Contenido

Introducción 7
Capítulo uno El equipo de herramientas 9
Capítulo dos Cómo conservar y utilizar las herramientas 21
Capítulo tres Cómo conservar y utilizar las herramientas 37
Capítulo cuatro Mantenimiento y uso de las herramientas 55
Capítulo cinco Mantenimiento y uso de las herramientas 65
Capítulo seis Máquinas ligeras para trabajar madera 79
'Capítulo siete Construcción
99
Capítulo ocho Uniones
121
Capítulo nueve Herrajes, etc
139
Capítulo diez Chapeado
153
Capítulo once Talla de la madera
163
Capítulo doce Torneado
173
Capítulo trece Maderas y materiales
181
Capítulo catorce Acabado de la madera
185
Capítulo quince Adhesivos
193
Capítulo dieciséis Diseños
195
Indice
223
Introducción
El trabajo de la madera presenta mu-
chas especialidades, cada una de las
cuales requeriría un libro para ser
desarrollada adecuadamente. Mucha
gente sin embargo necesita un libro ge-
neral que incluya información sobre
todas las ramas del trabajo de la made-
ra, con las cuales el artesano necesita
enfrentarse. Para éstos se ha escrito
este libro. No pretende tratar cada tema
particular tan ampliamente como un li-
bro que se especializase en tal rama,
pero debe dar toda la información bási-
ca y en este sentido debería ser el me-
jor libro para el principiante en este
trabajo.
En la actualidad hay más gente que
nunca trabajando la madera como un
hobby y éste es uno de los signos más
esperanzadores en esta era en que la
tentación de aceptar las cosas hechas
fácilmente es más irresistible. Lo mismo
que es mucho más fácil escuchar la
m úsica de la radio o el tocadiscos, que
producirla por sí mismo, es más senci-
llo aceptar la producción de una máqui-
na que, sin esfuerzo, produce cosas uni-
formes con una velocidad y regularidad
solamente igualada por su falta de indi-
vidualidad y sentimiento por la materia
que trabaja.
Si bien hoy día disponemos de más
ocio que en cualquier época pasada,
existe una mayor tentación a no hacer
nada útil con él. La radio, la televisión,
el motorismo y el cine han ocupado su
lugar en nuestros esquemas de vida,
pero sólo muy pocas veces requieren
algo más que nuestra atención y nues-
tro tiempo libre y dejan muy poco lu-
gar para actuar con personalidad. Por
ello saludamos con alegría esta pre-
sencia del trabajo manual, a través del
cual se obtiene la constatación del valor
de una construcción única y el aprecio
del valor de un buen diseño, y en esto
descansa la mayor esperanza para el
futuro.
7
· Uno
El equipo de
herramientas
La selección de las herramientas depen-
de fundamentalmente, en general , del
tipo de trabajo que se va a hacer; pero
hay una serie de herramientas funda-
mentales que se necesitarán siempre.
La elección individual puede variar li -
geramente con la estatura y la edad del
usuario, pero la lista que se da en las
págs. 10 a 17 muestra un conjunto bien
representativo y hemos marcado con
un asterisco los elementos con los
cuales debe comenzar el principiante.
A medida que progresa se le hará pa-
tente la necesidad de otras herramien-
tas y puede adquirirlas a medida que
sienta tal necesidad.
No compre una " caja de herramientas
completa". Si Ud. lo hace está acep-
tando cosas que cualquier otro ha crei -
do que necesita, y toma el conjunto sin
hacer ningún juicio personal sobre los
elementos que adquiere. Demasiado
frecuentemente pagará algunos ele-
mentos que no utilizará nunca o que
son in útiles para Ud. El mejor plan es
ir a un vendedor de herramientas de
confianza y decirle lo que Ud. desea,
explicando que Ud. no espera herra-
mientas " baratas" (en realidad a la lar-
ga no son baratas) . Una buena herra-
mienta dura toda una vida, a veces " v a ~
rias vidas" y aunque de entrada haya
pagado más por ella, fácilmente le de-
volverá su coste. Puede suceder fácil -
mente que comprando una herramienta
de baja calidad, se esté dificultando a
sí mismo el comienzo de su aprendi -
zaje. Un cepillo o una escuadra faltos
de precisión, un formón o un destorni -
llador blandos, o una piedra de afilar
que se embote fácilmente, pueden pro-
ducir en el futuro un sinfín de moles-
tias innecesarias.
A la larga es barato comprar herramientas de
una buena marca. Los defectos de las herra-
mientas de baja calidad t ales como ilJil precisi 6n,
metal de segunda clase o mal diseño las hacen
pronto inservibles.
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Fig. 1. Sierras y cepillos empleados en el
trabajo de la madera en general.
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Fig. 1. Cepillos para usos espe-
ciales.
Equipo básico de
herramientas
Las herramientas señaladas con un as-
terisco son las que sugerimos para co-
menzar un principiante.
Sierras (Fig. 1)
*(C) Serrucho para cortar al través, de
610 ó 660 mm. Dentado 8 ó 9.
(F) Serrucho para paneles, 500 mm.
Dentado 10 ó 12.
*(A) Serrucho de costilla, 350 ó 400
mm. Dentado 12 ó 14. Costilla de
latón o hierro.
(E) Serrucho para lazos, 200 mm.
Dentado 18 ó 22. Costilla de la-
tón o hierro.
(Si desea limitar su equipo puede
substituir el serrucho de costilla
y el serrucho de lazos por un se-
rrucho de costilla de 230 ó 250
mm. dentado 9 ó 10. Sin embar-
go los dos serruchos son la mejor
elección) .
(G) Sierra de rodear, 300 mm.
(D) Sierra de marquetería, 150 mm.
(B) Sierra para agujeros de cerradura,
aproximadamente 280 mm.
Cepillos (Fig. 1)
*(H) Garlopa, de madera, 400 mm. ,
hierro de 50 mm.
*(J) Cepillo de afinar, ajustable metá-
lico, 228 mm. , hierro de 50 mm.
(K) Cepillo de alisar, ajustable metá-
lico, 457 mm. hierro de 60 mm.
(O) Cepillo dentado, de madera, hie-
rro de 50 mm. dentado medio.
(L) Cepillo de afinar, hierro de 44 mm.
(M) Cepillo curvo.
(R) Cepillo para rebajes, guillame me-
tálico ajustable. Hierro de 38 mm.
( P) Cepillo de cuchilla al frente, hierro
de 25 mm.
(N) Cepillo para espaldones de espi-
gas, hierro de 25 a 31 mm.
11
(1) Portacuchillas, 70 mm. de hoja.
(S) Acanalador, metálico. Hay gran
variedad de tipos disponibles.
Los más pequeños, trabajan ranu-
ras de 4, 6 y 8 mm.
Los tamaños mayores hasta 12,7
mm.
También combinados que ade-
más pueden trabajar molduras.
Obtenga el mejor que pueda, pero
incluso los más pequeños traba-
jan bien.
(O) Guimbarda de metal ajustable.
(T) Cepillos para molduras. Adquirir-
los sólo cuando se necesiten.
Formones. escoplos y gubias (Fig. 2)
(A) Formones de: *25 mm., 13 mm.,
*6 mm. y 3 mm.
(B) Formones biselados : 31 mm. ,
*19 mm.
(e) Escoplos : 6 mm. , *8 mm. , 10
mm.
(F) Escoplo para rebajes de cerradu-
ras.
(D) Gubia cóncava
(E) Gubia convexa
Arquirir sólo
cuando se
necesiten
Berbiquí. barrenas, etc. (Fig. 2)
(G) Berbiquí de carraca, de 200 ó
250 mm. de manivela.
(D) Barrenas helicoidales : *6 mm. ,
*10 mm. , 12,5 mm., 19 mm.
*(J) Brocas: 3 mm. a 6 mm. (Usadas
principalmente para agujeros de
tornillos) . Alternativamente pue-
den usarse brocas de mecánico.
(K) Barrenas Fostner. Obtenerlas
cuando se necesiten.
(H,I) Avellanadores, *helicoidal y de
rosa.
(M) Barrenas con punta de centrado,
12,5 mm., *19 mm., 25 mm.
(L) Destornillador.
(N) Barrena extensible.
*( P) Lezna. la de jaulero, de secclon
cuadrada, es preferible. Adquirir
dos de distintos tamaños.
12
El utilaje para enclavijar hace po-
sible emplear barrenas de distin-
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Fig. 2. Herramientas de cortar y
taladrar.
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Fig. 2. Herramientas de agujerear, t razar y
comprobar.
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13
t os t amaños, necesitando sólo un
ajuste. Ver pág. 126.
Herra mientas para trazado (Fig. 2)
*(W) Escuadra de comprobación, 300
mm. , es preferible la escuadra de
mecánico con hoja deslizante.
(O) Escuadra de comprobación, 600
mm. de madera, construcción ca-
sera. Los que tengan una escua-
dra de acero de calderero la pre-
ferirán.
(X) Escuadra de ingletes, 300 mm.
(Y) Escuadra ajustable o falsa e ~ c u a ­
dra, 250 mm.
(Z) Reglas, 450 mm. y 910 mm., de
madera. Construcción casera.
*(T) Metro plegable.
*( R) Gramil de corte.
(R) Gramil de trazar.
(S) Gramil de mortajas.
(U) Compás de puntas, 150 mm. Con
ajuste fino por tornillo.
(V) Entreguardas.
Herra mientas generales (Fig. 3)
*(A) Martillo de tipo Warrington o Lon-
dres, de unos 250 gramos. Mar-
tillo de modelista de unos 100
gramos.
*(C) Maza, aproximadamente 300 mm.
*( B) Tenazas, 200 mm.
*( D) Punzones, punta cóncava. Uno
para puntas pequeñas y otro
mayor.
(E) Destornilladores *200 mm., tipo
ebanista.
*( F, G) 120 mm. , de trinquete y fino.
Necesitará destornilladores para
tornillos de tamaños entre el n.o
12 y el n. o 2.
(1 , J) Uma para madera, me'dia caña de
180 mm. y cola de rata de 150
mm.
(H) Escofina, media caña, 180 mm.
( L) Portacuchillas, *de madera, para
cuchilla de unos 60 mm.
(M) Portacuchillas, metálico, de cara
14
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Fig. 3. Herramientas varias de
banco,
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Fig. 3. Herramientas varias. algunas de fabrica-
ción casera.
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15
*(N)
*(0)
*(K)
(P)
*(R)
curva, para cuchilla de 50 mm.
Cuchilla de ebanista, 125 mm.
De aproximadamente 1,2 mm.
de gruesa.
Cuchilla de ebanista curva.
Chaila o piedra de aceite de grano
fino o medio, o combinada fino-
grueso, de India, Carborundum,
Unirumdum, etc. 200 por 50 mm.
Piedras de afilar gubias, con dos
cantos de curvatura variable.
Frotador de corcho ; aproxi mada-
mente 110 mm.
(S) Martillo de chapear ; construcci ón
casera.
( Q) Rascador de ranuras ; construc-
ción casera.
(T) Herramienta de conformar. Las
hay de varios tipos, planas, me-
diacaña, redondas.
Utillajes de cepillar y cortar ( Fig. 4)
(A) Soporte de cepil lar o tirador,
aproximadamente *600 mm. y
1,5 m. construcci ón casera.
( B)
*(C)
(D)
*(E)
(F)
Soporte de cepillar ingletes, apro-
ximadamente 450 mm.
Taco de cepillar ingletes, aproxi -
madamente 450 mm.
Caja de ingletar, para molduras
de hasta 100 mm. Construcción
casera.
Cortador o tope de gancho, de
180 mm. aproximadament e.
Construcción casera.
Plantilla para ingletes. Const ruc-
ción casera.
Gatos (Fig. 4)
(K) Sargentos metálicos, un par de
600 mm. aproximadamente y
otro de 1,2 m. aproximadament e.
*(J) Gatos paralelos, un par de 200
mm. aproximadamente. Más cuan-
do se necesiten.
(H) Gatos en C. Como alternativa a
los gatos paralelos.
(G) Tornillos de apriete de 80- 100
mm. Unos 6 como mínimo.
(1) Prensa rápida de banco.

__ . ______________ _____________________ K U
Fig. 4 . Gatos.
16
f
Fig. 4 . Utillajes de cepillar y cortar.
17
Fig. 5. Pequeña sierra circular de banco con
mesa inclinable, guía de deshilar y guía de ingle-
tes. (Foto, cortesía de Parry and Sons (Tools)
Ltd.) .
La elección de las herramientas de las
págs. 10 a 17 se ha hecho en el supues-
to de que el lector es relativamente prin-
cipiante, y como tal no es presumible
que prevea por el momento, la instala-
ción de ninguna máquina. Los que tie-
nen alguna experiencia saben que mu-
chos de los trabajos que dan dolor de
espalda pueden ahorrarse teniendo una
pequeña máquina, y por eso damos en
el capítulo sexto algunos consejos so-
bre la elección e instalación de máqui -
nas adecuadas. Los que se propongan
instalar una máquina, pueden modificar
el equipo de herramientas manuales de
acuerdo con las operaciones que vayan
a realizar en ella.
18
Después de obtener sus herramientas,
tan pronto como le sea posible, haga
Ud. mismo un elemento para guardar-
las. Puede ser una simple caja o arma-
rio o ser construido en el banco. Recuer-
de dejar sitio para la ampliación; indu-
dablemente, después, comprará más
herramientas y es bueno pensar en lo
que Ud. prevé como su posible equipo.
Trate de disponer las cosas de tal ma-
nera que los filos 'de las herramientas
no entren en contacto unos con otros;
los formones y sierras en cremalleras,
los cepillos en compartimentos y así
sucesivamente. A la larga esto ahorrará
mucho tiempo al evitar filos mellados,
etc. Es posible obtener un papel antihu-
medad que evita la oxidación; una hoja
de él, que se renueva de vez en cuando,
puesta en la caja de herramientas puede
ahorrar muchas molestias en este
punto.
Sierras circulares. De las muchas má-
quinas disponibles para el artesano ca-
sero la sierra circular es la más útil ge-
neralmente. Además de para cortar el
hilo, a través y a inglete, puede utilizar-
se para hacer entallas y rebajes y, en
algunos casos moldurar. Particularida-
des esenciales de la máquina son : el
movimiento de subir y bajar la sierra
o la mesa, la guía de cortar al hilo, la
guía de cortar a inglete, la protección
de la sierra y, preferiblemente, una
mesa o sierra inclina bies.
Una alternativa de la máquina anterior,
es la máqui na universal' con varios adi -
mentas, tales como sierra circular, sie-
rra de cinta, disco de lijar, banda lija-
dora, mortajadora , cepilladora con
accesorio para regruesar. Una de las
ventajas de esta máquina es el pequeño
espacio que ocupa, un beneficio eviden-
te en los pequeños talleres. Además
es menos costosa que comprar varias
máquinas separadas. Sin embargo,
quienes dispongan de espacio y no se
asusten por el coste, encontrarán que
las máquinas diseñadas para hacer un
tipo de trabajo son más eficientes que
una máquina que ha tenido que dise-
ñarse para hacer varios trabajos.
19
Dos
Cómo conservar
y utilizar
las herramientas
En este capítulo puede estudiar los
puntos principales a tener en cuenta
acerca del uso de las herramientas;
pero, citando un antiguo dicho, " la ha-
bilidad de hacer, se logra haciendo"
Sierras
Serruchos. Son usados para cortar las
grandes piezas de madera ; por ejemplo,
habiendo trazado en un tablero las pie-
zas que se necesitan se cortan con el
serrucho. Un serrucho de cortar a tra-
vés es distinto de un serrucho de cortar
al hilo, porque éste puede utilizarse
para cortar tanto a través como a lo
largo de las fibras. Puede serrarse con
la made,ra apoyada sobre caballetes o
cajas, o sobre el banco, o sujeta en el
tornillo; es cuestión de ver lo más con-
veniente.
La Fig. 1 muestra el sistema de serrar
sobre caballetes, o cajas. Comenzar a
cortar con el serrucho formando un pe-
queño ángulo, como en la Fig. 2, porque
de esta manera puede verse si el serru-
cho está alineado con el trazado. Esto
es lo más importante ; porque si comien-
za mal el corte continuará yendo mal y
al intentar corregirlo probablemente se
desviará hacia el otro lado. Para comen-
zar el corte apoye la mano izquierda
sobre el extremo de la madera y levan-
te el dedo pulgar de forma que el serru-
cho roce en él , como en la Fig. 3; este
sostiene la hoja y posibilita comenzar
el corte en la posición exacta. Una vez el
corte haya empezado a profundizar un
poco, la mano puede llevarse hacia
atrás y utilizarse para ayudar a suje-
tar la madera.
Mueva el serrucho hacia arriba y abajo
Fig. 1. (Izquierda) . Deshilando una tabla con el
serrucho.
21
Fig. 2. Comienzo sosteniendo el serrucho con
un ángulo bajo.
Fig. 3. Comenzando el corte, el pulgar izquierdo
afirma la hoja.
Fig. 4. El corte se hace a un lado de la línea.
22
Fig. 5
Fig. 6
Fig. 5. Guía para mantener la hoja en ángulo
recto.
Fig. 6. Previniendo que la madera se cierre so-
bre la hoja.
Fig. 7. Sosteniendo la parte sobresaliente al ter-
minar el corte.
unas pocas veces, de manera que los
dientes encuentren camino en la made-
ra, y cuando haya hecho un comienzo
suficiente, mantenga el serrucho de tal
manera que forme un ángulo de apro-
ximadamente 45° con la madera. En-
tonces puede trabajar ya con golpes
firmes y a todo lo largo. Nunca debe
ser necesario apretar hacia abajo. Si
corta mal o lentamente, es necesario
afilarlo. Aplique una ligera presión en el
golpe de corte para mantenerlo sobre
el trabajo. Fíjese en la Fig. 1, cómo el
dedo índice de la mano derecha apun-
ta a lo largo de la hoja: esto es de gran
ayuda para mantener el control del se-
rrucho.
El corte se hace siempre a un lado de
la línea de trazado, de tal manera que
pueda emplearse el cepillo para ajus-
tar la madera a la dimensión deseada.
Esta idea se muestra en la Fig. 4. Es de
utilidad el que la línea no se borre con
el serrucho : para esto, cuando sea po-
sible, coloque la madera de forma que el
serrucho corte a la derecha de la línea.
A veces esto no es posible, pero es ven-
tajoso tener la línea a la vista. Recuer-
de que el serrucho debe estar siempre
hacia el lado de la línea del trozo que
se desecha.
Es evidentemente necesario mantener
el serrucho en ángulo recto con la su-
perficie. Del desvío del corte, hacia
adentro la pieza puede resultar dema-
siado pequeña y si el corte cae hacia
el otro lado implica una buena cantidad
de trabajo innecesario en el cepillado;
como guía coloque una escuadra de
madera, como en la Fig. 5, no es nece-
sario mantenerla así todo el tiempo,
pero puede darle una indicación de si el
serrucho está en ángulo recto. Trate
de adquirir el sentido de la posición en
ángulo recto y mire el borde después
de serrado, para ver si se desvía hacia
un lado u otro. Es una ventaja eliminar
las dificultades lo antes posible, porque
puede ahorrarle una gran cantidad de
trabajo en otras operaciones.
A veces sucede, cuando se tiene que
hacer un corte largo, que la ranura tien-
da a cerrarse de tal forma que la madera
se agarra sobre 1<:1 sierra; una lezna in-
troducida en la ranura como en la Fig. 6,
mantiene el corte abierto y evita el aga-
rre.
Cuando corte de través una tabla, nun-
ca ponga la madera de tal forma que el
corte quede entre los caballetes; esto
puede por sí solo causar que la madera
se doble a medida que progresa el corte;
en el mejor de los casos puede hacer
que se atasque la sierra, y en el peor
la madera puede chascarse. En lugar
de ello ponga la madera de tal forma
que la pieza que debe eliminarse por
serrado sobresalga a un lado. El comien-
zo del corte se hace como se ha descrito
anteriormente, pero cuando se llegue al
Fig. 8. Serrando " a la francesa" .
23
final , la mano izquierda debe colocarse
de forma que soporte la madera, como
se muestra en la Fig. 7; de otra forma
es posible que se astille, especialmente
cuando la pieza sobresaliente es de un
cierto tamaño.
Otro método de serrar al hilo, es, serrar
" a la francesa" , Fig. 8; muchos lo con-
sideran menos cansado. La madera se
fija sobre el banco con la l ínea de corte
sobresaliendo del borde. Para comenzar
el corte se dan unos pequeños golpes
con el serrucho apuntando hacia atrás,
Fig. 9. Tan pronto como se ha hecho
un pequeño corte, se toma la posición
hacia arriba, agarrándose el serrucho
con ambas manos y utilizando toda la
longitud del golpe. En cierta manera es
también más facil apreciar cuando el
serrucho se sostiene en ángulo recto.
Cuando deba hacerse un corte a lo largo
del centro de la tabla y hay dificultad
en fijarla en el banco, puede colocar
el tablero sobre caballetes, haciendo
sobresalir el corte, situándose a horca-
jadas sobre la madera.
Los cortes relativamente cortos o en
trozos de madera pequeños, general-
mente se hacen mejor sujetándo la ma-
dera en el tornillo, como se ve en la
Fig. 10. No haga sobresalir la tabla más
de lo que sea necesario, pues de lo con-
trario vibrará; la parte saliente depende
del grosor, pero, por ejemplo. material
de 22 mm. puede sobresalir aproxima-
damente 200 mm. Cuando el serrucho
se aproxime a la superficie del banco,
la madera se levanta en el tornillo. Re-
cuerde revisar que no haya herramien-
tas sobre la superficie del banco, pues
de lo contrario el serrucho puede cho-
car con ellas.
El serrucho de costilla se usa para se-
rrar, en general , piezas pequeñas, serrar
ensambles, etc. Es una cuestión de dis-
creción si se debe util izar el serrucho
24
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Fig. 9. Comienzo del corte para serrar a la fran-
cesa.
Fig. 10. Uso del serrucho con la madera sujeta en
el tornillo de banco.
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I 150rnrn I
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Fig. 11. Cortador.
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para espigas o el serrucho para lazos. A
veces es conveniente sujetar la madera
en el tornillo, otras veces es mejor el
cortador, y en ocasiones es preferible
fijar la madera al banco con un gato.
Las medidas exactas de un cortador no
son importantes; las que se dan en la
Fig. 11 pueden tomarse como guía ge-
neral. Nótese sin embargo que el lis-
tón inferior, que se apoya contra el
borde del banco, está fijado con una
clavija en el extremo en que trabaja la
sierra. Esto se hace así porque la sie-
rra, ocasionalmente, con el uso conti -
nuado, marca una ranura a través de la
madera y un tornillo podría ser rozado
y mellar la sierra. Para fijar el otro ex-
tremo pueden emplearse clavo5"o torni -
llos.
En la Fig. 12 se muestra cómo se utiliza
el cortador, nótese que la parte inferior
de la palma de la mano izquierda pre-
siona sobre el borde de la madera que
debe ser serrada, teniéndola contra el
respaldo del cortador.
El borde inferior del cortador evita el
movimiento, debido al empuje de la sie-
rra, pero a menos que la madera se
mantenga contra el respaldo se está ex-
puesto a arrastrarla en el movimiento
de retroceso. El dedo pulgar de la mano
izquierda se utiliza para afianzar el se-
rrucho ' al comenzar el corte. Comience
con el serrucho levantado ligeramente,
de manera que se sierre primero el can-
to más alejado, después vaya bajándo-
lo gradualmente a medida que progrese
el corte. Para trabajos de gran preci -
sión, como cuando se sierran los espal -
dones de una espiga, se dan unos gol -
es de esta forma, después se comienza
en el canto más cercano y luego es
cuestión de nivelar cuidadosamente el
serrucho para unir los dos cortes.
Aprender a serrar a escuadra es de gran
import ancia; una ayuda muy útil en este
Fig. 12. Uso del cortador para serrar. La mano
izquierda aprieta fuertemente la madera cont ra
el respaldo del gancho para que no sea arrastra-
da.
aspecto es rodear la línea del trazado
a escuadra en las cuatro caras de un
palo grueso. Corte aproximadamente 2
mm. de profundidad sobre una superfi -
cie, vuelva la madera hacia Ud. de tal
modo que este corte le quede de frente
y haga un segundo corte, también de
2 mm. de profundidad sobre la superfi -
cie que ahora está encima. Repita esto
hasta que haya serrado las 4 caras, des-
pués gradualmente profundice cada
corte sucesivamente. De esta manera
la sierra tiende a seguir en los cortes
hech.os anteriormente.
Cuando un extremo debe ser cortado
perfectamente a escuadra, como por
ejemplo para espigar o esquijear (se-
rrar espaldones), es de gran ayuda si
la línea del trazado a escuadra se mar-
ca con un formón. Cortando una entalla
contra la línea en la parte del desper-
25
e

. la madera
ntener qUieta h ha
. 13 Sistemas de "a' (b) Entalla ec
. se sierra. (a) aVIJ ,
mientras
por el ___________ _
26
Entalla hecha
por el
serrucho
I ______ ____
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dicio, se forma un canal , en el que pue-
de guiarse el serrucho. Esto se muestra
en la Fig. 4 de la pág. 125.
Cuando el corte se haga con la madera
sujeta en el tornillo, asegúrese de que
la pieza está nivelada ; de lo contrario
sería fácil que el serrucho se desviase
de la línea. Sobre este particular cuando
se haya de hacer un corte en un deter-
minado ángulo, es más fácil si la made-
ra se coloca de tal manera que el corte
sea vertical; de esta forma sólo es ne:-
cesario mantener vertical el serrucho.
Esta idea es a menudo útil cuando se
sierran lazos, la madera se fija con una
ligera inclinación, de manera que la sie-
rra se usa verticalmente.
No trate nunca de usar el serrucho sin
sujetar la madera en una de las formas
que se han indicado ; la madera que no
esté firmemente sujeta se moverá, ha-
ciando difícil el serrado y puede oca-
sionar el doblado de la hoja de serrucho.
En las Figs. 13 (a) y (bl. puede verse un
tope pivotante aconsejable, es oscilante
para sujetar la madera mientras se co-
mienza a serrar. Otra idea muy simple
es taladrar un agujero de 12,5 mm. de
diámetro, a través del tablero del ban-
co, cerca del extremo, e introducir una
clavija de madera cilíndrica en él ,
como se muestra en (c) ; cuando no se
usa puede introducirse enrasándolo con
el tablero. En cualquier caso evita la
mala costumbre de sostener la madera
contra el tope de banco, cuando corte
a través ; la sierra irá marcando un sur-
co profundo y cuando se utilice el tope
para cepillar la madera, es probable que
se balancee en el surco (vea (f) , Rg. 13).
En general , para serrar, el cortador es
perfectamente satisfactorio, pero cuan-
do sea esencial que la madera se su-
jete ligeramente, puede usarse el en-
ganche rápido (d) o el tornillo de banco,
o un gato como en (e). El primero es
extremadamente manejable, pero nece-
sita un tablero de banco bastante grue-
so, para ser efectivo, ya que se basa
sobre la inclinación de un vástago en el
agujero del banco para obtener el aga-
rre; si el tablero es delgado, puede re-
gruesarse en la parte inferior local -
mente. Desde luego debe haber espacio
despejado por la parte inferior. Algunos
enganches rápidos tienen un tope de
metal para introducirlo en el tablero del
banco.
Serrado de curvas. Para curvas suaves
y anchas en, por ejemplo, madera de
22 mm., la herramienta generalmente
más útil es la sierra de rodear (ver pág.
25). Su hoja se mantiene en tensión
mediante una disposición de torniquete
y con sus mangos puede volverse el cor-
te en cualquier dirección. La ventaja
de esto último es que hace posible cor-
tar una forma que sea más o menos
paralela al canto. Puede comprobarse
que, cuando se coloca a escuadra, la
sierra solamente puede cortar a una
distancia del borde igual a la distan-
cia de la hoja al travesaño. Sin embar-
go girando los mangos la sierra puede
cortar a lo largo de la madera parale-
lamente al canto. Es muy importante
que la hoja no esté retorc1da.
El serrar recto, es importante, ya que
de lo contrario implicaría una gran
cantidad de trabajo innecesario para
el acabado, de hecho puede fácilmente
suceder que la madera se estropee por
cortar demasiado. Es una cuestión de
juicio y práctica. El mejor plan es que
Ud. vaya comprobando su trabajo a me-
dida que sierre, véa si tiene tendencia
a cortar hacia un lado o hacia otro, y
trate de corregirlo en futuros cortes.
. Puede precisar con muy poco error, si
la hoja está a escuadra con el trabajo.
En la Fig. 14 se muestra el uso de la
sierra de rodear.
Cuando el corte que se ha de serrar está
en el interior de la madera, es decir
27
Fig. 14. Forma de manejar la sierra con la madera
sujeta en el tornillo de banco.
que no llega en ning ún punto al canto,
es necesario hacer un agujero en la ma-
dera suficientemente grande para per-
mitir que la hoja de la sierra pase a tra-
vés de él. Desde luego se ha de taladrar
en la parte de la línea de la madera a
desechar. La hoja de la sierra está suje-
ta con un pasador que se puede sacar
fácilmente.
Corrientemente la madera se sujeta en
el tornillo de banco y es aconsejable
mantenerla tan baja como sea posible,
para evitar la vibración; esto puede ha-
cer necesario elevar la madera una o
dos veces, pero el serrado se realiza
mucho más fácilmente. Agarre la sierra
con ambas manos y trabaje con golpes
largos, haciendo girar la sierra gradual -
mente -de manera que siga la curva.
Otra sierra que tiene una utilidad pare-
cida, pero empleada para trabajos más
pequeños, es la sierra de marquetería
(pág. 10). En este caso la madera co-
rrientemente se mantiene en posición
horizontal y se fija de manera que so-
bresalga del tablero del banco. Hay que
28
Fig. 15. Uso de la sierra para agujeros de cerradu-
ra.
evitar que sobresalga demasiado porque
puede Aquí es esencial que
el serrado se haga verticalmente; para
comenzar puede sostener una pequeña
escuadra cerca de la hoj a, como guía,
pero pronto será capaz de hacer el tra-
bajo sin ella. La tensión de la hoja en
esta sierra se logra girando el mango.
Utilizando la sierra de esta forma, los
dientes apuntan hacia el mango. A ve-
ces sin embargo es más conveniente
sostener la madera verticalmente en el
tornillo y en este caso es mejor apuntar
los dientes en dirección opuesta al man-
go, de tal modo que el astillado del cor-
te quede en la parte trasera de la ma-
dera. En realidad la madera delgada se
corta con la sierra de marquetería y
utilizando una mesa especial , con un
extremo saliente con un corte en V.
A veces se tiene que hacer un corte in-
terno a una distancia del borde dema-
siado grande para que alcance la sierréj
de rodear. Entonces se tiene que utilizar
el serrucho de calar. Este, sin embargo,
no es una herramienta muy eficiente,
ya que hay que tener en cuenta su rigi-
dez relativamente pequeña para evitar
que se doble. La . norma a seguir es dar
a la hoja la mínima salida compatible
con golpes razonablemente largos. Afor-
tunadamente no se presentan muchos
cortes de este tipo en el trabajo de la
madera y el principal uso de esta sierra
es cortar los lados de los agujeros para
las llaves cuando se montan cerraduras.
Puede desde luego utilizarse la sierra
de rodear, si es necesario, pero esto im-
plica desmontar la hoja y hacerla pasar
a través del agujero para hacer unos
cortes relativamente muy pequeños. En
la Fig. 15 se muestra esta sierra cor-
tando una curva ancha ; nótese cómo
ambas agarran el mango.
En general no es aconsejable al princi -
piante que afile sus propias sierras, por-
que probablemente limará los dientes
desigualmente, y un afilador de sierras
profesional le cargará más para arreglar
el estropicio que el dinero que haya aho-
rrado. Si se decide a intentarlo comien-
ce por las sierras que tengan los dientes
más grandes.
Debe tenerse en cuenta que además
de limarlos, los dientes deben ser tris-
cados, es decir torcidos a uno y otro
lado alternativamente. Esto es un punto
esencial en una sierra, en cuanto que
ella debe hacer un corte ligeramente
más ancho que el espesor de la hoja ;
sin esto la sierra se atascaría en la ma-
dera. El afilador debe dar el triscado
justo que la experiencia haya mostrado
que es necesario. Un triscado excesivo
debe evitarse, ya que significa que se
está cortando madera innecesariamente
'1 de esta forma trabajando más dura-
mente sin ninguna ventaja.
Formones y escoplos
Además de las gubias para usos espe-
ciales, existen tres tipos de herramien-
tas de filo : el formón, el formón bise-
lado y el escoplo. El primero de estos
(Fig. 2, pág. 12) es la herramienta de
banco utilizada para uso general de cor-
te. Está construido de forma robusta ,
para resistir el trabajo que implica el
corte de entallas y otros tipos de en-
sambles y además puede usarse, si es
necesario, para trabajos más finos, tales
como ajustar dos piezas. Esto último sin
embargo se hace mejor con un formón
más ligero, especialmente diseñado
para esta tarea: el formón biselado que
se muestra en (b) (Fig. 2, pág. 12). El
mortajado que requiere fuertes golpes
de maza y un cierto apalancado, exige
el empleo del escoplo (c, Fig. 2 pág.
10) existen dos tipos: el escoplo pe-
sado de mortajar y el escoplo más li -
gero, que es suficientemente fuerte y
resistente para la mayoría· del trabajo,
sin ser tan voluminoso.
Fig. 16. Cortando una esquina de la madera con el
formón.
29
a
Fig. 17. Fases en el corte de una entalla.
Corte con formón. En la Fig. 18 se
muestra una operación típica de cortar
con formón una entalla. La mano iz-
quierda puede mantenerse como se
muestra, con los dedos sobre la parte
de encima y el dedo pulgar debajo. En
cualquier caso, no i mporta cual sea la
operación, ambas manos deben mante-
nerse detrás del corte. En un trabajo
de este tipo los lados de la entalla
se sierran primero y se dan 2 o 3 cortes
de sierra intermedios para dividir la fi -
bra. El formón se sitúa entonces for-
mando un ligero ángulo como en la Fig.
17, golpeando el mango con la palma
30
de la mano o con la maza. El material
es arrancado hacia arriba seg ún la dia-
gonal. Después de dar vuelta a la ma-
dera se trabaja por el otro lado, como
se muestra en (a) . Se acaba como se
muestra en la Fig. 18, deslizándo el
formón con una acción de balanceo, si
es posible ; esto no solamente facilita el
corte sino el apreciar claramente las
partes sobresalientes que deben cortar-
se.
Mortajado. La Fig. 17 muestra el mor-
tajado de un montante de puerta y en
ella pueden observarse distintos pun-
tos. Primero, el trabajador se mantiene
frente al extremo de la madera, porque
así le es fácil ver si el escoplo se des-
vía a la derecha o a la izquierda (es
claramente importante el que la mortaja
esté a escuadra) . En segundo lugar la
madera está sujeta sobre una parte só-
lida del banco, generalmente la pata.
También hay colocado un gato paralelo
en el ext remo, para evitar cualquier ten-
dencia de la madera a rajarse ; corrien-
temente se dejan unos 25 mm. de ma-
dera a los lados de la mortaja, para ha-
cer mínimo este riesgo, pero incluso
así es aconsejable el us.o del gato pa-
ralelo. Cuando varios montantes deben
mortarjarse, pueden fijarse juntos cos-
tado a costado. Para aligerar el trabajo,
la mayor parte de la madera a elimi -
nar puede quitarse taladrando una serie
de agujeros con una barrena algo más
delgada que el ancho de la mortaja.
El primer corte se hace aproximada-
mente en el centro de la mortaja y sólo
superficialmente. El próximo aproxima-
damente a 3 mm. del primero, es más
profundo, y así se sigue hasta apro-
ximadamente 1 mm. del extremo, donde
la mayor parte de la viruta pueda sa-
carse apalancándola. Para esto es úti l
emplear un escoplo ligeramente más
estrecho. Trabaj ar desde el otro lado de
la misma manera apalancando hacia
afuera las astillas cuando proceda. La
Fig. 18. Acabando una entalla con el formón. Fig. 19. Escopleando una mortaja.
Fig. 20. Afil ado del formón sobre la chaila.
31
Fi g. 21 . Forma de usar el formón para cerradu-
ras en un espacio limitado.
profundidad, desde luego debe haberse
decidido anteriorment e y es útil f ij ar
un trocito de papel en el escoplo como
guía de la profundidad. Cuando la
mortaja se haya abierto de esta manera,
se hacen los cortes finales sobre las lí-
neas de cada extremo, esto elimina las
marcas dejadas por el apalancado sobre
los mismos.
Escoplo para cerraduras de cajón. Esta
herramienta, que se muestra en (f) (Fig.
2, pág. 12) está prevista para su uso
en el espacio rest ri ngido de un caj ón.
También es útil para cortar el hueco
en el cual encaja el pasador de la ce-
rradura en el hueco del cajón. La Fig.
21 muestra cómo puede ser golpeado
con el lado del martillo y en ella puede
comprobarse que sería imposible cor-
tar con un escoplo ordinari o.
Afilado de formones. El procedimiento
es casi el mismo que para afilar hierros
de cepillo. Corrientement e el ángulo de
amolado es de aproximadamente 25
grados, mientras que el afilado sobre
la chaila o piedra de aceite es de alre-
32
dedor de 30 grados, excepto en el caso
de los escoplos y los formones de des-
bastar, que es mejor afilarlos aproxi-
madamente a 35 grados, con lo que se
obtiene un afilado más- -resistente. L:l
Fig. 20 muestra la operación de afilado.
La rebaba se vuelve sobre la piedra (lo
mismo que en las cuchillas de cepillo!.
y es fundamental que quede plana, pues
de lo contrario es imposible utilizarlo
correctamente para igualar una superfi -
cie. La rebaba es eliminada fácilmente
con el bruñidor.
Gubias. Estas herramientas no son usa-
das extensamente, pero a veces se ne-
cesitan para dar forma a un agujero o
rebaje. Las herramientas de ta ll ar serán
más ampliamente tratadas en el capítu-
lo sobre la talla. La gubia para cortes
cóncavos, tiene el bisel en la parte ext e-
rior y sirve para el trabajo en general.
Para afilar se sostiene en ángulo recto,
con la dirección de la piedra con el bisel
plano. Eleve el mango un poco, de ma-
nera que solamente toque el filo y traba-
je hacia adelante y atrás con un movi-
miento de giro hasta que la rebaba se
vuelva hacia el interior. Para eli minar
ésta utilice la piedra de aceite de afinar
boceles, por la parte interior, mante-
niéndola plana. La curvatura de la piedra
debe ser ligeramente más cerrada que la
de la gubia.
Las gubias para cortes convexos tienen
el bisel por la parte interior y deben
ser afiladas con la piedra de af inar bo-
celes. Para eliminar la rebaba mantenga
plana la gubia sobre la piedra y hágal a
girar.
Herramientas para
taladrar
El berbiquí. Se puede tener un berbi -
quí corriente o un berbiquí de carra-
ca. El último bien vale su coste extra,
en parte porque permite trabajar en un
rincón donde es imposible el giro com-
pleto del berbiquí, y en parte porque
es ventajoso mantener la mano en una
posición determinada, cuando se taladra
un agujero grande, porque proporciona
mayor fuerza. Para el trabajo corriente
un berbiquí de 200 mm. de diámetro
de giro es el más adecuado.
Es bastante fácil decir cuándo el berbi-
quí se inclina hacia la derecha o hacia
la izquierda, pero más difícil detectar
si se inclina acercándose o alejándose
de uno mismo. Debe aprovecharse este
hecho cuando la verticalidad de un agu-
jero es más importante en una dirección
que en otra. Por ejemplo cuando se tala-
dran agujeros para espigas en un lar-
guero es claramente fatal que los agu-
jeros se inclinan hacia los lados, y en
consecuencia es aconsejable situarse en
el extremo de la madera, como se
muestra en la Fig. 22.
Uso del berbiquí. Varios medios auxi-
liares pueden utilizarse como guía,
uno puede ser la escuadra colocada a lo
largo de la broca. En el caso de un agu-
jero que deba taladrarse en el extremo
de una pata, pueden fijarse provisional-
mente dos tiras rectas en dos caras,
apoyándose de ellas como guía, tal
como se ve en la Fig. 23. Otra posibi -
lidad es pedir a un ayudante que per-
manezca al lado para indicar si el ber-
biquí se mantiene vertical.
A veces es aconsejable sostener la ca-
beza del berbiquí con la mano izquier-
da mientras se taladra, y con ella se
-sostiene el berbiquí y se ejerce la pre-
sión. A veces es más conveniente suje-
tar la madera en el tornillo y la presión
se aumenta empujando con el cuerpo
contra la mano izquierda. Eso no es re-
comendable cuando la precisión de los
agujeros es importante, porque dificulta
comprobar que el berbiquí esté a es-
cuadra con la madera.
Fig. 22. Taladrado de agujeros en montantes como
preparación del mortajado.
Cuando se ha de taladrar un agujero
formando ángulo, debe hacerse una
guía, como la de la Fig. 24. Esta se
sujeta a la madera y la broca se pasa
a través de su agujero.
Brocas y barrenas. Para enclavijar se
utiliza siempre la barrena helicoidal.
Debido a que su vástago recto en espi -
ral no es fácil que se desvie si se co-
mienza adecuadamente, ya que corta de
forma limpia. Además su punta de gu-
sanillo penetra en la madera sin esfuer-
33
Fig. 23

Fig. 23. Ayuda para el taladrado vertical. El berbi-
quí se mantiene alineado con dos varillas sujetas a
la pieza de madera.
Fig. 24. Forma de asegurar el taladro con un ángu-
lo correcto de modo que la barrena comience en la
posición correcta .
Fig. 25. de profundidad sencillos.
Fig. 26 Broca Forstner.
zo indebido. Es sin embargo algo deli -
cada, porque tanto el gusanillo como
los labios cortantes se estropean fácil-
mente si tropiezan con un clavo. Para
enclavijar se puede utilizar una barrena
extracorta. A veces es ventajoso utilizar
una broca Morse, pero con ella se nece-
sita un utillaje, pues si no es imposible
sostenerla correctamente en el punto
justo.
Para taladrar a una profundidad deter-
minada se utiliza un tope. Los hay de
34
Fig. 25
a b
metal de tipo ajustable, pero tienen el
riesgo de hacer marcas en la superficie
y SOA especialmente peligrosos cuando
el agujero se hace en el canto, debido
a la posibilidad de que la superficie ro-
zante astille el canto de la madera. Los
dispositivos sencillos de la Fig. 25 son
eficaces, y no producen más señales
que un simple frote. El de (a) está espe-
cialmente hecho para un trabajo con-
creto, mientras que el (b) es ajustable
a cualquier posición, a lo largo de la es-
piral de la barrena.
Para agujeros ciegos o para agujeros
a través de madera delgada, se utiliza
la broca con punta de centraje. Para el
último de los usos indicados el agujero
se hace por la cara frontal, justo hasta
que la punta emerge por el otro lado y
entonces el agujero se termina por este
lado. La broca con punta de gusanill o,
tiene la ventaja de que se empuja por
sí misma hacia la madera y evita la
necesidad de apretar. La barrena exten-
sible (n) (Fig. 2, pág. 13) se utiliza para
agujeros de gran diámetro, ahorrándo
el tener que poseer una gran cantidad
de barrenas (:on puntas de centrar.
Los agujeros para tornillos se taladran
generalmente con la broca Morse, o
la barrena helicoidal (j) (Fig. 2, pág. 12),
dos o tres tamaños son suficientes para
el tamaño de tornill os que se usan en
general , estas brocas pueden utilizarse
con espiga cuadrada para adaptarlas al
berbiquí, aunque generalmente las
brocas lisas cilíndricas pueden ajus-
tarse suficientemente fuerte. Mucha
gente utiliza un pequeño taladro de
mano para los tamaños de brocas más
pequeñas.
Las barrenas de hélice simple con uñas
de corte, son herramientas de taladrar
rápidas y útiles para maderas duras y
correosas. No deben emplearse nunca
para maderas blandas, o cerca del can-
to, porque son propensas a astillar la
fibra.
Para trabajos atornillados, el avellana-
dor espiral (h) (Fig. 2, pág. 12) propor-
ci ona un acabado limpio. A veces es
necesario agrandar el avellanado con
un ovalillo de latón, y para ello se uti-
li za el avellanador de roseta (j). Para
la rápi da introducción del tornillo y
cuando tiene que hacerse una fuerza
considerable, es útil emplear una punta
de destornillador en . el berbiquí; es
esencial que se mantenga una fuerte
presión en el sentido del avance.
Como se ha indicado anteriormente, la
broca Morse se utiliza para los aguje-
ros del vástago de los tornillos. Para
los agujeros de la rosca una herramienta
adecuada, para los tornillos pequeños,
es la lezna. Si se emplea el tipo normal
redonda, el corte debe hacerse en ángu-
lo ''recto con la fibra. Un tipo más útil
es la lenza de jaulero o lezna cuadrada ;
corta bien y no es propensa a astillar
la fibra, incluso cuando se usa cerca
de un canto. Por otra parte tiene, más
que un extremo cuadrado, una punt a.
Para agujeros de tornillo de pequeños
elementos, es útil un taladro automá-
t ico alternativo de vástago espiral.
Cuando el agujero ha de ser pequeñí-
simo, puede utilizarse una aguj a, a la
que se afila formando un filo cortante,
el ojo de la aguja se rompe y elimina.
Broca Forstner. Esta (Fig. 6) es una ba-
rrena de corte limpio que puede utilizar-
se para algunos trabajos imposibles de
realizar con cualquier ot ro tipo de ba-
rrena. Aunque tiene una pequeña punta
de centraje, es guiada por su borde cir-
cular. Es especialmente útil cuando hay
que hacer un agujero profundo, sin que
ll egue a calar la madera. Esto es impo-
sible con una barrena con punta de cen-
traje, o una barrena salomónica, ya que
la punta de centraje puede atravesar
hasta la otra cara. Para taladrar con
esta broca en una posición exacta, hay
que tener cuidado S sto que la punta
de centrar tiene 1"1 saliente mínimo
"
y está rodeada por el reborde. Para co-
menzar a taladrar, a veces es ventajoso
dar un par de vueltas hacia atrás, de
manera que el anillo corte antes de que
las cuchillas comiencen a arrancar la
madera a eliminar. Algunos tipos de
brocas son más satisfactorias en su uso
que otras.
Afilado de barrenas. Las barrenas con
punta de cent raj e, tiene tres partes prin-
ci pales que deben sobresalir en el si-
guiente orden: punta de centraje, uña
35
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Fig. 27. Detalles de la barrena con punta de
centraje.
Fig. 28. Afilado de los cortes de una barrena hel i-
coida!.
36
y labio de corte, como se muestra en
la Fig. 27. Use una lima fina para afi -
larlas, apoyando la punta de la barrena
en un taco de madera para fijarla. Es
de notar que el filo de la uña forme un
ángulo (Fig. 27) de tal manera que corte
más que hender; éste se afila por la
parte interior y es importante que el
lado externo no tenga rebabas. El la-
bio de corte se afila por la parte supe-
rior. Los cantos de la punta de centraje
pueden necesitar un frote ligero ; ésta
es generalmente de sección triangular.
Las barrenas helicoidales se afilan de
forma similar, pero la punta de gusanillo
no debe tocarse. Si es posible se ha de
utilizar una lima con un borde de segu-
ridad. Las uñas se afilan sólo por la par-
te interior y los labios de corte por el
lado más lejano al gusani ll o, como se
muestra en la Fig. 28. Si se forma una
rebaba en la parte exterior de las uñas
de la barrena, debe frotarse pl ana sobre
una piedra de aceite.
De vez en cuando los avellanadores exi -
gen un retoque con una pequeña lima
de cola de rata y una lima plana. Para
afilar las brocas Forstner, se eliminan
por amolado los dientes de una lima
triangular, convirtiéndola en un ras-
quete de tres cortes que se utiliza ac-
tuando sólo sobre la parte interior de
la barrena.
Tres
Cómo conservar
y utilizar
las herramientas
(continuación)
Fig. 1. Angulas de amolado y afilado.
Fig. 2. Afilado de un hierro de cepillo en la chai -
la.
Cepillado
La madera se cepilla por dos motivos:
para hacerla recta, plana y a escuadra
y para alisarla. Para la primera finali-
dad los cepillos deben ser tan largos
como sea posible en relación con la ma-
dera. Un cepillo corto puede introdu-
cirse demasiado en las partes bajas,
mientras que con un cepillo largo se
evita esto por su propia longitud. En el
trabajo de la madera el operario usa el
cepillo de desbastar o el de afinar para
planear un canto o afinar una junta.
Para el trabajo previo de cepillado para
quitar las marcas de la sierra u otras
rugosidades se usa la garlopa; ésta es
suficientemente larga para no bajar so-
bre las superficies y, ajustando el corte
suficientemente grueso, quitar rápida-
mente las rugosidades. De esta manera
el cepillo de afinar se reserva para el
trabajo más delicado y su filo dura más
y siempre puede ajustarse con mayor
f i nura.
37
Esta es la forma de proceder ideal; pero
si no se puede tener un j uego de cepillos
completo, se puede utilizar la garlopa
lo mismo para afinar las juntas, que para
las operaciones de desbaste. Si este es
el caso puede encontrar que el sistema
mejor, cuando hay que preparar un cier-
to número de piezas similares, es ajus-
tar el cepillo ligeramente basto y elimi -
nar las irregularidades de todas las pie-
zas ; después se reajusta el cepillo
(afilado si es necesario) para un corte
más fino y se ajustan todas las piezas.
El labrado de la madera i ncluye el ajus-
tar las piezas al trazado y el corte de
las uniones, esto sin embargo no signifi -
ca que la superficie labrada haya queda-
do necesariamente lisa ; la fibra de la
madera es propensa a astillarse si no se
cepilla de la forma correcta y el cepillo
ajustado para labrar no se adapta bien a
esta operación. Consecuentemente se
debe de utilizar el cepillo de afi nar que
es de un tamaño manejable para el tra-
bajo y que está especialmente aj ust ado
para evitar que las fibras se astill en.
Algo más sobre este punt o veremos en
el apartado de ajustar un cepillo.
Afilado del cepillo. Cuando se compra
un cepillo, la cuchilla (o hierro, como
se llama generalmente) ha sido af ilada
en una amoladora pero no es ut ilizabl e
hasta que se le haya dado un corte real -
mente fino en una chaila o piedra de
aceite. Si el amolado previo se hace
con un ángulo más cerrado que el usa-
do en la piedra de aceite, se ahorra tra-
bajo innecesario , ya que de esta manera
solamente el extremo del filo ha de ser
afinado. Esta idea se muestra en la
Fig. 1.
Para sacar la cuchilla en un cepillo de
madera, se sostiene éste vuelto hacia
abajo con la mano izquierda, introdu-
ciendo el dedo pulgar en el alojamiento
sosteniendo el cont rahierro ; se golpea
el taco por la parte t rasera (o en el tope
38
de golpear si lo tiene!. y la cuña y la cu-
chilla se deslizan así, pero no caen
porque las sostiene el dedo pulgar. En
el caso de un cepillo metálico solamen-
te es necesario levantar la leva de la
palanca de hierro.
Se encontrará que el contrahierro está
suj eto a la cuchilla con un tornil lo. Fi -
j ando los dos en el banco, y agarrando
el hierro por la parte no afilada, se aflo-
ja el tornillo hasta que pueda deslizarse
en la ranura del hierro y pasar por el
agujero. No es necesario quitar sola-
mente el tornillo, de hecho es mejor
no hacerlo, ya que de otra forma puede
perderse en el serrín o en las virutas.
Se echan unas cuantas gotas de aceite
sobre la piedra de afilar y se coloca el
hierro sobre ella de tal manera que el
bisel amolado descanse plano. Se le-
vanta la mano un poco de tal manera
que sólo el extremo del filo toque la
piedra y así se da el ángulo correcto ;
éste no es crítico pero si se logra el
de 30 grados es casi perfecto. El ángu-
lo de amolado es de 35 grados (vea
Fig. 1).
La Fig. 2 muestra la operación de afila-
do. El hierro se sujeta de forma que
quede atravesado con un pequeño án-
gulo y se frota hacia atrás y hacia delan-
te bien sea con movimientos rectos o
con un movimiento ovalado. Unos pre-
fi eren uno y otros otro. Después de
unas cuantas pasadas pase el pu lgar
por la parte de detrás del filo ; si ha sido
afilado se detectará una rebaba o rugo-
sidad, ya que el afilado vuelve hacia
atrás el filo. Cuando esto suceda se da
la vuelta al hierro, se sostiene plano
sobre la piedra y se frota hacia atrás
y hacia delante, unas cuantas veces,
para elimi nar la rebaba como se mues-
tra en la Fig. 3.
Hay que eliminar esta rebaba pues de
otra forma puede ser doblada hacia
atrás sobre el corte y embotar éste.
Se hace pasar el filo una o dos veces
a través de un bloque de madera dura,
como se muestra en la Fig. 4. Esto eli -
mina la rebaba pero deja el corte un
poco rugoso por lo que se acaba de
afinar dándole unos pocos frotes, como
en la Fig. 5, Y otra vez volviéndolo pIa-
no como en la Fig. 3. Por último se frota
alternativamente el bisel y la trasera
sobre una pieza de cuero preparada con
aceite y polvo de esmeril fino.
Cuando esté completo el afilado se
mira el filo a la luz, el borde agudo no
puede verse, mientras que un borde em-
botado refleja una fina línea de luz.
Del mismo modo cualquier melladura
se detecta como reflejos de luz. Cuando
uno se acostumbra a hacerlo puede de-
cir por la apariencia si el filo es agudo.
La rebaba es una indicación de que el
filo se ha vuelto, pero no permite apre-
ciar las mellas. En los cepillos el corte
debe estar ligeramente redondeado,
Fi g. 5
Fig. 3. Volviendo la rebaba en la chaila.
Fig. 6
a b
Fig. 4 . Quitando la rebaba sobre un taco de ma-
dera.
Fig. 5. Forma del fil o de la cuchill a (la curva est á
exagerad a).
Fi g. 6. Cómo el afilado estrecha el bisel.
39
como se muestra exageradamente en la
Fig. 5, con las esquinas eliminadas. En
la garlopa, como generalmente debe
presentar un corte más pesado la cur-
vatura debe aumentarse ligeramente.
Después de haber sido afilado varias
veces, el bisel del filo puede hacerse
ancho como se muestra en la Rg. 6 (b).
y ha llegado el momento de amolar la
cuchilla de tal manera que no deba eli -
minarse demasiado metal al reafilar.
Algunos trabajadores nunca vuelven a
amolar la hoja a menos que se haya me-
llado, porque es lo suficientemente Jina
y no hay que eliminar demasiado metal
para afilarla.
Ajuste. Para ajustar el cepillo coloque
el contrahierro y rosque el tornillo de
fijación hasta notar presión en los
dedos. La distancia del contrahierro al
filo depende del trabajo que se vaya a
hacer; en la garlopa, que corta virutas
gruesas, debe ser de aproximadamente
1,5 mm.; en el cepillo, que corta viru-
tas más finas, debe ser algo menor.
Para el cepillo de afinar cuando se ajus-
ta para trabajar maderas difíciles con
vetas retorcidas, la distancia del contra-
hierro al filo debe ser la menor posible.
Cuando se haya situado correctamente
el contrahierro apriete el tornillo de fi -
jación a fondo.
Todos los ajustes del cepillo metálico
se hacen mediante el tornillo de reglaje
y la palanca de ajuste lateral. Sin gol-
pearlo nunca con el martillo. Se mira
ala largo de la suela, como en la figu-
ra 7, con un papel blanco o un trozo de
madera clara detrás. La cuchilla debe
aparecer como una línea negra que
disminuye de grosor hacia los lados
hasta desparecer. El espesor de corte
se gradúa con el tornillo trasero y el
centrado con la palanca de ajuste late-
ral hasta que la cuchilla quede a igual
distancia de los dos lados.
40
En el caso de cepillos con el cuerpo de
madera coloque en la ranura la cuchilla
y el contra hierro sosteniéndolos con el
pulgar de la mano izquierda, ajustando
el espesor de corte, e inserte la cuña
apretándola golpeando ligeramente con
el martillo. Vuelva a mirar a lo largo de
la suela y si sobresale poco la cuchilla
golpéela hacia adentro, si uno de los
lados sobresale más, golpee el lateral
trasero de la cuchilla. Si la cuchilla so-
bresale excesivamente, golpee ligera-
mente el botón de martillar. Cuando'
todo esté ajustado apriete a ' fondo la
cuña; no es necesario martillearla con
gran fuerza, pues se podría deformar
el cepillo.
De vez en cuando las suelas de los cepi-
llos deben lubrificarse para facilitar el
trabajo. Esto es fundamental en los ce-
pillos de metal. Un buen sistema es dis-
poner una almohadilla de algodón lige-
ramente empapada con aceite de linaza
sobre una pieza de madera y de vez en
cuando pasar por ella el cepillo trans-
versalmente, o frotar la suela transver-
salmente con cera de velas.
Uso del contrahierro. Posiblemente en
este punto debemos considerar mejor
la finalidad del contrahierro. Este es úni -
camente necesario por la tendencia de
algunas maderas a astillarse a causa de
las ondulaciones de la veta, dejando
pequeñas oquedades y levantamiento
de las fibras conocidos como " repelo"
de apariencia desagradable. Si la veta
de la madera fuese siempre recta y pa-
ralela a la superficie, como en la figu-
ra 8 (a). no habría tendencia a astillarse.
Pero, sin embargo, un árbol nunca es
perfectamente recto y es inevitable que
la sierra que corta las tablas corte la
fibra de través en algunas partes y se
tiene entonces la veta con inclinaciones
u ondulaciones. En (b). por ejemplo la
veta forma ángulo con la superficie; si
se cepilla en la dirección indicada por la
flecha no se producirá repelo, pero si se
~ . '
,
Fig. 7. Observación de la cuchi ll a mirando a lo lar-
go de la suela .
cepilla en sentido opuesto, como en (c)
será inevitable el repelo. Empieza por
formarse una grieta, pero la viruta levan-
tada es llevada hacia arriba por la cu-
chilla, arrancada y rota y lo mismo se
repite una y otra vez hasta que se alcan-
za el final de la madera. El defecto,
como puede verse, es debido a que el
filo no corta continuamente porque la
grieta se forma delante de él. Sólo
cuando el filo de la cuchilla alcanza la
astilla la corta y por ello la viruta es
arrancada en mayor o menor grado. Si ,
por el contrario, la viruta se rompe in-
mediatamente después de ser levanta-
da pierde su resistencia y la grieta no
se desarrolla. Esta es la finalidad del
contrahierro, romper la viruta lo más
pronto posible después de que es le-
vantada.
La idea se presenta en la figura 9. Cuan-
to más cerca está el contrahierro del
.1
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I

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--- --.
I
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e
------ -
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Fig. 8. Forma en que la veta afecta a la dirección
del cepillado.
filo antes se rompe la viruta, y menos
tendencia se presenta al repelo de la
veta. Las cosas se facilitan, también,
siendo la boca del cepillo pequeña ; la
figura 10 muestra como esto limita el
levantamiento de la viruta, incluso
cuando no hay contra hierro, producien-
do su rotura antes que si la boca fuese
demasiado ancha. El hecho de que el
cepillo de afinar se use solamente para
cortar virutas finas también ayuda, en
cuanto las virutas finas tienen menos
resistencia que las gruesas y se rompen
antes o se doblan hacia afuera.
Puede comprobarse, sin embargo, que
el ajuste cerrado del contrahierro tiene
la desventaja de ofrecer más resistencia
al movimiento del cepillo. Es pues una
cuestión de compromiso, el contrahierro
se ajusta más atrás para virutas medias
o gruesas a costa de aumentar la ten-
dencia al repelo.
41
En el caso de la madera presentada en
la figura 8 (c), la solución más simple es
darle la vuelta y cepillar en el sentido
indicado en 8 (b), y siempre se ha de
proceder así mirando la direccion de la
veta antes de cepillar. A veces hay poca
diferencia, como en el ejemplo de (d),
en cuyo caso siempre habrá partes a
repelo, cualquiera que sea el sentido
en que se cepille. Otro caso difícil es
aquel en que la veta se presenta en
bandas continuas, como en algunas
clases de caoba, quedando unas lisas
y otras a repelo ; si se cepillan en senti -
do contrario sucede al revés.
Empleo del cepillo. Generalmente cuan-
do se cepilla la madera ésta descansa
sobre el banco y el tope de cepillar le-
vantado impide que se mueva. Sin em-
bargo hay que tener ciertas precaucio-
nes; el tablero del banco con frecuencia
no es plano y el peso del cepillo y la
presión ejercida para el cepillado pue-
den doblar la madera. Esto puede no ser
importante cuando se trata sólo de ali -
sar, pero no puede impedir la precisión
del trabajo de acabado a medida. En la
figura 11 , en (a) por ejemplo, debido a la
concavidad del banco, la madera se
dobla hacia abajo con la presión y con
toda probabilidad el cepillo d e j a r ~ de
cortar cuando pase por el centro de la
madera. En (b) la superficie del banco
es una curva convexa y como conse-
cuencia el extremo más alejado de la
madera se levanta al comenzar a ce-
pillar y todo el conjunto es proyectadO
hacia adelante. Las dos ilustraciones
son exageradas pero muestran la idea.
Corrientemente el mejor sistema es em-
plear un tablero de cepillar perfectamen-
te plano y colocar la madera sobre él.
Este tablero es cualquier pieza de ma-
dera perfectamente planeada que sea
algo más larga que la pieza a cepillar.
Un par de tornillos introducidos parcial -
mente en el extremo más alejado sirven
de tope; cuando éstos no son deseables
42
Fig. 9
Fig. 10
Fig. 9 . Forma en que la cuchilla produce el repe-
lo.
Fig. 10. El contrahierro impide a la veta astillar-
se.
porque pueden marcar la madera, se
retiran y se substituyen por una pieza
transversal de madera atornillada sobre
el tablero 'como se muestra con la línea
de puntos en (c) figura 11. Incluso cuan-
do se emplea tablero de cepillar o la
superficie del banco es plana, es corrien-
temente una ayuda colocar una viruta
debajo de la parte central de la madera
especialmente si se trata de una pieza
delgada. A veces si una pieza grande
de madera puede moverse mientras se
cepilla, puede ayudar a fijarla enyesar
la superficie del banco o espolvorear
yeso.
a
b
Tornill os ligerament e sobresalientes
t # Í - ~ q j ~
Fig. 11 . Cepi llado de la madera sobre el banco.
a) El hueco en la superficie del banco di f icul ta el
cepillado.
b) El banco abombado hace que se levante el
ext remo.
e) Tablero de ce il lar.
La dificultad corriente con que se en-
cuentra el principiante es la tendencia
a redondear la superficie, especialmente
en los extremos. Para evitarlo siga el
sistema que se muestra en la figura 12.
Al comenzar la carrera presione bien en
la parte delantera del cepillo y al llegar
al extremo más lejano pase la presión a
la parte trasera. Después de un tiempo
se encontrará que el proceso será prác-
ticamente automático.
Comprobación del alabeo. Actualmente
mucha madera se compra cepillada a
"
I
medida y no requiere mucho más que
un alisado para acabarla después de
cortarla a medida, ensamblarla, etc.
Sin embargo, cuando está en bruto la
madera debe ser verificada para com-
probar si su forma es correcta, y esto
significa que debe estar recta a lo largo,
plana a la ancho y libre de alabeo. Para
comprobar la rectitud se utiliza la regla,
pero para comprobar el alabeo son ne-
cesarias las entreguardas. Una verifi -
cación rápida puede hacerse mirando a
través la superficie como en la figura
13; cualquier alabeo importante puede
apreciarse enseguida. Para realizar una
43
Fig. 12. Forma de presionar al cepillar una ta-
bla.
comprobación más precisa deben em-
plearse las entreguardas; si la madera
está correcta el borde superior de la en-
treguarda más cercana al observador
aparecerá paralela a la línea de apoyo
de la más lejana. La figura 14, muestra
la f orma de usar las entreguardas.
Fig. 13. Comprobando si la tabla está alabeada.
44
Para corregir una superficie alabeada
trabaje con el cepillo diagonalmente
entre una y otra de las esquinas levan-
tadas, como se muestra en la figura 15.
El mismo cepillo puede emplearse como
regla; apoyándolo sobre la superficie
formando un cierto ángulo da una idea
rápida sobre la planitud de ésta.
Cepillado de cantos. Para cepillar un
canto el cepillo se sostiene en la forma
que se muestra en la figura 16. Observe
como los dedos de la mano izquierda se
sitúan bajo la suela y rozan el costado
de la madera. Esto actúa a modo de
guía de modo que el cepillo sobresalga
del canto por igual a lo largo de toda la
carrera. Tal cosa es importante porque
el trabajo correcto permite corregir el
escuadrado de un canto que no esté a
escuadra. La idea se muestra en la fi -
gura 17. La viruta es más gruesa en el
centro de la cuchilla que a los lados,
debido a la ligera curvatura del filo.
Cuando un canto esté fuera de escua-
dra, el cepillo se deja sobresalir más
por el lado más alto; la suela del cepillo
debe mantenerse plana. Nunca intente
corregir un canto balanceando el cepillo.
A veces un canto está a escuadra en un
extremo y fuera de escuadra en el otro,
o fuera de escuadra en ambos, pero en
Fig. 14. Comprobación del alabeo usando entre-
guardas.
Fig. 19' Cómo cepillar la madera alabeada.
Fig. 16. Cepi l lado de un canto.
sentido opuesto. Comience la pasada
con el cepillo hacia el lado más alto y
desplácelo gradualmente levantando los
dedos de la mano izquierda de forma
que la suela se pase hacia el otro lado
al acabar la pasada en el extremo final ,
como se muestra en la figura 18. La fi -
gura 19 muestra como se comprueba el
escuadrado del canto en varias posicio-
nes a lo largo de la pieza.
Para comprobar que un canto es recto
se usa la regla. Esto es innecesario
cuando se cepilla una junta, porque las
dos piezas se trabajan a la vez. Un buen
método de trabajo para cepillar un can-
to recto es usar el garlopín y cortar
virutas del centro de la pieza hasta que
el cepillo deje de cortar. Siga cortando
una viruta recta a todo lo largo. Por este
sistema un cepillo que tenga la suela
plana puede cepillar bastante recto un
canto considerablemente más largo
que él.
Los cantos de tablas de 12 mm. o más
de grueso pueden cepillarse en el tor-
nillo de esta manera. Sobre maderas
más delgadas el cepillo puede tender a
balancearse y es aconsejable utilizar el
soporte de cepillar o tirador
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Fi g. 17. Forma en que varía el espesor de la viruta
a través del ancho del cepillo.
Borde alto
Fig.
46
Soporte de cepillar o tirador. Este útil
se muestra en la figura 20 y se usa para
cepillar cantos rectos. La madera des-
cansa sobre la plataforma superior y el
cepillo se apoya de lado en la plata-
forma inferior. El costado del cepillo
debe, naturalmente, estar a
con la suela si ha de cepillarse el canto
a escuadra. Puesto que el cepillo hace el
canto recto en virtud de la precisión de
su propia suela, la madera se sostiene
de forma que sobresalga unos 3 mm.
de la plataforma superior. Se cortan
virutas de la parte central hasta que el
cepillo no corte después de lo cual se
cortan un par de virutas a todo lo largo.
En el caso de una junta a tope una de las
piezas se cepilla con la cara hacia arriba
y la otra al revés; de esta forma si el
cepillo está ligeramente fuera de escua-
dra los ángulos de los cantos se com-
pensan entre sí.
La forma de usar el soporte de cepillar
para igualar la testa de una pieza de
Fig. 18 Corrección de un canto fuera de escuadra
en uno o los dos extremos.
Fig. 19. Comprobación del escuadrado de un canto
con la escuadra en varias posiciones a lo largo de la
pieza.
Fig. 20 Cepillando un canto en el t i rador o soporte Fig. 21 . Alisando una testa en el tirador.
de cepillar.
madera es algo diferente. En este caso
el cepillo se apoya en el canto de la pla- línea de gramil
taforma superior y la pieza se apoya
contra el tope con suficiente fuerza para
mantenerla en contacto con la suela
del cepillo, como en la figura 21.
Orden en el cepillado. En todas las ope-
raciones de cepillado debe seguirse un
orden determinado. Primero se cepilla
correctamente una cara y se cepilla un
canto a escuadra con ella. Estos se de-
nominan lado de cara y canto, a escua-
dra con ella. Se marcan como se mues-
tra en la figura 22 y todo el trazado pos-
terior se realiza partiendo de ellos. Por
ejemplo la escuadra de trazar se apoya
por el talón sobre uno de ellos o el gra-
mil se usa con el tope deslizándose con-
tra la cara o el canto cepillados. Hay
excepciones a esta regla pero se emplea
Fig. 22. Marcas de identificación de cara y can-
to.
Fig. 23. Orden de cepillado de los cantos de un
tablero.
47
a
Fi g. 24. Tendencia de la vet a a astill arse y f ormas
de evitarl o.
Fig. 25. Afinado con un cepi l lo de afinar met álico.
48
<
1
b
- - - - ~ ~ - - < ~ - - - -
11
d
en la mayorí a de los casos. Cuando la
madera se ha obtenido cepillada a má-
quina puede comprarse ya a un espesor
uniforme ; en caso contrario debe ajus-
tarse al gramil al grosor deseado y mar-
car ambos cantos partiendo de la cara.
Cuando la madera es ancha, también
deben calibrarse los extremos. La an-
chura debe calibrarse en cualquier caso
como en la figura 22.
Cuando hay que cepillar los cantos de
un tablero ancho debe hacerse siguien-
do el orden señalado en la figura 23.
Esto permite cortar las esquinas con un
cierto ángulo para prevenir el astillado.
El cepillado final de (4) elimina las es-
quinas cortadas. Este sistema de cortar
las esquinas para prevenir el astillado
se ilustra en la figura 24, (a) muestra
como una esquina es susceptible de
astillarse, mientras en (b) se muestra la
esquina eliminada. Cuando la madera
no es suficiente ancha para cortar las
Fig. 26. Vista en sección de un cepillo de afinar
sobre un soporte de cepillar ingletes.
esquinas, puede colocarse un taco, con
un gato, en la parte trasera como en
(c) . Otro sistema consiste en cepillar la
mitad desde cada extremo, como en (d) .
Esto se aplica igualmente al caso de
trabajar sobre el tirador.
Afinado. Puede verse que la garlopa
se emplea para el cepillado previo de la
madera basta y el garlopín y su com-
pañero pequeño el cepillo de alisar para
labrar a medida las piezas. En esta fase
todo el trazado se ha realizado ya , se
han preparado las j untas y ensambles.
Sin embargo antes de que el trabajo
pueda montarse, algunas piezas deben
afinarse finalmente y para ello se utiliza
el cepillo de afinar. El mismo cepi llo se
emplea para afinar tableros de mesa y
piezas similares, puertas con bastidor,
etc. En la actualidad se emplea corrien-
temente el cepi l lo metálico ajust able.
Es una herramienta extremadamente
manejable para el trabajo general de
banco, la fi gura 25 muestra uno de los
antiguos modelos de cepillo de afinar
metálico usándose en el afinado de una
superficie.
Ot ro pequeño cepillo extremadamente
manej abl e para ajustar pequeñas piezas
es el que se muest ra en sección en la
figura 26. Es especialmente manejable
para al isar los ingletes de pequeñas
molduras y piezas similares por lo pe-
queño de su boca. Los cepillos grandes
de banco tienen el bisel del hierro ha-
cia atrás de modo que, aunque la boca
sea pequeña por si misma, hay una
abertura detrás de ella y el extremo de
una pieza delgada pueda caer dentro
de ésta haciendo imposible un trabajo
cuidadoso. Este cepillo tiene el bisel de
la cuchilla hacia arriba lo cual reduce
necesariamente la abertura, como se
muestra en la figura 26.
Cepillos para usos
especiales
Cepillo para rebajes. El tipo general -
mente más útil es el metál ico ajust able
con una guía móvil. Una vez ajustado
pueden realizarse con él cualquier nú-
mero de rebaj es de las mi smas di men-
siones. Un t ope de profundidad asegura
el que deje de cortar cuando se alcanza
la profundidad requerida.
Al lado derecho hay ajustada una uña
o cuchilla, pero sólo se utiliza para tra-
bajar a contra hilo ; su final idad es cortar
la veta al través para que no se astille.
En este caso es necesario pasar el ce-
pillo hacia atrás con una suave presión
un par de veces antes de usarlo de la
manera normal ; de lo contrario la veta
no se cortaría al t ravés lo suficiente.
Como la uña corta algo más profunda-
mente, es necesario parar el rebaje
aproximadamente un milímetro justo
antes del final y acabar con la uña reti -
rada o vuelta a una posición neutra.
Algunos prefieren el guillame. Este no
t iene guía y para comenzar el cepillado
los dedos de la mano izquierda se man-
t ienen bajo la suela para mantenerla
equidistante del borde. A veces es más
conveniente fijar una regla a la pieza,
para que actúe como guía. Como no
49
Fig. 27. Trabajando un rebaje con un cepillo metáli-
co de rebajes.
Fig. 28. Uso típico de un cepillo de espaldones de
ensambles. Es especialmente útil para trabajar de
testa.
50
tiene uña es esencial hacer un corte de
sierra cuando hay que trabajar a con-
trahilo, de lo contrario la veta se asti -
llará inevitablemente.
La figura 27 muestra la realización de
un rebaje con un cepillo metálico. Co-
menzar por el extremo más lejano qui-
tando una o dos virutas cortas; luego
en cada pasada sucesiva llevar el cepillo
un poco más atrás hasta arrancar la vi-
ruta de toda la longitud, de este modo
no es tan probable desviarse del borde.
En cualquier caso es importante man-
tener una presión fuerte hacia abajo. La
cuchilla debe sobresalir un punto por el
lado de la madera - no más que el gro-
sor de un papel fuerte- a menos que
esto no sea así es posible que el cepi-
llo se desvíe hacia afuera un poquito
en cada pasada, lo que se traducirá en
un rebaje que no estaría a escuadra.
Cepillo de espaldones de ensambles.
Aunque es una forma especial de cepillo
de rebajes, se utiliza más que para rea-
lizar rebajes para afinar. Es especial-
mente valioso para afinar la madera en
las testas. Ya que los espaldones o apo-
yos anchos de los ensambles han de ce-
pillarse con él, de aquí su nombre. El
hierro tiene el bisel hacia arriba y esto
significa un soporte cerrado práctica-
mente hasta el filo. Se ajusta siempre
para cortar muy fino ya que su finalidad
es únicamente la de afinar. Es impor-
tante que el hierro esté ajustado a es-
cuadra, porque aunque generalmente
puede golpearse ligeramente la parte
superior del hierro si no está correcto,
esto hace que el costado de la cuchilla
se incline desigualmente de forma que
el cepillo no se puede apoyar correc-
tamente en su costado. La figura 28
muestra una operación típica, la de
ajustar una junta de inglete con lazos
ocultos.
Cepillo de cuchilla al frente. También
es otra forma de cepillo para rebajes,
pero el filo del hierro se encuentra cerca
del frente del cepillo de forma que pue-
de trabajar muy próximo a un rincón.
Además de esto, también es una pe-
queña herramienta valiosísima para el
trabajo en general y con frecuencia es
más adecuado para usarlo en lugar del
cepillo de apoyos para ensambles. La
figura 29 muestra su uso. Existen tam-
bién en un tipo muy estrecho.
Cepillo de costado para rebajes. Este
no es necesario con frecuencia, pero
cuando se necesita es verdaderamente
necesario. Un ejemplo de su uso es en-
sanchar una ranura para encajar en ella
estantes chapeados. Obviamente estos
últimos no pueden cepillarse para adel -
gazarlos. El cepillo de costado para re-
bajes es la única herramienta que puede
emplearse para ensanchar la ranura.
Este se muestra en la figura 30.
Cepillo curvo. En la figura 31 se mues-
tra un tipo metálico con la suela flexible.
Puede utilizarse para curvas cóncavas
Fig, 29. Utilización de un cepillo de cuchilla al fren-
t e.
Fig. 30. Cepillo de costado para rebajes.
Fi g. 30
51
Fig. 31. Cepillado de una superficie curva con el
cepillo curvo.
y convexas. Aunque está provisto de un
contrahierro debe ser utilizado lo más
posible a favor de la veta. Solamente
pueden cepillarse curvas circulares. Para
ajustarlo se sostiene el cepillo sobre la
pieza de madera serrada y se hace girar
el tornillo de ajuste hasta que la suela
toma la forma aproximada. Para las su-
perficies cóncavas la suela debe tener
una curvatura algo más cerrada y casi
plana para formas convexas.
Cepillo acanalador o guillame. Existen
muchas variedades de estos cepillos,
tanto metálicos como de madera. Hay
acanaladores metálicos de muchas for-
mas, desde el sencillo guillame pequeño
con tres tamaños de cuchilla de apro-
ximadamente 6 mm. de ancho hasta
el acanalador m últiple. Este último pue-
de labrar ranuras prácticamente de cual -
quier ancho, aunque para las muy an-
chas es corriente utilizarlos en dos veces,
52
reajustando la guía para ensanchar la
ranura : esto es especialmente necesa-
rio cuando se cepillan maderas duras.
El acanalador puede usarse también
para cepillar rebajes, aunque para este
trabajo es más apropiado el cepillo de
rebajes de la figu ra 27.
Para ajustar el acanalador se coloca la
cuchilla con el saliente adecuado, se fija
la guía a la distancia requerida del
canto de la pieza y se ajusta el tope de
profundidad de ranura deseada. La fi-
gura 32 muestra la utilización de un
acanalador Record 044C.
Cualquiera que sea el tipo de cepillo
utilizado se comienza dando uno o dos
cortes cortos en el extremo más alejado
de la pieza y se va retrocediendo el ini-
cio del corte un poco en cada pasada
hasta llegar a cortar toda la longitud de
Fig. 32. Uso del cepillo acanalador Record (044C) .
la ranura. De esta forma el guillame
corre por la ranura que ya ha hecho y se
evita el que pueda desviarse del canto.
En cualquier caso se debe mantener
una presión firme hacia abajo.
Las herramientas anteriores sirven sólo
para labrar ranuras rectas. Cuando hay
que hacer una ranura en un canto curvo
es de valor inapreciable el cepillo Tech-
nikos de la figura 33. Tiene dos cuchillas
opuestas y cuando se necesita una ra-
nura de ancho excepcional pueden ajus-
tarse al ancho requerido. Está provisto
de una guía estrecha para seguir la
curva y un tope para ajustar la pro-
fundidad. Con él pueden labrarse ranu-
ras curvas en un plano horizontal o ver-
tical.
Cepillo de fondos o guimbarda. El tipo
metálico con cuchilla ajustable es el
más ampliamente utili zado en la actua-
Fig. 33. Trabajando una ranura sobre un canto cur-
vo con el guillame Technikos. Las dos manos se
emplean normalmente sobre la herramienta, pero
aquí se ha bajado la mano izquierda para mostrar el
detalle.
lidad, puede ser de boda abierta o ce-
rrada. La cuchilla es acodada y su filo
casi horizontal de modo que corta fácil-
mente. De otra parte es propenso a as-
tillar la madera con veta complicada y
además no puede emplearse en huecos
rebajados cuya longitud sea inferior al
doble de la de la parte acodada de la
cuchilla; esto se ve claramente en la
figura 32. El uso de esta herramienta
se muestra en la figura 35. El antiguo
cepillo de fondos de diente de vieja se
utiliza aún debido a que puede emplear-
se en espacios mucho más cerrados (ver
figura 34) y no es tan propenso a astillar
la madera ya que su acción es más un
tipo de rascado en vez de corte.
Cepillos para molduras. Actualmente
tienen un uso muy limitado ya que la
mayoría de las molduras son hechas a
máquina. Sin embargo se usa un pe-
queño cepillo redondeado para lat)rar
53
Fig. 34. Secciones de cepillos para fondos (gui m-
bardas) : a) metálico y b) de madera.
concavidades ; carece de guía y el án-
gulo con que se sostiene es cuestión de
apreciación. Los dedos de la mano iz-
quierda puestos bajo la suela actúan
a modo de guía. Para hacer una canal
en un canto primero se hace un chaflán
con el cepillo plano.
Otros tipos de cepillos para molduras
especiales están provistos de una guía
que se mantiene apretada contra el can-
to de la madera. Algunos deben soste-
nerse formando un ángulo determinado;
lo cual puede determinarse por el ele-
mento de guía el cual debe quedar
vertical mientras se usa el cepillo.
54
Fig. 35. Uso del cepillo para fondos Stanley.
Cepillo dentado. Este cepillo, mostra-
do en (q), figura 1, p. 11 , se utiliza para
dar rugosidad a las superficies que de-
ben ser chapeadas y a algunas juntas
anchas que hayan de encolarse. Su cu-
chilla, que es prácticamente vertical,
tiene una serie de entallas en la cara lo
que produce un filo provisto de dientes
parecidos a los de una sierra. Además
de proporcionar una superficie adecua-
da para el encolado, elimina las faltas
de planitud dejadas por el cepillo co-
rriente. Su uso se muestra en la pági -
na 155.
Cuatro
Mantenimiento
y uso de
las herramientas
(Continuación)
Fi g. 1. Empleo del corcho de lijar con papel de lij a.
- ~ . __ .. ~ - - - - -
Herramientas de uso
general
Martillo. El tipo más útil para el trabajo
en el taller y en ebanistería es el mo-
delo Warrington o Londres (ver p. 14),
tiene la pena trasera horizontal que se
utiliza para iniciar el clavado, para frotar
tiras incrustadas, etc. Un peso útil (in-
cluyendo el mango) es el de aproxima-
damente de 300 gramos. Para clavos
muy pequeños es valiosísimo el marti -
llo de modelista de aproximadamente
170 gramos. El martillo de orejas es
poco útil para la ebanistería; es más
usado por los carpinteros para quienes
resultan, útiles las orejas para arrancar
clavos; un buen tamaño de éste es el
de 750 gramos.
Tome el martillo por el extremo del
mango para aprovechar la ventaja del
efecto de palanca que produce. Mire
siempre al punto que golpea. Así, si se
utiliza un botador mire a su cabeza, no al
extremo con que se presiona sobre el
clavo.
Botadores y tenazas. Los botadores o
punzones para asentar clavos son nece-
sarios para introducir los clavos más
allá de la superficie de la madera. El
tipo generalmente más útil es el de
punta cóncava, que evita la posibilidad
de resbalar fuera de la cabeza del clavo,
aunque para tachuelas de entarimados
y otros clavos forjados se use más un
punzón cuadrado.
Las tenazas son necesarias y es prefe-
rible un par suficientemente grande.
Cuando se usan es conveniente colocar
bajo ellas un trozo de madera inservible
o una cuchilla para evitar dañar la su-
perficie.
Maza. Un tamaño adecuado para todo
uso es el de 180 mm. de cabeza cuyo
55
peso es del orden de 1 Kg. Aseg úrese
de que el mango és cónico y se ajusta
a la cabeza mediante una cuña para pre-
venir el que se suelte.
Destornilladores. Se necesitan por lo
menos dos, y preferentemente tres. El
mayor debe ser adecuado para tornillos
del 12 al 16 y tener una longitud de 250
a 300 mm. (e, pág. 14). Para tornillos del
8aproximadamente se necesita un des-
tornillador más pequeño; el grande no
encajaría en la ranura y sobresaldría
por los lados.
El más pequeño de los destornilladores
se necesita para fijar bisagras pequeñas,
etc., es decir para tornillos del 4 a 6.
Un tipo excelente es el de trinquete (f,
pág. 15), que puede usarse con una
sola mano mientras con la otra se sujeta
la puerta o cualquier otra cosa ; sólo se
necesita girarlo hacia adelante y atrás
alternativamente sin variarlo de posi-
ción. El agarradero para los dedos es
56
también una disposición útil permitien-
do dar una o dos primeras vueltas me-
diante el pulgar y los dedos mientras el
resto de la mano reposa simplemente
ejerciendo presión. Para los tornillos
más pequeños es utilísimo el destor-
nillador largo y delgado de electricista
(g, pág. 15).
Martillo de chapear. Suele construirse
en el taller. Se usa para desplazar la cola
de debajo de las chapas. Consiste en un
taco de madera con un mango en án-
gulo recto (ver s, pág. 15); en una ra-
nura, en el taco, se introduce ajustada
una tira de latón con el canto exterior
recto y redondeado en sentido trans-
versal. Las dimensiones exactas no son
importantes ; la tira de latón puede ser
de 150 a 180 mm. de largo.
Corcho de lijar. Se utiliza siempre para
lijar superficies planas, figura 1. Su uso
evita que se redondeen o maten las es-
quinas y cantos. Empléelo siempre si-
Fig. 2. Dirección en que se usa el papel de lija en
un panel en cuartos : es imposible seguir la direc-
ción de la veta.
Fig. 3 . Lijado en una junta.
a b
,
r
guiendo la dirección de la veta, en línea
recta. El frotar a través de la veta o en
forma circular produce rayas de mal
aspecto y da lugar a manchas formando
trozos desiguales. A veces es inevitable ;
en un panel chapeado en cuartos, por
ejemplo, es imposible seguir la veta y
el único sistema es evitar la lija gruesa
y trabajar a lo largo del panel según se
muestra en la figura 2.
Otro caso que requiere una solución de
compromiso es el caso de un armazón
de puerta. Primero se lija a través de la
junta, como en (a) figura 3, donde será
inevitable trabajar a través de la veta;
sin embargo si el lijado se hace después
paralelo a la junta (b) eliminará las rayas
hechas previamente.
Para lijar molduras es necesario prepa-
rar pequeños frotadores de madera con
la forma inversa de la sección de la mol-
dura, como se muestra en la figura 4 ; a
no ser que se haga así los cantos pue-
Fig. 4. Tacos utilizados para lijar molduras.
den deformarse. En cualquier caso este
es el único sistema que permite ejercer
dicho grado de presión.
Portacuchillas. Existen de madera y
metálicos. Estos últimos son similares
a los cepillos tanto en el ajuste como en
el afilado de la cuchilla. Como las cuchi -
llas son cortas se montan en un soporte
con una ranura en él. Pueden así ma-
nejarse como una cuchilla de cepillo. La
figura 5 muestra el uso de esta herra-
mienta. Para afilar las cuchillas un sis-
tema consiste en sujetarlas en un torni -
llo de mano o de banco y trabajar al
bisel con un piedra de aceite de afilar
gubias; otro sistema es utilizar la piedra
de aceite o chaila como se muestra en la
figura 6. Por regla general , la herramien-
ta trabaja mejor si no se intenta eliminar
la rebaba del afilado.
La cuchilla se sostiene simplemente
por la fricción de las espigas, que están
inclinadas en una u otra forma para pro-
57
Fig. 5. Utilización del portacuchillas metálico.
porcionar el ajuste necesario. Después
de un uso prolongado las espigas se
aflojan y la cuchilla tiende a soltarse.
Se pueden colocar tornillos de cabeza
redonda con las puntas cónicas, como
se muestra en la figura 7. La figura 8
muestra el uso de la cuchilla con sopor-
te de madera.
Está claro que la cuchilla no puede al -
canzar rincones agudos como el indica-
do con (X) en la figura 9 y éstos deben
trabajarse con la lima, acuchillados des-
pués con la cuchilla de ebanista y li -
jados finalmente. De igual forma las
curvas cóncavas de pequeño radio tam-
poco pueden alcanzarse con el portacu-
chillas (Y), por lo que pueden necesi -
tarse una pequeña lima de media caña
o de cola de rata.
Urna y escofina. La lima se usa con un
movimiento compuesto, como se mues-
58
tra en la figura 10; mientras se empuja
hacia adelante se hace girar parcialmen-
te. De esta forma quita las marcas y se-
ñales de sierra. A su vez deja rayas de
lima que se eliminan por acuchillado.
Cuando hay que eliminar bastante ma-
dera es más rápido comenzar con la
escofina, cuya superficie de corte más
vasta elimina las desigualdades más
rápidamente. Se sigue con la lima que
debe tener una curvatura algo más ce-
rrada que la curva que se trabaja.
Raspadores. Estos tienen usos análo-
gos a los de la escofina y la lima y tienen
la ventaja de no ser propensos a embo-
tarse gracias a los agujeros abiertos
entre los filos de corte. Se fabrican de
varias formas : planos, curvos y circula-
res. Su valor principal se encuentra en
el trabajo de eliminar rápidamente la
madera sobrante y en el trabajo de ma-
teriales abrasivos como el tablero de
Fig. 6 . Af ilado de una cuchi ll a para portacuchill as
de madera.
viruta aglomerada, etc. Su uso se mues-
tra en la figura 11 .
Cuchilla de ebanista. Independiente-
mente de lo cuidadosamente que se ce-
pille una superficie, el cepillo deja algu-
nas señales. Además algunas maderas
forman repelo cualquiera que sea la di-
rección del cepillado. La única forma de
eliminar estos defectos es emplear la
Fig. 7. Cu chill a floja sujeta con tornillos.
Fig. 8. Acabado de un canto cóncavo con el porta-
cuchillas de madera.
cuchilla de ebanista. Una dimensión
manejable es la de 150 mm., con un es-
pesor de 1,2 mm. Un espesor menor se
caliente enseguida y se hace penoso
manejarla. Una cuchilla más gruesa es
poco flexible y más cansada de usar.
La figura 12 muestra el manejo de la
cuchilla. Se empuja hacia adelante con
los pulgares, mientras los dedos de los
extremos la doblan ligeramente hacia
atrás. De esta manera el filo queda lige-
ramente curvado y la parte central es la
que toca la madera. Nótese que se incli -
na hacia adelante con un cierto ángulo,
la inclinación exacta depende de la
forma en que esté afilada. La inclina-
ción más efectiva se determina probán-
dola. La cuchilla debe levantar virutas
muy finas y no simple polvo.
La parte más difícil del acuchillado es
el comienzo en el canto más próximo; el
59
Fig. 9
Fig. 9. Dirección en que se usa el portacuchillas.
Fig. 10. Movimiento compuesto de una escofi -
na o una lima sobre una curva.
Fig. 11. Afinado de un canto de un material
abrasivo con un rascador.
60
Fig. 10
Fig. 12. Acuchillado de una superficie con la cuchi -
lla de ebanista.
Fig. 13. Forma de iniciar el acuchillado en el
canto de la madera.
Fig. 14. Limado del filo de la cuchilla.
Fig. 15. Acabado del filo sobre la chaila o piedra de
aceite.
61
Fig. 16. Frotado de los lados de la cuchilla sobre la
chaila.
Fig. 17. Aplanando los lados con la gubia o el
bruñidor.
mejor sistema es sostener la cuchilla
formando un ligero ángulo como en la
vista en planta de la figura 13. De esta
forma una parte de la cuchilla descansa
siempre sobre la madera y no hay nin-
guna dificultad en comenzar el corte.
Afilado de la cuchilla de ebanista. Para
afilar la cuchilla se sujeta en el tornillo
y se lima el canto recto y a escuadra
con una lima fina, eliminando cualquier
62
Fig. 18. Forma de volver el filo con la gubia o el
bruñidor.
Fig. 19. Cepillo de acuchillar.
curvatura que se .haya producido en el
canto, ver figura 14. Para eliminar las
marcas de la lima se sujeta la cuchilla
con un trapo y se frota sobre la piedra
de aceite o challa, cambiando la direc-
ción del movimiento para igualar el des-
gaste de la piedra. Algunos prefieren
trabajar sobre el canto de la piedra apo-
yando contra la caja soporte de ésta,
como en la figura 15. En los cantos se
forma una pequeña rebaba que se elimi-
na frotando ambos lados de la cuchilla
de plano sobre la chaila, como en la
figura 16.
El canto de la cuchilla queda así listo
para volver el filo. Sujete la cuchilla
plana sobre el banco, a unos 5 mm. del
borde y pase sobre el filo una o dos ve-
ces una herramienta de acero duro, tal
como una gubia, como en la figura 17.
Tenga cuidado de no engancharse los
dedos con la gubia. Existe un útil redon-
do especial para esta operación cono-
cido como bruñidor. Adelante la cuchilla
hasta que sobresalga unos 5 mm. del
borde. Humedezca el lado de la gubia en
la boca y, sosteniéndola formando un
ligero ángulo, pásela a lo largo del canto
de la cuchilla, primero en un sentido y
luego en el opuesto, presionando fuer-
temente, como en la figura 18. Esto
produce un resistente filo vuelto. Algu-
nos prefieren sostener la cuchilla verti -
calmente y mover la gubia hacia arriba.
Después de un cierto tiempo de uso el
filo se embotará. Puede restaurarse al -
gunas veces aplanándolo, como en la
figura 17 y volviéndolo de nuevo, como
en la figura 18. A veces, sin embargo,
esto no logra un filo satisfactorio y es
necesario utilizar nuevamente la lima
y la gubia.
En ciertos casos es útil el cepillo de acu-
chillar o portacuchillas, figura 19, espe-
cialmente para maderas con vetas duras
y blandas. Mientras que la cuchilla de
ebanista tiende a hundirse en las partes
blandas del veteado, el cepillo evita
esto. La cuchilla del cepillo se lima y
afina a 46° aproximadamente y el filo se
vuelve en forma de gancho como un
bruñidor. La cuchilla se sujeta vertical -
mente en el tornillo y el bruñidor se
mantiene plano sobre el bisel y en pa-
sadas sucesivas se va llevando hasta
una posición que forme un ángulo de
15° con la horizontal.
Para colocar la cuchilla, el cepillo se co-
loca en un tablero plano con los tornillos
de fijación totalmente flojos. La cuchilla
se deja caer en la ranura de alojamien-
to, en la que debe llegar hasta la madera
por su propio peso. Se aprieta entonces
los tornillos de fijación y se aprieta el
tornillo de ajuste de la parte posterior,
esto hace que la cuchilla se curve lige-
ramente y sobresalga bajo la suela.
Piedra de aceite y piedras de aceite de
afilar gubias. Actualmente las piedras
de aceite de productos artificiales tales
como la India, Carborundum y Unirun-
dum se usan con preferencia a las pie-
dras naturales, debido a la uniformidad
de su calidad y su efectividad de corte.
Se pueden obtener de tres granos :
grueso, medio y fino también en formas
combinadas. Para la chaila empleada
en ebanistería es recomendable el
grano fino; se usa un aceite ligero y se
limpian después de usar y debe prepa-
rarse una caja para alojarla y guardarla
en ella pues se rompe con facilidad.
Se necesitan una o dos piedras de acei-
te para afilar gubias y es recomendable
escoger las de sección en disminución
ya que con ellas se logran filos de dis-
tintas curvaturas.
63
Cinco
Mantenimiento
y uso de
las herramientas
(continuación)
Fi g. 1. Forma correcta de medir el grueso o el an-
cho de la madera.
Fi g. 2. Medición de una distancia exacta a lo largo
de un tablero.
Reglas, gram ¡les,
compases, escuadras,
falsa escuadra,
entreguardas
Estos útiles son de la mayor importancia
ya que es imposible un trabajo de pre-
cisión a menos que la madera esté co-
rrectamente ajustada.
Regla graduada. Para el trabajo general
en el banco es conveniente la regla de
1 metro, aunque se tiende a sustituirla
por la cinta métrica flexible de acero
que tiene las ventajas de extenderse a
una longitud mayor a la vez que ocupa
muy poco espacio cuando se enrolla.
El tipo con medidas métricas e inglesas
tiene ciertas ventajas.
Coloque siempre la regla de forma que
el borde con la graduación esté en con-
t acto con la madera.
65
Así en la fi gura 1 la regla está sobre
el canto y no hay duda sobre la medida,
como sucedería si la regla estuviese
plana, en cuyo caso la medida puede
aparecer variable según se mire la ma-
dera desde la derecha o desde la iz-
quierda. Esta ilustración sirve también
para mostrar cómo se mi de el espesor
o el ancho de una pieza ; f íjese en que
la medida no se toma desde el extremo
de la regla, sino desde una de las divi -
siones. Es mucho más f áci l apreciar
cuando el canto de la madera est á en
coincidencia con una divisi ón que
en coincidencia con el extremo de la
regla. Flexionando el pulgar de un modo
u otro puede hacerse deslizar la regla
las más diminutas dist ancias y la me-
dida exacta puede tomarse con facili-
dad. En cualquier caso el pulgar act úa
como una guía y mantiene fi j a la regla.
La misma idea se sigue en la fi gura 2 en
la que se está marcando una distancia
exacta. En vez de situar el ext remo de
la regla en la marca, se utiliza la gradua-
ción del primer cent ímetro (10 mm.).
Luego al medir la distanci a se añaden
10 mm. Si por ej emplo la dist ancia a
marcar es de 200 mm., la marca se hace
en coincidencia con la graduación de
210 mm. de la regla. Otro sistema es
colocar un taco de madera exacta-
Fig. 3. Otro sistema de tomar una medida exacta.
66
mente sobre la marca y poner el extre-
mo de la regla contra él; este mismo
sistema puede seguirse cuando se ha de
tomar la distancia desde el canto de
la madera, como en la figura 3. Todos
estos sistemas se emplean para trabajos
de gran precisión, pero son innecesa-
rios para mediciones aproximadas.
La regla se usa con frecuencia para tra-
zar una línea de lápiz paralela a un
canto, como en la figura 4. Aunque no
proporciona la gran precisión de una
línea de gramil, el sistema es suficien-
temente adecuado para, por ejemplo,
marcar un tablero para serrarlo. Algunas
veces el sistema de calibrar con los
dedos de la figura 5 puede usarse para
trazados bastos. Bastante más preciso
es utilizar un trozo de madera entallado
como en la figura 6; éste es especial -
mente útil para chaflanar, cuando las
marcas del gramil pueden ser difícil-
mente visibles.
Otro uso eventual de la regla es el
trazar la división en partes aproxima-
damente iguales de un tablero de un
ancho de medida rara. Suponiendo, por
ejemplo, que se debe dividir un tablero
de 142 mm. de ancho en cinco partes
iguales; se toma la cifra más próxima
por exceso que pueda dividirse fácil -
S 19,
tI 12 U,
t • .,. 2¡ 2? ~ , .1 ~ lo JI
Fig. 4. Trazado de una línea de lápiz paralela a un
canto.
Fig. 6. Uso de una madera con un' rebaje como
guía para trazar una línea de lápiz paralela a un
canto.
....
Fig. 5. Sistema de calibrar con los dedos.
Fig. 7. División en partes iguales de un ancho
de dimensión rara .
67
Fig. 8. Forma de empuñar el gramil de rayar o
corte.
Fig. 9. Ajuste del gramil de corte. La cuchilla se
inclina a un ligero ángulo de modo que tienda a
dirigir el gramil hacia adentro.
68
mente por 5, ésta en 150. Coloque la
regla con el extremo en un canto de
la tabla y la marca de 1 50 en el otro
canto, formando la regla un ángulo
(Fig. 7) Y marque en las divisiones 30,
60,9 Y 120 mm.
Gramiles' Los tres tipos principales de
gramiles son: el de marcar, el de corte
y el de mortajar. Existe también el gramil
para paneles, que es similar al de mar-
car pero de mayor tamaño y tiene un
lápiz de la punta de acero de marcar ; se
usa para marcar tableros anchos.
La Fig. 8 muestra cómo se agarra el
gramil de marcar o de corte. El dedo
índice descansa por encima del gramil,
mientras que el arranque de este dedo y
el dedo pulgar lo empujan hacia adelan-
te. Los otros tres dedos presionan hacia
adentro contra el canto. Esto último es
de gran importancia ya que es funda-
,
, '
,
Longitud a dividir
en nueve partes
Fig. 10. División de una longitud en un número
impar de partes utilizando el compás de puntas:
mental que el gramil no se separe hacia
afuera; lo cual puede suceder fácilmente
si la veta sigue esta dirección. Con el
gramil de marcar sólo se puede trazar a
favor de la veta o en las testas.
Para trazar a contrahilo es necesario el
gramil de corte, ya que el otro sólo as-
ti ll aría la madera. Este gramil tiene una
cuchilla en lugar de una punta de trazar.
Se usa del mismo modo pero es acon-
sejable ajustar la cuchilla formando un
li gero ángulo, como en la Fig. 9 de ma-
nera que tienda a correr hacia adentro
de la madera. Naturalmente la guía
impide esto; pero lo interesante es evi-
t ar la tendencia del gramil a correr hacia
afuera.
1 El gramil corrientemente usado en España
es diferente. Es de doble vara, con uñas de corte
y se usa para realizar todas las operaciones
que se realizan con los descritos aquí. Su ma-
jeno es, sin embargo, muy similar (N. del T.).
Aumentar la abertura del ! ~ ) I
compás en 1/ 9 de esta T I
longitud
Además de para trazar el gramil de corte
se . usa para cortes rectos de madera
delgada. Se da una mayor salida a la cu-
chilla y se hace un corte profundo por
ambas caras.
Por 'este sistema pueden cortarse pie-
zas de hasta 6 mm. de espesor de algu-
nos tipos de maderas blandas.
El gramil puede ajustarse con la regla o
con el objeto para el cual se necesita.
En el primer caso el extremo de la regla
se apoya en el tope de guía y se ajusta
el gramil hasta que la punta o cuchilla
de trazar coincide con la medida desea-
da. El ajuste final se realiza golpean-
do suavemente sobre el banco uno u
otro extremo de la vara del granil.
Cuando hay que trazar la colocación
de alg ún herraje, tales como bisagras,
cerraduras, etc., el gramil se ajusta so-
bre éstos, apoyándolos sobre la guía
69
Fig. 11 . Comprobación de un rebaje con la escua-
dra.
y ajustando la punta de trazar uniones
de lazos, el gramil se ajusta sobre el
grueso de las tablas de unir.
El gramil de mortajas tiene dos puntas de
marcar, una de las cuales es móvil sobre
la vara soporte de la otra. Primero se
ajusta la distancia entre las puntas so-
bre el formón y luego se ajusta el tope
guía a la distancia del canto requerida.
En el caso de un ensamble a caja y es-
piga que deba quedar liso, se trazan
ambas piezas apoyando en la cara.
Compases de puntas. Estos tienen
diversos usos, desde trazar una circun-
ferencia hasta dividir una distancia dada
en un número impar de partes iguales.
La Fig. 10 muestra cómo se hace esto
último. Se ha supuesto que la distancia
debe dividirse en 9 partes iguales. Colo-
que el compás con una abertura que
70
Fig. 12. Comprobación con la escuadra de la
perpendicularidad de una sierra circular o de
cualquier otra cosa .
Fig. 13. Uso de la escuadra desde la cara y el
canto bu·enos.
Filo de:"-"-'
Escuadra formón en el
deslizándose .--cc;rte
<!cia el f o r ~
~ m 6 n
~
Fig. 14. Trazado de los espaldones con el
formón y la escuadra.

crea es aproximadamente la novena
parte de la distancia y vaya trasladando
esta medida desde el extremo. Si queda
mal la división, corrija el ajuste ; es ne-
cesario algún tanteo. Si los nueve pasos
quedan cortos aumente la abertura del
compás en aproximadamente una no-
vena parte de la longitud que sobra y
vuelva a trasladar la medida. Esto le
conducirá a una aproximación mayor, y
repetido otra vez puede llegar a ajustar
la distancia exacta. Si al dar los nueve
pasos la longitud se rebasa, se cierra
el compás en una novena parte de la
longitud sobrepasada.
Escuadra. La escuadra de mecánico
con hoja deslizante que se muestra en
(wl. pág. 13, tiene muchas ventajas.
Aparte del uso normal en el trazado y
verificación, puede usarse en la compro-
bación del trabajo de rebajes, como en
la Fig. 11 y como escuadra de trazado
(Fig. 12). La escuadra corriente de talón
de madera y metal no puede utilizarse
para todas las finalidades. En cualquier
caso este último tipo es con frecuencia
impreciso.
Una regla que hay que tener siempre
presente es que la escuadra ha de usar-
se partiendo de la cara y el canto bue-
nos, siempre que sea posible. Hay ex-
cepciones pero puesto que estos están
correctamente trabajados y a escuadra
entre sí es obvia la conveniencia de
partir de ellos. La Fig. 13 es un ejemplo
exagerado de la aplicación de esta regla;
las líneas para trazar una espiga han
de trazarse alrededor en las cuatro caras
de la pieza. La pieza de la figura se mues-
tra intencionadamente falta de precisión,
pero si el talón de la escuadra descansa
siempre sobre la cara y el canto buenos,
las marcas se cerrarán en coincidencia.
Cuando deben trazarse dos o más pie-
zas iguales, es ventajoso fijarlas juntas
y trazar el escuadrado a través de todas
ellas; después se separan y se rodean
las marcas de escuadra independiente-
mente en cada una de ellas. Un ejemplo
típico son los montantes o los trave-
saños de una puerta. Para lograr una
mayor precisión trace siempre con un
corte de cuchilla o formón mejor que
con líneas de lápiz. Estas últimas se
usan sólo para trabajo bastcr o aproxi -
mado o cuando las marcas de cuchilla
puedan aparecer como un defecto.
Como ej emplo típico tome los montan-
tes de una parte en los que deban tra-
zarse las quijeras. Fíjelos juntos con los
cantos buenos igualados y usando la
regla y un lápiz afilado señale las posi -
ciones de las quijeras. Colocando la cu-
chilla o el formón sobre cada señal trace
líneas a escuadra a través de ambos
montantes. Separe los montantes y ro-
dee el trazado en cada uno independien-
temente. Pa ra hacer esto coloque la cu-
chilla en el ángulo de la madera con su
filo descansando sobre el ligero corte
hecho anteriormente como en la Fig. 14
y desl ice la escuadra hasta él. De esta
forma se alcanza la posición correcta.
Fíjese en que el formón o la cuchilla de-
ben i nclinarse hacia la de forma
que el bisel quede a escuadra con la ma-
dera, de lo contrario impediría a la es-
cuadra alcanzar la posición correcta.
Este deslizamiento de la escuadra haci a
la cuchil la es siempre más preciso que
t ratar de posicionar la escuadra simple-
ment e a ojo.
Para trabajos grandes es necesaria la
escuadra de madera que se muestra en
(ql. pág. 1 3. Corrientemente el artesano
la construye él mismo.
Escuadra de ingletes. Es necesario
para trazar y comprobar ingletes a 45
grados. No hay nada de particular en su
manejo, excepto que cuando deba ro-
dearse el t razado a las cuatro caras debe
tenerse cuidado de posicionar la es-
cuadra exactamente, pues de lo cont ra-
rio las líneas no cerrarán el ángulo.
71
Fig. 17
Marca del
l ápiz
Fig. 15. Trazado de un soporte con patas incli-
nadas empleando la falsa escuadra.
Fig. 16. Comprobación de un ángulo con la fal -
sa escuadra.
Fig. 17. Empleo de la regla de escuadrar para
comprobar el escuadrado de un armazón.
72
Falsa escuadra. Se utiliza principal -
mente para ángulos no corrientes : por
ejemplo los espaldones de los montan-
tes de un soporte con patas inclinadas.
El ángulo debe ajustarse con un trans-
portador de ángulos o con un dibujo.
Para algunos trabajos es ventajoso si -
tuar la hoja centrada en el talón ya que
así se tiene el ángulo agudo y el obtuso
suplementario. En la Fig. 15 se muestra
en uso para trazar una junta de un trave-
saño con la pata situada en ángulo. En
la pata, debido a su convergencia, la es-
cuadra debe utilizarse desde el interior,
mientras que el travesaño a causa de su
forma recortada, debe trazarse desde
arriba. En el caso que se muestra en la
Fig. 16, del ajuste de la inclinación de
una mesa de sierra circular, la falsa es-
cuadra se utiliza con la hoja completa-
mente desplazada a su extremo.
Reglas y entreguardas. Ambos ele-
mentos suelen ser construidos por el
propio trabajador. Las reglas deben ser
de madera dura bien curada y de veta
recta. Una prueba de la precisión de su
canto recto consi ste en colocarla sobre
un tablero plano y trazar una línea con
un lápiz afilado, volviendo la regla sobre
el otro lado, si el canto es correcto que-
dará en coi ncidencia con la línea traza-
da. Las reglas tienen m últiples usos gene-
ralmente en el trazado y comprobación ;
muchos trabajadores utilizan dos, una
de 500 mm. y otra de 1 metro respecti -
vamente. Ocasionalmente es empleado
para la comprobación de las reglas el
método científico de cepillar tres reglas
cada uno de cuyos cantos rectos debe
coincidir con el de las otras dos cuando
se emparejan en ambas direcciones,
pero este sistema es poco necesario
para el trabajador de la madera.
Las entreguardas se usan principalmente
para verificar si no existe alabeo en una
superficie, ver Rg. 14, pág. 45. Otro uso
es la comprobación de si las cuatro pa-
tas de un mueble descansarán por igual
..
en el suelo ; si las entreguardas no son
suficientemente largas para alcanzar a
apoyarse sobre las patas, se colocan so-
bre listones de madera largos cuyos
cantos sean paralelos.
Regla de escuadrar. Cuando se ha
ensamblado un armazón de gran tama-
ño, su comprobación con la escuadra
puede ser errónea, ya que cualquier cur-
vatura de la madera puede dar lugar a
una apreciación falsa. En tal caso es
aconsejable el uso de un listón en diago-
nalo regla de escuadrar que se muestra
en la figura 17. Se coloca en diagonal
sobre la pieza armada y se marca la lon-
gitud con el lápiz ; cuando se sitúa en la
diagonal de las esquinas opuestas debe
mostrar la misma longitud si el armazón
está correctamente escuadrado.
Utillajes auxiliares
Todos ellos pueden ser construidos por
el propio artesano.
Soporte de cepillar o tirador. Existen
diferentes formas de construirlo. El más
sencillo se muestra en la figura 1 8. Las
medidas exactas no son importantes,
pero las que se dan pueden servir como
orientación general. Dos tamaños son
prácticos : uno corto, de por ejemplo
600 mm. para el trabajo general y las
uniones cortas y otro de 1 m. a 1,5 m.
para juntas largas en maderas delgadas.
Fíjese en el rincón achaflanado que sirve
para atrapar el polvo y evitar la coloca-
ción en falso del trabajo. El canto de tra-
bajo del tope debe estar a 90 grados. Su
forma de cuña asegura el ajuste fuerte.
En caso de aflojarse puede golpearse
hacia adentro e igualar la parte que so-
bresalga. Cuando sea posible debe
emplearse para la construcción una ma-
dera cortada al cuarto para evitar ala-
beo.
Tablero
principal
Fig. 18. Tirador o soporte de cepi ll ar, adecuado
para trabajos pequeños, la longitud no necesita
ser exacta.
El soporte de cepillar se utiliza con dos
finalidades distintas. La primera es
cepillar juntas de madera delgada o
cepillar cantos rectos a escuadra. Su
ventaja en el cepillado de madera del -
gada es el evitar la oscilación del cepillo.
Esta operación se muestra en la figura
19. Fíjese en que la madera sobresale
aproximadamente 6 mm. de la plata-
forma superior y el cepillo hace recto el
canto en virtud de la propia rectitud de
la suela, no debiendo tocar el canto de
la plataforma superior. El s i ~ t e m a co-
rriente es cortar y seguidamente dar un
73
Fig. 19. Ajustando el canto de un tablero sobre el
tirador.
Taco de desperdicio )-..
Madera Que se cepilla
Fig. 20 Forma de evitar el astillado de un ángu-
lo, cuando se cepillan testas.
74
par de pasadas a todo lo largo de la pie-
za. Generalmente con esto queda el
canto recto automáticamente ; no obs-
tante, si se trata de una junta las piezas
se comprueban una con otra y si se trata
de una pieza aislada se comprueba con
una regla.
Teóricamente el canto debe quedar a
escuadra. suponiendo que la suela del
cepillo esté a escuadra con su costado.
En el caso de una junta. sin embargo. es
aconsejable cepillar una pieza con la
cara buena hacia arriba y la otra con la
cara buena hacia abajo ; de esta forma
cualquier inclinación del canto de una
pieza queda compensada con la del
canto de la otra y las piezas juntas que-
dan alineadas.
El segundo uso del soporte es cepillar
las testas de la madera a escuadra. En
este caso la madera se sostiene fuerte-
mente apretada contra el tope y el ce-
'(
Fig. 21 Uso del tope de ingletes. La pieza de dese-
cho (detalle) impide cortar la base del bloque.
pillo trabaja a lo largo del canto de la
plataforma superior, la madera se pre-
siona hacia el cepillo y de esta manera
se va alimentando el corte a medida que
avanza el t rabajo. Como la esquina más
alejada t iene tendencia a astillarse, es
aconsejable cortarla en bisel con un
formón ; si esto no es posible o el bisel
es insuficiente se cepilla la mitad de la
pieza partiendo de cada extremo o se
coloca un trozo de madera desechable,
con sus cantos paralelos, detrás de la
pieza, como en la figura 20.
Soporte de cepillar ingletes. Sus apli -
caciones son similares a las del soporte
de cepillar pero para cepillar ingletes. Se
muestra en (b) de la pág. 16. La direc-
ción del cepillo se invierte cuando la
pieza debe colocarse en la parte más le-
jana del tope.
Cortador o gancho de banco. Se utiliza
para sujetar la madera firmemente
cuando se sierra, es un elemento muy
útil (ver E, pág. 16). Un punto impor-
tante acerca de él es que el listón que
hace tope en el borde del banco debe
estar enclavijado, no clavado ni
atornillado, por ning ún motivo en la par-
te por la que se usa el serrucho. La razón
para ello es que el uso continuo des-
gasta la madera y los clavos o tornillos
pueden llegar a quedar al descubierto y
dañar la sierra. La Rg. 12 de la pág. 25
muestra cómo se usa, manteniendo la
pieza fuertemente sujeta sobre el tope
trasero del cortador.
Tope y caja de ingletes. Son necesa-
rios para cortar ingletes, el primero para
molduras delgadas. El único punto im-
portante acerca del tope es que la mol -
dura debe sujetarse fuertemente contra
el tope y la sierra de cortar hacia el inte-
rior de la moldura no hacia el exterior.
En otras palabras el dorso de la moldura
debe apoyarse contra el tope, de ma-
75
nera que cualquier grieta producida por
la sierra quede en la parte trasera donde
no importa. La figura 21 muestra el uso
del tope de ingletes.
Lo mismo se aplica a la caja de ingletes.
Así, por ejemplo, para serrar una mol -
dura ancha para cornisas, es
aconsejable colocar la parte superior ha-
cia abajo y serrar hacia la moldura como
en la figura 22. De esta forma los dien-
tes de la sierra cortan hacia el interior de
la sección tanto en dirección vertical
como horizontal. Esta ilustración es
también interesante en cuanto muestra
cómo actuar con una moldura rebajada
que no tiene respaldo. Para cortar un
inglete correcto las caras de arriba y de
detrás de la moldura que forman ángulo
recto entre sí deben apoyarse contra la
trasera y el fondo de la caja de los ingle-
tes y, para asegurar esto, se cepilla una
pieza de relleno de forma que ajuste
exactamente entre el canto de la mol -
dura y el costado de la caja. Con esto se
logra la posición definida. No importa si
la sierra corta correctamente a su
través.
Plantilla de ingletes. La figura 23
muestra su empleo en el corte de un
inglete necesario en el bastidor de una
puerta con una moldura labrada en el
mismo. Se coloca sobre la moldura y su
extremo inclinado (a 45 grados) se usa
como guía para el formón. Para cortar
molduras pequeñas puede sujetarse con
la mano ; en los más grandes es conve-
niente sujetarlo con un gato.
Gatos
Se utilizan para empujar las piezas hasta
cerrar las juntas y mantenerlas apreta-
das hasta que se endurezca la cola y
también para sujetar al banco la madera
mientras se trabaja.
76
Fig. 22. Moldura de cornisa vaciada. preparada
para ingletar.
Fig. 23. Corte de una moldura empleando la planti -
lla de ingletes. El pulgar se halla normalmente so-
bre el formón para sujetarlo, pero para no ocultar la
hoja aquí se ha situado al lado.
Sargentos. Son necesarios para armar
un bastidor de puerta o una junta a tope.
Sus longitudes se sitúan desde los 600
mm. en adelante y sus tamaños deben
seleccionarse adaptándose al tamaño
promedio de los trabajos que se reali -
zan. Bajo las zapatas de los gatos deben
colocarse tacos para evitar que dañen la
superficie.
Tan pronto sea posible después de apre-
tar los gatos debe comprobarse el es-
cuadrado y el alabeo. Si la escuadra
muestra una imprecisión, como en la fi -
gura 24, la posición de las zapatas debe
desplazarse en la dirección indicada por
las flechas. La comprobación del alabeo
se hace mirando a través del trabajo.
Los travesaños próximo y alejado deben
aparecer paralelos. Si no es así, como se
muestra exageradamente en la figura
25, los gatos deben ajustarse de nuevo
en la dirección que muestran las flechas.
Un punto que debe recordarse es que
los gatos son necesariamente pesados y
pueden arrastrar un bastidor fuera de su
alineación debido al peso dando así una
observación falsa. También pueden ser
causa de que un bastidor aparezca co-
rrecto cuando el peso de los gatos está
actuando sobre él. El bastidor puede
flexarse volviendo a su alabeo al quitar
los gatos.
Cuando hay que armar un bastidor muy
largo y los gatos disponibles no son sufi -
cientemente largos, pueden unirse dos
juntos mediante tuercas y tornillos que
pasen a su través. De esta forma la lon-
gitud puede ajustarse al trabajo que se
tiene entre manos. Se quitan las zapatas
permitiendo que los tornillos puedan
apretar desde ambos extremos.
Gatos en C. gatos paralelos y tornillos
de apriete. Se usan fundamentalmente
cuando la madera debe unirse en sen-
tido de su grueso. Su aplicación es ob-
via.
Fig. 24
Fi g. 25
Fig. 24. Comprobación del escuadrado de un
bastidor fijado con gatos.
Fig. 25. Bastidor apretado con gatos, alabeado.
Fig. 26. Orden de apriete de los tornillos de un
gato paralelo.
77
(
r
li
n
S,
CE
da
tal
mi
7E
El gato paralelo o tornillo manual es es-
pecial mente útil. Para usarlo abra las
mordazas a la medida aproximada to-
mando un mango en cada mano y ha-
ciendo girar éstas una con respecto a la
otra; por este sistema se puede hacer un
ajuste rápido. Después se aprieta el tor-
nillo interior (1) figura 26, en el sentido
de la flecha, y por último se hace girar el
tornillo exterior (2) también en el sen-
tido de la flecha. Esto último produce el
efecto de apalancar la mordaza contra la
madera. Cuando finalmente queda apre-
tado, las mordazas deben quedar aproxi-
madamente paralelas.
Los tornillos de apriete son gatos en C
de pequeño tamaño y se utilizan para
trabajos pequeños.
Agarradera rápida de banco. Esta (¡,
pág. 16) se usa para inmovilizar la ma-
dera sobre el banco cuando se trabaja.
Su vástago pasa a través de un agujero
en el tablero del banco y su fuerza se
produce por apalancado sobre las pare-
des del agujero. Naturalmente sólo es
efectiva sobre un tablero de banco grue-
so, si éste es delgado es necesario
suplementar su espesor localmente. Al -
gunas de estas agarraderas tienen un
cubo metálico que se incrusta en el
tablero. Cuando se hace un agujero en
el banco para este tipo de agarradera es
claramente necesario evitar hacerlo en-
cima de un cajón o un estante.
Gatos improvisados. Pueden hacerse
siempre con palos de madera con topes
atornillados sobre sus extremos para ac-
tuar de z.apatas; un par de cuñas
móviles se introducen en un extremo
para producir la presión golpeándolas.
78
Fig. 27. Comprobación del esc'uadrado de un basti-
dor bajo presi ón de los gatos.
Para la fijación ligera de formas raras se
utilizan muelles circulares. Estos son
simples muelles viejos de tapicería, cor-
tados y parcialmente aplanados en
forma de C. Son especialmente útiles en
trabajos de reparación en que sólo se
necesita una presión moderada sobre
superficies de f ormas complicadas.
Seis
Máquinas ligeras
para trabajar
madera
Aunque la mayoría de los artesanos ca-
seros utilizan métodos manuales, existe
una tendencia creciente a la instalación
de uno u otro tipo de máquina para
abreviar los trabajos más tediosos o
cansados. La elección más natural en
relación con esto es una pequeña sierra,
ya que probablemente serrar es la tarea
más laboriosa en el trabajo de la made-
ra. Es bueno señalar, sin embargo, que
es una gran ventaja disponer de una
máquina básica a la que puedan
acoplarse distintos accesorios. Esta má-
quina básica corrientemente es un torno
para madera, para el cual se dispone de
acoplamientos de sierra circular, sierra
qe cinta, cepilladora, lijadora y mortaja-
dora. También existe la máquina univer-
sal pequeña que puede incluir sierra
circular, cepilladora y barrena, pero que
no es un torno.
Como regla general la máquina dise-
ñada para un solo trabajo es más satis-
factoria que otra que haya de adaptarse
a varios usos, pero teniendo en cuenta
el espacio del taller y el hecho de su me-
nor coste, la máquina adaptable es ge-
neralmente una opción mejor, para el
artesano casero, que varias máquinas
separadas. El uso de las máquinas
individuales es prácticamente el mismo
cualquiera que sea su construcción,
aunque puede haber ligeras variaciones
en el manejo y en la forma de afilado
seg ún cada tipo particular. Se aplican
los principios generales siguientes.
Sierra circular
Para el trabajo general de la madera
éste es el tipo de sierra más útil, porque
no solamente puede cortar al hilo, al
través y a inglete, sino que también es
Fig. 1. Empl eo de una máquina ligera en el tall er.
79
Fig. 2. El torno Myford ML8, mostrando los adita-
mentos de sierra circular, el disco de lijar y la mor-
tajadora.

/\ / . -
, "/ ---j
, ,
a
b
c
Fig. 3. Tipos de dientes de sierra.
80
posible hacer con ella rebajes y ranuras.
Una disposición esencial es la mesa que
puede subirse y bajarse de forma que
puede ajustarse la profundidad del reba-
je o ranura. Es preferible también que
sea ajustable su inclinación hasta un án-
gulo de 45 grados, para hacer posible
cortar la madera con ángulos diferentes
del recto. En algunas máquinas es la
sierra la que se inclina en lugar de la
mesa y esto tiene la ventaja de que
puesto que la mesa permanece horizon-
tal , no hay tendencia de la madera a
deslizarse lateralmente cuando se hacen
cortes en bisel.
Una guía es un requisito indispensable'
para cortar el hilo a una anchura deter-
minada, también una superficie de la
mesa ranurada de modo que pueda
usarse la guía de ingletes para cortar al
través en ángulo recto o con cualquier
otro ángulo, es igualmente necesaria
una cuchilla de hender de forma que la
madera no tienda a pegarse a la sierra

en el caso de que el corte tienda a ce-
rrarse. Por último debe estar equipada
con una defensa por arriba y por abajo
(aunque en muchas máquinas el soporte
inferior actúa como defensa por debajo
de la mesa) .
Para uso general puede emplearse la
sierra de combinación, (b) figura 3 o la
de dientes radiales cruzados (a), pues
ambas pueden usarse para cortar al hilo
y al través. Aquí es necesaria una adver-
tencia : rnantenga afilada la sierra. Una
sierra embotada quemará la madera y
un empeño en forzar la madera puede
ocasionar un trabajo impreciso y
posiblemente causar un accidente. Las
sierras con puntas de carburo de tungs-
teno en los dientes (c) tienen la ventaja
de permanecer afiladas durante' mucho
tiempo y pueden usarse sin que pierdan
su filo con materiales duros o abrasivos,
tales como tableros de viruta aglome-
rada y otros tableros armados con resi -
nas.
Fig. 4. Listón empujador para evitar acercar los de-
dos a la sierra.
Fig. 5. Corte a través de la fibra usando la guía de
ingletes.
81
Tope
Guía de ingletes
Fig. 6. Corte de través a medida.
Fi g. 7. Corte de un inglete en lá sierra circular em-
pleando el tope de ingletes. La protecci ón del disco
se ha levant ado para mostrar éste.
82
Serrado al hilo. Cuando el tablón tiene
un canto recto sólo se necesita colocar
la guía a la distancia de la sierra reque-
rida (la sierra cortando en la parte so-
brante de la pieza). y empujar la madera
manteniendo el canto deslizándose
contra la guía. Para serrar tableros lar-
gos es una ayuda tener una persona
detrás de la sierra para sacarlos, esti-
rando y sosteniendo los tableros cuando
se completa el corte. Si esto no es
posible debe cortarse la madera hasta la
mitad y luego darle la vuelta y completar
el corte desde el otro extremo. En cual -
quier caso evite acercar los dedos a la
sierra mientras gira y nunca los ponga
entre la sierra y la guía donde pueden
ser atrapados. Al finalizar el corte use
siempre un palo para empujar la made-
ra, como se muestra en la figura 4.
Si no hay un canto recto desde el que
comenzar, puede, o bien cepillarlo pri-
mero (a máquina o a mano) y trabaj ar
desde él , o bien trazar una línea de lápiz
con una regla y serrar por la línea sin
utilizar la guía. Todos los cortes siguien-
tes se hacen utilizando la guía como re-
ferencia.
Serrado al t ravés. La f igura 5 muestra
una operación típica : observe cómo am-
nas manos se mantienen al lado de la
sierra. Cuando se han de cortar varios
trozos de la misma longitud puede se-
guirse el método de la figura 6 : se fija un
taco de madera, que actuará de tope
cerca de la parte frontal de la mesa, me-
diante un gato en C, ajustando su posi -
ción de forma que su distancia a la
sierra sea igual a la longitud deseada ; la
madera se sostiene contra la guía de
ingletes y se empuja contra el taco de to-
pe, luego se avanza la guía de ingletes
contra la sierra. El proceso se repite hasta
que se haya serrado la cantidad de piezas
necesarias. Los cortes a inglete se hacen
en forma similar al corte de través, figura 7
y en caso de cortes compuestos la mesa
se inclina también.
Ranurado. Para efectuar esta operación
en las máquinas ligeras suele ser nece-
sario pasar la madera sobre la sierra
tantas veces como se requieran para dar
a la ranura la anchura deseada. Si se
dispone de una sierra bamboleante se
puede ajustar al ancho, aunque el fondo
de la ranura no es plano sino ligeramen-
te curvado ; sin embargo la curva es tan
ligera que para la mayoría de los traba-
jos no tiene importancia. Algunas sierras
pueden equiparse con un cabezal de fre-
sa que puede ranurar ; las máquinas lige-
ras no suelen estar hechas para poder
equiparse así, en parte por no tener sufi -
ciente espacio en el eje y también por-
que el corte sería demasiado duro.
La mesa (o la sierra) se ajustan primero
de forma que la sierra sobresalga una al-
tura equivalente a la profundidad de la
ranura. Después se coloca la guía de
forma que el corte se alinee con un lado'
de la ranura a cortar. Si la guía sólo llega
hasta la sierra, se atornilla en ella una
pieza de alargamiento de forma que la
madera puede rozar en ella hasta que
haya pasado de la sierra. Después de un
corte de prueba, se pasan por la sierra
todas las piezas. Luego se desliza la guía
para cortar el otro lado de la ranura, y se
cortan otra vez todas las piezas. Para ra-
nuras estrechas probablemente el se-
gundo corte dará ya el ancho deseado,
pero pueden también ser necesarios tres
o cuatro cortes. Recuerde en cualquier
caso· mantener la cara buena de la ma-
dera contra la guía.
Para completar el corte es necesario
el palo para empujar, figura 4. También
puede ser ventajoso, en ciertos casos,
el taco de empujar de la figura 8, que
permite mantener la presión tanto hacia
abajo como hacia adentro.
Rebajado. Pueden hacerse rebajes es-
trecnos dando cortes paralelos uno al
lado del otro como en (a). figura 9, pa-
sando la madera tantas veces como sea
,
" '
" ,
" ,
" ,
a '. I. '. L.. __________ _
,- ,
, 1
: 2 I
b I I
'- ______ _ J .... _____ _
Fig. 9
Agujer o
para el
gato
Fi g. 10
Guía
vertical
Borde desli ·
zante a lo lar·
go de la guía
Fig. 8. Taco de empujar para hacer rebajes.
Fig . 9. Di stintos métodos para hacer rebajes.
Fi g. 10 Utilaje empleado para espigar.
83
Fig. 11. Corte de espigas en una sierra circular. La
protección inferior se ha quitado para mostrar la
sierra.
Fig. 12. Sierra de cinta de banco del tipo de tres
volantes, Coronet Tool Company.
84
necesario para lograr el ancho del reba-
je. Para rebajes más anchos, sin embar-
go, el método más sencillo es dar dos
cortes en ángulo recto como en (b). Si
no hay inconveniente el corte N.o 1
debe hacerse primero, porque al dar
el segundo corte el sobrante queda
suelto y es conveniente que se apoye
sobre la mesa de la sierra por la superfi-
cie mayor para que no se vuelque. Tam-
bién aquí se debe utilizar el palo de em-
pujar al finalizar el corte. Esto es espe-
cialmente útil ya que no se puede utili-
zar la cuchilla de separar y posiblemente
tampoco la guarda (según sean las di-
mensiones de la pieza que se rebaje).
Espigado. Ajustar la sierra para cor-
tar una espiga o un par de ellas no re-
sultará económico en tiempo, pero se
conseguirá un sensible ahorro de éste
si se necesitan una serie de ellas. El
método más sencillo es construir el
sencillo utillaje que se muestra en la
figura 10. Las piezas son encoladas y
atornilladas; no es importante que las
medidas sean exactas pero la longitud
debe ser alrededor de 150 mm., la altu-
ra de 175 mm. , y el ancho de unos 100
mm. Para usarlo la madera que ha de
ser espigada se sujeta contra la guía
vertical con un gato que se pasa a tra-
vés del agujero hecho para ello o se
fija al lado según el ancho de la madera
que se ha de trabajar. El canto más dis-
tante se desliza contra la guía de cor-
tar al hilo que debe situarse a la dis-
tancia adecuada para que la sierra corte
al lado de la línea del trazado. Si es
necesario se coloca una alargadera de
la guía para que el útil sea soportado
a todo lo largo del corte. La altura de la
mesa o de la sierra se gradua para que
llegue justo a la línea del espaldón. Se
hace un corte de cada espiga, se reajus-
ta la sierra y se hace el segundo corte de
todas las espigas. La figura 11 muestra
la operación. Corrientemente los cortes
de esquijerar se hacen a mano.
Es evidente que los excedentes de lon-
gitud de todas las espigas deben ser
'iguales, de lo contrario la sierra cortará
unas con exceso y ot ras con defee:to.
Esto si gnifica que debe seguirse un s"is-
t ema diferente al usado cuando se tra-
baja a mano. El excedente de longitud
incluyendo la espiga debe fijarse exac-
t amente de antemano. Aparte del tiem-
po de corte se ahorra aun más tiempo
ya que solamente se tiene que trazar
una espiga con el grami l.
Velocidad. La velocidad teóricamente
óptima para una sierra circular de 20
cm. de diámetro se encuentra en la re-
gión de las 4.500 r.p.m. , pero pocas
sierras pequeñas están diseñadas para
velocidades tan altas. Las velocidades
más corrientes se hallan entre las
1.500 y 2.500 r.p.m. y la sierra cortará
perfectamente bien si se mantiene afi -
lada. Como orientación de la potencia
necesaria se dan los promedios siguien-
tes :
Diámetro de la sierra
175 mm.
200 mm.
225 mm.
C. V. del motor
1/ 3 a 1/ 2
1/ 2 a 3/ 4
1/ 2 a 1
Sierra de cinta
Junto a la sierra circular ésta es la má-
quina de serrar más útil que se puede
tener, figura 12. Puede emplearse para
cortes rectos más que la sierra circular
y también para cortes curvos para los
cual es no puede usarse ésta. Por otra
parte no sirven para ranurar ni hacer
rebaj es, aunque sí se pueden hacer
espigas con ella.
Ajuste. En una sierra de cinta hay dis-
ti ntos ajustes que deben atenderse. En
primer' lugar la mesa suele hacerse incli -
nable y el ángulo correcto debe compro-
barse con una escuadra o un transporta-
dor de ángulos. El volante superior tiene
un tornillo tensor que se afloja cuando
no se usa la sierra.
Cuando se ha de colocar una sierra nue-
va, generalmente debe desmontarse
el dispositivo frontal de fijación rígi -
do de la mesa, para permitir el paso de
la cinta hasta la ranura.
La carrera o camino es el primer ajuste
de la sierra en sí, que debe hacerse,
y se lleva a cabo inclinando hacia un
lado u otro el volante superior. Debe
llevarse a cabo sin las guías ni el ro-
dillo de empuje. Se hace girar a mano
el volante y se observa si la sierra se
mantiene centrada en los volantes o
tiende a desplazarse hacia delante o
atrás. Si tiende a desplazarse hacia
atrás, incline un poco hacia adelante
la parte de arriba del volante superior.
Contin úe ajustando la carrera de la cin-
ta hasta que corra en la posición ade-
cuada. Es aconsejable variar esta posi-
ción de vez en cuando para igualar el
desgaste de las llantas.
Cuando la cinta ruede satisfactoriamen-
te lleve hacia adelante el rodillo de em-
puj e de manera que toque ligeramente
el canto trasero de la cinta ; sólo debe
rodar cuando la cinta se presiona contra
él al trabajar. Las guías pueden ser
bloques de metal o de madera dura y
se ajustan horizontalmente. Deben si -
tuarse próximas a tocar los flancos de
la cinta, no los dientes desde luego. Por
regla general las guías forman un con-
junto con el rodillo de empuje, que pue-
de desplazarse verticalmente. En fun-
cionamiento este conjunto debe estar
situado dejando espacio justo suficiente
para permitir el paso de la madera y
que se vea la línea de corte que debe
seguirse.
Práctica del serrado. Siempre que sea
posible evite el tener que retroceder
la madera de la ci nta. A veces es inevi -
85
~
a
b
Fig. 13
Fig. 13. Serrado con cinta : a. El corte previo
próximo a la línea de trazado.- b. Cortes previos
en el desperdicio que faci litan su fácil caída.
Fig. 14. Fases del serrado con ci nta de una pata
cabriolé.
t able y entonces debe hacerse cui dado-
samente siguiendo la forma del cort e.
Cuando una línea sea muy complica-
da, dar primero un corte siguiendo la
forma general , ignorando los detalles
pequeños. Por ejemplo, en la figura 13
(al. el primer corte se indica con la lí-
nea de puntos ; esto elimina el grueso
del desperdicio sin tener que retroceder
en el corte y faci li ta después el corte
. de los rincones agudos. Fíj ese en que
el corte se hace en la parte de dese-
cho de la línea, para permiti r el aca-
bado posterior. En el caso de la f igura
86
Fi g. 15
Fig. 15. Corte de pi ezas al hi lo en la sierra de
cinta.
Fig. 16. Cort e a grueso de una tabla en la sierra
de ci nt a. El ancho ha si do en part e serrado pre-
viamente por cada lado en una sierra circular.
13 (bl. los cortes previos permiten que
vaya cayendo el desperdicio cuando se
sierra la curva cerrada.
Algunas piezas exigen ser serradas en
dos superficies. Por ejemplo la forma
de una pata cabriolé se traza en dos
superficies adyacentes y se sierra en
ángulo recto, produciendo una sección
cuadrada lista para redondear. Después
que se han cortado las formas de una
cara, los sobrantes se colocan como en
la figura 14, permitiendo hacer los cor-
tes restantes. En algunos casos el so-
brante inferior se coloca para que sirva
a modo de cama de soporte. Esto es
poco necesario hasta abajo y por ello
no hay tendencia a la inestabilidad.
Cuando se utiliza la sierra para dar cor-
tes rectos al hilo se emplea una guía.
Puede ser un accesorio ajustable hecho
para la mesa o una simple pieza recta
de madera, fijada a la mesa como en la
figura 15. Aseg úrese que es paralela
a la cinta, de forma que ésta quede
alineada con el corte.
A veces se utiliza la sierra de cinta para
tablear, es decir para cortar una tabla
al grueso. En este caso es de gran ayuda
hacer unos cortes previos a la sierra
circular de forma que aligere el trabajo
de la sierra de cinta. La operación se
muestra en la figura 16, en la que puede
verse la guía alta empleada para ase-
gurar que la madera se mantenga ver-
tical.
La figura 17 muestra el uso de la sierra
de cinta para espigas.
Cepilladora
Dentro de este epígrafe se encuentran
dos tipos de máquinas : la cepilladora
y la regruesadora. La última como indi-
ca su nombre se utiliza para dar a la ma-
Mesa trasera o
de salida
dera un grueso uniforme, pero no es
muy utilizada en los pequeños talleres
por ser cara. Sin embargo es posible
obtener un accesorio para regruesar
para la mayoría de las cepilladoras.
Partes de la cepilladora. El esquema de
la figura 18 muestra las partes princi-
pales. Hay un cuerpo principal en cuyo
centro gira el eje portacuchillas; este
eje puede llevar dos o tres cuchillas.
Delante y detrás del eje portacuchillas
hay dos mesas ajustables a lo largo de
guías inclinadas. De esta forma su
Fig. 17. Corte de una espiga en la sierra de cinta.
Fig. 18. Esquema de las partes principales de la
cepilladora.
Guía
Mesa frontal o de 111
87
Fijación -
- - - - - - - - - - - - - - ~ ~ - - - - - - - - ~
Fig. 19. Utillaje de madera para afilar cuchillas.
Fig. 20. Comprobación de la altura de la mesa tra-
sera.
altura puede ajustarse con respecto al
eje portacuchillas. En la mesa frontal
hay acoplada una guía ajustable en
cualquier posición y también inclinable
a cualquier ángulo. En algunas máqui -
nas hay acoplada una mesa de hacer
rebajes, la cual es realmente una
extensión lateral de la mesa frontal. In-
variablemente hay también una protec-
ción que puede extenderse transversal -
mente a lo largo del eje porta cuchillas
y situarse a una altura variable.
Afilado y ajuste. Aunque estén afila-
das, las cuchillas de una máquina nueva
necesitan ser asentadas con una piedra
de aceite para lograr un buen filo. Un
utillajes sencillo, para esto, se muestra
en la figura 19 y pueden hacerse varia-
ciones adaptadas a las cuchillas en con-
creto. El utillaje hace posible mantener
el ángulo de afilado . correcto. Cuando
han de reafilarse con muela es necesa-
rio montar las cuchillas en un soporte
especial que corre atrás y adelante
88
transversalmente a la cara de corte de
la muela, lo que asegura un amolado
regular.
Las cuchillas se fijan en el eje por dis-
tintos sistemas; algunas con piezas acu-
ñadas sujetas con tornillos o mediante
un tapón también atornillado. Por regla
general existe algún tipo de ajuste de
su altura : bien un tornillo de reglaje en
cada extremo o un agujero en la parte
trasera por el que puede golpearse la
cuchilla. Cuando coloque las cuchillas
en el eje apriete los tornillos de fijación
con la fuerza de los dedos y realice todo
el ajuste antes de apretarlos definitiva-
mente. Cuando no hay sistema de ajus-
te las distintas cuchillas deben ser amo-
ladas y asentadas exactamente a la mis-
ma medida.
Durante el uso la mesa posterior debe
estar exactamente nivelada con los filos
de las cuchillas cuando se encuentran
en su posición más alta y una vez ajus-
Fig. 21. Posición de las ma-
nos para cepillar de plano.
r
tada no se mueve nunca para el cepi-
llado normal, hasta que haya que afilar
otra vez. Proceda al ajuste de las cuchi -
llas una por una. Coloque una madera
de canto 'recto sobre la mesa trasera,
como en la figura 20, hacia un lado y
gire el eje a mano, ajuste la altura de la
mesa hasta que la cuchilla toque justo
rozando la madera. Cuando un extremo
esté ajustado lleve la madera al otro
lado y pruebe este lado de la cuchilla.
Probablemente será necesario subirla
o bajarla y esto ha de hacerse hasta que
ambos lados toquen justo la madera, no
más. Desde este momento la mesa tra-
sera no debe moverse más (la mesa de-
lantera se ajusta por debajo de este ni -
vel).
Ahora proceda con la segunda cuchilla,
ajustándola hasta que ambos extremos
toquen justo la madera. Cuando todo
esté en orden apriete los tornillos de
fijación y haga una segunda prueba.
El espesor del corte queda determinado
por la altura de la mesa frontal ; para
comprobar éste sostenga la madera
recta contra la mesa trasera, como an-
teriormente, el espesor del corte vendrá
89
Fig. 22. Pl aneado en la cepill adora.
Fig. 24. Uso del accesorio de regru esar para cepi -
llar la madera a un espesor dado.
determinado por la separaclOn de la
madera y el plano superior de la mesa
anterior. Algunas máquinas llevan una
escala para indicar el espesor de corte,
pero requieren su ajuste después de
cada afilado. Para hacer éste se ajusta
un gramil exactamente a 3 mm. y se
traza el canto de una pieza recta de ma-
dera. Coloque la mesa frontal a un corte
que se vea claramente inferior a 3 mm.
y poniendo en marcha la máquina, ce-
pille una parte de la madera trazada.
Baje la mesa hasta que el corte alcance
justo al trazado de 3 mm. y sitúe el ín-
90
Fig. 23. Empl eo del útil de empujar para planear.
Fig. 25. Cepilladora preparada para labrar un reba-
je.
dice indicador de la escala en la marca
de los 3 mm. Todos los espesores indi -
cados serán así correctos.
Cepillado de caras. Sitúe la guía a un
ancho ligeramente mayor que el ancho
de la madera y la protección de manera
que la madera pase cómodamente bajo
ella. Se aj ust a entonces la mesa f rontal
al espesor de corte deseado. Empuje
la madera hacia adelante con la mano
derecha, apretándola firmemente, con
la mano izquierda, hacia abajo contra la
mesa frontal. A medida que la madera
lo
pase sobre el árbol portacuchillas vaya
retrocediendo la mano izquierda para
que no se aproxime a él. Cuando haya
pasado una longitud razonable sobre el
árbol, traslade su mano izquierda más
all á del árbol y presione la madera so-
bre la mesa trasera. Cuando el final de
la madera se acerca a las cuchillas pase
también la mano derecha a la mesa tra-
sera donde ayudará a presionar y hacer
mover la madera. Procediendo así nin-
guna mano estará nunca inmediata-
mente sobre el árbol de cuchillas mien-
tras gira. Figuras 21 y 22.
Cuando se ha de cepillar una pieza corta
es aconsejable emplear un taco de em-
puj ar como se ve en la figura 23. Al co-
mienzo del corte se alimenta la madera
de la forma normal, pero cuando se
acerca el extremo final se usa el taco
de empujar. Cuando sea posible ponga
hacia abajo la cara cóncava porque es
más fácil de planear. Si esto no es po-
sible es necesario cepillar primero la
parte central antes de pasar la madera
a todo lo largo.
Cepi ll ado de cantos. Es una operación
simi lar pero la madera debe sujetarse
firmemente contra la guía de forma
que el canto se cepille a escuadra. Si
la protección es de tipo telescópico es
corriente situarla baja sobre el árbol
portacuchillas y dejando el espacio justo
entre su extremo y la guía para que
pase la madera. Cuando la madera es
muy ancha es conveniente aumentar
la altura de la guía atornillando a ella
una guía de madera. Esto aumenta la
superficie de roce con la cual roza
la madera. Con ello se aumenta la pre-
sión exigida en todas las operaciones
de cepi l lado y es conveniente frotar las
superficies de la madera y de la guía
con un trapo ligeramente aceitado.
Una última palabra. Examine la madera
y pásela en la dirección en la cual pa-
rezca menos propensa a astillarse.
Accesorios para regruesar. Se coloca
en una cepilladora corriente en la forma
que se muestra en la figura 24 y se usa
después de que una de las caras de la
madera ha sido cepillada plana. La co-
lumna del accesorio se fija en la mesa
frontal, con lo cual la pl aca regruesa-
dora sube y baja con ella. La mesa pos-
terior se ajusta de igual forma que para
el cepillado normal, y la distancia entre
ella y la placa regruesadora se iguala
al grueso f i nal que se desea en la ma-
dera después de cepillada. Si se ha de
eliminar mucha madera se hace en dos
pasadas ; reajustando el grueso en la
segunda.
Rebajado. Muchas máquinas están pre-
vistas con una mesa para labrar rebajes,
que es una extensión lateral de la mesa
frontal. Esta soporta la madera mientras
se pasa por la cepilladora. La mesa pos-
terior se mantiene sin alteraci ón, es de-
cir al nivel de la posición más alta del
filo de las cuchi llas. La mesa frontal se
baja a la medida de la profundidad del
rebaje y la guía se lleva a una posición
que deje una longitud de cuchilla igual
a la anchura del rebaje. Normalmente
la madera puede labrarse en una sola
pasada, pero si el rebaje es ancho o la
madera dura, es bueno aj ustar el corte
a la mi t ad de la profundi dad y hacer dos
pasadas. Al comienzo al imente el t raba-
jo lent amente, de lo contrario las cuchi -
ll as pueden agarrar la madera y hacerla
saltar hacia atrás. La figura 2 5 muest ra
la operación de rebajado.
Biselado y chaflanado. Cuando estos
se hacen a todo lo largo de la pieza se
procede como en el cepillado normal,
excepto en que la guía se i ncli na al
ángulo necesario.
Con los chaflanes limitados es dif erente,
si endo necesario que las dos mesas es-
tén al mismo ni vel y las cuchill as sobre-
salgan en la misma medida que la pro-
fundidad del chaflanado. Sobre la guía
91
Fig. 26. Cepillado de un chaflán limitado.
Fig. 27. Cepillado de patas convergentes.
A
92
r
r-"---- -fl
se fija una superficie de madera con
topes atornillados que determinan el
comienzo y final de los chaflanes. La
madera se sostiene firmemente contra
el tope más próximo y el extre'mo más
lejano se va bajando lentamente contra
el árbol portacuchillas. Las cuchillas
tienden a agarrar la madera al hacer
esto pero el tope impide que la madera
sea lanzada hacia atrás y una vez la
madera descansa sobre las mesas cesa
la tendencia al agarre. La madera se
alimenta hacia adelante hasta alcanzar
el tope frontal. La figura 26 muestra
la labra de unos chaflanes limitados.
Convergencias. La mesa trasera se ni-
vela con las cuchillas como en el cepi-
llado normal y la mesa anterior se baja
una altura igual a la madera que se ha
de quitar del extremo más delgado. Se
coloca un tope en la mesa o en la guía
Tope
Guía
Fig. 27
de manera que las cuchillas comiencen
a trabajar justo cerca del punto deseado
como en (A) figura 27, quedando contra
el tope el extremo cercano de la made-
ra. La madera se empuja hacia adelante
como se muestra en (B).
Si debe labrarse en forma convergente
toda la longitud de la madera, el corte
debe comenzar cerca del extremo, por-
que es esencial que éste descanse so-
bre el labio de la mesa trasera. El tope
se sitúa de forma que por lo menos 6
mm. de madera descansen sobre el la-
bio. Si no se hace así se producirá un
fuerte retroceso.
Lijadoras
Hay dos tipos principales de lijadoras
usadas en el taller casero: de disco y
de banda. La primera se muestra en la
figura 28, siendo su empleo corriente el
ajustar las piezas más que el afinado
de las mismas. Por ejemplo es de valor
inapreciable para ajustar los ingletes,
después de serrados, o acabar a escua-
dra las testas de las piezas. Otro uso
es acabar los cantos de maderas de for-
Fig. 29. Util para ajustar varias piezas a la mis-
ma longitud.
Fig. 28. Ajustando una pieza de madera en la lija-
dora de disco.
mas curvas convexas. Naturalmente la
mesa debe estar en ángulo recto con el
disco, y la ranura que hay en ella debe
ser paralela al mismo. El tope de ingle-
tes se usa para guiar el trabajo y se des-
liza de un lado a otro para igualar el
desgaste del abrasivo. Sólo se usa la
parte descendente del disco, pues de
lo contrario la madera tiende a levan-
tarse.
Posiblemente el caso principal en que
se da un mayor ahorro de tiempo con la
lijadora de disco es cuando hay que
Fig. 30. Lijadora de banda con guía ajustable.
93
aj ustar a la misma longitud un cierto
número de piezas. Primero se escuadra
un extremo de todas las piezas soste-
niéndolas contra el tope de ingletes.
Luego se prepara un útil como en la fi -
gura 29 ; en él se corta un rebaje y su
longitud es tal que cuando se presiona
sobre el extremo de la pieza, toca al
borde de la mesa cuando la pieza ha
llegado a la longitud prevista tocando
al disco el extremo opuesto. Para usarlo
el útil se sostiene contra el extremo de
la pieza y se presionan juntos hacia ade-
lante hasta que el útil toca la mesa y el
disco deja de cortar. Para piezas gran-
des es aconsejable fijar el útil a la pie-
za mediante un gato.
Los ingletes se trabajan en la misma
forma que los extremos a escuadra,
pero con el tope de ingletes colocado
en el ángulo preciso. Si es necesario
puede hacerse un útil similar al de la
figura 29, pero con el corte del rebaje
acomodado al corte del inglete. En to-
dos los casos la cara de la moldura debe
colocarse hacia arriba de modo que el
asti llado que es inevitable se forme en
el dorso, donde será invisible. Los ingle-
tes compuestos con i nclinación en am-
bos sentidos, ancho y grueso, pueden
ajustarse con facil idad en la lijadora
de disco.
Renueve el papel abrasivo tan pronto
como deje de cortar, de ot ro modo sim-
plemente quemará la madera. Cualquier
adhesivo en fr ío puede producir buena
adherencia. Colóquelo sobre una super-
ficie plana con un peso encima, si es
necesario, para que el disco quede en
. estrecho contacto -con el papel. Pueden
emplearse papeles de lija que se venden
en discos especialmente para este f in
o papel de granate. Evite permitir que
se humedezca.
Lijadora de banda. Este tipo de lijadora
puede utilizarse para aj ustar igual que
la lijadora de disco, pero tiene dos ven-
94
tajas : su movimiento es rectilíneo, por
lo cual puede usarse para el trabajo de
alisar y pulir, para lo que la lijadora de
disco es inadecuada, y los tambores al-
rededor de los cuales pasa la banda de
lija permiten alisar superficies cóncavas.
La Fig. 30 muestra una lijadora de
banda.
Casi todas las lijadoras de banda están
provistas de un tope de algún tipo y
los modelos mejores están equipados
con una mesa ajustable. Cuando no lle-
van ésta, se puede construir una cuyos
detal les se adapten a las particularida-
des de la máquina. Puede incluir una
mesa que pueda disponerse con varias
inclinaciones de modo que puedan ajus-
tarse ingletes, etc. Invariablemente lle-
van incluido un dispositivo de alinea-
ción que asegura la permanencia de la
banda sobre los tambores.
Maquinas manuales
Así como el torno es la base de una
serie de dispositivos para serrar, ce-
pillar, lijar, etc. , el taladro eléctrico es
la máquina manual para la que se pue-
den obtener sierras, discos de lijar y .
muelas, aunque también existen má-
quinas portátiles para usos individuales.
El taladro eléctrico de pistola puede
utilizar brocas hasta de 6 mm. (los tala-
dros mayores y más pesados pueden
usar brocas de hasta 12 mm. pero su
uso para trabajar madera es limitado).
Desde luego, pueden utilizarse las bro-
cas para metal , pero es necesario mar-
car todos los agujeros con un punzón,
pues estas brocas no llevan punta de
centrar. Pueden obtenerse barrenas he-
licoidales especiales con el vástago ci-
líndrico, pero si hay dificultad para ello
puede serrarse la parte cuadrada ·de
acoplamiento al berbiquí de las ba-
rrenas normales. Muchas de estas ba-
rrenas tienen la punta de centrar en
forma de tornillo y debido a la velocidad
del taladro, tienen tendencia a clavarse
en la madera y si el agujero es grande la
máquina puede atascarse. Generalmen-
te se obtendrán resultados más satis-
factorios si se lima el gusanillo en forma
de pirámide cuadrangular, pues enton-
ces el avance del taladro puede hacerse
a la velocidad adecuada en cada caso.
Para agujeros ciegos y a escuadra es
aconsejable utilizar algún tipo de so-
porte para el taladro que permita bajarlo
contra la madera. Esto presenta dos
ventajas, el agujero puede hacerse per-
fectamente a escuadra o a cualquier
ángulo determinado y puede pararse a
la profundidad deseada sin necesidad
de comprobación individual.
Las puntas de pala o rápidas, figura 31 ,
utilizadas con el taladro eléctrico hacen
agujeros limpios. Son intercambiables
sobre un vástago común y trabajan con
una acción de rascado más que de corte.
Los cortes están afilados a un ángulo
bajo, lo cual tiene la ventaja de evitar
que se claven. Se afilan en una pequeña
muela.
En la figura 32 se muestra un pequeño
dispositivo de sierra ci rcular. Está pro-
visto de una galga de profundidad y una
guía ajustable y puede hacer cortes a
escuadra y en ángulo. La ventaja de
esta herramienta se encuentra en los
trabajos en los que es preferible llevar
la máquina sobre la madera y no vice-
versa.
Sierra de patín. Se muestra en la fi -
gura 33. Se utiliza para cortar curvas
y tiene la ventaja de poder hacer cortes
interiores. Es ideal para cortar madera
de 12 mm. o menos de grueso, pero
puede usarse ocasionalmente para cor-
tar trozos más gruesos. Puede usarse
en dos formas, seg ún el tipo de trabajo:
para serrar paneles grandes la sierra se
lleva sobre la madera, pero para pe-
Fig. 31. Punta de pala utilizada en un taladro el éc-
trico.
Fig. 32. Acoplamiento de sierra port át i l.
95
queñas piezas es mejor lo contrario; la
sierra se fija al revés sobre el banco o
en el tornillo y la madera se pasa por
ella.
Ujadoras. De los distintos tipos de lija-
doras portátiles, la más útil , en gene-
ral, para superficies planas es la orbital
Fig. 34. Utilización de una Iijadora orbital.
96
Fig. 33. Sierra portátil de patín o espada. Foto :
cortesía de Black and Decker Ltd.
(figura 34). Puede obtenerse como má-
quina individual o como un accesorio
para el taladro eléctrico. Este tipo no
gira en el sentido corriente de la pa-
labra y posiblemente la forma más sen-
cilla de describir su acción es imaginar
una serie de puntos de lápiz en la su-
perficie de la lija, cada uno de los cuales
se mueve girando en un pequeño círcu-
lo del orden de los 2 ó 3 m m. de diá-
metro.
Cepillo de fondos eléctrico de gran ve-
locidad. Esta máquina presenta gran-
des ventajas para trabajos tales como
rebajar huecos, ranurar, hacer rebajes,
molduras, etc. Sin embargo, es bastante
caro y por ello, además de por la difi-
cultad de adaptarle un amortiguador,
no se encuentra con frecuencia en los
talleres del artesano casero. Puede, sin
embargo, realizar trabajos que son difí-
Fig. 35. Corte de una ranura con el rascador de alta
velocidad.
Fig. 36. Realización de un rebaje con el accesorio
de rebajar Arcoy. El rebaje se hace mediante dos
cortes en ángulo recto.
ciles O incluso imposibles de hacer por
otros medios. En la figura 35 se muestra
haciendo una entalla.
Util de hacer rebajes. Es prácticamente
una pequeña sierra circular que se aco-
pia al taladro eléctrico. Hace los rebajes
mediante dos cortes formando ángulo
recto entre sí, como se muestra en la
figura 36.
Fig. 37. Corte de lazos con la escopleadora Arcoy.
Se muestra el accesorio de paso variable.
Escopleadora de lazos. Es una máqui-
na eficiente para labrar juntas de lazos,
cortando simultáneamente los huecos
y dientes. Además de los dispositivos
normales, existe un dispositivo de paso
variable, figura 37, que permite espaciar
los lazos en la madera de forma que nin-
guno quede cortado parcialmente en
un extremo. También existe un acopia-
miento para cortar lazos ranurados.
97
Siete
Construcción
Actualmente existe una tendencia cre-
ciente a utilizar materiales manufactura-
dos en lugar de madera maciza. Esto
sucede fundamentalmente por la casi
imposibilidad de obtener madera maciza
de las especies más atractivas de ma-
deras duras. En consecuencia se tiene
que usar el chapeado sobre una base
de tablero contrachapado, laminado o
conglomerado de virutas. Los cantos
se cubren con listones de madera ma-
ciza o se chapean. Solamente se hacen
con madera maciza patas, largueros
estrechos o piezas que deben ser la-
bradas en curva, torneadas o talladas.
Puesto que los materiales manufactura-
dos están libres de la tendencia al mo-
vimiento hay en los métodos de cons-
trucción una libertad considerablemen-
te mayor que cuando se usaba sola-
mente madera maciza. Por otra parte
cada uno de estos materiales tienen sus
peculiaridades que hay que t ener en
cuenta para su uso en la construcción,
especialmente en los t ipos de uniones
que deben usarse.
Elementos tales como puertas y piezas
de cajones se hacen frecuentemente
con estos materiales modernos, ya con
tableros chapeados listos para su uso
o chapeando posteriormente los paneles
base. Así las puertas lisas son popu-
lares, necesitándose solamente rebor-
dearlas o proveerlas de un canto sufi-
cientemente a n ~ R 8 Bara recibir las bi -
sagras o las ceFF guras, etc. Aunque
por otro lado, en determinadas circuns-
tancias, se prefieran puertas de paneles
para ciertos trabajos, también en este
caso, frecuentemente se emplea tablero
contrachapado para los paneles. Tam-
bién deben ser conocidos los métodos
de co'nstrucción tradicionales con ma-
dera maciza, especialmente por aquellos
a quienes atraiga la reproduccjón de
muebles.
Fig. 1. Listones encolados por los cantos y cha-
peados.
99
Un punto a tener en cuenta es que al -
gunos materiales modernos requieren el
empleo de máquinas para ser utilizados
eficazmente. Un ejemplo es el de los
tableros aglomerados que han de serrar-
se a medida en la sierra circular porque
es difícil y a veces imposible cepillar
límpiamente sus cantos. El cepillo
sólo levanta polvo y en cualquier caso
pierde su filo rápidamente debido a la
naturaleza abrasiva de los adhesivos
de aglomeración.
El corte con la sierra de mano deja los
cantos rugosos y el cepillado es esen-
cial. Es mucho más satisfactorio utilizar
la sierra circular que, en una máquina
adecuada, produce un corte recto y a
escuadra y con un acabado limpio. El
uso de una sierra con las puntas de los
dientes de metal duro evita el rápido
embotamiento de los dientes.
Hay otro punto relacionado con éste en
el uso de tableros ch'apeados por las
dos caras. El uso del serrucho, casi con
toda seguridad, producirá astilladuras
en la chapa trasera, por lo que cuando
sólo se pueda trabajar a mano deberá
darse el corte lo suficientemente sepa-
rado hacia la parte del desperdicio, para
poder eliminar posteriormente con el
cepillo la chapa astillada.
Los cortes se hacen mejor con la sierra
circular, dando a ésta la mínima pro-
yección por encima del tablero de
modo que los dientes salientes corten lo
más cerca posible de la línea del ta-
blero en vez de golpear hacia arriba con
lo que se aumentaría el riesgo de asti -
llar la chapa de atrás. El afilado de los
dientes es esencial , en casos muy i m-
portantes es cortar previa-
mente la chapa de atrás con el gramil
(o con el formón y una regla) de modo
que quede cortada la veta de la chapa.
No hay dificultad en acabar con el ce-
pillo el contrachapado o la madera lami-
nada.
100
Puertas lisas
General mente est án en concordancia
con las act uales ideas de diseño y se
han hecho posibles ampliamente, debi-
do a la introducción de materiales tales
como los tableros de contrachapado y
aglomerados que pueden obtenerse en
grandes paneles y están libres de con-
tracción.
Puertas alistonadas y chapeadas. En
tamaños pequeños puede seguirse el
sistema de la figura 1, que fue el origi-
nal para hacer estas puertas y a ún se
util iza con cierta extensión. Se emplea
madera de veta recta, seca y fiable. Los
listones de 50 mm. de ancho aproxima-
damente se encolan cant o con ca nto,
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1;
Fig. 2. Puerta de contrachapado o lami nado,
canteado y chapeado.
alternando la cara del corazón hacia
adelante y detrás. Se alisan las dos
caras y se recubren con chapas lisas
con la fibra al través. Sobre esta con-
trachapa se aplican las chapas vistas. Es
importante que a las dos caras se apli -
quen chapas de igual espesor. A veces
se omite la contrachapa, pero los re-
sultados no son tan seguros.
Tableros laminados o contrachapa-
dos. Estos se muestran en la f igura 1.
Cualquiera que sea el material ut ili zado,
las chapas de cubrir deben tener la veta
cruzada con la de la chapa exterior del
tablero. En el mejor sistema se usan
contrachapas como en la f igura 1, pero
con frecuencia se omiten. Ambas caras
deben tratarse por igual. Para ocultar
las diferentes capas en el borde se nece-
sita una tira de canto y en muchos casos
se coloca antes de chapear, porque pro-
duce un efecto de cont inuidad a ambas
caras. Sin embargo, si es previsible que
el panel esté sometido a mucho roce
en los cantos es mejor chapearl o prime-
ro. Así el canto proporciona protec-
ción y siendo tan estrecho no se ve in-
debidamente.
Los sistemas de disponer el canto se
muestran en (al, (b) y (c) de la figura 3.
El más sencillo, el de (al, tiene de 5 a 6
mm. de espesor y se encola todo alre-
dedor con las esquinas ingletadas. El
chapeado se hace sobre él. Un sistema
más fuerte es el de (b) que es amplia-
mente utilizado en la industria. Como,
sin embargo, la sección del canto es
bastante difícil de hacer a mano, de-
bido a que los dos rebajes deben ser de
igual profundidad, puede preferirse el
canto (c). En este caso sólo se necesita
una entalla y los rebajes en el tablero,
que forman la lengüeta son más fáciles
de trabajar por disponerse de mayor
superficie de apoyo. Los rebaj es pueden
marcarse con el gramil de corte y tra-
bajarse independientemente desde cada
cara.
Puerta de bastidor recubierto. El siste-
ma de la figura 4 se emplea con fre-
cuencia para trabajos pintados. En la
mejor forma de hacer, ambos lados se
cubren con contrachapado, aunque con
frecuencia se omite la trasera. Los tra-
vesaños intermedios son deseables para
evitar la tendencia de los paneles a hun-
dirse localmente. Cuando se recubren
las dos caras, a veces se presentan com-
plicaciones debido a la desigualdad de
condiciones del aire necesariamente
atrapado entre los paneles y el aire de
la atmósfera circundante ; para evitarlas
pueden trasladarse una serie de aguje-
ros en los travesaños, como se muestra
en la figura. El tablero frontal puede aca-
barse enrasado con los cantos del bas-
tidor o dejarse sobresalir, como en (d)
figura 3; esto es útil en cuanto forma un
rebaje y ayuda a impedir el paso de pol -
vo. Alternativamente puede usarse el
tablero ajustado hacia adentro de (e)
figura 3.
Puertas de bastidor. Consisten en un
armazón principal, ensamblado con unio-
nes a caja y espiga y uno o más paneles
ajustados en ranuras o rebajes. La idea
es que el armazón proporcione la resis-
tencia, siendo los paneles simples pie-
zas de relleno. Si estos son de madera
maciza tienen libertad para moverse en
las ranuras si se produce contracción o
dilatación.
Panel en ranuras. El tipo de panel en ra-
nuras se muestra en la figura 5. Se usa
principalmente para puertas pintadas
en lo que no hay dificultad para la apli -
cación del acabado ya que se usa la bro-
cha. Es inadecuado para un acabado
barnizado a muñeca en cuanto es qifí-
cil trabajar frotando en los cantos in-
ternos y rincones. Según sea el tipo de
trabajo el panel será preferentemente
de contrachapado, madera laminada o
madera maciza.
Fíjese en que el ranurado corta auto-
101
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Fig. 3 e
Retalón
b
Fig. 4. Puerta de bastidor con paneles encola- Fig. 5. Panel encaj ado en ranuras. Nótese cómo
dos sobre él. el ret alón llena el ext remo de la ranura.
102
rrt b ~
Puede
dejarse
retalón
Fig. 6. Puerta con bastidor moldurado y rebajado.
máticamente la espiga por su parte in-
terior; consecuentemente la mortaja
debe disponerse correspondiendo a esta
posición interior. Otro punto a señalar
es que en la parte exterior de la espiga
se deja un retalón, como en (a). para lle-
nar la ranura que necesariamente re-
corre todo lo largo del montante.
Puerta moldurada y rebajada. Es am-
pliamente utilizada en trabajos de mue-
bles con acabados barnizados ya que el
panel puede barnizarse separadamente
y ser colocado después. En los mejores
trabajos los cantos frontales son mol -
durados en la madera maciza, como en
(b) figura 6 (a diferencia de una moldura
aplicada). y un hecho esencial es que
la base de la moldura está al nivel del
rebaje como se muestra. Esto es así
para que al cortar la parte de la moldura
que corresponde a la junta quede una
superficie plana para apoyar los espal -
dones de la espiga.
Cuando se traza debe tenerse en cuenta
que la distancia entre espaldones se
toma desde el rebaje no desde el canto
de los montantes. Esto parece bastante
obvio después de moldurar y rebajar,
pero no está tan claro de antemano,
cuando la madera a ún está solamente
escuadrada. Se puede lograr una obra
más fuerte si se hace un retalón en la
parte inferior, donde se sugiere en (a) .
Para el trabajo barato la moldura se apli -
ca separadamente (c) figura 6, siendo
ingletada en las esquinas. Es más rá-
pido de hacer porque solamente se ne-
cesita un bastidor cepillado a escuadra
y la moldura puede adquirirse lista para
su aplicación. Un uso más justificado
de este recurso se da cuando se requi -
re una moldura sobresaliente como en
(d) que no puede trabajarse fácilmente
en la madera maciza.
Panel rebajado. Cuando el panel se hace
103
a
dejarse
reta Ión
Fig. 7. Puerta con panel en rebaje.
rebajado y sin moldura se emplea la
unión de (b) figura 7. Esta exige espal -
dones corto y largo en la espiga, el de
detrás es más largo que el de delante
en la profundidad del rebaje. También
en este caso puede ser ventajoso dejar
un talón. En todos estos ejemplos los
ensambles se trazan y cortan pri mero;
esto es seguido del rebajado o ranurado,
la moldura se labra después. El ingle-
tado (como en 'a; f igura 6) es el proce-
so final y se realiza durante el armado.
Construcción de una puerta de basti-
dor. La figura 8 muestra el proceso ge-
neral. Los detalles se adaptan de acuer-
do con el tipo particular de puerta a
construir. En el ejemplo dado en (a) el
bastidor es rebajado y moldurado y la
unión utilizada puede ser la que se mues-
tra en (d) de la pág. 122. Habiendo ce-
pillado a medida los montantes y trave-
saños, trace con el gramil la profundi-
dad del rebaj e y la moldura (l os dos son
iguales). Sosteniendo un montante con-
104
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J 11, \ \\
tra el armazón del armario (b) marque
con lápiz la altura de la puerta, aña-
diendo 1,5 mm. para el cepillado y ajus-
te. Para marcar la distancia entre es-
paldones de los travesaños coloque los
dos montantes sobre la parte inferior del
armazón, coloque sobre ellos el trave-
saño como en (c) y traslade la línea de
los rebajes, aumentando también 1,5
mm. aproximadamente.
Para asegurarse de que los montantes
sean parejos deben unirse temporal-
mente con gatos como en el (a) y trazar
a escuadra a través de ambos. Fíjese
en que además del ancho total del tra-
vesaño deben trazarse a escuadra la
profundidad del rebaje y la entrada de la
mortaja en el extremo. Estas dos últi-
mas marcas nos dan la longitud de la
mortaja, todas las marcas deben pasar-
se a lápiz.
Un procedimiento similar se sigue con
los travesaños, pero utilizando la cuchi-
Marcar
1,5 mm más
J
Travesaño
Montante

f..---
Medida entre
espaldones
a
Entrada de Altura de
I t 'a la PUerta
a
I I I longitUd de I
I a mOrtaja
del travesaño
Fig. 8. Cómo se marcan las piezas para hacer una
puerta : a, dónde se toma la medida entre espaldo-
nes en un bastidor moldurado y rebajado.- b, mar-
cado de la medida del montante.- e, longitud entre
espaldones del travesaño.- d, trazado de la posi-
ción de las mortajas en los montantes.- e, escua-
drado de los espaldones.
L
"'

Marcar 1,5 mm. más
allá de los trazos de
gramil
Q r1
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Travesaño

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105
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4
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3
2
Fig. 8. f , orden en que deben cepillarse los can-
tos de la puerta.- g, cómo se inclina el canto de
cierre.
lIa de marcar o un formón (e). Después
se separan las piezas y se vuelve el tra-
zado alrededor de cada pieza indepen-
dientemente. El talón de la escuadra
debe apoyarse siempre en la cara o
el canto buenos.
Sigue el corte de las espigas, después
de lo cual se trabaja el rebaje y final-
mente la moldura. Las quijeras no deben
serrarse hasta que estas dos últimas
operaciones no se hayan terminado. El
ingletado de la moldura se hace utili -
zando la plantilla de ingletes seg ún se
explicó en la pág. 76.
106
Después de armar el bastidor se igualan
las juntas y se acopla la puerta en el
orden indicado en (g). Si después de ce-
pillar el canto n.o 1 para acoplarlo al ar-
mario, la puerta es apreciablemente de-
masiado ancha, cepille el exceso repar-
tiéndolo por igual entre los dos cantos
opuestos, de lo contrario la puerta que-
daría desequilibrada. Lo mismo debe
hacerse con los cantos de arriba y abajo.
Puertas grandes
Puertas con travesaños y tirantes. La
forma más sencilla de puerta es la del
tipo que puede hacerse para una barra-
ca. Consiste en una serie de tablas ma-
chihembradas, corrientemente de 22
mm. de grueso o menos si es una puerta
ligera, unidas por piezas de mayor grue-
so -digamos de 32 mm.- clavadas
transversalmente. Para evitar que se
descuelgue, se añaden unos tirantes
en diagonal , como en la figura 9, que se
encajan en entallas cortadas en los tra-
vesaños. Es improbable que el ancho
coincida con un número exacto de ta-
blas y la forma de proceder es alcanzar
el ancho por exceso y eliminar éste re-
partido entre las dos tablas extremas,
así el efecto queda equilibrado. Re-
cuerde que en cualquier caso la ranura
y la lengüeta de los cantos libres de es-
tas tablas extremas deben eliminarse.
Puede suceder, ocasionalmente, que en
los lados queden unos listones muy es-
trechos, en cuyo caso es aconsejable
reducir el ancho de todas las tablas, re-
haciendo la ranura si es necesario o, lo
que es mejor, eligiendo un ancho de
tabla más conveniente.
Prepare los travesaños recordando re-
meterlos si es necesario dejar espacio
para las jambas de la puerta. Bisele o
chaflane las aristas como se muestra.
Los travesaños se colocan generalmen-
Fig. 9. Puerta de travesaños y tirantes.
Fig. 10. Travesaños fijados a un montante.
o
e
'" o
Q)

Q)
Q)
el
107
/
/
~
te en el interior, pero en caso de que
vayan en el exterior la arista inferior
debe dejarse a escuadra y practicar en el
'canto inferior una. ranura de goteo o go-
terón. Es conveniente hacer las entallas
para recibir los tirantes antes de fijar
los travesaños, es un trabajo sencillo
de serrar a través y cortar con formón
las entallas inclinadas. Clave los tres
travesaños en un montante, como en la
figura 10, compruebe el escuadrado y
108
;
- - -'
---\
Fig. 11 . Puerta con bastidor, travesaños y tiran-
tes y construcción de la misma.
dé la vuelta al conjunto. Con lápiz y
regla marque las posiciones y clave las
tablas punzonando las cabezas hacia
dentro. En esta forma los clavos pasan
a través del material más delgado hacia
el más grueso.
Vuelva otra vez la puerta al revés y cor-
te los tirantes para que ajusten bien en
las entallas. Clávelos desde la otra cara,
habiendo trazado líneas de lápiz como
guía. En todos los casos incline los
clavos, cuando sea posible, para evitar
rajaduras.
Puerta con bastidor, travesaños y
tirantes. Estas se usan en trabajos de
mejor clase. Se arma un bastidor con
uniones a caja y espiga y se ajustan ti -
rantes para evitar que se descuelgue.
Sobre una cara se clavan tablas machi -
hembradas como en la figura 11 .
El travesaño superior y los montantes
tienen un rebaje para recibir las tablas
de machihembrado, pero los travesaños
central e inferior están adelgazados en
la medida equivalente al espesor del ta-
blero y tienen espigas enrasadas a la
cara. En (a) se muestra el ensamble del
travesaño superior ; fíjese en los es-
paldones cortos y largos, el frontal llega
hasta el rebaje. Las espigas enrasadas
de los travesaños central e inferior se
muestran en (b). Todas están tomadas
a todo el ancho y apoyadas por la cara
de fuera.
Suponiendo que las tablas tengan una
junta en V en las uniones, el bastidor
principal debe chaflanarse antes de ar-
mar, para un mejor aspecto. El chaflán
del travesaño corre a todo lo largo, pero
el de los montantes debe terminar en la
junta y se acaba con un corte a inglete
de albañil hecho en la madera maciza,
después de encolada. Los tirantes se
cortan a la medida y se clavan con un
clavo en el canto por cada ext remo.
El machihembrado debe ser lo más
plano posible. Cualquier reducción del
ancho que sea necesaria debe repartir-
se por igual entre las dos tablas de los
lados. Clávelo en posición y rehunda
las cabezas de los clavos.
Puertas lisas. Las hay de muchos tipos.
Un modelo atractivo con o sin panel
de cristal se muestra en la figura 12.
Se construye un bastidor principal con
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b
Fig. 11 . a, ensamble de caj a y espiga de arri -
ba.- b, espiga enrasada a la cara del travesaño
central.
juntas a caja y espiga y se encolan ta-
bleros de contrachapado por las dos
caras. Para prevenir el hundimiento en-
tre los travesaños se colocan un cierto
número de tablillas. También se pone
un taco en el que pueda tallarse la mor-
taja para la cerradura y montantes que
hagan posible el corte de la ventana
circular. Por último se añaden cantos
con lengüeta. en parte para un mejor
acabado y también para proteger los
cantos de la chapa.
109
Es esencial que el bastidor esté comple-
tamente libre de alabeo y también que
el conjunto se mantenga completamen-
te plano cuando se encolan y prensan
los paneles. De otra forma se perpetua-
ría el alabeo.
Puertas correderas
Hay muchos sistemas de disponer estas
puertas.
Puertas de madera maciza. Un método
sencillo para las puertas de madera se
presenta en (a) de la figura 13. Consiste
en un rebaje suficientemente ancho pa-
ra contener las puertas y una tira de
separación entre ellas. Es práctico hasta
cierto punto, pero las superficies des-
lizantes son amplias y en consecuencia
hay mucho roce ; además el desgaste
se produce en la superficie del canto
de la propia puerta y eventualmente
puede formarse una desagradable mar-
ca. El uso de grasa de velas como lubri -
f icante ayuda a dismi nuir la fricción.
La tira de separación se inserta des-
pués de colocadas las puertas en posi-
ción. Haga un ajuste fuerte y utili ce so-
lamente uno o dos puntos de cola de
forma que no exista una dificultad in-
necesaria para desmontarla. Si se pre-
fiere, la tira de arriba puede fijarse per-
manentement e de antemano. La de aba-
j o puede ser de dos trozos con una
pequeña junta de empalme ; uno solo
de los trazos se encola permanentemen-
te, con lo cual se permite que puedan
introducirse las puertas y deslizarlas
hacia un lado, después de lo cual se
coloca la segunda pieza sujetándola
con dos puntos de cola.
Las puertas más ligeras, de contracha-
pado, pueden disponerse como en (b).
Las ranuras superiores son el doble de
profundas que las de abajo de forma
que las puertas pueden levantarse y es-
t irarse hacia afuera para desmontarlas.
110
I
para ce-
rradura
Fig. 12. Construcción de una puerta li sa.
Como alternativa puede emplearse una
guía de sección ranurada (c) inserta-
da en un rebaje.
Guías y correderas especiales. Para
puertas pesadas se usan con frecuencia
las guías y correderas de bolas de la
figura 14. Las correderas pueden colo-
carse en el canto inferior como en (a)
y (b) y la guía se atornilla en un rebaje
en el suelo del armario. Si se puede co-
locar un tapajuntas la disposición mos-
trada es satisfactoria. En caso contrario
debe ranurarse el canto inferior de las
[
l
a
Fig. 13
o b
Fig. 15
,; ~
~ ' ' t - - - - - - .. -
Fig. 13. Puertas correderas : a, puertas macizas
en rebaje.- b, puertas de contrachapado en ra-
nuras.- c, guía de ranuras.
Fig. 14. Distintas disposiciones de correderas
de bolas y guías metálicas.
Fig. 15. Guías y correderas de fibra , silenciosas.
puertas, de modo que se ajuste bien
sobre las guías, como en (e). En la
parte superior hay simples lengüetas
de madera. Una variante sencilla es la
trasera de las puertas y se atornillan a
ellas ; éstas se deslizan en ranuras y
- pueden atornillarse después de colo-
cadas las puertas en posición. De esta
forma las puertas pueden desmontarse
con facilidad.
Un dispositivo de especial buen resulta-
do son las guías y correderas de fibra
de la figura 15. 'Las guías de fibra se
d
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~ ; ' ¡
!, I ~
e
e
Fig. 14
introducen en ranuras en el bajo del
armario y cuando puede ponerse un ta-
pajuntas las correderas se colocan en un
simple rebaje en el canto inferior de la
puerta. Sin embargo, un sistema mejor
es hacer ranuras en el canto inferior de
las puertas para que éstas ajusten ce-
rradamente con el suelo del armario,
como en la figura 1 6. Una variante es
la del esquema de la figura 17, usado a
menudo en puertas de contrachélpado
grueso; primero se introducen las len-
güetas de arriba y luego se coloca la
tira inferior en trozos separados.
111

( ,
, '
Fig. 16. Variante del montaje de guías y corre-
deras de f ibra.
Fi g. 17. Puertas correderas con ranura y len-
güeta arriba y abajo.
Puertas de cristal. Un sist ema sencill o
se muestra en la figura 18, en el cual se
hacen ranuras abajo y arriba que propor-
cionan un ajuste libre. Debe observarse
que las ranuras superiores tienen una
extra, que permite levant ar
las puertas y dejarlas caer en las de aba-
jo. Esto permite desmontar las puertas
en cualquier momento. Un deslizamien-
to bastante más suave puede obtenerse
colocando t i ras de f ibra en el fondo de
las ranuras inferiores, como se muestra
a la izquierda. Otra alternativa es en-
colar t iras de fieltro a lo largo de las ra-
112
Fig. 18. ' Puertas correderas de cristal . deslizán-
dose en ranuras.
nuras, pero esto no produce un desl iza-
miento tan bueno.
También -se pueden obtener canales es-
peciales de fibra o metal , como los de la
figura 19. En ambos casos se hace una
ranura ancha arriba y abajo para recibir
las canales como un conjunto.
Una última palabra en relación con cual -
quir diseño que presente tiras salientes
en el suelo ; es un buen plan hacer que
ambas tiras salientes finalicen por un
extremo unos 50 mm. antes del final
m
LU
Fig. 19
m
~
Fig. 19. Ejemplos de guías de fibra.
Fig. 20. Armario pequeño con frente de persia-
na de tambor.
de la puerta de forma que el fondo pue-
da fácilmente limpiarse de polvo.
Persianas de tambor
Una persiana de tambor consiste en una
serie de listones estrechos encol ados
sobre un respaldo de lona. Los extre-
mos se introducen en ranuras practica-
das en el mueble, figura 20, y pueden
correr a lo largo de una curva de radio
razonablemente grande. Generalmente
sólo pueden emplearse curvas convexas
(con la lona por la parte interior) porque
las juntas se pueden abrir cuando la
persiana pasa alrededor de la curva. Al -
gunas persianas, especialmente las que
equipaban los antiguos escritorios, tie-
nen alambres que atraviesan las tablillas
para mantenerlas juntas, en lugar de
lona ; esto hace más fácil el uso de la
persiana la cual puede doblarse en los
dos sentidos ya que el punto de giro
está en el centro de la madera en línea
con el alambre.
Variedad de secciones. En la figura 21
se presentan algunas secciones de per-
sianas. La más sencilla es la (a) que en
este caso se presenta chapeada pero
puede usarse con listones macizos. Para
esto último es práctica corriente utilizar
listones de madera clara y de madera
oscura alternados.
Cuando se usa chapa, como en (a), la
veta se toma al través y se usa una sola
hoja de chapa de forma que la veta es
continua. Para hacer una persiana así,
el trabajo se prepara de un ancho sufi -
ciente para cortar todos los listones,
uniendo dos o más piezas ; entonces se
chapea y después se corta en listones,
numerando cada uno de modo que pue-
dan colocarse en el mismo orden, guar-
dando así la continuidad del veteado.
Para evitar la curvatura por tiro, se cha-
pean las dos caras.
Cuando se necesita una sección mol-
durada, los listones se preparan de mo-
do que cada uno forme una sola moldu-
ra, a menos que éstas sean muy estre-
chas, en cuyo caso pueden hacerse dos
en cada listón como en (b). Puede com-
probarse que tanto en este caso como
en el de (a) las juntas se abren necesa-
riamente cuando la persiana pasa sobre
una curva. Por regla general esto no im-
porta porque la persiana está oculta
alrededor de la curva. Cuando esto no
puede disponerse así es aconsejable
113
a
b
d e
Fig. 21 . Diferentes secciones adecuadas para
persi anas de tambor.
emplear una sección que se solape, co-
mo la vista en (c) .
Una sección bastante más limpia es la
de (d), en la cual la pequeña curva está
trazada con el mismo centro de la curva
de la lona de respaldo; así las dos pie-
zas ajustan limpiamente una con otra,
sin embargo, es una sección complica-
da para trabajarla a mano. La sección
(e) es una simple variante de la (c),
mientras que la (f) tiene la ventaja de
poder curvarse en los dos sentidos.
Armado de una persiana de tambor. Es
necesario construir un tablero de mon-
taje sobre el que se puedan colocar las
piezas juntas como se muestra en la fi -
gura 22. El tablero está rebordeado por
tres lados con listones clavados, cuya al -
tura es algo menor que el espesor de
los listones de la persiana. Estos últi -
mos deben tener todos exactamente el
mismo grueso y sus cantos deben estar
cepillados perfectamente a escuadra y
rectos. Antes de colocarlos en posición
114
frote los cantos con un trozo de cera de
vela, para evitar que se adhiera cual -
quier rastro de cola que pueda penetrar.
Se colocan uno al lado de otro y la pieza
de cuatro cantos se sitúa al final ; ésta
debe ser apretada ligeramente con un
gato y luego clavada, lo cual lleva a
todas las piezas a juntarse cerrada-
mente.
Para evitar cualquier tendencia de las
piezas a levantarse por la presión colo-
que un batiente a través de la cara de
las piezas de la persiana hasta que se
hayan introducido los clavos en la pieza
del fina l. En todo caso sólo se necesita
una ligera presión.
Para el respaldo utilice una pieza de lona
fina de buena calidad. Estírela lo más
posible pasándola atrás y adelante so-
bre un canto redondeado de un palo
recto. Fíjela en uno de los bordes del
tablero con unas cuantas tachuelas y
dóblela hacia afuera. Encole las piezas
de la persi ana, eche la lona recta a su
Fig. 22
Fig. 23
Corte
de grami l
Fig. 24
Piezas de la persiana
Fig.
Fig. 22. Tablero de montaje utilizado para colocar
la lona.
Fig. 23. Piezas en posición y lona prensada enci-
ma.
Fig. 24. Cómo se rebajan los extremos de los listo-
nes.
Fig. 25. Cómo se asegura la lona al final de la per-
siana.
=
115
través hasta el extremo más alejado y
sujétela con una o dos tachuelas. Alise
cualquier arruga de la lona y coloque
un tablero encima fijándolo con gatos
(figura 23). Una hoja de papel evita
que se pegue al tablero cualquier escu-
rridura de cola que pueda producirse.
Con frecuencia es innecesario utilizar
tablero de prensa, alisándose simple-
mente la lona con la mano. Aseg úrese
de que todas las arrugas se han elimi-
nado.
Ajuste. Deje un tiempo amplio para
asentarse la cola y pruebe el movimien-
to, asegurándose de que se abre cada
junta. Entonces se cepillan los extre-
mos de modo que entren en la ranura. A
veces la ranura es más estrecha que el
espesor de las piezas de la persiana y
se hace un rebaje en la cara de ésta,
como en la figura 24, formando un es-
paldón. La ventaja de esto es que la
ranura queda enteramente disimulada
por el espaldón incluso después de un
desgaste considerable. Esto es especial-
mente útil para piezas de persiana mol-
duradas en las que de otra forma la ra-
nura sería visible en los entrantes. Para
hacer el rebaje, corte la cara de la per-
siana con el gramil de corte y utilice el
cepillo de espaldones o de cuchilla al
frente.
Cuando la persiana está colocada sobre
una forma curva que sea visible es co-
rriente emplear listones moldurados
que se encolan planos. La ligera aber-
tura en la curva se ve muy poco. Sin
embargo si se requiere una sección
plana, como la (a) de la figura 21, es
preferible ajustarla sobre un camón que
tenga la misma curvatura que la obra,
como se muestra en la figura 26. Los lis-
tones se cortan unos 38 mm. sobreme-
dida de largo y se colocan de cara hacia
abajo en el camón. Al cepillar las juntas
el soporte de cepillar se ajusta para que
los cantos queden ligeramente fuera de
escuadra lo cual asegura una junta más
116
cerrada cuando las piezas están en la
curva. La primera pieza se coloca con un
par de clavos entrados a medias, se co-
locan una media docena de listones
apretándolos entre sí y otra pieza cla-
vada. Puede dar vuelta de lado al camón
para comprobar por debajo si las juntas
están bien cerradas en la cara.
Por regla general la pieza final se hace
más ancha, lo cual permite fijar un ti -
rador en ella. La lona se encola hasta la
mitad de ella dejando un final libre de
50 a 75 mm. Este se enrolla en un listón
o tira que se atornilla detrás fijando así
la lona. Una variante consiste en ator-
nillar el listón simplemente encima de la
lona.
Ranuras para la persiana. Las ranuras
en que corre la persiana deben ser he-
chas corrientemente con el formón. La
guimbarda puede usarse para acabar e
igualar la profundidad del fondo y para
las partes rectas puede fijarse una guía
que permite usarla como acanalador. No
haga las curvas demasiado cerradas.
Como regla general es necesario hacer
las ranuras algo más anchas en las cur-
vas para que la persiana pase fácilmen-
te. Naturalmente debe haber un lugar
(generalmente detrás) por el que la per-
siana pueda introducirse (ver figura 27) ;
éste puede ser bloqueado después de
colocada la persiana o puede ajustarse
un tope. A veces es posible hacer un
forro separado para el mueble en el cual
se hacen las guías. El acanalador Tech-
nikos es útil para labrar las ranuras,
especialmente curvas circulares planas.
La herramienta se muestra en uso en la
figura 28.
La persiana no debe montarse definiti-
vamente hasta que ella y el mueble no
hayan sido pulidos y barnizados porque
sería imposible pulirla límpiamente.
De hecho en el caso de una persiana
moldurada deben pulirse los listones
sueltos antes de encolar el respaldo de
lona.
Fig. 26. Camón para montar listones para una cur-
va.
Fig. 27. Ranuras en las que corre la persiana de
tambor.
De otra forma es imposible alcanzar los
arranques con el taco de lijar. Cuando
ya está todo acabado y se ha probado
el funcionamiento los extremos de la
persiana se lubrifican con grasa de vela ,
con lo que se hará más fácil el desliza-
miento y más silencioso.
Construcciones
de cajones
En su mejor forma los cajones se cons-
truyen con las juntas enlazadas y en los
buenos trabajos de ebanistería estas
uniones a ún se hacen manualmente.
La figura 29 muestra en (a) el trazado
de un cajón en su forma corriente. Los
lazos ocultos del frente tienen los dien-
tes reducidos casi a un punto, lo que
produce una limpia apariencia. Fíjes;e
en que, ya el fondo del cajón debe en-
cajarse en una ranura del frente, ésta
debe hallarse dentro de la última cola
de milano (vea las líneas de puntos);
si no fuese así aparecería un hueco
en los costados. Los costados no están
ranurados ya que se usan molduras ra-
nuradas aplicadas, vea las secciones
(b) y (c). Por detrás el fondo ajusta de-
bajo del canto inferior escuadrado de la
trasera.
En el caso de cajones pequeños de poca
altura en los cuales se requiere la má-
Fig. 28. Trabajando una ranura curva con el acana-
lador Technikos.
117
b c
xima profundidad, el fondo se coloca
enrasado con los cantos inferiores de
los costados, encajado en un rebaje. Esto
exige un pequeño diente cortado a es-
cuadra en la parte baja de los extremos
de los costados, como se muestra en
(d), figura 29. A veces los costados del
cajón han de prolongarse más allá de la
trasera, en cuyo caso se emplea la ra-
118
Fig. 30. Forma de ajustar el frente (a)
y los costados (b) de un cajón.
Fig. 29. Diseño de cajones con
uniones enlazadas.
nura en lazo mostrada en (f) que tiene
tope en la parte de arriba. En (a) el fondo
se presenta prolongado por atrás; esto
es necesario únicamente si se utiliza
madera maciza, para permitir correr el
fondo hacia adelante en caso de con-
tracción. Si se utiliza contrachapado o
tablero de fibras puede acabar enrasado
con la trasera.
Construcción de un cajón. Cepille el
frente del cajón para ajustarlo cerrada-
mente en el hueco (a, figura 30). A
esto ayuda hacerlo ligeramente conver-
gente, no más que el espesor de una vi-
ruta fina. Cepille primero el canto infe-
rior y luego un extremo para alinearlo
al hueco. Marque la longitud, cepille
para ajustarla y finalmente cepille el
canto superior. La trasera se trata de
forma similar, pero su anchura es menor
debido a que descansa sobre el fondo
del cajón, y debe medirse desde arriba.
Cepille los cantos inferiores de los cos-
tados y luego los extremos a escua-
dra, haga los dos costados parejos, y
cepille el canto superior hasta lograr un
ajuste suave (b, figura 30). Sigue la
construcción de las juntas enlazadas
(ver pág. 114) Y después de armado se
ajusta el cajón antes de añadir el fondo.
Un sistema conveniente para cepillar
sin peligro de que el cajón padezca se
Fig. 31 . Tablero atornillado al ban-
co que facilita el acabado de los ca-
jones.
muestra en la figura 31 . Una buena lu-
brificación es frotar grasa de vela en
frío sobre las superficies de roce, pero
ésta no debe usarse hasta después del
acabado.
Una alternativa rápida y barata es seguir
la construcción de la figura 32. En el
frente se hace una unión con rebaje y
una ranura sencilla en la trasera. El con-
junto se arma con cola y clavos, estos
deben introducirse inclinados de modo
que converjan unos con otros a ma-
nera de lazos.
Bastidores
de ventana
Es raro que u n artesano casero necesite
hacer una ventana para la casa, pero a
menudo necesita una para la caseta
del jardín o el garaje. En la figura 33
se presenta el bastidor y marco de una
ventana ligera de doble hoja.
Marco. Está hecho según se muestra en
la figura 34. Los montantes y el trave-
saño superior se unen mediante una
simple j unta en rebaje. En la parte infe-
rior los montantes se acoplan al umbral
Fig. 32. Construcción senci lla de un cajón.
que está cepillado por el lado de fuera
de su parte superior, para darle pendien-
te. Bajo el canto frontal hay un goterón.
Hay que cortar un sencillo alojamiento
para recibir los montantes y es aconse-
jable hacerlo antes de cepillar el chaflán
para poder utilizar la guimbarda o cepillo
de fondos.
Hojas. Para hacerlas se emplea una
sección estándar. Se utiliza el ensam-
\
T
i
I
I
I I
Fig. 33. Hojas de ventana y su marco.
119
Fig. 34. Cómo está hecho el marco.
ble de la figura 35, y puede observarse
que en lugar del retalón de ebanistería
hay un encaje. El ancho de la mortaja
se hace igual al ancho del escuadrado
central. Se usan espigas acuñadas al
través y el chaflán se une en punto de
pluma en vez de a inglete. Fíjese en
que el chaflán ha sido eliminado frente
a la espiga para permitir espaldones
iguales en la espiga. La moldura de
cierre central se acopla en un rebaje
como en la figura 33, y ello requiere
120
Fig. 35. Ensamble para las hojas.
hacer rebajes en cada hoja. Es necesa-
rio biselar los cantos inferiores para
alinearlos con la inclinación del umbral.
.
,
Ocho
Uniones
El número de uniones usadas en el tra-
bajo de la madera casi da vértigo si se
tienen en cuenta las variantes de deta-
lles y tamaños. Sin embargo uno sólo
debe molestarse con las relativamente
pocas uniones básicas, y nosotros da-
mos éstas en las páginas siguientes.
Su aplicación se encontrará en los dise-
ños de objetos a construir.
Ensamble caja y espiga. Las principales
clases se muestran en las figuras 1 y 2.
Generalmente el grueso de la espiga se
hace igual a un tercio del grosor de la
pieza y es cuestión de seleccionar el es-
coplo cuya medida sea lo más cercana
a esto. Así, para una pieza de 19 mm.
se usa un formón de 5 mm.; para made-
ras de 22 y 25 mm. es adecuado el de
8 mm.
En las figuras 1, 3 y 4 se muestra un
ensamble de caja y espiga sencillo y la
forma de hacerlo. En principio cuando
hay que realizar una serie de ensambles
relacionados, como por ejemplo para
una puerta, todas las espigas deben tra-
zarse al mismo tiempo, escuadrando
juntas todas las líneas de las quijeras ;
esto se explica más detalladamente en
la página 88, donde se trata de la cons-
trucción de las puertas. Aquí sin em-
bargo, para mayor claridad, daremos
el procedimiento para una sola unión.
Escuadre el ancho del travesaño a tra-
vés del canto del larguero como en (b)
de la figura 3, trazando con lápiz; fíjese
en que todo se traza invariablemente
partiendo del extremo de la madera de-
jando un trozo de sobrante para dismi -
nuir cualquier tendencia a rajarse de la
madera (a). Se traza una tercera línea
para señalar la longitud de la mortaja.
Ahora ajuste las puntas del gramil de
mortajas a la anchura del escoplo a utili-
zar (c) y fije la guía de forma que las
puntas queden lo más centradas posi -
ble sobre el canto de la madera (en el
caso de bastidores con rebaje las mor-
121
c
a
Retalón
d
Franqueo
Fig. 1. Variantes del ensamble a caja y espiga: a, caja y espiga en esquina (puede añadirse un re-
talón como en c) .- b, caja y espiga en bastidor rebajado, obsérvese los espaldones corto y largo.- c,
caja y espiga en un bastidor rebajado y moldurado.- e, caja y espiga enrasada a la cara.- f , caja y
espiga acuñada al través.- g, caja y espiga doble con lengüeta.- h, caja y espiga para bastidor de
ventana.- i, caja y espiga enrasada a la cara.
122
-'
a
d
Fig. 2. Más ejemplos de ensambles a caja y espiga : a, caja y espiga para pata y travesaños, se pre-
sentan las variant es del retal6n, las espigas se cortan en ángulo para encontrarse en el interior de la
pata.- b, espigas dobles para t ravesaños de cajones.- c, espigas dobles para bastidores pesados.-
d, dentado recto para divi siones de armazones, etc.
123
1
Espiga
Mort aja
a
Fig. 3. Caj a y espiga : a, ensamble acabado.- b,
trazado.- e, ajuste del gramil. - d, mortajado.
tajas se hacen generalmente alineadas
con el rebaje). Marque la madera (c) con
la guía frotando sobre el lado de la
cara.
La mayor parte del desperdicio de la
mortaja puede eliminarse taladrando con
una barrena algo más delgada que el
ancho de la mortaja. Esto se muestra
claramente en la página 31. El mor-
tajado se muestra en (dl. figura 3. La
madera se fija sobre una parte sólida del
banco, poniendo un tornillo de apriete
en el extremo con una madera de des-
perdicio bajo el tornillo ; esto reduce el
124
riesgo de que la madera se raje. Haga
el primer corte cerca de la mitad, pene-
trando sólo un poco. Desplace el esco-
plo un poco y haga otro corte, esta vez
más profundo y vaya trabajando así
hasta llegar a 1 mm. del final. Un trocito
de papel f ij ado en el escoplo muestra
la profundidad a la cual se toma el es-
coplo.
Dé la vuelta al escoplo y repita el pro-
ceso en la otra dirección. Apalancando
hacia arriba con el escoplo se elimina
el desperdicio del centro, finalmente se
corta sobre las líneas de lápiz mante-
b
Fig. 4. Ensamble a caja y espiga : a, trazado de
los espaldones.- b, c, corte de la espiga. - d,
cort e de las quijeras (esquijerado) .
niendo vertical el escoplo. Estos cortes
finales eliminan los extremos aplastados
por la acción de apalancar con el es-
coplo.
Los espaldones de las espigas se es-
cuadran volviendo el trazado todo alre-
dedor, con el formón o una cuchi lla co-
mo en (al. figura 4. Mantenga siempre
el talón de la escuadra sobre los lados
de la cara y el canto de la madera. Mar-
que el ancho de la espiga con el gramil
de mortajas, apoyado también en la
cara. Deben marcarse los dos cantos y
la testa. Para serrar sujete la,.rnadera en
el tornillo con una cierta inclinación (b)
y sierre por el lado del desperdicio de la
línea del trazado. Para completar el
corte dé la vuelta a la madera, como en
(cl. esta vez manteniéndola vertical.
Una espiga bien cortada debe encajarse
tal como queda sin otra atención.
Para posibilitar el serrado de las quijeras
haga un corte inclinado con el formón
del lado del desperdicio como se mues-
tra en el detalle de (d). Esto proporciona
una canal en la que puede correr el se-
rrucho. Por último marque el trozo que
debe eliminarse del lado de la espiga y
125
Utilaje de enclavijar Record.
Utilaje de enclavijar Woden.
126
b
Fig. 5. a, junta a tope reforzada con clavijas. - b,
unión enclavijada para bastidor.- c, útil para en-
tallar las clavijas.
córtelo. Cuando se arma el ensamble
es aconsejable colocar un tornillo de
apriete en el extremo de la mortaja para
prevenir el que se raje. En algunos casos
se deja ·un retalón en la espiga como en
la figura 1 (c) .
Uniones enclavijadas. Aunque éstas
tienen un lugar legítimo en algunos
trabajos, a menudo son usadas como un
sustituto rápido de los ensambles a caja
y espiga en algunos tipos de bastidores
como en la figura 5 (b). Los silleros usan
clavijas frecuentemente para unir los
travesaños del asiento a las patas. Aun-
que hay distintos procedimientos para
trazar estas juntas el método usado
principalmente en la actualidad es el
empleo de una plantilla especial para
clavijas. El único trazado requerido con
este útil es una línea de centros, es-
tando las clavijas equidistantes de los
dos lados. Aparte del ahorro de tiempo
en el trazado, la barrena es guiada por
Fig. 6. Ensambles a media madera, a tenaza, con lengüeta, en rebaje, etc.: a, a media madera en es-
quina. - b, a media madera en T.- c, a media madera en cola de milano.- d, a media madera en
cruz.- e, a tenaza.- f, de lengüeta suelta y ranura. - g, rebaje simple. - h, de lengüeta y ranura en
ángulo.
127
los casquillos que se insertan en la plan-
ti lla y los aguj eros quedan con ello per-
fectamente alineados. Existen distintas
medidas de casquillos para que se adap-
ten a las diferentes medidas de barre-
nas. El útil se muestra en (d) y (e) figu-
ra 5.
Debe hacerse una entalla a lo largo de
todas las clavijas para permiti r la salida
del exceso de cola cuando se introdu-
cen ; sin esto se corre el riesgo de raj ar
la madera. Una forma sencilla de hacer
esta ranura es el uso del útil que se
. muestra en la figura 5 (c). En una pieza
de madera dura se hace un agujero algo
mayor que la dimensi ón de la clavija y
se i ntroduce un tornill o de manera que
su punta sobresalga en el interior del
agujero. La vari lla para las clavij as se
empuja a pasar por este agujero antes
de cortarla y la punta del torni ll o hace la
ranura.
Otro detalle es, que es aconsejable ave-
llanar ligeramente los agujeros pues la
cola es difícil de quitar cuando se han
introducido las clavijas. Tambíén es una
ayuda el que las clavijas estén li gera-
mente chaflanadas porque facilita el co-
mienzo de su entrada en los agujeros.
Existe un afilador especial de clavij as
para el berbiquí.
Ensambles a media madera. Son em-
pleados en la construcción de bastido-
res, etc. a menudo como un sust ituto
de los ensambles a caj a y espiga. Se uti-
lizan principalmente para unir piezas
demasiado delgadas pa ra ensamblarlas
a caja y espiga. Las posiciones en que se
usan son manifiestas en la figura 6 (a, b,
c y d) . En los casos a, by c se t raza con
el gramil una línea de cent ro, part ien-
do de la cara y seguidamente se da un
corte al lado sobrante de la línea. La
línea de espaldón se t raza al través
con formón o cuchilla y se corta una en-
talla inclinada si milar a la de la espiga
(d) figura 4. Cuando la unión ha de so-
128
portar alg ún esfuerzo (como en el asiento
suelto de una silla, por ejemplo), debe
ser encoladas y atornilladas. En el caso
de media madera en cruz (d) las piezas
pueden justo apretarse con la mano ;
un ajuste demasiado fuerte puede pro-
ducir deformaciones.
La unión en tenaza (e) se aplica cuando
un banco, mesa o pieza similar tiene
tres patas en el frente. El travesaño su-
perior se hace de una sola pieza y la
pata central se embrida en él.
La unión de ranura y lengüeta suelta (f)
se utiliza cuando se necesitan juntas
resistentes en tablas encoladas por los
cantos (tableros de mesas, extremos de
armazones, etc.). La unión en rebaje
(g) se usa a menudo como una alterna-
tiva sencilla de las uniones de lazos
ocultos; necesita ser encolada y clavada.
La (h) se usa en forma similar pero no
es muy satisfactoria debido a lo corto
de la fibra en la testa que puede fácil -
mente astillarse.
Uniones en entalla. Las entallas simples
(a) figura 7 se usan principalmente para
estantes, divisiones, etc. Cuando su apa-
riencia en el frente es indeseable, la
ranura se hace oculta como en (b). En
el caso de (a) la entalla es fácil de hacer.
Se trazan a escuadra dos líneas a tra-
vés de la madera con el formón o la cu-
chilla; se cortan entallas inclinadas hacia
el lado del desperdicio y se trabaja en
ellas con el serrucho de espigar. Se es-
coplea el grueso del desperdicio y se
alisa el fondo con la guimbarda.
Con las ranuras ocultas no es tan sen-
cillo. El sistema es labrar un hueco in-
mediatamente junto al extremo cerrado,
como en la figura 8. Esto permite al se-
rrucho trabajar en cortos golpes hasta
alcanzar la profundidad. El sobrante se
quita con el escoplo o el formón y la
guimbarda, como en el caso anterior.
e
h
Fig. 7. Ejemplos de uniones en ranura, ingletes, etc: a, en ranura en cola de milano. - d, en ranura en
cola de milano acuñada.- e, inglete simple.- f , inglete con lengüeta.- g, inglete con llaves de cha-
pa.- h, inglete enclavijado.
129
Fig. 8. Serrado de los lados de una ranura ocul -
ta .
Fig. 9. Guía para serrar ranuras en cola de mila-
no.
Para una unlon más resistente puede
usarse la de ranura en cola de milano
(c) . Puede cortarse a todo lo ancho, co-
mo se muestra, u oculta de modo similar
a (b) . Como guía para mantener el se-
rrucho con el ángulo correcto puede fi -
jarse un taco de madera al lado de la
línea, como en la figura 9, bien con
un gato o clavándolo.
Casi igual de fácil de cortar y ciertamen-
te más sencilla de ajustar es la unión de
ranura en cola de milano en cuña oculta
(d). Su ventaja consiste en que está
completamente suelta hasta que se in-
130
traduce completamente en posición.
Esto hace mucho más fácil determinar
dónde necesita retoque.
Uniones a inglete. El inglete simple se
muestra en (e) figura 7. Según su ta-
maño se corta en el bloque o en la caja
de ingletes. Frecuentemente los ingletes
pequeños pueden encolarse directa-
mente después de serrados, pero los
mayores es necesario cepill arl os en el
soport e de cepill ar ingletes, (b) pág. 17.
En (f). (g) y (h) se presentan varias for-
mas de ref orzar ingletes. La pri mera y la
úl t ima se utilizan principalmente para
bastidores, mientras que la (g) se usa
para reforzar cajitas ingletadas para cha-
pear. Se hacen cortes de sierra a través
del inglete y se encolan en ellos astillas
de chapa que se enrasan después de
seca la cola.
Juntas de lazos en cola de mi lano.
Estas son las más resistentes para es-
tructuras tales como cajas, etc. Cuando
la apariencia no importa los lazos al des-
cubierto (a) figura 10, es la forma más
sencilla y resistente. La de lazos semi -
ocultos (b) se ut iliza cuando una cara
debe ser lisa, como los costados de un
armazón, los f rentes de cajones, etc. En
l a forma (c) la junta queda oculta excep-
t o una delgada línea de veta de testa
formada por la solapa. En (d) la junta
queda enteramente disimulada.
En (e) se muestra, la aplicación de lazos
semiocultos a la unión de un t ravesaño
superior a un cost ado de armario con
montante en la esquina. La disposición
(f) es para un armazón ancho en el que
los lazos estrechos de los ext remos im-
piden a la madera ondularse hacia afue-
ra. Para una pieza inclinada formando
un cierto ángulo se sigue la disposición
mostrada en (a).
El proceso de cortar lazos vistos se
muestra en la figura 11. El grueso de la
a
\
\
Fig. 10. Diferentes tipos de juntas de lazos: a, lazos vistos o sencillos.- b, lazos semiocultos.- c, la-
zos ocultos con doble solapa. - d, junta a inglete con lazos ocultos.- f , lazos semiocultos para un ar-
mazón, observe los lazos estrechos para evitar que la madera se curve hacia afuera en los extre-
mos.- g, lazos en ángulo.
131
Fig. 11. Fases del trazado y corte de una junta de lazos : a, junta terminada.- b, t razado con el gra-
mil de corte. - c, serrado de los lazos.- d, escipleado de los lazos.- e, trazado de los machos par-
tiendo dé los lazos. - d, serrado de los machos.
132
madera se marca con gramil , como en
(b). Cuando los gruesos de las piezas
son diferent es, se marca el de cada una
en la otra. No corte profundamente,
pues la marca debe ser luego eliminada
cepill ando. Trace a lápiz las posiciones
de los lazos. Si la posición es import an-
te se miden y t razan con una plantilla.
La inclinación es de 10 mm. en 60 mm.
como se muestra en la figura 12. Colo-
que la madera en el tornillo formando
ángulo de modo que el serrucho quede
vertical y corte hacia abajo como en
(c) . Marque cruces en las piezas sobran-
tes. La mayor parte de éste puede qui -
tarse cortando con la sierra de pelo has-
ta aproximadamente 1 mm. de la línea.
Corte el sobrante como se muestra en
(d). Haga una entalla inclinada sobre la
línea del gramil (1) Y corte hacia abajo
a 1 mm. de la línea (2). Haga un corte
incli nado (3) de modo que no estropee
el rincón formado. Repita el proceso
justo en la línea del gramil (4) y final -
mente vuelva la pieza del otro lado (5)
para acabar el corte.
Sujete la pieza de los dientes eh el tor-
nillo y sitúe en posición sobre ella la
pieza con los lazos como en (e) ; un trozo
de desperdicio en la parte de atrás pue-
de mantenerla en posición correcta.
Pase una punta de trazar alrededor de
los lazos, según se muestra y corte co-
mo en (f) . El serrucho debe sostenerse
justo en el lado del desperdicio de la
marca, lo cual proporciona un cómodo
ajuste apretad0 a mano. Fíjese en las
cruces que indican las partes de desper-
dicio, éstas hacen aparentes los t rozos
a eliminar. La talla· se hace como para
los lazos. Antes de armar los cant os in-
teriores de los lazos se recortan ligera-
mente con el formón según (a) de modo
que el comienzo de la entrada se facilite.
La unión de lazos semiocultos se corta
de forma similar, pero los dientes sólo
pueden tallarse desde un lado. En la
unlon a i nglete con lazos ocultos, pri -
mero se han de labrar los dientes, pues
de lo contrario no puede trazarse una
pieza a partir de la otra.
Uniones de armazones. Cuando se em-
plea madera maciza en la construcción
de un armazón, tal como el cuerpo de un
armario, la junta de lazos semiocultos se
usa en los trabajos en los que se desea
ocultar las juntas, como se muestra en
(a) figura 13, donde se supone que exis-
tirá un tablero superior separado que
cubrirá los lazos. En los costados la so-
lapa de los lazos oculta la unión. Una
variante utilizada a veces en la parte su-
perior es el uso de largueros delante y
detrás, con refuerzos angulares en las
esquinas encolados en los cantos inte-
riores, como en (b) . Si no hay impedi-
mento para que se vean las j untas se
puede utilizar una junta de lazos sen-
cilla (c). en cuyo caso debe hacerse bo-
nítamente espaciada y límpiamente
cortada. En el caso de un cuerpo que no
tenga tapa suelta encima y cuyas juntas
deban ocultarse se usa la unión de lazos
ocultos (d) . En ésta la única indi ca-
ción de la junta es la delgada línea de
veta de testa visible en el cost ado. A
veces, para trabajos baratos, se usa la
junta (e). que es una simpl e junt a en
rebaje encolada y clavada, a la que en
algunos casos se añade en las esqui nas
interiores un refuerzo en ángulo enla-
zado como el que se muestra en la fi -
gura 17.
Tableros prefabricados. Se incluyen en
estos los tableros de contrachapado, los
alistonadas y los de viruta aglomerada ;
cuando se usan son indispensables t éc-
nicas de construcción especiales. En un
sentido tienen la ventaja de estar libres
de la contracción o dilatación caracte-
rística de la madera maciza. Por el
contrario su construcción significa a
menudo que las juntas normales no
pueden usarse. El método de la figura
14 es útil para los tableros de contra-
133
E
E
o
<D
Fig. 12
134
Fig. 14
10mm
Ust ón de canto
Madera maciza
A
Fig. 12. Inclinación normal de los lazos.
Fig. 13. Juntas enlazadas para armazones : a, a
todo el ancho de la tapa.- b, travesaños con re-
fuerzos angulares. - c, con lazos vistos. - d, con
lazos ocultos.- e, junta en rebaje simple.
Fig. 14. Travesaño macizo ensamblado a cola
de milano a tablero contrachapado o alistonado.
Fig. 15
Fig. 16
Fig. 17
/
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11111/1'"
a
a
b
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b
Tacos para
/ " " ' ~ el apriete
/ '-
/ '-
b
Fig. 15. a, taco en esquina atornillado a un ar-
mazón de contrachapado.- b, el mismo con jun-
ta en rebaje.
Fig. 16. a, taco en esquina unido con ranura y
lengüeta al contrachapeado. - b, inglete con len-
güeta.
Fig. 17. Refuerzos de rincón enlazados.
135
chapado gruesos y para los alistonados.
En la parte superior se disponen trave-
saños delante, detrás y posiblemente
en el centro, ensamblados con colas de
milano. Esto puede hacerse con éxito si
se usan colas de milano algo grandes.
Los cantos de los costados se recubren
con listones y lo mismo los cantos de la
tapa que se sujeta con tornillos pasan-
tes por los travesaños. Si se hace un li-
gero rebaje alrededor de la cara inferior
de la tapa se logra un aspecto atractivo.
Otro método adecuado también para
contrachapado y alistonado es el que se
muestra en la figura 15. En (a) las piezas
se juntan a tope simplemente y el ángu-
lo se refuerza con un taco encolado y
atornillado. Un sistema algo más limpio
es el de (b) en el que la tapa está re-
bajada y sólo se ve en el costado una
línea fina del contrachapado ; el taco
encolado se coloca como en el caso
anterior y está representado en línea
de puntos.
A veces el diseño permite el uso de un
taco con doble ranura, y lengüetas en
la tapa y el costado según (a), figura 16.
Si se prefiere el efecto de esquina en
redondo puede hacerse (líneas de pun-
tos). De un efecto más limpio es la
unión en inglete con lengüeta (b) , f igu-
ra 16. Sin embargo las ranuras son difí-
ciles de hacer a mano, porque la corta
veta del contrachapadQ tiende a chas-
carse bajo la acción de la guimbarda.
No obstante si se dispone de una sierra
circular o un cepillo de fondos de alta
velocidad, pueden lograrse en esta for-
ma una unión muy resistente. Temporal-
mente pueden encolarse unos tacos
triangulares para permitir el apriete con
los gatos durante el armado.
A veces resulta ventajoso en las uniones
a tope, en rebaje o en inglete usar re-
fuerzos como en el de la figura 17. Estos
se encolan y atornillan delante y detrás,
como en (a) . Están ensamblados con la-
136
Fig. 18. Uniones para tableros alistonados : a,
de lazos grandes.- b, en rebaje y atorni llada.
Fig. 19. Acoplamiento atornillado.
zas y cuando se cortan los lazos es ven-
tajoso aj ustar el gramil por debajo del
grueso de modo que cuando se arman
las piezas, las testas de los lazos y los
dientes quedan rehundidas ligeramente,
como se muestra en (b), figura 17. Si
no se hace así, la madera, con su ten-
dencia a contraerse en el grueso puede
ocasionalment e hacer que
los lazos y los dientes produciendo el

,
aflojamiento de la unlon. En algunos
muebles este sistema de refuerzo puede
usarse con madera maciza, tal como en
la junta en rebaje de (e) figura 13.
A veces pueden usarse lazos gruesos
para unir tableros alistonados, como en
(a) figura 18. Esto sin embargo depende
en gran manera de la dirección de la
veta en el material. También pueden
usarse tornillos adornados, como en (b),
para los tableros alistonados. Debe te-
ner en cuenta, sin embargo, que esto
sólo puede practicarse cuando el núcleo
del tablero rebajado tiene la fibra al tra-
vés, como se muestra ; de lo contrario
los tornillos entrarían de testa y no ha-
rían buen agarre.
En el caso de algunos tableros de aglo-
merado chapeados, el único sistema
realmente practicable es usar los aco-
piamientos atornillados especiales, mos-
trados en la figura 19. Los acopiamien-
tos, de dos piezas, se atornillan en el
ángulo de las piezas a unir. Los pernos
llevan las piezas a juntarse apretada-
mente.
137
Nueve
Herrajes, etc.
Cerraduras
Existen muchos tipos de cerraduras he-
chas para fines especiales. La figura 1
muestra las más corrientemente usa-
das : las (al, (bl, (cl, (d) , (dl, (f) y (g)
son cerraduras para muebles y las (hl, (j)
Y (j) cerraduras para puertas de vivien-
das.
Clases de cerraduras. La (a) es la cerra-
dura recta de armario, la cual se atornilla
por la parte interior de la puerta y no es
engorrosa. La mayoría de estas cerra-
duras trabajan por los dos lados y por
ello pueden usarse para puertas que
abran a la derecha o a la izquierda. La
cerradura entallada (b) es mucho más
limpia, pero requiere un rebaje en la
madera. Como el pasador sale en un
solo sentido la cerradura debe pedirse
" izquierda'· o " derecha". Para determi -
nar cual necesita, mire la puerta de
frente desde fuera. Si la cerradura está
a la izquierda necesita una cerradura de
" mano izquierda". La cerradura que se
muestra es de mano izquierda.
De forma similar es la cerradura para
cajón (f); que debe colocarse en el fren-
te del cajón. La cerradura para cajas
(g) también se encaja en la madera,
pero además tiene una placa que debe
encajar y atornillarse en la tapa.
La cerradura (d) es conocida como ce-
rradura de eslabón y se usa para puertas
de armario que cierren sobre los cantos.
La cerradura se incrusta en la cara pos-
terior de la puerta y la placa de eslabón
en el canto frontal del armario. El esla-
bón pasa por la ranura y el pasador atra-
viesa el eslabón; como el pasador se
proyecta a izquierda y a derecha puede
usarse en ambos lados. Para puertas
correderas se utiliza la cerradura (e). La
cerradura (n) se usa para puertas corre-
deras de cristal ; la cremallera se sujeta
en el cristal trasero con un tornillo de
presión y el cierre suelto se coloca sobre
139
CI>
°e
~
f
el
~
h
Fig. 1. Ejemplos de cerraduras y pasadores usa-
·dos en mobiliario y puertas de viviendas.
140
"
..
0)
~
d
..
,
..
ella impidiendo que se muevan los dos
cristales. En (1) y (m) se muestran dos
tipos de cierres de bola y (k) es un pasa-
dor empotrado para puerta de habita-
ción.
De las cerraduras para puertas de casas
la más sencilla y barata es la de lado (hl.
que se atornilla simplemente, aunque en
algunas hay una placa sobresaliente por
lo que debe rebajarse la madera en los
cantos. En (j) se muestra un modelo de
cerradura Yale, en el que la parte em-
potrada se reduce al mínimo. L:l ce-
rradura empotrada (j) se coloca en una
mortaja en el canto de la puerta.
Colocación de una cerradura entallada
Este tipo es usado extensamente en los
muebles. L:ls fases de su colocación se
muestran en las figuras 2 a 7. Se traza
a escuadra en la cara y el canto de la
puerta una línea de centro. Se ajusta
el gramil a la distancia desde la placa
lateral alojo de la llave, como en la fi -
gura 2, y se traza sobre la línea. Esto
proporciona la posición del ojo de la ce-
rradura y seleccionando una barrena de
medida que proporcione un ajuste fuerte
a la parte redonda del escudo que hace
un taladro que atraviese la puerta. Se
coloca el escudo en posición como en
la figura 3 y se da un ligero golpe con
el martillo, marcando una huella de la
forma, cuyos lados se cortan con la
sierra para agujeros de cerradura. El
desecho se corta con un formón o es-
coplo estrecho.
Coloque la cerradura con el centro del
ojo nivelado en la línea y marque la
puerta alineada con el cuerpo de la ce-
rradura, como se muestra en la figura 4.
Ajuste un gramil al grueso del cuerpo
de la cerradura incluyendo la placa y
trace sobre el canto de la puerta. De
forma similar trace el fondo de la cerra-
dura en el dorso de la puerta. Esto
le dará la posición y extensión de la
madera que debe eliminarse, haga una
serie de cortes de sierra a través da la
fibra tan profundos como lo permita el
trazado, figura 5. L:l puerta debe suje-
tarse en el banco con gatos. Quite el
sobrante con el formón como se mues-
tra cortando hacia abajo en los lados y
el respaldo, en éste último debe hacerse
con cuidado para evitar que se astille a
lo largo de la veta. Saque de nuevo el
sobrante.
Sitúe la cerradura en posición asegu"'
rándose de que el ojo está nivelado con
el agujero y trace los extremos de arriba
y abajo con la cuchilla de marcar. Es de
poca utilidad marcar los lados de la pla-
ca., pues en esta fase la cerradura no
puede introducirse hasta su posición
correcta. La forma más simple de trazar
estos lados es emplear el gramil junto
con una pieza de desecho con las caras
paralelas. Ajuste el gramil a la placa
del canto con la pieza colocada sobre la
cerradura, luego coloque la pieza sobre
la puerta y trace como se muestra en la
figura 6; la pieza de desecho debe ser
más larga que la cerradura. L:l placa
trasera se traza de forma similar. L:l
figura 7 muestra el rebaje completo.
Atornille la cerradura y pruebe el accio-
namiento de la llave. Para encontrar la
posición del rebaje que hay que cortar
para recibir el pasador, se hace salir
éste y se unta su cara con una pintura
adelgazada o, por ejemplo, con el aceite
sucio de la piedra de asentar. Retroceda
el pasador y cierre la puerta. Ahora gire
la llave tanto como pueda ; esto hará una
marca sobre el costado del armario que
debe cortarse con un formón o escoplo
estrecho.
L:ls cerraduras de los cajones se acoplan
de forma similar, pero el agujero de la
llave está vuelto en sentido perpendicu-
lar al canto. También puede ser nece-
sario el uso del escoplo para cerraduras
(pág. 12) cuando el espacio es reducido.
En el caso de la cerradura para cajas
(g) figura 1, es necesario también fijar
141
Fig. 2. Gramilado de la posición del agujero de
llave.
-
Fig. 5. Corte del encaje.
Fig. 6. Trazado de la posición de la placa.
142
Fig. 3. Colocación del escudo .
..
-
Fig. 4. Marcado de la posición del cuerpo de la
cerradura.
-----------
Fig. 7. Encaje terminado.
l
ji
(j
o
Fig. 8. Cerradura empotrada al canto y su mor-
taja.
Fig. 10. Trazado de los agujeros de la llave y el
tirador.
144
Fig. 9. Trazado preliminar.
Fig. 11 Taladrado correcto de los agujeros.
Fig. 12 Idea en el ajuste de la placa de canto.
la llave y el tirador y atornille la cerra-
dura. Eventualmente, algunas cerradu-
ras llevan dos placas en el canto, la de
fuera sujeta con tornillos para metal.
Esta debe quitarse siempre que se haya
de repintar.
Ajuste de la placa de golpeo. Para fijar
la placa de golpeo, cierre casi la puerta
y trace líneas donde inciden los pes-
tillos. Traslade las marcas a escuadra
sobre el rebaje de la jamba. Ahora,
abriendo la puerta y sacando los pesti -
llos unte su cara con aceite sucio de la
piedra de asentar. Retire los pest illos y
cierre la puerta apretando fuerte. Saque
los pestillos lo más que pueda de modo
que dejen una huella en la jamba. E ~ t o
da la posición de la placa de golpeo, la
cual puede situarse ahora alineada con
la parte superior de las marcas y trazar
una línea en todo su contorno. Trabaje
siempre partiendo de arriba, porque así
se posibilita el ajuste cuando posterior-
mente caiga la pUE}rta. Atornille la placa
en el rebaje y escoplee los agujeros
para los pestillos. Puede encontrarse
con que una parte de la placa ' sobresale
hacia el frente, esta parte debe doblarse
hacia el lado, en parte para facilitar el
cierre del golpe y además para evitar
que se enganchen los vestidos de cual-
quiera que pase.
Bisagras
Tipos de bisagras. En la figura 13 se
muestran algunos de los tipos de bisa-
gras y pernos más corrientes. De estos
la bisagra de canto (a) es el tipo más
usado en la construcción de muebles,
ventanas, puertas interiores, etc. Está
prevista para incrustarla en la madera
y su forma relativamente estrecha la
hace apropiada para los cantos de las
puertas. La de aletas (b) es simi lar pero
más ancha y se usa para tapas de escri-
torio abatibles, alas de mesa, etc. , don-
de hay bastante anchura. Para el tipo
especial de ala de mesa con junta en
redondo, se usa la bisagra (c) ; fíjese
en que los agujeros están chaflanados
por la parte opuesta al pasador y que
un ala es más larga que la otra para so-
brepasar la ranura.
La bisagra de adorno (d). conocida a
veces como bisagra de mariposa se
atornilla plana sobre la superficie sin
incrustarla. Para cantos estrechos se
usa -la bisagra de tira (e) . La bisagra de
bellotas (f) se usa cuando por alguna
razón la bisagra sobresale de las puer-
tas; las bellotas de los extremos tienen
un efecto ornamental. Cuando el centro
de giro ha de estar en la esquina exterior
de una puerta que cierra sobre la carta
de un armario se emplea el perno al
canto (g); éste permite a la puerta abrir-
se sin sobresalir hacia e1 costado. El que
se muestra en (h) fiene un efecto simi-
lar.
145
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Fig. 13. Tipos corrientes de bisagras para distintos fines: a, bisagra sencilla de canto.- b, bisagra de
aletas con respaldo.- e, bisagra para alas de mesa.- d, bisagra de mariposa.- e, bisagra de tira.- f ,
bisagra abellotada. - g, pernio de canto. - h, pivote desplazado.- e, compás.- j, compás angular.-
k, bisagra reversible. - 1, pernio de elevación.- m, bisagra oculta.- n, bisagra de guarnición.- o, bi -
sagra de piano.
146
a
a
b
El compás (j) se emplea colocado arriba
y abajo cuando los pUl1tos de gi ro en
los extremos no son accesibles. El tipo
de compás angular (j) lleva además el
centro de giro a otra posición. Para ele-
mentos tales como biombos se emplea
la bisagra reversible (k) ; la distancia
entre los pasadores tiene que ser igual
al grueso de la madera, si este grueso
es mayor la bisagra puede bloquearse.
Los pernios de elevación (1) se utili -
zan en una puerta que deba salvar una
alfombra en el centro de la habitación;
se hacen de mano derecha e izquierda,
para determinar ,de qué mano se nece-
sitan se mira de frente la puer ta por
fuera; si las bisagras quedan a la dere-
cha se necesitan de mano derecha y vi -
ceversa. La bisagra oculta (m) se incrus-
ta en juntas de canto de, por ejemplo,
un tablero de mesa y es completamen-
te invisible en la superficie ; la hoja
puede girar 1 80 grados. La bisagra de
guarnecer travesaños (m) se emplea
para puertas exteriores grandes de tra-
Fig. 14 Puerta cerrando sobre los cantos, la arti -
culación se encaja totalmente en la puerta.
Fig. 15. Puerta encajada : a, bisagra encajada
por igual en la puerta y el costado.- b, articula-
ción encajada totalmente en la puert a.
vesaños y tirantes. La bisagra de tira
(o), conocida también como bisagra
de piano se usa para tapas abatibles de
gran anchura.
Situación de las bisagras de canto.
Estas bisagras pueden colocarse de va-
rias formas seg ún la disposición y deta-
lles de la puerta. En (a), figura 14, la
puerta cierra sobre la cara del amario,
si se prefiere puede encajarse por igual
en la puerta y en el cuerpo del armario.
Sin embargo, corrientemente se sigue
el sistema mostrado en (a), porque, ge-
neralmente se hace un acanalado a lo
largo del canto de la puerta, para un
acabado más limpio y la articulación
de la bisagra se alinea con él. La arti-
culación se aloja completamente en la
puerta; pero, para que la apariencia sea
más limpia y evitar que todo el esfuerzo
cargue en los tornillos, es corriente cor-
tar un encaje inclinado en el canto del
armario. Fíjese en que sólo el borde
de abertura se encaja en él, mientras
147
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~ ~ ~
a
Fig. 16
que en el lado de la articulación la ma-
dera no llegar a cortarse. En (b) se
muestra cómo se marcan sobre la puer-
ta y el armario las medidas tomadas
de la bisagra.
Cuando la puerta está encajada entre
los costados del armario puede seguirse
uno de los sistemas presentados en la
figura 1 5. En (a) la puerta está enrasada
con los cantos de los costados y la bi -
sagra se encaja por igual en la puerta
y en el costado. En (b) la puerta está
remetida y la articulación de la bisagra
se aloja totalmente en la puerta, mien-
148
Fig. 16. Embisagrado de la tapa de una caja ; las
bisagras se encajan por igual en la tapa y la caja.
Fig. 17. Trazado de la posición de las bisagras
en el canto de una puerta.
Fig. 18. Ajuste del gramil a la articulación.
tras que en el costado se hace sólo un
rebaj e inclinado para la aleta. Para
permitir a la puerta un giro de 180 gra-
dos el pasador de la bisagra se sitúa a
mitad de la distancia entre la cara de
la puerta y el canto del costado.
Las cajas se embisagran de modo simi-
lar a las puertas, pero por regla gene-
ral las bisagras se encajan por igual en
la tapa y la caja como muestra la figu-
ra 16, que muestra también el movi-
miento de apertura.
Pernios de elevación. Estos, (1) figura
13, se usan para puertas de habitación
J
/'
"
y su función es levantar la puerta por
encima de una alfombra central. Se
hacen de tamaños correspondientes a
los de las bisagras corrientes y pueden
por ello usarse para reemplazar éstas.
Un punto a tener en cuenta es Que son
derechos o izquierdos y Que deben pe-
dirse de mano adecuada. Un bastidor
previsto para pernios de elevación tiene
su parte superior rebajada en ángulo
para permitir la subida. Cuando el rebaje
es a escuadra, comq cuando se utilizan
bisagras normales, es imprescindible
cortar la esquina de la puerta si se co-
locan pernios de elevación. Esto no se
Fig. 19. Serrado previo del encaje.
Fig. 20. Fases de la talla.
Fig. 21. Traslado de las posiciones al armario.
ve cuando la puerta está cerrada, por-
Que el rebaje oculta la esquina. Los per-
nios deben engrasarse periódicamente
para facilitar el movimiento.
Colgar puertas. Decida la posición de
las bisagras y trácela a escuadra sobre
el canto como en la figura 17. No hay
regla sobre esto, pero como idea gene-
ral se suele tomar una distancia de los
bordes igual a la longitud de la bisagra.
Para trazar el ancho y profundidad ajus-
te el gramil a la propia bisagra, como
en la figura 18. No sobrepase, al trazar,
las líneas de lápiz. Sierre a través jus-
149
Cl avando los ángulos ingletados de un marco de cuadro.
to hasta cerca de la diagonal del traza-
do, como se muestra en la figura 19;
los cortes intermedios sirven para rom-
per la fibra y así evitar astilladuras al
cortar. Corte en los extremos (a) figura
20, con un formón afilado y quite el
material sobrante. Finalmente iguale el
fondo plano como se muestra en (b).
Fije las bisagras con solo dos tornillos.
Coloque la puerta en posición, traslade
las posiciones de las bisagras al arma-
rio según la figura 21 , trace y corte los
encajes de forma similar. Fije las bisa-
gras con un solo tornillo cada una y en-
saye el movimiento. Lleve a cabo cual-
quier rectificación necesaria antes de
añadir los tornillos restantes. El canto
de cierre de la puerta debe formar un
ligero ángulo hacia dentro, de lo con-
trario tiende a trabarse cuando se abre.
Bisagras reversibles. Estas, (k) figura
13, permiten a un biombo abrirse en las
dos direcciones. Tienen articulaciones
en los dos cantos y es importante que
el grueso de la madera sea igual a la
150
distancia entre los dos pasadores. Si
la madera es más gruesa el biombo se
atasca cuando se abre ; si es más del -
gada quedará una separación en la jun-
ta cuando se abre ; éste es el menor
mal de los dos, pero en el caso de un
biombo de tocador esto significa que
no es completamente efectivo.
Clavos y tornillos
Clavos. De la gran variedad de clavos
hechos para fines especiales los que
se muestran en la figura 22 son los más
útiles para el trabajo de la madera en
general.
Las puntas de París (a) tienen un fuer-
te agarre y se emplean en posiciones
en las que sus grandes cabezas no sean
inconvenientes. Por esto son usadas
en carpintería , etc. Un clavo similar
pero con la cabeza más pequeña es co-
nocido como clavo de cabeza perdida
(6) . No tan fuerte pero de cabeza más
pequeña y menos propenso a agrietar
a
b
g
e
e
--
, -
d
h
l _____ ~
Fig. 22. Tipos de clavos de uso diario ; a, Punta
de París.- b, de cabeza perdida.- c, clavo ovala-
do.- d, clavo cortado. - e, punta de tablero.- f ,
punta para chapa.- g, tachuela.- h, clavo de ta-
picero.- i, clavo cortado de enganche.
Agujero de paso,
ajustado suave
Calibre
e----
Aguj ero de rosca
Fig. 23. Tipos corrientes de tornillos y cómo se
toma su tamaño: a, avellanado.- b, de cabeza
redonda.- c, avellanado de gota de sebo.- d,
cabeza Phillips.- e, detalles de los agujeros para
tornillos.
151
clava con el diámetro mayor del óvalo
alineado con la veta. Las puntas (e) son
los clavos de uso general en el trabajo
de ebanistería, como son delgadas
y tiene la cabeza pequeña, no son de
tan mala apariencia y no son propensas
a rajar la madera. Una variante más pe-
queña es la punta para chapa (f); aparte
de su uso para el chapeado es maneja-
ble para pequeñas molduras, etc.
Los clavos cortados (d) se usan general -
mente en carpintería. Similares pero
algo más pesados son los clavos de en-
tarimar. Ambos tipos tienen la ventaja
de no tender a rajar la madera. Las ta-
chuelas (g) son usadas generalmente
en tapicería. Los clavos de tapicero
(h) se usan de modo limitado en tapi -
cería, para tejidos, pero son utilizados
más generalmente para cubiertas de
fieltro, etc. El clavo cortado de en-
ganche (i) es un clavo para carpintería
extremadamente fuerte.
Cualquiera que sea el clavo utilizado
proceda siempre a clavar de la madera
152
más delgada hacia la más gruesa. Tam-
bién es ventajoso clavar en cola de mi -
lano, es decir inclinando ligeramente
los clavos a un lado y otro alternativa-
mente. En el caso de trabajo para el ex-
terior utilice clavos galvanizados.
Tornillos. Los tipos principales se
muestran en la figura 23, que también
muestra cómo se toma su longitud. El
calibre es el diámetro del vástago y es
independiente de la longitud. Así un
tornillo del N.o 8 x 50 mm. tiene el mis-
mo diámetro que uno del N.O 8 x 75
mm. El agujero de paso debe presentar
un ajuste suave, como se muestra en la
figura 23 e, y el agujero roscado debe
taladrarse a la medida del núcleo cen-
tral sin la rosca. El agarre lo proporcio-
na puramente la sujección de la rosca.
Los tornillos Phillips, (d) figura 23, son
mayormente usados en la industria. Tie-
nen un rebaje en cruz en la cabeza en
lugar de ranura, siendo su ventaja que
el destornillador no tiene el peligro de
resbalar y producir rayas.
j

I
Diez
Chapeado
Anillos anuales
bl \ ) ) ) ) ) ) I [1 I
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I : ; Ca'ra del corazón : ; I
2 7 J 7 1 )
- - - - .... ,,/" ,1 // I I I •
Fig. 1. Detalles del trabajo de base para cha-
pea r.- a, base maciza hecha con listones maci-
zos con el lado del corazón arriba y abajo alter-
nativamente.- b, tablón de corte al cuarto, que
da una buena base. - c, como determinar el lado
del corazón de una madera.
El chapeado es un proceso enteramen-
te legítimo siempre que no se use sim-
plemente para cubrir un mal trabajo
y pobres materiales. Hace posible el
uso de ciertas maderas decorativas en
una forma que sería insegura si se
cortase en madera maciza y hace po-
sibles muchos efectos decorativos, tales
como el cuarteado y dibujos combina-
dos que serían completamente im-
practicables por cualquier otro sistema.
Además hay que admitir que la econo-
mía en el uso de muchas maderas
duras decorativas es esencial y que cor-
tándolas en chapas hay un desperdicio
mínimo de ellas.
Trabajo de base. En cuanto concierne
al artesano casero existen dos métodos
principales de chapear : a plancha y a
martillo. Cuando se dispone de una
prensa, ésta ofrece el sistema más sim-
ple. Sin embargo, cualquiera que sea el
sistema utilizado el trabajo de base es
el mismo ; pudiendo utilizarse diversos
materiales para éste.
Madera maciza. Prácticamente puede
usarse cualquier madera de veta rect a,
con tal de que sea segura y agarre bien
la cola. La caoba es excelente pero muy
cara. El obeche, el pino del Paraná, etc.
son extensamente usados. Tambi én
se usa el pino noruego, pero debe estar
lo más limpio posible de nudos ; cual-
quier pequeño nudo, inevitable, debe
quitarse, rellenando después el hueco.
A las maderas blandas debe dárseles
una capa de cola para hacer cuerpo
antes del encolado de la chapa , pues
sino, absorbe más cola de la que se apli-
ca. A veces se utiliza el roble, pero no
es lo ideal porque su veteado grueso
aparece a través de la chapa debido a
la contracción de la cola en los PQros ;
en cualquier caso tampoco es la mejor
madera para agarrar la cola.
La forma más fiable de madera maciza
como base del chapeado se hace con
153
Fig. 2. Cantos para tableros de contrachapado y
laminados.
listones pegados uno al lado del otro,
con las caras de corazón alternadas a
una y otra cara, como se muestra en (a)
figura 1, la razón de esto es que cual -
quier tendencia a curvarse de una pieza
es contrarrestada por la tendencia a
curvarse en sentido contrario de sus
contiguas. Otra buena base de madera
maciza es la de (b); la madera está cor-
tada al cuarto y no tiene tendencia a
curvarse en ningún sentido.
Debe tenerse en cuenta que la chapa
cuando se seca tiende a tirar del ta-
blero y curvarlo; por ello es aconseja-
ble chapear ambas caras con lo que el
tiro se iguala. Tomando ciertas precau-
ciones este tiro puede disminuirse e in-
cluso eliminarse; pero siempre es más
seguro chapear las dos caras, especial-
mente para piezas tales como puertas
que no tengan bastidor que las dé rigi -
dez. Cuando sea inevitable chapear por
una sola cara, es aconsejable colocar
la chapa sobre la cara del corazón, (c)
figura 1; la razón para esto es que así
154
el tiro de la chapa se opone a la t en-
dencia natural a curvarse de la madera.
Contrachapado. Este proporciona una
buena base si está fabricado en forma
fiable ; el más barato del tipo de cajas
de té es inutilizable. El contrachapado
del Gabón es especialmente adecuado.
La chapa debe colocarse con la veta
en ángulo recto con respecto a la de
la chapa exterior del contrachapado. Los
cantos son, a veces, un problema. La
chapa no se une realmente bien a la
veta de testa y generalmente la única
solución es colocar un listón al canto
como se muestra en la figura 2. El de
(a) es el sistema comercial, pero la sec-
ción del listón es bastante difícil de
hacer manualmente ; el de (b) es más
simple, la lengüeta en el tablero es más
fácil de hacer porque hay más superfi -
cie de apoyo. El de (c) es aun más sim-
ple, sólo se encola y apunta; no debe
utilizarse para trabajos de primera clase.
Un punto a considerar es que si se cha-
pea antes de colocar los cantos, estos
proporcionan una protección a la chapa
que siempre es vulnerable en los cantos ;
por contra el listón de canto es visible
en la superficie.
Tableros laminados y alistonados.
Estos proporcionan bases para el cha-
peado buenas y fiables. Los primeros
son mejores porque las delgadas cha-
pas que forman el núcleo son menos
propensas al movimiento. Las observa-
ciones hechas sobre la dirección de la
veta para el contrachapado son igual -
mente válidas en este caso. También
pueden util izarse los cantos de la fi -
gura 2.
Aglomerado de virutas. Estos tienen
un uso creciente como base para el cha-
peado, de hecho una gran parte del mis-
mo se comercializa ya chapeado. Es
satisfactorio para paneles y piezas de
.'
Fig. 3. Uso del cepillo dentado para eliminar las
desigualdades y dar un agarre a la cola.
Fig. 4. Corte de la chapa con el formón y una regla.
Es importante que la chapa descanse en una super-
ficie plana.
sostén, pero no es recomendable para
puertas lisas que no tengan bastidor
de refuerzo. Para ellos es apropiado un
canto como el (a), figura 2 y como al -
ternativa más barata el de (c). El (b) es
inadecuado.
Tableros de fibras. Hay muchas varie-
dades de ellos y unas son más adecua-
das que otras. Ninguna es tan duradera
como los materiales citados anterior-
mente y deben usarse solamente para
trabajos baratos o piezas poco impor-
tantes.
Preparación de la base. Como la chapa
debe estar en estrecho contacto con la
superficie de la base es evidente que
Fig. 5. Corte de tiras paralelas con el gramil. El palo
apretado hacia abajo evita que la chapa se arrugue.
Fig. 6. Cepillando la chapa en el soporte de cepi-
llar. El palo evita que se arrugue la chapa.
cualquier irregularidad de ésta apare-
cerá a través de la chapa. Si se emplea
madera maciza debe ser cepillada ente-
ramente lisa. El contrachapado y los
tableros laminados son de antemano
suficientemente lisos. Para dar rugosi -
dad a la superficie de modo que ofrezca
agarre a la cola y quitar las señales del
cepillado, se usa un cepillo dentado,
figura 3, con el que se trabaja en todas
direcciones, a lo largo, a través y en
diagonal con la veta. Si la base es de
madera blanda debe dársele una capa
de cola espesa y esperar que se seque,
las desigualdades inevitables se elimi -
nan frotando con papel de lija grueso
sujeto en un corcho.
155
Manej o de l as chapas. Actualmente la
mayor parte de la chapa es cortada con
cuchilla, ya que así no se produce des-
perdicio. Ocasionalmente pueden en-
contrarse chapas de sierra; éstas son
siempre más gruesas y presentan las
rayas de la sierra circular con que se ha
cortado ; és'tas deben ser eliminadas de
la cara a encolar con un cepillo dentado,
sosteniendo la chapa sobre un t abl ero
plano. El modo más convenient e de dar
cortes de cuchilla en la chapa es : col o-
carla en un tablero plano, presionando
contra ella un palo con un canto recto
y cort ar con una cuchilla afilada o con
el formón, como en la fi gura 4. La pre-
sión del palo es esencial pues si no la
chapa puede arrugarse y astillarse.
Cuando hay que cortar varias tiras del
mismo ancho puede usarse el gramil,
como en la f igura 5. También en este
caso la chapa se coloca sobre un tablero
plano, con el canto sobresaliendo unos
3 mm. y se suj eta con un palo presio-
nando a su través para afirmarla. Gene-
ralmente bast a un solo corte para divi -
dirla pero en las chapas gruesas puede
ser necesari o cortar por las dos caras.
Las chapas de sierra se cort an con una
sierra de dientes fi nos ; la chapa se man-
tiene sobre un tablero plano y se si erra
hacia abajo.
A veces es necesario cepillar el canto
de la chapa ; por ej emplo en las juntas.
Esto se hace en el soporte de cepillar
o tirador, con la chapa en la plat aforma
superior, sobresaliendo unos 3mm. del
canto y presionada por un palo para
evitar que se arruge. La operación se
muestra en la fi gura 6.
Adhesivo de resina. En la página 193
se describe detalladamente. Se usa am-
pliamente en el chapeado i ndustrial y
está bien adaptado para el t rabaj o con
prensas. Cuando no se dispone de pren-
sa la única posibilidad es usar planchas.
El método del mart ill o (véase este
epígrafe) es impracticable porque el
156
adhesivo no tiene el agarre natural de
la cola animal y la chapa es propensa
a levantarse antes de adherirse. Para
abaratar su coste estas colas se alar-
gan con harina de centeno. La resina
es especialmente adecuada para su-
perficies sometidas al roce, como ta-
bleros de mesa, especialmente porque
el adhesivo es ampliamente resistente
al calor y la humedad. Otra ventaja so-
bre la cola animal es que se aplica en
frío; esto proporciona un tiempo am-
plio para el armado. Generalmente es
suficiente aplicar el adhesivo sólo a la
base ; pero, desde luego, ha de tenerse
cuidado de que la unión no quede falta
de cola. En la industria se usa un distri -
buidor de cola que proporciona una
capa uniforme, pero para el uso artesa-
no puede emplearse la brocha, seguida
del paso de una tira de madera con el
canto recto que uniforma la aplicación.
Si se requiere acabar rápidamente una
pieza, se puede sacar ventaja del hecho
de que la- resina se asienta rápidamen-
te con el calor utilizando una plancha
caliente. Sin embargo, esto requiere
rapidez y habilidad, para que todos los
gatos queden en posición antes de que
se produzca el asiento de la cola. Para
detalles de la aplicación de planchas
ver la pág. 158, donde se trata de la
cola animal.
Cola de A. P. V. Se usa de forma similar
a la de resina pero su distribución uni -
forme es aun más importante, porque la
exposición de esta cola al aire tiende a
cuajarla rápidamente. Puede ser curada
por calor, pero esto no es aconsejable a
menos de que se disponga de una pren-
sa, por su tendencia a asentarse rápida-
mente antes de que se haya hecho el
ajuste. Con ciertas maderas tiene ten-
dencia a la penetración.
Adhesivos de impacto. Son útiles en
ocasiones yen el comercio se encuentra
un tipo especial para chapeado, algo
más fluido y ' fácil de extender que el
tipo usado normalmente. Es poco ade-
cuado para superficies realmente ex-
t ensas, por su dificultad en aplicarl o
de modo uniforme, libre de aglomera-
ciones. El adhesivo se aplica a la base
y a la chapa y se obtiene un resultado
algo mej or si se dan dos capas. Se dejan
secar y luego la chapa se aplica sobre
la base, presi onándola, con lo que se
obtiene la unión inmediat amente. De
hecho el cuidado al colocar la chapa es
esenci al pues las dos superficies enco-
ladas se agarran en cuanto entran en
contacto y es casi imposi ble levantar
la chapa cuando se ha colocado en po-
sición. Muchas personas utili za n el sis-
tema de la hoja deslizante ; se coloca
un trozo de papel de embalar entre la
chapa y la base y se retirar gradual -
mente. El papel no se pega porque el
adhesivo de impacto de una superficie
cuando ha empezado a asentar, sólo se
agarra al de la otra.
Otra ocasión en la que es útil el adhe-
sivo de impacto es el caso de tener que
chapear una superficie curva pequeña.
Puede ser difícil hacer una plancha
y si se hace el chapeado a martillo la
chapa puede tender a desdoblarse. Con
el adhesivo de impacto el agarre es in-
mediato. Otra ventaja más de adhesivo
de impacto es que no tiende a curvar
la base ya que no se emplea agua. Así
no hay hinchazón seguida de contrac-
ción, lo que es la causa de la distor-
sión cuando se usan otros adhesivos.
Cola animal. La principal diferencia
entre el método a seguir para emplear
ésta y los de otros adhesi vos consiste
en la necesi dad del calor. Por ello cuan-
do se usa una plancha, puede calentarse
a su través de manera que vuelve a li-
cuarse la cola y puede prensarse toda
la superficie. Lo mismo puede aplicarse
cuando se usa una prensa. Otro hecho
es el de que es el único adhesivo con
el que puede hacerse el chapeado a
martillo. La cola se prepara en un ca-
lentador especial y se recubren la base
y la chapa. No importa que la cola se
sol idifique si se apl ica calor más tarde.
Hay trabajos para los cuales la cola ani -
mal tiene ventajas sobre otros adhesi -
vos. Así cuando se chapea un canto
curvo la adherencia natural de la cola
hace posible prensar el encolado con un
martillo sin peligro de que se desdoble
la chapa, cuando es difícil o imposible
colocar una plancha de forma. La cola
animal es aún extensamente usada en
el negocio de antigüedades, para repa-
raciones. El método de chapeado a
martillo se tratará más adelante.
Chapeado a la plancha. En este méto-
do la chapa se prensa sobre la base con
un tablero plano al que se llama plan-
cha. Si se necesita una junta en la cha-
pa ésta se prepara antes de recubrir.
En una j unta sencilla los cantos se ce-
pillan, las piezas se ponen juntas en un
tablero plano y se pega una cinta engo-
mada sobre la unión. Otros dibujos, que
no sean del tipo más simple, pueden
necesitar un trazado sobre el que pueda
montarse la chapa.
La plancha es un tablero de madera
plano de un tamaño algo mayor que la
base, se aprieta con gatos sobre la cha-
pa, interponiendo una hoja de papel
para evitar que se adhieran las escu-
rriduras de cola. Para un panel pequeño
los gatos pueden aplicarse todo alrede-
dor, pero para un panel mayor es nece-
sario utilizar pares de travesaños con el
canto ligeramente curvado como se
muestra en la figura 7. La idea es diri-
gir la cola desde el centro hacia afuera,
la curvatura asegura la aplicación de la
presión primero en el centro. Ya que
la curvatura de cada par de travesaños
es opuesta, el trabajo se mantiene pIa-
no. Observe el orden en que se aplican
los travesaños; también otra vez, se
ajusta primero el del centro para llevar
la cola hacia afuera. Cuando se chapean
las dos caras, la operación se hace si -
157
Base
multáneamente utilizando dos plan-
chas, una en cada cara.
En el caso de cola animal es necesa-
rio calentar la plancha, porque la cola
debe relicuarse. El calentamiento debe
Fig. 8. Forma de usar el martillo de chapear.
158
1 P'P'
h Fig. 7. Forma de dar presión a la plancha en el cha-
peado a plancha.
hacerse en todo el grueso, no sólo en
la superficie y toda la operación debe
llevarse a cabo rápidamente de modo
que la presión se aplique antes de que
la cola se endurezca. Cuando el cha-
peado debe colocarse con exactitud,
como en el caso de dibujos, se trazan
líneas de centrado en la chapa y en la
base, y estas líneas se hacen coinci -
dir. Para evitar que la chapa se deslice
fuera de posición, se clavan un par de
puntas para chapas en lugares sin im-
portancia.
Chapeado a martillo. Este procedi -
miento se usa sólo con cola animal. Se
emplea la herramienta especial (s) de
la página 1 5. Tiene una tira de bronce
de 1,5 mm. de grueso incrustada en el
canto y se usa para presionar hacia afue-
ra el exceso de cola. Preparada la base
y cortada la chapa a medida, se cubren
ambas manos con cola, se coloca la
chapa en posici ón y se alisa
do. La cola animal debe estar libre de
grumos. Si se usa una madera clara se
,1
añade a la cola un poco de polvo blanco
para evitar que se vean líneas oscuras
de cola.
Para un trabajo de cualquier t amaño,
humedezca ligeramente la mitad con un
estropajo y pase una plancha de hierro
caliente a su través para licuar la cola.
Use solamente un mínimo de hume-
dad y no caliente la plancha más de lo
esencial. Trabaje con el martillo de cha-
pear en un movimiento de zig-zag desde
el centro hacia el extremo, como en la
fi gura 8 y procure evitar estirar la chapa
a lo ancho. La mayoría de las cha-
pas se pegarán fácilmente, pero algu-
nas maderas con la veta muy compli -
cada pueden tender a levantarse y se
necesita mucha paciencia. A veces re-
sulta una ayuda colocar un bloque de
metal (un cepillo de hierro, por ejem-
plo) sobre la parte que tiende ' a levan-
tarse, porque el metal frío hace que la
cola se asiente más rápidamente y fija
la chapa. En casos extremos puede ser
necesario f ijar con un gato un taco de
madera, con un trozo de papel debajo
para evitar que la cola pueda adherirse
a él. Para comprobar si la chapa está
pegada golpéela con las uñas. Una bur-
buja se notará ,por el sonido a hueco
que produce.
Una vez pegada correctamente la mitad
proceda con la otra mitad de igual
forma. Cualquier traza de cola sobre
la superficie puede limpiarse frotando
con el estropajo húmedo, pero use la
mínima humedad posible porque ésta
es la causa principal del tiro de la chapa
al secarse.
Juntas. Las juntas pueden ser nece-
Fig. 9 Fases en la ejecución de una junta en el
chapeado : a, col ocación de la pri mera hoja.- b,
colocaci ón de la segunda hoja solapada.
159
sarias simplemente porque el ancho de
la chapa no sea suficiente o pueden ne-
cesitarse en medio panel en el que se
colocan lado a lado dos hojas consecu-
tivas para que haga juego el veteado.
En este último caso la línea de junta
debe trazarse a lápiz en la base y tener
cuidado en la colocación de las chapas
para que el veteado quede equilibrado.
Para juntar el ancho, una de las piezas
de chapa se coloca, como se muestra
en (a) figura 9. La siguiente se coloca
solapándola sobre la primera, como
en (b). Se coloca una regla a lo largo
del solape (á lineada con la marca de
lápiz, si la hay), y con una cuchilla afi -
lada o un formón se corta a lo largo,
c
160
como en (c). Si el panel es largo es
aconsejable sujetar la regla con torni -
llos de apriete.
La primera tira sobrante puede despren-
derse tirando recto. La otra se quita le-
vantando la chapa, con lo que queda
visible (d). Es necesario volver a colo-
car la chapa enseguida y frotarlo hacia
abajo con el martillo. Un trozo de cinta
engomada pegada sobre la junta previe-
ne el que se abra al secarse la cola. Al -
gunos prefieren cepillar la junta en las
chapas y unirlas con cinta engomada
pero algunas chapas complicadas son
propensas a deformarse con la humedad
y el calor y pueden formar separaciones
en la junta o arrugas. .
Fig. 9. c, corte a lo largo del solape.- d, arran-
cado del sobrante.
Sobrante arrancado
Fig. 10. Eliminación del sobrante para colocar
una franja. La chapa principal no llega al canto,
se recorta con un gramil todo alrededor y se
arranca el sobrante antes de asentarse la cola.
Fig. 11. Cómo se encintan las juntas. La cinta se
pega sobre las juntas inmediatamente después
de recubrir.
Fig. 12. Montando una franja de chapa con la fibra al través alrededor de una hoja de chapa lista
para encolar.
161
Franjas con la veta al través. Un deta-
lle necesario a veces al chapear, espe-
cialmente en reproducciones, es rodear
un panel con una franja de chapa con
la fibra al través. Para hacer esto al pa-
nel principal , se chapea normalmente,
excepto en que la chapa · se hace más
corta todo alrededor. Inmediatamente
después de recubierto, un gramil ajus-
tado al ancho de la franja se pasa todo
alrededor, como en la figura 10, Y el
sobrante se arranca.
"
La franja se corta a través de la veta
en cintas algo más anchas que la medi -
da. El canto se cepilla en el soporte de
cepillar y las tiras se cortan con el gra-
mil (Fig. 5) . En un panel de gran tama-
ño puede ser necesario juntar las tiras y
esto se hace sobre el mismo trabajo
(Fig. 11). Los ingletes se cortan con un
formón ancho y si es necesario se ajus-
tan con el cepillo en el soporte de ce-
pillar. La chapa se encola frotándola
con la cola del martillo y sobre las jun-
162
tas se pegan trozos de cinta engomada
para evitar que se abran al secarse la
cola.
Umpieza. Deje el trabajo secarse todo
el tiempo que sea posible antes de lim-
piarlo. Cada trozo de cinta engomada
que haya en la superficie debe humede-
cerse ligeramente y arrancarlo. Des-
pués se limpia la superficie con una
cuchilla. A menudo se sostiene la cu-
chilla formando un ángulo de modo que
tenga un corte tajante. Esto es especial -
mente necesario sobre las franjas de
veta cruzada para evitar que se astillen.
Cuando esté acuchillado satisfactoria-
mente, trate el conjunto con papel de
lija puesto alrededor de un corcho, pri -
mero del 2 fino y luego del N.o 1. En
caso de veteado muy complicado se usa
sólo el papel de lija más fino y se frota
con un movimiento circular. Los que
tengan una lijadora orbital la encon-
trarán ideal para este trabajo.
Once
Talla de la
madera
Fig. 1. Formas principales de las gubias usadas
para tallar : a. gubia recta.- b, gubia curva.- c, gu-
bia acodada al frente.- d, gubia acodada al dorso.-
e, escoplo.- f , escoplo de punta.- g, escoplo aco-
dado o de cuchara.- h, gubia en V.- i, gubia de es-
pada.
d
e LCCI
T L S =0==-
"- t)==-
9 Ri ncón O Rincón I
[ :J ' J L $.
Para lograr buenos resultados con la
talla de la madera es esencial que las
herramientas tengan realmente filo y
que estén afiladas en la forma correcta.
El sistema es distinto que el de los for-
mones y escoplos para el trabajo gene-
ral de la madera en los cuales el bise-
lado está en un lado solamente. En las
gubias para tallar, el bisel principal está
en el exterior pero hay un segundo bisel
en el interior y éste con repetidos afi -
lados puede alcanzar un cuarto o un ter-
cio de la longitud del otro.
El bisel interior tiene varias razones de
ser. Una es que cuando la herramienta
se usa con el hueco hacia abajo le da
una tendencia a subir cuando se hace
el corte. Sin él la herramienta tendería
a clavarse. Otra es que el bisel interior
ensancha el juego de la herramienta de
modo que pasa más fáci lmente por un
corte profundo. Por último, aumenta
considerablemente la resistencia del
filo.
El afilado principal se hace con la piedra
de aceite o con las piedras de afilar gu-
bias, pero para lograr un filo más agudo
y mantenerlo se usa un asentador de
cuero con un abrasivo fino. Los tallistas
tienen estos asentadores a mano y con
frecuencia frotan las herramientas en
ellos. El principio directriz es : " poco
y a menudo" .
Gama de herramientas. Las principales
clases de herramientas se muestran
en la figura 1, y de ellas la gubia recta
(a) es usada para la talla en general.
Las gubias curvas (b) se usan para ahue-
car como por ejemplo cuando se hace
un cuenco. De forma parecida pero para
agujeros más cerrados es la gubia aco-
dada al frente (c). La gubia acodada
hacia atrás (de contracodillo) (d) no
tiene muchos usos y no debe obtenerse
hasta que no se tenga necesidad in-
mediata.
163
Fig. 2. Afilado del bisel principal de una gubia en la
piedra de aceite. Se le da un movimiento de giro de
forma que se afile todo el filo.
Hay dos tipos de escoplos el recto (e)
y el de punta (f). Son empleados funda-
mentalmente para profundizar; el tipo
de punta es útil para llegar a rincones
agudos. Para limpiar los rebajes de fon-
do es inapreciable la punta de cuchara
(g); además de la recta se necesitan
las de rincón, derecha e izquierda, tam-
bién para rincones agudos.
Fig. 4. Cómo se asienta la gubia después del afila-
do en la piedra de aceite.
164
Fig. 3. Forma de frotar el interior de la gubia con la
piedra de aceite de afilar gubias.
Las gubias en V(h) se usan fundamen-
talmente para subrayar, rotular y, a ve-
ces, para detalles de las hojas. Pueden
obtenerse con ángulos de 90 y de 60
grados. Las gubias de espada se pueden
obtener en casi todas las formas ante-
riores, pero puede verse que la herra-
mienta se extiende en los extremos y es
de una forma más ligera; se usan prin-
cipalmente para el acabado de tallas
delicadas.
Todas las herramientas pueden obtener-
se con distintos grados de curvatura
y varios anchos. Esto puede crear algu-
na confusión, pero la regla general es
que cada número tiene el mismo grado
de curvatura en relación con su anchura.
Por ejemplo la gubia recta del n. o 9 es
semicircular, cualquiera que sea su an-
chura. Así la de 6 mm. del n.o 9 tiene
un corte semicircular de 3 mm. de radio.
Cuanto más bajo es el número más
aplanada es la curva. Las gubias rectas
van de los números 3 al 11. Las gubias
curvas y acodadas, los escoplos, etc. ,
tienen otras numeraciones.
Afilado de
herramientas
Gubias. El bisel principal exterior se
afila en la piedra de aceite, la herramien-
ta se sostiene en ángulo recto con la
piedra y se hace girar con un movimien-
to de barrena, es decir moviéndola ha-
cia ádelante y atrás, según se muestra
en la figura 2. Después usando una pie-
dra de afilar gubias de curvatura aproxi -
madamente la de la herramienta o un .
poco menor se frota el interior con un
ángulo pequeño, como en la figura 3.
Son necesarios muchos afilados para
llevar a la gubia al estado de trabajo
de primer orden, pero ayuda a ello afilar
principalmente por el i nterior después
del primer afilado exterior.
Sigue el asentado, para el que se prepa-
ra un trozo de cuero blando con una
mezcla de aceite y el esmeri l más fino.
Puede usarse también la pasta que se
vende para esmerilar válvulas de moto-
res. Coloque el cuero sobre un tablero
liso y el bisel de la gubia plano sobre
él , como en la figura 4 ; balancee la
gubia de modo que todas las partes del
filo sean asentadas, desplazándola lige-
ramente hacia atrás, de modo que el filo
salga y no se clave en el cuero. Para el
interior puede ponerse un trozo de cuero
envolviendo un dedo o doblado sobre
sí mismo, como muestra la figura 5,
o encolado en una pieza de goma re-
donda.
Los formones se afilan de forma pare-
cida excepto en que se han de mantener
planos en lugar de girar. Los biseles de-
ben ser iguales en ambos costados. Las
gubias en V presentan, a veces, proble-
mas, cada bisel exterior se frota sobre
la piedra de aceite, y para el interior
se usa una piedra de canto en V, esta .
debe frotarse a un ángulo como las gu-
bias normales. Cuando la piedra en V se
desgasta, frecuentemente deja de al -
canzar el rincón y en lugar de un ángulo
afilado se produce un ligero hueco. Lo
cual se traduce en que se forma una
punta y es necesario quitar el ángulo
extremo exterior.
Banco. El banco para taller debe ser
pesado con el tablero grueso, de modo
que se sienta sólido cuando se golpea
con la maza. Para sujetar la madera se
emplean distintos sistemas. A veces son
adecuados los gatos en C corrientes,
pero siempre es ventajoso que haya pie-
zas sobresalientes. Por tal razón es útil
el tornillo de tallista , figura 6; espe-
cialmente si la madera es suficiente-
m·ente gruesa y un hueco en la parte tra-
sera no tiene importancia. El extremo
puntiagudo se introduce en la madera
empleando la tuerca de mariposa como
mango de barrena. El extremo del tor-
nillo se pasa por un agujero del banco
y la tuerca se aprieta por debajo. Cuan-
do la madera es delgada puede usarse
el sistema de la figura 7, unos torni -
llos de cabeza redonda se pasan a tra-
vés de bridas o pequeñas piezas de ma-
dera dura o metal atornillándolos al
banco. Los extremos exteriores de las
bridas descansan sobre trozos sobran-
Fig. 5. Asentado del interior de la gubia.
165
--
Fi g. 6
tes de madera del mismo grueso apro-
xi mado que el trabaj o, y así se sujeta
éste firmemente. Algunas bridas de
metal están acodadas y tienen los ex-
tremos dentados como una sierra.
La iluminación es importante y debe
llegar de una sola dirección de modo
que las ondulaciones de la superficie
puedan verse fácilmente. La luz a todo
alrededor elimina las sombras de la su-
perficie y quita el relieve a la talla. Con
luz de día es ideal una ventana en la
trasera del banco. De noche una sola
lámpara eléctrica que pueda subirse
y bajarse será lo más satisfactorio ;
debe tener una pantal la de modo que
ilumine el trabajo si n deslumbrar los
ojos.
Uso de las
herramientas
Cuando se usan las herramientas en su
carrera general de t rabajo, la mano de-
166
Fig. 6. Torni llo de tall ista.
Fig . 7 . Bridas atorni ll adas en el banco para sujetar
la madera.
recha proporciona la preslon de corte,
mientras que la mano izquierda guía la
herramienta y hace un cierto efecto de
limitación, para evitar el sobrecorte
de la herramienta. Fíjese en que la
muñeca y la base de la palma se apo-
yan firmemente en el trabajo o el banco
afirmando la herramienta, como mues-
tra la figura 8. Aquí decimos mano
derecha e izquierda, pero de hecho el
buen tallista es ambidiestro y puede
variar las manos si quiere, lo cual le
permite alcanzar las partes difíciles
sin tener que mover el trabajo.
A veces se usa la maza, especialmente
para algunas operaciones de encajado,
y el mejor tipo de maza es el redondo,
que permite golpear la herramienta con
cualquier parte de su cabeza sin tener
que girarlo para encarar l a superficie
correcta.
Las herramientas se colocan al ineadas
en la parte trasera del banco, con las
hojas hacia el tallista. Esto permite al
Fig. 8. Forma de empuñar la gubia.
tallista agarrar cualquier herramienta
en la posición en que debe sostenerla,
ahorrando mucho manejo innecesario.
Una práctica corriente es tener todos
los mangos diferentes ya sea en forma,
clase de madera o color, de modo que .
la herramienta correcta se reconozca
rápidamente. En una pieza de trabajo
complicado puede haber hasta treinta
o cuarenta herramientas alineadas y se
ahorra mucho tiempo si la herramienta
necesaria puede localizarse rápida-
mente. A veces el tallista coloca en
el mango un anillo de color como ayuda.
La mayoría de los mangos son octogo-
nales para evitar que rueden hacia el
lado o al suelo.
Las tal las pueden dividirse en tres clases
principales :
Talla incisa. En la cual el dibujo se cor-
ta en la madera generalmente con una
gubia en V. La línea cortada forma el
dibujo.
Talla en bajorrelieve. En ésta la madera
se rebaja dejando el dibujo sobresalien-
te y se hace una cierta cantidad de
modelado. Así la forma de una hoja
puede hacerse ondulada o un detalle,
tal como una cinta, se hace que parezca
pasar sobre otro.
Talla exenta. Es la más' difícil , todas
las caras de la madera se tallan sin nin-
gún fondo. La forma humana, animales,
etc., son ejemplos de ella.
Las mismas reglas generales se aplican
a todas las tallas. Toda la obra se lleva
a una fase, antes de adelantar el trabajo.
Estas fases variables seg ún la obra
son:
Encajadó. En esta fase las líneas prin-
cipales se cortan, con un corte de gubia
167
-
..,',
hacia el sobrante o con cortes penetran-
tes con gubias siguiendo las curvas.
A menudo se usan los dos sistemas
combinados como se explicará más
adelante.
Desbaste ó realzado. En esta fase se
quita el grueso del material sobrante,
dejando las masas principales en las
que más tarde se tallarán los detalles.
Se trabajan las ondulaciones principales
sin ninguna atención al detalle.
Modelado. Aquí toman forma los de-
talles, se trabajan las formas y se cor-
tan las superficies ti :1ales.
En toda la talla la madera debe ser
siempre cortada, no rascada, arrancada,
astillada o apalancada. La superficie
además debe dejarse tal como sale de
la herramienta. El papel de lija lo estro-
pea, y esto es lo que obliga al trabajo
exacto. No se hace ningún i ntento para
eliminar las facetas dejadas por la herra-
mienta, y es probablemente en esto en
lo que se muestra la ventaja del hombre
expert o. En su t rabajo las marcas de
la herramient a son i ntencionadas y on-
duladas, y su dirección ayuda al desa-
rrollo del diseño.
A veces se da al fondo una textura espe-
cial usando un punzón, pero esto no
debe ser excusa para un mal trabajo
con la gubia. Su propósito es únicamen-
te hacer resaltar el dibujo en sí, dando
al fondo una apariencia completamente
diferente. Los punzones pueden com-
prarse listos para usar o hacerlos a
parti r de un clavo de 150 mm. limado
a escuadra y con indentaciones li madas
en su extremo.
Cortes de gubia. La mejor manera de
describir el proceso es tomar ejemplos
reales y para empezar son una buena
práctica los cortes sencillos de la fi-
gura 9. En (a) se presenta una moldura
plana formada por cortes en V a los la-
168
( «ce CCIc:ICIC
a = ~ ~
~ ~
~ ~
b c----------
d ______ ~ ~ ____________ _
Fig. 9. Cortes de gubia sencillos en una moldu-
ra.
\ .
\ .
'1'-+----'
c::::::::>
3 a 2
)))
»)) )]
Fig. 10. Forma de hacer los cortes de gubia y
orden del trabajo.
dos. Una gubia algo más estrecha que
la banda central se utiliza para hacer
una serie de acuchilladuras hacia abajo
en los puntos (al. fi gura 10. Sostenga
la gubia con una ligera inclinación, como
se indica en la flecha recta punteada de
la sección, y emplee la maza. Es venta-
joso hacer todos los cortes hacia aba-
jo primero. El trabajo pesado es algo
duro para las herramientas y, una vez
hecho, permite que se mantenga el filo
en buenas condiciones para el proceso
siguiente, el de excavar el mat erial so-
brante. Por otra parte el corte hacia aba-
jo puede astillar las fibras cortas pro-
ducidas por el corte próximo, aunque
esta dificultad puede evitarse haciendo
los cortes en el orden señalado en la
figura 10.
Fíjese en que para lograr el paralelis-
mo de los lados la gubia debe introdu-
cirse hacia abajo y luego bajar el mango
rápidamente, según muestra la línea
de puntos de la figura 10. Por regla ge-
;
Fig. 11. Cabecero de cama con t allas decorat i-
vas en las esquinas.
neral se hace un solo corte para el imi -
nar el grueso del material sobrante y un
segundo corte para el acabado final a
medida. Este trabajo se hace en su ma-
yor parte a ojo, excepto la distribución
inicial de los cortes ; sin embargo pue-
den hacerse trazos de lápiz como guía,
que después deben ser acuchillados
localmente.
En (b) , figura 9, primero se hace una
sección cóncava y se señala la reparti -
ción del dibujo con un compás de pun-
tas o una tira de papel. Se usa una gu-
bia para cortar hacia abajo el dentado,
sosteniéndola con un ángulo tal que el
filo acabe el corte alineado con la incli -
nación del lado exterior del corte en V.
Los cortes deben encontrarse. Puede
usarse una gubia plana alineada con
el lado de la V para cortar cada uno de
los pequeños trozos sobrantes.
Un proceso similar se sigue para (c),
usando la gubia para cortar los semi -
.'
círculos. De nuevo la gubia se man-
tiene a un ángulo tal que el corte quede
alineado con el lado exterior de la V.
Esto permite cortar limpiamente el so-
brante con una gubia plana o formón.
Algunos encuentran más fácil de usar
para esto un formón acodado.
En (d) se presentan diseños similares
hechos en una esquina o chaflán. En
ambos casos se hacen los cortes pene-
trantes y el sobrante se saca después
fácilmente con un formón.
Diseños modelados. En la figura 11 ,
se muestran ángulos decorativos talla-
dos en la parte superior de un cabecero
de cama, pero la idea general puede
aplicarse en otros sitios. Los diseños
pueden ser distintos y en las figuras 12
y 13 se dan dos variantes. El dibujo pue-
de hacerse en un papel y transferirse
a la madera con papel carbón o, si se
prefiere, dibujarse directamente en la
madera partiendo de un boceto previo.
169
Fig. 12. Vista aumentada de una variante de dise-
ño para la cabecera de la Fig. 11 .
Fig. 13. Otra variante.
170
El proceso de talla es similar para am-
bos ejemplos. Las formas principales
se subrayan aproximadamente con una
gubia en V y se encajan con gubias que
siguen la forma final. Esto permite re-
bajar el fondo, sacando el sobrante con
gubias estrechas o escoplos y acabarlo
con la punta de cuchara. Para trabajos
de este tipo es para los que son inapre-
ciables las herramientas de rincón iz-
quierda y derecha. Debe cuidarse de
que todo el fondo tenga la misma pro-
fundidad. Sigue un ligero modelado de
las hojas y flores. Cuando una hoja pasa
sobre otra la curva debe parecer natural ,
no subir y bajar abruptamente a cada
lado. Finalmente puede punzonarse el
fondo, aunque algunos prefieren omitir
este detalle. Su ventaja, sin embargo,
es que da una textura distinta, haciendo
resaltar claramente el detalle del di -
bujo.
Fig. 14. Un colgante decorativo tallado en la
base de madera maciza de caoba. lB parte dere-
cha muestra las primeras fases de la talla.
.
,
t
Fig. 15. Detall e t all ado en madera delgada re-
cortada en su forma y pegado a un tabl ero.
Figs. 16. 17 Y 18. Fases en la talla de un cande-
labro.
La figura 14 muestra un colgante, par-
cialmente acabado. A ola derecha se
muestra el fondo rebajado y los detalles
subrayados parcialmente. A medida
que la talla progresa los trazados inte-
riores se cortan necesariamente, pero es
bueno ponerlos porque indican los lu-
gares que deben dejarse llenos y los
que hay que cortar. En cualquier caso
pueden cortarse nuevamente a medi -
da que el trabajo avanza.
Otra pieza de detalle tallado es la que
se muestra en la figura 15. En este caso
está prevista para apl icarla más que
para tallarla en la madera de base. La
madera se recorta por su dibujo exte-
rior y se pega en un tablero plano con
interposición de un papel , para que pue-
da levantarse después de terminada.
Puede comprenderse que sin este res-
paldo sería difícil sujetar la pieza y
en cualquier caso .Ia talla sería frágil.
El colgante de la figura 14 puede cor-
tarse y aplicarse de la misma forma.
Las figuras 16, 17 Y 18 se dan porque
presentan fases de la talla de un brazo
de candelabro. Otros objetos pueden
Fig. 16
Fig. 17
Fig. 18
171
Fig. 19. Det all e repetido tallado en una moldura.
pasar por las mismas fases. En la figu-
ra 16 la forma se ha recortado y los de-
talles dibujados a lápiz en ella. La fase
sigui·ente muestra el trabajo parcialmen-
te desbastado, esto es, con las formas
principales toscamente talladas. En la
figura 18 el modelo está ampliamente
completo.
Las molduras son talladas frecuente-
mente, en especial en trabajos de repro-
ducción. Es aconsejable hacer una plan-
tilla en papel encerado o en una chapa
fina mostrando completos uno o más
de los detalles que se repiten. Las for-
mas de las hojas, etc., deben cortarse
en la plantilla con las mismas gubias
que se usen para el trabajo real. De he-
cho puede haber una cuestión de adap-
tación del detalle a realizar a las cur-
vas de las gubias disponibles. El trabajo
de este tipo debe hacerse con el míni -
mo de cortes posible. Por ejemplo en la
172
figura 19, la curva de las hojas grandes
debe cort arse en profundidad con una
sola gubia. Los ext remos inferiores se-
parados por las flechas se profundi zan
después, t ambién los lados de las fle-
chas cortados hacia adentro y el trián-
gul o de madera entre ellos sacado con
un escoplo en una sola viruta. Esto no
se hace sólo para ahorrar tiempo, si no
que también da al trabajo una calidad
de ondulación limpia. El modelado de
las fl echas puede hacerse de dos cortes,
cada uno inclinado hacia las hojas. El
pequeño rebaje circular de arriba se
hace girando una pequeña gubia semi -
circular. Si est o produce una aleta
lateral corrientemente puede arrancarse
del fondo dej ando un acabado limpio ;
si no hay que hacer un punzón limando
plano el extremo de una punta de Pa-
rís del tamaño adecuado. Sin embargo
no use éste como subst it ut o de la tall a
misma.
~ .

.
,
,

Doce
Torneado
El torneado de la madera es un tema
extenso, y es imposible en un solo ca-
pítulo hacer nada nada más que esbo-
zar una o dos de las operaciones funda-
mentales. Para mayores detalles el lec-
tor debería estudiar un manual sobre
este tema.
En una clasificación aproximativa el tor-
neado puede dividirse en dos clases:
torneado entre puntos y torneado en el
plato. El primero se usa para elementos
largos tales como pies de lámparas, hu-
sillos, etc. El torneado en el plato se usa
para elementos bajos y anchos, tales
como cuencos, bandejas, etc. La opera-
ción de torneado puede llevarse a cabo
en dos formas: por corte o por raspado.
Cada una tiene su finalidad y es esencial
para determinadas clases de trabajo,
aunque en algunos casos estos métodos
son intercambiables. El corte es general -
mente más rápido que el rascado y por
ello se emplea a menudo para el des-
baste preliminar incluso cuando es ne-
cesario el raspado para el acabado. Tam-
bién es esencial para muchos tipos de
maderas blandas que no se pueden ras-
par con limpieza. Por el contrario es di-
fícil cortar muchas maderas realmente
duras, porque el filo se embota demasia-
do rápidamente.
Torneado entre puntos. Se emplea un
perro de arrastre en el cabezal y un aro
de centraje en el contrapunto. La ma-
dera debe centrarse a ojo con un cui -
dado razonable y después hacerla girW
a mano para comprobar si alguna arista
sobresale más que las otras. Esto puede
comprobarse fácilmente viendo si las
aristas están a la misma distancia del
apoyo de la herramienta. De vez en
cuando la madera en el contrapunto
. debe lubrificarse con una gota de aceite.
Fig .. 1. Torneado de desbaste preliminar con una
gubia grande.
173
Fig. 2. Comprobaci ón del diámetro con el cali "",/
brador.
Fig. 3. Uso del formón grande' de punta para ali -
sar el cilindro.
174
Cuando gire satisfactoriamente apriete
fuertemente el tornillo del contrapunto
y luego aflójelb ligeramente. Una pre-
sión excesiva puede curvar la madera,
causar un exceso de fricción y un ca-
lentamiento.
Trabajo con la gubia. Con una gubia
bastante grande trabaje pasándola de
un extremo a otro hasta que desapa-
rezcan· todas las superficies planas. Si
trabaja a una medida exacta ajuste un
compás de calibrar a unos 2 mm. más,
aproximadamente, que el diámetro de-
seado y continúe trabajando hasta que
el calibre se deslice justo sobre la pieza,
como en la figura 2. Utilizando la gubia
no se logran superficies perfectamente
lisas pero pueden evitarse las irregula-
ridades grandes.
Empleo del formón. Se pasa ahora a
trabajar con formón grande de punta ;
debe tener de 30 a 40 mm. de ancho.
t

Sosténgalo como se muestra en la fi -
gura 3, utilizando sólo la parte entre el
talón y . el centro. El escoplo de punta
larga no se emplea nunca para este tra-
bajo, ya que si se deslizase se clavaría
en la madera con resultados desastro-
sos. El escoplo permitirá obtener una
superficie perfectamente lisa y recta.
No debe comenzarse en el extremo, sino
a unos 25 mm. de él y moverlo a lo lar-
go y rectamente hasta el otro extremo.
Después se le da la vuelta y se repite la
operación en el otro sentido. Comprue-
be de nuevo con el calibre hasta alcan-
zar la medida. Puede comprobarse en-
seguida que la gubia corta el material
más rápidamente que el formón, por
ello la madera debe llevarse lo más cer-
ca posible de la medida final trabajan-
do con la gubia antes de sustituirla por
el formón.
El formón es una herramienta de manejo
difícil hasta que se ha adquirido maes-
Fig. 4
Fig. 4. Uso del formón : a, posición preliminar. -
b, subida del mango para aplicar el corte a la
madera.- c y d movimiento lateral del formón.
Fig. 5. Forma alternativa de usar el formón.
175
tría. El secreto reside en gran manera
en dejar que el bisel de la herramienta
frote con el trabajo. A menos que se
haga así el filo es propenso a ser arras-
trado por la madera en giro de forma
que la punta se clave en ella. El mejor
sistema es sostener la herramienta de
modo que sólo el bisel toque la madera,
como en (a) figura 4, y luego ir levantan-
do el mango hasta que comience a cor-
tar. Entonces se mantiene esta posición.
El formón puede sostenerse en una de
las dos maneras que se muestran en las
figuras 3 y 5. La de la figura 5 es de
especial valor cuando se tornea mate-
rial delgado. El material se soporta
detrás ya que se deja que los dedos se
deslicen ligeramente contra él , evitan-
do que se doble y la aparición de un de-
fecto consistente en una marca en espi-
ral sobre la superficie. Fíjese en que en
ambos casos el fi lo del formón forma un
ángulo con la madera, de modo que tie-
ne un efecto de cizalla.
Torneado de canales. Para hacer cana-
les, en general , se usa una pequeña gu-
bia con el corte afilado según se mues-
tra en la figura 6. La herramienta debe
trabajar desde los dos lados de la canal.
A menos que se haga así dejará un
acabado basto. Vaya primero sobre el
lado derecho de la canal , sostenga la
gubia sobre este lado con el bisel más
o menos en ángulo recto con la madera
y con un movimiento combinado des-
place el mango hacia la derecha levan-
tándolo y al mismo tiempo haciéndolo
girar sobre sí mismo hasta que el filo
llegue a descansar sobre su dorso. La fi -
gura 7 da idea de esto. En la práctica
la canal no se corta en toda su profun-
didad en una sola pasada. Lo que se
hace es un corte de la forma descrita
en un lado y el sobrante se elimina con
un segundo corte desde el otro lado.
La canal se termina con cortes sucesi -
vos desde uno y otro lado. La parte más
difícil es la entrada de la herramienta,
176
porque hay tendencia a que se clave y
acuchille la madera, la razón de ello es
que hasta que no se ha hecho un pe-
queño comienzo, el bisel no tiene apoyo
en que deslizarse. Una vez introducido
el bisel ligeramente én la madera evita
el desplazamiento lateral por frote con-
tra la madera.
La respuesta a esta dificultad es comen-
zar decididamente porque basta una li-
gera penetración para proporcionar apo-
yo al bisel. Igualmente importante es
comenzar con la gubia de lado de modo
que el bisel esté en ángulo recto apro-
ximadamente con la madera e inmedia-
tamente mover el mango de lado de for-
ma que el bisel presione contra el corte
de la madera. En realirlad el corte se
hace más por el giro del mango que por
empuje de la herramienta hacia ade-
lante.
Para tornear molduras y partes redon-
das similares se utiliza el escoplo recto
o el de punta. El trabajo se aligera qui -
tando primero la mayor parte del so-
brante con la gubia. Por ejemplo en la
figura 8 la mayor parte del trabaj o de
desbaste puede hacerse con la gubia,
como en (a), antes de acabar con el for-
món. Recuerde que la gubia no sólo es
una herramienta más fácil de manejar
sino que también elimina el material
más rápidamente.
La f igura 9 muestra como la punt a de la
herramienta comienza en lo al to de la
moldura y va girándose a medida que
avanza sobre la curva. Sólo trabaj a la
punta de la herrami enta, que se sost ie-
ne en ángulo como se muestra, pasando
de la posición (a) a la (b) y a la (c). Es
corrient e utilizar un formón afilado en
recto de forma que puedan t rabajarse
ambos lados de la mol dura sin cambiar
de herramienta.
El corte puede hacerse con una herra-
mienta especial de cortar o con el es-
Fig. 8
Fig. 10
Fig. 6
a
Herramienta
de cortar
b
Fig. 9
Fig. 12
a -
. /
- - - I ' ~
'A
\\
el
Sólo herramienta de rincón
\"'-------------
Fig. 6. Gubia afilada en punta de nariz.
Fig. 7. Dos .fases en el torneado de una canal.
Fig. 8. Torneado de una moldura.
Fig. 9. Posiciones del formón al tornear una moldu-
ra.
Fig. 1 Q. Uso de la herramienta de cortar.
Fig. 11. Posición de la herramienta para raspar.
Fig. 12. Uma vieja qfilada para raspar.
. 177
copla acodado. El último da general-
mente un acabado más limpio, pero
requiere una mayor longitud de madera
en la que operar. La figura 10 muestra
la herramienta de cortar. Observe que
es algo más ancha en la punta de modo
que se proporciona el juego a medida
que avanza contra la madera.
Raspado. Mientras que los formones y
gubias cortan la madera arrancando vi -
rutas gruesas, como las de un cepillo
basto de rebajar, las herramientas de
raspar sólo raspan, quitando poco más
que polvo. La mayor parte de las made-
ras blandas no pueden ser raspadas con
éxito, pero muchas maderas duras res-
ponden bien y de hecho en algunos ca-
sos es la úni ca forma posible de tornear.
La herramienta se sostiene como mues-
tra la f igura 11, en la que puede verse
que baja ligeramente haci a la madera.
La idea es que si se clava en la madera
en giro se desenganche inmediatamen-
te, mientras que si estuviese apuntada
hacia arri ba el movimiento tendería a
cl avarla más profundamente.
Pueden comprarse juegos de herramien-
t as para el r a ~ p a d o , pero corrientemente
se hacen amolando limas viejas. Estas
si rven perfectamente bien y pueden
amolarse de cualquier sección que se
necesite. La f igura 12 muestra como
se amuelan los dientes en un lado de
la superfi ci e y el corte se amuela apro-
ximadamente a 80 grados. En poco
t iempo pueden coleccionarse un buen
número de estas herramientas. Cuando
las prepare amuele primero la superficie
y luego el filo, al hacer este último se
produce una rebaba que mejora el corte.
Algunas maderas tales como el olmo y
el roble se trabajan mejor con la herra-
mienta directamente salida de la muela.
Otras necesitan que el filo se acabe en
la piedra de aceite.
Torneado en el plato. El ementos tales
como cuencos se f ij an generalmente en
178
el plato mediante tornillos y es bueno
colocar entre ambos una pieza de dese-
cho, lo cual permite hacer completa-
mente el torneado sin peligro de que la
herramienta toque el plato. La figura 13,
muestra esta idea. Si la totalidad del
trabajo se ha de hacer en una sola es-
tacada, el fondo de la madera debe ce-
pillarse plano, de modo que asiente con-
venientemente sobre la pieza de dese-
cho. Los tornillos pasan a través del pla-
to y la pieza de desecho y se agarran so-
lamente en la pieza que se trabaja (figu-
ra 13). Su longitud debe ser cuidadosa-
mente calculada para que no sobresal -
gan en el interior del cuenco. Esto debe
también considerarse cuando taladre los
agujeros, porque estos agujeros pueden
aparecer como una maJdiQión.
Trate primero la parte exterior, usando
una gubia de 6 ó 9 mm. Sosténgala de
modo que corte, no simplemente raspe,
y deje que el bisel frote la madera, de
modo que se evite cualquier tendencia a
clavarse. La figura 14 muestra el siste-
ma. El interior se trata de la misma for-
ma para eliminar el grueso del sobrante,
pero aquí es vital hacer que el bisel fro-
te. Un punto a recordar aquí es que el
ángulo del bisel afecta el trabajo. De he-
cho, un bisel largo y delgado no puede
usarse para el interior, porque es impo-
sible dejarlo frotar, como se muestra en
(a) la figura 15. Fíjese cómo el bisel me-
nor agudo en (b) hace posible el roce.
Para acabar l ímpiamente la madera
debe rasparse como en la figura 16. Fí-
jese otra vez que la herramienta baja
ligeramente hacia la punta de modo que
si se clava se separa enseguida. Gene-
ralmente se necesitan dos herramien-
tas : una ligeramente curva para el fon-
do (al. figura 17, y otra curva más ce-
rrada (b) . Trabaje primero con la más
plana a través del fondo llegando lo
más posible hacia los lados, después
substitúyala por la de curva más cerra-
da. Trabaje hacia los lados ya que esto
Fig. 13. Madera montada en el plato para tor-
near un cuenco.
permite juzgar la suavidad de la curva.
La figura 17 muestra la operación.
Dé la forma correcta antes de utilizar
el papel de lija y quitar el repelo. Este
puede ser molesto y producir arrugas en
un cuenco que tenga la veta al través.
como en la figura 18. Las partes indica-
das (a) y lb) deben trabajarse necesa-
riamente contra la fibra. La solución
está en emplear herramientas bien afi-
ladas y dar cortes finos. Cualquier inten-
to de dar cortes gruesos levantará la
fibra. Si es posible monte una piedra de
afilar al otro lado del cabezal y reafile
la herramienta sobre ella frecuente-
mente.
Finalmente alise el trabajo con papel de
lija. primero con número dos y medio.
seguido del número uno y medio y por
último con grado finísimo. Un buen aca-
bado se puede obtener usando Speeda-
neez. La pieza se hace girar a la veloci-
dad más baja y el frotador se pasa lenta-
mente a través de la superficie. Déjelo
. unos minutos y repita el proceso hasta
que se obtenga un brillo mediano. Déje-
El bisel
no puede
frotar
Fig. 14. Dando la forma exterior al cuenco con
la gubia.
Fig. 15. Torneado del interior con gubia.
Fig. 16. Raspado del interior del cuenco.
179
.
Fig. 17. Herramientas de raspar el interior del
cuenco.
t---.
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\ : \ = = = = = ~ ___ -=1'/
a'....-_ __ ./
Fig. 18. Partes del cuenco propensas a ser ru-
gosas.
Fig. 19. Cuenco torneado con asas talladas.
180
lo endurecer tanto tiempo como sea po-
sible y púlalo con cera. Algunas ceras de
pulir deben dejarse endurecer después
de su aplicación, antes de pulirse; otras
pueden pulirse inmediatamente des-
pués. La ventaja de un barnizado con
goma laca preliminar es que proporcio-
na una base de espejo y ayuda a mante-
ner limpio el objeto cuando está en uso.
En la figura 19 se muestra un atractivo
cuenco con asas. Para hacerlo se ha de
tornear un ancho anillo con la sección
aproximada de las asas. La forma del
plano de las asas se traza sobre la parte
de arriba ; el sobrante se corta con una
sierra de rodear y la superficie se limpia
con la lima y la cuchilla. Después el
efecto de enrollado en las asas se acaba
con herramientas de tallar.
Trece
Maderas y
materiales
anuales · Madera de
corazón
Tronco de roble most rando cómo se forma el es- .
pejuel o seg ún la forma de cortarlo : A, no mues-
t ra espej uelo. - B, presenta espejuelo peque-
ño.- e y D presentan espejuelo amplio.
Las variedades de maderas se cuentan
por miles y aquí nos referiremos 8610
a las, relativamente pocas, d u o co-
rriente.
Para hacer una distinción aproximada
de las maderas pueden dividirse bajo
dos epígrafes: maderas duras y maderas
blandas ; las primeras corresponden a
árboles de hoja caduca, que pierden sus
hojas en invierno y las segundas a plan-
tas de coníferas con hojas en aguja, Las
denominaciones son puramente con-
vencionales y frecuentemente tienen
poca relación con la dureza real. La más
dura de las maderas blandas es más pe-
sada y dura que la más ligera de las ma-
deras duras.
Maderas duras. Para ebanistería en
general se usa ampliamente el robl e.
El roble ingl és cuando se pueden ob-
tener tablas adecuadas tiene un bonito
espejuelo, pero frecuentemente no es
fiable debido al mal curado y es propen-
so a las rajaduras y alabeos. Una alter-
nativa excelente la ofrece el roble japo-
nés el cual , debidamente curado, es
sano, bien espejeado, se trabaja bien y
puede obtenerse en tablones de buena
medida. También se usa el roble de Es-
lavonia que es una buena madera.
A menudo el roble puede obtenerse so-
lamente en cuadrados de 37, 50, 62 Y
75 mm. adecuado sólo para patas, etc.,
pero cuando se necesita para piezas
tales como travesaños, estos cuadra-
dos pueden cortarse a lo largo si se
dispone de una sierra circular y unirlos
para obtener un ancho mayor.
El roble americano no se ve a menudo
en la actualidad, posiblemente debido a
difi cultades comerciales, pero cuando
se encuentra se presenta en hermosas
tablas estandar. Hay dos clases : rojo y
blanco, siendo el últi mo invariablemente
de mejor calidad.
181
La mayor parte del atractivo del roble
es debido al espejuelo derivado de sus
rayos medulares que irradian del cora-
zón. Una tabla cortada paralelamente
a ellos muestra el espejuelo mayor y es
la madera más fiable. Cuanto más se
separa la tabla del paralelismo más pe-
queño es el espejuelo, hasta que los
rayos pasan en ángulo recto y apare-
cen sólo como pequeñas manchas sobre
la superficie.
El roble satinado, ocasionalmente dis-
ponible, procedente de Australia no es
un verdadero roble en absoluto, pero
debe su nombre al pronunciado espe-
juelo que posee. Se trabaja bien y es
perfectamente adecuado para muebles
porque admite un buen acabado y se
pule bien.
Como sustituto del roble se usa a veces
el castaño. No tiene espejuelo derivado
de los rayos medulares, pero se parece
fuertemente al roble liso tanto en ve-
teado como en color. El haya se encuen-
tra a menudo en palos cuadrados y es
adecuada para patas torneadas, etc.
Tiene un buen espejuelo aunque más
pequeño que el del roble. Debido a la
escasez el castaño es a menudo usado
para piezas torneadas, siendo el resto
de la obra chapeada 'con castaño.
La caoba es una excelente madera para
muebles, aunque los hermosos tablones
anchos se han hecho difíciles de en-
contrar. Prácticamente la única verda-
dera caoba americana obtenible es el
tipo de Honduras; la caoba de Cuba es
prácticamente imposible de obtener. La
caoba africana se usa frecuentemente y
aunque no tiene el aspecto tan bonito
es considerablemente más barata. Varía
ampliamente en fiabilidad y calidad.
El sapeli es considerado a veces como
una caoba, y tiene a veces el color y
dibujo de la verdadera caoba. Su carac-
terística principal consiste en las lí-
182
neas de espejuelo consistentes en ban-
das estrechas de madera clara y oscura.
Tanto el raulí como el niangón tienen
algo de la apariencia general de la cao-
ba, pero las tablas varían enormemen-
te ; algunas son completamente lisas
mientras otras tienen un veteado más
atractivo. Hay muchos sustitutos de la
caoba entre los cuales es corriente el
gabón. No es una verdadera caoba pero
es una útil madera dura secundaria para
costados de cajones, traseras de arma-
rios, etc. A menudo se utiliza para fabri -
car contrachapado.
El nogal es una madera fina para mue-
bles, pero es generalmente difícil de
obtener. Tanto el nogal inglés como el
francés se encuentran ocasionalmente,
pero es difíci l obtener stocks del nogal
liso americano o nogal negro. El nogal
australiano es una buena madera para
muebles y muchos de los tablones tie-
nen un bonito dibujo.
Hay muchas otras maderas duras de im-
portación cuyo suministro es fluctuante.
Entre ellas está el raulí de Chile, una
madera marrón claro algo parecida al
haya pero sin señales de los rayos me-
dulares. La mansonia tiene algo de color
del nogal y es útil como madera para
muebles. El afara de Nigeria tiene un co-
lor claro de paja y se puede obtener a
veces. La afrosia tiene un color amarro-
nado, con sombras amarillas, con la veta
entrecruzada que necesita cuidado al
cepillar. Todas estas maderas varían
considerablemente en calidad y el mejor
plan para su uso es consultar un texto
sobre sus características o ver si el co-
merciante de maderas puede ofrecer al -
guna información.
La teca se ha hecho popular como ma-
dera para muebles' y puede obtenerse en
una buena gama de gruesos y anchos.
No es una buena madera para el enco-
lado debido a su naturaleza grasosa pero
ayuda el uso de desengrasantes. Uno de
los adhesivos modernos de A. P. V. con
aditivos de resina es el de mejor resul-
tado.
Maderas blandas. La principal de las
maderas blandas para carpintería es el
pino rojo del Báltico. Su calidad es muy
variable, siendo el mayor inconveniente
de las calidades bajas la presencia de
nudos, pero las mejores tablas pueden
estar razonablemente limpias de nudos
grandes. Es ampliamente usada como
madera estructural, techos, suelos, puer-
tas, etc. pero necesita cuidado en su se-
.Iección cuando se usa para pilares, vigas
y fines similares, porque los nudos en
mala posición pueden reducir enorme-
mente su resistencia. En la construc-
ción de muebles se usa con frecuencia
para bastidores traseros, travesaños
ocultos, etc., aunque deben evitarse las
malas calidades.
El pino amarillo o blanco de Norteamé-
e
Fig. 1. Ejemplos de : a, tabl ero laminado.- b, table-
ro alistonado. - e, tablero tableado.
rica es una madera deliciosa, pero es de
lo más difícil de obtener; si se puede
lograr como madera usada es excelente
como base para el chapeado.
El pino del Paraná se suministra bien
y es una madera de rendimiento de pri -
mera clase, a menudo enteramente libre
de nudos y es útil, aunque con frecuen-
cia se alabea al secar y se raja fácil-
mente.
Cuando se puede obtener cedro rojo de
Oriente es una madera excelente para
estructuras, pudiendo lograrse tablones
anchos y largos libres de nudos. Es ade-
cuada para uso interior y exterior. Para
este último no necesita protección y
por esta razón es usada a menudo para
techumbres.
Contrachapado. Las calidades varían
enormemente. El barato de cajas de té
es inútil para trabajos de calidad; las
chapas probablemente no se han seca-
183
do bien, la cola puede faltar y presenta
muchos defectos tales como separacio-
nes en la capa media o incluso solapes.
Sin embargo un contrachapado bien
hecho por un fabricante de confianza ,
es completamente seguro y puede usar-
se para el cuerpo de un trabajo chapea-
do. Más información sobre esto se en-
cuentra en el capítulo sobre el chapea-
do. Los contrachapados más delgados
tienen tres chapas, la del centro es más
gruesa que las otras. El contrachapado
grueso tiene más de tres chapas. Para
su fabricación se usan diversas made-
ras ; abedul , aliso, fresno, pino y gabón.
Esta última en tableros contrachapados
proporciona una buena base para puer-
tas lisas chapeadas.
Tablero laminado, etc. Están construi-
dos como se muestra en <t'a f igura 1, con
un núcleo interior de chapas, listones
o tablas recubierto por dos capas del -
gadas exteriores con la fibra en ángulo
recto. De los tres tipos que se muestran
el lami nado ' es el menos propenso a
deformaciones.
Tablero aglomerado. Se hace en gran
escala partiendo de virutas especial-
mente preparadas unidas con colas de
resina y fuertemente prensadas. Se usa
frecuentemente para divisiones, t rase-
184
ras y piezas de muebles, pero es inade-
cuado para su uso en exteriores. Su
mejor modo de empleo es fijarlo a un
bastidor, pero cuando se usa estructu-
ralmente, en lugar de como relleno,
debe colocarse un borde bastante ancho
en los cantos, ensamblado a lengüeta.
Este, además de aumentar su resisten-
cia proporciona una superficie adecua-
da para los rebajes de las bisagras, etc.
El chapeado puede realizarse con éxito
completo, debiendo chapearse las dos
caras. Algunos tableros aglomerados
se fabrican por un proceso de ext rusión
y recubiertos con chapa fina por ambas
caras. Estos tableros son generalmen-
te fiables, pero deben evitarse las ra-
nuras profundas perpendiculares a
las caras, porque son propensos a chas-
carse.
Tabl eros de recubri mi ento. Bajo esta
denominación se comprende una gama
extensísima, desde los tableros pren-
sados realmente duros, aptos para t e-
char una caravana , etc., hasta los table-
ros blandos previstos fundamentalmen -
te para aislamiento. Las calidades me-
jores y medias se usan con frecuencia
para traseras, fondos de cajones y para
paneles en general que deban ir pin-
tados.
,
Catorce
Acabado de la
madera
En la actualidad se dispone de un am-
plia gama de materiales para el acaba-
do, y la elección depende de si el objeto
ha de ser usado a la intemperie o en el
interior, el roce que tenga, el tipo de
madera en que esté hecho y el gusto
personal. Algunos de los materiales an-
tiguos han sido dados de lado, pero otros
siguen siendo aun populares para cier-
tos trabajos.
Pintura
Para obtener buenos resultados deben
darse por lo menos tres capas: de im-
primación, de recubrimiento o base y de
acabado. Es aconsejable obtener las tres
clases de material del mismo fabricante,
para asegurarse de que pueden usarse
juntas sin riesgo.
Imprimación. Habiendo limpiado pre-
viamente la madera proceda a pintar
cualquier nudo que haya con pintura es-
pecial para estos. Déjela secar durante
media hora y dé una segunda mano.
Los nudos realmente malos deben cor-
tarse y taponar el hueco. Todos los
clavos deben punzonarse. Alise con lija
y dé la primera mano de imprimación.
Esta es corrientemente de color gris o
rosado, aunque para la pintura blanca
o crema es con frecuencia blanca. Debe
ser relativamente delgada, y debe apli -
carse uniformemente, brochando bien
en la madera. Trabaje en la dirección de
la fibra para acabar. Introduzca con la
brocha la pintura en las grietas, etc. Dé-
jela endurecer de 12 a 24 horas.
Capa de recubrimiento. Todos los agu-
jeros de los clavos, las grietas, etc., de-
ben rellenarse con masilla o una pasta
de sellar adecuada. Esta se prensa hacia
adentro y la superficie se alisa pasando
sobre ella la parte plana del cuchillo.
Ocasionalmente, en el caso de ventanas
acristaladas, etc., los rebajes deben re-
185
cubrirse con imprimación antes de usar
las pastas; de lo contrario estas pueden
dejar de adherirse correctamente.
Frote con papel de lija en húmedo-seco,
puesto en un corcho, cualquier rugosi -
dad o desigualdad, humedeciendo la
superficie previamente para que no se
levante el polvo. Cualquier gota o cho-
rrera que se haya formado debe limpiar-
se aunque deberían evitarse desde el
principio tanto como sea posible.
La pintura de recubrimiento o base se
aproxima en color a la de acabado, aun-
que corrientemente hay una ligera dife-
rencia, de modo que es fácil ver las par-
tes que han sido cubiertas. La aplica-
ción es similar a la de la imprimación.
Trabaje bien primero en las partes difí-
ciles, evitando rellenar los detalles y ex-
tienda la caja con brochazos largos y
uniformes en la dirección de la fibra.
Déjela de nuevo endurecer durante 24
horas.
Capa de acabado. Se frota otra vez con
papel abrasivo, como antes, y se limpia
el polvo. Como las pinturas brillantes
tienen la propiedad de fluir y eliminar
las marcas de la brocha no se necesita
el pintar cruzado más que lo justo para
dar una capa uniforme, de hecho no es
aconsejable prolongar el trabajo porque
enseguida tiene lugar un asentamiento.
Trabaje bien los cantos en cuanto sea
posible de forma que se eviten los re-
gruesos en los cantos y las chorreras.
Si hay alguna chorrera en los cantos
laterales trabaje estos a lo largo para
quitarlas.
Todas las pinturas deben revolverse
bien antes de usarlas, y si se ha formado
una película sobre ellas debe cortarla
con un cuchillo y quitarla. La pintura al
aceite que haya reposado algún tiempo
. debe colarse a través de un trapo de
seda viejo antes de usarse. Las brochas
que deban dejarse por la noche para
emplearse al día siguiente se colocan
en un recipiente con agua. Cuando se
acaba el trabajo deben limpiarse ense-
guida con aguarrás y finalmente con
agua caliente y jabón.
Acabado de muebles
Laca de poliuretano. Está basada en
una resina sintética y es conocica gene-
ralmente como laca P.U. Corrientemen-
te es del tipo catalítico ; la laca perma-
nece en buenas condiciones de uso
durante un tiempo casi ilimitado si se
guarda sellada. Solamente cuando se le
mezcla el catalizador comienza a endu-
recer. Por regla general con el paque-
te se suministra un tercer envase con-
teniendo disolvente que también puede
usarse para limpiar brochas. Como regla
general se necesitan dos capas como
mínimo para un buen acabado y ge-
neralmente los mejores resultados se
obtienen diluyendo la pintura y apli -
cando capas extras, en lugar de aplicar
una capa gruesa. Después de endure-
cida, la superficie se frota ligeramente
con papel de lija finísimo (grado de ha-
rina) o con lana de acero del grado más
fino. Puede dársele un brillo de espejo
frotándola con pasta de pulir fina des-
pués de estar la laca completamente
curada. La laca se aplica con brocha y
no requiere mayor habilidad que un tra-
bajo cuidadoso. Puede ser necesario
aplicar un sellador de la fibra si ésta
es abierta, aplicándose antes de dar la
laca. Es aconsejable usar el sellador su-
ministrado por el fabricante de la laca,
pues otros productos pueden ser incom-
patibles.
Celulosa. Es otro acabado frecuente-
mente usado en la actualidad. Según
el tipo puede ser aplicado con brocha
o con pistola, siendo preferible el últi -
mo. Si se usa la brocha es necesario
un toque hábil cuando se aplica la se-
gunda capa, pues esta tiende a ablan-
dar la primera.
En algunos casos el trabajo se deja tal
como queda de la brocha o la pistola,
pero se obtiene un efecto más brillante
con el pulido. Se hace una almohadilla
de algodón cubierto con cuero blando,
con la superficie completamente lisa sin
arrugas. Se moja en un l íquido espe-
cial de pulir, que tiene una acción disol -
vente media sobre la celulosa , y se frota
la superficie primero con un movimiento
circular y luego con toques rectos en
la dirección de la fibra. Esto tiene el
efecto no sólo de eliminar todas las irre-
gularidades de la celulosa, sino también
el de forzar a la celulosa a penetrar en
la fibra abierta. Si queda demasiado
brillante para el gusto, puede apagarse
el brillo frotando con lana de acero lu-
brificada con cera de pulir.
Aceite de teca. En la actualidad el uso
de madera de teca para muebles, mas
el gusto por un acabado semibrillante.
han dado popularidad al aceite de teca
como acabado. Además de para la teca
puede utilizarse para otras maderas du-
ras. Da un acabado blando y lustroso
y es uno de los acabados más simples
de aplicar ; simplemente se frota con un
trapo. Las maderas nuevas necesitan
varias aplicaciones, pero gradualmente
se va formando una película. El aceite
de teca va reemplazando ampliamente
el ant iguo acabado de aceite de linaza
con secantes de trementina. Seca más
rápidamente y se adhiere mejor.
Barnizado a muñeca. Aunque el barni -
zado a muñeca con goma laca no es tan
ampliamente usado como antiguamen-
te, este acabado es preferido a ún por
muchos trabajadores, especialmente en
el negocio de restauración de antigüe-
dades. Es capaz de dar el acabado más
atractivo pero tiene el inconveniente de
no ser resistente al calor, al agua, al al -
cohol y otras sustancias que manchan.
Además exige un alto grado de destreza
si se ha de obtener un acabado realmen-
te limpio. Para trabajos caseros la ma-
yoría de los trabajadores prefieren los
acabados más modernos y simples.
Pa ra describi r las fases brevemente ;
la madera se tiñe (si lo requiere) , se relle-
na la veta (también si lo requiere) y des-
pués comienza el barnizado propiamen-
te dicho. Este consiste en cuatro fases:
manchar, colorear (si se necesita). recar-
gar y acabar. La laca para muñeca se
hace de varios tipos : granate, de un
tinte marrón oscuro ; botón, un color
amarillento; naranja, un barniz medio ;
blanco, de un tinte cremoso y transpa-
rente, un líquido casi incoloro. Los
barnices claros son para maderas claras
y el granate para oscurecer el color de
la madera. El naranja es el usado más
corrientemente.
Se hace una muñeca para barnizar, co-
mo se muestra en la figura 1, Y el barniz
se aplica a la almohadilla de algodón
levantando el trapo. Para el manchado
preliminar la muñeca se mueve sobre el
trabajo en golpes largos y rectos, como
en (a). figura 2, estando la muñeca ge-
nerosamente cargada de barniz. Esto
es seguido de la fase de recargar en la
cual se forma un buen grueso de barniz;
en ella el barniz se aplica con un movi-
miento circular (b) , figura 2, seguido
de un movimiento en forma de ocho (c)
variando éste con un movimiento ova-
lado (d).
Finalmente se usan pasadas rectas. Es
necesario poner una gota de aceite de
linaza en la cara de la muñeca para lu-
brificarla, pero no debe ponerse más
de lo imprescindible. Son necesarias
varias aplicaciones con intervalos de
secado.
El trabajo puede acabarse con barniz
estirado o con alcohol. Para lo primero
187
Fig. 1. Fases de la preparaci ón de una muñeca para barnizar. Para el cuerpo se emplea algodón en
rama que se moldea en f orma de pera. Después de cargado con el barniz se envuelve en un trapo
fino de hi lo.
188
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a
c
)
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Fig. 2. Movimientos de la muñeca durante el barnizado.
se carga la muñequilla con la mitad de
barniz y la mitad de alcohol y se desliza
por la superficie con golpes rectos a lo
largo de la veta, como en (f). La ligereza
del toque es esencial.
Para acabar con alcohol se hace una
muñeca nueva y en la almohadilla de
algodón se ponen un par de gotas de
alcohol solamente. Se aplica a la super-
ficie en grandes círculos o en forma de
ocho, cambiando gradualmente a los
golpes rectos. A medida que se seca la
muñeca se aumenta la presión hast a
que actúa como un bruñidor quitando el
aceite. La cara de la muñeca se va en-
grasando a medida que absorbe el acei-
te y la envoltura debe cambiarse a un
si t io limpio.
Pul ido a la cera. Es sencillo de usar y
puede renovarse de vez en cuando. Si
previamente se ha aplicado un teñido
al aceite es fundamental fijarlo primero
con dos capas, por lo menos, de barniz
a muñeca. De lo contrario puede levan-
tarse en manchas irregulares. En cual-
quier caso es un buen sistema dar cuer-
po a la madera usando barniz blanco
para un trabajo que deba ir en color na-
tural o goma laca. Esto no sólo ayuda
a preservarlo del polvo sino -que propor-
ciona una película previa.
Puede utilizar cualquier cera de pulir
con buenas características o preparar
la suya propia partiendo de cera de abe-
jas disuelta en trementina. La tremen-
tina americana de la mejor cal idad es la
más satisfactoria pero puede usarse un
sustituto de buena calidad (white spirit)
que es más barato. El proceso de diso-
lución se acelera calentando al baño
María (no use nunca la llama directa).
Para endurecer el pulimento añada una
pequeña cant idad de resina la cual se
funde y mezcla bien. Cuando esté frío
el pulimento debe tener la consistencia
de la mantequilla en verano.
Apl íquelo li bremente con un cepill o
(tipo cepillo para botas) y se dej a endu-
189
recer durante 12 a 24 horas. Púlalo con
un cepillo similar y acábelo con una
muñeca. No se forma ninguna película
hasta que no se ha evaporado la tre-
mentina.
Barniz para tableros de mesa. Este
acabado es considerablemente más re-
sistente al calor y las manchas de agua
y alcohol, que el barnizado corriente de
goma laca. Se aplica de la misma for-
ma pero sin emplear aceite.
Barnizado. No es usado ampliamente
en la actualidad, habiendo sido susti -
tuido en gran parte por los acabados a
base de celulosa y lacas catalíticas ;
de las cuales hay muchas variedades
que producen superficies extremada-
mente duras y resistentes al calor, al
agua y al alcohol. Sin embargo el barni -
zado se emplea a ún con cierta exten-
sión, siendo las dos clases existentes:
el barniz al aceite, usado a veces sobre
la pintura o sobre la madera desnuda
que ha de exponerse a la intemperie y
el barniz al alcohol , el cual incluye los
distintos barnices de goma laca, no es
tan duradero a la intemperie y se usa
generalmente para objetos de interior
solo o en combinación con la goma
laca. A veces se conoce como laca
transparente.
Tintes. Aunque la tendencia actual es
usar la madera en su color natural , los
tintes se prefieren a ún en ciertas cir-
cunstancias. Debe tenerse en cuenta el
hecho de que algunos acabados moder-
nos no son compatibles con los tintes
porque se produce una reacción cau-
sando diversas perturbaciones. Deben
consultarse previamente las instruccio-
nes suministradas con los productos de
acabado. Hay muchos tintes con base
de agua, aceite y alcohol que se presen-
tan en una amplia gama de tonos. Apar-
te de estos hay también ciertos mate-
riales de gran valor para oscurecer,
aclarar o colorear las maderas.
190
Para el roble el tinte básico más útil se
hace con cristales de Vandyke, disueltos
en agua caliente; dependiendo la can-
tidad de la profundidad del color reque-
rido. Remueva la solución y fíltrela
a través de muselina. El sistema usual
es hacer una solución concentrada y di-
luirla lo necesario. Inmediatamente an-
tes de su uso se añade un poco de amo-
níaco de 0,880 que facilita la pene-
tración en la fibra.
También pueden obtenerse cristales
de caoba que dan un tono más rojizo.
Las dos soluciones pueden mezclarse
(después de preparadas separadamen-
te) para obtener un torio especial. Otro
material para avivar el color es el polvo
de eosina el cual , disuelto en agua, da
un tinte rojo brillante. Tenga cuidado en
no excederse en su uso.
Para oscurecer la caoba se usa gene-
ralmente el bicromato potásico. Los
cristales se disuelven en agua que torna
un color naranja brillante. Sin embargo
su acción sobre la madera es química
y vuelve la caoba de un tono marrón.
Es usado extensamente en el negocio
de reproducciones. Puede también
usarse sobre el roble el cual se vuelve
marrón ligeramente verdoso. Añadién-
dole cristales de Vandyke y amoníaco
pueden obtenerse tonos variados.
El sulfato de hierro o caparrosa verde
disuelto en agua volverá al roble de un
color gris azulado (evite usarlo dema-
siado fuerte o acabará en un brillante
color azul Air Force). A veces se usa
para hacer que la caoba parezca nogal.
Como el efecto aparece principalmen-
te cuando se seca, debe usarse con · cúi -
dado. Debe ser prácticamente agua
clara y su efecto se ensaya sobre un
trozo de madera sobrante y dejado se-
car. El sicomoro se trata frecuentemen-
te con él para volverlo de color gris.
El amoníaco tiene un efecto oscure-
cedor sobre el roble. El mejor sistema
no es aplicar el líquido a la madera,
sino someter ésta a sus vapores. El
mueble en conjunto se coloca en una
cámara estanca, con las superficies lim-
pias de cola y grasa y todos los cajones,
puertas, etc. , abiertas. El líquido se
echa en un par de salseras y se sella
la cámara. Si no es practicable un vi -
drio de observación, debe taladrarse
un agujero e insertar en él una pieza
del mismo roble. El tiempo que se toma
va desde diez minutos a varias horas
de acuerdo con la profundidad de color
requerida y el tamaño de la cámara.
Como algunas variedades de roble son
más fácilmente afectadas que otras
debe emplearse la misma clase para
cada ~ n o de los trabajos.
Tenga cuidado de no inclinarse sobre
los vapores del amoníaco que son muy
fuertes y pueden tener resultados desa-
gradables. No maneje el amoníaco
directamente pues puede ser dañino
para los dedos y amarillearlos.
Tintes al aceite. Usualmente se com-
pran preparados, dispuestos para apli -
carlos. Tienen la ventaja de no levantar
la fibra, pero no son tan transparentes
como los tintes al agua y su efecto es
diferente en que dejan un depósito os-
curo en las fibras abiertas. Después de
secos hay que aplicarles dos manos de
goma laca antes de que pueda apl icár-
seles algún pulimento de cera , de lo
contrario el tinte puede levantarse de-
sigualmente en manchas.
Colorantes al alcohol. Tampoco estos
levantan la fibra, pero, debido a su rá-
pida evaporación requieren un manejo
diestro y seguro. En superficies grandes
es difícil mantener el canto libre, se
obtienen listos para aplicar o en polvo
para mezclarlos con alcohol.
Colorantes de anilina. Las anilinas de-
ben usarse con cuidado debido a sus co-
lores brillantes y poco ortodoxos desde
el punto de vista del trabajo de la made-
ra. Frecuentemente se usan como adi-
tivos para entonar otros tintes. General -
mente los más usados son: el pardo
Vandyke, un marrón algo frío, usado
principalmente para el roble ; el negro
para imitar el ébano; el pardo Bismarck,
un rojo potente usado principalmente
para entonar los tintes marrones. Hay
una amplia gama de colores ; verde,
azul, amarillo, etc. que pueden ser a me-
nudo usados para el acabado de ju-
guetes, etc.
Los colorantes de anilina se presentan
en forma de polvo y pueden obtenerse
solubles en agua o en aceite. Los pri -
meros pueden disolverse en agua o en
alcohol y si se necesita un aglutinante
se añade un poco de cola al agua o un
poco de barniz de laca blanco al alcohol.
Estos tipos solubles en alcohol son a
menudo útiles para añadir al barniz de
goma laca para obtener acabados de co-
lor. Las anilinas solubles en aceite se
disuelven en sustitutivos de la tremen-
tina y en caso de necesitar un agluti -
nante se añade un poco de cola de
dorar.
Aplicación del tinte. Puede emplearse
una brocha o un trapo. En todos los ca-
sos hay que mantener los cantos libres
para evitar señales de unión de mala
vista y acabar en el sentido de la veta.
Antes de usar un tinte al agua la madera
debe mojarse con agua caliente, dejar
que se seque y alisarla con lija.
Entonces cuando se aplica el tinte la fi -
bra no se levanta indebidamente. Como
la fibra de testa absorbe el tinte más
rápidamente y en consecuencia tiende
a oscurecerse más, el tinte debe diluirse
para estas partes. Cuando se haya seca-
do aplique dos veces barniz de goma
laca. Esto sirve para fijar el tinte.
Tapaporos o selladores. El roble se
191
puede acabar tal como es, pero en otras
maderas duras tales como la caoba y
el nogal hay que tapar los poros exis-
tentes entre sus fibras. Existen diversas
pastas tapaporos o selladores. Los se-
lladores pueden obtenerse en color na-
tural (gris) o en varios colores para se-
guir el de la madera. En cualquier caso
pueden colorearse con tintes al aceite.
Si es demasiado espeso adelgácelo con
trementina. Mantenga la tapa bien ce-
rrada , pues si no el sellador se endure-
cerá. Puede aplicarse con una brocha
o un trapo, pero el último se aplica
cuando el asentamiento ha comenzado
para forzar al sellador a introducirse en
192
los poros. Se aplica en sentido trans-
versal a la fibra.
Para las maderas blandas el sistema
corriente es usar cola. Esta puede ser
cola corriente adelgazada hasta que no
se sienta su pegajosidad. La cola es-
pesa se queda sobre la superficie, mien-
tras que la cola fluida se empapa en las
fibras y sella los poros. Cuando está
completamente seca se alisa la super-
ficie con papel de lija y el trabajo queda
listo para aplicar el acabado. Como caso
especial. la cola no puede aplicarse a un
trabajo teñido al aceite; en este caso
debe emplearse pasta de sellar.
Quince
Adhesivos
En la actualidad se dispone de una am-
plia gama de adhesivos para el trabajo
de la madera. Los modernos tipos han
desplazado en gran parte a la antigua
cola animal porque son más convenien-
tes en su uso y también en muchos
casos son más resistentes a la hume-
dad. En cambio son generalmente más
caros. la cola animal se usa aún amplia-
mente en la reparación de antigüedades,
y con tal que la pieza no esté expuesta
a la humedad es un pegamento exce-
lente si se emplea adecuadamente.
Resinas sintéti cas. la UF (úrea for-
maldehído) es ampliamente usada en
la industria y casi en exclusiva en el ta-
ller casero. Se usa en frío, es alta-
mente resistente a la humedad y no tiñe.
Existen di stintos tipos; uno se presenta
en forma de jarabe con un líquido en-
durecedor separado de aspecto acuoso
y tiene una vida propia limitada. Más
conveniente para el pequeño consumi -
dar es el polvo que mezclado con agua
se convierte en un jarabe similar al an-
terior ; su vida es considerablemente
mayor. Otra forma de adhesivo en pol vo
tiene el endurecedor incorporado de an-
temano y sólo necesita mezclarse con
agua. Es un adhesivo universal extre-
madamente fuerte.
APV. (acetato de poli vinilo). Es una
emulsión blanca lista para su uso t al
como se presenta. Hay muchos prepa-
rados disponibl es y a menudo tienen
aditivos de resina. Se usa en frío como
adhesivo general y tiene una buena re-
sistencia aunque su resistencia a la hu-
medad es baja. No mancha aunque algu-
nas marcas tienen t endencia a volvNse
marrones al contacto con ciertas made-
ras tal es como el roble.
Caseína. No es tan usada como ante-
ri ormente, pero es una cola fuert e, en
forma de pol vo para mezclar con agua.
Un inconveniente es su t endencia a t eñir
algu nas maderas duras tales como el
robl e, la caoba, el nogal , etc. Ti ene bue-
na resistencia a l a humedad.
Resinas epoxílicas. Estas son usadas
princi palmente para uni r metal a la ma-
dera. Se presentan como dos product os
separados que deben mezclarse para
que comience el endureci miento. Ti enen
un uso l imitado en los talleres de car-
pint ería y ebanistería, siendo caras.
Son úti les para trabajos especi al es y son
muy resi stentes a la humedad.
Cola animal. Es una cola fuerte pa ra
uso general , aunque no es resistente a
la humedad y no puede usarse para t ra-
bajos para la intemperi e. Necesi ta usar-
se en caliente, por lo que algunas unio-
nes ensambladas se calientan antes de
armarlas. Hay productos fabricados que
no necesitan calor más que en invierno.
la col a animal no ti ñe y es la única que
puede utilizarse en el chapeado a mar-
tillo.
193
Se obtiene en forma de granos o placas.
estas últimas deben partirse en trocitos.
Se coloca en el recipiente para la cola.
se recubre de agua y se deja remojar du-
rante toda la noche.
Se calienta después al baño maría y la
cola se funde. Cuando está caliente de-
be chorrear de la brocha libremente sin
grumos y también sin dividirse en go-
tas. No caliente nunca la cola directa-
mente sobre la llama ni la deje hervir.
Adhesivos de impacto. El principal uso
de estos es pegar laminados plásticos
194
sobre la madera . aunque pueden en al -
gunos casos emplearse para trabajos
especiales de chapeado. Se apl ican a
las dos piezas y se dejan secar un rato
y al juntar las piezas el agarre es in-
mediato.
Son útiles para algunos trabajos de re-
paración de formas extrañas en los que
hay dificultad para apl icar los gatos de
apriete. No pueden usarse para uniones
de bastidores de ningún tipo porque se
agarran instantáneament e y las uniones
tales como espigas y lazos no pueden
llegarse a encajar.
Dieciseis
Diseños
/
Fig. 1. Carrito para el té.
Carrito de té con
bandeja suelta
Es un elemento manejable que puede
usarse tanto en el jardín como en el
interior de la casa. La bandeja suelta
permite transportar cosas desde la co-
cina y es una ventaja cuando se han
de salvar escalones. La bandeja tam-
bién puede usarse independientemente
del carrito.
Para el armazón puede usarse prácti -
camente cualquier madera sana , aunque
si es posible debe hacer juego con el
contrachapado de la bandeja. Alterna-
tivamente puede recubrirse la bandeja
con laminado plástico.
Puede verse que las patas están adel -
gazadas por ambos lados; por dentro
desde el estante hacia abaJo, por fuera
hacia arriba hasta la parte superior. ·Sin
embargo, los cantos interiores son pa-
ralelos desde el estante hasta arriba.
Fig. 2 Vista en explosión mostrando la construc-
ción.
195
Aparte de su apariencia esto tiene la
ventaja de que los apoyos de las espigas
de los travesaños están a escuadra. En
la figura 2 se muestra una fijación sen-
cilla para los listones del estante, dos
travesaños delgados se encajan en en-
tallas de las patas y aprisionan las ta-
blillas entre ellos.
Arriba las patas están conformadas y
mortajadas para recibir los travesaños.
Los travesaños extremos están recorta-
dos en la parte central para que por ellos
pasen las asas de la bandeja, figura 5.
Las patas están entalladas para los tra-
vesaños que sostienen las tablillas del
estante, las entallas son ciegas. Los lar-
gueros se deben conformar según se
muestra en la figura 5, estando unidos
a caja y espiga a las patas. Para dar una
resistencia adicional pueden colocarse
refuerzos en las esquinas, por debajo del
fondo de la bandeja.
Las tablillas tienen los cantos y extre-
mos redondeados y se sostienen entre
dos listones en cada extremo, sobre-
saliendo ligeramente de ellos, encola-
das y clavadas por debajo. Cuando está
terminado el estante se encola encajado
en las patas y se clavan en diagonal en
las patas dos puntas bien fuertes.
Una alternativa para el estante es usar
una pieza de contrachapado de 9,5 mm.
encajada en las entallas. En cierta forma
ésta tiene la ventaja de que las tazas y
vasos, etc., no tienden a caerse. Sin em-
bargo la finalidad real del estante es
sostener una bandeja suelta.
Para la bandeja es aconsejable usar con-
trachapado de 9,5 mm. Los cantos se
redondean. Si se emplea madera maciza
debe ser seca y sana. Las molduras del
borde se chaflanan en una pieza mayor
y se cortan. Si las caras inclinadas se
unen temporalmente con clavos se pue-
den biselar los cantos opuestos con el
cepillo. Las molduras ingletadas se ator-
196
nillan desde abajo a través del fondo y
las esquinas se redondean ligeramente
por fuera.
Despiezo
Largo
cm.
4 patas 58
2 travesaños 36
1 moldura bandeja 100
2 largueros 60
1 bandeja 66
4 listones 40
5 tablillas 63
Invernaderos
de jardín
Ancho Grueso
cm. cm.
4,5 22,
6, 22,
6, 22,
5,5 19,
42, 9.5
2,5 6,5
5,5 6,5
Pueden hacerse de una sola cristalera
como el de la Fig. 1, o doble como el de
la Fig. 2. Las dimensiones pueden modi -
ficarse un poco, pero es aconsejable
mantener la medida de 308 mm. entre
los rebajes porque permite emplear el
vidrio del ancho standar de 12 pulgadas,
A veces se colocan dos o tres vidrios en
un hueco y entonces se deben preveer
el solape.
Cuerpo. La construcción se muestra en
la figura 2, las dimensiones se hacen
siguiendo las medidas del bastidor. Se
emplean tablas machihembradas y es
bueno disponer las alturas de forma que
se emplee un número entero de éstas
en el frente y la trasera, teniendo en
cuenta la ranura y la lengüeta que deben
cepillarse. Una independientemente
el frente y la trasera, atornillando los
postes enrasados con los extremos y
en el caso del de vidriera doble, los tra-
vesaños. Es aconsejable pintar todas
las superficies de juntas antés de fijarlas.
Los costados se añaden a estos, fijando
primero las dos tablas enteras de abajo.
Coloque las dos tablas de arriba en po-
sición sobre las otras, trace una línea a
Fig. 3. Vista de arriba.
Fig. 5. Vistas de frente y de lado con las medi-
das principales.
E
u
00
60cm
Fig. 4. Secciones de la parte superior y la ban-
deja. .
E
u
lO
lO
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32cm
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E
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E
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r--
('")
J
-
'---_ __ --'-' 107.8cm ___ ----' Fig. 3
198
Fig. 1. Invernadero de jardín con vidriera deslizan-
te. Se usan vidrios standar.
Fig. 2. Construcción del cuerpo del invernadero
con dos vidrieras .
Fi g. 3. Medidas principales del bastidor.
travé's con una regla para tener la in-
clinación y corte las partes sobrantes.
Atornille los costados a través de los
postes de detrás y añada las piezas de
guía. Estas últimas dan rigidez al con-
junto, aunque deben añadirse montan-
tes centrales si aparece alguna debili -
dad. Es aconsejable cortar ranuras de
desagüe a lo largo del canto inclinado
de los costados. Para el de dos bastido-
res se hace una sección en T invertida Fig, 4
clavando o atornillando dos piezas jun-
tas como se ve en la figura 2. Se cortan
entallas en el frente y la trasera , para
recibirla. A medida que avance el trabajo
embuta todos los clavos; aunque los
agujeros no se empastan hasta des-
pués de dada la capa de imprimación.
Bastidor. Las medidas se dan en la
figura 3. Si se prefiere pueden emplear-
se madera de sección normalizada, es-
pecialmente para los barrotes. Si se
hace esto hay que adaptar las medidas
a ello. Los ensambles para el bastidor
principal se muestran en la figura 4, y
puede verse que el travesaño inferior
es más delgado que los otros ya que el
cristal ha de descansar sobre él. Como
consecuencia es necesaria una espiga
enrasada a la cara. En la parte de abajo
se hace un reta Ión, como se muestra.
Fíjese en que todos los ensambles
están emboquillados (a inglete), y se ha
cortado la madera del lado de las mor-
tajas opuesto al rebaje enrasándola con
éste. Esto permite que los apoyos de las
espigas estén igualados. Todas las
cajas son abiertas y las espigas acuña-
das por fuera.
La figura 5 muestra los ensambles de
los barrotes con el bastidor. En la parte
baja se corta una entalla en el travesa-
ño para recibir la parte saliente, los
ensambles se hacen emboquillados co-
mo los anteriores. Es aconsejable hacer
una ranura de goteo en la parte baja del
travesaño superior, para que el agua
no corra hacia adentro.
Fi g, 4. Ensambl es de las esquinas del bast idor,
Fi g. 5. Ensamble de los barrotes al bastidor.
199
Después de igualar las juntas proceda
a repasar todos los nudos con el cepillo
adecuado. Dé al conjunto una capa de
i mprimación incluso a los rebajes cuan-
do esté seca, empaste todos los agu-
jeros de los clavos, grietas, etc. y pro-
ceda al acristalado. Extienda una capa
de masilla sobre el rebaje, coloque los
cristales de modo que asienten bien
planos y enmasille todo alrededor.
Despiezo
Para una sol a
cristalera Largo Ancho Grueso
Cuerpo cm. mm. mm.
6 piezas 107 15, 22 Mach
8 piezas 137 15, 22 Mach
2 postes 64 5, 50
2 postes 33 5, 50
2 guías 140 lO, 23
Bastidor
2 montantes 140 7,5 50
1 travesaño 110 7,5 50
1 t ravesaño 137 10, 38
2 barrotes 137 4.4 50
Para dos crist al eras
Cuerpo
6 piezas 220 15, 22 Mach
8 piezas 137 15, 22 Mach
2 postes 64 5, 50
2 postes 33 5, 50
2 guías 140 10, 22
1 pieza T 140 7, 5 22
pieza T 140 5,5 22
BASTIDORES
Igual al de una sola cristalera pero en
cantidades dobles.
Banco de carpintero
Las características requeridas para un
banco de carpintero son : que sea rígi -
do, que tenga el tablero lo más grueso
posible y plano y pueda quedar comple-
tamente liso cuando se necesite y que
200
esté provisto de un tornillo y un tope
para cepillar. El tamaño está en gran
forma determinado por el espacio dispo-
nible, pero como regla general se hace
tan grande como lo permita el taller.
Detalles. En el banco de la Fig. 1, la ri -
gidez está asegurada por el ancho large-
ro frontal (faldón) que está entall ado en
las patas. El grosor del tablero depende
del material disponible, pero suponiendo
que se emplée tabla de 25 mm. de grue-
so solamente, también el faldón ayuda a
evitar que se doble. Si se dispone de un
tablero más grueso será desde luego,
preferible y las medidas que se dan en la
Fig. 2 deberán adaptarse a éste.
Se dispone un cajoncillo rehundido, que
permite guardar sobre el banco las he-
rramientas de uso diario sin que estor-
ben para la colocación de piezas de ma-
dera anchas sobre el banco. Además
hay un ancho estante para las herra-
mientas grandes y los útiles, y una cre-
mallera en la parte posterior. El tope
de banco .es un bloque de madera que
puede introducirse golpeándolo hasta
igualarse con la superficie del banco,
Para facilitar el corte de las maderas se
dispone en el extremo del banco de otro
tope, también escamoteable para dejar
libre la superficie de la mesa. Para apo-
yar piezas largas, cuando se sujetan en
el tornillo, se dispone una serie de agu-
jeros de 12,5 mm. de diámetro en la
pata del lado derecho ; una clavija in-
troducida en uno de estos agujeros pro-
porciona un apoyo útil.
Armazón. Para las patas se emplea ma-
dera de 75 por 50 mm.
Son preferibles maderas duras tales
como el haya, o el fresno, aunque es
frecuente usar maderas blandas con
buen resultado. Escuadre las secciones
y trace los ensambles. Las patas trase-
ras son más cortas que las de delante,
para permitir la colocación del cajoncillo
Tope de ba nco Cremallera
Cajoncillo
para herramientas
Tope de extremo
o
Tornillo
Fig . 1. Banco sencill o para un pequeño t all er casero.
y los travesaños de los lados está n re-
bajados para adapt arse a esto (figura 2) .
La bandeja para herramientas es una
simple caja poco profunda, con los
bordes clavados o atorni llados y con el
fondo de contrachapado atornillado por
debajo. Se f ija en posición con tornillos
y se le añade la cremallera detrás. Esta
es un simple palo atornillado detrás con
la interposición de tres piezas distan-
ciadoras para dejar un claro a través
del que pasan las herramientas.
Topes. Para recibir el tope de banco se
hace un agujero cuadrado en el tablero.
El tope (de madera dura) se hace ajusta-
do fuerte en el agujero. La figura 2,
muestra como se añade el tope pivo-
tante de extremo. Este está conformado
de modo que cuando se cierra queda
enrasado con la superficie del banco.
Para hacerlo debe usarse madera dura y
debe añadirse un canto atornillado al
extremo del banco. No es un elemento
esencial y puede omitirse si se quiere
utilizando el cortador para los cortes de
serrucho transversales.
Tornillo. Este necesita ciertamente un
bloque de recubrimiento debajo del ta-
blero cuyo espesor depende del modelo
del tornillo y del espesor del tablero.
Posiblemente también será necesario
hacer un rebaje en el delantal para re-
cibirlo y cortar ranuras ; con seguridad
habrá que hacer agujeros para pasar el
husillo y las barras de guía. Es impo-
sible dar detalles porque los modelos
varían según el fabricante. Es esencial
una fijación fuerte y rígida y la cara
del tornillo debe estar alineada con el
canto del banco. En algunos casos pue-
de ser mejor fijar el cuerpo del tornillo
201
I •
-
:-- - -------1
t
7.5cm
04--
122cm
E
u
L!)
102cm
E
u
CD
ro
..
..
,.
,.
,

1-1'- 38cm _
..
__ __ :'.: __ _
o E t
u t
)/
,
I
Fig. 2
por detrás del faldón en lugar de por
delante. En la mordaza móvil se pone
una gualdera de madera.
El banco se completa con la adición de
un estante para herramientas. Se ator-
nilla por debajo de los travesaños late-
rales y se añaden listones para sostener-
lo por dentro de los travesaños delan-
tero y trasero, como se muestra en la
sección transversal de la figura 2.
Los travesaños laterales están espiga-
dos, los de arriba con retalón , como se
ve en la figura 2. Los travesaños infe-
202
extremo
./
/
riores y el trasero también están espi -
gados y para evitar la debilitaci ón in-
debida de la madera los inferiores están
escalonados, los de delante y detrás
inmediatamente debajo de los laterales.
El travesaño delantero superior O de-
lantal no está espigado sino entallado
para acoplarse a las patas. El ajuste ce-
rrado de este último ensamble es esen-
cial , pues su función es evitar el bam-
boleo.
Encole y arme los dos bastidores de
los extremos separadamente. Un buen
sistema es enclavijar las uniones de
caja y espiga. Esto no sólo ahorra el te-
ner muchos gatos, sino que mantiene
firmes ·las uniones. El agujero de la cla-
vija se taladra en la mortaja ; se coloca
en posición la espiga apretándola con
un gato y se marca con la punta de la
barrena, pasándola por el agujero. Se
separan las piezas y la espiga se tala-
dra a 1,5 mm. más cerca de los apoyos.
Las clavijas deben ser ligeramente có-
nicas para que entren fácilmente. Las
uniones se encolan al armar , natural -
mente.
Después de secarse la cola se añaden
los travesaños delanteros y traseros,
estos también preferiblemente encla-
vijados. Finalmente se encola y ator-
nilla el delantal.
Tablero. Si le es posible use para éste
una madera dura tal como el haya. El
espesor mínimo es de 22 mm. , pero si
es posible debe ser de 50 mm.; en cuyo
caso se rebajan las posiciones de los
travesaños superiores, laterales y ·tra-
sera de acuerdo con éste espesor. Fí-
jelo con tornillos desde arriba, empo-
trando los tornillos y taponando los
agujeros. En los lados lo más simple
es colocar tornillos en rebajes, pero los
agujeros deben ser de un tamaño sufi -
cientemente grande para permitir la
contracción.
Despiezo
Largo Ancho Grueso
cm. mm. mm.
2 patas 86 75 50
2 patas 84 75 50
1 fald ón 123 160 25
1 travesaño 102 75 50
2 travesaños 102 50 50
2 travesaños 46 50 50
2 travesa ños 46 100 50
1 tablero 123 390 25
1 estante 103 370 12,5 Contrach.
1 fondo cajón 123 160 6,6 Contrach.
1 canto cajón 123 30 22
1 canto cajón 123
2 canto cajón 12
1 cre.mallera 123
50 25
50 25
60 12,5
Mesita auxiliar
Es un objeto fácil de hacer, consistente
en un tablero de contrachapado con dos
largueros atornillados debajo en los que
se unen las patas a caja y espiga. Si se
prefiere el tablero puede tener la super-
ficie recubierta de laminado plástico de
color o en acabado de madera natural.
Su poco peso hace posible retirarla con
facilidad del lado del sillón.
Primero corte el tablero. Es de contra-
chapado de 12,5 mm. y es preferible
chapearlo por ambas caras para evitar la
tendencia a tirar y curvarse. Sin embar-
go, si se utiliza laminado plástico no se
presenta este inconveniente, con tal de
que se coloque con adhesivo de contac-
to. En este último caso es aconsejable
dar dos capas al contrachapado para
mejorar la adherencia. Primero, sin em-
bargo, corte el tablero en su forma. Las
curvas pueden trazarse con un listón do-
blado a su forma , se dibuja una línea de
lápiz todo alrededor del canto. Se hace
un chaflán alrededor de la cara inferior,
como se muestra en la sección de la Fig.
1 Y se redondea la arista superi or. Cuan-
do se usa plástico laminado la forma
ideal de cortarlo es con una ' sierra de
cinta equipada con sierra para cortar
metal. El canto puede cepillarse des-
pués para obtener una curva suave y ha-
cerse el chaflán inferior. Finalmente se
redondea la arista de arriba.
Los dos largueros se chaflanan por el
canto exterior y los extremos, y en ellos
se escoplean mortajas pasantes para re-
cibir las patas. Como éstas son inclina-
das las mortajas deben tallarse con el
ángulo correspondiente ; también deben
ser más anchas arriba que abaja para
203
cm O
1, !I ,J I! " 1
10
1
20
1
80cm
70cm
30
1
--- - --
/" - r;::-= -- - --
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I
I
I
I
I
I ,r - ------
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Fig. 1. Al zados de frente y de lado.
Fig. 2. Pl ant a del t ablero.
Fig. 3. Detall e de la unión de la pata .
40
1
permitir la efectividad de las cuñas. La
Fig. 3 muestra el corte de la espiga en la
parte superior de la pata. Fíjese en que
los espaldones deben estar en ángulo
para dar la inclinación. Los lados de la
espiga son paralelos a la línea exterior
de la pata.
La Fig. 3 muestra en (a) la forma de la
sección de las patas. Habiendo cortado
los ensambles, adelgace las patas de
arriba hacia abajo. En el ancho todo el
adelgazamiento debe hacerse por el in-
terior y lo mismo en el grueso. Se cepilla
ahora la sección redondeada oval, como
en la Fig. 3. Es aconsejable trabajar las
204
50
1
60
1
.. I
70
1
E
u
o
~
1"
a
Fig. 3
cuatro patas progresivamente. Así los
chaflanes de adelgazamiento se hacen
primero en todas y luego se sigue con el
redondeado.
Finalmente encole las patas a los lar-
gueros, comprobando para que el ángu-
lo sea correcto e introduciendo las cu-
ñas. Cuando se ha encolado una pata
las otras pueden comprobarse con ella.
Por último los largueros se encolan y
atornillan debajo del tablero. Un exce-
lente acabado para todas las piezas d'3
madera' es la laca plástica diluída a la
mitad de su fuerza seguida de encerado.
Despiezo
Largo Ancho Grueso
cm. mm. mm.
1 tablero 81 36, 12,5 Contrach
2 largueros 67 6,5 25
4 patas 41 4,5 32
Divisor de habitación
Este tendrá un buen aspecto con las
partes macizas de mansonia y chapea-
dos de nogal australiano o con las par-
tes macizas de caoba africana y chapas
de caoba de Honduras. Las partes cha-
peadas tienen la base de tableros alisto-
nadas y debe tenerse en cuenta que las
capas exteriores de estos deben tener la
fibra en ángulo recto con la del chapea-
do.
Construcción de los armários. Las di -
versas piezas de las tres cajas se cortan
a medida y se chapean por su cara inte-
rior. Después se ajustan y se labran las
uniones de los ángulos. Para un trabajo
sencillo se pueden emplear la unión en
rebaje, como (a) Fig. 3. Para un trabajo
mejor deben cortarse uniones en lazos
semiocultos, como (b). Estas figuras
muestran el uso de madera maciza y
ésta puede ser preferida. Para tableros
alistonados los lazos deben ser bastante
más anchos, pues de lo contrario la fibra
es propensa a chascarse. En el caso de
la caja inferior se coloca una división
central , que debe encajarse en ella. Des-
pués de armadas las cajas deben cha-
pearse las superficies exteriores. Cuan-
do la cola se ha asentado se cepillan los
cantos de chapa sobrantes y se añaden
las tiras de los cantos del frente.
Los frentes de la caja inferior pueden te-
ner la forma de puertas abisagradas a
los costados o de batientes abisagrados
en la parte inferior y provistos de tiran-
tes para limitar su movimiento. Ambas
caras se chapean y en la del frente la
chapa se remete unos 10 mm. del can-
to, lo que permite pasar un gramil de
Fig. 1. Divisor de habitación con bastante espacio
de exposición.
corte todo alrededor de los cantos para
colocar una banda de chapa con la fibra
al través. La chapa sobrante se tiene
que quitar antes de que asiente la cola.
En la caja central que tiene puertas co-
rrederas de cristal, es necesario hacer
ranuras cerca de los cantos del frente.
Hay que notar que las superiores son
doble de profundas que las inferiores,
como muestra la Fig. 4; esto hace posi -
ble pasar los vidrios hacia arriba y luego
dejarlos caer en las ranuras de abajo.
205
I 1 1
91 cm
I
I
I
I
J ,
t-'
E
"-1
E
o
l!)
81cm
l-l
cm
111 11111111
Fig. 2. Al zados con las dimensiones pri ncipales
y escala.
206
I
I
L
-
t
E
u
r--
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41cm
L J
a
Fig. 3. Variantes constructivas de las cajas.
Fi g. 4
lRf €l]
I
II
'.1 L
: I ~
I
1
b
Fig. 4 . Sección mostrando las puertas correde-
ras de crist al.
Fig. 5. Ca nteado de las puertas.
Fig . 6. Separadores de va rillas de latón.
207
Téngase en cuenta que cuando se usan
tableros alistonados hay que poner un
canto de madera maciza ensamblado a
lengüeta, pues el alistonado no admite
el ranurado. La Fig. 4, muestra también
formas alternativas de fijar las traseras
de contrachapado. La de arriba es un re-
baje, pero una variante más simple es la
de abajo en la que la trasera de contra-
chapado se fija directamente sobre una
moldura de cuarto de círculo añadida
todo alrededor.
Soporte. Es una construcción separada ,
ensamblada con uniones a caja y espi -
ga. Las patas son adelgazadas y si el
adelgazamiento se hace a todo lo largo,
como en la Fig. 2, los espaldones de los
travesaños deben tener el ángulo co-
rrespondiente. Alternativamente los
apoyos pueden ser escuadrados y el
adelgazamiento comenzar por debaj o de
los travesaños.
Montaje. Las tres cajas se unen con dos
montantes principales a cada lado. Se
fij an mediante tornillos pasados por los
costados de las cajas a los montantes.
Habiendo hecho los agujeros en los cos-
tados de las cajas, los montantes se
mantienen f ij os con gatos mientras se
atornillan. La apariencia es más limpi a si
se chaflanan todas las aristas de los
montantes o se les da un redondeado de
lápiz. El soporte se fija con tornillos des-
de debajo al fondo de la caja inferior. En
la caja superior se colocan dos separa-
dores de varillas de latón. Su forma se
muestra en la Fig. 6.
Acabado. - El conjunto se desarma lo
máximo posible, ya que esto facilita el
acabado. Un acabado excelente es el re-
cubrimiento plástico aplicado con bro-
cha. Son necesarias varias capas y pue-
de dársele un acabado brillante con pas-
ta de pulir o un acabado semimate
frotándolo con lana de acero de la más
fina lubrificada con cera de pulir. Alter-
nativamente puede acabarse barnizán-
dolo con goma laca a muñeca.
208
Despiezo
Longitud
cm. mm.
2 tapa y base 91 5
2 costados 27 5
2 tapa- y base 91 5
2 costados 30 5
2 tapa y base
91 5
2 costados
46 5
1 separación 44
1 trasera 91
trasera 91
trasera 91
2 puertas 44
4 montantes 177
4 patas 27
2 travesaños 81
2 travesaños
41
Fig. 1. Pajarera transportable.
Ancho Grueso
mm.
mm.
235 19
235 19
325 19
325 19
465 19
465 19
465 19
460 6,5
300 6,5
270 6,5
450 19
55 25
63 63
55 25
55 25
Pajarera
transportable
Con frecuencia es ventajosa una pajare-
ra que se puede llevar de un sitio a otro.
La que se muestra en la Fig. 1, se hace
pref eri bl emente de roble o posiblemente
de castaño. Bien hecha en principi o, y
dándole de vez en cuando una capa de
protección, puede durar años.
Poste.- El poste principal se hace de un
cuadrado de 5 cm. y 147 cm. de largo,
incluyendo las espigas de los dos extre-
mos. Cepíllelo recto y trace las espigas.
E
u
N
l!)
..--36cm---j
Fig. 2. Alzados con las medidas principales .y es-
cala.
Las dos espigas son pasantes ; la de aba-
jo cuadrada y la de arriba a todo ancho
alineada con la veta de la pieza transver-
sal en la que se acopla (Fig. 4). El adel -
gazamiento del poste comienza j usto
por encima de los puntales.
Para el pie use material de 7, 5 cm. por
25 mm. unido a media madera. En los
extremos se atornillan por debajo tacos
cuadrados de 10 cm. Corte la mortaja
pasante a través del ensamble a media
madera, ensanchándola por debajo en
una dirección para que puedan introdu-
cirse· las cuñas. Los puntales deben uni r-
se al pie a caja y espiga, pero se unen al
poste con 'un ensamble de caja inclina-
Fig. 3. Detal le de los ensambles del poste y el
pie.
209
Fig. 4. Construcción de la casi t a y su forma de
unión con el poste.
da, como se muestra en la Fig. 3. Arme
el conjunto en una sola operación, fijan-
do los puntales al poste y añadiendo la
base. Debe usarse cola de resina, que es
resistente al agua, pero es aconsejable
enclavijar la unión superi or de los pun-
tales.
Ajuste el travesaño superior, ensan-
chando la mortaja por arriba para la ex-
pansión de la espiga cuando se intro-
duzcan las cuñas. La Fig. 4 muestra
como los soportes de refuerzo se aco-
pian en entallas incli nadas. Si se cortan
210
según se muestran pueden añadirse
después de colocada la pieza transver-
sal.
Casita. Se puede construir como un
conjunto en sí misma. En los cantos del
suelo se hacen entallas para reci bir los
montantes, que se atornillan en ellas.
Recuerde que las superficies interiores
deben estar inclinadas. En la parte de
arriba unas entallas poco profundas re-
ciben los caballetes. La inclinación su-
perior no se corta hasta más tarde, para
hacerla coincidir con la de los caball e-
tes. En las uniones de la cumbrera con
los caballetes se hacen juntas a media
madera. En la Fig. 2 aparecen detalles
de la forma y agujeros decorativos de
los caballetes.
Una las piezas con cola de resina cla-
vando o atornillando donde sea necesa-
rio. Para el tejado use piezas de cubr.ir
del tipo adelgazado o con rebaje solapa-
do. Atornille el conjunto a la pieza trans-
versal.
Suponiendo que deba ser de color natu-
ral, dele una capa de protector transpa-
rente y déjela al aire de forma natural. Si
se prefiere puede aplicarse u n protector
con tinte combinado.
Despiezo
1 poste
2 pies
4 puntales
4 tacos
4 refuerzos
1 pieza tranvers.
1 suelo
4 montantes
2 caballetes
1 cumbrera
10 tablas techar
Largo Ancho Grueso
cm. mm. mm.
150 50 50
62 90 25
55 60 25
11 110 25
12 90 25
31 170 25
37 310 25
32 25 25
26 190 12.5
37 60 20
37 75 12 5
Jardinera
Las plantas de interior se han hecho ex-
traordinariamente populares y esto ha
traído una resurrección de las jardineras,
aunque en una forma revisada para
a.daptarse al gusto moderno. La que se
muestra en la Fig. 1, puede contener
cinco o seis tiestos en el cajon principal
de arriba y varios otros en la parrilla in-
ferior. Los lados de la caja tienen la incli-
nación propia de los tiestos corrientes
de barro, pero si ha de acomodarse
algún tiesto especial o de forma no co-
rriente, la forma o tamaño puede variar-
se de acuerdo con ellos.
La caja se hace como un conjunto sepa-
rado y las patas se unen a ella con torni -
llos. Los travesaños atan cada par de
patas de los extremos y las tablillas que
forman la parrilla dan rigidez al conjun-
to. Fíjese en que la separación de las pa-
tas es deseable para dar estabilidad.
Caja. El ensamblado se hace con sim-
ples ranuras. Los que dispongan de un
cepillo de fondos mecánico encontrarán
sencillo el hacer las ranuras ocultas. De
lo contrario hay que hacerlas manual-
mente. Se puede emplear una sierra cir-
cular para cortarlas parcialmente desde
el extremo abierto de abajo, pero debe
pararse algo antes del extremo cerrado
de arriba y acabarlas a mano. Teórica-
mente la ranura debería cortarse ligera-
mente inclinada, ya que los laterales y
los extremos están inclinados formando
un ángulo compuesto, pero la inclina-
ción es poca y el ángulo escasamente
puede medirse. En consecuencia pue-
den estar en ángulo recto.
La lengüeta se corta fácilmente con el
cepillo" de rebajes, la sierra circular o con
el serrucho de costilla. La lengüeta es
enrasada y el primer corte debe hacerse
a través de la fibra. Use una sierra de
dientes finos. El grueso de la lengüeta
debe trazarse con el gramil, pero el
corte no debe hacerse en esta fase por-
que el moldurado de la superficie princi-
pal podría estropear los apoyos. Por últi-
mo los cantos inferiores deben rebajarse
para recibir el fondo. En las tablas de los
extremos el rebaje también debe ser
oculto y de nuevo debe usarse el cepillo
de fondos o·tallarlo a mano. La otra úni-
ca alternativa es cortarlo a todo lo largo
y taparlo después del montaje.
Moldurado de la superficie. Este toma
la forma de un escalonado con un efecto
algo semejante a la apariencia de una
persiana veneciana. Hay varios sistemas
de trabajarlo, pero, por cualquiera que
se siga, la idea general es cortar primero
una serie de ranuras estrechas, llegando
casi hasta la profundidad total, y luego
hacer las ranuras inclinadas. La forma se
muestra en las Fig. 2 y 3. Las ranuras
previas pueden hacerse o con la sierra
circular o la guimbarda o bien con el
acanalador manual.
Fig. 1. Jardinera de caoba africana.
211
85cm • I ~ 230m m --,
r
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:;J
T I I
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(X)
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81 .2cm
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61 cm ~ . ¡ . . . . - : ~
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190mm
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r--t r--t r--o .--,
..
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I ~ 73.6cm - - -----+.-1\ t-- 240m m ~
Fig. 2. Alzados frontal y lateral.
Fig. 3. Construcción de la caj a.
212
Fig . 4 . Detall e de la pata.
Posteriormente se trabajan las superfi-
cies inclinadas con el cepillo de rebajes.
Finalmente se acuchilla para eliminar las
arrugas o repelo de la fibra y se acaba
con lija envuelta alrededor de un taco.
Comience con el grado n. o 2 y medio y
acabe con el n.O 1 1/2 ó 1.
Los extremos están recortados en su
parte superior. El corte se hace con la
sierra de cinta o con la sierra de vaiven o
a mano con la sierra de calar. Después
se limpia con una lima, seguida del acu-
chillado y el lijado con el papel arrollado
a un corcho.
En la Fig. 1, puede verse que en el frente
se ha incrustado un panel. Este no es
esencial y puede omitirse si se prefiere.
Alternativamente puede ser un panel
liso chapeado con una madera atractiva.
Se incrusta en un rebaje hecho en el
frente.
Cuando se arma hay que colocar tacos
de madera bajo las zapatas de los gatos
para prevenir que se estropeen las su-
perficies. Sino se dispone de gatos se
puede atar una cuerda alrededor y apre-
tarla con un torniquete. En este caso es
esencial poner tacos en las esquinas.
Por último se atornilla el fondo.
Soporte. Las patas se preparan primero
escuadrándolas y se adelgazan. Los
arranques de soporte se unen a lo alto
de las patas con un ensamble a caja y
espiga un poco especial, como se mues-
tra en la Fig. 4. Fíjese en que las patas
se han cortado arriba con un cierto
ángulo, lo que permite que los espaldo-
nes de la espiga de los arranques sean
escuadrados. Como las patas se cepillan
a una sección ovalada, es necesario ce-
pillar los cantos inferiores de los arran-
ques. La forma más sencilla de hacerlo
es realizar el ensamble cuando la pata
está a ún escuadrada, después se cepilla
la pata a su sección ovalada, se arma el
ensamble en seco y se traza una línea
de lápiz en el arranque que muestra cla-
ramente lo que se ha de cepillar de él.
Después de acabadas, las patas pueden
fijarse con tornillos pasando hacia abajo
a través del fondo de la caja. Cepillando
la parte superior del arranque y la pata,
puede darse a ésta cualquier inclinación
que se necesite. En la parte baja de las
patas se colocan travesaños, y la cons-
trucción más sencilla consiste en hacer
unos pequeños planos en las patas en
los que se hace la mortaja. La longitud
entre los espaldones de las espigas se
mide directamente.
El trabajo se completa con la adición de
las tablillas de abajo, que se fijan con
tornillos de latón con ovalillos. Como
deben sentar planos, el canto superior
de los travesaños debe tener una incli -
nación que, naturalmente debe hacerse
antes de encolar las espigas en sus mor-
tajas. Los extremos de las tablillas se
cortan en ángulo de modo que, cuando
están atornilladas las cuatro, acaban en
una curva.
Un añadido deseable es un forro interior
de metal, de forma que la humedad que
pueda escapar como consecuencia del
213
riego no estropee la madera. Debe tener
un reborde hacia arriba pero no necesita
ser mayor de 25 mm. de profundidad.
Despiezo
Largo Ancho Grueso
cm. mm. mm.
2 costados 85 O 205
2 extremos
232 232
1 fondo 81 2 190
4 patas 58 5 55
4 arranques 16 5 55
2 travesaños 22 8 32
4 tablillas 77 5 38
Aparador de teca
o caoba
mm.
19
19
12
32
32
25
10
Está diseñado para que pueda emplear-
se tablero aglomerado chapeado en su
estructura principal. La ventaja de este
material es que puede encontrarse fácil -
mente recubierto con chapa de teca o
de caoba, mientras que es más difícil
encontrar madera maciza del espesor
adecuado. Las únicas piezas macizas
son las patas y los estrechos largueros y
travesaños. Las medidas pueden ajus-
tarse a las exigencias individuales, aun-
que deben tenerse en cuenta las me-
didas estándar del material.
Idealmente el tablero aglomerado de-
bería trabajarse con máquinas, especial-
mente si éstas están equipadas con he-
rramientas de acero al tungsteno. Esto
permite cortar las piezas a la medida
justa con total precisión de forma que
sólo hay que lijarlas para su acabado.
Además pueden trabajarse fácilmente
los rebajes, ranuras, etc. Con medios pu-
ramente manuales es algo más difícil,
pero también puede hacerse. Primero se
corta la chapa por ambas caras con
formón o cuchillo y el corte de sierra se
hace junto a éste por el lado malo. En-
tonces es solo cuestión de cepillarlo o
214
rasparlo hasta llegar justo a la línea. El
aglomerado no es un material agradable
de cepillar porque sólo se arranca polvo,
no viruta, y el filo de la cuchilla se embo-
ta enseguida, debido a la naturaleza
abrasiva de la resina aglomerante.
Corrientemente las uniones de lazos,
caja y espiga, etc., son escasamente
practicables y es más sencillo hacer jun-
tas a tope enclavijadas como se muestra
en la Fig. 3. Para éstas, en gran canti -
dad, es económico hacer un utilaje, bien
para trazar sus posiciones o directamen-
te para guiar la barrena o la broca. Una
alternativa es emplear los herrajes
" Contijoin" especialmente fabricados
para este fin; estos se atornillan en el in-
terior del cuerpo del mueble y las piezas
se unen con pernos. El único punto a te-
ner en cuenta en este caso es que se ha
de dejar espacio para los herrajes al ha-
cer piezas tales como cajones, etc. y
esto significará probablemente ajustar
los cajones de acuerdo con ellos.
Los cantos principales del tablero aglo-
merado estan chapeados, pero cuando
se han hecho cortes de sierra se han de
chapear de nuevo. Corrientemente es
preferible hacerlo después de haber he-
cho las uniones.
Para piezas tales como los lados y trase-
ros de los cajones se utiliza tablero con-
trachapado de 9,5 mm. aunque los fren-
tes ~ e hacen de aglomerado chapeado.
Armazón principal. Primero corte todas
las piezas del armazón principal. Fíjese
en que aunque la tapa descansa sobre
los costados, el fondo queda contenido
entre estos. Puesto que la trasera se
ajusta contra listones colocados por el
interior en los cantos traseros de la tapa
y los costados, estos son del mismo an-
cho. El fondo, los divisores y el estante,
sin embargo, son más estrechos en el
espesor de la t rasera, porque ésta se fija
directamente sobre los cantos de det rás
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Fig. 1. Aparador con buena disposición.
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Fig. 2. Alzados de frente y de sección lateral.
2 15
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Fig. 3. Forma de estar ensamblado el aparador.
de ellos. Puede encontrarse conveniente
trazar las posiciones de las guías de los
cajones, los estantes, etc., antes de ar-
mar el conjunto ; de hecho las guías de
los cajones deben encolarse y atornillar-
se en su posición en esta fase.
Cuando lo encole, prense con gatos las
divisiones interiores al fondo, colocando
al mismo tiempo la guía del cajón cen-
tral. Si se tienen pocos gatos el trabajo
b
Fig. 4. Construcción del cajón.
216
se puede dejar para que se asiente la
cola, previa comprobación de que el
conjunto está correcto. Luego se añaden
los costados y al mismo tiempo las
guías de los cajones de la izquierda yel
estante de la derecha y se deja otra vez
asentar la cola. Finalmente se encola la
tapa. Puede verse en la Fig. 3, que en
las esquinas superiores se han fijado
unos listones cuadrados, encolados y
atornillados. Tales listones aumentan
considerablemente la resistencia. En la
parte de delante están remetidos una
distancia igual al grueso del frente del
cajón y de la puerta abatible. La adición
de la trasera de contrachapado atornilla-
da a los listones, encolada y clavada a la
tapa y los costados completa el ar-
mazón principal.
Soporte. En esta fase debe hacerse el
soporte con las patas. En todo él se usa
una madera maciza. Los largueros y tra-
vesaños se espigan en las patas y hay
otros dos travesaños intermedios que se
unen con clavijas o en ranuras en cola
de milano. Encole los largueros a las pa-
tas y déjelos para que se asiente la cola
antes de colocar los travesaños extre-
mos e intermedios. Para fijar el soporte
por debajo al armazón principal se usan
tornillos rehundidos.
Cajones, etc. La construcción más ade-
cuada de los cajones se muestra en la
Fig. 4. Los costados de contrachapado
se acoplan en rebajes en los frentes. Si
los rebajes se hacen a todo lo ancho es
necesario encolar unos taquitos en las
esquinas superiores. Sin embargo, re-
sulta un trabajo más limpio si los rebajes
se hacen ocultos, como en (al. pero
cuesta algo más cortar los rebajes. En la
mejor forma la trasera se une con lazos
vistos, pero algunos prefieren la unión
más sencilla de ranura (b). El fondo se
encaja en una ranura en el frente y en
molduras ranuradas en la parte inferior
de los costados. Para la puerta principal ,
probablemente puede ser necesario unir
dos trozos de aglomerado chapeado. Si
los cantos de la junta están chapeados
es preferible quitar la chapa primero.
Cuando se ha hecho la junta bien cerra-
da se usan cuatro o cinco clavijas para
darle resistencia. Se utiliza una bisagra
de piano a la izquierda y se fijan listones
Despiezo
Largo Ancho Grueso
cm. cm. mm.
Tablero
aglom.
1 tapa 131 38 17
1 fondo 128 38 17
2 costados 61 38 17
2 divisiones 58 38 17
1 estante 45 38 17
1 puerta 47 47 17
1 puerta abatible 47 36 17
1 frente cajón 36 12 17
1 frente cajón 36 15 17
1 frente cajón 36 17 17
1 frente cajón 36 18 17
1 frente cajón 46 12 17
1 frente cajón 46 22 17
Contrcho.
1 trasera 130 60 6,5
1 trasera cajón 36 10 9.5
1 trasera cajón 36 13 9,5
1 trasera cajón 36 15 9,5
1 trasera cajón 36 16 9,5
1 trasera cajón 46 10 9,5
1 trasera cajón 46 20 9,5
2 costados cajón 36 12 9,5
2 costados cajón 36 15 9,5
2 costados cajón 36 17 9,5
2 costados cajón 36 18 9,5
2 costados cajón 36 12 9,5
2 costados cajón 36 22 9,5
4 fondos cajón 35 35 5
2 fondos cajón 45 35 5
Macizo
3 travesaños 36 5,5 22
1 travesaño 46 5,5 22
4 patas 27 5 cua.
2 largueros 197 5,5 22
2 travesaños 35 5,5 22
2 travesaños 31 5,5 22
para que hagan tope, debajo de la guía
del cajón central y en el costado de la
división.
Tanto para la caoba como para la teca
puede usarse un recubrimiento de plás-
tico o puede preferirse el aceite de teca
para un acabado sin brillo.
Taller para el jardín
La caseta de la Fig. 1 está construída
por elementos que se unen con tornillos.
Fig. 1. Caseta para jardín.
217
Fig. 2. Alzados del frente. trasera y
cortados y vista ampliada de la
unión en las esquinas.
J •
6'
218
f-I -... .. ------ - 8· 10 ..
30"
I ~
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1 m 83cm
2m 69cm - - - - - - - ; ~ ~ I
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u
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Fig. 3. Vista en explosión mostrando los distin-
tos elementos.
Las dimensiones se dan en la Fig. 2,
pero pueden variarse un poco para
adaptarlas a cualquier exigencia particu-
lar.
Armazón. Para el armazón principal se
usa material de 50 mm. por 38 mm. ,
aunque el cuadrado de 50 mm. hará una
estructura más rígida. Corte las distintas
piezas a su longitud y ensamble las ver-
ticales en las horizontales con juntas en-
talladas. Esto es más resistente que ha-
cerlo con juntas a tope, porque las enta-
llas resisten empujes laterales. Com-
pruebe el escuadrado con una varilla
diagonal y coloque los puntales inclina-
dos.
Recubrimiento. Las tablas deben ser de
16 a 22 mm. de grueso. Para el material
delgado es efectiva la junta en rebaje
que se muestra en la Fig. 4. Las tablas
más gruesas deben ser machihembra-
das. Las tablas de los lados más cortos,
con caballete, acaban enrasadas al ar-
mazón pero las de los lados más largos
sobresalen una longitud igual al grueso
del armazón (vea la sección ampliada de
la Fig. 2) . La fijación de las tablas que
acaban enrasadas es obvia, pero para
los costados largos es aconsejable tener
a mano una pieza sobrante del armazón
para usarla como guía del saliente en el
extremo. Clave sobre los bastidores y
punzone los clavos hacia adentro.
En las aberturas de las ventanas las ta-
blas de los lados acaban en el centro de
los montantes del bastidor (vea la Fig.
4) . Esto permite clavar después el listón
cuadrado (b). Arriba y abajo de la aber-
tura las tablas acaban enrasadas y pue-
de ser necesario cepillar las tablas local -
mente. En la parte de abajo se coloca
un alfeizar con el borde inclinado y un
soterón, cortado y clavado. En la parte
de arriba se coloca un elemento similar.
Finalmente se clavan todo alrededor los
listones (al. para hacer las ventanas es-
tancas al agua. Estos estan remitidos
una distancia igual al espesor de los
bastidores de la ventana.
219
En la abertura de la puerta las tablas
acaban en el centro de los montantes,
como en las ventanas, lo que permite
clavar un listón de remate. Para hacer la
puerta estanca al agua se clavan listo-
nes todo alrededor de la abertura. Las
tablas de la puerta se extienden por de-
lante del travesaño inferior del bastidor.
Suelo. Puestos juntos los bastidores de
las paredes puede hacerse el suelo. Para
éste son deseables tablas machihem-
bradas de 19 a 22 mm. de grueso. Se
clavan sobre cuatro viguetas de 50 mm.
en cuadro por lo menos. Se logrará un
trabajo más fuerte si se dispone de ma-
terial de 75 mm. por 50 mm. Si se ex-
tiende una base de hormigón el suelo
puede descansar sobre ella directamen-
te. En caso contrario deben usarse una
serie de estribos de ladrillo para mante-
ner la madera separada del terreno.
Cada vigueta debe estar apoyada por
ambos extremos y preferiblemente tam-
bién por el centro.
Excave hoyos para los ladrill os y conso-
lide el terreno apisonándolo. Hágalo
todo tan nivelado como sea posible em-
pleando una regla larga y un nivel de ai -
re. Ponga el suelo en posición y levante
las paredes. Mas t arde puede ser nece-
sario llevar a cabo un ajuste de la nivela-
ción y un sistema conveniente para ello
es hacer pares de cuñas enfrentadas de
roble e introducirlas entre los ladrillos y
las viguetas en los puntos en que el sue-
lo se hunda. Si se agacha hasta el nivel
del suelo y mira a lo largo, cualquier de-
presión se le aparecerá en forma mani-
fiesta
Cubierta. En la Fig. 3 se muest ra uno
de sus elementos, consiste en una serie
de tablas machihembradas de 16 mm.
clavadas en dos carreras. Corte las ta-
blas a su longitud y clave el conj unto. El
canto de la cumbrera debe cepillarse en
ángulo para que se forme un i nglet e
cuando se colocan en posición las dos
partes de la cubierta. Para recibir la ca-
220
rrera superior se cortan entallas en los
caballetes de los dos extremos. Esto es
esencial porque, además de proporcio-
nar un ajuste cerrado, la entalla sirve
para sostener rígidamente la carrera.
Los dos elementos de la cubierta deben
caer justo en su posición.
Para sujetar la cubierta hacia abaj o,
pueden introducirse tornillos hacia arri-
ba a través de las piezas inclinadas del
bastidor de los caballetes hacia las ca-
rreras. También se fijan dos palos por
debajo del techo, con tornillos pasados
desde fuera. Estos palos deben estar ali -
neados con el interior del bastidor. Pa-
sando tornillos desde los palos a este úl-
t imo la cubierta se fija firmemente.
Cuando no se prevé que la caseta se
desmonte nunca, puede cl avarse toda la
cubierta.
Tres tiras de tela de techar corren a lo
largo. Deje que sobresalgan para volver-
las por debajo todo alrededor y fije pri-
mero las dos de abajo. Fíjelas en posi-
ción provisionalmente con un par de ta-
chuelas cada una y ponga la tira del
centro, que debe descansar recta sobre
la cumbrera recubriendo las de abajo en
varios centímetros. Clave a lo largo del
canto inferior utilizando clavos galvani -
zados de techar.
La adición de las tablas de reborde, cla-
vadas en los extremos completa la cu-
bierta.
Ventanas. Lo mejor es hacerlas con
material estándar para bastidores de ven-
tana unido con los ensambles corrientes
de caja y espiga acuñadas, como en la
Fig. 5. En ventanas dobles pueden em-
bisagrarse ambas hojas, o una puede
ajustarse fuerte y clavarse. La junta cen-
tral se hace estanca haciendo un rebaje
en los cantos de cierre e insertando u na
moldura en el bastidor móvil. El vidrio se
enmasilla, pero antes debe imprimarse
el rebaje.
Ventanas
4 alféizar 92
120 22
2 alféizar 56
120 22
8 barrotes 92 moldura vento
8 barrotes 92 moldura vent o
Suelo
9 tablas
2 70 200 22
5 viguetas
1 83 50- 75 50
Cubierta
32 tablas 1 10 180 16
4 carreras Ó correas 2 80 50 38
En los largos sobrantes para corte. Los
anchos y gruesos son nominales. Si los
anchos de las tablas varían, el metraje
debe corregirse en correspondencia.
Indice alfabético
Abedul. 184
Acabado. 185
Acabado para tableros de
mesa, 190
Aceite de linaza. 187
Aceite de teca. 187. 217
Aclarado. 190
Acodado. escoplo. 178
Adhesivos de impacto. 156
Afara, 182
Afilado de barrenas, 35
Afilado de cuchillas. 57
Afilado de formones. 32
Afilado de cepillo. 38
Afilado de la cuchilla de
ebanista. 62
Afinar. cepillo de 11 , 38. 39. 40
Alabeo. 43
Alineación de la sierra de
cinta. 85
Al iso. 184
Amoniaco. 190
Angulos de afilado de las
gubias, 164
Aparador. 214
Asentado. 165
Asentado del corte del cepillo. 40
Asentador. 164
Banco para talla. 165
Bandeja suelta. 195
Barniz. 187
Barniz transparente. 187
Barniz granate. 187
Barniz naranja. 187
Barnizado a muñeca. 187
Barra diagonal , 73
Barrena con punta de centrado.
12. 35, 35
Barrena de pala. 95
Barrena extensible, 12
Barrena Fortsner, 12, 35
Barrena helicoidal , 12, 35
Base, 153
Bastidor de ventana, 119
Berbiquí, 12, 32
Bicromato potásico, 190
Biombo, bisagras para, 150
Bisagra, 145
Bisagra de aletas con respaldo,
145, 146
Bisagra de bellota, 145
Bisagra de canto, 145, 147
Bisagra de compás, 147
Bisagra de guarnición, 147
Bisagra de mariposa, 145
Bisagra de piano, 147, 217
Bisagra para ala de mesa, 145
Bisagra reversible, 147, 150
Broca, 12, 33
Broca Morse, 35
Burbuja, 159
Cabeza perdida, clavos de, 150
Cabriolé, pata, 86
Caja, cerradura para, 139
Cajones, 11 7
Cajones, cerradura para,
139, 141
Camón, 117
Canteado, 91 , 101
Canteado de tableros, 101
Canto, 46
Cantos, cepillado de, 44
Caoba, 153, 182
Capa de re'cubrimiento, 185
Caparrosa verde, 190
Cara, 47
Carrito para té, 195
Castaño, 182
Cedro rojo oriental , 183
Cepillado, 37
Cepillado a máquina, 90
Cepillado, secuencia del, 47
Cepilladora, 87
Cepillo, afilado del , 38
Cepillo, asentado del corte, 40
Cepillo, uso del. 42
Cepillo curvo, 11 , 51
Cepillo de afinar, 11 , 37,
38, 45, 49, 63
Cepillo de cuchilla al
frente, 11 , 51
Cepillo de moldurar, 12, 53
Cepillo dentado, 11 , 54
Cepillo metálico ajustable,
49
Cepillo para espaldones,
11 , 50
Cepillo para rebajes, 49, 50
Cepillo rascador, 52
Cera de pulir, 189
Cerradura, 139
Cerradura empotrada, 141
Cerradura entallada, 139
Clavijas, varilla para, 128
Clavo, 150
Clavo de tapicero, 152
Clavo de entarimar, 152
Clavo cortado, 152
Clavo ovalado, 152
Cola, 153, 157, 193
Cola animal , 157, 193
Cola de resina, 156, 193
Colgante, 171
Colgar una puerta, 149
Colorantes de anilina, 191
Compás de puntas, 14, 70
Comprobación de la
planitud, 39
Comprobación, escuadra
de, 14, 47
Construcción de puertas,
99, 110
Contrachapa, 99
Contrachapado , 99, 133,
154, 183
Contrachapado de Gabón,
154, 184
Contrahierro, 38, 40
Convergencias, 92
Corazón, lado del , 153
Correa, 222
Corredera para puertas,
110
Cortador, 16, 25, 27, 75,
201
Cristales de caoba, 190
Cristales de Vandyke, 190
Cuchilla de ebanista, 14, 59
Cuchilla de hender, 80, 84
Cuenco, 178 a 180
Chaflanado, 91
Chaflán limitado, 91
Chai la (piedra de aceite).
16, 57, 63, 165
Chapeado, 99, 153
Chapeado a martillo, 56,
153, 158
Chapeado a plancha 153,
157
Chapeado de franja, 162
Desbaste (en la talla). 168
Deshilar, 24, 82
Destornillador, 14, 56
Destornillador para
berbiquí. 12, 35
Dientes de la sierra circular, 81
Diseños, 195
Eje de la cepilladora, 87
Ensamble a caja y espiga,
70, 121
Ensamble a media madera,
128
Ensamble a tenaza, 128
Entalla en cola de
milano, 130
Entreguardas, 14, 43, 72
Eosina, 190
Escofina, 14, 58
Escopleadora de lazos, 97
Escoplo, 12
Escoplo acodado, 169, 178
Escoplo para cerraduras,
12, 141
Escuadra, 14, 47, 71
Escuadra de ingletes, 14,
72
Escuadra, falsa, 14
Escudo, 141
Espaldón, 103
Espiga, 121
Espiga enrasada, 122
Espiga pasante acuñada,
122
Espigado, 84, 125
Falsa escuadra, 14
Formón, 12, 29, 174
Forstner, barrena, 12, 35
Franqueo, 120
Fresno, 184
Frotador de corcho, 16, 56, 186
Galga de profundidad, 95
Garlopa, 11 , 37, 38, 49
Gato en C, 16, 78
Gato improvisado, 78
Gramil de corte, 14, 68, 69, 156,
205
Gramil de trazar, 14, 68
Gramil para mortajas, 14, 68,
70
Gubia, 12, 32, 164
Gubia, afilado de la, 32, 164
Gubia, cortes de, 168
Gubia de espada, 164
Gubia en V para tallar, 164
Gubia recta, 163
Gubia, torneado con, 174, 176
Guía, 80, 82
Guía de fibra, 111
Guías de sierra de cinta, 85
Guías para puertas correderas,
110
Guillame, 49
Haya, 182
Herrajes, 139
Herramientas, equipo de, 9, 11 a
17
Herramientas en la talla, uso
de las, 163, 166
Herramientas de cortar, 163,
176
Herramientas de raspar, torneado
con, 178
Igualado, 29
Iluminación, 166
Imprimación, 185
Ingletado, 93
Inglete, 49
Inglete de albañil , 109
Inglete, uniones a, 130
Ingletes, caja de, 16, 75
Ingletes compuestos, 93
Ingletes en el chapeado, 162
Ingletes, escuadra de, 14
Ingletes, galga de, 93
Ingletes, plantilla de, 16, 76
Ingletes, soporte de cepillar, 16,
75
Invernadero de jardín, 196
Jardinera, 211
Junta continua de lazos ocultos,
133
Juntas de ehapas, 159
Juntas enclavijadas, 126
Laca de plástico, 205, 217
Laca de poliuretano, 186
Laminado plástico, 203
Lazos ocultos, 117, 130
Lazos vistos, 130
Lezna, 12, 23, 35
Lezna cuadrada, 35
Lijadora, 93, 96
Lijadora de banda, 94
Lijadora de disco, 93
Lijadora orbital, 96
Lima para madera, 14, 58
Machihembrado 106, 109, 196
Madera, 181
Madera blanca americana, 183
Madera blanda, 183
Madera maciza, 153
Madera maciza, 181
Manchado, 187
Mansonia, 182
Máquinas, 79
·Máquinas manuales, 94
Martillo, 14, 45
Martillo de chapear, 16, 56,
158
Materiales prefabricados, 154
Mazo, 14, 55, 166
Media madera, ensamble a, 128
Mesita auxiliar, 203
Modelado de la talla, 168
Modelado del diseño, 169
Moldura de separación, 110
Moldura sobresaliente, 103
Mortaja para cerradura, 143
Mortajado, 30
Mortajas, gramil para, 14, 68, 70,
121
Motores, potencia de los, 85
Muñeca para barnizar, 187
Niagon, 182
Nogal , 137, 182
Nudos, sellador de, 185
Obeche, 153
Pajarera, 209
Palo de empujar, 82, 83, 84
Palo de fijación, 156, 220
Papel de lija, 57, 162, 179
Pardo de Vandyke, 191
Pardo Bjsmark, 191
Persianas para muebles, 113 a
111
Piedra de aceite (chaila!. 16,
57, 63, 165
Piedra de afilar boceles, 16, 57,
63, 165
Pino, 183
Pino amarillo 183
Pino del Báltico, 153, 183
Pino del Paraná, 153, 183
Pintura, 185
Placa de golpeo, 145
Planitud, 37
Plancha, 157, 158
Plato de torno, 178
Poliuretano, laca de, 186
Portacuchilla, 14, 57, 58
Prensa rápida de banco, 16, 78
Puerta alistonada y chapeada,
100
Puerta con bastidor, 101 , 104
Puerta con bastidor, travesaños y
tirantes, 108
Puerta con travesaños, 106
Puerta corredera, 110
Puerta corredera de cristal , 112
Puerta de bastidor recubierto,
101
Puerta de paneles, 99
Puerta lisa, 99, 100, 109
Puerta moldurada y rebajada,
103
Puntas de París, 150
Puntas para chapa, 152
Ranura oculta, 128
Ranura para persianas, 116
Ranurado en puerta de paneles,
101
Ranurador, 12, 52
Ranurador Record, 52
Rascador de ranuras, 16
Rascador Technicos, 53, 116
Raulf, 182
Rayos medulares, 181
Rebajado, 49, 83, 91
Rebajes, cepillo para, 11 , 49
Refuerzos atornillados, 136
Reglas, 14, 45, 65
Regruesadora, 87, 91
Retalón, 104, 126, 166
Roble, 153, 181
Roble americano, 181
Roble de Eslavonia, 181
Roble inglés, 181
Roble japonés, 181
Roble satin, 182
Rodillo de empuje, 85
Rosa, avellanador de, 12, 35
Sapeli , 182
Sargentos, 16, 77
Sellador de nudos, 185
Serrado, 85
Serrado al través, 81 , 82
Serrucho, 21 , 40
Serrucho de cortar al través, 11 , 21
Serrucho de costilla, 24
Serrucho para lazos, 11 , 25
Sicomoro, 190
Sierra bamboleante, B3
Sierra circular, 19, 72, 95
Sierra combinada, 81
Sierra de cinta, 83
Sierra de marquetería, 12, 28,
133
Sierra de rodear, 11 , 27, 27
Sierra, dentado de la, 81
Soporte de cepillar (tirador!. 16,
46, 47, 73
Sulfato de hierro, 190
Tablear, 87
Tablero aglomerado, 99, 133,
154, 184
Tablero alistonado, 100, 133,
154
Tablero contrachapado, 133, 136
Tablero de fibras, 155
Tablero de mesa, bisagras para,
145
Tablero de montaje, 114
Tablero laminado, 99, 100, 154,
184
Taco de empujar, 83, 91
Tachuelas, 152
Taladro, broca para, 12
Taladro eléctrico, 94
Talla, 163
Talla en bajo relieve, 167
Talla exenta, 167
Talla incisa, 167
Taller para jardín, 217
Tapaporos (selladores!. 186, 191
Teca, 182
Té, carrito par, 195
Tenazas, 14
Teñido, 187, 190, 191
Tintes, 190
Tintes al aceite, 191
Tintes al alcohol , 191
Tirador de cepillar, 16, 42, 46, 47,
48, 49
Tope, 201
Tope de banco, 200- 201
Tope de profundidad, 34
Torneado, 173
Torneado en el plato, 178
Torneado entre centros, 1 73
Tornillo, 136, 152
Tornillo de apriete, 16, 77
Torñillo de banco, 201
Tornillo de tallista, 165
Tornillo Phil lips, 1!;i2
Tornillo tensor, 85
Travesaños, 35
Trazar, gramil de, 14, 68
Trementina, 189
Uniones para armazones, 133
Utií para rebajes, 97
Utilaje para enclavijar, 126
Velocidad de la sierra, 85
Ventana, 119
Verde, caparrosa, 190
·
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