos: “¡La paz has salvado al mundo. esté con ustedes!” La paz hay L1: Del Evangelio de san Juan (Jn que construirla día a día en la 20, 24-29) conciencia y en las relaciones Uno de los Doce no estaba cuando interpersonales. Hay que vino Jesús. Era Tomás, llamado aceptar sacrificarse, luchar, dar el Gemelo. Los otros discípulos, incluso la propia vida si fuera pues, le dijeron: “Vimos al Señor”. necesario, por amor al prójimo, Contestó: “No creeré sino cuando a los seres queridos, a los más vea la marca de los clavos en sus

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manos, meta mis dedos en el lugar de los clavos y palpe la herida del costado”. Ocho días después, los discípulos estaban de nuevo reunidos dentro, y Tomás con ellos. Se presentó Jesús, a pesar de estar las puertas cerradas, y se puso de pie en medio de ellos. Les dijo: “La paz sea con ustedes”. Después dijo a Tomás: “Ven acá, mira mis manos; extiende tu mano y palpa mi costado. En adelante no seas incrédulo sino hombre de fe”. Tomás exclamó: “Tú eres mi Señor y mi Dios”. Jesús le dijo: “Tú crees porque has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!” Reflexión: L2: Jesús invita a Tomás a constatar que Él es el mismo que ha sido crucificado. A Tomás le resulta difícil creer en la resurrección (efectivamente no estaba con ellos ocho días antes), por eso Jesús viene por segunda vez cuando Él sí estaba presente. Viene para convencerle: para ofrecerle el testimonio evidente de la resurrección. Jesús invita a Tomás a constatar que Él es el mismo que ha sido martirizado y crucificado. La exhortación para creer, sin pretender ver lo que está escondido en el misterio de Dios y de Cristo, queda siempre válida; pero la dificultad del apóstol Tomás para

admitir la resurrección, sin haber comprobado personalmente la presencia del mismo Jesús, confirma lo que resulta de los evangelios acerca de la resistencia de los apóstoles y discípulos para admitir la resurrección. ORACIÓN: Oh Dios, nuestro Padre, por la intercesión del apóstol Tomás, haz que aumente nuestra fe, para que creyendo tengamos vida en el nombre de Jesús, que fue reconocido por Tomás como su Señor y su Dios. R Amén. OCTAVA ESTACIÓN: JESUCRISTO RESUCITADO SE APARECE A SUS DISCíPULOS EN EL LAGO TIBERIÁDES G. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. A. Porque con tu resurrección has salvado al mundo. L1: Del Evangelio de san Juan (Jn 21, 1-14) Nuevamente Jesús se hizo presente a sus discípulos en la orilla del lago de Tiberiádes. Y se hizo presente como sigue: estaban reunidos Simón Pedro, Tomás el Gemelo, Natanael de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: “voy a pescar”. Le contestaron: “nosotros también vamos contigo”. Partieron y

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subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada. Al amanecer, Jesús se presentó en la orilla. Pero los discípulos no podían saber que era Él. Jesús les dijo: “muchachos, ¿tienen algo de comer?” le contestaron: “nada”. Entonces Jesús les dijo: “echen la red a la derecha y encontrarán pesca”. Echaron la red y se les hicieron pocas las fuerzas para recoger la red, tan grande era la cantidad de peces. El discípulo a quien Jesús más quería dijo a Simón Pedro: “es el Señor”. Cuando Pedro oyó esto de “es el Señor”, se puso la ropa (se la había sacado para pescar) y se echó al agua. Los otros discípulos llegaron a la barca, arrastrando la red llena de peces; estaban como a cien metros de la orilla. Cuando bajaron a tierra, encontraron un fuego prendido y sobre las brasas, pescado y pan. Jesús les dijo: “traigan de los pescados que acaban de sacar”. Simón Pedro subió a la barca y sacó la red llena con ciento cincuenta y tres pescados grandes. Con todo no se rompió la red. Jesús les dijo: “vengan a desayunar”. Ninguno de los discípulos se atrevió a hacerle la pregunta: “¿quién eres tú?”, porque comprendían que era el Señor. Jesús se acercó a ellos, tomó el pan y se lo repartió.

Lo mismo hizo con los pescados. Esta fue la tercera vez que se manifestó a sus discípulos después de haber resucitado de entre los muertos. Reflexión: L2: El Resucitado devuelve a los apóstoles desanimados la confianza y la alegría Esta tercera manifestación del Resucitado a los apóstoles es, sin duda, una de las más hermosas, ya que se realiza al aire libre en una mañana fresca de primavera a la orilla del lago y con gran calor humano por parte del Maestro divino. Al parecer los apóstoles, después de las primeras apariciones del Resucitado, no tenían ideas claras de su misión y un poco desconcertados por la falta física de Jesús decidieron regresar a su antigua profesión de pescadores. Pero mediante esta manifestación de Jesús, se devuelve a los apóstoles desanimados la confianza y la alegría. Los cristianos de hoy, con mucha frecuencia nos sentimos desanimados porque no vemos el resultado inmediato de nuestro trabajo apostólico, debido a que confiamos únicamente en nuestra fuerza, y al faltar nuestro vínculo con Cristo queda estéril todo nuestro esfuerzo.

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Necesitamos pues, estar unidos constantemente a Cristo y en su nombre “echar las redes”. Así sin duda, nuestra misión en la Iglesia será más fecunda. ORACIÓN: Señor, Tú eres muy humano y te adaptas a los hombres con inmensa delicadeza; Tú estás a la orilla del lago siguiendo nuestros esfuerzos, aparentemente inútiles, y nuestra red se llena de peces. Tú nos preparas la comida y compartes con nosotros el pan y el pescado, porque Tú eres el Señor. R. Amén. NOVENA ESTACIÓN: JESUCRISTO RESUCITADO CONfIERE EL PRIMADO A PEDRO G. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. A. Porque con tu resurrección has salvado al mundo. L1: Del Evangelio de san Juan (Jn 21, 15-19) Después que comieron, Jesús dijo a Simón: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” este contestó: “sí, Señor, Tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “apacienta mis corderos”. Y le preguntó por segunda vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Pedro volvió a contestar: “sí, Señor, Tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “apacienta mis corderos”. Insistió

Jesús por tercera vez: “Simón Pedro, hijo de Juan ¿me quieres?” Pedro se puso triste al ver que Jesús le preguntaba por tercera vez si lo quería. Le contestó: “Señor, Tú sabes todo, Tú sabes que te quiero”. Entonces Jesús le dijo: “apacienta mis ovejas. En verdad, cuando eras joven Tú mismo te ponías el cinturón e ibas a donde querías. Pero, cuando llegues a viejo, abrirás los brazos y otro te amarrará la cintura y te llevará donde no quieras”. Jesús lo dijo para que Pedro comprendiera en qué forma iba a morir y dar gloria a Dios. Después, Jesús dijo a Pedro: “sígueme”. Reflexión: L2: “Por ello, reconocemos, que todo hombre tiene necesidad de ser salvado” Así habló Cristo Señor a Simón Pedro. Y el evangelista prosigue: “esto lo dijo indicando con qué muerte había de glorificar a Dios” y precisamente tras estas palabras, tras esta explicación, Cristo dice a Pedro “sígueme”. En cierto sentido fue como llamarlo a Roma, al lugar donde Pedro iba a dar la vida por Cristo. Hermanos estamos aquí reunidos para confesar con renovada fe, que Cristo es el Mesías anunciado por los profetas, consagrado por la unción del Espíritu de Dios, enviado por el Padre para instaurar

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la era nueva de la salvación. Por ello hoy reconocemos que todo hombre tiene necesidad de ser salvado. ORACIÓN: Señor, Dios nuestro, que entregaste a la Iglesia la primicia de toda obra de salvación mediante el ministerio apostólico de san Pedro, concédenos por su intercesión y sus méritos los auxilios necesarios para nuestra salvación. R. Amén. DÉCIMA ESTACIÓN: JESUCRISTO RESUCITADO CONfíA A SUS DISCíPULOS LA MISIÓN UNIVERSAL G. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. A. Porque con tu resurrección has salvado al mundo. L1: Del Evangelio de san Mateo (Mt 28, 16-20) Los Once discípulos partieron para Galilea, al cerro donde Jesús los había citado. Cuando vieron a Jesús se postraron ante Él, aunque algunos todavía desconfiaban. Entonces, Jesús, acercándose, les habló con estas palabras: “todo poder se me ha dado en el cielo y en la tierra. Por eso, vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he recomendado. Yo estoy con

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ustedes todos los días hasta que se termine este mundo”. Reflexión: L2: “yo estoy con ustedes” estas palabras están en los orígenes del nuevo camino misionero… “Yo estoy con ustedes” así dice Cristo a los apóstoles, y los envía por todo el mundo, para anunciar el evangelio a todos los pueblos. Los envía pobres e indefensos. Dice: “serán mis testigos” no lleven nada para el viaje. Teniendo el testimonio de la resurrección y la vida, tienen todo: “yo estoy con ustedes”. En estas palabras han tenido su inicio todos los itinerarios apostólicos, todos los caminos misioneros que han llevado el evangelio por el mundo entero, incluyendo la obra emprendida hace quinientos años, que ha llevado a los testigos del Resucitado más allá del vasto océano, hasta los pueblos del nuevo continente de los que no se conocía ni siquiera su existencia. Un mundo nuevo y hombres nuevos. ORACIÓN: Oh Dios que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, mira tu inmenso campo de apostolado y envíale apóstoles para que sea predicado el evangelio a toda creatura. R.Amén.

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UNDÉCIMA ESTACIÓN: JESUCRISTO RESUCITADO CONfIERE A SUS DISCíPULOS EL PODER DE PERDONAR LOS PECADOS G. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. A. Porque con tu resurrección has salvado al mundo. L1: Del Evangelio de san Juan (Jn 20, 21-23) Él les volvió a decir: “la paz esté con ustedes. Así como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes”. Dicho esto sopló sobre ellos: “Reciban el Espíritu Santo; a quienes ustedes perdonen, queden perdonados, y a quienes no libren de sus pecados, queden atados”. Reflexión: L2: “Con el sacramento de la penitencia, no sólo se perdonan los pecados, sino que esto debe conducir a los penitentes al camino de la santidad” La efusión del Espíritu Santo, que luego vendrá a toda la comunidad naciente en Pentecostés, la anticipó Jesús a los apóstoles precisamente respecto al ministerio de la remisión de los pecados. Por eso los sacerdotes, al impartir a los fieles la gracia y el perdón en el sacramento de la penitencia, realizan la acción más alta del sacerdocio,

después de la celebración de la Eucaristía, y podríamos decir que en la penitencia realizan el fin mismo de la Encarnación: porque Él salvará a su pueblo de sus pecados. Con el sacramento de la penitencia, no sólo se perdonan los pecados, sino que éste debe conducir a los penitentes por el camino de la santidad. ORACIÓN: Concédenos, Señor, el don de tu perdón y de tu paz para que cada uno de nosotros sea en el mundo signo y testimonio de tu amor entre los hombres. R.Amén. DUODÉCIMA ESTACIÓN: JESUCRISTO RESUCITADO SE APARECE A SAULO EN EL CAMINO DE DAMASCO G. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. A. Porque con tu resurrección has salvado al mundo. L1: De los Hechos de los Apóstoles (Hch 9, 1-6) Saulo todavía proyectaba violencias y muerte contra los discípulos del Señor; se presentó al sumo sacerdote y le pidió documentos dirigidos a las sinagogas de Damasco, que lo autorizaran para llevar presos a Jerusalén a cuantos encontrara, hombres o mujeres, que fueran de camino. Caminando hacia Damasco, cuando ya estaba cerca;

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lo rodeó de repente una luz que venía del cielo, cayó al suelo y oyó una voz que le decía: “Saulo, ¿Por qué me persigues?” el preguntó: “¿Quién eres, Señor?” y la voz: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues; levántate y entra en la ciudad, allí se te dirá lo que debes hacer”. Reflexión: L2: “Realizó un cambio cualitativo: pasó del odio al amor, de perseguidor a gran apóstol” A san Pablo le impactó enormemente el encuentro con Cristo resucitado en el camino de Damasco, donde se realizó en Él un cambio cualitativo: pasó del odio al amor, de perseguidor a gran apóstol. Y aquella luz de Cristo resucitado que transformó toda su persona, intentó comunicarla a sus fieles, pues ellos, en el bautismo, se incorporaban e injertaban en Cristo Maestro para vivir en novedad de vida, según la experiencia del mismo Pablo. Precisamente, Pablo de Tarso fue el primero que captó el valor salvífico de la resurrección y nadie como Él escribió y predicó sobre la influencia de dicho acontecimiento en la vida de los cristianos. Realmente, el cristianismo nace de la pascua de Resurrección; aunque Cristo realizó nuestra salvación durante toda su vida, en verdad la culminó

eficazmente con su muerte y resurrección. ORACIÓN: Señor; Tú has llamado a Pablo a ser el servidor de la Palabra y Tú nos llamas a cada uno de nosotros a ponernos al servicio de la Palabra, escuchándola en lo más íntimo de nuestro corazón, para que se haga carne en nosotros y así, finalmente, tu Palabra sea nuestra palabra, para que el mundo pueda cantar tu grandeza porque es reflejo de la única Palabra, pronunciada de una vez para siempre y multiplicada en una diversidad infinita de palabras que salen de la boca de todos nuestros hermanos. R. Amén. DÉCIMO TERCERA ESTACIÓN: JESUCRISTO RESUCITADO ASCIENDE AL CIELO G. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. A. Porque con tu resurrección has salvado al mundo. L1: De los Hechos de los Apóstoles (Hch 1, 6-11) Como estaban reunidos, le preguntaron: “Señor, ¿es ahora cuando vas a establecer el reino de Israel?” Él les respondió: “a ustedes no les corresponde saber el tiempo y el momento que el Padre ha fijado con su propia autoridad, sino que van a recibir

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una fuerza, la del Espíritu Santo, que vendrá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, y en toda Judea y Samaria y hasta los límites de la tierra”. Al decir esto, en presencia de ellos, Jesús fue levantado y una nube lo ocultó a sus miradas. Mientras miraban fijamente al cielo hacia donde iba Jesús, de repente tuvieron a su lado dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: “hombres de Galilea, ¿qué hacen ahí mirando al cielo? Este que ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá como lo han visto subir al cielo”. Reflexión: L2: “Nos ha dejado el evangelio y la cruz como signo de salvación” El día cuarenta “ascendió al cielo”. El verdadero lugar de la exaltación de Cristo, de su glorificación, no es la tierra, sino el “seno del Padre”. El cielo es el “universo de Dios”, de ese Dios que subsiste en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y que, al mismo tiempo, “lo acaba todo en todos” como “el Padre de la gloria”. Este “universo de Dios” es el lugar definitivo de la exaltación de Cristo. Allí recibe la adoración como eterno Hijo y también como Señor de la creación redimida, exaltado en la resurrección, glorificado en la ascensión. Ha

venido. Ha pasado a través de nuestra historia, caminando por nuestra tierra. Nos ha dejado el evangelio y la cruz como signo de salvación. Nos ha dejado en la resurrección “la llamada a la gloria”. ORACIÓN: Señor, Tú nos has puesto en la tierra para que la construyamos y la transformemos en una morada digna del hombre, pero son tantas las dificultades, las trabas que se ponen en el camino, que nos viene la tentación de dejar caer los brazos, te rogamos Señor, que nos enseñes a luchar, a trabajar, a construir, a sufrir por nuestros hermanos, para que después de la lucha y del sufrimiento consigamos la felicidad, fruto del amor. R. Amén. DÉCIMO CUARTA ESTACIÓN: JESUCRISTO RESUCITADO ENVíA A SUS DISCíPULOS, REUNIDOS CON MARíA, EL ESPíRITU SANTO PROMETIDO G. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. A. Porque con tu resurrección has salvado al mundo. L1: De los Hechos de los Apóstoles (Hch 2, 1-6) Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De

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pronto vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde estaban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego, las que separándose, se fueron posando sobre cada uno de ellos; y quedaron llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar idiomas distintos, en los cuales el Espíritu les concedía expresarse. Había en Jerusalén judíos piadosos venidos de todas las naciones de la tierra. Al producirse aquÉl ruido, la gente se juntó y quedaron desconcertados, porque cada uno oía hablar a los apóstoles en su propia lengua. Reflexión: L2: “Pentecostés marca el inicio de una nueva moral humana…” La venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés es el cumplimiento definitivo del misterio pascual de Jesucristo y realización plena de los anuncios del Antiguo Testamento. Por tanto, la Nueva Alianza anunciada por los profetas se debía establecer por medio de un cambio radical de la relación del hombre con la ley de Dios. En vez de ser una regla externa, escrita sobre tablas de piedra, la ley debía convertirse, gracias a la acción del Espíritu Santo sobre el corazón del hombre, en una orientación interna, establecida

“en lo profundo del ser humano”. Por esto, Pentecostés, en cuanto es “el derramarse en nuestros corazones” el amor de Dios marca el inicio de una nueva moral humana, enraizada en la “ley del Espíritu”. Deriva del Espíritu Santo y hace vivir en un amor que viene de Dios y que se convierte en realidad de la existencia humana por medio del Espíritu Santo “derramado en nuestros corazones”. ORACIÓN: Dios todopoderoso, que derramaste el Espíritu Santo sobre los apóstoles, reunidos en oración con María, la madre de Jesús, concédenos, por intercesión de la Virgen, entregarnos fielmente a tu servicio y proclamar la gloria de tu nombre con testimonio de palabra y de vida. R. Amén. CONCLUSIÓN: G. Llenos de alegría por haber participado de este ejercicio del Vía Lucis, recemos todos juntos la oración que Cristo nos enseñó: Padre nuestro… ORACIÓN fINAL: Te damos gracias y te bendecimos, Señor, por tu resurrección, por habernos inundado de luz y fuerza del Espíritu Santo, haz que seamos todos mensajeros de tu alegría y tu esperanza hasta que llegue el

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CANTOS PARA CUARESMA y SEMANA SANTA
1. JESÚS ESTÁ ENTRE NOSOTROS Jesús está entre nosotros, Él vive hoy, y su Espíritu a todos da. Jesús, razón de nuestras vidas, es el Señor, nos reúne en pueblo de amor. Por tu preciosa Sangre, perdón, Señor, piedad. Si grandes son mis culpas, mayor es tu bondad. Por tu costado abierto, perdón Señor piedad. Si grandes son mis culpas, mayor es tu bondad.

Cambia nuestras vidas con tu Por tu madre afligida, perdón, fuerza; guárdanos por siempre en Señor, piedad. Si grandes son mis tu presencia. Tú eres verdad, tú culpas, mayor es tu bondad. eres la paz. 3. ENTRE TUS MANOS Rompe las cadenas que nos atan, Entre tus manos está mi vida llénanos de gracia en tu palabra. Señor, entre tus manos pongo mi existir, Gracias Señor, gracias salvador. hay que morir para vivir; Nuestras existencias hoy te entre tus manos, confío mi ser. alaban, nuestros corazones te dan gracias. Tú eres amor, eres Si el grano de trigo no muere, si no muere, solo quedará; pero, si canción. muere, en abundancia dará un fruto eterno que no morirá. 2. PEQUÉ, PEQUÉ, DIOS MíO Pequé, pequé, Dios mío, perdón, Señor, piedad. Si grandes son mis culpas, mayor es tu bondad.

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día en que entremos en la gloria del Padre, en la pascua eterna. Tú que vives y reinas, por los siglos de los siglos. R. Amén. G. La alegría del Señor sea nuestra fuerza, podemos ir en paz. Aleluya, aleluya.

R. Demos gracias a Dios. Aleluya, aleluya.
Si se juzga oportuno, se puede entonar un canto final.

4. PERDONA TU PUEBLO Perdona a tu pueblo, Señor, Perdona a tu pueblo, perdónalo, Señor. No estés eternamente enojado (2) Perdónale, Señor. Por tus profundas llagas crueles, por tus afrentas y por tus hieles, perdónale Señor. Por las heridas de pies y manos, por los azotes tan inhumanos, perdónale Señor.

No puede dar un paso y cae por el camino, recibe latigazos sobre su cuerpo herido, no puede avanzar se escucha sólo un grito: ¡Levántate maldito! No, no puede ser maldito, aquel que en su dolor, exclama con un grito: Perdónale, Señor, perdónales sus faltas no mires su actuación, de ellos ten compasión.

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Sed, sed tengo de un amigo; sed tengo de un amor, sed tengo de un hermano que tenga Por los tres clavos que te clavaron comprensión, que acepte de esta sangre que derramando estoy, y las espinas que te punzaron, por su salvación. perdónale Señor. Por las tres horas de tu agonía en que por Madre diste a María, perdónale Señor. Por la abertura de tu costado, no estés eternamente enojado, perdónale Señor. 6. HOy PERDÓNAME Hoy perdóname, hoy por siempre, sin mirar la mentira, lo vacío de nuestras vidas; nuestra falta de amor y caridad.

Hoy perdóname, hoy por siempre, aún sabiendo que he caído, que de ti siempre había huido, hoy 5. SALIENDO DEL PRETORIO Saliendo del pretorio marcha una regreso arrepentido, vuelvo a ti. procesión, con rumbo al calvario, sufriendo va un varón, la cruz 7. yO QUIERO SER, SEñOR sobre su espalda llevándola Él AMADO Gracias quiero darte por amarme, está, no puede caminar. gracias quiero darte yo a ti, Señor. Hoy soy feliz porque te conocí, gracias por amarme a mí también.

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Te conocí y te ame, te pedí perdón 9. TUyO SOy y me escuchaste; si te ofendí Yo no soy nada y del polvo nací, perdóname, Señor, pues te amo y pero Tú me amas y moriste por mí. Ante la cruz sólo puedo exclamar: nunca te olvidaré. ¡Tuyo soy, tuyo soy! Yo quiero ser, Señor amado, como el barro en manos del alfarero. Toma mis manos, te pido, Toma mi vida y hazla de nuevo. Yo toma mis labios, te amo, toma mi vida ¡oh Padre! quiero ser un vaso nuevo. ¡tuyo soy, tuyo soy, tuyo soy! 8. zAMBA DEL PERDÓN Perdón, por aquel mendigo, por Cuando de rodillas te miro, Jesús veo tu grandeza y mi pequeñez aquella lágrima que hice brillar. Perdón, por aquellos ojos que al ¿Que puedo darte yo?, tan sólo mi buscar los míos no quise mirar (2) ser. ¡Tuyo soy, tuyo soy! VICTORIA, TÚ REINARÁS Señor, no le di mi mano se 10. encontraba solo y lo dejé partir, ¡Victoria, Tú reinarás; perdón, por no dar cariño, por sólo oh Cruz, tú nos salvarás! buscarlo y tan lejos de ti. (2) El Verbo en ti clavado, muriendo Señor, por qué soy así, estoy nos rescató, de ti, madero santo, como ciego, no sé comprender. nos viene la redención. Señor, Tú eres mi esperanza Extiende por el mundo dame tu mirada, que te sepa ver. tu Reino de salvación. Oh Cruz, fecunda fuente (2) de vida y bendición. Señor, no estoy siempre alegre no doy luz a otros que están junto a Impere sobre el odio mí, perdón, por esta tristeza, por tu Reino de caridad. sentirme solo cuando estás ahí. Alcancen las naciones el gozo de la unidad. (2)

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Yo quiero ser, Señor amado, como el barro en manos del alfarero. Toma mi vida y hazla de nuevo. Yo quiero ser un vaso nuevo.

Perdón, por otros hermanos a quienes no importa de tu padecer, estás cerca del que sufre, pasan a tu lado pero no te ven. (2)

Aumenta en nuestras almas tu reino de santidad, el río de la gracia apague la iniquidad 11. TÚ REINARÁS ¡Tú reinarás! este es el grito, que ardiente exhala nuestra fe: ¡Tú reinarás! ¡Oh, Rey bendito! pues, tu dijiste: “reinaré”.

¡Tú reinarás! toda la vida trabajaremos con gran fe, en realizar y ver cumplida la gran promesa: ¡Reinaré! ¡Tú reinarás! Reina, ya ahora, en esta casa y población; ten compasión del que te implora y acude a ti en la aflicción.

GUIÓN LITÚRGICO

12.UNA VEz MÁS REzARÉ Reine Jesús por siempre, Una vez más rezaré, reine su corazón; en nuestra de rodillas me pondré, patria, puede ser que una vez más en nuestro suelo, Él me perdone. que es de María la nación; en nuestra patria, en nuestro Le diré que lucho en vano suelo, que pequé, pues, soy humano, que es de María la nación. puede ser que una vez más Él me perdone. ¡Tú reinarás! dulce esperanza que al alma llena de placer. Para un Dios que conoció la Habrá por fin, paz y bonanza, tentación, del amigo la traición felicidad habrá doquier. yo no dudo me perdone, Dios amigo (2). ¡Tú reinarás! Dichosa era, dichoso pueblo con tal Rey; Yo vi sufrir a mi hermano, será tu cruz nuestra bandera cuando faltaba una mano tu amor será nuestra ley. puede ser una vez más Él me perdone. ¡Tú reinarás! en este suelo; te prometemos nuestro amor; Murió pobre y olvidado, oh, buen Jesús, danos consuelo, yo con los brazos cruzados, en este valle de dolor. puede ser que una vez más, Él me perdone.

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15.RENUÉVAME Renuévame, Señor Jesús, ya no quiero ser igual; renuévame, Señor Jesús, pon en mí tu corazón. Porque todo lo que hay dentro de mí, necesita ser cambiado Señor, porque todo lo que hay dentro de mi corazón necesita más de ti (2) 16. NADIE TE AMA COMO yO Cuánto he esperado este momento, cuánto he esperado que estuvieras así, cuánto he esperado que me hablaras, cuando he esperado que vinieras a mí. Yo sé bien lo que has vivido, yo sé bien por qué has llorado, yo sé bien lo que has sufrido, pues de tu lado no me he ido.

Aquí estoy, Señor, ¿qué quieres de mi?, no soy nada, no tengo nada. Pero con tu amor, con tu ardor, te puedo ayudar. Él me dijo que en el mundo, mucha gente, no conocía su amor. Que había sed de su palabra y hambre de perdón. Que quería que le ayudara a construir un mundo mejor, a construirlo sobre la roca, la roca de su amor. 14. LÁVAME CON TU SANGRE Lávame con tu sangre, sana mis heridas, vuelve, escucha mi voz y háblame.

Pues, nadie te ama como yo. (2) Mira la cruz, esa es mi más grande prueba. Nadie te ama Renovar quiero mi entrega, como yo. sentir este amor primero decirte que te quiero, y conversar, Pues nadie te ama como yo (2) Mira la cruz, fue por ti, fue porque escúchame. te amo. Nadie te ama como yo.

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SEMANA SANTA – PASCUA 2013

13. CONOCí UNA VEz A UN HOMBRE Conocí una vez a un hombre, su rostro estaba lleno de luz, su cuerpo maltratado cargaba con una cruz. Me dijo que Él quería, que le ayudara a caminar, que le ayudara en mis hermanos, que le ayudara a levantar.

Sentir de nuevo un viento cálido, verme en tus brazos sonreír, entregarte todos mis problemas, volver a ser feliz, escúchame.

Yo sé bien lo que me dices, aunque a veces no me hables, yo sé bien lo que en ti sientes, aunque nunca lo compartes

GUIÓN LITÚRGICO

Qué amargura sentiste al probar la hiel en tus labios y a cambio Tú diste el perdón a quien te había herido tanto. No más hiel ni más dolor, nueva vida, todo amor, son Yo a tu lado he caminado, junto promesas, amor y victoria, de a ti yo siempre he ido, algunas nuestro Señor. veces te he cargado, yo he sido tu mejor amigo. 17. LAS LLAGAS DE CRISTO Jesús mismo cargó hasta la cruz, nuestros pecados y fue herido para que nosotros fuésemos salvados; y volvimos por su gran amor al redil del buen Pastor, salvos somos por su misericordia y su pasión. Las heridas de tu frente, den luz a mi mente, la herida de tu costado me brinde un nuevo corazón, que las llagas de tus pies, guíen los míos, que las llagas de tus manos extiendan las mías hacer el bien. Padre, yo te suplico, escúchame. Sólo amargura encuentro en mi ser, sólo pecado, todo es tuyo, Señor, te lo ofrezco, tómalo en tus manos, de ti espero tu bondad, liberación y sanidad, caridad amor a mi hermano y santidad.

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PRESENTACIÓN VIERNES DE CONCILIO DOMINGO DE RAMOS LUNES SANTO MARTES SANTO MIÉRCOLES SANTO JUEVES SANTO VIERNES SANTO SÁBADO DE GLORIA DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN II DOMINGO DE PASCUA VÍA CRUCIS VÍA LUCIS CANTOS PARA CUARESMA Y SEMANA SANTA 1. JESúS ESTÁ ENTRE NOSOTROS 2. PEQUÉ, PEQUÉ, DIOS MÍO 3. ENTRE TUS MANOS 4. PERDONA TU PUEBLO 5. SALIENDO DEL PRETORIO 6. HOY PERDÓNAME 7. YO QUIERO SER, SEñOR AMADO 8. ZAMBA DEL PERDÓN 9. TUYO SOY 10. VICTORIA, Tú REINARÁS 11. Tú REINARÁS 12. UNA VEZ MÁS REZARÉ 13. CONOCÍ UNA VEZ A UN HOMBRE 14. LÁVAME CON TU SANGRE 15. RENUÉVAME 16. NADIE TE AMA COMO YO 17. LAS LLAGAS DE CRISTO

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SEMANA SANTA – PASCUA 2013

íNDICE

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