1970

El Afiche: Publicidad, Arte, Instrumento Político, Mercancía Susan Sontag Para los observadores del diseño gráfico se a hecho rutina el llamamiento a una crítica capaz de situar la producción gráfica dentro de un campo mas amplio de la cultura, aunque rara vez el resultado fue tan convincente como en el ensayo de Susan Sontag acerca de los afiches revolucionarios cubanos. Sontag (N. 1933), una de las críticas culturales estadounidenses de más renombre, estuvo de visita en cuba y, en 1969, escribió – Polémicamente - sobre ese país en la revista de tendencia izquierdista Ramparts. Dugald Stermer, director artístico de Ramparts, le invito a colaborar con una introducción a su colección de afiches cubanos en formato atlas, y Sontag, produjo un análisis causal y en parte histórico del medio, mostrando de que modo un invento capitalista, que había nacido como instrumento para alentar “un clima social en el que es normativo comprar”, acabó transformándose en una mercancía. La escritora relaciona esa nueva y popular forma de expresión artística cubana, ideada para sembrar y comprometer conciencias, con sucesos en el mundo del cine, la literatura y las bellas artes, para luego referirse a la problemática postura del observador no cubano. Según concluye Sontag, los afiches son sustitutos de la experiencia; coleccionarlos representa una forma de turismo emocional y moral, con lo cual el libro de Stermer se ve implicado en una traición tácita al uso y al significado revolucionario de las imágenes, hoy en día consumidas como un plato más dentro del menú burgués liberal de izquierda. –R.P. Los afiches no son meros anuncios públicos. Estos últimos, por amplia que sea su circulación, pueden ser una forma de dirigirse a una sola persona, alguien cuya identidad es desconocida para el autor del anuncio (uno de los primeros anuncios públicos que se conocieron es un papiro hallado entre las ruinas de la antigua Tebas, que ofrecía una recompensa por el retorno de un esclavo prófugo). Era común que la mayoría de las sociedades premodernas montasen anuncios públicos con la intención de hacer circular noticias sobre temas de interés general, tales como espectáculos, impuestos y el fallecimiento o asunción de los gobernantes. Sin embargo, aún cuando la información transmitida concierna a muchas personas, en vez de a unas pocas o a una sola, un anuncio público no es lo mismo que un afiche. Ambos se dirigen a la persona como integrante no identificado del estado, y no como individuo. Pero el afiche a diferencia del anuncio público, presupone el concepto moderno de público, según el cual los miembros de una sociedad se definen, ante todo, como espectadores y consumidores. Un anuncio público apunta a informar u ordenar. Un afiche apunte a seducir, exhortar, vender, educar, convencer, atraer. Mientras que el primero distribuye información a ciudadanos interesados o atentos, el segundo debe capturar la atención de quienes, de otra forma, lo pasarían por alto. Un anuncio público pegado en una pared es pasivo y exige que el espectador se aproxime hasta el para leer lo que allí está escrito. Un afiche reclama la atención pero a la distancia. Es visualmente agresivo. Los afiches son agresivos por que surgen en el contexto de otros afiches. El anuncio público es una declaración autónoma, pero la forma del afiche depende de la coexistencia de muchos afiches que compiten (y, a veces se fortalecen) entre sí. Por ende, los afiche también presuponen el concepto moderno de espacio público, entendido como teatro pe persuasión. Durante la Roma de Julio César, se contaba con carteleras reservadas a anuncios de importancia general; pero estos eran insertados en un espacio que, de lo contrario, estaba relativamente desprovisto de mensajes verbales. El afiche, sin embargo, constituye un elemento integral del espacio público moderno. A diferencia del anuncio público, implica la creación de un espacio público urbano entendido como terreno de signos: las fachadas y superficies de las grandes ciudades modernas atestadas de imágenes y palabras.

Las principales cualidades técnicas y estéticas del afiche se desprenden íntegramente de esas redefiniciones modernas del ciudadano y del espacio público. Así, los afiches – aunque no los anuncios públicos – resultan impensables antes de la invención de la imprenta. El advenimiento de la impresión no tardó en traer de la mano la duplicación tanto de anuncios públicos como de libros; William Caxton hizo el primer anuncio público impreso en 1480. Pero la llegada de la imprenta no fue suficiente para dar orígenes a los afiches, que debieron esperar hasta la invención de un proceso de impresión en colores mucho mas barato y sofisticado – la litografía por parte de Senefelder, a comienzo del siglo XIX, a demás del desarrollo de las imprentas de alta velocidad, que, alrededor de 1848, imprimían diez mil hojas por hora. A diferencia del anuncio público, el afiche depende necesariamente de una reproductibilidad eficiente y barata orientada a la distribución masiva. Los demás rasgos obvios de un afiche, a parte del hecho de estar destinados a la reproducción en grandes cantidades – la escala, lo decorativo y la combinación de medios lingüísticos y pictóricos -, también son inherentes al papel que éste desempeña en el espacio público moderno. La siguiente es la definición que hace Harold F. Hutchinson al comienzo de su libro “The Phoster, An Illustrated History From 1860” (El Afiche, Historia Ilustrada desde 1860, Londres 1968):
Un Afiche, es en esencia, un anuncio grande. Por lo común cuenta con un elemento pictórico, está impreso en papel y es exhibido en una pared o cartelera en la vía pública para el público en general. Su propósito es que el transeúnte dirija su atención a lo que se intente promocionar y que así le quede grabado algún mensaje. El elemento visual o pictórico ejerce la atracción inicial, y debe ser lo suficientemente llamativo como para capturar la mirada del transeúnte y vencer la atracción rival de los demás afiches; suele necesitar, además, un mensaje verbal suplementario que continúe y amplifique el tema pictórico. El gran tamaño de la mayoría de los afiches posibilita la fácil lectura del mensaje verbal a la distancia.

Normalmente, un anuncio público contiene solo palabras. Su valor reside en la “información”: inteligibilidad, claridad, integridad. En el caso del afiche, son los elementos visuales o plásticos los que dominan, no el texto. Las palabras (se trate de pocas o muchas) forman parte de la composición visual general. El valor de un afiche reside primero en la “seducción” y solo después en la información. Las reglas que pautan la transmisión de información se hallan subordinadas a las reglas que dotan a un mensaje, cualquier mensaje, de impacto: brevedad, énfasis asimétrico, condensación. A diferencia del anuncio público, que puede existir en cualquier sociedad poseedora de un idioma escrito, el afiche no pudo haber existido antes de la aparición de las condiciones históricas específicas del capitalismo moderno. Desde el punto de vista sociológico, el advenimiento del afiche refleja el desarrollo tanto de una economía industrializada, cuyo objetivo es el consumo masivo en continuo aumento, como (algo más tarde, cuando los afiches adquirieron un tono político) de la nación centralizada secular moderna, con su concepción peculiarmente difusa del consumo ideológico y su retórica de la participación política masiva. Es el capitalismo el que originó esa peculiar redefinición moderna del público en término de consumidores y espectadores. Los primeros afiches famosos coincidían en su función específica: alentar a una creciente porción de la población a que gastara su dinero en bienes de consumo no durables, entretenimiento y arte. Luego vinieron los afiches que publicitaban a grandes firmas industriales, bancos y bienes duraderos. Muy representativos de esa función original son los temas de Jules Chéret, el primero de los grandes creadores de afiches, que van desde cabaret, music halls, salones de bailes y óperas hasta lámparas de aceites, aperitivos y papel de fumar. Chéret, nacido en 1836, diseñó más de mil afiches. Los primeros creadores de afiche de renombre en Inglaterra, los Beggarstaff –que comenzaron a trabajar a principio de la década de 1890 y fueron audaces imitadores de los creadores de afiches franceses- también publicitaban mayormente bienes de consumos no durables y obras de teatros. En Estados Unidos, los

1901). A veces los temas eran bastante “comunes”: En 1894 se aclamaban como arte gráfico. una editorial de Paris editó un libro de cinco tomos titulado Les Maîtres de L´afiche. Lippincott´s y Scribner´s para diseñar una tapa distinta para cada número. Durante ese período las calles de París y Londres se convirtieron en una galería al aire libre. a principio de la década de 1890 se pusieron de moda las colecciones privadas de afiches. En el caso de la pintura y la escultura. Sin embargo. es esa misma dependencia la que hace del afiche una forma artística inequívocamente moderna. Esto ocurrió entre 1890 –cuándo a Toulouse-Lautrec le encargaron producir una serie de afiches promocionales de Moulin Rouge. donde casi todos los días aparecían afiches nuevos. . S. entre 1896 y 1900. y A Book of the Poster (Libro del Afiche. algunas obras inspiradas en temas tan comerciales y prosaicos como el afiche de Steynlen que publicitaba leche esterilizada y el de los de Beggarstaff que promocionaba la bebida de cacao de Rowntree. Century. un influyente crítico de arte francés manifestó que en un afiche de Chéret había mil veses más talento que en la mayoría de las pinturas que colgaban de las paredes del salón de parís. estaba específicamente dirigido a esa vasta audiencia de entusiastas coleccionistas de afiches. sino en su imprescindible dependencia del proceso de duplicación tecnológica. Ya en 1880. su existencia no es posible sino en la era de la duplicación mecánica. los afiches llegaron a ser ampliamente aceptados como una forma de expresión artística. Edward Penfield y Maxfield Parrish eran contratados por publicaciones como Harper´s. y luego. Promediando la década de 1890.se logró establecer ante un público amplio que el afiche era una forma artística y no una simple ramificación de la actividad comercial. Sin la infusión del talento y el prestigio de esas personalidades. estéticamente inferior al original o de menor valor social. Will Bradley.y 1894 –cuando Alphonse Mucha diseñó el afiche para Gismonda. los afiches alcanzaron la categoría de “arte” con bastante mayor rapidez. gracias a las cualidades que poseían. se llevaron a cabo en Londres la Illustrated History Of The Placard (Historia Ilustrada de la Pancarta). Eugène Grasset no tardaron en ser reconocidos como “artistas”. Un periódico inglés llamado Poster (Afiche) comenzó a circular entre 1898 y 1900. Pero. el primero de una deslumbrante serie de afiches de Sarah Bernhard utilizados durante sus representaciones del Teatro del Renacimiento-. si bien la publicidad comercial suministro el contenido ostensible de aquellos primeros afiches. Pero no fue necesario que los afiches publicitaran cultura ni que presentasen imágenes glamorosas o exóticas para que se los reconociera como obras de arte en si mismas. A diferencia de un cuadro. fue inevitable que el significado y la atmósfera se modificasen profundamente con el inicio de lo que Walter Benjamín denominó la “era de la reproducción mecánica”. Quizás eso se deba a la cantidad de distinguidos artistas –como Toulouse-Lautrec. Por otra parte.que enseguida se volcaron al afiche. con apenas dos décadas de vida. Mucha y Beardsley. el afiche nunca es concebido para que exista como objeto único. luego esos diseños de tapa se reproducían en forma de afiche para vender las revistas al creciente público lector de clase media. De ese modo. Chéret. De haber existido una oposición más prolongada al afiche como forma artística. formas tradicionales del arte visual. Sin embargo. solo cuando llegó la segunda generación de creadores de afiches -de quienes algunos ya tenían buena reputación en el arte serio y “libre” de la pintura. (Por ejemplo Hutchinson da una definición típica del afiche en base a su función de vender). Louis Rhead.primeros afiches destacados fueron realizados para revistas. En comparación con otras formas artísticas nuevas surgidas hacia fines del siglo pasado. los afiches tal vez abrían tenido que esperar tanto como las películas antes de llagar a ser reconocidos como obras de arte por derecho propio. Pero el afiche (al igual que la fotografía y el cine) carece de historia en el mundo premoderno. la reproducción no lo transforma en un objeto de segunda generación. seguramente habría radicado no tanto en su “impura” procedencia de la actividad comercial. de W. Por ende. Roger. La mayoría de los libros sobre el tema dan por sentado que el contexto mercantil es esencial para la vida del afiche.

alguien que prestas sus habilidades artísticas a un vendedor a cambio del pago de honorarios. y el plagio constituye así uno de los principales rasgos de la historia de la estética del afiche. Larry Rivers. no es fiel a la historia. aunque solo está de moda hasta cierto punto. el creador de un afiche. (Además. Una muestra representativa de afiches realizados en un período determinado consistiría mayormente en obras banales y visualmente reaccionarias. el artista de afiches suele cometer plagios (ya sea de sí mismo o de otros). En cambio. Por ejemplo. Los afiches constituyen un arte aplicado porque. trabaja por dinero intentando complacer al cliente. se los clasifica como una forma de arte “aplicado” porque. La obra de los pintores que en ocasiones han probado suerte con los afiches –desde Puvis de Chavannes a Ernst-Ludwig Kirchner. en general. Los primeros realizadores de afiches . y es arte aplicado a la causa de la comunicación. liberar sus propias emociones o aliviar su conciencia estética. que quizás deba responder a los dictados de un servicio. pertenece a una raza diferente de la del verdadero artista. el afiche apunta a transmitir el valor de un producto o una idea. mensaje o producto con los que puede no simpatizar pero a cuya producción a consentido en forma temporaria. Al respecto. Desde ese punto de vista. la escultura y hasta la arquitectura. Pero casi todos los afiches que son considerados buenos guardan alguna clara relación con lo que está visualmente de moda –no solo lo que es popular-. escribe Hutchinson: Un artista de afiches (que dista de ser apenas un artista cuya obra es empleada por casualidad en un afiche) no dibuja ni pinta con el único objetivo de auto expresarse. cuyo objetivo es la libre expresión de la individualidad del artista. por ejemplo. al igual que una prostituta. los afiches rara vez están a la vanguardia. por definición. a diferencia de una pintura o una escultura. pero se convierte en moda en una etapa inmediatamente posterior de asimilación o aceptación. por lo general a cambio de una adecuada remuneración financiera. Desde el punto de vista estético. los afiches nunca han logrado que se lo encuadrase dentro de las artes mayores. En cuanto forma artística. Por lo general. Pero definir el afiche como algo que. durante los últimos cien años los afiches han sido uno de los principales instrumentos utilizados para popularizar lo que los árbitros del mundo de la pintura y la escultura definen como buen gusto visual. El afiche nunca incorpora un estilo del todo nuevo: la última moda es. que hace cosas intrínsecamente valiosas que se justifican a sí mismas. está primariamente relacionado con la promoción –y al artista de afiche como alguien al que. La relación entre los afiches y la moda visual se reduce a la “cita”. Mucha y Beardsley se limitaron a trasladar un estilo ya articulado a sus pinturas y dibujos. Jasper Johns. En sus numerosos afiches. el afiche siempre se a alimentado como un parásito de las respetables artes de la pintura. emplearon esos estilos una vez que ya habían sido digeridos y se habían vuelto un lugar común en la escena de las bellas artes. el afiche está destinado a ser reproducido. según se supone. Solo a partir de comienzos del siglo XIX se comprendió que el artista trabaja para expresarse o bien por el “arte”).monetario o simbólico. Por ende. Su arte es un arte aplicado. Desde luego.además de no ser innovadora. Desde su nacimiento. que tuvieron una visible influencia del cubismo y el Bauhaus. aplican lo que ya a sido hecho en las demás artes. diseminan convenciones artísticas elitistas ya maduras. Robert Rauschenberg y Roy Lichtenstein. no hace más que volcar en una forma más accesible las afectaciones estilísticas más distintivas y conocidas de los creadores. Toulouse-Lautrec. “fea” y desconcertante a primera vista. los famosos afiches de Cassandre para Dubonnet (1924) y el trasatlántico Normandie (1932). Picasso. Sin duda. a diferencia de las formas de las “bellas artes”. a existir en múltiplos. El hecho de que tanto los afiches como las sobrecubiertas de libros y las tapas de revistas constituyan un arte aplicado no es consecuencia de que apunten a la “comunicación” como único propósito ni de que a sus realizadores se les pague mejor o con mayor regularidad que a la mayoría de pintores o escultores.es tan dudoso como simplista.

Por cierto. music Halls. La posible subversión del afiche al orientarse a la autonomía estética se ve confirmada por el hecho de que la gente comenzó desde temprano. que se había erigido en la capital del arte si bien distaba de ser la capital económica del siglo XIX. que eran ingleses. fortaleció la fuerza estética del afiches. misterio. que no promocionaban absolutamente nada. Mientras que el anuncio público cumple la obvia función de decir algo el afiche no posee un objetivo fundamental tan claro o inequívoco. Los Beggarstaff (seudónimo de dos ingleses que habían estudiado arte en París) se vieron fuertemente influidos por Toulouse-Lautrec. estético). El afiche eficaz –incluso el que vende el artículo doméstico más prosaico. hicieron una adaptación libre de la mirada de la primera ola de afiches franceses. economía. el afiche tiende a desarrollar una existencia independiente hasta llegar a convertirse en un elemento fundamental de la escenografía pública de las ciudades modernas (y de las autopistas. donde pudiera volverse objeto de escrutinio minucioso (es decir. El Fillmore y el Avalon. La tendencia estilísticamente parasitaria presente a lo largo de la historia del afiche es una prueba más de que este constituye una forma artística. que en un principio fueron un instrumento de publicidad comercial. el afiche (pese a sus orígenes francamente comerciales) no es solo utilitario. Al margen de haber sido concebido para vender determinados productos y espectáculos. licores y bebidas no alcohólicas. o en todo caso los buenos afiches. el anuncio. Uno de los más notables y recientes ejemplo de ese parasitismo funcional es la brillante serie de afiches realizados en San Francisco a mediado de la década de 1960 para los grandes salones de Rock. El afiche nación del impulso estetizante. tuvieron como primera misión promocionar mercaderías y servicios que eran económicamente marginales. puesto que el artista de afiches de cierto renombre se alimenta en alguna medida de escuelas anteriores del arte del afiche. alimentos no básicos. por lo que trasladó este objeto diseñado preeminentemente para el espacio exterior público y la mirada superficial y fugaz de las multitudes a los confines de un espacio interior privado –el hogar del coleccionista-. Dudley Hardy. condensación. montados a los costados de los autobuses Neoyorquinos. Los afiches. productos domésticos. Más allá de esa meta existe una tendencia que a acompañado los cien años de historia del afiche. Esa “decadencia” incorporada continúa intacta hasta la actualidad. para que un afiche sea reconocido como eficaz. No es accidental que la primera generación de grandes afiches haya surgido en Paris. el afiche puede tener. el eslogan. para hacer “leídos” de un vistazo porque tenían que competir con otros afiches. El hecho mismo de que los afiches hayan sido diseñados par provocar un impacto inmediato. debió su inspiración en gran parte a Chéret y Lautrec. A demás de reflejar la intensidad de una meta didáctica inequívoca (vender). en los que se plagió con total libertad a Mucha y a otros maestros del Art Nouveau.siempre exhibe esa dualidad que es la marca distintiva del arte: La tensión entre el deseo de decir (claridad. ese es precisamente el punto en que un afiche difiere como género de un anuncio público y se adentra en el terreno del arte. entretenimientos (cabarets. No hay mucha diferencia entre los afiches realizados en los años cincuenta para London Transport que. muy recordado por sus afiches para las producciones de Gilbert y Sullivan en el teatro Savoy. a coleccionar afiches. Aún cuando nombre un producto. ya en la década de 1890. debe trascender la utilidad que presta al transmitir ese mensaje. Pero. Su propósito puede ser el “mensaje”: la publicidad. Se impuso como propósito de hacer de la venta algo “hermoso”. y los afiches de Peter Max de fines de la década del sesenta. evocación. los afiches. literalidad) y el deseo de callar (omisión. corridas de . Incluso la función específicamente comercial que tubo el afiche durante sus primeros años contribuye a afianzar su base estética. una función exclusivamente decorativa. El afiche surge del esfuerzo por expandir la productividad capitalista a fin de vender artículos excedentes o de lujo. no pueden ser considerado apenas como instrumentos para comunicar algo cuya forma normativa es la “información”. exageración). a juzgar por el tema eran más adornos que publicidad. en última instancia. servicio. En contraste con el anuncio público. espectáculo o institución.destacados fuera de Paris. que vinculan las ciudades borrando la naturaleza).

como el afiche de Faivre (1916) que pedía contribuciones al empréstito de guerra francés de aquel año con el eslogan “On les aura”. en particular en países como en Alemania. como el monstruoso afiche antibolchevique de Bernhard (del mismo año). Pero a pesar de esos precedentes. Pero la teatralidad de la estética del afiche alcanzó su expresión tanto seria como humorística en el momento en que los afiches se tornaron políticos. (Los “afiches murales” chinos entran en la categoría de anuncios públicos en ves de afiches. el afiche siguió careciendo en gran parte de función política hasta 1914. Desde principio del siglo XIX. durante todo ese período. cuando se estableció la conscripción). Dos de los primeros fueron “el grupo de noviembre”. En el transcurso de la historia del afiche. y lo histérico. los afiches de la Primera Guerra Mundial revisten hoy escaso interés más allá de su valor histórico. lo divertido. cuando los nuevos movimientos revolucionarios que convulsionaban Europa hacia el fin de la Guerra estimularon una catarata de exhortaciones radicales mediante los afiches. del mismo modo que el propio objeto-afiche puede tomarse como una especie de teatro visual instantáneo en la vía pública. como el llamado a las armas. Los anuncios públicos siguieron cumpliendo funciones políticas.toros). El nacimiento de la gráfica política seria se produjo inmediatamente después de 1918. Rusia y Hungría. formado en Berlín en 1918. De ahí que tuviera. óperas) y viajes de placer. No hace mucho. Por más que parezca especializado. la caricatura política. En Francia. Nast. en Alemania. desde el primer momento. exhortaban a los hombres a incorporarse al ejército (desde 1914 hasta 1916. En muchos de los primeros afiches se evidencia un elemento de exageración. intentaban despertar el amor por el país presentando al enemigo como a un demonio. entre cuyos miembros se encontraban Max Pechstein y Hans Richter. como el afiche de Leete que ilustraba a Lord Kitchener y su dedo acusador con la cita “su país necesita de USTED” (1914). una de las principales tradiciones dentro de la estética del afiche favorece lo frívolo. La exageración es uno de los encanto del arte de los afiches. donde eran generalmente ideológicos. se venía gestando un precedente aún más emparentado con el afiche político. mas tarde. que en las florecientes revistas semanales y mensuales había alcanzado una forma magistral de la mano de Cruikshank y Gillray y. en Inglaterra. un tono liviano o ingenioso. Resulta sorprendente que el papel político del afiche tardara tanto en sumarse el papel publicitario que venía desempeñando desde que se originó. en 1968. obras de teatros. el artista constructivista el Lissitzky y Alexander Ròdchenko. y los producidos por estudiantes revolucionarios en la Escuela de Bellas Artes de París durante la revolución de mayo de 1968. de hacer “demasiado” por el tema. No es de extrañar que gran parte de la mejor obra en el campo del afiche político haya sido llevada a cabo por grupos de realizadores de afiches. los gobiernos beligerantes de Europa reconocieron lo eficaz que podía resultar el medio de publicidad comercial para sus fines políticos. de ironía. muchos artistas han diseñado afiches radicales fuera de la disciplina grupal. que congregó a activos artistas de la talla del poeta Maiakovsky. cuando su misión es comercial. según la aplicación de los términos en este artículo). el afiche revolucionario . la teatralidad ha sido uno de los valores recurrentes. casi de la noche a la mañana. Fue debido a las secuelas de la Primera Guerra Mundial como el afiche político comenzó a constituir una valiosa rama del arte de los afiches. partiendo de las ásperas Jane Avril y Yvette Guilbert de Toulouse-Lautrec. el afiche teatral es tal vez el género de afiche arquetípico del siglo XIX. La mayoría de los afiches realizados durante La Primera Guerra Mundial. El tema dominante de los primeros afiches políticos fue el patriotismo. la suave Loïe Fuller de Chéret y la hierática Sarah Bernhardt de Mucha. y el ROSTA. Algunos ejemplos más recientes de afiches revolucionarios producidos por grupos son los republicanos y comunistas hechos en Madrid y Barcelona en 1936/37. formado en Moscú en 1919. Fue entonces cuando. “cultura” (revistas. Desde luego. los afiches invitaban a los ciudadanos a subscribirse a los diferentes empréstitos de guerra. eran gráficamente crudos. Salvo contadas excepciones. alrededor de 1870. Su gama emocional se movía entre lo pomposo.

es un instrumento político menos frágil comparado con los afiches de los disidentes independientes. aumentan cuando son patrocinados por algún partido político organizado. Mientras que la presencia de afiches utilizados como publicidad comercial indican en que medida una sociedad se define a si misma como estable. invadieron súbitamente Phnom Penh (una ciudad no acostumbrada a los afiches) inculcando el odio por los vietnamitas residentes y animando a los camboyanos a levantarse en armas contra el “Viet Kong”. cuando el estado atraviesa períodos de crisis. Suelen terminar mutilados en manos de furiosos integrantes de la mayoría silenciosa o arrancados de las paredes por la policía. los que expresan valores insurgentes. están condenados a una menor distribución. por otro lado. En los países capitalistas de más larga data. articulado por vez primera en la cuna del capitalismo: el Estado moderno. la mayoría de las cuales está experimentando (aunque sin demasiado éxito) con una mezcla de capitalismo de estado y socialismo de estado. más que nada. y en los que se identifica a los Estados Unidos como el enemigo que respalda a Israel. Lo único que varía es la escala de ese propósito. los afiches son una herramienta común para la construcción de la nación. Pese a ese lazo histórico existe una diferencia de contexto fundamental entre los afiches comerciales y los políticos. Desde luego. África y América Latina (OSPAAAL) y la Comisión de Orientación Revolucionaria (COR) incluidos en este libro. En cambio. no corren la misma suerte que los que son portavoces de una minoría adversaria dentro del país. su empleo se limita. historietas de diarios ampliadas) coincidentemente con la escalada de la guerra en Medio Oriente. Dos ejemplos pertenecientes a este año político son. En las naciones más nuevas.fue tema de una amplia y notable exposición retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Estocolmo. cuya aspiración al monopolio ideológico tiene como expresión mínima e incuestionable el objetivo de la educación universal y el poder de la movilización masiva para la contienda armada. Resulta especialmente llamativo el modo en que los afiches han sido utilizados para “ideologizar” sociedades del Tercer Mundo relativamente desprovistas de ideología alguna. por un lado. en lugar de los impuestos por la clase dirigente. todos los afiches políticos comparten un mismo propósito: La movilización ideológica. La movilización a gran escala es un objetivo factible cuando los afiches son el vehículo de una doctrina políticamente imperante. encargado por el partido comunista italiano. con instituciones políticas democráticoburguesas. a los tiempos de guerra. los afiches que diseminan la postura oficial de un país. El advenimiento de los afiches políticos parecería marcar un agudo distanciamiento de la función original de los mismos (promocionar el consumo). los afiches que en abril de 1970. y se encuentran en medio de crisis políticas y económicas crónicas. Los afiches insurgentes o . los afiches que empapelaron todo Egipto (la mayoría de ellos. existe una estrecha relación entre las condiciones históricas que hicieron que los afiches sirvieran primero como publicidad comercial y luego como propaganda política. y. la presencia de afiches políticos suele indicar que la sociedad se considera a sí misma en estado de emergencia. Del mismo modo que el afiche comercial es fruto de la economía capitalista. el afiche político refleja otro fenómeno específico de los siglos XIX y XX. tras la caída del Príncipe Sihanouk. Su presencia es típicamente repetitiva. como los afiches ingleses que reclutaban soldados para la Primera Guerra Mundial o los afiches cubanos diseñados para la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia. Hoy en día. Pero al margen de las diferencias de contexto y destino. Los que expresan la opinión mayoritaria de una sociedad (o situación) politizada tienen garantizada la distribución masiva. en busca de un statu quo económico y social. Por su puesto que las posibilidades de longevidad del afiche. así como sus perspectivas de distribución. El afiche contra la Guerra de Vietnam (1966) de Renato Guttuso. los afiches son un instrumento familiar para promulgar actitudes políticas de manera sucinta. con su necesidad de inducir a la gente a gastar más dinero en mercaderías no esenciales y espectáculos. como Takashi Kono en Japón y Sigvaard Olsson en Suecia. Sin embargo.

como Lord Kitchnener en el afiche de Leete. el paradigma se remonta a Chéret. incluso la exija. Una variante del . a la imagen emblemática de una persona se le adosa una cosa o una idea. es la política cultural del gobierno. como la denominara Marshall McLuhan veinte años atrás en su sagaz libro sobre las versiones contemporáneas de esa imagen. los afiches políticos emplean una gran variedad de recursos emocionales. Con el fin de crear un sentido de obligación psíquica o moral. Un afiche político. El arte de la propaganda no se ve obligatoriamente ennoblecido o refinado por la ausencia de una autoridad que lo respalde. como el de William Gropper que solicitaba apoyo a los trabajadores textiles declarados en huelga en Passaic o el de Fred Ellis que exigía justicia para Sacco y Vanzetti. la voluntad de ceder a deseos y permisos privados. confían más en la imagen que en la palabra. es imperativa. o bien admonitoria. desde el que responde a propósitos de publicidad comercial hasta el que tiene como meta el adoctrinamiento político. como un soldado. menos estridentes o simplistas ideológicamente que los producidos por los gobiernos de turno. dado que tienen que competir por la atención de un público distraído. Muy a menudo. ni siquiera seductora. Lo que determina que un país produzca buenos afiches políticos. Las imágenes de la publicidad comercial cultivan la capacidad de ser tentado. más modestamente. es raro que el objetivo de un afiche político eficaz sea otro que la estimulación (y simplificación) de sentimientos morales. La obra patrocinada por el estado puede ser tan vigorosa y libre como los afiches políticos cubanos o bien tan banal y conformistas como los afiches de la Unión Soviética y Alemania Oriental. ni se vuelve inevitablemente vulgar cuando goza del apoyo del poder o cumple objetivos oficiales. partido político o movimiento: el hecho de que reconozca la calidad. la voluntad a renunciar a los deseos y permisos privados. Contrariamente a la opinión denigrante que tienen muchas personas de la propaganda como tal. No basta con que la imagen sea atractiva. Así como el objetivo de un afiche publicitario eficaz es la estimulación (y simplificación) de gustos y apetitos. más que el talento de los artistas o la entereza de las demás artes visuales. produjeron afiches notables para el Partido Comunista Alemán. es decir. Las imágenes de los afiches políticos cultivan el sentido de la obligación. como el rostro del Che en muchos afiches posteriores a su muerte. o de un ciudadano representativo anónimo. puesto que la acción a la que se está incitando siempre es presentada como algo que excede lo meramente “deseable”. a una movilización de opinión a pequeña escala en contra de la línea oficial prevaleciente. como modo de identificar de manera encubierta la adquisición material con el apetito sexual y reforzar subliminalmente lo primero mediante la apelación a lo segundo. alrededor de la imagen de una mujer bonita: la “novia mecánica”. la fomente. o inspiradora. hostil o indiferente. al igual que los afiches comerciales. ambos de 1927. las diferencias de calidad estética e intelectual no responden a esos preceptos. John Heartfield y Georg Grosz. vendieran lo que vendieren. entre otros. Cuando presentan a una única figura modelo. que diseñaba la mayoría de sus afiches. La mayoría de los afiches políticos. En publicidad comercial. la imagen utilizada puede ser conmovedora. una madre. Durante ese mismo lapso.revolucionarios apuntan. no existe ningún límite inherente a la calidad estética o a la integridad moral de los afiches políticos. Idéntico margen de calidad se da entre los afiches políticos insurgentes. como el niño alcanzado por un bombardeo en los afiches contra la Guerra de Vietnam. un trabajador. Y la manera clásica de estimular y simplificar es a través de la metáfora visual. en cambio. Lo que se propone la imagen de un afiche comercial es resultar atractiva. a menudo en un sentido sexual. para el partido comunista norteamericano solo se hicieron ingenuos afiches de agitación y propaganda. vivo o martirizado. El equivalente en la publicidad política es la figura heroica. Uno podría llegar a suponer que los afiches políticos producidos por una minoría disidente deberían ser más vistosos. En los años 20. En realidad. Dicha figura puede adquirir la forma del célebre líder de una lucha. procede de modo más directo y apela a emociones con un prestigio rayando en lo ético. ningún límite fuera de las convenciones que afectan (y tal vez limitan) la creación de cualquier tipo de afiche. una víctima de la guerra.

sino sembrar y comprometer conciencias. que superpone una extensa cita en letras gruesas sobre el rostro del revolucionario peruano encarcelado. desde luego. las palabras de un sofisticado de un eslogan ideológico redactado en forma de máxima: “comunismo no es crear conciencia con el dinero sino crear riqueza con la conciencia”. Una interesante excepción a la regla es el afiche en blanco y negro de Hugo Blanco realizado por Sigvaard Olsson (1968).afiche que se centra en un personaje ejemplar es aquél que describe el combate o la lucha. el afiche sigue siendo uno de los principales tipos de letrero público: decora ideas compartidas y estimula simpatías morales. como la sed de venganza. los intentos de saturar el espacio público por medio de publicidad no tienen límite. Pero. Cualquier sociedad moderna. Bajo el régimen del comunismo revolucionario. El lugar donde ese modo de emplear el afiche es más auténtico es en Cuba. más llamativa aún. la imagen de un afiche político suele estar respaldada por algunas palabras. aunque no reducible a ella) ha repudiado los valores mercantiles más radicalmente que cualquier otro país comunista fuera de Asia. es el afiche de la COR. y la comunista no menos que la capitalista. Una sociedad comunista revolucionaria. En Cuba. El empleo que hace Cuba de los afiches políticos trae a la memoria la visión de Maiakovsky de comienzos de los años 20. por ende. Pero según el desarrollo de la lucha y el tono moral de la cultura. ya que hoy por hoy son pocos los afiches que. II En la sociedad capitalista. limitarlo. la meta más alta de la revolución. solo tiene sentido emplearlo de modo selectivo y controlado. La escena suele mostrar al enemigo –el alemán. que prescinde por completo de imágenes y dispone de manera contundentemente colorida. los afiches con imágenes de lucha suelen apelar a sentimientos más crudos. aun así queda un amplio margen para el afiche. inevitablemente debe redefinir el arte del afiche y. una gran proporción de los afiches cubanos tiene temas políticos. casi abstracta. Desde luego. cuantas menos mejor (o eso es lo que se cree). además. se trata de un efecto aditivo. Comparados con los afiches que muestran solo figuras ejemplares.). (Dejando de lado China. un clima social en el que es normativo comprar. es una red de letreros. antes de que la opresión estalinista aplastara a los artistas revolucionarios independientes y echara por tierra el objetivo comunista-humanista de .sí puedan hallar placer en esa escenografía. los afiches son un elemento ubicuo del paisaje urbano. Lyndon Johnson. dichas imágenes también pueden pasar por alto esas emociones y simplemente servir para que la gene se sienta más valiente. Las palabras secundan la imagen. yuxtaponiendo la figura heroica con la figura de un enemigo deshumanizado o caricaturizado. es decir. Como es de esperar. considerados en forma individual. Es posible que los entendedores más especializados –en la estética de la plaga. En dicho contexto. Dado que la salud de la economía depende de inmiscuirse en todo aquello que restrinja los hábitos de consumo de la población. Pero lo que hace que los afiches sigan multiplicándose en las zonas urbanas del mundo capitalista es la utilidad comercial que brindan al vender productos específicos y al perpetuar. Otra excepción. Cuba es quizás el único ejemplo en la actualidad de una revolución comunista que persigue esa meta ética como objetivo político explícito. Sin embargo. la atmósfera libertina de la basura y las consecuencias libertarias del azar. Los entendidos en nuevas formas de belleza quizás puedan hallar una gratificación visual en el collage accidental de los afiches (y de los letreros de neón) que decoran las ciudades. el afiche que insta a los ciudadanos a adquirir mercaderías de consumo no tiene razón de ser. el bolchevique. Al igual que en la publicidad comercial. el capitalista de levita. en vez de promover apetitos privados. a diferencia de la mayoría de las obras de género. que rechaza la sociedad de consumo. que con su aliento revolucionario (atribuible a las crueles carencias económicas impuestas por el bloqueo norteamericano. el propósito del afiche político en Cuba no es simplemente fortalecer el espíritu de cooperación. conceden algún tipo de placer estético. el resentimiento y la complacencia moral.acorralado o en plena huída.

el éxito de la revolución no se mide por la capacidad de seguir adelante. le chienlit” y “CRS = SS”. cuando deben cumplir las provechosas funciones que tienen convencionalmente en las sociedades revolucionarias volcadas a una activa autotransformación ideológica. Al menos algunos afiches políticos llegan a alcanzar un llamativo grado de existencia independiente en calidad de objetos decorativos. en alusión a la cosecha de azúcar). los afiches son uno de varios métodos importantes de enseñanza pública. soportando la despiadada hostilidad de los Estados Unidos y sus sátrapas latinoamericanos. Del mismo modo que cumplen en transmitir un mensaje específico. Los cubanos utilizan este medio para transmitir ideas morales complejas (especialmente algunos afiches hechos para la COR. aunque nunca indiferente. No da la impresión de que los artistas de afiches estuvieran obligados a ser explícita y continuamente didácticos. Se mide por el progreso alcanzado en la educación del “nuevo hombre”. así como tampoco han encabezado una genuina vanguardia en lo estético. los afiches cubanos a veces dicen muchas cosas. el nombrar puede implicar el uso de insultos para atacar al oponente. Los afiches demarcan espacios públicos importantes. gozan de una gracia notable. la gran Plaza de la Revolución. Y. publicitan actos políticos y congresos internacionales. analícese el afiche “Cien Años de Lucha 1868-1968”. En esa revolución.crear mejores seres humanos. fortalecer y ayudar a diseminar los valores de los estratos de la población ideológicamente más avanzados. Estar armados para la defensa nacional. Los afiches revolucionarios de izquierda suelen ocupar el centro y la retaguardia de la conciencia política. En casi todos. todos esos logros notables no son más que el paso previo a la revolución “de vanguardia” que Cuba busca llevar a cabo. como los afiches franceses de mayo del „68 que decían “C`est lui. La sobriedad y la negativa a hacer una . no dicen casi nada. tanto en lo visual como en lo verbal. (No cabe discutir que no hay espacio para la brusquedad en el arte político y que la estridencia siempre traiciona la inteligencia. Los afiches rara vez han sido portavoces de una conciencia política de vanguardia. Pero pese a la plétora de funciones oficiales que desempeñan. una revolución de conciencia que exige transformar el país entero en una escuela. en ciertas situaciones históricas. los afiches políticos se acogen a un tono sobrio y emotivamente solemne. Los afiches también aportan comentarios visuales sobre los principales sucesos políticos del año en curso: anuncian días de solidaridad con causas extranjeras. también expresan (por el hecho de ser bellos) placer hacia ciertas ideas. A partir de la revolución. conmemoran aniversarios históricos y demás. que parece subestimar en serio la inteligencia de los habitantescasi nunca son estridentes. como lo saben los realizadores de afiches. actitudes morales y referencias históricas ennoblecedoras. Pero los afiches políticos cubanos son especiales. los afiches señalan momentos públicos destacados. Uno de los principales medios utilizados para cambiar conciencias es llamar las cosas por su nombre. El proferir insultos e invectivas relevantes. a cada año se le ha ido asignando un nombre distinto en enero (1969 se llamó “El año del esfuerzo decisivo”. una invectiva. otras veces.). Así. como “Crear consciencia…” y “Espíritu de trabajo…”). Además. seguir la lenta y ardua lucha por cierto grado de autosuficiencia agrícola. A modo de ejemplo. que llega a albergar a un millón de personas en una manifestación política. está circunscrita por los enormes y coloridos afiches expuestos a los costados de los altos edificios que la rodean. Para los cubanos. En su mayoría. Y. chillones o imperiosos. En el contexto cubano. un eslogan de triunfo. haber brindado a la mayor parte de la población una dieta adecuada y servicios médicos por primera vez en su vida. tenía un uso político perfectamente serio orientado a desmitificar y desprestigiar a la autoridad represora. A diferencia de la mayoría de los afiches políticos. nombre que es anunciado en afiches puestos por toda la isla. sin embargo. Quizás el aspecto más progresista de los afiches políticos cubanos sea su inclinación hacia la declaración modesta. Y cuando lo son. Su misión es confirmar. el nivel de exhortación no excede unas pocas y simples palabras emotivas: una orden. tal estridencia o imperiosidad sería un error. sus afiches –en feliz contraste con la prensa cubana. haber abolido virtualmente el analfabetismo.

sino directamente a los turistas estadounidenses portadores de los dólares que eran la fuente principal de ingresos para Cuba o bien a los residentes estadounidenses.un cuidadoso trabajo técnico. Valiéndose de imágenes atractivas –a veces caprichosas. para la que. muchos de esos afiches en realidad no satisfacen ninguna necesidad práctica. emotivo y gráficamente sensual. buena calidad de papel y otros recursos costosos. casi todos . improvisada. evidentes en este afiche. Los afiches políticos cubanos halagan los sentidos. En consecuencia. los artistas cubanos parecen perpetuar uno de los primeros y más duraderos géneros del afiche: el afiche teatral. muchos de los afiches que aparecieron en La Habana antes de 1959 tenían textos en inglés. que no abunda. cultivaban una mirada inexperta. Son más majestuosos. obras de teatro. De ese modo. suplementaria a la película. una diferencia importante. El estilo al que apuntan los afiches cubanos. Dar a conocer eventos culturales es la tarea de la mayoría de los afiches que no son políticos. eventos y objetos pensados. dinero y papel. Pero ni el importante rol educativo que juega la gráfica política en Cuba alcanza para explicar el alto nivel y los costosos recursos del arte del afiche en ese país. por razones de exigencia práctica así como también motivos ideológicos.y de una tipografía traviesa. el propio proyecto de la publicidad cultural se vuelve algo paradójico. Son escasos los afiches políticos que no incluyan adulación moral hacia sus destinatarios. El brío y la autosuficiencia estética de los afiches cubanos parecen aún más notables si uno considera que el afiche en sí constituye una forma artística nueva en Cuba. juvenil. y que generalmente logran transmitir. algo hecho. esos afiches anuncian películas. (Por supuesto. como es el caso de los afiches parisinos de mayo que advierten a la población de los venenos ideológicos de la prensa. ni siquiera es esa una de sus principales finalidades (como sucede con los afiches de Vietnam del Norte). estos. Existe. Y. sin embargo. otras veces dramáticas. por cierto. Los cubanos hacen afiches para publicitar la cultura en una sociedad que intenta no tratar la cultura como si fuera un ensamble de mercancías. por no decir gratuito. Los afiches cubanos son mucho menos analíticos que los de la reciente revolución francesa. Muchos afiches carecen de contenido político. como el exuberante diseño de la revista Tricontinental. de cualquier manera. un afiche realizado por Tony Reboiro o Eduardo Bachs para el Instituto Cubano de Arte e industria Cinematográficos (CIAC) equivale a la creación de una nueva obra de arte. más solemnes que los afiches franceses de mayo del „68. un hermoso afiche que anuncia la exhibición en La Habana de una película menor de Alain Jessura. como tampoco que hoy por hoy en Cuba se produzca algún afiche. con un texto breve basta para transmitir un análisis. un concurso nacional de la canción. se agotarán las entradas de todas las funciones (porque el cine es una de las pocas formas de entretenimiento al alcance de la mano) es un artículo de lujo. la visita del Ballet Bolshoi. Por ejemplo. responsable de la mayoría de los afiches para la OSPAAAL). ingenua. más que a una publicidad cultural en el sentido por todos conocidos. y ni siquiera se dirigían a los cubanos. Puesto que en realidad el afiche cubano no es exclusivamente político. a la producción de afiches políticos (y de otras formas de gráfica política. no solo un eslogan sino un genuino análisis político. una exposición de arte en una galería y cosas por el estilo. Cuba carece de una tradición de análisis intelectual comparable a la de Francia). y entre ellos se encuentran algunos de los que insumen más costos y dedicación: los que están destinados a la industria cinematográfica. Por cierto. para la explotación comercial. No debe darse por sentado que los afiches que tienen esa ambición estética deliberada sean moneda corriente en Cuba. los únicos afiches que se veían en la isla eran las más vulgares publicidades norteamericanas en carteleras de la vía pública. Podría llegar a justificarse que incluso un país con dificultades económicas tan severas asigne semejante tiempo. Muy a menudo. son rasgos muy típicos de la obra de los cubanos. requiere -además de talentosos artistas.declaración. en ultima instancia. Desde luego. una idea de Alfredo Rostgaard. educan de un modo más indirecto. la radio y la televisión: en uno de ellos se veía un burdo dibujo de un aparato de televisión sobre el cual estaba escrita la palabra “Intox!”. por mera satisfacción. Antes de la revolución. consciente o inconscientemente.

en donde la búsqueda de la excelencia artística se define. y también el cine. El eclecticismo estilístico representa quizás una forma de encubrir el dilema latente que representa para el artista de una sociedad revolucionaria el hecho de tener una firma individual. De acuerdo con la segunda. y el estilo del arte pop. como sucede en China (no solo con los afiches sino también con la mayoría de las otras formas de expresión artística. no se sabe demasiado acerca del florecimiento del arte del afiche en ese país en los últimos años. Brasil y Argentina. el afiche representa una forma de expresión artística donde el choque no resulta tan violento. surgieron como pintores. Reboiro. aun más llamativamente. en términos de una restricción de la audiencia. el arte sirve una meta sociopolítica o ética. en mayo de 1968. y a menudo lo hace. su estilo puede evidenciar abruptos cambios. Rostgaard. en cambio. al menos. Los buenos afiches. Pero tal vez actualmente el afiche sea el medio ideal para reconciliar dos visiones del arte potencialmente antagonista (o. ¿A qué se debe semejante explosión de talento y energía desplegados en esta forma artística en particular? Demás está decir que en la actualidad. Roy Lichtenstein y Tom Wesselman. los afiches son diseñados por artistas que trabajan en forma individual. Desde luego. y ello se debe al aislamiento que sufre Cuba respecto del mundo no comunista a causa de la política impuesta por los Estados Unidos. que se alimenta como un parásito de la estética del afiche comercial. el estilo neo-Art Nouveau popularizado por los afiches del Fillmore y el Avalon a mediado de los años 60. Según la primera. en especial la literatura en prosa y la poesía. En 1968. En Cuba. al igual que la producción de afiches. por lo común esos artistas emplean una amplia gama de estilos. en Cuba se cultivan otras artes y con gran distinción. No parece existir el impulso para crear afiches colectivamente. al igual que la mayoría de los demás países latinoamericanos –a excepción de México. Azcuy Martínez y Bachs. Peña. (Un afiche propiamente dicho implica un cierto contexto de producción y distribución. (Sin embargo.hombres de negocios que controlaban y explotaban la economía del lugar. no pueden ser objeto de consumo de una elite. No comparten la carga heredada por la literatura. como los pseudoafiches Warhol). Dado que un artista debe responder a encargos tan dispares como diseñar un afiche político para la OSPAAAL una semana y a la siguiente realizar un afiche cinematográfico para el ICAIC. lo que excluye la obra producida directamente para el mercado de las bellas artes. desde que hace siglos dejara de ser un arte primariamente oral y por ende público. no dejan de ser la obra de un solo sujeto. La literatura. en parte. en general. cuyos orígenes datan de épocas muy anteriores a la de la revolución. carecía de raíces. cultivado por Andy Warhol. para contenerlas). incluida la poesía) o como lo hicieron los estudiantes revolucionarios de la Escuela de Bellas Artes de París. en especial Raúl Martínez y Humberto Peña. la totalidad de los afiches surgidos en Cuba. Paradójicamente. No resulta fácil identificar la obra de los realizadores de afiches cubanos más destacados: Beltrán. el estilo de los afiches cinematográficos checoslovacos de los años 60 de Josef Flejar y Zdenek Chotenovsky. Cuba. el arte expresa y explora una sensibilidad individual. los creadores de afiches enfrentan una situación más simple que algunos otros artistas cubanos. el estado de las Imágenes d´Epinal. La buena literatura pude apelar solo a una minoría culta. se ha identificado cada vez más con un acto solitario (la lectura). Hutchinson incluyó a Cuba al describir a América Latina. como un lugar donde se producen afiches de alta calidad). Tal como lo declaran en numerosas . Los trabajos dejan entrever una amplia gama de influencias foráneas que incluyen el estilo personal obstinado de realizadores norteamericanos como Saul Bass y Milton Glazer. Y ese eclecticismo presente en la obra de los artistas de afiches que trabajan en forma individual caracteriza. hoy en día los mejores afiches de América Latina son los que se producen allí. con un retiro a un yo privado. que. además de los afiches. firmados o no. Para mérito de la Revolución Cubana. la contradicción entre ambas visiones no ha sido resuelta. El espacio donde se exhibe el afiche genuino no es elitista sino público: comunal. la mayoría son relativamente jóvenes (nacidos a fines de los años 30 y comienzos de los 40) y algunos. Pero si bien los afiches cubanos.no contaba con una tradición local de afiches. Y en el ínterin.

Por un lado. resulta fácil estar de acuerdo con tal crítica. que no participa. El artista gráfico de una sociedad revolucionaria no tiene el problema que aqueja al poeta cuando emplea la vos singular. a la que. Detestaba a los futuristas rusos y tanto la vida bohemia como la poesía experimental de Maiakovsky le parecían una afrenta a los altos ideales morales de la revolución y al espíritu de sacrificio colectivo. todos percibieron el arte revolucionario (modernista) como una desagradable forma de actividad opositora. sin embargo.siempre es problemática. van rumbo a una situación revolucionaria.piense que lo que para el es revolucionario en el arte esta emparentado con la revolución política en curso. con la noción sumamente elaborada de la individualidad personal y la presunción de un antagonismo fundamental entre el individuo y la sociedad. durante toda la historia moderna de las artes. Por cierto. existe una unión incómoda entre lo que son las ideas revolucionarias en el arte y las ideas revolucionarias en la política. distanciada. escribió (en 1923) que los futuristas permanecían apartados de la revolución. aunque luego es más difícil traducirla a la práctica. Es un papel difícil de abandonar. la revolución cultural consiste principalmente en crear modos de experiencia y sensibilidad negativas. En una situación prerrevolucionaria. así como también la privacidad egoísta de la vida de muchos artistas. y. automotivado. por cierto. El artista. aunque el creía que podían ser integrados. La obra que hecha atrás la frontera de la negatividad no solo se define. Más allá de cierto punto. los actos del artista de vanguardia tienden a restringir el publico del arte a los consumidores de cultura instruidos y socialmente privilegiados. Pero. Como todo el mundo sabe. Cuanto más lejos se lleva la noción del individuo. el yo lírico. Casi ningún líder de las grandes revoluciones políticas se dio cuenta de la relación y. La última expresión de la pintura “formalista” en la Rusia posrevolucionaria fue la exposición grupal de Moscú “5x5 = 25”. En principio. Esa apropiación de la idea de la revolución en manos de las artes introdujo algunas confusiones peligrosas y alienta esperanzas engañosas Es natural que. Y a lo largo de más de un siglo.entrevistas. Otro aspecto particularmente intransigente de la identidad del artista es la medida en que el arte serio se ha apropiado para sí de la retórica de la revolución. cumple el papel de crítico o de persona ajena. Ese mismo año se dio el paso decisivo en el . con frecuencia. es espontáneo. La visión moderna del artista tiene su origen en la ideología de la sociedad capitalista burguesa. También se define como revolucionaria. según esperan. la trayectoria del arte revolucionario en la Unión Soviética gozó de una vida extremadamente corta. y que además crea que puede poner su arte al servicio de la causa. mucho artistas de la sociedad burguesa han denunciado el confinamiento del arte a pequeñas audiencias elitistas (William Morris dijo: “No quiero arte para unos pocos. según el mito moderno. Así. el artista –que tantas veces es crítico de su sociedad. los artistas serios se encuentran por lo general muy identificados con el papel “culturalmente revolucionario” que desempeñan en sociedades que. a diferencia de los criterios con los que se miden los méritos de los actos políticamente revolucionaros –la seducción popular-. Incluso Trotsky. aún no han llegado. ni libertad para unos pocos”). una vez que uno se ha vuelto un adepto. en el mejor de los casos. más aguda se torna la polarización del individuo contra la sociedad. Le encantaban Pushkin y Turgenev. cuando se halla atrapado dentro de un movimiento revolucionario en su propio país. el problema de quien está hablando y para quién está hablando. de 1921. de gustos artísticos muchos más refinados de Lenin. el lugar del artista en una sociedad revolucionaria independientemente de su medio de expresión. el artista ha representado precisamente el caso extremo (o ejemplar) del “individuo aislado”. La política revolucionaria de Lenin coexistía con un gusto literario que era a las claras retrógrado. que se dirige a una masa de gentes no diferenciada en nombre de algo público (ya sea una idea política o un espectáculo cultural). a los líderes de todo gobierno o movimiento revolucionario moderno les ha parecido más que evidente que en un orden social reconstruido de raíz la definición del artista debería cambiar. rechazos. como valiosa y necesaria. sin embargo. aun cuando. como tampoco educación para unos pocos. Implica facturas. libre. los artistas de afiches cubanos son muy concientes de que el afiche es un arte público.

Uno espera. El año pasado. Hurbert Padilla. La poesía lírica. de diciembre de 1967. ni haya logrado recuperar su trabajo. El conflicto entre las consideraciones estéticas y las completamente prácticas. censurar su poesía ni mucho menos encarcelarlo. véase el número 4. la más privada de las artes. debió soportar desagradables presiones. Lo que resulta impresionante y alentador es la solución cubana. repasa los tradicionales problemas derivados de la tarea de reconcebir el arte en una sociedad revolucionaria.sentido de un alejamiento del arte no representativo. Se promueven los típicos fervores civilizados: el deseo de evitar la actividad propagandística insistente y al mismo tiempo continuar siendo relevantes y comprensibles. quizás el más sobresaliente de los poetas jóvenes. con el arte de la propaganda pública de todos los países de Europa Oriental. Si se los compara con el resto de los artistas cubanos. Babel y Meyerhold) murieron en los campos de trabajo forzado. la forma artística pareciera satisfacer con gusto esas exigencias es el cine. del mismo modo que la creación de afiches es la más adaptable. como lo revela la notable obra de Santiago Álvarez y los jóvenes directores de largometrajes. A medida que fue transcurriendo la década. uno no debe tomar la relación relativamente satisfactoria entre los artistas de afiches y la revolución como muestra representativa de la situación de los artistas en Cuba. que comprendió ataques por parte de la prensa. Toda sociedad embarcada en una revolución exige que el arte tenga alguna conexión con los valores públicos. hasta que Castro en persona tomó cartas en el asunto. Es el mismo debate de siempre. No obstante. si bien es significativo que Padilla no haya sido reivindicado por completo. de determinar cuáles son las legítimas libertades y responsabilidades del artista. puesto que su obra es tanto una forma de expresión artística como un medio extremadamente literal de crear valores. la situación empeoró cada vez más y el gobierno prohibió a los artistas futuristas. la revista publicada por la Unión de Escritores y Artista) El análisis no es particularmente original. no arribar a ninguna solución específica.favorecen casi monótonamente el logro del gobierno cubano de haberse opuesto a un tratamiento ética y estéticamente filisteo de sus artistas. Si bien la Revolución Cubana es relativamente permisiva con los artistas. En el marco de todos esos problemas y desastrosos precedentes históricos. para los creadores de afiches es bastante fácil integrar con comodidad su identidad como artistas a las demandas y los reclamos de la revolución. Pero esto no equivale a decir que solo los poetas se vean frustrados en Cuba. El estilo cubano para con los artistas es pragmático y. incluso más que las ideológicas. otros eligieron el suicidio o el exilio. al que Dugald Stermer hace referencia más adelante en este libro. no presionar demasiado al artista. ha traído problemas hasta para las demás artes . hay oposición a ciertas voces que tienen un tono más individual (incluso con artistas cuyo compromiso con la causa es indudable). Muchos callaron ante las intimidaciones. la perdida temporaria de su empleo gubernamental y la edición de su libro. Vale la pena mencionar que durante el calvario sufrido por Padilla. Además del afiche. A algunos de los grandes genios de la vanguardia de la década del 20 se les permitió continuar trabajando. algunos (como Mandelstam. El realizador de afiches no encuentra mayor dificultad en acceder a dicha demanda. A decir verdad. como también la alta calidad de los afiches cubanos. no existió nunca el intento de negarse a imprimir su libro. premiado por la Casa de las Américas. tanto la frivolidad de la abstracción desenfrenada como la pobreza estética del realismo banal. en gran medida. en el caso de otras expresiones artísticas la situación no es tan inequívoca. es tal vez la más vulnerable en una sociedad revolucionaria. El debate sobre el arte gráfico cubano aparecido en el número de julio de 1969 de Cuba Internacional. El debate sigue vigente. con referencia a todas las artes. pero bajo condiciones que promovieron el ocaso de su talento (como Einstein y Djiga Vertov). los cubanos han seguido una política mesurada. respetuoso. (Para acceder a una discusión más amplia. de Unión. Las opciones unilaterales son condenadas: tanto el utilitarismo como el esteticismo puros. que el caso Padilla sea una excepción. con buenas razones. con un prefacio que criticaba la asignación de dicho galardón. Las comparaciones que se han hecho por más de cuarenta años con el arte del afiche de la Unión Soviética –de hecho.

Pero el conflicto entre utilidad (y racionalidad económica) y belleza no parece haber afectado demasiado la política respecto de los afiches. esos afiches dan muestra de una sociedad revolucionaria que no es represora ni filistea. si no el contenido. Lo único que la revolución debería hacer con la cultura burguesa sería democratizarla. la revolución no necesita ni debe rechazar la cultura burguesa dado que esa cultura. si uno da por supuesto que una sociedad revolucionaria de hecho necesita su propia clase arte. parece mucho más probable que una sociedad revolucionaria debe establecer nuevas formas de cultura igualmente complejas y persuasivas. así como la sociedad burguesa alcanzó su notable . de los letreros públicos (cuando no busca asegurarse el control centralizado). Desde luego. sino que se limita a perpetuar uno de los más altos valores reclamados para el artista en la sociedad burguesa. el cine y la arquitectura modernos. Mediante su belleza. la arquitectura. y que se comete un error al pensar que una sociedad revolucionaria requiere un arte revolucionario (así como la sociedad burguesa cuenta con un arte burgués). Como tampoco pueden considerarse manifestaciones de una concepción del arte políticamente revolucionaria. Es probable que Cuba no pueda darse el lujo de levantar edificios como de la Escuela de Bellas Artes ubicado en los suburbios de La Habana. Pero uno no puede pasar por alto las raíces sociológicas y la función ideológicas de esa cultura. Cuba no ha solucionado el problema de crear un arte nuevo y revolucionario para una sociedad nueva y revolucionaria. no proviene de una redefinición de una revolucionaria del artista. constituye en realidad la forma más elevada de cultura. el vigor y la amplitud de la cultura cubana no quieren decir que Cuba necesariamente posea una cultura revolucionaria. los afiches cubanos reflejan la ética comunista revolucionaria de Cuba en un aspecto obvio. Desde una perspectiva histórica. pero por desgracia es demasiado divergente de la historia como para resultar convincente. aunque no todos. más allá del hecho de que muchos afiches. En términos generales. deslumbrantes y costosos como el de la Escuela de Bellas Artes. ¿los afiches cubanos son “revolucionarios”? Como ya se ha advertido.públicas. ilustran las ideas políticas. tanto en el arte como en la ciencia. colocándola al alcance de la mano de todos en vez de una minoría socialmente privilegiada. Sin embargo. Toda sociedad revolucionaria intenta limitar el tipo. por ejemplo. elegancia y trascendencia más allá de la mera utilidad o la mera propaganda. Sin duda. recuerdos y anhelos de la revolución. uno no puede pensar automáticamente que esos aspectos atractivos de la Revolución Cubana integran orgánicamente la ideología y la práctica revolucionarias. no son revolucionarios tal como lo entiende el movimiento modernista en las artes a pesar de ser buenos. por admirable que sea. Los afiches prueban que Cuba tiene una cultura viva. Desde ese punto de vista. (Pero quizás ningún afiche lo sea teniendo en cuenta la tradición de parasitismo estilísticos presente en el diseño de afiche de todos los géneros). y porque la “individualidad” es tradicionalmente una norma menos importante para la estética del afiche que para la literatura. Pero. Claro está que algunos pensadores radicales creen que no hace falta. una obra de Ricardo Porro que data de 1965 y constituye una de las estructuras modernas más hermosas del mundo. El argumento es atractivo. a la falsa libre elección entre mercaderías que aclaman para que se las compre y entretenimientos que exige que se los disfrute. hay muchos elementos de la cultura de la sociedad burguesa que deberían ser retenidos e incorporados a una sociedad revolucionaria. los afiches cubanos no son artísticamente radicales o revolucionarios. Dicha limitación que se desprende lógicamente del rechazo a la sociedad de consumo. No es irracional que hoy día se otorgue mayor prioridad al diseño de casas prefabricadas de bajo costo y estéticamente banales que a la construcción de edificios originales. con una orientación internacional y relativamente a salvo de la interferencia burocrática que ha malogrado las artes en casi todos aquellos países donde asumió el poder una revolución comunista. Son demasiado eléctricos. Podría argumentarse que el alto grado de libertad del que gozan los artistas cubanos. más allá de ese sentido. quizás porque la producción de afiches representa un gasto mucho menor y parece útil de una forma más obvia.

a los que se llega tras rechazar dos modelos opuestos: por un lado. Son principalmente valores críticos. el afiche cubano no encarna valores radicalmente buenos. valores revolucionarios. El enfrentamiento entre la perspectiva nacionalista y la internacionalista constituye tal vez el tema más delicado en la esfera del arte cubano hoy por hoy. el compromiso con la excelencia artística. por ejemplo los realizados para los días de solidaridad con el pueblo de Zimbabwe. más que las instituciones estrictamente políticas y económicas del estado. la colonia negra de los Estados Unidos. el medio que lleva a esa revolución civil necesaria. sin llegar a ser sentimentales. Los ciudadanos comunes. la seriedad moral. los de una sociedad en transición. Por cierto. América Latina y Vietnam) El tema de la solidaridad se nota también por oposición dado que los afiches políticos cubanos rara vez dividen el mundo entre negro y blanco. por el otro la monótona fealdad del realismo socialista soviético. un cambio en la percepción que tienen las personas de si mismas. De ese modo. la vulgar comercialidad de los afiches norteamericanos (y sus imitaciones en las carteleras que se multiplican por toda Europa Occidental y América Latina) y. La promoción de la conciencia internacionalista desempeña un papel muy importante en ese país.a líneas generacionales. Cuba es quizás el único país comunista del mundo donde el pueblo demuestra un sincero interés por Vietnam. (En este libro se incluyen. Partiendo de lo que para Gramsci significa un cambio de cultura. es obvio que la revolución exige una nueva cultura. el hecho de que constituyan valores críticos. sino que aspiran a demostrar el vínculo de Cuba con la lucha internacional. amigos y enemigos. Es.“hegemonía” gracias a los espléndidos logros de la cultura burguesa. Los valores representados en los afiches son el internacionalismo. que obedece –como tantos conflictos de nuestros días. puesto que también reafirma el claro rechazo de ese país al patriotismo. La regla parece ser que. comparable a la promoción de la conciencia nacionalista en la mayoría de las otras sociedades revolucionarias de izquierda (como Vietnam del Norte y China) y movimientos insurgentes. Es la cultura. sin ser históricamente específicos. para cada uno de los cuales se diseña un afiche. lo cual es obra de la cultura. sino de estar apasionadamente comprometidos con la causa de la revolución en una escala mundial. Entre los enormes afiches que dominan la inmensa Plaza de la Revolución de la Habana. se atribuye igual importancia a las fechas que conmemoran los martirios de la historia local que a los días de solidaridad con otros pueblos. El brío revolucionario de Cuba parte de no contentarse con los logros de una revolución nacional. la diversidad. la . Prácticamente ninguna se desvía hacia la invectiva o la caricatura. Como pocas recurren a la exhortación cruda. cualquiera sea la forma de expresión artística. como sí lo hacen los afiches con la inscripción “Amad la Patria” de Alemania Oriental o los afiches políticos cubanos por lo regular son afirmativas. incluso el desmoronamiento del estado burgués debe aguardar hasta que se produzca primero una revolución no violenta en la sociedad civil. Los afiches que ilustran la historia revolucionaria de la propia Cuba no intentan simplemente despertar sentimientos patrióticos. uno de los valores revolucionarios más vigorosos es el internacionalismo. No obstante. En el calendario político. no significa que no puedan ser también. sobre todo. de acuerdo con el gran marxista italiano Antonio Gramsci –el principal exponente de esta visión-. En el ámbito de casi todas las artes existe una firme toma de posición al respecto. y la ingenuidad folklórica y hagiográfica de la gráfica política china. la sensualidad: la suma positiva del rechazo cubano al gusto prosaico o al utilitarismo crudo. el eclecticismo. Hablar de valores revolucionarios en forma abstracta. con frecuencia insisten en restar importancia a las penurias y la severidad de su propia lucha en comparación con lo sufrido durante décadas por los vietnamitas. Para Gramsci. casi ninguna depende de la polarización moral maniquea. al igual que los funcionarios. En Cuba. en un contexto más fuerte o especial. es superficial. se otorga igual preponderancia a un afiche del Che que a uno que honre la lucha del pueblo vietnamita o a uno que aclame la meta de cosechar diez millones de toneladas de azúcar en 1970. Así hasta el mismo eclecticismo de los creadores de afiches cubanos tiene una dimensión política.

En la actualidad. En la música. también en la Rusia Soviética por más de cuarenta años. La historia del país se reduce a poco más que la historia de cien años de lucha. Cuba no posee más que los restos bastardeados de la cultura de los opresores: primero los españoles. Significa una autorrenovación nacional. porque las únicas películas hechas antes de 1959 eran solo para hombres (Cuba era el principal proveedor de los Estados Unidos) En menos de una década. Tal adaptación no quiere decir que los cubanos no deseen una revolución cultural. o incluso a la tarea secundaria de construir un adecuado sentido del orgullo nacional. con su magnifica cultura milenaria. el proyecto suele concebirse según estrictas pautas nacionalistas. y las corrupciones extranjeras infiltradas en el idioma del país. vanguardista. Volverse internacional es entonces el camino autóctono de Cuba hacia la revolución cultural. posee influencias internacionales. la nueva industria cinematográfica cubana ya ha producido varias películas de ficción muy buenas. Pero en el afiche. Todas las películas reflejan una variada gama de influencias foráneas. “abstracta”. En su forma manifiestamente fascista. La revolución cultural equivale a una purificación nacional: eliminar el arte no asimilable y disonante heredado del pasado cultural de la nación. es el internacionalismo del arte –no el nacionalismo. nadie hace películas. luego los estadounidenses. Y antes de pronunciarse sobre que significaría una revolución cultural para un país determinado. desde Martí y Maceo hasta Fidel y el Che. El que en los teatros de La Habana todavía se representen obras de Albee y de Brecht no es ni un signo de que los cubanos continúen siendo adictos al arte burgués ni un síntoma de una inclinación revisionista (como sí lo es una política cultural similar que se da en la Yugoslavia no militante). de acuerdo con su propia experiencia y necesidades. lo cual puede haber favorecido el notable nivel alcanzado por esas expresiones en la Cuba actual.generación más vieja tiende a ser nacionalista. que también carece de raíces previas a la revolución como de conflictos entre artistas viejos y jóvenes. la fisura es particularmente seria. Asimismo. continuar adaptando obras de la cultura burguesa de todas partes del mundo y servirse de los estilos estéticos perfeccionados en la cultura burguesa. El internacionalismo es la respuesta más efectiva y liberadora al problema del atraso cultural de Cuba. como en el cine. uno debe tener en especial consideración los recursos disponibles aportados por el pasado nacional. provenientes tanto de las realizaciones europeas como del cine estadounidense no comercial. como lo denominó el novelista Edmundo Desnoes. sino más bien que están persiguiendo ese objetivo según sus propios tiempos. el más común. es decir. desde Alemania e Italia de la década del 30 hasta los coroneles griegos de la actualidad. Semejante exigencia al arte se repite en la mayoría de los programas de los regímenes fascistas. Aparte de las reliquias como la Yoruba y otras culturas tribales africanas. reconcebir el pasado de la . Cuba no cuenta con una larga y soberbia historia nacional que rememorar. Cuba esta abierta al mundo entero. Los compositores más jóvenes se sienten atraídos por Ovules y Henze. pese a estar aislada y sitiada por los Estados Unidos. los más entrados en años. por ejemplo. por su parte. por supuesto. en este momento histórico. Uno no puede sobreestimar el daño ocasionado a Cuba por el imperialismo cultural y económico norteamericano. sino un verdadero hecho histórico. a la fuerza de tener normas diferentes de la de Cuba. Contrariamente a lo que a menudo alegan los artistas cubanos de cierta edad. Para Cuba equivale a un acto revolucionario. insisten en una música distintivamente cubana basada en la instrumentación y los ritmos afrocubanos y en la tradición del dansón. Cuba sufre de un profundo complejo de subdesarrollo. más “realista”. La revolución cultural de China. el arte del afiche cubano. De las generaciones más viejas. renovar y glorificar la cultura. No es solo una neurosis nacional.lo que mejor contribuye a la causa revolucionaria. como también algunos cortos y documentales destacables. Ese concepto de revolución cultural no es. No hay una receta universal de la revolución cultural. es decir folklórica. Mucho más habitual es la visión que asigna al arte de una sociedad revolucionaria la tarea de purificar. como los vietnamitas. mientras que la generación más joven tiende a ser nacionalista. no existe tal fisura.

sino cambiarla: crear o enseñar al pueblo una nueva conciencia. o por un movimiento extranjero con cuya causa los cubanos. en 1956. las únicas formas auténticas de arte revolucionario son las que se producen (y se viven) en forma colectiva o. ya sea de derecha o izquierda. Idéntico espíritu de gratuidad se deja entrever. Tal programa de revolución cultural siempre critica la vieja cultura burguesa de la sociedad prerrevolucionaria por ser elitista y esencialmente vacía. lleva implícito para los cubanos un sentido represivo. incluso quijotesca. Según el punto de vista de algunos pensadores radicales. Tal empresa puede considerarse poco práctica. Lo que reemplaza el gusto por el espectáculo revolucionario es la fascinación por el escenario de la actividad revolucionaria. Se convoca a una nueva cultura que ocupe ese lugar. dado que la actividad radical puede tener lugar en cualquier lado. si se tiene en cuenta que Cuba es una pequeña isla sitiada. Puede ser el escenario de un gran proyecto público. Pero los genuinos movimientos y sociedades revolucionarios de izquierda tienen. (En medida de lo posible. una noción muy distinta de revolución cultural. El verdadero objetivo de una revolución cultural de izquierda no es aumentar el orgullo nacional. El espectáculo. la lucha de los vietnamitas o bien el calvario de Bobby Seale. El espectáculo válido a nivel dramático puede ser la vida y muerte del Che. la población entera participa de dichos proyectos. como recurso para el arte político. y promover la virtud cívica. gratuita. con siete millones de habitantes que apenas logran subsistir bajo el bloqueo norteamericano. Pero a partir del ejemplo de Cuba. humores. uno se cuestiona cuánto hay de cierto en esa postura. Los afiches políticos de Cuba cumplen la función de ampliar la conciencia moral. Esa cultura debe ser extirpada. de las sociedades que han armado revoluciones desde la izquierda. como la campaña contra el analfabetismo de 1960. es el aspecto dramáticamente ejemplar de la actividad radical. la organización de espectáculos colectivos concebidos por Jacques-Louis David durante la Revolución Francesa para rendir tributo a la diosa de la razón hasta la larga epopeya fílmica china de comienzos de la década de 1960. la forma de expresión artística preferida por la mayoría de las sociedades revolucionarias. De acuerdo con ese criterio. o deben tener. De acuerdo con esa concepción política. Un afiche que le pide a la gente que recuerde a las víctimas de Hiroshima tiene la misma finalidad que uno que evoca a los mártires de la toma por asalto del cuartel de Moncada que. estilos del país). no solo en Cuba. el asentamiento por parte de la juventud militante en la Isla de Pinos y la cosecha del azúcar de 1970. simplificar la conciencia con la esperanza de reducir la deslealtad en el fuero íntimo (reduciendo la disonancia de ideas. No tendría como propósito renovar o purificar la conciencia. Tal revolución aspiraría a inventar nuevas formas culturales en lugar de revivir sistemáticamente las formas viejas (o practicar una censura selectiva del pasado). aquellas que se originan en el trabajo de un solo individuo. el movimiento guerrillero de Mozambique. El este es rojo. efímera o formalista. y les sigue una larga lista. Vietnam. que se rehúsa a recurrir a la organización de espectáculos como instrumento valioso de actividad revolucionaria.nación de modo que parezca apoyar los nuevos objetivos propuestos por la revolución. sino trascenderlo. dio inicio a la revolución cubana. Los afiches políticos cubanos sirven como guía de los escenarios destacados de la actualidad: la lucha de los negros en los Estados Unidos. pero no como algo organizado para ser visto por el ojo de un espectador). es la política de las revoluciones fascistas pero también. Esa es la identificación dramática fundamental que hace de combustible para su internacionalismo. que tal vez constituye la noción más común de revolución cultural. de adosar es sentido de responsabilidad moral a un número cada vez mayor de cuestiones. Los temas retrospectivos de muchos de los afiches cubanos no poseen por ello una orientación menos internacional. en su defecto. Esta. una cultura que puedan apreciar todos los ciudadanos. muchas veces. los afiches desempeñan un papel particularmente útil y compacto. También puede tratarse del escenario de una lucha ejemplar encabezada por un héroe de la historia de la liberación cubana. en todos lados. para dar un . que tenga la función de incrementar la identificación del individuo con la nación.

como hoy día. Aparecen como referencias mágicas. basta recordar el papel clave que desempeñan los afiches en casi todas las películas de Godard. Se los cita como prueba sociológica y moral tan elocuente como exacta. más que a ninguna otra revolución comunista en curso. de cómo las formas revolucionarias de cultura que surgen dentro de sociedades burguesas son primero atacadas. los realizadores de cine han vuelto la mirada cada vez más hacia los afiches. luego neutralizadas y finalmente absorbidas por esa sociedad. es simplemente mucho más grande en alcance. no tanto a una producción más original o a un uso público más intensivo. entonces la posibilidad de alcanzar una genuina revolución cultural fuera (o antes) de una revolución política es aun más problemática. no era. en parte opacas.pueda mantenerse viva. Pero la frecuencia creciente con las imágenes de los afiches se incorporan a otras artes representa apenas un índice de interés. en la actualidad se colecciona una variedad mucho más amplia de afiches. Si bien coleccionar afiches estuvo de moda en la década de1890. En cierto modo. que no decrezca. acorde con una etapa posterior y más avanzada en la era de la reproducción mecánica. sino a la sorprendente ola de interés que suscita el coleccionar afiches. Se han transformado en uno de los objetos culturales más ubicuos. incluyendo el arte. Los afiches han comenzado a ser considerados tanto misteriosos objetos culturales. que explotó dos décadas después de que estos aparecieran. aparentemente arbitraria y sin embargo extravagante –desde los afiches hasta las heladerías Coppelia. Ese nuevo interés difiere en varios sentidos del que acompaño a la primera ola de colecciones de afiches. en Les Vampiros de Feuilade (1915). III Si la tarea de llevar adelante una revolución cultural y concebir un papel políticamente revolucionario para el artista ya esta bastante plagada de dificultades y contradicciones dentro del contexto de una revolución política en curso. En primer lugar. apreciados. humor y extravagancia.no esta exento de esa rigurosa regla de apropiación. El capitalismo transforma todos los objetos. no pretencioso. La suerte que corrió el Bauhaus es apenas un ejemplo. entre muchos. con una sencillez y literalidad que contribuyen a aumentar su resonancia. el arte del afiche atraviesa un período de renacimiento. por cierto bastante especializado. El renacimiento actual del arte del afiche debe su ímpetu. La historia de casi todos los movimientos revolucionarios en las artes y la cultura surgidos en sociedades no revolucionarias o prerrevolucionarias no es precisamente de lo más alentadora. (Ese nuevo y enriquecido papel afiche en la iconología del cine a partir de 1960 no tiene demasiado que ver con el uso tradicional del afiche en la narrativa cinematográfica –la breve transmisión de información necesaria. pese a las severas limitaciones internas y externas. Las colecciones de la década de 1890 procedían del propio país del coleccionista. En la actualidad. Resta esperar que la tendencia cubana a la ambición moral poco práctica. una adicción masiva. Los afiches despiertan cada vez más atención no solo como punto de referencia sino también como objetos en sí mismos. Y no es accidental que el comienzo de la locura por coleccionar . “popular”. En los últimos años. el domesticarlos. en parte. interpretada por Musidora. como emblemas inagotablemente ricos de la sociedad. un ejemplo reciente es el recorrido que emprende Antonioni en la primera parte de Zabriskie Point or las fantasias plasmadas en las carteleras de Los Ángeles. juventud. y dota a la Revolución Cubana. porque son una forma de arte barato. en la decisión de producir afiches bellos para promocionar eventos culturales que todos tienen ganas de ver y a los que de cualquier modo asistirán. en mercancías. de su inventiva. Y el afiche –también el afiche revolucionario. Puesto que ese gusto por lo gratuito da vida a Cuba a un sentido de espaciosidad. En segundo lugar. a una gratificación de los sentidos limitada. no es más que una historia de apropiación. mientras que las más recientes tienden a ser ostentosamente internacionales.que nace con la toma fotográfica del afiche de Irma Vep.ejemplo específico.

rápidamente y sin mayor dificultad. Dado que. la exhibición de un afiche en el espacio privado es. antaño coleccionado solo por un pequeño grupo de entendedores. cuando son coleccionados.una nueva y exótica clase de objeto artístico. la colección deviene un conjunto de recordatorios de experiencias imaginarias. Como las fotografías tomadas por un turista. cuarto de baño y cocina de la joven burguesía estadounidense y europea. Tal como se lo colecciona en la actualidad. el afiche no es simplemente –como lo era antes. la nueva moda de coleccionar afiches constituye un metaparasitismo. un ejemplo muy repetido de un uso tradicional de la cultura en todas las sociedades de clase: para indicar.afiches. sustitutos de la experiencia. es una forma de alarde cultural. de hecho. cualquiera puede seleccionar. ya que la mayoría de los compradores de afiches están obligados a elegir de entre el surtido preseleccionado y numéricamente limitado de afiches producidos en serie que se ofrecen a la venta. Los afiches de corridas de toros y exposiciones de arte en París. en cambio. el coleccionista. el afiche se convierte en el recordatorio de un suceso. con algunos matices. A través de los afiches. cuando se aviene o adelanta a la moda. casi . que se dio a mediados de los años 50. Los espectáculos. sin lugar a dudas. Como trofeo cultural. ya sea de la vida o del arte de alto vuelo. Del mismo modo que ocurría antes con la elección de una pintura. lo que ha hecho de los frecuentes cruces del Atlántico una prerrogativa tan banal de la vida de la clase media local como en otras épocas lo eran las vacaciones en las playas estadounidenses. en general. Como es de esperar. afirmar o reclamar una determinada posición social. Pero de un suceso que a menudo ha acontecido en el pasado y del que el coleccionista tomó conocimiento por vez primera al adquirir el afiche. un código (para quienes lo conocen) por el cual los miembros de un subgrupo cultural se anuncian y reconocen entre sí. coincida con la oleada creciente de turismo norteamericano de posguerra en Europa. Pero existe una diferencia importante entre el afiche de El Cordobés o la gran retrospectiva de Rembrandt que cuelgan de la pared y las fotografías apiñadas en un álbum que tomó el turista de clase media durante sus vacaciones de verano en Italia. En ese sentido complejo. no hizo falta que nadie fuese a Sevilla o Amsterdan para comprar el afiche. aun cuando no puede decirse que uno lo haya creado. La actividad moderna de coleccionar afiches esta emparentada con el fenómeno igualmente moderno del turismo masivo. En esas colecciones. lo que ilustra el afiche no forma parte de su historia personal. A veces. aún en la historia relativamente breve del renovado interés por las colecciones de afiches. También son. el afiche funciona a modo de recordatorio de un suceso. Los afiches son. los afiches. de esos temas. nunca visitó la exposición de arte ni asistió a la corrida de toros promocionados en los afiches que decoran su pared. Basta con que indique un conocimiento del valor mundano. dormitorio. una forma de homenaje. sucesos y personas que uno elige colgar de la pared en forma de miniatura constituyen apenas un tipo superficial de experiencia vicaria. se torno un objeto privado común y corriente de cualquier sala de estar. se torna un signo de buen gusto. que se alimenta del mundo mismo o de una imagen sumamente estilizada de el. un medio claro de auto-identificación para con las visitas. Un afiche es como un suceso en miniatura: una cita. la elección de la clase de afiches que uno cuelga está sujeta a marcados cambios en la moda. La exhibición de un buen gusto en el tradicional sentido burgués ha cedido paso a la exhibición de una especie de mal gusto calculado que. Lejos de señalar una simple aprobación o identificación con el tema. Los afiches proporcionan una imagen portátil del mundo. la variedad de afiches exhibidos en el espacio privado de una persona tal vez no signifique más que una especie de guía de la nostalgia y la ironía. Ese objeto público arquetípico. se vuelven un trofeo cultural. Uno no necesariamente debe prestar su aprobación a los temas representados en los afiches que cuelgan de su pared. Cumple una función más especial. Alguien tuvo que estar presente para tomar las fotografías. A menudo el propósito es más frívolo. menos agresivo. más bien. un panteón personal. los afiches que uno escoge para su sala de estar indican el gusto del dueño del espacio privado. Así como los afiches se alimentaron como parásitos de otras formas de expresión artística. En muchos casos. al menos.

Más bien. son casi tan neutrales e impersonales como cualquier otra imagen (si bien se trata de la imagen de una persona). apela a las poblaciones de antiguos regímenes coloniales. Pero también apela a la juventud más instruida de la nación industrial más adelantada. al estilo de los afiches. Por otra parte. al menos. Si bien uno proviene de la esfera de la política y la otra de la del entretenimiento. Esas fotografías tamaño afiche son incluso más baratas y. puede convivir con otro vendido durante una muestra de Magritte en el Museo de Arte Moderno varios años atrás. Actualmente. Ese estándar de popularidad o glamour según el cual se eligen las fotografías para ser reproducidas en tamaño afiche y luego distribuidas en el mercado se ven reflejado en su uso. donde prácticamente en todos los . porque es una imagen pura: directa. las luces ópticas y estroboscópicas. Los afiches de fotografías son más neutrales. sociedades económicamente subdesarrolladas donde muchos apenas saben leer. Los afiches aún cargan con algunos rastros residuales de sus orígenes y su inspiración en artes de más alto vuelo. ambos son personas famosas. los afiches de Saul Bass de los años 50 pecan de demasiado recientes). más vendidas que las tandas de afiches reimpresas y reproducidas en serie. la bisutería con símbolos de paz y prendedores impresos con eslóganes satíricos. quizás la fotografía tamaño afiche resulte inherentemente más atractiva que el propio afiche para los jóvenes –miembros de una generación caracterizada por profundas experiencias de estados psíquicos no verbales. De ese modo aumenta el público. que ha desafiado la preponderancia del lenguaje discursivo en favor de formas de decir no verbales y más emotivas. el interés por un nuevo tema se agrega al ya existente en otros. El mismo eclecticismo. además de los afiches. Para los coleccionistas más serios o. Pero las fotografías ampliadas de gente famosas que ahora se cuelgan de la pared.ubicuas una década atrás. se impusieron los afiches de Mucha y de películas viejas (cuanto más viejas. los afiches se venden en el fondo de librerías de descuentos y algunos grandes kioscos motorpolitanos. las boquillas para cigarrillos de marihuana. el mismo desinterés por una mínima noción de compatibilidad. Un tiempo después. se dedican a vender afiches de todas partes del mundo. las tiendas como Postres Original Unlimited. hoy en día manifiestan un gusto de retaguardia. Luego vino la moda de los afiches que promocionaban exposiciones de artistas norteamericanos en vez de europeos (por ejemplo. Rauschenberg y Lichtenstein). Por un lado. caracteriza el uso de las fotografías tamaño afiche. Al igual que en los rincones superpoblados y azarosos del espacio público para los que se conciben originariamente los afiches. el papel de fumar. Más tarde fueron furor los afiches de los salones de rock. los Estados Unidos. a los que no tardaron en seguirles los afiches psicodélicos. sin embargo. comprado en una librería Marboro. Un líder político radical tiene el mismo estatuto que una estrella de cine. distintiva auque limitada. como en Cuba. frontal. más prósperos. alcanzados mediante la música rock y las drogas-. las pipas. Johns. Casi siempre se trata de fotografías de personas famosas. Al coleccionar afiches. en tanto cumple casi idéntica función. El negocio psicodélico es un tipo de local muy común en Estados Unidos. Últimamente. los famosos afiches de las muestras de Warhol. más modernos. no parece correrse el peligro de sufrir una indigestión cultural. por ende. gente linda. insolentes u obscenos. y no llevan el menor signo de arte. un nuevo tipo de afiche desplace a su antecesor. A primera vista. Es raro que con los cambio de la moda. A partir de fines de la década del 60. El afiche es un icono. cada afiche exhibido en el espacio privado informal del coleccionista es indiferente de su vecino. como la pintura. entre su gama de productos. de Nueva Cork. simplemente en virtud de ser siempre en blanco y negro. rubro en el que Huey Newton encaja con la misma facilidad que Garbo. para contemplar cuando uno estaba bajo los efectos de las drogas. resulta extraño que el afiche político radical tuviera usos aparentemente tan diversos. En la actualidad. que los afiches que son en color. la impresión en serie de grandes aplicaciones de fotografías va en detrimento del mercado de los afiches. toda gran ciudad estadounidense y la mayoría de las europeas cuentan con numerosos lugares donde se pueden adquirir afiches. Una reimpresión de un afiche de La Revolución Rusa. el interés de los coleccionistas se volcó en gran medida hacia los afiches políticos radicales.

que implica una doble reproducción (y miniaturización) de los afiches cubanos. encarnados en la actual moda de coleccionar afiches. C. desde Boston a Berlín. pero también aquéllos que simplemente se inclinan por una visión favorable de la Revolución Cubana. Los sucesos y seres humanos representados en un afiche son miniaturizados o reducidos en escala en un sentido que trasciende el sentido literal o gráfico. de apropiación. Puesto que. Coleccionar afiches es una forma de recopilar el mundo en una antología. hoy en día endémica entre los jóvenes de la burguesía culta de Estados Unidos y Europa Occidental. Por lo tanto. los que han resultado seleccionados se reproducen en un tamaño de menor escala. posterior a La Segunda Guerra Mundial) de viajar que representa el turismo masivo moderno es muy diferente de los viajes al exterior realizados en períodos anteriores de la cultura burguesa. El proceso no implica ningún compromiso. que en sus orígenes era un medio utilizado para vender una mercancía. que es en parte sentimentalismo. El libro en si constituye un buen ejemplo de cómo todas las cosas de esta sociedad se vuelven mercancías. El deseo de miniaturizar suceso y personas. El nuevo uso de los afiches cubanos se distancia así varios pasos del original e implica una traición tácita a ese primer propósito. en especial. no seria del todo justo elogiar a quienes han hecho este libro. formas de espectáculo . Fields comparte un sector del comedor con Marx.hogares y edificios de oficinas hay al menos un afiche del Che. El afiche. Pero. suscita una especie de vértigo moral. De este modo. apropiación que ocurre en un lapso breve y es realizada en un estado de alineación funcional (o no participación) de la vida del país visitado. sentir que en realidad ha tenido contacto con el país de destino. equivale al deseo de reducir de tamaño el mismísimo mundo. impreso. el turismo moderno convierte el hecho de viajar en algo que se parece más a comprar. Idéntico proceso tiene lugar con la publicación de este libro. según el estilo contemporáneo de coleccionar afiches (y fotografías tamaño afiche). Ese procedimiento permite al turista. Ese grupo de afiches es entonces transformado en un nuevo medio. esa miniaturización de los sucesos o personas. unificado topográficamente. distribuido y vendido. al igual que la mayoría de las personas que lo comprarán y lo leerán. El turismo moderno puede caracterizarse como un medio para alcanzar una suerte de apropiación simbólica de otras culturas. que es prologado. Esa forma específicamente moderna (por cierto. En primer lugar. y una experiencia nunca contradice. o no tan sutil. contradice el compromiso político serio. encarnada en el hecho de coleccionar afiches representa una forma sutil. al menos. Esa es exactamente la forma que adquiere la avidez moderna por el afiche. Los amigos extranjeros de Cuba. Coleccionar afiche constituye una especie de turismo moral y emocional. independiente de su valor artístico y político final. se hace una antología de los afiches cubanos disponibles. un libro. los afiches cubanos surgen de la genuina situación de un pueblo que atraviesa un profundo cambio revolucionario. A diferencia del viaje en sus formas tradicionales. En el caso de los afiches políticos radicales. El viajero acumula países visitados del mismo modo que acumula bienes de consumo. excluye o modifica genuinamente la que le precedió o la que le sucederá. de modo tal que una emoción o lealtad tiende a suprimir otra. por la cual Ho Chi Minh está en el cuarto de baño y Bogart en el dormitorio. Luego. Los países se reducen a sitios de “interés” listados y calificados en guías turísticas. viven en sociedades contrarrevolucionarias. no deberían sentirse muy cómodos al pasar las páginas. que es casi uniforme en todo el mundo capitalista. desde Madison a Milán. Esos collages tan moralmente alarmantes indican una manera muy particular de mirar el mundo. en particular lo que en el hay de tentador y perturbador. en parte ironía y en parte desinterés. coleccionar afiches se asemeja al turismo en un nuevo sentido. una vez que ha puesto un pie en esos lugares principales. en la sociedad burguesa. Los responsables de este libro. los iconos representan muchas clases de admiración. el gusto por esa actividad impide o. al tiempo que W. se torna el mismo una mercancía. sociedades que poseen una habilidad natural para arrancar cualquier objeto de su contexto y convertirlo en un artículo de consumo. que se agrega al ya mencionado. Esa yuxtaposición.

no hay forma de escapar de la trampa en tanto nosotros estemos aquí. Por más que a quienes están detrás de la presente colección les complazca pensar que simplemente están presentando el arte del afiche cubano ante la mayor cantidad de público hasta el momento. No es posible considerar los “contenidos” de esta obra con simpatía. Steven Heller y Rick Poynor Ediciones Infinito Buenos Aires . 239 a la 265) Fragmento extraído de “Fundamentos del Diseño Gráfico” Editados por: Michael Bierut. Caveat emptor. mientras vivamos dentro de nuestras inquietas sensibilidades negativas. al tiempo que a la burguesía liberal de izquierda de esos países se le hace creer que esta aprendiendo algo.(habitualmente) miniaturizado y objetos de consumo. que esta ampliando sus compromisos y afinidades. en la suma de las cosas. Semejante festín. Han pasado a ser un manjar más dentro del variado menú cultural servido en la sociedad burguesa próspera. y los cubanos continúen allí. Desde luego. arte. 1970). The Art of Revolution: 96 Posters from Cuba (El arte de la revolución: 96 afiches de Cuba. por que la noción de que los afiches cubanos conforman el contenido del libro en realidad es falsa. El Afiche: publicidad. mientras sigamos embriagados de bienes de consumo cultural. la verdad es que los afiches cubanos comentados aquí han sido convertidos en algo diferente de lo que son o de lo que alguna vez intentaron ser. ofrecidos para nuestro deleite. Ahora son objetos culturales. a la larga. McGraw-Hill. difícilmente única y. Viva Fidel. instrumento político. incluso irrelevante. No es posible hallar una salida mientras seamos curiosos. Jessica Helfand. no deja de ser una verdadera corrupción. con nuestros limitados recursos para el despilfarro. mercancía (desde la Pag. Publicado originalmente en Dugald Stermer. Nueva York. la destrucción y las reproducciones mecánicas. No obstante. La corrupción encarnada en esta publicación es sutil. termina aplacando toda capacidad de verdadero compromiso.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful