El Diablo en el Inierno De Jose Luis Gonzalez FERONDO: Terrateniente LAURETA, Su Mujer FELIPE, Monje Falso Escenografia La cas del

terrateniente ferondo en Florencia en el silo XIV. A la izquierda, al fondo, una cama con velador o cortinaje. A la derha, primer plano, un meso. Junto a la cama, una pequeña mesa. Sobre esta y sobre el meson, una vela. A la Derecha, al fondo, la entrada principal. A la izqierda, en l aparte delantera de esa pared, una entrada que conduce a las otras habitaciones. Cerca del meson, dos sillas la escena esta dividida de tal modo que parezca con dos habitaciones.

PRIMER ACTO, ESCENE PRIMERA En el mesón, sentado frente al publico, se encuentra Ferondo, comiendo con aplicación un gran muslo de ave , es un hombre muy grueso de pequeña estatura y de modales groseros; su edad oscila entre los cicenta y cincuenta y cincos años. En su plato se obsera gran cantidad de huesos, sobra de lo que ha comido ya. En contraste su mujer, Laureta, sentada en un de los extremos, hay oco o asi nada es una joven de veintoho a treinta años, hermosa lozana y fragante como una manzana ha terminado ya de comer y observa respetuosamente a su marido.

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LAURETA FERONDO

LAURETA

(con temerosa indecisión) ¿Dices entonces esposo mío que aun hemos de recibir esta noche a un invitado? (comiendo ruidosamente) Asi es, perezosa esposa mía. Debe estar aquí al cabo de un cuarto de hora, a mas tardar. Si es hombre de palabra… Lo es, querida Laureta, lo es: Y he de adertirte que u rango y distinción exigen que se le trate con bastante esmero. Si señor. (Luego de una pausa) ¿Y, puede saberse, esposo mio, que hombre tan distinguido es este que os pone tan afanoso? (luego de un sonor eructo) Se trata del mozo Don Felipe Elisei, un joven hombre de ingenio vivo y de profundo saber. Si, señor. No he de ocultarte que me simpatiza en grado suo. Entonces has debido inviarlo a cenar. Tan distinguido cabalero podría interpretar uestro descuido como una vulgar descortesía, y tendrá gran razón si asi lo hiciese. De ninguna mnera ha sido un desuido, mi imperfectta Laureta. Un hombre asi, entregado por comleto a Dios y a su servicio, cuida muho de no incurrir en falta para con el divino creador. Si, señor ¿Y desde cuando, querido Ferondo, cenar es una falta para con Dios?

con la mayor frugaldad LAURETA: Si me permites decírtelo. solo deseas llevarme ahí para tentarme. (Beatifico) Además. Como si creyeras que podría ser capaz e entregarme a otro hombre parte de mi maridito. querido Ferendo. lujuriosa Laureta! Por eso te he de vigilar. a mi lado? FERONDO (alucinando como un fanatico) ¡ No. y hasta te desvelas por causa de esto. señor” FERONDO (Srprendido ya que no esperaba resputa) ¿ De mi perdón? LAURETA (En tono de reproche) no. cuando en todo lo demás me abstengo? LAURETA De eso estoy segura queridísimo esposo. que ontinua asomado a la ventana. Si señor LAURETA ¿y o se ta ha ocurrido inteligentísimo Ferondo que no hay mejor sitio para igilarme que en la propia cama. asi como el ruido de un coche. estos piadososo hombres acostumbran a comer en sus recintos. los monjes gustan el aseo! Laureta presurosa comiena a reoger los enceres y lo va sacando por la puerta que da a la ocina. ja… FERONDO (Molesto) y otro ecado capital. guardad todo. no dejas de vigilarlo. ja. impía mujer. Ja. Yo he sido fuerte durante noventa noches. lo se bien! (se interrumpe) Me parece haber escuchado algo. FERONDO (emocionado) Hasta su coche es de una sencillez monástica1 sus caballos aprecen haber ayunado tanto como su dueño! ¡ un hombre as no debe cometer pecado alguno! ¡ a un hombre as le confiaría mi alma! . un Dios amoroso y magnánimo como aqel en el que creo ¿no perdonará a este vil mortal un pecadillo. que ha de ser de ti cuando yo muera. Contando la noche de ayer. no. va y viene cada ve observa con ansiedad a su marido. ¡tu acusación es en verdad una alabanza! Pero no puedo dejar de cuidar que agregues un pecado mas a tu larga lista. tenemos un estomago a prueba de cualquier manjar. Sin embargo. ¡Me ofendes! FERONDO (Logico) ¡Eres débil. has de reprochar a aquellos que como yo. He visto como crujen los asientos cuando colocas tus posaderas sobre ellos. de que te abstienes. olvidadiza Laureta! ¿No me he cansado ya de repetrte que el comer en exceso de cuantía y de placer constituye el pecado de la gula? Por eso. es el de la envdia.FERONDO (Fastidiado) ¡ay. (Burlona) “Si. hace ya noventa que no duermes en nuestro lecho. No porque vuestro cuerpo se halle indispuesto a albergar las normales uotas de alimento. y limpiad bien la mesa. deberías hacer otro tanto. (Ansoso) ¿No lo has oído? (Asomandose a la ventana) ¡Es él! ¡Pronto.

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