DE REFORMAS Y PRETEXTOS Joaquín Córdova Rivas La gran nota de la semana, seguramente una de las más importantes del presente

sexenio, es la decapitación del sindicato más poderoso del país. No es cualquier cosa, se había convertido en un factor de poder que rebasaba sus muy amplias atribuciones como producto de gobernantes débiles que lo utilizaron para sus propios fines, sabiendo que lo fortalecían, que incrementaban los abusos contra sus agremiados, que se metía en asuntos que no le correspondían. Para comprender la importancia y sus efectos en el largo plazo tenemos que echar mano de algunas hipótesis e irlas comprobando en el camino. No es que el abuso del excesivo poder de la dirigencia del SNTE pueda soslayarse, eso ya lo sabíamos todos, se notaba, el cinismo era y es impresionante. Pero hay que tomar algo de distancia para no enredarnos con los detalles, con las cifras, con las fechas. Hay distintas formas de entender al PRI, como partido político, como necesario producto histórico de un entorno turbulento, como manera dinástica de transmisión y concentración del poder; como sea y quizás mezclando las características anteriores y otras más, en su código genético está el que necesita del poder para subsistir y reproducirse, pero no mucho, siempre será su signo que sean poquitos los que deciden todo. Eso no es sorpresa. Lo que sí es una sorpresa es que el diccionario de la Real Academia de la Lengua defina lo que es el poder fáctico, según esta venerable institución se trata de: “El que se ejerce en la sociedad al margen de las instituciones legales, en virtud de la capacidad de presión o autoridad que se posee; p. ej., la banca, la Iglesia, la prensa”. Y agregaríamos: los sindicatos nacionales, los duopolios televisivos, las corporaciones empresariales, la delincuencia organizada y demás. Existen otras definiciones que pueden traerse a cuento, el sociólogo uruguayo Hugo de los Campos dice que el poder es: “En tanto mecanismo, toda definición de una situación en virtud de la cual un individuo o grupo puede imponerse a otro individuo o grupo. En tanto relación, toda forma de interacción en la que del total de sus participantes unos pueden imponerse a los otros más de lo que los otros pueden imponerse a los unos. El ejercicio del poder (o de la cuota relacional de poder) descansa no solo en la naturaleza de su ejecutor sino también, y en buena medida, en

cierta disposición de parte de su objeto. Se ha sostenido así, que el amor y el temor operan positivamente a la ocurrencia del poder. Pero tales estados del espíritu resultan en todo caso condición suficiente, pero no necesaria, ya que el poder puede, en última instancia, prescindir de esos sentimientos” (http://ciberconta.unizar.es/leccion/sociodic/tododic.pdf). Como sea y siguiendo una línea de argumentación en textos publicados en números anteriores de este semanario, va a resultar que el pacto propuesto desde la presidencia de la república, las reformas que se manejan como urgentes e indispensables, no son el fondo, si no las formas que sirven, a la vez, de coartadas para volver a concentrar un poder que se dispersó y fragmentó desde el salinato para acá. Vamos por partes y recuperando lo escrito. El PRI no puede perder su esencia porque se disuelve, se desmorona, corre el riesgo de desaparecer. Su esencia es concentrar el poder y utilizarlo para crearse los apoyos que le permitan permanecer con el mismo el mayor tiempo posible; no puede haber un “nuevo” PRI porque necesita seguir siendo el mismo. Lo que cambió es el entorno histórico y por eso necesita fingir que muta las formas, le es indispensable hacer ver que propone, provoca y acuerda cambios aunque tenga que renunciar a sus principios. Requiere parecer reformista, lo suficientemente audaz como para romper dogmas que en realidad nunca lo fueron, hay que parecer flexible aunque la rigidez sea su marca de fábrica. La detención de Elba Esther Gordillo tiene que ver, como apunta Hugo de los Campos, con los sentimientos asociados con ese poder que se recupera, con el temor que busca provocar en el resto de los poderes fácticos, es la recuperación de un territorio perdido y es una amenaza para todos los demás. Mientras, se juega en varias bandas. Resulta difícil negar que sacar del juego a una de las villanas favoritas atraerá simpatías. La audacia se verá como algo positivo independientemente de lo bien sustentada, en términos jurídicos, que en realidad esté. Existen poderes fácticos que de antemano arriaron sus banderas, el sindicato petrolero es uno de ellos, veremos que trato se le da. Hay otros que aún estando dentro del diseño institucional, prefirieron, desde ya, hacerse a un lado y disputar las migajas, como el PRD de los chuchos. Habrá que estar atentos a lo que hagan el

resto de ellos, el duopolio televisivo, que en realidad está metido en otros muchos temas ─revistas, disqueras, antros, casinos, internet, telefonía, estaciones de radio, etc.─, la banca, las cúpulas eclesiásticas, los monopolios de distinto tipo, los grupos delincuenciales que controlan amplias zonas de la geografía nacional y los que faltan por enterarnos. La mala noticia es que las reformas no serán las que se necesitan para potenciar el desarrollo del país, para responder a los intereses de la mayoría, solo serán el simple pretexto para desplazar a los poderes fácticos y concentrar el poder, por todo el tiempo que se pueda.

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