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Warren Bennis Lideres Las 4 Claves Del Liderazgo Eficaz

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“La educación para la administración” es desgraciadamente la descripción apropiada de lo que
sucede en la mayor parte de los programas educativos formales y de entrenamiento, dentro y fuera
de las universidades. La educación para la administración se basa fundamentalmente —si no
exclusivamente— en “teorías” maquinales y seudorracionales de administración, y produce cerca
de 60000 nuevos graduados en administración con título de MA. La brecha que hay entre la
educación para la administración y la realidad del liderazgo produce perturbaciones en el trabajo,
por decir lo menos, y probablemente ello explique por qué el público parece tener una imagen tan
distorsionada (y negativa) de la vida empresarial de los Estados Unidos.

Pero el problema de imagen, aunque es serio, difícilmente es el principal. El mayor problema es
que lo que si hace moderadamente bien la educación para la administración es entrenar buenos
funcionarios administrativos, es decir, los graduados adquieren destrezas técnicas para la resolución
de problemas. Tienen un entrenamiento elevado para la resolución de problemas y son expertos en
staff Aunque no es un ejercicio trivial, la resolución de problemas dista mucho de los procesos
creativos y profundamente humanos necesarios para el liderazgo. Lo que se requiere no es
educación para la administración, sino educación para el liderazgo.

El programa típico de lo que pasa por educación para la administración comienza con algunas
suposiciones básicas dudosas, tales como: “Si no sabes cuáles son tus objetivos trata de
descubrirlos”. O: “Si no sabes cuáles son tus alternativas, busca hasta que las encuentres”. O: “Si
no sabes qué hacer, inicia una investigación (o contrata consultores) para establecer las relaciones
causa-efecto en tus actividades”.

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Tales recomendaciones no son del todo estúpidas. Hay experiencias que podemos citar en las
que los esfuerzos por determinar los objetivos pueden ser positivos, pero, a la larga, rara vez son
útiles. La idea de establecer objetivos primero y actuar después se basa en una ficción racionalista
que tiene limitaciones evidentes, verbigracia: ¿Cómo se buscan las alternativas? ¿Cuáles son las
técnicas de la búsqueda? ¿Cómo se procede para hallar alternativas que aún no han sido
inventadas? y, ¿Cómo se evita la creación de seudo-alternativas como medios de hacer que las
alternativas preferidas parezcan válidas?

El mundo es mucho más fascinantemente complejo que el pensamiento en línea recta que
domina tanto de lo que pasa por educación para la administración; la naturaleza del problema
mismo a menudo está cuestionada; la información (y su confiabilidad) es problemática; existen
múltiples y conflictivas interpretaciones y diferentes orientaciones de los valores; los objetivos son
inciertos y conflictivos; y, así, podríamos enumerar muchos ejemplos más. El hecho es que la
mayor parte de la educación para la administración hace ciertas suposiciones que son peligrosas o
desorientadoras —éstas son: que los objetivos son claros, que se conocen las alternativas, que la
tecnología y sus consecuencias son ciertas, y que existe una información perfecta que está a nuestra
disposición, Eso suena extraordinariamente parecido a los cursos de microeconomía en los cuales,
desgraciadamente, se basa tanto la educación para la administración. Lo que empeora más aún las
cosas es qué en la mayoría de los programas se evita el elemento humano o se reduce. Hasta donde
llegan nuestros conocimientos, las cuatro competencias básicas que hemos descrito en este libro se
reconocen mucho más en la teoría que en la ejecución. Y cuando aquí o allá se toca el “lado
humano” —como acontece en las escuelas de la administración más exclusivas— a menudo lo
hacen con suspiros de embarazo o con expresiones académicas peyorativas, tales como “suave” o
“poético” o “impresionista” —actitudes y palabras que desacreditan las ideas antes de haberlas
entendido.

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