El florecimiento de las ciudades

El transporte en un principio se llevo a cabo por tamemes indígenas, pero con el arribo de las bestias de carga, estos fueron sustituidos por recuas de mulas que llevaban en sus lomos el cargamento y eran manejadas por arrieros. Los tianguis mesoamericanos siguieron llevándose celebrándose, pero se les fijo una periodicidad semanal, paulatinamente se introdujo en ellos la moneda metálica y se les sujeto a los ordenamientos municipales. Un nuevo elemento en el comercio novohispano fueron las ferias anuales, en las que se vendían productos europeos y del Oriente introducidos por Veracruz y Acapulco. Cuando llegaban las flotas cargadas de mercancías, comerciantes de toda la Nueva España acudían a las ferias para adquirir toda clase de artículos que transportaban a distintos puntos del territorio.

Las grandes fortunas mineras y comerciales
Hacia finales del siglo XVIII había en la Nueva España alrededor de tres mil minas. Estos centros mineros representaban las regiones más ricas de la Nueva España. Los propietarios de las minas eran españoles y criollos que obtenían grandes beneficios y que, por lo general, eran dueños también de la instancia agrícola-ganadera asociada al lugar donde se habían descubierto las grandes vetas. Estos ricos personajes apoyaron un gran medida al desarrollo de los reales de minas situados en las cercanías de latifundio de su propiedad, donde construían obras de infraestructura. En la cadena de producción se encontraban los grandes comerciantes de la ciudad de México, quienes al mismo tiempo que invierten en la producción de metales preciosos, amasaron grandes fortunas ya que su situación privilegiada hacia que prácticamente toda la economía de la Nueva España estuviera llegada a sus redes comerciales. Por tanto, el sistema económico exportador de la Nueva España – origen las grandes fortunas—estaba basado en la explotación minera en el sector comercial agrupado en al Consulado de la ciudad de México.

Los inicios de la actividad industrial
A pesar de los políticas adversas de la Corona, que pretendían impedir la competencia con la industria de la metrópoli, el auge económico general en la Nueva España. Las restricciones de la Corona, los malos caminos, la escazes de capital y lo reducido del mercado interno no impidieron que los talleres se multiplicaran en las principales ciudades del Virreinato. La industria textil se extendió en las regiones cercanas a las ciudades de México, Puebla, Querétaro y Guadalajara, donde se fabricaban artículos de algodón y lana. La producción de azúcar en ingenios y trapiches del valle de Morelos y las costas de Veracruz. Las fabricas de loza y vidrio de Puebla llegaron a adquirir gran renombre. Las ciudades de Guadalajara y León destacaron como productores de Jabón y el tabaco.